Teología

DIOS, HOMBRE Y MUNDO EN LA HISTORIA DE LA REDENCIÓN
Teólogo: Saúl Rodríguez Pérez
Ébano, S.L.P. 17 de abril de 2012

Una cultura que elimina a Dios de su historia se queda sin nada; esto es así, porque tanto el hombre y el mundo encuentran su significado solamente en Dios.

Contenido Introducción I. II. III. IV. V. Conclusión Dios y hombre Dios, hombre y mundo Hombre sin Dios, mundo sin Dios Dios con nosotros Humanidad redimida, mundo redimido

Introducción Este artículo que tiene en sus manos habla acerca de Dios, del hombre y del mundo. Estos tres temas forman una unidad en la historia de la redención. El escrito asegura que el mundo y el hombre no pueden ser comprendidos sin Dios. Dios es quien da sentido a todas las cosas.

Así mismo estos tres temas son abordados en las tres etapas de la historia de la redención; al decir; en la etapa de la creación, en la etapa de la caída en el pecado y en la etapa de la redención. La Escritura nos habla que Dios en el principio creó todas las cosas, pero inmediatamente nos ilustra que por el pecado cayó en descrédito, pero también nos asegura que en la redención ha sido recuperado. Téngase en cuenta que esta idea es central en este escrito.

I.

Dios y hombre

El conocimiento de Dios y el de nosotros se relacionan entre sí. Así que no podemos conocernos a menos que conozcamos a Dios. El conocimiento que debemos tener de Dios y el conocimiento que debemos tener de nosotros mismos, es de vital importancia para nuestra vida. Ese conocimiento solo lo revela Dios en su Palabra. Primero nos habla por su creación. La creación misma nos dice que Dios es sabio, poderoso, glorioso y bondadoso. La creación lleva impreso su gran sabiduría, todo ha sido hecho en perfección, la creación es un orden, no un desorden. La creación lleva impreso su poder, porque aun las cosas más pequeñas han sido hechas por Dios de la nada. La creación nos habla de la gloria de Dios, nos dice que él es admirable e incomparable en sus obras. Nadie puede igualarse a Él o superar su sabiduría o ser más honorable que Él. Pero también la creación nos comunica la bondad de Dios, Dios hizo esta creación pensando en el hombre. Creó estas cosas para luego ponerla en nuestras manos. En segunda instancia y de forma muy especial nos habla por medio de la Escritura. La Escritura nos habla de su autoridad, de su obra creacional, nos habla de Dios como el director de la historia, el todopoderoso, que por su soberana voluntad entró en un pacto con el hombre, que es justo y misericordioso, que ante su autoridad se someten todos sus enemigos y nadie puede frustrar sus planes. En fin, Dios es único que se nos revela en tres personas diferentes; a decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No porque sean tres Dioses, si no un solo Dios en tres personas distintas, inseparables e inconfundibles. ¡Eh aquí el gran misterio de la Trinidad! Dios único en tres personas. Dios es honorable, Él es el que ES y con nadie comparte su gloria.

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Nuestro catecismo pregunta ¿qué es Dios? Para luego responder:
Dios es Espíritu, infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, bondad, justicia y verdad (Catecismo Menor de Westminster).

