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En cualquier sistema constituido por una bomba y un sistema de tubos, en este caso el corazón y los vasos sanguíneos, la presión

es proporcional a la cantidad de líquido bombeado a los tubos multiplicada por la resistencia al flujo dentro de estos. En el sistema cardiovascular esto se interpreta como la presión es igual al gasto cardíaco por la resistencia; así la presión arterial se incrementa cuando aumenta el gasto cardiaco o disminuye el diámetro de los vasos. El sistema renal y de los líquidos corporales de control de la presión arterial es simple: cuando el cuerpo contiene demasiado líquido extracelular, el volumen sanguíneo y la presión se elevan. La presión asciende provocando un efecto directo donde los riñones excreten el líquido extracelular. Si la presión asciende demasiado, el riñón se limita a excretar el exceso de volumen a la orina y la presión cae. Cuando la presión es baja, el riñón excreta un volumen bastante menor al ingerido, por tanto la presión asciende a sus valores normales. En el hombre el aumento de unos cuantos mm de mercurio puede duplicar la excreción renal de agua (denominado diuresis de presión) así como la excreción de sal (natriuresis de presión). Sin embargo para que el sistema ejerza un sistema más preciso de control, se requiere de la adición del mecanismo de la renina- angiotensina. La renina es una pequeña proteína enzimática liberada por los riñones cuando la presión desciende demasiado. La renina se sintetiza y almacena en forma inactiva, denominado prorrenina, en las células yuxtaglomerulares, (localizadas en las arteriolas aferentes inmediatamente proximales al glomérulo). Cuando cae la presión arterial los riñones hacen que muchas moléculas de prorrenina se rompan y liberen renina. La mayor parte penetra en la sangre renal y luego sale para circular en todo el cuerpo; esta enzima no es una sustancia vasoactiva, por tanto actúa enzimáticamente sobre otra proteína plasmática, una globulina, sustrato de renina o angiotensina, para liberar un péptido de 10 aminoácidos: angiotensina I. Ésta tiene propiedades ligeramente vasoconstrictoras, pero no suficientes, para causar alteraciones (persiste en la sangre alrededor de 30 min.) Tras la formación de angiotensina, se separan de la molécula 2 aminoácidos, formando angiotensina II, que es un vasoconstrictor extremadamente potente, pero que persiste en la sangre de 1- 2 minutos por la inactivación de enzimas sanguíneas denominadas en conjunto angiotensinasa. Durante su permanencia en la sangre ejerce dos efectos: la vasoconstricción, intensa en arteriolas y mucha menor en venas, dando así la resistencia periférica e incrementando el retorno venoso al corazón (gasto cardíaco). El segundo efecto actúa sobre los riñones para disminuir la excreción de sal y agua y aumentar el líquido extracelular, que eleva la presión arterial a lo largo de un periodo de horas y días.