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Edipo, Martínez de la Rosa y Fernando VII: ¿intencionalidad política en la recreación de una tragedia griega? 1
Álvaro Fernández Fernández
Granada

El Edipo de Martínez de la Rosa es una obra singular en la producción literaria del autor, y es, a su manera, un hito en la historia de la literatura española. Su peculiaridad fundamental estriba en que se trata de un escrito de corte clasicista que, momentáneamente, recuperó el gusto por la tragedia griega en España, al presentar novedosa y exitosamente en las tablas de los escenarios aquella vieja trama cuyo sabio epílogo nos enseña que, «siendo mortal, hasta no ver el día postrero, a nadie hay que tener por dichoso, antes que la meta de la vida traspase sin haber sufrido dolor alguno» 2 . Pero, ¿por qué eligió el granadino justamente el célebre mito de Edipo, a saber, un argumento con apenas presencia en nuestra tradición literaria3? Por otra parte, si reparamos en la idea de que Martínez de la Rosa heredó el pensamiento ilustrado que concibe la literatura como instrumento para adoctrinar al pueblo, cabe plantear la posibilidad de que la tragedia transmita algún contenido doctrinal hasta ahora apenas sospechado4 .
Desarrollamos unos apuntes anticipados en nuestro inédito El "Edipo Rey" de Martínez de la Rosa (Departamento de Filología Griega, Universidad de Granada, 1999). El trabajo de investigación fue supervisado por la Dra. Concepción López Rodríguez.
2

S., OT 1527-1530 (trad. J. M'. Lucas de Dios).

Cfr.
4

MAs 1 Usó- VELLóN L('.HOZ, SECO SERRANO,

1995. 1971.

Cfr.

1973;

ALONSO,

A. PÉREZ l!MÉNEZ - C. ALCALDE MARTÍN - R. CABALLERO SÁNCHEZ (eds.), Sófocles el hombre, Sófocles el poeta. Actas del Congreso internacional con motivo del XXV centenario del nacimiento de Sófocles (497/496 a. C.200312004), celebrado en Mála¡;a. 29-31 de mayo de 2003, Málaga, Charta Antiqua, 2004, pp. 433-442.

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En los años 70, Di Stefano ya puso de relieve la intencionalidad política del teatro de Martínez de la Rosa que se advierte en el conjunto de su producción dramática. Señalaba, sírvanos para hacer recapitulación de su teoría, que La viuda de Padilla junto con Abén Humeya, La Conjuración de Venecia, y Amor de padre connotan en su trasfondo, respectivamente, los regímenes clásicos de gobierno -monarquía, oligarquía y república- aludidos por Martínez de la Rosa en las siguientes palabras: «Cada linaje de tiranía escoge y mantiene sus auxiliares propios: un monarca absoluto se apoya por lo común en el ejército; una aristocracia opresora, en el poder vinculado en pocas familias; el partido jacobino, en la muchedumbre» 5• Estudios posteriores incidieron a su vez, si bien no siempre de manera explícita, en este aspecto del propósito político de las tragedias del granadino. Geraldi, e. g., ponía de relieve que Abén Humeya (1836) y La conjuración de Venecia (1830), los escritos más conocidos del dramaturgo, expresan «the attempts to overthrow existing opressive governments» 6 • Y, de forma similar, Mayberry defendía que, al modo de aquéllas, La viuda de Padilla (1812), Morayma (1818) y Amor de Padre (1849) reproducen un mismo modelo literario 7 : «Thus, all five historical tragedies are based on actual historical rebellions, all present a patriotic love of freedom and resistance to tyranny, all urge moderation in trusting revolutionary mobs, and the tragedy of all five results from the conquest by the tyrannical faction» 8 . Las connotaciones políticas, por tanto, se detectan en aquellas obras de Martínez de la Rosa que recrean sucesos históricos, pues en ellas, resumiendo, se trasluce un autor preocupado por la libertad política y opuesto a toda forma de tiranía. Por lo que atañe al Edipo, Saura Sánchez opinaba que la tragedia «ante todo rehuye la definición política» 9 • La afirmación, en cierto sentido, viene a coincidir con las opiniones señaladas en cuanto, parece claro, la leyenda de Edipo, en su versión más admirada que elaborara magistralmente Sófocles, reproduce un mitema legendario 10 exento de carga política y no un hecho históricamente atestiguado 11 •
MARTÍNEZ DE LA ROSA, El espíritu del siglo. 5, p. 1842 (cita DI STEFANO, 1970, 273).
6