La Escritura en su totalidad nos habla algo acerca de Dios, y sabemos que el conocimiento que nos aporta es verdadero. Ahora ¿Qué es el hombre? El hombre es la IMAGEN DE DIOS. El representante de Dios en el mundo, el administrador de las riquezas de Dios. Colaborador en su mundo. Todo esto es posible porque el hombre es la imagen de Dios. Ser imagen significa que el hombre fue creado en perfecta sabiduría, santidad y justicia, para cumplir el OFICIO UNIVERSAL al que había sido llamado. Es oficio universal porque es para toda la humanidad. Fue creado en perfecta sabiduría porque el hombre es un profeta. Un profeta es alguien que habla de parte de Dios. Dios quiso que el hombre al cumplir su oficio profético anunciara su voluntad en toda la creación. Como profeta, poseedor del verdadero conocimiento de Dios y de su voluntad, debería explorar, descubrir y desarrollar todos los misterios del universo. Originalmente el hombre poseía el verdadero conocimiento, podía ejercer la verdadera justicia y podía andar delante de su Dios en verdadera santidad. Y todo esto, ¿para qué? Para ejercer el dominio sobre toda la creación. Por eso y para eso fue creado el hombre a la imagen de Dios. Fue creado en perfecta santidad porque el hombre es un sacerdote, un sacerdote es alguien que ofrece sacrificios a Dios, que entrega todo en ofrenda a Dios. El hombre como sacerdote debería vivir en santidad. Vivir en santidad no es un mero moralismo. Vivir en santidad significa simplemente vivir haciendo la voluntad de Dios. En este sentido el hombre serviría de mediador entre la creación y Dios. Dios quiso que el hombre al cumplir su oficio sacerdotal llevara toda la creación a sus pies como una ofrenda agradable. Esto sería el producto de su tarea cultural. Así mismo fue creado en perfecta justicia porque el hombre es un rey, un rey es alguien que gobierna, que administra un territorio al que se le ha dado poder o derecho de hacerlo, tiene un límite y no puede gobernar más allá. El hombre como rey tenía la solemne obligación de gobernar la totalidad del universo, pero siempre tomando en cuenta que era siervo de Dios. Dios quiso que el hombre al cumplir su oficio de rey gobernara responsablemente la creación que se le había dado. ¿Qué pues diremos? Imagen de Dios es el hombre, representantes de Dios en su mundo, colaboradores en su reino. Que no se le permite hacer otra cosa, sino la voluntad de Dios. Existe para la gloria de Dios, teniendo con fin, glorificarle y disfrutar de Él para siempre.

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II.

Dios, hombre y mundo

El mundo no puede ser entendido sin el hombre y el hombre no puede ser entendido sin Dios, porque al final de todo, el mundo ha sido dado al hombre para su administración y el hombre vive para Dios. De allí que, quitar a Dios del drama de la historia, la humanidad se queda sin nada. Sin Dios, no hay vida, no hay historia, no hay absolutamente nada. Dios es el rey, el mundo es su reino, y el hombre colaborador en su reino. Por eso cuando abrimos los primeros dos capítulos de génesis vemos a Dios estableciendo su reino y al hombre siendo llamado a colaborar en el. Para los cristianos Dios no está ausente, Dios está aquí en el hoy y en el ahora. Y si Dios está aquí; entonces el hombre, el mundo y todo lo que el hombre hace tiene significado. Ya hemos dicho que el hombre es la imagen de Dios para realizar una tarea universal. Ser IMAGEN DE DIOS y tener un OFICIO UNIVERSAL capacita a la humanidad para el trabajo fiel de una MAYORDOMIA UNIVERSAL. Dentro de esta mayordomía universal podemos ver al hombre en relación con Dios, con su semejante y con el resto de la creación. Esta triple relación es central en la vida de todo individuo. Para con Dios es siervos, para con su semejante es guarda y para con el resto de la creación es mayordomo. Un mayordomo es alguien que administra las riquezas de su Señor. La mayordomía se refiere entonces, a la administración que el hombre ejerce en el mundo, el cual, Dios le ha dado para gobernar. Dios colocó al hombre para que viviera en un constante servicio a Él. En todo lo que hiciera le adorara. Fue creado como un ser religioso de tiempo completo. Toda la vida era servicio a su Señor y creador. Fue hecho para vivir siempre delante del rostro de Dios, y vivir delante del rostro de Dios, significa estar presto para hacer su voluntad. En génesis 2:5 encontramos la frase: ni había hombre para que labrase la tierra. Esto es porque la creación no tiene sentido sin la presencia del hombre. Dios creó todo pensando en la humanidad. Cuando Dios creó a Adán el representante de toda la humanidad le dio su bendición y la orden de multiplicarse, y de gobernar sobre la creación (Ver. Génesis 1:27); ahora tendría que cultivarla y cuidarla (Ver. Génesis 2:15). Adán debería entonces desarrollar la creación de forma responsable. Fue instalado a su oficio y en ello podría mantenerse en una relación constante y personal con su hacedor, esto fue posible porque el oficio involucra un pacto. Cada vez que Dios llama al hombre a su oficio es también un llamado al pacto. ¡Que perfecta comunión había entre Dios y el hombre! Podemos observar la grandeza del hombre que es tanta, porque Dios con ninguna otra criatura ha hecho alianza. Por eso el salmista dice: cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo
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pusiste debajo de sus pies: ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar. ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Todo esto es así, porque la grandeza del hombre radica en que es la imagen de Dios, y en consecuencia a ello, se le ha confiado las riquezas de Dios para su fiel administración. La creación no puede ser entendida sin Dios pero tampoco puede ser confundida con Dios. Dios es independiente, autónomo, mientras que la creación es dependiente, que recibe de Dios su existencia. La iglesia entiende que Dios por su soberna voluntad, hizo de la nada todas las cosas, visibles e invisibles, todas muy buenas en un lapso de seis días, y todo para su gloria. Pero también entiende y confiesa que:
Dios, el gran creador de todo, sostiene, dirige, dispone y gobierna a todas las criaturas, acciones y cosas, desde la más grande hasta la más pequeña, por su sabia y santa providencia, conforme a su presciencia 1 infalible y al libre e inmutable consejo de su propia voluntad, para alabanza de la gloria de su sabiduría, poder, justicia, bondad y misericordia (Confesión de fe de Westminster).

