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L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
Año XLV, número 35 (2.329)

EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt

Ciudad del Vaticano

30 de agosto de 2013

Una cuestión mundial
GIOVANNI MARIA VIAN primera vista la imagen es casi idílica: una joven familia —padre y madre que estrecha a un niñito— se adentra, a lomos de un asno, en un paisaje desértico. La escueta nota a pie de foto describe, en cambio, sin necesidad de comentarios, una tragedia que parece sin fin: son refugiados que dejan Siria en dirección a Irak para ponerse a salvo de un conflicto ya demasiado largo y feroz, pero que podría agravarse aún más por elecciones cuyas consecuencias son imprevisibles. La foto hecha en el desierto sirio parece también una atormentadora y dramática representación moderna de otra fuga: la de la pequeña familia de Jesús a Egipto para librarse del odio de Herodes, descrita también aquella con escuetas palabras en el Evangelio de Mateo y en el curso de los siglos innumerables veces representada en Oriente y en Occidente. A esta imagen se le añaden muchísimas otras, que llegan casi a diario de muchas partes del mundo, trazando los contornos trágicos de una auténtica cuestión planetaria, la de las emigraciones forzadas. Fenómeno recurrente y mutable, en la segunda mitad del siglo XX los flujos migratorios se han hecho más dramáticos e imponentes como consecuencia de los conflictos, hasta el punto de inducir a las instituciones internacionales a movilizarse y a instituir organismos especializados. En este escenario, dramático en diversas partes del mundo, la Santa Sede intervino sobre todo con la constitución apostólica Exsul familia publicada por Pío XII en 1952. A este amplio texto de referencia —que se abre indicando precisamente en el destino de la familia de Nazaret el de cada persona obligada a huir de la violencia— le han seguido muchas intervenciones y medidas. Todas orientadas a sostener el empeño de muchísimos católicos y cristianos para quienes la parábola del buen samaritano sigue siendo «criterio de medida», como escribió Benedicto XVI en su primera encíclica y ha mostrado al mundo el Papa Francisco en distintos modos: eligiendo Lampedusa como meta de su primer viaje, anunciando la visita al centro Astalli de Roma y denunciando repetidamente el crimen de la trata de personas, «la esclavitud más extendida» de este siglo. Un empeño irrenunciable para la Iglesia, repite ahora el documento Acoger a Cristo en los refugiados y en las personas forzadamente desarraigadas de dos consejos pontificios (el de la Pastoral para los emigrantes e itinerantes, junto a Cor unum) publicado el pasado junio. Para afrontar una cuestión de dimensiones mundiales y destinada a extenderse en las próximas décadas, que requiere cada vez más el compromiso internacional y la acogida de las comunidades cristianas.

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Refugiados sirios el 15 de agosto en el paso de frontera rumbo a Irak (Ap)

El Papa llama a la comunidad internacional para la solución del conflicto que siembra atrocidad

Diálogo, no enfrentamientos, para abrir perspectivas de esperanza en Siria
Profundamente conmocionado por la escalada de violencia en Siria, el Papa Francisco lanzó el domingo 25 de agosto un nuevo llamamiento a la paz, involucrando el esfuerzo de la comunidad internacional. Con gran sufrimiento y preocupación continúo siguiendo la situación en Siria. El aumento de la violencia en una guerra entre hermanos, con la multiplicación de matanzas y actos atroces, que todos hemos podido ver incluso en las terribles imágenes de estos días, me impulsa una vez más a elevar la voz para que se detenga el ruido de las armas. No es el enfrentamiento lo que ofrece perspectivas de esperanza para resolver los problemas, sino que es la capacidad de encuentro y de diálogo. Desde lo profundo de mi corazón desearía manifestar mi cercanía con la oración y la solidaridad a todas las víctimas de este conflicto, a todos cuantos sufren, especialmente los niños, e invitar a tener siempre encendida la esperanza de paz. Hago un llamamiento a la comunidad internacional para que se muestre más sensible respecto a esta trágica situación y ponga todo su empeño en ayudar a la amada nación siria a encontrar una solución a una guerra que siembra destrucción y muerte. Todos juntos oramos, todos juntos rogamos a la Virgen, Reina de la Paz: María, Reina de la Paz, ruega por nosotros. Todos: María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.

Con los jóvenes de Piacenza-Bobbio y los capitulares de la Orden de San Agustín

Corazones que buscan
Buscadores de belleza y de verdad con el corazón cargado de una promesa de esperanza. Así definió el Papa Francisco a los jóvenes, al mantener un encuentro con setecientos de la diócesis italiana de Piacenza-Bobbio en la basílica vaticana. Poco después, al abrir en Roma el capítulo de los agustinos, indicó la actitud del corazón en búsqueda en la palabra «inquieto», tras las huellas del gran hombre y santo Agustín. Llamando a conservar en el corazón la inquietud de buscar a Dios, de anunciarlo con valentía y de testimoniarlo con amor.
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L’OSSERVATORE ROMANO

viernes 30 de agosto de 2013, número 35

Entrevista al presidente del Centro Astalli para los refugiados que el Pontífice visitará el 10 de septiembre

Una promesa mantenida
PIERO DI D OMENICANTONIO El viaje del Papa Francisco a las periferias existenciales pasa también por el centro de Roma. En el número 14/a de Via degli Astalli, entre el Campidoglio y la iglesia del Gesù, cada día se abre un portón verde para acoger a cientos de personas en fuga de países en guerra y ofrecerles una comida, atención médica o consejo burocrático. Es la sede del centro para los refugiados y los solicitantes de asilo creado en 1981 por los jesuitas y conocido por todos como el Centro Astalli. El Papa lo visitará el próximo 10 de septiembre, a los dos meses de su viaje a Lampedusa, manteniendo una promesa hecha poco después de su elección. En efecto, el 6 de abril telefoneó al padre Giovanni La Manna, el presidente y sobre todo animador del centro, quien le había escrito una carta para invitarle. «Me aseguró que vendría —recuerda el religioso—, pero no sabía aún cuándo. La otra semana me llamó de nuevo. Siempre de igual manera, sin necesidad de hacerse anunciar. Y me indicó la fecha. Ahora esperamos sólo poner a punto la organización». Padre La Manna, ¿cómo han recibido la noticia los refugiados asistidos en el centro y cuáles son sus expectativas? Cuando la noticia empezó a circular no hubo sorpresa. Se la esperaban, porque, en cuanto recibí la primera llamada telefónica, dije que el Papa vendría lo antes posible y que entretanto les saludaba. El mundo de los refugiados es un mundo que dribla, que nunca se termina de conocer. Por eso no quiero intentar interpretar sus expectativas. Deben sentirse libres ante el Papa. Y nuestra tarea es sólo favorecer este encuentro. Cierto, en muchos existe todavía el recuerdo de cuanto se vivió en Lampedusa cuando en el muelle un grupito de refugiados pudo estrecharse en torno al Pontífice. ¿Qué representó la visita a Lampedusa? Fue una señal fuerte de esperanza porque el Papa habló claro. En estos dos meses ha crecido la atención respecto al fenómeno de los refugiados. Se habla más de ello. El episodio de Catania, donde los bañistas en la playa se emplearon para poner a salvo a las personas en la barcaza encallada, es un eco probablemente de la visita a Lampedusa. Vivir sabiendo que se es apoyado por el Papa Francisco es algo que hace menos fatigosa la cotidianidad. Y esto vale para los refugiados, pero también para los voluntarios que dedican tiempo a su asistencia y para todos los ciudadanos italianos. ¿Cuál es la realidad de los refugiados en Roma? Aquí hay menos poesía que en Lampedusa. Roma representa un lugar de segunda llegada. No está el mar, no existe el estrés de la fuga y del miedo de no lograrlo —que en cualquier caso les acompaña por largo tiempo. Roma es menos poética porque existe la dificultad de un día a día hecho de mucha burocracia y de continuas restricciones debidas a una crisis que penaliza sobre todo a los últimos. De hecho no siempre mente estamos llamados a hacer aún más en este momento de gran dificultad para todos. ¿Una Iglesia pobre para los pobres, como quiere el Papa Francisco? La impronta de este pontificado es algo muy fuerte que personalmente me confirma en la vocación y me da entusiasmo. Me dice que éste es el camino. Nosotros existimos para quien está en dificultad y nuestros bienes se nos donan para ponerlos a disposición de estas personas. El Papa nos invita a salir de nosotros mismos. Pero no es una invitación referida sólo a una parte de mi vida. No es que asisto a los refugiados y desha ocurrido después de los suicidios de esos empresarios y trabajadores italianos que no podían ir adelante por la crisis, también ellos víctimas de un sistema injusto que ya no golpea sólo a los débiles? La emoción pasa, pero luego todo vuelve como al principio. En cambio el samaritano, del que habla el Evangelio, cuando encontró a aquel hombre medio muerto, no se volvió hacia otro lado, no delegó a nadie más la tarea de socorrerle. No se emocionó solamente. Cargó con él a hombros y le llevó a lugar seguro. Creo que se debe recuperar este tejido de humanidad partiendo de lo que dice el Papa Francisco: testigos, no maestros. Las conciencias no se forman haciendo bellos discursos, solicitando emotivamente a las personas, sino testimoniando lo que hoy, en este tiempo de crisis, significa creer. El Papa nos estimula a vivir con valentía. La valentía ante todo de transformar nuestra vida. ¿Pero no piensa que también el mundo de la política debe hacer examen de conciencia? Hace algunos días leí incluso acerca de un reality ambientado en un campo de refugiados. Si todo, hasta la muerte, se convierte en espectáculo, entonces de verdad es el fin de nuestra civilización. En ese punto no es posible sorprenderse de que se llegue a proponer impedir a los refugiados que lleguen a nuestras tierras. Además, si mueren en el mar es su problema. Pero hay que plantear una pregunta a quien tiene la tarea de gobernar este fenómeno, y yo continúo repitiéndola. Si todos los países democráticos y civiles reconocen el derecho de asilo político, alguno debe tener la valentía y la honestidad de explicar a los ciudadanos cómo se pueden mantener políticas de cierre y de obstáculo que de hecho impiden a hombres y mujeres en fuga de la guerra hacer uso de este derecho. ¿Cómo hace una familia que escapa de Siria, sin documentos por la peligrosidad de llevarlos encima, para llegar con seguridad y de manera regular? Se criminalizan como clandestinas a personas a las que después se reconocerá el derecho de asilo político. Es por esto que seguimos pidiendo canales humanitarios seguros. Se gastan millones y millones de euros para controlar las fronteras o para mandar aviones y barcos con la idea de intervenciones militares para restablecer la paz, cuando en cambio estos mismos fondos y estos mismos medios podrían utilizarse para salvar personas. Estos interrogantes hay que plantearlos en voz alta. Y la política debe responder.

