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EL ROL DEL COMPONENTE LEGISLATIVO EN LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LAS JUVENTUDES

Actualmente trabajo junto a jóvenes que promueven la participación política, por lo que uno de los escenarios que más he visto en acción es el de la institución legislativa, en este sentido, considero que la institución legal marca gran parte del que hacer del o la joven, siendo las políticas construidas a partir del aparato estatal son nada más un reflejo social circular de aquello que los adultos dictaminan en la sociedad de aquello que pueden o no hacer los jóvenes y lo que la sociedad demanda a los legisladores en torno a las medidas “correctivas” para la juventud. En este sentido, entiendo que desde la modernidad, los criterios jurídicos han establecido políticas “normativizadas” hacia las juventudes, para intentar atender esas “problemáticas” que han estado históricamente asociadas a la juventud , es decir, aquello que “dicen” que es la juventud, en su mayoría, las concepciones han esta delimitadas a los criterios de “criminalidad” y al “desorden”, es decir, los adultos tenían como rol el atender las demandas de una sociedad “desesperada” porque se haga algo con “esos” jóvenes, asumiendo entonces que a través del contunde poder del Estado, podrían “modelar” las conductas de to dos los jóvenes, buscando un modelo de juventud que responda a las expectativas idealizadas por la sociedad. Además de contar con una sociedad capaz de replicar y exigir aquello que se espera de la juventud y excluir a todo aquel joven que esté fuera del patrón establecido. Bajo esta mirada, el Estado ha asumido un rol de protección y sanción a las juventudes, vale decir, el joven “es” en función al cumplimiento de las normas que establecían lo que debía y no podía hacer, bajo el directo derecho tutelar provisto a los padres; entonces, son los padres quienes establecen el orden naturalizado de lo que un joven debe ser, educándolos bajo un discurso universalizado con aquello que sí se habla y aquello que queda anulado en el discurso social (aunque sí aparece en los arquetipos sociales). Focault hace un análisis mucho más profundo al respecto, asumiendo a la variable histórica como una determinante en la construcción de las concepciones de juventud asociadas a su sexualidad, y ello es importante, porque es justamente el tópico de la sexualidad, lo que más se reduce o anula en el adolescente; es decir, se habla del crimen y del castigo, pero se pierde en un discurso en blanco aquel componente asociado al placer.

Durante la modernidad, la legislación asume poder no sólo desde la fuerza represiva del Estado, sino también a través de todas las demás instituciones que influyen en la conformación de la identidad juvenil, visto desde la mirada de Focault, como un hecho social de muchas aristas; de manera específica, en el componente de la sexualidad, el Estado occidental construye en el imaginario semántico de la sociedad lo burlesco, lo permisible y lo anulado, hecho que por supuesto debía ir de la mano con las instituciones Educativas, Médicas (vistas desde la patología) y por supuesto, el de la Iglesia como institución que establece y dictamina lo moralmente incorrecto o correcto. Para ello cito el análisis provisto por Michel Foucault en su libro “historia de la sexualidad I – La voluntad de saber”, y dice: “Pero hay más: El sexo del colegial llegó a ser durante el siglo XVIII – de un modo más particular que el de los adolescentes en general -. Un problema público. Los médicos se dirigen a los directores de establecimientos y a los profesores, pero también dan sus opiniones a las familias; los pedagogos forjan proyectos y los someneten a las autoridades; los maestros se vuelven hacia los alumnos, les hacen recomendaciones y redactan para ellos libros de exhortación, de ejemplo morales o médicos. En torno al colegios y su sexo prolifera toda una literatura de preceptos, opiniones, observaciones, consejos médicos, casos clínicos, esquemas de reformas, planes para instituciones ideales” Entonces, la única institución capaz de establecer una normativa punitiva sobre el discurso de lo correcto o incorrecto era el Estado, en una sociedad que cada vez más se creía desligada de los patrones morales establecidos por la Iglesia Católica (vista en términos Marxistas como una superestructura del poder, independientemente de la profesión de la fe), por lo que a través de su poder, asume y manifiesta un discurso adulto céntrico, estableciendo el deber ser en el hombre adulto y el sujeto dependiente (y no sujeto de derecho) al adolescente o joven. Por otra parte, es importante analizar cómo el Estado constituido en el siglo XIX y XX no constituye espacios formales para la participación juvenil, lo que una vez más re afirma su rol como “castigador” y no como promotor de derechos, esta ausencia de espacios de diálogo y participación juvenil son parte, por supuesto, de un modelo adulto céntrico que reafirma que los jóvenes no eran capaces de establecer políticas favorables a sus vivencias, es por ello que muchas de las grandes reformas del siglo XX en materia laboral y de derechos de trabajadores

(principalmente jóvenes) han sido promovidas por estudiantes y jóvenes trabajados de la Europa Occidental, probablemente el ejemplo más contundente sea el de los jóvenes de Mayo del 68, en donde estudiantes izquierdistas, hippies y trabajadores responden contundemente a medidas de opresión marcadas por un Estado que habría vulnerado permanentemente sus derechos. En la actualidad, las políticas públicas favorables a juventudes se construyen desde otra mirada, y para ello es importante citar un ejemplo claro de legislación positiva hacia la pluralidad de las juventud, desde mi punto de vista, la Convención Iberoamericana de la Juventud, establece las potencialidades de cada persona joven y determina claramente las obligaciones del Estado, desde sus gobiernos, para invertir en cada uno de ellos. Pero el eje de este cambio central, es el reconocimiento del joven como un Sujeto y un Titular de Derecho, que en términos jurídicos rompe la mirada y es contrario al que se tuvo en el siglo XIX y XX respecto a la patria potestad. En conclusión, durante la época moderna, las instituciones estatales han construido normativas dirigidas a jóvenes basados en un supuesto de “criminalidad” que debía ser castigada, normada y reformada. Estas políticas han sido transmitidas y replicadas por todas las instituciones que han constituido el concepto de juventud, desarrollando un discurso de aquello que le es permitido o no al joven y determina su rol pasivo en una sociedad que no escuchaba sus demandas y mucho menos constituía espacios para procurar su participación en la política. Tópicos como el de la sexualidad y el desempleo, han permitido que los y las jóvenes se organicen, debatan, cuestionen y deconstruyan aquello que el Estado establecía para ellos y junto a las grandes revoluciones sociales e ideológicas del s. XX, han sido los mismos jóvenes quienes han procurado reformas específicas para atender sus demandas, fuera de las políticas establecidas por los Estados adulto céntricos. Bibliografía
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Historia de la sexualidad, 1: La voluntad de saber, Michel Focault, Siglo veintiuno editores, México, 1998 El 68 mexicano. Una semblanza informativa para jóvenes, Gómez Miguel, Trillas, México, 2008.
La custodia compartida (primera edición, Pito Andrade, Cristóbal, Bosch l (2009)

Convención Iberoamericana de la Juventud, OIJ et al, 2005 Estrategias nacionales de lucha contra la Pobreza, UNFPA, 2010