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lo primero sea la niñez
trabajando para que en Colombia

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años

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Los niños siempre han existido la infancia, no
PHILIPPE AVIÈS

Corporación de Amor al Niño, CARIÑO,
Amparo Loaiza Espinosa Cecilia Prada de Faciolince Elkin Vásquez Correa Gabriel Jairo Cardona Arboleda Humberto Ramírez Gómez Juan Fernando Gómez Ramírez Jorge Loaiza Correa Luis Eduardo Cuervo Duque María Eugenia Saldarriaga de Gómez Matilde Méjía Bedoya Margarita Trujillo Turizo Sergio Jaramillo Velásquez

Junta Directiva

Director Ejecutivo Juan Carlos Álvarez Vásquez

Corporación de Amor al Niño, CARIÑO Calle 67 con Carrera 51 C Planta baja Policlínica Infantil Hospital San Vicente de Paúl, bloque 11 Tels: 2638084 - 2638024, fax: 2639416 corpcarino@une.net.co Medellín, Colombia

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La opinión aquí consignada es de estricta responsabilidad de cada uno de los autores. No refleja la posición de la Corporación ni de sus directivos

Diseño y Diagramación Maria Elena Arismendy E. Impresión Imprenta Departamental de Antioquia

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AUTORES
Álvaro Posada Díaz Pediatra Puericultor Carmen Escallón Góngora Pediatra Terapéuta de Familia Cecilia Prada de Faciolince Pedagóga Diana Patricia Palacio Posada Licenciada en Educación Gloria Elena Orozco Gómez Especialista en Psicología Clínica Juan Fernando Gómez Ramírez Pediatra Puericultor Luis Eduardo Cuervo Duque Psicólogo Sergio Jaramillo Velásquez Médico especialista en Medicina de Laboratorio Victoria Eusse Bermil Pediatra especialista en Trastornos Comportamentales y Neuropsicología Infantil Victoria E. González Mesa Trabajadora Social Coordinación General Juan Carlos Álvarez Vásquez

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ÍNDICE
Presentación Prólogo
Jorge Loaiza Correa, Médico Pediatra Juan Fernando Gómez Ramírez, Pediatra Puericultor

Crianza humanizada

Carmen Escallón Góngora, Pediatra Terapéuta de Familia, Universidad de Cartagena.

Importancia de la participación de la familia en la educación y formación de los hijos
Luis Eduardo Cuervo Duque, Psicólogo Universidad CEIPA

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El ejemplo, el estímulo y los límites en la crianza
Gloria Elena Orozco Gómez, Especialista en Psicología Clínica.

Cómo disciplinar

Dr. Álvaro Posada Díaz, Pediatra Puericultor

Crianza y ejercicio de la autoridad
Álvaro Posada Díaz, Pediatra Puericultor

Consecuencias naturales y consecuencias lógicas
Diana Patricia Palacio Posada, Licenciada en Educación. Álvaro Posada Díaz, Pediatra Puericultor. Luis Eduardo Cuervo, Psicólogo. Universidad CEIPA

La agresividad en el niño: una actitud del adulto Una familia con inteligencia emocional
Cecilia Prada de Faciolince, Pedagóga.

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El buen trato y la formación de la autoestima en el niño
Juan Fernando Gómez Ramírez, Pediatra Puericultor.

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La letra con sangre no entra
Carmen Escallón Góngora, Pediatra Terapéuta de Familia.

Victoria Eusse Bermil, Pediatra Especialista en Trastornos Comportamentales y Neuropsicología Infantil.

Maltrato infantil

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Aprendiendo a cuidarme, una estrategia para prevenir el maltrato y el abuso sexual infantil

Victoria E. González M., Corporación de Amor al Niño CARIÑO. Sergio Jaramillo, Médico Laboratorista Hospital Pablo Tobón Uribe.

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Presentación
La Corporación de Amor al Niño, CARIÑO, nace como objetivo humano del XII Congreso Colombiano de Pediatría en noviembre del año 1979. Mensaje de amor, de protección y de ayuda al niño. Herencia de un congreso, alma y energía vital que busca por todos los medios hacer que en todo el territorio patrio se apliquen los derechos del niño consignados en Ginebra el 20 de noviembre de 1959. Fieles a los objetivos fundamentales de crear conciencia sobre la importancia del niño y su futuro para beneficio de la sociedad, la Corporación de Amor al Niño, CARIÑO, emprendió una campaña permanente para defender sus derechos y enaltecer los valores y principios que deben regir sus acciones, llevando mensajes (continuados) a toda la comunidad, en particular a quienes tienen que ver con su crianza: padres, maestros, trabajadores sociales, psicólogos, médicos, autoridades gubernamentales y religiosas, por medio de foros que denuncian problemas que afectan al menor y (revelando) características propias de la infancia, frecuentemente mal interpretadas por las diferentes sociedades y culturas a través del tiempo. Filosofía de la Corporación es motivar a las gentes, sensibilizar los espíritus y campos de acción para lograr que nuestro lema «En Colombia lo primero es el niño», no sea fruto de una vana ilusión sino la proclamación de un compromiso de todo un pueblo con la orientación de CARIÑO a través de 30 años de servicio.

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Tiene la Corporación entre sus planes primordiales el estudiar, planificar y proponer soluciones efectivas a las demandas hechas por otras entidades que se preocupan por la niñez, considerando que el bienestar de los niños es responsabilidad de la familia, del estado y de la sociedad, que el niño necesita y reclama protección, orientación espiritual, atención médica, nutrición adecuada, educación e instrucción, sea cual fuere su raza, religión, posición económica y nacionalidad. Nuestra privilegiada labor cotidiana de trabajar por los niños y sus familias no puede sino ayudarnos a reforzar nuestras esperanzas de un mundo mejor, menos violento, más justo, más equitativo, más solidario. CARIÑO ofrece a todos los niños grandes y significativas realizaciones: Educando con Cariño, capacitando a maestros en la implementación, ejecución, y evaluación de la escuela de padres. Este programa fue bien evaluado porque no sólo posibilitó reforzar elementos educativos sino también compartir conocimientos, experiencias y buscar soluciones conjuntas de la vida cotidiana aporta. Miércoles con Cariño, conferencias semanales sobre temas específicos para el cuidado de la madre y del recién nacido. La hora del cuento, fomentando el hábito de la lectura en niños preescolares de las escuelas en donde CARIÑO desarrolla sus programas. Creciendo con Cariño, estimulando el desarrollo y evolución de los adolescentes por senderos del bien. Foros: Educación sexual, Violencia, Maltrato infantil, Música, Pintura y teatro, Pedagogía de los valores, Dificultades del aprendizaje, Cómo educar al niño para el siglo XXI, La sexualidad humana y la educación sexual, El maltrato al menor; Aprendiendo a cuidarme, en

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publicaciones, la cartilla educativa para la prevención del abuso sexual infantil y otros más cuyas memorias se encuentran en la sede de la Corporación. Entregamos, además, al pueblo colombiano, una hermosa colección fotográfica Aquí estamos los niños de Colombia, con enfoque de dignificación de nuestros inocentes niños que viven más cerca de los sueños que de la realidad, porque son espontáneos y sus imágenes llegan como llega la brisa, el amor, o la calma, tras el paso de las tormentas. Ofrece además algunos eventos como la subasta de arte, la carrera atlética infantil Cariño, edita el libro Manual de Urgencias en Pediatría, sin olvidar, la construcción y dotación de la Policlínica Infantil CARIÑO. Este centro presta atención médica integral al niño grave y críticamente enfermo, no sólo de Medellín sino de todo el Valle de Aburrá y departamentos vecinos. ¿Qué se puede esperar de una niñez sin nutrición, educación y salud, que no saben lo que es ternura, afecto, cariño y amor?. No deja de rondar en la memoria el interrogante del maestro Guillermo Valencia en su poema Anarkos:
«Quién me dirá si un huevo es de torcaz o víbora? la mente no sabe leer lo que en el tiempo asoma el hombre como el huevo en nidos de dolor será serpiente en nidos de piedad será paloma.

En síntesis, la Corporación de Amor al Niño, CARIÑO trabaja por Colombia dignificando el niño y trabaja por el niño humanizando a Colombia.
Fundador y Presidente honorario de CARIÑO

Jorge Eduardo Loaiza Correa

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Prólogo
La puericultura es el arte de cuidar, de cultivar niños, el arte de la crianza, que es instruir, educar y orientar a niños, niñas y adolescentes. La crianza empieza por el establecimiento de vínculos afectivos que propenden a la construcción permanente de aprendizajes conscientes e inconscientes, que resultan de las interacciones a lo largo de la vida (socialización) de los sujetos de crianza, en una relación de doble vía, pues al mismo tiempo los adultos acompañantes en la crianza están modificando su propio desarrollo. Criar, implica necesariamente educar, entendida la educación en el contexto de la UNESCO, como constituida por cuatro pilares básicos, definidos como aprender a ser, a conocer, a hacer y a vivir juntos, tanto en el presente, como en el futuro. La crianza humanizada es el acompañamiento inteligente y afectuoso a los niños, niñas y adolescentes en la aventura de la vida, de tal modo, que puedan construir y reconstruir, como protagonistas de su propio desarrollo, las metas de desarrollo humano integral y diverso: autoestima, autonomía, creatividad, felicidad, solidaridad y salud. El contexto anteriormente descrito es el que nos ha animado a compartir con la población general esta publicación que recoge las ideas de distinguidos expertos colombianos alrededor de la crianza y de todos aquellos eventos que en ella se suceden, deseables o no y que tendrán repercusiones presentes y futuras en los sujetos de crianza.

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Teniendo como referente la celebración de los 30 años de existencia de la Corporación de Amor al Niño CARIÑO-, entidad dedicada a la promulgación y vigilancia del cumplimiento de los derechos de los niños, mediante estrategias fundamentalmente de tipo educativo, pensamos en esta obra como otra contribución a la labor de educar a padres de familia, maestros y adultos significativos alrededor de unas pautas de crianza, que sin ser únicas, ni inamovibles, pueden contribuir a mejorar las relaciones que se suscitan durante este apasionante proceso de crecimiento y desarrollo de los niños, niñas y adolescentes. Agradecemos de corazón a las directivas de la Corporación de Amor al Niño, CARIÑO esta solidaria e impactante manera de celebrar sus 30 años en clave educativa, y a los autores la generosidad con que han aportado sus ideas y experiencias para hacer de esta obra un aporte trascendente al cambio que nuestra sociedad, con urgencia, necesita y merece.
Juan Fernando Gómez Ramírez Pediatra y Puericultor

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Juan XXIII

«Es más fácil para un padre tener muchos hijos que para un hijo tener un buen padre»

Crianza humanizada
CARMEN ESCALLÓN GÓNGORA Pediatra Terapéuta de Familia Docente de la Universidad de Cartagena

La crianza es el proceso mediante el cual los padres esculpen el cuerpo y el espíritu de los niños. Los primeros años son decisivos para la estructuración de la personalidad, al igual que para el aprendizaje de la configuración de emociones de acuerdo con el contexto. Confirma este concepto el dramático caso de dos niñas hindúes, en 1922, en una aldea bengalí, en India, fueron «rescatadas» de una manada de lobos que las habían «criado» completamente aisladas del contacto humano. Al ser encontradas tenían 5 y 8 años, no sabían caminar erguidas, no hablaban, comían carne cruda, tenían hábitos nocturnos facies inexpresivas, rechazaban el contacto con los humanos y preferían la cercanía de perros o lobos. Estaban completamente sanas, no tenían signo alguno de desnutrición o retardo en su desarrollo psicomotor. Al ser separadas de su familia loba, presentaron profunda tristeza, lo que produjo la muerte de la menor de las niñas, al poco tiempo. La niña mayor sobrevivió diez años, en este tiempo pudo cambiar eventualmente los hábitos alimenticios aprendidos con los lobos. Aprendió a caminar erguida, aunque ante la prisa y el miedo, caminaba como en cuatro patas; Nunca habló con propiedad. La familia de misioneros que la cuidó y algunas personas que estuvieron cerca nunca las sintieron verdaderamente humanas.

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Este caso y muchos otros, en la vida animal, demuestran que aunque en su constitución genética, anatomía y fisiología eran humanas, su comportamiento y la nueva expresión de su fisiología era lobuna. Los misioneros trataron de cambiar conductas que eran anormales en humanos, pero completamente normales entre los lobos, que las habían criado. Cada cual atesora sus recuerdos de infancia y, es en esos recuerdos, en los que el hombre y la mujer adultos deben indagar sobre sí mismos y encontrar las razones de su conducta adulta, violencia, indiferencia, desamor, miedos, fortalezas y ternura. Se recuerdan las palizas y los premios, la competencia afectiva, las ilusiones voladas como cometas, los cuentos de los abuelos, los fantasmas y los espantos, las invenciones y visiones, los mundos fantásticos, el sudor de las pesadillas, el miedo al primer día de clases o el encanto de las sorpresas. Los niños son capaces de ver el mundo con los ojos de sus almas coloreadas, alegres, amorosas, llenas de sueños y esperanzas, de magia. Una niña al ver las ramas de un sauce llorón dijo: "mira que largas tiene sus tristezas"; el niño dice al amigo: "¿Por qué mi papá no tiene la nariz larga, si él dice tantas mentiras?". Los adultos con la edad y las vivencias disarmónicas se vuelven rígidos en su apreciación de la vida, se acaba la magia, las almas se vuelven como deslucidas. Con los años, los seres humanos se oxidan y lo único que los salva del rigor de la madurez y de la sequía de la decadencia, es volver a ser niños, o vivir momentos de infancia, inspirados en las reminiscencias infantiles. La crianza, ese trabajo artístico que la naturaleza confiere a los padres en el reino animal, va más allá de atemorizar y dominar al niño, como

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han creído muchos padres a lo largo de la historia. Es como hacer un excelente plato en la cocina, lo importante no es la receta, sino la presentación, el olor, el sabor y todo el contenido sensorial que encierra, y para hacerlo, se necesita un estado de ánimo adecuado, deseos de cocinar y mucho amor. De la misma forma, la crianza de un niño debe estar sostenida en el respeto, la ternura, el amor, la consistencia, la sabiduría, la esperanza y la alegría. La crianza del ser humano constituye la primera historia de amor, en ella se edifica en buena parte la identidad del niño, se construye el ser social y se establece la conciencia de la corporalidad. Cuando el niño crece en una relación con su padre o su madre fundamentada en el respeto, en la confianza, en la aceptación corporal con esa figura matrística, que le suministra al niño nutrición física, psicológica, moral y social, mediante la aceptación, el respeto y la ternura, independientemente de si es el padre o la madre, en el respeto por sí mismo y por el otro, cuando adulto vivirá las situaciones de alegría, de dolor, de tristeza, en forma auténtica y legítima, sin buscar su control y manipulación, por lo tanto, sin miedo. Es necesario que los padres y maestros de este comienzo de siglo, conozcan la importancia de educar o criar a sus hijos en el respeto, en la democracia, en el amor, dejando atrás el modelo de crianza patriarcal que se fundamenta en la posesión, en la dominación del niño, en su control, mediante el virus del miedo, de la confusión, del desamor, que en los últimos años ha dejado una siembra de adultos, protagonistas actuales de la violencia con sangre, o de la violencia sutil de la desesperanza y la corrupción. Es necesario precisar la importante tarea que se tiene ante la crianza de un niño, tomando la expresión del biólogo chileno Humberto Maturana y que se ha constituido en hilo conductor en este trabajo

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de construcción de paz: El curso de nuestra historia, es el curso que tenga el aprendizaje de los niños. Si se educan en el miedo, en la dominación y en el dolor serán padres y adultos violentos, inseguros y temerosos. Si se educan en el amor, en el respeto por ellos y por el otro, en la dignidad, en la aceptación, serán adultos responsables y libres, sin necesitar policías permanentes para cumplir su misión en la vida. Serán adultos y padres autónomos, con mayor capacidad de disfrute de la existencia y eso, precisamente, legarán a sus hijos. Cuando se educa a un niño en la posesión, el control y la condicionalidad, los padres se frustran con mucha frecuencia y la relación con el niño, consigo mismos, se vuelve devastadora, porque es imposible controlar otra conciencia, otra singularidad. Sólo el miedo hace que el niño opte por dejarse dominar por los padres. Al educar al niño en la democracia y en el respeto, los padres dejan de hablar de bien y mal, con relación a la conducta del niño, y hablan de conductas pertinentes o impertinentes. No se establece la culpa como elemento controlador del niño, se considera la conducta impertinente como una ceguera temporal que se puede corregir. El error no es malo en sí mismo, es parte del aprendizaje, quién aprende de sus caídas no se ha equivocado. El amor entendido como el respeto por el otro y por sí mismo, la aceptación del otro y de sí mismo, como la caricia desinteresada, como el disfrute con el solo acto de dar, sin esperar una respuesta, es el alimento esencial para la nutrición física, espiritual, psicológica y social de un niño. Cuando un niño carece de amor, origina alteraciones fisiológicas en sus sistemas endocrinológico, neuronal, inmunitario, digestivo, respiratorio, etcétera. Por ejemplo, gérmenes que coexisten normalmente con el niño, se hacen patógenos capaces de producir enfermedad, cuando la relación del niño con ellos se altera o se altera la función endocrinológica, es decir, que al alterarse la biología

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del amor, se altera el resto de la biología. Todos los procesos de los seres humanos se pueden vivir armónicamente desde el amor, incluso las pérdidas. El drama humano tiene origen en la falta de amor.
Hablar de crianza humanizada sin contemplar el juego y su significado en la infancia sería absurdo. El juego es la actividad indispensable para estimular la madurez de las funciones físicas, psicológicas, sociales y morales del niño. Mediante el juego expresa su pensamiento mágico, analógico, construye mundos, edifica realidades, es capaz de manejar las crisis esperadas en su crecimiento, desarrollo y las crisis inesperadas. Un niño puede regresar del funeral de su madre y ponerse a jugar solo con sus juguetes y en ese contexto desarrolla mecanismos que le permiten elaborar más fácilmente el duelo. Gracias al juego se relaciona con el mundo exterior, con los demás niños, puede trabajar sus temores, sus dudas, el valor de sí mismo establecer comparaciones, lazos de amistad, y un espacio hipnótico, en el que todo es posible. A propósito de esto, es relevante recordar las palabras del poeta Juan Manuel Roca: Déjenlos crear tormentas marinas con sólo agitar sus blancas manitas o soñar con pájaros no vistos o convocar a la noche en pleno día con sólo esconderse en lo profundo de un armario. Déjenlos atrapar una estrella cuando en la noche clara y plateada desde alguna ventana de una casa, con un espejo roto la atraen hacia un jardín de sombras. No los llamen en mitad de sus juegos: no podrán escucharlos.

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A esa hora magnífica y secreta, ellos están en otra parte. Hay fundamentos que facilitan y orientan a los padres hacia una crianza humanizada: 1. El padre debe saber que la experiencia de la crianza de su hijo es una relación interhumana, en la que intervienen el padre o los padres, el niño y los medios familiar y social. Es una oportunidad de crecimiento y logro de sabiduría: Los padres como seres humanos sienten cada situación en la vida familiar, como una experiencia nueva, que justifica recursos nuevos. 2. Los padres deben procurar un trabajo personal en su autoestima, su libertad, a lo largo de la crianza de sus hijos esto les hará ser asertivos, seguros y con mayor capacidad de disfrute. 3. El éxito y disfrute de la crianza de los hijos está relacionado con el éxito o disfrute de otras empresas de su vida, como la experiencia conyugal, la del trabajo, amistad, etcétera. 4. Cada hijo es único. Se trata de un ser con una singularidad y unos atributos individuales, por lo que la crianza de los hijos no podrá ser en serie. Los padres son tantas veces padres, como tantos hijos tengan. 5. Es necesario conocer al niño y sus características de acuerdo con su edad y sus crisis. 6. El amor y la ternura son ingredientes imprescindibles en la crianza.

