C

ONSTRUYEND O SIDENTIDADES
Estudios desde el corazín de una pandemia

Por RIc¡.Roo Ll.ttr,t¡.s
(comp.)

Act Up, L. Bersani, D. Bergman, J. Butler, M. Celse, R. Llamas,
P.

Mangeot, S. lü{/atne¡ J. \7eeks

1

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siglo veintiuno editores, sa
CERRO DEL AGUA, 248. 043'IO MEXICO."D.F. CI PLA¿A.5,28013 MAO€ID, ESPANA

siglo veintiuno de españa editores, sa

PRESENIACIÓN

IX

PRIMERA PARTE

CONSTATANDO UN ESTADO DE COSAS ELESTADO NOESINOCENTE
Todos los derechos reservados, Prohibida la reproducción total o parcial de es¡a obra por cualquier pro-

La Radical Gai: .El Ministerio tiene las manos manchadas
sangre», 6.

de

cedimiento (ya sea gráfico, elecrrónico, óptico, químico, mccánico, fotocopia, etc.) y el almacen¡miento o transmisión de sus contenidos en sopones magnéticos, sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin permiso expreso del edi¡or.

Radical Morals: «Diez años de cárcel", 7.

LAS INVERSIONES SEXUALES, Judith Butler

9

I. Ir. III.
LA
S

LA VIDA, LA MUERTE Y EL PODER EL SEXO Y LA SEXUALrDAD..........................,............. LA IDENTIDAD CONTEMPORANEA EN LA ERA DE LA EPIDE-

l2
t6
20

MI4................
Primera edición, junio de 1995

@ stct-o xxr DE @ Los
autores

EspAñA EDlroREs, s. A.

O CIED

Calle Plaza, 5. 28041 Madrid
(X)NIORMI A I.A LI]Y

AD QUI

ERE ES PECTAC

ULO

29

Radical Morals: «Mil putas",31. Radical Morals: «4 lesbianas»,32.

DERECI,TOS RESERVADOS

Impreso y hecho en Espnña Printed and made in Spain Diseño de la cubierto: Petlro Ar'jone Fotograffa de la portada: Anrlrón Scnrn

EL ESPECTACULO DEL SIDA, SimonWatney

33 33 38 44 47 55

ISBN: 84-l2l-0891.9
Depósito legal:

I. II. III.

LA.VERDAD,

SOBRE EL SID4........,. EL GOBIERNO DEL AMBITO DOMÉSIICO.......,..

ELCUERPOHOMOSEXUAL....................
EL ESPECTACULO DEL SIDA

M.

22.006.1995

IV.

Fotocomposición: EI¡(:^, s ^ ()/ Vcr¡¡rro, l8 Parque Industrial «[,ns Monjnsr. 28850 Torreión de Ardoz (Mn<hid) Impteso en Closas-Olcoycrr, S. L. Itrllgorro Ignrnrr Paracuellos de Jarama (M¡drirl)

CELEBRAMO

S

LO

S S ACRIFIC

IOS ........,,..........

Radical Morals: *Ciclo dc la solidaridad,' 58' Radical Morals: .Causa de muerte»,59,

EL SIDA Y SUS FICCIONES, Pbilippe Mangeot.......

6t

¿ES

EL RECTO UNA TUMBA?

Lno BnnsnNr

A la memoria de Robert l-lago¡ian
oEsa gente mantiene relaciones sexualas
ces cada

lc

ocinte a trei¡ttt a¡

noche... Llega nn bombre y aa pasando dc ano art dt,o y en and sola nocbe actuará como un mosquito, translirfunlo células infectadas en su pene. Cuando etto se practica durante un año; cuando an bombre puede tener hasta tres mil relaciones sexuales, podemos comprender fácilmente el carácter mashto que ha adquirido esta epidemia que actualmente se cierne sobre
nosotros»

OptNonn N¡,tey¡N
TheJohn Hopkins Medical School

"Y os dejo con una pregilnta, que yo también me formulo a mí misma, A saber, por qué cuando una mujer se abre de piernas delante de ana cámara, suPonetnos que está ejerciendo su libre
arbitrio" C¡,tnrruNp A. MecKwNoN

"le

moi est bai3sable..."
P¡.scRr-

l'lxiste un tremendo secreto respeóto al sexo: ala mayoría de la gente rro le gusta. Carezco de cualquier estadística que pueda confirmar ('ste dato, y dudo (pese a que, desde Kinsey, no han faltado encuestas
l'rrl¡licado originalmente como .Is the rectum a grave?» en la compileción tle ¡rtícupor Douglas Crimp bajo el título ,c,tos: Cultural Analysi, Cultural Atti lrrz, Cambridge (Massachusetts), Iratr Press, 1988, pp. 197-222. Traducción de Ricar,lo Llamas.
l,rs realizada

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¿Es el recto

una tumba?

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de un libro excelente, recientemente publicado por Simon V*-n"r, y ,ir"i"a.-"por,unr*. iir'l)-iir;*g Desiret. La premisa de tüüatáey es que ,id" ,¿ir-"*'.iir;,

d ";p"_ nerse) y de demostrar,trágicam.niu ,u po-der. Me refiero, claro esrá, a las reacciones frente al o .:i::rf*menre, h íor_" q.r" ¡ii,a, ha sido ffarade una crisis de salud p,iüii". " ,i ir"i" ,-un"r, s_,exuf sin precedentes. Los signos y ""-o .l ,"r,iido de este .,.rr".rálr"ri, qesprazamrento son objeto

Ia más entusiasm adhesión a ros principios de una polir"*rlidad con parejas múltiples. La aversión a la que..me estoy refiriendo se presenta tanto de benicna como maligna. En su u.rri¿n i;;.;;; ,._ -rliin", f:l crenremenre una exrraordinaria oportunidad demaiifÁt"rr"

mido. Cuando se formulan.argumenros de .rr.ilfo, *^liiia. .r d9s:ampos, y se da i enrender, .ra lr:,{: "l -ir-o?-r.,'." oe e¡losT se srtúa uno. Están, a.l parecer, quienes .ro p.rÉd.n h".", frente a sus deseos sexuales (o, deLanera'"árrerativa, i" r.i""r¿rr..r" rut ideas sobre et sexo), y están quienes saben que ::: :t^",:1.:.:1I esa reraclon exrste, y que no denen, presumiblemente, miedo de sus propios impulsos sexuales. Sin emtiargo, lo que aquí me interesa es otra cuestión diferente, que ambos .rirpo, tienen'en puede ser una cierta repignancia; un" ."prgnri"i; ";;;, ; q". a ;;.;;;üi/uule puede coexis ri r bas iar,te cómoiamen r. lor,, po, :,:::.,P^t:t].j; 3 :. ^y e¡emplo,

sobre el comportamiento sexual), que en alguna de estas encuestas se haya preguntado simplemenre:'"¿A usted"le gusra ;i;";;;;.i"__ poco quiero decir que sea necesaiia una encu;ra de este iipo, dado que. la gente probablE-erte respondería como si l" pr.g,ri1i'f,r.r", "¿siente usted Ia necesidad de mantener relaciones;;.;;ü; *.nudo?» ¡ precisamenre, uno de mis objetivos es sugerir que éstas son completamenre difereníes. Si, a peür a.'.ioao, .r,oy Í::o:-.¡:.yas bastante rnteresado con los resultados de esta errcuesta inexistente, anunciados quizá de un modo un ranro irresponsable, ello ,. á.b. a qr¡e,.sorprendenremenre, me afudan, quizás, a h"cei ;it"ligiü1" un abanico. más amplio.de punros de vista r"lr."'.1 ;;;;;'i;;;ir""ri¿ra que cualguier otra hipótisis. Al decir que l" -"yo.i"'¿. rr-*'Jr" no le. gusta cl sexo, no.quiero decir (aunqr", " .U"ir-.*i-*L"r*, f. nicgo) quc los dictadós más rígidamente morJs;;;;ü.;fí; .r_ c,ndan erupciones volcánicas-no manifiestas de deseo ,.*,r"L ."pri-

médica a una escala sin precedentes, sino que supone, además, una crisis de representación, una crisis de la totalidad del marco de conocimiento sobre el cuerpo humano y de sus capacidades de placer sexual» (1987 9). Policing Desire es, por un lado, un carálogo de ejemplos, por lo general aterradores, de esta crisis (tomados fundamentalmente a partir de las políticas gubernamentales en torno rrl sida, así como de Ia cobertura informativa realizada por Ia prcnsa y lrr televisión en Inglaterra y Estados Unidos) y, por orro lado, cs, sol)re todo, un intento de explicar los mecanismos por los c¡uc un espet:trf . culo,de sufrimiento y de muerte ha desencadenado, y prrcce incluso legitimar, determinados impulsos de asesinato. Partimos, ante todo, de la evidencia de este desplazamiento estudiado por §fatney; un desplazamiento ahora familiar, más o menos transparente, y en constante progresión. Al más alto nivel oficial se han producido criminales dilaciones en la financiación de la investigación y el tratamiento del sida, la obsesión por la realizaciín de análisis de detección de anticuerpos va muy por delante de la inquietud por la curación de las personas enfermas, los miembros de la (tardíamente constituida) Comisión sobre sida establecida por Reagan son particularmente incompetentes', y existe, además, una tendencia general a considerar el sida como una epidemia en ciernes más que como una catásffofe del presente. Es más, según un médico de la ciupolíticas hospitalarias dad de Nueva York citado por \(atney,

"las

University of Minnesota Press, 1987a. Este ensayo fue concebido, en principio, como
un comentario de dicho libro. 2 Comparando la autoridad y la eÍicach de la Comisión sobre sida puesta en marcha por Reagan con la Comisión presidencial sobre el accidente de la lanzadera espacial, Philip M. Boffey escribe: "El personal y los recursos con que contaba la Comisión de sida eran mucho menores que los atribuidos a la Comisión sobre el Challenger. La Comisión del Challenger estaba dot¿da de un personal compuesto por 49 personas, entri las cuales había l5 investigadores y varios otros profesionales, quc trabajaban con un presupuesto de aproximadamente tres millones de dólares, ¡in contar los salarios. Es más, la Comisión del Chal.lenger podía ordenar virtuahnente a h uns¡, la realización de exámenes y análisis a su antojo, multiplicando de cste mod¡¡ considerablemente los recursos a su disposición. En contr¡stc, la actual Corni¡ión so' bre sida sólo tiene seis empleados, aunque puede ocupar cntrc I0 y l5 pcrsorras cn toral según el Dr. Mayberry, el anterior Presidente. Está previsto que su presupucsto ¡rlcance 950 0OO$, excluyendo los salarios. Aunque se ha prometido que la Corniritln sobre sida contari con Ia cooperación de todas las Agencias Federales, ést¡ carcce tlc competencias para asignarles trabajos". (The Neu Yorh Times, 16 dc octubrc dc l9tl7,
P. 10).

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I

Simon \X/atney, Policing Desire: pornography,

A,DS,

and tbe Media., Minneápolis,

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una tamba?

tienen más consideración con los miedos de otros pacientes que preocupación por la salud de las personas enfermas de sida" (1987:38). Algunos médicos se han negado a intervenir quirúrgicamente a personas cuyo estatuto de infección por vIH era conocido; algunos colegios han prohibido la asi§rcncia a clase de niños o niñas con sida, y más recientemente ciudadanos de una ciudad de Florida que lleva el idi lico nombre de Arcadia, prendieron fuego a la casa de una familia con tres niños hemofílicos, aparentemente infectados por el virus. La televisión y la prensa continúan confundiendo sida con vIH; continúan hablando del sida como si de una enfermedad venérea se úatase, y sugiriendo, consecuentemente, que es un efecto de la promiscuidad. La eficacia de los medios de comunicación como fuerza educativa en la lucha contra el sida, puede medirse alaluz de una encuesta citada por \Jíatney, según la cual el 56,8y" de los lectores y lectoras de Nezus of tbe World se manifestaron ..favorables a la idea de que "los portadores del sida" fueran "esterilizados y tratados de modo que disminuyera su apetito sexual", con una mínima mayoría de un 51% de personas favorables a la total recriminalización de la homosexualidad" (1987:141). A título anecdótico, ya he citado como epígrafe a este ensayo la descripción del sexo gai ofrecida desde un -presumiblemente nivel de competencia profesional elevadoa los telespectadores del programa Horizon, de la rnc, por parte de Opendra Narayan del John Hophins Medical Scbool (con antecedentes en medicina veterinaria). IJna imagen del sexo gai de forma menos colorista, aunque igualmente brillante, fue expresada por Richard §flallach, de la Corte Suprema del Estado de Nueva York en Manhattan, cuando, al pronunciar la orden de cierre temporal de la sauna New St. Marks Baths, observaba que: ..Lo que una casa de baños como ésra instituye es un comportamiento orgiástico con una multitud de compañeros, uno detrás de otro, de modo que en cinco minutos pueden tenerse cinco contactos» 3. Por último, la historia que más inrerés morboso despertó en mí, aparecií en el periódico londinen se Tbe Sun bajo el titul¿r; u¡Pegaría un tiro a mi hijo si tuviera el sida, afirma el párroco!,, acompañado por una fotografía en la que un hombre apunta a quemarropa con su rif'le a un muchacho; El hijo, aparentemente más conciliado con tales tendencias violentas que el propio reverendo, añadía

I'D §HOOI MY §oil If H HAN ffD§, §AT§ VI
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"Un tribunal ordena el cierre de una casa de baños en el Village", The New York Times,28 de diciembre, 1985, p. 11

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El titular del

diario The sun dice asf: "Pegarla un liro a mi h¡jo si tuviera el sida"

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Buscando n*eoos lenguajes

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tr4mbd?

