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Número 155 Domingo, 23 de junio de 2013

El perseguidor
Portadas del primer número y del número 100 de La Página.

JUAN JOSÉ DELGADO Se puede perfilar los precedentes que marcan la aparición de la revista que hoy se presenta y procurar una acotación inmediatamente anterior a la aparición de la revista La Página. Sería la corta prehistoria comprendida en la década del ochenta. Lo que aquí se expone, se expone desde una posición. La de quien se encontró en los comienzos de la década mencionada con vocación y ganas de aproximarse al territorio de las letras. En aquel momento muchos suponíamos, hasta cierto punto, que formábamos una generación literaria tan muda como invisible y que no lograba proyectarse más allá de sí misma. Por ese motivo fue naciendo en esos años una buena cantidad de grupos que se caracterizaban por la unánime vocación de establecer una comunicación factible con los lectores. Los primeros años fueron años de exploración, de prueba y de intentos, por lo general fallidos, de entrar en el circuito comunicativo de la literatura. Se vivía en la ingenuidad de que el lector de Canarias se mostraba interesado por la literatura de Canarias y que, de modo natural, aceptaba toda clase de manifestaciones creativas que se le proponían. Se desconocía --o no se tomó en consideración-- que nuevos factores estaban ya actuando sobre el fenómeno literario. Se estaba imponiendo la mercantilización de la obra literaria. Esta nueva y coyuntura había ya comenzado a evidenciarse en la década del 70, solo que esta orientación de carácter extraliterario había pasado rozando en el primer lustro de esa década. De ahí que se consiguiera que el lector canario, interesado por el producto libresco de tema canario, entrase en el circuito de comunicación en busca de libros de procedencia y contenido canarios. Se proclamaba un interés inusitado hacia la realidad insular. Como se ha indicado, en la década del 70 no se había percibido de manera clara el incontenible proceso de mercantilización de la literatura. Pero la industria editorial, potente y a nivel nacional, estaba preparando su traje de largo para estrenarlo vistosamente en el mercado. A partir de 1980 el libro propende a verse como objeto de consumo. Pero no se ha perdido en la memoria de los jóvenes que ingresan en el 80 el fenomenal éxito de la narrativa canaria del Boom de los setenta. Puede explicarse que los escritores jóvenes tuvieran a la década del setenta como el modelo posible y el más adecuado para mantener, prolongar y conseguir una atención semejante por parte de sus lectores coetáneos. De acuerdo con tales consideraciones, el panorama en donde el libro se inserta ha totalmente cambiado. En la década del ochenta no se pudo sostener el excepcional fenómeno del boom. El libro editado en Canarias suscita nula o --en el mejor de los casos-- mínima atención. Las situaciones carenciales obligan. A partir de allí los propios autores deberán resolver la cuestión. Y surgieron empeños diversos para remediar la desamparada situación. Para aglutinar fuerzas entre los actores de la literatura y concitar expectativas entre los lectores. Podrían resaltarse, entre otros muchos episodios contempla-

EN LA PREHISTORIA INMEDIATA DE LA PÁGINA
dos en los 80', el homenaje de Joven Poesía Canaria a Pedro García Cabrera, celebrado en septiembre de 1980 en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife y en donde el grupo organizador reafirma, en el libro-homenaje publicado, que aquel era un acto social y literario con el que se pretendía el reconocimiento, humano y poético, de Pedro García Cabrera. El homenaje acabó siendo un acto multitudinario en el que se pudo manifestar el aprecio unánime de la sociedad por el poeta gomero. Una joven generación poética lo había adoptado como norte de sus preferencias estéticas. También entrañaba esa orientación el reconocimiento a los otros supervivientes de Gaceta de Arte: Domingo Pérez Minik y Eduardo Westerdhal. Se estaba evidenciando que la generación del 80 no tomaba como referencia a la generación inmediatamente anterior, esto es, la del setenta. Resultaba más atractivo el grupo lejano de Gaceta de Arte. Y no extrañará que una colección, LC/Materiales de Cultura Canaria, coordinada por Nilo Palenzuela, Domingo Luis Hernández y Manuel Villalba, dedicara su primer número en 1981 a Agustín Espinosa, continuaran con Pedro García Cabrera y se aproximaran con el número 3 / 4 a los escritores fetasianos (Isaac de Vega, Rafael Arozarena y Antonio Bermejo). E iban arracimándose en la indicada década del 80 otras revistas. Llegaban los cuaderno-revistas de Roberto Cabrera, cada cual con su título: Aquel viejo noray, Teresa en el balneario, Menstrua Alba. Porque había una generación de jóvenes escritores que demandaban algo más que un monólogo y ensimismamiento. Se vivía el ansia de compartir con los más inmediatos una propuesta creativa. Qué fue si no, La Teja de Bogotá sino una revista diseñada sobre la marcha y como Dios daba a entender, con páginas en cuya escritura se delataba que venían de las teclas de una máquina de escribir eléctrica (todavía no el ordenador; una revista de estar por casa que consiguió lanzarse compulsivamente, como un fogonazo, probablemente iluso, si permiten que iluso se acepte como aquello que propende a ilusionar. Poco después, en el año 1988, salió la revista Fetasa. En torno a esos años se publicaba también la sureña revista Taramela. Los ochenta fueron, como se advierte, un nido de revistas que intenta-

