BIBLIOTECA

D E

IN IC IA C IO N F IL O S O F IC A
SAN BUENA VENTURA

ITINERARIO MENTE A DIOS
DE LA

AGUILAR
B U E N O S A IR ES

S A N B U E N A VENTURA

ITINERARIO DE L A M E N T E A D IO S
seguido de

R e d u cción de las ciencias a la T e o lo g ía

Este libro condensa apretadamente e f pensamiento de San buenaventura, es decir, una de las dos interpretaciones más universales (la otra es la de Santo Tomás) del Cris­ tianismo. De ella ha dicho Gilson que "m arca el pun­ to culminante de la mística especulativa y constituye la más completa síntesis que ésta haya nunca realizado"

BIBLIOTECA DE INICIACION FILOSOFICA

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ITINERARIO
\

DE LA
A DIOS

MENTE

SAN BUENAVENTURA

ITINERARIO
DE LA

M E N T E A DIOS
segu ido de R E D U C C IO N DE LAS CIENCIAS A LA T E O L O G IA

Traducción de PABLO MASA Prólogo de ANTONIO RODRIGUEZ HUESCAR

*

AGUILAR

MADRID

BUENOS

AIRES

MEXICO

por demasiado angosta. 1953 Impreso en la Argentina P r in te d in A r g e n t in e I m p r e n t a B A I . No todos estaran de acuerdo con esta apreciación. en efecto. Buenos Aires. las razones en que se funda espero.S. por su espíritu pertenece ya a la nueva etapa representada por este último siglo.Lo* títulos originales de estos dos opúsculos de SAN IUENAVENTURA DA BACNOKEGIO ( G io v a n n i D octor F id a n z a ) S e r a p h ic u s (1 221-1274) son ITINERARIUM MENTIS I N DEUM escrito en octubre de 1259 PRÓLOGO San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino son las dos figuras culminantes del pensamiento cristiano del siglo ixni. pensa­ dor fronterizo que. y D E REDUCTIONE A RTIU M A D THEOLOGIAM (¿ 1251?) ES PROPIEDAD Queda hecho el depósito que marca la ley N? 11. R a n c h 1847. Be. exhaustivo esfuerzo de sistematiza­ ción de la dogmática cristiana dentro de un marco riguro­ samente filosófico y racional. alegando que su especulación no es. filosófica. Editor.M F. en puridad. en el que quedaban asimila­ dos los conceptos del aristotelismo en forma superior a la de cualquier otra escolástica no cristiana— . por lo de­ más. em pequeñecer. aunque cronológicamente esté más dentro del xiii que del xiv. que se harán visibles. la significa­ ción de San Buenaventura en la historia de la filosofía tnedieval. y aun ignorar. se ha preten­ dido. Al amparo de una exaltación unilateral del tomismo — que. al menos en una parte suficiente. claramente se advierte. A a . siglo clásico de la Escolástica1. justifica su enorme. en una idea de lo que es y de lo que no es filosofía. sin embargo. en mi opinión equivocada. . Aguilar. N o se puede 1 En este juicio no entra en consideración Duns Escoto. Tan radical preterición viene apoyada.723 Copyright by M . sino que pertenece a la esfera de la mística. a lo largo de estas páginas.

Nada sustantivo podía haber agregado San Buenaventura. por . de San Alberto Magno y. sino que dinamizó y fertilizó también el propio tomismo. lo hizo con plena conciencia y deliberación. que hasta el maestro Eckehart. aunque en otro sentido— de la tradición platónicoagustiniana. no sólo estableció las bases para nuevos y más vastos desarrollos dentro de esta tradición. a lo que logró Santo Tomás en su ingente sistematización. si se negó a seguir la vía racionalista del tomismo inspirada en él. com o el suyo. justamente. no sólo su ma­ yor originalidad. en que se realiza la gran incor­ poración aristotélica). primero. y trazaron rutas igualmente per­ durables. puesto en la vía del aristotelismo. enriquecida y madurada al contraste con las nuevas ideas. pueden reducirse funda­ mentalmente a tres: la fundación de las universidades. y salvando las diferencias externas impuestas por las circunstancias de la vida “ oficial” de cada uno. En cuanto a la adopción del aristotelismo — úni­ co punto susceptible de discusión— . pero ni la posición de San Buenaventura resulta por ello anacrónica. Es verdad que San Buenaventura representa en el siglo x i i i la perI vivencia de la gran tradición agustiniana. En ambos aspectos. por obra. En resu­ men. y que. de la moderna. que era la de París. Sin San Buenaventura no hubiesen sido posibles Duns Escoto ni Guillermo de Occam. con los pensadores de la abadía de San Víctor) y rechazar para otras (por ejem ­ plo. la creación de las Órdenes Mendicantes — dominicana y fran­ ciscana— y la introducción del aristotelismo. más allá de ella. En cuanto a los dos primeros. que se inician con el siglo. hay que decir que San Buenaventura conoció a Aristóteles y lo utilizó ampliamen­ te en su obra. la tendencia representada por el agustinismo y por la mística especulativa. frente é al vasto movimiento innovador que el conocimiento completo de Aristóteles imprimió al pensamiento cristiano. Estos he­ chos. son perfectamente equipara­ bles en celo y genialidad. responde con superabundancia a sus íntimos imperativos y condiciona. ni se puede tildar de insuficiente un pen­ samiento que. de Santo T o ­ más. ni se puede aceptar como buena para ciertas épo­ cas (por ejem plo. aduciendo su anacronismo e insufi­ ciencia ante las exigencias del nuevo período. toda una vertiente de la subsecuente evolución filosófica. y en ello radica. Que no hay anacronismo en la actitud de San Buenaven­ tura es fácil de probar. sino también — lo que importa más— su gran fecundidad para la evolución ulterior de la filosofía cristiana medieval. con su enérgica revalidación — también fuertemente sistemática. a partir del siglo xm . para no hablar más que de los dos mayores maes­ tros dèi pensamiento franciscano posteriores a él. en su forma especulativa — sin cercenar una de sus arterias más decisivamente vivi­ ficadoras. es sabido cóm o San Buenaventura y Santo Tomás (cuya rigurosa coetaneidad ■ — 1221-1274 y 1226-1274 son sus fechas respectivas— y estilo de actua­ ción histórica se ofrecen sugestivamente para un plutar- quiano estudio de “ vidas paralelas” ) llenaron de sustancia humana y de contenido ideológico la Orden de los Menores y la de Santo Domingo. y en cambio. como veremos.8 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 9 excluir de la historia de la filosofía medieval la gran co­ rriente de la mística — sobre todo. y cóm o contribuyeron con su ma­ gisterio al máximo prestigio de la universidad madre y rec­ tora. y aun. para el siglo xii. sin más que considerar su presencia activa y preeminente en todos los grandes hechos que de­ terminan la renovación espiritual de su época. después.

. al ini­ ciarse la Edad M oderna. com o todos los grandes filósofos. . por­ que viene a destacar los motivos esenciales de la presente valoración histórica del gran doctor franciscano. nunca ha dejado de estar ¡viva en el pensamiento cristiano. sobre todo. En esta interpretación. San Bue­ naventura es esencialmente un místico. . manteniéndose. por hipótesis. de inspiración nueva. se impone necesariamente admitir la tesis de la anarquía agustiniana. en cita un poco larga. . . " . su vigencia en puntos básicos del cartesianismo. asimilándose toda la verdad del sistema de Aristóteles. lo que es todavía más evidente. pues. Ahora bien. ha llevado hasta el fin la prueba que se propuso de una idea” . "E l argumento utilizado comúnmente para re­ legar a San Buenaventura fuera de los límites de la historia de la filosofía consiste en calificarlo de místico. “ Jamás doctrina alguna logrará poner en tan completa evidencia las experiencias del alma. Habla Gilson de dos interpretaciones principales de la evolución filosófica del siglo x m : "L a una — dice— . pero muy oportuna. Es más: cuando. y no sólo eso.10 SAN BUEN AVENTURA PRÓLOGO 11 lo menos. su pretendida insuficiencia. la influencia de la espirituali­ dad cristianómedieval en grandes porciones de la nueva fi­ losofía a través de la corriente de inspiración agustiniana ( recuérdese. y es preci­ samente ése el argumento a que nosotros nos proponemos recurrir para reintegrarlo a la misma historia. en cambio. brotado de un esfuerzo cuyos orígenes son lejanos. se ve amenazado con la invasión del averroísmo y reacciona con Alberto M agno contra esta invasión. es juzgar la doctrina de San Buenaventura desde el tomismo. La segunda interpretación. al menos en apa­ riencia. el otro. pues ella tiene exigen­ cias lógicas y principios autónomos que requieren colocarse en su propio terreno.descúbreme ca­ da vez con más claridad tras de San Buenaventura una serie de pensadores cuya obra consistió principalmente en mantener. supondría que la escolástica del siglo xm tuvo dos cimas. si el misticismo forma parte integrante de la vida cristiana. y que el poderoso movimiento que elevó el pensamiento cristiano. . adopta la perspectiva tomista en los acontecimientos: un siglo que comienza con la tradición agustiniana. . se produce la gran reacción anti­ escolástica. pues. llega a su cima con el sistema de Santo Tomás de Aquino” . es sobre todo el tomismo el que sufre sus efectos. en M alebranche). Sí. si se quiere entender adecuadamente. pero es al mismo tiempo un filósofo. que nosotros juz­ gamos preferible. en primera instancia. algunos párrafos del libro de Gilson La filosofía de San Buenaven­ tura. profundizar y desarrollar los principios metafísi- . ni se hará más comprensiva o más sistemáticamente organizada que la de San Buenaventura para hacerle la debida justicia. co­ mo señala certeramente Gilson. y. sino que es un gran filósofo. que podríamos llamar clásica. jamás podrá citarse síntesis doctrinal en que las aspiraciones de la mística cristiana re­ ciban más abundante satisfacción” . de ha­ berse bastado el agustinismo no hubiera tenido razón de ser el tomismo. Transcribo. pues ha concebido el proyecto de sisteimatizar el saber y las cosas atendiendo a la mística. L o que no se puede hacer. marcharon unidos. levantó dos picos. corresponde a la doctrina de San Bue­ naventura. Y con esto queda contestada también. Y. por ejem plo. dentro de esa corriente corresponde al pensamiento de San Buenaventura uno de los centros capitales de impulsión. . que son las fuentes eternas de la mística. sin perjuicio de otras elevaciones secundarias que constituyen una doble ca­ dena en torno de ellos: el uno.

12 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 13 eos sobre los que su doctrina estaba fundada. . F. . . . . “ Por su parte.. . D edebec. Gauthier de Bruges. a nuestros ojos. aplicación a la filosofía medieval. . animando la figura dialécticometafísica de la Escolástica con rasgos personales y psicológicos. su lugar es la cátedra. Ella ha contrarresta­ do el exceso de dialéctica. y en ello cada vez son más coincidentes las opiniones de los historiadores especia­ lizados. D esclée de B rouw er. el Itinerarium mentis in Deum” . su forma tiene el atractivo de lo origi­ nal y lo personal. Pedro Juan Olivi. págs. Esteban de Zudaire. . Guillermo de la M are. Juan Peckham. en parte al menos. invadirá en adelante y ocupará durante siglos la conciencia cristiana. .). y porque se completan precisamente no pueden ni excluirse ni coincidid ’ 1. . su forma es más racional e impersonal. el punto culminante de la mística es­ peculativa. pues. En el aspecto formal ha abierto la entrada a la fantasía y al corazón en el método de trabajo escolástico. no tiene. Comprenderáse. que es la que se esgrime en definitiva cuando se opone Santo Tomás a San Buenaventura. C a p . también la Mística ha ejercido eficaz y favorable influjo en el desenvolvimiento de la Escolástica. San Anselmo de Cantórbery. y creo no sería absurdo estudiar si lo que hoy lla­ mamos escuela francesa de espiritualidad no derivará. ha penetrado en las ideas y en los am­ plios horizontes de San Agustín. traduce. La Mística es deudora a la Escolástica de temas fundamentales” . San Buenaventura. si se hace abstracción del simbolismo de San Buenaventura y de su doctrina de las iluminaciones in­ telectuales y morales. La Mística es coloquio del alma con Dios. . reúnen en sí la genial especulación y la interioridad mística” . “ La investigación histórica — dice Grabmann a este respecto — ha probado que en esta concepción hay mu­ cho de artificio y ha mostrado que la Escolástica y la M ís­ tica no son cosas opuestas. d e Fr. y sobre todos. Por Juan Gerson esta influencia doc­ trinal se extiende al dominio de la espiritualidad moderna. “ La doctrina de San Buenaventura marca. . por tanto. . su lugar está en la silenciosa celda de un claustro. ha contribuido a la trabazón orgánica de los conocimientos. en efec­ 1 E tie n n e G ils o n : L a filosofía de San Buenaventura (edic. La oposición de tipo exclusivo entre filosofía sensu stricto y mística. M . “ Mística y Escolástica se han in­ fluido recíprocamente y se encuentran en situación de cam­ bio frecuente de dones y servicios. Hugo y Ricardo de San Víctor. M ateo de Aquasparta. Eustaquio de Arrás. sufrie­ ron en distintos grados su influencia y prepararon las nue­ vas síntesis doctrinales del xiv. de la escuela franciscana de espíritu bonaventuriano” . que nun­ ca sea rigurosamente comparable en ninguno de sus puntos con la doctrina de Santo Tomás de Aquino” . Duns Esco­ to” . . 1948. y constituye la más completa síntesis que ésta haya nunca realizado. “ La Esco­ lástica es materia de estudio y de enseñanza. “ La filo­ sofía de Santo Tomás y la de San Buenaventura com plé­ tame como las dos interpretaciones más universales del cris­ tianismo. “ La obra entera de Raimundo Lulio es completa­ mente ininteligible.. sus elemen­ tos son ante todo la Lógica y la Metafísica. “ La conexión entre la Escolástica y la Mística se revela en el hecho de que am­ bas direcciones convergen con frecuencia en una misma persona sin turbar la unidad de su vida espiritual. sino correlativas” . Buenos Aires. su elemento es el camino del alma a Dios. 462 a 470. ha acentuado los puntos de vista reales y de contenido. to. O .

Edit. “ Pa­ ra convencerse de esto basta seguir las etapas de la marcha ascendente hacia Dios. etcétera. el giro peculiar de su pensamien­ to lo mueve a apartarse de las fórmulas rígidas de la expo­ sición escolástica — sobre todo. de en los Commentarii) . Veamos antes. A . 1928. el Itinerarium mentís in Deum. T . pues. se pueden espumar so­ luciones perfectamente coherentes y precisas a casi todos ellos. el conteni­ do de los mismos no suele recaer en forma temática y ex­ presa sobre tales problemas (a excepción. las pruebas de la existencia de Dios. el De reductione artium ad Theologiam. sino que la domina ” . Así. o. Minguijón). el Itinerarium mentís” 2. o entre filosofía y teología. son varios los textos suyos en que aparece expre­ sada de modo taxativo y formal su distinción.14 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 15 N o se puede comprender completamente la Filosofía y la Teología de la Edad M edia si se prescinde de su conexión con la Mística” \ Y W ulf escribe. refiriéndose ya concretamente a San Bue­ naventura: “ Además de teología especulativa hay en Bue­ naventura una mística muy desarrollada que no ahoga su filosofía. Se ha dicho que San Buenaventura confundía los dominios de una y otra. tal y como aparecen ya en su propio siglo— y a usar de la libertad de estilo que le es personal. de S. los universales. es decir. en el § 3 . Estas obras son. Barcelona-Buenos Aires. N o obstan­ te. y el Hexaemeron (Collationes in Hexaemeron sive illuminationes Eclessiae). Comencemos por el problema de las relaciones entre ra­ zón y fe. las doctrinas más características del Doctor Seraphicus. vigentes. los Comentarios a las Sentencias y varias Quaestíones disputataej. * San Buenaventura no ha tratado en la forma técnica ha­ bitual casi ninguno de los problemas que se pudieran llarmar “ canónicos” de la Escolástica — las relaciones entre fi*'M a r t ín Grabmann: Filosofía Medieval (traduce. y a lo largo de unas cuantas obras suyas. S. com o se ha repetido. Labor. aunque entre sus escritos se encuentran algunos de los géneros literarios comunes a la enseñanza de las escuelas (p o r ejem plo. 1. el Breviloquium. Se podrían alinear otros muchos testimonios del mismo tenor. Pero no es necesario insistir más sobre este punto. tal com o las describe. . los problemas es­ tán allí. en su anteposición del sentimiento y del “ corazón” — metódicamente: del amor— a la razón pura. En la exposición que más adelante se hace de los dos opúsculos que integran este volumen se verá confir­ mada “ sobre el terreno” la conclusión común postulada en estas opiniones. 2. etcétera — . aunque sólo sea en forma sumarísima o meramente indicativa. las que más interesan a la filosofía. y cuya última razón hay que buscar en la inspira­ ción a la vez agustiniana y franciscana de su especulación. págC111 0dC 1 T ° Val Morcno)* edit Ju‘ > losofía y teología. 2 M a u r ic e de W u lp : Historia de ¡a Filosofía Medieval ( t r a 1946. sacados de los mejores conocedores actuales del pen­ samiento medieval. Sin embargo. 52 a 55.. o en el De reductione — 4 V ñgs -— (contra la pretensión de ver en este escrito precisa­ f . págs. del “ Prólogo” al Breviloquium o en el capitulo í* de la 1* parte de la misma obra. aunque sometidos a otro tratamiento. ante todo. además de las acabadas de citar. si recae. siguiendo a los Victorinos. . quizá.

al revés. si así quiere llamarse. pero no porque ambas se opongan. porque para él la existencia de Dios constituye una evidencia primaria. hay que tenerla siempre a la vista para entender la actitud de San Buenaventura frente a •' ^ f p SON’ en su citada obra (pág. La filosofía se subordina. Esta primacía absoluta de la fe. en realidad. modi­ ficado en forma original por San Buenaventura. a este respecto. 449) establece una asimila­ ción. y consiste en afirmar que todo ser. sino que. pues. L o que ocurre es que San Buenaventura ante­ pone la luz sobrenatural de la fe — que es la que opera di­ rectamente en el saber teológico — al poder natural. como advertirá inmediatamente el lector menos avisado de cualquiera de sus escritos — y pre­ cisamente el Itinerarium ofrece. siem­ pre limitado y sujeto a error cuando pretende obrar autó­ nomamente. en me­ dida más radical. pero no encontraremos en él. lo origina por íntima exigencia vital. sino más bien potencia o posi- . está compues­ to de materia y forma. al exponerlas. com o también se dice. innata e intuitiva. por razones de analogía profunda. y su­ perior a la que pueda reportar cualquier prueba concreta. entre el m étodo de San Buena­ ventura y el de Pascal. a excepción de Dios. y yo diría que profundizado y radicalizado (vuelvo sobre este punto capital con más extensión en el comentario al “ Prólogo” del ItinerariumJ. se integran y articu­ lan — lo cual no es lo mismo. y ante tod o por el agustmismo que a ambos subtiende” . argumentaciones de ti­ po cerrado — el carácter cerrado de su especulación afecta siempre a la totalidad de éstas. hace suya la ontològica de San Anselmo. sino casi lo contrario.16 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 17 mente una de las muestras de aquella confusión). La primera procede del filósofo judio español del siglo xi Salomón ibn Gabirol ( Avicebrón) — aunque los escolásticos cristianos no conocen de modo muy preciso la verdadera personalidad de su autor— . incluso los entes espirituales. esta misma actitud condiciona su manera de enfrentarse con la cuestión de las pruebas de la existencia de Dios. San Buenaventura recurre a varias de ellas en sus escritos y. sino porque. En rigor. que no excluye el empleo de la razón. la significación entera de la obra bonaventuriana. Se trata. so­ bre todo. que confundirse— en el organismo unitario de la vida del hom­ bre que alienta en la verdad. no las cree necesarias. absolutamente a la teología. y la de la “ pluralidad de las for­ mas sustanciales” . Claro está que materia no significa aquí necesariamente corporeidad. como el alma o el ángel. nunca a sus partes— . ni menos se confundan. toda su obra tiene el carácter de una ingente prue­ ba. Estos textos — que no reproduzco aquí para no alargar más estas notas— serían por sí solos suficientemente explícitos y ter­ minantes para zanjar la cuestión. pues ella le conduce a un tipo de plan­ teamiento que le es propio y que ilegitima a priori todo in­ tento de abordar sus doctrinas desde otros supuestos. de la “ uni­ versalidad de la materia” . cualquier problema. Las tesis que generalmente se citan en los manuales como más características de San Buenaventura son las del hylemorfismo universal” o. y lo encauza mediante la prima­ ria lógica del corazón” 1. y m e­ nos que ningunas las silogísticas de ascendencia aristotelica. si no lo fuese ya. de la razón — que está a la base del saber filo­ sófico — . del fides quaerens intellectum de San Anselmo. pues. Así. edificada en el amor — y entendida en este sentido orgánico — . que es el creyente. una ejem ­ plar verificación de mis palabras— .

y tendremos un programa bastante completo de lo que podríamos llamar “ exposición tópica” del pensa­ miento de San Buenaventura. Se admite. y pasan a ser. 1930. que lo considera inde­ mostrable) . las recibe de su maestro Alejandro de Ha­ les. antes bien. — En el caso concreto de las dos tesis apuntadas. sino en el sentido total de su especulación. por ser aquella en que todo ser. la concepción del conocimiento como iluminación (con su secuela de las razones eternas^ — todas ellas bebidas en San Agustín — y la demostrabilidad del dogma de la Creación en el tiempo (frente a Santo Tomás. por obra. 143 ) . En relación con la pluralidad de formas — idea que se proyecta asimismo fecundamente sobre la con­ cepción de la individualidad— está la llamada “ metafísica de la luz” de San Buenaventura. al adoptar estas doctri­ nas. por Gilson en La Philosophie au Moyen Age. por ejemplo. el de la individuación. sed communes et approbatas retexere (cit. y ante todo. Ahí está lo más personal y fecundo de su genio. última raíz ontològica de todas las cosas. París. p. sino la unión de ambas ( solución que permite a San Buenaventura salvar la individualidad de los ángeles. Por el contrario. La pluralidad de las formas sustanciales asigna a cada cosa una forma distinta para cada una de sus propiedades.18 san buenaventura PRÓLOGO 19 bilidad. ni sólo la forma. como en Santo Tomas. Y ese acento no se encontrará en ninguna de las tesis parciales de San Buenaventura. y. Hay una forma que tiene preeminencia sobre las demás. Payot. que las unifica. en contraposición con la doctrina aristotélicotomista de la forma única. incluso los cuerpos. Esta calificación de “ tópica” no implica aquí matiz alguno peyorativo. Pero la intención de estas anotaciones no se dirige tan­ to a proporcionar esa visión — siempre inevitablemente superficial— cuanto a hacer perceptible el hondo acento de su mensaje. participa: la forma de la luz. una “ materia” espiritual. Esta doctrina repercute en la solución de otros problemas conexos con ella. asi. y del que brotan com o naturales y espontáneos frutos. este género de exposición sería imprescindible si quisiésemos dar una visión de conjunto de la filosofía del doctor francisca­ no. com o un itinerario del alma hacia Dios” x. . de origen estoico — aludida en el De Reductione— . como después sostendrá Duns Es­ coto. pág. “ la doc­ trina de San Buenaventura se da expresamente. y por ello me dispenso de 1 G il s o n : La Philosophie au Moyen Age. en controversia casi siempre con la escuela do­ minicana. se combina luego con las particulares de cada una de ellas para constituir el individuo. patrimonio común del franciscanismo escolástico. por tanto. hecha imposible en la tesis tomista). de San Buenaventura. declara expresamente su propósito de no esgrimir nue­ vas ideas sino de “ reelaborar las comunes y aprobadas” — non enim intendo novas opiniones adversare. sobre todo. introducir novedad alguna en el campo de la filosofía ni en el de la teología. San Buenaventura no pretende. Esta forma común. Ahora bien. Lo que constituye a un individuo como tal — principium individuationis— no podrá ser sólo la materia. primer representante de los Frailes Menores en la Uni­ versidad de París. su tradicionalismo de^ principio le coloca en pugna con los “ innovadores” . el ejemplarismo. 145. Agreguemos la teoría de las razones seminales.

inmediata y completa. el del hombre mis­ mo. como este minúsculo libro que se llama Itinerario 19+*fpágUB438 NatUraleZa’ Dios. y en la manera de llevar a cabo tal planificación estriba su mayor o menor originalidad. en la perspecti­ va de lo divino. pocas obras encontraremos en la frondosa biblio­ grafía que integra el legado filosófico de la Edad Media cristiana que respondan a esta exigencia fundamental de manera tan directa. por ser todas dominios y obras divinos. es el de las relaciones entre el mundo y Dios — y dentro del mundo. y en forma tan personal. el mismo ser de su dueño. El problema verdaderamente medular del hombre cris­ tiano. y en él su propia vida terrena. * En el prólogo comienza por fijar San Buenaventura. in­ vocando el espíritu del santo de Asís. en esecamino hacia lo alto que constituye la via iluminativa. que. a saber: hallar la paz del alma. Madrid. Organizar en conceptos esa perspectiva ha sido siempre la tarea genérica de todo pensador cristiano.20 SAN BUEN AVENTURA PRÓLOGO 21 completar esa exposición que he llamado “ tópica” para de­ dicar un espacio mayor a la del Itinerarium. la existencia de términos próximos. la búsqueda de esta paz exige como raíz y punto de partida un determinado temple o disposición de animo. salvo la de Dios -— y que se pueda entender en sí mismo. El mundo no es para él algo independiente — ninguna realidad lo es. y sólo en ella cobra sentido. sería constitutivo de toda vida humana y “ supuesto ontològico de toda revela­ ción” 1— ■ . sino. com o su pieza esencial o clave— . con el propio San Buena­ ventura en la estructura de su Itinerarium. sin que por ello deje de cumplirse la condición esencial a toda perspectiva. la adecuada preparación del viajero para recorrerlas y la peculiar topografía de las regiones a atravesar. de la mente a Dios. cual es la finalidad de este itinerario. Nacional. intermedios y remotos. para cuyo recorrido no podremos hacer nada m ejor que seguir paso a paso los del mismo guía. esto es. según Zubiri. Resulta de ello una complicada tra­ yectoria. San Buenaventu­ ra traza en él con cabal precisión las necesarias y escalona­ das etapas del viaje. amor o deseo. Tal disposición se . formalmente: un pla­ no-guía para ese viajero o peregrino hacia Dios — viator— que es el hombre a su paso por el mundo. Ahora bien. en primer término. La esencial estructura religiosa de su existencia no es en él solamente un hecho o carácter ontologico radical — el factum radical de la religación. Pues bien. que no es otro que el anhelo. cuando se siente avocado a la vida inte­ lectual. a veces un tanto laberíntica. que. señor y arquitecto — lease creador . Edit. Entremos. ♦ Itinerarium mentis in Deum. sino que apa­ rece situado. además eso: una perspectiva. bajo distintos signos. En rigor es eso. aquel que condiciona de raíz la múltiple expansión de su pensamiento. Eeto quiere decir que San Buenaventura ha organizado esta pers­ pectiva de lo divino quees el universo de manera que se haga visible la presencia de Dios en todos sus planos. la paz extá­ tica. pues. tra­ ducen en sus caracteres. No se podrá entender adecuadamente ni un solo pun­ to del pensamiento bonaventuriano si se pierde de vista esta suprema finalidad hacia la cual se ordena todo el.

y en ella se cimentan los demás requisitos. porque están “ deformadas” por el pecado y yacen en tinieblas. según la estructura genérica de todo as­ 1 Traslado aquí por mi cuenta el símbolo escriturístico del alfa y J. “ la ciencia que ilumina” y “ la sabiduría que perfecciona” . En cuanto a la contemplación. para entrar recta­ mente en esta vía es Cristo crucificado. Podría decirse. la inteligencia sin la humildad” . abandonadas a sí mismas. hay que advertir que esta palabra tiene dos acepciones en San Buenaventura: una. Lo primero que es menester. El segundo sin el primero es insuficiente. de una mística especulativa. Supues­ ta la fe. la ciencia por la meditación y la sabiduría por la contemplación. Esta es la condición fundamental. Pero se trata aquí. la justicia se logra por la vida santa. de Dios . Las potencias naturales del hombre. del es­ fuerzo especulativo. por tanto. Dios está en el principio y en el término de ese camino que el alma debe recorrer. Lo que San Buenaventura llama ciencia es lo que entendemos usual­ mente por razón (conocim iento racional). (T od o esto. la más propia. San Buenaventura usa en un sentido diferente. la ciencia sin la caridad. El subsuelo de la operación intelectual. todavía de la gracia. sino particularmente cualificada — San Anselmo diría “ viva” u operosa— ) . Y así como la gracia se obtiene por la ora­ ción. censo místico. más precisamente aún ( puesto que no se trata de una fe cualquiera. co­ rresponde a visión extática o experiencia mística — y es la . repitámoslo una vez más. ofrece sus “ especulaciones a los prevenidos de la gracia di­ vina. punto en que el alma sale de sí misma para sumirse en la contemplación di­ recta de fa ju z divina y descansar en ella. se necesita. a los compungidos y devotos. a saber: para marcar la distinción entre la visión de Dios per speculum e in speculo. porque “ no podemos levan­ tarnos sobre nosotros mismos sino mediante un poder (virtus) superior que nos eleve” . por consiguiente. que culmina en el apex mentis. que la búsqueda de Dios implica ya su posesión. de un especial “ auxilio divino” . conseguido mediante la “ ferviente oración .?ue’ comc> se verá después. equivale a una invocación de la sentencia agustiniana: non intratur in veritate nisi per caritatcmj. Por eso. o. como se ve. etcetera. no hay que olvidarlo. . a saber. lo constituye la fe. son incapaces de levantarle a la contemplación de la verdad — es decir.! y “ por el fulgor de la especulación” fper fulgorem speculationisj. ilumi­ naciones o grados. Pero en modo distinto. por cuanto a él se dirige la especulación toda del Itinerarium — trasunto de la vida misma del hombre cristiano— . a los humildes y píos. por cuanto la bús­ queda misma presupone la f e . en efecto. no basta “ la lección sin la unción. para la acción eleva­ dora e iluminadora es que sean “ reformadas por la gracia. a los ungidos con el óleo de la alegría y a los amadores de la divina sapiencia e inflamados en su deseo” . D e ahí que la oración aparez­ ca como “ madre y origen del acto de elevación ^mater et origo sursumactionis^. Y la puerta. la investigación sin la admiración. Las etapas que hay que recorrer para alcanzar esa última meta tienen el carácter de otras tantas elevaciones. igualmente indispensables.22 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 23 logra por dos medios: “ por el clamor de la oración” ( per clamorem orationis. la especula­ ción sin la devoción. en el término. la única puerta. en el exceso o visión extática. la jus­ ticia que purifica” . de una “ especulación de Dios . como “ alfa y omega” \ En el principio. lo que confiere al opúsculo de San Buenaventura su interés filosófico. es decir. el estado de gracia del alma. .