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con candidez: «A veces pienso que le gustaría pegarme un tiro, tenga o no tenga el sida" (cirado en 1987:94-95). Todo esto es, como digo, habitual, y si hago referencia, más o menos al azar, a estos pocos y disparatados sucesos, es para recordar el lugar desde el que parte nuesrra invesrigación analítiia, y para suBerir también que, habida cuenta la naturaleza de este prrio-d" p"rtida, el análisis, aun siendo necesario, puede gue sea t"-bi¿n un iujo indefendible. comparto con rwatney su interés por la interpretación, pero también es irnponante decir que, frenre , tódo esto, la única respuesta mo¡almenre necesaria es la rabia. oEl sidar, escribe §flatney, .esrá siendo efectivamente udlizado en occidente como un pretexto para "justificar" Ilamamientos e una creciente legislación y relulación dc las personas consideradas socialmente inacepábres" (tóez:i). y las pcrsonas inaceptables en la crisis del sida son, obviamente, hámosexuales masculinos y personas usuarias de droga por vía .rrdor"nor" (nruchas de las cuales son, como sabemos, tr"gár'" hispanos pobres). ¿sería injusto s.ugerir que los lectores de Neós of the'worrd'o el a¡Td9 típ"o británico son ejemptos represenraiivos de la respuesta del 'público general' frenteei sida? ¿Nós será posible .n"orrrr'". po, ahí heterosexuales decentes; heteroseiual.r .n q-ui"r,us no se despierta un deseo compulsivo de no compartir el miimo planeta? por supJesto que si pero esto es particularmente cierto en el caso de -y unidos-, Gran Bretaña y de Estados el poder esrá en las m¿nos de quienes demuestran constantemente que son capaces de simpatizar más con el 'furor" moral asesino del buen p"stoi que con la agonía terminal de un enfermo con sarcoma de kapósi. Después de todJ, fue el Departame¡to de Justicia estadounidense el que altorizó lor'"-" pleado.res a. despedir a sus empleados con sida, si tenían siquiera la sospecha, al margen de cualquier evidencia médica, de que'el virus po-día exrenderse a otros trabijadores. Fue el secrerario de Estado de salud y§ervicios Humanos norteamericano quien conminó recientemeTt: al congreso a¡enunciar a defender una normativa que hubiera prohibido Ia discriminación de personas infectadas vin, y quien "or, negó.la.necesidad de ley feJeral que proregiera ra confide"l¡*9n1 dad de los result¿dos de los análisis de ietección-de anticuerpos. . Manifesmr públicamente tales opiniones y artumenros no es lo mismo, claro esrá, que apuntar con un rifle á la iabeza de un hijo, pero. dado que,. como-repetidamente se ha dicho, la ausencia de garantías de confidencialidad desanima a mucha genre que podría ñacerse los análisis, y dado que, en consecuenci",Isíse h"""L¿r difi"it

el control de la extensión del virus, la única conclusión que podemos extraer es que el secretario Otis R. Bowen considera mái importante tener los nombres de quienes resultan ser seropositivos/as que ralentizarla expansión del sida en el seno de la sacrosanta "población general". Para expresarlo de manera esquemática: para la administración de. Reagan, tan orientada hacia la familia, tener la información necesaria para encerrar a los homosexuales en campos de cuarentena puede ser una prioridad de mayor grado que salvar del sida a los miembros heterosexuales de las familias americanas. Dicha prioridad sugiere que existe una pasión por la violencia mucho más seria y ambiciosa de la que se esconde detrás de los más bien banales, o más o menos normales, impulsos infanticidas del reverendo Robert Simpson. La cuasirrecomendación de que la gente con sida sea expulsada de sus puestos de trabajo, efectuada por el Departamento de Justicia, sugiere, como poco, que Edwin Meese, sin llegar al extremo de apuntar con una pistola ala cabeza de un enfermo de sida, puede que no cor.lsidere el asesinato de un gai con sida (¿o sin sida?) corno intolernblc o insoportable. Y esto es, precisamente, lo que podría dccirsc dc nlilkrnes de buenos alemanes que jamás participaron en el aecrinlttl rlc jtr díos (y homosexuales), pero gue no lograron ct¡nsidcrar la idot lol bolocausto como insoportable. Ese era cl gmdo más que rulicic¡ttc rle su colaboración. El mensaje que enviaron al [i'ührer, nntcs i¡lcluro del comienzo del holocausto, pero cuando la idea cshba ya en cl aire, fuc puesta a prueba durante los años treinta, a través de manifestaciones de antisemitismo quizás menos violentas, pero igualmente virulentas. Del mismo modo, nuestros líderes, al relegar la protección de las personas infectadas por vtg a las autoridades locales, les están diciendo a csas autoridades que todo vale, que el Gobierno Federal no considera intolerable la idea de los campos de concentración, o incluso, quién
sabe, otras peores.

Podemos, ciertamente, contar con la prensa más liberal para que redacte editoriales en contra de las opiniones de Meese o de las cxhortaciones de Bowen. También podemos, no obstante, contar con (lue esa misma prensa informará en portada sobre un trabajador sanitlrio, presumiblemente heterosexual, que habría dado positivo en un ¡rnálisis de anticuerpos, mientras que no proporcionará -al menos lrasta hace muy poco- ninguna información en absoluto sobre las ¡)rotestas en contra del paso de elefante que siguen los procesos de
l)uesta a prueba y aprobación de nuevos medicamentos para su utilit,act6n contra el virus. Si intentamos mantenernos al corriente de la

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¿

Es el recto ana tumba?

investigación sobre el sida a través de la rclevisión y la prensa, seguiremos en un estado de desconocimiento considerable. A través de la tele y de los diarios aprenderemos, sin embargo, un montón de cosas sobre las ansiedades de los y las heterosexuales. En lugar de proporprogramas como, pongamos por caso, 60 minutescionarnos -en buenos reportajes sobre una investigación ineficientemente comparti-

mentada entre varios centros y agencias públicos y privados, descoordinados y con frecuencia en .orrrp.te.,ii", o sobre ts intereses de
las compañías farmacéuticas, que se esfuerzan por hacer asequibles (o por hacer inaccesibles) nuevos tratamientos antivirales, y que ale¡'an o r€trasan el desarrollo de una vacuna', la televisión nos bombardea hasta la náusea con procesiones de niñas pijas que le hacen saber al rnundo entcro que ya no follarán con sus novios yuppies, a menos quc éstos estén de acuerdo en usar un preservativo. De este modo, se exigc a cientos de gais y usuarios o usuarias de drogas, con motivos para pensar que puedan estar infectados por vIH, o que saben que lo

a El 15 de noviembre de 1987, un mes después de haber escrito este artículo, el programa de televisión 60 minutes dedicó, efectivamente, un espacio de veinte mi¡utos al sid¿. El reportaje se centraba en el libro de Randy Shilts, recientemente publicado, sobre respuestas y falta de respuestas a la crisis del sida por parte del go-tanto bierno como por parte de la comunidad- (And tbe Band Played oz, Nueva York: St. Martin's Press, 1987; lEn el filo de k duda, Barcelona, Ediciones B, 19941). El reportaje presentaba una visión que simpatiza con el punto de vista de Shilts y su crónica de los es{uerzos tardíos y poco comprometidos para hacer frente a la epidemia, al tiempo que informaba a los televidentes de que ni un solo empleado de la administración de Reagan estaba dispuesto autorizado- a hablar en el programa sobre la política en -o materia de sida. No obstante, casi la mitad del espacio primera mitad- estaba dedicada a los mortalmente traviesos hábitos sexuales-la de Gaetan Dugas o 'Paciente Cero", el asistente de vuelo franco-canadiense que, según Shilts, era responsable de 40 de los primeros 200 cesos de sida documenados en Estados Unidos. De este modo, el reportaje era sensacionalista desde el principio, por la representación de la imagen de la homosexualidad más repugn¿nte que pueda imaginarse: aquélla del guaperas irresponsable que extendía el virus a propósito, después de haber sido diagnosticado y advertido del peligro que su promiscuidad representaba para ocros. No entraré -como, por supuesto, tampoco e¡tró 60 minutes, pese a dar las rnejores informaciones políticas de la televisión amer.icana- en consideraciones sobre el fenómeno que supone el propio Shilts, convertido de.la noche a la mañana en estrella delos media, ni en la relación entre este repentino estrell¿to y su imagen de respeubilidad irreprochable, su constante deseo, incluso ansiedad, por compartir con los heterosexuales una repugnancia moral por la prom.iscuidad gai. Una buena par¡e de su muy admirada "objetividad" como reportero consiste en el hecho de ser igualmenre ponzoñoso con quienes están en una situación de elevado riesgo de estar afectados por el sida (hombres gais) como hacia los responsables del gobierno que parecen contenros dejándoles morir.

por ello viven el rerror cotidiano de la posible manifesución il ág"no de los sín[omas reconocible§), o que ya están- Padeciendo alguna enfermedad relacionada con el sida, o que§e están muriendo a iausa de una dc estas enfermedades, que simpaticen con esas pijillas gue agonizan al Pensar que tomando la 'escasamente femenina. iniciativa de inrerrumpir al rnacho invasivo para insisrir en que practique sexo seguro, se arriesgan a quedar§e sin un-buen polvo' hr.nte a todo estó, las incisivas interpretaciones de alguien como Larry Kramer pueden parecer del más elemental sentido común. El peligfo de evitar cualqúier exageración de la hostilidad hacia la homoiexualidad "legitimada' pol el sida es que, si seguimos siendo 'sensibles", pront; nos encontraremos ante situaciones en las que la cxageración ierá difícil, si no del rodo imposible. Kramer ha dicho recientemente que «si el sida no §e extiende ampliamente enrre [a población blanca heterosexual no usuaria de drogas, lo cual puede o rruede no suceder, entonces esa misma población blanca no usueria i. drog", nos va a odiar más aún, Por asustarles' Por cosmrl§s una i()dida fituna, por nuesrro 'esriló de vida" que, scgún cliccn, er lrt t. causa de todo esto» Qré sugerencia tan morbos¡r. tltr ltorretttll y., sin embargo, euizás, ta¡isensaia: sólo cua¡r«lt¡ la "poblirci/rn [etternl' csrá ame¡iazaáa, lo conrrario cle esl "¡r.[l.rcir'rrr Hcr¡('¡'¡rl' (rcr ltt que sea) podrá confiar en lograr un¡l :trenciir¡r y Uil tfrrl.¡nliellt{r
están (y gue

,rdecuados.

El tratamiento informativo del sida que realizan los medios de comunicación esrá en su meyor parte dirigido a la población hetero-

sexr¡al, hoy en situación de riesgó mínimo, como si los colectivos que

.,stán en una situación de alto riesgo no formafan Parte de la audiencia. Y, en cierto modo, como dic;\üatney, no foiman parte de ella' l.os áedios de comunicación se dirigen a «una enddad imaginaria; una unidad famiüar nacional, que es tanto blanca como hetero§exual» y los televidentf SeT:43). Esro no significa qúe la mayor parte delas y heteroseblanca tcs euroPeos o noneamericanos no se n de raza cotTlo 2I'obstante¡-Q-u€¡ *uales y-parte de una familia. sí significa, no de un diferente muy Hall, esa represenáción es algo

¡,,-.nírt*art
,,.'".o

,.fl"fo: .Implica el tábajo acrivo de selección y prese'tación,

panir de un discurgo previo a la celebración del día del orgullo gai cn (entre otros sitiorien cl periódico lésbico-gai de San Francisco CoprrSti"ido lr,,.,orr, ,rting IJp!, vol. 8, tl (agosto,1987). p. 8.
5 Citado a

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B

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s

lenguaj

e

s

¿Es

el recto una tumba?

89

tan sólo de Ia transmi_ preexistente, sino del tabalo más acrivo d,e lograr :1?:Í: T-:-.i:id" qae Ms cosa.s tengan _an sentid.o» (citado en l9g7: 124). La televisión no construye la familia, pero, en cierto modo, .o"rigr'. q* i, i.-ili, signifiqae algo. Es decir, lleva a cabo una distinci¿i-, *'r.".ra"".irmente clara enrre la familia como unidad biológi;a yá];;iil;;_" una familia, en rea[dad ,"n *]o ,rraoL*p'r);;;;,^';;;;;;"','{il)nn cdr como pertenecientes a una familia. El gran poder

d.e estrucruración

y formulación: no se trata

que una madre neBra, acosada por la pobreza de cualquiera de nuestros guetos, no es menos cierto que el poder de la gente negra como grilpo es, en los Estados Unidos, mucho mayor que el de los y las ho-

llt"'::111:rltu¡al, des a través de las cuales las personas que ya se consideraÉan
d.
10,

y

l-o hace

.','.ru,rJo,ol lo, ?rriúrrio, y'ir,

".r;* part. d.

mosexual.

la televisión-nofteameri.""u

de la familia como una id.eitidad'e,s, .nli -irrrra, un proceso exclu_ yente, y este producto curturar no riene en absoruá f.l qrr.á¡r.iai, exactarnente con su referente natural. De este -odo, .r'-u"io -á, fácil que ru perro forme parte de la identidJi;il;;#;;";.,

d. comunicación estriba, como escrib,. .Maáey, en <(su capacidad para (te 87 : 1 2s,, y, ;;;,;cu enre men re, en su capa_ 3l:::19'lo-l^11llld, clqao para determrnar ios contornos de una identidad. La ..pobración general" es, desde el mismo momento se formula, ;;;;;"r_ trucción ideológica y una prescripción "r, lr. -o'."r. er Áa;,ll J.n"i¿ra¡

