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Juan Carlos Gómez

GOMBROWICZIDAS

Edición digital www.elortiba.org 2008

Juan Carlos Gómez

Gombrowiczidas
TURCO EN LA NEBLINA A pesar de mi ostensible intención de hacerme conocer en el mundo entero formando un club de gombrowiczidas, cuyos miembros están desparramados por toda la tierra, he notado últimamente que algunas personas están más desorientadas que turco en la neblina. Con el único propósito de reducir el campo del desconocimiento va a continuación mi curriculum vitae en todo lo que concierne a Gombrowicz, un recurso muy usado para conseguir trabajo. Juan Carlos Gómez, doctor en Ciencias de la Administración, nació en Buenos Aires en 1934. Se hizo amigo de Gombrowicz en 1956, a los veintiún años, jugando al ajedrez en el café Rex, cuando cursaba la carrera de Ciencias Físico-Matamáticas. Las cartas que Gombrowicz le escribió desde Europa cuando se fue de la Argentina fueron publicadas por Emecé en 1999. Fue protagonista principal, junto a otros tres discípulos, de la película de Alberto Fischerman, "Gombrowicz o la seducción", que se estrenó en 1986 y que fue premiada en el festival de Rotterdam ese mismo año. Es colaborador permanente de la revista literaria polaca "Twórczosc". En el 2004, el año del centenario de Gombrowicz, publicaron tres ensayos suyos: "Nueva guía de Gombrowicz", "No veremo en Bueno Saires" y "Milonga para Gombrowicz". En el año 2005, otro ensayo, "Las cartas", y es de próxima aparición en el año 2008, un conjunto de los "Gombrowiczidas" con los que los bombardeo a diestra y siniestra. En el año 2004 la editorial argentina "Interzona" publicó, "Gombrowicz, este hombre me causa problemas", y en el año 2006 la revista literaria argentina Prometheus publicó "Gombrowicz, y todo lo demás". Fue el curador de "El enigma de Gombrowicz", las jornadas sobre Gombrowicz del Centro Cultural Borges en el año 2004, y de "Gombrowicz, y los argentinos", las jornadas del MALBA en el año 2005.

EL GLOSARIO DE LOS MOTES El puente entre el lector y el escritor es el editor. En el año 1960 Jacobo Muchnik le propuso a Gombrowicz la reedición de "Ferdydurke" en Fabril Editora con un tercio de los derechos de autor potenciales en carácter de

anticipo: –Eso es lo de menos, yo estoy dispuesto a autorizar la publicación de "Ferdydurke" si ustedes se comprometen a editar otro libro, muy importante, que estoy escribiendo. Sacó un par de hojas de los diarios en los que se refería a la Argentina y le pidió que las leyera en ese mismo momento: –Sí, como muestra es ciertamente bien elocuente, pero, honestamente, ¿cómo quiere usted que me comprometa a priori y por mi cuenta a editar en nombre de una gran empresa un libro polémico aparentemente dedicado a meterse belicosamente con lo más distinguido de la intelectualidad argentina? Gombrowicz no respondió, se puso de pie y por encima del escritorio le quitó de las manos las dos hojas, murmuró algo y se fue. Sin llegar por mi parte a ningún desplante como el que Gombrowicz le hizo a Muchnik, debo decir que cuando me propuse editar los gombrowiczidas, el comportamiento que tuvieron los editores me indujo a comparar a las editoriales con pequeñas cajas negras en las que por una puerta entraban cosas, y por la otra salían transformadas, pero me resultaba difícil comprender la naturaleza de esta transformación. Desarrollé entonces un modelo para someter a estas cajas negras al análisis combinatorio y concluí que los editores, en los tiempos que corren, sólo editan si la perspectiva de venta de ejemplares resulta favorable. El Pato Criollo desarrolló en uno de sus libros un modelo según el cual cualesquiera sea el conjunto de salida de la caja negra, el editor edita, pero yo no estoy de acuerdo con este modelo, es inconsistente. Sin embargo, una carta que recibí del Alfajor me dio un poco de esperanza. "Ya habrá algún editor que se dé cuenta, por boludos que estén –o sean. Mientras tanto, todo es ganancia para tus gombrowiczidas, digo" Pasó el tiempo y lo que me había escrito el Alfajor se convirtió en una profecía, el Gran Ortiba empezó a publicar los gombrowiczidas en el sitio www.elortiba.org Ahora bien, habiendo sido mi maestro, debo decir que la gratitud era un sentimiento que no le caía bien a Gombrowicz, no porque fuera ingrato, sino porque le resultaba incómodo, difícil de expresar y, por eso mismo, peligroso. Por acá, en la Argentina, sus gestos de gratitud no fueron muy frecuentes. Se le pueden contabilizar, sin embargo, algunos regalos: una escultura de yeso muy bonita, un frasco de mermelada, un libro de pinturas, una sandía con su firma, un arrodillamiento conmovedor para agradecer cinco litros de kerosene, y una cantidad considerable de dedicatorias que estampaba en cualquier tipo de libros. El Gran Ortiba sólo me ha pedido una cosa, que escriba una nota aclaratoria sobre el glosario de apodos, no puedo ser ingrato con él, debo hacerle ese regalo, va a ser algo así como la sandía con mi firma, o mi frasco de mermelada. Quiero que este gombrowiczidas vaya como la presentación de los motes. A mí me parece que el origen y la naturaleza de "La identificación de los apodos y de la actividad" debe quedar un poco en el misterio, sin demasiadas aclaraciones por parte del autor.

El primer apodo que puse fue Pterodáctilo, en una época en la que no existían los gombrowiczidas, el penúltimo fue Cacatúa, y el último Gran Ortiba, pero Gran Ortiba queda fuera de concurso. El origen del mote siempre tuvo un contenido negativo, se refiere a historias verdaderas que me unieron a los motejados en distintos momentos de estas cápsulas de Gombrowicz que son los gombrowiczidas, pero con el paso del tiempo perdieron el carácter que traían por el nacimiento y llegaron a tener, por lo menos para mí, un tono familiar y afectuoso

FIDEFURCA Gombrowicz se embarca en el General Artigas y se va con Di Paola a Montevideo. En el barco hace reflexiones sobre la línea beethoveniana y manifiesta que en "Pornografía" intentó volver a este tipo de melodía. "¡Qué descaro de mi parte recurrir a unos temas tan fascinantes y melodiosos! Sobre todo hoy, cuando la música moderna le teme a la melodía, cuando el compositor, antes de utilizarla, tiene que despojarla de toda su atracción, volverla árida. Lo mismo ocurre con la literatura: un escritor moderno que se respete evita toda suerte de cebos, es difícil y prefiere repeler antes que tentar. ¿Y yo? Yo hago justamente lo contrario, meto en la obra todos los sabores más sabrosos, los encantos más encantadores, la relleno de bellezas y excitaciones, no quiero una escritura árida, sin hechizo... Busco las melodías más cautivadoras... para llegar, si lo consigo, a algo todavía más seductor" Desembarcan, se alojan en un hotel y a la noche van a una conferencia que da Dickman en la Asociación de Escritores. En la sala flota en el aire la cortesía, la banalidad y el aburrimiento. Paulina Medero preside la sesión: –Tenemos el honor de presentar al señor Gombrowicz a quien saludamos; quizás quiera decirnos unas palabras; –Bien, Paulina, ¿pero de hecho qué es lo que he escrito? ¿Cuáles son los títulos? Este comentario sobre los títulos me hizo acordar al escándalo que se armó con la persona que me había presentado a Gombrowicz en el Rex cuando le preguntó por los títulos de las obras de Hegel. Dickman acude en auxilio de Paulina: –Yo sé, Gombrowicz publicó una novela en Buenos Aires traducida del rumano, no, del polaco, "Fitmurca"... no, "Fidefurca". Se produce un malestar generalizado. Termina el acto y Gombrowicz estampa en el libro de la Asociación su firma, tras lo cual se lo pasa a Dipi para que lo firme también. Esto vuelve a provocar inquietud porque Dipi está en la edad del servicio militar y todavía no tiene pinta de literato. De ahí se fueron con Paulina y Dickman a un restaurancito que se daba aires, en el que los poetas habían preparado un banquete para homenajear a un profesor. Se levantan los poetas y las poetisas y sueltan poemas en honor del profesor. Cada uno de los cincuenta poetas presentes tenía que pronunciar su poema de homenaje. Gombrowicz llama al mozo, pide dos botellas de vino y empieza a tomar. Le llega el turno a una poetisa grasienta y barrigona, se levanta de un salto, mientras balancea el busto de un lado para otro y agita los brazos, emite manojos de rimas nobles. Gombrowicz no aguantó más y lanzó una carcajada tras la espalda de Dipi, que también soltó una carcajada pero sin ninguna espalda que lo protegiera. En medio

de miradas indignadas se levantó el laureado para soltar su discurso, Gombrowicz y Dipi aprovecharon la oportunidad y ahuecaron el ala. "¡Chismes al canto! Al día siguiente, mientras cenábamos, Dipi oyó que en la mesa vecina se hablaba del escándalo en la Asociación de Escritores y de la provocación en el banquete de poetas... ¡Alguien aconsejaba escribir a Ernesto Sabato para preguntarle si su carta dirigida a Julio Bayce en la que me recomendaba calurosamente era auténtica!"

La historia uruguaya que Gombrowicz cuenta en los diarios no está clara, así que le pedí al Pato Criollo, que pasaba unos días en Montevideo, una versión montevideana de lo que había ocurrido realmente. Aira, siempre enigmático, me mandó unas líneas con una foto. "Un recuerdo de Montevideo para mi querido Goma"

PASEAR POR EL UNIVERSO Así como en la presentación polaca de "Gombrowicz, este hombre me causa problemas" enuncié el canon del treinta por ciento, canon con el que me manejo para leer, ha llegado el momento que enuncie los tres principios con los que me manejo para escribir, principios que tienen la particularidad de que no se pueden usar al mismo tiempo, o uno u otro, porque son excluyentes. 1º Nadie lee nada de nada; 2º algunos leen pero no entienden nada; 3º algunos entienden pero se olvidan enseguida. Una noche charlábamos en el Rex de un problema que tenía cierta importancia, pero de repente yo tomé la palabra y empecé a hablar apasionadamente de una cuestión que carecía por completo de interés: –Gómez, no veo por qué usted habla con tanto entusiasmo de un asunto insignificante; –Vea, Gombrowicz, si hablara sin entusiasmo nadie me escucharía. Gombrowicz no era muy entusiasta que digamos pero se obsesionaba frecuentemente con temas laterales. "Yo miro esta mesa y me fijo en el cenicero. Si me fijo sólo una vez no pasa nada. Pero si vuelvo al cenicero y lo miro otra vez, entonces me voy a preguntar por qué el cenicero se ha convertido en un objeto más interesante que los demás. Y si vuelvo a mirarlo una tercera y una cuarta vez, el cenicero se convierte en un objeto decisivo. Por la repetición de un acto de conciencia se llega a dar una importancia terrible a una cosa que no tiene aspecto de ser tan importante. Esta emboscada de la conciencia tiene una gran importancia en mis obras" En el segundo intento que hizo con un tipo de historias a las que podríamos considerar al margen de la literatura, valiéndose de un tema de tan poco interés como el de mi charla apasionada en el Rex, utilizó una mano. Pero mientras yo trataba de despertar la atención de los demás con el entusiasmo, Gombrowicz lo despierta con la maestría que tiene para sacarle jugo a las piedras.

A las diez de la mañana estaba tomando un café en el Querandí. El mozo se le acerca y Gombrowicz empieza a ponerle atención a su mano que cuelga silenciosa, secreta y desocupada pero, de pronto, sin saber por qué, sus pensamientos vuelan hacia un árbol que había visto una vez desde la ventanilla del tren. Los árboles y los arbustos le despertaban un especial interés, también es por un arbusto que me pregunta a mí en Piriápolis cuando andaba buscando inspiraciones para "Cosmos". Pero volvamos al Querandí. La mano del mozo lo había asaltado de repente en medio del silencio. Al volver a su casa la mano ya no estaba con él, pero una lectura que estaba haciendo de la conferencia de Heidegger sobre Zarathustra le inyectó a la mano una nueva dosis de existencia. La idea que lo llevó nuevamente al Querandí fue la del eterno retorno. Mientras se preguntaba si debía preparar la ropa para lavar, en el mismo momento, ese ser de Nietzsche que venía desde los primeros orígenes hasta las últimas realizaciones, estaba con él. Un ser representante de la amargura, la furia y el silencio de la humanidad. Silencioso como la mano del mozo. ¿Qué estaría haciendo la mano en el Querandí mientras Gombrowicz estaba en casa? Si dejara de pensar en la mano del mozo la mano se disiparía en la facilidad de la nada, pero la mano volvía a él porque él había vuelto a ella con Nietzsche y ahora con la mano del Embajador de Polonia con quien estaba conversando. Miraba esa mano diplomática apoyada en el brazo del sillón, pero no era ésa la mano, sino aquella otra abandonada allá, como un punto de referencia. Gombrowicz empieza a tener miedo del diablo, un sentimiento extraño para un incrédulo, pero la presencia del mal convertía su ser en una existencia azarosa, inquietante y susceptible del diabolismo. Le resultaba difícil aceptar cualquier tipo de certeza en un asunto en el que la falta de datos tenía el mismo significado que su abundancia. Su propia mano descansaba tranquila en el bolsillo, también descansaban tranquilas las manos sobre las rodillas de los automovilistas que corrían en sus coches. ¿Y la mano del Querandí qué estaría haciendo? Estaba vagabundeando en la periferia de sus límites en busca de no se sabe qué. ¿Y si Gombrowicz de repente se arrodillara ante la mano? Sería un intento fallido, como siempre, de construir un altar cualquiera. Una desesperación por agarrase de algo, de la mano del mozo del café Querandí. Más tarde, en el restaurante Sorrento, se le acercó el mozo, también con una mano desocupada igual que en el Querandí, una mano que sólo era importante porque no era aquélla. Está adorando un objeto que él mismo enaltece. Se arrodilla frente a un objeto que no tiene derecho a exigir que se postren ante él, de modo que el ponerse de rodillas sólo depende de Gombrowicz. Escogió esa mano del Querandí para agarrarse de algo, para tener un punto de referencia. Pero no quiere que la mano haga algo con él, o de él. Ya es de noche, llega a un café de Lavalle y San Martín. Discute con Gómez sobre el tema de Raskólnikov. Su punto de vista es que en "Crimen y Castigo" no existe un drama de conciencia en el sentido clásico de la palabra. El juicio de Raskólnikov no es de su conciencia, es un juicio surgido de un reflejo, un juicio de espejo.

Este tipo de reflejo se convierte también en un mecanismo que nos lleva a decir lo que nos pasa por la cabeza. Esta conciencia de espejo es como fijar la mano en alguna parte, fuera de nosotros, por la fuerza de un reflejo. Así como se iba construyendo la conciencia de Raskólnikov, así es como se le estaba construyendo esa mano a Gombrowicz. Esa mano se ha convertido en un parásito, ahora se está alimentando de Dostoievski, no parará hasta chupar de Gombrowicz todas las palabras que necesite. Llegó la medianoche, habían pasado catorce horas desde el comienzo de la aventura. ¿Dónde estará la mano en ese momento? ¿Todavía en el Querandí? ¿Descansará en alguna almohada y se habrá puesto a dormir? "Me pareció tranquila al verla por primera vez en el Querandí... , pero se ha vuelto cada vez más posesiva... , y yo mismo ya no sé qué es la que podría frenarla allá, en la periferia... , donde está mi límite" Por esa inclinación que tiene el hombre de encontrar una idea única que explique a todas las demás, yo también en mi juventud la quería encontrar, pero mientras crecía, en vez de tener cada vez menos ideas, cada día tenía más. La combinación de estos asuntos me iba creando una confusión creciente en la cabeza que sólo me alivió un poco la pérdida de la idea de Dios. El único pensamiento que me acercaba a la idea única era la matemática, pero a medida que avanzaba en su conocimiento esta ciencia se me hacía un tanto indigesta, un poco por la dificultad de comprenderla, otro por pereza, y otro más por su dureza inhumana. Si yo hubiera conocido la historia de esa mano que mucho tiempo después leí en los diarios de Gombrowicz, hubiera resuelto mi problema, pues con una idea insignificante y sin mucho entusiasmo nos lleva a pasear por todo el universo.

