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Krause, educador de la humanidad1
Enrique M. Ureña: Krause, educador de la humanidad . Una biografía. Universidad Pontificia Comillas. Unión Editorial. Madrid 1991. Prólogo de Rudolf Vierhaus. 493 páginas.

Apartados: Introducción / Breve Recorrido Biográfico / Pensamiento Religioso / Humanismo. Personalidad Moral. Pedagogía y Educación / Masonería / Filosofía / El Ideal de la Humanidad. La sociabilidad / Comentario final. Introducción. En el prefacio, el Profesor Ureña expone cómo a principios de los ochenta constató junto con Pedro Álvarez Lázaro, ambos responsables del Instituto de Investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería de la Universidad Comillas, que dentro del estudio de la historia de la educación española el krausismo tuvo una importante relevancia al mismo tiempo que existía un enorme vacío historiográfico sobre la figura y las obras del filósofo, lo que motivó la profunda investigación que a lo largo de la década de los ochenta queda expuesta en el libro “Krause, educador de la humanidad”. El presente trabajo podría llevar como titular llamativo “Krause, filósofo visionario, masón incomprendido” si quisiéramos resaltar dos de los rasgos no convencionales del biografiado. Aquellos que aborden esta rigurosa y meritoria investigación del Profesor Ureña, se encontrarán con un personaje de unas dimensiones sobresalientes, tanto humanas como intelectuales, muchas de cuyas ideas originales siguen hoy plenamente vigentes. Al trabajo del autor del libro ahora comentado y a la labor del Instituto que codirige, debemos agradecer la recuperación de esta singular figura del idealismo alemán injustamente relegada. De manera personal, tenemos que agradecer al Profesor Pedro Álvarez Lázaro su recomendación para trabajar sobre el libro. La obra de Ureña tiene un especial valor debido a que en España, tras una limitada divulgación de la obra de Krause a mediados del siglo XIX - principalmente a cargo de Julián Sanz del Río, aunque también por otros como Francisco Giner
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Yzaguirre F: “Krause, amor por la Humanidad ideal” en Letras de Deusto, vol. 33, nº 100, Julio-Septiembre, 2003, pp. 229-233.

