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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix

Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara

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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix

KATHERINE DEAUXVILLE
El Señor de Morlaix
The Crystal Heart (1995)

A AR RG GU UM ME EN NT TO O::
País de Gales, Edad Media Ella necesitaba darle un heredero a su marido. Emmeline no sabía nada sobre el hombre que había aceptado su oferta, ni siquiera su nombre. Él, por dinero, le daría lo que necesitaba. Sin embargo, en lugar de pagarle y apartarse de él, sin pensar más en lo que había pasado vivió una noche de pasión que la asombraría para siempre. Emmeline tuvo el bebé que tanto quería… pero la vida le cobraría un precio mucho más alto diez años después… Niall FitzJulien, es el nuevo lord del castillo de Morlaix. Para su horror, la mujer que está frente a él para rendirle homenaje tiene cogida la mano de su hijo… ¡Su hijo de diez años! Recuerda aquella noche, una década antes, cuando se despertó al día siguiente de una noche de pasión para descubrir que la mujer se había ido de su cama… y se había llevado su corazón. Ahora entiende lo cruelmente que fue usado y cómo ha sido privado de formar parte de la vida de su hijo. Pero ya no más. Ahora Emmeline es su vasalla y va a servirlo de todas las formas que él desee… Una historia medieval de intrigas y traiciones cargada de fuertes emociones.

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Katherine Deauxville es el pseudónimo de la escritora Maggie Davis, autora de más de 30 romances publicados, incluido el bestseller “A Christmas Romance”, publicado en la revista Good Housekeeping y producido en 1994 por la tv americana CBS , en una telemovie protagonizada por Olivia Newton-Jones y George Harrison. Maggie Davis es ex-columnista del Atlant a Journal-Constitution, redactora de la agencia de publicidad Young&Rubicam de N. York y asistente del jefe del departamento de Psicología de la universidad de Yale. Da clases en tres cursos y fue la escritora invitada del International Cultural Center de Hammamet, de Tunez. Escribió artículos cortos para las revistas The Georgia Review Good Housekeeping y Cosmopolitan, entre otras, y ganó el premio de Excelencia Académica. Conoce más sobre Maggie visitando www.maggiedavis.com

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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix

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—Es aquel – señaló Gulfer –el muchacho con el pelo rubio y los hombros anchos– parado en la oscura calle levantó la antorcha para mostrar que iban en son de paz y no eran ladrones o asaltantes – El chico puede ser aún un mocoso, pero es por lo menos una cabeza más alto que nosotros. Y por el bulto que tiene entre las piernas no encontraremos otro mejor para nuestra tarea. Observaron como los dos chicos se pararon en la puerta de la hospedería con la luz a su espalda. Borrachos, se agarraban el uno al otro para no caer. El más bajo empezó a cantar. El otro caballero se encogió de hombros. —El tamaño no lo es todo. Mi primo, en Lincolnshire no es tan alto, pero es padre de doce hijos a pesar de ello. – Gulfer soltó un bufido de impaciencia. —Deja eso y mira al chico. Teniendo en cuenta que hay mucha gentuza por ahí a causa de esa maldita guerra podríamos encontrar otro peor. He seguido a ese chico desde hace días por los callejones de Wrexham, y digo que, de todos en los que hemos pensado… caballeros, escuderos, hidalgos, incluso algunos hijos de mercaderes… aquel gallito de cabellos rojos está por encima de la media para lo que necesitamos. Una sombra surgió por detrás de los chicos borrachos. — ¡Fuera! — gritó el hospedero – Habéis acabado el dinero, pero dentro o fuera, ¡parad ese maldito ruido! La puerta se batió detrás de los dos, empujándolos a la calle. El chico más alto consiguió mantener el equilibrio, pero el cantor se tambaleó y se sentó en la cuneta. —Empuja Niall – se frotó la cabeza con una de las manos mientras balanceaba el yelmo con la otra— ¡Bonita manera de tratar a la gente! Quince días en ese agujero del infierno y ni siquiera nos da la bienvenida. En las sombras, Aimery bufó. —Apuesto – dijo tapándose la boca con la mano – que ninguno tiene una moneda. Estos chicos ganan poco dinero como soldados de fortuna. Y lo que ganan lo juegan o se lo beben. —Igual que tú a su edad – aún sujetando la antorcha en alto, Gulfer se adelantó. El chico rubio estaba intentado hacer que el otro se pusiera en pie – Caballeros, con permiso – les dijo – necesito un favor. Es un asunto sobre un pequeño empleo y una excelente paga. El joven caballero soltó al otro que se sentó al instante. —Apártese – su mano voló a la empuñadura de su espada – Tenemos empleo. Somos hombres del conde Robert de Gloucester. —Cierto, cierto. De cerca, el chico era aún mejor de lo que Gulfer esperaba; con facciones hermosas, podía incluso ser considerado guapo, con los ojos de color ámbar que combinaban con los cabellos rubios, una nariz larga y arrogante y una boca que se torcía con gracia en los bordes. La mano continuaba en la espada mientras su mirada iba de Gulfer a Aimery. —Quédese tranquilo, joven señor – dijo Gulfer – necesito sus servicios para un pequeño deber digno de su… ahh, de su juventud y vigor. Es una tarea que le ocupará solo esta noche, una ocupación tan agradable que cualquiera desearía. Sin embargo tiene una finalidad noble y digna.
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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix El rubio miró a Gulfer por encima de su nariz. Su compañero se levantó tambaleante. Habían reaccionado como esperaba. los dos caballeros lo miraban. Esta noche es todo lo que le pedirán por la paga que está ante sus ojos. —Calma Orion. La luz de la antorcha arrancó destellos en las monedas. Pero después de todo ese tiempo. asaltado y tu cuerpo tirado al río en cuanto amanezca. El rubio lo empujó. Será bien tratado. Y entonces se rieron. La mirada del otro chico estaba fija en las monedas. —Virgen María – murmuró Niall – pero es mucho dinero. —Chico. con toda amabilidad. —Dos marcos de oro de Flandes – dijo – por apenas dos horas de su tiempo. entregándole la antorcha a Aimery. con los ojos cubiertos. Gulfer le contestó. Me mandó encontrar un joven saludable y honrado que le dé lo que desea. Si le das oídos a esa proposición vas a acabar robado. El otro chico empujó el brazo de su amigo. Orion lo miró con aire astuto. Gulfer esperó. vámonos – pidió – Estamos todo menos sobrios y esto puede ser cosa de alguna vieja prostituta que quiere atraer chicos a su cama. A esa hora recibirá la paga. —Eso mismo fue lo que yo argumenté. Cuando terminó. Sin embargo tiene miedo a lo que pasará con su fortuna en caso de que muera y deje a su esposa sola con toda esa riqueza. A cambio. Gulfer lo observó atentamente. – sin vacilar. —Todo bien hasta aquí. – la boca del joven caballero se entreabrió en una sonrisa cínica. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 4 . El otro joven caballero empujó a su compañero por el brazo. Pero toda la cristiandad sabe que no se puede hacer un bebé apenas en una noche – Gulfer abrió los brazos y se encogió de hombros. Estos viejos caballeros de ahí son sus proxenetas ofreciendo dinero sucio. habrá una buena paga. Llevará los ojos vendados hasta allí para mantener todo en secreto. – el silencio que siguió fue apenas roto por el ruido de la taberna. Entonces clarificó lo que estaba buscando. y después será llevado por la mañana a cualquier local que quiera indicarme. —Por el amor de Dios. deslizó el contenido sobre la palma de su mano. —¿Qué venden? – preguntó con mirada de sospecha. —Será llevado a un lugar del que solo le puedo decir que es una casa de las más respetables. ya anciano. Gulfer sonrió. no he dicho que vaya a hacerlo – sus ojos se estrecharon – Si dijese sí – se giró a Gulfer – explíqueme como se haría. Pero todo está en manos de Dios. Niall. ¡Vámonos! Estás demasiado borracho para saber lo que estás haciendo. —Niall. como puede ver. juro por la Santa Virgen que es como te digo. —Mi joven señor ¡Saque los malos pensamientos de la cabeza! Déjeme asegurarle que solamente quiero contratar sus honorables servicios – hizo una pausa y se frotó el mentón. Sacó una bolsa de debajo de la cota de mallas y. y considerando que el pobre hombre está cada día más viejo y enfermo. Un rico mercader de esta ciudad. no parece que vaya a conseguir ese hijo. se casó con una joven con quien intentó tener un heredero durante los últimos tres años.

—¿No tengo el derecho a preguntar? Es una propuesta muy extraña. Para prevenir una traición. los dos jóvenes caballeros se quedaron hombro con hombro. Niall sacó la mano y Gulfer se inclinó para ver. tiene que llevarnos a los dos. – Niall se quedó parado un momento pensando. pero la chica insiste en ello – puso la mano bajo la cota de malla y después bajo el chaleco acolchado – Sólo el Señor Todopoderoso sabe lo que ella piensa conseguir con eso – refunfuñó – A menos que sea un milagro. la que le he dicho – se encogió de hombros otra vez – mala suerte. mocoso. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 5 . —Créeme chicho. Pero estoy aquí. Orión tiene razón. Esta es una moneda de oro francesa. —Quiero cara – avisó Gulfer. —No. —Bien. —¡No. La cogió y la puso en el dorso de la mano. no de Flandes. pero Niall lo cogió por el brazo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Dígame ¿Cuántos hombres antes de mí ha llevado la dama a su cama? – el viejo caballero hizo una mueca. no voy a dejarte hacerlo! — miró a su alrededor desesperado. Aimery ató la venda negra al chico más alto y el pañuelo sucio de Gulfer al otro. Se apartó y Aimery lo siguió. En cuanto estuvieron vendados. El joven sacó la espada. ¡No. Los dos inclinarán la cabeza al mismo tiempo. frente a ellos. no! ¡Esto es una locura! — gritó Niall – esto huele a… a… brujería… y traición. pero mantenga las manos atrás – advirtió Gulfer – No queremos a nadie espiando. – el rubio refunfuñó alguna cosa entre dientes. El joven caballero se puso. – Gulfer lo encaró muy serio. tú te quedas aquí. el engaño fue mío. si pudiera arrancaría esa fantasía de la cabeza de ella. la dama no es ninguna fulana. —Cara – se enderezó – Aimery coge la venda. amigo. Gulfer extendió la mano. —No vamos a entregar nuestras espadas – avisó el grandullón rubio tocando la venda – Ni van a atarnos. Será el fin si lo hacen. —Louis. – No a menos que… ¡me lleve a mi también! Aimery lo empujó a un lado. Su intención es ni más ni menos. No ocuparé más su tiempo. vacilante. —No chico. —Está engañado. hum – Niall giró la moneda entre los dedos marcados por las batallas — ¡Por todos los santos! — exclamó de repente — ¿Por qué no dejamos decidir a la moneda? Lanzó la moneda hacia arriba y la pieza de oro giró en el aire. Rex Francia – leyó — con un ramo de trigo al otro lado. Finalmente dijo: —Muéstreme el oro de nuevo. —Mocosos rebeldes – bufó Gulfer – Todo esto no vale la sombra de un insecto. El rubio cogió una pieza de oro y la puso entre el índice y el pulgar. – Orion se puso en medio de los dos. —Entonces sabe leer – Gulfer estaba impresionado — ¿También sabe escribir? —Hum.

KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Niall – murmuró Orión – no me importa. Y porque sabía que no podían verlo. Solo quiero que te acuerdes que es tu polla de mierda siempre preparada la que nos está metiendo en este lío. sonrió. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 6 . – Gulfer lo oyó.

Por el olor a caballos. todo regado con una jarra de cerveza de Gales que tiraba de cabeza. su piel olía a limpio. —Eso. Niall lo cogió con un gesto rápido y se lo metió en la boca. así como la comida. hacía tanto tiempo desde la última vez que Niall fuera a Wrexham y saboreara los famosos guisos de ciudad. Ahora. ya que tenía una mesa. Y gracias a la buena comida no estaba tan borracho como antes. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 7 . va a ser necesario alguien más inocente que yo. tropezaron con un escalón en la entrada. El amigo cortó un pedazo de pan y se lo arrojó. encogidos de vergüenza por su desnudez se sentaron a la mesa atacando la comida. tendrán comida. por lo menos para dos jóvenes caballeros cansados y hambrientos del conde de Gloucester. recostándose para eructar. —Vayan a lavarse chicos — dijo — Después. Orión? ¿Eso es lo que piensas? — Niall se levantó de la mesa. Finalmente se detuvieron. Eso le dio a Orión la certeza de que estaban allí para divertir a alguna bella dama lasciva a deux (a duo) y no a causa de la historia que los viejos caballeros les habían contado. que él ni se molestó en intentar recordarlo. saltó cuando sonaron las campanas de una iglesia próxima anunciando las últimas horas canónicas. Orión le siguió con un pedazo de jabón y el cepillo de alguna ayudante de cocina. El baño caliente había sido muy bienvenido. Niall miró a su alrededor. Después. El cuarto tal vez perteneciese a un mayordomo o intendente. Niall golpeó los hombros contra una pared cuando los caballeros los hicieron subir por una estrecha escalera. que esto es algún complot peligroso de alguna vieja malvada y marchita que llora noche y día por el vigoroso mástil de muchachos inocentes. ella nos va a querer a los dos. Orión asintió con expresión muy seria. Hasta el momento la noche no ha sido tan mala. Te estoy advirtiendo Niall. Parpadeando. había sido calculado para convencerlos a que se frotaran la piel en tiempo record. Un poco más allá había otra puerta. debían estar en el patio de carruajes de una gran casa. sujetando sus calzas todavía mojadas con una de las manos — ¿Van a necesitar de nosotros dos para tomar a una vieja dama paralítica? —No hagas mucho caso de eso — respondió el amigo con indolencia — He oído que las ancianas son las peores. un pudin de avena nadando en miel y mantequilla. Atravesaron pasillos llenos de calor. Su mano voló hacia el puñal. — ¿Entonces. Niall se arrancó las ropas de buena gana para entrar en la enorme tina de agua. una cama y fuego ardiendo en la chimenea.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O0 02 2 Conducidos por las oscuras calles hasta una casa con una amplia puerta. Niall terminó primero y se empujó los cortos cabellos hacia atrás. aunque estuviese un poco escurridiza. Colocar la comida caliente donde pudieran verla. La comida estaba más que buena… gruesas lonchas de cerdo asado y pan negro. — ¿Inocentes? — Niall recogió el resto de sus ropas del suelo — Vaya. ruidos y olores de cocina. si tengo que arrastrarme sobre alguna puta en la cama contigo respirando en mi nuca. y Gulfer les quitó las vendas. Aun así. vestidos apenas con unos calzones. La comida les estaba esperando. es mejor que tengas la espada a mano donde quiera que nos lleven.

estaba en algún lugar del barrio de los comerciantes de Wrexham. Todavía era posible… aunque Dios sabía que ellos no poseían nada que pudiera robarse… que fuesen emboscados allí en una parte desconocida de la ciu dad. Gulfer hizo un gesto. No puedes ir hasta ella así. mientras recogía la cota de malla y las ropas del suelo. que la mujer no fuese muy vieja y repulsiva. buscando las botas. Niall se encogió de hombros. ni aunque sea la hija del viejo rey. ¡No es en una batalla donde vas a entrar. Decidió que era mejor dejarlo allí. arriesgando la propia piel. la puerta se abrió y Gulfer entró. me voy a ganar bien mi dinero. el oro es lo que me atrae. E incluso hasta las cosas feas que Orión sospechaba todavía podrían suceder. —Bueno muchacho. apoyando la barbilla en la mano. en su sabiduría. Niall pensó en el aspecto de sus ropas y las sensibilidades de una mujer. Aimery metió la mano en el jubón y sacó una venda. —Vosotros los malditos irlandeses pensáis que podéis fornicar con la hermana del demonio — dijo Orión. después de haberse separado de forma insensata de los demás al mando del conde Robert. Por lo que reconocía. En las de cualquier mujer. Inglaterra nunca va a tener a una mujer gobernándola. Lo que el viejo caballero está ofreciendo es más que la paga de dos años al servicio de la reina. si el trabajo de esa noche fuese de hecho lo que les habían propuesto. —Confía en mi Orión. Eso lo dejaba vestido solamente con las calzas.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Con lentitud. Niall miró a su alrededor. lo que probablemente era suficiente. es el cuarto de una dama! Él se mantuvo firme. rapaz. sabía como aquel extraño negocio iba a terminar. Niall soltó la respiración. La simple cuestión era meterse rápido en la cama y salir ligero de la misma manera. ni siquiera con la ayuda del hermano Gloucester. piensa en lo poco que puedes hacer con tu espada teniendo esto sobre los ojos. era haber estado tan borracho en la taberna. Su compañero lo observaba. Niall sujetó la cintura de las calzas inclinándose para recoger la espada. esperando. donde voy yo. no temas. quita eso de ahí. y hasta a morir. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 8 . —Ea. La única cosa que lamentaba. ¿o no? Stephen no consigue decidirse si se enfrenta a sus enemigos o los perdona — se giró — ¿Estás lo suficientemente sobrio para que te deje solo? En ese momento. se dijo a sí mismo. había venido desde Irlanda con su espada alquilada con la esperanza de conseguir fama y dinero. El chaleco desprendía un fuerte olor a sudor. mi polla nunca me ha decepcionado. Se agachó para recoger el chaleco acolchado. —No. ¡Por el amor de Dios! Era un caballero. A pesar de todos los burdeles a los que me arrastraste. —Sé bien que ellos tienen una “mujer” en el rey Stephen. —Mi espada va. como Orión había comentado. al parecer con la lengua hinchada. — ¡Ah-ah! Cuando cobremos — Orión levantó la jarra vacía y la sacudió— Dime ¿Cuál es la maldita utilidad de esta guerra? — Parecía resentido — Los dos sabemos que la reina nunca se sentará en el trono de Inglaterra. Niall intentó apartar la sensación de su cabeza. Porque solo Dios.

había alfombras de piel de oveja y cabra unidas con trenzas rojas. empujó la puerta. Sin quitarle la venda a Niall. Llegaron a un tramo de escaleras. La dama es como os dije. corros de doncellas bailando en un bosque. Niall no tropezó tanto como antes. el hombre se marchó cerrando la puerta tras él. y sus sentidos estaban atentos a todo lo que escuchaba u olía: cuero y grasa de vela. sillas forradas de terciopelo. había pocas cosas que él no hiciera por dos años enteros de salario. —No es traición. avíseme cuando haya escalones. vosotros. Luego se puso de espaldas a él. haz al hombre jurar sobre la tumba de su madre que esa vieja bruja es dulce y agradable. grupos de nobles en contraste con ciudades amuralladas y fortificadas. Orión exclamó: — ¡Eso. —Deme su palabra. ¿La esposa de un viejo comerciante que necesitaba engendrar un hijo? ¡Solo dos borrachos descerebrados como Orión y él podían haberse creído semejante historia! Por otro lado pensó. conforme estudiaba al viejo caballero. Y cuando se tenía eso en cuenta. Cuanto más sabía.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Niall dudó. mesas y baúles de madera oscura tallada estaban distribuidos por el lugar. si hubiese alguna traición. sin intención de abandonar el arma. en el suelo. polvo y grasa de carnero humeante de las candelas que iluminaban el camino. sería en aquel momento. En el rellano se detuvieron de repente. en medio del cuarto. no estamos lejos — soltó un suspiro profundo en el oído de Niall — ¡Ah. Niall escuchó las bisagras chirriar cuando ésta se abrió. más ridícula le parecía. Pero el sujeto tenía razón. Dejaron a Orión ante el fuego y descendieron por un corredor de la casa ahora silenciosa. le avisó que. El viejo caballero extendió la mano y le puso la venda en los ojos. raspándose las espinillas con los escalones. docenas de ellos. —Aguanta muchacho. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 9 . había una enorme cama con dosel del que pendían cortinas adornadas con cuentas rojas y colgantes dorados. muchacho. Niall levantó la mano para quitarse la tela. poco sabéis que tesoros tenéis en vuestra juventud y vigor! ¡Yo daría todo lo que tengo por estar dentro de tus calzas esta noche! Empujó a Niall rumbo a otro tramo de escaleras. Niall dudó. Maldijo entre dientes. el fuego crepitaba en una chimenea de arenisca blanca. jóvenes gallitos. con las cuatro paredes cubiertas por ricas tapicerías. La mano de Gulfer en la curva de su espalda lo empujó hacia adelante. Un escalofrío en su piel. y no la reina de los trolls de Wrexham! La mirada de Gulfer era firme. Estaba en una habitación. tenían escenas tejidas con brillantes hilos de cacerías de jabalíes y ciervos. ¿vale? — Exclamó — O el próximo agujero por el que pueda caer y matarme ¿de acuerdo? Gulfer puso la mano en su brazo. El viejo llamó y sin esperar respuesta. se descubrió y parpadeó ante la brillante luz de las velas. Lo había visto y tocado. Niall tropezó. Largos cirios llenaban el cuarto. — dijo a Gulfer — de que esto no es ninguna traición. —Virgen María. Desde la mesa. los suficientes para iluminar una misa solemne. tenía dinero. El oro era auténtico. Ya se estaba maldiciendo por haber escuchado esa loca historia.

Al momento siguiente sintió un repentino malestar. Vestido apenas con unas calzas mojadas. El corazón de Niall dio un salto en su pecho. un poco ronco: —Soy… creo que soy quien estaba esperando. sus cabellos. un caballero joven de aspecto rudo. De repente estaba ansioso por terminar pronto con todo. Se sintió plenamente consciente de lo que debía parecerle a aquella mujer. pero para él. Aquella no era la vieja arpía que Orión había profetizado. La chica era tan delicada como una flor. a los trece. Entonces dijo. sueltos sobre los hombros. Casi no notó a la muchacha de pie. cabellos rubios que nunca combinarían con el brillo intenso de los de ella. cuyo único hechizo era su belleza. Era de estatura mediana. fuego y ojos esmeralda. Tan encantadora que se recordó a sí mismo los avisos de Orión sobre brujerías. brillaban como un rio de cobre intercalado con corrientes de fuego. De repente. La esposa del mercader. viviesen allí. sin conseguir tener un hijo? La mayoría de las muchachas de esa clase se casaban a los catorce años. y no la alta nobleza. Era una estupidez estar asustado por una chica. por cierto. Niall suponía que no todos los hombres encontrarían atractiva aquella nariz pequeña y recta. señora. y los labios le temblaban cuando lo miró con incertidumbre. decidió que ella no era. toda crema. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 10 . haciendo que se le erizasen los pelos de la nuca. con anchos hombros. Era difícil creer que unos simples comerciantes. Tenía dedos gráciles. una ninfa de los bosques llameante. Diecisiete años. ya que se había dejado las botas y las medias en el cuarto con Orión… Wow.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Niall parpadeó de nuevo. Un manto bordado pendía de sus hombros. pero era evidente que la joven tenía una complexión delgada. era más una hechicera dorada. absolutamente inmóvil. además era hermosa. menudo aspecto debía tener… Pero era tarde para pensar en eso. Niall se acordó que sus manos estaban oscuras del duro trabajo de cuidar las armas y caballos. Ella era apenas una joven. Se reprendió por ser tan idiota. A veces. se dijo Niall a sí mismo. o los grandes ojos verdes de gata. ni un día más. descalzo. ¿Qué es lo que el viejo caballero había dicho? ¿Casada desde hacía tres años con un viejo mercader. a los lirios anaranjados y rojos que crecían en la campiña en verano. Un escalofrío le recorrió la espalda. con uñas rosadas y perfectas. Seguramente. pensó mirándola. al lado de la cama con cortinas. con esos cabellos llameantes. Un nervio en su mandíbula se contrajo. la chica poseía una delicadeza que recordaba. senos grandes y firmes. la dama rubia y distante de las canciones de los trovadores. la apariencia insolente de sus mejillas. Ella sujetaba la parte delantera de la túnica bordada cerrándola con sus manos suaves y pálidas. Había estado en castillos y mansiones que no eran tan ricos como el que veía ahora. En contraste con las cortinas rojas de terciopelo. labios pálidos y grandes ojos verdes. Estudiándola.

lo que estaban haciendo era muy peligroso y. que el tejido tintinaba a cada aliento. parecía un milagro que los viejos caballeros de su marido la hubiesen obedecido y además hubiesen encontrado a aquel gallito impresionante en algún lugar de la ciudad. los hombros y los pies descalzos del joven caballero. de un rubio quemado le caía hasta los hombros. Caminaba en su dirección con las largas piernas cubiertas de pelo oscuro. Emmeline vio de refilón los ojos color ámbar como los de un tigre y un aire de feroz determinación.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O0 03 3 Las llamas de las velas se extendían largas y brillantes en la quietud de la habitación. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 11 . donde el paño húmedo mostraba el grueso eje de su sexo pegado al cuerpo. ¡era demasiado tarde para eso! Además. de repente. que aparecía donde terminaban los calzones casi a la altura de los tobillos. Su boca. tanteando una vez más lo que le había dado su abuela para asegurar que el trabajo de aquella noche no sería en vano. viendo aquella invasión en su habitación era obvio el por qué Gulfer lo había escogido. descalzo y usando apenas unos gastados calzones. se dijo a sí misma temblorosa. y las sombras subían por las paredes cubiertas de tapices. Valor. ¡era mucho más alto de lo que Gulfer le había contado! Su marido. bajo. demasiado consciente del tamaño de los brazos. El caballero se paró. Ahora ella veía que sus viejos criados le habían traído a un joven alto y fuerte. Perdió el equilibrio y se tambaleó agitando los brazos. pareció enredar sus dedos en uno de los tapices de piel de oveja. Tragó en seco. Emmeline intentó devolver aquella mirada atrevida. Emmeline no consiguió desviar los ojos de él. después de entrar en la habitación. pensó. organizarlo y arreglarlo que lidiar con el hecho material de un plan cuanto éste estaba a punto de realizarse. por lo menos a los ojos de la iglesia. ¡Parecía que el chico era capaz de procrear centenas de bebés! El cabello. el joven caballero que Gulfer había traído a su habitación era muy real. Más del que había imaginado. Y parecía que conforme ella lo miraba se hacía mayor. mandarlo lejos ahora que estaba allí. se habría ido corriendo. a medio camino. Estaba descubriendo que era mucho más fácil planearlo. Bernard de Neufmarche era viejo. se quedó seca. Para bien o para mal allí estaba el joven. Emmeline se quedo parada esperando envuelta en una camisola de seda china tan llena de bordados. incapaz de moverse. Ahora. las caderas eran estrechas y las piernas largas… en verdad era tan poderosamente… tan vigorosamente masculino. Santa María. de maneras y voz suaves. Se paró ante ella. Necesitaba valor para hacer esto. De repente se sintió aturdida. pensarlo. Observó aturdida como. con unos calzones viejos. que si no hubiese estado enraizada en el sitio. Parecía llenar todo el espacio con aquella desnudez musculosa. Además. La piel dorada tenía un brillo sedoso. Desde el momento en que había entrado en la habitación se había sentido paralizada en el lugar. pensó desesperada. un pecado mortal. Dios del cielo no podía rechazarlo. semidesnudo. Sus ojos descendieron a su ingle. En ese momento ella no tenía idea de cómo habían conseguido Gulfer y Aimery la ayuda. encarándola abiertamente.

Santo Dios ¡eran casi tan grandes como sus pies! Las palabras salieron de su boca en tropel. No solo por Bernard y por el destino de la fortuna de su marido. Mirando aquellos ojos castaño-dorados. —¿Cuántos años tenéis? Las cejas del chico se arquearon. —¿Sa…sabe porqué está aquí? – su voz salió casi estridente. Era muy joven. de repente. —Sí. Emmeline cerró la parte frontal de su bata. Si consiguiese. Se obligó a respirar profundamente. rezando y haciendo una petición muda. —¿E… Entendéis. al menos. alguien a quien ella entregaría la parte más íntima de su cuerpo. Su mente se aceleró. Clavó los ojos en un punto de la pared del fondo. sino también por sí misma. pero estaba perdiendo la razón con tanta aprensión. Era verdad. Ahora casi un año como caballero. señora. que parecían encogerse. El calor subió hacia los pezones. de que aquello podría llevar casi toda la noche. — dijo el chico finalmente – me lo han dicho. pero valía la pena porque necesitaba mucho ese bebé. El bebé. pero la cama la bloqueó. Emmeline experimentó una sensación extraña que hacía que cada pedazo de su piel hormigueara. Lo pensó por un momento antes de responder. Y grande. Agradezco que me lo recordéis. Movió los ojos deprisa hacia las manos del caballero. si fuese concebido. —¿Ahora? —La noche continúa – le recordó él. Su boca. la dejó nerviosa. rígido como el pergamino. parecía extremadamente sensible. De alguna manera tenían que empezar. Hacía tanto tiempo que quería tener un bebé en los brazos que era como un sueño hecho realidad. sería sin duda rubio. Se dijo a sí misma que por lo menos él la miraba con franqueza. Ahh… tengo veinte. A pesar de la buena apariencia juvenil era un extraño. golpeándose con la cama. Pero la percepción de que tenían toda la noche por delante. el conde Robert de Gloucester. aquella podría ser la peor cosa que podía hacer en su vida. Intentó dar otro paso atrás. Que me pagarán – dio un paso hacia ella con la misma expresión en el rostro — ¿Debemos empezar ahora? Emmeline dio un paso atrás. Emmeline no consiguió reprimir un escalofrío con el sonido áspero de aquella voz. apenas dos o tres años mayor que ella. sobrevivir a aquella noche… Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 12 . Veinte años. —Cuatro años como escudero bajo las órdenes de mi señor. Había sido ella quien había ideado el plan y se veía obligada a cumplirlo… y que la buena Madre del Cielo la perdonase por ello. sería una gigante de ojos castaños. –consiguió balbucir – que se os pagará mañana? La expresión del chico cambió. —Sí. Solo podría entregarse a la misericordia de la Santa Virgen y esperar que todo aquello fuese para bien. Dios en el cielo sabía que no era cobarde. Cuando Emmeline levantó los ojos vio aquella extraña mirada castaña en ella y fue un choque. suponía que era una señal de buen carácter. Si fuese niña. Cerró los ojos.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Era demasiado tarde para cambiar de idea y mandarlo lejos. La sangre huyó de su rostro.

Emmeline consiguió apartarse. Mientras aun tenía fuerzas para hacerlo. Las manos grandes y callosas en su piel eran calientes y temblaban un poco. Ella desvió los ojos. tenían una tarea. quiero tomaros de la manera más tierna y… conseguir el resultado que deseáis. Sí. —No sé cómo ha pasado esto. me ha sonreído esta noche. El caballero la observaba atentamente. haciéndole casi perder todo el aire de sus pulmones. donde había estado preso. él murmuró con voz ronca. Lo oyó inspirar con fuerza y deprisa. Emmeline intentó empujarlo. ¡Por Dios. El caballero la cogió por el brazo. cerró los brazos con fuerza en torno a ella. Emmeline se arqueó al ser empujada tan deprisa contra aquel cuerpo semidesnudo. no sé cómo. rebelando la camisola blanca adornada de lazos.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline sofocó la sensación de pánico. aquel era el momento. Sin embargo. —Si esto es un sueño – lo oyó refunfuñar – no me dejes despertar hasta que te haya poseído. podía sentir la voluminosa evidencia que se proyectaba contra su vientre ya que él no necesitaba nada más para excitarse. En respuesta. Una presión insistente brotaba de aquel beso duro. Inclinó la cabeza y la boca firme se apoderó de la suya con una brutalidad ansiosa. sus sentidos traicioneros parecían desear aquel cuerpo lascivo dentro de ella! Estaba temblando como una hoja al viento. claro. Él la miró con los ojos color ámbar llameando y la boca mojada por aquellas caricias turbulentas. Aquel beso era completamente innecesario. Respiró profundamente. —Y… y… yo voy a apagar las velas. incluso torpe. En su oído. se dijo Emmeline a sí misma. Ere de conocimiento de todos en la ciudad de Morlaix que la esposa del orfebre era caprichosa y mimada. pero era más experimentado de lo que parecía. Pero esas mismas personas también admitían que era una esposa buena y obediente y que había hecho de Bernard de Neufmarche un hombre feliz. Con algún esfuerzo lo sacó debajo del codo del chico. ¡Su cuerpo. que algo mágico me encantó! —Mi brazo – consiguió balbucear Emmeline. Aquel joven caballero podía parecer impetuoso. Pareció no notarlo. La cabeza de Emmeline giró. que se abrió. pulsante en sus labios. Sus dedos se enterraron en los hombros desnudos del caballero. continuaba abrazándola aún más fuerte mientras frotaba los labios en su cuello y en la cara. Entonces él extendió la mano y la acercó a su cuerpo. Las manos la apretaron con fuerza mientras un fuego llameaba dentro de las puntas de sus senos y enseguida en sus partes femeninas como ríos de deseo líquido. Sin embargo ¿no sabéis señora que no se puede concebir un bebé si no se siente placer? Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 13 . al sentir aquella energía vigorosa. – ella podía percibir el asombro en la voz del caballero – pero agradezco de todo corazón a los dioses por la suerte que. Toda aquella apasionada conversación no era lo que quería oír. Levantó las manos y desabrochó la cinta de su bata. y que su viejo marido le consentía todo de buen grado. —Mi dulce señora. —Nunca pensé que encontraría un tesoro tan maravilloso esta noche. Continuó abrazándola mientras dejaba besos ávidos en su rostro.

—Solamente en la más agradable unión física entre un hombre y una mujer puede ser creada una nueva vida. casadas o no. El contacto al mismo tiempo brusco y cariñoso provocaba una sensación que ella no había experimentado antes y que la recorría por entero. pronunciadas con un acento levemente cantarín que ella no consiguió identificar. Bernard. Emmeline enterró los dedos en los cabellos rubios. libres y duros. Al momento siguiente aquella boca caliente estaba sobre ellos. Un relámpago de malicia brilló en los ojos del caballero. las manos estaban en sus nalgas apretando y acariciando. Emmeline lo encaró boquiabierta. como le pasaba con Bernard. Las manos de Niall apartaron las de Emmeline de los cabellos rubios. su pobre marido. Aquellas palabras. sintiendo las rodillas súbitamente débiles. —¿Estáis seguro de eso? – murmuró. Emmeline pasó la lengua por los labios secos. pasando los botones suaves entre la lengua y los dientes. acariciando los pezones a través del tejido de la camisola. nunca le había impuesto una tortura tan deliciosa y enloquecedora en todos los años en que se había acostado con ella. Parecía mucho más fácil ir a la cama. la confundieron.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline se giró con los ojos muy abiertos. prestaban poca atención a esto. intentando no gritar. Los pechos blancos saltaron hacia fuera. el caballero inclinó la cabeza y empujó el escote de su camisola. —¿Qué? —Sí. no se quedará embarazada. Al mismo tiempo. Emmeline lo miró con los ojos muy abiertos. Mientras vacilaba. lo que estamos a punto de hacer no es ningún acto de apareamiento como el de los animales. Ella lo oyó sonreír. Mientras la ávida boca chupaba y mordisqueaba sus pechos. —Dejadme probároslo – murmuró. débil bajo aquellas manos. – Emmeline nunca había oído hablar de esas cosas en su vida. Se llevó la mano al cuello. Pero necesitáis darme un momento para eso. sus piernas y caderas se retorcían contra el caballero conforme ella frotaba el cuerpo de arriba abajo. Emmeline se apoyó en él. y no para satisfacer la lujuria. para tener hijos. mi bella dulzura – su voz sonaba extrañamente estrangulada – Mi amor precioso y apasionado – llevó sus dedos a los labios y los besó – Juro que os daré placer. Sus manos grandes le cubrían los pechos deprisa. conectados a un incendio que traspasaba su cuerpo de pies a cabeza. Sin embargo era del conocimiento común que la mayoría de las personas. Sus pezones se habían endurecido palpitantes. Si una mujer no tiene placer. mientras tanto no había duda de la seguridad con que él hablaba. —Calma. extrañamente atormentada. acercándose a las piernas y la ingle como una gata en celo. Ella dejó escapar un sollozo alto. Estaba siendo maravillosamente asaltada. hacer el acto y acabar pronto. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 14 . Y. corazón. —¿Tengo que sentir placer? –balbuceó con un hilo de voz. Claro que la Santa Iglesia decía que los placeres de la carne debían ser disfrutados solamente para la procreación. empujándola a su encuentro.

Se sentía pervertida. su mano se deslizó entre sus muslos separándolos. Antes de que Emmeline pudiese echarse atrás. La boca masculina brillaba con la luz de las velas. una prostituta callejera. El joven era tan enorme que ella se quedó rígida bajo su cuerpo. Encima de ella el caballero parecía una mezcla furiosa de energía apasionada.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —¿Por qué os está llevando tanto tiempo? Ella lo oyó suspirar. —Ah. Entonces sintió como su espalda se arqueaba y sus caderas se retorcían acompañando con avidez el toque ferviente y palpitante que la invadía. no sabiendo qué esperar. enterró los dedos dentro de ella. sintió que aún había tiempo para empujarlo. con los dioses por testigo. ¿Miedo? Emmeline estaba casi gritando. con un repentino movimiento de sus caderas y una fuerte envestida. esta noche por lo menos puedo hacerte mía. estaba dentro de ella. Estaba horrorizada. deseando solamente el alivio impresionante y lleno de gemido que él podía ofrecerle. En el fondo de su mente febril. conseguir a su bebé tranquila y cuidadosamente aquella noche. con los labios. Emmeline se retorció y se movió mientras las caricias del caballero la dejaban loca de deseo. De una lujuria aprendida en burdeles. Aquello era mucho más de lo que esperaba. Él respiraba jadeante. El caballero la cogió con más fuerza. Entonces. Había pensado acostarse en la espaciosa cama como hacía siempre y soportar lo que fuese necesario con algún joven que sus caballeros pudiesen encontrarle. ella podría correr hasta él y decirle que pagase al semental rubio los dos marcos de oro que le habían prometido y lo echase. Al momento siguiente la acostó sobre la cama. de salir de la cama antes de que pudiese impedirle huir de la habitación. se veía en las garras de una extraña locura que emanaba de aquel caballero de ojos de color ámbar y cuerpo flexible y poderoso. moviendo los dedos adentro y afuera de su nido mojado. con un movimiento rápido. o lo que quería. —No tengas miedo – dijo mientras rodaba sobre ella apretándola. Ella gimió. —Eso. Él inclinó la cabeza y. capturó otro pecho mientras su mano la tocaba y le empujaba la camisola hacia arriba. Aquel chico fuerte y guapo le había dicho que no podría tener un hijo sin sentir placer carnal. Ahora. de viaje en York. —Si esto es un sueño – murmuró ronco – entonces. ¡Entonces todo se acabaría! Cerró los ojos. sintiéndolo latir y palpitar dentro de Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 15 . Y ahora estaba actuando como una loca. La atrevida mano ya se encontraba camino de los suaves pliegues de su sexo y Emmeline cayó de espaldas entre los brazos del caballero cuando. las caderas buscando desesperadamente la caricia tormentosa de aquellas manos enormes. devastada. Emmeline sintió de pronto el pene duro apretarse contra su cuerpo. Vagamente recordó lo que había planeado. Se agarró a él. en la seguridad de su habitación mientras su marido estaba fuera. de guardia en el corredor. con sus pechos ansiando por él. mientras miraba las cortinas moviéndose en la cama. Gulfer estaba en algún lugar cercano. desvergonzada. El grito que ella iba a soltar quedó sofocado cuando el caballero tomó su boca con la de él. mi querida. con las dos manos bajo sus nalgas abriéndole las piernas. bolita de miel – susurró en su oído mientras la cama se movía – ah querida. ¡Mi pequeña diosa dorada! — con rudeza le cubrió el rostro y el cuello de besos. ¡no te dejes nada! Emmeline nunca se había sentido así en todos sus años con Bernard Neufmarche.

Entonces sintió un clímax fuerte. Emmeline levantó los brazos y lo abrazó por el cuello para. Él hizo una pequeña pausa. empapados en sudor. ahogándola. la levantó en brazos y la llevó de nuevo a la cama. Tú eres mi verdadero amor y sabes que no puedo dejarte ahora. y ella no podía creer a sus oídos. Dejó escapar un gemido que murió en los labios de Niall. La sensación del miembro dentro de su cuerpo era casi demasiado para aguantarlo. Por fin consiguió soltar el aire con un suspiro alto. Emmeline giró el rostro luchando por respirar. dame tu boca – le acarició el pelo con la fuerte mano. agitado. con los largos cabellos sueltos. Después de un instante en caballero empezó a moverse. echando sus caderas hacia atrás. saciados de lujuria. Pero él estaba hablando de amor. entrelazar las piernas en torno a sus caderas mientras oía el gemido tembloroso del caballero cuando se apretó contra él. Cuando lo miró. pareció que él iba a echarlos fuera de la cama con aquellas estocadas frenéticas. Jadeante. Por un momento. se colocó encima de ella y la penetró como estaba. Emmeline lo miró. en algún momento. él gritó. mientras él la penetraba repetidas veces. dónde la acostó boca abajo. Entonces empezó a bombear con toda la fuerza de su cuerpo fuerte y ella no pudo reprimir un grito. Con las manos temblorosas la cogió y la giró de espaldas. Emmeline rió también. Cuando resbalaron y cayeron en la alfombra ambos jadeaban. inclinando la cabeza hacia atrás. El cuerpo de Emmeline se contrajo en un choque violento. Levantándole las caderas hasta su ingle se enterró dentro de ella mientras estaban allí. aquellos ojos dorados estaban clavados en los suyos. —Mi bella y apasionada hechicera – él estaba rojo y parecía muy joven – el destino nos ha llevado uno hacia el otro a pesar de la crueldad de tu marido. Se inclinó y apartó la masa húmeda del cabello de Emmeline de la cara. El ritmo aumentó y. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 16 . Ella se agarró a su cuerpo musculoso. El suelo olía a suciedad y perro. ella se levantó en sus rodillas y se retorció como una loca. al terminar. Estaban desnudos. Con un temblor que lo sacudió por entero. arrastrados por las garras del éxtasis.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix su vientre. poseyéndola. enredados y tirados en el suelo. Sintiendo la punta del dedo entre sus piernas. en seguida. anunciando el alivio. La tomó en sus brazos y la sacó de la cama y la apoyó a los pies de esta. Los labios de ambos se tocaron y la boca ruda reivindicó la suya. uno frente al otro. Él la miró y se rió. Estaba desnuda bajo el caballero. con las piernas enrolladas en las de él. Apartó del rostro los mechones húmedos de cabello. ninguno de los dos consiguió hablar. El caballero estaba diciéndole que no podría dejarla. desde los omóplatos a las nalgas. —Bésame – murmuró – ángel. Besándole la espada. Era casi imposible pensar con la mente y el cuerpo así. un momento que nunca había imaginado y sollozó. La habitación empezó a girar mientras el caballero la empujaba con sus embestidas hasta el borde de la cama. con las piernas enroscadas alrededor de sus caderas. de pie. Se había excitado de nuevo muy deprisa. Cuando acabó. con los codos y las rodillas dobladas. Emmeline gimió cuando él enterró los dientes suavemente en sus hombros y cuello.

la barrera para nuestra felicidad es que tengas un marido. Quería un bebé… tal vez incluso hubiese conseguido uno. te rescataré de este lugar maldito y no te verás forzada a este… este. Soy hijo de un caballero y mi padre es hijo de un conde. espere – intentó decir. O tal vez a la iglesia – hizo una mueca – aunque sea difícil pensar en que tenga allí algún amigo. sus ojos llenos de amor y de un fuego color ámbar. ¿Qué está diciendo? – Su voz sonó más nerviosa de lo que ella quería – No soy maltratada… — la enorme mano del caballero le cubrió la boca suavemente. Pasando los brazos en torno a ella la llevó a la cama. Como si el amor y el matrimonio para ellos tuviesen algún significado. Con esfuerzo. Lo vio atravesar la habitación hasta la mesa dónde estaba el plato con el pan y el vino.. parte de ella deseaba pasar los brazos en torno a su cuello y agarrarse a él. consiguió desenmarañarse y se levantó. esos viejos perros de tu marido no son rival para mí y lo saben – un pensamiento repentino lo asaltó – ¿Estás preocupada por el hecho de que tu marido aún esté vivo y que la iglesia. hablaba como si pudiese hacer todo lo que había dicho que haría. —No es posible que una mujer joven y bonita como tú esté amedrentada de un viejo bruto idiota que exige… — tomó el vino y colocó la taza en la mesa – ¡que exige lo que ningún hombre decente exigiría a su esposa! Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 17 . Pero te cuidaré. —Necesitamos conseguir ayuda en algún lugar – cogió una taza y se sirvió el vino – haré una petición a sir Robert de Gloucester.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —No. maldición… Emmeline extendió la mano para tocarlo y después la dejó caer. aunque mi nacimiento no sea legítimo.. pensó. tal vez no bendiga nuestro amor? ¿Es eso? Se sentó en la cama y pasó las manos por los sudados cabellos rubios. Empezó a sentir un terrible dolor de cabeza. Sus labios estaban tan hinchados por los impetuosos besos que ella no conseguía moverlos – Está equivocado. Había marcas rojas en su piel. pensó mirando al joven a su lado ¿qué haría con él? Santo Dios. a su lado. – miró alrededor de la habitación – este tratamiento abusivo de nuevo. mi señor soberano y comandante. Es verdad que soy pobre y tengo pocos bienes en este mundo. Casi maldijo el momento en que había pensado aquel absurdo plan. Pero. Lo miró sin saber que decir. posiblemente hematomas. cualquier mujer sería una loca para no desearlo. Las piernas de Emmeline estaban envueltas en las mantas. —¡Espere! ¡No beba eso! — gritó. —Tendremos que casarnos – le dijo – sin embargo. Emmeline casi lloró cuando él salió de la cama. —Shh. pero él no la oyó. Emmeline se apoyó en el codo. pero esto no me impide amarte. —Pero por el amor de Dios. No soy plebeyo. no sabes nada de mí. Mi marido… Él puso un dedo sobre sus labios. no tengas miedo. Estaba horrorizada con la debilidad que sentía y su cuerpo le dolía casi tanto como su pulsante cabeza. —No necesitas hablar de él – los ojos color ámbar la miraban con adoración – ah querida. mirando a las anchas espaldas y hombros desnudos del joven. apegarse a aquel joven caballero impetuoso que hablaba confiado de amor y matrimonio. él parecía dispuesto a luchar con el mundo entero por su causa. Sus brazos temblaban por la debilidad. con la cama deshecha. En ese momento. Su cuerpo era hermoso. estate tranquila de eso. Peor. aunque él hubiese intentado ser suave. Con todo.

– dijo con voz pastosa – antes de que nazca el sol te sacaré de aquí. Ya había oído el tintineo acusador. Levantó la mano y entrecerró los ojos. —No importa. acostado a su lado y roncando como un caballo. Cuando abrió los dedos. El cuerpo que apretaba en sus brazos era su amigo Orion. Observó cuando llenó la taza de nuevo y bebió todo de un trago. No había nada que pudiese hacer ahora. a pesar del ruido en su cabeza. No necesitó abrirla para saber lo que había dentro. El joven se aproximó. Por la mañana.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline se cubrió la boca con la mano y se hundió en la cama sin saber que decir. —Necesitamos un plan – su voz sonaba apagada por el pelo de Emmeline – ya que puede resultar un niño de todo esto. Con una sensación de pavor. —Por la mañana— murmuró. Cerró los ojos. en la tierra fría y llena de barro. para comprometernos el uno con el otro. Niall la soltó e inclinó la cabeza para atrás estirándose. quiero hacer el amor contigo de nuevo. Con un gruñido abrió los ojos. El caballero pensaba que Bernard la había obligado a acostarse con otro. —Sí que importa. Se despertó y extendió los brazos para acercarla a él. El sol empezaba a subir y el aire olía a niebla. algo cayó y golpeó su pecho para después escurrirse al suelo. pero podía ver que aún no estaba totalmente dormido. Niall notó que había algo colgado en su muñeca. un gusto horrible en su boca y su cabeza dolía hasta el punto de partirse. a su lado. Era una pequeña bolsa de cuero. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 18 . Estrechando los ojos se giró de un lado a otro y vio que estaba tirado en un callejón. —Mi sangre se hiela en las venas solo de pensar en que podrías haber encontrado a algún otro esta noche – dijo – algún otro caballero para ocupar mi lugar. pero la cama estaba horriblemente fría. Se levantó y se apoyó en el codo. Emmeline esperó. Era como estar acostado en hielo. acabo de darme cuenta… ¡ni siquiera sé tu nombre! — ella se giró de lado. Levantó la mano y le acarició la espalda. Madre del cielo ¡había bebido! Lo observó limpiarse las gotas de vino de los labios con el dorso de la mano. querida. intentando entender. Necesito saber el nombre de mi amor –bostezó y después cayó de espaldas sobre la cama – Mañana. Se dijo a sí mismo que no había bebido tanto para sentirse tan mal. Niall conseguía recordar las palabras. pero nada más después de eso. —Corazón. Era demasiado tarde. se sentó a su lado y levantó la mano para acariciarle el rostro. Emmeline no ofreció resistencia cuando los labios de él tocaron su boca en el más dulce del los besos. Tenemos toda la noche. sintiendo los músculos bajo la piel suave y sin embargo firme. Había una claridad grisácea en el cielo.

KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Nial se acostó de espaldas en el suelo helado y respiró profundamente. sabiendo con una explosión de rabia impotente. Ella se había ido. Y él había sido pagado con dos piezas de oro. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 19 . que la noche había terminado. con un grito silencioso que casi lo cegó.

KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix

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Morlaix Una tormenta de primavera azotó el valle y rugió en la ciudad. El aullido del viento de las montañas de Gales era tan alto que ahogaba el ruido de un grupo de jinetes que llegaban al galope por las sinuosas calles. Afortunadamente, el bodeguero, Jermyn Villers, que portaba un par de odres de algunas de las mejores añadas de vino de Borgoña, los escuchó a tiempo. Poniéndose los odres contra el pecho, el mercader salió corriendo, gritando a su ayudante, que cargaba una pequeña barrica de vino blanco de Sancerre, que se apartara del camino. Los caballeros montados, tenían poco respeto por la gente de pueblo, por los cerdos, perros o cualquier otra cosa que pudiesen encontrar por las estrechas calles de Morlaix. Si alguien quería vivir otro día, o no quedar lisiado, corría. Momentos después los jinetes estaban sobre ellos. Un muchacho galés saltó por la puerta más cercana. Jermyn Villers se vio de repente, corriendo para salvar su vida, ante treinta caballeros con cota de malla que cabalgaban de dos en dos por las calles. Villiers corría como si todos los perros de infierno le estuvieran persiguiendo. En una esquina se escurrió y cayó al suelo. El caballero que venía al frente, un hombre alto con armadura de acero, tiró de las riendas de su corcel. Los que venían detrás frenaron hasta detenerse, con las monturas levantando las patas delanteras y luego golpeando con los cascos el suelo. El líder desmontó, cogió por la camisa al bodeguero y lo puso en pie. Villers apenas atisbó los ojos color ámbar tras la protección de la nariz del yelmo, antes de que lo soltara. Se lanzó en ese momento tras un barril de lluvia en la puerta del carnicero y se desplomó. La columna de jinetes de pararon allí un momento. El líder gritó alguna cosa. Luego, con un tintineo de espuelas y armas, la tropa pasó entre los puestos del fabricante de lana, luego por la iglesia y el patio, giró a la derecha y desapareció en el camino que llevaba al Castillo de Morlaix. El bodeguero de puso en pie, apoyándose contra la pared jadeante. Un odre se había roto con la caída, y un poco de vino se extendía por la calle. Se puso contra el pecho el otro odre que no estaba dañado. Pero sus finas ropas se tiñeron de rojo oscuro. Su aprendiz salió a la calle con los ojos muy abiertos. —Maestro Villers — el chico pregunto — ¿Está herido? ¿No fue el lord en persona quien lo levantó del suelo? Villers maldijo entre dientes contra todos los caballeros de la cristiandad, principalmente a los del nuevo rey de Inglaterra. No hacía tanto tiempo que la reciente guerra había acabado, no hasta el punto de olvidar como los nobles arremetían contra las personas comunes sin mirar atrás. Poco les importaban, a esos demonios asesinos, como si las personas no tuviesen que ganarse la vida honradamente. — ¡Es vino, no sangre! — gritó enfurecido — ¡Aunque no tengo nada que agradecer a esa basura extranjera por haberme evitado un par de huesos rotos! El chico se cambió el barril de vino al otro brazo.

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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix — ¿Está en condiciones de caminar, o debo adelantarme hasta la casa del orfebre y pedir una camilla? Justo encima de ellos los postigos de una ventana se abrieron de golpe. —Ah-ah, maestro bodeguero, ¿era él, o no? — una voz de mujer gritó — ¿era el nuevo lord? — la mujer apoyó los brazos en el alfeizar de la ventana — Le vi a usted volar por encima del barril de lluvia y dije a Harry: ¡Mira no que le están haciendo al maestro Jeremy Villers, pobrecillo! Son unos demonios, esos caballeros. ¡Le dije a Harry, que si el nuevo señor que el rey Enrique nos acaba de mandar no hubiera apartado su caballo a tiempo, la gente no tendría más vino en la ciudad, pues nuestro pobre viñatero estaría muerto en estos momentos! El ayudante levantó los ojos. —Ellos hacen eso por diversión — gritó — intentando espantar a la gente de las calles. ¡A los caballeros les gusta derribar a la gente y derramar lo que sea que ésta esté acarreando! Jeremy Villers sacudió el brazo. —Calla la boca, mocoso — ya se había hablado suficiente. En medio de la calle no era lugar para reclamar al nuevo lord. La mujer se asomó para mirar. — ¡Están subiendo al castillo ahora, para ver las sobras que ha dejado la guerra! — gritó — Lo que le ha quedado a él, eso es, para el nuevo lord. ¿No es una bonita vista ahora eh? ¡Es mejor que la gente empiece a rezar a todos los santos para que le den un poco de suerte para hacer lo mejor por nuestra pobre tierra arruinada, si puede! Jermyn hizo una señal a su ayudante para que se pusiera la barrica de Sancerre en el hombro, y siguieron hasta la casa del orfebre. Unas pocas casas después, el chico se puso a un lado la barrica para llamar a la puerta. No esperaban que la propia Emmeline de Witherow abriera, pero al parecer la viuda del orfebre había escuchado el alboroto en la calle. Ella abrió la puerta de madera. Ante la visión de la figura arañada y manchada de vino de Jermyn Villers, ella sofocó un grito. En ese momento, salió a la calle, miró de arriba abajo y luego abrió la puerta de nuevo, llamando a los criados. —No se alarme, bella dama — dijo Villers, temblando — Puede ser que me haya cortado en las rodillas cuando me caí. —Tranquilo, guarde su energía. La señora Emmeline iba a una reunión con los miembros de la Corporación del oficio, llevaba un vestido azul bordado con hilos de oro. Sobre el corpiño tenía una bella demostración del trabajo de los orfebres: cadenas de oro y plata, algunas con piedras y gemas pulidas, broches esmaltados. En su cabeza llevaba una tiara tallada en oro de tres colores, al estilo sajón. Pero incluso las joyas palidecían al lado del brillo rojizo de su cabello trenzado y levantado hacia arriba en gruesos rodetes, flanqueando unos ojos verdes como esmeraldas. — ¿Le han atacado los ladrones? — Ella dio un paso a un lado para dejarlos entrar en la casa— ¡Pensé que el nuevo guardián que contratamos pondría fin a esto! El viñatero suspiró. —Sí, ladrones, pero no del tipo habitual. Solo esos que el rey envió para gobernarnos.

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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix A pesar de todo, al bodeguero se le doblaron las rodillas de repente. Media docena de criados de la cocina, acompañados por el administrador, había acudido corriendo al salón. Ellos lo sujetaron a tiempo y lo pusieron de pie. —Con cuidado — ordeno Emmeline — lleven al maestro Villers al lado de la chimenea. Conforme los muchachos de la cocina lo llevaban, el viñatero estiró el brazo para cogerle la mano. —Me alegro de que tengamos hoy este encuentro — dijo en voz baja — Vi al sujeto objeto de nuestras especulaciones. Fue él quien impidió que me atropellara el caballo. Antes de que pudiera decir nada más, los muchachos entraron en el salón de la mansión. El fuego ardía en la chimenea. Los miembros de los gremios de artesano estaban esperando allí, calentándose las espaldas. —Jermyn… — El corpulento herrero preguntó — ¿Qué ha pasado? Conforme los chicos sentaban a Villiers en una silla, él contó: —Un grupo de jinetes de camino al castillo. Es el nuevo lord de Morlaix estoy seguro. Un hombre grande, con facciones de acero, aunque joven. Dicen que la vieja reina le debe mucho. Él fue uno de sus más valerosos comandantes. Oí decir que es irlandés. Los miembros de los gremios le rodearon. —No, es normando e irlandés — el curtidor de cuero afirmó — Mi hermano, el escribano de los archivos del arzobispo, dice que FitzJulien es pariente de su padre, un hijo bastardo del viejo conde, Gilbert de Jobourg que en paz descanse. Tiene algunos derechos sobre Morlaix. El fabricante de lana frunció el ceño. — ¿Mitad normando, mitad irlandés? ¿Será que Enrique va a entregar lo más malo y loco reunido en uno, solo para nosotros? ¿Y por si fuera poco un bastardo? Todos se rieron. —Poco quedó de Inglaterra después de que el rey Stephen y la reina lucharan por el trono — dijo alguien — Pero, bastardos de los nobles… ah, eso no falta. —Mejor nuestros propios bastardos que los de otros — otra voz enmendó. Emmeline ordenó a los criados que volvieran a la cocina. —El nuevo señor no sería un bastardo si su padre se hubiera casado como debía — ella reflexionó. Los miembros de los gremios de oficios y los burgueses de la ciudad rodeaban al viñatero, todos vestidos con sus mejores ropas. No todas la profesiones estaban representadas, ya que la ciudad de Morlaix era pequeña y solo tenía algunas actividades, como los laneros, que incluía a hilanderas, tejedores, esquiladores y bataneros. Pero había también dos taberneros, un herrero, un guarnicionero, un armero, un hojalatero y dos panaderos, marido y mujer. Y el viñatero. Warris el herrero, dijo: —Sea lo que sea, normando o irlandés, tenemos que pedirle que controle a sus groseros caballeros franceses que están alojados en la ciudad. Esa gentuza no solo ocupa nuestras camas, sino que pelean y beben, y molestan a las mozas. Emmeline hizo un gesto a las sirvientas que traían paños y recipientes con agua caliente. Arrodillándose al lado de bodeguero. — ¡Ah, las pobres de sus rodillas, maestro Villers!
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de los que todavía quedaba bastante. El joven abatanador se quedó observando a Emmeline mientras ella vendaba las rodillas del hombre. divertida. solo pelean entre ellos. Dios es misericordioso ¡la guerra terminó hace más de tres años! Los que estaban al lado de la chimenea se miraron entre sí. los ejércitos de la reina Matilda habían ido de arriba abajo por el valle. El aprendiz de viñatero que se acercó para ofrecerle una al amarillento de Sancerre.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Los cortes eran profundos. donde los burgueses son t ratados como barones y los comerciantes son casi tan nobles como los caballeros. Emmeline recogió los paños mojados. pensaba Emmeline que los aprendices pensaran que era hermosa. Más criados venían de la cocina con bandejas de comida. ni Londres. — ¿Razón? — El batanero dijo con acento amargo — ¿Qué nueva palabra es esa que aprendió. pero habían sangrado bastante. que se ruborizó tan violentamente y casi no pudo ni mirarla. Emmeline le dio el recipiente con agua ensangrentada para que la sirvienta lo vaciara. Jermyn Villers palideció. Emmeline le dijo a su mayordomo que pusiera a los miembros de las corporaciones unas galletas de avena y repollo en conserva. El nuevo lord tiene que escuchar la voz de la razón. y ahora se apresuraba en llenar las copas. lo que era bueno. —El pobre rey Stephen esta muerto — murmuro el pequeño tabernero — Que Dios acoja su alma. Había unas zanjas en las calles donde se vaciaban los cubos. —Los galeses no son el único peligro — dijo una voz suavemente — ¿y si ese nuevo lord viene para desenmascarar a aquellos que traicionaron a la reina. —Seguro que no habrá más venganzas. Y el grupo de burgueses estaba tratando de olvidar cómo su lealtad cambiaba según quién salía victorioso. Yo digo que lo más importante de todo esto son los impuestos. ahora tendrían un rey y no un país lleno de príncipes bastardos. Y la insalubridad de eso era conocida por todos. Emmeline sonrió. la madre de nuestro joven rey? El silenció se apoderó de la sala. Durante los muchos años de guerra. Era halagador. —No vamos a discutir eso de nuevo — Emmeline se apresuró a decir. —Vamos a rezar a Dios para que el nuevo lord deje lo que sucedió en el pasado. Este año nadie tiene dinero. incluso con su avanzada edad de veintisiete años. Sabía que los aprendices habían comentado que era mucho más hermosa que cualquiera de las viudas que vivían en la ciudad. —Por lo menos él va a mantener a los galeses alejados del valle — el carnicero dijo — No necesitamos al príncipe Cadwallader mandando aquí. Hereford al sur y Cadwallader al oeste y no tenemos Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 23 . A lo que siguieron gruñidos de placer. El aprendiz galés de Villers había abierto una pequeña barrica de vino. ¡Estamos en la frontera con Gales. sino varias veces. y los del rey Stephen habían tomado Morlaix no una. Si supiesen cómo. —Es lo mismo — dijo el herrero — Dejen que se entretengan imaginando quién estaba en el lado equivocado. atrapados entre Chester al norte. Watrism “razón”? Esta ciudad no es Stamford. Corría incluso el rumor de que los pendencieros hijos del curtidor habían encargado a un juglar viajero que le compusiese una canción. El invierno había sido duro y todavía quedaba mucho tiempo para la cosecha. Luego dijo: —Los galeses no mandan.

no quería que ninguno de nosotros sufriese. amigos. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 24 . como la señora Emmeline. se apartó para dejarle sitio y sonrió. Levantándose. cogió la cesta de costura y llevó una banqueta cerca del fuego. FitzJulien es el hijo descalzo del bastardo del viejo Gilbert. La vieja reina lo quería porque era tan despiadado como ella. — ¡Ah! — Nigel bufó en alto — Cuidamos de nosotros mismos. Helrud. —Fue mi marido — dijo con dulzura —Dios y los ángeles velen por su descanso eterno. realmente nadie sabía todo lo que hacían. Si quieren entonar elogios a alguien. donde estamos ahora sentados. El mencionado se levantó de un salto de la silla. El herrero declaró muy serio: —A menos que quiera ver el interior de ese castillo. la mujer del panadero. Emmeline hizo una señal a los criados para que recogieran los platos vacíos. Todos la miraban. Emmeline apartó la banqueta del fuego y comenzó a bordar una flor amarilla en el centro de un mantel para el altar que estaba haciendo. Los orfebres eran los más ricos de los miembros de la corporación y eran muy reservados con sus negocios. Él haría lo mismo. —Los tiempos han cambiado — observó el viñatero — somos afortunados. —Diga que parte de lo que he dicho es mentira. Varios miembros gritaron para que el batanero se callara. aunque tenían miedo de decirlo. lo que obligó a Helrud a ceder el lugar a su marido Wulfer. batanero. o conseguiría que todos fueran juzgados como traidores si no cerraba la boca. a no ser lo que el caballero ladrón e invasor de ese maldito castillo de la colina nos los quiera dar! Se levantó un clamor. —Antiguamente era raro ver una moneda de cobre y todo se hacía mediante trueque — dijo el panadero — Muchos de los que todavía vivimos recordamos que aquí. Helrud había sido jefe de la corporación de comerciantes en Morlaix y también en la pequeña ciudad de Wychden. Emmeline sabía que muchos estaban de acuerdo con él. eso es lo que pasa. háganselos a ella. al sur. todos hablando al mismo tiempo. excepto de aquellas personas generosas que nos ayudaron. que destruían todo a su paso! El carnicero se miró los pies. y la ciudad no era mucho mayor que la taberna del viejo molinero y la casa parroquial de los sacerdotes irlandeses. Emmeline levantó la cabeza. ¡Fueron los mercaderes de las ciudades los que mantuvieron a Inglaterra viva durante la guerra! ¡Y no el rey Stephen o la reina y sus ejércitos. —La gente debiera olvidar esos tiempos difíciles. un perro callejero medio irlandés que no sabe nada que no sea luchar como mercenario. en aquella época era la cabaña de un carnicero. pero el obispo de Chester comenzó a predicar en contra de que las mujeres tuvieran cargos en la administración e incluso que pertenecieran a los gremios. en la elegante sala de la señora Emmeline. es mejor que contenga sus palabras.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix razón ni derechos. — ¡Los mercaderes y comerciantes tienen más derechos ahora que Inglaterra está creciendo! — gritó una tejedora — Miren todas las ciudades que están creciendo allí. Se sentía feliz de no tener un marido a quien se vería obligada a ceder su lugar como orfebre.

Una vez. máscaras. después celebrarlo con comida y bebida. —Los habitantes de la villa quieren que nosotros alimentemos al ganado — dijo el herrero — o no vendrán — miró a su alrededor — La región no ha ganado mucho este año. El batanero venía de Wrexham y acudió a la escuela primaria. para no ser menos. no solo representaban los actos. era lo que no hacía ningún bien recordar. Pero había aprendido a ser prudente. mientras que el actor que representaba a Cristo mostraba una alegría fuera de lo normal para la figura santa que representaba. los intermediarios que negociaban. casi sin dote. la esposa del panadero murmuró: — ¿El joven batanero está pensando en cortejarla? Él nunca dice nada sobre eso. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 25 . La asociación de la lana era grande. los actores hacían la representación. y hasta contrataban músicos. este año. Se colocó el bordado en el regazo e inclinó la cabeza a un lado. tanto vino se consumió que varios de los discípulos estaban totalmente ebrios al atardecer y comenzaron a caer al suelo desde la carroza. en ella se incluían a los trasquiladores. Aunque. Emmeline miró a los miembros de los gremios que estaban en la sala ricamente vestidos. pensando que la ciudad entera sabía que ella no estaba interesada en casarse otra vez. en los años buenos. La fiesta no había tenido mucha ayuda durante los quince años que duró la guerra. aunque. pues era costumbre que cada carroza se parase ante las casas de los miembros de los gremios. A su lado. los años terribles en que el rey Stephen y la reina habían luchado por el poder por toda Inglaterra. Desgraciadamente. En la carroza del vendedor de vinos. con poco más que su aspecto a favor. Observó al joven de reojo. Emmeline levantó el bordado y cortó el hilo con los dientes. además distribuían ristras de longanizas y tortas de carne. e incluso de la lejana Flandes. solo vea cómo la mira! ¿Qué es lo que está bordando? Emmeline levantó el mantel de altar para que la mujer lo viera. iba un Cristo muy logrado que transformaba el agua en vino para los invitados a la bíblica boda. hija de un pobre caballero. los mercaderes llevaban piezas de ropa y lana preciosas. La procesión tardaba todo un día en alcanzar los muros del castillo. haciendo suntuosas fantasías. para que representaran las bodas de Canaán. cuando el propio rey Stephen fue a Morlaix. sin que ninguno fuese lo bastante fuerte para derrotar al otro. Vivía en esa casa desde los catorce años. Casi todas las asociaciones preparaban una carroza para la fiesta de la Ascensión de Morlaix. Siempre hablaba de York y de Londres. las hilanderas y tejedoras. pensando que tenía mucho por lo que dar gracias. Y todos querían creer en ello. que era uno de sus leales seguidores contrató a actores disfrazados de Chester. con un palco y un toldo y representaban escenas de la Biblia referentes al trabajo de cada oficio. Los carniceros y panaderos. se había casado con un hombre que con edad para ser su abuelo. el viñatero. El joven rey Enrique había prometido mantener la paz y traer de vuelta la prosperidad. cuando no había ejércitos cerca. donde. Durante las guerras. El pueblo merecía ser feliz después de tantos años de dificultades. y los bataneros que encogían y terminaban el tejido. ya que tenía a otras seis hermanas en casa. todos hablaban de la fiesta de la Ascensión que se aproximaba. la fiesta sería animada. La esposa del panadero se inclinó hacia Emmeline y murmuro: — ¡El batanadero está interesado. tenía ataques de risa al decir su texto. mantuvo las propiedades de su marido intactas e incluso las hizo aumentar.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Lo que no dijo al respecto. inteligente y ahorradora. La conversación al lado de la chimenea tomó otro rumbo. seguramente.

