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ISSN:2011-2920

Agro, Vida y Sociedad
Revista del Colectivo Semillas de Vida

No.

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E ner o 2012

FACULTAD DE AGRONOMÍA DIRECC IÓN DE BIENESTAR DIRECCIÓN DE BIENEST AR UNIVERSITARIO ÁREA DE ACOMPAÑAMI ENTO INTEGRA L PROGRA MA GESTIÓN DE PROYECTOS

FACULTAD DE AGRONOMÍA DIRECC IÓN DE BIENESTAR DIRECCIÓN DE BIENEST AR UNIVERSITARIO ÁREA DE ACOMPAÑAMI ENTO INTEGRA L PROGRAMA GESTIÓN DE PROYECTOS

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SEDE BOGOTÁ
Rector
Ignacio Mantilla Prada

Vicerrector de Sede
María Clemencia Vargas Vargas

Decano de la Facultad
María Isabel Chacón Sánchez

Director de Bienestar de la Facultad de Agronomía
Oscar Oliveros

Director de Bienestar sede Bogotá
Marco Elí Franco

Coordinadora Programa Gestión de Proyectos
Elizabeth Moreno Dominguez

AGRO VIDA Y SOCIEDAD
Comité Editorial
Victor Hugo Raigoso Julio Samuel Vega Ahumada Fabián Ayala María Claudia Velandia

Porque la cuchara también es un derecho y no todo lo verde es represión Red Agropecuario y de Educación Popular

Corrección de estilo
Diaba Lucía Fernández Veloza

Diagramación
Leonardo Parra Puentes

Impresión
Gracom Gráficas Comerciales ISSN: 2011-2920

Analfabeta político
El peor analfabeto es el analfabeto político. Él no oye, no habla ni participa en los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas dependen de las decisiones políticas. El analfabeto político es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la política. No sabe el imbécil que de su ignorancia política proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador, y el peor de los bandidos,

Bertold Brecht

Parte de uno de los 6 huecos de explotación de carbón del Cerrejón.Enero 2012. Fotografía: Jairo a.g

Editorial
Contenido
Editorial Luna llena y sus influencias en la agricultura 2 4

sadilla, constituye una fuente de satisfacción importante; de otro lado, la acogida, el reconocimiento y la identidad ganada y cimentada en el decurso de estos años, comportan otra fuente de gratificación importante para este esfuerzo. Poder llegar a un público sig nificativo con la publicación, un público variado y diverso; al que se la haya podido inocular la semilla de las preoc upaciones que desde este escenar io contempla mos, y que a su vez hayan pod ido asimilar y cohonestar con el mismo, a través de su presencia, par ticipando con la elaboración de artículos que alimentan esta apuesta editorial, con su participación en los eventos de lanz am iento rea l i z ados, con su complacencia a l leer la totalidad de los textos, o suscribiéndose a la revista a través del medio web que hemos dispuesto desde aquí, denota que vale la pena seguir de manera inclaudicable -desde este espacio-, desentrañando o buscando develar las problemáticas del campo colombiano, y por qué no decirlo del campo a nivel mundial. Poder acompañar, impulsar y apoyar distintas iniciativas y esfuerzos organizativos de los campesinos y de procesos existentes y en consolidación, hace parte de la energía que alienta la búsqueda de alternativas y de generación de diálogo y debate alrededor de las problemáticas que se siguen reconfirmando a propósito del mundo rural. Poder contar con la presencia directa de los campesinos en diversos escenarios

universitarios y de la academia, en las discusiones que les conciernen por cuanto lo que se estudie, se investigue y se convierta en conocimiento al interior de los claustros de la universidad, y en particular de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Colombia va a terminar impactando e incidiendo significativamente en la realidad y en la vida de quienes, -aún pese al propio desconocimiento inconsciente o deliberado-, producen alrededor del 70% de los alimentos que se consumen en este país, y que décadas atrás producía la casi totalidad de la alimentación demandada por la población colombiana, así como también poder llegar a sus territorios, a las tierras y los lugares que habitan y donde labran sus vidas, se convierte en otro aliciente que estimula y justifica esta publicación. Queremos hacer un llamado desde este medio a continuar con este diálogo, a continuar o empezar a pensar y ofrecer a alternativas capaces de reconocer que las existentes, u ofrecidas desde hace décadas, con las promesas inevitables al interior de ellas, han cumplido un ciclo, y realmente se han agotado, y han mostrado su fracaso, pese a que desde diversos lugares se les siga proclamando como la solución y la pócima salvadora.

El campo de la educación, la educación en el campo 12 Comercialización de leche cruda para la pasteurización doméstica 20 Chagras, Milpas y Parcelas Campesinas Y desde aquí ch@teamos... Apuntes sobre la mierda de una vaca 26 28 38

espués de c uat ro números de la revista Agro Vida y Sociedad, se logra adver tir que las dificultades de un proceso y un proyecto de carácter estudiantil como este pueden contribuir a fortalecerlo o a reconsiderarlo. No siempre es un problema de voluntad el que gobierna la continuidad de un ejercicio como el que fue emprendido desde el año 2007 por el colectivo “Semillas de Vida y Sociedad”; no obstante, poder sortear y afrontar los diversos obstáculos se convierten en una medida de esa voluntad, y sobre todo, de la convicción de continuar adelante con un proyecto que se sostiene por la creencia en la necesidad del mismo. Desde los responsables del comité editor ial vemos que fácilmente un proceso ed itor ia l se puede diluir después de alg unos intentos; que las presiones académicas de los par t icipantes y todo el conjunto de procedimientos, pasos y normativas a los que hay que responder institucionalmente, coadyuvan a sofocar el esfuerzo y la voluntad; sin embargo, poder escapar a estas penurias, y a lo que puede llegar a ser una pe-

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Foto portada: Juninho- Campesino Sem Terrinha Acampamento Maela Sabrina del MST. Movimiento de los Trabajadores rurales sinTierra de Brasil.

Editorial

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Mi ombligo – árbol

Espiritualidad y Agricultura Afrochocoana
Por: Laura Carolina Lasso 1
A R T Í C U L O

esde la cultura1 campesina y las etnias tradicionales, la concepción de la agricultura trasciende el hecho de la utilidad mercantil y el valor de uso de la producción resultado de este proceso, alcanzando niveles superiores de entendimiento sobre los aportes de los ciclos naturales, los elementos que participan de este y las distintas relaciones —-no solo de aprovechamiento—- que se ponen en un plano no simplemente económico;, sino cultural, social, ecológico y espiritual, dados entre el entorno natural y las comunidades que hacen uso y manejo de este. Así es como, de acuerdo con Shiva (1997), la sostenibilidad de las personas y del medio ambiente está referida al reconocimiento de la naturaleza como soporte de vida, en tanto es fuente primaria del sustento y, por lo cual, es fundamental el respeto a sus ciclos, procesos y ritmos, así como la incorporación de la diversidad a la lógica de producción rural. En el modelo de sociedad-naturaleza de la gente negra de la costa chocoana, la naturaleza es el soporte económico y social de la vida y existe una clara continuidad entre los procesos naturales y los procesos sociales; entre el cuerpo natural y el cuerpo humano, entre la salud humana y la salud del ecosistema. La pesca, la agricultura, la extracción de madera, la recolección de plantas y animales involucran formas y prácticas sustentadas en el particular conocimiento y percepción del entorno, así como en formas de control social para la regularización de las mismas. Los cultivos en los huertos caseros y el manejo de policultivos en rotación en tiempo y espacio, y el descanso de terrenos de las fincas hacen parte de una tradición que involucra una compleja interacción con la base natural con la cual conviven, esta es permanentemente socializada (Camacho, 2001). El cultivo en huertas, patios y azoteas dentro de la región pacífica colombiana, corresponde a un tipo

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de agricultura ejercida y sustentada principalmente por mujeres; cultivos que comienzan en la infancia dentro del espacio familiar y se consolidan con el establecimiento del huerto personal cuando la mujer se casa y ejerce los roles de pareja y madre, estas son prácticas que fortalecen el autoconsumo, la autonomía alimentaria, la transmisión de conocimiento ancestral y la identidad cultural de género: «La mujer se parece a la azotea, lo único es que la azotea tiene dos patas: el cuerpo y las matas; estas son el vestido, porque una azotea sin nada es como una mujer desnuda», dice Cándida García, pobladora de Nuquí, Chocó. Las azoteas se fabrican en canoas viejas, cajones de madera levantados y se usan para cultivar plantas alimenticias, medicinales, aromáticas, ritual-religiosas; al igual que para germinar árboles frutales que luego son trasplantados al patio familiar y arboles maderables que luego son llevados a los límites de la finca. Para la siembra de estas plantas, utilizan diferentes sustratos compuestos de materiales orgánicos: tierra de hormiga arriera, el llamado «junco», hojarasca, madera descompuesta, arena fina, suelo de la hojarasca de la playa endulzada con agua de lluvia y/o limo suave de rio (Camacho, 2001). Dentro de la diversidad de plantas cultivadas, existe una distinción y representatividad basada no tanto en el volumen y en el área sembrada, dado que las mujeres plantan un o dos «individuos» de la misma especie, sino en las facultades estratégicas que ofrecen las plantas,: por ejemplo, se encuentran la cebolla, el tomate, el pimentón, el cilantro como las más cultivadas o que se presentan con mayor frecuencias en las casas, debido a que son consideradas como infaltables en la cocina diaria; les siguen en importancia la hierba buena, el limoncillo, el llantén y el poleo; consideradas claves para aliviar malestares o dar aliño a las comidas; también se encuentran plantas como la pringamoza, la dormidera, el guayabo o
Agricultura Afrochocoana

1 Estudiante agronomía. lclassoc@unal.edu.co
Azoteas de tiesto con plantas medicinales y aromáticas en la comunidad del Pital del Rio Cajambre. Foto: Jesus Vc i e d a d 4 Agro , V i d E. a Arroyo y So

Mi ombligo – árbol Espiritualidad y

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El rito de la ombligada en el Pacífico colombiano evidencia la estrecha relación cultural que existe dentro de las comunidades negras con la naturaleza, las prácticas realizadas en sus agriculturas y la vida personal y social construida dentro de su territorio; tanto en la relación ombligo-sacralidad, árbol-vida como proyecciones de la vitalidad. Para las mujeres y hombres negros, la naturaleza no es una entidad abstracta, distante o separada de la cultura; por el contrario es referencia simbólica y material de la identidad individual y colectiva. Las comunidades negras e indígenas del Pacífico, desde sus formas tradicionales y ancestrales de producción, subvierten los modelos agropecuarios impuestos desde occidente, en los que prima la muerte sobre la vida, el agotamiento sobre la proyección. Se entiende la agricultura como un espacio cultural que se recrea social, económica y ecológicamente, que trasciende el aspecto individual en la ejecución de rituales y ceremonias, prácticas médicas alrededor de estas y el posicionamiento de valores como el respeto, el amor y la reciprocidad como principios reflexivos básicos para entablar un vínculo con la naturaleza dentro de las formas de vida afro-pacíficas.

En este sentido, ni la azotea, ni el árbol, ni la familia pueden mirarse de manera separada ni extraídos de la organización social comunitaria. Un niño palmera, al árbol o a la planta que crece nutriéndose o niña se refiere con el nombre de mi ombligo a la del saco vitelino enterrado con sus raíces en la azotea tiva negra en la comunidad.

familiar: un espejo de las dinámicas de la vida colec-

Bibliografía:
Arocha, J. 1999. Ombligados de Ananse: Hilos

ancestrales y modernos en el Pacífico Colombiano. Centro de Estudios Sociales, CES. pp 15. Sh iv a, V. 19 9 7. H a c i a u n a e s t r u c t u r a d e l a

productividad basada en la biodiversidad. En boletín de ILEIA, Marzo. Camacho, J. 2001. Mujeres, Zoteas y hormigas

arrieras: practicas de manejo de la flora en la costa pac í fic a C ho coa n a. En Z otea s. Bio d iver sid ad y relaciones culturales en el Chocó biogeográfico de del Pacífico – IIAP.

Colombia. Instituto de Investigaciones Ambientales

Azoteas de canoa y barbacoa en la parte posterior de una vivienda. Vereda la Fragua del rio Cajambre. Foto: Mireya Leyton –C.

el totumo para conceder facultades como la «arrechera» fuerza o laboriosidad en una persona. Así, las mujeres afrochocoanas muestran interés por mantener una gran cantidad de especies en la huerta, sea por uso práctico personal culinario, medicinal, ritual; o por el gusto de tener la azotea más bonita y amplia; o simplemente para que las demás mujeres de la co-

maneciendo vivos en la memoria de la comunidad, a pesar de las presiones historicas generadas por modelos extranjeros de producción sobre el territorio. Me contaba Harrinson Cuero2 que en el Pacífico cuando una mujer sabe que está embarazada, escoge un árbol para sembrar en su azotea, coge una semilla y la pone a germinar en ella; cuando el niño nace la madre entierra la placent a y el cordón umbilical debajo de la semilla germinante, él (Harrinson) tiene su ombligo enterrado en Guapi, Cauca. El antropólogo Arocha añade: «posteriormente cuando es necesario curar la herida que deja el ombligo al separarse del cuerpo, los padres escogen una planta, animal o mineral cuyas cualidades formarán parte del carácter del niño o niña y las cuales irán siendo incorporadas a partir de que se esparzan los respectivos polvos sobre la cicatriz umbilical» (Arocha, 1999). En Timbiquí (Cauca), atan la mirada triste de una persona con ombligadas de dormidera; la «arrechera» de las muchachas lindas con la pringamoza, y la de los hombres con la Patasola, mostrando cómo alguien de la comunidad al observar a una persona puede inferir la forma como fue ombligada.

munidad encuentren y dispongan de las plantas que necesiten en estas tablas para luego cambiar semillas y especies, consolidando redes de fraternidad y solidaridad dentro de la comunidad. De esta forma, alrededor de estas canoas viejas,

ollas rotas, hojas de orozul y cilantro; no solo existe un sustento alimenticio basado en la técnica, que

pone de manifiesto cómo las comunidades negras ejercen técnicas étnicas ancestrales de siembra, haciendo uso de los recursos locales y de saberes históricos dentro de un subsistema tradicional y sustentable de «producción» integrado a la unidad familiar bosque húmedo tropical; sino que a su vez, se hacen y enmarcado dentro de las condiciones ecológicas de evidentes los rituales que hacen parte de la vida personal y marcan la cultura afrochocoana con elementos aportados y heredados del África en América, per-

2 Integrante del Proceso de Comunidades Negras PCN.
Mi ombligo – árbol Espiritualidad y Agricultura Afrochocoana

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Agro, Vida y Sociedad

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Descubierto a la mesa puesta estaban sentados los adultos conversando jugabas a que la distancia el mismo vacío entre ellos semejaba una corona sobre sus cabezas y entendiste muy temprano en quiénes podías confiar quiénes apreciaban aquello que crece libre los demás estaban solamente sentados inmóviles inseguros huecos y no mostraban sentimientos no mostraban nada como si sus vidas y sus almas fuesen los lugares del delito lugares que ellos mismos ya no se atrevían a visitar por miedo a ser sorprendidos descubiertos Bruno K. Öijer Una generación la negra noche me da negros ojos yo los uso para buscar luz

Abril de 1979 Gu Cheng

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Agro, Vida y Sociedad

Mi ombligo – árbol Espiritualidad y

Agricultura Afrochocoana

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Escuelas de agroecología en Colombia
La construcción e implementación del conocimiento agroecológico en manoscampesinas
Por: Álvaro Acevedo O 1
A R T Í C U L O

A los maestros Mario Mejía y Guillermo Castaño, que nos han abierto el camino, y nos siguen inspirando en esta construcción.

