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EMEEQUIS | 19 de agosto de 2013

Alejandra Zermeño, artista plástica

El arte de bordar y

TEJEr

esculturas
“Muchas veces siento que vivo en el México del ‘no’, pero si sigues tocando puertas te empiezas a encontrar gente próspera que está en la línea de querer alcanzar paz y armonía”, dice Alejandra Zermeño, quien con la serie BiDA (Biología interna De los Animales) celebró la supervivencia de la fauna a pesar de los humanos y rindió tributo a su madre fallecida.
Por Patricia Vega • @Patricia__Vega Fotografías: Eduardo Loza y cortesía de la artista
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“Si destruyes a la naturaleza, te destruyes a ti”, explica la escultora, a propósito de la exhibición de su obra más reciente en la Galería X Espacio de Arte, en el DF. Zermeño ahora está en Montreal, a donde viajó tras ser seleccionada para representar a México en el Recontre ESSARTS 2013, a realizarse del 13 al 25 de agosto en aquella ciudad canadiense.

Quiso cortar su larga cabellera para donarla a una causa noble: hacer pelucas para niñas y niños con cáncer. Necesitaba, a nivel físico, de un cambio radical que fuese reflejo de su proceso emocional. Hoy luce una melena al estilo Bob, que enmarca su rostro, muy expresivo. Tiene 34 años, pero su estatura, complexión, vestimenta y actitud la hacen ver más joven. Como un duendecillo saltarín, Alejandra Zermeño se pasea entre las 31 esculturas antropomórficas de tamaño natural en su mayoría y que, sin embargo, evocan características físicas o comportamientos de animales que la artista plástica decidió homenajear, ya sea por su belleza, por su capacidad de adaptarse al entorno humano y sobrevivir o, por el contrario, estar en peligro de extinción. La escultora concibió también la exposición BiDA (Biología Interna De los Animales) como una forma de honrar la memoria de su madre, Laura Elena Pérez Ponce de León, que murió a causa del cáncer el 8 de diciembre de 2012. El comienzo de la serie escultórica coincidió con el inicio de la enfermedad de su madre y, a lo largo de ese difícil par de años, Alejandra se empeñó en llamar su atención hacia lo bello de la vida a través de piezas escultóricas coloridas y cargadas de simbolismos, las cuales se exhibieron durante abril y mayo pasado en la Galería X Espacio de Arte, ubicada en el corazón de la colonia Condesa, a un costado del Parque México. “Desafortunadamente, mi mamá ya no alcanzó a ver la serie concluida; ni siquiera pudo ver la muestra incompleta que se montó el año pasado en el Museo Universitario del Chopo”, lamenta Zermeño. Los personajes de BiDA transmiten una sensación de gran serenidad. Y Zermeño se siente satisfecha con el resultado porque, admite, por primera logró que la colección quedara tal como surgió de su mente y corazón. Enamorada del laboratorio, Alejandra está acostumbrada a experimentar con toda clase de materiales. “Pero en esta ocasión no tuve errores y supe concretar muy bien mis ideas; eso quiere decir que ya entré en un momento profesional, supongo, de madurez y de una línea de trabajo más estable, de mayor claridad”. En una de las últimas cartas de su madre, Alejandra leyó: “Quiero sanar para ver los logros de mis hijos”. Recuerda que la piel se le puso chinita y reflexionó:

