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Número 156 Domingo, 30 de junio de 2013

El perseguidor
EDUARDO GARCÍA ROJAS “- Y ya está bien de contarte historias por hoy. Ya sabes más de mi vida que yo mismo, me has hecho memorizar cosas de las que ni me acordaba. Pero te digo algo: tu manera de escuchar mis pasos por esta vida, la atención que has puesto, el interés que me has demostrado, me permite presagiar algo, y esta vez voy en serio, esta vez hablo como zahorí de profesión: algún día te harás escritor y terminarás por contar todo lo que has oído de mis labios”. ( El zahorí del Valbanera , Juan Manuel García Ramos, colección Narrativa , Baile del Sol Ediciones) Las dos últimas novelas de Juan Manuel García Ramos son ejercicios narrativos en los que el escritor solo quiere contar historias. Se pone fin así al cripticismo experimental que caracterizó muchos de los textos de la generaPor un lado, describe con vigor narrativo la conexión --debido a las circunstancias-- que unió durante unos años de penuria los destinos de Canarias y Cuba. Y por otro, permite al escritor reflexionar sobre la atlanticidad, pieza maestra que forma parte del discurso en el que se apoya el imaginario de García Ramos. El zahorí del Valbanera es además una novela cuidadosamente didáctica, en la que su autor repasa y subraya cómo afecta a sus protagonistas, en especial a José Aquilino Ramos, su abuelo materno, lo que significa ser testigos involuntarios de la Historia. Un relato, el de la Historia, tan caprichosamente próximo al mito de Sísifo. No abruma sin embargo el escritor con precisiones, obsesiva cronología de los hechos. No, Juan Manuel García Ramos no quiere resultar denso ni pedante. Muy al contrario, apuesta por la síntesis. En su novela lo que de verdad importa es la reivindicación de la memoria de un homregreso a Valle de Guerra, localidad del nordeste de Tenerife con la que parece García Ramos quiere ajustar cuentas. Saldar una deuda histórica. Como novela, El zahorí del Valbanera me parece así más sincera y menos pretenciosa que El guanche en Venecia . Lo que explica su grandeza. Quizá sea porque aquí ya no se trata de reivindicar nacionalismos extremos, recurriendo para ello a un mito más cercano al hombre de acero que a la realidad sino, precisamente, por narrar desde la distancia de un observador implicado la errática existencia de un canario de a pie. La de un hombre que se fue con lo puesto a otro lugar en el que tuviera la oportunidad de manifestar el concurso de sus modestos esfuerzos. Tiene esta novela-memoria-fábula momentos que conmueven, y logra el escritor algo fundamental para todos aquellos que, como quien ahora les escribe, pide a una novela: que le entretenga y despierte emociones. Ha logrado además que la leyera de un tirón. Sorprendido por el relato, por el cuadro que hace de un hombre que obedeciendo a su voluntad de presagio, salva su vida y la de sus tres amigos cuando el Valbanera , el barco que más tarde desaparecería en su trayecto hacia La Habana, hizo escala en Santiago de Cuba. Sí se le puede reprochar a García Ramos una vez leída la novela que el lector exija más. Pero esto es así porque, al menos fue mi caso, José Aquilino Ramos pasó a formar parte de mi familia. Ya he dicho que El zahorí del Valbanera despierta demasiadas emociones. También recuerdos de personas que han marcado mi existencia y que hoy, desafortunadamente, están ausentes. Comparto así muchas de las emociones del autor, y agradezco su sereno equilibrio porque el libro nunca cae en lo cursi, en lo fácil. En explotar la lágrima ridícula. Mencioné antes que está escrito en forma de un diálogo donde el abuelo materno narra su historia y en la que su nieto revela sus impresiones, la nostalgia ¿amarga? de recuperar una vida que hizo del trabajo su catecismo con el único objetivo de regresar a su tierra natal. Concluyo y cito al autor de El zahorí del Valbanera: “El nieto huye de idealizar a su abuelo, de convertirlo en una vida ejemplar, de aquellas que leía en los colorines de su primera infancia, pero no puede dejar de considerarlo una buena muestra de lo que fue la vida para muchos valleros de su época, abocados a salir de sus lugares natales a buscar el sustento y la dignidad negados por sus entornos de origen. La emigración siempre es una manera de negarnos a ser lo que otros quisieron que fuésemos. La emigración siempre es rebeldía, y esa actitud era la que el nieto admiraba en su abuelo cansado y vencido, arrepentido por no haber dado a su descendencia lo que él fue a buscar a América, una vida distinta, un mundo abierto, una alternativa a la condena dictada por lo alrededores del lugar de nacimiento”.