1 a educación es la más poderosa herramienta de transformación social. Durante más de 2 décadas en Colombia, varias ONG han impulsado el movimiento ambientalista y agroecológico, desarrollando importantes acciones de formación en el ámbito de la sociedad civil. En este proceso ha sido de enorme valía el aporte del conocimiento tradicional campesino, indígena y afro colombiano que, unido al conocimiento actual de la agroecología, la educación popular y ambientalismo, han permitido importantes procesos de transformación urbana y rural en Colombia. Este movimiento de educación agroecológica se desarrolla por iniciativa de la sociedad civil y Organizaciones No Gubernamentales, principalmente; la participación de la academia ha sido pobre —casi nula— y los programas gubernamentales, en general, demuestran una enorme apatía y desconocimiento respecto a lo que dichos programas representan en el país. Las iniciativas populares de formación en agroecología están generando nuevas oportunidades a la población rural, adultos-as y jóvenes rurales, convirtiéndose en un pilar del desarrollo de su agricultura, desde la valoración del conocimiento tradicional y el aprovechamiento de nuevos aprendizajes que son socializados y construidos colectivamente en una muestra de cooperación y construcción de la agroecología desde la base.

L

No hay duda de que estas experiencias de educación desde la base dan vida y fuerza a la agroecología; la construyen con genialidad, solidaridad y autonomía, generando un nuevo sentido de la soberanía rural y alimentaria del país; por esta razón deben ser fortalecidas y tomadas como referencia para la construcción del país agrario que queremos.

Tipos de escuelas agroecológicas
Aunque el nombre de Escuela se aplica a casi todas las experiencias agroambientales detectadas, son muy disímiles unas experiencias de otras tanto en sus objetivos como en su estructura de operación. Por Escuela no se entiende, en la mayoría de los casos abordados, un proceso formativo convencional estructurado con currículo, materiales didácticos, profesores-as y sistemas de evaluación del aprendizaje, sino que se asume en un sentido más amplio e igualmente válido, como un proceso de intercambio de conocimientos y experiencias alrededor del manejo de los recursos naturales, la producción agropecuaria, la cultura local, etc. ; pero en otras experiencias —la minoría— sí se cumplen varios de los criterios ortodoxos de Escuela. Para diferenciar, groso modo, algunas modalidades se emplea la clasificación de

Escuelas Campesinas y Escuelas de Promotores Rurales.

Azoteas de tiesto con plantas medicinales y aromáticas en la comunidad del Pital del Rio Cajambre. Foto: Jesus E. Arroyo - V

1 IA. U. de Caldas. Máster en Agroecología y Desarrollo Rural Sostenible, Universidad Internacional de Andalucía. Gestor de la Escuela Granja Agroecológica SOS Armero Guayabal. Profesor de Ingeniería Agroecológica de UNIMINUTO. Doctorante en Agroecología Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá.
Fotografía: La niña de la muñeca de palo, Alberto Korda

Las principales diferencias entre Escuelas Campesinas y Escuelas de Promotores Rurales, se resumen en el siguiente cuadro:

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Agro, Vida y Sociedad

Escuelas de agroecología en Colombia

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Característica

Escuela Campesina
Intercambio de trabajo: Minga o Mano Cambiada Intercambio de saberes y conocimientos sobre manejo de recursos naturales. Construcción de tejido social. Institucional o comunidad de base

Escuela De Promotores Rurales
F o r m ac i ó n co m o p r o m o t o r e s - a s qu e sir van de difusores o facilitadores-as del aprendizaje con otros agricultores-as.

Objetivo

Origen de la Iniciativa

Institucional

enfrentarla, entre otros elementos. Es una constante entre las familias que participan de estos espacios de formación ganar un alto grado de conciencia sobre el adecuado manejo de sus recursos naturales, así como el fortalecimiento de vínculos familiares, visión política y un alto interés por aportar al desarrollo organizativo en su comunidad. Las escuelas campesinas desarrolladas bajo esta estructura tienen su origen en dos experiencias, escuelas o propuestas metodológicas de desarrollo rural importantes: las Escuelas de Campo de Agricultores (ECA) y el Enfoque Campesino a Campesino (ca a ca). Las ECA nacieron en Asia en los años 80, impulsadas por la FAO para promover la incorporación rápida de innovaciones tecnológicas en cultivos de arroz; posteriormente, en América Latina, son impulsadas por el Centro Internacional de la Papa, CIP, para cumplir el mismo propósito en cultivos de papa en Perú; desde allí se extiende a otros países de América Latina con diversas modificaciones en su concepción y desarrollo, como puede verificarse en las experiencias detectadas en Colombia en este breve estudio. En general, la metodología impulsada por las ECA es: «[…]Una metodología de capacitación participativa que se basa en el concepto de aprender por descubrimiento y que aplica los principios ecológicos. Durante una ECA los agricultores y facilitadores participantes intercambian conocimientos, tomando como base la experiencia y la experimentación a través de métodos sencillos y vivenciales. Se utiliza el cultivo como herramienta de enseñanza-aprendizaje» (Pumisacho y Sherwood, 2005: 18). En su estructura más convencional, una ECA se desarrolla con la agrupación de unas 10 familias convocadas por un facilitador-a o técnico-a en una finca demostrativa, finca piloto o las mismas fincas de los agricultores-as que hacen parte de la ECA; su duración equivale a la de un ciclo de cultivo, tiempo durante el cual pueden realizarse unas 10 a 15 sesiones de capacitación; el propósito es llevar a cabo un proceso de innovación o mejoramiento tecnológico durante el desarrollo del cultivo; de tal suerte que es una formación basada en la producción y centrada en actividades de campo analizando in situ lo que ocurre con el cultivo, lo que facilita enormemente la interacción de sabidurías y la construcción colectiva de conocimiento entre técnicos-as y agricultores-as. De otro lado, la metodología Campesino a Campesino, Ca a Ca, tiene su génesis en China hacia 1920, cuando una red de campesinos-as se fue constituyendo para promover la difusión de técnicas entre otros campesinos-as en cada región, dada la dificultad de los programas oficiales por lograr una cobertura consi-

Enfoque y referentes

Educación Popular Aprender – haciendo ECA Local: veredal, municipal

Educación Popular Aprender – haciendo Ca a Ca Regional, departamental o Nacional Medio Ambiental Agroecológica Socio-cultural Metodológica Socio - política Además del aprendizaje mediado por las relaciones entre los-as estudiantes, cuentan con currículo, material didáctico, y sistemas de evaluación del aprendizaje informales o formales.

Cobertura del servicio

Áreas de formación

Medio Ambiental Agroecológica Socio-cultural Socio - política

derable de difusión. Inicialmente fue planteado como una estrategia metodológica para desarrollar esquemas de mejoramiento tecnológico en programas dirigidos a pequeños productores, contando con la participación de los propios-as agricultores-as como promotores-ras, con su aplicación, análisis y evolución; Ca a Ca se fue constituyendo poco a poco en un enfoque y en un hito en los programas de desarrollo rural en América Latina, a donde llegó de mano de la organización Word Neighbors, siendo desarrollada ampliamente en Centroamérica en los años 80 y luego en Suramérica en los 90, a partir de las experiencias desarrolladas por esta organización bajo el liderazgo de Rolando Bunch y la guía teórica de su libro Dos Mazorcas de Maíz. Actualmente existe un movimiento de gran dimensión denominado Campesino a Campesino; su propuesta metodológica de desarrollo rural ha logrado una enorme difusión en todo el mundo rural de los países en desarrollo. Según Ca a Ca, los objetivos de cualquier programa rural deben ser: «1) que los campesinos desarrollen la habilidad para resolver sus propios problemas; 2) que aprendan y adopten tecnologías mejoradas; y 3) que el programa logre los primeros dos objetivos con la máxima eficiencia» (Bunch. 1985: 83). Para lograrlo, el autor propone 5 principios metodológicos claves: Empezar despacio y en pequeño, limitar la tecnología, usar experimentación en pequeña escala, lograr éxito rápido y reconocible, desarrollar un efecto multiplicador. Algunas de las experiencias de Escuelas Campesinas, son: • Escuelas Campesinas Agroecológicas de la Pro vincia de Entre Ríos (Calarcá – Quindío) • Escuela Agroecológica Tierralegre. Filandia (Quindío). • Escuela Campesina del Valle de Tenza, Escavalle. Sutatensa (Boyacá) Grupo asociativo Asosugamuxi. Sogamoso (Boyacá) • Escuelas Campesinas hacia el Desarrollo Sostenible, Corporación La Ceiba (Antioquia) • Escuela de Agroecología, Agrosolidaria Seccional Boyacá. Tibasosa (Boyacá) • Escuelas Campesinas Agroecológicas de Tuluá, CVC. (Valle del Cauca) • Escuela Campesina de la Secretaría de Agricultura Y Ambiente de Marinilla (Antioquia), SAYA.

Estructura pedagógica

El aprendizaje está mediado por la cultura y las relaciones entre las personas (diálogo campesino a campesino) y posibles facilitadores-as (diálogo campesino – técnico); no existe un currículo e s cr i to, m at e r ial didác t ico o sis t e m a s d e evaluación del aprendizaje o son incipientes y de carácter informal. Indefinida - Permanente

Duración

Ciclos de formación establecidos en cada programa Cuentan con profesores-as.

Reconocimiento que reciben los estudiantes

Es de carác ter social; genera autoestima y reconocimiento social.

Profesores

No necesariamente cuentan con profesores-as; algunas tienen facilitadores-as como un miembro más del grupo de trabajo-aprendizaje.

Cuentan con profesores-as.

Escuelas Campesinas
La mayoría de las experiencias populares de formación ambiental y agroecológica detectadas actualmente en Colombia corresponden a experiencias de Escuelas Campesinas nacidas del enfoque de las Escuelas de Campo de Agricultores, ECA. Es difícil calcular el número de Escuelas que existen con este formato en el país; se estima que sean más de 50 solo en la región suroccidente del país (Mejía, 2006); sumadas todas aquellas a otras de las cuales se tiene alguna referencia, podrían sobrepasar las 100 Escuelas a nivel nacional. Sin duda, este ha sido un esquema de trabajo interesante asumido por muchas ONG y organizaciones de base que trabajan en la transformación de la producción y el manejo sustentable de los recursos (bienes) naturales.

Las Escuelas Campesinas de Agroecología, son experiencias de educación ambiental y agroecológica desarrolladas por iniciativa de algunos programas o líderes-as rurales que conforman pequeños grupos de agricultores-as que se encuentran, con alguna frecuencia, en una finca piloto determinada o, de manera itinerante, en las distintas fincas de los miembros del grupo, para desarrollar un proceso formativo simultáneamente con el desarrollo de sus cultivos o para cooperar con el trabajo productivo de la finca visitada, incorporando al mismo tiempo elementos de aprendizaje como el análisis de las tareas productivas a realizar y el intercambio de conocimientos relacionados a la mejor manera de su ejecución; el estudio de algunos temas relevantes tanto ambientales como técnicos o de contexto; el análisis de la realidad de la comunidad y propuestas de trabajo encaminadas a

Escuelas de promotores rurales
Tanto la propuesta de ECA como la de Ca a Ca establecen la necesidad de contar con técnicos-as, promotores-as o facilitadores-as ambientales o agroeco-

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Agro, Vida y Sociedad

Escuelas de agroecología en Colombia

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han nacido como parte de programas de desarrollo rural en manos de algunas ONG y de equipos de Pastoral Social principalmente. Las experiencias en esta modalidad, son: • Esc uela de P romotores Ca mpesinos, C A PROCAM. Arquidiócesis de Santafé de Antioquia (Antioquia). • Escuela Agroecológica de Promotores Campesinos de la provincia de Soto (Santander). • Formación de líderes en Sostenibilidad Local y Regional. IMCA (Valle – Nariño) • Formación de Promotores para Escuelas Campesinas, CEIBA (Antioquia) • Escuelas Regionales Agroambientales del Macizo Colombiano. FUNDECIMA (Cauca)

agrarias, sino que entienden mejor la cultura de su gente y asumen el Desarrollo Rural como una opción para sus propias vidas; además, constituyen la posibilidad de devolver a las comunidades el poder que tienen de conducir su destino. Más que una educación centrada en el conocimiento técnico agroecológico, las Escuelas de Agroecología representan iniciativas populares que fortalecen la autoestima de la gente, re-valoran su saber tradicional, su conocimiento y las relaciones de solidaridad y fraternidad entre las familias contribuyendo a reafirmar el papel preponderante y transformador que tienen sobre sus territorios y cultura. Los programas de educación superior en Agroecología demuestran en general un fuerte aislamiento de procesos rurales populares desarrollados en las Escuelas de Agroecología, limitándose en sus posibilidades de contribuir de manera genuina, desde la academia, en el reconocimiento y la construcción de nuevos saberes y conocimientos útiles en los procesos agroecológicos que se desarrollan dentro del país. Este aislamiento de la academia, contradice uno de los pilares de la Agroecología que es la valoración de los conocimientos tradicionales y culturas locales, que constituyen la base de su implementación.