GERALDI, 1983, 11 : «Both plays are based on historical incidents. ( .. . ) In Aben Humeya the Moriscos endeavor to topple the Spanish government in 1568; in La Conjuración de Venecia there is an attempt to overthrow the Doge in Ven ice in 131 0». MA YBERRY, 1988a, 29: «La viuda de Padilla( ... ) presents the rebellion qf the Castilian comunidades against the tyranny of Carlos V in 1522. Morayma ( ... ) depicts the Abencerrajes and Zegríes when Boabdil overthrew his father 's throne; and Amor de padre( ... ) is the story of an aristocratic family's attempt to flee the Terror of the French Revolution».
!bid. , 30.

8 9
10 11

SAURA SÁNCHEZ, 1991, 38. Cfr. PROPP, 1980; L. EDMUNDS, 1985. La afirmación, evidentemente, se ha emitido desde la perspectiva histórica propia de la crítica finisecular del siglo XX. Sin embargo, en época de Martínez de la Rosa sí hubo interpretaciones de la

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Martínez de la Rosa (1787-1862) fue un uir bonus que participó constante y activamente en la vida política del país, zarandeado en todo momento por el agitado acontecer histórico que siguió al ascenso al trono de Fernando VII (1808) 12 • Las noticias biográficas nos revelan qué postura mantuvo como república ante la monarquía de Fernando VII. Así, e. g., primero se sumaba a los anilleros o liberales moderados que solicitaban una revisión de la Constitución de Cádiz, de manera que fuera más generosa y agradecida· con la monarquía. Después firmaba el Acta constitucional que no reconocía la autoridad regia si ésta se desligaba de la misma. Las consecuencias políticas relativas a dicha suscripción son asimismo significativas: derogada la Constitución 13 , es inculpado de lesa majestad -el Rey intervino en el proceso de forma directa-, y es confinado en prisión 14 hasta el advenimiento del trienio liberal, periodo en que se instauró el régimen de monarquía parlamentaria previsto en la Constitución. Entonces, por petición del mismo Fernando VII, a quien convenía un gobierno de ideología moderada, Martínez de la Rosa aceptó el 'espinoso encargo' 15 de dirigir el nuevo gabinete de estado del año 1822, cargo del que dimitiría el 27 de julio para ir a dar con sus huesos en el destierro poco después, cansado ya de «procura[r] conciliar al Rey con el partido constitucional para tener a raya al partido revolucionario» 16 • Planteada así la relación personal habida entre Martínez de la Rosa y Fernando VII, cabe plantear: ¿habría de olvidar el literato al ingrato Monarca cuando, en sus días de destierro parisino, se entregaba ocioso a la ocupación de componer una versión de la más renombrada de las tragedias griegas? Martínez de la Rosa, en sintonía con la Ilustración española en que los componentes católicos y de defensa del orden estamental abogaban por la fidelidad hacia la corona, debió de tomar conciencia de las implicaciones políticas que podía adquirir el Edipo de Sófocles, y, como lector del Edipo del padre Estala, debió de cavilar sobre esta reflexión acerca de la esencia de la tragedia griega antigua que el eclesiástico expresara en el prólogo de su traducción: «El objeto político de aquellas tragedias era hacer odioso el poder monárquico, que los atenienses confundían
tragedia griega fundamentadas en consideraciones de índole política. Según Larra, e. g., la tragedia heroica aristotélica no es sino «verdadera adulación literaria del poder». ("Representación de La conjuración de Venecia, año 13 1O", Revista Española, 198, 25-4-1834 ).
12

Invasión de Napoleón, reinado de José Bonaparte y Guerra de Independencia (1808-1814); restauración de Fernando VII (1814-1820}, trienio liberal (1820-1823) y década pminosa (18231833); fallecimiento del Rey y Primera Guerra Carlista (1833); regencias de María Cristina ( 18331840) y Espartero (1841-1843); entronización de Isabel 11 (1846) ...