HERMOSO TIEMPO Después de su viaje por el Río Paraná Gombrowicz desembarca en Rosario a la madrugada, tiene que hacer tiempo, antes de visitar a los Dzianott pasea por la ciudad. "Comercio, balance, presupuesto, saldo, inversiones, crédito, inventario, cuenta, neto, bruto, sólo esto, únicamente esto, toda la ciudad está bajo el signo de la contabilidad. La vulgaridad de América, la América gorda. Rena y su marido, con el pequeño Jacek Dzianott, radiante de alegría, esa alegría que es en realidad nuestra única victoria sobre la existencia y la única gloria del hombre. Pero ¿por qué este orgullo y esta gloria están confiados a un niño de doce años y hay que inclinarse ante ellos, y por qué el desarrollo es el camino de la amargura degradante? Resulta muy sarcástico que nuestra insignia más alta, nuestro más orgulloso estandarte, sean los pantaloncitos de un niño" La nostalgia por Rosario me trae a la memoria una nostalgia más, la que me despierta el diario que escribe Gombrowicz sobre su navegación por el Río Paraná. En esta narración alcanza una

belleza que sólo igualó dos años después describiendo un crepúsculo. Utiliza un idioma poético, lógico y musical sobre un clima de irrealidad que va creciendo a medida que avanza por el río al que sólo puede anclar con la palabra navegamos. Los movimientos, los cambios que sufría el río, las variaciones del clima y de la luz, siguen las peripecias del alma atormentada de Gombrowicz, acosada por la oscuridad y la distancia. Alguien le da una oportunidad para que pueda distinguir con claridad lo que el barco va dejando atrás y le ofrece unos prismáticos: la orilla, los arbustos, las maderas que flotan el agua: – ¿Quiere usted echar una ojeada? Le borra los contornos a la realidad a la que sólo vuelve en una especie de basso continuo utilizando la palabra navegamos. "Pero... lo mismo me dijo ayer. Sólo que hoy me ha sonado diferente. Me ha sonado... como si en realidad no quisiera decir eso o bien como si lo que ha dicho no estuviera dicho hasta el final... sino dolorosamente interrumpido" No puede soportar la idea de que el barco navegue solo, cuando no está con el barco y no sabe si navega, y tampoco puede soportar el espacio imponente y el aire inmóvil. "Ese industrial de San Nicolás dijo: –Mal tiempo..., pero de nuevo me sonó como si no fuera eso..., como si en el fondo él quisiera, sí, eso es, quisiera otra cosa..., y tuve la misma sensación que la que había tenido en el desayuno con un médico de Asunción, exiliado político, cuando me hablaba de las mujeres de su país. Hablaba. Pero hablaba precisamente (esta idea me persigue) para no decir..., sí, para no decir lo que de veras tenía que decir" El río que tenía por delante y por detrás, con su blancura intermitente, por veces se le confundía con los sueños sobre el pasado y el futuro, desconocidos e indefinidos, pero después todo descendía y se posaba nuevamente sobre el río, que otra vez volvía a ser el río por el que navegaba. Una noche se despertó aterrado con la preocupación de que algo extraordinario estaba pasando. De repente, un grito rompió el sello del silencio. Y, una vez más, vuelve a borrarle los contornos a lo que ocurre, o a lo que no ocurre. "Sabía con toda seguridad que nadie había gritado, y al mismo tiempo sabía que había existido un grito... Pero, como no había ningún grito, consideré a mi terror como inexistente, regresé al camarote e incluso me dormí" El barco era trivial y corriente, precisamente por eso se sentía totalmente indefenso, no podía emprender nada porque no había fundamentos para la más ligera inquietud, todo estaba absolutamente en orden, pero esa tensión irresistible podía romper la cuerda. Un médico se burlaba de él porque había perdido al ajedrez: –Ha perdido usted por miedo: – Podría darle una torre de ventaja y ganarle. Navegaban hacia la nada, las conversaciones y los movimientos estaban paralizados y fulminados. La locura y la desesperación eran inalcanzables porque no existían, pero como no existían, existían de una manera imposible de rechazar:

"Nuestra normalidad, la más normal, explota como una bomba, como un trueno, pero fuera de nosotros. La explosión nos es inaccesible, a nosotros hechizados en la normalidad. Hace un momento he encontrado al paraguayo en la proa y he dicho, sí, he dicho, eso es, he dicho: ¡Buenos días! Él a su vez ha contestado, eso es, ha contestado, sí, ha contestado. Dios misericordioso, ha contestado (sin dejar de navegar): –¡Hermoso tiempo!" Navegamos.

MENAGE À TROIS La idea de compartir con Gombrowicz y con Quilombo una casa me trajo muchos dolores de cabeza. En principio, ni en mis sueños más atrevidos yo me imaginaba abandonando la comodidad de la casa de mis padres en la que, según la opinión inveterada de mi hermana, yo era el hijo preferido. No tenía nada de qué preocuparme, trabajaba, tenía un buen empleo, ganaba bastante plata y llevaba una vida de dandy metafísico. Sin embargo, eso de vivir con Gombrowicz, un Gombrowicz que se estaba volviendo famoso, que tenía el reconocimiento de la Europa civilizada, que era extravagante, libre, payaso, genio, no era cosa que, como me decía él mismo, se me iba a presentar todos los días. Pero era homosexual y yo, en esta materia, como Gombrowicz en los asuntos del dinero, era mortalmente serio. Como si esto fuera poco no me resultaba para nada clara la naturaleza de la relación que tenía con Betelú. Mariano, que no era ningún idiota, en presencia de Gombrowicz representaba el papel de un perfecto idiota, inmaduro, esclavo, a tal punto que la relación tan intensa que tenía con el polaco sólo era explicable, en apariencia, por un tipo de atracción non sancta. Con el tiempo fui encontrando la llave para entrar, hasta cierto punto, en ese misterio, se puede decir que cuando escribí los monjecitos medievales tenía la mitad del camino hecho. Para mí, Flor, era un animal extraño al que no sabía cómo abordar en mis cartas, de ahí el lenguaje sofisticado y abstruso de dos pasajes en los que me refiero a él y que Gombrowicz cita, de ahí mi obsesión por borrarle los contornos. No sabía cómo abordarlo cuando le hablaba de él a Gombrowicz, sí sabía cuando le hablaba a los demás o a él mismo, lo trataba como a un chico. Confundido por este dilema hamletiano, un acontecimiento familiar imprevisto y penoso me ayudó a aclarar el panorama. Mi hermana se divorció y se vino a vivir a la casa paterna con una hija pequeña. Tengo que huir, pensé, me tengo que ir de la casa de papá y mamá y, de la misma manera que Gombrowicz pensó que para irse a vivir a España era mejor volver a la Argentina, yo pensé que para irme a vivir solo era mejor vivir con Gombrowicz y con Flor de Quilombo. Este pensamiento, este salto al vacío, a lo desconocido, me empezó a agobiar porque, si bien es cierto que siempre me podía escapar de ellos para ir a vivir solo, el primer paso era muy importante. Otra cosa que me mareaba completamente era la elección del lugar que estaba haciendo Gombrowicz: extra muros, aquí, allá... no podía ser, yo trabajaba en el micro-

centro. El proyecto de vida en común fracasó porque Gombrowicz no regresó a la Argentina, y yo me fui a vivir al barrio norte. Berlín, 21 de diciembre de 1963 No, no, Goma, tendrá que hacer viajecitos, no hay caso, estos pequeños chantajes basados en la supuesta soledad mia no sirven, no, Goma, nada de soledades, no estoy a la merced suya, parece que su imaginacion no alcanza a darse cuenta que CAMBIO TODO, basta que levante un dedo para que corran todos la Lynch, Arnesto, Pla, Canaleta, los bolches de La Plata, etc. etc. etc. las niñas, los adolescentes, los ancianos y las viudas, trate de imaginarse algo como WEIMAR. El que estara algo aislado, me temo, será Vd Goma con su papa y su mama. Ya estoy casi decidido PRIMERO ocupar la casa entera de Flor y DESPUES ver que pasa. Pero ya es casi seguro que me quedo en Berlin hasta mayo ya que el frio no me daña tanto y por otra parte la Ford no demuestra mayor entusiasmo respecto al proyecto mio de rajar. Ahora no tengo gran gana de volver para el invierno, asi que no me verá antes de agosto, calculo. Recibí carta de Ada donde se queja amargamente que Vd le arrancó por fuerza la traducción (significa que la obligó a hacerla), que ella no queria etc cosas de mujeres después gime que si, que no, que lo hizo pero no lo hizo que sufria que gozaba etc etc Goma comprenda bien una vez por todas que el asunto de la traduccion es muy delicado. Y yo no pienso perder tiempo en correcciones, sacaselo de la cabeza. El 8 de enero estreno del CASA en el teatro Recamier, recibi carta de Lavelli, diceme "finalmente terminaremos por imponer la obra sin duda alguna en Francia Suiza y Belgica –en cuanto a Ivona estoy ya en tratativas con el Theatre de Lutece para realizarlo en octubre. El 64 sera el año de Gombrowicz para el teatro parisino. No pierda confianza en el teatro, es un genero que Vd. domina admirablemente y muy pronto sus obras seran representadas en el mundo entero" Transcribo para que goze, pues temo que poco tiempo queda para gozar de estas palabras. Arnesto asustadisimo porque parece que Nadeau se ofendió con él y suplicandome para que intervenga en su favor. Por lo tanto mande al Asnito unas palabras de presentación. Veo Goma que se defiende ante Arnesto, significa que está por sucumbir... Estuve con Steinbeck (Nobel), algo aburridor que digamos... En el Litterarische Colloquium tuve una charla con gran éxito Cena en el Schloss Charlottenburg con Willy Brandt Cena con la Comtesse Matouschka En el Zuntz mi grupo es: Kukik, (estudiante polaco, muy bien), Susana (polaca) Eve Bechmann (alemancita, bombom), Piers Read (inglecito, 21 años, hijo de Sir Horace, muy distinguido) Joaquin (hijo de puta le voy a mandar a la mierda) Holzer (poeta austriaco) Berlevi (viejo futurista). Y otras personas. Aquí no hay problema de la escasez. Tambien Benrath, frances, pintor, Joaquimides, griego, la chica Haas de la Ford. Goma acaso recibio las nuevas postales que le mandé? Parece que los ataques de la prensa polaca bolche disminuyeron, pero Ada me aconseja de postergar mi llegada a B.A. quedando-

me en Uruguay pues los polacos alli andan enfurecidos y quieren romperme los huesos. Que nacion! Observe Goma que ya son 257 dias de mi NAVEGACION y 220 de BERsee (mar de Berlin) según mi DIARIO DE NAVEGACION. Quedan 145 dias de BERsee. Paczowska encantadisima con mis diarios sobre Paris y tambien Mrozek lo mismo. (me dicen desde Italia). Salú, Goma, salú Berlín, 13 de enero de 1964 No, no, Goma, no, o mejor dicho sí, sí, tendrá pieza y camita y comodidades pero en La Plata en la casa de Flor que la alquilaré posiblemente entera. De modo que, agarrando el tren de 7 de la noche el viernes podra pasar con nosotros horas inolvidables hasta el tren de las 10 de la noche del domingo. A Vd. tambien le hara mucho bien cambiar de aire; tanto como cambiar de ideas. Ya le decia en la otra carta que no pierda tiempo argumentando conmigo, tratando de concencerme, comprenda Goma que estas son ingenuidades. En general admiro su desvergüenza pues para confesar que se escribe una carta 3 o 4 horas con borrador previo hay que en verdad ser cara dura. Me imagino la risa de Flor de Quilombo. Yo no me explico como Vd. tan superior en tantas cosas cae con tanta facilidad tal un avion en pozos de aire. Que es lo que pasa con los 2.500 que sacó de la Sudamericana? Acaso están todavia en su bolsillo? Creo que el Mufado Grinberg esta ofendido o amargado conmigo, trate Goma de disipar las nubes, explicandole que soy amigo de la joda. Es extraordinaria la admiracion que me toenen aqui y el dominio espiritual mio. Todos los de la Ford estan a mis pies. Para el joven Piers Read, hijo de Sir Horace, soy Dios. Lo mas eficaz resulta mi odio a la pintura. La noticia que soy enemigo mortal y destructor de TODA la pintura corre por todos lados y me da una como quien diria aureola. Los pintores estan encantadisimos y me admiran sinceramente. Lo felicito por sus compras, evidentemente es lo mejor que se puede comprar en Buenos Aires. Yo hace tiempo ya no compro zapatos y corbatas, en cambio adquirí ultimamente una Scott Robinson, dos Cook, un paraguas corto italiano, guantes blancos, echarpe negra de seda y otra rosada, un Borsalino negro y un Frymouth color raton. Que cosa Goma con sus sugestiones, su pequeño trabajo de topo, sus insinuaciones respecto a los departamentos que regala el viejo. Dificulto sin embargo que Flor se case con la valija en primer lugar porque la Valija esta enamorada de otra persona y en su ultima me cuenta Florquilo que cuando le contó lo de mi diario de Despedida y que la mencione, lloraba desesperadamente. Pero ademas porque Flor teme mortalmente al matrimonio por lo menos con la Valija. Observe cuanto un persona inteligente puede poner en pocas lineas. Se hace parrafos no muy largos con cambios de tema y ya está. En cambio una persona poco inteligente sigue con sus exposiciones y por lo tanto escasean las noticias.

Mañana la premier del CASA. es cosa seria, eleve las prezes al Todop. porque tengo malos presentimientos. Lavelli el regisseur me escribio diciendo... mas creo que ya lo conté en mi ultima. Poca cosa ocurrió, durante las fiestas afloja el puso de los acontecimientos. Flor escribé que lo conmovió tanto "como un trueno" el Diario que le leyó Vd, yo apostaría a que miente pirque cuando se lee uno no escucha y no oye bien y mira alrededor etc. De Vd p.e. dice "Goma tambien temblaba sin poder disimular, ciertas sensaciones que se experimentan mas allá del mero placer estetico, su voz era abundante en palabras (como siempre)... pero se volvia timida, , con un tono de confesión... que a duras penas podia contener... Ayyy maestro, tal fué el dia 28 de diciembre" "Ayyy maestro" lo considero magistral. Ahora digame Goma: será cierto que se conmovieron tanto? De Paris –nada. Silencio mortal.

EL ASADO Gombrowicz le daba mucha importancia a las comidas y a las ceremonias concomitantes, a veces le daba tanta que se olvidaba de otros asuntos. Comía con ganas, de manera disciplinada y ceremoniosa, por respeto a sí mismo, solía decir. Una de sus pasiones predominantes era la de dedicar libros con el menú de las comidas que le caían bien, pero algunas comidas no le caían nada bien que digamos, por ejemplo los desayunos que le servía la encargada de la casa donde vivía en la calle Venezuela. En cuanto a las ceremonias concomitantes que acompañan a las comidas la más lujosa fue la que se sirvió en el Club Americano, una recepción que dio Gombrowicz a sus amigos polacos con el dinero que le proporcionó de Gruber, el millonario presidente del Banco Polaco. Distendido, rejuvenecido, se paseaba por aquel decorado señorial con un rostro radiante de propietario efímero y soberano de todo aquel lujo. Para Gombrowicz era un ejercicio de la forma, fiestas a la antigua con la hospitalidad y el gusto por recibir que le venían de las tradiciones familiares. Hacia el final de su vida en Francia la comida se había convertido en uno de los pocos placeres que le quedaban, a través de la comida se le despertaba la nostalgia de su infancia y de Polonia desde donde una familia amiga le mandaba saches de bortsch. En el último otoño tuvo una época ascética, comía carne asada a la parrilla con pan, nada más. Las comidas de acá las hacíamos generalmente en el "Sorrento", pero cuando Gombrowicz tenía ganas de comer un buen bife a la parrilla, una comida que le gustaba mucho, íbamos a "La Churrasquita" o a "El Palacio de la Papa Frita". Y como una cosa trae la otra, de la carne a la parrilla vamos a pasar al asado, una comida que Gombrowicz intenta explicarle a los polacos.

"¿Qué es un asado? Se hace un fuego, se asan unos enormes pedazos de carne, por ejemplo de ternera, a fuego lento mientras la grasa gotea; aparte se prepara una montaña de rebanadas de pan y una batería de botellas de vino tinto; luego, cada uno cuchillo en mano, se acerca de un salto, corta el mejor trozo que encuentra y lo devora sobre el pan al tiempo que va echando tragos de vino" Mientras Gombrowicz estaba sacando la conclusión de que el argentino es carnívoro, observa el comportamiento de los invitados a esa fiesta de casamiento que se daba en una casa de campo, celebrada con un asado pantagruélico, un comportamiento que no tiene nada que ver con la expansiva hospitalidad polaca. La moderación que mostraba el argentino en las fiestas le resultaba tediosa. Hay tres cosas en el mundo entero que salvan del bostezo en estas reuniones: el baile, el alcohol y las mujeres. "Sin embargo, aquí, en la Argentina, se bebe poco, de modo que el baile tampoco es embriagador, no es más que un pálido y rítmico movimiento al son de la música de un gramófono... y, puesto que no hay ni borrachera ni baile, los flirteos también se dejan para otra ocasión, más íntima" Durante veinte años que ya llevaba de exilio en la Argentina soñaba de vez en cuando con la comida polaca, Gombrowicz pensaba que la cocina de Polonia era una de las mejores del mundo, que era una cocina aristocrática. En la Argentina el obrero come más o menos lo mismo que el dueño de la fábrica, en esto la cocina polaca pobre no se puede comparar con la argentina, pero la refinada es un arte con el que no puede soñar la mesa argentina, pues la mesa argentina carece de imaginación y no siempre es hospitalaria y bien surtida. Gombrowicz anda buscando cuánto le pueden decir las comidas sobre el carácter nacional y empieza por excluir las diferencias originadas en el clima, pues el frío obliga a los polacos a las comidas espesas y grasosas que contrastan con la ligera moderación latina. Reconoce que, como en tantas otras cosas, en la manera de comer polaca existe un elemento de locura viciosa, consecuencia de la actitud enfermiza y demoníaca que tienen los polacos frente al placer. Una pequeña cantidad de bebida y de comida le proporciona a los polacos un verdadero placer, entonces deciden beber y comer diez veces más para disfrutar. Hay en esto una buena dosis de narcisismo y romanticismo, puesto que como devorador el polaco se gusta más a sí mismo, se hace devorador para no ser moderado. El argentino no se deja engañar por estas ilusiones, tiene una actitud fría frente a los placeres, mientras el polaco cae víctima de sus ideales y hace realidad una locura. "El argentino sostiene que el placer está hecho para él y no él para el placer. Por esa misma razón, su cocina no será en ningún sentido imponente, ni especialmente refinada, ni exquisita, ni lujosa, será una comida sencilla para saciar el apetito (...)"

"América en general es el continente de la mediocridad, hecho a la medida humana y no sobrehumana, aquí no hay nada heroico, nada magnífico, nada extraordinario. Me parece que en cuanto a la comida, en la Polonia proletaria se debería tender precisamente a una solución semejante a la argentina: la misma comida para todos y sin pretensiones. Sólo que... ¿cuándo el proletario polaco tendrá al menos una vez al día un bistec como ocurre en la Argentina?"

