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Número 159 Domingo, 21 de julio de 2013

El perseguidor
la muerte, G21 nuevos novelistas canarios, Pequeños homenajes y éste… En el aire queda. Lograr un correcto anclaje en la literatura de H. Estévez es tarea ardua porque nuestro autor posee el don de un universo literario y un imaginario con impronta. Recomiendo al querido lector que comience la lectura por la contraportada, porque cada pregunta que espolvorea en el aire H. Estévez es el leit motiv inspirador de sus relatos. Dudas que no pretende resolver, porque el objetivo de la arquitectura de su lenguaje no es alcanzar certezas, más bien todo lo contrario, generar la incertidumbre que alimenta el estómago del lector. Porque la geometría literaria de H. Estévez es paradójica. Aprendimos de Euclídes que la distancia más corta entre dos puntos era la línea recta. Pero ese no es, necesariamente, el camino que escoge nuestro autor. H. Estévez juega como un prestidigitador a través de un espejo: Lo que queda en el aire… En el aire queda… ¡voilà! Y ya no ves lo que veías, porque el espejo te devuelve los sentimientos transformados, y tus estados de ánimo se volatilizan en cada relectura. El trayecto narrativo del autor no es de ida y vuelta, más bien son círculos concéntricos, un diálogo interactivo, sin fin, simulando su particular día de La Marmota como en el film de Andie MacDowell y Bill Murray. Porque el lector, como sus protagonistas, están atrapados en un tiempo que no existe. En el que H. Estévez, como antes Einstein, no creyeron. Y entonces, llegamos al espacio. Al imaginario, al territorio mítico de Lotavia que Pablo H.de la Cruz ha parido después de la lectura de la obra de su progenitor. Lotavia, (como Sildavia) no existe en los mapas, pero Pablo, como otro Pablo en Albanta, nos desvela el secreto pretendiendo que entremos en un mundo de ficción al más puro estilo Stevenson, nacido (¿casualidad?) en Vailima, cerca de Apia, Samoa. Y todos, Joseph Conrad el primero, quisiéramos huir hacia el azul con rumbo a un atolón perdido en los Mares del Sur (Aute dixit). Lotavia es la ficción dentro de la realidad y viceversa. Esa duda, estigma de nuestro autor, es el gran trabajo de sus lectores y la gran potencia de su narrativa. Lotavia es un Paraíso para quiénes la miran con los ojos de la inocencia, pero un territorio con muchas posibilidades para los Capitanes Garfios. ¿O no es cierto que la arboleda de Tingo y Erica sobra si se pretende vivir de sol y playa y la tala indiscriminada puede ser fuente de ingresos si se vende la madera a alguna empresa sueca? ¿No es acaso inexplicable que el norte y el sur de Lotavia no estén aún comunicadas por un tren? ¿No se debería hacer prospecciones petrolíferas en la zona de Puerto Pequeño? ¿Y en la ensenada de Tería no es factible ganar terreno al mar? Garfio y sus piratas pueden ver perfectamente la coexistencia pacífica de cuatro administraciones públicas con un Cabildo lotavo, siete consejerías y treinta y un municipios poblados, al menos, por diez mil vecinos imaginarios e inexistentes en cada uno. H. Estévez husmea en nuestros sueños, nos hace respirar el frescor del Guadiantor, no embarca en un mar, en un barco sn rumbo, en un viaje a ninguna parte, porque el agua es vida, es recuerdo, es camino y es sueño en la memoria de los peces. Y ante todo es desasosiego. Y, hablando de desasosiego, todos los caminos del autor conducen a una mujer. Una mujer que es duda, es riesgo y es sueño. Ahora sabes que la respuesta a todas tus incógnitas están en el aire y en el aire se quedan.

Mapa cartográfico de Lotavia.

