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una mirada

a la luz
de la sombra







EMILIA ALONSO SERRANO
EDTMAY12
una mirada a luz de la sombra
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una mirada a luz de la sombra
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por mi bola mágica…
Así que… ¡era el mago malo!
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una mirada a luz de la sombra
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una mirada a luz de la sombra
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INTRODUCCIÓN
Llevo desde los 4 en la escuela, enseñando desde los 19. Tengo 57 años.
A lo largo de todo este tiempo, sobra decirlo, han sido tantas las experiencias, los
sentimientos…
los encuentros,
los éxitos,
las ilusiones,
los entusiasmos,
los aprendizajes,
los errores,
las satisfacciones,
las risas,
las subidas,
las llegadas,
lo construido,
lo dicho,
los hallazgos,
los ideales,
las dudas,
las noches,
las luces,

los desencuentros,
los fracasos,
las desilusiones,
las desesperanzas,
los olvidos,
los aciertos,
las frustraciones,
las lágrimas,
las bajadas,
las partidas,
lo derruido,
lo silenciado,
las pérdidas,
los desencantos,
las certezas,
los días,
las sombras…

Termina el tiempo de este curso de educación transpersonal y sigo teniendo la sensación de
asignatura pendiente con mi profesión. Una sensación de desencaje: ¿qué hago yo aquí?
¿por qué insisto un año y otro en ello?,… sensación que se hace cada vez más intensa (¡más
consciente!) después de haber aprendido/descubierto cosas que antes no sabía sobre mí
misma, que es lo mismo que aprender/descubrirlas sobre la humanidad o el universo
infinito.
Digamos que mantengo con mi tarea de enseñar (¿educar?) una íntima relación de amor-
odio. Si añadimos, la función de dirigir un colegio, en la que llevo embarcada los últimos 8
años, esta relación se convierte en más que tormentosa, donde el amor y el odio luchan en
una especie de guerra de guerrillas, en la cual los ataques sorpresa no exentos de ciertos
matices terroristas, son estrategia bélica habitual, no dejando mucho margen para el confort
y la comodidad “instalaticia”.
Todo ello convierte mi vida diaria en un espacio de observación privilegiado de mi misma y
de lo/los que me rodean.
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Y para que no falte de nada: el privilegio (otro más) de vivir unos momentos históricos, en
los que es cada vez más intensa la sensación de que nuestro mundo conocido se desmorona
sobre nuestras cabezas y hemos de avanzar entre los escombros de lo ya abatido, cegados
por el polvo del derrumbe que nos impide distinguir claramente el horizonte.
En principio, pensé dedicar mi trabajo a la sombra del educador, después surgió la necesidad
de reparar también en la sombra de la escuela como institución o de la educación
institucional (ya sea escolar o familiar). Al poco de iniciar la investigación, apareció la lucha
entre el bien y el mal: la sombra siempre nos acaba conduciendo al “problema del mal” y
éste, irremediablemente, al “problema del bien”. Y ahí, en ese último “problema”, me
encontré de nuevo con la escuela (y la educación institucional; un círculo (aparente, sin
duda- ya explicaré por qué más adelante) que encierra (podríamos decir, aprisiona) a los
encargados de educar.
A estas alturas, ya está claro que este trabajo pretende dedicarse a las luces y a las sombras,
a los submundos en escaparate y a los ocultos que todos llevamos dentro con los que, mal
que bien, vamos funcionando. Y, sobre todo, a la integración de ambos. De cómo esos
submundos y lo que hacemos con ellos –mostrar y ocultar- son personajes y trama,
escenario y argumento, de un drama de enfrentamientos, luchas, debates entre
₪₪opuestos, entre polos que cuanto más quieren alejarse o repelerse más evidencian los
lazos que les unen. Esto sucede a todas horas y en todas partes: en la escuela, en las casas,
en el supermercado, en el congreso de diputados, en mi portal, en la cola del paro, en la
ONU… y, también, en el interior de todos y cada uno de nosotros, los seres humanos, allá
donde no llegan los ojos ni los oídos de nuestros amigos/enemigos, padres/hijos,
maestros/alumnos, conocidos/desconocidos… donde ni siquiera permitimos que entre la luz
de nuestra mirada.
En estos inicios de mi trabajo, siento que es un proyecto excesivamente ambicioso, por un
lado, y un tanto fútil, por otro.
Me explicaré mejor. Ambicioso, porque este “montaje vital” universal es demasiado amplio
para que pueda yo, pobre mortal, aportar algo a lo que ha hecho correr tanta tinta (física y
mental) de tantos-tantísimos genios/estudiosos del alma humana; fútil, porque ¿quién
desea, realmente, que todo este montaje que llamamos “vida” “sociedad” “política”
“educación”… se nos caiga? ¿qué nos quedará y a qué nos dedicaremos?
Sin embargo, siento también una gran necesidad (deseo-impulso) de decir, expresar, todo lo
que percibo en mi día a día en la escuela y fuera de ella, tanto sufrimiento, parálisis,
decepción,… conviviendo con ganas de hacer, generosidad, amor.
Me surge aquí otro gran interrogante, el gran interrogante: ¿amor o AMOR?
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¿Dónde queda el AMOR en todo esto?, ¿sale o no sale en esta película? En una tarea como la
de educar, donde la entrega y el servicio al otro es (se supone) uno de los elementos básicos,
fundamentales, vertebrador de todo el proceso, es importante (imprescindible, diría yo)
sacar, poner en un primer plano bajo nuestro foco de luz, qué entendemos por amor o
AMOR y cómo lo expresamos, percibimos, sentimos… en una palabra, como lo vivimos.
Asunto éste, que tampoco se despega mucho de lo anteriormente expuesto (el bien y el mal,
luces y sombras…) como intentaré explicar más adelante.
Por último, la mirada al horizonte, la visión de futuro: Ahora ¿qué hacemos con todo esto?
Respuesta sencilla y difícil a la vez. Sugiero ponerle dos faros (como esos que guían a los
marinos, les sitúan y les conducen al mismo tiempo):
-CONsCIENCIA: abrir los ojos, mirar, ver, atender, observar, oir, escuchar, atender,
dejar pasar, sentir, buscar, encontrar, atender…
-AMOR: compartir, comprender, iluminar, amigar, abrazar, compadecer, abrir-se,
vaciar, soltar, entregar, agradecer,..
¿Cómo? Trabajando cada uno con nuestro interior, honestamente, pero no en solitario.
Haciéndonos Observadores-Testigos de nuestro “drama interno”, enfocando hacia nosotros
esa mirada benévola y compasiva, LUZ de CONSCIENCIA y calor de AMOR, energía alquímica
activada. Compartiéndolo con una comunidad –grupo, colectivo- en el que cada uno ponga
su LUZ al servicio de los demás y se abra para recibir la de ellos también. El resultado: un
gran faro, iluminando a los mismos que producen su luz y a todos los que quieran mirar
hacia él.
Me propongo también, que esta parte del trabajo, la concreción del cómo hacerlo, sea la
idea- propósito fundamental del trabajo del curso avanzado. Así que cierro esta introducción
con un Continuará… cargado de agradecimiento y confianza en la vida que me regala esta
oportunidad maravillosa de aprender, expresar, compartir y hacer.



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L La a S So om mb br ra a

“Oculté mis placeres… y me entregué a una doble vida”
“El Dr. Jekyll y Mr. Hyde”- Stevenson

“Quien es incapaz de comprender a un dios, lo percibe como un demonio”
-Joseph Campbell
“Cuando nadie me ve pongo el mundo al revés,
cuando nadie me ve no me limita la piel,
cuando nadie me ve puedo ser o no ser”
“El Alma al Aire” -Alejandro Sanz (canción pop -año 2000)