13

Manifiesto de Valencia (4 de mayo, 1814).
SECO SERRANO, 1962a, XXXVIII-XL. SECO SERRANO, 1962c, 411 . /bid.,418

14
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comúnmente con la tiranía. Esta república (scil. Atenas)( ... ) siempre miró con odio el gobierno monárquico. Presumiendo los atenienses tener el mejor gobierno posible, y creyendo erróneamente, que en sólo la república se hallaba la libertad( ... )» 17 . Por lo tanto, la libertad, aquélla que fuera elogiada como 'divisa de la época' 18, era factible en un sistema gubernativo diferente del republicano, excesivamente innovador para la mentalidad española de los albores del XIX. Según la concepción de Martínez de la Rosa, la monarquía constitucional era el justo medio que permitía la avenencia entre las tradicionales monarquías absolutas y las modernas exigencias que solicitaban la soberanía en manos del pueblo; el régimen de gobierno que mejor se acompasaba al eminente impulso del siglo que cruzó las fronteras al tiempo que lo hicieron las tropas napoleónicas 19 • Ciertamente, las circunstancias políticas por las que venía atravesando la Europa más liberal (las que giran en torno a la Revolución Francesa de 1789 son sin duda las más divulgadas) invitaban a reflexiones que se conducían por semejantes derroteros, a favor o en contra de las caducas monarquías de carácter absoluto. Atendiendo al Edipo, recordemos que fue redactado durante los años de reclusión parisina (1823-1831 ), editado en París en 182920 y estrenado en Sevilla en 1830. Ante la espectativa de una eventual repatriación, podría conjeturarse, al granadino no le convenía presentar en la tragedia el tema del monarca tirano21 , pues un potencial planteamiento político que podía sugerir la tragedia era «la personificación del tirano y su posterior castigo a manos de un súbdito o del pueblo enfurecido»22 , y, consecuentemente, podía parecer que, de alguna forma, se pretendía desprestigiar la figura del rey, la cual adquiría una función ejemplar en el antiguos regímenes dominados por monarquías absolutistas. Así las cosas, parece improbable que el dramaturgo quisiera plantear abiertamente en el Edipo la polémica política por medio de un ataque explícito contra la monarquía, por más que el representante de la corona mereciera la censura por conducirse despóticamente. Si además, por lo que atañe a la parte contraria, los intereses políticos de Fernando VII, allá por 1826, aconseja17

Edipo tirano, traducido del griego en verso castellano, con un discurso preliminar sobre la tragedia antigua y moderna, por Don Pedro Estala, Madrid, Imprenta Sancha, 1793 (cita SÁNCHEZ BLANCO, 1986, 35). «Ésta (sci/. la ciega fatalidad) y el odio a la monarquía constituyen su naturaleza inalterable (sci/. de la tragedia griega)» (cita MARTÍNEZ DE LA RosA, 1962, 216).

18 19

Mariano José de LARRA, "Literatura", El Español, 79, 18-1-1836 (reimpr., Artículos, Barcelona, 1866). SECO SERRANO, 1962c, 14. Acaso en 1828 (MAYBERRY, 1988b, 51; SAURA SÁNCHEZ, 1991, 12). Manifiesto en obras contemporáneas como, e. g., Quentin Durwal de Walter Scott ( 1823), NafreDame de Paris de Victor Hugo (1831) o Louis XVI de Casimir Delavigne (1832).

