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MUTACIÓN DEL TRABAJO, IDENTIDAD Y POSFORDISMO: PRECISIONES METODOLÓGICAS Y APUESTAS CONCEPTUALES Autor: Agustín Wydler (agustinwydler@yahoo.com.

ar) Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Buenos Aires.

Introducción El presente trabajo surge como necesidad de comprender las formas de extracción de plustrabajo y su articulación con el modelo de acumulación vigente en el caso de los trabajadores precarios de una villa miseria. No contando con los recursos hasta el momento para abordar el proceso de investigación, intentamos, no obstante, afianzar un marco teórico adecuado, tanto respecto a las mutaciones del trabajo, como respecto a la problemática de la identidad, habida cuenta de que el trasfondo del proceso investigativo está constituído por la necesidad de evaluar la posibilidad de articular acciones colectivas (“solidaridades horizontales”) en torno a la práctica laboral en este sector del “mundo del trabajo”.

1 Posfordismo: reconfiguración de la cadena de valorización y mutación del trabajo

Las transformaciones producidas en el ámbito de los procesos de trabajo a nivel mundial suscitaron toda una serie de debates en torno a las potencialidades “emancipatorias” de los nuevos modelos productivos. A partir de la crisis del fordismo a mediados de la década de los ´70 en los países del capitalismo central, la visión dominante plantea un reemplazo de aquél modelo cuyo pilar fundamental era la excesiva rigidez en un contexto de altísima capacidad de consumo que se plasmaba en un mercado estable y sólido, por un nuevo método de organización de la producción cuya lógica era exactamente la inversa: uno de los trabajos más paradigmáticos de esta perspectiva lleva esta impronta ya desde su mismo nombre: Pensar al revés (Coriat, 1992). Esta perspectiva concitó las más diversas reacciones. La más difundida es la de Ben Watanabe (1997), miembro de Rodo Joho (organización de oposición al sindicalismo amarillo de Japón) cuyas críticas se vislumbran ya desde su mismo título: Pensar o al revés. Lo que se pone en cuestión es la supuesta

superioridad del modelo japonés (el toyotismo u ohnismo) en términos de mayor participación en los procesos de trabajo, aumento de la responsabilización, con la consiguiente merma en los niveles de alienación, mayor calificación del trabajo, altísimas tasas de sindicalización, empleo de por vida, exaltando las bondades de la polivalencia (el fin del trabajo rutinario): lo que el mismo Coriat (1992) termina llamando la “democracia en las relaciones de trabajo”. Si Coriat intuye la ampliación de los niveles de democracia a partir de la extrapolación del modelo japonés, nosotros creemos, con Antunes (2003: 36) que “...tiene una mejor sintonía con la lógica neoliberal, que con una concepción realmente socialdemócrata. [...] En vez de una socialdemocratización del toyotismo tendríamos una toyotización destructora y disgregadora de la socialdemocracia.”1. Ya en el propio Japón el toyotismo se estructura sobre una mínima base de trabajadores calificados y con óptimas condiciones de contratación y una masa (que Watanabe estima en el 95% de la clase trabajadora de ese país) de trabajadores tercerizados y precarizados sin ningún tipo de seguridad laboral: subcontratados, temporarios, etc.. La expansión del modelo a nivel mundial (básicamente a la vieja Europa) profundizó la crisis de la clase trabajadora, arrasada tanto por la heterogeneización como por la individualización y la disgregación. La inestabilidad se instala en el centro de la escena: la caída de Bretton Woods y el crecimiento inusitado del sector financiero sólo son síntomas de esta crisis estructural por la que atraviesa el capitalismo. La escuela francesa de la regulación dirá: un nuevo régimen de acumulación se abre paso, obligando a reformular el modo de regulación (las formas institucionales) (Boyer, 1989). Estos, sin embargo, lejos están de ser homogéneos de país en país. Podemos hablar, sin embargo, a nivel mundial de posfordismo, como aquella etapa en la cual entran en crisis los modelos fordistas dominantes y se produce una convivencia de diferentes modelos productivos: tayloristas, fordistas y hasta pretayloristas (en el caso del trabajo tercerizado y precarizado). Virno (2000) analiza al posfordismo como el comunismo del capital, ya que la libertad de elección (entre diferentes modelos productivos) para el capital es máxima; en la misma línea, Lipietz (1994) analiza las formas que adquiere el posfordismo en los diferentes espacios nacionales, afirmando como uno de sus ejes a la flexibilidad, que esconde tras de sí la flexibilidad de los contratos de trabajo, es decir,

Gaudemar (1978: 121) se pregunta en el mismo sentido: “¿La “democracia industrial” es la forma más elaborada de la disciplina?”.

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parece que los sistemas de trabajos alternativos pueden coexistir unos con otros. Y en el intento de echar luz.] La consecuencia de este proceso en lo que respecta al mundo del trabajo. articulando el fordismo con procesos flexibles.. Antunes (2003: 26). al decir de Castel (1995)..”. al decir de Bauman (2003). [. la “actualidad posfordista” nos presenta un proceso de dominación de cuya especificidad es imprescindible dar cuenta (siguiendo el dictum spinoziano: “no se trata de reír ni de llorar. en el mismo espacio. Las transformaciones en curso proyectan una rearticulación de la relación basal del capitalismo entre capital y trabajo. artesanales. “. a la que denomina de acumulación flexible. tienen como objetivo evitar la resistencia obrera a los cambios en curso.la existencia de una combinación de procesos productivos.. en una forma que Adam Smith reconocería como afín a las practicadas en su fábrica de tachuelas y clavos.. que más allá de los discursos en torno a la flexibilidad y el fin de la rutina. del fordismo al posfordismo? No hay que olvidar. vive de revolucionar constantemente sus condiciones de existencia. Así lo atestiguan Beaud y Pialoux (2000). 2 . de la “relación salarial” a su crisis. retomando a Harvey (1990). de la mano de la subcontratación y la descentralización productiva. para evitar estrategias caducas en los nuevos escenarios. 2000: 45). sin embargo. [.. la propagación de algunos de los puntos básicos del modelo toyotista a nivel mundial tuvieron serias consecuencias en el mundo del trabajo.la ruptura de los viejos acuerdos entre capital y trabajo2.] En condiciones de acumulación flexible..” (Sennett. plantea que la nueva etapa. rasgo distintivo de esta nueva etapa. Se generaron grandes niveles de desempleo estructural y hubo un retroceso de la acción sindical. de manera que le permitan a los empresarios capitalistas escoger con comodidad entre ellos. está caracterizada por “. la mayor parte del trabajo sigue inscrito en el círculo del fordismo. La tercerización. pero una buena estimación de los trabajos modernos (. como lo aclaró Marx.. Es difícil encontrar estadísticas sencillas. Efectivamente. la descentralización de la gran fábrica y el desarrollo de unidades de producción a cargo de subcontratistas tuvieron en parte como objetivo evitar la resistencia obrera a los proyectos de “modernización” de las relaciones sociales y de las “mentalidades””. también fue señalada por Harvey: el trabajo organizado fue socavado... ¿Qué implica el paso del capitalismo “pesado” al “liviano”. quienes realizaron un estudio durante 10 años de la empresa Peugeot en un pueblo francés: “En Peugeot – Sochaux. de la modernidad “sólida” a la “líquida”. tradicionales. sino de comprender”)..) es que al menos dos tercios de los empleos modernos son repetitivos. Si bien es ya claro que el modo de producción capitalista. imposible evitar (e imprescindible retomar) la comparación de lo viejo con lo nuevo.