Refugiados libios esperan alimentos en un campo tunecino de primera acogida (United Nations Photo)

existen los recursos que querríamos para dar respuestas dignas a las necesidades de los refugiados. Cuando llega, como en estos días, un núcleo familiar sirio, lo que se necesita no es un primer socorro. Hay necesidad de dar seguridad y estabilidad, de hallar un lugar donde el padre, la madre y los hijos puedan estar juntos. Y esto no siempre es posible. ¿Es un problema sólo de recursos económicos? No. Hemos perdido el sentido de la comunidad. Cuando un refugiado llega a Roma, llega a un lugar donde no hay puntos de referencia. Y si una persona en dificultad se encuentra también sin puntos de referencia la situación empeora. Cuando además hay niños —como se está viendo con las últimas llegadas de Siria y Egipto— la situación se agrava. Es en estas circunstancias cuando se experimenta cómo el encuentro con el prójimo que sufre lleva al límite la propia humanidad. Es lo mismo que experimenta ese médico a quien le cuesta resignarse a la idea de no hallar una terapia eficaz para su paciente. También nosotros somos llevados a este límite. Pero es un bien vivir esta crisis, porque es así como nacen los interrogantes. Y las propuestas. Tengo dormitorios para poner a disposición, pero ¿puedo conformarme? En la comunidad donde vivo, en la de Sant'Andrea en el Quirinal, hemos empezado por ello a alojar a un refugiado. Si esto es posible aquí, ¿por qué no puede serlo en otro lugar? Nosotros hacemos mucho como Iglesia, pero probable-

pués, cuando vuelvo a la comunidad, cierro la puerta a mis espaldas y todo ha terminado. No; la vida no está hecha de compartimentos estancos. La experiencia que estamos teniendo en nuestra comunidad religiosa acogiendo a un refugiado, con la perspectiva de poder acoger en un futuro a un número mayor, está precisamente en esta línea. También en Sant'Andrea podemos salir de nosotros mismos para compartir lo que somos y lo que tenemos. Naturalmente respetando las diferencias. Los refugiados son, en gran parte, de otras religiones, de otras culturas, pero no por esto no podemos compartir la cocina y los espacios comunes. Ha sido precisamente sentirme parte de esta Iglesia guiada por un Papa que, no sólo alienta a ir al encuentro de los pobres, sino que él mismo va y les abraza, lo que me ha llevado a escribirle e invitarle. ¿Este compartir es la respuesta cristiana a la «globalización de la indiferencia»? Hay un tejido humano que ha sido desmembrado y que hay que reconstruir. Me ha sucedido ver a una voluntaria enviar una contribución de dos euros con un SMS a una campaña de solidaridad promovida en televisión sólo porque le había impactado la fotografía de un chiquillo afgano de Herat. Pero el mismo chiquillo visto en la plaza de los Partigiani, que es un punto de encuentro para los que van al norte de Europa, le daba miedo. Igualmente, cuando se ve a las mujeres o a los niños socorridos en las barcazas surge conmoción, uno se emociona. ¿Y luego? ¿Y qué

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GIOVANNI MARIA VIAN
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número 35, viernes 30 de agosto de 2013

L’OSSERVATORE ROMANO

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En el Ángelus la imagen evangélica de la puerta estrecha

Cristianos de verdad no «de etiqueta»
Ser cristianos no es tener una «etiqueta» sino «vivir y testimoniar la fe en la oración, en las obras de caridad, en la promoción de la justicia, en hacer el bien». Lo recordó el Papa Francisco en el Ángelus del 25 de agosto, explicando a los numerosos fieles reunidos en la plaza de San Pedro la imagen evangélica de la «puerta estrecha» propuesta en la liturgia del vigésimo primer domingo del tiempo ordinario. Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar acerca del tema de la salvación. Jesús está subiendo desde Galilea hacia la ciudad de Jerusalén y en el camino —relata el evangelista Lucas— alguien se le acerca y le pregunta: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» (13, 23). Jesús no responde directamente a la pregunta: no es importante saber cuántos se salvan, sino que es importante más bien saber cuál es el camino de la salvación. Y he aquí entonces que, a la pregunta, Jesús responde diciendo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán» (v. 24). ¿Qué quiere decir Jesús? ¿Cuál es la puerta por la que debemos entrar? Y, ¿por qué Jesús habla de una puerta estrecha? La imagen de la puerta se repite varias veces en el Evangelio y se refiere a la de la casa, del hogar doméstico, donde encontramos seguridad, amor, calor. Jesús nos dice que existe una puerta que nos hace entrar en la familia de Dios, en el calor de la casa de Dios, de la comunión con Él. Esta puerta es Jesús mismo (cf. Jn 10, 9). Él es la puerta. Él es el paso hacia la salvación. Él conduce al Padre. Y la puerta, que es Jesús, nunca está cerrada, esta puerta nunca está cerrada, está abierta siempre y a todos, sin distinción, sin exclusiones, sin privilegios. Porque, sabéis, Jesús no excluye a nadie. Tal vez alguno de vosotros podrá decirme: «Pero, Padre, seguramente yo estoy excluido, porque soy un gran pecador: he hecho cosas malas, he hecho muchas de estas cosas en la vida». ¡No, no estás excluido! Precisamente por esto eres el preferido, porque Jesús prefiere al pecador, siempre, para perdonarle, para amarle. Jesús te está esperando para abrazarte, para perdonarte. No tengas miedo: Él te espera. Anímate, ten valor para entrar por su puerta. Todos están invitados a cruzar esta puerta, a atravesar la puerta de la fe, a entrar en su vida, y a hacerle entrar en nuestra vida, para que Él la transforme, la renueve, le done alegría plena y duradera. En la actualidad pasamos ante muchas puertas que invitan a entrar prometiendo una felicidad que luego nos damos cuenta de que dura sólo un instante, que se agota en sí misma y no tiene futuro. Pero yo os pregunto: nosotros, ¿por qué puerta queremos entrar? Y, ¿a quién queremos hacer entrar por la puerta de nuestra vida? Quisiera decir con fuerza: no tengamos miedo de cruzar la puerta de la fe en Jesús, de dejarle entrar cada vez más en nuestra vida, de salir de nuestros egoísmos, de nuestras cerrazones, de nuestras indiferencias hacia los demás. Porque Jesús ilumina nuestra vida con una luz que no se apaga más. No es un fuego de artificio, no es un flash. No, es una luz serena que dura siempre y nos da paz. Así es la luz que encontramos si entramos por la puerta de Jesús. Cierto, la puerta de Jesús es una puerta estrecha, no por ser una sala de tortura. No, no es por eso. Sino porque nos pide abrir nuestro corazón a Él, reconocernos pecadores, necesitados de su salvación, de su perdón, de su amor, de tener la humildad de acoger su misericordia y dejarnos renovar por Él. Jesús en el Evangelio nos dice que ser cristianos no es tener una «etiqueta». Yo os pregunto: vosotros, ¿sois cristianos de etiqueta o de verdad? Y cada uno responda dentro de sí. No cristianos, nunca cristianos de etiqueta. Cristianos de verdad, de corazón. Ser cristianos es vivir y testimoniar la fe en la oración, en las obras de caridad, en la promoción de la justicia, en hacer el bien. Por la puerta estrecha que es Cristo debe pasar toda nuestra vida. A la Virgen María, Puerta del Cielo, pidamos que nos ayude a cruzar la puerta de la fe, a dejar que su Hijo transforme nuestra existencia como transformó la suya para traer a todos la alegría del Evangelio.

Congreso en el Vaticano sobre la trata de personas

La esclavitud moderna
«Creo que sería bueno tratar sobre trata de personas y esclavitud moderna. La trata de órganos puede tratarse en conexión con la trata de personas. Muchas gracias». La indicación viene personalmente del Papa Francisco. Estas palabras —incluso subrayadas— son parte de una breve nota autógrafa en español que el Pontífice envió al obispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de las Academias pontificias de ciencias y de ciencias sociales. Precisamente respondiendo a este deseo ambos organismos, en colaboración con la Federación internacional de asociaciones de médicos católicos (FIAMC), han organizado un congreso sobre «La trata de personas: la esclavitud moderna. Las personas indigentes y el mensaje de Jesucristo», programado para los días 2 y 3 de noviembre en el Vaticano. Se trata de un primer encuentro —explica a nuestro periódico el prelado— al cual le seguirán, sobre el mismo tema, un seminario en 2014 y una sesión plenaria de las dos academias en 2015. Es una confirmación de la atención que el Papa presta a tal fenómeno, cuyas dramáticas consecuencias experimentó en Buenos Aires durante su episcopado. Bergoglio, en efecto, —continúa monseñor Sánchez Sorondo— tuvo ocasión de conocer directamente a algunas de las víctimas de la trata, respaldándolas también cuando denunciaron a sus explotadores. Es objetivo del Congreso sobre la trata de personas —que, después del tráfico de drogas y venta de armas, parece haberse convertido en uno de los medios más rentables para la criminalidad internacional— establecer ante todo cuál es «el status quaestionis, es decir, cuáles son las dimensiones del problema —explica a nuestro periódico el obispo Sánchez Sorondo—, de modo que, sobre la base de la situación real, sea posible establecer una agenda para tratar de contrastar el fenómeno». Evidentemente el tema en cuestión, destaca el prelado, «toca el centro de las ciencias sociales, porque se trata de un fenómeno de pobreza y de esclavitud». De este encuentro, como es praxis para iniciativas de este tipo promovidas por las Academias pontificias, surgirán «indicaciones operativas, es decir, conclusiones, que serán una especie de descripción, naturalmente inicial del fenómeno». Nadie «puede negar —destaca monseñor Sánchez Sorondo— que la trata de personas constituye un crimen escandaloso contra la dignidad humana y una violación grave de los derechos humanos fundamentales». Por otra parte, por causa de los enormes intereses económicos que giran en torno a ello, la mayor parte de las veces «las instituciones internacionales actúan como si no pasara nada». Al contrario, las Academias pontificias de ciencias y de ciencias sociales, juntamente con la FIAMC, quieren ofrecer una aportación para contrarrestar estas atroces formas de esclavitud, recurriendo también a la enseñanza del jesuita san Pedro Claver, quien consideraba a los esclavos africanos en América Latina «como sus hermanos y amigos cristianos más íntimos». Según el informe de 2012 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito (UNOD C) sobre el tráfico de seres humanos, los organismos internacionales comenzaron a tomar seria conciencia de este creciente delito sólo en el año 2000, juntamente con los efectos negativos consiguientes a la globalización. Sucesivamente —recuerda el prelado— las Naciones Unidas prepararon un protocolo, firmado ya por 117 Estados, para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas (especialmente mujeres y niños), que integra la Convención de la ONU contra la delincuencia organizada transnacional. La Organización internacional del trabajo calcula que entre 2002 y 2010 «globalmente 20,9 millones de personas fueron víctimas de este fenómeno. La estimación incluye también a las víctimas de la trata de personas con fines de mano de obra y explotación sexual»: al respecto, se considera que cada año casi 2 millones de personas son víctimas de la trata con trasfondo sexual, y de éstas el sesenta por ciento son niñas. El tráfico de órganos humanos, en cambio, afecta casi al uno por ciento de esta cifra global. También este aspecto particular será tema de debate en las Academias pontificias, pero no formará parte del orden del día de este primer encuentro y se afrontará sucesivamente. Al congreso sobre la trata de personas le seguirá el encuentro organizado por la Academia pontificia de ciencias sobre el tema «Pan y cerebro, educación y pobreza», en programa del 4 al 6 de noviembre, también en la «Casina Pío IV» en el Vaticano. La intención de este seminario es profundizar bajo varios aspectos en los actuales y dramáticos desafíos de la pobreza y la educación, analizándolas a la luz de los resultados de las nuevas tecnologías, del desarrollo de las ciencias neurocognitivas y de los progresos en el campo pedagógico y formativo.

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L’OSSERVATORE ROMANO Con los jóvenes peregrinos de Piacenza-Bobbio

viernes 30 de agosto de 2013, número 35

Buscadores de verdad y artesanos de futuro
Fue el momento culminante, lleno de entusiasmo, de la peregrinación diocesana —con ocasión del Año de la fe— de Piacenza-Bobbio organizada por el servicio para la pastoral juvenil sobre el tema «Sobre esta piedra», tras las huellas de la JMJ de Río de Janeiro. Cerca de setecientos jóvenes, ¡Gracias por esta visita! El obispo ha dicho que he hecho un gran gesto viniendo aquí. Pero lo he hecho por egoísmo. ¿Sabéis por qué? ¡Porque me gusta estar con vosotros! Y esto es un egoísmo. ¿Por qué me gusta estar con los jóvenes? Porque tenéis dentro de vuestro corazón una promesa de esperanza. Vosotros sois portadores de esperanza. Vosotros, es verdad, vivís en el presente, pero, mirando el futuro... vosotros sois artífices de futuro, artesanos de futuro. Además —y ésta es vuestra alegría— es algo bello ir hacia el futuro, con las ilusiones, con tantas cosas hermosas —y es también vuestra responsabilidad. Convertirse en artesanos del futuro. Cuando me dicen: «Pero, padre, que malos tiempos, estos... Mira, no hay nada qué hacer». ¿Cómo no se puede hacer nada? ¡Y explico que se puede hacer mucho! Pero cuando un joven me dice: «Qué malos tiempos estos, padre, no se puede hacer nada». ¡Bah! Le mando al psiquiatra. Porque, es verdad, no se entiende. No se entiende a un joven, un chico, acompañados por el obispo Gianni Ambrosio, mantuvieron un encuentro con el Papa Francisco el 28 de agosto por la tarde en la basílica vaticana, en el altar de la cátedra. Publicamos las palabras que espontáneamente les dirigió el Santo Padre. sos, si sois tristes —qué feo, un joven triste—, si estáis tristes... ¡bah! Esa belleza no será belleza, esa bondad no será bondad y esa verdad será algo... Pensad bien en esto: apostar por un gran ideal, el ideal de hacer un mundo de bondad, belleza y verdad. Esto podéis hacerlo, vosotros tenéis el poder de hacerlo. Si vosotros no lo hacéis, es por pereza. Esto quería deciros, esto deseaba deciros. Quería deciros esto, y deciros: ánimo, id adelante, haced ruido. Donde están los jóvenes debe haber ruido. Después se ordenan las cosas, pero la ilusión de un joven es hacer ruido siempre. ¡Id adelante! En la vida habrá siempre personas que os harán propuestas para frenar, para bloquear vuestro camino. Por favor, id a contracorriente. Sed valientes, valientes: id a contracorriente. Me dicen: «No, pero, esto, ¡bah! Toma un poco de alcohol, toma un poco de droga». ¡No! Id a contracorriente respecto a esta civilización que nos está haciendo tanto daño. ¿Entendido, esto? Ir a contracorriente; y esto significa hacer ruido, ir adelante, pero con los

