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Se Busca Verdugo: La Tragicomedia De Arquímedes - Jacqueline Petingi Labastie

- LA REUNIÓN DE LA JUNTA DIRECTIVA (Tercera Parte)

- UNA IDEA DESCABELLADA Asistente 2. - Eh...? Ah..., bueno... Tá. Ella no es la única que ha olvidado por completo el lugar adonde se encuentra. Todos están ignorando a Molina, a excepción de Rodríguez. Ambos hombres se están mirando de una punta a la otra de la mesa, de modo tal como si fueran duelistas en el lejano oeste. Rodríguez.- Álvaro, dejáme recordarte que acá vivimos de a un minuto por vez. No estamos para lecciones de historia. Molina.- Sí, Manuel..., eso ya lo sé. En televisión se contabilizan los minutos. Cada minuto cuenta. ¿Cuánto hace que empezó esta reunión? ¿Media hora? ¿Cuarenta minutos? ¡Una fortuna!... Ya estamos en pérdida. Así que perder cinco minutos más, puede que no nos salve, pero tal vez valga la pena invertirlos en salir de la prehistoria. Rodríguez.- Me imagino que tendrás una explicación sustentable para justificar este... curso... de audiovisual. Molina.- Visual. Sin el “audio”. Rodríguez.- Bueno, visual-sin-el-audio... Como sea. Explicáte, por favor. Molina.- Lo dejé sin el audio a propósito, por dos razones: una, para que sólo vieran, y la otra... porque el único audio que cuenta es... Productor 2 (Interrumpiéndolo.)- Tá, dejáte de suspenso, loco... ¿Qué era lo que tanto querías que viéramos? Nos preguntaste “¿Eso es todo lo que ven?”, y no sé si estamos a tu altura, o si seremos tan turros, que sólo vimos a Apolonia Belli... ¿Qué es esto? ¿Algún experimento raro? ¿Algún test? Molina.- Les pregunté si no veían alguna otra cosa, y me contestaron... (Al Editor) Cacho, vos lo dijiste: “La vemos a Apolonia, te parece poco?” La respuesta es inobjetable. Podría estar entrevistando a Elvis Presley resucitado, pero sólo la verías a ella. Productora 1.- Sí, Molina, pero después seguiste conmigo. ¿Qué es esto, alguna clase de escarmiento? Molina.- Está claro que no. Además, no seguí “contigo”. Tú no empezaste tu programa sola. Lo empezaste con Gustavo. Estoy yendo más allá de un programa o dos. Así que, te voy a pedir que no lo tomes en forma personal. No hay necesidad. Rodríguez.- Entonces, lo menos que podrías hacer, sería darnos la explicación “hablada” (Hace signos de comillas con los dedos) a lo que acabamos de ver. Molina.- No hace falta. Rodríguez.- ¿Cómo, que “no hace falta”? Exhibiste un compilado sin audio acerca de unos cuantos programas emitidos por este canal..., el mismo canal donde trabajamos todos, incluyéndote a vos. Ahora danos tu explicación. Tendrás alguna..., no? 23
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Molina.- Sí, claro. Pero no va a haber necesidad de expresarla. Los comentarios de todos ustedes, en especial los de las damas, han sido por demás elocuentes. Yo mismo no podría expresarlo mejor que como lo han hecho ustedes: toda la iconolatría, la sobrevaloración del escapismo, el fetichismo, los mecanismos debilitadores para fomentar la baja auto-estima, y otros vicios de comunicación que corresponden a una televisión hecha para “no pensar”. Creativo 1.- Ah..., entonces, el audio... lo pusimos nosotros? Molina le hace un compasivo gesto afirmativo. Deja el control remoto sobre la mesa y vuelve a echarse para atrás en el asiento. Lo hace girar con los pies, y los mira a todos, a los nueve, uno por uno. Esa mirada sin palabras es como una exhortación a que recuerden lo que dijeron, y Molina obtiene de cada uno de ellos una señal de acuerdo tácito. Incluso los largos períodos de silencio de Rodríguez tienen su interpretación. Pero Molina jamás develará que su socio dejó la secundaria para ponerse a trabajar, ni tampoco contará jamás que sólo escucha una emisora de radio con programación tanguera intercalada con compactos informativos. Desvía por un instante la mirada hacia la puerta. Vuelve a centrar la mirada sobre la mesa, y proyectándose hacia delante sobre los antebrazos, continúa hablando, esta vez en tono casi confidencial, manteniéndose objetivo y conciliador. Molina.- Hay un tiempo que ya terminó, y no va a volver. Es... un período cultural. El período de “la cultura de la incultura”..., se acabó. 24
