Minerva V.

Este deseo que desgarra la piel. Carcomiendo vísceras, supurando letargos que piden, exigen lecho. En la rigidez taciturna de los miembros adormecidos y tibios -aúnañorantes de tu piel, del beso que no será mío, de las noches que jamás habrán de consumirme. Y languidece la luz del astro nocturno bajo la mirada complaciente de tu efigie -vuelta medallón renascentista empotrado en muro de Carrara. Y tus manos dividen el tiempo, deshebrando las horas y salpimentando cada segundo en artificial maquinación de consorte sometida al arbitrio de quien no le ama. Eres, en la esencia misma, del deseo, la ruptura mineral que provoca un lascivo risorgimento, magma que rebosa límites y veras y cercos. De tu carne ansío no la superficial costumbre del tacto, ni la mercenaria verecundia del sexo. De tu carne pido la unión hipostática de pasado y futuro, en un contacto que trascienda la temporal barrera del presente inasible, la fingida muda del recuerdo suicida en la esperanza lacia del respirar profundo y simple. De tu carne ansío la carne enclavada en el tiempo, sintáctica, febril, furiosa y dulce.

Francisco Arriaga México, Frontera Norte. 17 de Agosto de 2013.

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