8-Montevideo Los Barrios II

ERRATAS

En el Volumen 4, Los Barrios l, se han deslizado algunas erratas que nos
apresuramos a salvar.
Pág. Col. Donde dice
18
18
25
31
32
32
32
35
38
38
1 Pedro D'Albenas
3 benguelas, munyolas
3 a esos delincuentes y de-
sertores
1 Fue mandada vender
1 26 de marzo de 1895
1 con su mayoral ...
1 Hacía 1783
2 Von Brussel
1 Una alta cruz
2 el itinerario de Carlos
Anaya
Debe decir
P. D'Albenas. Igualmente en pág.
20, col. 3.
banguelas, munyolos.
a delincuentes y desertores
Fue mandada levantar
28 de ¡narzo de 1895
con su cochero y guarda por las aguas
desatadas, que no ahogaron el tiro
pero sí los hombres.
Hacia 1873
Van Bruyssel
Hacia 1708, una alta cruz
el interinato de Carlos Anaya
50
54
60
3
3
2
la fabulosa cantidad ac-
tual de
[reiteramos: 1812]
Cuando el cine se llamaba
biógrafo.
la fabulosa cantidad actual [año
1968]
[reiteramos: 1912]
Debe seouir - en semanario MAR-
CHA, 15 de enero, 12 de febrero y
2 de abril de 1965
Presentamos a nuestros lectores las disculpas del caso.
monteviCfe¡.
lOS BARRIOS 11
aníbal pintos
11
Villa Dolores
Qué es un barrio montevideano 2
-_. __.-. ---------------------
En el 4
Pocitos: de erial de lavanderos Q émulo de Copacobanc '"
9
-Tres Cruces, La Blanqueada y Parque Balite· y Ordóñez
Sochantres y lo Aldea 17
Goes: una lejana vocación comercíat 18
Villa Muño%:: el empuje de Reus 21
26
26
28
Vera 29
la Comercial 29
Krüger 31
Del esplendor hípico al desarrollo induSfTial y agrario 32
Marañas 32
Pueblo lIuzoingo. 3.4
Piedras Blancas 35
Manga 36
Villa Gar:::cí.:a:..-.- ,- ---:3-;:6
En la %ono suburbana y rural 38
Sayaga 38
Peñaral 39
Pueblo Conciliación 41
Puebla Abayubá 42
la Barra de Santa lucia {Pueblo Santiago Vázquez}
Barrios residenciales
-._----------- ----
Al Oeste de Mdntevideo.
Un diálogo secular entre vides y eucaliptos 44

47
48
48
52
Molvin: un escenario vital en auge 52
vertiginoso desarrol1o
Conclusiones
Bibliografía
54
59
60
QUE ES UN BARRIO
MONTEVIDEANO
Desde que el narrador Adolfo
Montiel Ballesteros publicara en
1937 su novela "Barrio" -biogra-
fia de. un barrio cualquiera de
Montevideo, en la que describe su
ambiente, sus personajes y su evo-
lución desde que era "un ancho
descampado baldío"- el desarrollo
de la ciudad ha ido desdibujando
lo que fue la imagen diferenciada
de muchos de sus barrios.
En algunos de los hoy llamados
residenciales, de viviendas con
porteros eléctricos o con librea, es-
tá sensiblemente disminuida la re-
lación de vecindad. En cambio,
cuanto más humilde es su fisono-
mía externa, se hace más estrecha
la convivencia, quizá porque las ne-
cesidades unen más que la pros-
peridad. En estos últimos, donde se
ha demorado el arribo del impul-
so urbanístico, el alma original del
barrio todavia anima los seres y
las cosas.
Serenos y soledosos algunos, es-
tremecidos otros con el zumbido
de las plantas industriales, tras-
ciende su intimidad a través de las
ferias, del supermercado que va
desplazando a la provisión "aten-
dida por su propio dueño", de la
panadería, de la casa de peinados,
de la iglesia, de la escuela, del ci-
ne, de la peluqueria, del café -re-
. cinto de confesiones y discusiones
acaloradas e interminables-, que
va dejando de ser "café" para con-
vertirse en "bar", del club socíal y
deportivo, que ha cedido en gran
parte sus reuniones sabatinas a
otras instituciones de los balnea-
rios canelonenses, invadidos masi-
vamente los fines de semana por
integrantes de la clase media mon-
tevideana.
2
Alguna vez se ha intentado defi-
nir a los barrios como "zonas por
las cuales crece la ciudad incesan-
temente y en sentido horizontal,
buscando un equilibrio inalcanza-
ble, una forma definitiva que nun-
ca alcanzará".
Un barrio es eso, pero también
es una suma menos computable:
conversaciones de vereda a vereda,
ejemplos de solidaridad humana,
sillas que se sacan a la acera en
los atardeceres estivales, radios
atronadoras, ladridos de perros,
parrilladas en las esquinas, silen-
ciosas plazas donde se refugian
los viejos y donde la niñez tiene
su paraiso propio, vetustos casero-
nes de muros descascarados, aban-
donados por familias y ocupados
por "intrusos", chiquillos que han
sustituido las fogatas de San Juan
por la "manga" infantil del "viru-
tén pal Judas", hoy ascendido, por
obra de las devaluaciones, a mo-
neda de díez pesos.
Un barrio es eso y mucho más.
Es, son, también, espléndidas re-
sidencias que ocultan sus hermosos
jardines floridos con una protec-
clOn metálica que ha sustituido a
las enredaderas; es la pieza del
jubilado con sus muebles desven-
cijados; es el camión embanderado
que sigue al club de su fervorosa
simpatía; es la mujer que teje en
,las veredas sin perder de vista el
más mínimo latido del barrio; es
la tragedia que enlutó una vida; el
termo bajo el brazo, las torres que
se alzan en viejos edificios, el auto
iluminado de los navíos, los ado-
lescentes que se vuelcan en la no-
che en sus veredas en busca del
juego eterno del amor, los atentos
y absortos observadores ~ u a n d o la
calle cambia su rostro; son los res-
taurantes donde se hace un arte
místico del asado a la tablíta, la
cancha de Baby Fútbol; es el am-
biente colorido y entrañable, muy
poco reflejado en la literatura
nacional.
Dejamos aqui esta prosa de lu-
gares comunes para acercarnos al
rostro individual de algunos b ~
mos, "villas" y "pueblos", a su lar-
ga o breve, pero siempre sabrosa
historia.
Fragmento del plano topográfico de la ciudad de Montevideo y alrededores, en tiempos del Sitio Gran-
de (1846). Fue realizado por el agrimensor Pedro Pico y en él se señalan las quintas y caminos exis-
tentes, las baterías, las fortificaciones y las líneas avanzadas de la Plaza.
3
EN EL ESPACIO
METROPOLITANO
POCITOS: DE ERIAL DE
LAVANDERAS A EMULO
DE COPACABANA
Por donde hoy está la calle 26 de
Marzo, entre La Gaceta y Lorenzo
Justiniano Pérez, corria hacia el rio
un arroyo sin nombre. Los juncos
crecían libremente y la arena vo-
laba impulsada por el viento, for-
mando dunas de hasta diez metros
de altura.
Un buen dia, atraidas por las
aguas limpias del arroyo, apare-
cieron por alli las lavanderas mo-
renas. Excavaron cachimbas o po-
citos junto a la ribera y comen-
zaron a lavar las ropas de sus
amos, que residian en la ciudad.
Luego plantaron pitas que sirvie-
ron para tender la ropa lavada. Al
arroyo, desde entonces, se le lla-
mó de los Pocitos.
Seis colonos, llamados Manuel
Sacia, José Bravo, Francisco Ba-
gena, Joaquin Pereyra, Marcial
Acosta y Manuel Antonio de León,
se afincaron en sus cercanias en
el siglo XIX. Sus chacras daban
al camino de Punta Brava y sus
fondos a los médanos. Otros se en-
contraban entre el mar y el arro-
yo de los Pocitos.
Un gran baldio se extendia en-
tre los fondos de estos seis pre-
dios, en una zona cuyo perimetro
abarcaba aproximadamente el es-
pacio comprendido entre este arro-
yo por el Este, el Rio de la Plata
por el Sur y Sureste, el camino del
Buceo y Punta Brava -hoy Fran-
cisco Muñoz y Ellauri- por el
Norte y Noroeste y un camino que
iba por donde hoy se extiende la
calle 21 de Setiembre, por el Oel?-
te. Este enorme baldio, que los
citados agricultores no utilizaban
porque no les resultaba de ninguna
utilidad práctica, fue denunciado
en 1831 al gobierno por el entonces
teniente coronel de ingenieros, J o-
sé Maria Reyes, y fue tasado a
$ 6 la cuadra.
La antigua playa mensurada por
el agrimensor Jones en 1833 ha
desaparecido bajo las aguas. Las
carretas areneras fueron respon-
sables de esta pérdida, ya que des-
de entonces, y a partir de 1868
con mucha mayor intensidad, se
extrajo arena de las dunas para
emplearlas en las obras edilicias.
La extensión (casi 33 hectáreas)
adquirida por la modestisima suma
de $ 266, fue vendida por éste en
1841 a José Ramirez Pérez. El bien
fue heredado parcialmente por su
hijo mayor y albacea, Juan Pedro
Ramirez, quien sumó a su cuota
parte las demás fracciones, que
adquirió a sus hermanos, para con-
servar el predio integro.
La idea de Juan Pedro Ramirez
era implantar un pueblo en esos
desiertos arenales. Comunicó su
proyecto al' agrimensor Demetrio
Isola y destinó alrededor de 80.000
m
2
• al trazado de las futuras ca.-
lles, plan que luego hubo de ser
sustítuido por otro. Esto sucedia
en 1868. Pero "Nuestra Señora de
los Pocitos", que asi se llamaria el
futuro pueblo, no nació oficial-
mente hasta 1886. Fue entonces
cuando Pedro Forte Gatto y Javier
Alvarez (hijo), procediendo por
orden de la Dirección General de
Obras Públicas, levantaron el pla-
no de delineación del Pueblo de
los Pocitos". 'Otfopaso hacia el
futuro estaba dado. Pero aún fal-
taba mucho para llegar al auge
edilicio y la consagración social.
El florecimiento de Pocitos obe-
deció a causas diversas que se con-
jugaron felizmente para determinar
su brillante porvenir. Una, funda-
mental, fue la implantación del
tranvía de caballitos; otra, la de-
cisión de muchas familias del cero-
tro para constituir un balnearjo
casi privado, ya que Ramirez era
demasiado frecuentado; la tercera
fue la creación de numerosos ba-
rrios constelados en su derredor,
que se unieron naturalmente a él
~
'. I
.....
la elegancia veraniega de las montevideanas de aquellos tiempos
del 1,887, en la playa de los Pocitos.
y contribuyeron a facilitar el ac-
ceso a la playa.
Dichos barrios fueron, con per-
dón por algún olvido, el "Victor
Manuel", fundado en 1874 por Flo-
rencia Escardó, sobre el camino
que iba de Punta Carreta a los
Pocitos; en 1879, el "Caprera",
también por Escardó, y los erigi-
dos por el incansable Piria: "Cas-
telar", en 1879, cuya población
estaba compuesta inicialmente de
artesanos y empleados del tranvia
de Pocitos; "Artigas", en 1884, si-
tuado al noroeste de dicho pue-
blo; "Mario Méndez", también en
1884, en la bifurcación de las ca-
lles Rivera y Pereyra, a la en-
trada del pueblo; "Fortuna", en
1885, entre las calles Pereira y
Garibaldi hoy Guayaqui, y dos ca-
lles vecinales; "de los Españoles",
en 1896, que encerraba ún área
de 2Y2 hectáreas, con una espacio-
sa calle llamada 2 de Mayo; y
"Trouville", en 1897. Posterior-
mente: en este siglo, "Tribuna",
contiguo al anterior, fundado por
Lapido, propietario del diario "La
Tribuna Popular", y "Villa Bia-
rritz", desde 1935, con nuevas
e ininterrumpidas construcciones
contribuyeron a acrecer Y agraciar
el abanico poderoso de Pocitos.
El 18 de noviembre de 1877 fue
inaugurado el Primer Recreo de
los Pocitos. Tenia "jardín con glo-
rietas y mesas", y ofrecia platos
especiales "al estilo del pais", co-
mo asado con cuero al asador, ta:"
llarines y ravioles. La cultura no
se descuidaba: ya existian en la
localidad .dos escuelas municipales,
la de niñas N' 6 y la de varones
NQ 26,que funcionaban en el mis-
mo local. Los maestros eran la Sra.
de Artecona y el Sr. Candelas.
5
En 1891, Pocitos ya se perfilaba como "el Biarritz Oriental". En la
temporada siguiente,' las reuniones sociales fueron salpimentadas
por la orquesta de Grasso.
Un lustro después, ante el ya
tradicional aflujo de veraneantes
argentinos, que llegaban con el do-
ble incentivo de los baños y de
pasar en Montevideo la tempora-
da estival, fUe inaugurado el 25 de
diciembre de 1882, con un esplén-
dido baile, un salón destinado a
restaurante Tenia un techo de ma-
dera pintad'o en color lila y estaba
alumbrado por "64 picos de gas
neumático". Fue emplazado en me-
dio de los dos departamentos para
baños (el de señoras y el de hom-
bres) compuesto cada uno de 68
casillas, provistas de perchas, espe-
jos y lavatorios de agua dulce.
Pocitos ya era considerado el
primer balneario de América del
Sur y su playa constituía el punto
de reunión, por las mañanas y las
tardes, de nuestra "high life". Una
cuerda servía de sostén contra el
oleaje a las bañistas.
6
Los almuerzos tenían estos pre·
cios en el restaurante francés del
señor Lede; tres platos, p<;Jstre,
pan y vino: S 0,50; "a la carte",
cada plato para uno, S 0,12; café
con leche, S 0,10; con manteca,
S 0,16; chocolate' con manteca,
S 0,20; café negro, S 0,06. Bebidas:
ajenjo, bitter, vermouth, etc.,
S 0,08; refrescos de todas clases,
S 0,08; chartreuse, S 0,12; vinos
oporto y jerez, S 0,12.
El viaje en el tranvía a los Po-
citos, que se extendia, a Buceo y
Unión, costaba desde la Plaza In-
dependencia al balneario 20 cen-
tésimos ida y vuelta, y en el precio
se incluía la ocupación de una
casilla.
Un año después, en diciembre de
1883, los almuerzos tenían catego-
ría internacional, corno lo demues-
tra el siguiente menú: Consomé
de volaille á la Orleans, hors
d'oeuvres assorties, filets ele poisson
á la Colbert petits piités chaudes
au Pocitos, Supréme de volailles
Marechale, Chateaubriand bernai-
se, asperges saUCe hollandaise, se-
lle ele mouton á la Broche, salade
Romaine, souflet au cacao, desserts
assortis y fruits de la saison. Vi..
nos Cachetvert, Chiiteau Leoville,
Haut Sauterne, Champagne frappé,
Jerez y Oporto,
Todo era sosegado, sereno, lle-
no de lenta pereza. Entonces no
había prisa. Los montevideanos no
eran todavía esclavos del reloj.
En el verano de 1887 se efec-
tuaron regatas, amenizando la
competencia deportiva la banda
del regimiento de artillería. Por
las noches, la orquesta del maes-
tro Formentini encendía el entu-
siasmo de la concurrencia con
sus melodias.
El l' de enero de 1888, a pesar
del mal tiempo Y' de la lluvia, fue
inaugurado el Gran Hotel Balnea-
rio de los Argentinos, en la esqui-
na de las actuales calles de Chu-
carro y Pereyra. Disponía de mon-
tañas rusas, hamacas, juegos, billar
y sala de lectura. El gerente direc-
tor de las obras fue Florencio Eg·
cardó. La fiesta inaugural, ameni-
zada por la orquesta del maestro
Irigoyen, continuó con una cena
y finalizó con un baile que duró
hasta las cuatro de la madrugada,
pero la concurrencia permaneció
allí hasta las diez.
Pero Los Pocitos tenía también
otra fisonomía. Un periodista que
visita la localidad en julio de 1890
nos la describe así, en tiempos en
que el Banco Constructor se apres-
taba a rematar en mensualidades
de 15 pesos, en "el Biarritz Orien·
tal", solares "situados entre las
calles Artigas [hoy Masini] , del
Puente [actual 26 de Marzo], Ga-
ribaldi [Guayaqui como ya indica-
mos] y Lavadero [luego Francisco
Berro], en el corazón del pueblo,
circundados por los lindos chalets
de Howard y Dominguez, el Gran
Hotel de los Argentinos, el Gran
Restaurant de los Baños, [que ha-
bía inaugurado su piscina en enero
de 1889], la gran fábrica de papel,
la iglesia y la preciosa casa del
Sr. Francisco A. Vida!."
"Los Pocitos -escribía el perio-
dista montevideano- es una loca-
lidad bonita y bien situada, pero
difícilmente llegará a adquirir im-
portancia bajo el punto de vista
social y comercial.
"Es un pueblo esencialmente
obrero. La mayoría de sus hom-
bres son canteros y lavanderas sus
mujeres. No obstante residen allí
familias pudientes, construyéndose
actualmente muchos edificios y dos
hermosísimos chalets: uno por
cuenta del diputado don Rufino T.
Dominguez y otro propiedad del
Sr. Lafont."
Contaba la localidad en la época
con varios negocios: 18 almacenes,
2 tiendas, 3 carnicerías, 3 billares
y la botica del señor Nicolás Falca;
la policia ocupaba en la calle Pe-
reira una casa que constaba de dos
piezas y un galpón; los faroles se
apagaban a las once de la noche,
no obstante haberse comprometi-
do el contratista a mantenerlos con
luz hasta la madrugada.
En febrero de 1892, época en
que las reuniones sociales eran
salpimentadas por la orquesta de
Grasso, un imponente incendio re-
dujo a cenizas el local del restau-
rante de los Sres. Ángel Salvador
y J. Scarcela, e incluso dos cuer-
pos de las casillas de baños para
Pocitos, en los primeros años del siglo XX.
7
Estampa actual de Pocitos, con su dinamismo edilicio y su trepidante ritmo de progreso.
hombres. Gracias a la acción de los
bomberos quedó en pie sin sufrir
daños de consideración el puente,
que partiendo del muelle entraba
en el mar. Era paseo obligado de
la concurrencia en las noches de
verano.
En ocasiones se coman regatas
como las que organizara en mar-
zo de 1901 el Montevideo Rowing
Club, presenciadas desde la terraza
de madera por animada concu-
rrencia.
El periodo 1904-1914 ha sido evo-
cado en nuestros dias por GuilleJ:l.
mo Garcia Moyano, que rehÍzo con
penetrante prosa sus recuerdos de
niño en el Pueblo de los Pocitos.
En 1906 llega el primer tranvía
eléctrico; en 1910 se inaugura la
8
explanada asfaltada, iluminada con
arcos voltaicos; dos años después
inicia sus actividades el Hotel de
los Po¡::itos, de seiscientas habita-
ciones y con una gran terraza de
la que partia un muelle -con un
quiosco de música-, que se inter·
naba en el mar. Será centro de
bailes y banquetes donde las her-
mosas montevideanas de la socie-
dad alta lucirán sus largos y albos
vestidos, rivalizando en distinción,
elegancia y belleza. En la rambla,
sus vestimentas de calle harán de-
cir a un cronista que una dama
inglesa no los usaría "sino en la
ópera o en un salón".
Para dar una idea de lo que
influyó en el desarrollo de Pocitos
la empresa tranviaria Sociedad
Comercial de Montevideo basta
decir que hacia 1912 la compañía
era propietaria del Hotel de los
Pocitos -además, del Gran Parque
Central-, y de las casillas y ca-
rritos de baños para hombres ins-
talados en dicha playa y en la de
RaIIÚrez.
Ya el balneario estaba consagra-
do. Múltiples chalets, de variados
estilos arquitectónicos, algunos lu-
josÍsimos adornaban sus calles. Pe-
ro muchas de estas residencias eran
habitadas sólo en la temporada esti-
val. En 1916, se abre la costane·
ra entre Pocitos y Punta Carretas.
Aumentan incensantemente los
pobladores, se redobla el tránsito,
se habilita la piscina de Trouville,
sede de torneos internacionales.
TARDE DE DOMINGO EN POCITOS
A la lwra diecisiete, de un domino
go estival cualquiera, Pocitos es den·
tro de la capital, otro mundo inter·
nacional aparte. Millares de personas
acaloradas se disputan la mínima
sombra y todo lugar que permita
sentarse. Hombres y mujel'es, niños
y ancianos, jóvenes y personas ma·
duras, esmaltan la playa y sus aire·
dedores con la calidez de su presen·
cia humana. Mientras unos llegan,
otros se retiran. Igual que olas. Están
los que esperan el ómnibUs de re·
greso al hogar, llenos de fatiga y
arena y los que recién se introducen
para tomar el primer baño de la
tarde. Están los que aportan la nota
al calor local y al folklore, llevando
a la playa el bullicio de sus pan·
deretas y tamboriles o las diminutas
radios portátiles a transistores. Una
por cada diez cabezas de bañistas
podrían proporcionar diversión. Diez
radios para diez usufructuarios, apeo
gadoscodo con codo, bajo carpas
más y más compartidas, cuya sombra
se achica con cada nueva remesa
de locatarios que llega, son una foro
ma de Babel musical que requiere
oidos de artillero, un pasaporte para
el trauma síquico de quien no so-
porta diez sonidos distintos a un
tiempo. Están también los que hacen
deporte. La modelo rubia y la chica
empleada de tienda. Los que se aís·
lan con un libro de ciencia·ficción.
Los que toman mate. Los que charo
lan. Los que comentan el último
chisme que atañe a ¡ane Mansfield.
