You are on page 1of 32

“LA VIRTÙ Y LA LIBERTAD COMO ARTE DE GOBERNAR” EN NICOLÁS MAQUIAVELO

EDISON JOSÉ FERNANDO PARREÑO VALLEJOS

Profesor: Oscar Alonso García Pbro.

SEMINARIO NACIONAL CRISTO SACERDOTE SÍNTESIS FILOSÓFICA La Ceja, junio 20 de 2013

RESUMEN Con este trabajo se busca comprender el pensamiento de aquel hombre que figura en los diccionarios mundiales con su nombre aunque en un sentido muy burdo, maquiavélico, pero que ha sido el expositor y tal vez el culpable de que los gobernantes sean como son hoy duros, crueles; piadosos solamente cuando les conviene. Más la política vista desde el reino de los cielos, tiene en su centro al misterio de los pobres. Descubrir y vivir esto es motivo de convocación a los amigos y conocidos para vivir la fiesta de una política liberadora. La política se convierte en esa perla fina, de la que habla Jesús, cuando conseguimos descubrir su valor, tras del fango que la cubría.

Palabras clave: Maquiavelo, Jesús, antropología, política, virtud, libertad, comunidad, ética, cristiano.

3

INTRODUCCIÓN El poder como se puede mirar ha seducido a los hombres desde los comienzos de las civilizaciones. En el recorrido de toda la historia hubo muchos hombres que publicaron sus concepciones de lo que realmente es el poder; pero nadie lo hizo de forma tan realista, sincera y práctica como Nicolás Maquiavelo. Este trabajo apunta a analizar la obra más importante de Maquiavelo: “El Príncipe” y también proponer nuevas maneras de ver la política especialmente desde el ámbito Cristológico. En la obra se describe como los gobernantes pueden adquirir y mantener el poder político. Maquiavelo, considerado junto a Jean Bodin iniciador de la teoría política, piensa “no sólo que una sociedad debe ser fundada, sino que también debe perdurar” (O'Connor, 2009) y por esto explica, a través de su obra, qué es necesario hacer para que perdure. Las ideas propuestas por Maquiavelo no han sido tomadas solamente en la época en que vivió, sino que han tenido gran repercusión mediante toda la historia, luego de su publicación. Hoy, en tiempos de campañas políticas, las palabras no alcanzan para brindar apoyos. Las promesas no ven los límites y a los políticos les faltan palabras para alagar a las comunidades. Es penoso mirar como muchas personas “se venden por un simple plato de lentejas” (Savater, 2004). La historia reciente muestra los cambios políticos-filosóficos de unos actores. Como es el caso de un titiritero que empeña su palabra y sin ningún cuestionamiento moral cambia su posición, como saltimbanquis o titiriteros que añoran el poder.

4

OBJETIVOS OBJETIVO GENERAL  Hacer una reflexión acerca de la obra de Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, para descubrir el trasfondo histórico de su pensamiento político y su aporte a la formación política de nuestro tiempo. OBJETIVOS ESPECÍFICOS   Definir de una manera clara y objetiva la argumentación política del autor y la

influencia que tuvo para ello su situación histórica. Analizar el argumento antropológico en la obra histórica de Nicolás Maquiavelo.  Proponer la comunidad política como sana reflexión del pensamiento y labor de todo gobernante.  Hacer un paralelo del pensamiento político y labor de Jesucristo en la época que él vivió y la que se está viviendo hoy.

5

DEFINICIÓN DE POLÍTICA Para iniciar esta reseña histórica se inicia diciendo que, el CELAM (2000):
El ideal de la acción política con sentido cristiano no es un juego, es una responsabilidad de la que debemos dar cuenta ante nuestros compatriotas y ante Dios mismo. Es una manera de agradecer y de vivir nuestra existencia que situada en este mundo y esta historia es una tarea de corresponsabilidad.

La acción política es, en primer lugar una acción humana; es decir, de un ser personal inteligente y libre, capaz de percibir las relaciones de las cosas entre sí y de ellas con las personas, así como de las personas entre sí. Cosas y personas se encuentran en un tejido de relaciones de finalidad, causalidad, pertenencia, interés, deseo. Las personas entre sí mismas se encuentran relacionadas por el reconocimiento mutuo de su dignidad humana, que implica derechos y deberes. La acción política supone pues un nivel de humanidad que hace posible la existencia del derecho, de las leyes, de la autoridad y de su ejercicio. Captar todo este mundo complejo de relaciones le permite a la persona inteligente y libre autodeterminarse en elecciones entre posibles alternativas, así se escoge una y se deja otras, y ya con estas opciones evalúa las consecuencias que la decisión trae. En la acción política esto ayuda a la persona a prevenir el futuro, al menos en algunos aspectos, lo puede configurar conforme a sus sueños e ideales, consiguiendo con esto el máximo apoyo de otros miembros de la sociedad. Fundamentando el quehacer humano adquirimos también el conocimiento de lo que ese ser humano es en sí mismo. Su actuar deriva de su modo de ser. Por tanto acciones políticas humanas y humanizadoras hacen que la persona humana sea más ella misma, más digna y coherente, más realizada. La política es un campo al que se dirigen todos los intereses de los seres humanos. Los que profesamos una religión y sobre todo los católicos tenemos así dos perspectivas: la del diálogo racional con la humanidad y la otra que es el testimonio de nuestra fe.

6

RESEÑA HISTÓRICA DE NICOLÁS MAQUIAVELO Nicolás Maquiavelo nació en Florencia el 3 de mayo de 1469. Provenía de una antigua familia de la pequeña nobleza y poco se conoce de sus primeros años de vida. Su educación fue adecuada, recibiendo una aceptable formación humanística, aunque no llegó a aprender el griego. En 1498, a los veintinueve años, obtiene un puesto público en el momento en que Florencia era una república, trabajando durante catorce años al servicio de la ciudad con crecientes influencias y responsabilidades como jefe de la Segunda Cancillería, secretario de los Diez, o de la Señoría. Con la acumulación de estos cargos se convierte en uno de los funcionarios más importantes del gobierno, equivalente moderno al cargo de ministro de defensa encargado de asuntos interiores, secretario de guerra y de relaciones exteriores. Comienza un período de actividad que le dio un admirable conocimiento de los asuntos internos y externos de su república y sus deberes lo llevaron frecuentemente a diferentes partes de la península e incluso a Francia, Suiza y Alemania. Su misión más notable fue acompañar, como agente diplomático florentino, a César Borgia en 1502, siendo ésta una inmejorable oportunidad para observar a un líder capaz y ser testigo de sus acciones; luego, en 1506 acompañó al aguerrido Papa Julio II. Además de estos viajes, tuvo importantes tareas en el territorio de Florencia: en 1506 y 1507 se dedicó a la leva de milicias, siendo el principal impulsor de la creación de un ejército nacional florentino; posteriormente, se entrevistó con el Emperador Maximiliano en Tirol en diciembre de 1507. A su regreso se ocupó de la guerra con Pisa y, aunque sólo era un secretario, sus tareas fueron importantes: se cree que la caída de esta ciudad en 1509 se debió, en gran parte, a la tarea realizada por Maquiavelo que, omnipresente, organizó el reclutamiento y adiestramiento de los infantes, escribió centenares de cartas y cuidó cada detalle sin olvidar el frente de guerra ni el frente interno. Aquí puso en práctica una de sus ideas favoritas, la

