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Samuel Amaral (1990) COMERCIO LIBRE Y ECONOMÍAS REGIONALES: SAN JUAN Y MENDOZA, 1780-1820.

El monopolio del comercio libre con Indias no caducó hasta la independencia, pero en la segunda mitad del siglo XVIII se adoptaron medidas liberalizadoras. En el virreinato del Río de la Plata se ha asignado a ese proceso, en especial al Reglamento de Libre Comercio de 1778, un efecto desintegrador de antiguos equilibrios, que agravó el impacto provocado por su creación. La alteración de la red de relaciones comerciales del espacio altoperuano-rioplatense suscitada por la creación del virreinato y el establecimiento del libre comercio habría favorecido a Buenos Aires y perjudicado a las economías de su hinterland: éste ha sido un lugar común de la historiografía argentina. Estudios recientes han comenzado a cuestionar tan sombrío panorama mostrando que no todos los productores regionales fueron afectados en la misma medida por los bienes importados. Los efectos negativos del comercio libre se habrían manifestado particularmente en aquellas economías mono-exportadoras especializadas en ciertos productos, como la cuyana. El objeto de este trabajo es estudiar el impacto de las medidas liberalizadoras del comercio de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX sobre San Juan y Mendoza. Para ello analiza la exportación de vino y aguardiente en el marco de las condiciones de producción y comercialización y se evalúan las consecuencias de las oscilaciones de la exportación sobre la economía regional.

I- La libertad de comercio
A partir de la Real Cedula del 16 de octubre de 1765 se fue estableciendo en las posesiones españolas de América un régimen de progresiva libertad comercial. Finalmente, el Reglamento de Libre Comercio del 12 de octubre de 1778 descentralizó las relaciones entre España y América al permitir el libre comercio y navegación entre 14 puertos españoles y 19 americanos. Pese a las restricciones que aún quedaron vigentes, esas medidas impusieron la libertad de comercio dentro del imperio. Los efectos del libre comercio sobre los puertos americanos abiertos al comercio directo con la península y sus zonas de influencia apenas si han comenzado a cuantificarse pero el estudio del impacto de tales medidas sobre las economías regionales dista mucho de apartarse de las fuentes cualitatativas, que reflejan menos realidades concretas que posiciones sectoriales. Hasta hace poco tiempo se suponía que los efectos del Reglamento de Libre Comercio habían sido catastróficos para todas las artesanías regionales del interior del virreinato. Esa opinión comenzó a moderarse cuando Halperin Donghi señaló la resistencia de los tejidos artesanales a la competencia de las manufacturas importadas, explicándola por las diferencias de calidad y, en consecuencia por los diferentes sectores del mercado que abastecían. Para dar cuenta de las consecuencias del libre comercio para la economía de San Juan se recurre a dos fuentes: un informe del Marques de Sobremonte de noviembre de 1785, y otro de José Godoy Oro, diputado del Consulado de Buenos Aires, de abril de 1806. Ambas fuentes son de escasa confiabilidad: la primera por basarse en información provista por las corporaciones locales; la segunda, por tener el fin de lograr la eliminación de impuestos que gravaban el tránsito y venta de vino y aguardiente en Salta, Córdoba y Buenos Aires. También para Mendoza hay fuentes que dan cuenta de una situación crítica de la producción vitivinícola. El procurador de la ciudad en 1781 y un estado de arbitrios y sisa de 1782, por ejemplo, informaban acerca de la decadencia del comercio de vino. Estos testimonios, como los de San Juan, no pueden tomarse al pie de la letra. En una economía donde las fuerzas del mercado estaban limitadas por rígidos condicionamientos institucionales, la queja era un instrumento más efectivo que la reducción de los costos de producción y comercialización para obtener una redistribución de ingresos o porciones mayores del mercado. Juan Carlos Garavaglia , en su estudio comparativo sobre la recaudación de diezmos, ve que la tendencia hacia fines del siglo XVIII fue a la baja, y hacia 1802-03 comenzó a subir. De esta manera, si los diezmos fueran fiel reflejo de la producción se tendría que aceptar sin más que el impacto del libre comercio fue altamente negativo y que sólo las guerras napoleónicas contribuyeron al fomento de la producción de caldos cuyanos. Pero las cifras no pueden ser aceptadas ciegamente, porque el diezmo no refleja la producción sino las expectativas sobre el precio. La caída del valor total puede deberse a una caída de precios o a una caída del volumen por las adversas condiciones de producción. La información acerca de las exportaciones de vino y aguardiente de San Juan y Mendoza es hasta ahora dispersa y fragmentaria. El análisis del alcance de las medidas liberalizadoras no puede basarse en esta información, tanto por su origen cuanto por su escasez. Fuentes: datos que provienen de los libros en que se registraba el cobro de la sisa. Esta consistía en el pago de dos reales por carga de vino o aguardiente.