Seguramente no descubriré nada nuevo si digo que todos llevamos (contenemos) una parte
de nosotros mismos que nos agrada poco o, mejor, no nos agrada nada. Tampoco, si añado
que, en más ocasiones de las que nos gustaría, aparece una voz interior que nos recuerda lo
defectuosos que somos: vagos, egoístas, descuidados, irresponsables, violentos, pusilánimes,
estúpidos, etc… y que puede, también, que esas voces nos recuerden en su tono y en su
jerga a otras exteriores más familiares.
Todo ello viene acompañado de un sentimiento bien conocido, también, por todos: la
vergüenza. Conviene aclarar que son muchos y diversos los sentimientos y las emociones
vinculadas a este fenómeno, pero que es el de la vergüenza el que lo impregna todo y a
todos (como el caldo en la sopa: sin caldo, no hay sopa)
Para comenzar por los orígenes y a modo de ejemplo, es probable que ya no nos acordemos,
pero sabemos que de niños nos gustaba, correr, gritar, pelearnos por un juguete, comer con
las manos, cantar, jugar, quedarnos pasmados mirando una lagartija… Sabemos, también,
(probablemente nos acordemos mejor) que nuestros adultos, padres, educadores…, se
encargaron concienzudamente de enseñarnos las buenas costumbres y los buenos modales:
esto no se hace, esto se hace así, hay que hacer esto… Y que cuando por enésima vez
insistíamos en alguna de aquellas actividades que tanto nos gustaban y nos hacían sentir tan
bien y de las que tantas veces nos habían recordado su inconveniencia, escuchábamos
aquello de: ¡Pero, ¿no te da vergüenza?!, a lo que solía acompañar un: tan mayor como eres
ya, o una niña tan buena como tú, o fíjate en tu primo como nunca/siempre hace/dice,… Y lo
mismo sucedía, cuando olvidábamos hacer o decir lo que nos habían enseñado una y mil
veces.
Poco a poco, y más pronto que tarde, entendimos que seguir las instrucciones de nuestros
adultos era de vital importancia para nuestra supervivencia, ¡nos iba la vida en ello! Porque
de niños fuimos total y absolutamente dependientes del cuidado, afecto y reconocimiento
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de esos adultos; de hecho nuestra existencia, imagen, personalidad, etc… se configuraron en
esos primeros momentos y nos trajeron-acompañaron hasta aquí: hasta el momento en el
que nos enfrentamos/afrontamos la tarea de acompañar a otros niños en su periodo de
aprendizaje y crecimiento.
En todas las actuaciones humanas la sombra tiene un papel primordial, casi siempre oculto
e ignorado. Pero, es en las relaciones interpersonales donde la interacción de las sombras,
convierte la vida cotidiana en un tremendo drama chinesco, donde nada es lo que parece y
el reflejo es más importante que el objeto (reflejado) en sí. Y si hay una relación especial por
el desequilibrio de poder entre los participantes, es la que se da entre adultos y niños.
El adulto que se pone delante de un niño con objeto de educarle, pone en funcionamiento
todo su ser, también la sombra y la vergüenza. Con la particularidad de que nuestros niños
evidencian “todos” los contenidos de nuestra sombra en estado puro y sin vergüenza
apenas. ¡Pareciera que hicieran ostentación de ello…!
Eso genera un enorme malestar en el adulto. El origen, la causa principal, de ese malestar
son las proyecciones que el adulto hace sobre el niño o los niños: cada queja que se hace
(hacemos) de nuestros niños es la voz de nuestra sombra, su reflejo en el gran espejo que
son para nosotros; cuanto más nos moleste, nos escandalice, algo que ellos digan o hagan,
más nuestro es y más oculto está (o pretendemos mantenerlo) en nuestro sótano interior.
Así, cuando decimos que son insoportablemente inquietos, estamos manifestando nuestra
necesidad reprimida de movimiento, de actividad, de iniciativa física...; o cuando sentimos
que no nos escuchan o no nos respetan o no nos obedecen, es el reflejo de nuestra
necesidad infantil, sepultada, de expresarnos, de ser escuchados, respetados y reconocidos
en nuestra libertad y capacidad de iniciativa…, o cuando decimos que son violentos,
hablamos de nuestra ira invisibilizada bajo infinitas capas de maquillaje de “bondad”,
“paciencia”, “buen carácter”….
Un círculo que se cierra. Aprendimos a reprimir y encerrar nuestros impulsos más primarios
y auténticos (voz, movimiento, pensamiento, emoción,…), conseguimos un más que
aceptable nivel de control lo que nos ha convertido en adultos responsables, bien educados,
aceptados y respetados por nuestra comunidad,… buenos padres y/o buenos maestros, en
suma. Tan buenos nos sentimos, que asumimos con ilusión y entrega la tarea de transmitir
el asunto a las nuevas generaciones. Sin duda, una empresa de vital importancia para la
continuidad de nuestra cultura, sistema, modo de entender el mundo o la vida, en suma.
Por ello, creo importante detenernos un momento ante el papel que realiza la sombra en
nuestra historia personal y colectiva. Para ello hemos de retroceder un poco y escuchar…
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C Co on ns st tr ru uy ye en nd do o l la a s so om mb br ra a
¿Por qué debemos desprendernos de partes de nosotros mismos? ¿Por qué ocurre ese
proceso siendo tan jóvenes? ¿Cómo podemos sobrevivir despojados de nuestra ira, nuestra
espontaneidad, nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestras facetas más belicosas y
desagradables? ¿Qué es lo que nos mantiene integrados?
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“Llegamos a este mundo procedentes de los rincones más alejados del universo “arrastrando
nubes de gloria”, trayendo con nosotros nuestro legado mamífero, la espontaneidad de
150.000 años de vida vegetal, la rabia de 5.000 años de vida tribal y se lo ofrecemos a
nuestros padres. Pero nuestros padres sólo quieren un niño o una niña buena y no aceptan
de buen grado nuestro obsequio. Eso no significa, sin embargo, que nuestros padres sean
malos sino tan solo que nos necesitan para algo… [reconocimiento social, carencia afectiva,
“autorrealización” etc] …Y lo mismo hacemos nosotros con nuestros hijos ya que esta
dinámica forma parte de la vida en el planeta (…) Es muy probable que en la antigüedad los
niños que se opusieran a sus padres fueran abandonados a su suerte (…) Somos como una
esfera de energía que va menguando con el correr del tiempo”
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.
Ciertamente, no es el tiempo lo que hace menguar esa energía como si fuésemos
“gastándola”, sino que somos nosotros mismos los que, en un afán de supervivencia lógico e
imprescindible –¿qué otra cosa podríamos haber hecho?- vamos arrancando, guardando y
escondiendo, en el saco una porción tras otra de nuestra energía de origen. Así cuantas más
cosas echamos en nuestro saco personal, cuanto más lleno esté, menor es la energía de la
disponemos. Independientemente del nivel de energía visible de cada uno, todos poseemos
más energía de la que normalmente podemos utilizar: el saco está repleto de energía
inaccesible acumulada fundamentalmente durante nuestra infancia.
“En su intento de reprimir los pensamientos, sentimientos y la conducta de sus hijos los
padres utilizan estrategias muy diversas. En ocasiones dan órdenes muy claras como por
ejemplo: “¡no pienses eso!”, “¡los hombres no lloran!”, “¡saca las manos de ahí!”, “¡no quiero
volverte a escuchar decir eso!”, “¡en nuestra familia no hacemos esas cosas!” En otras en
cambio los padres regañan, amenazan o pegan a sus hijos. No obstante, la mayor parte de
las veces los padres moldean a sus hijos mediante un proceso sutil de invalidación que
consiste en premiar o no determinadas conductas (…) Así cuando un niño entra en la
habitación arrastrando un juguete muy pesado pueden decir “¡qué fuerte eres!”, pero si es
una niña la que lo hace es más probable que respondan “¡no estropees tu bonito vestido!”.
El ejemplo directo, sin embargo, constituye la forma más habitual y más profunda de influir
sobre los niños. Los niños observan las decisiones, los placeres, las libertades, lo que resaltan,
lo que ignoran y las reglas que siguen [sus padres]. Todo esto tiene un efecto profundo sobre
el niño: “Así es como debe vivirse”
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Ante tanta prescripción, prohibición y sobre todo ante la reacción adversa de los adultos que
le rodean, el niño va probando y consolidando mecanismos de adaptación y adecuación.
Primero deja de expresar la conducta prohibida en presencia de los padres (o de los adultos
que le recriminan): el niño se siente enfadado pero no habla de ello en voz alta; explora su
cuerpo en la intimidad de su cuarto, molesta a sus hermanos cuando sus padres no están,…
Para terminar concluyendo que esas acciones, pensamientos, sentimientos son tan
inaceptables (malos) que deben ser eliminadas (o sea, bien escondidas en el saco)
Construye, al mismo tiempo, unos padres interiores que controlan sus pensamientos y sus
actos, así que cada vez que se descubra en una acción, pensamiento, emoción… inaceptable,
sentirá una regañina interior que se traducirá en una descarga de ansiedad insoportable, de
modo que el niño acaba por adormecer esas partes prohibidas de sí mismo: las reprime
(ahora sí que están definitivamente escondidas e ignoradas en un saco pretendidamente
atado y bien atado).
Es así como “el precio que hay que pagar por la obediencia es una pérdida de integridad.
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“Todos nosotros mantenemos ese tipo de diálogo interno que, en el caso de los tímidos, suele
ser francamente autocrítico.
La voz interna de las personas tímidas suele afirmar que son despreciables, indignos y
malvados, contribuyendo a alimentar la imagen de que son niños malos. La voz puede ser
experimentada como si fuera un pensamiento consciente pero, en la mayoría de los casos,
sin embargo, se trata de un pensamiento parcial o totalmente inconsciente. Es por ello que la
mayoría de nosotros sólo somos conscientes de la voz en aquellas situaciones tensas en las
que nos sentimos avergonzados. Después de cometer un error, por ejemplo, uno puede
decirse”¡Qué tonto eres!”, “¡Otra vez igual!”, “¡No aprenderás nunca!”…
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La experiencia personal me dice, sin ánimo de contradecir al autor, que, o bien somos todos
tímidos, o esas voces internas no son patrimonio ningún tipo de personalidad concreta.
En todo caso, resulta muy, pero que muy difícil deshacernos de esa voz interna, ya que la
ruptura original del vínculo interpersonal con nuestros padres da lugar al establecimiento de
esa mediación imaginaria. Al sentirnos abandonados (reprimidos, ofendidos, confundidos:
ruptura del vínculo real) de niños necesitamos crear una conexión ilusoria con nuestros
padres: “el vínculo imaginario” (R. Firestone) Para poder establecer ese vínculo imaginario –
para sobrevivir- el niño no puede culpar a sus padres (ya que peligraría entonces su
supervivencia); se ve forzado, entonces, a idealizarlos y a autoinculparse, a “volverse malo”
De este modo el vínculo imaginario (que hace buenos a los padres y malo al hijo por
definición) cumple la misma función que los espejismos en el desierto: proporciona al niño la
ilusión de que en esta vida puede hallar alimento, cuidado y sustento. De tal forma que
cuando el niño crezca y se aleje de sus padres, la voz interna seguirá manteniendo ese
vínculo; así la voz represora y punitiva de los padres termina por internalizarse y perdurar
durante la edad adulta.

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“Los primeros años de la vida de la mayoría de los niños encierran muchas experiencias
terribles y dolorosas. Quizás sus padres nunca atiendan a su necesidad de ser tocado,
abrazado y acariciado; tal vez le griten constantemente o se griten entre sí; quizás utilicen
deliberadamente el miedo y la culpabilidad como una forma de control; es posible que
oscilen entre la sobreprotección y la negligencia; quizás le mientan o se burlen de él; puede
que se muestren negligentes o indiferentes; quizás le critiquen y le reprendan de continuo; tal
vez le desconcierten con normas confusas y contradictorias; es posible que le abrumen con
expectativas y exigencias que no tienen en cuenta sus aptitudes, necesidades e intereses;
quizás, en fin, le sometan a malos tratos físicos o descalifiquen todos sus esfuerzos por
expresar su espontaneidad y asertividad.”
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El niño no puede comprender la conducta de los padres ni sabe reconocer sus propias
necesidades; por eso, en ocasiones, el miedo y el sufrimiento le desbordan y pueden llegar a
incapacitarle.
No olvidemos que las emociones son experiencias psicosomáticas (se manifiestan
simultáneamente a nivel mental y físico), por tanto, el intento de control se ha de realizar en
los dos niveles: inconsciencia y tensión muscular insensibilizadora y paralizante.
Así, cuando la experiencia del contacto con sus emociones se convierte en algo insoportable
que pone en peligro su propia subsistencia, entonces el niño aprende a protegerse
desconectándose de sus propias emociones: niega sus sentimientos y, de alguna manera,
congela en su cuerpo –tensión muscular y fisiológica- todo el miedo y el sufrimiento que no
puede expresar y descargar; iniciando una pauta de conducta que se repetirá cada vez que
algún sentimiento inapropiado le amenace.
Esta represión emocional es como una especie de “anestesia general”: anula no solo la
capacidad de sentir dolor, sino que también elimina la capacidad de experimentar placer.

