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RASGOS DE UN PASTOR EN EL ANTIGUO Y EN EL NUEVO TESTAMENTO.

PASTOR (el buen) Jesús se define a sí mismo como «el buen pastor» en (Jn 10, 14 y presenta los rasgos de esta figura: el pastor entra en el redil por la puerta (10,1), llama por su nombre a sus ovejas, las saca fuera del recinto (10,3) y camina por delante de ellas, las ovejas escuchan su voz y lo siguen(10,4). El conocimiento mutuo del pastor y de las ovejas se basa en el conocimiento recíproco del Padre y del pastor (10, 14-15). El buen pastor da la vida por sus ovejas (10,11) a diferencia del mercenario que huye ante el lobo (10,12-13) y desea conducir también a las ovejas que no pertenecen a su rebaño, de manera que haya «un solo rebaño y un solo pastor» (10,16). Salmo 23 Yahvé es mi pastor. Nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas. Allí reparo mis fuerzas. Me guía por cañadas seguras. Haciendo honor a su nombre. Tu vara y tu cayado me sosiegan. A la vista de mis enemigos perfumas mi cabeza. Bondad y amor me acompañaran. Y habitaré en casa de Yahvé Un sin fin de días. Mi Pastor me da todo, me da reposo en verdes pastos y fuentes tranquilas, como y bebo y así reparo mis fuerzas. Es mi guía, me da sosiego, amor y bondad viviré en la casa de Dios por siempre, ésa es su promesa. Rasgos de un pastor en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. El pueblo de Israel en una civilización de pastores. (Gn 4,2). El pastor es a la vez un jefe y un compañero. Es un hombre fuerte capaz de defender a su rebaño contra los animales salvajes. Conduce a su rebaño, conoce a sus ovejas, las lleva en brazos, las cuida con cariño. Tiene autoridad fundada en el amor y en la entrega. A los reyes se les consideraba como pastores. Yahvé no lleva casi el título de pastor. En (Gn 49,24 y Sal 23, 1). Se reserva a aquel que debe de venir. Yahvé siguió a su pueblo como ovejas, como un rebaño en el desierto. Se pueden describir en una parábola del buen pastor las relaciones de Dios con su pueblo, es el pastor que apacienta su rebaño, recoge en sus brazos a los corderos, los pone en su pecho. Los guiará hasta manantiales reuniendo a las ovejas dispersas. El Señor confía sus ovejas a sus servidores para evitar que su pueblo esté sin pastor. Primero Moisés, luego Josué. Los jueces del pueblo y los príncipes de las naciones reciben el título de pastor. Designa a David para que apaciente a su rebaño, pero todo lleva al Mesías. Los pastores de Israel que han sido infieles ya que no se ocuparon de apacentar a las ovejas y se han apacentado a sí mismos se los llevará el viento. Yahvé va a visitar en su ira a estos pastores y a blandir la espada. Yahvé tomará en sus manos a su rebaño, lo reunirá, lo conducirá y lo apacentará; no habrá ya más que un solo pastor.

En (Za 13, 7) Despierta espada contra mi pastor. Hiere al pastor. Que se dispersen las ovejas. Yo volveré mi mano contra los corderos. La profecía invita a ver en el pastor herido no al insensato sino al traspasado, cuya muerte ha sido salvadora. Entre David y Ezequiel median varios siglos por eso la descripción no se refiere a David sino a Cristo Jesús: Yo suscitaré para ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará, mi siervo David: él las apacentará y será su pastor. Yo, Yahvé, seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellos. Yo, Yahvé, he hablado. (Ez 34, 23-24.) Esta profecía de Ezequiel tiene cabal cumplimento en la persona de Jesús, quien claramente lo declara: Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. (Jn 10, 14-15.) Nuevo Testamento En el Nuevo Testamento se juzgaba a los pastores de matones y ladrones pero se esperaba al Pastor venidero que se cumple en Jesús La profecía del pastor venidero Jesús la cumple; sitúa a los pastores entre los «pequeños» que, como los publícanos y las prostitutas, reciben de buena gana la Buena Nueva. Así se interpreta la acogida que los pastores de Belén reservaron a Jesús, nacido probablemente en su establo (Lc 2, 8-20). Jesús, va en busca de la oveja perdida (Lc 15,4-7). En su persona se realiza la espera del buen pastor, y delega a ciertos hombres una función pastoral en la Iglesia. Jesús, el buen pastor. El nacimiento de Jesús en Belén dio cumplimiento a la profecía de Miqueas (Mt 2,6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel . Miq 5,1. Más tú, Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño. Su misericordia revela en él al pastor que Moisés quería (Núm 27,17), pues acude en socorro de las ovejas sin pastor (Mt 9,36; Mc 6,34). Jesús es el “Mediador único, la puerta de acceso a las ovejas y que permite ir a los pastos. Sólo él delega el poder pastoral. Una nueva existencia se funda en el conocimiento mutuo del pastor y de las ovejas (10, 14-15): amor recíproco fundado en el amor que une al Padre y al Hijo (14,20; 15,10; 17, 8. 18-23). Finalmente Jesús es el pastor perfecto porque da su vida por las ovejas (10,15. 17); no sólo es «herido» (Mt 26,31; Zac 13,7), sino que él mismo da su vida (10, 18); las ovejas dispersas que él reúne vienen del aprisco de Israel y de las naciones (10,16; 11,52). Finalmente, el rebaño único así reunido queda unido para siempre, porque el amor del Padre todopoderoso lo mantiene y le garantiza la vida eterna (10, 27-30). Jesús se considera como enviado a las ovejas perdidas de Israel (Mt 15:24; 10,6; Lc 19,10). El «pequeño rebaño» de los discípulos que ha reunido (Lc 12,32) figura a la comunidad escatológica a la que está prometido el Reino de los santos (cf. Dan 7,27 27).Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los imperios le servirán y le obedecerán. será perseguido por los lobos de fuera (Mt 10,16; Rom 8,36) y por los de dentro, disfrazados de ovejas (Mt 7,15). Será