Esta es la razón por la cual no deificamos a la creación aunque sí le damos el lugar que merece como obra de Dios. No la exaltamos más allá porque sería idolatría, no la subestimamos porque sería despreciar la obra de Dios. La idea de Herman Bavinck describe muy bien la diferencia que existe entre Dios y la creación; a la letra dice:
La creación es aquel acto de Dios por el cual, por su soberana voluntad, produjo el mundo entero sacándolo de un estado de no ser hacia el estado de un ser que es distinto a Su propio ser.

No debe hacerse de la criatura un dios, ni de Dios criatura. Quien tal haga, no quedará libre de culpa. Muchos aseveran que la humanidad lleva en su interior alguna chispa divina que necesita ser revivida para alcanzar su mayor potencial. Esta idea pagana lo sostuvieron los griegos, ha sido abrazada por lo orientales, y ahora está siendo revitalizada por la religión de la Nueva Era. La Nueva Era a través de la meditación y el yoga trata de avivar la chispa divina, que según creen tener. Esta inclinación es un insulto a nuestro Dios.
Por eso, toda inclinación de humanizar lo divino o de deificar lo humano es contrabando. Que Dios sea Dios, y que el hombre sea hombre (Spykman).

Debido a que el hombre por su necedad e ignorancia no ha querido reconocer su lugar como criatura. La distinción entre creador/criatura ha sido una confesión bastante fundamental en nuestra fe cristiana.
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Conocimiento previo. Lo que se sabe con anticipación. pág. 4