A modo de resumen y recapitulación, diremos que la construcción de la sombra en todos y
cada uno de los seres humanos, tiene varias consecuencias importantes.
1.- La pérdida de energía. Es lógico, reprimimos los aspectos más vitales y primarios de
nuestra naturaleza. El hecho de sentirnos desfondados y faltos de energía puede significar
en muchas ocasiones que nuestro saco nos está pesando demasiado. Y no sólo eso, sino que,
además, es muy probable que esconda tesoros (cualidades y capacidades) que nos serían de
gran ayuda en nuestra vida cotidiana para afrontar y resolver dificultades, conflictos,
frustraciones).
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2.- La pérdida de integridad. Lógico, también, hemos de ocultar, negar, sacrificar partes de
nuestro ser auténtico. Nos pertenecerán siempre; si luchamos contra ellas nos mostrarán su
hostilidad y nos “devolverán el golpe”; si las dejamos acercarse, les abrimos la puerta y,
saliendo a su encuentro, las abrazamos (cual hijo pródigo recuperado) nos mostrarán
nuestro auténtico rostro: único, maravilloso, irrepetible, especial.
3.- La vergüenza, la voz crítica interna: soy malo (defectuoso, despreciable) Necesitamos
inventarnos un vínculo que nos haga sentirnos cuidados y protegidos, que oculte y sustituya
al sentimiento de abandono que nos impide vivir. Detrás de todo ello, el miedo a la muerte,
la necesidad de supervivencia, la resignación, la entrega de nuestra energía personal, la
inconsciencia de nuestro propio poder.
4.- La anulación de la capacidad de sentir. Borramos las emociones, los sentimientos de
nuestro campo de experiencias. Conviene pararse un momento y observar como convivimos
con nuestras emociones, las que consideramos negativas y las positivas. La intensidad y la
profundidad de todas y cada una de ellas. ¿Las vivimos realmente o son una ilusión, un juego
de artificio manipulador, manipulado y manipulable…?

Y de este modo vamos configurando:
-lo que deseamos ser, la imagen que queremos dar al mundo exterior (máscara,
personaje…),
-otra cara que intentamos ocultar con mayor o menor éxito, pero que de algún modo
conocemos y
-una tercera negada, invisibilizada, anestesiada.


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L Lo o q qu ue e h ha ac ce e l la a s so om mb br ra a
“La sombra sólo se convierte en algo hostil cuando la ignoramos y no la tenemos en cuenta”-
Carl Jung
Todo lo que hemos visto hasta ahora, tiene que ver con la construcción de la sombra, de la
de todos y cada uno de nosotros. Es cierto que hemos hablado de fenómenos que se
originan en la infancia, en edades muy tempranas la mayoría de ellas, refiriéndonos a “el
niño” en tercera persona del singular. Pero es fundamental no olvidar que “el niño” del que
se habla, somos todos y cada uno de nosotros, y que los procesos a los que se hace
referencia han tenido lugar, en mayor o menor medida, en cada uno de nosotros también.
Insisto en ello (aunque sea una obviedad) porque me parece interesante recordarlo antes de
pasar a la siguiente llamada de atención: todos y cada uno de esos procesos están activos –
sucediendo- en los niños y niñas que nos rodean: hij@s, alumn@s, sobrin@s... cualquiera de
nuestro entorno y de cualquier lugar.
Soy así de insistente porque pretendo dedicar los próximos párrafos a las manifestaciones y
efectos de la sombra, intentando poner un mayor énfasis en aquellas situaciones que tienen
que ver con la educación y crianza, es decir con las relaciones entre niños y adultos. Dicho de
otra manera, situaciones en las que se ponen en relación las sombras ya consolidadas
(permítaseme esta forma de adjetivarlas) con las que aún están en construcción (más o
menos avanzada).
¿Qué hay detrás de la sombra?, ¿qué nos hace defender su invisibilidad con tanto encono?
Miremos… veamos.
“Comencemos mirando más allá del espejo que nos refleja. Cuando estamos frente a un
espejo sólo vemos nuestro reflejo tal como lo queremos ver pero si miramos más allá del
espejo nos veremos como nos ven los demás.
(…)
Desafortunadamente, sin embargo, el simple hecho de pensar en ello nos hace sentir
amenazados y preferimos seguir creyendo que los demás nos ven del mismo modo en que
nos vemos nosotros.”
6

Supongamos que le pedimos a alguien cercano y lo suficientemente honesto, que nos diga lo
que opina de nuestras actuaciones en algún asunto que hayamos compartido o en el que
hemos podido ser observados por él. Y que su respuesta nos sitúa en una actitud o actuación
en la que jamás hubiésemos querido estar; en ese momento desearíamos intensamente
contestarle indignados: ¿Pero qué estás diciendo? ¡eso es lo último que yo querría
hacer/ser…!. Justo en ese instante… nos quedamos callados.
Esa reacción es una de las evidencias de que hemos tropezado con un verdadero rasgo de la
sombra. Cada vez que respondemos exageradamente “a favor” o “en contra” de algo y nos
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mantenemos inflexibles en nuestra actitud podemos empezar a sospechar que nos hallamos
en territorio de la sombra y que haríamos bien en investigar.
“Las situaciones conflictivas desatan emociones muy intensas proporcionándonos, por tanto,
un terreno excepcional para la proyección de la sombra ya que lo que censuramos en
nuestros ”enemigos” no es más que una proyección oscura de nuestra propia oscuridad”
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Una segunda forma de aproximarnos a nuestra sombra consiste en observar las
proyecciones que “descargamos” en los demás. La proyección es un mecanismo
inconsciente que se da cuando se activa un rasgo propio desvinculado de nuestra conciencia
(reprimido), entonces percibimos ese rasgo en la conducta de los demás (ajeno) y
reaccionamos ante él. Así vemos en los demás algo de nosotros mismos pero que no
reconocemos como propio.
En la proyección entregamos nuestra energía (esa energía oculta del saco) a los otros.
Entonces, esa misma energía parece rebotar contra nosotros: cuando no nos permitimos
sentir alguna emoción (las anestesiadas: rabia, enfado, odio, deseo) nos parece que todos (y
todo) a nuestro alrededor nos envía y nos acosa con esos sentimientos que tanto nos
disgustan.
“Del mismo modo que unos padres tímidos no pueden aceptar su debilidad, sus anhelos, sus
sentimientos, su vulnerabilidad y sus dependencias, tampoco pueden aceptar las
necesidades, los sentimientos, la debilidad, la vulnerabilidad y la dependencia de sus hijos.
Para Firestone la voz (interior) es el resultado del deseo profundamente reprimido de los
“padres” de destruir la espontaneidad y vitalidad de sus hijos cuando esos sentimientos
amenazan sus propios mecanismos de defensa”.
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Creo que aquí está uno de las causas principales de los efectos de la sombra en las relaciones
interpersonales: el sentimiento ancestral de amenaza, lo que hace peligrar nuestra
supervivencia, o lo que es igual el miedo a la muerte.
Observemos todas aquellas ocasiones en las que reaccionamos de manera desmesurada
ante nuestros alumn@s (o hij@s); detengámonos un momento en las diferentes reacciones
que cada uno tiene (en positivo o en negativo): hay profesores (o padres) que no aguantan
lo que otros ni siquiera ven. Seguramente todos conoceremos algún caso de el profesor o
profesora que abandonó airadamente el aula porque “aquello era insoportable”, o el de
aquel/aquella otr@ que en su aula volaban las tizas, los aviones de papel y ”allí nunca
pasaba nada y todo iba bien”
En esos momentos en los que reaccionamos tan violentamente, ya sea expresando nuestro
tremendo disgusto hacia las actitudes y actos de nuestr@s niñ@s o victimizándonos
impotentes ante ellos, estamos siendo “cazados” por nuestra sombra. ¿Cómo podemos
encontrar a un león que nos ha devorado?, en palabras de Jung. No es fácil.
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Porque en esos momentos nos sentimos tan amenazados, tan perdidos…, nada es como
debería ser, todo está fuera de control.
Ese es el efecto que producen las conductas de nuestr@ss niñ@s en nosotros. Sacan la
basura del saco y nos la ponen delante, bailan sobre ella y nos la arrojan a la cara en un
juego primitivo y sin reglas. Y nosotros, en el fondo, sabemos que es nuestra basura. Quizá si
nos parásemos un instante y observáramos su danza…, si pudiéramos ver en ell@s el niño o
la niña que fuimos…, si –por un momento- tuviéramos el valor de reconocer todo el dolor y
el sufrimiento que nos costó llenar ese saco…, quizá entonces podríamos abrazar a nuestr@s
niñ@s, mezclar nuestras lágrimas con sus risas y haríamos una buena fiesta de celebración
de la vida.
No olvidemos (importantísimo detalle que conviene tener siempre presente), que para nada
sirve sentirse culpable (más culpas, no, gracias) Somos lo que somos, y nuestro equipaje -
¡todo él!- nos ha traído hasta aquí. Además la culpabilidad (una de las causas del engorde
del saco) nos impedirá mirar y ver (alejándonos del ejercicio de la responsabilidad).
Basta con que, cuando sintamos ese tremendo puntazo que la sombra nos da, la
observemos… sin pretender juzgar. Y agradezcamos a nuestros chic@s ser para nosotros tan
buen espejo. Después amablemente, con una honesta sonrisa, pongamos orden en el aula y
a la tarea.
“Pero no sólo proyectamos cualidades negativas sobre los demás sino que también hacemos
lo mismo con las positivas. En los demás también advertimos rasgos positivos propios que,
por alguna razón, rechazamos y nos pasan, por tanto desapercibidos (…)Debemos
comprender que nuestra sombra contiene cualidades positivas como negativas (…) Así
cuando nos escuchemos decir “Yo nunca podré ser así” haríamos bien en analizar esos rasgos
porque es muy probable que formen parte de nuestra Sombra Dorada”
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En este sentido resulta, también, interesante fijarnos en aquellos aspectos que nos llaman
más la atención, que más admiramos en nuestr@s alumn@s/hij@s. Sin olvidar aquellos
rasgos que percibimos que despiertan más la admiración de nuestros niñ@s, ya sean en
personas adultas o en otros compañeros; acompañarles en el descubrimiento de sus propios
tesoros es un regalo que la vida pone a nuestro alcance y podemos disfrutar de él con
agradecimiento.
Mención especial merecen los sentimientos de envidia (entre otros) que en ocasiones nos
suscitan nuestr@s hij@s/alumn@s. Sentimientos que, la mayoría de las veces ni nos
atrevemos a sentir, y que cuando los percibimos nos asustan tanto. Se precisa mucho coraje
para mirar a la cara los sentimientos “negativos” (odio, rabia, ira, envidia, rechazo, miedo)
que nuestr@s niñ@s nos despiertan. Darnos cuenta de ellos, observarlos y aceptarlos sin
juicio es un buen ejercicio para, por un lado, amigarnos con nuestra sombra y, por otro,
ayudar y acompañar a nuestros chic@s a vivir conectados con sus emociones.
una mirada a luz de la sombra
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L La a s so om mb br ra a d de e l la a e es sc cu ue el la a y y l la a e ed du uc ca ac ci ió ón n i in ns st ti it tu uc ci io on na al l
“Recibir una educación es aprender dónde y cómo se han de trazar los límites y qué se ha de
hacer luego con los aspectos acotados”
-Ken Wilber

La sombra no sólo existe en cada uno de nosotros, los seres humanos, si no que se construye
y ¡funciona! en los grupos y colectivos humanos.
Así es fácil percibir la sombra familiar, la de un país, sociedad, incluso la de un determinado
momento o movimiento cultural.
Todos conocemos y hemos vivido experiencias en las que “todo el mundo sabía” de que
temas no se hablaba en la familia, con los amigos, en la escuela o en el trabajo. Hasta que
llegaba un miembro nuevo o algún “rebelde” o “despistado” que ponía los pelos de punta al
resto con sus transgresiones.
En muchas ocasiones las normas básicas (prácticas y efectivas) de funcionamiento de un
grupo o colectivo no están escritas en ninguna parte (evidentemente no me refiero a los
reglamentos o cualquier tipo de legislación) pero, si embargo, todo el mundo las sigue; es
eso que tanto nos cuesta aprender cuando llegamos a un espacio-grupo nuevo y que cuando
conseguimos instalar y automatizar adecuadamente en nosotros, nos sentimos, y nos ven los
demás, como miembros de pleno derecho. Esa parte de la sombra es “el currículum oculto”.
A otro sector de la sombra, una especie de zona oscura pretendidamente oculta a los ojos
de los miembros del colectivo y del mundo en general, negado tanto interna como
externamente, lo he denominado “Lo invisible”
Todo lo que pretendemos invisibilizar y negar da lugar a una serie de consecuencias
(efectos=productos), son los aspectos no deseados; es decir, todo aquello de lo que nos
pasamos la vida huyendo, lamentándonos, criticando, etc…. y que, finalmente, he
denominado “Lo Indeseable”.