“Ahora que tengo logros verdaderos, que me empieza a ir bien y que estoy en el camino que busqué, ¿a quién se lo cuento?”. Por eso, la escultora considera que está en un proceso de reconexión con la Madre, entendida ésta como un ser superior, una divinidad. Esa es la razón por lo que terminó la exposición con la pieza Pavo Real, cuya realización —con el apoyo de cuatro asistentes mujeres— se llevó siete meses: ese fue el tiempo que les tomó pegar una a una las incrustaciones de bisutería y lentejuelas a un personaje hecho de resina y tela cosida y bordada a mano con hilo de algodón, además de ponerle el característico tejido croché que se ha convertido en seña identitaria de las esculturas de Zermeño. La artista quiso concluir su serie, sostiene, rindiendo culto a la belleza de la Creación. La primera pieza de la serie fue Quetzal, un tríptico de colores exuberantes que alude conceptualmente al peligro de extinción de esas aves, sin recurrir al consabido plumaje. Los cuerpos de las tres figuras de la obra están formados por hilos que reemplazan a las alas del quetzal: el de color rosa representa al hombre que alabó al animal; el segundo, azul, representa al hombre que lo destruyó, y el último, verde, es el hombre que anhela salvaguardarlo. “Quería tomar elementos muy simbólicos del animal, en este caso, los colores estridentes”. “Si tú destruyes a la naturaleza, te destruyes a ti mismo”, menciona la escultora para reafirmar el hilo conductor de la serie en que el jaguar, el orangután, la cigüeña, la hormiga negra, el mirlo, la nutria, el camaleón, el colibrí, el ave de Nueva Guinea, la cabra del monte y el pez garra rufa le sirvieron de inspiración. Del cine y la TV a las galerías de arte Egresada de la licenciatura en Artes Visuales de la Academia de San Carlos de la UNAM, donde también cursó una maestría, Alejandra Zermeño obtuvo menciones honoríficas. Por la necesidad de tener un trabajo que le permitiera seguir financiando sus estudios, acabó en el área de efectos especiales para cine y televisión, experiencia que le permitió entrar en contacto con diversos procedimientos y materiales industriales. Así, casi sin darse cuenta, Zermeño llegó a dominar los prostéticos: imitaciones de piel humana hechas de látex que se aplican a los actores para simular heridas,

arrugas o deformaciones. Su promisoria carrera en efectos especiales para películas le proporcionaba ingresos más que suficientes para vivir. Sin embargo, nunca dejó de sentir la necesidad de regresar a sus orígenes. Cuando retomó la escultura ya se había apropiado de nuevos materiales. Desde hace cinco años trabaja en su estudio con resinas y plásticos que se usan en el cine para hacer esas imitaciones escultóricas que permiten “romper un brazo o dar un golpe sin tocar al actor”. Con numerosas exposiciones individuales y colectivas, tanto en México como en el extranjero, Zermeño ha aplicado en su obra una técnica conocida como life-cast, que consiste en sacar moldes con vendas de yeso y vaciarlos en resina. Después de que obtiene ese “positivo” en tamaño real, Alejandra interviene la escultura con telas, estambres, hilos y otros materiales. Su obra ha sido seleccionada en bienales de arte en México, Tokio, Alemania, España, Estados Unidos y Canadá. Transformación del tejido en arte Alejandra teje desde que tenía 11 años de edad, cuando le impusieron ese aprendizaje en la secundaria. Recuerda que en esa época la pasó muy mal porque era una niña “flaca, flaca” y nada atractiva. “Llegué dos meses después de que las clases habían iniciado y nadie me quería hablar porque ya todos eran amigos entre sí. Cuando me dijeron que escogiera un taller, quise tomar artes plásticas: ‘No hay’. Entonces carpintería: ‘No hay’. Bueno, ¿cuál hay?: ‘Tejidos y bordados’ ”. Casi se desmaya porque iba a dar a un taller donde le enseñarían a “ser una chica” y sufrió horrores durante meses hasta que sus compañeras la empezaron a conocer —“imagínate: flaca, ñoña, patas chuecas”, reitera— y se hicieron amigas. Era una pésima tejedora y la mandaban a tejer como un castigo. “Yo iba a casa de una amiga a jugar y su mamá nos decía: “No, no, no… Se me van a Tamm a tejer. Y ahí nos tienes, unas niñas de 13 años sentadas con unas viejitas, platique y platique, tejiendo”. En 2008 o 2009 empezó a usar hilos en sus esculturas, a manera de líneas de tiempo. “El tejido es como una segunda piel que se puede expandir o contraer, dependiendo de lo que pida la escultura”. Conocedora de las posibilidades de estambres y tejidos, los utiliza para hacer un juego visual dentro de la propia composición escultórica. “¡Qué loco es cómo ciertos elementos que te imponen en la vida te los apropias para transformarlos en tu propio lenguaje artístico!”, valora hoy. Cuando los hermanos se encuentran Una de las piezas que incluyó en BiDA es un tríptico de puercoespines de pequeño formato. “En los primeros meses que siguieron a la muerte de mi mamá, fue súper