2000). Aquel sistema que surgiera a partir de la crisis de los años 30.. como ya dijera Castel (1995)) el trabajo aparece como un articulador de la propia vida. la certidumbre de dominar el futuro y de realizar elecciones que lo determinaban (en bienes durables. y cuya estructura fundamental ya implementara Ford en 1914 al nivel de la fábrica (el Five Dollars Day. La etapa de “relativa estabilidad” (Sennett. abigarrada tanto al crecimiento económico como al “Estado Social”.. el contrato por tiempo indeterminado (si bien es un contrato que dura. 1995: 376). ubicaba al trabajo en el centro del montaje de este modo de domesticación del capitalismo: la sociedad salarial. préstamos para construir. Si bien en un nivel objetivo los trabajadores eran virtualmente vulnerables. mientras no lo interrumpan) condensaba las seguridades vivenciadas en el mundo del trabajo con “. La proliferación de las redes de seguridad social y el crecimiento sostenido de los principales indicadores económicos auguraban un futuro que el pacto fordista (crecimiento del salario atado a los niveles de productividad) no hacía más que encaminar distribuyendo los beneficios de la cooperación social..Diferentes nominaciones de una misma problemática que nosotros abordaremos a partir de la materialidad del trabajo.. extremó la conciencia del capitalismo respecto a la necesidad de dominar el conflicto central que lo atraviesa. como nuevo modo de reconstitución de la fuerza de trabajo a partir de su plena incorporación a la mercantilización de las condiciones de vida) y Keynes plasmara en su Teoría General a nivel macro. En los vértices de la pirámide social. donde más visible se torna (puesto que es allí donde encarna en la subjetividad). en el nivel subjetivo (que es el que atañe a la identidad a partir del trabajo) imprimía una confianza en el “control del presente” que cimentaba la ideología (en el sentido fuertemente althusseriano) del progreso. Marx no llegó a imaginar (no pudo haberlo hecho) los cambios que sobrevendrían en el centro neurálgico del capitalismo mundial a partir de los años ´50: si durante el primado de la condición obrera el trabajo fabril tenía como marca distintiva la degradación y era . Si en el marco de la “relativa estabilidad” que caracterizó a los “treinta gloriosos” (concepto por demás cuestionable. se consolidó para la segunda posguerra en Europa. a partir de los años setenta se comienzan a percibir fisuras irreversibles. ya que no controlaban en absoluto los parámetros del progreso (la adquisición de bienes durables o propiedades se sostuvo en un endeudamiento que proyectaba un futuro de crecimiento sostenido: el cambio de coyuntura hará estallar por los aires las certidumbres previas). cuando el desarrollo económico integraba “el progreso social como finalidad común de los grupos en competencia” (Castel. etcétera)” (Castel. 1995: 395).

El matrimonio entre el Capital y el Trabajo. pero también puede proteger. sostén. Las múltiples lecturas que pivotean sobre la “movilidad social” responden a esta concepción del trabajo. pero también componer una vida”. flexibilización laboral. etc. el fordismo logrará (con muchos matices) “dignificar” el estatuto de “trabajador”: trabajo digno y salario digno serán los slógans de la nueva configuración ideológica en torno al trabajo no sólo en los países centrales. “da sentido”: la rutina. reestructuración industrial y tercerización en un contexto de internacionalización creciente del capital. Bajo el imperio de la “relación salarial”. “puede denigrar. como en 1873. culpables en última instancia de las recaídas inflacionarias y los presupuestos estatales deficitarios: desregulación.. sino en aquellos “en vías de desarrollo” (piénsese en el crecimiento del Estado social en toda latinoamérica. en la muy sugerente metáfora de Bauman. lo cierto es que el trabajo (flexibilización y tercerización mediantes) no es ya aquél “gran integrador” en el continuum social y pierde la centralidad de que gozaba antaño. Como es sabido. puente. Asistimos al surgimiento del “Estado nacional de competencia” sobre las ruinas del ya caduco “Estado de seguridad fordista”: los Estados compiten por “anclar” capital en su territorio. entra en crisis y se pasa a una etapa de convivencia donde la ruptura de los anteriores compromisos es unilateral: el Capital ya no los necesita (lo cual es bien distinto de afirmar que el Capital no dependa del Trabajo. Muy otra será la situación una vez que la era de Ford culmine mientras a sus pies se erige otra cuya marca distintiva es la flexibilidad: más allá de las causas de la crisis de los años ´70. para lo cual deben cumplir con las condiciones de . No sólo es un huso en el cual enrollar identidades. dirá Bauman. por ejemplo). como veremos más adelante). sobre la cual abundan las metáforas arquitectónicas: articulador / constructor (de identidades). las grandes reestructuraciones del capitalismo son un intento de respuesta a la caída de la tasa de beneficio (sea por deflación. 1997: 344). el trabajo no remite ya tan sólo a la ley inexorable de cada jornada: toda una revolución cultural trastoca su significado para convertirlo en el puente hacia la “calidad de hombre en tanto que tal” (Castel. En fin. sino que también remite a una actividad teleológica: “da forma a lo informe”. como en 1930): hacia la década de los ´70 la estrategia del capital consistió en la ruptura de los esquemas bienestaristas que otorgaron demasiado poder a los sindicatos. puede descomponer el trabajo.muy claro que sólo constituía la única forma de conseguir los medios de subsistencia del “obrero doblemente libre” (el smithiano “salario de subsistencia” en el que se basa la teoría clásica del valor). sea por sobreproducción. dirá Sennett (1998: 44).