Intentaré en los párrafos siguientes describir como estos tres aspectos se expresan, se
desarrollan e influyen en la vida educativa institucional (ya sea escolar, familiar o de
cualquier otro tipo)

una mirada a luz de la sombra
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El currículum oculto.
“Yo creo que cuando uno tiene que enseñar algo es porque ese algo no surge solo en la vida.
Por ejemplo, el niño aborigen australiano va con la mamá o con el papá por el desierto o por
la selva, recolectando o reconociendo el lugar. Lo va recogiendo o va reconociendo el lugar
en el momento de vivirlo. Entonces no se le está enseñando. No se habla de una cosa que
tiene que venir después, sino que está viviéndola allí. Ahora, si yo no tengo la posibilidad de ir
al desierto para ver allí la roca que corresponde al lugar donde el ancestro hizo tales cosas…,
y estoy en la sala de clase, voy a tener que hablar de eso. Voy a tener que enseñar sobre esa
roca que es un hito fundamental en la historia ancestral. Tenemos que enseñar porque
aquello que enseñamos no lo estamos viviendo, Yo creo que ese es el verdadero problema
con los valores”
7

“Podríamos definir el curriculum oculto como el conjunto de normas, costumbres, creencias,
lenguajes y símbolos que se manifiestan en la estructura y el funcionamiento de una
institución. Sin pretenderlo de manera reconocida, constituye una fuente de aprendizajes
para todas las personas que integran la organización. Estos aprendizajes se realizan de
manera osmótica, sin que se expliciten formalmente ni la intención niel mecanismo de
apropiación de significados.
Los aprendizajes que se derivan de este peculiar mecanismo afectan no solo a los alumn@s
sino también, y de manera especial, al profesorado. En efecto, al incorporarse a una
institución, se produce un apropiamiento de la cultura de la misma, unas veces por
convencimiento y otras por una reacción de sobrevivencia.”
8


La incidencia del currículum oculto, según Santos Guerra, tiene unas peculiaridades no
compartidas por el currículum explícito:
-Es subrepticia, es decir, que influye de manera no manifiesta, del todo oculta, pero no
por eso menos efectiva. Observando, repitiendo automáticamente comportamientos,
cumpliendo unas normas determinadas, utilizando unos lenguajes, asumiendo,
costumbres… se acaba por asimilar una forma de ser y estar: la cultura generada por la
institución o el colectivo.
-Es omnipresente porque actúa en todos los momentos y lugares: la organización de los
espacios y tiempos, la naturaleza de las relaciones y los papeles que se desempeñan, las
normas que responden a una determinada concepción de poder… Es el clima, la
atmósfera, de la organización en el que estamos inmersos y respiramos.
-Es omnímoda porque reviste múltiples formas de influencia. Se asimilan significados (una
determinada idea del mundo) a través lo que se hace, de lo que se ve, de lo que se
cumple (o no), de lo que se dice, de las contradicciones que se viven, de lo que se lee, de
las creencias que se asumen…
-Es reiterativa. Las prácticas se repiten casi mecánicamente, las rutinas, de la vida
institucional: se entra a la misma hora, se hacen las mismas cosas, se mantienen las
mismas reglas, se perpetúan los mismos papeles…
una mirada a luz de la sombra
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-Es inevaluable, es decir, no se tiene en cuenta los efectos que produce, ni se evalúa el
aprendizaje que produce, ni se valora las repercusiones que tiene. Se evalúa el currículum
explícito (los conocimientos adquiridos por los alumnos, mediante los exámenes), pero no
se tiene en cuenta lo que conlleva la forma de estructuración, funcionamiento y relación
de la cultura de la institución o colectivo.
Los ejemplos en la vida cotidiana, aún pasando inadvertidos, son evidentes. Es habitual
poner en un Proyecto de Centro, por ejemplo, que se pretende educar para que nuestros
niñ@s sean ciudadanos creativos, participativos, responsables….; mientras, en la práctica, no
hay espacio para que expresen libremente su opinión, no tienen arte ni parte en la vida del
centro, ni siquiera son preguntados, en muchos casos, a la hora de elaborar las normas o de
analizar los conflictos. Resulta irónico o paradójico (cuando no, hipócrita), hablar de
cooperación y solidaridad en instituciones y grupos que fomentan el individualismo y la
competitividad (los alumnos, colocados de uno en uno en clase, sin hablarse, ni mirar
siquiera hacia el cuaderno del otro…), o exigir responsabilidad cuando la sumisión es el
mejor salvoconducto para la supervivencia y el “éxito”. Se aprende para el examen la lección
del libro, se aprende para la vida lo que sucede en la práctica. Conviene observar la
respuesta y plantearse la pregunta: ¿es posible educar en democracia, en el respeto, en la
solidaridad, en la cooperación…, dentro de una institución que es insolidaria, competitiva y
autoritaria?
7

Se podría pensar, según lo expuesto hasta aquí, que el currículum oculto sólo tiene
consecuencias negativas, y no es así. Existen muchas instituciones que, en principio, parecen
rígidas o autoritarias, y en la práctica, cuando nos acercamos a ellas, percibimos un clima
más afectuoso, cálido, de respeto y con relaciones más constructivas entre sus miembros de
lo que un pre-juicio estereotipado y basado en aspectos externos, podría hacernos creer,
gracias a la existencia de un currículum oculto.
Del mismo modo, sería equivocado concluir que el currículum oculto es algo inamovible e
inmodificable. Existen circunstancias que pueden modificarlo más o menos
significativamente; por ejemplo, cuando la llegada de nuevos miembros, en un porcentaje
alto, distorsiona la estabilidad de las rutinas, costumbres, etc. interiorizadas y
automatizadas. Son momentos de crisis y cambios profundos en las instituciones y colectivos
que no siempre se reflejan en los documentos (normativas, reglamentos) que rigen su
funcionamiento.
Lo Invisible
Podríamos decir que es la zona más oscura, una especie de agujero negro, de inexistencia
aparente. Porque todo sigue ahí… actuando, funcionando, ejerciendo su influencia sobre el
entorno y sobre cada uno de nosotros.
una mirada a luz de la sombra
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Encontramos aquí el conjunto de tendencias, actitudes y sentimientos “negativos” que,
conformando las sombras individuales, son compartidos por los integrantes del grupo,
dando lugar, por tanto, a la sombra colectiva o institucional: la ira, la envidia el rechazo, la
violencia, la mentira, el odio, el miedo, la sexualidad, la espontaneidad, la curiosidad,… La no
aceptación como parte integrante de nuestra humanidad (la de tod@s y cada uno), impide
que sean reconocidas, pueda dárseles su espacio y consigan cumplir su función.
Cada uno de esos sentimientos y actitudes tiene su objeto, trae su mensaje a nuestra vida.
Intentar construir un mundo sin ellos, implica ir amputando partes importantes de los seres
de ese mundo. Sin embargo, ni siquiera eso es posible. Podemos pensar que estamos
“podando arbolitos para que crezcan más fuertes”, o “arrancando malas hierbas” pero no es
así. Todos ellos (sentimientos, actitudes, deseos, anhelos…) forman parte de nuestra
naturaleza y permanecen en nosotros, de una forma o de otra (y, por lo tanto, también en
las instituciones, colectivos, etc…), acabando por manifestarse de alguna manera.
Cuando sentimos un deseo, o un sentimiento, muy intenso y lo relegamos a la sombra actúa
desde ahí, sin tener en cuenta a los demás, buscando gratificaciones sustitutorias, o dando
lugar a proyecciones y resistencias, acabando por convertirse en “síntomas” de malestar
(personales y grupales). Todo ello sucede sin que seamos conscientes, tanto en el plano
individual como colectivo, dando lugar a “explicaciones lógicas y racionales coherentes” con
la cultura (costumbres, creencias, ideología, etc…) de cada momento y situación.
“Pero, por más que intente negarlas, las tendencias no desaparecen y, puesto que son del
individuo, lo único que hace es fingir, “hacer como si” pertenecieran a otro, a cualquiera,
siempre que no sea él. De modo que, en realidad, lo que consigue no es negarlas, sino
solamente negar que le pertenecen. Así llega a creer de veras que estas tendencias no son de
él, que le son ajenas y externas”
9

Este mecanismo, que tan bien describe Wilber, se da igualmente tanto a nivel colectivo y
como grupal.
Una de las consecuencias de este endosar al exterior lo interior (lo que nos es propio), como
ya hemos visto, son las proyecciones. Esta forma de “deshacernos” de lo que no queremos,
tiene dos consecuencias principales. Primero la sensación de la ausencia, la falta en uno
mismo, de ese impulso, rasgo o tendencia. Y después el que aparezca, ”ahí fuera”, por todas
partes. Todo lo cual tiene por objetivo ”demostrar enérgicamente” que eso no nos
pertenece. Uno de los fenómenos que pone más en evidencia este afán de externalizar la
sombra grupal o institucional es lo que se conoce como “la caza de brujas” o “el chivo
expiatorio”. Se trata de buscar, y encontrar, un grupo o una persona al que poder colgarle
todo aquello de lo que necesitamos “deshacernos”; al configurar a otros (o a otro) como la
encarnación del mal, podemos ya, “tranquilamente”, tomar posesión y “autocoronarnos”
como los representantes y defensores del bien, aspecto éste que trataremos más adelante.
una mirada a luz de la sombra
20

Aparece, además, una tercera consecuencia: los síntomas. Cada una de las tendencias,
anhelos, emociones,… que intentamos negar puede manifestarse en nosotros (o en el grupo)
convertido en un síntoma de malestar (que será interpretado por nuestra mente, muchas
veces, como la consecuencia de una agresión del entorno, en lugar de cómo una proyección
que nos resistimos a aceptar)
Algunos de estos síntomas permanecen negados y ocultos, también, a su vez. Así en la
educación familiar los casos de abandono, malos tratos (de cualquier tipo), abusos, etc.. son
el síntoma escondido (hasta que sale, muchas veces trágicamente, a la luz) Del mismo modo,
en el ámbito escolar, el acoso, la marginación y el rechazo, la incomunicación, el ignorar a
algunos de sus miembros, la clasificación –ranking- de los alumn@s, las diferencias en el
trato y abordaje de situaciones conflictivas, la falta de cooperación…, tanto entre el
alumnado como entre el profesorado, pueden estar presentes y ocultos, negados, al mismo
tiempo. Las instituciones, como las personas individuales, basan, en muchas ocasiones, su
“prestigio social” en la negación y ocultación de determinados hechos y situaciones que, a
toda costa, quieren demostrar les son ajenos y externos.
No todos estos síntomas, sin embargo, permanecen totalmente ocultos en todas las
situaciones y en todos los colectivos, bien porque dan lugar, a su vez, a otros síntomas
secundarios, bien porque “asoman en la superficie como la punta del iceberg” Es lo que se
hace visible pero se vive como indeseable.