EL ZAHORÍ DEL VALBANERA, UNA NOVELA DE JUAN MANUEL GARCÍA RAMOS
ción del 70. Parece que ahora García Ramos, como otros compañeros de aquel fenómeno literario, desea ampliar su círculo de lectores. Llegar a un público que además de reconocer literatura quiere entretenerse, emocionarse con la literatura. Si en El guanche en Venecia se trataba de un texto que se acoplaba cómodamente y sin sonrojarse al género de la novela histórica, el escritor apuesta ahora con El zahorí del Valbanera por la memoria familiar y también la fábula en un texto desconcertante para los que hayan seguido la producción literaria de su autor. En este sentido, El zahorí del Valbanera es un libro que entretiene y, lo que es mejor, contagia emociones. Una novela que parece escrita más con el corazón que con la cabeza, lo que a mi juicio maximiza el interés de una obra que en apenas un centenar de páginas hace conmover y, de alguna manera, reconciliarme con las raíces de la geografía que habito. En su nueva novela, Juan Manuel García Ramos no camufla intenciones, y ya desde el principio avisa que se trata de un libro en el que quiere reivindicar la memoria de su abuelo, pero también de todos aquellos canarios que en algún momento de su vida se vieron obligados a marcharse de su tierra por necesidad. Esta temática resulta inquietantemente actual con los tiempos siniestros que vivimos, aunque hay otras reflexiones que empapan las páginas de un libro que se lee de una sentada.

Portada de El zahorí del Valbanera, de Juan Manuel García Ramos (La Laguna, 1949). Se trata de la quinta novela que publica tras Bumerán (1974), Malaquita (1980), El Inglés. Epílogo en Tombuctú (1991 y 2007) y El guanche en Venecia (2011). Entre otros premios, cuenta con el Benito Pérez-Armas y el Canarias de Literatura al mejor libro de autor insular publicado en 1991.

bre que no lo tuvo fácil en la vida. Un hombre bueno, que mantiene un diálogo con su nieto, el mismo escritor, mientras cuenta pedazos de una existencia entregada al trabajo en una tierra que no era la suya pero que terminó siendo algo así como suya tras su

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TOMÁS FELIPE /ESCRITOR
Tomás Felipe (Cádiz, 1957) es uno de los casos más singulares de las letras que en la actualidad se están escribiendo en Canarias. Pese a que aún consta con una escasa producción literaria, Extraños en su mundo (colección F & CF, Ediciones Aguere/Idea) y Pasa la tormenta (colección Serie Negra, Baile del Sol Ediciones), Felipe ha demostrado ser un autor que se mueve muy bien por géneros aparentemente tan dispares como el fantástico y el policíaco con resultados originales e innovadores. Si en Extraño en su mundo el autor propone un viaje insólita a una isla de El Hierro donde nada es lo que parece ser, ahora y Con pasa la tormenta conduce al lector a una capital grancanaria futurista en lo que todo sí es lo que parece ser.
EDUARDO GARCÍA ROJAS - Resulta curioso que en Extraño en su mundo y ahora con Pasa la tormenta apueste por el fantástico. ¿Qué atractivos reúne para usted este género? - Muchos y muy variados. En los tiempos que corren, donde la realidad resulta bastante amarga para buena parte de la población, lo fantástico, lo imaginativo, resulta, diría, un bálsamo, tanto para el lector como para el escritor. No se trata de falsear o esconder esa realidad, más bien de contemplarla desde otra óptica. Describir, por ejemplo, el mundo tal y como debiera ser y no es, o escribir acerca de otro mundo posible, Biblia? - A mi, particularmente, me llama mucho la atención cómo plantea y describe esa geografía futurista y urbana de una posible capital grancanaria. - En la novela, que como sabes está ambientada en un futuro no muy lejano, se alude a proyectos urbanísticos tales como la remodelación del barrio de la Vega o la reconversión del arsenal de Alcaravaneras en la Gran Marina de Las Palmas, proyectos éstos que ya estaban en la agenda de la anterior alcaldesa… No hace falta más que ver el presente para contemplar el futuro… - En Pasa la tormenta propone, además, una visión inquietante de acaso rechazo ante la vida en ciudad? - Es bien cierto que las grandes urbes de este planeta se están volviendo inhabitables. Excesiva contaminación, que constata incluso los organismos oficiales, falta de espacio vital, viviendas nichos, precariedad laboral… De momento las dos "urbes" de nuestra tierra, Santa Cruz y Las Palmas de Gran Canaria parecen ser "respirables". Solo de momento, claro. Quizás una posible emigración, o retorno, desde la ciudad al medio rural pudiera ser argumento para un relato de anticipación. Quien sabe… - Lo preguntábamos porque en la