El jueves 27 de junio, a las 19.30 horas, se presenta en TEA Tenerife Espacio de las Artes en Santa Cruz de Tenerife el número 100 de La Página. Está previsto que participen en el acto el director de La Página, Domingo-Luis Hernández; el director insular de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo Insular, Cristóbal de la Rosa Croissier; el escritor Juan José Delgado así como José David Santos Sánchez, director de Diario de Avisos, y Eduardo García Rojas, coordinador del suplemento cultural El Perseguidor.

ban ocupar un territorio literario como lo hicieran prestigiosas revistas precedentes Fablas, Liminar, Sintaxis-. Cada una cargaba su propia idiosincrasia y, de ese modo peculiar, se iba erigiendo una idiosincrasia colectiva, generacional, que, en aquel momento, se orientaba hacia una meta: dejarse oír, ocupar una plaza disponible en un panorama que se entreveía inactivo y despejado. Se ha aludido en este párrafo a una palabra caliente: Generación literaria. Se debería especificar: la generación de los ochenta. Una generación a la que no pocos le dieron por llamar "Generación del Silencio". Y que se mantuvo, y no por decisión propia, a la sombra o ensordecida por el explosivo boom de la narrativa canaria del setenta; un boom en cuya nómina se incluían escritores nacidos en los años veinte, treinta y cuarenta del pasado siglo. La Consejería de Educación, Cultura y Deportes inaugura en 1989 la colección Biblioteca Básica Canaria. Tiene un cometido: acercar a los lectores las obras más representativas de la literatura Canaria mediante una colección que abarca desde el siglo XV y alcanza e incluye la década del setenta del siglo XX. También en ese año se procura cubrir una parcela destinada a los jóvenes escritores con la colección Nuevas Escrituras Canarias. En ese mismo año de 1989 nace la revista La Página, dirigida por Domingo Luis Hernández. Es una larga trayectoria la de de esta revista a punto de celebrar las bodas de plata y celebrando jubilosa y extraordinariamente -pues extraordinarias son las cifras de años de vida que abarca y las del centenar de números hasta publicados. Desde aquel de 1989 La Página se ha ido mostrando como un continente favorecido por la variedad de sus estaciones climáticas que, en el fondo, encierran una inquebrantable unidad: la proposición de temas literarios en vigor; quedan incluidas aquí las manifestaciones de autores y tendencias más relevantes de la literatura contemporánea y actual, sin renunciar al estudio y revisión de una literatura que, si del pasado, ha sobrepasado el tiempo y se muestra fecunda y latente todavía en la actualidad. Y todo ello infundido de un universalismo que va conduciendo, por las miles de páginas ofrecidas ya por La Página, a un estudio indiscriminado de las mejores muestras de los autores y tendencias significativas de la literatura actual. Lo que se muestra literariamente en las islas adquieren una categoría y carácter análogo a las referencias que radican en el exterior. Se impregna de un enriquecedor sentido universalista y se va adquiriendo un fondo de conocimiento y de experiencias ajenas que, sin duda redundará, en el propio conocimiento. La Página avisa a nuestra conciencia de la llegada de lo desconocido y de aquello en que no se ha reparado. Lo anuncia y revisa. Anuncio y reactualización que permitirá al lector contrastarlo o confirmarlo. En todo caso los contenidos que La Página ha expuesto han pasado a enriquecer nuestra literatura y nuestra conciencia. Es por ello que felicitamos a esta imprescindible revista en tiempos de recortes y empobrecimiento cultural. Y que cien números más, por lo menos, dure.

