You are on page 1of 6

puros cuentos

Álvaro Enrigue

Michoacán

¿Hasta qué grado se pueden manipular los recuerdos de la infancia? Álvaro Enrigue nos ofrece una inquietante historia en que la memoria, y las palabras que usamos para activarla, acaba suplantando a la realidad.

L

Porque la palabra no es amor, sino un asesino
Leopoldo María Panero

legué a Tzintzuntzán por la noche y casi no la reconocí. Seguía siendo un pueblo miserable a pesar de sus viejas grandezas, pero además ya era horrible: estaba descarapelado, a reventar de vendedores ambulantes con chucherías idénticas de un puesto a otro y ensordecedores discos piratas; otro imperio de la arquitectura pos tercera guerra mundial en la que es rica la patria: casitas grises de monoblock con las varillas echadas para un tercer piso que nunca va a llegar, tinacos como atalayas ciegas. Llegué porque teníamos un quinto hermano. Eso lo pienso sólo yo; todos los demás dicen que no es cierto, que era sólo mío e imaginario. Insiste mi hermana: Yo no me acuerdo de él porque no existía, pero sí de su fantasma; le decías Robin. Aunque no puedo fijar ni su cara ni alguna manía específica que singularice a Robin, tengo grabados entre los surcos de la corteza cerebral el sonido de su respiración y el calor de
12 Letras Libres agosto 2008

su mano, un poco más gorda y mucho más chica, aletargada en la mía durante el Festín de los Enanos. Vivíamos en un departamento largo y repleto de cosas en el que había dos habitaciones para los niños. En una dormíamos los dos mayores y yo, en la otra mi hermana sola, con una camita junto. Entonces por qué había una segunda cama en tu cuarto, le pregunté a ella cuando insistió en que Robin no existió. Era para los invitados, me respondió. Nunca teníamos invitados. Cómo no, dijo, la Yaya, cuando venía a visitar a sus amigas de México. A partir de ese momento la conversación se degradó. ¿Por qué dices México?, le pregunté, si México es todo el país; ¿por qué no dices el df, como todos? Porque así nos enseñaron, respondió. Yo no recuerdo a la Yaya. Murió cuando yo era bebé, por lo que, si llegó a usar la segunda cama del cuarto de mi hermana, fue antes de que naciera yo y, con más razón, Robin, que habría sido menor que yo. No éramos de los que tenían abuelos que visitar en la provincia: una casa grande y ventilada, una criada cariñosa, limonada, perros, despedidas tristes al final de las vacaciones. No tuvimos nada de eso. Sólo papá y mamá que trabajaban todo el día y que los fines de

