ESCUELAS FUNDANTES DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL I

susana gacias susana gacias

SIGMUND FREUD MELANIE
KLEIN

hanna segal

INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE MELANIE KLEIN
james a. schellenberg

MEAD, KURT

UN REBELDE TRANQUILO

james a. schellenberg
LEWIN Y LA TEORÍA DEL CAMPO AL PENSAMIENTO DE JEAN-PAUL SARTRE

abelardo salita

INTRODUCCIÓN
julia franco

INTEGRACIÓN

DE AUTORES

Hannah Segal

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SIGMUND FREUD
SUSANA GACIAS

La temática que hoy iniciamos tiene que ver con los aportes teóricos sobre los cuales Pichón Rivière elaboró su teoría. Uds. saben que toda estructura teórica requiere un andamiaje como un edificio, una construcción previa sobre la cual se asienta. Entonces en la medida que uno va conociendo la teoría pichoniana, su historia de vida, donde su formación va de la medicina a la psiquiatría, de la psiquiatría al psicoanálisis freudiano, del psicoanálisis freudiano al psicoanálisis kleíniano. De allí recién pasa a la psicología social con un enfoque sistémico, un enfoque estructural de lo que son los grupos humanos, sus vinculaciones, sus modos de comunicarse, etc. En todo ese tránsito él va necesitando apoyaturas teóricas, va nutriéndose de distintas estructuras teóricas sobre las cuales se va formando, va sustentando sus afirmaciones. Entonces es por esto que Uds. van a ver conmigo toda la vertiente psicoanalítica. Cuando hablamos de Escuela Fundante, hablamos de psicoanálisis freudiano, psicoanálisis que fue pensado y postulado por Sigmund Freud, luego una de sus continuadoras que se dedicó al psicoanálisis de niños Melanie Klein, después vamos a hacer una articulación entre autores, es decir que dicen esos autores y como se relaciona lo que dicen, tanto Freud como Klein como Pichón Rivière. En que se apoyan en sus dichos y en que no. En que están en desacuerdo y del mismo modo cuando Uds. ven Escuelas Fundantes van a ver otros autores que vemos en la formación: Kurt Lewin, que algunos a lo mejor ya la han visto alguna vez. Van a ver también Bion, son distintos autores que tienen que ver con los andamiajes teóricos en los cuales se apoya la teoría psicoanalítica. Lo primero que les digo es que nosotros tenemos en este país una cultura psicoanalítica gigante. Una cultura psicoanalítica no en el sentido que todo el mundo sepa teóricamente, pero existe como mucha cultura psicoanalítica, como mucha broma con el psicoanálisis, como muchas historias respecto de divanes, entonces es muy frecuente que la mayoría de las personas tenga un saber preexistente, cuando se habla de psicoanálisis. La mayoría ya tiene como alguna idea. Hemos leído libros, hemos visto películas, se han hecho muchas obras de teatro, hay referencia en las novelas. O sea, entonces esto nos obliga a decir que por el mero hecho de que nosotros tengamos algunas jornadas de reflexión teórica sobre el tema psicoanálisis, esto no nos acredita a jugar con el psicoanálisis en el sentido "me doy cuenta” ¿Se acuerdan del personaje de Woody Allen, cuando hacía “Hanna y tus Hermanas". Esa cosa impostada, sobreactuada de la cultura psicoanalítica… Con esto no se juega porque nos metemos con el inconsciente de las personas y estos son espacios absolutamente privados que deben ser bien tratados en los lugares correspondientes, por profesionales habilitados, formados para operar en ese sentido. Entonces nosotros lo que hacemos es indagar, averiguar, leer, para comprender como fue el tránsito de Pichón Rivière, sobre qué supuestos teóricos pre-existentes a él, elabora su teoría, pero no para juguetear con esto… Lo otro que les digo es que siempre me pareció importante contextuar a los autores, entonces pensar en Sigmund Freud es pensar una época, que, en un mundo llevó el nombre de Era Victoriana. Estoy diciendo esto en función de las formas que van adquiriendo las patologías de cada tiempo y su relación con el contexto social, político, económico. Tomemos la realidad actual, en Argentina. No es que se inventaron los pannic attack, las fobias sociales, que de eso se trata, son propias en principio, de grandes ciudades., Las grandes ciudades son generadoras de fobias sociales. En éste momento, en este y en este contexto, los que por nuestra actividad profesional trabajamos en esté tema, vemos fobias sociales de niñitos de 8 y 9 años. Porque ustedes piensen que si encendemos la televisión... Yo tuve una experiencia personal de estar en Corrientes el viernes pasado y tener la idea de encender la televisión un ratito, en un momento de la tarde y se vino: un secuestro a cuadras de mi casa, y no lo estoy controlando, es una idea medio descabellada pensar que uno a la distancia necesita estos controles, pero son cosas que nos están

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pasando, hay algo que impacta en nuestro psiquismo, y entonces los niños que viven en este contexto y entienden dicen “se llevaron del colegio, se llevaron de cyber-café, se llevaron de la puerta, se llevaron. Entonces este tipo de cuestiones a más de impactar en una historia, a más de estar como abonado entre todo lo que es el continuo relato de nuestra sociedad, nos genera patologías. Gente que relata: Yo me levanto 3 veces por noche para ver si cerré la puerta, como una manera de incrementar los mecanismos de control diríamos, cada uno tendrá sus reaseguros o no; por ahí uno intenta seguir viviendo como siempre y no le pasa nada, pero es imposible no estar bombardeado por toda esa cantidad de estímulos que recibimos y que no nos produzcan algo. Aún negando, aún diciendo no pasa nada, no pasa nada, no conozco mucha gente que no haya cambiado algún hábito. Señores que dicen: jamás pasé un semáforo y ahora no tengo ese semáforo colorado pero voy regulando para no parar. Entonces ¿por qué digo todo esto? En función de que el contexto en el cual nos movemos, la historia, las situaciones sociales, políticas, económicas, van generando o produciendo determinado tipo de cultura, de expresión artística, de movimientos en todos los órdenes y también patologías. Pensemos que si las patologías de la era de Woodstock y el hippismo tuvieron que ver con lo adictivo, que correspondía al dejarse estar y al explorar universos que tenían que ver con un discurso de la libertad, años 60-70 digamos y si la cultura de lo estético y lo bello como signo de lo exitoso, generó todas la patologías de la alimentación y mujeres, como ya veíamos en la clase de comunicación, absolutamente esqueléticas que perciben en el esquema corporal su cuerpo eso, las nuevas patologías por lo menos en este contexto, de incertidumbre, inseguridad, angustias, carente de todo signo de garantías básicas, todo eso produce un impacto. Lo cual no quiere decir que nos enfermemos todos, pero produce rasgos. Entonces las formas culturales de cada época en el contexto histórico, político, etc. son generadores de ciertas formas de patologías. ¿Se entiende eso? Hoy es como más esperable que haya niños que no quieran salir de su casa que haya ataques de pánico, con más incidencia que lo que podía ocurrir años atrás, que la cultura de la revista Caras marcó otra cosa, fuertemente puesto más en lo estético, en lo bello, en el show-up como se suele decir. Y cuando hay un impacto tan fuerte de lo expuesto, uno, por lo menos nosotros que tenemos la mirada no ingenua, corresponde que nos preguntemos qué se muestra y que se encubre. O por qué se muestra lo que se muestra, con que intención. Bueno, yo les decía que el contexto en el cual el psicoanálisis comienza en Europa, es el contexto de la Era Victoriana. Uds. habrán escuchado hablar de la Reina Victoria, cuya marca en la cultura, en las artes y en la ciencia la tuvo mucho que ver con una estructura de moralidad absolutamente implacable y con fuertes componentes de represión en todo lo sexual. Todo lo que era mal visto, sobre todo para las damas, aquello que no debía estar ni expuesto, ni insinuado, porque había como un estigma moral absolutamente rígido, implacable, con ciertas cuestiones vedadas para las mujeres. Estoy diciendo esto por la patología que Uds. me van a escuchar hoy nombrar, que es la histeria, que tiene que ver propiamente con las mujeres que le llegaban a Freud al consultorio, con cuadros muy espectaculares en lo físico, cegueras, parálisis. etc., pero que no tenían una base orgánica, que no había un determinante físico. No es que tenían una lesión cerebral o un problema en la médula espinal: simplemente eran patologías expresadas en lo físico, pero cuya base era emocional. Entonces esas patologías histéricas con las cuales trabaja Freud en el comienzo, que ya llenaban los consultorios, eran las enfermedades que en ese contexto represivo en lo sexual tenían más auge. Histeria significa útero, había una relación en la histeria cuyas principalísimas protagonistas eran las mujeres. Esas mujeres tenían un común denominador que tenía que ver con la represión de algunos deseos sexuales, cuestiones relacionadas con la sexualidad, reprimidas, negadas, prohibidas. Lo que encontraban en esas patologías como común denominador, tenía que ver justamente con que eran mujeres con una profunda represión, lo sexual en todas sus formas. Entonces ¿qué pasaba en Europa en la 2ª mitad de siglo XIX, que es cuando Freud comienza su desarrollo? En cuanto al pensamiento científico, S. Freud va a empezar su desarrollo psicoanalítico. Freud escribía, sus manuscritos, existen actualmente en Viena; hojas y hojas y hojas, las historias clínicas rigurosas y también los aportes y las postulaciones. Mientras él hacía sus desarrollos referentes al psicoanálisis, Emilio Durkheim escribía Las reglas del método sociológico, Edmundo Husserl, La filosofía como ciencia rigurosa, Max Weber que es un autor que después Freud toma cuando escribe "Psicología de las rnasas", escribe "Sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo". En la literatura, Edinundo de Amicis escribe "Corazón", viendo la literatura uno puede darse cuenta leyendo sus textos, que los escritores, los artistas en general, por supuesto son las expresiones de los sentimientos, la forma de relacionarse, el estilo comunicacional de su tiempo. El que haya leído "Corazón" se dará cuenta el impacto que tuvo que producir el psicoanálisis en ese tiempo, por lo que se ve como antagónico con eso

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que muestra el libro, con lo que propone el psicoanálisis. Guy de Monpassaant "Bola de sebo", Roberto Stevenson "la Isla del tesoro" Rimbaud "El barco ebrio" Chejov "Los campesinos". Mientras en ciencia y tecnología Ferrán, la vacuna anticolérica, Ramón y Cajal, elementos de histología normal y de técnica mierográfica. Esto es lo que permite hacer hoy estudios y cortes de estudios histológicos, es decir las células, los tejidos, las biopsias, todo eso fíjense datan de esos tiempos. Torres Quevedo, la máquina calculadora. Fíjense que hoy en la era de la cibernética, en la era de las conexiones y de la comunicación, la máquina calculadora, o sea que por primera vez se veía una máquina capaz de hacer operaciones simples. Enrique Hertz las ondas electromagnéticas, Rodolfo Diesel el motor diesel, Pedro Curie y María Sklodowska, o sea Madame Curie, el radio y Augusto y Luis Lumiere el cinematógrafo, mientras Marconi, la telegrafía sin hilos. Eso es lo que ocurría. Es como decir, a ver: en Argentina, este año, con éste contexto, que pasa en el cine, que películas filmamos, que formas artísticas como para más o menos ir viendo, porque lo pasa es interesante. En general el investigador, el científico es alguien que en algún punto hace una ruptura, sino se nos ocurriría a todos postulaciones teóricas. En algún punto, el investigador es alguien que, consciente de su tiempo, puede realizar algún grado de transgresión. Por ej. Pichón Riviere que hace ese tránsito que yo les dije, de la medicina que es su formación de base a la psiquiatría, de la psiquiatría al psicoanálisis freudiano, del psicoanálisis freudiano al Kleiniano y de allá pasa a todo lo que tiene que ver con los grupos, la psicología social, etc. Yo creo cuando uno hace la línea de vida y Pichon Rivière habla, Uds. lo leerán o lo habrán leído, de cambio social planificado, esto hay que contextuarlo en un momento sociohistórico político, donde Perón hablaba de la comunidad organizada. O sea que hay discursos que son coincidentes con lo que implica el interés, la necesidad de ese momento y de esos tiempos. Había como un movimiento en ese entonces que llevaba inevitablemente a la búsqueda de lo grupal, lo social, donde justamente él sale de la medicina para pasar al psicoanálisis, porque su práctica es la psiquiatría, así lo fue llevando y pasa al psicoanálisis Kleiniano y pasa a la Psicología Social y uno podría hacer una línea que lo que pasaba en el pensamiento científico, en el arte etc., en ese momento. Sigmund Freud nació en 1856 y murió en 1939. Fue en principio un gran teórico; como yo les decía, escribía; yo a veces pienso que los días de estos hombres tienen más horas, porque si los días que normalmente nosotros tenemos nos dejan agotados, yo me pregunto, no es fácil ejercer la clínica, las horas que estaba en el consultorio, lo que leía, lo que sabía. Evidentemente son personas que tienen un manejo particular del tiempo, por eso trascienden también al tiempo. Fue en principio un gran teórico, puesto que escribía todo aquello que iba como formulando a través de su práctica clínica. Como teórico su rasgo característico fue la movilidad de sus postulaciones. ¿Qué significa esto? Hay momentos muy desgarradores de la teoría psicoanalítica y estos momentos tienen que ver con el impacto, que a veces, produjo en Freud, el darse cuenta que algo de lo que hasta ese momento había afirmado, no podía ser sostenido, porque un nuevo descubrimiento lo desmentía. Son momentos en las personas que hacen teoría, que son como de gran impacto, como momentos muy fuertes. Esos momentos justamente son los que más hacen ver a un teórico con una enorme movilidad en las postulaciones, a un teórico que está dispuesto a decir que esto que vino afirmando, no lo puede seguir sosteniendo, porque la misma práctica clínica se lo va desmentir. "He descubierto que mis histéricas me mienten", dice, lo cual no es tan así, pero digo, momentos en los cuales él descubre algo acerca de lo que venia afirmando. Además, Freud es un clínico, por un lado un teórico con gran movilidad en sus postulaciones, y por otro lado un clínico. Toda su teoría fue sustentada y sostenida desde la clínica en la cual él trabajaba. En 1922 él se pregunta que es el psicoanálisis y va a decir tres cosas. En primer lugar, que es un método de indagación, indagar es preguntar, de aquellos fenómenos que no son conscientes, de indagar aquello de lo cual las personas nos podemos dar cuenta. Que las personas asistían a la consulta sufriendo, dolidas, porque le pasaban cosas que no podían comprender, ni modificar. Porque no es menos real una enfermedad que no tenga base orgánica. No es irreal que una enfermedad que no sea causada por una base neurológica; la enfermedad de todos modos es real. En segundo lugar dijo que es una técnica de trabajo terapéutico; cuando digo que es una técnica, estoy diciendo que no es la única y ahora que hay tanto conocimiento de distintos tipos de terapia, Uds. habrán escuchado hablar de terapias sistémicas, grupales, de parejas, individuales, frente a frente, gestálticas, etc. Son distintas técnicas, suponen un instrumento específico puesto al servicio de esa tarea. Diríamos una de las técnicas muy frecuentemente utilizadas, porque es una de las técnicas del trabajo terapéutico. En tercer lugar, una teoría acerca del desarrollo y estructura de la personalidad. 0 sea hay un aparato o andamiaje, o un desarrollo teórico. O sea, que es un método, es una técnica y es una teoría; eso dice Freud. En cuarto lugar, él habla en ese mismo momento, del impacto que la teoría psicoanalítica generó

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en la cultura; él dice que produjo una herida narcisística. ¿Porqué? Piensen Uds. que hasta ese momento lo que predominaba tenía que ver con el voluntarismo, con toda la psicología de la conducta que supone que uno puede darse cuenta de los fenómenos. ¿A través de qué? De la percepción, de la voluntad, de la memoria, que son todos datos absolutamente comprobables, confirmables. Entonces desde esa otra visión del universo, ¿qué se afirma? Se afirma que si yo me propongo, cambio, que si yo deseo puedo hacer cosas que me proponga, que todo depende de la fuerza de voluntad. Que son afirmaciones, -como nos podemos dar cuenta cada vez que las personas muestran que no es tan así; que no basta que nos propongamos cosas, que hay otras razones que escapan a la voluntad consciente, y que muchas veces generan esas situaciones, de las cuales uno no puede dar cuenta, de porque repite cosas que no le hacen bien. Es el “mañana dejo el cigarrillo, el lunes empiezo el régimen”, todas cosas donde vemos que la voluntad es insuficiente. ¿Por qué produce un impacto el Psicoanálisis en la cultura? En la humanidad genera una suerte de rechazo y abre una herida narcisística, es un golpe al narcisismo, reconocer que no todo depende de mí. Por eso fue muy rechazado el psicoanálisis: primero por la importancia que le daba a la sexualidad; segundo porque habla de sexualidad infantil. Los maestros, las que son mamás, etc. no tendrán ninguna duda de que los niños tienen intereses que pasa, en una primera etapa por lo oral, en una segunda etapa por lo anal, etc.. El impacto que producen las afirmaciones freudianas, fue muy fuerte, justamente porque lo que él va a mostrar es que hay un saber no consciente, que muchas veces determina con más fuerza nuestros actos, que la voluntad o el saber consciente. Hasta ese momento, desde la visión positivista se pretendía justamente lo contrario; por eso uno podía afirmar, predecir, etc., y el psicoanálisis viene a ser como una marca en el sentido inverso, de un no saber, de un no poder afirmar desde el voluntarismo, es un golpe fuerte en la vida ¿Está claro esto? Hay dos teorías básicas sobre las que Freud va a construir su teoría. En primer lugar la continuidad o interconexión de los fenómenos psíquicos. Lo que él afirma es que los fenómenos psíquicos no están aislados, tienen relación, están interconectados, tienen una continuidad. En segundo lugar, la existencia del inconsciente que es el gran postulado teórico del psicoanálisis. Y en tercer lugar, otra cuestión trascendente tiene que ver con la importancia de la sexualidad, en el desarrollo del sujeto, y también de su patología. Hay un eje importante que tiene que ver con la sexualidad, tanto en el desarrollo normal del sujeto, como en la determinación de su etapa productiva. En ese momento en la clínica La Salpetriere de París, había un investigador que se llamaba Charcot, con quien Freud mantiene correspondencia y se relaciona y así empieza a investigar al efecto. Y es Charcot el que utilizaba en el tratamiento de la histeria el método hipnótico, o sea la hipnosis. En este momento los consultorios europeos de los psiquiatras eran poblados por estas patologías de mujeres que llegaban con miembros paralizados, con cegueras, con situaciones como muy dramáticas, corporales, que no tenían una base orgánica. Yo tenía un profesor universitario hace como 28 años, que ya entonces decía: "Ya no hay aquellas histéricas; histéricas eran las de antes"'. Tomó otras formas, no es que desapareció la histeria; aquella espectacularidad de esos síntomas fue perdiendo fuerza. Entonces se entera que Charcot utilizaba el método hipnótico en el tratamiento de las histerias, o sea de hipnosis tal cual se conoce tradicionalmente. Alumna: ¿Y estos síntomas en los varones no se notaban? No, por eso yo lo dije antes, histeros significa útero. Alumna: Pero no hay otra cosa con otro nombre, quizás no de histeria por lo de útero, sino podría.... No, no, podría haber y por lejos. De hecho, yo creo que hoy día hay más histéricos que histéricas. Pero fue durante una época, una patología predominantemente femenina. Alumna: por lo que más se censuraba era a la mujer Exactamente, hoy parecen bastante evitativos los varones, había que ver. ¿Alguien vio "El último beso"?, hay una reflexión muy interesante sobre la forma de relación entre los géneros y que pasa con ellos. A mí me gustó mucho como reflexión, a efectos de las nuevas modalidades que van teniendo las formas de relación entre géneros, estos nuevos lugares que transita la mujer, los nuevos lugares que transita el hombre, es para verla. Pero si la presión pecaminosa, digamos de la cosa prohibida y del pecado, es tan fuerte, uno puede inconscientemente desde luego, buscar ser castigado aun por lo que no cometió, y si fantaseo, la fantasía puede ser punible. De esto hablamos cuando hablamos de histeria; es tal cual vos dijiste, la doble moral, la era victoriana. El método hipnótico se utilizaba en La Salpetriere de París, ya les dije las relaciones entre el contexto social y las formas patológicas de cada época. Freud comienza a trabajar con hipnosis, se dice por ahí que no era buen hipnotizador. De todos modos creo que es muy interesante, que cuando uno tiene un obstáculo real, lo asuma y lo transforme. Se dice que no era bueno en esto, pero de hecho lo que

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también él dice desde su afirmación teórica, es que él observa que algunos recuerdos existen, que el sujeto posee acerca de su enfermedad o de su síntoma, y a ellos acude a través de la hipnosis. Hay cuestiones de las que el sujeto puede dar cuenta, cuestiones que están relacionadas con sus síntomas, que él posee un saber y se puede arribar a ese saber a través de la hipnosis. Pero a lo mejor, porque no era buen hipnotizador, o porque también era un investigador muy persistente, él dice que la sugestión hipnótica suponía una coacción, una presión sobre la voluntad de la persona. ¿Porqué?, porque no es lo mismo que uno se apropie de esos recuerdos o de esos saberes que posee estando consciente, lúcido y apropiándose de ello, que esté como presionado por el hipnotizador que en definitiva es el que indaga, hace las preguntas, etc. Así que Freud lo primero que le cuestiona a ese método de la hipnosis, es que suponía una coacción sobre la voluntad. Y comienza a buscar una técnica, que permitiese un compromiso mayor en todo el psiquismo de la persona. Porque evidentemente si uno está hipnotizado, el compromiso está puesto en manos de otro, y en todo caso es el otro el que va a decir, aquello que uno dijo bajo hipnosis. No es lo mismo que si uno en estado consciente puede apropiarse de un recuerdo, Vieron cuando uno dice "hizo el click, "se dio cuenta", el famoso "insight" del cual se habla mucho, tiene que ver con esto. Freud lo cuestionaba porque decía, debe haber alguna técnica, algún modo de llegar a estos recuerdos que la persona posee acerca de lo que le pasa, que signifique un mayor compromiso, un estado despierto, en el cual no haya esta coacción del hipnotizador. Entonces se enteró que otro investigador llamado Breuer, realizaba lo que se llamaba "cura por la conversación". De esto, Uds. seguro que alrededor tienen muchos ejemplos, sobre todo esto se ve clarito en las personas mayores. Si han tenido una mamá, o abuelita; las personas mayores a lo mejor no están enfermos, simplemente están viejitos; a lo mejor con cierta frecuencia se despiertan y dicen "ya no llego a mañana", "me siento mal', generalmente dice "estoy pésimo, mal, mal…". Y va o se lo llama al médico, generalmente es un médico de cabecera, y basta que el médico deje la visita, en la cual no hizo más que escucharla, a lo mejor le dio una aspirina, le auscultó el corazón, etc., y sale y dice "Tengo un hambre" y está rozagante, y ya va a vivir 10 años más, por lo menos en la fantasía. Esto es la cura por la conversación. Hay algo que ocurre en ese encuentro, que es reparatorio; en el caso que describo que es un ejemplo, no es de lo que hablaba Freud. Tiene que ver la vivencia desde la soledad, de estar escuchando todo el tiempo los síntomas corporales, y de sentir el paso del tiempo y el miedo a la muerte. Todo esto es como que frente a la palabra del que sabe, baja esa angustia, esa ansiedad, y la persona se cura; es reparatorio ese encuentro. Entonces en ese momento Freud se entera que Breuer trabajaba con esto que se llamaba "cura por la conversación". En ese momento él afirmaba que había una escena traumática que es la que había desencadenado la neurosis, había desencadenado la histeria, había desencadenado sus síntomas. Generalmente en el caso de las histerias, la escena traumática, tenía un contenido sexual, o sea había sido seducida, tocada, fantaseada, insinuada, etc., por un hombre generalmente prohibido, mayor, un tío. Alumna: ¿eso es como que eran abusadas por esa persona? No llegaba al abuso. Más bien… Alumna; …abuso psicológico. No, fíjense es interesante esto que vos preguntás, porque todo lo que tiene que ver con el abuso es posterior. Acá estamos hablando de "escena traumática" y yo antes les dije: "Ojo, que muchas veces esto era en el plano de la fantasía. A lo mejor para ese tiempo, ni que hablar del abuso; a lo mejor era una mirada, una mano que al recoger algo rozó la puntilla del miriñaque. ¿Se entiende lo que digo?. Me parece que es mucho menos implícito. Estas nuevas formas son bastantes posteriores, corresponden a otros modelos culturales. Lo importante de esto, que venían y le contaban una escena traumática y él partía de la base que esa escena era desencadenante de lo que le pasaba. Pero hay algo más, en un momento él dice: ¿A todas les pasó algo más o menos del mismo contenido, con distinto tono. Entonces hay un momento, que es uno de los momentos dramáticos de su teoría, donde dice:"He descubierto que mis histéricas me mienten". En este momento es cuando él todavía utiliza valores de verdad o mentira. Pero después se da cuenta que al término verdad o mentira, se le contrapone el término "verdad psíquica"; entonces dice:"Ese mito es su verdad". ¿Qué estoy diciendo con esto?: que no se trata de una investigación de una agencia privada, que vaya a sacar fotos para ver si esto ocurrió. La persona llega, dice él, " con una verdad mítica"; quizás no fue un episodio de seducción, quizás se le cayó algo al piso y le rozó la puntilla, todo lo demás corresponde a la fantasía, pero es la verdad psíquica y sobre eso se trabaja. Porque la verdad psíquica también es lo que enferma,

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la fantasía en este caso. ¿Se entiende?. Entonces, ese mito es su verdad; él partía de la base de que esa escena traumática es desencadenante de la neurosis, y había que trabajarla con valor de verdadera, no de desmentir, porque para la persona tenía el valor de real. Freud toma esta situación para llegar a la cura, a la verdad psíquica, al deseo reprimido, al inconsciente; para hacer consciente lo inconsciente. Alumna: Esa verdad psíquica, ¿ya en ese momento se ubicaba la patología, o eso va a desembocar en una patología? Vos decís, ese momento, y si ese momento es desencadenante de la neurosis. Claro, ese momento intolerable, porque lo intolerable es el deseo, lo intolerable no es lo que ocurrió, sino el deseo que eso generó. ¿Entendés?, eso que no es aceptado como propio, generalmente era puesto afuera, era intolerable, no era reconocido por todo lo que dijimos, por la moral que regía. Eso es lo que generaba la patología. ¿Se entiende o es confuso? Alumna: Somos todos neuróticos. Somos todos neuróticos, justamente, son exactamente las palabras de Freud. Entonces, él va a decir que en condiciones de seguridad y de confianza, se va a producir una catarsis, un alivio por ese encuentro, por la cura con la conversación. Y entonces va a surgir el verdadero método del psicoanálisis, que se llamó "méétodo de asociación libre". Consistía en que él le decía a la persona, que asocie libremente y que diga lo que se le venga a la cabeza, sin ejercer ningún tipo de cuestionamientos, que tengan que ver con las leyes de la lógica. Es decir, si yo estoy dando la clase acá, y de repente digo: "Ay, dejé el horno encendido en mi casa, o apagado"; "Ay, puse tal cosa o tal otra, fue en el auto, o no lo puse". Uno piensa en todos esos planos, pero no lo dice porque está conectado con otra realidad. En el ámbito del encuentro con el psicoanalista, tal corno Freud lo plantea, todo eso uno asocia libremente, y dice lo que le viene a la cabeza; lo va expresando, porque justamente lo que el plantea, es que como el inconsciente no está estructurado a modo, o con las leyes de la lógica formal, justamente cuando más caótico a lo mejor parezca, más nos vamos a aproximar en esas asociaciones, a la forma de constitución del inconsciente. Por eso él dice: "Asocie libremente y diga sin ejercer ningún tipo de presión u oposición, sobre aquello que se le va ocurriendo". Surge entonces el método que caracteriza al psicoanálisis, que es el "método de asociación libre". Alumna: eso de asociación libre, ¿cómo hacés para llegar a eso?. En la sesión psicoanalítica la persona está con el terapeuta, y en lugar de decir por ej.: "Hoy hice tal cosa", lo lógico es contarlo, pero lo que plantea Freud es que asocie libremente, y si aparece algo que no tiene que ver exactamente con lo que uno está hablando, como lo que acabo de poner como ejemplo, también lo digo, porque lo que él intenta es hacer otras conexiones. Sería como si el discurso está articulado de una manera lógica, en determinada forma, y hay que desarticular, mezclar y armar otra cosa, y a lo mejor conduce justamente al inconsciente. Conduce a eso que estamos indagando, a eso que se está investigando, que es la matriza generadora del conflicto y de la neurosis que tiene que ver con el deseo reprimido. Por eso él dice que no ejerza ningún tipo de censura, de cuestionamiento, sobre aquello que se le viene a la cabeza. Alumna: Y la asociación la haría el paciente ...... Claro, las formas más características serían los sueños; él dice que los sueños son la vía regia o el mejor camino, para acceder al inconsciente. Los sueños en psicoanálisis se analizan asociando libremente. "Soñé que iba por una playa de arena blanca", y el analista que trabaja con esta técnica, dice:¿Y qué asocia con la arena?. Y la paciente: " Cuando era chica comía arena", por ej. ese tipo de cuestiones tiene que ver con la asociación libre. Desarticular o también con ocurrencias que va teniendo la persona, que no tienen mucho que ver: "Ah, no sé, no tiene nada que ver con esto, pero me acordé de tal cosa". Es como desarmar un juego de Rasti; se desarma para arma otra forma. Los pacientes llegaban porque estaban absolutamente perturbados por una enfermedad, y él era un médico neurólogo reconocido, prestigioso y exitoso. Alumnas: Llegaban porque estaban físicamente afectados, tenían ceguera, no podían caminar. Por supuesto lo que yo estoy diciendo es que en ese momento, el tipo de cultura vigente, hacía que hubiera condiciones como para generar ese tipo de patología. Hablamos de la asociación libre y de los sueños, "como vía regia para llegar al inconsciente". Freud decía que el análisis de los sueños aportaba muchísimo material para entender esos mensajes ocultos del inconsciente. Y va a demostrar la existencia del inconsciente, a través de 4 elementos. En primer lugar, de los datos de la clínica; su experiencia clínica le mostraba que además del saber consciente, había cuestiones que eran absolutamente inconscientes que les ocurrían a las personas.

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En segundo lugar, los actos fallidos o conductas equivocadas, en los cuales nosotros nos vemos azorados, perplejos, donde queríamos decir una cosa y salió otra; donde pusimos algo en el lugar equivocado, guardar un zapato en la heladera, por decirlo así. Esas cuestiones donde Freud dice, aparece algo del orden de lo inexplicado e inexplicable, donde parecemos ser hablados por un otro, por un ser inconsciente, donde parecemos no entender, ¿porqué dijimos o hicimos eso? O, como puede ser si yo venía a la clase de psicología social y me fui para otro lado. Esas cosas que nos pasan a las personas… Yo escuché una charla entre tres amigas, que hablaban de una cuarta persona que estaba ausente. La ausente se llamaba Nelly. Y una de las presentes se llamaba Ana, entonces una dice: Lo que pasa es que tenemos que admitir que Ana no hace nada en su vida, exactamente hablaba de la ausente, no se dio cuenta por supuesto, y entonces la presente dijo: " Bueno te agradezco mucho" "Te agradezco lo que pensás de mí.” En esas cosas donde el inconsciente habla. Alumna: el fallido está trabajado mucho del lado de la comunicación en los políticos. En el video “Las Patas de la Mentira”, aparece esto, que es maravilloso, porque en los políticos.... fíjense, que en el 83, cuando Luder en aquella frase famosa dijo "Porque entre Liberación o Dependencia, nosotros elegimos Dependencia" Alumna: Rodríguez Saa cuando dijo “la deuda externa se paga”. Marta Carletti: Chiche Duhalde : “la violencia si es creativa puede abrir muchas puertas nuevas”. Y esta es re-creativa, inventan cada cosa… En realidad lo que ha mostrado descarnadamente, en el plano del inconsciente, es que había otro interés, y que entre liberación o dependencia íbamos a depender, clarito... Esos lapsus eran los actos fallidos en el hablar. Hay algunos que son históricos por lo bochornosos, a veces a la persona le da un profundo sentimiento de vergüenza, decir algo totalmente inconveniente, en una situación... algo así como ir a un velorio y decir "Me alegro mucho" en lugar "Lo siento mucho”. Uno quiere salir corriendo y no tiene ninguna explicación. Pero los actos fallidos son más amplios, no son sólo esas expresiones que no tienen que ver con lo que, supuestamente, queremos decir, sino todos los actos fallidos como: equivocarse, perder cosas etc. En 3er. lugar , El chiste, él tiene también un texto que se llama "El chiste y su relación con el inconsciente", donde lo que va a analizar, es como funciona el chiste como encubriendo otras cuestiones. Como se relaciona lo que se dice a través del chiste, con el inconsciente. Y en 4to. lugar: el análisis de los sueños , de donde se deduce una estructura: preconsciente, consciente e inconsciente, o sea que acá ya estaríamos en una 1ra formulación tópica. Tópica viene de "topos" y topos significa lugares. En la ciencia de la época existía la tendencia a darle un lugar a cada cosa. Por eso la concepción de los sentimientos en el corazón, y el espíritu y el alma... y el cerebro como el lugar donde están las ideas, los pensamientos. Existía esta tendencia a darle un lugar físico a cada cosa, por ej., la ira estaba puesta en el hígado, una tendencia bastante organicista. A pesar de que uno dice “me dio una pataleta”, también cuando se enoja, y “me reventó el hígado". Por esta tendencia, a pesar de que esto no tiene una localización real, Freud habla de tópicas y formula en el año 1900 una 1ra tópica, una primera formulación, porque después va haber otra. Lo que él deduce en ese momento es que existe una estructura consciente, preconsciente e inconsciente . Para que Uds. se den cuenta el inconsciente será por supuesto, lo menos sabido, lo menos conocido, lo más oscuro. Lo preconsciente tendrá que ver con aquellos elementos de los cuales nos podemos apropiar, pero que en este momento en nuestro pensamiento no están accesibles, algunas cuestiones que si podemos tener, como yo les decía: el horno, el calefón etc. están en el preconsciente, están disponibles. No es que no los conozco, ni las poseo, ni me puedo apropiar de esas ideas están, pero no en este momento en mi saber consciente... Él va decir que entre esos sistemas o estructuras: consciente, preconsciente e inconsciente va haber barreras que son las censuras. ¿Qué impiden las censuras, esas barreras? Que aquello que es inconsciente irrumpa en la conciencia y nos impacte, porque aquello que está inconsciente por al-una razón es, por intolerable es, porque no nos podemos apropiar de eso, esas barreras, esas censuras, evitan que lo que está reprimido en el inconsciente irrumpa en la conciencia. La semana que viene voy a empezar con la 1ra. y 2da. tópicas, pero me gustaría escuchar si hay comentarios o preguntas de Uds. ¿Se entendió o es muy difícil? ¿Se entiende? Para redondear un poco, que vayan pensando esta 1ra tópica, Freud dice que la barrera de la censura y que esos contenidos del inconsciente, sólo emergen a la conciencia mediante disfraces. Y esos disfraces son los sueños, los síntomas, los lapsus o actos fallidos. Serían como expresiones, muestras de eso que está en el inconsciente. Cuando el sueño es sueño, por ejemplo, el guardabarreras está dormido y aparece la producción anímica en el sueño de esa historia que habla de lo inconsciente.