El hombre, los animales, y toda la obra de creación reciben de Dios su existencia y sustento. Por eso el salmista dice:
¡Alaba alma mía al Señor! Señor mi Dios tú eres grandioso; te has revestido de gloria y majestad. Te cubres de luz como con un manto; extiendes los cielos como un velo. Afirmas sobre las aguas tus altos aposentos y haces de las nubes tus carros de guerra. ¡Tú cabalgas en las alas del viento! Haces de los vientos tus mensajeros, y de las llamas de fuego tus servidores. Tú pusiste la tierra sobre sus cimientos, y de allí jamás se moverá: La revestiste con el mar, y las aguas se detuvieron sobre los montes. Pero a tu reprensión huyeron las aguas; ante el estruendo de tu voz se dieron a la fuga. Se levantaron los montes, se hundieron los valles, al lugar que tu estableciste para ellos. NBLH Pusiste una frontera que ellas no pueden cruzar; ¡jamás volverán a cubrir la tierra! Tú haces que los manantiales viertan sus aguas en las cañadas, y que fluyan entre las montañas. De ellas beben todas las bestias del campo; allí los asnos monteses calman su sed. Las aves del cielo anidan junto a las aguas y cantan entre el follaje. Desde tus altos aposentos riegas las montañas; la tierra se sacia con el fruto de tu trabajo. Haces que crezca la hierba para el ganado, y las plantas que la gente cultiva para sacar de la tierra su alimento: El vino que alegra el corazón, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida. Los árboles del Señor están bien regados, los cedros del Líbano que él plantó. Allí las aves hacen sus nidos; en los cipreses tienen su hogar las cigüeñas. En las altas montañas están las cabras monteses, y en los escarpados peñascos tienen su madriguera los tejones. Tú hiciste la luna, que marca las estaciones, y el sol, que sabe cuándo ocultarse. Tú traes la oscuridad, y cae la noche, y en sus sombras se arrastran los animales del bosque. Los leones rugen, reclamando su presa, exigiendo que Dios les dé su alimento. Pero al salir el sol se escabullen, y vuelven a echarse en sus guaridas. Sale entonces la gente a cumplir sus tareas, a hacer su trabajo hasta el anochecer. ¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras! ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría! ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas! Allí está el mar, ancho e infinito, que abunda en animales, grandes y pequeños, cuyo número es imposible conocer. Allí navegan los barcos y se mece el Leviatán, que tú creaste para jugar con él. Todos ellos esperan de ti que a su tiempo les des su alimento. Tú les das, y ellos recogen; abres la mano, y se colman de bienes. Si escondes tu rostro, se aterran; si les quitas el aliento, mueren y vuelven al polvo. Pero si envías tu Espíritu, son creados, y así renuevas la faz de la tierra. Que la gloria del Señor perdure eternamente; que el Señor se regocije en sus obras. Él mira la tierra y la hace temblar; toca los montes y los hace echar humo. Cantaré al Señor toda mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento. Quiera él agradarse de mi meditación; yo, por mi parte, me alegro en el Señor. Que desaparezcan de la tierra los pecadores; ¡que no existan más los malvados! ¡Alaba, alma mía, al Señor! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! (Salmo 104 NVI)

Fuera de Dios todo es criatura, y toda criatura existe por la gracia de Dios y para su gloria.

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III.

Hombre sin Dios, mundo sin Dios

Ya se ha dicho con anterioridad, que si el hombre quita a Dios de su historia, se queda sin nada; esto es así, porque tanto el mundo y el hombre no pueden ser entendido sin Dios. Esto no significa que Dios deje de ser Dios o que pueda ser re-emplazado, sino más bien describe aquella actitud del hombre que trata de vivir sin hacer caso a la voluntad de Dios. Como también describe aquel intento inútil de quitar a Dios del escenario de la historia. Dios no puede ser eliminado. Él seguirá siendo Dios aunque muchos lo nieguen. El pecado hace que el hombre ignore a Dios, que se idolatre a sí mismo o que subordine su vida a un dios falso. En fin, el corazón del hombre no puede estar vacío; así pues, cuando Dios no ocupa el corazón, lo ocupa un ídolo. Por eso que el hombre en esta necesidad religiosa y al alejarse del verdadero Dios se ha vuelto fabricante de ídolos. Pero una cosa es cierta, que el corazón de todo hombre no podrá encontrar verdadera paz, sino hasta que descanse en el verdadero Dios. La caída en el pecado trajo miseria y crisis de identidad a la humanidad. Aquel que era tan grande por ser imagen de Dios y representante de Dios en el mundo, se volvió miserable. Aquel que sabía quién era, por qué y para qué existía, terminó extraviado y perdió el objetivo de su vida. Hay personas que no saben por qué y para qué viven. Esto es porque el pecado ha afectado su corazón, mente y voluntad. El hombre se ha vuelto testarudo para entender la voluntad de Dios. Las habilidades cual don de Dios se usan para fines egoístas. Ciertamente el pecado trajo miseria a todas las relaciones porque todo lo que el hombre toca lo contamina. El pecado es el vandalismo que se levanta contra Dios. Es falta de servicio a Dios, es desobediencia y deshonor. Rompe la relación del pacto con Dios. Trae desarmonía en la creación, causa odio en las relaciones sociales. De allí que:
Querer vivir sin Dios y contra Dios es abandonar los manantiales de la vida y beber de pozos contaminados. Porque cuando el abastecimiento de agua de una ciudad se corrompe, todo el pueblo se enferma. Cuando el ajenjo del pecado se infiltra en la fuente de nuestra existencia, toda la vida se amarga (Juan Stam).