una chica, que no quieran hacer algo grande, apostar por ideales grandes, grandes para el futuro. Después harán lo que puedan, pero la apuesta es por las cosas grandes y bellas. Y vosotros sois artesanos del futuro. ¿Por qué? Porque dentro de vosotros tenéis tres deseos: el deseo de la belleza. A vosotros os gusta la belleza, y cuando hacéis música, hacéis teatro, hacéis pintura —cosas de belleza—, estáis buscando esa belleza, sois buscadores de belleza. Segundo: vosotros sois profetas de bondad. Os gusta la bondad, ser buenos. Y esta bondad es contagiosa, ayuda a todos los demás. Y también —tercero— vosotros tenéis sed de verdad: buscar la verdad. «Pero, padre, yo tengo la verdad». En cambio te equivocas, porque la verdad no se tiene, no la llevamos, se encuentra. Es un encuentro con la verdad, que es Dios, pero hay que buscarla. Y estos tres deseos que tenéis en el corazón debéis llevarlos adelante, al futuro, y construir el futuro con la belleza, con la bondad y con la verdad. ¿Habéis entendido? Este es el desafío: vuestro desafío. Pero si sois perezo-

valores de la belleza, de la bondad y de la verdad. Esto quería deciros. Quiero desearos a vosotros todo el bien, un buen trabajo, alegría en el corazón: ¡jóvenes alegres! Y por esto desearía daros la bendición. Pero antes, todos juntos, rogaremos a la Virgen, que es la Madre de la belleza, la Madre de la bondad y la Madre de la verdad, que nos dé esta gracia del valor, porque la Virgen era valiente, tenía valor, esta mujer. Era buena, buena, buena. Le pedimos a Ella, que está en el Cielo, que es nuestra Madre, que nos dé la gracia del valor para ir adelante y a contracorriente. Todos juntos, como estáis, así, rezamos un Ave Maria a la Virgen. Tras recitar el Avemaría e impartir la bendición, el Pontífice concluyó. Y os pido que recéis por mí, porque este trabajo es un trabajo «insalubre», no hace bien... ¡Rezad por mí!

Audiencia a los reyes de Jordania

Siria, diálogo como única opción

Los tuits del Papa en @Pontifex_es
21 AGO [12.O5 PM] Un inmejorable programa de vida para todos: Las Bienaventuranzas y Mateo 25 23 AGO [12.O3 PM] Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos. Enséñanos a ir a la calle y dar a conocer tu amor 25 AGO [12.O5 PM] No tengan miedo de pedir perdón a Dios. Él no se cansa nunca de perdonar. Dios es todo misericordia 27 AGO [12.O5 PM] Jesús es la puerta que conduce a la salvación. Es una puerta abierta para todos 27 AGO [12.12 PM] Dejemos entrar a Jesús en nuestra vida, saliendo de nuestros egoísmos, indiferencias y aislamientos 28 AGO [11.19 AM] El amor de Dios no es algo abstracto o genérico; el amor de Dios tiene nombre y rostro: Jesucristo

El Santo Padre por la colecta «Más por menos» en Argentina
El jueves 29 de agosto por la mañana el Santo Padre Francisco recibió a sus majestades el rey de Jordania, Abdullah II, y a la reina Rania. Sucesivamente, el soberano hachemita tuvo un encuentro con su eminencia el señor cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, que estuvo acompañado por su excelencia monseñor Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados. Durante los cordiales coloquios se trataron algunos temas de interés común, sobre todo la promoción de la paz y de la estabilidad de Oriente Medio, con particular referencia a la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos y a la cuestión de Jerusalén. Especial atención se reservó a la trágica situación en la que se encuentra Siria; al respecto, se reafirmó que el camino del diálogo y de la negociación entre todos los componentes de la sociedad siria, con el apoyo de la comunidad internacional, es la única opción para poner fin al conflicto y a las violencias que cada día causan la pérdida de tantas vidas humanas, sobre todo entre la población inerme. Se expresó además aprecio por el empeño del rey Abdullah en el campo del diálogo interreligioso y por la iniciativa de convocar en Amán, a principios del mes de septiembre, una Conferencia sobre los desafíos que los cristianos de Oriente Medio deben afrontar, particularmente durante este período de cambios socio-políticos. Se puso de relieve, finalmente, la positiva contribución que las comunidades cristianas aportan a las sociedades de la región, de las que son una parte integrante.

Confiamos en tu ayuda
En la amistad con Cristo es posible encontrar las energías para servir con perseverancia a cuantos tienen necesidad, sobre todo a los pobres: lo subraya el Papa Francisco en el mensaje enviado a la Iglesia en Argentina con ocasión de la tradicional colecta nacional «Más por Menos», que se celebrará, en su 44° edición, el domingo 8 de septiembre en todas las parroquias, escuelas e institutos católicos del país con el lema: «Confiamos en tu ayuda». En el mensaje —firmado por el cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone, y enviado a través del nuncio apostólico en Argentina, el arzobispo Emil Paul Tscherring, al presidente de la Comisión episcopal para la ayuda a las regiones más necesitadas del país y responsable de esta campaña, monseñor Adolfo Armando Uriona, obispo de Añatuya— el Pontífice saluda «afectuosamente a los católicos argentinos» y les anima a «asumir un compromiso cristiano solidario inspirado en la fe en un Dios que lo ha dado todo por nosotros». En particular, el Papa Francisco, precisamente para realizar esta importante obra de caridad, invita a los fieles a «identificarse cada vez más con Cristo, cultivando su amistad con la oración y la celebración de los sacramentos», indicando de este modo el camino «para encontrar fuerzas con las que prestar sin cesar un precioso servicio de ayuda». En 2012 la campaña de solidaridad de la Iglesia argentina recogió más de 12 millones de pesos. Los frutos de esta iniciativa se distribuyen cada año entre las diócesis más pobres del país.

número 35, viernes 30 de agosto de 2013

L’OSSERVATORE ROMANO

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La misa del Papa para abrir el capítulo general de la Orden de San Agustín

Con inquietud en el corazón

«Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Las Confesiones, I, 1, 1). Con estas palabras, que se han hecho célebres, san Agustín se dirige a Dios en las Confesiones, y en estas palabras está la síntesis de toda su vida. «Inquietud». Esta palabra me impresiona y me hace reflexionar. Desearía partir de una pregunta: ¿qué inquietud fundamental vive Agustín en su vida? O tal vez debería decir más bien: ¿qué inquietudes nos invita a suscitar y a mantener vivas en nuestra vida este gran hombre y santo? Propongo tres: la inquietud de la búsqueda espiritual, la inquietud del encuentro con Dios, la inquietud del amor. La primera: la inquietud de la búsqueda espiritual. Agustín vive una experiencia bastante común hoy: bastante común entre los jóvenes de hoy. Es educado por su madre Mónica en la fe cristiana, aunque no recibe el bautismo, pero creciendo se aleja, no encuentra en ella la respuesta a sus interrogantes, a los deseos de su corazón, y es atraído por otras propuestas. Entra entonces en el grupo de los maniqueos, se dedica con empeño a sus estudios, no renuncia a la diversión despreocupada, a los espectáculos del tiempo, intensas amistades, conoce el amor intenso y emprende una brillante carrera de maestro de retórica que le lleva hasta la corte imperial de Milán. Agustín es un hombre «acreditado», tiene todo, pero en su corazón permanece la inquietud de la búsqueda del sentido profundo de la vida; su corazón no está dormido, diría que no está anestesiado por el éxito, por las cosas, por el poder. Agustín no se encierra en sí mismo, no se acomoda, sigue buscando la verdad, el sentido de la vida, continúa buscando el rostro de Dios. Cierto, comete errores, toma también caminos equivocados, peca, es un pecador; pero no pierde la inquietud de la búsqueda espiritual. Y de este modo descubre que Dios le esperaba; más aún, que jamás había dejado de buscarle Él primero. Desearía decir a quien se siente indiferente hacia Dios, hacia la fe, a quien está lejos de Dios o le ha abandonado, también a nosotros, con nuestros «alejamientos» y nuestros «abandonos» respecto a Dios, pequeños, tal vez, pero hay muchos en la vida cotidiana: mira en lo profundo de tu corazón, mira en lo íntimo de ti mismo, y pregúntate: ¿tienes un corazón que desea algo grande o un corazón adormecido por las cosas? ¿Tu corazón ha conservado la inquietud de la búsqueda o lo has dejado sofocar

Del Pontífice la invitación a conservar en el corazón la «inquietud» de buscar a Dios, de anunciarlo con valor y de testimoniarlo con amor. Siguiendo los pasos de Agustín de Hipona. La Orden de San Agustín celebra desde el miércoles 28 de agosto su capítulo general ordinario, cuya misa de apertura presidió el Papa Francisco esa misma tarde en la memoria litúrgica del santo doctor de la Iglesia en la basílica romana de los santos Trifón y Agustín. Entre los presentes, los noventa capitulares, llamados a elegir al nuevo prior general que sucederá al padre Robert Francis Prevost. Al término de la Eucaristía, el Santo Padre —cuya homilía ofrecemos en esta página— se detuvo en oración ante la reliquia de san Agustín y los restos mortales de su madre, santa Mónica, conservados en la monumental sepultura, junto a la cual encendió una lámpara. por las cosas, que acaban por atrofiarlo? Dios te espera, te busca: ¿qué respondes? ¿Te has dado cuenta de esta situación de tu alma? ¿O duermes? ¿Crees que Dios te espera o para ti esta verdad son solamente «palabras»? En Agustín es precisamente esta inquietud del corazón lo que le lleva al encuentro personal con Cristo, le lleva a comprender que ese Dios que buscaba lejos de sí es el Dios cercano a cada ser humano, el Dios cercano a nuestro corazón, más íntimo a nosotros que nosotros mismos (cf. ibid., III, 6, 11). Pero igualmente en el descubrimiento y en el encuentro con Dios, Agustín no se detiene, no se arrellana, no se cierra en sí mismo como quien ya ha llegado, sino que continúa el camino. La inquietud de la búsqueda de la verdad, de la búsqueda de Dios, se convierte en la inquietud de conocerle cada vez más y de salir de sí mismo para darlo a conocer a los demás. Es justamente la inquietud del amor. Desearía una vida tranquila de estudio y de oración, pero Dios le llama a ser Pastor en Hipona, en un momento difícil, con una comunidad dividida y la guerra a las puertas. Y Agustín se deja inquietar por Dios, no se cansa de anunciarlo, de evangelizar con valentía, sin temor, busca ser la imagen de Jesús Buen Pastor que conoce a sus ovejas (cf. Jn 10, 14), más aún, como me gusta repetir, que «percibe el olor de su rebaño», y sale a buscar las perdidas. Agustín vive lo que san Pablo indica a Timoteo y a cada uno de nosotros: anuncia la palabra, insiste en el momento oportuno y no oportuno, anuncia el Evangelio con el corazón magnánimo, grande (cf. 2 Tm 4, 2) de un Pastor que está inquieto por sus ovejas. El tesoro de Agustín es precisamente esta actitud: salir siempre hacia Dios, salir siempre hacia el rebaño... Es un hombre en tensión, entre estas dos salidas; no «privatizar» el amor... ¡siempre en camino! Siempre en camino, decía Padre, usted. ¡Siempre inquieto! Y ésta es la paz de la inquietud. Podemos preguntarnos: ¿estoy inquieto por Dios, por anunciarlo, para darlo a conocer? ¿O me dejo fascinar por esa mundanidad espiritual que empuja a hacer todo por amor a uno mismo? Nosotros, consagrados, pensamos en los intereses personales, en el funcionalismo de las obras, en el carrerismo. ¡Bah! Tantas cosas podemos pensar... Por así decirlo ¿me he «acomodado» en mi vida cristiana, en mi vida sacerdotal, en mi vida re-

ligiosa, también en mi vida de comunidad, o conservo la fuerza de la inquietud por Dios, por su Palabra, que me lleva a «salir fuera», hacia los demás? Y llegamos a la última inquietud, la inquietud del amor. Aquí no puedo no mirar a su mamá: a Mónica. ¡Cuántas lágrimas derramó esa santa mujer por la conversión del hijo! ¡Y cuántas mamás también hoy derraman lágrimas para que los propios hijos regresen a Cristo! ¡No perdáis la esperanza en la gracia de Dios! En las Confesiones leemos esta frase que un obispo dijo a santa Mónica, quien pedía que ayudara a su hijo a