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DOMINGO-LUIS HERNÁNDEZ /ESCRITOR Y DIRECTOR DE LA PÁGINA
La Página vino al mundo un día de octubre de 1989. Poca gente apostaba entonces por aquel proyecto de carácter cultural germinado en unas islas cuya relación a lo largo de la historia con las ideas y la creación artística hace equilibrio entre la delgada línea roja que separa al amor del odio. O al odio del amor. Afortunadamente, se trata de un discurso superado por su director, Domingo-Luis Hernández (Los Realejos, Tenerife, 1954), quien en esta entrevista repasa los grandes y pequeños momentos de una revista que, utilizando un símil futbolístico, juega hoy, tras alcanzar su número 100, en la División de Honor de este tipo de publicaciones.
EDUARDO GARCÍA ROJAS - ¿Cómo y por qué aparece La Página? - Cito el principio: año 1987 y mi viaje, por estudios, a Buenos Aires. Habría de permanecer algún tiempo allí. De donde, lo que me llevaba de aquí comenzó a tener sustento allá. Por el contraste entre nuestro modo de hacer y lo que ocurría en Argentina. Yo había participado en la creación de algunos proyectos en Tenerife, casi desde mi llegada a la universidad. Se manifestaron en el año 1981 con la creación de LC. Eso me llevaba. Y otra cosa: la convicción de que lo nuestro por lo nuestro era poco. Me acompañaba, además, el estudio de la cultura/literatura de Canarias y ahí dos hitos excepcionales: la Revista de Canarias del XIX y gaceta de arte en las vanguardias. Esa Canarias es otra Canarias, porque se centra en lo que acontece en el mundo. Y descubrí que tanto una revista como la otra son las revistas más canarias de cuantas se han editado en Canarias. Ese era el modelo; eso fue lo que pensé en Buenos Aires y eso fue lo que me dispuse a fundar con mi vuelta a Tenerife. Y eso logramos por primera vez en el último trimestre del 89. - Pero ¿una revista cultural desde Tenerife? - Sí, claro; y con todos los elementos que una revista cultural contiene. Es decir, podíamos haber inventado una revista íntima, reducida a un círculo selecto, con distribución específica, pero nos decidimos por otra: competitiva con las otras revistas del medio, desde El Urogallo de entonces a Quimera. En ese punto todo cambiaba y a eso nos dedicamos. Lo primero la distribución; lo segundo, el ámbito (todo el territorio del Estado) y las plazas que pudiéramos conseguir fuera; lo tercero, los gremios profesionales a los que debíamos pertenecer (ARCE, muy importante entonces, CEDRO...). - ¿Con que apoyos contaron al principio y que respaldo tiene La Página en la actualidad? - La Página se creó por el apoyo decidido de dos instituciones públicas: la Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife. Sin esas ayudas hubiera sido imposible crear La Página. Y recuerdo dos nombres, porque ellos estaban convencidos de que esa debía ser la labor de una revista creada aquí: intervenir desde Canarias/Tenerife en la cultura del mundo, opinar, reflexionar sobre la cultura del mundo (desde Luis Mateo Díez, a Cormac McCarthy o Tarkovsky) y proyectar hacia el mundo lo que hacemos aquí, cosa que hemos hecho de manera ininterrumpida durante 24 años. Esos nombres son Juan-Manuel García Ramos y Miguel Zerolo. - ¿Hasta que punto ha afectado la crisis a La Página? - Aprovecho esta pregunta para completar la anterior: no hay apoyo directo alguno (salvo alguna parca iniciativa del Cabildo de Tenerife) a La Página por las instituciones públicas en la actualidad. El Estado las ha reducido hasta cifras irrisorias, y las revistas culturales lo tienen crudo. Además, dolorosa, incomprensible e impúdicamente el

“LA PÁGINA LO QUE HA HECHO, HACE Y HARÁ SERÁ DERRIBAR LAS BARRERAS, LOS MUROS, LAS EMPALIZADAS DE CANARIAS”

En la imagen los escritores Luis Mateo Díez y José Luis Muñoz. Domingo-Luis Hernández, el crítico Luis García y el también escritor J.J. Armas Marcelo.