H. ESTÉVEZ O LA GEOMETRÍA LITERARIA
JAVIER HERNÁNDEZ VELÁZQUEZ … En el aire queda (Idea-Aguere 2013). Conocí a H. Estévez una noche fría de enero de 2011. Un tiempo en que ambos éramos libres, felices e indocumentados (García Márquez, dixit) y como el Gran Gabo ignorábamos qué tipo de cartas esperaba recibir el coronel, desconocíamos quién diantres era Corina (no me hagan reproducir el apellido), que un Papa pudiera dimitir o una infanta ser imputada. Y, sobre todo, nos echábamos una siesta mientras demolían nuestro estado del bienestar. Tanto ha cambiado el paisaje social, político y económico de estas islas que la librería donde nos conocimos cerró el telón hace más de un año. La noche de autos presentó Lo que queda en el aire y nos dejó el rastro de un viento que nos golpea en la cara de nuevo con …En el aire queda. De cuentos va esta historia. De autores y editores. De un trabajo concienzudo de Anghel Morales, el Dustin Hoffman de las letras canarias, el pequeño gran hombre versátil (editor, escritor, poeta, exjugador de fútbol, bimbache lover…) que ha sabido rescatar el género breve desde su editorial Aguere con títulos como 13 gramos de gofio estelar, Los días prometidos a

Porque el espejo te devuelve los sentimientos transformados, y tus estados de ánimo se volatilizan en cada relectura. El trayecto narrativo del autor no es de ida y vuelta, más bien son círculos concéntricos, un diálogo interactivo, sin fin, simulando su particular día de La Marmota como en el film de Andie MacDowell y Bill Murray

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tancias históricas que agitaron el Caribe durante el primer tercio del siglo XX. Consciente del desafío ante el que se encontraba, el escritor Agustín Ravina Pisaca propone en Mi Habana en el recuerdo el relato de dos emigrantes tinerfeños, Bernardo y Jorge, naturales de La Gomera y Tenerife, respectivamente, en esta monumental obra en la que además de narrar cómo poco a poco y a base de mucho tesón y trabajo sus dos protagonistas terminan por insertarse en la sociedad, recorre la vida del país desde hombres para convertir sus sueños en realidad al mismo tiempo que se cubanizaban sin dejar de recordar su territorio de origen. En este aspecto, lo mejor de Mi Habana en el recuerdo es seguir el itinerario existencial de sus dos protagonistas, así como la nostalgia que sienten ante unas islas que nos les ofrecía nada, salvo atraso y tradición. Uno de ellos, Bernardo, se marcha de la isla obligado por problemas personales mientras que Jorge se evade por sed de aventuras para prosperar. Una vez desembarcados en La La Habana. Ciudad legendaria. La obra de Ravina Pisaca da voz así a la diáspora, a los que se marcharon mientras abandonaban por el peso de la Historia lo mejor de su patrimonio sentimental como material en la isla. Pero son estos, a mi juicio, los capítulos menos afortunados del libro, ya que quiebra el pulcro equilibrio entre cabeza y corazón que mantenía el autor hasta ese momento. Cabeza al narrar el laborioso trabajo que desarrollan sus protagonistas para convertirse en hombres de provecho para hacer familia. Y corazón cuando las complicadas tormentas políticas cubanas --tan extremas y trágicas-enturbian el contenido de la novela. Mi Habana en el recuerdo es un libro que, pese a su extensión y pese a su inestable estructura, reúne los suficientes atractivos para aquellos que, consciente o inconscientemente, han sido inoculados con el virus cubano. Una isla que se nota que Ravina Pisaca conoce muy bien, y que sus protagonistas recorren en los que quizá resulten los capítulos más innecesarios de la novela por su sabor a postal turística, pero que no manchan las intenciones de una obra ambiciosa y escrita con un profundo amor hacia Cuba y sobre todo, de ahí el título, a La Habana, una capital que aprendió a estar despierta las 24 horas del día y que deslumbró por fusionar modernidad y clasicismo para ser una de las ciudades de referencias del planeta hasta que llegó el comandante y mandó a parar. Todos estos elementos hacen, pese a sus peros, que Mi Habana en el recuerdo me resulte un volumen singular. También una rareza en el panorama de la república de las letras que, actualmente, se escriben en Canarias. Encuentro en el texto una agradecida reivindicación por los emigrantes que lo dejaron todo para ser personas y generar familia en un país que, aparentemente, les resultaba muy grande. Familia inquieta, se destaca en los capítulos finales del libro, cuando sospecha que la revolución transformadora no fue otra cosa que una sandía: verde por fuera y roja por dentro.