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La semana que viene lo seguimos charlando. Alumna: La barrera de censura… La barrera de censura impide que lo inconsciente emerja a la conciencia y sólo lo hace mediante disfraces, que son los sueños, los síntomas, los lapsus, actos fallidos etc. Nos vemos la semana que viene. 2º TEÓRICO Susana: ¿Cómo les fue con la teoría? Alumna: Estoy medio enroscada con la teoría. Me costó mucho entender la transferencia, qué es. La tenía por otro lado… Susana: Al concepto de transferencia, ustedes lo van a ver el año que viene, de manera que hoy a la transferencia la pueden pensar con respecto a lo que Pichon llamaba la telé. Lo que les puedo anticipar hoy es que la transferencia se le impone a Freud: hubo un analizador que él no contempló, no tuvo en cuenta, y que de alguna manera se le impuso. Más que la relación, era una cantidad de fantasías que en el aquí y ahora del vínculo terapéutico se actualizan pero corresponden a deseos y fantasías del pasado. Él lo ve a través de Dora, que de alguna manera le hace insinuaciones de tono amoroso. Esto, ¿para qué nos sirve a nosotros? Porque de alguna manera, cuando trabajamos con personas en un vínculo asimétrico que no nos pone en una situación de paridad, inevitablemente pasan cuestiones en ese vínculo de amor y de odio que no tienen que ver con nosotros como personas sino con el posicionamiento referido al lugar que ocupamos. Por ahora, eso es lo que tienen que saber. Sentimientos que se actualizan en este vínculo por la asimetría, por la distancia, y que no corresponde en a la figura del terapeuta ni del coordinador. Alumna: ¿Solamente se da en vínculos asimétricos? Susana: No. Hay situaciones transferenciales en todos los vínculos humanos. Por ejemplo, cuando se trabaja con la pareja, con grupos, muchas veces lo que sucede es que cuando las personas están fuertemente atravesadas por fenómenos de tipo transferencia no se miran a la cara ni a los ojos. En la medida en que lo que esté allí funcionando tiene más que ver con la fantasmática que con el otro real uno va a decir "y aparte, yo me acuerdo que... ". Y uno le dice en la terapia "miralo" o "mirala", y en realidad, si uno mira al otro real, se acaba el juego. Esto se da en los amores hacia los alumnos, en situaciones que hacen que a uno no se lo banque y a otro le tenga predilección... Porque en un grupo se da -hablemos de la tele- que hay personas respecto de las cuales siempre tenemos acuerdos, personas respecto de las cuales nos sentimos como encantadas de la forma en que piensan y opinan, y otras nos generan recelo, rechazo, oposición... Esto también va marcando la vida de nuestras elecciones y nuestras disposiciones a vincularnos. Alumno: Otra duda. Yo no sé si hablamos acá de esto, de “conductista” y “determinista”. Susana: El conductismo es una corriente de pensamiento psicológico que intenta explicar las conductas humanas, en principio, a través de determinadas cuestiones como el reflejo, el perro de Pavlov... Una línea terapéutica es conductista en la medida de que aquello que se propone tiene que ver con la modificación de conducta. En la enuresis, una línea conductista trata de buscar que la conducta resuelva el síntoma. Una línea más profunda tiene que ver con que se resuelva el síntoma, pero buscando los orígenes o las causas que lo determinan. El determinismo tendría que ver, precisamente, con aquellos contenidos más profundos que generan determinados síntomas. Como el pediatra que no sólo contempla la fiebre como síntoma, sino que deja que avance el síntoma de modo que pueda ver qué es lo que origina esa fiebre. Alumna: En el apunte dice que (lee) “…en el sistema inconsciente existe libre posibilidad de condensar, desplazar... en tanto constituyen deseos”. Susana: Avanzaron un montón. Estos conceptos tienen que ver con la segunda tópica. A la primera tópica ya la vieron: Consciente, Preconsciente, Inconsciente. El Ello –que es todo inconsciente, después lo vamos a ver- estructura el aparato psíquico inconsciente de modo tal que no rigen las leyes del espacio-tiempo. No rige la posibilidad de estructurar la lógica discursiva, hay otra lógica: así se estructuran los lapsus y los actos fallidos. El desplazamiento y la condensación se ven claramente en el sueño: en el sueño hay algo que me suena, porque en realidad hay algo que yo tomé de lo que me pasó en el día. En su resto diurno esta especie de materia prima genera mediante mecanismos de condensación y junta en una sola idea, varias. Por eso un analista cuando analiza un sueño trata de despejar, de desarmar con actitud lúdica lo que aparece de una determinada manera para que se desarme y se arme de otra manera. Condensa, junta en una sola idea a varias. Y “desplaza” el contenido inconsciente reprimido, que tiene que ver con impulsos asesinos: puede aparecer con la pena

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porque se le murió un pajarito; eso, que le resulta intolerable, lo disfraza y lo transforma en otra cosa. Estos son los mecanismos de desplazamiento y condensación. La semana pasada decíamos que Freud va a ver en determinado momento el aparato psíquico dividido en Consciente, Preconsciente e Inconsciente. Existían las barreras de la censura que impedían que esos contenidos reprimidos inconscientes accedieran a la conciencia por cuanto son intolerables para el sujeto. En un momento de su práctica clínica, lo que Freud va a ver es que en el sujeto existen aspectos relacionados con tres grandes líneas de pensamiento discursivo, que tienen que ver, en primer lugar, con la búsqueda del placer y la evitación del dolor. Esto tiene que ver con la tendencia del sujeto a buscar situaciones placenteras y a evitar las displacenteras. En segundo lugar tiene que ver con la autoestima, esas cuestiones que hacen referencia a la estima propia. Y, en tercer lugar, con todo lo normativo, con los criterios valorativos y morales, lo que cada uno tiene como ley propia en su accionar en la vida. Freud llamó la segunda tópica, en 1920, a la división del aparato psíquico en un modelo estructural que lo divide en Yo, Ello y Superyó. El Yo tendrá que ver con todas las cuestiones relacionadas al sí mismo y la autoestima. El Ello tendrá que ver con todo lo relacionado a la búsqueda de placer y evitación del dolor, lo indiscriminado de los deseos. El Superyó tendrá que ver con las normas y los criterios morales, con lo valorativo. En primer lugar diremos que el Ello es todo inconsciente. Cuando el niño nace, al momento del nacimiento, es todo Ello. En Freud no existe, al momento del nacimiento, una estructura yoica, sino que el Yo se va a ir construyendo. El niño es todo Ello, es todo inconsciente y regido por el principio del placer. Sólo buscan satisfacer sus deseos de modo que está regido por el principio del placer. El Ello es el asiento o reservorio, la usina, la reserva de todas las energías del sujeto. Es de alguna manera la reserva energética que tenemos los sujetos: allí se asientan todas las energías que se van a llamar libidinales. La energía psíquica se llama libido; así se llama toda la materia prima, la energía que tenemos a nivel psíquico. Freud jamás habla de instintos. La palabra instinto, que es "instinct", es utilizada por Freud una o dos veces, a lo sumo dos. Está referido al instinto animal, a ese que lleva al gato a aparearse cuando llega el momento, a correr detrás de la perra a los perros... Cuando se refiere al ser humano, hace una diferencia, que en la traducción de López Ballesteros fue traducida como instinto y esto es lo que hace sea leído como instinto. Pero Freud no utiliza la misma palabra, sino que utiliza la palabra tried: es lo que en lugar de instinto, ése motor puro de los animales, se va a llamar pulsión. Pulsión tiene que ver con la carga instintiva más el afecto particular del sujeto, la carga de la cultura... No corremos detrás de los perros, todo eso lo hace diferente aunque tengamos algunos aspectos en común. Por eso no hablamos nunca de instinto en el sujeto humano. Va a tener aspectos inconscientes ligados a esas pulsiones y también contenidos inconscientes heredados de la especie, esos que nos sitúan como sujetos parlantes, de las ideas... Rige el principio del placer: recuérdenlo, porque es lo que va a generar que en búsqueda de esta satisfacción de sus deseos el Ello no acepte reglas ni norma alguna, ni las de la realidad, ni las del Yo, ni las del Superyó que tienen que ver con las normas. No hay “no se puede” ni “no se debe”. No acepta ningún tipo de limitaciones. En segundo lugar el Yo (que en Freud es una formación posterior al nacimiento, no así en Melanie Klein) es la instancia que es capaz de reflexionar sobre sí misma. Ahí es donde decimos yo soy, yo pienso, yo me veo... Allí es donde tenemos una imagen de nosotros mismos, de nuestro esquema corporal. El Yo tiene un archivo, la memoria de quienes fuimos y de quiénes somos a lo largo de nuestra vida, porque nuestro cuerpo va cambiando y se agranda, se achica, se encoge... Habría que hacer alguna vez la experiencia de mirar al mundo como lo hacen los arquitectos, de armar una casa tal como la ven los niños, donde los espejos quedan tan altos, donde en general nada está puesto a la altura de ellos, donde cuándo está aprendiendo a controlar esfínteres, el inodoro es como una enorme montaña. Las casas están pensadas y diseñadas por y para adultos… El cuerpo tiene memoria desde el Yo de quiénes fuimos en cada etapa de nuestra vida. Es muy interesante hacer ejercicios, por ejemplo, de por dónde pasas, si llegás o no llegás, situaciones en las cuales acudimos al esquema corporal archivado del Yo. El esquema corporal no es el cuerpo sino la imagen interna que tenemos de nosotros mismos: ese archivo de quiénes somos, cómo somos, cómo es nuestro cuerpo. En las patologías hoy conocidas como trastornos de alimentación, estas perturbaciones es lo severo: no es el cuerpo sino la imagen del cuerpo. Es el esquema corporal lo que está perturbado: eso en lo que determina que chicas que pesan 30 kilos y llegan a la consulta en brazos de sus papás por qué no pueden caminar, se vean gordas. O que se llame bello a algo absolutamente esquelético. Esa distorsión tiene que ver con una perturbación al nivel del Yo, que archiva la información de quiénes somos, quiénes creemos que somos, qué conciencia tenemos de nuestro ser interno: la imagen que

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tenemos de nosotros mismos. Va a contactar tanto con el interior del sujeto como con el mundo externo, y esto es muy interesante porque acá es donde se nos presenta una característica del Yo: que es un gran mediador. El Yo va a tener un trabajo bastante importante, en la medida en que va a ser el encargado de contemplar los requerimientos de la realidad externa, eso que nos hace ser ubicados: en qué lugar podemos o no hacer determinadas cosas... Va a tener que lidiar con los requerimientos de la realidad material y objetiva, pero también con los requerimientos y normativas del Superyó, que de alguna manera le dice que no se puede, que no se debe. Alumna: ¿Media entre el mundo interno y en el mundo externo? Susana: Sí. Justamente porque tiene aspectos conscientes y preconscientes es el que puede mediar en las cuestiones entre estos dos mundos. Sus funciones tienen que ver con la memoria, con la atención, con la motilidad, en decir, el movimiento... Todo esto que tiene que ver con nosotros en acción: estudiando, aprendiendo, caminando, todas estas son funciones del Yo. Nos permiten estar atentos, conectarnos, movernos, hacer una actividad física... Es lo que nos permite que si nos ponen un cajón y se van subiendo, el caballete, uno percibe y va encontrando esa acomodación que hace que un salto o impulso sean cada vez más ajustados. Uno lo percibe con la vista y con la combinación de atención, movilidad, esquema corporal: todas esas son cuestiones que tienen que ver con la función yoica, esa que nos conecta con la realidad y que está muy distorsionada en la adolescencia. Ustedes vieron que el la adolescencia, muchas veces te dicen en la familia "este chico no tiene control": cada vez que se sienta en la mesa patea la pata de la mesa, tira los vasos... Risas. …algunos pueden conservarlo de grandes también. Pero en esencia ocurre que hay un crecimiento muy rápido del cual no se tiene conciencia y no existe la posibilidad de acomodar esa modificación que ha tenido el cuerpo a las limitaciones que plantea la realidad exterior. Hay personas que saben exactamente en el momento en que tienen que poner la mano para dar el salto, el impulso. Siempre sostuve que Maradona tenía esa posibilidad: cuando jugaba: me parece que percibía una realidad alguna fracción de segundo antes que el resto. Eso le permitía, desde un esquema interno que funcionaba con alguna vertiginosidad, poner la pelota exactamente en el lugar en el que, un instante después, llegaba el compañero. No solamente era un goleador: sabía hacer unos pases impresionantes. Si el Ello va a estar regido por el principio del placer, el Yo va a estar regido por el principio de realidad, eso que contacta a la realidad con el mundo externo e interno. El Superyó tiene que ver con aquellos criterios relacionados con la normatividad, con aquello que se debe hacer y lo que no se debe hacer. El Superyó es una instancia que va cambiando a lo largo de la vida. Seguramente muchos de ustedes -las mujeres, a lo mejor- vendrán de familias que, de acuerdo a sus normas morales, sociales o éticas, no verían con buenos ojos que estén a estas horas de la noche aquí, porque lo que se espera es otra cosa para las niñas bien educadas. En algún punto esa estructura superyoica a lo largo de la vida, se va reformulando. Eso que nos marcó con algún tipo de aprendizaje (lo cultural, lo religioso) de alguna manera también se va modificando con los propios criterios y con lo que uno va a armando a lo largo de su vida. El Superyó es el heredero del complejo de Edipo, y es el que asume el lugar de representante de los padres, de modo tal que en su ausencia si hacemos algo que no es correcto, nos hace sentir mal y sentir culpa. Alumno: La conciencia… Susana: Se dice “la conciencia” en términos vulgares; eso que se llama “la voz de la conciencia”. Eso que hace que si me guardé un vuelto, cuando llego a la esquina estoy pensando "pobre tipo, lo va a tener que pagar..." y vuelvo diciéndole “perdón, no me di cuenta...” El Superyó, eso que tiene que ver con las normas valorativas y los criterios morales. Alumna: Pregunto para poder asociarlo: lo que se debe hacer y lo que no, esa parte... ¿es el ECRO que cada uno trae? Susana: El Freud no es el ECRO. Podríamos decirlo, lo que pasa es que lo superyoico es como mucho más complejo y profundo, por cuanto contiene ese heredero de los padres y cómo se estructura. Freud va a hablar de etapas o fases de la evolución de la libido. Va a decir que desde el momento del nacimiento hasta el primer año de vida, el niño está absolutamente compenetrado con todo lo que tiene que ver con la oralidad. Esa primera fase la llamar fase oral. El mundo es chupable y mordible, todo se lo lleva a la boca, el reflejo de su acción está determinado al momento de nacimiento y esto es lo que le garantiza la supervivencia, porque es lo que va a hacer que se prenda de la teta y pueda mamar y sobrevivir. El primer año de vida va a estar marcado por el interés y la dominancia de todo lo que tiene que ver con la oralidad. Esta fase va a tener que ver con toda la carga erógena que va a estar puesta en

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la zona oral, en la boca. Cuando Freud habla de sexualidad infantil habla de esto. Eso no significa que a lo largo de la vida no aparezcan subdivisiones: el cigarrillo y otras yerbas que tienen que ver con esto…. En la fase anal, del primer año de vida a los tres años, comienza el interés del niño por los contenidos que salen de su cuerpo. Juegan con líquidos, con barros, con plastilina…. Les gusta ensuciarse, meter las manos en el puré y a hacer eso que las mamás denominan “chanchadas”. Todo esto tiene que ver con el profundo interés, que además coincide con la etapa del control de esfínteres, en la que se da lo retentivo y lo expulsivo. Chiquitos que corren por la casa y no quieren hacer, se ponen nerviosos, se esconden. Es la dominancia de la zona anal como fase. Fase fálica: a partir de los tres años hasta los cinco comienza eso que caracteriza en gran medida a la teoría freudiana y que se llama el complejo de Edipo. Lo caracteriza el profundo amor del niño hacia su madre. Vive de alguna manera a su padre con una enorme rivalidad, con deseos asesinos y homicidas. En algún punto es aquí donde recibe dos mensajes que tienen que ver con la identificación: que serás como tu padre, en el sentido de que saldrá a buscar objetos de amor por la vida, pero no serás como tu padre porque éste objeto de amor no es el que poder elegir vos; esta mujer es mía. Con lo cual el niño sale de esta situación de complejo de Edipo por miedo a lo que Freud llamó miedo a la castración. Es por esta época que los chiquitos descubren que varones y mujeres no son iguales. Hay cosas muy drásticas con respecto a esto. Una alumna de Corrientes me contaba que tiene un varón y una mujer chiquitos, que se llevan un año. La chiquita siempre fue muy piola. Un día de mucho calor estaban bañándose desnudos con la mama; entonces el varón le dice "yo tengo pito y vos no". Entonces la chiquita se quedó mirando, se miraba, pasaron unos instantes y le contesto "yo tengo una casita, y adentro de esa casita está guardado mi pito". Cómo sabía lo que con esa casita podía obtener en el futuro. Fíjense cómo los chiquitos muestran un enorme interés por la diferencia de los sexos en esa etapa. De alguna manera, lo que Freud va a decir es que el niño atraviesa esa fase cuando descubre que esto que le ha pasado en el complejo de Edipo es prohibido, que no se puede, que como dice la Biblia no desearás la mujer de tu prójimo, que es el padre. Descubre esto del complejo de Edipo por el miedo a la castración: como en ese preciso momento descubre la diferencia de los sexos, el no piensa que nacieron anatómicamente diferentes; lo que piensa es que aquéllas tenían lo mismo, algo hicieron mal, y... Alumna: …lo cortaron. Susana: Ante el riesgo de la pérdida de sus atributos masculinos -el miedo a la castración- lo que Freud dice es que abandone el complejo de Edipo. Pero el heredero, lo que queda como heredero del complejo de Edipo, es el superyó. Heredero del complejo de Edipo en la medida de que en la ley de los padres. Antes de esto el niño es un ser moral. Antes de los tres años los chicos se traen a la casa todo, del jardín de infantes se traen cualquier cosa. Fíjense cómo en esta etapa se está modelando la conciencia moral. A través de los mensajes va a ir determinando cosas diferentes. Alumna: ¿Y con las nenas? Susana: Es más complicado. En alguna parte se lo llamó complejo de Electra. La niña, por complejo mecanismo de identificación con la mamá, se pinta y se peina, se prepara para esperar al papá, toda esta cosa de seducción de la chiquita con el papá. Lo que Freud va a decir es que la fantasía de la niña por la cual sale del complejo de Edipo tiene que ver con la maternidad. Para las niñas la salida del complejo de Edipo está relacionada con el ser madre. Ellas salen también por la prohibición, y por la fantasía a futuro de tener un hijo. Lo que para el varón ocuparía el miembro viril, en la mujer, gran parte de la creatividad estaría puesta en la maternidad. Para algunos esto explicaría por qué históricamente (hoy no tanto) hay menos teóricas, por qué la mujer no teoriza tanto. Mucho de la creatividad está puesto en la maternidad. Entonces la salida del Edipo estaría a partir del fantasear darle un hijo a este padre. Alumna: ¿Que siente hacia la madre? Susana: La misma ambigüedad, porque en realidad ella la odia, rivalizan, pero al mismo tiempo es el espejo en el que se mira para ser como ella. Los vínculos están marcados por la ambivalencia. Lo que en ella va a aparecer como la completud es el tener un útero capaz de engendrar vida. Este es el complejo de Edipo. Después de esto, a partir de los cinco años, viene toda una etapa que se llama de latencia. Alumna: ¿Se sale a los cinco? Risas. Susana: Yo no te lo puedo garantizar. Eso de que se salen de la mamá para buscarse una mujer que trabaja de mamá... Tu pregunta es optimista. Es como para pensar en eso de "se sale": es interesante porque ustedes mismos se dan cuenta de que en los vínculos uno puede estar reproduciendo cuestiones no resueltas.

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Alumna: Hay muchas enfermedades que se fueron fijando en eso. El obsesivo o la anorexia, que tiene una fijación más en la oralidad... Susana: Exactamente. No vamos a ver psicopatología, pero si en esta fase se determina una fijación, que determina una determinada patología... Él va a decir que en la neurosis obsesiva, cuando hay una preocupación muy marcada por todo lo que es la limpieza y el orden –como en “Mejor imposible”, y hay muchas otras películas...- en la neurosis del ama de casa, muchas veces tiene que ver con la formación reactiva, de acción a eso "asqueroso" del contenido anal, lo “sucio”, lo “chancho”. No se asusten. Mucho no me gusta hablar de estas cosas, porque todos tenemos rasgos y si uno agarra un tratado de psicopatología se encuentra un poco en todos lados, por más que tengas 55 años de análisis y estés bien. El problema es –diría Pichon-cuando se estereotipa y no impide adaptarnos activamente a la realidad. Todos tenemos algún tipo de rituales característicos como rasgos del obsesivo anal. Que nosotros apretemos los escalones de nuestra casa contándolos no mata a nadie, pero despertar 55 veces para ver si conectamos la alarma, si desconectamos el gas, evidentemente eso no nos deja descansar. ¿A quién jorobamos cuando tenemos una reelaboración y tenemos que pasar por la catedral para ver la Cruz, para que nos vaya bien? Ese tipo de cosas que son obsesivas y que tenemos todos son rasgos que no joroban a nadie. Ahora, cuando eso se estereotipó de tal manera que pasa al síndrome obsesivo compulsivo y se transforma en algo que domina nuestras vidas, y si no doy tres pasos más me muero... Los pensamientos tienen que ver con una especie de control omnipotente de la realidad que nos hace pensar que si no se hace es una temeridad, conecta con la muerte… Alumno: Aquel que vive con ansiedad, con histeria, ¿se mantiene en equilibrio? Susana: No. Son patologías diferentes. La histeria esta asociada a otra fase que es la fálica. Sí mantiene el equilibrio del sistema. Al igual que el síntoma, el lapsus y el acto fallido, lo que la teoría plantea es que todo esto está puesto al servicio del mantenimiento del sistema integral. La patología tiene que ver con la fijación a una de estas fases. Freud decía “mis histéricas ni mienten”, todas venían con la misma cantinela de que un adulto las había seducido. Cierto o falso, este mito es su verdad. En esta segunda tópica, va a decir que este mito es su verdad, pero que ese mito remite al complejo de Edipo, porque son adultos significativos. Después de los cinco años hay un período llamado de latencia, donde todas estas funciones, todos estos movimientos entran en un estado latente, un estado de calma que es el que permite el abordaje de la escolaridad. Alumna: Por ahí eso lo vio Freud en su época. Pero en el mundo de hoy, cómo están los chicos, como viene toda la exposición... Susana: Yo creo que hasta acá esto se sostiene. A los cinco años, al comienzo de la escolaridad, los chicos están con esa disponibilidad que la que les permite entrar en el mundo de la ciencia, de las artes, de la lectoescritura. Esto en la época de Freud conduce a la edad de la pubertad y adolescencia, que preparaba al sujeto para toda la genitalidad adulta, donde la sexualidad se transforma en genitalidad. Eso es lo que se ha adelantado, se ha corrido, se ha cambiado: chicas de 8 o 9 años que ya están pensando en pintarse... Alumna: Tengo un hijo de seis: se van a dar besos y yo digo: ¿que latencia? Risas Susana: Por más que se den besos, no está la posibilidad libidinal. El que tiene contacto con adolescentes sabe que están absolutamente en otro universo, se cuelgan, no entienden... Genera otras cuestiones. El camino hacia la sexualidad genital es distinto. El chiquito a los seis años oscila entre una actitud del "me gusta una compañera" y los juegos, como otro mundo. Hay una oscilación. El superyó, heredero del complejo de Edipo, tiene que ver con los mandatos de los padres. Es representante de los padres en el sentido que, en ausencia de ellos, aparecerá la culpa si hacemos una mala acción. Alumna: En ausencia de padre y madre, ¿se toma a otra persona? Susana: Si. La ley se inscribe según los adultos significativos, padre o madre sustitutos. Si el Superyó tiene que ver con los criterios relacionados con lo normativo, con lo que se puede o no se puede hacer. El Yo, como ya dijimos, será el gran organizador por un lado de las demandas del Ello que quiere placer, hacer lo que quiere y por otro lado los mandatos del Superyó, que prohíbe. Según la severidad, será más prohibidor o más tolerante. El Yo tiene que lidiar con las demandas del Ello, que quiere satisfacción plena, y los mandatos del Superyó que dice en lo que se puede o no se puede hacer, y con las exigencias del mundo externo que nos plantean los límites de la realidad. Alumno: El superyó marca el encuadre, ¿no?

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Susana: El encuadre moral, lo normativo, porque el Yo también marca un encuadre. ¿Cuáles son los emblemas que colgamos en las casas, y con qué tienen que ver? Unos colgarán títulos, otros colgarán armas, otros colgarán trofeos de caza, cabezas de ciervos. Hace tres o cuatro años hubo una bandita en Boulogne, que habían entrado en la plaza de un ingeniero, encañonándolo... Alumna: “Los bananitas”. Susana: Cuando llegó la policía, el que abrió la puerta era un niño de ocho años, hijo de esa familia. La mamá lideraba. El chiquito de ocho años que abrió la puerta encaró a la policía y les preguntó "¿Ustedes tienen orden de allanamiento? Porque si no, no pueden entrar a mi casa". Y cuando entraron, lo interesante es que los emblemas que colgaban en las paredes eran las fotos de los diarios en las que en los chicos estaban apuntando al tipo, donde ellos eran los protagonistas... Ahí donde uno cuelga sus trofeos preciados, lo que uno muestra, ellos mostraban eso. De alguna manera, la constitución, los mandatos, lo que está bien, lo que está mal es absolutamente diferente a lo de tu familia o la mía. El Superyó marca el encuadre moral familiar. Para una familia, por ejemplo, que una chica a los diecisiete años tenga pareja y se vayan de vacaciones está dentro de lo razonable, esperable. Para otras puede ser un horror, un pecado, una barbaridad. Alumna: Pero eso está mal. Eso no puede ser. Susana: Para vos está mal. Para alguien puede estar mal, no es correcto, no corresponde a la normativa... Este superyó, es el heredero de los padres. En ausencia de esos padres, llega a un punto en que el que decide es uno. El tema (piensen cuantas veces uno dice que no puede disfrutar porque está pensando en los padres) tiene que ver con lo culposo, con cuál encuadre ético, moral, de mandatos. El Superyó está lleno de mandatos, es el heredero de los padres, pero también están los representantes de los padres, porque los padres, de alguna manera, eligen a cuál escuela vamos, dónde nos criamos, en qué familia, con qué cuestiones no vamos a ir identificando. Alumno: Yo te iba a preguntar si tiene que ver con la diferencia social. Susana: Puede haber alguien de una condición social muy humilde, que de alguna manera se ufana de su propia honestidad, y entonces dice "pobres pero honrados", y traer algo ajeno es castigado de modo severísimo, porque a lo mejor el nivel social puede determinar el orgullo de ser honestos. Si los representantes de los padres, aquellos que continúan una línea ideológica, continúan con ciertos mandatos: si uno tiene una educación religiosa, a enviar a sus hijos a una escuela religiosa, ir a los scouts… Va a intentar ocupar su tiempo libre con esas cuestiones, y de algún modo esto va a marcar un tipo de relación, de vinculación. Alumna: No siempre. Yo mando a mi hija a los scouts y no es por decisión propia. Susana: Precisamente, mandato de los padres, porque acá aparecen las divergencias de los padres. Tienen padre y madre, y en esa lucha predomina algo, una idea por encima de la otra. De alguna manera la marca te termina representando a vos también. Seamos honestos: hay un punto en que los scouts te solucionan la vida, los chicos están ocupados, tienen un montón de actividades, sabés que están cuidados. Lo cual termina representándote también. Hay un montón de cosas. Es complejo. A lo largo de la vida lo que uno va haciendo muchas veces es despegar, flexibilizar, desarmar, rearmar muchos de esos mandatos. Cuando alguien tiene justamente una fijación mucho mayor que tiene que ver con la propias rigideces, va a vivir mandado, sujeto al deber ser. Alumna: Los mandatos, al ser tan marcados, ¿no producen a una reacción contraria? Susana: También puede suceder eso. Por eso no hay una única explicación. Yo estoy explicando cómo es la estructura; lo que devenga de eso, son las vicisitudes que tiene todo proceso psíquico. Que devenga en la medida en que alguien pueda revisarlos. Que en eso consiste la psicoterapia, muchas veces: en revisar esos mandatos, y en desde qué lugar uno está sujeto, a qué responde, por qué, en función de qué hace o no determinadas cosas. Alumna: En algún momento de la vida se puede… Susana: …ir sólo con el novio, sí, por supuesto. Risas. Para que quede claro: en algún momento de la vida. Ahora, qué pasa si cuando uno se va de vacaciones con el novio se enferma, o mirá lo que me pasa: me agarró diarrea, vómito, oh casualidad.... Son formas de sustituir esa prohibición. Y además a cada mujer le dicen que podría suceder una tercera catástrofe, todo eso junto. Cómo el inconsciente va a regular estas cuestiones, donde los mandatos no son sólo los mandatos de los chicos, ("no traigas nada, no pegues, no podés hacer tal cosa"), dónde uno va generando todo un posicionamiento ante la vida. Acá la cosa es más compleja. Lo interesante de la teoría psicoanalítica es que Freud dice que aunque no hagamos algo, el inconsciente puede buscar el castigo como si lo hubiéramos hecho, si lo hicimos con la fantasía. En las religiones, esto de “…

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pensamiento, palabra, obra u omisión”. Nunca tengan el prejuicio de decir ni desde un lado ni desde el otro. Hay que saber, inclusive para poder entender muchas de las explicaciones de las ciencias sobre el psiquismo humano, entender cómo la religión explica muchas cuestiones. Hay necesidad de organizarse, a través de determinados dogmas, y si nos tienen que venir a decir “no matarás”, será porque somos capaces de matar. Si no fuésemos capaces de hacer algo... ¿para que nos hablan de ley del incesto, si uno naturalmente no tendría deseos incestuosos? Cuando hay mandamientos, tienen que ver con organizar desde la cultura determinadas pautas que hagan posible la convivencia, y con organizar determinadas cuestiones que son inherentes a la condición humana. No somos ángeles, eso está claro para el psicoanálisis. Por último diremos que cuando el Yo enfrenta situaciones en las cuales se siente incapaz de resolver las tensiones, aparece la angustia como señal para que yo estructure una conducta aliviante, y esas conductas son los mecanismos de defensa. Mecanismos de Defensa o Técnicas Instrumentales del Yo. Freud los llamó mecanismos de defensa, y Pichon técnicas instrumentales del Yo. Instrumentos que el Yo posee para aliviar el sistema cuando aparece alguna situación que es intolerable y que amenazaba al aparato y psíquico con la desintegración. Los mecanismos de defensa o técnicas de instrumentación del Yo son instrumentos para mantener el sistema integrado. Por ejemplo, la negación es un mecanismo de defensa. Cuando hay una realidad intolerable como una noticia espantosa, puede aparecer la negación en distintas formas, sanas o patológicas. Una forma de negación es el desmayo. El desmayo es la situación que permite, como mecanismo, reestructurar: la persona reacciona y es como que esa verdad ya entró, ya fue incorporada, filtrada, y se puede tomar contacto con ella. La negación, como situación defensiva, intenta mantener el aparato psíquico integrado, sanamente. ¿Cómo sería patológica? Hace dos o tres años me llama una doctora que me dice dos cosas: “falleció mi papá y necesito ayuda porque mamá está loca”. Cuando voy, “mamá, te acordarás de Susana”; “Ay, sí: estoy preparando la comida, viene Julio, te quedas a comer…" Lo que para la hija era terrible, negación patológica, era una forma de negación maníaca que intenta desmentir que ocurrió lo que ocurrió, actuando y sobreactuando. Lentamente esta señora pudo entrar en contacto y tuvo un episodio que roza la locura. Hay momentos en los que uno se sale de la realidad, pero eso no quiere decir que una esté loca. Ese mecanismo defensivo intenta mantener al hecho integrado. Lo último que les digo es esto: en el primer momento de la teoría Freud va a hablar de dos pulsiones o impulsos básicos. En primer lugar los de conservación de la especie y en segundo lugar los de conservación de la vida del sujeto o autoconservación. En todas las personas hay dos posiciones básicas. Una tiene que ver con la conservación de la propia especie y otra tiene que ver con la conservación de la propia vida. Él iba a unir a estas dos tendencias básicas del sujeto en lo que llamó pulsión de vida o Eros, que nos lleva a cuidar a la especie -bastante deteriorados estamos en eso- y a cuidar la propia vida, a nosotros mismos. Nos cuidamos, nos descuidamos, a veces nos cuidamos más y a veces un poco menos,.Fluctúa. Su energía se llama libido; la fuerza que mueve este sistema se llama energía libidinal. Está porción de vida en la que nos lleva a estar acá, a estudiar, a amar, plantar el árbol, escribir el libro, tener los hijos. Cosas para proyectarnos más allá de nuestra propia finitud. Si nosotros sabemos que desde el mismo momento en que nacemos estamos destinados a morir, si estuviéramos todo el tiempo conectados con eso, nos ponemos a llorar... En cambio hacemos proyectos, nos hacemos los giles... si la muerte llega, que no se encuentre ocupados. Pero resulta que en un momento de su teoría muy desgarrador, Freud se plantea la existencia de una fuerza contraria, que llamaría la pulsión de muerte o Tánatos. Es un momento en el cual le pasan varias cuestiones: el auge y el desarrollo del nazismo, que lo hace exiliarse en Londres, donde finalmente muere, sus libros quemados en las hogueras, coincidentemente el cáncer que lo llevó a tener más de veinte operaciones, y la segunda guerra mundial, que lo hace pensar que es lo que lleva a la humanidad ha perpetuarse en esta tendencia a la destrucción. Es entonces que se plantea la existencia de una pulsión de muerte o Tánatos, que no tiene energía propia sino que su energía sería la faz negativa de la anterior, la libidinal. Hay algo más que lo lleva a plantear todo eso, que tiene que ver con un momento muy fuerte y desgarrador de la teoría, cuando se pregunta qué es lo que lleva a las personas a repetir esas situaciones que las ponen en lugares difíciles, de sufrimiento. Él dice que más allá de que las personas vean cosas, muchas veces repiten las dependencias a vincularse de determinadas maneras que las hacen sufrir, a relacionarse de una cierta manera que finalmente los pone en lugares equivocados. Esto lo lleva a formular lo que llamó compulsión a la repetición, donde todo esto estaría del lado de la pulsión de muerte o Tánatos. Las guerras, la enfermedad personal, en el nazismo, todo esto.

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Teórico dictado por Susana Gacias / Jueves 18 de septiembre de 2003 Melanie Klein ha sido continuadora de Freud, posfreudiana. A su teoría se la conoce como “teoría de la relaciones objetales”. Su escuela es la Escuela Inglesa, por cuanto es la escuela que se desarrolla en Londres; ustedes saben que Arminda Aberastury y Pichon Rivière fueron en dos oportunidades a hacer supervisión con ella, que era la pope en psicoanálisis a nivel mundial. Como su mujer, ejercía el psicoanálisis del niño, ella es la que lo introduce en la teoría de las relaciones objetales. Alumno: Objetables... Susana: No: objetales. Las relaciones objetables son otra cosa, que se la vamos a dejar al superyó. Risas. Las relaciones objetales, o relaciones de objeto: ustedes se acuerdan que el objeto en psicoanálisis no es la cosa: el objeto es el otro. El objeto de análisis en Klein es diferente. No es que Freud no hable de los niños porque no es objeto de su interés, sino que no es objeto de su práctica. Cada investigador va recortando y delimitando su propia práctica en función de la experiencia y la experiencia de Freud no llegó a conceptualizar sobre determinado tipo de conducta. La experiencia de Klein es otra, y Pichon Rivière después la retoma, pasando de la psiquiatría individual, del enfermo mental, lo familiar, a lo grupal. La propia práctica iba condicionando la conceptualización de cada uno de los autores. Klein es mucho más actual, nace en Viena en 1886 y muere en 1960. Se interesó por el psicoanálisis de niños; era algo que hasta el momento no se había realizado. Lo interesante es que ella realiza análisis vinculares de niños muy pequeños en compañía de sus mamás. Es pionera en eso, en la técnica con chicos: como el método de expresión de los niños por excelencia es el juego, lo que ella descubre es que el juego tiene un enorme valor proyectivo. Los niños proyectan lo que piensan a través del juego: todas sus fantasías, sus conflictos... jugando era factible proponerles reparación a esos conflictos, proponerles y plantearles alguna forma de resolución de estas situaciones que para ellos eran tremendamente angustiantes. Sería el equivalente a la asociación libre. Si el adulto asocia libremente, al niño se le da una cantidad de materiales para que los use libremente. Los chicos resolverán sí dibujan, pintan, juegan a los soldados, destrozan o dibujan con colores brillantes, o cielos negros y pisos negros... Por supuesto que hay la capacidad de indagar y estudiar lo que significan esos signos; ésa no es tarea de la psicología social. La vuelta que nosotros le encontramos desde la psicología social es la posibilidad de entender todas estas cuestiones y como determinan la forma de ser en el mundo; cómo sujeto y contexto se van determinando. Cuando ustedes tengan la posibilidad de trabajar en grupos, en organizaciones, en las comunidades, en situaciones donde lo vincular va determinando, van a ver todas estas cosas: Klein habla de la disociación, en vínculo ambivalente, la posibilidad o no de integrar el vínculo. En la vida adulta esto se iba reproduciendo, y hay personas que nunca logran integrar el vínculo, se relacionan de modo ambivalente... es interesante verlo no solamente desde lo teórico, sino desde cómo a nosotros, en nuestra práctica profesional, nos ayuda a entender muchas cosas aunque no las apliquemos desde la clínica. Dijimos que Melanie Klein nació en 1886 y murió en 1960. Ella hace sus desarrollos en psicoanálisis a partir de la segunda tópica, que divide al psiquismo que en ello, yo y superyó. A partir de las relaciones de objeto, la primera relación objetal es la relación con la mamá, esa que marca para siempre porque no habrá ninguna igual. Con Klein la letra de los tangos nos viene maravillosamente: “no habrá ninguna igual, no habrá ninguna, ninguna con tu pie de ni con tu voz…” son los atributos por excelencia de la madre en los primeros contactos. Aquella vivencia de los primeros contactos infantiles garantiza nada más y nada menos que la supervivencia (a veces por la vida vamos buscando, pero, lamento decirlo, no aparece). Fíjense que la primera experiencia de vida no es placentera. Lo primero que antecede a la vida como experiencia es la muerte. La primera vivencia autónoma desde niños fuera de ese hotel cinco estrellas -calefacción central, espacio ambientado de manera maravillosa, sauna- a nuestra primera respiración autónoma, lo que antecede a eso es la vivencia de asfixia. Al parto, al momento de salir, la primera a respiración autónoma es antecedida por la asfixia. No hablamos de situaciones traumáticas, hablamos de una situación natural. Por eso cuando decimos “no

