Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque

sus obras eran malas. – Juan 3.19 Este texto del Evangelio nos habla de la razón de existencia de la condenación y a la vez nos provee una clara definición para ella. La condenación es preferir la oscuridad de las tinieblas a la luz admirable de Cristo. Este estado en el cual el ser humano prefiere cualquier otra cosa que a Dios es un estado de condenación. Desde el principio, la Biblia nos enseña cuán merecido es el castigo para nuestra raza. Adán y Eva que vivían gozando de un mundo perfecto y de la bendita comunión con Dios, prefirieron atender a los engaños del Maligno que obedecer el mandamiento divino y de ahí en adelante, todos sus descendientes hemos demostrado que somos iguales a ellos, prefiriendo las tinieblas a la luz. Notemos que el texto NO dice que “algunos” hombres amaron más las tinieblas, más bien es una generalización del comportamiento de la raza humana, 53.6). El engaño y decepción en que viven los seres humanos es tal que no pueden ser conscientes de su propia condición. Somos incapaces de ver con claridad cuál es nuestro estado espiritual, nos es imposible reconocer nuestros pecados y faltas y aunque a veces nuestra conciencia parece acusarnos, buscamos y rebuscamos dentro de nosotros mismos razones para pensar que algo de bueno tenemos, que no somos tan malos y nos consolamos al compararnos con otras personas que nos rodean que son peores que nosotros. Esto describe la actitud de aquel que aún vive en tinieblas. como bien lo describió el profeta: “todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino…” (Isaías

Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. La condenación es el rechazo de Jesucristo. estás rechazando la Luz. porque la Luz hará visible esa realidad que quiere evitar que sea conocida. “si confesamos nuestros pecados. Se acerca el día en el cual todos los secretos de los hombres serán revelados. Tal hombre preferirá seguir viviendo de apariencias y evitará a toda costa venir a la Luz. Pero. Pocas personas reconocerían que han rechazado a Jesucristo y muchos se espantarían de tal afirmación.” (I Juan 1:9) La condenación del infierno será la manifestación final de la horrible condición del hombre que ha preferido: vivir para sí mismo y según sus estándares en vez de venir a la LUZ. De manera que si no estás viviendo para Cristo.Hasta que el hombre no acepte que vive en tinieblas. Esta es una de las razones por las cuales la gente evita asistir a una iglesia donde se predique el Evangelio en el poder del Espíritu Santo. pero Jesucristo explicó con detalle lo que significa ser un discípulo y confrontó a los que de labios profesaban seguirle pero cuyas vidas no eran conforme a la voluntad de Dios. . porque el Espíritu Santo utiliza la predicación para desnudarnos y hacernos reconocer cuánto necesitamos del Salvador. expuestos y traídos a juicio.16) ¿No es mucho mejor venir a la luz y confesar nuestros pecados y suplicar a Dios que nos limpie? ¿No es una locura taparse los oídos cuando Dios habla? Según está prometido en las Sagradas Escrituras. ¿no es esto una insensatez? No podremos huir de la realidad de nuestra pecaminosidad para siempre. no podrá suplicar a Dios por la luz y seguirá incapaz de confesar sus pecados y faltas y de traer a la luz su verdadera situación. (Romanos 2.

y todos aquellos que lo reconocen como Señor. ¿Puedes decir como el salmista: “Jehová es mi luz y mi salvación” o más bien prefieres la oscuridad para que tus obras no sean expuestas? – Ven a Jesucristo. sino que con una conciencia limpia. vino al mundo. Él dijo: “Yo. la luz.46) Amén. podamos vivir para Él.¡No nos engañemos a nosotros mismos!. es inútil y es una insensatez. que nos redimió y nos limpió de nuestros pecados con Su sangre.” (Juan 12. Jesucristo. la LUZ. Pastor Alexander León . tendrán en Él también al Salvador único y perfecto que cambia el corazón para que ya no vivamos prefiriendo las tinieblas. he venido al mundo. para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.

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