Conclusiones
La formación Agroecológica en el mundo rural colombiano se construye desde una base popular, apoyada principalmente por ONG, a través de la creación de una amplia red de Escuelas Campesinas y Escuelas de Promotores-as Rurales que, en su conjunto, representan la mayor iniciativa de educación rural a nivel nacional tendiente a generar capacidades en los agricultores-as para una producción agropecuaria sustentable, la conservación de su capital natural, la preservación de su cultura rural y el fortalecimiento de sus iniciativas locales de organización. Tanto las Escuelas Campesinas, como las Escuelas de Promotores-as Rurales en Agroecología representan a su vez el más fuerte y visible esfuerzo por impulsar procesos de producción agroecológica y desarrollo rural sustentable en el país, valiéndose de la educación agroecológica como el principal instrumento de transformación. Los programas de Desarrollo Rural que se apoyan en estas iniciativas aumentan considerablemente la cobertura de su acción educativa y la cantidad de predios en transición agroecológica, al contar con personas de las mismas comunidades como facilitadores-as de los procesos de desarrollo local. L a for mación de P romotores-as Rurales en Agroecología representa una invaluable posibilidad de contar con facilitadores-as técnica y metodológicamente capaces de impulsar los procesos de transición de la agricultura hacia sistemas más sustentables; no solo cuentan con mayores destrezas técnicas productivas que los mismos profesionales de las ciencias

Azoteas de canoa y barbacoa en la parte posterior de una vivienda. Vereda la Fragua del rio Cajambre. Foto: Mireya Leyton –C.

Bibliografía
Bunch, R. 1985. Dos Mazorcas de Maíz. Una guía

lógicos de la comunidad que puedan dinamizar los procesos de difusión de las innovaciones tecnológicas que los programas están creando, evaluando, adaptando o posicionando en una comunidad determinada. Particularmente el programa Ca a Ca establece muy claramente como uno de sus principios desarrollar un «efecto multiplicador», lo cual se logra con la designación de promotores-as o facilitadores-as campesinos-as que tengan ciertas condiciones mínimas para actuar como dinamizadores-as de procesos de innovación tecnológica en su propia comunidad, bien sea de manera independiente o haciendo parte del equipo de trabajo de un programa de desarrollo rural. «Los promotores son, entonces, agricultores innovadores que han pasado por un proceso de evolución en el cual han crecido progresivamente en el saber, autoestima y la autodeterminación. Este crecimiento personal plasmado en las transformaciones de sus entornos, visiblemente cambiados, atrae la atención de las demás familias campesinas» (Rodríguez – Hesse, 2000 : 116). Selener, et al 1997, menciona algunas características fundamentales de los promotores campesinos: • Son campesinos, hombres y mujeres. • Son gente de base; algunos líderes de la comunidad.

• Campesinos ejemplares, maestros. • Personas serias, activas y decidas a trabajar. • Son honestos y sociables. • Son personas aceptadas por la comunidad y tie nen compromiso con ella. • Son gente capacitada y tienen experiencia. • Son personas interesadas en aprender y compartir conocimientos. Pocas experiencias en Colombia han asumido la formación de promotores-as campesinos-as desde esta concepción de agricultores-as con capacitación para el desarrollo de acciones de formación a otros campesinos en sus propias comunidades; han nacido inspiradas en el enfoque Ca a Ca, la mayoría de ellas como programas regionales de educación informal, tres de ellas con reconocimiento legal del Ministerio de Educación como programas formales en la modalidad de educación para el trabajo y el desarrollo humano, una de estas de carácter nacional. De acuerdo al grado de reconocimiento que estas experiencias de formación tienen por parte del sistema nacional de educación se han clasificado como Escuelas Informales y Escuelas formales de promotores rurales. Las Escuelas Informales de Promotores Rurales

metodológica para el mejoramiento agrícola orientado

hacia la gente. Word Neighbors. Oklahoma – USA. 268 pp. a condiciones colombianas: retorno de los pobres al campo. 1 ed. Edición del autor. Cali. 310 pp. Mejía, M. 2006. Agricultura y ganadería orgánicas

metodológica sobre Escuelas de Campo de Agricultores. CIP-INIAP-World Neighbors. Quito, Ecuador. 185 pp.

P u m i s a c h o, M . y S h e r wo o d , S. 2 0 0 5 . G u í a

c a m i no. Gu í a meto dológ ic a pa r a des enc aden a r procesos autogestionarios alrededor de experiencias agroecológicas. Sembradores de Esperanza. PODION. CELAM. Colombia. 213 pp. Selener, D. Chenier, J y Zelaya, R. 1997. De campesino

Rodríguez, R y Hesse M. 2000. Al andar se hace

a campesino. Experiencias prácticas de extensión rural. IIRR – MAELA. Quito – Ecuador. 147 pp.

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Agro, Vida y Sociedad

Escuelas de agroecología en Colombia

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Discurso ante la asamblea legislativa, 2003 Nunca he estado en Jerusalén, sin embargo Shirley habla de las bombas. No tengo ningún dios, pero he visto a los niños orando para que todo esto llegue a su fin. Ellos le rezan a diferentes dioses. Nuevamente las noticias son todas viejas noticias, que se repiten igual que los vicios, el tabaco barato, la mentira social. Los niños han visto tanta muerte que ésta ha perdido su significado. Ellos hacen la cola para recibir su pan. Ellos hacen la cola para obtener un poco de agua. Sus ojos, negras lunas reflejando el vacío. Los hemos visto mil veces. En unos momentos hablará el presidente. Él tendrá algo que decir acerca de las bombas, La libertad, y nuestro modo de vida. Yo apagaré el televisor. Siempre lo hago. No puedo mirarlo. No soporto los monumentos en sus ojos.

Sam Hamill

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Agro, Vida y Sociedad

El centro del Huila,

EL Quimbo y los usos del suelo: soberanía vs. Mega proyectos
1711, Paramaribo: Ellas llevan la vida en el pelo. «Antes de escapar, las esclavas roban granos de arroz y de maíz, pepitas de trigo, frijoles y semillas de calabazas. Sus enormes cabelleras hacen de granaderos. Cuando llegan a los refugios abiertos en la jungla, las mujeres sacuden sus cabezas y fecundan así, la tierra libre.»
Juliana Duarte y Diana Murillo 1
A R T Í C U L O

Eduardo Galeano, Mujeres.

El problema de la tierra en Colombia

l problema de la tierra ha estado en la base del conflicto colombiano desde sus inicios. Por un lado, está la estructura de tenencia de la tierra y la concentración de la propiedad en unos pocos; por otro lado, están los usos del suelo que determinan esta estructura: la ganadería extensiva, y, en las últimas décadas, los megaproyectos agroindustriales; además de otras formas de subutilización del suelo. Estas características en el campo colombiano han constituido el desarrollo capitalista por vía hacendataria o «junker», en el que se privilegia la renta y no la producción, acentuando el carácter dependiente de nuestra economía en su posición en el sistema económico mundial. En las últimas décadas del siglo XX se impuso por todos los medios el modelo neoliberal en Latinoamérica y con éste se inició una reconversión productiva, relegando a Colombia al papel de exportador de materias primas que abastece las necesidades de las grandes potencias. En el caso colombiano este proceso se viene agudizando desde los últimos años en cabeza de los últimos gobiernos de turno, que privilegian la explotación minera, los agro-combustibles y los megaproyectos energéticos como las represas, orientados hacia el mercado externo; dejando a un lado y en peligro la seguridad y soberanía alimentaria, pauperizando las condiciones de vida de la población y concentrando la riqueza en unas cuantas manos aliadas con el capital extranjero. Es importante te-

E

ner en cuenta que esto no solo implica un problema para la soberanía alimentaria en Colombia, también configura un modelo de país basado en una estructura agraria inequitativa y en un modelo de concentración de riquezas en pocas manos1. En este contexto se ubica el caso del proyecto hidroeléctrico «El Quimbo», en el departamento del Huila, enmarcado en el Plan 2019 o Visión Colombia II Centenario, que se levanta sobre la base de la confianza inversionista sostenida por la seguridad democrática, la flexibilización laboral, la exención de impuestos, etc. En el año 2008 el gobierno Uribe declaró mediante la Resolución 321 de septiembre 1 de 2008 de «utilidad pública e interés social los terrenos necesarios

para la construcción y operación del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo». De esta forma, se le otorgó la concesión
a la empresa colombo-española EMGESA sin la consulta ni participación previa de las comunidades de dicho territorio, violando los mandatos plasmados en la Constitución Nacional de 1991 y en la Comisión Mundial de Represas.

Fuente: http://reexistencia.files.wordpress.com/2011/03/ primerrecorridoterritorial-lajaguaarioloro-noalquimbo21017.jpg?w=401&h=268 Campesinos del Campamento Maela Sabrina del MST. Foto tomada por: Samuel Vega

1 De acuerdo con El Tiempo «de los 2,4 millones de propietarios de predios privados que hay en el campo colombiano, apenas 91.200 (el 3,8 por ciento) tienen más de 200 hectáreas. Sin embargo, sus terrenos abarcan el 41% de toda la superficie registrada [catastralmente]. En contraste, los 943.200 dueños de menos de 3 hectáreas (39% de los propietarios) reúnen solamente el 3,7% de toda la base catastral» (Redacción Domingo, 2011) 19

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Agro, Vida y Sociedad

EL Quimbo y los usos del suelo: soberanía vs. Mega proyectos

Distribución municipal y localización de grupos guerrilleros y de autodefensa 2002

Huila

haciendo evidente también la crisis ambiental producida por el capitalismo. Este proceso ha estado encabezado principalmente por la Asociación de Afectados por el Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo -ASOQUIMBO-, que por medio de diferentes medios como talleres, movilizaciones, participando en asambleas departamentales y en el congreso de la república han dado a conocer el caso para impedir la construcción de la represa, proponiendo la creación de una Gran Reserva Campesina Agroalimentaria con subsidios estatales y asistencia técnica, exigiendo la inmediata indemnización y restablecimiento de los derechos de tod@s l@s afectad@s y, el estudio e implementación de energías alternativas.

Seguridad y soberanía alimentaria
En la cumbre mundial de alimentación en 1996 la FAO definió: «Por seguridad alimentaria se entiende que los alimentos están disponibles en todo momento, que todas las personas tienen acceso a ellos, que estos alimentos son nutricionalmente adecuados en lo que respecta a su cantidad, calidad y variedad, y que son culturalmente aceptables para la población en cuestión» (FAO, diciembre 1995). En esa medida, entendemos el concepto de seguridad alimentaria como la posibilidad de tener acceso a alimentos adecuados para la nutrición de una población; de esta manera, esta no solo depende de la disponibilidad de alimentos, sino que también estaría vinculada con el conjunto de elementos culturales, sociales, políticos y económicos que garantizan el acceso, la utilización y la estabilidad de alimentos suficientes para el bienestar nutricional de una comunidad. No es suficiente con que haya alimentos en una población, es necesario que estos sean adecuados para las necesidades alimenticias y las características culturales de esta. De acuerdo con Tomás Uribe Mosquera hay varios elementos claves para tener en cuenta: «la disponibilidad de alimentos estratégicos, el acceso de l@s más vulnerables a una canasta básica, la apertura comercial, un abastecimiento a corto y largo plazo, la dimensión nutricional, el riesgo de la seguridad alimentaria, la pobreza, la dimensión institucional y la sostenibilidad del aparato productivo» El tema de la alimentación y la producción alimenticia también está ligado a la exigencia de la soberanía alimentaria. Este término introducido por Vía Campesina y otras organizaciones en la Declaración sobre la Soberanía Alimentaria de los Pueblos advierte que: «La soberanía alimentaria es el derecho de cada pueblo a definir sus propias políticas agropecuarias y en materia de alimentación, a proteger y reglamentar la producción agropecuaria nacional y el mercado doméstico a fin de alcanzar metas de desarrollo sustentable […]» (Rosset, 2003) Podemos entender la soberanía alimentaria como la libertad y el derecho de un pueblo a definir las propias políticas agrícolas, las cuales se relacionan con la seguridad alimentaria. Según Elizabeth Bravo, los alimentos que se producen deben servir para el autoconsumo de la población local; es decir, es necesario que l@s campesin@s tengan acceso a las semillas, al agua, a los recursos y a la producción sana del alimento. (Bravo, 2000) En el neoliberalismo la problemática de la seguridad alimentaria suele ser reducida al problema de la pobreza: se piensa que los alimentos pueden simplemente comprarse en el mercado, se argumenta que la forma de satisfacerla es acumular divisas para adquirir alimentos en el mercado internacional, no se

Tolima

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4 36 7 33 9 29 34 37 32 21 24 3 31
6

Meta
FARC: Frentes: 3, 13, 17, 61, 64 y 66
Columna móvil Joselo Losada Columna móvil Teófilo Forero

NUG

Cauca
Col Jos umn elo a m Los óv ad il a

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Col Teó umn filo a m For óvil ero

66 22

1

ELN:
NUG: Núcleo urbano La Gaitana

AUTODEFENSAS

La reconversión productiva en el modelo colombiano
El gobierno de Juan Manuel Santos impulsa proyectos de ley como la Ley de Regalías, la Ley de Víctimas y de Restitución De Tierras, mediante las cuales se plantea el uso del suelo que el gobierno propone para los próximos años. En continuidad con el gobierno Uribe y el proyecto neoliberal, el Plan de desarrollo 2010–2014 «Prosperidad para Todos», se basa en la explotación de recursos naturales, en especial de explotaciones mineras, proyectos agroindustriales y megaproyectos hidroeléctricos; mientras que la soberanía alimentaria es relegada y agudiza las condiciones miserables de l@s campesin@s. Analizar el caso del «Quimbo» permite entenderlo no como un caso aislado, sino como la materialización de un modelo injusto, inequitativo y depredador que se viene imponiendo a nivel mundial, especialmente en Latinoamérica por su riqueza natural. No solo es una violación al derecho que tienen l@s campesin@s al uso del suelo para su autoabastecimiento, también es un atropello a la soberanía alimentaria de la sociedad colombiana que depende del bienestar del campesinado y su actividad agrícola. De esta manera, es importante el análisis y la difusión de la información para contribuir en el proceso de resistencia que las comunidades emprendieron en contra del megaproyecto, de tal manera que se logre conectar con una problemática más amplia que responde a la reestructuración del sistema capitalista y a la imposición del modelo neoliberal, que le asigna al país y a la región determinada posición dentro de la producción mundial. Es necesario cuestionarse por las implicaciones que tiene este megaproyecto en cuanto el cambio del uso del suelo, sus consecuencias en lo político, económico y social, y cómo este megaproyecto afecta la seguridad y la soberanía alimentaria de la población.