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7. Los niños aprenden de modelos que les dan los padres y maestros.Otra forma de aprendizaje es por medio del errorensayo. Por ello el error es parte del aprendizaje. 8. Los padres pueden violentar a sus hijos con sangre o en forma sutil o imperceptible, ambas formas son devastadoras y lesivas para el desarrollo integral del niño. 9. El subsistema padres debe separarse del subsistema conyugal y debe preservarse la relación de padres pese a que la relación conyugal se encuentre lesionada o rota. Los padres deben distinguir la autoridad y el poder. La primera se refiere al respeto mutuo, la segunda al uso de fuerza física, moral, psicológica o social para doblegar la voluntad del niño. Hay en el ejercicio del poder máscaras de autoridad que son falsa autoridad. La autoridad falsa del miedo, de la culpa, del soborno, de la violencia, del discurso del falso amor. Todas estas formas logran apoderarse de la voluntad del niño para convertirlo en robot humano o máquina de obediencia.
De lo dicho, se puede concluir que la crianza humanizada es el primer acuerdo de paz, es la esperanza que se tiene para que los adultos hablen, actúen y defiendan la libertad, la dignidad y la democracia tan añorada en este momento, porque no hemos ganado la paz, aunque creamos haber ganado muchas guerras.

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"El problema con la familia es que los hijos abandonan un día la infancia, pero los padres nunca dejan la paternidad"
Osho

Importancia de la participación de la familia en la educación y formación de los hijos
LUIS EDUARDO CUERVO DUQUE Psicólogo Miembro Junta Directiva de CARIÑO

Al encontrar esta propuesta parece simple y elemental el planteamiento que en ella aparece. En él encontramos lo que, por naturaleza, todos los padres deben cumplir cuando se aborda la responsabilidad de educar y de formar a los hijos. Con el transcurrir de los tiempos estas obligaciones que siempre hemos tomado como tácitas, la realidad de los tiempos actuales las han cambiado, con una delegación de responsabilidades en segundas y terceras personas, las que no siempre tienen relaciones a nivel familiar pero que se están ocupando de asumir esta tarea. Por tal motivo, abordemos este planteamiento desde dos compromisos: EL compromiso frente a la educación. El compromiso frente a la formación.

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1. El compromiso frente a la educación
La iniciación de un niño en sus compromisos académicos es una actividad para la que hay que preparar más a los niños. No es solamente ubicar una institución educativa donde lo reciban y allí se dejará para que se encarguen de su tarea. A veces, hay un afán exagerado de los padres por que se inicie muy pronto en la vida escolar. Pareciera que el niño fuera un problema para los padres; se confirma cuando se pueden escuchar frases como ésta: "¿Cuándo será que inicia la guardería?", sin que se explique al niño por qué ese deseo de sus padres de que esto suceda. No se le explica en términos de fácil comprensión para el niño, la importancia de iniciar este proceso. Es bastante común a los pocos días de iniciar esta nueva vida, escuchar preguntas de los niños a los padres. ¿Por qué tengo que ir todos los días a estudiar?, ¿Por qué no me puedo quedar contigo acompañándote?. Ante las cuales aparecen respuestas no muy bien fundamentadas para un niño y que más bien suenan como respuestas pre-formadas, puesto que, en la gran mayoría es la que se da: «Tu tienes que estudiar para poder ser alguien en la vida…» ¿y es que en ese momento no es nadie? «Tienes que estudiar para que seas muy importante…» en estos momentos no vales nada; «Tienes que ir al colegio porque tu vas a ser el que me cuidará en mi vejez…»pequeño compromiso el que se le crea, para citar sólo algunos. Estas razones son claras únicamente para el adulto que las plantea, nunca para el niño que las escucha. Adicionalmente, lo mandamos a una batalla de supervivencia en la que tiene que aprender muchas cosas, ser los mejores, triunfar, defenderse de quienes intenten atropellarlo; que obtengan los resultados que en muchas ocasiones ellos mismos, padres o madres, nunca pudieron alcanzar.

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Sus logros son las obligaciones que tienen que cumplir, no se le valoran como un logro. Por momentos, cuando un niño manifiesta que ya sabe leer, cuando todo lo que tenga letras, lo repite, se vuelve una tortura para quienes lo rodean, encontrando como estímulo frases poco amables: "Ya nos dimos cuenta que sabes leer..." No se disfruta de las actividades que deben realizar de recortado, pegado, pintar, o bien otras, aduciendo que esa es una actividad que a los educadores les da pereza realizar y se las acomodan a los padres. Se olvida lo mucho que los niños disfrutan realizar estas actividades en compañía de sus padres. A medida que van creciendo, sus horizontes, conocimientos e inquietudes se van ampliando los deseos de compartir con sus padres y familiares cercanos. Es en cada momento más manifiesto. Reclaman mucho tiempo de todos ellos, piden colaboración y quieren involucrar a todos los que son cercanos a sus afectos en estas tareas y compartir sus logros. A veces se encuentra en rechazo manifiesto de los adultos o ignorancia frente a los temas que nos solicitan, desmotivándolos para volver a contar cualquiera de esos temas que son importantes para ellos. Otro momento importante en la vida de un niño que va creciendo y, por consecuencia lógica, deja de ser niño cuando le toca vivir dos situaciones bien determinantes. Una en la que quienes están cercanos a ellos, niños o niñas parecieran no entender que crecen, que maduran, que ya no son bebés y siguen tratándolos como tales. Los llaman: Mi nene, Mi bebé, Mi tesorito… sin importarles lo incómodo que este trato pueda resultar para los jóvenes. Más cuando están frente a sus amigos y amigas. Dos: cuando presupuestan que ya están muy crecidos y son muy grandes y se escuchan a menudo expresiones como: «Responsabilízate de tus cosas…» "Tú tienes que tomar la decisión y asumir las consecuencias…"

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"Yo no te voy a durar toda la vida…"; lo que genera una incertidumbre de soledad y abandono.
Llega el momento de enfrentar una realidad no menos importante en la vida de cualquier joven que termina su ciclo de formación académica a nivel secundario. Elegir una carrera para su futura formación profesional. ¿Qué estudiar, a dónde, para qué?. En este punto intervienen muchos aspectos que han sido tradición en nuestro medio. Profesiones que están de moda, las que dan prestigio social y beneficio económico, las que han sido tradicionales en la familia, para citar algunas, pocas veces son el producto de un análisis en que se tome en cuenta lo que realmente es importante para una decisión, en este sentido. Todo lo anterior, para significar la importancia de un acompañamiento permanente, desde que nacen en todos los momentos y etapas que tiene que vivir, enfrentar y superar. No es recomendable estar al margen de esos innumerables e importantes momentos. Su vida hace parte de la vida de quienes los rodean, el proceso educativo es un evento nuevo para el niño o el joven que tiene que descubrir, aprovechar e involucrar a su desarrollo. Ahí se tiene que estar, acompañar en todo momento y vivir con ellos. Que sientan que su presencia es algo que alegra la vida de la familia y que su educación les interesa a todos. Así, su formación académica tiene más sentido en su vida, y mucho más, cuando tiene sentido para quienes lo rodean. Es el momento de volver a brindar a los niños y jóvenes, en el transcurso de su vida académica, unos padres que sean ídolos para ellos; esos que los niños y jóvenes crean que todo lo saben, los que quieren imitar y ser como ellos o como ellas. No dejar que los ídolos y personas a imitar sean terceras personas o extraños que poco o nada tiene que ver con su entorno familiar. Este acompañamiento,

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en todos estos momentos determinará futuras actitudes positivas y podrán asumir con mayor tranquilidad y seguridad el compromiso de su proceso de aprendizaje para poder introducirse y ser aceptados en una sociedad que no admite la mediocridad y, mucho menos, jóvenes lejanos a la academia.

2. El compromiso frente a la formación
Si se ha planteado la educación como elemento básico en el proceso de desarrollo del ser humano, no lo es menos el proceso de formación que se tiene que dar, y una vez más, la participación que la familia tiene en el mismo. En el hogar se dan las primeras bases, los ejemplos y las pautas que determinarán futuros comportamientos de los individuos. Hoy parece que esto se ha olvidado. Ya no se quiere ser ejemplo para los hijos, no hay interés por acompañarlos en los momentos de gran significado para ellos, como obras de teatro, danzas, actividades deportivas, entre otras, que son muy importantes para cada niño o joven y más que sus seres queridos y cercanos los acompañen y asistan en los momentos de su participación. Se alude muchas veces dificultades de trabajo, ocupaciones y asuntos de importancia, mientras que esta actividad del niño o del joven es de vital importancia para él. Muchas veces no es la carga de trabajo, sino que se manifiesta cansancio o fatiga, que nos impide asistir, manifestado expresiones como estas: "Que asista su mamá que no tiene nada que hacer…", "Vamos a llamar a su tía a ver si ella puede…"; "Para perder tiempo, mejor me quedo en mi casita…" dejándolos absolutamente solos en esas ocasiones.

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En más de una ocasión buscan a un padre, una madre para conversar, o para compartir con alguien y se encuentran con ese muro infranqueable: el partido de fútbol, la película, la telenovela, el seriado que por ningún motivo podrá ser interrumpido para atender alguna inquietud que les pueda suceder en ese momento. Los niños o jóvenes, muchas veces no siguen los seriados ni son amantes de ese deporte en la TV, cuando lo que prefieren o demandan es que se hable con ellos. Se olvida por momentos que los niños y los jóvenes tienen muchas preguntas que por sí mismos no pueden responder y que buscan en quienes confían la respuesta acertada o que al menos, les dé tranquilidad. Quieren que sus juegos sean nuestros juegos, que nos alegremos con sus logros, que sus travesuras nos entusiasmen y gocemos con sus travesuras. Pero, muchas veces, son situaciones demasiado infantiles para los adultos que se les olvida que alguna vez fueron niños. Enloquecen con sus continuas preguntas con las que empiezan a descubrir el mundo. Ya no hay tiempo para conversar, para jugar, no hay cuentos infantiles, para compartir ese mundo de fantasías que ellos viven. Las preguntas encuentran muchas veces algunas respuestas: "Pregúntale a tu papá o mamá, ella o él es el que sabe…" Volviéndolos una bola de tenis de mesa, a lo que ellos deciden ir a buscar a terceras personas que sí les dan la información que desean, ampliándosela muchas veces, dejando ver a sus padres como pobres ignorantes. "No se afane que la vida te lo va a enseñar…" y la vida no tiene la prisa que ellos tienen de saberlo. Hoy, no parece inquietar qué personas rodean a estos niños y jóvenes. Su mundo social se vuelve un mundo lejano y extraño para los padres. No se asegura ni se pregunta: ¿Dónde están?, ¿Con quién? ¿Qué actividad están desarrollando?. Consultar esta información, parece invadir espacios que son de la total intimidad de ellos. Una pregunta: ¿Cuándo un padre o una madre perdieron el derecho de tener esta información? El no conocerla y averiguarla va a llevar más adelante el

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por qué de ciertos comportamientos, actitudes, actividades y compañías que puede ser un poco difícil modificar. Se entiende todo o se justifica con expresiones como éstas: «Los muchachos de hoy son muy independientes…» «Ya está muy grandecito y él o ella, saben muy bien lo que hacen…» No teniendo muchas veces ni idea de lo que están haciendo. Nuestras sociedades han cambiado los parámetros de comportamiento en lo que hace referencia a la vivencia y desarrollo de la vida sexual. El desarrollo de la sexualidad, en un joven, hombres y mujeres, es un fenómeno biológico que no lo determina el deseo o el afán de un padre o de una madre. Por lo tanto, exige un acompañamiento y orientación acertada de los padres. Hay que conversar mucho con ellos, hacerles ver la realidad de las cosas, resaltando mucho la dignidad humana, el respeto por la persona, la autoestima. Haciendo énfasis en la responsabilidad de asumir o no, una temprana maternidad o paternidad. El riesgo de contraer una enfermedad infecto-contagiosa que puede traer, en algún momento, consecuencias fatales. Abandonos y olvido de estos jóvenes que pueden también derivar en comportamientos alcohólicos o drogadictos a muy tempranas edades. Posiblemente también, involucrarse en actividades económicas comprometedoras y no muy legales o integrarse a grupos de actividades delictivas. Si bien, lo que se ha planteado en los párrafos anteriores es una aproximación a la realidad que estamos viviendo en estos momentos, tampoco se puede afirmar que todo está perdido y que ya no hay nada que hacer. Lo planteado es una invitación a que se asuma enteramente la responsabilidad que demanda el compromiso de la educación y la formación, ya sea de hijos que se tienen por el deseo de formar una familia o sean, en muchos casos, producto de un accidente, un olvido, la necesidad de asegurar la masculinidad o preservación del apellido, la realización de una mujer, o cualquiera

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otra situación. El compromiso siempre será el mismo y un niño o una niña no tiene porque asumir las consecuencias de una decisión inadecuada o producto de un error de los adultos. Los problemas que presentan los jóvenes hoy en día, no tienen tanto que ver con realidades de la época; son más bien de una falta de acompañamiento y de una falta de compromiso de los padres y familiares, al no asumir como lo demanda la responsabilidad de ser padres y madres. No se tiene hijos para delegar la responsabilidad en abuelos, tíos, hermanos, amigos, vecinos o cualquier otra persona que difícilmente podrá brindar el cariño, comprensión y apoyo que un padre o una madre deben y pueden brindar. (Lógicamente, esto genera toda la discusión posible). Por lo tanto, antes de diseñar programas y estrategias educativas con modernos apoyos tecnológicos que permiten dinamizar los procesos de enseñanza aprendizaje, el desarrollo intelectual y de habilidades y destrezas, es bueno pensar en profundizar más en la elaboración de programas y estrategias que generen conciencia en los padres y familiares de la importancia y beneficios que se obtienen de una participación permanente, decidida y comprometida en los procesos educativos y formativos de los niños y jóvenes para que las estrategias y metodologías se conviertan en el apoyo para los padres y no la responsabilidad y salvación que otras personas utilizarán, con el riesgo de no siempre ser exitosos en sus tareas.

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"Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera"
Albert Einstein

El ejemplo, el estímulo
y los límites en la crianza
GLORIA ELENA OROZCO GÓMEZ Especialista en psicología clínica

En ocasiones se escuchan lamentos de algunos padres de familia porque sus hijos no obedecen, no ayudan en la casa, no los respetan, porque hay que decirle veinte veces una misma cosa y algunas quejas por el estilo, pero no siempre se ha reflexionado sobre la manera de orientar y acompañar a los niños para que lleguen a asumir los comportamientos esperados, adecuados o aceptados socialmente. En general, las familias esperan que el ambiente del hogar sea pacífico, tranquilo, que exista respeto y colaboración, que provoque llegar a la casa. Lograrlo es posible, siempre y cuando, se den ciertas condiciones. Padres que se pongan de acuerdo sobre las pautas que emplearán para la crianza de sus hijos, que sean ellos mismos modelos dignos de imitar ya que son el primer y más valioso referente de aprendizaje para los más pequeños y que reconozcan a través del elogio, el estímulo los comportamientos y actitudes considerados valiosos dentro del hogar y de la sociedad. Durante los primeros años, los niños se están formando una imagen de sí mismos mediante la atención, disposición, afecto, comentarios, comportamientos y respuestas de los adultos cuidadores hacia ellos,

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imagen que será positiva o negativa según la valoración que se dé a su vez a sus acciones, actitudes, capacidades y, con ello, al niño como tal. Lo anterior es claro, cuando en muchas oportunidades, desafortunadamente, no se hace alusión a un comportamiento determinado o a una acción, sino que se hace referencia al actor. Así, por ejemplo, no se dice dejaste los juguetes regados, en desorden sino que por el contrario se escuchan expresiones como eres un desordenado y estas distintas frases tienen efectos diferentes sobre los niños. Inicialmente los niños no saben qué se espera de ellos y empiezan a «ensayar» comportamientos. Algunos de estos dan resultado, ya que movilizan el ambiente, permiten recibir la atención que el niño espera y muchas veces con ellos consiguen lo que quieren. Pero muchos de estos comportamientos no son los adecuados ni son aceptados socialmente, por lo cual es necesario que los padres, previo acuerdo, vayan mostrando al niño cuáles son los comportamientos que esperan de él, cuáles serán los comportamientos permitidos en el hogar y cuáles serán aprobados y valorados. Y para lograrlo, es necesario tener en cuenta varios aspectos que se relacionan entre sí y que tienen igual valor en el momento de enseñar y de educar.

Adultos como modelos de aprendizaje
Existe acuerdo en cuanto a que la educación empieza desde el nacimiento, en que muchos de los aprendizajes de los niños se dan por imitación y que se aprende de los padres y de los cuidadores

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adultos que acompañan al niño. Por lo tanto, hay que tener en cuenta que los padres son los mejores maestros de los hijos, ya que son las personas más influyentes en los primeros años de vida y también, vale la pena recordar, que los niños aprenden lo bueno o aprenden lo malo, es decir, aprenden de lo que ven. Un primer elemento de aprendizaje es, entonces, el ejemplo. ¿Cómo se resuelven en el hogar las dificultades? ¿Cómo es el trato que se da a las personas de la casa y a los de afuera? ¿Cuál es el comportamiento y la actitud de los padres como ciudadanos? Es conveniente hacerse estas preguntas, ya que con las actitudes y comportamientos que asumen los adultos, están marcando el camino que se les propone seguir a los niños. Lo que empieza como una imitación por parte de los hijos, de lo que hacen sus padres se convierte en su propio modo de ser. Esto quiere decir que los niños adquieren un rol a partir de los padres y acaban creyéndolo propio. Lo expuesto hace pensar en que debe haber coherencia entre lo que se exige o se espera de un niño y entre lo que él ve que sus adultos hacen, porque el niño aprende mucho más de lo que ve hacer que de lo que se le dice que debe hacer.

El estímulo como reforzador de conductas
Un segundo aspecto que se debe tener en cuenta es que hay que recordar que para que un niño sepa que una conducta es apropiada, adecuada y valorada los adultos se lo deben manifestar claramente: Muy bien, guardaste los juguetes en su lugar, felicitaciones, estás creciendo, ayudaste a mamá a preparar la mesa para la comida o qué bien, saludaste con amabilidad a tu profesora.

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Rara vez el mal comportamiento pasa inadvertido y en ocasiones se le da más importancia a este que a las acciones adecuadas. Si se reconoce un comportamiento valorado con un estímulo, la conducta elogiada o valorada ocurrirá con más frecuencia, así como si se da mucha importancia a una conducta inadecuada, no deseada, ésta igualmente se dará con mayor frecuencia, ya que es una conducta que ha llamado la atención de los otros, de los cuidadores adultos. De igual forma, que se deben aplicar consecuencias ante comportamientos inadecuados es aún mucho más importante estimular al niño cuando hace bien las cosas. Al estimularlo se está estimulando el amor propio y el niño siente que es una persona valiosa, que sus comportamientos son valorados, y que por lo tanto, él es valorado. En este contexto surgen en el niño sentimientos que favorecen procesos de adaptación, percepción de autoeficacia, de aceptación, de sanas relaciones con los demás, todo lo que a su vez genera felicidad. El niño necesita que alguien se sienta orgulloso de él para desarrollar sentimientos de autoestima: soy capaz, estoy creciendo, soy valorado es el mensaje que va haciendo propio ante los estímulos que le prodigan sus cuidadores. Ante un comportamiento inadecuado los adultos explicarán amorosamente por qué éste no es apropiado. Dependiendo del comportamiento del niño es necesario procurar ponerlo en los zapatos del otro: ¿a ti te gustaría que…? ¿Cómo te sentirías si…?, con lo cual se propicia la formación de la empatía (entender qué puede sentir el otro), elemento fundamental para la construcción de la solidaridad. Si se valora un comportamiento que a la vez es parte de los comportamientos del adulto cuidador, como se ha dicho

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anteriormente, hay mayor probabilidad de que el niño lo asuma o integre a su personalidad: normas de cortesía, respeto por los demás y pequeñas responsabilidades en el hogar…

El límite, requisito fundamental
Si se quiere que los niños exhiban determinados comportamientos, relacionados sobre todo con los hábitos cotidianos de convivencia o con tareas a las cuales no pueden negarse (recoger los juguetes, el baño diario...), es necesario que se les transmita lo que tienen que hacer, cómo hacerlo y qué consecuencias acarrea hacerlo o dejar de hacerlo. Para ello hay que valerse de las normas y los límites, que son consignas verbales que les orientan en el modo de comportarse. Las normas y los límites no son un medio para controlar a los niños o conseguir que obedezcan a los adultos, sino un método que les ayuda a integrarse en la sociedad mostrándoles patrones de conductas socialmente admitidas y, por consiguiente, también las que no lo son. Para una buena convivencia en cualquier espacio social es necesario establecer normas y límites. Los niños necesitan de alguien que los oriente, que los guíe, que les enseñe qué se espera de ellos y a su vez qué pueden esperar del medio y de los adultos. Necesitan límites precisos, claros, coherentes con su capacidad y grado de desarrollo. Y poner límites no quiere decir ser autoritarios. Por el contrario, implica una autoridad ecuánime, equilibrada, serena y tranquila. Los límites no son sinónimo de castigo sino de enseñanza y marcan lo que se espera de cada persona. Además, proporcionan a los niños sentimientos de seguridad, pues con estos se sienten protegidos y les

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ayudan a asumir el control de su comportamiento y la responsabilidad de sus acciones. Poner límites permite a largo plazo protegerse de muchos riesgos, como las adicciones o comportamientos delictivos si desde niños se les ha enseñado a cumplir unas normas, un orden y un respeto, siempre desde el afecto y la congruencia. Los límites enseñarán a los hijos a organizarse y a tener buenos hábitos que serán un valor seguro para su vida. El no de un adulto cuidador a un niño no debe negociarse. Cuando se vaya a decir no a un niño hay que pensarlo porque no hay marcha atrás. Si se le ha dicho que hoy no verá la televisión porque aún no ha hecho las tareas, o no ha recogido sus juguetes, no debe volverse atrás o reconsiderar el no, así el niño llore o suplique. Si no se sabe mantenerlo, él sabrá que puede conseguir sobrepasar otra vez los límites. Cuando se pone un límite es necesario estar seguros de hasta dónde es el límite y hasta dónde se puede cumplir. En este sentido, son irrealistas los noes que se refieren a largo tiempo, como no volverás a salir a la calle o no verás más la televisión, porque lo más probable es que no se puedan cumplir. Se deben aplicar las consecuencias previamente acordadas, evitando castigos físicos, recordando cuáles son los límites y actuando con serenidad, firmeza y afecto. Si el niño ve que los padres son seguros y consistentes se sentirá mucho más inclinado a identificarse con ellos. Además, aprenderá que a veces debe renunciar, que debe aceptar el no, lo cual es una forma de enseñarle a afrontar las frustraciones de la vida.