1974): las variables en juego no pasan hoy solamente por la flexibilidad. tal cual lo conocíamos. como era posible a partir de los planteos de Taylor (cfr. las personas que se encargan de brindar “servicios personales” y los “trabajadores rutinarios”) podríamos decir que la gran mayoría de la clase trabajadora tiende a ubicarse en el último escalafón. lo que no implica otra cosa más que asegurar al capital los niveles de flexibilidad necesaria. aquellos “inútiles para la sociedad” al decir de Castel. sino. los encargados de la reproducción del trabajo. un dato insoslayable de la realidad posfordista es el estallido de la relativa homogeneidad que caracterizó al mundo del trabajo en la era fordista. sino también por un tipo específico de calificación (de otra forma. la realidad se sigue empeñando en hacernos reconocer una mutación a la que no podemos ya desviarle la mirada: con el quiebre de las regulaciones fordistas. Retomando las cuatro categorías de Robert Reich (los manipuladores de símbolos. sobre todo. zonas enteras del mundo. como Africa. sino de su propio compromiso jurídico: “. De la discusión sobre las mutaciones del trabajo nos ocuparemos más adelante. más allá de toda duda. perdió la centralidad de la que supo ser dueño. En este contexto.la única esperanza que tienen los gobiernos de que los capitales se queden radica en lograr convencerlos.el trabajo ha perdido la centralidad que le fue asignada en la galaxia de los valores dominantes de Es necesario no postular una pauperización generalizada de la fuerza de trabajo. eludan cualquier tipo de compromiso con su empleo y eviten delinear sus objetivos de vida en el marco de su situación laboral. a quienea habría que sumar el océano de desocupados. Sin caer en profetismos finalistas (cuestión que más adelante discutiremos). al menos en el mito del “trabajador de cuello azul”: hoy la dinámica sistémica remite a un núcleo estable y bien remunerado (en permanente disminución) rodeado por una gran masa de precarizados.. Braverman. para evitar frustraciones.. temporarios y flexibilizados. Suelen ser piezas intercambiables en el engranaje productivo y los niveles de calificación requeridos tienden a la baja3: es absolutamente coherente que esta masa de trabajadores. de que tienen la libertad de irse cuando quieran y sin previo aviso” (Bauman: 160). La situación de aquéllos “trabajadores rutinarios” bajo el régimen de acumulación “flexible” no puede ser más trágica: su capacidad de lucha por el valor de su fuerza de trabajo tiende a cero (al igual que los unskilled workers que atravesaron el océano para dar lugar al despegue del taylorismo en Estados Unidos: no sólo descalificados. 3 ..“gobernabilidad” mínimas.. no sólo de la fuerza de trabajo. desindicalizados). pero respecto a la cuestión identitaria en este sector del “mercado laboral” es claro que “. estarían plagadas de empresas relocalizadas y no serían zonas abandonadas por la modernización occidental). el trabajo.

Con un capital internacionalizado. La actualidad se vuelve incluso más sombría si aceptamos. El capitalismo liviano tiende progresivamente a diluir la producción y solidificar el consumo. que sólo se producen una vez y generan riqueza en función del número de consumidores/clientes. 2003: 149). Sólo en esta esfera se puede hablar con sensatez de “compromiso mutuo”” (Bauman. y una . librando al capital de la pesada carga de la contratación de la mano de obra. con Bauman (2003). Todo lo que es consumido lo es individualmente (por más que se esté rodeado de gente). No existen ya los horizontes lejanos de la estabilidad fordista. el cuadro se completa.la era de la medernidad sólida y el capitalismo pesado. El “trabajo” ya no puede ofrecer un huso seguro en el cual enrollar y fijar definiciones del yo. identidades y proyectos de vida. 2003: 203). Si durante el fordismo los trabajadores de las empresas tercerizadas formaban parte de la empresa concentrada. sino que esta ruptura con el trabajo es un mecanismo de reacción a la “flexibilidad laboral”. es el just in case de la contratación de la fuerza de trabajo. pintando de cuerpo entero la problemática: las empresas de mayor innovación tecnológica (capital diferenciado tecnológicamente) organizan redes de proveedores cuya producción se terceriza. “Cuando se intenta que una idea sea rentable. la realidad posfordista diluye el “conflicto salarial” hacia una negociación entre la empresa principal y las tercerizadas. el objeto de la competencia son los que consumen y no los que producen. que los mecanismos de reproducción del capitalismo están siendo profundamente trastocados hacia el desmantelamiento de la producción de “objetos materiales”: la principal fuente de ganancias la constituyen cada vez más. acto individual por definición. identitaria) actual. las ideas. y a mayor escala. Y no se trata de que “desaparezca el trabajo en tanto tal” de la identidad de los sujetos (como pretende la crítica obtusa de las ortodoxias).” (Bauman. 2003: 161). encargadas de “ajustar” reduciendo salarios o reduciendo personal (la otra cara del just in time toyotista. No es extraño entonces que el compromiso actual del capital sea principalmente con los consumidores. en último término. sino el “vivir al día” del cortoplacismo propio de la inestabilidad (laboral y. con las nefastas consecuencias en términos de precariedad e inestabilidad laboral) (Filadoro. a partir del cual las proveedoras deben ajustarse a la demanda. y un patrón de organización industrial profundamente modificado. cuya “movilidad” se torna un factor de poder frente al “anclaje local” del trabajo. La desarticulación de las estructuras de la modernidad sólida inciden mucho más allá de un cambio de forma: la propia subjetividad aparece hoy moldeada por el consumo.

trabajo en grupos. venta y consumo de ideas. 1999: cap. son parte de un escenario ya caduco. encerrada en los límites del Estado-nación. 396).” (Castel. a una segunda modernidad (abierta y arriesgada) de la inseguridad generalizada. debido a la cooperación.. etc. innombrables: un capital global que se maneja con absoluta displicencia y una enorme masa de temporarios. El trabajo aparece como “consumo” ya no sólo para el capital. aplicada a reducir las desigualdades y a maximizar las protecciones? La idea misma de progreso se ha derrumbado.satisface no tanto la vocación ética. como las necesidades y deseos estéticos de un consumidor.. prometeica. implicación inducida. No sólo se derrumba la idea misma de “progreso”6. XI. y las salidas. es utilizada por el capital para su exclusivo provecho (vía ausencia de compromisos con el “trabajo local”. pero lo fundamental es que su contraparte dialéctica. No se trata aquí de un aumento de la fuerza productiva individual. La solidaridad que podría caracterizar a los colectivos de obreros en la vieja fábrica fordista. Las solidaridades obreras al interior de la fábrica. La realidad aparece sombría. Aquella fuerza de masas de la que hablara Marx4.. 5 “. si es que tiene alguna vigencia.cultura moldeada por el consumo tiende a diluir los lazos de cooperación que caracterizan al acto de producción. al de “Así como la fuerza ofensiva de un escuadrón de caballería o la fuerza defensiva de un regimiento de infantería difiere esencialmente de la suma de fuerzas ofensivas y defensivas que despliega poe separado cada jinete o infante.]. sino que es privatizado (sólo se mide en términos individuales. la generación de solidaridades a partir de la cooperación productiva (“el germen de su propia destrucción”) desaparecería no sólo por las estrategias del capital para neutralizarlas (tercerización. sino de la creación de una fuerza productiva que en sí y para sí es forzoso que sea una fuerza de masas. que Marx y muchos otros activistas del movimiento obrero proyectaban como el embrión de los lazos de solidaridad (por la cooperación del mismo acto de producción) de una sociedad sin dominación.” (Marx. 1997: 387) 7 “Modernización reflexiva significa el paso de la primera modernidad.. es decir. la cuarta categoría de Reich). de un productor o creador.) sino por la reproducción del capital a partir de la generación. 4 . sino para los mismos trabajadores. más abierta. en la línea de una modernización capitalista que se ha liberado de las ataduras del Estado nacional y asistencial. pierden vigencia en la actual “fábrica mínima” y sin grasa que propone Ohno: la sintonía de este planteo con aquellos realizados por Beck (2000) o Giddens (1997 y 1998) en torno al concepto de “modernización reflexiva”7 o. con enfoques más críticos. un buscador de sensaciones y coleccionista de experiencias” (Bauman. 2000: 27). no colectivos) y desregulado (no hay una jerarquía previa: todo nuevo proyecto se mide en competencia con otros). dirá Bauman.” (Beck. 2003: 149) 6 “¿Quién pretendería hoy en día que vamos hacia una sociedad más acogedora. precarizados y desocupados cuyo vínculo con el trabajo pierde su valor ético (son muy pocos quienes pueden decir que su trabajo contribuye al bien común) fluyendo hacia uno estético5. la suma mecánica de fuerzas de obreros aislados difiere esencialmente de la potencia social de fuerzas que se despliega cuando muchos brazos cooperan simultáneamente en la misma operación indivisa [.