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10

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35

13 30

13

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Caquetá

1. Neiva 2. Acevedo 3. Agrado 4. Aipe 5. Algeciras 6. Altamira 7. Baraya 8. Campoalegre 9. Colombia 10. Elías

11. Garzón 12. Gigante 13. GuadalupeAipe 14. Hobo 15. Iquira 16. Isnos 17. La Argentina 18. La Plata 19. Natága 20 Oporapa

21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30.

Paicol Palermo Palestina Pital Pitalito Rivera Saladoblanco San Agustín Santa María Suaza

31. 32. 33. 34. 35. 36. 37.

Tarqui Tesalia Tello Teruel Timaná Villavieja Yaguará

Fuente: Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH, Marzo 2003.

La construcción de la represa de «El Quimbo» generaría la inundación de aproximadamente 5.300 hectáreas de tierra que están en producción y 2.000 hectáreas de tierras de antiguos parceleros del INCOR A (Molano Bravo, 2009). En la adjudicación del proyecto a EMGESA, se pone en práctica los desfases de la confianza inversionista y la apertura neoliberal. Según la Comisión de Regulación de Energía y Gas, se le garantizará «un ingreso fijo independiente de su participación diaria en el mercado mayorista asignado por un período de 20 años, reduciendo así el riesgo de su inversión» (Molano Bravo, 2009)2 (abriendo las puertas para que el capital extranjero aproveche las condiciones naturales del país, extrayendo beneficios, pagando tributos insignificantes, reproduciendo por esta vía la dependencia de la economía colombiana. Así mismo, se hace evidente el modelo económico orientado a la exportación; este proyecto está enmarcado dentro del Plan Puebla Panamá y la función de la hidroeléctrica se reducirá a producir energía para la exportación

a Ecuador, Centroamérica y el Caribe, relegando a un papel secundario el desarrollo interno y las necesidades inmediatas del país. En respuesta a las consecuencias negativas del desarrollo del proyecto de «El Quimbo» las comunidades se han organizado en un proceso de resistencia, que busca difundir la información y generar acciones efectivas para detener la obra. Mediante estas acciones se ha logrado retardar el proceso, pues estas proponen formas alternativas del uso del suelo que propenden por la soberanía alimentaria y la conservación agroecológica. Suscribiéndose con La Declaración del III Encuentro Internacional de Afectados por Represas en Temacapulín, México, señalan que la lucha es «contra las represas destructivas y el modelo actual de manejo de agua y energía, es también una lucha contra un orden social dominado por el imperativo de maximizar sus ganancias, y es una lucha por una sociedad basada en la equidad y la solidaridad» (Aliados, 2010). Su lucha no es solo contra un proyecto concreto y localizado, sino contra todo un modelo impuesto y articulado que ha agudizado la concentración y acumulación de la riqueza,

2 Tomado de, http://www.elespectador.com/impreso/ nacional/articuloimpreso127337-mala-energia-del-quimbo-i 20
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EL Quimbo y los usos del suelo: soberanía vs. Mega proyectos

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Ubicación del Proyecto El Quimbo

Carretera Panamericana

Colombia Villavieja Aipe Baraya

P Rio

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Santa María Neiva Palermo Teruel Nátaga Yaguará Íquira Tesalia La Plata
La Argentina

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Paicol Agrado
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Líneas de transmsión 115 KV

Tesalia

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Carretera Garzón - Agrado - Pital

Paicol Agrado
Gigante Garzón

Pital
Tarqui Oporapa Elías Saladoblanco Isnos San Agustín Pitalito
Palestina

Garzón

Líneas de transmsión 34,5 KV

Altamira
Guadalupe

Timaná
Suaza

Altamira
Quimbo >>
Depar tamento del Huila
>Localizado en la cuenca del rio Magdalena 12 KM aguas arribas del proyectod e Betania

Acevedo

Ubicación del Proyecto El Quimbo
Fuente: http://reporterow.com/pict.php?p=ZmlsZXMvcHJlbnNhZWRlbG5vckBnbWFpbC5jb20vZm90b3MvTWFwYVViaW NhY2nzbi5KUEc=&w=540&h=405&t=16&d=2010_09_23_10_44_31

>Aprovechará aguas del rio Suaza y Magdalena

Ri

u oS

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piensa en cómo o dónde se producen, dejando de lado la autosuficiencia alimentaria de los países, su soberanía alimentaria (Machado, 2003). Si hay insuficiencia alimentaria se piensa en la falta de recursos para comprar alimentos, no en la insuficiente producción agropecuaria del país para obtenerlos directamente. La introducción del modelo neoliberal en Colombia ha venido cambiando los usos del suelo y ha reducido significativamente el uso agropecuario para la producción de alimentos. De esta forma, los productos alimenticios se buscan dentro del mercado extranjero, mientras países europeos y Estados Unidos, reconociendo la importancia del autoabastecimiento de alimentos, han venido produciendo alimentos en sus territorios. Esto se relaciona con el cambio del uso del suelo en nuestro país, cada vez más para la explotación de recursos naturales (agrocombustibles, hidroeléctricas, extracción de minerales, etc.), la producción de monocultivos, y cada vez menos con la producción de alimentos para el abastecimiento nacional. En un país puede existir seguridad alimentaria sin soberanía alimentaria, pero para ello se necesita depender de la producción agrícola de otros países y

tener grandes capitales para acceder a estos mercados. En caso de romper relaciones diplomáticas o de crisis económicas fuertes, el país quedaría sin opciones de mantener su seguridad y soberanía alimentaria. De esta manera, se hace necesaria la defensa y mantenimiento de esta, dado que de ella depende el futuro alimenticio de las poblaciones de un territorio determinado.

El uso del suelo en el Huila
Es necesario tener en cuenta que la manera en la que se organiza y utiliza el territorio afecta directamente a la población que allí habita, a la economía (no solo a nivel regional y nacional); además, otros aspectos como la dimensión cultural, ambiental y política de una comunidad. Es necesario tener en cuenta que el territorio se compone no solo del espacio físico; sino de las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas que allí se tejen; de esta manera, atenerse a un uso de la tierra basado meramente en el mercado trae graves consecuencias que perjudican, tanto al territorio como a la población que se encuentra allí; pueden acentuarse los conflictos, la segregación so-

cio-espacial, la acumulación de capital en pocas manos, el desplazamiento de residentes de esta región hacia otras; consecuencias que contribuyen a abrir aún más la brecha de inequidad en nuestro país. El uso del suelo en el departamento del Huila está destinado básicamente a la producción agrícola, ganadera y piscícola, además de la explotación petrolera como es el caso de Tesalia. En cuanto a la agricultura es importante anotar que en esta zona se produce café, algodón, arroz riego, fríjol, maíz tecnificado, maíz tradicional, sorgo, cacao, caña panelera, plátano, yuca, iraca y tabaco. También se encuentra la explotación de plata y oro en las zonas de la Cordillera central. Es importante resaltar que en este territorio existe conflicto por los cultivos de uso ilícito, lo que genera violencia y tensiones entre actores armados afectando la población.

La Ley 387 de 1997 reconoce que el desplazado es toda persona que se ha visto forzada a migrar dentro de un territorio nacional, abandonando sus actividades económicas habituales y su lugar de residencia; en Colombia es un fenómeno que se da de manera colectiva. Para Rodrigo Uprimny esta ley fue «el primer instrumento normativo que reconoció el problema de desplazamiento forzado masivo y propuso algunos mecanismos para enfrentarlos». En la sentencia T602 de 2003 de la Corte Constitucional se afirma que ser víctima de desplazamiento forzado no solo implica la pérdida de redes sociales en las violaciones que se generan en el desplazamiento, también es perder cuestiones materiales: el empleo, la tierra, la vivienda, la participación política. El desplazamiento forzado implica una nueva configuración del territorio, además de agravar la violación de derechos. En Colombia más del 10% de su población ha sido sometida al desplazamiento forzado, hoy en día la cifra es de 3´573.620 personas en situación de desplazamiento entre 1997 y 2010. Según Jorge Garay: « El problema de las tierras se encuentra en el corazón del fenómeno del desplazamiento forzado en Colombia. En efecto, de

Desplazamiento forzado: una consecuencia social y política del conflicto
El conflicto armado, social y político que ha persistido en Colombia a lo largo de la historia ha dejado miles de víctimas; el desplazamiento evidencia la crisis humanitaria que ha tenido el país.

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ag

Gigante

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Después de Chocó, Boyacá y Nariño, este es el departamento con las cifras más alarmantes de pobreza: el 60% de la población vive en la pobreza y el 30% de ella en pobreza extrema (Patarrollo, 2010); además se calcula que el 50% de la riqueza le pertenece al 10% de la población.

La soberanía peligra en el Huila: la guerra por la privatización de recursos no renovables. Con lo anterior vemos cómo el megaproyecto de «El Quimbo» generaría un desplazamiento forzado de miles de familias que se asientan en los territorios destinados para la represa. Este desplazamiento forzado no solo implicaría una nueva configuración del territorio y el cambio de las actividades productivas, sino también la desintegración de núcleos familiares de personas que han dedicado toda su vida a las labores agrícolas. Igualmente, este proyecto generaría la ruptura de cualquier proceso organizativo existente en dichas comunidades, pues la presencia de una multinacional como EMGESA en el territorio dificultaría la organización y la participación política para lograr la materialización de los derechos humanos de esta población. El abandono de tierras trae como consecuencia la pérdida de activos productivos para las familias que trabajan sus tierras, esta pérdida es crítica cuando se desplazan a un medio urbano donde no tienen las mismas posibilidades de ejercer sus actividades tradicionales. En este caso las familias que se ven obligadas a llegar a otro lugar, no tienen la posibilidad de generar ingresos, teniendo que ejercer otras actividades para sobrevivir y alimentar los cordones de miseria de las urbes, dificultando las garantías para materializar sus derechos y lograr una vida digna. Esto no sólo implica una pérdida de participación política y tradición cultural, es adaptarse a unas nuevas demandas laborales que pauperizan al campesino, además de agudizar las contradicciones del sistema capitalista que lleva consigo miseria, inequidad e injusticia. Por otro lado, la concepción del territorio cambiará totalmente. En primer lugar, el hecho de construir una represa en predios destinados a la agricultura y piscicultura re configurará el espacio de una manera determinante, sumando el daño ambiental y la acentuación de la estructura agraria acumulativa. En segundo lugar, la concepción del territorio cambiará debido a que esta zona pasará a privatizar uno de los recursos más valiosos que tienen las personas para su supervivencia: el agua. Se piensa en la privatización de afluentes hídricos que son fundamentales para el desarrollo de actividades productivas de miles de familias en la zona, entre esos el río Magdalena. Esta situación es dramática, pues la reprimarización de la economía y el aprovechamiento irresponsable de los recursos no renovables ahondan cada vez más la problemática tanto ambiental, como social y política dentro del país, provocando costos irremediables, imposibles de corregir y que a su vez profundizan la miseria, la inequidad y el conflicto.

El Quimbo, proyecto depredador
En la resolución 321 de 2008 del Ministerio de Minas, se declaró de Utilidad Pública los terrenos que inscribirían el proyecto de «El Quimbo». Se argumenta que este proyecto abastecerá aproximadamente el 5% de la demanda eléctrica del país, y se abrirán posibilidades de empleos nuevos. Sin embargo, estos trabajos serían temporales, con pésimas condiciones y no alcanzarían a cubrir la demanda laboral, aumentando el ejército industrial de reserva y agudizando la tercerización laboral. El proyecto de «El Quimbo» aumentaría la crisis laboral que sufre Colombia, ya que, este megaproyecto pretende generar empleos no cualificados y mal remunerados. Asimismo, al cambiar las relaciones sociales de producción, desplazar gran parte de l@s campesin@s de la región generaría una descomposición del campesinado al romper la relación de esta población con la tierra, obligándola a convertirse en ejército industrial de reserva. En los planes y programas contenidos en la Licencia Ambiental 0899 del 15 de mayo de 2009 se puede ver que los beneficios de la represa no compensarán los daños que implica inundar casi 9.000 hectáreas acabando con miles de cultivos e impidiendo la producción de más de 35 mil toneladas de alimentos. La inundación de estas hectáreas productivas acarrearía la reducción de la producción de estos productos y justificaría el aumento de la importación de alimentos. Este proyecto no solo implicaría un cambio en el uso del suelo, una nueva configuración del territorio y el cambio de la propiedad, sino que además acarrearía consecuencias aún peores en el ámbito social y político. La entrada de este megaproyecto en la zona agravaría la crisis social y política que vive Colombia, aumentaría el desplazamiento forzado principalmente en los municipios de Garzón, Gigante, Altamira, El Agrado, Paicol y Tesalia; las comunidades de las veredas y corregimientos de El Espinal, La Honda, El Libertador, Matambo, Río Loro, Veracruz, La Cañada, Pedernal, San José de Belén, La Yaguilga, La Escalereta, Alto de San Isidro, Balseadero, Monserrate, Barzal, Llano de la Virgen y Domingo Arias. Además, con la construcción de este megaproyecto se generaría una ruptura del tejido social del territorio, con implicaciones en la actividad socioeconómica y desarraigo cultural.