reencontrar el camino de la fe: «No es posible que perezca el hijo de tantas lágrimas» (III, 12, 21). El propio Agustín, tras la conversión, dirigiéndose a Dios, escribe: «mi madre, fiel sierva tuya, llorábame ante ti mucho más que las demás madres suelen llorar la muerte corporal de sus hijos» (ibid., III, 11, 19). Mujer inquieta, esta mujer, que al final dice esa bella palabra: cumulatius hoc mihi Deus praestitit! [superabundantemente me ha concedido esto mi Dios] (ibid., IX, 10, 26). ¡Aquello por lo que ella lloraba, Dios se lo dio abundantemente! Y Agustín es heredero de Mónica, de ella recibe la semilla de la inquietud. He aquí, entonces, la inquietud del amor: buscar siempre, sin descanso, el bien del otro, de la persona amada, con esa intensidad que lleva incluso a las lágrimas. Me vienen a la mente: Jesús que llora ante el sepulcro del amigo Lázaro; Pedro que, tras haber negado a Jesús, encuentra la mirada rica de misericordia y de amor y llora amargamente; el padre que espera en la terraza el regreso del hijo y cuando aún está lejos corre a su encuentro; me viene a la mente la Virgen María que con amor sigue a su Hijo Jesús hasta la Cruz. ¿Cómo estamos con la inquietud del amor? ¿Creemos en el amor a Dios y a los demás? ¿O somos nominalistas en esto? No de modo abstracto, no sólo las palabras, sino el hermano concreto que encontramos, ¡el hermano que tenemos al lado! ¿Nos dejamos inquietar por sus necesidades o nos quedamos encerrados en nosotros mismos, en nuestras comunidades, que muchas veces es para nosotros «comunidad-comodidad»? A veces se puede vivir en una vecindad sin conocer a quien tenemos al lado; o bien se puede estar en comunidad sin conocer verdaderamente al propio hermano: con dolor pienso en los consagrados que no son fecundos, que son «solterones». La inquietud del amor impulsa siempre a salir al encuentro del otro, sin esperar que sea el otro quien manifieste su necesidad. La inquietud del amor nos regala el don de la fecundidad pastoral, y nosotros debemos preguntarnos, cada uno de nosotros: ¿cómo va mi fecundidad espiritual, mi fecundidad pastoral? Rogamos al Señor por vosotros, queridos agustinos, que iniciáis el capítulo general, y por todos nosotros, que conserve en nuestro corazón la inquietud espiritual de buscarlo siempre, la inquietud de anunciarlo con valentía, la inquietud del amor hacia cada hermano y hermana. Que así sea.

número 35, viernes 30 de agosto de 2013

L’OSSERVATO

El 26 de agosto de 1978 era elegido Papa el cardenal patriarca de Venecia, Albin

Cuatro semanas de un Papa c
Cuando en la audiencia general de los miércoles Juan Pablo
VINCENZO BERTOLONE l 26 de agosto de 1978, elegido en veinticuatro horas el segundo día del Cónclave, Albino Luciani, patriarca de Venecia, elige llamarse Juan Pablo, uniendo en su nombre a Juan XXIII y a Pablo VI. Dios lo llamará pocas semanas después, el 28 de septiembre. Del intenso e inolvidable septiembre del Papa Luciani hay que recordar, sobre todo, los momentos bellísimos de las audiencias generales de los miércoles, en las que parece retomar, de alguna manera, su Catechetica in briciole. En esa obra editada en diciembre de 1949, el joven sacerdote recomendaba al catequista el entusiasmo, la convicción y el amor, y no sólo la ciencia y el conocimiento, sino, sobre todo, la capacidad de ser comunicador. Treinta años más tarde, apenas elegido Pontífice, siguiendo las huellas de su predecesor, quiso hacer de sus audiencias —como dijo el 6 de septiembre— «una auténtica catequesis adecuada al mundo moderno», precisamente, la de un Papa catequista. Casi transformando esos encuentros participadísimos en cuatro estaciones de acercamiento al núcleo central del cristianismo, la primera vez llamó a su lado a un monaguillo. El «catequista no sólo se preocupa por hacer y hablar él, sino, sobre todo, porque sus alumnos hagan y hablen», afirmaba en efecto su Catechetica (4, 6). Una semana después, basándose en Trilussa, describió eficazmente la tonalidad emotiva y existencial del acto de fe de san Pablo y san Agustín como un «rendirse a Dios, pero transformando la propia vida», es decir, sabiendo que Dios tiene «más ternura aún que la de una mamá por sus hijos». El 20 de septiembre, mientras en Friburgo un congreso internacional discutía sobre «el futuro de la esperanza», fue precisamente el turno de la esperanza, que comparó con la iucunditas de Tomás de Aquino y con la hilaritas de Agustín. Por último, el 27 de septiembre, retomando textualmente el Acto de caridad, que le había enseñado la mamá cuando era niño (en véneto, un bocia), habló del amor que no sólo permanece en la memoria y en la mente como cualquier otro dato de aprendizaje, sino que también atrae cada vez que se piensa en él, como «correr con el corazón hacia el objeto amado». Cuatro audiencias generales, caracterizadas siempre por un clima de fraternidad palpable, con citas no sólo de los Padres y teólogos, sino también de pensadores y literatos. La segunda vez fue el turno de Ozanam y Lacordaire; la tercera, de Saint-Beuve y del escocés no católico Andrew Carnegie; la cuarta, de un indefinido profesor de filosofía suyo y de Julio Verne. Momentos de contacto casi directo con sus hermanos en el episcopado y con numerosos laicos. Un momento de familia, percibido como si se estuviera, del modo más tierno, en la presencia del Señor, como le sucede a un niño cuando está ante su mamá: «Como un niño ante su mamá cree en la mamá, yo creo en el Señor». El Papa Luciani evocará una vez más a su propia mamá terrenal el 13 de septiembre, para ilustrar la particular relación de confianza que se establece con Dios aun antes que con sus verdades, en el acto de fe: «Mi madre me solía decir cuando empecé a ser mayor: de pequeño estuviste muy enfermo; tuve que llevarte de médico en médico y pasarme en vela noches enteras; ¿me crees? ¿Cómo podía contestarle: mamá, no te creo? Claro que te creo, creo lo que me dices, y sobre todo te creo ti». En un contexto de familia que se repición de la muerte encefálica para la extirpación de órganos y de la respectiva experimentación en seres humanos para procurar eventuales beneficios a otros enfermos—, el Pontífice reafirmó que «jamás se puede convertir al hombre en objeto de experimentación», sobre todo cuando es más débil o está enfermo, como puede suceder en el último período de la vida. Ocho días después, retomando el tema de las «siete lámparas de la santificación», del que había hablado Juan XXIII, el Papa Luciani describió el dinamismo de la fe como un coloquio y una confrontación entre el Señor y cada uno de nosotros, en particular, entre Jesús y la Iglesia. En aquella circuns-

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retomó un l

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tancia retomó la antigua teología de Cristo Cabeza y de la Iglesia Cuerpo, la misma que —entre finales del siglo XIII y comienzos del siglo XIV— había permitido a Santiago de Viterbo escribir el primer «Tratado sistemático sobre la Iglesia», reflexionando cristológicamente sobre la teoría del poder. Así, pudo volver a presentar la realidad eclesial como «cuerpo familiar» en el que, sobre todo, se ama y no se traiciona, aun no omitiendo la presencia de defectos casi inevitables: «Si existen defectos y faltas —y existen— jamás debe disminuir nuestro afecto a la Iglesia». Después fue el turno de la tercera lámpara, la de la esperanza, introducida por el Papa con algunos pasajes de la Divina Comedia, en los que se aprecia esa especie de examen de Dante sobre las tres virtudes teologales. La esperanza se describe con el característico método catequístico de preguntas y respuestas, a menudo con anécdotas de la vida, elogiando la virtud de la confianza y del abandono; incluso en medio de las dificultades y resultados infelices, la esperanza, en efecto, permanece firme, inquebrantable. El Papa muestra mucha «simpatía por la esperanza», a contracorriente respecto a cierta cultura contemporánea que se había inspirado en la caracterización de Nietzsche sobre la virtud de los débiles o del marxismo sobre la alienación. En la última catequesis comentó las expresiones principales del Acto de caridad: «Te amo con todo el corazón» fue definida por el Papa como «la bandera del maximalismo cristiano», y «sobre todas las cosas» fue explicada como el amor predominante, pero no exclusi-

tió sólo cuatro veces (cuantos fueron los miércoles). No por casualidad la primera vez Juan Pablo —que el 13 se presentó como «el pobre Papa», en el momento de hablar de la fe— quiso evocar un cierto clima de «familia de las familias» para describir a la Iglesia misma. Comenzó citando a «cardenales y obispos, hermanos míos en el episcopado. Yo soy sólo su hermano mayor». Pero después, quiso dialogar directamente sobre el tema del cuidado recíproco en la familia y entre las generaciones, hablando de tú a tú con James, uno de los monaguillos malteses que durante un mes habían prestado servicio en San Pedro. Un verdadero estilo de familia requiere cuidado, atención recíproca, sobre todo en los momentos de necesidad, ofreciendo alimento, agua, medicamentos. Y, sin embargo, «no basta el calor, el alimento, hay un corazón; también es necesario pensar en el corazón». En su primera audiencia general recordaba ambiente y motivos de vida familiar: la familia «impresiona más en especial porque la familia es algo grande». A los participantes en un congreso sobre trasplantes —ya entonces se debatían mucho los temas de la constata-

A mediados de la década de los ochenta Jean Guitton escribió la introducción para una edición de la «Catechetica in briciole» (Cinisello Balsamo, San Paolo, 1987). Publicamos una parte de ella junto a algunos pasajes del texto escrito por Albino Luciani en 1949, cuando desempeñaba su ministerio sacerdotal en la diócesis de Belluno. JEAN GUITTON sobre todo, lo que ha sido definido «la sonrisa». De su breve paso que duró treinta y tres días, la humanidad recuerda su sonrisa. Pasar como una flor del campo, dejando detrás el perfume de la sonrisa, significa realizar una gran obra en este momento de angustia para el universo. La sonrisa ilumina estas páginas con consejo. Nos parece percibir silenciosamente no tanto a Francisco de Sales, Fénelon o el Cura de Ars, cuanto más bien a los santos italianos de la sonrisa, Felipe Neri, Cottolengo y don Bosco. En sus cartas a los Ilustrísimos señores (libro inimitable hecho de amor-humor), monseñor Luciani habla del «catecismo de nuestro tiempo» y se dirige

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e visto el texto Catechetica in briciole, en el que he vuelto a sentir gusto por ese escritor nato que fue Albino Luciani. El término «gusto» resume la impresión de sabiduría, ciencia y sapidez que me han dejado los escritos y las palabras de este pastor incomparable. En él se intuye esa mezcla de humor y amor que lo hermanan a Dickens y a Mark Twain, sus autores preferidos; la experiencia profunda de la vida y, particularmente, de la vida infantil; la preocupación por no separar jamás el espíritu del corazón, la memoria de la invención, la palabra de la parábola; y,

ORE ROMANO

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no Luciani

atequista
mo; por último, «Señor, haced que os ame cada vez más» expresa un viaje más intenso y perfecto que el mismo progreso científico y tecnológico. En este Año de la fe, después de la encíclica Lumen fidei, que concluye la trilogía ratzingeCada audiencia general fue un momento de riana sobre las virtudes teologales, la comparación con familia, percibido como si se estuviera en la las catequesis del Papa Lupresencia, del modo más tierno, del Señor, como ciani, como ya teorizaba su le sucede a un niño cuando está ante su mamá Catechetica in briciole (cf. 4, 20), permite ver estas virtudes que «viven y hablan» obras de misericordia corporales y las gracias a un Papa para quien, en versiete espirituales; «perdono las ofensas dad, se pueden repetir con el libro de recibidas» significa una actitud que casi la Sabiduría (4, 13) las palabras consumtiene la precedencia sobre el culto mis- matus in brevi explevit tempora multa. vo, a Dios, que no es celoso; «por amor vuestro amo al prójimo como a mí mismo» dio lugar a una bellísima apertura, además de a la justicia, a la caridad practicada, o sea, a las siete

libro suyo de 1949

Miguel Ángel, Murillo y el catecismo
ALBINO LUCIANI atecismo es una palabra griega que significa: hablo desde lo alto. Hoy esta palabra se emplea en tres sentidos: a) enseñanza a viva voz de la religión («ir al catecismo); b) libro que contiene las verdades religiosas de forma sencilla y llana («comprar un catecismo»); c) las verdades mismas contenidas en el libro o expuestas en la enseñanza («el catecismo nos enseña que...»). El primer significado de enseñanza es más común. Se ha de estar atento, sin embargo, a que se trata de una enseñanza especial: no es sólo instrucción de la mente, sino educación de toda la vida: no mira sólo a poner en la cabeza algunas nociones, sino que transmite convicciones sólidas, tan vivas y fuertes que conducen a las obras buenas, a la práctica de las virtudes. Me explico.