7

utilización del “soldado-ciudadano” (ARCIS, sf.), estrategia que ya había recomendado en Florencia en épocas previas. Debido a que la administración a la cual servía dependía de la exclusión de los Medici, necesariamente tuvo que actuar en contra de esa poderosa familia; pero, cuando ellos retornaron a Florencia en 1512, no escapó con la esperanza de mantener su trabajo, en el cual permaneció por casi dos meses después de la conformación de la balia, un comité con poder a través del cual los Medici ejercían su autoridad en un gobierno que poco parecía haber cambiado. Por un lado, debe tenerse en cuenta que los Medici no llegaron como tiranos despóticos que esclavizaron a un pueblo enteramente libre; habían sido los gobernantes tradicionales de la ciudad, echados dieciocho años antes luego de un largo período en el poder. Su alejamiento fue lamentado por muchos y su regreso era deseado por una importante parte de la población; de hecho, su retorno no fue atacando a la ciudad sino producto de negociaciones. Por otro lado, Maquiavelo “nunca había estado satisfecho con el sistema de gobierno florentino que, de malo, se convirtió en pésimo” (Web, 2011) y creía que nunca había sido una república en el sentido pleno del término. No se trataba de la disyuntiva entre una auténtica república y una tiranía despótica, ya que había bastantes similitudes entre el gobierno anterior y el actual de los Medici. Esta es una de las razones por las cuales El Príncipe está dedicado a Lorenzo II, y si la fortuna hubiera querido que los Medici me hubiesen empleado alguna vez en algo, o en las cosas de Florencia o en cosas de fuera, estaría contento. Fue echado de su trabajo y se le prohibió la entrada a cualquier edificio público; luego fue acusado de conjurar contra los Medici, procesado, torturado y encarcelado; posteriormente, fue puesto en libertad y obligado a retirarse a su finca cerca de San Casciano. Cuenta, en una de las más célebres cartas de la literatura italiana que, en su retiro forzoso, iba a cazar tordos por la mañana, revisaba los trabajos del día anterior, visitaba una

8

hostería para encanallarse jugando a las cartas y, por la noche, regresaba a su casa y entraba en el escritorio para ser recibido por los antiguos hombres con quienes entablaba un diálogo. Los Medici tienen una oportunidad para beneficiar a la ciudad y aparecer como sus segundos fundadores a la par de Rómulo, Licurgo o Solón. Con esta idea Maquiavelo sugirió posteriormente una constitución para Florencia que aseguraría un buen gobierno, ya que en ella no era posible el despotismo. El poder absoluto no era más que un mecanismo temporario que aseguraba ese fin, un instrumento para el bien de Florencia e Italia, no un fin en sí mismo. El entusiasmo del Secretario chocó con el poco interés de los Medici y la falta de auténtico republicanismo entre los florentinos. Más tarde, Maquiavelo es empleado por los Medici y se le solicitan sugerencias para una nueva constitución de Florencia en dos oportunidades, de lo cual resulta el Discurso sobre los asuntos de Florencia después de la muerte de Lorenzo de Medici. El Joven 1520 y la Minuta de disposiciones para la reforma del Estado de Florencia 1522. Acepta el gobierno de los Medici como una monarquía, pero se prepara para una administración republicana después de la muerte de los miembros de esta dinastía. En 1520 se le asigna la tarea de escribir una Historia de Florencia con la aprobación del Cardenal Julio de Medici, el futuro Papa Clemente VII, y dedicado a él una vez terminada la obra en 1525. A instancias de éste fue enviado a examinar con Guicciardini, gobernador papal en la Romagna, su vieja idea de milicias ciudadanas como sustitutos de los mercenarios; además, los peligros de un ataque a Florencia hicieron que Clemente considerase su defensa y reforzara las murallas de la ciudad, siendo Maquiavelo uno de los elegidos para inspeccionarlas. Otra revolución florentina, en 1527, lo aleja de sus cargos por su cercanía con los Medici y muere el 22 de junio de ese año, siendo enterrado en la iglesia de Santa Croce (Wikipedia.org, 2013).

9

LÍNEA DE PENSAMIENTO EN LAS OBRAS DE MAQUIAVELO En su mayoría las obras fueron publicadas solo después de su muerte. En su vida solo vieron la luz el Deccennale primo, en Florencia el año 1506; Dell’ arte della guerra, Florencia 1521, y La Mandrágora, obra maestra del teatro italiano. Los discursos solo se publicaron en 1531, en dos ediciones: la primera en Roma, en casa de Antonio Blado, y la otra en Florencia, en la casa de Bernardo Giunta, se encuentran a menudo, en lo que se escribe sobre Maquiavelo, referencias sobre la Bladiana y la Giutina, expresiones que respectivamente, se designan una u otra de ambas ediciones. “El Príncipe salió en 1532, en edición de Blado y Giunta, y el mismo año, La historia Fiorentine; la vita di Castruccio Castracani y otros escritos, inaugurando lo que luego se convertiría en costumbre, fueron publicados con El Príncipe” (Chabod, 1984) (lo corriente, incluso en nuestros días, es encontrar, junto con El Príncipe, La Vita di Castruccio, el escrito Del modo di trattari i popoli della Valdichiana rebellati y la Descrizioni del modo tenuto dal duca Valentino nello ammazzare Vitellozza, Oliverotto da Fermo, il signor Pagolo e il duca di Gravina Orsini). Maquiavelo es muchas veces retratado como un defensor acérrimo de la tiranía, acusado por los propios comentadores de su tiempo y de esta época, tanto ha sido el fastidio por sus obras que se ha convertido “la palabra maquiavélica en sinónimo de inmoralidad” (Copleston, 1985), no es fácil percibir lo que Maquiavelo tiene que ver con el liberalismo y la democracia. Pero contrariamente a las primeras apariencias, la obra de Maquiavelo es el fundamento para pensar así al Estado como a la libertad, y especialmente y la relación entre ambos. En su obra El Príncipe, se puede encontrar una incómoda lista de consejos poco escrupulosos para aquel que desea construir un Estado nuevo. La realidad histórica en que vivió Maquiavelo lo lleva a percibir e insólitamente a declarar que un Estado solo puede ser construido con la violencia, para evitar así la competencia externa e interna.