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Con las normas y límites se aprenden valores como orden, respeto, tolerancia… Cuando los niños reconocen límites pueden también reconocer y respetar los límites de otras personas. Para que los límites sean efectivos es necesario también que en su aplicación haya coherencia y que ésta no dependa del estado de ánimo de los adultos. No se puede prohibir algo y permitirlo al día siguiente, porque el niño no sabrá entonces qué es lo se espera de él, qué se puede y qué no y estará confundido. Los padres, como se ha dicho previamente, deben establecer juntos las pautas de crianza y deben mantenerlas. Pero sobre todas las cosas, se debe manifestar siempre a los hijos el cariño, el afecto incondicional, pues está demostrado que los niños que se sienten queridos son más inteligentes, más capaces, crecen más por fuera y por dentro, con lo cual ellos podrán contar con adultos amorosos, comprensivos, capaces de entender que tienen entre manos una maravillosa empresa: acompañar a sus hijos en la extraordinaria tarea de constituirse en seres sociales felices, autónomos, solidarios y con la creatividad suficiente para transformar su vida y su medio, si es necesario. En resumen, lograr conductas adecuadas y valoradas socialmente implica tener en cuenta que éstas son producto del afecto y de un ambiente de consideración, de respeto, especialmente, de un buen ejemplo, de los estímulos ante las conductas esperadas, valoradas y de los límites necesarios en el proceso de crianza.

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Lecturas recomendadas

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Cadavid I, Posada FA. Padres exitosos en el ejercicio de la autoridad, Colección Padres Eficaces. Medellín: Centro de Familia UPB; 1999. Chanta Cl. Establecer reglas en la casa/límites necesarios. Disponible (diciembre 5 de 2008) en: http://www.chanta.cl/foros/ showthread.php?p=484253 Zona Pediátrica. ¿Se deben poner límites a los niños? Disponible (diciembre 5 de 2008) en: http://www.zonapediatrica.com/enviar-contenido/sedeben-poner-limites-a-los-ni-os.html

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"El niño que no es disciplinado con amor en su pequeño mundo (la familia) será disciplinado, por lo general sin amor, en el mundo grande"
Zig Ziglar

Cómo disciplinar
ÁLVARO POSADA DÍAZ Pediatra puericultor

Una de las preguntas que siempre surge en reuniones con cuidadores de niños, niñas y adolescentes es: ¿cómo hacer para que niños, niñas y adolescentes se vuelvan disciplinados? La respuesta a esta pregunta radica en la manera de desarrollar las prácticas de crianza, por lo cual es posible afirmar que hay dos métodos usuales que pretenden que los niños, niñas y adolescentes sean disciplinados: el control coercitivo y la inducción al autocontrol.

Control coercitivo
Consiste, como su nombre lo dice, en una forma de crianza en la que los adultos cuidadores ponen los límites autoritarios, estableciendo una forma de relación con la pretensión de que los niños, niñas y adolescentes hagan, alcancen, esperen, necesiten, sientan, les guste y sean lo que esos cuidadores quieren. Es pues, una crianza moldeadora, entendida sólo desde la perspectiva de los adultos que implica permanente maltrato. El control coercitivo implica autoritarismo y pretende cambiar comportamientos indeseables, es decir, es ejercido cuando ocurre

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un comportamiento de estos, por lo cual no tiene carácter preventivo. El autoritarismo es una práctica de relación impositiva y vertical, basada en el ejercicio del poder sobre otros. Esta práctica es una clara expresión de maltrato y su único método es dar órdenes e impartir castigos para inducir sumisión. Es la forma más común de relación de los adultos cuidadores con los niños, niñas y adolescentes en nuestro medio, forma nacida de la tradición de crianza que da resultados de control de comportamientos indeseables en el corto plazo, pero que no son duraderos ni estables y que, además, produce grandes dificultades en las relaciones de crianza. Con el autoritarismo se logra un precario control que depende fundamentalmente de situaciones externas: no hago tal cosa porque mi papá me daría una pela si lo hago, lo que en la edad adulta es: no me paso el semáforo en rojo porque a la vuelta hay un policía y me multa.

Inducción al autocontrol
Consiste, como su nombre lo dice, en una forma de crianza en la que los adultos cuidadores ponen los límites con autoridad, estableciendo una forma de relación con la pretensión de que los niños, niñas y adolescentes, hagan, alcancen, esperen, necesiten, sientan, les guste y sean, no sólo, lo que esos cuidadores quieren, sino lo que ellos pueden ser al ser, reconocidos como interlocutores válidos. Es pues, una crianza acompañadora, entendida no sólo desde la perspectiva de los adultos, sino desde, fundamentalmente, de la perspectiva infantil y adolescente, que implica permanente buentrato.

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La inducción al autocontrol implica ejercicio de la autoridad y pretende prevenir la aparición de comportamientos indeseables, es decir, es ejercida no sólo cuando ocurre un comportamiento de éstos, por lo cual tiene carácter eminentemente preventivo, y sobre todo, formativo del autocontrol. El ejercicio de la autoridad es una práctica de relación horizontal, persuasiva, educativa, formadora y bientratadora, que se basa en el ejercicio de los valores y cuyos métodos son el ejemplo, el diálogo, para inducir autocontrol y responsabilidad. Con el ejercicio de la autoridad se logra un preciso control que depende fundamentalmente de situaciones internas: no hago tal cosa porque mi mamá, a quien quiero tanto porque me respeta, me ha enseñado que no se debe hacer. Lo que en la edad adulta es: no me paso el semáforo en rojo porque violo una norma esencial de convivencia.

¿Cómo ejercer la autoridad para lograr que las prácticas de crianza lleven a que niños, niñas y adolescentes sean disciplinados, es decir, tengan autocontrol?
Para este propósito es necesario establecer normas, que ponen límites y que son para ser obedecidas. Los límites demarcan y establecen las normas y reglas de cada familia. Son necesarios para que niños, niñas y adolescentes distingan lo correcto de lo incorrecto y para que se sientan seguros y amados. Además, comunican lo que los cuidadores esperan de ellos y los valores que estos adultos practican. La norma es la regla que se debe seguir o aquello a lo que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades, etcétera. La norma debe

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ser entendida como para el bien de niños, niñas y adolescentes. Debe haber siempre un referente normativo como elemento imprescindible para la construcción, reconstrucción de la autoestima, la autonomía, la autocrítica y el autocuidado. La finalidad de la norma es que ésta se incorpore en el modo de ser de cada niño, niña y adolescente. Este proceso de incorporación de las reglas para la vida tiene varias etapas: En el niño y niña menor de dos años la postura de límites se hace mediante la repetición de las rutinas hogareñas para la formación de hábitos (rutinas de sueño, de alimentación, de aseo, de afecto…).

De dos a cinco años el niño y la niña son egocéntricos, es decir, centrados en sí mismos, por esto, pretenden hacer lo que quieren. En esta etapa el comportamiento es regido por normas impuestas procedentes de los cuidadores, determinadas por la historia familiar y cultural.
La incorporación de las normas en esta etapa apenas significa comienzo de cooperación y la obediencia es situacional, esto es, se obedece para evitar el castigo (por miedo) o para obtener recompensas, o por amor a los adultos que ejercen sanamente la autoridad. En esta edad se cumple la norma porque hay alguien vigilando su cumplimiento: no se sacan las galletas sin permiso cuando la mamá está en casa pendiente . El mejor método para facilitar esta incorporación, como en todo el desarrollo del niño, es el juego. En el niño y niña de seis a doce años las normas, ahora más acordadas que impuestas, se incorporan con cooperación y la obediencia es comprometida, esto es, con disposición del niño y la niña para obedecer conscientemente.

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En esta edad se cumple la norma por convicción independientemente de que haya alguien vigilando: no se prende el televisor en horas no acordadas a pesar de que los padres no estén en la casa. El mejor método para facilitar esta incorporación, como todo en el desarrollo del niño, es el juego. En la adolescencia las normas deben ser siempre consensuadas con los y las adolescentes y entre los cuidadores adultos entre sí. Ya se incorporan sólo por cooperación y la obediencia llega al punto máximo del compromiso, lo que es la base para que la regla sea un estilo de vida. Las normas no pueden ser instrumentos de coacción, a pesar de que así se utilizan con frecuencia, sino que son instrumentos que deben conducir a la posibilidad de tomar decisiones. Para que surtan el efecto deseado, la educadora colombiana Luz Elena Gómez plantea que deben ser:
DClaras,

de tal modo que los participantes en el proceso de crianza sepan lo que se espera de ellos. D Preestablecidas, acordadas, concertadas y elaboradas con anticipación. D Consistentes, es decir, que no dependan del estado anímico del cuidador. D Permanentes y fijas. D Supervisadas directamente por los adultos, con el fin de asegurar que queden incorporadas en el diario quehacer.

Según el psicólogo infantil estadounidense Lawrence Shapiro, la construcción de la disciplina efectiva en los niños, niñas y adolescentes se puede lograr con unos pocos principios y estrategias:

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Establecer reglas y límites claros y atenerse a ellos Darle a niños, niñas y adolescentes advertencias y señales cuando comienzan a comportarse mal es la mejor manera de enseñarles el autocontrol Definir el comportamiento positivo, reforzando la buena conducta con estímulos y afecto e ignorando la conducta que sólo se dirige a llamar la atención Educar a los niños, niñas y adolescentes conforme a las expectativas de los padres. Se debe emplear el tiempo necesario para hablar con ellos acerca de valores y normas y el por qué de su importancia Cuando se viola una norma o un límite claramente establecido, en forma intencional o de otro modo, se debe aplicar de inmediato una consecuencia adecuada y prevista, proceso en el que se debe ser coherente y hacer exactamente lo que se acordó que se haría Cuando se deba aplicar una consecuencia es necesario asegurarse de que guarde relación con la infracción a la regla o la mala conducta, de tal modo que la consecuencia se ajuste a la falta

Consideraciones de contexto
Pero siempre habrá un pero. ¿Cómo aplicar lo planteado en la sociedad posmoderna en la que ya no es tan válida la construcción del necesario autocontrol, pues como afirma la filósofa española Victoria Camps, lo que no sirve para ganar dinero, para adquirir poder o para pasarlo bien está destinado a desaparecer? Un modo muy valioso para acompañar a que los niños, niñas y adolescentes logren el autocontrol en cualquier contexto en que se

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desenvuelva la relación de crianza es hacer todos los esfuerzos necesarios para alejarse del autoritarismo, pues como dice Ángela Marulanda, las críticas, la insatisfacción y las exigencias que caracterizan a los padres autoritarios hacen que los hijos se sientan disminuidos, incompetentes e incapaces, además de poco amados. Uno de los peligros en los que se puede caer cuando no hay adecuado análisis de contexto es la permisividad excesiva, la cual puede resultar de informaciones incompletas e irreflexivas sobre crianza mezcladas con sentimientos de culpa, en un momento histórico difícil en el que los esfuerzos mayores se tienen que dedicar a asuntos como sobrevivir, llegando en algunos casos a la anarquía total, con tiranía por parte de los niños, niñas y adolescentes, en medio de lo cual es casi imposible la construcción de los conceptos de los que se ha venido tratando. No se trata ni de un extremo ni del otro. La disyuntiva no está en ser autoritario o ser permisivo o paralizarse en la toma de decisiones, por lo que es preciso rescatar la firmeza, mas no la tiranía que caracterizó a nuestros antepasados, con lo cual se evita la posibilidad de que los niños, niñas y adolescentes manipulen la familia, modificando el escenario de la relación de crianza hasta el punto de que la construcción posible no sea de autoridad sino de autoritarismo. En resumen, en medio de la crisis de autoridad, la cual se describe como uno de los problemas más graves de la familia actual, es necesario que en la crianza los niños, niñas y adolescentes sean acompañados inteligente y afectuosamente por cuidadores que ejerzan la autoridad adecuadamente para que se conviertan paulatinamente en seres disciplinados mediante la obediencia de las normas, inicialmente del grupo familiar y luego del grupo social al que pertenecen.

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Lecturas recomendadas

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Marulanda Á. Creciendo con nuestros hijos. Colombia: Imprelibros; 1998. Escallón C. La disciplina humanizada en los escolares: una cara del amor. Boletín Crianza humanizada 2006; XI (82). Escallón C. La disciplina humanizada en los adolescentes: una cara del amor. Boletín Crianza humanizada 2006; XI (84).

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"Vive de tal modo que cuando tus hijos piensen en la justicia y en la integridad, piensen en ti"
J. Brown

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ÁLVARO POSADA DÍAZ Pediatra Puericultor

y ejercicio de la autoridad
Cuando se pregunta a los cuidadores de niños, niñas y adolescentes sobre lo que esperan como resultado de sus prácticas de crianza las respuestas son múltiples, pero una de las más frecuentes es que quieren ser asertivos para que estos sean obedientes, disciplinados y responsables, respuesta que plantea las estrechas relaciones de estos conceptos entre sí y de ellos con la autoridad.

Autoridad
Autoridad viene del latín auctor-"ctortí-tas-âtis, que significa la influencia que se ejerce por medio del ejemplo para acompañar a los hijos en la crianza, por lo que el profesor chileno Manfred Max Neef la caracteriza como la capacidad de influir ejercida por la persona o grupo a quien se le otorga legitimidad en reconocimiento a sus capacidades y cualidades. Según Alberto Restrepo, profesor universitario colombiano, la autoridad en la crianza es el valor propio de quien puede generar

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opciones de relación válidas, esto es, que puedan ser obedecidas (escuchadas) por niños, niñas y adolescentes. Por lo anterior, el buen ejercicio de la autoridad en la crianza implica que el adulto cuidador sea autor de un buen acompañamiento siendo un excelente modelo para niños, niñas y adolescentes. Cuando en la crianza no se ejerce la calidad de autor, se tiene que recurrir a mandar, dominar, intimidar, castigar, destruir y torturar, esto es, a ejercer el autoritarismo, sistema fundado en la sumisión incondicional a quien tiene la autoridad, por lo que reprime la libertad y es una de las características determinantes de la crianza que no es humanizada. La autoridad es el mutuo respeto inspirado en la aceptación de los demás como legítimos y hace respetar la libertad dándole sentido, por lo cual no puede implicar sometimiento. La autoridad sobre los niños, niñas y adolescentes se la deben ganar los adultos; es un derecho que para tenerlo hay que hacer méritos. Es pues, como todas las relaciones de crianza, un asunto de poder, que no se tiene por el solo hecho de ser adultos. Entonces, ¿qué es poder? Como lo explica el médico y educador chileno Luis Weinstein, se puede entender en dos connotaciones, la de poder de o capacidad y la de poder sobre o dominio. El poder dominio resulta de la incapacidad de ejercer el poder capacidad. El poder sobre es la perversión del poder de, por lo cual el poder de conduce a la autoridad y el poder sobre al autoritarismo.

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El proceso de crianza entendido como relación con los niños, niñas y adolescentes es un proceso de educación que le permite, según el filósofo alemán Immanuel Kant, al hombre llegar a ser hombre, y que según, la pensadora alemana Hanna Arendt no puede dejar de lado ni la autoridad ni la tradición. La educación es desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño, la niña o el adolescente por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etcétera, que la hace el que sabe al que no sabe, el adulto al niño y al adolescente. La educación tiene como objetivo explícito en la modernidad, según el filósofo español Fernando Savater, conseguir individuos auténticamente libres, entendiendo la libertad como lo que es: facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos y como un logro de la socialización, entendida como convivencia en democracia, objetivo último y primordial de la crianza. Por lo anterior, la autoridad que los adultos tienen sobre los niños, niñas y adolescentes no es simplemente capacidad de dar órdenes, sino, aptitud para facilitar y potenciar su desarrollo, siendo modelos permanentes y eficientes. Como se puede desprender de lo expuesto es posible comprender la autoridad con el psicólogo suizo Jean Piaget como un concepto democrático, incluido en el cual está su ejercicio, la construcción de reglas de conducta y de normas, así como la moralidad, mediante la coordinación de los diferentes puntos de vista en acción en la relación, y no mediante la imposición arbitraria de los adultos.

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Obediencia
Es un vocablo derivado del latín obedire que quiere decir oír, escuchar, dar crédito, creer en. Estos significados implican que un niño, niña o adolescente obedece cuando escucha lo que responde a sus necesidades, potencialidades, capacidades, sobre todo, a sus derechos. También implica que obedece cuando escucha la opción que le satisface y cuando saben que le creen y que le dan crédito. Hay una clara relación entre obediencia y disciplina, señalado por la educadora familiar Ángela Marulanda en el sentido de que ser obediente (obediencia situacional) es someterse sumisamente a la voluntad de otros, mientras que ser disciplinado es cumplir con el deber por voluntad y decisión propia (obediencia por compromiso).