*.áio,

qr. i, pr"pi."irermano o hermana ho¡

puesro, obsceno mantener que ra .onfurtJl" hombre de negocios o médico á;-i,",;ro¡rta

tronar las cuestiones referenres a su'r.*u"lidrd ¿. rrl-l.i"ur"menre abierta, Densando que no d.jrb; ¡; ser por ello, a los oíos de la América mavorita.ia, parte integr"n,. ¿..l"tütil¡á, i.?."rrr,,. Hasta finales dá los años -sesenta, ,i" oúriáenre muy difícil compaginar ambas cuesriones. Fl -i ;p¡";"r, t *y .fg. saludable en el he_ que hayamos tenido :P-1" armonioso. Ahora q".i;;;ü;r'", ."rá.t", ilusorio de ese aJuste srL.*os (o deberíamos saber) que «los gaiso, como dice Vatney,.«somos .onr.*iiri;;;ffii.,1#l"u T1n..1". global corno un iolectivo d.r..l*bI'., ¡";;;ü:'t;':*ro.._ sión "demanera global" ,.rult" .;;id.;; bicn resultarí", por,.r_

La particular erclusión de que son objeto quienes sufren más directamente la crisis del sida con respecro dir..r.ros sobre ra epidemia, ha sido experimentada, de "io, aguda, por parre de aquellos gais.que, hasta hace se.creían capaces djges_

.";.;;;;i.ilr..n.r,r. b;á;;;;:

mosexuales. Paradójicamente, como hemos podido comprobar recientemente , a raíz del voto de los senadores demócratas conservadores del Sur en contra de Ia nominación de Bork a la Corte Suprema, la gente negra, sólo por su número y por su creciente participación en los procesos eleCtorales, ya no constituye un colectivo desechable o prescindible, incluso en los mismos Estados con un triste récord de discriminaciones raciales. Esto no quiere decir, evidentemente, que la gente negra ya 1o haya conseguido todo en una América blanca. De hecho, una determinada atención política hacia los intereses negros responde a una cierta utilidad táctica: se atenúa la presión y se obstaculizala percepción de la persistente indiferencia general respecto a la siempre floreciente explotación económica de la gente negra. En ningún otro lugar es esta opresión más visible, menos disimulada, que en las grandes ciudades norteamericanas como Nueva York, Filadcl[ia, Boston y Chicago, y sin embargo, el típico genio americrno ¡ror cl pensamiento político desplazado permite quc, cuan«lo los Iibcrrlcr blancos neoyorkinos (y los columnistas lil¡cralcs [rlartcos crlt¡to Ar¡' thony Lewis) toman en consideración l¡r cucsti(5n de l:r o¡rlcriifrt ru cial, siempre tengan en la cabeza inrágcncs clc Sutlfftic¡¡n, Sir¡ cr¡t' bargo, algunos negros son necesarios erl puestos clc prornirrcr¡ci¡t o tlc poder, lo cual no es en absoluto cierto respecto a lcsbianas y gais. No es difícil admitir que la gente hetero pueda usurpar a gais y lesbianas en la televisión, mientras que los blancos no pueden, en general, hacerse pasar por negros, y son mucho menos eficaces que éstos como modelos para los anuncios televisivos de las cadenas de comida rápida, dirigidos a los millones de negras y negros que no tienen dinero para comer en ningún otro sitio. Cuanto más grasiento es el producto, más probable es que se consienta que algún actor negro gane algún dinero promocionándolo. Del mismo modo, el país necesita,

evidentemente, una Comisión de Derechos Civiles, en la que

es

,.

;ilá;;;';;f,irn.o,

la misma opresión

-¿tendremos es Sudáf¡ica".

ó Los hermanos y herma.nas negras, en cuyo nombre se manifestaron los y las estudiantes de la Universidad de Berkeley en Sproul Plaza, son siempre de Johanesburgo, aunque haya carteles en las cabinas de teléfono y paredes de Oakland, que Posiblemente estos mismos estudiantes jamás hayan visto, que anuncien ahora el optimismo necesario para decir "ominosamente"?- que "Oakland

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reao una

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_ir.", ;;, qr. , d;;rr;;",;;;;::"';':::::::: demosráriciy.;;"ó-ü;:#il;U::?'.T"ffj.",i.:.rJ::Tl1:
como los heteros, han obiervad"

a los acrores) del mismo;:i. que ros senadores der sur neccsitan los votos negros para mantenerse en el poder. En esas ciu_ drcles, los gais blanco-"s.hair duranre unos pocos años, considcrarse decididamenre n,ár-ü1, .le pa'ti cipa. ." r, ¿'i,"¡ u JH ciudades ope-ra, sin apenas oporición, una marginación cada vez :e más efectiva de la genre ,,..grn. En esas .i¡,a?J.r,'i",

d

o prlteg¡1, tts o tas h;;;r:;;;:: :11,1 brcr to que Rock Hudson era gai, ,o h" rrpu.sto ningún cambio: die necesit¿ el voro o..i:iil;?;, en últimiinsrancia,

misión Federal qr. proá,¡", p;á;;;stilos áe-..,id-a g"ri. y" nmguna racionalidad qu¡ .1nliqu. ",Ir"y Ia opresión de la gente negra en América, mientras que'el sidl i;l;;;;: que la.p;;ri;;;;.t"o, g"i, parezca un imperativo moral. En pocas palabras, siempre quedarán unos pocos negros a salvo del pavoroso áestino i..1" negra en América, "i"yo];;;;;;. ra genre mientras que no ha.y absorut;;;;;guna necesidad porítica de

igudmente evidente que,debe haber gente negra, mientras gue esrá claro que no existe ningrin proyecto áe establecimiento de rrna Co-

subversivamente político" 7. Y negado, en tanto en cuanto esta misma distinción era propuesta por homosexuales que, al menos implícita-

a;"ü;ir#:"r.r_

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ie ncccsita

na_

;;áil;;-;i;enos

;;üffi ig;dii,_.i

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mente, proporcionaban argumentos en favor de la consideraCi¿n de la homosexualidad como un locus o un punto de partida privilegiado a la hora de establecer una identidad político-sexual no "detárminada" ni susceptible de ser establecida a partir de una específica orientación sexual 8. No es ningún secreto que muchos homosexuales se resistieron a participar, o simplemente fueron indiferentes a este "estilo de vida subversivamente político", para pasar a estar, como si dijéramos, deshomosexualizados, y entrar así a formar parte de lo que §Tatney describe como «una identidad social definida no por nociones de "esenciao sexual, sino por una relación de oposición con respecto a las instituciones y los discursos de la medicina, la legislación, la educación, las políticas de vivienda y protección social, etc., (1982: 18). Más precisamente (y más de acuerdo con la asunción de la idea según la cual el sexo radical significa o conduce a una práctica política radical), muchos gais podían, a finales de los años seserrrir y principios de los setent^, empezar a sentirsc cómoclos e¡r cl scrro tlc srr concepción "poco usual" o radical sobre cl scxo que cstl bicn, rirr ¡ror ello modificar un ápice su orgullosa c«¡ncicncia tlc cl¡rse rrretliir o, irrcluso, su racismo, Los hombres, cuyo cornpclrtarrrierrt(, cn l¡r¡ rrocl¡c¡
de locales míticos como el Couldron «le San ljrlncisco o el Mineúalt de Nueva York podían obtener una clasificación clc cinco estrell¡¡s por parte de los (mayoritariamente heterosexuales) tcóricos dc la polisexualidad, podían tranquilamente ser caseros gais durante el día, expulsando, por ejemplo en San Francisco, a las familias negras que no podían pagar los alquileres necesarios para renovar y revalorrzar
el barrio.

gumentos morales (que ni.siquiera son reconocidts manrenerse en los protegidos limite, d. lo;;;;i;;;;
los campos de cuarentena.

ffi*ll*fftr*ff¡l-ufiiffi*',r# !,a..."-";6#L,Ti:::,'"';l:;"":..,:i:::;:;"i"::r" j::;:::
.o',o-rrt.rj.prr"

ñ.#rr, i",ii* o"

No quiero decir que tuaieran que vivir como problemáticas

tales

senh y primeros serenu.

"ió.;,;;i';;;;;fi :"J;:':;"".:'.'i::,'J:ilT::ff ::Uru;:':i ji,lff iftill#:i::: ii*Tl','#:.ff Tnil,*¿::'J:tlti;*{

En su conjunto, Ios gais no son menos ambiciosos socialmente que los y las heteror:,._,ii":- y;;ü;;o", .r.r,. qrr¡Lrrru, admitirlo, no IrL) son tampoco menos reaccionario* .o^i,^- :..^-;^:--

^

distinción radicar

mienro de liberación q"i,

prelerencias sexuales, y

I

n.óno.¡aoln-la med¡d; .;;;; ,' irrri_ .o-o ,or;;;;;"y §feeks, piopuro .u'a i; ffiilJ,.,iid^d, qu" eri cüestión de Í;; .lo
gai,',

qr"

;;;;rtión

de un estilo de vida

7 Jeffrey Veeks, Sexuality and its Discontents: Meanings, Myths and Modern Sexualities, Londres, Boston y Henley, Routledge and Kegan Paul, 1985, p. 198. I \Weeks hace un buen resumen de esa 'simpácica estraragema de la historia" por rnedio de la que "la intención del primer movimiento de liberación gai [,..] por despejar las expectativas de que la homosexualidad era peculiar condición o una experiencia minorimria, fue transformada por miembros menos rad.icales del movimiento en una lucha por las legítimas exigencias de una minoría recientemente reconocida, "de lo que rhora era casi una identidad "émica"". De este modo, nel derrumbamiento de los roles, identidades y expectativas fijas, fue reemplazado por *la aceptación de la homosexualidad como una experiencia de una minoríar, una aceptación que "enfadze deliberadamente la guetificación de la experiencia homosexual, y, por ello, no logra poner cn evidencia la inevimbilidad de la heterosexualidad" (ibid., pp.198-199).

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recto una

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o sublimarse ,r.'p*rerencia serual marcada ::T?Jl:longarse por tos marineros o por los instaladores
pare expresar las cosas de manera polé_i"., y qui_ zás ^esum¡endo, incluso brutal, hemoi estado un montón de mentiras; menriras cuvo valor estratégico "orr,*Jo p.rf..rii.n;", q." se han quedado obsoJetas a"raíz deÉ;;ñ del sida. No creá que sea práctico sugerir, como hace Dennis ati_." q;;h ;;;*lli ,"yan cread,o ouna-especie de democrac;i, _iirrnan"sca, un deseo de co_ nocer y de confiar en otros hombres ,, de hermandad alejado de las atadu,s_mrrculi'l;;;i;d;, "., "on,"xto la jerarquía y la compe_ tencia que caracterizan buena p".t. del'mundo exterior» e. 6ra¡_ quiera que haya pasado un, ., ,]r" ,rrru gai sabe que es (o "oát. que era) uno de los espacios más despiaJ"-d"rn"rr," sometidos a crite_ rango' jerarquía.y .o_*p"t"n"i, quc pueda imaginarse. Tu as:it-19ttus múscuros, pecto' ra disribuiión der ueilo,

i te 1"..', u i Jol'ri ul* si bien"rr"b es indiscutibl.-.nr. crerro que Ia sexuali_ dad. es politizada consranremente,. no p.r .il.-¿"ü;.'"; ii'"',1r"rrr. problemitica la manera en gue er hecio ¿" ,irir'*tr¿"""i'r\i*¿"r, en sí mismo, politiza. Una polírica d.'á"1..¡,". pü;,;;; .lJ.pf., emerger a partir del.sentimentalismo de las fuerzas armadas o de los trabajadores de cuello .rul, un r.rr,iñ.oiirá"-q;ü;;ior rr

,,"girir,.¡r.f*oiqr?.ij.*" p", cuerpo de orros hombres-., un r*üpro¿u.ro o'ül;;;ü;"¿"r"- "f cucrlre que parre del radicalisrno poií,i.o, en lugar ¿".rrlrra ¿" ¡urt id d ad o. q ue pc.n
a.

rica del activismo gai ha llegad"

en so_ "o"ria.i" edades más violentamenre repres iras qr" lr.' n u.r.tr"i,= f . Jrrir ri_ dades más crucialmenr" op.rriir", .r,,rJl", lado, y las fanusías ..r".ion"Jr, sexual, de otro rado. En o.casiones, gracias a un sistema de deslizami.r,ro, prágr"ri"""r,i"
ci

h.".:*

pero sí manrenso que ha habido mucha ";;; i. "ir.or;, h;;;; .rrr_ blecer las. impllc-acjo"..r r.3t9tá p"*rurr.s "orrirr;¿r,l de Ia homosexuaridad. Los activisras sais han rendido . á"dr.ir. estas impricaciones a parrir del estatus de ios homosexuales ,ninorf. oprimida, en lugar de
a

combinaciones en sus vidas (aunque tampoco quiero decir, evidente_ menre, que debieran senrirse cómldos .r, ,, p"p"l d.

forma del culo determinan exactamente cuán feliz vas a ser en el transcurso de esas pocas horas, y el rechazo, acompañado por lo general de dos o tres palabras a lo sumo, podía ser fulminante y brutal,
desprovisto de todas las civilizadas hipocresías con las que nos deshacemos de los indeseables en el mundo exterior. Se ha sugerido en los últimos años que el estilo macho-gai, que la pareja de lesbianas butch-fem, y que el sadomasoquismo gai o lésbico, lejos de expresar complicidades incalificables o incontrolables con un ideal de masculinidad brutal y misógino, o con \a pareja hererosexual, permanentemente encerrada en una estructura de poder establecida a partir de la supremacía sexual y social masculina sobre la pasividad sexual y social femenina, o, por último, con el fascismo, son, en realidad, parodias subversivas de esas mismas formulaciones y comportamientos que parecen imitar. Estos postulados, que han sido objeto de controvertidos y a menudo inteligentes debates, son, a mi entender, totnlmente aberrantes, aunque creo en términos inaceptlblcs para quienes las defienden- que-quizás también puc<Jcn s-cr (tle lrct,lro, tlc
ben ser) apoyados.

partir de lo que

"o-o qu.''ror, (excepro,

* ,id;rí*;;ñ]""I,'¿" ,, ;;;';i';ü""r

quizás,

*,A_

srmpatías políticas.