20 21

22 SÁNCHEZ BLANCO, 1986, 35-36.

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banal Rey, ya no tan deseado, ganarse el favor de los exiliados moderados 23 -entre ellos nuestro autor-, juzgamos que el momento era oportuno para que Martínez de la Rosa, sirviéndose de la nueva tragedia que componía, apelara discretamente a un rey receptivo, despertara en él una benigna actitud de tolerancia para con todos sus súbditos, e insinuara un giro definitivo hacia una política más comedida que se encaminara definitivamente por la anhelada senda constitucional. La libertad de expresión era la clave de todo sistema político liberal, y Martínez de la Rosa era plenamente .consciente de ello. El granadino, no en vano, dirigió esforzadamente la comisión que tuvo por misión fijar la Ley de libertad de imprenta de 182024 . En ella, explícitamente, sólo se observa la censura religiosa, pero tácitamente se dan por supuestas otras prohibiciones, entre ellas, las agresiones contra la monarquía constitucional. Así las cosas, el dramaturgo nunca debió de tener el propósito de plantear abiertamente en el Edipo una crítica antimonárquica, ni de entablar, mediante un enfrentamiento entre el poder político -Edipo- y la potestad religiosa -Sumo Sacerdote-, una controversia de tipo religioso. Consideremos ahora algunos temas presentes en la tragedia y la caracterización como monarca del héroe epónimo. Según Martínez de la Rosa, el recurso del coro es una fórmula acertada para imprimir un carácter nacional a la obra, dado que simboliza el pueblo reunido. En el Edipo, los coros no sólo realzan estéticamente la puesta en escena y contribuyen a la verosimilitud dramática, sino también asumen la función de persona moral y «prepara[n] el ánimo de los espectadores para que reciban más fácilmente las impresiones que se desea comunicarles» 25 . Así, ora suplican con insistencia por el cese de la venganza26 ; ora recuerdan al monarca que el ejercicio del perdón equipara a los reyes con los dioses 27 ; ora abogan en favor de la inocencia28 • Estas manifestaciones, por tanto, resultaban muy oportunas en un momento en que, restaurado el Antiguo Régimen, estaban siendo persiguidos los liberales proscritos.
23 24 25

SECO SERRANO, 1962a, LX-LXI.
/bid., XLVI. Cfr. GóMEZ-REINO
y

CARNOTA, 1977. MARTÍNEZ DE LA ROSA, 1962, 217. 26 «CoRo- ¡Acoge nuestros votos, 1oh Jove soberano: 1aparta de tu mano 1el rayo vengador!>> (1, 1, estribillo). 27 «CORO - Un rey, cuando perdona, 1 se asemeja a los dioses inmortales.» (JI, 2, estrofa 3). Cfr. Vicomte DE MARTIGNAC, Essai historique sur la Révolution d 'Espagne et sur 1'intervention de 1823. 1, Paris, 1832, 160: «El Rey (scil. Fernando VII) olvidaba, en ocasión en que tal gesto debiera ser el recordado, que el derecho de perdonar era el más hermoso atributo de su potestad soberana.» (cita SECO SERRANO, 1962c, 339, n. 12). 28 «CORO - Si en ira te encendieron 1 los padres delincuentes, 1 los hijos inocentes 1 desarmen tu rigor» . (1, !, estrofa 3). «CORO- Si blando a la clemencia 1 te halló siempre el culpable, 1 millares de inocentes 1 de un solo crimen el indulto alcancen». (JI, 2, estrofa 2).

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En la construcción del personaje de Edipo como monarca se advierten rasgos reconocibles en el rey Fernando VII. En primer lugar, ambos fueron aclamados popularmente libertadores -el uno, de la Esfinge; el otro, del invasor francés- y reyes29 • Martínez de la Rosa expresó francamente al respecto: «Ningún monarca (scil. Fernando VII) se ha hallado en circunstancias tan favorables para labrar su propia dicha y la prosperidad de la razón. Objeto del amor, de la idolatría de los pueblos, volvía aclamado, bendecido por ellos, que veían en aquél Príncipe el triunfo de la independencia y el símbolo de la victoria»30 • Segundo, Edipo y Fernando VII se caracterizan por el talante paternalista con que gobiernan sobre sus súbditos: Edipo acepta dirigir un estado «huérfano», es «padre de cien pueblos» y «un padre cariñoso y bueno» 31 ; para Fernando VII, por su parte, «el tipo ideal de rey era un gran señor patriarcal, con la plenitud de la soberanía, que tenía que dar a Dios estrecha cuenta de su poder, pero a Dios tan sólo»32 . Tercero, uno y otro, como soberanos absolutos, representan a Dios en la tierra33 ; de ahí que, cuando en la tragedia se implora a la divinidad por el acabamiento de la venganza y en pro del inocente34 , se está invocando a la única instancia superior a la que el rey se siente obligado a rendir acatamiento. En la tragedia, se presiente la llegada de un periodo de paz que ha de poner término a las calamidades -«el fuego asolador, la peste, el hambre»- que vienen asolando la ciudad de Tebas en la última década35 . Del mismo modo, los periodos de bonanza que auguraban, primero, el regreso de Fernando VII y, años más tarde, el advenimiento del trienio liberal, se verían truncados por la restauración fernandina
29