Disciplina
Según la Real Academia Española es la instrucción de una persona, especialmente en lo moral. Disciplina, por su etimología latina, es enseñar a los niños y adolescentes (discis y pueripuella), por lo cual es imposible entender la crianza sin disciplina. Es un proceso con el que paulatinamente se consigue el autocontrol, base por excelencia de la construcción y reconstrucción de la autonomía. Un modo, lamentablemente muy común, de entorpecer el proceso es el control coercitivo, mediado casi siempre por el castigo físico. El ejercicio de la disciplina tiene implícita la firmeza, la energía y la bondad. Es el fruto de relaciones de respeto y conocimiento, que tienen como finalidad formar personas libres, responsables, solidarias

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y con espíritu de servicio. Como se desprende de lo anterior, la disciplina es una condición para la formación de ciudadanía. Al ejercer la disciplina se debe tener en cuenta que golpear a los niños es un abuso y un atropello a su integridad y que el golpear lleva con facilidad a una baja autoestima, pues estos actos repetidos convencen a los niños, niñas y adolescentes de que no valen nada. La función como padres no es la de domesticar, sino la de educar a los hijos, y la disciplina debe ser una enseñanza para tal fin. Este proceso debe cumplirse con métodos que respeten la dignidad y la integridad de los hijos y golpearlos no es uno de ellos. El proceso de golpeado en la niñez y adolescencia, golpeador en la adultez, lo ilustra la picaresca paisa en el porque te quiero te aporrio. Además, hay la creencia popular de que de padres maltratadores suelen resultar hijos maltratadores cuando son adultos. Acerca de lo desventajoso de golpear a los hijos, se transcriben las opiniones de Ángela Marulanda al respecto, por su gran utilidad para intercambiar saberes con los padres: Lo desventajoso de golpear a los hijos es que...
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No promueve remordimiento, sino que crea resentimiento No promueve respeto, sino desprecio No produce admiración, sino temor No promueve deseos de enmendarse, sino deseos de vengarse No promueve colaboración, sino hostilidad No forma personas amables y correctas, sino personas amargadas y violentas

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En relación con los premios como método de construcción de disciplina se debe señalar el peligro de lo inflacionario en que suele convertirse este sistema, además, de que cuando es utilizado como parte central de la relación con los hijos es castrador de la creatividad. Sobre este aspecto dice Ángela Marulanda que ser buenos padres no es cuestión de darles muchas cosas a los hijos, sino de darse como personas, teniendo en cuenta que el mejor premio es una frase amable, estimuladora, por lo demás, de la construcción y reconstrucción de la autoestima, meta que es base de la construcción y reconstrucción de todas las metas de desarrollo humano integral y diverso y del tejido de resiliencia. Los niños, niñas y adolescentes no son barro para moldear, por lo cual, la función de los adultos en la crianza es ayudarlos a desarrollarse con la disciplina necesaria por medio del mejor ejemplo, con el fin único de que sean seres responsables, es decir, que sean capaces de reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Ángela Marulanda en un hermoso juego de palabras al descomponer responsabilidad en respons y abilidad le da el significado forzado, pero interesante, de habilidad para responder, lo cual lleva una vez más a la importancia de los adultos como modelos en la crianza para la formación de esta habilidad.
Lecturas recomendadas
Marulanda Á. Creciendo con nuestros hijos. Colombia: Imprelibros; 1998. Posada Á, Gómez JF, Ramírez H (ed). El niño sano. 3ª ed. Bogotá: Editorial Médica Panamericana; 2005. Posada Á. Autoridad y autonomía en la crianza. Precop; 4(2): 5-15.

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"Tener hijos no lo convierte a uno en padres, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista"
Michael Levine

Consecuencias naturales y consecuencias lógicas
DIANA PATRICIA PALACIO POSADA Licenciada en Educación Preescolar Orientadora Familiar ÁLVARO POSADA DÍAZ Pediatra Puericultor

Uno de los resultados que más esperan los padres en la crianza es que los hijos sean obedientes. La obediencia es el resultado de la disciplina, la cual se busca afanosamente por medio de normas. Este deseo de los cuidadores de niños, niñas y adolescentes se expresa gráficamente en la expresión yo no quiero que mi hijo tenga mal comportamiento, yo quiero que siempre tenga buen comportamiento.

El comportamiento de los niños, niñas y adolescentes
En el acompañamiento a los niños, niñas y adolescentes en el proceso de volverse disciplinados lo primero que se debe definir es qué es un buen comportamiento y qué es un mal comportamiento. Esta definición depende de los patrones culturales en los que ocurra la crianza, las características de los adultos cuidadores y sus estados de ánimo, así como de la edad y el temperamento de los niños, niñas y adolescentes: no es un mal comportamiento que un niño de catorce meses riegue la comida, pero sí puede serlo que lo haga uno de cinco

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años cuando la mamá esté ofuscada o que no lo sea si el comportamiento ocurre el día de su cumpleaños. Es posible, pues, que con frecuencia los adultos cuidadores se equivoquen en el juicio sobre el comportamiento, sobretodo por exigencias que no están acordes con la edad, como que un niño de dos años no se orine o ensucie en la ropa, por lo cual es, fundamental conversar permanentemente sobre ésto, para no calificar equivocadamente de mal comportamiento algo que no lo es. Ante un mal comportamiento se plantea uno de los propósitos fundamentales de la crianza: el aprendizaje de la distinción entre el bien y el mal, distinción para la cual no vienen preparados los niños y niñas cuando nacen y que se debe aprender a lo largo de la vida, para no incurrir en malos comportamientos, lo cual es ni más ni menos, que la construcción de la autonomía moral mediante la disciplina, es decir, el desarrollo de responsabilidad. Ante un mal comportamiento, la tendencia usual es la de corregir y el método más usado para esto es el castigo, muchas veces físico, el cual es muy efectivo para detener el mal comportamiento, pero sólo por un rato, por lo cual es necesario establecer en la relación de crianza métodos que tiendan a evitar y controlar los malos comportamientos sin recurrir al castigo físico. En el sano ejercicio de la autoridad un método muy útil para disciplinar sin recurrir al castigo físico es la aplicación de las normas en el contexto de las consecuencias naturales y las consecuencias lógicas de los comportamientos.

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Consecuencias naturales
Los niños y niñas toman decisiones según cómo ven las cosas; sin embargo, los adultos cuidadores refuerzan estos comportamientos buenos o malos según la forma de obrar. Por ejemplo, si un niño se tira al piso porque quiere que le den un juguete y de inmediato lo consigue, seguirá repitiendo este comportamiento porque sabe que con esto logrará lo que desea. Pero, si en cambio, ignoran la conducta y evitan enojarse, darán la posibilidad para que él mismo experimente las consecuencias de su mal comportamiento. Esto se define como consecuencias naturales del comportamiento que son los efectos que ocurren naturalmente, sin influencia del adulto: si un niño se pone bajo un chorro de agua se empapa, si no come le da hambre si está tiritando y se pone una chaqueta se le quita el frío si se acuesta tarde, mañana estará cansado en el preescolar. Con las consecuencias naturales se pretende que los niños, niñas y adolescentes sean conscientes de cómo sus comportamientos los afectan. Las consecuencias naturales ayudan al aprendizaje del autocontrol y a tomar decisiones, por lo que los adultos cuidadores deben permitir que se experimenten las consecuencias de los comportamientos. María, de tres años, no quiere almorzar. Esto ocurre a diario en casa, llora, tira la comida, papá discute y se enoja con ella, pero aún así no logra que María coma. Papá decidió cambiar su método: le sirve menos cantidad y si no quiere comer la baja de la silla. María está aprendiendo que no comer no es una lucha de poder con papá, pero asume las consecuencias del hambre que le da cuando no come bien.

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Las consecuencias naturales ayudan a formar el carácter de los niños, niñas y adolescentes. Gracias a ellas aprenden a ser flexibles y a adaptarse a situaciones cuando otras no les funcionan, se vuelven perseverantes y no se dan por vencidos cuando las cosas no salen como ellos quieren. Las consecuencias naturales producen un aprendizaje directo y más rápido en el comportamiento que cualquier amenaza o castigo: si el niño no se duerme temprano va a estar cansado a la mañana siguiente; si bota su juguete no tendrá con que jugar; si no come va a tener las molestias del hambre.

Consecuencias lógicas
Muchos comportamientos no tienen una consecuencia natural o éstas no son suficientes, por lo cual se deben aplicar las consecuencias lógicas del comportamiento que requieren la intervención de otros (adultos o niños, niñas y adolescentes en la casa o en la escuela). Ocurren cuando el comportamiento no afecta directamente a quien lo hizo sino a otras personas. En este caso, quien incurre en un mal comportamiento es el mismo que descubre el error y participa activamente en la búsqueda de lo necesario para reparar la falta que cometió. Tomás dañó el trabajo de su compañero; su maestro le explicó que eso no estaba bien y le pidió que hiciera algo para remediar la falta. Tomás habló con su amigo para disculparse y le ayudó a hacer de nuevo el trabajo. Con las consecuencias lógicas que resultan de actuar en contra de las reglas de cooperación social, se pretende que los niños, niñas y adolescentes sean conscientes de cómo sus comportamientos afectan a otros.

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Las consecuencias lógicas producen un aprendizaje indirecto y menos rápido en el comportamiento que cualquier amenaza o castigo: si un niño le pega a otro niño a éste le va a doler; si le esconde su sacapuntas, éste no tendrá con que sacarle punta a sus lápices; si le riega la sopa, éste quedará con hambre. Al aplicar las consecuencias lógicas se pretende que se modifique un comportamiento que se ha calificado como mal comportamiento, por lo que éstas deben ser relacionadas, respetuosas y razonables con el comportamiento que se pretende modificar. Si se olvida alguna de estas características en el empleo de las consecuencias se puede generar en el niño, niña o adolescente resentimiento (no se puede confiar en los adultos), revanchismo (ya me vengaré), rebeldía (haré todo lo contrario de lo que me ordenan) y retraimiento (manifestado como astucia: no me volverán a pillar o baja autoestima: soy mala persona).

Aplicación de las consecuencias
Es muy común que los adultos conviertan una consecuencia natural en una consecuencia lógica: si no te bañas vas a oler muy maluco y yo voy a quedar muy mal como mamá. Esta actitud que pretende quitar un mal comportamiento es un chantaje inadmisible en la crianza. Es preferible utilizar la paciencia y el afecto hasta que se logre el aprendizaje del baño al ritmo de la familia. Las consecuencias naturales y lógicas no son prácticas en ciertos momentos:

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Cuando se está en peligro: pretender que no se juegue en la calle mediante la experimentación de los daños de jugar en una calle con mucho tráfico Cuando el comportamiento interfiere con los derechos de los demás: pretender que se deje de agredir con piedras experimentando lo que ocurre al tirar piedras a otra persona Cuando los resultados de un comportamiento no son problemas conscientes para quien incurre en él: pretender el lavado de los dientes porque si no se hace vendrán las caries

La aplicación de una consecuencia lógica es más efectiva cuando el niño, niña o adolescente ha participado en su definición. Hay condiciones para aplicar consecuencias lógicas:
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Separar la acción de la persona: la consecuencia tiene que ver con un comportamiento, no con quien lo ejecuta: no saldrás a montar en bicicleta porque tu cuarto está muy desordenado. Es mejor que no saldrás a montar en bicicleta porque eres un desordenado Ser constantes y congruentes: cuando un día se aplica una consecuencia y al otro día no, hay gran confusión para el niño, niña o adolescente Aplicarlas en el momento: espera que venga tu papá de ese viaje probablemente no le permitirá aprender de ellas, pues no recordará lo que pasó en su mal comportamiento. En este caso es mejor aplicar la consecuencia de inmediato Que la consecuencia sea proporcional al hecho: ya que ensuciaste el piso con tus zapatos embarrados tendrás que ayudar a limpiarlo. Es mejor que ya que ensuciaste el piso con tus zapatos embarrados, no saldrás al parque en las dos próximas semanas

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Que la consecuencia no cause dolor: como llegaste más tarde de lo previsto de tu partido de fútbol, no irás al paseo de fin de año del colegio no, es un buen método para que llegue a la hora acordada, pues es algo desproporcionado que causa mucho dolor

En los casos en que no haya concertación previa es necesario discutir la consecuencia, permitiendo que sea sugerida por el niño, niña o adolescente: ya que perdiste el balón de tu hermano, ¿qué propones para reponerlo? Cuando en un grupo ocurre un mal comportamiento no se deben buscar culpables: dañaron el jardín con el balón, ¿qué van a hacer para arreglarlo? En la aplicación de las consecuencias es necesario ser flexibles y dar las opciones posibles, para que el niño, niña o adolescente escoja, pero hay situaciones en que no se pueden dar opciones y darlas sólo causaría problemas. Por ejemplo: es hora de acostarse. Si el niño se rehúsa, se deben ofrecer alternativas: ¿quieres hacerlo solo o que te cargue? Y, simplemente, actuar. En la aplicación de las consecuencias no se debe mostrar rabia ni mal humor, pues se convierte la consecuencia en un castigo. Los adultos cuidadores deben demostrar respeto por sí mismos y por quienes acompañan en la crianza, así como combinar la firmeza y el cariño. En la aplicación de las consecuencias del comportamiento es necesario tener en cuenta que éstas deben estar en relación con el mal comportamiento y deben ser aplicadas en el mismo momento, pues si no lo está no habrá aprendizaje, que es la finalidad de la

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aplicación de este método: si un niño ensució la pared, él mismo debe limpiarla; si cogió algo que no es suyo, él mismo debe devolverlo. Los adultos cuidadores deben adoptar actitudes positivas, pues esto contribuye a mejorar el comportamiento y la educación, esto es, a disciplinar. Para ello hay que estar atentos y enseñar buenas cosas, en el momento oportuno, haciendo comprender por qué debe haber un buen comportamiento, sin pensar que son demasiado pequeños para entender cualquier razón sobre lo que está bien o mal.
Lecturas recomendadas
Fundación Vamos México (Sindicato de Trabajadores de la EducaciónSNTE). Consecuencias naturales y consecuencias lógicas. En: Fundación Vamos México (Sindicato de Trabajadores de la Educación-SNTE-). Guía de padres (1). México: El Universal; 2003: 110-112 y Guía de Padres (2): 124-127. Gordon T. Cómo enseñar autodisciplina a los niños en el hogar y en la escuela. México: Diana; 2005. Nelsen J. Disciplina con amor. 8ª ed. Colombia: Planeta; 1998.

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William Bennett

"Nada es tan influyente y determinante en la vida del niño como el poder moral de un ejemplo silencioso"

La agresividad en el niño:

una actitud del adulto
LUIS EDUARDO CUERVO DUQUE Psicólogo Miembro Junta Directiva CARIÑO

Una de las preocupaciones que hoy expresan reiteradamente padres de familia, educadores, familiares y personas que comparten el día a día con los niños, hace referencia a la alta agresividad que éstos manifiestan en sus comportamientos en la relación con familiares, educadores y grupos sociales a los que pertenecen. Parece que nadie quiere referirse al tema y dejan que ese problema se resuelva con el tiempo al decir: «cuando crezcan, se van cuadrando; por ahora no se le debe prestar mucha atención» y, cuando se escucha una expresión como ésta, le queda a uno la inquietud si verdaderamente se está haciendo una tormenta de una gota de agua, o si verdaderamente es una realidad a la que le tenemos que prestar atención porque puede estar anunciando una situación que sería difícil controlarla en un futuro cercano. Pero antes de abordar este tema, es pertinente precisar algunos términos que permitirán una ubicación y contextualización, pretendiendo darle mayor claridad al tema que se va a desarrollar.

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En el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se encuentran definidos los siguientes términos:

a. Agresivo, va
Adj. Que actúa con agresividad. Propenso a faltar al respeto o a provocar a los demás Que implica provocación y violencia.

b. Agresividad
f. Tendencia a atacar o actuar con provocación y violencia

c. Agresión
Ataque o acto violento que causa daño. Acto contrario al derecho de otro, en particular, ataque armado de una nación contra otra.

d. Conducta agresiva
Las conductas agresivas son conductas intencionadas que pueden causar daño ya sea físico o psíquico. Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas o utilizar palabras inadecuadas para llamar a los demás. Ahora, sobre la agresividad infantil, tema de este documento, es válido citar lo que algunos expertos en el tema, han planteado:

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Agresividad infantil
Pearce, (1995). La palabra agresividad viene del latín «agredí» que significa «atacar». Implica que alguien está decidido a imponer su voluntad a otra persona u objeto incluso si ello significa que las consecuencias podrían causar daños físico o psíquico Buss (1961), define a la agresividad como una respuesta consistente en proporcionar un estímulo nocivo a otro organismo. Bandura (1973) dice que es una conducta perjudicial y destructiva que socialmente es definida como agresiva. Patterson (1977) dice que la agresión es «un evento aversivo dispensando a las conductas de otra persona». Para Dollar, Miller, Mowrer y Sear (1939) es una conducta cuyo objetivo es dañar a una persona o un objeto. Las conductas agresivas son conductas intencionadas, que pueden causar daño ya sea físico o psíquico. Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas o utilizar palabras inadecuadas para llamar a los demás. Revisando las diferentes definiciones de un lado y pensamientos del otro, podemos concluir que la agresividad es cualquier forma de conducta que pretende causar daño físico, moral o psicológico a alguien o algún objeto, ya sea éste animado o inanimado. También podemos afirmar, que la agresividad como tal, no obedece a un factor hereditario que viene determinado con cada ser al nacer.

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Teniendo como base lo anterior, se aborda este tema planteando la siguiente inquietud: «La agresividad en los niños: una actitud del adulto». Todos los seres humanos al nacer, empezamos a recibir innumerable información que brinda el entorno en el que está inmersa cada criatura. Entornos familiares, religiosos y sociales inicialmente, y un poco más adelante, los entornos educativos. Cada uno de ellos le va a brindar múltiples alternativas que se convierten en modelos a seguir y que los niños van adoptando sin que se pueda predecir cuál va a ser el modelo de comportamiento que un niño o niña, adoptará como propio. Desde su nacimiento, los seres humanos van recibiendo y registrando todo lo que sucede a su alrededor. La realidad la perciben por medio de sus sentidos; las imágenes (tamaños, formas, colores); los olores (agradables, desagradables, suaves, fuertes); los sonidos (agudos, graves); los sabores (ácidos, dulces, salados); texturas (suaves, ásperas, lisas); además las que se perciben en el ambiente y que generan respuesta en el ser humano (frío, calor). Lo anterior es una información permanente que va llegando y cada persona va recibiendo, asimilando, procesando y seleccionado. Podemos decir que cada ser humano tiene una forma específica para realizar dicha selección, lo que nos permite manifestar que cada ser humano es diferente en la forma de procesar y asimilar dicha información. Cuando un niño se desenvuelve en ambientes amables, tranquilos, de relaciones positivas entre los miembros que integran los diferentes escenarios en los que se desenvuelve, es de alta probabilidad que su comportamiento futuro esté determinado por actitudes amables, tranquilas, seguras y con bajos niveles de agresividad.

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Cuando se vive en un espacio con un ambiente hostil, agresivo, donde las relaciones entre los diferentes miembros que lo componen manifiestan permanentes conflictos, agresiones, discusiones, vocabulario soez y maltrato, es muy probable que el niño adopte esas conductas aprendidas de los adultos, asumiendo que esa es la forma en la que se tiene que vivir. Últimamente, se han registrado niveles muy altos de violencia intrafamiliar, violencia social y difícil convivencia ciudadana en toda América Latina, y podríamos decirlo, en el mundo entero, que se convierten en modelos y formas de vida que los niños en su proceso de desarrollo y crecimiento, van asimilando y convirtiéndolos en su propio comportamiento. Vivimos una época de patrones de comportamiento muy agresivos: las guerras en el mundo, violación de derechos humanos, secuestros, inseguridad, padres que encuentran dificultad en comprometerse con la formación de sus hijos educadores con registros altos de maltrato para con sus alumnos, para mencionar sólo algunos. Los niños perciben un adulto que es agresivo, que no lo atiende, no lo escucha; que pocas veces le está orientando, cuidando, mimando, como él lo espera o lo desea. Llama la atención las indicaciones que un adulto le da a un niño antes de enviarlo a una reunión social o a su institución educativa»: «cuidado se deja pegar...»; «Si le pegan, pegue…»: «Si le roban o se le pierden los útiles, lo acabo a rejo…»; «Si esos muchachos la molestan, yo ya le enseñe qué tiene que hacer…» para mencionar sólo algunas. Las que se complementan con otras como estas: «Cuidado ensucia la ropa…», «No se chorree con el helado…»; «Manéjese bien…». Raramente se escuchan mensajes positivos o de

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aliento. Esto genera con frecuencia actitudes hostiles, de inseguridad, de desconfianza en los niños. Por lo tanto, la invitación que se hace es la de propiciar espacios más amables, cordiales, positivos, acogedores para los niños. Ambientes en los que encuentren aceptación, comprensión, amor, apoyo. Todo ésto les genera confianza, seguridad en sí mismos y en su relación con los demás; alta autoestima y capacidad de resolver y enfrentar situaciones conflictivas sin generar continuas frustraciones. Antes de terminar, es muy importante anotar lo siguiente: no se puede pretender que un niño nunca se disguste o muestre alguna inconformidad y, en un momento dado, realice una pataleta. Esto siempre será propio de un comportamiento infantil, siendo una manera de expresar su inconformidad o manera de llamar la atención. Otra cosa es cuando estos comportamientos son permanentes y constantes, en todo momento y en todos los espacios, lo que ya sí se tiene que considerar una agresividad infantil.