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habrá en ninguna igual…”, es porque lo tras esa primera experiencia traumática del nacimiento -cuando los bebitos están como asustados, todos los ruidos los perturban y sobresaltan- hay una voz y una piel y un latido del corazón que son lo único que los calma porque los remite a esa situación en la que estaban absolutamente seguros. Alumno: En lo único que reconoce como propio. Susana: Exactamente. Esa es la primera relación de objetos, que está marcada por la supervivencia. Los niños sobreviven en función de que hay alguien (no lo llamemos solamente “madre”, porque hay en distintas situaciones, siempre hay alguien que cumple la función materna y es capaz de hacerlo sentir cuidado y contenido en esa relación objetal). El cachorro humano es prematuro en su nacimiento aunque nazca a los nueve meses de gestación. Otros cachorros, para empezar, nacen y tienen una situación de movilidad, pueden procurarse el alimento. El cachorro humano es dependiente durante largo tiempo. Requiere de otro, ese otro que Freud llama “el otro de los cuidados ajenos”. Esa es la situación que todos en algún momento hemos tenido para poder llegar a autoabastecernos. Esa dependencia emocional –afecto- y física -abrigo, sostén, alimento- para ser socializados. Melanie Klein desarrolla esto de las relaciones objetales observando chicos muy chiquitos y descubriendo que tienen relación con sus primeros objetos, el primero de los cuales es su madre o la persona que tiene a cargo su cuidado, por parte o aspecto de esa persona. En la primera cuestión que hace a las relaciones de objeto. En una publicidad maravillosamente kleiniana se veía una cunita y una cantidad de carotas que decían “¿Quién le cambia los pañales al nene?” Han captado maravillosamente lo que el ve un niñito en su moisés. Piensen ustedes que al comienzo, desde lo que físicamente puede, en el niño, al no ser estructurado neurológicamente para poder mirar el mundo desde el lugar de sentado. Tiene que verlo desde otra posición: lo que va a ver son partes de la persona que acude a asistirlo. Va a ver una mano, una cara... con lo primero con lo que el bebito se va a relacionar es con objeto parciales, con la parte de ese mundo que lo rodea. Incluso se toma y se vive a sí mismo como objetos parciales: va a ver una mano que le pasa por delante: es su mano, pero él va a ver una mano que le pasa por delante. Se va a llevar el piecito para arriba, lo va a dejar... Esto es lo primero que va a decir que Klein de importancia: que el niño se relaciona con el mundo a través de partes. Alumno: Esas partes pueden ser ajenas a él o de el. Susana: Las dos cosas. Él mismo tampoco está integrado como objeto, no hay relación de causa y efecto, no hay esa posibilidad. En el mundo -y él mismo, como parte del mundo- está dividido en partes. Por partes o aspectos de esa persona. Cuando digo “aspecto” también me estoy refiriendo a determinantes muy importante como la voz. En el niño, todavía no asocia esa cara con esa voz. Normalmente cuando la mamá se está desprendiendo, esas cuestiones medio caóticas que pasan cuando los chiquitos son muy chiquitos y no pueden esperar (ustedes no, ustedes construyeron ya la estructura de demora, nosotros somos grandes y la tenemos muy construida ¿no? Pensamos, no nos ponemos ansiosos, no tenemos nada del bebé que alguna vez fuimos...). El bebé no puede esperar porque en la vivencia que él tiene, el hambre es una experiencia dolorosa, caótica. Siente una punzada en el estómago, que además es masiva. Es una vivencia tremenda. Cuando el bebé llora -lo vimos en comunicación- se arma un circuito comunicacional; no tiene la intención de comunicar pero al final se arma ese circuito y aprende que el que no llora no mama. El bebé empieza a registrar atributos de esos objetos. En algún momento no ver a la mamá pero escucha el “ya va” y esa voz, una mano que se acerca, un perfume... Partes y atributos del objeto, del mundo. El niño nace y comienza a relacionarse con el mundo incluyéndose por partes. Objetos parciales. El bebé es que un recién llegado que dentro del espacio intrauterino percibe sensaciones, pero al llegar todo es nuevo. Las ecografías lo han revelado, y en ese sentido parece que Klein estaba bastante en lo cierto, cuando hablaba de un yo temprano. Ustedes recuerdan que Freud no cree que haya un yo en el momento del nacimiento, porque el bebé es puro ello y el yo una instancia que se va construyendo. Melanie Klein cree que no es así, y Pichon llegará a hablar de un proto-yo en la vida intrauterina. Las ecografías hoy demuestran que en los jugueteos que el chiquito hace en la vida intrauterina hay diferenciación entre el yo y no yo. Se chupa el dedo, toca el cordón, palpa las paredes del útero. Hay un registro de sensaciones distintas. Todo es nuevo en relación a la experiencia de esta vida intrauterina, donde sus necesidades estaban absolutamente cubiertas y satisfechas. No hay el registro de necesidad en la vida y intrauterina: ni de hambre, ni de frío, ni de ruidos. Ningún registro doloroso ha tenido en un embarazo normal, excepto el parto. (Qué silencio que se armó. ¿Les gusta esto? Esto hace que se pongan medio regresivos, así que si después se quieren poner a dormir como en el jardín, en el rincón la siestita, pueden hacerlo porque hoy

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está permitido…) Va a ser un olor, el sabor de la leche, que no está relacionado con ese pecho y ese biberón: es algo calentito que entra y calma el dolor de la pancita. Por eso son todas partes de una experiencia que se englobaría como gratificante. Así como se conecta con objetos parciales del mundo externo, también él, para sí mismo, es un objeto parcial porque no integra todavía lo que es su propia persona. No tiene una visión de sí mismo integrada, que es una construcción posterior. Les cuento que Klein no goza de mucha aceptación en el mundo psi, porque es la Argentina tenemos la impronta de las modas y hace muchos años que el psicoanálisis la canino viene formando cabeza casi como máquina de hacer chorizos. Yo creo que hay que hacer como Pichon, que lo investigó a fondo y le sirvió de mucho para entender cuestiones que hace en a los vínculos, a los grupos y a las instituciones. Hay un momento, que ronda el tercer mes, en el que uno ve que el bebé empieza a seguir sus propios movimientos con atención, y como esto coincide con que se puede sentar, el sentarse le da una visión del mundo absolutamente diferente. A partir de ahí, es toda una cosa que integra: esa voz, esa mano, esa piel que después viene… E integra la experiencia de gratificación, con lo cual está claro que el mundo se va integrando. Enlazándose, el cuerpo va posibilitando las funciones psíquicas correspondientes. Corremos el riesgo, pero nunca hagamos psicologismo, poner exclusivamente lecturas psicológicas o psicosociales. Hay que tratar de tener una visión integradora que incluya a todos los aspectos que podamos, y el cuerpo es un instrumento, es importante para nosotros, como psicólogos sociales, el ver cómo se posiciona una persona, como se sienta en la silla, al lado de la puerta, eso nos dice algo. Ahora se van a empezar a acomodar todos en las sillas. La imagen de relajada en el sentarse, o una cosa crispada… los cuerpos hablan también y a nosotros, como psicólogos sociales, nos interesa lo que dicen. Los bebés juegan con los pies o las manos porque están trabajando justamente esto de conocerse a sí mismos e integrar las distintas partes del cuerpo, relacionando este pie que pueden tomar como una parte suya; en esto de chuparlo, experimentan una sensación. Esto va haciendo que el mundo empiece a estar más integrado, pero hasta ese momento el mundo se constituye por objetos parciales. Alumno: Freud no había trabajado el vínculo entre la mamá y... Susana: Le da enorme importancia a los primeros contactos del sujeto en la vida, pero como su objeto de estudio eran adultos, además histéricas, esto va sedimentando la fracción de la realidad en la cual uno está experimentando. Alumno: Ella desarrolla la teoría del yo temprano, que Freud no lo tomaba. Susana: Después van a tener los puntos de diferencia y las similitudes. Melanie Klein va a discrepar con Freud en que ella va a hablar de la existencia de las instancias tempranas: un yo temprano, un Edipo temprano... En el momento en que el bebé puede integrar el objeto, en que se da cuenta de que hay una sola mamá, en ese momento se da cuenta de la existencia de un tercero. Esto en Klein instala la primera división triangular, de un Edipo temprano, con toda carga que después vamos a ver. Alumno: Ella está hablando de la integración. Susana: Del pasaje de la desintegración a la integración. Nosotros nunca nos relacionamos con la gente en forma parcial, nunca tomamos a las personas como todo buenas, o si, a veces no pasa... Ahí estaría la diferencia entre el enamoramiento y el amor. El momento de salir del enamoramiento y pasar al amor es cuando le decimos “¡Cómo cambiaste vos!. Ya no son el mismo...” Vendría a ser el verdadero conocimiento: inevitablemente va a haber una desilusión, pero con respecto no al otro real sino al que se construye en la etapa de enamoramiento. Es un otro parcial. ¿Qué hay de maravilloso en ese momento? Uno que dice “nunca nadie me escuchó de esa manera”... Claro, si todo es nuevo. Si a los diez años le vuelvo a contar la historia, me tira todos los tomates de la heladera. Ese es el momento en que esa historia y inaugurada por los dos está empezando a escribirse, y también se está escribiendo la imagen de uno: el otro es como un espejo, de esos del Italpark, que devuelven una imagen maravillosa. Eso es el enamoramiento: no es “cómo cambiaste”, sino que cambia la forma de vincularse con un otro más real, con aspectos buenos y aspectos no tan buenos. Klein dice que el bebé se va a ir integrando mediante procesos de proyección e introyeccíón. Piensen en la proyección de una película: proyección es a poner fuera de sí, fuera de uno, aspectos a veces intolerables. Introyectar es lo opuesto: uno introyecta en la identificación la imagen de aquella maestra que a uno le daba mucha ternura o afecto, introyectamos esos personajes acompañantes… Melanie Klein dice que el bebé va a lograr la integración de sus partes dispersas mediante mecanismos de proyección, de poner fuera, y de introyeccíón, de poner dentro. Estos procesos se dan a partir de los primeros momentos de la vida con objetos externos que se interioriza de, pero no tal cual son. Para los más viejos, no es el Simulcop, que copia tal cual, no es un calco, no internalizamos en forma textual. Es lo que explica Pichon cuando dice que “todo encuentro es

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un reencuentro”; no me encuentro con mi maestra de segundo grado, que era un amor de mujer: me encuentro con alguien que evoca aquello en mi mundo interno, que está poblado por personajes. Yo no me tragué a la maestra tal cual. Hay una historia de una niñita de tres años, que viendo fotos, le decía a su papá: éste que está acá es mi papá, y este es mi abuelo, que está en el cielo... “En el cielo y acá”, dice la mamá señalándose el corazón. “¿Qué, entonces te lo tragaste?” Hay un proceso que en esa internalización sufre las distorsiones propia de nuestros vínculos; lo vincular es lo que le otorga la marca personal. Por eso cuando a veces dos hermanos nos hablan de la misma familia, nos preguntamos si de verdad estarán hablando de las mismas personas. El bebé va a internalizar primero objetos parciales: esa voz, esa piel, que a él le dieron gratificación, placer, contención y seguridad. De entrada, el mundo está formado por hadas y brujas. Los cuentos infantiles, la lucha del bien y el mal, no salen de la nada: salen porque justamente ahí una vivencia, en nuestra estructura más profunda e inconsciente, de aspectos acompañantes, protectores y cuidadores y aspectos abandonantes y hostiles. Para un bebito, que no tiene estructurada ninguna posibilidad de demorar su respuesta inmediata al hambre que siente como una vivencia masiva y dolorosa, la espera que significa que la mamá se saque la ropa o caliente en el biberón, es el abandono. Empiezan a chupetear en el aire, gritan, están tan enojados con el pecho que parece que lo quieren morder... Este momento conecta con una vivencia en la cual sienten el abandono. A los que no le dan sostén y protección, también los internalizan. Esto hace que el mundo, en esta primera etapa, esté dividido: un mundo dividido, justamente, en bueno y malo. Klein dice que el primer objeto parcial que el bebé va a internalizar es su propio yo rudimentario. Esto es necesario para que el bebito pueda seguir manejándose en un mundo que le presenta una gran cantidad de estímulos ante los cuales no sabe qué hacer. Internalizar este primer esbozo rudimentario de yo, algo que le hace integrar, una primerísima integración en la que está el llanto, el dolorcito de panza, formando ese circuito comunicacional del que hablamos en comunicación. Esta es una diferencia con Freud, porque él plantea un yo y un superyó que se van construyendo y tienen su culminación en el complejo de Edipo, más o menos a los cinco años. Para Klein hay un yo rudimentario, un superyó que se construye en el segundo semestre de la vida, cuando aparece el padre, y, por supuesto, un ello. Esto, en el principio, no supone un desacuerdo con Freud. Supone que acordaron diferentes objetos de estudio de investigación. Freud no vio bebés, no tenía manera de plantearse cosas que en los niñitos se ven a la hora del juego. Hay algunas cuestiones superyoicas muy profundas que están en esa etapa en la que Freud decía que el sujeto es un ser premoral, pero Klein plantea que hay otras cuestiones al ser pensar en culpa en etapas previas a la constitución del superyó. No es un desacuerdo sino una diferencia en el enfoque del objeto de estudio. Alumna: ¿Por qué ella trabaja con chicos? Susana: Porque fue su experiencia profesional. Es como ocurre siempre en la vida: no siempre pasa por el interés personal, sino por lo que se va dando. Su práctica profesional en va llevando a eso. En su momento es absolutamente novedosa. Fue muy posterior a Freud. Hay una concepción de lo que es la infancia, este horror del que hablábamos la semana pasada cuando se hablaba de la sexualidad infantil, que correspondía a una concepción de los niños y del vínculo con los niños. Piensen que desaparecían la enuresis porque había artefactos de electricidad que se ponían en la cama de los chicos: cuando se hacían pis les daba la descarga eléctrica. La repetida experiencia, como perros de Pavlov, de estímulo y respuesta, y una vez que estaba asociado el estímulo a la respuesta, el niño no se hacía pis. Remitía el síntoma, pero si las intervenciones tienen sólo que ver con la revisión de los síntomas, con que desaparezca el conflicto, entonces es como tener una varita mágica para tocar y decir “se curó”. El tema es que el chiquito dejó de hacerse pis, pero el conflicto ¿Adónde va a parar? ¿A síntomas peores? Nosotros, como psicólogos sociales, no somos expertos en hacer desaparecer las situaciones conflictivas. Las situaciones conflictivas son inherentes a los vínculos humanos. En lo que somos expertos, al contrario, es en posibilitar que aparezcan; “si querés a llorar, llorá”. Pero no es el regodeo ni en la catarsis: justamente, de qué es lo que genera ese dolor, para curar de algún modo ese conflicto, con posibilidades de circular por resolución diversa. Si no, esto corre el riesgo de convertirse en secreto o en alianza. Marta Oliveros: Tiene que ver la preocupación de Melanie Klein con un social histórico. En el momento en que ella empieza a pensar en esto, el niño empieza a tener un lugar. La infancia había llegado a un momento en el que se la podía pensar. Susana: Empieza un esbozo de otro tipo de relación. Melanie Klein va a decir que existe un yo temprano y un superyó temprano, que va a hacer posible que el bebé pueda realizar este trabajo de proyectar e introyectar. Está esa voz, esa experiencia de satisfacción, de modo tal que tiene progresivamente el alivio de que ya va a venir. Esta que será la

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estructura de demora, eso que hace que si alguno tiene una apetencia pueda decir como adulto “ahora voy”, el bebé lo va construyendo. Eso que permite que cuándo va al Jardín la mamá lo pueda dejar y le diga “después de vengo a buscar”. Alumna: Experiencia de permanencia. Susana: Permanencia en el mundo interno. Para que ésto se constituya así, en algún momento tiene que haberlo vivido verdaderamente como un abandono. El primer objeto parcial que va a introyectar es el pecho de la madre, porque, entre otras cosas, garantiza la supervivencia. Después de esa primera vivencia aterradora que es la experiencia del hambre, la primera experiencia de satisfacción deja una marca, una huella mnémica. Una huella que en la memoria que da como registro de esa satisfacción, como esa marca de pisada en el cemento, que cuando se seca queda en pie... Esta experiencia deja una marca porque lo que antecede a la experiencia de satisfacción como vivencia displacentera nunca se había sentido. Lo que ocurre cuando es satisfecha esa vivencia displacentera es que queda la marca de la experiencia de satisfacción. Huella mnémica, registro de haber sido satisfecho. A eso nos remiten las publicidades: saben muy bien los publicistas lo que hacen cuando generan ese plus que parece que vamos a encontrar si compramos este artículo. Hay un plus, algo más que se constituye en esto que es el consumo. Alumno: En la comercialización se busca satisfacer la necesidad, esa necesidad, más allá de que la busquen en distintos segmentos, ya sea en forma harto de él lo que le van a dar... Susana: Sí… Tomemos un Actimel, que te produce como un aura, que te protege de todo... Quedás bendito. Risas. …Eso es generar necesidades en la estructura deseable del sujeto: para mí hay una góndola del supermercado que es mágica porque soy una señora grande, y ustedes saben que en esos días las señoras no tenían nada de eso con alas, sin alas, para el día, para cinco días... La mamás decían: “en este cajón de la casa hay toallitas”. Se lavaban y se volvían a usar; no había otra cosa. Hoy las chicas dicen “esta no es...” ¡y son todas iguales! Han inventado una diversidad... Alumno: En los pañales, hay unos candaditos que se cierran cuando aparece la gotita de pis. Susana: Necesitamos comer, pero la diversidad, el plus que se suma a esto, todo lo se arma socialmente... El primer objeto que va a introyectar es el pecho materno, en esta primera experiencia de satisfacción ustedes, cuando siente hambre, ese va a ser su primer objeto gratificante. Primer objeto maravilloso: es el pecho, no hay otro, es ese que lo hace sentir pleno cuando recibe el alimento, protegido… Todas estas sensaciones parciales que el bebé va introyectando, que luego tienen que tener sustento biológico, un cuerpo en el cual y a través del cual se pueda realizar esta dinámica de proyección e introyeccíón. El cuerpo va acompañando, en lo biológico, todo lo que va sucediendo en el plano de lo psicológico. Si no existiera el reflejo de succión, esta huella mnémica... Si no existe, hay que estimularlo. Alumno: ¿Son muchos los chicos que nacen sin reflejos de succión? Susana: No son tantos, pero en algunas patologías puede aparecer y hay que estimularlos. Alumna: Yo soy melliza con un varón, y mi papá me tenía que dar de comer a la noche porque mi mamá le daba a mi mellizo, con una cucharilla. Alumna: Yo tampoco. Susana: Previa estimulación están todos acá, así que supongo que en algún momento habrán chupado, que algo bueno pasó en el camino. Hasta acá, ¿qué interrogantes aparecen? ¿Se entiende? Estos que son los objetos parciales, van marcando un mundo escindido, dividido. La integración viene después. Ustedes piensen que si el mundo está inscrito como objetos parciales, la relación con este mundo también va a implicar una división. Se dan cuenta que habrá parte de ese mundo que son tan gratificante, contenedores y tiernas, serán maravillosas y buenas. Esto Klein lo representa en el pecho bueno, que es omnipotente dador, todo fuente de vida y verdad. Su contrario, el pecho malo, en este mundo dividido, será en que frustra, no acude de inmediato, no contiene y de su lado estarán todas las experiencias de la bruja. 2. Se acuerdan de la teoría de las relaciones objetales, la relación del niño con los objetos parciales: que, en el doble juego de introyectar y proyectar, decíamos que el bebé va construyendo su mundo interno. Entre el nacimiento y el tercer o cuarto mes. Klein se da cuenta que fantasean la violencia, la

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agresión... Esto de introyectar y proyectar -poner dentro suyos aspectos bondadosos y tratar de sacar de si los objetos persecutorios- es en cierta manera una fantasía, porque parte de la base de que esos objetos son maravillosos o persecutorios, cuando en realidad no es así. Esto determina que para el bebé, en los comienzos, existan dos objetos: uno gratificante y otro frustrante. Un objeto gratificante va a ser el pecho bueno, (y con él todo lo gratificante, no solamente el pecho). Toda experiencia gratificante va en la columna del pecho bueno: ser acariciado, arrullado, contenido, mimado, cambiado, protegido. Toda experiencia de abandono que percibe, de demora en la respuesta, va en la columna del pecho malo. Alumno: Como cuando se baña el bebé, que siempre llora... Susana: Depende: en algunas situaciones el baño está inscrito como una experiencia placentera. Son objetos parciales. El bebé no sabe que el pecho bueno –que cuando viene lo alimenta, le dio caricias, lo arrulla, lo cambia y le canta- es la misma persona que en otro momento se fue o tardó de acudir a su llamado. Son objetos parciales vivenciados por él como dos universos. Alumno: No percibe. Susana: Exactamente. No tiene todavía integrado el objeto. La primera característica de esta primera etapa de la vida es que se relaciona no sólo con objetos parciales sino además, con un mundo que está dividido, escindido, partido. Un universo de experiencias gratificantes, el pecho bueno, y un universo de experiencias frustrantes, el pecho malo. Para él, cuando la madre demora en acudir a su llamado, cuando no recibe respuesta automática, como no tiene -como los adultos- la estructura de demora, lo que vivencia cuando se atrasa, aunque sea unos instantes, es la pervivencia de abandono, de frustración. Siente bronca y odio. Es muy fácil ver esto cuando después de la demora, lo vuelven a tomar y está como furioso, como embroncado, y tarda un rato en calmarse. Sienten bronca, odio, agresión y de algún modo proyectan, poner afuera ese odio y que esa agresividad sobre ese objeto, el pecho malo que lo dejó abandonado a quién sabe qué peligros que él fantasea. Cuando esa fantasía de agresión y frustración es muy importante, muy intensa, proyecta una parte afuera de modo que así se defiende. Va a poner parte de esa bronca afuera. Esto es importante porque en algún momento todo esto que experimentó se le va a volver en contra. Si puso parte de ese odio en ese objeto y luego descubre que el objeto amado y el odiado son el mismo, después le van a pasar otras cosas del orden de la culpa. Pero dejemos eso para más adelante. El bebé proyecta esa agresión, y de ese modo se defiende de ese monto de agresión hacia ese yo que todavía es demasiado frágil, que todavía no puede enfrentar esto porque es un yo incipiente. Cuando pone dentro o introyecta a la madre buena, el pecho bueno, siente sensaciones muy gratificantes; un universo de experiencias muy placenteras y gratificantes -está sensación de la leche calentita que le va calmando la apuntada del hambre, esa sensación de la palabra y la caricia, el arroyo y el sostén, el cambiarlo y arropando- y esas sensaciones son obviamente muy gratificantes. Klein denominó a este mecanismo splitting: disociación, clivaje, separación, escisión. En esta primera etapa el bebé se instala en una posición esquizo-paranoide. Lo de "posición" nos da la idea de una cierta fijeza. Está puesto en un lugar según el cual el mundo el universo todo, sus experiencias, están divididos. Por eso la primera posición, hasta los tres o cuatro meses, se llama esquizo-paranoide. Esquizo significa dividido. Paranoide por lo persecutorio. Al estar el mundo dividido en experiencias placenteras o gratificantes y experiencias frustrantes, eso hace que el mundo esté dividido. (La esquizofrenia es una enfermedad que tiene que ver con la división, la escisión). El mundo está dividido, y al estarlo los objetos persecutorios hacen a lo paranoide de la situación porque todo ese odio, toda esa bronca en esos objetos que él siente qué no lo gratifican se le van a volver en contra y lo persiguen. El bebé siente la amenaza de que esos objetos lo persiguen. El pecho malo amenazar con abandonarlo y dejarlo sólo, con esa punzante sensación que deja el hambre en el estómago. Hay cierta conciencia de la fragilidad y la invalidez para autoabastecerse y sobrevivir. Algo que viene de afuera lo alimenta y lo calma; que ese algo no llegue lo amenaza y le genera la angustia y la persecución de que ese pecho malo puede abandonarlo y dejarlo solo. Alumna: ¿Es importante el equilibrio que la mamá le pueda dar entre el pecho bueno y el pecho malo? ¿Tiene algo que ver con el deseo que después el sujeto desarrolla? Susana: El sujeto es un ser deseante, del momento en que se instala la primera experiencia de satisfacción. Una alumna de Corrientes, que pertenecía a la comunidad toba, me preguntó “¿Qué pasa en mi comunidad, que el bebé es el rey, no se lo deja de llorar y se lo asiste de inmediato?” Yo le digo que de todas maneras es el rey según la valoración que se hace en el mundo de los adultos; de todas maneras, la vivencia del hambre la tiene igual y no existe ser humano capaz de embocarle justo cuál es la necesidad en el momento adecuado. Uno dice " tiene hambre " le ofrece la teta y es que está

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incómodo, o le duele la panza... La experiencia de frustración se va a instalar lo mismo. Eso que pasa por estar en el mundo con un cuerpo que uno va aprendiendo a decodificar. El nivel de frustración no depende de lo asistido que esté. Alumna: El objeto deseado sería lo mismo que el objeto que le provoca la satisfacción y la insatisfacción, con una relación totalmente ambigua. Susana: De esto se trata: la ambivalencia en lo que marca esta primera posición. Klein dice que existe una primera posición llamada esquizo-paranoide desde el nacimiento hasta los tres o cuatro primeros meses. Luego se da otra posición, que es la depresiva. Cuando el niño se puede sentar y percibe que la que lo calma y lo arrulla es la que lo hace esperar, descubre que madre hay una sola, no ya el pecho bueno y el pecho malo. Es la posición depresiva y se va a dar porque percibe que a odiado al mismo objeto que ha amado con intensidad. Vivencia la culpa de haber odiado a su objeto más amado, esa madre que la ha protegido de todos los males del mundo pero que al mismo tiempo lo ha frustrado. La ansiedad de base de la posición esquizo-paranoide es la ansiedad paranoide; cuando vivencia que el objeto lo amenaza con el abandono, el disociar le sirve para mantenerse integrado, para no sentirse perseguido a tal punto por el objeto persecutorio que se desintegre: le sirve para mantener su yo integrado. Cuando los pasa algo terrible por un lado, pero por otro podemos trabajar, responder un teléfono, sabemos que tenemos que seguir viviendo y vamos al supermercado a hacer las compras, dice ansiamos. Hay una disociación que nosotros profesionalmente hacemos, que en la disociación instrumental: cuando nosotros operamos profesionalmente utilizamos la disociación como instrumento. De alguna manera nos relacionamos con nuestro trabajo de asociando nuestra realidad, dejando a un costado, separando una parte de nuestra vida para ponerlos en relación a esa situación desde otro lugar, es una disociación instrumental. Esto del pecho malo y el pecho bueno tiene que ver con las pulsiones, con la pulsión de muerte o Tánatos y la pulsión de vida o Eros. Todo lo relacionado con el pecho bueno tendrá que ver con la pulsión de vida, y todo lo relacionado con el pecho malo, con la pulsión de muerte. El bebé, desde recién nacido, va a poner en esos objetos parciales toda su libido, todo su amor en el pecho bueno, y toda su bronca o agresión en el pecho malo. También tiene fantasías. Esto es muy importante porque la fantasía es lo que ayuda a que vayan construyendo el aparato psíquico, un modelo prototípico: así como el pecho bueno es el modelo del primer objeto internalizado bueno, el pecho malo es el primer modelo de objeto persecutorio, es el prototipo de lo malo. Esto del pecho bueno y el pecho malo estaban de algún modo construidos a partir de una fantasía que queda asociada a la experiencia. El bebito siente algo muy displacentero. El pecho, el biberón, el arroyo o la palabra de la madre lo calma. Esto asocia a la experiencia de gratificación, todas las maravillas del universo del pecho bueno, mientras que su opuesto queda asociado a todas las desgracias, horrores y persecuciones del pecho malo, por lo cual esta división del mundo está asociada desde la fantasía a lo que queda establecido como prototípico: el pecho bueno como prototipo de todo lo amoroso y el pecho malo como el prototipo de todo lo displacentero, frustrante, de temor. Alumna: ¿Es una pavada esto que te voy a decir de que el bebé siempre hay un pecho que prefiere o no? Susana: ¿El pecho real? puede pasar pero no tiene que ver con lo. Al de la fantasía. No lo tome literalmente. No es “pecho derecho, pecho bueno y pecho izquierdo, pecho malo”; está en realidad asociado a la vivencia. Con la ansiedad persecutoria o paranoide propia de esta posición lo que siente es que los perseguidores lo atacan y amenazan. El origen de esa ansiedad persecutoria Klein lo pone en la pulsión de muerte. Tiene un origen interno y un origen externo, porque en el momento de nacer en el yo rudimentario se siente atacado por una cantidad de agentes externos que desconoce y que no sabe que son: manipulaciones a su cuerpo, situaciones de tensión como la situación de parto, de violencia y agresión... Aunque sea el Rey de la tribu pasa por la experiencia de asfixia que antecede a la respiración. Es atacado o se siente atacado por una cantidad de agentes externos. ¿Cómo se defiende frente a esos ataques del mundo externo? Por medio de mecanismos que son omnipotentes e intensos. Ellos son la disociación, la proyección e introyección y también la negación. Eso son los cuatro mecanismos propios de la posición esquizo-paranoide. En la negación, niega en algunos momentos parte de esa realidad, lo amenazante para seguir teniendo el mundo disociado. Negar es de alguna manera tapar el sol con la mano, no ver una parte de la realidad. Cuando deja de negar es porque la realidad se le viene encima y entonces integra el objeto sí o si, porque está viendo que la mamá es una sola, pero mientras tanto hay una denegación en esa realidad.

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Alumna: ¿Hay alguna diferencia entre lo que siente un bebé en una cesárea y un bebé en un parto normal? Susana: Hay investigaciones al respecto. Es otra visión. Hay un cuerpo materno que de alguna manera está siendo agredido, no es lo natural, hay una marca: mientras está recibiendo a ese niño también va a estar recibiendo una agresión sobre su cuerpo. Hay una herida narcisista puesta en la recuperación de una cirugía, que no es la misma que en el parto normal. Cada cosa tiene sus bemoles. Alumna: Hay una marca psíquica para el bebé... Susana: La marca del trauma del nacimiento está conceptualizada y no aclaran si fue por cesárea... En realidad, de lo que más se trata -más allá de que, por supuesto, el sufrimiento te marca, el paso por el canal del parto y demás- es de la pérdida de ese ámbito protector, absolutamente contenedor, donde todas las necesidades están satisfechas y no se experimenta ni calor, ni sueño, ni ruido, ni hambre... Alumna: Pero en algún momento el bebé ya está incomodísimo... Susana: Tan incómodo no. Se puede mover... Es curioso, pero los que hemos visto situaciones muy extrema en personas, adonde se vuelve es a la posición fetal. Yo he visto adultos volver de enterrar a un padre y colocarse en una posición fetal... Y no son locos, son personas que, por alguna razón, vuelven a esa posición. Los pediatras dicen que los bebitos, cuando llegan al moisés, van buscando con la cabecita algo como aquello... Lo que sí sabemos es que en ese mundo no registró ninguna experiencia insatisfactoria, dolorosa, estresante. Alumno: Yo nací con fórceps y soy excelente. No tengo ningún trauma de nada. Risas. Alumna: Los bebés escuchar adentro de la panza... Susana: Tienen el registro de latido del corazón de su mamá. Y la música, muy atenuada. Klein también va a hablar de la envidia, y esto en el general no gusta escucharse. Pero imaginen que si el pecho bueno ha sido investido de tanta cosa maravillosa, de alguna manera ese sentimiento de que el otro lo tiene todo y que él no tiene en nada y es dependiente de eso, lo pone en una posición tan carente que lo hace envidiar los atributos omnipotentes de ese pecho al que él ve cómo todopoderoso. Klein ve todo esto a través del juego. Ustedes no saben, en experiencias con chicos, cómo se ve la envidia, la frustración, la bronca, la competencia, la rivalidad, la castración... No es un relato: se ve a través de la investigación clínica. Se hace el acto, a través de los dibujos. Yo trabajé muchos años en un hospital oncológico de chicos y adolescentes con madre... Tenía un lugar del juego al que los chicos iban antes y después de la consulta. La frase era: "Poneme a algo y me voy feliz", porque los chicos decían “poneme la gotita dormilona o la agüita dormilona, y me voy feliz”. Las experiencias posteriores a la consulta quedaban en los chicos asociadas a un horror, lo que dibujaban era monstruoso, y lo que jugaban con los muñecos era una cosa espantosa: "¡Te digo que abras la boca!" Pero quedaba más asociado a la fantasía que a lo que en realidad había pasado. Es de por sí una experiencia muy violenta que a uno lo aborden nada más y nada menos que por la boca, que tiene que ver con los primeros contactos con el mundo y con la vida, pero esto se ve así, trabajando en la clínica. Klein habla de la envidia, que es un sentimiento que tiene que ver con los contenidos buenos que supone que tiene el pecho de la madre y quiere para sí, porque supone que no posee. Todo ese mundo de maravilla que el asocia, con lo cual va en invistiendo al pecho bueno y su universo, él no lo posee; él mismo desearía tener tantas condiciones maravillosas como tiene ese universo... Al tercer o cuarto mes de vida, el bebé empieza a experimentar cambios, y estos coinciden con una base biológica: tiene percepciones visuales y auditivas que hace que, por ejemplo, vaya logrando sostener su cabeza y mantenerse sentado, y su panorama visual cambia. El panorama visual ya está asociado a lo auditivo: cuando la mamá dice “¿que le pasa a mi bebé? ¡ya voy!”, él va asociando que hay alguien que habla, y se acerca, esa voz. Va a estar asociando toda la experiencia visual, auditiva, a un registro diferente. De su cuerpo va a percibir otras cosas. Es más fácil -con ese desarrollo biológico que va acompañando al psicológico- que se dé cuenta de que en realidad lo que él pensaba que eran un pecho bueno y con pecho malo pertenecen a la misma persona y vienen juntos. Se empieza a dar cuenta a partir del cuarto mes que, por suerte, madre hay una sola. Esto significa que lo que percibe (pecho bueno, pecho malo, y las experiencias ligadas a esos dos universos) queda unido e integrado en una misma persona y una misma realidad. Descubre que es la misma persona la que lo que ratifica y la que lo frustra, la que lo mima y lo abandona. Se va dando un pasaje de la ansiedad paranoide, persecutoria, del comienzo, a la ansiedad depresiva después del cuarto mes. Es todo, además, tiene importancia para el mundo de los adultos. Se acuerdan cuando hablamos del enamoramiento: una misma persona, aquella que no puede sacar los mejores y los peores sentimientos... tiene que ver con esto, con la integración del objeto, sino viviríamos en un mundo idealizado donde los

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objetos de amor están investidos de las cosas más maravillosas. como pensar que los próceres son de bronce y no iban a dar baño, no transpirable en, no les pasaba ninguna cosa de las humanas. Las maestras tampoco. Hay quien se imaginaba a la maestra en situaciones como el baño, decir malas palabras... integrar el objeto tiene que ver con eso, con integrar los maravilloso y aquello que es desagradable o persecutorio. Esto tiene importancia porque es un primer rudimento de discriminación. Empieza a discriminar lo propio de lo ajeno; en una misma persona, lo positivo y afectuoso de la bronca que le generan sus aspecto persecutorios... Los adultos discriminamos en el sentido de poder diferenciar entre cosas diferentes (se supone que esto ya está logrado pero en realidad muchas veces no podemos discriminar entre lo propio y lo ajeno, lo que nos pasa y lo que le pasa al otro, y muchas veces hacemos esa mezcla, "no estás hablando por mi: estás hablando por vos ", esta cosa que tienen que ver con la dificultad para discriminar). Lo ayuda a discriminar el comenzar a percibirse a sí mismo y a los objetos externos como totales, porque con este sustento biológico que ya posee se puede ver asimismo, a un objeto integrado, diferenciado de ese objeto total, madre, que es la misma buena o mala, la que lo frustra o lo cuida, arrulla y alimenta. Entonces discriminar también lo que es el otro de lo que es propio. Eso ya es un indicio de discriminación: su cuerpo del otro, la voz de la voz del otro. Empiezan a ejercitar y hacen discursos, regulan la voz aunque no digan nada... Es un inicio de discriminación de la propia voz y el propio cuerpo. Al descubrir que hay una sola mamá y no es un pecho bueno y otro pecho malo, el bebé se deprime. Porque, entre otras cosas, descubre que ha odiado al mismo objeto que lo ha cuidado y protegido. La posición depresiva se caracteriza justamente por esa depresión que le produce la integración del objeto. El universo de los cuentos no casualmente está poblado por seres maravillosos, donde los buenos son buenos y los malos son malos, sin asco. La lucha entre el bien y el mal que pueblan las mitologías y la literatura. De alguna manera en esta lucha entre el bien y el mal, el tema que, habiendo odiado de este objeto, del que ahora se da cuenta que es uno solo, Lo esperable, lo que pasa mayoritariamente es que el bebito puede reparar porque la mamá igual lo que quiere. Él ve que la mamá lo sigue limpiando, que sigue al pie del cañón, y entonces puede reparar. Se da cuenta que no ha perdido el amor de esa madre. Lo esperable es que él pueda reparar y no entrar en una negación maníaca (cuando alguien se cae y se ríe, niega maníacamente) de “yo no fui, no la ataqué”. Lo repara torio tiene que ver con que el bebito vaya experimentando que, con todo eso que a él le pasó, la mamá sigue estando ahí, a pesar de toda esa dramática que se fue dando en el tiempo. En general, como hay una actitud materna que confirma que sigue siendo amado, esto le produce gran alivio, y después de la envidia surge la gratitud por tanto cuidado y amor. Ustedes van a ver qué Klein habla de envidia y gratitud: después de la envidia puesta en este objeto fantaseado -que yo le reconozca al otro cosas que tiene y creo que no voy a tener nunca, un pecho de condiciones omnipotentes que son inalcanzables- se pasa a la gratitud que surge por tanto cuidado y amor. Es el momento en que el bebé expresa algo en la mirada, sonríe, está absolutamente embelesado... Esa es la gratitud que uno no encuentra jamás en ningún otro lado, en nadie igual (Risas). Esta especie de romance, de agradecimiento pleno por todo los cuidados. Empieza otra etapa, socialmente hablando. El Edipo temprano, en Klein, el muy rápido. Fantasea, y cuando la madre tarda, se da cuenta de que no están sólo, no es el rey. La cuarentena no es un mito de las abuelas: hay un tiempo en que la mamá está, replegada narcisísticamente sobre sí misma, y progresivamente, entre los 45 días, se empieza a dar otro juego. En un momento el bebé percibe que su energía, su libido no está volcada solamente en él. Empiezan a pasar a otras cosas, otros requerimientos en el amor y la vida. Las mamás que trabajan tienen que conectarse con la idea de que van a salir a trabajar. Se arreglan de otra forma, se visten, se perfuman, hay un movimiento... Alumno: La guardería, ¿qué rol cumple? Susana: Tiene que ver con la socialización temprana. Lo que las nuevas corrientes dicen es que cuando más temprano en la socialización, es mejor. Yo creo que cumplen un lugar y una necesidad, porque la socialización lleva a lo mismo aunque salga al año o al año y medio. Con lo que no estoy de acuerdo es con la escuela de Raskovsky, que ha cargado de culpa a la madre ("¡cómo no le das la teta!") y la madre tenía que ir a trabajar; si no podés, bueno... La guardería cumple un lugar que tiene que ver con la evolución de la familia: el lugar de los abuelos, las madres que laburan y en muchas casas se cuenta con ese dinero... Han pasado cosas en el mundo laboral que han cambiado los roles y el jardín maternal cubre un lugar de necesidad básica.