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Tengo dos catequistas: el primero habla y explica bien, pero no hace mejores a los niños; el segundo es menos capaz, pero sabe obrar bien con el ejemplo, con la convicción que lo anima, con sus exhortaciones, que en su escuela los niños llegan a ser más buenos, se contagian de ganas de ir a la Iglesia, rezan con gusto. El segundo vale mucho más que el primero como catequista. Tengo dos niños: uno se sabe de memoria el texto y lo comprende, pero su vida no corresponde a las enseñanzas del texto. El otro recuerda poco, pero se esfuerza por llegar a ser mejor y poner en práctica lo que ha estudiado. Éste ha aprendido el catecismo de verdad. Preguntaron a Miguel Ángel: «¿Cómo hacéis para dar forma a estatuas tan llenas de vida?». Respondió: «Las estatuas ya están en el mármol. Todo está en sacarlas fuera». Los niños son como el mármol, como la materia prima: de

ella se puede sacar hombres de bien, héroes, y hasta santos. Ésta es la obra del catequista. Si dejan a un lado el catecismo no sabrán qué medio usar para hacer buenos a los pequeños y a los grandes. ¿Hablaréis de la «dignidad humana»? Los pequeños no comprenderán de qué se trata, los mayores se mostrarán indiferentes. ¿Pondréis de relieve el «imperativo categórico»? Peor que peor. Es bien distinto, en cambio, si habláis a pequeños y grandes de Dios que todo lo ve, que premia y castiga, que dio una ley santa e inviolable, que ofrece los sacramentos para fortalecer nuestra voluntad buena, pero muy débil e inconstante. (...) El catecismo explica por qué se sufre en este mundo, cómo hay que usar la riqueza, por qué todos deben trabajar. Nos presenta a Cristo como modelo y nos dice: ¡Actuad como Él! Es vuestro hermano. Os quiere mucho, os perdona, viene a vivir

Amor y humor
a un obispo francés del siglo XIX . La elección es acertada, porque monseñor Dupanloup tenía el don de lenguas: había confesado a Talleyrand, que no olvidó jamás sus lecciones; había enseñado al joven Renan; había interrogado a Mélanie y a Maximin, los muchachos de La Salette. He aquí lo que Luciani escribe ingeniosamente a Dupanloup: «En suma, gran obispo, gran literato, matador en todos los movimientos de ideas y opiniones de vuestro siglo. Pero para mí el aspecto interesante de vuestra persona y de vuestra obra es la pasión por el catecismo. Habéis comenzado a instruir a los pequeños siendo monaguillo en San Sulpicio, habéis continuado cuando erais un jovencísimo sacerdote en la Asunción de María y en la Magdalena; todo París acudía a escucharos. También como obispo, el catecismo fue vuestro pensamiento más importante, invadió la mayor parte de vuestros libros. Habéis escrito en vuestro diario: “Apenas me asignaron la clase de los pequeños, sentí un gran entusiasmo: desde entonces, lo que no es catecismo, acción pura de la gracia en las almas, es nada a mis ojos; el pequeño literato que estaba en mí, cedió el lugar y se puso al completo servicio del catequista”. Escribiste también: “El más hermoso de los ministerios es el ministerio pastoral. Pero el catecismo es más hermoso todavía. Es el hermoso ideal del corazón de Dios. Nada se puede comparar con él. Es el ministerio más puro, el más desinteresado, el más desapegado de pretensiones”. He pensado en vos y en estas apasionantes convicciones, porque tengo ante los ojos el texto del Catechismo per fanciulli, que se experimentará en Italia a partir de octubre próximo. Me parece que es un buen texto. Pero, ¿de qué sirve el texto si después no está la cabeza y el corazón de los catequistas?». Monseñor Luciani indica a los catequistas laicos el modo de proceder. No tengo ganas de estropear la alegría que experimentaréis gustando estas páginas. Veréis cómo el autor concilia los dos imperativos contrarios de toda catequesis: por un lado, ser una revelación venida de Dios a través de los apóstoles, por tanto, transmitida con autoridad divina, confiada al corazón, a la única memoria que «sait par coeur»; y, por el otro, ser un descubrimiento hecho por un niño, una búsqueda espontánea, un impulso, una pregunta al maestro por parte del alumno, a veces la invención de un nuevo lenguaje. Autoridad y libertad. Tradición y progreso. Divinidad y humanidad. Revelación e invención. Todos los pares de contrarios, que como filósofo me esfuerzo por asociar en una síntesis sencilla, los vuelvo a encontrar en el problema del catecismo de los niños postconciliares, tal como monseñor Luciani, con tacto exquisito, los afrontaba en 1949.

en vosotros. El catecismo nos grita continuamente: Sé bueno, sé paciente, sé puro, perdona, ama al Señor. En suma, no existe en el mundo fuerza moralizadora más poderosa que el catecismo. Es una pena que esta inmensa fuerza sea poco aprovechada. Los niños estudian poco el catecismo; los adultos, como creen haberlo estudiado, ya no lo estudian más. Y así nos circunda una ignorancia religiosa increíble: gente que conoce la ciencia y leyó una montaña de libros no sabe nada del cristianismo en medio del cual vive, y nunca leyó el Evangelio completo. Sin mencionar a tanta otra gente que frecuenta la Iglesia y se cree piadosa, y, en cambio, carece completamente de ideas religiosas; cree tener la fe y tiene sólo sentimentalismos; busca en la piedad no el querer de Dios, sino impresiones, sentimientos y vagas emociones; ignora la verdadera devoción y practica un puñado de devociones vinculadas a ciertas fórmulas, a ciertos números mitad cábala, mitad supersticiones; vacía la cabeza y el corazón y carga únicamente el sistema nervioso. Existe un cuadro de Murillo llamado Los niños de la concha. En un fondo tranquilo y sereno, mientras los ángeles desde lo alto miran y sonríen, el Niño Jesús da de beber al pequeño Juan Bautista, en una concha, el agua recogida en un limpísimo arroyo que corre a sus pies. He aquí la misión del catequista: sustituir a Jesús y dar a los niños, con el catecismo, el agua de la vida eterna. Depende sobre todo del catequista que su misión tenga éxito o no. San Felipe Neri y san Juan Bosco catequizaban a los muchachos en cualquier rincón de la sacristía, incluso por la calle, sin ambientes lujosos, sin recursos, y, sin embargo, encantaban como magos y transformaban. Contaban con lo que más se necesita: dotes religiosas que hacen al cristiano; dotes morales que hacen al hombre; dotes profesionales o del oficio, que hacen al maestro: cualidades externas que no hacen nada nuevo, y no son indispensables, pero dan pleno realce a las cualidades anteriores y permiten al catequista brillar ante los muchachos con la luz plena de cristiano, hombre y maestro.

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L’OSSERVATORE ROMANO

viernes 30 de agosto de 2013, número 35

Desplazados y refugiados acogidos en Castelgandolfo

JOHAN ICKX yron C. Taylor, representante personal del presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt ante la Santa Sede desde 1939, publicó en 1947 la correspondencia mantenida durante la segunda guerra mundial entre el presidente y el Papa Pío XII. Entre esas cartas hay una, del 10 de julio de 1943 —hace setenta años—, en la que se anuncian el desembarco y las operaciones militares americanas y británicas en suelo italiano. En agosto de 1943, Taylor recibió de Harold Tittmann, encargado de negocios y asistente suyo, a petición de la Santa Sede, una descripción detallada del complejo de Castelgandolfo con la finalidad de disponer las medidas oportunas para evitar el bombardeo de la residencia papal. Al mismo tiempo, el presidente de Estados Unidos garantizaba al Papa que se respetarían el estatus neutral de la Ciudad del Vaticano y el del Papal domains en Italia. Harold H. Tittmann III, hijo de Harold Tittmann, anota en sus memorias que «en los primeros cinco meses de 1944 las relaciones entre mi padre y las autoridades vaticanas tuvieron como objeto, casi exclusivamente, la actividad aérea de los aliados, puesto que la Santa Sede intentaba desesperadamente convencer a los gobiernos americano y británico de que evitaran el Vaticano, Roma y las posesiones papales en Italia». Las garantías del presidente no fueron suficientes: la Villa pontificia de Castelgandolfo estaba cerca del frente alemán atrincherado en las colinas de Albano, mientras que los aliados habían desembarcado en Anzio con el propósito de rodear la línea Gustav. Casualmente fueron afectados por los bombardeos dos edificios de la residencia papal. La Villa, como una gigantesca arca de Noé, en aquel momento alojaba a quince mil desplazados. Fue bombardeada cuatro veces: el 2 y el 10 de febrero, el 31 de mayo y el 4 de junio de 1944, y hubo centenares de víctimas. De igual modo la Villa de Propaganda Fidei —también refugio de desplazados junto con refugiados políticos y familias de judíos— sufrió ataques aéreos el 2, el 7 y el 10 de febrero de 1944. En esa ocasión murieron más de quinientas personas y el palacio fue destruido. A este episodio se refiere Emilio Bonomelli, entonces director de las Villas pontificias de Castelgandolfo, en Cronache di Guerra nelle Ville Pontificie di Castel Gandolfo (publicado en 2009). Los americanos adujeron como excusa por los ataques el hecho de que las posesiones papales estaban, según ellos, «llenas de alemanes».

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Y Washington indemnizó por las bombas sobre los refugiados de Pío XII