POR ENCIMA DE MIS FUERZAS Una persona como Gombrowicz que murió haciendo líos, no tenía derecho a reprocharme los que armaba yo. En las últimas páginas del "Diario" metió la historia apócrifa del hijo ilegítimo y de la hermosa casa que había comprado con vistas principescas a una sucesión de castillos, y todo esto con el sólo propósito de darle envidia y rabia a sus colegas polacos londinenses. Había gente que se sentía aludida en sus escritos y perdía los estribos. En uno de ellos cuenta como unos personajes aristócratas organizan comilonas aparentemente vegetarianas con el fin de cultivar la sublimación y las sutilezas del espíritu. Pero en realidad asistimos a un banquete en el que se sirve una comida muy sabrosa preparada con trozos de un pequeño muchacho. Es una narración absurda y cruel, pero construida con elementos sacados de la vida, un absurdo monstruoso que, sin embargo, es una caricatura de la realidad. Esta novela le trajo algunos problemas con una familia Kotlubaj de Lituania que casi termina en un asunto de honor, lo retaron a duelo. Sin embargo, la fuente verdadera de su inspiración había sido Marta Krasinska, esposa de un mayorazgo, famosa en aquel entonces por sus hazañas filantrópicas y estéticas. No sólo tuvo líos con algunos polacos, también los tuvo con algunos argentinos cuyos nombres no menciono aunque están fallecidos, ando con el rabo quemado por las aventuras que corrió el Corifeo con los deudos de Lacan, a ver si todavía me demandan. En una de esas historias marginales que de vez en cuando aparecen en los diarios se concentra en la idea de cretino. Una persona se sintió aludida y le hizo un escándalo, aquí va el cuento. Todo ocurre un día en que va almorzar a la casa de un ingeniero que tiene una industria en la localidad de Acassuso. A medida que ponía atención se iba dando cuenta que la casa, la mesa del comedor y los platos eran demasiado renacentistas, mientras la conversación se centraba también en el Renacentismo, una adoración por Grecia, Roma, la belleza desnuda y la llamada del cuerpo. La conversación giró alrededor de una columna de Creta, y a Gombrowicz se le pegó el cretino, leitmotive de toda la narración, pero no de una manera renacentista, sino totalmente neoclásica y cretínica. Llegado a este punto le advierte al lector que él sabe que no debería escribir sobre esto. De vuelta en la ciudad se dirigió al café Rex pero, de repente, desde el café París, le hacen señas unas señoras conocidas que aparentemente estaban sentadas a la mesa comiendo bizcochos que mojan en la crema. Pero era una mistificación, la verdad es que estaban sentadas a

un tablero cubierto de esmalte apoyado sobre cuatro barras de hierro torcidas, y la acción de comer consistía en meterse una cosa u otra por un orificio practicado en la cara, al tiempo que sus orejas y sus narices despuntaban. Cháchara va, cháchara viene, Gombrowicz pide disculpas y se marcha alegando falta de tiempo. El hecho de que estuvieran ocurriendo cosas demasiado cretinas como para ser reveladas, era la razón que lo obligaba a relatarlas pues tenían un exceso de cretinismo. Al salir del café París se dirigió al café Rex. En el camino se le acerca una persona desconocida, le dice que hacía tiempo que quería conocerlo, le da las gracias y se va. Cuando iba a ponerlo de vuelta y media al cretino, se da cuenta que no es cretino, puesto que sólo quería conocerlo y lo había conocido. Se empiezan a encender las luces de la noche, pasan los coches, caminan los transeúntes, mientras tanto Gombrowicz mira las casas. En el balcón de un séptimo piso le están haciendo señas Henryk y su mujer. Él también les hace señas. Henryk y su mujer hablan y hacen señas. Coches, tranvías, gente, bocinazos, Gombrowicz les responde con señas. De pronto repara en que Henryk, más que hacer señas, enseña..., ¿pero qué es lo que enseña? Se está enseñando a sí mismo como si fuera una botella. "Yo hago señas. De repente ella (pero no, yo no puedo hacer el cretino; sin embargo, si tengo que desenmascarar al Cretino debo hacer el cretino); entonces ella lo enseña hasta que él se asoma y ella lo enseña con saña (pero QUÉ es lo que enseña?), después de lo cual los dos se ensañan ligeramente, y uno hacia aquí, el otro hacia allá, y, ¡puff!... (¡Esto sí que no puedo decirlo, está por encima de mis fuerzas!)"

NO HAGAS EL TONTO Gombrowicz quedó muy impresionado con las montañas de la cordillera cuando llegó a Mendoza. "(...) la inmovilidad de la materia rocosa, el inmenso peso de los bloques se apoderan de las nubes y en las alturas comienzan a brillar una manchas níveas" Esta inmensidad y este poder sólo le resultaba comparable con la anchura imponente del río Paraná. Mendoza era una ciudad que le caía bien con sus huertas y viñas, y con unos hoteles en los que cada habitación tenía su baño con agua fría y caliente. Cuando se dispone a hacer una siesta reparadora del viaje agotador escucha por la ventana el redoble de un tambor, por la calle avanza lenta y rítmicamente una murga de Carnaval. Gombrowicz y el coronel bromista salen del hotel y deciden participar en ese baile de disfraces. Este Carnaval argentino es una fiesta triste y aburrida, vacía y melancólica, los extranjeros han descubierto que los argentinos no saben divertirse, sin embargo Gombrowicz discrepa con este desprecio.

A su juicio el argentino es complicado, difícil y misterioso, es un pueblo enriquecido por el cruce de razas y de culturas. "La torpeza de su literatura aumenta, en mi opinión, su misterio y su inaccesibilidad" Los polacos llegados después de la guerra opinan que la Argentina es primitiva y debe ser despreciada, y esto lo dicen a pesar del bienestar con el que tropezaban a cada paso, un bienestar con el que Polonia no podía ni soñar. No les decía nada la cantidad de coches que había en Buenos Aires, esta cantidad superaba en varias veces el número de coches de toda Polonia, y tampoco les decía nada que el subterráneo de aquí era mejor que el de París... "El polaco, a pesar de toda esta evidencia, los trataba desde la altura de su condición de europeo, puesto que era como los trataba el francés o el inglés. En general, la soberbia europea en América es tan inmensa como cretina, y francamente hay que admirar a los argentinos que con tanta paciencia soportan esos humos y esa arrogancia" Gombrowicz despreciaba este orgullo europeo, y tanto más si venía de Polonia, pero también si venía de París. Relata la desilusión de su amigo Stanislaw Odyniec, que después de muchos años de vida en la Argentina había hecho un viaje a París. Volvió desencantado, y aunque no había tenido los problemas de un embajador argentino que temía estirar las piernas al acostarse en Austria pues se imaginaba que podía penetrar en un país vecino, de todas formas la ridícula pequeñez y estrechez de Europa le habían disgustado enormemente: –París también es demasiado pequeña, todo allí es minúsculo, y además sucio y anticuado. ¡Los cuartos de baño horribles! ¡La gente no se baña! Gombrowicz seguía mirando el Carnaval con el coronel bromista, cuando de pronto se topa con Canal Feijoo, uno de los grandes escritores argentinos que, junto a otros más pequeños, medianos y también grandes como él, se esforzaban en descifrar el carácter nacional. El odio a Europa y el deseo de poseer una realidad propia los llevaba a ser estúpidos. "Nosotros no tenemos necesidad de freudismo –me decía un estudiante de la universidad de Tucumán–, es un invento europeo y aquí estamos en América" Para Gombrowicz la esencia de una nación no se manifiesta en los análisis sino en la acción. El arte y el hombre son imprevisibles para sí mismos, la literatura no soporta los programas ni el sometimiento a las teorías, sólo acepta la audacia y el descaro creativos. La falta de una relación directa con la vida es la causa del carácter secundario de las culturas de las naciones secundarias, naciones tímidas y sin desenvoltura, que no son creativas porque no tienen contacto directo con la vida. Canal Feijoo y Gombrowicz se dan palmaditas en el hombro: –¿Qué hace usted por aquí?; –He venido por negocios. Venga conmigo. Allí, a la vuelta de la esquina, se está celebrando un encuentro de poetas de Catamarca con ocasión de un concurso de belleza.

Era una reunión de ínfima categoría, un público grosero hacía ruidos estrepitosos, mientras las candidatas asustadas, temblaban y se agitaban como mariposas. Los poetas encargados de honrar a la reina esperaban junto a la pared muy bien vestidos. A Gombrowicz le vinieron a la memoria los jóvenes poetas polacos de antes de la guerra, vestían una ropa que era el colmo de la miseria y el descuido pero escribían un poco mejor que los argentinos. "Conmigo muestran desconfianza –ya me conocen–, y uno de ellos me advierte de entrada: – Tú, Gombrowicz, ¡sobre todo no hagas el tonto!; –¿Yo? ¡Qué va! –digo pacíficamente– ¡Jamás! La pena es que vosotros sí que hacéis el imbécil. Os han traído aquí para que cantéis la elección de la reina de la belleza, siendo la cosa menos poética que podía ocurrirle a un poeta moderno. ¡Una trivialidad antipoética y sentimentalona! ¡Puro kitsch!; –¡Eres un bobo! Se trata de provocar un escándalo. Somos seis y cada uno de nosotros va a declamar su poema para reivindicar la libertad sexual. ¿Comprendes?" La prudencia femenina del país no procede solamente de España, es también el resultado de una manera de vivir tranquila y burguesa, pensada para fundar una familia e instalarse en una casita con jardín. La joven argentina tiene todas las posibilidades de casarse bien y de pasar el resto de su existencia honradamente y sin riesgo. "A esas vírgenes una aventura, sencillamente, no les va bien. Por tanto, todo aquí está calculado para obligar al hombre a casarse, política femenina que ha triunfado incondicionalmente sobre el deseo de aventuras del hombre. Lo que pasa es que... el diablo está al acecho. El hombre está al acecho. Y mis poetas se estaban preparando para una ofensiva"

DESPUÉS DE UN PLANCHADO Los reconocimientos públicos más importantes que le hicieron a Gombrowicz en la Argentina después de muerto fueron los homenajes del Centro Cultural Borges y de la Feria del libro, en el año del centenario, y el del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), en el año siguiente. Las intervenciones del Pequeño K y de la Vaca en el Borges y en la Feria del libro fueron memorables, y yo mismo me animé a decir cosas impresionantes, hasta me atreví a manifestar que para empezar a meter la nariz en los misterios de Gombrowicz hay que tener en cuenta que, cuando Gombrowicz se va de Polonia, en ese mismo año, estalla la segunda guerra mundial, que, cuando se va de la Argentina, en ese mismo año, lo matan a Kennedy, y que, cuando se va

de este mundo, cuatro días antes, el hombre llega a la luna. Debemos mantener a raya a este maestro de las mudanzas pues sus idas y venidas producen unas ventoleras históricas de grandes proporciones. Como alrededor de Gombrowicz suele formarse un ambiente un tanto sacrílego, el Zorro, es decir, el embajador de Polonia, miembro conspicuo del Opus Dei, trataba de cubrir nuestro apostolado laico en cuanta oportunidad se le presentaba, con un manto de piedad, echando mano en forma maniática a un pasaje de los diarios de Gombrowicz escrito como a propósito. "El mundo es un absurdo y una monstruosidad para nuestra necesidad utópica de sentido, de justicia y de amor. He aquí una idea simple. Incuestionable. No hagáis de mí un demonio barato. Yo estaré siempre del lado del orden humano (e incluso del lado de Dios, aunque no creo en él) hasta el final de mis días; y aún después de muerto" A pesar de todas sus diferencias los polacos se unen en Gombrowicz, mejor dicho, se unían, este año se produjo un cambio muy importante, y no sé hasta qué punto el Pequeño K no fue, por lo menos en parte, responsable de este giro siniestro de la historia.

"La suerte de Gombrowicz corre ahora un peligro enorme, está entre la espada y la pared, por un lado los curas y por otro lado los admiradores, todo esto va a terminar mal. ‘Ferdydurke’ se ha convertido en una lectura obligatoria en los colegios y con el tiempo lo van a banalizar por completo, jodiendo con su obra, simplificándola y convirtiéndola en un lugar común. La única salvación sería prohibir su lectura en todo el país por una o, mejor, dos generaciones" Cuatro años después de que el Pequeño K escribiera estas palabras proféticas, los comandantes de los homúnculos, es decir, los gemelos pimentones, prohibieron la lectura de la obra de Gombrowicz en todos los colegios de Polonia. Con argumentos parecidos a los que usaron los comandantes de los homúnculos para prohibir a Gombrowicz, la Vaca ya nos había apostrofado mucho antes. "No construyáis demasiado sobre ‘Tworczosc’ (la editorial en la que el Viejo Vate y el Pequeño K son redactores, y en la que yo publico), porque es una sociedad respetable pero bastante cerrada y apegada a las viejas tradiciones homoeróticas después del paso de Iwaszkiewicz. Los que publican en ‘Tworczosc’, si son amigos de Gombrowicz, corren el peligro de ser calificados de homosexuales" El Viejo Vate, con una actitud caballeresca, recoge el guante que nos arroja la Vaca y acepta el duelo. "Algunos gombrowiczólogos, en cantidad nada desdeñable, se han convertido en unos maestros en desparramar mierda. No saben lo que escriben, ni siquiera sospechan que escriben tan sólo contra sí mismos, dejando evidencia de su propia manera de pensar y de su desvergüenza moral. Ningún bien puede tener influencia sobre ellos, no existe en ellos ninguna posibilidad de asimilar el bien, ellos no saben que en el mundo en que están sólo se puede ver mierda, ni que existe algo fuera de esa mierda, algo así pertenece a una esfera inalcanzable para ellos.

La intensa relación espiritual de Gombrowicz con sus discípulos es uno de esos milagros de la existencia que puede ocurrir entre hombres, entre mujeres, entre mujeres y hombres. Puede ocurrir independientemente de las diferencias que existen entre generaciones, entre sexos y, en general, entre todo, solamente no puede ocurrir entre los maestros en desparramar mierda porque su personalidad y su mentalidad, achatadas como después de un planchado, no pueden captar ni ver algo parecido"

LA BELLEZA DEL AMOR La gordura es uno de los síntomas conspicuos de la fealdad, una sola cucharadita de grasa rancia de Balzac bastaba para volver indigesta toda su personalidad, sin embargo, había que ser indulgentes con su persona porque era un genio. "Las mujeres que se acostaban con su genial gordura debieron saber algo de esa indulgencia, puesto que para meterse en la cama con el genio tuvieron que vencer en ellas más de una aversión (...) Es más fácil llegar a odiar a alguien por hurgarse la nariz que llegar a amarlo por haber compuesto una sinfonía" No resulta tan fácil deducir la calidad de una obra de la contextura corporal del autor, pero Gombrowicz la deducía. Yo a veces me pongo a deducir la calidad de "Sobre héroes y tumbas", y otras veces de "Las aventuras de Barbaverde", de los cuerpos del Pterodáctilo y del Pato Criollo respectivamente, pero no me sale nada. Entonces hago experimentos más cruciales aún, cruzo las obras con los cuerpos de los autores, pero tampoco me sale nada. Claro, Gombrowicz tenía a su disposición elementos espirituales de los que yo no dispongo, y no solamente Gombrowicz, vamos a analizar otro caso, no es idéntico al de la gordura pero se le parece bastante. Para Sartre la cualidad material de un objeto que queremos poseer –la fluidez del agua, la densidad de una piedra, la viscosidad de una crema–, son distintas maneras simbólicas de representar el ser. "(....) la intuición sintética es en sí misma una destrucción asimiladora... Me revela el ser con el cual voy a hacer mi carne" El hombre no es lo que come, como dice Feuerbach, sino ya es lo que quiere comer. Cada una de las comidas nos presenta un tipo específico de existencia. "De ningún modo resulta indiferente gustar de las ostras... o caracoles, o camarones, por poco que sepamos extraer de la significación existencial de los alimentos. De manera general, no existen gustos o inclinaciones irreductibles. Todos ellos representan una cierta elección apropiativa del ser (...) Cuando comemos una cucharada de miel o melaza, lo dulce expresa la viscosidad, tal como una función analítica expresa una curva geométrica (...) Si como una torta

rosada, el gusto es rosado; el suave perfume dulce y la untuosidad de la crema de mantequilla son rosados" Sartre se rompe la cabeza buscando la forma de dar carácter objetivo a una intuición subjetiva recurriendo a la fenomenología. "Lo viscoso es la revancha del ser-en-sí... Tocar lo viscoso significa arriesgarse a diluirse en la viscosidad. Esta dilución es horrible, porque es la absorción del ser-para-sí por el ser-en-sí (...) "La nausea" refleja la disminución de la fluidez de nuestra libertad, la solidificación de nuestra conciencia, nuestra lenta degradación hacia lo suave, lo informe de una naturaleza inanimada y caótica, la absorción del ser-para-sí por el ser-en-sí que, para Sartre, caracteriza la viscosidad, y en lo cual ve la simbolización del anti-valor. Sartre pinta a la viscosidad, como Gombrowicz pinta a la gordura, con los colores más desagradables. En sus novelas los besos se dan entre ataques de diarrea, y el amor se hace entre vómitos. Es bien cierto que la viscosidad no es lo mismo que la gordura, y también es cierto que Gombrowicz no saca de la gordura consecuencias tan extremas como las saca Sartre de la viscosidad, pero... Gombrowicz habla de la gordura y la fealdad en los diarios, pero también en la correspondencia. La carta sobre la homosexualidad y la inmundicia que nos escribió se volvió famosa y dio la vuelta al mundo, en ella desacredita una hipotética fornicación de dos personas gordas. "Todavía quiero hacerle observar desde el punto de vista estético que la belleza del amor depende únicamente de las personas que lo hacen. Imagínese al maestro Frydman encamado con Frau Schultze y observe si esto no es inmundicia, aunque fuera santificado aun por el Santo Matrimonio. Vd. Goma no sabe nada de nada"

LOS DOS CHOCHOS Los hombres eminentes cuando pasan los cincuenta suelen ir poniéndose chochos. Sartre, pongamos por caso, que durante gran parte de su vida aspiraba al reconocimiento de la posteridad, llegando a los sesenta nos dice que se había engañado hasta los huesos, que había dudado de todo, pero no había dudado de haber sido el elegido de la duda, por lo que se había convertido en un dogmático, y que se había transformado en una máquina de hacer libros. "Todos los rasgos del niño, desgastados, borrados, humillados, arrinconados, dejados en silencio, han quedado en el quincuagenario. La mayor parte del tiempo se achatan en la sombra, acechan; en el primer instante de inatención levantan la cabeza y entran en la luz del día con cualquier disfraz" Cuando Gombrowicz se entera de que Sartre se había manifestado de esta manera en "Les Mots", me hace algunos comentarios.