EDUARDO GARCÍA ROJAS “Eran las seis de la mañana cuando un estruendoso ruido resonó en la habitación. Jorge y Bernardo se levantaron sobresaltados, parecía que el cielo había caído sobre La Haban. Se asomaron al balcón del hotel y observaron como una cortina de agua -como si fuera una manguera proyectada desde el cielo-- descargaba su caudal con potente fuerza sobre la ciudad. Jamás en las islas habían visto caer agua con tanta intensidad. Al fondo, en el horizonte y sobre el mar,

MI HABANA EN EL RECUERDO, UNA NOVELA DE AGUSTÍN RAVINA PISACA
se dibujaban infinidad de rayos que iluminaban constantemente la noche”. (Mi Habana en el recuerdo, Agustín Ravina Pisaca) A lo largo de la historia las relaciones entre Canarias y Cuba han sido significativamente estrechas. La emigración que en tiempos tormentosos como los actuales obligó a miles de canarios a buscar trabajo en la mayor de Las Antillas así como el éxodo masivo que cubanos emprendieron rumbo al archipiélago tras el triunfo de la revolución castrista pedía una novela que rindiera justicia a esos hombres y mujeres que desafiaron al destino y cuya épica existencial terminó por ser devorada por las circunsmediados de los años treinta hasta principio de los sesenta. Lo que sirve de repaso para refrescar la historia de Cuba.

Cuba Un país que, al igual que Venezuela, podría ser considerado como la octava isla de Canarias porque ¿quién no tiene en esta tierra un pariente que se marchó para no saber nunca más de él? Éste y no otro es el objetivo de la novela de Ravina Pisaca, un título que pese a su extensión (¡más de ochocientas páginas!) y en ocasiones irregular discurso narrativo expone sin máscaras para describir la forja espiritual que caracterizó a muchos de estos

Habana y para situar al lector, Agustín Ravina Pisaca salpica su texto con referencias históricas en las que cuenta los distintos conflictos que han configurado la radiografía política y moral cubana entre los años comprendidos --ya hemos dicho-- treinta hasta principio de los sesenta. Estos capítulos históricos me han permitido refrescar algunos de los momentos más señalados de la biografía de ese país. Un país que despierta entre los iniciados contradicciones y mucho desconcierto. También demasiada pasión, lo que dificulta una lectura objetiva para intentar entender el rumbo que, finalmente, asumió la isla tras la entrada en enero de 1959 de Fidel Castro en