II La exportación de vino y aguardiente 1- San Juan
La tendencia de largo plazo de la exportación de vino y aguardiente de San Juan no sostiene la afirmación de Godoy Oro: de un promedio anual de 3600 arrobas de vino y 10900 de aguardiente en 1783-1791 se pasó a 9000 y 18600 respectivamente en 1804-1808. En los períodos de paz la exportación tuvo un comportamiento oscilante, observándose cierto crecimiento en los períodos de guerra, pero los picos no coinciden estrictamente con las fechas de comienzo y fin de tales conflictos. La explicación de los altibajos de la exportación no puede quedar reducida al impacto de los conflictos o de su ausencia. La diferenciación de períodos de paz y de guerra

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puede ser clara cuando se considera solamente el comercio legal con España, pero la introducción de caldos no estuvo completamente cerrada durante los períodos de guerra. La explicación de las oscilaciones de los volúmenes exportados debe buscarse más en las condiciones de la oferta que en las de la demanda. Las variaciones porcentuales de las exportaciones de un año a otro muestran que la inestabilidad es una característica central de la producción vitivinícola, mucho más marcada en los vinos que en el aguardiente. Se ha sostenido que la exportación pro Buenos Aires de vino y aguardiente españoles tras el Reglamento de Libre Comercio produjo una reorientación del comercio sanjuanino hacia el norte. La importación de caldos españoles no fue, sin embargo, una novedad introducida en 1778. El vino y el aguardiente español, aunque no se sepa en que cantidad llegaban, habían tenido siempre abierta la entrada por Buenos Aires. Tanto en el caso del vino como en el del aguardiente hubo una caída de la participación del norte desde mediados de la década de 1790 y una casi completa desaparición de otros destinos desde 1794 en el aguardiente y desde 1805 en el vino. De haber existido alguna reorientación debida a la apertura de 1778, ésta se revirtió desde mediados de 1790 a favor de Buenos Aires.

2- Mendoza
Las cifras disponibles de exportación de vino y aguardiente de Mendoza no permiten efectuar comparaciones con el período anterior al Reglamento de Libre Comercio. Aunque a largo plazo la exportación de ambos productos creció, un análisis según los períodos de paz y guerra permite evaluar de modo más preciso el impacto de ambos sobre los caldos mendocinos. Tanto la exportación de vino como la de aguardiente, a pesar de los altibajos marcados por los índices de los períodos de paz y de guerra que parecerían indicar un considerable impacto positivo de los conflictos, registran variaciones dentro de cada período que no pueden atribuirse de manera automática a la situación externa. La distribución regional de la exportación tanto de vino como de aguardiente de Mendoza muestra un marcado predominio de Buenos Aires como destino final. Aún cuando la distribución regional no marque cambios profundos ni la exportación de vino exceda los registros de la década de 1810, sí resulta sorprendente el crecimiento del volumen de la exportación de aguardiente respecto de los niveles conocidos hasta la década de 1810.