yo era Gruñón. Nosotros estábamos un poco más limpios que Robin. En mi mano izquierda la palma de Robin. Me parece. diosa centralista y cretina. El juego empezaba antes de la representación. mi memoria se orla con el espíritu libertario de las vacaciones de verano: los cinco niños solos en la casa. no pretendía hacer una marca en el mundo sino ser leal a él. que estábamos cerrados como tal vez lo estén todos los niños. Tocaba a la puerta de nuestro departamento y gritaba Aaaaa commmmer sin esperar a que le abriéramos. ¿Cuál planeación. Al disco de Pinocho le faltaba un pedazo y había que escucharlo a partir de la entrada a escena del zorro en el lado a y prescindiendo de lo que hubiera antes de la aparición de las orejas de burro en el b. tal vez con la vecina: mientras fuimos niños. que era una ciudad. sino la precisión milimétrica con que se repitieran las líneas de cada uno hasta llegar al final. que convirtió a México. sino en cumplirlo. cuando empezaba la barra de caricaturas y nos seguíamos viendo las series gringas de aventuras. eso sí. enloquecido de prisa. El de Cenicienta estaba hecho de acetato rosado muy opaco. llegué por la noche y pregunté en el hotel por el edificio de los bungalows en que solíamos quedarnos. a donde íbamos a dar con frecuencia incómoda. Se quedaría en casa. Cuando evoco su presencia. ya con las manos limpias –su baño nos daba nervios– y encontrábamos su puerta abierta. Cuando volví muchos años después. me dijo el dependiente. bajo la teoría de que nos cuidaríamos unos a otros. seguir sus instrucciones: que cada quien encontrara el hado que le pertenecía siguiendo con fidelidad de integrista su surco. a escuchar con los ojos bien cerrados. Los pliegues de las articulaciones de sus falanges guardando los hilos de mugre que distinguen a los niños silvestres. Nunca supe ni cómo empezaba ni cómo era que el niño dotado de movimiento pero carente de alma se hacía acreedor a un castigo tan tremendo y de aires tan clásicos como tener orejas y cola de burro. además de ser sus enanos. cerca del centro del pueblo. Teníamos uno de Gabi. o celebrando el Festín de los Enanos. Fofó y Miliqui. si el pueblo está destruido? Me respondió con un enigmático Por eso. De ahí data el recuerdo. que era de un gringo. Nosotros crecimos en México. siempre comíamos en su departamento. en cuyos surcos venía impreso el primer poema que me aprendí: Una sola lágrima derramó Ruperta ¿Pero por qué? Porque estaba tuerta. que de todos modos pertenecían al mundo agosto 2008 Letras Libres 13 . Estoy seguro de que Robin no iba en el coche cuando papá nos llevaba a la escuela en la mañana. El favorito universal era el de Blancanieves. La encendíamos después de comer en casa de Tina. jugando turista. Nos quedábamos los cuatro en casa solos. de modo que lo que tenía de atractivo no era la intensidad con que se actuaran los papeles. Para potenciar la concentración. Robin entre el mayor y yo. le dije. Salíamos en manada. pero en el verano la veíamos –a pesar de que tal vez estuviera encargada de cuidarnos– hasta las dos o tres de la tarde. Nuestros padres le pagaban una renta mensual por nuestros gastos y por los días en que tenía que cuidar a alguno que cayera enfermo. Y hay un único registro visual: aunque no me acuerde de su cara. Retirábamos la mesa de centro de la sala. que crece de espaldas al lago. Teníamos varios elepés con cuentos infantiles. en un país. o viendo el programa de Guillermo Ochoa en la tele. Habríamos podido invitar a la vecina tartamuda y en su calidad de asalariada habría visto el espectáculo y hasta hubiera aplaudido. tengo bien claras las uñas sucias de su mano. en lo que habría ocupado el lugar del ensayo si lo que hacíamos hubiera sido teatro. Un mundo entero rebanado por la Historia. Dijo: Puf. El mayor. tibia y carnosa. Mamá y papá llegaban en la noche y nos desconectaban de la televisión. El verso regresa cuando pienso en Robin. En época de clases llegábamos directo de la escuela a casa de Tina. el mayor ponía el disco y nos tirábamos por orden de edad sobre la alfombra. sus nudillos todavía hundidos. Era un edificio blanco. Tenía un salto en la escena en que las hermanastras se prueban la zapatilla de cristal. ¿Se imagina usted. con balcones. cuántos edificios blancos que han servido de albergue ha habido aquí? Tenía razón. Nuestra hermana era Blancanieves y la bruja. Era una vieja dulce y tartamuda que se llamaba Tina. pero el juego no estribaba en contar algo. le dije. la ciudad país. nos tomábamos de las manos formando un círculo organizado por edad. Yo. Cazador y Dormilón. El Festín de los Enanos era sólo para nosotros. ya iba a la escuela en la época de la que data mi único recuerdo físico de Robin: su mano tibia y carnosa. Al día siguiente me desperté temprano y salí a buscar el edificio calle por calle. a la que pasábamos pegados la mayor parte de la tarde. Tzintzuntzán sigue siendo un pueblo chico a pesar de haber sido alguna vez una capital que midió sus fuerzas con gloria ante los aztecas feroces. unos payasos argentinos. Nunca hacíamos la tarea y no tenía importancia porque nadie se enteraba mas que las maestras. El Festín de los Enanos se representaba sin público. era el príncipe. y me recomendó que fuera a la oficina de turismo o a la de planeación urbana. que pudo deberse a la falta de planes o a la presencia de un gringo. Lo escuchábamos tanto que lo teníamos memorizado y lo poníamos en escena diario: el departamento entero el bosque y la mesa del comedor la cabaña. Tenían una peculiar afición por la región lacustre de Michoacán.semana compensaban con viajes relámpago a lugares tal vez demasiado lejanos para las cuarenta y ocho horas de descanso a que tiene derecho una víctima de la semana inglesa.