"¿Acaso sabe que en su libro último "Les Mots" ese asno ha confesado que todo su existencialismo es una asnada? Ya ve, Goma: su situación está arruinada, su prestigio intelectual aniquilado, todos se ríen y dicen: –¡Qué gomadas dice el pobre Goma!" Ya sabemos que la chochera es una pérdida del juicio, un debilitamiento de las facultades mentales, un estado que regresa al hombre al tiempo de su niñez, y también sabemos que el amor hace chochear con frecuencia a las personas mayores. Pues bien, en esta historia verdadera el otro chocho es, no podía ser de otra manera, el mismísimo Gombrowicz. En los escritos de Gombrowicz hay tres cosas que nunca faltan: la sexualidad, el humor y los sueños. Estos componentes pesan de una manera diferente en cada una de sus obras, los sueños y la sexualidad, por ejemplo, tiene poca importancia en Ivona porque Gombrowicz aún no había definido con fuerza su combate con la forma, batalla que libra en todos los frentes en su obra siguiente, "Fedydurke". Podemos afirmar que entre su primera y su última obra la sexualidad sigue una línea ascendente, el humor una descendente y los sueños una constante. Esta configuración de los componentes nos inclina a pensar que Gombrowicz se fue convirtiendo poco a poco en un viejo verde. La chochera de Gombrowicz tiene , sin embargo, unas manifestaciones más conspicuas que las de Sartre. Sin ir más lejos, en "Yo y mi doble", relata unos sueños de vejete que había tenido con su bienamada de la juventud. Cuando miraba al presente, en cambio, contabilizaba unas mejillas sin frescura, un vejete antipoético y rígido que no podía inspirar poemas y al que ya nadie admiraría. La nostalgia de su propia belleza desvanecida lo agitaba cada vez más. Le quedaba el trabajo, sí, un buen puesto para meterle miedo a las muchachas que ya no languidecían por él. O tener un hijo y vivir por y en él una vida plena repitiendo el canto eterno de la juventud, de la felicidad y de la belleza. O sacrificar la vida por un ideal para adquirir una segunda belleza y convertirse de nuevo en objeto de nostalgia. Su cabeza hervía, se aparecía ante sí mismo con el aspecto de un egocéntrico y de un narciso sucio, sintió que la juventud se burlaba de él y lo despreciaba como a un miserable egoísta y que las alumnas del liceo ya no verían nunca en él ningún atractivo sexual. Pero también en la vida real a Gombrowicz le gustaba representar el papel de viejo verde reblandecido persiguiendo a las muchachas como un fauno detrás de las campesinas en el bosque. Unas pocas semanas antes de partir para Berlín nos escribe desde Piriápolis: "Nada de ascensores, ahora viejo, hay una Lolita de nueve años que me tiene loco, ni te puedes imaginar, ando así que casi estallo, hay que ver cómo me persigue, se enamoró locamente, ya te voy a contar. Fuera de eso no sé si me aburro o no" En el año 1955 Vladimir Nabokov había actualizado la atracción malsana que ejercen las nínfulas sobre los hombres maduros con su "Lolita". En la época que apareció la "Lolita" de Vladimir Gombrowicz escribía en los diarios:

"Marisa, quince años, distinguida y romántica (...) se sumerge continuamente en las luminosas brumas de la belleza, el amor y el arte (...) Andrea, doce años, una chiquilla avispada, brillante y perspicaz, me gusta reír con ella, se ha especializado en robarme la pipa. Lena, catorce años. Con ella he iniciado un ligero flirteo que consiste en intercambiar miradas (...) Rubias. ¡Qué bellas son! (...) y miento, miento, porque es lo que me exige su imaginación, estoy impregnado de mentira hasta la médula. Les cuento mis batallas en la última guerra" Dos de estas lolitas eran las hijas de su amigo Dus Jankowski, el estanciero de Necochea. Hay dos lolitas de Gombrowicz que se hicieron famosas, la lolita Crisamor de Tandil, y la lolita Lolaluca de Buenos Aires. Gombrowicz le pedía a Flor de Quilombo que le mostrara las cartas de las novias para hacer estudios psicológicos sobre el estilo y la forma, se detenía especialmente en las de Crisamor: –Pero, ¿no te das cuenta que son cartas de amor?, está mortalmente enamorada de vos. Es muy joven. Sé responsable. Presta atención, puede suicidarse. La madre de Crisamor lo veía a Quilombo con desconfianza pero su hija no le obedecía. Un día Gombrowicz se decide y le escribe una carta a Crismaor: –Crisamor de mi corazón... La madre descubrió la carta, se lo cuenta a un hermano y el tío de Crisamor le dice al padre de Mariano: –¿Quién es ese hombre tan raro que trastorna la cabeza de tu hijo y molesta a mi sobrina? Se estaba haciendo la fama de un corruptor de la juventud. Para colmo, un polaco de Tandil había leído "Transatlántico": –¿No sabés con qué degenerado anda tu hijo? Crisamor parecía salida de "Ferdydurke", le escribía a Gombrowicz cartas alocadas y magníficas. Su humor de prima donna, con gorjeos auténticos, pescaba al vuelo el tono de las idas y vueltas de los jóvenes comediantes de Tandil. La otra lolita, Lolaluca, lo veía a Gombrowicz en el Querandí: –Sos un viejo vanidoso, además muy egoísta y también egocéntrico... Esta lolita se hizo famosa por una foto que aparece en todos los libros de testimonios en la que Gombrowicz se arroja sobre ella en un sofá con la actitud de un viejo verde violador. En su último aliento argentino también chochea, aunque con cierta dignidad. "Un día salgo a las siete y media de la mañana para hacer once gestiones urgentes y veo en la escalera a una chica, una belleza de dieciocho años, novia de uno de mis estudiantes (Flor de Quilombo), llamada por él La Valija porque, como decía, se caminaba con ella como con una valija. La Valija solloza, le caen las lágrimas, me declara su amor: –No sólo yo –dice–, todas mis amigas han estado o están enamoradas de ti, Witoldo, ¡ninguna se ha salvado! De modo que una semana antes de partir me enteraba de todos esos enamoramientos candorosos. Resultaba divertido, pero tampoco tanto como pudiera parecer; ese ridículo triunfo en el momento de la despedida me produjo un temblor frío: ¿esas chiquillas también estaban dispuestas, pues, a colaborar conmigo en mi drama? En cuántas ocasiones me ha sorprendido y atemorizado la reacción extremadamente violenta de la juventud ante mis sufrimientos relacionados con ella; es algo que yo percibo como una generosidad dolorosa e impotente, como una mano tendida amistosamente, pero que ya no puede alcanzarme..."

ESTALLO EN CARCAJADAS Gombrowicz se ocupa, en no pocas páginas del "Diario", de enjuiciar a la razón, pero no todas las razones son iguales. Hay una razón razón, una razón crítica, otra dialéctica, otra vital... La intensidad de los estragos que causan estas razones varía, se podría decir que hasta Descartes la razón se había comportado con una relativa calma porque no se había metido demasiado con la vida. Pero el imperialismo de la razón es terrible, poco a poco los filósofos empezaron a marcar terrenos que antes le habían resultado inaccesibles y a descubrir que la vida se burla de la razón. Los pensadores, progresivamente, a medida que se sucedían, se iban aproximando a la ridiculez cuando se adentraban en el territorio de la vida. Nietzsche, por ejemplo, es más ridículo que Kant, pero todavía no llegaba a provocar risa pues su pensamiento era abstracto. Pero el problema teórico se convirtió en el ’misterio’ de Gabriel Marcel ("un viejo boludo"), y el misterio se reveló de un modo como para morirse de risa. Al sentido común le produce risa contrastar la realidad corriente con la realidad decisiva de los existencialistas, pero a esta risa se le agregaba otra más terrible y convulsiva, una risa que no depende de nosotros. "Cuando vosotros, los existencialistas, me habláis de la conciencia, de la angustia y de la nada, estallo en carcajadas, no porque no esté de acuerdo con vosotros, sino porque tengo que daros la razón. Os doy la razón y no pasa nada. Os doy la razón, pero en mí no ha cambiado nada, absolutamente nada. La conciencia, que habéis inyectado en mi vida, se ha mezclado con mi sangre convirtiéndose inmediatamente en mi vida; y ahora el antiguo triunfo de los elementos me sacude con sus risotadas. ¿Por qué estoy obligado a reírme? Simplemente porque en la conciencia también me desahogo. Me río porque me deleito con el miedo, me divierto con la nada y juego con la responsabilidad; por lo demás, la muerte no existe" Hay que encontrar esa espina que Gombrowicz tiene clavada en la garganta y el porqué de esa risa dolorosa. Gombrowicz tiene una conversación con François Bondy unos meses antes de morir que nos pude dar una pista: –Usted parece interesarse más por los filósofos que por los escritores, ¿no es cierto?; –Sin embargo, la filosofía me sigue siendo tan extraña como la ciencia. Bondy dice que se interesa más por la filosofía cuando piensa, seguramente, en el "Diario" y en las entrevistas, y Gombrowicz le responde que le resulta extraña porque estaba pensando en su obra creativa. El cortocircuito de Gombrowicz con la filosofía se le produce cuando mira a la razón desde las ventanas de sus narraciones y de sus piezas de teatro. No es tanto el Gombrowicz filósofo el que se ríe de la conciencia, de la angustia y de la nada, son los personaje de sus obras, ese Gombrowicz irresponsable que se ríe a carcajadas.

El Gombrowicz filósofo no desacredita ni se burla del Gombrowicz artista, pero el Gombrowicz artista no se cansa de desmontar las plantaciones que hace el Gombrowicz filósofo, ni de reírsele en la cara. Este corto circuito no existe en Sartre, tomemos unos pasajes de lo que dice Roquentin en "La náusea" "La existencia no es una cosa que se deja pensar de lejos; es necesario que eso te invada bruscamente, que esto caiga sobre ti, que pese duramente sobre tu corazón como un gran animal inmóvil (...) Eso es lo que los cochinos tratan de ocultarse con su idea de los derechos. ¡Pero qué pobre mentira! Nadie tiene derechos; ellos son enteramente gratuitos, como los demás hombres (...) Todo existente nace sin razón, se continúa por debilidad y muere por ocurrencia" Todo esto despide un fuerte olor a "El ser y la nada", ahora bien, veamos a qué huele un pasaje de "En la escalera de servicio" de Gombrowicz. En este cuento la señora del protagonista estaba perdiendo la razón, se le había ido el color, se había vuelto gris y apagada y se acurrucaba silenciosamente en un rincón. Filip permanecía en su sillón y pensaba que si su mujer odiaba a la criada, era normal entonces que la criada la odiara también a ella. A veces escuchaba que la criada le decía a su mujer que si ella le contara todas las rarezas que había visto en esa casa se le helaría la sangre en las venas. Un día la señora se quitó un anillo y lo puso en la mesa del comedor. Filip lo tomó y, mecánicamente, se lo guardó en el bolsillo. Se olvidó del asunto, y poco tiempo después, como no recordaba el episodio y se lo vio puesto, le preguntó dónde tenía el anillo, ella creyó que se lo había robado la criada. "¡Ladrona! La criada le respondió con los brazos en jarras; ¡Ladrona serás tú!; –¡Cierra el pico!; –¡El pico lo cerrarás tú!; –¡Fuera, fuera de aquí, inmediatamente!; –¡Fuera de aquí! ¡Vaya escena! En todas las ventanas aparecieron caras de criadas, de todas partes llegaban gritos, insultos e improperios, una terrible carcajada resonó fuertemente, y he aquí lo que vi: la criada asió a mi mujer por los cabellos y comenzó a tirar, a tirar, y a través de una especie de niebla me llegó la voz implorante de mi mujer: –¡Filip!" Filip es un acomodado funcionario, casado con una refinadísima señora de clase alta, al que lo pierde su atracción por las criadas gordas, feas y embrutecidas. No existe una relación directa, como la hay en Sartre, entre la filosofía de la forma de Gombrowicz y este pasaje de sus obras, en los diarios no se cansa de usar la razón, y en los diarios también la vitupera utilizando cierto tipo razón. ¿Pero cuál es la razón que le permite a Gombrowicz pasar del "Diario" a las narraciones, y de la narraciones al "Diario", y absorber además la contradicción entre la razón y la vida? Es una razón a la que Ortega y Gasset le puso el nombre, robando un título que estaba destinado para Gombrowicz: la razón vital.

LA LITERATURA ARGENTINA ES MEDIOCRE La primera educación que tuvo Gombrowicz se la proporcionaron la madre y las institutrices francesas, y es posiblemente entonces cuando se le empieza a formar su doppelgänger francés, un ectoplasma en el que, como en el "Retrato de Dorian Gray", va colocando el paso del tiempo, la pérdida de la juventud y la aparición de la vejez. Éste es el origen de su fobia parisina, sabía que esta ciudad tocaba su parte más sensible, la edad, el problema de la edad, y su conflicto con París se debía a que era una ciudad que pasaba de los cuarenta. Estas ponzoñas se le removieron cuando se fue de la Argentina y volvió a Europa. Recuerda entonces en el diario a sus institutrices francesas que en la infancia lo habían adiestrado en el idioma y la urbanidad y con las que empezó a rechazar a la lengua francesa y a París. Emprende la conquista de esa ciudad declarándose antiparisino y lanzando un desafío similar al del personaje de Balzac: "Si voy allí, es en efecto para conquistar (...) en París tendré que ser enemigo de París". "Me hicieron varios interviews para la prensa más importante, antes de irme de París salió uno en "Arts" donde digo verdades amargas de los franchutes y los comparo con los perros de Pavlov y opino que los cocineros franceses deberían hacer la literatura pues tendría mejor gusto" Treinta y siete años antes había emprendido su peregrinación a Francia, un estudiante sin mundo, provinciano y, no obstante, profundamente ligado a Europa. En París caminaba por las calles, no visitaba nada y no tenía curiosidad por nada, sin embrago, su indiferencia no era más que una apariencia que ocultaba en el fondo una guerra implacable. Como polaco, como representante de una cultura más débil, tenía que defender su soberanía, no podía permitir que París se le impusiera. La necesidad de preservar su independencia y su dignidad le impedía gozar de París. En París vio a Polonia desde afuera, desde el extranjero. Crecía en él un espíritu de resistencia frente a la propaganda y las inclinaciones patrióticas de los polacos que vivían en París e incitaban a pregonar a Polonia en el extranjero. Pero en aquellos años no se sentía capaz de tomar una postura clara con respecto a la nación, cosa que ocurrió cuando se puso a escribir el "Transatlántico". Las cosas empezaron a complicarse, no estudiaba, no pasaba los exámenes, ni se asomaba por el Instituto de Altos Estudios Internacionales. "Ni en París harán de un asno maíz", decía el padre cuando le preguntaban por los progresos de Gombrowicz. Su estada en París, y luego en las playas francesas, en los Pirineos orientales, era como un agujero negro, no recordaba casi nada. Suponía que algo corrupto había en ese período francés, no era normal que se le apareciera oculto como tras una cortina. Y otra vez la locura, presumía que en esa época estaba un poco trastornado, que la madre le había transmitido ciertas propensiones hereditarias.