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Es en este momento cuando dice que ven que se constituye un superyó temprano. Esto se da a lo largo del primer año. En Klein ya tiene construido un superyó rudimentario y ha atravesado una vivencia de Edipo temprano, de triángulo en el cual ha dirimido a esta disputa con un otro que trata de alejarlo. En la edad adulta, integrar y reparar, en la posición depresiva, significa aceptar que las personas tienen aspectos malos y aspectos buenos. Este es todo un tema. Aun los amores, pasada la etapa en que la persona dice cosas brillantes y maravillosas, nos van a romper la paciencia y no nos van a gustar, no vamos a estar de acuerdo, y, por suerte: somos personas… Alumna: ¿Esto tiene que ver con la adolescencia? Susana: En la adolescencia suele haber de vuelta una tendencia a idealizar, al ser maravilloso. De todos modos es necesario que aparezca por una cuestión de oposición con los padres, como fase necesaria para construir la propia identidad. "No sabes nada. Tienes una arruga." De repente a uno se le cae una sota arriba de la mesa, como cuando yo le dije a mi hija "¿y tu celadora?" Yo trabajo con adolescentes y no termino de redondear, de entender el fenómeno de los tatuajes, quizá porque pertenezco a una generación cuya expresión de la idea tenía que ver con la tendencia a la invocación, la lucha por un mundo mejor. Uno se esforzaba por decir algo más o menos lucido y se escribía de tal forma que queda plasmada una idea más o menos interesante. Pero tatuarse una imagen tribal, o un sol, o una luna, o el nombre de toda mi familia... Alumna: Puede ser la lucha por sacar los prejuicios. Creo que el adolescente quiere ser aceptado. Tengo un hermano de 24 que está muy tatuado... Susana: De algún modo es llamativo que tenga algún aspecto tan narcisista, porque convoca la mirada hacia el cuerpo. No es lo mismo que un grafitti en una pared. Tiene que ver con las discriminaciones y diferenciaciones de cada etapa, que nos plantea un “yo no soy vos, yo soy alguien diferente, mi mundo es diferente del tuyo, mi música es diferente de la tuya". Alumna: ¿En la adolescencia también se volvería a una situación depresiva? Susana: No. Lo que Klein está diciendo es cómo evoluciona el psiquismo. No es que "se vuelva": reaparece en situaciones en las cuales la discriminación va a tener que ver con la constitución de la propia identidad del joven. En un momento posterior reaparece la valoración, el reconocimiento, la admiración, de vuelta se pasaría a la gratitud. Alumna: ¿Cuándo? Risas. Otra alumna: Después de 40 años. Risas. Alumna: A mí no me queda claro el tema del papá. Si ahí proyecta lo malo, o lo bueno, o las dos cosas... Susana: No lo piensen ahora como personas. Todo el universo de la fantasía, proyecciones o introyección tiene que ver con el pecho bueno. Va a quedar investida la mamá, porque es la portadora del pecho y el biberón. El papá va a entrar por otra puerta en esta dramática: cuando el bebito asocia, integra, comienza a vivir esto que dijimos recién (la cuarentena, la mamá que empieza a arreglarse para otras cosas) es cuando el papá va a entrar como un rival. El papá queda inscrito en el mundo de la ley. Impone un corte que es necesario. Reclamando a esa mujer rompe esa simbiosis. Alumna: ¿Pasa lo mismo cuando vos tenéis un chiquito y nace un hermano? Mis hijos se llevan un año. Por qué está tan celoso si también estoy pendiente de él... El pediatra me dijo "es lo mismo que vos llegues a tu casa a la noche, y que en la cama esté tu marido con otra mujer..." El chico siente lo mismo, que lo traicionaste. Susana: A las constelaciones familiares las aborda otro autor, Adler. Klein va explicando una dramática que nos atraviesa a todas las persona, tengamos hermanos, o no los tengamos. Alumno: ¿Que pasa sí, por equis motivos, el bebé pierde a la madre? Susana: Seguro que la sustituye alguien. Esto ha pasado y pasa. Si éste bebé sobrevivió es porque alguien ha asumido la función materna o paterna. La situación de abandono deja una marca, que tiene que ver con la pulsión de muerte. Alumna: En la constitución del superyó, ¿Freud y Klein se ponen de acuerdo? Susana: No, porque Freud no pensó en los primeros estadios de la vida. Entonces, como decíamos, que van delineando dos posiciones que se dan en el primer año de vida. La primera es la posición esquizo-paranoide, más o menos hasta los cuatro meses. En el momento de nacer el bebé pasa de un ámbito protegido, ideal, a una situación desconocida, nueva, agresiva, hostil, amenazante, con la cual se siente en peligro porque tiene un sentimiento muy fuerte de aniquilación. Este sentimiento que lo invade en el momento de nacer en lo que Klein llama sentimiento de muerte, en

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el cual se articulan la necesidad de disociar en esta posición sus sentimientos en objetos parciales, buenos y malos: mundo dividido, mundo disociado, sentimientos divididos, pecho bueno y amor, pecho malo y odio. Cuando hay alguna percepción que hace sentir al bebé agredido, va a proyectar afuera una parte de esa agresión porque, como su yo es inmaduro, no le permite hacer frente al monto de agresión, que puede ser muy alto. Por eso proyecta afuera esa bronca y que ese odio. En Klein el bebé tiene un yo incipiente, un superyó incipiente y un Edipo temprano. Las relaciones de objetos son parciales, de divalencia: bueno-malo, amor-odio. Cada una de las dos posiciones tiene una relación de objeto: con una, el objeto parcial, con otra, el objeto integrado o total. Una ansiedad correspondiente: esquizo-paranoide y después depresiva. En la posición esquizo-paranoide la relación de objeto es parcial, la ansiedad es paranoide o persecutoria, y la defensa que la caracteriza en la disociación; también el control omnipotente porque con él pretende regular ese mundo y controlar al objeto malo que lo amenaza. Esta primera posición deriva en objetos buenos, idealmente buenos y maravillosos, y objetos malos a los que les atribuyen todas sus frustraciones. Si esto no les hace acordara alguna relación de su vida... Objeto maravillosos que son todo bueno, que no tienen fallas, y objetos malos que tienen la culpa de todo lo malo que nos pasa. Alumna: En la adolescencia es más marcado. Susana: En el amor adolescentem “no podría vivir sin ella”, “lo amo y lo necesito demasiado”, esas son agenda de adolescentes. Alumno: Me cuesta aceptar que a un adulto le pase eso. Susana: "Ese tiene la culpa de todo lo que me pasó en la vida"; "por él no me ocupé de mi hijo, no terminé la carrera que tanto deseaba tomar…" Mariano: Es lo que hacemos con los presidentes. Susana: El presidente está gozando de un momento de gloria, por eso se dice "yo no lo quiero criticar, no le quiero desear mal, porque si a aquél le va bien, nos va a ir bien a todos…" Si a uno no le gustó que hable con el saco abierto, no lo puede decir. Es como una primavera, ahora, en cuanto se mande una le entramos a dar sin asco y es todo malo. Alumna: Como los directores técnicos. Susana: También. Después de perder con Inglaterra este Bielsa encarna el ideal de todas nuestras desgracias. Si de pronto, en el próximo mundial gana, "Yo te dije: es un teórico". Esto deriva en un objeto idealmente bueno y objetos malos a los que le atribuye todos sus males y frustraciones. Una de sus defensas es la idealización: poner en el otro los atributos más maravillosos, y así se defiende de lo persecutorio, del objeto malo. Klein diferencia entre envidia y celos: la envidia como algo más a arcaico, más peligroso, tanto para el que la sostiene como para el que la recibe. El celo es un aspecto, no es todo. La envidia es más masiva.

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INTRODUCCIÓN
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1. FANTASÍA

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legí el tema de la fantasía para el primer capítulo de este libro porque creo que se pueden resolver muchos equívocos aclarando este concepto y la forma en que se lo emplea en psicoanálisis, especialmente en la obra de Melanie Klein y sus colaboradores. Algunos psicólogos solían objetar la descripción freudiana de la mente calificándola de antropomórfica. Extraña objeción, al parecer, ya que el psicoanálisis se ocupa de describir al hombre. Querían decir que cuando Freud formuló ciertos conceptos, como por ejemplo el de superyó, parecía considerar que la estructura mental contenía objetos antropomórficos, o de forma humana; si se comprende el concepto de fantasía inconsciente, esta objeción desaparecerá. Cuando describe el superyó, Freud no quiere decir que nuestro inconsciente contenga realmente un hombrecito, sino que esta es una de nuestras fantasías inconscientes sobre los contenidos de nuestro cuerpo y nuestra psique. Freud nunca se refiere específicamente al superyó como a una fantasía; sin embargo, está claro que esta parte de la personalidad se debe a una introyeccíón -en la fantasía- de una figura parental, una figura parental fantaseada, distorsionada por las proyecciones mismas del niño. Algunos psicoanalistas criticaron del mismo modo la descripción kleiniana de los objetos internos. Pero aquí sucede lo mismo, estos objetos internos no son “objetos” situados en el cuerpo o en la psique; como Freud, Melanie Klein está describiendo las fantasías inconscientes que la gente hace sobre lo que contiene. En su obra, M. Klein amplió mucho el concepto freudiano de fantasía inconsciente y le dio mayor importancia. Las fantasías inconscientes están siempre presentes y siempre activas en todo individuo. Es decir que su presencia no es índice de enfermedad ni de falta de sentido de la realidad, así como no lo es la presencia del complejo de Edipo. Lo que determinará el estado psíquico del sujeto es la naturaleza de estas fantasías inconscientes y su relación con la realidad externa. Freud no elabora sus concepciones sobre el origen de las fantasías inconscientes ni la fase del desarrollo en que aparecen por primera vez, y cuando describe fantasías inconscientes específicas, generalmente se refiere a las que surgen después del segundo o tercer año de vida. Según Melanie Klein, la fantasía inconsciente es la expresión mental de los instintos y por consiguiente existe, como éstos, desde el comienzo de la vida, Por definición los instintos son buscadores de objetos. En el aparato mental se experiencia al instinto vinculado con la fantasía de un objeto adecuado a él. De este modo, para cada impulso instintivo hay una fantasía correspondiente. Al deseo de comer, le corresponde la fantasía de algo comestible que satisfaría ese deseo: el pecho. Lo que Freud describe como “realización alucinatoria de deseos” se basa según Melanie Klein en que una fantasía inconsciente acompaña y expresa al impulso instintivo. Por ejemplo, el bebe somnoliento que mueve la boca con expresión placentera y hace ruidos de succión, o se chupa los dedos, fantasea que está realmente succionando o incorporando el pecho, y se duerme con la fantasía de tener el pecho que da leche realmente dentro de sí. En forma similar, el bebe hambriento, furioso, que grita y patalea, fantasea que está realmente atacando al pecho, desgarrándolo y destruyéndolo, y experiencia sus propios gritos que lo desgarran y lastiman como el pecho desgarrado atacándolo en su propio interior. Por consiguiente, no siente solamente una necesidad: puede sentir también que sus contracciones de hambre y sus propios gritos son un ataque persecutorio en su interior. Crear fantasías es una función del yo. La concepción de la fantasía como expresión mental de los instintos por mediación del yo supone mayor grado de organización yoica del que postula Freud. Supone que desde el nacimiento el yo es capaz de establecer -y de hecho los instintos y la ansiedad lo impulsan a establecer- relaciones objetales primitivas en la fantasía y en la realidad. Desde el momento del nacimiento el bebe se tiene que enfrentar con el impacto de la realidad, que comienza con la experiencia del nacimiento mismo y prosigue con innumerables experiencias de gratificación y frustración de sus deseos. Estas experiencias con la realidad influyen inmediatamente en la fantasía inconsciente, que a su vez influye en ellas. La fantasía no es tan sólo una fuga de la realidad; es una concomitante constante e inevitable de las experiencias reales, en constante interacción con ellas. Se puede ver un ejemplo de fantasías que influyen en la reacción ante la realidad en el caso del bebe irritado por el hambre que, en vez de aceptar el pecho, se aparta de él y no quiere mamar. En este caso, el bebe puede haber hecho la fantasía de que ha atacado y destruido el pecho, al que siente ahora malo y atacándolo a su vez. Por eso, en el momento de la mamada, cuando reaparece el pecho externo real ya no lo siente como un pecho bueno que lo alimenta, sino que sus fantasías lo han distorsionado convirtiéndolo en un perseguidor terrorífico.

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Estas fantasías se pueden observar fácilmente en el juego de niños muy pequeños, así corno en el juego y verbalizaciones de niños algo mayores. Pueden persistir en el inconsciente de los niños e incluso de adultos, causando dificultades en la alimentación. Algunos analistas creen que estas fantasías surgen después y se las proyecta retrospectivamente a la lactancia. Sin duda es ésta una hipótesis adicional innecesaria, ya que hay una congruencia notable entre lo que podemos observar en la conducta de lactantes y fantasías que se expresan realmente cuando se alcanza el estadio del juego y del lenguaje, o material analítico del consultorio. En casos más complicados es posible ver cómo, aunque se pueda percibir y observar correctamente la realidad, la secuencia causal que se atribuye a los acontecimientos está determinada por fantasías inconscientes. El ejemplo típico es el del niño cuyos padres tienen realmente una mala relación y pelean. Según se trasluce a menudo en el análisis, el niño siente que esta mala relación es el resultado de sus propios deseos de que los padres se peleen, y cree que al atacarlos con su orina y heces ha embrollado y arruinado la relación entre ellos. Si bien la fantasía inconsciente influye y altera constantemente la percepción o la interpretación de la realidad, lo inverso también es cierto: la realidad ejerce su impacto sobre la fantasía inconsciente. Se la experiencia e incorpora, y ejerce fuerte influencia sobre la fantasía inconsciente misma. Tomemos por ejemplo al bebe que empieza a sentir hambre y trata de sobreponerse mediante la alucinación omnipotente de poseer un pecho bueno que lo amamanta: la situación será radicalmente distinta -si se le da de mamar pronto que si se lo deja con hambre durante largo tiempo. En el primer caso el bebe sentirá que el pecho real que le ofrece la madre se funde con el pecho fantaseado por él, y su propia bondad y la del objeto bueno le parecerán firmes y duraderas. En el segundo caso se sentirá avasallado por el hambre y la ira, y en su fantasía se acrecentará la experiencia de un objeto malo y persecutorio, con el resultado de que su propia ira le parecerá más poderosa que su amor y el objeto malo más fuerte que el bueno. Este aspecto de la interrelación entre fantasía inconsciente y verdadera realidad externa debe tenerse muy en cuenta cuando se quiere evaluar la importancia del ambiente sobre el desarrollo del niño. El ambiente tiene, de hecho, importantísimos efectos sobre la infancia y la niñez, pero no es verdad que sin un ambiente malo no existirían ansiedades ni fantasías agresivas o persecutorias. La importancia del factor ambiental sólo se puede evaluar correctamente si se tiene en cuenta cómo lo interpreta el bebe en función de sus propios instintos y fantasías. Una mala experiencia real se hace mucho más importante cuando el bebe ha tenido intensas fantasías coléricas en las que atacaba el pecho, ya que dicha experiencia le confirma, no sólo su sensación de que el mundo exterior es malo, sino también su sensación de que él mismo es malo, y su creencia en la omnipotencia de sus fantasías malevolentes. Las experiencias buenas, por otra parte, tienden a disminuir la ira, a modificar las experiencias persecutorias y a estimular el amor y la gratitud del bebe y su creencia en el objeto bueno. Hasta aquí hemos insistido en el papel de la fantasía corno expresión mental de los instintos, en contraposición con la concepción que considera a la fantasía sólo como instrumento de defensa y medio de escapar de la realidad externa. Pero las funciones de la fantasía son múltiples y complicadas, y la fantasía tiene un aspecto defensivo que se debe tener en cuenta. Como el objetivo de la fantasía es satisfacer impulsos instintivos prescindiendo de la realidad externa, se puede considerar que la gratificación proveniente de la fantasía es una defensa contra la realidad externa de la privación. Es, sin embargo, más que eso: es también una defensa contra la realidad interna. Cuando el sujeto hace una fantasía de realización de deseos, no está evitando solamente la frustración y el reconocimiento de una realidad externa displacentera; también está (lo que es incluso más importante) defendiéndose contra la realidad de su propia hambre y de su propia ira, o sea, contra su realidad interna. Además, algunas fantasías se pueden utilizar como defensa contra otras fantasías. Un caso típico es el de las fantasías maníacas, cuya finalidad principal es impedir que aparezcan subyacentes fantasías depresivas. Una típica fantasía maníaca es la de que el Yo contiene un objeto ideal devorado cuyo “resplandor” cae sobre el yo; ésta es una defensa contra la fantasía subyacente de contener un objeto irreparablemente destruido y vengativo cuya “sombra” cae sobre el yo. Al considerar la utilización de la fantasía inconsciente como defensa nos preguntamos cuál es exactamente su relación con los mecanismos de defensa. En pocas palabras, la distinción reside en la diferencia entre el proceso real y su representación mental detallada, específica. Por ejemplo, se puede decir que en un momento dado una persona usa como mecanismo de defensa los procesos de proyección e introyección. Pero la persona misma experienciará dichos procesos en función de fantasías, y en esas fantasías se expresa lo que ella siente que está incorporando dentro de sí o poniendo fuera de sí, la forma en que lo hace y los resultados que atribuye a estas acciones. A menudo los pacientes describen cómo sienten el proceso de represión, por ejemplo hablando de un dique dentro de ellos que podría estallar bajo la presión de algo similar a un torrente. Lo que un observador puede describir como mecanismo, la persona misma lo siente y describe como una fantasía detallada. El material siguiente presenta un ejemplo más complicado: Un paciente que había comenzado su análisis hacía poco tiempo solía llegar tarde, faltaba a menudo y olvidaba gran parte de lo que se había analizado. Durante algunos días podíamos realizar una labor analítica bastante útil, pero luego reaparecería con escasos recuerdos conscientes de dicha labor y ningún efecto de ella en su personalidad, como si hubiera obliterado el proceso entero y sus resultados. Tanto para mí como para mi paciente era bastante claro (y hasta merecía ponerse rótulo al proceso) que en la situación analítica estaba utilizando como defensa los mecanismos de escisión y negación. Un día llegó tarde, perdiendo exactamente la mitad de la sesión. Dijo que se había extraviado en Loudon Road, una calle cercana a mi casa, y allí había pasado la

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primera mitad de la sesión. Asoció Loudon Road con “Las Brujas de Loudun”; parecía haber escindido la sesión analítica de modo de poder preservar una buena relación conmigo durante la mitad de la sesión en tanto que la mala relación, escindida y apartada con una “mala” bruja analista la había transportado fuera de mí, a Loudon Road. Pocos días después surgió una oportunidad de interpretarle su relación con el pecho, y en ese momento tuvo una fantasía muy vívida. Se vio de pronto tomando un cuchillo enorme, cortando mi pecho y arrojándolo a la calle. Tan vívida fue la fantasía que el paciente se angustió mucho. Se pudo comprender entonces que lo que se había hablado en términos de un proceso de escisión y negación el paciente lo había sentido en realidad como una fantasía extraordinariamente vívida. Había sentido realmente el proceso de escisión como tornar un cuchillo y escindir -cortar- uno de los pechos de su analista. Había sentido también que arrojaba ese pecho a la calle y que a continuación ese pecho se convertía en la “bruja” de Loudon Road. La negación de sentirse perseguido por su analista la vivió como cortar el vínculo entre los dos pechos, el bueno y el malo. Después de esta sesión, disminuyeron mucho la escisión y la negación y pudo asistir regularmente al análisis. Esta experiencia, como muchas otras, confirma el hecho de que generalmente es ineficaz interpretar mecanismos de defensa hasta tanto aparezca la oportunidad de interpretarlos en función de lo que el paciente realmente siente atie le está haciendo con ellos al analista en la transferencia, a sus otros objetos o a partes de su yo, y hacerlos de este modo significativos para él. A veces en los sueños de los pacientes podemos observar claramente esta relación entre fantasía inconsciente y mecanismos de defensa. Veamos dos sueños relatados por una paciente durante la sesión anterior a mis vacaciones. En el primer sueño se hallaba en una habitación oscura donde se veían dos figuras humanas paradas una cerca de la otra, además de otras personas más borrosas. Las dos figuras eran exactamente iguales, pero una de ellas parecía apagada y oscura, mientras la otra estaba iluminada. La paciente estaba segura de que ella era la única que podía ver a la figura iluminada -la que era invisible para las otras personas del sueño. Esta paciente utilizaba mucho los mecanismos de escisión, negación e idealización. Esa misma semana había tenido oportunidad de verme en una habitación llena de gente, situación inusual para ella, y en relación con el sueño asoció que las dos figuras me representaban. Una era la persona a quien todos podían ver en la habitación llena de gente, pero la otra era “su analista”, que le pertenecía sólo a ella. Sentía que no le importaría que tomara vacaciones más de lo que le había importado o le había provocado celos el verme con otras personas, ya que tenía esta especial relación conmigo, que nadie compartía. En este primer sueño está claro que maneja sus celos, provocados tanto por haberme encontrado entre otras personas como por las vacaciones analíticas, mediante escisión e idealización; ella posee la analista iluminada, idealizada, que nadie le puede quitar. En el segundo sueño una niñita sentada en el suelo recortaba papel con unas tijeras. Se guardaba el pedazo cortado y el piso quedaba cubierto de papelitos descartados que otros niños recogían afanosamente. El segundo sueño es una versión más completa del primero; muestra cómo sentía realmente esta escisión e idealización. La escisión está representada por el acto de recortar. Ella es la niñita que ha cortado de su analista la figura recortada que, como la figura iluminada del primer sueño, representa la parte buena de la analista. Las personas que en el primer sueño sólo podían ver a la analista de figura oscura están representadas en el segundo por los niños que sólo tienen los papelitos descartados. La escisión del primer sueño la vive claramente en el segundo como ataque, como cortar realmente a la analista en una parte ideal y una parte sin valor; y lo que en el primer sueño está representado como idealización lo vive en el segundo como robar y retener para sí los mejores pedazos recortados de su analista. El segundo sueño muestra claramente que esta paciente sentía los procesos de escisión e idealización como una actividad muy agresiva, voraz y cuidable. Cuando consideramos la relación entre la fantasía y los mecanismos de introyección y proyección se aclara en cierta medida la compleja relación existente entre fantasía inconsciente, mecanismos y estructura mental. Freud describió al yo como un “precipitado de catexias de objeto abandonadas”. Este precipitado está compuesto por objetos introyectados. El primero de dichos objetos descrito por Freud mismo es el superyó. El análisis de tempranas relaciones objetales proyectivas e introyectivas ha revelado fantasías de objetos introyectados en el yo desde la más temprana infancia, comenzando por la introyección de los pechos ideal y persecutorio. Primero se introyectan objetos parciales, el pecho y luego el pene. Después se introyectan objetos totales: la madre, el padre, la pareja parental. Cuanto más temprana es la introyección, más fantásticos son los objetos introyectados, y más distorsionados están por lo que se ha proyectado en ellos. A medida que prosigue el desarrollo y se acrecienta el sentido de realidad, los objetos internos se aproximan más a las personas reales del mundo exterior. El yo se identifica con algunos de estos objetos: identificación introyectiva. Estos objetos son asimilados por el yo y contribuyen a su desarrollo y características. Otros permanecen como objetos internos separados y el yo mantiene relación con ellos (el superyó es uno de estos objetos). También se siente a los objetos internos en relación mutua; por ejemplo, se siente que los perseguidos internos atacan al objeto ideal tanto como al yo. De este modo se va construyendo un complejo mundo interno. La estructura de la personalidad está determinada en gran parte por las fantasías más permanentes del yo sobre sí mismo y los objetos que contiene. El hecho de que haya tan estrecha relación entre estructura y fantasía inconsciente es importantísimo: es esto lo que hace posible influir en la estructura del yo y del superyó mediante el análisis. Pues justamente, al analizar las relaciones del yo con los objetos, internos y externos, y al modificar las fantasías sobre estos objetos, es que podemos influir esencialmente sobre la estructura más permanente del yo.

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Como ejemplo final tomaremos un sueño de un paciente en su primera semana de análisis, que ilustra la relación entre fantasía inconsciente, realidad, mecanismos de defensa y estructura yoica. Se puede tener la seguridad de que este paciente nunca había leído literatura analítica ni había oído hablar de estos conceptos. Por supuesto, tampoco conocía el concepto de superyó. Se hace esta aclaración porque si no se podría considerar este sueño con mucho escepticismo. El paciente, que era oficial naval, soñó con una pirámide. La base de la pirámide estaba constituida por multitud de rudos marineros, que sostenían sobre sus cabezas un libro de oro muy pesado. Encima del libro estaba parado un oficial naval del mismo rango que el paciente, y sobre sus hombros un almirante. Él almirante, dijo el paciente, parecía ejercer a su modo tanta presión desde arriba, e infundir tanto temor, como la multitud de marineros que formaban la base de la Pirámide y presionaban desde abajo. Después de contar este sueño, dijo “Este soy yo, éste es mi inundo. El libro de oro representa la 'Regla áurea', el camino en el que trato de mantenerme. Estoy aplastado entre la presión de mis instintos y de lo que quiero hacer, y las prohibiciones provenientes de mi conciencia moral”. Asociaciones posteriores le permitieron identificar al almirante con su padre. Pero este almirante, representante de su padre, era muy distinto del padre real que recordaba. El hecho de que el almirante fuera tan fuerte y temible como los marineros, representantes de sus instintos, mostraba que la severidad del superyó se debía aquí a la proyección de sus propios instintos agresivos en su padre. Podernos ver aquí la interrelación entre fantasía y realidad externa, pues la proyección altera un aspecto de la realidad: la verdadera personalidad del padre. Su principal mecanismo de defensa, la represión, está representado en la fantasía por la presión combinada del almirante -superyó- y del oficial naval -yo-, que tratan de dominar a los instintos. La estructura de su personalidad está también claramente representada por las tres canas: los instintos pujando hacia arriba, el superyó, presionando desde arriba, y su sensación de tener se yo apretujado y restringido entre los dos. También podemos el ver claramente la actuación de la proyección y de la introyección: proyecta su agresión en el padre, y la introyección del padre forma su superyó. Todo esto -estructura y mecanismos mentales (proyección, introyección y represión)- lo presentó el paciente mismo en su sueño. Y cuando dijo “Ese soy yo, éste es mi mundo”, puso en evidencia que estaba describiendo sus fantasías sobre sí mismo y su mundo interno. 2. LA POSICIÓN ESQUIZOPARANOIDE

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omo sugerí en el capítulo anterior, el concepto de fantasía inconsciente tal como lo utiliza Melanie Klein implica mayor grado de organización yoica del que suponía Freud. La discusión que sostienen los analistas sobre el estado del yo en los primeros meses de la infancia no se reduce a una cuestión de mutuos malentendidos o diferente utilización del lenguaje. Se trata de una verdadera divergencia, muy importante, sobre cómo son realmente las cosas. Por supuesto, las experiencias atribuidas al bebe dependerán del cuadro que se tenga de su yo en cada etapa. Para que una descripción de los procesos implicados tenga sentido, debe comenzar describiendo al yo. Según Melanie Klein, hay suficiente yo al nacer como para sentir ansiedad, utilizar mecanismos de defensa y establecer primitivas relaciones objetales en la fantasía y en la realidad. Esta concepción no difiere por completo de la de Freud. Algunos conceptos de Freud implican, al parecer, la existencia de un yo temprano. Freud describe también un mecanismo de defensa temprano, la deflexión del instinto de muerte, que ocurre al comienzo de la vida, y su concepto de realización-alucinatoria-de-deseos implica un yo capaz de establecer una relación objetal en la fantasía. Suponer que desde el principio el yo es capaz de sentir ansiedad, utilizar mecanismos de defensa y establecer relaciones objetales vio significa que al nacer el yo se parezca mucho al de un bebe bien integrado de seis meses, no digamos al de un niño o de un adulto plenamente desarrollado. Al principio el yo está muy desorganizado. Pero de, acuerdo con la orientación general del crecimiento fisiológico y psicológico tiene desde el comienzo la tendencia a integrarse. A veces, bajo el impacto del instinto de muerte y de una ansiedad intolerable, esta tendencia pierde toda efectividad y se produce una desintegración defensiva, de la que luego se dirá más. Por lo tanto, en las primeras etapas del desarrollo el yo es lábil, se halla en estado de constante fluencia, su grado de integración varía de día en día, y hasta de un momento a otro. El yo inmaduro del bebe está expuesto desde el nacimiento a la ansiedad provocada por la innata polaridad de los instintos -el conflicto inmediato entre instinto de vida e instinto de muerte. Está también inmediatamente expuesto al impacto de la realidad externa, que le produce situaciones de ansiedad, por ejemplo el trauma del nacimiento, pero también le da vida, por ejemplo el calor, amor y alimento provenientes de la madre. Cuando se ve enfrentado con la ansiedad que le produce el instinto de muerte, el yo lo deflexiona. Esta deflexión del instinto de muerte, descrita por Freud, consiste, según Melanie Klein, en parte en una proyección, en parte en la conversión del instinto de muerte en agresión. El yo se escinde y proyecta fuera su parte que contiene el instinto de muerte, poniéndola en el objeto externo original: el pecho. Es así como el pecho -al que se siente conteniendo gran parte del instinto de muertellega a experienciarse como malo y amenazador para el yo, dando origen a un sentimiento de persecución. De este modo, el miedo original al instinto de muerte, se transforma en miedo a un perseguidor. A menudo se siente que la intrusión del instinto de muerte en el pecho escinde a éste en muchos pedazos, de manera que el yo se encuentra

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ante multitud de perseguidores. Parte del instinto de muerte que queda en el yo se convierte en agresión y se dirige contra los perseguidores. Al mismo tiempo se establece una relación con el objeto ideal. Así como se proyecta fuera el instinto de muerte, para evitar la ansiedad que surge de contenerlo, así también se proyecta la libido, a fin de crear un objeto que satisfaga el impulso instintivo del yo a conservar la vida. Lo mismo que pasa con el instinto de muerte, pasa con la libido. El yo proyecta parte de ella fuera, y la restante la utiliza para establecer una relación libidinal con ese objeto ideal. De este modo, muy pronto el yo tiene relación con dos objetos: el objeto primario, el pecho, está en esta etapa disociado en dos partes, el pecho ideal y el persecutorio. La fantasía del objeto ideal se fusiona con experiencias gratificadoras de ser amado y amamantado por la madre externa real, que a su vez confirman dicha fantasía. En forma similar la fantasía de persecución se fusiona con experiencias reales de privación y dolor, atribuidas por el bebe a los objetos persecutorios. Así, la gratificación, no sólo satisface la necesidad de bienestar, amor y nutrición; también se la necesita para mantener a raya la aterradora persecución. A su vez la privación se convierte no sólo en falta de gratificación, sino también en amenaza de ser aniquilado por los perseguidores. El objetivo del bebe es tratar de adquirir y guardar dentro de sí al objeto ideal, e identificarse con éste, que es para él quien le da vida y lo protege, y mantener fuera el objeto malo y las partes del Yo que contienen el instinto de muerte. La ansiedad predominante de la posición esquizoparanoide es que el objeto u objetos persecutorios se introducirán en el yo y avasallarán y aniquilarán tanto al objeto ideal como al Yo. Estas características de la ansiedad y de las relaciones objetales experienciadas durante esta fase del desarrollo llevaron a Melanie Klein a denominarla posición esquizo-paranoide, ya que la ansiedad predominante es paranoide, y el estado del yo y de sus objetos se caracteriza por la escisión que es esquizoide. Contra la abrumadora ansiedad de ser aniquilado, el yo desarrolla una serie de mecanismos de defensa, siendo probablemente el primero el uso defensivo de la introyección y de la proyección. Hemos visto que, como, expresión de los instintos y a la vez como recurso defensivo, el yo se esfuerza por introyectar lo bueno y proyectar lo malo. Pero no es ésta la única forma en que se utilizan la introyección y la proyección. Hay situaciones en que se proyecta lo bueno, para mantenerlo a salvo de lo que se siente como abrumadora maldad interna, y situaciones en que se introyectan los perseguidores e incluso se hace una identificación con ellos, en un intento de controlarlos. El rasgo constante es que en situaciones de ansiedad aumenta la disociación y se utilizan la proyección y la introyección para mantener a los objetos persecutorios tan alejados corno sea posible de los objetos ideales, a la vez que se mantiene a ambos bajo control. La situación puede fluctuar rápidamente, y sentirse a los perseguidores ora fuera, dando la sensación de una amenaza externa, ora dentro, produciendo temores de carácter hipocondríaco. La escisión se vincula con la creciente idealización del objeto ideal, cuyo propósito es mantenerlo bien alejado del objeto persecutorio y hacerlo invulnerable. Esta idealización extrema se vincula también con la negación mágica omnipotente. Cuando la persecución es tan intensa que se hace insoportable, se la puede negar completamente. Esta negación mágica se basa en la fantasía de total aniquilación de los perseguidores. Otra forma de utilizar la negación omnipotente como defensa contra la persecución excesiva es idealizar al objeto perseguidor mismo, y tratarlo como ideal. A veces el yo se identifica con este objeto pseudo-ideal. Este tipo de idealización y negación omnipotente de la persecución se ve a menudo en el análisis de pacientes esquizoides, que en su infancia fueron “bebes perfectos”, que nunca protestaban ni lloraban, como si toda experiencia hubiera sido buena para ellos. En la vida adulta, estos mecanismos conducen a una falta de discriminación entre lo bueno y lo malo y a fijaciones en objetos malos que deben ser idealizados. De la proyección original del instinto de muerte surge otro mecanismo de defensa, extremadamente importante durante esta fase del desarrollo: la identificación proyectiva. En la identificación proyectiva se escinden y apartan partes del Yo y objetos internos y se los proyecta en el objeto externo, que queda entonces poseído y controlado por las partes proyectadas, e identificado con ellas. La identificación proyectiva tiene múltiples propósitos: se la puede dirigir hacia el objeto ideal para evitar la separación, o hacia el objeto malo para obtener control de la fuente de peligro. Se pueden proyectar varias partes del Yo con diversos propósitos: se pueden proyectar partes malas del Yo tanto para librarse de ellas como para atacar y destruir al objeto; se pueden proyectar partes buenas para evitar la separación o para mantenerlas a salvo de la maldad interna, o para mejorar al objeto externo a través de una especie de primitiva reparación proyectiva. La identificación proyectiva comienza en cuanto se instala la posición esquizo-paranoide en relación con el pecho, pero persiste y muy a menudo se intensifica cuando se percibe a la madre como objeto total y la identificación proyectiva penetra en todo su cuerpo. Un ejemplo tomado del análisis de una niñita de cinco años ilustra algunos aspectos de la identificación proyectiva. Hacia el final de una sesión que tuvo lugar pocas semanas antes de una larga interrupción, derramó goma de pegar sobre el piso del cuarto de juegos y sobre sus zapatos. En esa época el contenido de las sesiones giraba especialmente alrededor de los embarazos. Le interpreté que quería pegarse al suelo para no tener que irse al final de la sesión, que representaba la interrupción del tratamiento. Confirmó verbalmente esta interpretación, y a continuación se puso a embadurnar con la goma, ensuciando más, y haciendo un verdadero “revoltijo”. Con gran satisfacción me dijo: “Pero también es un vómito, ahí encima de tu piso”. Le interpreté que no sólo quería pegarse al interior de la habitación, sino también al interior de mi cuerpo donde crecían nuevos bebes, y ensuciar y hacer un “revoltijo” en mi interior con el vómito. Al día siguiente me trajo un gran geranio rojo. Y señalando el tallo y los numerosos brotes que lo rodeaban, me dijo: “¿Ves? Todos estos bebes salen del tallo. Este es un regalo