Lo Indeseable
Dentro de este proceso de construcción, experiencia y consecuencias de la sombra colectiva,
en el que “pareciera que el grupo hubiera decidido sinérgicamente despojarse de ciertas y
tratara de entorpecer cualquier intento de sacarlas del saco, surgen las interferencias
[inevitables] con los procesos de desarrollo personales (…) podríamos decir, en ese sentido,
que resulta más comprometido vivir en sociedad que permanecer aislado en la naturaleza”
2
,
surgen una serie de síntomas, reacciones, sentimientos, actitudes… que vienen a poner de
manifiesto de forma colectiva el malestar grupal.
Así aparecen síntomas que “enturbian” las relaciones dentro del grupo: desencuentros,
incluso odios y enfrentamientos feroces entre sus miembros (conocidos y visibilizados,
aunque “se guarden las formas” en mayor o menor medida), incapacidad o mala disposición
para el trabajo en equipo y la cooperación, sentimientos de inferioridad o superioridad,…
Otros, los más visibles, cara al exterior sobre todo, son compartidos por la generalidad del
colectivo y suelen encarnarse en actitudes y discursos habituales. Aquí podemos encontrar
un conjunto de sentimientos, sensaciones y/o percepciones de la realidad que raras veces
suelen darse aisladas, pero que aún a riesgo de simplificar demasiado, intentaré exponer
aquí distinguiéndolas para facilitar su reconocimiento y observación.
una mirada a luz de la sombra
21

En cuanto a los adultos:
-la frustración por las expectativas no cumplidas (que oculta muchas veces un
sentimiento de fracaso personal o profesional),
-la impotencia (ante situaciones que “nos superan” por la expectativa “salvadora” que
conlleva muchas veces el papel de padre/profesor),
-la omnipotencia (el egocentrismo del profesorado: “yo poseo toda la verdad (bondad),
los demás están equivocados”, no se admiten las críticas o los disensos porque se viven
como amenazas (se pone en riesgo su autoridad o su papel hegemónico) o como juicios
invalidantes)
-el victimismo (producto y combinación de las anteriores, que nos libra de asumir nuestra
responsabilidad y nuestros límites),
-el agotamiento (una especie de ausencia de energía e impulso diferente al cansancio
físico, que sentimos en contraposición a la fuerza y entusiasmo con que llegamos a la
paternidad o a la docencia),
-el desencuentro con los otros sectores de la institución familiar o escolar -profesores,
familias, alumnos, otros profesionales…- (podemos incluir aquí el fenómeno “echar
balones fuera”),
-el individualismo (“esto no va conmigo”, “sálvese el que pueda”, “el último que apague la
luz”)
Otros, menos perceptibles (a medio camino entre lo invisible y lo indeseable) y que subyacen
en los anteriores, a saber:
-La culpabilización de los alumnos por parte del profesorado. Es la manifestación del
miedo a los alumnos (una forma de enfrentamiento entre sectores o colectivos, en la que
el profesorado se siente víctima del colectivo que habría de ser “dominado”, una especie
de “relación de poder invertida”: el profesor entrega su poder personal, al ser atrapado -
¡devorado!- por su sombra)
-El corporativismo (los miembros de un grupo –padres, profesorado, alumnado- se
justifican, defienden entre ellos, en una actitud acrítica, irreflexiva e inconsciente; en el
fondo se trata de ver a los demás como una amenaza para la propia seguridad, bienestar,
etc…)

En cuanto a los niñ@s:
-Mala o nula resistencia a la frustración. Los niñ@s necesitan ser guiados y acompañados
para experimentar y aprender de sus errores; la falta de límites (dentro del marco del
respeto y la libertad), de apoyo y de un espacio de confianza afectiva, les hace sentirse
inseguros y amenazados ante cualquier pérdida, insatisfacción o expectativa no cumplida.
-“Pandillismo” y “deambulación callejera”. Los niñ@s que no se sienten cuidados y
protegidos adecuadamente generan sus propios mecanismos de autosuficiencia y
una mirada a luz de la sombra
22

autoayuda; los adultos dejan de ser los referentes y se buscan modelos en otros
personajes (populares, famosos) o pares (otros niñ@s) del entorno.
-El individualismo, la competitividad a ultranza, la baja o nula empatía. La valoración más
común (familiar y escolar), el criterio principal para la autoestima es el “éxito” en las
calificaciones escolares o en la vida; la adicción al trabajo, la ambición de determinados
estatus sociales, la posesión de bienes que nos señalen como triunfadores social y
económicamente,… no estimulan precisamente la empatía, la colaboración y la
solidaridad.
-El fracaso escolar, absentismo, abandono de la escuela, falta de interés, incapacidad para
aprender contenidos escolares. La institución escolar no suele valorar el error como hito
fundamental en el proceso de aprendizaje, ni la curiosidad espontánea ante los
“fenómenos cotidianos”, ni la libertad (amorosamente acompañada y apoyada) como vía
insustituible hacia la responsabilidad. En ocasiones los alumnos responden a los
sentimientos de presión desentendiéndose de sus tareas; esto que, normalmente, se
interpreta como “pasotismo”, falta de interés o “escaqueo” puede responder a un exceso
autoexigencia por parte del propio alumno que le lleva a pensar que será incapaz de
cumplir las expectativas que siente sobre él (también las auto-expectativas) y opta por
“tirar la toalla” antes de correr el riesgo de fracasar.
-La inquietud extrema, con graves problemas para centrar la atención, auto-organizarse y
darse cuenta de sus dificultades, logros… Cada vez encontramos más niñ@s que optan
por marginarse de las actividades normalizadas, en una especie de “rebeldía pasota”. Una
baja autoestima, una negación de sí mismo y de la realidad producida por la enorme
dificultad para poder aceptar sus circunstancias de falta de cuidado, reconocimiento y
afecto.






¥


una mirada a luz de la sombra
23




La tarea de educar entre el bien y el mal.
La familia y la escuela, “templos del bien”

Convertir en ideal la persecución del bien es como querer desembarazarse de la izquierda
doblando constantemente a la derecha, un camino de círculos.

El colegio poco me enseñó,
si es por esos libros, nunca aprendo
a empezar la casa por tejado,
a poder dormir cuando tú no estás a mi lado…
Menos mal que fui un poco granuja:
todo lo que sé, me lo enseñó una bruja.
“La casa por el tejado” -Fito y Fitipaldis (canción pop-rock, 1ª década-siglo XXI)

La familia y la escuela son las dos instituciones que asumen, como su tarea principal, la
preparación de los nuevos individuos para “salir al mundo y enfrentarse a la vida”.
Es lógico pensar que el legado que se ha de trasmitir a los nuevos miembros sea una
selección de lo “mejor” que nuestra cultura (entendida en el sentido más amplio posible)
posee. Es decir, en ese legado, equipaje para el futuro, habrá de incorporarse todo lo que
consideramos “bueno”, al mismo tiempo que evitamos que se nos cuele de soslayo algún
elemento catalogado como “malo”.
Es por ello que tanto en la familia como en la escuela, la distinción entre lo considerado “el
bien” y lo considerado “el mal” sea una de las principales preocupaciones. Es más, me
atrevería a decir que, en demasiados casos, es su pre-ocupación y tarea principal. De alguna
forma asumen la representación (junto con las iglesias y otras instituciones religiosas) de la
“luz y la bondad”.
Y esta necesidad de distinguir y de seleccionar está íntimamente relacionada con el proceso
de configuración de la sombra en todas sus dimensiones y con sus manifestaciones. Digamos
que es el mismo proceso. Entonces la configuración y construcción en cada individuo y, lo
que es lo mismo, el trazado de la línea que separa el bien y el mal, se produce en el seno de
las instituciones educativas, es su cometido fundamental. Quiero insistir en esto, aún a
riesgo de ser reiterativa en exceso, porque siento que tomar conciencia de ello es el primer
paso para poder intervenir, “hacer las cosas de otra manera”
una mirada a luz de la sombra
24


“En una cultura que se guía por modelos ideales como la nuestra, el lado amable de la
personalidad tiende a hacerse cada vez más ‘amable’ y a anular otros aspectos”
2


“Hay muchas personas que no viven su propia vida y lo desconocen todo sobre su verdadera
naturaleza. Estas personas hacen auténticos esfuerzos para “adaptarse”, para no llevar
nunca la contraria y cumplir exactamente lo que las opiniones, las normas, las reglas y los
convencionalismos del entorno consideran “adecuado”. Esas personas son esclavas del “qué
dirán”, de “lo que hacen los demás”, etc…”
10

Cuando tratamos de conformar (y de ser) individuos “exclusivamente buenos”, es decir nos
identificamos exclusivamente con (lo que consideramos) “el bien”, nos desconectamos de la
realidad (y de nuestra/s sombra/s). Mantener a ultranza esa división y cerrazón (interna y
externamente) entre el bien y el mal, supone un coste de energía que acaba por dejarnos
extenuados. Luchar por ser “exclusivamente buenos” se convierte en una pose, una forma
de engañarse a uno mismo. “De este modo se desarrolla la persona, la máscara de bondad
tras la que encubrir nuestro ego”
11

Esta es una de las características de la “cultura patriarcal” de nuestros tiempos. Aunque en la
escuela y la familia sean las mujeres las que asumen mayoritariamente estas tareas, el
pensamiento dominante está imbuido del “elemento masculino”: a la luz del sol, esto es una
cosa y aquello es otra completamente diferente; [desde “lo femenino”] sin embargo, se
contemplan, también, las cosas iluminadas a la luz de la luna, se ven mucho más
entremezcladas y no son tan nítidas, de modo que no resulta tan fácil establecer una
diferencia tan rotunda.
11

