¿Porqué las peleas de Steven Seagal gustan a tantos hombres y a tan pocas mujeres?

¿Porqué tantos hombres encuentran insufrible a Meg Ryan, mientras que sus personajes seducen irremediablemente a la mayoría de las mujeres? ¿Porqué Jane Austen resulta revolucionaria para unos y reaccionaria para otros? ¿Porqué películas como “El día de la independencia” o “Murieron con las botas puestas” pueden resultar crónicas patrióticas y heroicas del posible futuro o del supuesto pasado de los Estados Unidos de Norteamérica, si son los propios norteamericanos los que opinan; mientras que, si diésemos la palabra a los extraterrestres o a los indios sioux, dirían que son americanadas patrioteras con poco fundamento científico o histórico? Preguntas… y respuestas… No hace falta ser muy listo ni haber estudiado mucho, para comprender que ni los hombres son más inteligentes que las mujeres, ni tienen más capacidad para aprender. Tampoco necesitamos una carrera universitaria para llegar a la conclusión de que tienen más posibilidades de ser conservadores los que tienen algo que conservar, y más progresistas, los que necesitan enfrentarse a lo establecido para mejorar sus vidas, o las de una clase social, o incluso las de todo un pueblo . En los tiempos que corren, casi todos tenemos claro que ni todos los yanquis son héroes guapos y fuertes llamados a defender la ley y la justicia en el planeta tierra, ni los sioux representaron nunca una amenaza para el hombre blanco. Contrarios…y complementarios… Hombres y mujeres, poderosos y débiles, blancos y pieles rojas, conquistadores y conquistados. Los griegos inventaron la palabra antítesis, que significa oposición entre dos términos contrarios y complementarios. José Agustín Goytisolo escribió: “Los niños van por el sol y las niñas por la luna” Pablo Neruda dijo: “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido” Podemos ser contrarios, y precisamente por ello ser complementarios. Hombres y mujeres somos distintos, por suerte. No se trata de capacidad, se trata de sensibilidad, de composición química. Los conservadores son los guardianes de la tradición, algunas veces obsoleta, pero siempre necesaria para entender nuestra historia y para comprender a nuestros predecesores. Los progresistas proponen cambios, aceptando que hemos cometido errores, que hemos de corregirlos, que podemos cambiar y mejorar. Los norteamericanos inventaron a los superhéroes, y los sioux son reconocidos mártires de la diversidad. Existimos y tenemos sentido en función de nuestros contrarios y nuestros complementarios. Diferencias…y coincidencias… Historias para hombres o para mujeres, para abuelos o para jóvenes, historias tradicionales o innovadoras, cómicas o trágicas, fantásticas o realistas, mordaces o amables, eróticas o castas. Las historias impresionan a unos y dejan indiferentes a otros, a veces están llenas de vida, otras veces están vacías. Historias para todos los gustos, y sobre gustos hay mucho escrito, pero nada definitivo.

“La nieve y el barro”… He leído varias veces “La nieve y el barro”, es la única explicación que puedo dar a la tormenta de ideas que acabo de escribir. Cuando acabamos de leer un libro, no siempre tenemos ya una opinión definitiva, aunque ya sepamos si nos ha gustado o no, si nos ha divertido o si nos ha deprimido. Al cabo de unos días, podemos recordar esa lectura con satisfacción, con desagrado o con indiferencia; podemos no recordarla o podemos querer olvidarla. Luego están los intercambios de opinión con otros lectores, que pueden aportarnos otros enfoques, otras valoraciones, es agradable compartir las lecturas. Algunas veces nos apetece volver a leer ese libro y lo hacemos tarde o temprano. En raras ocasiones lo hacemos temprano. Yo acabé de leer “La nieve y el barro” y empecé a leerlo de nuevo. No sé si, tras esa primera lectura, ya me gustaba tanto como me gusta hora. Sé que necesitaba empaparme de nieve y embadurnarme con barro. No me parece posible leer “La nieve y el barro” sin inmutarse. Supongo que puede no gustar a quién no le guste el cómic, pero ni en ese caso sería posible la indiferencia. Los que disfrutan con las peleas van a quedar más que satisfechos: el amor, el honor, la patria, Dios, la codicia, el egoísmo, la supervivencia e incluso el absurdo llevan a los personajes a disputar duelos y combates feroces. Los que se dejan encandilar por personajes femeninos de película se van a encontrar mujeres fieles hasta la muerte e infieles hasta la muerte, consagradas al único amor de su vida, o devoradas por la pasión; y a una niña famélica, pero más lista que el hambre, que roba cámara, o mejor dicho viñeta, desde su primera aparición. La acción nos sitúa en un bosque muy concurrido, que atraviesan héroes, villanos, vencedores, vencidos, hombres de Dios, hombres endemoniados, seres inocentes o pícaros, criaturas entregadas a la lujuria o doncellas inocentes. Un fresco para todos los gustos que permite todo tipo de lecturas. “La nieve y el barro” se puede interpretar como crónica de una época y un lugar, como una fábula amarga acerca de la naturaleza humana, como una reflexión acerca de las consecuencias de una guerra, como una irónica crítica social. Probablemente sea todo eso, o sencillamente un cuento, o también un cuento. Es una historia escrita con generosidad, llena de matices que, lejos de quedar acotada por la imaginación del autor, deja abiertas todas las posibilidades de interpretación y de reflexión. Preguntas… y respuestas… Enrique Sánchez Abulí, que ideó y escribió “La nieve y el barro” sabe que los hombres no tienen porqué ser más listos que la mujeres, ni siquiera si hablamos de la Edad Media y sabe que el poderoso siempre quiere hacer valer su posición y conservar sus privilegios, al tiempo que el débil tiene que esforzarse por sobrevivir intentando sortear y cambiar lo socialmente aceptado y establecido. También tiene claro que no todos los nobles, ni todos lo clérigos, ni todos los soldados, por el hecho de pertenecer a tan respetadas clases sociales, son héroes, mientras que ni los plebeyos, los pecadores, los paganos o los pobres representan una peligrosa amenaza para la humanidad. Podemos caer en un error si creemos que se trata de cuestiones obvias, no es así. Lo habitual, lo fácil, es partir de lo que damos por sentado y generalmente no nos hacemos preguntas al respecto. Por eso, la historia del cómic está plagada de sexo, de superhéroes, de poderosos villanos. Aceptamos, sin cuestionarnos, un montón de tópicos establecidos,