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para ti”. Le interpreté que ahora quería darme el pene y todos los bebitos que salen de él para compensar el “revoltijo” que sentía que había hecho con mis bebes y el interior de mi cuerpo el día anterior. Más tarde, durante esa misma sesión, la pariente volvió a tomar la goma de pegar y dijo que iba a dibujar un animal en el piso, un foxglove1. Después vaciló, y dijo: “No, el foxglove (dedalera) es una flor”. Lo que quería decir era fox (zorro). No sabía el nombre de la flor que me había regalado. “Puede ser un foxglove, también”. Mientras pintaba el zorro en el piso, usando la goma de pegar como pintura, siguió hablando de zorros. “Entran arrastrándose sin que nadie se dé cuenta. Tienen boca grande y dientes grandes y comen pollitos y huevos”. Y agregó, con gran satisfacción, “Este era un zorro muy resbaladizo, porque nadie lo podía ver sobre el piso y la gente se resbalaba y se rompía las piernas”. De modo que la flor foxg1ove que me había ofrecido era una expresión de su parte de “zorra resbaladiza”. Era su parte “zorra resbaladiza” mala, dañina (identificada también con el pene de su padre), lo que quería deslizar dentro de mí para que siguiera viviendo en mi interior y destruyera mis huevos y mis bebes. Al hacerlo conseguía librarse de una parte de sí misma que no le gustaba y de la que se sentía culpable, y al mismo tiempo, en su fantasía tomaba posesión del cuerpo de su madre-analista y destruía a los otros bebes, como había estado haciendo con su vómito en la sesión anterior. Como se había librado de su parte mala, podía sentirse buena, la nenita buena que ofrece una flor a su analista, cuando en realidad la está dañando secretamente. El “zorro resbaladizo” que nadie podía ver se convertía así en símbolo también de su hipocresía. A la sesión siguiente le asustaba entrar en la habitación; entró cautelosamente, examinó el piso y abrió de mala gana su cajón. En esa etapa de su análisis, ésta era una conducta desusada y recordaba un período anterior en que temía al león de juguete de su cajón. Para ella la fantasía implicada en la identificación proyectiva era algo muy real. Al día siguiente de pintar el zorro resbaladizo, el cuarto de juegos y el cajón -que representaba mi cuerpo- se habían convertido en un lugar que contenía un animal peligroso. Cuando le interpreté esto, recordó que había tenido una pesadilla en la que aparecía un animal enorme. Su ansiedad disminuyó, y abrió su cajón de juguetes. Para ella, hasta este punto, yo contenía una parte peligrosa de ella misma, de la que ahora se sentía completamente disociada; sus asociaciones con el sueño moctraron también que muy poco después yo me había convertido por entero en el zorro peligroso mismo. Esto se vio más tarde en la misma sesión, cuando dijo que el animal peligroso de su sueño tenía “anteojos, como tú, y la misma boca grandota”. En el ejemplo anterior, la identificación proyectiva se utiliza corno defensa contra la separación inminente y como medio de controlar al objeto y de atacar a rivales, los bebes de mi interior. La parte proyectada -el vómito y el zorro resbaladizo- es principalmente la parte mala, voraz y destructiva, estando también identificado el “zorro resbaladizo” con el pene malo introyectado, lo que forma la base de una mala relación homosexual. Como resultado de esta proyección, la analista aparecía primero como conteniendo esta parte mala y siendo controlada por ella, pero gradualmente la paciente llegó a identificar por completo a la analista con dicha parte. Cuando los mecanismos de proyección, introyección, escisión, idealización, negación, e identificación proyectiva e introyectiva no alcanzan a dominar la ansiedad y ésta invade al yo, puede surgir la desintegración del yo como medida defensiva. El yo se fragmenta y escinde en pedacitos para evitar la experiencia de ansiedad. Este mecanismo, muy dañino para el yo, generalmente aparece combinado con la identificación proyectiva: de inmediato se proyectan las partes fragmentadas del yo. Este tipo de identificación proyectiva es de carácter patológico cuando se la utiliza extensamente. Trataremos esto con más detalle en el próximo capítulo. El bebe utiliza diversos mecanismos de defensa para protegerse de sentir, al principio, el miedo a la muerte desde dentro, y a los perseguidores externos e internos, una vez que ha deflexionado el instinto de muerte. Pero todos esos mecanismos originan a su vez ansiedades propias. Por ejemplo, la proyección hacia fuera de malos sentimientos y partes malas del Yo produce persecución externa. La reintroyección de perseguidores origina ansiedad hipocondríaca. La proyección hacia fuera de partes buenas produce la ansiedad de quedar vacío de bondad e invadido por perseguidores. La identificación proyectiva origina diversas ansiedades. Las dos más importantes son las siguientes: el miedo de que el objeto atacado proyecte sobre uno en retaliación, y la ansiedad de tener partes de uno mismo aprisionadas y controladas por el objeto en el que se las ha proyectado. Esta última ansiedad es particularmente intensa cuando se proyectaron partes buenas del Yo, lo que produce la sensación de haber sido robado de estas partes buenas y de ser controlado por otros objetos. La desintegración es el más desesperado de todos los intentos del yo para protegerse de la ansiedad. A fin de no sufrirla el yo hace lo que puede por no existir, intento que origina una aguda ansiedad específica: la de hacerse pedazos y quedar pulverizado. El material siguiente, perteneciente a un paciente no-psicótico, muestra algunos de estos mecanismos esquizoides. El paciente, un ahogado de mediana edad, comenzó una sesión comentando que yo me había demorado unos minutos. Agregó que en las pocas oportunidades en que esto había sucedido antes, él había advertido que yo me retrasaba o en la primera sesión de la mañana o en la sesión que seguía al almuerzo. Comentó que cuando yo me retrasaba, lo hacía porque prolongaba mis momentos libres usurpando minutos de la sesión. El, en cambio, nunca hacía esperar a un cliente por alguna razón personal, pero sí por estar ocupado con otro cliente. En este contexto dejó entrever claramente que mi conducta en este aspecto le parecía más recomendable que la suya. Comentó cuán incapaz se sentía de enfrentar la agresión de sus clientes. Dijo también que por eso no podía
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La paciente confunde foxglove (dedalera) con fox (zorro)

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terminar a tiempo las entrevistas. Ambos conocíamos muy bien tanto su incapacidad para manejar sus asuntos como sus ofendidas protestas de inocencia: el nunca hacía nada por su propio bien -siempre algunos clientes interferían con otros. Poco después de estos comentarios dijo que había tenido un sueño relacionado con retrasarse. En el sueño aparecían “fumadores”. (Hacía muy poco tiempo este paciente había atendido profesionalmente a delincuentes, y se había comportado en forma muy omnipotente. Estos asuntos le proporcionaron bastante éxito y dinero, pero después le pareció que su éxito había sido ruin, y se sintió culpable y avergonzado. Algunos de estos clientes delincuentes fumaban mucho, y él ocasionalmente se refería a ellos como a los “fumadores”). En el sueño multitud de fumadores invadían su departamento y el despacho contiguo. Fumaban y bebían por todas partes y desordenaban todo; querían que él los acompañara y se mostraban muy insistentes. De repente se daba cuenta de que en la sala de espera estaba el cliente citado para esa hora y advertía que no podría entrevistarlo a causa de los fumadores que habían invadido su departamento. Desesperado y enojado, los empujaba para que se fueran y así poder atender a su cliente. Agregó que ahora, al relatar el sueño, sentía que probablemente se las había arreglado para echar a los fumadores y creía que había conseguido ver a su cliente a tiempo. En algún momento del sueño entraba su esposa y le decía que ella había asistido a la sesión en su lugar, pues evidentemente él no podría enfrentarse con los fumadores y con el cliente que lo esperaba, y además llegar a tiempo a la sesión. Esto, en el sueño, lo deprimía mucho. Sus asociaciones con el sueño se refirieron principalmente a los “fumadores”. Comentó en qué forma voraz y descontrolada fumaban y bebían, qué desprolijos, sucios y desconsiderados eran, y cómo habían dejado su departamento hecho un “revoltijo”. Estaba seguro de que estos fumadores representaban la parte de él que con su avidez de éxito, dinero y satisfacción fácil, convertía su vida y su análisis en un “revoltijo”. Pero en sus asociaciones, por sinceras que fueran, se advertía una omisión evidente: no se había referido al hecho de que yo misma fumaba mucho, aunque esto había aparecido con frecuencia en su análisis, y en el pasado los “fumadores” me habían representado a menudo corno peligrosa mujer fálica. No consigno aquí los detalles del resto de la sesión porque el sueño en sí es muy claro y lo que nos interesa es su aspecto teórico -la ilustración dé ciertos mecanismos. Los fumadores representaban ante todo una parte de mí. En el sueño el objeto del paciente, yo como representante de la figura parental, estaba escindido. Por una parte, estaba la analista con quien quería reunirse para tener su sesión; por otra parte, la multitud de fumadores que invadían su departamento y le impedían llegar hasta ella. En la medida en que yo era un objeto bueno, estaba representada por una sola figura, la analista, y posiblemente también por el cliente que lo esperaba en la sala y con quien sentía que podía entenderse. Pero mi parte mala no estaba representada por un solo fumador, sino por una verdadera multitud de fumadores. 0 sea que percibía al objeto malo escindido en multitud de fragmentos persecutorios. La escisión entre mi aspecto bueno y el aspecto fumador se mantenía tan rígidamente que en sus propias asociaciones el paciente no vinculó a los fumadores conmigo. Esta escisión en el objeto se acompañaba de -y en realidad estaba producida por- una escisión en el yo. La parte buena estaba representada por el paciente que, en el sueño, quería concurrir a la sesión -y a la vez el paciente que, como buen abogado, quería entrevistar a su propio cliente a la hora convenida. No podía tolerar su parte mala, su parte incontrolada, voraz, exigente, ambiciosa y embrolladora. La escindía en múltiples pedazos y la proyectaba en mí, escindiéndome entonces también a mí en múltiples pedazos; y como no podía tolerar la persecución resultante y la pérdida de su analista buena, escindía y apartaba además mi parte mala fragmentada y la desplazaba a los “fumadores” preservándome entonces en parte como objeto bueno. Este material revela con bastante claridad por qué nunca podía manejar bien su actividad profesional y su relación con sus clientes. En realidad, los clientes no eran personas para él. Cada cliente representaba pedazos escindidos y apartados de una figura parental mala, a quien yo representaba en la transferencia. Esta figura contenía pedazos de él mismo escindidos y apartados y proyectados. En realidad no podía manejarse con sus clientes más de lo que había podido manejarse con estas partes malas de sí mismo. A la luz de este sueño se aclara también por qué le parecía mejor retrasarse, como yo, después de las horas libres, en vez de retrasarse, como él, cuando la culpa era de otro -aunque esto también implica una negación de mi real negligencia al retrasarme, Lo que trataba de expresar era que me sentía capaz de responsabilizarme por mi propia mala conducta sin proyectarla. El sentía que yo podía expresar mi voracidad, mi descontrol o mi agresión, y podía también responsabilizarme totalmente por ellos; él en cambio se sentía tan voraz, destructivo y embrollador que no podía responsabilizarse por el control de esta parte de sí y necesitaba proyectarla en otros, principalmente en sus clientes. Este sueño muestra una serie de mecanismos esquizoides: la escisión del objeto y del Yo en una parte buena y una parte mala; la idealización del objeto bueno y la escisión de la parte mala del Yo en pequeños fragmentos; la proyección de partes malas en el objeto con la sensación resultante de ser perseguido por multitud de objetos malos. El método de proyectar partes malas del Yo divididas en muchos fragmentos, típico de las defensas esquizoides, era característico de este paciente. Una vez soñó que se enfrentaba con muchos pequeños japoneses enemigos. Según mostraban sus asociaciones los japoneses representaban su orina v heces, en las que ponía partes rechazadas de sí mismo y luego proyectaba la orina y heces en sus objetos. En otra oportunidad escribió un artículo para un periódico extranjero, y al pensar en él durante una sesión, le pareció que tendría muy mal efecto moral

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sobre los lectores. Se consoló pensando que como “quedaba muy lejos” las consecuencias no le alcanzarían. En su sueño posterior., el artículo estaba representado por “un poquito de mierda en China”. Este paciente utilizaba mecanismos esquizoides principalmente como defensa contra ansiedades de la posición depresiva, en especial la culpa; pero la defensa en el sueño con los fumadores resultaba sólo parcialmente exitosa porque no había proyectado completamente los impulsos malos en los fumadores. Incluso en el sueño mismo, el paciente se sentía responsable por los fumadores, culpable por su relación para con el cliente y para conmigo misma, y muy consciente del sentimiento de pérdida de su objeto bueno. Pero no sentía que la culpa del sueño estuviera directamente relacionada con su voracidad, ambición, etcétera. Se sentía culpable de debilidad; expresó esto al comienzo de la sesión, diciendo que siempre se demoraba por su debilidad en el trato con los clientes. Esta debilidad, que sentía consciente e intensamente, se relacionaba con la proyección de su parte agresiva, que le hacía sentirse desamparado para enfrentar la persecución de sus pedazos proyectados, de los que no podía renegar. Al mismo tiempo, esta proyección de su parte agresiva le hacía sentirse débil y desvalido, porque le parecía que la proyección había vaciado a su yo, aunque fuera de partes que él consideraba malas. Al describir la posición esquizo-paranoide insistí en las ansiedades y defensas vinculadas con ella. Esto podría Presentar un cuadro engañoso de los primeros meses del bebe. Es necesario recordar que el bebe normal no pasa la mayor parte del tiempo en estado de ansiedad. Por el contrario, en circunstancias favorables pasa la mayor parte del tiempo durmiendo, mamando, disfrutando de placeres reales o alucinados, y de este modo asimilando gradualmente su objeto ideal e integrando su yo. Pero todos los bebes tienen períodos de ansiedad, y las ansiedades y defensas que constituyen el núcleo de la posición esquizo-paranoide son parte normal del desarrollo humano. Ninguna experiencia del desarrollo humano se borra o desaparece jamás; debemos recordar que hasta en el individuo más normal ciertas situaciones removerán las ansiedades tempranas y pondrán en funcionamiento los tempranos mecanismos de defensa. Además, en una personalidad bien integrada, todas las etapas del desarrollo quedan incluidas, ninguna está escindida y apartada o rechazada; y ciertas conductas del yo en la posición esquizoparanoide son realmente muy importantes para el desarrollo posterior, del que sientan las bases. Deben desempeñar un papel en la personalidad más madura e integrada. Una de las conductas de la posición esquizo-paranoide es la escisión. La escisión es lo que permite al yo emerger del caos y ordenar sus experiencias. Por excesivo y extremo que pueda ser al comienzo, este ordenamiento de la experiencia que acompaña al proceso de escindir al objeto en uno bueno y otro malo sirve, sin embargo, para ordenar el universo de las impresiones emocionales y sensoriales del niño y es una condición previa para la integración posterior. Es la base de lo que será después la capacidad de discriminar, cuyo origen es la temprana diferenciación entre lo bueno y lo malo. Hay otros aspectos de la escisión que persisten en la madurez y que tienen mucha importancia en ella. Por ejemplo, la capacidad para prestar atención, o para suspender la propia emoción con el propósito de formarse un juicio intelectual, no se alcanzaría sin la capacidad para hacer una escisión temporaria y reversible. La escisión es también la base de lo que más tarde llegará a ser la represión. Si la escisión temprana ha sido excesiva y rígida, la represión posterior probablemente será la excesiva rigidez neurótica. Cuando la escisión temprana ha sido menos severa, la represión lesionará menos al sujeto, y el inconsciente estará en mejor comunicación con la mente consciente. De este modo la escisión, siempre une no sea excesiva y no conduzca a la rigidez, es un mecanismo de defensa de gran importancia, que no sólo sienta las bases de mecanismos posteriores y menos primitivos, como la represión, sino que sigue funcionando en forma atemperada a lo largo de toda la vida. Con la escisión se relacionan la ansiedad persecutoria y la idealización. Por supuesto que ambas distorsionan el juicio, cuando conservan su forma original en la vida adulta, pero algunos elementos de ansiedad persecutoria e idealización están siempre presentes en las emociones de la vida adulta y desempeñan un papel en ellas. Es necesario cierto grado de ansiedad persecutoria para poder reconocer, evaluar v reaccionar ante circunstancias externas realmente peligrosas. La creencia en la bondad de los objetos y de uno mismo se basa en la idealización, precursora de buenas relaciones objetales. La relación con un objeto bueno contiene generalmente cierto grado de idealización, y esta idealización persiste en muchas situaciones, como enamorarse, apreciar la belleza, formarse ideales sociales o políticos, emociones que, aunque no sean estrictamente racionales, incrementan la riqueza y variedad de nuestras vidas. También la identificación proyectiva tiene sus aspectos valiosos. Ante todo, es la forma más temprana de empatía, y la capacidad para “ponerse en el lugar del otro” se basa tanto en la identificación proyectiva como introyectiva. En la identificación proyectiva se basa también la primera clase de formación de símbolos. Al proyectar partes de sí en el objeto e identificar partes del objeto con partes del Yo, el yo forma sus primeros y más primitivos símbolos. Por consiguiente, no debemos considerar a los mecanismos de defensa de la posición esquizo-paranoide sólo como mecanismos de defensa que protegen al yo de ansiedades inmediatas y abrumadoras, sino también corno etapas progresivas del desarrollo. Esto nos lleva a preguntarnos cómo sale el individuo normal de la posición esquizo-paranoide. Para que la posición esquizo-paranoide dé lugar, en forma gradual y relativamente no perturbada al siguiente paso del

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desarrollo, la posición depresiva, la condición previa necesaria es que las experiencias buenas predominen sobre las malas. A este predominio contribuyen tanto factores internos como externos. Cuando las experiencias buenas predominan sobre las malas, el yo llega a creer que el objeto ideal prevalece sobre los objetos persecutorios, y que su propio instinto de vida predomina sobre su propio instinto de muerte. Estas dos creencias, en la bondad del objeto y en la bondad del Yo, van juntas, ya que el yo continuamente proyecta fuera sus propios instintos, distorsionando así los objetos, y también, introyecta sus objetos identificándose con ellos. El yo se identifica repetidamente con el objeto ideal, adquiriendo así mayor fuerza y mayor capacidad para enfrentarse con ansiedades sin recurrir a violentos mecanismos de defensa. Disminuye el miedo a los perseguidores y disminuye también la escisión entre objetos persecutorios e ideales. Se permite a ambos que se aproximen más y esto los prepara para la integración. Simultáneamente, a medida que el yo se siente más fuerte y con mayor afluencia de la libido, va disminuyendo la escisión dentro del yo. Su relación con el objeto ideal es más estrecha, y le asusta menos su propia agresión y la ansiedad que ésta le provoca; sus partes buenas y malas pueden entrar en mayor contacto. A la vez que disminuye la escisión y el yo tolera más su propia agresión, disminuye la necesidad de proyectar y el yo puede tolerar cada vez mejor su propia agresión y sentirla como parte de sí, sin verse impulsado a proyectarla constantemente en sus objetos. De esta manera, el yo se prepara para integrar sus objetos, para integrarse él mismo y, por la disminución de los mecanismos proyectivos, distingue cada vez mejor entre lo que es Yo y lo que es objeto. De este modo se prepara el terreno para la posición depresiva. Pero la situación es muy diferente cuando las experiencias malas predominan sobre las buenas, situación que describiré al tratar la psicopatología de la posición esquizoparanoide. 3. LA POSICIÓN DEPRESIVA

A

l describir la posición esquizo-paranoide, traté de mostrar cómo el manejo exitoso de las ansiedades de los primeros meses del desarrollo lleva al bebe a organizar gradualmente su universo. A medida que los procesos de escisión, proyección e introyección le ayudan a ordenar sus percepciones y emociones y a separar lo bueno de lo malo, el bebe se encuentra ante dos objetos: un objeto ideal y un objeto malo. Ama al objeto ideal, trata de adueñarse de él, de conservarlo y de identificarse con él. En el objeto malo ha proyectado sus impulsos agresivos y lo siente como una amenaza para sí mismo y para su objeto ideal. Si el desarrollo se efectúa en condiciones favorables, el bebe siente cada vez más que su objeto ideal y sus propios impulsos libidinales son más fuertes que el objeto malo y sus propios impulsos malos; se puede identificar cada vez más con su objeto ideal, y gracias a esta identificación y también al crecimiento y desarrollo fisiológico de su yo, siente que éste se va fortificando y capacitando para defenderse a sí mismo y al objeto ideal. Cuando el bebe siente que su yo es fuerte, y a la vez firme poseedor de un objeto ideal fuerte, sus propios impulsos malos le asustan menos y se ve entonces menos impelido a proyectarlos afuera. Al disminuir la proyección de los impulsos malos disminuye también el poder atribuido al objeto malo, mientras que el yo se fortifica, pues la proyección lo empobrece menos. El bebe tolera mejor el instinto de muerte dentro de sí y decrecen sus temores paranoides; disminuyen la escisión y la proyección y gradualmente puede predominar el impulso a la integración del yo y del objeto. Desde el principio hay tanto una tendencia hacia la integración como hacia la escisión, y a lo largo del desarrollo, incluso en los primeros meses, el bebe pasa por momentos de integración más o menos completa. Pero cuando los procesos integradores se hacen más estables y continuos surge una nueva fase de desarrollo: la posición depresiva.

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Melanie Klein definió la posición depresiva como la fase del desarrollo en que el bebe reconoce un objeto total y se relaciona con dicho objeto. Este es un momento crucial del desarrollo infantil, que el lego advierte claramente. Todos los que rodean al bebe perciben en él un cambio y lo consideran un progreso enorme -advierten y comentan que ahora el bebe reconoce a su madre. Como sabemos, enseguida comienza a reconocer también a otras personas de su ambiente, generalmente primero al padre. Cuando el bebe reconoce a su madre, esto significa que ya la percibe como objeto total. Cuando decimos que el bebe reconoce a la madre como objeto total, contrastamos esto tanto con relaciones de objeto parcial como con relaciones de objeto disociado o sea que cada vez más el bebe se relaciona no sólo con el pecho, manos, rostro, ojos de la madre como objetos diferenciados, sino con la madre como persona total, que puede ser a veces buena y a veces mala, que puede estar presente o ausente, y a la que puede amar y odiar al mismo tiempo. Comienza a percatarse de que sus experiencias buenas y malas no proceden de un pecho o madre buena y de un pecho o madre mala, sino de la misma madre, que es a la vez fuente de lo bueno y de lo malo. Este reconocimiento de la madre corno persona total tiene muchas consecuencias y abre un mundo de experiencias nuevas. Reconocer a la madre como persona total significa también reconocerla como individuo con una vida propia y con sus propias relaciones con otras personas. El bebe descubre cuán desamparado está, cómo depende totalmente de ella, y cuántos celos le provocan los demás. Este cambio en la percepción del objeto se acompaña de un cambio fundamental en el yo, pues a medida que la madre se convierte en objeto total, el yo del bebe se convierte en un yo total, escindiéndose cada vez menos en sus componentes buenos y malos. La integración del yo y del objeto prosiguen simultáneamente. Al disminuir los procesos proyectivos e integrarse más el yo se distorsiona menos la percepción de los objetos, de modo que el objeto malo y el objeto ideal se aproximan el uno al otro. Al mismo tiempo, la introyección de un objeto cada vez más total estimula la integración del yo. Estos cambios psicológicos estimulan la maduración fisiológica del yo, que a su vez los estimula a ellos; la maduración del sistema nervioso central permite la mejor organización de las percepciones provenientes de diferentes áreas fisiológicas y el desarrollo y organización de la memoria. Al percibir a la madre como objeto total, el bebe puede recordarla, o sea, recordar gratificaciones anteriores en momentos en que la madre parece frustrarlo, y anteriores experiencias de frustración mientras ella lo está gratificando. A medida que prosiguen estos procesos de integración, el bebe reconoce más y más claramente que es una misma persona -él mismo- quien ama y odia a una misma persona, su madre. Se enfrenta entonces con los conflicto vinculados con su propia ambivalencia. Este cambio en el estado de la integración yoica y objetal trae consigo un cambio en las ansiedades del bebe, que se centran ahora en otro punto. En la posición esquizo-paranoide, el motivo principal de la ansiedad es que el objeto u objetos malos lleguen a destruir al yo. En la posición depresiva, las ansiedades brotan de la ambivalencia, y el motivo principal de la ansiedad del bebe es que sus propios impulsos destructivos hayan destruido o lleguen a destruir al objeto amado de quien depende totalmente. En la posición depresiva se intensifican los procesos de introyeccíón. Esto se debe en parte a la disminución de los mecanismos proyectivos, y en parte a que el bebe descubre cuánto depende de su objeto, a quien ve ahora corno persona independiente que puede alejarse de él. Esto aumenta su necesidad de poseer este objeto, de guardarlo dentro de sí, y si es posible, de protegerlo de su propia destructividad. La posición depresiva comienza en la fase oral del desarrollo, en que el amor y la necesidad provocan el deseo de devorar. La omnipotencia de los mecanismos de introyección oral hace surgir ansiedad ante la perspectiva de que los poderosos impulsos destructivos destruyan no sólo al objeto bueno externo, sino también al objeto bueno introyectado. Como este objeto interno bueno forma el núcleo del yo y del mundo interno del bebe, surge en el bebe la ansiedad de poder ser él mismo el autor de la completa destrucción de su mundo interno. El bebe bien integrado, que puede evocar y conservar su amor por el objeto bueno, incluso mientras lo odia, está expuesto a nuevos sentimientos poco conocidos durante la posición esquizo-paranoide: el duelo y la nostalgia por el objeto bueno al que se siente perdido y destruido, y la culpa, una experiencia depresiva típica provocada por el sentimiento de que perdió a su objeto bueno por su propia destructividad. En la cúspide de la ambivalencia puede sobrevenirle la desesperación depresiva. El bebe recuerda que ha amado, y en realidad ama aún a su madre, pero siente que la ha devorado o destruido y ya no puede recurrir a ella en el mundo exterior. Además, la ha destruido también como objeto interno, al que siente ahora hecho pedazos. Para él su mundo interno, identificado con este objeto, también está hecho pedazos, y vivencia agudos sentimientos de pérdida, culpa y nostalgia, sin esperanzas de recuperarlo. Además de sufrir por sí mismo sufre por su madre, pues la ama constantemente, y también porque continuamente está introyectándola e identificándose con ella. Sus padecimientos se acrecientan porque se siente perseguido. Esta persecución se debe en parte a que en la cúspide de los sentimientos depresivos reaparece cierta regresión, por lo cual nuevamente se proyectan los malos sentimientos y se los identifica con perseguidores internos, y en parte a que en cierta medida se vuelve a sentir como perseguidor al objeto bueno hecho pedazos que provoca tan intensos sentimientos de pérdida y culpa. He aquí un sueño típico, soñado por una paciente que se sentía amenazada de caer en desesperación depresiva. Esta paciente era una maníaco-depresiva, y en la época del sueño atravesaba un intervalo casi libre de depresión y de manía. El día anterior al sueño me había planteado que por dificultades económicas quizá no pudiera proseguir su análisis, y me había preguntado si yo podría seguir atendiéndola aunque no pudiera pagarme mis honorarios por un tiempo. Como sus dificultades externas parecían muy reales, le di a entender que yo no pensaba terminar allí su tratamiento. Al día siguiente, la paciente comenzó la sesión quejándose de que mi sala de espera era muy fría. Por primera vez había pensado también que parecía muy grisácea y lúgubre y deploraba que le faltaran cortinas. Tras

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estas asociaciones contó un sueño. Dijo que el sueño era muy simple, sólo había en él un mar de témpanos de hielo. Los témpanos se aproximaban en oleadas interminables, de modo que no se podía ver el mar, el mar azul mismo, sino sólo esas enormes montañas blancas que se acercaban en grandes oleadas, una tras otra. En el sueño ella advertía claramente que esos témpanos de hielo eran muy profundos y que las montañas blancas y frías sobre la superficie del mar eran sólo un fragmente, del gigantesco hielo bajo la superficie. Al despertar había pensado que temía caer pronto en las garras de la depresión. Agregó que este sueño mostraba más claramente que cualquier sueño anterior cómo sentía realmente su depresión -era como estar en las garras de esos témpanos, que la llenaban de tal modo que nada quedaba de su personalidad-; ella misma se convertía en un témpano, sin que quedara en ella sentimiento ni calor alguno. En asociación con los témpanos recordó un poema sobre barcos antiguos y abandonados, que parecían cisnes dormidos. Los témpanos le recordaban también el cabello blanco y ondulado de una antigua amiga suya, la señora A,; esta mujer había sido siempre buena con ella, ayudándola siempre, y ella no había correspondido a sus atenciones, lo que le causaba mucha culpa y aflicción. Después de estas asociaciones, le interpreté que la sala de espera fría representaba lo mismo que los témpanos fríos del sueño: ella debía sentir que su pedido de pagarme menos o no pagarme del todo me había agotado y empobrecido completamente (la sala de espera grisácea, lúgubre y sin cortinas); en realidad, sentía que me había matado, de modo que yo me parecía ahora a un témpano frío, y la llenaba de culpa y persecución. Agregó entonces otras asociaciones. Advirtió de pronto que esas oleadas salvajes tenían forma de pechos. Eran como pechos muertos o congelados, y sus bordes aserrados semejaban dientes. Luego dijo que la noche anterior se había encontrado con la señora A. en una fiesta. Había querido alcanzarle una taza de té, pero la señora A. le había dicho “no, gracias” pues prefería café. Fue en ese momento cuando sintió que vivenciaba por primera vez en ese día una ligera premonición de que le iba a reaparecer la depresión. Le pareció que la señora A. se mostraba fría y la miraba con desaprobación. Se consoló pensando que quizá estaba triste porque hacía poco tiempo había muerto su yerno. Estas asociaciones permiten comprender mejor el sueño. En primer lugar, revelan que había vivenciado inconscientemente su pedido referente al dinero como un ataque voraz en que mordía y devoraba mis pechos. Además, se trasluce en ellas qué le originaba realmente el sentimiento de depresión: siente que después de este ataque no puede repararme (representada yo por la señora A.). Hace un intento de reparación, ofreciendo una taza de té a la señora A., pero se le rechaza la reparación: la señora A. prefiere café. Por otro material de su análisis, ambas sabíamos que para ella la señora A. le había rechazado su taza de té porque ella, la paciente, era mujer. La señora A. quería una taza de café de su yerno, representante del hermano de la paciente. La paciente siente que, al no ser un hombre, no puede reparar el pecho; en ese momento desaparece su deseo de reparar, y hasta su aflicción, y la señora A. se convierte en perseguidora: se muestra fría y la desaprueba. En el sueño, este elemento de persecución está representado por los témpanos-pechos dentados. Siente que así como ella nació y mordió el pecho, ahora un pecho vacío, frío, muerto, y que la muerde, la está llenando completamente y destruyendo su propio yo, representado en el sueño por el mar azul no-visible. La experiencia de depresión moviliza en el bebe el deseo de reparar a su objeto u objetos destruidos. Anhela compensar los daños que les ocasionó en sus fantasías omnipotentes, restaurar y recuperar sus objetos de amor perdidos, y devolverles la vida y la integridad. Como cree que la destrucción de su objeto se debe a sus propios ataques destructivos, cree también que su propio amor y cuidados podrán deshacer los efectos de su agresión. El conflicto depresivo es una lucha constante entre la destructividad del bebe y sus impulsos amorosos y reparatorios. El fracaso en la reparación conduce a la desesperación, el éxito, a renovadas esperanzas. Más adelante analizaré algo más sobre las condiciones necesarias para la reparación. Baste decir aquí que el bebe resuelve gradualmente las ansiedades depresivas y recupera externa e internamente sus objetos buenos al reparar a sus objetos externos e internos en la realidad y en sus fantasías omnipotentes. La posición depresiva marca un progreso crucial en el desarrollo, y durante su elaboración el bebe cambia radicalmente su concepción de la realidad. Al integrarse mas su yo al disminuir sus procesos de proyección y al empezar a percibir su dependencia de un objeto externo y la ambivalencia de sus propios instintos y fines, el bebe descubre su propia realidad psíquica. Advierte su propia existencia, y la de sus objetos como seres distintos y separados de él. Advierte sus propios impulsos y fantasías, y comienza a distinguir entre fantasía y realidad externa. El desarrollo del sentido de la realidad psíquica está inseparablemente ligado al creciente sentido de la realidad externa, y el bebé comienza a diferenciar ambas realidades. La prueba de realidad existe desde el nacimiento. El bebe “prueba el gusto” de sus experiencias, y las clasifica en buenas y malas. Pero en la posición depresiva esta prueba de la realidad se afirma más, se hace más significativa y se vincula más estrechamente con la realidad psíquica. Cuando el bebe reconoce sus propios impulsos, tanto buenos como malos, los cree omnipotentes, pero su preocupación por el objeto le hace vigilar qué efectos tienen sobre él sus impulsos y acciones, y de este modo prueba gradualmente el poder de sus impulsos y la resistencia de su objeto. En circunstancias favorables, la reaparición de la madre tras su ausencia, su atención y sus cuidados reducen gradualmente la creencia del bebe en la omnipotencia de sus impulsos destructivos. El fracaso de su reparación mágica disminuye igualmente su creencia en la omnipotencia de su amor. El bebe descubre gradualmente tanto los límites de su odio como los de su amor, y a medida que su yo crece y se desarrolla encuentra cada vez más recursos para influir realmente sobre la realidad externa. Al mismo tiempo, a lo largo del desarrollo y elaboración de la posición depresiva el yo se fortifica, gracias al crecimiento y a la asimilación de objetos buenos, introyectados en el yo y en el superyó.

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Una vez alcanzado este momento del desarrollo, el bebe ha establecido su relación con la realidad. El punto de fijación de las enfermedades psicóticas yace en la posición esquizo-paranoide y en los comienzos de la posición depresiva. Cuando se produce una regresión a estos puntos tempranos del desarrollo, el sentido de realidad se pierde y el individuo se psicotiza. Pero si se alcanzó la posición depresiva y se la elaboró por lo menos en parte, las dificultades que aparecen en el desarrollo posterior no son de carácter psicótico, sino neurótico. Con la progresiva elaboración de la posición depresiva cambia totalmente la relación con los objetos. El bebe adquiere la capacidad de amar y respetar a las personas como seres separados, diferenciados. Puede ahora reconocer como propios sus impulsos, responsabilizarse por ellos y tolerar la culpa. La capacidad recién adquirida de sentir preocupación por sus objetos lo estimula a aprender gradualmente a controlar sus impulsos. Cambia el carácter del superyó. Los objetos ideales y persecutorios introyectados durante la posición esquizo-paranoide forman las primeras raíces del superyó. El objeto persecutorio es vivenciado como autor de castigos crueles y retaliatorios. El objeto ideal, con quien el yo anhela identificarse, se convierte en la parte del superyó correspondiente al ideal del yo, que también resulta persecutorio por sus elevadas exigencias de perfección. A medida que se aproximan entre sí el objeto ideal y el objeto persecutorio durante la posición depresiva, el superyó se integra más y es vivenciado como un objeto interno total, amado con ambivalencia. Los ataques a este objeto originan sentimientos de culpa y autorreproches. En las fases tempranas de la posición depresiva el superyó es vivenciado aún como muy severo y persecutorio (el témpano con dientes del sueño de la paciente gravemente depresiva), pero a medida que se afirma la relación de objeto total, el superyó pierde algunos de sus aspectos monstruosos y se aproxima más a una imagen de padres buenos y amados. Dicho superyó no es sólo la fuente de los sentimientos de culpa sino también un objeto de amor, y es además un objeto que, según siente el niño, lo ayuda en su lucha contra los impulsos destructivos. El dolor del duelo vivenciado durante la posición depresiva, y los impulsos reparatorios que se desarrollan para restaurar los objetos internos y externos amados constituyen las bases de la creatividad y la sublimación. Estas actividades reparatorias se dirigen tanto al objeto como al Yo. Se realizan en parte por preocupación y culpa por el objeto, con el deseo de restaurarlo, preservarlo y darle vida eterna; y en parte en interés de la autoconservación, orientada ahora con mayor realismo. El anhelo de recrear sus objetos perdidos impulsa al bebe a juntar lo que ha hecho pedazos, a reconstruir lo destruido, a recrear y a crear. Al mismo tiempo, su deseo de proteger a sus objetos lo lleva a sublimar los impulsos que siente destructivos. De este modo, la preocupación por el objeto cambia los fines instintivos y produce una inhibición de los impulsos instintivos. Además, a medida que el yo se organiza más y las proyecciones se debilitan, la represión reemplaza a la escisión. Los mecanismos psicóticos gradualmente ceden su lugar a mecanismos neuróticos: inhibición, represión y desplazamiento. En este punto se puede ver la génesis de la formación de símbolos. Para proteger al objeto, el bebe inhibe en parte sus instintos y en parte los desplaza sobre sustitutos; aquí comienza la formación de símbolos. Los procesos de sublimación y de formación de símbolos están estrechamente vinculados con conflictos y ansiedades de la posición depresiva, y son una consecuencia de éstos. Una de las mayores contribuciones de Freud a la psicología fue su descubrimiento de que la sublimación es el resultado de una renuncia exitosa a un fin instintivo; quisiera sugerir aquí que sólo a través de un proceso de duelo puede producirse una renuncia exitosa. La renuncia a un fin instintivo, o a un objeto, es una repetición y al mismo tiempo una revivencia de la renuncia al pecho. Como en esta primera situación, resulta exitosa si el objeto al que se debe renunciar puede ser asimilado por el yo gracias a un proceso de pérdida y recuperación internas. Yo sugiero que un objeto asimilado de este modo se convierte en un símbolo dentro del yo. Todos los aspectos del objeto, todas las situaciones a las que se debe renunciar durante el proceso de crecimiento, dan lugar a la formación, de símbolos. Considerada de este modo, la formación de símbolos resulta ser la consecuencia de una pérdida; es un trabajo creativo que implica el dolor y todo el trabajo del duelo. Si la realidad psíquica es vivenciada y diferenciada de la realidad externa, se distingue al símbolo del objeto; se lo siente como creado por el Yo y el Yo lo puede usar libremente. De modo que durante la posición depresiva cambia enteramente el clima del pensamiento. Es en este momento cuando se desarrolla la capacidad de establecer vinculaciones y la de abstraer, base del tipo de pensamiento que esperamos del yo maduro, en contraste con el pensamiento desarticulado y concreto característico de la posición esquizo-paranoide. A medida que el bebe pasa por repetidas experiencias de duelo y reparación, de pérdida y recuperación, su yo se enriquece con los objetos que ha debido recrear en su interior y que ahora se hacen parte de él. Aumenta su confianza en su propia capacidad de conservar o recuperar objetos buenos y su creencia en su propio amor y posibilidades. Quisiera ilustrar diversos aspectos de la integración que tiene lugar durante la posición depresiva con el material siguiente, tomado del análisis de Ann, una niñita de cuatro años. Las dos sesiones de las que quiero presentar algunos extractos tuvieron lugar en vísperas de las vacaciones de Pascua, feriado que coincidió con el cumpleaños de Ann. La interrupción era en ciertos aspectos especialmente traumática para esta paciente porque, durante las vacaciones anteriores había estado sin análisis mucho más tiempo que el habitual. Había reaccionado a estas dos interrupciones fundamentalmente con fantasías de nacimiento y temprana frustración oral.