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Todos se miran. El sentido del humor de Molina es a veces algo difícil de interpretar. El plantel femenino se encuentra aún muy ofuscado, y los varones están confundidos. Exceptuando al Productor 3, quien permanece imperturbable y dispuesto a seguir escuchando, en el ánimo de los demás está la tentación de creer que Molina les está gastando una broma. Para el caso de que se tratara de una demostración para alguna nueva propuesta de entretenimientos, es evidente que funciona. Si esto fuera en serio, sería una burla, un ataque frontal a la labor de años de algunos de ellos, y a todo aquello en lo que han creído siempre. Productora 1.- La... “cultura de la incultura”...? Pero..., si somos los exponentes de nuestra cultura... ¿De qué estás hablando?... ¡Molina, no seas malo! Molina.- No soy malo, digo las cosas como son, nomás. Tal vez estoy tratando de decir lo que nadie dice..., pero no es nada en contra de nadie, Regina. Aflojáte un poco. No se trata de críticas, ni de buscarle la quinta pata al gato. Es una cuestión de percepción simple. Productor 2.- Perdoná, je, je... No es por nada, pero vos no querés criticar, y prácticamente nos estás tratando de chicatos. ¿No estarás siendo un poquito... contradictorio? Molina (Como si hubiera oído llover.)- Hay un tiempo para todo. Y cada vez que un ciclo se cierra, todo lo que hay que hacer es ver adónde se abrió otro. (Hace una pausa para dejarlos reflexionar.) Hay cosas que no pueden ser más. Y se los paso en limpio. Desde principios de los ’90 comenzó a manifestarse una sensación general muy contagiosa, de clima apocalíptico. Ojo, no es que ahora, de la noche a la mañana, se haya evaporado. Pero en aquellos años estaba muy a flor de piel. ¿Ustedes se acuerdan de “la industria de la arruga”? Los más jóvenes tal vez no lo recuerden mucho, pero los demás se deben acordar de esto... Todo aquello de los jeans corrugados, las telas de textura corrugada, desfiles de modas con diseños de emergencia, modelos que parecían sobrevivientes de Auschwitz... No había tiempo que perder, todo tenía que salir rápido, apretado y corrugado, señal inequívoca de “AJADO”, “DECADENTE”, “AGRIETADO”... En pocas palabras, “se nos viene el fin del mundo”, eh?... Ese sentimiento de desintegración implícita era prácticamente una pandemia. El inconciente colectivo se encargó de propagarlo como un virus. “No hay más profetas”, “no hay más descubrimientos”, “no hay más ismos”. Es innegable que sí hubo una forma de “borrar las arrugas”, sustituyéndolas por superficies bien lisitas y pulidas, y que hoy todos nos beneficiamos de ello. Así fue que se abrieron muchas “ventanas”, y unos cuantos “portales”, lo cual es excelente. Pero la “puerta”, lo que se dice... PUERTA, todavía ni la vemos. Las puertas reales empezaron a estar cada vez más cerradas..., el “surmenage” cambió de nombre, ahora se llama “Síndrome de Pánico”... En fin..., algunos de ustedes saben bien de qué les estoy hablando. La sociedad toda empezó a buscar puntos de interés en todo lo que fuera... algo más que sólo lo transitorio, digamos... en la exaltación de lo cotidiano, hasta el punto en que ya no importara siquiera vulgarizarlo. Así que, lo vulgar se