guerra. En cambio, sería responsable legalmente de los daños accidentales e incidentales si hubiera sucedido en territorio de un Estado neutral». Los apuntes americanos destacan la gran atención por el estatus jurídico de los territorios bombardeados. Por lo demás, la cuestión del estatus jurídico ya había sido planteada en sede internacional por la prensa durante y poco después de los hechos bélicos de 1944. La Santa Sede, y sus enclaTras larga oposición estadounidense, la cuestión se resolvió en 1956 ves en Italia, ¿habrían debido obtener un estatus de neutralidad como Suiza, o les debía corresponder un estatus jurídico como el de la Cruz Roja internacional? El estudio de algunas La realidad era diversa: la Santa gociación para llegar a la conclusión causas italianas (como, por ejemplo, Sede era muy consciente de que el de la cuestión, negociación llevada a Trenta contra Ragonesi, sentencia de mariscal de campo Kesselring había cabo con el interés incesante de la 1935 que interpreta el párrafo 15 de los Pactos lateranenses), ha mostraprohibido el uso de Castelgandolfo diplomacia vaticana. y de sus inmediaciones con finalidaGordon Gray, secretario del minis- do que inicialmente los funcionarios des bélicas. Este caso se parece al terio de Defensa americano, conside- americanos eran del parecer que un del bombardeo de la basílica de San rando que las propiedades dañadas resarcimiento de los daños en favor Lorenzo en el Verano y del barrio en Castelgandolfo estaban situadas de la Santa Sede ni siquiera debía contiguo, y de la abadía de Monte- en territorio italiano, nación en gue- ser tomado en consideración, ya que cassino. El episodio de San Lorenzo, rra con Estados Unidos, había re- los territorios bombardeados fortuien su septuagésimo aniversario, fue chazado categóricamente en 1949 la tamente gozaban del estatus de exrecordado recientemente por el Papa petición de indemnización de la traterritorialidad. En otras palabras, Francisco. Los bombardeos, inexpli- Santa Sede. Para el secretario Gray, formaban parte del territorio italiacables desde el punto de vista estra- la petición de la Santa Sede se basa- no, o sea, del enemigo, y por lo tantégico, provocaron consternación y ba, al menos en parte, en los Pactos to debían contentarse solamente con perplejidad en la población y entre lateranenses, que reconocían a las la indemnización pertinente a la inlos observadores internacionales, posesiones pontificias el estatus de munidad diplomática de embajadas, amenazando con comprometer la inmunidad semejante al que se con- nunciaturas y legaciones (delegaciocausa militar anglo-americana misma. cede a las embajadas. Pero las pro- nes apostólicas). La indignación del Papa Pío XII, Algunos documentos conservados piedades, al no estar situadas en teen el Bureau of European Affairs, en rritorio neutral, no habían sido obje- expresada en junio de 1954 en la auel Office of Italian Affairs y consul- to de una violación particular: los diencia al embajador Taylor, inclinó a la administración americana a retotables en el Archivo mar y zanjar la cuestión. El 8 de feNacional de Washinbrero de 1956, durante un encuentro A pesar de las garantías dadas, en 1944 gton (National Archientre el subsecretario de Estado Roves and Records Adrecibieron los impactos dos edificios de las bert D. Murphy y el delegado aposministration in Colletólico monseñor Amleto Cicognani, villas pontificias en Castelgandolfo. ge Park: «Record se concordó aceptar la estimación Group 59, Lot Muchísimas fueron las víctimas entre hecha por el ejército americano equi68D436, Box 7: Italy opositores políticos, desplazados y judíos valente a 96.419.935 liras, en lugar de Ecumenical Council la propuesta de la Santa Sede equiescondidos por el Vaticano 1964 24.9 Vatican file, valente a 190.956.998 liras. Al final Vatican relations with se aplicó a la divisa el cambio en viUS 1940-1956»; cf. gor en 1945, en lugar del cambio de www.archives.gov; se pueden encon- incidentes militares no violaban de 1956, erogando la considerable suma trar también con el buscador interno ningún modo la soberanía de un Esde 964.199, 35 dólares. Se propuso la Archival Records Catalogue, es de- tado neutral. suma al Congreso americano, que la cir, Arc), permiten reconstruir el heDespués de la respuesta negativa aprobó con la ley H.R. 10766, y raticho del resarcimiento de daños. del 27 de octubre de 1949, otras tres ficó el pago de la indemnización Terminada la guerra, la Santa Se- intervenciones del delegado apostóli- «como acto de gracia sin referencia de, a través del gobernador de la co en Washington (la nunciatura se a la cuestión de la obligación legal Ciudad del Vaticano, presentó la erigió en 1984), respectivamente el 18 del pago». protesta, señalando los daños y pi- de junio de 1951, el 9 de junio de Esta breve información compilada diendo el resarcimiento a partir de 1953 y el 30 de marzo de 1954, fue- sobre la base de documentación par1948. Casos semejantes se verificaron ron rechazadas decididamente, una cial, proveniente solamente de la ofitambién en otros países neutrales, tras otra, por el Departamento de cina del Departamento de Estado de como Portugal y Suiza. Estados Estado americano: «Según el parecer Estados Unidos, y de fragmentos de Unidos les reconoció una suma co- del Departamento, este Gobierno no memorias ya publicadas, ofrece un rrespondiente al valor de la divisa en es responsable legalmente de los da- motivo de reflexión del que puede el momento del pago de la indemni- ños accidentales e incidentales, efec- surgir una valoración más amplia y zación. Pero con la Santa Sede la re- to de operaciones militares contra articulada, que podrá ser corroboralación fue diferente. Los citados do- objetivos militares legítimos, provo- da y enriquecida con los documencumentos de Washington demues- cados a una misión diplomática de tos conservados en los diversos artran que fue necesaria una larga ne- un Estado neutral en territorio de chivos de la Santa Sede.

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Francisca en Flores
Una investigación sobre la llegada de las cabrinianas a Buenos Aires
MARIA BARBAGALLO a madre Cabrini y su compañera de viaje llegaron a Mendoza el 1 de diciembre de 1895, y desde allí, después de unos días, a Buenos Aires, donde la religiosa italiana comenzó a recorrer a lo largo y a lo ancho la ciudad para encontrar una casa donde iniciar su obra. Fue durante una de esas caminatas cuando la madre Cabrini divisó una palmera altísima. Mirándola, dijo: «Allí tendremos una misión». Era el barrio de Flores, donde las religiosas se instalaron cuatro años más tarde, para cuidar a huérfanas y niñas de condición humilde. Después de visitar cerca de sesenta casas, se decidió por una en el centro, en la calle Belgrano, para abrir el colegio Santa Rosa, que daría a las primeras religiosas la posibilidad de vivir. La misión en el barrio periférico, en cambio, comenzó gradualmente: las muchachas del colegio iban los días de fiesta a reunir a los niños que vivían en las calles y les impartían algo de catecismo, entre un caramelo y otro, para atraerlos. Pero la madre Cabrini pensó enseguida en algo más estable, como está escrito en las Memorias de las fundaciones argentinas: «Nuestra venerada madre fundadora, siempre sedienta de la salvación de las almas, por inspiración divina compró esta casa, situada en un suburbio de Buenos Aires, entonces habitado exclusivamente por emigrantes, casi todos italianos, de la ínfima clase. Era una finca abandonada desde hacía muchos años, un predio de dos hectáreas y media; se notaban las huellas de un elegante parque, bordeado por un majestuoso bosque de eucaliptos y pinos, que terminaba rodeando un chalé; a unos doscientos pasos se hallaban las ruinas de una casita, una antigua construcción donde vivían los campesinos que trabajaban antes en aquel campo. Como única defensa, un torrente inmundo, que corría por un costado. En torno, esparcidas por una inmensa llanura, sin calles, sumergidas en el polvo y el barro, según la estación, casitas de chapa o madera, sucias y misérrimas, donde vivían (embrutecidos por la fatiga excesiva, por el desprecio de los hijos del país y por las malas costumbres, y envenenados por ideas perversas contra la religión) centenares de emigrantes italianos. Para ellos ya no existía ni Dios ni la patria. Muchos no sabían ni siquiera si en Buenos Aires había iglesias. Nacían, se unían y morían sin ver a un sacerdote; realmente, eran dignos de compasión, porque se encontraban a grandes distancias de las iglesias». de carga por empresarios ávidos de riquezas, a quienes las largas y arduas fatigas no les dejan el tiempo para comer y entregarse al sueño, de modo que sólo conocen los placeres materiales, cuando les recuerdan las verdades de la fe, la armonía de los cánticos sagrados, el sonido suave de la palabra de caridad verdadera, que les llega a lo más hondo del corazón, sienten que les sacuden zonas íntimas ignotas, como un eco desconocido y olvidado durante muchos años, de alguna alegría nueva, intensa, inesperada. Su espíritu soñoliento se abre a un fuego, a una luz, que los reaviva, como las flores entristecidas a la sombra y entumecidas por el frío se abren ante el beso del sol y pronto se engalanan de hermosos colores y perfumes. Ahora bien, esta impresión de bienestar moral, esta redención del alma, ellos, en su tosquedad, saliendo de la iglesia para volver a sus casas, la expresaron entonces con estas palabras: “¡Oh! Estamos mejor aquí que en la taberna”. Mientras tanto, la población crecía año tras año y a las casas se añadían otras casas, de modo que nuestro orfanato ya esta casi rodeado». Hacia finales de 1902 —sigue el texto— «se comenzó a construir una iglesia de cinc y madera, capaz de albergar a unas ochocientas personas. Costó mucho dinero y causó muchos problemas; pero fue inmensa la alegría de esa pobre gente de tener un lugar donde escuchar la santa misa; también se coNiños confiados a las cabrinianas en Flores (1906) menzó a edificar una casita, entre las calles en mal estado y la miseria, la iglesia y la otra derruida, que serretozaban acá y allá, se bañaban en vía de establo; se reconstruyó tamel torrente, viviendo una vida de pe- bién ésta, y así se contó con un local queños salvajes: sucios, insolentes, para una escuela de varias aulas, recorruptos, casi antes de llegar al uso fectorio para las niñas pobres, huérde razón. Después de pasar la jorna- fanas y abandonadas, que ya se iban da catequizando y caminando, las juntando, y varios cuartos para las religiosas se reunían en el chalé (ca- religiosas; el chalé, renovado totalrente de cerraduras, pero rico en mente, servía de dormitorio para las grietas), donde les esperaban las la- niñas. A estos gastos ingentes provebores domésticas, las prácticas de yó la misericordia del Corazón de piedad y el trabajo, remendando ro- Jesús, que movía el corazón de los pa interior para aumentar las entra- ricos». das, escasísimas, dado que a la casa Hablando con las religiosas anciadebía proveer el colegio Santa Rosa. nas de las misiones argentinas, se Mientras estaban reunidas, algunos tiene una idea del trabajo de evangetruhanes accedían a la finca (hubo lización que las religiosas iban hauno que incluso llegó a entrar en la ciendo. Cada año mandaban al obissala de comunidad) con el fin de ro- pado un informe de sus obras aposbar fruta u otras cosas, si las hubie- tólicas. Entre estas, algunas son soran encontrado». bre la evangelización y sobre episoPronto —se lee— «comenzaron a dios que las religiosas llaman «hecelebrar las funciones religiosas, a chos edificantes». Por ejemplo: «Un administrar los sacramentos. Era un niño, que era casi salvaje por la miespectáculo verdaderamente conmo- seria y la suciedad en la que estaba vedor ver a esos pobres inmigrantes abandonado, tenía la cara deformaen tal circunstancia: los viejos imagi- da por una infinidad de úlceras, que nan que han vuelto a sus aldeas, y nadie había sabido o querido curar. lloran consolados. Esos pobres colo- Se le llevó al orfanato y se intentó nos toscos, tratados como animales lavarle. Fue su salvación: en poco Las religiosas no perdieron tiempo. Desde los primeros días «se entregaron al trabajo para reunir a los muchachos y enseñarles el catecismo. Iban de casa en casa, esforzándose por hacerse entender por aquellas personas burdas, que hablaban los más complicados dialectos de Italia, y a duras penas entendían el italiano y el español. Con frecuencia las echaban con malas palabras, con blasfemias, con burlas. Hubo incluso quien huyó al verlas, creyendo que eran fantasmas; pero también hubo quien se rindió. Desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, sin interrupción, los muchachos iban al chalé para ser instruidos en nuestra santa religión, y las religiosas se turnaban para atenderles. Una vez dentro, se escapaban para treparse a los árboles en busca de nidos, o para recoger fruta, que entonces era abundantísima, o para correr entre las hierbas altas, sólo por el gusto de hacer travesuras. Hubo algunos con tal temperamento, que sólo iban para entablar pelea cuchillo en mano. Casi todos trabajaban para ganarse el pan: los más pequeños, no pudiendo ir a la escuela por

L

Una procesión con la estatua de la madre Cabrini durante una de las muchas visitas del cardenal Bergoglio a la parroquia dedicada a la patrona de los emigrantes

tiempo se curó y, naturalmente, también se pensó en salvar su alma». Las Memorias son una mina de relatos; las religiosas eran literalmente felices cuando podían reconducir a una persona a la observancia religiosa. Para el orfanato, la madre Cabrini había visto una villa, o más bien un bosque para poder dar a los niños huérfanos un lugar bueno y salubre. Allí las religiosas habían hecho construir una gruta de la Virgen de Lourdes, que fue muy venerada por el barrio. Cada año, cada mes, cada semana, durante más de cincuenta años las cabrinianas recorrieron el barrio en busca de inmigrantes italianos y no, para reconstruir en ellos la identidad cristiana que habían abandonado completamente. La estrategia era, sobre todo, la de la oración. Con frecuencia, la gente que vivía aislada en los campos no tenía esperanza, y tampoco a nadie que se ocupara de ella. Esta fue una característica de las misioneras, que «no dormían» cuando se enteraban de estos casos de abandono. Con los muchachos habían fundado a los «exploradores Regina Coeli» (que llamaban batallones), quienes colaboraban con las religiosas en los momentos más importantes, en especial durante las fiestas patronales, las solemnidades religiosas, las procesiones y las numerosísimas iniciativas que se realizaban durante las «misiones» que cada año se llevaban a cabo después de Pascua. Estos muchachos se presentaban incluso cuando percibían que las religiosas o las huérfanas estaban en peligro, como sucedía durante las huelgas o los desórdenes que se producían en la ciudad. Hoy el barrio ha cambiado y las religiosas misioneras han seguido intensificando su trabajo pastoral, adaptándose a los tiempos, hasta tal punto que inauguraron la parroquia de Santa Francisca Cabrini, a poca distancia de la casa donde nació el Papa Francisco. Ya desde hace muchos años, en el lugar donde estaba el gran bosque que había acogido la misión, hay una plaza. Estos son sólo algunos de los miles de ejemplos de evangelización que las misioneras de la madre Cabrini realizaron con la ayuda de buenísimos sacerdotes, de la oración y de enormes sacrificios que, con el tiempo, contribuyeron un poco a hacer más acogedor el barrio, cuando, en los años veinte, llegó de Italia, como emigrante, la familia Bergoglio.