3- San Juan y Mendoza: análisis comparativo
El análisis de las exportaciones de vino y aguardiente de Mendoza permite matizar en parte y reafirmar en otra cuanto se ha visto para San Juan. Así, el impacto negativo de la paz parece ser más acentuado en Mendoza que en San Juan, especialmente sobre la producción de vino. La razón puede radicar en que la primer producía mayormente vino y la segunda aguardiente, aquel menos estable y duradero que éste, por lo tanto más proclive a sufrir los cambios de la demanda. Buenos Aires fue el principal mercado por la expansión del consumo producida por el crecimiento acelerado de su población a fines del siglo XVIII. Pero eso no bastaría para explicar la concurrencia de los productos cuyanos si el precio en ese mercado no hubiese alcanzado a cubrir los costos de producción y traslado. Además de la reorientación de la exportación existía otra alternativa en la comercialización de los caldos: el vino producido podía venderse como tal o destilarse para obtener aguardiente. Las condiciones de transporte determinaron la destilación de la mayor parte del vino de San Juan, ya que el traslado a lomo de mula predominante en la ruta a Buenos Aires no afectaba al aguardiente. La distribución de la exportación cuyana total según su origen revela una especialización de San Juan en la producción de aguardiente y de Mendoza en la de vino. La comparación de las tasas de crecimiento de la exportación y de la población revela que la primera creció más que la segunda. Sin innovaciones técnicas que alteren los rendimientos, que la exportación crezca a una tasa superior a la de la población indica un aumento de la productividad del trabajo y una expansión de la superficie cultivada. El análisis de la distribución mensual de la exportación de vino y aguardiente exportado por San Juan y Mendoza revela, aunque no se cumpliesen regularmente todos los años, ciertas pautas estacionales.

III Condiciones de producción y comercialización 1- Producción
En las principales regiones vitivinícolas europeas a fines del siglo XVIII no se sabía más del cultivo de la viña y de la producción de vino que en la antigüedad. Recién en la década de 1770 se efectuaron las primeras observaciones sistemáticas de la fermentación. No puede extrañar que también en Cuyo las condiciones de producción fueran extremadamente primitivas, tanto por la claridad de las cepas cuanto por las técnicas empleadas. El clima, cualesquiera sean los métodos de cultivo y elaboración, sigue siendo aún hoy un factor determinante en la producción vitivinícola. San Juan y Mendoza tienen un clima seco –también lo era a fines del siglo XVIII y en la primera mitad del XIX- algo más caluroso en la primera y más húmedo en la segunda. Ambas regiones se ven beneficiadas por las nieves cordilleranas cuyo deshielo facilita el riego sin el cual, por la aridez de las tierras y por la escasez e irregularidad de las lluvias de verano, la viticultura no podría existir. La pobre calidad de las cepas, la falta de conocimientos sobre el proceso de fermentación, las plagas, el abuso del riego y, por sobre todo, la impredecible influencia del clima son factores que determinaron como determinan hoy en todas las zonas vitícolas del mundo, el resultado de los esfuerzos.

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2. Comercialización
A la pobre calidad original de los vinos debía agregarse las deficientes condiciones de traslado. Los barriles hechos en Mendoza eran bastos e inconvenientes, con sus extremos cubiertos con cueros. Ellos eran cargados en las carretas tiradas por bueyes que formadas en tropas de no menos de doce demoraban poco más de un mes y medio en llegar a Buenos Aires. Desde Mendoza también se transportaba el vino a lomo de mula, en arrias de sesenta a ochenta animales de los cuales la mitad se cargaban y la mitad servía de refresco. Este era el medio que se empleaba generalmente desde San Juan hacia Buenos Aires porque los desniveles del terreno dificultaban el tránsito de carretas. Aun cuando los petitorios requiriendo la supresión de impuestos señalen la escasa ganancia o aun la pérdida ocasionada por la comercialización del vino y el aguardiente, esto no arece haber sido el caso estrictamente. A comienzos de la década de 1820, el costo del traslado era menor que el de producción y siempre había demanda en Buenos Aires de vinos y aguardientes que no podía ser suplida por ninguna otra región a tan bajo costo. La posibilidad de concurrir a otros mercados estaba limitada por la producción de zonas más cercanas a ellos, de modo que el flete impedía la llegada de los productos cuyanos. Esta dependencia de la principal exportación cuyana de un gran mercado, Buenos Aires, y de dos mercados secundarios, Córdoba y Santa Fe, podría haber repercutido negativamente sobre la economía de la región, más aún considerando que los dos mercados secundarios también dependían de modo estrecho del puerto y que los caldos cuyanos cubrían menos de la mitad del consumo de Buenos Aires.

