Vasco, Hannerz y Rappaport y las Antropologías Comprometidas

Por: Ernesto Cortés

La relación entre el etnógrafo y la comunidad que investiga, incluido tanto sus aspectos metodológicos como lo que se escribe presentan un importante punto de reflexión para la Antropología. Rappaport, Vasco y Hannerz presentan cada uno desde su perspectiva, distintas reflexiones sobre esta relación a partir del trabajo con sujetos sociales y políticos específicos. En el transcurso de los siguientes párrafos intentaré presentar los puntos principales de discusión de estos tres autores.

Rappaport en su libro, elabora un trabajo etnográfico en el que a través de su experiencia de trabajo colaborativo con el CRIC desarrolla un análisis acerca de las manifestaciones de la interculturalidad en el campo, las relaciones entre colaboradores, activistas e intelectuales Nasa y la reconfiguración de las agendas de investigación a partir del compromiso que se adquiere con los pueblos y organizaciones con las que se trabaja.

Para ello, Rappaport incorpora en su repertorio, categorías derivadas del trabajo grupal realizado entre investigadores extranjeros e intelectuales indígenas, reconfigurando la agenda inicial de investigación para tener en cuenta los aportes de estos sectores intelectuales que son reflejo de la agenda política de los indígenas del Cauca.

El concepto central en el análisis es el de interculturalidad. Para Rappaport, la interculturalidad es un instrumento por el cual las comunidades y pueblos tradicionalmente dominados[1] absorben críticamente ideas y prácticas de la sociedad dominante para poder realizar su proyecto político basado en el pluralismo étnico y político (Rappaport, 2008. P. 23).

Esta noción de interculturalidad se ve manifestada en el accionar de la traducción del español al nasa Yuwe[2], en donde se reconceptualizan conceptos jurídicos y políticos desde el pensamiento propio, para apoyar su discurso y su agenda política. De esta forma el CRIC plantea alternativas al modelo de democracia imperante, lo cual, en mi opinión, hacen del escenario político del CRIC un laboratorio de ciudadanía importante.

Este tema de la traducción y su carácter intercultural se puede ver reflejado en la experiencia de traducción de la Constitución Política de Colombia. En este punto Rappaport ve coincidencias entre la forma en que se

asumió este trabajo por parte de los Nasa y lo que la crítica de cine Rey Chow sugiere, acerca de que la traducción no es un acto mecánico para extrapolar conceptos entre idiomas sino que es un acto bidireccional entre los idiomas (Rappaport, 2008. P. 117). De esta forma se alterna significados de los conceptos trabajados de tal forma que se conviertan en sí mismos como productos interculturales.

Este escenario de interculturalidad que identifica Rappaport en el Cauca se encuentra poblado de actores y sujetos sociales que intervienen en el espacio cultural y político de forma diversa y que van generando tensiones y acercamientos, rotando alrededor del proyecto intercultural de pluralismo étnico del CRIC. En su texto identifica al menos tres actores diferenciados: los intelectuales Nasa, los colaboradores nacionales y los investigadores extranjeros.

Este espacio intercultural se ve reflejado en el propio proyecto de investigación de Rappaport, quien se asoció con Myriam Amparo Espinosa y Tulio Rojas (científicos sociales colombianos), Adonías Perdomo y Susana Piñacué (intelectuales Nasa) y David Gow (antropólogo estadounidense) para desarrollar una iniciativa investigativa de corte colaborativo centrada en las transformaciones en un periodo de treinta años en la práctica política étnica del movimiento indígena. Esta iniciativa ha supuesto un diálogo cultural entre tres posiciones de sujeto distintas que se ven reflejadas hasta en los mismos intereses de investigación. De esta forma, aunque en un principio se planteó el producto escrito del proyecto como el elemento principal de la iniciativa, este dio paso a privilegiar el análisis de los métodos de intercambio cultural de conocimiento como la experiencia central del proyecto.

Un caso concreto de colaboración entre investigador y comunidad la podemos ver en el texto de Luís Guillermo Vasco en donde se describe en líneas generales un proceso colaborativo entre el pueblo Misak y un grupo de estudiantes y académicos solidarios. Este trabajo colaborativo se desenvolvió en dos aspectos principales que si bien pueden ser diferenciados para su comprensión, en el marco del proceso de recuperarlo todo se mezclan y apoyan mutuamente:

La recuperación de la voz de los mayores: Vasco pone como ejemplolas interpretaciones que se hicieron con ocasión de entender las formas constructivas de las casas en la que tradicionalmente habitan los Misak. En este tipo de viviendas la cocina se constituye en el centro de la actividad familiar. El fuego para los Misak tiene un marcada simbología como protector de la comunidad y es en su seno en el que se desenvuelven los primeros años de vida de los habitantes de la comunidad. Así mismo, la cocina es el lugar en el que se van

definiendo los roles sociales entre hombres y mujeres, se recrea y fortalece la autoridad de los mayores en los consejos que se dan a los miembros de la familia.