Menos que nunca tiene sentido en San Buenaventura plantear en estos términos el problema de las relaciones entre fe y ra­ zón. y sin la voluntad recta o pureza mo­ ral. por tanto. San Buenaventura podría hablar también de una operosa ratio. Todas estas funciones son necesarias para la progresión y éxito del perfecto acto de fe — progresión y éxito. y que es. como queda dicho. Caben formas de fe sin razón. la rec­ ta voluntad — justicia — purificadora y la sabiduría — con­ templación — perfeccionadora. Pero tampoco se trata de minimizar el papel del intelecto dentro del conjunto de la vida espiritual. lo que ocurre es más bien lo contrario: lo que se opera aquí es una especie de fideízación de la razón. al mismo tiem­ po. sin ella. en San Buenaventura. y otra. Asi como San Anselmo podía hablar de una operosa fides a saber: cuando se halla vivificada por el amor o dilectio— . al mismo tiempo. sino de L . la emplearemos en el primer sentido. La primera y fundamen­ tal es. cuando ésta queda articulada dinámicamente en el organismo total de la fe. además del aparato intelectual iluminador. No quiere esto decir. dentro del do­ minio de lo que genéricamente entendemos por razón. puesto que tales fines no són en realidad sino medios para elevarse a . de implicar una racionalización de la fe. se trata. que se refiere al conoci­ miento intelectual y permanente. son perfectamente ineficaces. L e­ jos. la con­ cepción de San Buenaventura realiza una absorción de la razón en la acción viviente y completa de aquélla. y. por consiguiente. en efecto. la gracia — “ la gracia es el fun­ damento de la rectitud de la voluntad y de la clarividente ilustración de la razón” ( gratia fundamentum est rectitudinis voluntatis et illustrationis perspicuae rationisj— . pues. de la unión mística misma. en una palabra. Uno de los momentos de la fe plenaria es pre­ cisamente la razón. tampoco termina en sí misma ni descansa en ellos. pero no todas son de igual rango e importancia. reducidas a su virtualidad es­ trictamente natural. es decir. antes bien. cuando los alcanza. articulada dentro de una compleja estructura personal — la del hom­ bre edificado en la fe — en la que en modo alguno goza de autonomía. No es sólo que la fe “ busque la in­ telección” . puesto que queda incapacitada para alcanzar sus fines esenciales. son estas leyes las que. un órgano. de la cual viene a ser un ingrediente. que la expresión “ sabiduría” ( sapientia) significa aquí también el modo supremo de saber de que el alma humana es capaz. así. Ni siquiera se limita ya su función a una mera ilustración de la fe. Y ese espiritual organismo comprende en su compleja “ fisiología” . por supuesto. Queda claro con ello. hasta dejarlo re­ ducido a un mero instrumento de condición servil. abstraídas de la dinámica estructura fun­ cional de la persona creyente. un saber que trasciende ya de toda actitud mera­ mente racional. ésta constituye intrínsecamen­ te a aquélla. pero se­ rán modos deficientes. los de la gracia reformadora. que San Buenaventura lleve a cabo una especie de racionali­ zación de la f e . sino que. la contemplación y a la sabiduría — unión mística— . Mientras no se haga advertencia en contra. que la razón transfiera o irradie a la fe el sentido de sus leyes y exigencias internas. en la forma del fides quaerens intellectum de San Anselmo. La razón queda. No se trata de servidumbre o sometimiento.24 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 25 que aquí tiene— . además. inoperan­ tes. N o es. la razón queda anulada. o mejor. proceso y exceso de la mente para la perfecta unión del alma con Dios— . inferior. un sentir y un vivir integralmente la divinidad.

cuya ordenación jerárquica I constituye el plan completo de la obra. El por y el en expresan dos maneras distintas de hallar a Dios. Así. de su teología y de su mística. hay que arriesgarse a prescindir y a seleccionar. y de sus mutuas y necesarias relaciones. í Las tres etapas corresponden a los tres aspectos principales del alma. quedando investida de la condición augusta que le confiere su parti­ cipación activa. en la que el meditador del Alvernia ha comprimido al máximo su concepción del mundo. con los fines y valores superiores de la sobrenaturaleza y prestigiada por ellos. cada uno de estos modos se gemina o escinde en dos. cobra la razón en San Buenaventura todo su valor y dignidad. los precisos y minuciosos lineamientos de su filosofía. respecto a la realidad divina. orientados en todo instante por esa profunda “ lógica del corazón” que ha inducido a Gilson a asimilar al de Pascal el método de San Buenaventura. * Tres son las etapas y seis los grados. sino. y por eso su naturaleza se hace iluminadora. pues. La razón misma queda impli­ cada en la acción carismática de la gracia. e indispensable. Más que difícil. fundidos en indisoluble unidad. aunque reducido a su mínima y condensada expresión. casi ni una sola frase. o bien hacia dentro de sí misma — espíritu. del opúsculo deja de poseer una significación esencial. quedando conectada. por lo que resulta extremada­ mente difícil ofrecer un resumen de lo que ya es en sí cifra esquemática. La primera consiste en lo que podríamos llamar función alusiva de las cosas con . El Itinerarium es el ejemplo vivo. al mismo tiempo. hacia lo que está por encima de ella — i mente— . dos para cada etapa. en cuanto vehículo de la luz divina.) de la Verdad.) de D ios. Mas. de Dios. Y precisamente por ésta su función integradora y plenificadora de la fe. que impregna el alma entera.26 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 27 integración o plenificación. de cóm o puede efectuar la razón ésa su misión plenificadora de la fe. forzando a concisión la índole de estas notas. Hechas estas advertencias. entrelazados en férrea or­ ganización conceptual y. Ni un solo párrafo. Ahora bien. en este L . se ofrece como primer principio y como “ luz” (lu ­ men. en la abreviatura que doy a continuación de la rica síntesis del doctor francisca| no. Dios se nos muestra. extracto y quintaesencia. o “ como por espejo y como en espejo” fut per speculum et ut in speculo). no siendo hacedero intentar aquí ese género de comentario amplificatorio. es decir. en la consecución de los más altos fines del hombre. necesarias para el recto enten­ dimiento de lo que sigue. destacaré solamente su línea de interés filosófico más | general. | las cosas corporales aparecen como “ vestigios” fvestigia. No sinopsis.) de la divinidad. “ según se considere a Dios co­ mo alfa y omega. para la mirada espiritual. Tiene este breve escrito. el alma se mues­ tra a sí misma como “ imagen” fimago. en efecto. Dios mismo. | — o finalmente. un carácter de apretadísima sínte­ sis. del hombre. veamos cuáles son las etapas y los grados de la subida a Dios. es ello imposible. sino al revés. para la mirada mental. largas explanaciones pide el escrito de San Buenaventura. según ésta se vuelva hacia las cosas exteriores — : sensualidad— . por el contrario. ya si­ nóptico en sí. lo que está sobre nosotros. En él se encuentran. A estos tres aspectos subjetivos corresponden a su | vez en las cosas otros objetivos: para la percepción sensible.

igualmente graduales. inteligencia fintelligentia) y “ ápice de la mente o chispa de la sindéresis” ( apex mentís seu synderesis scintillalj 1. que en aquéllas reluce. equiparándolos a los seis escalones del trono de Salomón y a las seis alas del serafín que se apareció a San Francisco en su visión del monte Alvernia — que es el mismo lugar de la meditación de San Buenaventura — . b) la intelección de lo que la fe nos comunica acerca de ellas (entendimiento creyente. de sindéresis. — En este primer grado. que persiste en A dán después del pecado. 2 9 1 ). la función de las cosas no es ya me­ ramente alusiva sino ostensiva. Y.28 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 29 modo transeúnte. según las tres funciones que el entendimiento puede realizar. que inclina la voluntad hacia el b ie n . a su través. di) el raciocinio o inferencia ( entendimiento que investiga racio­ nalmente. no vemos las cosas. Comienza ya por establecerlos a propósito de los mencionados seis grados. imaginación fimaginatio ) . y que designaba en él una potencia superior a las partes del alma y capaz de obser­ varlas. razón ( ratioj. la noticia sensible de las cosas crea­ das revela al entendimiento o “ sentido interior” la suma po­ tencia. el número. Todas estas propieda­ . que es superior al primero. A lbin -M ich el. y la me­ dida. se­ gún se especule a Dios por los vestigios o en los vestigios por la imagen o en la imagen. así también el alma descansa en la paz extática al final de su itinerario. edit. una facultad no adquirida y siempre presta a ejercitarse. entendimiento fintellectus) . y. El segundo modo ya no es transeúnte. Buenaventura. el modo. la especie y el orden. Resultan así seis grados. por la luz o en la luz. finalmente. A cada uno de ellos 1 Sobre la n oción de “ sindéresis” aclara E. y que pertenece al intelecto. En este segundo modo. elevaciones o iluminaciones. e insistiendo especialmente en su asimilación a los seis días de la Creación. de los que toda su obra está cuajada. En la Summa. Consideremos ahora por separado cada uno de los grados. 1949. reflexionando sobre las mismas nociones. y esta di­ visión senaria le da ocasión para multiplicar los paralelis­ mos. la scintilla conscientiae. la potencia y la operación. una “ luz innata” ( lum en innatum ) que es el principio del conocim iento práctico. las cosas nos transfieren a D ios. en corres­ pondencia con las seis potencias. es una “ vo­ luntad natural” del bien. de la sindéresis. B h é h i e r : “ L a Summa de A lejan dro de Hales había in trod ucid o en m oral la expre­ sión. del alma. así como el Creador descansó en el día séptimo. y. a saber: sentidos ( sensusj. a Dios. Opérase este conocimiento en tres formas. pu ede seguir o n o : es ella una “ ley natural” e inmutable. nos encontramos con Dios en las cosas mismas. pág. distingue la conciencia que prescribe las leyes de conducta. dedica San Buenaventura un capítulo de su obra. simetrías y correspondencias simbólicas. a través de las cosas que lo señalan o sig­ nifican. hacemos pie en ellas para elevarnos a Dios.). que es la inclinación natural hacia el bien y que sólo pertenece a la vo­ luntad” . Por la primera forma. El ca­ pítulo séptimo y último recoge este momento terminal y culminante de todo el proceso. la subs­ tancia.). ( E m i l e B r é h i e r : L a Philosophie au M a yen A g e. p ero que la voluntad de­ liberada. París. única que puede pecar. sino que vemos a Dios en ellas. tom ada de San Jerónim o. sabiduría y bondad del Creador. Primer grado: Especulación de Dios por sus vestigios. el entendimiento que con­ templa descubre en las cosas el peso. sino manente. es decir. designa una “ potencia habitual” ( potentia habitualis). y que son: a) la contemplación o intelección natural de las pro­ piedades de las cosas ( entendimiento contemplante^ — el término “ contemplación” está usado aquí en su sentido li­ mitado o inferior— .

viviente e inteligente. Con razón se ha dicho que “ el maestro franciscano es partidario de la ideología peripatética en todo lo que atañe a la génesis y naturaleza de la sensación y del cono­ cimiento abstracto del mundo corporal ( ratio inferior. Segundo grado : Especulación de Dios en sus vestigios. la influencia agustiniana). operación y orden de todas las cosas. com o veremos. Por la tercera forma. (W u lf. contemplamos a Dios.I dables. Por donde nuevamente se eleva el alma I a la potencia. incorruptible e inmutable’i I (E n esta ” jerarquía ontològica” se dibuja claramente el es. y el juicio final — que declara su justi. multitud. considerándolo I “ como existente. viven y disciernen. Pero la sensación va acompaña­ da de goce estético. otras existen I y viven. La misma filiación se advierte en su apli­ cación de las nociones de potencia y acto. como se ve en su división de las cualidades sensibles en sensibles propios y sensibles comunes.. ob.| quema de la cosmología aristotélica).I eia— . no distingue entre sensación y per­ cepción — . desde los cuales el entendimiento “ puede alzarse a entender la potencia.)'’’’ . “ pero cuando se trata del alma y de Dios — conocimiento que corresponde a la ratio superior— la intervención de los sentidos y de las especies abstractas de los datos sensibles es impotente” .I bles y corruptibles como las terrestres. 1 0 5 ). transcurso y término del mundo. infiere I de todo ello que tiene que haber otras cosas solamente es. de la Escritura y de la gracia” — que muestra I su providencia —-. —■ En todas las cosas corporales que forman el “ macrocosmos” . que se forma en el medio. cit.I pirituales. el cual varía de calidad con el sentido. en fin. a saber: el origen. y que entran en nuestra alma o “ microcosmos” por las puer­ tas de los cinco sentidos corporales. por último. sabiduría y bondad de Dios.30 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 31 des son vestigios. advirtiendo que unas cosas son sólo corporales I y otras en parte corporales y en parte espirituales. La percepción sensible ofrece tres aspectos: la aprehen­ sión. La aprehensión es la sensa­ ción o percepción propiamente dicha — San Buenaventura. y en su explicación del acto sensorial por la “ especie” o semejanza de la cosa. San Buenaventura esboza aquí su doctrina de la sensa­ ción. I considerando que hay en las cosas una jerarquía ontològica. la delectación y el juicio. como las celestes. construida con materiales aristotélicos. al de la sensa­ ción. según las tres leyes “ de I la naturaleza. Entonces — agrega­ mos nosotros— es la vía de la interioridad o del espíritu la que se impone. . Por la segunda forma. plenitud. . I es decir: la creación — que manifiesta la potencia de Dios —> I la ordenada sucesión de los tiempos. por | otra parte. Agrega San Buenaventura otras siete consideraciones que I atestiguan los mismos atributos divinos — potencia. se im­ prime en el alma. finalmente. sabiduría y bondad inmensa I del Creador” . y. . existen. p. el entendimiento que I cree considera el origen. viendo que hay cosas muda. y que éstas serán mejores y más dignas que las I corpóreas y mixtas. I en virtud de la cual unas solamente existen. y otras. siguiendo a Aristóteles. y su gran maestro es San Agustín (lo cual no impide que en algunos aspectos de la misma teoría de la percepción esté presente también. pero incorruptibles. be­ lleza. grandeza. sabidu­ ría y bondad— . de éste se transmite al órgano. deduce de I aquí la existencia de otras superiores que sean inmutables I e incorruptibles. y al mismo tiempo I como “ puramente espiritual. y otras también mu. el entendimiento raciocinante. y por ella llegan al alma las propiedades de las cosas en cuanto corpóreas.

el tercero salu­ bridad ('salubritas'. así. es decir. suministradas por el juicio. En la generación de la especie o semejanza. Las llama también San Buenaventura “ efigies o similitudes de la eterna sabiduría” y “ signos" visibles que significan las perfecciones “ invisi­ bles de Dios” . pulchrituddj. — El tercero y cuarto grados ( “ por la imagen” y "en la ima- . vestigios. o en razón de la virtud o potencia — proporción o medida en lo que podríamos llamar con lenguaje actual la “ intensidad” de la sensación ( que se manifiesta principalmente. haciéndola “ entrar en la potencia inte­ lectiva” . vemos o espe­ culamos a Dios como generador o principio. Quien no acierte a verlas en esta luz. Finalmente. en fin. el segundo suavidad o moderación ( suavitasj. causa de toda belle­ za y deleite. Todas las cosas del mundo. de su Imagen. El primer modo se llama belleza ( speciositas. según se considere en razón de la especie o forma de la cosa — proporción o armonía de sus partes visibles— . así como a sus cambios y mutaciones. que grita a Dios. el juicio nos dice por qué algo es deleitoso. Las razones que el juicio conoce “ abstraen de lugar. que se ob­ serva con especial claridad en el gusto y el tacto — . es sordo. resonancias y pinturas. que es luz divina” flumen Dei) . en el oído y en el olfato ) — o. como el principal vestigio que conduce a la Sabiduría” . tiempo y movimien­ to” . regla infalible y luz de la verdad ” — .).32 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 33 ésta es la delectación. encontrando la razón de ello en una “ proporción de igual­ dad” que en sí misma es ajena a la grandeza o pequenez de las cosas. quien no lo advierta en tantos indicios. En las razones abstractas. que es el Verbo o el Hijo. Aparece. o. simulacros y espectáculos propuestos a nosotros para cointuír a Dios” . En la belleza. especulamos a Dios como belleza. quien no oiga este clamor de las criaturas. para pasar de ella al neoplatonismo y. necio. a San Agustín). dadas en la delec­ tación. y reducible a relaciones numéricas. da pie a San Buenaventura para ampliar esta especulación mediante la doctrina agustiniana de las siete clases de números que yacen bajo todas las cosas. y que puede revestir tres modos. tiempo y mudanza. en las cosas. que se origina siempre en virtud de una cierta “ proporción” . para es­ tos efectos de la delectación. según se nos manifiestan en estos dos primeros grados. especu­ lamos a Dios como verdad eterna — “ razón de todas las cosas. en razón de la eficacia u operación — proporcio­ nalidad o adecuación entre la necesidad vital del sujeto y el efecto causado en él por la impresión sensible. pues. quien no alabe a Dios por estos efectos. y com o fuente verdadera de todo deleite. de donde transmigra a la dialéctica del Tim eo platónico. finalmen­ te. es un ciego del alma. suavidad y salubridad. que es la cosa misma y “ en el medio” . independientes de lu­ gar. lo que es lo mismo: el juicio “ depura y abstrae la especie sensible” . originario y eterno. son. el número como “ el ejemplar primordial en la mente del Creador. desde su prin­ cipio. suavidad y salu­ bridad primeras y supremas. Tercer grado: Especulación de Dios por su imagen. y. La consideración de la “ proporción” . y que son otros tantos grados del ascenso a Dios. (En esta doctrina estética se sobrepo­ nen ya a las aristotélicas las huellas agustinianas). ( Son conocidas las fuentes pitagóricas de esta especulación de los números. “ sombras. m udo.

simpliciter.34 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 35 gen” ) representan una apelación a la interioridad. no sólo el pasado. traduciríamos un poco libremente. en suma: en modo perfecto. mudable. in te redi. que ya no es simple vestigio. com o supuestos necesarios. (resuena la en­ cendida apelación agustiniana: N oli foras iré. D e esta suerte. a las nociones más generales de todas. las nociones supremas del ser. implica. De Trimtate. y como ser en potencia. no puede conocer por sí verdades inmuta­ bles. implica la definición de éste. por elemental que sea. Por último. sino imagen suya. al fin. y que expresan modalidades eternas e inmutables de la ver­ dad y nociones que superan toda circunstancia particular. Por otra parte. la extensión de la memoria abarca. per aliud. cualquier acto del entendimiento. lo hará en virtud de °tra luz o inteligencia que sea absolutamente inmutable. L e atribuye. . a la en­ trada del alma en sí misma. a su vez. las presentes por suscepción. positivo. En este tercer grado invita San Buenaventura al hombre a entrar en sí mismo: Intra igitur ad t e . permanen­ te. pero la definición ha de hacerse por términos más generales. es decir. la presen­ cia constante en la razón de sus propios contenidos elemen­ tales. Además. per se. la mente humana. de tan claro abolengo agustiniano. con mucha mayor fuerza reluce en el alma. como en San Agustín. queda establecida la prioridad de las funciones mnemónicas sobre las intelectuales propiamente dichas. bondad y verdad. secundum quid. y de esta manera se llegará. total. Tam­ bién en la consideración psicológica de estas facultades si­ gue San Buenaventura las huellas de su gran mentor espiri­ tual. D e donde resulta que todo conocimiento de lo limitado y parcial implica y conduce al del ser com ple­ tísimo y absoluto. i La misma doctrina en San Agustín. es el alma espejo de Dios. y la de los primeros principios y axio­ mas. en efecto. y éstos. “ como el punto. que se cumple con independencia de toda contingencia existencial. para descubrir que el alma tiene “ tres potencias” . parcial. el instante. que son las del ser mismo y sus pro­ piedades transcendentales: unidad. el ser se nos presenta en dos modos: com o ser en acto. otros dos modos de “ re­ tención” : la de los conceptos simples. supuesto que las conoce. . que es mudable. Ahora bien. San Buenaventura considera a la memoria como “ origen” y madre del intelecto. Las funciones intelectuales — segunda facultad del alma — nos conducen al mismo punto. Si diáfana es la presencia de Dios en las cosas exte­ riores. . no se pue­ de conocer lo negativo y defectuoso sino por lo afirmativo y sin defecto. que es Dios. que son la memoria. la unidad” . y la de las formas y leyes que rigen su funcionamiento. . el acto más simple de intelección. . la necesidad propia de la ilación lógica. Todas estas operaciones de la memoria hacen de ella imagen y semejanza de la eternidad y de la presencia di­ vinas. y en modos defectuosos y negativos. la inteligencia o entendimiento y la “ potencia electiva” o voluntad (qu e incluye el amor y el deseo). además. En efecto. sino también el presente y el futuro: “ Pues la memoria retiene las cosas pretéritas por recordación. . las futuras por previsión” 1. Y. habrán de definirse por otros de mayor ge­ neralidad. y la anselmiana: Intra in cubiculum mentís tuaej. Con más propiedad aún que las demás criaturas. Así. pero. Con ello. com o es el mero entender el signifi­ cado de un término.

queda el alma dispuesta para los excesos mentales” . como especialmente determinado por la acción de los “ dones gratuitos” y por la fe. por el efecto reformador de estas tres virtudes. Quinto grado: Especulación de Dios por la luz ( “ por su nombre primario. puesto que versa so­ bre “ lo que es mejor” . natural y moral— . es decir. en el contenido de la Es- critura. “ nada hay supe­ rior a la mente humana sino solamente aquel que la hizo” . Por tanto. que deberá estar por encima de él y de la mente que juzga. conducen al principio trinitario mis­ mo. es decir. la especula­ ción de San Buenaventura es puramente teológica. sino sobre nosotros. se necesita de Cristo. Cuarto grado: Especulación de Dios en su imagen. nos conduce a la misma ley divina. en todos los cuales se ve a Dios. la visión de las propiedades “ esenciales” y la de las personales” de la divinidad. Este rasgo adquiere en San Buenaventura. al entrar en sí misma e intuirse. por tanto. que constituye la esencia misma del acto volitivo. según sus operaciones propias” . la esperanza y la caridad. El alma. En ella se trata de ver a Dios. al origen y al hábito5 *. — En este cuarto grado. Finalmente. A los dos grados que comprende corresponde. al amor. estas potencias. pues. ni dentro de nosotros. respectiva­ mente. el alma se enfrenta. de Dios como ser absoluto y como bien supremo. la inteli­ gencia a la verdad y la facultad electiva a la suma bondad. en el que el “ consejo” se resuelve. no fuera. queda “ jerarquizada” . pues. consideradas en cuanto “ al orden. Pero para esa entrada en sí no bastan “ la luz natural y la ciencia adquirida” . casi exclusivamente. que sólo se alcanza por la posesión del sumo bien y último fin. de las tres virtudes teologales: la fe. con el ser. de la que aporta abundantes citas ( toda su obra está. un valor especial. Se fun­ da. En fin. el “ consejo” ( consilium j — hoy lo llamaríamos juicio de valor— que in­ disolublemente acompaña a su acción. que es el Ser” ) . es movido por su propio objeto. Es de notar. salpicada de ellas). Así. dicho de otra manera. que aparece después en el D e reductionej. “ por la luz y en la luz de la Verdad eterna” . y los grados de esta jerarquización interior se corresponden con los órdenes de la jerarquía ce­ leste o angélicos. que “ purifican. un matiz franciscano por su versión hacia las cosas. El alma. y en la cual se halla impresa. además. el cual tanto más mueve cuanto más se ama. admiración y exul­ tación. “ por la devoción. e igual término tiene la consideración de la división de las ciencias. (D a aquí San Buenaventura una breve antici­ pación de la división de las ciencias "filosóficas” — filoso­ fía racional. una verdadera primacía sobre las otras virtudes. como en las primera y segunda. que San Buenaventura concede a la caritas o dilectio. iluminan y perfec­ cionan el alma” . cointuye en sí misma la eterna Verdad. “ la memoria conduce a la eternidad. Así. Ahora bien. nos transfiere a la noción de lo ópti­ mo o del sumo bien. En cuanto a la virtud electiva o voluntad. * En el quinto grado. como rasgo típicamente agustiniano. encontrando que es tan cierto que no puede ni pensarse . en cuanto a su acción reformadora. por lo demás. el “ deseo” . o.36 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 37 nos conduce igualmente al ser necesario y a la verdad eterna. Pero el juicio mismo supone una “ ley” . pero se ama sumamente la felicidad. — Llegamos a la tercer i etapa — grados quinto y sexto — de la progresión elevadora e iluminadora. el “ juicio” .

