Aprender de los aciertos y errores.

Construir los espacios de unidad y lucha
Observaciones frente al segundo semestre del 2013 en la UAH Nadie puede decir que para este semestre no hay propuestas políticas dentro de nuestra universidad. Se destacan múltiples llamados de unidad, retomar la lucha por el petitorio del 2012, levantar nuestras asambleas por carreras, actividades de formación política y conmemoración de los 40 años del golpe, entre otras. El ambiente que vivimos en términos de organización política estudiantil no es el de una pasividad y quietud generalizada. Muchas y muchos son los compañeros que de una u otra forma, en uno u otro espacio estamos intentando aportar en el avance del estudiantado de la UAH, en las conquistas que nos hemos propuesto dar, sobre todo desde el paro del 2012 a través de un petitorio elaborado colectivamente y no “bajado” desde los intereses particulares de algún partido u organización como ocurre en muchos otros espacios educativos. Sin embargo, no por ello nos tapamos los ojos ante la realidad hurtadiana. Sabemos que la gran mayoría del estudiantado no se ha sumado a dar las discusiones en sus asambleas ni a tomar posicionamientos claros respecto de los rumbos que iremos tomando como movimiento estudiantil de la Hurtado. Ante esto, creemos que es necesario tomarse un minuto para analizar la situación. La reflexión, el debate y la acción política son siempre necesarios, más aún cuando cargamos con el peso de una incipiente historia de lucha –no menor en comparación con el resto de establecimientos privadosal interior de nuestra universidad, que se puede ir plasmando en el presente, a través de pasos más certeros y golpes más fuertes. Sin ignorar los enormes desafíos que tenemos como movimiento estudiantil a nivel nacional, detengámonos por ahora en lo que respecta al estudiantado hurtadiano. ¿Por qué es necesario organizarse y movilizarse en la Hurtado? En primer lugar, cuando hablamos de injusticias en nuestro espacio educativo, nos referimos a realidades tan concretas como que un directorio compuesto por unos cuantos empresarios y religiosos decidan por toda una comunidad educativa los rumbos del proyecto educativo hurtadiano, el cual se ofrece como cual empresario ofrece un servicio en el mercado (en este caso el de la educación). En otras palabras, existen dueños del proyecto educativo, dueños del conocimiento que generamos, dueños de las salas que ocupamos, del patio donde nos organizamos y donde también nos distraemos. ¿Dónde está la democracia en nuestra casa de estudios? Esto no quiere decir no reconocer las buenas intenciones y el espíritu de justicia de muchos sacerdotes y creyentes que han rondado por la comunidad educativa de la Hurtado. Antes bien, los estudiantes debemos también exigir que la justicia social “parta por casa”, y toque cada arteria de este establecimiento. Pues de otro modo seremos meros reproductores de un discurso “humanizador” del capitalismo a nivel mundial, y poco aportaremos a construir sujetos de cambio que sean capaces de atreverse a romper con los esquemas del orden hegemónico, como sí se han atrevido tantos y tantas que han entregado sus vidas a la lucha por la causa de los olvidados, marginados, oprimidos y explotados.