De ser amigos y aliados de Dios la humanidad se volvió enemiga. En vez de buscar su compañerismo y amistad comenzó a huir de Él. Buscó un escondite porque su presencia le pareció fulminante (Ver. Génesis 3:8). Dios entonces confrontaría al hombre y le reclamaría su infidelidad, preguntándole ¿Dónde estás tú? Esta pregunta indica que Dios había instalado al hombre en su oficio distinguido pero que a raíz del pecado se encontraba en una condición miserable. Se volvió tan miserable que aún sintió vergüenza de sí mismo, una vergüenza que le obligó cubrir su desnudez. A raíz de su falta tuvo que ser expulsado de su hogar, el Edén. Comenzaría una nueva era, no sin la influencia del pecado. El hombre ya no estaba en un servicio fiel a su creador, lo había traicionado y ahora era un fugitivo.

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De ser guarda de su hermano se tornó en su peor amenaza (Por maldad, Caín mató a su hermano Abel). Comenzó la esclavitud y la injusticia entre los hombres. Ahora el hombre lucharía contra el hombre mismo. Porque si quitamos a Dios de nuestra vida todo se vuelve amargo. La buena creación de Dios comenzó a sufrir las consecuencias del infiel cultivo del hombre, comenzó a ser cultivada egoístamente. Ahora todo lo que el hombre toca lo pervierte. Los efectos del pecado se vieron reflejados en la buena creación de Dios. Escuchamos a Dios decir: maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo (Gén.3:17e, 18 RVR60). La creación como el campo de acción del hombre llevaría la maldición, desde entonces, espinos y cardos abundan en todas las áreas de la vida. La miseria del hombre se traduce en la creación; a esto el salmista declara:
El convierte los ríos en desierto, Y los manantiales de las aguas en sequedales; La tierra fructífera en estéril, Por la maldad de los que la habitan. (Salmo 107:33,34 RVR60)

El profeta Isaías también declaró:
Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; Enfermaron los altos pueblos de la tierra. Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; Porque traspasaron las leyes, Falsearon el derecho, Quebrantaron el pacto sempiterno. (Isaías 24:4,5 RVR60).

La buena creación de Dios ha sido reducida a la miseria por causa de la maldad de los hombres. Cuando el hombre abandona el pacto de Dios entonces se vuelve miserable; su hogar, su trabajo, su tierra y toda su vida comienzan a morir.
Tales son las condiciones del hombre que vive lejos de Dios. Vive prisionero en un mundo de tinieblas, donde no hay propósito ni sentido verdadero en la vida. Encadenado a los deseos de su carne. Solo un acto de redención podría librarlo de esta prisión y condenación eterna (Dr. J. M. Velázquez).

¿Dónde está esa perfecta sabiduría que hacía del hombre un profeta? ¿Dónde está la justicia que le capacitó para ser un rey? y ¿Dónde ha quedado la santidad que lo colocaba como sacerdotes del Dios Altísimo? No ha desaparecido, pero ha sido afectada. El hombre sigue siendo imagen de Dios pero esa imagen ha sido empañada. …………………………………Es de lamentar, pero este es el mundo que se vive sin Dios.

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IV.

Dios con nosotros

Aun estando en semejante condición, Dios comunicó al hombre su amor. A no ser por su misericordia todo estaría perdido. La promesa de un salvador fue la noticia más confortante que el hombre pudo escuchar en su triste condición.
Proto-evangelio Y pondré enemistad entre ti y la mujer, Y entre tu simiente y la simiente suya; Ésta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el calcañar. (Gén.3:15)