"LA FICCIÓN ES HIJA DE LA REALIDAD"
resulta bastante atrayente para todos. - En Pasa la tormenta mezcla, además, elementos de la novela negrocriminal. ¿Por qué esta fusión? ¿Y cuáles son sus referentes, si los tuvo, para escribirla de esta manera? -El género de la novela negra, o negrocriminal como la denominas, es un género bastante demandado por el gran público. El otro día, estando en la librería de un amigo, éste me mostró el estante de las publicaciones de género negro. Estaba casi vacío. Me señalaba que las novelas de escritores como Asa Larsson, Dennis Lehane o Lorenzo Silva se estaban vendiendo como rosquillas… ¿Consecuencias, quizás, de la crisis ese interés por el relato criminal? se preguntaba... No sería de extrañar, en una sociedad como la nuestra y en unos tiempos como los que estamos viviendo, de políticos corruptos, banqueros ladrones y elementos criminales hasta en la Familia Real... “Como es arriba, es abajo” ¿no dice eso la la Unión Europa. ¿Tan poco confía en este proyecto?,¿cree,realmente, que podría terminar arropando un estado semifascista como el que presenta en su novela? - Desde luego la integración en la UE se asienta sobre una base antidemócratica. Fue una decisión que partió exclusivamente de los gobernantes. Nadie nos preguntó, nadie nos consultó al respecto. Hoy en día los griegos deben pagar sus medicamentos, algo impensable, tanto para ellos como para nosotros. Todos damos, o dábamos, por hecho que los medicamentos se pagan con nuestros impuestos. En este orden de cosas, la reinstauración de la pena capital en Europa, como medida disuasoria ante posibles revueltas sociales o en el supuesto de que, ante la inacción del estamento judicial, la población acabe por tomar la justicia por su mano, no parece del todo imposible. - En Pasa la tormenta plantea también una mirada muy pesimista de la capital grancanaria. ¿Siente novela, La isleta se ha transformado en una prisión de máxima seguridad. Existen barrios marginales en donde no se atreve a entrar la policía. Se detalla que existen diferencias sobresalientes entre ricos y pobres… leyendo el libro se tiene la idea de que no es que haya futuro, es que ese mismo futuro ya está aquí… - En efecto, no tuve que estrujarme demasiado el cerebro para imaginar tal situación. No hay más que darse una vuelta por el centro de una ciudad, Las Palmas por ejemplo, y luego echar un vistazo a un barrio periférico como Jinámar… Solo falta esa especie de ciudad comercial subterránea en la que hay que pagar por entrar, que aparece en la novela. - ¿Continuará explotando este mismo universo en próximos títulos? - Desde luego. Es un universo bastante atrayente, más bien diría que lo tenemos delante, nos envuelve, no podemos sustraernos a él por más que no queramos percibirlo… Se dice que la reali-

