CLEMENTÍSIMO CON LA CREACIÓN, MISERICORDIOSÍSIMO CON LOS CREYENTES.

EN EL NOMBRE DE DIOS,

FUKUSHIMA®,
el Apocalipsis radioactivo.
Y oí una fuerte voz que desde el Santuario decía a los siete Ángeles: «Id y derramad sobre la tierra las siete copas del furor de Dios.» El segundo derramó su copa sobre el mar; y se convirtió en sangre como de muerto, y toda alma viviente murió en el mar. Y oí al Ángel de las aguas que decía: «Justo eres tú, “Aquel que es y que era”, el Santo, pues has hecho así justicia: porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas y tú les has dado a beber sangre; lo tienen merecido.» Libro de las Revelaciones de Juan (Apocalipsis), fragmento del Capítulo 16. Síntesis: El desastre ocurrido en la planta de Fukushima, Japón, derramó una cantidad inconmensurable de caldos radioactivos al mar, pues con ellos controlaron la temperatura infernal de los reactores siniestrados para evitar que siguieran explotando y se fundieran irremediablemente. La riada envenenó todos los mares de la Tierra, y a mediano plazo se espera la extinción de cada una de las especies que en él habitan, desde las microscópicas, hasta las ballenas y calamares gigantes, más otras que nunca descubriremos pues las habrá aniquilado este flujo asesino. Lo anterior, en cuanto a las aguas marinas. Sin embargo, este desastre significa que usted y yo padeceremos tarde o temprano las consecuencias de exponernos a estos materiales extremadamente tóxicos, pues la polución ha de llegar a los últimos rincones del planeta, y tendremos desde cáncer, hasta hijos teratogénicamente alterados. No existía ninguna tecnología capaz de controlar esta contaminación, ni de limpiar las aguas moribundas del planeta, hasta ahora. Irán la posee. La ciencia que le dio a luz la descubrió el científico persa Mehran Tavakoli Keshe. Es tiempo de salvarnos del Apocalipsis. La hora llegó. Video 01 subtitulado al árabe, inglés, hebreo, polaco, francés y castellano AQUÍ.

Los siete Ángeles de las siete trompetas se dispusieron a tocar. Tocó el segundo Ángel... Entonces fue arrojado al mar algo como una enorme montaña ardiendo, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Pereció la tercera parte de las criaturas del mar que tienen vida, y la tercera parte de las naves fue destruida. Libro de las Revelaciones de Juan (Apocalipsis), fragmento del Capítulo 8. Introducción: Después de que Henri Becquerel descubriera la radiactividad natural o espontánea y de que Marie Curie bautizara a los nuevos elementos de la tabla periódica, el uno aludiendo a su patria amada, polonio, y el otro al fenómeno radiante recién encontrado, radio, el mundo vio la vida de esta última científica extinguirse gracias a la enfermedad que seguramente le produjo la masiva exposición a sustancias radioactivas: anemia aplásica. La curiosidad incansable de esta mujer excepcional no encontró resonancia en sus colegas médicos a la hora de realizar las investigaciones forenses que determinaran si había relación entre sus materiales de investigación y la condición médica que le causaría una muerte prematura. Tomemos en cuenta que una de sus hijas vivió la nada despreciable cantidad de 103 años (Eva Curie, 1904-2007), mientras ella sólo consiguió llegar a los 67, muriendo a nuestro parecer como mártir científica. En cambio, los medios de la época se cebaron ridiculizándola en cuanto pudieron meterse con su vida íntima, e incluso la escarnecieron por su nacionalidad polaca y su condición femenina. Sus últimos días de vida fueron diezmados por el descrédito y burla con los que la victimaron, asunto que en definitiva no la ayudaría en su frágil condición de salud. Si estos tinterillos y vocingleros misóginos, y además xenófobos, hubieran corregido el rumbo de su morbo una vez que Marie hubo muerto, quizá el mundo se habría enterado más temprano de la relación causal entre la exposición a la radioactividad y el origen (etiología) de toda una gama de padecimientos novedosos producto de la entrada a la era atómica, teniendo así mayores oportunidades para evitar los peligros que la eclosión de esta época radioactiva anunció sin aspavientos en las calladas celdas de los hospitales y dormitorios de sus mártires contemporáneos. Sirvan estas líneas preparatorias de homenaje a todos aquellos que con sus vidas han pagado y pagan el precio de servir a la humanidad al descubrir los secretos de la creación, y en un esfuerzo de convertir estos misterios en herramientas y no en armas, en medios útiles y no en instrumentos de destrucción. La categoría de sus sacrificios no se ajusta hasta que no los consideremos héroes inmolados, es decir mártires. Sirva este texto también como una advertencia al discernimiento, y así preparados, sepamos separar entre lo prioritario y lo banal, entre lo necesario y lo prohibido, entre la curiosidad sana y la compulsión morbosa, entre la noticia y la propaganda, y así pertrechados, hagamos a un lado las posturas maniqueas y podamos atender a los detalles, que es en ellos donde la realidad se escapa y donde el saber encuentra gemas a engarzar en el legado común de nuestra especie. Comencemos.