10

Dice que no puede haber un Estado si las fronteras son inseguras o existe alguna amenaza de guerra civil. Solo cuando las dos condiciones de paz externa e interna, están satisfechas es cuando se puede hablar de Estado con un poder que permanece, que es estable, y por esa estabilidad garantiza paz y orden a la población que vive en el territorio gobernado por él. Lo llamativo de El Príncipe aún a esta época es la naturaleza de crueldad en la lucha por el poder, tal como Maquiavelo la expone. Pues la competencia en esta obra aparece como factor que a toda persona acompaña y es inescapable de las relaciones humanas, partiendo del hecho de que “los hombres no son buenos por naturaleza” (Todomktpolitico, 2011) o sea que no obedecen a los límites naturales; con esto la competencia tiende siempre a la guerra. Todos los hombres so crueles, mienten, desprecian y atacan cuando están en juego los intereses propios. Desconociendo así la moral en la lucha por la victoria. De ahí que la violencia, la crueldad y la muerte sean el resultado inevitable de la disputa de os hombres. Por eso el único modo para detener la guerra incesante a las que estaban habituadas las ciudades Estado italianas de la época, entre ellas Florencia fue el predominio militar estable de una de las facciones, o sea, la victoria duradera de una de ellas, sin importar cuál. Maquiavelo da consejos a todo príncipe sin importar quien sea. Girolamo Sabonarola o Lorenzo Médici cualquiera de los dos podría haber sacado provecho de los descubrimientos de Maquiavelo. Se tiene que centrar la mirada en que todos los consejos de Maquiavelo consisten en el reconocimiento de leyes universales de lucha de poder. Ellas sirven a quien quiera resolver disputas de poder, así como cuatrocientos años más tarde reconocerá “Max Weber 1993, situando la violencia como parte constitutiva de la política” (Frenzé, 2010). La convivencia pacífica acordada mutuamente, depende de un hecho anterior, cual es la constitución de un Estado que permita ordenar las relaciones humanas con base a criterios racionales en un determinado territorio.

11

De allí que se dé el ansia colectiva y moral de que surja un estado, y el valor colectivo y moral que posee la existencia de un verdadero príncipe, que posee la virtù necesaria para fundarlo. Dando así como resultado una cierta conexión entre fuerza y moral descubierta por Maquiavelo. Virtù y libertad “Un príncipe para construir un Estado necesita de tres factores” (Boron, 2003). El primero no acorde a su voluntad: las circunstancias deben ser favorables a la acción, tiempo de calma. Pues hay condiciones objetivas que impiden la construcción de un Estado. Como segundo se requiere de la astucia y liderazgo de un líder para emprender una acción política. Este líder logra unificar fuerzas sociales entorno a sí, por tanto hay que apegarse al sol que más le alumbre. En tercer lugar se hace necesario tener coraje, valentía, gallardía, crueldad para enfrentarnos a los inconvenientes que acarreará la contienda, aceptando cosas que no van con la moral del príncipe. Podemos observar el punto centro de la obra de Maquiavelo que es, actuar de modo inmoral para establecer la moral propia. En otras palabras atacar a los oponentes usando la violencia para plasmarse en el tiempo y así fijar los límites en las relaciones humanas. La virtù “que garantiza el liderazgo y la fijación del Estado consiste en una combinación de coraje y capacidad de representar los intereses sociales, entre los cuales es importante la voluntad” (Quiroga, Valdettaro, Chiroleu, Zubelzú, Zampani, & otros, 2007). Maquiavelo busca en la antigüedad, más precisamente en Moisés, Ciro, Rómulo, Teseo los consejos para los fundadores modernos. Esos personajes tienen en común que la fortuna les sonrió. Sin ella nada se podría hacer. Pero de la misma manera si nadie la hubiese aprovechado nada habría ocurrido. Moisés liberó al pueblo de Israel de las manos de Egipto, Ciro guió a un pueblo descontento con el dominio meda, Rómulo sobrevivió y vengó una traición que habría afectado su linaje, Teseo no hubiera podido revelar sus destrezas si no hubiese encontrado a los atenienses dispersos.

12

Por eso de nada hubieran servido tantas acciones heroicas si los pueblos en mención no hubieran estado en desacuerdo con aquellos gobiernos que los oprimían. Así el dirigente político no inventa la necesidad de la acción política. Esta debe existir objetivamente, de lo contrario toda su vitù es inútil. Hoy podemos encontrarnos con poderes que para tener a sus avasallados contentos inventan estrategias militares para combatir en un punto específico del mundo en donde todo es tranquilidad y no pasa nada, pero que haciendo mal uso de tantos medios comunicativos se inventan guerras incluso destrucciones masivas, y una gran guerra con países específicos que jamás han figurado en las listas de violentos extremos. Lo podemos apreciar muy claramente en la película “La cortina de humo” (Levinson, 1997) película en la que se observa no la astucia del gobernante sino la de sus asesores unas personas frías y calculadoras que no les importa nada con tal de satisfacer sus necesidades, en ella hay un aporte importante tal vez tomado no literalmente de Maquiavelo que dice no es la cola que mueve al perro, es el perro que mueve a la cola. Como se dijo antes de mencionar la película La cortina de humo, no basta con que existan circunstancias favorables a la acción política para que esta acontezca, pues Maquiavelo sostiene “la fortuna es mujer y para dominarla se hace necesario contrariarla, golpearla, zaherirla y así se deja ver que esta se deja dominar por estos que son crueles que por aquellos tibios y dóciles, y como mujer es amiga de los jóvenes porque son menos prudentes y más fogosos y se imponen con más audacia.

13

El príncipe debe ser a la vez zorro y león. No solo en el príncipe se desarrolla una tesis positiva de la política, sino que además se formula la relación entre gobernantes y gobernados, ya no está determinada por la autoridad divina, como habrían formulado los teóricos hasta la época, a partir del Príncipe, el poder es un problema de astucia y fuerza del hombre “zorro y león” (Maquiavelo, 1983), le compete a él alcanzarlo, conquistarlo y mantenerlo; de esta forma borra el carácter pasivo que se había entregado en la relación gobernantes y gobernados para asumir una relación activa de comunicación constante, ante todo la necesidad de conquistar el poder en cada momento, aun después de haberlo conquistado, para lograr el fin de conservarlo es válido la utilización de cualquier medio, es decir el medio es aceptado si efectivamente permite alcanzar el fin propuesto. El príncipe debe hacer buen uso tanto del animal como del hombre. Hacia un sentido cristiano de la política A la política se la ha definido como actividad humana, racional y libre de convivencia social procurando el bien común de una sociedad, de un pueblo, de una nación La antropología explica la conducta humana en cuanto que es racional y libre porque responde a su estructura interior de ser una conciencia abierta desde sí misma al mundo. Como se ve la persona encuentra en su ser algo que le distingue del resto de los animales y es su razón y su libertad, las que le orientan como ser vivo en medio de la creación que le rodea. Así cada persona toma conciencia de sí misma, de su dignidad, de sus derechos, de desarrollar todas las potencialidades que lleva dentro de sí. La política es una actividad que vale la pena ser realizada por todo ser humano para vivir con mayor plenitud su propia vida. Este sentido lo encuentras cuando no dejas la existencia en manos de metas y fines de verdades parciales y de intereses egoístas incompatibles con la verdad total donde todas las verdades se encuentran y donde todas las personas pueden llegar a la comunión que excluye de las personas humanas toda acción egoísta.