Así planteada la “actualidad posfordista”. En segundo lugar.“posmodernidad” por parte de Harvey (1990)... restando aún definir la asignación de ingresos para el conjunto de actividades productivas que engloba hoy el trabajo como proceso de producción de la sociedad misma.. En primer lugar. acordamos en que “. Por último.las definiciones de posguerra del sistema capitalista en función de un mercado de consumo de masas se ha derrumbado y la interdependencia centro-periferia se concentra en la succión de recursos materiales y financieros.. ciertos autores. reemplazado por máquinas.. por ello. más escéptica)... en el marco de una abundancia material sin precedentes.. en absoluto. coincidimos con Bialakowsky. De ahí las “pulsiones postsociales” o “pulsiones a la exclusión”. Sólo en este marco puede (re)plantearse con seriedad los debates acerca del fin del trabajo. Sennet (2000) o Jameson (1999) no responden. ¿Cuál es el mecanismo que posibilita la extracción de plusvalor en el actual régimen de acumulación? Fundar una nueva “teoría política del valor” es ya un imperativo de los tiempos que corren.”. teniendo en cuenta que -paradójicamente.”. desde la práctica critica. “. .la forma de producción de la acumulación resulta cada vez más coactiva y renueva sus formas primitivas de violencia en la acumulación. Hermo y Lusnich (2002) en su análisis de las mutaciones contemporáneas al menos en tres puntos. asumir el nuevo esenario y renovar las armas. 2 ¿Fin del trabajo o trabajo sin fin? Reestructurando el campo de discusión Frente a quienes festejan con bombos y platillos la “era de la información” o la llegada de la “tercera revolución industrial” que permitiría por fin liberar al hombre de la rutina repetitiva del trabajo..”.al mismo tiempo se necesita crecientemente la cooperación o “implicación” subjetiva y social del trabajador.. postulan que el “desempleo”. “. Muchos de los planteos clásicos estallan por los aires si insistimos en encorsetar la realidad a nuestros esquemas mentales: es necesario.se reduce la tendencia a escala mundial de la demanda de lo que en términos clásicos se denomina “trabajo productivo”. desde una mirada más realista (y. a la casualidad.

donde se vislumbra el quiebre.y carentes de flexibilidad hacia la organización en redes y la racionalización de la masa laboral a partir de las normas de producción posfordistas). plausibles de ser reemplazadas por máquinas automatizadas: en Estados Unidos.de las que hablara Chandler con el paso a la “empresa multiunitaria” . hechándose atrás respecto a los problemas que previó en un primer momento respecto a la autmomatización.lejos de ser un problema de coyuntura8. tirando por la borda las ilusiones sobre la “tecnoutopía”. se postula la desaparición del trabajo como factor clave de la producción. a una economía industrial sin trabajadores (incluso los de “cuello blanco”. “Es sólo una consecuencia coyuntural y necesaria del progreso económico”. Más allá del trasfondo que se postula como salida (un desabrido “nuevo contrato social” a partir de una “distribución justa y equitativa” de los avances de la productividad y un aumento de los empleos en el “tercer sector” vinculado a la “economía social”9). va a decir Rifkin (1996: 25). en el mismo sentido. En interesante remarcar que los sindicatos estadounidenses adoptaron una actitud análoga. con la proliferación de los ordenadores. como tiende a insinuar De la Garza (2000). sino también la creación futura de puestos de trabajo “calificados”). 9 Y aquí es sumamente pertinente remarcar que se mantendría intacto el “extrañamiento” del trabajador: sería ampliar el “tiempo libre” en el marco de una sociedad donde la alienación no fue socavada en lo más mínimo. “. en un fututo no muy lejano. En última instancia. que “las máquinas son el nuevo proletariado”. El 75% de la masa laboral de los países más industrializados. dirá.en los años venideros. que en la lógica del pastiche posmoderno (Jameson) parecen asimilarse. de la mano de la “reingeniería” empresarial (abandono de las anteriores cadenas de mando jerárquicas . hasta El fin del trabajo de Rifkin -. más de 90 millones de puestos de trabajo.. No se trata 8 Como hiciera la Oppenheimer Committe on the Triple Revolution.. . nos conduce. caen en la redada). llegó para quedarse. Si bien es interesante la distinción entre los planteos del fin del trabajo previos a la oleada neoliberal .que conservaban todavía una matriz transformadora o utópica (el Touraine de fines de los sesenta o el Gorz de adiós al proletariado) . El ministro francés Jacques Attali dirá. el papel de los seres humanos como factores de producción queda disminuido de la misma manera que el caballo frente al tractor. Utilizando la metáfora de Leontief. al apostar a la “formación” más que al control del proceso de trabajo y de las nuevas tecnologías (asumiendo no sólo la inevitabilidad del paso de la mecanización a la automatización. por ejemplo. realiza meras tareas repetitivas (algo en lo que Sennett. la idea de que el “desempleo tecnológico” llegó para quedarse no debería ser subestimada. de los 124 existentes son potencialmente susceptibles de ser sustituídos por máquinas”.y los más actuales . se desestima con demasiada rapidez la transformación producida en el mundo del trabajo. El rápido camino hacia la automatización que emprende la economía global. tiende a la suba día a día. también se detiene).desde Offe. Y es más.