Su bondad es como cardo. Libro de Miqueas, Capítulo 7, Versículo 4, fragmento. La anemia aplásica que padeció Marie Curie se caracteriza por el desarrollo incompleto de las plaquetas y los glóbulos blancos y rojos, producidos en la médula ósea. Posiblemente estas líneas celulares no llegaban a su desarrollo gracias al daño de los manuales fabriles del A.D.N., que producía sin descanso al quemarlos con fuego atómico. Los problemas que genera esta carencia son numerosos, pues muchos procesos vitales dependen de el funcionamiento de estas células, y así de variadas resultaban las fuentes del sufrimiento fisiológico de la investigadora. Si se encontrara entre nosotros alguien que sufriera esta condición sanguínea le recomendaríamos una medicina capaz de prevenir y curar estas disfunciones: desde evitar la rotura de la cadena genética, hasta reparar la que se ha roto. Consultando a un doctor convencional su receta, no tendría ninguna, desafortunadamente, y esta carencia se debe a que no ha sido aleccionado en fármacos que sean hechos por Dios, y no por una trasnacional farmacéutica. La medicina divina difícilmente puede patentarse, y a los laboratorios les interesa la ganancia, no el interés público. Y en cuanto a los médicos modernos, la mayoría tiene una enfermedad incurable por el mismo Creador: dogmatismo. Dado el caso, no vale la pena contradecirles. Sin embargo, existe un fármaco de origen vegetal que impide el daño genético e induce la reparación de los cromosomas: es la silimarina. Esta serie de moléculas sinérgicas y poderosas se extrae de una planta oriunda de Palestina, y profetizada a lo largo de la Biblia en múltiples ocasiones, a cual más sorprendente, como la cita que inicia esta sección. Para ejemplificar cómo funciona podemos mencionar la cura que lleva a cabo con los pacientes de diabetes insulino carenciales (que no “insulinodependientes”, como se da en llamarlos para hacer pensar que requieren inyecciones comerciales de insulina). Estas víctimas tienen sus glándulas de secreción proinsulínica en estado de shock permanente o en franca muerte inducida. Sus sistemas inmunitarios atacan sin tregua este tejido secretor con otro fuego, en este caso el producido por la quemazón oxidativa de sus células blancas. Ante este incendio químico la silimarina opone su poder antioxidante, equivalente molecular de un extinguidor orgánico. Este es su primer frente de batalla por la salud. Y al respecto de los daños intracelulares que han colapsado la generación de la línea celular específica que produce a la proinsulina, las moléculas que componen a la silimarina ordenan hacia el interior y exterior de las células varios procesos complementarios: 1) 2) 3) 4) provocan la multiplicación celular allí donde se ha detenido, previenen la proliferación maligna que puede terminar en cánceres, inducen la diferenciación a término de los tejidos, dan inicio y culminación a los procesos de reparación genética, entre otros...