convirtió en un nuevo culto. Vulgar, y sobre todo descartable. Total... “por cuatro días locos que vamos a vivir!...” Y ahí aparecieron referentes de lo chapucero, por todas partes: música pasajera, bandas de pop-rock que no se sabe más dónde están, “ídolos” de tres meses de duración, modas con rellenos de último minuto, que ya nadie recuerda. Grupos de amigos ociosos que vivían en un sillón, y que se volvieron entrañables por lo despistados que estaban. Apareció el culto a la familia disfuncional, como recurso humorístico..., un padre alcohólico crónico se convirtió en un cuasi héroe, y la educación pasó a ser auto-educación. Pero, ¿qué importaba?... Era cómico, y “es lo que hay”, esta es la frase más escuchada en los últimos dieciocho-veinte años. Todo para “un ratito”, o para “matar el tiempo”. 25
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Se saca los lentes de la frente, los deja sobre la mesa, y poniéndose muy erguido en el asiento, mira a todos con cara de “¡feliz cumpleaños!”. Alguno que otro por ahí, sospecha que Molina atraviesa una crisis depresiva. Súbitamente, el incomprendido directivo coloca las manos sobre la mesa, como si fuera a tocar el piano en ella. Molina.- ¡A que no saben, qué???!... La gente... ya NO - DESEA - MÁS... “matar el tiempo”. ¡SORPRESA!... Ahora, resulta que... la gente... ¡aaah! quiere que su tiempo valga la pena. Se darán cuenta, o no, pero la tendencia predominante es a querer darle vida al tiempo, en vez de matarlo. (Se da el lujo de hacer una breve pausa, en medio de una sala donde ahora no vuela una mosca.) ¡Hello!... Estamos en otro tiempo. ¡OTRO!... Diferente. (Mirando a Regina) La gente no – está – loca. Al contrario, está más cuerda que nunca. Ahora..., eso sí, está claro que si nos vamos a empecinar en quedarnos en 1992, ahí sí que estamos fritos. Todos boquiabiertos, se miran entre sí y lo miran a él, luego vuelven a mirarse unos a otros balbuceando medias frases. Asistentes 1 y 2, Creativos 1 y 2, Productores 1 y 2. - Pero... Eh?... ¿Cómo?... Y entonces... No..., si yo ya no juego al Nintendo... La gente... cuerda?... ¿Desde cuándo?... ¿Eso es progreso? Ah, pero en el fondo este tipo es un reaccionario de mierda... Es anti-tecno... No le sirve nada?... No, jamás es suficiente para él!... Nosotros, chapuceros?... Por favor! Despertáme cuando termine...

no?

Asistente 1.- Y vos..., digo... (ejhém!) vos... ¿tenés alguna idea? Para televisión,

Molina (Vuelve a echarse atrás, suspirando largamente.)- Algo nuevo. Metido dentro de un envase viejo. Eso, para empezar. Después lo sacamos del envase viejo, y lo ponemos donde corresponde. Rodríguez (Ahora manso como un corderito.)- Vos querés decir... algo así como usar un formato viejo para poder vender un producto nuevo? Molina.- Eso es exactamente lo que digo. Rodríguez.- El... formato viejo, ¿cuál sería? Molina.- Un reality show. Creativo 2.- Oootro más?! Nooo... Creativo 1.- Shhh... Esperá un poco, a ver de qué se trata... Productor 3.- Y lo nuevo, ¿qué es? Molina.- Lo novedoso, lo nuevo, fíjense, sería exactamente ESO, de lo que sentimos tanta falta y estamos tan carentes, que ya ni siquiera lo ponemos a consideración. No lo miramos porque, como parece que no lo tenemos a la vista, ni siquiera nos tomamos la molestia de averiguarlo. ¿Cuánto llevamos sin tener noticia de un verdadero innovador, alguien que haya marcado una tendencia completamente nueva, sin haber seguido la línea o la escuela de otro? ¿Hace cuánto, que no tenemos un Eduardo Fabini, un Joaquín Torres García, un Pedro Figari? O una Juana de Ibarbourou...? (•) Productor 2 (Lo interrumpe.)- ¿Andás precisando plata, Molina? (Hace un ademán como de que va a sacar la billetera) Te prestamos, no hay problema.