14

Ahora bien “podemos hacer un símil de la organización política con el cuerpo y sus necesidades o actividades somáticas pasando por lo espiritual y lo psíquico” (Salvador, 2009). El cuerpo se encuentra entre otros cuerpos, se alimenta, de frutas, carne, verduras, esos alimentos al ser asimilados por el cuerpo, se hacen semejantes al ser que los mastica, formando con él un único proceso vital, su psiquismo le pone en contacto con otros seres humanos en la convivencia y que también son fuente de asimilación no como los alimentos, pero sí psíquica. “Existen por ejemplo venenos en las emociones violentas que hacen más daño que los venenos físicos” (Pedrini, 2001). Hay ideas y sentimientos que destruyen más vidas que bombas atómicas, enfermedades que tienen sus raíces en el mundo de las ideas y los sentimientos, de los recuerdos, de las frustraciones y de la desesperación. Así aparece el refrán dime con quién andas y te diré quién eres; los compañeros y amigos forman tu verdadero retrato psicológico. La vida puramente somática no es capaz de explicar lo político: “los animales se organizan acorde a la ley del más fuerte. La vida psíquica es insuficiente para organizar la política, ésta hace de la fuerza una ley; usa instrumentos racionales para esconder mecanismos salvajes del dominio de los seres vivos” (Duverg, 1970). Más sólo a nivel del espíritu es posible rendirse ante la fuerza de la ley, solo de ella sin necesidad de otros argumentos de violencias; porque la ley moral tiene la fuerza de la verdad que somete a la razón y del bien que se impone a la libertad sin aniquilarla ni destruirla sino afirmándola precisamente en el momento en que ella se somete, así como también sucede con la propia razón.

LA ANTROPOLOGÍA DE MAQUIAVELO Para Maquiavelo los deseos y las pasiones son variables relevantes. La importancia que les da en su análisis induce, incluso, a reducir su realismo a una pura psicología política

15

(Mesnard , 1969). Maquiavelo no se detiene en una mera descripción del comportamiento afectivo de los hombres sino que formula una teoría del hombre que pretende dar cuenta, en el plano filosófico, de los fenómenos observados. Esta teoría, da una visión pesimista de la condición humana que se manifiesta, en dos planos. El primer plano es pesimista, se funda en el hecho de que los deseos de los hombres son insaciables; porque la naturaleza le da poder y querer desear todo, pero la fortuna le da el poder conseguir poco. El hombre es mirado como sujeto de deseos y pasiones y no como un ser pensante dispuesto a aceptar los límites de su finitud. Partiendo del principio de que todos los hombres nacen, viven y mueren siempre según un mismo orden, descubre en el hambre por conseguir el deseo el fundamento de la ambición, y en ésta la causa interminable de la lucha entre los hombres. El hombre siempre que está privado de combatir por necesidad, combate por ambición. “Esta necesidad es tan poderosa que no los abandona jamás, cualquiera que sea el rango que ocupan” (Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, 1987). Esta concepción del hombre va contra el ideal del hombre virtuoso propuesto por Aristóteles, porque para Maquiavelo “no es dado a nuestra naturaleza poder situarse exactamente en una vía media” (Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, 1987). Aquí se percibe la idea de que la grandeza del hombre no está en equilibrar entre sí a las pasiones opuestas, hasta anularlas, por medio de la razón, sino en seguir hasta el extremo la lógica propia de las pasiones. Como se mira en la idea de las pasiones, éstas nunca encuentran reposo debido a la ambición humana, sean cuales fueren las circunstancias políticas y económicas en que se hallen los hombres. Este ánimo por la lucha y la ambición habitan en lo profundo del corazón del hombre, no en las contradicciones de la sociedad, y como él nos acompaña a lo largo de la existencia, la creencia en el progreso de la humanidad es más un producto de la imaginación que el fruto de la consideración de la "verdad efectiva" de las cosas.

16

El pesimismo está referido a los rasgos constitutivos, estructurales, de los hombres. Estos no gobiernan su vida con la razón, sino por las pasiones, las cuales se alimentan de deseos insaciables generadores de conflictos y por lo tanto de un permanente desasosiego. El segundo plano que manifiesta el pesimismo de Maquiavelo es el de la ética. La creencia de que “los hombres están más inclinados al mal que al bien” (Maquiavelo, 1987) atraviesa toda su obra y matiza sus moralejas más famosas, provocando la reacción airada de los humanistas de todos los tiempos. Maquiavelo piensa que los hombres hacen el bien solo porque están forzados, pues dice que inmediatamente se le da la posibilidad de cometer el mal no deja de provocar en todas partes el desorden y el tumulto. Los hombres tienden a unirse y formar comunidad solo por la necesidad de defenderse de la agresión ajena. Maquiavelo atribuye a la existencia del gobierno el conocimiento de lo bueno, lo malo y la justicia. Así el Estado está destinado a vencer la inclinación natural del hombre a dañar a su semejante. El pesimismo ético de Maquiavelo encontrará su razón en el pasaje Discursos (1987): Como demuestran todos aquellos que se han ocupado de política (y la historia está llena de ejemplos que lo apoyan) es necesario que quien quiera fundar una república y darle leyes, presuponga de antemano malos a los hombres y siempre listos a mostrar su maldad cada vez que se les presenta una ocasión. Si esta inclinación permanece oculta por un tiempo, hay que atribuirlo a alguna razón que uno no conoce, y creer que no ha tenido ocasión de manifestarse; pero el tiempo que, como se dice, es el padre de toda verdad, la pone luego en evidencia. La inclinación hacia el mal que Maquiavelo descubre en el hombre es una tendencia profunda y permanente comparable a la concupiscencia desordenada que la doctrina cristiana atribuye al pecado original.