Fuente: http://primicia.co/wp-content/uploads/2012/02/quimbo11.jpg

acuerdo con la Encuesta Nacional de Verificación (ENV-2008), el 91,3% de los grupos familiares de población desplazada inscritos en el RUPD [(Registro de Desplazamiento)] manifiesta haber dejado abandonado algún tipo de bien (tierras, bienes raíces no rurales, animales, muebles del hogar, etc.) en sus municipios de expulsión. Además, dicho fenómeno ha sido fundamentalmente de carácter rural, pues el 63% de los grupos familiares ha sido expulsado de zonas rurales y otro 21,4% de centros poblados. Por ello, puede afirmarse que un porcentaje significativo (52,2%) de los desplazados sufrió el despojo de sus tierras o fue forzado a dejarlas abandonadas en este contexto» (Comisión de seguimiento a la política pública sobre desplazamiento forzado, abril 2009) Es importante señalar cómo el proceso acentuado de concentración de tierras en Colombia coincide con la intensificación del desplazamiento forzado en ciertas zonas del país. De igual forma, la intensificación del conflicto armado concuerda con las zonas que están destinadas a la gran inversión, extracción de recursos minerales e instauración de megaproyectos; es así como el megaproyecto de «El Quimbo» desplazará a miles de familias debido a los intereses económicos que se tienen sobre el territorio. Por otro lado, la sentencia T025 de 2004 afirmó que l@s desplazad@s tienen derecho a la reparación, la cual consiste en una restitución, indemnización, rehabilitación, y en unas garantías. El papel de la restitución es importante para contrarrestar la crisis humanitaria desatada, por esta razón se ve la necesidad de apostarle a una restitución que reconozca la dimensión política de la tenencia de la tierra, que implique el paso a una reforma agraria, a la modifi-

cación de poderes locales, a la desconcentración de la propiedad agraria, a una redistribución de las tierras y restructuración de la propiedad dentro de las regiones. Por otro lado, un informe de la OIM en el 2004 reveló que Huila es uno de los departamentos que sufre más el conflicto armado, contando con las mayores cifras de reclutamiento infantil y desplazamiento forzado. En cuestión territorial, el departamento del Huila es uno de los corredores estratégicos más importantes, debido a que comunica al suroriente con el suroccidente y la costa pacífica, generando interés por el control de este territorio por parte de los actores del conflicto armado. El territorio que sería afectado por la construcción de la represa de El Quimbo tiene 9.000 hectáreas en seis Municipios del Huila; allí viven cerca de 300.000 habitantes, la mayoría de personas vinculadas a 8 empresas comunitarias en plena producción agropecuaria, (cacao, sorgo, maíz, arroz) (Dussán Calderón, noviembre-diciembre 2010). Aproximadamente 2.000 serían desplazadas —casi 380 familias campesinas—. Además, el centro huilense conserva una riqueza y diversidad natural irremplazable: cuenta con 842 hectáreas de bosque ripario y tropical seco, 103 especies de aves, 13 especies de reptiles, tres especies de mamíferos en peligro de extinción. Así, el departamento del Huila cuenta con una gran riqueza ambiental, pues posee más de 30 ecosistemas estratégicos propios de la región surcolombiana (Olaya, 2003).

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La necesidad de la organización ante el modelo capitalista salvaje
Como lo menciona Alejandro Reyes, el campo colombiano ha sufrido transformaciones en los últimos años. Por un lado, con proyectos como este se ha generado una reconcentración de la propiedad y el cambio del régimen que la regula, a esto se le suma la precariedad de títulos sobre la tierra por parte del campesinado y el monopolio de tierras que se acentúa cada vez más. Esto ha sido un factor que ha contribuido a la concentración y al despojo de tierras. (Reyes, Alejandro, 2009) Teniendo este panorama, las iniciativas de movilización y resistencia social que se revelan en el Huila frente a la Multinacional y al Gobierno Colombiano muestran que no queda otra alternativa que detener el Proyecto Hidroeléctrico, suspender la licencia ambiental e indemnizar y restituir los derechos afectados. Las comunidades han anunciado la toma de tierras ya adquiridas por EMGESA como medida para contrarrestar la grave situación de hambre que padece hoy la población, como método para evitar el desplazamiento forzado de 380 familias (Notiagen, 2011) y como medida para iniciar de hecho la Zona de Reserva Campesina Agroalimentaria. Así, se buscará mantener la seguridad y soberanía alimentaria, impedir el cambio de suelos que no

beneficia directamente a la población, y sacar de la región el megaproyecto de «El Quimbo» y sus consecuencias problemáticas. El proyecto de la hidroeléctrica de EMGESA contribuye al mantenimiento del modelo latifundista en Colombia y a la concentración de tierras. Este es uno de los casos en los cuales se materializa el modelo económico depredador que privilegia intereses individuales y se dirige hacia un desarrollo económico que pasa sobre el bienestar de las comunidades a corto, mediano y largo plazo. La población afectada por «El Quimbo» ha identificado la relación entre este proyecto con un futuro en el que primen la ausencia de seguridad y de soberanía alimentaria. Se empieza a vislumbrar en la práctica la relación entre estos megaproyectos enfocados al uso de la tierra con fines extractivos, la privatización de recursos naturales, la violación de Derechos Humanos, el impedimento para la producción de alimentos, y la limitación de la soberanía alimentaria y la subsistencia de la población en un territorio. La iniciativa de la creación de una Zona de Reserva Campesina Agroalimentaria es entonces un esfuerzo por preservar la tierra como derecho fundamental, como medio para la producción de alimentos y muestra cómo l@s campesin@s del Huila están estableciendo como prioridad la soberanía en sus territorios, y la producción de alimentos para el abastecimiento regional y nacional.

También este esfuerzo por parte de l@s campesin@s de esta región muestra que es necesaria la organización, la lucha y la resistencia ante la amenaza de este tipo de proyectos que re-configuran la producción y el modelo económico del país. Es necesario como sujet@s políticos, sociales e históricos proponer soluciones y alternativas ante el modelo depredador que sigue agudizando la crisis social y política en el país. Finalmente, este caso demuestra que no hay otra alternativa que luchar por los derechos, propender por el fortalecimiento de las organizaciones que luchan por la tierra y proponen otro modelo de país más justo y equitativo para tod@s.

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Foto: Jorge Silva

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Agro, Vida y Sociedad

EL Quimbo y los usos del suelo: soberanía vs. Mega proyectos

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Agro, Vida y Sociedad

Mi ombligo – árbol Espiritualidad y

Agricultura Afrochocoana

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Agroecología

y emancipación social
Por: Jorge Eduardo Díaz Avendaño 1
A R T Í C U L O

«La agroecología, antes de ser instrumento de transformación tecnológica, es un instrumento de transformación social, donde la verdadera justicia agraria que los campesinos buscan no está sujeta a intereses ajenos a su independencia y libertad para producir y garantizar la autonomía alimentaria de sus comunidades.»

Jairo Restrepo

1 a crisis de la agricultura moderna y el sistema agroalimentario industrial son expresiones concretas de la crisis estructural del modo de producción capitalista como resultado de su lógica de explotación y dominación económica, ecológica y política. Modo de producción que hoy adquiere la denominación de globalización neoliberal, encarnando de esta forma la etapa monopólica del capitalismo y representando los intereses del capital financiero internacional. Este modelo de desarrollo se encuentra escudado en la división internacional del trabajo y fundamentado en el impulso de una economía de tipo extractivista - depredadora que tiene como fin incrementar la productividad y los rendimientos de los agroecosistemas en su afán de responder a las lógicas de producción, circulación, consumo de mercancías y acumulación de capital, sin tener en cuenta los costos e impactos ecológicos, sociales y culturales que dicha actividad representa. Es así como desde la perspectiva capitalista y resultado del proceso histórico; la agricultura se concibe como una rama de la industria sometida a procesos de adaptación funcionales en todos los aspectos y eslabones de la actividad económica imperante. Este proceso de industrialización de la actividad agraria ha sido impulsado y promovido por el capital transnacional mediante la denominada revolución verde; caracterizada por el reduccionismo y mecanicismo científico de sus investigaciones, la

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especialización de la actividad productiva de la agricultura sobre la base de la mono-producción y la agroexportación, la imposición de un paquete tecnológico homogéneo para todo el planeta compuesto por pesticidas y fertilizantes químicos, semillas híbridas (y frecuentemente transgénicas), regadíos masivos, una fuerte mecanización y un uso excesivo de combustibles fósiles. Este modelo de producción aparece a mediados del siglo XX bajo la supuesta justificación de acabar con el problema del hambre a nivel mundial. Hoy frente a las vagas promesas de la revolución verde y la demagogia de los intelectuales mercaderes podemos constatar y dar fe de la preocupante situación alimentaria de la humanidad. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en el informe presentado sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación 2010-2011 estima que 925 millones de personas pasan hambre en el mundo y unos 200 millones de niños sufren malnutrición. Cada año, aproximadamente 11 millones de menores de 5 años mueren como consecuencia directa o indirecta del hambre y una alimentación inadecuada o insuficiente. Para el caso de América Latina y el Caribe la población subnutrida asciende a 52,5 millones para el año 2010. El caso Colombiano es igualmente lamentable, según la Encuesta nacional de la situación nutricional en Colombia (ENSIN), se afirma que al menos el 41 por ciento de los hogares colombianos se encuentra en estado de inseguridad alimentaria, con un grado del 58,3% en las zonas rurales.

1 Estudiante Ingeniería Agronómica. Corriente Estudiantil Popular. 30
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Esto permite comprender que la actual crisis alimentaria no es una debilidad de la capacidad productiva, se debe más a factores como la especulación y el acaparamiento de alimentos por las empresas transnacionales y los fondos de inversión que provocan injusticias globales. El hambre no se debe principalmente a la falta de comida, sino a que los hambrientos son demasiado pobres para comprar la comida disponible (Rosset y Ávila, 2008). Aunado a la crisis alimentaria, la revolución verde ha generado importantes problemas ambientales: deforestación y desertificación que han contribuido al cambio climático; contaminación y agotamiento del suelo y acuíferos; pérdida de biodiversidad cultivada; y lo que resulta más absurdo, la generalización de la alimentación basura. Es así como todos los años se pierden 25.000 millones de toneladas de capa superficial de suelo debido al cultivo intensivo, y entre 5 y 7 millones de hectáreas de tierra agrícola se vuelven improductivas debido a la degradación del suelo (Naranjo, S. 2007). Esta degradación de los suelos representa la pérdida total o parcial de su capacidad productiva resultado de la intensificación de la actividad extractiva, la cual busca obtener máximos beneficios económicos a corto plazo estimulando el desarrollo de fuerzas destructivas en el recurso suelo. Bien natural que sufre un acumulado de procesos físicos, químicos y biológicos de desgaste tales como: erosión, sedimentación, anegamiento, salinización, contaminación química por el uso indiscriminado de fertilizantes, herbicidas, plaguicidas y otros productos. «“América Latina y el Caribe cuentan con unas 576 millones de hectáreas de tierras arables o potencialmente agrícolas, las que están siendo afectadas por ese tipo de procesos. La desertificación afecta a casi 300 millones de hectáreas, con costos humanos, ambientales y económicos crecientes”» (Pengue, 2005). Según la Vía Campesina Internacional en un documento de análisis del año 2009 afirma que «“la agricultura moderna y el sistema alimentario industrial son causa importante de la crisis climática» Las cifras sobre cómo estos procesos calientan el planeta son muy variables, pero se puede señalar lo siguiente sobre las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI): Las actividades agrícolas son responsables de un 11 a un 15% de las emisiones, el desmonte y la deforestación causan un 15 a un 18% adicional, el procesamiento, empaque y transporte de alimentos provoca un 15 a un 20% de las emisiones y la descomposición de las basuras orgánicas generan entre un 3 y un 4% de las emisiones GEI (Vía Campesina Internacional, 2009). Por lo tanto se puede concluir que el actual

sistema agro-alimentario produce entre un 44 a un 57% de las emisiones globales de GEI. Igualmente es importante y necesario mencionar todo lo que ha significado la implantación de ese modelo de producción agrario en términos del impacto social y económico para la agricultura familiar y la economía campesina de nuestras comunidades rurales. Según Ospina (2007) entre los principales impactos que el modelo de revolución verde provoco encontramos: En lo social: • Pérdida de la identidad indígena y campesina por medio del auto desprecio inducido. • Pérdida de sabidurías ancestrales, el trabajo colectivo y la capacidad experimentadora tradicional. • Aumento de la concentración de la tierra y por ende de la desigualdad social. • Desconocimiento y descontextualización de nuestra historia agrícola regional y nacional. • Deformación agrícola en profesores y estudiantes de las instituciones educativas. • Desvalorización de la actividad agrícola campe sina en los medios masivos de comunicación. • Desfiguración y desconocimiento del proceso productivo de alimentos y otros bienes materiales del campo. • Desnaturalización, homogenización y banalización de los alimentos y la alimentación humana. • Exposición de la naturaleza, agricultores y consumidores a sustancias toxicas (agroquímicos cancerígenos, mutagénicos y teratogénicos). • Aparición de nuevas y graves enfermedades, producto del debilitamiento del organismo humano. • Tendencia a la dependencia nacional de mercados internacionales de los alimentos. En la naturaleza: • Deforestación generalizada. • Imposición del monocultivo y su enfoque de vieja y nueva revolución verde. • Homogenización del paisaje. • Pérdida in situ de la biodiversidad domestica vegetal y animal. • Sustitución de bosques andinos, principalmente, por plantaciones forestales de coníferas, cipreses y eucaliptos. • Agotamiento y pérdida de cuerpos de agua. • Pérdida de la bioestructura del suelo, erosión, movimientos en masa, compactación y salinización del suelo.