Al otro lado del patio. Se dio la vuelta para regresar al salón mirando a la cornamenta de la cabeza de ciervo tallada en el dintel de la puerta. La población tenía miedo de los caballeros. En el penúltimo año de la guerra. Los habitantes de Morlaix se alegraron y rezaron al mismo tiempo para que el monstruo tuviese una muerte particularmente horrible. los hombres habían bebido. todos recordaban lo que habían soportado durante la guerra. Emmeline abrió las arcas de Bernard. Y muy posiblemente. matar a Pers Lastels y a todos sus caballeros y recuperar Morlaix para la reina Matilda y su joven hijo. la tienda de joyas… Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 26 . Sabía que había esperado hasta el último momento para ir a buscarla. El caballero se encogió de hombros y luego tiró la vara al aire.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline puso la cesta del bordado a un lado y fue a comprobar. El administrador. —Si provoca a los perros — dijo. Pero por lo que se sabía. —Nadie pagó nunca por usar las carrozas de la Ascensión o por alimentar a los bueyes — dijo cuando iba para la puerta — En esos tiempos. Lastels fue llamado a las tierras medias para ayudar al rey Stephen en su última campaña. Para sorpresa de todos. agitaba una vara. levantando la voz por encima del tumulto — ellos aprenderán a ladrar por cualquier cosa y no tendremos tranquilidad. Lo llaman el larguirucho de Serlo. sus cocinas. el príncipe Henry. el personal de la casa estaba reunido con caras agrias. fue el que la señora… Emmeline le hizo un gesto para que se callara. Emmeline salió al soleado patio. el día de principio de primavera era soleado. los caballeros estaban en la taberna — bufó — Cada día que pasa es peor tener a esa gente cerca. que habían ocupado el establo. —Señora Emmeline. Estaba agradecida por todas las cosas que le eran valiosas: la bella mansión amurallada en el centro de la ciudad. Emmeline se detuvo bajo la cabeza del ciervo. Lastels todavía estaba vivo. era el emblema de su familia de orfebres. pero no muy cálido. un flamenco cruel que quemaba vivos a los aldeanos para robarles el grano y que no hizo nada cuando sus soldados violaron y mataron a algunas mujeres tejedoras arrojando sus cuerpos al río. Meses después. Morlaix había sido tomada por unos de los comandantes del rey Stephen. mientras un caballero. especialmente el de los laneros. sus colchones de plumas. los lugareños planearon su venganza. Los perros estaban enloquecidos. pero ella escuchó la palabra “viuda”. Los demás se empujaron unos a otros. Los miembros de los gremios. y hablaban un dialecto. Bernard de Neufmarche trajo la talladura de Falaise en Normandía. hablando y riendo. El caballero giró sobre sus talones. reconocieron pronto la insensatez de la idea. Meses después. estaban azuzando a los perros. del Languedoc. Afuera. en dirección a los establos. En vez de eso. todos contribuían libremente para honrar a Dios. sus aposentos. Cualquier rebelión solo traería los puños de hierro de la venganza que los nobles reservaban para cualquier insurgencia. queriendo que los mastines la mordiesen. dio resultado. El palo golpeó a un lado del tejado antes de caer a los pies de Emmeline. Baudri Torel. y ofreció un fuerte soborno en oro y plata al flamenco y sus hombres. Por sus coloradas facciones. se aproximó corriendo. aullando y tirando de las correas. con el sol de mayo cayendo a su alrededor. Media docena de caballeros de nuevo lord. estaría feliz en su casa de Flandes. al ser tiempo de paz. más alto que los otros. Seguidamente se apartaron. Eran franceses del sur.

KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix aunque necesitara un ejército de criados para conservar y protegerlo todo. Más de una vez había llamado a los mayordomos, los ayudantes de cocina y los muchachos que servían la mesa para proteger la mansión de las multitudes ruidosas o de los desertores de ambos ejércitos. Dios había permitido que ella se quedase con la casa, con los negocios de su marido, con su buena vida, Emmeline se dijo a sí misma. Y su más preciado tesoro. Magnus. Su hijo entró por la puerta. Atravesó el establo corriendo, las piernas como las de un potro, sus hombros ya se estaban ensanchando. Un caballerizo extendió la mano y le dio una palmada juguetona en la espalda. Magnus sonrió. Siempre era así. Atraía todas las miradas; era imposible no quererlo. Estaba sucio como un polluelo en la basura, como siempre. — ¿Dios del cielo, donde has estado? —Bueno, mamá, yo quería ir a pescar — el niño le dirigió una sonrisa cautivadora — La señora dijo que podía ir. —No al río. Mírate. Mira tus ropas. Santo Dios, ¡No te estoy criando para ser un bribón! — ¡Mamá! — los ojos color ámbar, tan bellos que darían envidia a una moza, brillaron — el lago es para bebés. Además, Tom estaba conmigo. Lo llevó a la sala. Los miembros de las corporaciones, que conversaban sobre la procesión de la ciudad, sonrieron al verlo. Emmeline se sentó a la mesa con Helrud y Magnus se inclinó para besarla en la cara. Ella fingió apartarlo. —Hablé en serio, solo tienes nueve años, y Tom es mayor. No te quiero en el río es muy peligroso — Le apartó los largos cabellos rizados del rostro. Eran de un dorado oscuro, no del color oro rojizo como los suyos. El marido de Helrud estaba diciendo que aunque los panaderos siempre habían representado la escena de la Biblia de los panes y los peces sería difícil, en aquella primavera, conseguir pan suficiente. Los panaderos, al contrario que algunas otras profesiones que él podría nombrar, no eran ricos. La gente reunida iba empezando a estar algo embriagada con el vino del bodeguero. El tejedor gritó que todas las carrozas daban alguna cosa a la multitud, que era costumbre. Magnus pasó el brazo alrededor de Emmeline jugando con el velo que le cubría las trenzas. —El nuevo lord está aquí mamá — le dijo — Tom lo ha visto. Tiene un aspecto feroz. Un caballero normando, tal como dicen. —Dicen que es irlandés. El panadero estaba claramente borracho, intentando acallar al carnicero con gritos. Helrud se levantó, pareciendo enfadada se marchó. El corpulento herrero empujó al panadero sobre el banco. —Todas las carrozas dan alguna cosa, esa es la costumbre. Los panaderos dan pan. Pida su opinión a la señora Emmeline — el batanero se giró, con las manos en las caderas encarándola — Ella es nuestra líder. Emmeline levantó la cabeza, pensando que era guapo, pero muy audaz. Ella era la maestra de una corporación, la única allí además de lanero. Todos lo sabían. Pero considerando las circunstancias no le gustó ser escogida.
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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Algunos de los oficios — dijo — dan algo al pueblo y otros no. Los jaboneros, que tienen la carroza con los ángeles ayudando a Cristo a ascender a los cielos, nunca dieron nada. — ¡Qué asco! ¿Quién querría dar jabón? — el herrero miró a su alrededor — Además, el pueblo todo lo que quiere es tener vino gratis. —No se olvide de nuestros embutidos — apostilló el carnicero. —Mamá… — Magnus enrolló un dedo en una de las cadenas de oro de Emmeline. Las puntas de sus dedos eran ásperas, él ya había comenzado a trabajar en la mesa de los orfebres — Tom dice que si pescamos en el río y no en el lago, cogeremos peces suficientes para que la cocinera los prepare para la comida. —Los pescadores siempre dicen eso — Ella pasó un brazo por la cintura de su hijo y él se inclinó para besarla de nuevo — Debemos comprar comida para los bueyes de los aldeanos — dijo a los miembros de las corporaciones — No es mucho y tienen razón falta de todo esta primavera —Por encima del hombro de su hijo miró a Nigel, miró al batanero y dijo con firmeza: — Yo asumiré el coste del pan.

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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix

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La columna de caballeros tomó el camino hacia el castillo. El día estaba soleado y, conforme el camino se adentraba en el valle, el aire se volvía considerablemente más caliente. A ambos lados la maleza crecía alta y espesa, pero el serbal blanco y el haya florecían en los arbustos de hojas trenzadas. Nubes de insectos parecían velos salpicados en el aire. Con el repentino calor, algunos caballeros se habían sacado las capas y las habían colgado sobre las sillas. Niall FitzJulien frenó el caballo hasta una marcha. Las señales de guerra estaban por todas partes, en el matorral cerrado, en el denso bosque, en los campos cubiertos de maleza. Sus campos, pensó, sorprendido ante la súbita sensación. Las facciones no revelaban nada. No era un chico para sonreír con euforia repentina. Tenía una tropa de caballeros que mandaba y que venían tras él. Pero la recompensa que esperaba y por la cual había trabajado durante trece largos años para la vieja reina y ahora para su hijo, Enrique, el nuevo rey de Inglaterra, estaba a su alrededor. El castillo de Morlaix, la ciudad y el feudo. ¡Y era todo suyo! Había oído hablar de eso y claramente, durante toda su vida. Morlaix era el sueño de su padre, el hijo bastardo del conde Gilbert. Cuando estaba borracho, Julien de Nossvile hablaba de ello sin parar… y eso partía su corazón cuando era un niño… de cómo la heredera había renunciado a su herencia para casarse y vivir en tierra extranjera y, así, lo que debió ser de ellos – de Niall y su padre – se había escapado de sus dedos cayendo en las manos ávidas del viejo rey Enrique. Ahora estaba sentado observando el color barroso del río a través de los serbales. El sueño vago de tener Morlaix algún día había estropeado sus vidas. Su padre había sido un caballero fuera de la ley con una gran y necesitada familia que alquilaba su brazo y espada a cualquier jefe de clan irlandés con una disputa, por lo que pudiese obtener. Más tarde cuando él mismo fue armado caballero, había aprendido que el mundo estaba lleno de bastardos de sangre noble, casi todos ellos pobres. Y casi todos soñando con fortunas que nunca podrían heredar. Ahora, sin embargo, por más imposible que pareciese tenía el sueño de su padre en las manos. Después de semanas de expectativa en Londres, para que los escribientes de la cancillería consiguieran la firma del rey y pusiesen los sellos, además de que el delegado de Inglaterra designara a la guarnición de caballeros para protegerla, finalmente iba a ver lo que le había dado Enrique. De repente deseó que su padre estuviese allí. Tocó con las espuelas los flancos del corcel, y el enorme caballo de batalla saltó en un trote acelerado. —Este terreno es un lugar excelente para una emboscada – dijo a su capitán — llama a seis hombres y limpia el camino por lo menos unos veinte pasos más lejos, si puede ser. El joven Walter lo miró. Los galeses estaban a veinte leguas de distancia, en aquellas montañas húmedas; el peligro de una emboscada en el camino de Morlaix era muy pequeño. —Milord, si me permitís decirlo, me parece que reunir algunos aldeanos para limpiar los lados del camino sería mejor. Habían pasado por la curva del camino que bajaba hacia un puente de piedra. Algunos niños estaban pescando en el río. Cuando vieron la columna de caballeros, los niños dejaron a un lado las cañas y subieron al parapeto a observar. Walter continuó.
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verdes y llenos de matas altas. Había servido como soldado desde que era un poco más viejo que los niños del puente. Walter levantó la mano y la columna de caballeros. nos han dado la mayoría de los meridionales de la reina.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Como podéis ver. Había existido allí un fuerte. una torre de aspecto antiguo. Era difícil ver el resto a causa de los restos de pedruscos ennegrecidos. ¿verdad? El castillo había sido tomado dos años antes por el joven príncipe Enrique. pero ya no había un salón noble ni una mansión. Más allá del huerto de manzanos. Alan de Brieuc y su aliado galés mantuvieron el castillo un año – informó Walter. Miraron a Niall. Niall tocó con las espuelas los flancos de Martillador. se colocó en una única fila. La segunda torre estaba sin tejado abierta al cielo. Siguieron a medio galope hacia la colina. un huerto de manzanas silvestres estaba en flor. – dijo Walter Straunge. —Vamos a echarle una ojeada a eso. un puesto de avanzada sajón levantado contra los salvajes galeses. Niall suspiró. — ¡Ah. los vascos y algunos provenzales. el primer conde de Morlaix había construido una bella mansión en el patio. Ya he tenido mucho trabajo para conseguir que moderasen en la ciudad su comportamiento con las mujeres y la bebida. Llevó su dedo al mentón y se lo frotó. — Pero el príncipe Enrique se fue de Wrexham y los sitió. con los estandartes al viento. de espalda a las montañas. Niall llevó a Martillador a trote hasta el lado del foso. Ellos no quieren el trabajo manual. Al ver a los chicos subidos en el muro del puente. Ahora las murallas de defensa del castillo estaban rotas y agrietadas como cáscaras de huevo. En las verdes colinas más allá del río. un centenar de años antes de la llegada del Conquistador. Durante el reinado del hijo del Conquistador. El bulto negro del castillo de Morlaix se levantaba encima del valle. Había ocasiones en que necesitaba recordarse a sí mismo que era solo algunos años mayor que su capitán. Desde el puente podían mirar más allá del portón y dentro del patio. señor! – exclamó — No es tan malo como parece. Aquellos que recibían recompensas de Enrique Plantagenet tenían que aprender a tener cuidado. Guillermo el Rojo. el corcel de Niall resopló y se volvió a la izquierda. Lo que el rey no había dicho era que. cuya cota de malla de acero relucía de la cabeza a los pies. El escudero de Niall puso su caballo parejo al de él. —El bretón. La fortaleza normanda aún estaba allí. Finalmente. Niall tiró de las riendas. La vieja fortaleza ennegrecida por el fuego parecía intacta. un ala de cocina y después un salón noble. los campos se abrían. Niall le dio un nuevo toque con las espuelas en los flancos. Me han dicho que la pérdida del castillo Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 30 . seguro era un sinónimo de “completamente destruido” El rey había dejado claro a su nuevo barón que era su deber volver Morlaix a su estado anterior. Los chicos se quedaron con los ojos abiertos conforme pasó la columna. las cotas de malla y las armas tañendo. Pararon sobre lo que había sido un día el puente levadizo. los gascones. Después de Guillermo. Niall guió su caballo hasta el puente. cuadrada. los normandos habían derribado la fortaleza de madera para levantar una ciudadela apropiada. —Ellos os conocen. Niall aún podía oír las palabras del rey. de piedra. se le había añadido otra torre. Tomado y seguro. con la columna acompañándolos indolentemente. Entonces anduvo de lado como un cangrejo sacudiendo la cabeza. cuando Enrique I subió al trono. en la mente de Enrique. en un movimiento bastante apático.

Necesitaban a los aldeanos con baldes y palas. —Como podéis ver – dijo Walter – no nos han dado una guarnición completa. los caballeros son tan buenos como su paga. Buena parte de su existencia como soldado había quedado atrás. Cuando montaba era como si tuviese un hierro candente dentro de sus caderas. Una rata muerta flotaba presa en las ramas de una planta. empezaba a reunir a los barones ingleses para su causa. Había cabalgado desde Chirk hasta este momento sin parar. Tuvimos que romper cabezas en algunas casas para que les diesen posada a nuestros hombres. Se inclinó sobre el foso. Walter tenía razón. El agua estaba cubierta por una capa de hielo. Las lluvias del invierno lo habían llenado hasta el borde. Esteban se veía fracasado.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix fue un enorme golpe para el rey Esteban. en la frontera de Gales. Seis días para el castillo. Dios sabía que Niall también estaba contento de que la guerra hubiese acabado. en la frontera. Es tiempo de arar. Niall lo recordaba. la guerra estaba todo menos acabada. por otro lado. – bajó el tono de voz — lo que tienen ahora no lo han tenido en muchos meses. —El rey no tiene dinero – dijo sin rodeos — y lo poco que tiene debe ir para comprar el amor de sus condes ingleses. Ellos no han dado su parte de trabajo a su señor durante años. arruinado o no. —En cuanto a esto. Pero. allí. recién llegado de Francia. En esa época. Se enderezó. Maldito Enrique. su hijo Eustaquio estaba muerto y el joven Enrique. Debajo del yelmo la expresión de Walter era de desolación. La comida es escasa y el pueblo nada amistoso. —Vamos a reclutar a los aldeanos para que paguen la cota de trabajo para su señor. La población local es extremadamente necesaria en los campos. —Por la sangre de Cristo ¿Qué tenemos nosotros que ver con eso? Niall estaba atormentado por el dolor. exceptuando el domingo. Miraron hacia la parte externa del castillo. El agua de la zanja estaba verde por el limo. Su reputación era tal que los príncipes alemanes y el rey francés comprarían sus servicios si estuviese interesado. Condujo la montura a lo largo del borde del foso. Pero Niall quería lo que tenía ante sí. que como sabemos seguirán tan locos y sin ley como con el rey Esteban. La antigua herida iba a atormentarlo hasta que encontrase un poco de agua caliente para mojarla. Irritado sacó a Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 31 . Hay apenas quince caballeros alojados en la ciudad. Niall apartó el corcel del lado del foso sintiendo como le latía la pierna. – dio un empujón a la cabeza de Martillador y el caballo se movió de lado con sorpresa. Ahora quería una buena vida. pensó Niall. Los caballeros no se ensuciarían en una zanja que parecía una cloaca a cielo abierto. —Ése es otro problema. Los franceses estaban sentados en las sillas y parecían aburridos. Y tienen que traer sus herramientas. si él lo permite. —No les gusta el frío – continuó Walter — hablan de ello sin parar. —Mira a tu alrededor. no creo que consigamos el precio de una olla de hierro en Londres. que en esta época necesitaba mucho mantener lo que tenía aquí. Niall se giró para mirar la columna tras ellos. su segundo y su escudero lo juzgaban el mayor de los héroes.

Incluso os darán regalos. Creo que también esperan hacer los juramentos de lealtad. Dicen que en la fiesta. pero estaban esparcidos en casas por la ciudad. la cota de malla y el gran escudo colgado en la silla. Agarró las riendas haciendo que su caballo parase. cuando. la avena e incluso mijo. sin duda. Aunque hiciera pagar aquel año. Los niños los miraban abiertamente. Walter se puso radiante. Por un momento pensó que todos los niños se habían caído por el lado. El caballo de batalla recorrió toda la extensión del campo. El castillo destruido era una tentación para que los galeses bajasen de las colinas y lo saquearan. —Ah. —Creo que es más rica de lo que parece. Los otros esperaban mientras él hacía que el caballo trotara por el monte. Niall había leído las descripciones de su feudo en el registro del viejo conquistador. y había gran cantidad de tierra comunitaria para el ganado y las ovejas. Sin duda con el yelmo. El muro del puente era un lugar peligroso para subirse. Niall iba a ordenar que sacasen de allí a los niños. la gente de la ciudad os homenajeará. Enrique tendría que esperar un tiempo por la recaudación de impuestos. ya no los vio. Los chicos continuaban sentados en el parapeto. En Londres. Había algún tipo de camino por el otro lado. aunque el almacén de granos haya sido incendiado por las fuerza de la reina y no fuera usado desde entonces. En Londres.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Martillador del camino y entró por los campos. Niall quería unos momentos para pensar. está programada la fiesta de la Ascensión para dentro de unos días. la lana de Morlaix era enviada incluso a los fabricantes de ropa de Flandes. parecía tan peligroso como el propio Satán. —Háblame de la ciudad – pidió – Debe de haber dinero en algún lugar. Entonces oyó voces. Si no se curaba pronto. Llevó a Martillador al trote de vuelta al lugar en que esperaban su escudero y Walter. Era lo que habría pensado a esa edad. el rey también le había hablado de la urgencia de recaudar impuestos. como era llamado ahora. el centeno. El suelo era suave y elástico. los galeses estaban preparados para atacar. de repente. dentro del río. en los campos de Morlaix se cultivaba el trigo. Y. A menos que pensase en algo. el mundo entero lo sabría. Niall aseguró las riendas de Martillador para que siguiese a marcha lenta. van a pensar diferente cuando sepan lo que quiero de ellos. Los otros se empujaban. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 32 . Antes de la guerra. Martillador levantaba las patas con un trote pesado. De acuerdo con él. Ni siquiera el rey sabía cuánto le molestaba aún. Y no contaba con ningún soldado de infantería aun siendo preciso tenerlos allí al igual que caballería. Niall miró hacia atrás. ah… sí. el príncipe tenía sus espías. Giraron los caballos y volvieron al puente. La maldita pierna. Por el amor de Dios ¡recaudar impuestos! Niall guió a Martillador a través de unos viejos setos haciendo que huyeran algunas alondras asustadas y una pequeña liebre. Detrás de ellos el río roncaba con la inundación de la primavera. Un niño de unos ocho o nueve años estaba de pie en lo alto del muro. El Libro del día del Juicio Final. —¿Ascensión? ¿Por qué no la Pascua? ¿O el Corpus Cristi? —Celebrar la Ascensión es una costumbre aquí. Tenía un centenar de mercenarios franceses para proteger Morlaix.

por unos momentos conforme cabalgaban. Los niños habían desaparecido. Algo en ellos había atraído su atención. aquel que tenía el cabello rubio. Niall miró a su alrededor. aunque no consiguiese ahora recordar qué era. Los hombres dormirán en el establo. Si el pueblo tiene dinero para una fiesta. se dijo a sí mismo. Su hombre pareció aliviado. puedo prometeros vino caliente y una cama para compartir conmigo en la taberna. Nada muy importante. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 33 . —Espero que hayas encontrado un lugar para quedarme yo – refunfuñó – quiero dormir en una cama. para variar. le hizo pensar en su padre. —Sí. Niall movió a su caballo al frente. tiene el suficiente para el castillo de Morlaix. Pero el chico guapo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Walter continuaba hablando. —Por lo que he visto. hay riqueza suficiente en la ciudad para establecer un gran impuesto.

había sido atacada al norte de Chirk por un grupo de hombres del príncipe Cadwallader. Estaban sentadas en el exterior de la tienda de joyas. Dio la vuelta en las manos lo que consideró un trozo de pergamino. —Nueve más nueve son dieciocho y eso sí lo es ¿verdad? — Cloris rebañó la salsa de arenque con un trozo de pan — Ahora. tiene veintisiete años. Cogió el plato vacío de la mujer y le sirvió otra ración de arenques y pan negro que trajo la cocinera. Tengo una viuda en Lincoln que puedo intentar dirigirla hacia él — metió el pergamino en el bolsillo de su falda — Ahora bien. ¿Qué pasa con los otros? Un joven italiano había mandado una pintura al óleo no mayor que la mano de Emmeline. Todavía era peligroso. Cuatro veces en los últimos seis años el orfebre Mynner Boogs de Ghent mandó a la casamentera que atravesara el norte de Inglaterra para entregar su solicitud de matrimonio. —Este de aquí no. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 34 . querida mía. prestamista. El retratista lo pintó con un gorro bordado en otro. A pesar del día soleado. no hacía calor. Su nombre era Giovanni della Forza. Cloris se encogió de hombros. Siempre que arribaba la casamentera parecía que había razones para que ella pensara que algún comerciante u otro burgués deseaban proponerle matrimonio. —Magnus solo tiene nueve años — dijo Emmeline. una túnica por encima y una toca verde de lana sobre sus cabellos recién lavados. puede tener a cualquier hombre de la cristiandad. Era una nueva costumbre. A su alrededor las sirvientas colgaban las ropas de cama de invierno. —Bueno. No le queda mucho tiempo en este mundo. le dijo Cloris. Saqueándolos totalmente pasando una noche con hambre y desventura en el camino. tomando la copa para llenarla de nuevo — Todavía no es un adulto. Lo sujetó en la cabeza con las manos mientras levantaba la copa y apuraba la cerveza. No regresaré por su causa. sea razonable muchacha. La gruesa mujer empezó a comer de nuevamente con apetito. La casamentera usaba un tocado de lino y goma dura. El viento sacudía las sábanas extendidas en el tendedero como si fueran látigos. ya que era bastante inseguro dada la presencia de los ejércitos de la reina Matilda y el rey Stephen. Emmeline se envolvió en la capa inclinando la cabeza para mirar los retratos en su regazo. La compañía de comerciantes armados con la que viajaba la casamentera. Boogs tuvo su oportunidad.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O0 06 6 —La señora Emmeline. En el retrato parecía lleno de juventud y belleza. mandar los dibujos de los pretendientes. Cloris extendió la mano para coger el diseño de la mano de Emmeline. con sus ojos oscuros y cabellos rizados. De una mirada a los retratos que le traje de esos apuestos caballeros y decídase. hasta que el nuevo lord de Morlaix y algunos de sus caballeros pasaron a cabalgando y los encontraron. una casaca roja y una ligera sonrisa. en el patio de lavar. —Lo sé. Con su riqueza y su apariencia. Aunque pudiera admitir la semejanza era probable que no todos los retratos fuesen fiables. pronto cumplirá los veintiocho— dijo la casamentera — Tiene un hijo ya crecido. Bajo la pesada capa llevaba un vestido de lana con el cuello cerrado. Cloris de York nunca había viajado mucho más allá de la frontera del país en los últimos años.

KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline levantó la pintura. Con gemidos en la cama o no. Por supuesto. él con solo dieciocho años y la reina Leonor. —No solo eso. fue una locura la que le trajo el regalo y la misión de su vida: su hijo. Sé por el padre que el joven ha tenido dos amantes… y ellos empiezan pronto por allí. con dos hijas del francés… Eso sin mencionar — dijo tapándose la boca con la mano — la consanguineidad. por otro lado. Dicen que ahora en Londres superan a los judíos en número y trabajan para sacar adelante el negocio del cambio de monedas — dijo dándose unas palmadas en los muslos— Mire. Así que ahí tiene la prueba. diez años atrás. La casamentera sin acercó más. Por lo que sus damas le contaban. Miro el retrato de della Forza. Emmeline pensó con nostalgia. al final se produjo. — ¿Cuál es el problema muchacha? ¿La edad del muchacho? ¿Es eso? — Le dio una palmadita en la rodilla de Emmeline — Tranquilícese. Un guapo y elegante joven. Cloris de York la miró con los ojos entrecerrados. con un caballero desconocido que Gulfer y Aimery recogieron de la calle. Claro que a la Iglesia no le gustó eso. Sin embargo. ¡Santa Madre del Cielo. Pero si la casamentera pensaba que la tentaba con eso. — ¿Y por qué no? Son muy inteligentes estos italianos. Aunque. ahora no pensaría hacer algo semejante. que Dios dé descanso al alma del viejo Bernard. Tendrá a un hombre audaz y experimentado. estaba equivocada. pero lo es! Yo misma lo vi cuando llegó con su padre a York para comprar oro. —Éste no puede ser tan hermoso. Desde que el joven rey Enrique le quitó a Leonor de Aquitania al rey de Francia y se casó con ella está de moda que la mujer sea mayor. ahora es la moda. es el padre de una niña. Sin querer soltó un suspiro. Emmeline dio vueltas en las manos a la pequeña pintura. con éste. — ¡Ah. es fuerte y vigoroso. siempre lo digo. la ciudad entera hacía bromas sobre ello. Y se presenta como un comerciante en préstamos a su príncipe en Turín. Al fin y al cabo. Cloris de York no era la única que pensaba que Emmeline estaba ansiosa por los placeres de la carne. Todo el mundo sabe que los italianos tienen la sangre caliente… ¡Apostaría un níquel que la haría gemir su cama! Emmeline mantuvo la mirada en el atractivo retrato de della Forza. divorciada y ya en los treinta. era tan joven e impetuosa. ni siquiera ella sabía lo que estaba buscando. sin verlo en realidad. el milagro que tanto esperaba como una tonta. No había nada por detrás. aunque sea más joven. Era lo más importante. Pero. Se permitió recordar lo que pasó aquella noche. él alaba sus riquezas. Es la verdad. tan decidida a conseguir lo que quería! Podría haber traído la desgracia sobre todos ellos. tampoco quería casarse con un joven italiano con dos amantes y una hija ilegítima. —En la carta. tan imprudente. No quería herir los sentimientos de la casamentera. la señora se casaría con alguien de la misma rama del comercio y generalmente es bueno unirse a alguien igual a uno. della Forza apenas tiene veinte años. Era difícil no echarse a reír. ni siquiera el nombre del retratista. nada parecido a lo que tuvo la señora anteriormente. que ella no conseguía pensar en ello sin un terrible sentimiento de culpa. pues son parientes más próximos de lo que deberían de Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 35 . no me mire así. Incluso ahora era algo tan inquietante. la mujer había hecho un largo viaje y además le habían robado.

Esto es. Emmeline se mantuvo en silencio. Claro que esos dos de detestaron a primera vista. como el rey Enrique y la reina Leonor. se casó con el padre de él cuando tenía treinta años y el joven duque de Anjou apenas diecisiete. — ¿Es verdad que el nuevo lord de Morlaix hace trabajar a los aldeanos en el castillo. ya que tenía una casa llena de criados y una cantidad de caballeros del lord a los que alimentar alojados en el establo. mandó a sus caballeros a llamar a las puertas en medio de la noche diciendo que había otra Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 36 . sabe cómo es ese joven.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix acuerdo con lo que la Iglesia predica sobre tales cosas. — ¡Le digo que funciona! El joven Enrique esta embobado con la reina Leonor y ella aportó Aquitania. — ¿En el nombre de Dios. la mitad de Francia. — ¿Comida y bebida? Desde que habían venido los caballeros del lord. no nos han llevado al castillo para trabajar como a los miembros de los otros gremios. todavía quedaba una reserva de repollo salado y la cocinera había cocido pan para dos días. aunque solo Dios sabría lo que dispondrían para cenar esa noche. Pero todo ha quedado atrás. los comerciantes ya habían pagado dos impuestos exorbitantes. qué quieren ahora? —Lo de siempre — apuntó la casamentera con una mirada curiosa— Ese joven caballero llamado capitán Walter exige comida y cerveza para los trabajadores del castillo. Su propia madre. y la señora veintisiete. la reina Matilda. Los burgueses de la ciudad ya habían aprendido que si alguien protestaba. y los obliga después a arar de noche a la luz de la luna? Emmeline mandó a Ortmund con un recado al administrador para que diera a los caballeros del castillo lo que pudiesen encontrar en la cocina. — ¿Quién sabe? Al menos. Emmeline se levantó. la condesa y el conde de Anjou. —Señora — la llamó — Hay caballeros en la calle recaudando otro impuesto para el nuevo lord. La segunda vez. Era posible casarse con aquel petimetre italiano y sentirse absolutamente a la moda. el impuesto se duplicaba. Además. de lo que estamos hablando aquí… — la casamentera se recostó en la silla cruzando las manos por delante —… es de apenas siete años. Cloris movió la cabeza con vehemencia. Al igual que la madre y el padre del rey. —Hace tanto tiempo que no tenemos un señor en el castillo que nos habíamos olvidado cómo era — observó— Éste no lleva una quincena aquí y ya ha cobrado impuestos dos veces. La cabeza de la casamentera se movía de uno a otro. Ella suspiró. El orfebre Ortmund atravesó el patio limpiándose las manos con el delantal. pero eso es otra historia. Ahora. —Dígale a Torel que les dé lo que tenemos — indicó— ¿Cuántas veces vamos a tener que hacer esto? Él esbozó una sonrisa triste. Les dije que ya habíamos pagado. lo que no les da tiempo para trabajar en los campos durante el día. Era mejor no discutir. ahora que la reina Leonor le ha dado un heredero al joven rey. Por suerte. el joven Giovanni tiene veinte. No es un obstáculo para una buena pareja ¿verdad? La mujer hacía que aquello pareciera tan razonable pensó Emmeline mirando la pequeña pintura.

Eso es lo que intenté encontrar y solucionar. —Bueno.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix tasa. me dijeron. —Mis bendiciones entonces señora. señora Emmeline. En la puerta colocó algunas monedas de plata en la mano de la casamentera. Dios es mi testigo. La Santa Madre Iglesia enseña que un hombre y un matrimonio es todo lo que está permitido a la vista de Dios. Si cambia de idea mande a alguien a buscarme. pero aun así pobre y sin dote. y la señora tiene demasiado dinero… Hay muchos que no dudarían en raptarla y llevársela de aquí. Fue una suerte para la señora que le encontrase a alguien como el viejo Bernard. Pero. y nada mas— Cogió la bolsa de tela y la capa— Pero ninguna de las dos somos santas. —Dios la bendiga. o ellos se enfurecían. querida — agarrándola la mano se la besó— Recuerde. Cloris colocó su plato en el suelo al lado de la chimenea. ¿Y ahora piense quedarse como está. La verdad es que hubo que pagar. —Lo vi cabalgando por la ciudad con sus caballeros. Llevaban yelmos y cota de malla. no necesito casarme. Y la carne se siente solitaria y necesita de un compañero. —Siento mucho si la he ofendido. —Hace nueve años que mi bendito marido murió. — ¿Qué no lo necesita? Escúcheme muchacha. Pero recuerde. El humor de la otra mujer cambió. Con toda sinceridad. Emmeline esbozó una tensa sonrisa. Emmeline hizo un gesto. —Bueno. tengo lo suficiente para hacerme cargo de todo aquí. Pero se lo voy a decir una vez más. tendrá todo lo que su padre le dejó. hace años que está encerrada aquí amasando la fortuna del viejo Neufmarche por el bien de su hijo. todos parecían iguales. Tuve que ir al taller de joyería en ese mismo momento y darles oro en bruto del cofre. si es así como son las cosas. que ellos llaman caballeros llegaron borrachos a la ciudad y violaron a una moza. por Dios y Santa María ¡no puede quedarse así para siempre! Los tiempos están cambiando. — ¿La señora lo ha visto? No tiene mal aspecto. ahora las cosas son diferentes. Pero le digo. La otra mujer se levantó. esperemos que sea justo— dijo la casamentera. ése fue su problema. Él ordenó que solo recibieran veinte latigazos. yo nunca iría contra la virtud de una viuda. — ¿Justo? — Emmeline la encaró— Cinco de esos rufianes del sur. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 37 . yo misma la traje de la casa de su abuelo en Wroxeter era una cosita linda con cabellos color zanahoria. Emmeline la acompañó hasta el patio de carrozas. no es natural vivir sola. le muy fácil esconderse aquí en la agreste frontera de Gales con los ejércitos recorriendo la tierra de arriba abajo. una bella viuda con una fortuna que nadie sabe su cuantía? La boca de Emmeline se apretó en una línea fina. —Mi hijo es el heredero aquí. La gente del pueblo quería que fuesen ahorcados — dijo entregándole el retrato del comerciante italiano— Muchas gracias. La otra mujer cogió el retrato y lo metió en la bolsa. y nada me ha ocurrido. pero no tengo pensado casarme. —El viejo Bernard la estropeó con sus mimos — se quejó— El viejo la trató más como a una hija que como a su esposa.

El hijo de Emmeline cogió el filamento de vidrio con unas pinzas. Se inclinó para recoger la paleta del suelo. la mejor había sido creada en la Bretaña. cortándolo. La bola estalló. que debería ser verde. el horno estaba encendido. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 38 . Ahora había dos relucientes bolsas de aire en el vidrio azul brillando como lunas. tendría que ser lijado y pulido hasta quedar al nivel del oro. aquí no. puedo darle un puñetazo? Emmeline se recostó en el banco. Pero al chico le gustaba atormentar a Magnus. El artesano fue a la sala exterior y se sentó ante un mostrador alto para pesar las barras de plata. —No podrá reventar la burbuja— dijo el aprendiz— el vidrio está demasiado dura ahora. El pequeño aprendiz bufó desilusionado. Miró el broche de oro sujeto en el torno de metal. — ¿Mamá. estate quieto. El muchacho bajó los ojos. su hijo ya se había levantado de su sitio lanzándose contra el otro muchacho. el aprendiz. —Cállate — dijo Magnus. donde todas las damas adoraban las piezas hechas con flores. patadas y a veces. El entrenamiento de los aprendices tenía su cuota de golpes. con maestros severos. Emmeline levantó la cabeza y miró a Tom. Ortmund y los chicos trabajarían en el tallo. Se inclinó sobre la mesa. Cuando fuera terminado. Cuando el vidrio del pequeño cáliz dorado se endureciese. —Primero. No se hará nada con tantos gritos. — ¿No te dije que cerraras la boca? La paleta rodó por encima de la mesa y cayó al suelo. que levantó las cejas. Magnus cogió la paleta y la puso con cuidado en la burbuja de aire. Magnus levantó los ojos de repente. la pieza se enviaría a Londres y luego seguramente a París. — ¡Mamá. Magnus tiró de la manga del vestido de su madre. A veces. Después de que lo azul estuviera hecho. se quedaban sin comer. haciendo que el vidrio se curvara dentro del dorado cáliz de un broche. dejando el aposento agradablemente cálido. —Te lo dije— el otro chico dijo en voz baja. Cuando se enderezó. De todas las piezas fundidas en el mundo cristiano. Ella no dejaba que Ortmund tratara así a Tom Parry. — ¡Tenemos que hacer algo. Un brasero con carbón relucía a un lado. mama? Mira lo que estoy haciendo. Se retiró el tubo de la boca. llenándolo casi hasta el borde. eso pasaba. mira esto! — exclamó Magnus. El artesano estaba inclinado sobre la mesa con su hijo y Tom. Madre e hijo se inclinaron con las cabezas casi tocándose para observar. Ortmund cogió un trozo de vidrio derretido del horno con la base de una pipeta. — ¿Lo ves. — ¡Mama. colocó la boca en el tubo y sopló. Magnus levantó el puño. Magnus depositó la paleta sobre la mesa. mama! ¿Qué tengo que hacer? Ella le entregó una pequeña paleta de cobre y se sentó al lado de su hijo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline regresó al taller del orfebre. tiene una burbuja dentro! Emmeline se volvió hacia el artesano. —Ahora — le dijo a Magnus. Al menos.

KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Mamá, él siempre me está provocando. Tiene celos. ¡Casi siempre, mi trabajo es mejor que el suyo! El pequeño Tom se puso de pie de un salto. — ¡Señora no es verdad! ¡Mi trabajo es mejor! Emmeline sujetó al aprendiz por el brazo. —Estoy harta de gritos. ¿Quieres que yo te pegue? Ve a buscar a Ortmund y ayúdalo con la plata. Cuando Tom salió, Emmeline ordenó que Magnus fuera al patio a buscar al dueño del establo para avisarle que el propio Magnus iría a alimentar y cepillar su poni. Con los hombros caídos el chico se fue dando patadas al suelo. Tras el repentino silencio que siguió, Emmeline se sentó echando las herramientas del artesano, martillos, pinzas y cinceles, a un lado. El tablero de la mesa mostraba arañazos profundos, y estaba salpicado de los múltiples colores de tinta. En un estante sobre la mesa, había frascos con rótulos donde se leía: “cobre”, “plata”, “plomo”, “bórax”, todos destinados a las aleaciones. Ella extendió la mano apartándolos para poder coger uno de los cofres de seguridad. Lo puso ante ella en medio del material usado en la mesa, lo abrió levantando la bandeja superior, allí guardaba las piedras preciosas sueltas. Separó el ámbar, los ópalos, topacios y amatistas, cristal blanco y el crisoberilo, pensando en Cloris de York. La pequeña pintura que la casamentera le había traído del joven della Forza estaba excepcionalmente bien hecha, una pequeña joya en sí misma. A ella le gustaría colocarla en un marco. En el fondo del cofre encontró lo que estaba buscando, una hebilla de plata con forma de una cabeza de lobo. Los colmillos se abrían para agarrar el lado opuesto del cierre. Era un pieza antigua, probablemente sajona, pesada y bien realizada, un adorno principesco. Si ella no recodaba mal, venía de Winchester; los reyes ingleses siempre habían mantenido sus tesoros allí. La casamentera le había preguntado cómo era el aspecto del nuevo lord. Por su parte no tenía ningún interés en un matrimonio con el nuevo lord, pensó Emmeline, conforme extendía el paño de pulir y colocaba el broche sobre él. Los nobles organizaban sus propios casamientos y todos, menos unos pocos, tenían que pedir permiso a su soberano para casarse. En cuanto a la pregunta, ella no sabría decir cuál era su aspecto. Pocos podrían, ya que el nuevo barón estaba ocupado desde la mañana a la noche, galopando de una punta a otra de su feudo, mientras reclutaba hombres para trabajar en el castillo. Todos sabían que él tenía poca o ninguna fortuna; tenía que recaudar nuevos impuestos en la ciudad para pagar a sus caballeros o ellos desertarían y volverían a Londres. Se había decidido que los gremios de artesanos le darían presentes al nuevo lord cuando hiciesen el juramento. El guarnicionero trajo a su primo de Wresham para dar el toque final y decorar de dorado la silla de los curtidores, para lo cual el carnicero y el curtidor le habían dado dinero. Aunque no hubo una discusión entre los miembros de los gremios artesanos sobre qué presentes en dinero hechos por la ciudad, a los ojos del lord, parecerían más valiosos, Emmeline creía que esto lo impulsaría a regresar y gravarlos de nuevo con impuestos exorbitantes. El presente del gremio de laneros era un trozo de un bello tejido azul oscuro, lo suficiente para una capa, realizado por los tejedores de Morlaix, limpiado y tratado después por el nuevo

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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix batanero para que quedase suave y bonito, y protegiese de la lluvia mejor que cualquier cuero de vaca. La bella cabeza de lobo en plata quedaría perfecta, Emmeline lo sabía, con la capa azul. La alzó contra la luz de la ventana, pensando en algún tipo de piedra preciosa para los ojos del lobo. Cogió unas pinzas y el martillo y trabajó para aumentar el borde de plata en torno a las orbitas. Mientras trabajaba, su pensamiento corría. Se suponía, que cuando se trataba de placeres carnales, algunos matrimonios parecían más deseables. Después de todo, el negocio de las casamenteras era unir parejas y ganarse su gratificación. Claro que la lujuria era una atracción. Había hombres que usaban a sus esposas todas las noches. Al menos era lo que decía la esposa del administrador. Emmeline se enjugó con la punta del dedo una gota de sudor del labio superior y tomó una pieza redonda, pulida, de ónix con círculos amarillos. Por otro lado su mente continuó divagando; era un poco difícil creer que muchos hombres y mujeres fornicasen todas las noches. No había muchos hombres que parecieran tan lascivos. Y por supuesto, no su grueso administrador, Baudri Torel. Tal vez su esposa estuviera hablando de otra persona. Emmeline colocó el ónix amarillo como el ojo de un gato dentro del borde que había hecho y se inclinó para verlo mejor. Claro que ella, entre todas las personas, difícilmente podría juzgar ese tipo de pasión. Por más bondadoso y gentil que fuese, su marido Bernard era viejo y muchas veces su miembro estaba demasiado flácido para hacer lo que él tanto deseaba. Los círculos del ónix se volvían azulados y blanquecinos como un ópalo, como los verdaderos ojos de un lobo. Emmeline cogió unas pinzas y trabajó para cerrar la plata en torno a las piedras. Cuando pensaba en eso, hasta podría admitir que a veces pensaba en aquella noche en Wrexham. No era esclava de los recuerdos, pero cuando estaba sola en la cama, el viento sombrío aullaba y el mundo entero parecía inquieto, ardiendo… ansiando… el misterio de lo que había pasado aquella noche, tanto tiempo atrás, no la dejaba en paz. Ella conocía bien su propio cuerpo como para satisfacerse sola, en silencio, sin perturbar a las damas que dormían a su alrededor. Y conseguía hacerlo mejor, cuando se permitía pensar en el día en que el joven caballero fue llevado a su presencia, en como el brillo de las velas iluminaba aquel bello cuerpo, en el murmullo de sus palabras ardientes, en sus modales torpes… y, ah, en como la había amado, Emmeline pensó con un delicioso escalofrío. Incluso ahora, todavía podía sentir la humedad en sus partes intimas, que se contraían con lujuria. Dejó las pinzas y cerró los ojos. Dios del cielo, aquellos sueños en ocasiones eran demasiado intensos. Era mejor no pensar en ello. Después de todos estos años, lo que había pasado era apenas una historia igual a la que los trovadores cantaban sobre los caballeros peregrinando por el amor de una dama. O los príncipes errantes que podían volverse amantes cautivados. Aquella noche su sueño parecía no tener fin. Pero lo tuvo, desgraciadamente y demasiado pronto. El había bebido aquel vino drogado antes de que Emmeline pudiese impedirlo. El viejo Gulfer, que Dios diese descanso a su alma, y el caballero jubilado Aimery, se habían llevado al joven. Emmeline abrió los ojos. Ortmund se acercó a la puerta del taller, recordándole la cena. El sol se ponía. Ella encendió la mecha de una vela con el pedernal y luego la cogió poniéndola en una
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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix lámpara. La luz hizo que la mesa de trabajo se llenara de brillo. En el centro del paño de pulir, la hebilla con la cabeza del lobo la miraba con sus ojos relucientes de fiera. Decidió no ir a comer. Le gustaba quedarse en el taller las noches en que todo estaba silencioso. Mandó a Ortmund que buscase a Tom y Magnus y se cerciorara que comiesen, seguidamente volvió a la tarea de limpiar y pulir el broche. Cuando acabó, cogió un paño suave y la arcilla de joyería y pulió los crisoberilos, haciéndolos parecer todavía más a los ojos del animal. Todos los ónix, zafiros y cristales de roca formaban parte de las reservas que los orfebres Neufmarche habían traído consigo cuando dejaron Francia. Emmeline cogió una pequeña caja de cedro y colocó la hebilla en su interior, hasta que fuera llevada en procesión en la fiesta de la Ascensión. Después limpió la mesa de trabajo y al colocar un tope de piedra en el crisol, encontró una pieza fundida que había dañado antes. El tiempo pasó conforme ella tallaba absorta, el vidrio azul cubriendo los pétalos de la flor de oro con una pinza, luego lo dejó a un lado para que Ortmund y los muchachos continuasen por la mañana. Estaba tan atenta a lo que hacía, que solo cuando la vela de la lámpara se consumió ella levantó los ojos. Uno de los chicos del establo estaba parado en el umbral de la puerta. El portero lo mandó para que avisara que había alguien en la entrada preguntando por ella. Emmeline se levantó, cogió la lámpara, la encendió de nuevo y siguió al muchacho hacia afuera, por el patio de lavar y después por los establos. La luna estaba alta, derramando su brillante luz plateada. Por el silencio alrededor de la casa todos dormían. El portero mantenía las puertas entreabiertas, murmurando aluna cosa sobre la hora tardía. Quien quiera que estuviese esperándola, estaba fuera, en la calle. Emmeline pasó por los portones de la mansión. El hombre estaba recostado contra la pared, era una sombra en la luz de la luna. En el momento que lo vio, ella supo quién era. —Madre de Dios — dijo cogiéndolo del brazo— Pensé que te había perdido — Él iba vestido como un monje esta vez, con la capucha echada y las manos metidas en las manas del manto— Que estuvieses con los mercaderes que fueron atacados en el camino de Wrexham. —No viajo con mercaderes pidiendo ser robado. Los idiotas llevaban incluso una litera transportando alguna gorda de York. Emmeline sabía quién era la mujer; había pasado la tarde con ella. Lo condujo hacia las sombras de la entrada. —Ven al taller. Traeré un poco de comida y bebida. —No — el parecía incomodo, lo que era inusual — No puedo demorarme, quiero quitarme estos trapos sagrados y vestir otras ropas. Me pasé cinco días en el camino y estoy sediento de vino y una mujer. Lo que no puedo conseguir, vestido así. Pasó ante ella y metió una mano bajo el hábito de monje. Emmeline vio de refilón la piel blanca y peluda cuando él retiró las correas que sujetaban los sacos de cuero a su pierna. —Ten cuidado — dijo al entregárselos a ella — La última parte del viaje a Gales es la más peligrosa. Ella se metió las bolsas bajo las faldas. — ¿Vas a volver otra vez? — vio el destello de sus dientes blancos.

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Al principio. viene de los lores cercanos a Enrique — las palabras murieron de repente en sus labios— por sorpresa la cogió del brazo — escucha — susurró— ¿Estás oyendo? — ¿Oyendo? Ella no oía nada. Pero él estaba alejado de su alcance. Ese oro no viene de Francia esta vez. —Señora — la llamó el portero. — ¡¿Qué?! — gritó ella. Escuchaban un tropel de caballos por las calles de la ciudad.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Cuando el príncipe me necesite. — ¿Qué es eso? — Emmeline se dirigió al hombre que casi no conseguía ver. Sobre los tejados. Tras ellos el portero llegó al portón y se detuvo mirando hacia afuera. Su corazón latía con rapidez cuando metió los sacos de oro bajo el brazo y tanteó intentando encontrar al hombre en la oscuridad. apenas era un susurro. — ¿No lo ves? Están quemando el castillo. Apartándose de ella y pegándose a la pared. Lo vamos a conseguir. — ¡Santo Jesús! — el rubio emisario del oro apretó los dientes. Emmeline se llevó la mano al cuello. Pero él se había ido. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 42 . un débil ruido que podría no ser nada. Su voz llegó hasta Emmeline desde la distancia. una mancha rojiza como un falso amanecer comenzó a cubrir el cielo.

Walter surgió empujando a Martillador. Walter tanteó en la oscuridad y encontró las manos de Niall y la caja para hacer fuego. a no ser por la espada. Su capitán encendió una vela y la levantó bien alto. Gotselm y los otros protegen la fortaleza – tartamudeó – Helpo y Theobald están muertos – se arrastró al borde de la cama y se apoyó en ella. Niall se dirigió a la puerta. Tanteó el suelo. Walter finalmente consiguió encender la mecha y la luz surgió. Niall le entregó la caja en el mismo instante en que alguien llegó corriendo por las escaleras gritando que el castillo estaba siendo atacado. —Uno de los caballeros del castillo está abajo – el niño estaba nervioso por la ansiedad – está herido. El escudero. —Milord. — ¡Encuentra mi maldita cota de malla! — gritó. — ¡Levántate! — gritó Niall — ¡Es la alarma! Caballeros gritando galopaban allí fuera en la calle. con los brazos ensangrentados. a gatas. olfateando la lucha. con los caballeros intentando ensillarlos. La llama de la vela osciló. Cadwallader. el corcel de Niall.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O0 07 7 La campana de la iglesia empezó a tocar. dejad que yo haga eso. Nadie allí tenía una luz a juzgar por los gritos y los golpes. Walter sonrió mostrando los dientes blancos. —Después quemaron el nuevo portón – el caballero cogió la punta de la manta e intentó parar la sangre del brazo. allí abajo. —Por el amor de Dios. buscando la caja con la mecha y el pedernal. Niall se pasó las manos por el cabello antes de ponerse la capucha de mallas de acero. —Eso parece – se apartó de la multitud para coger su caballo. El caballo de batalla bailaba y relinchaba. – Son los galeses. – He escapado nadando por el foso. mientras apuntaba el brillo rosado del fuego en el cielo. Soltando una maldición. Niall gritó que bajasen de nuevo. ¿pretendes luchar desnudo? – gritó Niall. nos está atacando. Niall saltó de la cama llevándose la mano a la espada mientras Walter. Niall metió los brazos en la cota de malla que Joceran le metió por la cabeza. Joceran. Cuando llegó a la sala de la taberna. Walter bajó corriendo tras ellos. enrollado en las mantas cayó soñoliento al otro lado con un golpe y una palabrota. Niall cogió su espada. Tres caballeros habían subido las escaleras en busca de órdenes. irrumpió como loco por la habitación. El patio estaba lleno de caballos. Walter gritó que había enviado caballeros fuera para patrullar el camino del castillo. aquí está. —Milord. Bajo ellos podían oír el tumulto de la sala comunitaria cuando se despertaron los caballeros. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 43 . Allí afuera la gente de la ciudad andaba de un lado para otro en la oscuridad. Niall se sentó en la cama para ponerse las calzas. En la calle la multitud gritaba la alarma. Ah. —Dime lo que está pasando – pidió con voz ahogada. Aquel maldito príncipe suyo. Desnudo. Despidió al chico con un gesto de la mano cogiendo sus botas. El comandante de guardia del castillo se tambaleó hacia adentro.

siguiendo el curso del río y con gritos de guerra. El enorme semental retrocedió con paso vacilante. los caballeros gascones irrumpieron por el patio de los establos. Los gascones avanzaban en círculos. Otros se amontonaban en las sillas. Los galeses se batieron en retirada. Niall giró a Martillador en dirección al camino del castillo. han planeado esto muy bien. zigzagueando por las sepulturas antes de escapar por encima del muro del fondo. las fuerzas de Cadwallader intentaban empujar a los caballeros de Morlaix hacia el río. Al verlo aproximarse. En la colina. Espoleó al caballo pasando por el portón. y saltaron de nuevo el muro del cementerio de la iglesia. agitando su enorme espada sobre la cabeza. Con un grito de alarma para Walter. Con gritos y hurras. Niall llevó a Martillador en medio de los galeses. el castillo de Morlaix. se quemaba de manera frenética. Cuando Walter y Niall llegaron a todo galope. —Malditos. La luna estaba llena y brillante. De súbito. su capitán saltó el muro. Niall echó a su montura sobre ellos y el inmenso corcel embistió a un pequeño caballo de un galés y enterró los dientes en el cuello del animal. Como los arqueros del Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 44 . Un caballero cayó en el camino herido en el pecho. —Va a aprender lo que es bueno. los galeses giraron sus caballos de montaña y huyeron a galope hacia el bosque. Niall frenó su caballo. más atrás. ¡incluso la emboscada! Walter se inclinó en la silla para coger el estandarte caído. Los arqueros galeses. los demonios de la muerte. Los caballos salieron al galope. Alguien entre los gascones gritó que había más caballeros alojados en casa del orfebre. Los galeses repelieron el primer ataque enfurecido de los caballeros gascones. estaba oscuro como la brea bajo las copas. Niall hizo que su corcel saltase el muro de la iglesia. Tras él. Los gascones estaban a pleno galope. Niall lo espoleó con fuerza. los gascones en combate aullaron como banshees. Por un instante la luz brillante reveló una media docena de hombrecitos salvajes vestidos de pieles y cuero antes de correr hacia el bosque.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Niall saltó a la silla y cogió un estandarte con el blasón de Morlaix de la mano de un caballero que se aproximó al trote. sonó entre ellos. Martillador se puso en pie y saltó al frente. derrumbando las lápidas de las sepulturas. Cadwallader quiere humillarnos – Niall se rio ásperamente. uno de los hombres de Cadwallader tocó una trompeta. de repente. en torno a Niall. Las ramas de los árboles escondían la luna. salieron de su escondrijo al frente. en medio de la confusión. reparado con nuevas tablas. un ruido áspero. como de cuchillos raspando. Era muy tarde para mandar a alguien tras ellos. En la plaza del mercado otro grupo de caballeros casi chocó contra ellos. Hicieron que los caballos juntos diesen media vuelta. Los galeses empezaron a retroceder. inclinándose en la silla para girar la espada. La gente de la ciudad se apartó abriendo paso. Conforme pasaban galopando por el patio de la iglesia. Un grupo de caballeros del príncipe Cadwallader vino a su encuentro en el puente. —Seguidme – gritó sacudiendo el estandarte. Niall los persiguió por entre los túmulos. Niall atacó. A esta señal. que mantuvieron su posición por un momento bajo la luz brillante de la luna.

seguido por Walter y Joceran. Deberían estar con la guarnición al completo en el castillo en este momento. Los guardias del castillo habían ido al foso y ponían tablas sobre él para poder atravesarlo. El daño no hubiera sido tanto en el patio interno si no fuese por la madera perdida. El portón de entrada era ahora apenas madera carbonizada colgando de las bisagras. atravesaron el foso. señor. Niall miró sus facciones risueñas. No necesitaba que le recordasen la madera que habían reunido para construir las dependencias de la cocina y el tejado de la torre de los caballeros.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix cementerio de la iglesia. su escudero sacudió la cabeza. Algunos gascones galopaban en torno a ellos. Niall hizo la señal de la cruz. Los gascones. —Jesús – dijo Niall mirándolo. —Os están llamando Satanás con una espada invencible – explicó – Eso dicen. milord – dijo Gotselm – Hemos perdido a Helpo y Theobald cuando cogían agua en el foso. con su marcado acento — Dios nos ha favorecido y nos ha dado un verdadero héroe. Niall siguió descalzo hasta el lado opuesto. La pierna lo torturaba y se echó atrás cuando uno de los caballeros se arrodilló y le tomó la mano. sin entender lo que decían en aquel extraño francés. Los gascones se amontonaron a su alrededor dándole palmadas en los brazos y el costado. los esperaba con un grupo de caballeros ennegrecidos por el humo. Algunos de los caballeros de Morlaix habían desmontado para cuidar a los heridos. Walter se aproximó y cogió la brida de Martillador. Un poco más allá yacía el cuerpo inmóvil de un caballero galés. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 45 . El nuevo puente levadizo que habían terminado de construir se había quemado y caído en el foso. Siguieron al sargento hacia la parte interior del patio. en el estribo estaban descalzos. Niall se inclinó en la silla jadeante. Walter Straunge se aproximó a medio galope con sus largos cabellos brillando como la plata a la luz de la luna de no ser por la capa que llevaba. llevaron sus monturas hacia el bosque. —¿Estás herido? Aturdido. — ¿Lo dicen? Niall se deslizó por el lado del semental. mostrando los dientes. El guardia del castillo. gritando y aún queriendo luchar. Gotselm. Dos caballos en el suelo se debatían en una horrible agonía. Se frotó la cara. Los galeses lo habían rodeado fuertemente. los gascones empezaron a reunirse en torno a él. ¡Tú. — ¡León de valentía! — gritó. luchas como un gascón! —Tal vez ahora olviden la paga que les debemos – murmuró Walter. Después de desmontar. sacándose el sudor y notó que las tiras de su yelmo estaban cortadas. detrás de ellos. conversando entre sí. parecía que se habían confundido con la negrura de la noche. La llevó hasta el borde del yelmo y la aseguró allí. Niall tiró de las riendas de Martillador hasta hacerlo parar. Los gascones. Se dio cuenta que sus propios pies. en círculos. La vieja torre continuaba intacta. Niall soltó un gruñido. —Ellos dispararon flechas de fuego por encima. a los gritos. Joceran se fue hacia el camino sin el caballo.

Con el alba. marca de los orfebres. los artesanos que no habían colocado toldos sobre sus puestos salían tambaleándose al campo. —Milord. Por Dios… Niall pasó las manos por el rostro de nuevo. Empezó a lloviznar. El cansancio lo abatió y Niall se frotó el rostro. bajó el látigo para volver a empezar el trabajo. Miró a su alrededor hacia el semblante de sus caballeros. desde que lo habían visto luchar. la compañía de grandes alborotadores. Niall se levantó lentamente. Los franceses deambulaban por el patio golpeando piedras. Dos caballeros andaban de un lado para otro con baldes extinguiendo las brasas. señor – Gotselm frunció el ceño. habría una revuelta. Necesitaba cambiar a los caballeros de la guarnición a la vieja fortaleza y mostrarles a los galeses que estaba allí para quedarse. Se había olvidado por completo de la maldita fiesta. el sol subió en un cielo lleno de brumas. Pero no había funcionado con los gascones. de que el tiempo sería caliente y bueno. la ciudad ya se había llenado por el gentío. Miró alrededor del patio. estaba tan guapo que Emmeline difícilmente podría negarle nada. Osmer. ¿no habéis oído decirlo? Esa plataforma es donde os sentareis mañana.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix El olor a humo se cernía. podría hacerse pasar por la Santa Virgen. — ¿La ha salvado? – Niall arrimó la tabla a la pared – ¿Una plataforma para qué? – el guardia del castillo movió los pies. Usando una bonita camisa de seda bordada con hilo de plata. —Mamá – suplicó – ¡Déjame ir! ¡Los otros niños se ríen de mí porque siempre cabalgo contigo como un bebé! Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 46 . La lluvia pasajera acabó pronto. y una capa de terciopelo verde con una larga pluma blanca. pesado. Si pusiese tasas a la gente de la ciudad por tercera vez. en el aire. Necesitaba picapedreros de Chirk. Él aún insistía en ello cuando el administrador le llevó la yegua a Emmeline. A no ser. Parecía que los únicos que lo querían eran los sanguinarios gascones. del ataque de los galeses o de que el Castillo de Morlaix era en cierta forma una ruina. según el pueblo de la región. como Gotselm acababa de recordarle… prestarían homenaje y jurarían lealtad a su nuevo señor. Cuando la gente de la casa de Emmeline estuvo preparada y reunida. Magnus quería marchar con los aprendices curtidores. momento en el cual. Un poco antes del amanecer. Niall los observó. esparciendo el hollín. Pero ahora Niall tenía que traer a los habitantes de Morlaix de vuelta al castillo. con su pierna mala disparando punzadas de dolor. claro. A pesar del fuego. —La plataforma. Y donde recibiréis el juramento de lealtad de todos. Pero eso no iba a durar si no podía pagarles. maldiciendo para intentar hacer algo bajo la luz de las antorchas. La mayoría de los focos del incendio se habían apagado. al día siguiente el pueblo de su feudo tenía su procesión de la Ascensión. cuando todos en la ciudad celebren la fiesta de la Ascensión. salvó la mayor parte. cosa nada habitual en la región de la frontera en mayo. La incursión había tenido por objetivo desacreditarlo entre sus caballeros y el pueblo de Morlaix. — ¿Qué es eso? – se inclinó y cogió una tabla rota. Una señal. – Uno de los caballeros. Necesitaba un milagro.

Sra. pero él la esquivó. – Miró mal a los hombres sentados al borde del palco – Lo que dicen es mentira. ¡Yo misma vi colocar los sacos en el carro! Emmeline desmontó y llevó a la yegua hasta los sonrientes actores. Suspiró. la vieja sierva. pasando por el portón con su pony y entrando en la calle con el rostro enfadado. eras muy pequeño. ¿Qué había hecho Wilfer con el dinero que ella le había dado para comprar harina y manteca de cerdo? Uno de los miembros del gremio de los tejedores salió por el otro lado y le cogió el estribo. Amenazaban con no moverse hasta conseguir más. Lo miró atentamente. Fue una desgracia. ¡vos arreglareis las cosas! Los actores están diciendo que no tenemos pan suficiente para el día entero.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —No. Quiero saber dónde estás. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 47 . No quiero oír que algún caballero extranjero confunde a una de ellas con una prostituta común. estaban protestando porque el gremio les había dado poco. hacía tanto tiempo desde que habían celebrado la fiesta de la Ascensión que casi la habían olvidado. Los aprendices de tejedor son bastante ruines. dónde Jesús repartía panes y peces. Habían venido tanto para la procesión de la Ascensión como para ver al nuevo Lord. Era probable que tuviesen razón. —No deberíais haberle dado dinero al panadero – le dijo – y comprar el pan en Chirk vos misma. El campo estaba lleno de carros y bueyes. Emmeline apartó el pie de la mano del hombre. ya te lo he dicho. —Gracias a Dios. empujando a la gente a causa de la multitud llamándola. El herrero se aproximaba. Siempre pasaba algo en el último momento. La miró con malicia. Magnus la siguió. Inclinándose sobre la montura le dijo al administrador. Podría jurar que años atrás había sido el Cristo borracho de las bodas de Canaán de los viñateros. Dos no pasaban de jovenzuelos. pero uno tenía barba y una gran panza. ¿tienes que estar así? – Se enfadó Emmeline — Entonces lleva tu pony junto al viejo Aimery. pensó Emmeline. Él se refería a los pastores y al pueblo del bosque. que raramente eran vistos excepto en los días de fiesta. —Santa Madre. La desolada esposa del panadero se aproximó corriendo. pero los curtidores y los otros son aún peores – intentó cogerlo para alisarle el pelo. Emmeline. Uno de los chicos del establo intentó ayudar a Emmeline a subir a la silla. pero hubo un año en que los carniceros se pelearon y se les volcó el carro. Tenían apenas dos sacos de pan para distribuir a la gente. Había bastante pan ayer por la noche. Los actores del carro de los panaderos. —No te acuerdas. y los pastores traían una inmensa imagen de paja que cargaban en las fiestas y decían ser de un espíritu antiguo. Algunos decían que era una diosa pagana llamada Henwas Hwych. se apostaban esperando. Decían que cuando el pan se acabase el pueblo se volvería contra ellos. de labradores y sus familias. Torel: —Vigila que todas las chicas lleven pañuelos para cubrir sus cabellos. Si pasa algo tendremos un gran tumulto aquí por la cantidad de gente de la zona salvaje que está llegando. como los carboneros y los cazadores de aves. vestidos con sus mejores galas. No había tanta gente de la frontera en un único lugar desde el fin de la guerra del rey Esteban. Estaban bebiendo. Ella llevó la yegua por el establo. donde sus criados de la cocina.

cargando el estandarte de la Ascensión desde la iglesia. —Tenemos un señor severo que aplica castigos duros – ella estaba acostumbrada a esto y los borrachos no la asustaban. Emmeline empujó su yegua hacia la multitud buscando a Magnus. Pensó entonces en los sacos de pan que se iban a desperdiciar. El viejo sacerdote sordo. que era llevado en procesión en las fiestas de Wrexhan. el barbudo se apresuró a andar por el palco. Y por todas partes había caballeros extranjeros del nuevo lord. tocando tambores y cantando. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 48 . pero Aimery se aproximó enfurecido. La señora no tendrá nada que reclamar. Niños acróbatas giraban y daban volteretas por el camino. Emmeline hizo un gesto para que el viejo se apartase. —Levántate – le dijo al Cristo barbudo. diciéndole a Aimery que cabalgase con los panaderos y vigilase a los actores. Una mujer salió de detrás del carro y puso las manos en las caderas. Un hombre y una mujer caminaban juntos. un precioso drama de Cristo alimentando a las multitudes. el padre Wilbert iba al frente. cuando aquí tenéis una sabrosa torta de carne que podemos probar ahora mismo? Detrás de Emmeline. —Vas a representar a Cristo con los panes y los peces. señora – dijo Aimery tras ella – Los actores son una banda de ladrones. llamando a los chicos para que volviesen. Faltaba en Morlaix una verdadera reliquia. Los habitantes del pueblo empujaban a los bueyes de piernas cortas con las pesadas varas de roble que usaban a veces como armas. —Solo hemos puesto algunos a un lado para tener alguna reserva – se lamentó — Los sacos están allí. armados y vestidos con cota de malla. mirando ávidamente a las jóvenes por detrás de sus yelmos y protectores de acero. al oír aquello. El carro del mercader de vino pasó con sus actores bien parecidos que representaban el milagro de la transformación del agua en vino. iba a estropear el escenario de los panaderos. Otro conducía un grupo de perros que se equilibraban en las patas traseras. seguido por el padre más joven. Él se puso en pie. No le haría ningún bien expulsar a los actores. Incluso mientras hablaba. se disolvieron rápidamente del palco y huyeron. en un relicario de Cristal. como el famoso hueso del dedo de San Jaime.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix — ¿Pan? — Se giró hacia los otros dos — ¿Por qué estamos hablando de pan. —No. ajustándose el manto y la miró con aire sombrío. sin embargo habían atraído a una considerable multitud. El actor extendió su mano para tocarla. Emmeline se mordió el labio. la esposa del panadero jadeó. ya que has intentado robar el pan sagrado del gremio de los panaderos. chicos. Acróbatas y músicos harapientos habían aparecido de la nada. enderezar las cortinas y pegar los peces de madera. cabalgando por en medio del pueblo. y lo vas a hacer bien o le contaré al nuevo lord de Morlaix que eres un ladrón y un blasfemo. – ¿Está preparado para representar la parte de un hombre con una sola mano? Los chicos percibieron cual era el castigo para el robo. Emmeline lo observó durante algún tiempo y después se apartó. — ¡No hagáis eso señora! — intervino la mujer – Odo va a representar una bella pieza. cerca del río. ellos cogieron el pan para venderlo. se lo juro. que no le gustaba a nadie. Los otros carros empezaron a moverse.

Vieron que el joven padre con su estandarte ya había casi llegado a la plataforma armada a una corta distancia del foso. La caja de madera con el regalo de los orfebres estaba amarrada a su corsé de cuero. Todos los laneros. Emmeline se secó el sudor del rostro con el dorso de la mano. tejedores. En medio de la procesión de pastores. Entonces avistó a Magnus sin el sombrero nuevo. Por la inclinación del sol aún era temprano. En algún momento después del medio día. El padre Wilbert desistió de caminar y se subió a una de las carretas de heno. con el rostro y la nariz quemados por el sol. El cura nuevo. llevando el poni por en medio de la multitud de aprendices. Después de esto. Después de pasar el puente. Conforme andaba le golpeaba contra su muslo. Una banda de aprendices deambulaba por los bordes de la multitud sacudiendo ramas de sauce que usaban para pegarse entre sí. tomando el camino del castillo. caían de rodillas y con las manos entrelazadas conforme pasaban los carros. La primera parada era en el mercado. Sin embargo no vio a Magnus. Emmeline desmontó para caminar con los miembros de los gremios y obligó a Magnus a hacer lo mismo. el maestro Avenant. Emmeline pensó en los actores que habían intentado robar los sacos de pan. agitando sus brazos y piernas cubiertos de heno. La próxima parada sería la iglesia dónde los que se amontonasen dentro oirían al padre Wilbert y al nuevo sacerdote rezar una misa especial por el día de la Ascensión. antes de subir la colina hasta el castillo. que llevaba el trozo de lana azul que era el regalo para la nueva capa del lord. El sol ya empezaba a calentar las cabezas y los hombros de la multitud. habían subido a un carro de heno lleno de risueñas mozas del pueblo. cargando el estandarte de la iglesia. La multitud se empujaba para asistir al milagro de la multiplicación de los panes y los peces. parándose en las casas de los miembros de los gremios. a pesar de sus protestas de que quería cabalgar con los otros chicos. Estaba contenta de haber puesto a Aimery para vigilarlos. rodeado de una veintena de caballeros con sus relucientes armaduras. —Estoy buscando a Magnus – dijo — ¿Lo has visto? El viejo caballero meneó la cabeza. portando un odre de vino.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix A lo largo del camino la gente más pobre. muchos de ellos vestidos apenas con largas camisolas rústicas. peluqueros y el espadador seguían tras el jefe del gremio. Un fragor subió cuando el actor barbudo que representaba a Cristo cortó los primeros pedazos de pan. Una multitud más sobria caminaba entre los bueyes y los carros de palco. Emmeline se sacó la capa y la colocó sobre la silla. Viendo su piedad. se puso tras los trabajadores del cuero que cargaban la silla para el nuevo lord. Emmeline llevó a su yegua hasta la montura de Aimery. el vino del viñatero se acabaría y así. se marchó tras él. deseando que la fiesta se hubiese acabado. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 49 . El sacristán subió a la torre de la iglesia para tocar las nonas. algunos rezando. tomó el lugar del viejo padre al frente de la procesión. Emmeline cogió las riendas de Magnus y. la procesión haría su trayecto por la ciudad. aquellos que querían continuar bebiendo se habrían ido a pasar el resto del día a las tabernas. El lord de Morlaix estaba sentado frente al portal carbonizado de su castillo. La gente del pueblo se apretujaba contra los carros para asistir a las representaciones de la Biblia. la figura gigante de enormes pechos de la diosa de los cerdos también se balanceaba. Reconoció a un grupo de laneros de apariencia seria con sus familias y al guapo espadador que intentaba atraer su atención. Girando su montura. detrás del palco de los panaderos. conforme la procesión salía de la ciudad y se alejaba. Tres caballeros. algunos cantando viejas canciones del campo.