(Compendio de Estética, Sevilla 1874) - encontramos en el siglo XX un enorme vacío de traducciones y de obras relacionadas con Krause hasta la década de los ochenta. Al afrontar el presente trabajo bibliográfico, hemos seguido muy de cerca la obra comentada, utilizando en muchas ocasiones el texto original. Nuestra aportación se ha limitado a la selección, ordenación y resumen de lo que más nos ha llamado la atención, intercalando algunos comentarios en primera persona del plural. Breve recorrido biográfico. Krause era un kantiano enmarcado dentro del idealismo filosófico, si bien no llegó nunca al éxito profesional en la Universidad y no es enmarcable dentro de las orientaciones filosóficas dominantes en su época. Nació el 6 de mayo de 1781 en Eisenberg, una pequeña ciudad turingia entonces perteneciente al Ducado de Altenburg, cerca de la ciudad universitaria de Jena donde comenzaría sus estudios. Falleció en 1832 en Munich a la edad de 51 años. Krause perdió a su madre a la edad de tres años, permaneciendo siempre en su recuerdo. Su padre fue profesor en la escuela de Eisenberg. Con él mantuvo un estrecho y permanente contacto a lo largo de toda su vida, reconocía en él a un gran tutor, compartía con él sus vicisitudes familiares, profesionales e intelectuales y de él recibió en muchas ocasiones apoyo ante las habituales dificultades económicas que Krause padeció, teniendo como tenía que hacer frente al sostén de una familia de catorce hijos, y soportando una azarosa trayectoria profesional, que nunca le otorgó el desahogo suficiente para llevar una vida acomodada. De entre los rasgos de la personalidad y de la obra del filósofo destacan su pasión por la música; el interés por el estudio de la lengua alemana y la filología; un profundísimo espíritu religioso, que marcará su propia filosofía en cuya cúspide ubicó al “Ser” (Ser Supremo, Ser Originario, Dios), al tiempo que rechazaba “las religiones” y sus aspectos dogmáticos y estatutarios; un fuerte sentido de la dignidad humana de toda persona por encima de cualquier tipo de diferencia de sexo, rango, edad, nacionalidad; una constitución anímica mística y fantástica a la vez y un amor extremadamente delicado a la Naturaleza, unido a una gran ternura por sus hijos y una actitud cariñosa hacia sus semejantes. Se puede suponer que la decisión de Krause de abandonar la Universidad de Jena, donde se formó y donde actuó por primera vez como profesor con éxito, fue una gran equivocación – profesional - en su vida, aunque nos parece digno de
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reconocimiento que relegara sus intereses profesionales a su concepción armónica de la vida, ya que Jena, y el ambiente de su Universidad, se le habían hecho a Krause espiritual, moral y psicológicamente inaguantables. Desde ese momento, podemos calificar de verdadero calvario los diversos cambios profesionales y de residencia que realizó Krause, junto a su familia, a lo largo de su vida para conseguir un puesto adecuado en alguna de las Universidades de la época. Pensamiento Religioso. Krause tenía un profundísimo espíritu religioso, unido a un rechazo instintivo de los aspectos dogmáticos y estatutarios propios de las religiones establecidas, que le hicieron perseguir la superstición filosófico-cristiana:
“No he sido nunca creyente en el sentido eclesiástico del término y en lo tocante a sus estatutos y dogmas, ni siquiera cuando era niño”. “Vi muy pronto que la verdad tiene que mostrarse por sí misma, y aunque fui educado dentro de un espíritu cristiano eclesial estricto y recibí la mejor instrucción cristiana eclesial por parte de varios varones honestos y sinceros, me mantuve libre de toda fe estatutaria. Esto no fue sin embargo óbice para que buscase ardientemente en esa fe la verdad que ella me ofrecía y para que reconociese ya muy pronto esa verdad desde una primera aproximación racional, desde un primer acercamiento a Dios (“Ser”). Las historias supersticiosas me atraían por cuanto eran poéticamente bellas e imágenes balbucientes de la verdad; pero en cuanto cánones estatutarios resbalaban por la superficie de mi alma y desaparecían. Por eso, siendo todavía niño, apenas comenzada la adolescencia, hice el propósito de reunir en un mismo cuerpo las doctrinas fundamentales – la verdad pura – del mosaísmo, del islamismo, del paganismo y del cristianismo…”.

Respecto al protestantismo y al catolicismo, Krause afirmaba:
“El protestantismo y el catolicismo, tal como están dados históricamente, se diluirán ambos desde un punto de vista superior a ellos, pero no se re-unirán… Si mi punto de vista es acertado, es necesario que suceda ahora un nuevo lanzamiento hacia Dios de nuestro Género Humano, es necesario que se despierte una nueva vida en él, un re-nacimiento religioso total. ¡Manteniendo la honra de la historia divina de las revelaciones pasadas!. Pero ha de desaparecer toda superstición, la católica y la protestante… ”. “La adoración fetichista de hombres, como la de Buda, Zoroastro, Moisés, Jesús, Mahoma, Platón, (...) ¿cuánto ha de durar todavía sobre la Tierra y frenar y desgarrar la vida?”.

El concepto krausiano de un Dios personal es único dentro de las principales figuras del idealismo alemán:
“Mi principio fundamental es el siguiente: que toda ciencia descansa sobre la visión de Una Sustancia infinita, cuya visión no se puede demostrar por una argumentación causal o silogística, sino sólo se puede mostrar como existente ya en el espíritu humano. Todo lo que es esa Sustancia y es en esa Sustancia, y todo el conocimiento científico, tiene que ser esa visión originaria misma y tienen que

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estar en ella misma. La Ciencia no puede fundamentarse sobre la base de una propiedad particular de la Sustancia, como por ejemplo sobre lo Absoluto o la Identidad de Schelling o sobre el Yo absoluto de Fichte. Aquella visión originaria no es puramente la visión límite del espíritu humano, como es el caso en Kant, que termina mediatamente con ella, sino que ella misma es toda la visión del espíritu. A la Sustancia infinita la he llamado desde hace tiempo “Ser Originario” (Urwsen), o, recogiendo un término alemán antiguo, Dios...”.