y tan­ to objetivamente como en nuestro pensamiento). por ser simpli­ císimo y máximo. el ser “ simplicísimo. Pero ese ser. que está más allá de todo género. así el entendimiento. que es lo que sig­ nifica la expresión el ser cuando no se le agrega ninguna modificación restrictiva o flexiva. actualísimo. particulares o universales. o como ser en potencia o como ser en acto. Todo se entiende. el no tener principio ni fin o ser eterno. aun­ que es lo primero que la mente encuentra. por el ser como acto puro. está dentro de todas y no incluido. est ens. y el supuesto y condición universal de cualquier otro acto de intelección. alcanzan en Dios una superior unificación. y en este último caso. (San Buenaventura utiliza aquí los mismos conceptos de la ontología aristotélica que llevarán a decir a Santo Tomás: Nam illud quod primo cadit in apprehensione. es origen y fin de todas ellas. — Summa Theologiae. y a través de él todo lo demás” . por el ser. lo primero que el entendimiento aprehen­ de. cada una de estas parejas de atributos del ser purísimo — ser simpliciter— que es Dios. a su vez. supremamente uno y omnímodo” . así. fuera de to­ das y no excluido. "está . quaecumque quis apprehendit. Pero el ser en potencia. el ser mismo no se entiende por otro ser. cuius intellectus includitur in ómnibus. puesto que el ser en toda su pureza (esse purissimum) excluye plenamente el no-ser (non-essere) ( exclusión que hay que entender tanto en acto como en potencia. por ser eterno y presentí­ simo. el ser mismo.38 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 39 que no exista — expresión condensada de la prueba ontológica — . Así como el ojo no ve la luz. Si el ser es. no puede ser sino el divino. Pero si volvemos la atenta mirada mental al puro ser. — “ Pues lo primero que cae bajo nuestra comprensión es el ente. por ser perfectísimo e inmenso. sobre todas y no alzado. sino como “ omnímoda­ mente primero” . es decir. actualísimo e inmutabilísimo. no ve. por ser actualísimo e inmutabilísimo. 94 art. está todo dentro y todo fuera de todas las cosas. se entiende por el ser en acto. excluye plenamente el ser. por ser supremamente uno y omnímodo. todo. al ser simpliciter o absoluto. porque sólo atien­ de a las cosas que ella hace visibles. eterno y presentísi­ mo. Pero mientras el no-ser sólo puede entenderse por el ser. qaest. puesto que todo lo que se entiende. ¿cóm o puede cegarse el entendimiento para su visión? San Buenaventura responde equiparando la función del ser en la visión mental a la de la luz en la vi­ sión física. perfectísimo e inmenso. en definitiva. Por último. el ser es lo primero que se en­ tiende” fesse igitur est quod primo cadit in intellectu). así como la nada. sólo se entiende por el ser en acto. que es acto puro. “ atento a los seres. bajo todas y no postrado. permaneciendo estable” . sin em­ bargo. Por consiguiente. el excluir absoluta­ mente el no ser. como el ser a la vez “ primero y último. encontrando cada uno de ellos su razón de ser precisamente en su opuesto. pues. cuyo entendimiento está incluido en toda lo que com­ prendemos. Y veremos también que cada uno de estos atributos implica necesariamente los otros. “ por consiguiente. “ mueve to­ das las cosas. sea lo que fuere” ) . el ser “ de sí y por sí” . perfectísimo y unicísimo” . 2. se nos harán pa­ tentes sus atributos esenciales: el no poder ser pensado como derivado o “ recibido” (acceptum ). I I 1. a la inversa. determina un tipo de relación suya con las cosas: por ser primario y últi­ mo. simplicísimo y máximo. y que los que parecen opuestos. abraza y penetra todas las duraciones. o se entiende como no-ser o como ser.

Pero justamente en esta admiración se en­ cuentra el más alto grado de iluminación del alma. en efecto. también sumamente comunicables. al libro escrito por dentro y por fuera” . al Creador y a la criatura. Pero esas tres perso­ nas se identifican sustancialmente. al alfa y al omega. cuya necesidad se desprende de la difusibilidad que el bien posee de suyo ( San Buenaventura recoge la vieja sentencia: “ bonum dicitur diffusivum sui” ) . en el cual. dignidad. Ahora bien. “ Lo óptimo es. en acto fundente o con­ . “ es necesario que exista la Trinidad del Padre. al supremo y al ínfimo. otras dos per­ sonas tan excelentes como él mismo — es decir. puesto que es absolutamente m ejor existir que no existir” . Los contrastes a que se llega en la especulación trinitaria. por ello. por modo de generación ( H ijó) y por modo de inspiración (Espíritu S a n to ) — . la consideración de Dios como sumo bien conduce a su con­ templación en el principio trinitario mismo. son máximos. al momento en que el alma trascien­ de de sus operaciones intelectuales y se acendra en puro ápice afectivo para unirse a Dios. “ En esta consideración se halla la perfección de la iluminación mental. a lo cau­ sado y a la causa. Y de este modo. existen­ cia e incircunscriptibilidad” . En cuanto a la realidad misma del bien sumo. su­ mamente configurables. En Cristo. sobre todo por el hecho de la naturaleza humana de Cristo. San Buenaventura utiliza. en él está toda virtuosidad. y esa difusibilidad suma es la que exige necesariamente la existencia de las tres personas divinas. como en el sexto día. de la máxima admiración y pasmo en el hombre que los contempla. el sumo bien lo será sumamente. y esto es de tal manera que no puede pensarse que no exista. al hombre hecho a imagen de Dios” . simpliciter. por el exceso de la mente. con su característico estilo si­ nóptico. toda ejemplaridad y toda comunicabi­ lidad. por su unidad simplicísima. como se ha dicho. no sin prevenir contra la ilusión de creer que mediante ellos se comprende lo que es incom­ prensible y misterioso en sí. sumamente coiguales y sumamente coeternas con él mismo. que es el Bien” ). “ Y esto porque. eternidad.40 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 41 todo en todas las cosas” . a la circunferencia y al centro. producir. descanse la perspicacia de la mente humana de toda la obra que ha realizado” . como en el sexto día. siendo el bien “ difusivo de suyo” . por él y en él” . todas las cosas son de él. del Hijo y del Espíritu Santo” . forma. ve el alma la huma­ nidad “ inefablemente exaltada y unida” a la divinidad. y origen. — En el sexto y último grado. “ por modo de generación y de inspiración” . aquello mejor que lo cual nada pue­ de pensarse. sumamente consustanciales. Sexto grado: Especulación de Dios en la luz ( “ en su nombre. San Buenaventura comienza por establecerla mediante btra aplicación del argumento anselmiano. ve en unidad “ al primero y al último. para comunicarse en toda su excelencia. llegada ya a “ la perfección de sus iluminaciones en el sexto grado. por ello. el sumo bien no podría comu­ nicar a las criaturas — por razón de la limitación de éstas— “ toda su sustancia y naturaleza” . no le queda ya sino el día de descanso.L u eg o. luego. El “ apex mentís” . “ por lo cual constituyen una unidad en esencia. su verdad serenísima y su bondad sincerísima. ne­ cesita. al ver. los conceptos de la tradición teológica — patrística y escolásticoagustiniana— . — Hemos llegado al término del itine­ rario bonaventuriano. aunque todas sean muchas y él mismo uno solo. En efecto. si ha de ser suma­ mente difusivo (y si no lo fuese no sería el sumo bien). y ello.

poco ha de concederse a la inquisición y mucho a la unción. hay que dejar to­ das las operaciones intelectuales y que el ápice del afecto se transfiera y se transforme íntegramente en Dios. aún más breve que el anterior y que forma con él perfecta unidad: D e reductione artium ad Theologiam. aquellas co­ sas que en modo alguno tienen semejante en las criaturas y que exceden toda penetración del humano entendimiento. ni lo desea sino aquel a quien el fuego del Espíritu Santo. al esposo. y en la misma luz. sino quien lo recibe. “ Pero en este tránsito. “ Después que nuestra alma — dice — ha cointuído a Dios fuera de sí misma por los vestigios y en los vestigios. a Dios. Alude San Buenaventura a este estado extático con las expresiones indirectas propias de toda mística. la salida del alma de sí misma en la visión extática o unión mística. la escala y el vehículo” . . algo místico y secretísimo. al H ijo y al Espíritu Santo” . poco a la lengua y mucho a la interna alegría. ni lo recibe sino quien lo desea. esto es. no a la luz. inflama hasta la médula” . puesto que la naturaleza no puede nada y poco la industria. . Ésta es la estructura del Itinerarium. no al estudio de la lección. al Espíritu Santo. Cada una de esas ilumi­ naciones se despliega en varias ramas o “ ciencias” ( arteSj. Veamos en rápida ojeada lo esencial de su contenido. principio primero y supremo y mediador entre Dios y los hombres. no al maestro. si es perfecto. que es la de gracia y la Escritura. Fuego que ciertamente es Dios” . en cuanto lo hace posible el estado de la vía y el ejercicio de nuestra m ente. irreductible a toda expresión lógica o verbal. al Padre. establece una división jerárquica de esas ilu­ minaciones y trata de reducirlas todas ellas a la superior.■ 42 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 43 fundente. sino también a sí misma. Se inserta a conti­ nuación en este volumen otro conocido opúsculo de San Buenaventura. poco o nada a la criatura y todo a la esencia creadora. em pero. habiendo llegado en el sexto grado a especular en Jesucristo. es decir. justificación úl­ tima de todo el proceso de las elevaciones y culminación del mismo. no a la doctrina. . “ Y si buscas cómo ocurran estas cosas. La Reducción de las ciencias a la Teología no es más que una aplicación del método del Itinerarium a las distintas formas y ramas del saber humano. Siguiendo la concepción agustiniana del conocimiento como una iluminación del al­ ma por Dios. sobre sí misma por la semejanza de la luz divina que sobre nosotros brilla. D e reductione artium ad Theologiam. no cd hom bre. Resulta de ello una clasificación de las ciencias en la que L . dentro de sí misma por la imagen y en la imagen. que en este punto terminal de la pura experiencia sobrenatural es por esencia inefable. no al entendimiento. que Jesucristo envió a la tierra. no a la claridad. poco a la palabra y escritura y todo al don divino. todavía le queda el trascender y traspasar no sólo este mun­ do sensible. interroga a la gracia. . al gemido de la oración. “ Y así. Esto es. a la tiniebla. . algo que nadie cono­ ce. . en cuyo tránsito Cris­ to es el camino y la puerta. sino al fuego que inflama totalmente y traslada a Dios por las unciones excesivas y los ardentísi­ mos afectos. al deseo. Es el excessus mentalis.

seis las iluminaciones en esta vida. interna. a la de la ciencia lógica de la clasifi­ cación de Hugo de San Víctor. (Advierte previamente que toda iluminación cognoscitiva es. “ Son. y una luz superior. Nuevamente encuentra San Buenaventura. a sa­ ber: el alegórico. en realidad. y las sucederá el séptimo día de descanso. que se subdividía allí en gramática. que es la del conocimiento filosófico.44 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 45 se combinan parcialmente diversos modelos de la tradición filosófica. Por último. según los tres sentidos que. No es menester entrar en el detalle de la reducción. la cuarta luz. como se ha dicho. Las cuatro iluminaciones señaladas son. y con ella. la de la Sa­ grada Escritura. el cami­ no de la asimilación a los seis días genesíacos. una luz inferior. al saber teoló­ gico. por tanto. correspondencias y simbo­ lizaciones. adop­ tada también por Santo Tom ás). además del literal. Trazado de esta manera el cuadro completo del saber humano. La filosofía moral repro­ duce la ciencia práctica de Hugo de San Víctor. que es la del arte me­ cánica. de donde la división de las ciencias filosóficas. medicina y teatro). El método es. con su subdivisión en moral individual o monástica. seis. Bas­ tará con mostrar su esquema e indicar su fundamento y el modo general de llevarla a cabo. que es la del conocimiento sensible. agricultura. porque toda ciencia se destruirá. dirigidas a la obtención de una estructura cerra­ da o circular. caza. natural y moral— le corresponde una peculiar. en realidad. a saber: los cuatro elementos y la quinta esencia” ) . especialmente per­ tinentes a este triple objete)). y todas tienen ocaso. sino también. es decir. La tercera se subdivide en tres: la luz “ racional. natural y moral” . La filosofía natural “ se triplica en física propiamen­ te dicha. una luz interior. el paralelismo estructural con el Itinerarium. El fundamento para esta reducción de todo saber al teo­ . se triplica también. navegación. La filosofía racional o discursiva com­ prende la gramática. La norma expositiva tiene también el mismo carácter sintético: se busca. armería. doméstica o económica y política (igualmente de origen aristotélico y de adopción tomista). mediante esta división senaria. el mismo del Itine­ rarium. y que estas distinciones entre exte­ rior e interior son de razóri). Se opera con analogías. un grado de con­ cisión casi sinóptico. modificándola. y se alcanza. emprende San Buenaventura la “ reducción” de todo él. entre los padres y doctores de la Iglesia. a veces. la ramifica­ ción de los cinco sentidos corporales ( cinco. San Buenaventura comienza por consignar cuatro modos de iluminación. que es la de la gracia y las sagradas Escrituras” . matemática y metafísica” ( aquí sigue San Buena­ ventura la división de la ciencia teórica de Aristóteles. (San Buenaven­ tura cita en este punto concretamente las “ autoridades” . como a su fin y perfección últimos. no sólo en cuanto a sus supuestos y sentido general. “ por ser cinco los cuerpos simples del mundo. retórica y dialéctica — las tres disciplinas del triviunf). que no tiene ocaso. el moral y el anagògico. A la primera corresponden las siete artes mecánicas que ya estableció Hugo de San Víctor en su Didascalion ( tejido. encierran los textos sagrados. la iluminación de la gloria” . lógica y retórica ( esta subdivisión sus­ tituye. que comprenden todas las formas del cono­ cimiento humano: “ una luz exterior. hasta en el detalle de sus módulos formales. A la segunda. pues a cada una de las ramas del conocimiento filosófico — filosofía racional.

en el ya aludido párrafo 15 del primer capítulo del Itinerarium. si entre los seres mundanos es precisamente el alma el que de manera más próxima y pro­ pia asume esta vinculación al ser divino — del que es ima­ gen. en efecto. y cuyos grados sólo cobran sentido por su referencia al punto culminante de la jerar­ quía. . es claro que todo saber de las cosas podrá reducirse. a saber: partir de la fe como de un último factum y orientar toda la mar­ cha especulativa en el sentido de su edificación o panifica­ ción. . formalmente. y no sólo vestigio— . mé­ todo utilizado abundantemente también en el Itinerarium. por ejem plo. El supuesto en que se mueven ambos opúsculos es el mismo — en definitiva. se ha reprochado a San Buenaventura su falta de rigor— . no por arbitraria decisión o “ gusto” de su autor. que había sido ya dibujado. el procedimien­ to genérico de que se vale para obrar sus reducciones. A primera vista. signos que lo significan por modos y grados múltiples. si todo. podríamos decir también. para el orden del ser.o de un “ razonamiento de analogía” . quien con tantos clamores no se despierta. en el preciso sentido que esta expresión tiene en la lógica clásica — ya se sabe que el razonamiento analógico es en ella el de más floja contextura y el de menor fuerza probatoria — . las iluminaciones y las “ ciencias” en que se despliegan. orden establecido ya en el Itinerarium. como. la misma visión plenaria y orgánica de la to­ talidad de lo real — que incluye la creación y el Creador en indisoluble y siempre y en todo punto transitable Ínter- relación— . la función cognoscitiva misma no es sino débil participación en la luz del entendi­ miento divino. Si todas las cosas del mundo. el de todo el pensamiento bonaventuriano— . el saber teológico — . al saber más alto. se puede expresar con una sola palabra: es la analogía. según sus objetos propios y según los órganos de conocimiento que pongan en juego. está ciego. Y este recurso a la intuición toma la forma de la analogía. el re­ proche estaría justificado. donde se habla constantemente de intuir o cointuir a Dios en las co­ sas. al mismo ser divino — es decir. de esta manera. Así. en fin. por la fuerza misma de las cosas: de las cosas en su más profunda consistencia .46 SAN BUENAVENTURA PRÓLOGO 47 lógico está dado ya en el Itinerarium. que es el que tiene por obje­ to. pues. no tienen otro sentido que el de ser manifestación de Dios. y éste como totalidad. o. Si se tratase de una simple traslación me­ tafórica. donde dice: “ Así. lo que en realidad está practicando es un recurso a la intuición. el mismo ce­ rrado sistema. este procedimiento puede parecer trivial — y. El modus operandi de San Buenaventura. Queda así configurado. si el ser de las cosas creadas no es sino reflejo del ser del Crea­ dor. en el orden del saber. aflora a veces con especial energía en algunos pasajes. Pero caracterizar así este aspec­ to metódico del pensamiento bonaventuriano equivale a desconocer su más honda y fértil significación. reproducirán el or­ den jerárquico de los objetos y facultades mismos. que es el mismo Dios en su trinitaria personalidad. Este fondo intuitivo de su lógica. sino por interna necesidad lógica de su pensa­ miento. en el orden del ser y del conocer. quien no es iluminado por tantos esplendores de las cosas creadas. es sordo” . en últi­ mo término. . sin realidad autónoma. etcétera. si. aparte de las numerosas expresiones literales que encuentra a lo largo de sus textos. es copia de Dios y se ordena a su servicio. Cuando San Buenaventura razona “ por analogía” . en el Itinerarium.

La fi­ losofía moral ( cuya intención “ se dirige principalmente ha­ cia la rectitud ” ) : a ). 4. b ). D e momento. su original manejo de la analogía ( que por sí mismo requeriría un es­ tudio aparte) responde a ellas de manera insustituible. como ya he apuntado en otro lugar. resultando de cada uno de ellos. en invariable correspondencia. efectuadas por este método analógico.48 SAN BUENAVENTURA 4 PRÓLOGO 49 ontológica. Esta opinión no supone. Y el hecho. ( San Buena­ ventura reproduce su ya conocida doctrina de la percepción sensible). aunque no menos profundas. según el primer sentido de la rectitud (a saber: “ recto es aquello cuyo medio no sobrepasa los ex­ tremos”1 . de arificiosa apariencia. U). El arte mecánica: a ). b ). c ) . El esquema sumarísimo de las “ reducciones” . y no ya en el modo de la aristotélica analogia entis. b ). es porque la realidad misma que trata de expresar lo es.). mucho más genuinamente el “ tipo” del pensamiento bonaventuriano que el representado por la dirección tomista. lo único que me interesaba subrayar es que los moldes rígi­ dos de la lógica aristotélica no hubiesen servido a San Buenaventura para verter sus intuiciones esenciales. en cuanto a la realiza­ ción de la obra. 1. este sentido lo traduce. en cuanto a su fruto. según el medio de su unión. sino que se complementan. en cuan­ to a su fin. En rigor. Dicho de otro m odo: si el pensamiento de San Buenaventura es analógico. se justifica por sí mismo. El cono­ cimiento sensible se reduce: d ). es el siguiente: cada uno de los tipos de conocimiento o iluminación es reducido al tipo teológico según tres respectos. en cuanto a su efecto . Aunque hoy son muchos los que se preguntan si aquella nueva orienta­ ción del pensamiento cristiano. en cuanto al m edio. es que la posición peculiar de San Buenaventura representó en su día. según el segundo sentido (a saber: “ se llama recto lo que es adecuado a quien lo dirige” ) . puede ocultar a veces hechos de dimensiones más humildes. aun concedida su superiori­ dad constructiva. dentro del cristianismo. según el efecto de la cau­ salidad de éstas. en razón del discurso mismo. c ) . U). dinámica e inmediata que nunca entre la pura vivencia religiosa y su expresión intelectual. ambas actitudes o interpretaciones no se estorban ni contradicen. demasiado lastrada de aristotelismo. La filosofía racional ( cuya intención principal se endereza al discurso — circa sermonem— ) : a ). según la propor­ ción de sus razones formales. según el tercer sentido ( a saber: “ se llama recto aquello cuya cús­ pide está erguida hacia lo alto” *). y que. tal y como son concebidas en el universo bonaventuriano. en cuanto al ejercicio. 5. c ) . . c ) . bien entendido. al "orden” o norma “ del vivir” y a la "alianza del alma con Dios” . la asimilación a la "generación y encamación del Verbo” . como todo el complicado aparato sim- . ó) . 3. es índice esquemático de las " reducciones” . no se realizó a costa de desviaciones que un despliegue conceptual de gran estilo más autónomo y fiel a la tradición hubiese evitado. a mi juicio. restar al tomismo nada de su importancia y necesidad históricas. 2. Ahora bien. una unión más estrecha. El gigan­ tesco y genial esfuerzo de sistematización de Santo Tomás no necesita de justificación. en relación al que habla. en este caso.. Pero no es éste lugar para volver nuevamente sobre el tema. es incluso cuestionable si este desiderátum fué siquiera una posibilidad. en cuanto al deleite. sino en un nuevo sentido implícito en la concepción cristiana del mundo. La filosofía natural: a ). en cambio. Pero precisamente por el enorme peso dialéctico con que gravita. como indica Gilson.

a causa de los ataques des­ encadenados por los profesores del clero secular contra los m endi­ cantes.50 SAN BUENAVENTURA bólicoestructural de la obra bonaventuriana. Se sabe m uy p o c o de los primeros años d e su vida. R ecib ió la dignidad carde­ nalicia en 1273. . en las que San Buenaventura resume el sentido entero de sus dos opúsculos: “ Y así queda de manifiesto de qué modo la multiforme sabiduría de Dios.“ Queda también en evidencia cuán amplia es la vía iluminativa y cómo en toda cosa sentida o conocida late íntimamente el mismo Dios” . . . San Bue­ naventura fué nom brado General de la suya. . sacadas del último parágrafo del De reductione. y en la cual San Buenaventura h ubo de intervenir activa­ mente. y dentro de ella la ya citada de las razones seminales. Más tarde. Se discute la fecha en que recibió la licentia docendi. quien ejerció sobre él un in flu jo decisivo — San Buenaventura le llama su “ padre y maestro” — . Pongámosles. ju nto con Santo Tom ás — con quien le unía estrecha amistad— > en defensa de los derechos de las Órdenes. A n t o n io R o d r íg u e z H u éscar DATOS BIOGRÁFICOS DE SAN BUENAVENTURA Juan d e Fidanza (San Buenaventura) nació en Bagnorea — Italia central— en 1221. firmemente articulada dentro del organismo de la fe. con voca do para tratar de la unión de la Iglesia oriental. en reali­ dad. Otros fijan la de 1253. las o ras de m áxim o interés filosófico son los Com entarios a las Senencias. pero ello alargaría inmoderadamente éstas ya demasiado largas anotaciones introductorias. pues. que se ha considerado al d octor franciscano com o “ segundo fun. Fueron éstos tan grandes. (Santo lo m a s había m uerto el 7 de marzo del mism o año. el H ex a eeron y los dos opúsculos que form an este volu m en : Itinerario de a m ente a D ios (Itinerarium mentís in D eu m ) y R edu cción de las encías a la T eología (D e reductione artium ad T h eologia m ). se oculta en todo conocimiento y en toda naturaleza” . . si hubiésemos elegido un tipo de exposición más gen eral). . m uriendo durante su celebración. el 15 de ju lio de 1274. N o existen datos seguros. cuando se dirigía a Lyon. D e la abundante producción literaria de San Buenaventura. desde Nápoles. lo que le obligó a abandonar la enseñanza universitaria y a consagrar al servicio de su nuevo cargo tod o su celo y actividad. y aun el mismo día en que la recibió Santo Tom ás de Aquino. En 1257. en la que habría que detenerse. y las conjeturas giran en to m o de la gran controversia en que ardía el centro parisiense p or aquellas fechas. que nos es transmitida lúcidamente en la Sagrada Es­ critura. hubo de suceder a su maestro en la cátedra de París. e intervino com o vicario del Papa en el concilio de Lyon. para tom ar parte en el mism o con ­ c ilio ). algunas Q uaestiones disputatae. Estu­ dió en París.f” Ia O rden de los M enores. h ijo de Juan de Fidanza y d e M aría Ritelli. pleno de coherencia y de hondas alusiones a una con­ cepción del mundo y de la vida sistemáticamente cerrada. fin con las siguientes palabras. en el apartado correspondiente a la filosofía natural aparece su doctrina de las “ razones formales” . primer profesor franciscano de aquella universidad. T a l vez este ascendiente fuese un m otivo circunstan­ cial para su ingreso en la O rden de San Francisco. Un examen del contenido mismo de cada una de ellas sería interesante para un conocimiento más amplio de ciertas ideas de San Buenaventura (por ejem plo. don de fué discípulo de A lejan dro de Hales. el Breviloquium . Generalmente se señala el año 1256. pero.

ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS .

y en otro lugar: Pedid a Dios los bienes de la . cap. a fin de que con la intercesión de la Santísima Virgen María. vers. no tenía otra palabra que la paz. 1 7 ). A los Filipenses. que dirigía su saludo envuelto en dulces palabras de paz y que en todas sus contemplaciones suspiraba por la paz extática. A los Efesios. Madre del mismo Dios y Señor Nuestro Jesucristo. nuestro capitán y padre. 1 8 ) para dirigir nuestros pasos por el camino de aquella paz (San Lucas. nos ilumine los ojos del alma (San Pablo. vers. Al Padre Eterno invoco por medio de su H ijo. Nuestro Señor Jesucristo. I V . el cual en todas sus alocuciones. al principio y al fin. del que procede toda ilumina­ ción.P R Ó L O G O A L “ IT IN E R A R IO D E LA M E N TE A D IO S” 1. otorgó a sus seguidores Nuestro Señor Jesucristo. I. I. cap. Paz que en su evangelio anunció y. com o Padre que es de las luces y del que proviene toda dádiva preciosa y todo don perfecto. y con la del bienaventurado Francisco. cap. 7\). (Epístola de Santiago. vers. vers. como ciudadano de aquella Jerusalén celeste de que habla el R ey de la paz cuando lce: con los que aborrecían la paz era pacífico ('Salmo 119. finalmente. Quiero al comenzar este libro dirigir mi invocación a aquel primer Principio. 7 9 ) que supera a todo enten­ dimiento (San Pablo. I. 7 ). cuyas predicaciones no hizo sino repetir nuestro padre Francisco.

después de arrebatado al ter­ cer cielo ( Segunda carta a los Corintios. La figura. que le obligaba a exclamar: Estoy clavado en la cruz junta­ mente con Cristo. aconteció que a los treinta y tres años de su muerte. Y yo vivo. y cerca de su festividad. el tal es ladrón y salteador (Evangelio de San Juan. sino que sube por otra parte. movido por inspiración divina. Porque. en el cual nadie puede rectamente entrar sino por Cristo Cruci­ ficado. Que es como si dijera: Nadie puede entrar en la Jerusalén celeste sino por la sangre del Cordero como por su puerta. cuando le fué dado contemplar a un Serafín alado bajo la figura del Crucificado. como el camino por el cual se puede llegar a ella. 6 ). no soy yo el que vivo. vers. el cual de tal manera trans­ formó en Cristo a San Pablo. puesto que los dos años antes de su muerte llevó manifiestas en su cuerpo las sacratísimas llagas de la Pasión. Pero el camino para llegar a ella no es otro que un ar­ dentísimo amor al Crucificado. que empezando por las criaturas nos llevan hasta Dios. vs. Nadie. del que yo. en verdad. soy. 2 . que en cierto modo llegó a hacerla patente en su misma carne. Y allí. varón de deseos ( Daniel. c. que a manera de grados o jornadas disponen al alma para el paso a la paz por ciertos como excesos o desbordamien­ tos de cristiana sabiduría. I I . entrará y saldrá sin tropiezos y hallará pastos (San Juan X . c. . Pero el que por esta puerta entrare. me retiré al monte Aluerna como a lugar tranquilo. en la cual el alma con vigor inensisimo y con fuerza directísima se vuelve hacia los rayos de la luz eterna. recordé entre otras cosas la maravillosa visión que en el mismo lugar tuviera el bien­ aventurado Francisco. 1 4 ). buscando esta paz con vehementes deseos de mi alma.56 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 57 paz para Jerusalén ('Salmo 121. sino que Cristo vive en mí (Gálatas. séptimo sucesor en el gobierno de los hermanos. En efecto. para tener derecho al árbol de la vida y a entrar por las puertas de la ciudad (Apocalipsis. o más bien. cap. quien no entra por la puerta. aunque indigno. I X . pecador. de las seis alas seráficas nos da a enten­ der que hay seis grados de iluminación escalonada. 3. v. como Daniel. aquellas seis alas del Serafín bien pueden entenderse como otras tantas suspensiones iluminativas. 19 y 2 0 ). Pues sabía que el trono de Salomón no podría subsistir sino asentado en cimientos de paz. vers. cuando hace prorrumpir en poderosos gemidos que arrancan del corazón. Por ello dice San Juan en el A po­ calipsis: Bienaventurados los que lavan sus vestiduras en la sangre del Cordero. si no es. por tanto. 1 ). Y los deseos se encienden en nosotros de dos m odos : por el clamor de la oración. v. a ejemplo de mi santísimo padre Francisco. 3 ). v. X . mientras en mi interior discurría sobre la eleva­ ción de la mente hacia Dios. Asi. X I I . cap. estará en condiciones de llegar a la divina contemplación que conduce al desbordamiento del alma. Y me pareció que aquella visión nos mostraba tanto la contempla­ ción suspensiva del mismo setáfico Padre. y por el ful­ gor de la contemplación. 2 ) . a fin de hallar la paz espiritual. v. X X I I . 2 3 ). 9 ). Este mismo amor tan poderosamente absorbió el alma de Francisco. pues. pues. ya que está escrito: Fijó su habitación en la paz y su morada en Sión. (Salmo 75.

al lector. vengas a caer en más profundo foso de tinieblas. antes de ele­ var tus ojos a los destellos de la sabiduría que se refleja en tantos espejos como son las criaturas. ejercítate. el arte desprovisto de piedad. No sea que se vaya a persuadir ser suficiente la lectura sin la unción. no vaya a ser que. hombre que buscas a Dios.SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 59 4 . 5 . primeramente al lector a este gemido de la oración ante Cristo Crucificado. que mire más al sentido de las palabras que al estilo. a los compungidos y devotos. la investigación fría sin la admiración. la contemplación de lo externo sin el gozo interior. que busque más la verdad que la belleza. en una palabra: a los que quieran ocupar su vida en ensalzar. no se ha de leer el librito com o de paso y superficialmente. sin duda desaliñado. F IN DEL PRÓLOGO . a los hu­ mildes y piadosos. por cuya sangre nos purificamos de las manchas de los vicios. la inteligencia sin la humildad. sino con todo detenimiento. el espejo sin la sabiduría divinamente ins­ pirada. advirtiendo no obstante. en el remordimiento y dolor de tu conciencia. para su me­ jor comprensión. admirar y aun gustar a Dios. a fin de asimilar íntegramente cuanto en él se dice. el estudio sin la divina gracia. que atienda más a la inten­ ción y propósito del que escribe que a la obra misma. En consecuencia. deslumbrado por aquella poderosa luz. anteponiendo el título a cada uno. a los amadores de la sabiduría y encendidos en su deseo. D e suerte que las consideraciones de este libro van diri­ gidas a los ya preparados con la gracia de Dios. que de poco o nada servirá el es­ pejo externo si el espejo de la mente no estuviere terso y pulido. por tanto. Y me ha parecido oportuno dividir el tratado en siete capítulos. a los que ungió el óleo del gozo. más el sentir los afectos que instruir la inteligencia. pues. Invito. la reflexión especulativa sin la devoción. Y para conseguirlo. Ruego. la ciencia sin la caridad.

impresa en las potencias naturales. Capítulo segundo: De la especulación de Dios en los ves­ tigios que de Él nos muestra este mundo sensible. en el que descansa el entendimiento. Capítulo quinto: Especulación de la unidad de Dios en su nombre primario.IN D IC E DE LO S C A P IT U L O S Capítulo primero: Grados de la elevación hasta Dios. y por el cual los afectos se entregan totalmente a Dios. reformada por los dones gratuitos. que es el Ser. . y su especulación en los vestigios que de Él nos muestra el universo. Capítulo sexto: De la especulación de la Trinidad Beatí­ sima. Capítulo tercero: De la especulación de Dios en su ima­ gen. en su nombre. Capítulo cuarto: De la especulación de Dios en su ima­ gen. Capítulo séptimo: Del exceso mental y místico. que es el Bien.

nada podremos si no nos acompaña el auxilio divino. los grados para subir hasta el lugar santo que destinó Dios para sí (Salmo 83. y en esto con­ siste aquel suspirar a él en este valle de lágrimas con ora­ ción fervorosa. Ya que la felicidad no es otra cosa sino la fruición del Sumo Bien. y puesto que el Sumo Bien está por encima de nosotros. . este divino auxilio se da a aquellos que de corazón lo piden con humildad y devoción. no con una elevación material. 6 y 7 ). nadie puede ser feliz si no se eleva sobre sí mismo. Ahora bien.ESPECULACIÓN DEL POBRE EN EL DESIERTO C a p ít u l o P r im e r o G R A D O S DE L A E LE V A C IÓ N H A ST A D IO S. sino espiritual y afectiva. v. pues por mucho que nos esforcemos en preparar nuestra elevación interna. Y SU ESPECU LACIÓ N EN LO S V E S T IG IO S Q U E DE ÉL N OS M U E S T R A EL U N IV E R SO 1. y que ha dispuesto en su corazón en este valle de lágrimas. . Pero no podemos elevamos sobre nosotros mismos sin una fuerza superior. Dichoso el hombre que en ti tiene su amparo.

somos iluminados para conocer los grados de la elevación hacia Dios. o cada una de estas considera­ ciones se haga en sí misma solamente. pues. escala nuestra. según su rela­ ción con las cosas corporales y extemas. Bajo estos tres aspectos debemos ordenar nuestra eleva­ ción hacia Dios. pues. por su relación con las cosas interiores y por la reflexión sobre sí misma. Orando con esta suerte de oración. la oración es madre y origen de esa fuerza superior que nos eleva. y que podremos llamar con un nombre específico: “ sursumacción” . y digamos al Señor: Guíame. “ Hizo” y “ Fué hecho” ( Génesis. unas son vestigio. imagen. en la inteligencia y en el arte eterno. otras. Ésa es la razón de por qué Dionisio en su libro “ D e mystica Theologia” . eviterna e interior a nosotros: esto es ■lo que el Salmista llama caminar en la verdad de Dios. espirituales. También podemos ver en ellos la triple existencia de las cosas. hemos de pasar a lo eterno. Ore­ mos. y el tercero. eterno y por encima de nosotros. otras. y yo caminaré según tu verdad: alégrese mi corazón de modo que respete tu nombre (Salmo 85. a fin de amarle con toda la mente. por el cual entra en acción la animalidad o sensibilidad.64 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 65 Por lo tanto. hemos de pasar primero por el vestigio. queriendo preparamos al desbordamiento mental. semejante a la luz de la mañana. espiritual y divina. nuestra al­ ma se puede mirar en tres aspectos: el uno. para llegar a la contemplación del primer Principio. 5. Porque. el segundo. Finalmente. y pueden representarse por los tres grados de iluminación que nos ofrece un día: siendo la primera jornada com o luz de la tarde. En este sentido entendemos aquellas palabras de la Sagrada Escritura “ Hágase” . y con ella. Señor. 3. Luego. temporáneo y situado fuera de nosotros mismos: y en esto consistirá el ser guiados por los senderos de Dios. a saber: en la materia. y enton­ ces se llama mente. Ahora bien. cap. o en cada uno de ellos se vea a Dios com o P°r espejo o com o en espejo. y. espiritualísimo y superior a nosotros. es necesario entrar en nuestra mente propia. que es imagen de Dios. cap. imas son corporales. y en este sentido se llama espíritu. cada uno de estos tres grados o modos se Plica. establece com o primera premisa la oración. o relacionada con otras análogas. v. 4 . todo ello dice relación con las tres substan­ cias. por tus sendas. I ) . 1 1 ). I. III . . eviternas. el conjunto de las cosas creadas nos sirve com o de escala para subir has­ ta Él. com o la plenitud del mediodía. v. 3 7 ). dada nuestra actual condición. mirando al primer Principio: y en esto consistirá el alegrarse en el conocimiento de Dios y en el respeto de su Nombre. de entre las criaturas. espiritualísimo. espiritual. Atendiendo a los tres grados antedichos. según se considere a Dios com o alfa y omega ( A po­ calipsis. que hay en Cristo. y la tercera. Por tanto. con todo el corazón y con toda el alma (San Mateo. la segun­ da. unas son temporáneas. corporal. Por último. la sabiduría cristiana. A s u vez. por su relación con las cosas que están sobre ella. otras. Estos tres grados son. Y en esto consistirá la perfecta observancia de la Ley. 8 ). que es corporal. X X I I . 1 8 ) . el camino de tres jom a­ das en el desierto (Éxodo. 2.

Puesto que primeramente in­ fundió la gracia de la caridad. quedó inclinado y com o encorvado por su propia culpa. Pues según la condición de su prístina naturaleza. 2 ) . y esto por la vida santa. seis eran las alas que tenían los Serafines vistos por Isaías (Isaías. 7. que inficio­ nó doblemente la humana naturaleza. procediendo de co­ razón puro. quien ha sido constituido por Dios para nosotros com o nuestra sabiduría y justicia. después de seis días. y n o puede ver la luz del cielo si no le ayudan la gracia con la justicia contra la concupiscencia. de las inteligibles. llevó los discípulos al monte y se transfiguró ante ellos (San Mateo. Quien quisiere. después de seis días llamó Dios a Moisés del medio de la nube oscura {Éxodo. En figura de lo cual eran seis las gradas por las que se subía al trono de Salomón ( Libro I I I de los Reyes. Pero apar­ tándose de la verdadera luz y volviéndose a los bienes mu­ dables. simbólica. en la justicia que purifica. propia y mística. c. tercera. ejercitar­ las por la ciencia y llevarlas a la perfección por la sabiduría. enseñó la ciencia de la verdad según los tres modos en que consideramos la teología. que es la cum­ bre de la discreción o centella de la sindéresis. ejercitar las sobredichas potencias naturales de cuatro maneras: primera. al alma con la ignorancia. Y siendo Él a la vez virtud y sabiduría de Dios ( / Corintios. santificación y redención. y esto mediante la oración. I. Y son: el sentido. Estas seis facultades van en nosotros insertas por la naturaleza. X X I V . v. contra la ignorancia. por la propia. y en segundo lu­ gar. X V I I. v. V I. v. lo mismo aconteció a todo el género humano a causa del pecado original. c. y . c. II. por lo que dice la Sagrada Escritura que Dios lo puso en el paraíso de delicias ( Génesis. v. X . v. la inteligencia y el ápice mental. y tras el primer hombre. De suerte que ahora yace el hombre en tinieblas. así también el mundo inferior sea conducido con sumo orden a la quietud de la contemplación por seis fases de iluminaciones sucesivas. elevarse hasta Dios. y por la mística nos veamos arrebatados al desbordamiento ultramental. la razón. y al cuerpo con la concupiscencia. c. 3 0 ). 2 4 ) esto es. para que así com o Dios terminó la obra de la Creación en seis días y en el séptimo descan­ só. c. I. segunda. en forma que por la simbólica podamos hacer recto uso de las cosas sensibles. el hombre fué creado para gozar el descanso de la contempla­ ción. 1 5 ). v. lleno de gracia y de verdad. la cual. y la ciencia con la sabiduría. 5 ). com o dice San Mateo. ( Primera a los Corintios. I. c. da total rectitud al alma en los tres aspectos de que antes se ha hablado. de lo temporáneo a lo eter­ no. la imaginación. 1 ). En conformidad con estos seis grados de la elevación hasta Dios. es decir. {I a Tim oteo. 6 . el enten­ dimiento. realizó plenamen­ te esta gracia y esta verdad. 16) y Cristo. en la gracia que reforma. están deformadas por la culpa y son reformadas por la gracia. de lo exterior a lo más íntimo. T od o lo cual se alcanza por medio de Jesucristo. cegado y deform ado. c. 8. seis han de ser también los grados de las poten­ cias del alma por los que subimos de lo ínfimo a lo sumo. debe pri­ meramente evitar la culpa que deforma la naturaleza.66 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 67 De ahí que sea necesario elevar a seis el número de gra­ dos o modos mencionados. 1 9 ) . en la ciencia que ilumina. y después. v. Hemos de purificarlas por la justicia o rectitud. de la buena conciencia y de una fe no fingida. el V erbo encarnado. c. v. pues.

en la sabiduría que per­ fecciona. 9 . De todo esto. y por último. ve en ellas el peso. v. en las cosas creadas brilla el sumo po­ der. todo este mundo sensible para pasar por él hasta Dios. y en lo tercero. al contemplar. la suma sabiduría y la suma bondad del Creador. X I I I . cuando investiga racionalmente. seremos también los verdaderos amadores de la Sabiduría que llama y dice: Venid a mí todos los que os halláis presos de mi amor. puede la in­ teligencia elevarse hasta conocer el poder. en lo segundo. la potencial excelencia de las mismas. y tercero. Y así seremos los verdaderos Hebreos que pasan del Egipto a la tierra prometida a los Patriarcas.68 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 69 esto por la meditación. y la medida. 13. el número. 11. cuando cree firmemente. artífice su­ premo. por hallarse limi­ tadas. com o un espejo. Pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se puede a las claras venir en conocimiento de su Creador ( Sabidu­ ría. a Justicia del Primer Principio. cuando contempla intelectualmente. y saciaos de mis dulces frutos (Eclesiástico. v. \ Porque así com o no se llega a la sabiduría sino por la gracia. X I I I . si considera las cosas del mundo. Ciertamente. que otras existen. . la mirada del entendimiento al creer. así tampoco se al­ canza la contemplación sino por medio de la meditación. al creer. el número y la medida: el peso. En el primer m odo. por la relación que tiene con el lugar al que se inclinan. y atendiendo de este modo. v. Y así com o la gracia es el fundamento de la rectitud de la voluntad y de la ilustración perspicaz de la razón. X I. donde veamos al Dios de los dioses en Sión (Salmo 83. entendido com o vestigio. viven se 1 S T m en ’ y 9ue s' en<io las primeras las inferiores. 8 ). por cuanto se distinguen unas de otras. entiende su origen o principio. transcurriendo con sumo orden. En el segundo m odo. c. y las terceras son las más exce- . que otras existen y viven. El entendimiento. coloquemos en lo más bajo el primer grado de esta ele­ vación. y Por 3a creemos que el mundo encontrará su término en e día del Juicio final. las gundas son intermedias. por la fe creemos que las épocas de la Ley Natural. primero. c. así también primero debemos orar. Y com o en la escala de Jacob antes es subir que ba­ jar. dirigir nuestra atención a las manifestaciones de la verdad. y cuarta. segun­ do. X X I V . c. v. Y podemos advertir en lo primero c poder. 2 6 ). considera su curso habitual. seremos los verdaderos cristianos que con. 10. la Providencia. Porque el sentido carnal sirve al enten­ dimiento. de la Ley escrita y de la Ley de gracia. y al razonar. vivir santamente. 1 ) . Pues por la fe creemos que el Verbo de la Vida formó los siglos ( H eoreos. poniendo ante nosotros. elevarnos gra­ dualmente hasta llegar al excelso monte. al mirar las cosas en sí mismas. En el tercer m odo. y esto mediante la contemplación. 5 ). la mirada del entendimiento que contempla. según lo dan a entender de tres maneras los sentidos corporales al sentido interno. c. por la justicia y por la ciencia. v. la sabiduría y la bondad del Creador. 12. consi­ dera la existencia actual de las cosas. luego. su fluir o vida y su término o fin. la mirada del entendimiento que mvestiga racionalmente ve que algunas cosas se limitan a xistir. se han sucedido unas a otras. 3 ) . Cristo pasan de este mun­ do al Padre (San Juan. la vida santa y la oración devota.

presencia y po­ tencia. que unas cosas son meramente corpóreas. En efecto. condiciones que se redu­ cen al origen. de todas estas cosas visibles se eleva la inteli­ gencia a la contemplación del poder. operación y orden de todas las cosas. La plenitud de las cosas. en su forma o figura y en su eficacia. nos manifiesta el poder divino que a todas las sacó de la nada. por esencia. com o las supercelestes. ya en los compues­ tos y orgánicos. según es su eficiencia. manifiestamente nos indica la inmensidad del poder. en cuanto la materia está llena de formas según su génesis. múltiple en todas las cosas. a lo ancho y a lo profundo. com o sucede en la difusión de la luz. por razón de lo anterior y de lo posterior. hermosura. la divina sabiduría que en cada una de ellas puso las notas que la distinguieran de las demás. La operación. sabiduría y bondad de Dios trino. es decir. sabiduría y bondad de Dios. natu­ ral. Así. y la divi­ na bondad que a todas adornó con profusión. en la eficacia de su operación. sublimidad y digni­ dad del primer Principio en cuanto a su poder infinito. en los animales y en las plantas. pues. íntima. inmutables e incorruptibles. El orden que en el libro de la creación se admira. llena de efectos. especies e individuos. la forma. latitud y profundidad. que son verdaderamente para todo la “ causa del ser. incorruptible e inmutable. 14. artificial y moral. mejores y más dignas que las restantes. que son otros tantos testimonios de la potencia y bondad divinas. superior a toda humana aprecia­ ción. viviente. continua y difusiva com o ocurre en la acción del fuego. otras son en parte corpóreas y en parte espirituales: de lo cual deduce que ha de haber otras que sean totalmente es­ pirituales. 1 . La hermosura de las cosas por la variedad de luces. com o en los astros y minerales. en la extensión de su activi­ dad que se extiende a lo largo. en las pie­ dras y en los metales. pone de manifiesto la primacía.70 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 71 V e. claramente insinúa y muestra la inmensidad de los tres predichos atributos que en Dios existen. de lo superior y de lo inferior.. demuestra la inmensidad de aquella fuerza infinita. ya en los cuerpos simples. con sus variedades diversificadas has­ ta lo infinito. La muchedumbre o número de las cosas en su diversidad de sustancias. pleni­ tud. diferenciación y ornato en la obra de los seis días. situación e influen­ cia. y por lo mismo. com o las terrestres. géneros. preceptos y sentencias que se ve . muchedumbre. por lo que se refiere a su creación. El orden de las divinas leyes. grandeza. La grandeza de las cosas en sus tres dimensiones de lon­ gitud. esto es. el origen de las cosas. declara lo mismo con toda evidencia. V e también que algunas cosas son mudables y corrupti­ bles. asimismo. con­ siderado bajo los aspectos de duración. la razón del conocer y el orden o norma del vivir” . com o las celestes: de donde concluye que tiene que haber otras. puramente espiritual. de lo más noble y de lo más in­ noble. llena de virtualidad operante según su potencia activa y la operatividad. Amplíase esta consideración atendiendo a las siete condiciones de lo creado. inteligente. que en todos los seres existe incircunscripto. de aquel arte y bondad. mientras que otras son mudables e incorruptibles. figu­ ras y colores. con elocuencia nos muestra en Dios las antedichas propiedades. al que ve existente.

com o se observa en el cuerpo de la Iglesia. C a p ít u l o II DE L A ESPECU LACIÓ N D E D IO S EN LOS V E S T IG IO S Q U E DE ÉL N OS M U E ST R A ESTE M U N D O SENSIBLE 1.Es de notar. demostrado que el orden mismo de las co­ sas nos conduce hasta Dios de la manera más evidente. con tus obras. que bien se puede ecir microcosmos o mundo menor. el segundo grado de contem­ plación que nos permitirá ver a Dios en todas aquellas criaturas que penetran en nuestra alma a través de los sentidos. por el contrario. oír. potencia y presencia. será el mundo motivo de gloria para los prudentes. todo el mundo se levantará contra ti. alabar.72 SAN BUENAVENTURA en el libro de las Sagradas Escrituras. Y . Tomadas las cosas sensibles com o espejo de Dios. y el que con tan magnos indicios no columbra la existencia del primer Prin­ cipio. 15. los . en efecto. amar y reverenciar. ¡Cuán grandiosas son todas tus obras! Todo lo has hecho sabiamente. 2 4 ). Queda. los ojos. Esta consideración ya es de orden más elevado que la precedente. es un paso más. c. llamado Macrocosmos. que todo este mundo. sino también en ellas. Pues por esto. com o vestigios suyos que son. todo el universo peleará con él contra los insen­ satos (Sabiduría. está ciego. está sordo. y esto. demuestra la inmen­ sidad de la divina sabiduría. nos manifiesta la infinita bondad de Dios. que podrán decir con el Salmista: M e has recreado. al decir de la Sagrada Escritura. esto es. bajo tres aspectos diferentes: por la Prehensión o percepción de las cosas. en cuanto que en todas está por esencia. acerca los oídos de tu alma. entra en nuestra alma. por las puertas de los cinco sentidos. llena está la tierra de tus riquezas (Salmo 103. si se tiene presente que en el undo hay seres generadores. oh Señor. en­ salzar y honrar a tu Dios: de lo contrario. pues. o cual se comprenderá. v. el orden de los Sacramentos. v. 2. porque en todas las criaturas puedes ver. Finalmente. Abre. es verdaderamente necio. v. En conclusión. 5 ). po­ demos contemplarlo no solamente por ellas. por el deleite que e as producen y por el juicio que de ellas se forma. y seres que sleman a unos y a otros- °n seres generadores los cuerpos simples. y al contemplar las obras de tus manos salto de pla­ cer (Salmo 91. el que no llega a sentirse iluminado • con los esplendores que irradian de las cosas creadas. seres generados. beneficios y retribuciones. pues. 2 1 ). V . el que con tan grandes voces com o ellas dan no des­ pierta. el que a la vista de tan grandes efectos no se mueve a alabar a Dios. des­ pliega los labios y aplica el corazón. está m udo.

los animales y los cuerpos humanos. finalmente otras. pues. El hombre. el sonido. implícitamente llegamos al conoci­ miento de que existen motores espirituales. transmitidas de éste al órgano in­ terior. unidas a la ma­ teria. según se dice en filosofía. la mag­ nitud. tiene cinco sentidos. com o el número. todo el mundo sensible en cuan­ to a los tres géneros de cosas. com o los minerales. que entra en el alma humana. mediando la acción de la luz que en los seres compuestos concilia la oposición entre los elementos. com o se puede observar en el vaho que desprenden los cuerpos aromáticos. la figura. Se ve. llevadas después del medio a¡ órgano exterior. que es el microcosmos o m undo menor. el mover los cuerpos celestes. el olor. por el tacto. Son seres generados los que se componen de los elemen­ tos. pero de un m odo separable. que por sí mismos se mueven y reposan. por el gusto. no ciertamente por su misma sustancia. com o la luz. conforme a la naturaleza de cada ser. por las que entra en su alma el conocimiento de todos los seres que hay en el mundo sensible. Seres que gobiernan a unos y a otros son las sustancias espirituales. y por los otros sentidos. el reposo y el movimiento. para cuya obra reciben de la causa primera que es Dios el poder de influencia que ejercen se­ gún el plan divino de gobierno del mundo. Y no sólo perciben los sentidos lo sensible individualizado. los que pueden ser reducidos a vapor. Y si recordamos el axioma de que “ todo lo que se mueve es m ovido por otro” y observamos además que hay seres. de la misma manera que por el efecto conocemos que existe una causa. com o los espíritus celestiales. Pues cuantos seres son engendrados y producidos por operación de una fuerza natural. que resultan de la unión de aquéllos. Los teólogos pasan más adelante. que participan de la naturaleza de los acuosos. orneadas primeramente en el medio. en cuanto a la obra de restauración o reparación. 1 4 ). com o los anima­ les. Y de esta suer­ . los luminosos y los demás coloreados. en cambio. de los aéreos y de los ígneos o cálidos. entran los cuerpos interme­ dios. por el oído. sino también lo sensible genérico. para ejercer su ministerio en favor de aquellos que deben ser los herederos de la salud (Hebreos. sino por semejanzas o imágenes suyas. y por eso se les llama espíritus que hacen el oficio de servidores. Pues bien. y asignan a estos espíritus la misión de regir el universo bajo el mandato del Dios sumo. Ya que por la vista penetran los cuerpos ingrávidos. com o las almas raciona­ les. y por el olfato.74 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 75 cuerpos celestes y los cuatro elementos. a saber: los acuosos. Y estas cosas sensibles externas son las que primero percibimos. los vegetales. y de aquí a la potencia que percibe. se engendran y producen a partir de los elementos. 4. A éstos corresponde. De ellas hay unas totalmente unidas a la ma­ teria. que no son ni tan toscos com o el tac­ to ni tan sutiles com o la vista. 3. I. otras. que son otras tantas puertas. totalmente separadas de la materia. por la aprehensión o percepción. enviados de Dios. por lo cual a ellos se atribuye la con­ ducción del universo. com o las almas de los brutos. vendremos a la conclusión de que al percibir por los cinco sentidos el m ovi­ miento de los cuerpos. los cuerpos sólidos y terrestres. a los que los filósofos dieron el nombre de inteligencias y nosotros llamamos espíritus. el sabor y las cuatro cualidades primarias que aprecia el tacto. los aéreos. por estas puertas de los sentidos entran al alma así los cuerpos simples com o los compuestos.