el fin de las identidades “fuertes” y el . Una de ellas es poco explorada: “. la primacía sin más del trabajo..” (De la Garza.. profundamente menospreciadas. Encaramado en la necesidad de remarcar la primacía del trabajo y la permanencia de la explotación (el “trabajo sin fin”). dirá Neffa (2003: 247). “adherimos a las conclusiones a las que llegan C. Tampoco coincidimos con aquellos que. Nos vemos más inclinados a postular con Svampa (2000: 153). “La heterogeneidad de la clase obrera es de toda su historia. lo cierto es que la fragmentración “realmente existente” en el mundo del trabajo adquiere niveles impensados en la era fordista. pero no por ello menos “real”. como si nada hubiera pasado. 2000: 767). Es justamente este dato el que hay que remarcar. no se permite aprehender la “actualidad posfordista”: creemos que esta postura (la reafirmación de la ontología del trabajo a la Lukács) cierra más pistas de indagación de las que habilita (repuntando el vicio que cierta vez recordara Althusser: “lo que no hay que pensar para poder pensar lo que se quiere pensar”). aunque hoy adopte formas diferentes”. se constituye en el principal vector de la identidad personal y social.sería la reducción del trabajo formal. Déjours por diferentes vías: dada la utilidad social del trabajo.” (Id. para hacer algo con él y refutar seriamente las “versiones periodísticas” que sólo ven un “desempleo tecnológico” y no una lógica de organización sistémica.”. trasladando el mismo esquema al plano identitario. Poniendo un énfasis casi absoluto en las continuidades y menospreciando los cambios producidos desde la crisis del fordismo. dirá De la Garza (2000: 762): más allá de que el obrero varón y de overol pudo haber sido un “invento de Touraine”...el trabajo no tiende a terminar sino posiblemente a ampliarse y confundirse con otros mundos de vida considerados propios de la reproducción social de los trabajadores. estable. Para este autor no estaríamos ante el “fin del trabajo” sino ante su transformación. “. sea éste asalariado o no..de recibir con pompas la fragmentación de los mundos de vida posmoderna (a la Lyotard). y son muchas las aristas que se dejan de lado.: 769): el aire de familia con el negriano “obrero social” (con su contracara: la “producción biopolítica”) nos lleva a indagar sobre ese nuevo marco conceptual para aprehender esta imbricación entre el trabajo y el notrabajo. en la cual el Tercer Mundo se anticipa al Primero: “. se pierde la posibilidad de vislumbrar las mutaciones actuales. y su sustitución por otras formas de trabajo consideradas anómalas en los países desarrollados. estratégica en última instancia. pero tampoco girar la cabeza. Dubar y C. afirman sin titubear. “A pesar de todo”. pero que en el Tercer Mundo tienen una larga historia de normalidad..

pero lejos está ello de significar una crisis del trabajo abstracto. que son. no tiene registro del cambio y. sin embargo a asumir que el “campo de la producción de la sociedad” está adquiriendo una nueva materialidad. más fragmentarias y menos inclusivas. en el peor. “. fue y será quien ocupe el centro de la escena: el esencialismo llega al paroxismo de ser casi a(nti)histórico (que. a la manera de “intermediarios” (la clásica discusión en torno al trabajo productivo e improductivo): ¿cómo afirmar hoy que los “servicios” no generan “valor agregado”? Toda la argumentación de Antunes pivotea sobre la distinción entre “trabajo concreto” y “trabajo abstracto”: aquella crisis que muchos creyeron ver en el trabajo concreto. en escala creciente. en el mejor de los casos. no es más que un delirio fantaseoso. al estilo de Castells. En un intento mucho más interesante de contrarrestar a las teorías de los fines. Muy por el contrario. Efectivamente. Veamos por dónde arremete Antunes: la acérrima defensa de la vigencia de la ley del valor (en tanto seguimos bajo el imperio de una sociedad productora de mercancías) se sostiene (retomando a Kurz) a partir de la dependencia del sector de servicios frente a la actividad industrial. parte constitutiva . “tercerizado”. ya que hablar de sociedad del trabajo es una tautología en los términos: imposible eliminar el trabajo de cualquier sociedad humana.ingreso a una era en la cual las identidades son más efímeras y parciales. la heterogeneización actual del trabajo (que Métszáros liga a la conflictiva pluralidad de capitales. pero no hay una sustitución de la producción por la información. implica una crisis de la sociedad del trabajo abstracto: acordamos en remarcar la permanencia y extensión del trabajo concreto. Antunes (2003) propone la utilización de una “concepción ampliada del trabajo”: se produce hoy una mayor interrelación entre actividades fabriles y de servicios (entre trabajo material e inmaterial) en el contexto de la reestructuración productiva del capital.. como Antunes (2003: 15) mismo afirma (contradiciendo en el Prólogo lo que afirmará después). jerárquicamente estructurada).”. El reconocimiento del cambio no llega. no dice nada). La ontología del trabajo (retomando al pie de la letra al Lukács de la Ontología del ser social) como protoforma de la actividad humana es.. Aquí el primer problema: es cada vez más complejo sostener esto en el sentido de un locus donde el valor es generado (la fábrica) y sólo repartido en los servicios.la sociedad del capital y su ley del valor necesitan cada vez menos del trabajo estable y cada vez más de las diversificadas formas de trabajo parcial o part-time.

Frente a las nociones más vulgares (hacia las que Rifkin tiende a deslizarse: “version periodística” dirá De La Garza) que plantean un reemplazo del “trabajo vivo” por la composición técnica del capital (“trabajo muerto”) nos parece absolutamente necesario remarcar la imposibilidad de la reproducción de la sociedad capitalista sin la injerencia del trabajo humano en interacción. en su visión crítica del toyotismo para Japón (Filadoro. Por un lado. no habría ni consumidores ni asalariados. Pisar tierra firme frente a las nuevas configuraciones del capitalismo es una tarea sumamente más compleja que ir aseverando a los cuatro vientos la “primacía del trabajo” como protoactividad humana (Lukacs): un primer paso mucho más prometedor nos abre dos ejes de análisis. frutos de la interacción de trabajo vivo y trabajo muerto. del trabajo abstracto. . sea porque el valor de las mercancías sigue vinculado a la cooperación de los productores. temporaria y precarizada) como estrategia del capital para recomponer la tasa de ganancia..”: ahora todas estas nuevas configuraciones del trabajo concreto son parte de la “cadena de valorización del valor”. por poner sólo un ejemplo. tanto al nivel empresarial como al del puesto de trabajo. 2003)): no es descabellado imaginar que la “reingeniería”. Pero allí termina la utilidad de seguir aferrados a las versiones más ortodoxas de la teoría del valor. lleve a un aumento de la productividad con menor utilización de fuerza de trabajo en los centros neurálgicos del desarrollo tecnológico. consigue más del 70% del valor de sus productos acabados gracias a sus proovedores externos.. sea porque. Antunes nos advierte que los productos de la Toyota no dejan de ser mercancías. sostenido por una red de subcontratistas y proveedores10 que aseguran el just in time por medio del just in case del trabajo (la utilización de mano de obra parcial. es decir. Y por otro lado. a dar cuenta de la reconfiguración de la “cadena de valorización” a nivel global (ilustrándola con la tercerización productiva. 3 Marx más allá de Marx: 10 Chrysler.del proceso de producción capitalista. esto es. Pero ello obtura nuestra capacidad de comprensión mucho más de lo que la habilita: nos impide pensar las nuevas formas de “valorizar el valor” una vez que estalló el círculo virtuoso fordista. para lo cual indagaremos en los aportes de quienes pivotean sobre el concepto de “trabajo inmaterial”. como dijera Mandel. a replantear la materialidad de la producción social actual. como planteara Watanabe (1997).