En cuanto a su idea sobre la muerte, sintonizaba con la concepción de la misma como punto final de un círculo vital concreto e irrepetible, que abre a su vez el paso a un nuevo círculo. Krause, que como principio absoluto de su sistema filosófico ubicó al “Ser Supremo”, y que concibió la Alianza de la Religión como “la Iglesia de Dios en espíritu y en verdad”, consideraba que había ideado “en el terreno de la vida una con Dios, algo más elevado y más profundo que lo que se puede encontrar en los Vedas, en el Zendavesta, en la Biblia y en todos los libros semejantes de todos los pueblos que me son conocidos”. Pensaba que había que superar las revelaciones directas y particulares recibidas de Dios y buscar la esencia de la verdad misma. Para Krause, la religiosidad se entiende como adoración del Infinito y unión con él. La religión supone “relacionar todo lo finito con lo Infinito, orientar continuamente tu ojo hacia el Infinito, adorar la armonía del Mundo, la providencia de la regularidad del Mundo, y aspirar a ello con todo tu ser”. El sentir religioso es la seguridad en la existencia de una armonía regida por la divinidad. También llega a definir la religiosidad como <<amor activo a los ideales de la razón>> (*-1). Humanismo. Personalidad Moral. Pedagogía y Educación. La entraña humanista de las grandes religiones universales constituye para Krause el puente que le lleva hacia las relaciones ideales que habrían de regir la comunicación de los hombres entre sí en todas y cada una de las unidades sociales de convivencia (en la familia, en la amistad, en la nación, en el trabajo… ). El amor universal de Krause está jerarquizado. La belleza del ser humano es superior a la belleza de los elementos naturales:
“Tú codicias piedras preciosas, pero los ojos del ser humano son más bellos que los diamantes, y más bellas que cualquier perla son las lágrimas que fluyen de ellos...”.

Krause tenía una rígida conciencia moral que le dictaba su comportamiento en todos los ámbitos, incluso desoyendo los consejos de su padre o de sus amigos más fieles, o ignorando las posibles consecuencias perjudiciales para su carrera o economía:

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“No conozco más necesidad que la necesidad moral que me obliga a una formación sin compromisos de mi espíritu y de mi razón, y a todo lo que conduce a ese fin lo llamo con igual fuerza necesario”. “Conozco el mundo tal como debería ser, y apenas merece la pena el esfuerzo de conocerlo tal como es en realidad”.

Krause se sentía internamente llamado a contribuir de manera práctica a la transformación de la sociedad de su tiempo a través de la filosofía; a que esa sociedad pasase del “cómo es” al “cómo debería ser”. De esta manera su plena entrega a la filosofía era consustancial a su servicio a la Humanidad:
“Ya en el año 1797 comprendí que el primer esfuerzo al que hoy está obligada la Humanidad es el de mejorar las relaciones sociales más básicas, ante todo en la familia y en el Estado, y que para ello es necesario un auténtico nuevo nacimiento, en un nivel superior, de la ciencia. Y es por esto por lo que decidí consagrar mi vida fiel, celosa y exclusivamente a la tarea de una configuración propia de la ciencia para la vida, como fundamento para el mejoramiento de la sociedad humana”.