Por su parte es indesmentible el alza que año a año se nos hace en los aranceles, a lo que se suma el pago de matrícula cada año de estudios cursado, convirtiéndonos automáticamente en una nueva generación de endeudados en nuestras familias. Sin embargo, aún sabiendo eso, la UAH ha sido incapaz de hacer esfuerzos y aplicar políticas de financiamiento acordes a nuestras realidades económicas. Lo mismo ocurre cuando demandamos fin a la subcontratación o en cuanto a la poca o nula voluntad por parte de la institución por democratizar la universidad. Terminamos siendo meros clientes de un servicio educativo que se distingue del resto por su orientación religiosa, pero no por ello por su carácter mercantil, pues justamente a través de estas prácticas es que se reproducen relaciones sociales despersonalizadas (“Si no puedes pagar quedas moroso. Luego te vas…pero creemos que hay que dar hasta que duela”), jerárquicas (cliente-dueño), antidemocráticas (unos pocos deciden por la mayoría de la comunidad), poco tolerantes (“si no te gusta el proyecto educativo, las puertas están abiertas para que te vayas al Arcis o la Academia”) e intransigentes (prueba de ello fueron las respuestas ante el petitorio del 2012, donde no cedieron ante NINGUNA de las demandas que consideramos como fundamentales). Forjando historia y tradición de lucha desde el presente La Hurtado a pesar de ser una institución joven tiene una vasta experiencia política, hay una historia y tradición de lucha que hemos ido construyendo a prueba de ensayo y error. Hoy por hoy tenemos el riesgo de que dejemos la memoria de lado y no reflexionemos colectivamente acerca de nuestra práctica y fuerza acumulada para así jugar mejor nuestras cartas y obtener ganadas reales ante nuestras demandas. Esto implica, entre otras cosas, que sepamos ajustar los métodos de movilización y las formas de organización con los contenidos (demandas) y el fondo (objetivos políticos) que nos motivan a levantarnos. Esto se resume en no actuar por actuar, o en resistir por resistir a esta educación, sino que en LUCHAR para GANAR y seguir avanzando hacia las conquistas necesarias para recuperar la educación en tanto derecho social y, por sobre todo, en tanto herramienta al servicio de las mayorías del país. Nos hemos movilizado bastante durante estos años (por demandas internas, movimiento estudiantil nacional, movimiento mapuche, etc.), con diferentes grados de organización y una gran amplitud de carreras. Podemos entonces decir que experiencia tenemos, sin embargo debemos saber sistematizarla para no seguir repitiendo tristes características como aún contar con carreras sin orgánica, dirigentes robando dinero y asambleas casi vacías. Instalar una cultura política en la Hurtado también pasa por asumir un rol activo en el traspaso de dicha tradición de lucha a los nuevos y nuevas compañeras. Hoy las tareas siguen siendo la re-articulación de nuestras carreras (pues hoy más de la mitad de ellas están inactivas) y la UAH en general (los niveles de discusión siguen siendo muy dispares entre facultades), aumentar sus niveles de politización y por sobre todo, la unidad para luchar y conseguir nuestras demandas. No se trata de pasos a seguir sino que desafíos a concretar desde la realidad que vive nuestra Universidad. Hoy retomar la lucha iniciada el año pasado por nuestro petitorio interno es prioridad ya que son demandas concretas y sentidas por los estudiantes, que no han sido resueltas y no lo serán si no nos hacemos cargo movilizándonos. Sin por ello hacer de

los métodos un mero fetiche, para aquellos que sólo en paro se movilizan, o hacer de la acción un activismo sin reflexión alguna que nos haga dar palos de ciego. Finalmente, es relevante mencionar que somos los estudiantes desde nuestros espacios sociales y diversas instancias de discusión y acción los que daremos orientaciones al rumbo de las luchas en nuestra casa de estudios. En ese sentido, los estudiantes de izquierda, los estudiantes críticos (que algunos nos llaman rebeldes o violentos por luchar por justicia y dignidad), los estudiantes que hemos decidido luchar por esta injusticia, somos los que podremos hacer crecer y fortalecer la organización. Para esto debemos trabajar por que la organización sea constante y no coyuntural, para así generar los espacios de base que necesitamos en pos de re-discutir el petitorio y comenzar a plantearnos objetivos claros al corto y mediano plazo. Muchos somos los que trabajamos, los que nos endeudamos o vemos a nuestras familias endeudarse para pagarnos los estudios y lo mínimo esperamos, es que una universidad como esta, que tanto discurso social anda mostrando en la publicidad, nos escuche y se esfuerce por hacer que ninguno de nosotros deje de estudiar por no tener plata. Porque si hay algo básico para entender las injusticias de hoy y ayer, es que unos pocos viven a costa del trabajo y sudor de las grandes mayorías. No son pocos los sacerdotes que lo han hecho ver con la acción más que con la palabra. Mal que mal, aquí hay que optar si somos cómplices de este sueño meritocráticoneoliberal con el que se ampara el negocio educativo, para sólo ofrecer más deudas e incertidumbres a los pobres de Chile, o si tomamos partido por conquistar una educación transformadora de la realidad y entendida como un derecho social, es decir, que esté al servicio de las necesidades e intereses de toda la comunidad educativa, como por sobretodo, del conjunto del pueblo y los trabajadores del país. Como dicen l@s secundari@s: “La lucha no continúa, la lucha es continua”

Daniel Díaz Guzmán Estudiante de Pedagogía en Historia Militante del Frente de Estudiantes Libertari@s

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