• Envenenamiento del suelo, agua, aire cultivos y animales domésticos. Pero ante este panorama caótico y la inviabilidad de la agricultura moderna para producir y reproducir vida en el planeta es importante resaltar cómo se vienen construyendo alternativas sustentables para hacer agricultura a nivel mundial2; propuestas reales tejidas colectivamente desde las comunidades campesinas, indígenas y afro-colombianas de la mano con académicos comprometidos y organizaciones sociales. Una de las propuestas alternativas a la agricultura convencional es la Agroecología.

lidaridad, el cooperativismo y el equilibrio ecológico, garantizando la soberanía y autonomía alimentaria y empoderando a los trabajadores rurales, campesinos, indígenas y afro-descendientes. En esta dirección, la Agroecología y su condición interdisciplinar aporta las bases científicas, metodológicas y técnicas para la construcción de una revolución agraria con justicia social y ambiental. Desde la perspectiva ecológica y técnica la Agricultura Agroecológica presenta altos niveles de diversidad biológica, crea ingeniosos sistemas y tecnologías para el manejo y conservación del entorno, presenta alta resiliencia ante alteraciones climáticas, integra la producción agrícola con la pecuaria, aprovecha y desarrolla fuentes semilleros y pies de cría a partir de especies, variedades y razas nativas, tiene una alta capacidad de acumulación de biomasa, energía y regulación climática crea una correspondencia en composición, estructura, dinámica temporal, ecológica y manejo acorde al paisaje y ecosistemas regionales conserva la biodiversidad silvestre, protegida y domesticada así como del suelo, el agua y otros bienes de la naturaleza (Ospina, 2007). La agroecología sienta sus bases epistemológicas a partir de un paradigma donde la investigación no es prefijada, ni inamovible, es dialéctica, dialógica y participativa; identifica el potencial de cambio y emancipación de los sujetos a partir del análisis científico de la realidad. Establece una interacción entre el conocimiento científico y el conocimiento ancestral y popular. La agroecología cuestiona la lógica de organización social y económica de las naciones en el marco de la división internacional del trabajo y aboga por el derecho a la autodeterminación de los pueblos y las naciones, donde la toma de decisiones sucede al interior de las familias, comunidades y organizaciones locales y regionales. La agroecología subvierte y cuestiona de manera radical la lógica de explotación capitalista de la tierra y el territorio, su forma de producción, circulación, consumo de mercancías y acumulación de capital. Plantea la necesidad de transformar estructuralmente el modo de producción hegemónico y la organización social burguesa en el campo y la ciudad, por este motivo da trascendental importancia a la acción política organizada, la construcción alternativa de poder en aras de alcanzar vida digna y emancipación para la clase trabajadora del campo, las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas. Esto se alcanza mediante la promoción de la amplia ocupación de mano de obra local, el fortalecimiento de procesos de transformación de bienes primarios para la generación de valor agregado, el privilegio del autoabastecimiento regional y nacional de bienes materiales y

Propuesta Agroecológica
La Agroecología es una propuesta alternativa al modelo capitalista de agricultura convencional y como ciencia ha llegado a ser definida de múltiples maneras: “La disciplina científica que enfoca el estudio de la agricultura desde una perspectiva ecológica se denomina «agroecología» y se define como un marco teórico cuyo fin es analizar los procesos agrícolas de manera más amplia (Altieri et al, 2000)”. “La disciplina científica que enfoca el estudio de la agricultura desde una perspectiva ecológica, pretendiendo construir un marco teórico cuyo fin es analizar los procesos agrarios desde una perspectiva holística, incluyendo las perspectivas del espacio y del tiempo y considerando ensamblados los problemas sociales, económicos y políticos como elementos activos y pasivos en la configuración y desarrollo de los sistemas agrarios (Pornuca et al)". Aunque es importante resaltar y aclarar que la agroecología para la emancipación social no es una teoría anquilosada y contemplativa, ni mucho menos propiedad exclusiva de ilustrados embalsamados; se nutre de la experiencia y la práctica de nuestros pueblos, reconoce y promueve alianzas para la vida, despierta voces, conciencias, sabores y saberes. Es así como en sentido histórico la Agroecología representa profundamente el redescubrimiento y la revitalización de las prácticas milenarias de culto y aprovechamiento socio- cultural y ecológico- productivo de la tierra, y es una alternativa viable a la actual crisis ecológica y alimentaria. La agroecología es una herramienta metodológica de transformación social que busca desarrollar las fuerzas productivas del campo y establecer nuevas relaciones sociales de producción sobre la base de la so-

2 El maestro Mario Mejía Gutiérrez en su libro, Agriculturas para la vida, presenta esas diversas maneras de hacer agricultura, recopilando 17 escuelas agrícolas alternativas al modelo de revolución verde.

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el desarrollo de relaciones de equidad y justicia entre productores y consumidores. La Agroecología es para la producción y reproducción de la vida, por eso se compromete con las justas luchas de los pueblos oprimidos, es una propuesta que dialoga permanentemente con iniciativas populares y reivindicaciones históricas como la Reforma Agraria Integral , por esto se dice que es una Agricultura que extiende su mirada más allá de la parcela.

Bibliografía
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la Agroecología. Cuadernos técnicos SEAE – serie: Agroecología y ecología agraria.

A Manera de Reflexión
La crisis y fracaso del sistema agroalimentario y la agricultura capitalista devela de forma incuestionable el fracaso de la ciencia convencional y la escuela autoritaria, donde la sociedad del conocimiento parte de una visión instrumental al servicio del particularismo economicista y la tecnocracia conservadora, legitima ideológicamente la explotación del ser humano y de la naturaleza por el capital. Esta “revelación” permite realizar un planteamiento provocador: ¿Qué papel han cumplido, cumplen y cumplirán las Universidades, las facultades de ciencias agropecuarias y los estudiantes en proceso de-formación en la organización política y económica de la sociedad? Y es aquí precisamente donde se debe prestar atención al llamado histórico del campo y responder de manera sincera y decidir conscientemente si se continua en el letargo arcaico de la revolución verde y la mono-cultura a favor del proyecto de hambre, miseria y muerte que se llama capitalismo, o si nos sumamos comprometidamente en la construcción de una agricultura para la vida digna que contribuya y aporte en la edificación de una nueva sociedad con igualdad, justicia social - ambiental y soberanía popular.

2007. Agricultura y desarrollo rural sostenible.

Naranjo, S., E. Dullo., S. Thabet y M. Villarreal. Norgaard, R y T. Sikor. 1997. Metodología y práctica

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Vía Campesina Internacional. 2009. Los pequeños

el planeta. Documento de posición de la Vía Campesina

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Repensando el desarrollo
Por: María Claudia Velandia Lara 1
A R T Í C U L O

“la hojarasca le había enseñado a ser impaciente, a no creer en el pasado ni en el futuro. Le había enseñado a creer en el momento actual y a saciar en él la voracidad de sus apetitos”

Gabriel García Márquez, La Hojarasca.

1 l acercarnos al concepto de desarrollo encontramos en sí mismo todo un discurso que ha sido protagonista de las políticas de planeación económica y socioeconómica de los últimos tiempos, pero que sin embargo han tenido un impacto sobre todos los ámbitos de la vida social. Este concepto surge en el contexto de la posguerra y debe su inicio al «Trato Justo», propuesto por el presidente norteamericano Harry Truman. Allí, se plantea la oportunidad de los países industrializados de cambiar las condiciones de «miseria» de los países «subdesarrollados» (según el criterio del presidente, países latinoamericanos, asiáticos y africanos) y a los cuales lo único que les faltaba era producir más a partir de la eficiencia proporcionada por el conocimiento técnico y científico que finalmente permitiría alcanzar la «paz y prosperidad democrática» (ESCOBAR, 1996, 20). Sin embargo, en este propósito, a primera vista desinteresado, se esconden otro tipo de intenciones: la reproducción en todas las naciones y grupos sociales de las características de las sociedades avanzadas (que en la opinión de Truman equivalen a la sociedad norteamericana); que en última instancia proyecta la homogenización de universos sociales ahora imponiendo características como la industrialización y la urbanización, tecnificación de la agricultura, adopción de valores y educación moderna, entre otros (ESCOBAR, 1996, 20). El «desarrollo» pensado de esta manera implica simultáneamente el reconocimiento y la negación de la diferencia: mientras que a los habitantes del Tercer Mundo se les considera diferentes,

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el desarrollo surge precisamente como el mecanismo a través del cual esta diferencia deberá ser eliminada a partir de procesos de modernización. Por lo anterior, es necesario hacer una reflexión crítica de las implicaciones que ha tenido este concepto, el cual se ha insertado en la vida social y ahora además de hacer parte de las agendas de planificación hacer parte de nuestra cotidianidad y de nuestras significaciones. Esta «invención»2 que sobrepasa el discurso y el ensueño del primer mundo, ha tenido unas repercusiones y consecuencias sociales para el llamado «tercer mundo» que debemos entender y transformar. El desarrollo como práctica estandarizada y la pobreza como regulador social Es innegable que el discurso del «desarrollo» ha sido apropiado por diferentes instituciones (privadas o comunitarias, gubernamentales o extranjeras) que quieren posicionarlo en sus planes de intervención entendiéndolo en un contexto de relaciones económicas globales. Por ello una de las intenciones del «desarrollo» es la transformación o moldeamiento del mundo de acuerdo a su perspectiva, para poder reproducir de manera mecánica el sistema que en sí mismo encierra y los intereses bajo los que se fundó: fortalecer al primer mundo a partir de un colonialismo no sólo económico sino también cultural, desco-

1 Estudiante de Antropología. Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá Red Agropecuaria y de Educación Popular 36
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2 Arturo Escobar en su libro La invención del tercer Mundo hace una crítica al concepto desarrollo y lo propone como una categoría “inventada” por el primer Mundo que ha intervenido en la producción de diferencias, subjetividades y órdenes sociales. Ver ESCOBAR, A. 1996. La invención del tercer Mundo. Construcción y deconstrucción del conocimiento. Bogotá: Editorial Norma.
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nociendo la diferencia. Además, esta es una apuesta que no tiene riesgos para el «primer mundo», pues la ayuda técnica y financiera debe ser retribuida (no es en vano la deuda externa de los países latinoamericanos). Pero esa carga recae sobre los hombros, brazos y cuerpos de quienes se les impone un modelo insostenible; y de esta manera las comunidades han sido expropiadas de su humanidad (cultura, modos tradicionales de vida, procesos locales) para convertirlos en objetos de planificación a los cuales hay que proporcionar el progreso, pues desde esta percepción pareciera que sólo hay un modo de vida: el modelo occidental capitalista. Así, se trata de encontrar o encasillar al hombre, mujer o niño para justificar la asistencia y necesidad de intervención. Esta estandarización es necesaria, porque el desarrollo no requiere de seres humanos, sino de cifras y estadísticas que los planificadores puedan reconocer como mediaciones y prácticas concretas, afirmadas bajo los paradigmas del capital, la ciencia y la tecnología. Uno de los fundamentos del «desarrollo» es que implica la dependencia entre un centro y una periferia, entre un norte y un sur, entre un Primer y un Tercer Mundo, entre expertos profesionales y pobres marginados que se asumen como tal (ESTEVA, 1996, 58). Entonces, se define el «tercer mundo» por su pobreza masiva y la imposibilidad de los países que lo componen para acabarla por sí solos. El descubrimiento de esta situación produjo una transformación de las políticas globales especialmente en el ámbito económico; pues se remplaza el discurso bélico y nacionalista sostenido hasta la Segunda Guerra Mundial por una guerra contra a la pobreza (ESCOBAR, 1996, 48); esta pobreza que se presenta a nivel global y es vista como una amenaza para los países desarrollados. Pero no basta clasificar a las tres cuartas partes del mundo como pobres y por tanto subdesarrolladas; también es necesario clasificar a estas personas de acuerdo a cifras económicas basadas en el ingreso per cápita, este medidor fue implementado por el Banco Mundial en 1948 para calcular el nivel de vida de los grupos sociales; su planteamiento ya tiene implícita una posición en donde crecimiento en la producción mercantil significaba una mejora del sustento humano para todos (SHIVA, 1996, 331). Estos elementos proporcionaron el marco para formalizar políticas intervencionistas que se basaban en la inversión extranjera y el desarrollo capitalista, pero además de estos necesitaban de todo un aparato institucional (no sólo nacional, sino internacional) para consolidarse: apoyo de fuerza pública, instituciones gubernamentales, organizaciones locales, acuerdos y pactos entre sectores sociales; atención a nivel continental etc. En América Latina este proceso de consolidación se llevó

a cabo desde diferentes estrategias que terminan en la creación de la Organización de Estados Americanos OEA en 1948 en Bogotá; cuyos planes de acción se dirigieron en un primer momento a fomentar la industrialización para consolidar la democracia (Foro de Chapultepec, 1945), y luego giraron a la militarización, planes de defensa y seguridad para proteger la inversión de capital privado (Río de Janeiro, 1947). Los acuerdos suscritos no tuvieron otro fin que regular las relaciones entre actores y sectores sociales a fin de que pudieran servir de plataforma para la imposición de proyectos y disolver las posibles tensiones que generarían entre las partes. No obstante, la guerra a la pobreza no se limitó a la categoría de crecimiento económico, aunque era su principal foco, sino que acorde al discurso del desarrollo era necesaria una transformación en los hábitos y prácticas culturales para alcanzar la modernidad. Por ejemplo, eran necesarias transformaciones en las tecnologías, una revaluación del crecimiento demográfico, replanteamientos de factores culturales, raciales, religiosos, geográficos y étnicos asociados al «atraso» y que justificaban la intervención de gobiernos, agencias e instituciones internacionales. Entonces la teoría del «desarrollo» se impuso como marco de «lo que podía pensarse y decirse» y las personas (ahora cifras y datos) del tercer mundo ya no decidimos nuestra vida, sino que ésta se convierte en problemas, recomendaciones y planeaciones que expertos generan. Esta situación convierte a la «pobreza, al hambre y el analfabetismo en una fuente de una industria lucrativa para planificadores, expertos y empleados públicos» (ESCOBAR, 1996, 89). En un primer momento los equipos de evaluación y planificación de los diferentes organismos estuvieron conformados en su mayoría por economistas, lo que determinó el curso de las investigaciones, estas se dirigieron a encontrar y controlar los factores estructurales que impedían la industrialización de los países subdesarrollados para producir más y poder competir en un mercado internacional; es así como se hace frente a problemas como la falta de capital y de industrialización y se proponen soluciones a partir de la ayuda externa que podían prestar los países del Primer Mundo. Se hace énfasis en la necesidad de aumentar la productividad y la demanda como principal solución a la pobreza, justificando así la intervención y paternalidad con los países del Tercer Mundo que fue generando una dependencia, exclusión y endeudamiento que son parte importante del proceso de tensión social de Latinoamérica y del resto del Tercer Mundo. Tal vez el caso más ilustrativo en este sentido es el tema del hambre y la producción de alimentos, pues es aquí donde se han generado diferentes estrategias para combatirla que van desde alimentos enriquecidos

Susan Bank

o suplementos alimenticios hasta temas de educación nutricional, reforma agraria, desarrollo rural, planificación nutricional entre otros, pero sin embargo, todos estos esfuerzos han han creado mayor dependencia hacia las «ayudas» de los países de Norte.

