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Opinión

Del VHS al canal público de televisión de la ciudad de Rosario
Por Emilio Cartoy Díaz Director fundador Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales Rosario Director fundador TEA Imagen y Masato Media Documentales y rapidito. Así nos creemos que cada uno toca su canción, nos la hacen creer y nos metemos y enrollamos en grandes discusiones “inalcanzables y lejanas” sin resolver todavía muchas pendientes, urgentes y necesarias, anteriores, aún. Saltar pasos, o sea, más desigualdades, más vacíos, más dispersión, más “no resolver, lo anterior para avanzar ¿en el presente?” Y acá, en medio de este contexto bien complejo, bien interesante, aparece Rosario, sí, Rosario. Rosario, Horacio y su grupete abrió sus puertas, dijo “yo tengo un pequeño espacio, entre unos docentes, unos colegas, unos amigos…Rosario puede hacer el festival latinoamericano”. Y fue el comienzo y la vigencia de que América Latina tenga y mantuviera el festival, que se había iniciado en 1990 en Montevideo, luego se hizo en 1991 en Santiago de Chile y en 1992 en el Cuzco. En 1993 se iba a realizar en La Habana y por la crisis de Rusia se suspendió. Y ahí llegó Rosario, ¡grande!, no fue Capital Federal, ni fue donde residía Dios, sino Rosario. Y estuvo muy bueno, porque se convirtió desde el primer día en la capital nacional del video, la TV y el cine. Fue premonitorio y fue amplio y fue visionario, fue latinoamericano y fue adelantado de lo que viviríamos varios años después. Un día participando de una charla en la sede del Merco sur dije que si nos costaba tanto acordar algunos temas políticos y económicos, no había nada mejor que avanzar con los temas culturales, educativos, artísticos, sociales, creativos, audiovisuales. Que esa vía era rápida y la veníamos practicando, fomentando y aceitando desde hacia un tiempo largo y funcionaba; y era un primer lazo fuerte entre ciudades, amigas, progresistas, para abrir confianzas, fomentar amistades que en otros planos llevarían mucho tiempo lograr. Rosario 1993. Rosario era Horacio Ríos y sus amigos, su familia, algunos colegas, grandes profesionales y docentes de las universidades y pibitos. Nosotros, las escuelas Teas y los Ríos. La mamá cocinaba, el papá cebaba mates, los hermanos hacían asados. Todos laburaban: las novias, los novios, los tíos, los vecinos, los alumnos. Rosario era un todo. Mientras, se formaban parejas y aparecían nuestros hijos, crecían al ritmo del festival y de nuestras carreras. En algún momento, ante una de las tantas crisis dijimos ¿porqué para financiar el festival no ponemos una agencia de fiestas de casamiento o búsquedas de parejas? Críticos, diarios, radios, canales. Juntar a todos, músicos, universidades, movimientos barriales y sociales, las pobladas más humildes, pintores, organismos de derechos humanos, escritores, escuelas diversas, los invitados más prestigiosos, más populares, más novatos, subidos al mismo bondi, bus, combi, al mismo tren. Todos compartiendo sus experiencias y cada uno aportando lo mejor, en una clase, un taller, un debate, una charla fuera de horario, una visita a un barrio o una escuela. La consigna fue, es y será “debemos pedirle a cada uno que deje lo mejor que pueda, para cada uno de los presentes, que sirva su visita, que la disfruten, la aprovechen, la recuerden, les abra puertas, las graben, tomen notas, apuntes. Dejen su marca, su paso por el festival”. Hoy el festival son los pibitos que eran mas pibitos y hoy son capísimos, porque, antes que nada son muy buena y linda gente. Hoy los que primero participaron son muy buenos realizadores, productores, guionistas, docentes, gerentes, colegas. Pero lo mejor es que los que empezaron, hoy lo dirigen, lo manejan, lo definen, lo discuten. Y lo hacen mucho mejor, lo han híper profesionalizado, mejorado, sin perder la esencia, ni el sentido fundacional, ni la calidez. Han abiertos nuevos y diversos caminos, nuevas alianzas, se manejan solos, nos dan lecciones, aprendimos y aprendemos de ellos, de nuestros hijos. Y desde el comienzo no necesitamos firmar ningún juramento en ninguna escribanía o declaración fundacional, ni acuerdo, ni conferencia de prensa, ni nada. Nació en el seno de la familia Ríos. Entre comidas de la mamá “genia”, de mates del Negro, asados tremendos de sus hermanos y TEA Imagen, entre amigos. Muy pocos y con el objetivo en: libertad, pluralidad, diversidad, respeto, inclusión, educación, entretenimiento, cine, video, televisión, Latinoamérica. Los viejos que lo iniciamos (algunos quedamos) somos varios y nos encanta estar hoy cumpliendo 20 años, estar juntos, al lado, al costado, ser parte. Juntos, como el primer día. Hoy, septiembre de 2013, deseo lo mejor: Rosario del VHS a la TV digital pública, eso se merece toda esta gran población. Y todos podemos lograrlo. Es un necesidad, es un derecho, es una obligación, una herramienta, siendo Rosario esa gran usina en todos los ámbitos: y hablo de salud y hablo de trabajo y hablo de educación y hablo de deportes y hablo de arte y hablo de inclusión y hablo de entretenimiento y hablo de medios y hablo de solidaridad y hablo de participación y hablo de prevención. Más libertad para todos, gratuita y libre. Para todos garantizada.