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"Dadme los primeros seis años de la vida de un niño y yo os regalo el resto"
Herman Hesse

Una familia
CECILIA PRADA DE F. Pedagóga

con inteligencia emocional
«Dices que cansa estar con niños. Tienes razón. Añades Que te cansas porque tienes que ponerte a su nivel, agacharte, inclinarte, arrodillarte, hacerte más bajito. Te equivocas. No es eso lo que te cansa más. Mas bien es el hecho de verte obligado a ELEVARTE hasta la altura de Sus SENTIMIENTOS. Janusz Korazak

Lindas palabras del llamado maestro de la humanidad Janusz Korazak, médico, escritor y educador. Nació en Varsovia en 1878, para motivar un escrito sobre la incidencia de la familia en la formación de la Inteligencia Emocional de nuestros niños colombianos Es importante entender que el torrente de los sentimientos del ser humano, corre paralelo al torrente de nuestros pensamientos. Siempre experimentamos algún estado de ánimo, aunque es típico que no captemos los humores sutiles que crecen y menguan durante nuestra rutina diaria. La actitud alegre o triste con que despertamos,

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la leve imitación que provocan los inconvenientes y las miles de emociones grandes y pequeñas que vienen y se van con los acontecimientos cotidianos, forman parte de ese ser emocional que todos poseemos. Pero ni la educación, ni la experiencia, ni el conocimiento, ni la capacidad intelectual pueden realmente formar por buen camino los sentimientos del niño . Es entonces en la familia donde crecen y se forman los valores que más adelante nos permitirán interactuar con la sociedad de la cual somos parte. Si la familia vive en situaciones contrarias al respeto, al amor, a la tolerancia y la solidaridad, cómo esperar que los hijos entiendan algún día los beneficios de la formación con inteligencia emocional? La inteligencia emocional, llamada también por algunos autores como la Inteligencia del Corazón o la Inteligencia Solidaria, es la capacidad que tiene el ser humano de manejar o mejor, controlar sus sentimientos, tanto positivos (el amor, el respeto, la tolerancia, la solidaridad entre otros), como los negativos (la envidia, el rencor, el odio, el miedo, la adversidad entre otros), en el momento y en el lugar adecuado. Esta capacidad nos permite encarar los problemas, avanzar y dar sentido a nuestra vida, facilitar las relaciones con los demás en un ambiente de respeto y tolerancia con valentía y sabiduría. Para Daniel Góleman reconocido como el padre de la Inteligencia Emocional, La capacidad emocional no es otra cosa que lo que sentimos, unido a lo que pensamos y hacemos todos los días desde el amanecer hasta que anochece. Otros autores como Salovey y Mayer, definen la Inteligencia Emocional, en función de la capacidad de monitorear y regular los sentimientos

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propios y ajenos y a la vez, utilizar dichos sentimientos para guiar el pensamiento y la acción. Sin embargo, la inteligencia emocional no descarta lo que hemos recibido a la vez de nuestros antepasados; de todo aquello que nos haya podido marcar de forma consciente o inconsciente y de nuestros errores humanos. Cuando algunas situaciones o actitudes de nuestros hijos nos irritan y despiertan la violencia que llevamos dentro, está claro que necesitamos curarnos de nuestra historia personal para actuar de una manera justa y eficaz. Esta capacidad EMOCIONAL desarrollada, visualiza ser los mejores padres para nuestros hijos y recordar más adelante que fuimos formados por seres humanos, emocionales e inteligentes que nos permitieron ver, que aún en la adversidad, existe el amor y la disciplina. En esta misión trascendente que involucra todos los sectores de la sociedad es entonces la familia quien lleva el estandarte número uno. Imposible esperar que la sociedad y la escuela hagan lo que nosotros no pudimos hacer. La educación puede reforzar valores, y de hecho, está obligada a hacerlo, pero no esperemos que la escuela haga milagros cuando nosotros pisoteamos los valores emocionales en la familia. Posiblemente, un niño que haya sido formado como ser único y alejado de los problemas sociales, no podrá entender más adelante el dolor de los demás y posiblemente no desarrollará capacidades emocionales que lo hagan sentir útil en la sociedad de la cual forma parte. Desde los estudios de la inteligencia emocional existen tres tipos de padres: los autoritarios, los permisivos y los AUTORIZADOS. Los padres autoritarios establecen normas estrictas, pero no enseñan más allá del grito y el castigo, tratan de llevar el hogar sobre la tradición

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(a mi me formaron así y aquí estoy vivó) y el, aquí el que manda soy yo. El niño no entiende como es la mejor manera de crecer, se ordena, se obedece y posiblemente recordará a sus padres con miedo, y casi nunca, lo reconoce, pues el amor de hijo es tan grande, que al final de los tiempos, vemos a nuestros padres con el mismo amor acompañado del perdón...» el viejo no me supo educar, pero aún así lo quiero…» El permisivo busca la aceptación de los hijos, dejándole hacer todo. No existen normas establecidas, no imponen exigencias, trata de ser un bacán con sus hijos… en el inconsciente quisiera ser el padre que le hubiera gustado tener y prefiere dejar a su pareja que represente el papel contrario…el (la) que ordena, regaña, grita y dice al final que es lo que se debe hacer. Estos hijos crecerán con una gran carga de «vacíos» y posiblemente no visualizarán muy fácil el rumbo de su vida personal-social y posiblemente adopten la misma formación con sus hijos. Los padres AUTORIZADOS, son los que logran equilibrar límites claros en un ambiente de amor y confianza; ofrecen orientación, pero no ejercen control enfermizo sobre sus hijos,dan explicaciones permitiendo que los hijos contribuyan en la toma de decisiones importantes a lo largo de toda su vida. Los padres AUTORIZADOS, valoran la independencia de sus hijos, pero los comprometen con buenos criterios sobre la responsabilidad consigo mismo y con la sociedad a la cual pertenecen. Los padres AUTORIZADOS tienen el galardón de la «sensibilidad social». Estos hijos encontrarán el camino para ser las mejores personas que esta sociedad necesita. No es fácil retroceder el reloj de la formación que nos correspondió, pero con inteligencia emocional, sí podemos reflexionar sobre nuestro papel, y tratar ser hoy los mejores padres que nuestros niños necesitan.

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Si recordamos las mejores lecciones del pasado y adoptamos en nuestra formación los cambios de la sociedad actual, seguramente nos parecerá más fácil adaptarnos a los cambios que cada día vemos con asombro en este siglo XXI. En estas consideraciones aparentemente simplistas está la clave principal de la inteligencia emocional, lo importante es buscar el equilibrio con la pareja y tratar de corregir errores en el futuro. Los hijos aprenden principalmente de sus padres, por tanto, la actitud educativa hacia el niño es determinante en el desarrollo de su coeficiente emocional. Siempre seguiremos teniendo en mente el modelo de padres que tuvimos y muchas veces tenemos más tendencia a continuar el modelo más que los consejos, porque los mensajes del inconsciente son más poderosos que los actos o las palabras que se quedan en el inconsciente. Cuando le ayudamos y orientamos a nuestros hijos a desarrollar su capacidad emocional, estamos a la vez, desarrollando nuestra propia capacidad emocional, y por tanto, crecen ellos y nosotros al mismo tiempo. Sólo el amor que tenemos a nuestros hijos, espejos de nuestra realidad interior, nos permitirá ser entonces los excelentes guías que ellos se merecen tener. La buena noticia, y para terminar, es entonces que la inteligencia emocional, al igual que todas las demás inteligencias (inteligencias múltiples de Haward Gardner) se puede aprender, y yo diría con más acierto: APREHENDER. Individualmente podemos añadir estas y muchas más habilidades a nuestro diario vivir,a fin de sobrevivir y permitir que nuestros hijos sean felices en una época en que la estabilidad emocional parece violentada y secuestrada por unos cuantos que no creen en ella.

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Poseer entonces la inteligencia del corazón es saber amar sin egoísmo. Es enseñarle al niño a resolver los problemas que plantea la vida, ya sea los propios, porque emerge el sufrimiento, la enfermedad, la alegría, la adversidad, o porque lo hemos formado para entender el sufrimiento y la alegría de los demás seres que lo rodean. Para concluir quisiera dejarles el deseo y la necesidad de seguir investigando sobre el tema, tal vez, así podemos soñar con un país donde haya muchas familias con inteligencia emocional, y de hecho muchos niños con carita feliz.

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"Saberse amado da más fuerza que saberse fuerte" Goethe

El buen trato y la formación
JUAN FERNANDO GÓMEZ RAMÍREZ Pediatra Puericultor Profesor titular Universidad de Antioquia

de la autoestima en el niño
En el presente artículo se definirá el concepto y la formación de la autoestima en el niño y la niña y la relación directa que guarda con el buen trato durante el proceso de crianza.

¿Qué es la autoestima?
La autoestima se define como lo que cada persona siente por sí misma, su juicio general acerca de sí. Expresa una actitud de aprobación o desaprobación (alta o baja autoestima) e indica en qué medida el individuo se siente capaz, digno y exitoso. Es pues, un juicio personal que se expresa en actividades del individuo hacia sí mismo.

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La autoestima tiene dos aspectos que se interrelacionan: impone sentido de eficiencia y valor personal. Además, es la suma integrada de la autoconfianza y el autorrespeto; es la convicción de que se es competente y digno. Nathaniel Branden, pionero de los estudios sobre autoestima, afirma que la autoestima actúa como el sistema inmunológico de la conciencia, dándole resistencia, fortaleza y capacidad de regeneración. Cuando la autoestima es baja, disminuye nuestra resistencia frente a las adversidades de la vida. Es necesario aclarar que la autoestima positiva es algo totalmente diferente a las actitudes de engreimiento y arrogancia, que indican, en la mayoría de los casos, un gran nivel de inseguridad que acompaña usualmente a la autoestima baja. El estudio científico de la autoestima cobró fuerza desde el decenio del ochenta, cuando empezaron los trabajos científicos sobre el tema y se crearon institutos dedicados a su estudio y perfeccionamiento. La inclusión de la autoestima como una de las metas del desarrollo infantil se fundamenta en el convencimiento de que el amor propio desempeña una función primordial en el desarrollo del niño. La motivación, el rendimiento escolar y deportivo, la calidad de las relaciones con los compañeros, la tolerancia a la frustración y el abuso de drogas y alcohol están necesariamente influidos por la manera como piensan los niños sobre sí mismos. La autoestima es un sentimiento que se expresa siempre con hechos.

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¿Cómo nace la autoestima?
Nadie llega al mundo con un sentido del valor propio. El recién nacido no es un producto acabado, depende de los demás para sobrevivir, necesita alimento, protección y amor y reconocimiento que se expresan normalmente mediante el contacto físico y las expresiones verbales. El niño nace sin sentido del yo, aquel núcleo limitado, coherente y lúcido de la personalidad, que sirve de barrera entre el ello, fuente de las pulsiones, y el mundo exterior. El desarrollo del amor propio se produce por la interacción entre el temperamento innato del niño y las fuerzas ambientales que reaccionan a éste. La autovaloración se aprende en la familia. Posteriormente intervienen otras influencias, pero éstas tienden a reforzar los sentimientos de valor o falta del mismo que se hayan adquirido en el hogar. De acuerdo con lo propuesto por Coopersmith, un reconocido experto en la materia, la génesis de la autoestima tiene la siguiente secuencia:
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Autorreconocimiento: surge hacia los dieciocho meses de edad, cuando el niño es capaz de reconocer su propia imagen en el espejo Autodefinición: aparece a los tres años de edad, cuando el niño es capaz de identificar las características que lo describen

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a sí mismo, inicialmente en términos externos y hacia los seis o siete años en términos psicológicos, introyectando ya el concepto del yo verdadero (quien es) y el yo ideal (quien le gustaría ser). Mientras mayor sea la diferencia entre el yo verdadero y el yo ideal, más baja será la autoestima
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Autoconcepto: se desarrolla en la edad escolar, entre los seis a los doce años. Es el sentido de si mismo que recoge las ideas referentes al valor personal. Dentro de este contexto, la autoestima es el sentimiento, positivo o negativo, que acompaña al autoconcepto

Criterios que fundamentan la imagen de si mismo
Según Coopersmith, existen cuatro criterios que fundamentan la imagen de sí mismo como elemento constituyente de la autoestima:
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Significación: es el grado en que la persona siente que es amada y aceptada por aquellos que son importantes para ella Competencia: es la capacidad para desempeñar tareas que se consideren importantes Virtud: entendida como la capacidad para la obtención de niveles morales y éticos Poder: es el grado en que la persona puede influir en su vida y en la de los demás

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¿Cómo desarrollar la autoestima?
Mientras más alta es la autoestima, más inclinado se está a tratar con los demás con respeto y benevolencia, puesto que no se tiende a percibirlos como una amenaza: el respeto a sí mismo constituye la base del respeto a los demás. El refuerzo del amor propio de un niño requiere que los adultos lo reconozcan, respeten y acepten la constitución única de cada niño, sin que esto implique necesariamente la aprobación de todas las cualidades inherentes a éste. El psicólogo estadounidense Robert Brooks ha señalado aspectos que contribuyen notablemente al desarrollo de la autoestima:
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Desarrollo de la responsabilidad: con el fin de obtener una saludable sensación de dominio y compromiso, los niños deben recibir oportunidades para adoptar responsabilidades, tanto en la escuela, como en el hogar. La designación de vigilante de loncheras o jefe del aseo que se hace en las escuelas constituye un buen ejemplo. Oportunidad para elegir y tomar decisiones: guardando la necesaria congruencia con el nivel de desarrollo y los intereses del niño, el adulto debe brindarle a este la oportunidad para tomar decisiones, como por ejemplo, escoger democráticamente la fecha de un examen o quién desea pasar primero al tablero . Retroalimentación positiva: animar a los niños a reforzar las conductas enriquecedoras constituye una fuente importante de energía y motivación que favorece el cultivo del amor propio. Cada palabra, expresión facial, gesto o acción por parte

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de los padres, profesores y adultos significativos, transmiten mensajes al niño sobre su valor.
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Establecimiento de la autodisciplina: es fundamental para el niño encontrar un referente normativo adecuado que fomente en él la capacidad de razonamiento sobre sus propias acciones y la formación de un juicio de valor sobre las mismas . Aceptación de errores y fracasos: la ejecución de tareas y la asunción de responsabilidades se limitan mucho por el temor a fracasar, eventualidad perfectamente posible en la actividad humana. Debe inculcarse a los niños el concepto de que el error es una experiencia que se debe tomar con el sentimiento positivo de mejorar y superarse.

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Existen notables variaciones en el temperamento humano y fluctuaciones inevitables en el nivel de autoestima, así como las hay en todos los estados psicológicos; el niño no escapa a ello. En algunos casos de temperamento difícil pueden existir dificultades para el desarrollo de una alta autoestima. Algunos niños reaccionan de manera exagerada a las situaciones, sienten poco placer en lo que hacen y con frecuencia son excesivos en sus demandas. Estos niños pueden dejar en los adultos cercanos una sensación de desesperanza, frustración e irritación. Sin embargo, los niños difíciles no son inaccesibles sino que requieren un estilo distinto de parentalidad, para así evitar la angustia de los padres, que puede dar al traste con el proceso de formación de la autoestima en el niño.

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Características de los padres y grado de autoestima infantil
En consonancia con los estudios de Coopersmith sobre los niños en edad escolar se puede afirmar que los padres de los niños con una alta autoestima, por lo general, quieren, aceptan a sus hijos, son exigentes en cuanto al desempeño académico , la buena conducta, muestran respeto y permiten la expresión individual. Estos padres tienen a su vez una alta autoestima y llevan una vida satisfactoria y activa. Este tipo de padres también reciben estímulos por parte de sus hijos que los animan a ser amorosos, firmes y democráticos. Se establece así la retroalimentación, que es un mecanismo muy importante en esta clase de interacciones. Por su parte, los padres de niños con baja autoestima establecen con sus hijos pocas reglas fijas, pero sus métodos de control tienden a ser rudos, autocráticos, en ocasiones, hostiles y fríos. Es frecuente que estos padres no esperen mucho de sus hijos y sus expectativas de índole negativa a menudo se convierten en realidad. Pero no todo es tan sencillo. Como bien lo anota el conocido pediatra y psicoanalista Donald Winnicott, los padres no hacen a sus hijos como el alfarero hace una jarra, o el pintor pinta un cuadro. Con alguna frecuencia se encuentran niños y adultos con un alto nivel de autoestima a pesar de haber crecido en un ambiente adverso, poco propiciador de este logro y, a la inversa, personas provenientes de hogares muy favorables para el desarrollo de la autoestima y que tampoco lo logran, lo que hace pensar que existen otras condiciones, desconocidas aún, que influyen notablemente en el comportamiento del individuo, tanto en la niñez como en la adultez.

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Aunque la consecución de la autoestima no es el resultado matemático de la interacción del niño con sus padres, se pueden formular algunas orientaciones que ayuden a los padres a crear un ambiente favorable para la formación de la autoestima:
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Evitar ridiculizar o humillar al hijo Darle verdadera importancia y valor a los pensamientos y sentimientos que los niños manifiestan Educar al niño con un referente normativo sin confusiones, contradicciones, ni elementos opresivos Evitar culpar, avergonzar y atemorizar al niño Respetar los derechos infantiles y, por otro lado, ser garante del cumplimento de los deberes de los niños

El buen trato y la formación de la autoestima
El diccionario de la Real Academia Española define el trato como acción y efecto de tratar y, a su vez, tratar se define como comunicarse, relacionarse con un individuo. De lo anterior, se deduce que bien tratar es comunicarse bien con las personas y, en nuestro caso, con los niños. El buen trato se inicia desde que la pareja logra una gestación que ha deseado intensamente. Luego durante todo el proceso de la gestación, la vinculación afectiva es creciente y motivada, entre otras vivencias, por la percepción de los movimientos fetales y el vehemente deseo para que el proceso de la gestación llegue a feliz término. Una vez que el nacimiento ocurre, la interacción temprana madrehijo, bajo la égida protectora del padre, produce como resultado final la vinculación afectiva más fuerte que el ser humano logra en su vida

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y que se convertirá en un apoyo fundamental para todas las acciones posteriores, tendientes a un adecuado crecimiento y desarrollo. Como elemento coadyuvante para el anterior propósito, tiene una función fundamental la alimentación materna, en el sentido de que, fuera de las grandes bondades nutricionales que aporta al niño, fortalece, ¡y de qué manera!, el proceso de interacción afectiva madrehijo. Tienen también particular importancia en este período el arrullo y las caricias que se le brindan al niño por parte de sus padres en estas edades tempranas y que se constituyen en elementos fundamentales para la confianza básica del niño, que lo lleven al crecimiento y maduración, gracias a los adultos significativos que lo rodean, lo aman y lo protegen. Éste será el embrión inicial en la formación de la autoestima en el niño. Una vez finalizado el primer año de vida se inicia, por parte de los padres y adultos significativos, la incorporación del niño a la cultura, mediante la instauración gradual y progresiva de un referente normativo que contiene todas aquellas conductas, que de acuerdo con la tradición cultural y ética, son deseables que el niño desarrolle; señalando a su vez aquellas que son inapropiadas o indeseables dentro del funcionamiento social al que el niño se irá incorporando gradual y progresivamente. Es en esta época cuando la instauración de una adecuada disciplina, especialmente a partir de la edad preescolar, ojalá sin confusiones, contradicciones ni elementos opresivos, adquiere una importancia fundamental.