Más allá del desarrollo
Después de este análisis podemos afirmar que el “trato justo” de ayudar a salir del «subdesarrollo» a estos países es sólo una estrategia, pues lo que hay de fondo es la necesidad de estas instituciones de controlar a la población negándoles cualquier participación y afirmando de la voz del primer mundo; pues no hay escenarios reales de decisión para las comunidades, insertando el pensamiento hegemónico en ámbitos locales. Cuando se habla de desarrollo se habla de relaciones de poder, de la consigna de viejos sueños de crecimiento económico, de la “felicidad mundial” alcanzada a través del progreso; pero en medio de todo esto surgen críticas al desarrollo por su actuación como fuerza devastadora en las comunidades del «tercer mundo», porque detrás de esa cortina de modernización y progreso mundial hay invisibilización y perpetuación de la subordinación. Aquí podemos ver que las palabras no son ingenuas ni neutrales, y que encierran significados, culturas y

acciones. El proyecto de modernidad, justificado en el desarrollo, exportado desde occidente al resto del mundo hace pensar acerca de las transformaciones políticas y económicas que convierten a este movimiento en un acontecimiento sin precedentes en la historia social de las culturas, de las economías y de las ecologías, pensando en esto se empiezan a buscar alternativas al desarrollo donde sea posible construir y defender nuestras identidades y nuestras culturas, con ello la manera de concebir el mundo. Las críticas que van surgiendo alrededor del tema nos llevan a plantear que nosotros como comunidades somos autónomas para decidir; que nuestra historia, nuestro pensamiento sembrado y cosechado tras varias generaciones no cabe en políticas globales, que nuestras vidas no pueden ser definidas en términos de desarrollo. Ello supone una revalorización de las culturas locales, una necesidad de depender menos de los conocimientos de expertos, una necesidad de que la gente recupere la vida comunitaria, la dignidad y la autonomía para contestar al «desarrollo» que no es la única forma válida de pensar la realidad social, mucho menos la que nosotros deseamos. Nuestra tarea consiste en proponer alternativas más inclusivas que estén fuera del desarrollo y su lente economicista de producción. Si bien, debemos aceptar que el desarrollo es una realidad histórica innegable, es posible superarla recuperando elementos

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de la vida cotidiana de las comunidades, ya no imitando lo que ellos -«el desarrollo»- nos mostró sino que es volver a afirmar la identidad; una identidad que tiene sus raíces en una memoria más profunda que la era del desarrollo, que está anclada a un territorio socialmente construido y que debemos retornar a él como comunidad, volver a establecer lazos con el medio ambiente y con la vida mísma. Es subvertir el lenguaje, apropiándonos de él; es trascender la lucha por bienes o servicios y entender que se deben plantear luchas culturales por la posibilidad de dar significado a nuestra existencia, de definirnos a nosotros mismos. Volviendo a dar valor a los movimientos sociales, a los que reivindican un mundo mas justo, pero que no se quedan aguardándolo en los discursos sino que lo construyen diariamente. Nuestras acciones deben estar encaminadas a confrontarlo, a plantear opciones diversas y plurales, que se realicen dentro de un grupo o comunidad, buscando una construcción social más equitativa y justa a partir de la autonomía y autodeterminación. Reconociendo en los otros pueblos latinoamericanos y mundiales la misma heterogeneidad con que nos reconocemos nosotros sin llegar a un relación vertical basada en algún tipo de poder o valores culturales. Se trata de una apuesta para construir “un mundo don-

de quepan muchos mundos” como lo han planteado los Indígenas de Chiapas, en donde cada quién actúe, se afirme y resista pero imponerse sobre otros 3

Bibliografía
ESCOBAR, ARTURO. 1996. La invención del tercer Mundo: Construcción y deconstrucción del conocimiento. Bogotá: Editorial Norma. ESTEVA, GUSTAVO. Desarrollo. En SACHS, WOLFGANG Diccionario del Desarrollo. Una Guía del conocimiento como poder. Londres: Zed Books Ltd. IBÁÑEZ ALONSO. 2009. La utopía de un mundo donde quepan todos los mundos. En revista de Configuraciones latinoamericanas. Año 2. No 3. Junio de 2009. SHIVA, VANDANA. 1996. Recursos. En SACHS, WOLFGANG Diccionario del Desarrollo. Una Guía del conocimiento como poder. Londres: Zed Books Ltd.

3 Esta apuesta es expresada por diferentes movimientos sociales latinoamericanos, en particular por el movimiento indígena de Chiapas. Ver Ibáñez Alonso, “La utopía de un mundo donde quepan todos los mundos” En revista de Configuraciones latinoamericanas. Año 2. No 3. Junio de 2009.

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Manifiesto

ser wayuu
Por: Jairo Arias Gaviria 1

La granjita, asentamiento indígena Wayuu, municipio de Barrancas, Guajira
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1 uego de la conquista española las comunidades rurales, y en especial las indígenas, afrontan un escarnio terrible que los empuja hacia la marginalización y la exclusión social. Los embates de la minería de carbón en la Guajira y la reticente postura política de las autoridades locales y nacionales hacen que cada día las comunidades más marginadas agudicen su condición. En este corto recorrido, y de manera narratológica, mencionaré la situación de una comunidad de la Baja Guajira en relación con el territorio y la lengua. La Lingüística ha permitido identificar la forma, la estructura, la gramática, los fonemas, los pormenores de la variación en las lenguas, el contacto entre ellas y otros aspectos de las comunidades indígenas colombianas. A través de esta disciplina también se estableció cuándo una lengua desaparece, si existe bilingüismo o alguna dimensión de diglosia. Igualmente hemos podido identificar cada lugar, cada familia lingüística, cada rincón donde habitan los indígenas; pero hoy, de camino a la Alta Guajira, realizamos una pequeña parada para saludar a una familia que nos aloja de camino. [...] Saúl Pushaina nos saluda, —Antushi— dice él, y ninguno de nosotros le entiende. Se alegra de que estemos en su tierra. Sus hijas y familiares salen a nuestro encuentro. Luego de los saludos referenciales nos brindan una taza de café caliente, se sienta en unos de los costados de su pequeña enramada donde está guindado su chinchorro. Un ¡aja! sale de su boca como queriéndonos decir —y ustedes como están—. La conversación expuesta por Saúl, como buen líder que es, nos llevó por todo el recorrido de su comunidad. Atrevidamente le pregunté que si él sabía por la figura de restitución de tierras que el gobierno está implementando.—Usted que ha visitado nuestras tierras, sabe que yo soy wayuu, pues bien, nosotros los pobladores de la Granjita, somos un asentamiento

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indígena que hace 15 años le está insistiendo al gobierno para que lo reconozca como tal. ¡Sabe! hemos estado todo este tiempo demostrando que aquí estamos; pero cada día que pasa la ciudad nos va comiendo, las urbanizaciones crecen y nuestro territorio va desapareciendo— La Granjita está ubicada en el municipio de Barrancas, Baja Guajira, es un asentamiento de 80 familias, todas ellas provenientes de diferentes castas wayuu, ocupan este territorio des de los años ochenta. Algunos líderes afirman existir muchos años antes de la creación del municipio de Barracas. Saúl se anima en la charla, le gusta hablar de su cultura. Se levanta del chinchorro, camina hacia la sombra de un pequeño arbusto, se acomoda en una de las sillas que está cerca del grupo visitante y pegunta: — ¿conocen nuestros cementerios? — Para los wayuu los cementerios expresan la vida, su relación con el territorio, la historia de su clan. Saúl nos señala la entrada a la Granjita, muy cerca de su casa, a unos 150 metros está la margen del pavimento que bordea la entrada; en adelante las pequeñas casitas carecen del servicio de agua potable, todo está en obra negra como solemos decir los «Alijunas»; las calles son vías destapadas y las pequeñas viviendas dibujan cuadrados casi perfectos por donde se puede transitar. Cuando llegamos aquí, afirma Saúl como si hubiera sido ayer, Barrancas estaba muy lejos, señalando con su mano hacia el horizonte, apunta a la derecha de su cuerpo y continúa diciendo: —todo esto tenía montones de árboles, frutas, y para llegar al centro de Barranca tenía uno que irse por uno de los caminos. Mucho más allá de la avenida principal estaba el centro, éramos nosotros los que ocupábamos estas tierras; ahora nos toca juntarnos cada día más y más, al punto que no tenemos lugar para nuestros chivos, incluso no tenemos—. Carlos, Uno de los visitantes le pregunta: — ¿Y por qué si ustedes son wayuu no tienen el resguardo? — Saúl comenta —ahora nosotros hemos abierto los
M a n i f i e s t o s e r way u u

Parte de uno de los 6 huecos de explotación de carbón del Cerrejón.Enero 2012. Fotografía: Jairo a.g

1 jairox1@gmail.com. Lingüista. Universidad Nacional de Colombia

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nos pone en la pelea por nuestro lugar en el espacio, hoy también nos toca poner cerco a nuestro linderos. Ahora con esa nueva etapa de explotación de Carbón, los cercos incrementaron; es como si en cada metro de tierra existiera una mina por donde se hará un hueco para extraer algún mineral. El recorrido termina nuevamente en su vivienda, con los papeles en la mano de años de lucha para ser reconocidos como indígenas nos vuelve a decir algo que no entendemos —Anayaguatsá— y una de sus hijas dice: —significa gracias—. La noche llega y la madrugada nos aguarda para iniciar nuevamente el recorrido hacia la Alta Guajira. En medio de tanta pobreza, de una educación de mala calidad, de acceso a una salud decadente, y carentes de condiciones para una vida digna, la pregunta recurrente nos hace pensar en las regalías que genera la minería. La Guajira, lugar donde el Cerrejón exporta en promedio 32 millones de toneladas de carbón al año. Donde en un día normal de trabajo llegan al mar, para ser puestos en un buque de carga, 6 trenes con 130 vagones cada uno y cada vagón con una carga de 110 toneladas. Allí nunca se para la labor de extracción del material de las entrañas de la tierra. En tantos años de explotación, Colombia perdió todo derecho en los dividendos de la minería de carbón, los dueños son extranjeros y el país solamente recibe un 15% de regalías, que en la mayoría de los casos nunca llega a beneficiar a las comunidades que fueron arrancadas de su territorio. Como es el caso de la comunidad indígena de la Granjita. Para las comunidades indígenas el derecho a la lengua es el derecho a la identidad, al respeto por sus costumbres y prácticas tradicionales. En la Granjita, los Wayuu trabajan en labores que no tienen ninguna relación con su territorio, han perdido toda relación de poder político o de interlocución con los entes gubernamentales, su derecho al territorio se ha perdido; así, la identidad ronda los albores de una comunidad que se resiste a su extinción. Parte de uno de los 6 huecos de explotación de carbón del Cerrejón. Enero 2012. Tomada por Jairo a.g La profunda crisis ambiental que genera el Cerrejón es innegable. Los paliativos que brindan para menguar el impacto es un sofisma de distracción, condenando a la desaparición del wayuu, por ser una comunidad que se ubica en «márgenes del progreso Colombiano». Esta misma situación de Barrancas pa-

reciera repetirse continuamente en las zonas rurales, como si fueran poblaciones para desechar. El mundo tal cual está hoy, es planificado para el disfrute de las riquezas del país y de los que acceden a ellas, y justamente son las minorías que dirigen las economías locales y nacionales las que disfrutan de esas riquezas. Cuando se hace conciencia, se comprende que las políticas nacionales no han sido hechas a nuestra medida; que éstas han sido diseñadas, pensadas y desarrolladas para que los marginados piensen que hacen parte de ellas, con la idea de que son representados y reconocidos por ellas, que de alguna manera resolverán nuestros conflictos. El mundo natural ya no es nuestro, nos lo han arrebatado. En él, los marginados, los pobres, las poblaciones rúales y los habitantes de la Granjita, no tiene las condiciones para estudiar, para manipular las nuevas tecnologías del mercado, no estamos en los gobiernos, no controlamos las transnacionales, no dominamos finanzas, no hacemos parte del Producto Interno Bruto (PIB) del País; y por esa razón, existen conflictos que no son importantes para nadie, que no le interesan a ningún gobierno y que nadie quiere solucionar, porque son tensiones y conflictos de poblaciones que no representa nada para nadie, son tensiones y conflictos de población para desechar.