¿Podemos pedir más de una medicina? ¡Gloria a Dios! Empero, se pueden oponer algunas

objeciones a los argumentos expuestos, como la diferencia fundamental entre el fuego químico oxidante, y el fuego atómico mutagénico. Incluso podrían creer algunos que es imposible la reparación del libro genético del interior de las células, pues no se ha demostrado todavía que esto pueda ocurrir. Respecto a lo primero, argumentamos que la irradiación juega un papel en los procesos de fuego químico endógeno, demostrado en el estrés oxidativo ocurrente en sujetos radiados, por lo que la capacidad antioxidante de este remedio debe ser utilizada en estas patologías sin retraso. Y sobre lo segundo, argüimos que no por carecer de pruebas al respecto de algo, esto no existe. Como la falsa adjudicación de inutilidad al A.D.N. que erróneamente bautizaron como “basura”. Se ha demostrado la adquisición de nuevas funciones bacterianas y virales, a través de la mensajería genética realizada por estos microorganismos entre sí, por medio de los fluídos de nuestros propios cuerpos, y podemos extrapolar este fenómeno teóricamente a organismos más complejos, como el nuestro, sin temor a errar. Esperando de Dios lo mejor no equivocaremos nuestras suposiciones. Tomando lo dicho en cuenta, es que nos permitimos recomendar de una vez y para siempre al Cardo de Palestina como el remedio herbolario de elección para los tristes y funestos casos de exposición radiactiva, desde la laboral e industrial, cuya primera víctima conocida es Marie Curie y sus colaboradores, hasta la bélica, cuyo epítome persiste en la memoria inexcusable de Hiroshima© y Nagasaki©, y cuyas secuelas podemos encontrarlas en los proyectiles de uranio empobrecido, que demonios disfrazados de humanos han dirigido contra las poblaciones inermes de Irak, de Puerto Rico (una sorpresa para todos, ¿verdad?), de Irán, de la mismísima Palestina, de la atormentada Siria, y también en las modernas y casi indetectables bombas atómicas de “baja intensidad” que demolieron al World Trade Center©, a las edificaciones palestinas (de nuevo), y a las instalaciones de investigación universitaria de Siria (otra vez). Instamos también a que una delegación palestina utilice la ley internacional, y refrende la denominación de origen de este cardo bendito, como una manera simbólica de subrayar la soberanía que ha perdido a mano del ejército de ocupación. Por eso ante el reciente nombre con el que se ha bautizado al cardo oriundo de Tierra Santa, que es el de Cardo Mariano (nombre que tiene una antigüedad de 2 milenios aproximados, y otorgado en honor a María, madre de Jesús, sea la paz con ellos), sugerimos el ya mencionado: Cardo de Palestina, o Cardo Palestino. Además, la adhesión a esta nomenclatura contrastaría los bandos y definiría posturas. Sí: es milagroso encontrar el antídoto divino, justo donde la ponzoña diabólica enferma y mata. Porque la maldad se encendió como fuego, cardos y espinos devorará; y se encenderá en lo espeso del bosque, y serán alzados como remolinos de humo. Libro de Isaías, Capítulo 9, Versículo 18.