Este orden social familiar es luego extrapolado al orden social de la comunidad. De esta forma Vasco interpreta el carácter central de estos espacios habitacionales en la recreación del orden social Misak.

Las historias de los mayores fueron de fundamental importancia en este proceso de recuperarlo todo. Debido a los siglos de dominación colonial primero, y posteriormente el despojo terrateniente, el pueblo indígena Misak había perdido las manifestaciones prácticas de su especial relación con el territorio[3]. Por esto, la voz de los mayores Misak era importante para la recuperación del territorio, ya que por intermedio de este conocimiento se podía reconstruir las formas propias de las relaciones productivas, de ordenamiento y espirituales de los Misak.La relación entre los relatos de los mayores y la recuperación del territorio se manifiesta a través del texto en la forma en cómo se va explicando cómo estas historias intervienen en el rescate del conocimiento tradicional sobre los ciclos del sol y del agua, la comprensión de las estaciones climáticas, el ciclo de vida de las plantas y los animales, entre otros. (Vasco, 2002. P. 295).

Excavación en territorio Misak en compañía de arqueólogos occidentales: El pueblo Misak tuvo un especial interés en la reafirmación de su carácter como pueblo originario de la región andina del departamento del Cauca, según el autor, para el momento de inicio de la lucha de los Misak por su territorio, existían hipótesis que aseguraban que los Misak provenían de territorio peruano y ecuatoriano, traídos por conquistadores como indios de servicio o “Yanaconas”[4].

Debido a esto, el pueblo Misak inició un proceso de recuperación de los objetos del pasado enterrados en su territorio para así encontrar “las huellas de su pasado” (Vasco, 2002. P. 256), en este esfuerzo han encontrado la colaboración de arqueólogos que desde su disciplina, puedan expresar argumentos blancos desde el mundo blanco, y complementar así lo que se encuentra afirmado desde la tradición oral. Esta relación de complementación entre los dos discursos, la identifica Vasco al afirmar que: “En este campo se oyen dos discursos: uno de los arqueólogos y de los etnohistoriadores, que los guambianos toman en cuenta,

pero que no les satisface plenamente; otro de los mayores de la comunidad que hablan lo propio, que saben, pero que no es suficiente en las condiciones de hoy. Así, se hace necesario encontrar las palabras conjuntamente, confrontándolos ambos” (Vasco, 2002. P. 256)

A lo largo de su texto Vasco propone el análisis de la relación entre colaboradores solidarios y comunidad Misak sobre la base de la reconstrucción de las metodologías de trabajo de campo a partir de insertar sus objetivos en los propósitos políticos de la comunidad con la que se está trabajando[5]. De esta forma, al trabajo de observación, recolección de datos y procesamiento, se incluye el trabajo de investigar mediante reuniones de discusión en las que el conocimiento producido desde la antropología se pone a prueba con el conocimiento propio indígena y el de los sujetos individualmente considerados con los que se entabla discusión. De esta forma, afirma Vasco se puede “obviar” el problema de la devolución del conocimiento que ha sido motivo de discusión y controversia entre las corrientes del trabajo popular. (Vasco, 2002. P. 250)

Por su parte, Hannerz plantea un debate que se encuentra enmarcado en dos temas fundamentales. En primer lugar, se encuentra al cuestión relativa a las similitudes de la antropología con el periodismo (particularmente de la etnografía), y más concretamente de los métodos utilizados por los corresponsales extranjeros para el trabajo en campo, que desde la perspectiva del autor tienen alguna similitud con los de cierto tipo de periodismo que, después de la finalización de la guerra fría, demanda una narración del mundo que fomente representaciones sobre la vida cotidiana.

Por otro lado, se encuentra la cuestión de cómo hacer para que la antropología incida en aspectos sociales de la esfera pública mundial, específicamente de la “cultura pública”, que hoy por hoy se abordan más desde el contexto desde los centros de producción mediática.

Para esto, Hannerz se concentra en un principio en su propia experiencia de trabajo de campo realizada en el distrito de Richmond en Johanneburgo, Sudafrica. En este distrito proliferan las sedes regionales de las agencias de noticias y medios de comunicación más importantes del mundo que reportan los acontecimientos que ocurren a diario en los países del África Subsahariana. Hannerz reconoce el poder que tienen los medios de influir en la esfera pública ya que en esos pocos kilómetros cuadrados se define que se informa sobre el

continente africano y se produce un marco de realidad específico que es lo que en buena parte, define la percepción que se tiene de este continente en el resto del mundo.

Aunque Hannerz reconoce que existen determinantes globales en la producción de información y que estos determinantes se elaboran en las altas esferas de las corporaciones mediáticas, plantea aun así la posibilidad que tienen muchos comunicadores de poder realizar trabajos que se encuentran en consonancia con los compromisos públicos. En última instancia, lo que plantea Hannerz en este punto es una discusión en las concepciones monolíticas del imperialismo mediático y las posibilidades de agenciamiento de los periodistas en la esfera pública.