Veinte largos años de mucho trabajo, mucha historia, muchos logros, muchos esfuerzos, muchos intentos, muchos apoyos y muy buenos resultados, tropiezos y lo lindo de poder aprender cada día y todos los días. Recuerdo el primer encuentro con el siempre querido, hermano de la vidita, gran educador “precoz” y colega, Horacio Ríos en el estudio 1 de ATC en el año 1990. ATC no era un canal publico, estaba desvastado, arrodillado, mancillado por las huestes de Zoofovich y por el Menemato y sus secuaces; el deshuese de Cavallo y las políticas neoliberales que azotaban a nuestra querida América Latina. Yo era productor ejecutivo de La barra de Dolina, Horacio estaba rodando su primera película de ficción Balada de la primera novia del libro/ manual de contra estilo (no era autoayuda, ni como hacerse rico o conseguir chicas, ni tener éxito) Crónicas del Ángel gris de Alejandro Dolina. De ahí nunca más nos separamos, Recuerdo también que en esos mismos momentos nacía en Montevideo el Encuentro Latinoamericano de Video, con gente de Chile, Bolivia, Brasil, México, Cuba, Paraguay, Argentina, Colombia, Perú, Venezuela y por supuesto, los dueños de casa, los “orientales del Frente Amplio Montevideano”. Me suenan aún hoy estas frases: “no hay futuro”, “no hay sueños”, “el fin de las utopías”, “el último que apague la luz”, “el fin de la historia” y Fukuyama. Recuerdo el éxodo de nuestros maestros, colegas, amigos, padres, vecinos, hermanos. Recuerdo uno a uno los gobiernos socialdemócratas de la región rindiéndose, uno a uno, a las recetas y a las formulas más viles, crueles e increíbles – contrarias a sus postulados, bases y votantes– del FMI y el Banco Mundial. Recuerdo (no puedo dejar de hacerlo) a muchos, diversos, distintos, variados amigos, colegas, conocidos y desconocidos, discutiendo dispersamente entre el video, el arte, la TV, el cine de autor, la industria, el VHS, el documental y la denuncia, el videoclip. Las instalaciones y las pantallas múltiples. Dispersos ¡pero en ebullición! Y lo recuerdo porque, sin memoria, sin historia, sin recuerdos, sin contexto y sin archivos no hay presente, ni futuro. Sin rastros, sin pruebas, no sabemos quiénes somos ni de dónde venimos, ni qué buscamos, ni porqué lo hacemos. A muchos les conviene no recordar. Llaman síntesis, pocos caracteres o imágenes fragmentadas o pocas, silencios, todo poquitito, suelto

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