Los que miran y critican a los
otros con un empeño tan libe·
ral que los exime oli¡;npicamen·
te de toda autocrítica. Están los
mnos que salpican con arena o son
una esponja chorreante sobre los
bañistas de sol, con orden exclusiva
del médico para no mojarse. Están
los adolescentes separados en su en·
t,idiable isla de amor. Están las
muchachas de cara bonita y el cuero
po bien formado y las que se confor·
man pensando que tienen talento.
Están, además, las fachadas de en·
frente, los bien compartidos balco·
nes de las residencias de la rambla,
cuyos moradores salen también a
festejar la brisa, tomar un refresco
o charlar. Balcones tumultuosos y
fecundos, de domingo ocioso, que
sirven de mirador para esa otra col·
mena u hormiguero hirviente que
es la playa cercana, de donde llega
intacta la risa de una mujer, que
rebota de una sombrilla a otra.
Pocitos a la hora diecisiete. Esca·
parate de vanidad y de hermosas
mujeres. De exhibicionistas que sien·
ten el deseo implícito de mostrarse.
De madres que van por turno a
reclamar sus chiquillos perdidos al
despacho de la Policía Marítima. De
gente que provoca un malón si ve
a una muchacha en bikini. De gente
que se mira y recela. De gente que
se mira y llega a entendimiento
de tácita tolerancia. De gente que
se mira pensando que va a arder
Troya, si cada uno de los vecinos
circunstanciales no respeta los lío
mites y el sitio de la sombrilla cuya
sombra enmarca la zona de los do·
minios personales.
J. R. CRAVEA
(Suplemento Dominical de "El
Día", 26 de febrero de 1961.)
Un nuevo mundo de residencias
surge asi sobre el antiguo pasado
de lavanderas, inmigrantes italia-
nos y bañistas recatados.
La técnica edílícia irrumpe jun-
to al mar. Pocitos se va a las
nubes. Desde la década del 40, mo-
dernas construcciones que emulan
las de Copacabana sustituyen ver-
tiginosamente a los viejos chalets
levantados frente a la rambla.
Hoy Pocitos es residencia de fi-
guras represep.tativas -hombres
públicos, escritores, industriales,
comerciantes, hacendados, profesio-
nales, profesores- y de una clase
media culta. Allí tuvo su taller José
Belloni, que puso en parques y
plazas de la ciudad, el toque de
la gracia estétíca. Pocitos es tam-
bién corazón elegante de la ciudad.
la plenitud de una vida soleada que
se beneficia con el perpetuo rumor
de las olas, con el viento fresco,
con el diálogo cordial y reiterado
entre las aguas del rio como mar
y el Gran Montevideo.
VILLA DOLORES
El Jardín Zoológico de Monte-
video donde tantas horas de solaz
p a s ~ los grandes y los chicos en
las horas largas del domingo, na-
ció de una iníciativa particular.
Alejo Atanasia Rosell y Rius,
nacido en 1848, fue el comercian-
te, hacendado Y filántropo que hi-
zo posible el surgimiento del zooló-
gico. Casado con Dolores Pereira,
nieta a la vez del presidente Ga-
briel A. Pereira y de Félix Buxa-
reo la obra de estos esposos es-
t u v ~ orientada, como espiritus lí-
berales que eran, a las empresas
de orden filantrópico, en especial
las vinculadas con la ayuda a los
9
Villa Dolores: el viejo y clásico paseo donde la niñez tiene un paraiso
propio en la ciudad.
niños y con el mejoramiento de
las condiciones de salud del país.
Una de las caracteristicas de su
personalidad está presente en el
siguiente dato. Dueño de numero-
sísímas casas de inquilinato -en-
tre otras, 3 grupos en el Reducto
con 157 departamentos; en el Pa-
lacio Colón (Cerrito 714 al 738,
con 96 departamentos; un grupo
en la calle Washington, con 24;
10
otro en la plaza Zabala con 9 casas
y otro en la calle Dr. Eduardo
Acevedo esq. Colonia con 12; pe-
queños grupos en la calle Rivera
y en sus proximidades, etc.-, es-
tablecían el monto de los alquile-
res de acuerdo con la capacidad
de los ocupantes.
Poco antes de morir, en 1918,
Rosell y Rius donó sin condiciones
al Municipio de Montevideo su
zoológico particular, llamado Villa
Dolores como recuerdo del nombre
.de su esposa.
La afición de Rosell y Rius data
de 1890, cuando comenzó a colec-
cionar en sus diversas fincas dis-
tintos animales traidos de todas
partes del mundo. El gran provee-
dor de fieras era el famoso Ha-
genback, de Hamburgo, pero taIl1-
bién fueron cuantiosas las contri-
buciones del Dr. John N. Ruffin.
de Nueva York.
En el año 1956 la antigua deno-
minación de "Villa Dolores" fue
cambiada por la de "Parque Pe-
reira Rosell".
En la actualidad, los atractivos
del zoológico se han visto acrecen-
tados por la construcción del Pla-
netario Municipal, inaugurado en
1955, que posee uno' de los más
perfectos instrumentos de Améri-
ca y una sala con capacidad para
más de trescientos espectadores.
"Villa Dolores" ha dado su nom-
bre al barrio levantado en su al-
rededor, hoy soldado por el pro-
greso al cuerpo dinámico de la
ciudad.
Antiguamente, según el Dr. Luis
Bonavita, la chacra donde Félix
Buxareo levantó su saladero englo-
baba Villa Dolores y el arroyo de
los Pocitos, que antes se llamó
arroyo de Silva. Su terreno era el
del que fuera saladero de Silva,
ubicado al este del actual parque
Bat1le y Ordóñez, y tenía como
lindero al saladero de Pereira. En
su predio, afirma Horacio Arre-
dando, Felisa Buxareo de Cibils
levantó la capilla de San Félix en
recuerdo de sus padres, Félix Bu-
xareo y Petrona Reboledo.
En la que fuera casa-quinta del escribano Manuel José Sainz de Cavia,
en las cercanías de este viejo palomar, Artigas dictó las llamadas
Instrucciones del año XIII.
TRES CRUCES,
LA BLANQUEADA
Y PARQUE BATLLE Y
ORDOÑEZ
El casi no nombrado -aunque
existente- barrio de las Tres Cru·
ces se halla situado en el cruce
de las avenidas 8 de Octubre e
Italia (antiguo camino de la Aldea).
Según Isidoro de Maria el lugar
recibió su nombre "por las Tres
Cruces de Madera que señalara
a principios del siglo XVIII el lu·
gar donde se consumó el asesinato
de tres victimas por malhechores".
En 1812, antes de llegar el ge·
neral Rondeau a formalizar el si·
tia de Montevideo, las partidas vo-
lantes del intrépido artiguista Culo
ta se aproximaban a Tres Cruces,
retirándose en horas de la noche
al Peñarol o a Las Piedras.
En dicho paraje se encontraba
la chacra de la que Manuel Sainz
de Cavia fue "colono arrendata-
rio", donde Artigas reunió en 1813
el Congreso de Diputados Orienta-
les para leerles sus famosas Ins-
trucciones, donde fundamenta prin-
cipios de libertad y de derechos
humanos. El 5 de abril, en esa ca-
sa, el prócer enumeró los capítulos
de su inmortal herencia civica an-
te los diputados Suárez, Barreiro,
Larrañaga, Vidal y Méndez. Aún
subsiste un torreón ubicado junto
a un ombú en el predio de la que
fuera chacra de Cavia, pero de
época posterior, frente a la calle
Avelino Miranda.
En los primeros tiempos de nues-
tra República se encontraba esta-
blecido en Tres Cruces el salade-
ro y grasería del español Francis-
co Martinez Nieto, establecimien-
to que luego perteneciera a Gabriel
Antonio Pereira y que dio un pro-
greso decisivo a la industria de las
grasas, con la utilización del vapor.
"Fue ésta -dice Jorge Grün-
waldt Ramasso- la primera in-
dustria que, en la República, se
valió de este fluido como trasmisor
del calor, pero no como fuerza
motriz." Agrega el autor estos da-
tos de interés: "En el año 1831
-se presume- fue importada de
Inglaterra la primera caldera de
vapor" con aquella finalidad, y en
1832 Martinez Nieto obtuvo "el
medio de extraer la grasa en grue-
sas cantidades de varios residuos
animales, entonces sin destino útil,
por una feliz y simple aplicación
del vapor imaginado por él. El dis-
positivo construido por Martinez
Nieto debió consistir en tachos de
hierro recorridos por serpentines,
en cuya agua sobrenadaban las
grasas fundidas."
El procedimiento de Martínez
Nieto fue adoptado y perfeccionado
por otros saladeros, y tan pronto
como el uso del vapor fue utilizado
en mayor escala, la grasa y el
sebo se constituyeron en importante'
rubro de exportación en la época
Otro saladero situado en T?:es Cru-
ces, hacia el principio de la cuarta
J1
década del siglo XIX, el de Juan
Hall. también incorporó otros ade-
lant¿s: cancha con piso artificial,
techo para desollar y torno.
Un episodio heroico tuvo lugar
durante el Sitio Grande en Tres
Cruces, cuando el coronel José Nei-
ra, defensor de Montevideo, cayó
mortalmente herido de bala el 17
de noviembre de 1843, cuando avan-
zaba en misión de reconocimiento
con una guerrilla de veinte hom-
bres. Para impedir que el cuerpo
de Neira fuera profanado por los
enemigos, el CneL Garibaldi y un
grupo de legionarios italianos ata-
12
caron los puestos enemigos y res-
cataron el cadáver tras violenta
lucha.
Cercano a la zona se hallaba la
Chacra de la Paraguaya. En ella,
según el relato de Carlos Anaya
(ellO de octubre de 1811, según
lo afirman algunos autores), Arti-
gas habría sido designado Jefe de
los Orientales, en asamblea de ciu-
dadanos, ante el diputado del go-
bierno de Buenos Aires Dr. José
Julián Pérez.
Otros investigadores opinan que
dicho pronunciamiento del pueblo
oriental tuvo lugar el 23 de octu-
bre de 1811, en las márgenes del
río San José, lugar donde se re-
cibió la ratificación del armisticio
pactado con Buenos Aires.
El historiador Dr. Luis Bonavita
sostmne que el actual Parque Cen-
tral formaba parte de la Chacra
de la Paraguaya. En su aporte de
pruebas ha publicado un fragmento
del plano de Zerbino de 1798, orde-
nado por la Junta Municipal de
Propios, que ubica la casa de Jua-
na Suárez (a) La Paraguaya en
8 de Octubre y Garibaldi. Hemos
observado el original aludido, en
el Museo Histórico Municipal. y en
él no identificamos dicha referen-
cia. Igualmente el Dr. Bonavita ha
presentado otro fragmento del pla-
no copiado por el agrimensor B.
Vazaño el 8 de octubre de 1858.
correspondiente a los terrenos de
propios del Cabildo de Montevideo,
que inscribe dicha casa en la ubica-
ción citada. Según una cita de Isi-
doro de Maria que figura en su
"Montevideo Antiguo", el plano ori-
ginal habria sido levantado por el
antiguo inspector de caminos Juan
Orta.
Para quien le interese actualizar
el tema, cabe agregar que el plano
dedicado en diciembre de 1813 a
Gaspar Vigodet, cuya copia exis-
tente en Madrid publicó el Dr. Car-
los Travieso en su obra "Montevi-
deo en la época colonial", ubica
con el N' 24 la "Chácara de la
Paraguaya" al norte de la calle
Monte Caseros en las cercanias de
la actual Avda. Garibaldi.
A su vez, el Arq. Carlos Pérez
Montero, trabajando con un viejo
plano existente en el Museo Histó-
rico Municipal, descubrió una abre..
viatura "ns Paya" -identificada
como "nombre supuesto: Paragua-
ya"- junto a una casa aislada so-
bre la actual calle Monte Caseros.
en las inmediaciones de la actual
calle Duvimioso Terra (Victoria) y
actuales calles La Paz, Goes y
Miguelete. Ésta seria, a su juicio.
la ubicación contemporánea de la
Chacra de La Paraguaya.
La base del "Gran Parque Ceru-
tral" fue una donación hecha en
su testamento por el Sr. Antonio
Pereyra y Vidal. fallecido en 1907.
En dicho documento donaba 11 cua-
dras de su saladero para hacer un
paseo público, con la condición que
llevara su nombre. Su donación
fue aceptada, pero como dicha su-
perficie no era suficiente para des-
tinarla a parque, el Poder Ejecuti-
vo resolvió agrandarla adquiriendo.
ese mismo año, 37 hectáreas de
terrenos contiguos al anterior y, en
1913, otras parcelas más.
Su destino deportivo tuvo co-
mienzo el 25 de Mayo de 1900, en
oportunidad del encuentro entre el
¡'Deustcher Fussball Klub Monte-
video" y el "C.U.R.C.C.", en el cam-
po cedido por el directorio de la
empresa del tranvia a La Unión y
Maroñas, en camino Cibils casi 8
de Octubre. En esa parte de su
amplio predio el Club Nacional de
Football, coincidiendo con el 45"
aniversario de su fundación, inau-
guró en 1944 las instalaciones de
su actual estadio deportivo.
Los sectores más amplios fueron
arbolados hacia 1911 y diseñados
por el arquitecto y proyectista de
parques y jardines Carlos Thays, que
dio asi al Gran Parque Pereyra
una elegante fisonomía paisajística.
El triunfo de las armas aliadas de
la Primera Guerra Mundial (1914-
1918) cambió su nombre por Parque
La famosa escultura de Belloni "La carreta" y la mole ciclópea del
Hospital de Clínicas, estampa del parque José Batlle y Ordóñez grata
a los visitantes de la capital uruguaya.
13
lo zono del porque Batlle y Ord6ñez, vasto geografía de silencio y abrazo vegetal de la ciudad.
Foto; Servicio Geográfico Militar.
\4
de los Aliados y en 1930 se le de-
nominó finalmente "Parque BatlIe
y Ordóñez", en homenaje a dicho
gobernante, fallecido el año ante-
rior.
En la actualidad posee una su-
perficie de 60 hás. donde se hallan
el Estadio Centenario, máximo es-
cenario deportivo uruguayo donde
el seleccionado uruguayo de fútbol
se clasificó campeón mundial en
1930; la pista de Atletismo de la
Comisión de Educación Fisica, el
Velódromo Nacional y los monu-
'mentos a la Carreta, de Belloni,
al Dr. Luis Morquio, a! Maestro.
a! Dr. Francisco Soca, al Gral.
Eugenio Garzón, a Franklin Delano
Roosevelt y el Obelisco a los cons-
tituyentes de 1830, entre otros.
La actual iglesia llamada de Tie-
rra Santa, que domina con su espi-
gada silueta un amplio trecho de la
avenida 8 de Octubre, tuvo su hu-
milde origen en una "comisaria
franciscana" creada en el lugar
--poblado de terrenos baldios o de-
dicados al cultivo de hortalizas y
frutales- hacia 1894 y convertida
en sede edilicia por 1897, en insta-
laciones precarias y humildes. Dos
años después se coloca la piedra
fundamental de la que seria, con
el tiempo, la Iglesia de Tierra San-
ta. En el 1919 la iglesia fue ele-
vada a la categoria de Parroquia
con el nombre de "Nuestra Señora
de los Dolores".
Por 8 de Octubre hacia afue-
ra, siguiendo la línea de alturas
de la Cuchilla Grande y desde la
actual calle Jaime Cibils, se en-
contraba La Blanqueada, cuyo nom-
bre según Orestes Araújo "deriva
de una casa blanqueada que hubo
allí". Hacia 1912 tenia el mismo
nombre una de las principales ca-
Una tarde de sol en el estadio Centenario. Aquí, el montevideano
olvida fugazmente su límite. de resistencia ante la crisis, que también
ha llegado al fútbol.
15
sas de comercio que existian en ese
arrabal montevideano de entonces.
En La Blanqueada se encontraba
el campo de juego del Montevideo
Cricket Club, fundado el 18 de ju-
lio de 1861. Ocupaba un predio
situado en la ubicación actual del
Hospital Militar, rodeado de quin-
tas y chacras, que luego tuvieron
Que abandonar en julio de 1892.
El cricket, según José L. Buzzetti
y Eduardo Gutiérrez Cortinas, "fue
nuestro primer deporte organizado
y el más querido y apreciado por
la colectividad británica, que a tra-
vés del tiempo intentó implantarlo
primero con el Victoria, en 1842,
después con el Montevideo en 1861,
posteriormente con el CURCC en
1891".
Alli, en La BlanqUeada, se rea-
lizó en 1881 el primer match de
fútbol interc1ubes entre el Monte-
video Cricket y el Montevideo Ro-
wing y el primer match rioplatense
el 15 de agosto de 1889, entre el
"team" de Montevideo y el de Bue-
nos Aires.
En este campo del Montevideo
Cricket Club se practieó posterior-
mente tenis, mientras en otro
situado a pocas cuadras jugaron
equipos de fútbol y de rugby.
Hacia 1891, según dichos autores,
el deporte británico l.ogrará su
apogeo en nuestro medio en cuan-
to a organización y programación
se refiere.
El Hospital Militar Central fue
levantado por el aporte privado de
los militares, a iniciativa del Cne!.
Pedro de León. En 1905, luego de
más de quince años de trabajos
reuniendo fondos, la obra quedaba
terminada. Fue así entregada al
Estado, que el 18 de julio de 1908
la inauguró solemnemente. Otras
16
importantes instituciones castren-
ses de la zona son el Servicio de
Material y Armamento y el Insti-
tuto Militar de Estudios Superio-
res.
Numerosos sanatorios y clínicas
particulares, importantes mutua-
listas, laboratorios y hospitales
caracterizan a la zona. Entre
ellos, el Hospital Británico y el
Hospital Hurnberto' 1 (Italiano),
éste de severas y puras lineas re-
nacentistas, construido entre 1885
y 1890 bajo la dirección del arqui-
tecto italiano Luis Andreoni.
A su vez, el hospital Pereira
Rossell fue edificado sobre Un te-
rreno donado a tal fin por don
Alejo Rossell y su esposa doña Do-
lores Pereira. En 1900 se decretó
su creación por el gobierno de Juan
Lindolfo Cuestas y en 1902 dieron
comienzo las obras. Los planos de
este hospital, dedicado a niños, ma-
ternidad y ginecologia, fueron tr8l-
zados por el arquitecto francés Hen-
ri Ebrard y se libró al servicio
público en 1908.
El monumental Hospital de Clí-
nicas "Dr. Manuel Quintela", nom-
bre que lleva en homenaje al autor
de la iniciativa, fue erigido sobre
proyecto del arquitecto uruguayo
Carlos A. Surraco. Para llevarlo
a cabo fue menester trazar 2.500
planos, 10 que da idea de su mag-
nitud. Tiene en sus veintidós pisos
más de 2.000 ambientes. Más de un
cuarto de siglo dedicó el Dr. Eduar-
do Acevedo al cuidado de la erec-
ción de esta gran obra nacional,
en la que intervinieron 30.000 obre-
ros, en su mayoría espet:ializados.
La zona actualmente se encuentra
en una etapa de transformación
urbanistica, luego de haber sido
descongestionado en parte su ín-
tenso tránsíto de vehículos automo-
tores por el túnel que COrre por
debajo de la Av. 8 de Octubre,
desde Presídente Batlle hasta su
intersección en Colonia.
En la plaza Artigas se constru-
ye, con justicia histórica, el manu-
Estampa de princIpIos del siglo XX. Molino "La Llave" de Delia Celia, en la calle Pan de AzÚuo. 'ltntre
Cabrera Y Timoteo Aparicio. Al fondo spbre la derecha, se ven los molinos del "Galgo". Uno de ellos,
subsiste en el predio del Club Atlético Unión (call e Pan de Azúcar y Timoteo Aparicio). En sus aleda-
ños se levantó la Plaza de Toros de La Unión, en la ubicación de la actual plazuela de Pamplona y Odl.>nse.
Otros testimonios centenarios de nuestra industria harinera puede aún ver el montevideano, que tanto
ignora la historia de su ciudad, en el predio de la calle Molinos de Raffo al 776, cercano a la Av. Millón.
nu·
mento ecuestre al Gral Fructuoso
Rivera, obra dél escultor argentino
José Fioravanti y del arquitecto
Carlos C. de la Carcova. Montevi-
deo sigue postergando el mismo
homenaje, instituido por ley del 7
de diciembre de 1961, al libertador
Juan Antonio Lavalleja.
SOCHANTRES Y LA ALDEA
Los núcleos de población que se
conocian con estas denominaciones
a principios de este siglo estaban
situados, el primero, Sochantres,
contiguo a Tres Cruces, entre
el entonces Camino 8 de Octubre
y el que conducia a La Aldea,
actual Avda. Italia, como ya diji-
mos. Ese último se hallaba ubicado
entre La Blanqueada y la Villa de
la Unión, de la cual estaba separa-
do por el Camino de Propios.
La zona de "La Aldea", según
el escribano Ramón Ricardo Pampin
17
comprendía, aproxímadamente, lo
que dentro de la nomenclatura ac-
tual delimítan la Avda. Italia, ca-
lle Las Heras, Av. Ramón Anador
y el bulevar José'Batlle y Ordóñez.
Dio nombre al primer paraje un
vecino de apellido Sorchante, y no
Sochantres, como luego quedó de-
formado. Fígura así inscrípto en el
plano levantado en 1867 por el
agrimensor P. D'Albenas, como
establecido sobre la actual Avda.
8 de Octubre en su intersección
con la Avda. Garibaldi. Otro plano,
el del Agr. Pedro Pico, de 1846,
en tiempos del Sítio Grande, lo se·
ñala en una ubicación cercana, don.
de existia un vigía. Sochantres, ha¡.
cia 1912, era un paraje poblado
de quintas, casas de recreo y co·
mercios.