dispersado, pero, según la profecía el pastor que habrá sido herido lo reunirá en la Galilea de las naciones (Mt 26,31s; cf. (Zac 13,7). Finalmente, al atardecer del tiempo, el Señor de las ovejas separará en el rebaño las buenas de las malas (Mt 25,32-33). Otros escritores presentan «al gran pastor de las ovejas» (Heb 13,20), más grande que Moisés, al «jefe de los pastores» (IPe 5,4), 4Y cuando aparezca el Mayoral, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. «al pastor y al guardián», que recondujo a las almas extraviadas curándolas con sus propias heridas (IPe 2,24s). En el Apocalipsis, el Mesías conquistador, Cristo cordero resulta ser el pastor que conduce a las fuentes de la vida (Ap 7,17) y que hiere a los paganos con un cetro de hierro (19,15; 12,5). La Iglesia y sus pastores La Iglesia bajo el cayado del único pastor En Evangelio de Jn se pinta a la Iglesia viva bajo el cayado del único pastor (Jn 10). No se trata tanto del rey, señor del rebaño: cuanto del Hijo de Dios que revela a los suyos el amor del Padre. El sermón del Buen Pastor inauguraba la Iglesia de Jesús. Como en Ezequiel (Ez 34,17), se trata de un juicio (Jn 9.39). Israel semeja a ovejas esquilmadas (Ez 34,3), entregadas a «los ladrones, a los bandidos» (Jn 10,1. 10), dispersadas (Ez 34,5s.l2; Jn 10, 12). Jesús, como Yahvé, las «hace salir» y las «conduce a buenos pastos» (Ez 34,10.14; Jn 10,11.3.9.16); entonces conocerán al Señor (Ez 34, 15.30; Jn 10,15) que las ha salvado (Ez 34,22; Jn 10,9). El «único pastor» anunciado (Ez 34,23) «soy yo», dice Jesús (Jn 10,11). Jesús acoge al ciego de nacimiento curado, expulsado de la sinagoga por los malos jefes de Israel. Pedro, después de la Resurrección, recibe la misión de apacentar a. la Iglesia entera (21,16). A otros pastores (Ef 4,11) se encarga de velar por las Iglesias. A los «ancianos» y a los «epíscopos» (IPe 5,1) les corresponde apacentar la grey de Dios. A ejemplo del Señor deben buscar la oveja extraviada (Mt 18,12), vigilar contra los lobos devoradores que no tendrán consideraciones con el rebaño. El solo nombre de «pastor» debe evocar las cualidades de los pastores y el comportamiento de Yahvé en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento recuerda algunos rasgos: hay que apacentar a la Iglesia de Dios con el arranque del corazón, en forma desinteresada (cf. Ez 34,29) haciéndose modelos del rebaño; entonces «seréis recompensados por el pastor soberano» (IPe 5,4). BIBLIOGRAFÍA Biblia De Jerusalén. Desclée de Browner. Bilbao 1998 Ausejo, Serafín, R:P. Diccionario de la Biblia. Herder, Barcelona 1967. Di Berardino, Angelo. Diccionario Patrístico y de la antigüedad cristiana, Sígueme. Salamanca 1992. León-Dufour, Xavier. Vocabulario de Teología Bíblica. Herder. Barcelona 1980.