17

ARGUMENTO DE LA OBRA EL PRÍNCIPE Con Maquiavelo la investigación política se separa del pensamiento especulativo, ético y religioso y asume como canon metodológico la especificidad del objeto propio, que debe estudiarse autónomamente, sin estar condicionado por principios válidos en otros campos. Son importantes los siguientes aspectos para la posición de Maquiavelo, centrada sobre “la separación entre ser y deber ser” (Braun, 2000). a. El realismo político, basado sobre todo en el principio que debe atenderse a la

verdad efectual de la cosa, sin perderse en la búsqueda de cómo debería ser la cosa. b. c. La virtud del Príncipe. La relación entre virtud, libertad, y fortuna: la virtud es en general para Maquiavelo,

habilidad natural y la virtud política es el conjunto de fuerza, astucia y capacidad de dominar la situación: esta virtud se contrapone a la fortuna, aun si, en el mejor de los casos, las cosas humanas dependen, por mitad siempre de la suerte. d. La vuelta a los principios de la república romana fundada sobre la libertad y las

buenas costumbres: éste es el ideal político de Maquiavelo, mientras que el Príncipe que él describe es solo una necesidad de momento histórico. En Maquiavelo se encuentra un brusco viraje en las reflexiones, con relación a los humanistas anteriores que supone la profunda crisis de valores morales que se difundía en ese tiempo. Este viraje no solo tenía en cuenta la separación entre ser de las cosas como están efectivamente y deber ser las cosas como deberían para conformarse con los valores, sino que elevaba a principio la separación misma y la ponía como base de la nueva visión de los hechos políticos. La virtud del príncipe: Las dotes que aparecen en este cuadro son llamadas por Maquiavelo virtud. Obviamente la virtud política de Maquiavelo no tiene nada que ver con la virtud en sentido cristiano.

18

Él emplea el término retomando la antigua acepción griega de areté es decir, virtud como habilidad, entendida en sentido naturalista. Más aun, se trata de areté como era concebida antes de la espiritualización que le dieron Sócrates, Platón y Aristóteles al transformarla en razón. En, particular, ella recuerda mejor el concepto de areté que tenían algunos sofistas. Muchas veces este concepto asoma en los humanistas, pero Maquiavelo lo lleva a las últimas consecuencias al entender la virtud como fuerza, voluntad, habilidad, astucia, capacidad de dominar una situación Maquiavelo y la política Maquiavelo enlaza la política con la libertad, entendiendo esta última como el afán de no ser dominado, ausencia de dependencias e interferencias arbitrarias por parte de sujetos con mayor poder, por lo tanto, planteando la imposibilidad de que surja lo político en gobiernos despóticos ya que impiden establecer lazos de ciudadanos, y solo construyen vínculos de amo-súbdito, que impiden el desarrollo de la libertad. Esta visión de Maquiavelo como un autor republicano, que, en cuanto hijo del renacimiento, plantea una categorización de lo político como propio de las repúblicas y centrados en la amplia libertad para generar una ciudadanía carente de dominación por cuerpos extraños a la República, es claramente novedosa, rompe con el Maquiavelo tradicional pragmático y amoral. Por el contrario, lo muestra como un autor que une política y valores como la libertad, la fraternidad (la República sólo se perpetúa en fraternidad, de ahí el valor de la ciudadanía) y ausencia de dominación. Si bien lo anterior es correcto, no podemos afirmar que tales ideas sean únicas de pensamiento maquiaveliano. De alguna forma, tales propuestas, y el mismo Maquiavelo lo reconoce, vienen de la antigua Roma y su ciudades, y remontándonos más atrás, vienen del propio Aristóteles y su idea de política como el espacio que busca el bien común mediante el consenso ciudadano (claro, en su época no todos eran ciudadanos, sino una minoría, pero lo que importa es que se hacía énfasis en el bien común y el consenso entre los ciudadanos de la ciudad).

19

Nos asalta la pregunta, ¿Dónde encontrar el punto quiebre de Maquiavelo? Con Giovanni Sartori (Pasquino, 2005) y con él gran parte de la ciencia política actual, plantea que Maquiavelo es el primero en encontrar un nuevo objeto de estudio, en crear las bases o los pilares para una nueva ciencia, la ciencia de la política. Si lo anterior es correcto, lo que se ha visto ahora es una problemática nueva, que genera un propio lenguaje, un propio conjunto de conceptos que la pueden comprender. Maquiavelo ha construido un nuevo marco epistémico, ha roto con su presente. Esto es correcto hasta cierto punto, se observa en Maquiavelo algo nuevo, pero su respuesta es insuficiente. Al momento de analizar a Maquiavelo como fundador de una nueva racionalidad, con un nuevo objeto, se sigue dentro de la visión de Maquiavelo como el padre de la Razón de Estado, o sea, como el que logró sacar al poder de cualquier arraigo moral. Se ve a Maquiavelo como el fundador de una ciencia que justifica las acciones del Estado en base a su poder y no hay metafísica alguna que observa el Estado como un ente separado de la sociedad civil, conjunto institucional que requiere de un nuevo conjunto de ideas para su estudio. En Maquiavelo “la fortuna, como la contingencia, pierden su carácter sagrado e intocable. El poder ya no está asociado a valores divinos, inmutables y, por lo tanto ajenos a la acción humana” (Copleston, 1985) Maquiavelo admira a Cesar Borgia no por sus ideas de mundo, sino por sus forma de afrontar la contingencia, su forma particular de relacionarse con el poder, no como una institución particular sujeta a valores supra terrenales, sino por el contrario, como un campo de conflicto, sujeto a las particulares formas a través de las cuales organizamos nuestra voluntad. Ahora bien la virtud de Maquiavelo consiste en llevar a la política al rango de ciencia, susceptible de un análisis empírico, su tratado es ello, una colección de observaciones de hechos políticos, cual científico de ciencia natural, aborda para la ciencia política un

20

método que solo después habría de desarrollarlo la ciencia, es un positivista antes del surgimiento del positivismo, es un moderno antes del modernismo. En Maquiavelo se separa la política de la ética tradicional, permitiendo así el surgimiento en la política de una nueva moral, la del éxito, la de la eficacia en el mantenimiento del poder, desarrollando así toda una racionalidad de carácter estratégico, encaminada al logro de los fines de la conservación del poder del Estado, o como arte de conquistar, conservar, acrecentar el poder en el Estado, aparece así la política como antítesis de la ética donde se justifica el dominio sometiendo del más débil por el más fuerte.

LA COMUNIDAD POLÍTICA Se dice que Napoleón Bonaparte comparó la política a las tragedias griegas: (Grüner, 1999). Que muestran la impotencia del individuo de escapar de un destino que le persigue a donde quiera que vaya. Para ello utilizamos a Edipo que, para huir de los vaticinios del destino (asesinar a su padre y casarse con su madre) se aparta de su familia, vive muy lejos, para volver, por extrañas circunstancias de su vida, a encontrar a sus primogenitores, sin reconocerlos y matar a su padre y desposarse con su madre. El destino es implacable juega con la voluntad de las personas, realizando sus planes al margen de la voluntad individual. De la política algo parecido se puede afirmar. En muchos casos se realiza como una fuerza sobrehumana que decide la suerte de miles de personas (pensemos en las decisiones de los gobernantes que deciden guerras), en temas literalmente de ida o muerte. La política se asemejará cada vez más a la tragedia cuando la razón humana la entienda como una ciencia guiada por la inflexible necesidad que vincula las causas a los efectos. El buen politólogo, en esta concepción, será el que consiga identificar las causas significativas, su presencia y las condiciones en que actúan y pueda predecir con tiempo los efectos futuros.