Orestes Araújo publica una nó-
mína de primeros pobladores y ve-
cinos de La Aldea, entre las cuales
se encontraba doña María (a) la
Buena Moza, en cuya quinta hubo
un oratorio y un cementerio. Según
anotaciones del Dr. Luís Bonavíta
que obran en nuestro poder, su
predío estaba situado sobre Larra·
ñaga.
El mismo autor afirma, que 'Ma·
nuel y Jaime Illa y Viamont com-
praron' en La Aldea, en 1832, un
campo en el que ínstalaron un sa-
ladero, que vendieron en 1851 a
Juan Gowland. Estaba compuesto
de 59 cuadras, cruzado por el arra·
yo de la Buena Moza.
Estas zonas se van uniendo en·
tre sí al fundarse otros barrios, cO-
mo los de Rívadavía (1892) y Ge·
neral Flores (1896), ambos levan-
tados por Francisco Piria.
18
GOES: UNA LEJANA
VOCACION COMERCIAL
El Camíno de la Figurita, uno
de los caminos de entrada aMan·
tevídeo, fue denominado, desde el
20 de diciembre de 1866,' Camíno
de Goes.
No sería éste, como se ha dicho,
el Camíno de Juan de Toledo
(Juan Gil de Toledo, vecino pobla-
dor de Montevideo, según Juan A.
Apolant).
En su "Geografía del Departa-
mento de Montevideo", publicada
en 1898 por Julián O. Miranda,
EL SATAN
La fiebre especulativa de la dé·
cada del 80 había llegado a Goes,
traída por ese hombre inquieto y
financista discutido que fue el es·
pañol Emilio Reus. "Satán en pero
sana no habría producido en Mon·
tevideo la revolución que en todas
las clases sociales produjo la pre-
sencia de Emilio Reus", dijo su
contemporáneo, Domingo González.
Ambícioso especulador o empresa·
rio creador, Emilio Reus, ígual que
el pintoresco y más sólido Fran·
císco Píría, dejó huellas en la
toponimia ciudadana, y las vivien·
das populares que levantara a un
costado de Goes, en el Barrio de
la Humedad, y que aún existen,
llevaron su nombre. Hoy, ingrata.
mente, la zona se llama oficialmen.
te Villa Muñoz, pero el pueblo
le sígue recordando como Barría
Reus. La sociedad conservadora de
la época no vio, o no quiso ver,
el intento del desgraciado Dr. Reus
de construir viviendas baratas para
afirma dicho autor que el Camino
de la Cuchilla Grande, o de Juan
de Toledo, nacía en Marañas, pasa-
ba por Piedras Blancas, y siguien-
do en gran parte el curso de la
Cuchilla Grande entraba al depar-
tamento de Canelones, después de
cruzar el arroyo Toledo.
El camino Goes, que comenzaba
en la plaza Sarandí, evocaba con
su nombre a los hermanos Goes,
SCÍpíón y Vicente, que según Ruy'
Díaz de Guzmán introdujeron a
Asunción desde el San Vicente, Bra-
sil,hacia 1555, un toro y siete vacas,
que luego, con su multiplicación y
DE GOES
las familias pobres. Los grandes
capitales, los del Estado inclusive,
sólo se preocupaban por financiar
edificios de segura renta, olvidando
que los humildes tienen necesidad
de un techo que los ampare y ter·
mine con la obligación de pagar un
alquiler cada día más abrumador
que al cabo de cincuenta años no
sirve siquiera para que el eterno
inquilino sea dueño de un solo la·
drillo de la casa que habitó toda
una vida. El comentarista olvidó
que Emilio Reus murió atendido
por la caridad de sus vecinos en
la humilde pieza de una casa ubio
cada en la calle Yaguarón, cerca
de 18 de Julio, donde está hoy
instalado El Día. Aún se recuerda
la lista de personas que contribu·
yeron para pagar el entierro del
Satán de Goes.
En "Goes y el viejo
Café Vaccaro", 1948.
por JUA.."I' CARLOS PATRÓN
Aqui estamos en la esquina de la Avda. Gral. Flores y Domingo
Aramburú, la del café Voccar.c>, una tradición de Goes.
otros aportes, a lo largo del tiempo
iban a inaugurar nuestra Edad del
Cuero.
Las caravanas de carretas carga-
das de frutos del pais tenían como
natural destino la actual plaza
de Cagancha, mal llamada Li·
bertad, donde se encontraban los
mercados abiertos de productos
agrícolas y ganaderos. Pero la ciu-
dad crecía y exigía nuevos espacios
para la edificacíón. Ello determinó
que en 1856 el gobierno de Gabriel
Pereira decretara el traslado de di-
chas ferias a la plaza Sarandí. El
camino que seguía la pedregosa
cresta de la Cuchilla Grande con-
tinuaría cumpliendo con su misión
comercíal, pero la feria fue despla-
zada a las orillas de la cíudad, el
cinturón donde el campo y la na·
ciente gran urbe entablaban su
diálogo.
Diez años más tarde se acentúa
la importancia económica de la zo-
na. En el 1866 el gobierno del
general Flores obtuvo de los her-
manos Guerra la cesión de amplios
terrenos donde ,hoy se levanta el
Palacio Legislativo y la Facultad
de Medicina. Al finalizar el año
se inaugura en el lugar un vasto
mercado de frutos, que englobaba
en su seno a la Plaza de Carretas
y que tenía por límites, al este, la
calle José L. Terra, por el oeste
Marcelino Sosa, por el sur Yatay
y por el norte, la actual Isidoro
de María. Dicho mercado tenía un
ajetreo permanente; en él la ciu·
dad adquiría los productos de la
campaña y ésta se asomaba, ca'lr
telosá, al bullicio cosmopolita.
Esta actividad comercial, desa-
rrollada en el punto de partida de
un camino que se prolongaba hacia
el Cerrito de la Victoria y desde
el almacén de La Figurita, por la
actual avenida Gral. Garibaldi, le
dio a Goes temprana y decisiva
fisonomía
Alrededor de la plaza-feria sur·
gieron modestos pero abundantes
locales. En ellos se alojaban pul-
perías, almacenes, fondas, corralo·
nes y barracas de acopio. Predomi-
nan las casas de material sobre los
ranchos. Dice el Dr. Juan Carlos
Patrón en sus amenas crónicas
anecdóticas e histórico-costumbris-
tas sobre el barrio Goes, que de
las tres pulperias que en poco tiem¡.
po fueron instaladas alrededor de
la plaza., la preferida era la del
Gaucho, fundada antes de 1870,
19
donde hoy se cruzan General Flo.
res y Yatay. Agrega dicho autor que
"en la azotea del edificio se aso-
maba un gaucho con una copa en
la mano, construido en terracota".
La Pulperia del Gaucho "fue la
madre espiritual del almacén de
Yirumin, el que a su vez fue pro.
genitor del Viejo Café Vaccaro, pa-
dre este último del Gran Café
Vaccaro, el infortunado edificio de
cuatro pisos".
Si bien la vocación comercial de
Goes le otorga un memorial de
transporte e intercambios, otra his-
toria de guerreros alborea en sus
comienzos.
Triunfantes las tropas patriotas
de Rondeau en el Cerrito, las fuer-
zas realistas de Vigodet se retira-
ron por el camino de Goes, en la
mañana del 12 de diciembre de
1812, para buscar amparo en el
abrigo· de la ciudad murada. /
A partí< de febrero de 1843, mes
en el que el ejército del Gral. Oribe
pone sitio a Montevideo, dicho ca-
mino es entonces via de ir y venir
de las tropas y de episodios de
guerreros como el de la muerte
del coronel Marcelino Sosa, caído
el 8 de febrero de 1844 en un lugar
cercano a la playa de la Aguada,
luego desaparecida a consecuencia
de las obras de construcción del
puerto de Montevideo. Marcelino
Lucas Sosa habia tenido interven>-
ción personal en las batallas de
Rincón, Sarandi, Ituzaingó y Ca.
gancha.
El 20 de febrero de 1865, las
tropas del Gral. VenanCio Flores,
culminando la que él llamara Cru.
zada Libertadora, en la que sangre
de hermanos habia vuelto a correr,
entraron en Montevideo por el vie-
jo camino de la Figurita. El Mercado Agrícola, "motor que impulsó la prosperidad de Goes".
20
Un centro de la actividad nocturna de Goes: el que fuera café de
Caballero.
s".
Un buen día, la ciudad sale de-
decididamente a su encuentro. En
1880 se establece, por iniciativa
particular, la empresa del Tranvía
Oriental, que une la barriada con
el.centro Y sur de la urbe.
Para sustituir los barracones,
que no estaban ya a tono con el mo-
vimiento comercial de la zona, se
construyó el Mercado Agrícola. En
un terreno donado por Carlos H.
Cracker -hubo cinco donantes de
terrenos, que por lo visto deseaban
valorizar sus propiedades-, se co-
locó el 30 de diciembre de 1906
la piedra fundamental. La estruc-
tura fue traída de Europa y per-
tenecia a un stand de una expo-
sición ganadera. La obra quedó
terminada por 1913. Todo el día,
desde entonces, funcionó el mel:'-
cado. Su activo intercambío creó
en su derredor una vida ajetrea-
da, pintoresca, que impulsó, como
se ha dicho con acierto, la pros-
peridad de Goes.
El siglo XX con su inquietud
renovadora levanta en 1908 el nue-
vo edificio de la Facultad de Me-
dicina. Se comienzan alli cerca, en
La Aguada, las obras del Palacio
Legislativo. El camino de Goes era
a su vez, desde 1908, la avenida
General Flores. Y la llegada del
hormigón, en 1926 completó el
cambio de fisonomía de la zona,
que el ómnibus unió, más inten-
samente, al corazón de la ciudad.
La. avenida General Flores está
hoy flanqueada de comercios, en
especial mueblerías y bares. La
actividad comercial del barrio no
ha. decrecido, pero tampoco ha evo-
lucionado en los últimos años.
Ya no se realizan los famosos
bailes del café Vaccaro, ni las te-
nidas teatrales en el "Fénix", donde
Brussa y Heraclio Sena alterna-
ban con los aficionados del lugar,
bajo la luz de las candilejas. Pero
la vida sencilla y animada de
Goes, que ha dado tantos profe-
sionales y personajes populares de
renombre, se sigue excitando ante
los paseos nocturnos de las pare-
jas y el trabajo constante y labo-
rioso, que señala los pasos de sus
horas y sus días.
VILLA MUÑOZ: EL EMPUJE
DE REUS
La actual Villa Muñoz, creada
por el genio especulador del Dr.
Emilio Reus y Bahamonde, nació
21
de un erial edilicio y de un
rasmo económico. y para
Jos hilos de esta historia ClUloaOa-
na es necesario volver al ayer
contemplar el panorama del
en el último tercio del siglo
Por los años 1875-1876 la ciudad
de Montevideo atravesaba una si-
tuación angustiosa, secuencia
sometimiento del país "al rigor del
cuartel", de la postración fínan-
ciera de la plaza, de la
dumbre creada por la tUlnultuosa
realidad política uruguaya.
Un cronista de la época
que, a consecuencia de esta gene-
ral decadencia, "el conjunto
suntuosos edifícios construidos en
la floresta de Montevideo en épo-
cas de fomento, así semejaban des-
pués, en su soledad y tristeza,
a panteones de familia". (J. A.
Giménez).
Una década después, hacia 1887,
el panorama ya era otro. Habian
renacido la confianza y el espíritu
de empresa. Vienen capitalistas de
Buenos Aires, unos con el propó-
sito de especular con la compra
de terrenos y otros para fundar
bancos de construcción y de cré-
ditos. La tierra comenzo a cotizar-
se a muy altos precios, a tal pun-
to que llegó a niveles desmedidos.
Este frenesí no duró mucho. Sin
embargo, un hombre con empuje
atrevido y tremenda energia crea-
dora hizo perdurar su nombre has-
ta nuestros días.
La meteórica carrera del Dr.
Reus en el Rio de la Plata sólo
cubrió el lapso de cinco años.
Cuando llegó a Buenos Aires en
1886 tenía 27 años de edad. En
plena juventud, este alicantino ha-
bía tenido tiempo de ser abogado
y jurisconsulto de consejo, doctor
en filosofía y letras, traductor y
Un remate en Villa Muñoz. Publicidad 1911.
22
El Barrio Reus al Norte, en plena construcción.
na-
ta
la-
y

do.
lad
si-
:lel
:lel
m-
ti-
~ s a
:ce
le-
de
en
'0-
!1i-
:a,
A.
:7,
iD
tu
le
5-
~ a
Ir
~ -
r-
1-
s.
n
1-
;-
o
1
1
prologuista de las obras de Espi-
nosa, autor de obras jurídicas, di·
putado a Cortes, director de la R ~
vista de Jurisprudencia.
Pero la personalidad de Reus
era múltiple: detrás del hombre
de leyes, del investigador de gabi-
nete, del escritor y el orador, se
perfilaba un hombre de negocios,
un ziDancista y especulador osado,
que había revelado sus dotes al
jugar audazmente en la Bolsa de
Madrid. Como empresario, había
dirigido el canal de Écija.
Ya en Buenos Aires realizó jue-
gos bursátiles que le reportaron
en poco tiempo medio millón de
pesos, que perdió prestamente. Pe-
ro como cumplió con sus acree--
dores, siguió contando con la con·
fianza y el respaldo de grandes
fortunas argentinas.
En época del gobierno del Gral.
Tajes se llamó a una especie .de
concurso para la organización del
Banco del Estado que se proyec-
taba. En tales circunstancias el
Dr. Reus cruza el Plata y organiza
un consorcio integrado por capita-
listas del volumen de Duggan,
Cassey, Ayarragaray y Drysdale,
fundando en nuestro medio el Ban-
co Nacional.
Fue su primer paso. Pero sus
opositores, que los tenía y muchos,
lograron que a los once meses
se alejara de la gerencia del nuevo
banco. Su empuje, en vez de men-
guar, se acrecentó extraordinaria¡.
mente. Formó entonces una Com-
pañía Nacional de Créditos y
Obras Públicas, integrada con un
capital de veinte millones de pesos
--de los de aquella época-, divi-
dido en 200.000 acciones de cien
pesos cada una, y se lanzó de nue-
vo a la lucha. Entre sus primeras
obras figuraron un establecimien-
to de baños hidroterápicos y el
Barrio Reus al Sur.
No obstante, acariciaba proyec-
tos aun mayores para Montevideo
y éstos cristalizaron, pese a todos
los inconvenientes humanos y na-
turales que salieron a su paso, en
el bloque de viviendas que hoy
constituyen Villa Muñoz.
Para llevar a cabo su idea de
construir todo un enorme conjunto
de casas sólidas, funcionales y ba-
ratas necesitaba el Dr. Reus un
colaborador avezado. Y pronto lo
halló en la persona del teníente
coronel Marcelino Santurio. J!:ste,
que había residido en Europa, apro-
vechó su experiencia de viajero
inteligente para estudiar los ba-
rrios de viviendas económicas, a ~
tos para alojar decentemente a la
gente de trabajo. Una vez en Mon-
tevideo trató de encontrar un em-
presario dotado de capital y ambi-
ciosos propósitos. Con Reus unió
capacidades y esfuerzos.
24
El lugar donde concentrarían to-
dos sus fuegos, fue la chacra de
Echeverria. con 68 hectáreas de
superficie, que extendia sus tierras
entre el Barrio Lavalleja -fun-
dado por Francisco Piria en 1885,
en la zona que encerraban los ca-
minos de Goes, Figurita y Pas-
tor- y la zona conocida por La
Humedad, que comprendia las
quintas de Muñoz, Béjar y Hoc-
quard, y denominada así por la
humedad que le trasmitia un bra-
zo del arroyo Seco, que cruzaba
esas tierras que formaban hond<J'.
nada.
La compra se efectuó a razón
de $ 0,40 el metro cuadrado. Una
vez delineadas las calles y esta-
blecida el área de los solares se
iniciaron las obras edilicias el mes
de marzo de 1888.
Nunca el Uruguay habia cono-
cido trabajo de tal envergadura.
Más de 2.000 hombres por dia se
ajetreaban en las construcciones.
500 carros de carga iban y venían,
trayendo arena y ladrillos, cal, pi-
zarras y vigas. Los hornos de la-
drillo no daban abasto. Superada
la producción de los montevidea-
nos, se debió recurrir a los hornos
de otros departamentos del Uru-
guay. Una pequeña humanidad afa-
nosa vivia en las obras.
Fueron así surgiendo, con cele-
ridad pasmosa, 27 cuerpos de edi-
ficios ubicados sobre 18 manzanas
que en total albergaban 531 casas.
Los grandes pabellones -estaban -y
están- separados por amplias ca¡.
lles principales y secundarias; po-
seían además conexiones con las
aguas corrientes y con los caños
maestros.
El Dr. Reus· tenía además claras
nociones de los problemas del
transporte. Por eso su pequeña
ciudad estaria unida al centro
montevideano por los cordones um-
bilicales de los tranvías de dos
lineas: la Oriental y la del Re-
ducto.
El Barrio Reus al Norte, cuya
década de los años veinte de este
síglo ha sido recreada con nostal-
gia y cariño por Gualberto Fer-
nández, se iba levantando en una
zona alta, soleada, libre del estan-
camiento de las aguas, extendién-
dose entre las calles San Fructuo-
so e Isla de Gorriti, por el norte;
Constitución, por el este; Guaviyú.
por el oeste; Libres, por el sur.
Las obras iban en marcha, a rit-
mo acelerado. Pero la naturaleza
y las contingencias humanas se eru-
cargarían de obstaculizar los tra-
bajos. En el invierno de 1888 la
lluvia se ensañó como nunca: du-
rante 78 días el mal tiempo para-
lizó las obras. Por otra parte la
crisis que se abatía sobre la -eco-
nomia uruguaya sumió a la com-
pañía del Dr. Reus en la ruina.
Era necesario, empero, salir a to-
da costa de la impasse. Cassey y
la Compañía Nacional de Créditos
y Obras Públicas, para enjugar en
algo las pérdidas, resolvieron re-
matar las casas. Las ventas inicia-
les de 1889 fueron realizadas por
un hombre que, como ya hemos di-
cho, tendría excepcional influencia
en la hístoria edilicia .montevideal.
na: Francisco Piria.
Para dar el ejemplo y levantar
el ánimo de los futuros comprado-
res, el propio presidente Tajes ad-
quirió la primera casa. Pero el
público no respondió como se es-
peraba. Todo el barrio formó par-
A veces también son convertidos en adefesios los testimonios t'epresentativ.os del pasado histórico. (Proa
de Inca y Arenal Grande).
te de la quebrada Compañia Nacio-
nal y luego pasó a integrar el ca·
pital del Banco
El Dr. Reus se vio burlado por
un destino adverso. El remate de
su bien amada obra y SUs otros
quebrantos financieros agravaron
una lesión congénita de su cora-
zón y el 7 de marzo de 1891, a los
32 años de una vida agitada y tUl'·
bulenta, fallecia· en plena pobreza.
"El Día", en su edición del dia
siguiente, inscribió estos conceptos:
"Pobre murlO ayer don Emilio
Reus, el hombre más estrechamen-
te vinculado a los progresos es"
truendosos que cuatro años atrás
se iniciaron en nuestro país. En
su muerte no hubo nínguno de
aquellos amigos fáciles que enri-
quecieron a su sombra."
El Banco Hipotecario cambió el
nombre inicial del barrio por el de
Villa Muñoz, para honrar la me-
moria de un jurisconsulto, político
y periodista,el Dr. José Maria Mu-
ñoz, que habia sido en 1890 pre-
sidente del Banco Nacional y, en-
tre 1896-99, primer presidente del
Banco de la República.
Hoy Villa Muñoz es una barria-
da tranquila, habitada por muchas
familias de origen judio, que inte-
gran sU esfuerzo económico y su
descendencia a la nacionalídad
oriental. El monumento edilicio de
Reus continúa en pie, prolongando
su nombre en el pueblo a través
de los años.
25
BARRIOS DE ANDAR
SERENO Y DEBIL
V I G O ~ EDILICIO
REDUCTO
El Dr. Luis Bonavita publicó en
1950 un ilustrativo articulo en el
que señala la ubicación precisa del
lugar donde vivió el Cnel. José
Rondeau en 1813, en casa de Mar-
tin Gulart, más conocido por Ma!-
chín, a la que habia fortificado
v convertido en reducto.
. Dicha edificación se encontraba
en las cercanias de la esquina de
las actuales avenidas San Martín y
Burgues, y fue el origen de este
antiguo barrio.
Según lo consigna la revista
"Rojo y Blanco" en 1900, la pa-
rroquia del Reducto comenzó por
ser capilla y viceparroquia depen-
diente del Cordón en marzo de
1837. En marzo de 1868 la capilla,
qUe hacia 1912 aún podia verse
a la altura de las calles Vilarde-
bó y Reducto (hoy Avda. Gral.
San Martín), pasó a formar par-
te de la jurisdicción de la parro-
quia de la Aguada. En noviembre
de 1871 fue erigida en parroquia
y cuatro años más tarde se levan·
taba la actual iglesia, frente a la
plaza Gral. Eugenio Garzón.
La esforzada acción del presbi-
tero Antonio D'Elia hizo posible
que la iglesia señoreara sobre la
cuchilla, con las decisivas donacio"
nes de la morena Rita Olegaria
Pérez, qUe legó terrenos vendidos
en más de 20.000 pesos para la
Virgen de las Dolores, patrona de
su parroquia; de Nicolás Zoa Fer-
nández, que fuera senador y miem-
bro del Consejo de Notables de la
Comisión Nacional de Caridad y
Beneficencia Pública, y del Coro.
nel Pedro S. Zás, gran cooperador
en el progreso de la zona.