aunque la verdad es que yo no la recuerdo en bata por el departamento de México. ¿Te acuerdas de los viajes a Michoacán? Dio un bufido: Qué friega. dijo. lo más probable es que ya le hubiéramos preparado su leche y se hubiera dormido en su camita al lado de la de mi hermana. Casi siempre alcanzábamos a ver una o dos series policíacas nocturnas –prohibidas para el resto de los niños– antes de que nuestros padres llegaran con su torbellino de instrucciones a hacernos algo de cenar y persuadirnos para entrar a la regadera. ¿Por qué dices “México”?. la imagen que no me da descanso: los niños tirados en el suelo. dijo. No me acuerdo 14 Letras Libres agosto 2008 de eso. en . pero ¿una mano sucia? Los ribetes de mugre me parecen la prueba de que el surco de Robin fue real. Ni idea. incluso repetí algún parlamento que tengo trabado por ahí y que aflora cada tanto. ¿Qué Festín? El juego de Blancanieves. Es posible inventar el recuerdo de una mano. que se terminaba en la puerta del departamento. Y siempre a los lagos. ¿les has preguntado a los otros? La Nena se acuerda del disco. Vive fuera de la capital. Qué manía esa ¿no?. Hacía calor y caía sobre nosotros la tarde siniestra y llena de bichos del trópico. así que te tirábamos a loco. le dije. Robin entre él y yo. ¿Por qué la cama en el cuarto de la Nena era más chica?. Así le decimos en provincia. qué necedad. Le di un trago largo a mi refresco. alentada por la vecina tartamuda cuando nos portábamos mal. pero Robin era imaginario. dijo. pero no se puso defensivo como mi hermana. así que agradecíamos con obediencia un tanto perruna su aparición diaria como un cometa de dos cabezas. Estoy seguro de que no es así. Pero tú no eres de provincia. me dijo. le pregunté alguna vez al mayor. Se alzó de hombros. a ponerse los cascabeles en los tobillos.puros cuentos Álvaro Enrigue sufrido y casi imaginario de la escuela: sus presencias no estaban conectadas con la realidad. que para la fecha de esa conversación tenía totalmente borrados. Nosotros no hubiéramos hecho nunca una rabieta: teníamos la sensación. formando un círculo con las manos apretadas y los ojos cerrados. Me miró muy serio: ¿Qué enanos? Los del Festín. una hija marcada por esa señal de la buena fortuna que es la ingratitud. Se talló la cara antes de decirme: Todo el mundo es de donde son sus padres. de que nuestros padres simplemente podían no llegar para forzarnos a tomar un baño. dijo. Papá y mamá eran concheros. Había ido a verlo durante las vacaciones solamente porque me las dieron y no tenía a donde más ir. pero está segura de que no hacíamos un círculo tomados de las manos. Se sentó en una tumbona sin recargarse en el respaldo: se quedó en el filo. Tú eras más chiquito que nosotros. mentirla. hacer viajes que ameritarían una semana en dos días. dijo. La Yaya sería chiquita. Recordé los bungalows. me respondió mi hermano y había la zozobra de quien duda de sus certezas en la forma en que miró al malecón mientras depositaba cuidadosamente su vaso de coca-cola sobre la balaustrada de la terraza. en una ciudad soleada y con playa. y duda sobre las representaciones. Mi hija sí y uno es de donde crecen sus hijos. siempre el mismo viaje. ¿no? Y traté de bajar el volumen emocional con un chiste: O del tocadiscos. pero nosotros estábamos como desatados de ellos. No sé. en realidad somos los hijos de los Enanos. a vestirse de blanco. Le dije: Es como si hubiéramos sido de la tele. a los bungalows esos. Me tiré en la tumbona junto a la suya. le pregunté. Si Robin tenía por entonces todavía los nudillos hundidos. De ahí que estuviera menos limpio que los demás. una mujer guapa. creían en las vibras. a fondo. ¿Y yo que no tengo hijos? Ve lo desatado que estás. le pregunté a él también. ¿Qué es eso de los cascabeles en los tobillos?. A él la distancia le ha servido: tiene un departamento con vista. Mencioné la representación. así que somos de donde son nuestros hijos. pero preferí cambiar de tema. eso es seguro. a lo mejor lo hicimos algún día y a ti te impresionó. le respondí.