;;il;;";.rl.

.i

d. lin.",

t.-l.f;;'ü "'''

En primer lugar, debe hacerse una distir¡cil'¡n crrtle hrs cfct'tor r¡rrc estos estilos de vida pueden tencr cn cl ruu¡r«lo lrcteroscrr¡ll (luc Jl'(r vee los modelos que los fundamcntan, y cl sigrril'icutlo r¡uc rrlt¡rricrcrr para las lesbianas y los gais que los practicirrr. Urrir rproxirrnciórr ¡rrrr fletaria no nos resulhrá en este caso de mucha ayucl,r, Inch,rso \üceks,

:ñ;il;

;;;;

cuyo trabajo admiro, habla del ndesarrollo clel estilo m¿rcho cntrc Ios gais a lo largo de los años 70 [...] como un episodio más de la irnparable 1'guerra de guerrillas semiótica" emprendida por los parias c{el sexo en contra del orden dominante, , y cíta con aprobación la sugerencia de Richard Dyer, según la cual, "al apropiarse de los signos de masculinidad y erotizarlos en un contexto clamorosamente homosexual, se le hace mucho daño a la seguridad con la que "los hombres" son definidos en la sociedad, una seguridad que asegura su podeo (\feeks, 1985: 191). Estas opiniones atribuyen efectos subversivos a unas intenciones que, en mi opinión, carecen absolutamente de tales características. Resulta difícil determinar "cuanto daño" puede hacerse a través de un esdlo de vida que los hombres heterosexuales sólo ven es que llegan siquiera a verlo- desde la ventana de su -si bajan Folsom Street't. Su seguridad como hombres con coche según

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Dennis Altman' The H^omosexuarization or America, the Americanization of the s e x ua l, Nu eva york, sr. rurr.Ur* ñr i"r,'

íi," ií. r r *.
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x' Folsom Srree, atraviesa el barrio de la ciudad de San Francisco denominado l"áe

-

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re$o una tumba?

poder puede muy bien no verse emenazada en absoluto por esa visión escasamente traumática, ya que nada les obliga a esablecer relación alguna entre el estilo macho-gai y la imagen que tienen de su propia masculinidad (de hecho, la exageración misma de ese esrilo permite hacer plausibles tales negaciones). Puede ser cierto, no obstante, que, en la medida en que el hombre heterosexual admira o se
identifica de manera más o menos secreta con Ia masculinidad estereotipada de los motoristas, su adopción por parte de los maricas dé lugar, como sugieren §feeks y Dyer, a una dolorosa (aunque efímera) crisis de representación. El estilo macho-gai inventa la expresión oximorónica "reina de cuero" (leather qaeen) pero le niega su co¡rdición oximorónica; para el macho heterosexual, la reina de cuero sólo es inteligible, incluso tolerable, como un oxímoron que, evidente-lo ininteligible. mente, vale tanto como decir que debe permanecer El cuero y los músculos son profanados por un cuerpo sexualmente feminizado, aunque es donde la opinión de \(reeks, según la -y aquí cual el estilo macho-gai «corroe las raíces de la identidad masculina heterosexual" (ibid,), me resulta problemática-, el rechazo macho de la masculinidad representada por la reina de cuero puede acompañarse por la satisfacción secreta de saber que esa reina de cuero, en toda su despreciable blasfemia, prctende, en cierro modo, pagar un tributo pleno de adoración d esrilo y al comportamiento que profana. El verdadero potencial subversivo de la-confusión que püede gcnerar el encuentro de la sexualidad femenina (sobre la (ue-enseguida volveré) con los significantes del machismo es disipido, una vez que el lrctcrosexual reconoce en el estilo macho-gai uni tierna aspirnción al ¡nachismo; una ternura que, de manera harto convenienre p:rr;r cl hctcrt¡sexual, hace de la armadura intimidatoria y de las manerrs gucrrcras dc la rcina de cuero unaperversión más que una subversión de la masculinidad real. De hecho, para volver al significado que adquiere el esdlo macho para los gais, sería correcto decir, en mi opinión, que dicho estilo da pie a dos reacciones, ambas indicativas de un profundo respeto por el machismo. lfna es e[ clásico desprecio: el iío impresionanre que irrumpe en el bar forrado de cuero, y que cuando abre la boca result" ser una locazaqque re lleva a su casa, donde lo primero que re llama la

atención son las obras completas de Jane Austen, que te nlctr ol lt cama,y, bueno, ya sabemos lo demás. En pocas palabrls, h llrtrh r que da lugar el machismo de los gais es casi exclusivamellte unI e r¡r.tión internar / se basa en la oscura sospecha de que r¡rrizfl tc c¡tálr dando gato por liebre. La otra reacción es, simplcnrentc, lu clr:itlliÍrr sexual. Y esto nos lleva de nuevo no a la cuestiórl rlcl rcllciu r¡ rlr la expresión de lapolítica a través del sexo, sino r¡r¡ir bicn ul cxtlcnr,¡rlr mente oscuro proceso por el que el placer sext¡¡rl Ne.rl,rú ¡rolf t icir, Si lamerle las botas de cuero a un hornbrc (() (¡rc tc lnr lnrrr¡r ól u ti) os resulta excitante, no por ello estáis rrirrguno dc los rl«rs c:st¡¡bleciendo un principio de subversión de la m¡sculiuidacl. La paroclia cs contraria a la excitación erótica; todos los gais lo saben. lJna conversación con un inusitado despliegue de plumas puede resultar divertida en una cena de amigos, pero en cuanto se plantea la posibilidad de ligar con alguien, las plumas se devuelven al armario. La plurna caruP de los gais es, no obstante, en buena medida, una parodia de la mujer, lo que evidentemente sugiere otras cuestiones. La par«rclia dt: una cierta feminidad por parte de los gais que, como en al¡¡urrn oca-. sión se ha dicho, puede constituir una compleja construcciórr rociirl, cs tanto una manera de dar rienda suelta a la hostilitl.rrl «¡tre ¡rrohulrlc mente sienten todos los hombres contra las rnujcres (y t¡rrc hr¡ Iretr rosexuales expresan, por supuesto, rlc nr¡lrrcr¡r irrlinit¡¡rrrcr¡lc nr,li repugnante y efectiva) y también podría scr corrsitlerrrrll ¡rirrlrll,ii.',rrnente como una contribución a la deconstrucción tle csa tnisttta inrn-

gcn de las mujeres. Una cierta plurna homosexual escenifica una lcminidad descerebrada, asexual e histéricamente desquiciante, provocando así, a mi entender, una reacción violentamente antimimética cn cualquier espectadora. La perra gai desublima y desexualiza un ripo de feminidad al que las estrellas de cine han dado cierto glamour, y, a través de su estilo, asesina amorosamente dicha feminidad, in.. luso si, al hacerlo, el ejecutor de la parodia puede estar bastante esti,'rulado por los impulsos de odio inevitablemente incluidos en su re-

¡,rcsentación. El estilo macho-gai, por su parte, pretende resultar scxualmente eicitante, y si continúa siendo adoptado, ello se debe
rirricamente a que con frecuencia sigue teniendo éxito. (Si es adoptado ¡,.rr hombres mayores, en sus formas más extrémas de cuero, es, pret rsrrnente, porque cuentan con él para aumentar su decreciente sex-

soutb Central,_epicenrro de la importanre comunitlad tlc cr¡cr. y satlornasoquista dc es¿ ciudad californiana. (N. del T.)

rppeal.) La absoluta seriedad del compromiso que los gais establecen con t'l ¡nachismo (con lo que no quicro decir, por supuesto, que sea éste

B

usc¿ndo

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¿riil

un cornpromiso que todos suscriban) significa que corren el riesgo de idealizar ciertas representaciones de lim"scrriinidad y de "orr"rid.: rarse inferiores con respecto a ellas. unas representaciones de la masa partir de.las cuales, de hecho, soá juzgados y cbntrénaifd -culinid¿d La lógica misma del deseo homosexual permite irna pósible identiii-cqción ¡¡noroqa con el enemigo. Y esro ionstituye una fantaqí4_(y ut lujo).por.un lado inevitable, plro ambién, hoy ior h"y, i""J-iIbiel fnevjable porgue el deseoiexual de unos [ombres'por otro§[(. puede ser tan sólo una especie de atracción culru¡álmeáte neutra hal' cia una idea plarónica del cuerpo masculino. El objeto de deseo iml plica necesariamenre una defiáición socialmente áeterminada.y de hondo calado de lo que es ser hombre. Los estudios que establecen ei gé,ero como consrrucción social ya empiezan ,"rúrmrnos familia" res. Pero dichas argumentaciones tienen, casi sistemáticamente, y por b.r-.nT razones políticas, una intención bastanre diferente; ,,, pi.*nsión didáctica es demosrrar que las iden¡idades masculina y femenina, propueshs por una culrura patriarcal y sexista, no deben ser consideradas, como se nos pretende hacer creer, como identidades ahistóricas, esenciales, determinadas biológicamente. sin estar en desacuerdo con esta idea, quiero establecer un enfoque diferente, y proponer una afirmación comprensiblemente menos átractiva p"r" iqu.lias personas impacienles y deseosas de liberarse de definicio.rei oprerir* o degradantes. L-o q"9 afirmo es que un gai no corre el riesgo'de amar ¡ su opresor sólo del modo en que la gente negra o judla puede, de forma más o menos secreta, colaborai con sus opresores esl -esto como una consecuencia de la opresión misma, de esa corrupción sutil por la que el esclavo llega a idolatrar el poder, y a esar de acuerdo con su propia esclavitud, con que se le debe negar el poder porque no tiene poder alguno..La-genre negra o judía r,o l" .orr-ri.rt. u, n"g." o judía como resultado de esa intériorización de una menralidad opresiva, mientras que la inreriorización es parte consritutiva del deseo homosexual, qu€, como todo deseo r.*.r"1, combina y confunde pulsiones-de apropiación y de identificación con el objeto de deseo. verdadera identidad política gai implica, enronces, una lucha no contra las definiciones de la masculinidad y de la homosexualidar y como son reiteradas e impuesras por los discursos sociales'I sexistas, sino también contra esas mismas definiciones tan sed como.fielmente reflejadas por aquellos cuerpos masculinos (en buena medida inventados y construidoi culturalminre) que llevamLs en no: sotros mismos como inagotables fuentes de excitaiión.

Quizás exista, no obstantc, un medio de hacer explotar este cuerPo ideológico. En lugar de ncgrr las que considero verdades importantes
(aunque políticamente desagradables) sobre el deseo homosexual mas-

culino, yo propondría una ardua disciplina de la representación. El poder sexista que define la ¡nasculinidad en la mayor parce de las culiuras puede sobrevivir con facilidad a las revoluciones sociales, Pero quizás no pueda sobrevivir a una cierta manere de asumir o de tomar
ese

poder. Si, según dice \)üeeks, los gais «corroen las raíces de la iden-

tidad heterosexual masculina', ello no es debido a la distancia paródica que adquieren con respecto a su identidad, sino más bien a que, .n esá idendficación con ella, casi susceptible de conducir a la locura, no ii¡o, nunca de pensar en lo qwe puede baber de atractitto en su'ttioloci6n.

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Para comprender esto, quizás sea necesario aceptar (dolorosa pero provisionalmente) una representación homofóbica de la homosexualidad. Volvamos por un momento a Florida y a la armonía pcrturbada de Arcadia, y tratemos de imaginar lo que sus ciucladarrt'rs especial aquellos que le prendieron fuego a la casa «lc l(try'--en veían realmente cuando pensaban o miraban a sus trcs hiios, l,ir ¡rcr secución de niños, niñas o gente heteroscxual c<trt sitln (o cott tllt rc sulmdo positivo en los análisis de anticucrpos tlt: Vrll), rrrttlt.rr ¡rnrtt cularmeñte sorprendente a la luz clc l¡s tlcscri¡rciortcs prt¡rttlitler rlr estas personas como "víctimas inoccntcs". lis t:o¡lt«t si ll "ctrl¡rabili dad'áe los gais fuera el verdadero ag€r¡te infeccios<¡. ¿Y dc qtrd'solr culpables .*i.tn*"tt.? Todo cl munclo está de acuerdo en que cl cri,,',.n ., de naturaleza sexual, y §flatney, junto con otros, lo define como la promiscuidad real o irnaginaria que ha hecho tan famosos a los gais. \ü/atney analiza una crónica sobre sida realizada por el co..es[onsat en témas científicos de The Obsenter y concluye que "el priácipal argumento que mantienen'los exPerto§ americanos en ,idn", ionsisie en la opbsición a "los encuentros sexuales casuales"'. Un médico londinensá aconseja, a lo largo del artículo, la udlización tle condones en este tipo de encuentros, pero oel problema principal ala promiscuidad", mientras que las formas en 1...] es evidentemente

,¡r. r"

desarrolla la sexualidad son sistemáticamente arrinconadas en ,in segundo plano, (1987:35). Pero las formas de sexualidad implica.l,rs, fueden, .tt ,t sentido completamente diferente, resultar crucia1", para su argumento. Dado que aquí la promiscuidad a la que se l,aci referencia es la promiscuidad homosexual, creo que podemos cs l)reguntarnos legítimamente si la naturaleza de lo que se hace no