Su carácter místico y visionario hizo que Krause llegara a sentirse auténtico enviado de Dios al mundo para la realización de esa nueva ciencia para la vida, convencido de que el resultado de ese trabajo era lo que la Humanidad estaba necesitando para su perfeccionamiento. En sus Fundamentos del Derecho Natural de 1803, la Humanidad constituye para Krause: (1)º Un gran Individuo orgánico, que contiene dentro de sí innumerables miembros armónicamente interrelacionados. (2º) Un Individuo que se desarrolla hacia su plenitud a lo largo de la historia. (3º) Una totalidad que se sustenta a sí misma y a partir de la cual han de comprenderse todas sus determinaciones internas. (4º) Una totalidad cuya estructura orgánica real se corresponde con la estructura orgánica de la ciencia. Dentro de este marco teórico Krause asienta dos ideas: la idea de una Sociedad Humana en la que habrían de armonizarse equilibradamente la justicia, el amor, la moral, la religión, la ciencia, el arte…, así como el objetivo, a realizar históricamente, de un Estado Mundial ideal en el que habrían de reunirse todos los Estados de la Tierra. Todo ello sería el comienzo de un programa de transformación de todas las relaciones humanas fundamentales, en el que ocuparía un lugar primordial su idea de una Asociación dedicada explícitamente a la “PURA Y COMPLETA HUMANIDAD”. Nos sorprende la extensa obra de Krause a la par que la diversidad de temáticas que aborda con profundidad. No obstante, si tuviéramos que mencionar algo que hayamos echado de menos en la polifacética figura de Krause transmitida por Ureña, es un apartado dedicado a lo económico que pudiera completar su humanismo con una
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visión sobre “las condiciones de la vida material”, tema que desarrollará Marx unas décadas más tarde, así como una más elaborada crítica social. No obstante, las siguientes citas sobre el dinero, la propiedad y la guerra, son ejemplos reveladores de su posición en estos campos:
“El dinero es en nuestro tiempo el bien supremo. Ante él pasan a segundo plano la amistad y todo lo demás. No tener dinero constituye el máximo crimen. Sin dinero hasta un ángel sería perseguido y odiado” (...) “¡Cuándo se librarán los hombres de este estado de animalidad bruta y burda, en el que cada uno sólo busca insaciablemente su placer sin preocuparse de sus semejantes como de sí mismo! (...) A eso llevan nuestras leyes de la propiedad contrarias a la razón y al derecho: ¡A un pueblo desgraciado incluso en la tierra más fructífera”. “Ninguna obligación de un estamento particular o de una situación determinada puede contradecir la obligación que compete al hombre en cuanto hombre(...) Por tanto, si me está prohibido en cuanto hombre matar a otro hombre, no se me puede obligar, en cuanto ciudadano, a hacerlo, ni convertir esa acción en una acción conforme a derecho(...) Así, por ejemplo, ir a la guerra es algo contrario a la Humanidad en todo tiempo. Por tanto, si el Estado te exige que te conviertas en un soldado que va a la guerra, dale tanto dinero(...) cuanto sea necesario para librarte de ese mandato; si puedes hacerlo sin quebrantar las leyes del Estado, abandona el país; elige otra profesión, en la que puedas librarte legalmente del servicio de guerra, y donde todo esto no baste, déjate azotar y matar de cualquier forma que sea. Si tu pueblo hace una guerra por un fin legal y esencial, procura colaborar de una manera humana pura para alcanzar ese derecho, pero tus manos y tu alma permanezcan limpias de la sangre de tus hermanos los hombres”.

Nos parece que la crítica al dinero y a las leyes de propiedad mantienen plena vigencia, lo que es una demostración de que en estos dos últimos siglos el egoísmo humano, el interés y el beneficio personal no han hecho otra cosa que avanzar junto con el desarrollo de los excesos del capitalismo. Por otra parte, nos encontramos ante un firme planteamiento de desobediencia civil ante la guerra, aunque sin llegar a quebrantar las leyes del Estado. Para Krause nunca se debe hacer el mal, ni siquiera para conseguir un bien. Como nota de igual actualidad subrayamos los rasgos de interculturalidad del biografiado. Krause amaba su tierra natal y muy especialmente su lengua, siendo uno de los fundadores de la Sociedad berlinesa para la lengua alemana, a la que dedicaría grandes esfuerzos, incluyendo la preparación de un diccionario. Llegó a mencionar en sus estudios que el lenguaje científico alemán podría llegar a ser el más perfecto de toda la Tierra. A pesar de esta marcada identidad alemana, respetaba todas las identidades nacionales y, por encima de todo, proclamaba el más amplio respeto a su querida Humanidad:

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“... los principios que yo defiendo acerca de la subordinación de todos los pueblos en la Humanidad y bajo la misma y de mi amor equilibrado y universal a todos los pueblos, y de mi justicia a todos ellos...”.

A estos rasgos hay que sumar la inclusión por parte de Krause de la mujer y de la infancia en los planes de educación y mejora de la Humanidad. Krause otorgaba una enorme importancia a la educación y su sistema contemplaba un Instituto para la formación de la Humanidad. Su idea de la educación encajaba perfectamente con las finalidades de la Masonería que tanto le atrajo. Krause era un hombre apasionado por el saber, que vibraba con cada ámbito del conocimiento que abordaba. Aquí tenemos una muestra de los sentimientos que se despertaban en Krause ante los retos que veía ante sí:
“Cada vez que pienso en la tarea grandiosa y santa de la educación, mi corazón es incapaz de permanecer frío, mi espíritu no puede permanecer quieto. La niñez y la juventud que crece a nuestro alrededor ha de madurar hasta llegar a ser una humanidad buena y, en la medida de lo posible, mejor de lo que nosotros somos. Y solamente mediante una educación perfeccionada podrá la Humanidad crecer y florecer”.