Esta rotundidad “masculina” de la sociedad patriarcal, que impera en la mayor parte de las
religiones y formas de pensamiento más generalizado en occidente, convierte a la escuela y
a la familia en una especie de “templos del bien” en los que “el mal” no puede ni debe entrar.
Por ello nos encontramos, en muchas ocasiones, gran cantidad de sufrimiento y malestar
ocasionado por esa batalla sin tregua, grandes dosis de arrogancia bajo un disfraz de bondad
y virtud, o una “inmejorable convivencia” como tapadera del autoritarismo censor y
controlador.
Quizá, por eso, también, las instituciones, como las personas acaban encontrando
“compensaciones defensivas” en las que refugiarse y que dan “sentido” a esa lucha
desgastante. Podríamos hablar, por ejemplo:
-de la necesidad y búsqueda del éxito diferenciador (logro visible y que marca diferencias
entre los individuos/instituciones exitosos y los que no consiguen serlo): calificaciones
académicas y un buen puesto en el ranking de centros; alta consideración y prestigio
social; excelencia; etc.
-del papel distorsionado y codependiente de algunas instituciones educativas: codicia;
clientelismo; docilidad y sumisión al poder establecido; etc.
una mirada a luz de la sombra
25

-del exhibicionismo de recursos materiales, instalaciones, etc. aunque éstos no se
traduzcan en una mejora de la calidad de vida o los servicios que se presten a ello;
-del narcisismo, egocentrismo (mirarnos el ombligo continuamente); de la manipulación
de y por los demás; del abuso de poder…
Pero ¿de qué estamos hablando cuando decimos “el bien” y “el mal”?
Volvemos a los principios. Podemos asociar la sombra con “el mal”, todo lo que se considera
digno de ser expuesto a la luz sería “el bien”
Así, si hemos guardado en el saco la voz, el movimiento, la creatividad, el pensamiento
autónomo, la expresión sincera de las emociones, etc… “el bien” tendrá que ver con la
obediencia, el “enmudecimiento y la sordera”, la docilidad, la moralidad, y andará muy
cerca de los bloqueos y las mentiras que puedan proporcionarnos buenas coartadas.


“…la forma en que de ordinario intentamos resolver estos problemas es tratar de extirpar
uno de los opuestos. Encaramos el problema del bien y del mal procurando exterminar el
mal”
9
Porque el objetivo no es sólo estar permanente alerta y en lucha constante para que “el mal
no se nos meta en casa”, en muchas ocasiones hay otra meta más ambiciosa: la
desaparición, la erradicación de todo lo que puede ser así considerado.
Así los padres y otros educadores pueden acabar convirtiéndose en una especie de
“sacerdotes (y sacerdotisas) de los templos del bien”, sintiendo sobre ellos tanto el derecho
y la superioridad del ”ministerio”, como el gran peso que eso supone, sobre sus ya
sobrecargadas espaldas (no olvidemos que cada uno soporta ya su propio saco). Lo que
supone, en unos casos, sentirse con el derecho (y la obligación) de enjuiciar y tratar de
controlar con esfuerzo a los demás (fundamentalmente a los niñ@s a su cargo). Y, en otros,
un gran sentimiento de culpa por la ”complicidad- inconsciente” en las situaciones que se
producen y consecuencias no deseadas (“daños colaterales”), síntomas del malestar
anteriormente expuestos.
De manera que la apasionada lucha que muchos de ellos/nosotros (padres/profes-
sacerdotes) emprenden contra los conflictos y “demonios de este mundo” no es más que un
sofisticado combate con las propias sombras.

҉
una mirada a luz de la sombra
26



Esa delgada línea intransitable…………

“Pasamos los primeros veinte años de nuestra vida decidiendo qué partes de nosotros
mismos debemos meter en el saco y ocupamos el resto tratando de vaciarlo”
-Robert Bly
“Cuando un individuo dibuja los límites de su alma, establece al mismo tiempo las
batallas de su alma”
-Ken Wilber
“La aceptación de uno mismo es la esencia del problema moral y el epítome de
cualquier comprensión global de la vida. Dar de comer a los hambrientos, perdonar los
agravios y amar a nuestros enemigos en nombre de Cristo son, sin duda, grandes
virtudes. Lo que hago al último de mis hermanos se lo hago también a Cristo. Pero ¿qué
sucede cuando descubro que el más insignificante de todos ellos, el más miserable de
los mendigos, el más procaz de los pecadores y el verdadero enemigo, se hallan en mi
interior y que soy yo mismo quien necesita de la limosna de mi propia amistad, que soy
yo el enemigo que debe ser amado?”
-Carl Jung

Amor y abrazo a la sombra.

La sombra siempre tiene algo que decir y que hacer: o bien nos apropiamos de ella o ella se
apropiará de nosotros.

“Cuando todo da lo mismo ¿por qué no hacer alpinismo?
-Javier Krahe (Cantautor- final siglo XX)
Hemos venido planteando hasta aquí como la construcción, la interactuación de la sombra
personal y colectiva y sus manifestaciones (negación, proyecciones, resistencias), dan lugar a
un conjunto de síntomas que configuran algo así como “el estado (individual y colectivo) del
malestar”
“Esta infelicidad básica ante la vida oculta el embrión de una inteligencia en desarrollo,
especial, generalmente sepultada bajo el peso inmenso de las farsas sociales(…) Cuando una
persona comienza a experimentar el sufrimiento de la vida, empieza al mismo tiempo a tener
conciencia de realidades más profundas y más válidas, pues el sufrimiento destruye la
complacencia de nuestras ficciones habituales acerca de la realidad y nos obliga a despertar
en un sentido especial: a ver con cuidado, a sentir con profundidad, a establecer contacto con
una mirada a luz de la sombra
27

nosotros mismos y con nuestro mundo, y hacerlo de maneras que hasta entonces habíamos
evitado.”
9

En efecto, cuando todo parece ir mal a nuestro alrededor, cuando nada funciona como
debería, tenemos dos opciones. Una es refugiarnos en nuestro malestar, utilizarlo como un
escudo, una coraza más entre nosotros y la realidad, una nueva (y, por cierto, inmejorable)
excusa para culpabilizar(-nos), victimizar(-nos); eximiéndonos de toda responsabilidad sobre
nuestra propia vida y circunstancias, con lo que ello conlleva de parálisis, bloqueo, falta de
energía, etc. Otra es la de mirarle a los ojos, observarle, escucharle, aceptarle como nuestro
y asumir el mensaje cifrado y la gran carga de energía que hay detrás de todo. Siento que la
primera opción es algo así como un callejón sin salida que nos negara la posibilidad de sentir
y disfrutar. Mi experiencia personal me dice que la segunda, sin ser una vía fácil y no exenta
de riesgos, es el camino hacia la vida, el que ella misma (la vida) nos muestra y nos regala.
“No es un bien, pero si una buena señal, …[en palabras de Wilber]… el sufrimiento es,
entonces, el primer paso hacia el reconocimiento de las falsas demarcaciones [límites,
separaciones entre opuestos] y si se entiende correctamente, es liberador”
9

Nuestro malestar, nuestro sufrimiento, no es producido por una enfermedad o un daño
físico (más bien esas podrían ser algunas de las consecuencias), sino porque está
emergiendo una forma de intuición inteligente, que nos avisa, nos recuerda, algo que
siempre hemos sabido (que siempre ha estado en nosotros), que reclama su espacio y su
acción. Sin embargo, es necesario entender correctamente el sufrimiento para no abortar el
nacimiento de esta intuición. Es preciso interpretar bien el sufrimiento para poder penetrar
en él, vivirlo y trascenderlo al fin. Una mala comprensión puede suponer que nos
atasquemos en mitad del sufrimiento, nos revolquemos en él, sin saber qué más podemos
hacer, y nos encontraríamos con las mismas consecuencias que exponíamos anteriormente
para la primera opción.
“Para ello [desmantelar una proyección], el primer paso, el paso preliminar, consiste en
comprender que lo que consideramos que el entorno nos hace de manera mecánica no es
más que lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos. Nosotros somos los únicos
responsables”
12

Así, ese primer paso consiste en ser plenamente consciente de “mi síntoma”, es decir del
malestar que siento, (ya sea personal, compartido y/o generalizado en un colectivo),
establecer contacto con él y sentirlo plenamente, aceptándolo y expresándolo (no huyendo,
disfrazándolo y/o negándolo); comprendiendo que somos los únicos responsables de ello: el
malestar no es algo que pasa entre el medio externo (los demás, el trabajo, la situación
sociopolítica,…) y yo, sino que tiene lugar exclusivamente en mi interior. Este cambio de
actitud supone que, en lugar de alienar mis sensaciones, sentimientos… que conforman mi
malestar, en vez de desvincularme de ellos y protestar por ser una víctima, he asumido la
responsabilidad de lo que estoy haciendo conmigo mismo.
una mirada a luz de la sombra
28

El segundo paso consiste en invertir el sentido de la proyección y hacer amablemente a los
demás lo que nos hemos estado haciendo despiadadamente a nosotros mismos, o lo que es
lo mismo: reconocer nuestros propios sentimientos de hostilidad, odio, ira, rechazo, etc… en
los que “percibimos” que nos hacen llegar los demás (de “todo el mundo me rechaza” a
“¡rechazo a todo el maldito mundo!”, de “tengo que” a “¡quiero!”, de “me siento
presionado, obligado, a ayudar a los demás” a “deseo ayudar y cooperar con mis
semejantes”)
A modo de experimento personal, si queremos saber cómo ve el resto del mundo nuestra
sombra, no tenemos más que asumir exactamente lo opuesto de lo que conscientemente
deseemos, queramos, sintamos, necesitemos, intentemos o creamos.
El trabajo con la sombra nos obliga a iluminar los rincones más oscuros de nuestra mente,
allí donde escondemos nuestros secretos más vergonzosos y amordazamos nuestros
impulsos más violentos. Trabajar con la sombra nos obliga a adoptar otros puntos de vista, a
responder a las demandas de la vida con nuestras cualidades menos desarrolladas, con
nuestras facetas más instintivas, a experimentarla tensión de los opuestos. Trabajar con la
sombra no es más que una actitud, empezar aceptando y tomando seriamente en cuenta su
existencia, para más adelante percatarse de sus cualidades e intenciones y, por fin, afrontar
la inevitable y laboriosa tarea de negociar con ella (Jung).
Ahora bien, por más esfuerzos que realicemos, y por más prolongadas que sean las
negociaciones que llevemos a cabo para reapropiarnos de nuestra sombra, el resultado es
incierto: no sabemos, de ningún ser humano que haya hecho consciente toda la vergüenza,
la avaricia, la rabia, el racismo, los celos, la tendencia a fabricar enemigos…, no conocemos la
existencia, en suma, de ningún ser humano que haya dejado de proyectar sobre los demás
sus mezquindades más oscuras o sus aspiraciones más elevadas. En realidad, el proceso para
el descubrimiento de la sombra es interminable; cada vez que afrontamos un nuevo miedo,
cada vez que aceptamos algo que previamente habíamos rechazado, descubrimos la
existencia de otra “capa” más profunda; en el momento más insospechado podemos
encontrarnos con que las cualidades que nos parecían más atractivas revelan sus facetas
más oscuras y que aquellas que nos resultaban más insoportables se convierten, por el
contario, en sumamente interesantes. En cada experiencia de este tipo nuestra identidad se
expande hasta incluir (reconocimiento y aceptación) las características que habíamos
rechazado y negado en nosotros mismos y habíamos “colgado” sobre los demás.