duro enfrentarme a la vida. Alguien me decía cualquier cosa y yo lloraba. Entonces tuve que ponerme armaduras para proteger mi espíritu; tomé muchas decisiones, entre ellas mi corte de cabello. También decidí sobre quién quiero que esté en mi vida y quién no, sobre cuáles cosas permito que me nutran y cuáles no”. Fue un proceso difícil para la artista. “Me siento como un puercoespín, pero poco a poco absorberé esas espinas para seguir abriéndome y ser próspera”. Este proceso interior se ha convertido en el inicio de una nueva serie, Hermanos, con la que expresará esa experiencia tan fuerte que vivió al lado de sus hermanos, una bailarina (Laura Elena) y un arquitecto (Sergio Raúl). El tatarabuelo ilustre Se podría pensar que por ser la tataranieta de Álvaro Obregón Salido, presidente de México entre 1920 y 1924, las cosas serían más sencillas para Alejandra Zermeño.

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El tejido es como una segunda piel que se puede expandir o contraer, dependiendo de lo que pida la escultura.

No ha sido así. La artista proviene también de una estirpe de mujeres rebeldes que han desafiado a la estructura patriarcal de su familia: su bisabuela se enamoró y se casó por la Iglesia a pesar de las amenazas de Obregón en el sentido de que la desheredaría y no la volvería a ver; fueron, entonces, las hermanas del general quienes la apoyaron. Por lo que toca a la abuela, fue una mujer de sociedad que ya entrada en años decidió divorciarse y casarse con un hombre mucho más joven que ella; al final de sus días rompió con muchos patrones establecidos para el escándalo de la sociedad de su tiempo. Y, finalmente, la mamá de Alejandra, que también se divorció y crió a sus tres hijos como madre soltera. La escultora le da la vuelta a esta herencia, junto con la imposición del bordado y del tejido —escuela por antonomasia de las mujeres que aprenden a complacer a sus maridos—, para transformarla en una experiencia

artística que le ha resultado catártica y hasta sanadora. Pero el camino que eligió no ha sido fácil. Se define en lucha constante por colocarse en el medio de la plástica contemporánea, de trabajar con claridad y ser autogestora de sus proyectos. Será por eso que casi saltó hasta el techo cuando recibió la llamada telefónica, y luego la carta oficial, para comunicarle que había sido seleccionada como representante de México en el Recontre ESSARTS 2013, a realizarse del 13 al 25 de agosto en Montreal, Canadá. “Es la primera vez que me pagan todo: desde la visa, el transporte, la estancia y la comida durante dos semanas; aparte de la producción de la pieza y un estipendio como artista”, dice entre risas. Ya de regreso en México, dedicará parte de su tiempo a la elaboración de un libro en el que documentará de cabo a rabo su proceso creativo.

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El life-cast o molde vivo en

10 pasos

1 Con vendas de yeso mojadas se saca un molde tamaño natural de la persona que sirve de modelo. Son vendas muy flexibles cuando están mojadas y toman la forma del cuerpo que envuelves con ellas. Como endurecen en minutos, el proceso toma un máximo de 40 minutos y se realiza por partes: la frontal y la trasera, los brazos, la cabeza y la cara. 2 Se unen las piezas del molde para vaciarlo con resina y cerrarlo con más vendas de yeso. 3 Se cantea la pieza (se mueve el molde para que se distribuya bien el líquido) y se espera a que gele, es decir, se cuaje un poco. 4 Se introduce al molde una estructura realizada con PVC (plicloruro de vinilo), que es el derivado del plástico más versátil. 5 Se vacía el molde con espuma de poliuretano, con el propósito de que la pieza no sea tan pesada pero que pueda sostenerse por sí misma. 6 Con sumo cuidado se abre el molde (hay que quitar venda por venda) y se rompe, con lo que la escultura se convierte en una pieza única. 7 Con un esmeril se corta la rebaba que pudiera quedar en la pieza y se rebajan las imperfecciones. 8 Moldeando encima de la pieza, se tapan las imperfecciones y se corrigen los errores que, a juicio de la artista, pudiera haber. 9 Se lija la pieza y se le aplica una base de color que suele ser gris. 10 Se aplica en color final o acabado. Si es color, la pieza ya queda terminada, pero si la escultura lleva hilado o tejido encima, la artista empieza a tejer sobre la pieza o a pegarle hilo por hilo o cuenta por cuenta.

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