Eduardo Fabini, músico (18 de mayo 1882 a 17 de mayo de 1950), Joaquín Torres García, pintor (28 de julio 1874 a 8 de agosto 1949), Pedro Figari, pintor (29 de junio 1861 a 24 de julio 1938), y Juana de Ibarbourou, poetisa (8 marzo 1892 a 15 julio 1979) son distinguidas figuras uruguayas, y tienen en común el hecho de que sus efigies han aparecido en los billetes de pesos uruguayos.

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Molina (Riéndose.)- Olvídense de los billetes. Podría mencionar a una Nybia Mariño, una virtuosa del piano, o un Florencio Sánchez, principal dramaturgo uruguayo... Pero, vayamos más allá de fronteras... ¿Quién sería hoy un equivalente de Walt Disney? O de John Lennon? O de Elvis? ¿Dónde está el Andy Warhol de este tiempo? ¿Dónde hay un Rodin, o una Frida Kahlo? No me estoy refiriendo exclusivamente a artistas, entiéndanme, si hablamos de ciencia, nos encontramos con un vacío similar. Después de Steve Jobs, no sabemos de nadie que, habiendo decidido cultivar su disciplina por su cuenta, haya descubierto una variante nunca antes vista. ¿Alguien me podría asegurar que no existen más? ¿O que no habrá, por ahí, algún iniciador o un experto que tenga además un impecable sentido de la ética?... Eh?... Llevamos años sin saber de la existencia de algún referente de esta naturaleza. ¡Y, seguro!... ¡“Se acabaron los hombres preclaros!”, “No existen más esos hombres - ni mujeres tampoco - sabios”, “Ya no nacen más iluminados, ni genios”... Pero, a todo esto, no sé cuánto tiempo hace que no hacemos otra cosa que ver y consumir, y vender, claro..., arte prefabricado y ciencia sistematizada, en el contexto de una ética dudosa o inexistente. Productora 1.- Pero..., pero..., nooo... Pero, vos qué querés? ¿Un Platón? Un... Epicuro? Un Parménides?... ¿A... ¿Alguien tendrá una aspirina?... Productor 2.- Ah, ahí sí..., concuerdo con ella. Me parece que vos estuviste leyendo mucho Nietzsche, Zarathustra y el Superhombre. ¿Por qué no hacemos un concurso de superhéroes, ya que estamos? Molina.- Lo que estoy proponiendo no está circunscripto a una disciplina en particular, ni mucho menos a cuestiones elitistas. Puede ser Arte, Ciencia, Deporte, pero sea cual fuere la especialidad, tiene que estar acompañada de alguna grandeza de alma, o de sabiduría, algo que resulte digno de admiración sincera, no de fanatismo. (Reflexivo) Pienso que... los dones, o talentos especiales, cuando son genuinos no vienen solos. Casi siempre vienen con un plus de otra naturaleza, porque se trata de una virtud intrínseca. Estoy hablando de cualquier cualidad que nos ubique en un nivel más alto de comprensión de las realidades, algo que aporte una visión de mayor amplitud, que nos despierte como seres humanos. Desde luego, ese plus de sabiduría innata es, desafortunadamente, el mismo que después gente como nosotros transforma en “punto débil”, para aprovecharnos de ellos... Bueno. Hagámoslo “punto fuerte”. Productor 3 (Intentando soslayar mil cuestionamientos.)- Eh, Molina..., está muy bien todo lo que decís. Pero, concretamente, ¿qué estás buscando? Molina.- Concretamente, propongo que convoquemos a una búsqueda de jóvenes entre dieciocho y treinta y cinco años que hayan desarrollado alguna habilidad o destreza que los distinga, de ser posible al grado de lo extraordinario. Puede ser arte, puede ser ciencia, o puede ser alguna otra especialidad, siempre que sea algo deseable. Productor 3.- Como ser? Molina.