«YOCASTA- Un día solo respiró la patria, 1 y la dulce esperanza me dio aliento, 1 cuando vencido el sanguinario monstruo, 1 libertador y rey te proclamó el pueblo» . (I, 4). Martínez de la Rosa califica también a Napoleón como «monstruo, horrible azote de la humanidad» (El redactor general de España, 22 de abril de 1814, p. 691 a; cita SECO SERRANO, 1962, XXXVI). ES, 335. «EDJPO- Mas huérfano el estado, abandondas 1 con grave mallas riendas del gobierno,( ... ) 1 el clamor de la patria y vuestros votos 1 a mi pesar al trono me ascendieron». (I, 2). II, 3. « YOCASTAEn medio de tu pena y .amargura 1 debes llevar, Edipo, ese consuelo: 1 no la pérdida sienten de un rey justo, 1 lloran a un padre cariñoso y bueno». (IV, 2) A. SALCEDO RUJZ, Anales contemporáneos (cita LOZOYA, 1967b, 9). «EDJPO - Los dioses al trono me elevaron». (1, 2). «EDJPO- El mandato del Dios sumiso espero; 1 y el poder que su diestra me confia 1 servirá a su justicia de instrumento». (1, 2). «EDJPO - Un justo rey, el crimen castigando, 1 la imagen de los dioses representa.» (III, 1). «EDJPO- Venero de los dioses la tremenda 1 autoridad.; a su poder me humillo, 1 y depongo ante el ara la diadema; mas si un mortal su intérprete se nombra, 1 yo ejerzo su poder sobre la tierra» (1, 2).

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34 35

Vid. supra I, 1, estribillo (n. 21), y II, 2, estrofa 2 (n. 23). «EDJPO - Deja que nuestros males olvidemos, 1 y bendigamos la piedad divina, 1 que ya el iris de paz tiende en el cielo». (1, 2). «EDJPO- Por dos lustros 1 cercados de peligros y tormentos, 1 arrastramos el peso de la vida» (I, 2). ¿Acaso se alude al periodo que media entre el regreso de Fernando VII (mayo de 1814) y la salida al exilio de Matínez de la Rosa Uunio de 1823)?

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y la represiva década ominosa, en que se restablecía el Antiguo Régimen. La alusión más evidente del Edipo al estado de fragmentación social entre la corona y la ciudadanía que conllevó la restauración del absolutismo, es aquélla en que Hiparco, consejero real, sermonea a Edipo en los siguientes términos:
HIPARCO - ¿Ves, Edipo? ... Tu pueblo, que en sus males con tu sola presencia respiraba, y cual a tierno padre, a ti acudía lleno de amor a compartir sus ansias; ese pueblo leal que por ti diera la sangre de sus venas más preciada, y a costa de su paz y de su dicha la quietud de su príncipe comprara; triste, afligido, entre mortales dudas, sin concebir de tu rigor la causa, se aleja con dolor y apenas osa volver el rostro a su infeliz monarca ... (II, 3).

