El freak brother

uando se desperto esta mañana, Carlos Busqued se frotó la cara y le dijo a su novia: “Para entrar en mi casa voy a tener que patear cosas”. Lo que sorprende no es que Busqued viva rodeado de basura (“La entropía me persigue”), sino que tenga una relación estable. El autor de Bajo este sol tremendo (Anagrama, 2009), una excelente novela debut cosida con partes iguales de precisión y desvarío, es uno de los personajes más raros de la literatura argentina actual. Nacido y criado en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco, se graduó de ingeniero metalúrgico en la sede cordobesa de la UTN, donde dicta clases de Análisis Matemático. Nos encontramos con él en un décimo piso en Esmeralda y Lavalle, en uno de esos edificios oscuros en los que suele negociarse sexo y mercancía no declarada. Pero la tarea de Busqued en esta oficina céntrica es mucho menos turbia: corrige libros que publica la editorial de la universidad, monografías arduas sobre álgebra, termodinámica y circuitos analógicos retroalimentados. Es el empleo soñado para un ermitaño como él: maneja los horarios, se pasa casi todo el día solo y aprovecha los ratos libres para mirar videos online de neonazis místicos, gente que cree que Hitler vive en un agujero de la Antártida junto a una flota de naves extraterrestres. Busqued ya tiene un montón de partes escritas de su próxima novela, que incluirá, entre otros personajes, a un viejo alemán congelado en un freezer marca Krupp en un sótano de las sierras (el ruido negro del fascismo esotérico se le coló como música de fondo). Se propuso sacarse el libro de encima este año, pero todavía está lejos de encontrar un orden y un sentido general. Y uno de los factores disolventes es el consumo sostenido de marihuana. Como Danielito, el protagonista de su primera novela, que se la pasaba fumando porro y mirando documentales de Discovery Channel, obsesionado con una bestia del fondo del mar que vería la muerte en el momento de salir a la superficie, Carlos procura preservarse del contacto directo con el mundo exterior. “Es un momento en que se habla de mí y lo podría estar aprovechando. Y me estoy comiendo los mocos”, dice Busqued con su dulce acento norteño. “Sigo cagado de hambre. Duermo en un colchón, vivo en una situación muy precaria: uso cubiertos descartables, no me andan las luces… Pero no se me ocurre que yo pueda estar mejor que esto. Sufro mucho estando sobrio. Es 62 | R ol l i n g S t o n e |

EL SIGLO VERDE

Conozcan a Carlos Busqued, el escritor que percibe al animal detrás de la planta Por Pablo Plotkin

C

fue una especie de purga. “Había un malestar que necesitaba sacarme de adenEl autor de Bajo tro”, dice Busqued. “Un par de años antes este sol tremendo de empezar a escribir, saqué la cuenta de con su remera de que mi viejo estuvo en el fusilamiento de Fat Freddy’s Cat, un un pibe de las Ligas Agrarias que, según guiño a la cultura. contaba él, había ordenado matar a una familia de colonos. Mi viejo, un suboficial de la Fuerza Aérea, me contó siendo yo muy chico que al pibe –que había sido alumno suyo– lo encontraron atrás de una planta. Que se dieron cuenta que estaba ahí por cómo temblaba la planta. Y que lo ataron con alambres a un árbol y lo cagaron a tiros, mientras pedía que no lo mataran. Desde entonces el alambre me da escalofríos. Mi viejo fue un personaje nefasto en más de un nivel. Años después de su muerte, caí que él había estado en esa ejecución. Y se acentuó eso que yo siempre sentía de estar en el lado equivocado de la cosa.” Bajo este sol tremendo fue escrita y reescrita durante cuatro años, “en una etapa de debacle y ordenamiento”. Antes de instalarse en Buenos Aires, Busqued se mudó a “la parte fea” del barrio Jorge Newbery, en Córdoba. “Era una casa vacía a la que me llevé la biblioteca y la computadora. Durante un año dormí tapado con una bandera argentina que había tirada por ahí. En ese clima arranqué con la novela. No conocía una mierda de nada. Estaba cagado de odio. Y de ahí a leer reseñas sobre que yo hablo de la dictadura en no sé qué clave… Es muy contaminante. Yo nunca había hecho nada que estuviera bien. Ahora me tengo que sacar la mirada de los otros de encima. Es un gran trabajo quedarme solo de nuevo.” El trance de encontrar la soledad lo lleva a recuperar la fascinación que le produjo, a los 10 años, toparse con el cuento “Playa terminal”, de un poco como lo que dice Kafka: un consuelo J. G. Ballard, ambientado en el atolón de Eniweeficaz, ya que el consuelo verdadero no existe. tok, sede de varios experimentos nucleares del El porro es lo más eficaz que encontré para pe- gobierno estadounidense, y también con histolearle a la angustia de lo cotidiano.” rietas iniciáticas de Daniel Clowes, Peter Bagge Su consumo es salvaje y voraz, está lejos de los y Charles Burns, además de clásicos del cómic sibaritas del cultivo. “A mí me das un frasco de marihuanero como la saga de los Freak Brothers. flores y se me acaba en dos días. Estoy todo el “Escribir es como mirar fijo a una planta sabiendía del orto. Fumo paraguayo; es la única forma do que hay un animal atrás”, dice Busqued, siemde sostener mi ritmo. Un amigo me vende unas pre a mitad de camino entre lo críptico y lo rebolsas de consorcio de faso. Yo quiero no estar velador. “El malestar con el que estoy lidiando donde estoy, con eso me alcanza.” ahora tiene que ver con la decadencia. El miedo Ese anhelo de evasión puede cobrar una ex- a la descomposición, a las cosas que se termitraña nitidez a medida que avanza en la escritu- nan… Eso está empujando la escritura de esta ra de algo. Bajo este sol tremendo, por ejemplo, nueva novela.”
GATO ENCERRADO

“El porro es lo más eficaz que encontré para pelearle a la angustia de lo cotidiano.”

Septiembre de 2013

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foto: sofia lopez mañan

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