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SI HUBIERAS ESTADO AQUÍ, UNA NOVELA DE CECILIA DOMÍNGUEZ LUIS
EDUARDO GARCÍA ROJAS “Todo pasa y con el tiempo llega el olvido. Aunque un día puede ocurrir que, al pasar por una calle, un determinado olor, la forma de tu propia sombra en una puerta, una palabra oída al azar, te devuelva algunos fragmentos del pasado. Por eso debes prepararte para que no te coja desprevenido”. (Si hubieras estado aquí, Cecilia Domínguez Luis, colección: G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea). G21 Narrativa Canaria Actual ha publicado la última novela de Cecilia Domínguez Luis, lleva por título Si hubieras estado aquí, y es el décimo título publicado dentro de esta desconcertante colección que dirige el igual de desconcertante Ánghel Morales para Ediciones Aguere/Idea. La nueva novela de Domínguez Luis va de personajes. Lo que significa que a la autora lo que le interesa es darle coherencia interna a las dos mujeres y tres hombres que incluye en su historia. Protagonistas, en especial los femeninos, que emocionalmente van a tener que rendir cuentas por su pasado. Relato construido a través de todos ellos, una primera persona que se refleja en forma de blog, un diario, un cuaderno de notas, Si hubieras estado aquí es una historia de frustraciones pero también anhelos en la que gravita una idea interesante sobre la pérdida de la confianza y cómo afecta a nuestra relación con los otros . Tiene Cecilia Domínguez Luis la virtud, además, de hacer creíbles las distintas voces que intervienen en su novela. En especial las de Marta y María, hermanas que se han distanciado y que aparentemente son diferentes. Yo quiero pensar, en todo caso, que son las dos caras de una misma moneda. Tan cerca y sin embargo tan lejos. Marta tiene un carácter fuerte e independiente, eso explica que abandonara la ciudad en la que vivió para aspirar a ser otra cosa. María resulta más vulnerable. Se trata de una mujer que necesita que la protejan y que casi parece que disfruta al mantener sus heridas abiertas para que las personas a su alrededor continúen prestándole la atención que cree que se merece. Circunvalan y transitan en torno a Marta y María, casi como si de satélites emocionales se tratasen, Manuel, Tono y Carlos. El primero, un sufrido y paciente compañero sentimental de María; el segundo es un hombre que busca también su espacio en el pequeño universo en el que existe, y el tercero, un periodista que, en esta historia desencadena involuntariamente la tormenta. Tormenta que se avecina nada más abrir Si hubieras estado aquí. Esto hace que la novela de Domínguez Luis sea uno de los títulos --y pese a todos sus peros-- más atractivos por sus ambiciones de los que ha publicado hasta la fecha la colección G21 Narrativa Canaria Actual. Se trata de una novela de y sobre sentimientos, de relaciones, que ofrece perspectivas aparentemente opuestas de entender la vida. Y si bien me molestan todas ellas, la escritora tiene capacidad de hacerlas creíbles. En Si hubieras estado ahí no hay que plantearse un qué pasará sino, más bien, el cómo resolverán los protagonistas sus traumas pasados y presentes. La novela, sin embargo, no termina por aclararlo. Demasiados puntos suspensivos… Con todo, se trata de un título que ya desde el inicio quiere definir sus límites pero casi parecen que estos doblegan a la autora. A fin de cuentas ¿quién no ha pensado alguna vez que las cosas sería distinta si hubieras estado ahí? La novela habla de culpa, de frustración, de engaño. Ya saben, de este absurdo cómico que es la vida.