26
Desde el campanario de la nue-
va iglesia del Reducto, A. Godel
documentó en 1884 en una cono-
cilla litografía la fisonomía del pa-
raje, a partir del entonces Camino
de Millán, extendido en el paño
multicolor de sus quintas, en direc-
ción a la bahia.
La antigua capilla figura en el
plano topográfico de la ciudad y
cercanias de Montevideo levantado
por el agrimensor Pedro Pico en
1846 y con más precisión en el del
francés P. D'Albenas de 1867. Este
último registra la ubicación de las
quintas existentes en la época; en-
tre ellas, las de Vilardebó y de
Margat.
En la quinta de Vilardebó se le-
vantó en 1880 el Manicomio Na-
cional, que se consideraba en la
época, ya muy lejana por cierto, el
primero de América del Sur. Hacia
1912 aún existía, contigua a su
edificación, la antigua casa de sa-
lud establecida en la misma quin-
ta, adquirida por el Estado en
1860 A los 50 años del falleci-
miento del Dr. Teodoru M. Vilar.
debó, naturalista e investigador de
nuestro pasado, al Asilo de De-
mentes se le dio el nombre de
Hospital Vilardebó que hasta ahora
lleva.
Pedro Margat, nacido en Versa·
lles, Francia, fundó en 1841 su
luego famoso establecimiento de
agricultura en el Camino de Bur-
gues, luego de estudiar nuestra
flora y fauna y coleccionar aves
y plantas para su envío al Museo
de Historia Natural de París.
Una publicación montevídeana
decía en 1890 que durante largos
años fUe el único proveedor de plan-
tas finas en nuestro país y su pro-
pagador en parte del Brasil y de
la Argentina y que su gusto había
presidido los plantíos de quintas y
jardines que hermoseaban los al\-
rededores de la ciudad, entre otras,
las de Gómez, de Estévez, de Cas-
tro, de Fariní, de Berro, de Raffo
y de Piñeyrúa.
Su biógrafo, Marianu B. Berro,
documenta que fue el primer intr.o·
ductor de la camelia y de las pri-
meras araucarias que llegaron al
país.
Entre el follaje de la plaza Gral. Eugenio Gqrzón, "El Obrero Urbano"
de Bernabé Michelena, 'engalana el barrio del Reducto.
Margat dejó de existir a los 83
años, en junio de 1890, luego de
dilatado tiempo de labor fecunda,
en el que tanto influyó en nues-
tro progreso agricola y horticola.
Sus hijos, Pedro y Alfredo, con-
tinuaron en la quinta de Burgues.
situada en las cercanias del arroyo
de Morales, los cultivos cientificos
de su padre.
Hacia 1912 el barrio del Reducto
era uno de los que más rápidamen-
te habia prosperado. Tenia uña
densa población y una edificación
de importancia. Abundaban en su
ámbito las fábricas, los talleres, los
obradores. Contaba con un centro
asistencial señalado: el Hospital·
Asilo Español.
En la actualidad, Reducto, ba-
rrio al cual se le ha descuidado
en el aspecto urbanístico, se en-
cuentra detenido en su evolución,
entre otras razones, por las gran-
des áreas que ocupan el Hospital
Vilardebó y la antigua estación de
tranvias. Es, como se ha dicho
con acierto, un corredor de paso,
hacia adentro y hacia afuera de
la ciudad.
Se ha repetido con insistencia que
con la misma cantidad de dinero
que el Estado lograra por la ven-
ta de aquel predio podria el Minis-
terio de Salud Pública levantar
un Hospital Siquiátrico modelo en
las afueras, lo que permitiría al
paraje del Reducto organizarse co-
mo zona residencial enjardinada.
En cuanto a la Estación Reduc-
to, hace unos años se consideraba
que levantando galerías externas
bordeando su edificación, podrían
financiarse obras de remodelación
y dinamizar la zona.
Este barrio del Reducto, del ex
Parque Oriental con su recordada
27
Un templo de la fe: la iglesia del Reducto.
cervecería "Munich" en BUl'gues
y Bulevar Gral. Artigas y de la
que fuera quinta del Dr. Martin
Aguirre, se prolonga en el llamado
Brazo Oriental, en una de cuyas
quintas viviera durante décadas el
caudillo nacionalista Dr. Luis Al-
berto de Herrera. En 1966 esta
quinta situada sobre la Avda. que
hoy lleva su nombre al 3760. fue
librada al público, organizada co-
mo Museo Civico.
FIGURITA
Por orden de la Sociedad Fo-
mento Montevideano fueron rema-
28
tados terrenos en enero de 1869,
por Santurio y Escardó, en el pa-
raje conocido por Figurita, lla-
mado asi por un viejo comercio que
existia en el siglo XIX en la es-
quina formada por las actuales
avenidas Gral. Flores y Gral. Gari-
baldi, al que llegara Oríbe con
su estado mayor sin armas, en
1845, en acto de confraternidad en-
tre sitiadores y sitiados, según el
testimonio de Benjamin Poucel.
Francisco Acuña de Figueroa cita
a la Figurita como ya existente
en 1812.
El puente de la Figurita estaba
situado sobre el Arroyo Seco, en
el paraje donde se cruzaban la
avenida de Goes (hoy General Flo-
res) y la calle San Eugenio (ac-
tual Concepción Arenal). Las obras
de saneamiento del barrio Reus.
como lo señala Orestes Araújo,
"hicieron desaparecer el arroyo de
ese paraje, lo que hizo innecesario
el puente".
Aunque en planos de 1910 se
conoce por Figurita el barrio con-
tiguo al Reducto comprendido en-
tre las avenidas Míllán y Gral.
Flores hasta Av. Garibaldi, ya en
planos de 1930 aparece señalado
con esa denominación el barrio si-
tuado en derredor de la calle Fi-
Una típica ferio vecinal, lo de Marsella y Colorado, donde se ofrecen
posibilidades paro lo variación en el alimento familiar.
gurita, al norte de la Av. Garibal-
di y al sur del barrio Jacinto Vera,
entre Av. Gral. Flores y el bulevar
Artigas. En la actualidad lo distin-
gue esa misma ubicación.
JACINTO VERA
Este barrio, que lleva el nombre
del primer obispo de Montevideo,
fue fundado por Francisco Piria
en 1895, al norte del barrio !tu-
zaingó, en la que fuera quinta de
Platero.
En su ámbito tuvo lugar, en la
entonces panaderia de Vidal (ac-
tuales calles Lorenzo Fernández,
Pedernal, Yaguari y Joaquin Re-
quena), en setiembre de 1811, se-
gún el Dr. Luis Bonavita, la Pri"
mera Asamblea Patriótica.
Hacia 1912 sólo tenia algunas
casitas y una población de sólo
unos 150 habitantes.
LA COMERCIAL
lleres y algunas artesanías. La ti-
píca y proverbíal quíetud del ba-
rrio quizás se deba a que la mayo-
ría de sus habitantes son propie-
tarios y viven serenamente en sus
casas antiguas.
La zona era conocida en sus pri-
meras épocas, cuando estaba po;-
blada por quintas, por "La Hu-
medad". La razón de este nombre
debe buscarse en que un brazo del
arroyo Seco atravesaba por estos
terrenos y en las inmediaciones
anegaba los bajos, tardando mucho
en retirarse la humedad de las
tierras, como ya lo dijimos.
En "El Ferro-Carril" de marzo
de 1871 se publicaron avisos que
daban cuenta de remates que por
orden de la empresa La Comercial
realizó Florencia Escardó. El pla-
no correspondiente había sido le-
vantado por el Agr. Antonio Ma.
Dupard en junio de 1870.
Se ofrecieron en venta 200 so-
lares -frente a la plaza de frutos
de las Tres Cruces y a las actua-
les c a l l e ~ Patria, Victoría, Hocquart,
Bella VIsta, Gral. Pagola y Cabil-
do, entre otras-, de lO, 12 y 25
varas de frente por 40 y 50 de fon-
do. Por $ 2 semanales o $ 10
mensuales, pagaderos en tres me-
ses o más, los compradores se po-
dían hacer propietarios.
Había además un horno de la-
drillos, pileta, unos 20.000 ladrí-
llos sueltos a bajo costo y "un in-
menso aljibe manantial" de uso
colectivo.
Este barrio de vida tranquila,
adormilada, que casi no cambia de
fisonomia, tuvo en sus comienzos
el aporte de contingentes de ita-
lianos.
El primer grupo de estos penin-
sulares laboriosos trabajaba en las
quintas que salpicaban con sus
verdes cuadrículas lo que hoy está
ocupado por la edificación; ya en
este siglo, a partir de 1913, otro
grupo tenia SUs actividades en el
cercano Mercado Agricola.
En los últimos años los israelíes
que habitaban Villa Muñoz han des-
bordado por esta zona y sus co-
mercios avanzan como una cuña
por la calle Justicia.
Hay pocas industrias en La Co-
mercial; sólo se ven pequeños ta-
29
La cámara viajera recogió aquí una imagen típica frente a una escuela pública en La Comercial, en el
instante en que los niños abandonan las aulas. Pronto se encontrarán adolescentes, lidiando con sus
sueños, sus preocupaciones y sus luchas.
El mismo diario montevideano,
con fecha 24 de marzo de 1871
difundía el rumor de que los pro-
pietarios de la empresa La Co-
mercial eran el general Mitre y
la casa Martínez de Hoz, de Bue-
nos Aires.
El espíritu de empresa y la ac-
tividad incansable de Francisco
Piria dejó también sus huellas en
el Barrio Comercial, así denomi-
nado en sus inicios, que hoy abra-
zan las calles Miguelete, Cuñapirú,
Arenal Grande y Bulevar ArUgas.
En el anuncio del remate de tie-
rras que se iba a realizar el 22 de
junio de 1884 se caracterizaba así
el lugar: los terrenos a subastar,
30
conocidos como antigua quinta de
Eugenio Courras, estaban situados
en las inmediaciones de las Tres
Cruces y a tres cuadras de la Ca-
pilla del Buen Pastor. Los cruza-
ban las calles Hocquart, Sal Si Pue-
des, Cufré y Nueva Palmira. Esta
calle, se decia, "que sale de La
Aguada y llega a tres cuadras de
este terreno, está toda empedrada".
Como hecho digno de mención, el
aviso destacaba que "el gran edi-
ficio de la Penitenciaria sólo dista
dos cuadras de este terreno".
Detrás del actual Establecimien-
to de Detención, inaugurado en
1888, Se encontraba el barrio del
Retiro. en terrenos que formaban
parte de la quinta de José de Bé-
jar, de la cual dejara un apunte
Besnes e Irigoyen. Fue fundado
en 1869 por el residente argentino
Ramón Domínguez.
Llegado el dia del remate de
Piria la propaganda es más expli-
cita, más descriptiva.
Se encarece la
dad de la zona al a
próxima apertura de la
Plaza de Frutos". Se dice
que dentro de un mes
los trabajos de empedrado y
posturas de todos los caminos
los alrededores "para lo que
ya cuarenta mil pesos
tales".
Las calles que pasan al frente
de estos 471 solares "de inmenso
porvenir" tienen 20 varas de ancho.
Estos solares no son un erial, no
son sólo tierra y pasto. Están cu-
biertos "con grandes parrales y
magníficos árboles de sombra".
Pero en medio de tantos lotes
hay uno que es "una taza de pla-
ta". Todo el terreno, que mide
4.000 varas cuadradas, "está lleno
de ricas y escogidas plantas, flo-
res, naranjos, durazneros, damas-
cos rusos, guindos de Suecia, man-
zanos de Jerusalem, grandes árbo-
les para sombra, una gran glorie-
ta de jazmines del Paraguay, un
gran parral, muchísimos rosales y
flores finas, todo escogido de lo
más bueno."
Nada se olvidaba en el anun-
cio: luego de destacar los valores
de las edificaciones de la quinta
y decir que el barrio, alto y do-
minante, era una especie de techo
orográfico de Montevideo, se ofre-
cían seis vagones especiales para
el transporte de señoras y seño-
ritas.
El naciente barrio vio pasar,
desde febrero de 1875, el tren de
caballitos que unía a Goes con la
Aduana. Más tarde, durante la pre-
sidencia de Williman, se inauguró
el tren eléctrico con el N" 12. Tam-
bién desde setiembre de 1878 cru-
zó la zona el ferrocarril que iba
hasta Maroñas desde la estación
del Cordón. Partía de ahí, pasaba
debajo de los hoy viaductos de
Tristán Narvaja, Sierra y Arenal
Grande, iba por detrás del Buen
Pastor y tuvo finalmente su termi-
nal de Manga. En los días de en-
cuentros deportivos en el Parque
Central habia allí una parada. Los
vecinos bromistas le llamaban "el
tren de los patos" porque los días
de carreras los aficionados sacaban
boleto de ida y vuelta para po-
der volver sin sobresalto.
Si en 1867 la zona estaba po-
blada por quintas como las de
Francisco González, Molinari, P.
González, Talaburt, Menéndez, Ro-
veta, Hernández, Villalba, Pringles,
Ferreira, Salas, Villanova, Erraz-
quin, Pretti, entre otras, y algún
horno, como el de Pareta, en 1920
existían aún algunas en el barrio.
Desde Defensa hasta Cabildo,
donde se encontraba la Cárcel de
Mujeres, estaba la Quinta de Va-
llarino. Hasta 1925, aproximada-
mente, perduró la quinta de San-
guinetti, en la calle Miguelete y
la de Ponce de León sobrevivió
hasta 1930, también aproximada-
mente, en el predio cercado por
La Paz, Miguelete, Inca y Justicia.
En 1909 se inauguró el "Buckin-
gham Salón", en Justicia y Pago-
la. La entrada a este cine costaba
$ 0,05 y la función duraba desde
las 14 hasta las 20 horas. En los
entreactos una pianista batia mi,..
nuciosamente el teclado. La sala
se llamó posteriormente "Rex".
Otros vecinos se ubicaron, des-
de 1901, frente al Convento e
Iglesia del Buen Pastor, ocupan-
do las calles La Paz, Defensa,
Municipio y Orillas del Plata (hoy
Galicia),
El Asilo del Buen Pastor se
inauguró en 1876 "para favorecer
en él a numerosas almas, más ig-
norantes que culpables". Junto a
él se hallaba un templo y ambos
fueron el fruto de los trabajos y
contribuciones de las Sras. Sofia
Jackson de Buxareo, Clara J. de
Heber, Srta. Elena Jackson y Sra.
Manuela Alcain, viuda de Don Joa-
quin Errazquin, donante del pre-
dio, que fuera quinta de veraneo.
KRÜGER
También por esta zona montevi-
deana se hizo presente la voluntad
emprendedora de Francisco Piria.
El nombre del barrio fue un ho-
menaje a quien fuera presidente
sudafricano de la República del
Transvaal en 1888 y reelegido en
1893 y 1897, luego de que Ingla-
terra fuera obligada a reconocer la
independencia de esta posesión, que
detentaba desde 1877.
Con el descubrimiento de las mi-
nas de diamantes de Kimberley y
los informes de Cecilio Rhodes so>-
bre la riqueza del pais. Inglaterra
renovó sus pretensiones imperialis-
tas, y Transvaal cayó nuevamen-
te en su poder en 1900. El presi-
dente Krüger gozó de una popu-
laridad mundial en esa época.
El barrio fUe inaugurado el 2
de junio de 1901 en el antiguo
predio del Dr. Antonino Vidal, lla-
mado el "Campo de Eucaliptus".
Su superficie era de unos 200.000
metros cuadrados y fue dividida,
según Orestes Araújo, en 457 so-
lares. En 1911 lo cruzaban las ca-
lles Aurora, Isla de Gorriti, Santa
Maria, Guadalupe, Vilardebó y Co-
lorado, y perpendicularmente a és-
tas las de Sal Si Puedes, Mal Abri-
go, Municipio y Defensa. Su nu-
meroso vecindario, inmediato a la
Escuela Militar y Naval, estaba
compuesto de obreros, en su gran
mayoria, que habian levantado alli
sus viviendas mediante el ahorro
acumulado durante muchos a ñ o ~
El barrio aún no disponia de alum-
brado público, ni caños colectores
ni alguna clase de pavimento.
31
MAROÑAS
Las tierras donde se asienta este
barrio de trabajadores salen del
dominio fiscal cuando son adqui-
ridas en 1834 por María Maroñas,
viuda de Gerónimo Olluniego. Pe-
ro la vieja casa de los Maroñas era
conocida desde algunos lustros
atrás. En el paraje, años antes,
en 1817, luego de la entrada de
Lecor en Montevideo, Lavalleja
había hecho prodigios de valor.
Según afirma el coronel Ramón de
Cáceres en sus memorias: "Mu-
chos caballos le mataron y le hi-
rieron los portugueses, con la
suerte de que jamás le tocase a él
una bala; en una guerrilla que hu-
bo en frente de lo de Maroñas,
con 18 hombres a ~ u c h i l l ó hasta a
los infantes, después de haber dis-
persado un grupo de caballeria de
doble número y hasta les hizo al-
gunos prisioneros."
Parece ser -decía en 1932 Go-
dofredo Kaspar (seudónimo del his-
toriador argentino Guillermo Fur-
long) en la Revista de la Sociedad
"Amigos de la Arqueologia"-- que
los molinos de La Unión surgieron
después de 1820, y que fueron con-
temporáneos de los que existieron
en Colón y Raffo. Unos y otros
reemplazaron al molino hidráulico
que los jesuitas levantaron en el
luego llamado Paso del Molino.
Presume el autor que debieron lla-
marse "del Globo" y "de la Esfe-
ra" por el símbolo que ostentaron
en la parte superior del techo.
De los famosos molinos "del
Galgo", el situado en las calles Pan
de Azúcar y Timoteo Aparicio fue
mandado construir hacia 1839 por
José Prat. En las proximidades
del molino "del Galgo" y con pos-
terioridad a.1867, Juan DelIa Cella
32
DEL ESPLENDOR HIPICO
AL DESARROLLO
INDUSTRIAL Y AGRARIO
El palco del Hipódromo Nacional de Moroños hacia 1912.
fundó el suyo, el molino de viento
"La Llave", en la calle Pan de
Azúcar entre Cabrera y Aparicio,
que en 1904 se transformó en mo-
lino de vapor. Sobre la calle Co-
rrales y próximo a las vías del fe-
rrocarril se encontraba el de los
hermanos Bottíní.
Más al noroeste de los molinos
de La Unión, en Maroñas había,
según el autor citado, dos grupos
de molinos. El más importante fue
el de los molinos de Cavíglia o
"de la Sirena", en la intersección
de las calles Cuchilla Grande (ac-
tual Avda. José Belloni) y Roma.
Uno de ellos puede aún verse en
el interíor del predío de la Ig1esía
"Santa Gema". Tambíén sobre la
Avda. Belloní, al 3342, se alza el
viejo torreón de otro molino frente
a la calle Francisco Sainz Rosas.
Dice el Dr. Luis Bonavita que
Juan María Pérez era socio capi-
talista de una pulpería establecida
en una casa de propiedad de Juan
Maroñas, durante la Guerra Gran-
de. Como es sabido, Pérez propició
la inmigración de canarios, a quie-
nes les pagaba el pasaje, que le
era reembolsado más tarde. Lleva-
dos en carretas de bueyes desde el
Buceo, donde desembarcaban. has-
Una escena intransferible para muchos montevideanos: la pasión turfístico de los domingos en Marañas.
33
ta Marañas, allí se les distribuia
entre los pueblos y chacras de
Canelones, Montevideo y San José.
Algunos se hicieron soldados en el
Cerrito y quedaron junto a Oribe.
Después de la Guerra Grande
surgen en la zona, entre otros co-
mercios e industrias, la fábrica de
velas estearinas y de jabón del
ciudadano francés Eugenio Ville-
mur, en 1853; la jabonería y vele-
ría de Harambure, en 1868, frente
a la plaza 20 de Febrero; la cur-
tiembre de Sarasola, en 1890, y la
de Joaquín Cea, hacia 1900; la
cochería de Pedro Salhon, en 1900,
por la Estación Uníón de Tranvías,
quíen dos años después haría una
carrera diaria con "breacks" de seis
pasajeros, desde La Unión al Puen-
te del Manga; en 1944, la fábrica
de tejidos, de Forno, Bozzolo y
Piana.
En agosto de 1873 el Agr. De-
metrio Isola levanta el plano del
Pueblo de Marañas, situado en un
predio de propiedad de Carlos
Mausseaux y un año después el
Agr. M. Bonino, el del barrio Flor
de Maroñas, en tierras de propie-
dad de la Suco Juan María Pérez.
Hoy Maroñas y sus alrededores
constituyen la mayor concentración
industrial del Uruguay, con sus
curtiembres, sus importantisimas
fábricas textiles, sus plantas meta-
lúrgicas, sus marmolerías, sus ba-
rracas, sus fábrícas de productos
porcinos, de pinturas, de neumáti-
cos, de ladrillos ...
Es una zona de gente laboriosa,
que a fuerza de muchos sacrificios
fue edificando sus casas y elevando
su nivel económico con el desarro-
llo industríal operado durante la
década de los años 50 de este siglo.
34
Un v1elo molino de Maroñas,
transformado en policlínica de
cinco plantas en el predio de la
escuela Domingo Savio (Carreras
Nacionales entre Osvaldo Cruz
y Fonseca).
PUEBLO ITUZAINGO
En enero de 1855 se ínicíaron las
carreras extranjeras, llamadas tam-
bién inglesas, en las inmediaciones
del saladero de Legrís.
Díce el Dr. Eduardo Acevedo
en sus "Anales Históricos del Uru-
guay" que más allá de la Plaza
de Toros de la Unión funcionaba
el hipódromo, con gran público.
Agrega que "en una de las carreras
de enero de 1872, en que corrían
los caballos del Dr. José Pedro
Ramírez y del general Francisco
Caraballo, la prensa daba con
asombro la cifra de $ 40.000 apoS'"
tada a las patas de los dos caba-
llos favorítos".