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dad supera siempre a la ficción. A mí me parece más bien que la ficción es hija de esa misma realidad… - En este sentido, ¿reconoce influencias que hayan marcado su forma de abordar el género? - Claro que sí. Nadie es del todo original. Todos nos influenciamos a todos. Cosa distinta es imitar… En mi caso, reconozco influencias de escritores como Jim Thompson o Philip K. Dick, dentro del género de la ciencia - ficción o la novela negra. También de escritores como el maestro Borges o Marguerite Duras por citar algunos… La lectura forma parte sustancial del oficio de escritor. Añádase la propia

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De momento las dos “urbes” de nuestra tierra, Santa Cruz y Las Palmas de Gran Canaria parecen ser “respirables”. Solo de momento, claro. Quizás una posible emigración, o retorno, desde la ciudad al medio rural pudiera ser argumento para un relato de anticipación. Quien sabe…
visión del mundo, júntese a la experiencia personal y agítese bien antes de usar… - ¿No le preocupa, sin embargo, que lo encasillen como escritor de género? - En absoluto. Existen grandes obras literarias de género. Desde luego, hay que atreverse con todo, género o no género… Luego los lectores (o editores en su caso) decidirán. El encasillamiento a un determinado género no se trata de una decisión personal, a veces. Hay está Conan Doyle y su Sherlock Holmes. - ¿Qué diferencias y coincidencias encuentra entre Extraño en su mundo y Pasa la tormenta? - En mi opinión, sólo en mi opinión, son más las coincidencias que las diferencias. El tratamiento del personaje, la figura del antihéroe, por ejemplo. Esa persona normal y corriente que sin quererlo ni pretenderlo influye de manera decisiva en el mundo que le rodea. Asimismo el tratamiento de las élites, de esas élites presentes en todas las sociedades y, prácticamente, en todas las épocas. Esos personajes en la sombra, con nombres y apellidos pero de alguna manera anónimos, invisibles, que manejan los hilos que nos mueven, que deciden nuestro presente, nuestro futuro… A mí, desde luego, tales personajes me obsesionan, de alguna manera. Pueden ser tema recurrente en mi narrativa. - Ysegún el autor de la novela,¿qué encontrará el lector en un título como Extraño en su mundo? - Imaginación, intriga, acción… y algunas pinceladas de humor. La verdad es que me divertí mucho escribiéndola, especialmente porque se trata de una novela de ciencia - ficción cuyo argumento se desarrolla en el espacio geográfico de la isla de El Hierro. - Pasa la tormenta transcurre, salvo la escena del ¿sueño/viaje?, en Las Palmas de Gran Canaria y Extraño en su mundo en la isla de El Hierro. ¿Qué visión tiene del archipiélago?, ¿qué importancia le da a las islas en estas dos obras y en su pro-

ducción literaria? - El archipiélago es un espacio ideal para el desarrollo argumental de la literatura de corte fantástico. Se habla a menudo del tópico de la variedad de microclimas en las islas. Yo añadiría además la variedad de “micromundos”. Aquí hay de todo en un corto espacio, no hace falta ir más lejos. La diferencia es la norma. La diferencia, palpable, que existe entre vivir en un lugar como El Mocanal, en El Hierro y vivir en Las Américas, por ejemplo… Lo dicho, las islas son terreno abonado para la literatura. - ¿Cuándo trabaja en una novela parte de un guión o esta fluye a golpe de improvisación? - El guión es fundamental, es el punto de partida. Entendiendo como tal el tenerse claro el inicio de la historia y hacia dónde va ésta, es decir, el final. Lo demás es como la vida misma, pueden surgir situaciones imprevistas, personajes nuevos que encajan a la perfección en la trama, historias paralelas, etc… Como decía John Lennon, “la vida es lo que nos ocurre mientras hacemos planes”. - ¿Y qué elementos considera que cuida más en sus trabajos narrativos? - Fundamentalmente la historia en sí, lo que se cuenta, lo que pretende expresar el relato. También tiene gran importancia para mí el marco geográfico y el contexto social en los que la historia se desarrolla. Los personajes son meros actores de la narración, no abundo demasiado en ellos, la verdad. Me interesa poco la penetración psicológica del personaje. Mi narrativa no es lo que se dice intimista… - Pasa la tormenta aborda también, y sin paños calientes, la inmigración clandestina. - Sí, es una auténtica tragedia. Tragedia que hemos vivido muy de cerca con la oleada de cayucos que hasta hace poco llegaban a nuestras costas y que, según todos los indicios, vamos a seguir viviendo porque ahora le toca a nuestros jóvenes la misma papeleta. Todo parte de esas élites a las que antes aludía. De esos personajes oscuros que nos manejan como a marionetas, que deciden qué país debe desarrollarse y que país debe arruinarse. Una vergüenza. Una lacra para la Humanidad que debiéramos, entre todos, erradicar. Todos los seres humanos tenemos el derecho de vivir, trabajar y morir en el lugar que elijamos. - Una curiosidad: ¿Baraja repetir los mismos personajes en una próxima novela? - Repetir personajes, temas o situaciones no es, en principio, mi intención. Hay que variar, en la variedad está el gusto, como se suele decir. Pero nunca se sabe. Vuelvo a citar el caso de Arthur Conan Doyle. Este escritor se inventó un personaje, Sherlock Holmes, y este personaje lo “ató”, por así decirlo, durante buena parte de su vida literaria posiblemente sin ser esa la intención del autor. A este respecto, como antes señalé, ustedes deciden.