21

La época moderna se caracteriza por querer reducir los hechos humanos al conocimiento científico. De ahí que se toma a la persona humana como objeto, tendiendo a considerar sus problemas como fallas técnicas de su somatismo o de su psiquismo; en el caso de los problemas sociales, como fallas en los tejidos de la sociedad. Dando como solución nuevas y modernas técnicas de curar su cuerpo o su mente, o su convivencia. Con todo en el origen del pensamiento filosófico se vio con claridad que la vida política tenía que distanciarse de la tragedia y que la razón humana podía crear un orden social guiado en su capacidad de llegar a la verdad y al bien. Esta verdad y bien constituyen el horizonte último en el que deben confluir los pequeños conocimientos y deseos que la humanidad vive en forma inmediata. La necesidad de distinguir entre una verdad en sí y un bien en sí de otras verdades y bienes motivados en las conveniencias individuales es el camino intelectual de los diálogos platónicos y de las reflexiones ético-políticas de Aristóteles, los dos grandes maestros del pensamiento. Para quien llega al poder el bien debería ser quien garantice y asegure su estabilidad de mando, este bien es el útil que tiene por medida al individuo mismo que ejercita el poder. De nada serviría la protesta de los adversarios si el gobernante de turno jamás se guió por el Bien, y si no lo hizo los protestantes terminarían por ser destruidos, como claramente lo hemos visto en nuestro tiempo con los grandes dictadores que asesinaron e incumplieron otra tanda de derechos a sus comunidades. Hoy tenemos que decir que el poder no tiene legitimidad en la fuerza, sino en la justicia y esta supone la razón puesta al servicio de un ordenamiento social que ofrezca la realización del bien común de toda una sociedad. La voluntad de poder no puede ser la única explicación de la autoridad política, puesto que es tan ciega y arbitraria como lo es la tragedia griega de la que se habló en los primeros párrafos. Esa voluntad de poder debe ser guiada por la razón para que sirva a la vida humana. Por eso “la separación que Maquiavelo hace de ética y política, reduce el problema político al de técnicas de poder, dentro de un esquema determinista, propio de las ciencias naturales y no de las ciencias humanas” (Prados, 1999).

22

Hoy nos encontramos con una crisis política y se debe al desencuentro de las aspiraciones democráticas y de justicia social, y el poder del Estado que con sus estados burocráticos oprime a los ciudadanos. “Llevando a pensar que la oposición fundamental de lo político es la bina individuo – poder, concibiendo además al individuo en forma aislada como sujeto de carencias y necesidades que procura satisfacerlas por medio del estado como regulador del mercado”. Y esto es quizá la mala piedad de los gobernantes que dejan de hacer lo necesario por su sociedad y se dedican a mantener gente en los puestos burocráticos dejando de lado el avance y el progreso del pueblo que ha confiado en ellos. Así planteada esta crisis podemos encontrar de fondo un problema antropológico fundamental. Y es que la persona humana nunca es el individuo aislado; está hecho para vivir e comunidad y su ser comunitario es esencial para la vida misma. El punto de partida para analizar lo político no puede ser la oposición individuo-poder, sino la realidad de una comunidad que primero es comunidad ética “razón que regula la vida humana en los marcos de las instituciones sociales, lo cual sucede precisamente por el derecho”. Y que por ello puede comenzar a ser comunidad política. La vida en la comunidad política Vivimos en un mundo en el que se miran grandes transformaciones así en las estructuras, como en las instituciones de los pueblos como consecuencia de la evolución cultural, económica y social de estos últimos años. Ejerciendo gran influencia en la vida de la comunidad política principalmente en lo que se refiere a los derechos y deberes de todos en el ejercicio de la libertad política y en el logro del bien común y en lo que toca a las relaciones de los ciudadanos entre sí y con la autoridad pública. Se mira que ha surgido una conciencia preocupada por la dignidad humana que ha causado que en diversas regiones del mundo surja el propósito de establecer un orden político-jurídico que proteja mejor en la vida pública los derechos de la persona, como son

23

el derecho de libre reunión, de libre asociación, de expresar las propias opiniones y de profesar la religión privada y públicamente… Ya con el avance en los diferentes aspectos de los pueblos se manifiesta el deseo por participar más activamente en la ordenación de la comunidad política. En muchas personas se mira el deseo por representar los derechos de las minorías, sin descuidar los deberes de estos para con la comunidad política; observamos al mismo tiempo que se establece una mayor colaboración a fin de que todos los ciudadanos y no solamente algunos privilegiados, puedan hacer uso efectivo de los derechos personales. Igual que como se enaltece la participación de las personas en su comunidad política, también se reprochan las formas de políticas, de algunas regiones, que obstaculizan la libertad civil y religiosa, se multiplican las víctimas de las pasiones y de los crímenes políticos y desvían el ejercicio de la autoridad de la prosecución del bien común, para ponerla al servicio de un grupo o de los propios gobernantes. Se hace necesario fomentar el sentido interior, personal de la justicia, de la benevolencia y del servicio al bien común y robustecer las convicciones fundamentales en lo que toca a la naturaleza verdadera de la comunidad política y al fin, reto ejercicio y límites de los poderes públicos, para lograr así una política auténticamente humana. Naturaleza y fin de la comunidad política Los hombres, las familias y los diversos grupos que constituyen la comunidad civil deben ser conscientes de su propia insuficiencia para lograr una vida plenamente humana y perciben la necesidad de una comunidad más amplia, en la cual todos unifiquen a diario sus fuerzas en orden a una mejor procuración del bien común. La comunidad política nace para buscar el bien común, del que deriva su legitimidad primigenia y propia. El dirigente de una comunidad está para que la comunidad política no decaiga a causa de tantos pareceres libres, y para que dirija a todos los hombres hacia el bien común. No de

24

una manera despótica y mecánica, sino obrando como la fuerza moral que se basa en la libertad y en el sentido de la responsabilidad de cada uno. Para ello se hace necesario que comunidad política y autoridad pública se fundan en una misma naturaleza humana.