Los cabellos eran de un rubio oscuro. — ¿Qué? – El caballero miró la caja que ella le mostraba – No. Los burgueses. hasta los pies calzados con zapatillas bordadas. Emmeline sacó su diadema de oro y plata y. no necesitaban estar en mejores condiciones. cambiaría sus destinos tal como el nuevo rey. aún bloqueadas parcialmente por la espalda de un caballero provocó un sobresalto en Emmeline. era el caballero rubio que había pasado de casa en casa recogiendo los impuestos. reflexionó un tanto irritada. — frunciendo la frente se apartó deprisa. Algo en aquellas manos grandes. Ella lo oyó decirle algo al maestro lanero Avenat y colocar las manos del jefe del gremio entre las suyas. El capitán estaba ahora mirando hacia Magnus. miró a su alrededor viendo si alguien lo corregía. del bastardo del viejo conde. pero Emmeline pudo ver la cima de la cabeza del nuevo señor cuando éste se inclinó hacia delante. después se sacó el polvo de su chaqueta de terciopelo. Tenían razón en llamarlo hombre grande. el joven Enrique Plantagenet y su esposa la reina Leonor de Aquitania habían cambiado Inglaterra. Cuando lo sacudió sintió el gusto a polvo en sus labios. Emmeline estiró el cuello para ver. de rostros rojos y sudando a su alrededor. Emmeline se giró hacia Magnus y peinó los cabellos de su hijo hacia atrás. le apartó las manos. usaba una túnica blanca de lana. decían los rumores. Después. cargando la silla del regalo se amontonaban tras ellos. Y tuvo una sensación extraña. después el velo de seda verde que le cubría los cabellos. —Los orfebres desean darle un regalo al Lord – extendió la caja de madera. La mayor parte de la gente pensaba que las tribus irlandesas eran salvajes y bárbaras. no. Decidió no ponerse de nuevo el velo y lo guardó en el cinturón. Sobre la armadura acolchada y cubierta de malla de acero. Había lugares en los que casi no se conseguía respirar. Hacía mucho calor. — ¿La jefa de los orfebres? ¿La señora es la maestra de los orfebres? Al pasar por su lado. repentina. Un poco nerviosa. Emmeline ya lo había visto antes. el héroe recompensado por el rey y sus caballeros franceses iban a gobernarlos. Ella lo miró de la misma manera franca. para andar hasta tan lejos con sus mejores ropas de seda. Se había sacado el yelmo. Niall FitzJulien se inclinó en su silla para entregar a un caballero el tejido doblado de la capa azul que los tejedores de habían dado. Los caballeros del lord estaban colocados en semicírculo y bloqueaban su visión. Oyó la voz baja del maestro lanero repetir el juramento al señor. y los trabajadores del cuero. Medio normando. el nuevo lord de Morlaix. Hijo. El sol arrancaba destellos de su cota de malla pulida. Sin embargo. medio irlandés. midió a Emmeline desde los cabellos de color cobre que relucían en un tono incandescente. Los laneros se adelantaron para jurar lealtad al nuevo lord. con las musculosas piernas enfundadas en medias y Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 50 . de que Niall FitzJulien. creo. Debajo de la capa y del manto blanco. no sé… lo mejor es entregar eso en su mano.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Los caballos y las carrozas habían levantado una nube de polvo. Sin levantar los ojos. En aquel momento el alto capitán se aproximó diciendo que ellos serían los próximos. el sudor corría por su espalda. mojados por el sudor. Parecía no conseguir desviar los ojos del chico. Todos en Morlaix imaginaban la manera en que aquel hombre. Los laneros habían dado un paso hacia atrás. lentamente y pensativo. no podía decir que la incomodasen.

¿no es cierto? – vociferó. El sol calentaba mucho. Un murmullo recorrió el aire hasta los últimos carros de la carretera. Entonces. intentando aflojar la mano que apretaba a su madre. no había desaparecido. La expresión del lord cambió cuando miró a Emmeline. el lord dejó escapar un extraño sonido de la garganta. Un caballero le entregó una taza de vino al lord y Emmeline observó el movimiento de los músculos de su cuello mientras bebía sediento. Estaba lo suficientemente cerca para ver las líneas finas de los bordes de sus ojos y notar la nariz larga. Uno de los caballeros del lord tosió. tenían los ojos clavados en el nuevo lord que parecía dominado por una pavorosa posesión demoníaca. Ella jadeó con los ojos abultados – Él es mío. Lo que más destacaba eran los hombros.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix apretadas por hermosas ligas. Tras Emmeline. Pero Emmeline se había desmayado. Emmeline empujó a Magnus hasta hacerlo arrodillarse y se bajó al lado de su hijo. Se inclinó de súbito hacia adelante inclinando la silla. — ¡Mamá! — Magnus se colgó del brazo cubierto por la cota de malla. que ya había visto ojos de aquel color castaño amarillento. Algo estaba pasando. Entonces sus ojos se agrandaron al mirar a Magnus. minutos antes. el lord devolvió la taza y el caballero rubio se inclinó murmurándole algo al oído. antes de que pudiese ponerse en pie. el talabartero y sus primos murmuraban algo. En algún momento pensó. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 51 . al mirarlo. Había esperado a un hombre mayor. observando aquellas facciones tensas por alguna emoción desconocida que contraía los labios del lord de Morlaix. poderosos y anchos por haber girado la enorme espada a ambos lados. — ¡Tú! Emmeline pestañeó. Con los ojos muy abiertos y las facciones transformadas. Emmeline agarró la mano de Magnus y. — ¡Demonio! — gritó el nuevo lord de Morlaix — ¡Traidora miserable! — cogió a Emmeline con la mano apretada en su cuello. Todos los que estaban reunidos allí para prestar juramento no conseguían moverse. Después la miró de nuevo a ella. el hombre de la armadura se inclinó hacia adelante. Ella sabía que su rostro estaba colorado y ya se sentía arrugada y llena de suciedad. cogiendo a Magnus por la mano. extendió el brazo y los dedos de la mano se cerraron en torno a su cuello. las mechas de pelo rubio oscuro ligeramente ondulado que caían por su frente. la dureza de su boca. Se adelantó deprisa. Cogió la caja con las dos manos y levantó los ojos para mirar al lord. La extraña inquietud que había empezado cuando había visto al maestro lanero prestar juramento.

Extendió la mano y cogió el pergamino de Walter. Ella no solo negociaba con oro y plata en bruto y monedas extranjeras. Apostaría que había una cantidad de oro y plata en los cofres igual a cualquier fortuna del Norte. rodeando con el brazo a su hijo. el viejo Neufmarche había dejado no solo un negocio de orfebrería. Había también sumas modestas prestadas mayormente a artesanos y trabajadores especializados. Los registros eran una maravilla de orden y precisión. aparentemente desde la muerte del viejo había expandido los negocios todavía más. El mismo había rezado por eso. No era de extrañar. —Me arreglo muy bien. triplicando el número de préstamos del viejo Neufmarche. Que según indica todo. el patio del establo de la mansión estaba lleno de antorchas. A la vista de la contabilidad que ella mantenía. ¿Puedo hacer cuentas. mientras los caballeros salían de la casa para esperar los carros que iban y venían. Te vendría bien aprender a leer. Ella no había dejado a nadie fuera. No había faltado a los artesanos y labradores la mejor financiación fuera de Londres desde que el orfebre muriera. Después de todos aquellos largos y amargos años pensando que habría sido de ella. El quinto era como los otros. Por encima. Sin dejar de llorar de rabia. y los nombres y domicilios de los deudores. Niall bufó. con la capucha de su capa echada para atrás y sus cabellos dorados reluciendo en la luz parpadeante. y ¡ahora conseguía el milagro! Por lo que podía ver. pero particularmente de Morlaix a Chirk. que la maldita ciudad fuese próspera. la viuda había negociado préstamos y pagarés muy eficientemente. —El prestamista de oro — dijo Walter levantando el rollo de piel — dejó toda su fortuna a su sensual viuda. los registros en pergamino enrollado de las cuentas de préstamo de dinero. El otro se encogió de hombros. dándole vueltas en la mano. se dijo Niall. Tenía poca simpatía por la criatura. Que mala suerte la de ella. pensó. estaba saboreando su triunfo. Y casi la misma cantidad de ganancias. continuó con los préstamos todavía con más ganancias. Ya había abierto cuatro. o no puedo? Niall no tenía ganas de discutir. Pasaba la medianoche. pero alguna de las personas eran de tan lejos como Wrexham. sino además un provechoso comercio de préstamo de dinero. Leyéndolas era posible ver que los préstamos habían sido hechos a los mercaderes de la frontera de Gales. —Inténtalo con el lado derecho para arriba.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O0 08 8 — ¡Por los cuernos del diablo!— bramó Niall— ¡La mitad oriental de Gales le debe algo a ella! Por la puerta abierta de la tienda se podía escuchar el canto de los sapos en la noche de primavera en el patio de lavar. ¡la mujer había tropezado y caído en sus manos con una fortuna mayor que la de cualquier heredera de la corte! Vaya suerte. así como las tasas de interés aplicadas. con el fondo lleno de sacos de monedas de oro y plata apilados ordenadamente. Y la zorra de los demonios que tenía por esposa. sino que Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 52 . médicos y abogados. Uno que llegaba a todos los lugares en el este de Inglaterra. En verdad. cogiendo otro cofre y usando la punta del puñal para romper la cerradura. estaba de pie en una carroza llena con los bienes de su casa. Se levantó y extendió la mano sobre la mesa. trabajadores temporales en la cosecha del heno e incluso al mismísimo cazador de ratones. La viuda de los orfebres.

las facciones delicadas. todo era tan perfecto que se dijo a si mismo que esa mujer sin defectos con quien había hecho el amor en Wrexham jamás había morado el mundo de los vivos. eso pasaba desde hacía sus buenos siete u ocho años. Miró a la puerta abierta y la vio en pie. ¿Cómo podía engañarse? ¡Mirar las facciones de niño era como mirarse en un espejo! Ahora. Eso mucho después de Wrexham. Después. El tenía veinte años entonces. Cuando pensó en ella en los años transcurridos desde entonces. Llegó incluso a pensar que ella nunca había existido. ¡Por la cara de Cristo. Hasta donde él podía ver. Hacía todo ese tiempo. sus furiosos muchachos de las caballerizas y los ayudantes de cocina tuvieron que ser reducidos. que pedían ser besados. El personal de la casa a su alrededor estaba desconcertado. no había nada real en aquello. conforme los caballeros sacaban los muebles fuera y los cargaban en los carros para llevárselo todo. ella estaba allí! ¡Era de verdad! Otro golpe certero… el niño a su lado. No. no le hacía ningún bien sacudir la cabeza para algo. Niall supo de inmediato que el muchacho era suyo. cuando todavía era un joven y ardiente caballero de Robert de Gloucester. se sorprendió. Pero la criatura se mostraba desafiante desde el momento en que la sujetó por su delgado cuello. con el brazo protector sobre el muchacho. A no ser la dura realidad con que ella lo trató al terminar con él. Sorprendentemente. Todo durante la anarquía. Diez años. Ahora casi treinta y uno. escuchó un gran retumbar en los oídos y se sintió mareado. nunca había pensado verla de nuevo en esta vida! Ni siquiera sabía su nombre. llena de fantasía. la realidad se fue haciendo más tenue. había un tipo de demonio que adoptaba la forma de una mujer para hacer eso. Maldita. ¡Cristo crucificado. una oscuridad en su mente como el preludio de la muerte. El viejo caballero hizo todo lo posible para defenderla antes de que los gascones lo desarmasen. Niall lo recordaría durante el resto de su vida. los suaves labios. arrodillada para el juramento. mientras sus pertenencias eran sacadas afuera y apiladas en las carretas. Era casi posible sentir pena por ella. ¡Jesús! Niall pensó ¿cómo llamaría alguien a una mujer que apresaba y seducía a caballeros. sus criados se mostraban fieles. Solo de pensarlo. como despertó en el barro pegajoso en un callejón de Wrexham. Y nadie sabía nada. Niall frunció el ceño. Ella se limpió las lágrimas de los ojos con el dorso de la mano y sacudió la cabeza. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 53 . como cuando fue herido en Stafford y estuvo acostado con fiebre durante tres días. Vagaban aturdidos. El estudió la agónica expresión conforme la viuda sujetaba al niño con fuerza. que todo fue un sueño. Cuando la había visto horas antes ese día. caballeros que no pasaban de ser simples muchachos? Si no recordaba mal. Hubo momentos. parado bajo la puerta de la tienda. en que soñó tanto con ella que debió decirse a sí mismo que aquella mujer no era más que una pasión de los veinte años. Los cabellos de un dorado como el oro. Niall sintió un escalofrío recorrerle la columna. la belleza sobrenatural del cuerpo que tuvo esa noche entre sus brazos. sino conociese el pérfido corazón de aquella mujer. vio como uno de los criados se acercaba a ella con una antorcha y la decía algo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix prestaba dinero a un tercio de la población de la frontera. Que nunca había ocurrido.

Niall no se había dejado de pensar en el rey desde el momento en que puso los ojos en el tesoro.. Niall era consciente de eso. pero no había mucho que pudiese conseguir de sus tierras en Aquitania. debía ser defendido. El rey. Walter fue a buscar a algunos caballeros para transportar los cofres. Y el secuestro de bienes del rey Enrique. en la mayoría de los casos.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Súcubo. no tenía que responder. Era consciente de que estaba confiscando la propiedad del rey. esa prostituta de cabellos de fuego? Nadie podría mirar al niño y no saber que era suyo. ¿No le había robado un hijo de su semilla. Nosotros… —Llévatelo todo— Niall cerró el cofre con una golpe sordo— Pon el oro. Cogió al niño de la mano. Niall deseó poner de nuevo las manos en el cuello de esa mujer. Gotselm estaba en la puerta. Dios lo ayudase. Las piedras preciosas las llevaré yo mismo. —Por favor. Tomó los sacos de cuero con las gemas preciosas de las cajas y los metió dentro de su cinto. Era incluso la imagen de su abuelo. Quince años de guerra habían desangrado a Inglaterra. Y harían lo mismo con Enrique si consiguiesen derrocarlo. mi madre quiere saber qué vais a hacer con la gente. —Hay mercaderes en la calle — avisó el sargento. sin órdenes ni decretos. Julien de Nessville. entregando los pocos que quedaban a Walter. como una cuestión de derecho. Al mismo tiempo ella se cruzó en su camino. Enrique. claro está. ya que todo en Inglaterra era de Enrique. Con su cota de malla y el yelmo Niall era una figura imponente. necesitaba la fortuna de la viuda de Neufmarche tan desesperadamente como él mismo. En cuanto a la reina Leonor. y ponle rápidamente un guardián. Eso era. y los nobles desleales luchando por el reino habían prosperado a costa del sufrimiento ajeno la mayor parte del tiempo. No le debía nada. No era ningún secreto que Enrique Plantagenet estaba en apuros monetarios. Y su simiente si podía.. —Te lo ruego… — su voz estaba ronca de tanto llorar— Por favor. Cuando Niall levantó los ojos. Niall se frotó la barbilla observándola. cuando era el mismo rey quien lo hacía. El niño le miró con los ojos muy abiertos. El la empujó. A no ser. Miró alrededor de la tienda del orfebre — Saben que está aquí con la viuda. no sabría decir que habría pasado. — ¿Cómo se llama? — pregunto poniendo al niño ante él. se dijo Niall. siempre que lo descubriera. era rica. Bien podría creer esa historia. Por un momento. Una entidad con forma de mujer que buscaba a un hombre cuando estaba dormido y le robaba el aliento. Niall se levantó siguiéndolo hasta el establo. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 54 . señor… — el niño miró para atrás a su madre— Por favor. —Milord — dijo Walter— hay cajas con piedras preciosas. y piden hablar con usted sobre ella. Si no fuera por Joceran y Walter que habían conseguido arrastrarlo lejos de ella. la plata y las monedas en un carro. déjame hablar. podría adueñarse de cada pedazo de la fortuna de Neufmarche y llevársela a Londres. Niall lo apartó a un lado.

Primero tengo que saber tu nombre. aunque sonaba temblorosa. Sombrero en mano. Pusieron la pieza de lado en una carreta de heno. —Magnus. hablaré con ella después. Todos se miraron unos a otros.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —No te preocupes por eso. al levantarse— venimos a hablar en nombre de los gremios de artesanos — miró al niño junto a Niall— Lo que él… lo que el joyero… — tartamudeo — lo que el… El enorme herrero se abrió camino hacia el frente a codazos. Los caballeros allí lo saludaron cuando lo vieron. El dirigió la mano al cinto. con las cortinas de terciopelo balanceándose mientras corrían al trote. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 55 . El chico agarró su mano con más fuerza. —Es una confiscación ilegal— murmuró alguien. Tras ellos un grupo mayor de gente de la ciudad estaba reunido. un hombre gordo que Niall reconoció como el vendedor de vino cayó de rodillas. Y porque sus bienes están siendo colocados en carros y se los están llevando. Un grupo de obstinados. —Yo te llamaré Julien — declaró con voz ronca. con las facciones muy serias. Niall podía ver que tenían miedo a preguntar lo que él pretendía hacer con la esposa de joyero. No lo habían mencionado. Una pequeña multitud esperaba al otro lado. se hizo un súbito silencio. solo las propiedades. —Los bienes de esta casa van al castillo. un hombretón con delantal de cuero que parecía el herrero. Uno de los sargentos corrió tras ellos gritando. El crío pareció sorprendido. a pesar de la oscuridad y la hora. pero Niall lo empujó hacia la puerta de la orfebrería. —Milord. le pedimos un favor. Fuera en la calle. con los ojos clavados en el chico. con aquellos ojos y cabellos dorados. cogió al niño de la mano y llamó a Joceran y Walter. Abrió la boca para decir algo. No se habían molestado en desmontarla. burgueses y mercaderes de la ciudad. Luego alguien llamó con fuerza. El portero corrió a abrir la puerta. y alguien gritó: — ¡Ella no tiene ningún deseo de casarse! Pregunte a cualquiera de nosotros. Antes de que la noche caiga me casaré con ella. Así como la viuda y el niño. tambaleándose bajo el peso de una cama. Niall miró para abajo. —Lo que Villers quiere saber es que ofensa se ha cometido contra el señor por parte de esta casa. —Milord— dijo el vendedor de vino. No hay nada más que decir. Estoy reclamándolo todo como dote. Niall echó al niño hacia atrás e hizo una señal al portero para que cerrara el portón. Incluso en el oscuro patio del establo. la señora es un miembro de la corporación — el vendedor de vinos se apresuró a decir — La casamentera de York envió muchos pretendientes hasta aquí y les gustaría que… —Ella se casará conmigo. su hijo era la imagen de su abuelo. Niall se apartó. Niall continuó: —No se trata de una confiscación. —Milord. sintiendo una curiosa sensación. Magnus Neufmarche — dijo en voz alta. Los demás se quedaron en pie. las llevaban de una pieza. Se escucharon exclamaciones de sorpresa. Algunos caballeros salían de la mansión. El dudó mirando hacia atrás.

Continuó sujetando la mano de su hijo cuando. Se alejó por el patio para hablar con ella. Todos se quedaron en silencio por un momento. ¡si él la cogió por el cuello en el castillo! Los miembros de las corporaciones de artesanos se miraron. La gente. —A pesar de todo lo que dice. —Señor— dijo el muchacho. El joven rey Enrique juró a las corporaciones en Londres que no habría confiscaciones ilegales. —Eso mismo ¿Quien sabe cuál es la verdadera historia de todo esto? — Preguntó el viñatero — Él tenía al niño a su lado. generaciones de joyeros habían disfrutado. sintió la necesidad de reír. El curtidor y sus sobrinos estaban en pie con los brazos cruzados sobre el pecho. pero sus labios temblaban— Me gustaría quedarme con mi madre. En la calle. se dio cuenta de que la conocía. eso es mejor que nada. Pero era la misma. De repente. —Hay una manera de averiguarlo — dijo el herrero por fin — Podemos mandar llamar a los orfebres de Chester y contar a los maestros de las corporaciones de allí lo que ha pasado aquí. El joven batanero se abrió camino a empujones entre la multitud. ¡Era solo una cuestión de justicia que se llevase consigo la maldita cama! Walter apareció con Joceran tras él. Que protegería al comercio… — ¡Escoria. Como podía alguien olvidarse de esa cama… ¿o de la noche que había pasado en ella? No allí en Morlaix. borlas y cortina de cama. La semejanza es notable. se acercaba más intentando escuchar. Estaba en pie. —Ya lo sabes— le dijo a Joceran— No apartes los ojos de él. Watris el herrero. el rey dice lo que tiene que decir! — el batanero miró a su alrededor en busca de apoyo — ¿Santo Dios. no queremos empezar una pelea.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Niall se detuvo. Era una cama grande que sin duda. — ¿Tu te crees eso? Hombre. sus caballeros se esforzaban en enderezar la estructura. alguno de ustedes la ha visto? ¿La han golpeado. el hombre está poniendo patas arriba la casa del viejo Bernard y llevándoselo todo. —Cálmate batanero. —Trae al sacerdote — ordenó Niall— El joven. Por un breve y loco momento. con la espalda estirada. Móntalo en él y mantenlo a tu lado. enrollados en cuerdas doradas. él la está manteniendo prisionera! Uno de los tejedores le tocó el brazo. O por lo menos para decirle lo que pensaba hacer. Puso la mano en la cabeza de su hijo y la mantuvo durante un momento. levantó al viñatero del suelo. que parece bastante corrupto. El herrero grandullón meneó la cabeza. atrás. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 56 . ha sufrido abuso? ¡Dios del cielo. en Wrexham. Llévalo al castillo — Colocó le dio la mano del niño al escudero— Él dice que tiene un poni. acordándose del niño. —Virgen bendita ¿Ha dicho que se va a casar con ella? — Villers gritó— Bueno. —Hay algo más que lo que se ve a simple vista — dijo uno de los guarnicioneros de Chirk. de que se va a casar con ella. Niall vaciló.

Conforme el padre pronunciaba las palabras finales. Niall encontró al administrador de los orfebres. Ella le dirigió una mirada enloquecida. otros para correr a sus aposentos en la torre de los caballeros. Volvió casi al instante para informar que la cama había sido llevada a la habitación nupcial. Joceran arrastró a Magnus afuera. arrastrándola la mayor parte del camino. algunos para arrastrar los carros al abrigo. Walter Straunge acompañó a la nueva señora de Morlaix a una habitación en la vieja fortaleza. para pasar la noche en las barracas de los caballeros. se limitó a reír y apretar algo en la mano. —Haz esto – gruñó – o pongo a Dios por testigo que mandaré al chico esta noche a la corte del conde de Chester para ser entrenado como paje. una gran llave de hierro – Alegraos Milord. la tempestad fustigaba el castillo con ráfagas de lluvia. Conforme el último carro entró. aunque todavía estaba casi toda sin tejado. Niall los cogió a los dos por los brazos y sacudió a la mujer hasta que sus dientes se batieron como campanas. Después de algunos vítores poco animados. aun debatiéndose y llorando. truenos y rayos que bailaban encima de las torres. pero se tragó los sollozos lo suficiente para que el Padre continuase. Walter Straunge apareció empapado de agua. Joceran surgió corriendo por la lluvia. estaba claro que lo juzgaban un hombre osado e inteligente por encontrar una viuda rica de la ciudad para casarse. —La lluvia en una boda es una buena señal – gritó al capitán. Cuando Niall respondió con una obscenidad. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 57 . Habían dado vivas cuando el Padre los había declarado marido y mujer. escondido de la tempestad bajo un tejado roto al otro lado de la perrera y lo sacó de allí para buscar a los hombres y poder montar la cama. Braudi Torel. Una bella perspectiva.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O0 09 9 La novia tuvo que ser arrastrada hasta el joven padre. Poco después del alba la ceremonia tuvo lugar en el patio del castillo. Por la expresión de los caballeros gascones que lo rodeaban. delante de los caballeros gascones y los criados de Neufmarche que acompañaban a los bienes de la casa. Por lo menos la cama estaba montada para la noche nupcial. pero no pasaba por las escaleras y era necesario que uno de los criados de la mansión de Neufmarche mostrase a los gascones como desmontarla. se desató una tempestad mandando chorros de agua encima de ellos. No habían vaciado ni siquiera una cuarta parte de la espléndida casa porque el castillo aún no estaba en condiciones de ser habitado. Maldiciendo. —Hay más de dónde viene eso. Walter levantó la cubierta de la carreta más próxima. —La dote de vuestra novia está un poco dañada a causa del aguacero – Niall bufó. Niall se limpió la lluvia de los ojos con el dorso de la mano. La novia encerrada os espera. he visto que la cama de la boda ya está preparada y la novia encerrada para esperaros. Sin dar tregua. gritando tan alto que hizo que el chico se debatiese y gritase también. los caballeros se dispersaron. Niall fue a ayudar a los caballeros para empujar los carros de los orfebres bajo el saliente del portón de la caseta de vigilancia. Un lago de agua negra se formó en la plaza a causa del reciente incendio.

Niall forzó la cerradura de su túnica de malla. acompañó a Joceran por la plaza alargada hasta la torre de los caballeros. con dos gascones a cada lado y una manta sobre los hombros. se puso firme y cerró los puños. pero se secó la nariz deprisa con el dorso de la mano y se puso en pie. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 58 . ¿eso es todo lo que consigues decir? Para o voy a llevarte de vuelta adentro. Está despertando a todos. Recordó todas las veces en que se había parado de la misma forma frente a su padre. quiso colocar la capa sobre su hijo. pero la lluvia las traspasaba igualmente. Había una lámpara en el suelo. Vio a su escudero y a su capitán mirarse entre sí. Y mucho menos de un toro. olores familiares lo asaltaron: abono de caballo. —Santo Dios. tomando al chico de la mano. —Yo… he visto a los caballos – lloriqueó – y a los toros con las vacas. – El chico levantó la cabeza con un gesto brusco. El chico estaba sentado en una de ellas. Si le preguntas te dirá que soy un hombre bien dotado. Niall hizo una mueca. pero el chico lo empujó. —El chico quiere veros. aceite para la armadura. Él ve dentro de mis ropas y fuera de ellas. —Ven – dijo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Por las llagas del Señor – refunfuñó Niall — ¿Qué pasa ahora? – su escudero tenía una expresión extraña. Niall tuvo la sensación de que debía decir algo más. Irritado. Había pasado toda su vida así. No va a parar de gritar. Al bajar la cabeza para pasar por el marco de la puerta. El chico pensó por un instante. Niall se inclinó hacia el rostro hinchado de llorar. — ¡Sé lo que vais a hacer! — gritó con voz aguda – Sé lo que los hombres les hacen a las mujeres con las que se casan – entonces ése era el problema. maldición? Él casi no se acordaba de pensar al respecto cuando tenía esa edad. —Entonces sabes lo que pasa cuando hombres y mujeres se acuestan. Las mantas de las sillas estaban colgadas por el tejado para servir de abrigo. — ¿Lo ves? Aquel es mi escudero Joceran. Algunas de las camas de las viejas barracas se habían salvado. —Quiero ver a mi madre – las lágrimas sofocaban la voz del chico. ¿no es cierto? – el chico devolvió la mirada con valentía. pero no del tamaño de un semental. volviendo los nudos duros como piedras. pensó Niall mirando a su hijo. Que lo parta un rayo… ¿Por qué los chicos estaban tan preocupados con eso. El cuero se había hinchado con la lluvia. — ¿Es igual entonces? – murmuró. paja mojada. Con la luz podía ver a los caballeros dispersos por todas partes. Era apenas un niño. Sin duda la vida del chico había cambiado con aquella boda. En cuanto estuvieron fuera. —¡Quiero ver a mi madre! — gritó. Los forzó con rabia. Estaba llorando cuando Niall entró. Jesús ¡toda el ala sabía sobre el chico! o lo había adivinado. Allí serían escuchados por cincuenta o más gascones curiosos. Y… me dijeron que es parecido – Joceran apareció en la puerta de la torre. No había ningún lugar para hablar a menos que lo empujase al patio y estuviesen bajo la lluvia. —Mañana. Niall lo señaló con el mentón.

—Esto no es una boda de verdad. – le dijo. una mesa baja con velas quemándose encima… un sonido áspero le hizo dar un salto. que no me separaríais de mi hijo! Niall la agarró para impedir que le pegase. Tienes mi palabra de que la trataré bien. olía a quemado. el sargento. A la vista del arma. Emmeline soltó un grito agudo y anduvo de rodillas hacia atrás. Con todo. Como mi padre. se giró y salió corriendo por la lluvia. Ella se puso de rodillas. Pero era la misma cama y él la reconocería en cualquier lugar. aún tapada por una capa mojada por la lluvia. —Descansa y duerme un poco. La escalera de la vieja fortaleza estaba oscura como la brea. Niall podía verlo en su cara. y las cortinas azules y los tapices dorados estaban encharcados por la lluvia. como todo lo demás en el castillo. Pero entonces recordó que Joceran estaba con el chico.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix En tono brusco contestó. – empujó al chico en dirección a su escudero que lo esperaba en la puerta. suponía que podía haber cambiado. —Pongo a Dios por testigo que no necesitas tener miedo. Una silla. — ¡Por las llagas del señor! — gritó Niall — ¿Esto no tiene fin? — ¡No voy a dormir con vos! Se sacó la capucha. Niall le dijo: —Va a llamarse Julien. — ¡Debéis dejarme ver a mi hijo! — Imploró – ¡Magnus no está acostumbrado a estar separado de mí! Va a asustarse. En el piso alto se encontró con Gotselm. Podía incluso imaginarla en la misma habitación y que los casi diez años no habían pasado. Cuando la empujó. La cama había sido montada en una esquina de la habitación. Niall pasó la mano por la pared y subió tanteando. La sensación era tan fuerte que se frotó los ojos con las manos. Por otro lado. El mobiliario estaba diseminado. Los ojos verdes lo encaraban llenos de rabia. Emmeline tropezó con un montón de ropas y se cayó. Usó la llave de hierro que le había dado Walter para abrir la puerta y entró. y. Sin levantar los ojos. Di a Joceran que te encuentre un lugar seco para dormir. Sacó el puñal. Se quedó en el suelo jadeante. — ¡No me toquéis! Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 59 . entonces. — ¿Dónde está mi hijo? – su nueva esposa corrió en su dirección desde el otro lado de la cama. El niño vaciló y. Él se sentó en el borde de la cama y forzó las tiras de cuero mojadas un poco más. ella parecía tan joven y bella como siempre. enmarañado en brillantes mechones en torno al rostro. Se tiró sobre él con los puños cerrados. Niall atravesó el patio empujando las malditas tiras de su armadura. ¡solo queréis mi dinero! ¡Dijisteis. Levantó los ojos y vio que era casi de día. cuando me obligasteis a aceptar. La tempestad se apartaba y los truenos sonaban en la distancia. montando guardia con una vela. — ¡Estáis loco! — dijo ella — ¿Vuestro padre? ¡No os he visto en mi vida! Estaba mintiendo. Su humor cambió deprisa cuando tropezó con las ropas en el suelo. La maldita noche parecía infinita. En la penumbra de la habitación los cabellos eran una masa de oro rojizo. Necesitaba a Joceran para ayudarlo a librarse de la cota de malla.

Pronto se sacó las botas. Mientras ella lo miraba boquiabierta. La habitación estaba fría. Niall se quedó en pie y pasó el brazo por la cama. Sería bueno para el chico dormir con Joceran y los caballeros gascones en las barracas. — ¡No. Moviendo los brazos arriba y abajo. Agarrándola con una de sus manos. cortó la tira de cuero. después soltó los lazos de las medias y las tiró por la habitación. acostándose sobre ella. y lo que lo enfadaba aun más era saber que le costaría a Joceran un día entero sustituirlas. diablos. para sacarle los zapatos y después las medias. se tambaleó y se cayó sobre la cama. Parecía opulenta. bajo la amenaza de alejar a su hijo de ella! La ley dice… –Emmeline se calló con un grito agudo cuando Niall extendió la mano y agarró el frente de su capa. sin desviar la mirada. — refunfuñó mientras estiraba los dedos helados – Acuéstate en la cama – ordenó. buscar a alguien por las calles para hacerlo con el primer hombre que encontrase. Tenía que reconocer que la mujer era valiente. Era monstruoso robar la simiente de un hombre y después hacer pasar al hijo como si fuese de otro hombre. Estaba en su derecho de darle una paliza por el problema que le estaba causando. perjuro. Niall se defendió. Cuando levantó los ojos. Ella había hecho todo aquello con su infernal plan. pensó Niall volviendo a meter el cuchillo en el cinturón. ella estaba parada con la mano en el cuello mirando hacia lo que estaba entre sus piernas. Sin embargo estaba harto de ser prisionero de su propia armadura. —Santa Madre de Dios – murmuró ella. Emmeline se defendió todo el tiempo. bella. no un aldeano humilde. le arrancó la túnica de seda y después la falda. La expresión de aquel rostro lo hizo maldecir de nuevo. consiguió arrancarle la capa. —Él es mío – dijo colocando la armadura en el suelo al lado de la cama. ¿o debo atarte a la cama? – ella levantó aquellos ojos verdes llameantes. Y será llamado Julien. —Vamos. se liberó y rodó por la cama escupiendo fuego como una gata rabiosa. girando la cabeza para ver. Los cabellos de Emmeline se Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 60 . antes de los ocho años. como sabes muy bien. Detestaba cortar las tiras. Ella se echó hacia atrás. Un mercader. Se levantó de un salto del borde de la cama para sacarse las calzas y las dejó caer al suelo. Era el castigo de Dios. pero tampoco un noble. cogiéndole las manos. — ¡Al diablo con la ley! — gritó. —Jesús. no estoy casada con vos! ¡No es boda cuando una mujer es arrancada a la fuerza de su casa. Oyó un sonido débil. Algo intermedio. Niall se movió deprisa. Se inclinó hacia adelante con el fin de sacarse la cota de malla por la cabeza. Él la arrastró de nuevo. y quería irse a la cama. Debajo de la capa usaba un vestido de seda y lana de lindos colores. Ninguna mujer decente haría lo que ella había hecho. la noche había sido infernal. En torno al cuello brillaban collares de oro y en las orejas también lucía pendientes de oro. te vas a acostar. Niall se sacó el chaleco acolchado. —¡Bribón. Estaba desnudo. incluso desaliñada como estaba. El problema estaba en que todo el mundo pensaba que su hijo era hijo de Neufmarche. vacilante.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Niall colocó el puñal al lado de la cota de malla y. la mayoría de los niños bien nacidos estaba entrenándose para paje. – El chico es mío. ladrón! Los ojos parecían saltones y las manos garras que lo arañaban conforme le arrancaba el resto de sus ropas.

las caderas redondeadas. Ella estaba ahora desnuda. Nunca había imaginado que fuese posible volver atrás y tener una dulce venganza. ella se rindió. con mucho cuidado. su cuerpo era perfecto. Para mostrarle que hablaba en serio. esta vez larga y ávidamente. ligeramente salpicado por pecas doradas. Y en cuanto el cuerpo de Emmeline se puso escurridizo por el sudor y temblando. Niall se movió hasta colocarse sobre ella. Se apartó. de no ser por los collares de oro y los pendientes. pero Niall la agarró y la besó con voluptuosidad. —Os daré cualquier cosa – gimió ella — ¡Pero parad! Escuchadme. la vena pulsante de su cuello. Abajo. Niall sintió como la respiración se cortaba en su pecho. pero por la gracia de Dios le había sido concedido. sensuales. —No – respondió él con voz ronca – no solo cualquier cosa. No conseguía desviar los ojos de ellos. un verdadero deleite. Y de cómo. con aquella mirada de piedras preciosas mirándolo con ferocidad.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix habían escapado de su sujeción y caían como fuego líquido por los hombros desnudos. Se estaba acordando de cada momento de aquella noche como si de un sueño se tratase y como había entregado su joven corazón hacía tantos años en aquella misma cama. impecable. —Cualquier cosa – murmuró ella. las largas piernas perfectas y torneadas. Y tampoco de aquel par de pechos. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 61 . La sintió estremecer. el suave lóbulo de la oreja. Su pensamiento rápido. Ella gimió volviendo la cabeza de lado. Su lengua se hundió dentro de ella. su boca se bajó sobre la de Emmeline y la asaltó de un modo que la hizo quedarse sin respiración. El primer toque de los labios de ella casi lo aniquiló. dejando que sintiese su peso. maldita sea. para que ella parase de luchar. la otra enterrándose en los húmedos cabellos. todos los antiguos recuerdos pasaron por su mente. Al mismo tiempo. jugando con los botones duros de sus pezones. todas las cosas. La abrazó con una de las grandes manos agarrándola por los hombros. Entonces. toda la piel cremosa. Emmeline intentó resistir. muy lentamente. sin embargo. por lo menos amenazarla con una zurra. después dejó que sus labios resbalasen para acariciarle los sedosos pechos. querida. Viéndola bajo su cuerpo. primoroso. Te tendré toda esta vez. Él se arrodilló en la cama admirándola. Lentamente bajó la cabeza y le tocó la punta de un pecho con los labios. Las manos de Niall acariciaron la curva llena de sus pechos. en la cama. torturado. Creyó que debía hacer algo más. con un sollozo alto. su fuerza y la rigidez tensa de su pene al tocarla. Tengo bienes que no sabéis… — la voz de Emmeline vaciló cuando él levantó la cabeza. lo habían echado en el barro en un callejón de Wrexham. Y mucho más. Nadie diría que aquella mujer había tenido un hijo. El calor de la boca de Emmeline lo envolvió al mismo tiempo que oía un sollozo sofocado. Cuando Emmeline sacudió la cabeza hacia arriba e intentó apartarse. El pecho desnudo era firme. los pezones de puntas rosadas. —Si me muerdes – dijo – te estrangularé aquí. sus dedos acariciaban la parte interna de los muslos. la elegante cintura era estrecha. su toque exploró la hendidura húmeda y suave entre las piernas mientras ella se retorcía. cogió un puñado de sus enmarañados cabellos y le empujó el rostro hacia abajo. Incluso el vello entre los muslos era rubio. fue que por lo menos ella no se había olvidado de eso. La besó de nuevo. los ojos de color esmeralda y los cabellos brillantes de color cobre y oro. Niall la volvió a empujar por los cabellos. La había encontrado.

Con un gesto brusco del dorso de la mano. Con todo. Por fin. el cuerpo. tomándola en los brazos y empujándola sobre su pecho. eso no importaba. Él se frotó la nariz. recordó deslizar la mano entre los dos y acariciar el pequeño botón femenino. pero él siguió acariciándola. no tenía intención de darle la oportunidad de hacerlo de nuevo. Emmeline le devolvió la mirada sollozando alto. La caricia en el punto neurálgico femenino disipó la última resistencia de Emmeline que empezó a retorcerse bajo Niall y gemir. La cama se sacudía. Emmeline. La miró admirado. pasivo. La giró y la acostó de espaldas. Niall la penetraba con tanta fuerza que casi se cayeron por un costado. Extendió la mano por el borde de la cama. húmedo y brillante por los collares de oro y los pendientes danzantes. Niall sabía con certeza que no la había lastimado. La acomodó. de repente. Fue él que se rindió primero. Había una colcha en algún lugar. Se quedó sentada ahí. Vio. acostándola a su lado. como aquel día. Y ahora. Había sido un buen puñetazo para una mujer tan delgada. Y debía saber cómo eso lo torturaba. pues. enloquecido de deseo de poseerla. enterrando las uñas en su piel. honraría la palabra dada al chico. Él la agarró por las caderas. que Dios lo ayudase. Estaba delirante. Niall la tumbó en la cama. cogió la manta y la puso sobre los dos. Niall ya oscilaba cerca de un loco éxtasis. que sangraba un poco. estaba flojo. Niall se sentó de nuevo. Nunca había habido. levantándose y se llevó la mano a la nariz. levantándose sobre un codo y lo miró. de repente. Un gruñido de agonía explotó dentro de él. Pronto se acostó con un gemido. le apretó las nalgas mientras deslizaba la boca arriba y abajo en su carne rígida.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Sin embargo estaba haciendo lo que él quería que hiciese. Conforme se hundía en aquella suavidad flexible. Tuvo que arrastrarla. Casi no consiguió mantener la cordura cuando ella pasó la lengua por la punta rígida de su pene y después dejó que se escurriese para lamerlo y chuparlo con aquella boca caliente y deliciosamente mojada. al otro lado de la cama y cayó al suelo. No iba a tratarla con rudeza. Por eso lo tomó por sorpresa cuando lo próximo que vio fue que ella levantaba el puño y lo bajaba sobre su cara. le levantó las rodillas y la penetró con ímpetu. una mujer que lo excitase tanto. incrédulo. con un rugido. ella era su esposa. años atrás. Mientras yacía sobre su cuerpo. pensó. ¡Y como lo estaba haciendo! pensó aturdido. con el trasero desnudo. Por todos los santos. pero cuando la tomaba en sus brazos. Entonces. ella lo cogió por los hombros. Era mala y tramposa. rodeada por las ropas esparcidas y con aire aturdido. la cogió por un brazo y la empujó de nuevo a la cama. las cortinas se movían como había pasado aquella noche tanto tiempo atrás. sin atender los gritos ahogados de Emmeline. un demonio de cabellos de fuego. ¡le había dado! y eso cuando él se estaba enorgulleciendo de haber conseguido todo de ella sin usar el recurso de una zurra. Cielos. embistió por última vez y cayó sobre ella jadeante. suave y ardiente cuando lo apretaba con toda la fuerza de su cuerpo. la levantó de la cama y se enterró dentro de ella. Emmeline saltó en sus brazos y gritó. ni vagamente. Ella se deslizó. Él saltó de la cama. ella era estrecha. Pero por el Dios del Cielo. Se giró. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 62 . lo empujó con ambas manos y rodó lejos de él.

se recordó Niall a sí mismo. una estrella llameante penetrando en lo más profundo de su alma. Pero de repente estar acostado allí. además de las montañas. curvando la mano para tocar el hombro desnudo de Emmeline. oyendo caer la lluvia era bastante agradable. Dejó que los dedos se deslizasen por la piel suave. Giró la cabeza y la vio mirando la cortina azul encima de sus cabezas. el príncipe de Gales. La habitación era húmeda. Sumado a eso. estaban los caballeros de la guarnición de gascones. el rey Enrique aguardaba impaciente su parte en los lucros futuros. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 63 . todo aquello era suyo. Niall estiró el brazo. mortífero e implacable. esperaba para atacar todos lo que él creía que tenían feudos en el valle. En algún lugar. helada. El pensamiento fue como una luz brillante explotando en su cabeza. Sin embargo se dijo a sí mismo. Incluso un hijo. Cadwallader. Y en Londres. Después de todos los hambrientos años de su infancia y juventud. Una riqueza incontable. El calor de sus cuerpos desnudos finalmente empezaba a calentar las frías mantas. tenía más de lo que había imaginado tener en la vida: el castillo de Morlaix y la tierra por la cual a su padre se le había partido el corazón. Esposa. aguardando el mejor momento y esperando el resto de la paga. se dijo Niall a sí mismo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix El viento de la tempestad rugía en torno a las piedras de la vieja fortaleza y fustigaba algo suelto en el patio. y de la guerra que lo había transformado en el joven y famoso comandante caballero del rey. Tenía que mandar arreglar la chimenea cuando los trabajadores llegasen. que compartir una manta y las pulgas con Walter. Y ahora. era su dolorosa tarea intentar mantener todo aquello en sus manos. la bruja de cabellos de fuego que había atormentado sus sueños por largos años. Millares de veces más. Niall sintió una punzada de dolor en la pierna herida. La mujer a su lado lloriqueaba. al igual que el verano en la región de la frontera.

Por lo menos eso había aprendido finalmente en las últimas semanas. no! — Walter grito. —No. —Ah muchacho. aunque esperase. El año se aproximaba a su cenit. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 64 . ¡Luchas como un ayudante de cocina armado con un espetón de asar! Era obvio que el muchacho menor. El sol calentaba. Mirando esos ojos castaño acaramelados tan jóvenes. todo lo que disfrutaban ahora. Walter ofreció de nuevo a Tom la espada de madera. has entendido el espíritu de esto. que no tenía el entusiasmo para el estilo de lucha de un caballero. por escuderos cuidando de los caballos y los criados apresurados y sudorosos del orfebre cargando los bienes de la casa de la señora de Morlaix. Si el lord de Morlaix quisiera negar algún día que ese mocoso era suyo. no espadas. Metiéndose en la pelea. se las puso bajo el brazo y agarró a Magnus por el hombro — Tengo ojos y veo. Por otro lado. Al otro lado del patio. El chico mayor dio un paso atrás en el momento. hasta que él le explicó lo que quería. no puñetazos! No conseguirás nada más que una hoja destrozada usando la espada como si fuera un palo. por supuesto. ¿verdad? Los dejó mirándose uno a otro con cautela y regresó a su asiento en la barrica del establo. no era rival para el hijastro del nuevo lord. En cualquier otro lugar. —Por haberme mentido — le dijo al aprendiz — tu adversario deberá defenderse sin armas. agitando los brazos para separar a los contendientes — ¡Cuchillada. de la semejanza con los de Niall FitzJulien. le quitarían esa tendencia a base de latigazos. el día del solsticio de verano. Todo el mundo sabía que había una historia ahí: la guarnición entera murmuraba sobre ello. señor. El chico estaba desanimado. Era como mirar en un espejo con la imagen reducida. Tom. Así como los carreteros y los carpinteros que hacían ruido día y noche en el lugar. Los dos chicos se lo quedaron mirando. una fila de carretas subía el camino del castillo atravesando los portones de entrada para ser descargadas y seguidamente hacer el camino de regreso con mucho escándalo levantando polvo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 10 0 — ¡No. Tom observó a Magnus y se pasó la lengua por los labios. Walter se dio cuenta una vez más. Sin embargo. — ¿Puedo ganar en una lucha justa cuando él no tiene armas para defenderse? Walter le tocó el hombro desnudo. no lo hacías — Walter cogió las espadas de madera. tal como la casa de un conde. le ocurría como a la mayoría de los chicos de la ciudad. La plaza estaba ocupada por los constructores y sus carretillas. —Lo estaba haciendo como me dijo. No era solo una cuestión de altura. pese a todo lo que se pudiera decir sobre el apresurado matrimonio con la viuda del orfebre había proporcionado en poco tiempo. Walter notó que el chico se colocaba con las manos a los lados mirándolo con valentía. Los albañiles habían venido rápidamente de Wrexham cuando supieron que se les pagaría con monedas de plata. pensando en que tenía que empezar de nuevo. Fustas y piedras eran las armas de los aprendices. Magnus pedía demasiadas disculpas. ser castigado por mentir. Cerca de las caballerizas el olor a estiércol de caballo era fuerte. sería seriamente refutado. muchacho.

Magnus con un chichón en la frente y un poco se sangre manando del corte. apartándole los cabellos húmedos por el sudor. la esposa del lord llegó corriendo. El otro chico. El joven aprendiz tenía lágrimas en los ojos. pero girando la espada como si fuera una guadaña. Antorchas de hierro iluminaban la plaza en la noche.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix La mansión del joyero en la ciudad estaba siendo lentamente vaciada. Emmeline consiguió separarlos y rodeó a su hijo con los brazos. a quienes había permitido que se quitaran la camisa. Aun sin el dinero del orfebre que trajo con ella. está sangrando! Llevaba el cabello cubierto con un pañuelo blanco. golpeándole en las costillas. ayudando a colocar las herraduras a su caballo de batalla. tuvo una visión de ello. Le hubiera gustado tener unos minutos más para ver el desarrollo del combate. Walter vio a la señora de su nuevo lord alejarse de sus sirvientes y cruzar el patio. jadeando y triunfante. hago lo que el lord de Morlaix me ordenó. Walter cruzó los brazos y se recostó en el barril. Se vigilaban el uno al otro con sus pechos delgados henchidos como si fueran gallitos impetuosos. ¡Está entrenado para ser un joyero! —Milady — dijo Walter —. Walter se recostó para observar a los muchachos. que levantó las manos llevándose una serie de golpes en los brazos y hombros. algo casi desconocido incluso en los mejores tiempos. Cada vez. Tom atacó a Magnus. El patio comenzaba a parecer un lugar lleno de despojos de guerra. au — berreó. de momento no estaba muy lejos de allí. — ¡Estoy diciendo que paréis! No quiero que mi hijo aprenda esgrima. Magnus lo atacó. Ella golpeó con el pie furiosa. — ¡Alto! ¡Chicos! ¡Basta! — Como Walter esperaba. después de comprender cual habría sido su suerte en la vida real. s-s-so ratón? ¡Todo lo que quieres es una ventaja injusta! Tom intentó mantener la distancia. con un susurro de faldas — ¡Santa Madre de Dios! ¿Quién les mandó que se enfrentaran el uno al otro? ¡Mira a Magnus. mirando lastimeramente a Walter. El sabía por qué se estaba acercando. murmurando algo. Había incluso camas en las barracas de los caballeros. Lleno de coraje. Que. aunque lo tratase como uno. Imaginaba que centraba en él su cariño y no era probable que lo encontrara en el nuevo lord de puños de hierro. Joceran tenía órdenes del lord de no permitir eso. Walter había notado que cuando ella conseguía alejarlo de Joceran y de los caballeros de la guarnición. Sentía pena por ella. carretas con sacos de grano estaban paradas esperando a un lado de la cocina que acababa de ser construida. lo querías. —Auu. el pequeño Tom lanzó varios golpes sobre la cabeza de Magnus. le traía bollos de frutas y lo colmaba de mimos. — ¡Por la c-cruz! — El niño más alto rojo de rabia — ¿Tú querías golpearme. De reojo. avanzó finalmente sobre Tom y le arrancó la espada de madera de las manos. solo un ciego se resistiría a la nueva esposa del lord. pero mechones rojizos se habían soltado enmarcando el rostro. Magnus gritaba. Cuando ella los agarró de los brazos. —Mamá — lloriqueó Magnus — ¡Mira lo que me ha hecho! Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 65 . Tom y Magnus se revolvieron contra las manos de la mujer. y la hierba estaba llena de gallinas esperando a ser enjauladas. El niño no era un bebé. en el patio con el escudero y el herrero.

— ¡Suéltelo! ¡Está haciendo daño al niño! ¡Santo Dios! ¿Es que quiere arrancarle la oreja? En ese momento el lord de Morlaix apareció acompañado de Joceran y el herrero Chirk. mocoso. por qué lo ha hecho? — Emmeline se mesó los cabellos — ¡Es terrible que ya no pueda ver nunca a mi hijo. el maldito. estaba terminando con ese aprendiz de ratón. — ¡Voy a matarlo! — gritó. Él me castigó. Cuando el aprendiz echó a correr. rezongando: — ¿Diablos. por qué todo este griterío? ¿No tenéis nada que hacer? Se puede escuchar por todo el camino desde la ciudad. Emmeline se lanzó sobre Walter. — ¿Dónde está ahora el aprendiz? Magnus hizo un gesto de desdén. — ¿Dios Santo. pero ahora vos le estáis enseñando a ser como esa gentuza extranjera que deambula por este lugar! Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 66 . Dirigió a su garañón en dirección a ellos. ¡El niño ya tuvo suficiente! — ¡Maldita sea. —Los caballeros deben obedecer a sus señoras madres — dijo cogiéndole de la oreja— Pide disculpas. señor. ¡pero fui valiente y cambié la situación! Niall miró a Walter sobre la cabeza del niño. —Santa Madre del Cielo. —Oh señor. no digas eso! ¡Tom Parry es tu compañero aprendiz y tu amigo! El la encaró furioso. La madre se apresuró a intervenir. Estaba desnudo hasta la cintura y solo llevaba las calzas ajustadas y las botas. — ¡Santo Dios. — ¡No voy a ser aprendiz! — Magnus gritó empujando a su madre — ¡nunca! ¡Voy a ser un caballero! Walter se levantó sacudiéndose el chaleco acolchado.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Ella intentó colocar un pedazo de bollo de frutas en la mano de niño. con el tocado caído sobre los hombros y los cabellos color fuego libres. no se entrometa! — vociferó el lord de Morlaix. no lo mande tras el pobre Tom. Magnus fue tras él girando la espada. Emmeline consiguió sujetarle por el brazo. — ¡Ya no! ¿No lo entiendes? ¡Ya no lo es! El otro muchacho corrió entre las carretas hacia el patio exterior. —Huyo a la ciudad. déjeme ir tras él! — imploró. Magnus escapó corriendo hacia él. ¡Me golpeó cuando yo estaba desarmado! — ¡Ah. y le dijo a Magnus — termina lo que has empezado. pero huyó — exclamó blandiendo la espada de madera — Pregúntele a sir Walter. y Tom aprovechó el momento para darle una patada en la espinilla de Magnus. Magnus dio un grito de alegría y salió corriendo.

Sería natural pensar que se detestaban. señora. Pero lo que la señora de Morlaix dijo al respecto su nacimiento legítimo. Walter Straunge estaba en pie a su lado. yo soy el amo aquí! A menos que el rey Enrique me diga que no. Walter la observó alejarse. En esos momentos. solo pido un poco de bondad. Las palabras sobre lo que el lord conseguía de ella en la cama bailaban en su mente cuando contempló el vaivén de las faldas sobre sus caderas. señora! — exclamó llena de pena. Se había prometido a sí misma que no lloraría en la plaza. continuad con esto y mandaré al niño a Londres. Mimado como está por su madre. Luego estalló: — ¡El no es un mercader insignificante! Soy hija legítima de un caballero de nacimiento ¡Aunque esa condición os sea extraña! Sé porque estáis haciendo esto. no un insignificante comerciante! Por un momento. —El niño es fuerte — dijo con aire ausente — y tiene un buen brazo. Era cierto. Luego apretó los labios. Emmeline continuó andando hacia la vieja fortaleza. a la corte del rey! —No podéis hacer eso. —Tranquila — dijo Emmeline — dame eso. que el lord la atormentaba a causa de aquel niño mimado. ¡Y si pensáis en lo que hago en la cama con vos. puede ser que el entrenamiento sea lo mejor que se pueda hacer por él. yo os dispenso tanta bondad como vos se la dispensáis a otros. con la mitad del castillo mirando. ¡Creéis que os estáis vengando! Niall le dio el trapo al capitán. No para mí misma… —Bueno. hago lo que me apetece. Él se inclinó para gritarle en la cara: — ¿Qué no puedo? ¡Por Dios. Emmeline contuvo la respiración. de repente bajó los fascinantes ojos verdes. Walter no pudo dejar de pensar. ante todos los que puedan oírme ¿Qué tipo de “bondad” es la vuestra? Emmeline lo miró durante un segundo. ¡En los callejones! Debo decir ahora. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 67 . no sirvió para calmarlo. Las otras damas la acompañaron murmurando palabras de simpatía. con las damas tras ella. con los brazos llenos de jofainas y almohadones fue a su encuentro. — ¡Por la llagas del Señor. el castillo entero podía escuchar al lord y su esposa gritando a pleno pulmón. ya que todos sabían que el padre de Niall FitzJulien era hijo bastardo de un conde. Cogió los almohadones de los brazos de Hedwid. entenderéis la maldita verdad de eso! Emmeline dejó escapar un grito sofocado de humillación. El hombre a su lado no dio señal de haberlo escuchado. por las escaleras de la torre. como si fuese a decir algo. — ¡Oh. Vio cambiar la expresión de ella. pues continuó parado observando a la mujer que se alejaba. se levantó las faldas y cruzó la plaza. Luego sin decirle una palabra a Walter se marchó. Una de las damas de Emmeline. —Yo os imploro milord. tiró los almohadones en la cama y se sentó al borde. En cuanto llegó al cuarto del lord.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix — ¿Qué tonterías estáis diciendo? ¿Queréis que mande al chico al taller de joyería para que haga con el otro una porquería de anillo de oro? — Cogió el trapo que Walter le ofreció y se secó el sudor del pecho y los brazos — ¡Julien va a ser un caballero.

¡Podría incluso recluirle en un monasterio como oblato. Dios la estaba castigando. desmontó su casa. Con su pericia de burdel sabía como despertar su pasión. Ansiaba acostarse con ella todas las noches de la semana. se dijo. O peor aun a Londres con el rey Enrique. miró a su alrededor buscando más velas. Madre Bendita. el incansable deseo de aquel hombre por fornicar revolucionando su cuerpo. Dios y los santos sabían. No la dejaba en paz. Nunca le había parecido algo terrible. hasta hacerla gemir como un animal en sus brazos implorando Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 68 . sino mas allá. Otro bandido y asesino como él. Quería hijos. No soportaría vivir con aquel normando-irlandés cruel y de baja extracción. Inclinándose se puso las manos en la cabeza. mandándolo a la corte en Chester. Lo peor era que ella no siempre conseguía rechazarlo. Sofocó los sollozos que le subieron por la garganta. El maldito intentaría hacer de Magnus un caballero. solo podía culparse a sí misma! Cloris la casamentera. por más que lo intentara. corrompía a Magnus. Rodó a un lado y se levantó de la cama. ¡Jesús bendito. un niño presentado a Dios para convertirse en monje! Se restregó los ojos ya que le ardían. ni siquiera ahora! Lo peor. Y eso todo el mundo sabía que era el pecado mortal del adulterio. pensó mirando la parte superior de las cortinas era que había soñado con esa noche durante años. había intentado que entrara en razón. Tenía que huir. Emmeline pensó. Era lo que todos los hombres de su clase pensaban. Pero ese aventurero de brazo alquilable que la obligó al matrimonio. Aunque. avisándola de que había esperado demasiado tiempo para casarse de nuevo. ¡Santo Dios. Pero no llegaban. hubiese confesado algún día su terrible crimen a un sacerdote sabía que le habría dicho que ella debería vivir con ese castigo para siempre. mientras iba de un lado a otro de la habitación. aquella noche en sus brazos fue un pecado contra Dios y la naturaleza! Ella lo tomó voluntariamente en su interior para tener un hijo con alguien que no era su marido legítimo. lo que le daría una disculpa para dormir con sus damas. que además de todo lo que le había hecho. no era y nunca sería el joven caballero nervioso que la había sostenido en sus brazos en aquella misma cama años atrás ¡Jamás! Ella rechazaba la idea con fervor. pero las criadas todavía no las habían traído. Se tumbó sobre las colchas con la mano en la boca. y el cuarto estaba comenzando a oscurecerse. No solo en esta vida. ella rezaba para que su flujo mensual viniese. Que Dios se lo llevase. Las velas ardían en sus soportes. tan ardiente. Sabía que él la deseaba. haber engendrado un hijo con el joven caballero al que recordaba tan bello. Había sido capturada y casada a la fuerza con un señor implacable que solo quería su dinero. Todo lo que la mujer dijo se había cumplido. Niall FitzJulien podía cumplir sus amenazas. tan lleno de ternura. Si durante todos aquellos años. herederos y quería conseguirlos lo antes posible. caminando de nuevo por el cuarto. su hermoso y gentil niño que vivía feliz aprendiendo el oficio de orfebre. estaba Magnus. le robó los cofres y la fortuna que había en ellos. Ahora estaba prisionera. Y luego. no conseguía sentir arrepentimiento. ese grosero irlandés que la mantenía cautiva aseguraba ser el padre de su hijo. Pero no podía estar allí echada por más tiempo pensando en eso.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix queriendo que las lágrimas llegasen. ¡Oh. Todavía estaba furiosa.

Solo los reyes y nobles. Emmeline se puso de puntillas asomándose todo cuanto pudo para poder ver una fila de carretas. tuvo que mandar a uno de Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 69 . Sin embargo. pensó con tristeza. se recostaban bromeando y coqueteando con ellas a un lado de la puerta de la cocina. y embarcar en un navío hacia Escocia o Francia. Incluso los caballeros deambulaban por allí. Pero para huir. objetos hechos de hueso y volantes de seda negra para poner en una capa. eran gente próspera y bien alimentada. En el camino. Desearía no sentirse tan afligida. Niall FitzJulien tenía sus cofres llenos de oro y sus libros de contabilidad. Baudri Torel. La gente del campo y la ciudad. tenía que salvar a Magnus y a sí misma.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix desvergonzadamente por el placer. La cocinera compró bloques de sal y examinó los saquitos de paño con especias: clavo y canela traídos de Tierra Santa a través de Francia. siguiendo a las mozas. Más tarde. ligeras como plumas. la niebla bajaba de las cumbres de las montañas como humo y cuando el sol aparecía después de la lluvia el cielo se llenaba con el arco iris. Se giró yendo a la ventana lateral de la torre construida para que los antiguos señores inspeccionaran sus dominios y apoyó los codos en el alféizar. no conseguía pensar una forma de obtenerlos. salió con un ayudante de cocina para inspeccionar los utensilios de cocina. La ventana daba al oeste. aunque era conocido desde hace mucho tiempo por el nombre normando de Morlaix. Primero habían ido a buscar a los burgueses de la villa para pedir permiso. Emmeline sabía que tarde o temprano tendría que matarlo. el aire de la tarde todavía era caliente La antigua fortaleza. además de sus caballeros querían destruir todo aquello con sus guerras. ella no sabía dónde estaban guardados! Aunque lo supiera. tenía que haber alguna. el castillo dominaba el valle que los galeses todavía llamaban de Llanystwyth. en las tierras del castillo. que cayeron como abejas sobre las elegantes cintas y peines. Niall FitzJulien hacía eso para que ella pudiera sentir en la carne su dominio. si se vería obligada a vivir con él. Las cortinas venecianas estaban abiertas. vivía en paz trabajando la tierra y comerciando con sus frutos. Abajo. Las tierras de la frontera de Gales eran verdes y fértiles. Los mercaderes habían examinado los paquetes para asegurarse que nada de lo que traían era vendido allí por ellos. en especial por las damas de Emmeline y las criadas de la cocina. Se mordió el labio. podría llevarse a Magnus hacia el norte. pomadas para la piel y ungüentos para dejar los cabellos más voluminosos y bonitos. ¡Que Dios lo maldijera. En aquella región húmeda. estaba segura de que por lo menos la corporación de orfebres la ayudaría. ondulando en un color verde oscuro contra el suelo oscuro de los campos recién arados. ese día apareció un grupo de vendedores ambulantes procedentes de la ciudad. Solo entonces los vendedores habían dejado la ribera del río dirigiéndose al castillo. No tenía dinero suyo. necesitaba coger su dinero. Cuando los ambulantes pasaron por el portón de entrada fueron saludados con gritos de entusiasmo. la colina estaba cortada por el filo reluciente del río. Emmeline compró agujas de costura de Toledo. Si se quedaba allí. hierbas raras de Venecia y Malta. que regresaban de la ciudad cruzando el puente acarreando más pertenencias de su casa. ahora mayordomo del castillo. a Chester. ajo seco. el trigo y la cebada estaban madurando. Con el suficiente oro.

por lo menos en los primeros años de la guerra. Santa Virgen María. —Los precios están muy altos — dijo en voz baja. Emmeline no lo dudaba. ayudaba al rey Stephen en los ataques de los galeses a los castillos de la reina en las fronteras. En ese momento el fuerte sabor de la canela invadió su boca. para pasarlo al príncipe de Gales. “Muy lejos” significaba Francia. sí. De Morlaix. A veces. el joven Enrique. Lo que muchas veces se resumía en no apoyar a ninguno de los bandos. Aquel no era su plan. sino de su fallecido marido. el oro. para sorpresa de Emmeline. En los últimos años solo era el soborno del rey Luis de Paris. Cadwallader. esta vez no era un monje. ¿El emisario lo entendería si se lo explicaba? Con cuidado devolvió los trozos de canela al saco. los precios eran altos. El penetrante aroma se elevó en ese instante. Hice un largo camino en el día de hoy — dijo mirándola con sus brillantes ojos azules — desde muy lejos. intentando razonar.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix los caballeros a buscar al señor del castillo. El vendedor protestó: — ¡Solo la canela vale su peso en oro! Acérquese y mire — hizo un gesto para que se pusiera al lado del saco abierto sobre la hierba — Lo juro solo el oro sirve como contrapeso para poder pesar el clavo y la canela. Ahora era la esposa de un lord. La tomaba por la esposa de algún soldado de medio pelo. que Dios diese descanso a su alma. Emmeline le miró asombrada. El sonrió. Emmeline descubrió. Pero imitaba a un vendedor de manera muy convincente con una sonrisa ladeada y un vistoso gorro verde sobre los cabellos castaños. Torel apartó a un lado al joven vendedor de especias. —Ah. El vendedor escogió ese momento para partir una rama de canela en trozos y ponérsela en la palma de la mano a Emmeline. que estás haciendo aquí? — ella murmuró. Emmeline saboreó con la punta de la lengua los trozos de canela. era para sobornar al príncipe galés. Era la primera vez que tenía que pedir su propio dinero. prácticamente una prisionera en ese castillo. — ¿En el nombre de Dios. El portaba oro. Cuando el rey Stephen murió y el hijo de la reina. Cadwallader. —Yo misma me encargaré de esto. más allá del mar. Hasta su muerte. lo que odió. a la casa del joyero que se lo entregaba a los pastores para transportarlo por las montañas. para que lo usara en lo que creyera mejor para sus propios intereses. Los frotó arriba y abajo con los dedos. esta vez del rey Luis en Paris. todavía pasaba por los puertos de Leste transportado por un nuevo emisario. y Emmeline percibió lo mucho que se había involucrado en aquellos complots. Bernard Neufmarche había recibido entregas regulares de oro del rey francés para mandarlo a Gales. ella despidió al administrador. pero Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 70 . Con un gesto rápido. aunque la guerra había acabado hacia más de tres años. El dinero. Escaseaba de todo. por fin ascendió al trono. al menos quisiera olerla y probarla — respondió el emisario — veríais lo que quiero decir. Emmeline se inclinó para encararlo.

irían tras ella para matarla. le vino una idea. el oro que el emisario portaba. metió los sacos de especias dentro y se alejo por la plaza. ¡Santo Dios que idea tan inteligente! Observó al emisario durante un momento. —En la plaza del mercado — dijo cuando Hedwid se aproximó con las monedas— A medio día. Cogió los sacos de canela y clavos y se los entregó a Hedwid que acababa de llegar — Busca a alguien que pague esto— le dijo a la criada. con la mente llena de furiosas tentaciones. Por otro lado. Ella le devolvió el saquito de especias. Debo cruzar las montañas en breve. ella volvería a la mansión con las carretas y una escolta de caballeros. El emisario la observaba atentamente. tal vez no. sin saber qué hacer. temblando de excitación dejó que la criada recogiera las compras. era una casa demasiado buena para estar deshabitada.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix ahora también el oro y la plata eran enviados secretamente por los propios enemigos ingleses del rey Enrique. Daria como excusa que necesitaba dejar la casa casi vacía en orden. — ¿Debo llevármelo de vuelta? — preguntó — Será la primera vez en todos estos años que mis encargos no llegan donde deben — se encogió de hombros — Si es el caso. estaba el poderoso Hugh Bigod. —La tienda— dijo Emmeline cogiendo otro saco de paño y oliéndolo — ahora está cerrada. —Dime donde dejar mi fardo. Emmeline. Solo déjame pensar. como se esperaba. Tenía que encontrar inquilinos. tendremos que encontrar alguna otra… —No. destinado a comprar los favores del príncipe Cadwallader. un día seguidor del príncipe y que ahora de opositor secreto de Enrique Plantagenet. era justamente lo que necesitaba para rescatar a Magnus y a ella de allí. si conseguía desaparecer antes de que se dieran cuenta de su falta. Entre ellos. No — Emmeline murmuró con rapidez. para ella y Magnus. Cogió su fardo de la hierba. ¡Era peligroso incluso pensar tal cosa! Si robaba el oro. Al día siguiente. Entonces. si no se lo entregaba a los pastores para ser llevado a Gales y lo utilizara para comprar pasajes desde Inglaterra a Noruega o Dinamarca. unos pocos de sus nobles aparentemente leales que deseaban mantener Gales fuerte y rebelde. Emmeline se mordió el labio. El emisario del oro asintió. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 71 . Los ojos del emisario estaban entrecerrados.

se adelantó. esperando evitar desastres. como hacía normalmente. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 72 . —¿Puedo serviros. —No sé qué educación le dan a los niños por aquí. —Thomas se permitió esbozar una sonrisa helada. Thomas Becket miró al paje. un pulgar sucio permanece en el borde del plato. – continuó el canciller en el mismo tono agradable — pero cuando eres entrenado para servir a tus superiores. como le habían dicho al canciller. Tras él. El canciller de Inglaterra estudió la bandeja de palomos asados y cebollas que el chico había levantado a la altura de los ojos. inmediatamente. La verdad era que aunque le arzobispo Teobaldo lo hubiese elevado al puesto de archidiácono de Inglaterra unos meses atrás. Sus informantes le habían contado días atrás. un orfebre anciano que ya hacía tiempo que había fallecido Thomas evaluó al chicho rubio por un largo instante. cogiendo la bandeja con manos trémulas. sin darse cuenta del escudero que lo miraba al fondo. El chico temblaba. y su abuelo había sido el venerable Simón de Wroxeter. —Un chico prometedor. como sus espías también le habían informado. Pero la familia no tenía dinero. Así. En la mesa principal tratando de prestar atención al superior del monasterio cisterciense sentado a su lado estaba la madre del chico rubio. Los Becket eran prósperos comerciantes y mercaderes de velas en los muelles de Londres. El castillo de Morlaix parecía lleno de ruidos. el joven Magnus – comentó el maestro del oficio — la nueva señora aquí – vaciló — es decir. quiere entrenarlo para ser un caballero. con suavidad y al mismo tiempo una delicada aspereza. el viejo Bernard Neufmarche. —Saca el pulgar del plato cuando te sirvan – dijo — tenerlo en la salsa me ofende. sin dote. famoso sabio y amigo íntimo del viejo rey Enrique. el propio Thomas venía de una familia de mercaderes. Y él no podía dejar de pensar que el rey Enrique. que el chico era el nuevo hijastro de Niall FitzJulien. al igual que su padre. —Hum…– Thomas cogió la cuchara de madera de la bandeja y se sirvió otra paloma asada. Ella también tenía los cabellos del color del cobre recién pulido. Milord? – dijo el niño con voz aflautada. Thomas oyó al maestro del gremio de los laneros reír entre dientes. lady Emmeline tenía pensado poner a su hijo de aprendiz en el comercio del oro . La nueva señora de Morlaix. como era común entre la nobleza más baja. el chico solo consiguió aceptar con la cabeza. algunas ideas deberían estar en el primer lugar en tu cabeza. la semejanza poco común indicaba algo más. al que le encantaban las buenas historias adoraría ésa. La boca de Becket se torció. Así. Pero su nuevo marido… Sir Niall. no en la salsa. Estaba dejando claro su punto de vista. A pesar de eso. la esposa del Lord. en las tierras agrestes de la frontera de Gales. la chica había sido casada con un mercader. —¿Me estás oyendo? Amedrentado. Thomas Becket lo paró con un gesto.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 11 1 El niño se arrodilló en los juncos con una de sus rodillas. El escudero escuchó e. era hija y nieta de caballeros.