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Lo anterior debe trabajarse con el niño en un proceso interactivo y dialógico, en el que la capacidad de escucha y serena firmeza sean elementos fundamentales del proceso. Sea este el momento para afirmar que en las necesarias confrontaciones a que se llegará cuando se reprochen algunos comportamientos que el niño asuma, no debe tener cabida allí el castigo físico como elemento relacional con el niño en su proceso de crianza. Está exhaustivamente demostrado que este tipo de práctica, el castigo, vulnera en gran medida la autoestima y, si bien es posible que moldee a la fuerza el comportamiento del niño, no permite en éste la formación de una sana autocrítica que se constituya en baluarte de su comportamiento futuro. Existen otras formas no violentas que permiten comunicarle al niño nuestro desacuerdo con su comportamiento, sin humillarlo, ni generar resentimiento en él. Queda claro entonces que en el proceso de la formación de una buena autoestima, el buen trato es un elemento fundamental, que abarca no sólo la exclusión de actitudes agresivas con el niño, sino también la violencia sutil, que aunque menos dramática en sus manifestaciones y más insidiosa en sus efectos, lacera y puede llegar a limitar en el niño las potencialidades de su propio desarrollo. El buen trato debe implicar también la evitación de actitudes sobreprotectoras hacia el niño, que generan en él sentimientos de minusvalía y dependencia que van a dificultar la formación de una buena autoestima. Se puede confiar esperanzadamente que las anteriores reflexiones promuevan en el ambiente familiar y escolar actitudes favorables hacia la adquisición de una alta autoestima en el niño, como herramienta fundamental de un ejercicio vital gratificante, tanto en lo personal

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como en lo social, para lo cual, es necesario tener muy en cuenta la afirmación de Aristóteles hace más de veinte siglos: La felicidad consiste en estar satisfecho consigo mismo.
Lecturas recomendadas
Branden N. El poder de la autoestima. Barcelona: Paidós; 1993. Coles R. La inteligencia moral. Bogotá: Norma; 1998. Kamii C. La autonomía como finalidad de la educación. Publicación UNICEF; 1982. Pizarro C. Palma E ed. Niñez y democracia. Bogotá: Ariel – UNICEF; 1997. Posada Á, Gómez JF, Ramírez H. ed. El niño sano. 3ª ed. Bogotá: Editorial Médica Panamericana; 2005. Shapiro LE. La inteligencia emocional de los niños. Bogotá: Javier Vergara; 1997.

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"Lo que un niño no recibe, difícilmente lo dará después"
P. .A. James

La letra con sangre

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CARMEN ESCALLÓN GÓNGORA Pediatra Terapéuta de familia Docente Universidad de Cartagena

Albert Camus escribió a su maestro de último año de primaria, en 1957, poco después de recibir el Premio Nobel de Literatura, una carta que revela todo el amor y la intensidad del vínculo afectivo entre los dos y corrobora cómo este maestro quedó dibujado en el alma de Camus. Este maestro contribuyó a que el Albert niño se construyera a sí mismo de una forma diferente a como se hubiera esperado, porque Camus fue niño rodeado de miseria económica y social. Con una familia de inmigrantes en Argelia, una abuela maltratadora, una madre silenciosa y un padre fallecido en la guerra, poco después de su nacimiento. Pero este maestro de la última clase de primaria, logró reemplazar al padre, poniendo todo su empeño en modificar el destino de este niño. ¿Cuántos hombres y mujeres en nuestro país pueden afirmar plenamente que son maestros?. ¿Cómo se lleva a cabo el proceso de educación en la infancia colombiana? Así como el maestro amoroso contribuye a la formación del ser, de un niño o niña en la democracia, en el respeto y en la ternura, un

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profesor tirano, dominador y violento, destruye dimensiones tan sagradas en la infancia, como son su autoestima, su confianza, su inocencia; no importa que esta violencia se ejerza de una manera sutil, casi imperceptible. Para trabajar en el proceso educativo con niños y niñas es necesario que el adulto que ejerza esta función comprenda que su labor no es la de un fabricante sino la de un partero; es la de estar allí, en la cotidianidad, no enseñándole filosofía, sino a filosofar, no operaciones matemáticas de memoria, sino a entender esta ciencia. Estar allí con paciencia esperando que el fruto nazca, estimulando en el respeto, apoyando en las dificultades, trabajando en la lúdica, con la ternura y el amor; creando así el único espacio posible para construir el sujeto humano. Deberá tener claro que el proceso educativo es un acto de amor, y como todo acto amoroso, se construye en el respeto, en aceptar las diferencias de cada niño y de cada niña, en saber que dentro del estímulo y dentro del juego todo es posible. Cuando este proceso deja de ser un acto amoroso, la mano del docente deja de ser seda para convertirse en garra y aparece entonces la relación de posesión, de dominación, de anarquía, dando paso a la enfermedad más grave para la infancia: el miedo y el desamor. Los maestros y maestras deben empezar a clarificar la gran diferencia que existe entre la formación humana de la infancia y la capacitación a la infancia. La primera se refiere al desarrollo del niño y de la niña como personas; para lograr ser seres capaces de vivir socialmente en forma deseable, para que aprendan el respeto por sí mismos y el respeto por el otro; para que sean capaces de decir sí o no, desde sí mismos; para que sean libres en sí mismos, con gran capacidad de colaboración. La capacitación se refiere a la adquisición de habilidades y conocimientos.

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Las dos tareas son necesarias, pero si un niño o una niña consiguen la formación humana, pueden aprender cualquier cosa y adquirir cualquier habilidad.

Formas de violencia en la escuela
La violencia escolar se puede ejercer de manera sutil o de forma evidente; indiscutiblemente, cada vez es menos frecuente el uso de golpes con regla, de gritos, de castigos en el cuarto oscuro, de arrodilladas en el patio a pleno sol; pero en su lugar ha surgido una violencia casi artística, una violencia sutil, que lacera, que daña, que confunde a la infancia y a la familia misma: una frase irreverente hacia el menor, no entender que debe ir al baño, no dejarlo comer porque no es la hora (en el caso de niños y niñas preescolares), prohibirles que digan lo que sienten, prohibirles que hablen, que se muevan, amenazarlos con el rector, con la evaluación, con los padres, con Dios y en fin, con todo lo que se tenga a mano. Impedirles el juego, que expresen emociones y sentimientos, etcétera. A continuación se verán, a manera de ejemplo, algunos de los muchos modos posibles de violencia en la escuela.

Violencia relacionada con cuestionamiento del ser

¡Viviana eres muy perezosa, estoy decepcionada de ti!
Una maestra que pronuncia esta frase está lesionando a esta niña en su ser y no está cuestionando el hacer de Viviana. Si la maestra eligiera decir: ¡Viviana, hoy estuviste distinta en clase, estoy preocupada por esto! ¿Quiéres hablar sobre ello?, la maestra

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estaría respetando la integridad del ser de Viviana y estaría hablando acerca de su hacer. Corregir o cuestionar el ser de un niño o una niña, lo enajena, lo violenta, porque es cuestionar o tratar de corregir a un niño o a una niña porque es blanco o negro o porque tiene la nariz larga. La corrección o cuestionamiento del hacer no lo enajena porque no toca la identidad o singularidad del menor. Los maestros y maestras deberían abandonar expresiones como: "árbol que crece torcido, nunca su rama endereza", «eres un vago», «genio y figura desde la cuna a la sepultura», «no seas así», etcétera. Estas expresiones atacan el ser y olvidan que el hacer del ser humano tiene que ver con las relaciones o interacciones que tenga consigo mismo y con su entorno y con las relaciones que tiene el entorno con él.

Violencia relacionada con la limitación del juego

¡Elkin, como te atrasaste en el dictado, no podrás salir al recreo y continuarás escribiendo las planas que te puse de castigo!
El juego es una sagrada actividad que alimenta la psiquis, el espíritu y el cuerpo de la infancia. El ambiente lúdico es un ambiente hipnótico en el que todo aprendizaje es posible. Por medio del juego los niños y niñas pueden resolver las crisis de su desarrollo, las crisis familiares, las crisis sociales y morales, el juego es sanador de heridas y borrador de algunas cicatrices, además, permite la creación de mundos. Los niños y las niñas consideran los juguetes u objetos con los que juegan, no como son realmente, sino como lo necesitan. Durante el jugar establecen ritmos verbales y corporales, crean su conciencia corporal operacional, por medio de tocar y ser tocados. Además, en esta actividad, aumentan en su sangre sustancias llamadas

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neurotransmisores, uno de los cuales es la endorfina que permite sentir bienestar, alegría, disminuir los temores, la tristeza y el estrés. El espacio de juego de la infancia es su espacio de existencia; al jugar en compañía se trabaja en la formación de su conciencia colectiva, se agiliza su socialización. En los juegos en los que los niños y niñas se mueven y se desplazan, se estimulan sus núcleos de crecimiento, madura su lateralidad, se convierten en físicos al construir el tiempo y el espacio. Es muy común que los maestros castiguen a los niños y niñas limitando el juego, procedimiento que los violenta de muchas maneras, al impedirles utilizar el alimento espiritual.

Violencia relacionada con el espacio físico

¡Jorge, te estás distrayendo mirando para atrás. Estás castigado: tendrás que hacer aseo en el recreo!
Es frecuente que niños y niñas deban estar en un espacio físico reducido para la cantidad de estudiantes, con una disposición de sillas creada por la mano de algún maestro medieval, de tal forma que los estudiantes, excepto los de la primera fila, deberán todo el año ver las nucas o región posterior de las cabezas de sus compañeros, sin permitirles mirar a los ojos porque es un acto de indisciplina o levantarse de la silla donde deben estar quietos por más de 40 minutos. Es necesario y urgente crear nuevos escenarios de comunión, maestro(a) - estudiante, escenarios que tengan por techo el cielo, donde el verde sea el color predominante, donde el viento acaricie y disponer los asientos en forma circular, lo cual evitaría ciertas estructuras de poder y jerarquías espaciales.

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Violencia en relación con el desconocimiento del entorno del niño

¡Lucía, no es mi problema que no tengas escritorio para estudiar ni que tu padre sea un borracho. No trajiste la tarea y serás castigada por ello!
La manera de resolver los conflictos escolares no siempre es la más adecuada, convirtiéndose el maestro muchas veces en un amplificador de la violencia familiar y escolar. El día que las maestras y maestros de Colombia dejen de mirar el proceso educativo y el rendimiento escolar y se detengan a mirar niñas y niños, con el conocimiento real de cada edad, niños y niñas con crisis propias, con temores, con fortalezas, con dificultades, con familias amorosas y facilitadoras de su crecimiento físico, emocional, espiritual y social, pero también con familias violentas y destructoras. El día que entiendan que la infancia tiene ritmos biológicos como la alegría, el sueño, el hambre, el aprendizaje y otros. El día que miren a los 40 niños y niñas del aula no como seres homogéneos, como si fueran 40 envases de gaseosa, sino como seres diferentes, con características y singularidad única. El día que miren que el proceso del aula es un acto de amor. El día que se sientan ellos crecer con cada estudiante y con cada experiencia. ¡Ese día, querida sociedad civil. Ese día, cesará la violencia en la escuela y dejaremos de firmar tantos estériles acuerdos de paz!

Una propuesta
Se está intentando la paz en nuestro país. El aula es un espacio en el que existe una interacción de comunicación entre un maestro o maestra y un grupo de niños y niñas de casi unas 1.440 horas anuales;

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este tiempo alcanza para establecer un ambiente de intimidad amorosa en el que se respete la singularidad de docente y estudiante; en el que cada día sea una experiencia nueva para alimentar el espíritu; en el que se establezca la superación y la lealtad, estimulando permanentemente el respeto por el otro y el respeto por sí mismo; en el que se respete la libertad de cada uno; en el que se trabaje en la adquisición de una sana conciencia individual y colectiva; en el que se dé valor a trabajar en grupo, a cooperar; en el que se logre un semillero de seres autónomos; en el que se establezcan mecanismos para incluir la familia en el fortalecimiento de la ternura, del respeto, de la equidad; en el que se entienda que la paz no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad de resolverlos sin destruir al otro, sin negar al otro. O por el contrario, se puede hacer de cada aula colombiana una escuela de guerra, en la que se aprenda la estratagema, para salir luego al campo familiar y social, con una cultura de guerra en la conciencia de cada menor.

En la búsqueda de paz la escuela colombiana tiene la palabra… Es el momento para que esos muchos maestros y maestras amorosos, esos muchos jardineros, esos que saben que el papel de humilde jardinero experto es el de sembrar muchas semillas y, tener paciencia, esperando lentamente que éstas germinen, comprendiendo que unas pocas pueden secarse y morir, pero que muchas, parirán una planta, que cada planta tiene un ritmo distinto de crecimiento, cada hoja una coloración diferente, pero este jardinero enaltecerá su espíritu al contemplar su jardín y se embriagará mucho más de esta felicidad, cuando deguste el fruto.
Sí, es el momento de que esos jardineros y jardineras inviten, ya sin temor a los demás, a lograr una educación en el respeto y en el amor, les informen a ellos, ellas y al resto de la sociedad, lo que ellos, la infancia y nosotros sabemos: !que la letra con sangre no entra!

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Tomás Carlyle

"Un gran hombre demuestra su grandeza por la forma en que trata a los pequeños"

Maltrato Infantil
VICTORIA EUSSE BERMIL Pediatra Especialista en Trastornos Comportamentales y Neuropsicología Infantil

I. Introducción
El maltrato infantil es un fenómeno histórico que ha cambiado de dimensión de acuerdo con la cultura y con los cambios sociales que viven todos los grupos humanos. Ha existido siempre, es tan antiguo como la existencia de los seres humanos.

La historia de la infancia se confunde con la del maltrato a la niñez
La violencia contra la infancia ocurre en diferentes contextos y culturas, se observa dentro de las instituciones, en los conflictos armados y en el ambiente social que rodea a los niños y niñas en todas partes del mundo, y lamentablemente, en muchos casos, hace parte de la cotidianidad de sus vidas, facilitado, particularmente por la privacidad del ámbito doméstico en el que se vive con extrema frecuencia el fenómeno social; sólo hasta hace muy poco tiempo reconocido como un problema de salud pública: la violencia intrafamiliar.

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El problema del maltrato infantil no sólo es complejo por sus diferentes formas de presentación, sino por sus causas: - patrones de crianza, - errada concepción de la autoridad o del poder, - problemática social y económica, - alteraciones en el comportamiento de los padres, resultado de las formas inadecuadas de socialización. El maltrato infantil tiene que ver entonces no sólo con el espacio familiar sino que se proyecta a través de la dimensión social donde se espera puedan encontrarse las garantías para una calidad de vida adecuada. Y se proyecta en el desarrollo social de un país de una manera determinante. Cuando se realiza una aproximación al tema del abuso a los niños, a las niñas y a los adolescentes, se encuentra que uno de los puntos claves a resolver, tiene que ver con la necesidad de afianzar los conocimientos científicos sobre el tema. De tal manera podrán ser identificados mejor los casos, se podrá dar un tratamiento integral apropiado a las víctimas, a sus familias y a los agresores. Es por ello fundamental, que todos aquellos profesionales que atendemos a los niños y niñas víctimas del maltrato, nos apropiemos las herramientas teóricas necesarias para el trabajo diario.

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II. Reseña histórica del maltrato infantil
La humanidad desde sus orígenes se ha preocupado por relatar su historia, y aún por interpretarla. La tradición oral y escrita nos da cuenta de las conquistas y sus batallas, de las costumbres sociales y su sentido, de las creencias y su función, de los sistemas de gobierno y organización social, pero solamente, en la segunda mitad del siglo XX, se ha sorprendido de que el hombre más antiguo, el niño, no ha sido incluido en la historia y se han hecho esfuerzos por reconstruirla. Infans, es el que no habla. Esta nominación para el niño parece más bien el reconocimiento de la devaluación de un lenguaje, que en tanto representa el sin sentido, la inconsciencia, la torpeza, no merece ser escuchado. Recordemos en este sentido que el infantilismo es un sustantivo que acuñó la literatura médica en el siglo XVI para aquellos adultos que por razones biológicas no crecieron, y que más adelante se extendió a quienes mentalmente tampoco maduraron, o se amplió y reemplazó a pueril, aplicado a quienes por diversas causas sufrían demencia. Parece entonces que el calificativo de infante se le da a aquellos cuya palabra no tiene valor para otros. Desde los griegos, a quienes consideramos padres del pensamiento occidental, se creía que debía matarse a los niños con deformidades congénitas o con discapacidades, infanticidios que ocurrían cotidianamente. Incluso sus filósofos Aristóteles y Platón, cumbres del pensamiento antiguo, compartían esta creencia. Aristóteles escribió: «En cuanto al abandono o la crianza de los hijos, debe haber una ley que prohíba criar a los niños deformes, pero por razón del

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número de hijos, si las costumbres impiden abandonar a cualquiera de los nacidos, debe haber un límite a la procreación». Recordemos algunos de los mitos griegos, como la historia de Cronos quien devoraba a todos sus hijos... También los griegos arrojaban sus niños deformes desde el Monte Talgeto. Pueden considerarse también ejemplos de la cultura griega, la historia de Edipo Rey y de Medea, quien asesina a sus propios hijos y lamenta después que cuando llegue a vieja, no va a tener quien la cuide. En la Biblia, existen numerosos relatos de infanticidios masivos. Como el ordenado por el faraón Ramsés a todos los primogénitos judíos, tratando de matar a Moisés; el de Herodes tratando de asesinar a Jesús, o la historia de Abraham, en la que el Señor le pide como muestra de su amor, matar a su único hijo, Isaac, aunque es detenido en el último instante por un ángel enviado por el mismo Dios, como un símbolo del vínculo afectivo, la única y mejor protección para los niños de la violencia del mundo adulto. En Palestina los reyes sacrificaban a sus hijos para obtener las victorias en las guerras. En Roma, el infanticidio fue declarado punible con la pena capital en el año 374, y aún así, no se puso fin a esta práctica. Allí se hizo común el infanticidio «accidental», en el cual los niños morían asfixiados bajo el peso de los adultos. En China, la muerte de niños a manos de adultos eran frecuentes y las niñas eran llevadas a la entrada de la ciudad como alimento para las fieras.

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También podemos recordar que la mayoría de los cuentos de hadas relatados a todos los niños del mundo, se les advierte sobre la crueldad ejercida por los adultos sobre ellos. Basta recordar a Blanca Nieves, la Cenicienta o Hansel y Gretel que relatan la historia de niños terriblemente maltratados, donde se simboliza el abandono y la explotación laboral de los niños, y que logran sobrevivir, a pesar de sus padres. Otros ejemplos son Pulgarcito o Caperucita Roja, que son, por definición los cuentos del abuso sexual. En relación con el abuso sexual, cabe anotar, que sólo recientemente se ha entendido éste como lesivo y traumático para los niños. En la antigüedad existen múltiples ejemplos de cómo se les utilizaba para beneficio del adulto, sin ninguna consideración ni entendimiento del daño al desarrollo psico-sexual del niño. Tiberio por ejemplo, utilizaba sexualmente lactantes, para meterles el pene en la boca. Luis XIII rey de Francia era sometido a todo tipo de abusos sexuales, por parte de los cortesanos, por ser un niño indefenso a pesar de ser rey. Cuando al fin lo coronan como rey de Francia, su primera pregunta es si al fin van a dejar de golpearlo. (De Mause, 1.974) Las mutilaciones genitales a los niños, que se encuentran referenciadas por Heródoto (450 aC), se pueden encontrar en las momias egipcias, y en otros pueblos africanos y asiáticos. Actualmente se estima que existen de 100 a 130 millones de mujeres, en más de 40 países, a quienes se les ha realizado ablación quirúrgica del clítoris y que cada día en la actualidad se realizan más de 6.000 por día (Díaz Huertas, 2005).