Uno de los ejemplos que demuestran esta relación entre estructura y agenciamiento es el de Suzanne Dayley, que para el momento del estudio de Hannerz era corresponsal en sudafrica. Durante sus años de corresponsalía Dayley se dedicó a retratar mediante sus escritos este periodo histórico y se encontró con historias que, al ser narradas, daban cuenta de aspectos del periodo post-apartheid interesantes debido a que retrataban aspectos de la vida de las personas representativas de la vida cultural de esa sociedad, dimensiones que frente a las llamadas “noticias duras” resultaban altamente interesantes ante los ojos de una audiencia que deseaba hacerse a un nueva idea del mundo.

La experiencia de Dayley le da base real al planteamiento de Hannerz acerca de que el poder mediático de las grandes corporaciones no explica suficientemente el papel de los medios en un mundo globalizado, la acción de los periodistas, las audiencias y públicos, las mediaciones existentes en esta red de información configuran desde mi punto de vista lo que Hannerz identifica como cultura pública. En el contexto de la cultura pública es donde Hannerz identifica un posible rol de la antropología en clave de renovación. Y es aquí en donde se pueden observar de mejor forma las cercanías entre periodismo y antropología. En el fondo subyace el tema de la responsabilidad social de la antropología, y hasta donde ella llega esta. La idea liberal de la “responsabilidad” pública de la academia es la que mueve en el fondo al autor, que se pregunta cómo incidir en ella desde la perspectiva de lo que denomina el “compromiso público”, desde este último punto de vista es que se puede conectar su argumentación con lo expresado por Rappaport y Vasco. Una responsabilidad pública que desde el punto de vista del autor debe ser abordada mediante lo que la antropología tiene en común con uno de los oficios que mayor peso tiene en la construcción contemporánea de la representación que hacemos sobre la diversidad del mundo. Y aunque considera que la antropología no debería ser cómo el periodismo, hace énfasis en las similitudes. Ahora, cabe preguntarse si escribir sobre el amor, el dolor, los sueños alcanzados, o las peculiares características de las sociedades es suficiente para asumir una postura responsable con el mundo, esto es, entender las prácticas sociales hilandolas finamente

con la estructura. Este último es un problema sobre el que el autor, aunque no desarrolla en profundidad, se manifiesta consciente. Hay una variable entonces que el autor deja un poco de lado salvo cuando cita a Gusterson, quien investigó sobre el tema nuclear, y es lo político que hila y teje lo dicho y lo silenciado en la esfera pública, trátese de las “noticias duras” o de aquellas en cuya construcción pareciera existir un acercamiento con la etnografía. En esto considero que Rappaport y Vasco van más adelante y es en el hecho de que existen tensiones desde diversos sectores sociales por aminorar, reducir o subvertir las asimetrías impuestas y en mi opinión no basta con narrar, es conveniente encontrar alternativas epistemológicas que puedan estructurar métodos de investigación que respalden las agendas de estos sectores.

Bibliografía.

  

Hannerz, Ulf. 2002. Among the Foreign Correspondents: Reflections on Anthropological Styles and Audiences. Suecia: Universidad de Estocolomo. Rappaport, Joanne. 2008. Utopías Inerculturales: Intelectuales públicos, experimentos con la cultura y pluralismo étnico en Colombia. Bogotá: Universidad del Rosario. Vasco U, Luis G. 2002. Entre Selva y páramo: Viviendo y pensando la lucha india. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

[1] Para el caso concreto que nos ocupa son los pueblos y comunidades indígenas del Cauca articuladas al proyecto político del Consejo regional indígena del cauca – CRIC –

[2] Lengua propia del pueblo indígena Nasa [3] Para Guillermo Vasco, en el pueblo Misak el territorio y la historia no se pueden aislar ni separar ya que: “ el tiempo no existe comuna dimensión autónoma, sino que se desarrolla y se expresa a través de y en el espacio; así, la historia guambiana se encuentra impresa, troquelada en el territorio y allí hubo que ir a buscarla, también y primordialmente, y para ello fue preciso recorrer en múltiples direcciones tanto las tierras antiguas como las que se recuperaron, aunque, como apareció más tarde, tales direcciones están articuladas a partir de un centro y teniendo una de ellas como eje de predominancia: la que sigue los caminos del sol, del viento del páramo y del agua, de oriente a occidente.” (Vasco, 2002. P. 295) [4] “Primero, los guambianos saben, y así lo confirma su tradición oral, que ellos son de allí, de esas tierras, que ellas le han pertenecido siempre aunque estuvieran invadidas durante siglos por terratenientes, pero los blancos no lo reconocen y dicen que fueron traídos desde el Perú y Ecuador por los conquistadores españoles en calidad de yanaconas, indios de servicio.” (Vasco, 2002. P. 256)

[5] En este caso el proceso de lucha de los Misak por recuperar su territorio, su historia y su cultura

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