Gobierno de Canarias hace cinco años (por lo menos) que ni saca las convocatorias anuales (a las que estaba obligado por decisión del Parlamento) a las revistas y editoriales de Canarias, ni (como suele ocurrir en casos excepcionales) han concedido ayuda alguna a La Página como tal revista. La crisis (afirman) es la culpable. No estoy de acuerdo. Acepto el hecho de que todos hemos de apretarnos el cinturón en ocasiones como esta. Es decir, estoy de acuerdo en que se nos rebaje el tanto por ciento que nos corresponde, no que se nos borre del mapa. Por eso digo que a algunos dirigentes (cuyo bagaje cultural es del todo manifiesto, como ha ocurrido en sesiones del Parlamento de Canarias) les ha venido bien la crisis para ponerse en su lugar. Y es que la crisis nos ha enseñado a los ciudadanos comunes que algunas convicciones de los políticos de este

país están a la altura de su catadura moral. - ¿Ycómo entiende que está abordado la literatura actual la recesión que actualmente vivimos? - Distingamos: creación e industria editorial. La creación no se reciente; al contrario. La industria sí. La bajada de ventas de libros en este país sería considerada un espanto en cualquier país civilizado (que los hay). Eso hace, además, que las editoriales estén contra las cuerdas. Y eso afecta, de manera especial, a los escritores noveles o no consagrados. Porque, por desgracia, en este país las editoriales no buscan y fabrican lectores (como la británica Penguin o la norteamericana Randolph House) sino que los usan. Por eso las editoriales pequeñas e independientes, como La Página, son tan importantes. - En este aspecto, ¿cuál es la línea editorial

de La Página?, ¿qué principios la rigen desde sus inicios? . Quiero recordar, en primer lugar, que hablamos de la revista de Canarias con más números publicados, con más años de presencia ininterrumpida en el mercado, con colaboradores inimaginables en estas islas, con una distribución efectiva en toda España y en el mundo, con suscriptores en los cinco continentes, etc., etc. Eso lo hemos logrado por lo que La Página es: una revista heterogénea, proyectada hacia lo más incitante de la literatura actual, a los autores y a los deslizamientos culturales (filosóficos, artísticos...) que nos rodean. Lo importante a considerar aquí es que, si eso hemos logrado, Canarias, los canarios, la cultura de Canarias está en esa situación, porque siempre hemos concedido espacio a Canarias en La Página, con el mismo tipo de letra