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tan importante como el número de veces que se hace. O, más exactamente, si la representación del acto puede asociarse por sí misma a un deseo insaciable, a una sexualidad irrefrenable. Antes de ser más e.xplícito a este respecto, debería reconocer que el argumento que quiero proponer es altamente especulativo; basado en primer término en la exclusión de la evidencia que lo apoya. Una importante lección que podemos aprender del estudio de las repreSentáóiones sób¡e el sida es que los mensajes que con más facilidad se harán escuchar son mensajes que ya están ahí. O, por decirlo de otro modo, las representaciones sobre el sida deben ser radiografiadai-*para hallar su lógica fantasmática; son representaciones que documentan la irrelevancia relativa de la información en el seno de los pr-o""qor de comunicación pública. De este modo, las opinionet .il pertas de los médicos sobre cómo resulta imposible la transmisión del virus (una ihformación que conocían y a la que hacían referencia tanto el alcalde de Arcadia como su esposa, ambos de formación universitaria), es a la vez objeto de discusión racional y de ocultamiento. Sue Ellen Smith, la esposa del alcalde de Arcadia, hace un comentario sin objeción posible: «existen demasiadas cuestiones sin respuesta en torno e esta enfermed¿d», para llegar después a la conclusión de que ..si tienes inquietudes y lees y te informas sobre el sida, te quedas asustada ante la posibilidad de que pueda afectar a tus propios hijos, porque te das cuenta de que todas las afirmaciones tranquilizadoras no se basan en evidencias sólidas". En términos estrictamente racionales, estas declaraciones pueden ser fácilmente contestadas: hay efectivamente 'muchas cuestiones sin respuesta" en torno al sida, pero las afirmaciones tranquilizadoras proporcionadas por las autoridades médicas en el sentido de que no existe riesgo de transmisión de vIH a través del contacto casual entre niños y niñas en el colegio, se basan, de hecho, en "sólidas evidencias". Pero lo que más me interesa de la entrevista que estoy cihndo, concedida por el señor y Ia señora Smith a Tbe New York Times (son una parcja genial, que me dejan incluso desarmado: que esto que digo puede sonar como si fuera "Sé un tonto de pueblor, recalca el señor Smith, que nunca llega realmenre a parecer paleto), es el hecho evidente de que han recibido y asimilado mensajes sobre el sida bastante diferentes. El alcalde decía que omucha gente de aquí, incluyéndome a mí mismo, creíamos que poderosos intereses, principalmente los de los líderes gais a nivel nacional, habían presionado al Gobierno para que retrasase Ia adopción de las medidas legítimas destinadas a contribuir a la contención de la

ilusión sobre extensión del sida, lr. Pasemos por alto esa encantadora gais a ni"líderes los tendrían supuestb:ir. .i-pJ., ,"ficienre que Ioparapiesion'ar al Gobierno Federal en el sentido de u.f nr"ionrl,, ^hi"i"i, exla realmente en centrémonos y cosa, alguna *rrt o". ért.

:;;;r'-ü;;;t"

de que quienes Pertenecen al grupo más "r,rrr.iór," t'o deseen otra cosa que su extcnsión por el ;;;;;;;olpeado 'id", quiene-s son asesinados resultan ser palabras, incontrolada. En otr", los gais como ;:;;t"";. \í"t,r.y "it" otr"s ut'siá¡res de esta idea de causa y el orila como considerado es asesinos (su comportamiento todos-esos a maur de «un desplazado deseo r"" á"fri¿"). v habla 6[9 (1e87: 82). Quizás. pero el p.resumible deseo a" matar a to. g"it sólo putie ser comPrensible en los térmihomosexuales son ,r"ti""t' Pero iqué ellos unos asesinos?

:;ilil;;?ár;il;r" explicación: los "ti"i""f ;;ffiñir*" r."irtr"i p"r" l. que seesofrece-como exactamente lo que hace de
""-"El;i;.;;;;
público sobre los homosexuales desde el inicio de la observa crisis de sida tiene un tremendo parecido (que \flamey ft p'-

sada)conl"rr"pr.r.otaciones^delasprostitutasalolargodelsi,i^ ír*-"o,.,o -r"hi".lou de contamin"iiót', tt"nt-itiendo las c.[crI¡'

il;drd;;."t;i.t"""i"as"
."ü"¿, p.r*ite

a hombres

"inocentes"r (I987: 33-34)

Laasociaciónentre"l.".á.t.rpotencialmcntcascsinoclclos¡;ilisy b q";;;á;-o, ll"r,,",lt t'ptt?fit:" hcroiciclad scxttrtl cle stt

:rt¡ucllls atroiar retroipectivamcnte algo d.c lu.z' s«rbrc 'r.rttis' y (Naraya.) académico orden de reDresentaciones. Ljs narracilnes retreinta y entre.veinte mantienen ;ái;iJi%ir*tl ttu* gais que no son tanto i"aioner're*uales en una noche, o una vez por minuto, d:. (incluso Promasculina r',"" aut"tipción de la sexualidad la T1: Ia sobre masculinas fantasías las rniscua) cuanto t"-iii*""tias de victomuferes' ;úipú"iJ;d de o.f".mos de las I:eJtt11''lació¡ lo. que es .iana d. las prostirutas puede criminalizar explícitamente La original'. u profundo más un pecado una mera pstcologtca"on....r.n.i"'d" sexua[dad una de es el -f correlato social

t"

Dromiscuidad

éxtasis ano rgás mico' #ffi;*J; J,, .i .no-eno ame nazante' de un inherente capacidad la venden) ;';;;;ttr;irt p"uii.ii," 1dt ht"ho,

.To Neighbours of Shunned Family rros Fear Outweighs orh ib, N Y Time s, 11 de agosto' I 987' p' A1' sy-pffi,,^trdhcimer, el sirr El esudio .*."mLloúro-í", i.pr.r?oo"'ion.r d. la prostitución du.ranre será pubücado en 1988 por la ntt*cimer L-ftJJ* .f"ü"-alftt slo xtx en Fmncia I I¡rvard UniversirY Prcss'
tt

t"*

r-

100

Bl.scando nueoos lenguajes

¿Es

el recto t4nd tumbl?

101

de las mujeres para el desarrollo ininterrumpido del sexo. Paralelamente, las similitudes entre las representaciones de las prostitutas y de los homosexuales deberían ayudarnos a especificar las formas exactas de comportamiento sexual que constituyen el objetivo de la representación del sida como un acto criminal, fatal e irresistiblemente repetido, Este acto es, por supuesto, la penetración anal (habiendo sido el potencial de orgasrno múltiple transferido del penetrado al penetrador, quien, en cualquier caso, puede siempre cambiar de rol y ser penetrado diez o quince veces de esos treinta encuentros de una noche), y debemos, por supuesto, tomar en consideración la confusión que existe (y qu. está muy extendida entre hombres hetero y homosexuales) entre las fantasías sobre el sexo anal y vaginal. Las realidades de la sífilis en el siglo xx y del sida en la actualidad "legitiman" una fantasía de la sexualidad femenina como intrínsecamente enferma; Ia promiscuidad en esta fantasía, lejos de limitarse a incrementar el riesgo de infección, es el signo mismo de la infección, Las mujeres y los gais abren sus piernas con un insaciable apetito de destrucción rr. Es ésta una imaBen dotada de un extraordinario poder; y si los y las buenas ciudadanas de Arcadia podían expulsar de su entorno a una familia media y respetuosa de la legalidad, ello se debe, en mi opirtión, a que al mirar a los tres niños hemofílicos pueden ha-

los actos admisibles para ciudadanos varones y "la distinción entre la emisión de semen (contrapuesta a

ber visto decir, pueden haberse representado inconsciente-es mente- la imagen infinitamente más seductora e intolerable de un
hombre adulto, con las piernas en alto, incapaz de renunciar al éxtasis
suicida de ser una mujer. Pero, ¿por qué "suicida"? Estudios recientes han puesto de manifiesto que en sociedades en las que incluso, como escribe John Bos'well, "los patrones e ideales de belleza se configuran de conformidad

con modelos masculinos, (él cita la Antigua Grecia y el mundo

los demás Parece concretarse en distinción ;;;"p"tfii-á, bi.n que en la más modernay.conocida consideser de il iro 7 p"rirror, ,., p.rr.t."do analmente no deiaba el d.áoroso Para los.ciudadanosl4' Y' en segundo ;;;;;;;.ir,o uolror.n'd. h Historia de li sexualidad,M\chel Foucault documenta de,que abundanremenre ranto la aceptación (incluso la glorificación) profun.r, oU;.,o la homosexu*li¿r¿ en la Antigua Grecia' como las á;r;;l;;;has que despertaba. Una polaádad ética general del¡ensamiento griego .r, ,orrio al autoconLol y una inevitable indulgencia tot"rpJ,itos tienen, como uno de sus.resultados' una estructurat y pasivi".á ;;;;i .'o*po.,"..,ie.,to sext'"1 en términos de actividad en el sexo' lJ, .." .,., i."hrro correlativo del llamado papel pasivo Foucault, ilil';.;;fi, áiil.lf de, aceptar para los atenienies, escribe tltr "tl[:¡er:l de un líder que,.,r".rdo era adolescellte' lt:g'rl "r-lá'rrtoridad ieto de olacer' para ouos há*úttt; existe una inconrpatibilid'rtl t:r'¡ttt'irrit:. cívicrr. I:ll i *"J.",.e la' pasividad sexual y la autoriclacl ircl¡v(', ctt .l.'tttitt'tt, scr ..onrirt. cn "honorable" il;,*;.-n;; r.-i"f r\' en Penetrar, y en erercef así la propia rrutoritlrrtl" ¡tttltl "Itlriv.'" Dicho de oro modo, el tatú lr',.,r.1 ,,..''',,,t tlt'l s,:x., (:(lll¡. tlll;l (:n-,('t:ir: en la antigu, A,aar", .r-ármulaclo p.irrci¡r:rlrtrctll(' (,',.rr. á; ü;;;á;ipoa., social. Scr p,tt:t.rutlt.t .L,s ,tblic,t¡ tltl ¡t*ltr, tllt;l l)(:r's' sidero interesante que un argunlento crtsr rtlórltict, --tltrsrlc cs tlcs;rr't.,llittl.r t'tt cstriclar. disd,rt., ;;;"r".á "o*il.a"rr,.nr"" feministas. Ln una entrevista publicada l*rcc "#*dú;;;;;f'*;rr ,f".t"i"¡. s'en Saígomundi,Foucault decía que *Los hombres creen placer reco¡ociendo a los "*p..i*enrar au¡r6 Éo*br.t cámo due¡ose -s¡¿ frase que podríamos láctlmente coleimprobables y Andrea Dworkin,

.$ffiff;;;í:;";á"í

árabe), de manera aún más sorprendente, en culturas en las que las relaciones sexuales entre hombres no son contempladas como no naturales o pecaminosas, una línea de demarcación se dibuja en torno al sexo anal "pasivo". En el Islam medieval, a pesar del énfasis puesto en el erotismo homosexual, el papel del "penetrado" es considerado

¡

buir a catherine Iuuli<.i.,.,o,. que esroy citindo' éste hace g^r a. rorr.r,rlr. E"'i; "-'it;"""t'"oi'¡" abierta de las'prácticas sadomasoquistas, una apología más o ;;,
enfoque amplio' Rcvoluciones' universales y lr* *well, 'Hacia un c*"s. ste'iner y-Robert Boyers.(comps ')',Homose' .i l" ,.*u.liill'l ,i", ,jtu,i'",
catego-

"

como extraño o incluso patológico,

y si para los antiguos romanos

'it,qr!,t::,:r.,',otte-!;;;l'ü"ilá,in'**'6",:,f¡;lorl,í3¡"Iitlffi:ii:l;|i s";"il, CrktianisÁi, tolerancia social y bomosexu Sien el capítulo 4' 1987. Esros.argumentos son desarrollados gto o M í" h.r Fouc a u r t, i i,ll",

"

rr El hecho de que el recto y la vagina, desde el punto de vista de la transmisión sexual del vlH, sean lugares privilegiados de infección es, por supuesro, un factor importante de este proceso de legitimación, pero a duras penas logra la fuerza fantasmitica de las representaciones que estoy discutiendo.

-, Xit,
B

'5

Michel Foucault,

;;r;;d;¡;

tnír"t;¿o¿ (tt) Et uio de

los

phceres, Madri4

oyers (comps.) (l 985), H omo

J;il;; ;;

¡e x*alida

"' " :rf H¡r;l,liiJsi,i:.;ml d: lit e¡atx¡t'

l;i;;

P.33.

102

Buscando nueaos lengr4d¡es

¿Es el recto

una tumba?