esclarece un contrapunto con Bauman. XI) destaca que la cooperación es una “fuerza social de producción” que se le aparece al obrero como ajena por las propias relaciones de producción capitalistas. Gonzalez (2003).en el pasaje del fordismo al posfordismo el capital ha sufrido una ofensiva de clase (obrera y proletaria) implacable. en tanto no se trata de que el trabajo ya no produce objetos materiales (lo que produce individualización por medio del compromiso con los consumidores). Gruner (2002). Con la llegada del posfordismo. Cfr. el de Hardt y Negri se torna optimista en tanto la situación es paradojal: la subsunción absoluta de la vida en la esfera del capital viene de la mano del incremento de la cooperación en el marco de un trabajo ya inmaterial. lejos de ser una consecuencia del trabajo capitalista. cuyo planteo tiende.. Catanzaro (2003). implica introducción de la propia vida en la “valorización del valor”: el trabajo muta. esto es. mucho más que en los tiempos de Marx. la potencialidad de emancipación es máxima. pensada por Marx como “puesta en acción” por el capital. 12 De hecho el mismo Negri (2001: 48) lo califica como un triunfo de la clase obrera: “. anticipadora y vencedora”. Para comprender el marco conceptual de Imperio. sino de que el trabajo mismo se torna inmaterial. aparece ahora como presupuesto. la subsunción del trabajo al capital. Pero el diagnóstico de Imperio es distinto.. ¿Qué entienden estos autores por “cooperación”? Retomando los planteos marxianos al respecto (cooperación13 simple en un principio y compleja después. Si el diagnóstico de Bauman está teñido de pesimismo. Para dar cuenta de estas 11 El festejo optimista de las potencialidades progresistas del Imperio es tal que pareciera que el propio Imperio es un triunfo del deseo multitudinario. al respecto.entre la verdad de la multitud y la vigencia del Imperio. con un optimismo muchas veces exagerado. esto es. es su supuesto. al mismo tiempo. . también. a la “producción”. en las sociedades “posinduatriales” – donde tiende a realizarse la “disutopía marxiana” (transformación del trabajo mismo) – y la cooperación. Borón (2002). mediada por la maquinaria) afirman que en la actualidad la cooperación. cap. la vida misma se subsume a la “valorización del valor”. Más allá de este vuelo superficial se terminan los puntos en común: el trasfondo “obrerista” de Imperio. La cooperación propia del proceso de trabajo no es perimida en favor del consumo (individual por definición): en la era de la producción biopolítica. por lo cual. 13 Marx (1999. Un balance crítico de los aportes de Hardt y Negri. a enfatizar la profundidad de las transformaciones desde la década del ´70.y no como un triunfo del capital a partir de la primacía del “consumo”12. comprende la crisis del fordismo como una respuesta a las luchas obreras – cuyo epicentro pasó del Mayo francés a la insubordinación del trabajo de la década del ´7011 .

A medida que este mecanismo se difunde a todas las ramas productivas. adquiere un grado de autonomía y autoreproducción muy alto). sin embargo. este autor no logra “comprender la dinámica real de la producción”: hay que buscar elementos en Deleuze y Guattari. esto es. la subsunción real está signada por la imposibilidad del obrero de desarrollar su “capacidad de trabajo” por fuera del imperio del capital. Pero volvamos por un instante a Marx (1971): la subsunción formal del trabajo en el capital (que muy esquemáticamente podría asosiarse a la manufactura previa al sistema de fábrica) no implica una modificación de la “forma real” del proceso de trabajo (no hay “desarrollo de las fuerzas productivas”) y la extracción de plustrabajo se realiza mediante el mecanismo de la plusvalía absoluta. no es “unidimensional” (al estilo de los planteos de la Escuela de Frankfurt). el biopoder funciona como “agente de producción”: la reproducción de la vida misma es incluída bajo el dominio capitalista. Sin embargo. se consolida la “producción por la producción” y la extracción del “máximo trabajo impago posible por producto”. en el “Fragmento sobre las máquinas” de los Grundrisse. Tomo I). por un lado. quienes rompen definitivamente con el estructuralismo (con el concepto de rizoma) y se centran en la producción del ser social.: 38): por un lado en Foucault. Por su parte. Negri y Guattari (1996).transformaciones. aumentando la duración de la jornada laboral. sino la garantía de reproducción del sistema sobre bases más sólidas (la innovación tecnológica también hace lo suyo: como cualquier fetiche. Este proceso. se modifica el proceso inmediato de producción y la subsunción es ahora real: el mecanismo de extracción es la plusvalía relativa. Hay que buscar la dimensión productiva del biopoder en otros marcos teóricos (id. que no sólo rompe con la tipología piramidal clásica base / superestructura y habla de una “estructura material de reproducción”. El problema ahora es que permanecen en un “acontecimientalismo inasible” que obtura la intervención política. Con la crisis del fordismo. toda esta tradición de pensamiento se basa. lo cual implica no sólo una tecnología de gestión y organización más eficiente. con el paso al sistema de fábrica y la introducción de la maquinaria. En el propio Marx (1999. El tercer eje de búsqueda se introduce en los conceptos 14 Cfr. dirán Negri y Hardt (2000: 332). El “obrero masa” da paso al “obrero social” de la misma forma que el “pueblo” (de cooperación identitaria) a la “multitud” (de cooperación a partir de las singularidades). reduciendo el tiempo de trabajo necesario para producir el “capital variable” con el simultáneo aumento del plustrabajo. sino que permite analizar el paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control. . y por otro en el concepto de General Intellect14.

tanto la descolonización como la descentralización (mediante el incremento del poder de las multinacionales) y la expansión de las formas disciplinarias. la dimensión inmediatamente social y comunicativa del trabajo actual. la acumulación actual se basa en la subsunción real en su mismo terreno mediante lo que los autores denominan la cooperación abstracta (id. fundamentalmente a partir de la segunda posguerra)–. no sólo incluye la faceta informática (del modelo de las computadoras. Al no haber un “afuera”. porque todos estos modos de producción son integrados a la dinámica “imperial” y no como una anomalía. recordémoslo. . de la producción informatizada) sino también su faceta comunicacional (lo que Reich llama “servicios simbólicoanalíticos”) y su faceta afectiva (que requiere el contacto humano virtual o real). ricardiano). porque lo que prima es una lógica de la inmanencia (ingresa “como si” fuera capitalista generando altísimas tasas de rentabilidad): con el paso del imperialismo al imperio. rompiendo de lleno con el marxismo “ortodoxo” (en última instancia. junto con las luchas de fines de los ´60 y principios de los ´70. las transformaciones del trabajo productivo (que se torna inmaterial) y por otro lado. La comunicación. producen un quiebre radical: el paso a la “sociedad de control” diluye el conflicto interno / externo por el rol central que adquiere la “acumulación de información” y supone un poder en red sin centro único. La apuesta es retomar críticamente estos tres marcos teóricos y “descender a la jungla de la producción”: la producción biopolítica produce subjetividades (“produce productores” dirán los autores).de los “marxistas italianos” (los autonomistas) quienes propusieron dos nuevos focos de análisis: por un lado. junto con el afecto. lo que los llevaba a pensar las “nuevas figuras de la subjetividad”. con su correlato institucional (un Estado disciplinario global. se vuelven los puntos nodales del nuevo esquema15: se torna estéril la discusión sobre el trabajo productivo e improductivo ya que toda actividad puede ser “mercantilizable”. es decir. consolidada en 15 El trabajo inmaterial. Si los planteos de Dialéctica de la Ilustración o El hombre unidimensional hacían referencia a una “sociedad disciplinaria” – que. la naturaleza misma fue moldeada por el hombre y “ya no hay afuera”. pero con renovados mecanismos.: 275). en última instancia. era una “sociedad fábrica”. También se vuelven fútiles las discusiones en torno al carácter capitalista o precapitalista. sino como algo absolutamente necesario. Con el predominio de la informatización de la producción y de la vida (el “posfordismo informático”) toda la producción tiende a ser “como si” fuera de servicios: no importa si hay esclavismo o feudalismo. Este es el sentido que hay que darle a la idea de que la “acumulación primitiva” sigue vigente.