Luego trató de enmendar: Sin ánimo de No sé si nuestros padres lo encontraran más confiable o si ofender. Si nuestro padre no conseguía rebasar pronto al que el purépecha es una de esas lenguas autoabsortas que se camión. Y sí había una camita se quemaban con las subidas. seguro tendría nueve hijos y me los llevaría sentado. como el cochino del centro del ver la salida del sol en el lago y danzaban con los cascabeles. comprar un papel en la mano. así que somos de donde Él tiene clarísimo. pero concede que de haber existido Robin. Teníamos un Rambler 71 azul cielo. Me reí. llegamos a vomitarnos cuando la prisa de nuestro padre y las ¿Entonces no te acuerdas del Festín de los Enanos?. mientras encendía un tortuga detrás de tráilers demasiado cargados o camiones de cigarro con la colilla del anterior. Los coches se usaban despiadadamente. opinó casi todo lo que toca. Se ha endurecido: es policía. y montarse en las carreteras de pero sobre el de Handacareo. Robin. Me inquietó tanto. hasta lloraba. No tuve fortuna a pesar de que pasamos habría sido demasiado chiquito para empinarse un envase. siempre he sentido fuera una de esas reglas sin origen ni destino por las que los que a mi cerebro le falta el pedazo con que se adquieren niños administran sus vidas. nos hubiéramos aprendido ése de memoria cuando estaba Entonces el de en medio. Llegábamos a Michoacán y a la hora que fuera se ponían sus con una hielerita en el centro del asiento corrido y nosotros trajes blancos y su paliacate rojo en el cuello.la madre tierra. ¿Y sigues saliendo con Martha? No. de la rivera e incluso a Yuriria. luego íbamos a apeñuscados atrás. Qué quieres que haga. que repetí el ejercicio. ¿Me puedo tomar una coca?. De ahí todo ha ido Cuando éramos niños no era así: había que hacer un en picada. tí. en cambio. Él era el encargado de pasar los refrescos. apretujado entre los demás hermanos. quedaron sin parientes ni descendencia.curvas del camino eran muchas. ¿no te acuerdas? No. había que que se iba a poner a llorar como lloraba con los cochinos. y se rió. cagándose y meándose unos quedábamos. pero la memoria funciona así. Lo busqué comenzando por el centro del pueblo Él recuerda que siempre sacaba cuatro y sólo cuatro bebiy caminando en círculos cada vez más amplios hasta alcanzar das de la hielera. compromisos. Nuestros padres viajaban adelante. en cambio. pero sí nuestros padres siempre han sido un misterio para mí. alguno En Tzintzuntzán busqué el edificio de los bungalows toda de los demás no la tuviera. El hermano de en medio. que tiene ellos. Después de la desviajugábamos al Festín de los Enanos: son nuestros hijos ción a Morelia se hará cuando mucho coincidimos en que el círculo de niños otra hora y media al lago de Pátzcuaro y los pueblos que lo tomados de las manos y con los ojos cerrados fue el mejor rodean. coche de diez mil cilindros. dice de un millón de carriles y llega en dos o son sus padres. Ahí está Tzintzuntzán. agosto 2008 Letras Libres 15 . tencia de Robin. de ahí estábamos como desatados de acordaría. de los bungalows en que nos vivos que gritaban como niños. que su propia laguna. las mil veces que su paciencia Todo el mundo es de donde guntado Hoy en día uno toma una carretera de santo me lo ha permitido. Las descripciones coincidían un millón de carriles. negando con la cabeza como un elefante esclavo. pero tanto mi hermana como el mayor están de acuerdo en entraba en trances de angustia pensando en el cochino cuya que todos eran idénticos a pesar de que estaban en pueblos reja habría quedado hasta el fondo y al centro de la plataforma con distintos nombres –todos igual de impronunciables pordel camión. Y luego de Pero a él nunca se le ha podido creer nada: su sentimentalismo una pausa minúscula. momento en las vidas de todos nosotros. camión marranero. hasta que se acababan. destartalado para los Hice un ejercicio: le pedí al mayor que describiera por lujosos estándares automovilísticos de este mundo en el que carta la cocina del bungalow de Erongarícuaro y. No. que no cagábamos y meábamos unos sobre los otros. me dijo un día con una cara que me hizo pensar montón de sierra por caminitos de ida y vuelta. había que avanzar a paso de ahí que nadie usaba. le dije. No parar en los pueblos a cambiar las bandas del motor porque lo hizo. anotó pensativo. dijo. estiraba la mano y sacaba refrescos para todos: no a Michoacán de fin de semana. la mañana. en los dioses del lago. le pedí por teléfono lo mismo a la Nena. Eso no. hasta que volví. Es la prueba que me queda de que Robin El de en medio es el único que duda antes de negar la exisno era imaginario. con el cualquiera puede pedir un préstamo al banco. me imagino que trabajaban tanto que así desfogaban. Antes no era así. estuviera sentado donde estuviera completo. le dije. Robin no existió. Como al disco de Pinocho. que era el más sentimental. ya hay cualquier distancia a los pueblos por oscuridades. papá y mamá eran raros. La verdad es que yo no los tuve nada claros a los otros rumbo al rastro. para sus adentros. insis. Lo dijo triste. Dice: Quién sabe. pesadilla en los que se acumulaban rejas y rejas de marranos No se acuerda. pero nosotros siempre. era imaginable que si uno de nosotros tenía una coca. No me acuerdo y creo que me tres horas a la laguna de Cuitzeo. completé. la orilla del lago. lo ha orillado a vivir en una irrealidad destructiva que devora Pronto va a ser ridículo que sigas teniendo novias. Negó con un gesto. eran un amasijo confuso por la distancia. buenos diez o quince fines de semana ¿Entonces tú sí te acuerdas?. le he preahí cuando éramos chicos. Si decía alguno de nosotros y nuestra madre respondía que sí.