103

por cuanro ayudan a los hombres homosexuares (muchos de ros que comparten el miedo de ros hombres heterosexuales a perder su auroridad por "estar debajo a" otro lhu,"r, el problema de sen_tii que "s¡ rrf;;;;; es, en cieña medida humi-

rro-b;;;]".".i;ñ1',;j"j

fInJ¡"ndo ra erotización de Ia dominación y la zumisión.on-u sociar de ro mascurino y lo femenino, ¡r. Se h. ,.gr-.i*á.'q".,'¡rcluso si esms definicio_ nes de la pornografía correíponden a" exagerar su importancia: MácKinnon "1"-áiard, y D-orr.i" nografía como si ésta jugara un p"p.i .ru.¡"i'"-n

i"lilrlt p.l"lr¡" escenas explícitas de sa.ilo i.'uilñ;Ti;;:;:"*o violenta la ¡elación de poder ", ó;;;;;;rita en ros acros sexuales que la pornografía ,.pris"r,ta.'t-" pornogr"fa, .rAL. ü;;¿;;"", "erotiza Ia jerarquía,j oco'uiert" [-á.'J"grrfala l" hace parecer Dlacenrera, y convierre "" ,._r, i.^or" L drr:g"ri;;-;;;;il tTrr. la hace prr..., nrtrr"l".'ñ;;;;l*io;'i. rou.rult (excepto, claro está, por la escala retórica), j.ririiroi i. r" MacKin;;; ñ.ur" J. "r" sexualidad femenina desde ia *pr;;;;i; ;.scurina como un ardienre deseo de autoaniouilación,. fJp.r"áilfi" .¡rrr¡;¡u.ionaliza la se_ xualidad
de Ia suorumacía m"scuiin.,

violenta (por ei-emplo,i* domasoquismo o de violaciones),

§#il:ffi ::J:'$T::,:trüilT ffi ,,I¡jt:f*l bir una pornografía que podría crasifiáarse

"robr... .oro .n p";;;r"f;..'ü;"'l;;i,i.iá ]r. de negar un hecho que debiera ,.i obrio, .'*ü".]'qr. i" or., l:1.-Tát rl.lencra e¡ sexo para
el violador, ha contribu¡do a presentar la porno_ normarmenre como no

comoáas .n ii.li, ,;iu""l¿;, -r'ig;;r;."ao *,,_ biar la distribución de poder y constiruido por ta obstinación de los hombres por "r,", ",i.i*r. ,.r.1"r, modo, mala p..rrsa,.pe;.r"o rmporranres; cuesriones que, dá manera iu" "u.riiái., _ry r"er ui"n i"irp"-r"ü'pr"a.o ayudarnos a comprend.. I" ir" lro-oJJui." que ha desencadenado er s ida. MacKi nnor,, jncen res argumen q:. .j.:*p tg, ; cos en co^r'ra de la distinción libe;r qu" r! entre viorJncia y sexo,

i:t;nf los hombres se sien*n más

'Í;Í*,yq!!:i!:¿¡,-,TlilLi;nH#::üiii
t1;;;

:l:i.:,,

;;;; Srr,.riiic*il;,í#;,

;;;;;.;nv

una realidad social de Ia que tan sólo es un reflejo marginal. De algún modo, y especialmente si consideramos las dimensiones estables de la audiencia que tiene la pornografía hard.-core, es cierto. Pero la objeción es en cierto modo algo impositiva, ya que si estamos de acuerdo en que la pornografía erotiza la violencia intrínseca a la desigualdad aI hacerlo se regocija en ella- (y la desigualdad no tiene por qué -y imponerse con azotes para ser violenta: el acceso a los asientos en los autobuses públicos, negado a la gente negra, era considerado, con razón, como una forma de violencia racial), entonces la pornografía legal es la violencia legalizada. No sólo eso: MacKinnon y Dworkin están efectivamente defendie ndo el realismo de la porno grafía. Es decir, tanto si la consideramos constitutiva (y no un mero reflejo) de la erotización de la violen-

tarro e, la violación

ir,:*

"ár,;"*;"

cia propia de la desigualdad, como si no, la pornografía sería lr descripción más exacta y la promoción más eficaz de esa desigualclad. La pornografía no puede ser relegada a un segundo plano c()tn() tne' nos significativa socialmente que otras formas de dcsigualclld tlc gé nero de más hondo calado (como los aborninables e ituttrtttcrnltlcr anuncios de televisión en los que, co¡no parte clcl dis¡roritivrt ¡rrtt'rt vender jarabe parala tos o cereales con fitrra pnrir cl tlcrlytttt«r, rc Ie' Úata a las mujeres como esclavas del nor¡nal funciorrnlrtiettltt tlc kl¡ bronquios o del intestino grueso de sus hombrcs), l)()r(luc rCllo l¡¡ pornografía nos aclara la raz6o por la que cl a¡runcio cle cercrlcs cs efectivo: la esclavitud de la mujer es eróticamente excitante. La lógica última de la crítica de la pornograf.ía qlue llevan a cabo MacKinnon y Dworkin todo lo paródico que esto pueda pareier, no pretendo -y, en absoluto parodiar sus puntos de vista- es la criminalización del sexo basta que éste baya sido reinaentado. Dado que su afirmación más radical no es que Ia pornografía tenga un efecto pernicioso en relaciones sexuales de otro modo no perniciosas, sino más bien que la llamada sexualidad normal es, de antemano, Pornográfica. "Cuando
la violencia contra las mujeres es'erotizada como

lo

es en nuestra cul-

.;;;.u"-i'"¡* ..I,..pü;il;.rr"'.l"ri.i."Lí

a"

turar, escribe MacKinnon, oresulta muy difícil determinar la existencia de diferencias substanciales en el nivel de sexo implícito en el hecho de ser asaltada por un pene o por un puño, especialmente cuando cl asaltante es un hombrs» (1987:92). Dworkin lleva esta postura a su cxtremo lógico: el rechazo del propio acto sexual' Si, como ella dice,
nexiste una relación entre el acto sexualp er se

catherine A' MacKinnon, Feminism unrnod.ified.: Discourses on Life and. Laut, Cambridge (Massachusetts¡ y i.^J..r, rr"áríiii*r¡ty press, 19g7, pp.3

17

y el estatuto

de

inferio-

y

172.

ridad de las mujeres, y si el acto sexual "es inmune a las reformas", clltonces no debe haber más penetración". Dworkin anuncia: .En un

U¡§IVERSIDAD DE ANITICüUIA L?¡a0 t/'lTEn,& qa§ I lr') fl)t'|F40 ICA

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mundo de poder masculino

Busc¿ndo nueaos lenguajes

¿Es el

recto una

tumba?

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del pene- follar es Ia experiencia sexual esencial de poder, -poder y de potencia, y de posesión; el follar de hombres mortales, de tíos corrientes,' 18. Casi cualquiera que lea estas frases las encontrará desaforadas, aunque en un sentido que no hace sino desarrollar la lógica moral implícita en la más neutra y, por 1o tanto, mucho más respetable fórmula de Foucault: ol-os hombres creen que las mujeres sólo pueden experimentar placer reconociendo a los hombres como dueños". MacKinnon, Dworkin y Foucault dicen que un hombre acostado sobre una mujer asume que lo que a ella le excita, es la idea de la invasión de su cuerpo por un amo fálico. El argumento en contra de la pornografía sigue siendo, podríamos decir, un argumento liberal, en tanto en cuanto se asume que la pornografía viola la conjunción natural del sexo con la ternura y el anlor. Tales argumentos se vuelven mucho más preocupantes y radicales cuando la denuncia de la pornografía se identifica con un proceso abierto en contra del propio sexo. Este paso suele ser evitado al considerar la violencia pornográfica bien como un signo de determinadas fantasías sólo conectadas marginalmente con una forma de comportamiento humano de otro modo esencialmente saludable (cariñoso, amoroso), o como el subproducto sintomático de desigualdades sociales (más específicamente, de la violencia intrínseca de una cultura falocéntrica). En el primer caso, Ia pornografía puede ser defendida como un subproducto terapéutico o, en todo caso, carártico de esas fantasías, quizás inevitables, pero felizmente marginales, y en el segundo caso, la poroografía pasa a ser más o menos irrelevante desde el punto de vista de la lucha política conrra esrrucruras sociales de la desigualdad de mucho mayor alcance (ya que una vez son desmanteladas estas últimas, sus derivados pornográficos habrán perdido su raison d'étre). MacKinnon y Dworkin, por otro lado, asumen convencidas el inmenso poder que tienen las imágenes sexuales para

no ajeno a una ideolotro de la sexualidad (un «liscurs., obviamente, ser el único espapueden ti"*o)' l.s nrárgenes

;;;;;;üi,* t"utt es ;i;;" dorrd. ese centro PercePtible' son t'it""gias y recomendaciones prácticasen Es más, si bien "' b*o.kin podría instribirse el únicas, el trabajo d. il;"K;;;;;-y que. yo llamaría la reinaención remarco de una .-p'"'"^liit '-p1lí

orientar nuestra imaginación sobre cómo podría y debería distribuirse y disfrutarse el poder político, y, me parece a mi desconfían con la misma convicción del terreno resbaladizo en que se mueven los inteleccuales a propósito del argumento de la catarsis, un equilibrio inestable al evitar la cuestión de cómo un centro de sexualidad presumiblemente completo produjo en primer término esos desagradables márgenes. Habida cuenra el discurso público en torno al cenl8

Andrea Dworkin, Intercou.rse, Nueva York, The Free Press, 1982, pp. t24,

737, 79.

dentorudelsexo.DichoProyectoatravlesalosfrenteshabitualesenel incluve' no sólo la negación .".t" a?t;;;ll" d" l" polííica sexual' eestá síendo "dignificada" acespantada d" t" ,.*u"iiíJ';J""iit,qúe a- propósito-del abuso de rualmente por una #;d"J;;;i it;"ot;t' de lesbian" dtftntot"s del samenores, ,irro ..*bii'i'üt *ti'i¿i¿es Gavle Rubin y Pat Califia' domasoquismo tan ítt*r"t'i"t ;rn; comparre las inquiesuauiá"d, ninsuna de las cuareJ, por decirlo_ con cuerPo de disErinmensb il;:ktnnon v Dworkin' un imaginario radicalrnente cursos contemporáneos que.P.roPonen cü"tpo.pa¡a el placer.-un P'I:::: revisado de las capacidades del V/eeks v \f atney-' ttcne discursivo al que pt""n""t" Foucáu.lt'. una cieita renuncia ¡l scxtr como su misma.r;;;ió";;';t;tbtli¡;á *""'" menudo '1"''.-']]]:ll].'i ul y como lo.onotJ'"o;;;'-";;rdo' a en su esetlci:t' tttctttts 'rhrtt la sexuali«lad como algo menos molesto tle lrt ¡'crs.rr'r' tle respetuos«¡ más y sivo sociarm.nra, ,*3, viorcnto ,,nu cultt¡r.t rlt. tlrl¡t¡ttl:tt.tritr lo que hasta ahora ha sido l" noima "n sobre cl rnacltistrlo t¡tte masculina falocéntrL.'i", *irtiricaciones activistas gais 1'rertcncccrt a p.i"...t;uservar tniot J¡t"ursos de los de la participasobre otros est" empresa, ,n"' "'ptttot Por el mo'"i'"t¿ sexo' del '"'il redención * ción de los gais e;"rr"i ""::;; dt que'. en primer lugar' MacKinnon mento, quiero p,opi-nt"t" át" t.aá ser explícitas v Dwo rkin r,"n ttniáoi ;""* "t.tlt^l -1 l:o'.outito todo' este sexo que inspira morat B:1 'l p ro v ec to' v a s e a' :-, l'il'fi'tr" fi : :T il a :: 1 : ',::'iT las totuca§ nografía, el retorno.a i"-,"-1"1.::::^::;-"i;i;i;;iro de mul'ffi"tJ:con el "bit:il:^1 dtl cuerPo fantil, los azotes á;;t;;i't" de plácer o' como veremos' el tiplicar o ,.di't'iüJi;l;;;"t."s de'pluralismo sexual promocioproyecto .o*p""iü*t"t"""¿ino tlemayor parte de estos Programas nado por'Weeks y Vatney' La más indiscudblemente i" nen Ia vinud rigtt;t";"i""itiíurt "' al pastoralismo miDworkin a3 iit(g sanos o cuerdos q"^tittlb*t de Ju'ana de Árco' si bien los litante, ..n.",.nt"ál;;[;ttgtnidad de.todos'ellos' Lo que' me molesta impulsos p",,o"ll'"J;;t;;;i; t' su visión cle la sexualiDworkit' clei análisis de MacKinnon y

li:::;:üil;;;;

á#ilffi;;;;;;";"ia

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Buscando nuevos lengaajes
¿Es el recto

una tumba?

107

i-.i:l._" tan odroso.
con ra

r:;'-T:Ín:JJ:'ii"H:tiil':x:Éi;ffi 'o'r'"L","'ripricarse y ;; ;;b;;;,ü i, ;H :fij1T.,,.$j:?:,t: b"^.,t que mimar ¡"Uírr,'L
Su denuncia del sexo

dad, sino más bien,las inrenciones,pa.storales y.redentoras que la apo_

"on pos hurnanos esrán consiru.idos

";;r,";;; ","-o.:ffi *::, ::tt.ff t :f : j:HJ:: ,f ::l':i:l":H,J:"'.0";;;;.,,;,r*ia"il,,.lii".,li,i,""h*_ ur.,-*,¡.#;;"r*ittri#.1f;,H'*H1:fr i:I.i,:::1.,""co¡nencemor ,rffiLItd'.#ones

más.románrico, su negativa

_r,

,r.g",irr"." t *r-io-rrii.,Lonito,

mrsmo sexo que consideran

";;ñil;

lado con frecuencia, se derivan la erotización de la dominación y la subordinación, son quizás derivados (o sublimaciones) del carácter indisociable del placer sexual y del ejercicio o la renuncia al poder. Dec-ir esto no equivale a proponer una visión "esencialista" de la sexualidad. No conviene confundir una reflexión sobre el potencial fantasmático del cuerpo humano fantasías engendradas por su
anatomía sexual y por las dinámicas específicas que adopta para recibir placer sexual- con una descripción a priori, prescriptiva, motivada ideológicamente, de la esencia de la sexualidad. Más bien estoy dicieiito qüe estos efectos de poder que, como mantiene Foucault (1978), son inherentes a las relaciones personales (son inmediatamente producidos por "las divisiones, desigualdades y desequilibrios" inevitablemente presentes 'de principio a fin en todas las relaciones"), pueden, quizás, verse exacerbados y polarizados con más facilidad en el ámbito del sexo, a través de relaciones de dominación y subordinaci6n, y que este potencial puede basarse en la experiencia cambiante que cada ser humano tiene de las capacidades o de los fracasos de su cuerpo para controlar y manipular el mundo nlis rllá «le sí mismo/a. No hace falta decir que las explotacioncs idcol«'rgicas rlc este ¡ro' tencial fantasmático tienen una historia tan lxrgt corno poco gloliorit. Es, fundamentalmente, una historia de podcr masculitt.r, que ¡r c$tr§ alturas ha sido profusamente documentacla. Quiero aproxinrartnc l
esta cuestión desde un ángulo bien diferente, sugiriendo que un aspecto gravemente disfuncional de lo que es, después de todo, el salu-