Del 19 de octubre de 1874 datan
los planos del Pueblo Ituzaingó
realizados por Demetrio Isola. Los
terrenos pertenecían a la ex-socie-
dad hípica y estaban ubicados en
Maroñas. Pero el pueblo y el nom-
bre del circo, que también era Itu-
zaingó, fueron relegados al olvido
por el resplandor de la dominación
primigenia que prevaleció.
En el verano de 1876, año en
que también se corrían carreras
en la quinta de Bonomi, en el
Pantanoso, se realizaron carreras
nacionales en el circo Ituzaingó,
cuyo palco desde muy temprano
fue invadido por gran número de
damas y caballeros de la sociedad
montevideana. En los alrededores
se habían instalado gran cantidad
de carpas o pabellones, donde los
concurrentes saciaban su sed o su
apetito y donde se expendían, se-
gún 'la prensa de la época, exqui-
sitos manjares y vinos.
Al año siguiente, en el mes de
mayo, se efectuaron carreras para
caballos críollos del país, de paseo,
herrados, carreras con siete saltos
-las barreras eran de madera, de
un metro de altura-, y corridas
para aficionados. La vuelta del ciI"-
co medía veinte cuadras. El presi-
dente honorario de la' comisión or-
ganizadora era el gobernador pro-
visorio Cnel. Lorenzo Latorre.
El 3 de febrero de 1889 inicia
sus actividades, el Hipódromo Na-
cional de Maroñas, de propiedad
del Jockey Club, cuya primer co-
misión directiva presidió don Pedro
Piñeyrúa. El viejo palco de made-
ra había sidoteemplazado por ele-
gantes y espaciosas construcciones.
Desde entonces comiem;a su histo-
rial deportivo.
Meses después, el 17 de noviem-
bre, fue inaugurado el Hipódromo
Montevideo, que se levantó sobre
el camino de Propíos a unas ocho
o diez cuadras de la esquina de
las actuales avenidas Gral. Flores
y Larrañaga, trayecto que se. re-
corria en servicios de "breacks".
Su pista era de forma oval, medía
1.750 metros y en parte estaba
cubierta de gramilla. En diciembre
un ciclón redujo a escombros su
palco. Luego de ser reedificado,
la segunda reunión tuvo lugar en
marzo de 1890.
La trayectoría del Hipódromo
Montevideo no fue muy extensa.
La actividad turfistica fue mono-
polizada en Montevideo por el Hi-
pódromo Nacional de Marañas, ins-
titución de larga y prestigiosa pre-
sencia que marca con sello incon-
fundible las características del ba-
rrio. La gente que trabaja en de-
rredor de los studs constituyó, ayer
y hoy, una sociedad particular, es-
pecializada, adscripta al apasionan-
te deporte del turf.
PIEDRAS BLANCAS
En los apuntes escritos por el
maestro de obras Jaime Mayol en
1937, se consigna que el nombre
de Piedras Blancas deriva de un
grupo de peñascos que se divisaba
desde larga distancia y que servían
de guia a quienes circulaban por
la zona o a los que conducian
gánados o carretas procedentes de
Minas, Maldonado, Rocha y Santa
Victoria del Palmar. Esos peñas-
cos unidos unos y separados otros
a corta distancia, tenian una altura
de uno a cuatro metros y formaban
uuna circunferencia irregular". Fue-
ron utilizados inicialmente en la
fabricación de ruedas para la tri-
turación de grano, en los molinos
de viento.
La destrucción de estas piedras
"de cuarzo lechoso", según dichos
apuntes, comenzó en 1843 cuando
el ejército sitiador de Oribe cons-
truyó con ellas una represa en la
parte más baja del terreno, for-
mando un lago artificial para el
servicio del saladero de Legrís,
donde se faenaban las haciendas
necesarias para el consumo de la
guarnición; continuó su destrucción
en 1870, época en la que se cons-
truian grandes jardines, con utili-
zación de piedras para las canale-
tas que rodeaban los canteros; por
último desaparecieron totalmente
hacia 1925, cuando Francisco Piria
adquirió al Sr. Mario Sierra la
propiedad de 239 cuadras situada
en el camino de Cuchilla Grande
y calle por medio con el estable-
cimiento de curtiembre de Andrés
Ramponi e hijos, conocida poste-
riormente por Jardines del Hipó-
dromo. Piria delineó alli calles,
avenidas y plazas. En la esquina
de Cuchilla Grande y Francisco
Sainz Rosas se encontraban los úl-
timos restos de las uPiedras Blan-
cas".
La vieja chacra de los Sierra
pertenecía a Francisco Sierra desde
1773. Su hijo, Santiago Sierra Nie-
va, que heredó dicha propiedad,
fue persona de la estimación de
Artigas, Recaudador de Rentas en
el Primer Gobierno Patrio y uno
de los firmantes de la Declaratoria
de la Independencia de la Florida,
en 1825, en carácter de diputado
por la Villa de San Isidro de las
Piedras.
La localidad de Piedras Blancas
se extendía a lo largo de la Cuchi-
lla Grande hasta la uníón con la
calle Roma y comenzaba en la an-
tigua quinta que fuera del primer
presidente del Banco Comercial,
Pablo Duplessis (36 hectáreas ).
746 centiáreas), adquirida a sus
sucesores, los Hnos. Barrán, por
el entonces presidente de la Repú-
blica don José Batlle y Ordóñez,
el 29 de noviembre de 1904, en la
cantidad de $ 17.000.
Esta quinta está ligada a un
largo y fecundo periodo politico
de nuestro pais. El 30 de setiembre
de 1963 la vieja casona fue donada
por los descendientes de Batlle y
Ordóñez con destino a un museo,
dependiente del Histórico Nacíona!,
que fue inaugurado en 1967.
El nacimiento y desarrollo de
la aviación uruguaya está también
intimamente vinculado a Piedras
Blancas. La Escuela de Aviación
instalada en Las Toscas en 1914
estaba, poco tiempo después, al bor-
de del colapso. No había recursos,
los dirigentes desertaban, la dis-
tancia del campo al centro de la
ciudad conspiraba contra la asis"
tencia de los alumnos, las deudas
eran agobiadoras.
El entonces director y propulsor,
don Angel Adami, no quiso que la
empresa naufragara. Pagó las deu-
das, cargó con un carro el avión
Farman -totalmente desmontado-
y se trasladó al nuevo campo que
había arrendado de su peculio en
Piedras Blancas, sobre el camino
Cuchilla Grande, lindero al Cuar-
tel del 9
9
de Caballería.
Un modesto cobertizo señaló el
nuevo local de la Escuela y el
"Centro Nacional de Aviación"
inauguró su pista de vuelo en las
cercanías de Montevideo.
Algunos vecinos curiosos, perio-
distas y políticos, van· conociendo
la emoción del vuelo. Y así nació
el interés por la áeronáutica, teso-
neramente mantenida por los es-
fuerzos de Adami.
35
Cinco años estuvo alli el Centro,
actual Aero Club del Uruguay, an-
tes de trasladarse a Melilla en
febrero de 1920. Pero ese lustro de
Piedras Blancas alcanzó para dar
un empuje decisivo a la aviación
privada uruguaya.
MANGA
A partir de la salida fiscal, la
zona del Manga adquiere ciertos
caracteres propios; tempranamente
la tierra es dividida en pequeñas
propiedades que quedan en manos
de diferentes propietarios. A través
de los años los fundos fueron cam-
biando de dueño, pero esos linea-
mientos generales aún subsisten y
son claramente visibles.
Según investigaciones realizadas
por el Departamento de Historia de
la Arquitectura Nacional, de la Fa-
cultad de Arquitectura, los prime-
ros poseedores de tierras en el pa-
raje fueron los pobladores José de
León, Juan Bautista de Sáa, Fran-
cisco de Armas, Thomas de la Sie-
rra y Pedro de Almeida.
En 1801, el. navarro Pedro Fran-
cisco Berro compró con su cuñado
Pedro Errazquin una chacra situada
entre los arroyos Toledo y Man-
gangá, nombre por el que se co-
nocía, ya en 1780, el arroyo y
pago que luego se llamó del Man-
ga, también conocido por el de la
Chacarita de los Padres de San
Francisco. La chacra en la que
levantaron construcciones en 1806
habia sido de Miguel Marcelo Me-
dina.
Alli pasó largas temporadas don
Dámaso Antonio Larrañaga, con
cuya hermana (Juana Larrañaga)
estaba casado Pedro Francisco Be-
rro.
36
Asociado desde 1800 con Errli2J-
quin en una empresa naviera, Be-
rro desempeñó, entre otros impor-
tantes cargos, el de miembro de
nuestra primera Asamblea General
Constituyente y Legislativa (1828-
1830>-
Uno de sus hijos, Bernardo P.
Berro, edificó su propia vivienda
a unas veinte cuadras de la casa
paterna, pero también residió largos
periodos en ésta. Alli vivió muchos
dias plácidos y halló refugio en
los turbulentos, en horas de dura
lucha entre divisas. En 1860, mien-
tras labraba guiando un arado de
madera, un grupo de amigos poli-
ticos le ofreció la Presidencia de
la República. Luego de cumplir una
de las administraciones más honra-
das que ha tenido la República,
regresó a su chacra del Manga,
donde planteó una fábrica de dulce
de membrillos, que atendia perso-
nalmente. Su hijo Mariano B. Berro
ha descripto minuciosamente la vi-
da y los trabajos en la chacra.
Refiere el Dr. Luis Bonavita
que, a mediados del siglo xvm,
Lorenzo de Ulivarri adquirió del
gobierno español, en el pago del
Mangangá, con frente al arroyo,
una chacra en la' que estableció
un saladero que fue "uno· de los
primeros que se han conocido en
el país", según declaraciones de
antiguos vecinos del paraje. El mis-
mo autor afirma que en el terreno
del saladero de Uliverri estuvo ubi-
·cada la cabaña del coronel Bélinzon,
En 1898 surge en Manga, a 17 km.
de Montevideo, una escuela de la
congregación salesiana, donada ge-
nerosamente por la familia Jackson.
Lentamente la obra humana fue
transformando los eriales y en 1915
comienza a funcionar regularmente
una escuela agricola. Hacia 1934
existen un viñedo de 50 hás. Y
olivar que ocupa 10 hectáreas. S
cultivan productos de huerta <l
hás.), la agricultura forrajera ocul
pa otras 20, en igual extensión s
produce la agricultura intensiva
28 hectáreas se han dispuesto a le!
cheria y pastoreos. Centenas de mu
chachos han salido de allí con s
titulo de peritos agrónomos. L
productos elaborados en la escuel
-vinos y aceite de oliva, ent
otros- han sido premiados en cer
támenes internacionales. Junto a la
escuela agrícola funciona desd .
1906 un colegio (Jackson de Sanj
José) donde se imparten estudios;
de latinidad, filosofía y
.Finalmente., en 1904, luego
haber plantado doce años antes
viñedo en la zona de Flor de
roñas, en sociedad con Antonio
rez, nieto de don Joaquín
el ciudadano francés Andrés
raut funda en la zona del
un establecimiento vitivinícola
hoy sus descendientes siguen
bajando con ritmo sostenido,
niveles similares a los mejores
país.
VILLA GARCIA
Este núcleo de población, que
inició en el km. 21 del Camino
donado entre la actual quinta
Ildefonso" y la capilla de
levantada hacia 1889 por Caroliinap)
López de García en memoria de
esposo Doroteo García,
cuatro años antes, hoy se va
diendo entre el km. 19 y el
Doroteo Garcia, hijo del
dante español Ildefonso
pobló hacia 1838 su chacra,
tenía tierras a ambas málre:ene's),
Un domingo en uno modesta chacra de Villa .Gorda, donde se lucha
fIlOr la vida en contacto diredo con la naturaleza, lejos del paisaje
de hierro y de cemento del Gran Montevideo.
'a
Dn
lel
se
tI·
111
lo.
del arroyo Toledo, poblándola con
inmigrantes gallegos y canarios.
Fue miembro del Tribunal del Con_
sulado, diputado en dos oportuni-
dades y ministro de Hacienda, en
1,856, del presidente Gabriel An-
tonio Pereira.
En 1857 formó la "Sociedad Agrí.
cola del Rosario Oriental", de .la
cual fUe su primer presidente. Un
año después estableció la pri-
mera colonia que se instaló en el
país, con inmigrantes piamonteses
de la religión que en el siglo xn
predicara Pedro Valdo. La colonia
es hoy conocida como pueblo Co-
lonia Valdense.
Doroteo Garcia' dejó un diario
de los trabajos iniciales cumplidos
en la fundación del actual centro
poblado de La Paz, en el depar·
tamento de Colonia, que hemos te-
nido en nuestras manos.
Afirman los historiadores J. P.
Barrán y B. Nahum que Garcia se
encontraba, juntamente con Juan
Quevedo, otro de los integrantes
de la Sociedad, entre los capitalis-
tas montevideanos dedicados al
préstamo de dinero mediante hi-
poteca sobre tierras o casas.
En 1856 comenzó en su chacra
de Toledo, sus plantaciones de eu-
caliptos y acacias melanoxylon.
Afios después, en 1887, el estable.
cimiento tenia más de un millón
y medio de álamos y sauces, y
unas cuarenta cuadras plantadas
con pinos marítimos sobre los are-
nales de la costa del Río de la
Plata, en jurisdicción del depar-
tamento de Canelones. Garcia de-
secó, asimismo, por medio de gran-
des plantaciones una parte del ba-
ñado existente en las inmediacio-
nes del Paso Hondo; estableció
montes de frutales, hizo cultivos de
gusanos de seda, fabricó alcohol y
vinagre de frutas y llegó a tener
un millar de colmenas.
Sus descendientes legaron al es-
tado la chacra "San TIdefonso",
con su casona colonial y sus cua-
tro galpones de piedra, la que fue
luego residencia de campo de los
gobernantes Andrés Martinez True.
ba y Luis Batlle Berres. Actual-
mente es dependencia del Consejo
del Nmo.
En Villa García, las calles ini-
Ciales marginaron 12 manzanas
dispuestas alrededor de la que fue-
ra plaza de carretas, adoptando
nombres de constelaciones y estre-
llas. En una parte dominante del
terreno, frente a la silueta neoclá·
sica de la ParroqUia del Cristo de
Toledo, se encuentra la Unidad
Educacional Cooperaria, erganiza-
ción del Consejo de Enseñanza Pri-
maria y Normal, integrada por una
escuela, liceo popular habilitado en
vías de oficialización, comedor, se-
mi-internado y policlinicas con
guardia permanente. Funcionan en
el mismo predio grupos artesana·
les y una chacra y se procura
anexarle una escuela industrial, una
casa cuna y un jardin de infantes;
Es una experiencia única· en el
Uruguay, que configura lo que se
ha llamado el cierre del circulo
educativo.
Villa Garcia constituye una po-
blación dormitorio. A excepción de
cinco o seis propietarios de grandes
quintas, los vecinos trabajan en
Montevideo y sólo llegan a sus
viviendas al término de sus tareas.
Estos vecinos, cuyos ingresos son
muy modestos y muy inestables,
se mudan constantemente, lo que
dificulta la acción periescoiar de
las comunidades.
Manga y Toledo defienden aún
los antecedentes agrarios de su his·
toria y le dan a la zona rural de
Montevideo la gracia de un cintu·
rón agrícola de quintas, de viñe-
dos, de huertas, de largas y enca-
ladas ringlas de frutales.
37
SAYAGO
En la periferia industrial y fa-
bril de Montevideo, que es también
lugar de residencia de gente labo-
riosa que adquirió por precio mó-
dico su terreno y levantó su vivien-
da, se encuentra la amable locali-
dad de Sayago.
Tuvo su nacimiento hacia 1873
por iniciativa de Luis Girard y su
nombre se debe a que los terrenos
donde se levantó pertenecian a
Francisco Sayago. Entre los prime-
ros vecinos de la novel población
se contaba don Elías R-egules, pa-
dre del poeta gauchesco Dr. Elías
Regules.
Al llegar 1912, Sayago compren-
dia unas 100 casas, algunos ran-
chos y alrededor de un millar de
habitantes. Poco después, el l' de
marzo de 1913, fue declarado ofi-
cialmente pueblo, juntamente con·
Peñarol.
Uno de los centros laborales que
impulsó el nacimiento de Sayago
fue la Tablada de Montevideo, que
en 1868 fue trasladada a sus cer-
canías.
Más adelante surge el edificio
de la Compañia Uruguaya de Ce-
mento Portland, cuyo establecimien-
to dio a Sayago un gran impulso.
El ferrocarril pasaba por el paraje
desde el 1Q de enero de 1869, épo-
ca en que se' tendió la línea Mon-
tevideo - Las Piedras. Pero ese me-
dio de transporte no alcanzaba pa-
ra trasegar la población de Sayago
en sus idas y venidas a Montevi-
deo. .
En 1908 el tranvía de caballitos'
llegaba a Millán y Raffo, con mo-
tivo de la fundación del barrio
"Floresta". El único medio de
transporte entre ese lugar y Villa
Colón era un carruaje. Poco tiempo
38
EN LA ZONAJ
SUBURBANA y R U R A ~
El follaje tiende sus redes de penumbra en esta tranquila calle de
Sayago, que refleja su espíritu.

le
después, los hermanos Luis y An-
tonio Moro fijaron una nueva pa-
rada en Sayago paliando en parte
las deficiencias notorias, en viajes
expresos a Villa Colón practicados
en un carruaje - "taxi".
En su carácter de Rector de la
Universidad, tiempo antes, el Dr.
Eduardo Acevedo habia propuesto
al presidente Batlle y Ordóñez
instalar una Escuela de Agronomia
para desarrollar la futura capacidad
apropecuaria del pais. El proyec-
to fue acogido favorablemente Y el
15 de sétiembre de 1906 un decreto
de.l poder Ejecutivo consagró la
idea del Dr. Acevedo. Las clases
se iniciaron el l' de marzo de 1907
en la antigua quinta de Pereira.
que fuera asiento del laboratorio
agronómico. El actual edificio.
construido en 1909, ocupó el terre-
no donde se hallaba la Tablada
Vieja, antes de su traslado.
Últimamente, la profesora Amé-
rica Moro ha publicado nostálgicos
recuerdos de su infancia en Saya-
go, transcurridos en parte de los
años veinte y treinta de este siglo.
PEÑAROL
En 1751 partia de la ciudad de
Pinerolo, situada al sur de la ciu-
dad piamontesa de Turin, Juan
Bautista Crasa, hijo de un abogado
del lugar. que en nuestro medio
incorporaria como alias el lugar de
su nacimiento, aunque def{)rmado el
voc'ablo por el hablar popular al
españolizarlo. Un nombre muy co-
nocido mundialmente por la haza-
ñosa actuación en los campos de
juego de una de nuestras principa-
les instituciones deportivas.
Los descendientes de Crasa agre-
garon a su apellido el de Peñarol,
Peñarol: un origen ferroviario.
v uno de ellos. el coronel Crosa
Peñarol, participó como soldado en
la cruzada libertadora de 1825, en
Sarandí. en Ituzaingó y en el Sitio
Grande. como oficial de Oribe.
Gabriel Piedra Cueva, farmacéu-
tico de la ciudad de Montevideo en
el periodo hispánico, tenia una
chacra contigua a la de Crasa. Su
viuda, Antonia Maria Pérez, cons-
truyó allí un oratorio bajo la ad-
vocación de Nuestra Señora de las
Angustias. Dicha capilla, que des-
cribe minuciosamente el Dr. Carlos
Ferrés, fue erigida en Viceparro-
quia de Las Piedras el 12 de fe-
brero de 1784.
Arti gas, durante el primer sitio
de Montevideo, luego de haberse
alojado en el Cord,ón pasó a Pe-
ñarol, a la "Chacra de la Botica-
ria", Y alli estableció su -cuartel
general. En el cementerio levanta-
do junto a la capilla y que funcio-
nó de 1750 a 1850, había una lá-
pida significativa: la del vecino de
ese lugar, Juan Bautista Crosa, fa-
llecido en 1790.
39
Uno de los grupos de antiguos viviendas poro obreros y empleados,-
construidas en Peñarol por la empreso. del ferrocarril Centrol del
Uruguay.
Otro entronque de Peñarol con
la historia señala que desde allí
se anunció, el 8 de octubre de 1851,
el fin de la Guerra Grande, por
parte del general Justo José de
Urquiza.
El censo estadistico de la pobla-
ción que tenia la sección de Peña-
rol, extendida sobre 18.000 cua-
dras cuadradas, levantado en 1882
por el comisario Primitivo Larrobla,
contiene detalles de interés, entre
ellos la clasificación de habitéUltes
según su nacionalidad. Importa se-
ñalar algunas de sus conclusiones:
La población total era de 3.343
vecinos. De ellos, 405 eran propie-
tarios y 357 arrendatarios; 110
alumnos se instruian en escuelas
dd Estado y 61 en escuelas par-
ticulares. Los habitantes se distri-
buian en 1.934 orientales, 1.011 ita-
lianos, 188 españoles, 132 france-
ses, 52 argentinos, 9 brasileños, 6
ingleses, 4 africanos, 3 portugue-
ses, 2 alemánes y 2 paraguayos.
439 pobladores vivian en construc-
ciones de material; 269 en ranchos
de tierra. En cuanto a sus profesio-
nes u oficios, 389 eran labradores;
326, peones; 65, comerciantes; 40,
zapateros; 23, albañiles; 14, mili-
tares; 14, panaderos; 14, carpinte-
ros; 11, herreros; 9, empleados;
R, troperos; 8, carreros; 6, peda-
gogos; 5, barberos; 5, tamberos;
4, sastres; 4, armeros; 4, curtidores
de pieles; 3, plateros; 2, abastecedo-
res; 1, cordonero; 1, molinero. Com-
pletaba la población un solitario
marino.