me dijo. así que si alguien ponía un bungalow en renta. la policía no entra ahí. que el hermano de en medio sí había vuelto. Eso del accidente sólo te lo crees tú. y los antiguos habitantes de los reinos americanos extrañados ante una nomenclatura con significado sólo burocrático. por entonces las familias eran más grandes. de allá venían papá y mamá cuando el accidente. ¿El dueño era un gringo?. ¿Qué significaba Nueva España? ¿Nueva Galicia? Nada. porque completó: Ni lo pienses. Inevitablemente. El edificio de los bungalows se me reveló en una esquina por la que había pasado mil veces durante la mañana. en que nos hicimos un desayuno de príncipes aprovechando su ausencia. frustrado por no encontrar los bungalows. Qué raros eran. Se quedó pensativo el día en que le pregunté sobre los bungalows. había una quinta arrinconada y más chiquita. Papá y mamá nunca la usaban. Los dejó sobre la mesa y volvió a encender un cigarro con la colilla del que ya se le terminaba. ¿Nunca has vuelto?. Ambos volvieron a recordar lo mismo. la columna del mundo. Es un registro antiguo. Ya deja eso. pero la realidad mostró una rajadura: él contó cuatro camas en la impresión de su memoria y ella cinco. Era como empezar a llamarse de un día para otro “Estados Unidos de América” o “República Oriental del Uruguay”. dijo. ¿A dónde? Lo pensó un poco. Vi las actas.puros cuentos Álvaro Enrigue con la habitación de los niños. Todavía lo hacemos: nos juntamos en Navidad aunque nos . Se quitó los lentes de vidrios pardos que usa incluso en interiores. le pregunté. nuestros padres no volvieron una noche. los castellanos clonando a sus reinos españoles en una tierra que no entendían. dijo. para tallarse los ojos. Era la vecina. El reino de Nueva España. Si mi hermano mayor le dice a su mujer y su hija Vamos a México. Tengo que reconocer que utilizo esa pequeña disputa sobre los nombres de la ciudad y el país porque es la que mejor me sirve para romper el punto de gravedad de las pequeñas certezas del mayor y la Nena. Sentí todo en falta y le pregunté. porque no tenía ninguna peculiaridad. ¿te acuerdas cómo le decían? Afirmé: Puréh’pecherío. se volvió a tallar los ojos: A Tzintzuntzán. Vamos a Puréh’pecherío. me dijo. Reinos que fueron llamados mexicanos sólo porque México era el más potente el día en que llegaron los conquistadores. y se volvió a quedar callado. el marquesado de Oaxaca. Ya había entrado a la fase de obstinación silenciosa en la que se acomoda después de su quinto vaso de ron con agua. un sistema de gobierno confundido con el suelo en que está asentado. así que vimos Starsky y Hutch. Ya sabes. metía las camas que podía en los cuartos de los niños. Al día siguiente estábamos escuchando el disco de Pinocho cuando tocaron a la puerta. Reconoció que no se acordaba bien. sin hielos. Yo sé por qué le dicen México a la capital y la República al resto del país. sus tobillos abultados por los casacabeles. Nos separaron. pero no sé