58

García Ispierto, I.; López-Gatius, F.
El estrés por calor es un problema que
afecta a gran parte de la producción ani-
mal mundial, requiriendo una cuidadosa
planificación de los sistemas de manejo.
En este sentido, las interacciones entre
el medio ambiente y el animal precisan
ser reconsideradas y mejor comprendidas
(Nienaber and Hahn, 2007). En el caso de
las vacas de aptitud lechera está demos-
trado que el clima juega un papel muy
importante tanto en la función productiva
(Bitman et al, 1984) como en la reproduc-
tiva (De Rensis and Scaramuzzi, 2003).
Por ejemplo, en Estados Unidos la pérdida
anual por estrés calórico en la industria
lechera se considera aproximadamente de
900 millones $. En vacas lecheras de alta
producción este efecto es mayor, puesto
que las vacas se encuentran sometidas
además a un elevado estrés metabólico.
El estrés por calor se puede defi-
nir como la suma de fuerzas externas
a un animal homeotérmico que actúan
desplazando la temperatura corporal del
estado de reposo (Yousef, 1984). En paí-
ses como España, donde las condiciones
climáticas determinan un periodo cálido
relativamente largo, con elevados valores
de humedad relativa, se pueden considerar
sólo dos estaciones climáticas bien dife-
renciadas: la cálida (Mayo-Setiembre) y la
fría (Octubre-Abril) (Labèrnia et al, 1998).
McDowell (1972) describe que la tempe-
ratura de confort de las vacas lecheras se
encuentra entre 5 y 25ºC. En este rango se
encuentra la máxima productividad y hay
un mínimo coste fisiológico (Folk, 1974).
Por encima de esta temperatura crítica
(25ºC), la vaca incrementa la tasa de respi-
ración, juntamente con la disminución de
producción lechera y la ingestión de mate-
ria seca (DMI) (Johnson et al, 1963; Fuquay,
1981; Ronchi et al, 2001), a la vez que se
reduce su capacidad reproductiva (Bitman
et al, 1984). También se describen cambios
hormonales sanguíneos, pero es difícil
detectar la causa principal: o bien puede
ser debida al estrés por calor directamente,
o bien por la disminución de la ingestión
de materia seca provocada por el estrés
por calor (Fuquay, 1981; Drew, 1999).
Por lo tanto, profundizar en el cono-
cimiento del estrés por calor y sus prin-
cipales consecuencias debe ser uno de los
objetivos básicos de la investigación en
producción animal. Esta revisión intentará
un acercamiento al conocimiento de los
principales efectos del estrés por calor en
la producción de vacas lecheras de alta
producción.
kHerramientas para
calcular el estrés
por calor
Cuatro factores ambientales pueden
afectar la temperatura efectiva (Bufimgton
et al, 1981):
a. temperatura del aire
b. radiación solar
c. movimiento del aire
d. humedad relativa
Una aproximación
al estrés por calor
en ganado vacuno
lechero de alta
producción
Irina García Ispierto / Fernando López-Gatius
Departamento de Producción Animal
Universidad de Lleida
Tabla 1. Riesgo relativo y % de fertilidad de las variables incluidas en el modelo de regresión logística.
Referencia 20.8 121/581 >86
0.045 1.0 -1.7 1.30 26.6 278/1047 81-85
0.446 0.9 -1.4 1.11 25.7 225/1306 76-80
0. 002 1.2 -2.0 1.53 33.3 466/1400 71-75
<0.001 1.1 -2.3 1.73 34.9 2316/6630 <70
THI máximo al día
de la IA
>86
81-85
76-80
71-75
0.005

0.005

0.002

0.464
1.1 -1.9

1.1 -1.9

1.2 -1.9

0.9 -1.1
1.48

1.47

1.50

1.10

Referencia
34.4

33.0

30.6

23.0

21.7
2292/6659

464/1407

392/1279

246/1071

119/548
<70 THI máximo 3 días
antes IA
P n Clases Factor
% fertilidad Riesgo
relativo
Intervalo de
confianza
95%