AGUSTÍN RAVINA PISACA /Escritor

“LA NOVELA QUIERE RESOLVER UNA DEUDA MORAL CON MI ABUELO”
EDUARDO GARCÍA ROJAS - ¿Cuál es el origen de Mi Habana en el recuerdo, su primera novela? - El origen fue a raíz de una entrevista que sostuve con una persona mayor natural de La Gomera en Santo Domingo, provincia de Villa Clara, que me contó lo que más tarde utilizaría al inicio de la novela, y en el que se explica cómo un joven tiene que abandonar su isla al tener problemas con un comandante, al que llamo Mora en el libro. Al escuchar esta historia me hice la promesa de escribir este incidente. La novela, por otro lado, quiere resolver una deuda moral con mi abuelo, un referente en mi vida. A partir de ahí surgió el relato de Jorge y Bernardo. -Mi Habana en el recuerdo es un título ambicioso, en el que cuenta la historia de sus protagonistas y la de Cuba a los largo de tres décadas. - Invertí en Mi Habana en el recuerdo cuatro años y medio, lo que exigió mucho trabajo de documentación para poder describir lo más acertadamente posible lo que aconteció en aquellos años, también la forma de vivir de aquella época visto desde la perspectiva de dos personajes naturales de Canarias obligados por la fuerza de las circunstancias a emigrar a la isla. - Lo interesante de su novela es que el retrato que ofrece de la inmigración está alejado de tópicos. - Es que la historia de la emigración se ha escrito desde dos puntos de vista radicalmente diferentes. Está el relato del triunfador que regresa a las islas con dinero en los bolsillos y el del hombre que fracasó, que pasó mucha miseria y hambre. En este sentido, siempre se ha escrito la historia bonita de la emigración pero no la oscura, la del fracaso. En uno de mis viajes a Cuba me sorprendí así cuando encontré a mucha gente que realmente lo pasó mal. Recuerdo así la experiencia que me narró un emigrante herreño. - Entiendo que el libro es resultado de muchas de estas conversaciones que mantuvo en la isla. - Visité por primera vez Cuba en pleno Periodo Especial, en 1994, para elaborar un censo de canarios que vivían aún en la isla. Muchos de ellos, emigrantes para huir de la Guerra de África o la Guerra Civil. Todos ellos llegaron a una Habana que, en aquellos tiempos, se había convertido en una ciudad de referencia en América, y la magia del país me sedujo, por lo que me puse a investigar y de ahí salió la novela. - Por lo que muchas de las cosas que cuenta en la novela reflejan parte de aquellas entrevistas que mantuvo con esos emigrantes. - En efecto. Recuerdo en especial una charla con Jorge Luis Darias, administrador de la provincia de Santa Clara y natural de La Palma, que me dijo que antes de la revolución había sido multimillonario aunque ahora no tenía nada. Esa charla me sorprendió enormemente, e intenté buscar una explicación de porqué había sucedido esto. - Cuba es un país que tiene un color especial en contra de otros de América donde también recalaron emigrantes. ¿Qué tiene Cuba?, ¿cuál es su secreto? - En mi caso particular, la sensación era que estando en Cuba no había salido de la Canarias de mi niñez. Me metí en las casas, hablé con sus vecinos. Poca gente sabe que Santa Clara, una de las ciudades más importantes del país, fue fundada por canarios… Es un pueblo en el que los mayores aún distinguen entre canarios y peninsulares… - Sabrá entonces que para esa misma gente el canario era objeto de chistes… - Pero eso se explica por el perfil del canario que emigraba en aquellos tiempos. Se trataba de gente sin estudios, sin apenas preparación. Fue una emigración muy diferente a la, por ejemplo, gallega y asturiana. - En los casi treinta años en que transcurre su libro,

Agustín Ravina Pisaca es el autor de Mi Habana en el recuerdo.

¿qué periodo considera fundamentales para La Habana? - La década de los cuarenta y cincuenta. Época de esplendor que se detiene en 1954 con el golpe de Estado de Fulgencio Batista, que es cuando se fragmenta el sistema porque Batista fue una persona sin escrúpulos, un hombre que gobernó el país ayudado por la mafia norteamericana, en concreto bajo la mano invisible de Meyer Lansky. Durante esa etapa se fracturó la convivencia y se puso fin a todo principio ético. Y la gente al reaccionar dio origen al nacimiento de un líder, Fidel Castro, en el que depositaron todas sus esperanzas. - Pero usted se muestra muy crítico con Castro en su novela. - Fidel Castro, abogado, fue un niño bien. Vinculado al régimen de Batista a través de su primer matrimonio. Castro se aprovechó además de un hombre honesto como fue Eduardo Chibás al militar en el partido Ortodoxo, así que tras la muerte de Chibás jugó con las circunstancias para erigirse en un líder nacional. - ¿Qué momentos de la novela le resultaron más difíciles de escribir? - Mi Habana en el recuerdo es una historia de personajes que caminan solos en los que a veces muestro mis sentimientos más profundos. Tanto, que incluso a veces tenía que detener la escritura porque me ponía a llorar porque detrás de las vivencias de sus protagonistas enseñaba mis propios sentimientos. La novela cuenta con capítulos de Historia, en los que volqué lo que recogía en la fase de documentación; así como partes sentimentales que resultaron las más complicadas porque tenía que transmitir humanidad. - El libro termina con algunos de sus personajes, obligados por las circunstancias históricas, emigrando otra vez. Pero en esta ocasión a Miami. ¿Cuál es su valoración de esa otra Cuba, la del exilio? - Es una pregunta difícil porque a raíz del triunfo de la revolución castrista mucha gente tuvo que irse por miedo a represalias y otra porque no estaban de acuerdo con el nuevo régimen. En Miami se reúnen muchas tendencias, en la que algunos intentan aprovecharse del exilio para defender sus intereses y otros que solo quieren vivir tranquilamente esperando la oportunidad de volver cuando las circunstancias lo permitan. - Tras Mi Habana en el recuerdo ¿está trabajando alguna nueva historia? - Intentó escribir la que puede ser su segunda parte. Parte en la que describiré lo que sucedió tras el triunfo castrista, y cómo afectó a los cubanos el nuevo régimen.