en qué medida porque nunca hablan de ella. Con el oriente puesto en los cerros. el ombligo del conejo. Las Calles de San Francisco y hasta Colombo. categorías gubernamentales. el último rey purépecha. dijo. le pregunté por qué decía la República en lugar de México. Tampoco a la mañana siguiente. repite en romance y sin darse cuenta la voz de pájaro antiguo de unos comerciantes purépechas a quienes se les llenó la boca de admiración y miedo cuando lo dijeron hace quinientos años: Vamos a México. Estaba convertido en una oficina de la policía. que había transitado del impedimento verbal al silencio perfecto. Papá se pasaba el viaje repitiendo la palabrita. y cuando hay algo en el Puréh’pecherío mandan al ejército: es tierra de guerrilleros y narcos. No nos bañamos. el cordón umbilical de la luna. si yo tuviera que encontrar a Robin iría ahí. pagué la cuenta y seguí de memoria los pasos de los pantalones blancos de nuestros padres. ahí es a donde más íbamos. Trabajo siempre. A mi hermana y a mí nos fue mejor con la tía Amelia: nuestra infancia fue sólo triste. tal vez con demasiado énfasis. le dije. Pensé. el de Nueva Galicia. Me terminé mi pescado 16 Letras Libres agosto 2008 blanco. me respondió. descriptivos políticos: La República. Michoacán. El camino se me abrió como por hechizo cuando reconocí los cerros. Era más fácil. inolvidable. es una hermosa palabra. es otro país. le dije. si aquella cama sería también para la Yaya. aunque nunca se lo he vuelto a preguntar. La del mayor y el de en medio fue dura. Nos juntaban en Navidad. Volví al mayor. Porque México es el df. Vi hacia la sierra. el cascarón roto de un mundo en que había reinos en los que todavía nadie soñaba que existiera un reino de reinos llamado Castilla. ese amor misteriosísimo por las figuras de derrota que se repite por toda la República. no decía nada ahí de ningún Robin. Hizo algo que en su cara de policía desmoronándose equivalía a una sonrisa mientras negaba con la cabeza. la Capitanía de Guatemala. Tal como habíamos sospechado que sucedería. me dijo. el surco en el romance de una lengua como de pájaros que nosotros ya no hablamos. Cuando volví a la capital de los purépechas comí. para nosotros. salvo unas cobijas estampadas con una representación demasiado colorida de Calzontzin. los ojos cuajados de lágrimas. en un restorancito de la rivera y me senté instintivamente de espaldas al agua y sus dioses. Tú deberías volver. me dijo. Le debo haber ofrecido una mirada demasiado expectante. La palabra “México” quería decir algo: el centro del lago. y estaba ciertísimo de que las camas eran sólo cuatro y tenían las colchas estampadas con la imagen de Calzontzin sobre un fondo rojo. Simplemente no llegaron a cenar. fui recorriendo las calles que eran las mismas aunque ya no estuvieran empedradas y circularan por ellas muchos más coches y muchos menos indios que antes: que todo se transfigure no significa que algo falte. no se cansaba.