UNA ÉTICA COMUNICATIVA AL SERVICIO DE LO POLÍTICO Ética y política van unidas así lo afirman fuentes ofrecidas por filósofos contemporáneos que quieren construir sobre bases más sólidas de una visión del ser humano y de las exigencias racionales de sus conductas morales, el edificio de lo político. “La ética comunicativa parece que nos ofrece luces para una ética de lo político, propuesta con distintos matices por J. Habermas, a la cual se adhieren varios filósofos hispanos y latinoamericanos” (CELAM, Formación política, unidad 2 fundamentos de la acción política, 2000). Adela Cortina una de las principales representantes señala que: (CELAM, Formación política, unidad 2 fundamentos de la acción política, 2000) Lo esencial de esta ética está en dos condiciones: 1) todos los interlocutores, efectivos o virtuales, son personas, dotadas de igual derecho a participar en los procesos dialógicos, encaminados a establecer un consenso sobre las normas cuyo seguimiento de algún modo le van a afectar; 2) a pesar de las limitaciones de los consensos fácticos podemos confiar en la realización de un consenso futuro que tendrá lugar entre los miembros de una comunidad de comunicación, sometida realmente a las reglas dialógicas propias de la argumentación. En un consenso semejante será posible determinar qué leyes son correctas para todos los hombres. De esta manera la ética comunicativa lo que pretende es acoger otras contribuciones como la de Kant que buscaba lo universal e incondicionado de toda obligación moral pero también los aportes de teorías contractualistas del pacto social en sus versiones modernas,

25

o del utilitarismo y consecuencialismo, que piensan que un acto es moral si sus resultados son buenos, sin preguntarse por la moralidad de los medios usados para tal fin. “Max Weber muy conocido como estudioso del capitalismo, ha propuesto la distinción entre dos éticas políticas: la de intención o convicción y la de responsabilidad” (Copleston, 1985). La primera se define por principios, sean cuales sean las consecuencias; la segunda atiende a las consecuencias, sobre todo en el campo político pues plantea la paradoja de si la finalidad a los criterios morales de un gobernante pueda aparecer, al fin, perjudicial para la comunidad que quiere representar. La tensión entre estas éticas sólo es posible si se admite la necesidad de la ética en lo político, cosa que ciertamente Max Weber acepta, puesto que su trabajo recibe el título de la política como vocación. No acepta por tanto la distinción entre ética y política propuesta por Maquiavelo. El problema para él es optar por una ética entre las dos, porque ellas son entre sí opuestas. La ética de intención prescribe mandatos iguales para todo ser humano y en todo lugar, pues las acciones en sí mismas son buenas o malas independientemente de las circunstancias y las consecuencias previsibles. Como ejemplos Max Weber pone la ética de Kant y el sermón de la montaña en el Evangelio. Esta ética no solo pide obrar el bien, sino poner los medios. Así la ética se encuentra unida a la experiencia de la libertad que se autodetermina ante lo bueno y lo malo. Pero el problema continúa ¿puede usarse medios malos para alcanzar resultados buenos? En ocasiones es incluso válido hacer uso de medios, que a corto plazo, parecerían malos, pero que a largo plazo traen consecuencias favorables. Más inmediatamente asalta otro postulado que es poner el resultado de la moral para el futuro, que puede ser visto como una evasión de las condiciones de la vida presente que nos

26

aleja de la historia o nos obliga a pensar en forma providencialista conforme a las creencias religiosas. Con todo no solo la fe invita a poner las esperanzas en el futuro en un Dios providente, la misma experiencia humana, cuando sabe pensar en el futuro no sólo de la propia vida sino de la generación presente, sabe que a la larga, acciones perversas pero útiles para el presente condenan la vida, a inhumana en el futuro, semejante a lo que estamos viviendo en esta generación, un mundo radicalmente relativo que en últimas deberá inclinar la cabeza y aceptar que cometió un error. Esto mismo lo saben muy bien los ecologistas que piensan en términos de futuros más dilatados. La ética de la responsabilidad, aunque resulta pragmática para decisiones presentes entra en un camino donde es difícil colocar los límites y al final deriva en una justificación de todos los medios inmorales por fines aparentemente buenos. Podríamos decir que “el fin se vuelve dudoso” (Ruz, 2009) cuando obliga a usar una cadena de medios inmorales. Por eso podemos decir contra Maquiavelo “el fin no justifica los medios” (Boron, 2000). Así como pasa con el principio de no- contradicción que en el orden lógico excluye los absurdos, igual en la razón ética hay algo que también excluye el fiasco moral de vivir con justicia y no realizar la felicidad humana. Lo que está en nuestro poder es la vida ética; no está en nuestras manos la felicidad que depende de muchas condiciones exteriores. Pero hay una felicidad que brota de la bondad en sí del acto éticamente correcto. La paz de la conciencia es la fuente de la paz social; y el ser humano coherente con su conciencia puede no dar a la sociedad obras que sean fuente de felicidad (hay otros que pueden malograr las mejores obras bloqueando sus resultados positivos), pero ciertamente se da a sí mismo como un ser pacificado y pacificador. Por tanto tendremos una sociedad en la que los otros importan no por lo que hacen sino por lo que son.

27

JESÚS EJEMPLO PLENO DE RELACIÓN CON EL ORDEN SOCIAL Y POLÍTICO. Se puede mirar en los pasajes evangélicos la libertad de innovador de costumbres que estaban muy arraigadas al machismo. En ocasiones se hace necesario el escándalo, en el buen sentido de la palabra. Eso fue lo que hizo Jesús rompió esquemas: habló con las mujeres, tocó enfermos, curó en sábado. A la vez que va en contra de la política de su tiempo aconseja a sus discípulos de que se guarden seguir los ejemplos de aquellos notables de su tiempo y de hacer lo que todos hacen. Los Evangelios nos hacen ver la preferencia que Jesús tuvo por los marginados, los enfermos que necesitan médico, los publicanos, prostitutas, samaritanos, leprosos, viudas, niños, ignorantes, gentiles. En general los pecadores y los pobres olvidados del gobierno de aquella época. Él nos da muestras de un gobierno hecho no por una voluntad de poder, sino por una voluntad que mira en el otro un ser igual con los mismos derechos, pero a la vez con las mismas debilidades que quien gobierna, por eso decía el reino de los cielos no es para los sabios, poderosos y entendidos; ya que ese es el plan de Dios hacerse asequible a los humildes y pequeños, para confundir a los poderosos que confían en confían en la voluntad de poder de un ser que piensa en dominar y sacar provecho de aquellos a quienes tiene la obligación de servir y ayudar. En Jesús podemos descubrir muy fácilmente cuan diferente es a los gobernantes y poderosos de nuestros tiempos. Pues él transforma las relaciones por el amor, y en este amor hay preferencias que nacen no de los sentimientos de quien ama, sino de las necesidades y urgencias de quien debe ser amado. Jesús era consciente de que su mensaje podía ser subversivo, para las autoridades de su época pero aun así no dejó de defenderlo.