no varía con las dimensiones. puesto que abs­ trae de las circunstancias de lugar y de tiempo y de m o­ vimiento. 6. por el cual se afirma o juzga no solamente si esto es blanco o negro. incircunscriptible. de fuerza y de operación. al medio por el que pasa o al término en que obra. demostrado que por sus semejanzas y me­ diante el goce entran en el alma los objetos exteriores de­ leitables. por su efecto o impresión. Porque hablando con propiedad. siendo por lo mismo inmutable. com o el olfato y el oído. entonces se dice que es proporcionada cuando el agente sacia la necesidad del que recibe la acción. que en este acto se busca la razón o causa de la delectación que al sentido produce el objeto percibido. es decir. Si se mira en su aspecto de fuerza. el sentido se deleita en el objeto percibido por su semejanza abstracta. o sea. sino que además se juzga y se da la razón de por qué una cosa deleita. según la referimos al origen del que procede. Es lo que sucede cuando se investiga el fundamento de lo bello. porque entonces la potencia o fuerza activa no excede desproporcionadamente la capacidad de la potencia receptiva. . y esto es sanarlo y nutrirlo. cuando lo percibido es cosa adecuada a los sentidos. el juicio. Considerada la proporcionalidad en su concepto de for­ ma. ya que la hermosura es simple­ mente “ cierta igualdad armónica” o bien “ la disposición de las partes de un todo con suavidad de color” . interminable y totalmente espiritual. l„ i. Tras de la aprehensión y delectación o goce viene el juicio. Por consiguiente. ni se altera con las mudables. de lo suave y de lo saludable: pronto se echa de ver que tal fundamento es una proporción de igualdad. cosa que pertenece al sentido particular. Queda. ya por razón de cierta hermosura. por las puertas de los sentidos entran al ma humana todas las cosas de este mundo sensible. a lntroduce en la potencia intelectiva. Y se comprende que esta proporcionalidad permanece idénti­ ca tanto para las cosas grandes com o para las pequeñas. ^ oc*as esta5 cosas son vestigios que nos permiten cotnbrar algo de lo que es Dios. si se considera la imagen en su concepto operativo. pues. mé­ tante las tres operaciones antedichas. según los tres aspectos ya descritos del deleite. depurando y abstrayendo la especie sensible y sensiblemente percibida por los sentidos. la formación de la especie o semblanza en el medio y su transmisión del medio al órgano. constituyen la percep­ ción de todo lo que el alma conoce del exterior. ni pasa con las cosas transitorias. Después de esta percepción viene el goce o delecta­ ción. com o la especie envuelve los conceptos de forma. com o la vista. Y si el goce existe. la proporción adecua­ da se llama suavidad. Por último. lo cual pertenece al sentido inte­ rior. 5. Ahora.76 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 77 te. se llama hermosura. lo cual se ve principalmente en el gusto y en el tacto. o si es saludable o nocivo. o en virtud de cierta suavidad. de ahí resulta que dicha proporcionalidad adecuada se puede considerar bajo tres aspectos. junto con la reacción de la potencia sobre la imagen externa. ello es debido a que hay una proporcionalidad adecuada. com o el gusto y el tacto. o por razón de salubri­ dad. En resumen. Por ello dicen los filósofos que el sentido sufre con lo extremado y se deleita con lo mode­ rado.

síguese que al juzgar con toda certeza por tales principios. si “ el goce consiste en la unión de cosas entre sí coincidentes” . incoartable. perfecta igualdad. coigual. exis­ tente en todas partes. inapelable. de tiempo y de cambio. prescindiendo de lo dimensional. regla infalible y luz de la verdad. 9. manifiestamente se ve que en solo Dios se halla el goce verdadero com o en su fuente y que a buscarlo nos llevan de la mano todos los demás deleites. indeleble. con­ substancial y coetem a. nada es absolutamente inmutable. De la misma manera. el juicio se hace fundándolo en principios in­ mutables. incircunscriptibles. 8. claramente nos dan a entender que en ellas. aplicado a lo que pueda haber en el mismo Dios. Imagen e H ijo. si sólo la semejanza de Dios envuelve el concepto de la suma hermosura. “ nadie juzga de dichas leyes. luz donde todas las cosas creadas re­ fulgen de m odo infalible. Por tanto. pues. De m odo más inmediato y dentro de un orden más elevado nos conduce el juicio a la certera investigación y contemplación de la verdad eterna. aún más. y com o todo lo que es eterno. Ahora bien. pues com o 1Ce ^ an Agustín. pode­ mos contemplar la eterna generación del Verbo. suavidad y salubridad ha de encon­ trarse en aquella primera especie.78 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 79 Y a hemos dicho que la especie percibida es engendrada en el medio que nos rodea. I. indubitable. 3 ) . irrebatibles e ^apelables para el entendimiento que juzga. com o en otros tantos espejos. aquellas leyes por las cuales juzgamos de un modo cierto sobre todas las cosas sensibles que a nuestra consideración se presentan. sucesivo y variable. Si. que en ella ha de existir la suma virtualidad o fuerza. si su unión perceptiva se verifica con plena rea­ lidad e intimidad y en forma tal que pueda satisfacer inte­ gralmente toda capacidad. ilimitables. I. indelebles de la memofla> que las recuerda com o siempre presentes. el deleitarnos la especie perci­ bida por ser hermosa. todas las cosas cognoscibles pueden producir especies o imágenes de sí mismas. com o objeto y Principio original. necesariamente hemos de ver que Dios es la razón de todas las cosas. resplandor de su gloria y vivo retrato de su sustancia (Hebreos . que guarda máxima pro­ porcionalidad. y que ella ha de poseer la máxima operatividad salvadora que llene toda necesi­ dad o exigencia de quien percibió. 1 5 ). se une por gracia de unión al indivi­ duo de naturaleza racional. sino por . bien así com o la semblanza que el objeto produce en el medio se une al órgano que la per­ cibe. y por dicha unión nos lleva al Padre. En efecto. de allí pasa a imprimirse en el órgano y por tal impresión nos lleva al conocimiento del objeto. indivisible e in­ teligible. incircunscriptible e ilimitable. suave o saludable. o sea. si no es lo eterno. interminable. Este proceso. que eternamente procede del Padre. irrefraga­ ble. hace pensar que la máxima hermosura. con su Princi­ pio generador. o es Dios o está en Dios. actuando no a través de fantasmas sino por la misma realidad de su percepción. con abstracción de las circunstancias de lugar. de la suma suavidad y salubridad. y segundo: que aquel que es ima­ gen del Dios invisible ( Colosenses. Así pues. son infalibles e indubitables Pura el entendimiento que percibe. nos da a entender primero: que aquella luz eterna produce un esplendor o imagen suya.

t'gio. pero según he­ siete clases de números. por el cual otros números. por ser eternas. c. hay número en el deleite de los sentidos. incoartables. nos ha de llevar muy cerca de Él. en la retención a 11. por los cuales. particu­ vestigio que nos conduce a la divida Sabiduría. no hechas. el alma juzga cuanto en ella entra por los sentidos. noro o acústico. indivisibles. critas. del Creador. Este veslarmente en el sonido y en la voz. los sen­ las formas subsisten. y ésta primariamente consiste en el nú­ libro D e Vera Religione y en el libro sexto D e Música. a los que llama progresi­ dotadas de número. la hermosura y el deleite no existen sin dos. sólo pueden entenderse a la luz de aquel arte supremos hasta los ínfimos. los artificiales. según lo dicho. por ser incircunstibles. com o se ve cerlo en las cosas corporales y sensibles. mero: por consiguiente debemos concluir que en todas las donde presenta las clases de números que gradualmente van cosas va envuelto el número.80 san buenaventura ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 81 números judicativos. anterior. llamados memorísti-1 asta cubrir los pies del Serafín (Isaías. y por lo mismo. están necesaria­ Por consiguiente. mente por encima del alma. el número es el ejemplar primero y principal en la mente para en todas ellas ver a Dios. com o in­ telectuales e incorpóreas. cuando la d que éste origina. que dan origen a las múl­ tiples formas de artefactos. según enseña San Agustín en su cierta proporción. en el juzgar de todos los enumerados hay . ya al percibirlas en la gesticulación y en la danza. pasando por los intermedios. interminables. ya al deleitamos en la proporcionalivos. en el cual. bida. y lo llama número so-. ficiales proceden los progresivos. com o por siete gra­ mos dicho antes. en las cosas es el primer Pues dice que se da el número en lo corpóreo. V I. otros. Aún podemos hacer otra consideración: todas las cosas 10. podremos subir hasta los supremos a partir de que también las conserva y distingue. Y en este sentido se dice que ascendiendo de las cosas sensibles hasta el supremo Artífice. Podemos ampliar esta consideración atendiendo a son hermosas y en cierto m odo deleitables. ya que son infalibles e indiscu­ com o necesarias que son. y nos permitirá cono­ sensibles. los eos. De este m odo podríamos ir Esto significa que aquellas leyes. que hay números que abstraídos del el más próximo a Dios. De los arti­ poseen. finalmente. v. que no enumera San Agus­ y según el cual reciben su forma todas las cosas que la tín por su íntima conexión con los primeros. por ser el más patente para todos y. y a este número lo llama sensitivo. AI m odo de aquellas dos alas que descendían de la memoria hay también números. 2 ) . fundamento de todo jui­ descendiendo sucesiva y gradualmente desde los números cio cierto. se sube hasta Dios. deben ser: inmutables e incorruptibles. son recibidos en nuestros sentidos. por otra parte. y los llama como por siete diferencias o grados. O eterno que es la forma que no sólo produce las cosas sino a la inversa. que imprime el alma al cuerpo. com o regla que las dirige y por la cual sitivos y los memorísticos. ya al juzgar por las leyes de esta atención e intención del alma se vuelve a la imagen perci­ Proporcionalidad. que. sino increadas y eter­ Estos números judicativos imprimen en nuestra mente namente existentes en el arte eterno. com o ser por el que los acústicos o sonoros y pasando por los sensibles.

además. v. tercero. por alguna prefiguración profètica. de aquel arte eficientísimo. 2 0 ). 13. de suerte que los que no quieren considerar las criaturas para en ellas conocer. por operación angélica. eco. luz y ple­ nitud. por institución posterior. com o del signo se pasa a la cosa significada. y todo efecto es signo de su causa. de aquel eterno origen. en una palabra. y con más razón aquellas criatu­ ras en cuya figura. I. diré en cuanto a los de­ más que toda criatura es com o efigie y semblanza de la divina Sabiduría. sino. Explicado ya el primer modo. demostraciones puestas ante nuestros ojos para cointuir a Dios. 57) que nos hizo pasar de las tinieblas a su luz ad­ mirable (I de San Pedro. Son. c. c. puesto que todas ellas son som­ bra. toda copia lo es de su ejemplar. y todo camino lo es del fin o término a que conduce. Nuestro Señor {1 Corintios. y todavía con mayor motivo aquellas que quiso ins­ tituir para significar. D e todo esto se deduce que las perfecciones invisi­ bles de Dios se han hecho visibles después de la creación del mundo (Romanos. 9 ). M as nosotros demos gracias a Dios por Jesucristo. ya que estas luces que el Señor ha puesto fuera de nosotros nos disponen para entrar dentro de nuestra alma. 9 ) . II. pero especialmente aquellas que en la Sagrada Escritura se tomaron en espíritu de profecía para prefigurar lo espiritual. potentísimo. y _ quinto. pintura de aquel primer Principio. cuarto. pues rehú­ san el pasar de las tinieblas a la admirable luz de Dios {Primera de San Pedro. v. ejemplares. segundo. Son vestigios. copias propuestas a las almas rudas todavía y materializadas. el de signo Sacramental. c. imágenes. X V . porque Dios es origen. ben­ decir y amar a Dios no tienen disculpa (lderri). . II. las cuales envuelven no sólo el con­ cepto de signo en su acepción común. quiso Dios apa­ recer. 12. por la propia representación de las mismas. sapientísimo y óptim o. 20) de cinco modos diferentes: primero. a fin de que de las cosas sensibles que ven puedan pasar a las inteligibles que no ven. que haya hecho de una cosa signo de otra. signos que Él mismo nos ha dado. ejemplar y fin de toda criatura. o más bien. I. v. ejemplarizador y orde­ nante. por ministerio angélico. espejo en el que bri­ llan las divinas perfecciones. Las criaturas de este mundo sensible significan las perfecciones invisibles de Dios ( Romanos. es decir.82 san buenaventura ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 83 dos primeros grados que nos llevan a la contemplación de Dios dejan comprender que todas las criaturas de este mundo sensible conducen hasta el Dios eterno al espíritu del que sabe y contempla.

puesto que en ella refulge la imagen de la Trinidad beatísima. en la que resplandece la imagen de Dios. esto es. es decir. allí donde a manera de candelabro alumbra la luz de la verdad en la faz de nuestra mente. pues.C a p ít u l o III DE LA ESPECU LACIÓ N DE D IO S EN SU IM AG EN . si a sí misma no se recordara. para poder ver a Dios. Entra ya dentro de ti y observa cóm o tu alma se ama a sí misma con amor ardentísimo. Así. y no se conocería. dejando afuera el atrio del tabernáculo [Éxodo. Los dos grados ya descritos nos han guiado hasta Dios por sus vestigios. que hacen brillar su luz en todas las cria­ turas. y que no podría amar­ se. pues nada entendemos con nuestra inteli­ gencia si no está presente en nuestra memoria: en lo cual Puedes ver. dentro de nosotros mismos. como por espejo en el interior de nuestras propias almas. en este tercer grado. que tu alma tiene tres potencias. IM PRESA EN LAS PO TE N C IA S N A T U R A LE S 1. entremos en el santo. Considera las operaciones y m odo de haberse de estas . si no se conociera. y muy naturalmente nos han inducido a entrar den­ tro de nosotros mismos. no con los ojos de la carne sino con los de la razón. en nuestra alma. X X V I ) . c.

Retiene también las cosas simples. recibiéndolo. sino además lo sucesivo. el de las proposiciones y el de las ilaciones. pa­ sadas. 3. Retiene lo pasado. es imposible conocer plenamente la definición de ana sustancia particular cualquiera. T a l puede verse proponiendo a uno principios com o los siguientes: “ De cualquiera de los seres o se afirma o se niega” . sino reconociéndolos com o innatos y familiares. discreta o continua. es lo que San Pablo llama verlo como en un espejo y bajo imágenes oscuras ( I Corintios. el punto. se extiende a todos los tiempos. corporal y temporáneo. La operación de la facultad intelectiva consiste en conocer el sentido de los términos. los aprueba y les da su asentimiento. sin los cuales es imposible recordar ni pensar lo que en ellos empieza. no puede entenderse la definición de los inferiores. el instante. Cuanto a lo primero. además. com o ser mezclado de no ser o com o ser puro. éstos a su vez tendrán su definición en términos más amplios todavía. X I I I . cuya realidad. Todavía más: el ser puede concebirse bajo múltiples al­ ternativas. com o ser dependiente o com o ser absoluto. Y por lo tanto. si no se conoce con sus pro­ piedades de unidad. siempre presente e indivisible. Y he aquí cóm o por la operación de la memoria resulta ser el alma imagen y semejanza de Dios. decimos que el entendimiento co­ noce el significado de los términos cuando puede definirlos.86 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 87 ' tres potencias y podrás ver a Dios por ti mismo com o por imagen. 1 2 ). siempre presente en la misma. presentes o futuras. pues mien­ tras dura el uso de la razón. los cua­ les no se pueden negar por ser evidentes en sí mismos. como ser transitorio o ser permanente. me­ diante la cual recuerda las verdades invariables y uni­ y versales. como son los principios de la cantidad. im­ perfecto o perfecto. La operación de la memoria consiste en retener reproducir no sólo lo presente. los principios de las ciencias com o siem­ pre válidos y a la vez de un m odo permanente. a saber: com o ser incompleto o com pleto. has­ ta llegar a los términos más universales o supremos. u otros semejantes. Retiene. mudable o inmutable. simple o com - . y sólo en potencia es capaz de poseerlo y hacerse participante de su naturaleza. Por poder retener los principios. simple y sempiterno. En virtud de la retención de las cosas temporáneas. lo presente. recordándolo. y en oyéndolos. y lo fu­ turo. la definición de un término ha de hacerse por otros más generales. tan presente a sí misma com o presente a Él. igno­ rados los cuales. en acto. previéndolo. Por la retención de las cosas simples. ahora bien. y así sucesivamente. 2. com o ser en potencia o ser. la memoria está dotada de una luz inmutable. puesto que lo conoce en acto. com o ser por otro ° ser por sí mismo. verdad y bondad. y esto no com o si los comprendiera entonces por vez primera. “ El todo es mayor que su parte” . la unidad. N i tampoco puede ser conocido el ser por sí. no puede olvidarlos. pos­ terior o anterior. la memoria puede ser informada y enriquecida no sólo desde el exterior por imágenes de cosas sensibles sino también desde planos más elevados por la adquisición de formas simples que no pue­ den entrar por las puertas de los sentidos ni por las re­ presentaciones de objetos materiales. la memoria es imagen de la eternidad. no conociendo lo que es el ser en sí.

se desprende de lo dicho que nuestro entendimiento está íntimamente unido con la verdad eterna. Donde se ve que la necesidad de semejante ilación no proviene de la existencia del ser en la materia. porque tal existencia es contingente. 1 y 9 ). por la cual todas las cosas ofrecen mutuos aspectos y relaciones. ne­ cesariamente deduzco que el tal hombre se mueve. I. de ahí se sigue que nuestro entendimiento no puede llegar al cono­ cimiento integral y analítico de ninguno de los seres crea­ dos si no es ayudado con el conocimiento del ser purísimo. sino también en las no existentes. para intuir el fulgor inmutable de la ver­ dad necesita la ayuda de otra luz. Y siendo mudable nuestra mente. Claramente. Por esto. El consejo se pide para cerciorarse de lo m ejor y máis conveniente. actualísimo. la cual no puede ser una criatura sometida a mudanza. interponiéndose com o oscura nube entre ti y el rayo de la verdad. si es que no te lo impiden las pasiones y la imagi­ nación. el cual es el ser simplemente tal y eterno. si digo: “ un hombre corre” .88 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 89 puesto. cuando ve que la conclusión se sigue necesariamente de las pre­ misas. ni de la existencia del ser en el alma. diremos que el entendimiento per­ cibe con verdad el sentido de una argumentación. no podría saber nuestra inteligencia que tal ser es defectuoso e incompleto si no tuviese conoci­ miento. Por ejemplo. En consecuencia. Y lo mismo puede decirse de las demás condi­ ciones antes apuntadas. pues en el caso anterior. Así. De lo contrario. tal conocimiento lo recibe la mente en virtud de aquella luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo y que es la luz verdadera y el Verbo que en el principio estaba en Dios (San Juan. según están en él re­ presentadas. pues. juzga que dicha verdad es inmutable. por lo menos rudimentario. decimos que el entendimiento comprende con toda verdad el sentido de las proposiciones cuando sabe con certeza que son verdaderas. 4. Cuanto a lo tercero. aunque yo no sepa que hay un hombre que corre. La operación de nuestra facultad electiva debemos considerarla en el consejo. Cuanto a lo segundo. que por ti mismo puedes ver la verdad que te en­ seña. y esto no sólo en lo necesario sino también en lo contingente. si es que corre. inmutable en absoluto. ya que nada puede conocer con certeza si no es por ella instruido y enseñado. en el que se encuentran en toda su puridad las razones de todas las cosas. del ser carente de todo defecto. aproximación que implica mayor . sino que necesariamente proviene de aquella ejemplaridad del arte eterno. siempre será certísimo y necesario que se mueve. Y esta relación necesaria entre premisas y conclusión se da no sólo en las cosas existentes. porque esto sería una ficción si tal ser no existiese realmente. en el juicio y en el deseo. com o dice San Agustín en su tratado “ De Vera Religione” . pues viendo que aquella verdad no puede ser de otro modo. Y siendo imposible conocer lo negativo y defectuo­ so sin antes tener idea de lo positivo y perfecto. y esto equi­ vale a saber que no puede engañarse en tal apreciación. completísimo y absoluto. Pero una cosa se dice ser m ejor en cuanto se aproxima a lo óptimo. la luz del que verdaderamente razona se en­ ciende por aquella verdad y a ella se esfuerza por llegar.

mente generadora. y ésta juzga en virtud de ella en cuanto que la lleva impresa en sí misma. y Mutuamente compenetradas. por producirse el uno del otro no de un Modo esencial ni accidental sino personal. Considerando el orden. y éste consiste en aquello que más se ama. y el ser feliz no se consigue sino por la posesión de lo óptimo y del último fin. * El deseo tiene por objeto aquello que es su máximo ali­ ciente. ahora bien. se eleva a la contemplación de la Trinidad bien­ . o lo que tiene aparien­ cia de tal bien sumo. que son entre sí necesa­ riamente distintos. viniendo a engañarse y caer en error cuando toma com o real lo que es tan sólo apariencia o simula­ cro de aquel bien. el humano deseo no apetece más que el Sumo Bien. se funda en una ley. Ahora bien. Y es tan grande la potencia atractiva del bien sumo que nada puede amar la criatura. la inteligencia y la voluntad. re­ sulta que dicha ley es superior a nuestra mente. la inteligencia a la verdad. Y no habiendo nada superior a la mente humana sino Aquél que la hizo. y la potencia electiva a la bondad suma. por sí. si no conozco a éste. com o nexo de una y otro. tiene también su Verbo engendrado y su Am or espirado. no puedo decir que tal individuo se parece a Pedro. pues. a sí misma el alma. coiguales y coetáneas. si no tiene la seguridad de que aquella ley es recta y de que no puede caer en el ámbito del juicio. todo consejo lleva incluida necesaria­ mente la noción del Sumo Bien. y cómo la memoria nos lleva a la eternidad. inteligencia y voluntad. por ejemplo. nadie puede juzgar con certeza en virtud de una ley. Estas tres cosas. nuestra mente juzga sobre sí misma. y lo que más se ama es el ser feliz. origen y manera de haberse de estas tres potencias. Pues de la memoria nace la inteligencia com o produc­ ción propia. se dan en nosotros por la memoria. tiene meMoria. y esto da origen al verbo mental. com o por tsPejo. Al mirarse. verbo y amor. o lo que con él se relaciona. y com o quiera que no se puede juzgar de la ley que sirve de fundamento al juicio. por otra parte. De manera que siendo Dios espíritu perfecto. cada una en el ejercicio de sus propias operaciones. llega hasta la misma ley divina. cuando juzga y analiza integralmente. no se puede saber que una cosa se asemeja a otra sin conocer ésta. * El juicio cierto acerca de las cosas sobre que se acon­ seja. ya que decimos entender cuando la semblanza que hay en la memoria se refleja en el entendimiento. En conclusión. llegaremos también a la misma Trinidad Beatísima. Por aquí se verá cuán cerca de Dios está el alma. 5. Por lo tanto.90 SAN BUENAVENTURA Y ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS ^ 1 1 ^ 91 1 semejanza: luego nadie sabe que una cosa es m ejor que otra sin saber que tiene mayor semejanza con lo que es óptimo. potencias entre sí consustanciales. Y de la memoria y del entendimiento a la vez brota exhalado el amor. deducimos finalmente que nuestra po­ tencia deliberativa. sino por el deseo que de él tiene.

ayudan en gran manera las luces de las ciencias que informan y perfec­ cionan nuestro espíritu. 6. La cual llena de admiración y suspende el ánimo de los sabios. hasta su Imagen. Más aún: la filosofía natural se divide en metafísica. que trata de la razón del entender. inundada con seme­ jante fulgor. por enseñarnos la norma u orden del vivir. que son tres personas coeternas. desde la consideración de sí misma hasta la contemplación de aque­ lla eterna luz. com o rayos que son de la luz que baja a nuestras al­ mas. . La primera versa sobre las esencias de las cosas. racional y mo­ ral. la segunda. la tercera. dimanada de la ley eterna. Lógica. sino que las tres son un sólo Dios. Por esto la primera nos conduce hasta el primer Principio. Todas estas ciencias tienen sus reglas ciertas e infali­ bles. si no está ofuscada. Tratando la primera de las causas del ser. que es el Padre. del Padre. La primera insinúa cóm o el primer Principio es innacible. la tercera nos lleva al don del Espíritu Santo. nos lleva a la sabiduría del V erbo. que trata del arte de persuadir o mover: tres modalidades del espíritu humano que nos hacen entre­ ver el misterio de la Trinidad augusta. 5 ). matemática y física. v. iluminada. Por eso nuestra mente. 7. quedaron perturbados los de corazón insensato (Salmo 75. En efecto: la filosofía se divide en natural. conduce a contemplar la bondad del Espíritu Santo. la segunda. Para esta especulación que alcanza el alma de su Principio uno y trino por la consideración de sus tres po­ tencias que la hacen imagen de Dios. del Verbo y del Amor. y Retórica. mas la una no es la otra. económica y política. en forma que cada una de ellas esta en cada una de las otras. cóm o procede el H ijo . coiguales y consustanciales. las cuales representan de tres modos a la Trinidad Santísima. La filosofía moral se divide en monástica. cumpliéndose lo que dijo el Pro­ feta: Alumbrando Tú desde los montes eternos. virtualidad y operatividad di­ fusiva de las mismas. que enseña a arguiftentar. puede llegar. la tercera. nos eleva a considerar la potencia del Padre. mientras por el contrario perturba y ciega a los insensatos. la segunda. sobre la naturaleza. sobre los números y figuras. que ense­ ña el arte de la expresión. la segunda. la tercera nos muestra la liberalidad del Espíritu Santo. que es el H ijo. La filosofía racional se divide en Gramática.92 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 93 aventurada.