Desde entonces la Escrita registra esas dos líneas que recorren por toda la historia; los hijos de Dios por un lado y los hijos de los hombres por el otro. El pueblo del pacto creyó en esta promesa y esperó. Los profetas anunciaron la venida de ese salvador. Podemos decir que todo el Antiguo Testamento se fundamenta en esta promesa. Así pues, cuando llegó el cumplimiento del tiempo, Dios envió al salvador del mundo. En su muerte redimiría aquello que se había perdido. En su resurrección confirmaría la redención. En su entronización exaltaría a su pueblo y lo haría sentar en los lugares celestiales, al lado suyo. Dios habitó entre los hombres temporalmente para que en la eternidad su iglesia habite con Él. Ahora, la iglesia no está sola, la Escritura es su guía, es la antorcha que alumbra su camino, es la luz que resplandece en la oscuridad de la noche, le será de utilidad hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en sus corazones. También el Espíritu Santo es el ayudador en sus múltiples debilidades, alumbra sus entendimientos para que comprendan la voluntad de Dios, es su consolador en esta vida. Su presencia es tan grata y especial, ya que sin su compañía terminarían extraviados otra vez. La iglesia aunque a veces se muestra débil, es victoriosa porque Cristo ha logrado su victoria, además porque cuentan con la ayuda del Espíritu Santo. Respecto a esto, el apóstol Pablo dijo: el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles (Rom.8:26 RVR60). El Espíritu Santo es quien traduce las plegarias y las presenta al Padre en términos divinos, sin error alguno. Por eso la iglesia sabe esperar la voluntad de Dios, sabiendo que las respuestas que obtengan serán las mejores. Esta es la razón fundamental por la cual no piden a Dios que les responda conforme ellos quieren, sino conforme sea la voluntad de Dios. Él es más sabio que el hombre para dar a su pueblo lo que conviene a su vida temporal y eterna. Fuera de su voluntad la iglesia no espera nada. El hombre por si solo no vale nada, todo cuanto es y cuanto posee lo debe a su creador. No reconocer todo esto, es ya un insulto al autor y constructor de nuestra vida.

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V.

Humanidad redimida, mundo redimido

La iglesia es la humanidad que ha sido redimida por la sangre de Cristo. Todo esto tiene un significado muy especial. La redención es el acto de la soberana voluntad de Dios, de libertar al hombre de su condición caída. Esto significa que somos liberados del abismo de oscuridad y trasladados a la luz de Cristo. Y entonces quedamos absueltos de la condenación eterna. El tema de la redención es central en la vida de todo hombre creyente en Jesucristo, porque describe nuestra condición y relación con Cristo. La muerte de Cristo trajo redención y reconciliación al hombre y al reino. La palabra redimir significa «comprar de vuelta», y reconciliar tiene la idea de «hacer las pases», o «volver a la amistad original». La sangre de Cristo ha sido el pago de nuestro rescate y por eso ahora estamos en paz con Dios. No podemos hablar de la redención sin el conocimiento de la voluntad de Dios, de su gracia, del pecado, de las consecuencias del pecado, del arrepentimiento y de la conversión. La redención es un tema amplio y significa más que nada: re-creación, restauración y redirección. Redención significa re-creación. Cuando el pecado apareció en la vida del hombre, afectó la totalidad de su ser. La imagen que implica verdadera justicia, santidad y sabiduría se vieron distorsionadas. Es necesario que la imagen del hombre sea re-creado mediante el nuevo nacimiento. Este nuevo nacimiento es obra de la gracia de Dios, no es hereditario, ni es logrado por el esfuerzo humano, porque al caer en el pecado quedamos imposibilitados a todo bien. Sólo a través de la obra del Espíritu Santo quien persuade nuestra voluntad, y nos convence de nuestro pecado, prepara el terreno para que nos arrepintamos, y nos convirtamos a Cristo, y vueltos a Él caigamos a sus pies. Redención significa restauración o re-instalación. El hombre fue creado para tener una tarea universal, el ejercer dominio sobre la creación. Este oficio fue distorsionado por el pecado. Pero Cristo en su muerte restauró la antigua posición del hombre. Y ahora el hombre de Dios es nuevamente re-instalado a su antiguo oficio universal. El creyente es restaurado para ejercer una vez más el oficio de profeta, sacerdote y rey. El cristiano es profeta para anunciar las virtudes de su creador. Su labor profética debe mostrarse en todos los campos del quehacer humano, pues es testigo de Dios. Ser restaurado al oficio sacerdotal significa que ha de ministrar la totalidad de la creación y traerla a los pies de Cristo, como una ofrenda a su creador y Señor. También el creyente es restaurado al oficio de rey para ejercer dominio sobre toda la creación. Es decir, el cristiano siempre debe ir a la vanguardia en todos los campos del quehacer humano. Somos reinstalados para desarrollar la cultura y no para ser seguidores de una cultura que ofende a Dios. Esto es, porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de ante mano para que anduviésemos en ellas (Efesios 2:10 RVR60). El texto habla sobre la nueva