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Poco tiempo antes de la Pascua empezó a concurrir a sus sesiones trayendo un almohadón blanco y blando apretado contra el pecho y succionándose el pulgar. El contenido de las sesiones se refería principalmente a sus dudas sobre si la madre le había dado alguna vez de mamar o desde el principio la había alimentado con mamadera, guardándose todo el pecho para sí. (En realidad, Ann había sido alimentada con mamadera desde su nacimiento.) Alrededor de quince días antes de las vacaciones de Pascua tuvo un fuerte resfrío y debió faltar a varias sesiones. Cuando reapareció después de estas ausencias se pudo ver claramente que en su fantasía me había matado y destruido, como representante de la madre mala que la había privado del pecho, y ahora para ella su resfrío contenía un pecho malo y envenenador que se vengaba dañándola. Trató de manejar esta situación mediante una inversión total. En la sesión siguiente a su resfrío yo debía representar el papel de una niñita enferma en cama y ella el papel de madre que da la leche. Pero en este rol me trataba mal, no me alimentaba cuando yo tenía hambre, me dejaba a cada rato sola mientras ella “se iba al teatro” y me inundaba de regalos que mi personaje no quería. ya que no reemplazaban ni su presencia ni su comida. Además me controlaba muchísimo y pronto se evidenció que necesitaba controlarme porque sentía que, como beba que dependía de ella y a la que ella frustraba, yo debía odiarla. A pesar de que estaba desempeñando el papel de madre, a menudo se succionaba el pulgar o se aferraba al almohadón, que llevaba consigo cuando “se iba al teatro”. Pude mostrarle que se identificaba con una madre envidiada porque mamá tenía todo el pecho para sí y podía gozar de él en todo momento, pero a pesar de poseer el pecho (lo que le permitía obligarme a ocupar la situación del bebe frustrado), seguía sintiéndome ella misma muy pequeña, ya que sólo podía usarlo como lo haría un bebe, succionándolo y disfrutando de él. Se estaba defendiendo de la ansiedad depresiva, producida por la separación inminente y por sus ataques al pecho interno, mediante inversión e, identificación proyectiva. Proyectaba en mí su parte bebe, mientras ella se identificaba mágicamente conmigo -la madre- mediante introyección. Esto duró varios días hasta que, cuatro días antes de las vacaciones y hacia el final de la hora me pidió que le hiciera un reloj redondo. Por primera vez desde su resfrío admitía de algún modo que yo era una persona mayor y buscaba mi ayuda. Le hice un reloj de papel y me pidió que le agregara una cadena larga. Le pregunté qué hora debían marcar las manecillas y respondió sin vacilar “las siete”. Cuando le pregunté por qué, me dijo que era “hora de levantarse”. No se le permitía ir a la habitación de sus padres antes de las siete de la mañana. En las interpretaciones consideré el reloj como representando principalmente su sentido de realidad. Fundamentalmente sentía que yo era la madre con el pecho redondo representado por el reloj, y que ella era el bebe. Le interpreté también que sentía mis vacaciones como la larga noche durante la que debía estar sola, mientras yo -mamá- estaba lejos, con papá. Pero las siete representaban la hora de levantarse, lo que simbolizaba su esperanza de volver al tratamiento después de las vacaciones. Si tenía reloj -o sea sentido de realidad-, eso quería decir que debía pasar por la experiencia de la larga noche -las vacaciones- y controlar sus impulsos de interrumpirla; pero por otra parte la reconfortaba saber que yo volvería y que me recuperaría como recuperaba a su madre todas las mañanas a las siete. Comenzó la sesión siguiente haciéndome acostar otra vez para representar a la niñita enferma, pero en seguida me pidió que me levantara y le hiciera otro reloj. Me pidió que lo pintara de celeste y le pusiera una cadena y me preguntó si le permitiría llevárselo a casa. Yo no le había señalado el significado de la cadena durante la sesión anterior; ahora le interpretó su deseo de incorporar dentro de sí un pecho, representado por todo el tratamiento que sentía haber tenido, e interpreté la cadena como su deseo de mantenerse en contacto conmigo mediante esta buena internalización. Me pidió entonces que le hiciera un reloj exactamente igual, pero que lo pintara de amarillo y no le pusiera cadena. Después contempló ambos relojes durante largo rato. Cuando le señalé su semejanza y la diferencia de color, dijo que eran dos “pechos iguales” pero llenos de algo distinto”. Uno estaba lleno de “colorido” y el otro lleno de “pipí” (disociación). Como antes cuando me había hecho acostar había derramado un vaso con agua sobre el diván, le interpreté ahora que uno de los relojes era el pecho de mamá lleno de leche, mientras que el otro era el pecho de mamá cuando sentía que por estar enojada con 61 lo había llenado de “pipí”. Le dije también que no quería que le pusiera cadena al amarillo porque no quería incorporar el pecho malo lleno de “pipí”. Entonces, con una sonrisa pícara, sacó del bolsillo el reloj que yo le había hecho el día anterior y me mostró que lo había agujereado con una tijera. De modo que ahora había tres pechos: uno bueno lleno de leche, uno malo lleno de “pipí”, y uno intermedio que había sido bueno el día anterior, pero según me mostraba, ella misma lo había cortado, o sea arruinado. Le interprete que había además otra razón por la que no quería pegar una cadena al pecho amarillo malo: no quería ver el vínculo entre lo que ella misma hacía cuando estaba enojada, cuando mordía y orinaba con furia, y el pecho que se convertía en pecho malo. Tomó entonces los relojes amarillo y azul, los juntó mediante la cadena, los colgó de los tiradores de los dos cajoncitos superiores de la cómoda, y los contempló con gran satisfacción. Le interpretó que había integrado los pechos bueno y malo al descubrir su propia ambivalencia. En ese momento se interesó por el último cajón de la cómoda, probó una llave en la cerradura y dijo: “¿No puedo usar éste, no?” Le interpreté que ahora los cajones superiores representaban los pechos de mamá y el inferior su órgano genital; sentía que ella no podía tener este último porque pertenecía a papá y sólo su llave -pene- encajaba en él. Le dije que veía en mí no sólo un pecho, bueno o malo, sino una persona con un cuerpo entero y una relación genital con papá, a la que ella no tenía acceso. Lo notable de este material es la estrecha vinculación entre los diversos aspectos de la integración y el progreso en el sentido de realidad que acompaña a dicha integración. Cuando le interpretó la identificación

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proyectiva pudo recuperar su parte de beba frustrada. Al ponerse en el lugar de la beba revivió la disociación del pecho (los relojes azul y amarillo). Mi interpretación de la disociación le hizo tomar conciencia de su propia agresión y pudo integrar el pecho (los tres relojes conectados por la cadena). Inmediatamente después de la integración de los pechos bueno y malo, la relación de objeto parcial se convirtió en relación de objeto total, no sólo en función del contraste entre objeto bueno y malo, sino también en función del contraste entre objeto parcial y total, preparando el terreno para el complejo de Edipo. Junto con esto, y también a causa de esto, Ann tomó conciencia de su propia ambivalencia y de sus fantasías omnipotentes. Pero al mismo tiempo su creencia en la omnipotencia de esas fantasías disminuyó gracias a la prueba de realidad, que le permitió preservar mi imagen con realismo, como persona que puede irse de vacaciones y volver a la hora convenida sin haberse alterado. La posición depresiva nunca se elabora completamente. Siempre tenemos ansiedades relacionadas con la ambivalencia y la culpa y situaciones de pérdida que reavivan experiencias depresivas. Los objetos externos buenos de la vida adulta siempre simbolizan y contienen aspectos del primer objeto bueno, interno y externo, de modo que cualquier pérdida de la vida posterior reaviva la ansiedad de perder el objeto interno bueno y con ella todas las ansiedades sentidas originalmente durante la posición depresiva. Si durante la posición depresiva el bebe ha podido establecer un objeto interno bueno suficientemente afianzado, las situaciones anteriores de ansiedad depresiva no le conducirán a la enfermedad sino a una elaboración fructífera, cuyas consecuencias son mayor enriquecimiento y creatividad. Cuando la posición depresiva no se ha elaborado suficientemente, y no se ha afianzado la creencia en el amor y la creatividad del yo y en su capacidad de recuperar interna y externamente objetos buenos, el desarrollo posterior es mucho menos favorable. El yo se siente acosado por la ansiedad constante de perder totalmente las situaciones internas buenas, está empobrecido y debilitado, su relación con la realidad es frágil y hay un perpetuo temor y a veces una verdadera amenaza de hacer una regresión a la psicosis.

GLOSARIO: Este glosario no pretende ser exhaustivo. Contiene los términos cuya explicación los estudiantes solicitaban con frecuencia. Algunos de estos términos fueron introducidos por Melanie Klein y sus colaboradores, otros se utilizan habitualmente en psicoanálisis, pero se incluyen también porque Melanie Klein les da un sentido específico. ANSIEDAD: es la respuesta del yo a la actividad del instinto de muerte. Cuando el instinto de muerte es deflexionado, la ansiedad toma dos formas principales: -Ansiedad paranoide: debida a la proyección del instinto de muerte en un objeto u objetos, a los que entonces se siente como perseguidores. La ansiedad se refiere a que estos perseguidores lleguen a aniquilar al yo y al objeto ideal. Se origina en la posición esquizo-paranoide. -Ansiedad depresiva: es la ansiedad motivada por la posibilidad de que la propia agresión aniquile o haya aniquilado al propio objeto bueno. Se la experimenta por el objeto y por el yo que, en identificación con el objeto, se siente amenazado. Se origina en la posición depresiva, cuando se, percibe al objeto como objeto total y el bebe vivencia su propia ambivalencia. -Ansiedad de castración: es principalmente de tipo paranoide y se origina en la proyección que hace el niño de su propia agresión, pero puede contener también elementos depresivos, por ejemplo la ansiedad de perder el propio pene como órgano de reparación. COMPLEJO DE EDIPO TEMPRANO: es la relación edípica tal corno la experiencia el bebe al comienzo de la posición depresiva. Se la experiencia en términos pregenitales antes de alcanzarse la genitalidad. CULPA: es el doloroso reconocimiento de haber dañado al propio objeto u objetos amados. Se origina en la posición depresiva, cuando se experiencia ambivalencia hacia los padres percibidos como objetos totales. Los padres ambivalentemente amados introyectados durante la posición depresiva forman el núcleo del superyó. DEFENSAS MANÍACAS: se desarrollan durante la posición depresiva como defensa contra la experiencia de ansiedad depresiva, culpa y pérdida. Se basan en la negación omnipotente de la realidad psíquica, y las relaciones objetales se caracterizan por triunfo, control y desprecio. DEPRESIÓN: estado de ánimo en que se experiencian parcial o totalmente los dolorosos sentimientos de la posición depresiva. Puede ser una reacción normal a experiencias de pérdida, o una reacción patológica de carácter neurótico o psicótico. 41 ENVIDIA TEMPRANA: el bebe la experiencia principalmente hacia el pecho que lo alimenta. Es posiblemente la primera manifestación externa del instinto de muerte, ya que ataca a lo que se siente como la fuente de vida. -Envidia temprana excesiva: es un factor importante de la psicopatología. ESCISIÓN: puede implicar al yo y al objeto. La primera escisión se hace entre Yo bueno y Yo malo, y entre objeto bueno y objeto malo. La deflexión del instinto de muerte implica la escisión entre la parte que se siente conteniendo los impulsos destructivos y la parte que se siente conteniendo la libido. IDEALIZACIÓN: mecanismo esquizoide vinculado con la escisión y la negación. Se niegan las características indeseables del objeto, y el bebe proyecta en él su propia libido. Aunque pertenece primordialmente a la posición esquizo-paranoide, la idealización puede formar parte de las defensas maníacas contra ansiedades depresivas. IDENTIFICACIÓN: se la considera siempre un resultado de procesos introyectivos y proyectivos. -Identificación introyectiva: el resultado de la introyección del objeto en el yo, el cual se identifica entonces con algunas de sus características, o con todas. -Identificación proyectiva: el resultado de la proyección de partes del Yo en un objeto. Puede tener como consecuencia que se perciba al objeto como habiendo adquirido las características de la parte proyectada del Yo, pero también puede resultar en que el Yo llegue a identificarse con el objeto de su proyección. -La identificación proyectiva patológica resulta de la desintegración diminuta del Yo o de partes del Yo, que luego se proyectan en el objeto y se desintegran; tiene como consecuencia la creación de “objetos extraños”. MUNDO INTERNO: resulta de la actividad de la fantasía inconsciente, en la que se introyectan objetos y se construye dentro del yo un mundo interno complejo. En el mundo interno se siente a los objetos internos en relación dinámica los unos con los otros y con el yo. OBJETOS EXTRAÑOS: son el resultado de identificaciones proyectivas patológicas, en las que se percibe al objeto escindido en pequeños fragmentos, conteniendo cada uno una parte proyectada del Yo. A estos objetos extraños se los siente cargados de mucha hostilidad. OBJETOS INTERNOS: objetos introyectados en el yo. OBJETOS PARCIALES: objetos característicos de la posición esquizo-paranoide. El primer objeto parcial que experiencia el bebe es el pecho. Pronto experiencia otros objetos parciales -ante todo, el pene. -Objeto ideal (pecho o pene): es experienciado por el bebe durante la posición esquizo-paranoide como resultado de la escisión y de la negación de persecución. El bebe atribuye todas sus experiencias buenas, reales o fantaseadas, a este objeto ideal al que anhela poseer y con el que ansía identificarse. -Objeto malo (o persecutorio): es experienciado como resultado de la escisión ocurrida durante la posición esquizoparanoide. El bebe le proyecta toda su hostilidad y a su actividad atribuye toda experiencia mala. -Objeto bueno: el término objeto parcial bueno se aplica generalmente al pecho o pene tal como se los experiencia en la posición depresiva en relación con experiencias buenas. Se siente al objeto bueno como fuente de vida, amor y bondad, pero no es ideal. Se reconocen sus malas cualidades y, en contraste con el objeto ideal, puede ser experienciado como frustrante; se lo siente vulnerable a los ataques, y por consiguiente se lo suele sentir

dañado o destruido. Se siente que el pecho bueno y el pene bueno pertenecen respectivamente a la madre buena y al padre bueno, pero se los puede experienciar antes de que se establezca plenamente la relación de objeto total. OBJETOS TOTALES: se refieren a la percepción del otro como persona. La percepción de la madre como objeto total caracteriza la posición depresiva. El objeto total es lo opuesto tanto del objeto parcial como de los objetos escindidos en partes ideales y persecutorias. La ambivalencia y la culpa se experiencian en relación con objetos totales. PADRES COMBINADOS: imagen fantaseada de los padres combinados en coito. Se origina cuando no se diferencia al padre de la madre y se siente su pene como parte del cuerpo de la madre. Cuando surgen ansiedades edípicas esta fantasía se reactiva regresivamente como medio de negar el coito parental. Por lo general se la experiencia corno figura terrorífica. PERSEGUIDORES: son objetos en los que se ha proyectado parte del instinto de muerte. Originan ansiedad paranoide. POSICIÓN DEPRESIVA: comienza cuando el bebe reconoce a su madre como objeto total. Es una constelación de relaciones objetales y ansiedades caracterizada por la experiencia del bebe de atacar a una madre ambivalentemente amada y de perderla como objeto externo e interno. Esta experiencia origina dolor, culpa y sentimientos de pérdida. POSICIÓN ESQUIZO-PARANOIDE: la primera fase del desarrollo. Se caracteriza por la relación con objetos parciales, el predominio de escisión en el yo y en el objeto, y la ansiedad paranoide. REALIDAD PSÍQUICA: la experiencia de la realidad psíquica es la experiencia del propio mundo interno, incluyendo la experiencia de impulsos y los objetos internos. REPARACIÓN: actividad del yo dirigida a restaurar un objeto amado y dañado. Surge durante la posición depresiva como reacción a ansiedades depresivas y a la culpa. La reparación se puede usar como parte del sistema de defensas maníacas, en cuyo caso adquiere las características maníacas de negación, control y desprecio. SENTIDO DE REALIDAD: es la capacidad de experienciar la realidad psíquica como tal y de diferenciarla de la realidad externa. Implica la experiencia simultánea y la correlación de los mundos interno y externo.

Capítulos I, II y V de “Introducción a la obra de Melanie Klein”, de Ana Segal. Ed. Paidós, 1992.

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MEAD, UN

REBELDE TRANQUILO

Por James A. Schellenberg George Herbert Mead nació en 1863 en South Hadley, Massachussets, donde su padre era un pastor congregacionalista. Siete años más tarde los Mead se trasladaron a Oberlin, Ohio, donde el reverendo Hirkmblead pasó a ser profesor de oratoria en el Seminario Teológico de Oberlin. No se conservan muchos datos sobre los primeros años de George Mead en Massachussets y Ohio, aunque se le ha descrito como un chico “cauto, de suaves modales, amable y bastante tranquilo”. Sí sabemos que cuando era estudiante en el Oberlin Collage experimentó un sentimiento de liberación respecto a su anterior aprendizaje, especialmente cuestionando las opiniones teológicas de su adolescencia. Fue, sin embargo, una rebelión relativamente tranquila y encubierta, no dando ocasión a escenas tormentosas con sus padres. Al morir su padre, la madre empezó a enseñar, siendo más tarde presidenta de un colegio universitario en Mt. Holyoke, durante diez años. Las relaciones entre la pundonorosa y altiva madre y su tranquilo hijo no fueron tirantes, aunque se sabe que evitaban discutir sobre espinosos temas filosóficos. Mientras tanto George continuaba su gradual proceso de liberación intelectual, que le llevó, según dijo una vez, veinte años para desaprender lo que le habitan enseñado en sus primeros veinte. En el Oberlin College trabó una gran amistad con Henry Castle, quien continuó siendo el amigo más íntimo de George hasta la muerte de aquél en un accidente en 1893. Una vez que finalizó sus estudios 43 del primer ciclo universitario, durante cuatro años intentó sin éxito enseñar en la escuela (fue expulsado a los cuatro meses por problemas disciplinarios), logrando mejores resultados en un equipo topográfico al servicio de una colonia ferroviaria. Después Henry convenció a George para que se fueran a estudiar juntos a Harvard, donde Mead se familiarizó con William James; de hecho, vivió en la casa de James, siendo tutor de sus hijos. En aquella época, sin embargo, la psicología y la filosofía de William James no causaron un gran impacto en Mead. Recibió una influencia mucho mayor de Josiah Royce, quien estaba preparando su interpretación del idealismo hegeliano. El nuevo sistema filosófico le resultó apasionante, pues, como Mead diría más tarde, «no volvería a ser (la filosofía) la sierva de la teología, ni un texto de lógica formal y ética puritana. Era una textura de ideas fluyendo libremente, que abría la puerta a más amplias cuestiones sobre la naturaleza de la experiencia humana. Después de un año en Harvard, George Mead se reunió con Henry Castle en Leipzig, Alemania, donde prosiguió cortejando a la hermana de Henry, Helen. George y Helen Mead se casaron en 1891, justo antes de volver a los Estados Unidos. En aquel tiempo George había estado estudiando en la Universidad de Berlín psicofisiología. Su amigo Henry, explicaba su interés de entonces por el deseo de evitar la controversia religiosa a su vuelta a América. “Él piensa –escribía Castle- que le seria difícil tener la oportunidad de expresar opiniones filosóficas con cierta independencia; por otra parte, había encontrado en la psicología fisiológica un «territorio inocuo». Sin embargo, en 1891, cuando Mead recibió una invitación para volver a Estados Unidos y enseñar en el departamento de Filosofía de la Universidad de Michigan, aceptó inmediatamente. Dejó sin terminar el doctorado en Berlín y se trasladó con su esposa a una nueva casa en Ann Arbor, Michigan. Fue en la Universidad de Michigan donde el esquema básico de la filosofía de Mead comenzó a tomar forma. Allí el ambiente le pareció especialmente favorable. En primer lugar, John Dewey acababa de ser nombrado jefe del departamento. Dewey, el igual que Mead, había experimentado el idealismo hegeliano como una fuerza liberadora, y ambos se dedicaban ahora a la búsqueda de una fundamentación más científica para la filosofía. Vieron la necesidad de una base con una mayor orientación tanto biológica como social, y consideraron que la obra de William James (cuyos, Principios de Psicología acababan de publicarse) ofrecía nuevas e importantes líneas para elaborar una ciencia de la mente. Pero ni Mead ni Dewey habían formulado todavía con claridad su propia posición ante la filosofía o la psicología. En Michigan también estaba un joven llamado Charles Cooley preparando su tesis doctoral sobre economía. Cooley estaba muy interesado en algunas de las ideas que encontró en los escritos de Adam Smith acerca de cómo las personas deben ponerse en la posición de los otros si quieren actuar con eficacia en la sociedad. La importancia de esa imaginación simpatética fue expuesta por Cooley a través de la idea del

“yo espejo”. El yo se desarrolla, según Cooley, como reflejo de las evaluaciones de los otros, idea que Mead incorporaría en su concepción del papel asumido o «role-taking». De hecho, Mead llevó la idea más lejos que Cooley, al cuestionarse los orígenes de la mente que Cooley aceptaba como algo dado. Durante los tres años que estuvieron juntos en la Universidad de Michigan, Dewey, Mead y Cooley elaboraron los ingredientes básicos de su orientación común sobre la psicología social, orientación que más tarde se denominaría interaccionismo simbólico, del que Mead sería su portavoz más autorizado, a pesar de la mayor fama de Dewey. Pese a todo, en esa época todavía no se habían formulado ni enunciado sus principios. George H. Mead acaba de comenzar su cartera como filósofo. Había decidido acuñar su filosofía con fundamentos científicos, sin dar por supuesta la existencia de entidades básicas como el alma o la mente. No tenía claro, con exactitud, adónde le llevaría esto. Un filósofo en Chicago Cuando William Rainer Harper estaba organizando la Universidad de Chicago pensó en fortalecer especialmente tres departamentos: el de Clásicas, el de Semíticas y el de Filosofía. James Hayden Tufts, filósofo y colaborador de Harper en las tareas organizativas, sugirió el nombre de John Dewey para la jefatura del departamento de Filosofía. Cuando se le ofreció a Dewey el puesto lo aceptó y mostró el deseo de llevar con él a un joven filósofo de la Universidad de Michigan. De este modo George Mead fue en 1894 a la Universidad de Chicago como profesor ayudante de Filosofía. La nueva escuela, bajo el liderazgo de Dewey, fue reconocida como el centro de un movimiento filosófico que se empezó a llamar pragmatismo. Tufts, Dewey y Mead abogaban por un enfoque filosófico que identificaba el significado de las ideas con sus consecuencias prácticas. Diez años después Dewey marchó a Columbia, pero Mead permaneció en Chicago durante muchos años. Cuando murió, en 1931, a los sesenta y ocho años, todavía era allí profesor de filosofía. Durante los casi cuarenta años que Mead enseñó en Chicago, esta ciudad se mantuvo como el centro del pragmatismo americano. John Dewey continuó siendo el líder intelectual del grupo aun años después de marcharse, pero no se puede decir que fuese sólo una escuela de los discípulos de Dewey. Se 44 compartía una orientación general, pero cada uno tenía su área propia de especial interés. Un tema central en la filosofía de esta escuela de Chicago fue la preocupación por los procesos, el considerar las ideas como parte del devenir de la actividad. Toda la vida es actividad, actividad que se despliega de forma natural y está organizada por objetivos que emergen y cambian en el proceso del devenir mediante el ajuste y el reajuste. Se admite, por lo general, que esta fue la esencia de la filosofía pragmática que se gestó en Chicago. Aunque John Dewey se marchó de Chicago en 1904, él y George Mead conservaron una gran amistad durante el resto de sus vidas. Mead permaneció en Chicago, llegando a ser decano de la Facultad de Filosofía, aunque también aceptara una oferta de Columbia poco antes de morir. Mead casi siempre reconoció el liderazgo de Dewey, y no se sabe que criticara en público ninguna de las ideas de Dewey. Las objeciones que expresó en privado sobre los escritos de Dewey fueron mínimas; cuando en cierta ocasión, mucho tiempo después. Se le preguntó si creía en realidad lo que Dewey decía en The Quest for Certanty, respondió: « ¡Hasta la última palabra!» Por su parte, Dewey admitió la influencia es especial de Mead en la psicología social; las ideas de Mead «revolucionaron mi propio pensamiento, aunque capté con cierta lentitud todas sus implicaciones». Generalmente se admite que Mead tuvo una influencia especial en el artículo que Dewey publicó en 1896, «The Reflex Arc Concept in Psychology». Este trabajo establece las ideas clave de la que llegaría a ser conocida como la escuela funcionalista de psicología, sirviendo además de base a gran parte de la crítica contra el posterior movimiento conductista. Los conceptos de estímulo y de respuesta, que por aquel entonces la psicología incorporó de la fisiología, fueron criticados por Dewey, ya que suponían distinciones artificiales en el proceso fluido de la acción de un organismo. Los rasgos importantes de esta actividad en progreso no son las partes específicas de la sensación, la atención y la acción, sino el modo en que la actividad como un todo se organiza y se reconstituye en el ajuste progresivo del individuo. En vez de una psicología diferencial de los distintos procesos, Dewey abogaba por una concepción más unificada. De este modo el estímulo sensorial se convierte en aquella fase de la actividad que implica definición y coordinación, difiriendo en parte según las diferentes definiciones que recibe. A su vez, la respuesta motora es aquello que completa la actividad coordinada, y también varía según las definiciones y los fines que dirigen el acto. Hay que admitir estas funciones ampliadas de la acción en progreso si se quieren interpretar adecuadamente las actividades sensorial y motora. Mead no publicó ningún artículo importante sobre filosofía o psicología antes de comienzos de siglo, y sólo escribió alrededor de dos docenas de artículos importantes durante el resto de su vida. Todos sus

libros se publicaron después de su muerte, resultando en su mayoría una recopilación de los apuntes de sus alumnos. El impacto de Mead fue mayor en la clase que mediante la letra impresa, al menos mientras vivió. Pero sus clases tampoco eran lecciones magistrales. Apenas miraba a los estudiantes y hablaba de forma inexpresiva, mirando el techo o a la ventana, se sentaba y daba la clase, lentamente, sobre el tema del día. A pesar de su estilo más bien distante en el aula, Mead causó un gran impacto en sus estudiantes cuando exponía su filosofía, muy adecuada al talante de las ciencias sociales que surgían en América, pionero en el espíritu, científico en el método y reformista en la aplicación. Chicago fue el centro de aprendizaje de muchos de los científicos sociales relevantes de América en la primera mitad del siglo XX. Las clases de George Mead ocuparon un lugar especialmente notable en la educación de muchos de ellos. Las personas que mantuvieron contactos informales con Mead, normalmente se sintieron más impresionados que las que lo conocieron sólo como profesor. Era un hombre apuesto, alto, de 90 kilos de peso, que se mantuvo físicamente activo durante toda su vida. Tenía una fama muy amplia de intereses que incluían no solo la filosofía y la ciencia social, sino además las ciencias naturales, la música, el arte y la literatura. Se ha dicho que era capaz de citar de memoria a John Milton durante dos horas seguidas, así como partes extensas de Shakespeare, Wordsworth y Keats. Sus múltiples aficiones le hacían un gran conversador. Su colega, Tufts, le llamó “el conversador mis interesante que he conocido”. Los estudiantes que lo conocieron fuera de la clase solían admirarle. Por ejemplo, un estudiante graduado que fue a Chicago en 1900 relataba: Asistí a las clases y seminarios de Mead. No le entendía en el aula, pero Mead mostró gran interés por mi experimentación con animales y pasó domingos enteros en mi laboratorio observando mis ratas y mis monos. Comencé a entenderle en su casa a partir de estas muestras de camaradería. Era el hombre más amable y refinado que jamás conocí. Este estudiante se convertiría más adelante en el portavoz del conductismo americano, John B. Watson. El conductismo social de Mead. Charles Morris en el prefacio a la edición de sus apuntes de clase de Mind, Self and Society, eligió una frase de Mead que éste había usado de modo bastante incidental. El Conductismo social es la etiqueta que Morris aplicó para resaltar la fundamentación social y naturalista del pensamiento de Mead. Aunque esta caracterización es, en general, adecuada, debemos distinguir con claridad el conductismo de Mead de aquel (asociado normalmente con John B. Watson) que se hizo popular en los círculos psicológicos durante los últimos años de Mead. El conductismo de Watson no dejaba lugar a la mente o a conceptos mentalistas en el estudio de la conducta. Para los conductistas watsonianos, si la psicología ha de llegar a ser científica (y debe hacerlo) es necesario que abandone todos los conceptos que no pueden observarse desde el exterior. Aunque Watson y Mead eran amigos personales, cuando Watson trabajaba en el laboratorio de psicología en Chicago, el conductismo de Mead estaba muy lejos del de Watson. Para Mead la mente era la preocupación principal en la investigación psicológica, y no debía proscribirse ante la dificultad de una medición objetiva, Pero los acontecimientos mentales había que considerarlos en su contexto conductual. Y es en este sentido más amplio en el que la psicología social de Mead puede considerarse como conductista. En palabras de Mead: La psicología social es conductista en el sentido de que parte de una actividad observable -el proceso social dinámico en devenir y los actos sociales que son sus elementos integrantes- que ha de ser estudiada y analizada científicamente. Pero no es conductista en el sentido de pasar por alto la experiencia interna del individuo, la fase interior de ese proceso o actividad (Mead, 1934, página 7). Watson y Mead compartían la determinación de tomar el contexto conductual de los sucesos, más que una mente con existencia independiente, como punto de partida de la investigación psicológica. Mead rechazó una característica que en particular se suele asociar con el conductismo; esto es, la tendencia a reducir un fenómeno a sus unidades más simples de conducta. Por el contrario, Mead dijo: «La conducta de un individuo sólo puede entenderse en base a la conducta de todo el grupo social del que él es miembro» (Mead, 1934, pág. 6), ya que es este grupo el que suministra el contexto a los actos individuales. El método de Mead procedía desde las fuerzas sociales más generales a los pequeños acontecimientos de la conducta individual. De esta forma elaboró una psicología muy a tono con el «funcionalismo» de Dewey, que rehuía el limitar la atención a las unidades elementales de la conducta.

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Había que entender los actos sociales como un proceso completo y no como la suma de estímulos y respuestas particulares. Mead expresaba así este punto: El acto social no se explica construyéndolo a partir del estímulo más la reacción; debe ser considerado como un todo dinámico -como algo que está sucediendo- y ninguna de sus partes puede ser entendida por sí misma; se trata de un proceso orgánico complejo que se halla implícito en cada estímulo y respuesta particulares (Mead, 1934, p. 7). La concepción de actividad mental de Mead -su teoría de la «mente»- se basaba en una comprensión de los gestos sociales. En su análisis de los gestos se inspiró, en particular, en los escritos de Charles Darwin y Wilhelm Wundt. El darwinismo proporcionó el marco general, donde Mead resaltaba el carácter emergente de la mente, mediante procesos de ajuste biológico. En particular, vio en la obra de Darwin, Expression of Emotions in Man and Animals, la base para considerar los gestos animales como el punto de partida de su análisis del lenguaje humano. Darwin había llamado la atención sobre aquellas instancias en que las partes iniciales de un acto de un animal provocan modificaciones en la respuesta siguiente de otro. Darwin se interesó en estos gestos por su valor para expresar emociones interiores. Por ejemplo, en una pelea entre perros, los actos de cada perro son estímulos que modifican las respuestas del otro. Mead cuestionó los presupuestos de la interpretación sobre los gestos sociales de Darwin, aunque le impresionó la significación de los actos sobre los que Darwin había llamado la atención. Wundt, según Mead, había visto con más claridad que Darwin la significación de los gestos sociales de los animales. El vio que no expresaban emociones internas, sino que reflejaban una realidad externa . Eran partes de actos complejos en los que los individuos respondían a los actos de los otros. Esto le llevó a considerar tales gestos como partes de la interacción social más que como expresiones de sentimientos individuales. El acto social implica dos o más individuos, y sus acciones les afectan a los dos y a cada uno de ellos a la vez. Los gestos son «aquellas frases del acto que operan el ajuste a la respuesta del otro» (Mead, 1934, pág. 45). Wundt, dijo Mead, se dio cuenta de que los gestos podían servir de inicio a la conciencia de sí. El seguimiento de esta línea fue la contribución más notable de Mead a la psicología social. 46 Si enfocamos la conducta humana a partir del estudio general de los gestos animales, advertimos que una gran cantidad de conducta no llega a realizarse hasta el final. Un acto puede iniciarse, pero el que se complete a veces está limitado por una inhibición y un control voluntario mayores que los observados en los animales inferiores. Los gestos que se ofrecen al iniciarse los actos, sin embargo, pueden implicar parte del acto pleno aunque éste no se complete. El significado surge al anticipar las consecuencias y no a partir de lo que realmente vaya a suceder más tarde. «El sentimiento de disposición para coger o leer un libro, cavar un hoyo o tirar una piedra son la materia a partir de la cual surge el sentido del significado del libro, del hoyo o de la piedra» (Mead, 1910, pág. 399). Estas anticipaciones de la acción que va a seguir a continuación, cuando pasamos a los actos sociales, pueden implicar significados para todos ellos, aunque no se completen posteriormente. Pero la anticipación es crucial en sí misma, al permitir la creación mediante gestos (es decir, a través de partes incipientes de un acto) de aquello que puede asociarse con el acto completo. Cuando esto se hace de forma más explícita, tenemos la base de la autoconciencia. Algunos gestos son importantes porque representan la misma cosa para todos los participantes en el acto social. Son especialmente susceptibles de acortarse (posibilitando el que un simple gesto sea portador de un significado mayor), lo que no sucede con otros actos. Esto permite que un individuo se coloque más fácilmente en el lugar de otro y percibir la plenitud del acto que se está llevando a cabo. Para Mead el gesto vocal era un ejemplo de especial importancia. «El gesto vocal reviste una importancia peculiar, ya que incide sobre un individuo en la misma forma en que incide sobre otro» (Mead, 1922, pág. 160). Esos gestos pueden ser vehículo de una gran cantidad de significados compartidos en forma cada vez más condensada, por lo que se utilizan, de modo creciente, en sus formas abreviadas simplemente como vehículos de este significado. Se convierten en lo que Mead llamaba «símbolos significantes». Los gestos se convierten en símbolos significantes cuando suscitan una respuesta implícita en sus creadores que se empareja con la respuesta explícita de otros. «La conciencia del individuo, según Mead, depende, pues, de asumir la actitud del otro hacia sus propios gestos» (Mead, 1934, página 47). Estos símbolos significantes suponen en los seres humanos la base del lenguaje. Además, se con vierten en la sustancia del pensamiento humano, ya que, para Mead, la mente o la inteligencia sólo resulta posible mediante una conversación interiorizada de gestos. El significado incluido en estos símbolos significantes es siempre social por naturaleza, ya que un símbolo «presupone siempre, para que sea significativo, el proceso social de experiencia y conducta en que surge» (Mead, 1934, pág. 89). Este proceso social se refiere primordialmente a los grupos humanos,

grupos que actúan conjuntamente y comparten en común los símbolos significantes para llevar a cabo esa acción. La individualidad, de acuerdo con Mead, surge de las mismas condiciones que son responsables del desarrollo de la «mente», emergiendo así los símbolos significantes de los actos sociales. Una persona (self) es cualquier individuo en cuanto objeto social para sí. El ser un objeto social para sí significa que el individuo adquiere para sus gestos significados similares a los que tienen para aquellos que le rodean. A partir de esta capacidad de un individuo para asumir el rol de otros individuos hacia sí se desarrolla lo que Mead llama el «otro generalizado». El otro generalizado es el conjunto organizado de actitudes comunes a un grupo, y que son asumidas por el individuo como contexto para su propio comportamiento. No se trata sólo de asumir el rol de otros individuos; el individuo debe asumir además la actitud del colectivo como un todo. Esto es esencial para desarrollar una organización consciente de la conducta, puesto que «sólo en la medida en que incorpora las actitudes del grupo social organizado al que pertenece... desarrolla un yo integral» (Mead, 1934, pág. 155). Desde el punto de vista de la sociedad, las formas complejas de la organización humana acaecen sólo en virtud de la capacidad de los individuos implicados para asumir las actitudes generalizadas de los otros. La capacidad para organizar las actitudes de los otros no se desarrolla en seguida. Su emergencia puede identificarse en base a dos etapas principales del desarrollo. En la primera etapa «el yo del individuo se constituye sólo mediante una organización de actitudes particulares de otros individuos hacia él mismo y entre sí en aquellos actos sociales específicos en los que participa» (1934, página 158). Esta etapa recibe a veces el nombre de etapa del «juego» (play), sugiriendo un nivel de toma y daca personal. En contraste, es en la etapa del «juego de reglas» (game) cuando las actitudes de los otros se asimilan en un otro generalizado coherente. En este caso «las actitudes sociales o grupales entran en el terreno individual de la experiencia directa, y se incluyen como elementos en la estructura o constitución de su yo (pág. 158). Mead, para ilustrar la noción del otro generalizado y cómo funciona la segunda etapa del desarrollo del yo, hace referencia a un equipo de béisbol. El individuo participa en el juego sólo cuando asume la 47 estructura completa de expectativas de los otros, encarnada en las reglas del juego y en los objetivos de su equipo. El deporte tiene una lógica, lo que hace posible esa determinada organización de la persona: es preciso conseguir un objetivo definido, las acciones de los distintos individuos están todas relacionadas entre sí con referencia a ese objetivo, de modo que no entren en conflicto; ... están interrelacionadas de modo unitario, orgánico, (1934, pp. 158-59). A partir de esta incorporación de las expectativas organizadas emerge una organización sistemática de la personalidad. Siguiendo con la cita de Mead: El deporte constituye, así, un ejemplo de la situación en la que surge una personalidad organizada. En la medida en que el niño adopta la actitud del otro y permite que esa actitud del otro determine qué cosa hará en relación a un objetivo común, en esa medida se convierte en un miembro orgánico de la sociedad (p. 159). El yo, una vez desarrollado en plenitud, sin embargo, no es estático. Siempre cambia en la medida en que lo hace la experiencia del grupo al que pertenece el individuo. Pero esta no es la única base sobre la que se efectúa el cambio de la persona, como Mead aclara en su distinción entre el «mi» (me) y el «yo» (1) como dos fases de la persona (self). El «mi» es la organización convencional y habitual de la persona. Se compone de las actitudes de los otros en cuanto organizadas como las para la propia conducta. Puesto que incorporamos estas actitudes de los otros para formar nuestra propia autoconciencia, el «mi» es además la persona como objeto del que tenemos conciencia cuando atendemos a nuestro propio comportamiento. Pero si la persona estuviera sólo integrada por el «mi», sería un simple agente de la sociedad. Nuestra única función sería reflejar las expectativas de los otros. Pero existe algo más que el «mi», insistía Mead, a pesar de que el «mi» es aquello de lo que solemos ser más conscientes cuando nos comportamos. A ese algo más lo llamó Mead el «yo», refiriéndose a los aspectos activo e impulsivo de la persona. Lo que hacemos cuando respondemos a nuestra imagen de la persona (el «mi»), nunca es exactamente igual a esa imagen. Se crea algo nuevo entre la reflexión y la acción, y este algo nuevo en acción es el «yo» de Mead. El «yo» es, pues, el aspecto innovador y creativo de la persona, que posibilita el que nuevas formas de conducta emerjan en la acción. Las acciones no están únicamente determinadas por el pasado, ni están totalmente definidas por planes autoconscientes que diseñamos cuando comenzamos un