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que les hemos concedido a las grandes figuras de la literatura universal. El principio es: estar en el mundo como somos y por lo que somos y no tenerle miedo alguno a que el mundo (tal como es) nos visite. La Página lo que ha hecho, hace y hará será derribar las barreras, los muros, las empalizadas de Canarias, como nos enseñaron Eduardo Westerdahl, Domingo Pérez Minik, Agustín Espinosa, Pedro García Cabrera..., por no hablar de Cairasco, de Clavijo y Fajardo, de Solórzano Sotomayor, Viera, Morales, Quesada... Es decir, somos una cultura de frontera (eso nos hemos probado desde el Renacimiento, más aún, desde las Endechas a Guillén Peraza), eso nos identifica, forma parte de nuestra más duradera y certera identidad (pésele lo que le pese al pacato e inculto nacionalismo). Somos "noveleros", como me repetía don Domingo Pérez Minik. - ¿Qué números consideran que han sido los hitos de la revista?, ¿los que más han sonado de La Página? - Pregunta difícil de responder: todos los frutos son buenos, como los hijos. Pero respondo, no tanto seleccionando cuanto subrayando. Subrayo que hemos sido los primeros en España en dedicar un monográfico a Luis Mateo Díez, que nos ocupamos de Chatwin cuando aquí era un absoluto desconocido, de Antonio Tabucchi, de Coetzee, de Cormac McCarthy, de Juan Gelman, de Arlt, de la parte menos reconocida (e incluso oculta) de la obra de Borges, de Piglia, que le hemos dedicado espacio a las vanguardias de Canarias, España, Portugal, Hispanoamérica, que le hemos concedido una importancia relevante al feminismo, a las posiciones culturales de nuestro tiempo (desde el Neobarroco al Postneobarroco, la marginalidad...), a la ética y la literatura... Y paro. - ¿Qué espacio ha tenido la literatura que se escribe en Canarias en la revista? - Recalco lo siguiente, cual hice en la pregunta anterior: dimos a conocer, por primera vez en Canarias y en el mundo, la traducción directa del alemán del Clavijo de Goethe, ya he hablado de las vanguardias y gaceta de arte, recuerdo lo publicado sobre la joven poesía y nombres concretos con espacio ahí: Sánchez Robayna, J.J. Armas Marcelo... Me detengo en dos cosas: una, La Página dedicó un número entero de 296 páginas a la historia de la literatura de Canarias (núm.76) y dos: el monográfico (número 9) dedicado a Isaac de Vega. La gente de aquí no lo sabe; lo revelo ahora: ese monográfico hizo que la revista de Barcelona Quimera nos pidiera un espacio parecido al nuestro sobre Isaac de Vega para publicarlo en sus páginas, cual ocurrió. - ¿Y cuál es su valoración de la literatura canaria?, ¿cómo entiende su evolución hasta nuestros días? - Es muy buena. Me decía mi amigo y maestro Ricardo Gullón que la Literatura es un gran campo de batalla lleno de muertos. Y he de aludir al carácter positivo de mi amigo y Coordinador de Redacción de La Página desde hace veinte años, Sinesio Domínguez, que insiste en no disgustarnos por los muertos (que los hay en Canarias, y muchos), sino en aferrarnos a los vivos, que los hay también aquí y en gran cantidad. Creo que

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La Página ha ido agotando etapas a lo largo de su existencia y hemos ido cerrando el cerco a lo largo de la historia. Propusimos, en principio, una revista que contaba con tres aspectos que combinaban novedad (los monográficos) con el modo de ser de una revista tipo
Canarias es, además, en lo literario, un laboratorio de pruebas excepcional. Dije frontera cultural y lo repito: aquí eso es concluyente, y lo es antes que en otros lugares de frontera del mundo como Hispanoamérica. Luego, ocurren fenómenos aquí (por ejemplo, la modernidad de Cairasco y la traducción, las búsquedas del padre ausente de la cultura como en el XVIII, las tramas del romanticismo --la reivindicación de los aborígenes incluida--, las vanguardias...) que han de estudiarse bien para entender. Y no digamos las figuras. Cité a Cairasco y si digo que es uno de los escritores más grandes del idioma en su momento, no miento. Pero sigamos con nombres más recientes: Agustín Espinosa, Luis Feria o el caso (no bien estudiado ni considerado en la novela española de posguerra) que es Isaac de Vega. Con esos mimbres podemos hacer buenos cestos, como me decía mi abuela. - La Página también es una editorial. ¿Qué podría decirnos de esta nueva aventura? - En realidad, La Página nace como editorial (La Página Ediciones) porque el espacio de la revista se nos quedaba corto. En la primera etapa, que va hasta el número 61, dedicamos un importante espacio a la creación literaria. Y, repito, era poco. Luego... Lo mismo al ensayo, con temas que nos interesaban, como el feminismo, la marginalidad, el estudio de autores y su obra, temas universitarios... Y luego los otros ámbitos de la creación como la novela y el cuento, a los que somos muy receptivos. Con esos pormenores era muy fácil crear la serie Synoros, Atlántica, o las Voces de la Frontera de poesía (con textos inéditos o de Valery, Faulkner...) o una colección en la que tenemos fundadas esperanzas, con relecturas actuales de clásicos (por Luis Mateo Díez, José María Merino...), que se llama Phantasia en honor a Homero. - De los cien números publicados de la revista, ¿cuál considera el más difícil, el que más trabajo costó sacar adelante? - Varios, claro. Pero hemos reducido los riesgos contando siempre con los especialistas más capacitados en los temas que tratamos. Por ejemplo, es difícil en España tratar la obra de Coetzee o McCarthy, pero Fernando Galván es genial; o Tarkovsky, pero Gregorio Martín y Joaquín Ayala lo saben todo sobre cine; o las vanguardias y el surrealismo, pero contamos aquí con la persona que más sabe en el mundo de esos temas, José Miguel Pérez Corrales; o

