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La insoportable infalibilidad del papa

(nuevas reflexiones a propósito de la encíclica “Veritatis Splendor”)

Carlos Abin
El tono y el contenido de la encíclica "Veritatis Splendor" traslucen la convicción de una autoridad infalible. El papa, desde esta óptica, define la verdad, y pretende traducirla en normas y criterios definitivos, que excluyen la crítica o la discrepancia: "Está prohibido a todos, en todos los casos, violar estos preceptos. Obligan a todos, sin tener en cuenta el costo". La infalibilidad papal no ha sido un asunto pacíficamente resuelto en el seno de la Iglesia. Proclamada como artículo de fe el 18 de julio de 1870 durante el pontificado de Pío IX, en el Concilio Vaticano I y a través de un proceso que autorizados teólogos e historiadores católicos califican de escandaloso i , fue progresivamente sepultada bajo un "acuerdo de silencio"ii y así permaneció durante décadas. El espíritu de libertad que dominó el Concilio Vaticano II, "en que por inspiración de Juan XXIII se renunció con entera conciencia a las definiciones infalibles"iii pareció el comienzo de un camino inverso, interrumpido abruptamente ahora por el rígido báculo de Juan Pablo II. La autoridad del papa alcanza en pricipio a los 980 millones de católicos, pero sin dudas su influencia se extiende mucho más allá y repercute significativamente en las ideas y concepciones que predominan en amplísimos espacios del orbe. Lo que multiplica la importancia de esta encíclica, habida cuenta de su potencial gravitación en el mundo contemporáneo, es el sesgo regresivo con que Juan Pablo II procura resolver la oposición entre el espíritu autoritario y el espíritu de libertad, negando desde una óptica intemporal y absoluta la historicidad de la verdad y de la moral. En la iglesia católica ha predominado durante siglos el autoritarismo religioso, hábilmente entremezclado con las ambiciones y las políticas de poder temporal imperial. La libertad, empero, ha asomado una y otra vez de mil formas diferentes, como aspiración, como práctica, e incluso como inspiración luminosa, como la que patrocinó el espectacular "aggiornamento" desatado por Juan XXIII. El pretendido retorno a la afirmación de certezas y preceptos intangibles, ahistóricos y definitivos, contraría los intereses de la propia institución, cuya historia está llena de episodios reñidos con la moral, puntualmente opuestos a las supuestas verdades inmutables predicadas por Juan Pablo II, pero justificados en sus respectivas oportunidades históricas con el peso y la autoridad del Magisterio. Aventuras sangrientas (las Cruzadas, la Inquisición, algunos episodios de la conquista de América), papas corruptos y lujuriosos (los Borgia, un ejemplo), el recurso a la conspiración, la tortura o el crimen para conservar la "pureza" de la auténtica fe (de nuevo la inquisición y su tenebrosa saga), equivocaciones notables -especialmente en su accidentada relación con las ciencias a través de los siglos- (Galileo, por citar un caso emblemático), omisiones intolerables (la ausencia de condena al nazismo y el holocausto judío, la política respecto del Estado de Israel) y

una larga tradición de connivencia con el poder y la riqueza -sin contar los errores. omisiones. la iglesia se ha equivocado. desarrollado ".ponen de manifiesto que una y otra vez.. amenazas. en asuntos de primordial importancia. de la naturaleza misma del hombre. no hay abrigo para la duda ni oxígeno para la tolerancia. la ocupación italiana de Roma y la liquidación de los estados papales" v La pérdida drástica de competencias y dominios temporales. ajena a los avatares del poder temporal. que se pretende derivada de la ley natural. Los Evangelios testimonian con claridad las vacilaciones del maestro -su condición humana. de falta de humildad histórica y de sensibilidad ante el mundo real. Así es porque así debe ser y siempre ha sido.. han lucido frente a las masas que les estaban sometidas tan extraordinaria aptitud. es falible aun cuando él mismo crea lo contrario. Vicario de Cristo y demás títulos que lo adornan. una vez más? Para muchas personas.tiene la curiosa condición de infalible. el retiro de la protección militar francesa. y el papa sin discusión encarna el punto más elevado del mismo. Irrumpe así una moral inmutable. En la Iglesia la cuestión no fue.personajes como el führer. así como las dudas. cierto Generalísimo Caudillo.con todo y su condición de Hijo de Dios. en sus orígenes. maniobras y golpes de mano. y -lo que es peor. Vale la pena recordar sin embargo que Cristo -el fundador de esta Iglesia. y demasiado cerca en el tiempo como para olvidarlos. las costumbres y la defensa de uno u otro tipo de intereses. y sin perjuicio de su condición de sucesor de San Pedro. las debilidades y aún las traiciones de sus primeros seguidores. como no podía ser de otro modo. Bajo la luz autosuficiente que irradia este esplendor de la verdad. injusticias y demás débitos que exhibe su historia presente y que continúan cosechando víctimas iv. resultará fastidioso y quizás levemente ridículo enterarse que uno de sus congéneres -aún cuando sea el papa. ¿Por qué no habría de hacerlo ahora.se sienta tentado a definir por sí y ante sí el contenido de la moral universal. quedaba compensada así por . sus discípulos directos. todas y cada una de las diferencias entre el bien y el mal. sellada y cerrada. algún partido comunista y no pocos secretarios generales. Esta se ha identificado casi siempre con el extremo autoritarismo: monarcas y emperadores de origen divino en el pasado medieval. al cabo de un proceso demasiado humano. Tampoco los Padres de la Iglesia ni los sucesivos papas a lo largo de casi dos milenios asumieron la pretensión de infalibilidad. Pío IX estrenaría esta virtud sobrehumana. parece no haber pensado jamás que podía considerarse libre de error. sobre el telón de fondo de la guerra franco-prusiana. en última ínstancia-. Quizás este empeñoso intento de 179 páginas. Todo está planteado en blanco y negro y rige para todos. y los límites absolutamente precisos de la conducta humana. todos ellos relacionados con la moral. católicas o no. La Iglesia tiene su Magisterio. Tampoco se atribuyeron tan elevada condición los apóstoles. plagado de trampas. el duce. Como hombre. termine constituyendo la prueba irrefutable de un pecado de soberbia.