eso era más de lo que Thomas había esperado. Thomas suspiró. el pueblo de la región aún se inclinaba a varias herejías. usando la punta para llevarse el bocado a la boca. Y podía ver que había más después de eso. cocineros. ensangrentadas y llenas de heridas infectadas. Aplaudían a un grupo de criados bien vestidos que. Tal vez la señora de Morlaix le hubiese dado un toque sofisticado en la nueva cocina. Al lado opuesto del maestro Avenat estaba uno de los vasallos de apariencia harapienta de FitzJulien. incluso se casaban. Como resultado sufrían un dolor constante. Otro paje se aproximó ofreciendo almejas frescas cocidas en suero de leche. Era consciente de que FitzJulien no tenía linaje de sangre. Su madre era irlandesa… una raza inestable. de pan negro y repollo salado. El canciller tomó su vino reprimiendo una sonrisa. caballerizos y ayudantes de establo junto a su pequeño ejército de criados personales. un grupo de arqueros cargaba los famosos arcos galeses. Y no era posible confiar en las iglesias celtas de la región galesa o irlandesa. Al mismo tiempo. Gugh de Yerville. a la apostasía y al paganismo. La verdad. El rey era fervorosamente leal con Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 73 . Estaba lejos de ser un admirador de las órdenes de los ascetas.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Era melindroso en cuanto a la rústica comida provinciana y siempre viajaba con sus propios cocineros. Tendrían una exhibición de tiro también. indisciplinadas y estaban a favor de extrañas teologías. ahora dominada por el monje Bernard de Clairveaux y decían que se dedicaban a rezar y a la mortificación de la carne. Por todos los relatos. no podía dejar de ser apreciado. Con todo. Una explosión de aplausos salió de la mesa principal. Al acompañarlos a Morlaix. el arzobispo sin duda había sido sabio al usar a los cistercienses para restablecer a la Madre Iglesia en las tierras de la frontera. de repente. puesto que comían fuera porque el salón del castillo aún no estaba terminado estaba la comitiva del canciller. imprevisible. Y a veces sus vidas particulares eran incluso más escandalosas. así como los malos olores habituales. había actuado según su posición de archidiácono en vez de ministro-jefe de estado del rey Enrique. se sentaban el alguacil del conde de Chester y después de él. el nuevo sheriff del rey para las tierras de la frontera procedente de Londres. Thomas meneó la cabeza. así como al ayuno y usaban túnicas de tejido tosco como su guía. su propio estilo lujoso de vida era testimonio de ello. Intentar proporcionar algún tipo de diversión. Tal vez. El famoso joven comandante de la vieja reina no había sido más que un aventurero tosco. los gaiteros y un tamborilero se acercaron. Pero por el olor que subía de las aves. Moscas y mosquitos venían del foso. caballeros. Los cistercienses eran una orden formidable. Alrededor del patio. Sus sacerdotes. percibió un toque de miel y canela. Pero el sol de la tarde que declinaba tras las murallas del castillo era dorado y la comida se había vuelto alegre en cierta manera. a pesar del estado desordenado del castillo. Una excelente diversión. Los criados que traían la comida de las cocinas tenían que pasar por encima de los carritos de los picapedreros y de las tablas para llegar a las mesas. sin embargo se había mostrado eficiente. que eran salvajes. Solo los monjes cistercienses que el arzobispo había mandado para la nueva capilla hacían una comida frugal. el irlandés no había sido una mala elección. pensó mientras se limpiaba la boca y se recostaba en el banco. había aparecido en la hierba frente a las mesas. compuesta de soldados. medio civilizados. por más que el padre fuese hijo bastardo de un conde. Después del fabricante de lana. Thomas estudió a los monjes por encima de su taza. Esperando al otro lado del patio. En la corte había sido ampliamente discutido que Enrique se había mostrado muy generoso al hacer de FitzJulien un barón. con la espalda y las costillas perpetuamente flageladas. El canciller sacó el puñal del cinturón y cortó hábilmente la carne del pecho del palomo.

cuando había recibido la petición que le habían enviado los burgueses. como se quejaban los gremios de orfebres en Londres estaba manteniendo al joven como rehén para asegurar la obediencia de la madre. La nueva esposa estaba evidentemente infeliz porque el escudero y el capitán de FitzJulien nunca se alejaban. Claro. Incluso los pueblos. confiscar una propiedad de un miembro de un gremio era un asunto serio. Tomó un trago de vino y saboreó la bebida con la lengua. el trabajo de reconstrucción seguía bien. Esto era sobre la boda forzada de una maestra del gremio con el señor local y la apropiación de una finca de los orfebres por el lord. sin duda. solo era necesario mirar alrededor del castillo para ver lo que se había hecho. que el hombre era diligente. un tesoro apreciable. El archidiácono supervisaba la destrucción de algunos de los castillos ilegales de los defensores del rey Esteban. Thomas sabía que el maestro Avenant estaba impaciente por hablar de negocios. pensó mirando a su alrededor. La muralla baja del castillo y las instalaciones de la cocina se habían construido en un tiempo record con la ayuda del propio lord. Ella era una cosita deliciosa. con el fin de mirar al otro lado de la mesa a la señora de Morlaix. A falta de dinero y de hombres. mejor preparados para la defensa. en Morlaix. Becket hizo una señal para que el paje rubio llenase su taza de nuevo. Thomas le hizo una señal para que ofreciese un poco al maestro Avenant y se inclinó hacia adelante. Thomas Becket presumía que el tesoro de los orfebres debía de ser grande para haber tentado al irlandés a casarse sin pedir permiso al rey Enrique.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix los defensores de su madre y no era posible dejar de admirar los primeros movimientos de FitzJulien allí. el fabricante de lana miraba a los moradores de los pueblos bailando su música regional. que no se sentía por encima de los otros para levantar una tabla o empujar una carreta si esto servía de ejemplo. con ella. según los espías le habían contado al canciller. estaban en mejores condiciones que otros distritos del rey. A su lado. Los gremios se habían fortalecido mucho durante la anarquía que había habido en el reinado del rey Esteban y ahora se mostraban inflexibles con sus derechos. FitzJulien lo apreciaba plenamente. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 74 . Por las miradas ansiosas que le lanzaba al chico. nunca la perdían de vista. se había apoderado de la viuda del rico maestro de los orfebres y. Enrique había mandado noticias desde Francia a su canciller de que cualquiera que fuese esa queja sobre la esposa de FitzJulien. Por otro lado. Dios sabía. El modo en que el rey lo favorecía… Thomas tenía plena consciencia que FitzJulien había salvado la vida al joven Enrique en el cerco de Atliers… difícilmente esto ayudaría ahora al irlandés. Pero Thomas era consciente de que un acto imprudente como una boda significaba una multa inmensa. FitzJulien tenía una reputación de ser impetuoso. había también un aire silencioso de discordia que. ¿Sería posible que mantuviesen al chico lejos de ella? ¿Podía ser que el nuevo lord de Morlaix. pero era posible percibir que el dinero de la viuda lo había ayudado enormemente. Nadie iba a engañarse tomando una vigilancia tan extrema como una rutina. ante una boda con la que habían confiscado la mayor parte de sus bienes? El criado personal de Thomas se aproximó con un odre de su vino francés predilecto. el no quería ningún problema con los gremios. Sin embargo eso le daba tiempo para observar la disciplina y el orden. en algún momento era posible notar. Era una pena que hubiese llegado cuando FitzJulien estaba fuera persiguiendo a los invasores de Cadwallader que recientemente habían incendiado un pueblo.

que escogían obedecer las leyes de castidad por amor a Dios y. Thomas vio al administrador del castillo vestido de terciopelo negro y con collares de oro que se aproximaba a la mesa principal para hablar con su señora. Y no había podido dejar de pensar que eran más como bocas hambrientas en medio de una barba. Las mujeres en las terribles pinturas germánicas estaban con las piernas bien abiertas para mostrar las partes lascivas femeninas. a sus carreras. Thomas murmuró algo en respuesta. Estaba observando a la señora de Morlaix. El criado de Thomas se adelantó y sirvió más vino en la copa de su amo. Las meretrices y prostitutas puestas de espaldas en sillas y sofás llenos de almohadas con los cuerpos pálidos y las rodillas bien separadas mostraban sus genitales de manera extraña y chocante. Y el recuerdo aun quemaba en su mente. El arzobispo demostraba una mayor consideración a aquellos que eran lo suficientemente fuertes para negarse a los deseos de la carne. pensó observándola. conforme observaba a lady Emmeline hablando con el administrador. fue Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 75 . Había muchos clérigos y auditores a servicio del arzobispo. Ahora las pinturas de meretrices y prostitutas volvían de repente a su recuerdo. plata y piedras preciosas engastadas. seguidos por los gaiteros y el tambor. Thomas había encontrado imposible apartar los ojos de los labios rojos y rosados y el montículo carnoso rodeado de vello oscuro. Thomas nunca había visto a una mujer desnuda. delicada y con buenas curvas. Con todo. como el canciller. Pensaba en ellas a veces cuando observaba mujeres elegantes como lady Emmeline de Morlaix. —Si quiere mi opinión sobre esto. tan grande como un hombre hace que una flecha atraviese seis trozos de madera a unas cien yardas. Los soldados se adelantaron para fijar las dianas de los arqueros. milord – dijo Avenant — los arqueros son verdaderos especialistas con el arco largo. No fue su elección casarse. Ella usaba una túnica verde de lana y tenía el cabello de color cobre trenzado y sujeto con adornos de oro. Ella frunció el ceño. De repente intentó imaginarlos juntos. Sin duda. Los siervos terminaron de saltar y salieron en grupos a la plaza. Thomas era bendecido también por haber amado profundamente a su devota madre que lo había orientado y le había enseñado muriendo cuando él apenas tenía veinte años. había visto pinturas lascivas. en la mayoría de los casos. la viuda estaba casada de manera que no había forma de deshacer el matrimonio. Incluso ahora no sabría decir si la visión lo había asustado a excitado vergonzosamente. —Os va a gustar el espectáculo. Toda la corte sabía que era casto y estaba orgulloso de ello como tantos en su profesión clerical. La fortuna de los orfebres era lo que necesitaba una solución. Thomas le diría al rey Enrique que pidiese por lo menos la mitad de esa fortuna como multa por la boda sin permiso. El arco en sí.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Ahora. conservadas cuidadosamente encerradas bajo siete llaves por los padres y abiertas solamente para la instrucción de jóvenes sobre los terrores y las tentaciones que llevaban a la condenación eterna en las profundidades del infierno. Thomas miró fascinado cuando ella levantó la mano para apartar un mechón de cabello de la frente. Las pinturas que había visto eran crudas. milord – estaba diciendo Avenant — lo que está pasando ahora es el conflicto entre el derecho del lord y el de los gremios. aparentemente sobre los arqueros. después se levantó y se inclinó en la mesa para decirle algo. FitzJulien podía enorgullecerse de su buena suerte era una muñequita suntuosa. Recordaba apenas la asombrosa fealdad. escenas vivamente coloridas puestas en paneles de madera.

Por lo tanto el lord de Morlaix volvería pronto. Emmeline no quería provocar alaridos y lloros por la muerte de alguien cuando cogiese a Magnus y se escapase de allí. Así que cuando las estrellas empezaran a aparecer el canciller terminaría la fiesta y acompañado por su secretario. había hecho que algunos caballerizos y soldados les cediesen espacio. En la mesa principal. él vio lo que podía ganar. Baudri Torel. Un emisario ya había partido para las colinas de Gales con el fin de encontrar a Niall FitzJulien y sus caballeros y contarle que el canciller del rey. el joven batanero. había encontrado el camino al trono de Inglaterra. Tenía que darse prisa ahora. después de avisar a Walter. Antes de empezar a dividirlo. Las sombras se achicaban conforme el sol se hundía tras la muralla del castillo. un sajón de Wressex llamó su atención en el primer vuelo de las flechas. ¡una bonita exhibición! Para hacer un torneo ahora tendrán que apartar las dianas. se dijo Thomas a sí mismo era determinar el tamaño del tesoro de los orfebres. mirando alrededor. Había aún algunos en las tierras de la frontera que tenían una mayor alianza con los príncipes de Cymry que con el joven rey normando. el sheriff y su ejército de criados. En el último minuto le había pedido a Torel que cambiase las dianas de modo que los arqueros quedasen de frente. Walter Straunge ya había mandado a los soldados apartar más la dianas. Sin embargo no sabía cuánto tiempo tardaría. – el lanero respiró profundamente – pero ella aún es una de nosotros. A pesar de eso la iglesia se oponía vigorosamente a la práctica y se empeñaba en hacerla desaparecer. pensó. No sabía si los gremios de la ciudad que habían dicho que la ayudarían y Nigel. No había nacido de familia guerrera y prefería el tiro con arco y la lucha libre a los deportes más sanguinarios. Ella esbozó una sonrisa ausente. Miró sus manos retorcidas en el regazo. se retirarían para el imponente campamento. El canciller inglés se recostó para ver mejor el torneo. Enrique. en particular habían recibido su mensaje. Algunos jefes de los gremios de la zona oeste de Inglaterra eran mujeres. había llegado al castillo. Un heraldo escogido entre los caballeros de la guarnición puso en fila a los galeses con sus arcos en el fondo de la plaza. Pero aún más importante. —Ah milady. Él saltó sobre ella en la hora del juramento y puso las manos en su cuello.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix de él. Todos fuimos testigos de cómo fue. Había sido de esta manera en que el primer rey normando. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 76 . El sheriff estaba sentado cerca de ella. no había planeado que la fuga fuese tan rápida. Lo primero que tenían que hacer. La señora de Morlaix volvió a ocupar su silla. Santa Madre del Cielo. Una orfebre y una maestra del gremio. el alguacil. nadie quería ver al guapo canciller del rey Enrique con una flecha accidental en el corazón. Todas llegaron al centro de la diana o cerca de él. en un ángulo de mayor distancia de la mesa. Thomas Becket. Thomas giró hacia el lanero con las cejas levantadas. Con todo el debido respeto al nuevo lord. Emmeline observó a los arqueros de Morlaix formar una fila para tirar. algunos de los cuales se habían vuelto aún más sangrientos con la popularidad creciente de los torneos. Los monjes cistercienses le habían pedido abrigo dentro del castillo. en los establos.

en el castillo de Morlaix con un hombre que abusaba de ella. de su valiosa mansión en la ciudad. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 77 . Su estómago se revolvió dolorosamente con el pensamiento. El ruido de los aplausos a los arqueros galeses hacía eco en sus oídos. Si no le faltaba valor era lo que planeaba usar para viajar al norte. como los caballeros.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Una vez que huéspedes se recogiesen para pasar la noche. Era por el bien de Magnus en todo caso. Los gremios no permitirían que el rey dejara que eso pasase. Cuando dejase Morlaix. Santo Dios. Emmeline consiguió esbozar una sonrisa. Emmeline se frotó la frente con el índice y el pulgar. hasta Chester. que le había quitado a su hijo. Dejaría todo eso y se llevaría un saco de oro robado huyendo para salvar la propia vida. pediría a uno de los chicos que encontrase a Magnus y de alguna manera. Incluso la cama en que había sido concebido su hijo. Por lo tanto alguien tenía que estar enfermo. de la vida confortable que él le había ofrecido. ella haría lo que fuese para que no se convirtiera en un animal asesino. sus siervas. ella iría a sus aposentos. la encerraría e incluso la mataría. lo apartaría de su carcelero. Gritos y aplausos resonaron conforme los arqueros hicieron un espectacular disparo. Tragó en seco. afligida. le había robado la fortuna ¡Y le obligaba a acostarse con él! si fallara y él la capturase. Todo en lo que conseguía pensar era en el ardid para apartar a Magnus hasta las letrinas. sin duda sería perseguida no solo por Niall FitzJulien sino también por el príncipe Cadwallader. la traería de vuelta. Tenía que llamar a una de las siervas y pensar en una buena disculpa para apartar a Magnus del escudero. Las siervas no lo harían a menos que estuviese enfermo. Cuando se fuese lejos de Morlaix dejaría atrás todo lo que había conocido desde la juventud: recuerdos de su marido. el escudero Joceran. Era una bonita suma. Aún estaba en posesión del oro que los enemigos del rey Enrique esperaban que llegara al príncipe Cadwallader. el negocio que había aprendido a duras penas. e intentar embarcar en un navío hasta Escocia o Dinamarca. cuando el galés supiese que el pago en oro no iría a él. Pero no viviría allí. ¡No era buena en este tipo de cosas! Emmeline cerró los ojos. Un punto entre sus ojos latía dolorosamente. —Milady está pálida– observó el sheriff — tome un poco de vino francés. se dijo Emmeline a sí misma.

Vieron al apuesto batanero con su barba corta y los brillantes ojos. podía escuchar su llegada desde media legua de distancia. cuando su madre lo arrastró por el atajo hasta el río — ¡Quiero ser un caballero! — ¡Shhh! — murmuró Emmeline — ¿Perdiste el juicio? Piensa que ese loco que se casó conmigo va a convertirte en un asesino. Era bien pasada la última hora canónica y casi todo el mundo se había ido a dormir. Cuando Magnus intentó volverse. ¿Por qué no iba a traerlo? ¿Dónde están los caballos? —Corren rumores que el chico es de FitzJulien y no del viejo orfebre — dijo él — Si eso es verdad. Emmeline se volvió a mirarlo. —Por Dios. lo que casi los arrastró a los dos para abajo. En cuanto a mí — dijo con voz repentinamente Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 78 . El batanero se aproximó. Estaba desesperada por salir de allí. Emmeline se dijo a si misma que se lo explicaría todo más tarde. ¡Y además me dejará en la miseria! Vio el rostro de su hijo como un borrón cuando este la encaró. una sombra se destacó sobre las demás. —Santa María. Sin embargo. el señor de Morlaix vendrá tras nosotros y nos matará. O que no pudiera encontrarlo allí en la oscuridad a lo largo del río. Extendió a Emmeline una capa marrón que tenía colgada del brazo. Dicen que está casada ahora y que. en cualquier momento Walter o Joceran descubrirían que Magnus había desaparecido. Estaba tan ocupada sacando a Magnus del castillo que no pensó que el maestro artesano pudiese no responder a su llamada. Más adelante. —Señora Emmeline. En su prisa tropezó con una raíz. La corporación de orfebres nos ayudará. ella le instó: — ¡Venga. El hombre entró en un claro de luz. los otros no vendrán. necesitamos huir de este maldito lugar! — y le empujó con la mano. soy el único en responder a su mensaje. vieron las ruinas de la capilla. Emmeline estaba buscando a Nigel el batanero. ¿Tiene miedo? Todo lo que tiene que hacer es llevarnos a Wrexham. ¡Y con el lord! Cerca del edificio en ruinas. lo que los ayudaría y mucho. Emmeline dejó escapar un sollozo de alivio. a huir del castillo. si deja al chico atrás — los ojos de Nigel se desviaron a Magnus — Tal vez entonces el irlandés se quede satisfecho y no la persiga. —Ayudarán. — ¿Por qué ha traído al chico? Ella lo miró sorprendida. Frunciendo el ceño al ver a Magnus. ¿Por qué no estaban los caballos? —Vendrá tras nosotros e intentará matarnos de cualquier manera. la orilla del río estaba oscura como la boca de un lobo. si quiere justicia debe apelar al rey. Emmeline intentó mirar a su alrededor.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 12 2 — ¡No quiero ir a ninguna parte! — Gritó Magnus. Andaban desprotegidos entre arbustos y enredaderas cuando comenzó a llover. Cada poco tiempo se veía la claridad de un rayo que indicaba que una tormenta descendía de las montañas de Gales. — ¡No quiero! Quiero quedarme con Joceran y Walter.

Mira… Ella le cubrió la boca con la mano. Magnus luchó por soltarse. En su lado del puente tiró de las riendas. los caballos se tropezaban unos con otros. Corrieron hacia el puente que se balanceaba de un lado a otro. ¡Ahora. Los caballeros de acercaron al galope. diablo de los infiernos? — maldijo el lord de Morlaix. — ¿Dónde piensas que vas. señora. míranos. ¡Por Jesús que está en el cielo. que corría por el camino por donde habían venido. Hubo otro ensordecedor estallido de un trueno. No consiguieron atravesarlo. mal pudieron divisar la columna de caballeros. Un caballero. El batanero se apresuró a ir tras ella. alguien se acercaba desde la ciudad. —Sabe que me gusta. extendió la mano y cogió a Magnus por el brazo. En la claridad azulada. Ella se agarró a Magnus para evitar que lo derribaran. Por el otro lado del río. Pero Emmeline sujetó a su hijo con firmeza. Uno de ellos espoleó al caballo para cazar al batanero. escuche la voz de la razón! ¿Dónde va? —No hay paso por aquí. ¿Cómo llegaremos a ningún sitio a pie? — Estaba muy furiosa— Soborné a la mitad del castillo para que nos sacaran de allí y ahora. La lluvia se convirtió de repente en sábanas de agua. Voy a la ciudad a conseguir caballos. viajarían sin caballos y con un idiota enamorado que quería que abandonase a su propio hijo y se marchase con él! Andando vacilante a causa del peso que transportaba. — ¡Por las llagas del Señor. Sobre el pesado aguacero. subiéndolo en la silla. Solo nos estaba ayudando. Bajarán el puente levadizo. pero Emmeline lo mantuvo pegado a su costado. ¡Regresemos! Ella los miró a los dos furiosa.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix ronca — créame cuando digo que arriesgaré todo lo que tengo para ayudarla. —Jesús amado. ustedes dos quédense quietos! La lluvia comenzó a caer sobre ellos. Pero en nombre de los cielos. Se agarró al estribo de Niall FitzJulien. El enorme corcel se encabritó relinchando. cuyas armas y armaduras relucían con los rayos. no después de todo lo que hice para poder escapar. con la cota de malla levantada cubriéndole el cuello. Un rayo zigzagueó en el cielo. el caballero en la vanguardia los avistó espoleando la montura saliendo en su dirección. — ¡Déjalo ir! — Imploró — No ha hecho nada. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 79 . corriendo para alcanzarla — Descubrirán que abandonó el castillo. Magnus tocó el brazo de Emmeline. — ¡No voy a volver! — gritó ella. — ¡Mamá! — Gritó Magnus — Lord Niall viene. Con la oscuridad. Emmeline sabía que lo iban a matar. ella lo arrastró —Juro que nadie me mantendrá aquí. no vayas. tendremos que usar el puente — Cuando Magnus enterró los talones en el suelo. y Emmeline ya estaba empapada. hizo que Magnus diera media vuelta y lo empujó a la ribera del río. —Mamá. tiene que decir que al menos le gusto un poco. —Está loca — salieron de la protección de los arboles — Mire para atrás — el batanero imploró. Todavía no había llegado a ningún lugar.

iba a subirla para colocarla en la silla frente a él. que es esto? Sus enormes manos cubiertas por las mallas de acero. sopesándolos. Rápidamente. traidora! Extendió la mano la sujetó por el brazo. Tenía el rostro ensangrentado. — ¿Qué diablos…? — protestó él. Saltó de la silla. Las manos. Los caballeros se inclinaron en las sillas para observar. inclinándose hacia adelante. —Maldición. pero él se la sujetó mientras la agarraba el cinturón y se lo arrancaba. luego su cintura. Ella soltó un grito. Los caballos habían regresado con el batanero atado con una cuerda y arrastrado por el vientre. Igual que las llevaba el emisario del oro cuando las transportaba por Inglaterra. de repente golpeó los pechos desnudos de Emmeline. No es de extrañar que levantarla fuese como intentar cargar con un toro — acercó su cara a ella — ¿Qué otros tesoros nos está escondiendo señora? — Preguntó — ¿Tal vez en los pechos? ¿O en otra parte del cuerpo? Antes de que ella pudiera moverse. Arrodillándose en el barro. Emmeline corrió para ayudarlo. — ¡No me toques! — gritó Emmeline. — ¡¿Por qué estás haciendo esto?! — Ella gritó — No lo castigues. tantearon los hombros de Emmeline. no consigo levantarla — dijo Niall — Pesa como una piedra de molino. Emmeline levantó el rostro y miró esos ojos castaños amarillos bajo el yelmo. Un grupo de caballeros los rodeó con sus caballos. —Por el peso es oro. la lluvia escurría por el borde del yelmo. — ¡Gotselm! El sargento desmontó entregando las riendas a uno de los caballeros. El batanero. El lord de Morlaix gritaba órdenes. tiró de la pesada masa de faldas. Levantó los sacos de oro. No conseguía reconocer a nadie.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline se tambaleó. intentó ponerse en cuclillas. — ¡Escúcheme! — gritó. Inclinándose gritó: — ¡Calla esa boca. Levantó la mano libre para abofetearlo. ella estaba casi desnuda. Cuando se inclinó. con los yelmos y los protectores de la nariz cubriéndoles los rostros. pero la sujeción de hierro de las manos de Niall se cerraba sobre su muñeca. Gotselm saltó sobre ella cuando Emmeline se debatía. intentando clavarle las uñas con la mano libre. Levantó las faldas mojadas de Emmeline hasta las caderas. Niall soltó las correas. ganchos de cobre y otros volaron conforme el paño se abría. pero Niall le bloqueó el camino con su enorme corcel. Cuando tiró del borde de la túnica. le arrancó la capa de los hombros. tirando de la cuerda. él no se detuvo. a tientas encontraron los sacos de oro del príncipe Cadwallader sujetos a los muslos de Emmeline con tiras de cuero. pero en vez de eso. Ahora. y seguidamente se metieron bajo sus faldas empapadas. puso una mano en la silla. — ¿En nombre de Satán. Los enormes caballos andaban en círculos por el camino. Su fuerte mano agarraba los trozos de la Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 80 . incapaz de moverse. Incluso entonces. La lluvia que caía. Emmeline gritó los insultos más horribles que conocía.

Ella entrecerró los ojos para intentar ver entre la lluvia. Cerró los ojos diciéndose que no le importaba lo que fuera a pasar estaría mejor muerta. Ella sabía que su hijo estaba en alguna parte por detrás de ella. si no fuera por Magnus. a modo de saludo. Los caballeros de la guarnición corrieron a coger las bridas de los caballos. ¿Dónde está su amante? ¿Lo habéis atrapado? — ¡El no es mi amante! — protestó Emmeline. Niall se volvió. Si estaría vivo todavía. se paró e inclinándose cogió algunos sacos de oro. Walter Straunge estaba esperando. el caballero levantó su lanza. para cubrir su desnudez. Dios le dé la bienvenida. El lord de Morlaix saltó sobre la silla. —Milord. Walter extendió la mano a los estribos de Niall. Las patas de los caballos resonaron con estrépito en las tablas del puente levadizo. El sargento levantó la capa empapada y se la puso a Emmeline. Ella no dejaba de sollozar. sus faldas. espero que hayan tenido una buena cacería. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 81 . Siguieron camino arriba hacia el castillo de Morlaix. las antorchas llameaban bajo el arco. En una curva el vigilante del canciller les dio el alto. —Llévate esto — le dijo a Gotselm — dame el resto a mi cuando monte. Levantó los ojos y se pasó la lengua por los labios. Pensó que había pasado con Nigel. acampado ante nosotros. Las puertas corredizas estaban abiertas. —Milord de Morlaix. notando que él quería llegar al castillo sin despertar la atención de Becket. en medio de la hierba. — ¿Qué vas a hacer conmigo? — balbució. en la columna de caballeros. Gotselm. luego extendió la mano subiendo a la mujer a fin de sentarla ante él. Cuando Gotselm respondió. Pero en vez de eso. Su capa. se adelantó. Emmeline sintió las manos de Gotselm en su pierna empujándola hacia arriba. —Cierra la boca — él apretó el brazo en torno a ella — Tenemos al respetado investigador del rey Enrique. levantando la mano como si fuese a golpearla. Thomas Becket. Las tiendas estaban en silencio por la oscuridad y la lluvia. El caballero capitán se tambaleó hacia atrás. El canciller del rey. Comenzaron a cruzar el puente. le juro que no sabía que ella… Niall le acertó a un lado de la cabeza con el puño cerrado. el señor de Morlaix entró en el patio. Entonces sin decir nada. Se retorció en la silla para mirar al rostro de Niall. Era todo lo que tenía. se amontonaban en el suelo. —No ha estado mal — Niall inclinó la cabeza hacia atrás en dirección a los prisioneros galeses — Unos pocos pájaros de Cadwallader que no cantaran tan dulcemente durante un tiempo — Incitó al caballo para ir avanzando al frente de la columna — Buena suerte a vos centinela y un amanecer con tiempo estable. Emmeline casi lo había olvidado.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix combinación todavía sujeta a su cuerpo. Las anillas de la malla de acero se le clavaban en la espalda. —Milord… — ¡Maldita sea! — Él vociferó — Tiene escondido un montón de oro por todo su cuerpo.

¿Sabes como el canciller se regocijaría contando todo esto al rey? Dos criados entraron a prisa en la habitación portando baldes de agua caliente y una jarra. Walter tragó en seco. atormentar a cada pastor y porquero con un arco de caza para llegar aquí antes que el espía del rey. él la arrastró por la puerta y no la soltó hasta que estuvieron en medio de la habitación. Peor. seguido por el sargento Gotselm. Emmeline se estremeció al oírlo maldecir. Niall FitzJulien evidentemente pensaba que el oro era parte de la antigua fortuna del viejo Bernard. huyendo del castillo en compañía de un comerciante local con las faldas llenas de mi oro. el caballero de guardia se apresuró a abrir la pesada puerta de madera. Gotselm se apresuró a ayudar a Niall a sacarse la pesada cota de malla.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 13 3 Arrastrándola por la muñeca. había robado el dinero destinado al príncipe Cadwallader y ahora estaba en manos del único hombre que no debería poner las manos en él… su enemigo. No creo que Lady Emmeline estuviese coqueteando con el batanero. —Milord – dijo Walter extendiendo las manos en un gesto de súplica – ella mandó a una de las sierva a entretener a Joceran mientras huía. En el piso superior. en pocas horas he sido obligado a cabalgar diez leguas por las malditas montañas de Gales. lo consideraba suyo por derecho. —Walter. por lo tanto. Walter estaba tras ellos. Ella se tiró en la paja. En cuanto a él… A pleno pulmón el lord de Morlaix soltó una palabrota. Con su maldad pecaminosa. Su capitán se encogió. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 82 . Niall subió las escaleras. ya que la había encontrado con él y. —No señor. Thomas Becket. Cerró los ojos pensando en que aquel día era solo uno más que tendría que sufrir en el infierno. pero eso no supuso ninguna diferencia: con la enorme mano aún cerrada en torno a su muñeca. el señor de Morlaix. si es lo que queréis decir. Sus pecados no serían olvidados y ella los encontraría allí. gritando para que alguien le llevase agua caliente. Cristo Jesús. Creo que él… —Maldita sea. enrollada en la capa marrón del batanero. ¡Maldito asno! — Gritó Niall – Por el bien que me has hecho esta noche podría coger una escudilla y salir por los caminos a pedir como un monje. La capa que el batanero le había dado estaba encharcada y sus dientes se batían por el frío. El chico no está acostumbrado a estas cosas. Niall se sentó en el borde de la cama mientras Gotselm se arrodillaba para sacarle las botas y las medias. esperándola. que como he descubierto ahora huiría con cualquier vendedor ambulante a menos que consiga encadenarla. —Thomas Becket va a informar todo contento a nuestro glorioso soberano que me encontró afuera. al lado de la cama. en las montañas. cazando a los ladrones de Cadwallader mientras mi esposa me estaba traicionando. Emmeline cayó de rodillas. confiscara mi propia cama y el suelo bajo mis pies – se sacó el chaleco acolchado manchado de sudor y lo arrojó al intendente – y tú te has mostrado inútil al no conseguir mantener los ojos encima de mi traicionera esposa.

Emmeline se dijo a si misma que no podría soportarlo más. O la mataría allí. Niall FitzJulien se inclinó y se lavó las piernas. Entonces terminaba dormido sobre ella con su primer alivio. ¿Por qué tenía tan mala suerte? Como mínimo su marido la llevaría a los calabozos de Morlaix y la dejaría allí hasta que se pudriese. más que Gotselm o Walter. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 83 . Y ella. no voy a matarla. No con el canciller del rey durmiendo en el jardín. Su destino había sido sellado años atrás. ansioso de cualquier noticia de desgobierno para llevar a Londres – Niall le entregó la taza vacía – cuando se marche Becket. Walter dijo algo que ella no consiguió oír. será el momento. quedando satisfecho más de una vez… a menos que estuviese cansado de trabajar con los recolectores de heno. con la piel de alrededor todavía hinchada. Como mujer nunca debía haber insultado la naturaleza de Dios haciendo algo como eso. Conocía aquel cuerpo muy bien. Gotselm. Más grande que cualquiera de los criados que entraban y salían apresurados. Con un estremecimiento observó los poderosos músculos de su espalda tensarse poderosamente mientras levantaba el paño mojado para frotarse el cuello. no podía evitarlo. se arrodilló para secarlo. Una cicatriz más reciente. se dijo a sí misma. Con todo. pensó al observar como el lord de Morlaix se libraba de sus calzones y hundía un paño en un balde de agua humeante fuera un castigo del demonio. grueso y largo. de hombros anchos. cuerdas. Emmeline se mordió el labio. Las cicatrices de las batallas marcaban su espalda. Un sollozo escapó de su garganta. no había optado por ser como las demás mujeres. cuando había planeado el tener un hijo. Los criados andaban por la habitación retirando los baldes de agua.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline se cogió la cabeza entre las manos con la intención de llorar. corría como una mancha rosada desde la cadera al muslo. aquellas que sus padres consideraban un modelo de virtud. Era lo más probable. el sargento. sin espíritu y acomodadas. la espada y la armadura del lord para que el escudero la limpiase. Sollozó en alto. una vocecita en su cabeza le recordó que tenía el oro del príncipe Cadwallader. Había sido su propia impetuosidad lo que la había llevado a esto. el otro hombre se giró para mirarla. En vez de eso ella había actuado como sus demonios interiores querían y había tenido un hijo con un extraño. con bolsas igualmente grandes debajo. —No. Desnudo. En la cama él la cabalgaba con una lujuria insaciable. Él pensaba que ella era una esposa adúltera y la muerte debía ser su castigo. Gotselm usaba un pedazo de lino para secar a Niall conforme este se levantaba aún desnudo. Aquellos brazos poderosos de espadachín que la dejaban impotente cuando la deseaba. Ahora estaba siendo castigada. que dejaban la administración de los asuntos importantes a los hombres. bebiendo una copa de vino. El pene pulsante. Reconocía ahora la profundidad de sus miserables pecados que traicionada por el orgullo. primero una y después la otra. por el acto precipitado que había colocado a Niall FitzJulien en su cama. realmente. Mujeres obedientes. como al principio. Sería fácil. No importaba que Magnus le hubiese llevado un placer y un consuelo sin límites. instintiva. O tal vez. Era evidente que iba a matarla. él era un hombre fuerte. Con una mueca. Walter se giró para mirarla. llegando hacia el fuego para llevar ropas secas.

él la empujó. antes de que ella pudiese esquivarlo. era así como iba a matarla. con una película de sudor en los hombros desnudos. maldita seas. —Maldita sea. ¡Irán incluso hasta el rey! Niall se giró hacia ella enseñando los dientes. Me usaste para tus horribles propósitos aquella noche en Wrexham. Pensó en Magnus. —Iba a pedir en los gremios del norte que nos ayudasen. desde el momento en que te puse los ojos encima. Después se giró. Ambos querían hablar. los gremios de lana continuarán con esto. Tenía muy poco tiempo si iba a matarla en cuanto Thomas Becket se fuese. cuando me vendaron y me llevaron a ti. Y Emmeline vio cuando se cogió la pierna herida. pero él los empujó hacia la puerta y los echó fuera para después cerrar esta con un banco. Niall iba a estrangularla la próxima vez. ¡Tu hijo es mío! —Extendió el brazo y. — ¡Estate quieta! — se enfureció él. El oro era solo para Magnus y para mí. Yo no era sino un chico inocente… — ¿Inocente? ¡Un maestro de los burdeles! En aquella cama – ella lo apuntó con la mano temblorosa. Emmeline se puso en pie. tirando las piezas de ropa por el suelo.. —Te mataré cuando esté preparado – temblaba de rabia – Pongo a Dios por testigo que sabía. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 84 . – la rabia explotó dentro de Niall. Él se apartó. Te encerraré en esta habitación y te mantendré aquí antes que conviertas en un caos todo lo que tengo.. — ¿El resto? Él la enfrentó con los puños cerrados. ¿Dónde está el resto del oro? ¿Cuánto más de tu fortuna me has escondido? Ella se echó hacia atrás. Ella se levantó del suelo masajeándose el cuello. la capa llena de barro se agitaba en torno a los dos. El batanero no iba con nosotros. ¡Es porque no sois un hombre! — él se quedó inmóvil. — ¡No podéis castigar a Nigel! — gritó – los gremios saben que él es inocente. Los dedos de él se enterraban en su cuello. Incluso aunque me matéis. la agarró por el cuello con las dos manos – Intenta separarlo de mi de nuevo e iré detrás de ti y te mataré. — ¡Ojalá te pudras. — Tengo título y fortuna. maldita! Tu boca se abre todo el tiempo y no sabe cuando mi puño tiene la necesidad de cerrarla. Cuando Emmeline le vio la expresión gritó — ¡Matadme ahora y acabad con esto! — Niall se paró ante ella. puesto que el batanero es uno de sus miembros. ¡Tienes mi palabra! Emmeline se debatió desesperadamente entre las manos del caballero. —Ibas hacia el norte después de dejarme… ¿hacia dónde? ¿Para fornicar en una posada de Chirk durante una quincena? ¿Para divertir a tu chulo de sucias manos en una casa de prostitución en Chester? Emmeline se tambaleó hacia atrás boquiabierta. Con una maldición. furiosa – difícilmente os mostrasteis como un inocente. Con seguridad me enseñasteis más actos lascivos de los que podría haber soñado.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Gotselm y Walter lo miraron espantados. — ¡Atontado! ¡Animal! — gritó ella – Ya sé por qué el rey Enrique solo os dio un feudo en la frontera. en dejar a su hijo huérfano e imaginó que podía intentar algún tipo de horrible venganza contra Niall FitzJulien para cuando estuviese muerta. que estaba maldito.

crudo y furioso. Las mantas se enmarañaron en torno a ellos apresándoles las piernas. —No voy a decirle nada a Thomas Becket y tú tampoco. Entonces él levantó sus nalgas con las manos y se enterró tan profundo y con tanta fuerza que Emmeline gritó. metiéndole la lengua voluptuosamente. Enterró las uñas en la carne suave de los hombros y lo oyó gemir. El enorme pene se enterró dentro de ella llenándola como si la poseyese. eres mi esposa – avanzó hacia la cama empujándola – Por las llagas de Cristo ¡Eres mi esposa hasta que yo lo diga! La tiró sobre la cama. enterrando las uñas en la espalda de Niall. — ¡Eres una bruja deslenguada! La cogió por los hombros y la sacudió. De repente. Emmeline soltó un grito indignado. — ¡Vuelve a la cama! — vociferó Niall mientras ella salía por el otro lado de la cama. Llevó la mano a la puerta. No tendríais este castillo sin él. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 85 . De repente. desnudo y erecto se acostó sobre ella. — ¡Nunca! La cama estaba entre ambos. provocándose el uno al otro con un deseo desnudo. Agarró unos mechones de los cabellos mojados por el sudor y cerró los dedos en torno a ellos con fuerza. Estaban los dos locos. De repente era como una avalancha. una montaña cayendo sobre ella cuando él dejó caer su cuerpo flojo y saciado. Como si el mundo se hubiese acabado. Emmeline se arrastró lejos a gatas. Mientras Emmeline vacilaba. – Niall la alcanzó antes de que pudiese abrir la puerta. los largos cabellos cayéndole sobre los ojos y la boca entreabierta. Atravesó la habitación cojeando. — ¡Quedaos con mi dinero y que os aproveche! Que Dios os maldiga para siempre si conseguís algo más de mí… a menos que esté muerta. Niall la aseguró bajo el peso de su cuerpo y la penetró. Emmeline corrió hacia la puerta. con los largos cabellos arrastrando. La vieja cama se movió con aquel frenesí y el dosel se agitó. Quería matarlo y que él la matase. Vuestros preciosos caballeros os habrían abandonado. ¿Olvidasteis decir eso al eminente canciller del rey? Niall se giró y la cogió por las muñecas. Luchó debajo de él. Ahogó su grito cuando su cuerpo se puso rígido y convulsionó al encontrar un vértice que era como el fuego del infierno y la oscuridad total. Fue al encuentro de las estocadas furiosas cruzando las piernas en torno a las caderas de Niall. intentando arrancarle los ojos sin importarle que él la matase. la alzó y se la puso sobre un hombro. Intentó gritar que parase pero no pudo respirar. Jadeante. la conquistase y la sometiese por la fuerza. oyó también el sonido de sus jadeos haciendo eco en la habitación. apenas unos jirones de su camisa cubrían su cuerpo. Estaba casi tan desnuda como Niall. con un gruñido. una montaña. no pararon. la tiró sobre la cama y. El peso repentino era un castigo y Emmeline abrió la boca intentado respirar. Niall inclinó la cabeza y se apoderó de la boca de Emmeline con furia. se movió contra él. Por más que seas una gata salvaje. El grito de Emmeline se mezcló con el rugido de Niall cuando este alcanzó su propio clímax. le abrió las piernas y la penetró.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix — ¿Todo lo que tenéis? – Emmeline se puso en pie y lo siguió por la habitación – Es mi oro lo que estáis gastando. Incluso así. incendiaba por la rabia que ardía como una llama brillante e incandescente girando en torno a los dos. Emmeline le vio el rostro contorsionado. Mientras tanto.

la carne de Niall se movió. Sus pensamientos empezaban a ocuparse día y noche con planes desesperados para recuperar lo que había perdido. Ella se estremeció. Tenía las manos aún en sus cabellos. De cualquier manera ninguna de sus ropas estaba cerca. Era lujuria lo que los unía así. húmeda y renuente y lentamente salió fuera. —Apaga las velas – le ordenó. Conforme apagaba las llamas una por una. Emmeline levantó las manos para empujarlo. podría morir por una flecha “accidental” al corazón. su casa.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Sacudida por escalofríos. El rostro de Niall estaba entre el cuello y el hombro de Emmeline. Dios sabía que la había visto demasiadas veces desnuda. Cuando fuese a cazar venados en el bosque en agosto. Ella vio el brillo en sus ojos. la época del apareamiento y de la matanza de los ciervos machos. En el centro de su feminidad sensible y suave. Y si tenía que matar al lord de Morlaix para conseguirlo. Nial le había robado todo lo que tenía… su hijo. Eso no era para ella. su propia marea de pasión fue parando lentamente mientras Niall yacía sobre ella con los dedos entrelazados en sus cabellos mojados. él las había rasgado en jirones en aquel ataque furioso en el puente y más tarde en la habitación. Él no se movía. así. El calor del día había desaparecido. Emmeline cerró los ojos. Ella lo oyó respirar profundamente y los brazos se apretaron a su alrededor. Se cubrió con las mantas hasta el mentón. Entonces llevó el último candelabro hasta la mesita en la cabecera de la cama. Emmeline sacó los pies de la cama y se levantó. un momento de placer violento y vergonzoso. la habitación se quedaba a oscuras. Pensó vagamente cuánto lo odiaba. Y Emmeline pensó de nuevo. No se tomó el trabajo de cubrirse. Niall rodó al otro lado de la cama soltando las mantas en torno a sus piernas. Ella apartó la cabeza y lo sintió tensarse. llenó sus fosas nasales. lo mataría. Aún gimiendo. acariciándolos. El fuerte olor del cuerpo. Intentó quedarse despierta. en un hijo. Esto tampoco era extraño aunque el problema sería encontrar alguien dispuesto a hacerlo. ¿Y si él ya le hubiese dado un hijo? Una ola traicionera de ternura la invadió y Emmeline luchó con todas sus fuerzas para expulsarla de la mente. Estaba observándola. No sentía nada por él. por sus propias respuestas apasionadas. sopló la vela y se acostó en la cama. imaginado maneras de matarlo. en matrimonio. Acostada bajo el cuerpo mojado y aún pulsante de Niall. Ella se estremeció cuando caminó descalza hasta los soportes de las velas. Su cuerpo desnudo estaba ansioso por la fuerza de aquel otro cuerpo potente. Éste aún era su plan. Lo que él había puesto dentro de ella se aferraba pegajoso entre sus muslos. se caería y moriría bajo las patas de su garañón. en una vida feliz y confortable como otras tantas mujeres soñaban. inquieta. Por un momento su odio vaciló. se dijo a si misma que se iría a algún lugar fuera de Inglaterra con Magnus. almizclado y sensual. con el pulgar y el índice. Alguien podría cortarle una cincha de la silla para que se partiese a pleno galope. su dinero. No era un incidente tan extraño. No sabía si él la querría de nuevo o no. Por lo menos no se había girado para estar de espaldas a ella. Con la muerte del Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 86 . Intentó no pensar en bebés. respirando pesadamente en su oído.

Haría cualquier cosa para estar lejos de allí. tan angustiada que no conseguía respirar. Entonces él respondió. —No vas a saberlo. Cuando consiguió hablar dijo con voz ronca. Niall habló: —Voy a mandar al chico lejos. Joceran va con él. A su lado. — ¿A dónde? Hubo un silencio. Alejar a Magnus de ella. todos sabían que Walter Tierel había matado al rey de esa manera. Él iba a hacer exactamente lo que había amenazado. Emmeline se mordió los nudillos pensando en por qué se sentía con ganas de llorar. Con un amigo mío que tiene una guarnición y hará que sea entrenado para la caballería. Detestaba el castillo de Morlaix. Se dijo a sí misma que era inútil luchar con él en este momento.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix rey Guillermo el Rojo. Emmeline se quedó inmóvil oyendo aquellas palabras. en el bosque nuevo. aunque hubiese podido huir de Inglaterra sano y salvo y vivir el resto de su vida en Francia. en la oscuridad. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 87 .

la cocinera. implacable.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 14 4 Joceran y Magnus partieron poco antes del amanecer. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 88 . dando una palmadita en el abdomen de su patrona — Con la marcha del chico. cuánto tiempo tardarían en llegar. Las criadas de la mansión pensaban que FitzJulien la abandonaría y la recluiría en un convento. No consideraba aquello un matrimonio de verdad. Sus damas. La noche en Wrexham no fue un sueño. Emmeline no tuvo oportunidad de despedirse. Oí su voz aflautada por el oscuro camino haciendo preguntas sobre esto y aquello. le recordó una vocecita. bendito sea su corazoncito. Emmeline se puso de pie. un poco de carne y pan y vieron las ropas del lord esparcidas sobre la cama revuelta. después de la constante llegada de gente comenzando por Baudri Torel. sobre dónde irían. ¿Cómo alguien como él podía ser el padre de su hijo? Era el padre de Magnus. si pararían en alguna hospedería del camino… Incapaz de soportarlo más. Emmeline se encerró en el cuarto de la torre y lloró toda la mañana. aunque algunas esperaban que el lord al menos la golpeara hasta perder el sentido y la encerrase en lo profundo del calabozo donde encarcelaban a los prisioneros. solo comprobar que Magnus llevaba la ropa adecuada y darle solamente un beso y abrazo lloroso de madre. Emmeline se encerró en su cuarto de la torre para llorar la pérdida de su hijo y planear como podría descubrir donde se encontraba Magnus. Gotselm le trajo la maleta de cuero con las herramientas de orfebre de Magnus que según le dijo el sargento hacía tiempo que estaban debajo de una de las camas de las barracas. va a precisar un nuevo bebé para ocupar su tiempo. él ya la había perdonado! Levantaron a Emmeline de la cama para vestirla. Era inútil negarlo por más tiempo. Sin embargo. las herramientas estaban desde hace tiempo olvidadas bajo la cama. Una ola de amargura tan violenta la inundó que Emmeline comenzó a llorar otra vez. trabajando a su alrededor. desesperada. solo un rapto. Casi nadie. El joven caballero torpe y apasionado que Aimery y Gulfer le habían llevado y este hombre sin sentimientos. ahora lo que la señora necesita es llenar esto — dijo Hedwid. desistió de recluirse y descendió. los vio salir. sus damas y hasta el mismo encargado de los establos subían por las escaleras quejándose del caos en que se encontraba todo. convertido en el nuevo lord de Morlaix por el rey Enrique eran la misma persona. se alegraron. La idea de un hijo de Niall FitzJulien dentro de ella colmó a Emmeline de sensaciones violentas. Más tarde. Al día siguiente el lord de Morlaix salió con Gotselm y un grupo de caballeros para capturar a los ladrones de ovejas de Cadwallader y dejó a Walter encargado de los trabajadores en las murallas externas. en la torre de los caballeros. —Ah. mientras las damas se agitaban a su alrededor. con los caballeros extranjeros al mando. ¡Dios misericordioso. robo y prisión. Estaba muy animado cuando el escudero lo llevó afuera en su poni. cuando las mozas llegaron al mediodía con un refrigerio que consistía en una jarra de cerveza. Jamás se juró. —Tranquilícese milady el chico quiere ser caballero — era evidente que Gotselm pretendía consolarla — No es un artesano como puede ver. a no ser los guardias de la garita de la entrada. Sin embargo. Es un excelente muchacho. las lágrimas rodaban por su cara. hacían gestos de simpatía.

casta y de trabajo. coger huevos. hilar. muy grande y rubia.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix En la plaza. tejer. Saltaron y pusieron sus patas sobre las faldas. la maravilla todavía mayor… él le ha dado lo que la señora pedía. — ¿Las religiosas? — Emmeline casi tropezó con los cachorros. Emmeline les había ofrecido tres chelines a la mayor y uno y medio a la joven. Todo el mundo había oído hablar de ellas. donde la cocinera luchaba con sus ayudantes. Walter no merecía ningún agradecimiento. se dijo. pero no podía creerlo — Santa María. La beata más vieja normalmente pedía dos chelines de cobre por quincena y la chica uno. Emmeline no quería hablar con él. Tener finalmente a las mujeres allí para cuidarla era una alegría. Ambas mujeres parecían capaces de hacer lo que su contrato exigía: cuidar de la casa lo mejor posible. aunque no de una orden de la Iglesia observaban una vida piadosa. ocuparse del palomar. Emmeline estaba segura de que él no sabía lo que todo eso significaba. de las tierras bajas de Flandes y su sobrina. El lugar ya mostraba señales de abandono. Aquel hombre era tan malo como el resto apartaba a Magnus de ella con su esgrima y las supuestas artes de caballería. Había pedido inquilinas para la mansión. Lo oyó gritar: — ¡Le dije que era un presente! Recuérdelo… Las dos beatas eran una tía robusta. ahumar otros alimentos y claro está. Emmeline casi saltó de entusiasmo. Emmeline no esperó para darle las gracias. —El castillo entero está sorprendido de que no la haya matado — dijo Walter — Ahora. incluyendo su limpieza. Pero había descubierto que al contrario que muchos hombres de su clase. —La señora se ha ganado un presente — informó. Sin embargo. Walter se aproximó sonriendo a través de una máscara de suciedad y con los largos cabellos rubios con franjas negras. incluso en el extremo oeste de Inglaterra. donde se habían hospedado hasta que levantaron la casa de su orden. Cuando Niall FitzJulien le dio permiso para traer a las beatas de Londres. Para conseguir que viajasen a trabajar en la frontera de Gales. hacer conservas. ¿Dónde están? — ¿Dónde podrían estar? — Walter movió las cejas maliciosamente— Donde las quería. —No quiere su regalo ahora ¿después de todas las súplicas para tener permiso para que se le permita continuar con su bella casa? Un par de perros de caza vinieron corriendo. valía la pena. Emmeline esperaba poder mantener la mansión intacta sin importar lo que pasara. hacer mantequilla y queso. tenía alguna noción de propiedad. Las beatas tenían la mejor de las reputaciones siendo devotas. Las mujeres están aquí. La casa era demasiado buena para dejar que se arruinase. delgada y esbelta como una rama de sauce. criar gallinas. Había estado ayudando al grupo de carpinteros a levantar las vigas del techo de la cocina destruida por el incendio. no juegue conmigo. A Emmeline le parecía que en un mundo donde las mujeres Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 89 . además de cocinar. ojos bajos y bellos cabellos de un rubio muy claro. felices de verla después de unos días. Ellas no eran baratas. Los monjes cistercienses permanecieron algunas semanas atrás en la mansión del joyero. se dijo a sí misma mientras se arremangaba las faldas y corría a los establos llamando a alguien para que ensillara su yegua. En la ciudad. muy. de rostro esculpido. Comenzó a atravesar la plaza hacia la cocina. Él la alcanzó y la acompañó sonriendo. Emmeline los apartó. dirigir a los criados.

Al mirar a su alrededor. conforme las conducía por el patio — lo van a necesitar para el transporte. Emmeline vio con sorpresa. especialmente la excelente cerveza frisona y los alimentos en conserva. con los ojos mirando al suelo. caminaba un paso tras la tía. Azules. Se habían llevado tantas cosas de para el castillo que el lugar parecía sombrío y decadente. La cocina también está bastante vacía. Cuando la vieron. llevaban vidas castas e independientes de los hombres y hacían un arte de su profesión de supervisar casas. La mayoría de las mujeres que eran miembros de los gremios de artesanos. Claro que la misma acusación era muchas veces levantada contra las mujeres en las corporaciones de artesanos.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix tenían poco donde elegir a no ser el matrimonio. Allí el obispo de Rheims. cubículos sin ventanas tras las chimeneas que eran cálidos en invierno. emitió una orden a los burgueses de la ciudad para advertirles que no contrataran beatas. —Agua de cal — gruñó con acento cerrado — Necesitan agua de cal y una escoba de pelo de puerco. la Iglesia… o la prostitución… las beatas experimentaban algo aun mejor. Desgraciadamente. el número de ellas estaba creciendo en las tierras bajas de Flandes. con aquellos ojos azules. hacían donaciones considerables a la Iglesia para evitarse problemas. la moza miró hacia arriba. Por todo lo que se contaba. donde sus contratos para cuidar casas soportaban pocas intromisiones por parte de la Iglesia. Eran azules. Ahora. Su caballero acompañante se demoró en los establos conversando. quién sabe. La beata mayor torció la nariz. con los monjes viviendo allí mientras construían su casa capitular. Tras ella. Emmeline se Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 90 . Emmeline les mostró las despensas. incluso contra aquellas que simplemente habían asumido los negocios de sus maridos cuando se quedaron viudas. Cruzó los brazos y su tocado pareció una enorme vela blanca en torno a su cabeza — Tal vez dentro de poco se la enseñaré. En ese momento. grandes y deslumbrantes como el cielo de julio. los jóvenes caballeros enmudecieron. La casa tuvo su parte de problemas con los caballeros acampados en los establos y luego. teteras y otros utensilios desde el castillo. los cabellos color plata y la piel blanca como la leche. Emmeline pensó en los cambios que las beatas podían realizar. La beata más joven mantenía los ojos tan fijos en el suelo que Emmeline no sabía de qué color eran. —Ella no habla mucho la lengua normando-francesa — explicó su tía. —Mandaré caballos y un carro en breve — dijo Emmeline a las beatas. Emmeline abrió las puertas y entró en la sala. incluso maestras por derecho. argumentando que al trabajar fuera de casa violaban su papel cristiano como mujeres conforme constaba en la Santa Biblia. La beata de cabellos dorados. Berthilde. Dejó sus pertenencias en el suelo y se inclinó para golpear el colchón de la cama. pero enviaré ollas. pero que eran sofocantes en la temporada del heno en verano. desde Dinamarca a Sicilia en posesión de los normandos se consideraba tal color como la única belleza verdadera. No se casaban. al mirar a alrededor del patio de la mansión. no pasaba lo mismo al norte de Francia. Berthilde continuaba callada. como el jamón y los pepinillos. la mujerona soltó un gruñido de aprobación. Emmeline se sorprendió al ver a una chica tan joven y guapa. Ya eran famosas por la calidad de sus destilados y fermentados. El lugar olía a humedad de las chimeneas que necesitaban limpieza y blanqueo. En los reinos.

Una trompeta de caza recientemente revestida de oro con tiras de cobre era para la corte del conde de Chester. Cuentas de plata talladas yacían en un plato de madera esperando ser engastadas en un collar para la esposa de un mercader de Chirk. Por el amor de Dios… Entonces. Sin siquiera el suficiente dinero. Habían trabajado en él durante el año anterior. el artesano asalariado estaba apoyado en la ventana con los codos en el alfeizar mirando al callejón. —Eudo. en la calle. Señora Emmeline debería mandar que se apostaran aquí caballeros del castillo para proteger su mansión. todos finalizados. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 91 . donde sería usado como cáliz comulgatorio en un monasterio. a explorar la cocina para después bajar al patio. Cogió una moneda de plata golpeada hasta dejarla plana — ¿No tenemos plata para fundir. Emmeline se sentó en el banco con el aprendiz. Jamás esperó encontrarlos allí. sorprendiéndose al encontrarla desbloqueada. qué están haciendo aquí? No les había pagado sus salarios desde que se había casado. Emmeline atravesó el patio hasta el taller orfebre y abrió la puerta. Ortmund. ellos habían continuado trabajando. Emmeline imaginó que Ortmund no sabía cuánto cobrar por ellos. Dios sabía que no apreciaban al lord de Morlaix. hasta el vestido de lino de corte ajustado que descendía hasta el piso de madera. desde el velo color escarlata sujeto con una tiara de plata sobre los cabellos trenzados. La luz de la tarde iluminó un cáliz de plata decorado con un cordón de oro por el borde que estaba destinado a pasar por las montañas hasta Gales. En las estanterías tras la mesa había hileras de trabajo terminado y cerrado y por lo tanto. Y durante todo aquel tiempo. Mucha gente de la ciudad todavía la llamaba así. no importando cuán cualificada fuese? Se imaginó la respuesta. Ortmund se giró hacia ella. Todavía se sorprendió más al ver al joven Tom sentado a la mesa bajo un rayo de sol. — ¿Qué estás haciendo? — le preguntó a muchacho. ahora es deber del lord mantener las calles seguras— Antes las corporaciones contribuían con dinero para contratar a sus propios vigilantes armados. Esto era la crianza de los hijos. sin el conocimiento del lord y los corregidores del castillo. ella era una prisionera en el castillo de Morlaix pensó exasperada. — ¿Madre de Dios. no creía que hicieran eso para ofenderla. Contó muchos objetos. si la más joven no atraía la atención de un lord primero. o venían de familias de trabajadores de humilde cuna en las villas y la ciudad. principalmente para aquellos a los que había prestado dinero. —Milady — dijo mirándola fijamente. con un cinturón de aros de plata — no tenemos donde ir — dijo simplemente. Emmeline dejó a las beatas colocando sus pertenencias y salió. El viejo portero salió a su encuentro. con la casa vacía — se quejó — Ahora tenemos ladrones y asaltantes. necesitamos dinero? El pequeño Tom negó con la cabeza. El la siempre fue una buena amiga de sus vecinos. Se casaban con hombres de su clase. El todavía la llamaba “señora Emmeline”. Eran campesinas. golpeando algunas monedas de plata. además del extenuante trabajo de su condición.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix preguntó ¿cómo una joven adorable como aquella querría dedicarse durante el resto de su vida a la piedad y a un esfuerzo sin fin. para encontrarse en breve con un destino todavía peor. —Hay cosas que pasan aquí por la noche. que una vez fue propio. usted tiene razón. para pagar los salarios de los artesanos.

para protestar contra la confiscación de las propiedades de Neufmarche. Fue un castigo que proporcionó a Niall FitzJulien lo que él quería de cualquier manera entrenar a Magnus en la corte de algún lord como paje y después como caballero. Rasparon nuestras cajas de plata hasta dejarlas limpias. Si conseguían encontrarlos. —Señora. Corrían rumores de que el lord lo mantenía en las profundidades del castillo. Ortmund normalmente montaba su mula para entregar los trabajos terminados. recordando que nadie había visto a Nigel desde aquella fatídica noche junto al río. Estamos escasos de cobre y plata. todo aquello era su trabajo. sin olvidar el chelín de Tom. La estaba castigando por intentar dejar Morlaix. Pero habían pasado semanas sin que nada sucediera. privándola de su hijo. en el pozo de los prisioneros. sin embargo. mirándola con los ojos entrecerrados. Pero ella no tenía medios para descubrirlo. en represalia por su intento de abandonarlo. Estaba segura que querían preguntar por Magnus. El cáliz de comunión atravesaría las montañas con los pastores hasta el monasterio en Gales. Todo era secreto ahora. al artesano y al aprendiz que la observaban con rostros solemnes. Nadie hablaba con ella de nada. El artesano continuó parado en un claro de luz. estoy tan solo… echo de menos a Magnus… El artesano se enderezó mirando a Emmeline. —Tomad éstas — juntó el resto de monedas en una pila entregándoselas a Ortmund — Esto debe ser más o menos los salarios que os debo. Habló tan bajo que ella casi no pudo escucharle. el lord de Morlaix mandó a su hijo a algún lugar lejano y no le dirían donde se encontraba. El pequeño Tom se acurrucó contra ella. señora — se acercó a Emmeline en el banco — los hombres del lord vinieron y se llevaron todo. Una delegación de orfebres se había presentado al superior de Niall FitzJulien. Pero el conde se mostró cauteloso sobre el héroe del joven rey Enrique y despidió a los burgueses sin concederles una audiencia. que había limpiado la tienda para que hubiese poco con qué trabajar. — ¿Qué hacemos señora? De sus órdenes.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —La plata desapareció toda. muchos artesanos se habían comprometido a transmitir cualquier noticia que averiguasen. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 92 . —Con este montón de cosas terminadas. Con todo. tenemos que venderlas y conseguir nuestra compensación — Emmeline les dijo — Sé que los monjes galeses llevan esperando meses por su cáliz. —Con lo que consigamos con esto — dijo Emmeline — vamos a comprar más metal. pero el dinero pertenecía al lord. el conde de Chester. Por lo que le contaban sus damas la indignación por el asunto se propagaba. aunque no podía contarles nada. —Cállate mocoso… —No. Vendré mañana y haré las cuentas para cada uno. Emmeline miró a su alrededor. Sí. Todos los miembros de las corporaciones de la región fronteriza sabían que. Emmeline examinó la moneda aplanada. déjelo — ella pasó la mano por los cabellos enmarañados de Tom apartándolos — No me duele escuchar de Tom lo que yo me digo a mi misma.

Luego. Disfrutaban de largas siestas en el calor del día. pensó mirando la plata esparcida por la mesa. mientras ella intentaba pensar en un plan. cuando los siervos y moradores de la villa les traían agua fresca. Becket no esperaba encontrar a los lugareños cosechando mijo en las cercanías de la ciudad. se estiraba con paso cansino por el camino. un par de trovadores. Ella no tenía idea de lo que el lord de Morlaix haría con ellos cuando llegase para reclamar su beneficio. de las manos de Emmeline. — ¿Señora? — dijo Ortmund. Ahora. Un escalofrío le recorrió la columna. Aun así. los campesinos cantaban al tiempo que trabajaban. En oro no sirvió para su propósito. después de la última parada. Emmeline recordó que se había olvidado del emisario del oro. con la ausencia de granizo o lluvia parecía que el año seria productivo. No había manera de poder pensar en arreglar la situación. desde Inglaterra a Francia. el canciller del rey. Una escena tan rústica era al mismo tiempo divertida y extraña. como si fuese el mejor momento para recolectar heno. luego recogerían las habas y guisantes plantados en primavera. Ni al propio lord FitzJulien y muchos de sus caballeros gascones todos trabajando con el torso desnudo. Y luego. El canciller ordenó a su comitiva que parara para apreciarla. Ella lo miró distraída. Mirando las piezas aplanadas de plata. Se sentían contentos con la idea de retener el dinero del trabajo realizado para comprar material. pero era peligroso. el joven rey Enrique. ya que el lord de Morlaix tenía el oro. alguaciles. el canciller tomó el camino hacia el sur de regreso a Morlaix. escribanos. cuando el oro comenzó a escasear en el canal viniendo del rey de Francia para pagar a aquellos mismos príncipes. con el sol cayendo a plomo en un blanco brillante. mozos de cuadra. Si él algún día lo descubría pensó con astucia. En breve.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Vio como los dos se miraron. viajando de un lado a otro como hacía. Hacía meses que no lo veía. con los miembros de la casa. el barón no era el mejor amigo del rey. Thomas Becket. pero con seguridad sí uno de los más poderosos. Si por lo menos. para que persiguieran al nuevo marido de su ex esposa. monjes. ciruelas rojas y amarillas y manzanas ácidas maduras para que se refrescaran. un día cálido y húmedo. Tras dejar las fronteras de Gales. estarían recolectando el maíz maduro. El viejo Bernard Neufmarche no podía imaginar el mal que sembró cuando comenzó a entregar por primera vez el oro del rey Stephen a los príncipes galeses tantos años atrás. el de pagar su pasaje y el de Magnus lejos de Inglaterra. Emmeline se dio cuenta que había roto deliberadamente esa cadena mortal. porque FitzJulien se lo había quedado. Era la fiesta de Santa Ana. La larga fila de la comitiva del canciller. había conseguido averiguar si la última partida de oro fue o no entregada a Cadwallader? ¿O será que el príncipe galés tenía alguna manera de hacer que el emisario averiguara que el oro no le había sido entregado. extendiendo el polvo acido del metal. caballeros. había ido al norte para visitar la corte del conde de Chester. más tarde. ella todavía tuviese a Magnus… Se enfrentaría a cualquier cosa. Todavía tenían tiempo de hacer un poco de dinero. después de la guerra. la orfebre de Morlaix? Se pasó un dedo por la boca con la mano ligeramente temblorosa. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 93 . si tuviese a su hijo a su lado. —Volvamos al trabajo — dijo. ¿Será que el emisario. mulas y carros y una multitud aparentemente sin fin de criados.

El tiempo no había mejorado su impresión inicial sobre el impetuoso irlandés. Debe perdonar nuestras tareas groseras. no se irrite — el canciller se puso serio — Nuestro generoso rey tomaría su… diligencia como digna de mención. miró directamente a Niall y comenzó a cantar con voz de falsete sobre la alegría del lord y de sus buenos campesinos disfrutando del tiempo feliz de la cosecha. Los otros vacilaron. su voz ronca resonó en los campos instando a los trabajadores a esforzarse en la forma que les estaba mostrando. que milord pueda tener. fingiendo indiferencia y colocándose sus chaquetas acolchadas conforme se acercaban. criados y finalmente. El señor de Morlaix no lo estaba escuchando. la estancia de aquella multitud ávida en el castillo los sobrecargó enormemente la última vez. —Es suya — El tono de Niall difícilmente pasaría por cordial — Y mi mesa para la cena y cualquier otros deseos. grandes o pequeños. Al mismo tiempo. Thomas pudo ver. Morlaix preciso de hospitalidad en su campiña una vez más para acampar. —Bienvenido a mis dominios. algunos ayudantes de cocina y cocineros soltaban risas nerviosas. torciendo los labios — El libro Santo nos dice que Dios realmente bendice a sus recolectores de los frutos de Su tierra. se estiraban y contraían conforme manejaba el mango de madera de la guadaña. sus fieles caballeros deben seguirlo. seguidos de los mozos de cuadra. hasta poder seguir el camino de regreso a Londres. El caballero cayó despatarrado de espaldas en el suelo. terminando con un vibrante ¡ia-ia-oo! Niall soltó una imprecación contra él. con espigas entre los cabellos. Perdimos dos campos maduros con la lluvia de esta noche. Luego. así que estamos usando todas las manos para la cosecha. Risas de burla estallaron entre los londinenses.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Thomas había conocido al nuevo lord de Morlaix en la corte de Londres. Niall FitzJulien emergió del sembrado pareciendo un dios pagano bronceado por el sol. —Dios bendiga sus esfuerzos. Observó cómo sus músculos bajo la piel quemada por el sol. Ahora. cogieron las hoces y volvieron al campo. — ¡Cállense! — Becket reprendió a su personal — Cuando el señor ordena. a pesar de las explosiones de risa por parte de la comitiva del canciller. señor archidiácono. FitzJulien se giró para mirar al hombre a caballo. El archidiácono de Inglaterra hizo la señal de la cruz. por los carros. —Hum — Thomas hizo una señal a su capitán y la columna comenzó a avanzar de nuevo. hombre. Morlaix — dijo Becket. Las carcajadas resonaron. En la última carreta. el lord de Morlaix también había aprendido en algún lugar a manejar una guadaña. Cuando vio a Thomas Becket sus facciones de endurecieron. Los caballeros gascones fueron los primeros de darse cuenta de la presencia del canciller y su comitiva en el camino. Incluso Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 94 . pero reconocía sus proezas en los campos de batalla. un trovador portando el laúd atravesado entre las rodillas. luego el alguacil. Algunos abandonaron sus hoces al momento saliendo del campo de heno. —Vaya. el rescate del joven príncipe Enrique del cerco a Normandía y su reputación conquistada en las lizas de los torneos. Con un gruñido cogió al gascón más cercano y le dio un golpe en el estómago. Los caballeros con cota de malla. A pesar de que Becket transportaba forraje para los animales y viandas para su propia mesa. En la parte trasera de los carros. Lo mismo en una feroz batalla que a un campo de mijo. En ese momento. donde el cereal les llegaba a la cintura.