59
nº 25
Una aproximación al estrés por calor en ganado vacuno lechero de alta producción
Uno de los índices más utilizados para
calcular el estrés por calor en vacas leche-
ras es el índice temperatura-humedad
(THI) (Hahn, 1969; Fuquay, 1981). Este
índice fue creado por Thom (1958) para
calcular la sensación térmica de confort
en la especie humana, y posteriormente
el Livestock Conservation Institute obser-
vó que era buen predictor para el estrés
térmico del vacuno lechero. Cuando el
THI excede las 72 unidades se considera
que hay estrés por calor (Johnson, 1980).
El THI máximo se asume como uno de los
índices más eficientes y reales para detec-
tar el estrés por calor en los animales. La
explicación está en que en horas de máxi-
ma temperatura, durante el mediodía,
la humedad relativa es mínima (Hahn,
1969; McDowell et al, 1979; Ravagnolo
et al, 2000).
THI= (0,8x Tº media + (HR media
(%)/100)x(Tº media -14,4)+46,4)
THI máximo (THI máx)= (0,8x Tº máxi-
ma + (HR mínima (%)/100)x(Tº máxi-
ma-14,4)+46,4), donde T significa tem-
peratura, y RH humedad relativa.
Recientemente ha aparecido un índi-
ce tridimensional. Es decir, además tiene
en cuenta la duración de la exposición
al estrés por calor (Gaughan et al, 2008).
Este índice aún tiene que ser contrastado
en la vaca lechera y su cálculo ofrece una
mayor dificultad que el del THI, por lo que
se debe evaluar con cautela antes de su
aplicación en la producción del vacuno
lechero.
kEfectos del estrés por
calor sobre la fertilidad
La rentabilidad de las explotaciones
lecheras depende en gran medida de la
fertilidad. Desde los años 80 hay un des-
censo constante en la fertilidad (López-
Gatius, 2003), de origen seguramente
multifactorial, no causado exclusivamen-
te por el aumento de la producción
lechera (Lucy, 2003). Puede ser pues, que
el estrés por calor juegue un papel muy
importante en este descenso.
El estrés térmico-calórico ha sido
asociado con caídas de fertilidad antes de
la inseminación artificial (IA) (Al-Katanani
et al, 1999). Además, la exposición de
vacas lecheras a altos niveles del THI 10
horas después del inicio del estro resultó
en una disminución de embriones reco-
gidos al día 7 de gestación (Putney et al,
1989), indicando su posible efecto en la
mortalidad embrionaria temprana. Esta
pérdida ya es de por sí muy elevada en
vacuno lechero no estresado. El ambiente
intrauterino está también afectado en
vacas que sufren estrés por calor, inclu-
yendo alteraciones del flujo sanguíneo
del aparato genital. En periodos de calor,
la sangre se redirige a zonas periféri-
cas del cuerpo para intentar una mejor
refrigeración. Así pues, el útero ve dismi-
nuida su circulación sanguínea, aumen-
tando su temperatura significativamente
(Gwazdauskas et al, 1985). Este hecho
también se ha relacionado con pérdidas
embrionarias tempranas e IA no fértiles
(Rivera and Hansen, 2001).
En un estudio reciente, García-Ispierto
et al (2007), se analizaron 10964 insemi-
naciones en vacas de alta producción,
con el objetivo de examinar el impacto
de diferentes factores climáticos sobre
la fertilidad. Los parámetros estudiados
fueron la pluviometría, la temperatura
media y máxima y los THI medio y máxi-
mo durante los días -7 (7 días antes de
la IA) al día -1, el día de la IA, y días 1 al
7 post-inseminación. Además se hicieron
medias de los parámetros del día -3 al 0
y del 0 al 3 post-inseminación. En este
estudio se concluyó que los parámetros
climáticos tenían un gran efecto sobre la
fertilidad, especialmente de 3 días antes
al propio día de la inseminación (efecto
sobre la foliculogénesis) (Tabla 1 y 2).
Por otra parte, el uso del análisis de la
temperatura sola, dio información adi-
cional al proporcionado por el THI (figura
1). Por este motivo no se pudo concluir
que índice era mejor para la fertilidad, si
temperatura o THI. Probablemente cada
granja debe hacer sus propios análisis ya
que cada una tiene sus propios factores
ambientales y de manejo, que harán que
un índice sea mejor que otro en distintas
situaciones. Las implicaciones prácticas
del estudio son, por ejemplo, el encendido
de ventiladores o aspersores a 70-75 uni-
dades THI y la mejora de las prácticas de
manejo alrededor de la IA.
kEfectos del estrés por
calor en las perdidas de
la gestación durante el
periodo fetal temprano
Las perdidas de la gestación durante