El lugar ya era conocido COJl el
nombre de Peñarol antes de que
el pueblo hubiera aparecido. En
1888 el secretario de la Empresa
del Ferrocarril Central del Uru-
guay reali4ó un viaje de inspección
a nuestro pais para estudiar algu-
nos problemas urgentes en los que
figuraban la instalación de los ta-
lleres.
El consejo de Mr. Barker fue
que se trasladaran éstos, proviso-
iiamente situados en Bella Vista.
l. un punto cercano a Sayago. Se
eligió entonces un área ubicada
a 2 km. de esta estación, enmar-
cada por un triángulo delineado
por las actuales avenida Sayago,
camino Casavalle y camino Edison.
El área referida abarcaba 17 hec-
táreas.
En 1890 la obra estaba cum-
plida; los talleres se habian tras-
ladado a su nueva sede. Pero tras
los talleres VInIerOn sus obreros.
y asi fue como hacia 1898 había
nacido un núcleo poblado al cual,
con mucho énfasis, se le llamó
"Ciudad Ferroviaria" o "La Nueva
Manchester". Ninguna de estas de-
nominaciones tuvo andamiento y
prosperó la de Peñarol, más an-
tigua y arraigada.
El 28 de setiembre de 1891 se
funda en el pueblo Peñarol el
"Central Uruguay Railway Cricket
Club". El 12 de marzo de 1914,
disidentes de este club, en vista de
su resolución de no practicar más
Foot-ball Asociación resuelven cam-
biar su denominación por la de
"Club Atlético Peñarol" y crear la
bandera de las once estrellas. Éste
es el origen del actual nombre de
dicha institución deportiva. El 22
de enero de 1915 el C.U.R.C.C.
resolvió su disolución y donó sus
bienes al Hospital Británico.
Según Orestes Araújo, el grupo
poblado de Peñarel, hacia 1912,
excedía de 3.000 habitantes.
En una documentada crónica so-
bre su evolución, ha dicho el poeta
Carlos Emilio Tacconi que "al ca-
mino de barro sucedió la carboni-
lla, más tarde el macadam, y pos-
teriormente el adoquinado y en úl-
timo término el hormigón. Donde
antes se hundían hasta el eje los
carros del molino con sus cargas
de harina -teniendo que sacarlas
con dos yuntas de bueyes- ahora
se podría practicar el deporte del
patin."
Señala asimismo que de la fecun-
da siembra de la escuela N" 166,
hoy llamada con justicia María
Vittori, egresaron figuras señaladas
de la política y la literatura, como
Andrés Martínez Trueba y Ovidio
Fernández Ríos. y del deporte, co-
mo el tres veces campeón olimpico
y mundial, José Nasazzi.
y agrega este rasgo que evoca
con orgullo: "a Peñarol le otorga-
ron el privilegio de lucir en sus
calles el patronímico de poetas ilus-
tres: como Shakespeare, MUton,
Camoens, Schiller, Goethe, Dante
Alighieri, Petrarca, Terencio, La-
m!irtine, x:,eine, Lope de Vega,
Becquer ...
En la actualidad el barrio Peña-
rol se halla en la zona compren-
dida entre las calles Lincoln, Schi-
ller, Avda. Sayago y Avda. Peña-
rol. Esta última separa el núcleo
poblado de los talleres e instala-
ciones complementarias. Las casas
de los obreros y las de los em-
pleados están separadas, a su vez,
por un espacio que la empresa
donó al municipio de Montevídeo,
en 1918, para que éste construyera
una plaza pública. El Centro Arte-
sano tiene su sede en el mismo lu-
gar de origen.
Peñarol está habitado por gente
trabajadora vinculada a los trans-
portes y maquinarias ferroviarias
de A.F.E. Esto no obsta para que
su fisonomía se integre con otras
actividades y que su historial ha-
ya prohijado empresas deportivas
tales como las que dieron origen
al epónimo club de fútbol.
PUEBLO CONCILlACION
Entre Sayago y Colón, don Agus-
tin Vera inicia en enero de 1889
la marcha hacia el futuro del pue.-
blo Conciliación. Su nombre res-
pondia al clima que dominaba por
entonces la conciencia nacional.
Habia sido derrocado el gobierno
del teniente coronel Máximo San-
tos ·--cuya antigua posesión se en-
cuentra en la Avda. de las Instruc-
ciones al 1063, hoy sede del Centro
de Estudios de Ciencias Naturales
y "Museo Oliveras"- y las calles
del recién surgido centro poblado
iban a llevar, precisamente, el
nombre de los ciudadanos que in-
PUNTERO IZQUIERDO
Vos sabés las que se arman en
cualquier cancha más allá de Pro·
pios. Y si no acordate del campito
del Astral, donde mataron a la
vieja Ulpiana. Los uños que es·
tuvo hinchándola desde el alam-
brado y, la fatalidad, justo esta
tarde no pudo disparar por la
uña encarnada. Y si no acordate
de aquella canchita de mala muer·
te, creo que la de 1'orriceUi,
donde le movieron el esqueleto
al pobre Cabeza, un negro de
mano armada, puro pamento, que
ese día le dio la loca de escupir
cuando ellos pasaban con la ban-
dera. Y si no acordate de los
menores de la Cuchilla Grande,
que mandaron al nosocomio al
back derecho del Catamurca, y
todo porque le habian hecho al
capitán de ellos la mejor jugada
recia de la tarde. No es que me
arrepienta, ¿sabés? de estar aqui
en el hospital, se lo podés decir
con todas las letras a la barra del
Wilson. Pero para poder jugar
más allá de Propios hay que te·
nerlas bien puestas. ¿D qué te
parece haber ganado aquella final
contra el Corrales, jugando nada
menos que nueve contra once?,.'
En "Molllevideal)os" (1954)
por MARIO BENEDE-TTJ
41
UNIDAD CASAVALLE
tervinieron en el movimiento po-
Iitico que terminó con la dictadu-
ra de aquél.
La superficie del pueblo consta-
ba de 44 manzanas, extendidas so-
bre la antigua chacra de Grajales.
En enero de 1889 apareció en
el diario montevideano "El Ferro-
Carril" este pintoresco aviso, que
daba el tenor exacto del naci-
miento de un nuevo pueblo:
"Felipe D. Segundo, por cuenta
de la S. A. Paz y Trabajo empe-
El Miguelete ha crecido y las
aguas están cerca de las puertas
de las casas del sector más bajo
de la Unidad Casavalle, un núcleo
de viviendas de emergencia en los
suburbios montevideanos. Una mulo
titud de niños descalzos salta en
los charcos. En el interior de las
216 viviendas de la zona, 2.200 pero
sanas viven en condiciones infra·
humanas, con techos que se llue·
ven, obras sanitarias en estado de·
ficiente, cloacas descubiertas. ( ... )
La Unidad Casavalle no es un can·
tegril ni siquiera un rancherio.
A lo sumo es un barrio de emer·
gencia, edificado por el Municipio.
adjudicado a gente humilde y aban·
donado luego a su propia suerte.
Pero en el mejor de los casos sir·
ve de ejemplo de este pais que se
ve reducido a una condición de
miseria y abandono, sin culpa al.
guna, sin haber hecho méritos para
que la sociedad se olvidara de ella.
Hace diez años un periodista ima·
42
zará el domingo 20 de enero la ven-
ta de solares en el nuevo pueblo
Conciliación.
A tales efectos saldrá un tren
expreso de 2 coches de primera
clase y ocho de segunda para con-
ducir gratis a la concurrencia.
Banda de música, asado con cue-
ro, dos vaquillonas, cohetes vola-
dores, cerveza y habanos para ob-
sequiar a la concurrencia.
i En las puertas de la ciudad, en
la estación Sayago!
ginativo y con sentido del humor
estableció un paralelo entre Punta
del Este y su Cantegril, parque
privado, a pocos quilómetros de la
península, con bosques cuidados,
calles bituminadas y casas lujosas
y los otros suburbios, los montevi.
deanos, con su cinturón de miseria,
sus ranchos de lata, el hambre de
varios días,' el frío, la falta de
ropas y la escasez de alimentos.
Desde entonces "cantegril" es algo
más que un nombre foráneo y
sajón de un lujo más en un país
de subdesarrollo. Es el nombre con
que, por un eufemismo no despro.
visto de crueldad, el uruguayo de·
signa lo que los brasileños llaman
"favela", en los países de habla
francesa "6idonvílle", en Buenos
Aires "Villas Miseria". En todos
lados se repite la ironía.
MANUEL MARTíNEZ CARRIL
En revista "Reporter"
i En la antigua chacra de Gra-
jales!
El tren expreso pasará en fren-
te al pueblo.
No olvidarse que antes de 6 me-
ses tendremos el tranvía a Colón,
proyectado por el Dr. Reus, y apro-
bado ya, que pasaría por la puerta,
habiéndose ya empezado el em-
pedrado.
¡A 15 minutos de la Plaza In-
dependencia!
Venderemos por 10 que den.
Tendremos por 50 a 60 pesos,
en mensualidades, un solar para
una quintíta; hasta para los em-
pleados públicos."
Alrededor del nudo ferroviarío
y de los talleres; atando con sus
caminos las verdes parcelas de las
huertas; enseñando los avances de
la urbanización que se instala en la
zona; exhibiendo los jardines flo-
ridos de los pequeños propietarios
que compraron su casita con he-
roico tesón; levantando aquí y allá
las grandes plantas industriales.
esta zona tiene el doble signo de
la ciudad fabril y el campo se-
reno. En sU síntesis se esconde
toda una parábola de progreso.
PUEBLO ABAYUBA
Sobre la orilla izquierda del arro-
yo de Las Piedras y sólo separa-
do por el puente Salís de la hoy
ciudad de La Paz, del departamen-
to de Canelones, se encuentra el
pueblo Abayubá, llamado así en
homenaje al cacique charrúa, so-
brino de Zapicán, que sucumbió
en 1574, en lucha con las fU€rzas
del capitán Juan de Garay.
Fue mensurado y dividido por el
ingeniero Emilio Du Pré. Las v e n ~
tas de terrenos organizadas por
Marcelino Santurio y Florencia
Escardó fueron anunciadas por la
prensa en idiomas español, alemán,
inglés, italiano, portugués y en len-
gua vasca.
El acto de fundación, al que
concurrieron unas dos mil perso-
nas, tuvo lugar el 5 de octubre de
1873. Este fragmento de una cró-
nica de dicha inauguraCión revela
gráficamente una imagen del am-
biente en el que se realizaban en
el Montevideo de aquellos tiempos:
"El pueblo estaba embanderado
y sus calles perfectamente deli-
neadas y amojonadas.
La concurrencia se dirigió a la
mesa preparada al efecto donde
había magníficas cajas preparadas
para obsequiar a las damas, y ¡ver-
güenza nos da el decirlo! como
lobos hambrientos mientras tenía
lugar la ceremonia, parte del pue-
blo habia atropellado la autoridad
y la mesa, rompiendo y robando
vasos,' botellas, cuchillos, etc.
Sin embargo la concurrencia pu-
do gustar el sabroso asado con
cuero, gozar de la música, corrida
de sortija, etc.
También se vendieron 32 solares
en $ 5.400, regresando la concurren-
cía alegre y satísfecha a las 5,
no sin presenciar un lance desa-
gradable."
La reseña de los festejos finali-
zaba con esta aspiración del cro-
nista:
"Que se repitan!
Pero que no se repitan los bala-
zos, las puñaladas y los botella-
zos." Que también los hubo.
El auge de La Paz ha postergado
siempre el desarrollo de Abayubá,
cuyos moradores se dedicaron en
general a las tareas agrícolas.
EL CENTRO
Inicialmente las "casas de la
Compañía"; dos cuerpos dobles de
viviendas en block, cuarenta y dos
unidades, de blancos muros a la
cal, para hogar de los primeros em·
pleados y obreros. A la rez y en
predio independiente -y portones
adentro- las enjardinadas residen·
cias para jerarcas, confortables y
luminosas, con paredes de l a d r i l l ~
a la vista; es decir, a la vista mien·
tras la hiedra trepadora no escalara
altura, porque más rápido de lo
que se esperaba comenzó a cubrir·
las de verde oscuro, dándoles un
tono de austeridad claustral, que
imponía el signo ceñudo de la
distancia.
Con el tiempo él rio cómo, poco
a poco, iban delineándose calles,
rellenándose zanjones, desaparecien·
do lagunas. Él oyó el estampido
de los cohetes en domingos de re·
mates. Y oyó los comentarios de
las ventas de solares. Y cómo ca·
braba popularidad la palabra ·'cuo·
ta". Y vio cómo cundía el sentido
de la propiedad. Y cómo el marti.
llo golpeaba sobre el cabezal de
los mojones. Y cómo el alambre
cumplía sus funciones demarcato·
rias, dando trabajo a escribanos v
agrimensores. Y cómo la piedra ;.
el ladrillo, la cal y el cinc, SI'
asociaban en las manos del hombre
para tranformarse en ril"iendas.
Modestas, sencillas, rústicas a !:eces,
a imagen )' semejanza de sus ha·
bitantes.
ARTESANO
Él vio, a la hora "del pito" del
taller, cómo crecían y crecían las
columnas de artesanos de dril azul,
que franqueaban el portón y col·
gaban su número en el "chapero"
para iniciar la jornada.
y se familiarizó con el rechinar
de locomotoras y t'agones y con
ruidos ensordecedores de sierras
y martinetes, y mil herramientas
en acción, que de lunes a sábado
atronaban el espacio.
Él vio cómo se áfincaban los
obreros ferroviarios, de origen itá·
lico muchos de ellos, cuando no
de las tierras de Rosalía de Castro.
y cómo le brotaban los almácigos
y le crecían las lechugas y le flo.
recían los durazneros y los rosales.
y cómo el partal se transformaba
en comedor de t'erano, al aire
libre.
Él t-io aumentar el número de
casas y comercios, luego el núme·
ro de manzanas edificadas y más
luego el número de familias y, fi.
nalmente, la realidad de hoy: una
densa población, de rida propia,
carácter propio, identidad propia,
ya con aire cosmopolita de ciudad,
alineada en la erolución de todas
las conquistas de la cil'ilización ).
el confort.
Emiliu C a r l o ~ TACCONI
en suplementu dominical
d., "El Día" . 6/XIl/1970.
43
UN DIALOGO SECULAR
ENTRE VIDES
Y EUCALIPTOS
VILLA COLON
Villa Colón fue fundada con un
designio deliberado. No nació de
a poco, alrededor de un cruce de
caminos, de una capilla o de una
pulperia, sino por acto consciente
de la voluntad humana.
Hacia fines de 1868 la sociedad
Cornelio Guerra Hermanos y Cía.,
decidió erigir una villa de recreo,
a orillas del arroyo Pantanoso,
para solaz de la población mon-
tevideana. Adquirió entonces 423
cuadras cuadradas y fracción a
11 km. de la Capital. Estos cam-
pos, que pertenecian a varios pro-
pietarios, formaban parte de una
chacra que a mediados del siglo
XVIII había sido donada por el
gobierno español a Tomás Aquino
y su mujer Maria Garcia.
Toda la zona estaba asentada
en una fracción mucho más exten-
sa, que Gervasio Antonio Posa-
das había donado en 1814 al ge-
neral Francisco Xavier de Viana
Cuando los accionistas de la so-
ciedad trabajaban en rueda amistosa
el futuro nombre qUe llevaria la
villa, se habia abierto camino el de
una ciudad estadounidense. Pero
"Chicago", que era la denomina-
ción escogida, no satisfacia a doña
Inés Botet de Romero, quien pro-
puso la de Colón. Y Colón fue
aceptada, con todo el peso de su-
gerencias y evocaciones que en-
trañaba la sonora y sencilla pa-
labra.
Los actuales agentes de publici-
dad sonreirán compadecidos al leer
los grandilocuentes anuncios del
remate de terrenos. El anuncio
aparecido el l' de diciembre de
1872, decia:
"MADERO, PERDRIEL Y. CIA.
44
j La llegada del Mesias! j El Re-
mate deseado!
En venta por fin y después de
cuatro años. Los preciosos terrenos
de Villa Colón.
El punto más elevado de la Re-
pública Oriental. Al nivel del Ce-
nito. Poco menos que el Cerro.
Suele verse la Colonia.
¡20 lotes únicamente en venta!
j20 lotes!"
Ese mismo año, en el mes de
agosto, fue decretada la creación
del Pueblo Ferrocarril, contiguo a
la estación ferrocarrilera de Villa
Colón.
Los cuatro años transcurridos
entre 1868 y 1872 no fueron vanos.
A lo largo de los mismos, con in-
teligencia y visión admirables, el
agrimensor francés D. P. D'Albe-
nas que nos dejara el plano de la
ciudad de Montevideo y sus alre-
dedores de 1867, trazó amplisimas
calles (25 metros para Isabel l'
Y 17 las otras), delineó el arbo-
lado de las aceras y plazas, pro-
yectó majestuosas y nobles porta-
das para ornar las cuatro aceras
principales. Todo estaba listo, pues.
Faltaban los pobladores. Y éstos
naturalmente, llegaron.
La casi totalidad de las tierras
pertenecientes a los hermanos Adol-
fo, Alejandro y Comelio Guerra
eran propiedad en el momento de
su adquisición por aquéllos, de don
Perfecto Giot. En el intervalo
1868-1872 este incansable pionero
tuvo a su cargo, con la colabora-
ción de Jean Pierre Serrés, la plan-
tación de un millón de eucaliptos,
de araucarias, aromos, acacias, ca-
suarinas y pinos, culminando así
los proyectos que habia iniciado en
sus propias tierras. Pronto se le-
vantó la verde insurgencia de los
árboles, que daban gracia al pai-
saje y embalsamaban el ambiente
con intensos aromas.
Tras los eucaliptos y las anchas
avenidas, y detrás de las pilastras
de entrada a la futura Villa, fue-
ron surgiendo las casas.
El pueblo "de recreo" estaba en
marcha. Los cuatro chalets primi-
tivos construidos por los hermanos
Guerra pronto tuvieron la compa-
ñia de hermosas residencias.
La sociedad de Lezica, Lanús y
Fynn, fundada en 1866 con el fin
de proveer de aguas corrientes a
Montevideo, adquirió en 1873 las
acciones de los hermanos Guerra
v dotó a la villa de un afirmado
vial magnifico. El Sr. Ambrosio
Lezica costeó de su peculio la ma-
Gran portón de trabajadas formas, vivo testimonio del trabajo artesnnal de artistas anOOlmos, de la que
fuera residencia veraniega de la Flia. Idiarte Borda. Enmarcándolo, dos ~ o l u m n a s dobles de material.
cadanizacíón de la avenida Isabel
1'. que luego con justicia. llevó su
nombre.
y tras todo andaba la mano dili-
gente del Sr. Giot. Establecido des-
de mediados del siglo XIX en el
lugar, poseia en su cabaña "Los
Rambouillets". ovinos. equinos y
vacunos de las mejores razas euro-
peas, amén de un selecto jal'din
zoológico y botánico. En entrega
anterior referimos que don Per-
fecto Giot trajo los primeros car-
neros y ovejas Rambouillet que
llegaron a nuestro pais. Estos
ejemplares fueron la base de su
establecimiento pecuario en Paso
del Molino.
Frente a su chalet, Giot levantó
un hotel e instaló un tranvía que
unia a éste con la Estación. Y
cuando después de 1875 se rema-
taron las posesiones de Ambrosio
Plácido Lezica. Anacarsis Lanús y
Enrique Fynn, gran parte de ellas
volvieron nuevamente a su pro-
piedad.
45
Detalle de la plaza de Colón y del monumento al español Federico
Vidiella, pionero de las industrias vitivinícolas de la zona sur de la
República. En 1883, más que sexagenario, presidió la primera Fiesta
de la Vendimia, celebrada en su granja de Villa Colón.
Colón, con los años, vio florecer
otra gracia bíblica, en la hermo-
sura de sus paisajes.
Don Francisco Vidiella, un es-
forzado español que entre 1873
y 1875 había estudíado la indus-
tria vinícola en España, Portugal
y a orillas del Rhin, volvió al Uru-
guay a emprender una gran aven-
tura industrial.
Trajo consigo sarmientos ,de mu-
( ~ h o s tipos que plantó en su granja
de Colón hasta que, tras múltiples
ensayos y fracasos, logró en 1883
una cepa resistente, adaptada a
nuestras condiciones climáticas.
Planta entonces ocho mil vides
del tipo que lleva su nombre, con
caracteres semejantes a las de la
Folle Naire y obtiene un triunfo
resonante.
El 25 de febrero de 1883 se ce-
lebró la primera fiesta de la Ven-
dimia. La granja de Vidiella era
la reina de la ocasión. Y tanto se
reconoció el esfuerzo pionero de
este empeñoso vitivinicultor que
el gobierno del Gral. Tajes le otor-
gó, para que lo compartiera con
Pascual Harriague, otro adelanta-
do del Salto, un premio especial.
Desde el 22 de marzo de 1891
un monumento de Juan Luis y .!\"i-
canal' Blanes. honra perpetuamen-
te su memoria en la plaza prin-
cipal de la Villa.
Tras la huella de Vidiella vinie-
ron cientos de granjeros visiona-
rios a la región. A fines del siglo
XIX, en ·1898, don Juan Bautista
Passadol'e se establece en el lu-
gar y hoy, una floreciente y pres-
tigiosaPodega, recoge y engran-
dece lá antepasada tradición.
Si bien el auge veraniego de
Colón se ha clausurado. mantie-
46
ne sus caracteristicas de retirada
calma y sano sentido localista que
se traduce en obras en que la colec-
tividad abastece sus necesidades e
inquietudes.