IV. Las economías regionales
Los indicadores más comúnmente utilizados para estudiar las economías coloniales hispanoamericanas son los diezmos y las alcabalas. Impuesto sobre la producción aquel y sobre el comercio este, han dejado una masa considerable de información que no con demasiada frecuencia se ha tenido la audacia de atacar. Si bien no se dispone de información sobre precios en Mendoza y en San Juan para saber qué representaba la exportación de vinos y aguardiente tanto en términos monetarios como en relación con los precios de otros bienes, es posible medir el impacto de las medidas liberalizadoras a través de la información provenientes de los registros de alcabalas. Siendo éste un impuesto a las ventas de productos introducidos la evolución de las cifras pagadas en tal concepto reflejará los gastos efectuados en Mendoza y San Juan en productos importados de otras regiones. Puede suponerse que estos gastos –y por lo tanto las alcabalas pagadas– guardaban una estrecha relación con los ingresos producidos por el vino y el aguardiente, que eran sin duda la principal exportación. Las curvas del volumen de exportación de vino de Mendoza y San Juan a Buenos Aires entre 1802 y 1821 empalman con muy pequeños desajustes con las de entrada en Buenos Aires de modo tal que se puede observar la evolución de esa exportación entre 1780 y 1821. Las curvas del volumen de exportación de aguardiente de San Juan y Mendoza a Buenos Aires entre 1780 y 1824 registran mayores desfasajes que las de la exportación de vino. El precio del aguardiente era más sensible a las oscilaciones de corto plazo que el del vino, pero también que resistió mejor el embate de la importación. En el caso de Mendoza parecen más graves las consecuencias de la paz que las de la guerra civil, pero en el de San Juan, aun cuando se asignasen las caídas de 1804-06 y de 1809-10 a la paz, ellas son menos profundas que la de 1819-21 que debe atribuirse a la guerra civil, por la perturbación del comercio en el litoral y la caída de la oferta de mano de obra en San Juan.

V. Conclusión
Si la exportación de vino de Mendoza entre 1780 y 1810 muestra que no se produjo contracción alguna del volumen y la exportación de aguardiente de San Juan muestra un crecimiento considerable entre 1783 y 1817; y si indicadores tales como los diezmos entre 1786 y 1808, las alcabalas entre 1783 y 1831, y el valor de las importaciones porteñas de caldos cuyanos entre 1802 y 1821 muestran tendencias que no denuncian crisis alguna hasta el advenimiento de la guerra civil, cabe preguntarse, entonces, por qué frente a esta evidencia persiste la imagen de una crisis constante que se habría desatado con el Reglamente de Libre Comercio de 1778, para acentuarse tras las medidas liberales adoptadas después de 1810. Se puede contestar a esta pregunta señalando que la evidencia, por falta de registro sistemático de la estadística comercial y fiscal, era desconocida; pero, en segundo lugar, porque como sugirió Adam Smith, los privilegios resultan mucho más atractivos que la competencia. Más aun, en la economía colonial donde esos privilegios eran el marco habitual de la producción y de la comercialización, la queja, el petitorio, eran los instrumentos básicos para lograr mayores ganancias o una redistribución de ingresos. No fue el libre comercio sino la guerra civil lo que causó más fuertes perjuicios a San Juan y Mendoza. La economía cuyana fue afectada menos por el libre comercio que por la precariedad técnica, las plagas, el clima y, sobre todo, la guerra civil.

[Samuel Amaral, “Comercio libre y economías regionales: San Juan y Mendoza, 1780-1820”, en Samuel Amaral – Marta Valencia (Compiladores), Argentina: el país nuevo. Problemas de historia económica, 1800-1914 , Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, 1999, pp. 19-88.]

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