Otra de las características de Krause fue su vida asociativa, más intensa que la tendencia asociacionista de la época, bien entrando a formar parte de diversas agrupaciones o fundando otras nuevas, algunas de gran prestigio, en muy diversos campos del saber y del conocimiento. Una de esas asociaciones de especial importancia para Krause fue la Masonería. Masonería. Para su idea de una Asociación dedicada explícitamente a la “pura y completa humanidad”, Krause pensó que “en los Misterios de los antiguos y en la Hermandad masónica podrían encontrarse comienzos de aquella Asociación puramente humanista”. Esta idea tendrá una relevancia teórica y biográfica verdaderamente descomunal para Krause. De una parte, pasará a ser la piedra angular de su filosofía práctica, relegando otros estamentos como Estado o Iglesia a un puesto subordinado. De otra, en lo biográfico, motivará a Krause a iniciarse en la Hermandad masónica, donde desarrollará una actividad fuera de lo común. El 24 de junio de 1804 recibía Schneider, a la sazón Venerable Diputado de la logia “Arquímedes de los Tres Tableros” de Altenburg, la petición de Krause de ser admitido en la Orden, y el 5 de abril de 1805 era recibido como Aprendiz. Poco después se afilió a la Logia de “Las Tres Espadas y Verdaderos Amigos”, donde pronunció un discurso que causó gran impresión, como narra el Hermano F.A. Peuckert: “Ya en su
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afiliación, se vio que tenía un gran talento como orador y dio muestras del celo con el que quería penetrar, con su espíritu investigador y agudo, en las profundidades de la doctrina de nuestra Asociación y en la historia de la masonería, pues desarrolló, en una larga charla que no llevaba escrita, sus puntos de vista sobre la masonería en general así como los motivos que le habían movido a entrar en ella”(…) “El Hermano Krause fue un miembro extraordinariamente activo y muy apreciado de nuestra logia, que día a día animaba a los Hermanos con sus discursos”. De la masonería, Krause decía:
“esta Alianza de Hermanos está dedicada al humanismo puro y podría constituir el germen y el comienzo de una Alianza consagrada a la vida pura de la Humanidad”. (es) “...la única institución histórica que tiene como finalidad y razón de ser el cultivo del hombre en su pura y completa humanidad” (*-2). (la define como) “El arte de educar pura y polifacéticamente al hombre en cuanto hombre, y a la Humanidad en cuanto Humanidad, es decir, el arte de despertar, dirigir y formar plenamente su vida; el arte de alcanzar todo aquello a lo que el hombre está llamado. Y es a la vez la totalidad de todos los conocimientos y artes que pertenecen necesariamente a esa tarea” (*-2).

Fueron famosos sus discursos de Logia, con los que trataba de despertar a los Hermanos que se encontraban medio o profundamente adormecidos, incidiendo alrededor de una explicación de lo que es la esencia y la finalidad de la masonería y de la Hermandad masónica, con la intención de mostrar que esta última constituye el germen de aquel Instituto dedicado esencialmente a la “pura Humanidad”:
“La masonería está tan profundamente enraizada en la naturaleza del ser humano, que el Instituto de la Hermandad masónica es algo esencial para la Humanidad; y aquí está basada nuestra firmísima esperanza de que la Hermandad fructificará y crecerá sobre la Tierra… En ti, oh arte más que real, veo el germen sano y lleno de esperanzas de una Humanidad mejor; tú darás a la Humanidad lo que el Estado, la Iglesia, la familia y la amistad no le pueden dar: el perfeccionamiento multiforme, equilibrado y armónico de toda la naturaleza humana, alcanzado en una paz definitiva, en una sociedad hermosa y llena de amor...”.