- Fuera de lo estrictamente académico, hay otros tipos de experticia constructiva, tales como: memoria, concentración, paciencia, resistencia moral, o física, autodidactas, mentalistas. Podés encontrar al cocinero más rápido, o aquél que sea capaz de retener información sobre las ramas más variadas. Creo que si buscamos por estos rumbos, podríamos llegar a encontrarnos con la gente más insólita. Asistente 1.- Sí, yo te iba a decir eso. ¿Tenés una idea del tipo de gente que nos puede llegar a caer? Creativo 2.- Está lleno de tipos que creen que son la reencarnación de Einstein. 27
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Productor 3.- El trigo y la paja crecen juntos. Todo es cuestión de saber separarlos a su tiempo. Molina.- Desde el vamos, tenemos que asumir que se nos va a llenar de locos, pero esto ha pasado siempre. Para eso está el casting. Tendríamos que implementar un plantel integrado por psicólogos y especialistas idóneos en unas cuantas áreas, con un nivel de exigencia mayor que el habitual. Pero el llamado tiene que ser bien sencillo e inequívoco: “Si te destacás en alguna cualidad”, o “si sos un experto en...” algo, de modo que no deje lugar a dudas. Que quede claro que tiene que ser una virtud, no una taradez. Y, ojo, eh..., que no me refiero a un virtuosismo hierático, al cuete... A nadie le gusta la gente pedante. No. Estoy hablando de ÉTICA y ESTÉTICA, no de bulla clasista. Todos quedan en silencio por algunos instantes, el tiempo mínimo como para digerir todo este cúmulo de conceptos, con los pocos dientes que suele usar el ambiente televisivo. Molina está dispuesto a esperar todo lo que sea necesario. Rodríguez.- No sé..., sería como dar un salto al vacío..., cualquier cosa puede salir de eso. Pero, a ver si entendí bien. La convocatoria estaría dirigida a jóvenes artistas, científicos, o a todo aquél que considere que tiene una virtud o una habilidad para algo, y que además sea buena gente...? Molina.- De lo mejor. Gente íntegra. Y si se tratara de personas multi–talentosas y sencillas, mejor todavía. Productor 3.- Es arriesgado, pero no hay duda de que sería una apuesta fuerte. Asistente 2.- Hum... ¿Qué infraestructura se necesita para eso? Habría que ver cómo lo vamos a pagar, si es que podemos pagarlo. Asistente 1.- En la relación costo-beneficio, el costo es nada comparado con los resultados que podemos llegar a obtener. Yo ya tengo una lista mental de a quienes podríamos venderles el producto. Creativo 2.- Tá, todo muy lindo, sí, pero... ¿qué jurado vas a poner para calificar a un individuo como “virtuoso”? Molina.- Y, ¿quien creés vos? Creativo 2.- No..., quién? Molina.- La muchacha que sirve el café, las amas de casa que se fugaron de la audiencia, los que leen libros, los chicos sumergidos en juegos virtuales... Creativo 2.- No... Creativo 1.- ¿La gente? Molina.- La gente. Se oyen suspiros, exhalaciones y remociones de ropas por los reacomodos en los asientos. Rodríguez parece haber corrido los ochocientos metros llanos, y está mesándose el pelo y pasándose la mano por toda la cara, de arriba abajo. Rodríguez.- Sí, la gente, claro. Hasta que los anunciantes se suban al carro y nos digan lo que tenemos que hacer, sí o sí. Molina.- Mirá, Manolo..., si lo que hacía falta era una idea, acá la tenés. Tomála o hacé... como quieran todos. En todo caso, medítenlo un poco y lo sometemos a votación. Pero es una idea..., no me digas que no es válida. Por otra parte, sería la salida, el desvío perfecto, no sólo para desviar la atención de la gente de los desastres ecológicos recientes, las crisis financieras y todas sus derivaciones, sino para 28