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Con relación a la mutilación de los niños tenemos el ejemplo de los «castrati», práctica que ocurría como consecuencia absurda de la prohibición del papa Paulo IV (1.555 – 1.559) de que las mujeres pudieran hacer parte de los coros en los templos católicos, lo que llevó a la castración de los niños para que conservaran la voz aguda de soprano necesaria en algunas interpretaciones musicales corales. Sólo hasta el año 1.769 el papa Clemente XIV prohibió la castración de niños, la cual hasta ese momento había sido considerada como normal. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII se dio valor a los niños como personas, pero esto fue sólo porque representaban fuerza de trabajo para el gran movimiento de la Revolución Industrial. Todavía hoy, existen sectores marginales de la sociedad que consideran a los niños fuerza laboral a pesar de la legislación en contra de esta forma de explotación infantil. Durante el siglo XIX se amplió la responsabilidad del Estado frente a los niños. Este siglo se puede considerar como el comienzo en el que los poderes públicos empezaron a pensar en los niños como individuos con derechos. Para el año 1.896, se presenta la historia de Mary Ellen Wilson, la niña que vivía en un suburbio de Nueva York, con una mujer quien abusaba física y emocionalmente de ella, golpeándola sin ninguna provocación, hiriéndola permanentemente con unas tijeras y negándole la comida. Su vecina, la trabajadora social Etta Wheeler, se une al presidente de la Sociedad Protectora de Animales, Henry Berg, para poder salvar la niña, poniendo una querella ante un juzgado por «crueldad contra alguien que es la representante del Rey de los Animales», ya que no existía ninguna legislación que permitiese retirar a la niña, pero sí para proteger a los animales. Es en

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este momento cuando se forma la primera y más antigua sociedad en el mundo para prevenir la crueldad contra los niños. El síndrome del niño golpeado fue descrito por primera vez en 1.868, por el patólogo forense francés Ambrosio Tardie, al descubrir en autopsias de 32 niños, muertes por golpes y quemaduras, las cuales investiga y describe implicando a padres y familiares de las víctimas. Estos estudios se mantuvieron vigentes mientras Tardie estuvo vivo, posteriormente fueron desacreditados por otros médicos que argumentaban calumnia de «ciudadanos ejemplares». En 1.946 J. Caffey, describe un cuadro clínico en los que observa la presencia de hematoma subdural y fracturas múltiples sin una explicación clínica aparente. Siete años después, F. Silverman reconoce que los causantes de los traumatismos podrían ser los padres por actitud negligente o descuido, o por agresión deliberada; aunque ellos negaran toda culpabilidad atribuyendo las lesiones a causas accidentales. A este cuadro se le denominó «Trauma insospechado de origen desconocido». En 1.962 Henry Kempe, médico pediatra, (Denver, Colorado) expone ante la Asociación Americana de Pediatría el Síndrome del Niño Apaleado (Battered Child), enfatizando que debe darse como una patología más en Pediatría. Vincent Fontana, médico pediatra, integra el nombre de «Síndrome del Niño Maltratado» y lo define como cualquier acto que implique deliberación, negligencia u omisión, procedentes de personas, instituciones e incluso sociedades, que priven al niño o a la niña de los derechos e interfieran en su óptimo desarrollo.

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En nuestro país en ese año entró a regir la ley 83 de 1946 llamada Ley orgánica de la defensa del niño. Esta ley habló por primera vez de la protección de la niñez con limitaciones físicas o mentales. Estableció jurisdicción para los menores de 18 años. Definió estados de peligro físico o moral, las medidas de protección, y creó el Consejo Nacional de Protección. El 20 de noviembre de 1959 se produjo en las Naciones Unidas la aprobación de los Derechos del Niño y se empezó a generar un movimiento de respeto por ellos que se ha fortalecido socialmente a nivel internacional. Para 1960 surgió en nuestro país la Ley 140 que reglamentó las adopciones y le siguieron el Decreto 1818 de 1964 el cual creó el Consejo Colombiano de Protección Social del Menor y de la Familia, que reemplazó al Consejo Nacional de Protección Infantil. Posteriormente la Ley 75 de 1968 creó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). El maltrato infantil fue, hasta entonces, una sumatoria de conductas sociales permitidas, casi todas, frente a las cuales hoy existe evidencia científico-antropológica que las hace repudiables y que han removido la legislación nacional e internacional para generar nuevas leyes. El marco jurídico colombiano aún exhibe grandes falencias pero contiene las bases para entender y proceder frente la mayor parte de las formas de maltrato a los niños.

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III. Definiciones
El Centro Internacional de la Infancia de París define el maltrato como «cualquier acto por acción u omisión realizado por individuos, por instituciones o por la sociedad, en su conjunto, y todos los estados derivados de estos actos, o de su ausencia, que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes, o que dificulten su óptimo desarrollo». En esta forma de maltrato el que abusa es el adulto (victimario), el que recibe el daño es el niño, niña o adolescente (víctima) y los demás miembros de la familia son los terceros.

Tipos de maltrato 1· Maltrato o abuso físico
Conjunto de signos y síntomas físicos como evidencia de haber vivido una situación de violencia física por acción no accidental, provocada por el uso intencional de la fuerza de alguna persona con potencial para causar daño físico, discapacidad, enfermedad o la muerte en el niño(a) o adolescente, sin importar cual puede haber sido la intencionalidad del agresor. La ocurrencia de dichos actos se relaciona con un agresor(a) perteneciente al núcleo familiar o encargado(a) del cuidado dentro o fuera del hogar o que convive sin ser miembro de la familia. Son actos de maltrato físico: golpear, patear, rasguñar, escupir, morder, cortar, quemar, estrangular, empujar, estrujar, zarandear, lanzar cosas hacia la otra persona, detener, sujetar, amarrar o detener el movimiento contra la voluntad, amenazar o lastimar con un arma (arma de fuego, arma blanca u otro objeto); obligar físicamente a vivir situaciones

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peligrosas y que le producen temor. De acuerdo a lo establecido por Medicina Legal se clasifica en: leve, moderado y severo, y de acuerdo al tiempo en el que se produce, en antiguo, reciente y recurrente.

2· Abandono físico
Situación ocasionada por descuido o negligencia (se descartan causas sociales), en que las necesidades físicas básicas (alimentación, higiene, seguridad, atención médica, vestido, educación, vigilancia) no son atendidas adecuadamente por ningún adulto del grupo con quienes convive, llevando al niño(a) a un estado de deprivación que le impide un desarrollo normal. Su gravedad está determinada por las posibilidades que tenga de recuperación.

3. Abuso sexual
Cualquier clase de placer sexual con un niño por parte de un adulto desde una posición de poder o autoridad. Se presenta, cuando es un niño menor de 14 años, obligado a través del uso de la fuerza, la manipulación, el engaño, la intimidación o el chantaje, a realizar actos sexuales para satisfacer los deseos del abusador, quien con frecuencia es un miembro de la familia, un conviviente o un cuidador dentro o fuera del hogar. No es necesario que exista un contacto físico (en forma de penetración o tocamientos) para considerar que existe abuso, sino que puede utilizarse al niño(a) como objeto

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de estimulación sexual. El abuso sexual incluye varias formas de presentación:

a. Abuso sexual incestuoso: es el que ocurre cuando entre la víctima y el agresor hay una relación de consanguinidad o de cohabitación, y es sin duda, la categoría más difícil de abordar, tanto desde lo forense, como desde lo terapéutico. b. Asalto sexual o violación: se define como la relación sexual que ocurre sin el consentimiento de la víctima, utilizando violencia física o psicológica; el objetivo real del abusador es la descarga de agresividad y no la erótica.
La violación supone un riesgo muy alto para la salud física del niño, tanto por las lesiones causadas (desgarros genitales o rectales) como por las posibles enfermedades de transmisión sexual.

c. La vejación sexual: (tocamiento/manoseo a un niño con o sin ropa, alentar, forzar o permitir a un niño que toque de manera inapropiada al adulto) y el abuso sexual sin contacto físico (seducción verbal, solicitud indecente, exposición de órganos sexuales a un niño para obtener gratificación sexual, realización del acto sexual o masturbación en su presencia, pornografía), inducción a la prostitución. d. La penetración: se refiere al abuso sexual en el cual ocurre la introducción del miembro en erección, los dedos u otros objetos en cualquiera de los orificios del niño(a) (anal, vaginal, oral) según sea el sexo del niño. No se utiliza violencia física, si no que el abusador va gradualmente aumentando la intensidad de los contactos, hasta llegar a la penetración.

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4· Maltrato o abuso emocional
Conductas de los padres, madres o cuidadores tales como insultos, rechazos, amenazas, humillaciones, desprecios, burlas, críticas, aislamiento, atemorización, destruir objetos que tienen valor sentimental o material para el niño(a) o adolescente, destruir los objetos del hogar o del espacio de convivencia. Descalificaciones que causen o puedan causar deterioro en el desarrollo emocional, social o intelectual del niño. El maltrato físico siempre conlleva a este tipo de maltrato.

5. Abandono emocional
Situación en la que el niño no recibe el afecto, la estimulación, el apoyo y protección necesarios en cada estadio de su evolución y que inhibe su desarrollo óptimo. Existe una falta de respuesta por parte de los padres, madres o cuidadores a las expresiones emocionales del niño (llanto, sonrisa, lenguaje) o a sus intentos de aproximación o interacción. Se genera por carencia, exceso, alteración o combinación de las anteriores, en las relaciones que inicialmente se dan en los niños, a través de los padres o cuidadores y se van extendiendo a lo largo de la vida, produciendo alteraciones en su desarrollo psico-afectivo, motor, del lenguaje, de socialización y de adaptación. Estas alteraciones se pueden presentar por la ausencia de los padres, por la sobre-protección, o por la incapacidad del adulto para relacionarse con el niño, al no tomar en cuenta su ritmo de desarrollo individual. Se pueden clasificar en leves, aquellas que son reparables en un corto tiempo de tratamiento; moderadas, que requiere una intervención prolongada al niño

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y a su familia; y grave, aquellas que no tienen retroceso y sus secuelas acompañan a la víctima toda la vida.

6. Maltrato institucional
Se entiende por malos tratos institucionales cualquier legislación, procedimiento, actuación u omisión procedente de los poderes públicos o bien derivada de la actuación individual del profesional que comporte abuso, negligencia, detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional, el bienestar físico, la correcta maduración o que viole los derechos básicos del niño y/o la infancia.

Categorías especiales 1. Síndrome del bebé zarandeado
Consiste en la lesión cerebral producida por trauma del tejido cerebral contra el cráneo mediante la aceleración que produce el hecho de sacudir fuertemente a un bebé, generalmente menor de un año. Dicho trauma produce hematomas subdurales, los cuales pueden conllevar a ceguera, convulsiones, coma y la muerte súbita del niño.

2. Síndrome de Münchausen por proximidad
Es un trastorno facticio en el que alguno de los padres (suele ser casi siempre la madre) induce síntomas reales o aparentes de una enfermedad en su hijo, lo cual produce enorme efecto iatrogénico.

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Es considerado una forma de maltrato que a veces conduce a la muerte del niño.

3. Abuso prenatal
Consiste en el daño físico al bebé antes de nacer, por consumo de tóxicos, violencia contra la madre o drogas inapropiadamente recetadas a la madre. Tienen especial importancia el consumo de cigarrillo y el alcohol por madres embarazadas. Este último puede generar el síndrome alcohólico fetal.

IV. Epidemiología
A pesar de los esfuerzos continuados de El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia UNICEF, El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, El Ministerio de Protección Social y otras tantas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, en Colombia el maltrato infantil es un problema de salud pública de gran relevancia.

Las cifras de violencia contra los niños son alarmantes.
En Colombia, durante el año 2004, el Sistema de Información Médico Legal del Instituto Nacional de Medicina legal y Ciencias Forenses, reportó un total de 59.770 dictámenes por Violencia Intrafamiliar; de los cuales correspondió a maltrato al menor 9.847. Por maltrato infantil se perdieron en Colombia 72.906 años de vida saludable (AVISA) durante el año 2004. Cifras a las que hay que sumar las de abuso sexual, negligencia y maltrato

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psicológico, aún mal cuantificadas, por la dificultad para ser puestos en evidencia ante los entes responsables. A todas estas formas de maltrato se suman fenómenos tan complejos como el desplazamiento, la trata de personas, los niños que trabajan y la vinculación de menores al conflicto armado o a actividades ilícitas de distinta índole. La información que se tiene al respecto es incompleta, pero con los datos que existen se ilustra un panorama crítico para los niños que se encuentran bajo cualquiera de estas situaciones. En los últimos años, el fenómeno del desplazamiento afectó a más de un millón de niños, quienes la gran mayoría de las veces están desprotegidos en lugares y con personas que no conocen, sometidos a la marginalidad y la pobreza que los hacen invisibles para la sociedad y los entes gubernamentales.

V. Diagnóstico
Todos los profesionales, relacionados con el diagnóstico de maltrato infantil, deben tener un trato digno, respetuoso y sensible, una actitud neutral, sin expresión de juicios de valor o comentarios acerca de lo sucedido. Deben expresar comprensión por la magnitud y trascendencia del daño sufrido por el niño(a) o adolescente. Es muy importante que el niño(a) se sienta acogido desde que ingresa a los servicios de salud y que la atención clínica sea lo más inmediata posible. Es necesario crear una atmósfera de

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confianza y respeto, en que la persona se sienta escuchada, comprendida y respetada, sabiendo que lograrlo requiere un tiempo mayor que en el caso de otros motivos de consulta. Los profesionales a cargo deben mostrar actitudes verbales y corporales acogedoras, animar de manera cuidadosa a la, o a el consultante a hablar sobre lo ocurrido. Durante la entrevista, es relevante permitir que la persona exprese sus sentimientos y emociones. Hay que estar atentos y demostrar capacidad de escuchar y aceptar que tenga sentimientos contradictorios y variados (impotencia, vergüenza, miedo, rabia y culpa). Para facilitar este proceso, el lenguaje debe ser sencillo y claro, alentando a la persona a hablar, no sólo de lo que le ha pasado sino también de lo que siente. Pueden mencionarse algunos sentimientos, señalando que son frecuentes, cuando se ha sufrido violencia sexual. Sin sentirse presionada, la persona debe saber que es beneficioso para ella expresar sus sentimientos y el dolor que le produce haber vivido la situación de violencia. Una vez lograda la comunicación y expresión emocional es importante favorecer en la persona un proceso de fortalecimiento de sus propias capacidades personales. Identificando, respetando y valorando las habilidades y recursos que puso en acción para enfrentar la situación de violencia, aunque la agresión haya terminado ocurriendo. También hay que valorar explícitamente la búsqueda de ayuda, preguntar y reconocer los recursos que la persona tiene pudiera mejorar en el futuro, ayudándole a ordenar la información para que tome decisiones.

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Este contacto inicial debe permitir evaluar las dimensiones del problema y la situación de riesgo en que se encuentra el niño(a) o el adolescente, especialmente, cuando esta situación se ha dado en un contexto de violencia o abuso sexual intrafamiliar o por un conocido. Se debe informar al adolescente o a la persona que lleva al niño(a) del riesgo que corre, analizar con ella las posibilidades concretas de que el/a agresor/a se le acerque y de las medidas de protección posibles a su alcance: lugar alternativo, medidas de seguridad, acompañantes, denuncia, etc. La violencia y abuso sexual es, en sí mismo, un factor de riesgo de daño severo o muerte en casos de violencia familiar. El primer paso para ayudar a los niños que han sido abusados o descuidados es reconocer los indicios del maltrato de menores. La presencia de un solo indicio no es prueba suficiente de que haya ocurrido el abuso en una familia, pero vale le pena evaluar la situación si estos indicios aparecen con frecuencia o en combinación.

1.

Indicadores que apoyan el diagnóstico
Estos son algunos indicios comúnmente asociados a ciertos tipos de abuso y negligencia, como el abuso físico, la negligencia, el abuso sexual y el abuso emocional. Es importante subrayar que estos tipos de abuso, por lo común, se manifiestan en combinación y no aisladamente. Un niño que es abusado físicamente, a menudo también es víctima de otros tipos de abuso, como el abuso emocional o psicológico. Un niño

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abusado sexualmente también puede ser víctima de la negligencia o el abandono.

El niño
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Demuestra cambios repentinos en su comportamiento y en su desempeño escolar Tiene problemas de aprendizaje que no pueden ser atribuidos a una causa física o psicológica específica; se concentra con dificultad Siempre está alerta, como si algo malo le pudiera ocurrir Carece de supervisión adulta Es extremadamente retraído, pasivo o sumiso Llega temprano a la escuela y a otras actividades, se queda hasta tarde y no quiere regresar a su casa

El padre (o la madre)
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Demuestra poco interés por el niño Ha sido notificado de los problemas físicos o médicos del niño, pero el niño no ha recibido tratamiento Niega la existencia de los problemas del niño en casa o en la escuela, o culpa al niño por estas dificultades Pide a los maestros o cuidadores que utilicen fuerza física severa como método de disciplina, si el niño se porta mal Piensa que el niño es por naturaleza malo, problemático o que vale poco Exige resultados físicos o académicos que el niño no puede alcanzar

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Muestra cierta dependencia afectiva con el niño, lo necesita para satisfacer sus necesidades emocionales, exige toda su atención

El padre (o la madre) y el niño:
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Raramente se tocan o se ven a la cara Consideran que su relación es completamente negativa Dicen no caerse bien

a) Indicios de abuso físico
Hay que considerar la posibilidad de abuso físico cuando el niño:
D D D D D

Tiene lesiones, quemaduras, mordidas, ojos amoratados o huesos dislocados o rotos Tiene moretones, machucones u otras marcas en la piel después de haber faltado al colegio Parece estar aterrorizado de sus padres y llora o protesta cuando es hora de irse a su casa Se encoge o se disminuye cuando un adulto se le acerca Dice que ha sido lastimado por uno de sus padres o por un cuidador

Hay que considerar la posibilidad de abuso físico cuando el padre, la madre u otro cuidador adulto:
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Da una versión contradictoria o poco convincente, o cuando no puede explicar las lesiones del niño

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Dice que el niño es «malo», o lo describe de manera muy negativa Recurre a la fuerza física severa para disciplinar al niño Fue abusado durante su infancia

b) Indicios de abandono o descuido
Hay que considerar la posibilidad de negligencia o abandono cuando el niño:
D D D D D D D

Falta a la escuela con frecuencia Anda mendigando para que le den comida o dinero, o los roba Carece de atención médica o dental, no tiene inmunizaciones o lentes (si los necesita) Con frecuencia está sucio y huele mal No tiene ropa suficiente para protegerse del clima Consumo del alcohol y las drogas Dice que no hay nadie en casa que lo pueda cuidar o atender

Hay que considerar la posibilidad de abandono o negligencia cuando el padre, la madre u otro cuidador adulto:
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Se muestra indiferente hacia el niño y sus necesidades Parece estar deprimido o sin motivación

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Se comporta de manera irracional Abusa del alcohol y las drogas

c) Indicios de abuso sexual
Hay que considerar la posibilidad de abuso sexual cuando el niño: Tiene dificultes para caminar o para sentarse D De pronto se niega a participar en actividades deportivas o a cambiarse de ropa en el gimnasio D Dice que tiene pesadillas y que se orina en la cama D De pronto le cambia el apetito, no come bien D Demuestra conocimientos sobre la sexualidad que parecen muy sofisticados, inusuales o hasta raros para su edad D Se embaraza o contrae una enfermedad venera, particularmente si tiene menos de catorce años D Se escapa de su casa D Dice que fue abusado sexualmente por uno de sus padres o por un cuidador adulto Hay que considerar la posibilidad de abuso sexual cuando el padre, la madre u otro cuidador adulto: D Sobreprotege al niño o limita severamente su contacto con otros niños, especialmente del sexo opuesto D Se recluye y es dado al misterio D Es celoso y controla a otros miembros de la familia
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d. Indicios del maltrato emocional Hay que considerar la posibilidad de maltrato emocional cuando el niño: D Demuestra comportamientos extremos, que van de la sumisión al comportamiento intempestivo, de la pasividad a la agresión D Se comporta como adulto (por ejemplo, cuidando a otros niños), o demuestra cierto infantilismo (golpeándose la cabeza o meciéndose) D Está retrazado en su desarrollo físico o emocional D Ha intentado suicidarse D Dice que no tiene un vínculo afectivo con sus padres
Hay que considerar la posibilidad de maltrato emocional cuando el padre, la madre u otro cuidador adulto: D Acusa, desprecia o humilla al niño constantemente D No demuestra ningún interés por el niño y se niega a aceptar ayuda para los problemas del niño D Rechaza al niño abiertamente

2. El examen físico
El examen clínico debe ser voluntario, debe solicitarse explícitamente la autorización al paciente y no debe ser traumático. El objetivo principal del examen es realizar un diagnóstico clínico para indicar el tratamiento más adecuado. Es necesario respetar el pudor del niño(a), realizándolo en condiciones de privacidad suficiente y siempre con la presencia de otra persona del servicio asistencial.

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A continuación se describen los aspectos específicos a considerar en el examen para cumplir el otro objetivo de la exploración: registrar información útil para defender los derechos de las víctimas y la identificación de el/la agresores/as. Debe seguirse rigurosamente en la atención de toda persona cuyo motivo de consulta es una agresión o abuso sexual reciente, en cuyo caso es muy importante guardar la ropa con las que acude la víctima. También debe hacerse cuando, a pesar de no ser ese el motivo de consulta, se ha detectado, en la entrevista o en un primer examen, que se trata de una agresión o abuso sexual ocurrido recientemente.