Mucho tiempo después, cerca de la muerte, el doppelgänger francés recuperaba la juventud y Gombrowicz se volvía viejo. Francia ya no era un país cerrado pues allí se trabajaba con la forma, allí se la creaba y se la ponía en tela de juicio, a veces en broma y a veces en serio. Y si estaba a gusto en París era porque se hallaba en el centro mismo de la crisis de la forma, y la irritación que le producía París lo hacía sentir bien. Sartre ilustraba muy bien esta crisis del cartesianismo francés. El "ser para sí" planteaba de manera radical el problema de la forma. La subjetividad, la nada, la libertad y la libre creación de los valores tomaban distancia frente a la forma, y la inclinación del existencialismo por lo concreto estaba desdoblada trágicamente por la breve palabra "para" y saturada de distanciamiento y de nada. Había que buscar al hombre fuera de la forma, pero el "ser para otros" lo ponía otra vez como objeto de la forma de otro, y esta crisis era la razón por la que Gombrowicz veía en Sartre un codificador de sus propios sentimientos. Pero, posteriormente, Sartre convierte a "El ser y la nada" en un tratado moral y encierra nuevamente al hombre en unas reglas estrictas, es decir, en una forma bien definida, un giro fatal que retoma la línea del cartesianismo. El francés es lógico, sistemático y grave, pero también artista, espontáneo y sonriente. A través de la ciencia, del marxismo y de la variante marxista del existencialismo, todo cuanto hay de seco en Francia ha sido furiosamente estimulado, mientras que la elasticidad y la disponibilidad inocente, han sido violentamente sofocadas. Francia se mantiene viva porque su necesidad de forma es tan grande como su desconfianza por la forma. "Pero, ¿cuál es la índole de las rebeliones francesas? Lo que las caracteriza a todas sin excepción es que son espasmódicas, convulsivas, brutales y frías; no desembocan en ninguna relajación, sino que contribuyen por le contrario a acrecentar el espasmo, la convulsión, la tensión. Falta de aire. Todo se intensifica, nada se relaja. Esto me fascina en la Francia de hoy. Esa sofocación. Esa amenaza. ¡Es algo excitante!" Debe ser así, la literatura nacida de esas rebeliones francesas era excitante, ¿y la nuestra? "Afortunadamente la literatura argentina es mediocre lo que los obliga a leer libros extranjeros". Esto lo decía Gombrowicz para destacar que las culturas nacionales deben desarrollarse con los valores más celebrados y universales de la humanidad, y lo decía en una época en la que el Pterodáctilo y el Asiriobabilónico Metafísico planeaban sobre la cultura argentina. El mundo y las personas del tiempo de Gombrowicz ya no son los mismos, se agregó un pedazo de historia y cambiaron los nombres, ¿podría Gombrowicz decir lo mismo sobre la literatura argentina de hoy cuando planean sobre ella el Boxeador Amateur y el Pato Criollo, por tomar sólo un par de homólogos proporcionales de los de hace medio siglo?

FRECUENTAR UN CAFÉ

Cuando uno cree haberlo embocado en algún asunto, Gombrowicz toma la palabra y cambia de riel. Vamos a hablar de los cafés. Sartre pasa gran parte de su vida y escribe la mayoría de sus obras en la atmósfera impersonal del humo del cigarrillo, el olor de café, el entrechocar de tazas, los fragmentos de conversaciones, y el ir y venir de un café parisiense. El Café Flore y el Café Pont Royal se convirtieron con el tiempo en la Meca de la filosofía existencialista. La atmósfera del café está tan arraigada en la mente de Sartre que incluso explica las teorías de la metafísica en el más erudito de sus libros con ejemplos tomados de la vida de café. Doscientos años antes ya decían que en París sabían cómo preparar esa bebida de tal manera que engendrara el ingenio en aquellos que la tomaban. Por lo menos cuando salían de allí, todos ellos se consideraban cuatro veces más inteligentes que cuando entraban. "Frecuentar un café puede convertirse en un vicio, igual que el de la vodka. Para un verdadero adicto, el no acudir a su café a una hora determinada significa sencillamente sentirse enfermo. En poco tiempo llegué a ser tan maniático que renuncié a todas las demás ocupaciones de las tardes, como el teatro, el cine y la vida mundana (...) Mi actitud en el café Ziemianska se caracterizaba por una desenvoltura que demostraba claramente que no tenía necesidad de ganarme la vida con la pluma ni apresurar nerviosamente mi carrera de escritor (...) Supongo que la cantidad de tonterías, absurdos e idioteces proferidos por mí en el Ziemianska debería alcanzar unas cifras astronómicas y, sin embargo, a través de todas esas locuras, se trasparentaba mi natural sentido común y esta lucidez y este realismo que siempre ha estado alerta en mí" Sin embargo no siente de igual modo su desempeño del Ziemianska que el del Rex. Poco a poco en el café polaco fue encontrando su lugar en el mundo, y como no hay mal que dure cien años, las cosas empezaron cambiar. Escribiendo y frecuentado los cafés consiguió un prestigio considerable. Su mesa, a la que concurría un gran número de admiradores, era testigo de sus bromas, sus gestos, sus dichos, su dialéctica, sus elevaciones líricas, sus razonamientos filosóficos y psicológicos, sus declaraciones artísticas, sus ataques arrolladores y sus provocaciones taimadas que electrizaban a sus oyentes. "Y aquí, en la Argentina, estoy privado hasta de una café literario, de un grupito de amigos artistas en cuyo seno puede acogerse en las ciudades de Europa cualquier bohemio, innovador o vanguardista (...) Yo me veía en el café Rex con mi amigo Eisler, a quien conseguía sacarle algunas monedas ganándole al ajedrez (...) Hubo un tiempo más animado cuando emprendía la audaz tarea de traducir...(...)" El Café Flore y el Café Pont Royal fueron para Sartre lo mismo que lo fueron el Ziemianska y el Rex para Gombrowicz, donde cada uno llenaba, o trataba de llenar como podía, sus alforjas vacías. Y ya está, los cafés vendrían a ser algo así como la Palas Atenea de los griegos, entonces, Gombrowicz, prepara las armas y empieza a cañonear a los cafés. Según su parecer algunos escritores son terriblemente charlatanes. Sus libros son como su prensa literaria, y su prensa literaria como sus cafés, todo revienta de charlatanería. Las obras de estos autores no nacen del silencio, se escriben en los cafés, tienen el rasgo particular de la sociabilidad, una característica de las personas que no tienen su propio hogar espiritual. En estos cafés todas las voces tienen más o menos la misma intensidad y el mismo color.

"Tiempo atrás, antes de la guerra, yo era, para la heroica izquierda polaca, un lamentable literato de café..., pero hoy las opiniones y los papeles han cambiado un poco" El hombre se siente diferente según esté en un bosque sombrío, en un jardín podado a la francesa, o en el piso cuadragésimo de un rascacielos. Los que escriben en los cafés tienen los límites de su personalidad a la distancia que los separa de las mesas vecinas. No hay en ellos ni rastros del empeño dramático de un solitario, les falta la angustia metafísica nacida del silencio, el método y la disciplina de los laboratorios científicos. Cada uno de ellos acaba allí donde comienza su vecino; muy cerca. Algunos se dan cuenta y hacen lo posible para no parecer escritores de café, pero sus convulsiones espirituales sólo van dirigidas a no parecerlo; por lo que se convierten de nuevo en escritores de café, pero al revés. Un verdadero círculo vicioso. Hay un solo remedio, partir espiritualmente sin moverse del sitio. Para cultivar el arte los hombres de letras deben apoyarse en el arte, deben partir en busca del arte más alto para encontrar en su naturaleza la propia naturaleza. Yo he criticado con cierta dureza las reflexiones que han hecho sobre Gombrowicz algunos hombres de letras connotados, pero no se me ocurrió pensar en qué lugar las habían escrito. Para tomar unos pocos ejemplos, a mi me gustaría saber dónde las han escrito estos hispanohablantes: el Niño Ruso, el Orate Blaguer, el Vate Marxista, el Pato Criollo, el Buey Corneta, el Filósofo Payador, el Gnomo Pimentón. Y me gustaría saberlo porque, si las escribieron en los cafés, es como si las hubieran escrito con una mano atada, un capiti diminutio.

EL CÁLCULO INFINITESIMAL Y EL NIÑO RUSO A menudo pensamos que si no lo hubiera hecho uno lo hubiera hecho otro, y esto sobre asuntos que han tenido alguna importancia para los hombres. Hay muestras de todo color en las historias de la ciencia y del arte para ilustrar esta cuestión, siendo una de las más señaladas la del cálculo infinitesimal, cuyo invento unos atribuyen al inglés Newton y otros a Leibiniz, el alemán. Los gombrowiczidas hispanohablantes bien sabemos que el primero que puso en español una obra de Gombrowicz fue Gombrowicz mismo, con la colaboración magistral del comité de traducción del café Rex que lo ayudó a trasladar a nuestro idioma el inmarcesible "Ferdydurke". Sin embargo, hay que decirlo, existe otro gombrowiczida que compite con el mismísimo Gombrowicz en el invento del cálculo infinitesimal de la literatura, es decir, en la traducción de sus obras: el Niño Ruso. Supe algo de él cuando Gombrowicz andaba buscando desesperadamente un traductor para poner en español el "Diario argentino", y nos hacía conocer en sus cartas su preocupación.

"En cambio no haces lo que debieras hacer, es decir, mandar un ejemplar de "El casamiento" argentino a Sergio Pitol, México, como te decía en la anterior" En "El Viaje", una obra espléndida de Pitol, un amigo de la niñez le pregunta cómo se llama: – Iván; –¿Iván qué?; –Iván, niño ruso "Los problemas de mitomanía me duraron unos cuantos años, como defensa ante el mundo (...) La única excepción fue la de mi identificación con Iván, niño ruso, que aún a veces me parece auténtica verdad." Cuando andaba detrás de la publicación de mis cartas a Gombrowicz me daba consejos. "Tienes que hacer ejercicios, desprenderte del ego, al menos un poquito, para bien del libro, de Gombrowicz, de los académicos y de los lectores" Por las mismas razones que a Gombrowicz a mí me gusta discutir con la gente de modo que algunas veces me veo obligado a buscar argumentos para contrariar a los demás. Estaba dándole vueltas a la cabeza a ver cómo podía atacar la actitud bondadosa y caballeresca del Niño Ruso. "Siento algo de inquisidor en tus preguntas. ¿Por qué no mencioné la muerte de Gombrowicz en mi diario de Escudillers? Tal vez no lo supe entonces. En España fuera de un puñado de intelectuales nadie sabía de la existencia de él. Y la muerte de alguien que no existe en mi entorno más íntimo me parece natural, es el ritmo final de la comedia humana, y está muy cerca de nuestras raíces mexicanas. Me parece que el único autor cuya muerte me dolió fue la de Thomas Mann, cuando era yo muy joven" También me empezó a llamar la atención cuando motejé a Rita y se me dio por llamarla la Vaca Sagrada. "Me permito decirte que hay algo que no me gusta de tus cartas, la manera como te expresas al tocar a Rita G. Fue su compañera, su enfermera, su lazo con el mundo y con la vida en los últimos años. Él la eligió. Aún ahora continúa trabajando para que la obra de Gombrowicz no se pierda. Si también tiene ganancias de esa obra, eso es lo que menos debe contar" "Y si declara que tenía relaciones con otros, es explicable, por las discordancias de edades, por la enfermedad y por las características difíciles de Gombrowicz en cuanto al sexo. Y, sobre todo, porque en los años sesenta en Europa y creo que en todo el mundo, fueron absolutamente disolutos, libertarios, anárquicos, cargados de una intensidad erótica soberbia, y un acto sexual no tenía la más mínima trascendencia. Era como tomar un vaso de agua" No nos poníamos de acuerdo ni siquiera en qué cosa era La Fragata. Una tarde de Buenos Aires en el Hotel Crillón le digo al Niño Ruso: –Sí, fue terrible para mí, su "acaso era posible prolongar indefinidamente ese jueguito nuestro en la Fragata?", me envenenó; –Pero, ¿por qué?; –Y, bueno, imaginate, las conversaciones que yo tenía con él en la Fragata eran todo para mí; – Pero, ¿cómo, la Fragata no era una señora que ustedes se disputaban?; –No, hombre, no, era junto al Rex el lugar donde se había desarrollado nuestra amistad; –Mira, hasta hoy pensé que era una señora.

Después de haber recibido unos cuantos gombrowiczidas me tira otra vez de las orejas, pero muy afectuosamente "Entrañable Goma, Soy afecto de las Gombrowiczidas, personaje algunas veces y también crítico de tu incomprensión del Gombrowicz de Vence, famoso, deprimido, enfermo, lejos de Polonia y Argentina. Lo conociste de una manera radiante y no le perdonaste, ni aún lo haces, que no fuera siempre así. El derrumbe de la amistad tenía que suceder. Fue amargo y cruel porque le exigiste lo imposible. Eres fenomenal cuando escribes sobre Gombrowicz y la literatura y la excentricidad de ese hombre único que de repente llegó a Buenos Aires para vivir largos años. Me encantó lo que escribiste últimamente sobre la pasión por Thomas Mann" Esta historia verdadera del Niño Ruso y el cálculo infinitesimal empezó en una época remota, hace cuarenta años, con una carta. "Un día el cartero me entregó una carta procedente de Vence, una población del sur de Francia. La firmaba Witold Gombrowicz. ¿Se trataría, acaso de una broma? Me resultaba difícil creer que fuera auténtica. La mostré a algunos amigos polacos y se quedaron estupefactos. ¡Una carta de Gombrowicz recibida por un joven mexicano residente en Varsovia! ¡Qué exceso, qué anomalía! Yo asentía y me regocijaba. ‘Como todo en la vida de Gombrowicz’, me decía. En la carta me explicaba que alguien había puesto en sus manos la traducción al español de Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewski, y que le había parecido satisfactoria. Tanto, que me invitaba a colaborar con él en la traducción de su Diario argentino..."

EL CLUB DE GOMBROWICZIDAS El origen del vocablo gombrowiczidas tiene sus bemoles, tantos que me vi obligado a recurrir a los griegos. Dos hermanos griegos de los tiempos mitológicos que se llevaban bastante mal tuvieron muchos hijos; Dánao cincuenta hijas y Egipto cincuenta hijos. Como ambos se tenían temor, Egipto, para hacer las paces, mandó al reino de Argos a sus cincuenta hijos para que se casaran con sus cincuenta primas, pero Dánao era un hombre vengativo, así que le dio instrucciones a sus hijas para que mataran a sus esposos con una daga la noche de bodas. Las danaides, después de muertas, fueron culpadas en el Averno por el asesinato de sus esposos y condenadas a llenar con agua un tonel que no tenía fondo, una condena que ha sido utilizada como símbolo del conflicto que se manifiesta entre la obligación de obedecer los deseos del padre y la prohibición de cometer conyugicidio. Tanto es así que Zeus había absuelto en vida a las danaides, y sólo condenado por desobediencia a la única hermana que no había matado a su esposo, pero en el Averno las cosas cambiaron, absolvieron a la desobediente y condenaron a las asesinas.

Gombrowiczidas es un vocablo que tiene una forma parecida a la de conyugicidas, pero en cambio de señalar el asesinato de los cónyuges, designa el asesinato de Gombrowicz. Como saben, fui obligado a elegir este vocablo cuando la Vaca Sagrada me dijo que las personas a las que yo les hacía conocer las cartas que nos había escrito Gombrowicz eran hijos ilegítimos. Los gombrowiczidas vendrían a ser entonces los que asesinan a Gombrowicz, y son condenados por este magnicidio a leer las historias verdaderas que yo escribo arrojadas a un barril sin fondo, así como hacía Plutón en los infiernos obligando a las danaides a arrojar agua en un recipiente infinito. Es claro que Gombrowicz no es el padre de los gombrowiczidas, ¿pero quién es pues el padre? Siguiendo la lógica estricta de la historia de las danaides pareciera que el padre de los gombrowiczidas debiera ser yo. Pero si yo soy el padre de los gombrowiczidas entonces quiero matar a Gombrowicz, soy el padre de los asesinos, como Dánao lo era de las danaides, una actitud que merece la condena de llenar una biblioteca con historias escritas que no pueden ser leídas por su abundancia excesiva. Gombrowicz escribe en los diarios cosas extrañas, tanto sobre el productor, es decir, sobre el hombre de letras, como sobre el producto, es decir, los libros. Al bibliotecario de Royaumont le pregunta si el gobierno estaba tomando medidas para afrontar la llegada inminente del desbordamiento total, cuando las bibliotecas hagan estallar las ciudades, cuando haya que entregarle no sólo los edificios, sino barrios enteros, cuando los libros y las obras de arte acumulados inunden los campos y los bosques desbordándose de las ciudades llenas hasta reventar; no había que olvidar que, al mismo tiempo que la cantidad se convierte en calidad, la calidad también se transforma en cantidad. Esta preocupación que le manifiesta al bibliotecario de Royaumont, le venía de tiempo atrás, antes de empezar a escribir los diarios, era una verdadera preocupación de Gombrowicz. En un pasaje de "Transatlántico" se refiere a la amenaza de este desbordamiento total. Pinturas, esculturas, tapices, alfombras, cristales… se depreciaban rápidamente por su abundancia excesiva, y la biblioteca llena de libros y de manuscritos amontonados en el suelo, una montaña que llegaba hasta el techo sobre la que estaban sentados ocho lectores flaquísimos dedicados a leer todo. Obras preciosas escritas por los máximos genios, se mordían y devaluaban porque había demasiadas y nadie podía leerlas debido a su excesiva cantidad. Lo peor es que los libros se mordían como si fuesen perros hasta darse muerte. No es tan fácil saber a qué atenerse sobre los hombres de letras y los libros leyendo a Gombrowicz pues, al parecer, tal como presenta las cosas, daría la impresión de que tienen valor y de que no tienen valor al mismo tiempo; con el tiempo trataremos de poner esta paradoja en términos más compresibles, aunque el asesinato de los autores y de las obras estará siempre rodándonos las cabezas en este club de gombrowiczidas desparramados por todo el mundo.