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creación del hombre, que en Cristo somos nuevas criaturas para el buen oficio. Obras significa trabajo u oficio; así que, somos nuevas criaturas para el buen trabajo. La iglesia cree en las buenas obras y las practica porque ellas son los frutos de su redención. Cree en ellas y confiesa que:
Las buenas obras son solamente las que Dios ha ordenado en su Santa Palabra y no las que, sin ninguna autoridad para ello, han imaginado los hombres por un fervor ciego o con cualquier pretexto de buena intención. Estas buenas obras, hechas en obediencia a los mandamientos de Dios, son los frutos y evidencias de una fe viva y verdadera; y por ellas manifiestan los creyentes su gratitud, fortalecen su seguridad, edifican a sus hermanos, adoran la profesión del evangelio, tapan la boca de los adversarios, glorifican a Dios; pues los creyentes hechura de él, creados en Cristo Jesús para buenas obras, para que teniendo por fruto la santificación, tengan como fin la vida eterna (Confesión de fe de Westminster).

La redención prepara al hombre para las buenas obras; por consiguiente, no puede haber buenas obras sin redención. Redención significa re-dirección. La redención produce un cambio de dirección en el hombre, este cambio se le llama «conversión». Esto indica que hay un retorno a Dios. Pero esta re-dirección que se comienza en el corazón del hombre, necesariamente se traduce o se manifiesta en la creación. La creación es el hogar y el campo de acción del hombre. Por esta causa, la totalidad de la creación debe ser re-dirigida. Esto es lo que el apóstol Pablo entendió cuando dijo: pues la creación aguarda con ardiente anhelo la manifestación de los hijos de Dios (Rom.8:19 RVA). La creación anhela que los hombres redimidos hagan su tarea. Es una exigencia de nuestra fe obrar con justicia en todas las áreas de nuestra vida. Para eso hemos sido rescatados. La humanidad reprobada pervierte el mundo de Dios, hace que gima como una mujer que está apunto de dar a luz, pero el hombre de Dios tiene la tarea de redimirlo. Dios ama su obra y no tirará a la basura lo que ha creado. Por esta causa, Cristo murió y re-instaló a un grupo de personas para re-direccionar los campos del quehacer humano. La iglesia tiene el ministerio de la reconciliación. Cristo ha comenzado la obra reconciliadora y a la iglesia se le ha dado el deber de continuarla.
…y si a nosotros se nos ha encargado el “ministerio de la reconciliación” en su favor (2 Cor.5:18), entonces tenemos una tarea redentora dondequiera que nuestra vocación nos coloque en este mundo. (Alverto M. Wolters)

El hombre caído pervierte la obra de sus manos y causa estragos a la creación de Dios, pero el hombre redimido ha sido reinstalado a su antiguo oficio, y se le ha encargado el ministerio de la reconciliación; es decir, de traer redención a todas las áreas de la vida. La redención lograda por Cristo no sólo alcanza al hombre y su obra, sino a la creación en su totalidad.
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El alcance de la redención es tan grande como el de la caída; abarca de creación entera. (Alverto M. Wolters)