un repaso exhaustivo sobre la novela española, y Santos Sanz Villanueva es el hombre que más sabe del planeta de ese menester; o una considerable historia de la literatura de Canarias, mas Juan José Delgado estuvo dispuesto a intervenir y a organizar... Complejo, difícil, sí, pero dispuestos. Ese es el reto al que siempre se ha enfrentado La Página. - Tras el número 100, ¿La Página cambiará contenidos? - La Página ha ido agotando etapas a lo largo de su existencia y hemos ido cerrando el cerco a lo largo de la historia. Propusimos, en principio, una revista que contaba con tres aspectos que combinaban novedad (los monográficos) con el modo de ser de una revista tipo: información general sobre literatura y cultura (que incluía incluso reseñas de libros) y creación literaria. La novedad la tenemos por un mérito, tanto que las revistas de España cambiaron sus perspectivas luego de La Página (y eso que existía la británica Granta, revista a la que, en parte, es afín La Página.) A partir del número 62 cambiamos, incluso en lo que se refiere al formato (de unas medidas estándares de revista a unas más cercanas al libro). Nos hemos decidido por los monográficos, de autor o de otros aspectos afines. Por ahora persistimos. ¿Cambiaremos? Es probable. Incluso es posible que en un futuro más o menos inmediato combinemos la edición en papel por la edición digital, y supongo que no serán del todo iguales los números en un formato y en el otro. - La Página como revista generadora de debate. - Sí, eso es lo que siempre hemos intentado. La Página no es una revista que se sitúa estrictamente en el espacio de la actualidad y de las figuras literarias de renombre, esas que venden por sí solas. Por ejemplo, nunca hemos dedicado número alguno a los BestSellers o a escritores como García Márquez. Nuestro espacio es la literatura, literatura en su rigor. Que las revistas al uso no se ocupen con suficiencia de Borges, de Arlt, de Tarkovsky, de McCarthy... es su problema, no el nuestro. De ahí, insisto, que nos hayamos adelantado (Luis Mateo Díez, Chatwin, Tabucchi, Isaac de Vega....), de ahí que nos hayamos sumado al Neobarroco y que lo hayamos desarmado con el tiempo. Nuestra proclama es la inquietud, y la inquietud siempre discute, se aferra a su convicción. - Finalmente, ¿cómo se escogen los temas?, ¿cómo es el día a día de una revista de esta clase? - Cada año desplegamos las perspectivas, tenemos todo previsto antes de comenzar a trabajar. Uno de los seis números procuramos que siempre esté amparado en "lo nuestro", en temas de Canarias. Quedan, pues, cinco. Que distribuimos entre el estudio de autores (los más) y algunos aspectos a subrayar de la cultura. Por ejemplo, este año (si las circunstancias no nos vencen) comenzamos con Ética y literatura (ya impreso), dedicaremos un número al poeta portugués Mario Cesariny, otro al Luis Mateo Díez de después de El Reino de Celama, uno al cómic y a la novela gráfica, queremos volver al mundo del cine con el estudio de la obra de un cineasta especial y dedicaremos un amplio número (en edición especial) a Viera y Clavijo con motivo de su centenario.