acto. La parte actuante de la persona, el «yo», impulsa, por lo general, la acción hacia adelante, aunque nunca del todo, según las rutinas pautadas por la autoconciencia reflexiva del «mi». La mente en acción. Nuestro tratamiento sobre el pensamiento de Mead ha resaltado el tema de la acción en progreso. Este es el aspecto conductista de Mead, atribuyendo su significado más al devenir de la conducta social que a las cualidades interiores de la mente. Para Mead el acto social era la unidad adecuada del análisis psicosociológíco. Un acto, sin embargo, debe considerarse que incluye aspectos tanto internos como externos, ya que Mead no era un conductista en el sentido de restringir la atención al comportamiento externo. El acto, según el análisis de Mead, posee típicamente cuatro fases que pueden identificarse como el «impulso», la «fase perceptiva», la «manipulación» y la «consumación». El impulso pone en marcha el acto; la fase perceptual le proporciona dirección; la fase de manipulación suministra la ejecución, y la consumación es la experiencia final que acarrea el acto. En los seres humanos es especialmente importante la fase manipulativa, puesto que es cuando entramos, de hecho, en contacto con la realidad. En este punto Mead concedió un papel crucial a la mano en el desarrollo de la naturaleza específicamente humana. Es con la mano y su maravillosa flexibilidad mediante la que aprendemos los diferentes medios que se pueden usar para alcanzar nuestros fines. Y esta conciencia de los varios medíos posibles amplía enormemente el carácter autorreflexivo de los seres humanos. Los animales inferiores apenas pueden diferenciar las etapas perceptiva y consumatoria de los actos; sin embargo, los contactos manuales del hombre, median entre los comienzos y los fines de sus actos, proporcionando una cantidad de maneras distintas de hacer las cosas y, de este modo, invitan a que impulsos alternativos se expresen en la realización de sus actos, cuando surgen obstáculos e impedimentos. Las manos del hombre han tenido gran importancia para quebrar los instintos fijos (Mead, 1934, página 363). Aunque el acto pueda ser analizado como una unidad de la conducta individual, el contenido de un acto humano es típicamente un contenido social. Es social no sólo en el sentido de que acaece en un 48 escenario que implica a más de un individuo; es también social en el sentido más profundo de que los juicios reflejados de los otros median entre la iniciación y la ejecución del acto. No es sólo que otra gente esté presente a nuestro alrededor lo que hace que nuestros actos sean sociales; es mucho más importante todavía el que la gente está presente dentro de nosotros. Los otros están presentes en nosotros mediante la representación simbólica. El símbolo significante que hace posible la autoconciencia y la acción reflexiva de los seres humanos, lleva aparejado además, para la comunidad humana, los ingredientes del lenguaje. Es mediante el lenguaje como nosotros, en cuanto humanos, somos capaces de poseer una inteligencia plenamente reflexiva. Y este lenguaje emerge -para el hombre, en general, en su desarrollo cultural, así como para el individuo, en particular, en su ciclo vital- a través de una conversación de gestos con otros individuos. Así, pues, es mediante el uso de símbolos significantes, primero junto a otros y sólo después dentro de nosotros en cuanto pensamiento, como llegamos a ser los tipos característicos de seres que somos. Esta importancia central de la naturaleza societal y simbólica de la acción humana es la que ha originado la denominación común de «interaccionismo simbólico» para el esquema de referencia de la psicología social, pero es además una filosofía más general de la naturaleza humana. La estrecha continuidad entre la mente individual y la sociedad es la que lleva a Mead a aplicar una filosofía pragmática a la acción social similar a la de la acción individual. Se considera que los actos de los individuos son guiados por la imaginación social, es decir, por concepciones socialmente basadas de lo que es probable que suceda. Del mismo modo, la acción en la sociedad está guiada por una anticipación imaginativa de lo que puede llegar a ser. El propio Mead tomó parte activa en los círculos de reforma social de Chicago y de Illinois. Amigo íntimo de Jane Addams, participó en los movimientos de asentamientos urbanos en general, y en la Hull House de Chicago en particular. También participó activamente en diversos movimientos para mejorar la educación pública y el papel de las organizaciones laborales. La reforma social le parecía un medio natural para que una mentalidad socialmente enraizada se expresara en la acción. «Tiene que ser posible que... », era la frase que el hijo de Mead recordaba como la más característica en el enfoque que su padre daba a los problemas sociales (Dewey, 1931, página 312), y una vez aceptada la posibilidad se disponía a considerar cómo podía ponerse en práctica. Esa era la expresión natural de la filosofía pragmática de Mead, aplicada a un mundo en constante cambio, pero en el que los valores humanos debían de ser inteligentemente estructurados y en continua reestructuración. Mead expresaba así esta filosofía en The Philosophy of the Act:

Todos nosotros estamos, en cierto sentido, cambiando el orden social en el que estamos inmersos; vivimos así y nosotros mismos cambiamos a medida que vivimos; siempre hay acción en el mundo social como respuesta a cualquier reacción. Este proceso de reconstrucción continua es el proceso del valor, y el único imperativo esencial que veo es que este esencial proceso social tiene que seguir... y tiene que continuar no tanto porque la felicidad de todos es preferible a la felicidad individual, sino porque siendo como somos, tenemos que continuar siendo seres sociales, y la sociedad es tan esencial para el individuo, como el individuo lo es para la sociedad (Mead, 1938, pp. 460-61). Continuidad «Pienso que», decía John Dewey de Mead, «más que en ningún otro hombre de los que conocí, su naturaleza original y lo que adquirió y aprendió, eran una y la misma cosa... no existía división en su filosofía entre hacer, reflexionar y sentir porque no existía esa división en él mismo» (Dewey, 1931, pp. 310-313). Esta continuidad de personalidad, y en especial, la continuidad entre pensamiento y acción, parecía más natural en George H Mead que en la mayoría de los filósofos. Y esta continuidad dejó también su huella en los temas clave de la filosofía de Mead, incluyendo la continuidad de la acción en el tiempo, la continuidad entre los hechos y los valores en la acción, y la continuidad entre el individuo y la sociedad. La realidad, para Mead estaba siempre centrada en el presente, pero el presente incluía a la vez un reconocimiento del pasado y una preparación para el futuro. Por lo tanto, las acciones de los hombres y de las mujeres son las que enlazan esas categorías temporales, ancladas en un presente en devenir. Además, en la filosofía pragmática de Mead se daba la continuidad entre los hechos y los valores. Es arbitrario distinguir entre lo que es objetivamente real, fuera de cualquier propósito humano, y lo que va implicado en la realización de los fines humanos. Lo primero («la realidad objetiva») no se percibe, de hecho, a no ser que se relacione con los valores humanos para facilitar su percepción; y lo último («los valores») requiere una realidad física de algún tipo para transmitir cualquier significado. 49 La continuidad de acción en el tiempo y la continuidad de hechos y valores fueron los temas centrales en la filosofía de Mead. Pero la continuidad más específicamente central en la psicología social de Mead fue la continuidad entre individuo y sociedad. Las personas requieren de una sociedad para su emergencia y son modeladas a partir de la sustancia de la interacción social. La sociedad también requiere, pese a que originalmente se desarrolló con anterioridad a las mentes autoconscientes en su forma humana, de la participación consciente de los hombres y mujeres individuales. Esta continuidad entre individuo y sociedad, junto a una postura de otorgar prioridad causal a la sociedad, fue la que hizo al cuño psicosociológico de Mead especialmente popular entre los sociólogos. La influencia de Mead, durante su última década en Chicago, en el departamento de Sociología -el centro más importante por entonces, de la sociología americana- originó el que a veces se denominase al departamento «una avanzada de G. H. Mead» (Rucker, 1969, p. 22). Hombres tales como W. 1. Thomas, Robert Park, Ernest W. Burgess, Ellsworth Farís y Louis Wirth (todos ellos dirigentes de la sociología americana que trabajaron durante esa época en Chicago) reconocieron en especial su gratitud hacia Mead. Faris, por ejemplo, que fue jefe del departamento de sociología en 1925, aconsejaba a todos los estudiantes que cursaban la especialidad de sociología, que escogieran la asignatura de psicología social de Mead, y la mayoría de ellos lo hicieron. La influencia de Mead poco a poco rebasó el límite de Chicago y el interaccionismo simbólico se convirtió en el tema teórico dominante entre la mayor parte de los psicólogos sociales procedentes de la sociología. No hay una escuela claramente definida de ortodoxos meadianos, y suele ser imposible identificar hasta dónde llega el interaccionismo simbólico cuando se encuentra mezclado con otras interpretaciones. Es posible, sin embargo, enumerar una variedad de líneas de estudio que se solapan y que representan a la vez las líneas principales de la investigación psicosociológica entre la mayoría de los sociólogos y aquellas áreas especialmente influenciadas por la gran aureola de G. H. Mead. Entre estas áreas hay que citar la teoría de roles, la teoría del grupo de referencia, las distintas variaciones de la teoría del yo, los estudios sobre socialización ocupacional, la teoría de la etiqueta en desviación social, el enfoque dramatúrgico en la interacción social, y la etnometodología. La mayor parte de las teorías del rol utilizan las expectativas del rol como concepto central. Existe un esquema de expectativas de los otros que determinan el rol de la persona. El modo como el individuo percibe esto determina, en gran medida, su comportamiento. Algunos teóricos del rol se centran sobre grupos y organizaciones, estudiando cómo se desarrollan las distintas pautas de los roles. Otros se centran en la conducta individual, estando a menudo interesados, en especial, en cómo puede resolverse el conflicto entre las diferentes expectativas.

Muchos de los que han estudiado la influencia de los grupos sobre el individuo han resaltado, como Mead, la importancia que tiene la interpretación que el individuo hace del grupo. Esto lleva al reconocimiento de que los grupos que no están físicamente presentes, quizá incluso simples categorías de personas con las que el individuo compara su situación, pueden causar un impacto importante en su conducta. El identificar a los grupos con referencia a los cuales una persona se comporta, y el estudiar cómo esos grupos afectan a sus actitudes y a su conducta, es el objetivo primordial de la teoría del grupo de referencia (o, como se la llama también a menudo, la teoría de la comparación social). La teoría del yo que sigue la tradición de George H. Mead resalta el contenido social del yo. Su tema central de atención consiste en ver cómo los juicios reflejados de los otros se organizan en una pauta de autoevaluación. Los estudios empíricos sobre las concepciones de uno mismo suelen incluir la investigación de cómo dichos autoconceptos están enraizados en las relaciones con los otros especialmente significativos. Los estudios sobre socialización ocupacional con frecuencia aplican la teoría del yo y la teoría del grupo de referencia a un tipo peculiar de contexto social. Everett Hughes y sus estudiantes se han dedicado, en especial, con su enfoque a estudiar una diversidad de ocupaciones. Aquí la preocupación central consiste en considerar al individuo inmerso en un proceso de adquirir gradualmente un nuevo conjunto de significados para su conducta que encajen en el escenario ocupacional, y cómo él o ella aprenden estas cosas mediante la interacción con otros. El estudio de la desviación ha llegado a ser últimamente un área relevante de aplicación de la perspectiva interaccionista. Se considera que la condición primordial de la desviación radica en ver cómo la sociedad etiqueta ciertas acciones de desviadas. La otra preocupación fundamental de este enfoque «etiquetador» para la comprensión de la conducta desviada radica en ver cómo el individuo responde a los juicios de los otros, incluyendo a veces la autoaplicación de sus etiquetas. El enfoque dramatúrgico de la interacción social, pone el énfasis en la imagen del mundo a modo de un escenario. Bajo este punto de vista, los hombres y las mujeres se dedican constantemente a la representación ante sus audiencias; el tema principal de este enfoque es ver cómo sus «interpretaciones» se modifican y se anticipan a las reacciones de la audiencia. Erving Goffman 50 sobresale, en especial, entre los sociólogos que han aplicado este enfoque a una gran variedad de escenarios sociales. La etnometodología, según ha sido concebida por Harold Garfinkel y otros, es un enfoque que estudia la acción social cotidiana desde el marco de referencia del actor. El poner, sin embargo, el énfasis en el punto de vista del actor, no supone que todo análisis haya de limitarse al nivel de conciencia de los actores sociales. Se trata más bien de un punto de partida para examinar aquellas rutinas base de la vida social que se suelen ejecutar sin una gran reflexión consciente. Los etnometodólogos buscan clarificar los significados sociales de esas acciones aun cuando los individuos implicados no sean conscientes de dichos significados. Los etnometodólogos, al igual que Mead, ven el significado de la acción enraizado en la interacción social en progreso. Puesto que Mead, a diferencia de Freud, no dejó una escuela claramente definida de seguidores, existen ciertos temas sin resolver entre los que siguen la tradición del interaccionismo simbólico. Uno de estos temas es la naturaleza básica de los fenómenos estudiados por la psicología social. Otro tema tiene que ver con la naturaleza de la causación social. Es decir, se trata de ver si la conducta humana se puede considerar adecuadamente en un marco de referencia de causas antecedentes. Un tercer punto se refiere a la posibilidad de probar las ideas del interaccionismo simbólico. ¿Resulta posible formular la teoría del interaccionismo simbólico en hipótesis verificables en la realidad? Para darse cuenta de algunas variedades de la psicología social contemporánea que siguen el trabajo de G. H. Mead, examinaremos brevemente cada uno de estos tres temas. ¿Cuál es la naturaleza del fenómeno de la psicología social? El que, como dice Mead, debamos estudiar «la conducta del individuo tal y como se da en el proceso social» (Mead, 1934, p. 6), no nos ayuda demasiado. Afirma que deberíamos estudiar las acciones de los individuos en un contexto más amplio, pero no da ninguna guía cabal para captar ese contexto. Algunos psicólogos sociales usan la teoría del rol para suministrar esas guías, trabajando con las expectativas del rol como clave para entender las pautas del proceso de interacción social. Otros ponen el énfasis en las autodefiniciones que continuamente se reestructuran para aplicarlas a nuevas situaciones. Todavía otros, insisten en que la acción en progreso, en su escenario social global, debe constituir el foco de atención, sin que a menudo esté muy claro como hay que observar y conceptualizar esta acción en flujo permanente. Hasta ahora, si la psicología social ha de ser una ciencia, nuestra cuestión básica es: ¿Qué es lo que hay que observar? ¿Cuáles son las estructuras clave sobre las que enfocar el estudio empírico? El propio Mead no nos ayuda mucho. Era un filósofo más que un científico, y ponía el énfasis en el proceso y no en la estructura. ¿Cuáles son, pues, los mejores instrumentos para captar la esencia del proceso social? En

este punto no hay respuestas obvias que logren el consenso de los interaccionistas simbólicos. Algunos, como Erving Goffman, sólo observan el flujo de conducta, anotando cuidadosamente la naturaleza del escenario social en el que aquélla se estructura y las definiciones cambiantes que se adjudican a la conducta. Otros, como Manford Kuhn, han prestado especial atención a las autoconcepciones libremente relatadas. Otros, los ínteraccionistas simbólicos, en su sentido más literal, observan con cuidado las pautas del lenguaje. Unos pocos interaccionistas diseñan experimentos de laboratorio intentando captar algunas relaciones cruciales de la experiencia social y del autoconcepto; pero la mayoría dudan poder captar el significado esencial del devenir de la interacción en un marco de referencia tan artificial. Las cuestiones sobre la naturaleza de los fenómenos lleva directamente a los temas de la interpretación causal. La ciencia, en su mayor parte, se basa en la selección de las posibles influencias causales de los sucesos antecedentes sobre sucesos posteriores. Pero ¿es esto apropiado para la conducta humana? ¿Hay que entender la conducta humana como determinada por causas antecedentes? Si hacemos hincapié en el proceso interpretativo mediante el que una persona construye sus actos, puede resultar erróneo identificar los sucesos antecedentes como causas del comportamiento. Estos sólo tienen influencia porque se interpretan en una forma determinada, y se interpretan así a causa de los objetivos a los que se dirige la acción. Estas consideraciones bien nos podrían llevar a cuestionar el que cualquier modelo determinista sea adecuado para su aplicación a la conducta humana. En este punto, la tradición del interaccionismo simbólico, en alguna medida, se escinde. Existen los indeterministas encabezados por Herbert Blumer, quien subraya que la creación de la conducta propositiva puede implicar el uso de sucesos antecedentes -aunque sólo deben interpretarse en el proceso de construcción de la acción. Hay otros que inspirándose en G. H. Mead intentan utilizar las condiciones de la interacción social como causas antecedentes de los autoconceptos o de la conducta posterior. El propio Mead es bastante ambiguo en este tema. En algunos momentos su análisis sugiere el indeterminismo de un proceso de reconstrucción continua de la acción, y en otros momentos, el determinismo sociológico parece ser el tema dominante. Esto no tiene por qué ser necesariamente una inconsistencia importante. Si consideramos que el determinismo es un asunto relativo (y no una cadena completamente cerrada de fuerzas causales como, por ejemplo, Freud estaba deseoso de admitir), en ese caso podemos reconocer 51 ciertos tipos de sucesos antecedentes que muy probablemente irán asociados a la conducta posterior (incluyendo los procesos internos de construcción de ese comportamiento). A estos se les podría llamar con razón causas, sin que esto implique necesariamente que produzcan efectos al margen del proceso interpretativo que organiza el fluido de la acción. Nuestra dificultad de especificar lo que los interaccionistas simbólicos consideran como claves observables y cómo conciben la causación social, debería sensibilizarnos ante la crítica más global que se hace al interaccionismo simbólico en los círculos de la psicología social: que sus ideas no pueden probarse en la realidad. Pero el mencionar esas críticas tal vez sea una petición de principio. ¿Es posible formular la teoría del interaccionismo simbólico en hipótesis verificables? Lo que George H. Mead ha dado a la psicología social es más un enfoque filosófico global que una teoría científica. Además, su énfasis en el flujo de la interacción hace que el material para construir la teoría científica se quede, en parte, dentro de ese flujo. ¿Dónde están los fenómenos claros, empíricamente mensurables, que podemos utilizar para formular proposiciones verificables? No deberíamos asumir sin más que el interaccionismo simbólico carece de esas proposiciones empíricas. Pueden, por ejemplo, citarse los siguientes enunciados que se han comprobado (y sustentado) empíricamente en el área de la teoría del yo: 1) Cuanto más tiempo una persona ocupa una posición social, en mayor medida los autoconceptos estarán influidos por esas posiciones (Kuhn, 1960). 2) Los autoconceptos se corresponden mejor con los juicios percibidos de otros que con sus juicios reales (Miyamoto y Dorribusch, 1956); (Quarantelli y Cooper, 1966). 3) Un individuo, en la medida en que no disponga de otras bases de evaluación, tenderá a tener más expectativas de conducta basadas en sí mismo, de acuerdo con las evaluaciones que recibe de otros, y en especial de los otros que percibe como más competentes para juzgar y/o con status social general superior (Webster y Sobieszek, 1974). 4) La estabilidad del autoconcepto es mayor con un consenso superior entre los otros significativos que cuando ese consenso es inferior (Backinan, Secord y Peirce, 1963). Estas propuestas parecen reflejar predicciones clave en la teoría del interaccionismo simbólico, pero no resultan muy sorprendentes. ¿Podríamos realmente imaginar el reverso de cualquiera de estas predicciones? Y si descubriéramos que la punta opuesta es verdad ¿no podría igualmente asimilarse en una perspectiva de interacción simbólica? Supongamos, por ejemplo, que encontramos que las posiciones sociales a corto plazo tienen una mayor influencia que las posiciones a largo plazo; ¿no se podría sugerir

en este caso que una posición más reciente es más relevante y por lo tanto más apta para influir conscientemente en la construcción de la acción autoconsciente? La conclusión que parece desprenderse de estas consideraciones es que los presupuestos centrales de G. H. Mead y del interaccíonismo simbólico no son susceptibles de verificación empírica. Por ejemplo, ¿cómo podemos realmente probar si el interaccíonismo simbólico es, en esencia, un producto de la interacción social? Esto parece sensato, pero ¿existe alguna base genética para la capacidad lingüística? ¿y cómo separamos los componentes sociales de los genéticos? O ¿cómo podemos realmente probar si los autoconceptos son necesariamente mediados por pistas lingüísticas? Esto también parece razonable, pero ¿cómo podemos probarlo? Quizá no. Tal vez el único test para el interaccionismo simbólico sea su uso pragmático para organizar empíricamente las ideas relevantes a la conducta social. Y entre los psicólogos sociales con formación sociológica, es muy probable que el legado de George H. Mead se valore en este sentido pragmático. Tomado de “Los fundadores de la psicología social”, Por James A. Schellenberg Alianza Editorial, 1978

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KURT LEWIN

Y LA TEORÍA DEL CAMPO
Kurt Lewin nace en 1890 en Prusia. Es muy poco lo que se conoce de su infancia, familia, adolescencia. El primer dato concreto sobre su juventud es que realiza estudios universitarios sucesivamente en Fribourg (Alemania), Munich y Berlín. Se apasiona primero por la química y física, después por la filosofía, y finalmente se dedica a la preparación de una tesis en psicología. En 1914, al estallar la primera guerra mundial, es movilizado por el ejército y permanecerá allí hasta su finalización. En 1921 comienza su carrera como docente en psicología en la Universidad de Berlín, y finaliza en 1933 cuando los nazis toman el poder.

En este período hace experiencias de laboratorio sobre la medida de la voluntad, la asociación, percepción del movimiento. En 1933 es “invitado”, por ser judío, a abandonar Alemania en 24 hs. con su familia, caso contrario lo esperaba un campo de concentración. Pasa unos meses en Inglaterra y luego emigra a Estados Unidos. Es profesor en la Universidad de Stanford, en la Universidad de Cornell y en la Universidad de Iowa, donde también dirige un Centro de Investigaciones. Este período termina en 1939. Su interés principal durante esta época se da en torno a la búsqueda de una teoría de conjunto del comportamiento individual, y paralelamente la elaboración de modelos teóricos que le permitirían renovar la experimentación y la exploración de los hechos psíquicos. En 1940 toma una cátedra en la Universidad de Harvard y fundará a pedido del M.I.T. (Massachussets Institute of Technology) un centro de investigaciones en “dinámica de grupos”. El M.I.T. era en ese 53 momento el centro más célebre de los EE.UU. dedicado a la ciencia nuclear. Por concesión a este medio académico poblado de ingenieros afirmará primero que la dinámica de grupos es una “ingeniería social”. Lamenta profundamente esta analogía cuando descubre que sus alumnos han entendido que la dinámica de grupos es una ciencia de la manipulación de grupos. Esto tiene sus consecuencias en la práctica, ya que comienzan a aparecer aficionados improvisados que, en nombre de la dinámica de grupos, propone un conjunto de recetas garantizadas para manipular eficazmente un grupo cualquiera, y para cualquier fin. En los últimos meses de su vida intentó desmitificar ese nombre con dudosa suerte. Hasta 1947 su orientación es cada vez más precisa hacia la elaboración de una psicología de los grupos que sea a la vez dinámica y getaltista, es decir, articulada y definida en relación constante al medio social en el que se forman, se integran, gravitan o desintegran los grupos. Muere repentinamente en 1947 a los 56 años. Como rasgos destacables en su desempeño como profesor y científico, se suele recordar su falta de dogmatismo, su gusto por trabajar en equipo dando lugar a todas las opiniones e iniciativas, su modo profundamente democrático de trabajo, su puesta en duda permanente sobre el conocimiento concluido, que era tomado como hipótesis de trabajo más que como certezas a sostener. Su línea de investigación, hasta su muerte, giró en torno a las estructuras, los climas grupales, los liderazgos, que permitan a un grupo humano lograr relaciones creativas, placenteras y productivas. Contextualizando Lewin dedicó ocho años de su vida a la exploración psicológica de los fenómenos de grupo. Y estas indagaciones constituyen un momento decisivo en la evolución de la psicología social. Todavía hoy tenemos abordajes e investigaciones orientados por las teorías de Lewin. Recordemos que desde el inicio de esta disciplina -la psicología social- la preocupación que guiaba los estudios giraba alrededor de la necesidad de controlar las masas, estos conglomerados de personas que comienzan a formarse con el desarrollo industrial y la conformación de la clase proletaria. Las conductas sociales son interpretadas en principio como fuerzas sociales innatas de instintos determinantes. Bajo esta perspectiva se debía definir cuál sería el medio social más apto para la socialización y acceso a la madurez social de los individuos. El primer objetivo, entonces, quedaba centrado en medir y valorar la influencia del grupo sobre el individuo. Luego de los trabajos de Freud: “Psicología de las masas y Análisis del Yo”, Tótem y Tabú”, “El malestar en la cultura”, la preocupación de la psicología social se inclina a investigar la caracterización

del líder. A partir de 1930 es la influencia del individuo sobre el grupo lo que se intenta descifrar y comprender. Unos años después la preocupación sigue siendo el conocimiento de las leyes que rigen la conducta social en cualquier contexto socio-cultural. Trabajan casi exclusivamente en laboratorio y sus búsquedas no difieren demasiado de los primeros estudios en psicología social. A partir de 1936 Kurt Lewin comienza a plantear otros procedimientos y nuevos objetivos. Sus trabajos servirán para esclarecer la dinámica de fenómenos de grupo muy reducidos, de dimensiones acotadas, y en contextos de reorientación de una acción social más eficaz y creadora. Propondrá a los psicólogos sociales a centrar sus trabajos en el estudio de los micro-grupos, que llamará grupos cara a cara. Según Lewin no se contaba en ese momento, desde el punto de vista científico, con técnicas ni instrumentos mentales para la exploración de la sociedad global. Será procediendo por etapas y analizando los mecanismos de integración y crecimiento de los pequeños grupos como se irán develando, poco a poco, las constantes de los grupos humanos más amplios. De alguna manera sería la reacción al conductismo. Los individuos actúan no solo como respuesta a estímulos, sino también, en base a creencias, condiciones, actitudes y deseos de alcanzar metas. Pide que se revise la experimentación en psicología social demostrando, a través de sus numerosas investigaciones, que la exploración válida de los fenómenos de grupo debe operarse en el mismo campo psicológico en que ellos se insertan. Propone que las variables con las que se investiga sean identificadas en el terreno natural de los hechos, a través de lo que llama “investigación-acción”. Vincula permanentemente la teoría y la práctica, sintetizada en una frase que lo refleja: “no hay nada más práctico que una buena teoría”. El estudio de los pequeños grupos constituía una opción estratégica que permitiría en algún momento esclarecer la psicología de los macro - fenómenos. A partir de este vuelco en metodología y objetivos, la psicología social cobra un enorme impulso, liberada de sus dogmatismos y sus supuestos. Las conductas sociales y los comportamientos en grupo son considerados como el dominio o el objeto específico de la psicología social. Por otro lado queda el estudio de los comportamientos de grupo, para lo que se requiere, según 54 Lewin, que varios individuos compartan las mismas emociones de grupo lo suficientemente intensas como para integrarlas y conformar la cohesión grupal. La dinámica de grupos se ha convertido en la psicología de los micro-grupos, es concebida como la ciencia de los pequeños grupos, ofreciendo la posibilidad de conocer la formación, crecimiento o desintegración de esos micro - fenómenos. Y finalmente, otra distinción que hace Lewin para el análisis de los comportamientos es entre psicogrupo y socio-grupo. El primero, orientado y estructurado en función de los mismos miembros, un grupo de formación. El segundo, orientado por una tarea específica que requería su cumplimiento. Teoría del campo Basada en la Gestalt, se apoya en su principio según el cual el análisis de los elementos aislados de un fenómeno no nos puede proporcionar un conocimiento adecuado de su totalidad y su funcionamiento. Ya se había demostrado que la percepción y el hábito no se apoyaban en elementos aislados sino en estructuras. Frente a la mecánica conductista de la fórmula estímulo - respuesta (un estímulo del medio ambiente provocará una reacción en el organismo), aquí tenemos que una conducta está determinada por una totalidad organizada de acontecimientos, por asociaciones de estímulos tal como son percibidas por el individuo. Para Lewin, la explicación de la conducta individual a partir de la totalidad de los factores psicológicos que actúan sobre una persona en un momento determinado, debe tener en cuenta sus motivaciones, aprendizajes, frustraciones, por ser también parte de este espacio al que llama “espacio vital”. Cada persona se mueve en un campo psicológico que contiene intereses y significaciones que pueden ser positivas o negativas. Estas “valencias” crean “vectores” que atraen o rechazan. Como ven, su formación en ciencias duras lo lleva a explicar fenómenos psicológicos mediante fórmulas y términos matemáticos. Se interesó particularmente en el estudio de las motivaciones que siempre están ligadas a la percepción. Incluye tanto a la persona que está estudiando como a su ambiente psicológico y las relaciones entre estos términos. El espacio vital de una persona es su mundo psicológico o su situación actual, que incluye a la persona y su ambiente, tanto físico como social, con el que está relacionada. No representa objetos físicos como tales, sino las relaciones simbólicas que incluyen recuerdos, lenguaje, mitos, religión…

Un vector representa en este caso una fuerza que influye en el movimiento psicológico que hace moverse al individuo hacia la aceptación o el rechazo. Si hay más de un vector y tienen orientaciones diferentes, el movimiento se producirá en dirección de la fuerza resultante de este interjuego. En síntesis, el hombre actúa en un ambiente psicológico en donde la realidad es lo que él percibe o cree. Lewin no hablaba de causas y efectos sino de campos de fuerza. Utilizó el concepto de “tensión” para la necesidad y sostuvo que ésta se descargaba al alcanzarse la meta o cuando aparece una meta sustituta. Cuando las fuerzas en un campo están es desequilibrio, la acción continúa hasta lograr el equilibrio. Una de las investigaciones que lleva a cabo con metodología experimental la realiza con grupos de niños en edad escolar, que se prestan voluntariamente a la construcción de utilería teatral, y que ignoran la finalidad de la experiencia. Se trata, en realidad, de verificar si el clima democrático en las actividades de grupo favorecía el buen desempeño de la tarea y bajaba el nivel de agresión o tensión habitual en los trabajos en equipo. Se conforman tres grupos que serán coordinados por psicólogos con diferentes modalidades: en un grupo se generará un clima autocrático, en otro democrático y por último “laissez-faire” o permisivo. Se reúnen una vez por semana y periódicamente van cambiando de coordinador. Todos los niños pasan por un seguimiento permanente en sus comportamientos. La hipótesis de la que se partió: la frustración era la generadora de la agresión. ¿Qué resultados se verificaron y qué conclusiones se extrajeron a partir de esta experiencia? En el grupo de clima autoritario, muy frustrante, se esperaba un alto índice de agresividad. Sin embargo, lo que se manifestó fueron dos tipos de reacciones bien distintas: en algunas reuniones no sólo no hubo ninguna agresividad sino una total apatía; y en otras se manifestó gran carga de agresión con estallidos colectivos y destrucción del material de trabajo. Lo curioso fue que no sólo la tensión se descargaba sobre el coordinador, sino también entre los mismos niños. Lo que se infiere entonces es que el autoritarismo provoca: o una conducta pasiva y apática como resistencia a la agresividad, o una acumulación de la misma que luego es descargada en forma violenta. En el de clima democrático se esperaba bajo contenido de agresividad y así resultó, pero de ninguna 55 manera nula. Lo que ocurría era que se iba descargando en forma gradual, a medida que iba surgiendo, y esto permitía mantenerla en un rango relativamente bajo. También se evaluó una mayor productividad en las actividades previstas dentro de este tipo de liderazgo. Dentro del espacio de clima “laissez-faire”, se esperaba un rango de agresividad media. Sin embargo se encontró la media más elevada. Los niños esperaban la colaboración y guía del coordinador para la realización de las actividades, y se encontraban con su virtual ausencia, lo que provocaba gran frustración que se manifestaba en reacciones de agresividad entre los niños y hacia el coordinador. Las conclusiones que derivan de estos resultados demostrarían que la frustración produce reacciones agresivas, pero éstas están sujetas a las modalidades del clima grupal que a su vez depende del estilo de dirección o coordinación. Tengamos en cuenta los datos biográficos de Lewin, su preocupación por reafirmar los valores democráticos, y el período de entre guerras en que fue llevada a cabo. Toma rápidamente divulgación e importancia en los comienzos de la segunda guerra mundial e intenta dar una respuesta al interrogante sobre el fenómeno nazi EL campo social dinámico analizado en los grupos de laboratorio puede ser llevado luego al estudio de los grupos reales o naturales. El grupo cara a cara se convierte así en el “laboratorio de choque” que puede ser reestructurado para lograr cambios en un campo social más amplio. El grupo es un sistema de interdependencia de varios factores (integrantes, normas, percepción del medio, objetivos, roles, etc.), y este sistema es el que explica el funcionamiento del grupo en un determinado momento, tanto hacia el interior del grupo como hacia el exterior. Ese sistema de fuerzas es el que lo impulsa o inhibe en la acción. De allí su denominación de “dinámica de grupos” para este método de indagación. Los últimos trabajos de Lewin se orientan hacia el cambio social. Considera un “estado cuasi estacionario” al estado de equilibrio entre fuerzas opuestas e iguales en intensidad. Pero este estado manifiesta fluctuaciones dentro de cierto rango, aunque dentro de éste la estructura se mantiene igual. Esta autorregulación del sistema sería lo que llamó “resistencia al cambio”. “Para Lewin, el grupo es la interdependencia, no solamente entre los individuos, sino también entre las variables que intervienen en su funcionamiento; el grupo democrático permite una participación más activa de sus miembros en la determinación y consecución de los objetivos, una mejor puesta en común de los recursos psicológicos de cada uno y una resolución continua de las tensiones” . Todo cambio representa un estrés o un esfuerzo de adaptación y por esto las personas tienden a reaccionar con conductas defensivas ante situaciones que perciben como amenazantes. En los grupos

suele ocurrir lo mismo. La intervención sobre la resistencia al cambio deberá aumentar una de las fuerzas (la que se orienta hacia el cambio deseado), o debilitar la contraria (la que ofrece resistencia). Esta última es la que se muestra más eficaz, debido a que presionar contra la resistencia generaría un clima autoritario que, como ya dijimos, aumenta la tensión y la agresividad. Una vez que ese rango de fluctuación ha sido sobrepasado, la tendencia es a un nuevo nivel configurado por el equilibrio de fuerzas resultantes de la interacción. Este es el método que se utilizó en una experiencia durante la segunda guerra mundial, 1943, tendiente a modificar hábitos alimenticios de la población con el fin de disponer de cortes de carne vacuna para enviar al frente. Consiste, esquematizándolo, en tres pasos definidos como: • Descristalización o descongelamiento • Cambio • Recristalización o nuevo congelamiento. El primer paso consiste en ir cuestionando el estado de equilibrio mediante una discusión en grupo no dirigida. Una vez que se consigue un punto de ruptura, un cuestionamiento al hábito instituido, se podrá incluir el cambio deseado, operando un nuevo equilibrio para consolidar esa transformación. Vamos a la experiencia. Se trataba de reunir grupos de amas de casa voluntarias de la Cruz Roja para generar, a partir de allí, cambios en los hábitos de consumo de cortes de carne vacuna; todo eso que en el ritual dominguero de buena parte de la Argentina y aledaños ponemos en la parrilla: riñones, mollejas, corazón, chinchulines… los norteamericanos no estaban (ni están) acostumbrados a consumir, les producen rechazo. Se organizaron seis grupos conformados por menos de 20 personas en cada uno. A tres de ellos se los trató con el método clásico de la exposición informativa, en donde un ama de casa experta da una charla sobre las ventajas de consumir estos cortes, en tanto que, mientras se cumple con beneficios nutricionales, a la vez se colabora activamente participando del esfuerzo que el país está realizando. También se ofrecen recetas para la preparación de platos con esta materia prima que resulten apetitosos y eviten aquellos efectos que provocaban el rechazo (olor, consistencia). El nivel de aceptación de la 56 propuesta resultó de un 3 por ciento de las participantes que estaban dispuestas a servir esos alimentos. En los otros tres grupos se empleó otra metodología. Se daba una breve exposición que también tocaba las dos perspectivas: el esfuerzo de guerra que requería colaboración y la cuestión dietética. Pero luego se abría una discusión libre que invitaba a las opiniones sobre la posibilidad de que las amas de casa implementaran estos cambios. Se dirigía a la generalidad de posibles consumidoras, y no específicamente a las que allí estaban presentes. En este caso tuvieron la posibilidad de poner en común las causas de la repugnancia, los prejuicios que generaban la resistencia al cambio; y recién en este punto un experto ofrecía las recetas y procedimientos que también se habían dado en los otros grupos, pero cuando ya había una puesta en marcha de cierto quiebre en relación al estado anterior y está motivado para incorporar la información. El resultado del trabajo en estos últimos tres grupos arrojó un 32 por ciento de participantes que sirvieron esos alimentos en las semanas siguientes. De esta y otras experiencias Lewin concluye que tomar una decisión en grupo, cuando éste se siente libre y solidario, es más eficaz y duradera que las que se toman individualmente ya que el compromiso refuerza la acción. Es más fácil modificar los comportamientos en pequeños grupos mediante discusiones democráticas que en forma individual, ya que las personas tienden a conformarse a las normas del grupo. Lewin heredó de los psicólogos gestaltistas la noción de forma como un todo organizado, pero no cayó en el reduccionismo del equilibrio estático. Es cierto, sin embargo, que algunas críticas posteriores, a la luz de otros aires paradigmáticos para la filosofía de las ciencias, apuntan el olvido de la perspectiva histórica e institucional, ya que su modelo no incluía la temporalidad. Otro de los cuestionamientos hacia esta perspectiva proviene de autores que teorizan sobre las formaciones inconcientes grupales desde el marco teórico del psicoanálisis (Anzieu, Kaës). Puede verse una influencia de Freud en la incorporación de lo subyacente, y se podría relacionar su concepto de espacio vital o psicológico con el de “realidad psíquica” en tanto el entorno es la representación particular de cada sujeto según él la percibe; pero, a pesar de esto, el sujeto queda atado a las leyes del campo presente y no toma en cuenta el análisis de las fantasías que púdicamente se pusieron en común en las reuniones grupales. Y esto es lo que cohesionó al grupo, más que la solidaridad patriótica que se dio como motivación. Debido al contexto en que teorizó y experimentó, se invisibilizó todo atravesamiento institucional y político. No fueron estos aspectos analizados dentro de este marco teórico, como tampoco los referentes a comportamientos grupales a nivel inconciente, tal como los desarrollos de Bion.