Examen clínico general
Se debe describir en forma pormenorizada, todas las lesiones, desde la región cefálica hacia caudal (erosiones, excoriaciones, contusiones equimóticas, hematomas, heridas contusas o cortantes, quemaduras, fracturas, suturas, cicatrices, etc.). Además, deberán consignarse signos clínicos de patologías médicas pesquisadas, como asimismo la apreciación clínica acerca del estado mental, tales como estado de angustia, bloqueo emocional, pánico, etc. En caso que el niño(a) presentase un trastorno emocional que no le permita ser examinado, debiera solicitarse apoyo, y si aún así, no es posible la exploración, debe suspenderse el examen, a menos que exista urgencia de una intervención clínica, y el peritaje.

Examen segmentario y toma de muestras

Cara y cráneo: describir la presencia de hematomas, excoriaciones, quemaduras y lesiones cortantes a nivel de piel y/o mucosas. Especial atención requiere la observación de lesiones a nivel bucal (cara posterior de incisivos).

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Tórax: Se realizará examen de mamas, consignándose las lesiones pesquisadas, éstas deberán describirse en forma anatómica (cuadrantes). Abdomen D Inspección: descripción de lesiones traumáticas indicando la región anatómica. Se describirán patologías médicas o quirúrgicas, tumores, cicatrices, etc. D Palpación: para búsqueda y descripción de órganos y lesiones (estómago, vesícula, útero, etc.). En caso de sospecha de embarazo, por palpación de útero por vía abdominal, éste debe ser descartado en lo posible a través de ultrasonografía. Genitales
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Genitales externos: inspección de la región vulvar: características del vello pubiano, labios mayores y menores, descripción de eventuales lesiones traumáticas en periné: clítoris, horquilla vulvar. Determinar la presencia de erosiones, excoriaciones, equimosis, hematomas, heridas cortantes, desgarros. Descripción del himen o sus restos, consignar su forma, las características de sus bordes, eventuales lesiones traumáticas recientes (erosiones, desgarros, etc.) y ubicarlos según los punteros del reloj. Es importante considerar que el himen es un órgano relevante en el examen ginecológico médico legal, debiendo describir si se encuentra intacto o bien presenta lesiones recientes o antiguas ya cicatrizadas. En los desgarros himeneales sus bordes no cicatrizan juntándose, sino en forma separada. En aquellas pacientes que presentan himen complaciente, sus bordes se distienden ampliamente y permiten el acto sexual sin dañarse, lo que

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es de relativa frecuencia. Deberán consignarse las características genitales en pacientes multíparas (carúnculas mirtiformes o restos de himen). En lo posible y sólo con el consentimiento de la persona examinada o de su representante, el cual constará por escrito, deberá tomarse fotografías o videos en los servicios médicos que posean colposcopio, vulvoscopia y examen de himen bajo visión colposcópica. Genitales internos: en la mujer con vida sexual activa, deberá realizarse el examen mediante especuloscopía examinando todas sus paredes, describiendo eventuales lesiones traumáticas, erosiones, escoriaciones, hematomas, desgarros, etc.; o su indemnidad. En este momento, se deberá tomar muestra de contenido vaginal mediante tórula estéril previamente humedecida en suero fisiológico para ser enviado a la brevedad al laboratorio de la institución o al Servicio Médico Legal. También puede tomarse muestra de moco cervical con una jeringa hipodérmica, ya que los espermatozoides se conservan mejor en el moco que en el fluido vaginal. Una región importante a considerar es el lago seminal que se forma en el fondo del saco posterior de la vagina, donde es posible pesquisar semen o espermios hasta 5 a 7 días después, debiendo tener presente que mediante especuloscopia y técnica endocervical de Papanicolau es posible su pesquisa hasta 10 días después del acto sexual. Deberán describirse las características del cérvix, en lo posible, mediante colposcopía y, si fuese posible, realizar grabación en video, previo consentimiento escrito de la afectada y su representante, ya que puede constituir una prueba de gran importancia. A través de la palpación por tacto vagino-abdominal es posible consignar las

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características de útero y anexos. En caso de sospecha de embarazo, por presentar aumento de tamaño uterino, se realizará ultrasonografía abdominal o vía transvaginal. Si no se dispone del equipo, mediante palpación, se medirá la altura uterina, se buscarán latidos cardiofetales y se determinarán las características fetales (presentación, movilidad, vitalidad). Es importante considerar que la especuloscopía vaginal en las niñas sólo está indicada en casos muy especiales y bajo anestesia, cuando existe sospecha de desgarros y deban ser suturados quirúrgicamente. En esta situación, es posible tomar exámenes para búsqueda de vulvovaginitis (hongos, tricomonas, cultivo de Thayer Martin y examen directo para búsqueda de gonococos).

Examen genitourológico
Deberán describirse anatómicamente: pene, prepucio, escroto y testículos, consignando eventuales lesiones traumáticas (erosiones, excoriaciones, equimosis, hematomas...). En caso de visualizar lesiones papulares o ulcerativas se deberán sospechar enfermedades de transmisión sexual, sífilis, condilomas acuminados, herpes genital. Si existiera flujo uretral se deberá sospechar gonorrea y tomar examen directo y cultivo en medio de Thayer Martin. Si hubiese posibilidad de tomar fotografía, video y realizar peneoscopía con el colposcopio previo consentimiento escrito del afectado y de su representante.

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Examen proctológico en ambos sexos
Se deberá realizar una inspección cuidadosa, en lo posible, con uso de colposcopio buscando erosiones, excoriaciones, fisuras o desgarros, equimosis o hematomas o cicatrices antiguas. Se consignará la tonicidad del esfínter anal, que puede estar disminuida, con la salida de gases y materias fecales. En esta parte del examen, es posible tomar muestra del contenido ano-rectal, con tórula estéril humedecida con suero fisiológico para búsqueda de semen y en caso de que la denuncia sea precoz, 24 a 48 horas. Si existiera sospecha de lesión rectal, se debe realizar tacto rectal buscando posible rotura de recto o presencia de cuerpo extraño que requiera tratamiento quirúrgico de urgencia. En presencia de lesiones papulares y ulcerativas solicitar examen de sífilis. Si hubiera tumoración papilomatosa pensar en condiloma acuminado.

3. Laboratorio
Se podrán realizar los siguientes exámenes de laboratorio: - Contenido vaginal, vulvar y perivulvar para búsqueda de semen y espermatozoides, incluyendo moco cervical. - Contenido rectal para búsqueda de semen y espermatozoides. - Contenido bucal (delante y detrás de incisivos superiores) para búsqueda de semen y espermatozoides. - Flujo vaginal para examen bacteriológico y parasitario (hongos, tricomonas, gardnerella, gonococo, etc.).

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- Flujo uretral y anal sexo masculino o femenino, para examen bacteriológico, incluyendo gonococo y Chlamydia y parasitario. - Examen de ADN en espermatozoides o medios biológicos (pelos, sangre, etc.). - Estudio de manchas en ropas (búsqueda de semen, sangre, estudio de ADN). - Beta-HCG para diagnóstico de embarazo. - Ultrasonografía. - Colposcopía. - Estos dos últimos exámenes (ultrasonografía, colposcopía) son de gran valor pericial ya que permiten la obtención de testimonios gráficos probatorios frente a una denuncia. En caso de acción carnal oral, debe tomarse la muestra de semen aplicando la tórula, en el espacio interincisal superior, cara vestibular y palatina. - Sólo con el consentimiento de la víctima se pueden tomar los siguientes exámenes que no son concluyentes en la determinación del delito de agresión sexual, pero que pueden constituir pruebas en la presentación de las denuncias por lesiones graves: - Muestras para búsqueda de VIH/SIDA. - Alcoholemia. - Muestra para búsqueda de drogas de abuso en orina y sangre (cocaína, marihuana, opiáceos, tranquilizantes, ansiolíticos, heroína, etc.). Todas las muestras encontradas en la víctima deben ser derivadas al servicio médico legal, deben ir claramente rotuladas, en cajas selladas

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(esto incluye prendas) adjuntando el informe médico legal y la orden judicial en tal sentido. Asimismo, se deben conservar prendas de vestir que tengan manchas susceptibles de corresponder a semen o sangre, las que deben ser secadas al aire, a fin de evitar la proliferación de hongos u otros microorganismos que interfieran en su análisis. Se deberán recolectar muestras separadas de contenido vaginal y rectal para estudio de semen o ADN. Las tórulas deben estar embebidas en suero fisiológico (no sumergidas) y colocadas en un tubo de ensayo seco y rotulado que debe conservarse refrigerado. Cuando sea posible, hacer un extendido sobre un portaobjeto y secarlo al aire. El portaobjeto debe posteriormente envolverse en papel seco y colocar en una bolsa plástica rotulada. Toda solicitud de examen enviada sin sus antecedentes o incompleto por falta de alguna muestra necesaria para su estudio, con muestras mal tomadas, mal rotuladas o que de alguna manera no sigan las normas anteriormente descritas, no serán procesadas. No obstante ello, serán adecuadamente almacenadas por un período no inferior a un año en espera de nuevos antecedentes o de la orden del juez o fiscal.

VI. Tratamiento
El tratamiento de las lesiones corresponde al ámbito propio de la atención de urgencia y debe realizarse de la manera menos traumática que sea posible, considerando siempre el estado emocional de la persona. A continuación se describen los aspectos específicos de las intervenciones destinadas a prevenir o minimizar las consecuencias patológicas o no deseadas de la violencia o abuso.

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1. Prevención de embarazo después de una violación
Si la víctima es una adolescente o una mujer adulta en etapa reproductiva, tiene derecho a ser informada de una manera adecuada, que existe una forma efectiva y segura de prevenir un embarazo no deseado como producto de la agresión, para que decida libremente si utilizarla o no. A pesar de la información científica disponible, existen profesionales que tienen valores, creencias o principios que les impiden (objeción de conciencia) indicar este tratamiento preventivo. Debe evitarse que atiendan víctimas de una violación. El/la profesional debe delegar la atención a otro u otra profesional ya que, incluso, la entrega de información y la consejería podrían inducir una determinada decisión en la víctima.

2. Profilaxis de enfermedades de transmisión sexual
Existe un gran riesgo de infección por VIH positivo, por el hecho de presentar traumatismo, más, cuanto más carga viral tenga el agresor y el riesgo aumenta en caso de abuso sostenido o de exposición múltiple. La quimioprofilaxis está indicada en víctimas con alto riesgo de infección. Se considera el tratamiento de acuerdo con el paciente o con sus padres o tutores, cuando el riesgo sea intermedio. En casos de bajo riesgo no se recomienda.

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Se debe comenzar el tratamiento lo más pronto posible y se deben considerar posibles contraindicaciones de antiretrovirales de acuerdo a cada paciente. Se considera ineficaz el tratamiento profiláctico pasadas las 72 horas luego del contacto sexual y debe tener duración de 28 días. Debe darse también profilaxis para sífilis, blenorragia, Chlamidia, tricomoniasis y vaginosis bacterianas con tratamiento antibiótico definido por las guías de cada país.

3. Medidas de protección
Pensar en la inmediata protección del niño/a o adolescente es una responsabilidad ineludible cuando se atiende un caso de violencia o abuso sexual. La hospitalización está indicada aunque los daños físicos no sean severos. Cuando las lesiones físicas o psicológicas son severas (necesidad de reparación quirúrgica, embarazo de alto riesgo, signos severos de infección, impacto emocional incontrolable en el niño(a) o el entorno y cuando existe riesgo inmediato de que el niño continúe siendo abusado porque vive con o depende del abusador. La indicación de hospitalización debe consignar claramente el abuso y éste debe ser informado a la brevedad a la asistente social o equipo de salud mental, el que puede hacerse cargo de hacer la denuncia con mayor información. En estos casos, si el familiar o acompañante rechaza la hospitalización, puede hacerse una denuncia en el propio servicio de urgencia, con

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el propósito de retener al niño/a en el hospital, para lo cual es necesario que haya o acuda una autoridad al establecimiento para recibirla. En situaciones de abuso intra familiar crónico en que el niño/ a solicita que no se revele el abuso o se siente incapaz de enfrentar la situación, la denuncia puede ser postergada y reservada a un equipo profesional con mayores competencias. En estos casos, debe insistirse en que el niño(a) sea llevado para ser atendido por un equipo interdisciplinario.

4. Atención psiquiátrica y psicológica
Es ineludible la atención para la salud mental de los niños(as) víctimas, ya que no podrán integrarse a una vida normal, mientras no se les dé la oportunidad de una reparación adecuada de sus lesiones psicológicas. Es una obligación moral del estado satisfacer este derecho de la infancia a una atención integral.

VII. Bibliografía
1. Normas y guía clínica para la atención en Servicios de Urgencia de personas víctimas de Violencia Sexual. Gobierno de Chile, Ministerio de Salud de Chile, Abril 2004. A prospective study of secondary prevention of child maltreatment. Robert. M. Braden, Md. and cols. John. F. Kennedy Center at Vanderbilt University. American Academy of Pediatrics, Hymel KP and the Committee on Child Abuse and Neglect and National Asociation of Medical

2.

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Examiners. Distinguishing sudden infant death syndrome from child abuse fatalities. Pediatrics 2006; 118:421 – 427. 4. 5. Cuadros, F. Isabel. Ordoñez,V. Martha. «La Infancia Rota» Grupo Editorial NORMA. Bogotá. 2006. Newton. Alice, Vandeven. Andrea. «Update on child maltreatment». Department of Pediatrics, Harvard Medical School, Child Protection Program, Children’s Hospital Boston. USA. Current Opinion in Pediatrics 2007. 19: 223 – 229. Tarazona. José Luis. «Abuso Sexual». Guías para manejo de Urgencias. Departamento de Ginecología y Obstetricia. Fundación Santa Fé de Bogotá. Capítulo XII. Sanmartin J. (editor). Violencia contra los niños. Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia. Ed. Ariel S.A. Barcelona 1999. Morales, JM; Zunzunegui, Pastor V; Martínez Salceda V. Modelos conceptuales del maltrato infantil: Una aproximación bio-psicosocial. Gac Sant 1997 Sept-Oct; 11(5): 231-241. Cerezo, MA, Más E. Simón S. Análisis y evaluación de los indicadores de riesgo en situaciones de maltrato infantil. (Memoria final del proyecto). Dirección General de Servicios Sociales. Generalitat Valenciana. Valencia. 1998: 27, 39-53.

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7. 8.

9.

10. Quality Assurance & Improvement in a Multi-disciplinary Child Protection Team. Michael L. Haney Ph.D, NCC, CCISM, LMHC. Director for Prevention and Interventions. 11. Walter Lambert, M.D. Medical Quality Assurance Coordinator Children’s Medical Services. Florida Department of Health.

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"Lo que se hace a los niños, los niños harán a la sociedad"
Karl Mannheim

Aprendiendo a Cuidarme, una estrategia para prevenir el abuso sexual infantil
VICTORIA E. GONZÁLEZ MESA Trabajadora Social Corporación CARIÑO SERGIO JARAMILLO VELÁSQUEZ Médico Laboratorista Hospital Pablo Tobón Uribe

La problemática del abuso sexual infantil ha estado presente en nuestra cotidianidad a través de todas las épocas, sin embargo ha sido un tema tabú, es decir, nadie habla ampliamente de éste, por las repercusiones personales, sociales y culturales que implica el fenómeno como tal; la amenaza por parte del agresor a la víctima, o a un miembro de su familia; la intimidación a la familia de la víctima para realizar una denuncia ante las autoridades; la vergüenza, y el temor; el sentimiento de culpabilidad; la pérdida el soporte económico entre otros; son aspectos a los que se enfrentan los niños y niñas abusados, sus familias y la sociedad en general; haciendo que esta problemática siga oculta, aunque ahora este un poco más visible. Según informes periciales de medicina legal, en Colombia en el año 2006 el total de menores abusados fue de 14.840. Durante el año 2007 en Antioquia se presentaron 2.468 casos de abusos.

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En el año 2007, el número de dictámenes sexológicos en menores de edad fue de 15.353, siendo las niñas de 10 a 14 años las más afectadas y en los niños el más afectado fue el grupo de los 5 a 9 años. Por cada niño, se atienden 6 niñas. La Corporación de Amor al Niño «CARIÑO», en el trabajo que realiza desde 1988 en las instituciones educativas con sus diferentes programas, detectó la necesidad de realizar un programa enfocado a prevenir el abuso sexual infantil. Es así como nace el programa Aprendiendo a Cuidarme, pues, son las instituciones educativas lugares donde se ofrece un contexto muy favorable para la prevención primaria ya que se puede llegar a poblaciones en riesgo a edades muy tempranas. Pensar que la sola educación de los niños es suficiente para prevenir las situaciones abusivas supone la creencia de que éstos tienen el poder para detener a su ofensor o para rehuir a la manipulación psicológica y al hechizo que implica el proceso abusivo, lo que no es así. Es por esta razón que la prevención debe centrarse especialmente en los padres, entregándoles herramientas que permitan indagar sobre el abuso y la transmisión de conocimientos básicos para saber cómo actuar frente a este tipo de situaciones. Desde esta perspectiva, el rol de padres, profesores u otros adultos significativos no debe limitarse a advertir a los niños y jóvenes acerca de los peligros circundantes, sino que debe comprender el activo despliegue de recursos protectores hacia ellos. El programa Aprendiendo a Cuidarme comenzó a ejecutarse en el año 2003 desarrollándose desde una perspectiva psicosocial y pedagógica brindado elementos intervención de manera práctica que ayude a llevar a cabo acciones que permiten el reconocimiento entre lo individual, la subjetividad y lo social.

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Queremos mostrar los resultados de la estrategia educativa «Aprendiendo a Cuidarme» como respuesta a una encuesta que se hace al final de cada curso. El módulo consiste de seis sesiones donde se lleva al niño a su autocuidado. De los 15.026 niños encuestados entre los 7 y los 13 años, el 6,9% contestaron que fueron abusados sexualmente. En la gráfica 1 se encuentra que el 74% de los abusos sexuales fueron en niñas y los que más abusan son los hombres (como se ve en la gráfica 2). De éstos son muy significativos como abusadores el padre, cuñado, abuelo, tíos, primos, sobrinos e inclusive hermanos mostrando adicionalmente con esto que el abusador se encuentra en la casa o es en su mayoría cercano a la casa. Como una estrategia de los adultos para «conquistarse» a los menores está el abusar a cambio de algo, que para nuestra encuesta representó el 32% de los casos. Algunos menores fueron abusados sexualmente por más de una persona (17 que corresponde a 1,63%) cifra para nada despreciable y que no deja de sorprender. En la gráfica 3 se muestra el número y porcentaje de las diferentes modalidades de abuso sexual, donde sobresalen las caricias, al adulto y al niño, y la penetración, pero se muestran otras modalidades como la fotografía pornográfica, el sexo oral y el exhibicionismo, y algunas formas combinadas. Algunos de los menores no expresaron como fueron abusados, pero sí manifestaron que se abusó de ellos. De los 368 (35%) niños que no comunicaron el abuso, el 66% no lo hacía por temor, pero en el porcentaje restante hay casos como la

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vergüenza, porque no sabía que «eso» era anormal, porque lo regañaban o castigaban, porque era un secreto, por evitar problemas o por otras razones. Los niños comunicaron que fueron víctimas de abuso en el 62% de los casos. De éstos el 89% comunicaba a un miembro de la familia y en un 5% a alguien cercano como amigos, profesores, madrina, novio o trabajadora social. Cuando se les interrogó que hicieron por ellos, una vez que habían comunicado que habían sido abusados, el 68% contestó que el adulto no hizo nada por él, el 24% entabló una denuncia y el resto (8%) recibió atención profesional, atención médica e inclusive lo que hicieron por él era amenazar al agresor. Lo anterior lo podemos ver en la gráfica 4.

Conclusiones El abuso sexual infantil representa un problema que la sociedad debe solucionar mediante la adopción de estilos que contribuyan a disminuir o eliminar la ocurrencia del delito y las posibles secuelas que en el orden físico o psicológico pudieran generar en las víctimas. Educar a la población en general y específicamente a los individuos en riesgo sobre este fenómeno, crear programas de intervención para el diagnóstico oportuno de factores de riesgo, contribuir a su control o erradicación y denunciar el delito son formas prácticas de minimizar la incidencia de tan desagradables acontecimientos y de garantizarle a la niñez y la juventud una vida feliz.

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