28

Y es que de verdad hace falta que los gobernantes sean justos, humanos con quienes los han elegido para el mando, que como sabemos son humanos. Jesús pedía contrario a los esquemas humanos, no una dialéctica amo-esclavo tan magistralmente estudiada por Hegel y Marx, en esta dialéctica la voluntad del amo es impuesta, de dominio: “quiebra la voluntad del esclavo obligándola a ser un reflejo de la voluntad del amo” (CELAM, Formación política, unidad 2 fundamentos de la acción política, 2000). Aquí el amo sierra todas las puertas a la libertad del siervo; se la niega, le priva el derecho a escoger lo que debe hacer, con esto el amo limita física y mentalmente en lo más sagrado que un ser humano tiene que es la libertad de ser una “persona humana” (Lucas, 2008). Hoy las estructuras políticas, económicas, culturales, son mediaciones para la vida humana; no son su finalidad. Y muchas veces estas mediaciones de la vida producen muerte: en nombre del partido, de la cultura, del poder se asesinan no individuos aislados, sino incluso grupos humanos numerosos: limpiezas éticas, limpiezas sociales que manchan la humanidad como nunca lo han hecho otros crímenes. Juan Pablo II mentaba repetidas veces el miedo de la humanidad. Miedo a los frutos que ha producido y que se vuelven contra la misma humanidad. Esta es la imagen contemporánea de las potestades que esclavizan y alienan a la persona humana. Se observa hoy que las estructuras sociales son la traducción real de poderes aparentemente suprahumanos que en realidad son fruto de la mera acción humana.

29

Conclusiones Maquiavelo ante su planteamiento de una política nueva separada de todo precepto moral y religioso, deja sin duda al hombre desamparado, desolado y abre en él, cualquier situación de desenfreno, pues no deja como fin político el bien al que todos los hombres tienden y al que debe dirigirse la política, sino que deja una visión pesimista de hombre justificando de manera tal todas sus tendencias e inclinaciones hacia el desorden y desequilibrio humano. Por ningún motivo se puede separar la política de lo ético ni de lo moral porque ninguna acción del hombre escapa a estas dos realidades. Y aunque Maquiavelo quiso plantear una política sin moral considerándose arreligioso, su esfuerzo fue en vano y lo que hizo fue contradecirse puesto que hay contradicción entre sus dos obras principales, El Príncipe y Los Discursos, porque recomienda, al príncipe, en una ser cruel y malvado, y en la otra le pide que busque el punto medio, siendo ésta una cualidad de los seres virtuosos que cuidan sus acciones. Hoy es costumbre mirar en la política el asedio de líderes que ensalzan al pueblo mientras consiguen lo votos necesarios para salir elegidos en las contiendas electorales. Pero luego de haber salido como los representantes de aquellos, va cambiando su estrategia, muchos comienzan el saqueo de sus pueblos, otros oprimen a quienes los eligieron. Es muy común que en todos los gobiernos del mundo haya desapariciones forzadas e incluso muertes selectivas y esto por orden del gobierno que el pueblo libremente ha escogido. También se puede notar como en la actualidad el nihilismo se ha encarnado en las ideologías de los empresarios e instituciones, ya que en sus doctrinas habita la ausencia de convicciones verdaderas, especialmente la ausencia de valores. Ahora bien y como último para llegar a ser hay que partir de lo que se es, no de lo que se tiene, Maquiavelo se quedó solo en el plano del tener y no de lo que se es. No dio ese segundo paso que era iluminar esa realidad en la que vivía.

30

Bibliografía ARCIS, E. d. (sf.). Escuela de Filosofía Univercidad ARCIS. Recuperado el 20 de Abril de 2013, de http://www.philosophia.cl/biblioteca/Maquiavelo/El%20pr%EDncipe.pdf Boron, A. A. (2000). La filosofía Política Clásica. Buenos Aires: CLACSO. Boron, A. A. (2003). La filosofía política moderna de Hobbes a Marx. Buenos Aires: CLACSO. Braun, R. (2000). Reflexión política y pasión humana en el realismo de Maquiavelo. Buenos Aires, Argentina: CLACSO. CELAM, C. (2000). Formación política unidad 3 compromiso político del cristiano. En R. Antoncich, S.J.. Bogotá D.C.: Kimpres Ltda. CELAM, C. (2000). Formación política, unidad 2 fundamentos de la acción política. Bogotá: Kimpres Ltda. Chabod, F. (1984). Escritos sobre Maquiavelo. México: Fondo de cultura económica. Copleston, F. (1985). Historia de la filosofía Tomo III. Barcelona: Ariel. Duverg, M. (1970). Introducción a la filosofía. Barcelona: Ariel, Planeta S.A. Frenzé, J. (s.f. de s.f. de 2010). Academia.edu. Recuperado el 10 de Mayo de 2013, de http://www.academia.edu/368217/_El_dulce_porvenir_de_Maquiavelo_y_Weber_e l_problema_de_la_comunidad_y_la_responsabilidad_como_criterios_eticopoliticos_ Grüner, E. (21 de Septiembre de 1999). Razonyrevolucion.org. Recuperado el 2 de Junio de 2013, de http://www.razonyrevolucion.org/textos/revryr/arteyliteratura/ryr5Gruner.pdf Levinson, B. (Dirección). (1997). La cortina de humo [Película]. Lucas, R. L. (2008). El hombre espíritu encarnado. Salamanca: Sígueme.

31

Maquiavelo, N. (1983). El Príncipe. Madrid: Alianza editorial Materiales. Maquiavelo, N. (1987). Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Madrid: Alianza S.A. Mesnard , P. (1969). L´essor de la philosophie politique au XVI siècle, Traducción español. París: Vrin. O'Connor, J. E. (2 de Junio de 2009). New Advent. Recuperado el 16 de Junio de 2013, de http://www.newadvent.org/cathen/02609a.htm Pasquino, G. (s.f. de Abril de 2005). Palgrave macmillan european political science. Recuperado el 25 de Abril de 2013, de http://www.palgravejournals.com/eps/journal/v4/n1/full/2210003a.html Pedrini, A. J. (2001). Oración de amor. Bogotá D.C.: San Pablo. Prados, A. C. (1999). Ethos y Polis: bases para una reconstrucción de la filosofía política. Navarra: EUNSA. Quiroga, H., Valdettaro, S., Chiroleu, A., Zubelzú, G., Zampani, R., & otros. (14 de Diciembre de 2007). La República Universitaria. Elección directa en la Universidad. Rosario, Argentina. Ruz, F. C. (2 de Septiembre de 2009). Diario Gramma. Recuperado el 9 de Abril de 2013, de http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/ref-fidel/art164.html Salvador, M. (s.f. de Marzo de 2009). Bonding. Recuperado el 20 de Mayo de 2013, de http://bonding.es/jbonding/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=46&It emid=28 Savater, F. (2004). Ética para Amador. Barcelona: Ariel S.A. Todomktpolitico. (11 de Febrero de 2011). Pensamiento de Maquiavelo (filosófico, político). Recuperado el 28 de Marzo de 2013, de http://www.youtube.com/watch?v=I9KrLtgW4G0

32

Web, C. (15 de Julio de 2011). Constitución Web. Recuperado el 4 de Mayo de 2013, de http://constitucionweb.blogspot.com/2011/07/discursos-sobre-la-primera-decadade.html Wikipedia.org. (12 de Marzo de 2013). Wikipedia la enciclopedia libre. Recuperado el 15 de Mayo de 2013, de http://es.wikipedia.org/wiki/Francesco_Guicciardini