Junto con otros Hermanos, Krause emprendió una lucha abierta contra los obscurantistas, a favor de la publicidad de escritos masónicos impresos, al objeto de dar a conocer los verdaderos orígenes y objetivos de la Hermandad. Krause criticaba duramente el secretismo y la sed de poder de los grados superiores al de Maestro, y tomaba partido abiertamente por la publicidad y la estricta cientificidad de la investigación histórica en el terreno de la Hermandad masónica. Entre otras, sus investigaciones y las de otros contemporáneos como Schneider, Schröder, Fessler y Mossdorf, llegaron a un importante resultado común: el de que la
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masonería no se originó a partir de ninguna Orden de Caballeros, sino a partir de los gremios de constructores de la Edad Media. Sus investigaciones se encaminaban a recuperar la pureza de la antigua masonería inglesa, para lo cual publicó, inicialmente en círculos masónicos, y a pesar de las fuertes presiones soportadas, “Los tres documentos más antiguos de la Hermandad masónica”. Fue dicha publicación lo que le llevó a enfrentarse a los sectores más conservadores de la masonería alemana de su tiempo, lo que le costó su expulsión de la Orden y la enemistad de muchos Hermanos, entre los cuales surgieron verdaderos enemigos que influirían negativamente en su carrera – masónica y profesional - a lo largo de toda su vida, como él mismo supuso en más de una ocasión. Todo ello le llevó a decir años después:
“Ya me ocupo poco de la masonería y lamento de corazón el largo tiempo que le he sacrificado. Los masones alemanes quieren ser engañados; hay en ellos una tendencia a la mística que sojuzga a la sana razón”.

La reflexión de Ureña en esta cuestión queda así planteada: Cuando Krause ve en la masonería el ideal de una pura y armónica Humanidad, que sale a la clara luz del día en la época ilustrada que él está viviendo, y en la Hermandad masónica el único intento de institucionalización de ese ideal que se encontraba todavía en la historia actual, está valorando filosófico – históricamente a la masonería y a la Hermandad masónica quizás como nadie lo había hecho antes que él. Pero cuando Krause critica el estado en que se encontraba mayoritariamente la Hermandad, al compararla con su ideal, y cuando exigía no sólo una reforma más o menos profunda, sino un auténtico nuevo nacimiento y su paso a configurar la Alianza de la Humanidad, estaba poniendo verdaderamente en peligro la existencia misma de la Hermandad mucho más de lo que lo hubiera podido hacer cualquier otro reformador. No sabemos si realmente la idea de masonería que tenía Krause suponía un peligro para la masonería en lugar de, como deseaba el propio Krause, una elevación a un rango superior en su papel dentro de la sociedad. Según se desprende del propio estudio de Ureña, cabe suponer que el peligro, más que para la masonería en sí, era para las visiones obscurantistas y personalistas de la Orden - ajenas a la verdadera masonería -, para el secretismo que Krause denunciaba y que, como él mismo afirmaba, no pertenece a la esencia de la masonería. En su propia defensa ante la polémica publicación de “Los tres documentos”, Krause argumentaba:

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“Sí, yo también he dado mi palabra de honor de no hacer público nada de la masonería en contra de mi conciencia. Y esta palabra la he de cumplir. Pero más no pude haber prometido (...) Yo tampoco puedo silenciar nada en contra de mi conciencia (...) ya que ninguna sociedad tiene el derecho de hacerme abjurar de mi carácter racional y de mi obligación como ser humano, ni aun en el caso de que yo hubiese sido tan imprudente como para haber querido hacer tal promesa”.

No faltaron Hermanos que le apoyaran y defendieran en su deseo de reforma, como no faltó el reconocimiento de su aportación a la masonería. La rehabilitación de la figura de Krause como el filósofo de la masonería le llegó años después de su muerte de varias maneras. En 1865 la Asociación de masones alemanes recolectó contribuciones voluntarias para “colocar un sencillo obelisco de mármol en la tumba del noble y meritorio Krause”. Mucho después, en 1980, Reinhard Horn afirmaba que “los tres documentos más antiguos era generalmente reconocida en la literatura masónica de habla alemana como una gran contribución científica”, aunque hoy se considere sobrepasada en varios puntos concretos. Finalmente, se llegó a asumir la exclusión de la logia de Krause como una página negra en la historia de la masonería, y se le reconoció fundador de una idea propia de la masonería: “Alianza de la Humanidad”, idea que une indisolublemente el mundo masónico de Krause con su filosofía social y política y con su filosofía de la historia. En este punto nos parece oportuno subrayar que el nacimiento de la Masonería especulativa en 1717, ochenta años antes del nacimiento de Krause, desafiando el ambiente de luchas de religión en que se encontraba sumergida Europa y reclamando la unión fraternal de los hombres por encima de sus diferencias religiosas o de otro tipo, contenía como idea fundacional central de la masonería la permanente superación de todo aquello que separara a los hombres y la búsqueda de la verdad, a las que Krause fue estrictamente fiel hasta su muerte. Creemos que fueron la fidelidad de Krause al verdadero espíritu masónico, su capacidad intelectual, su rectitud, su propósito y su frenética actividad las que chocaron con las cortas miras de algunos de sus Hermanos. El único reproche real que le podrían haber hecho los Hermanos que se le enfrentaron, era el haberse tomado tan en serio la Orden, sus principios y sus objetivos, hasta el punto de pretender su pleno desarrollo en beneficio de la Humanidad. Filosofía. Krause fue alumno de Fichte y de Schelling. Dio clases en la Universidad de Jena coincidiendo con Hegel y Fries. Compartía con el resto de idealistas alemanes su