Uno de los cuatro cementerio del asentamiento de la Granjita Foto: Jairo a.g

ojos, sabemos que hay unos por encima de nosotros que siempre nos visitan para las épocas de elecciones, nos dan la mano y nos saludan mirándonos a los ojos, nos reúnen y nos dicen que nos van ayudar, hablan muy bonito, pero luego se pierden y uno no los vuelve a ver. Pero ahora estamos un poquito más despiertos. Aquí estamos cansados de ir al INCODER, la cantidad de cartas en todos estos años nos hacen cansar de insistir, tantos rechazos nos hicieron pensar que debíamos ir hasta Bogotá, directamente al INCODER; hace unos días nos han dicho que ya estamos registrados, lo primero que me preguntaron era que si yo era wayuu, manifesté serlo y tengo el recibido de la carta de recibido—. —Nosotros hemos visto el crecimiento de Barrancas y la manera como nos ha tocado sobrevivir. No existimos para nadie, el colegio, el puesto de salud, las oficinas, todo está allá, en Barrancas, ahora que la ciudad únicamente nos divide por la línea de cemento entre las casas de los Alijunas y las nuestras, nosotros queremos ser reconocidos como resguardo, como territorio indígena y que nos sea titulado. El viento se incorpora en nuestras melenas refrescándonos, el sol alumbra intensamente y el sudor escurre por nuestros cuellos. Una de las hijas de Saúl se acerca y recoge las pequeñas tacitas de café, las lleva para la cocina que está ubicada en el suelo, justo al lado dónde se apila la leña para cocinar. Los hijos mayores nos ofrecen un trago de chirrinchi y lo bebemos lentamente, Saúl nos dice que nos pongamos nuestras gorras y sombreros para cubrirnos del sol y

que lo sigamos. Se pone de pie, todos nos disponemos a caminar, —solo será media hora— dice él. El camino deja ver varios árboles frondosos y un pequeño barrio elaborado en bloque y cemento rústicamente colocado. Como un contador de historia nos va describiendo el nombre de cada dueño de las casas… Este era nuestro primer cementerio, ahora es un barrio de Alijunas. A 10 metros de las viviendas está ubicado otro cementerio donde han enterrado a familiares de la casta ipuana; y a 200 metros más, está otro cementerio donde se ve la castas epiayú y pushaina. Melancólicamente expresa: —Esto fue lo único que pudimos logar—. Señalando nuevamente con el dedo hace un pequeño círculo en el aire para señalar el cerco en alambres de púas que divide el barrio en concreto de su cementerio. Luego de terminar el recorrido hemos pasado por cuatro cementerios perteneciente a la Granjita -como todos los wayuu- reposan sus ancestros en ellos, para luego realizar su segundo entierro; de esta manera los Yoluja, emprenden el viaje de los sueños. Los últimos años han venido muchos blancos a comprar tierras aquí, sin pedir permiso a nosotros, a nuestras autoridades, cuando nos damos cuenta ya están viviendo o han construido. Cada día tenemos menos lugar para vivir…. Si me preguntas por la lengua, pocos la hablamos, en las escuelas nos discriminan por ser indios, se ríen de nosotros; por esas razones muchos chicos prefieren no aprenderla, y por las mismas cusas nosotros preferimos que sea de esa manera. Tanto atropello nos vuelve invisibles,

Glosarios:
• Wayuu = Pueblo indígena ubicado en la península de La Guajira Colombo- Venezolana. • Antushi = Bienvenidos. • Alijuna = El no wayuu, sirve para diferenciar al negro, al blanco, al forastero. • Chirrinchi = Bebida típica de los wayuu, elaborada a base de panela para luego ser destilada. • oluja = Espíritu de un muerto. • Pushaina, Ipuana, Epiayú = Clanes indignas wayuu

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Congreso de tierras y territorios:
La granjita, asentamiento indígena Wayuu, municipio de Barrancas, Guajira
Por: Ernesto Avellaneda Orozco 1
A R T Í C U L O

ste artículo consta de dos partes.1La primera está dirigida a desarrollar una pequeña mirada sobre algunas visiones teóricas que se han formulado sobre el concepto de desarrollo; por una lado, la idea de desarrollismo y el planteamiento de los tres sectores económicos; de otro lado, la visión neoliberal, que encajará con momentos de crisis y recaída del sistema capitalista y la dura crítica que se alzaría contra el Estado de Bienestar, concebido después de la segunda guerra mundial. La segunda, introducirá algunas líneas que han surgido en el país, sobre la base de la experiencia iniciada hace algunos años en el marco del proceso denominado Minga de Resistencia Social y Comunitaria, que luego se convertiría en un proceso social y de movilización más amplio, que tomaría el nombre de Congreso de los Pueblos, en el que convergerán diferentes movimientos y organizaciones sociales de la nación. En la preocupación por ofrecer una propuesta de país, el Congreso de los Pueblos se planteará la necesidad de empezar a legislar para el pueblo, para la gente, para las comunidades, los movimientos y organizaciones sociales, hacia una propuesta de país. Se tratará entonces, no solo de exigir los derechos al Estado, sino de ejercer los derechos en cada territorio bajo el amparo de la autonomía y la autodeterminación popular. Se tratará no solo de seguir pensando la senda del desarrollo, sino de repensar y cuestionar sus implicaciones, y preguntarse por el cómo vivir, para llegar a la idea básica del Buen Vivir. El primer esfuerzo será la realización de la instalación de Congreso de los pueblos en octubre de 2010 en Bogotá, que desembocara en la primera sesión legislativa en la ciudad de Cali, el Congreso Nacional de Tierras, Territorios y Soberanías (CNTTS), escenario del que saldrán unos planteamientos que tendrán la significación de mandatos para ejercer gobierno

E

autónomo en los territorios y todos los elementos, sociales, culturales y naturales que lo integran. Históricamente la humanidad ha formulado ideales que determinan la forma como se desarrolla su vida. Son ideales que proyectan la forma como las mujeres y los hombres ven el mundo y como se relacionan entre sí y con el medio que los rodea. Las distintas ideas sobre el mundo y el futuro como humanidad han generado una disputa en la cual debemos tomar parte todos los seres humanos; del triunfo de una idea de desarrollo u otra depende el rumbo que tome la existencia de nuestra especie y de las diferentes formas vivas y no vivas que componen esta gran esfera azul que hemos decidido llamar planeta Tierra. Este escrito nace en el marco de tal disputa ideológica, que a su vez es una disputa vital; dicha disputa se constata en diversas teorías que han tomado forma en la realidad que tratarán de ser expuestas a lo largo de este ensayo. Los seres humanos tenemos necesidades básicas como la salud, un medio ambiente apropiado, la educación, la cultura, el agua, el trabajo, la alimentación y otras muchas que harían de esta lista algo interminable. Cualquier idea de desarrollo debe responder y apuntar a la resolución y satisfacción de esas necesidades La teoría económica de los tres sectores, formulada por Fischer y Clark (Machado y torres, 1987) propone la existencia de tres sectores. Dichos sectores son: el primario, en el que encontramos al agro, la pecuaria y la minería; el secundario, que se refiere a la transformación de las materias primas obtenidas del primer sector (le da un valor agregado al producto inicial); y el terciario, en el que se encuentran los servicios. De acuerdo con la teoría planteada, en los dos últimos sectores de la economía se presentaría mayor rendimiento por trabajador, lo que se traduciría en «mejores» salarios y en un estímulo fuerte a la mi-

1 ernesto_irie@hotmail.com RED AGROPECUARIA DE EDUCACIÓN POPULAR 48
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gración de mano de obra hacia las ciudades, nichos para estos sectores económicos. Estas grandes migraciones traen como resultado la urbanización e industrialización y, en consecuencia, un abandono parcial del primer sector por parte de los inversionistas económicos. Dado que es en el sector industrial donde se lograría imprimir mayor valor agregado a los productos obtenidos de su desarrollo, los países que logren saltar a éste, podrán alcanzar mayores niveles de desarrollo, más ingresos y mejores niveles de vida y bienestar para la población. El sector primario de la producción se vería relegado, pero su declive sería atenuado por la captación del flujo de divisas que procederían del empuje del desarrollo industrial. Los alimentos podrían adquirirse con los recursos obtenidos de la industria. Pero la estabilidad generada por esta propuesta economicista no se mantendría indefinidamente en el tiempo, ya que, la demanda de mano obra por parte de un fortalecido sector manufacturero y el incentivo a la migración campo-ciudad (por salarios relativamente mejores), generaría un alza en los precios de los alimentos, haciendo que nuevamente la inversión agrícola sea un atractivo para el capitalista, que con innovación tecnológica (modernización agrícola y pecuaria), bajos salarios y precios agrícolas elevados subsidiaría de forma indirecta el sector industrial que seguiría siendo el pilar fundamental de la idea de desarrollo económico, sustentada en la teoría de los tres sectores. El escenario descrito llevó al sistema capitalista a una de sus primeras crisis estructurales, crisis (crisis ambiental, crisis alimentaria, crisis de la deuda) que se repetirían en el transcurso de su historia, se profundizarían y claramente afectarían de manera radical los aspectos fundamentales del desarrollo agrícola y del desarrollo humano. Bajo estas teorías, (en las que el fin es la producción en sí, la acumulación de capital y el crecimiento económico) se han gestado en las últimas décadas los modelos de desarrollo agrícola y de desarrollo económico en general. Es importante manifestar que a pesar de que las teorías economicistas no están pensadas inicialmente para configurar relaciones estructurales en la sociedad, sin embargo lo hacen de manera profunda. Para la década de los setenta y la década de los ochenta, el capitalismo —después de la que se llamó la «época de oro»— recae en una de sus sistemáticas crisis, esta vez consecuencia de la crisis de la deuda externa, el incremento de los precios del petróleo y la sobreproducción mundial. Esta nueva crisis, abre las puertas al modelo económico propuesto por Friedrich von Hayek y Milton Friedman. El Neoliberalismo, caracterizado por los efectos crueles y devastadores cuya implementación ha propiciado en numerosos países,

bajo la forma del Consenso de Washington, guiado por los Programas de Ajuste Estructural (PAE) en cabeza de instituciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), ha sido certeramente descrito en sus efectos particulares y contradictorios por Joseph Stiglitz en su libro El Malestar de la

Globalización.

El modelo teórico propuesto por estos economistas neoliberales se basa en cinco pilares fundamentales, a saber: 1. Liberalización del mercado (apertura económica), 2. Desmonte arancelario, 3. Libre tráfico de mercancías (zonas de libre intercambio comercial), 4. Privatización (fundamentada en la inoperatividad económico-administrativa del estado) y 5. Liberalización financiera (salida del estado del sector bancario) (Perry, 2003). Esta escuela neoliberal se hace hegemónica en el mundo globalizado a partir de la construcción de los siguientes consensos: El primero consiste en ver en la desigualdad un valor que incentiva y estimula la iniciativa privada, generando una disputa entre ricos y pobres que alimenta una situación de inequidad social estremecedora. Un segundo consenso tiene que ver con la privatización de servicios fundamentales para una vida digna (servicios públicos y telecomunicaciones). Este fenómeno se debe a que se genera en el imaginario del común, que el Estado no debe tener ninguna responsabilidad social, pues estas deberían ser solucionadas gracias al crecimiento económico y su extraño fenómeno de «riqueza para todos», que tendría forma de cascada —los de arriba dejarán caer ganancias para los de abajo—. Un tercer y último consenso tiene que ver con el planteamiento del mercado como un dios, como el solucionador de todo problema social y como el correcto distribuidor y administrador de las riquezas; las cuales serán repartidas de acuerdo al «esfuerzo» del competidor capitalista y su capacidad para sobrevivir en el sistema mundo capitalista, globalizado y neoliberal. Es importante no disociar estas teorías de la historia, y en particular de hechos históricos que no se deben repetir, como la dictadura de Pinochet y Videla (en Chile y Argentina respectivamente), las dictaduras en Centroamérica, y demás países del continente latinoamericano. Desde un discurso de combate frente al comunismo, se impuso el modelo económico neoliberal, del cual somos y hemos sido víctimas y por lo cual debemos combatirlo. En Colombia, los efectos del modelo neoliberal en todos los sectores de la economía y la sociedad, en particular en el sector agrario, datan de la implementación de la Apertura Económica, adelantada por el entonces presidente Cesar Gaviria, en plena época de la

constituyente de 1991, y se sentirían con mayor fuerza y claridad algunos años después, tal como lo dejara ver Eduardo Sarmiento Palacios en su libro Apertura y Crecimiento Económico. En lugar de cambiar el rumbo, hoy asistimos a su profundización. Los tratados de libre comercio (TLC) acentúan la tendencia de implantación del modelo neoliberal en circunstancias en que las condiciones económicas y sociales del país, y de países en el mundo evidencian que la ruta debe ser replanteada. En Colombia, las cifras sobre la pobreza rural, la concentración de la tierra y la desigualdad social, señalan las consecuencias de un modelo económico impuesto por la vía de la violencia a ultranza, el despojo y la concentración de la riqueza. . A continuación se recogen los elementos de mandato para el Buena Vivir que fueron consensuados en el marco del Congreso Nacional de Tierras, Territorios y Soberanías (CNTTS), -realizado en el mes de septiembre del año 2011, en la ciudad de Cali-, desde los que se replantea y se redimensiona el modelo de país y sociedad legado por los modelos de desarrollo aplicados en Colombia y sus cuestionables resultados. • Consolidar la unidad del movimiento y las organizaciones populares para cuidar a la Madre Tierra, defender los territorios y consolidar la soberanía popular. • Cuidar a la Madre Tierra y reconocer sus dere chos. Quien no cuida la Madre Tierra no la merece. Como organizaciones sociales populares-- todas las acciones políticas civiles se diseñan para construir un camino hacia la solución política y negociada del conflicto social y armado. • Profundizar la liberación de la Madre Tierra y la realización participativa de la reforma agraria. • Constituir a las organizaciones sociales y comunidades como protectoras del agua. • Construir una economía propia y articulada de los pueblos, no supeditada al mercado global, que garantice la soberanía, la autonomía alimentaria y los saberes asociados a las semillas, las plantas y los alimentos. • Realizar un ordenamiento social del territorio urbano. Proponiendo suelo y agua como bienes vitales, públicos y comunes, reconociendo la diversidad y las diferencias de los pobladores que habitan las ciudades de Colombia. • Legalización de territorios urbanos y no reubicación forzada. • Emprender todas las acciones necesarias hasta que los responsables intelectuales y materiales del exterminio en contra de nuestros pueblos sean juzgados. Recogemos las semillas de vida, memoria, verdad, justicia y reparación, sembradas por las luchadoras y luchadores populares en la defensa de la vida y de la Madre Tierra, vícti-

mas de este conflicto. • Consolidar espacios para que los niños y niñas de nuestros territorios deliberen y decidan. El futuro del territorio está en peligro si no despertamos nuestros corazones y conciencias para que sus aportes sean tenidos en cuenta. Obedeciendo su palabra mayor, generaremos siempre espacios donde los niños y niñas de nuestros pueblos puedan pensar, construir y defender el país de sus sueños (congreso de los pueblos, 2011). Estos elementos de mandato constituyen una propuesta de vida más que una opción de desarrollo; es una propuesta de vida y de país que no es individual, ni nace de la genialidad de algún teórico, sino que, por el contrario, es la síntesis de la práctica histórica y revolucionaria de los movimientos sociales y los aportes teóricos de muchos intelectuales comprometidos con la transformación de esta realidad por la construcción de mundo radicalmente diferente, necesario y posible. «La Madre Tierra es de quien la cuida, los territorios son de los pueblos, la soberanía es popular» (Congreso de los Pueblos)

Bibliografía
Machado, A. y   J. Torres. 1987. capitulo XI teorías del desarrollo agrícola. En: “El sistema agroalimentario: una visión integral de la cuestión agraria en América Latina “. CEGA, Michigan. pp 363-399. Perry, A.. 2003. Neoliberalismo: un balance provisorio. En libro: La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social. Emir Sader (comp.)y Pablo Gentili (comp.). 2ª. Ed.. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina.. p. 192. Congreso de los pueblos. 2011. declaración del CNTTS: La soberanía es popular, los territorios son de los pueblos la madre tierra es de quien la cuida. Declaración del congreso de tierras, territorios y soberanías. Cali Colombia.

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