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Domingo, 14 de julio de 2013

CRONO-LOGÍA DE UN ATAJO
XABIER OBANOS (*) He de comenzar, expresando que constituye un placer para mí tener el privilegio de presentar el libro de un escritor de la talla de Agustín E. DíazPacheco. En torno a su libro Breves Atajos (1), un conglomerado de microrrelatos, serios y no tan serios, sólo aptos para brillantes y melancólicos. Y es que, si tuviese que elegir un adjetivo para describir Breves Atajos sería “Saturnino”. El desarrollo de dicho viaje teniendo como patrón a Saturno, que señala a "no decir nada del todo", será el leitmotiv fundamental de la argonáutica literaria de Díaz-Pacheco. En este libro, el icónico escritor canario nos ilumina con una literatura que se yergue en la imperiosa necesidad de manifestarse sin lugar y sin tiempo, la nada, vacío labrado más allá de los confines, en la oquedad misma, haciendo por tanto quebrar palabra a palabra, el paradigma estético precedente, y donde cada cuento, como crímenes breves, comparten una misma naturaleza que parecieran corroborar el Credo Atanasiano; todos los capítulos no son más que un capítulo, un “breve atajo”. Hay una escuela de pensamiento en la que Saturno y el temperamento melancólico es vista como el humor de los grandes hombres, pensadores, profetas y místicos. En esta escuela, la melancolía implicaba un signo de genialidad; el obsequio del inmemorial Saturno, donde el hombre saturnino, intelectual por naturaleza, se alza hasta casi rozar lo divino. Dichas características están descritas en el Problemata physica, atribuidos a un tratado de Aristóteles, en cuyo libro decimotercero el filósofo “habla de la melancolía como humor de héroes y grandes hombres”. Esta tendencia hacia Saturno se deja ver en todos los relatos del libro. Así, la montaña sagrada de este dios, se hace presente en diferentes relatos donde se inmiscuyen escaladores como en el “El alpinista”, “Credulidad en la montaña de hielo” o “El amonite”, en el que se plasma lo inmemorial, también símbolo de Saturno. De la misma manera, Juno, la contraparte femenina, que simboliza el mar profundo y la luna, es representada en relatos como “Platear las olas del mar” donde el autor juega con las palabras como los antiguos trovadores franceses y aparecen personajes como “Carmen Narias”. De una manera más sutil, la feminidad aflora en este libro gracias a un exquisito prólogo realizado por Isabel Rojas, que sintetiza a la perfección la esencia de la obra. Saturno es también el dios de los límites y las fronteras. Así, las limitaciones humanas quedan plasmadas en numerosísimos relatos, y, me aventuro, quizá demasiado, a intuir cierta neurosis de fracaso y una prohibición de ser quien se es por parte del autor, quien crea numerosos personajes que nunca terminan de lograr su objetivo o cumplen roles que no les pertenecen. Esta tendencia queda clara en relatos como “El negro”, “Baileaguijón”, “Aldea global”, “El silencio”, “El coleccionista”, y dicha prohibición subconsciente alcanza su frenesí en situaciones donde los protagonistas acaban con ellos mismos, como en “El adiós solitario” o “El avaro desesperado”, entre otros. El arquetipo de Saturno aparece, ya de manera literal casi al final de la obra, en el “Sindrome de Stendhal”, donde, a través de una pintura de William Turner, se ilustra al dios Saturno en todo su esplendor. Con Breves Atajos, Agustín E. DíazPacheco ha logrado construir un viaje melancólico donde el símbolo heroico, el furor y la demencia, fuentes de toda inspiración que aunadas a la melancolía de los grandes hombres, de héroes como Hércules, pensadores como Empédocles o Platón, y prácticamente todo los poetas, dan como resultado el genio. Un genio que se esculpe en la pericia de un escritor con décadas de experiencia en este arte. (1) Breves atajos, Agustín E. DíazPacheco, Ediciones IDEA, 137 páginas, Canarias, 2013. (*) Xabier Obanos es autor de textos periodísticos, poéticos, narrativos y ensayísticos, algunos inéditos. El texto que reproducimos se leyó en El Generador (Santa Cruz de Tenerife) el pasado 13 de junio.