"o.,

.r

-las

" netración para ra reoroiucciór;;'il;ie h¿ sido rograda, en general' por la colocación a.r r,á-ú* rJu"r".?-u,.r, no deja de ser ciemo que el hecho de estar encima nuncá, exclusivamenre, u na cues
ri ó

:H J,T i:'liJ:,1"":::':: -¿'- ¡' u , n,, i,n p i. uffi ;

i;;;J;

]:;::,Hni[
ra f isi.a

gy. o al menos ha sido, i i"1', "l: " [. 1ai'"ción co n ra expe-

anarómicas. Los cuer-

d;;1"!::r;i::,

HH.l:í::

ffi';:il'.',:,Hii"':3llf ,;',!'l"i:i:Ti::rlT"":'fffi '#,I g.ia,',"",*;"; j:il;ii:T:*..ti:'#::'[:::iTli. jy,i; ilustran
p.*.ró"l'raciademente, desentenqrJü;;;ia de pene es mái una f"nFsía masculin" qr. ,n" u".d"d;;ffi;;de las

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"oi ;;;;;r.r _n ;;;; i" ;,":'"'il,I.--.r,tTry

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Ios hombres ior tene,lo, mu,eres, este hecho

buye en nada a cambiar.las tantasía' ya que Ia idea a" r" "run"ion.r"qrl

pocas palabras, las eskucqrrr,

y;;;;;i"íIl'.¡*i"r", ;;;"h;;:, , ":.*i:.lr r.:J: i_,p"ri"",. para hs mujeres.
En ,9.i"1"r'í""f, que, segrin se ha posru_

."uállir

mujeres, no conrri_ detrás de esa o'"*...*ribe cómo se sienren

,".r"ond"n

Ie L" ide" de un¡ rer¡ción cresprovistr de embesridas fue propucsre en El informe Hrre (Bercclo¡e, por shere Hite veÍa .u¡ estar ptacenteramente acostados juntos, mun¡¡menrc, i"n"-a"n,ro_ j._, vagina-cubriendo-pene, i.m.nino propor.ioilnao v ¡4 h ;¡,.il;:,li:na' at¡r¡rutacton necesafla para lo-]^.1,o_'8"'",o masculinor. el orgasmo

i!;; ;ñ:;:'ffiL,,,.

dable placer que nos proporciona operar con un organismo coordinado y fuerte, es la tentación de negar el atractivo (quizás igualmente poderoso) propio de la ausencia de poder, de la pérdida de control. El falocentrismo es exactamente eso: no es originalmente la negación de podir-á las müjéres (áunque, evidentemente, también ha conducido a éIIo,'en todos los lugares y en todas las épocas), sino, sobre todo,' es la negación de cualquier valor a la ausencia de poder tanto para hombres como para mujeres. No me refiero al valor de la amabilidad o de la ausencia de agresividad, ni siquiera del valor de la pasividad, sino a una desintegración y una humillación de sí más radicales. Porque, en última instancia, más allá de las fantasías de poder y subordinación sobre o de los cuerpos que acabo de comentar, está la trasgresión de esa misma polaridad, que, como propone Georges Bataille, puede ser el sentido profundo tanto de ciertas experiencias místicas como de la sexualidad humana. Al hacer esta sugerencia, estoy

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el

recto una

tumba?

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también tomando en consideración la especulación (hasta cierto punto reluctante) que hace Freud, en particular en sus Tres ensayos sobre teoría de la sexuaLidad, en el sentido de que el placer sexual aparece siempre que un cierto umbral de intensidad es superado, momento.en que la orgamzacrón de sí es alterada momentáneamente por sensaclones o procesos afectivos que están, en cierto modo, "más allá" de los conectados con la organización psíquica. Una espcculación reluctante porque, como ya he argumentado en otro lugar, esta definición evacua lo sexual de lo intersubjetivo, quitando de este modo al argumento teleológico de los Tres ensayos buena parte de su peso. Ya que, por un iado, Freud esquematiza un desarrollo sexual normativo que encuentra su objetivo natural en el deseo posedípico y ccntrado genitalmente en una persona de sexo contrario, mientras que, por otro laclo, sugiere no sólo el carácter irrelevante de la relacirin cntrc cl objeto y la sexualidad, sino también, de manera más raclic:rl aún, una destnrcción de las estructuras psíquicas como precondicitin ¡rcccsaria para el establecimiento de una relación con orras persorlxs. En ese intento, curiosamente tan insistente como intermitente, de llegar a la "esencia" del placer sexual intento que pun-un de la historia del túa e interrumpe el esquema narrativo más seguro deseo en los Tres ensayos- Freud sigue retornando a una línea especulativa en la que la oposición entre placer y dolor se torna irrelevante, en la que lo sexual emerge como el gozo de unos límites incógnitos, como el sufrimiento estático en el que se sumerge momentáneanlente el organismo humano cuando se le "presiona" más allá de un cierto umbral de resistencia. La sexualidad, al menos de la manera en que está constituida, puede ser una tautología del masoquismo. En Tbe Freudian Body, he propuesro que esre masoquismo constitutivo de la sexualidad podría ser considerado, incluso, como una conquista evolutiva, en el sentido de que permite al niño o niña sobreyivir e incluso encontrar placer en ese período doloroso y característicamente humano durante el cual niñas y niños son zarand,eados por estímulos frente a los que el ego aún no ha desarrollado estructuras defensivas o integradoras. El masoquismo sería entonces la estrategia física que derrota parcialmenre un proceso de maduración biológicamente disfuncional 20. A partir de esta perspecriva freu-

en diana, podemos decir que Bataille reformula esta autodestrucción términos sexuales comt una especie de depreciac-ión o.degradación de sí no anecdótica, como un -",oquismo para el que-la.melancolía es comcaracterística del masoquismo moral del superego PosedíPico exudesechado yo es así, el decirlo por que, la pletamente aiena, y en

berantemente

21'

La relevancia de estas esPeculaciones para la Presente discusión deberían estar claras: el yo át' el que lo sexual se destruye ProPorpo.iorr" I^ base sobre la qué Ia sexualidad se asocia con el poder' Es se.mueve precisamente' que, aquello como sible considerar lo s.xu"l ;;;;h,tperbólico senrido de si I Ia.pérdida absoluta de toda conuna.rePreciencia d. ,í. P.ro el sexo, como hipérbole de sí, es quizás de la desinexacta réplica Ut'" dt abolíción sión del sexo como '?' del yo, to*.o tumescencia crecimiento como i.r".ió., del yo

hombres son espsíquica. Si, como Parecen sugerir estas palabras' los rescofer" esta versión del placer sexual, dado aptos

iara ;;"il;;# o al Ineno§ oue su equrparruento sexual itt""t invitar' por analogía' scxo ticnc l<».dcrci".ifiá,i" fi""ión del ego, no obstante, ningúrn (lc sí' Y:r rltrtr hipérl)ole c.r,. sexo del práitica ;il;ñriros de la lt: s,u.xt'tal (ü Ht'ttx' t'ttes. ouizás de manera

(t (ot.t,u.:t !.it 5t, *'t ,rit l.ut:l:,a- p,ir ,'1. t"ii¿;';q;;';;¡;; ';;¡;;.I;pionto r la sexldlídai como se esiablcccn l,rs ¡rcrs.)L,,rs ü,rLuc, t.tlt:s, lr puerra comienza, Es el yo el que se crccc tlc cxcit:rcitirl rrntc l't itlc'l clc enrbestidas y :,¡-",.ijj*i-| *.1y. eíque hace del incvitable jueg.r de de Ia autoridad naabandonos un ergumentá para el establecimiento

primaria,

h

degcnrrtr'ión

1,.,

tural de un sexo sobre otro' como un l.eios de oedir disculpas Por una promiscuidad' considerada lejos de aclamar ;r#;;í; h"á¿. á"niener un; relación amorosa, ,a'o'no a la monogamia como consecuencia las conminaciones "-,sida u, los gais deberían lamenrar sin cesar del r."n.ii"ioo del horror
scntido de quc rompc las lrama a esra experiencia "comunicación', cn cl scparedos unos dc manticnc y los l,:rrreras que definen una describicndo 6t'r obstante' no tiempo, Parece mismo Al .rros. -como'F^rcudson abolidos' Dc cste comutic¡ción un¿ dc -r"rr.".lr.. l" qr. confusión' si cs que le permitimos que

-

" sr*iu.

t";"":;;;;;;

i"¡;id"tt*

,,,,Íi",

20 Véase Leo Bersani, The Freudian Body: PsycboanaLysis and Art, Nueva York, Columbia University Press, 1986, capíttrlo II, especialmenre pp. 38-39.

i..;it;;;'¿t-ü"t .i',¿r-i;"-;; i";;;-;""^ p"tigtott ordlnarlas' rltantenga cualquiera de sus connotactones muque hayasconocido a tu amante hace muchos 22 puede señalarse q";,;;.;.t otra
e'os años, y que ni tti

"i

ei hayait

t""ido tál"iot'es

sexuales con ninguna

Persona

110
B

uscando nueoos lenguaj

es

¿

Es el recto und tumba?

111

a parricipa, ."t, ;-¡,".ün ¿-."u*-i;;;üf*..r, ::^.Tir:fe entre hombres y mujeres ", que no ha conseguido
las cosas.

la necesidad práctica, en el presente, de esre tipo de reracionesl debe-

Incluso entie ros iu*ori.J"..] ."hirtorirdoras de Ia sexuali-

moiifi.aiu-n"np;""

a.una sociedad grotescamenre homofóbica",-y lamenta .r, la *desexualiza_ ción a gran escala de lacultura y a. "áir""r.ncia fr.-p"i.enciagai,

nidades (al menos en grandes ,""r, desublimación de la cuiiabiridad r";"1l;i"r.nte

a. .rr"urr.", qre significa ser gai o-lesbian:. pr., \tr(/eeks ¡.nrcy rr s8i,]Jñi, .rpecto más específico de la 4rl vida g"¡ .r er "prurarism. ,"áiJ"i;1'c"yr. "r Rubin se hace eco de esm idea f" I "*ri."ae, afirmando uun Dlura_ lismo tanro teórico como sexuar' ". vr*"i;"r*:iü#;.,5;r"que, bien es cierto, con importa",., -"ii"o. para é1, *la nueva idend_ dad y lésbica se consúuyó a rravés de múltiples encuenrros, de .gai reorienraciones de los proceios de idendfica.ion'r.*ur[;" ;;á.ri"., de.liberación, de refueizor i" rn, pruraridad deoponuf "ut,rii"r

*"1::r-.::111 mado un posicionamiento a ra defensiva a ra hora

r .n,¡. l"' y I", ,",irir;, ,Tq encolerizados,

ha pri_

Buena parte de estos argumentos provienen, claro está, de la retórica de la liberación sexual de los años sesenta y setenta, una retórica que encontró su más prestigiosa justificación intelectual en el llamamiento que hace Foucault especial en el primer volumen de la Historin de la sexwalidad--en a una reinvención del cuerpo como su-

írU""rjGl.r*ulr'#,rn"

propiciada por

de.deseos y comportamientos sexuales,, (1987: i03); que maximiza las *posiLilidaáLs .r¿ti.as recíprocas der cuerpo, y por eso es tabú, (19g7:12/)zt.
la monogamia no es ran segura. Tener relaciones sexua.les no sesuras unas cuantas vcces por semana con una pirro.r, po.r"a"r" J"i-r.ii r. m¡smo quc tener relaciones no seguras ".,"rlri"riar, con varias personas seropositivas desconocidas ol ü Gayle Rubin, .Thinl¡ing scx Notes for e Radicar rheory of the poüdcs of sexuality', en C¡rolc Vance tcoirp.), pl"orur" orl-iiox:i, t_l?*.g Fernale Seruality, Boston, Londres, rrretbor.n" Kesan paul, re84, p.30e. ¡¡ Un estudio frccuente¡

«u_n

aspecro quizás más radical de Ia cultura g^i" Ts:Bt,-i''.;;;;td";;:iirr'",r_ bra clave en su discusión de r; ñ;-;';;;,^í;-í^l"i"L'áíi.r"1".'r-,

menre homofóbica, a sexualidad humana en_todas

l',:::r,':f :i:it'.'+;{*3":f

rw for-r, f .,rl.irr,,.r, como..el

fi :i:x"#i;{;gi;#$f

campo fluctuante.

perficie de múltiples fuentes de placer. Tales llamamientos, por su atractivo redentor, resultan ser, no obstante, innecesaria e incluso peligrosamente dóciles. El argumento en favor de la diversidad tiene la ventaja estratégica de presentar a los gais como defensores apasionados de uno de los valores primarios de la cultura liberal dominante, pero mantener ese argumento conduce, a mi entender, a perder de vista la relación existente entre el comportamiento homosexual y la repugnancia que éste inspira. Dicha repugnancia, resulta, no es más que un gran error: lo que realmente estamos practicando cs cl pluraIismo y la diversidad, / echar un polvo no es más quc la prácticr mtlmentánea de esas laudables virtudes humanas. Foucault podfn rcr particularmente perverso sobre todo esto: dcsafiantc, pr()vocttivo y, sin embargo, a pesar de sus intenciones radicales, ct¡ncilintlor, Arf, ctt la entrevista de.Salgamundi ala que ya mc lrc refcritlo, trr¡r lnurrcirr que «yo no quiero valerme de una posición privilcgiurll e u,¡ltrk, r¡tc entrevistan para difundir opiniones», sc llnzn n ftlnt¡ulr¡r o¡rittiottcr altamente idiosincrásicas como, en primcr lugar, .plrn un lr(,nlorc xual, el mejor momento del amor es cuando cl ¡¡rnarrte sc ¡nlrchl et¡ un taxi» ("lo que reviste máxima importancia para e[ ht¡moscxual tto es la anticipación del acto sino su recuerdo"), y, en,segundo lugar,
que los rituales del SsrM gai son "una réplica de las estrictas reglas de conquista amorosa de las cortes medievalesr. (1985: 78,79,30, 31). Si Ia primera opinión resulta, en cierto modo, embarazosa, la segunda rro deja de tener un cierto atractivo ca.mP. Ambas proposiciones nos los actos a los que se entrega, del dolor que inalejan del cuerpo -de flige o suplica-, dirigiendo nuestra atención hacia los romances de la memoria y hacialaidealización de un imaginario presexual y galante. Esta negación del sexo es, entonces, proyectada sobre los heterosexuales como una explicación de su hostilidad. "Pienso que lo que más perturba de la homosexualidad a quienes no son gdys es la forma de vida gay, y no los actos sexuales mismosr,, y "lo que muchas personas no pueden tolerar es Ia posibilidad de que los gays puedan crear tipos
estudio sobre las preferencias sexuales de gais y lesbianas no son tampoco de mucha ayuda- acerca de las fantasías de y sobre las y los homosexuales.

j:t-1.-:-1:"-".*,

., ,i:;";;"i;'"^'""

ritureFori;;il;;;:;;i;,ffi '.';f ,^?::'::ifi *§!i*t j:*;*t.rr.u:ln 'los y las homoscxu¡rcs ¿rr". .''.*ii,r;:;;;';J;l no¡ablemente diverso.. Véase Alan P' Bell y Martin s' veinberg, Homósexnarit'it'i study of ohtersity amons Men and,'vlomen, Nuevr york, si*o,i.n¿itu;*;;;á,; 217. A duras penas p,redt uno esta¡ descon¡enro con esa conclusión ." ;;.;;r¿i.tr".;.rlg¡.;:"Í;;i:;:;, ,. hace fal¡a dccirlo, éste nos ai". ui.r p..o:;'ü.ili,r,tcas
gue enconrramos cn
ese

/

[i;;6;'R;il;sí5

112

Buscando nueaos lenguajes

¿

Es el

reao una

tumba?