Están surgiendo como moscas desde la maldita víspera del solsticio de verano. Niall deseaba que el sagaz ministro del rey regresara a Londres y se quedara allí. se aproximaban al galope. —A ninguna mujer le gusta el mejor amigo de su marido — respondió Niall. Hay algo más. a pesar de sus órdenes. Niall levantó los ojos mirando al desaliñado campesino. —No. enjugándose el sudor del pecho con una camisa enrollada. su capitán quiso saber si la comitiva ante él era la del canciller. —Hum. en el camino que rodeaba la ciudad. hubo teatro de máscaras. que alegan que ellas prestan sus servicios a la vieja diosa y pueden hacer sortilegios y hechizos para las mujeres estériles y las que perdieron su amor. —Aquí no tenemos nada que Becket codicie. con las manos atadas a la espalda. —Otro adorador de cerdos — explicó Walter — Normalmente son mujeres de mediana edad y gordas. me apuesto un chelín. — ¿Qué dice el hombre? — preguntó en francés normando — ¿Es un adorador de la vieja Cerridwen? Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 95 . El rostro del hombre estaba golpeado y con cortes. la cocina habría de contar con más tuétano y habas secas. Pero ahora existen muchos como ése de ahí. Ese contable es un tipo muy inteligente. sobre todo por las mujeres. príncipe y rey y su apetito es insaciable. Difícilmente podrían aguantarlos unos meses más. A lo lejos. Niall esperó. yo juraría que tiene que haber algo más — Walter saltó de la silla — El rey Enrique no mandaría a Becket hasta las fronteras de Gales para luego hacerlo regresar a degustar el repollo en conserva. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para gritar. con precios exorbitantes tuvieron dificultades para mantener abastecido a aquel ejército itinerante de petimetres y aduladores. es ese asno maloliente ¿Quién podía ser? — debajo del yelmo. Uno de ellos llevaba a un campesino de aspecto rudo. —Sí. cuando. El capitán hizo un gesto. — ¿Eso es lo que es él? —Cree en mí — Niall sonrió — Hice campaña con Enrique. con que sus leales súbditos lo alimentan. hogueras y danzas con todo el mundo desnudo. la boca de Walter se curvó en una sonrisa irónica — ¿Quien más cruza Inglaterra como si fuera el harén de algún sátrapa de Persia que va a una boda? — Fueron al castillo a montar el campamento para la noche. no estoy muy seguro. Los segadores habían vuelto al trabajo. Tenemos cuatro en el pozo de la prisión que predicaban contra la iglesia y el castillo y que llamaban a los lores de Inglaterra ladrones. Dicen que la reina Leonor lo detesta. Niall le sujetó la brida cuando Walter tiró de las riendas del caballo con la boca llena de espuma. Walter Straunge y una tropa de caballeros de Morlaix. cuando los nuevos granos todavía no estarían maduros y las reservas de los antiguos se estaban acabando. El resto de la tropa de Walter se aproximó a medio galope. era evidente que había luchado mucho antes de que lo apresaran. — ¿Por qué ha regresado aquí? —Porque Morlaix queda de camino para ir al sur.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix los taberneros de Wrexham y Chirk.

Se giró para regresar al campo. Los otros estuvieron de acuerdo. milord. Niall lo miró. tardando un poco en asimilar el sentido de las palabras. Si la encuentro con un amante. se irritó — No. —Espera. eso es todavía peor! ¿Ella pasa el tiempo encerrada con mujeres extranjeras? Walter pareció perturbado. —Dame un caballo. cierra y atranca la puerta. El idiota tiene edad para ser su padre. ¿Pero ellos no se van a contentar con eso. Niall se volvió poniéndose la camisa. — ¿Por las llagas de Cristo y llamas a eso algo inocente? — Niall tiró de las riendas. —Ella estaba de nuevo en la mansión — dijo Walter en voz baja — Es la segunda vez en esta quincena. — ¡No. — ¡Jesús. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 96 . — ¿Qué caballero iba con ella? —El más fiable. mientras que los bárbaros hicieran su trabajo. las beatas. pero su capitán le sujetó el brazo. Walter se adelantó cogiendo la rienda de la montura de Niall. estiércol de caballo… o todo a la vez. Desde que aquellas mujeres. Niall… ah.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Había mencionado el nombre de la antigua diosa. Pero milady va a otra parte de la mansión. he cambiado de idea. piedras. —Ahora. no es eso lo que quise decir! Lo que digo. la matará — dijo el caballero con el prisionero tras él en la silla. es que ella está en otra parte de la casa y que hace esperar en el establo a los caballeros. —Si por mí fuera — bufó Walter — les daría derecho a venerar lo que quisieran… cerdos. —Ponlo en el pozo de los prisioneros — ordenó Niall — hasta que los nuevos monjes encuentren algún motivo para llevarlos ante la justicia de la iglesia. el señor no sabe… puede ser algo inocente ¡puede que no sea nada! No deje que mis palabras le llenen de odio. bajo sus cabellos enmarañados. no quiero que se entere todo el mundo ¡Maldición! — Saltó sobre la silla y miró a su alrededor — ¿Será el artesano asalariado? Voy a matarla. pero no hubo respuesta. llegaron ha ido muchas veces a la casa. Quiero que vengas conmigo — conforme el caballero saltaba y cogía las riendas. Se pasa horas allí. siempre a la misma hora. verdad? Es sorprendente escuchar lo que dicen de los nobles. golpeó el flanco del garañón con la suficiente fuerza para hacerlo encabritarse y partió al galope rumbo a la ciudad. no. Jehan y los otros se ven obligados a esperar. Un brillo feroz brilló en los ojos del hombre.

Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 97 . donde cogió las riendas haciendo que su montura resbalase. se movió para salir del camino. ¡Lo estaba desafiando para que la matara! Niall giró la manilla de una puerta con toda su fuerza y la abrió. ¡se creía tan lista! El rey Enrique. se dijo a sí mismo. —¿Dónde está ella? – preguntó furioso. —¡Milord! — gritó Jehan. A pleno galope. maldiciendo. Cerró la puerta con un golpe. hasta que la tranca se rompió. pensó encolerizado. dejando a la vista las despensas al fondo de una cocina.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 15 5 Niall galopó por el camino y por el pueblo. Las damas del pueblo clamaron a Dios y a los ángeles. Nadie jamás soportaría la ignominia de ser traicionado. Se tambaleó hacia adentro y la fuerza del impulso lo llevó hasta la mitad del aposento. La gente del pueblo se iba a sentir de la misma forma. cuando lo vieron pasar como un loco incitando al garañón bañado en sudor hasta entrar por el portalón de la casa de los orfebres. Había sido un idiota por no haber puesto fin a esto días atrás. a la habitación. así. La puerta de la tienda de los orfebres estaba cerrada. ¡Maldita! Sabía que ella lo había desafiado deliberadamente por mandar al chico lejos. Había visto un rostro enmarcado en blanco en una de las ventanas del piso superior que había desaparecido deprisa. que llevase el escándalo sobre todos ellos como venganza por la boda forzada y por haberse llevado al chico lejos. Su pierna mala vaciló. pero se agarró a un banco a tiempo. aquellas mujeres Frisias que había contratado estaban allí. Daba a la calle y a unos barriles de basura de la cocina. No. recién casado con una heredera. Una tropa de caballeros de la guarnición que jugaba a los dados. Niall se tiró sobre ella batiendo el hombro contra la madera. ella no conseguía ver eso. Ella prefería que la matase. por Dios. La cerró con un puntapié. Los hombres levantaron las manos para apuntar en dirección a algún lugar al otro lado de la casa. ¿Qué más podía hacer? Todo el mundo iba a pensar que él era un cobarde si no la estrangulaba cuando la encontrase con su amante. encontró a un viejo cura con el pie en la calle para dar su paseo de la tarde y lo hizo levantar la sotana y saltar como un loco hacia la seguridad del patio de la iglesia. iba a ver el hecho de que el señor de Morlaix hubiese encontrado a la esposa infiel con un amante humilde y que la hubiera matado como un acto estúpido y tosco. el niño necesitaba ser entrenado como un noble. era eso. No conseguía ver que era por el bien del chico. no como un artesano. una criatura voluntariosa. con un dolor desesperado en la pierna por el duro galope. con los amantes ante sus propios hombres… ante la ciudad entera. Exponerlo al ridículo. Ah. lanzó el corcel sobre un carrito de vino delante de la puerta del viñatero. Rompió una puerta. para que pudiese luchar por lo que algún día heredaría. Niall salió sudando. No se atrevería a llevar un amante al interior de la mansión. hacia los establos. cuando la había encontrado fugándose con el batanero. Abrieron los ojos ante la camisa abierta y los cabellos llenos de paja del lord cuando se bajó de la silla. Ella estaba en alguna parte. Pero. Venganza. Oyó un grito agudo y se volvió jadeante.

milord. cajas y baldes. Niall avanzó hacia ella palpando su pierna dolorida. Levantó unos alicates y un pedazo de hilo de plata cayó de él. pero las mechas húmedas. preparado para hacer una filigrana que se ajustaría alrededor de una piedra azul en forma de garra – Muéstramelo – la cogió por los hombros y la sentó en un banco – Dime cómo haces eso. — ¿Aquí conmigo? — ella lo miró como si fuese un loco con el hablar incoherente. Al final. solo mesas. — ¿Lo admites entonces? — ¿Admitir? ¿Es por eso que has irrumpido aquí derribando una puerta buena y asustándome hasta el punto de casi hacerme perder el juicio? — puso el martillo en un soporte de metal y se giró hacia él. escavaban y se deslizaban en torno a las facciones ruborizadas. ¿dónde está? Una expresión extraña pasó por el rostro de Emmeline. Los cabellos de Emmeline estaban atados con un paño blanco. Los ojos verdes se agrandaron. Emmeline inclinó la cabeza hacia atrás. dejando ver la piel húmeda y lechosa de sus senos y del cuello. estaba en pie. se dio cuenta a mirar. Por lo tanto tengo que dejar a mis amantes esperando por turnos en la zona de lavar la ropa. tú eres mi esposa. Al mirar a su alrededor vio que estaba en la tienda de los orfebres. hornos y herramientas. — ¡Diablos! ¿Estás aquí haciendo el trabajo de los orfebres? – levantó el hilo. estanterías. no había ninguna cama. Un delantal de cuero. ¿Qué me escondes? Extendió la mano y tanteó la mesa. — ¡Déjame en paz! ¿No me has sacado lo suficiente? El niño. mirando al frente. Quédate dónde estás solo un momento y los llamaré. desafiándolo con aquellos ojos verdes llameantes. —Maldita. Niall. Pisó algo que había caído al suelo cuando había entrado reventando la puerta y el objeto se deshizo bajo su pie. de Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 98 . Emmeline se sentó con la espalda recta. —Te sacaré lo que quiera ¡te guste o no! Maldita. Pero incluso así consiguió coger a Emmeline por el brazo. comprenderás. Estaba seguro que era eso. — ¡Ay de mi! — dijo de repente con dulzura – No es mi deseo decepcionarte. su esposa no estaba en la cama con el amante. ¡No te burles de mí! — La arrastró cerca sintiendo de inmediato la suavidad y el fuego de aquel cuerpo. Ella se movió hacia la puerta abierta pero Niall extendió la mano para agarrarla. no disfrazaba las curvas sensuales de aquel cuerpo esbelto. Había visto el brillo de la plata cuando pensaba que el lugar ya no tenía nada de valor. de color cobre. Estaba usando un vestido fino de lino con las mangas enrolladas y el escote abierto. pero son muchos. el viejo artesano.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Jesús. esto es solo la tienda de los orfebres. — ¿Qué diablos estás haciendo aquí? – gritó — ¿Quién está aquí contigo? El lugar era sofocante por el calor. Aún estaba caliente. incluso con el calor insoportable del lugar – Aún no me has dicho qué estás haciendo aquí. para un espacio tan pequeño como éste. con un martillo en la mano gritando como una loca. no sabría decirlo —Sí. El nudo del paño de la cabeza dejaba expuesta parte de su nuca con las mechas sudadas y los mechones rubios. Los labios temblaban de miedo o culpa. — ¿Quieres decir que pretendíais sorprenderme aquí en compañía de todos mis amantes? – Niall hizo una mueca no le gustó nada el modo en que ella dijo aquello.

¡Para! — Se resistió con más fuerza — ¡Idiota. Su esposa era hermosa. una artesana tan buena como cualquier hombre. tomarla de aquella manera. Solo había una forma para explicar su loca invasión de la casa delante de Jehan y los otros. ella era inteligente y práctica. ella se quedó tan concentrada en el broche que no era consciente de que él aún estaba allí. La observó conforme colocaba con destreza el hilo por una losa de piedra y lo moldeaba con el martillo. concentrado solo en una cosa. las manos de Niall encontraron lo que estaban buscando bajo las faldas de Emmeline. Los ojos de Emmeline se abrieron fríos y verdes como el mar en invierno. Era un pensamiento que llevaba al desánimo. Conforme el cuerpo de Emmeline se estremecía. Después de unos instantes. Era delicioso. pero podía ver la pericia de Emmeline. un borde que iba a asegurar el zafiro con pequeños dientes que serían empujados hacia abajo con el fin de afirmar la piedra preciosa en su lugar. intenso. Así que la posicionó en la mesa de madera. Ella envolvió su espada con una suavidad caliente conforme él entraba y salía. Ella dio un salto en ese mismo instante y las herramientas sobre la mesa retumbaron. Ella curvó los hombros y soltó un suspiro en alto. Algo en él deseó poseer y conquistar eso también. te vas a quemar! —Entonces no te muevas. juntos allí. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 99 . Ah Dios. El viejo Neufmarche le había enseñado su trabajo de artesano. los dos pasando el tiempo. enterrándose dentro de ella. —Qué… Él la puso en pie y la tomó en sus brazos. con habilidad. No podía huir de él apresada sobre una mesa con hornos e instrumentos de puntas afiladas. a través de ella. ella nunca se había mostrado tan receptiva. Niall pensó que. —No te enfrentes a mí – murmuró. Por un lado había un engaste. deliciosa y lo detestaba. sobre la piedra y después las herramientas.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix repente. Extendió la mano y empujó con fuerza el nudo del pañuelo. tan lasciva. pero le había dado aquello. Entonces sofocó los sollozos rabiosos con la boca. Con una de las manos empujó el horno hacia atrás. Sabía lo que estaba haciendo. Niall no sabía casi nada sobre el oficio de orfebre. —No. Sus manos le agarraron los muslos cuando la levantó sobre el banco de trabajo. tuvo la necesidad de pasar los dedos por allí. a pesar del demoníaco plan. El orfebre no había sido capaz de darle un niño. un viejo con una esposa que casi era una niña. a pesar de que Emmeline se resistió. en el local de trabajo. la raja de las calzas y. por un orificio en el horno de barro. Deliciosamente apretada. tan… rendida. eso era mejor que pensar que ella se entregaba a los hombres con lujuria. tan embriagante como una docena de tazas de vino. Mirando las esbeltas manos que se movían con tanta confianza. Niall sintió una conmoción profunda dentro de él. El local de trabajo era silencioso a no ser por el estallido de las llamas. Aún la agarraba cuando se abrió las calzas y movió el cuerpo entre las rodillas de Emmeline. la abertura caliente y velluda del sexo como una joya escondida. pensó Niall. Cogió las tenazas y pasó el hilo. sabía que tenía la misma mirada que cuando estaba trabajando para ejercitar su espada. contrayéndose sensualmente conforme sus dedos la invadían. Un maestro en algo tenía aquella mirada absorta. Niall la agarró con una de las manos. mientras la acariciaba con los dedos y oía sus exclamaciones de protesta.

sin duda. están engañados. La única cosa que saben es que su enemigo es Inglaterra. El sol se estaba poniendo y la claridad no era suficiente para tener la certeza.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix La agarró con cuidado mientras ambos llegaban al clímax. discutiendo el momento de levantar sus ejércitos o si deben o no confiar en los aliados. Y vio los murmullos y las sonrisas maliciosas que los caballeros se lanzaban entre sí. – el alguacil lo miró con desdén. volvía de excelente humor. comentó: —A veces. En la calle casi atropelló a un músico que cargaba un laúd. Seguramente estaréis más preparados ahora que se han levantado las murallas externas. la soltó. Entonces dejó caer las faldas de ella sobre las rodillas. Él enterró su rostro en el cuello y murmuró: — ¿Cuándo me vas a dar otro hijo? Ella soltó un grito agudo y lo empujó. Milord. No se tomó la molestia de continuar pareciendo un marido satisfecho cuando le trajeron el caballo y montó. que hubo poseído a su esposa con buenos resultados. no están de acuerdo en nada. Morlaix. una inundación de sensaciones ardientes. Creo que también lo incendió. La pequeña farsa no lo hizo sentirse mejor. a las puertas de vuestro propio castillo. a lo largo de la mesa principal. —Los galeses nunca han sido sometidos y mucho menos conquistados – refunfuñó Niall – Si ese es el pensamiento que hay ahora en Londres. pero ahora. Cadwallader… se sientan en consejos interminables. el hombre había desaparecido. Tan maravillosa e intensa que lo hizo tambalearse. al ser muchos y luchadores. Entonces se inclinó sobre el hombro de Niall y le dijo algo al oído. el hombre sonrió – Oh. —Dios sabe que llevó años someterlos – se entrometió alguacil. Niall se demoró amarrando los cordones de las calzas en la cintura mientras atravesaba el marco de la puerta. El administrador de Morlaix. Sin embargo. Y sus príncipes. salió disparado por el portón. El lord de Morlaix lo apartó con impaciencia. — ¡Sal de mi interior! ¡Déjame en paz! Niall estuvo tentado a dejarla caer de espaldas sobre los crisoles. Pero cuando se volvió para mirar. Sus expresiones decían que el lord estaba de un humor tempestuoso cuando había irrumpido en la casa. Se fue hacia la puerta. Owainn de Gwynedd. Cuando abrió los ojos. Baudri Torel. la puso de pie y levantó sus calzas. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 100 . – cando Niall lo miró enfadado. dirigiendo el flujo de criados de la cocina a la mesa y viceversa. pero Niall creyó que podía ser el mismo trovador atrevido que había visto cantando en la vanguardia de Thomas Becket aquel mismo día. Emmeline lo encaraba furiosa. —Si. todos hemos oído como Cadwallader os ha atormentado aquí. Rhys de Deheubarth. mala suerte. eso puede ser suficiente. —Le diré a Jehan y a tu acompañante que saldrás pronto. estaba de pie tras la mesa principal del salón noble. asombroso. Una voz distante. un torrente rápido. —Los galeses no pueden vencer – dijo el canciller— porque siguen a sus príncipes y no a un rey elegido por Dios.

Nada más y nada menos. Y una garrafa de vino La fantasía lo tomó por asalto. Parecía que nunca se sentaba a su propia mesa. Nadie sabía. inclinando la cabeza reluciente con las trenzas adornadas en oro para examinarlo. Niall conocía a Enrique muy bien para creer que eso fuese todo. en esos años de los que habláis. Y si Cadwallader le tiene particular inquina es porque recuerda bien la derrota que le impusieron las fuerzas del príncipe Enrique. Cogió un pedazo con los dedos y lo colocó sobre la mesa. —Calma. ¿Cómo podría salir de aquel salón lleno de gente y ruido y en compañía de los parásitos del rey? Quería sacarse aquella casaca. Nadie lo oyó. Banastre – dijo Thomas Becket – No es prudente ridiculizar a Morlaix. el rey… — empezó el alguacil. que nunca había usado lo suficiente para que fueran confortables. las calzas de seda y los zapatos de cuero español. Banastre – lo interrumpió Becket – Pocos saben eso. traídas de Londres. por un largo momento. Enrique Plantagenet prefiere de lejos el debate y la negociación que la ruda guerra. Los londinenses eran aficionados al Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 101 . salió de detrás de la mesa principal con un grupo de chicos de la cocina que limpiaron un espacio para los trovadores del canciller. el motivo que lo había llevado tan lejos. ella era aún la mujer más bonita del salón. Observó aquellos adornos brillantes de oro reluciendo a la luz de las antorchas y la curva del rostro conforme ella examinaba con cautela la conserva de Becket. Y del comandante fue el causante de eso. Nuestro valeroso lord FitzJulien – continuó el canciller— era el comandante del príncipe Enrique. —Sí. —Tiene aversión al derramamiento de sangre. derribando castillos ilegales. Uno de sus lacayos estaba pasando un plato de anguilas ahumadas en jalea. Aunque algunas de las esposas de la comitiva del canciller fuesen excepcionalmente bellas y elegantes. había sido imprudente. su canciller viajaba por Inglaterra como su agente. —Milord. a pesar de varios sondeos. Por las llagas de Cristo. y estirarse al lado de su esposa en la enorme cama. —Solo quiero destacar que nuestro glorioso rey luchó en aquellas tierras de la frontera cuando era apenas un príncipe imberbe y no tuvo ningún problema en fustigar a los galeses de la manera más apropiada. había poca privacidad en Morlaix. — respondió Niall – la carnicería la deja para los otros. a la región fronteriza de Gales. Pero de repente se descubrió deseando estar a solas con su esposa. tal vez con un buen fuego ardiendo en la chimenea. Era obvio que había algo más. el administrador. sin pensar en cuántas noches y días más estarían obligados a entretener al primer ministro del rey.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Eustace – dijo alguien. Y cuenta con gascones. Tiene pocos hombres desde que llegó. Últimamente. pero por más que se haya enfrentado valientemente en las batallas. Niall se inclinó a lo largo de la mesa para ver a su esposa sentada al otro lado de Becket. a no ser la razón que había anunciado: que ahora que el rey Enrique y la reina Leonor estaban en Normandía. Becket se sirvió y después señaló a Niall. Estaba mirando el plato de anguilas que el criado le extendía. que rehusó con un gesto de cabeza. Niall no consiguió sacársela de la cabeza. con tanta fuerza que. Todos los hombres habían bebido toda la noche y Niall sintió que su comentario sobre que el rey dejaba las muertes de guerra a sus comandantes. Torel. nombrando sheriffs y alguaciles y controlando a la corte del rey.

Mientras tanto. también había sacado buena gente de los campos para cocinar y servir en el castillo. Cuando lo vieron. al norte del río. Niall miró alrededor del salón. Niall sabía lo que querían. hay un asunto que debo resolver en el patio. Un enorme aldeano gris del fondo dijo: Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 102 . Había un nuevo favorito cada mes en la ciudad que conseguía la atención del público con una u otra canción osada. pero él aún tenía que considerar los deberes y cuidados para su propio feudo. Torel acababa de avisarle que una delegación de gentes de la villa y de la jurisdicción de la aldea de Wycherly. Y constantemente llegaban otros de Francia. —Hemos venido a hablar del heno — refunfuñó alguien. Se giró hacia Becket y dijo: —Con permiso. que proporcionaba cobertura para el sol. la comitiva del canciller no parecía hartarse de ellos. con camisas amplias. precedidos de reputaciones fascinantes. Thomas Becket. o por la apariencia. o su estilo de ropa a la moda. mientras el grupo del canciller se divertía con juegos de dados. En las mesas más bajas. algunos caballeros de Morlaix se levantaron y se fueron al montón de estiércol para aliviarse. La cosecha era la mayor preocupación de los habitantes de la villa. Niall se levantó. Los hombres de Wycherly querían hablar de segar el forraje. Y muchos campos continuaban a la espera de la cosecha. estaban enderezando los setos. en verdad. todo lo que necesitaban era que cayese un temporal para perder el heno de todo el año. Noche tras noche. Pero la visita de Thomas Becket había puesto el verano patas arriba. Niall los observó de mal humor.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix entretenimiento y la popularidad de los cantores y los poetas no estaba acreditada. con los puños en las caderas. Algunos. La horda de caballeros y siervos del canciller no solo consumía las provisiones de la región. Los equipos escogían a sus propios líderes. El resultado era que la siega del heno se había parado completamente. esperaba en el patio para verlo. un mago del conocimiento e intelecto. Los hombres de Wycherly estaban de cuclillas debajo de un saliente del tejado del establo. era una fuente de sagacidad. los había apartado de los campos día tras día para reconstruir el castillo. Siempre. Ella podría hacer esto por él. Niall podría haber afirmado que. con pocos fallos y disputas. Se paró ante ellos. cuando pasaba a caballo. cacerías y cabalgadas. Eran hombres castigados por el clima. El tiempo era el que podría esperarse en aquella época del año: caliente y tempestuoso. calzas de cuadros rotas y pies descalzos. Había exigido mucho de aquellos hombres. Milord. Tal vez por eso la siega hubiese podido ser rápida. se pusieron en pie. ellos no esperaban que apareciese. bronceados. sin duda. Los dos trovadores traían bancos y se sentaban ajustando los instrumentos. que no se sentasen en lo que parecía una maldita fiesta eterna. todos con el mismo color. Miró sobre la cabeza del canciller y atrajo la atención de Emmeline. Todos los habitantes de Morlaix habían trabajado juntos en la siega del heno. eso sí. que debería estar terminado para empezar la recogida del mijo. siguió por detrás de los nuevos tapices y salió por el fondo del salón. con lluvias intermitentes que ya habían estropeados dos campos. Niall sabía que no iban a volver. Su huésped. un laúd y una flauta pastoril. y mi mujer se empeñará al máximo para que todo os sea agradable. ordenad a mis criados lo que queráis. los reconocía por las voces. Atravesó el patio externo lleno con los carros de provisiones.

pensó empujando lejos el pedazo de anguila con gelatina. con nuestros campos esperando a que acabase el lord. —Milord – el grandullón lo saludó con voz áspera. no parecían inocentes. —Las manos buenas para la cosecha estarán fuera del castillo al caer la noche – dijo Niall – Yo mismo me voy a encargar de ello – se dijo a si mismo que era un medio. Niall miró a su alrededor. un hombre ligeramente más bajo. Se oyó un barullo entre ellos y Niall sintió que había conquistado a los hombres. – sonaba como que decía la verdad. Russel – el canciller señaló al cantor de piernas musculosas que tocaba un solo difícil con la flauta – Russel era el gran favorito de la reina Leonor. de librarse del canciller. Unos pocos bajaron los ojos. —¿Cuál es su nombre? – quiso saber Niall. las cosas que los amantes hacían. Se apartó. —Lo es – aceptó el grandullón – mucho mejor. las voces se mezclaban en una armonía provenzal. Pero como trovador. Dentro del salón los trovadores cantaban una linda melodía. Paloma. — ¿Aceptáis tirar una moneda al aire? ¿Invocar a la vieja Cerridwen? – los hombres se miraron. con piernas musculosas que exhibía en una calza ajustada con diseños de diamantes. jugar a la suerte que quedar los últimos – se giró hacia Niall – La gente necesita a los hombres que Milord ha dejado cuidando a los invitados en la fiesta. no se Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 103 . las letras bordeaban un terreno peligroso. Y cortad en ese orden. pero la mayoría lo miró con valentía. era que la veneración a la Santa Virgen era muy fuerte entre ellos. El otro.— fue difícil no reír ante aquellas expresiones perplejas. no importaba lo que dijesen los trovadores. —Los jefes de escuadrón— dijo – sortead los lotes con el heno restante. para Emmeline. constantemente la llamaban Madre de Dios. —Viene una mala tempestad por ahí – dijo otro – la gente ya ha perdido heno. por lo menos. —El pequeño Rhys y Gwern. —Es justo – dijo una voz – más justo de lo que era antes. —¿Cual es? – preguntó alguien por fin. Aunque el personal del canciller se riese y aplaudiese aquello que parecía una representación muy divertida. Una de las cosas que se podía percibir en aquellos sureños extraños. —Continúen – gritó sobre el hombro conforme volvía por el patio – rezando a la Virgen Santa fervorosamente para que no llueva hasta la recolección. para nosotros los de Wycherly. De la manera en que se inclinaba sobre el laúd era difícil tener una buena visión de sus facciones. Y usen un viejo truco de los soldados – hubo un silencio mortal. —Con este tiempo y este clima. Uno de los cantores era alto y guapo. usaba una capa corta con capucha. Joya de Dios. yendo y viniendo con las cosas del lord. Las cosas que los enamorados expresaban en sus canciones.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —La gente no consigue manos suficientes para cortar el heno y mis dos chicos están aquí en el castillo. recen para tener suerte. Estrella. en vez de invocar al Dios Padre o al santo Cristo. —Todo el mundo piensa que ya no se pueden hacer ritos paganos. Era casi como si prefiriesen a una mujer también para ser su diosa. estaban a punto de caer de rodillas. —Gervais. – los otros gruñeron aceptando.

El hombre había muerto excomulgado por la Santa Iglesia. no era noble. había saqueado monasterios y amenazado abades y obispos por lo que había sido excomulgado muchas veces antes de morir. no iba a negarlo. Pero Ventadour ha traspasado los límites. después a los treinta años. el bello duque de Anjou. Al final era viuda. El trovador terminó la canción y se levantó. Sonaba tan horrible como las historias de los londinenses. la había tomado ahora por esposa. Ella miró a su marido. Claro que había habido un escándalo… Emmeline miró al trovador. Thomas aplaudió con entusiasmo. el rey Luis de Francia y se había casado en seguida con Enrique de Anjou. madre del actual rey. cantaba una canción sobre el amor de un caballero por una dama llamada Alweyn. “la peligrosa”… y después de violarla la había retenido en una torre y la había mantenido como amante. siempre en nombre del arte. El rey Luis puso fin a las intenciones del joven admirador de su reina y Ventadour fue castigado. inclinándose para recibir los aplausos. Vio que FitzJulien había vuelto a su lugar en la mesa principal. en Limousin. La reina Leonor se había divorciado del marido. al gran Bernart de Ventadour. el duque Guillermo X. Ventadour. Ella lo había robado. con la horrible sensación de que. más temprano o más tarde. cantor y poeta. sería obligada a contárselo todo sobre el dinero de los galeses. el famoso Enrique I que se vanagloriaba de tener más bastardos que ningún otro hombre en Inglaterra. y solo entonces Emmeline prestó atención. El abuelo de Leonor. Emmeline casi no lo escuchó. había sido esposa del emperador del Sacro Imperio Romano. A pesar del nombre. no se sabe cómo. El padre de Leonor. que tenía entonces diecisiete años. pro forma. Pensó en su propio escándalo: haber dado a luz un hijo de un hombre mientras estaba casada con otro. —Naturalmente – continuó levantando la voz a causa del ruido – eso fue cuando la reina Leonor aún era la esposa de Luis de Francia y antes de casarse con nuestro amado rey. —Estos trovadores sienten que deben declarar amor verdadero por sus damas. que era el trovador de la bella señora cuando aún era reina de Francia. el duque Guillermo de Aquitania. la corte del rey era aún peor. en Aquitania. Los criados empezaban a traer velas y lámparas para colocar en las mesas delante de ellos. once años más joven que ella. El sol se hundía tras las murallas del castillo. El canciller seguía hablando. la reina Leonor y su familia de Aquitania no eran mucho mejores. La madre no pasaba de ser una criada de cocina de la familia Ventadour. que había raptado a la esposa de un cond e vecino llamada Dangerosa… literalmente. se aceptaba eso con generosidad. se había casado con el padre del actual rey. Pero. Ella no estaba loca. He oído decir que nunca más volvió a Francia. había sido un luchador fanfarrón y un cruzado. Su hija. presa en una torre por el marido cruel. Y este hombre. el lord de Morlaix. que había puesto la flauta de lado y ahora. y. acompañado por el otro con el laúd. claro. ¡Qué familia la de esos angevinos! Por los comentarios. y Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 104 . como se dice. Estaba atónita con el gusto de aquella gente por boatos y murmuraciones. Y por lo que había sabido. Las cosas que Thomas Becket estaba diciendo sobre el rey y la reina la llenaban de temor. mujer y artesana.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix comparaba. Pero las historias que aquellas personas contaban mostraban a un Enrique II aún más disoluto que su abuelo.

si eso ablandase el corazón de aquel hombre. la juzgaba como algún tipo de monstruo lascivo por lo que había hecho tantos años atrás. si tenía una buena cama para dormir y lo suficiente para alimentarse. Emmeline vio lo que él quería que viese. Los dos trovadores se levantaron. alguien vendría en algún momento a recogerlo. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 105 . el alto canciller de Inglaterra. La luz de las velas le tocaba la línea del mentón. giró la cabeza y la miró directamente. Pensaba en él en cualquier momento del día. el propio Becket. un dueto. Sin querer. Su marido estaba conversando con el alguacil del canciller. Soportaría cualquier cosa si por lo menos tuviese a Magnus. La capucha se movió un poco hacia atrás. les había informado que al final no había recibido el oro. Cadwallader. Iba a ver la cuestión del oro como pura traición. Niall FitzJulien nunca creería que ella era inocente. con traje de trovador. intentando impedir que los dientes le batiesen. se preocupaba por si estaba siendo bien cuidado. Santo Dios. Se sentó. conforme el emisario del oro. inclinándose hacia los aplausos. Emmeline gimió. Él nunca la había entendido. paralizada. las sombras de los ojos y los nudillos de los dedos enrojecidos conforme gesticulaba. El hombre más bajo se giró e hizo una reverencia a los nobles de la mesa principal. ella se arrojaría a sus pies y le imploraría para tener a su hijo de vuelta. Emmeline casi no había conseguido oír la última canción. Solo de pensar en cómo recibiría él esa noticia hacía que su corazón se disparase. Después del primer choque.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix por cierto. el lord de Morlaix y su esposa. pensó Emmeline. el alguacil. Sin embargo sabía que era inútil.

No quería la compañía de aquel hombre. Emmeline se detuvo. pensando que aquello era algún tipo de broma. No dudaba que los chismosos de Londres se mofaban de ella. con los laterales pintados con nubes y ángeles. evidentemente. los altos miembros de la Iglesia lo pasan razonablemente bien. temiendo que la preguntara que había pasado con el oro de Cadwallader. —Milady — dijo al acercarse — una palabra. la señora de Morlaix. pero nada se prepara con antelación. vino corriendo de las barracas. El trovador la siguió. y estaban intentando marcharse. este es un asunto de inmensa importancia para mí — se apresuró a corregir — Yo no la buscaría. Ella recordaba haberla visto. —No es suya — dijo Emmeline. Los nobles. Gervais Russel sonrió. los ministros. Ella lo miró de reojo. Todos los demás se las apañan como pueden. El trovador se puso ante ella. alejándose. con el yelmo puesto. cada uno por su lado y el último que cargue con el diablo. La necesitaban en la cocina. Uno de los criados de Becket salió corriendo cogiéndole por el brazo. La pradera era un revoltijo de jinetes. fue el otro trovador quien buscó a Emmeline y no el emisario del oro. a no ser los alojamientos para el soberano y su señora. todos disputándose el único camino que llevaba a la ciudad. Baudri Torel. mientras Torel y algunos caballeros de Morlaix las soltaban. diciendo que iban retrasados y que el canciller le buscaba para que cantara durante el viaje a Chirk. He visto a caballeros luchar con las espadas por un lugar para dormir en un granero o al cobijo de un seto. Niall FitzJulien fue corriendo a los campos de heno. Sin embargo. por favor. carretas y criados. dos amigos y sus esposas. la reina. a pesar de las protestas de los londinenses. donde las cocineras estaban desesperadas por las reservas de alimentos que quedaban — Es evidente que alguien les robó su carroza y ahora no pueden volver sin una. no había señales de él. Parte de la comitiva de Becket había enganchado un par de mulas a una carreta. Emmeline no dijo nada.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 16 6 Sorprendentemente. —Yo… yo…. señora… milady… escuché decir que la señora tiene algún conocimiento de orfebrería. alegando que eran suyas. Pero la tropa que dejaban atrás parecía la desbandada de un campo de batalla. mis más profundos respetos. de Morlaix. Al rey Enrique le gusta conocer cada ciudad o aldea de su reino. Gorselm. en compañía del sheriff de Wrexham. Los hombres de Becket parecían estar dispuestos a abandonar la carreta que era. Se había reunido una multitud. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 106 . —No. —Esto no es nada… es mucho peor cuando el rey viaja. Russel lo alejó. Ella no podía imaginar lo que este otro podría querer. Había estado nerviosa toda la mañana buscando al emisario del oro en su disfraz de trovador. lady Emmeline. gritando. es la anarquía. El trovador apareció parándose ante ella. pero para el resto de nosotros. si no precisase de su generosa ayuda. Emmeline bajó a la plaza para ayudar al senescal. en la procesión de la fiesta de la Ascensión. La ex esposa un orfebre. Thomas Becket ya se había despedido del señor y la señora de Morlaix y se alejaba a caballo.

Aquel cristal era grande. —Solo se había soltado — dijo devolviéndoselo — Tendrá que mandar arreglarlo o la piedra se caerá de nuevo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix ¿Qué podía querer de ella? Una cabeza más alto que ella. pensando que valía mucho dinero. él metió la mano en la chaqueta de satén verde y sacó una cadena de oro con alguna cosa colgando de ella. — ¿Eso es todo? Emmeline trató de pasar para ir a buscar a Gotselm y sus damas. —La señora no puede imaginar cuánto significa esto para mí. Si el taller de Neufmarche lo hubiera hecho. era valioso en su propio estilo. El no podía creerlo. de filigrana de oro con rubíes y granates. pero era demasiado llamativo para su gusto. difícilmente alardearía de ello. hay razones… Emmeline levantó el colgante. —Sí ¿Eso es lo que quería pedirme? El seguía mirando la joya. Russell de facciones enérgicas resaltadas por gruesas cejas oscuras. pulidos. sus facciones mostrando gratitud — Ah. No puedo esperar hasta que lleguemos a Wrexham. pero sí muy populares en las cortes de España y el sur de Francia. con los bordes biselados. todas las mujeres buscaban su atención. las gemas de un blanco azulado relucían como trozos de hielo. Se rompió. Además. Las damas de la corte. Los dedos de Emmeline encontraron los puntos donde las irregularidades del cristal se amoldaban al collar. déjeme mostrarle una cosa. Se balanceó. del tipo encontrado en las minas de las montañas de Bohemia. aun mayores que aquel. era locuaz. pensó Emmeline. Jadeó. La llevó hasta las sombras del muro al lado de la armería. Aun así. — ¿Usted lleva esta cadena en el cuello? El asintió con los ojos bajos. Cuando eran cortadas y pulidas. —Eso fue… esto. Cristales sin defectos. y lo apretó con un clic. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 107 . Estaba segura que era algún presente amoroso. así que no eran tan raros. querida señora ¡como maldije mi torpeza durante estos días! Estaba desesperado al imaginar que esta joya en forma de corazón que tan preciada es para mí. que me dio mi santa amada. mirando el colgante como si se acabase de producir un milagro. Podían ser biseladas. Había varios en las cajas de gemas de Neufmarche. con forma de corazón. el nuevo arte de cortar las gemas preciosas que las volvía mucho más brillantes e interesantes que los antiguos broches redondos. la joya estaba rota. Del engaste colgaba un collar a juego. El cristal era particularmente refinado. yo mismo lo vi — levantó la mano. casi como la mitad de la palma de su mano. Antes de que Emmeline pudiera retroceder. fue un accidente y ahora estoy medio loco buscando a alguien que pueda arreglarlo. a la moda. La mitad de las damas de la corte darían sus mejores baratijas a cambio. La cogió la mano y le colocó dentro la cadena y una pieza de cristal. —Se lo suplico — dijo con voz ronca — antes de que se niegue. tal vez una fortuna. lleno de confianza en sí mismo. nunca tuviese arreglo.

Con un suspiro. mientras Emmeline se apartaba. Día tras día. Emmeline sintió como si un terrible castigo bíblico se cerniera sobre ella. —Vale. ¡Cómo se comportaban así las personas por sus joyas. El senescal se acercó tras Emmeline. viajando entre los campos de heno recientemente preparados para la cosecha. Emmeline se alejó. dijo. las ollas. un sol abrasador atravesaba el cielo azul. si los vendedores tenían algo de valor para el trueque. La mitad del verano. era la mejor época del año. si me necesita — dijo el trovador — Soy su eterno esclavo. excepto por una tromba de agua y granizo que barrió el mijo en la parte este del feudo. la piedra volverá a soltarse del engaste. tiempo de cosecha. Gotselm gritó.! —Mande llamarme. Por Dios. Para mi señora sois un ángel del cielo. pasando las órdenes. una banda desorganizada. se puso de rodillas ante Emmeline.. Era obvio que el trovador Russell se había ido. pero aparte de mirarlo cuando él y Russell estaban cantando. vale — ella intentó librarse de él. los conductores del canciller aun se balanceaban penosamente en la carreta. El tiempo continuó cálido y seco. Torel se aproximó para examinar. seguramente era inservible. Quedaba la posibilidad que se aproximase a ella para preguntar por el oro perdido de Cadwallader antes de la partida del canciller. Esperaba que el emisario del oro se hubiese marchado con ellos. El sargento asintió. salvando lo que aprecio más que el aire que respiro. desde hoy. Era probable que algunas. Los vellones que traían se vendían a buen precio por lo que los Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 108 . Estos empezaron a descargar sus mercaderías. Cuando llegó donde estaba Gotselm. a menos que busque a Bertram. o a algún otro orfebre que lo suelde. los londinenses parecían vendedores ambulantes. no había pasado nada. Ella se apartó con los dientes apretados. no fuesen tan buenas como le gustaría. La señora tiene mi vida en sus manos. Ella estaba proponiendo entregar la carroza. El siguió mirando el colgante. Desde la garita de la entrada aun podía verse la comitiva de Thomas Becket en el camino de la ciudad. Su carreta. lady Emmeline. — ¿Son los últimos? — Emmeline se refería al personal de Becket. aunque no dañó al resto. me alegro de haber sido de ayuda. si es que realmente tenían una. que los vendedores querían cambiar por la carreta.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Bueno. La multitud a su alrededor contuvo el aliento. jamás olvidaré esto. protegeré el símbolo de mi amor con mi vida. Por la apariencia de sus utensilios. —Pídales que nos den dos mantas y algunas cacerolas grandes para guisar a cambio de la carreta — dijo ella. —No puedo expresar cuanto la debo. Morlaix celebraba una feria de lana a finales de julio. —No es necesario. tomo sus dedos y se los besó con fervor — Juro que. en Wrexham. los recipientes y camas. de verdad — de repente. querida señora. ansioso. buscando que examinase las cacerolas.. venían fabricantes de Londres y Flandes. Haré cualquier cosa.

Sin embargo. ¿Por qué no se lo pide a él? ¿Pedírselo? Emmeline ya había soportado suficiente. todos estaban bronceados. como para arrastrarse ante su marido para implorar que la dejase recibir una carta de su hijo. La algarabía de los niños en la plaza del castillo la hizo asomarse por la ventana más próxima. el primero de agosto. que no contara nada. tenía que saberlo. El solo quiere lo mejor para el chico. Sabía que era un regalo que él no le concedería de todas maneras. No era raro ver vendedores fuertes caminando durante la noche. Acompañándolos venían mercaderes sarracenos con alfombras y latón. —No se aflija. en que Emmeline estaba despierta. saqueadores que vivían en los bosques. a pesar del duro día de trabajo y el que los esperaba por la mañana. milady. Todos los cruces de caminos se adornaban con flores y hogazas de pan recién horneado. desde Paris e Italia. Tal vez… — hizo una pausa —… tal vez algún día. La torturaba pensar que él estaba creciendo sin ella cerca. Los habitantes de la villa se apresuraban trayendo las vigas para poder moler los nuevos granos y hacer harina para el primer pan de Lammastide. o que lo habían mandado al sur. especialmente entre los caballeros. tal vez a un castillo como el de Chepstow. Era probable que fuese una carta falsa. Era en esos momentos. no muy lejano. Emmeline pensaba constantemente en Magnus. ella le regaló su primer poni. Conozco a mi señor y no existe caballero más valiente y de confianza. Alguien. cuando la luna estaba casi llena. Ese primer pan traía buena suerte. Además de los mercaderes. recordaba su emoción al cabalgar por los campos en verano con su pequeña montura. No solo había vendedores de ropa y mercaderes. había también a causa de la larga guerra. para ser bendecidos por los dioses tanto cristianos como paganos. El verano anterior. Ella se moría de ansiedad por preguntarles. con carretas y fardos a la espalda. Después de las primeras semanas en los campos de Morlaix. en verano. con doscientos Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 109 . Imaginaba sin cesar que estaba en el norte. él le permita a un sacerdote que escriba una carta para que la señora no se sienta tan desdichada. La primavera cálida y húmeda hizo que el maíz y el mijo crecieran más altos y granados de lo que muchos podían recordar. el ánimo melancólico de Emmeline solo parecía despertar la lascivia del lord. Por la noche. una buena cosecha y un invierno abundante. él le daba la espalda y se dormía. varias veces. sino también frailes predicadores venidos de muy lejos. incluso grupos de actores y músicos itinerantes que luchaban por subsistir en las pequeñas aldeas. el tráfico era intenso hasta tarde en los caminos. Por la noche. Walter se mostraba extraordinariamente simpático. En los dos últimos años desde que el joven Enrique era rey. Ahora. Los cosechadores trabajaban desde que el sol calentaba lo suficiente para secar el rocío de las espigas. el niño está bien. hasta que el rocío comenzaba a caer de nuevo. buscó sin razón la voz de su hijo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix pastores de emborrachaban durante días. El quería otro hijo y sus actos le decían que un bebé compensaría la perdida de Magnus. italianos con abalorios y tejidos y hasta unos pocos nórdicos andrajosos vendiendo pieles. cuando escuchaba a los segadores en la era celebrando hasta tarde con danzas y bebida. después de que sus caricias no provocaran ninguna reacción en ella. El agente de policía del conde de Hereford. en algún lugar cerca de York. Eran numerosos y lo suficientemente fuertes como para atacar a viajantes con escolta de caballeros armados. fue una lucha mantenerlo controlado para que no se aventurase por los prados más lejanos de la zona. pero sabía que no se lo contarían.

Finalmente. Emmeline levantó los ojos mirando a los caballeros. los templarios. y uno de los libros de contabilidad abierto frente a Niall. Otro era un antiguo templario. esperando a que la gente los descubra antes que pagar lo que deben! Estaba hablando sobre los préstamos concedidos hacía más de un año. Había un cofre sobre la mesa. —Diablos ¿Dónde está la suma que debería ir aquí? — Niall golpeó la página con la punta del dedo — No ha pagado nadie. Si no rezan es peor. algunos buscando al nuevo barón del rey en el Castillo de Morlaix. La observaron con sospecha. Entonces. observando al templario cuando salía del salón. Muchos eran rechazados. mostrando el pecho sudoroso y los rizos de pelo oscuro. con sus largas piernas estiradas hacia el frente. —Bueno. fina como un delgado hilo arriba y más corta y gruesa. Se sentó haciendo que Niall se moviera a un lado para hacerle espacio. ella podría decir que él no sabía lo que estaba leyendo. Niall suspiró entre dientes. ante Walter. había un flujo constante de guerreros llegados de Tierra Santa. — ¿Por qué estas pagando a estos hombres ahora? Todavía no han prestado ningún servicio. no por piedad. Además. Ninguna de estas personas está pagando sus deudas. pero la cota de Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 110 . Él puede pensar que está huyendo. se están escondiendo. y no podía casi escuchar lo que Jiane intentaba decirle. ellos hacen de diablo. abajo. Estaban flacos como perros de caza. El pareció molesto. estaban en pie frente a la mesa. Se descubrió que uno tenía lepra y trató de ocultarlo. Walter Straunge y Niall FitzJulien se sentaban casi todos los días en el salón noble para conversar con esos caballeros. los carpinteros estaban serrando un batiente para la puerta del fondo. vino a buscarla. sino por algún pecado profano que creen tener y los atormenta. Sé que los templarios rezan día y noche. Tres caballeros cruzados. un gascón de piernas arqueadas llamado Jiane. cuando uno de los sargentos. Los caballeros se miraron. pero los hombres del gran maestro vendrán tras él cualquier día. descubrí que siempre hay algo peligroso allá. no se les puede cobrar en este momento — Emmeline reflexionó.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix caballeros armados. —Es un hombre de buen aspecto — dijo Walter. ¡Malditos. amarillenta. con las ropas llenas de remiendos. cuando ella se inclinó sobre el libro de cuentas. dónde quiera que esté. Se veía la familiar letra de Bernard Neufmarche. —Ellos nunca los dejan en paz. — ¿Qué es lo que quieres? Ella tocó su hombro para apoyarse y dar la vuelta a una página gruesa. detenido a muchos y mandando ahorcar a multitud de ellos a Leominster. Niall lo rechazó inmediatamente. Emmeline estaba observando a las chicas de la cocina que escaldaban las barricas para la nueva cosecha de pepinillos. para ver si necesitaba de buenos esgrimistas para luchar contra el príncipe galés. uno de ellos un sajón delgado de cabellos claros y piel como una silla de montar de cuero. Cuando ella entró en el salón. Cadwallader. Por la expresión de su rostro. —Mira aquí. había hecho una incursión por las guaridas de los bandidos. Niall estaba sentado a la mesa con Walter. el chaleco acolchado a causa del calor.

tan pulidas que relucían. Una feria de caballos que venía a la ciudad les suministraría más corceles.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix malla y las armas estaban limpias. Cincuenta caballeros. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 111 . Walter dejó escapar un soplido de protesta. La mayoría eran ingleses. —Algo que le haga daño — dijo Walter — ya que nuestro amigo Galés se vanagloria de importunarnos subiendo y bajando por el oeste. él se tumbó de nuevo. Hablar sobre esto los llenaba de energía. podrían llevar a algunos habitantes de la villa con ellos. se puso de lado y se durmió. llegaron el día de San Jaime. Walter los entrenó en el patio con los gascones y los cruzados. —Equipamiento completo — la vio coger la pluma. Emmeline extendió la mano frente a Walter y se acercó el cofre. mojarla en el tintero y hacer una entrada — Y préstamos para mejores caballos. dijese alguna cosa sobre Magnus. Emmeline tenía dificultad para dormir. bajo la luz de las antorchas. Cuando su marido la buscó. El plan era una incursión por las montañas de Gales hasta el fuerte en Glyn Cierog. ella lo empujó. la última semana de julio. — ¿Para qué estás dando dinero a esos hombres? ¿Para comprar armas? La observó con los párpados entrecerrados. No necesitaba decir que estaban escasos de dinero. Emmeline levantó los ojos. O incluso saber si Walter hablaba con él. —Has cogido dinero de aquí y no has hecho las anotaciones en los libros. Niall y Walter. Pero eso no tiene nada que ver con cuantas personas están pagando sus deudas. Esperaba que él. Una acción osada y un ataque a Glyn Cierog agradarían al rey. — ¿Cuál es el problema contigo? Ella giró el rostro hacia el otro lado. Cabalgan en viejos jamelgos. Emmeline abrió el cerrojo del cofre y miró dentro. más los sargentos. Los tres cruzados estallaron en carcajadas. El patio de entrenamiento estaba lleno desde el amanecer hasta después de oscurecer. metiendo las manos bajo la combinación. pasaban largas horas sentados en el salón noble discutiendo estrategias sobre como atacar al príncipe Cadwallader antes de la primera nevada. Con la cosecha casi acabada. se pararon. —Dije a Walter que les pagara. Cuando Niall los miró. puso una mano sobre el libro de caja y lo apartó de ella. Luego me llevé el libro y lo examiné dime a cuantas de esas personas podemos cobrar. como soldados de infantería. robando ovejas y quemando los portones de nuestros propios castillos. de un reclutamiento decretado por el rey en Londres. Que intentaría traer una carta de Magnus para ella. con los nuevos caballeros y un pequeño grupo de experimentados cruzados. La armería trabajaba hasta tarde. Que su hijo estaba bien. de los condados de Leste. noche tras noche. Y Niall la estudió con una expresión extraña. como había prometido. Los tres usaban insignias hechas de conchas. Sin embargo. como siempre. Ahora no estaban presionados. Niall se apoyó en el codo y la encaró. Luego.

imponente. Los dos sureños murieron al caer el sol y Gotselm mandó que los caballeros de la guarnición cavasen sepulturas en la ladera. Emmeline y sus ayas se inclinaron sobre la muralla del castillo para observar la columna pasar sobre el puente levadizo y descender por la carretera hacia el río. fueron atacados por arqueros escondidos entre los árboles. los estandartes vibrantes fluctuaban. —Es preciso someter a los galeses – dijo en un tono devoto – es la voluntad de Dios. —Había una pequeña capilla dentro de estas murallas – dijo cuando la llevó afuera. A lo largo de las murallas sonaron gritos de alegría. Había habido una emboscada en Maindenwall y algunos de los jóvenes caballeros. No era posible encontrar a un hombre en todo Morlaix que no quisiese atacar a Cadwallader. —A veces sangran y a veces no – dijo. pero los pacientes con frecuencia morían después de la cirugía. sin embargo. —Es una locura ir así para la guerra – refunfuñó Emmeline entre dientes – solo van a acabar con todas las provisiones y armas por las que hemos trabajado un año entero. Sintiéndose algo enojada. Vivían en la ciudad dos barberos especialistas en sangría. Torel la miró con aire de censura. con la cota de malla reluciente. Gaewddan. noventa y cinco caballeros con armadura montados y diecisiete aldeanos equipados como soldados. esposa de John Avenant. Al día siguiente llevaron a los otros caballeros a los alojamientos en las barracas de la Torre de los Caballeros. con el sol calentando sus cabellos rubios acastañados. había vivido con los galeses toda su vida y nunca los había visto totalmente conquistados. bastante habilidosos. Gaewddan examinó a los dos jóvenes con heridas en los pulmones y meneó la cabeza. jefe del gremio de la lana. cuyos hombres estaban acabando los últimos trabajos en el salón noble fueron a Emmeline para mostrarle lo que encontraron. Emmeline se apartó. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 112 . Parado a su lado. de la capilla del castillo. Pero la curandera tenía razón. una mujer robusta. Emmeline mandó buscar a la curandera. Apartó la camisa ensangrentada del caballero. marcharon del castillo de Morlaix con los caballos de batalla batiendo los cascos y forzando los frenos. Walter Strunge. Y que fuesen rumbo al gran fuerte de Glyn Cierog en busca del príncipe Cadwallader. Todo hacía pensar que tres podían recuperarse. que el rey Enrique les había cedido. quemando aldeas y poblados y deshaciéndose de los jefes tribales conforme avanzaban. los galeses supiesen que el ejército venía de Morlaix. Después de eso el maestro constructor. Las chicas a su alrededor soltaban exclamaciones admiradas. Emmeline suspiró. Su marido cabalgaba con la espalda recta. Antes de que la de Nuestra Señora fuese construida junto al río.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 17 7 Niall FitzJulien. – ¿Veis como la sangre burbujea hacia adentro y hacia afuera por el agujero que hicieron las flechas? Si no para de sangrar va a morir. al caer la noche. comentando lo guapo que era. cogiendo el yelmo en la curva del brazo. Ella. pero dos habían recibido heridas en los pulmones. capaz y una buena partera. Llevaron a seis al salón noble y los acostaron sobre las mesas para curar sus heridas. indiferente a las miradas suplicantes del chico. Al día siguiente empezaron a llegar los heridos. – Recuerdo haber oído hablar de ella. No parecía importar que.

Milady es algo que la señora debería saber por si lo necesita algún día. Cuando la columna volvió. – ella abrió la boca asombrada. eso es algo común.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Conforme el constructor hablaba. el cantero Cob y yo. Si el castillo estuviese sitiado. Ayer. De acuerdo con el maestro constructor. Mat y yo bajamos por los canales y descubrimos a dónde van a dar esos túneles– hizo una pausa y señaló – allí afuera. que a veces llevaba musgo y hierbas verdes en los cubos. —Santa Madre de Dios ¿a dónde va a dar esto? – el constructor se tocó el mentón. milady. Emmeline no tenía idea de cómo buscar las compuertas de agua de las que hablaba el constructor. El pozo y la cisterna que proporciona agua para el castillo esta debajo de nosotros. Emmeline se enderezó. El hombre estaba en lo cierto. Nadie había bajado hasta allí. – Puede ser bueno saber esto para el futuro. Extendió la mano. Era un agujero lo suficientemente grande para que una persona se deslizase por él. Entonces los zapadores quedan acorralados allí abajo. el enemigo invade y lo arrasa todo. —Ah. apoyó el hombro en ella y la volvió a su sitio. cuando estaba luchando contra la reina – se puso de nuevo el gorro. que Dios guarde su alma. —Nunca había oído hablar de algo así. con todo. el enemigo mandaría zapadores para cavar bajo las murallas y minarlas. Emmeline se inclinó para espiar allí dentro. El hombre se sacó el gorro de fieltro blanco por el polvo de la piedra y se tocó la calva. No creía que la cisterna. se hubiese limpiado en años. Cob. Una pequeña pieza de piedra tallada saltó y subió. se ahogan y mueren. ahí es donde viene la mejor parte. Cuando las murallas se rompen y se caen. es necesario encontrar las roldanas y las compuertas por si fuese necesario abrirlas. Dios no lo quiera. como sabéis – aseguró él – pocos caballeros en su sano juicio atrancarían una fortaleza o una torre sin tener forma de salir si lo necesitasen – se giró para Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 113 . Y las guerras difícilmente acaban ¿no es cierto? Emmeline pensó en los jóvenes caballeros heridos en la torre. Hicieron una defensa con agua contra los zapadores. — asintió él – los túneles dan directos al margen del río. se oyó entonces el clic de una cerradura. en Morlaix. la pasó sobre el pilar y soltó el bloqueo de piedra. el viejo constructor puso una galería de canales que pueden ser inundados con agua de la cisterna. — ¿Afuera? —Sí. La guerra había acabado y. Los tiempos de paz no duran. —Nunca he oído que Morlaix fuera sitiado. la guerra continuaba. —Benditos sean los santos. después los lados de un pilar se movieron para mostrar una abertura oscura. en los muertos enterrados en la ladera. —Pero lo fue. sus dedos tanteaban las piedras de la muralla. — ¿Dices que hay un camino secreto hacia afuera del castillo? —Milady. —Lo que la señora necesita saber – continuó – es que la antigua defensa de agua aún está ahí. vertical. los hombres que excavasen bajo el castillo se ahogarían en los túneles de agua que pasaban bajo sus pies. El último cerco fue ordenado por el pobre rey Esteban. Emmeline se puso pálida. —Eso no es todo – prosiguió él – no paramos allí. con el carpintero Mat Wason nos metimos ahí y descubrimos que hay un túnel que desciende hasta los canales de la cisterna. Aquí. Emmeline se estremeció.

pero ahora tenían a los celosos monjes cistercienses en la nueva casa capitular y ya habían pedido permiso para rezar en la plaza del mercado de la ciudad los domingos y en las aldeas de Wycherly las noches de los miércoles. Milady – dijo en un tono diferente. Bernard de Clairveaux. los cabellos rubios manchados de sangre le caían sobre los hombros. más tarde. exhaustos. ella podía casi visualizarla. se quedó pensando en por qué el constructor esperó a que Niall FitzJulien partiera para hablarle del camino secreto hacia afuera. a no ser en los establos y en la torre de los caballeros. —La señora podría hacer un bonito oratorio – insistió el constructor – como el de la capilla de Nuestra Señora. pensó tristemente. eran oscuros y horriblemente sucios. Los guardias en las puertas de la muralla mantenían los ojos en las distantes montañas azules de Gales. El Prelado Superior de la Orden. decía que la única vocación para las mujeres cristianas y virtuosas no era ser madres y esposas. Ella no quería eso. se dijo Emmeline a sí misma. Sería bueno tener una iglesia dentro de las murallas como antes. Tal reforma costaría mucho dinero. Una nave en blanco y rosa. —¡Jesús! — exclamó mirando alrededor —¿Tan pocos? — llevaba la cabeza descubierta. Agarró a Walter Straunge por el brazo. El castillo parecía vacío. Los heridos. Aún estaba lleno de gente. Había llegado la noticia de que hubo una batalla cerca de un río en algún lugar al norte de Glamorgan. Meneó la cabeza y vio que el constructor parecía decepcionado. no había tenido tiempo de preparar algún tipo de escolta para volver por las montañas. Si hubiese una capilla en el castillo. Las fuerzas de Morlaix habían salido victoriosas y habían continuado rumbo al fuerte de Glyn Cierog. El ejército de Niall FitzJulien. Torel y los criados metían los sacos de la cosecha de mijo del verano en las profundidades de las instalaciones de la cocina. cuando reflexionó sobre todo ello. sino monjas castas encerradas en un convento. La idea de una capilla dentro del castillo no agradaba a Emmeline. Ella y Gaewddan habían organizado a las doncellas y criadas. Sin embargo. los cistercienses iban a querer mandar a uno de los monjes de su orden para celebrar misas y ser su confesor.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix examinar la vieja muralla – Con todo el respeto. además de los caballeros de la guarnición. columnas delicadas para sustentar el techo y una piedra tallada en el altar. Pero incluso así. los ayudantes del establo entrenaban a los corceles que compraron en la feria de julio y toda la mañana había vendedores ambulantes y jornaleros esperando en el portón de la garita para entrar con sus herramientas a la plaza y al patio trasero de la cocina. Los cistercienses eran conocidos por predicar contra las mujeres. Estaban en pésima condición. Pero nadie conseguía olvidar a los hombres de Morlaix que se habían ido hacia el oeste. en su prisa por perseguir a los galeses. Emmeline sospechó que el constructor estaba pensando en su propia ganancia. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 114 . pero había poco abrigo dentro de las murallas de Morlaix. – ¿Los heridos en el camino no volvieron? Emmeline no tuvo tiempo de responder. En pocos días los heridos hicieron el camino de vuelta a Morlaix. Ella no quería poner allí a los heridos. Y mantener esta columna que se abre hacia el camino secreto exactamente bajo él. Y ambos lugares estaban abarrotados. Era costumbre tener una para el lord y su familia. estaban acostados en la plaza cuando Walter Straunge llegó galopando de vuelta a la entrada del castillo con los carros vacíos de suministros. áspero – la señora debería pensar un poco en reconstruir la vieja capilla. los sargentos ejercitaban a los nuevos caballeros de la guarnición en el patio.

los ojos de los caballeros seguían ávidamente a la bella Berthilde. Emmeline sonrió. Fue hacia el carro y empezó a sacar lanzas y escudos y a tirarlos al suelo. —Siempre es algo – dijo Mainsant. no hay tiempo – él miró alrededor con una mueca – Ahora estamos cargando armas extras. Sin la hierba verde las vacas no darían mucha leche. —Entonces que espere más. en aquella expresión suave. ¿No sabéis lo que está pasando? — Emmeline sacó un hacha de guerra del carro y se la tiró a los pies. no se quedaría con el castillo lleno de gente enferma y moribunda. Entonces Walter se apartó de ella maldiciendo. Emmeline salió y se sentó con ellas para descansar del calor en la tienda de los orfebres. sobres sus capas. —Dejad a los heridos dónde están. Emmeline le lanzó una mirada de reojo. Necesito volver a la batalla en Glyn Cierog. Lord Niall está esperando por ellas. —Si no vais a ayudarme. bajo aquellos ojos bajos. era difícil mandar a Walter cuando parecía una esclava. La beata estaba sentada en un banco en el lavadero con su sobrina pelando guisantes. Movió los brazos hacia sus caballeros. Lo que es bueno para el mijo no es bueno para la leche. Ahora. Berthilde raramente hablaba. Usaba un viejo delantal y tenía los cabellos sujetos en lo alto de la cabeza. Walter se aproximó a grandes pasos. pero los pastos estaban muertos. Emmeline subió al carro y tomó las riendas. yo misma llevaré a los heridos allí. —Las beatas podrían ayudar. Las cosas estaban más tranquilas desde que trajo a los ayudantes de cocina del castillo para curar a los heridos y mantuvo a las ayas lejos. Emmeline no las quería por la plaza corriendo – Vamos a usarla como hospital. Los bordes de aquella perfecta boca se levantaron cuando las miradas de las dos se encontraron. — Abrió la vaina del guisante con el pulgar y la uña y dejó que los frutos cayesen en el lienzo a sus pies. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 115 . La gente del castillo la rodeó. Por un momento los dos se miraron furiosos. Con todo. Se inclinó para hablar. de lo que nadie podía sospechar. —Ahora oíd – él tenía los labios blancos de rabia – ¡La casa de los orfebres ya no es vuestra para poder usarla! Pertenece a mi señor. en catres de paja. Son caballeros.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —No vas a irte hasta que tus carros lleven a estos hombres a la ciudad. algunos chicos cogían agua para los caballeros heridos que aún estaban acostados al sol. —Salid de mi camino. Había algo más. Más allá del patio del establo. están acostumbrados. Los hombres se miraron y en seguida empezaron a sacar las armas restantes fuera de los carros. como podía observar. en la hierba de la plaza. —Ellos piden todo el tiempo – comentó la mujer más vieja – Es igual en todos los lugares. —No. Los hombres dejaron lo que hacían para mirarla. a casa de los orfebres. Era bueno para la cosecha de mijo. todos ellos boquiabiertos. —Es muy bueno para los guisantes – murmuró la más joven. —Sí – refunfuñó Mainsant distraída – Bueno para los guisantes. El tiempo continuaba seco.

balanceando el cuerpo esbelto con las largas trenzas doradas danzando sobre los hombros. con aquel tiempo caliente y seco. todo alrededor de las dos mujeres se había fregado hasta relucir. Emmeline se maravilló con la velocidad de aquellas manos. Bostezó. Con ganancias. y ahora. más se fortalecía la idea en su fantasía. Los caballeros heridos en el patio se movieron siguiéndola con los ojos. se colocaba en su lugar. Sin necesidad de preocuparse por el oro que intentaba usar para huir de Niall FitzJulien y que él ahora usaba para guerrear contra la persona a la que estaba destinada el oro: el príncipe Cadwallader. podría vivir y trabajar con comodidad. dos como máximo. y el trabajo en la tienda de los orfebres. Últimamente toda Inglaterra hervía de prosperidad y comercio. En un día. cogían una y echaban los guisantes dentro. Tanto que ella jugaba con la idea de transformar la mansión Neufmarche en una posada que administrasen las beatas. Su pensamiento siguió adelante. Cuanto más lo pensaba. Emmeline la observó mientras atravesaba el patio. los guisantes arrugados estarían lo suficientemente secos para ser almacenados en sacos. En el invierno la sopa de guisantes que las cocineras preparaban con nabo y huesos de carnero era una comida excelente. Emmeline cerró los ojos y levantó el rostro a la luz abrasadora del sol. colocaban la cesta en el tejado del gallinero. pensaba en lo bueno que era tener a las beatas en la mansión. Podría tentarlas a que se volviesen. Cuando el lienzo que recogía los guisantes se llenaba de suciedad se enrollaba y llevaba a la pila de ropa para lavar. ¡Vapt! los guisantes se abrían en el lienzo. con el joven rey había cada vez más viajeros en los caminos.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Las dos beatas estaban abriendo la nueva cosecha de guisantes desde hacía días. Las despensas estaban limpias y en orden. No era raro que fuesen caras. Emmeline abrió los ojos. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 116 . Santa Madre del cielo. —Voy a buscar agua. difícilmente gastaban una parte del salario que ella les pagaba. Berthilde se levantó bajando su punta del lienzo y doblándola hacia atrás para que los guisantes no se perdiesen. aunque trabajasen más. Las cebollas y las hierbas colgaban de las vigas del techo junto a las salchichas y la carne ahumada. dos sacos de guisantes y las habas para el siguiente año. los colchones se aireaban y las ropas de cama se rociaban con lavanda y algo más que las beatas ponían en el agua de lavar. vestida con un traje gris ceniza simple y zuecos de madera. Con paz. ellas lo llevaban a una pila de cestas chatas. el queso se curaba bajo paños cerca de los huevos y la manteca salada. Al observarlas trabajar. Sabía que ambas mujeres eran muy ahorradoras. y otro limpio. Cuidaban con perfección una casa. que únicamente quería acostarse con ella noche y día para embarazarla. además de tener a Magnus de vuelta. destinado a alimentar a los cerdos. Con la mansión como una posada decente y bien administrada. —Está caliente – dijo la chica – Voy a buscar agua para beber. ¡Vupt! las vainas vacías volaban con un giro de muñeca hasta aterrizar en el saco colocado entre ellas. Cuando cada lienzo se llenaba. Después de agitar varias veces las cestas para acomodar los granos. extremadamente ricas. Las habitaciones olían bien con la paja fresca. cómo ansiaba encontrar una manera de huir del Castillo de Morlaix y del dominio de aquel lord sanguinario. No había suciedad. ¿Por qué no? Pensó despreocupada. Cuando soñaba con algo.

a esta calle. Emmeline se levantó del banco y bajó los ojos a la beata. Dicen que el único bien a los ojos de Dios para la gente es vivir una vida de monja en un convento. ¡Bah! — empujó los guisantes del mandil al lienzo – Esa Berthilde… creo ellos le llenan la cabeza. No permitáis que entren. —Voy – avisó Emmeline en voz baja – Dime quién más conversa con Berthilde. trae trabajo del lord para el herrero. he traído la plata. Se sienta en el caballo allí fuera y espera. a veces. Ella sabía lo que había tras esto. Buscan siempre mujeres solteras que trabajan. —Dad comida a los monjes. la madre de Berthilde. — dijo Mainsant sin levantar los ojos – y los monjes vienen también hacia aquí. trabajadora y feliz. Mi hermana perdió a su marido antes de nacer Berthilde. mirando. puesto que van a pedirla. así lo quiera Dios y su Hijo que están en el cielo. Emmeline sintió un dedo helado correr por su columna. Emmeline se apartó. ¿Qué había en aquellas sucias mentes? Por las llagas de Cristo ¡ella pondría fin a esto! Aunque tuviese que hablar con Niall. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 117 . para trabajar en otros lugares y ganar dinero. Pero quieren a Berthilde – sus ojos grises de bordes oscuros se encontraron con Emmeline — ¿La señora quiere saber por qué? Para volverla monja. nueve hermanas. No sabe nada de los hombres. La mujer cogió un puñado de vainas. Ah. hablar.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Sí. pero siempre que está en la ciudad viene hasta aquí. Ortmund había encontrado un poco en Chirk a cambio de un puñado de berilos de Neufmarche y otras piedras que habían conseguido salvar del saqueo de FitzJulien. conforme sacaba agua del pozo – Ellos no se preocupan mucho por mí. – solo podría estarse refiriendo a los cistercienses. —El chico del pelo rubio. toda la vida. Pero solo que queda allí afuera. Era posible creer que no conocía la compañía de los hombres. – El jornalero apareció en la puerta de la tienda detrás de ellas. dos tías y su madre. Pero no queremos ser monjas. anda por la ciudad y. Mi otra hermana y yo rezamos para reunir beatas. Baja del castillo. Berthilde se movía y hablaba como si habitase en un mundo calmado y bueno. Estaba enfadada. —Señora. Por Berthilde. en la calle. sí que quiere hablar con ella. podía verlo en las miradas de los caballeros heridos acostados allí afuera que nunca quitaban los ojos de la chica. Cuando fuese que volviese de la guerra. —A causa de ella – la beata movió la cabeza en dirección a Berthilde. —Y aquel otro – los dedos fuertes de Mainsant abrieron otra vaina – Él ha llegado también. Berthilde es una buena chica. — ¿Hablar? – La mujer soltó un bufido de burla – Eso es lo que le gustaría hacer. Berthilde fue criada entre mujeres. solo tiene hijas – continuó la mujer – ningún niño. después va a la taberna. Cuando no viene con la señora. Emmeline observó a la chica en el pozo. —Walter. —¿Para qué vendrán aquí? – preguntó Emmeline. Habían buscado por cielo y tierra plata para comprar o cambiar. que era observada atentamente por los caballeros. —Mi hermana. Walter Strunge no tenía derecho a disgustar a sus criadas.

se levantaba el fuerte celta. Con su voz atropellada. enderezó la pieza de la nariz para poder ver alrededor y empujó la malla de acero del cuello para cubrir la parte inferior del rostro. Jesús. Y a cambio tendremos muertos y heridos en abundancia. Niall levantó la mano y en seguida la dejó caer con un gesto brusco. Cabalgaba su corcel por las filas de los flamencos llamándolos para que volviesen cuando las barricas de alquitrán se encendieran. como el rugido de las olas del mar. oscuro como un inmenso hematoma. a cargo del propio Niall. Niall pensó que los galeses sabían lo que estaba a punto de pasar. y entonces se replegaron. Niall no respondió. vamos a llenarlos de fuego – avisó Walter alegre – ya han estado sentados detrás del montón de tierra tiempo atrás. Necesitaban que el tiempo continuase seco para llevar el maldito cerco a un final. Una columna de niebla oscura subió del centro del viejo fuerte. Lenguas de fuego corrían por la cima de la empalizada de madera. los zapadores flamencos estaban preparados con sus antorchas. pensó Niall exhausto. El ataque principal. cuando los zapadores encendiesen sus fuegos. Niall quería que se rindiesen en vez de verse forzado a incendiar el viejo fuerte. Glyn Cierog resistía el asedio del ejército de Niall desde hacía cuatro días. Los galeses allí dentro habían luchado en un valiente combate. sonriendo a través de las máscaras de polvo. por torres de madera por el lado interior. sería por el portón de la garita. muchas veces. protegidos por fortificaciones externas en forma de círculo y después. una construcción altamente inflamable. Walter iba a tomar posición en el flanco derecho. Habían arrasado la empalizada y las torres con catapultas innecesariamente. por empalizadas de madera y después. Se oyó un estruendo fuerte. Hacia arriba y abajo en la fila. Los gritos agudos hicieron que su pelo se pusiese de punta. ¡no era normal que los hombres en combate gritaran así de dolor! Por un momento Niall se quedó confuso. fustigando sus rostros. En ese momento gritos horripilantes cortaron el aire. Casi detestó tener que empezar. por lo visto. más antiguo que los normandos en la Bretaña. Uno de los caballeros gascones se aproximó corriendo. A menos que fuesen ciegos y sin sentido verían las antorchas y sentirían el olor del maldito alquitrán. llevando la torre de cerco hasta las murallas después que el fuego comenzase. El cielo. Cabezas furtivas aparecieron recortadas contra el cielo en lo alto del fuerte. amenazaba lluvia por encima de las montañas. Incluso a la distancia de una flecha el daño era visible. preparados para abrir una brecha en las murallas. Los soldados que el rey Enrique le había mandado descansaban apoyados en sus picas. De repente todo salió mal. Niall lo sabía. Condujo el corcel a trote a lo largo del foso hasta encontrar a Walter. Con un suspiro se sacó el yelmo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix El viento soplaba por el embudo del valle galés y después hacía una curva. Al final de la fila. —Bien. Niall no conseguía entender de qué hablaba el gascón. la señal para que los flamencos encendiesen los barriles de brea y partiesen hacia el fuerte. Encima de ellos. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 118 . un gemido gigantesco. una catapulta lanzó por los aires un barril iluminado que voló soltando llamas como un cometa sobre las murallas y cayó dentro. Por lo tanto habría niebla. en una montaña de tierra de media legua de anchura. tal vez aún más antiguo que los sajones que habían luchado contra los galeses allí mismo. La torre del cerco rodó con su carga de caballeros de armadura.

los soldados no soltaban el mecanismo del portón. Entonces Niall vio que lo quemado era un bebé. Los gritos y los lloros golpeaban los oídos de todos. No era tampoco la manera en que ellos luchaban. las torres de cerco normandas y las catapultas. Uno de los flamencos cayó. Walter apareció de nuevo con algunos zapadores. niños y hombres intentaron pasar al igual que las hormigas. algunos tambaleándose. Niall contuvo a Martillador que estaba casi incontrolable al estar tan cerca del fuego. con los tejados de paja de las edificaciones encendidos como antorchas. se lanzó hacia afuera. Walter se aproximó al galope. Alguien allí dentro encontró el eje que abría el protón. agarrándose unos a otros. Las puertas se abrieron con un estallido y una horda de mujeres. entonces. Los miembros de la tribu atacaron a los zapadores con lanzas y espadas cortas. Las tablas del puente levadizo se quemaban a los pies de los hombres. — ¡Están tirando gente por la muralla! — gritó — ¡Los niños! — ¡Coge un gancho! — rugió Niall. Habían llenado el maldito fuerte de mujeres y niños. Que fuese un lugar inexpugnable. gritando y cayendo al foso. Niall espoleó a su corcel hacia el puente levadizo que se quemaba ferozmente. El fuego devoraba la madera. Los gritos hacían que sus nervios estuviesen al borde del colapso. Una mujer con el rostro rojo levantó un envoltorio quemado en sus manos y le gritó algo. El olor a carne quemada llenó su boca y sus fosas nasales. Algunos tenían las ropas en llamas. El puente levadizo estaba demasiado caliente para pisarlo. Niall intentó obligar a Martillador a atravesar lo que quedaba del puente levadizo. subiéndose unos sobre los otros. algunos desviándose de las tablas humeantes del puente cayeron en el profundo foso. agitando los brazos.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix ¿Niños? Más gascones gritaban ahora en torno a él. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 119 . — ¡Que se pudran en el infierno! — gritó Walter – Podrían haber negociado una tregua para los niños. Los zapadores flamencos se replegaban. dentro del fuerte. En medio de la multitud que se daba empujones alguien lo llamó. El ganado. Por lo menos creían eso como si no hubiese cosas como los barriles de alquitrán. La puerta se abrió entonces y una multitud de galeses salvajes irrumpió por ella. Walter saltó de su montura y cogió de nuevo la cadena. Los zapadores ya habían sujetado una cadena al puente levadizo en llamas e intentaban romperlo. Una multitud aullante estaba a su alrededor. Alguien empezó a disparar flechas sobre ellos desde un parapeto. El interior del fuerte aún estaba en llamas. Por encima de los rugidos se oían los sollozos de los niños. Dos de sus amigos le lanzaron un pedazo de cadena para arrastrarlo fuera. Allí. se echaron atrás empujando la cadena. Los malditos galeses contaban con conservar Glyn Cierog para siempre. —Esa no es la manera en que luchan. enloquecido. Los zapadores colocaron el gancho en su lugar. La gente aún abarrotaba el interior. El interior del fuerte era una inmensa hoguera escupiendo humo y llamaradas rojas. El puente levadizo se partió y la mitad cayó en el foso.

la asaltó una extraña premonición. Niall perdió el equilibrio y se cayó de la silla aún agarrado a las riendas. Emmeline sacudió la cabeza para despertarse. —Está muerto. Eso es todo lo que dijo. Con la lluvia. parados allí en la lluvia. Los hombres de Morlaix volviendo de Gales. La penumbra de una vela. Apartó las mantas y se sentó en la cama. Walter cogía las riendas de un garañón pinto gris y blanco con un bulto negro atravesado en la silla. La oscuridad los rodeó. Ellos eran como hombres de piedra con sus capas mojadas. Hedwid allí. Están volviendo y trayendo al lord. los ojos vidriosos por falta de sueño. —¡Walter! — tras él los caballeros estaban silenciosos. Ella quería la verdad. El tiempo finalmente había cambiado. — ¿Por qué está volviendo el lord? – la chica desvió los ojos. feroces. Estaba descalza y el agua le llegaba a los tobillos.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix La mujer quemada tenía una daga grande o una espada. Emmeline tragó en seco buscando los ojos de Walter. La plaza. —Hay un mensajero allí abajo en la plaza. —Están volviendo – murmuró Hedwid inclinándose sobre ella – y traen al lord – aquello no sonó bien. Una fila de formas oscuras y envueltas serpenteaba por el camino que subía hasta el castillo. No era posible salir. Las mozas que dormían alrededor de la cama se levantaron sobre sus rodillas murmurando somnolientas. con las criadas siguiéndole y hablando. Emmeline salió al aguacero. con hierba. Walter venía en la vanguardia. ¿no es cierto? Pasó un momento antes de que el retumbar de sus oídos se calmase lo suficiente para oír la respuesta. ya parecía un lago. Mientras intentaba hacer retroceder a Martillador para apartarse de ella. llovía demasiado. Hedwid entró en la habitación del lord portando una vela. las armaduras y las espadas. Apartó los cabellos enmarañados del rostro. Ella corrió salpicando agua y le cogió la brida – Dios os mando sano y salvo para casa. en medio de una multitud enloquecida de galeses y debajo de las patas de Martillador. Tiró de las riendas y a Emmeline le costó reconocer sus facciones blancas. El animal se puso de pie relinchando. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 120 . Emmeline sacó una manta de la cama para cubrirse y bajó corriendo las escaleras. Él los desvió. El sonido de la lluvia azotó la habitación de la torre. la mujer se tiró sobre el garañón y enterró el cuchillo en el caballo. ¿Dónde… Algo la hizo parar. en medio de la noche. Hombres y caballos. Emmeline se despertó en el mismo instante con la claridad. pero la criada le tocó en el hombro igualmente. el brillo rojo de las antorchas de la garita resplandecía como si fuesen joyas. ¡Santo Dios y Santa María! Con el corazón disparado.