abarca como mínimo a todos los obispos y se dispersa y enriquece a lo largo y ancho del mundo con las aportaciones de infinidad de teólogos. aunque solo una parte de ella está traducida al español . así como la versión simplificada de divulgación publicada bajo el título "Cómo llegó el Papa a ser infalible" (Planeta. sin tener en cuenta el costo" es sencillo concluir que donde dice "pastores" o "iglesia" debe leerse "el papa" que asume para sí. Autoritarismo e ilegitimidad. ventilar ampliamente la casa quebrando la dicotomía inaceptable e ilegítima entre un clero cada vez más funcionario y menos pastor y la legión de laicos que se disgrega cuando su participación se cercena. Juan Pablo II eligió un callejón sin salida.                                                              i En particular August Bernad Hasler. en todos los casos. dogmatismo. una vez más.. La iglesia remozadamente agustiniana liderada por un papa ahora infalible se lanzaba -inúltilmente según se supo luego. sacerdotes y laicos que edifican día tras día la intensa vida intelectual de la iglesia católica.. violar estos preceptos .. reforzando así desde la religión y la ética las mejores tendencias de la sociedad contemporánea.. Existe una copiosa bibliografía sobre el tema. infalibilidad papal y el Concilio Vaticano I" (1978). " vi Es posible y necesaria la renovación interior del catolicismo sobre bases democráticas Y pluralistas. Barcelona 1980). Existen opciones.. con plenitud.que se lleve a término la desideologización de la autoridad doctrinal absolutista Y autoritaria iniciada en el Concilio Vaticano II en favor de una auténtica autoridad espiritual. abrir el ministerio a las mujeres. La historia no lo absolverá. las coerciones e incluso las deshonras de la Teología y de la Administración de la Curia . a fin de que la Iglesia se vea libre de todas las arrogancias. Hasler maneja fuentes documentales abundantísimas.a construir la "Ciudad de Dios" levantando muros "eternos" contra la modernidad. Puede consultarse su trabajo " Pío IX (1846-1878). Juan Pablo olvidó esta historia (¿o quiere tal vez volver a ella. También puede consultarse el ensayo "¿Infalible? Un interrogante" (del eminente teólogo alemán Hans Küng (1970). A lo que suma otros juicios contundentes: "La autonomía de la razón humana tiene que estar subordinada a las leyes de Dios y a las enseñanzas de la Iglesia" porque "La conciencia humana no tiene derecho absoluto a tomar decisiones categóricas sobre lo que es moralmente justo o errado" El pontífice es el autor del documento. obstáculo central en la reunificación ecuménica del cristianismo y el diálogo con otras religiones.el sobredimensionamiento de los poderes religiosos. atrasando drásticamente los relojes?) Insiste: "La oposición a las enseñanzas de los pastores de la iglesia no puede ser vista como expresión legítima ni de la libertad cristiana ni de la diversidad de los dones del Espíritu". exclusividad un magisterio que conforme a la tradición y a la doctrina es Colegiado. se abrazan.. favorecido por la apertura de los archivos de Pío IX dispuesta por Pablo VI en 1970. Es posible y necesario ". Es posible y necesario eliminar el dogma de la infalibilidad y la orgullosa soberbia que conlleva. en pro de la libertad de los individuos y contra toda forma de autoritarismo. diametralmente opuestas. Como además "Está prohibido a todos.

op. " op. op.. "Cómo lle el Papa a ser infalible". "La historia del cristianismo" . Montevideo 1993) Paul Johnson. "Introducción . cit. pág 15 iii iv v vi   .. cito pág 15 Confrontar "La iglesia increíble".                                                                                                                                                                               ii La expresión pertenece Hans Küng en su Introducción al libro de August Bernard Hasler. el reciente libro de Luis Pérez Aguirre (Trilce.Javier Vergara Editor. 3 Hans Küng. cit. Buenos Aires 1989 pág 447 Hans Küng.