Y abatida totalmente por estas cosas sensibles. no sólo pasando por nosotros. así nuestra alma no podría desprenderse enteramente de estas cosas sensibles y materiales.C a p ít u l o IV DE L A ESPE C U LAC IÓ N D E D IO S EN SU IM AG EN . acercánc. v. no entra en sí por la memoria. y seducida por las pasiones. mientras no haya alguien que. sean tan pocos los que en sí mismos se den a dicha contemplación. La razón es fácil de comprender: pues distraída el alma con los cuidados terrenales. para levantarse a su propia coin- . lo que ciertamente es de mayor impor­ tancia. le ayude a levantarse (Salmo 40. Y así com o donde uno cayere allí forzosamente que­ dará postrado. sino permaneciendo dentro de nosotros mismos. 9 ).ose. anublada con perturbadoras imáge­ nes. Y a que podemos contemplar el primer Principio. 2 . R E F O R M A D A P O R LO S DON ES G R A T U IT O S 1. no vuelve a sí por la inteligencia. en esto haremos consistir el cuarto grado de con­ templación. Parece extraño que estando Dios tan cerca de nuestras almas. no se recoge en sí misma con el deseo de la suavidad interior ni del regocijo del espíritu. no puede volver a entrar en sí com o en imagen de Dios.

c . La primera exclamación brota de la abundancia de la devoción. se salvará: y entrará y saldrá sin tropiezo. v . X . según Proceso de las iluminaciones que la dejan suspensa ante contemplación del esposo admirado. Porque en este grado. quebrada en Adán. Verdad encamada. que a si se constituyó en escala. la cual es madre de 1°. del mediador entre Dios y los hombres. recobra el tacto y gusto espiritual. arranca de la excelsitud de la admiración. formada de perfumes de mirra e incienso ( Cantar de los Cantares. c. V erbo en­ camado. c. que es Cristo. cuando el alma ve y oye a su esposo. 6 ). 2 6 ). . IV . que corresponden a las tres exclamacio­ nes del Cantar de los Cantares. 5*e c°nvierte al alma en aurora. reparando la primera. verdad y vida. esperanza y caridad de Cristo. Debe. V III. De manera que el alma que cree. sino por medio de Cristo. III. increado e inspirado. i¡s La tercera. te ­ sando en delicias. 3. c. no podrá penetrar en su interior para gozarse en el Señor. dos nosotros (Gálatas. Contemplación que nadie puede com ­ prender sino el que la recibe. por muchas que sean las luces naturales o los conocimientos adquiridos que uno tenga. y asl reformada. proviene de la sobreabundancia del gozo . v. en luna y en sol. como en otro jardín de delicias. oler al más fragante. El que por mí entrare. Recobrados así los sentidos del espíritu. “ J vista. 9 ). A esta puerta. oír al más melodioso. degustar al más suave y tocar al más de­ leitable. figurada en Sara. esta imagen que es nuestra alma reves­ tirse de las tres virtudes teologales que la purifican. Cuan® por la esperanza suspira por recibir a Cristo. reparados ya los sentidos inter­ nos para ver al más hermoso. por el gozo exultante. que d ijo: Y o soy la puerta. recobra el oído y la vlSnj espiritual: el oído para recibir las palabras de Cnsto. ya está dispuesta el alma para el desbordamiento o exceso mental. hija. v. al creer en Él com o Verbo incread® V erbo y esplendor del Padre. Verbo pirado.. de la Jerusalén celeste: Mas aquella Jerusalén de arriba. necesario es que lo hagamos por la fe. De suerte que. pues. por la admiración. y miembro de la Iglesia militante. por la devoción. !j* La segunda. que hace del alma como una columnita de humo. Verbo encarnado.96 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 97 tuición y a la contemplación de la Verdad en sí misma de no ser mediante Cristo. apoyada en su amado ( Cantar de los Cantares. v. 5 ). en Él esperamos y a Él amamos. compuesto precisamente para ejercitar la contemplación en el cuarto grado. Y al abrazar por la caridad a Cristo. para contemplar los esplendores de su luz. com o dice Saffl Pablo. Luego si queremos adentramos en la fruición de la Verdad. que es com o el árbol de la vida plantado en medio del Paraíso. no podemos acercamos si no creemos en Él. y lo huele y lo gusta y lo abraza puede repetir con la esposa el Cantar de los Cantares. Luite que hace percibir al alma suavísimo placer. pues más consiste en expe­ rimentar los afectos que provoca que en la reflexión in­ telectual. en este deseo y afecto llega a recobrar el olfato es­ piritual. y hallará pastos (San Juan. espera y ama a JN sucristo. quedará hecha conforme a la Jerusalén celestial. es decm camino. es libre. y de Él recibiendo deleite y a Él pasando mediante el éxtasis amoroso.

recibir. de la que dice el Apóstol que es el fin de los preceptos (1 a Tim oteo. com o verdad. I. penetra en la Jerusalén celeste. c. c. 1 0 ). realiza todas sus operaciones.. conducir. dictar. X X I I . com o salvación. supremo jerarca que purifica. y los tres últimos. 5 . X I I I .98 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 99 4. revelar. Rey y amigo. ilumina y perfecciona a su esposa. en frase del mismo Apóstol. 5 ). com o puede verse por su contemplación en las almas en que habita mediante los dones de su caridad exube­ rantísima. Y desciende al corazón la Jerusalén celestial cuando reformada el alma. virtudes por las que se ha de reformar el alma. en los Arcángeles ilumina. o por mejor decir. es decir. L o que ciertamente se echa de ver en Jesucristo. ley natural. Dios es todo en todos ( I a los Corintios. me­ diante la delectación de los sentidos espirituales y la suspensión del éxtasis. Toda la Sagrada Escritura habla de este jerarca y de la jerarquía eclesiástica y nos enseña a purificarnos. por cuanto nace de un corazón puro. 2 ). con la gracia. Por ello dice San Bernardo al Papa Eugenio que “ Dios en los Serafines ama. escrita y de gracia. con su esfuerzo. com o equi­ dad. los tres primeros dicen relación con la na­ turaleza. el cual es a un tiempo mismo Dios y prójimo. en las Dominaciones impera. que es la Iglesia. Llegados a esto. Con esto el alma. conforme a la triple ley en ella contenida. en las Potestades defien­ de. es decir. 8 ). entrando en sí misma. cuando ha quedado purificado. com o piedad” . correla­ tivos con los nueve coros de Ángeles. en los Querubines conoce. v. en la que nadie puede en­ trar sin que antes ella misma haya descendido al cora­ zón. Entonces también se engalana con un nuevo ornato. El mismo divino Salvador nos enseña que en dos mandamientos está cifrada toda la Ley y los Profetas (San M ateo. De estos actos del alma humana. ' iluminado. y que es. ya que es el alfa y la omega (Apocalipsis. ilu­ minamos y perfeccionarnos. la plenitud de la L ey ( Romanos. esperanza y caridad. en las Virtudes opera. imperar. v. nuestro espíritu queda jerarquizado para subir a lo alto. esposo único de la Iglesia. com o Principio. 4 0 ). perfecto. conforme a las tres partes principales de la misma . de una buena conciencia y de fe no fin­ gida (I d e m ). Verbo increado y encarnado. los tres siguientes. fortalecer. nuestro formador y nuestro reformador. y que hace lo mismo con cada una de las almas santas. com o majestad. v. puesto que ya se ha hecho conforme con aquella celeste Jerusalén. com o luz. X X I . surgiendo en su interior ordenada y sucesivamente los actos de anunciar. com o caridad. com o fortaleza. v. Porque ésta principal­ mente trata de la obra de nuestra reparación. donde al contemplar los coros de los Án­ geles. según lo contemplara San Juan en su Apocalipsis (Apocalipsis. en ellos ve a Dios. 15. or­ denar. c. en los Ángeles asiste. en el amor de Dios y el del prójimo. en los Principados rige. que por su inhabitación en los mismos. 6 . Y así com o en el grado precedente ayuda la filoso­ fía. el espíritu adquiere jerarquía y se hace digno de ello mediante las virtudes teologales. instruyén­ donos sobre todo en la fe. v. c. Señor y hermano. ungir. I. especialmente por la caridad. Por tanto. c. 2 8 ). en los Tronos se sienta. en éste sirve más que nada el considerar la Sagrada Escritura divinamente inspirada.

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ley, a saber, la mosaica que purifica, la revelación profètica que ilumina y la doctrina evangélica que perfecciona. Se puede entender mejor esta función docente de la Sagrada Escritura, atendiendo al triple sentido espiritual que ésta presenta: tropològico, que purifica para vivir ho­ nestamente; alegórico, que ilumina para la más clara inte­ ligencia de la doctrina; y anagògico, que perfecciona me­ diante el exceso o desbordamiento mental, y aquellas sua­ vísimas percepciones de sabiduría, que tienen lugar con­ forme a las tres virtudes teológicas ya mencionadas, según los excesos predichos y de acuerdo con los actos jerarqui­ zados de la mente, por los cuales vuelve nuestra alma a su interior para allí contemplar a Dios en medio de los res­ plandores de la santidad (Salmo 109, 3 ) , y en ellos, com o en lechos, dormir en paz y descansar (Salmo 4, 9 ), mien­ tras el esposo conjura a todos que no la despierten hasta que ella espontáneamente lo quiera. 7. Estos dos grados intermedios nos llevan a contem­ plar a Dios dentro de nosotros mismos com o en espejo de imágenes creadas: lo que en la visión del Serafín alado representaban las dos alas que en el medio se veían exten­ didas para volar. Y de ahí podemos entender cóm o las potencias natu­ rales del alma racional, en cuanto a sus operaciones, as­ pectos y hábitos de conocer, nos llevan de la mano a con­ templar las perfecciones divinas: esto corresponde al ter­ cer grado. En el cuarto grado conducen hasta Dios las potencias del alma reformadas por las virtudes gratuitamente conce­ didas, por los sentidos espirituales y por los excesos o des­ bordamientos de la mente. Y todavía nos acercan más a

Él las operaciones jerarquizadas del alma humana, esto es, la purificación, la iluminación y la perfección; y las jerárquicas revelaciones de la Sagrada Escritura que se nos dió por ministerio de Ángeles, según nos lo dice San Pablo: Siendo dicha ley dada por mano de los ángeles, por medio del medianero Moisés ( Gálatas, III, 1 9 ) ; y fi­ nalmente en este cuarto grado nos guían hacia Dios las categorías u órdenes jerárquicas que en nuestra mente de­ ben disponerse de manera semejante a com o se disponen en la celestial Jerusalén. 8. Llena nuestra alma con todas estas luces intelectua­ les, es inhabitada, com o casa de Dios, por la divina Sabi­ duría, quedando hecha hija, esposa y amiga del mismo Dios; miembro, hermana y coheredera con Cristo, su ca­ beza; y de un m odo especial, templo del Espíritu Santo, fundado en la fe, levantado por la esperanza y consa­ grado a Dios por la santidad del cuerpo y del alma. Y todo ello es efecto de la purísima caridad de Cristo, derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Romanos, V , 5) y sin el cual nada podemos saber de los secretos de Dios. Pues así com o nadie sabe las cosas del hombre sino solamente el espíritu del hombre que está dentro de él (I a los Corintios, c. II, V; 11) , así tampoco las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el espíritu de Dios (Id em ). Pongamos, pues, com o raíz y fundamento la caridad a fin de que podamos comprender con todos los santos {Efesios, III, 1 8 ), cuál sea la longura de la eternidad, cuánta la anchura de la liberalidad, cuánta la alteza de la Majestad y cuál la profundidad de la sabiduría, que es la 9ue ha de juzgar.

C a p ít u l o

V

ESPECU LACIÓ N DE L A U N ID A D DE D IO S EN SU N O M B R E P R IM A R IO , Q U E ES EL SER

1. Podemos contemplar a Dios no sólo fuera y dentro de nosotros mismos, sino también por encima de nosotros, a saber: fuera, por el vestigio; dentro, por la imagen; por encima de nosotros, mediante aquella luz que va impresa en nosotros (Salmo, 4, 7) y que es la luz de la Verdad eterna, ya que nuestra mente es informada de m odo in­ mediato por la misma Verdad. Los que se ejercitaron en el primer grado entraron ya en el atrio del tabernáculo; por el segundo se entra en el santo; por el tercer grado se entra con el Sumo Sacerdote en el Santo de los Santos, donde encima del arca se ven los Querubines de la gloria cubriendo con sus alas el propicia­ torio, los cuales vienen a representar dos modos de contem­ plar las perfecciones divinas, de los cuales el uno versa sobre los atributos esenciales de Dios, y el otro, sobre las propiedades de las personas. 2 . El m odo primero fija principalmente la atención del alma en el mismo ser, tomando com o base el aserto de que el primer nombre de Dios es éste: El que Es (Éxodo, c.

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III, v. 1 4 ) ; el segundo m odo fija la contemplación del alma en el bien, considerando que el Bien es el nombre primario de Dios. El primer m odo tiene cabida en el Antiguo Testamento, que insiste sobre todo en predicar la unidad de la esencia divina, y así se dijo a Moisés: Yo soy el que soy (Éxodo, c. III, 1 4 ). El segundo m odo cae de lleno en el Nuevo Testamento, que señala la pluralidad de personas, como cuando Cristo manda a sus discípulos que bauticen en el nombre del Padre, y del H ijo, y del Espíritu Santo (San Mateo, X X V I I I , 1 9 ). Por ello el divino Maestro, querien­ do elevar a la perfección evangélica a aquel joven que ya había guardado la Ley, atribuyó a Dios principalmente y de un m odo preciso la bondad, puesto que d ijo: Nadie es bueno sino sólo Dios (San Lucas, X V I I I , 1 9 ). N o es de extrañar, por tanto, que el Damasceno, si­ guiendo a Moisés, diga que el nombre primario de Dios es éste: El que Es; y Dionisio, siguiendo al Evangelista, diga que el nombre primario que a Dios corresponde es el de Bien. 3. El que quiera, pues, contemplar las perfecciones in­ visibles de Dios en cuanto a la unidad de su esencia, fije primero la atención de su mente en el ser mismo; y verá que el ser es en sí certísimo, tanto que ni siquiera cabe pensar que no exista, por cuanto el ser purísimo sólo puede darse en la total ausencia del no ser, de la misma manera que no se concibe la nada sino en la total ausencia del ser. Por lo mismo, así com o la nada no tiene nada del ser ni de sus propiedades, así, de un m odo contrario, el ser por esencia nada tiene del no ser, ni en acto ni en poten­ cia, ni en la realidad objetiva, ni según nuestra apreciación

Ahora bien, com o el no ser es negación del ser, el enten­ dimiento sólo lo concibe por el ser; y éste no puede con­ cebirse mediante otro, pues todo cuanto llega al encen­ dimiento o se entiende com o no ser, o com o ser en. po­ tencia, o com o ser en acto. Si, pues, el no ser sólo se entiende por el ser, y el ser en potencia sólo por el ser en acto, y el ser por antonomasia es el acto purísimo del ser, resulta que lo primero que entiende el entendimiento es el ser, y precisamente, el ser en su acto puro. Y claramente se comprende que este ser en su acto puro no es un ser particular, limitado por ir mezclado de po­ tencia; ni un ser análogo, que nada tiene de acto por no existir de m odo alguno: luego resta que el tal ser que pri­ mero concibe el entendimiento sea el ser divino. 4. Asombra, sin duda, la ceguera del entendimiento que no pone su atención en aquello que ve primero y sin lo cual nada puede conocer. Algo semejante sucede con nuestra vista: pues tratando los ojos de distinguir los co­ lores, no ven la luz que les permite ver todo lo demás, y si lo ven, no lo advierten. Y de igual manera nuestra men­ te, puesta a distinguir los seres universales y los particulares, no advierte el ser que está por encima de todo género, aunque éste sea el primero que se ofrece a su considera­ ción, siendo su concepto indispensable para conocer y en­ tender las demás cosas. Esto comprueba claramente que “ los ojos de nuestra mente se han con respecto a las cosas más claras de la naturaleza de m odo semejante a com o se comportan los del murciélago con respecto a la luz” . Porque acostumbra­ dos a las tinieblas de los seres y a las imágenes de las Cosas sensibles, juzgan que no ven nada cuando intuyen la

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misma luz del ser sumo, no entendiendo que aquella os­ curidad es nuestra máxima iluminación, de igual manera que el ojo que ve la luz pura, juzga que n o ve nada. 5. Contempla, pues, si te es posible, ese ser purísimo y comprenderás que no puedes pensar acerca de él com o si su concepto te viniera de otro ser; y por lo tanto, es ne­ cesario que lo concibas com o primero absolutamente, ya que no puede provenir de la nada ni de otro ninguno. Pues, ¿qué significado puede tener el ser por sí, si el ser purísimo no es de suyo y por sí mismo? Comprenderás igualmente que careciendo el ser purísimo de toda mezcla de no ser, nunca ha tenido principio, ni jamás tendrá fin, es decir, es eterno. L o contemplarás también com o no encerrando en sí mismo otra cosa que lo que es el ser, y por lo tanto, simplicísimo y no compuesto. N o envuelve en sí concepto alguno de posibilidad, pues todo lo que es posible lleva algo de no ser; y por lo mismo aquel ser sumo es actualísimo. Ni cabe en él defecto alguno, actual o posible; y por ello es perfectísimo. Por último, nada en él puede diversificarse, razón por la cual es absolutamente uno y único. En conclusión, el ser que decimos ser puro, simplemente tal y absoluto, es el ser primario, eterno, simplicísimo, ac­ tualísimo, perfectísimo y, en todos conceptos, único. 6. Y estas perfecciones son tan verdaderamente ciertas que de ningún m odo puede pensar lo contrario el que co­ nozca al ser purísimo; más aún, cada una de ellas conduce a las demás. Veámoslo. Siendo él el ser simplemente tal, es absolutamente pri­

m ero; y por lo tanto, no puede proceder de otro ni ser hecho por sí mismo: luego es eterno. Por ser primero y eterno, no está constituido por otros seres com o elementos, o sea, es simplicísimo. Siendo primero, eterno y simplicísimo, nada hay en él de posibilidad mezclada con el acto: luego es actualísimo. Por ser primero, eterno, simplicísimo y actualísimo, es perfectísimo, ya que nada le falta ni admite adición alguna. Finalmente, siendo primero, eterno, simplicísimo, actua­ lísimo y perfectísimo es absolutamente uno y solo, atributo que le es propio, en virtud de su omnímoda sobreabun­ dancia con respecto a los demás seres. Y lo que se predica o afirma en concepto de absoluta superabundancia, no pue­ de predicarse o afirmarse más que de uno solo. Luego si la idea de Dios implica el ser primario, eterno, simplicísimo y perfectísimo, es imposible concebirlo com o no existente, y es necesario que sea uno solo. Por lo cual dice la Sagrada Escritura: Escucha , oh Israel; el Señor Dios nuestro es el solo y único Dios y Señor ( Deuteronomio , V I, 4 ). Si todo esto consideras en la pura sencillez de tu mente, podrás en cierto m odo sentirte inundado de los esplen­ dores de la luz eterna. 7. Un paso más y vas a verte elevado a la admiración más profunda. El ser en sí es primero y último; eterno y totalmente presente; simplicísimo y máximo; actualísimo y absoluta­ mente inmutable; perfectísimo e inmenso; solo y único, y sm embargo, omnímodo, por cuanto encierra en sí las m o­ dalidades de todos los demás seres.

pues por ser actualísimo. fuera de todas las cosas. por ser absolutamente uno y solo. pero no excluido. Luego es omnímodo. puesto que siendo perfectísimo. no por ser la esencia de todas las cosas. está dentro de todas las cosas. es la estabilidad permanente que hace moverse al universo. por encima de todas las cosas. 3 6 ). encierra en sí toda modalidad. es necesariamente el origen de todas las cosas y al mismo tiem­ po el fin que todas las consuma. todo cuan­ to hace lo realiza por sí y para sí: luego ha de ser el fin último. es máximo en su virtud o potencia. no puede adquirir nada nuevo. por debajo de todas ellas. es acto puro. mayor que Él. pues siendo eter­ no. y un ser semejante es inmenso. contiene en sí toda operatividad. mas no rebajado. cuyo centro está en todas partes y cuyo límite o superficie no está en ninguna. su verdad evidentísima y su bondad purísima. la razón del entender y la norma u orden del vivir” . todas las cosas son de Él. en su perfecta contemplación consiste el ser feliz. Es omnímodo. pero no contenido en ellas. por ser simplicísimo. Es inmenso. puesto que siendo el primero de todos los seres. es todo en todas las cosas. Y por ello. com o si fuera el centro de todas ellas y a la vez su periferia. el principio y la consumación. y su poder. ni más noble. Es totalmente presente. puesto que es omnipotente. porque el ser que de un m odo total se dice uno y solo es el prin­ cipio universal de lo que es multitud. por consiguiente. Por ser actualísimo y absolutamente inmutable. ni más digno. toda comunicabilidad. 1 9 ) . causa universal de todas las cosas: todas las produce. y todas son por Él. Siendo primero y último el ser que es purísimo y absoluto. o sea. según fué dicho a Moisés: Yo te mostraré a ti todo el bien {Éxodo. ni. Retrocedamos. X I . es en 'sumo grado infinito y múltiple en cuanto a la efi­ cacia. 3 3 . y com o tal. es decir. toda ejemplaridad. pues siendo simplicísimo en esencia. a todas señala el fin. Y así. Y verás que Él es último. está todo dentro de todas las cosas y todo fuera de ellas. de unidad suma en la esencia. omnisciente y omnímodamente bueno. porque es perfectísimo. Por ser totalmente uno. abarca y penetra todas las cosas sucesivas y temporáneas. sino constituyendo la causa universalísima y trascendente de to­ das las esencias. Siendo perfectísimo e inmenso. siendo por tanto la esfera inteligible o abstracta. solo y omnímodo. por ser eterno. Es máximo y omnipotente. y esto es así porque a causa de su unidad simplicísima. no procede de otro ni decae de su ser.10 8 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 109 Si con pureza de mente consideras y admiras todo esto. siendo para todas “ la causa del existir. aunque éstas sean muchas en número y Él. 8. porque es actualísimo. la cual es tanto más ilimitada cuanto más unida se halla. ni perder nada de lo que posee. sino so­ lamente presente. mas no le­ vantado. no puede cambiar. Porque es eterno y totalmente presente. el alfa y la omega. uno solo. y todas existen en Él (Romanos. precisamente por ser primero. Por ser simplicísimo y máximo. y por lo mismo. a todas sirve de ejemplar. el ser simplemente tal. ni pasa de un estado a otro: luego no tiene ni pasado ni futuro. inundará tu alma la luz más soberana. Es absolutamente inmutable. ' . nada puede concebirse que sea mejor.

Y este bien óptimo es tal que no puede menos de conce­ birse com o existente. de análoga manera para la consideración de las ema­ naciones personales el fundamento más principal es el Bien. Porque en efecto. Y todavía más. 2. es tal que sólo concibiéndolo com o trino y uno se puede pensar de él rec­ tamente.\ C a p ítu lo VI D E L A ESPECU LACIÓ N DE L A T R IN ID A D B E A T ISIM A EN SU N O M BRE. Y así com o para la contemplación de aquellos atributos el ser nos proporcionaba no sólo el principio fundamental. “ el bien es difusivo de sí mismo” . según aquel segundo m odo que dijimos venía re­ presentado por el otro de los Querubines que con sus alas cubrían el propiciatorio. sino también el nombre que da a conocer los demás nom­ bres. con atención. Observa. en sus propiedades perso­ nales. ya que absolutamente hablando. luego _______ . levantemos la mirada de nuestra inteligencia a la coin­ tuición de la Trinidad Augusta. es mejor existir que no existir. que se llama óptimo aquel bien m ejor que el cual ningún otro puede concebirse. pues. Q U E ES EL BIEN 'Después de considerar los atributos esenciales de Dios.

lo mismo que la virtud o actividad y la operación en la Trinidad Santísima. y suma coin­ timidad. todas estas pro­ piedades implican que exista süma cointimidad. de la que se sigue suma semejanza o configurabilidad. un engendrado y un espirado. de lo que resulta que hay eternamente un amado y un coamado. no se podría llamar tal Bien Sumo. y en esto consiste la difusión plenísima. suma consustancialidad. pues no seria sumo si real o mentalmente sucediese de otro modo. Pues en las seis propiedades enumeradas aún tenemos que hacer consi­ deraciones que arrebatarán nuestras mentes al pasmo de la admiración. el Padre. pues. la suma consustancialidad juntamente con la plura­ lidad de hipótesis o personas. prueba es de que hay verdadera proce­ . Por consiguiente. y al mismo tiempo una hipóstasis o persona tan noble com o el que la produce por generación y por espiración. o sea. Pero al poder contemplar todo esto. I Puesto que si allí existe comunicación suma junto con verj dadera difusión. de las cuales es consecuencia la . suma coigualdad junto con el orden. con amor debido y con amor compuesto de uno y otro. el H ijo y el Espíritu Santo. porque la difusión temporánea en las cria­ turas es com o punto o centro en el ámbito inmenso de la bondad divina. Y de esta manera se difunde el Sumo Bien. Así. indeficiente y perfecta. y difusión en cuanto al Don. Por fin. se podrá comprender que en virtud de la suma co­ municabilidad del Bien Sumo es forzosamente necesario que exista la Trinidad del Padre y del H ijo y del Espí­ ritu Santo. que en sí encierra toda dádiva. si en él no se diera eternamente una produc­ ción actual y consustancial. difusión. si te es posible. y que la una obre en la otra y con la otra por ser absolutamente indivisible la sustancia. el Sumo Bien no se difundiría a sí mis­ mo en sumo grado. y por lo tanto. la suma semejanza dentro de la distinción de personas. por naturaleza y por voluntad. natural y vo­ luntaria. En las tres divinas Personas se da la suma comunicabi­ lidad simultáneamente con la más rigurosa propiedad per­ sonal. sustancial e hipostática. En las cuales Personas. junto con la misión. con los ojos de la mente cuán grande sea la pureza de una bondad que constituye el acto puro de aquel principio que liberalmente ama con amor gratuito. 3. esto es. por ello cabe concebir una difusión de ma­ yor alcance y amplitud. m odo que corresponde al prin­ cipio eterno que eternamente está produciendo y coprincipiando. no se imagine nadie que ya comprende al incomprensible. suma coetemidad. por la cual una persona está necesariamente en la otra en virtud de la suma circuminsesión. y por ésta. Y esto es así. y la difusión no puede ser suma si no es a la vez actual e intrínseca. en cuanto al Verbo que en sí contiene todo nombre. liberal y necesaria. cual será aquella en que el bien que se difunde comunica a otro toda su sustancia y naturaleza. lo sabremos con absoluta certeza con sólo le­ vantar los ojos a la contemplación de su bondad infinita.suma coigualdad y por lo mismo suma coeternidad.11 2 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 11 3 el Sumo Bien tiene que difundirse a sí mismo en sumo grado. con la emanación. Cointuye. por darse la suma bondad existe también suma comunicabilidad. ¿Q uién no se sentirá poseído de la más profunda admiración ante tales portentos? Y que todas estas maravillas se dan en la Trinidad Beatísima.