BILBAO NUNCA ES SUFICIENTE
JAVIER HERNÁNDEZ VELÁZQUEZ (La última batalla, José Javier Abasolo Editorial Erein 2013) Bilbao, en El mundo nunca es suficiente, mostró el éxito incuestionable del museo Guggenheim a la hora de cambiar la faz de una ciudad, en el prólogo más largo de la saga de James Bond. Pero Bilbao es algo más que la Ría, la iglesia de san Antón y el Atlhetic. Bilbao es realidad social. En octubre de 2012 en mi visita anual a la Meca de la novela negra, la librería Negra y Criminal, ubicada en la calle de la Sal nº 5 en el barrio de la Barceloneta, el pontífice máximo, Paco Camarasa, me puso en la senda de la pujanza que apuntaba el tratamiento del género en Euzkadi y, más específicamente, en Bilbao y el descubrimiento de potentes autores como Abasolo. Abasolo es un autor extraño. Un tipo que cuenta una visión diferente de la realidad. Que nos la explica de una forma más comprensible. Porque pensar en la verdad es al mismo tiempo un ejercicio que exige pensar simultáneamente en los contrarios. Quizá debido a que nadie es inocente. Título, por otra parte, de la primera novela de nuestro autor y de su blog. Y me conmueve la forma de Abasolo para aislarse de la historia, de mantenerse ajeno y dejar que sean los personajes de La última batalla los que nos cuenten la vida. Y entre ellos, Goiko, un ertzaina reconvertido en detective privado, protagonista de esta saga que tiene como antecedentes las novelas Pájaros sin alas y La luz muerta. Él asumirá un caso después que un antiguo miembro de ETA sea asesinado el mismo día de su liberación, en una acción en la que es herido gravemente un ertzaina. Y con este condimento hará retrotraer al lector a la década de los 80 del pasado siglo, una época conflictiva en Euzkadi, con una brutal reconversión industrial que dejó en la calle a miles de trabajadores, una ETA en plena actividad con atentados casi diarios y, sobre todo, la libre circulación de la droga. Y leyendo a Abasolo siento que he llegado a tiempo. Que las sagas se agotan cuando no tienes nada que contar, y las novelas se convierten en los círculos concéntricos que dibujan la indecencia y las mentiras por el sumidero. El autor certifica que hay otra forma de narrar las cloacas del poder y las luchas por la identidad. En La última batalla, Abasolo nos muestra dos tramas que captan y explican la información tergiversada que crea una confusión que a nadie le interesa resolver sobre lo que es Euzkadi y cómo la vemos desde fuera, y cómo es España y cómo la ven desde Euzkadi. Y su novela lo relata de forma aséptica, fríamente y sin motivos personales. Sin verdades y sin certezas, nos muestra qué ha sucedido en las últimas décadas allí. ETA y sus causas, no desde el fuego, sino desde el hielo. Porque, ¿cuánto tiempo queda para acabar esta guerra, hasta que peleemos con el verdadero enemigo? Porque cada vez que muere una persona en la batalla brotan nuevos enemigos que ocupan su lugar, y que hacen que el fin de la mentira se dilate en el tiempo. Y ésta es la clave de esta novela, la manera en que los personajes, las piezas de ajedrez que dispone el autor sobre el tablero, cambian de bando como en un western de Leone, donde hay buenos, feos y malos, en los que la verdad se vende por un puñado de euros y en el que la vida no vale nada, pero la muerte tiene un precio. Justo hasta que llegue la hora de afrontar La última batalla… Mientras, Bilbao nunca será suficiente, aunque Abasolo nos lo vuelve comprensible.
Portada de La última batalla, una novela de José Javier Abasolo.