Algo así como una sucesión interminable de abrazos (a nuestra/s propia/s sombra/s)
interminable, abrazos que suponen la fusión de los “amantes”, la integración y la expansión.
La vida se convierte en un incesante acto de amor hacia nosotros mismos, expandiéndose
hacia todo lo que nos rodea, rompiendo las barreras, mutando las fronteras en puntos de
conexión, los enemigos en amigos…
una mirada a luz de la sombra
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Amor e Integración

“¿Se ha preguntado alguna vez por qué la vida se presenta como una serie de opuestos? ¿Por
qué todo lo que valoramos es un elemento de un par de opuestos? ¿Por qué todas las
decisiones se toman entre opuestos, y en ellos se basan todos los deseos?”
9

Quizá nunca nos hayamos parado a pensarlo… pero así es en realidad. Todo nuestro
pensamiento, nuestra cultura ancestral está montada a base de opuestos. Una especie de
estructura generada por nuestra mente racional. Un invento humano.
En la naturaleza existen características diferentes pero no opuestos. Hay árboles grandes,
pequeños y… medianos, pero el árbol no tiene que elegir entre ser alto o bajo, ser lo uno o lo
otro forma parte de su especie o de su proceso de desarrollo vital. Los humanos hemos
“creado” el concepto de opuesto, algo que supone una categorización y una elección: o se es
o no se es, y si se es una cosa no se puede ser otra.
Ken Wilber nos narra, a modo de cuento ancestral, como Adán, en los orígenes del mundo,
se dedicó en el Paraíso a poner nombres a las cosas: a éstas llamaré plantas, a éstos otros,
animales, a esto mar y a esto tierra…. De manera que al mismo tiempo que denominaba
clasificaba y trazaba en su mente una línea separadora entre los objetos con diferente
denominación (lo que el autor denomina demarcación). Mientras se dedicó a poner nombres
a las cosas todo fue bien (llamar a las cosas por su nombre ayuda a comunicarse); animado
por su éxito fue nombrando, también, las cualidades de las cosas nombradas (alto, redondo,
verde, rojo, grande…) y trazando demarcaciones, así siguió hasta que un día decidió probar
del árbol del bien y del mal…. Y esa demarcación lo cambió todo. Había nacido el juicio, la
moralidad, y como consecuencia Adán y todos sus descendientes fueron expulsados del
Paraíso.

“Lo que caracteriza a una demarcación es que, por más compleja y enrarecida que sea, de
hecho no delimita otra cosa que un dentro y un fuera”
9

Una demarcación es lo que separa, en el más intenso sentido de la palabra, dando lugar a la
incompatibilidad e imposibilidad de coexistencia de esas cualidades o categorías
convirtiéndolas en opuestos. De manera que como todo par de opuestos implica una
valoración categórica incompatible y una elección, no es posible estar dentro del bien y del
mal al mismo tiempo.
Este “mecanismo mental” separador y desintegrador es básico en la configuración de la
sombra, ante cada emoción, sentimiento, acción, deseo, tendencia, peculiaridad, etc. hemos
de decidir si nos quedamos con “ellos” o su contrario, porque todos tienen su opuesto e
incompatible.
una mirada a luz de la sombra
30

Desde la división primigenia –yo y el mundo exterior (no yo)- estás líneas divisorias, van
constriñendo nuestra conciencia, aislándonos como seres separados del resto (de la
humanidad, de la naturaleza, del universo…)
“Librar batalla es trazar una línea que separa a quiénes están con nosotros de quiénes están
en contra (…) Es del todo evidente que, desde los incidentes secundarios a las grandes crisis,
desde las decisiones menudas a los actos trascendentes, desde una cierta preferencia a una
pasión avasalladora, nuestra vida es un establecimiento de fronteras”
9

Separamos todo aquello que hemos identificado como “nuestro” –aceptable, positivo- y que
pretendemos que gobierne nuestra vida, desterrando lo que nos parece negativo o
inapropiado –sus opuestos- al mundo exterior –de los otros. Nos “quedamos” con las
personas, los hechos, las situaciones, los datos… que se ajustan a las fronteras que hemos
establecido anteriormente, generando así nuevas y “mejores” fronteras.
“Y el mundo de los opuestos es un mundo de conflictos (…) Lo cierto es que vivimos en un
mundo de conflicto y oposición porque es un mundo de demarcaciones y fronteras. Y puesto
que cada línea fronteriza es también una línea de batalla, henos aquí con la difícil situación
humana: cuanto más firmes son nuestras fronteras, más encarnizadas son nuestras
batallas”
9

Batallas que además de producir un gran desgaste de energía personal tienen una paradójica
consecuencia: cuánto más encarnizadas son, más fortalecido resulta “el enemigo”: “Cuanto
más voy en pos del bien, tanto más me obsesiona el mal. Cuantos más éxitos busco mayor
será mi terror al fracaso (…) de modo que cuanto más intenta uno progresar, tanto más
agudamente descontento se siente. Al pensar ciegamente en el progreso, nuestra civilización
ha institucionalizado, en efecto, la frustración. Porque en nuestro intento de acentuar lo
positivo y eliminar lo negativo, hemos olvidado por completo que lo positivo sólo se define en
función de lo negativo (…) Destruir lo negativo es, al mismo tiempo, destruir toda posibilidad
de disfrutar de lo positivo”
9

Una de las características de nuestra época es, sin duda, el sentimiento de frustración,
desilusión, desencanto y desesperanza. Uno de los “motores” sociales impuesto en el
pensamiento dominante ha sido, y es, la búsqueda, la necesidad, de éxito social, económico,
profesional,… entendido como el acceso a una categoría “superior” en esos campos
(dependiendo de cada caso puede considerarse uno, varios o todos ellos). Y por tanto la
configuración de un devastador sentimiento de fracaso (cuando no se consigue el ansiado
éxito -o sea, frecuentemente) hacia uno mismo y hacia los demás, descalificador y
vergonzante, que termina por marginar a sus “portadores”.
Este tipo de mecanismos es patente en la vida escolar y familiar. Los niños y niñas acaban
siendo valorados y reconocidos por sus resultados académicos, considerados “el orgullo o la
vergüenza” de sus familias o profesores.
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31

“Ahora bien, utilizar los opuestos, ser consciente y, finalmente, re-apropiarnos de ellos no
significa necesariamente actuar según sus dictados”
9

Para tomar cualquier decisión válida debemos ser plenamente conscientes de ambos
aspectos, de ambos opuestos, porque si una de las dos alternativas permanece inconsciente
nuestra decisión será necesariamente inadecuada.
Quizá el primer opuesto al que conviene dejar pasar la línea, es al de nuestro propio
malestar, aceptándolo y reconociéndolo como algo nuestro y de lo que somos responsables,
dándonos cuenta de nuestra resistencia a abandonar la trinchera de ese conjunta de
sensaciones que aún siendo molestas y desagradables nos proporcionan un cómodo refugio.
El paso siguiente podría ser hacer espacio en nuestro interior, también en nuestra mente;
observar como aquellos aspectos o características propias que negamos o sentimos
extremadamente ajenas, aparecen en nuestros sentimientos, sensaciones, anhelos, gestos
palabras. Un ejercicio de atención sostenida nos dará muchas, muchísimas, pistas.
Podríamos continuar por perdernos el miedo. Tenemos un gran miedo de nosotros mismos,
de lo que podríamos ser capaces de hacer si abriésemos la puerta, si cayeran las fronteras.
Cuando nos observamos en una situación de conflicto, por ejemplo, rápidamente entramos
en el juego de lo que es, lo que pretende, lo que hizo… el otro. Si ahí, en ese punto,
volvemos la mirada hacia nosotros mismos: lo que pretendo, lo que siento, lo que hago, lo
que soy… hacia todo lo que está sucediendo en mi interior, puede que nos asustemos, puede
que no nos guste, puede que sintamos el vértigo de la falta de coartada por no poder culpar
al otro por ello y puede, también, que descubramos algo. Porque las líneas que separan los
opuestos sólo están en nuestra mente. Descubrir que puedo ser amable y hostil, generosa y
mezquina, respetuosa y manipuladora, paciente e iracunda…. Y aceptarme, amarme y
sentirme agradecida por serlo todo. Porque todo ello está en mí y en mis semejantes,
porque puedo reconocerme en cada uno de ellos, en cualquier ocasión. Porque todo ello
forma parte de la humanidad que compartimos. Así, la línea de separación se convierte en
punto de contacto.
Integrar los opuestos forma parte del abrazo amoroso a nuestra sombra. Los opuestos,
todos, están en nosotros, más o menos visibles, más o menos soterrados en el fondo del
saco. Cuanto más visible es uno de los extremos, más oculto y profundo su opuesto y, sin
embargo, está también actuando en nosotros.
Cuanto más miremos y aceptemos las polaridades que nos habitan, cuanto más las
observemos, reconozcamos y seamos conscientes de ellas, menos nos agredirán desde el
exterior, más podremos comprendernos a nosotros mismos y a los que nos rodean.
Podremos sentir dolor, desesperanza, frustración, ira, celos… y sabremos de dónde nos
vienen, y hacia dónde nos quieren llevar; entonces ya no serán sombríos y devastadores,
sino hitos que nos trae el camino. Podremos sentir el dolor, la desesperanza, la ira, el
una mirada a luz de la sombra
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rechazo, la hostilidad, la envidia… en los otros, y no los viviremos como una amenaza de la
que necesitamos defendernos, luchando desaforadamente por nuestra supervivencia. La
integración de los opuestos, es nuestro abrazo interior, el re-encuentro con nosotros
mismos, y además es el abrazo a la humanidad, de la que nada nos es ajeno. Es la
reunificación de las partes separadas que nunca dejaron de pertenecerse unitariamente y
que al traspasar la línea divisoria, integrándose, se expanden. Es el Amor.