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deseo de alcanzar un sistema de la filosofía completo que partiera de un único conocimiento, el principio absoluto. La filosofía de Krause daba una especial relevancia a las matemáticas, materia a la que dedicó muchos de sus esfuerzos. También le interesó mucho la música, tanto por el disfrute que otorga, como por que veía en su propia naturaleza interna la manifestación sublime de la armonía que reina en el Universo y que debería igualmente empapar todas las relaciones humanas. La música, para Krause, encierra en sí misma el valor de la sociabilidad. También Krause abordará la estética, donde muestra sus ideas unitarias (*-3):
“La categoría fundamental de la belleza es la unidad, y ante todo la unidad de esencia (...) La unidad de esencia es a la par unidad numérica (unicidad), y se halla también en toda cosa bella.”. “...lo esencial y bueno tiene en sí unidad orgánica, belleza, la cual es reconocida a su vez como esencial y buena en sí.”.

Para Krause la filosofía era entendida como fundamento de todas las ciencias, no como un ejercicio de especulación, sino como una tarea que habría de constituir el centro mismo de su vida, y ya desde su época de joven estudiante sienta las bases de su propio sistema filosófico, el cual desarrolló a lo largo de toda su vida: El Panenteísmo, cuya base es “la idea de un Dios personal e infinito, inmanente y trascendente a su creación, el mundo” (*-1). La Alianza para la Humanidad era el vértice de la filosofía práctica de Krause, y el antecedente existente sobre el que asentar esa Alianza era la Masonería:
“El espíritu superior de nuestro tiempo exige una Alianza para lo puramente humano, para toda la Humanidad; exige la Alianza de los hombres(...) Esa Alianza actúa para el ennoblecimiento de todos los Institutos existentes… La auténtica masonería constituye, según sus fundamentos y según su espíritu, así como en parte según su estado actual, un intento social de preparación de la Alianza de la Humanidad, que hay que revivificar y elevar… La Hermandad masónica en cuanto tal tiene dos períodos: el primero, en el que sus miembros eran constructores; el segundo, en el que pasó a ser una asociación abierta a todos los varones, conservando del primero solamente su esencia humanista universal. Ahora es ya claramente tiempo de que comience un tercer período iniciado por un renacimiento completo, que haga posible, gracias a una apertura ilimitada, la unión de la Alianza con la Humanidad y que aquélla abrace a varones, mujeres y niños”.