el periodo fetal temprano son posible-
mente una de las causas más importantes
que afectan a la función reproductiva del
vacuno lechero mundial (Ball, 1997). A
pesar de que la mayoría de pérdidas se
producen durante el periodo embrionario
temprano, las pérdidas durante el periodo
fetal temprano de origen no infeccioso
parecen aumentar en el vacuno lechero
intensivo (Forar et al, 1995; Hanzen et
al, 1999).
En la zona nordeste de España se
ha detectado que durante las épocas
cálidas (Mayo-Setiembre), los paráme-
tros reproductivos claramente empeoran
(López-Gatius et al, 2002, 2004ª), incluso
se correlacionó el periodo cálido con
las pérdidas fetales (López-Gatius et al,
2004b). En este estudio, las perdidas
fetales tanto de gestaciones simples
como de dobles se incrementaron duran-
te el periodo cálido de 3,7 a 5,4 veces,
respectivamente, comparadas al periodo
frío.
En otro estudio reciente (García-
Ispierto et al, 2006) se estableció el
efecto de variables climatológicas como
el THI medio y máximo, la temperatura
media y máxima y la pluviometría de los
días 1 al 40 post-inseminación en las
pérdidas fetales tempranas. El resultado
más relevante fue la clara relación entre
el valor del THI máximo del periodo
21-30 días post-inseminación y la pér-
dida fetal temprana (figura 2). Por cada
unidad de aumento de las unidades
THI, se aumenta con un 5% el riesgo de
perdida fetal temprana (riesgo relativo =
1.05). Se realizó otro análisis sin incluir
los valores del THI, y dio prácticamente
el mismo modelo con la temperatura,
pero sin ajustarse tanto (P=0.50 frente
P=0.82). Los días 21-30 post-insemina-
ción se corresponden con el periodo peri-
implantacional, periodo de gran pérdida
en vacas lecheras (8-25%) (Bulman and
Lamming, 1979). La implantación provo-
ca cambios dramáticos tanto del estroma
En las vacas lecheras
de alta producción
el clima tiene
un efecto mayor,
tanto en la función
productiva como en la
reproductiva, puesto
que estos animales se
encuentran sometidos,
además, a un elevado
estrés metabólico
Lamana, J.A.
60
García Ispierto, I.; López-Gatius, F.
uterino materno como del propio con-
cepto, hecho que hace que este periodo
sea crítico para la supervivencia del
embrión. Así pues, cualquier estrés, entre
ellos el estrés por calor, en este periodo
puede provocar pérdida fetal temprana,
especialmente en el vacuno lechero de
alta producción.
kFuturo
El impacto de las altas temperaturas
ambientales en los animales se ha des-
crito desde la antigüedad. En ‘Sobre los
aires, aguas y lugares’, Hipócrates en el
siglo V a.C relacionaba la disminución de
fertilidad de las vacas europeas, compa-
rado con vacas del este, con el clima. Los
primeros registros del siglo XX empeza-
ron aproximadamente 70 años atrás (Erb
et al., 1940; Seath and Staples, 1941).
Este problema seguramente irá aumen-
tado debido al cambio climático. Para la
producción animal esto supondrá gran-
des pérdidas económicas como se ha ido
describiendo en esta revisión. Para poder
paliar este problema sólo queda mejorar
las prácticas de manejo de las explo-
taciones lecheras. No hay una solución
única para el problema: cada explotación
debe implementar sus propias medidas
paliativas, como podrían ser la puesta en
marcha de ventiladores o aspersores a
unas determinadas unidades THI o a una
determinada temperatura. Esto reducirá
los efectos del estrés por calor, pero no
conseguirá igualar el ambiente con los
periodos fríos (Armstrong, 1994). Para
las pérdidas fetales queda clara la supe-
rioridad del THI frente la temperatura
para detectar problemas, pero no para
la fertilidad. Además, no queda claro
en la vaca actual, altamente producto-
ra, cuándo aparece el estrés por calor.
Quizás depende de su nivel productivo,
de su estado fisiológico o del nivel de
manejo de la granja en que se encuen-
tre. Quizás no puede llegarse a un nivel
de corte universal para la aparición de
este tipo de estrés y cada situación deba
analizarse mediante recogida y análisis
de datos.
Para la superación del estrés por
calor se han descrito la implementa-
ción de minerales y vitaminas en la
dieta, así como terapias hormonales
o la transferencia embrionaria (Ullah,
1996; Harmon, 1997; Al-Katanani et al,
2002). Probablemente, el camino sobre
la comprensión del efecto del estrés
térmico-calórico sobre los animales en
producción no ha hecho sino comenzar.