Desde el momento en que se publicó el real decreto de 1 de octubre de 1823 que anulaba toda la actuación del gobierno constitucional, «apareció el Monarca no como padre de sus pueblos ni cual moderador supremo del estado( ... ), sino al frente de una facción rencorosa» 36 • La actitud del Rey, junto a la complicada situación económico-social que atravesaba el país (campos y ganadería esquilmados, movimientos separatistas americanos, bandolerismo ... ), condujo a un rápido derrumbamiento de su prestigio y popularidad. En la tragedia asistimos a un proceso comparable de deterioro de la autoridad regia, en la que el pueblo tenía depositas sus esperanzas. La percepción optimista de la realidad por parte de Edipo se vuelve paulatinamente pesimista37 , y el Monarca «celebrado por sabio y justiciero en toda Grecia» será mostrado públicamente culpable de asesinato 38 • Según Martínez de la Rosa, los desatinos políticos de Fernando VII se debieron a que el Monarca se vio rodeado de funestos consejeros que «contribuy[eron] en mala hora a su perdición y a la de su Reino» 39 . El tema de la culpa ignorada presente en la tragedia, por consiguiente, era adecuado tanto para exculpar los desaciertos del Rey, quien se había convertido en «la primera víctima de la privanza y
36
37

SECO SERRANO, «EDIPO-

1962c, 489.

Hoy mismo, no ha un instante, en cada hombre 1 un amigo, un hermano contemplaba. 1 ( ... )Y ahora doquiera mi agitada mente 1 un abismo encubierto me señala, 1 y al revolver atónico los ojos, 1 lazos, traiciones y delitos hallan» (II, 3).
SECO SERRANO,

38
39

Edipo II!, .2.
1962c, 334-335.

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el mal gobierno» 40, como para poner de relieve su responsabilidad última concerniente a los mismos. Por último, apuntamos la cuestión de la exclusión de Creonte del Edipo de Martínez de la Rosa. La crítica setecentista había justificado su eliminación de los Oedipe de Corneille, Voltaire y La Motte, bajo el argumento de que el personaje era superfluo e innecesario para el desarrollo de la intriga. No obstante, creemos que su supresión pudo verse también favorecida por el hecho de que los tragediógrafos pretendieron evitar el debate político que podía surgir ante determinada lectura de la actuación del personaje. Hemos de recordar que, en el Edipo de Sófocles, el Rey acusa a Creonte de haber maquinado y perpetrado el asesinato de Layo para usurpar el trono de Tebas, y que Creonte, al final de la obra, reemplaza a su predecesor41. O sea, la eliminación de Creonte por parte de Matínez de la Rosa pudo responder tanto a los modelos franceses 42 , como al interés personal del dramaturgo por evitar las eventuales tergiversaciones del mencionado conflicto que pudieran realizar el monárquico conservador y el exaltado revolucionario. Desde nuestro punto de vista, concluimos, el Edipo sólo cobra plenitud de sentido desde su contexto histórico. Martínez de la Rosa, a diferencia de aquellas tragedias en que, salvaguardado por la distancia y la perspectiva histórica, recrea sucesos verídicos acontecidos en épocas pasadas, recurrió precisamente a la leyenda de Edipo porque su argumento en torno a «la salvación o destrucción de un reinm> 43 le permitía aludir veladamente a la realidad política del momento sin necesidad de tener que mostrar de modo comprometido las heridas sociales abiertas por la infortunada política fernandina. El dramaturgo se sirvió de su Edipo para emitir un sutil mensaje político-moralizante que, en última instancia, invitaba a Fernando VII a abandonar definitivamente las maneras despóticas y a conducir su gobierno según los principios de las más modernas monarquías constitucionales. El éxito de la tragedia logrado en los escenarios decimonónicos44 pudo deberse igualmente, amén de otros méritos, a los alegatos transmitidos en favor de la reconciliación, la paz y la benevolencia. 40 !bid., 57. 41 S., OT. 380-389; 532-539; 1416-1419. 42 MARTÍNEZ DE LA ROSA, 1962, 216. 43 !bid., 217. 44 En los principales teatros de Sevilla y Madrid se registran 45 reposiciones entre 1830 y 1846
(OJEDA EscUDERO, 1996, n. 28 y 29). ANDIOC, 1982, 70: «Mención aparte merece la tragedia Edipo, de Martínez de la Rosa, que obtuvo en 1831-1832 once representaciones con la importante media de 8.300 reales, y seis más, con 6. 111 reales un año después, a partir del cual empieza ya un descenso inevitable».

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