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EL VUELO DE ÍCARO /COORDINACIÓN: CORIOLANO GONZÁLEZ Montañez
Número: CCXXXV

DE POESÍA CHECA ACTUAL
JORGE DE ARCO Antología de poesía checa contemporánea Edición de Radim Kopác Pre-Textos. Colección La Cruz del Sur. Valencia, 2013 La poesía checa del siglo XX ha tenido en Vladimir Holan (1905-1980) y Jaroslav Seifert (1901-1986), a sus dos máximos exponentes. Quizá, la obra de este último, (apoyada sin duda en la concesión, en 1984, del premio Nobel y en las palabras con las que la que la Academia Sueca justificó su decisión: "poeta de una sensualidad ardiente y gran riqueza de invención, que da una imagen liberadora de una humanidad indomable y diversa), haya gozado de una mayor repercusión y vigencia en los últimos años. La aparición de la Antología de poesía checa contemporánea que me ocupa, incide en este aserto, pues, en el prefacio de la misma, Monika Gzustová, anota: “En 2011 se cumplió un cuarto de siglo desde la muerte de Seifert. Otros poetas han ocupado su lugar, y los versos de esos poetas nuevos corresponden a los tiempos actuales: han superado la experiencia de los totalitarismos, y en el caso de los más jóvenes, apenas la rozaron; se concentran en la visión del yo en el mundo, el yo rodeado de seres al mismo tiempo parecidos y diferentes; en el mundo de las sensaciones y de los sentidos, siempre tan engañosos; y en el paso del tiempo y el olvido, terrible y salvador”. Tras la lectura de esta compilación, puede decirse que ese hueco, ese vacío humano y lírico, está muy bien cubierto gracias a una pléyade de autores de estéticas muy diversas y de propuestas que muestran una amplísima variedad de temáticas y estilos. Ocho son los autores aquí reunidos, que abarcan un espacio de casi cinco décadas: desde Karel Šiktanc, nacido en 1928, hasta Marie ŠTastaná, nacida en 1981. Entre ellos, Zbynek Hejda (1930), Jirí Gold (1936), Petr Král (1941) Ivan Wernisch (1942), Ivan M. Jirous (1944 2011), Jirí H. Krchovský (1960), Petr Borkovec (1970) y Katerina Rudcenková (1976). Digna de elogio es la tarea llevada a cabo por Patricia Gonzalo de Jesús, quien ha salvado con destreza y solvencia los múltiples obstáculos encontrados para la traducción de los textos, y quien no duda en afirmar que, “muchos de estos poemas gustan más de la pirotecnia de la lengua que del silogismo del sentido, en un alarde esteticista”. Radim Kopác ha estado a cargo de la edición y con buen criterio ha incorporado al final del florilegio, notas biográficas de cada uno de los poetas incluidos, además de diversas consideraciones sobre sus personales poéticas. La nostalgia y exaltación de los paisajes natales, la vigilia pertinaz que convoca el paso del tiempo, los desvelos del amor poseído y lacerante, el clasicismo versal, la prosa poética, la acentuada ironía, el verbo conciso, la confesión torrencial, lo cotidiano, lo trascendente, el totalitarismo histórico del ayer, la libertad soñada con que brindar por el presente y el futuro…, van conformando esta muestra sugeridora y emocionada, este heterogéneo viaje por la poesía de un país creciente y soñador. Seis hombres y dos mujeres, al cabo, conforman este mapa pleno de lirismo, este atlas de imaginería verbal, este viaje por el común corazón de una patria y de una inolvidable ciudad, como la que añora en su decir Ivan M. Jirous: “Ay/ Madre Praga/ la única y de todas la más hermosa (…) Ahora ya no temo/ a la muerte/ acércate/ con la guadaña afilada/ Pero un segundo antes/ por favor/ que oiga/ las gaviotas sobre el Moldava”.