Como aclara Virno (2003: 112). “enterrado en la enormidad de la vida” (íd... el “fragmento sobre las máquinas” de los Grundrisse se hace realidad. aquel “.la cooperación es completamente inmanente a la actividad laboral misma”. La ley del valor “está más allá de toda medida”. lo que se pone de manifiesto en el posfordismo “. en tanto le podría haber cabido a Marx en 1867. como dijera Marx: esto.la red informacional. Límites y potencialidades explicativas en el capitalismo periférico argentino .”. hay una tendencia centrípeta al mando. propia de las arquitecturas organizacionales posfordistas: mientras que se descentralizan los procesos de producción. 2003: 113). Y es a partir de aquí que los autores utilizan el concepto de General Intellect. En el marco del trabajo inmaterial. “. 4 Trabajo inmaterial.” (Virno. según los autores. cuando el saber hace del tiempo de trabajo una “base miserable” de la producción social. es la plena realización fáctica de la tendencia descrita por Marx.. bastante más escéptico que los autores de Imperio.. lo cual pone en tela de juicio la visión clásica de que el “capital variable” sólo es movilizable por el capital.: 332): con la producción de mercancías a través del lenguaje. aunque sin ningún aspecto emancipador. acentuando su poder de “autovalorización”. La “ley del valor” es quebrada y refutada por el propio desarrollo capitalista cuando “el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso”. al menos invita a poner en movimiento nuestro marco conceptual. se hace carne en la era posfordista.conjunto de conocimientos que constituyen el epicentro de la producción social. la indagación que proponen es estimulante para el campo de la práctica crítica.. Más allá del optimismo reinante en estos planteos. ya que nos llevan a replantear las versiones más ortodoxas para fundar una “nueva teoría política del valor” que comience por reconocer que la materialidad de la producción social se está poblando de nuevos elementos: si lo lingüístico y lo afectivo no nos parece adecuado a nuestra realidad periférica – siempre advirtiendo que la inadecuación de sus esquemas a la “realidad tercermundista” no es una crítica válida. cuando publicó el Tomo I de El Capital -....

Miguel (2004). sino el empuje de una minoría sociológica cuyo rol ascendente impregna y determina el conjunto de la producción social.y en las de mayor desarrollo tecnológico en general. Eduardo y Khavisse. Para los teóricos de la “intelectualidad de masas”. no sólo en el sentido de que es cada vez más “como servicios”. ausencia de cobertura social. su “rol ascendente”18. pauperización salarial. 18 “No se trata de una hegemonía numérica y cuantitativa. Si bien Gorz es muy crítico de lo que denomina el “delirio teórico” del General Intellect17. etc. 16 17 Cfr. habría que contextualizar brevemente la situación actual del “mundo del trabajo” en Argentina. los despidos masivos con los círculos de calidad. sino fundamentalmente los pertenecientes a los últimos escalafones. prima lo que podríamos denominar “trabajo inmaterial”. Piénsese en los trabajadores de los sectores de venta y comercialización de las grandes empresas telefónicas.” (Bensaïd. Martinez (2000) afirma: “En esta ofensiva. los independientes y los trabajadores de las empresas subcontratistas?”. Azpiazu. Basualdo. la participación con las persecuciones y la represión. (1992 y 2001). donde se combina el trabajo “afectivo” con situaciones de precariedad extrema (ausencia de contratos o “contratos basura”. 2005). la capacitación con la descalificación. para lo cual basta remitirnos al modelo de acumulación de “valorización financiera” instaurado a partir de 1976 y a la profunda reestructuración productiva que implicó el incremento del predominio de los Grupos Económicos locales y las Empresas Transnacinales integradas y/o diversificadas. creemos que (más allá del excesivo optimismo de estos autores) se destaca la tendencia. Las empresas de mayor desarrollo tecnológico conservan. las nuevas tecnologías informatizadas con los contratos precarios y la intensificación del trabajo. En aquellas empresas que pudieron realizar la denominada “reingeniería” -y reestructurar sus métodos productivos. los interinos. El mismo Gorz (1998) de hecho asume que el capitalismo desmaterializó las principales fuerzas productivas: el trabajo y el capital fijo.En pos de operativizar las categorías analíticas que venimos trabajando.”.” . Daniel. Caerían en una suerte de “spinozismo sistémico” donde se ocluirían las preguntas por las mediaciones. dentro de su estructura. así como no lo fue con relación a sociedades mayoritariamente agrarias la hegemonía naciente del trabajo industrial en el siglo XIX. Basualdo. la polivalencia y la suma de responsabilidades con la rebaja salarial. “autonomía y emancipación totales han dejado de ser una exigencia a la que se tiende para ser una realidad actual. las empresas combinan todas las herramientas a su disposición. linguísticas y afectivas: lo que Gorz llama el “saber venderse a sí mismo”. los precarios. es decir con los desempleados. políticas flexibilizadoras mediante16. Una que nos atañe de lleno: “¿qué relaciones mantienen los participantes actuales en el proceso de producción con los participantes potenciales o periféricos. sean de capital local o extranjero (distinción que se torna cada vez más ficticia). E. sino fundamentalmente porque requiere de las capacidades cognitivas. trabajadores “inmateriales”: no sólo los calificados.) como parte de la estrategia empresaria de reducción de costos19. 19 En este sentido. dirá Gorz (1998: 50).