Krause encajó su visión reformista de la Hermandad masónica dentro de una teoría completa de la sociedad, que a su vez apuntaló en una filosofía de la historia. Esta teoría de la sociedad y esta filosofía de la historia son a su vez lo que constituyen el gigantesco plus que el concepto krausiano de la “pura y armónica Humanidad” tiene frente al concepto pobre de un humanismo general moral. Krause intentó por tanto
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construir una filosofía de la historia con categorías masónicas, en la que la tercera y última etapa del desarrollo de la sociedad humana habría de coincidir con la tercera y definitiva etapa de la Hermandad masónica. El autor del libro presentado califica a Krause de visionario en relación con el influjo que habrían de tener sus ideas en el futuro, pues anotó en su diario: “mirad dentro de 2.000 años si mi doctrina no ha echado raíces, y cuánto ha influido”. Para Ureña, el krausismo no es ciertamente la filosofía de nuestra era pero sí tiene elementos que la hacen actual. El Ideal de la Humanidad. La sociabilidad. Aunque su obra, gran parte de la cual se publicó mucho después de su muerte, es ingente, propiamente sólo “El Ideal de la Humanidad” de 1811, llegó a ejercer un influjo ideológico - filosófico y a adquirir un significado político - cultural en la España del “krausismo”. Como resume Ureña, el concepto fundamental que subyace a toda la teoría krausiana de la sociedad es el de la sociabilidad como impulso básico en el ser humano. La actuación efectiva de ese impulso se realiza en un doble plano. Por un lado, en el plano que podríamos llamar cuantitativo, correspondiente a las unidades sociales de convivencia, por cuanto éstas se van ampliando desde el individuo aislado y la familia hasta la Humanidad entera de la Tierra. Por otro lado, en el plano que podríamos llamar cualitativo, correspondiente a lo que Krause denomina “formas fundamentales de las fuerzas” y “obras fundamentales” de la vida humana, por cuanto el crecimiento de cada individuo (o de cada unidad social inferior) en la virtud, el derecho, la religiosidad, la belleza, la ciencia, el arte y la educación, sucede a través de un esfuerzo consciente de crecimiento en la socialización hacia unidades superiores y cada vez más profundas y armónicas: desde los esfuerzos aislados de los individuos hasta las Alianzas institucionalizadas para el avance en común dentro de las diversas esferas señaladas (la virtud, el derecho, la religión, etc.). Ambos planos se entrelazan finalmente entre sí y se potencian mutuamente, por cuanto la sociabilidad cuantitativa sólo puede alcanzar su plenitud junto con la sociabilidad cualitativa y viceversa. Comentario final. El sistema filosófico de Krause está coronado por el “Ser”, el principio absoluto. En su sistema de filosofía práctica están presentes tanto la masonería como la religión, la primera como antecedente de la Alianza para la Humanidad, en la cúspide del
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sistema, y la segunda como antecedente de la Alianza de la Religión en el mismo plano que las Alianzas para la Virtud, el Derecho y la Belleza. De una parte, Krause es un hombre henchido interiormente de religiosidad al tiempo que masón convencido de que la masonería es, aunque imperfecto, el mejor proyecto de transformación de la Humanidad. Tanto en su vida cotidiana como en el desarrollo de su sistema filosófico, Krause ubicó sin problemas aparentes los ámbitos masónico y religioso, cada uno dentro de su propia esfera. Como hemos visto, en su sistema práctico de ordenación de la sociedad, Krause priorizó su idea de la sociabilidad. Este camino emprendido por Krause sigue teniendo plena vigencia hoy: la ordenación de la sociedad debe sustentarse en un proyecto de fraternidad y tolerancia, humanista y universalista, que se encuentre por encima de cualquier diferencia de raza, sexo, religión o nacionalidad. La idea de la sociabilidad como impulso básico en el ser humano, y la búsqueda de grandes alianzas planetarias para el ordenamiento de la sociedad, nos parecen algunas de las ideas más potentes y constructivas de la visión de Krause. A través del progreso del individuo a lo largo de una escalera de ámbitos colectivos, tanto referidos a las diferentes comunidades de pertenencia (familia, tribu, pueblo... ), como a las distintas asociaciones o alianzas a las que se incorpora en la búsqueda del conocimiento y de la convivencia (derecho, religión, belleza, ciencia, arte, educación...), es como Krause concibe que el hombre puede superarse en cuanto hombre y alcanzar la armonía con él mismo y con todo lo que le rodea. Fernando de Yzaguirre Licenciado en Sociología
(*-1) Citas extraídas de: “El sistema de la filosofía de Krause”, Rafael V. Orden Jiménez, Universidad Comillas, Madrid 1998. Se recomienda este texto a quienes deseen profundizar en el conocimiento de la filosofía krausiana. (*-2) Citas extraídas de: “La Masonería, escuela de formación del ciudadano. La educación interna de los masones españoles en el último tercio del siglo XIX”, Pedro Álvarez Lázaro, Universidad Comillas, Madrid 1996. (*-3) Citas extraídas de: “Compendio de estética”. Karl C.F. Krause. Traducido del alemán y anotado por Francisco Giner. Edición de Pedro Aullón de Haro. Editorial Verbum. Madrid 1995.

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