LAS HORAS SUMERGIDAS
MARÍA DEL CARMEN MESTRE Jorge de Arco Las horas sumergidas Algaida. Sevilla, 2013 “El poder de sugestión de la poesía, su reveladora esencia, pueden convertir en virtud, cualquier amarga experiencia, cualquier ingrata realidad.” Estas palabras, que leemos en la contraportada del libro de Jorge de Arco (1969), Las horas sumergidas, pueden ser la síntesis de los poemas que lo forman. Porque, en estas horas de reflexión interior, el poeta nos introduce en sus vivencias íntimas, algunas veces dolorosas, otras amorosamente tiernas, todas ellas impregnadas de una cierta inquietud desesperanzadora, pero convertidas, por el ritmo de su palabra medida y precisa, en virtuosa belleza. La poesía es el arte de transformar lo cotidiano en trascendente, de elevar a la categoría del espíritu el sentir natural y humano, y es así que este autor madrileño --licenciado en Filología Alemana por la Universidad Complutense, y que en la actualidad ejerce como profesor universitario de Escritura Creativa y Literatura Española--, consigue, con la maestría de sus versos, hacernos olvidar los pesares que subyacen bajo la realidad y nos obliga a deleitarnos con sentimientos incluso cargados de melancolía. El libro, con un certero prólogo de Luis María Ansón, está dividido en cuatro apartados --breves y concisos, pero densos y elaborados--, y una coda. En todos ellos tenemos ocasión de compartir instantes impregnados de una nostalgia donde habita un paisaje frío, con lluvia derramándose sobre su soledad: “La lengua de la angustia/ es mi semilla,/ azar, supervivencia”. Tiempo de las ausencias, de las distancias, y de las renuncias, donde “el eco es el otoño./ Y me castiga”; y donde sus conversaciones con el pasado son un monólogo vertido en palabras cadenciosas para adornar el dolor del ayer. “El viento del destino/ agita/ la sangre / y escribe mi epitafio”. Sin abandonar la tristura de antiguas cicatrices, nos conduce a su universo amatorio, en el que la misma riqueza del lenguaje, con su poder de adjetivación, con la magia de las vocales o las consonantes le sirve para construir las bellas imágenes en las que la persona amada será protagonista: “Espigo tus vocales, rumio tus consonantes/ y en las venas frutece/ el sol de la memoria”. Siguiendo el desfile de variados registros emocionales, Jorge de Arco nos declara su inquietud frente a lo incierto y desconocido que le aguarda: “¿Adónde van mis días/ si lo que ocurre se disuelve en muda/ canción / en pertinaz abismo?.” Puesto que la esperanza ha sido una palabra efímera, la cuestión sobre su destino queda abierta frente a la nada: “Mirar en dirección/ a Dios, al firmamento, y cerrar sin premura/ los párpados abiertos/”. Para el autor de estas horas íntimas, Dios le ofrece su silencio como respuesta, y tan solo le queda una luz inmortal que ilumina su memoria. En la última parte del poemario, mantiene el recuerdo hermoso de su infancia. Hace el poeta un recorrido por lo que fue, pero se encuentra el frío de diciembre que “sigue helando la luz de mi mirada…”, el helor de lo que puede ser la muerte sentida y presentida: “Y cuando nuevamente/ me pare a contemplar / el rumor de la nieve en mis pupilas,/ sabré por qué mi cuerpo/ se habrá tornado pálido confín,/ dulce mortaja,/ indecible caudal por donde un día/ fluyó mi duda y navegó mi sangre.” Con Las horas sumergidas , Jorge de Arco ha obtenido el I premio de poesía José Zorrilla. Merecido galardón para un autor que lleva demostrando su valiosa trayectoria poética desde hace una década.