Amor y conciencia. Atención y presencia
Según Maturana, un organismo vivo es un organismo que se hace a sí mismo. Es decir, que
contiene en sí mismo las pautas, el orden, el ritmo especial de las actuaciones espontáneas
que habrán de conducirle en su propio proceso de desarrollo. En otra de sus obras El árbol
del conocimiento, al describir la historia de la vida en la tierra, llega a la conclusión de que
“La fuerza que hace posible todo este proceso es el amor”
13

Esa fuerza es algo que compartimos todos los seres, que habita y se genera en el interior de
todos y cada uno de los seres vivos,
“[Maturana y otros autores] equiparan el amor con “La aceptación del legítimo otro” El amor
es la fuerza impulsora que hace que una molécula se asocie a otra para juntas cooperar en
una estructura nueva común sin que ninguna de ellas renuncie a su particularidad. El mismo
principio se aplica cuando células, cada una con su propia estructura y con su propio núcleo,
se encadenan juntas en un tejido o en un órgano, cuando los tejidos y los órganos, cada uno
en su función específica y a su manera especial actúan juntos en un cuerpo”
14
.
En conclusión, el Amor es el motor y la esencia de la vida. Vida es Amor, Amor es Vida.

Cuando leo estos párrafos en el libro de Rebeka Wild, siento que todo encaja. Es la Vida,
nuestro propio proceso de desarrollo, quien nos hace encontrarnos con nuestra sombra; es
el Amor el que nos lleva a amigarnos con ella en sucesivos abrazos, para poder seguir
desarrollándonos como organismos vivos que somos.
Siento que “Ὧ⃝todo forma parte del mismo plan”.
La aceptación del legítimo otro significa integrar la otredad: desaparecen las fronteras,
integramos y abrazamos, sin pedir a cambio disfraces, transfiguraciones ni ocultismos, no
hay opuestos sólo cualidades características, que son puestas al servicio del objetivo
universal.
Por ello es tan importante, fundamental, que los adultos seamos cada vez más conscientes
de nuestra propia sombra, de nuestro inmenso jardín interior de opuestos. Y que lo
reconozcamos y aceptemos en nosotros, en primer lugar, para poder después reconocer y
aceptar a nuestros niñ@s con todo su equipaje a medio hacer.
una mirada a luz de la sombra
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“…los niños tienen un potencial particular para desarrollarse, y por lo tanto, tienen una
inconcebible necesidad de amor.
(…)
El amor como primera energía vital, debería estar a disposición de forma natural, y al mismo
tiempo poder experimentarse como “amor sin condiciones”. Todo ser humano, y en
particular todo niño, necesita la seguridad de que es amado en todas las situaciones:
-Incluso cuando el niño no posee las características que a sus padres les hubiera gustado.
-Incluso cuando tiene su propio ritmo en sus modos de actuar y de pensar.
-Incluso cuando por motivos inexplicables hace cosas que van en contra de nuestras
costumbres y de nuestros valores.
-Incluso cuando llora aparentemente sin motivo alguno.”
14
Siento, ahora, como nuestros niñ@s tan necesitados (dependientes) de nuestro
acompañamiento y apoyo en su proceso de desarrollo, acaban consiguiéndolo (como antaño
hicimos nosotros), las más de las veces, a costa de esconder, cambiar, amputar, negar partes
de sí mismos… ¡en un acto de Amor a su propia supervivencia!
Los niños necesitan nuestra amorosa atención a sus necesidades, sentir nuestra respetuosa
presencia para , apoyarles, hacerles experimentar, comprender y respetar los límites
convenientes para su desarrollo, reconociéndolos y aceptándolos tal y como son: seres
únicos y maravillosos que la vida nos regala como señales en nuestro camino. Nosotros, los
adultos, necesitamos ser conscientes de la fuerza del Amor que habita, también en nosotros,
y nos hace cómplices de la Vida, del auto-desarrollo propio y de nuestros niñ@s, porque uno
y otro son el mismo proceso vital.
Es la VIDA.
Amigarnos con nuestra sombra, abrazarla e integrarla; reconocer y aceptar nuestro mundo
de opuestos y contradicciones, haciéndonos conscientes de ellos, es aceptarnos,
comprendernos. Y ”movimiento” indispensable para abrazar a todos y a cada uno de
nuestr@s niños con sus cualidades características, acompañarles en su proceso de desarrollo
y toma de consciencia, aceptándoles y comprendiéndoles. Porque amarles es amarnos.
Es el AMOR.





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EPÍLOGO
Llega el momento de poner punto final a este trabajo.
Desde que empecé a leer, reflexionar, escribir, otra vez leer, profundizando en la reflexión,
re-escribiendo en ese ciclo creador que se genera cuando acomete una “obra” de este tipo,
dese esos inicios, repito, han pasado algunas cosas.
Una de ellas forma parte de esa magia de la vida de la que, de vez en cuando somos, testigos
privilegiados. Todo tipo de sombras, tanto propias como ajenas, se han manifestado a mi
alrededor como si hubieran sido invocadas en cada párrafo leído o escrito. Así, en una
especie de realidad virtual holográfica, cada vez que estaba leyendo o pretendía escribir
sobre alguno de los aspectos del tema, surgía en mi entorno próximo una manifestación
práctica, que me regalaba la experiencia real de la teoría, una vocecita dentro de mí decía
con admiración: “¡Esto es, esto es! Podía venir de cualquier parte de una situación en el
colegio o en casa, de una frase en la calle, escuchando la letra de una canción…
En ocasiones una sonrisa acompañaba el descubrimiento, en otras me ha conmovido
intensamente el sufrimiento y el malestar que acarreamos los seres humanos desde niños (a
veces, pienso cómo puede caber tanto sufrimiento en cuerpecitos tan pequeños…)
Todo ello me ha producido un gran estímulo para seguir buscando, leyendo, escribiendo,
investigando…
También han surgido dudas. Buscando alternativas a la idealización moralista de la
educación institucional y sus prácticas, he buceado en la filosofía de la educación Waldorf
(Steiner), en la experiencia de la escuela libre de Summerhill, en las prácticas de la educación
holística del Shumaker College, etc. Todas, sin duda, experiencias ricas que nos dicen que
hay un camino iniciado. Entonces miro a mi alrededor… Siento como unas veces me invade
la incertidumbre. En otras la confianza en la fuerza y en la sabiduría me devuelve al fluir de
la vida como fuente inagotable de energía.
En algún momento pensé que no iba a poder terminar porque más de una vez he estado a
punto de desechar lo que ya escrito y empezar de nuevo otro trabajo. He resistido el impulso
y he llegado hasta aquí.
Otro suceso reseñable ha sido el hecho de experimentar mis propios descubrimientos.
Nunca como en estas semanas había sido tan consciente de la importancia de aceptar e
integrar y de mi capacidad para hacerlo; de cómo ampliando la mirada, abriendo el angular,
la observación se convierte en integradora; de que el hecho de integrar el sufrimiento, por
una mirada a luz de la sombra
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ejemplo, nos ayuda a disolverlo (aunque sólo sea en parte); de que todos y cada uno de
nosotros, lo seres humanos, somos entes individuales y al mismo tiempo pertenecientes a la
totalidad que nos unifica. Cada Parte está en el Todo y el Todo está en cada Parte. Integrar
es el abrazo al Todo y con el Todo.
Y el que más me ha conmocionado ha sido el último. Sentir el AMOR como la fuerza de la
VIDA en todas sus manifestaciones, soltando todo juicio sobre cada una de ellas,
sencillamente mirando y viendo. Reconozco que me he quedado ahí en esa impresión última
que sospecho va a acompañarme durante mucho, mucho, mucho tiempo.
Desde los inicios, también estaba claro que habría una continuación práctica para este
trabajo, ahora lo siento más que nunca.
Una continuación que habrá de profundizar en la observación, el no juicio y la aceptación de
nuestro propio mundo interior, en la necesidad que todos y cada uno de nosotros, y más aún
nuestros niños, tenemos de ser vistos y reconocidos en nuestra integridad en nuestro ser
auténtico; en la capacidad que todos y cada uno de nosotros (niños y adultos) tenemos - los
niños pequeños lo hacen “sin querer”, después poco a poco van dejando de hacerlo- de
mirar, ver, reconocer, aceptar e integrar en un gran abrazo liberador todo lo que nos
pertenece, lo que auténtica y esencialmente SOMOS.
Y, entonces, poder abrir la senda hacia una práctica que pueda facilitar la conexión,
derribando los muros de tantas vergüenzas. Vivir plenamente. AMAR.

Muchas gracias.


Mataelpino, 20 de febrero de 2013








una mirada a luz de la sombra
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BIBLOGRAFÍA
“EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO”
Humberto Maturana
“EL ENIGMA DE LA DOCILIDAD”
Pedro García Olivo- Ed. Virus
“ENCUENTRO CON LA SOMBRA”
C. Jung, J. Campbell y otros. Edición a cargo de Connie Zweig y Jeremiah Abrams- Psikolibro
“ENTRE BASTIDORES: EL LADO OCULTO DE LA ORGANIZACIÓN ESCOLAR”
Miguel Ángel Santos Guerra-Ed. Aljibe
“INTERACCIÓN Y REFLEXIÓN” (CUADERNOS DE PEDAGOGÍA –Octubre 2012- nº 427)
J.L. Atienza, T. García Ferreiro, M. I. Miranda Álvarez y otros)
“LA CONCIENCIA SIN FRONTERAS”
Ken Wilber- Ed.Kairós
“LIBERTAD Y LÍMITES. AMOR Y RESPETO”
Rebeca Wild- Ed. Herder
“LOS NIÑOS Y JÓVENESDEL TERCER MILENIO”
Carlos Espinosa, Walter Maverino y Noemí Paymal- Ed. Sirio.
“OTRA ESCUELA ES POSIBLE”
Rafael Feito- Ed. Siglo XXI
CITAS

1
Miller, Alice “El Drama del Niño Dotado” /Ensayo/
2
Blay, Robert “El Gran Saco que todos arrastramos” /Artículo/
3
Hendrix, Harville. “La Creación del Falso Yo” /Artículo/
4
Bradshaw, Jhon “Educar a nuestra Vergonzosa Voz Interna” /Artículo/
5
Branden, Nathaniel “Asumir el Yo Enajenado” /Artículo/
6
Miller, William “El Descubrimiento de la Sombra en la Vida Cotidiana” /Artículo/
7
Maturana, Humberto-1999 “ (Citado por Santos Guerra en su artículo)
8
Santos Guerra, Miguel A. (Cat. de Didáctica y Organización Escolar-U. Málaga-España) “Currículum y aprendizaje en
valores” /Artículo/

9
Wilber, Ken “La Conciencia sin fronteras”
10
Jacobi, Jolande “The Way of Individuation”
11
Miller, Patrick “Lo que sabe la Sombra: entrevista con John A. Sanford” /Artículo/
12
Wilber, Ken “Asumir la responsabilidad de nuestra propia sombra” /Artículo/
13
Maturana, Humberto y Varela, Francesco “El árbol del conocimiento”
14
Wild, Rebeca “Libertad y límites. Respeto y Amor”
Los artículos correspondientes a las citas 1, 2, 3, 4, 6, 10, 11 y 12 pertenecen al ensayo “Encuentro con la
sombra”, coordinado por C. Zweig y J. Abrams.