LA PÁGINA, LEJOS DE LA FURIA Y LA PRISA
TOMÁS VAL Cuando los destinos más parecen difuminarse y hasta desaparecer; cuando se nos antoja y nos aseguran que no hay lugar al que ir más que los escombros de este presente que se desmorona, más nos ataca la prisa. Criaturas aturulladas, frenéticas como vencejos en anochecer de verano, que se refugian en la prisa del desnortado para no tener que detenerse y echar una mirada a su alrededor. Más que nunca nos hace falta la reflexión, la mirada serena y pausada, la charla larga y la palabra que acude a nuestros labios -o a nuestras pupilas-- con intención de quedarse, dándonos la oportunidad de volver sobre ella una y otra vez, que las palabras son caleidoscopios que nos asoman a infinitos paisajes. Todo sucumbe al usar y tirar; todo lleva en su interior la obsolescencia programada, ya sea una lavadora, una idea, una novela o una revista literaria. Es casi pecaminosa esa mirada fugaz a la Literatura que ha logrado contaminar a la propia Literatura. Ruido, ruido, ruido de tertulia política, de programa televisivo del corazón, de algarabía vecinal que nos aturde con el alboroto y que no nos deja oír, si la hubiera, la voz individual, el discurso sereno, la reflexión. Cada vez son menos las revistas literarias que logran sobrevivir, los suplementos periodísticos que se ocupan del libro con la seriedad debida, con el respeto exigible. Para intentar no naufragar en la tormenta, se recurre al cotilleo, a la anécdota, al coro de los grillos cantándole a la luna, a la más descarada mercadotecnia sin que nada valgan los méritos literarios. Se venden libros como se venden coches o perfumes; se leen como se consumen ciertos platos deconstruidos en ciertos restaurantes de moda; se comentan como las damas de honor alaban el vestido de la novia y, después, se olvidan como se olvida el último partido amistoso que disputó nuestro equipo de fútbol o como el romance que nunca tuvimos, que jamás cuajo. En esa tan extendida jaula de grillos, en ese incesante ir y venir donde perdemos tantas cosas y no encontramos nada de fundamento, la revista La Página es un honroso e insustituible paso con barreras. Esta publicación --y con ella su creador, Domingo Luis Hernández--, sabe bien que se asoma a mundos, a universos complejos y multiformes que no pueden despacharse con cuatro palabras, con cuatro líneas redactadas apresuradamente, con una nota a pie de portada. Los 100 números que alcanza esta revista son un milagro del análisis, un regalo para aquellos que saben y quieren que una obra literaria sea algo más que cuatro ratos de lectura. Cien números que son cien mundos por lo mejor y más grande que el ser humano ha sido capaz de imaginar, de armar, de crear. Luis Mateo Díez --por empezar por el principio, por el número uno, que el análisis no puede prescindir del orden-- y Homero, Wolfe y Tabucchi, Espinosa y Giordano, Hörderling y Canetti, Cormac McCarthy o Celan... Todos están ahí, todos han estado en los veinticuatro años de esta revista y el lector que se haya asomado a sus páginas regularmente ha tenido el privilegio de conocer en profundidad a esos escritores. Alejados del ruido, a salvo del alboroto, han podido aproximarse a las obras literarias, a los movimientos culturales, con la tranquilidad debida, con el respeto exigible. La Página, la revista La Página, siempre me ha recordado a esas posadas venerables donde el viajero novelesco se refugiaba de un largo invierno, de un naufragio o de un pasado y acababa descubriendo un mundo lleno de aventura y de sorpresas. La Página desmenuza, analiza, relaciona y descubre mundos a quien a ella se acerca. La Página es la posada para los amantes de la Literatura y este centenario cumpleaños es la mejor noticia que podíamos tener aquellos que todavía sentimos que el tiempo se detiene cuando en nuestras manos cae un buen libro. Felicidades al honesto y perseverante posadero, Domingo Luis Hernández.