hay quienes plantean que si se puede hablar de subsunción formal bajo el taylorismo y de subsunción real bajo el fordismo. ahora llega a su límite con un capital tecnológico ordenador de los procesos de disciplinamiento mediados por el mercado.” (Filadoro. 2003: 205). de “trabajo inmaterial” es desatinado y de “apropiación de las nuevas virtualidades”. Y estos tipos de trabajo son inconmensurables: el plustrabajo no puede medirse como 20 El sistema denominado kairetsu supone. Al hundirse en las tinieblas del proceso de producción. en este caso. bordea el delirio. claro está. en los sectores externalizados (los más bajos en la cadena de valorización) la explotación se apoya en los métodos más tradicionales de extracción de plustrabajo22. no es raro encontrar en Argentina que las prendas textiles hayan sido confeccionadas en casillas de una villa miseria: evidentemente el costo de producción es mínimo frente a ganancias máximas. que contratan personal nuevamente (con contratos por tiempo determinado. El “ajuste” se juega al nivel de los capitales de menos envergadura y el conflicto es expulsado de la órbita del capital más concentrado. un núcleo tecnológicamente diferenciado rodeado (a la manera de anillos) de empresas subcontraristas. una fábrica de montaje (ensambladora) que sólo es la punta de una pirámide asentada sobre 45000 empresas subcontratistas. Si bien la empresa se “apropia de lo social mismo” dentro de su estructura “formal”. en el sector externalizado prima el trabajo precario (el que vamos a abordar) que se expande día a día: hablar. 21 Gorz (1998) denominará “postsalarial” al sistema de relaciones laborales en ciernes. en el período de la acumulación flexible posfordista se trata de una subsunción funcional. En tanto el capital necesita aumentar la producción por el aumento de la demanda. El capital se libera de la necesidad de contratar directamente mano de obra que será excedente durante períodos de baja demanda. esto es. la producción se autoactiva en las empresas tercearizadas.Una de las principales estrategias empresariales de recomposición de la tasa de ganancia a partir de la crisis de los años ´70 es la externalización (“outsourcing”)20 de tareas en empresas más pequeñas (subcontratistas) en las que las condiciones de trabajo se precarizan al extremo. en el contexto de la difusión del sistema kairetsu. y en el caso de que haya contratos de por medio)21. en Japón. 22 Esta lógica se profundiza en las economías periféricas: “La denominada “terciarización” de los empleos como efecto producido por el crecimiento del sector servicios en detrimento de la manufactura no debetener una lectura idéntica en . con menores niveles tanto de remuneración como de estabilidad laboral. La era de la subsunción funcional implica un triunfo avasallador del capital: “La tendencia hacia la separación entre dirección y ejecución que se inaugura en el taylorismo. Efectivamente. En una línea de interpretación análoga.

5 Identidad. La decreciente necesidad de trabajo vivo en la producción “socialmente necesaria” no se expresa en la actualidad por más “tiempo libre” (como quieren las lecturas más simples a lo Rifkin e incluso Gorz). Dubar (2001) afirma que la identidad es “construida” por actos de atribución y de incorporación (una particular forma de la relación dialéctica entre lo colectivo y lo individual): el objetivo justamente debe ser cruzar los “sistemas de acción” (que construyen identidades virtuales) con la “trayectoria social” de los trabajadores. sino por formas de trabajo asalariado precarias23: los trabajadores expulsados del “mercado formal” reingresan (si es que llegan a hacerlo) al salariado como precarios. Imposible concluir. su carácter de “costo social excesivo”. 24 Seguimos en este punto los planteos de Battistini (2004). 2000). ni en el subjetivismo extremo que pierde de vista el contexto (las relaciones de fuerza y de poder. el trabajo con características “inmateriales” está absolutamente imbricado con el trabajo precario. los procesos de construcción identitaria adquieren una complejidad impensada: es necesario afianzar las armas teóricas. En ese sentido. En esta línea. al decir de Hall) en el que se inscriben los procesos de constitución subjetiva de la identidad24. creemos necesario retomar una perspectiva amplia. Pero no se podría derivar de aquí una “dualidad” sin relaciones: muy por el contrario. Ese lugar está justamente en el ámbito de lo simbólico y la metodología sociedades que integran los servicios a la atención de sus cadenas productivas hacia delante o hacia atrás. ya que es ahí donde ancla el núcleo de la construcción identitaria. nos encontramos con un capital cuyas opciones de rentabilidad son máximas.” (Virno. . En el contexto descripto. 1999).. los “sistemas de acción”. frente a un trabajo (todavía más) fragmentado y con mecanismos de respuesta deteriorados. Pero esta no-necesidad se manifiesta en todo momento como perpetuación del trabajo asalariado en formas precarias o “flexibles”. o en otras donde los servicios se convierten en actividades refugio de trabajadores expulsados delproceso productivo por economías que se asemejan a armadurías o a plazas de consumo de la producción importada. trabajo y acción colectiva.” (Basualdo et al. 23 “Cada erogación de trabajo asalariado deja traslucir su no-necesidad. locus de formación de las identidades reales. Reconfigurada de esta forma la cadena de valorización.un quantum. en la medida en que la producción es cada vez más social. que no caiga en el determinismo objetivo de la “situación de trabajo” sobre la identidad de los trabajadores.

apuestan a encontrar en la “condición obrera” todavía vigente. La embestida tecnológica. los comportamientos no son deducidos de posiciones ni de construcciones psicológicas imaginadas para la ocasión: el desciframiento opera a la inversa. mucho tiene que ver con los cambios al nivel de las “situaciones de trabajo”: como ya es evidente. declarado inagotable de modo arbitrario. Queda todavía el interrogante sobre la posibilidad de construir “acciones colectivas” en torno al ámbito laboral: sólo la profundización de la reflexión teóricopolítica y el trabajo de investigación nos permitirán. ciclo que propongo podría llamarse ciclo de disciplina maquínica. aunque sería posible (y necesario) repensar esas categorías para darles “potencia” en nuestro entorno. Por otro.. a toda acción política. Bibliografía: • Antunes. a partir de las tencologías de la información y la “disciplina maquínica”27. en su análisis. ni de una explotación indefinida del mundo social. atada a la literalidad de las tesis de Marx. para aclarar este punto. Estamos seguros. completa un cuadro bastante más sombrío (al menos desde la realidad periférica) que el imaginado por Hardt y Negri: la multitud por estos pagos está lejos de apropiarse de la “metamorfosis maquinal”. nuevas formas de acción. Ricardo (2003): ¿Adios al trabajo? Ensayo sobre las metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo. afirman que para abordar los problemas opacados por el “estatalismo”. algunas certezas. Por un lado. será necesario “.” 27 Gaudemar (1978: 103) propone tres ciclos largos en la historia de las tecnologías de dominación capitalistas: “Un ciclo panóptico. más allá de la “estatalización” del asalariado26. por supuesto. quizás. rebelde a toda explicación y. su vínculo con el trabajo es cada vez menos sólido. Buenos Aires.habituarnos a buscar en la explotación de lo social algo más que la sombra del Partido. En ese sentido. sin embargo. Bialakowsky y Hermo (1995). Dos precisiones (de la mano de Beaud y Pialoux). 25 26 Cfr.basada en las “historias de vida” parece ser la más adecuada. de que en la actualidad posfordista se hace más necesario que nunca librarse de los mecanicismos: las nuevas “articulaciones socio-laborales”25 tienen más que ver con el “campo de la subjetividad” en el marco del fin del empleo tal cual lo conocíamos. La reconfiguración de los procesos de construcción identitaria en el caso de los trabajadores precarios y “externalizados”. Herramienta. reivindicando el análisis de clases.. un ciclo de disciplinarización extensiva (fabrica y exterior). Alaluf y Rolle (2001: 248). un ciclo fundado por el doble proceso de objetivación/interiorización de la disciplina en un proceso de trabajo remodelado por el maquinismo. Los análisis que requerimos no pueden provenir ni de una escolástica estéril.” .

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