LA DOSIS DE TIEMPO

Desde muy joven Gombrowicz se dedicó sistemáticamente a hacerle un lugar a la inmadurez y a tocarle la cola al diablo, siendo la característica común de estas dos inclinaciones la de ser movimientos descendentes. Profundizó estos intentos escribiendo narraciones, teatro, una novela mala, folletines y los diarios. La cuestión de escribir adrede una novela buena para las masas, es decir, mala no parecía más fácil que escribir una novela buena. Escribir una novela buena para las masas no significaba en absoluto escribir una novela accesible, interesante, noble e impregnada de cultura como las de Sienkiewicz, sino escribir una novela con lo que las masas experimentan en realidad penetrando sus instintos más bajos. El que emprendiera esta tarea debería liberar su imaginación más sucia, turbia y mediocre, quitarle las cadenas a la conciencia oscura y baja. Este pobre concepto de las masas tenía más que ver con el miedo que con el desprecio. La intelectualidad polaca estaba amenazada por el primitivismo de la masa mucho más ignorante y terrible en Polonia que en otros países de cultura superior. En aquellos años al dirigirse a los de abajo el escritor escribía desde arriba en la medida que su cultura y su buena educación literaria se lo permitía. Pero el proyecto de ese Gombrowicz veintiañero era otro: entregarse a la masa, rebajarse, convertirse en un ser inferior, una idea que más tarde le sirvió para enunciar un postulado según el cual en la cultura no sólo el inferior debe ser creado por el superior, sino también a la inversa. El proyecto no terminó bien, era una tarea gigantesca y peligrosa, diez años después se dio cuenta que había estado jugando con fuego, algo enfermizo que llegó a sus manos le hizo tomar conciencia. Un joven llegó a su casa con un manuscrito bajo el brazo pidiéndole que lo leyera, que la obra tenía un gran impulso erótico para excitar a los lectores. De verdad resultó un libro erótico y sucio que se complacía en la porquería, era malo y barato. Leyendo ese manuscrito Gombrowicz recordó su propia novela olvidada hacía tiempo, escrita en 1926, el mismo año en el que había escrito "El bailarín del abogado Kraykowski" y "El diario de Stefan Czarniecki" Unos días después de que el autor del manuscrito llegara a la casa de Gombrowicz se pegó un tiro en la sien. Gombrowicz no creía que la causa del suicidio hubiera sido la novela, pero esa obra era la expresión de un estado de ánimo que condujo al joven a la catástrofe. Diez años atrás, a pesar de las apariencias y de una existencia de aspecto casi despreocupado, no había estado lejos él mismo de tomar una decisión parecida, debía estar muy desesperado. La obra maestra a la que Gombrowicz le había puesto el punto final resultó ser una mezcla asquerosa del vivir plenamente la vida en la sensualidad y la brutalidad, una historia no menos sórdida y excitante que la del joven malogrado. Una señora amiga la leyó y le sugirió que la quemara; Gombrowicz le hizo caso, arrojó el original y las copias en la nieve y les prendió fuego. A los últimos folletines que escribió en Polonia le puso el nombre de "Los hechizados", los escribió con un seudónimo en el mismo año que se vino a la Argentina.

En vida, nunca autorizó la publicación de esta obra con su nombre y bajo la forma de libro, sólo hacia el final de su vida reconoció su autoría. Kot Jelenski refiriéndose a "Los hechizados" se lamentaba de que Gombrowicz no hubiese releído esos folletines, él creía que en ese caso hubiera autorizado la publicación del libro con su nombre. "Los hechizados", a juicio de Jelenski, terminó por alcanzar la categoría de una buena mala novela. Decía Kot que una buena mala novela vale más que una mala buena novela, y que los lectores que saben discernir prefieren una serie negra bien escrita a un mediocre premio Goncourt. Sin embargo, las reticencias de Gombrowicz respecto a "Los hechizados" se debieron a que carecía de la técnica que había elaborado en los cuentos, a que no hacía de la inmadurez la materia misma de la escritura, y a que no era un verdadero vehículo para su contrabando subversivo. Gombrowicz no le tenía confianza a esos folletines, se le parecían a una pequeña embarcación atada a una ballena que la llevaba a cualquier parte. Hasta le llegó a pedir consejo a Iwaszkiewicz para resolver la historia de terror que había introducido en esa novela policial y que no sabía cómo terminar. En fin, el autor no consideraba a "Los hechizados" como miembro de su familia artística, el Príncipe Bastardo, como buen bastardo que era, consideraba que sí lo era, y fue él quien hizo publicar este folletín cuando Gombrowicz ya no podía protestar. "Sí, todos los ingredientes de su obra están acá, todavía dispersos. Le bastará hacerlos jugar dentro de una mecánica sabia para llegar a construir esas ‘máquinas infernales’ que Sartre ha saludado en las grandes novelas posteriores" ¿Hay que reconocer o no hay que reconocer a "Los hechizados" como una obra de Gombrowicz? Vamos a ver qué piensa Milan Kundera de todo esto. "Hablo con un amigo, un escritor francés; insisto en que lea a Gombrowizc. Cuando vuelvo a encontrármelo está molesto: –Te he hecho caso, pero, sinceramente, no entiendo tu entusiasmo; –¿Qué has leído de él?; –‘Los hechizados’; –¡Vaya! ¿Y por qué ‘Los hechizados’? ‘Los hechizados’ no salió como libro hasta después de la muerte de Gombrowicz. Se trata de una novela popular que en su juventud había publicado, con seudónimo, por entregas en un periódico polaco de antes de la guerra. Hacia el final de su vida se publicó, con el título de Testamento, una larga conversación con Dominique de Roux. Gombrowicz comenta en ella toda su obra. Toda. Libro tras libro. Ni una sola palabra sobre ‘Los hechizados’. –¡Tienes que leer "Ferdydurke"! ¡O "Pornografía"!, le digo. Me mira con melancolía: –Amigo mío, la vida se acorta ante mí. He agotado la dosis de tiempo que tenía guardada para tu autor"

LA MAMITA Y LA COMPOTA Decir que Gombrowicz miente en sus novelas o en sus piezas de teatro no tiene sentido, su obra es una creación imaginativa y sus asuntos no tienen un paralelo, y mucho menos una identidad, con historias verdaderas. Pero en los diarios, a pesar de que en las manos de Gombrowicz se han convertido en un

género en el que la creación imaginativa también desempeña un papel primordial, sí se podría decir que miente, del mismo modo que se lo podría decir en la vida real, si es que mintiera, claro. Yo conozco alrededor de una docena de mentiras que Gombrowicz escribió en los diarios, debe haber más, muchas más. La cuestión que hay que dilucidar es si sus mentiras y su falta de sinceridad desacreditan a los diarios. Gombrowicz nos cuenta cómo paró la lluvia en una noche de tormenta cuando extendió una mano, y cómo volvió a llover cuando la extendió otra vez. Yo no sé si este relato será cierto o no, pero la verosimilitud de las consecuencias que saca Gombrowicz de este episodio no depende en absoluto de que el hecho haya existido. Ninguna de la consecuencias que se puedan extraer de las páginas de estos diarios debe quedar atada a la circunstancia de que los episodios que narra Gombrowicz sean verdaderos. El relato que hace en los diarios sobre el día en que se bajó los pantalones en un restaurante de París, no parece cierto –no era capaz de ponerse un traje de baño cuando iba a la playa– pero las consecuencias que deduce de este comportamiento parecen verosímiles. Estaba almorzando en un local muy distinguido a orillas del Sena conversando animadamente con gente del ambiente literario: –¡Quién es ese escritor; –Es un escritor eminente; –Sí, eminente, pero ¿quién es?; –Viene del surrealismo y se pasó al objetivismo; –Muy bien, objetivismo, pero ¿quién es?; –Pertenece al grupo Melpomène; –No tengo nada en contra de Melpomène, pero ¿quién es?; –Una combinación de géneros: el argot con una metafísica de elementos fantásticos; –Sí, la combinación me parece bien, pero ¿quién es?; –Cuatro años atrás le concedieron el Prix St. Eustache..., y tú cómo te consideras; –Yo no soy escritor, ni miembro de nada, ni metafísico ni ensayista, soy yo mismo, libre, independiente, vivo...; –Ah, sí, eres existencialista. Los contertulios estaban turbados con la mirada ingenua de Gombrowicz que les traspasaba la ropa, y es aquí cuando decide hacer el experimento crucial: se empieza a bajar los pantalones: "(...) cundió el pánico, salieron rajando por puertas y ventanas. Me quedé solo. El restaurante estaba desierto, hasta los cocineros habían huido... Sólo entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo, de lo que pasaba..., y me quedé así, hecho un tonto, con una pernera puesta y la otra en la mano" Kot Jelenski lo ve y entra al restaurante: –¿Qué pasa? ¿Te has vuelto loco?; –Empecé a desvestirme y todo el mundo se dio a la fuga; –Eres un insensato, ¿a quién pensabas asustar con la desnudez? En ningún lugar del mundo encontrarás tanta afición por quitarse la ropa como aquí. Te has encontrado con unos conejos, yo te traeré unos leones que aunque bailes en cueros sobre la mesa no moverán una pestaña. Hicieron una apuesta al estilo de los caballeros polacos del el siglo diecinueve. Los invitados, imperturbables hasta que llegaron a los postres y Gombrowicz se empezó a quitar los pantalones; –Excúsennos, por favor, la hora, se nos hace tarde. Gombrowicz y Kot se miraron: –No es posible que se hayan asustado, si es su especialidad

"Observa, la cosa es que esa gente, incluso al desnudarse se viste, y la desnudez sólo significa para ellos unos calzones más. Pero cuando yo me he bajado sin más los pantalones, les ha dado un soponcio, más que nada porque no lo he hecho según Proust, ni a lo Jean Jacques Rousseau, ni según Montaigne o en el sentido del análisis existencial, sino simplemente para quitármelos" Gombrowicz recurría, en sus escritos y en la mismísima vida corriente de todos los días, a formas sorprendentes para desestructurar los comportamientos seguros y definidos, bajándose los pantalones como en este caso, por ejemplo. "Ferdydurke" es una novela en la que refulgen con intensidad estos procedimientos; en uno de sus pasajes, Kowalski, es decir, Pepe, es decir, el joven protagonista de treinta años, regresado a sus días de liceo por un profesor protector caído del cielo, humillado por la superioridad de los Juventones y de la Colegiala, utiliza a la mamita y a la compota para descomponer sus formas definidas y hundirlos de esta manera en la indefensión y en la miseria. La belleza de Zutka lo hacía sufrir, al extremo de llegar a soñar con su destrucción física. Se empezó a preparar para atacar la hermosura de la moderna adolescente. –Zuta, ¿quién es ese muchacho que te acompañó a casa?; –No sé, se me pegó en la calle; –¿A lo mejor tienes una cita con él? ¿A lo mejor quieres pasar el week-end con él y quedarte toda la noche? Quédate entonces; –Como no, mamá. El ingeniero se tomó el atrevimiento de continuar con las insinuaciones de la Juventona: –¡Claro está que no hay nada de malo en eso! Zuta, si deseas tener un hijo natural, tenlo nomás. El culto a la virginidad se acabó, es una idea anacrónica propia de estancieros. Pepe se empezó a imaginar el parto, la nodriza y también una criatura que, con su calor infantil y con su leche, iba a aniquilar muy pronto la hermosura de la muchacha, transformándola en una madre pesada y tibia. Se inclinó de un modo miserable hacia la colegiala y dijo: – Mamita. Y de golpe y porrazo el Juventón se mandó una risotada, algo se le debió asociar con el cabaret o, quizás, con el desván del género humano. Las gafas se le cayeron de la nariz: –¡Víctor! Pepe echó más leña al fuego: –Mamita, mamita; –Perdón –el ingeniero seguía risoteando–, perdón. La muchacha había sido alcanzada: –Me extraña, Víctor, los comentarios de nuestro viejito no son nada jocosos; –Mamita, mamita; –¡Hágame el favor de no meterse en la conversación! Pepe, para consolidarse en su miseria, empezó a chapotear en la compota, le metía todo lo que tenía a mano y la revolvía con el dedo; –¿Qué hace?... ¿Por qué el caballero ensucia la compota?; –Yo lo hago así nomás... me da igual. El ingeniero otra vez chilló con una risa de cabaret: –¡Es una pose! ¡No comas, Zuta, no permito! ¡Víctor, impídeselo! La colegiala se levantó y se fue, la Juventona salió tras ella. Huían, el risoteo subterráneo del Juventón le había devuelto a Pepe la capacidad de resistencia, tenía que aniquilar el modernismo de la colegiala, rellenándola con elementos extraños como había hecho con la compota y la mamita.

ESPIAR Y MIRAR Una cosa es mirar, es decir, fijar la vista con atención en algo, y otra cosa es espiar, es decir, observar algo para después contárselo a otro. Aunque mirar y espiar no son la misma cosa debemos decir que son de la misma familia. La cuestión de la mirada adquirió una gran importancia cuando Sartre puso la atención en ella, era la puerta de entrada a una de las tres categorías en las que divide el ser: el ser-para-otros. Dado que soy un objeto tan solo en cuanto existo para el otro, tengo que obtener su reconocimiento de mi ser. El otro es el mediador entre yo y yo mismo. Por su naturaleza misma, la vergüenza es entonces un reconocimiento, yo reconozco que soy como el otro me ve. Todas las relaciones entre diferentes personas, son las tentativas que cada uno hace para subyugar o poseer la libertad del otro. Tan pronto existo, establezco un límite de hecho a la libertad del otro. Yo soy ese límite, y cada uno de mis proyectos traza ese límite en torno del otro ser, el respeto de la libertad del otro es pues una palabra vana. Pero un poco antes que Sartre, Erskine Caldwell le había dado algunas vueltas al problema de la mirada en una narración memorable. Agnes era una linda muchacha que vivía en un pueblecito norteamericano. Su padre la puso en un autobús, le dio unos pesos y le prometió enviarle mensualmente la misma cantidad durante algún tiempo. Estaba convencido de que su hija iría a Birmingham de Alabama para estudiar taquigrafía en un colegio comercial. Pero la joven no llegó jamás a tomar esas lecciones, convirtiéndose, en cambio, en la manicura de una peluquería de segunda categoría. Los hombres llegaban, deslizaban sus manos por su escote, y la apretaban. Pronto estaba ganando más dinero fuera de horario que en su mesa de trabajo. Toda su familia sabía que vivía en un hotelucho y que no era una taquígrafa. Pero cuando la muchacha iba a su casa todos los años, para Navidad, no le decían nada, simplemente se sentaban y se quedaban mirándola. La muchacha llega a la histeria: –Se sientan y me miran, pero no me dicen nada sobre eso, sólo dicen que me están mirando. Esta narración nos da una idea del inexorable sentimiento de culpa y vergüenza que la mirada de los otros puede producir en nosotros, el camino de la interioridad pasa a través de la otra persona, la otra persona sólo es interesante para mí en la medida en que me refleja, vale decir en la medida en que yo soy un objeto para ella. Más recientemente el mismísimo Pato Criollo aborda el problema de la mirada en una novela cuya acción transcurre en Coronel Pringles. En cierto momento se produce una gran revolución en el cementerio, los muertos salen de las tumbas y atacan al pueblo. Le abren la cabeza a los vecinos y le chupan las endorfinas, los zombis resultan invencibles. Sin embargo, en un momento determinado una señora anciana mira y reconoce a uno de los muertos que se le está viniendo encima: –Pero si éste es el colorado Pereira. Los viejos co-

mienzan a mirarlos e identificarlos a uno por uno y los zombis, mirados y derrotados, vuelven a las tumbas. Gombrowicz tenía problemas para sostener la mirada del otro, la vergüenza lo obligaba a espiar más que a mirar, observaba al otro para después contárselo a sus escritos. En "Ferdydurke" el protagonista se propone descubrir el talón de Aquiles de los Juventones y decide espiarlos. "Agucé los sentidos. ¡Bestializado espiritualmente, era como un salvaje animal civilizado en el Kulturkampf! Cantó el gallo. Primero apareció Juventona en una robe de chambre a medio peinar" Entró al closet-water y salió de allí más orgullosa que al entrar. De este templo sacaban su poder las modernas esposas de los ingenieros y los abogados. Salían de ese lugar más perfectas y culturales, llevando en alto la bandera del progreso, de ahí provenían la inteligencia y la naturalidad con las que la Juventona atormentaba al protagonista. Enseguida apareció el Juventón trotando en pijama, carraspeando y escupiendo ruidosamente. Al ver la puerta del closet-water risoteó y entró jugueteando. Salió desmoralizado, con una cara lujuriosa y vil, parecía un tonto. A Pepe le extrañó que mientras el clost-water ejercía una influencia constructiva sobre la esposa, sobre el esposo actuaba destructivamente. Mientras tanto la doctora se había bañado, se secaba y hacía ejercicios. Hizo doce cuclillas hasta que los senos sonaron, al protagonista le empezaron a bailar las piernas en un bailoteo infernal y cultural. La intranquilidad de los perseguidos aumentaba porque se sentían mirados. La doctora trataba de organizar a ciegas una defensa y toda la tarde se dedicó a la lectura de Russell, mientras al esposo se le dio por leer a Wells. No conseguían ubicar su desasosiego, no podían permanecer sentados pero tampoco podían permanecer de pie, el Juventón buscaba la complicidad de Pepe guiñándole un ojo. Se acercaba la noche y con ella la hora decisiva.

ZAFARTE Y ELEVARTE Algunos hombres de letras son un poco exagerados cuando escriben y más o menos equilibrados en la vida de todos los días. Otros, al contrario, son bastante equilibrados cuando escriben y exagerados en todo lo demás; Gombrowicz pertenece a la primera categoría de escritores. Es útil no perder de vista esta característica suya, ni tampoco olvidar la preferencia que tenía por mirar antes que por pensar, ni dejar de tener en cuenta su predisposición automática a apretar el gatillo para ver qué pasa. El lector debe saber que es un escritor de gatillo fácil para no sacar consecuencias exageradas cuando lo está leyendo. Como, por otra parte, tenía la costumbre de anotar todo lo que le molestaba o lo consternaba, no es tan difícil seguir los pasos que da cuando se mete con las tres pertenencias fundamentales que tiene el hombre: la transcendencia, la tierra y la especie.

