EL DIOS DE VOLTAIRE El farmacéutico respondió: -Tengo una religión, mi religión, y tengo más que todos ellos, con sus

comedias y sus charlatanerías. Por el contrario, yo adoro a Dios. ¡Creo en el Ser Supremo, un Creador, cualquiera que sea, me importa poco, que nos ha puesto aquí abajo para cumplir aquí nuestros deberes de ciudadanos y de padres de familia; pero no necesito ir a una iglesia a besar bandejas de plata y a engordar con mi bolsillo un montón de farsantes que se alimentan mejor que nosotros! Porque se puede honrarlo lo mismo en un bosque, en un campo, o incluso contemplando la bóveda celeste como los antiguos. Mi Dios, el mío, es el Dios de Sócrates, de Franklin, de Voltaire y de Béranger(4). Yo estoy a favor de la Profesión de fe del vicario saboyano(5) y los inmortales principios del ochenta y nueve. Por tanto, no admito un tipo de Dios que se pasea por su jardín bastón en mano, aloja a sus amigos en el vientre de las ballenas, muere lanzando un grito y resucita al cabo de tres días: cosas absurdas en sí mismas y completamente opuestas, además, a todas las leyes de la física; lo que nos demuestra, de paso, que los sacerdotes han estado siempre sumidos en una ignorancia ignominiosa, en la que se esfuerzan por hundir con ellos a los pueblos. 4. Béranger, cantante francés (1780-1857), nacido en París, autor a intérprete de canciones epicúreas, patrióticas y políticas, muy conocidas, como «Le Dieu des bonnes gens», citada en nuestra novela . 5. En ella Rousseau afirma que la religión es una aspiración natural de su alma y que Dios es una «revelación del corazón». GUSTAVE FLAUBERT Madame Bovary

STENDAHAL Rojo y negro CITAS Al meterse en la cama notó que las sábanas eran de tela basta. Entonces miró a su alrededor. «¡Ah! -se dijo-, estoy en el calabozo de los condenados a muerte. Es justo... »El conde de Altamira me contaba que, la víspera de su muerte, Danton decía con gruesa voz: "Es raro, el verbo guillotinar no puede conjugarse en todos sus tiempos; se puede decir: yo seré guillotinado, tú serás guillotinado; pero no se dice: yo he sido guillotinado". »¿Por qué no -repuso Julien-, si hay otra vida?... A fe mía que si me encuentro con el Dios de los cristianos estoy perdido: es un déspota y, como tal, lleno de ideas de venganza; su Biblia no habla más que de castigos atroces. Nunca le he amado; ni siquiera he querido creer nunca que se le amara sinceramente. No tiene piedad -y recordó algunos pasajes de la Biblia-. Me castigará de un modo abominable... »¡Pero si me encuentro con el Dios de Fénelon! Quizá me diga: "Mucho te será perdonado porque has amado mucho...". p562 »No existe un derecho natural, esta palabra es una bobada anticuada, digna del fiscal que me acorraló el otro día y cuyo abuelo fue enriquecido por una confiscación de Luis XIV. No existe derecho sino cuando hay una ley que prohíbe hacer una determinada cosa so pena de castigo. Aparte de la ley, no hay nada tan natural como la fuerza del león o la necesidad del individuo que tiene hambre, que tiene frío, en una palabra, la necesidad... No, las gentes a quienes se honra no son más que bribones que han tenido la suerte de no ser cogidos infraganti. El acusador que la sociedad pone contra mí se halló enriquecido por una infamia... Yo he cometido un asesinato y me condenan con justicia, pero, aparte este hecho, el Valenod que me ha condenado es cien veces más perjudicial para la sociedad. P578 Pero un sacerdote de verdad, un Massillon, un Fénelon... Massillon consagró a Dubois. Las Memorias de Saint-Simon me han malogrado a Fénelon; pero, en fin, un verdadero sacerdote... Entonces, las almas tiernas tendrían un punto de reunión en el mundo... No estaríamos aislados... Ese buen sacerdote nos hablaría de Dios. Pero ¿de qué Dios? No del de la Biblia, pequeño déspota, cruel y lleno de sed de venganza..., sino del Dios de Voltaire, justo, bueno, infinito...» Fue asaltado por todos los recuerdos de aquella Biblia que se sabía de memoria... «Pero, al reunirse más de tres personas, ¿cómo creer en ese gran nombre de Dios, después del espantoso abuso que nuestros curas hacen de él? P580 »Un cazador dispara un tiro en el bosque, su presa cae, él corre para alcanzarla. Su calzado tropieza con un hormiguero de dos pies de alto, destruye la casa de las hormigas, las dispersa a lo lejos, y lo mismo sus huevos... Las más filósofas de las hormigas no podrán nunca comprender aquel cuerpo negro, inmenso, espantoso: la bota del cazador, que de repente ha penetrado en su vivienda con una rapidez increíble, precedida de un ruido atronador y acompañada de chispas de un fuego rojizo... »Así la muerte, la vida, la eternidad, cosas muy sencillas para quien tuviera los órganos lo bastante extensos para concebirlas... »Una mosca efímera nace a las nueve de la mañana de

un día de verano para morir a las cinco de la tarde; ¿cómo podría comprender la palabra noche? »Dadle cinco horas más de existencia, y verá y comprenderá lo que es la noche. »Así, yo moriré a los veintitrés años. Dadme cinco años más de vida para vivir con la señora de Rénal...» Se echó a reír como Mefistófeles. «¡Qué locura es discutir estos grandes problemas! »Primero: soy hipócrita, como si aquí me estuviera escuchando alguien. »Segundo: me olvido de vivir y de amar cuando me quedan tan pocos días de vida... ¡Ay de mí! La señora de Rénal está ausente; puede que su marido no la deje volver a Besancon para que no continúe deshonrándose. »Esto es lo que me aísla, y no la ausencia de un Dios justo, omnipotente, no malo, no ávido de venganza... »¡Ah! ¡Si existiera!... Yo caería a sus pies y le diría: "He merecido la muerte; pero Dios grande, Dios bueno, Dios indulgente, ¡devuélveme a la que amo!".» La noche estaba muy avanzada. Después de una hora o dos de sueño tranquilo, llegó Fouqué. Julien se sentía fuerte y decidido como el hombre que ve claro en su alma.

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