A MODO DE ESCRIVIVIR
ISABEL ROJAS HERNÁNDEZ (*) Quiero iniciar mi intervención dando las gracias a Agustín, por contar conmigo para la reedición de Breves atajos. Me senté a pensar en lo que yo diría, en este momento, y lo primero en lo que pensé fue en el sentido, en el significado, que le otorgamos al propio acto de escribir. Y pensé que en la soledad de un escritorio, en una mesa cualquiera quizás, alguien empuña un bolígrafo, un lápiz, o tal vez presiona unas teclas cual si de un piano se tratara…es alguien que se adentra –o transita por- un noble y hermoso oficio, uno de los más antiguos (el más antiguo sería, en su caso, la literatura oral, de la cual proviene). En esa soledad -muy probablemente poblada de voces, de personajes, de imágenes, donde campa diferentes emociones-, un escritor, una escritora, cada cual con sus motivaciones, se atreve a rasgar el velo de lo conocido en aras de subvertir la realidad. Ese acto de subversión, de transgresión, es lo que hace que escribir pueda ser algo mágico y, desde luego, uno de los motivos que dan sentido a la vida. Es en ese sentido del oficio de escribir en el que me encuentro con Agustín E. Díaz- Pacheco, persona inquieta, observador crítico del mundo que le rodea, escritor que no gusta de ungirse de vanidad sino, muy al contrario, caracterizado por la sencillez y la humildad. Asumí el reto de escribir el prólogo de Breves Atajos, y comenzaba éste escribiendo sobre el miedo y pensaba, al hacerlo, en mi propio miedo ante la tarea encomendada, por una parte, y en el miedo, a nivel ya general, como emoción necesaria para sobrevivir, intrínseca al ser humano pero, a veces, también como emoción limitante y paralizadora. Comenzaba, decía, escribiendo sobre cómo se supera el miedo y lo enlazaba en cómo debe transitarse por la realidad a la vez que con el noble arte de la escritura. En ambos casos, el miedo debe perfilarse como esa emoción necesaria que nos aporte cautela pero que, a la vez, nos empuje a rasgar la duda. Breves Atajos, en ese acto de transgresión al que aludía al inicio, bien podría considerarse un homenaje a la resistencia, a la resistencia de vivir, con ingredientes muy presentes en la obra de Agustín, como por ejemplo: una ironía sutil y precisión narrativa. Recorrer estos atajos, formar parte, ha sido, para mí, un gratificante trayecto y espero que lo sea para ustedes también. Gracias. (*) Isabel Rojas Hernández, pedagoga y crítica literaria. El texto que reproducimos se leyó en El Generador (Santa Cruz de Tenerife) el pasado 13 de junio.
Portada de Breves atajos, de Agustín Díaz Pacheco.