Al considerar estas cosas cada una de por sí y separa­ damente.11 4 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 115 dencia u origen y verdadera distinción. perfectísimo sin nada de superfluo o amen­ guado. el ser simplicísimo con el que es to­ talmente compuesto. eterno y totalmente presente. 2 0 ). finalmente. Jesucristo. verificándose así lo que dice el Señor por San Juan: Y la vida eterna consiste en conocerte a ti. conoces la verdad. com o uno de los Querubines cuando contemplas los atributos esenciales de Dios. sobremanera admira­ ble. no en cuanto implica cambio de lugar. vuelve 'tu rostro al propiciatorio. el prin­ cipio de unidad suma y de toda modalidad con el indi­ viduo compuesto y distinto de todos los demás. el ser perfec­ tísimo e inmenso con el pequeñísimo e imperfecto. 6. y tu admiración subirá de punto. X X V . hay comunicación de lo poseído y de todo lo poseído: por consiguiente. la dignidad. que hay orden. la forma. más nunca incluido. que hay misión. de Dios y del hombre en la persona de Jesucristo. hemos de decir que hay propiedades personales. miraban el uno al otro. todo en todas partes. actualísimo y nunca impulsado o m o­ vido por otro. es decir. y a Jesucristo. el que emana y el que produce se distinguen por sus propiedades y son a la vez una misma cosa en cuanto a la esencia. toda verdad. que hay emanación o proceden­ cia de un origen o principio. Si la comuni­ cación es total y no parcial. sino en virtud de inspiración gratuita. la eternidad. tu­ vieran sus caras vueltas hacía el propiciatorio [Éxodo. todo bien . 3 ). Por ser una misma la sustancia. conteniendo en sí mismo todas las cosas. a quien tú enviaste (San Juan. sino ade­ más en sus relaciones con la unión. a fin de que por la admiración que en ti despierten puedas elevarte a la con­ templación de nuevas maravillas. 5 . es necesario que sea idéntica la esencia. por la autoridad que com­ pete al producente que envía con respecto al producido y enviado. pero tu admiración no ten­ drá límites si las comparas unas con otras. absolu­ tamente uno y solo y sin embargo omnímodo poseyendo toda posible modalidad. si es grande tu admiración porque el ser divino es a la vez primero y último. com o el otro Querubín. . Dios con el hombre formado en el día sexto. el Eterno con el hombre temporáneo nacido de la Virgen en la ple­ nitud de los tiempos. Por ello debes considerarlas en su mutua relación. la cointimidad con la misión puesto que el H ijo es enviado por el Padre y el Espíritu Santo lo es por entram­ . el principio que es acto por esencia unido al que padeció atrozmente y murió. pues. contemplas los atributos propios de las personas y te admira el ver coexis­ tir la comunicabilidad con la propiedad. solo Dios verdadero. y en­ vuelve su misterio el que al mirarse el uno al otro. sino de origen. 4. Si las propiedades distinguen a las Personas. porque en él está unido el primer Principio con el último. la coetemidad con la produc­ ción. Y si ahora. Ya que debemos admirar las propiedades esen­ ciales y personales de Dios no sólo en sí mismas. . la semejanza con la personalidad. la consustancialidad con la pluralidad. toda operatividad. que hay pluralidad de hipóstasis o personas. no de priori­ dad y posterioridad. X V I I . y sin embargo inmenso e infinito sin límites. Si eres. la existencia y la ilimitabilidad. la coigualdad con el orden. Esto se ve significado en aquellos Querubines que cubriendo el propiciatorio.

la imagen no es otra cosa que una semejanza expresiva. Creador y criatura. la coadoración del Dios-Hombre con la diversidad de excelencias. en el sexto grado hemos podido contemplar en el principio primero y sumo. al libro escrito por dentro y por fuera. porque es com o si viera en el sexto día al hombre hecho a imagen y semejanza de Dios. 7. en el cual saliendo de sí misma por un éxtasis o desbordamiento mental repose la mente humana de todas las obras que haya acabado ( Génesis. la omnímoda conformidad. al sumo y al ínfimo. Son com o las seis alas del Querubín. que viene a ser com o el sexto día. por las cuales se llega a la paz en que descansa el verdadero pacífico.. en un solo ser al que es primero y últi­ mo. con la pluralidad de voluntades. Hemos' recorrido en seis jornadas otras tantas con­ sideraciones que son com o las seis gradas del trono del verdadero Salomón. vuelve también tu rostro al propiciatorio y maravíllate de que en Cristo se dé la unión personal con la trinidad de sustancias y dua­ lidad de naturalezas. causado y causa. y por un lado nuestra mente con­ templa en Cristo al H ijo de Dios. Entonces ya no le resta otra cosa sino el día de des­ canso. en Cristo la naturaleza humana. En la consideración de estas cosas llega a su plenitud la iluminación de la mente. II. con la diversidad de potestades. Pues. la coexaltación del Hombre-Dios sobre to­ das las cosas junto con la multiplicidad de dignidades. pues. Son la obra de los seis días. al que es por natura­ leza la imagen del Dios invisible. y así puede entrar con Dios a la per­ fección de sus ilustraciones en el sexto grado. llena ya de las ilustraciones de la divina sabiduría. admirablemente realzada. sin por esto separarse de ellos jamás y coexistiendo eternamente con el Padre y el H ijo . C a p ítu lo V II D E L E XC E SO M E N T A L Y M ÍS T IC O . con las que puede ser elevada a lo alto el alma verdaderamente contempla­ tiva. Viendo. inefablemente unida con la divina. llega nuestra alma a un objeto perfecto. mediante la semblanza de la divina luz que refulge en nosotros. dentro de sí misma por la imagen y en la imagen. y en la misma luz en cuanto lo permite el ejercicio de la mente en el estado de viadores. . la autoridad única. la variedad de propiedades con la mutua predicabilidad de Dios al hombre y del hombre a Dios. 2 ). en efecto.116 san b u en a v en tu ra bos. a la circunferencia y al centro. al alfa y la omega. Por último. Y P O R EL C U A L LO S A FE C TO S SE E N TREGAN T O T A L M E N T E A D IO S 1. en el que es mediador en­ . com o en la Jerusalén interior. durante los cuales debe ejercitarse la mente para llegar al reposo del sábado. por encima de sí. y por otro ve también. EN EL Q U E DESCANSA EL E N T E N D IM IE N T O . Nuestra alma ha podido cointuír a Dios fuera de sí misma por el vestigio y en el vestigio.

sublime en lo más sublime. y después con Cristo descansará en el túmulo. atraviesa el mar R ojo. a semejanza de Jacob e Israel. es decir. es preciso abandonar por completo todas las operaciones mentales y que el culmen de los afectos trascienda todo él hasta Dios y en Dios se transforme. se le apare­ ció clavado en la cruz un Serafín con seis alas. deidad sobre toda deidad. caridad. De suerte que por medio de él. maravillas de las que no hay semejanza en lo creado y que exceden la penetración del entendimiento humano. al H ijo y al Espíritu Santo. y para este tránsito Cristo es camino y puerta (San Juan. En cuyo tránsito. 2. X I V . 6 y X . y com o yo otros muchos. III. Dios invitó a todos los hom­ bres verdaderamente espirituales a este tránsito. de suma estimación. Y por el milagro de esta vara que es la cruz. poco o nada a la criatura y todo a la esencia creadora. Pero éste es don místico y secretísimo. 7 ). c. X X I I I . celebra con él la pascua. admiración. y nadie puede desearlo sino aquel a quien hasta la médula inflama el fuego del Espíritu Santo que Cristo envió a la Tierra. que brilla con la luz de todos los esplendores. 5 ) . que nadie conoce sino el que lo recibe. oculta en lo más recóndito. Resta únicamente que al contemplar estas cosas tras­ cienda el alma y pase no sólo más allá de este mundo sen­ sible sino también fuera de sí misma. c. cual si estuviera muerto al mun­ do. esperanza. el tránsito. si ha de ser perfecto. 4 3 ). en cuanto lo permita su condición de viador. Esto mismo le fué revelado al bienaventurado San Francisco cuando en el alto monte en que tuvo el éxtasis y donde yo mismo medité lo que llevo escrito. dirigiéndonos al Dios Trino con las palabras de Dionisio: “ O h Trinidad. 3. v. com o propiciatorio colocado sobre el arca de Dios y sacramento o misterio escondido en el se­ creto de Dios después de muchos siglos (Efesios. allí donde la oscuridad refulgentísima del silencio que en . devoción. 4.118 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 119 tre Dios y los hombres. 5. II. El que mira a este propiciatorio volviendo entera­ mente hacia él su rostro y lo contempla suspendido en la cruz con sentimientos de fe. Fué allí donde llegó hasta Dios por su contemplación desbordante que lo sacó fuera de sí. poco a la lengua y muchísimo al regocijo interior. com o antes fuera modelo en la acción. bondad sobre toda bondad. alabanza y júbilo. es decir. v. lo cual pude yo saber. 9 ). por el compañero que entonces con él estaba. ni lo recibe sino quien lo desea. Jesucristo (Segunda a Timoteo. donde gustará el maná escondido. inspiradora de la cristiana sabiduría: dirígenos a la cumbre de las místicas enseñanzas. poco lugar ha de darse a la investigación y mucho en cambio a la unción. 1 0 ). al Espíritu Santo. aquellas palabras que para sí escu­ chara el ladrón convertido en seguidor de Cristo: H oy estarás conmigo en el paraíso (San Lucas. mas en su interior percibirá. esencia sobre toda esencia. II. y quedó com o ejemplar de contemplativo perfecto. escala y vehículo. Por lo cual. Y com o en estas cosas nada puede hacer la natura­ leza y muy poco la industria humana. a este des­ bordamiento extático del alma. poco a la palabra y a lo escrito y todo al don de Dios. al Padre. y más con el ejemplo que con la palabra. saliendo de Egipto para entrar en el desier­ to. dice el Apóstol que este secreto cono­ cimiento nos lo ha revelado Dios por medio de su Espíritu (1 Corintios.

2 6 ). y responderá todo el pueblo: Así sea. no al hombre. amigo. que a los entendimientos invisibles llena sobre toda medida con el esplendor de invisibles bienes que son sobre todo bien” . y en la medida de lo posible. Pregúntalo al esposo y no al maestro. y con Cristo Crucificado pasemos de este mundo al Padre para que cuando lo veamos podamos decir con Felipe: Eso nos basta (San Juan. y Cristo lo encendió con el fervor de su pasión ardorosísima. Si es que quieres averiguar cóm o suceden estas cosas. X I V . que eres la he­ rencia mía por toda la eternidad (Salmo. no a la luz de la instrucción. pues. y los esconde en lo más oscuro. las fantasías de la imaginación. no a la luz sino al fuego que totalmente inflama y lleva hasta Dios con unciones desbordantes. así. v. al deseo y no al entendimiento. Dios. El que esta muerte anhela puede ver a Dios. que es sin embargo evidentísimo y resplandeciente sobre todo resplandor. y regocijamos con David diciendo: M i carne y mi corazón desfallecen. despojado de ti y de todas ellas por inmensurable y extático desbordamiento de tu mente. Dios de Israel por los siglos de los siglos. Este fuego es Dios y su hogar está en Jerusalén (Isaías. las pasiones. X X X I . a la tiniebla y no a la claridad. X I I . c. y entremos en la tiniebla. a Dios. absolutos in­ mutables de la ciencia de Dios. Pues saliendo de ti mismo y de todas las cosas. < ( Estas palabras debemos decir a Dios. hagamos ca­ llar los cuidados. al gemido de la oración. Muramos. y oír con San Pablo: Bástate mi gracia ( I I Corintios. FIN DEL “ ITINERARIO DE LA M E N T E A DIOS” J ft . V II.120 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 121 lo oculto adoctrina esconde misterios nuevos. c. X X X I I I . Y al amigo para quien estas cosas van escritas le diré con el mismo Dionisio: “ Acerca de las visiones místicas te diré. 1 5 ). del no ser y del ser. prescindas de toda operación de los sentidos o del entendimiento. 2. v. 9 ) . que si a ellas quieres llegar por el camino mejor. 8 ). pues son muy ciertas aquellas palabras: No me verá hombre ninguno sin morir (É xodo. Bendito sea el Señor. Amén. con afectos ardentísimos. de lo sensible y de lo invisible. te elevarás por encima de todo ser hasta el fúl­ gido rayo de las divinas tinieblas” . con el mayor aban­ dono de ti mismo sumérgete en unidad con aquel que está sobre toda esencia y sobre toda ciencia. y sólo lo experimenta en verdad aquel que puede decir: M i alma quisiera más un patíbulo y cual­ quiera muerte o paradero mis huesos (Job. oscuridad en que todo brilla. pregúntalo a la gracia. oh Dios de mi corazón. 2 0 ). 6. 9 ) . Asi sea. no a la ciencia.

I. 7 ). 19 y 20) . Fijó su habitación en la paz y su morada en Sión (Sal­ mo 75.. En verdad quien no entra por la puerta. Ilumine los ojos del alma (Efesios. 3 ). Pedid a Dios los bienes de la paz para Jerusalén (Salmo 121. X I I . c. Estoy clavado en la Cruz juntamente con Cristo. Para dirigir nuestros pasos por el camino de la paz (San Lucas. núm. 3 Arrebatado al tercer cielo ( I I a los Corintios. I. v. Con los que aborrecían la paz era pacífico (Salmo 119.T E X T O S BÍBLICOS Q U E SE C IT A N ( V e r s ió n de T orres A m at) Prólogo. I. no soy yo el que vivo. Y yo vivo. c. 2 ). v. sino que Cristo vive en mí ( Gálatas. o más bien. núm. Que sobrepuja a todo entendimiento (Filipenses. Prólogo. v. v. 18). sino que sube . 1 Toda dádiva preciosa y todo don perfecto de arriba viene (Epístola de Santiago. II. 17). IV . 79). v. 7 ). 6 ).

Bienaventurados los que lavan sus vestiduras en la san­ gre del Cordero. 2 3 ). Cap. X I . 2 Espíritus que hacen el oficio de servidores. primero. Cap. 15 T o d o el universo peleará con él contra los insensatos (Sabiduría. 2 4 ). Pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se puede a las claras venir en conocimiento de su Creador (Sabiduría. primero. 1 5 ). . Entrará y saldrá sin tropiezos y hallará pastos (San Juan. 8 Veamos al Dios de los dioses en Sión (Salmo 83. 8 ). 12 El V erbo de la V ida formó los siglos (H ebreos. c. X X I I . 2 4 ). Cap. 9 Pasan de este mundo al Padre (San Juan. * Virtud y sabiduría de Dios ( I a los Corintios. 5 Alfa y omega (Apocalipsis. Cap. 3 7 ). primero. 2 1 ). el tal es ladrón y salteador (San Juan. y que ha dispuesto en su corazón en este valle de lágrimas. 1 Dichoso el hombre que en ti tiene su amparo. primero. IX . 7 Dios lo puso en el paraíso de delicias (Génesis. 4 Con toda la mente. v. y al contem­ plar las obras de tus manos salto de placer (Salmo 91. Cap. con tus obras. 6 y 7 ). 9 ). ¡C uán grandiosas son todas tus obras! T od o lo has he­ cho sabiamente. Cap. enviados de Cap. v. II. 3 ). 1 4). para tener derecho al árbol de la vida y a entrar por las puertas de la ciudad ( Apocalipsis. y saciaos de mis dulces frutos (Eclesiástico. X . los gra­ dos para subir hasta el lugar santo que destinó Dios para sí ( Salmo 83. 5 ). 1 1). Cap. Varón de deseos (Daniel. primero. primero . 5 ). v. X II. D e corazón puro. X I I I . I. de la buena conciencia y de una fe no fingida ( I a Tim oteo. M e has recreado. por tus sendas y yo caminaré según tu verdad. con todo el corazón y con toda el alma (San Mateo. alégrese mi corazón de m odo que respete tu nom­ bre (Salmo 85. v. primero. 1 ). Señor. segundo.124 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 12 5 por otra parte. X X I I. oh Señor. 8 ). I. 2 6 ). primero. llena está la tierra de tus riquezas ( Sal­ mo 103. V . X X I V . Guíame. I. V enid a mí todos los que os halláis presos de mi amor. X . 5 ). 1 ). Cap.

I. 4 0 ). X . X I I I . se salvará: y entrará y saldrá sin tropiezo. V III. v. c. II. Resplandor de su gloria y vivo retrato de su sustan­ cia ( Hebreos. Nace de un corazón puro. Com o una columnita de humo. I. tercero. 5 ). quedaron perturbados los de corazón insensato (Salmo. 40. X V . 1 5 ). segundo. Es la luz verdadera y el V erbo que en el principio esta­ ba en Dios (San Juan. X I I . Pro­ . Rebosando en delicias. formada de perfumes de mirra e incienso (Cantar de los Cantares. I. I. 9 ). I. 7 Imagen del Dios invisible ( Colosenses. 2 0 ). 5 7 ). Cap. v. y de 1 0 ). tercero. El que por mí entrare. 5 ). c. c. 7 Alumbrando T ú desde los montes eternos. 3 Cap. X V . 5 ). 6 ). 13 Las perfecciones invisibles de Dios se han hecho visi­ bles después de la creación del mundo ( Romanos. Cap. cuarto. I. Y o soy la puerta. 3 ). segundo. D e las tinieblas a la admirable luz de Dios ( Primera de San Pedro. Cap. Cap. es libre. c. 9 ). En dos mandamientos está cifrada toda la Ley y los fetas (San Mateo. y hallará pastos (San Juan. 2 8 ). Mas aquella Jerusalén de arriba. Cap. 2 0 ). N o tienen disculpa ( Romanos. Cap. I.126 SAN BUENAVENTURA ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 127 Dios. I. Cap. 2 0 ). segundo. 3 Luz que alumbra todo hombre que viene a este mun­ do (San Juan. 2 6 ). cuarto. IV . de una buena conciencia fe no fingida ( I a Tim oteo. 1 Com o en un espejo y bajo imágenes oscuras (I a los Corintios. v. 75. apoyada en su amado (Cantar de los Cantares. 9 ). 9 y 1 ). Nues­ tro Señor ( I a los Corintios. 9 ). 1 2). tercero. 1 5). 12 Perfecciones invisibles de Dios ( Romanos. la cual es madre de todos nosotros (Gálatas. 4 Dios es todo en todos (I a los Corintios. Mas nosotros demos gracias a Dios por Jesucristo. La caridad es la plenitud de la Ley (Romanos. cuarto. 1 4). I. figurada en Sara. 2 Le ayude a levantarse (Salmo. Cap. I. para ejercer su ministerio en favor de aquellos que deben ser los herederos de la salud ( Hebreos. 5 La caridad es el fin de los preceptos ( I a Tim oteo. cuarto. III. v. Cap. X X I I .

5 ). Cap. 6 En medio de los resplandores de la santidad 109. oh Israel. 1 La luz de tu rostro está impresa en nosotros (Salmo. Cap. 2 Y o soy el que soy (Éxodo. Cap. 7 Y en el día séptimo reposó o cesó de todas las obras que había acabado ( Génesis. II. Nadie es bueno sino sólo Dios (San Lucas. y a Jesucristo. y del H ijo. 5 ). 8 La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros co­ razones por el Espíritu Santo que se nos ha dado ( Roma­ nos. c. p or me­ dio del medianero Moisés ( Gálatas. (Efesios. V . II. 4. a quien T ú enviaste (San Juan. sexto.. Y o te mostraré a ti todo el bien (Exodo. III. 3 6 ). 6 Escucha. X X V . el Señor Dios nuestro es el solo y único Dios y Señor (Deuteronom io. Dormir en paz y descansar (Salmo 4. X V I I I . 1 9). Y la vida eterna consiste en conocerte a ti.. v. 4 ). II. A fin de que podamos comprender con todos los san­ t o s .128 san buenaventura ITINERARIO DE LA MENTE A DIOS 129 Cap. quinto. . 1 4). y todas son por Él. Cap. y del Espíritu Santo (San Mateo. sexto. 1 1 ). y todas existen en Él (Romanos. Cap. solo Dios verdadero. quinto. c. X I . quinto. 7 ). II. X X V I I I . III. 1 9). 8 Todas las cosas son de Él. c. 1 Mediador entre Dios y los hombres. 2 ). 2 0 ). cuarto. Nadie sabe las cosas del hombre sino solamente el espí­ ritu del hombre que está dentro de él ( / a los Corintios. 7 Siendo dicha ley dada por mano de los ángeles. III. v. X X X I I I . 9 ). v. Jesucristo (1 a Ti­ m oteo. séptimo. cuarto. Cap. cuarto. 1 9). quinto. 1 8 ). 3 ). (Salmo En el nombre del Padre. Cap. 1 1 ). V X 7 T T 2\ Cap. 1 9 ). 4 Mirándose uno a otro con las caras vueltas hacia el pro­ piciatorio (Éxodo. V I. • Cap. Las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el espíritu de Dios (I a los Corintios.

REDUCCION DE A LAS CIENCIAS LA T E O L O G IA . séptimo. 4 Nos lo ha revelado Dios por medio de su Espíritu ( I a los Corintios. M i alma quisiera más un patíbulo y cualquiera muerte o paradero mis huesos (Job. X I V . 8 ). 6 y X . 1 5 ). Cap. 6 Su hogar está en Jerusalén (Isaías. c. V III. Dios que eres la herencia mía por toda la eternidad {Salmo 2. 2 Hoy estarás conmigo en el paraíso (San Lucas. X X I I I . c. séptimo. v. 9 ). por los siglos de los siglos. séptimo. Bendito sea el Señor. X I V . Misterio escondido en el secreto de Dios después de mu­ chos siglos (Efesios. II. X X X I I I . 9 ). 2 0 ). M i carne y mi corazón desfallecen. X X X I . N o me verá hombre ninguno sin morir {Éxodo.130 SAN BUENAVENTURA Él es camino y puerta (San Juan. Bástate mi gracia {I I a los Corintios. 1 0). Amén. 9 ). oh Dios de mi cora­ zón. 4 3 ). Cap. 7 ). Eso nos basta (San Juan. Así sea. v. X I I . y responderá todo el pueblo: Así sea. Cap. Dios de Israel. III. 2 6 ).

brotan otras mu­ chísimas luces. dice Santiago Apóstol en el capítulo primero de su Epístola (vs. Aunque la luz de todo conocimiento es interna. la cuarta y última nos da a conocer las verdades salvadoras. com o que desciende del Padre de las Luces. Se nombra en estas palabras el origen de toda ilumina­ ción y al mismo tiempo se insinúa la profusión con que de aquella luz primera. luz interna. Se divide en siete grupos. la segunda. de orden menos elevado que el conocimiento filosófico. 1. que es la de las artes mecánicas. La primera ilumina para ver las cosas hechas por eí hombre. que es la del co­ nocimiento filosófico. que bien puede llamarse inferior. esto es. conforme a las siete artes . o sea. Toda dádiva preciosa y todo don perfecto de arriba viene. podemos hacer en éste varias distinciones de razón. ■aquellas que siendo exteriores a él. y finalmente luz superior. han sido excogitadas y hechas para remediar la necesidad corporal. la del conocimiento sensitivo. 1 7 ). por ser en cierto m odo de naturaleza servil y sin duda.I. la terce­ ra lleva al conocimiento de las intelectuales. para ver las cosas naturales. Luz. 2 . com o de su fuente. La primera se llama luz de las artes mecánicas y nos da a conocer las cosas plasmadas por el hombre. que es la luz de la gracia y de la Sagrada Escritura. luz inferior. a saber: luz ex­ terna.

En cuanto se refiere a la com odidad y provecho del cuerpo. el arte se llama teatro. por ser cinco los sentidos del hombre. lo que nos da el arte de las armas o fabril. esto puede hacerse bajo dos aspectos: o por lo que respecta a la producción y multi­ plicación de alimentos. O de otro m od o: si el sirte se aplica a nuestra alimentación. la que nos ilumina para conocer las cosas naturales. en lo subsidiario del alimento y del vestido el arte ayuda de dos maneras también: o supliendo lo que falta. de la agricultura. Esta iluminación reviste cinco aspectos. Referido al solaz y deleite. todo lo que aprecia el gusto. el arte atañe o al vestido. cosa en que entiende la agricul­ tura. fun­ . La segunda luz. 3. El vestido puede ser de materia suave y blanda. cosa propia de la cirugía. Finalmente. D e los vegetales trata la agricultura. que abarca la fabricación de todos los artefactos de hierro o de cualquier otro metal. el cual con propiedad se dice que es inferior porque comienza en lo que es inferior en el hombre y se realiza con ayuda de la luz corporal. ya mediante el canto. ya con instrumentos musicales. o de materia dura y fuerte. puesto que nos alimentamos de vegetales o de anima­ les. Es fácil comprender que esta división es suficiente y abarca todas las artes. de la caza. en los animales se ocupa el arte de la caza. ahuyentar la tristeza o satisfacer una necesidad. de una poción o de al­ go que se aplique exteriormente. Hechas estas aclaraciones. así de los ves­ tidos com o de los alimentos. Porque en efecto. o por lo que hace referencia a sus variadísimos ade­ rezos. de las armas. T o d o ello cae bajo la deno­ minación de caza por ser ésta en nuestra alimentación lo más excelente y lo que lleva más exquisito trabajo. com o lo demues­ tra San Agustín en su Libro III sobre el Génesis. el fin de ellas es proporcionarnos solaz o comodidad. Y en aquel otro: “ T o d o el mundo aplaude al que sabe unir lo útil a lo agradable” . y esto corresponde a la caza. o a algo subsidiario de éstos. a saber: arte de la lana. ya por medio de representaciones escénicas o por rítmicos movi­ mientos del cuerpo. El suplir las deficiencias da origen a la navegación. En la alimentación el arte se puede aplicar de dos mane­ ras. las bebidas. y esto da origen al arte de la lana. en la que se incluyen las diversas maneras de preparar los manjares. ya en la curación de las heridas. ya en la amputación de miembros. El apartar lo que pueda ser impedimento o perjuicio compete a la medicina. El arte del teatro forma grupo aparte. La división de conocimientos que así se hace es también suficiente y completa. de la medicina y del teatro. ya con­ sista en la preparación de un elíxir. o al alimento. arte jocoso que abarca toda clase de juegos y diversiones. cocineros y taberneros. de piedra o de madera. y en esto se ocupan los pana­ deros. queda demostrado que la di­ visión propuesta de las artes es completa y suficiente. Es lo que expresa H oracio en aquel verso: “ Instruir o deleitar es el fin que se proponen los poetas” . de la navegación. incluyendo en este nombre todo género de compras y de ventas.134 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 13 5 que distingue Hugo de San V íctor en su Didascàlico. o apartando los daños y obstáculos. servir para provecho o para de­ leite. es la del conocimiento sensitivo.

de tres maneras: Primero: Porque hay tres clases de verdad. da lugar a la filo­ sofía moral o práctica. cuya naturaleza es clara y lúcida. en la manera de comportarse con ellos la luz. se le conside­ ra en cuanto a que es causa eficiente. La tercera luz ilumina para la comprensión de las verdades inteligibles. y viene a diversificarse en estos cinco sentidos. Es la luz del conocimiento filosófico. de igual manera en el conocimiento filosófico cabe hacer analoga distinción. la del discurso o lenguaje. división que se demuestra ser suficiente. y entonces actúa el sentido del oído. 4. la luz que permite distinguir las cosas corpóreas se puede considerar bajo cinco aspectos: primero. y por ello reside en los nervios. a la verdad del conoci­ miento y a la verdad de la doctrina. impresos en el hombre por la misma naturaleza. mezclada con el agua. ya que merece la aprobación de San Agustín y además está muy puesto en razón porque dicha suficiencia se funda en la mutua correspondencia que en­ tre sí guardan el órgano. los cuatro elementos y la quinta esencia. Tercero: La luz del conocimiento filosófico ilumina a la misma potencia intelectiva. . Segundo: Así com o a Dios. o para gobernar la facultad in­ terpretativa. siendo cinco los cuerpos simples del univer­ so. y entonces entra en acción el sentido de la vista. causa formal o ejemplar y causa final. Pues en efecto. Por tanto. na­ tural y moral. en su misma pureza. la de las cosas. en el conjunto de sus propiedades eminentes. ser supremo. Pues en cuanto ilumina para conocer las causas del ser. pero el expuesto basta. y entonces tenemos la filosofía m oral. pues el sentido es una naturaleza bien definida. constituye la filosofía natural o física. y así se tienen las percepciones del olfato. en unión con la tierra tosca y grosera.13 6 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 13 7 dándose en la naturaleza de la luz y de los elementos. si investiga las normas del vivir. Hay también otros procedimientos para probar que los cinco sentidos son suficientes para todas las percepciones. la de las cosas y la de las costum­ bres. se­ gún su mayor o menor depuración. la razón del entender y la regla u orden del vivir” . al conocimiento moral. el medio y el objeto. y en ese caso se llama filosofía racional o discursiva. puesto que no se realiza la percepción sino en virtud de cierta semejanza o adaptación entre el órgano y el objeto. porque Él es la “ causa del existir. si considera la razón del entender es la filosofía racional o lógica. al conocimiento natu­ ral. a saber. cuarto. Y así queda el hombre iluminado en lo que atañe a la verdad de la vida. lo que constituye el objeto del gusto. La verdad del discurso o lenguaje pertenece al co­ nocimiento racional. objeto propio del tacto. que se llama interno porque investiga las razones íntimas y ocultas de las cosas mediante los primeros principios de las ciencias y de la verdad natural. o para gobernarse a sí misma y entonces se llama filosofía natural. Este conocim iento filosófico se divide en racional. a saber. unida en un todo con el aire. tercero. esto es. y precisamente de tres modos: o para gobernar la facultad motiva. sólo com o tal luz. y la de las costumbres. en unión con los vapores. quinto. dice. segundo. el hombre tiene los cinco sentidos correspondientes para po­ der percibir todas las formas corpóreas. El espíritu sensitivo tiene el m odo de ser de la luz.