A penas cumplidos los veinte años se despacha con unos comentarios que dejan de una pieza a las pertenencias fundamentales. En efecto, escribe que cada vez que tropieza con un sentimiento misterioso, sea la virtud o la familia, la fe o la patria, siente la necesidad de cometer una villanía. De esta manera empieza a recorrer el largo camino de las ironías, de las provocaciones y de las blasfemias. "Tenía miedo en Polonia (...) La única razón de mi zozobra era indudablemente el que sintiera que pertenecíamos a Oriente, que éramos Europa oriental y no occidental, sí, ni el catolicismo, ni nuestra aversión hacia Rusia, ni las uniones de nuestra cultura con Roma y París, nada podían hacer contra esa miseria asiática que nos devoraba desde abajo... toda nuestra cultura era como una flor pegada a la piel de cordero de un abrigo campesino" En el medio de este mundo de hombres paralizados a Gombrowicz se le ocurre ponerse en contra del lema del romanticismo polaco que convocaba a los jóvenes a medir las fuerzas por las intenciones y no las intenciones por las fuerzas, y escribe "Ferdydurke" con un propósito restringido, pero la obra se le va de las manos, le sale el tiro por la culata y se pone en línea con la "Oda a la juventud" de Adam Mickiewicz. Milan Kundera, otra vez Kundera, contabiliza algunos elementos de "Ferdydurke" que vale la pena anotar pues están relacionados con la familia y la modernidad. "La familia está dominada por la hija, una ‘colegiala moderna’. A la chica le encanta llamar por teléfono; desprecia a los autores clásicos; cuando un señor llega de visita, ‘se limita a mirarlo y, mientras se mete entre los dientes una llave inglesa que sostenía en la mano derecha, le alarga la mano izquierda con total desenvoltura’ También su madre es moderna; es miembro del ‘comité para la protección de los recién nacidos’; milita contra la pena de muerte y a favor de la libertad de costumbres; ‘ostensiblemente, con aire desenvuelto, se dirige hacia el retrete’, del que sale ‘más altiva de lo que ha entrado’; a medida que envejece, la modernidad se vuelve para ella indispensable como único ‘sustituto de la juventud’. ¿Y su padre? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y a su mujer" La idea de Kundera es que Gombrowicz captó en "Ferdydurke" el giro fundamental que se produce en el siglo XX. Hasta entonces la humanidad se dividía en dos, los que defendían el statu quo y los que querían cambiarlo. En el pasado el hombre vivía en el mismo escenario de una sociedad que se transformaba lentamente, de repente la historia se empezó a mover bajo sus pies como una cinta transportadora sobre la que también viajaba el statu quo. Por fin se podía ser a la vez conformista y progresista, equilibrado y rebelde. El sillón de la historia empieza a ser empujado hacia delante por todo el mundo. "Los colegiales modernos, sus madres, sus padres, así como todos los luchadores contra la pena de muerte y todos los miembros del comité para la protección de los recién nacidos y, por supuesto, todos los políticos que, mientras empujaban el sillón, volvían sus rostros sonrientes al público que corría tras ellos, y que también reía, a sabiendas de que sólo el que se alegra de ser moderno es auténticamente moderno. Fue entonces cuando una parte de los

herederos de Rimbaud comprendieron algo inaudito: hoy, la única modernidad digna de ese nombre es la modernidad antimoderna" Gombrowicz era un terrateniente de origen noble, una herencia poderosa para los polacos, la historia de una familia que había tenido cuatro siglos de bienestar. Los terratenientes, no importa cuál sea su origen, tendrán siempre, a juicio de Gombrowicz, una actitud de desconfianza hacia la cultura, y una naturaleza de señor. "Pues bien, yo, aunque traidor y escarnecedor de mi ‘esfera’, pertenezco a pesar de todo a ella (...) muchas de mis raíces deben buscarse en la época de mayor depravación de la nobleza, el siglo XVIII (...) Pero no solamente era eso. Yo, que tenía un pie en el bondadoso mundo de la nobleza terrateniente y otro en el intelecto y la literatura de vanguardia, estaba entre dos mundos. Pero estar ‘entre’ es también un buen método para enaltecerse, puesto que aplicando el principio de divide et impera puedes conseguir que ambos mundos empiecen a devorarse mutuamente, y entonces tú puedes zafarte y elevarte ‘por encima’ de ellos" Gombrowicz estaba pues, según la manera de pensar de Kundera, establecido en una modernidad antimoderna, era por esa razón un ilustre heredero de Rimbaud, y según la mirada del mismo Gombrowicz, seguía teniendo algo del perfume de esa flor pegada a la piel de cordero del abrigo de un campesino polaco.

EL GNOMO PIMENTÓN ES METALÚRGICO El medio de las novelas de Gombrowicz es burgués, el medio de sus piezas de teatro, en cambio, es cortesano, un poco porque imitaba a Shakespeare y otro poco porque sus manías genealógicas nunca lo abandonaron. Su familia tenía una posición ligeramente superior a la media de la nobleza polaca, pero no pertenecía a la aristocracia. Su primera obra literaria fue la monografía "illustrissimae familiae Gombrovici". La conservó en estado de manuscrito, y aunque no contenía nada de especial pues los Gombrowicz eran tan solo miembros de una pequeña nobleza, se pavoneaba con cada detalle referente a los bienes, funciones y vínculos familiares, y disfrutaba de esta manía. Algunos hombres de letras no esperan por sus biógrafos, ellos mismos se ocupan de abrirle las puertas a sus biografías, entre los integrantes del club de gombrowiczidas hay casos notables. "Mi padre era metalúrgico y en mi casa sólo mi madre leía algo de vez en cuando. Durante la pubertad trabajaba en un taller mecánico y estudiaba en un colegio por la noche. Los libros los encontraba en una Biblioteca de Junín. Mi familia no deseaba que fuera escritor, sino que tuviera un trabajo. Ese fue uno de los motivos explícitos por los que rompí con ella y me fui solo a vivir a Buenos Aires"

Son palabras del Gnomo Pimentón, pero no es él único de los gombrowiczidas escritores que se nos vino del campo, también el Pterodáctilo, el Filósofo Payador, el Vate Marxista y el Pato Criollo quisieron conocer las luces del centro. El caso del Gnomo Pimentón tiene algún parecido con el de Gombrowicz por la franqueza con la que habla de su familia y de su pasado, pero también es muy distinto por la diferencia de clases, Gombrowicz era terrateniente y el Gnomo Pimentón es metalúrgico. Debo reconocer que el lío que se me armó con el Gnomo Pimentón lo empecé yo con gombrowiczidas un poco provocativos, pero nunca creí que hubiera guardado tan tenazmente en la memoria sus modales de metalúrgico. Todo empezó cuando el Gnomo Pimentón se enteró de que yo había escrito que era mejor que los gombrowiczidas digirieran la homosexualidad de Gombrowicz leyendo "Gombrowicz, este hombre me causa problemas" y no en una conferencia, pues la conferencia podía provocar la extrañeza, la vergüenza, los rubores y todos esos sentimientos tan bellos que tienen las jóvenes vírgenes, o podía ser también un estímulo para despertar los más bajos instintos de canallas como Germán García (...) Sí, digo bien, el canalla de Germán García a quien todo el mundo conoce como el Gnomo Pimentón. Estuve en la presentación de "Evocando a Gombrowicz", un pastiche indigesto del Buhonero Mercachifle. García, que era el copresentador, se comportaba como una verdadera lacra y espantaba a la poca gente que había. En muchas de sus intervenciones destacaba la homosexualidad de Gombrowicz con fruición: – ¿Te fijaste, Grinberg?, en la obra del polaco nadie le hace el amor a nadie? Grinberg no sabe contestar estas cosas así que me metí yo; –Che, García, ¿y qué libros de Gombrowicz leíste vos?; –Creo que todos; –¿Y no te acordás cuando Polilla sentado sobre la sirvienta se pone los zapatos mientras ella jadeaba pesadamente, y cuando se bajó de la sirvienta y le dijo a Pepe que la había violado; –Sí, pero no hay detalles. Aquí Grinberg interviene de una manera brillante: –Lo que pasa es que Germán necesita una fotografía. "Es claro que tu compulsión anal por Witoldo no te da respiro. Lo tuyo es preocupante y masturbatorio: el buen polaco se merece un poco de descanso. ¡No lo dejás tranquilo ni un segundo! Y lo peor: es realmente retrógrado de tu parte creer que lo único que nos interesa en el mundo es el autor de Ferdydurke y sus sagas. Calmate. Hacete ver. Te lo digo por tu bien." "Historias verdaderas": el último texto enviado por Juan Carlos Gómez, falta a la verdad en relación a mi persona y utiliza calificaciones ofensivas. Me temo que tendrá que seguir divirtiéndose sin mi ayuda. Le ofrecí una amistad en Gombrowicz, pero no me ofrecí para ser parte de su necesidad de injuriar. Dije en la Feria del Libro que las obras de teatro de Gombrowicz había siempre casamientos fallidos y que en su obra en general se describía muy poco la sexualidad. No era una crítica, era una constatación. Soy conocido por mi capacidad de dar clases con algunas notas de las que parto, no tengo la más mínima necesidad de hacer estudiar a mis alumnos con los libros que publico"

Después de este rápido intercambio de opiniones el Gnomo Pimentón borró de su página web las cartas que Gombrowicz le escribió a Flor de Quilombo y que yo le estaba haciendo conocer como miembro del club de gombrowiczidas. Si bien es cierto que el contenido de la correspondencia de Gombrowicz es más tentador para un veinteañero como el Mafioso, que para un sexagenario como el Gnomo Pimentón, ésta no puede ser la única causa de que a ese homúnculo, guardián de los tesoros subterráneos, se le haya escapado el valor que tiene la publicación de ciento diez y siete cartas de Gombrowicz de las cuales más de la mitad son inéditas. El órgano de prensa de la organización mafiosa del MALBA finalmente tomó la antorcha y publicó esas cartas inmarcesibles en (Sección El Cordel Vol.12) www.elhilodeariadna.org La causa moral tampoco es admisible porque como todo el mundo sabe los gnomos, tanto sean pimentones como de otro color, son amorales. Me propuse rastrear entonces la causa de este decaimiento en "Gombrowicz, el estilo y la heráldica", un libro escrito por este hombre de letras gombrowiczida, pero no hubo caso, cuando el libro cayó en mis manos me enredó inmediatamente en el dilema de si el protagonismo era de Gombrowicz o de la mismísima familia. La única forma que se me ocurre para explicar la caída vertiginosa en las nociones axiológicas del Gnomo Pimentón es suponiendo un debilitamiento grave de su capacidad cognoscitiva. Para determinar la corrección de este diagnóstico es necesario someterlo a una prueba intracorporal pero ya todos los síntomas extracoporales nos están indicando que estamos en presencia de un prolapso cerebral. El Gnomo Pimentón tiene la vocación de contarle el culo a las hormigas, utiliza con maestría su preparación para buscar conexiones psíquicas entre los personajes de la obra de Gombrowicz y su parentela. En "Crimen premeditado" se despacha con que Ignacio es su abuelo materno, la casa del cuento es la casa del abuelo, la señora K es su madre, y Antonio es un hermano demente de la madre. Pero la pasión por contarle el culo a las hormigas no es una manía exclusiva del Gnomo Pimentón, la polaca que escribió la biografía para las conversaciones con el Hasídico, tiene la misma costumbre, se dedica meticulosamente a la identificación psíquica de la parentela en sus escritos. La madre es: la tía en Ferdydurke, la reina Margarita en Ivona, la reina Catalina en El casamiento, Amelia en Pornografía, Lena en Cosmos, La princesa Himalay en Opereta. Y el padre es: el tío en Ferdydurke, el abogado de El bailarín del abogado Kraykowski... para poner sólo unos ejemplos. "El escritor puede, si quiere, describir la realidad tal como la ve o como se la imagina, entonces nacen obras realistas (...). Pero puede también utilizar otro método que consiste en descomponer la realidad en sus partes elementales para luego, al igual que se construye un edificio con ladrillos, emplear esas partes para edificar un mundo nuevo o mundillo... que debería diferenciarse del mundo normal y, no obstante, que de alguna manera le correspondiera... como dicen los físicos: diferente pero adecuado"

Cualesquiera haya sido la complexión psíquica de su familia y de su relación con ella resulta claro que Gombrowicz empieza a recorrer un camino que se aparta de la esfera donde reinan las relaciones rígidas de la causa y el efecto, de la determinación y del psiquismo. Bruno Schulz afirma que Gombrowicz desmonta la posición aislada y privilegiada atribuida a los fenómenos psíquicos destruyendo el mito de su divinización, y que pone al descubierto una genealogía zoológica escabrosa y poco reluciente que repudia todo privilegio. Y Kot Jelenski nos dice que Gombrowicz estaba realizando una de las primeras incursiones en el dominio del inconsciente físico, un dominio que Freud había desdeñado. El lirismo erótico de Gombrowicz es un terreno difícil de manejar. Debemos reconocer, lamentablemente, que es un campo fértil para el psicologismo, pero el psicologismo tiene una pequeña dificultad: si bien es cierto que ordena los objetos psíquicos y los subsume en el marco de una teoría, perturba lo que observa y sólo puede conocer el resultado de esa perturbación. En el encuentro de una persona con otra hay una zona de la conducta de la que se ocupan la psicología y la antropología, pero existe además otra en la que el comportamiento no está determinado de antemano, se va ajustando poco a poco y pasa de un cierto caos a una estructura en la que cada persona define en la otra una función. El análisis de las conexiones psíquicas que Gombrowicz tenía con su parentela lo ponen en un terreno del que él quería salir, y por haber salido se convirtió en ese fenómeno emocionante que unió su talento literario a una forma novelesca revolucionaria que sacó a la superficie ese descubrimiento fundamental del que habla Bruno Schulz. Uno de los propósitos deliberados que tenía Gombrowicz era el de desvincular la conducta humana de la voluntad y del determinismo psíquico. A la voluntad la trasponía con el automatismo y al determinismo psíquico con partes del cuerpo Shakespeare dramatizó como ningún otro el desarrollo de los sentimientos y de las pasiones humanas y no deja de ser una paradoja que el púdico de Gombrowicz lo haya tomado como ejemplo. Para el inglés los sentimientos eran la materia prima de todo lo que existe y para el polaco eran una afección que había que evitar en el arte y también en la vida. Gombrowicz trató a los sentimientos como costumbres agonizantes y esclerosadas de las que se habían escapado sus contenidos vivos quedándose nada más que con la rigidez de las formas puras. No es que Gombrowicz no tuviera pasiones, pero tuvo que escamotear su phatos del carril de los sentimientos y colocarlo en un ámbito donde las personas se forman unas a otras. Ya vimos que Gombrowicz recurrió a una estrategia premeditada para trasponer la voluntad humana y el determinismo psíquico al automatismo y a las partes del cuerpo, un modelo creativo que perfeccionó en "Ferdydurke", su primera novela. La cara y sus habitantes: los ojos, la boca, la nariz y la orejas; el culo y sus proximidades: las manos, los dedos, los muslos y las espaldas se convirtieron desde entonces en los representantes plenipotenciarios de la forma y de la inmadurez. En esta novela desmonta la mistificación de los ideales recurriendo a un duelo de muecas entre estudiantes que termina en una violación que se practican por las orejas, y desmorona a la modernidad en un amasijo de cuerpos en el que un profesor trata de mantener su dignidad utilizando los orificios de su nariz mientras los juventones, la colegiala y el co-

legial se dan bofetadas, se agarran de los mentones y de las rodillas, se muerden las costillas y enloquecen en un montón hormigueante. Si bien "Ferdydurke" contiene todos los cánones a los que recurre Gombrowicz para reemplazar los sentimientos, no hay obra anterior ni posterior que en mayor o en menor medida no los contengan. Estas cavilaciones no dejan en claro cuánto protagonismo tiene Gombrowicz y cuánto la familia en el desarrollo de sus obras. Si bien el Gnomo Pimentón era el único escritor argentino que había escrito un libro sobre Gombrowicz antes de que yo apareciera, no pudo determinar el peso de cada una de estas participaciones, un dilema ciertamente interesante. Una idea de cuánto ha participado la familia en su formación artística nos la pude dar la foto de un Gombrowicz de 3 años que forma parte de esta historia verdadera. En el año del centenario, mientras tomábamos un café en el Centro Cultural Borges, estábamos mirando unas fotos de Gombrowicz. Cuando le tocó el turno a la del infante de 3 años se suscitó una discusión en la que el Pato Criollo se puso de parte de la familia de Gombrowicz y el Pequeño K en contra: –Vistiéndolo de esta manera la familia selló el destino sexual de Gombrowicz para toda la vida; –A mí no me parece que sea así; –Es más que evidente que con ese aspecto le estaban cortando el paso a cualquier modelo masculino; –En aquella época a muchos niños de la clase alta los vestían de esa manera; –¿Sí?, a ver, poneme un ejemplo sacado del mundo de los escritores; –Oscar Wilde, sin ir más lejos.

HABLANDO SOLO POR FLORIDA El trabajo de los hombres de letras es arduo, desde la página en blanco hasta el editor deben levantar barreras pesadas, incluida la del propio editor, después viene el verdadero arte, el arte de conseguir que alguien lea lo que uno escribe. Pero el calvario no termina aquí, si el hombre de letras logra levantar las barreras del editor y del lector y, además tiene éxito cuando arremete contra los obstáculos que llevan la inscripción del "no pasarás", debe iniciar una marcha forzada hacia los premios. Después del Formentor a Gombrowicz se le despierta el apetito, quiere más, quiere el Nobel. El desempeño en la enseñanza se mide con las notas, en la escritura con los premios. El punto más alto de la enseñanza se alcanza con un número, el punto más alto de la escritura con el Nobel. Las notas miden la inteligencia, el Nobel la grandeza, todo esto dicho grosso modo. Sobre que el verdadero arte es el arte de conseguir que alguien nos lea, la Flauta Traversa me escribió unas líneas.