No estaba despierto.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 18 8 — Hirieron al caballo que le pisoteó la pierna herida. Se puso a un lado. —Estaba vivo en el desfiladero. Bajo la capa. Emmeline fue a las ventanas e intentó cerrar los oídos a los gritos. hacia el cuarto a fin de preparar la cama. todavía llevaba la cota de malla. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 121 . Pero después de un tiempo. marchito. Emmeline se puso a un lado conforme colocaban a Niall en la cama. Ella pensó decirle a Walter que dejara de hablar. Los hombres llegaron al rellano y colocaron el cuerpo de lado para sujetarlo mejor. No esperaba ver que traían a su marido a casa en estado próximo a la muerte. moviendo los pies cubiertos por las mallas de acero. Tenía la piel pegajosa y fría. sorprendidas por lo caballeros que olían a sudor y caballo. Sus manos temblaban. los caballeros le retiraron el chaleco acolchado y la cota de malla desde el pecho a las piernas. le costó reconocer aquel semblante burlón del que veía ahora. lo até con el cinturón y lo coloqué sobre el caballo boca abajo para viajar así. El castillo entero sabía que no había ningún amor entre ellos. se arrimaron a las paredes. Las pisadas en la escalera precedieron a dos barberos-cirujanos. lo enrolle en la capa. Emmeline recorrió con las manos el rostro de su marido. ¿Pero qué haría ella ahora? Los corpulentos caballeros olían a humo. —Milady — dijo dando un paso al frente — déjenos a nosotros. Niall rugió de dolor. Los caballeros se reunieron a su alrededor. Se pararon a un lado fuera de la puerta. ¿Y si moría ahora. Mirando el rostro de su marido. Los hilos estaban impregnados de sangre. Emmeline apartó a Walter. pero ella no sabría decir por donde sangraba. Walter se frotó la barbilla. El hombre envuelto gimió. humedad y sudor. —La pierna está muy mal — dijo Walter — creo que la tiene rota. Parecía un cadáver envuelto en una mortaja inmunda. Gotas de sudor cubrieron todo el cuerpo de Emmeline. Desmonté y lo giré para ver si todavía respiraba. De algún lugar entre los pliegues encharcados de la capa vino un gemido grave. —No hubo manera de poder sentarlo en la silla — continuó Walter — así que como ve. Santa madre del Cielo. cuando estaban intentando quitarle la ropa? ¿La acusarían de su muerte? —Walter — Emmeline murmuró. Retrocedió. Emmeline sintió un nudo en el estómago. hizo una señal para que los caballeros lo girasen y poder quitarle la capa. Cuando lo descubrió parcialmente. pero en ese momento no me reconoció era como si estuviera en un sopor profundo. preocupados. Las damas. el balanceo le hizo vomitar. Walter se inclinó para soltar las tiras de la capa. casi sin vida. pero soltó un grito de dolor. Dos caballeros cargaban con el cuerpo de Niall FitzJulien envuelto en una capa por las sinuosas escaleras de la torre hasta el cuarto del lord. Las mujeres se adelantaron. que siempre le molestaba y no sanaba — contó Walter — Mandé llamar a los barberos cuando pasamos por la ciudad. Una de las mujeres trajo un cuchillo que Emmeline utilizó para cortar los lazos de la capa. traían sus herramientas en un saco.

Los barberos continuaban mirando a Emmeline. Se dio la vuelta y le dijo a una de las camareras que bajase a dar un recado a Gotselm. Cualquiera podía ver sus pezones. lo humedeció en agua limpia y le higienizó la cara. Le dio un empujón a la chica que la hizo tambalearse. Niall FitzJulien tenía poca oportunidad de mantener el feudo. presa por la mano que la agarraba. Emmeline vio que había dejado la manta en algún lugar y que solo vestía la camisola blanca de dormir. el rey podría darle un puesto como castellano en un castillo real. Santo Dios. si quisiera venganza no pudo pensar una mejor. ahí están. entre Chester al norte y Hereford al sur. Los labios de la moza formaron un “¡Oh!. Podía imaginar lo que querían hacer. de pronto cerró los dedos sobre su muñeca. El rey Enrique se podía permitir ser generoso con un caballero que le salvó la vida en la batalla aunque. nunca le gustaron.” redondo. —Señora. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 122 . Ella no necesitó mirar a Walter. o policía de una ciudad del interior. Se colocó a un lado de la cama.. el calor penetró en el paño. la camarera giró y descendió corriendo las escaleras. semi erecto entre los pelos de la ingle. Tendría que andar con muletas. era necesario un hombre físicamente apto. Los nervios de Emmeline vibraban de tensión. —No hay ninguna oportunidad de salvar la pierna — Walter rezongó. —No cortes la pierna… — dijo con voz inestable. Tenía la mandíbula oscurecida por la barba áspera. Pero los cojos eran cojos. el contorno de sus pechos y de sus piernas. para guardar las tierras de la frontera. Aun herido y débil. Pero ella estaba demasiado cansada para hacer nada al respecto. Que debería bajar a la ciudad a buscar a la enfermera. Cuando se acercó más vio sus manos quemadas. su agarre le hacía daño. Tenían el pelo grasiento. como recaudador fiscal. quieres que te golpee? ¡Di que el lord de Morlaix la necesita! Sollozando. Su cuerpo. enredado. estaba anormalmente pálido. Bajando los ojos. él trajo a los barberos-cirujanos. La piel de Niall ardía de fiebre. — ¿Por el amor de Dios. ¿quiere hacer eso usted misma? El maestro Avenant no va a dejar que su esposa salga a la calle a estas horas. las uñas sucias.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Ah. Walter se acercó para ponerse al lado de los dos. hacia el hombre en la cama. Si le quitaban la pierna y sobrevivía. Su mirada continuó clavada en el rostro blanco y rígido de su marido. Walter la observaba con una expresión impenetrable. Walter se apartó y fue a la puerta. Niall yacía totalmente desnudo con los brazos abiertos y las piernas extendidas con la vara enorme de su sexo caída a un lado. Sus ojos castaños se clavaron en ella — prefiero morir con ella. emanaba un olor a humo y humedad. Emmeline se sobresaltó cuando abrió los ojos. Habló durante largo tiempo para hacer una pausa de vez en cuando y volver la vista sobre el hombro. Emmeline cogió un paño. no más que rendijas que permitían entrever el brillante iris. Las damas trajeron palanganas con agua. Sus pies estaban enlodados y tenía rastros de suciedad en sus brazos. pensó exhausta. a vivir sin ella… Emmeline se sentó al borde de la cama.. con excepción de la hinchazón amarilla y roja que le recorría la cadera izquierda hasta el tobillo. Sin la pierna. Sabía cómo se sentía.

él tragó con dificultad. Quería negociar con ella la salvación de su pierna podrida. —El chico — musitó. Sus labios agrietados se movieron. ¿Qué quería de ella? pensó Emmeline. Niall dejó escapar un sonido seco. por la única cosa que ella amaba en la vida… su hijo. entonces hasta el mismo lord sabría que ella finalmente se había librado de él. te hago un juramento. — ¿Milady? — Walter llamó su atención. Walter la miró. Ella no podía imaginar algo tan primitivo. que pensara lo peor. solo tienes que decirlo. Ella miró aquellos ojos febriles de color oro. tenemos que moverlo de nuevo? la pierna le va a descansar mejor en esa postura. el conservaría la pierna. Se inclinó sobre él para que los otros no pudieran oírla y dijo. Ah. si es ese tu deseo. ¿Por qué no podía mostrar alguna piedad ahora que estaba terriblemente herido? Entre la vida y la muerte. Amenazaban. Tiró de la mano con un movimiento violento y él la soltó. Porque si Niall FitzJulien moría. Niall cerró los ojos y Walter se inclinó sobre él. Los ojos de Niall se abrieron. pero no suplicaban. Un crédito para su alma a los ojos de Dios. Emmeline no consiguió resistirse y dijo: —Pero los barberos están fuera y preparados para cortarte la pierna. Solo él sabía dónde estaba su hijo. aprisionada por aquella mano de hierro en su muñeca. Pero él no haría eso. si eso es lo que quieres. tan cruel. — ¿Milord? ¿Niall? Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 123 . Un acto misericordioso. La miraban fijamente con furia amenazándola silenciosamente con todo lo malo en el cielo y la tierra. supurando. si las heridas se infectaran y muriera. ahora se había acabado. Ella encontraría la manera de conseguirlo. de cualquier manera que pudiera menos la muerte. quién sabe si pronunciaría las palabras que le dirían donde estaba su hijo. cuando subiese a los cielos. Emmeline observó al hombre en la cama. Ah. en voz baja: —Te prometo que los barberos no te cortaran la pierna — Los labios de Niall se torcieron en un gesto desagradable.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix El pulso de Emmeline aumentó. áspero de la garganta. Walter preguntó: — ¿Milady. Tal vez incluso de esa manera. Sus ojos se cerraron. Gaewddan. tendría que remover cielo y tierra para que Niall sobreviviese! A su lado. Mandé buscar a la ciudad a la esposa del maestro Avenant. nunca descubriría donde estaba Magnus. Cristo misericordioso ¡si ella quería que Magnus volviera. ¿No había robado dinero para intentar huir? ¿Huir con un miembro del gremio artesano? Si conservara la pierna. Emmeline no podía moverse. Los caballeros a su alrededor se inclinaron escuchando atentos. abrigado algún pequeño sentimiento de afecto o pasión por algún deber conyugal. Cuando ella lo miró. Ella se sentó de nuevo. una gran revelación le indicó lo que estaba tratando de decir. Se inclinó poniéndole la copa en los labios. si vivía o moría. la mayor parte del agua se escurrió por los bordes de la boca hasta el cuello. Emmeline hizo un gesto para que una de las chicas trajese una copa de agua. La partera. Ella es enfermera. Si alguna vez sintió lástima por él. Niall sabía cuánto había intentado para librarse de él. Ella sabía que Niall no llamaría a los barberos. Emmeline sabía que no confiaba en ella lo mismo que ella no lo hacía en él — No.

el viejo Ha Kohen. por brujería. —No debería haberle dicho eso. bendito sea Dios y todos los santos. —Sir Walter. si él no decide ahogarnos con otra inundación. escuchando con el oído puesto en el pecho febril. La mujer extendió las manos al fuego. Emmeline se alejó y endureció su rostro. Seguía lloviendo. como la gente sabe al ver la sangre salir. La enfermera se acercó al cuerpo de Niall. sin embargo. hizo una señal a los caballeros para que lo siguieran y salió del cuarto. gimiendo. Cogió el paño y comenzó a limpiarle el rostro y los hombros. los caminos están encharcados. búsquele lo mejores cuidados y nadie podrá culparla de lo que pueda pasar. —Hum… es lo que pensaba — dijo Gaewddan de mal humor tomando un trago de vino — Me van a quemar. Entonces. Luego que Baudri Torel envíe una jarra de vino y un poco de comida. Emmeline la encaró con una mirada desolada. Había estado en el campo durante días. Pero la señora. Y luego. lleve a los caballeros fuera del cuarto y diga a la cocinera que les prepare comida. será viuda. Llamo a las mujeres para que trajeran más agua continuó limpiándole las piernas y los pies. llegó arrastrando el saco de hierbas por las escaleras de la torre. si la pierna envenena el cuerpo del lord y muere. El viejo sacerdote y su asistente vinieron de la ciudad para administrar la extremaunción al lord.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Se ha desmayado de nuevo— dijo Emmeline — No va a oírle. Después cogió un banco y se sentó. — ¿Qué quiere que le diga? ¿Qué la señora despida a esos bellos cortadores de barba y que salvaremos la pierna del lord? ¿Es eso lo que él dice que quiere? Emmeline cogió el cazo del fuego y sirvió mas vino caliente a la enfermera. Me gustan más ellos que los italianos. —Tiene una herida desde hace bastante tiempo. Olía a rancio. El es bueno. Ahora. judío como su abuelo. oliéndole la boca. Emmeline les dijo que el señor todavía no se estaba muriendo y los despidió. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 124 . — ¡Ah. si pudiera darle un consejo — continuó — le diría que mandara buscar al médico de Wroxeter. lo de la enfermera. luego descienden hacia el tronco. Emmeline la ayudó a quitarse la capa que colocó ante el fuego para que se secara. Quiero desayunar. se estanca y pudre. haciendo gestos en el aire — en todos nosotros los fluidos buenos y los malos corren en un gran flujo desde la cabeza hasta las manos. Gaewddan. las piernas y los pies y regresan de nuevo. apretándole todo el vientre. Mande a los caballerizos encargarse de los caballos. Pero él apenas se quitó el yelmo y se pasó la mano por los cabellos pegados a la cabeza. se dio vuelta. la enfermera. A estas alturas. Luego. Walter se paró ante la cama mordiéndose el labio. El rey encontrará rápidamente un marido para una cosita linda como la señora. Pero un bello y fuerte cuerpo como este es un regalo maravilloso — levantó las manos. —Llevará dos días ir y volver de Wroxeter. Esa putrefacción está ahí desde hace tiempo. sin una palabra. este tiempo! — protestó la enfermera — Finalmente tenemos agua. Emmeline la trajo una copa de vino con especias y la llevó hasta el borde de la cama. muchacha. El río es un torrente. Ella no pensó que Walter permitiría que le diese órdenes. miró a la pierna. Cuando el flujo se daña.

fue a la mesa. quien sabe. Uno de ellos tenía un saco en la mano. Tenía las mejores lancetas de acero de Toledo para drenar los venenos malignos. Así que está despierto. No es como si alguien abriese un forúnculo. el aire difícil de respirar. hasta que la carne quede limpia. La lluvia lavó sus cabellos. Se sentó en la silla y enterró la cabeza en las manos. págueles y mándelos a la cocina para que coman algo. Se había quitado la cota de malla y usaba un chaleco acolchado. Emmeline no pudo mantenerse en pie. pero me gustaría dar una ojeada a las de la cocinera. La lluvia y el calor del fuego dejaban el cuarto sofocante. Yo pienso que eso también lo mataría. la señora me entiende. pensó Emmeline. pero tenía círculos oscuros de fatiga bajo los ojos azules. que se levantó de su banco. es como cavar alrededor de un trecho de tierra donde hay verduras de primavera. Tengo mis propias navajas. Todavía no tenía ningún dinero suyo — Déselo a los barberos y mándelos a casa — Pensó en la tormenta atronando afuera — No. que Dios de descanso a su alma — continuó la enfermera — tenía buena suerte extrayendo fluidos pútridos. — ¡Bah! — La enfermera se recostó cruzando los brazos — Bueno. Es por eso que tanta gente que se denomina cirujano. El senescal entró con las ayudantes de cocina portando bandejas con vino y comida. Se lo ofreció a la enfermera. Va a empeorar. Pero se sentía demasiado cansada para eso. los barberos cortarían la pierna. La parte podrida tiene que quitarse. hicieron una reverencia y sonrieron. —Walter — dijo Emmeline — traiga a cuatro caballeros fuertes para sujetar al señor FitzJulien.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline desvió los ojos. cree que es mejor dejar las viejas heridas como esa en paz — empujó el plato limpiándose la boca con la manga del vestido — Pero el daño en la carne de su señor no se quedará ahí. —Abra la herida y drene los venenos. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 125 . Gaewddan dejó a un lado la cuchara para limpiarse los dientes con una uña. no de la cocina por favor. Los barberos que estaban en el rellano. Aunque había pedido el desayuno. El senescal se puso a su lado con una jarra de cerveza sirviéndosela en una copa. El cuerpo entero será invadido por la emanación y la muerte viene rápidamente. —Diga a su administrador que necesito cuatro baldes de salvado de trigo hervido todavía humeante. Paños limpios de su armario. las cebollas hervidas también pueden empujar para afuera la podredumbre. —El viejo Ha Kohen. para los sangrados señora. —Existen riesgos. — ¿Tiene dos chelines? — preguntó a Walter. pero prométame que no le cortará la pierna — pidió. Walter entró de nuevo en el cuarto. Emmeline cerró los ojos y tragó en seco. ahora que el caballo le cayó encima. —La herida nunca sanó. cogió una sierra de acero fina y brillante y la levantó. luego envolverla en harina caliente. La enfermera se levantó. La gente puede afirmar eso por la fiebre. Emmeline no tenía estómago para comer. El corte alrededor de la putrefacción hace crecer la carne. cogió una cuchara y comenzó a comer la longaniza que había en el plato. Luego no hay nada que hacer. Se escuchó un gemido de protesta desde la cama. La gustaría pensar en algo cruel hacerle creer que los barberos-cirujanos estaban preparados para comenzar.

Desde el tobillo a la cadera. Baudri Torel entró con la cocinera. Emmeline apoyó la cabeza a los pies de la cama y cerró los párpados. Cuando despertó. dejando pedazos de carne pútrida en un cuenco de madera. —La compresa eliminará las toxinas. Otras cambiaban las ropas de cama ensangrentadas. La calle estaba oscura. Gaewddan estaba sentada junto al fuego. todavía estaba oscuro. Emmeline soltó una risotada. pero el hombre tumbado en la cama permaneció en un sopor profundo. entró con baldes de salvado de trigo humeantes y cebollas peladas. pero una fiebre prolongada lo debilitará — avisó — Báñelo con agua fría siempre.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix El caballero la observó con una mirada extraña. — ¿Va a intentar conservarle la pierna. mientras se revolvía en la cama. Las damas subían y bajaban corriendo las escaleras llevando trozos de lana y pilas de paños limpios. Emmeline se sentó en un banco a los pies de la cama. Fue todo lo que pudieron hacer para sujetarlo. sus ojos grises la miraron con sagacidad. pero había dejado de llover. —Dígame. El olor de la herida abierta los hizo lagrimear a todos. Debajo de la cadera del lord se colocó un trozo de cuero de vaca. — ¡Sujétenlo! — gritó Walter. Las damas con sus faldas recogidas barrían la paja mojada y colocaban otra limpia. Al menos eso pudo comprobar cuando la enfermera. —Mandaré a dos caballeros para que la lleven a la ciudad. La enfermera se volvió a Emmeline. con los cuatro hombres sujetando a Niall a la cama. le cortó la piel del muslo. La enfermera iba de un lado a otro. Una enorme bolsa de pus y sangre reventó en el mismo momento derramándose a lo largo de la herida. Niall aulló cuando le colocaron la mezcla. limpiándose las manos en el delantal. Algunas velas se habían apagado. verdad? — dijo el caballero con voz ronca. para asegurar la compresa caliente. Los cuatro caballeros cayeron sobre él. La pierna no estaba rota. La pierna de Niall. parecía un trozo de carne hervida. miró al señor. en caso de que la necesitara. Estaba dormitando cuando la cocinera al frente de una fila de ayudantes de cocina. Rojo por la fiebre. Emmeline se adormeció sentada en el banco. todavía no había amanecido. La enfermera estaba atareada en la habitación avivando el fuego. el cuarto estaba silencioso y en penumbra. Después de un rato se aproximó a la cama y ayudó a los aprendices de cocina a abrir el cuero de vaca y quitar los sacos de salvado manchados de sangre para sustituirlos por otros nuevos. hasta los dedos de los pies. El hombre en la cama soltó un grito de agonía. De vez en cuando caballeros que venían de la plaza subían las escaleras ofreciendo vino y cerveza para Niall. La mujer pareció agradecida. Enrollaron la pierna con aquello. Se levantó pesadamente acercándose a la cama. El olor a putrefacción volvió. luego una manta de piel de carnero todavía con lana. Fueron a la puerta. murmuraba alguna cosa y se destapaba. Emmeline se levantó del banco. El olor a podrido todavía flotaba en el ambiente. después se desmayó. Gaewddan trabajaban. Ella lo cubrió de nuevo. escuchando las voces del cuarto. muchacha ¿Por qué quiere que él viva? Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 126 . Torciendo las manos bajo el delantal. Su rostro brillaba por el sudor. poniéndole las mantas sobre el pecho y los hombros. con el rostro apoyado en uno de los postes.

ató sus cabellos revueltos con una cuerda sobre el hombro. Niall casi podía sentir todo aquel fuego brillante. Se puso ante la chimenea y se la sacó por la cabeza tirándola al suelo. terriblemente herido. sino alguna criatura encantada que aparecía en los sueños más lascivos de un hombre. pero muy lejos de morir. se dijo a sí mismo. metió los dedos en el desenredándolo. —Entonces que así sea — la mujer se apresuró a decir — si hay una investigación. Sentía un dolor horrible. lleno de vida de la esbelta figura respirando dentro de él. tocarla. Lo que era peor. para forzar a que le bajara la menstruación. ella apareció a su lado. este se balanceaba y brillaba con la luz de las llamas. alguna cosa sujetaba su pierna como un tornillo mal ajustado. intentando no mover la cama y despertar al hombre a su lado. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 127 . con las delicadas manos agitándose sobre su cabeza. levantó las sábanas y se acostó a su lado en la cama. Se tocó los brazos y el vientre. Eso la dejaría completamente atrapada. Al otro lado de la cama. con una luz dorada. como una esposa leal. Se volvió descalza para la cama. Ahora estaba completamente despierta. Pero sabía que el hada esbelta y desnuda estaba en la cama a su lado: sintió ondular las cuerdas de la cama cuando ella se movió. la lluvia no había refrescado el aire. No necesitaba otro hijo. Gotselm puso a dos caballeros en el rellano de la escalera. se durmió.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline se quedó con la boca abierta. Fue hasta el fuego resoplando. Niall intentó moverse. pero acababa de tener la visión de un hada bailando en aquel mismo cuarto. Un momento antes estaba tan cansada que casi no pudo arrastrarse a la cama. estudiando las sombras que la luz del fuego lanzaba sobre las paredes. desnuda ante el fuego. Tenía la intención de pedirle a Gaewddan una poción de poleo y artemisa. Ella se movió. Se retorció las manos bajo las mantas. pero no se molestó en atrancarla. Emmeline yacía con los ojos abiertos. Le dolía la cadera como si demonios con espadas de fuego lo atacasen. sus ojos la perdieron de vista. antes de que la mujer se fuera. Luego. pero todavía olían a cebolla. tenía la esperanza de poder encontrar a Magnus. pero se había olvidado de una cosa. el ungüento en su cadera y pierna se descolocó peligrosamente. Tenía el pelo largo. Deslumbrante y completamente desnuda. la mandó para que cuidara de él. A pesar de la fiebre palpitante que lo aturdía. Alguien. su cuerpo de repente pareció más suave. Levantó la ropa y se metió entre las sabanas. Cerró los ojos. Se pasó la lengua por los labios resecos por la fiebre. Su camisola estaba manchada y húmeda. El cuarto estaba excesivamente caliente. más ligero. Estaba enfermo. diré que la señora hizo todo lo que pudo por él. solo conseguía ver la habitación con los ojos entrecerrados. de repente. Emmeline cerró la pesada puerta de la habitación. más libre. de tal manera que no conseguía moverla. Sus instintos le decían que ese ser difícilmente podría ser un ángel. Su rostro estaba rígido ardiendo por la fiebre. Y lo había olvidado. levantó los senos con las manos enderezándose. se apartó lo más que pudo hasta su lado de la cama. Levantó las manos hacia el pelo. Si Niall sobrevivía. Una vena latía en la cabeza de Niall. a través de aquel ser a su lado. Las habían cambiado. Bajo la danzante luz del fuego. pensó asombrado. Cuando se movía. Había llevado el pelo suelto toda la noche y estaba enmarañado y húmedo.

mirando alrededor. parecían muy serenas y satisfechas con aquella condición de vida semejante a la de las religiosas. Pero ésta. Walter se dijo a si mismo que. el rostro y las formas esbeltas que estaba buscando debían estar lejos de la multitud. tal vez incluso más. chaleco de cota de malla. Para él lo más extraño de todo era que. Walter sabía que era prácticamente imposible descubrir a una chica entre una multitud tan grande como la que había en las fiestas de Navidad o Pascua. no la había dejado salir de la mansión. no hablaban con él. no había vislumbrado a nadie parecida a ella. no podía creer que las dos tuviesen tan poca curiosidad femenina para no ir a ver al rey Enrique y a la reina Leonor. en las últimas horas que había estado sentado en su montura. a pesar de todo. Centenares.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O1 19 9 Walter Straunge se quedo alerta y de guardia toda la mañana. La multitud ansiosa se agitaba y ondeaba tras ellos. Con todo. no era su manera de hacer las cosas. el viejo bulldog. Dios sabía que en su mente. tal vez miles de personas observó Walter. claramente. si deseaban la piedad y la devoción a Dios. no importaba cuántas veces apareciese en la mansión o cabalgando por la calle. Además de usar cota de malla y yelmo como los otros caballeros y llevar una espada. al mirar por debajo de la protección de acero de la nariz del yelmo intentado encontrarla. Alguien podía pensar que. en medio de la multitud. Como capitán del grupo de caballeros que se extendía desde el portón a la garita del castillo e incluso hasta la plaza del mercado de la ciudad. llevando el estandarte verde y blanco de Morlaix en la comitiva. Su tía. manoplas y botas. se habían reunido para ver al rey Enrique y a su reina. Por las llagas de Cristo. no debiera permitir que sus pensamientos y sus ojos divagaran. ellas parecían no percibir su presencia en la faz de la tierra. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 128 . especialmente para los pobres. trabajar. Pero ella no estaba entre ellos. No sabía que pensar de las beatas. Ellas. yelmo. algo que no había hecho. con traje de combate. deberían optar por tomar el velo y educarse para Cristo en un convento. ya que no hacían votos y no tenían superiores. aparentemente. Dudaba incluso que Berthilde supiese cómo era él. en su cama. vivir una vida simple y practicar buenas acciones. No solo estaban allí los moradores de los pueblos y otras personas de la región. ni siquiera para ver al rey y a la reina. ella parecía tan real como si estuviese en sus brazos. Los caballeros de la guarnición en sus monturas eran una visión impresionante. especialmente en la de los flamencos y sabía que la orden de las beatas. Y no parecían necesitar a los hombres. aunque no fuesen monjas. animaba a las mejores mujeres nacidas libres y no subordinadas a nadie a entregarse a las reglas rígidas de rezar. con los ojos hacia al frente cada uno de ellos apresando el estandarte blanco y verde de Morlaix. sino también otras de lugares tan lejanos como Chirk y Wrexham que se habían arrastrado penosamente por los caminos para ver al rey. Sintió como si sus ojos fueran a saltar hacia afuera. a no ser con un movimiento de sus párpados. Walter había preguntado en las barracas. si podía llamárseles así. Incluso aunque él quisiese preguntar sobre aquel modo de vida. Principalmente de alguien tan joven y bella. Walter no conseguía entender nada de eso. Ahora. pensó.

Los caballeros angevinos parecían estar en muy buena forma. pelear por el rey siempre que pudiera sobornar a alguien. pudo haber escogido. del ducado del rey Enrique en Francia. Mandó al sargento a alinear nuevamente las filas de la guardia de Morlaix. Algunos incluso conseguían dinero decente con eso. venían al trote bajando la calle en grupos de tres. Inglaterra se había vuelto fanática de los torneos. Los burgueses de Morlaix. Watris. que cabalgaban juntos conversando en medio de los gentilhombres sin prestar atención a los aplausos y vivas. pero en ese momento se estaban aproximando los estandartes color púrpura de los caballeros del obispo de San Botulfo. con su simple vestido gris y un paño blanco en el pelo. más alta que la mayoría de las mujeres. con su gracioso andar de pato. —¡He oído decir que habrá un torneo! — gritó Gotselm por encima del clamor de las trompetas. todos los miembros de los gremios y los comerciantes habían preparado discursos de bienvenida. llevó su corcel al lado de Walter. Walter pensó. La multitud se agitó en la estrecha calle conforme la primera columna de la escolta del rey Enrique se abría camino por la carretera de Chirk. Walter giró el garañón para salir a tiempo del camino de los regentes del rey. Berthilde. con envidia. Un retumbar de clarines cortó el aire. curtidores y carniceros se veían espléndidos con sus mejores galas todos juntos en una alta plataforma de madera en la encrucijada del mercado. Sus caballeros estaban allí desde la salida del sol y los caballos necesitaban beber agua. el sargento que recorría trotando la fila de caballeros de arriba abajo. El torneo acostumbrado duraba dos días con luchas y combates de apariencia en los cuales los caballeros lidiaban por hacer a otro prisionero a cambio de un rescate. el cuerpo inmenso apretado en una túnica de lana negra sobre las brillantes calzas de color púrpura.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix incluso él mismo quería ver si Leonor de Aquitania era la mujer más bella de Europa como todo el mundo parecía creer. no muy por encima de un mercenario. los laneros. No así Gotselm que era en parte alemán y caballero. Gotselm. conde de Leicester y Richard de Lacy. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 129 . atrás en un grupo estaban las esposas vestidas con exceso de adornos. Robert de Beaumont. Se movía por la multitud en el lado opuesto. Los caballeros que no juraban obediencia a algún lord recorrían la tierra en verano llamándose a sí mismos campeones buscando en los días festivos algún desafío en las ferias. Walter asintió. Los caballeros de marras eran tan coloridos como los artistas enmascarados italianos con sus túnicas maravillosas. Walter había pensado mandar a los caballerizos con baldes de agua. Walter pensó que la había visto. De repente. Walter reconoció al herrero. Sus yelmos en forma de cono estaban decorados con penachos de plumas negras de gallo que se agitaban al viento. Sin duda había buenos hombres entre ellos. la reveladora trenza de cabellos rubio claro colgando en su espalda. en la fila posterior a las señoras. por su nacimiento noble. Los angevinos usaban túnicas de seda en naranja y rojo. como Francia. El enorme animal bufó y avanzó hacia la calle dónde se alivió con un largo y ruidoso chorro de orina. casi tan alta como algunos hombres. La multitud se agitó detrás del corcel de Walter para ver el espectáculo. Aparentemente. A la vanguardia los caballeros de Anjou. Como uno de los hijos más jóvenes y más pobre del conde de Couteme-Lassey. que era posible conseguir un buen dinero de esa manera. señal de que el rey llegaría en breve. Un golpe de viento sopló por los tejados y agitó los estandartes. La multitud se rió.

para el banquete de aquella noche. con los pies. El personal de Morlaix se indignó. Se habían intercambiado algunos golpes. el cocinero jefe de Morlaix. Una vez allí el senescal y sus hombres habían descubierto que el personal del rey hablaba en una lengua que ningún normando decente entendería. no confiaba en la cocina local del norte de Inglaterra. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 130 . las cocineras y los lacayos de cocina hablantes de lengua provenzal. Debían preparar diecisiete ciervos que habían cazado en las tierras del conde de Hereford el día anterior y habían llegado en carretas. Cualquier inglés normando se resentía con aquel inmenso grupo de personas arrogantes que acompañaban al rey Enrique y que. Los dos malditos grupos se gritaban unos a otros y a sus antepasados por varias generaciones. con centenares de hombres a caballo y a pie. Los franceses se miraron. cerdos suculentos y sabrosos cocidos a fuego lento y dispuestos en fila como réplicas de las tetas de la cerda eran triunfos culinarios reservados para los mejores banquetes. llenos de sospechas. Los franceses movían sus armas. pronto acabarían con las provisiones y después saldrían de la región llevándose todo lo que pudiesen aprovechar. o tal vez fuese la reina Leonor. además de los padres y nobles de la iglesia y sus respectivos equipajes habían obstruido el camino de Chirk. Se habían instalado en los campos recolectados recientemente y se habían dispersado hasta perderse por las calles de Morlaix. Los ánimos se inflamaron. Al otro lado de la ciudad. Pavos asados servidos con sus plumas. Entonces la voz de Luc. Llegar a la ciudad con la caza ya había sido difícil. en una tierra arrasada en pocos días. Si por lo menos pudiese alcanzarla. — ¡Manojo de charlatanes ladrones! — vociferó uno de los capataces de Morlaix – Eso es lo que esperan de los demás. Cogiéndose la nariz ensangrentada. no creían que él fuese el senescal del castillo y los trataban como si hubiesen llegado con carros para robar los venados del conde de Hereford. prepararlo así era el mayor triunfo. Por lo que podían deducir. exigiendo saber si los que cocinaban los platos del rey podrían preparar un venado entero relleno de nabos sazonados galletas y salsa. gritando que les entregasen el venado. los criados reales. que pesaba tanto como tres hombres. Un ciervo adulto. Pero cuando miró de nuevo había desaparecido. como era bien sabido. El rey. cabeza. resonó. Todos en la cocina del castillo se habían quedado sabiendo que la corte del rey podía transformar un feudo próspero. incluso a veces con las alas extendidas como si fuesen a alzar el vuelo. — ¿Nabos? – El cocinero torció la nariz — ¿Con galletas? ¡Nunca! ¿Qué tipo de galletas? Las dos partes se estudiaban. Le había costado horas a Torel llevar los carros al punto de encuentro con los matarifes del carnicero. Hubo un súbito silencio. hacerla parar y hablar con ella… la sangre latía en su cabeza.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Por un momento todo lo que Walter pudo hacer fue contenerse para no espolear el caballo fuera de la fila e ir tras ella. toda la comida del rey debía ser preparada por angevinos o provenzales. junto con criados y caballeros y las damas de la reina Leonor. el administrador del rey Enrique ordenó a sus hombres que cargasen de nuevo los ciervos en los carros de Hereford. La procesión de la corte. ojos y cuernos totalmente reconstruidos para ser llevados al salón y ser presentados para el placer del rey. Baudri Torel y alguno de sus capataces tenían problemas con los angevinos del rey.

le había puesto una capa con armiño sobre los hombros. La reina. aún tenían que ver las maravillas que podían producir las cocinas del castillo. La distancia en las calles cerca de plaza del mercado y el grito de centenares de voces saludaba a la comitiva real. El joven rey Enrique era famoso por la indiferencia de las horas de las comidas. el rey y la reina no se habían hablado desde que habían dejado la Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 131 . no era nada. Era mediodía y tenía hambre. asado a la perfección con sus cuernos e incluso los ojos tristes. con un ritmo que sus acompañantes pensaban que podía romperles el cuello. Entonces recordó que la reina estaría en la fiesta. sin embargo a él parecía no molestarle. A pesar de que el rey había saltado sin avisar a su caballo. de la que decían que era la mujer más guapa del mundo. Parecía menos descuidado que de costumbre aunque Thomas sabía que llevaba las sucias y gastadas botas de caza. La reina Leonor. sus lacayos le habían vestido con una túnica de satén y un sombrero con plumas. el señor local recién llegado de su sangriento triunfo frente a los galeses. Thomas sabía que debía haber algún tipo de ceremonia de bienvenida por parte de FitzJulien. los pajes. – Es uno de los platos favoritos de nuestro glorioso rey. Ahora lo dudaba. aquella mañana. uno de los valets más valientes. ya estuviese cabalgando o leyendo un libro. Por lo que se podía ver. El rey y la reina de Inglaterra habían llegado. recordó el canciller. montados en sus ponis. en cierta forma. y de los hombres de la ciudad. estaban en algún lugar en la parte trasera. estaba rodeada por los trovadores gascones y provenzales y algunos parásitos que disputaban su atención. y había galopado lejos. Él y su grupo empeñarían su alma en ello. Con suerte encontraría tiempo. Después de la última borrachera con Lacy y Leicester. También esperaba que la pelea que habían empezado el rey y la reina por la mañana en la cabaña de caza de Hereford hubiera terminado de alguna manera. reconstruido con una apariencia casi perfecta? Las expresiones del equipo de cocina de Morlaix mostraban que los lacayos del rey Enrique encontraban a los habitantes de la región de la frontera de Gales ignorantes y bárbaros. ¿Un ciervo adulto en un lecho de nabos y galletas de cebolla. pero por las barbas de San Davi. Su corazón saltó ante esta perspectiva. los grandes magnates de Inglaterra. El cuerpo robusto y musculoso de Enrique se movía de manera poco elegante en la silla. alta y ágil. Con un suspiro. En el último minuto. La procesión desfiló por la plaza del mercado de la ciudad. pero nos preguntamos… ¿Podéis conseguirlo? Por un momento nadie dijo nada. El primoroso banquete que el castillo tendría que preparar sería absolutamente soberbio. Mantuvo los ojos en la pareja real que cabalgaba frente a él. La reina incitó a su caballo frente a la montura del rey. El senescal oyó los gritos y vio que había perdido lo que más deseaba ver. cabalgaban llevando una barrica cada uno cargándola por una esquina. La multitud gritaba vivas y tiraba flores silvestres bajo las patas de los caballos. pero suponía que había pocas probabilidades de romper el ayuno. para observarla sentada en a la mesa con el señor y la señora de Morlaix. Enrique había dormido calzado. Thomas se resignó a esperar hasta que la corte subiese a la cima para montar un campamento en los campos que rodeaban el castillo. dónde él no podía cogerlas aunque quisiese.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Se puede hacer perfectamente – dijo un sausier provenzal. Ahora. El ciervo asado. Thomas Becket también pensaba en comida en aquel momento conforme seguía a los jueces y su comitiva de alguaciles y caballeros. Sus provisiones. en medio de la locura de la cocina y el salón.

no tanto de sentimiento como para mantenerla a su lado. Thomas examinó la cabeza de la reina. Los súbditos. estudiosos y poetas de la reina que destacaban por su manera de ser ultrajante y provocativa. disminuyeron el paso de los caballos. Pero como también podría afirmar. Terminó lo que quedaba del vino y entregó el odre a Earnwing. obispo de Londres. suspiró. Si por lo menos el soberano inglés de veintitrés años olvidase no solo a las damas de la reina. Thomas estaba preocupado y con razón porque ella estuviese cansada en exceso. Incluso en la silla se sentaba elegante. tanto en el vestir como en las maneras. era mejor aquel frío silencio que los gritos de la disputa. difíciles de aceptar. la plebe del rey Enrique. El viento llevaba la voz del obispo muy lejos por la enorme plaza. a las viudas y a las hijas de sus nobles así como a las hijas de los habitantes de las villas. Conociendo a Enrique. acababa de llegar. El canciller cogió el vino y el pan agradecido. Cuando Enrique. Lo otro. era tan impulsiva como él. que Dios ayudase a Inglaterra. acompañándolo kilómetro a kilómetro. Sin querer. extendió otra a su esposa. el último bebé del príncipe Enrique tenía apenas tres o cuatro meses de edad. Pero había apreciado mucho a la encantadora rubia esposa del lord. Los decretos imponiendo una pesada tasa por la boda sin permiso del soberano habían llegado semanas atrás. cuando Thomas Becket recordó su última visita allí. Cogiendo las riendas en una de las manos. a Morlaix. Era un gesto. Hacía tiempo que sospechaba que algunas de las más raras extrañezas que mantenía en la corte tenían el propósito de irritar a su marido. especialmente cuando ya había rumores en la corte de que estaba de nuevo embarazada. la reina corrió tras él. El monje se puso colorado. Fue entonces. Niall desmontó ante el obispo de Londres. ya que su pierna no estaba totalmente curada. El joven extendió un pequeño odre de vino y la mitad de un pedazo de pan aún caliente. manteniendo el nuevo corcel entre él y la multitud. tiró de las riendas del caballo a su lado. Y. a pesar del insolente irlandés que no le gustaba especialmente. Ante ellos. había desmontado para hacer algún tipo de invocación. Por otro lado. por ello. Había sido bastante agradable. una reivindicación real de la mitad de todos los bienes de su esposa por el antiguo matrimonio. Como Thomas recordaba bien. Apretujados entre hombres y caballos que acompañaban al rey. —Dios os bendiga Earnwing – dijo – por este gesto cristiano acabo de designaros para lord arzobispo. era necesario considerar la aversión del rey por la mayoría de la corte de trovadores. sabía que el rey aún no había terminado con él. encontraban la colección de seres exhibicionistas que orbitaban en torno a la reina. Gilbert Foliot. Aún se movía de manera torpe para sentarse y saltar de la silla y. infelizmente. La reina era conocida por su malicioso sentido del humor. en un ataque de mal humor. Usaba los cabellos recogidos con un paño de seda que llevaba un filete de oro encima de una fila de flores de lis rodeadas de rubíes. Aún venteaba. filósofos. incitó a su caballo al galope. esbelta y alta. con el mismo ánimo. Correr a todo galope por los caminos del interior era una locura absoluta. Uno de los jóvenes clérigos de la cancillería de Thomas. acabado de asar en alguno de los lugares de la ciudad. intentaba exponerse lo menos posible en público. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 132 .KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix encrucijada. a las siervas de la cocina y a las cositas mal salidas de la infancia que veía por los campos… la reina tenía derecho a estar furiosa. Como mínimo Leonor cabalgaba tan bien como él.

Ni rubia ni de ojos azules como las damas ideales. once años mayor. Niall empezó su discurso dando la bienvenida a Enrique. Niall se inclinó sobre una rodilla. El hijo debía parecerse a ella. Emmeline vio que miraba a la reina. Había tanto poder en aquel rostro pecoso que le hizo recordar que Enrique había invadido Inglaterra cuando apenas tenía dieciséis años desafiando al viejo rey Esteban por el trono y todo le había salido bien. Ella había oído hablar durante toda su vida sobre su padre. No era de extrañar que la gente hablase de ello. Leonor de Aquitania poseía una belleza confiada. Una cabeza grande y redonda. Había oído decir que tenía ataques terribles de rabia durante los cuales se volvía rojo y caía al suelo. un guapo hombre que detestaba a su fea esposa.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Cogiendo la muñeca de su esposa para apoyarse. la vieja emperatriz. Pestañeando. con la piel de color oliváceo un rostro esculpido y perfecto. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 133 . sintió el agarre en su mano cuando Niall se arrodilló ante el rey y la reina. en aquel momento. tan inteligente. delicadas como pétalos de rosa en las canciones de los trovadores. eterna que deslumbraba. Incluso así. El obispo de Londres se inclinó y dijo algo sobre la soberana que ella aceptó. El rey Enrique no era guapo. Aún cogía la mano de su marido. Enrique Plantagenet era rechoncho. por cierto. pero con la belleza de un sauce. con un ancho pecho que parecía un barril y las piernas arqueadas de un caballero. Llevaba un tocado rojo de seda. golpeándose y gritando hasta perder el sentido. Emmeline miró más allá de Enrique y vio dos pajes con sus ponis galeses agarrando las puntas del manto adornado de armiño. El golpe de viento llenó de polvo los ojos de Emmeline. un rostro lleno de pecas. ojos azul ceniza abultados y los cabellos y barba rubios muy cortos no lo hacían más guapo. motivo de sorpresa. pensó Emmeline extrañada. Emmeline pensó que nunca había visto un hombre con una mirada tan aguda. El rey continuaba hablando. recogido por una pequeña corona de oro y rubíes. alegría. Conforme se arrodillaba con él un caballerizo se aproximó a tomar las riendas de la yegua blanca de la reina. tozudez y un encanto infinito. Uno de ellos era Magnus. Allí no había. el duque de Anjou. La reina Leonor era deslumbrante. por la gracia de Dios duque de Normandía y soberano rey de Inglaterra. Emmeline desvió su mirada a la reina. Fascinada. El rey sacó un pie del estribo y reparó en su vasallo de Morlaix. humor. sin embargo no tanto como ella esperaba. Y. pero los largos cabellos que caían sobre sus hombros y espalda eran castaños con mechas doradas. El rey le decía algo a Niall. Una leve brisa llena de polvo anunció el otoño venidero y rodó hasta el obispo de Londres que estaba de pie en el primer escalón en el centro del mercado. una boca un tanto grande y oscuros ojos llenos de ternura que mostraban satisfacción.

ya en el castillo para la fiesta querían hablar con el lord sobre eso. con una funda para el puñal. Es un buen amigo. habría salido corriendo hasta el niño para arrancarlo del poni frente a Enrique. por casualidad? ¿Es así como lo llamas? — Se retorció las manos — Oh. Walter le entregó un cinturón de cuero dorado cerrado con una hebilla con la cabeza de un lobo en plata con los ojos de ónix. protegiendo la pierna todavía sin terminar de curarse — El rey sabe lo que yo le dije. todos pretendiendo algo. el rey saltará sobre su caballo sin avisar. Y que el niño es hijo mío por casualidad. Niall la enfrentó con rabia. Obispos. todos atropellándose tras Enrique. Pero el rey adora el caos — Niall cogió el chaleco acolchado que una criada le entregó al caballero alto y rubio que le ayudó a ponérselo — Solo observa Walter. sea cual sea la desventurada hora en que decida ir a cazar. No tenía ni idea de lo que había pasado para que estuviera tan aterrorizada. Niall fue hasta la puerta y gritó a los mercaderes que fueran al salón de fiestas. mi hijo y solo pude mirarlo. Ya lo he visto otras veces. un excelente caballero con familia. observarlo alejarse con la corte. El cuarto de la torre estaba lleno de criados ayudándolos a ponerse sus ropas de fiesta. Ella se paró temblando. con la boca temblorosa y los labios pálidos. Apartó a la criada que intentaba ayudarle a ponerse las botas. también pagaré una maldita multa de un valor inmenso por haberme casado sin permiso real. Walter entró avisando que no había más espacio en la campiña y que algunos de los elementos más disolutos de la corte del rey Enrique se estaban dispersando por la ciudad. Al amanecer. la reina y todo el mundo. Los mantiene a todos enfrentándose unos Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 134 . Los burgueses y artesanos. de lo contrario. que te encontré y me casé contigo. —Por Dios. solo con una combinación. el rellano estaba abarrotado de mensajeros de los nobles de la corte. Las sirvientas nerviosas cogieron las ropas íntimas de Emmeline. ¿Por qué no me dejas ir con él? Allí está él. la luz de las velas destacó el resplandor rojizo de sus cabellos — El príncipe Enrique es experto en tratar a los grandes nobles de Inglaterra como alguien trataría a sus perros de caza. —El rey lo sabe todo — dijo con voz congestionada — ¡Está manteniendo a mi hijo como rehén! —Diablos. después de tanto tiempo pensé que podrían cuidar de sí mismos. ordenando al resto de la corte recoger sus botas. Afuera. Niall se metió en ella — Me costó años como soldado del príncipe. Había sujetado a Emmeline con fuerza por la muñeca aquella tarde. condes y barones de la realeza. — ¿Tu hijo. subiéndose los pantalones. descubrir lo que pasaba. imaginando lo que hará seguidamente — El capitán caballero sostuvo sobre su cabeza la túnica de seda bordada con dibujos blancos. Walter volvió adentro con él cerrando la puerta. De acuerdo con la orden judicial que Leicester me entregó. — ¿Qué es esto? — Inclinó la cabeza examinando la hebilla. ¿Qué es lo que te pasa? — dijo él cogiendo las botas y sentándose con cuidado en la cama. Maldiciendo. Su esposa lo miró. Era un buen lugar para entrenarlo. calzoncillos y que ensillen sus caballos maldiciendo con furia. Walter y otro caballero los mantenían a distancia. que mandaría a alguien para que se ocupara del problema.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O2 20 0 — ¿Cómo diablos iba a saber que el rey lo encontraría? — protestó Niall — Mandé que Joceran llevara al chico al jefe de policía de Wallingford.

Emmeline diría que era un hombre hermoso. de Lacy. —Ah. Todavía estudiando a su mujer. serios. —Será mejor que nos coloquemos en el patio exterior — dijo secamente — lejos de la reina. —Ah. alisándola por los hombros de Niall. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 135 . su esposa era realmente maravillosa. solo con las ajustadas calzas. No tanto como Walter. Descalzo en pie. fuertes y silenciosos. Una de las sirvientas extendió dos cadenas de oro que él se puso. buscando sus favores. De repente. Niall tocó el oro que descansaba sobre su pecho. La palidez de la piel de Emmeline desapareció pellizcada por los dedos de las criadas hasta volverla rosada. Y cuando él se va sin embargo. qué diablos. Hereford. de la enfermera y la cantidad de compresas de salvado caliente. Por suerte su esposa no había dejado que los barberos de manos sucias lo tocasen. Intercalados en mechones llevaba filas de perlas. no lo necesitaba. donde estaba su esposa mientas las mujeres le ponían el vestido. sujetando las espadas con ambas manos. nos divertimos ante el rey como cerdos en la pila de la cocina. tenía una cola. Las trenzas a cada lado de la cara estaban cubiertas con más perlas. cuando estaba furioso. que era alto y de cabello rubio. Parecía llevar una pomada brillante roja en su boca y un toque azul en los parpados superiores. Niall FitzJulien le hacía recordar a las estatuas de piedra de los caballeros normandos en la cripta de la iglesia de la villa. los ojos codiciosos de las mujeres se paseaban por la recia curva de su trasero. No se molestó en levantar la vista. Chester. ah — gruñó Walter — colocarnos en algún lugar lejos del rey. cayéndole por los hombros y la espalda. Niall se inclinó para mirarse. en el enorme volumen de su virilidad. al estilo antiguo. Leicester. Este de una seda recia amarillo-vibrante. Sabía muy bien cuál era el aspecto de Niall y como sus sirvientas se pavoneaban a su alrededor desde que entró.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix contra otros. —El rey no parece tratar al señor del mismo modo — dijo. muslos. tendidos allí con sus yelmos y chalecos de malla. claro está. ah. para luego darles de lado cuando caen. como luna de un blanco resplandeciente en medio del rojo. con la pierna sangrando y palpitante. Excepto. Supuso que le debía la vida a ella. demorándose arrebatadas. en voz baja. ahora en boga en Londres y era ajustado desde el busto a la cintura y las caderas. Solo la reina podía considerarse más bella. Emmeline les escuchó hablar sobre su persona como si ella no estuviera allí. Es buena idea. Walter dijo algo entre dientes. incluso el arzobispo… ¿has visto como los grandes hombres se arrastran en presencia del rey? Walter enderezó el cuello de la brillante túnica. pero mandó peinar sus cabellos con la raya en medio. sus piernas largas. Niall hizo un gesto. Emmeline parecía una enorme flor amarilla. Las criadas se pusieron ante él portando un pequeño espejo. Parada allí. con un leve fruncimiento en el ceño en su bello rostro. alisándose el pelo largo y rizado con las manos. donde luego se abría en pliegues profundos. Ella había decidido no usar tocado con velo como las damas de la corte. Se enderezó mirando al otro lado del cuarto. Niall asintió. por la superficie ondulante de su vientre desnudo. nos ponemos de rodillas como mendigos que esperan conseguir un poco de bondad. que hacía a las mujeres suspirar y desmayarse. se acordó de los días pasados en la cama.

Juntos. con un ligero escalofrío. pensó Emmeline. Con solo mirarlo era posible comprender por qué era un guía de hombres. el señor y la señora de Morlaix eran bellos. Desde el momento en que vio por primera vez el rostro del rey en la plaza del mercado. Emmeline se dijo. No sabía cómo sobreviviría a la fiesta de bienvenida cuando el rey. —Dios bendito. sentía que cada día estaba a las puertas de la destrucción. aquella noche en la fiesta. No era ningún capricho extraño del rey arrancar a su hijo de la casa del caballero donde lo había mandado y traerlo de vuelta. casi cayeron dentro del cuarto. con su misma edad. — ¡Milady! — Exclamó el senescal — Necesito hablar con la señora es muy importante. el príncipe de Gales. —Milord. ni de broma — Walter lo censuró. por lo que se fueron a buscar más cerveza. de acuerdo con su posición social. Descendieron las escaleras en dirección a la plaza. El rey no podía culparlo de nada. y un montón de gente de la cocina. Emmeline supo que el joven Enrique Plantagenet no era un hombre ignorante de lo que sus nobles planeaban. dos sacerdotes cargaban rollos de pergaminos iban a su lado. Los semblantes de los criados reflejaban eso. Aquellos grandes ojos azul grisáceo sospechaban de todo. Y sobre los traidores que lo rodeaban. intentando colocar en fila a algunos de los más importantes nobles de Inglaterra. mandando dinero y ayuda a su archienemigo. con su túnica negra y el enorme manojo de llaves. no diga eso. Ella soportaba el secreto del oro traidor como una piedra en el corazón. con los trajes y las joyas. pensaran que vamos a un funeral. El rey llegó con su casaca de seda parcialmente abotonada. La única cosa que ella podía pensar era que Enrique retendría a Magnus hasta que descubriese la verdad sobre el emisario y el oro. Emmeline apoyó la mano en el brazo de su marido y levantó la cola del vestido con la otra. Gritó a alguien que ordenara a los músicos que se adelantaran y comenzaran a tocar. apenas ganándose las espuelas. pues entonces que esta mujer sonría. Tuvo que lidiar con la desesperada idea de que el rey podría no acusarla de alta traición allí. reflexionando que había condenado a Niall y su hijo. Los escalones de la torre eran sinuosos y estrechos. —Bueno. magníficos. Él la miró de arriba abajo. Se paró con la cabeza gacha. no a una fiesta. Los condes de Chester y Hereford se quejaban de que estaban hambrientos y que no se estarían parados como niños en la escuela. Baudri Torel. acusarla de ser uno de los traidores. con manchas de grasa adelante. Sería algo más sutil. Todos. pensaban en todo. tendrían una muerte horrible. podría descubrirla ante todo el mundo. ella todavía temblaba. Su marido se adelantó. La mayoría no prestaban atención. Todavía tendría tiempo de ver a Magnus. las sirvientas se apartaron riéndose. hablando entre sí. si lo deseara. que no sabían nada de aquello. Intentó calmar el temblor. Los porteros reales estaban apostados en el patio ante el salón. los pajes y mensajeros retrocedieron apresurados. Los criados se apresuraron a abrir la puerta. parecía irritado. mientras la mayoría de esos a su alrededor estaban. él era apenas un niño. si vas a poner esa cara. Era una bella tarde de final de verano.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix El nunca la perdonaría. Era por eso que ahora tenía a Magnus. Pasaron por las puertas ante una multitud que se agolpaba a Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 136 . En el rellano. Hay un problema milord con los ciervos de Hereford… Walter los hizo salir afuera. incluida ella.

hablando sobre la problemática de los angevinos y provenzales sentados en la misma corte. retirándola rápidamente. Los músicos. siguiendo alguna instrucción previa. tocando los violines. Enrique llevaba bebiendo desde la mañana. —Jesús — murmuró Niall. con el pie apoyado en el banco. era Baudri Torel con un delantal manchado de sangre. El juez. Se inclinó sobre la mesa y llamó a un trovador que estaba en la mesa de los mercaderes para que se aproximase y se sentara en un banco a su lado. Ella se dio la vuelta mirándolo. se inclinó y le murmuró algo al oído: —La reina está de mal humor. El canciller Becket se deslizó suavemente en uno de los espacios. los angevinos y los normandos del rey en otro. en el nombre de Dios. Los gascones y los provenzales de la reina estaban en un campamento. Cuando ella le miró. Las risas en un extremo de la mesa de la reina resonaron de nuevo. el senescal estalló: — ¡Milady. acompañado de dos ayudantes de cocina de Morlaix. Niall tomó la mano de su esposa. dejando al rey en las afueras en compañía de Thomas. La reina era la visión resplandeciente de una bella morena vestida de seda pesada entretejida de oro. La reina echó la cabeza para atrás y lo miró con expresión vivaz. pan y trozos de queso.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix pesar de las súplicas de los porteros. la mano del juglar cubrió la de ella. de Lacy. al otro lado de Emmeline. Veloz como el rayo. de espaldas a la multitud. Thomas Becket comenzó a hablar discutiendo sobre Aristóteles con el obispo de Londres. Los hombres de la iglesia en la mesa más baja se volvieron mirándolo. A su lado. tenía el rostro rojo. El rey Enrique la observó con los codos apoyados entre las copas de vino. Alguien apareció tras Emmeline. mande que alguien nos ayude! la cocina ya no es nuestra. Walter Straunge se inclinó y murmuró que la reina había colocado sus tiendas de campaña en el prado interior. junto con su amigo el conde Patrick de Salisbury y comenzó a hablar con el rey. Leonor de Aquitania estaba jugando un juego peligroso. circulaban por el fondo del salón. estaba impaciente. Obedeció trayendo a un compañero. soplando las trompetas hasta que el rey Enrique y la reina Leonor tomasen su lugar en las sillas especiales de respaldo alto. La cristalina risa de Leonor resonó. Hereford y Chester subieron a la tarima y se acomodaron en un banco en la mesa de roble principal al lado de Gilbert Foliot. Uno de los trovadores declamó una poesía. con el obispo de Londres y el arzobispo Theobald de Canterbury acampados cerca. en las salas y en las mesas de caballete. Dos jóvenes y bellos trovadores se sentaron frente a la reina. Cuando ella se volvió. en una caricia. Walter que estaba apostado tras Niall en la mesa principal. Los porteros reales se apresuraban a su alrededor sentando a los representantes más importantes de la Iglesia y nobles de segunda importancia en otra mesa sobre la plataforma. La pareja real se sentó separada en distintos lugares. Niall lo hizo. los párpados pesados. El rey bajó la cabeza amenazadoramente como un toro. Niall arqueó las cejas. El otro trovador se sentó de repente en el banco comenzando a afinar su laúd. con una corona de tachonada de joyas de la que colgaban velos de seda transparente roja. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 137 . El nuevo salón de fiestas del castillo todavía olía a troncos recién cortados. y comenzaron a conversar. Solo mire al rey. Los criados de Morlaix y los lacayos del rey iban de un lado a otro con jarras de vino. el obispo de Londres.

su nueva protectora. Emmeline asintió. A su lado. Walter escuchaba atentamente. Luis. pero que tenía una pasión extravagante por la reina que se convirtió en conocimiento público en algunas de sus canciones. — ¡El personal del rey usurpó nuestros puestos! — Gritó Torel — En este mismo momento. Suspiró antes de continuar: —Ellos son muy diferentes. La reina Leonor. que conversaba con el juez. Sabía cómo Leonor de Aquitania. Ellos avanzaron entre las mesas. ella intentó apartar al senescal a un lado para que ellos pudiesen ofrecer una bandeja de compota de frutas. No era especialmente cercana al personal del castillo. Pero Enrique Plantagenet no es tan bueno como Luis de Francia. —Dios es mi testigo. que había sido entregado a la iglesia para convertirse en monje. los ven como una gran calamidad. el rey de Francia. como su padre y su abuelo. había cogido la flauta de uno de los trovadores y tocaba. Walter los agarró por el cuello haciéndoles dar media vuelta. con su bello rostro animado. verdad? Pero él murió en un desgraciado accidente de caballo y el joven príncipe. —Naturalmente no hay duda de que ella tiene el don de cautivar — dijo de Lacy — Está acostumbrada a ser adorada. Alguien llamó a los músicos. en Inglaterra. La maldita gente del rey va a saquearlo todo. con Bernard de Ventadour. desafinando. de Lacy se sirvió una copa de vino y seguidamente llenó la de ella. Ventadour desapareció. nadie consiguió encontrarle. los filósofos. pero dudaba poder arreglarlo. la vizcondesa de Narbonne. ¿Quién en Inglaterra no lo sabía? —Ah. Algo que jamás harían ante los angevinos del rey. tomando lugar frente a la reina y sus trovadores y tocaron un acompañamiento para la música que ella tocaba. sus estudios. pero estos trovadores y poetas… — de Lacy tomó un trago de vino. a los que consideraban barbaros. ya reina de Inglaterra.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline de giró en el banco. que no solo era un plebeyo. Aun así. El rey ya no hablaba con Thomas Becket que ahora callado. Roberson. juro que dejé caballeros en la cocina justamente para el caso de que pasara algo así. Pero la reina los adora. Dyce y algunos de los arqueros de sir Gotselm están defendiendo la comida. fue sacado del monasterio para ser coronado rey y casarse con la novia de su hermano. —Vaya a la cocina y haga lo que pueda — dijo a Walter. Mientras ella estuvo casada con Luis de Francia. Emmeline decidió que debía ir con Walter para resolver el problema en la cocina. e incluso sus… gustos más terrenales. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 138 . Incluso le gusta a los ingleses. Dicen que ahora está en la corte de Ermengarde. casi hubo un escándalo con relación al trovador Marcabru. no ocultó que la amaba — se calló para ver si Emmeline le prestaba atención — ¿Sabe que ella debió haberse casado con el hermano mayor de Luis. —La reina a pesar de todo es enormemente querida — le dijo al oído — no nos engañemos. pensativo — Muchos. fue entregada al hermanastro destinado a ser monje que se convirtió en rey de Francia. Los dos pequeños pajes del rey aparecieron. Emmeline intentó encontrar la mirada de su marido. durante un tiempo. ellos tenían la tendencia a tratarla como a la esposa del orfebre. daba vueltas en la mano a una copa de vino vacía. Y otra vez. a los catorce años. mientras el rey Enrique ama sus libros de leyes.

pero Enrique lo apartó con gesto brusco. El cortejo siguió hasta la mesa principal algo indeciso. la cornamenta izquierda se desplazó visiblemente para abajo y a la izquierda. Los cocineros levantaron la parte delantera de la tabla. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 139 . El estaba observando al rey y no notó la aparición de Torel y sus hombres. Casi de inmediato se pudo ver que algo raro estaba pasando. se levantó con los ojos clavados en la reina Leonor y en el ruidoso grupo a su alrededor. con una casaca oscura y con el gran manojo de llaves. conforme los porteadores avanzaban con paso oscilante. asumió su lugar al frente. la conversación sobre un misterioso amor… ¿Cómo se llamaba? Se giró para preguntarle a de Lacy. Pero dos caballeros usando los colores de la guarnición de Morlaix se adelantaron levantando sus trompetas y las hicieron sonar.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline estaba acostumbrada con la manera en que la corte chismorreaba sobre la reina. la salsa goteó por los dedos de los ayudantes de cocina y cocineros. no le escucharon. Emmeline tocó el brazo de Niall. todos los ojos se volvieron hacia el rey. Thomas Becket le puso la mano en la manga. El senescal tenía razón. El rey empujó su copa de vino derramándola. Enfadado porque no hubieran dejado de tocar. pero raro en los territorios fronterizos con Gales. pero entonces el senescal murmuró: —No se detengan — despidió a dos caballeros de Morlaix que todavía trompeta en mano se acercaron a ayudar — levanten la parte delantera — gruñó — caminen más rápido. Baudri Torel. con las astas y pezuñas decoradas y con manzanas acidas en los ojos. pero todo el peso se concentró ahora al frente. más presentable ahora. las cabezas se volvieron. La parte delantera que soportaba el peso de la cabeza y la espalda del ciervo. pero el rey Enrique inclinó abruptamente sobre la mesa para llamar a los músicos que de espaldas a él. Sobre ella. Pero de repente. Conforme la plataforma de madera se balanceaba. Ella no consiguió distinguir cada detalle. Una salva de aplausos la visión del tradicional ciervo. Visiblemente tambaleante. El colgante roto. En la sala llena de gente. con la piel crujiente que hacia la boca agua. se escurrió un poco de las manos de los porteadores y comenzó a inclinarse hacia el frente. las salas estaban llenas de lacayos portando bandejas de comida. Conforme veían como sus facciones se volvían más rojas e iracundas. flanqueado por cuatro cocineros que portaban cuencos de madera a la altura del hombro. que le dio a la reina en la frente. El ciervo. Una ola se formó en la salsa cuando el ciervo se movió. una onda de pavor recorrió el ambiente. recordó al trovador que estaba con Thomas Becket en la primera visita del canciller. reunidos ante la reina. Enrique Plantagenet tenía un temperamento terrible. con los portadores sujetando los bordes más gruesos de la tabla. Emmeline vio que Baudri Torel. El cortejo fue más despacio. portando una tabla que por su tamaño parecía una puerta arrancada de sus goznes. solo se podía hacer una cosa: andar más deprisa. Niall se sobresaltó. El enorme cuerpo del ciervo asado yacía en un lago de salsa que estaba empezando a desbordarse por encima de la guarnición de nabos y cebollas colocados a su alrededor. característico de la corte de Londres. En el salón todos dejaron de hablar. La procesión de cocineros apresuró el paso. había un venado asado entero. Al mismo tiempo. Un banco lleno de caballeros del conde de Norfolk de repente se vació. estaba muy lejos. Al sonido. el rey lanzó un pedazo de pan. un grupo de cocineros y ayudantes de cocina del castillo surgieron por las puertas abiertas.

una porción de salsa pasó entre la guarnición cayendo al suelo. respirando con dificultad de tanto reír. El rey se inclino al frente. — ¿No lo veis? — El joven rey exclamó — Aquellos que cazamos desde el inicio de los tiempos ahora nos buscan para consumar su diabólica justicia. El policía del equipo del rey levantó una porción acompañada de bollos y con cuidado la depositó ante el rey. La primera carcajada estruendosa vino del rey. con la boca desencajada de espanto. a la altura del pecho. y avanzaron. el ciervo saltó de su lugar de descanso y voló para el frente. Pero. sacó su puñal y saltó sobre la mesa. Los dos porteadores de delante hicieron un último intento de levantar el borde de la tabla. sudando. y los ayudantes. presa del pánico. Acertó a los trovadores. ahora más o menos nivelado. En ese momento. Los cocineros. que parecía vivo. La cabeza del ciervo ya colgaba por el borde. De repente lleno de un explosivo buen humor. ¿cree que esa cosa huirá de su control? — preguntó el juez. se pusieron valientemente frente a la reina Leonor agitando los brazos para protegerla. Después de mirar al rey que gritaba blandiendo su puñal. ¡La rebelión debe ser reprimida! Una explosión de risas coreó el discurso. Niall se levantó. se tambalearon y la tabla se inclinó peligrosamente a la derecha y luego de nuevo a la izquierda. mientras Patrick de Salisbury.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix respondió al impulso hacia adelante deslizándose un poco más. con toda ceremonia. tan borrachos como el rey. gritando que se parasen. Enrique se sentó. Con una notable demostración de fuerza. cuando el personal de Morlaix y su carga corrían en dirección al estrado. No había tiempo para parar. precedido de una lluvia de nabos. uno de los cocineros gritó. convocando a todos a ayudar a los cristianos bajo el ataque de los enemigos ancestrales del bosque. Los caballeros que se esforzaban por liberar a los trovadores partieron el ciervo en varios trozos. Los condes de Hereford y Salisbury. completamente borracho. Los músicos gritaron lanzando sus instrumentos lejos. ellos se recolocaron para ocupar el espacio dejado por el muchacho que se había caído. No tuvo tiempo de responder. El ciervo se había deslizado demasiado deprisa para detenerse. El personal de cocina. acercarse a ellos a una velocidad preocupante. —San Jorge nos salve. De Lacy también. después de una mirada aterrorizada. los caballeros de la guardia real saltaron sobre la mesa principal levantando la tabla para liberar a los trovadores presos bajo ella. con el hocico chorreando salsa. cargado por los cocineros al galope. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 140 . El salón cayó en un silencio atónito. Un ayudante de cocina lo pisó cayendo de espaldas con un grito ahogado. Morlaix. se unieron a él en la mesa entre el pan y las copas caídas. Los dos jóvenes trovadores. en un intento de colocar la tabla con el ciervo entre los platos: —Para arriba muchachos… ¡Levántenlo! Pero no fue así. que levantaron los ojos a tiempo de ver al ciervo asado. En el último momento. se aproximaba al trote. Así como la mitad de las personas sentadas en la mesa principal. y se metieron bajo una mesa en busca de protección. Baudri Torel jadeaba para que aguantaran. aceptaba la cabeza menos la cornamenta. La nueva dirección les llevó derechos hacia el grupo de músicos y los dos trovadores. conforme hacían un esfuerzo para desviarse ligeramente del rey. que uno de sus caballeros le ofreció.

—Excelente. excelente. señora mía.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline se levantó en cuanto vio a los cocineros del castillo correr en dirección a la mesa. querida mía — de Lacy dijo al oído de Emmeline — Nuestro soberano recuperó el buen humor gracias a su personal. ahora el rey Enrique le va a conceder cualquier favor que le pida. Ahora se agarraba trémula a de Lacy. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 141 . El lord de Morlaix había saltado sobre la mesa y estaba entre aquellos que levantaban la puerta de madera de encima de los trovadores semiinconscientes. la reina Leonor limpió las manchas al frente de su vestido con un pañuelo y se alejó rodeada de sus damas. De pie a su lado. Piense que es lo que quiere.

rígido. tengo que decirte que no podemos quedarnos. sir Wulfran dijo que estoy en casa para quedarme. Por un momento. — ¡Mamá! — Magnus se tiró sobre ella. sir Wulfran. parado allí. —Mi señor – se inclinó hasta la cintura. Echó una mirada a Joceran como recordando algo y entonces se apoyó sobre una rodilla y le tomó la mano. No obstante. Alguien le había cortado el cabello como el de un caballero normando. además de otras cosas. ella nunca lo tendría lejos de su vista otra vez. sí. Le dio un beso apresurado en los dedos y se puso en pie. Pero estaba con el rey mamá. – Con fiesta o sin fiesta debe haber una manera de conseguir dormir un poco aquí ¡maldición! La puerta se abrió y Magnus irrumpió dentro seguido por Joceran. Si pudiese. para un poco y déjame mirarte. — ¡Cielo. Joceran dice que debemos bajar a las barracas ahora mismo para ver si conseguimos una cama. el rey lo había mandado de vuelta. ya no soy un bebé. que se había sacado las botas y estaba sentado en el borde de la cama. Emmeline no podía creer en aquel pequeño caballero. las guarniciones de caballeros. preparado. Mi tarea es llevar los yelmos para pulirlos y sustituir las velas. — ¡Mamá. los hombros hacia atrás. depositando besos en el rostro de su hijo – Ah querido. incapaz de gritar su alegría. Aún peor. —Mi señora madre – dijo Magnus. las manos giradas hacia adentro y las palmas en las piernas. Ella casi sollozó de felicidad. no grites! — Emmeline lo abrazó. Pero ahora. con los ojos mirando al frente. no! — Joceran. le pasó los brazos por la cintura y casi le hizo perder el equilibrio – ¡Espera que te cuente sobre los lugares a los que viajamos Joceran y yo! – su voz sonaba a gritos por la excitación – Ah. erguido. y la pequeña capa que usaba en los hombros tenía un ramo de genista prendido en él. Estoy muy contento de estar aquí con el señor nuevamente. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 142 . Había mandado a los criados afuera y estaba sentado al lado de la cama sacándose las botas. había aprendido en algún lugar a quedarse de pie. todos se presentaban de esta manera. la plant a genet. —No los dejes entrar – dijo Niall. Él consiguió librarse de su abrazo. cuando oyó el sonido de pasos corriendo por las escaleras de la torre. Después de todas aquellas semanas tenía los brazos en torno a Magnus. Estaba vestido con los colores del rey. Atravesó la habitación corriendo hasta donde estaba Niall. el símbolo de los Anjou. Las manos de Emmeline se bajaron al lado del cuerpo y miró a su hijo. Estaba tan cambiado que casi no podía creerlo. Y ayer y hoy tuve que andar con los otros pajes y escuderos de la corte todo el camino desde Chirk porque no había espacio suficiente en los carros. Hay un maestro de los pajes. hizo un gesto de desaprobación – Necesitas dejar de besarme así. observando la escena. Emmeline se quedó paralizada. que es muy severo. Los emisarios. pero le había pasado algo terrible. Magnus se había ido apenas hacía unas semanas. otra cosa nueva – Milord – dijo solemnemente – Mis mejores votos para vuestra salud y bienestar. – Que Dios os guarde y os bendiga. que cargaba un montón de ropa. Seguía por la frente encima de las cejas en una línea recta que se redondeaba como un cuenco bajo las orejas.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O2 21 1 Emmeline había apagado la mayor parte de las velas y estaba en camisola. sobre el hombro de Magnus.

Recuerda a tu madre en tus oraciones.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Niall lo miró de arriba abajo. Pero Emmeline les bloqueó el camino. las murmuraciones. El escudero saludó. Voy a buscart e algo para comer y me puedes contar dónde estuviste y todo lo que te ha pasado. —Estás bien aconsejado. —Tú deshaces todo su buen trabajo. con la mente aún llena de imágenes de Magnus. Por lo que había visto en los últimos días. Niall se esforzó para parecer tan solemne como el chico. Busca a sir Gotselm. Estaba acostado de espaldas entre las almohadas con una ceja arqueada estudiándola. mi señora madre. aquella Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 143 . —No fue tan corto. —¿Por qué Joceran es tan frío conmigo? Niall levantó los pies. —Es bueno verte tan bien – su voz era áspera — ¿Cómo es que has crecido tanto en el corto tiempo que has estado lejos? – Magnus estaba serio como un juez. se los frotó y los metió debajo de las mantas. pensando que su vida la estaba cercando. No era señora de nada ahora. —No. Inclinó la cabeza al escudero. —No. ¿no es cierto? En cuanto al hecho de crecer – suspiró – dicen que es una característica de mi edad. Debo obedecer a mi señor y bajar – respiró profundamente – Aunque realmente me gustaría quedar con la señora – confesó – Me gustaría mucho. Se sentó. él era el más guapo y vigoroso de los muchos nobles que había alrededor del rey. acabas de llegar. del modo en que él hablaba ahora. ni de la mansión. Y. Incluso su propio hijo parecía venerarlo. pensó con honda amargura. que lo saludó de nuevo y salió. Cualquier sacerdote le diría que era a causa de sus pecados. Magnus lo vio e hizo lo mismo deprisa. El tiene algunos sitios para los nuestros. Ella se giró para mirarlo. —¡Joceran! — llamó Emmeline descontrolada. independientemente de cuanto luchase ella. En la fiesta. Niall se levantó y se sacó los calzones. ¿por qué no? Al fin y al cabo. ¿y si supiese algo sobre los traidores que mandaban oro para apoyar a los galeses? ¿Y si supiese sobre ella? Giró la cabeza de lado. sabiendo que se estaba atormentado. ella aún no quería ser la esposa de Niall FitzJulien. Ni de su hijo. Que ella no tenía la humildad de espíritu para aceptar lo que Dios había ordenado para su vida. no te vayas tan pronto. hizo un gesto a Joceran para que lo siguiese y salió corriendo de la habitación. Magnus era su hijo. Él la miró seriamente. ella siente terriblemente tu falta – miró sobre la cabeza del chico hacia el escudero – Es mejor que vayáis deprisa a por una cama allí abajo. ni siquiera del oro de los orfebres. Pero. Querido. pasados y presentes. ¿aún está aquí? ¿Ha tenido cachorrillos? Soltó una exclamación en voz alta. tocándose con los nudillos en la frente. Mi perra. estuvimos lejos durante la mayor parte del verano. detestaba la corte del rey. de su apariencia. aquella noche. Sin embargo. Rega. con mirada vaga. deja que baje Joceran – intentó cogerlo por la mano – Siéntate en la cama conmigo como acostumbrabas a hacer cuando… cuando eras un niño. Emmeline fue hasta la cama y se sentó. moldeándola por su cuenta. señor. Santo Dios. nuestros huéspedes aún deben de estar bebiendo.

Las manos fuertes agarraron sus nalgas y las apretaron. dos hijos que Luis no pudo hacer con ella. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 144 . Santo Dios. lo cogió y le sacó la cera con los dedos.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix gente peleona en constante disputa por los favores del rey y a la inmensa masa de frailes. —Ella está acostumbrada a ser rica y guapa. pero todo le pareció divertido. cocineros. que era. —Ella es guapa – murmuró ella con un jadeo – Nunca había visto a una mujer tan encantadora. acercando las mantas al pecho – Si Leonor fuese más inteligente se libraría de esos pajaritos cantores de Aquitania. alguaciles. después que se desposó con el rey Enrique. —He oído decir – Emmeline apagó las velas y después se lamió los dedos y apretó las mechas para que no echasen humo – De Lacy me estaba contando sobre un trovador que causó problemas a la reina cuando aún estaba casada con el rey de Francia. Emmeline se apartó. pero Niall estaba allí. —¿Qué te ha dicho el rey sobre el ciervo? – preguntó. Ambos tenían gran amor por ella y lo cantaron en público. Ya han causado problemas antes. El sol y la luna giraban en torno a Enrique. No sabe hacer nada. Ortmund y Tom? —¿Qué estás haciendo? – Quiso saber Niall – Apaga las velas y ven a la cama. Los lugares así no estaban hechos para vivir en ellos. mucho mejor que cualquier cosa del castillo de Morlaix. – bostezó. El castillo estaba lleno de criados. el placer de la tienda de los orfebres… y la compañía de Magnus. Emmeline se levantó y buscó el apagador de velas por la habitación. —El rey le dio una bolsa a su administrador – dijo Niall – Claro que estaba borracho. que. podría arruinar a cualquier persona con una única palabra. Emmeline dejó que la abrazase. Ella le dio todo lo que él quiere. —No es lo mismo. —Enrique la ama a su manera. —Creo que ella quiere que el rey Enrique la ame como el rey francés la amaba. Ella estaba muy lejos para ver todo lo que había pasado después que el asado se hubiese caído sobre los cantores de la reina. ¿No tendría nunca más su vida segura y buena como los comerciantes de la ciudad? ¿O su confortable casa. – Niall extendió la mano. Gracias al cielo que el personal de la cocina no se cayó encima de la reina con aquella maldita cosa. la mitad de Francia. de lejos. Niall la empujó sobre su cuerpo y le levantó la camisola hasta alcanzar las nalgas desnudas y acariciarlas. por lo que ella había visto. Ella no quería vivir así. con ellos. Las cosas desaparecían. Dijo que la gran debilidad de la reina es que está acostumbrada a ser adorada. para después deslizar las manos por sus piernas. No puedo imaginar que alguien dejase a los trovadores ser tan osados – llevó la última vela hasta el lado de la cama y la colocó sobre la mesilla – El juez es un gran cotilla. pero lo hacían todo a desgana. detestaba pensar que eso podría estar ya pasando. Niall estaba acostado con los brazos tras la cabeza observándola. porteadores y criados que llevaban y movían la corte hacia abajo y hacia arriba y le daban existencia. al final solo eran fuertes para los soldados. Sabía que él quería acostarse con ella. Encontró el apagador en la paja. la agarró por su camisola y la empujó hacia la cama. fortuna y ahora. Y de otro. clérigos.

Emmeline cedió. Lo oyó respirar profundamente cuando se inclinó sobre él. Joceran te traería al chico de vuelta. forzando la entrada. La agarró con las dos manos. estirando sus músculos. El cogió su pene con la mano. tan perfectos como las perlas de sus cabellos. las caderas encajadas en el cuerpo moreno y poderoso. quiero verte – la cogió por los codos y la empujó para que lo montase. Mientras tanto. Niall la cogió por la nuca y la acercó tomando su boca. —No. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 145 . era más de lo que podía soportar. con los dedos penetrándola. cambió de posición y deslizó la boca por su abdomen para hacer lo que le gustaba especialmente. enorme e hinchado y Emmeline se bajó lentamente hasta encajarlo en su hendidura húmeda. – Maldita sea – la agarró por los brazos – Tienes al chico de vuelta como te prometí. – Emmeline no lo creyó. Emmeline lo creyó en una cosa. Emmeline podía sentir la tensión de Niall ante la fuerza del deseo. como una diosa pagana. —¿Es esto lo que te hace feliz? – murmuró contra sus labios — ¿Tener al chico contigo? – el encanto se rompió. Él no consiguió aguantar por mucho tiempo. besándola con una dolorosa gentileza en los hombros y los brazos. —Tú eres más hermosa – murmuró. Niall se arqueó cuando los músculos de ella lo apretaron.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Levantó los brazos para dejar que él le sacase la camisola por la cabeza. Emmeline intentó apartarse. Con un gemido suave. Tiró de los cabellos hacia atrás y bajó los ojos hacia su marido. con pequeños mordiscos cariñosos. deslizando sus caderas hasta encajar entre las de él. Entonces. enterrando la mano en sus cabellos. espera. Pronto se encogió – cuidado con mi pierna. Que le hubiese dicho a Joceran que trajese a Magnus de vuelta en el caso de que muriese. Introdujo los dedos. los pezones rosados. Con la espalda arqueada. Él se lo impidió. Niall la agarró con fuerza frunciendo el ceño. Ella levantó la cabeza para mirarlo – Ven aquí. Niall estaba desnudo bajo las mantas. Emmeline gritó. —Intenté decirte aquella noche… la de mi maldita pierna… que si muriese. él deslizó la mano entre sus piernas abiertas y encontró su centro caliente y húmedo. —Mi hechicera fogosa – la otra mano apretó sus nalgas – Mi bella hechicera fogosa. Sus pechos se movían libres. de repente. Lamió las puntas de sus pechos mientras se movían y la empujó para poder chuparlos y mordisquearlos hasta que ella gritó. frotándose contra su cuerpo con movimientos fuertes y duros. Respirando fuerte. la mano entre sus piernas la mantenía allí. El rey no tuvo nada que ver con eso – la sacudió – Quiero que me muestres tu gratitud. desnuda. Ella nunca lo había visto así. ella levantó los brazos cogiendo la masa reluciente de cabellos hacia arriba desde detrás de la cabeza. Sus piernas tocaron la rigidez del miembro erecto. Emmeline soltó un grito trémulo. Entonces Emmeline empezó a girar las caderas en pequeños círculos. Los labios suaves y calientes se pegaron a los suyos y la lengua se insinuó hacia adentro buscando la suya. Y Emmeline percibió que Niall respiraba profundamente. Niall la agarró por las caderas y la empujó hacia abajo con fuerza. provocando un dolor palpitante y ansioso que hizo que Emmeline se retorciese de deseo. Comenzó lentamente. Pronto empujó su cabeza hacia abajo.

algunos de los invitados del rey Enrique aún no estaban preparados para irse a sus tiendas. algunos criados estaban de pie. encendiendo hogueras para el desayuno. lo saludaron cuando pasó. En el puente de piedra. cantos. apostados a lo largo del camino. los golpes de un tambor y el sonido de un laúd. con un carro lleno de verduras iba al mercado. un labrador.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Empalada por el miembro erecto. Por las llagas de Cristo. pero había una cosa que necesitaba hacer. Conforme el corcel lo atravesaba y era rodeado por la neblina. —dijo bajito en su oído — ¿Cuándo me vas a hablar sobre el bebé? Habían dejado abierto el puente levadizo toda la noche por el tráfico de la fiesta para el rey y la reina y su corte. había en lugares así. movió las caderas. trabajando con las primeras luces de la mañana. la niebla cubría la superficie del río del color del plomo. galopando hasta la mitad de la colina hacia la ciudad antes de disminuir el paso. Emmeline. con los cabellos de fuego fustigando el rostro de Niall. —Shh. Walter incitó a su corcel al trote por las tablas del puente y giró hacia el camino de la villa. explotó en lágrimas. Sus ojos quemaban por la falta de sueño. Todos conocían al joven capitán rubio del lord. todo está bien. No quería dejarlo. Walter hizo la señal de la cruz. mojada de lágrimas. el panadero abría las puertas de su tienda dejando salir el olor a pan fresco que hacía mojar la boca. Ella enjugó la boca. aunque ya llegase el amanecer. sintiendo quebrado el hechizo. De repente oyeron un tumulto ruidoso en la plaza. pero continuó con el rostro enterrado en el cuerpo aún agitado de su marido. Los guardias de caballería. Estaba tenso y exhausto por sus obligaciones en la noche de la fiesta. suave y blando y. manoplas. Por alguna razón quería quedarse acostada así. el la oyó gritar a través de las olas espasmódicas de su propio éxtasis y la abrazó. ondinas y otros seres ancestrales que. el vigilante de la ciudad levantaba la linterna en busca de ladrones y vagabundos por los rincones. era sabido. allí abajo. No quería moverse aún. El cuerpo grande y desnudo bajo el suyo era fuerte y caliente. En el campo. duendes. El sol ya era una pálida presencia en el cielo nublado encima de los árboles. con el dorso de la mano. pidiendo protección contra los espíritus del agua. ¿Por qué estás llorando? Tienes al chico de vuelta. el animal se lanzó al frente. Al final del puente clavó las espuelas en el garañón. ella lo cabalgó como una loca. apretándola con fuerza contra el pecho hasta calmarse. agarrada a él. Entonces. de repente. con su pesada armadura. Las mantas de la cama se enmarañaron en torno a los dos mientras ellos se debatían en las llamas de la pasión. yelmo en punta y el largo visor de su nariz. Walter sonrió. Frenó su montura a un trote lento en los portones de la ciudad. Aún montada en él se acostó sobre el cuerpo fuerte de su marido y lloró. Miraron hacia Walter cuando pasó. Él los cogió con las manos y empujó a Emmeline hacia abajo conforme empezaba a conseguir el camino del alivio. de mala gana. Sorprendido. —Emmeline. él le acarició los cabellos húmedos enmarañados. Respirando pesadamente. El vigilante y el panadero lo saludaron. acampada en la campiña. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 146 . Emmeline sintió el miembro de Niall salir de ella. El pueblo ya estaba en pie. despertándose. y la niebla erizaba los pelos de su nuca de una forma desagradable.

Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 147 . Incluso así las beatas parecían felices. La mansión estaba rodeada por un muro alto. pero no había nada allí. Alguien llegó a la ventana. Walter vio una vela pasar lanzando sombras brillantes en las paredes. Sus ojos buscaban. Había luz suficiente ahora para ver a alguien sentado en un caballo por el lado de fuera del portón. Pensó en como trabajaban desde el alba al ocaso. Se quedó sentado allí. pasando unos pocos momentos robados de alguna tarea. Sus ojos vacilaron apenas un instante. Continuó sentado en su caballo un largo tiempo. mirando aún hacia la ventana. bostezó y. lo vio. por el muro de piedra que cercaba los árboles del cementerio y. las caras serenas. abrió las contraventanas y tiró un cuenco de agua hacia afuera. Muchos de ellos lo habían visto en la calle de los orfebres. por los almacenes de los fabricantes de lana. las habitaciones apretadas bajo el tejado de paja. usaba una camisola suelta que mostraba los contornos de sus pechos de chica. ¡Era Berthilde! Acababa de despertarse. Pasaron por la iglesia. solo la oscuridad.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Levantó la mano. El cielo se tiñó de un color más claro. extendió la mano deprisa y cerró las contraventanas con un golpe. Pero en la calle era posible ver los pisos superiores. Finalmente giró la cabeza del corcel y volvió por la calle. Era más de lo que había esperado. Había luz en uno de ellos. después. entonces. Aún no había colocado sus cabellos hacia arriba. Berthilde miró hacia abajo. sobre el caballo. La mirada de sorpresa y la expresión de espanto penetraron en Walter Straunge como el fuego hasta las profundidades de su alma. Levantó el brazo y él vio el movimiento cuando ella empezó a peinarlos. Mantenían los ojos bajos. las ventanas cerradas del ala de los criados. Cuando estaban la una con la otra reían y la sonrisa contrastaba con el hecho de cómo se comportaban con las otras personas. sabiendo dónde estaban. en la penumbra. caían sobre sus hombros como cascadas bajo la luna. Walter la vio sobresaltarse. en la calle. Walter no se movió. Walter vio la película plateada y oyó el ruido. En el siguiente instante ella dejó el peine. El enorme corcel casi sabía de memoria el camino. mirando hacia la ventana paralizado. Suponía que sabían a donde iba. los labios diciendo lo mínimo en los saludos. Trabajo y oración. disminuyó el paso y se paró. El caballo. la cara moldeada en la ventana. Por lo memos ella sabía que él estaba allí. Santa María. La vela se apagó bruscamente.

El conde de Hereford se mostró pensativo. nada. Las quejas de los burgueses disminuyeron cuando se enteraron que el rey Enrique y el Príncipe Cadwallader de reunirían para discutir un tratado de paz. Algunas de las mujeres del propio príncipe estaban en el incendio. Nadie sabía que pensar de ello. La puerta de la habitación de la torre estaba entreabierta. —Morlaix tiene razón. —Por las llagas de Cristo. antes de decir que Enrique Plantagenet nos ha dado algo bueno! Niall lanzó la copa de vino que sostenía. Morlaix. pero Emmeline no hizo intención de entrar. esos eran sus elementos. El rey adoraba la diplomacia. El que la noticia cayera por sorpresa sobre los barones de las tierras fronterizas era característico del rey. reclamaba esas tierras como suyas desde tiempos ancestrales. —Sea razonable. Ella estaba con la delegación de los artesanos que habían ido a reclamar sobre la situación en la ciudad. trajes. quiero olvidar esa matanza. El pequeño comerciante de vinos rugió de indignación. ya que un verdadero ejército de comerciantes ofrecía artículos de hierro. No es que solo hubiera extraños pidiendo alimentos para la corte del rey Enrique. —Cálmese — dijo Hereford — Alguien fue tan estúpido como para poner a mujeres y niños en una fortaleza de madera. de lugares tan lejanos como York y Chester. ¿Quién iba a adivinar que el rey mandaría a Thomas Becket a negociar en secreto con nuestro amigo Cadwallader? ¿Se dan cuenta de cómo Enrique saborea las sorpresas? Es su forma de mantenernos en el punto de mira — dijo encogiéndose de hombros — Creo que fue su ataque a Glyn Cierog lo que les hizo cambiar de opinión. joyas e incluso caballos y mulas. el padre de Cadwallader. sino que ahora fuera posible comprar casi cualquier cosa. La noticia de que el rey iba a intentar pactar la paz con el príncipe de gales fue una sorpresa. la negociación. — Por lo menos el rey os dio a usted. Había altercados y peleas de borrachos desde que el rey y su corte habían estado allí. aunque haya estados estos últimos meses inclinándome al viento con mi falo colgando por fuera para que Cadwallader y la mitad de los malditos Glamorgans cortasen trozos de él. Ésta golpeó contra la pared y el vino se extendió por la piedra en franjas rojas. No es algo de lo que me enorgullezca. Muy propia de Enrique Plantagenet decía todo el mundo. Se quedó en el rellano escuchando lo que decían. la política. no parecía que los galeses la hubieran mordido. ropas de cama. FitzJulien. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 148 . a Chester y a Salisbury la gracia de su consejo. Para mí. la última vez que vi su polla. El conde de Hereford se inclinó para recogerla poniéndola en la mesa. que todos los demonios del infierno me lleven a pudrirme en el averno. —Recuerde — dijo Watris el herrero — el viejo príncipe. Niall le envió una mirada caustica.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O2 22 2 — ¡Vaya. cuando oyó hablar de eso por primera vez. aunque lo que más preocupaba a la población era que otros mercaderes y artesanos vinieran de afuera. Rannulf de Chester se rascó la enorme barriga.

no tenía dinero. Emmeline no podía dejarse vencer por el pánico. no conseguiría nada. un buen caballo. era importante que el rey conociera las dificultades. Un caballero apareció en las escaleras con una bandeja de pan. Los dos condes de las tierras fronterizas dejaron en ese instante de hablar del rey y comenzaron a conversar sobre el próximo torneo. Se detuvo cuando la vio de pie allí. ¿No estuvo Daffy dap Llandro un año en la corte con Luis. Si lo derrotan su rescate sería muy alto. Aquí siempre luchamos contra los galeses. Se tenían que convivir con los belicosos galeses. tomando su vino. Cadwallader vendría aquí. —Ah. el rey francés? — observó colocando la taza en la bandeja — Tenga cuidado FitzJulien. Aunque con seguridad otros conocían la casa de Neufmarche y cómo era utilizada. Emmeline cogió la bandeja y entró. a Morlaix para encontrarse con el rey Enrique. Difícilmente sabrán el significado de esa palabra.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —El joven rey Enrique nos traicionó. Me gusta su nuevo garañón. Recurrían a ella para que los ayudara dadas sus nuevas influencias. Morlaix. carne y copas limpias. En vez de pedir rescate por los caballeros. aunque lo intentase. Dudo que hayan olvidado Glyn Cierog. Habían vuelto a convocar reuniones de artesanos para discutir si deberían pedir una audiencia con el rey. — ¡Eso si ellos se toman el trabajo de derrotarlo y capturarlo finalmente! Niall se alejó. El caballo vale la pena. ¿Cuál era su nombre? —Hammerer. —Así podrán observar como los normandos y angevinos hacen eso — contestó Niall con sequedad. Los artesanos habían ido a contarle sus problemas porque ella todavía era uno de ellos. —Tal vez no haya paz — les dijo ella — Las negociaciones suelen alargarse mucho. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 149 . ni un lugar donde ir. Lástima que haya perdido el otro. Era inútil intentar huir de nuevo. —Tenemos nuestro trabajo hecho — dijo Hereford — Los galeses no luchan en torneos. solo había visto a uno de esos emisarios. aunque más importante era la ahora la castellana de Morlaix y esposa del lord. Hereford bufó. La paz con Gales no era lo que preocupaba a Emmeline. —Yo le venceré. Este es un valle inglés. Hereford se rió. nos arrancarían las cabezas. Los miembros de las corporaciones continuaban sombríos. —Sí. El príncipe tiene uno o dos que podrían participar en una lucha decente. —No me gustan los torneos. Chester terminó su cerveza con sus ojos oscuros clavados en Emmeline. Era demasiado para soportar. los galeses no son tan salvajes como piensa. Es un desperdicio de hombres y buenos caballos. Cualquier influencia que pudiera tener se acabó en el momento en que su senescal y los cocineros casi habían matado a dos trovadores de la reina con ciervo asado. Le vi luchar con usted en Francia. En todos los años que los emisarios habían transportado el oro de Francia y luego los pastores que lo llevaban por las montañas hasta Gales. si los galeses no lo consiguen.

tienes una pésima opinión de mis habilidades… Pero por otro lado. Niall llevaba horas bebiendo. tal vez tengan un bastardo de él. La miró con aire sombrío. Con un suspiro dijo: —Hay algunos a los que les gustaría poner a sus hijas e incluso a sus esposas… en la cam a del rey. Se limpió la boca con el dorso de la mano y se quedó mirando a Emmeline. Watris. Algunas mozas piensan que si tienen suerte. El rey y el príncipe Cadwallader. ¿Me estas escuchando? Emmeline se apartó. Es el dinero lo que me preocupa. —El rey Enrique está buscando muchachas en la ciudad. Que Cadwallader podría haber oído decir quién era ella y que parte representaba en el contrabando del oro y podría denunciarla a Enrique.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Los condes se marcharon y Emmeline se quedó quieta con la bandeja en las manos. con Hereford y Chester y difícilmente podía estar sobrio. Soy la única que intenta evitar que se derroche lo poco que nos queda. tu rescate costará todo lo que tenemos. pensó Emmeline. el herrero. —No puedes luchar en un torneo — dijo — Si alguien te captura. seguramente. Pero sabe que estoy vigilante. —Por el amor de Dios ¿es por eso por lo que nunca me pierdes de vista cuando el rey está cerca? —Conozco a Enrique — dijo sirviéndose más vino — Ya te habría poseído a estas alturas. Emmeline se mordió el labio. poniendo la bandeja sobre la mesa. Hasta el mismo Chester hizo algún comentario vago sobre que él sería el próximo. Niall se sirvió vino bebiéndoselo de un trago. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 150 . Si había un torneo. El maestro Avenant. Pero dudaba que su marido estuviese lo suficientemente sobrio para creer la historia. todo el mundo estaría allí. — ¿Por iba a hacer una petición tan inútil? — dijo entre dientes — Vas a hacer lo que quieras. el lanero. Por lo que imaginaba a estas alturas estarían agotadas. La mujer va a la ciudad diariamente. esperaba una conversación mas piadosa algo como que no entrara en una pelea a causa de mi pobre pierna herida. buscando chicas nuevas. —Nadie me va a capturar por rescate en ningún torneo — sus palabra salieron arrastradas — Jesús. Así podrían vanagloriarse de que durmieron con un rey. ha mandado a sus hijas con unos parientes. Quería contarle lo de Cadwallader y el oro. La mayoría de los nobles de Inglaterra a quiénes el rey Enrique honraba con su presencia eran testigos de lo que costaba. Creen que somos ricos. nunca me has visto luchar. Tenía que pensar en algo. —Por las llagas de Cristo. Estaba ansiosa por descubrir cuanto habían sido esquilmadas las cuentas de Neufmarche. —Dios bendito — Niall la miró tambaleándose ligeramente. me contó que manda a una mujer mayor con dos caballeros reales como acompañantes. —No permitas que te toque. Emmeline lo vio servirse otra copa de vino. Y no quiero verte.

Santo Dios. tenía la boca llena de bilis. esposa mía… — ella escuchó la voz de su marido. Comenzó a tener náuseas esa mañana. antes de vestirse. No importaba lo que hubiera hecho. Finalmente. ¡Madre Santísima. — ¿Qué es lo que te pasa? — Niall estaba de pie con las manos metidas en el cinturón mirándola enojado. inclinándose sobre ella. como si viniera de muy lejos — El bebé… habla conmigo. si eso significaba aquel constante estado de terror? —Emmeline. no era tan inocente. quería que él se quedara allí. Nunca se había sentido así de mal cuando esperaba a Magnus. Ella no quería a la criada. ahora era cuando ella necesitaba que alguien la ayudase y la protegiese! Sin embargo. De repente aturdida. Ahora. La cabeza le daba vueltas. los pobres restos agonizantes eran colgados. Después de todo tal vez fuera el bebé. Primero eran torturados. ¿No te encuentras bien? Ella no pudo responder. Tal vez alguno de ellos estuviera con el rey allí. Al principio solo había continuado mandando el oro a Gales como hacía su fallecido marido. no dijo nada. Los labios de Emmeline se curvaron con desdén. sino también de algunos de los nobles del propio rey. no solo del rey Luis de Francia. luego destripados y seguidamente descuartizados.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Así solo estaba vigilando. con la sensación de que iba a vomitar. Un momento después le escuchó salir y cerrar la puerta. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué sentía que no quería seguir viviendo. ronca de preocupación. la invadió el pensamiento de que la muerte podía estar muy cerca. Los traidores tenían una muerte horrible. Solo Dios sabía quiénes eran. Necesitaba que alguien la ayudara. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 151 . Soy una traidora. Pasaba el oro al emisario cuando éste le avisaba. —Quédate aquí — su voz era ronca— voy a llamar a Hedwid. Niall la cogió en brazos y la llevó a la cama. El cuarto osciló ante sus ojos. él tenía razón. Era inútil pensar que podría explicarle lo del oro y Cadwallader. esa era la verdad: había robado el último oro que trajo el emisario pensando en utilizarlo para huir. pensó Emmeline.

Estaba decorado con rosas de cintas y varios colgantes vivamente coloridos en los postes. sonriente. Al lado de Cadwallader. Iba a ser un día caluroso. Como si pudiese quedarse afuera… con su reputación en Francia y después sirviendo a la vieja reina. Por el rabillo del ojo. colgado allí cerca con cuidado de una rama de árbol. con el rostro rosado. El príncipe Cadwallader en persona surgió en su corcel negro. Meinford. Niall extendió los brazos mientras Gotselm amarraba sus calzas de malla en la cintura y ajustaba la barra del chaleco acolchado sobre ellas. usando una armadura pulida que arrancaba rayos al sol y una túnica negra con el blasón de un dragón plateado. era bello. manteniendo distancia con los franceses e ingleses del rey Enrique. Aquellos que habían dado sus nombres al heraldo podían contarse con una sola mano. Corría el rumor de que los galeses podrían tomar el campo por la fuerza y luchar juntos. rubio. que habían pasado algún tiempo en la corte del rey Luís. veteranos de torneo como Daffy dap Landro y su primo. Los criados de la corte que se movían hasta allí habían armado pabellones con sillas para la reina y sus damas. El sol aún no había subido en el horizonte y el rocío ya se evaporaba de la hierba. Si se enfrentara al rey. Era evidente que incluso los galeses querían evitar ese peligro. Niall buscó a Emmeline. no podía ofender al rey. Otra discusión surgió mientras él se vestía. apenas algunos caballeros del príncipe Cadwallader iban a disputar la pelea. corpulento. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 152 . Niall vio al heraldo anunciar a un viejo cruzado de nombre FitzEadnoth cuyo caballo recorrió el campo del torneo verificando si había agujeros o piedras. Los galeses habían acampado al oeste. Para alivio de todos. corrían para ejercitar a los caballos. bien nivelado y lo suficientemente grande para luchar veinte o más. Su rostro moreno. Había terminado solo porque ella se había sentido mal y había vomitado en el orinal. Gotselm trajo otro chaleco limpio. entre ellas la esposa alta y gorda de Chester. El matrimonio hablando se había detenido a un lado. por tener un ataque de rabia porque él luchara en un torneo. el galés no tendría idea del tamaño del problema que estaba buscando. Un grupo de caballeros angevinos del rey Enrique había armado su campamento bajo las mejores sombras de los árboles. Iba a sudar como un caballo debajo de todo aquello antes que acabase la mañana. pero algunas de las otras damas ya estaban presentes. quemado. lo que alcanzaría la forma de una nueva guerra. El campo que FitzEadnoth había escogido para el torneo era en los planos cerca del río. Y estaba en sus días más peligrosos. de pequeña estatura. de lado a lado. La reina Leonor aún no había llegado. el joven Enrique parecía feo como una hermana solterona. Criados galeses. Llevaba el yelmo en la curva de su brazo. pero no consiguió encontrarla. Todos los galeses aplaudieron a gritos. se dijo a sí mismo. pero cuando se usaba armadura completa de torneo no se podía hacer sin una protección acolchada más gruesa. separaban equipos y armas y ordenándolas en el suelo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O2 23 3 –¿Dónde diablos está Walter Straunge? ¿Dónde está mi capitán? Debiera actuar como mi escudero. Bien por ella.

El primer combate del día estaba. yo no lo soy. un bayo llamado Júpiter. no estaba tan fuerte como a él le hubiera gustado. no tenía ninguna experiencia. Ni. aunque sanaba. rezando una oración. El garañón era fácil de controlar. – respondió Hereford – ¿y vos? –Saldré en la primera. – Gotselm se giró para mirarlo con las cejas arqueadas. generalmente. con Joceran tras él. tan reverente como un cura durante la misa. él no necesitaba eso en un caballo de batalla. por así decir – Jesús. Y no el miedo a que fuese capturado. Se levantó y el caballerizo se aproximó con el nuevo caballo. Después de unos momentos. Había mandado a un caballerizo hasta la torre de los caballeros y el chico había vuelto con la noticia de que Walter no había sido visto aquella mañana. se dijo a sí mismo. Niall percibió que se había olvidado cómo era una adoración ardiente. Se había disgustado con ella por gritar como una bruja con la historia de los rescates. vestido con la armadura del torneo. La expresión absorta de alguien. ¿Dónde demonios estaba Walter? Él raramente se retrasaba. La causa de todo ello era el bebé. –¡Oh señor! ¡Oh señor! El chico se deslizó hasta parar y sus ojos miraron a Niall por entero. ahora ella no podía dejarlo. que amarraba la espada de Niall – yo podría… podría… –Busca mis espuelas – respondió Niall áspero – Verifica si están seguras. Niall movió los brazos para acostumbrarse al peso de la cota de malla. –Oh señor– su hijo balbuceó sin aliento. el campo estaría revuelto y al final habrían de luchar bajo una nube de polvo. Niall le mandó una mirada significativa. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 153 . Los veteranos normalmente se quedaban sentados esperando por el segundo. – Tiene buen temperamento. examinando cada disco con las manos abiertas. y los llevaría a la bancarrota con las exigencias de un rescate ultrajante. Y cuando esto sucedía era por una buena razón. ya fuese en combate o en el torneo. El animal se portó bien cuando Niall se levantó en la silla. tampoco por su pierna. Magnus se arrodilló. había dormido en su cama. aparentemente. –Es un poco perezoso. desviándose de los caballos. señor – avisó el caballerizo galés. Joceran sonrió. sin embargo. probablemente un caballero galés. Por la tarde. Hereford apareció cuando Gotselm lo ayudaba a vestir el chaleco acolchado. – ¿Dónde está el joven Walter? Pensé que habíais dicho que era vuestro escudero. –Bien. después de haber analizado a los contendientes y principalmente a los caballos. No conseguía desviar los ojos de Niall – Puedo… ¿puedo ayudar? Dicen que sir Walter va atrasado – se pasó la lengua por los labios mirando a Gotselm. –¿Vais a disputar la primera justa? – preguntó. Posiblemente no pudiera aguantar todo el día. por si alguien pudiese capturarlo.. como si viera a alguien que no era menos que el arcángel Miguel.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Ella no estaba preocupada. Entonces dobló una de las rodillas e hizo la señal de la cruz. Niall quería experimentar con su pierna. Niall cogió al chico por el hombro y gentilmente lo apartó. –No. lleno de nuevos caballeros ansiosos por participar.. Magnus vino corriendo por el campo.

Niall sabía que FitzEadnoth lo observaba conforme él se apartaba. se apartó de la disputa. La trompeta sonó enseguida. –FitzJulien. en la fila de los caballeros. – apuesto quinientas coronas hoy. Niall se rió. Con la boca abierta y el cuello estirado. Fuese o no según las reglas del torneo. Por la ferocidad de los golpes de espada. golpeándose el uno al otro. estallar de lanzas y ecos de los relinchos de los caballos. como si empezase a proteger su pierna mala. Dentro del campo. El campo se movía con los hombres luchando. Él vio el caballo blanco de Chester. ajustó su escudo y colocó a Júpiter contra el inmenso alazán de Hereford. los escuderos intentaban cogerlos y sacarlos de allí. el corcel se disparó por el campo. Por todas partes del campo las filas se encontraban con gritos. En cuanto atravesó el campo. Cuidado con ella. casi tirándolo del asiento. cerca del mismo número estaba en la delantera. se sintió consciente de sí mismo. el caballero negro giró una maza que Niall consiguió parar con el escudo. La luz danzaba en la mallas de acero. Chocaron con un golpe sordo. espolearon las monturas y giraron para enfrentarse otra vez. en los arreos del caballo. – gritó lo suficientemente alto para ser oído entre los árboles. evaluó el combate y entonces. el heraldo se llevó la trompeta a la boca. Pasaron. Bajo los ojos del heraldo. Hereford trotó de vuelta. Júpiter atropelló al caballo negro forzándolo a retroceder. El caballo se estremeció y. el jabalí de Hereford y el dragón de Cadwallader. tenían sus escudos pintados. ¿Cómo está vuestra pierna? – el corcel de repente estiró el cuello e intentó morder el pie cubierto por la malla al conde. Él contraatacó con la espada. sin dar tregua supo que Cadwallader quería matarlo allí. Niall llevó al bayo a una fila de caballos que se movían. Un caballero en un caballo negro asomó en medio de repente. Cuando Niall asintió. Al otro lado del campo. otros a pie. espoleó al animal. Niall bajó su lanza. Un segundo después. Antes de que Niall tuviese tiempo de ver el rostro bajo el yelmo y la protección nasal. Niall espoleó a Júpiter y el corcel atacó al caballo negro como una apisonadora. La lanza de Hereford resbaló en el escudo de Niall mientras él lanzaba un golpe fuera del centro que levantó al otro hombre de la silla. Niall sabía con quién estaba luchando. algunos a caballo. arrancando buena parte del escudo del otro. Caballos sin jinete galopaban por la arena. En las esquinas. Los dos guerreros pasaron a luchar con grandes giros de sus armas. el hocico hacia adentro. al otro lado del campo. Hereford retrocedió maldiciendo. la espuma volando en sus mandíbulas. FitzEadnoth estaba apostado bajo el estandarte del rey. Niall cogió las riendas con fuerza para que Júpiter se echase un poco hacia atrás entonces. El truco era quedarse en el frente durante la primera envestida. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 154 . Al otro lado del campo. Por lo menos en aquel lado el sol estaba a la altura de su hombro izquierdo. en los yelmos pulidos. Una voz en su fila dijo bien alto: –Hay una depresión en el centro cubierta por la hierba. –¿Vais a salir en la primera? – preguntó.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Puso la lanza bajo el brazo y dio un toque con las espuelas en el bayo. Seis de los siete habían ganado de frente. Hereford y su enorme alazán parecían uno solo. no en sus ojos. algunos. él le indicó el otro lado. entonces. El golpe sacudió su brazo hasta el hombro. partió en un trote rápido. En aquel momento.

En el campo. Antes que el otro pudiese girar la montura. Su cadera empezaba a doler y desistió completamente de entrar en las peleas de la tarde. advirtió que la reina Leonor aún no había llegado. Tampoco había visto al rey Enrique en las lides. Niall llevó a Júpiter hacia él obligándolo a retroceder. Se paró jadeante y bajó la espada rindiéndose. estiró la enorme cabeza hacia arriba. –¿Cómo estáis. por un breve instante. Dentro de la cota de malla. El príncipe galés salió del camino y se arrancó el yelmo. conversando animadamente. FitzEadnoth hizo sonar la trompeta. Al otro lado del camino. de espaldas a ellos. –¡Vuestro caballo y vuestra armadura! – gritó para responderle Niall. derribándolo sobre el cuello del garañón. surgiendo por el otro lado. Niall desmontó y le pasó las riendas a Gotselm. Niall cogió las riendas y puso la espada. Sus cabellos estaban llenos de sudor y sus ojos brillaban como los de un loco. Dios sabía que no quería dinero. en medio del combate. Bajo él. Niall tocó su yelmo y giró su caballo en dirección a la línea lateral. no quería parar. Niall lo golpeó violentamente por la espalda. Niall no tenía dudas de que Cadwallader había jurado venganza a causa de Glyn Ciergog. Los caballeros salieron a caballo o andando del campo. El príncipe Cadwallader se golpeó en el suelo y se puso inmediatamente de pie. Nial miró a su alrededor. lleno de excitación. estaba siendo arrastrado. Otro. con el cuello y las espaldas cubiertas de sudor. Joceran y el caballerizo corrieron para coger la brida de Júpiter. –Está loco – Magnus paseaba de arriba abajo. las patas de los caballos arrancaban pedazos de hierba. –Ha servido de un modo insuperable en la justa. con la pata quebrada. –¿Habéis tenido alguna noticia de sir Walter? Otra lucha había sido organizada. No después de la matanza del fuerte. no los había oído. Niall se arrancó el yelmo. El príncipe aceptó.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Niall se desvió de otro golpe de la maza de su adversario girando e hizo que Júpiter girase en círculo. Un mensajero con los colores del rey se apartó y partió rápidamente por el camino del castillo. en el hombro cubierto de negro del príncipe. sus ropas estaban mojadas por el sudor. sacando la espada y desviándose de los dos caballeros con caballos heridos que se golpeaban. el gran bayo. Júpiter. —Mandaré a mis escuderos junto a vos. Un caballo yacía muerto en el suelo. no se oía nada. El galés tropezó y se tambaleó hacia atrás. casi cayendo. No conseguía apartar la sensación creciente de que algo estaba mal. ignorando la trompeta del heraldo. Dos combatientes galopaban en torno a ellos. las damas del pabellón de la reina estaban amontonadas. Intentó morder a Hereford. señor? – preguntó Joceran. Cuando Niall pasó por el pabellón de las damas. Hereford y Chester conversaban en un grupo de señores. Estábamos observando cuando el señor derribó al príncipe galés. –¡Decid cual es el recate! – gritó el príncipe. Giró la cabeza. Niall llevó la mano a la cabeza del chico y le apartó los cabellos rubios – El maldito caballo está loco. El escudero sonrió. La segunda justa iba a comenzar y el rey debía estar allí. Era lo mínimo que podía exigir. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 155 . ¿Oísteis los aplausos? –No.

Ante la señal de Niall.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Vio a Becket. Aún estaba con la reina. caminando por la multitud. Las peleas entre los dos esta mañana fueron públicas. La reina no apareció para ver el acontecimiento. No solo con esa chica. El rey se quedó con una chica en la ciudad durante las últimas dos noches. además de entregar la montura y las armas. sino también con las otras. Se secó la cara sudada con un pequeño pañuelo de lino – La reina permanece ultrajada con la inmensa humillación que el rey le impone. Por su expresión algo había pasado. El rey Enrique luchó tanto con el caballero galés Daffy dap Llandro como con el campeón provenzal. –La reina está de nuevo embarazada y tiene los humores normales de su condición. el conde de Chester se ocupó del príncipe. Chester se puso de un humor horrible por el resto del día. el canciller del rey. –Continuad andando – dijo el canciller – para que los otros no puedan oírnos – le tomó el brazo y entonces se adentró en los árboles – Tenemos serias complicaciones. Ahora vuestro capitán. un flamenco al servicio del rey o uno de la guarnición de Morlaix la había raptado. el juez de Lacy y Gilbert Foliot. Luchó en el cuarto enfrentamiento del día. Thomas Becket se aproximó a Niall y lo cogió por el brazo. Pero un caballero que algunos decían que era uno de los gascones de la reina. Straunge. –Ella siguió al rey desde su tienda hasta el campamento gritando palabrotas y le tiró una jarra de cerveza – el obispo pestañeó. la ha raptado. solo para ser inteligentemente arrancado del caballo y obligado a pagar un alto rescate. –Él necesita dar más que bondadosa consideración –dijo Becket – pero creo que no lo hará. Estoy inmensamente preocupado con el tratado con los galeses. Sería un error para Cadwallader tomar a Enrique Plantagenet por un loco –se giró para mirar a Niall – ¿El rey os ha dicho algo sobre mandar buscar a Straunge y a la chica? Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 156 . –Ella quiere dejarlo – informó el obispo. antes de que tocase la trompeta. apuntando a la fila de caballeros preparados para la siguiente confrontación. El torneo hervía de murmuraciones y los caballeros solo hablaban de ello en las lides. A mitad de la tarde Thomas Becket. El rey Enrique tenía una chica distinta en su tienda la mayor parte de las noches en que la corte se había quedado en Morlaix. Un poco antes del mediodía el rey bajó de su campamento para unirse al torneo. –Morlaix – dijo el canciller en tono urgente. En verdad. Se puso nervioso. Corrían rumores de que la reina Leonor se estaba preparando para volver a Londres. De Lacy bufó. encontraron a Niall en las profundidades del salón noble del castillo. Gotselm y el caballerizo llevaban el garañón agitado de un lado a otro para calmarlo. Era de suponer que el rey Enrique lo viese con bondadosa consideración. después de perder tanto la espada como el nuevo corcel. y salió bien de dos prolongados combates bien equilibrados. puesto que estaban todos en el torneo. El arzobispo Theobald no apareció. del lado opuesto al príncipe Cadwallader. Joceran apartó al chico y se sentó en la hierba. Niall sintió erizarse los pelos de su nuca. el obispo de Londres. Todo en lo que Niall conseguía pensar era que no podía ser a causa de los galeses. saludando con las lanzas. Garibault.

–No. La plaza estaba prácticamente desierta.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix La conversación de Niall con el rey aquella mañana había sido excesivamente breve. uno de los caballeros de Niall había cometido aquella traición. Pararon en el patio del herrero. en el torneo. sin embargo la cosa es más complicada que eso. Thomas Becket se apartó de la mesa. Lo que significa un ataque osado. Morlaix. pero el rey ahora está lleno de una furia vengativa y busca defenderse ante la reina como puede. Por otro lado. –Quedaos tranquilo. Ellos aún no están separados – se giró hacia Niall – el rey participó en el torneo de la tarde ¿qué tal le fue? –Muy bien señor. cogiéndole el brazo. llevaría la mitad de Francia consigo y otro heredero que podría estar portando. Becket soltó el brazo de Niall que. Ella sufre inmensamente con las infidelidades Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 157 . Niall no quería formar parte de aquello hasta que consiguiese consolidar su propia posición más claramente. Señores. El canciller sonrió. –Si la reina se fuese ahora y llevase a su personal recorriendo esta extensión de Inglaterra hasta Londres. todo el mundo lo va a saber. si fuese Hereford… Niall se sobresaltó. no debemos tomar este asunto con liviandad. Su capitán causó ya bastante confusión. no necesitamos traer de vuelta al caballero y a la chica. veía al canciller sin su máscara de calma y serenidad. – dijo a Becket – y dudo que alguien de aquí sepa dónde buscarlos. por primera vez. Enrique os adora – dijo con una voz profunda y suave – Vos sois su fiel caballero de las tierras fronterizas. Además del pensamiento ocasional de lo que le haría a Walter si se pusiese a su alcance. –Creo que la mitad del mundo ya lo sabe – dijo el obispo – o lo sabrá por la mañana a causa de las habladurías de nuestra corte. Inglaterra no puede sufrir las consecuencias de la separación entre el rey y la reina. Esperaba que el rey no le pidiese que fuese a buscar a Gotselm con una tropa de caballeros para cazarlos hasta los confines de la tierra. Al final. Becket iba a hablar. No he querido hablar frente a de Lacy o Gilbert. no alguien a quien deba arruinar – se calló conforme rodeaban los carros de delante de la cocina atestados de sacos de cereales – ahora. Dios no lo permitiera. pero no parecía enfadado con él a causa de Walter. Todavía. los derrotó y exigió grandes rescates. así como a Garibault. Becket lo acompañó. –El rey no permitirá que la reina vuelva a Londres hasta que tengan arregladas algunas cuestiones sobre las que ya habían discutido antes. si la reina Leonor dejase a Enrique. pero Lacy lo interrumpió. Así que salieron del salón y el canciller lo empujó a un lado. Se enfrentó tanto a Llandro como a Cadwallader. –No haría ningún bien traerlos de vuelta – dijo Niall antes de que Becket pudiese hablar – el rey lo dijo. Todos los demás estaban allí abajo. a no ser por unos pocos criados y el guardia del castillo en sus puestos. No es solo la cuestión del tratado con los galeses. El rey no había jugado limpio con él en la cuestión de la paz con los galeses. –El rey Enrique ha prohibido a la reina dejar Morlaix. Parecía animado. Habría una acusación de deslealtad y traición por causa de una prostituta que el rey llevó a la cama una o dos veces. el provenzal de la reina. –No milord.

– Thomas Becket sonrió con amargura. Estaban en la frontera de Gales. que. Pero Leonor debe saber que la iglesia no le permitiría otro divorcio. Guillermo y Enrique y dicen que está embarazada de nuevo. debéis saber que no soy apreciado por la reina Leonor. Enrique realmente estaba atacando. un anillo. –El rey exigió ver ciertos presentes que le dio a la reina. –¡Jesús! – murmuró Niall entre dientes. –Infelizmente el rey no va a hacerlo. –No. fue devuelto. Y no se pega a Leonor. Y en particular uno de ellos. Pero a Leonor no le gustó mucho. ella admitió al arzobispo Theobald que regaló a sus preferidos. –Él no está con la reina – dijo Niall cauteloso – si es el cantor rubio que recuerdo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix del rey mientras que Enrique. Russel desapareció – el canciller miró hacia un lado – Morlaix. Uno de ellos. La reina Leonor había caído presa de sus propias acciones. –Milord. –He trabajado mucho por la paz con los galeses. O quién sabe si en Italia. –¿Es algo que pueda ser sustituido? –Becket meneó la cabeza. yo… El otro levantó la mano. dice ahora que se la dio a Gervais Russel. si los presentes del rey habían sido regalados como símbolos de amor a algún trovador. Dios nos ayude en su misericordia. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 158 . No pudo dejar de pensarlo. acusa a Leonor de lo mismo con aquellos miembros de la corte de la reina que más detesta. –Se pararon en la plaza medio vacía con el sol batiendo caliente encima de sus cabezas. No quiero ver ese tratado deslizándose de nuestras manos por la flaqueza de un rey y las locuras de una mujer. lo habría notado. Además. con mucha imprudencia. sería más simple que Enrique liberase su temperamento y le diese una zurra a la reina. Gervais Russel. incluso aunque alguien supiese dónde estaba para buscarlo. Creo que aquellos que aman Inglaterra y quieren mantenerla lejos de sus enemigos deben rezar con todo fervor para preservar el futuro de ese matrimonio. puede estar en este momento en algún lugar de España. Eran dos. –Con todo. por la gracia de Dios reina de Inglaterra y duquesa de Aquitania. los trovadores. A quien creo que visteis la primera vez que os visité. y una anulación es imposible. Russel se encontraba demasiado lejos. El otro está desaparecido. los cuales. Soy el mejor amigo de su marido y ella tiene celos del tiempo que pasa conmigo. El canciller suspiró hondo. la reina le dio dos hijos al rey Enrique. Niall lo miró. –Es una joya que el rey creyó muy bonita cuando se la dio a la reina.

La atención estaba en la reina que. como un muchacho estúpido loco de amor. —Es lo que has dicho. Emmeline dejó de coser y miró las manos sobre su regazo. que Berthilde tentaba a los hombres. ¿Ahora tendré que aguantar esto de ti? ¿Que tergiverses cada palabra que digo? Emmeline se encogió de hombros. pero nadie piensa en ellos. De ahora en adelante yo mismo arrendaré la casa — comenzó a andar de un lado a otro de la habitación. —Si — dijo ella en tono indiferente — tú me recuerdas diariamente mi indecencia. pero de cualquier manera debe hacer lo que diga su padre — se dejó caer en la silla de nuevo — Preocúpate de Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 159 . estamos lo suficientemente cerca del desastre tal como están las cosas… Fui un tonto por dejar que trajeras a esas mujeres a la casa. Niall giró la cabeza con brusquedad. Aunque se rumoreaba que se marchaba a Londres. ¡Gotselm y todos los demás. Walter es el hijo más joven. —Mainsant. —Probablemente no. Con un gruñido. si el rey la tuvo primero. Trajeron las llaves de la casa. Niall paró de caminar. se había ido. al igual que su abuelo. Emmeline murmuró: —Sabes. —Cristo del cielo. Mientras tanto. me decís ahora que Walter ha ido todos los días a casa del orfebre! — Había estado en la calle esperando alguna señal de ella. Una fila de carros con comida y vino estaba en camino.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O2 24 4 —Nial se sentó en una silla frente a la chimenea y se pasó las manos por el pelo. Habría un gran banquete para celebrar la firma del acuerdo de paz entre Inglaterra y el príncipe Cadwallader del norte de Gales. Niall se levantó de la silla. — ¡No hables así! Por las llagas de Cristo. alrededor del banco donde ella estaba cosiendo — Maldito Walter ¿Cómo puede desaparecer cuando solo tengo a Gotselm para sustituirlo? No se encuentra a un buen caballero en cualquier lado. Mientras se la bebía. El comentario provocó una dura respuesta. venían del torneo de Wrexham. no quieren estar en un convento como las mujeres decentes. —Sabes que él no se casará con Berthilde — dijo en voz baja. —Por Dios bendito. Son hijas del demonio. lo cortó con los dientes y alisó el dobladillo — Los miembros de las corporaciones me visitaron. No mencionaron al rey Enrique — cogió un hilo. —No es culpa de Walter. Becket conseguiría su tratado. su tía. yo también tuve mis problemas. —Perfecto. Los miembros de las corporaciones fueron a buscarme y me contaron que tanto el sacerdote como el prior de los monjes dijeron que mis beatas son prostitutas. el primer rey Enrique. fue hasta la mesa y se sirvió una copa de vino. El joven rey es un libertino. La guarnición lo sabía. Ahora estaba seguro de que el rey no haría enviar a un grupo de caballeros tras Walter y la chica. malditos ¡y nadie ha dado un paso para avisarme! Emmeline estiró el dobladillo del vestido que estaba cosiendo contra la rodilla. se imaginaba permanecía encerrada en la tienda del campamento del prado. Todas las mujeres decentes están en conventos.

—No lo sabía. y en la que viajaba la chica. tirando de la yegua que había comprado en la feria semanas antes. pero creo que él le dio un jaque mate — giró para mirar a Emmeline — Vaya.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix nosotros. —Te diré. había forzado al máximo a su montura. incluso aunque ahora se vaya a Londres en un acceso de rabia. Emmeline abrió la boca. Me la trajo para que la arreglara. temen un cisma en Inglaterra si la reina Leonor abandona al rey. Walter paró bajo los frondosos árboles para dar descanso a los caballos para que se recuperaran de las pesadas gotas que golpeaban sus cabezas. Gervais Russel. ¿Jesús. pero la cerró pensativa. ¡Santo Dios. sino a nosotros? Se puso en pie y fue a llenarse la copa de vino de nuevo. Tendría el levantamiento de Gascuña en las manos. a quien más culparía el rey por el gran escándalo. o como llegar hasta la joya. —Santa María… — los labios de Emmeline apenas se movieron — He visto esa joya. Becket me contó que la reina Leonor se la entregó a un trovador enamorado antes de mandarlo lejos. Italia. Había llovido toda la noche mientras iban al norte por las colinas. —Pero el trovador está en España. Y para que los motivos de ella queden disminuidos. —Pues ahora lo sabes — Niall cogió la copa de vino — La corte entera tiembla de miedo. ¿Ves como el rey ha ganado con este inteligente giro? Ahora. el aguacero dejó el camino resbaladizo y fangoso lo que los retrasaba. es lo que se dice. Y la joya también. Lo que ella no puede hacer. Emmeline estaba boquiabierta con los ojos clavados en su marido. no puedo imaginar lo que pasará si su clan de gascones y provenzales deciden dejarnos y regresar a Aquitania! Enrique no gobernará nunca más. la reina todavía no se irá. — ¡Para! — Ella levantó la mano — El canciller Becket… ¿Alguien dijo su nombre? Niall frunció el ceño. con la bella beata que la alcahueta rápidamente le buscó… y yo con mi idiota capitán caballero tan enamorado de la c hica que la arranca de la cama de Enrique. Por las llagas de Cristo. Varias veces. —Si vas a vomitar buscaré un orinal. El animal era un bestia fuerte. o en un lugar de esos lejanos curando su corazón herido. Desde que partió de Morlaix. nuestra buena suerte es que el rey parece poner todas las culpas a los pies de la reina Leonor. ¿te encuentras mal otra vez? — Estaba blanca como un lienzo — ¿Cuál es el problema? — ¿Cómo se llama el trovador? — murmuró Emmeline. — ¿Del trovador? Se llama Gervais. —Entonces. el rey ordenó que usase cierta joya que le había regalado. —No. mantenía un buen paso. Nadie sabe dónde está. Niall dejó la copa de vino. él es el marido engañado y no el vil adúltero. él le prohibió marcharse. pero no se podía comparar con el garañón en velocidad y Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 160 . si quieres hacerlo por algo — dijo cansado — Enrique todavía puede decidir que nosotros somos los causantes de sus problemas…tú. Ellos hacen una buena pareja en cuestión de trucos.

En los alrededores de Chester. de momento. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 161 . el rey raramente mantenía a sus mujeres más de una noche o dos. Se lo merecía. que esperaba cerca de la tienda del rey a que un acompañante la llevara de regreso a la casa del orfebre.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix resistencia. sentada en el césped a la orilla del arroyo salpicado de sol. Walter se quedó parado un momento antes de desmontar. Cada vez que paraban. la levantó. Walter se deslizó de la silla. el brillo pálido de su sonrisa hacia que su corazón se acelerara. —Berthilde — murmuró junto a sus cabellos. Walter siguió al mismo ritmo. a su lado. De que el rey Enrique juzgara que no valía la pena cazarlo para recuperar a Berthilde. si fuese necesario. dejó a la muchacha y a la yegua bien escondidas en un bosque de alisos y cabalgó hasta una posada para comprar queso y pan. su esperanza de que ni las fuerzas del rey ni las tropas de Morlaix los persiguieran se volvió más fuerte. Sin embargo. Encontró a Berthilde en el mismo sitio. los perfectos senos con los pezones erectos marcados contra la tela. Sin embargo. El lord de Morlaix era quien él esperaba que lo persiguiera. Se animó cuando ninguno de los que había adentro señaló que hubiera oído hablar de un caballero y una muchacha huyendo hacia el norte. cuando estaba amaneciendo. Habían pasado tantas cosas… había planeado tanto. mirando a la más bella mujer que había visto en su vida. O de que alguien los buscara. rompiendo su juramento de deber y lealtad de caballero. Se sentó a su lado y le extendió un trozo de queso y una rebanada de pan. Ella se inclinó a su lado rozándole el pecho contra el brazo tiró de la daga en su cinturón y comenzó a cortar el pan. sin embargo. mostrando sus muslos torneados. la suerte los acompañaba. Después de todo. Daría la vida por ella. Sin duda todo iría bien de ahora en adelante. la colocó frente a él y partió antes de que cualquiera de los guardias del rey pudiese impedírselo. Walter había contado con eso cuando llegó empujando la yegua y recogió a Berthilde. El vestido azul que usaba estaba húmedo y se le pegaba al cuerpo. arriesgado tanto en aquellas horas desesperadas cuando supo que el rey la poseería… Enrique de Anjou no era brutal con las mujeres era feliz estando con ellas. era otro problema. se había inclinado en la silla. Niall FitzJulien. no se arrepentía de haberla raptado. Berthilde le miró y le sonrió. la idea de Berthilde estando por primera vez en los brazos de otro hombre lo llenó de un tormento de impotencia. Todavía no podía creer que ella estuviera allí. Se había quitado la capa que colgaba de las ramas de un aliso y soltado su largo pelo de color oro plateado para secárselo. solo en una cosa: llevársela lejos y tenerla solo para él. incapaz de hablar y caminó hacia el arroyo. no tenía que pensar mucho. obstinadamente diciéndose a sí mismo que no importaba lo que sucediera. Así que Walter sabía que no la maltrataría. Después de un tiempo. se inclinaba en la silla para levantar su capucha y mirarla. No le importaba si estaba oscuro o lloviendo. Comenzaba a tener la esperanza de que pudieran escapar. Ahora. Walter no podía escapar de la terrible culpa cuando pensaba en cómo había abandonado su puesto. Walter pasó un brazo a su alrededor.

—Ah. Berthilde — Walter murmuró al tocarla los labios con los suyos — que no eres una novicia. Asombrado la vio sacudir la cabeza. —Di que eres mía. Walter se dijo. después vino la túnica. haciendo que el velo de sus cabellos volara entre los dos. Se sorprendió al sentir las manos de Berthilde en su cinturón. no sería capaz de resistirse a ella. En algún lugar de la vegetación una abeja zumbó. Tan cerca. a Normandía. No es malo. —Berthilde — consiguió decir con voz estrangulada. sonriendo cuando sus botas mojadas se atascaron y no salieron hasta que se sentó en la hierba y apoyó los pies contra él empujándolas con toda su fuerza. que Walter tragó el queso casi sin saborearlo. Cuando la abrió se inclinó hacia atrás. que creía que los dos sobrevivirían y que no serían capturados. se dijo Walter. Walter puso una mano en la nuca de Berthilde. se balanceaban en torno a su rostro y hombros. Entonces. Aquellas pocas palabras. como un río dorado. acercó su boca y la besó. El la llevaría a su casa. apoyando el cuerpo suave contra el suyo. Cuando su padre la viera. Walter quería tanto tocarla. caliente y delicioso en sus venas. le quitaron el aliento a Walter. Sus ojos azules. tan cálida. Sus largos cabellos. Ella hablaba poco el francés normando y Walter no sabía su lengua. bajo el sol naciente. —Berthilde — murmuró. queriendo que abriese la boca. serenos. Walter se iba a resistir. El simple sonido de su voz lo llenó de alegría. soltando la hebilla. Pero cuando intentó acercarla a él. encontrando sus dedos el falo rígido y pulsante —… ahora quiero quedarme contigo. sus ojos azules llenaron el campo de visión de Walter como el cielo de verano. Berthilde sonrió otra vez con ternura. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 162 . o lo que fuera.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Berthilde levantó la punta de la daga con un trozo de queso pinchado y frunció los labios. una inquieta vocecita interna le dijo que allí era bastante seguro. donde tal vez su padre permitiría que se casaran. Era tan hermosa. El mundo parecía estar lleno de chispas que fluían dentro de sus cuerpos. De todas formas. cogiendo el borde de su vestido. abrazarla. todavía secándose al sol. ella le dio otro trozo de pan para que comiera. el flamenco. necesitaba quitarse las ropas mojadas y colgarlas para que se secaran. mi amada. — ella murmuró — si tú mueres. El sol calentaba donde estaban tumbados. Antes de que pudiese negarse ella colocó un pedazo de pan en su boca. ahora… — comenzó con voz ronca. Ella le ayudó a quitárselo. —Las viudas se hacen beatas — ella explicó — Mainsante es viuda. llenos de amor. Berthilde le empujó de espaldas en la hierba y se puso sobre él. —Tal vez algún día sea religiosa. Se lo sacó de la boca sin estar seguro de lo que quería decir. que ahora eres mía — No había retorno para ninguno de los dos. Pero ahora… — su mano se deslizó por las calzas de Walter. eran en verdad un largo discurso en el que ella le decía que estaba feliz de que la hubiera rescatado del rey Enrique. El chaleco acolchado bajo la cota de malla escurría agua cada vez que se movía. —Me voy a quedar contigo — murmuró contra sus labios.

eso no parecía importar. por una de las damas de la corte. parecía orgullosa de lo que estaba haciendo. Emmeline le miró de soslayo. por lo que me contó. —El rey. La reina… —La reina no es una orfebre —Emmeline respondió sin levantar la vista— Yo la tuve en mis manos y la examiné. Lo que no podía entender era porque el rey estaba furioso con ella. Su boca se torció en una sonrisa irónica. no conseguía pensar con claridad. su amada de rostro angelical no era tímida. Ortmund. La observó coger el tintero. Tras el canciller. frunció el ceño. era extraño. —Usted solo ha visto la joya una vez. Te voy a mostrar… lo que tu rey me enseñó. acariciándolo. aunque no podían culparla de infidelidad. Las cosas no estaban pasando como él pensó que harían. —No es así — dijo —Mi memoria me ayudará mejor. no es ningún maestro del buen gusto. cuando las manos calientes de Berthilde estaban sobre él. con instrucciones y explicaciones. Thomas Becket. aunque sea un hombre brillante. Sin embargo. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 163 .KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Su mente era un torbellino. Escuché decir que a pesar de que el corazón de cristal era un regalo de su marido. pero la expresión de Niall era inescrutable. La propia reina lo diseñó bajo el mayor secreto. El pergamino olía a perfume. a la reina Leonor nunca le gustó. mojó la pluma en el e hizo una corrección en el esbozo. De repente. Aunque ahora que había conocido a Gervais Russel comprendía por qué la reina se enamoraba de sus poetas. Tal vez ella no comprendiese. a escondidas. —Es un trabajo grosero. Niall dijo: —Ella conoce su oficio. —Me voy a quedar contigo — murmuró ella — voy a hacerte feliz. lo alisó con los dedos y se inclinó para examinar el esbozo. cuando sintió que lo tomaba en la boca. Podéis notarlo en su vestimenta diaria. Había arriesgado la vida de ambos para alejarla del rey Enrique. En verdad quería creer que la imperiosa e impulsiva reina había dado un regalo final. Thomas Becket lo había cogido y mandó que fuera llevado a su tienda. Escuchó su voz ahogada contra su piel. milord. de despedida. pensó Walter. En cierta manera. Una noche con el rey Enrique. Emmeline lo colocó sobre la mesa de trabajo. al trovador enamorado para suavizar su corazón herido. se inclinó para mirar. No es que no fuera maravilloso… era el paraíso. Emmeline sabía por qué no había sido llamada para recoger el diseño de las propias manos de la reina Leonor. Emmeline empujó las cajas de piedras en dirección a Ortmund. Tal como Russel había dicho. Becket colocó la banqueta bajo la mesa de trabajo y se sentó a su lado. Los largos cabellos de Berthilde ondulaban entre sus piernas. Yo le habría puesto rosetas ahí. sintió que se ahogaba en un tormento de éxtasis. El canciller levantó la cabeza mirando a los ojos del artesano. vi su trabajo. Sin embargo. que estaba en pie al lado de Emmeline.

abrió la puerta del horno de fundir y sopló el carbón hasta que soltó llamas amarillas. La oportunidad de hacer la joya de la reina había caído como un regalo del cielo. el señor de Morlaix le siguió. Era lo suficientemente inteligente como para saber que si el rey Enrique descubriera que lo habían engañado con una copia de la joya que le dio a la reina. que nunca fue su amiga. a no ser el ocasional bufido. Pero estaba allí. no mayor que la mitad de una pestaña. otra vez perseguía sus sueños. A la luz de las velas. El poco tiempo que tenían. primero a Niall FitzJulien y luego al canciller del rey que era posible hacerlo. si lo conseguía. ¡Y. Sin querer. ella tendría amigos poderosos. no era difícil realizarla con la ayuda de Ortmund. Porque. él podría modelar el corazón en pocas horas. el pequeño Tom daba cabezadas de sueño. Pero Thomas también creía que Inglaterra se enfrentaba a un gran peligro con el rey Enrique y la reina Leonor en una batalla matrimonial. que era necesario localizar y difícil de encontrar. Ortmund se sentó. Hacía mucho calor en el taller del orfebre. que tenía sus propios planes. al menos no una de aquel tamaño. Si el cristal no se agrietaba o partía. En su lugar en un banco al lado del artesano. El pensamiento de encontrar al emisario del oro. — ¿Cree que puede hacerse? — preguntó el canciller. Emmeline cogió el martillo. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 164 . No tenían suficientes piedras. deberían terminar al amanecer. No podían bajar lo suficiente la filigrana para ocultarlo. Después de algún tiempo el canciller se había levantado y salido. Mira si se puede tallar la parte superior e inferior en forma de corazón. Si trabajasen la noche entera. una mala noche para trabajar era lo que la preocupaba. el cristal parecía un trozo de hielo transparente. —Madre Santísima — murmuró en voz baja — permite que tenga éxito. pensó Emmeline. Había tardado en convencer. Podían escucharlos hablar. El fallo era un minúsculo punto de luz. Emmeline cogió un pequeño fuelle. Los grillos cantaban sus canciones en la noche. Ortmund la miró con aire interrogativo. Hay un cristal ovalado dentro. Confiaba en Ortmund. No necesitaban decirle que Thomas Becket no estaba feliz conspirando con la reina. Emmeline percibió el tono bajo de voz que usaban. Emmeline suspiró. —Nada — dijo Emmeline — Solo pensaba que no creo que nadie en esta tierra sea feliz en su matrimonio. pero allí había silencio. un hilo de oro maleable y comenzó el anillo en forma de corazón del collar. Podría decir “si el cristal no se agrieta o rompe” pero no era tan fácil. No había ninguna diferencia. el silbido de las calderas cuando Emmeline soplaba los fuelles y el suave raspar del cincel de Ortmund en el cristal. los necesitaba! Sintió la mirada de Cadwallader sobre ella más de una vez en los últimos días. perdería la confianza y la amistad del rey para siempre. El canciller era un hombre excepcionalmente inteligente. Si rompían esa… Ortmund levantó la piedra entre el pulgar e índice. Lo que más les preocupaba era que el cristal de Neufmarche tenía un pequeño defecto en lo que sería si tenían suerte. una hendidura. Emmeline lo supo la primera vez que estuvo en Morlaix. Emmeline recordaba muy bien la extravagante joya. la curva superior derecha del corazón. no había un especialista en gemas preciosas mejor en el oeste de Inglaterra.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix —Esto es lo que el buen señor de mi marido nos trajo de vuelta. con Dios como testigo. a pesar de que había hecho de todo para alejarse del camino del príncipe de Gales.

y los pequeños hornos hacían el taller todavía más caliente. casi tropezó con el niño que dormía acurrucado en el suelo. Cuando volvió al taller. La falta de dinero era seguramente lo que le impedía. Una elegante señora del castillo. aunque hubiesen aceptado ayudar de buena voluntad. doblado como un saco de piernas y brazos huesudos. el trabajador tendría que ser recompensado de alguna forma. la casa. Se acostaba a su lado en la cama por las noches y le daba consuelo solo con el calor de su presencia. Ahora era una parte tan grande de su vida que no sabía qué haría sin ella. La luz incidía sobre las mechas ardientes de sus cabellos rojizos alborotados. Bajo el fulgor de las velas. escuchando la conversación sobre un defecto de la piedra que no podía entender bien. Se agachó para coger al niño en brazos. que consiguiera el título. trabajaba en eso con gran valentía. Niall se sentó en una silla al lado de la chimenea. Su esposa y el artesano del oro todavía estaban inclinados sobre el trabajo. Le debía una honorable recompensa tanto como al artesano. a pesar del enorme delantal de cuero. pensó. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 165 . por no mencionar su cuerpo cuando él la deseaba. Mi esposa orfebre. Estaba enfadado porque su esposa y el orfebre hubieran sido arrastrados a esto. Escuchó al artesano suspirar. Al no encontrar un lugar donde dejarlo. Niall esperó a que el canciller saliera de la mansión. La noche de finales de agosto era cálida. Mirad esto. En cuanto a su esposa… Niall abrió los ojos ligeramente para observarla. se sentaba a su lado en las comidas… cuidó de él sacándolo d el infierno cuando tuvo miedo de perder la pierna. saliendo a caballo del patio de la mansión. Era probable que tuviese que comprar el certificado de maestro del oficio para el hombre. Se había casado con ella por la fuerza. Las campanas de la iglesia de los cistercienses en su monasterio fuera de la ciudad tocaban maitines. Dudaba que Emmeline conociera plenamente el peligro de lo que estaba haciendo. Una mancha de sudor cubría su vestido entre los omoplatos. La cabeza del niño se recostó sobre su brazo. con los codos apoyados en la mesa de trabajo. con aquella edad. su hijo. sin que se despertara. No solo por su habilidad. pensó. Su esposa cosía sus ropas. Si sobrevivían al problema. Y ante la idea de que atacaría a cualquiera que usase esas palabras para burlarse de ella.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Thomas Becket se marchó. —Es una locura trabajar así. le había quitado su dinero. Todavía quedaban unas tres horas o más para el amanecer. —No veo nada —dijo Emmeline. Es valiente. Niall cerró los ojos. pero ella no había sido conquistada. Sus cabezas estaban tan próximas que casi se tocaban — A mi me parece igual. Sin embargo. Las ventanas estaban cerradas para alejar las nubes de polillas que se reunían alrededor de las llamas de las velas. Era una verdad sagrada tan grande como Dios descubrió Niall con una sensación de temor. acompañado por un clérigo de ojos somnolientos en un burro. sino por arriesgar su propia vida. golpeando con el pequeño martillo el hilo de oro y transformándolo en filigrana. Se sorprendió ante la ola de sentimientos. era una figura suavemente inclinada. tan deprisa. La reina no podría protegerlos si el rey Enrique descubriera la verdad.

apenas tolerándose el uno al otro. Se pararon ante la mesa para ver por última vez lo que habían hecho. lo suficientemente húmeda para anunciar una tormenta en algún lugar. En lo único que podía pensar era en que amaba a su esposa. todavía le quedaría dinero suficiente para acomodar a Emmeline y los niños confortablemente bajo el techo del viejo. Maldita fuera… cuando finalmente había encontrado todo lo que quería. Su honor no le dejaba hacer menos. ahogando el fuego. Habían trabajado tanto tiempo que la mesa estaba manchada de cera. Poco antes del amanecer. sintiendo el cuerpo rígido por haber estado sentada tanto tiempo. Dios sabía que no podía culparla. Cambió a la criatura dormida al otro lado. inclinándose sobre la mesa para apagar las mayoría de las velas. Era irónico saber cuánto se sorprendería ella al descubrir que la preciosa fortuna que trajo al matrimonio no había sido dilapidada como pensaba. Emmeline cerró las puertas de los hornos. El colgante en forma de corazón terminado. tendría que darle la libertad a su esposa. Morlaix era todo lo que él siempre quiso. pero descubrió que tenía el cuerpo demasiado cansado para que le respondiera. por ser un idiota consumado. Que todavía quedaba la mayor parte. —Dejad las mesas — dijo Emmeline al artesano — limpiaremos todo por la mañana — dijo sonriendo con ironía. Madre Santísima. ella se lo quitaba. sin amor y ávido de poder. se escuchó el estruendo de un trueno. yacía sobre un cuadrado de paño negro. Incluso con las pesadas tasas que tendría que pagar al rey Enrique por su matrimonio. La idea de perderla hacía que el resto de su vida se mostrara ante él vacía e insoportablemente sombría. gracias a los sueños de su padre. Habían apagado la mayor parte de las velas. A su lado. sobre ellos. Porque sabía que para darle lo que ella más deseaba. en su collar de filigrana de oro.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Aun más. En algún lugar de la noche. Ahora. Ortmund se levantó y abrió las ventanas. Se mantuvo sentado completamente inmóvil. En algún momento en los días que habían vivido juntos. Porque la amaba. Movió al niño de nuevo y pensó en colocarlo en el suelo y salir para tomar un poco de aire. La brisa nocturna soplo en el interior. bostezando. aquella tigresa pelirroja. Y eso era peor a cualquier cosa a la que se hubiera enfrentado en un campo de batalla. Ortmund se restregó los ojos con los puños. por ser implacable. Amaba a su esposa. fría. debía dejarla libre. Ella se levantó apartando la banqueta. pero las restantes lenguas de fuego hacían que el cristal pulido y tallado Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 166 . el viejo Simón de Wroxeter. junto con la fortuna suficiente para mantenerla. orgullosa y de gran temperamento le había robado el corazón. pensando en ello. —Señora ya casi es de día. Lo perdería todo. Podía enviarla con su abuelo. Había una cosa que podía hacer. Si la dejara ir ahora. No podía soportar el pensamiento. Hilos de sudor corrían por sus muslos donde el niño estaba apoyado. Eso abrió un enorme agujero dentro de su pecho. se llevaría a su hijo y al bebé que portaba en su vientre. estaban cansados y exhaustos. con la cadena dorada enrollada encima de él.

de hombros anchos. como dijo el canciller. Se acercó a él silenciosamente. Era. se encontró con el lord de Morlaix profundamente dormido en la silla de respaldo alto con el pequeño Tom en brazos. Y lo encontraron. con una buena chaqueta de lana roja bordeada con hilos de plata y botones plateados… ropas de la corte… usada con calzas ceñidas negras. Ambos suspiraron. su mansión. pensó Emmeline. Pero aquellas facciones hicieron que Emmeline suspirara recordando al joven caballero que había conocido. Ahora tenía todo lo que quería. La madre de Dios era una mujer y entendería esas cosas. Los cabellos de un rojo oscuro caían en torno a su cara. las puntas de las botas hacia arriba. No la necesitaba más. también él sería recompensado. Ortmund le dio las llaves del taller para que cerrara al salir. Siendo joyeros. Sin pensar. Era una ilusión. pensó. —Despierta — dijo Emmeline — la joya está lista. una réplica perfecta de aquella que Gervais Russel le mostró. —No lo notaran — aseguró Ortmund. sujetando al pequeño aprendiz en su regazo. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 167 . Tenía su fortuna. las oscuras pestañas proyectaban sombras en sus pómulos. en verdad. se dijo Emmeline. Cuando se giró. Parecía joven y bello. Un hombre fuerte y bien constituido. estaría contento y la dejaría irse. el canciller del rey. —El canciller va a recompensarla — dijo el artesano — Y la propia reina… seguro que se mostrará maravillosamente agradecida. No parecía tan llamativo ahora. Dormía con las dos largas piernas estiradas ante él. Luego apagó el resto de las velas cogiendo una pequeña lamparilla. Con todo eso. Por no hablar del hombre importante. El se movió y abrió los ojos. A fin de cuentas. cubriendo la luz de la lamparilla con la mano. Y yo estoy intentando salvarme y salvar a mi hijo. el prestigio de Niall FitzJulien con la reina Leonor sería inmenso. No importaba. los ojos de los dos buscaron al mismo tiempo el defecto del tamaño de un cabello. Vio quién era y sus facciones cambiaron y se endurecieron. su taller de artesanos. de labios suaves y tiernos. Ella enrolló el corazón de cristal con la cadena y se lo colocó en un bolsillo de su vestido. se inclinó sobre él y le apartó un mechón de pelo de la cara.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix reluciera. D ormía con la cabeza hacia atrás y la boca ligeramente abierta como la mayoría de los hombres. Emmeline solo pudo asentir con la cabeza. —Rezaremos a la Virgen Santísima — Emmeline hizo la señal de la cruz. El rey Enrique ya estaba en deuda con él. Tienes que llevársela a la reina. estaban intentando preservar un matrimonio. Niall le había salvado la vida una vez. Si lo que habían hecho esta noche salía bien. Thomas Becket.

su llegada. las mesas se desmontaron y los invitados volvieron al salón para bailar con la música de varios instrumentos de cuerda. su cuerpo esbelto se ondulaba y su boca se curvó en la más sutil de las sonrisas. Había también ciervos enteros. los dulces y las frutas se sirvieron. tortas. Bajo él. ciruelas e incluso uvas blancas dulces y naranjas traídas de Francia y de España y llevadas al norte por los mensajeros directamente de los muelles de Londres. carnero. El rey se aproximaba a la reina y su espalda les bloqueaba la visión. y llevando un vestido ajustado de seda en tonos plata. Chester y Salisbury. Bajó por la nave. Todas las voces del salón de banquetes se callaron cuando Leonor de Aquitania. del canciller Becket. Thomas Becket se inclinó hacia delante. pollos. ceñido con un cinturón de adornos de plata tachonados de rubíes. los arqueros galeses de Cadwallader presentaron una docena de arpistas y una coral que entretuvo a todos con canciones de su pueblo hasta que los acróbatas y malabaristas entraron. golosinas. sus largos cabellos oscuros y ondulados. conejos. impaciente. con mechas doradas. cerrando las manos en la mesa hasta que sus dedos se pusieron blancos. Cadwallader. Llevaba una tiara de plata pulida en la frente. cabezas de puerco asadas y cisnes con plumas. –¿Dónde está? – murmuró el canciller – ¿Dónde está la joya? Emmeline tampoco conseguía ver. en la plaza y solo los cuartos traseros y los cortes de lomo habían sido llevados al salón.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O2 25 5 El banquete empezó al final de la tarde con una presentación continua de perniles de vaca. Hereford. El juez de Lacy se giró para mirarlo. como los de una doncella. las miradas de ambos se encontraron. con su figura alta y refinada que no mostraba ninguna señal del bebé en gestación. caían sueltos y libres hasta los codos. cordero y ciervo. sus luminosos ojos oscuros estaban delineados de negro y los párpados tenían un toque de algo plateado. patos jóvenes. de la cual caía un velo corto de seda transparente. Niall se giró hacia su esposa y en aquel momento. pudines. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 168 . Había bebido mucho y continuaba mirando las puertas de tanto en tanto a pesar de la conversación animada con Thomas Becket y el obispo de Londres. afuera. del lord arzobispo Theobald. El rey parecía esperar. –Por las llagas de Cristo – murmuró Niall entre dientes. hizo su entrada por las puertas de la nave principal del salón. manzanas. El señor y la señora de Morlaix estaban sentados a la mesa después del rey Enrique y del moreno príncipe de Gales. La reina y sus damas no aparecieron hasta que se sirvió el primer plato. y pequeños instrumentos de percusión llamados tamboriles. Los cantores acompañaban los sucesivos platos con música y canciones. Conforme caminaba. vino y cerveza de barril. La diversión duró hasta media noche cuando como de costumbre. sacudiendo el cuerpo fuerte y robusto para ir al encuentro de la reina. los jueces y los condes de Inglaterra. Más encantadores que nunca. pero por una cuestión de delicadeza o tal vez de seguridad fueron mantenidos en sus asadores. gallinas. quesos. centenares de huevos. El rey Enrique se levantó bebiendo el resto de su copa de vino salió del banco de la mesa principal. violines. Cuando el vino especiado. casi golpeando al abad de San Botulfo y otros religiosos sentados allí.

era como una máscara.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Ella estaba aturdida había tenido apenas unas horas de sueño después del frenético trabajo nocturno. la fascinación fragante que tenían el uno por el otro estaba allí para que lo viera todo el mundo. la acercó y la besó. la mirada de Niall se lo decía. que mostraba la hendidura de sus bellos y famosos pechos. La reina arqueó las cejas con aire provocativo. al lado de la puerta abierta y el escudero agarraba las riendas del corcel de Niall. Un beso para el símbolo de su amor por ella. La luz de las antorchas y las velas resaltaba la joya y le arrancaba rayos relucientes. Un beso para la reina. él le posó las manos en sus hombros. conductores y mayordomos se mezclaban con la gente del rey y la reina conforme Enrique acompañaba a su mujer hasta su sitio. –No importa – dijo Niall. Thomas aceptó una copa de vino de un criado y la tomó de un trago. el corazón de cristal engarzado en filigrana de oro en un collar también de oro. Magnus se tiró sobre Niall para abrazarlo y Niall pasó un brazo sobre los hombros del niño. Los sirvientes. el desafío. ¿A que está jugando ahora? – murmuró Lacy. Thomas – comentó– esto solo os traerá problemas en el futuro. Los dos estaban en aquello juntos. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 169 . –Pero me avisaste que era vengativo – dijo Emmeline con una voz que los otros no pudieran oír. como si fuese a empezar una danza de la corte y volvió a la mesa principal. agarrando el vestido al cuerpo. mientras caminaban comedidos a la mesa principal. La pasión. había levantado el corazón de cristal en la mano. Unas pocas aclamaciones sonaron al fondo del salón y se fueron transformando en un estruendo. de una belleza morena. Júpiter. vio así que aquel hombre inteligente y despierto. Aún no estaba vestida porque todo el mundo se había apresurado a encontrarse con el rey que estaba en la carretera. Bajó las escaleras de la torre colocándose la capa sobre los hombros. El vestido de seda plateada de la reina tenía un escote bajo siguiendo la moda francesa. cuyo rostro. levantó el adorno de cristal y pegó sus labios a la joya. pero no se engañaba. Anidando entre ellos estaba el regalo que el rey le había dado. extendiéndola bien alto. Pero los ojos lo traicionaban. trinchantes. En medio del salón de fiestas. –¿Qué quieres decir con que no importa? Emmeline corrió tras él. cuando la reina se paró al lado de la silla. Así. –¿Ya has visto como el rey acierta? – dijo sobre su hombro – ¿Enrique no mandó a Thomas Becket secretamente aquí para negociar la paz con los galeses evitando que sus propios varones de la frontera lo supiesen? Él estaba aún muy amargado por eso. Se giró. La sonrisa de Enrique se alargó. Niall se encogió de hombros. se había dado cuenta de la verdad. Aún con más galantería. –Os tomáis estas cosas demasiado en serio. Enrique de Anjou. Magnus y Joceran esperaban al pie de la escalera. Con un shock. recuerda mis palabras. El joven rey y su reina no se sacaban los ojos de encima. –Por el amor de Dios. Emmeline recorrió con los ojos la mesa hasta Thomas Becket. Con su sonrisa felina. El rostro colorado de Enrique estaba iluminado por una alegría irónica. De Lacy se inclinó hacia él. la reina lo correspondía. el rey Enrique tomó las manos de la reina.

Hablando con ella era el perfecto caballero normando. Emmeline giró el pergamino en las manos. había levantado el campamento y había cabalgado a Chester sin que ni el mismo conde Rannulf lo supiese. Joceran había ordenado sus pertenencias y. Sentía como si un remolino los hubiese capturado. que apretaba los arreos de la silla. actuaría como escudero suyo. te digo que no le importa. Magnus se quedaría atrás. Y en verdad lo había hecho. Gracias a Dios que Enrique de Anjou no era su marido. Niall estaba vestido con la armadura y sus armas a la vanguardia de sus caballeros solo faltaba el yelmo que cogía Joceran. como había sabido Emmeline. además. para hacer el juramento anual de lealtad ante Enrique. Aquella cena extraña en la fiesta. –¡Santo Dios! – exclamó él – ¿Por qué tienes esa cara? Pensé que esto te alegraría. para gran disgusto del chico. Niall FitzJulien tenía órdenes del rey de partir al norte con una escolta de cincuenta caballeros de Morlaix en la vanguardia de su lord soberano. temiendo abrirlo. que no importaba si el rey había reconocido el corazón de cristal como una copia. Ahora los campamentos hervían con el habitual tumulto. el conde de Chester. Había caído la noche antes de que toda la corte pudiese encontrarse en el camino del norte. Volvió corriendo con un rollo de pergamino y se lo entregó a su señor. Rannulf. se dijo a sí misma. de alguna manera lo tenía. ¿puedo ensillar mi poni y cabalgar con ellos hasta el río? –Es el documento de la mansión Neufmarche en la ciudad. –Y algo de dinero. en ausencia de Walter Straunge. No quería leerlo. cuando la reina Leonor se presentó casi desafiante ante su marido… y que él estuviese encantado con eso… quedaría grabado en su memoria para siempre. –¿Por qué habría de ponerme contenta? – murmuró ella. Pero después. Emmeline pensó que lo que él le había dicho. Incluso cambiaba constantemente. – dijo Niall – Becket mandó a uno de sus clérigos escribirlo para mí. sin embargo. Resolveremos esto en cuanto vuelva. Y esta noche se ha acostado con ella de nuevo. mamá. el rey Enrique se había levantado antes del amanecer. Estaba aprendiendo que todo lo que rodeaba al rey y a la reina con su corte no era lo que parecía. Ella lo miró. para dejar claro lo que yo quería en relación a ti y al chico. Acompañó a Niall mientras él llevaba su caballo a la plaza. distante e implacable.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix –Si el rey sabe que no es la joya que le dio a la reina Leonor. Y. –No he tenido tiempo de conversar contigo sobre esto. Incluso al príncipe Cadwallader lo habían despertado en mitad de la noche para despedirse del rey Enrique. Niall lo cogió y se giró hacia su esposa. decían que la reina iba a acompañar al rey a Chester marchando a su propio ritmo. Cogió el rollo de pergamino amarrado con una cinta roja sintiendo que era algo desagradable. Magnus le cogió el brazo implorando: –Mamá. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 170 . Emmeline sabía que él había tenido tiempo y por la expresión de su marido había postergado aquello hasta el último minuto. Él la llevó a la cama después del banquete y los criados dijeron que permanecieron despiertos hasta media noche. Los caballeros y criados andaban atareados por todos lados cargando carrozas y ensillando caballos. Habían mandado a Joceran a buscar algo en la maleta. pensó Emmeline. no tenía sentido.

Los padres cistercienses del monasterio habían recogido a los bebés y a las mujeres y los alimentarían hasta que las lluvias pasasen y los abandonados cogieran de nuevo el camino a la búsqueda de sus hombres. –No. Los hombres a caballo se despidieron. La propia Emmeline no conseguía creer lo que le decía. El lord cogió las riendas de manos del escudero y se subió a la silla. ¿no es cierto? Joceran y Magnus abrieron los ojos ante aquellas palabras boquiabiertos. había ido a Chester con su lord. Varias peleas estallaron de inmediato a causa de discusiones por los juegos de dados. dejando a Jiane. Ortmund la aconsejó que lo dejase ir. Joceran volvió para coger su caballo y la mula de carga con el equipaje. –Jamás voy a entenderte. ahora que la corte había levantado el campamento del campo y de la ciudad. el flaco sargento provenzal. no puedes ir – murmuró a su hijo. Saludó a su vez a Chester y lo invitó a volver. cayó en la cama enfermo dejando a los capataces y a las camareras libres para descansar y murmurar y a las cocineras y el equipo de cocina para discutir y pelear como hacían siempre. Gotselm. a cargo del resto de la guarnición. el sargento. Pensó que le gustaría trabajar con Tom y Ortmund en algunos nuevos pedidos para platos y cálices de comunión que habían llegadlo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Joceran le dio el yelmo y Niall se lo colocó por la cabeza. Le dijo que era libre. que todos estaban irritados y enfadados. el niño se mostraba impaciente y encerrado en el castillo mientras las lluvias de otoño continuaban. Había tanto trabajo por hacer. –¡No quiero vivir en otro lugar! – gritó Magnus. Vas a necesitar la renta de la casa y algún dinero cuando vayas a vivir con el viejo Simón de Wroxeter. mientras Magnus la cogía por la mano. Habían salido de la plaza llena y siguieron por el arco hasta el patio. –Aquí estáis – dijo el conde – imaginé que ibais a salir de una cama caliente como todos nosotros. Primero habían descubierto que había mujeres y niños que se habían quedado atrás por los seguidores de la corte en el campamento. Emmeline apretó el rollo de pergamino con fuerza conforme volvía por la hierba pisoteada en dirección a la torre. Ella continuó apretando el fino pergamino contra el cuerpo. si tenían oportunidad. Baudri Torel. decía en voz alta que no estaba interesado en el trabajo de los orfebres era grosero con el joven Tom y no obedecía a Ortmund. Solo conseguía pensar en una cosa. Querías ser libre. Rannulf de Chester se aproximó al trote desde el patio y frenó el caballo a su lado. sin embargo. Emmeline llevó a Magnus a la mansión de la ciudad. Magnus. Niall nunca había mencionado ese asunto antes. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 171 . pero pronto se entregó a la pereza. Entonces el senescal del castillo. Miró a su esposa tras el protector saliente de la nariz. ¿Y esa multitud desordenada que planeáis llevar? – se tocó el yelmo con un saludo a Emmeline y le agradeció la excelente hospitalidad. – ¡Quiero vivir aquí! – ella soltó a su hijo que salió corriendo al patio gritándole a Joceran que lo esperase. Quería pasar su tiempo en las barracas del castillo de Morlaix observando los juegos y las peleas y oyendo las conversaciones de los caballeros. como un anuncio del mal tiempo del final de verano. Empezó a llover al día siguiente.

Sin embargo. No lo veía desde que era una chiquilla. Sabía que sería feliz. La lluvia finalmente paró. y ella había creído que estaba muerto. mientras caminaba por los aposentos inmaculados. pero no tenía idea de cómo criar a Magnus. tendría que mandar a Magnus de vuelta con su padre y dejarlo entrenar para convertirse en un caballero del castillo. ya que el rey Enrique y el conde Rannulf habían resuelto promover otro torneo para desafiar a los barones del norte de Northumbria. se dijo a sí misma. como es culto y vigoroso. Era una loca. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 172 . miembros del gremio de los laneros. si todo se volviese peor. Pensó que se casaría con ella. si tuviesen un obispo o un abad en el distrito que se opusiese a que las mujeres se dedicasen al comercio. principalmente los días en que estuvo en la corte del rey. John Avenant llegó con algunos de sus amigos. Pensó en el gremio de Wroxeter y en cómo recurriría a él. Entonces. Ya había varios orfebres prósperos allí. Emmeline estaba preocupada. Montaría una tienda de orfebres en Wroxeter. La mayoría estaban en conventos. Por otro lado. pensó. Cuando se tenía eso. ¿Cómo saber si el viejo la querría a ella y al chico? ¿Y al bebé que pronto nacería? La vida no era fácil para las mujeres que no vivían con sus maridos. quedarían en casa de Walter en Normandía en aquel momento. al igual que las murmuradoras. de escapar de una boda que detestaba para vivir en cualquier otro lugar. su vida había cambiado tanto que era difícil decidir qué hacer y que no. –No murió señora – dijo el fabricante de lana pareciendo pesaroso – pero fue enviado a York por vuestro lord como castigo por ayudaros y después fue vendido como siervo a los compradores de lana de Brujas. ahora tenía el documento de posesión de la casa y la promesa de ir pronto. Por la noche se acostó en la cama e intentó imaginarse viviendo con su abuelo. sería aún más difícil. Incluso así. el dinero y una buena reputación eran todo lo que importaba.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix –El trabajo no está en su cabeza. y un viento helado barrió las nubes grises del cielo bajo. Sería extraño estar sola otra vez. Cuando Emmeline preguntó a los jóvenes caballeros que habían venido a buscar las lanzas cómo estaban el rey y la reina y si aún se mostraban cordiales el uno con el otro. señora – dijo el artesano. los sacerdotes toleraban a las mujeres. aparentemente lo habían apartado de los orfebres y de una vida de comerciante. Emmeline obligó a Magnus a disculparse y le hizo pasar el resto del día puliendo metal. Lo poco que había visto de la profesión de caballero. Sobre eso es la carta. aunque fuese algo que ella nunca tomaría en consideración. Santa María. El suelo se secó lo suficiente para que los moradores de la villa empezasen a arar y preparar la tierra para la cosecha de granos de invierno. Pero. – Pero tampoco tiene que ofender a la gente con sus palabras. La libertad era algo muy bueno. Felizmente. Con suerte. el joven Niall se recobró de ese infortunio y fue aceptado por una compañía de mercaderes de aquella ciudad. ellos se limitaron a mirarla con expresión confusa. que tenía unos ochenta años ahora. La mansión vacía la hacía sentir extrañamente deprimida. por otro lado. ¿Aún querría hacerlo? Descubrió que pensaba mucho más en ellos de lo que pensaba en el rey y la reina. Emmeline no podía dejar de pensar en dónde andarían Walter y Berthilde y cómo lo estarían pasando. portando una carta de Nigel. El joven batanero había desaparecido totalmente. El lord de Morlaix mandó dos de sus caballeros desde Chester a buscar sus lanzas de torneo. el viejo Simón de Wroxeter. Emmeline se quedó atónita.

con grandes tijeras que a veces tenían un metro veinte de largo. sobre todo deseando la felicidad de la bondadosa señora de Morlaix. Gran parte de la lana de Morlaix era embarcada en bruto y sin ser clasificada para los flamencos. sin embargo. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 173 . Con todo era un plan muy ambicioso el pensar en hacer el tejido en cantidad. cuando estaba seca. Sin embargo. fascinada. que eran casi siempre hombres. sin embargo la mayor parte de la gente del norte de Inglaterra sabía que su lana fina hacía una ropa extraordinaria. Nigel. Emmeline había pasado por la tienda muchas veces y había visto al batanero y sus asistentes pisando la mezcla en un canal. Después de saludos floreados y votos de que todos estuviesen con buena salud y ánimo. Lo que le di para que pudiese llevar noticias de vuelta a Brujas. el mercader flamenco de tejidos que ha traído la carta de Nigel dice que el joven batanero pregunta ansioso sobre la señora y quiere noticias suyas y de su hijo.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline oyó. Nigel había trabajado con el acabado de los tejidos de los tejedores de Morlaix en su tienda. media y rústica. donde después de lavada y seca. los aprendices se ponían de rodillas y se arrastraban sobre ella. para mandarlo a Flandes para ser vendido. lo que también explicaba el porqué los artesanos eran llamados bataneros. La lana de la matanza de la oveja era mantenida separada. Ofrecía un contrato a largo plazo con una sustancial suma de dinero de adelanto y estaba de acuerdo con un pago anual prefijado por la duración del contrato. El número exacto era un secreto. todas mujeres. señora. Será considerado una ofensa mezclarla y normalmente los fabricantes no se molestaban en mandarla fuera del país. en un proceso llamado batanada. como el secretario de la corporación leía la carta del batanero. incluso así. En seguida iba a los tejedores. Después era lavada en lejía para sacar la grasa y extendida en tablas de madera para secar. los fabricantes locales siempre retenían lo mejor para que quedase en la ciudad. era batida. –Pero Flandes hace su propio tejido en gran cantidad – dijo Emmeline – y es por eso que le vendemos a ellos nuestra lana. con los pies descalzos. cuando la pelusa cardada estaba húmeda y recortada. Y Emmeline no podía dejar de cavilar si él aún pensaba que la amaba. Cuando la recibían. Podía usarse y difícilmente ver pasar una gota de agua a través de ella. Le gustaba observar la fase final del acabado del tejido de lana. Emmeline siempre había sabido que el tejido de Morlaix era excelente. Lo poco que hacemos aquí siempre fue para nuestro propio uso. mojando y escogiendo el paño y frotándola con tierra de batán. La lana de Morlaix era conocida por su alto porcentaje de hilos de categoría fina. era un joven muy ambicioso. –Ah. Con fórceps en la mano. se colgaba para secar en molduras de madera llamados tendederos y colgado por gancho al marco para que estuvieses completamente estirado tanto a lo largo como a lo ancho. como deberían de hacer. un tipo de arcilla y sílice grueso que no solo limpiaba y daba cuerpo al tejido sino que preparaba el paño para aceptar el tinte. Después que el paño era mojado de nuevo. peinada y cardada hasta que las fibras se alinearan. El mejor tejido era recortado innumerables veces. proponía la comercialización de los tejidos locales en Brujas. Tener una capa de lana de Morlaix significaba que no solo era bonita sino también casi a prueba de lluvia. John Avenant la observaba atentamente. aunque unas pocas mujeres especialmente talentosas se ocupasen del negocio. retirando los trozos de tierra y otras partículas. Después John Avenant y el gremio de los laneros la entregaban a las hilanderas. motivo por el cual mantenían la mayor parte de él para sí mismos y no lo vendían. un aprendiz sacaba la dañada y dividía la restante en tres categorías: fina. que la estiraban en un hilo con un huso y un birlo. sí.

Es el permiso del lord lo que cuenta al final para poder comerciar con Flandes. –Por favor. alto y taciturno. Cuando Magnus entró. El jefe del gremio y algunos fabricantes de lana montaban mulas. con mucha fama. Niall FitzJulien no pondría objeciones. –Estoy muy honrada de que haya venido a buscarme con la propuesta de Nigel. Había ido hasta allí algunas veces cuando era pequeña. aunque todos los ojos estuviesen sobre ella. Pero. lo mandó rápido a la habitación del lord. Se oyó un murmullo de confusión. Era una bendición que el tiempo de septiembre aún fuera tan suave. Patos y gansos chapoteaban en las pozas en el patio exterior. cielos. y a Hedwid detrás de él para hacer que tuviese agua caliente para lavarse antes de bajar para la cena. pero no puedo hacer nada. arrastrando los pies e implorando para tener permiso para dormir con Jiane y los caballeros gascones. Emmeline no consiguió responder. pensó al mirar de nuevo. sino también los primeros mordiscos del invierno. –Que mi esposa Gaewddan me había contado que la señora estaba esperando un bebé del lord. Se oyó un alboroto de manos mientras los otros también se santiguaban. con los ojos negros y los cabellos grisáceos que había sido un guerrero en su juventud y amigo del rey Enrique I. sin embargo. pensó Emmeline al observarlos en el portón de la garita. Incluso en aquella época su abuelo era un hombre viejo. Se paró en el marco de la puerta de la cocina para mandar a uno de los pequeños ayudantes a buscar a Magnus en la torre de los caballeros y tomó un trago de cerveza que la cocinera le dio. pensó que si quisiese quedarse en Morlaix. no solo en Inglaterra sino en Francia. ¿qué es lo que le ha dicho? –los ojos del fabricante relucían. señora Emmeline. ¡es a vos a quien siempre buscamos! – gritó uno de los esquiladores – ¿No ha prestado dinero a la gente. Se sentó en una mesa de caballete en la cocina. ellos querían que se quedase allí. Otros estaban de pie. Empezó a llover de nuevo cuando los laneros subieron al patio y bajaron hacia el camino de la ciudad. había murmurado alguien. también su banquero y su financiadora. –No. Estarían empapados antes de llegar a la casa. De repente tuvo una sensación bastante extraña. el león de la Justicia. no conseguía recordar dónde había oído eso. su ángel bueno. – Emmeline le lanzó una mirada glacial. él era llamado Simón el Judío. Querían que ella fuese la señora de Morlaix. ha cambiado nuestras monedas y nos dio consejos sabios en el pasado? Conocéis nuestro negocio de lana desde que erais una jovencita casada con el viejo Bernard Neufmarche – hizo la señal de la cruz – que Dios lo tenga en su gloria. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 174 . En el otoño sentirían no solo las primeras lluvias que lavaban las montañas de Gales.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline dobló el pergamino y se lo devolvió. en medio del vapor y el alboroto con los preparativos de la cena de esta noche y se dijo a si misma que casi no podía acordarse de Wroxeter. El señor tendrá que pedir una audiencia al señor de Morlaix y exponérselo. A veces. Y finalmente un profesor en los últimos años. Corrieron graznando cuando Emmeline los apartó de su camino. No podía contarles que pronto se iba a ir para vivir en un lugar lejano. Alemania y otras tierras extranjeras. La sangre judía corría por las venas de la familia.

en contraste con la palidez de la piel. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 175 . rizado y negro. Uno que podría destacar en cualquier reunión. Emmeline dejó la mitad de su cerveza en la jarra y salió a la plaza lluviosa con la idea de ver a su yegua. que también se había sacado la capucha era aquel que Emmeline conocía como el emisario del oro. Quién quiera que fuesen los visitantes. Su cabello era abundante.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Había mucho ruido en la cocina. El otro hombre. Un bello galés. Solo cuando el caballero del corcel negro se sacó la capucha hacia atrás. que debía parir en cualquier momento. como las gruesas cejas. Pero se paró cuando oyó el grito de saludo de los guardias posicionados en el portón posterior. los guardias los dejaban pasar al momento. ella lo reconoció. Emmeline vio a dos caballeros que se aproximaban con la lluvia escurriéndose de sus capas. Él no estaba usando yelmo. El caballero era el príncipe Cadwallader. Parada en la plaza.

KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O2 26 6 Apretó su mano con tanta fuerza que le hizo daño. — ¿Hay algún lugar para nosotros. su cara estaba llena de crueldad — Son los pagos que quiero arrancar a ese bastardo perro irlandés. no podía hacer nada estaba totalmente paralizada de sorpresa y temor. Y ahora. — Necesitamos su hospitalidad. asegúrese que su pueblo ve que me da la bienvenida. sí. —Entrad al salón. La soltó la mano — ¿Es a causa del último envío de oro que Rainald le hizo y que no me pasó a mí? Ella giró para mirar al emisario del oro. Pero. que esté cubierto? — preguntó el príncipe. produciendo una horrible matanza. todos más o menos pendientes de ellos. Cadwallader besó su mano — Milady. —Ah. ni ninguno de los caballeros. No estoy muy preocupado ahora con lo que se debe. y luego le venció en el torneo ante toda la corte del rey Enrique. sino por la forma en que se pagará — Bella como era. que nunca volvería a verle. Ella solo tenía a Jiane y a los caballeros de la guarnición. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 176 . se dio cuenta de que no podía hacerlo sin una provocación: el galés había firmado un tratado de paz con Inglaterra y el rey Enrique. mirándola con un aire más o menos divertido. donde usted pueda entretenerme más adecuadamente. apareció en la puerta del salón y se detuvo observándolos. pero en vez de acompañarla. De repente se vio tentada por la idea loca de llamarlos para que atacaran a Cadwallader y lo hicieran prisionero. lo hecho. Mis cocineras pueden ofrecerle comida caliente. está temblando — la voz del príncipe Cadwallader era suave. Cadwallader asintió. se dijo. Había gente en todos los lugares a su alrededor: los ayudantes de cocina acarreando la basura al montón de estiércol. estaba sola con Magnus. Cadwallader la sujetó por el brazo. como los de un gato. tontamente. Un momento después. Tendría que cuidarse sola. —Lady Emmeline. Vio al emisario del oro de cabellos rizados. El príncipe sabía que ella había robado el oro del emisario. Respiró hondo. caballeros ocupándose de las monturas. Emmeline levantó la mano haciéndole un gesto a Jiane de que no le necesitaba. Se estremeció. se dijo. milord — invitó — Hay un buen fuego en la chimenea. —No tengo hambre — la dijo al oído — Deseo un lugar más íntimo. cálmese. Los ojos azules del príncipe Cadwallader estaban salpicados de motitas doradas. Glyn Cierog. Se dirigió al salón. donde puede secar sus ropas. que merece muy justamente. Había pensado. acompañando a su señor con el rey Enrique. Era evidente lo que el príncipe galés pretendía. Emmeline intentó retroceder. en Chester. Emmeline no podía hablar. aunque fuera su vida en ello. su marido. Así tan cerca pudo notar el olor almizclado de sus ropas de viaje. cuando hablaba del pago. ha sido una jornada larga. el caballero sargento. Lléveme hasta el cuarto del señor. Niall FitzJulien incendió la fortaleza de Cadwallader. Finalmente había pasado. querida señora. vino y cerveza. El joven sargento no podía ayudarla. Antes esas palabras. vio que Jiane atravesaba la plaza en su dirección. —No se mueva — le avisó — Jiane. hecho está. De reojo. Joceran y Gotselm estaban afuera. Dejemos el pasado a un lado.

Emmeline se acercó al niño. — Escóndanlo. estaba acorralada pensó. Los ojos de Magnus brillaban cuando levantó la mano colocándola en la de ella. excepto cometer un asesinato. Magnus se había bañado como ella le dijo. estaba sentado en una banqueta poniéndose las botas. Hedwid se giró. él había planeado eso antes de venir. Impotente. Le acarició el pelo. para que él no pudiera ver su temblor. de hacerlo con todos ellos. Era justamente lo que él quería oír. necesito dar órdenes a las criadas. por favor. Todo lo que se necesitaba era que la denunciase al rey Enrique como traidora por lo que hizo con el oro de Francia durante estos años. haciendo el juramento con solemnidad. lo juro mama! — Dijo con voz chillona — ¡lo juro! —Shh… — ella casi le tapo la boca otra vez — ¡habla bajo! Miró a las asustadas mujeres que se amontonaban a su alrededor y las dijo lo que quería que hicieran. con muestras de curiosidad. el miedo resonó horriblemente en su cabeza. —Shhh — les dijo Emmeline a todos — El príncipe galés está aquí. No había nada que pudiese hacer. Se volvió hacia Magnus. Santo Dios. los juncos del suelo estaban llenos de toallas mojadas. solo excitado. —Necesito tu juramento de caballero — dijo con dulzura. porque el príncipe era un lord soberano. sea lo que sea. Júramelo ahora. pero Emmeline corrió sin darle oportunidad. No parecía asustado. El propio príncipe Cadwallader no sería considerado culpable en estos momentos de paz. Subió las escaleras de dos en dos. Él la miró como si fuese a decir algo. —Tienes que coger tu pony e ir directamente a la casa del maestro Avenant en la calle de los laneros — instruyó. El príncipe galés tenía el poder de destruirla. Los caballeros de guardia al pie de las escaleras de la torre los saludaron. — Tienes que decirme si puedes hacerlo. Era adecuado llevar al galés al cuarto del señor y ofrecerle que se cambiara de ropas así como un baño caliente. señaló la vieja torre. Sin embargo. Quitó la mano de la boca de Magnus mirando la cara de niño. No creía que alguien fuese a prestar mucha atención a un niño montado en un poney — No te detengas en ningún lugar. ahogando un grito cuando vio la expresión de la patrona. le puso una mano en el hombro y la otra en la boca.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Por un momento. Se pasó la lengua por los labios. si pueden. como un caballero. maldición. Y Emmeline lo sabía. pisando los charcos en un tenso silencio. Atravesaron la plaza. —Milord Cadwallader — dijo ella — deme un momento. Emmeline metió las manos en los bolsillos de su vestido. con la mente acelerada. solo aquellos que había realizado el contrabando para él. abrió la puerta y la cerró con rapidez. no era lo mismo. Hedwid le había dado ropas limpias. y mantengan a Magnus en el medio de ustedes — Tenia una buena razón para no querer que Cadwallader supiera que su hijo estaba allí. — ¡Sí. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 177 . Salgan juntas hablando y riendo en alto. Ella no haría nada menos por el rey Enrique. Dos de sus doncellas estaban arreglando el cuarto.

KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Las dos muchachas la ayudaron rápidamente a soltarse el cabello. Peinaron los mechones con los dedos, dejando que cayesen por sus hombros y espalda. No había tiempo para más. Hedwid cogió la capa mojada de Emmeline, y se inclinó para arreglar el vestido y la túnica. —Oh, señora, pase lo que pase, el pueblo de Morlaix quiere a la señora — murmuró — Y detesta al galés. Una de las muchachas cogió su mano y la besó antes de que ella pudiese retirarla. Emmeline sabía que tenían miedo de lo que Cadwallader le iría a hacer. Ella también lo tenía. Casi tuvo que empujarlas para el descansillo de la escalera. Las doncellas descendieron hablando en voz alta, con Magnus pegado en medio, dejaron la puerta abierta. Momentos después, se escucharon pasos, el príncipe Cadwallader y el emisario Rainald entraron. El príncipe se quitó la capa y la colocó en un banco cerca del fuego. Miró atentamente los tapices de la pared, las mesas con incrustaciones, la cama venida del extranjero, y dos imponentes armarios flamencos. —Muy elegante — dijo por fin — Me gusta este aposento — Se sentó en una silla de respaldo alto al lado del fuego, el emisario se quedó en pie a su lado — Oí decir que aportó una fortuna a su matrimonio, lady Emmeline. Aunque no sea un secreto que no existe amor entre usted y Morlaix. Emmeline fue al aparador y sirvió vino en unas copas. —Príncipe Cadwallader, alguien se ha equivocado. Soy una esposa dedicada a mi señor y marido. El sonrió lleno de encanto. —No es eso lo que dije. Ella le entregó una copa de vino y otra al emisario. Tras dar un trago el príncipe levantó las cejas. —Ah, es un vino excelente — dijo alzando la copa en un brindis a ella, las mallas de acero plateadas del brazo relucían en contraste con las ropas negras. Ni por un momento apartó los ojos de ella — Dios está con nosotros, lady Emmeline. Dulce y agradable como el día, ahora que nos encontramos después de tanto tiempo. Ella no tenía ni idea de lo que quería decir, aunque la expresión en los ojos del galés fuese bastante clara. —El vino es uno de los apreciados borgoñas del canciller Thomas Becket — explicó acercándose para llenar de nuevo la copa — Nos regaló algunos, como símbolo de su agradecimiento por su estancia aquí. El sujetó su muñeca cuando Emmeline se inclinó. — ¿Y la señora hará mi estancia mucho más placentera, verdad que sí? Emmeline intentó soltarse. —Milord, no sé lo que quiere decir. El emisario se apresuró a apurar el vino y colocó la copa en la mesita. —Príncipe, milady, les deseo una buena noche — mantuvo los ojos bajos al salir cerrando la puerta tras él. — ¿Dónde va? — Emmeline usó la otra mano para apartar los dedos de Cadwallader de su muñeca. —Estará afuera — usando su fuerza, la impulso a su regazo — vigilando la puerta.
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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Sintiéndose prisionera contra aquel cuerpo rígido, Emmeline intentó no entrar en pánico. No se había equivocado; no era de extrañar que su primer impulso fuese ordenar a los caballeros que apresaran a aquel guerrero galés con ojos de lobo y a su acompañante y los encerraran en las celdas bajo los depósitos, hasta que su marido Niall, pudiese ocuparse de ellos. Pero incluso, mientras luchaba por liberarse, tenía curiosidad por saber lo que aquel hombre quería de ella. Dormir con ella, sí. Aunque había algo más. —Milord, suélteme. No he dado motivos para atraer esa atención. Él rió bajo. Tenía los brazos de Emmeline pegados al cuerpo, mientras que con la otra mano soltaba los lazos del vestido. —No, querida señora, tiene que pagar lo que me debe — se detuvo, mirándola a los ojos — Como, por ejemplo, continuar recibiendo los presentes de oro del rey Luis, a través de Rainald, pero no necesitará mandarlo por las montañas. Yo vendré a buscarlo. No le contaré a nadie su ayuda. Sin embargo, a cambio, me vais a pagar por mi silencio con mucha dulzura en la cama. Ella intentó esquivar las manos que abrían el escote de su vestido. Sus pechos saltaron fuera, blancos, sensuales, con picos rosados. — ¡Príncipe Cadwallader, mi marido lo matará por esto! —Mi querida señora, Morlaix tuvo su oportunidad y no la aprovechó, ¿verdad? Bueno, usted respeta a ese carnicero irlandés tanto como yo. — Después de una larga y apreciativa mirada, inclinó la cabeza y restregó la nariz por la piel blanca — Como me gusta… — continuó con voz ahogada —… destripar a ese montón de vísceras que llaman Enrique Plantagenet. Su aliento era extrañamente caliente contra la piel de Emmeline. Ésta se debatió, pero el galés la sujetó con fuerza agarrándola por los brazos de modo que no podía moverse. —Éste es el pago del que le hablé — dijo mordisqueándole un pecho — Que me ayude contra el rey Enrique y que me dé lo que le da a ese perro callejero irlandés. Pero con mucho más placer. Emmeline se dejó caer escurriéndose del regazo del galés. Antes de que pudiera agarrarla, estaba en pie, con el vestido abierto, los pechos desnudos, y el aire rozando los picos húmedos de los pezones que él había lamido. Los dejó de esa manera, con el corazón consternado, mientras los ojos del príncipe la devoraban. Cogió la jarra de vino, atravesó el cuarto inclinándose hacia él, con los senos balanceándose tentadoramente ante el rostro de Cadwallader. Le sirvió otra copa. —Jesús — gruñó él, extendiendo la mano para cogerla, pero Emmeline retrocedió, desafiante, lejos de su alcance. Finalmente había entendido el juego del galés. A pesar del tratado de paz firmado con el rey Enrique, el gran príncipe Cadwallader quería que ella continuase siendo una traidora y le pasara el oro extranjero como había hecho, estúpidamente durante años. No tendría que entregárselo a los pastores para que lo llevaran por la montaña, tenía que esperar a que el propio príncipe viniese a reclamarlo. Ocasión que aprovecharía para vengarse de Niall FitzJulien arrastrándola a la cama. Dios bendito, Niall era un hombre valiente y honrado, diez veces más digno que Cadwallader. Lo había demostrado derrotando al galés, tanto en la guerra como en los torneos. Pero seducir a la esposa de otro hombre… eso fue lo que la enfureció. Eso y que Cadwallader presumiese que ella era indecente al punto de traicionar a su propio marido. Se apartó. Tras ella el galés comenzó a quitarse las botas, un tanto vacilante. Cuando acabó, se levantó comenzando a desatar los lazos de las calzas.
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KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Emmeline cogió la jarra de vino para llenársela. —Déjeme tocarla — murmuró, levantando la mano hacia el seno de Emmeline y apretándoselo. Le extendió la taza con la otra mano y ella fingió dar un trago. Dejó que hiciera lo que quería, con los dientes apretados y una sonrisa helada en la boca. Cuando intentó besarla, ella se lo impidió. Luego, puso la jarra de vino en la mesa, le cogió de la mano y se lo llevó a la cama. El galés, alto y moreno, se arrancó la túnica y la camisa, quedándose apenas con las calzas. Se paró junto a la cama y se las quitó. Las piernas y el trasero eran de un blanco lechoso muy pálido, pero donde había pelo, estos eran oscuros como el alquitrán, sedosos. El subió el escalón, se dio media vuelta y se sentó en la cama. —Pelirroja atrevida, yo haré que se olvide de él — sus palabras eran algo arrastradas — La deseé desde el primer momento que la vi en el torneo del rey inglés. Completamente desnudo, Cadwallader cayó sobre las almohadas. —Que imagen tiene con el vestido abierto así — dijo — Quítese el resto de la ropa. Emmeline quería darle más vino, pero dudaba que lo aceptara. Se quitó la túnica, después el vestido y se quedó en pie, con la enagua. Correría desnuda hasta el infierno, ida y vuelta, si él lo pedía, se dijo. El príncipe Cadwallader, el gran héroe de los galeses, estaba tumbado de espaldas, con las piernas abiertas, extendidas, el miembro casi erecto, muy largo y estrecho, saltando entre una mata de pelo oscuro. Sus piernas también estaban cubiertas de pelo negro, así como los brazos y la parte inferior del abdomen. No estaba tan bien como su marido, a pesar del tamaño de Niall. Emmeline vio como sus ojos se volvían pesados y murmuró alguna cosa. Luego, sus parpados se cerraron. Lo observó, pensando que se habría desnudado para el galés, si fuera necesario, incluso se habría metido en la cama con él, pero estaba contenta de no tener que haber llegado a ello. Cuando él se movió, se giró, corrió a la puerta y la abrió. Jiane estaba en las escaleras con dos caballeros de Morlaix. Para entonces, Magnus ya debía de haber cogido su caballo rumbo al pueblo. Jiane pasó por encima del cuerpo tirado en el rellano de la escalera. Emmeline mantuvo la puerta abierta para ellos. Los caballeros fueron a la cama, donde dormía el príncipe Cadwallader. Al ver su estado, soltaron una exclamación de asombro. Jiane empujó las mantas para enrollarlas en torno a él. —No hay tiempo — jadeó Emmeline — llévenselo como está. Las rodillas comenzaron a temblarle del nerviosismo y de un cansancio absoluto. Tuvo que sentarse a la orilla de la cama. Los caballeros de Morlaix levantaron al príncipe Cadwallader de las sabanas y sujetaron su cuerpo desnudo, equilibrando el peso entre los dos. —Todo está bien ahora, milady — dijo el caballero gascón — Nos ocuparemos del resto. Cargaron al galés de aquella manera, con la cabeza balanceándose y los largos cabellos negros barriendo el suelo. Con la poca fuerza que le quedaba, Emmeline murmuró: —Llévense al otro también. Oyó que Jiane murmuraba acordando mientras cerraba la puerta.

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Que esa era la venganza por lo que tú le hiciste. ¿no es cierto? Tu maravilloso príncipe dijo que vino aquí para atacarte. cubriéndose hasta el mentón. entonces. Niall hizo un gesto y Joceran empujó a Magnus por la fuerza hacia la puerta. No fue idea mía. – Y teñido de azul. –Azul – Emmeline observó a su hijo arrastrarse fuera de la cama y colocarse tímidamente al lado de Niall. Extendió la mano para cogerla. Él la miró un largo instante y. Se arrancó la sucia capa y la tiró sobre un banco. –Primero manda a Gotselm y a Joceran fuera. está mintiendo – Emmeline se volvió hacia su hijo – Dice cualquier cosa cuando está malhumorado. Cuando los jefes galeses son ridiculizados y objeto de burla. milord? –No. –¿Sabes cuánto detesta el galés ser ridiculizado? El rey Enrique tuvo mucho cuidado al contarme que la burla es el mayor castigo que los bardos le infligen. Niall fue hasta la cama y se inclinó sobre Emmeline. – Con un gruñido Niall se giró y fue a revolver el fuego mientras Joceran cogía las velas. Magnus saltó de la cama. con su rostro sobre el de ella. Su marido estaba inclinado sobre ella. –¡Arre! – Joceran dio un salto y derribó una vela encendida en la paja del suelo. tan cubierto de barro que casi no lo reconocía. estaban en las sombras. De espaldas a ella dijo: –Los caballeros de Chester llevaron noticias de que el príncipe Cadwallader fue encontrado en la plaza del mercado de Morlaix desnudo y borracho. no pintado. abruptamente. asustada. –¿Sois mi padre. –¡Milord! – gritó alegre– ¡El señor está de vuelta! –Niall le lanzó una mirada salvaje. –¡Milord! – gritó Magnus – ¡Mamá! Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 181 . desheredan a sus herederos y se van al exilio. eres muy mayor para dormir aquí con tu madre como un bebé llorón – Emmeline se sentó al lado de su hijo. Ella le devolvió la mirada sin amedrentarse. –Santa María. –¿Qué ha pasado? – la voz de Niall sonó ronca de cansancio – Casi he matado a un buen caballo viniendo de Chester hacia aquí.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix C CA AP PÍÍT TU UL LO O2 27 7 Emmeline se despertó y. Dime lo que has hecho ahora. con la vela en la mano. Y sal de esa cama. con su miembro pintado de negro. Joceran y Gotselm. –¡Madre de Dios! ¿Querías que lo matase? Eso habría provocado una guerra. Los laneros detestan al galés. fueron los teñidores de John Avenant los que lo hicieron. Magnus miró a Niall con los ojos muy abiertos. –Dime como Cadwallader apareció desnudo en la plaza del mercado – Emmeline miró a los dos caballeros y a su hijo. –No soy tu lord. ¿has perdido la noción de todo para irrumpir aquí diciendo cosas así a Magnus? – en un tono más calmado dijo a Joceran – Coge más velas del armario y dejadnos solos tú y Gotselm. Gotselm los siguió. tras el lord. soltó un grito. mandan a sus mujeres a los conventos. abdican de sus tronos. lo sabes. Después manda a Magnus a la cama. tan sucios como él. soy tu padre. se sentó en la cama. – Acostado a su lado.

–Ah… has oído lo que dijo el chico. Él aún tomó el licor suficiente para tumbar a un caballo antes de caer adormecido. –Los laneros vinieron y cogieron a Cadwallader del lado del río e hicieron con él lo que creyeron mejor – Niall no le sacaba los ojos de encima. le di tanto vino a Cadwallader que pensé que iba a ahogarlo. Debes agradecérselo. durante la guerra entre su madre. apoyando la mano en el aparador. –¿Lo sabías? – ella casi no consiguió hablar. Es hora de que alguien te cuente la verdad. y al rey le gustan las mujeres bonitas para su eterna insensatez y los espías de Enrique le habían dicho que continuabas. –Cadwallader no estaba borracho. Emmeline tragó en seco. –Hablaré más tarde contigo. Se paró mirando hacia el fuego. Con todo – dijo entre dientes – cuando supo lo que había pasado. fue realmente valiente para un chico hacerlo – se mordió el labio – Santa María. – cuando la puerta se cerró. –Santo Jesús del Cielo. gracias a mi esposa y sus improvisados conspiradores tenemos al propio Cadwallader. – Magnus saltaba de un lado al otro. aturdiéndola. en la plaza pública de mi ciudad con su miembro teñido. –Milord. el propio rey Enrique se quedó absolutamente embelesado. Cerró los ojos. chico. Mandé a Magnus a la ciudad con el poni y él le llevó un mensaje a John Avenant y a su gremio.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Niall levantó la cabeza. –Es un antiguo pasadizo. Cuando los abrió la habitación no se movía. – Niall giró para mirarla – Pero lo más intrigante es que el rey Enrique aprecia enormemente la manera Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 182 . Él se levantó de la cama y fue hasta la chimenea. la reina y el rey Esteban. desnudo y drogado a la vista de todos. –El rey tenía la esperanza de expulsar a Hugh Bigod y a los amigos ingleses del rey francés que hicieron un complot para perjudicarlo – dijo con voz cansada – El oro que el rey Luis envía desde hace años a los galeses rebeldes solo es una parte del plan. –Me lo ibas a decir – él pasó las manos por los rubios cabellos enmarañados – ¿Y cuando me ibas a hablar sobre el oro francés? La boca de Emmeline se torció. en vez de eso. no va a entenderlo si le cuentas que es tu hijo. los caballeros dicen… ¿soy…? –¡Sal! – gritó Niall señalando la puerta – Vete con Joceran y haz lo que él dice. como si el mundo se acabase. ¿hay un camino secreto hacia afuera del castillo? ¿Jiane y sus caballeros llevaron al príncipe galés por él? – Emmeline se encogió de hombros aprensiva. le di los polvos de Gaewddan que aún tenía de la época en que tuviste la pierna mala. Los canteros lo encontraron y me lo enseñaron. El rey francés es extremadamente pío y va a pensárselo un largo tiempo antes de mandar otras ayudas a ese tipo de príncipe libertino. Emmeline cogió las mantas y se sentó en la cama. Entonces Jiane y los caballeros lo cargaron por el pasadizo bajo la cisterna que lleva fuera del castillo y desciende la colina hacia el río. Por el amor de Dios. –¿Embelesado? –Eres hermosa. maldición. como una esposa obediente. Pero. Por un momento no consiguió respirar. lo que tu marido Neufmarche había comenzado. La mitad de la gente ya lo sabe. – Emmeline suspiró. Te iba a hablar sobre él. La habitación empezó a girar a su alrededor.

–No. que tendrás tu libertad para ir a vivir a Wroxeter? ¿O no. ahora. –¡No te creo! Él se sentó en el banco. Tan lejos de tu marido. – murmuró ella –¡Oh no! – él la soltó. te convertirá en condesa. Apoyó la cabeza en el brazo y apretó su cuerpo fuerte contra el de ella. que yo no seré un gran conde? Emmeline giró y siguió hasta la cama. con los largos cabellos rubios danzando libres por su espalda. Ven. Él la golpeó suavemente con un dedo. El buen humor de Enrique. Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 183 . esposa. Levantando la camisola. La única cosa que Emmeline consiguió hacer fue mirarlo. Emmeline se cubrió la cabeza con las mantas. levantó la pierna y dijo: –Ven a ayudarme a sacarme estas malditas botas mojadas. –No. ya que estaba ansioso por coger a su gran amigo. no lo hago. –Es la pura verdad. Niall FitzJulien. algo que he intentado evitar. la llevó a la cama con premura. de encontrar a los traidores que lo rodean. –¿No. se montó sobre su pierna mientras él empujaba el otro pie en su trasero y la empujaba. rápidamente. no quiero ser una condesa. –Habla conmigo. quiero que sea un orfebre también – subió el escalón de la enorme cama y se cubrió con las mantas hasta el mentón –Y tú tienes ambición de fama y gloria. quiero que Magnus sea un buen hombre. una orfebre. Y la inteligente manera en que sustituiste la joya perdida… el rey es un gran admirador de la astucia. con muchos brindis obscenos sobre las partes más sensibles de la alianza con Gales. –dijo Emmeline. Al rey no le gusta Cadwallader. la camisola acomodándose a su espalda y a la suave curva de sus nalgas. Niall la miró y levantó la mano para apartarle los cabellos revueltos hacia atrás. cree que es un bárbaro pomposo. Ayúdame y quítame la armadura. ya que. Después de un grande y ruidoso banquete. Nunca quise nada de eso. Te quiere a ti… a nosotros… en la corte. Enrique nos adora ahora por las cosas que he mencionado. El peso la hizo tambalearse. Se enderezó deprisa y la empujó contra el pecho. Pero las noticias del miembro pintado de azul de Cadwallader han divertido al rey como nada desde tu ciervo asado en fuga. No quiero al rey cerca de ti.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix en que la señora de Morlaix usó la comida del banquete real para derribar a aquellos malditos trovadores. no tiene límites. Dobló el cuerpo hacia adelante y Emmeline le sacó su casaca acolchada por la cabeza. No quiero ser parte de eso. en breve. con los ojos castaños nublados. por todo lo que es sagrado. No me gusta la corte ni las crueles murmuraciones de los que rodean al rey Enrique y a la reina Leonor. Con un brazo en torno a ella. Soy miembro de un gremio. como bien sabes. Incluso la reina Leonor ha recibido su atención completa. con bebida abundante la noche pasada. –¿No tienes nada que decir? – preguntó – Será una tarea difícil vivir en Wroxeter con tu abuelo y con los preciosos herederos de Morlaix. –No. Pero tengo que decirte que el rey Enrique ha vuelto eso difícil. Claro que Enrique está triste por no haber sido capaz. esta vez. el gran conde. bajo las mantas. –Te estás burlando de mí. –Sé que deseas ser libre – dijo roncamente – y yo te prometí que lo serías. el conde de Norfolk en acto de traición. o no se quedaría con la perra con la que se ha casado. Niall se sacó la túnica y las calzas y la siguió. Emmeline se levantó de la cama y fue descalza hasta su marido. que Dios y los ángeles nos salven.

¿Recuerdas como me conquistaste en esta cama? Eras otro… Gawain. te lo diré más tarde – murmuró abriéndose para él y pasando los brazos amorosamente en torno al cuello de su marido. Santa María. –Humm. no quiero eso – ella se estremeció cuando Niall la empujó hacia abajo y se acomodó entre sus muslos – Pobres mujeres… imagino todo el tiempo cómo se están arreglando Walter y Berthilde. Emmeline se quedó sin respiración. Emmeline. –Su nombre es Magnus. siempre será Magnus – Niall estaba sacándole la camisola por la cabeza. Si eras una joven loca. ni los ricos tapices de la pared. el rey Enrique no me dejará hacer menos. sin un chelín en los bolsillos y cuando te vi al pie de esta cama eras tan hermosa que casi quedé espantado y perdí la razón. Otro sir Lancelot – dijo con un sollozo – ah. incluso puedes tener otro par de beatas. que los habían rodeado aquella noche en que había hecho el amor el uno con el otro. como aquellos de las narraciones sobre Arturo. –El rey Enrique va a hacer de Magnus… Julien… mi heredero. Y te amé desde el primer momento en que te vi. –Quédate conmigo. Las dos manos de Niall agarraron sus pechos cuando se inclinó sobre él. Haremos una petición al arzobispo Theobald. –¡Nunca me lo has dicho! ¿Por qué nunca me dijiste nada? –Él sacó el brazo de detrás de la cabeza y miró a Emmeline. pensé que eras un joven héroe ansioso. Mira. –Humm – murmuró él besándola con ardor– fogosa hechicera – murmuró – aún no me has dicho que me amas. ¡No se puede llamar Julien FitzJulien! Todo el mundo va a pensar que es una broma. Tienes tu tienda y el documento de posesión de la mansión.KATHERINE DEAUXVILLE El Señor de Morlaix Ella se descubrió y lo miró. ninguno de los dos había sido capaz de olvidarse. ni las luces de las velas. tiempo atrás – murmuró – cuando te vi por primera vez. Durante aquellos años. Y supe que estaba perdido. Pensé que eras una hechicera terrible. F FIIN N Traducido por ISABEL & JUANI — Corregido por Ana & Bárbara Página 184 . –Aquella noche. –No. rey de Camelot. te daré lo que quieras. se dijo a sí misma. que la enviará a Roma. Niall posó los labios en los pezones rosados. Y había sido amor. –Nunca lo he olvidado. Emmeline levantó los ojos. ni que había comido bien por primera vez en días. yo era un joven caballero bruto. la voz de Emmeline salió ahogada – Nunca lo llamaré Julien. mirando las familiares cortinas azules y los colgantes dorados en lo alto. Ni la habitación. Algún día el chico será el conde de Morlaix. como la Morgana del rey Arturo. al papa. querida. Emmeline saltó de la cama y se giró para encarar a su marido. ¡fui una loca idiota! Niall se inclinó sobre ella y la besó levemente.