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viernes 30 de agosto de 2013, número 35

COMUNICACIONES
Colegio episcopal
RENUNCIAS: El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Sambalpur (India) que monseñor LUCAS KERKETTA, S.V.D., le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Lucas Kerketta, S.V.D., nació en Kahupani, diócesis de Rourkela, el 20 de septiembre de 1936. Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de octubre de 1969. Juan Pablo II le nombró obispo de Sambalpur el 17 de noviembre de 1986; recibió la ordenación episcopal el 1 de marzo de 1987. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la eparquía de Jagdalpur de los siro-malabares (India) que monseñor SIMON STO CK PALATHARA, C.M.I., le había presentado en conformidad con el canon 210 §§ 1-2 del Código de cánones de las Iglesias orientales. Simon Stock Palathara, C.M.I., nació en Chethipuzha, archieparquía de Changanacherry de los siro-malabares, el 11 de octubre de 1935. Recibió la ordenación sacerdotal el 1 de diciembre de 1964. Juan Pablo II le nombró obispo de Jagdalpur de los siro-malabares el 16 de diciembre de 1992; recibió la ordenación episcopal el 19 de marzo de 1993. En conformidad con la ley italiana que regula el servicio de asistencia espiritual a las Fuerzas armadas, monseñor VINCENZO PELVI, arzobispo Ordinario militar para Italia, el día 11 de agosto, al cumplir 65 años de edad, dejó el cargo de Ordinario militar para Italia. Vincenzo Pelvi nació en Nápoles el 11 de agosto de 1948. Recibió la ordenación sacerdotal el 18 de abril de 1973. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Tinisa de Numidia y auxiliar de la archidiócesis de Nápoles el 11 de diciembre de 1999; recibió la ordenación episcopal el 5 de febrero de 2000. Benedicto XVI le nombró Ordinario militar para Italia con dignidad de arzobispo el 14 de octubre de 2006. EL PAPA
HA NOMBRAD O:

mador para el apostolado laical y el diálogo ecuménico. —Obispo de la eparquía de Jagdalpur de los siro-malabares (India) al padre JOSEPH KOLLAMPARAMPIL, C.M.I. Joseph Kollamparampil, C.M.I., nació en Cherpunkal, eparquía de Palai, el 18 de abril de 1958. Ingresó en la congregación de los Carmelitas de María Inmaculada, donde recibió la ordenación sacerdotal el 6 de mayo de 1985. Obtuvo el doctorado en misionología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. En su ministerio ha desempeñado, en su congregación, los siguientes cargos: docente, rector de la casa de formación para aspirantes, superior provincial en la región de Nirmal (India) y rector de la CMI Mission Theologate Samanvaya en Bhopal. —Obispo de Rourkela (India) al presbítero KISHORE KUMAR KUJUR. Kishore Kumar Kujur nació en Gaibira, diócesis de Rourkela, el 6 de enero de 1964. Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de febrero de 1993. Se licenció en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Ha desempeñado su ministerio como colaborador parroquial, profesor en el seminario regional de Orissa, responsable de los seminaristas de la diócesis de Sambalpur y miembro del colegio de consultores y del consejo presbiteral. —Obispo de Faisalabad (Pakistán) a monseñor JOSEPH ARSHAD, consejero de nunciatura en Bosnia y Herzegovina. Joseph Arshad nació en Lahore el 25 de agosto de 1964. Recibió la ordenación sacerdotal el 1 de noviembre de 1991. Se doctoró en derecho canónico en Roma. Inició su ministerio como vicario parroquial y responsable de un colegio. Luego, tras ingresar en la Academia eclesiástica pontificia, ha prestado servicio en las representaciones pontificias en Malta, Sri Lanka, Bangladesh, Madagascar y Bosnia y Herzegovina, donde, en el último período, era consejero de nunciatura. —Visitador apostólico para los fieles caldeos residentes en Europa a monseñor RAMZI GARMOU, arzobispo de Teherán de los caldeos, cargo hasta ahora desempeñado «ad nutum Sanctae Sedis» por el corepíscopo monseñor Philip Najim,. Ramzi Garmou nació en Zākhō el 5 de febrero de 1945. Recibió la ordenación sacerdotal el 13 de enero de 1977. Juan Pablo II le nombró arzobispo coadjutor de Teherán de los caldeos el 5 de mayo de 1995; recibió la ordenación episcopal el 25 de febrero de 1996. Pasó a ser obispo re-

sidencial de dicha sede el 7 de febrero de 1999. El Santo Padre ha dado su asentimiento a la elección, realizada canónicamente por el Sínodo de los obispos de la Iglesia greco-melquita, del archimandrita EDUARD DAHER, B.C., para arzobispo de Trípoli del Líbano de los greco-melquitas. Eduard Daher, B.C., nació en Quaa, Valle de la Bekaa (Líbano), el 23 de abril de 1973. Recibió la ordenación sacerdotal el 8 de mayo de 1999. Se licenció en derecho canónico en la Universidad La Sagesse de Beirut. Ha sido párroco, ayudante del maestro de novicios, rector del seminario de su congregación, docente y juez en el Tribunal eclesiástico greco-melquita.

Audiencias pontificias
EL SANTO PADRE
HA RECIBID O EN AUDIENCIA:

Sábado 24 de agosto —Al presbítero José María Di Paola. Lunes, día 26 —Al cardenal Agostino Vallini, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma. Martes, día 27 —Al cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio cardenalicio. Miércoles, día 28 —Al padre Fernando Vérgez Alzaga, L.C., director de la Dirección de telecomunicaciones de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. —A monseñor Antoine Camilleri, subsecretario de la sección de la Secretaría de Estado para las Relaciones con los Estados. Jueves, día 29 —A sus majestades el rey de Jordania Abdullah II y la reina Rania, con el séquito.

Curia romana
El Santo Padre ha nombrado secretario adjunto del Tribunal supremo de la Signatura apostólica a monseñor GIUSEPPE SCIACCA, obispo titular de Fondi, hasta ahora secretario general de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Lutos en el episcopado
—Monseñor CHARLES VALOIS, obispo emérito de Saint-Jérôme (Canadá), falleció el 4 de agosto. Había nacido en Montreal el 24 de abril de 1924. Era sacerdote desde el 3 de junio de 1950. Pablo VI le nombró obispo de la diócesis de Saint-Jérôme el 10 de junio de 1977; recibió la ordenación episcopal el 29 de junio sucesivo. Juan Pablo II aceptó su renuncia al gobierno pastoral de dicha sede el 22 de enero de 1997. —Monseñor JAIME LUIZ COELHO, arzobispo emérito de Maringá (Brasil), falleció el 5 de agosto. Había nacido en Franca el 26 de julio de 1916. Era sacerdote desde el 7 de diciembre de 1941. Pío XII le nombró primer obispo de la recién creada diócesis de Maringá el 3 de diciembre de 1956; recibió la ordenación episcopal el 20 de enero de 1957. Juan Pablo II elevó dicha circunscripción eclesiástica a sede metropolitana el 16 de octubre de 1979 y nombró a monseñor Coelho arzobispo de la misma el 30 de noviembre. El Santo Padre aceptó su renuncia al gobierno pastoral de dicha sede el 7 de mayo de 1997. —Monseñor RENÉ FERNÁNDEZ APAarzobispo emérito de Cochabamba (Bolivia), falleció el 14 de agosto. Había nacido en Padilla,
ZA,

arquidiócesis de Sucre, el 9 de enero de 1924. Era sacerdote desde el 28 de noviembre de 1948. Pablo VI le nombró obispo de Oruro el 2 de marzo de 1968; recibió la ordenación episcopal el 21 de abril del mismo año. Juan Pablo II le nombró arzobispo coadjutor de Sucre el 21 de noviembre de 1981; pasó a ser arzobispo residencial el 30 de noviembre de 1983. El Papa le trasladó a la arquidiócesis de Cochabamba el 16 de abril de 1988 y aceptó su renuncia al gobierno pastoral de dicha sede el 8 de julio de 1999. —Monseñor WILLIAM DERMOTT MOLLOY MCDERMOTT, obispo emérito de Huancavelica (Perú), falleció el 19 de agosto. Había nacido en Dublín (Irlanda) el 10 de mayo de 1930. Era sacerdote desde el 5 de junio de 1955, incardinado en Birmingham (Estados Unidos). Pablo VI le nombró obispo titular de Tucca di Mauritania y auxiliar del obispo de Huancavelica el 19 de mayo de 1976; recibió la ordenación episcopal el 4 de julio del mismo año. Juan Pablo II le nombró obispo residencial de dicha diócesis el 14 de enero de 1982. Benedicto XVI aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Huancavelica el 18 de junio de 2005.

—Obispo de Sambalpur (India) al presbítero NIRANJAN SUAL SINGH. Niranjan Sual Singh nació en Kottama, diócesis de Berhampur, el 20 de julio de 1961. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de abril de 1991, incardinado en la archidiócesis de Cuttack-Bhubaneswar. Obtuvo el doctorado en teología en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. En su ministerio ha sido colaborador parroquial, docente de teología, secretario del arzobispo y ani-

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L’OSSERVATORE ROMANO El Santo Padre por el bicentenario de la catedral metropolitana de México

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Mensaje del Pontífice en la semana nacional de la familia en Brasil

La vida, garantía del futuro
«Los padres están llamados a transmitir, tanto con las palabras como, sobre todo con las obras, las verdades fundamentales de la vida y el amor humano, que reciben una luz nueva de la Revelación de Dios». Fue el mensaje que el Papa Francisco envió a los participantes en la Semana nacional de la familia 2013 en Brasil, del 11 al 17 de agosto, que tuvo como lema: «Transmisión y educación de la fe cristiana en la familia». El Pontífice, dirigiéndose a los padres, les animó en esta «noble y exigente misión» a ser los primeros colaboradores de Dios «en la orientación fundamental de la existencia y garantía de un buen futuro». De modo particular, ante la cultura del «descarte» que «relativiza el valor de la vida humana», los padres están llamados a transmitir a sus hijos «la conciencia de que ésta debe ser defendida siempre, ya desde el vientre materno, reconociendo que es un don de Dios y garantía del futuro de la humanidad, pero también en la atención a los mayores, especialmente los abuelos, que son la memoria viva de un pueblo y transmisores de la sabiduría de la vida». En particular, a las familias brasileñas el Papa Francisco pide que sean «los más convincentes heraldos de la belleza del amor sostenido y alimentado por la fe».

Patrimonio vivo para generaciones de creyentes
«Patrimonio vivo de generaciones de creyentes»: así define el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de México, la catedral metropolitana. Son palabras en su carta pastoral con motivo del bicentenario de la terminación del imponente edificio sacro, la catedral metropolitana de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos. Precisamente en la solemnidad mariana, el pasado 15 de agosto, con la misa que presidió el purpurado dieron inicio las celebraciones de este bicentenario, hasta el 28 de noviembre. Los fieles que en ese período visiten la catedral podrán ganar indulgencia plenaria, con las condiciones debidas. El Papa Francisco, en una carta al cardenal Rivera Carrera, expresa su cercanía espiritual a pastores y fieles de la Iglesia local en este aniversario, «ocasión para mirar al pasado, robustecer el presente y vislumbrar el futuro». Las piedras de este templo «son testigos silenciosos de tantos como han entrado en él para abrir su corazón a Dios, pedirle perdón, suplicarle favores, alabarle y bendecirle por todo el amor que cada día nos manifiesta —escribe el Santo Padre—. Recojamos lo mejor de esa herencia espiritual y continuemos elevando nuestros corazones al cielo en esta casa, que es la de Dios y la de todos los que forman la gran familia diocesana». «Pero no se trata sólo de volver la vista atrás —puntualiza—. Una oportunidad como ésta ha de convertirse en un fuerte estímulo espiritual para asumir con alegría la gran tarea que todo bautizado tiene hoy de ser discípulo y misionero de Jesucristo». En este punto el Pontífice recuerda que «en la catedral, corazón de la diócesis, el obispo lleva a cabo la acción más venerada y santa que se puede realizar: la Eucaristía, memorial de la Muerte, Pasión y Resurrección de Nuestro Señor». Por eso exhorta el Papa a participar en ella «con devoción» y a sacar «de la Mesa del Señor fuerzas para dar testimonio por doquier del amor que Dios nos tiene, en cualquier ambiente donde nos encontremos y con todos los que nos rodeen, en especial los más desfavorecidos». «Asumamos también el reto de mirar al futuro con esperanza —invita—. ¡Que nadie nos robe la esperanza! Alimentémosla, en cambio, viniendo al primer templo diocesano». Y es que «la Palabra de Vida que resuena en la Catedral Primada de México ha de prolongarse en el porvenir, ha de arraigar en el corazón de los niños, de los adolescentes y jóvenes —subraya—. Ellos son una ventana abierta a la ilusión y al entusiasmo» y «a ellos hemos de darles lo mejor que tenemos: a Cristo, Salvador y Amigo que nunca falla». Se trata de una tarea que, como apunta el Papa, «compete, ante todo, a los padres y madres de familia, que tienen en la educación cristiana de sus hijos el mayor de sus cometidos, del cual no pueden cansarse, y que han de llevarlo a cabo no sólo contando con sus energías sino, sobre todo, apoyados en la oración». Concluye su carta el Papa Francisco rogando la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, nuestra Madre del cielo, para que «sea para toda la arquidiócesis de México brújula y estrella que conduzca a Cristo, fruto de su vientre».