"Estoy en deuda con usted porque no he leído su libro (...) Supongo que tenemos mucho de qué hablar aunque yo siga sin digerir que alguien me ‘cuente’ la obra de un escritor que la escribió con la esperanza de que alguien lo lea y no con la esperanza de que lo cuenten (...) Por ahora yo me saturé de Gombrowicz vía Goma, lo cual no quiere decir que por ahí me vuelva a enganchar. No lo sé" Estas reflexiones que me hace la Flauta Traversa me sumieron en hondas cavilaciones que me llevaron al pasado. Un día del 1955, un año antes de haber sido presentados en el Rex, yo lo ví a Gombrowicz hablando solo por la calle Florida. Caminaba con entusiasmo, no sólo hablaba, también sonreía como si hubiera resuelto algún problema. Pasado medio siglo me doy cuenta ahora que ese talante de condenado que recién sale del presidio estaba relacionado con su próxima renuncia al Banco Polaco hacia donde se dirigía cuando lo ví, y de que sonreía porque iba a recuperar el tiempo para escribir. Yo siempre estuve tentado a escribir sobre Gombrowicz pero tenía un temor casi religioso que me paralizaba, unos escrúpulos parecidos a los de Pitágoras. Los griegos, hasta Pitágoras, solamente conocían los números racionales. Pitágoras, un hombre muy austero y de una moral muy severa, pensando y pensando desarrolló un teorema que, sugestivamente, lleva su mismo nombre, del que se infiere que en un triángulo rectángulo de catetos iguales, la hipotenusa no es un número racional. Así descubrió Pitágoras los números irracionales. ¿Y qué hizo? Les exigió a sus discípulos que se callaran la boca y guardaran el secreto, sus escrúpulos religiosos le impedían reconocer otros números que no fueran los racionales. Murió Pitágoras y los discípulos se llevaron a la tumba los secretos de los números irracionales, sin embargo, los irracionales empujaron y empujaron y hoy andan dando vueltas por todo el mundo a pesar de que los discípulos de Pitágoras no los difundieron. "Cerificado. Juan Carlos Gómez, alias ‘Goma’, es el argentino más iniciado en mi mundo y conoce mucho mis secretos" No sé qué me pasó, desde el año del centenario me agarraron unas ganas incoercibles de escribir sobre Gombrowicz y no puedo parar. No es que la intensidad de mis escrúpulos haya sido tan grande como la de Pitágoras, pero se me presentó una duda que otra vez me remitió al pasado. En efecto, hace casi dos lustros discutía con la Finada y el Gnomo Pimentón en un café. En un momento determinado de la conversación, ya no recuerdo por qué, le propuse al Gnomo que para atenernos a la ley de las proporciones teníamos que observar una particularidad relacionada con la actividad de escribir. Gombrowicz había escrito un total de tres mil páginas, yo, en "Gombrowicz está en nosotros", ocho páginas sobre él, el Corifeo, en "Gombrowicz vu par un de ses premiers disciples", dos páginas sobre mis ocho, y nuevamente yo, una crítica de una página sobre la nota del Corifeo. Llegados a este punto se me hizo evidente que estábamos en presencia de una progresión hipergeométrica, así que le propuse al Gnomo que escribiera en su revista un solo renglón sobre mi crítica para mantener el canon de las proporciones.

A pesar de que Pitágoras se llevó los secretos de los número irracionales a la tumba, a pesar de que los hombres de letras tienen la manía irracional de duplicar y de escribir sobre lo ya escrito, yo voy a seguir escribiendo los gombrowiczidas, primero, para modificar la relación entre las ocho y las tres mil páginas y darle una oportunidad al Gnomo Pimentón de escribir más de un renglón y, last but no least, para ver si la Flauta Traversa me vuelve a leer.

LAS MUJERES Y EL CATOLICISMO Gombrowicz contraponía el catolicismo superficial de Sienkiewicz al trágico y profundo catolicismo de Simone Weil en el que podía encontrar un lenguaje común entre la religión y la literatura contemporánea. Pero a medida que pasaron los años se alejó de la francesa y se acercó nuevamente al polaco porque, decía, se había vuelto partidario de la mediocridad, de la tibieza, de las temperaturas medias, y enemigo de los extremismos. Mirando algunas fotos de Simone –una judía conversa que ingresó a la Ecole Normale Superiore con la calificación más alta seguida de Simone de Beauvoir–, de la madre y de la hermana de Gombrowicz, dos mujeres bien parecidas de aspecto virtuoso a cuya belleza nunca se refiere, recordé algunos de sus comentarios sobre el catolicismo. Las representantes del bello sexo amigas de Rena, su hermana, que frecuentaban la casa se caracterizaban más por sus virtudes que por su coquetería, se dedicaban a actividades filantrópicas y no se mostraban dispuestas al flirteo, razón por la que Janusz y Jerzy, sus hermanos mayores, se sentían perjudicados. Su actitud hacia esas amigas y hacia los principios que ellas practicaban era hostil y maligna. Sin embargo esas fes eran diferentes, la de la madre parecida a la de Sienkiewicz y la de la hermana a la de Weil, parecidas pero no iguales. El catolicismo de la madre era espontáneo, natural y despreocupado, cuando abordaba cuestiones teológicas lo hacía con indolencia y sin preparación. Era católica ferviente de la misma forma que era polaca y nacida de terratenientes. La fe de Rena era, en cambio, complicada, fruto del esfuerzo y la concentración, un catolicismo que podríamos calificar de existencialista, el catolicismo moderno del temperamento más fuerte de los hermanos, un espíritu lógico atraído por la objetividad científica, con una fe sentimental y razonada a la vez, que estudiaba matemáticas y que tenía un actitud desprovista de alegría. La severidad y la frialdad propias de la hermana se iban convirtiendo en el rasgo característico de la generación de Gombrowicz, un presagio del nacimiento de tiempos nuevos y más duros. Los hermanos se burlaban de las exageraciones de Rena y sus amigas mostrándoles que eran el fruto de un refinamiento burgués y de las comodidades aseguradas por pertenecer a una clase social superior. Estas objeciones no llegaban a la conciencia de la madre que las rechazaba por proceder de la incredulidad y la malicia, pero en jóvenes como la hermana sí encontraban resonancia porque

sabían que fuera de su mundo se ocultaba otro más brutal que no se podía evitar. Se sentían culpables: –No es culpa mía que haya nacido en un medio acomodado, cada uno tiene que vivir allí donde lo puso Dios, replicaba Rena; –Vamos, dime, ¿no es lógico? Actuó toda su vida de acuerdo a esa lógica, era trabajadora, escrupulosa, disciplinada, silenciosa y modesta. Pero estas católicas más modernas se encontraban limitadas por el peso de la tradición, por los lugares comunes de las madres y de las tías contra las que no querían rebelarse demasiado. Polonia era por aquel entonces un país de estilos agonizantes, uno de los alimentos principales de los que dispuso Gombrowicz para la concepción de "Ferdydurke". Los modelos femeninos de Gombrowicz fueron entonces Marcelina Antonina, Rena, las criadas y las primas, unos modelos que lo estaban preparando para el matrimonio futuro. Los matrimonios de los nobles terratenientes polacos tenían mucho que ver con el interés, de modo que la familia de Gombrowicz intentó casarlo con una joven que había elegido cuidadosamente su padre, Jan Onufry, por su posición social y su dote. "¿Para qué necesito a una mujer? Esta joven le gusta a mi padre, por eso quiere que me case con ella, porque él no puede" Jan Onufry estaba preocupado por el matrimonio de su hijo, y también lo estaba su amigo Tadeusz Breza. A Gombrowicz le encantaba el humor de Breza, envidiaba la facilidad que tenía para relacionarse con las mujeres, mientras él iba de mal en peor. Finalmente, como sus fracasos no cesaban de repetirse, llamaron la atención de Tadeusz. Le presentó a una joven actriz, hermosa, sana, simpática, amante de la lectura y del arte con la esperanza de haber encontrado para él la unidad ideal de cuerpo y de espíritu, de cultura y naturaleza. Pero el hecho de que esa joven apareciera sobre un escenario, que se dejara contemplar, que tuviera una actitud profesional hacia su encanto y sus gracias, hizo que a Gombrowicz no se le despertara ningún interés por ella. Iba de fracaso en fracaso y los escritores seguían mofándose de él por las dificultades que tenía con las mujeres. Janusz Minkiewicz, un poeta satírico famoso por sus conquistas en el mundo de la galantería, le dijo una tarde en el café: –Ahora regreso a casa porque espero una llamada de Lala... A las cinco he quedado con Cela, y a las once me espera una locura con Fila. ¡Hasta la vista! A Gombrowicz le empezaron a molestar las damas de la sociedad ya desde joven, la más de las veces le resultaban insoportables por su grandilocuencia ingenua y supercómoda. Su programa sublime era conseguir un marido que ganara dinero o que sacara beneficios de sus dominios, mientras ellas desempeñaban el papel de guardianas de unos ideales a los que no les miraban los dientes porque les venían directamente de unos padres y de unos abuelos venerados. La nueva generación estaba irritada con esta falsedad de su actitud y de su tono, cada vez más evidente. Un día, un estudiante le confesó a Gombrowicz que le hubiera gustado matar a su madre: –Pero si siempre te sentías muy apegado a ella, la querías; –No lo niego, pero a la vez no la puedo soportar ¡No te puedes imaginar cómo me enerva! Por mi padre tampoco tengo ninguna devoción, pero al menos es un tipo normal, no hace comedias.

¡Pero mi madre! Es una actriz de la peor categoría, noble, inquebrantable, sufrida, ¡no hace más que declamar! También es verdad que por eso mismo antes la quería, la idolatraba, ¡pero ahora tengo ganas de matarla! Estos estilos agonizantes de las formas polacas que se remataban como a un animal enfermo, fueron una verdadera ganga para Gombrowicz en los tiempos que escribía "Ferdydurke". La familia se defendía hasta cierto punto, su hermana Rena con un león en los brazos estaba dispuesta a todo, como la vemos en una foto sacada en Radom. No podía ser de otra manera, era un temperamento más fuerte y un espíritu más lógico que el de sus otros tres hermanos.

LA IDENTIFICACIÓN DE LOS APODOS Y DE LA ACTIVIDAD

ABANDERADO; Eduardo Belgrano Rawson; escritor ABEJA REINA; María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo ALEMÁN; Enrique Wendt; amigo ACEITOSO; Marcelo Damiani; escritor ÁGUILA DE MÉXICO; Héctor Manjarrez; escritor ÁGUILA QUITEÑA; Omar Ospina García; editor de Búho ALFAJOR; Juan Forn; escritor ALTER EGO; Carlos Mastronardi; escritor ASIRIOBABILÓNICO METAFÍSICO; Jorge Luis Borges; escritor AVECHUCHO; Omar Ospina García; editor de Búho ASNO; Jorge Di Paola; escritor BEDUINO; Allub Mansur; sociólogo BESTIA CATALANA; Beatriz de Moura; editora de Touquest BIBLIOTECARIO; Michal Jagiello; bibliotecario BOXEADOR AMATEUR; Abelardo Castillo; escritor BOXITRACIO; Juan Terranova; periodista BUCANERO; José Tono Martínez; tutti frutti

BUEN SAMARITANO; Daniel Gigena; tutti frutti BUEY CORNETA; Alan Pauls; tutti frutti BUHONERO MERCACHIFLE; Miguel Grinberg; periodista BURÓCRATA; Tomasz Pindel; Instituto del Libro de Polonia BURRO; Pablo Gasparini; escritor CACATÚA; Héctor Manjarrez; escritor CAGAMÁRMOLES; Francesco Cataluccio; escritor CAMALEÓN; Eugeniusz Noworyta; embajador de Polonia CASANOVA; Daniel Guebel; escritor CEBOLLITA; Rafael Cippolini; editor de Ramona CIENTÍFICO DE ADROGUÉ; Ricardo Piglia; escritor CIENTÍFICO DE CRACOVIA; Jerzy Jarzebski; tutti frutti COLIFATA; Beata Fabjanska; diplomática COLIFATO; Witold Gombrowicz; escritor CONDESA; Cecilia Benedit de Debenedetti; editora musical CONSIGLIERE; Ana Quiroga; la seductora del MALBA CONTRAFAGOT; Abelardo Castillo; escritor CORIFEA; Klementyna Czernicka; escritora CORIFEO; Louis Soler; tutti frutti CORNELIO; Guillermo Saavedra; editor de Losada CORTESANA; Justyna Myszkowska; estudiante CUENTAMUSAS; Nicolás Hochman; editor de Prometheus DANDY; Adolfo Bioy Casares; escritor DOLCE; Gabriella D’Ina; editora de Giangiacomo Feltrinelli DRAMATURRO; Humberto Riva; dramaturgo EMIR DE LAS INTRIGAS; César Aira; escritor ESPERPENTO; Alejandro Rússovich; discípulo

ESQUIZOIDE; Rodolfo Rabanal; escritor FARSANTE AMBULATORIO; Juan Pablo Correa; periodista editor de Negra FILÓSOFO PAYADOR; Juan José Saer; escritor FINADA: Alicia Giangrande; pintora FLAUTA TRAVERSA; Juana Emilia Molina; escritora FLOR DE QUILOMBO; Mariano Betelú FRANCOTIRADORA; Laura Estrin GALLEGA MICIFUZA; Agata Podemska; filóloga GANSO; Gabriel Báñez; escritor GATH Y CHAVES; Milton Eugenio Rodríguez; escritor GNOMO PIMENTÓN; Germán García; tutti frutti GRAN ORTIBA; Horacio Sacco; tutti frutti GRAN SOMBRA; Rita Gombrowicz; viuda GUITARRÓN; Luis Chitarroni; editor de Sudamericana HASÍDICO; Dominique de Roux; editor y escritor HERRERO; Jorge Herralde; editor de Anagrama HIERÁTICA; Mercedes Güiraldes; editora de Emecé HOMBRE QUE CAZABA MARIPOSAS; Bohdan Zadura; editor de Tworczosc HOMBRE UNIDIMENSIONAL; Rodolfo Fogwill; escritor HOMÚNCULO; Alejandro Vaccaro; empresario HORMIGUITA VIAJERA; Gabriela Franco; editora de Norma INDIECITO; Roberto Santucho; revolucionario INGENIERO FIREIRE; Juan Carlos Ferreyra; ingeniero INTERMEDIADO CONTRADICTOR; Hugo Savino; escritor INTERMEDIARIA; Juana Emilia Molina; escritora KOLYA; Nicolás Hochman; editor de Prometheus LADRÓN DE GALLINAS; Álvaro Mata Guillé; tutti frutti

LARGUIRUCHO; Grzegorz Pacek; cineasta LECHUGUINO; Juan Carlos Vidal; Instituto Cervantes LENTEJA; Piotr Sommer; editor de Literatura na swiecie LICENCIADO VIDRIERA; Enrique Butti; periodista MADAME DU PLASTIQUE; María Swieczewska; química MAESTRO CIRUELA; Carlos Roberto Morán; escritor y periodista MAFIOSO; Cristián Costantini; mafiosa MALTRATADO; Rafael Toriz; escritor MANCO; Guillermo Saccomanno; escritor MARIPOSÓN; Nestor Tirri; periodista MENTECATO; Hugo Savino; escritor MONO RELOJERO; Patricio Burbano; escritor y cineasta MUDA; Malgorzata Nycz; editora de Wydawnictwo literackie NEGROIDE PIQUETERO; Damián Ríos; editor de Interzona NÉMESIS; Ewa Zaleska; traductora NIÑO RUSO; Sergio Pitol; escritor ODALISCA; Anieszka Babicz; filóloga ORATE BLAGUER; Enrique Vila-Matas; escritor PACIENTE; Eduardo González Lanuza; escritor PADRE; Rodolfo Alonso; poeta PADRINO; Eduardo Costantini; capo de tutti capi del MALBA PATO CRIOLLO; César Aira; escritor PAVO; Ricardo Nirenberg; escritor PEGAJOSO; Franco de Peña; cineasta PEQUEÑO K; Rajmund Kalicki; traductor, escritor y editor de Tworczosc PERDULARIA; Izabela Kaluta; tutti frutti PERVERSO; Edgardo Russo; editor de El cuenco de plata

PIADOSO; Czeslaw Milosz; escritor PÍCARO; Marcelo Cohen; escritor PITECÁNTROPO; Stanislaw Stefan Paszczyk; embajador polaco PITOLINA; Adriana Astutti; editora de Viterbo PITUFA; Adriana Gómez; mi hija POETISA IMPENITENTE; Tamara Kamenszain; escritora PORCUS HUNGARICUS; Mihály Dés; editor de Lateral PRETEXTO; Manuel Borrás; editor de Pre-textos PRIMA; Krystyna Rodowska; escritora PRÍNCIPE BASTARDO; Konstanty Jelenski; tutti frutti PROHOMBRE; Hugo Beccacece; periodista PROTOSERES; los editores PTERODÁCTILO; Ernesto Sabato; escritor PULGÓN; Santiago Alonso; lector RÉGISSEUR FANFARRÓN; Jorge Lavelli; regisseur REVÓLVER A LA ORDEN; Tomás Abraham; escritor ROSADO; Nicolás Rosa; escritor semiótico SECRETARIO; Arnol Kremer; escritor SEDUCTORA IMPENITENTE; Adriana Fernández; editora de Emecé SOCIALISTA; Alberto Díaz; editor de Planeta TERRORISTA; Adrzej Czub; cónsul de Polonia TRAVESTI; Enrique Butti; periodista VACA; Jerzy Jarzebski; tutti frutti VACA SAGRADA; Rita Gombrowicz; viuda VASCA; Sylvia Yparraguirre; escritora VATE MARXISTA; Ricardo Piglia; escritor VIEJO VATE; Henryk Bereza; crítico poeta

ZORRA; Laura Isola; periodista ZORRO; Slawomir Ratajski; embajador de Polonia

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