Ésos son los que han trocado la Dirección por el extravío, el perdón por el castigo. ¿Cómo pueden permanecer imperturbables ante el Fuego? Sagrado Corán, Sura 2, Aleya175. Un estado de adormecimiento profundo impide al grueso de nuestra especie ocuparse, a consciencia y con acción, de la emergencia vital en la que pusimos colectivamente a nuestro hogar cósmico, el planeta Tierra. Si nuestros congéneres no son siquiera capaces de actuar en su propio beneficio, menos lo harán a favor, ni de sus seres queridos, ni de los otros seres. Hay en verdad un grupo mayoritario de terrícolas y demonios al que el destino de sus vidas y de su hábitat no le ocupa un segundo. Este coma moral es una pieza clave del menú fúnebre al que añadimos ahora el indigesto caldo atómico. Entonces la labor que podemos realizar adquiere mayor prioridad y también incrementa su mérito. En este tenor inscribimos nuestro diálogo. Responderá quien anhele el buen futuro en esta vida finita, y en el devenir eterno que le espera. Aquel que se abstenga de preocuparse y actuar en medida de su capacidad, que medite si no se ha enrolado en las filas de aquellos que, como reza el Sagrado Corán, “han trocado la Dirección por el extravío”, y que discierna si no es que “ha cambiado el perdón por el castigo”, pues en esto se juega su destino. Nadie hay exento de contaminarse con las llamas que alimentaron a las industrias y calentaron e iluminaron nuestras casas. La aldea planetaria arde, con nosotros dentro; en medio de este incendio, “¿cómo pueden permanecer imperturbables ante el fuego?”. Quien acuda a la leva de bomberos, se ha de preguntar, ¿qué puedo hacer, además de ingerir las medicinas de Dios, de purificarme, de medirme en el consumo de energía y medios que realizo? A estos inquirientes ha de guiárseles a la verdad, pues como Jesús, hijo de María, dijo alguna vez, “sólo la verdad os hará libres”. Y la verdad, para infortunio del ignorante y recompensa del buscador, ha sido ocultada bajo la espesa nata de los medios de comunicación de paga (subcomandante Marcos “dixit”); sí, aquellos medios que como pericos entrenados dan propaganda en vez de información, programación de masas en vez de educación de clases, inducción comercial en vez de criterio de compra. Esos mismos medios que acallaron la gravedad del sismo de 1985 en nuestro país, México, y no para que el pánico permaneciera a raya, sino para impedir que la solidaridad nos organizara como nación en medio de esa crisis, no fuera a convertirse esa unión en movimiento revolucionario. Esas plumas cortesanas, esas gargantas a la venta, no osan destacar el rasgo trágico del siniestro inducido de Japón. ¿Por qué?, porque entonces se les pediría que también nos guiaran en la odisea radioactiva, y para hacerlo, tendrían que cantar unas cuantas verdades como las que estamos exponiendo aquí y ahora, y este conocimiento, como podrá inducirse, dejaría sin clientes a muchas empresas, como los laboratorios farmacéuticos, por dar sólo un ejemplo. Para estos prostitutos el cheque quincenal es más importante que sus tumores a corto plazo. Así de perdidos se encuentran. Estas personas (si podemos llamarlas así) son los pastores de la masa. ¿A dónde es que la guían? “Ésos os llaman al Fuego, en tanto que Dios os llama al Jardín y al perdón” (Sagrado Corán, Sura 2, Aleya 221, fragmento).

La información que secuestraron, y cuyo uso se han arrogado en exclusiva, es por principio salvífica. Entre otras cosas consiste en los datos que suministramos al inicio de este escrito sobre una de las medicinas clave para los casos de contaminación radioactiva y guerra química, además del conocimiento sobre quién posee la capacidad de descontaminar el aire, la tierra, y el agua de estas sustancias, y sus emanaciones mortales. Como anunciamos al comienzo, el país que detenta estas sabidurías y está desarrollando sus tecnologías, es Irán, y el científico que eligió Dios para administrar esta Revelación es el persa Mehran Tavakoli Keshe. Abundemos ahora sobre este país y este hombre, si el Soberano incuestionable nos otorga permiso. Hace algunos meses un avión yanqui no tripulado, invisible a luz diurna, indetectable al radar convencional, y con autodestrucción programada en captura, entró al espacio aéreo iraní para fisgonear, y para sorpresa del imperio decadente, el ejército persa le interceptó, y lo llevó a un hangar para aplicarle ingeniería inversa y producirlo en serie mejorado. El punto a destacar es que la opinión especializada especuló bastante sobre la forma en que practicaron cetrería con esta incauta palomita. Un servidor supuso que hackearon la vía radial de telecomando de la nave, emulando además el sistema de navegación con destreza inigualable. La investigación posterior demostró que lo ocurrido realmente fue todavía más increíble que lo que supusimos todos. Unos cuantos años antes de que el drón tuviera el atrevimiento de invadir esta nación inexpugnable, un científico resolvió al fin la ecuación humana que seguramente le atenazó durante un tiempo sicológico interminable el corazón y el intelecto. Esta pregunta era: ¿a qué país he de legar primero la teoría unificada que he descubierto, con el poder que su aplicación conlleva? Al verificar la altura moral del pueblo iraní, la duda se despejó, y procedió a compartir su sabiduría con sus connacionales, lo cual le ha de haber dado un gran gusto, pues no es lo mismo entregar las llaves del Reino al extranjero, que hacerlo con los compatriotas. Recalquemos que su elección no fue influida por la pertenencia territorial, sino por el discernimiento ético a término. Persia desarrolló a marchas forzadas, y en la mayor secrecía, las tecnologías derivadas de esta imagen nítida e integral de las leyes materiales (y metafísicas) de la creación, pero le dio prioridad al aspecto defensivo de estas novedosas capacidades, y por obvias razones: desde el inicio de la Revolución Islámica se ha visto agredida en todos los frentes por las potencias, y era y sigue siendo necesario fortificar y blindar los logros que sin cesar se consiguen en el resguardo de esta gesta heroica. De esta forma se consiguió inventar algo que para muchos sigue siendo un sueño irrealizable: un platillo volador, un arma gravitacional, y un rayo anulador de los espectros electromagnéticos. Con esta tríada, más un radar inédito y todavía secreto, se logró enjaular y destripar al polluelo imberbe de los otrora soberbios gringos. Aunque usted no lo crea, todavía. Para infortunio mundial, la prioridad bélica de autodefensa ha obrado en detrimento de las otras capacidades tecnológicas que estas nuevas ciencias son capaces de germinar, pues no se puede estar en misa y repicar campanas a la vez, es decir, les ha sido imposible dedicar al mismo tiempo su capacidad humana disponible para el ámbito de la defensa, y el de la ecología. Esto puede