1

13

tensiones cerebrales del cortejo. Incluso ha habido d"rpr"r"*iáto, de los propios desplazamientos. si bien es incuestionaülemente correcto hablar Io han hecho Foucault, \íeeks y fU".fir,rro,

criminación económica de la. población negra .i a bajo ".rt.r.rd virtuosos llamamientos a sanciánes contra pletoria.) La excitación salvaje del fascistizante s&M se convierre en una pa.odia del fascismo; Ia idolatría de los gais por la poila .s "e.rs"lzáa,, hasta la clignidad política de una "gu..r" de guerrillas semiórica". El farocentrismo del crwising. gai se convierie en diversidad y pl"r"lir*o; l, rep.resentación se desplaza la.práctica concret" d" i, fellatio y la .de sodomía a los encantos melancólicos de los recuerclo, .ió,i"o, , r",

de relacio¡es.no previsras.hasra ¿lhora>> (19g5: 3a y 35). pero, ¿qué es e/ estilo de vida gai? ¿Existe alguno? ¿Era el esrílo d; vidr'de'Foucault el mismo que el de Rock Iludson¡ Más importante aún, ¿cómo puede resultar más amenazador u' tipo de ."I".ió.r ,ro r.pr.r"ntrblá que la representación de un acto ,"xual particular cuando el acto sexual está asociado .on las mujeres, -especialmenteparo ., desarro-" Ilado por hombres y cuando, como he sug..iáo, di.ho ,rto ,1."" terrorífico atracrivo de la pérdida del ego, d"e ia humillación de sí? "t Hemos estado estudiando algunosijempros de lo que podríamos llamar una serie épica y desenfráada dá d.splazr-i.rto, '." i., ¿rrcursos sobre la sexualidad y.sobre el sida. Él gobierno se preocupa más por hacer análisis de anricuerpos que po. i" investigación y por los _tratamientos; está más interesado á qui..r., p.r.d.ñ .r* árr..r_ tualmente amenazado_s por el sida que el quie.,e, yahansido golp.r_ dos.por la epidemia. Enalgunos hospital.r, l" p..o.,rpr.ió;r';;;i" ,._ guridad de los pacientes que no han esrado .*pr.rto. vlu va muy "l por delante de la ate,ción y el cuidado dispenüdo a quienes padecen una enfermedad relacionada con el sida. La atención ie des'ia de las formas de sexo que la gente practica hacia un criscurso moralista sobre la p.romiscuidad. Los impulsos por marar a ros gais r. .*f..r"" través de la ira cn conrra de gais asesinos que .*tiáden deliberada" mente un virus mortal entre "la población [eneral". La tentación del incesto se ha convertido en una obsesión"nacio,rar p.opár;io " gri,..l.r a.t abuso de menores por parre de cuidadores y profeso*tl i"telecruales, el pene h, iido satanizado y ,ibli-"do .,, .l f"lt-"o,ro significante originario; el cuerpo, po. ,,, parte, debe ser leído como un lenguaje. (Dichas récnicas Je dñtancia-i..,ío, para las q". f", i"_ telectuales tienen una facilidad natural, no sólo ,. ,pli.ri, ;;; rr_ puesto, a cuestiones sexuales:.la desgracia nacional q"á ,.rpo.á Ia dis_

entre otros/as- de la fuerza ideológicamente organizadora de la sexualidad, otra cosa bien distinta es sugerir estos escritores/as hacen- que las desigualdades sexuales son-como predominantemente, qui-

zás exclusivamente, desigualdades sociales desplazadas. §7eeks (1985:44), por ejemplo, habla de las tensiones eróticas como un desplazamiento de las posiciones de poder y subordinación impuestas políticamente, como si lo sexual está implicado el cuerpo -donde original que cada individuo humano, como fuente de la experiencia tiene del poder (y de su ausencia)-, pudiera concebirse de algún modo al margen de cualquier relación de poder, como si, de golpe y desde fuera, sufriera algún tipo de contaminación de poder.

El desplazamiento

es endémico a la sexualidad.

En milibro Bau-

delaire and Freud especialmente, he escrito sobre la movilidad del deseo, sugiriendo que el deseo sexual se inicia y, de hecho, puede ser reconocido en una agitada actividad fantasmática en la que los originales objetos de deseo (no obstante, desde un principio, ilocaliz-ablc.s) se pierden en las imágenes que generan. El c{esco, por ¡^u propiir rrrttt.traleza, nos aparta de sus objetos. Si rne rcfiero críticarnerrte rl ló qLre considero una cierta negativa a hablar franc¡tncrltti clel sr':xrl gni, no co" ni porque crea que éste sea reductilrle a t¡n,l l:o,'nr,.r de :lctivrrJ.'-¡cl scxual, ni porque crea que lo sexual en sí scr tnr.l li.¡rrc;iórr esunl¡le, flcil' mente observable o definible. Más bicn hc tl¡t¡tcltt¡ dc clnr ct¡crrue (:l(i: las representaciones criminales de los hornoscxualcs t{csc¡lc,rclcruclirs y "legitimadas" por el sida, y, al hacerlo, me han sorprendido lo que podríamos denominar los desplazamientos generados por una aversión característica tanto de dichas representaciones, como de las respuestas gais a ellas. 'üfatney es perfectamente consciente de los desplazamientos operativos en «casos de violencia verbal o física extrema hacia lesbianas o gais y, por extensión, en toda la cuestión del sida"; habla, por ejemplo, ds "misoginia desplazad¿,, de oun odio hacia Io que es proyectado como "pasivo" y, por tanto, femenino, sancionado por los impulsos heterosexuales del sujeto, (1987:50). Pero, como ya he dicho, existe un cierto acuerdo, implícito tanto en la violencia contra los gais (y contra las mujeres, lesbianas o no) como en las iniciativas de los gais (y de las mujeres) que reconsideran qué significa ser gai (o ser mujer); un acuerdo sobre lo que debería ser el sexo, El proyecto pastoral podría considerarse como Llna inspiración de las demostraciones de poder incluso más opresivas' Si, por ejemplo, asumi-

-como

mos que la opresión de las mujeres disfraza la temerosa resPuesta masculina a una imagen seductora de ausencia de poder sexual, en-

B

uscando

n

ueaos lenguaj

e

s

¿

Es el recto ana tumbd?

115

,"á-"".r",íil , "El la maquinaria de la represión simbóliJa, haciendo d;i;.;;';", tumba, (1987:126). Peró si el recto l" ru-b, .n t, qr. ., .nJ.r.ao ese ideal masculino de subjetividad",orguilosa (un ia"ri .o*f.rriao distinta forma- por liombres y nlujeres), enronces debería ser -de

de.esas imágenes misóginas de la sexualid"d f"*;;;; i;;-ü;l.r_ cubren rep.entin_amentá l"r saunas olvidadas como auténticos labora_ torios de liberalismo érico, como espacios en los qr" l", iJá", ¿" comunidad y diversidad, malamenre ilerados f" pt.ii..;;;;;"r"" cultura, fueran allí verdaderamenre ejercicros. "n.á, ¿qr. i"*J"ri" ,i dijéramo.s, por ejemplo, no ya que sea un error considerar el llamado sexo pasivo como 'degrad¿nren, sino más bien que et 1,;lo; ¡;'k §exualidad.es pr.ecisameit, d"groio, la seriedad di to, ,rf,rrr*-olt¡ro_ dos a redimirk? sida,, e"scribe rwarney, _"fr...

puesto' combadr la violencia de qüe són objetá, y .i..,".J*" no siento ninguna complicidad con ras fanrasías misagína, , r,o-ái¿u¡cas. )tn cmbarBo, sí estoy proponiendo una oposición a esa forma de complicidad que consisre buscarrdá incluso ,r.r", lrrrif¡_ "n "."ptrr, caciones, Ias mentiras de nuestra culrura ,obre l" ,..""UaJ. i:;;"jeres hacen llamarnientos a un cierre de piernas permanente en nombre cle.quiméricos ideales no riole'tos d" ;".';;;-y-rr"r.r'"iara, c,¡¡¡o si exisriera un acuerdo secreto sobre los valores ?¡"Á*""i"r",

[onces el machismo más brutal cs, e, realidad, parte rJe un proyecto de domesticación, incluso de higicnización. La ambición pJ. pr".ricar el sexo sólo como poder con-stituye un proyecto d. sair".iL.r, ,n para preserv"rnoi d" una ábs."rridad onrológica !1"y..r?.,Íiseñado cte pesadrlla, de la.perspectiva de u¡.¡a ruptura de lo humano en inten_ srdacles sexuales, de una especie de comunicación no personal con órdenes de existencia "inferióres". El pánico sobre el abuso de menores es el caso.más tra¡5p¿¡snte de compulsión por,".r.riUir ,"*o. "st" La sexualidad adulta está escindida "i en dos: rediÁida po, ,, ,,,**or_ fosis rerroactiva en Ia pureza de una infancia as"*uali y, ,ir, al abrigo. de sus formas más siniestras al ser proy".t"á" en "--ü"rgo, la image, del criminal seducror de niños y niñas. La ;puieza" es aquí crucial: tras las brumlidades conrra los [ais, conrra lai mujeres, y,l" r"'""g"ción de su misma naruraleza yáutonomí", .orrrr. t", y1i, ni_ "Íáo, ñas, se esconde el proyecro pasroral, idealizante, redentor d"i qu. h" estado hablando. Más exactamente, la bruralidai ¡a¿"ii." ", lización. "-l]l¿""La pardcipación de los y las desposeídas en esre proyecro . es par_ ticularmenre descorazonadóra. Los y las a-JU*, ,u_

iais

-u¡.r"I

*,

celebrado, precisamente, por ese potencial de muerte. Trágicamente, el sida ha transformado ese potencial en una certidumbre literal de muerte biológica, y ha ref.orzado, de este modo, la asociación heterosexual del sexo anal con una autoaniquilación, identificada en primer término con el misterio fantasmático de una insaciable e imparable sexualidad femenina. Puede que, al final, sea en el recto donde el gai destruye su propia identificación, de otro modo incontrolable, con ese juicio criminal formulado en su contra. Ese juicio, como he sugerido, se apoya en el sacrosanto valor de sí, un valor que da cuenta de la extraordinaria disposición de los seres humanos por matar cuando se trata de proteger la seriedad de sus manifestaciones. El yo es una conveniencia práctica; promovida al estatus de ideal ético, es una sanción de la violencia 25. Si la sexualidad es socialmente disfuncional por juntar a las personas sólo para lanzarlas a un gozo autodestructivo y solipsístico que las aleja r-rna'^ dt' otras, también podría ser considerada como príctica dc no violcrrci,r fundamentalmente higiénica. La "obsesiórr" tlc los ¡;,ris ¡,.,r' t'l slx,,, lejos de ser negada, debería ser nrotivo dc r:clclrr:re i,irr, rrr, ¡,r,r'sr¡s vir tudes comunitarias, no por su potencixl suIrvclsiv., t'orr,, l,,u,,,li,rr del machismo, no porque ofrczca un rlrotlt'1, tlt: ¡rlrrr',rlrrrrr, ¡¡r'rrrrirr,, .r una sociedad que celebra tanto c()ru() crlstiH,r cst' nrrsrrt,, ¡,lr.tr.rlisrrr,,, sino más bien porque nunca dcja de rcprcscrtt:lr.cl r»,tt'1r,, l:ilit',r irrtt:r' nalizado como un objeto de sacrificio inl'irrit:rnlcrrtt: ¡nlrrtkr. f ,.r lrt, mosexualidad masculina anuncia el riesgo dc la autodispcrsión prtrpi,r de lo sexual, el riesgo de perder de vista el yo, y al hacerlo, propone y representa peligrosamente el gozo como modo de ascesis.

25 Esta frase podría ser reformulada, y elaborada en términos freudianos, como la cliferencia entre la función del ego de "analizar la realidad" y la violencia moral del superyó (contra el yo).

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