La ubicación de Lewin dentro de alguna orientación en psicología social ofrece algunos inconvenientes, dado que incursionó en diversas modalidades de investigación (lo hizo tanto en laboratorios con métodos experimentales como en grupos naturales), e inauguró un nuevo campo de intervención en psicología social: la llamada microsociología. Investigó las relaciones de las “minorías psicológicas” en una determinada sociedad en que se impone otra “mayoría psicológica” que está instituida como valor dominante, y que no se refiere necesariamente a mayoría numérica, sino a la comunidad que logra imponer su discurso, sus valores, su tradición cultural (recordemos su carácter de inmigrante en EE.UU.) Como ejemplo de influencia de una minoría tenemos el caso del largo y sostenido dominio de los blancos en África a pesar de su notoria inferioridad numérica. Este modelo en tres pasos: descristalización, cambio y recristalización, todavía sigue vigente en el ámbito de las organizaciones, empresas, equipos de trabajo y grupos con una tarea explícita a realizar. Y no fueron pocos los elementos que de estos desarrollos sirven de fuente teórica y metodológica en el ECRO de Pichón Rivière. Queda formulado explícitamente que los grupos son algo más que la suma de sus integrantes. Y que los comportamientos de estos elementos sólo son comprensibles si se los analiza dentro del todo: “el todo es más que la suma de sus partes”. Es lo que en mucho del material bibliográfico que van a ver se refiere al “plus grupal”; a aquello que se genera a partir de las relaciones que se establecen entre los componentes del campo, y que no surgirían si sumáramos individualidades. Hay una representación del grupo como totalidad que provoca motivaciones, genera fantasías, promueve comportamientos, y esto sólo se da como resultado de la intersubjetividad.

57

INTRODUCCIÓN

AL

PENSAMIENTO

DE

JEAN-PAUL SARTRE

Por Abelardo Salita
1905: Nace en París el 21 de junio. 1924: Se gradúa en Filosofía. En el contexto mundial, muere Lenin, en medio de grandes conmociones interiores en la U.R.S.S. El resto del mundo se encuentra sumergido en medio de grandes dificultades, que no ha podido superar luego de la primera gran guerra. 1929: Logra la titularidad de Cátedra en la Universidad de París. El mundo se sumerge en la gran depresión. Primeros indicios de la guerra comercial que va a desencadenar la segunda guerra mundial. 1940: Se une a la resistencia francesa. Trabaja activamente dentro de ella. 1945: Terminada la guerra, funda junto a otros destacados intelectuales la revista "Les Temps Modernes", con la que introduce su pensamiento existencialista. 1956: Con la invasión a Hungría por parte de la U.R.S.S, rompe con esta. Sigue considerándose de izquierda, pero radicaliza su crítica a la experiencia soviética. 1968: Se produce el mayo francés. Trabaja codo a codo junto a los estudiantes que protagonizan en hecho social, luego junto a ellos sigue publicando un periódico "Gauche Proletarien". 1980: Muere en París el 15 de abril. ¿QUÉ ES EL HOMBRE PARA SARTRE? Para él la existencia precede a la esencia. En el hombre no hay otra esencia que su existencia. Formula estas ideas en debate con corrientes filosóficas teístas. Va a proponer un existencialismo ateo. EXISTIR, para este autor esta ligado al compromiso. EX= lo que esta afuera, SISTERE= lo que sustenta. Existe quien sale fuera de si, se abre a otros, quien rompe con el aislamiento y la dispersión básicas. 58 La primer idea que tenemos que considerar cuando analizamos el concepto de la existencia del ser humano según Sartre, es la de proyecto. Pro-Jectum, ir hacia el estado de yecto (muerte). Existir es tener consciente que nos dirigimos hacia la muerte. Quien acepta esta condición humana, puede vivir sobre la base de un proyecto. Elaborar un proyecto es vivir con autenticidad. El hombre es posibilidad* de posibilidades, elaborar un proyecto es llevar la potencialidad al acto, desarrollar la posibilidad, lo contrario sería el transcurrir inauténtico, el no hacerse cargo de la propia vida. Eso sería “no existir". Hacerse cargo es asumir y enfrentar lo que la situación exija. Romper ese aislamiento, salir de uno para ligarse a otros implica como proyecto asumir un compromiso. Por eso quien se compromete elige y se hace responsable. ¿Por qué? Porque al elegir ejerce la libertad, pero particularmente ejerce la libertad de legislar. Porque cuando el individuo elige para sí, realiza un acto ético, propone una situación, es una elección para todos. Por ello el proyecto implica un acto de responsabilidad. La libertad no sirve si no va acompañada, de la responsabilidad. Al llevar adelante su proyecto el hombre se actualiza. Este proceso de permanente autoactualización nos da plena existencia. LA CONCEPCIÓN DE LO GRUPAL EN EL PENSAMIENTO DE SARTRE. Sartre estudió exhaustivamente la revolución francesa en su obra "Crítica de la razón dialéctica" y destinó el capítulo VI a esa investigación, producto de la cual quedó una interesante conceptualización del concepto de grupo en la que desde lo específico de su formación filosófica aporta a la comprensión del devenir de los grupos humanos. La primera operación teórica que realiza es definir qué no es un grupo para, a partir de allí, preguntarse como deviene en grupo. Formula el concepto de Serie. Va a decir que la SERIE, el no grupo, está definido centralmente por la condición no significativa del otro. Ese que tenemos al lado nos es indiferente. Mencionamos corno ejemplos la cola en un banco, la gente viajando en un transporte, etc. Allí no hay ninguna vivencia yo-tú. Ese otro no aparece, ni el sujeto ante el se presenta como COMPROMETIDO en sus expectativas y necesidades. No hay una INTENCIONALIDAD hacia el otro. Se nos presenta como indiferente, e intercambiable. Sartre dirá que la vida en sociedad en las grandes ciudades encierra la paradoja, a causa de, la vida en serie, del ejercicio solitario de la vida social.

Lo que caracteriza a la convivencia en serie, a diferencia de la convivencia yo-tú, es que la ligazón entre los sujetos va a estar dada por factores ajenos, exteriores a la relación común. En la serie los sujetos involucrados responden desde lo esperado socialmente. No se crea una intimidad, no hay ENCUENTRO, ni espontaneidad en la relación, por lo tanto no va a haber códigos comunes y propios de comunicación, ni capacidad de compartir un, aprendizaje en común. No hay dialéctica entre sujetos. La causa de la "unidad" es transitoria, circunstancial, resuelta la cual cada uno vuelve a su propio mundo (Ej: Pagar un impuesto), la serie se dispersa ya resuelta la causa, externa a la relación, que los hizo coincidir en tiempo y espacio. El grupo como modelo de experiencia opuesto al de la serie va a estar caracterizado por fuertes elementos de unidad y de significatividad del otro. Se caracteriza por la interdependencia, la vigencia de los lazos yo-tú, las causas en común y el trabajo conjunto. ¿Qué es lo que hace que bajo ciertas circunstancias la serie se transforme en grupo? Esta es la pregunta que Sartre va a proponerse contestar; en ese marco conceptualiza su explicación de la dialéctica de los grupos. Considera que la serialidad, es decir la tendencia a la dispersión, a la vida aislada, es esencial al hombre. Bajo esas circunstancias tiene que regir una razón muy poderosa que mueva a los hombres a aglutinarse. ¿Cuál es esa razón? ¿Cómo es el proceso dialéctico que rige esa transformación? Desde una óptica sartreana hay que plantearse que no bastará que haya necesidades comunes sino que será necesario que surja un reconocimiento de ello que conduzca a poner las necesidades en común. Es decir que se constituyan en objetivo común. Este poner en común las necesidades rompe con la fuerza del factor externo como causa de unión, ya hay algo entre esos sujetos que los lleva hacia la tendencia a la unidad. Para contestar a la razón de esa unión Sartre enuncia la noción de TENSIÓN. Dirá que en el pasaje de la serie al grupo se instala una tensión que acompañará al mismo en todo su proceso. Esta tensión se dará entre un interés en común y una amenaza común que saca a los sujetos de la serialidad. Ese interés en común será la lucha contra la ESCASEZ. Sartre considera que la naturaleza no es dialéctica. El hombre al estar en relación con la naturaleza esta sometido a condiciones de escasez. Las condiciones de escasez impondrán rivalidades por la apropiación de los bienes escasos. Surgirán de manera necesaria e inevitable grupos en los que los 59 individuos se aglutinen para vencer a los rivales y satisfacer sus necesidades frente a la escasez. El peligro común son entonces los grupos antagónicos. Completa así Sartre el otro polo de su dialéctica. La lucha contra la escasez como interés común y la amenaza de grupos rivales serán la causa de que el individuo pase del yo al NOSOTROS (dicho en lenguaje de Buber del yo-ello, al yo-tú). El otro en condiciones de lucha contra la escasez pasa a ser significativo. Es una relación necesaria más allá de la simpatía o de la antipatía circunstancial que caracterizan los encuentros casuales o las series. Esto va a producir al menos dos importantes cambios: A) Descubrir al otro como necesario va a conducir al un ajuste en la comunicación; produce mutua interpenetración, o con un poco de humor podríamos decir, requiere apertura y penetración, para poder cumplir con la función anticipatoria. Poder ponerse en el lugar del otro, para saber que espera ese otro de cada uno. Estar dispuestos a dejarse penetrar por la realidad de ese otro. B) Este proceso de reconocimiento recíproco requiere que el grupo se trabaje como grupo. Esto sería una idea principalísima en el pensamiento sartreano: el grupo como el sujeto VA SIENDO, en estado de eterno inacabamiento, a través de la vivencia los sujetos se van comprometiendo en un hacer común, en una praxis. Este hacerse del grupo se da cuando cada integrante pasa a ser "agente totalizador”, cuando cada uno de ellos internaliza dentro de si a los otros. Aquello que no era una totalidad va a totalizarse a partir de cada uno. Es decir, de las relaciones fragmentadas se sale y va adquiriendo su forma el grupo en una síntesis interna que cada integrante hace de las relaciones con los otros. Por ello cada uno es síntesis policéntrica de múltiples relaciones. Estos fenómenos van a marcar un primer momento que denomina FUSIÓN. El grupo en estado de fusión suele presentar una apariencia de homogeneidad. Esta fusión se da bajo amenaza. Eso es lo que la explica. Esto se da así porque todo grupo se organiza y desarrolla bajo el constante riesgo de la vuelta a la serialidad. Queda por explicar porque se agrupan los hombres si la naturaleza humana tiende espontáneamente a la dispersión y al aislamiento. Sartre va a encontrar la razón en la necesidad de luchar contra la escasez, inherente a la naturaleza. Esta situación de encuentro va a ser una situación novedosa para esos hombres. Por lo tanto, va a generar asombro e incertidumbre, con estas vivencias vendrá la necesidad de preservar esos lazos vividos como frágiles. Es por eso que el grupo se homogeneiza: para darse fuerza y evitar la vuelta a la serialidad ante la posibilidad del disenso, evitando así, quedar a merced de la otra amenaza externa: los grupos rivales.

El grupo en fusión es "todo pertenencia", es una usina de colaboración y asistencia mutua. Va a enfrentar esta tendencia a la dispersión a través de formular un juramento de fraternidad, con lo que va a ingresar en un nuevo estadio de su dialéctica. Este JURAMENTO los vuelve a todos hermanos, son todos hijos del grupo y de la causa que lleva. Y dialécticamente el grupo es hijo de ese juramento. Ese es el acto creador del grupo. Con la hermandad se juran pertenencia, fidelidad y lealtad. El objetivo es preservar la fusión inicial. Pero esta es un estado ficcional, ilusorio. La igualdad, la fusión y la homogeneidad es un vivencia insostenible en el tiempo porque es inevitable la aparición de diferencias entre personas. Sartre considera que el grupo busca garantizar ese estado mediante un ejercicio sistemático del terror con lo que va a entrar en otro estadio de su desarrollo. Mediante el uso del TERROR los integrantes del grupo se propondrán preservar la unidad. La vivencia es de peligro o amenaza cualquier diferencia. Se perseguirá por medio de este ejercicio a todo aquel que por su acción, por sus ideas, busque o muestre diferenciación, o sea vivenciado como sin participar de la acción común. Este funcionamiento juramentado va a darle al proceso grupal dos aspectos. Al primero de ellos Sartre lo define como vital,en tanto permite consolidar, aun desde lo Ilusorio, al grupo. Es un momento instituyente, creador. En tanto su segundo aspecto es definido por el autor como fósil, porque impone un límite al propio desarrollo y al de los integrantes. Incrementa las tendencias a la dispersión, en tanto no permite al miembro mostrar su propia individualidad, su posibilidad de aporte singular es negada. Por eso en función del Proyecto este momento necesita ser negado y superado dialécticamente. Especialmente si pensamos que para este pensador todo grupo necesita el máximo en desarrollo del potencial en tanto se desarrolla para luchar contra grupos adversarios. Por eso el grupo necesita organizarse. La ORGANIZACIÓN va a apuntar directamente a que el grupo consiga de cada miembro lo que cada uno tiene para dar. Es un momento logístico. La actividad va a estar dirigida a lograr un adecuado reconocimiento del campo, de los recursos existentes, de la estructura, la actividad organizadora conduce a reconocer y a valorar el carácter heterogéneo de los componentes y las diferencias que esta 60 heterogeneidad contiene mantenía encerrada la modalidad de interacción. El vivenciar estas diferencias como elementos útiles a la estructura permitirá generar tareas y distribuirlas de acuerdo a las capacidades, sensibilidades de cada uno. Pero hay algo particularmente importante: posibilita la emergencia de líderes, que van a ser en este período el elemento nucleador del conjunto. A medida que va desenvolviéndose la etapa organizativa, en la tensión con la serialidad, el grupo encuentra una nueva encrucijada; o triunfa la grupalidad y el proyecto, deviniendo el grupo en institución o se impone la tendencia a la serialidad, en cuyo caso hay una burocratización y finalización de toda dialéctica. Si ante este conflicto predomina el polo del proyecto se transforma en un grupo institución. Es la fase de la INSTITUCIONALIZACIÓN. El propio curso de los acontecimientos se lo exige, ante la vastedad y extensión de tareas y demandas se vuelve imposible para cada uno de sus miembros el contacto directo con cada uno de los demás. Ya no puede operar la "sintesis policéntrica" como antes. La interacción interpersonal ya no funciona como fuente de autoregulación de las relaciones, la conciencia de totalidad es difusa, por eso mismo se vuelve imperiosa la necesidad de centralizar las relaciones a través de centros de dirección con líderes formales y relaciones establecidas por medio de estatutos. Se establecen líneas de orden y mando. Una nueva tensión con la serialidad se sobrepone en este nuevo estadio: ésta casi predominantemente estará dada por el poder creciente de los líderes y el riesgo de una actitud delegativa y pasiva de los miembros que asisten impotentes a esa situación. Sí de acuerdo a la situación, finalmente se instala ese panorama, estamos ante la burocratización del grupo. Este proceso de BUROCRATIZACIÓN constituye, ni más ni menos que la muerte del grupo como tal. Existe formalmente, pero no tiene la vida emocional de aquello que llamamos grupo. Es el triunfo de la tendencia a la dispersión. En esta situación el compromiso y el hacerse cargo de la propia necesidad y de la del otro. La propia necesidad queda alienada del proyecto común. La relación con los objetivos pasa a ser formal, En el lenguaje de otros existencialistas como Martín Buber podríamos decir que no hay relación Yo-tú, sino Yo-Ello. Esto muestra que se preservan las normas de funcionamiento de acuerdo a los estatutos, aunque no sean útiles a nadie; es decir que dos rasgos esenciales a las nociones de proyecto y de grupo, están ausentes: • La capacidad de actualización. • El carácter significativo del otro. De esta forma simple, no consciente y dramática el grupo vuelve, al final de su trayecto, de darse así las cosas, al estado de serie.

INTEGRACIÓN
por Julia Franco

DE AUTORES

En esta clase voy a tratar de hacer una integración que permita entender cómo Pichón Rivière va construyendo el ECRO, tomando distintos aspectos de corrientes de pensamiento que fue articulando según su particular visión sobre, en principio, la enfermedad mental, y más tarde sobre todo comportamiento; Este recorrido partió de la psiquiatría y el psicoanálisis para arribar a lo que él denominó psicología social. Y como tal no figura en los más conocidos manuales y compilaciones sobre esta disciplina, precisamente porque (entre otras cosas):  No coincidía con el paradigma que dominaba la disciplina.  Surge como un movimiento contra-institucional. Para poder ubicarlo y entender sus desarrollos, voy a hacer una breve reseña de lo que estaba consolidado como saber científico dentro de la psicología social en ese momento. A mí me sirve conocer con quién discute un autor para poder entender su planteo; espero que a ustedes también les resulte facilitador. El origen de la psicología social se remonta a principios del siglo XX frente a la interacción individuomedio ambiente, individuo-sociedad. Diferentes teorías intentaron enfatizar algún aspecto de la relación, generando multiplicidad de ellas de corto o medio alcance que abordaron temas específicos; y algunos teóricos de la psicología social afirman que hay tantas teorías en esta disciplina como psicólogos sociales existen. Pero de alguna manera podemos agruparlas para entender sus diferencias. Si bien sus raíces dan cuenta de la tradición occidental europea, su mayor desarrollo se produjo en EE.UU., en especial en el período posterior a la segunda guerra mundial. Había necesidades críticas que requerían respuestas urgentes. Según Cartwright, Hitler fue la persona que mayor impacto tuvo tanto en61 el surgimiento de problemas humanos como en la búsqueda de soluciones. Contribuyó al flujo migratorio de científicos europeos a EE.UU., entre éstos los psicólogos sociales que adhirieron al paradigma conductista y a la ideología política norteamericana, la defensa de la democracia, la importancia del individuo, el progreso logrado en base a la racionalidad y la educación. Sin embargo, a pesar de la influencia de esta postura, a la que se le llamó psicología social psicológica, paralelamente se desarrolló otra corriente denominada psicología social sociológica. La psicológica deriva de la psicología general, y surge ligada básicamente al conductismo, como reacción a las teorías de la mente que se consideraba no tenían seriedad científica, según el modelo de las ciencias naturales, que era en ese momento “el modelo” por excelencia (y tal vez todavía siga siéndolo). Si el conocimiento de la mente era imposible desde los parámetros ponderados de observación, medición y cálculo, entonces había que buscar un modo “científico” de conocer y explicar los comportamientos: lo observable era la conducta, poco importaba el pensamiento o sentimiento que la motivara si no se podía conocer mediante estos procedimientos. Su método es el experimental. Esta disciplina se consolida dentro de un nuevo paradigma: había que observar y medir lo que la gente hacía. La unidad de estudio: el individuo y su forma de relacionarse con el medio. Posición individualista y biologista, basado en el dualismo mente-cuerpo, se apoya en este último término; consideraban que no existía una psicología de grupos que no fuera esencial y completamente una psicología de individuos. Buscaron describir procesos psicológicos en términos de interacción entre sujetos individuales. El objetivo era medir, controlar y modificar problemas cotidianos, y consideraban toda conducta como un producto de la influencia moduladora del ambiente. La fórmula que se utiliza: E-R-R, estímulo-respuesta-refuerzo, da cuenta de la concepción de sujeto considerado como un organismo que responde a un estímulo del medio. Según esta reacción o respuesta fuera deseada o inadecuada, se aplicaba un premio o castigo (refuerzo), para cristalizar el comportamiento buscado. El fenómeno psíquico solo podía ser definido por sus efectos. Y el objetivo último se orientaba hacia la predicción y el control de la conducta. Sujeto y objeto son dos entidades separadas. La sociológica: más relacionada con la sociología, y vinculada con el interaccionismo simbólico (Mead entre otros). Se supera la controversia acerca de la prioridad del individuo o de la sociedad, al explicar los procesos de conformación del sujeto social. El individuo se constituye como persona en la relación con los otros, y a la vez contribuye a la construcción y transformación del medio social en que vive.

Se enfatiza la naturaleza dialéctica de la relación individuo/sociedad en una clara posición antirreduccionista. Y principalmente pone énfasis en el aspecto simbólico del mundo humano. El interaccionismo simbólico reposa en tres premisas: 1. Los seres humanos actúan hacia los objetos sobre la base de los significados que éstos tienen para ellos. 2. El significado surge en la interacción social. 3. Los significados se modifican a través de un constante proceso de interpretación. Entonces ahora podemos comprender que, dentro de esta corriente, los estímulos para un humano están cargados de sentido, de significados que harán a las diferentes respuestas individuales y colectivas; por lo tanto duda de los experimentos llevados a cabo en laboratorio con animales, cuyos resultados luego se trasladan a la interpretación de las conductas humanas. Las influencias más importantes sobre la conducta humana son las simbólicas. Esta corriente fue más tomada por la sociología que por la psicología social, debido al prestigio del paradigma positivista desde donde operaba la corriente psicológica. Y fue retomada a partir de las críticas que comienzan a surgir sobre este enfoque alrededor de los ‘70:  Ausencia de un marco conceptual unificador  Énfasis positivista anti-teoricista  Falta de sentido histórico  Aislamiento de otras ciencias sociales  Desacuerdo en cuanto al nivel micro y macro del objeto de estudio  Alejada de los problemas de la gente Como ya estarán vislumbrando, E. Pichón Rivière se ubica dentro de esta línea que se apoya en una concepción de sujeto que parte de Mead, pero enriquecida con los aportes de múltiples fuentes. Lo que él mismo afirma sobre los aportes más significativos en la construcción del ECRO son los siguientes: En su aspecto referido a la génesis y estructuración de la personalidad…: Freud, Melanie Klein y G. H.62 Mead, entre los más importantes. En cuanto a la comprensión de los procesos sociales, particularmente los grupales, hemos tenido presente los hallazgos de Kurt Lewin. El método dialéctico fundamenta este ECRO y su particular dialéctica… Lenin señala, muy justamente, como rasgo fundamental de la dialéctica, “el desdoblamiento de lo que es uno y el conocimiento de sus partes contradictorias”… Este método es el que permite la producción del conocimiento de las leyes que rigen la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, tres aspectos de lo real comprendidos en lo que denominamos “hombreen-situación”. Con el término “hombre-en-situación” se pretende caracterizar un objeto de conocimiento, en una tarea que reintegre lo fragmentado por un pensamiento disociado que escotomiza las relaciones entre sujetos, naturaleza y sociedad. 2 Este recorte textual intenta darles una idea de los fundamentos que sostienen el desarrollo teórico de Pichón Rivière, más allá de otros aportes que podemos inferir de su lectura, teniendo en cuenta que su biblioteca era una de las más completas -aparte de las públicas- que existían en ese momento en nuestro país. Vamos ahora a ver algunas diferencias y similitudes que mantuvo con estos autores en los que se apoyó. Con respecto a Freud, reconoce que sus ideas estuvieron sugeridas por algunos de sus trabajos (Psicología de las masas y análisis del yo) pero el austríaco no tuvo continuidad en esta línea, “no pudo abandonar una concepción antropocéntrica, lo que le impidió desarrollar un enfoque dialéctico”3 Esta perspectiva intrasujetal (al interior del sujeto) es la que abandona Pichón por considerarla esencialista e idealista, para la que la naturaleza humana se determinaría desde impulsos instintivos o pulsionales que aparecen como inmodificables y universales. En esta concepción de sujeto se jerarquiza lo pulsional, y por lo tanto lo fantasmático, como principio interno que interpreta la experiencia. Para el enfoque pichoniano lo intrasujetal sería sólo un aspecto de un proceso mucho más complejo, considerando lo biológico y lo social constitutivos de los procesos psíquicos. El mundo interno es un escenario interior en donde se intenta reconstruir la realidad exterior.

2

Zito Lema, V.: Conversaciones con E. Pichón Rivière sobre el arte y la locura, Cap. VI, pag. 107 y 111, Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1976 3 Zito Lema, V.: Op. Cit., pág. 104.

Esto lo lleva a ampliar el concepto de “relación de objeto” por la noción de vínculo. Estas relaciones intersubjetivas se establecen sobre la base de necesidades. Y tienen características y matices particulares en los que interviene la fantasía inconciente. Lo que se internaliza entonces no es sólo el objeto, sino la estructura vincular determinada por el sentimiento de gratificación o frustración que acompaña a la configuración inicial del vínculo, que será significado como vínculo bueno o vínculo malo (siguiendo a Klein), y que tendrá componentes reales, no sólo fantasmáticos. Las relaciones reales pasarán a ser entendidas como elementos de configuración del mundo interno del sujeto. Si bien se inspira en Klein, en este punto no coincide con ella al tener en cuenta la eficacia de la interacción, de la acción concreta del objeto en la conformación del psiquismo. Intenta demostrar desde el concepto de vínculo que no existe un innatismo de la hostilidad o del amor (perspectiva kleiniana). El siguiente cuadro es una síntesis que construí a partir de una clase de Oscar González (psicoanalista y psicólogo social argentino) y que tal vez facilite el análisis comparativo. NOCIONES Relación interno/externo FREUD  Acento en lo interno.  Lo externo tiene una influencia , pero es limitada. M. KLEIN  Acento en lo interno.  Lo externo tiene una influencia, pero es limitada. PICHON RIVIERE  Énfasis en lo externo.  Causas de la patología, no en el interior del sujeto sino en la interacción del grupo familiar (emergente) .  Hay necesidades que empujan a establecer vínculos. Enfatiza la acción del otro. Rechaza la teoría de los instintos.  Lo que mueve el psiquismo es la ansiedad (miedo al ataque y miedo a la pérdida)

 Hay pulsiones, lógicas, mecanism os, etapas,(f ases, yo/ ello/supe r yo)

 Hay pulsiones, lógicas, mecanismos, etapas, (posiciones)

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¿Cuál es el motor del psiquismo?

Configuración del psiquismo

 El psiquismo sigue el esquema del placer, evitando el displacer. Principio ligado a las pulsiones.  Conciente preconcie nteinconcien

 Lo que mueve el psiquismo es la ansiedad.

 Posición esquizopara noide y posición depresiva.

 Posición esquizopara noide, (patoplástic ao

te. Yo- ellosuper yo.  Defensa dominant e: la represión .  Infancia: hasta los 5ó6 años. Complejo de Edipo (identida d sexual y angustia de castració n)  Denomina inconcien telatente

 Las defensas fundamental es: disociación y proyección.  Infancia: los primeros 6 a 8 meses de vida. Conflicto de ambivalenci a (sentimiento de culpa).

Ubicación temporal del origen de las perturbaciones

instrumental ) y posición depresiva.  Las defensas fundamental es: disociación, proyección e inhibición.  Infancia: los primeros 6 a 8 meses de vida. Conflicto de ambivalenci a (sentimiento de culpa)

Procesos psíquicos inconcientes

 Denomina inconciente.

 Denomina implícito o latente.

Como materialista que era, no acuerda con el psicoanálisis en aquellos aspectos referidos al terreno64 del comportamiento que están atribuidos a la naturaleza de la especie, por ejemplo las fantasías originarias, la pulsión de vida y de muerte. “… a mi entender, el instinto de vida o de muerte son ya una experiencia en forma de comportamiento donde lo social está incluido a través de momentos gratificantes o frustradores, produciéndose la inserción del niño en el mundo social.”4 Su concepción de sujeto producido le lleva a afirmar que “no hay nada en él que no sea la resultante de la interacción entre individuos, grupos y clases”.5 Acá vemos la influencia de Mead en cuanto al proceso de conformación de la persona, como resultado de una trama vincular (familiar, que mediatiza el orden social) que lo produce como tal, pero que a la vez también es productor de esa realidad que lo conformó, en una relación no lineal sino dialéctica, siempre que esté abierto al aprendizaje entendido como “apropiación instrumental de la realidad para conocerla y transformarla”. La noción de “mutua representación interna” tiene su analogía con la del “otro generalizado”. Toma de Mead básicamente su concepción referida a la conformación del sujeto a partir de las relaciones concretas con el medio. “El concepto de rol, incorporado a la psicología social y desarrollado por G. H. Mead, el gran precursor de esta disciplina, que basó todo su desarrollo en el concepto de rol, su interacción, el concepto de mí, de otro generalizado, que representaría el grupo interno como producto de una internalización de los otros, adolece, sin embargo, de una limitación que hemos resuelto incorporando, a la idea de grupo interno o mundo interno del sujeto, la internalización llamada ecológica… que incluye los objetos inanimados, el hábitat en su totalidad…”6 Como ven, estamos hablando de internalización de objetos, sujetos y entorno. Todos estos elementos incorporados a nuestro mundo interno nos habitan, interactúan, traman argumentos, orientando nuestro modo de pensar, sentir y hacer. Bion no es citado explícitamente por Pichón, aunque sí lo hace quien lo acompañó hasta su muerte: Ana P. de Quiroga, en referencia a la presencia y la acción significante del otro que “tiene su paradigma en el protovínculo (experiencia del primer vínculo), en la función yoica de continencia o función

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Pichón Rivière, E.: El Proceso Grupal. Del psicoanálisis a la psicología social, pág. 20, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1985. 5 Zito Lema, V.: Op. Cit., pág. 107. 6 Pichón Rivière, E.: Op. Cit., pág. 28.

materna, estudiada por Bion, Winnicott, Bowlby y otros. Desde esa función portadora del orden social se sostiene la estructuración del psiquismo”7. Además los desarrollos bionianos que teorizan sobre formaciones inconcientes específicamente grupales (supuestos básicos), se complementan sin violencias epistemológicas con la propuesta de Pichón, dado que utiliza el marco teórico del psicoanálisis pero sin trasladar la técnica del tratamiento individual al grupo, sino buscando su especificidad. Ambos plantean la presencia en todo grupo de dos niveles: grupo de trabajo o tarea explícita, y grupo de supuesto básico o tarea implícita. En ambos se mantiene la escucha psicoanalítica de indagación de lo no dicho, lo que subyace al discurso manifiesto. Sartre le aporta un modo de interpretación y operación en la realidad de su tiempo sostenido desde el materialismo dialéctico. Esta visión hace a la noción de grupo como una totalidad en proceso, nunca acabada, siempre en tensión contra la serialidad. Aporta un saber sobre el hombre que no es universal y eterno sino histórico y situado. Y las etapas que describe en el devenir de la grupalidad nos permiten abordar los momentos de organización/desorganización -que tienen su raíz en una mirada dialéctica sobre la realidad- como parte constitutiva de cualquier movimiento humano, individual o colectivo. Este método atravesará toda la construcción teórica y todas las técnicas de abordaje de la realidad desde esta perspectiva. Desde aquí se trabajará, por ejemplo, con todas las contradicciones grupales como motores del proceso en el tránsito por la tarea. Vamos a Lewin, un autor de mucha presencia en la perspectiva pichoniana. En principio la importancia de los pequeños grupos como objeto de estudio de la psicología social, entendidos como instrumentos de cambio individual y social. Dijimos que Lewin diferencia los psico-grupos (grupos de formación) de los socio-grupos (con tarea explícita). Pichón logra integrar estos dos modelos en el grupo operativo, dado que en el recorrido necesario e inevitable de acciones y tareas requeridas para el logro del objetivo propuesto por el grupo, se van a ir dando una serie de obstáculos que habrá que ir resolviendo. En el análisis de estos obstáculos se dará el aprendizaje y el cambio, la ruptura de estereotipos que rigidizan los comportamientos y dificultan el intercambio dialéctico entre sujeto y medio. De esta manera el grupo operativo siempre65 tiene una tarea explícita (equipo deportivo, creativo, de aprendizaje, de trabajo en organizaciones, etc.), pero además una implícita desde la cual intentaremos elucidar lo que ocurre a nivel manifiesto, comprendiendo la estructura latente que lo motiva. Ambos plantean el trabajo con pequeños grupos pensando en el cambio social planificado. Para Lewin estos grupos eran como átomos radiactivos que irían expandiendo sus efectos hasta lograr un cambio a nivel del tejido social. Para Pichón, los grupos operativos permitían trabajar los comportamientos rigidizados, estereotipados, permitiendo mayor plasticidad y apertura, analizando las matrices de aprendizaje que nos reducen el intercambio con el medio. Ambos consideraban a estos integrantes como “agentes de cambio”, facilitadores de los procesos que en el campo social se dan buscando mayor satisfacción a las necesidades de todos, promoviendo salud mental. El método propuesto por Lewin de investigación-acción es tomado por la línea pichoniana en una doble vertiente:  la freudiana, que investigando en el pasado del paciente hacía conciente lo inconciente, y en esta misma operación se iban revirtiendo los síntomas  la lewiniana: que opera sobre las fuerzas que mantienen en equilibrio al grupo, moviendo éstas y provocando el cambio buscado. También incorpora los liderazgos que plantea Lewin como estilos de conducción o coordinación, agregándole el estilo demagógico, aquél que con formas y discurso democrático logra manipular autocráticamente. Otro concepto del que seguramente ya tienen noticias, es el de la resistencia al cambio, compartido por ambos autores. Y finalmente el abordaje que incluye no sólo al individuo (aún en la terapia individual), sino la persona y su ambiente, el “campo psicológico” para Lewin. Bueno, esto es lo que en principio me resulta más evidente de las distintas fuentes que fueron nutriendo la construcción teórica de Pichón. A medida que ustedes mismos lo vayan leyendo, irán descubriendo otras similitudes y diferencias. Y por supuesto que los contenidos del ECRO no se agotan en estos autores sino que es un producto de los discursos científicos de la época, de la biografía del autor, de la coyuntura que le tocó en suerte y de su modo de transitarla. Tal como nos ocurre cuando hemos sedimentado lecturas, experiencias, recorridos conceptuales, muchas veces no sabemos si lo que pensamos sobre algún punto es nuestro o estamos “robando autoría”. Somos producto del tinte de época,
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Quiroga, Ana P. de: “Enfoques y perspectivas en psicología social. Desarrollos a partir del pensamiento de Enrique Pichón Rivière”, pág. 43, Buenos Aires, Ediciones Cinco, 1987, 2da. edición.

de la familia en la que crecimos, de la formación específica que elegimos, de la que nos eligió, de la gente con la que compartimos trayectorias, de nuestra particular manera de relacionar, procesar y capitalizar experiencias. Y cada uno de los pensadores y hacedores que han desarrollado sus propias construcciones lo hacen sostenidos desde todo este bagaje previo. “Pichón reconstruía su propio itinerario conceptual de un modo que destacaba decididamente los rasgos únicos de su biografía. En ese sentido, en el breve "Prólogo" de 1970 8 que se ofrecía como una presentación sintética de su pensamiento y de los caminos de su formación, el componente autobiográfico quedaba muy destacado, algo que va a acentuar en 1976 en las "Conversaciones"9. Y tal relieve de la vida personal no deja de convenir a su concepción de un “esquema referencial” que debía ser a la vez “conceptual” y fruto de experiencias vividas. En ese sentido, ofrece una suerte de interpretación retrospectiva de su trayectoria que pone el acento en un conflicto infantil, pero no entre pulsiones sino entre dos culturas.”10 En síntesis, que la ciencia es una actividad, no sólo conocimiento expresado en lenguaje formal. Y por lo tanto siempre asentada sobre la base social de la cual emerge, con todos sus conflictos y sus luchas por la imposición de la “verdad”.

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Pichón Rivière, E.: El Proceso Grupal. Del psicoanálisis a la psicología social, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1985. Zito Lema, V.: Op. Cit. 10 Vezzetti, H.: Enrique Pichón Rivière y Gino Germani: el psicoanálisis y las ciencias sociales, publicado en Anuario de Investigaciones, N° 6, Facultad de Psicología, UBA, 1998.

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