La congregaclOn Salesiana inau-
guró el 2 de febrero de 1877 la
capilla y el colegio que la Iglesia
Católica del Uruguay habia reci-
bido de la Sociedad Anónima Le-
-----------------------------------------
zica, Lanús y Fynn. Esta institu-
ción de enseñanza que fue deno-
minada Pio IX en homenaje al
Papa reinante en aquella época,
tiene en los anales pedagógicos
uruguayos una esclarecida historia.
Dotada en 1882 de un obser-
vatorio meteorológico que fue se-
guido por un Observatorio Magné-
tico y Sismico y luego por uno
Astronómico, prestó valiosos servi-
cios al país y a los navegantes del
río de la Plata. El nombre de su
primer Director, el presbitero Luis
Lasagna, quien también fundó en
1878 un colegio para niñas en Vi-
lla Colón, es recordado con respeto.
En 1914 se funda en Colón el
Centro Nacional de Aviación Civil,
en el que se formaron destacados
pilotos compatriotas. Dos años an-
tes, siguiendo la huella de don Do-
mingo Moro, quien hacia 1888 ini-
ció con un carruaje los servicios
de locomoción de la villa, habían
llegado los coches de La Comercial
hasta las propias puertas del Co-
legio Pio.
i y cuántas cosas más vienen en
las memorias de la Villa: las can-
teras de piedra de Juan Leániz, la
estación ferroviaria inaugurada en
1869, la escuela de 2
9
grado N' 50,
fundada como escuela rural N° 1
en marzo de 1873 que se conoció
con el nombre de "Bonilla", la de
primer grado NQ 38, fundada en
1911 y cuya primera directora fue
la señorita Ana N. Falco. la Ban-
da Popular de Perosi y Pavanello.
el Tea Garden (Jardín de té) Co-
lón, los bulliciosos corsos de Car-
naval. las fiestas de la Vendimia!
Hacia 1922, Colón era la sede
estival de muchas familias monte-
videanas, entre ellas, las de Idiar-
te Borda. Perey. Arrarte. Monte-
verde, Young, Ameglio, Mailhos,
Bélinzon, Raíz, Castellanos, Puja-
das, Castells, Ferriolo, Romero y
Ferrando.
César de Álava en sus evocacio-
nes de Villa Colón ha brindado su
emocionado homenaje a centros de
enseñanza en los que se educaron
muchos habitantes de Melilla, del
Pantanoso y de la zona del Mer-
cado Nacional de Haciendas (la Ta-
blada), que como se ha dicho
"constituye el foco comercial más
importante del pais": los llamados
por la voz del pueblo, colegios de
la Srta. Carolina Bera-ldo, de la
Srta. Maria Caviglia y de Doña
Asunción.
En la actualidad, el ejemplar
estadio cerrado del C. A. Olimpia,
que del barrio Guruyú llegó a Co-
lón en 1934, es la más importante
obra, aunque no la definitiva, que
consagra el impulso progresista de
los habitantes de esta bella zona
montevideana.
MELlLLA
La zona de Melilla tomó su nom-
bre de uno de los primeros pobla-
dores de Montevideo, Juan Delga-
do Melilla, oriundo de las islas
Canarias.
Un expediente qUe consultamos
en el que fuera archivo de la
Escribanía de Gobierno y Hacien-
da, iniciado con motivo de la
medición y amojonamiento de la
Estancia de la Caballada del Rey.
"comprendida €ntre los arroyos
Pantanoso, Piedras y la mar con
la Barra de Santa Lucia", alu-
de a la estanzuela de la Sra Ma-
riscala Dña. Maria Franciséa de
Alzáybar, de una suerte de estan-
cia, que fuera adquirida a los he-
rederos de Juan de Melilla en
1774. En utros documentos apa-
rece su nombre completo.
Dos prestigiosos establecimien-
tos pecuarios ocuparon predios en
esta extensa región montevideana,
a fines del siglo pasado y parte del
actual: uno fue la estancia "Santa
María", fundada por el brigadier
general don Manuel Ol'ibe en los
albores de nuestra independencia.
Uno de sus descendientes, el Sr.
Félix Buxareo Oribe, al heredarla,
le imprimió a la cabaña un ritmo
progresista incorporando planteles
de raza Durham, cuyos ma-gnificos
exponentes fueron los primeros en
ser inscriptos en el H. B. U.
Situada al final del Camino de
la Redención, fue luego propiedad
de la firma Taranco y Cia. S. A.,
que conservó, restaurada, la casa
habitación del que fuera 2' Jefe
de los Treinta y Tres.
Otro establecimiento de renom-
bre, fue el del escritor Carlos Rey-
les, quien poseia una cabaña con-
siderada entre las mejores del pais.
especializada en cria ele caballos
de carrera. Los aficionados del turf
recordarán a Imperio, que en 1895,
no tenía rivales en el Río de la
Plata.
Hoy la agricultura -con esca-
sas excepciones como La Tablada
que fuera trasladada desde Saya-
'go ha sustituido en la zona
estas actividades. Por aquí se ex-
tiende el triunfo rotundo del vi-
ñedo. Con sus frentes tostadas por
el sol, con sU aspecto que irradia
salud, serenidad y optimismo, ape-
g¡¡dos a la tierra y a la tradición.
multitud de hombres, mujeres y
niños de Melilla, muestran al pais.
que también por la vía de la agri-
cultura puede llegarse a la {'OH-
quista del progreso.
4/
AL OESTE
DE MONTEVIDEO
LA BARRA DE
SANTA LUCIA (PUEBLO
SANTIAGO VAZQUEZ)
El 13 de diciembre -día de
Santa Lucía- de 1607, llegaba a
la barra del río que lleva hoy ese
nombre, el gobernador Hernando
Arías de Saavedra. Este activo
criollo, uno de los grandes pione-
ros del progreso en el siglo XVII,
le escribíó al rey Felipe m de
España al año siguiente una car-
ta, en la que ponderaba las exce-
lencias de estas tierras donde, ade-
más decía: "Hallé allí algunas ca-
noas de los naturales de aquella
costa: y en suma me parece uno
de los mejores puertos y de mejo-
res cualidades que debe haber des-
cubierto, porqUe además de lo di-
cho, tiene mucha leña ... "
Esta afirmación de Hernanda-
rías que encomia las calidades por-
tuarias de la Barra de Santa Lu-
cía se ve robustecida por el testi-
monio del viajero francés Luis de
Bougainville que 160 años después,
en 1767, afirmó: "Con todo trabajo
y a muy poco coste se haría en el
río Santa Lucía uno de los más
hermosos puertos del mundo".
Ambas opiniones tuvieron mucho
predicamento en los siglos XVII
y gran parte del XVIII. No se
pensaba entoces en calados mayo-
res y se tenía el preconcepto de
que los estuarios o rías favorecían
el establecimiento de puertos. El
tiempo se encargó de desmentir este
aserto.
En cuanto a los bosques del
Santa Lucía, leñadores de barcos
surtos en la bahía de Montevideo
abatían sus árboles, como asimis-
mo se servían de ellos los vecinos
de Montevideo para atender las
48
crecientes demandas de combus-
tible.
César Miranda afirma que una
guardia portuguesa, establecida en
una pequeña casa de píedra, dio
nombre al lugar. Nuestras inves-
tigaciones nos han puesto en co-
nocimiento que en diciembre de
1765 fue establecida una guardia
española en la boca del Santa Lu-
cía, en la margen derecha, en tie-
rras de Francisco Alzáybar, en-
frente a la que había colocado en
la otra banda el gobernador de
Montevideo, para evitar se descar-
garan en el paraje efectos de con-
trabando con destino a la Colonia
del Sacramento.
El nombre del paraje debe ori-
ginarse, pues, en los tiempos his-
pánicos.
Luego llegaron pobladores a es-
tablecerse sobre la margen izquier-
da del rio, sobre un albardón gra-
nitico de la cuchilla de Pereyra.
En. febrero de 1878 comienzan
a funcionar los Corrales de Abasto
de Santa Lucía, que acrecentaron
el valor demográfico de la zona.
Luego se impuso la urbanización
del poblado, que ingresara a la no-
menclatura con el nombre de "La
Guardia", y luego se conociera con
el de "Barra de Santa Lucia" v
desde julio de 1912, con la deno-
minación de pueblo "Santiago Váz-
quez". con el que se honra la me-
moria del que fuera constituyente
de 1830 y luego ministro de Estado.
En su exposición de motivos para
el proyecto de ley respectivo, de-
cía el entonces diputado por Mon-
tevideo Alberto Zorrilla que la edi-
ficación de la calle principal, a
mediados de ese año, era de mate-
rial en su mayor parte "con algu-
nos edificios de estilo moderno".
Se encontraban instaladas allí la
escuela pública NV 15, oficinas del
orden administrativo, judicial y mu-
nicipal y se estimaba que la pobla-
ción seguiría en aumento a conse-
cuencia de las grandes obras a efec-
tuarse con motívo del puente que
uniría a esta zona con el departa-
mento de San José.
Este núcleo de población esta-
ba ligado con Montevideo por el
la Barra de Santa Lucía. El desarrollo progresivo de Montevideo alteró su fisóñólTlíCl de un tiempo sin
prisa (principios del siglo XX), que quedara así aprisionada por el ojo de la cámara.
Ferrocarril del Norte, que tenia
su terminal precisamente allí, y por
carretera macadanizada y con San
José, por intermedio de una balsa
que operaba en muelle de material.
Era asiento de dos importantes
fuentes de trabajo: el matadero y
la arenera que abastecia a la edi-
ficación de Montevideo. Según
Orestes Araújo, se calculaba en
600 el número de sus habitantes.
La belleza del lugar dio motivo
posteriormente a la plantación y
delineación de un parque. que lle-
va el nombre de "Tercera Repú-
blica Española", al acondiciona-
miento de una pista de regatas y
de un excelente embarcadero de
yates.
La importancia de lasvias de
comunicación terrestre con el H·
49
Hasta aquí llegó Hernandarias a fines de 1607. Hoy, la Barra de Santa Lucía es un espejo de aguas,
donde se mecen serenamente numerosas embarcaciones de recreo.
toral del río Uruguay y el oeste
del país determínaron que en 1906
se resolvíera la construcción de un
puente en el Camíno Nacional, en
el denomínado "Paso de la Bal-
sa". Tres años más tarde, en ju-
lio de 1909. se libraba al tránsíto
50
público una de las más importan-
tes obras de ingeniería de América
del Sur de la época, totalmente
construida bajo la dirección de
técnicos nacionales.
El puente giratorio de Santa Lu-
cía. al inaugurarse. tenía 338 mts.
de largo, y se hallaba a 15 mts. de
altura sobre el lecho del río, que
tiene, término medio, 2 metros de
profundidad.
Los tramos metálicos del puente
se adquirieron en las usinas nor-
teamericanas "United States Steel
Products Export Company" y el to-
tal del dinero invertido paracons-
truirlo e instalarlo, ascendió a la
hoy muy modesta suma de
$ 220.927,99.
El 28 de noviembre de 1909 el
presidente Dr. Claudia Williman y
el ministro de Hacienda Dr. BIas
Vidal lo inauguraron solemnemen-
te ante un público de 3.000 per-
sonas.
En la actualidad en la Barra de
Santa Lucia, una de las puertas
de entrada al departamento de
Montevideo, se ha creado un acti-
vo centro de tránsito determinado
por las rutas 1 y 3. El ritmo agi-
tado del tránsito tiene también su
contrapartida en el reposo: un be-
llo parque y un espejo de aguas
sereno que el sol de la tarde hiere
vividamente.
EL PARQUE TOMKiNSON
En 1828 llegó a nuestro pais el
súbdito británico Tomás Tomkin-
son. De modesto empleado de co-
mercio asciende a comerciante, im-
portador, saladerista y banquero.
Integró, en su pais de adopción,
numerosos organismos públicos y
privados: fUe arrendatario de la
Empresa de Gas, presidente del
Banco Comercial, durante casi una
década, y formó parte, asimismo,
del pl'imer directorio del Ferroca-
rril Central del Uruguay.
Uno de los aspectos más intere-
santes de su labor creadora, 'vincu-
lado a la formación paisajística de
los alrededores de Montevideo, es-
tá concretado en el parque fores-
tal "La Selva". Este esfableci-
miento, próximo al Paso de la Are-
na está situado sobre el Pantano-
so. Su frente da al antiguo Ca-
mino de las Tres Esquinas, hoy
llamado Camino Tomkinson.
Dicho parque, situado a 15 km.
de Montevideo, fue convertido en
1936 en un lugar público. Sus am-
plias avenidas de palmas, eucalip-
tos, pinos, abetos, casuarinas y
otras variedades botánicas consti-
tuyen un rincón de singular belle-
za, no conocido aún suficiente-
mente por los montevideanos que
salen a los alrededores de la ciu-
dad en búsqueda de descanso y
aires puros.
Tomkinson plantaba y cuidaba
sus árboles personalmente. Uno
de los ensayos de aclimatación más
felices, llevado a cabo por él, fue
el del Eucaliptus Globulus (Euca-
lipto criollo) cuyas simientes fue·
ron traidas en 1852 del Jardin
Botánico del Cabo de Buena Espe-
ranza, África. Como se sabe, el
eucalipto es originario de Austra-
lia, pero en África del Sur, donde
se ha adaptado muy bien, tiene con-
diciones climáticas semejantes a las
nuestras.
Cuatro años antes que en la Ar-
gentina, se hizo esta experiencia en
el Uruguay. Hoy, en la Av. Bus-
chental del Prado, los centenarios
eucaliptos alli plantados proclaman
a los vientos que en 1852 transcu-
rria su infancia en una almaci-
guera de "La Selva" de Tom-
kinson.
EL PARQUE LECOCQ
Cuando hoy contemplamos la re-
lativa libertad de los animales alo-
jados en el parque Lecocq, una se-
de menos carcelaria del zoológico
celular de la Avda. Rivera, tal vez
ignoramos que en esos mismos
campos se extendía el estableci-
miento de un prominente urugua-
yo, Jefe Politico de Montevideo en
1855, legislador, ministro, avezado
comerciante y miembro activo de
la Orden Masónica en la Repúbli-
ca: Francisco Lecocq, hijo del bri-
gadier de los ejércitos españoles
Ing. Bernardo Lecocq.
En sus tierras del Paso de la
Arena, Lecocq realizó importantes
experiencias sobre ganaderia y agri-
cultura. Sus trabajos sobre arbo-
ricultura -plantó muchos eucalip-
tos y acacias de Australia-, viti-
cultura y sericultura (cria del gu-
sano de seda) revelaron las inquie-
tudes deunespiritu siempre abier-
to a las innovaciones y al progreso.
A Lecocq se le debe asimismo la
introducción en· marzo de 1861 de
los llamados s e g u n ~ o s tipos de la
cabra de Angora, ya que los pri-
meros los introdujo ·en Soriano,
Manuel Chopitea, según lo afirma
MarianoB. Berro.
Las cabras de Angora importa-
das por Lecocq, provenian de Per-
sia (Asia) y por vía de Constan-
tinopla e Inglaterra· habian llega-
do al Cabo de Buena Esperanza de
donde fueron embarcadas con des·
tino a Montevideo. Con su pelo
largo y finísimo se fabricaba la
seda llamada·· Mohair.
Su· mayor intervención en pro
del desarrollo del Uruguay fue su
descubrimiento del procedimiento
de la aplicación del frío para la
conservación de las carnes. Con su
compatriota Federico Nin y Reyes,
impuso sus ideas y proyectos, en
Paris, al ingeniero francés Carlos
Tellíer, inventor del fria indus-
trial, y desde ese momento puede
decirse que nació la industria fri-
gorífica. El primer ensayo fue
efectuado en 1868 a bordo del va-
por "The City of Rio de J aneiro".
51
BARRIOS RESIDENCIALES
MALVIN: UN ESCENARIO
VIYAL EN AUGE
Igual que Buceo, Malvin fue
zona de saladeros. Precisamente
su denominación proviene, por de-
formación, del segundo nombre de
Juan Balbín González de Vallejo,
quien tenía su establecimiento en
dicho paraje.
Juan Balbín de Vallejo, que así
se firmaba, fue también cabildan-
te y hacendado. En 1792 adquirió
tres suertes de estancia sobre el
río Salís Grande y la Sierra de
Pan de Azúcar. Tuvo destacada ac-
tuacióncon su compañía en la re-
conquista de Buenos Aires y en la
defensa de Montevideo contra el
invasor inglés, e integró la Junta
Montevideana de Gobierno de
1808.
Besnes Irigoyen ejecutó su re-
trato a pluma. Cuando en 1841 sus
herederos ponen en venta su sala-
dero y su chacra del Buceo, ésta
tenía una superficie de "37 cua-
dras cuadradas con arroyo y pozos
o manantiales permanentes".
En la zona también fue lev:an
c
tado durante el período hispánico,
el saladero de Magariños, ubicado
en las actuales calles Asamblea y
Dalmiro Costa, según el Dr. Luis
Bonavita.
El mismo autor, en una docu-
mentada página sobre los salade-
ros de Montevideo, afirma que el
español José Gestal, casado con
Juana González Vallejo, fue sala-
derista en este paraje a fines del
siglo XVIII y principios del XIX.
Su esposa adquirió a los sucesores
de Solsona la chacra donde le-
vantara en 1841 su establecimien-
to, que tenia veinticuatro cuadras
de superficie, y lindaba al Norte
con zanja de Juan María Pérez, al
52
Noroeste y al Sur con el vendedor
y al Suroeste con el arroyo Malvín,
por el medio con la chacra de los
herederos de Juan Balbin Vallejo.
En este saladero, ubicado en la ca-
lle Tarariras, entre Godoy y Espue-
litas, según el citado historiador,
estuvo instalado durante la Gue-
rra Grande, el Juzgado de Crimen,
a cargo del escribano Luis B. Cavia.
José Gestal, natural de Galicia,
vino a nuestro pais por primera vez
en 1787 y se dedicó a la actividad
comercial e industrial.
Según lo manifestado, con or-
gullo por sus trabajos, fue el pri-
mero en introducir en los puertos
de España, en un buque propio,
el pabellón de la República Orien-
tal del Uruguay. El gobierno es-
pañol, en una audiencia regia, lo
distinguió con la Cruz de Carlos III.
Tuvo una casa de consignacio-
nes en Montevideo y otra en Bue-
nos Aires, varios barcos y propie-
dades, hasta que una quiebra en
1839, lo dejó completamente arrui-
nado.
Luego de una larga enfermedad.
falleció a los 84 años en 'mayo
de 1861. Sólo nueve personas for-
maron su cortejo fúnebre, entre
los cuales, cuatro eran sus deudos.
En una barranca de la playa
Malvín, en tierras que arrendó
primero a los religiosos francisca-
nos del Convento de San Bernar-
dino de Montevideo, y que com-
pró más tarde, en tiempos de la
República, levantó Juan María
Pérez un molino de agua, hacia
1840, con cimientos de piedras y
paredes de ladrillos.
Su biografía trazada por Isidoro
de María, el Dr. José Ma. Fernán-
dez Saldaña, y la profesora María
Julia Ardao, permite esquematizar
algunos rasgos de su síngular per-
sonalidad. Habia nacido en 1790
en su casa solar del arroyo Seco,
a la cual ya nos referimos. Se
graduó de bachiller licenciado y
doctor en la Facultad de Sagrada
Teología, en 1810, en la Universi-
dad de San Francisco Javier en
Chuquisaca, en el Alto Perú; par-
ticipó en la revolución oriental de
1811, actuando en los dos sitios que
sufrió la plaza; fue miembro de la
Asamblea Constituyente de 1828 y
del Tribunal del Consulado de Co-
mercio ei1 ese mismo año; ministro
La Rambla de Malvín en la década de los años 20 de este siglo.
de Hacienda del presidente Rive-
ra (1831), legislador por Montevi-
deo y por último Ministro de
cienda en el gobierno de Oribe
(1835 -1837). Excepcional hombre
de empresa y poseedor de una de
las fortunas más grandes del país,
tuvo numerosos establecimientos
de estancia, dos saladeros -uno
en Punta de Yeguas y otro en Píe-
dras Blancas, conocido más tarde
por Legrís-, barracas, pulperías,
panaderías, tahonas y hornos de
ladrillos. Sus fincas urbanas alcan-
zaban a ochenta en el año 1836.
Levantó en 1842 su gran residen-
cia en las actuales calles de Sa-
randi y Juncal, que subsistiera has-
ta hace pocos años. Tuvo una pe-
queña flota de barcos de grande
y pequeño porte, algunos de su
propiedad y otros contratados, que
llegaban hasta Santa Cruz de Te-
nerife.• y Cádiz, en desempeño de
sus actividades de exportación e
importación. Concibió varios planes
de colonización que permitieron el
acrecentamiento de la población de
la República con agricultores y ar-
tesanos, y trajo millares de fami-
lias de las Islas Canarias, cuyo pri-
mer contingente llegó en 1837.
Juan María Pérez falleció ya
ciego el 17 de noviembre de 1847
en su molino de Malvín, pero éste
no .interrumpió sus moliendas.
Hasta allí llegaba a principios de
siglo a pintar paisajes de los al-
rededores con Milo Berreta y otros
pintores jóvenes el Dr. Pedro Fi-
gari, según lo refiere el critico de
arte e historiador José Pedro
Argul.
La reconstrucción del Molino de
Pérez, .a cargo del Municipio de
Montevideo y la dirección de Ho-
racio Arredondo, dio comienzo en
1958. Con motivo del desarrollo de
Los Pocitos como zona balnearia.
hubo de trasladarse el trabajo de
los lavaderos a los desiertos cam-
pos dé Malvín. Allí frente a la
Punta, hoy llamada Descanso, en
1896, Francisco Piria fundó· el ba-
rrio Lavaderos del Este, destinado
a este gremio.
Años después, hacia 1911, el Dr.