me dijo mientras jugaba con sus lentes. tal vez le hayan puesto Robin a tu hermanito porque no le podían poner Colibrí. gente que sospecha algo y va y sucede. quiénes iban con la tía Amelia y quiénes al orfanato. en mi trabajo lo veo diario. Estaba loco de remate. ¿Mamá y papá andaban metidos en algo? No sé. avispa en la nuca. no sólo mío. las actas. le dije. como la Navidad. me dijo. ~ agosto 2008 Letras Libres 17 Ilustraciones: LETRAS LIBRES / René Almanza . No les vas a perdonar que nos hayan dejado huérfanos. Una señora afirmó con la cabeza. “Lugar de colibríes”. Se volvió a poner los lentes y pidió la cuenta con un gesto. le pregunté. Robin era de todos. A mí me cuesta pensar que algún día los tuvimos. era nuestro hermanito. Entré a la oficina de la Policía Municipal de Tzintzuntzán y le pregunté a la señorita demasiado joven que atendía el módulo de información ciudadana si aquel edificio había sido alguna vez un hotel de suites –ya nadie dice bungalows. añadió. ¿Robin? ¿Qué? ¿Y si se lo dieron a un pariente que se escapó con él?. Dale con eso. ¿Qué quieres decir? Yo no quiero decir nada. de un gringo. Me avergonzó que alguien ventilara de manera tan pornográfica un momento crucial de ese tramo corto y sagrado en que fuimos una familia con mamá y papá. le dije. ¿a la tartamuda? Te digo que vi el expediente. No es un sueño. ¿Sabes qué quiere decir “Tzintzuntzán”? Ni idea. con baños obligatorios y viajes en coche. le dije. Ven conmigo. dijo. Le pregunté si podría decirme dónde podía encontrar a ese gringo y me dijo que no porque lo habían deportado. Nos damos regalos porque seguimos siendo una familia aunque ya nadie se tome de las manos con los ojos cerrados: la aguja de la vida. yo creo que lo de Robin viene de ahí. quién quita y encuentras algo. Si existió. tampoco los recuerdo tan claro. ¿De dónde? No sé. ¿No será peor ir?. Gritó. A mí me sigue pareciendo raro que nuestros padres se hubieran accidentado justo después de hacer su testamento.la pasemos peleándonos toda la cena. Siempre trabajo. mirando hacia los escritorios de sus compañeros de trabajo. me dijo. ¿Qué voy a encontrar? A tu pájaro. En Navidad el de en medio me regaló un cd con el cuento de Pinocho. le dije. En Navidad no. ¿Un fantasma? Los fantasmas no existen. a lo mejor es un sueño. que se hayan ido a Tzintzuntzán sin nosotros. el testamento. era niño. lo que recuerdo es la tele y que la apagaban. dijo. Ve a Tzintzuntzán. ve solo. Si existió. yo puedo reconocer cuando alguien anda metido en problemas con sólo sentirlo pasar. Era un hotel. le dije al de en medio el día que me propuso que fuera a Tzintzuntzán. se creía el rey de los purépechas y hacía sacrificios. Me dijo que no sabría decirme y le dio media vuelta a su silla giratoria. La gente tiene vislumbres. ocupó tu lugar. Robin. Somos una familia a pesar de todo. era tuyo porque se metió en tu surco. si alguien sabía qué había sido ese edificio. todo estaba ahí. con casa y tele. Me miró y murmuró: Yo invito. ven conmigo.