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Sobre el cuidado en el uso del lenguaje

VÍCTOR HUGO LÓPEZ LÓPEZ

A través de la Historia se ha registrado que el pensamiento crítico se asume como la vanguardia del pensamiento en general y, en función de esto, más valdría asumir que tal postura responde a un sistema de proposiciones con límites preestablecidos de manera arbitraria, en tanto que se considera, de manera unilateral, que son concepciones perfectas o puras. A mediados del siglo pasado Marc Léopold Benjamin Bloch1 precisó que no había nada más pernicioso que la impostura intelectual para lidiar con el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y otro siglo atrás, Franz Leopold von Ranke2 ya concluía que “Ent re todos los venenos capaces de viciar el testimonio, el más virulento es el de la impostura”, con lo cual se anticipaba cierta degradación del trabajo intelectual al incurrir en ese desliz irresponsable que sólo satisface a la vanidad de quien se asume como ente excepcional y superior, sin discusión, respecto del ente profano. La impostura originaria podría haber surgido con el oprobio de la sumisión convenenciera del razonamiento con relación a los instintos de quienes sucumben al hedonismo pueril. Sin consideración al esfuerzo social que los procrea, esta proclividad intelectual se distancia de quien la reconoce, la respeta y la admira porque la juzga como la vanguardia de su aspiración más valorada, incluso tal inclinación reniega de su productora original (la gran mayoría de la población asalariada), desdeñando su intervención y, por el contrario, mitificando los alcances de su individualidad, magnificando los méritos de sus logros y definiéndolos como producto exclusivo de la capacidad personal, individualizada, como si constituyera un don de la revelación celestial. Lo que se objeta en consecuencia es que una “casta” de élite académico-científica trate de imponer un canon de “alta ciencia” con el propósito ordinario de excluir a priori cualquier otra forma de producción científica de quienes no sean i ntegrantes del “club”. Para esto se usa con suma frecuencia y de forma abusiva una terminología con presuntos conceptos de ideas científicas totalmente fuera de contexto, sin presentar la más elemental justificación empírica o conceptual de lo que se pretendiere probar como razonamiento. Al final no pasa de ser una jerga desprovista de todo sentido. Ahora se incurre en un descuido mayor: difundir y promover una presunta democratización del conocimiento con el advenimiento de la tecnología y los servicios de las redes computarizadas, al mismo tiempo que se hace de un lenguaje por lo general indescifrable hasta para quienes se asumen como sus “expertos” en condición de iluminados . Quizá esta porción de élite académica haya quedado atrapada en la aureola mítica del éxito de las ciencias, así como de sus notables aplicaciones tecnológicas cuando incurren con frenesí inusitado en el uso de la explicación trivial respecto de la, ésta sí, autoría destacada en la producción de ideas científicas, utilizándola como base de sus disquisiciones presuntas, y por lo general utilizando conocimientos superficiales de las ciencias que se invocaren, es decir, “echando mano” de la expresión prolija sobre teorías científicas de las que se tiene, en el mejor de los casos, una idea por demás vaga, lo cual invita a concluir que se responde más a evadir el examen de todo indicio de conocimiento sometido a la prueba rigurosa de la veracidad y de la autenticidad para convertirlo en saber crítico, para transfigurarlo en conocimiento positivo de la experiencia, en recurso útil para lo que fue creado. El uso de los conceptos de las ciencias naturales en las sociales y viceversa, sin la menor justificación conceptual o empírica, constituye la mejor prueba de tal despropósito. Y es que no podría ser de otra manera: se pretende exhibir una presunta erudición por demás superficial con el fin de impresionar, de sorprender y hasta de intimidar al destinatario no científico utilizando una fraseología sin sentido, carente de significado alguno, pero que dé apariencia de complejidad y de tratamiento intelectual cercano a la sabiduría absoluta (si es que no la rebasa). vhllsinaloa@gmail.com (domingo 3 de octubre de 2004).
1

Bloch, Marc Leopold Benjamin. Introducción a la Historia. Fondo de Cultura Económica (primera edición 1952; reimpresión: 1974; última edición: 2000). México. 1952; e Historia e historiadores. Ediciones Akal. México. 1999. ISBN: 978-84-460-1037-1. 2 Ranke, Leopold von. Pueblos y estados en la Historia moderna. Fondo de Cultura Económica. México. 1948.