La estima del Papa Francisco a los Caballeros de Colón en su congreso anual

Junto a quien pasa necesidad
Una asociación que está creciendo en número de miembros y que «está contribuyendo a cambiar numerosas vidas de personas y comunidades en todo el mundo»: es el balance de los Caballeros de Colón, como lo traza esta organización caritativa católica al cerrar en San Antonio, Texas, el 131° congreso, la tradicional asamblea que cada año reúne a los delegados procedentes de todo el mundo. Con ocasión de la apertura de los trabajos, el 6 de agosto, a los Caballeros de Colón llegó también el mensaje de saludo del Papa Francisco. Con una carta dirigida al caballero supremo Carl A. Anderson, firmada por el cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone, el Pontífice expresa «estima por los ideales de fe y de fraternidad encarnados en vuestra Orden» y «por su compromiso en la misión de la Iglesia, las numerosas obras de caridad y el testimonio evangélico emprendidos por los Caballeros en sus consejos locales, en las parroquias y en las comunidades». En la carta, entre otras cosas, se hace referencia a la contribución dada por la organización en materia de libertad religiosa. Al respecto el Papa habla de «aprecio por el claro testimonio público dado por los Caballeros de Colón al proteger el derecho y el deber de los creyentes a participar de modo responsable, sobre la base de sus convicciones más profundas, en la vida de la sociedad». En mayo de 2012 los Caballeros de Colón publicaron un sondeo sobre este tema, del cual surgió que los ciudadanos en Estados Unidos sostienen en gran mayoría el derecho a la libertad religiosa de organizaciones e instituciones, católicas o no, incluso cuando ello entra en conflicto con otros derechos y leyes. En un simposio internacional, que tuvo lugar en 2009 en México con el apoyo de la arquidiócesis de México y el patrocinio de los Caballeros de Colón, Carl A. Anderson había explicado que «la libertad religiosa es un derecho fundamental, el corazón de los derechos humanos y la piedra angular de una democracia saludable». En el congreso de San Antonio participaron más de dos mil delegados, una ocasión para reflexionar sobre las metas alcanzadas y nuevas estrategias. La organización católica, como indicó en su intervención el caballero supremo, vio hasta ahora un constante aumento de las adhesiones a nivel mundial. Actualmente son 1.843.587 los pertenecientes a la organización y, paralelamente, creció también el número de los consejos locales, que llegaron a 14.606. En los últimos años se sumaron a la lista 229 nuevos consejos locales. Entre los países donde se extendió la presencia de los Caballeros de Colón están Lituania, Ucrania y Polonia. Positivo es el balance trazado por Anderson en lo concerniente a la actividad caritativa: más de 167 millones de dólares en ayudas humanitarias y más de 70 millones de horas empleadas por los voluntarios, datos referidos a 2012. Son una docena los países donde se concentran los programas caritativos más importantes, entre estos Haití (que el 12 de enero de 2010 sufrió un devastador terremoto). La organización —destacó el caballero supremo— «está contribuyendo a cambiar muchas vidas de personas y comunidades en todo el mundo». Anderson puntualizó que «el servicio de caridad no sólo ayuda las exigencias materiales nuestros vecinos, nuestro testimonio personal de caridad puede también evangelizar acerca del modo de vivir el mandamiento del amor de Cristo». El caballero supremo quiso destacar en particular la enseñanza del Papa Francisco. Desde su elección, afirmó Anderson, «el Papa ha capturado la imaginación del mundo» a través de su sencillez de vida y pidiendo a los fieles que se comprometan en el servicio a favor de los más necesitados y marginados. El caballero supremo concluyó invitando a cada persona y a toda la organización a comprometerse a estar «codo a codo con el Papa».

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viernes 30 de agosto de 2013, número 35

Cuando el Papa Francisco se comunica con el corazón de los jóvenes

Un lenguaje que comprendemos
BRUNO FORTE* rancisco, ve y repara mi casa»: las palabras que el Crucifijo de San Damián dirigió a Francisco inspiraron la espléndida coreografía que abrió la vigilia de los jóvenes (casi tres millones) que participaron en la Jornada mundial de la juventud en Río de Janeiro en torno al Papa que del santo de Asís eligió el nombre. Un grupo de muchachos y muchachas, con capacidades verdaderamente acrobáticas, montó una estructura de madera con forma de capilla, y la desmontaron luego con igual rapidez al final de los testimonios que acompañaban la escena. El Papa Francisco partió de esta imagen: «El joven Francisco responde con prontitud y generosidad a esta llamada del Señor: repara mi casa. Pero, ¿qué casa? Poco a poco se da cuenta de que no se trataba de hacer de albañil para reparar un edificio de piedra, sino de dar su contribución a la vida de la Iglesia; se trataba de ponerse al servicio de Francisco habla un lenguaje la Iglesia, amándola y que comprendemos —dicen trabajando para que en ella se reflejara cada los jóvenes—; es auténtico, vez más el rostro de esencial, sencillo; sabe escuchar Cristo». Se percibe bien en las preguntas más profundas estas palabras la actide nuestro corazón, es más, tud de fondo con la cual el Obispo de Rologra que las escuchemos; nos ma se presentó ante la ayuda a comprender lo que inmensa multitud de cuenta de verdad; nos jóvenes llegados para rezar con él y para escompromete; nos ama cuchar en sus palabras la palabra de Jesús. El Papa «venido casi del fin del mundo» quiso comprometer a cada uno de estos jóvenes en primera persona, invitándoles a ser protagonistas y no espectadores del nacimiento de un mundo nuevo, de una Iglesia cada vez más joven y bella. Les provocó con profundo amor, casi desafiándoles a no dele- al Señor, pero no cambia nada en gar en nadie la opción sobre la cual nuestra vida, porque nos dejamos construir su vida y la voluntad de atontar por tantos reclamos superfiponerla al servicio de una humani- ciales». dad más justa, sana y feliz, según el El entusiasmo máximo de los jódesignio de Dios. Repitió también venes llegó cuando el Papa Francisen Río, con la misma pasión de co habló a partir de su experiencia siempre, el bellísimo llamamiento: de aficionado de fútbol (San Loren«Por favor, ¡no os dejéis robar la es- zo no le brota precisamente del coperanza!». Y los jóvenes le escucha- razón): «A la mayoría de ustedes les ban extasiados. ¿Por qué? gusta el deporte. Aquí, en Brasil, coSon al menos tres las razones por mo en otros países, el fútbol es palas que Francisco logra tocar el cora- sión nacional. ¿Sí o no? Pues bien, zón de nuestros jóvenes, «pupila de ¿qué hace un jugador cuando se le nuestros ojos», como dice una ex- llama para formar parte de un equipresión brasileña por él retomada, po? Tiene que entrenarse y entrenar«el ventanal por el que entra el futu- se mucho (...) Jesús nos ofrece algo ro en el mundo». La primera es que más grande que la Copa del mundo; les toma en serio, les responsabiliza, ¡algo más grande que la Copa del haciéndoles sentir cuán grande es el mundo! Jesús nos ofrece la posibilidon que Dios les ha dado a cada dad de una vida fecunda y feliz, y uno regalándoles su libertad y, en también un futuro con Él que no

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consecuencia, la posibilidad de hacer elecciones de amor y de fidelidad. Cada joven es precioso a los ojos de Cristo. Y aquí la palabra de Francisco se hace grito, súplica sentida y atrayente, como sucede en ocasiones en las cartas de san Pablo: «Por favor, dejen que Cristo y su Palabra entren en su vida, dejen entrar la simiente de la Palabra de Dios, dejen que germine, dejen que crezca». Es muy delicada esta forma de presentarse del sucesor de Pedro ante los jóvenes como uno que pide, sin debilidad alguna, con la fuerza de una exigencia absoluta de amor. No duda en aguijonearles sus posibles excusas. «A veces escuchamos

tendrá fin, allá en la vida eterna (...) Pero nos pide que paguemos la entrada. Y la entrada es que nos entrenemos para “estar en forma”, para afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de nuestra fe». En segundo lugar, Francisco apasiona a los jóvenes porque muestra con la elocuencia de los gestos, antes aún que con las palabras, cuán importante es servir a Jesús en los pobres, haciendo nosotros mismos opciones de pobreza, de sobriedad de vida: el uso de un coche sencillo para moverse, la visita a la gran «favela» de Río, Varginha, donde viven cerca de trescientas mil personas en condiciones de miseria extrema, supieron hablar a los jóvenes más que muchos discursos. La imagen del Obispo de Roma que entra en la chabola de una pobre anciana como si visitase un palacio real y a una reina, conmueve el corazón de los jóvenes y les impulsa a querer una familia humana más solidaria y fraterna,

mientras provoca a los grandes a comprender —sobre todo en los centros de poder económico y político— cuán perversa es y al final implosiva la lógica de la máxima ganancia con el mínimo riesgo y al precio más bajo. Es lo que el Papa hizo comprender en Lampedusa y relanzó desde Río, pidiendo a todos —ninguno excluido— que se comprometieran en favor de los demás, comprendida la urgencia impostergable de la solidaridad y la caridad sin cálculo y medida. La Hermana pobreza, elegida por el santo de Asís como compañera fiel de todas sus elecciones, pide estar presente tanto en los estilos de vida como en el compromiso en favor de los pobres. Esto, sin embargo, se convierte en algo verdaderamente posible, si la elección está sostenida por una continua relación con Dios en la oración. Por último, el Papa Francisco tocó el corazón de los jóvenes porque lo que hace se corresponde a lo que se esfuerza por ser desde toda la vida, y les hace sentir cuán bello es

comprometerse en la gran barca de Pedro, la Iglesia que el Señor confió a su guía suprema. Intenté preguntar a los jóvenes que vinieron desde mi archidiócesis qué es lo que les impresiona del Papa. Respondieron con total espontaneidad: habla un lenguaje que comprendemos; es auténtico, esencial, sencillo; sabe escuchar las preguntas más profundas de nuestro corazón, es más, logra que las escuchemos; nos ayuda a comprender lo que cuenta de verdad; nos compromete; nos ama. Ninguno se negó a dar una respuesta, porque todos se sintieron tocados en primera persona por lo que Francisco les dijo. No ocultó los sacrificios a afrontar, evidenciando la importancia de realizarlos juntos: «Cuando “se suda la camiseta”, tratando de vivir como cristianos, experimentamos algo grande: nunca estamos solos, formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino: somos parte de la Iglesia». Refiriéndose una vez más a la construcción de la iglesia de Asís de madera, explica: «Estos muchachos, estas chicas no estaban solos, en conjunto hicieron un camino y construyeron la Iglesia, en conjunto hicieron lo de san Francisco: construir, reparar la Iglesia. Te pregunto: ¿Quieren construir la Iglesia? ¿Se animan?». Y añadió con sabiduría de catequista experimentado: «¿Y mañana se van a olvidar de este “sí” que dijeron?». Al «no» coral que le siguió, añadió: «¡Así me gusta! Somos parte de la Iglesia, más aún, nos convertimos en constructores de la Iglesia y protagonistas de la historia. Chicos y chicas, por favor: no se metan en la cola de la historia. Sean protagonistas. Jueguen para adelante. Pateen adelante, construyan un mundo mejor. Un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad. Jueguen adelante siempre». Uno de los periódicos populares más difundidos en Brasil —recurriendo a la asonancia con papamóvil— publicaba un titular con grandes caracteres en primera página: «Papamável» («el Papa amable»). Un Papa —dice un comentarista de televisión— «humilde y simpático». Es el Papa del Evangelio, de la Buena Noticia anunciada a los pobres, como hizo Jesús. Es el Papa de la misericordia y de la ternura, pero también de la denuncia dolorida de los egoísmos colectivos y de los olvidos culpables. Despierta las conciencias adormecidas. Atrae los corazones con su espontaneidad y transparencia. Conduce a los jóvenes a Cristo, para dar a la vida el único sentido que cuenta: la caridad, el amor más grande. Es el Papa Francisco, el Papa de los jóvenes, llegado desde el fin del mundo para dar inicio con ellos a un mundo nuevo y mejor. *Arzobispo de Chieti-Vasto