observarse en la necesidad occidental iraní de limpieza profunda que se ha vuelto indispensable a partir de la guerra química, que a nombre de los zionistas y del imperio, protagonizó Sadam Husein y su tropa de impíos. Las secuelas de esta defensa sagrada las observamos en la terrible teratogenia que tienen todavía que pagar las familias persas que moran al oeste de Irán, es decir, justo allí donde el tirano iraquí dejó caer los arsenales químicos que generosamente le regalaron las potencias genocidas. Si la guerra zionisto-imperial diera un respiro al imperio científico iranio, de inmediato dedicarían sus contingentes de sabios, y sus plantas industriales, a fabricar la aspiradora gravitacional de emanaciones y partículas radioactivas, émula de aquella que atrajo hacia sí al jilguerillo incauto. Y con ésta, el mundo entero sería en breve limpiado a profundidad de los detritos maléficos que decenios y decenios de irresponsabilidad han vertido sin compasión en él. Para conseguir esta meta tan alta, es necesario romper varios cercos. El primero es el mediático. Debemos entender la palabra oficial de los gobiernos, las empresas, y sus portavoces, como un monólogo que se vendió al postor más maléfico e inhumano. Y dejar de creerles, y trabajar porque otros les descrean. El segundo cerco es el dogma encostrado en nuestra mente, capaz de maniatarnos hasta la muerte. Debemos comprobar si las aseveraciones expresadas, tanto las malas al respecto de Fukushima, como las buenas sobre Irán, son verdaderas, o no. Para ello disponemos de un medio alterno que está por desbancar de una vez y para siempre a los medios “de paga”, aquellos que nos venden venenos por alimentos y medicinas, y mentira y ambigüedad por certeza y verdad: internet. El tercero es el cerco del prójimo. Hemos de compartirle nuestras consecuciones de todas las formas posibles: un correo electrónico reenviado a nuestros contactos y a los que vayamos consiguiendo, una carta con nuestras gentes como destinatarios y con las demás personas que vayamos conociendo, un disco que clonamos y obsequiamos generosamente a propios y extraños, un blog permanente al que invitamos a cuantos podemos, una charla incansable que ilumina y orienta, etcétera, etcétera, etcétera. Así, en estas tres fases, podremos en realidad salvar nuestra casa, y la de todos y todas, de la extinción inminente. Primero obtenemos la verdad, en seguida la incorporamos a nuestra existencia, y de inmediato la compartimos de cualquier forma y con cualquiera. Es evidente, una vez comprobado lo dicho, que no hay por ahora asunto de mayor prioridad que éste. Esta es una invitación noble al futuro, éste es un pase automático a la esperanza. Acudamos todos. www.keshefoundation.org www.hispantv.com www.presstv.com Iván Ardila Anzúres, México; Agosto 1º, 2013 – Ramadán 24, 1434.

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