Seguiremos hablando sobre el alcance de la redención en estos términos bastante amplios. Esto comprende que la redención no solamente involucra al hombre sino al cosmos en su totalidad. Generalmente solemos identificar la redención en términos del hombre y abandonamos el amplio sentido de la palabra. Pero partiendo de la integridad de la Escritura nos damos cuenta que la muerte de Cristo no solamente trae redención a los predestinados, sino también al cosmos. Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Rom.8:21 RVR60). En la gracia y redención de Cristo nuestro Señor, la tierra cual hogar y campo de acción del hombre es recuperada. Cristo es rey y reclama la totalidad de su reino para sí. El apóstol Pablo habiendo entendido esto, declaró: y por medio de él (Cristo) reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (Col.1:20 RVR60). El universo encuentra reconciliación por la obra de Cristo. Cristo trajo reconciliación a la creación que había sido maldita por la culpa del hombre. El mismo escritor habla a los Efesios sobre este mismo asunto y les declara que hay un misterio que se les ha sido revelado por la voluntad de Dios. El cual Dios se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra (Ef.1:10 RVR60). La palabra “reunir” también se traduce como “juntar” o “integrar”; esta palabra tiene la idea de «reunir bajo una cabeza». El misterio que se nos ha sido revelado, es que Cristo en el cumplimiento del tiempo, en su obra redentora, logró reunir todas las cosas bajo su autoridad. Ahora Cristo es cabeza no solamente de la iglesia, sino de todo el cosmos, porque todas las cosas encuentran su integridad en Él. El escritor Herman Bavinck resume esta idea cuando dice:
La creación procede del Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo con el propósito que, en el Espíritu y por medio del Hijo, pueda retornar al Padre.

En otra parte declara:
A través de la muerte de Su Hijo, Dios el Padre ha reconciliado Su mundo creado pero caído, y por Su Espíritu, lo renueva en un Reino de Dios.

Todo aquello que fue creado, cayó en el pecado, pero por la muerte de Cristo ha sido recuperado. En la consumación del reino de Dios no podrán estar los impíos. La iglesia cree y confiesa lo que la Escritura dice: y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra (Ap.5:10 RVR60; cf. Sal.37:29). No a los incrédulos es la promesa sino a los justos.

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En el día final, en la consumación del reino de Dios, la temporalidad será absorbida por la eternidad y entonces serán las bodas del cordero. Antes bien, como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman (1Cor.2:9; cf. Is.64:4). En el Jardín del Edén fue expulsado el hombre para no comer del árbol de la vida, y evitarle así la horrible pena de vivir bajo condenación para siempre. Al hacerlo recibiría la maldición eterna. En la consumación del reino ese Jardín es ya una ciudad, porque el hombre ha desarrollado la cultura, ha respondido de alguna forma a su oficio. No esperamos volver a un Edén en las mismas condiciones porque la historia no es regresiva. Ahora en la meta de la historia será un gozo pleno, una vida sin fin. El hombre redimido es invitado una vez más a comer del árbol de la vida. Ahora se le dice: Bienaventurado los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puestas de la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira (Ap.2214, 15 RVR60). La sangre de Cristo redime al hombre y al mundo. Nos faculta o da autoridad para realizar nuestra tarea y en ello glorificar su nombre. En la meta de los días habremos de ser mudados a la inmortalidad, esto corruptible será hecho incorruptible. La creación misma será pasada por fuego a fin de ser purificada. Conclusión Dios es quien gobierna todo el universo con su poder soberano. Ante su majestad tiemblan sus enemigos. Con ninguno comparte su gloria. Es el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Él es el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre. Es único, incomparable e incomprensible. Su majestad cubre todo el universo. Es soberano en la historia de la humanidad, puesto que Él es el director; por tal motivo, la historia es la obra del Dios soberano en la vida y cultura de los no soberanos. La historia del universo está en buenas manos; es decir, en las manos del cordero. Dios es el protagonista en la historia, Satanás el antagonista, la humanidad redimida los aliados de Dios, y la humanidad irredenta los aliados de Satanás. En la cruz, Cristo ha derrotado a Satanás y su reino se ha acercado. Por lo cual…arrepiéntete y convierte a Cristo para que sean borrados tus pecados y tengas derecho al árbol de la vida.
Versiones de la Biblia utilizadas. RVR60: Reina Valera Revisada (1960) NVI: Nueva Versión Internacional RVA: Reina-Valera Actualizada NBLH: Nueva Biblia de los Hispanos

E-mail: berit_rops@hotmail.com

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