que Enrique Sánchez Abulí tiene la feliz idea de omitir, sin pretender dar respuestas, porque las pasiones que mueven el mundo no responden a ningún razonamiento. Contrarios… y complementarios… “La nieve y el barro” son casi siempre indisociables, sobre todo si estamos en un bosque medieval. No son contrarios, sí pueden ser complementarios. Los personajes de esta historia son contrarios o complementarios, y, como “La nieve y el barro, indisociables. Sufren, gozan, luchan, aman, desean, mueren o viven en función de lo que sufren; gozan, luchan, aman, desean, mueren o viven los demás. Dos hombres que aman a una misma mujer, que les ama a los dos, un inocente indefenso, en manos de dos verdugos culpables, un caballero enloquecido que no reconoce a su amada, pero que no puede vivir sin ella, ninfas del río, desvergonzadas del arroyo, confesores o confesos. Supervivientes en tiempos en que es más fácil morir que vivir, en que no queda más remedio que vivir intensamente. En palabras de Antonio Machado: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”. Diferencias…y coincidencias… “La nieve y el barro” es una historia para no hacer diferencias. Es una historia para hombres, para mujeres, para abuelos y para jóvenes, es tradicional al tiempo que innovadora, es cómica y trágica a la vez, es fantástica, pero absolutamente realista, amablemente mordaz y mordazmente amable; está tan llena de erotismo y de pasión como de candor e inocencia. Es una historia para coincidir, llena de vida. Más nieve y más barro… No voy a ser nada original, se me ocurre decir que “La nieve y el barro” es una obra completísima. Tiene todos los elementos característicos y esenciales del cómic clásico: aventuras, mucha acción, peleas, violencia, héroes, villanos, pasión, curvas femeninas, sexo, humor…un cómic completísimo. Pero también se me ocurre que “La nieve y el barro” es un cómic clásico que se sale totalmente de la norma: los protagonistas de la aventura no llegan a ningún destino, el viaje empieza en el bosque y nunca salen del bosque. La acción, las peleas, la violencia, no tienen una única razón, ni un único fin, aunque siempre está presente la lucha por la supervivencia. Los héroes no hacen heroicidades y los villanos no luchan contra los buenos de la historia, y no siempre los buenos son tan buenos ni los villanos tan villanos. Pasiones y curvas femeninas, hay, desde luego, pero en extrañas circunstancias y con los más impensables desenlaces. En cuanto al humor y al sexo, basta con decir que han sido imaginados, escritos y dirigidos por Enrique Sánchez Abulí, eso marca la diferencia. Todo esto para decir: “La nieve y el barro” es un cuento real como la vida misma. Imposible escapar del bosque, imposible resistirse a unos diálogos perfectos y a un dibujo lleno de magia. El esfuerzo creativo de Oswal es inimaginable, pero se nota y se agradece. Si el mejor guionista no cuenta con un dibujante que entienda sus personajes, que sepa plasmar su idea, puede sentir que su trabajo queda incompleto. En este caso, estoy convencida de que “La nieve y el barro” es como el guionista imaginó, porque la mano de Oswal, no sé como, ha dibujado guiada por las neuronas de Abulí.

Preguntas y respuestas…contrarios y complementarios…diferencias y coincidencias. De todo hay en este bosque lleno de nieve y de barro, para todos los gustos. Vale la pena arriesgarse y adentrase en la maleza. AM.

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