Arturo Lussich, conjuntamente con
los "doctores Roselló y Carrau, cons.-
truye junto al mar un sanatorio
para pacientes de enfermedades
óseas, que tuvo corta duración.
Hacia 1917 queda habilitada la
primera vía de acceso que tuvo Mal-
vín, la calle 18 de Diciembre. Po-
co después se abre la Rambla :Y' es
asfaltada!fl calle Orinoco.
Llega tambíén el tranvía y la
Los médanos y zan-
jonesvan.desapareciendo al abrir-
se nuevas< calles. En 1918, el Dr.
JulíoGuani, que fuera Presidente
de. la Suprema Corte de Justicia
por más d
r
veinte años, pasa a ra-
dícarseen la zona. En la década
del veinte veranean en lagosta
lIlalvinense .. grandes>fíguras popu-
lares· del Río de la Plata: Gar-
del, LeguíSanio, Francisco· Canaro,
Francisco Maschío ... Llegan tal!l-
bién vareadores de caballos y los
infaltables bohemios de la costa.
Hoy Malvin, que conforma una
extensa zona qlle se conoée por
53
Pescadores y curios,os, frente al mar, en la playa de Malvin.
MalvinNorte Viejo y Nuevo, cons-
tituye una de las zonas residencia-
les más cotizadas del Montevideo.
actual. Su progreso edilicio se ha
gestado en gran parte al amparo
de privilegios crediticios otorgados
a empleados de bancos, militares,
funcionarios del Palacio Legislati-
vo y de las Cajas de Jubilaciones:
El mólino hidráulico de Juan Ma-
ría Pérez, en Malvín, luego de su
restauración.
también entre otros, por comercian-
tes prósperos, en épocas de auge,
que levantaron elegantes y aun
suntuosas construcciones en el hoy
hermoso barrio.
Una de sus plazas honra al ilus-
tre músico deSolis de Mataojo,
Eduardo Fabini, .Cltra,a los Olím-
picos. Dos altas torres/proclaman
un intento. frustrado de aerocarril.
CARRASCO:
BARRIO-JARDIN DE
VERTIGINqSO DESARROLLO
Entre los primeros •pobladores
de Montevideo· al su
fundación, figuraba Sebastiárl/ Ca-
rrasco, natural de Buenos Aires, de··
44 años de edad,
pañia de Caballos 'Corazas del ca-
pitárl José de .Echauri.
En el reparto de tierras.· le co-
rrespondió una chacra ·.330.\7él.-
ras sobre el Miguelete y una estan-:
cia de 3.000 varas de frente y una
legua y media. de fondo sobre el
arroyo que más tarde lleval'Ía su
nombre.
Sebastiárl Carrasco tiene, fuera
de su función denominadora de una
zona montevideana, una impor-
tante vinculación con 10 mejor de
la historia oriental: fue tío abuelo
del prócer José Artigas.
Más de un siglo después --en
1834- el Gobierno de la Repúbli-
ca vende estas tierras, en mayor
superficie, a Juan Maria Pérez,
quien adquiere la extensión que
va desde el Rincón del Buceo,. pa-
sando por la Chacarita de los Pa-
dres, al rincón de Carrasco. Al fa-
llecimiento de Juan. Maria Pérez
y de su esposa, estas tierras se di-
vidieron entre sus herederos, las
familias de Pérez Butler, Ordeig
Pérez, Suárez Pérez y
leta Pérez.
Luego .. de. muchos años de ser
un airlplio erial, la zona es tocada
por la inspiración genial de un
precursor.
En el año 1907 el Dr. Alfredo
Arocena adquiere a los herederos
de doña Rosa Pérez de Ordeig el
"triángulo" hoy comprendido en-
tre las calles San Nicolás, Bolivia
(entonces Camino de la Cruz) y
el Río de la Plata.
La zona era de indudable belle-
za, pero estaba llena de rocas. Fue
así que Arocena hubo de apelar a
don José Ordeig para que le ven-
diera la fracción traslindera de 300
rnts. sobre la playa y con 1.700 de
fondo, para lograr una hermosa
cinta de arena, apta para zona de
baños. Y en 1912 se constituye la
Animada estampa en la esquina de la Avda. Arocena y calle Dr. Alejandro Schroeder, de Carrasco. En sus
cercanías, un horizonte de aguas y doradas arenas.
El Gran Hotel Carrasco inaugurado oficialmente en 1921.
S. A. Balneario Carrasco, cuyos
administradores eran el Dr. Alfre-
do Arocena, D. José Ordeig y D.
Esteban Elena Comenz;ó entonces
la venta de soiares a los primeros
pobladores. La localidad se llama-
ría Viña del Mar. Pero el nombre,
semejante al balneario chileno ho-
mónimo, no prosperó.
Quien proyectó el plano urbaníS!-
tico inicial del balneario fue el
destacado' arquitecto paisajista
francés Carlos Thays, a quien se
le encomendó el trazado de 10 que
se queria resultara una "ciudad
jardín". Thays trajo como colabora-
dor a Le Bars, un jardinero nota-
ble de la época.
56
Hacia entonces era dificil llegar
a Carrasco. Cuando llovia se for-
maban grandes fangales. En los
vastos pajonales que lo rodeaban
vivían alimañas y patos salvajes.
Hubo que acarrear arena, en
vagonetas, de los médanos inme-
diatos, borrándolos así de' la faz
del paisaje, hasta los bañados, pa-
ra cegarlos y darles un piso' firme.
Desde las canteras situadas a
8 kms..del futuro balneario se
traian miles de toneladas de pie-
dra para los afirmados y las
construcciones.
A su vez se comenzaban a ex-
cavar los cimientos de la media
docena de chalets con que la em-
presa iniciaba su plan de VIVIen-
das y se plantaban miles de árbo-
les, con acelerado ritmo.
El Dr. Arocena y el Sr. Elena
estaban muchas veces junto a los
obreros, dando consejos, estimu-
lando, vigilando la constrl'.cción de
plazoletas, canteros y calfes.
Una de las tipicas obras de arte
que decoran el ámbito del Hotel
Casino Carrasco.
Mientras en otros lugares de la ciudad, la gente nace, muere, ama,
se enfrenta, se divierte o se angustia, el clima recoleto de esta avenida
de Carrasco revive el espíritu de un tiempo sin urgencias.
Según su biógrafo Arturo Sca-
rone, el Dr. Alfredo Arocena fue
director y abogado de varias insti-
tuciones bancarias, comerciales e
industriales, miembro de la Con-
vención Nacional Constituyente
(1916 - 1917), Y tuvo participación
importante en varias iniciativas Y
obras de progreso, entre ellas la
de la electrificación de los tran-
vías de Montevideo. Esteban A.
Elena fue gerente de la empresa
del "Tranvía al Paso del Molino
y Cerro" Y luego presidió la Com-
pañía "La Transatlántica" constí-
tuida con la refundición en ella de
las líneas de tranvías del Paso del
Molino y Oriental; presidió asimis-
mo el Directorio de los "Ferroca-
rriles y Tranvías del Estado" Y
fue miembro del directorío del Te-
légrafo Oriental (1905 - 1907). En-
tre otros importantes cargos, que
desempeñó, fue presidente del Ban-
co Hipotecario del Uruguay y del
Frigorífico Nacional, senador y
Ministro de Ganadería y Agricul-
tura.
Por el año 1912, el único alber-
gue existente en Carrasco era un
rancho con muros de píedra y te-
cho de cinc, que se levantaba en
la avenida principal a unos cientos
de metros de "Los Portones", por-
tada monumental de entrada al
balneario por la actual avenida Aro-
cena, proyectada por los arquitec-
tos Aubriot y Lerena Juanicó.
Dos años después, las obras prin-
cipales quedaban finalizadas. Pero
la Guerra Mundial detiene por cua-
tro años el nacimiento del balnea-
rio. Hay que esperar su fin para
que las obras surjan, pujantes, en
busca del futuro.
Todas las obras de urbanización
y forestación, todas las avenidas y
los jardines, todo el futuro pulso
del balneario dependian de la más
noble de las visceras turísticas: un
gran Hotel. Se contruyó asi, dentro
del balneario, la Sociedad Hotel
Casino Carrasco, cuyo Presidente
fue el Sr. Esteban Elena, acompa-
ñándolo los Dres. Pedro J. Martino
y Prudencio de Pena y los señores
Arturo Heber Jackson y Belisario
S. Garcia.
Este gran hotel, de proporciones
majestuosas y seguro porte, fue
encargado al ingeniero campatrio-
ta Félix Elena, que proyectó una
obra que, en su género, seria la
mayor del pais y una de las más
importantes de América del Sur.
La piedra fundamental fue colo-
cada en 1915. Sin embargo su cons-
trucción fue lenta: hubo que espe-
['al' los fines del año 1920 para
que terminara el amueblado y alha-
jamiento de la hermosa obra. El
4 de febrero de 1921 se inauguraba
oficialmente.
En derredor del eje central del
hotel se constelan las construccio-
57
nes de los primeros chalets: los de
Manuel Acosta y Lara, Dr. Carlos
Butler, Dr. Pedro Aguerre, Andrés
Mendizábal, Alberto Heber Uriarte,
Dr. J. Pou y Orflla, Ing. Federico
E. Capurro. Dr. Horacio García
Lagos, Dr. Alfredo Arocena, Dr.
Alberto Turenne, José María Ro-
dríguez Sosa, Sra. Maria Bonilla
de Martinez.
El Dr. Arocena, preocupado por
dar realce estético al balneario,
adquiere en Europa valiosos calcos,
directos de sus oríginales, ejecuta-
dos en mármol de Carrara, de be-
llas y expresivas esculturas: La
Vendimia, Descanso, Una Espina,
El Sueño, Meditación, Triunfo, El
Vigía.
Crece así, velozmente, la zona
que se urbanizó y valorizó con ma-
yor intensidad entre todos los bal-
nearios montevideanos.
Años después, el traspaso del
Balneario Carrasco a la Intenden-
cia de Montevideo fue un verdade-
ro regalo disimulado bajo el ropaje
de una operación comercial pues el
importe recibido por la Sociedad
fundadora fue de sólo $ 170.000.00.
Por tal precio se entregaron al
Municipio, en época del Inten-
dente Sr. Santiago Rivas, los si-
guientes bienes: l' El edificio del
Hotel Carrasco, con toda su alba-
ñilería y carpintería terminadas,
obra en la que se habían invertido
$ 295.000.
2' El terreno de su emplaza-
miento, que a los' precios de esa
época alcanzaba a los $ 100.000.
3· 112.000 m
2
de tierras donadas
para hacer en ellas un parque pú-
blico, los que no costarian, en aquel
tiempo, menos de $ 300.000.
4· El traspaso gratuito a favor
del Municipio de la concesión por
58
35 años de los juegos de azar que
le habia sido otorgado a la socie-
dad, de acuerdo con la ley de 1910.
Si bien las obras edilicias del
hombre son ímportantes en Ca-
rrasco, más importante es la ade!-
cuación que el hombre hizo de la
naturaleza, creando un paisaje fo-
restal, profundo, lleno de sosiego
y grandeza.
Por eso deoemos enumerar rápi-
damente la iglesia Stella Maris,
ínaugurada como capilla en 1918,
los sucesivos asientos del Carrasco
Polo Club, las canchas de tenis de
Carrasco, y el Tajamar, con toda
una tradición de hermosas y me-
morables fiestas.
Debe destacarse en los alrededo-
res de Carrasco, inscripto en el
mismo estilo de paz y gracia fo-
restal, el parque Gral. Fructuoso
Rivera, que en los domingos so-
leados de las cuatro estaciones con-
cita un público devoto del aire li-
bre y la sombra fresca. El parque
RiVera, llamado anteriormente Du-
randeau, fue construido por el re-
sidente francés Pierre Durandeau
(1844-1927), en terrenos anterior-
mente anegadizos. Este parque, de
una superficie aproximada de 40
hás., llamado primeramente por su
creador "Ville Augustine", tenía
miles de eucaliptos, sombreadas
avenidas y un bien delineado lago
para albergar aves acuáticas. En
1929 fue vendido al Municipio ca-
pitalino.
En la periferia de la zona se
halla el Museo de antiguos medios
de transporte, y los relojes, cajas
de música, piezas de porcelana,
armas, muebles y objetos artisticos
que coleccionó el industrial Fer-
nando Garciá y qUe hoy posee la
Intendencia de Montevideo a ori-
llas del arroyo Carrasco.
Prolongando el océano forestal
que domina en Carrasco se encuen-
tra el parque Gral. Lavalleja Y.
ya en Canelones, el espacioso
parque Franklin D. Roosevelt. Ha-
ciendo pareja con el Hotel Carras-
co, pero ya en otro estilo y con
otra funcionalidad, se eleva la mo-
le del ex Hotel Miramar, que de
fracasado centro turístico pasó a
albergar la escuela de nurses Dr.
Carlos Nery y en la actualidad,
la escuela naval.
En el presente, Carrasco, bro-
tado como un símbolo de tesón e
idealismos humanos sobre una tie-
rra llena de bañados, que tenía, no
obstante, una costa hermosísima, es
un ejemplo de urbanismo, un rin-
cón lleno de aire poético y asiento
de la población más aristocrática
de Montevideo.
No es ya ~ l balneario de auge
veraniego que creció meteóricamen-
te. Es una zona residencial estable,
con sus instituciones de enseñanza.
sus cotizadas casas comerciales, su
población permanente.
Hay un diástole y sistole de au-
tomóviles que parten por las ma-
ñanas y retornan al atardecer. Son
los jefes de familias -muchos de
ellos directores de empresas, ha-
cendados, profesionales- que van
y vuelven y que descansan en sus
suntuosas residencias los fines de
semana. Pero, por lo general, las
familias quedan, disfrutan de la
dorada sonrisa veraniega del rio
de la Plata, gozan de la verde in-
timidad de las avenidas y de jar-
dines armoniosamente trazados. que
en parte, como se ha dicho. "pro-
claman el auge de los capitales du
e
rante la guerra de Corea".
CONCLUSIONES
Al cierre de, este trabajo, pro-·
longado en dos entregas de NUES-
TRA TIERRA, comprobamos que
apenas hemos delineado,. a través
de algunos ejemplos, un tema tan
amplio como es el de reflejar. los
orígenes y desarrollo, los rasgos
esenciales del" ser y del quehacer
de. los princípales barríos.. monte-
videanos
Con nitidez se percibe la caren-
cia de información sobre las zonas
de los desamparados "cantegriles'f
montevideanos, de los quedescono-
cemos estudios realizados en pro-
fundidad, individualmente y en con-
jUnto.
Por .la dura limítación de espacio
no señalamos como hubiera sido de
nuestro interés, 'las necesidades, las
situaciones sociales, espirituales,
econqmicas, culturales, las carencias
de ciertas obras públicas de cada
barrio, en la actualidad.
Hemos .puesto el acento, .. en el
ejemplo de algunos pioneros, en
mérito a lo escasamente conocidas,
de su obra o.personalidades. Hom-
bres que fueron .. de. avanzada,· mo-
destos algunos, otros, que sin dejar
de lado su afán de. lucro,·.. igual-
mente transformaron la región que
habitaban, impulsando su desarrollo
y preparando los caminos del fu-
turo. Son dignos de evocación aque-
llosque legaron a la comunidad
el esfuerzo de toda una vida y de
la acción filantrópica en obras des-
tinadas a la asistencia pública, de
los que son ejemplos cabales Ale-
jandro Beisso, Gustavo Saint Bois
y el Dr. Alejandro GallinaL
Creemos que deben jugar un pa-
pelmás visible lasComísiones de
Fomento vecinales, que muchas ve-
ces en silencio, sacrificada y empe-
ñósamente, logran lo que no se ob-
tiene oficialmente.
Quizás así pueda obtenerse •••...el
traslado a zonas rurales del depar-
tamento, del Establecimiento Pe-
nitenciario y del Hospital Vilarde-
bó, a via de ejemplo, que constitu-
yen no sólo una dramática presen-
cia sino que impiden el mayor desa-
rrollo de sus respectivas zonas. Es
necesario que se reconquisten para
el servicio activo de la cultura po-
pular, como ya dijimos, escenarios
inactivos como el del teatro de
verano de Capurro; que se aumente
largamente el caudal bibliográfico
de las bibliotecas municipales de
los barrios montevideanos, para
que no se detengan o se pierdan
definitivamente sus programas de
promoción comunitaria; que se di-
namicen zonas detenidas, envejeci-
das, emprendiendo la transforma-
ción de sus medios fisicos sin es-
catimar recursos ni esfuerzos, en
proyectos como el recientemente
propuesto y aprobado de utilizar
la estación Goes, cerrada y con-
vertida en depósito' de chatarra,
para terminal de ómnibus interde-
partamentales de corta distancia.
En la medida en que se planifi-
quen y adopten realizaciones más
dinámicas de las aspiraciones de
estas comisiones de fomento -com-
plementarias de las grandes obras
de interés departamental- conci-
liando propósitos de vecinos y de
gobernantes, se lograrán, sin duda,
más amplios y justos objetivos so-
ciales. En ese empeño no debe estar
ausente la prensa, la radio y la
televisión montevideanas, aplicadas
en campañas de difusión e impulso
de una acción constructiva, que po-
dría prosperar a expensas de la
alienación de noticias y de al-
gunos programas de mal gusto.
59
BIBLIOGRAFIA
ANALES DE LA
SECUNDARIA _ Tomo IV, entre-
ga agosto-setiembre de 1939-
La Villa de la Unión.
DE MARíA, Isidoro - Montevideo
Antiguo. Tradiciones y Recuer-
dos, tomos I y n, 1957.
FOURCADE, Pedro G. - Barrio
Flores, 1944.
HENRY PATRICK (Francisco Pi-
ria) - Las impresiones de un
viajero en un país de llorones,
1880.
LA VOZ DEL CORDÓN -
dico dirigido por Walter Pernas,
1934-1965.
LERENA, Andrés - Estudio legal
de las propiedades ce.rcanas a la
Bahía de Montevideo, practicado
por el doctor ... , 1918.
LERENA ACEVEDO DE BLIXEN,
Josefina - Novecientos, 1967.
M. FERDINAND PONTAC (Dr.
Luis Bonavita) - Aguafuertes
de la Restauración, 1941; Cofre
Bruñido. Evocaciones de la Res-
tauración, 1962.
MAGGI, Carlos - gardel, onetti y
algo más, 1967.
MARTORELLI, Horacio - La so-
ciedad Urbana, Nuestra Tierra,
14, 1969.
MÁXIMO TORRES (Carlos Máxi-
mo Maeso) - Divagando, 1895.
MÉNDEZ VIVES, Enrique - La
Gente y las Cosas en el Uruguay
de 1830, 1967.
MORO, América - Sayago en mi
infancia, 1970.
60
MONTERO BUSTAMANTE, Raúl
- Homenaje a ... Selección de.
sus Escritos Literarios e Histó-
ricos, 1955. El Banco Comercial
y la época de Reus, 1966.
MURAS, O.; Y ÁLVAREZ R. -
Área metropolitana de Montevi-
deo, en Revista de la Facultad
de Arquitectura N9 6, 1965.
PAMPíN, Ramón Ricardo - His-
toria de la Escuela de 2' Grado
N' 48 "Austria", 1961.
PAPINI, Guzmán - Reflejos de
una armadura, 1938.
PARADELA, Emilio Ramón - "Un
Vintén P'al Judas". Contribución
al Folklore de Montevideo, 1955.
PATRÓN, Juan Carlos - Goes y
el viejo café Vaccaro, 1968.
PEREIRA, Antonio N. - Recuer.
dos de mi tiempo, 1891; Cosas
de antaño. Bocetos, Perfiles y
Tradiciones interesantes y popu-
lares, 1893; Nuevas Cosas de
Antaño ... , 1898; Novísimas y úl-
timas cosas de antaño... , 1899.
PÉREZ MONTERO, Carlos - La
calle del 18 de Julio (1719-1875).
Antecedentes para la historia de
la Ciudad Nueva. (Apartado de
la Revista del Instituto Histórico
y Geográfico del Uruguay, tomos
XVI y XVII), 1942; Proceso evo-
lutivo de la población de Mon-
tevideo durante el siglo XV111,
en El Primer Observatorio de
Montevideo, 1955; Los Aledaños
de Montevideo 1811, en la Re·
volución de 1811 en la Banda
Oriental, 1962.
PIRIA, Francisco - Un pueblo que
ríe, 1886.
PLÁCIDO, Antonio D. - Carna·
val • Evocación de. Montevideo
en la Historia y la Tradición, 1966.
RAMA, Ángel - La belle époque,
Enciclopedia Uruguaya, N9 28,
1966.
REVISTA DE LA FACULTAD DE
ARQUITECTURA, N' 4 - El
Barrio Peñarol _ Viviendas de
Rossell y Rius en el Reducto,
1963.
ROS, Francisco J. - Pleito Poci.
tos. Su historia y el Dictamen
Profesional que a pedido d'e los
propietarios demandados, produjo
el Agrimensor ... , 1923.
ROSSI, Rómulo F. - Recuerdos y
crónicas de antaño, tomos I, n.
In y IV, 1922, 1924, 1926 y 1929.
ROSSI, Vicente - Cosas de neo
gros, 1958.
SCALDAFERRO, Walter - La
Aguada y SU Historia • Evoca·
ción al lugar donde nació nuestra
patria, 1967.
SIENRA, Rafael - Llagas socia·
les. La calle Santa Teresa, 1896.
VIDART ,Daniel - El gran Mon·
tevideo, Enciclopedia Uruguaya
N9 58, 1969.
VILLA COLÓN EN EL CINCUEN·
TENARIO DE SU FUNDACIÓN,
1872-1922, 1922.
VILLA DE LA UNIÓN - Contri·
bución al Estudio de su Historia
_ Tomo I, 1937.
VISCA, Carlos - Emilio Reus y
su época, 1963.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful