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VELAVERDE

Escrito por Carlos Bruce / Lunes, 19 de agosto de 2013

No perdamos la brújula en tiempos de vasas flacas
Con poca prudencia el presidente Humala ha alarmado a toda la población comunicándonos que la crisis ya ha llegado a nuestro país reforzando lo declarado por el Ministro de Economía en el sentido de que transitamos hacia “un mundo de vacas flacas”. Esto, que debió anunciarse junto con un conjunto de medidas anticíclicas para paliar los embates del exterior y reforzar la demanda interna, afectará negativamente a las expectativas de los agentes económicos. Por ello, el gobierno tiene ahora una agenda económica que estará muy recargada y bajo presión permanente. Es cierto que la desaceleración económica mundial afecta a nuestra economía incidiendo en el crecimiento y la recaudación fiscal, pero esto ya era previsible desde que explotó la crisis financiera mundial en el 2008, por lo que había que tomar las previsiones necesarias para mitigar el golpe. Sin embargo, se ha perdido tiempo y oportunidades en los últimos dos años para potenciar más el motor de nuestra economía. Los datos a Junio confirman una tendencia negativa en el ritmo de crecimiento de nuestro PBI: en Abril 7.6%, en Mayo 4.8% y en Junio 4.4%. Muy por debajo de lo esperado. Esto se debe no solo a la fuerte caída de las exportaciones del primer semestre de este año (13%), sino también al debilitamiento de la demanda interna (consumo e inversión). Lo que, por cierto, implica menores utilidades, menor recaudación fiscal y menor canon y paralización de inversiones en las regiones. Ante este panorama no puede haber más pérdida de tiempo para tomar las medidas que apunten a objetivos claros: impulso inmediato a la inversión pública y privada, administración prudente del gasto público y recuperación de la confianza empresarial. Todo en simultáneo. Según datos oficiales, existen más de US$22,000 millones en inversiones paralizadas por trabas burocráticas y conflictos sociales no resueltos, y en lista más de US$12,500 millones en concesiones para entregar. En buena hora que el gobierno haya anunciado su disposición a agilizar estos temas y apoyar al sector privado. Para esto no hace falta convocar a los grupos políticos. En cuanto a la administración de los recursos públicos, el gobierno no puede caer en tentaciones populistas que lo lleven a desperdiciarlos irresponsablemente. Tiene que

haber calidad en el gasto destinándose solo en proyectos que sean productivos y rentables social y económicamente. Si no alcanza para ofrecer aumentos salariales a los servidores públicos, tampoco puede permitirse el despilfarro en proyectos faraónicos económicamente injustificables como por ejemplo la modernización de la Refinería de Talara, en el que el gobierno pretende destinar más de US$3,500 millones. Esto equivale a más del triple de todos los programas sociales del gobierno. Tampoco pueden comprometerse los recursos escasos en gasoductos interprovinciales sin los estudios suficientes. Y con respecto al apoyo económico que el gobierno ha anunciado para las regiones ante la caída en la recaudación del canon en 25%, no puede aceptarse que se asista a los responsables directos de la paralización de las inversiones mineras. Además, existen en las regiones más de US$4,000 millones sin utilizar. Por último, un tema neurálgico que determinará el éxito de estas medidas es la recuperación de la confianza de la población y del empresariado que el gobierno viene perdiendo continuamente, al punto de estar afrontando una severa crisis de credibilidad por responsabilidad directa del presidente Humala y su equipo de gobierno. Una ardua tarea en la que el Presidente, acaso reforzado con un nuevo equipo de mayor peso, tendrá que trabajar sin perder la brújula.