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ponernos por encima de todos los problemas. Tendríamos todo para ganar, y casi nada que perder. Si lo querés “en macro”, te lo ilustro: Europa está hecha puré, y en el Norte, a la estabilidad la están pegando con cinta scotch. Estamos en un punto de quiebre, y se nota... Todos los concursos de talentos que funcionaron como la zanahoria delante del burro, ya se desgastaron, no funcionan más. Esta es la alternativa que yo propongo: una interacción difícil, pero que nos puede dar la objetividad que está faltando. Y de última, perdido por perdido, ¿no valdrá la pena intentarlo? Si te tranquiliza, hagamos un piloto... Pero es muy evidente que acá hay un derrumbe de esquemas y un giro que dar. Bueno, demos nosotros ese giro.
Rodríguez.- Ehhjém!... Mhmm! Y... bueno, no sé qué piensan ustedes. Yo diría que... lo intentemos. Productora 1.- Ay, sí, Rodríguez, mire..., Molina me licuó el cerebro. Así que..., sí, intentémoslo. Creativo 1.- A mí, la idea me gusta. Creo que tenemos que desarrollarla. Asistente 1.- Sí, estoy de acuerdo. Es el sueño dorado de muchos, y... va a ser como respirar aire puro. Asistente 2.- Sí, la verdad... Al fin vamos a trabajar en serio. Creativo 2.- Bueno, como según parece, hemos estado trabajando en joda..., está bien, encaremos este trabajo suicida. Si con esto evitamos que se nos hunda la canoa..., por mí no hay problema. Rodríguez (Al Productor 2.)- Gustavo...? Productor 2.- Bueno..., la idea en bruto es un tanto... pobre, tosca, en fin... Habría que pulirla un poco..., y aún así, esto va a ser un camión de arena gruesa. Pero, tá..., digo, otra no nos queda. Rodríguez (Al Editor.)- Vos no dijiste nada. Editor (Absorto.)- Mmm?!... No..., estaba pensando... Ya me veo, que... me vengo a dormir acá. ¡Me mudo al canal! ... qué va a hacer?... El siempre conservador Manuel Rodríguez se esfuerza visiblemente por mantenerse sereno ante la ostensible e inesperada unanimidad. Lo que en cualquier otro tiempo habría resultado una idea digna del escarnio público por lo utópico, hoy es la única tabla de salvamento de toda una empresa. No se da crédito a sí mismo, por el mero hecho de tener que concordar con Álvaro Molina. Rodríguez va a dar el okay en nombre de todos, y tan increíble es esto para él, que de momento es incapaz de articular palabra alguna. En lugar de ello, y tras varias vacilaciones gestuales y en forma de balbuceos, finalmente hace contacto visual con Molina. Con la boca entreabierta y las cejas enarcadas, simplemente hace un movimiento con las manos y un asentimiento de cabeza, un gesto de fácil traducción: “Estamos de acuerdo. Hagámoslo”. Del otro lado de la mesa, su opuesto y necesario complemento en la dirección de la empresa, lo está comprendiendo mejor que ninguna otra persona. Molina, sabiendo lo mucho que le cuesta a Rodríguez abrir su mente a nuevas ideas, se limita a hacerle la imagen en el espejo, reproduciendo los mismos movimientos de manos y de cabeza de Rodríguez. El acuerdo ya ha sido manifiesto en forma verbal, ahora es tácito entre ambos. Ya no hay lugar a discusión. La idea de Molina se llevará a cabo. º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

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