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LA PÁGINA: UNA MIRADA ACTUAL Y UNIVERSAL
LUIS MATEO DÍEZ Parto de la idea siguiente: La Página nace por la preocupación que tuvieron sus fundadores por asumir la tradición de las grandes revistas creativas de Canarias. Ese sector de la cultura de Canarias, las revistas (que a ninguno de los que estamos en el ámbito de la cultura se nos escapa) es una de los elementos más importantes a considerar de las Islas, y La Página no sólo no le ha hecho ascos sino que quiso, desde el principio, acogerlo en su lícita responsabilidad. Por lo que La Página se pone en la perspectiva de las grandes revistas de la Vanguardia, fundamentalmente la canaria Gaceta de Arte, y tal cosa depara una consecuencia: Canarias puente, La Página puente entre culturas. Otra cuestión que me parece oportuno destacar, incluso en relación a lo dicho con anterioridad, es que siendo La Página una revista actual, que busca explicar y difundir lo último de la cultura y de la literatura, no desprecia la tradición. Y eso vuelve a la responsabilidad ya dicha y al rigor. Y cabe, entonces, señalar dos aspectos fundamentales de La Página. El primero: una revista de cultura en la que los elementos utilizados en la universidad, los estudios universitarios, se muestran en sus páginas. Lo importante, sin embargo, no es eso, lo importante es que (con esos registros de solidez) La Página se desliza a territorios más propios de los creativo, ese mundo que no tiene mucha cabida en lo estrictamente universitario. Y eso es un valor de La Página que no solo hay que admitir sino subrayar: el ensayo cultural, que muestra con rigurosidad, con una fuerte carga de estudio... Ese camino intermedio entre lo universitario y la difusión es su gran acierto, así como la puesta de largo en España del ensayo cultural, ya dicho. Un modo de ser, de intervenir, de reflexionar y de proponer. La segunda cuestión a considerar es que La Página, siguiendo lo que ha ocurrido en Canarias y en las Vanguardias (como también ya se dijo), expone una mirada a la actualidad europea y occidental, en su más vasta dimensión. De ahí los dossier y monográficos dedicados a escritores europeos, norteamericanos... Pero eso no es todo: esa mirada es lo que arropa la visión de La Página sobre lo hispano. Es frecuente que en España (no tanto en Hispanoamérica) la mirada sobre nosotros sea concéntrica, exclusiva. La Página muestra que no, que no solo no estamos solos sino que es una aberración el que soslayemos esos registros. La literatura española es literatura europea; con ella convive y los elementos de las épocas fuera de España no son distintos a los que aquí vivimos. Luego, La Página y Europa, La Página y la literatura occidental, con un atento rastreo de la cultura hispana, a todo lo que tiene que ver con lo español. El resumen es concluyente: La Página y lo universal, lo que está pasando en otras lenguas. Y no sólo en lo que afecta a la literatura, sino a lo artístico, al pensamiento y, otra novedad en una revista como La Página, al cine.

100 NÚMEROS DE LA PÁGINA
J.J. ARMAS MARCELO Una de las características de los proyectos literarios que se llevan a cabo en Canarias, y por ende en toda España, es su incertidumbre, y su incapacidad para llevar a alguna meta de la que se pueda hablar como hito histórico. Pero ya tenemos un ejemplo, La Página, cien números sobre cualquiera de los escritores más conocidos y leídos, y respetados, del mundo. Con firmas, críticas, ensayos y reportajes que han hecho un camino lleno de heroicidad intelectual. Eso es La Página: una heroicidad intelectual, sobre todo cuando una revista de excelencia, como es la que dirige desde hace 100 números el escritor y profesor DomingoLuis Hernández, parece no tener límite en su rigor y ambición literarias. Ser amigo de este proyecto no es otra cosa que sentirse ligado a una navegación de altura, sin tiempo ni geografía. Pero es que sí tiene tiempo y geografía: un tiempo de mediocres, un tiempo en que la legión de paniaguados y entenados de la literatura suben hasta las cumbres del poder político y se encumbran en un canon mentiroso; La Página, entre tantas tormentas, pone --como el tiempo-- a cada uno en su lugar, porque cada uno cuando es cada uno tiene un lugar, y el que no

Cartas enviadas a la redacción de La Página firmadas por Manuel Padorno, Antonio Tabucchi y Claude Simon, premio Nobel de Literatura, 1985.

lo tiene en La Pagina es porque ni siquiera es: ni está ni se le espera. Esa generosidad intelectual de La Página, de Domingo-Luis Hernández y de todo su equipo hace el resto. ¿Que en Canarias no se puede hacer literatura? Ahí está La Página, para desmentirlo. ¿Qué en Canarias no hay esperanza para los escritores? Ahí está La Página para desmentirlo. Otra cosa, que nada tiene que ver con La Página, es la guerra de taifas intelectuales y las banderías de escritores y adyacentes, porque la revista ha sabido mantenerse al margen de los vaivenes de los mediocres y de los exagerados afanes de poder de algunos de ellos. Por todo eso, no tengo sólo que felicitar a La Página, a Domingo-Luis Hernández y a su equipo, por la epopeya de sus 100 números, sino felicitarme por poder leer cada uno de sus números. Y hacer votos, todos los que hagan falta porque La Página, después de un tiempo, tenga el número 200 en las calles del mundo literario. Y todos ustedes, conmigo, que lo vean. Adelante.