Figura 2. Porcentaje de pérdidas fetales tempranas para diferentes THI máximos a los días 21-30 de gestación.
0
1
2
8
12
0
2
4
6
8
10
12
14
<55 55-59 60-64 65-69 70
THI máximo
%

p
e
r
d
i
d
a

f
e
t
a
l

t
e
m
p
r
a
n
a

Tabla 2. Riesgo relativo y % de fertilidad en las variables incluidas en el modelo de regresión logística
(excluyendo el THI medio y máximo).

Referencia 24.2 131/542 >36
0.979 0.77 -1.29 1.00 25.4 339/1334 31-35
0.808 0.77 -1.3 1.03 28.8 521/1810 26-30
0.298 0.86 -1.6 1.17 33.0 566/1716 21-25
0.018 1.07 -2.07 1.49 35.2 1956/5562 <20
Temperatura
máxima 1
día post.
IA (ºC)
>36
31-35
26-30
21-25
0.053

0.008

0.009

0.588
0.9 -2.0

1.1 -2.2

1.1 -2.0

0.8 -1.4
1.42

1.59

1.51

1.08

Referencia
34.5

34.5

31

23.7

23
1965/5696

494/1430

619/1994

341/1436

94/408
<20 Media de
temperatura
máxima de 3
días antes de
la IA (ºC)

P n Clases Factor % fertilidad Riesgo
relativo
Intervalo de
confianza
95%

Lamana, J.A.
62
García Ispierto, I.; López-Gatius, F.
Figura 1. Efectos de la temperatura y THI en la fertilidad.


THI

3 días antes IA
foliculogénesis

80 unidades THI =



IA espermatozoides,
oocitos, embriones

75 unidades THI =

Temperatura

3 días antes IA
foliculogénesis




1 día post IA embrión (2
celulas): embrión
sensible




¿Cúal es más apropiado para la
Fertilidad?








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nº 13
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Bayofly
®
Pour-on
La protección contra
las moscas
con 0 días de tiempo
de espera
BAYOFLY
®
Pour-on: Solución tópica. Composición por mI: Ciflutrina 10 mg. Indicaciones: Parasitosis externas en bóvidos; contra la
infestación por moscas y tábanos en bóvidos de todas las edades, incluyendo vacas lecheras en lactación. Vía de administración: Pour-on,
vertiendo el producto sobre la línea dorsal del animal. PosoIogía: 10 ml por animal, repitiendo a las 3 semanas, según el nivel de infestación.
Efectos secundarios: No se han observado manifestaciones secundarias locales o generales. Tiempo de espera: 0 días. Nº de registro:
9072. Presentación: Frasco dosificador de 250 ml. MANTENER FUERA DEL ALCANCE DE LOS NIÑOS - CON PRESCRIPCION VETERINARIA

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