La cual con toda propiedad se dice que es superior porque nos conduce a las cosas más altas. Lógica y Retórica. económica y política. D e ahí surge la triple división de la filosofía moral en monástica. el moral. De suerte que según esto. La Matemá­ tica versa sobre las formas abstractas. Y a que el gobierno de la facultad impulsiva o motiva se puede considerar en relación con la vida indi­ vidual. y la tercera. su des­ trucción. según la virtualidad de las fuerzas naturales y según las causas germinativas o productivas. Y ya que la razón concibe por la conveniencia del lenguaje. la segunda las da para la demostración y la tercera. Por ello la filosofía na­ tural se divide en Física propiamente dicha. com o principio. del cual proceden según razones ideales. y es la luz de la Sagra­ da Escritura. toda la Sagrada Escritura se reduce a enseñar estas tres cosas: la generación eterna y . y éstas pueden ser consideradas bajo tres aspectos: en su re­ lación con la materia y entonces se llaman simplemente formales. que nos dice lo que hemos de creer sobre la Divinidad y la Humanidad de Jesucristo. y el ana­ gògico. llamándose entonces ideales. las vuelve a Dios. se han de leer en tres sentidos espiritua­ les: el alegórico. La primera considera a la razón com o perceptiva. o con la vida de la familia o con la vida de la sociedad gobernada. Finalmente. (Sobre estas razones ideales ha habido entre los metafísicos alguna controversia). que en­ tre sí se distinguen por los tres mencionados aspectos. en un orden pura­ mente intelectual. resulta que esta triple ciencia debe estudiar en el discurso o len­ guaje las tres mencionadas propiedades. para la persuasión. o para convencer a que nos crean.13 8 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 139 De la filosofía racional o discursiva se hace una triple división. com o impulsiva o motiva. D e ahí la división de la filosofía ra­ cional en Gramática. ejemplar y fin de todas ellas. la segunda. que nos instruye acerca de las normas del recto vivir. Porque nuestro entendimiento tiene que ser di­ rigido en sus juicios por razones intrínsecas o formales. com o juzgativa. Puesto que el concepto propio puede expresarse o para dar a conocer simplemente la idea que tiene la in­ teligencia. además del senti­ do literal que es el que expresan las palabras consideradas en su estructura. siendo ad­ quirida por pura inspiración divina y no por humanas in­ vestigaciones. juzga por su verdad y persuade por su elegancia. es decir. Matemática y Metafísica. La Metafísica trata del conocimiento de todos los seres que reduce a la unidad del primer Princi­ pio. Se dice también supe­ rior porque desciende del Padre de las Luces. su producción. o en su relación con la sabiduría divi­ na. o para exci­ tar el amor o el odio. pero es triple en cuanto al sentido místico y espiritual. La cuarta luz es la que nos ilumina acerca de las ver­ dades sobrenaturales o salvadoras. Porque todos los libros de la Sagrada Escritura. com o bien se colige de sus mismos nombres. La primera estudia la aparición y desaparición de las cosas. la filosofía moral también se subdivide en tres ramas. Esta iluminación es una en cuanto al sentido literal. es decir. de las cuales la primera da normas para la expresión. sus cambios. También la filosofía natural se divide en otras tres ciencias. mostrán­ donos algo que está sobre la Razón. que nos enseña cuál es el camino para llegar a la unión con Dios. 5. en su relación con el alma y en este caso se lla­ man intelectuales.

y de manera análoga todos estos conocimien­ tos van encaminados al de la Sagrada Escritura. Todas aquellas formaciones creadoras tenían su origen en la misma luz. a la de la luz. real o ejemplarmente. Se desprende. la de las artes mecánicas. la terce­ ra. la de la filosofía natural y la luz de la filosofía moral. 6. D e aquí se deduce que todos nuestros conocimientos al­ canzan su plenitud en el de la Sagrada Escritura. o sea. el orden de la vida y la unión del alma con Dios. y esto necesariamente sucede en todos los sentidos. 8 ) . el celo evangélico de los predicadores. De ellas la primera dice relación con la fe. c. la del conocimiento sensitivo. com o contemplativo.. co ­ m o predicador. que ordena toda iluminación hacia el mismo Dios. X I I I . en él descubriremos al Verbo. con el fin de una y otras. y así las demás correlativamente. pues. y todas ellas llegarán a extinguirse. su ejercicio y el deleite que en el conocer se experimenta. Por ello muy bien pueden reducirse estas seis ilumi­ naciones a las seis formaciones o iluminaciones por las cua­ les fué creado el mundo. Puesto que ningún objeto sensible pone en acción la po­ tencia cognoscitiva sino por medio de una semblanza que procede del mismo objeto. tiene lugar la nueva percepción. verificada esta unión. general. son seis las iluminaciones que en esta vida podemos recibir. Si atendemos al medio del conocer. y por ésta vuel­ . com o dice San Pablo. en la segunda. con las costumbres. por ella se perfeccionan y mediante ella se enderezan a la iluminación eterna de la gloria. Y en Dios se cierra el círculo. 7. que jamás tendrá fin ni jamás conocerá el ocaso. que versa totalmente sobre las cosas sensibles. En la primera se ejercita la investigación de los doctores. Tratemos ahora de reducir a la iluminación de la Sagrada Escritura las cinco restantes iluminaciones. descuella en cualquiera de las tres modalidades. y en el cual hay que tener en cuenta tres cosas: el medio del conocer. de lo dicho. a San Gregorio. y se ad­ quiere para siempre estabilidad inmutable. hay en ella seis diversos modos que son: la luz de la Sagrada Escritura. San Gregorio. a San Dionisio. pero a ellas sucederá el descanso del séptimo día. A San Agustín sigue San Anselmo. San Bernardo. es decir. del que tuvo su origen. de igual manera que del padre procede la prole. Pero dicha sem­ blanza no completa definitivamente el acto del sentir sino mediante su unión con el órgano y la potencia. San Dionisio. San Bernardo. que. para lo segundo. Y por lo mismo. el anhelo amo­ roso de las almas contemplativas. Y primeramente consideremos la del conocimiento sensitivo. se acabará la ciencia ( / de los Corintios. particu­ larmente cuando se la toma en su sentido anagògico. Para lo primero es maestro de máxima autoridad San Agustín. y en ella se encierra. 8. Ricardo. aun cuando atendiendo a la primera división sea cuádruple la luz que de lo alto desciende. Hugo de San Víctor. la luz de la filosofía racional. R icardo: porque San Anselmo destaca com o investigador.140 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 14 1 la encarnación temporánea de Cristo. en Él se comple­ ta el número senario. pues. Otra egregia figura. de tal forma que la luz de la Sagrada Escritura corresponda a la primera formación. por las seis iluminaciones. para lo tercero. v. la iluminación de la gloria. la segunda. engendrado eternamente y encamado en el tiem­ po. en la tercera.

venciendo así la negligencia. Y si en realidad llegara a conocerlo y amarlo. hallar con gozo y sin cansancio ejercitarse en lo bello. 10. pues. Y aun cuando el objeto no sea percibido por ningún sentido. se unió a un alma y a un cuer­ po tomando la forma humana que antes nunca tuviera. lo dulce. Y por el contrario. venciendo la soberbia. veremos en ello la unión del alma con Dios. cognoscible por los sentidos internos. y tercero. Considerando el ejercicio de los sentidos. Resultados iguales hallaremos si consideramos la ilu­ minación de las artes mecánicas que versan sobre la pro­ ducción de artefactos humanos. lo fragante. I. El artífice lleva a cabo su obra al exterior ajustándose cuanto le es posible al ejemplar interno que posee. atendiendo al m odo de obrar el arte. nunca se harta el ojo de mirar. primero. Porque todo desorden pro­ viene o de la negligencia. cuando no se apropia de lo ajeno. En efecto. gracias a la primitiva semblanza. Por aquí se podrá comprender cóm o de la inteligencia suprema. com o dice el Eclesiastés. De la ■misma manera el sentido interno debe buscar con afán. 11.142 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 143 ve la potencia sensitiva al objeto. 12. templanza y mansedumbre. que en su actividad son seme­ jantes a los cinco sentidos corporales. . una semblanza propia. o de la concupiscencia o de la soberbia. Y de este mismo m odo. se aparta de lo que le es nocivo y no ejerce su función sobre objeto que no le pertenezca. cuando por la fe recibe el corazón aquella semblanza del Padre. la concupiscencia en el desear y la soberbia en procurarse lo mejor. siente gozo al encontrarlo y reitera su actividad sin fastidio. IV . cumplido que fué el tiempo ( Gálatas. Y en ella podremos con­ templar tres cosas: la generación y Encamación del Verbo. lo suave He aquí cóm o en el conocimiento sensitivo va oculta la divina sabiduría y cuán admirable es la contemplación de los cinco sentidos espirituales. 4 ) . cada sentido se ejercita sobre el objeto que le es propio. conforme a la semejanza que existe en su mente. según la cual excogita aquél su obra antes de producirla y la ejecuta según la ha pensado. T od o sentido busca con deseo el objeto que le es apro­ piado. se­ gundo. siempre. si es qué ha llegado a su plenitud. a la cualidad del efecto producido por éste o a la utilidad del fruto obtenido. la haría tal que fuese capaz de amar y de conocer a su autor. intuiremos en él la norma del recto vivir. lo armonioso. vence la negligencia en el obrar. con lo que vence la concupiscencia. cuando ejerce su actividad dentro del propio ámbito. y si pudiera. según atendamos a su producción. 9 . produce en cuanto de él depende. cuando se aparta de lo que es nocivo. A] considerar el deleite que se experimenta ejercx- tando los sentidos. 8 ). emana des­ de toda la eternidad su propia semblanza que es a la vez su imagen y prole. En la producción del objeto veremos que todo efec­ to mecánico procede del artífice. vive ordenadamente aquel que con diligencia. a su efecto o a su fruto. diremos que el corazón vive ordenadamente. y por su medio vuelven a Dios todas nuestras inteligencias. no obstante. Y ésta después. el orden del recto vivir y la unión del alma con Dios. ni el oído de oír (Eclesiastés. en otras palabras.

al producir su obra intenta hacer algo bello. agradable. v. tres condiciones análogas encontramos en la norma u orden del recto vivir: saber. por causa del pecado. le sirviera y en Él encontrara su deleite y descanso.14 4 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 14 5 ello sería en virtud de la semblanza conforme a la cual el artífice ideó su obra. pues. cap. IV . 15. la Divinidad y la Humanidad. Fijémonos ahora en el efecto de las artes mecáni­ cas. En efecto: todo artífice. el querer la hace útil. En este sentido deben enten­ derse las palabras del capítulo 14 de San Juan. sin que haya en ella nada que no anuncie la verdadera sabiduría. Y por estos tres fines Dios hizo racional al alma: para que ésta le diera alabanza. I. al ejecutar su obra busca o la gloria. v. Y tanto es más estimada una cosa y tanta mayor aceptación tiene cuanto en mayor grado reúne estas tres cualidades. vers. y Dios en él (Primera Epístola de San Juan. que la imagen o semblanza que dió origen al efecto descendiera hasta tomar una naturaleza conforme con la de éste y cognoscible por él. considerada la iluminación de las artes mecá­ nicas en lo que se refiere a la producción del objeto. en la concupiscible. H e aquí. 1 4 ). en conformidad con el triple aspecto de bien que tiene todo lo que de suyo se puede desear: honesto. de la que resulta una delectación no menos admirable. Por ello dice San Juan: El Verbo se hizo carne (San Juan. a fin de volvernos al Padre. 6: Nadie viene al Padre sino por M í. útil y duradero. 14. cóm o la iluminación de las artes mecáni­ cas nos conduce a la iluminación de la Sagrada Escritura. con mucha propiedad los Sagrados Libros utilizan tales semejanzas y comparaciones. la segunda. en la irascible. útil. pues el que permanece en la caridad. 1 4 ). y con esto. V III. T od o artífice. vers. querer y perseverar sin mudanza en la acción. A las mismas conclusiones llegaremos analizando por . esto es. El saber hace bella la obra. Por aquí se podrá entender que ninguna criatura ha procedido del Supremo Artífice sino mediante el Verbo eterno “ en quien todo lo dispuso” . La pri­ mera condición reside en la potencia racional. 13. o el lucro o el deleite. c. Y habiendo la criatura racional oscurecido sus ojos para la contemplación. Así. tales que a Él puedan asemejarse por el conocimiento y por el amor. según aquello de la Sagrada Escritura: Son todas mis delicias el estar con los hijos de los hombres ( Pro­ verbios. Y esto se hizo en virtud de la cari­ dad. la tercera. fué necesario que el invisible y eterno se hiciese visible y tomase nuestra carne. sería necesario para que alcanzara el conocimiento de su autor. D e esta manera se establece entre ambos una ad­ mirable unión. pues. 3 1 ). el perseverar la hace estable. Según esto. A l considerar el fruto de las artes mecánicas vere­ mos la unión del alma con Dios. y en él encontraremos la norma u orden del recto vivir. Por esto. Pero si ésta tuviera oscurecidos los ojos del conocimiento sin poder elevarse sobre sí misma. y aquellas otras del ca­ pítulo X I de San Mateo. 2 7: Nadie conoce al Padre sino el H ijo y aquel a quien el H ijo habrá querido reve­ larlo. y por el cual produjo no sólo las criaturas que envuelven concepto de vestigio sino también las que lo tienen de imagen. la realidad entera de nuestra fe. en Dios perma­ nece. en ella contemplamos al V erbo engendrado y encamado.

que no es otra cosa sino el verbo de la mente y com o su prole. según aquello de los Proverbios. atendiendo al término del discurso. de igual ma­ nera para que ésta llegue al conocimiento de Dios por la locución interna le es necesaria su unión con Aquél que es como el resplandor de su gloria y vivo retrato de su sus­ tancia. la luz del raciocinio y la fuerza persuasiva son intrín­ secas. y el orden y ornato que da la rectitud de intención. que es el oyente. 16. que versa principalmente sobre el discurso. todavía no existían los abismos o mares y yo estaba ya concebida. en conformidad con otros tantos que el discurso ofrece: el primero. Examinado el discurso en cuanto a su término o fin. Y el triple fin del lenguaje sólo se consigue cuando la ima­ gen. que así com o nada se puede conocer perfectamente por el discurso sino mediante la persuasión. 18. 24. hubo de reves­ tir forma carnal: el Verbo se hizo carne y habito en medio de nosotros (San Juan. 1 4 ). con re­ lación al que lo profiere. or­ denada. Con lo cual comprenderemos que el Verbo eterno. van intrínsecamente unidas al alma. Pero la expresión no es posible sin la imagen o idea. tanto que San Agustín la utiliza en muchos de sus libros para llevamos com o de la mano hasta la divi­ na Sabiduría. capítulo V I I I . 19. infundirle la luz del raciocinio y comunicarle su propia persuasión. 17. dotado de sentidos. pues. encontraremos en él la norma u orden del vivir. Pues decimos que vive bien y ordenada­ mente el que tiene intención recta. con respecto al hecho mismo de proferirlo. el decoro que proviene de la lim­ pieza de afectos. permaneciendo sin embar­ go en el seno del Padre. D e ahí también el dicho de que “ tiene su cátedra puesta en el cielo el que interiormente adoctrina los corazones” . I. la luz del raciocinio y la idea unidas al alma. Considerado el discurso en sí mismo. o sea. afectos puros y además es modesto y moderado en el obrar. es decir. decorosa. v. y mediante esa envoltura. verdad y ornato. y el tercero. ni se llega a instruir sin la luz del raciocinio. es percibido exteriormente y llega al corazón de quien lo oye sin apartarse de la mente de aquel que lo profiere. Concluiremos. Aquí se han de considerar tres aspectos. que en ella se vea la moderación exterior que imprime la modestia. T od o discurso para ser perfecto debe poseer tres cuali­ dades: congruencia. Y ahora se puede comprender la maravilla de esta con­ templación. Y para que este verbo mental pueda llegar al conocimiento del que escucha. perfectamente conocida del mismo que la concibe. Y por analogía cada una de nuestras acciones debe ser moderada. para hacerse cognoscible al hombre. Por ello dice San Agustín que sólo es verdadero doctor o maestro quien es capaz de imprimir en otro su idea. el segundo. veremos que éste no es otro sino expresar. es preciso que revista la for­ ma de una voz. 3 ). Considerando el discurso en el que habla. Analicemos ahora la iluminación de la filosofía na­ .146 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 147 idéntico procedimiento la luz de la filosofía racional. el verbo inteli­ gible se hace sensible. I. sustentándolo todo con su poderosa palabra (H e­ breos. ni tam­ poco se consigue mover sin la virtud o fuerza persuasiva. con­ cebido en generación eterna por el Padre. instruir y per­ suadir. pronto echaremos de ver que toda palabra significa un concepto interno.

las razones seminales no existen en la ma­ teria si en ésta no se da la generación y producción de la form a. con mayor motivo hemos de inferir que se encuentra en el Creador. 2 1 . la luna y las estrellas. y si de parte de la luna. el sol. Por­ que si esta generación o producción es perfectiva y se da en las criaturas. por el efecto de su causalidad y por el medio de su unión. que versa principalmente sobre las razones formales así de la materia com o del alma. Las razones intelectuales y abstractas son intermedias en­ tre las seminales o de origen y las ideales. o sea. es decir. Aún más: los apetitos o tendencias que puede haber en la materia de tal manera exigen su unión con las razones intelectuales y a ellas van ordenados que no hay generación perfecta hasta tanto que un alma racional se une con la materia corporal. y aquella altísima naturaleza donde se asientan las razones ideales. Ahora bien. pues. Pongamos ahora ante nuestra consideración las mis­ mas razones formales. En este sentido dijo San Agustín que el H ijo de Dios es “ el arte del Padre” . Se ve. De donde podrá desprenderse que para que exista en el universo la más elevada y noble perfección será necesario que aquella naturaleza que contiene las razones seminales. com o lo exige la debida proporción. del espíritu animal y del calor. Estas razones formales se pueden considerar de tres m o­ dos: por su relación de proporcionalidad. no se le dispensa el adecuado patrocinio. de Jesucristo el beneficio de su luz gratuita. La generación no tiene lugar en la materia generable y corruptible según las razones germinales o de origen. análogamente en el alma no se encontrarán las ra­ zones intelectuales sin que se produzca en la mente la ge­ neración del verbo o idea: por lo mismo no estarán en Dios las razones ideales si no se da en Él la producción del V erbo del Padre. mirándolas en cuanto al efecto de su causalidad: nos mostrarán la norma del recto vivir. no menos que de la Sabi­ duría divina. María. concurran todas tres en una sola persona: y esto cabalmente es lo que se realizó en la encamación del Verbo. 2 2 . Atendiendo a la relación de proporcionalidad las razones formales nos muestran al V erbo eterno y al Verbo encamado. el alma no puede producir obras vitales o buenas si no recibe del Sol. A l considerar las mencionadas relaciones formales con respecto al medio de su unión. y la que encierra las razones intelectuales. nacido en un principio y antes de todos los tiempos. Pues de igual manera. y por los tres llegaremos a las mismas conclusiones anteriores. . sin el benéfico influjo de la luz de los cuerpos supracelestes. comprenderemos cóm o se verifica la unión del alma con Dios. La naturaleza corpórea no puede unirse al alma sino por medio del humor vital. o si no imita los ejemplos de los demás santos: estas tres cosas concurren para que pueda producir el alma la obra viva y perfecta. M adre de Cristo. esto es.148 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 149 tural. en los que no hay generación y corrupción. Por donde se ve que la norma del vivir rectamente va incluida en las tres cosas dichas. alfa y omega. 20. y encarnado al fin de los siglos. que la filosofía natural nos anuncia a gran­ des voces por las relaciones de proporcionalidad al Verbo de Dios nacido y encarnado.

para que el retomo sea completo es necesario que el Mediador entre Dios y los hombres (I a Timoteo. o sea. v. consiste en la “ rectitud de la vo­ luntad” . que. para unirse con Él. versa también sobre la justicia general. si no se encuentra humedecida por los gemidos de la com ­ punción y la piedad. Luego así com o las cosas fueron producidas por Dios mediante el Verbo divino. espiritualizada por su desprendimiento de todo lo terreno y caldeada por el deseo de la patria ce­ lestial y de la fruición del Amado. v. pues. c. v. Y tomada la rectitud en este sentido. demostrado cóm o la multiforme sa­ . considerado en sí mismo y com o principio y fin de todas las cosas. 2 3. cuando la voluntad se somete a los preceptos obligatorios. c. En lo que fácilmente podemos ver que Dios no comunica al alma vida sobrenatural ni se une con ella. en efecto. Es necesario igualmente que haya un medio en el ser producidas las cosas y en su retom o al Creador. 2 5. 2 4 . otra sólo producida. que el ápice de la mente se dirija hacia lo alto. cuando la potencia irascible se apo­ ya en la suma largueza y la concupiscible se adhiere a la suma bondad. a las admoniciones salvadoras y a los consejos perfectos. V I. Queda. Por último se dice recto “ aquello cuya parte supe­ rior se dirige hacia arriba” . II. y la intermedia habrá de ser producente y producida. En conclusión. forzoso es que haya en Él una persona que por su naturaleza sea intermedia. Y de esta manera quien está unido con el Señor es con Él un mismo espíritu ( I a los Corintios. com o cuando decimos de la fi­ gura humana que es recta. En segundo lugar se llama recto “ aquello que en su ser y actividad se conforma a quien lo dirige” . pero en la producción el medio estará más cerca del producente. Por consideraciones análogas se puede hallar la luz de la Sagrada Escritura en la iluminación de la filosofía moral. y según ellos quedan también patentes las tres conclusiones anteriores en la consideración de la rectitud. c. se dice que vive rectamente el que en su conducta se amolda a las reglas del derecho divino. Pues. al decir de San Anselmo. 2 ). X II.15 0 SAN BUENAVENTURA REDUCCIÓN DE LAS CIENCIAS A LA TEOLOGÍA 15 1 cosas que disponen la carne para que pueda recibir del alma la vida. Porque estando Dios por encima de todas las cosas. a fin de que pueda saber el hombre qué es lo bueno y lo más agradable y lo perfecto que Dios quiere (Romanos . el orden del vivir será recto cuando en él no pueda descubrirse desviación o aberración alguna. es necesario. 5) sea no solamente Dios sino también hombre para hacer volver los hombres a Dios. de manera que una persona será sólo producente. Y esto sucede cuando la potencia racional da su asentimiento a la que es verdad primera por sí y sobre toda verdad. nos muestra igualmente la unión del alma con Dios. En este as­ pecto de la rectitud podemos ver la norma del recto vivir. He aquí cóm o en la filosofía natural se oculta la divina Sabiduría. y en cambio en el retorno estará más cerca de la cosa producida y que retoma. La palabra “ recto” puede tomarse en tres sentidos. 1 7). Puesto que la filosofía moral trata principalmente acerca de la rectitud. 2 6. Luego si en Dios. existe la rectitud suma. Primeramente se llama recto “ aquello cuyo medio no sobrepasa los extremos” .

Son todas mis delicias el estar con los hijos de los hombres ( Proverbios. 8 ). 31) . (Núm. Nadie viene al Padre sino por M í (San Juan. V I I I . 14). Amén (Romanos. IV . 14). X V I . el fruto de todas las ciencias ha de ser: que por ellas se edifique la fe. 8) . 17). (Núm. 1 2 ) . se vean morigeradás las costum­ bres. 1 1 ). I. X I V . V III. I. (Núm. que sea Dios glorificado [ I de San Pedro. (Núm. 4 ). 14) . III. 1 6 ) .152 san buenaventura biduría de Dios [Efesios. en Dios permanece. 10) . com o que desciende del Padre de las Luces [Epístola de Santiago. (Núm. 8 ). v. El que permanece en la caridad. I. 1 4 ) . ya que nunca se puede llegar hasta el H ijo sino por medio del Espíritu Santo que nos enseña todas las verdades (San Juan. 1 3 ). a la que se ordena toda la Sagrada Escritura. v. Nunca se harta el o jo de mirar ni el oído de oír ( Eclesiastés. (Núm. IV . No menos evidente se nos muestra la amplitud de la vía iluminativa. 10) que con toda claridad se nos enseña en la Sagrada Escritura va oculta en todo conocimiento y en toda naturaleza. y cóm o en todas las cosas percibidas por los sentidos o conocidas por la inteligencia está latente el mis­ m o Dios. Toda dádiva preciosa y todo don perfecto de arriba viene. El V erbo se hizo carne y habitó en medio de nosotros (San Juan. (Núm. c. c. (Núm. el cual es digno de ser bendito por todos los siglos. unión que realiza la caridad. 6 ) . toda ilustración que viene de lo alto y sin la cual resulta vano todo conocimiento. Se acabará la ciencia ( I a los Corintios. (Núm. 2 7) . v. que se perciban los consuelos que da la unión del esposo y la esposa. por lo cual ésta toma ejemplos y usa términos de todo género de conocimientos. (Núm. ciencia de Dios. 1 ) . Todavía no existían los abismos o mares y yo estaba ya concebida [Proverbios. 2 5 ). X I I I . Por lo tanto. c. 1 2 ) . IV . Cumplido que fué el tiempo. y por consiguiente. 16) . I. Nadie conoce al Padre sino el H ijo y aquel a quien el H ijo habrá querido revelarlo (San Mateo. 6 ). Se echa de ver igualmente que todo conocimiento viene subordinado y sirve a la Teología. 14). envió Dios a su H ijo ( Gálatas. I. c. 1 2 ) . v. c. X I . T E X T O S BÍBLICOS Q U E SE C IT A N (Núm. 2 4 ). v. . y Dios en él (1 Epístola de San Juan. El Verbo se hizo carne (San Juan.

.... c. I t in e r a r io d e l a mente a D io s .... X V I ....... ÍNDICE Pdg. A fin de acertar qué es lo bueno y lo más agradable y lo perfecto que Dios quiere ( Romanos .. IV . Prólogo. La multiforme sabiduría de Dios (Efesios. Quien está unido con el Señor es con Él un mismo espíritu (I a los Corintios.......... 11). 1 8 ) .. I........ (Núm....... R e d u c c ió n de las c ie n c ia s a la T e o l o g í a . II. Que sea Dios glorificado (I de San Pedro........ El Mediador entre Dios y los hombres.... (Núm. 25) ... (Núm. X I I .......... (Núm. 3 ).. 5 ).... (Núm. (Núm........ I. 2 )........................ 2 6 ) . 2 4 ) ... Él os enseñará todas las verdades (San Juan.... c. Amén.. por A n ton io Rodríguez H u é s c a r . Es com o el resplandor de su gloria y vivo retrato de su sustancia.. 10)... 17)... v. 2 5 ) ........... 26) . v... v...... 2 3 ) .......154 SAN BUENAVENTURA (Núm. 2 6 ) .... 131 ...... ( Romanos.. c........... 7 51 53 Datos biográficos de San B u e n a v e n tu ra .. 3 ).... 26) .... c... v.......... sustentándolo todo con su poderosa palabra ( H ebreos. (Núm... El cual es digno de ser bendito por todos los siglos.. V I... Je­ sucristo ( I a Tim oteo.............. III.

Rauch 1847. Bs. As.Este libro se terminó de imprimir en la Imprenta BALMES. el dia 30 de Agosto de 1953 .

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