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A semejanza de Dios

Génesis 1. 26-28 Aunque nuestra semejanza con Dios ha quedado distorsionada después de la caída, los seres humanos podemos volver a rescatarla por medio de la obra de Jesucristo y cumplir entonces el propósito pleno y especial para que el cual fuimos formados. Cuando Dios creó al ser humano, le dio características únicas y singulares que no compartimos con ningún otro ser creado. Creados a semejanza de Dios. Una de las más grandiosas declaraciones hechas en la Biblia —y en la literatura en general— es la que expresa que los seres humanos fuimos formados a imagen y semejanza de Dios. Esta verdad sigue siendo immutable aún después de la caída. Con el ingreso del pecado al mundo, dicha imagen y semejanza fue deformada, pero no destruída. Como señala Pascal: “Los seres humanos somos reyes destronados”. Aún aquellos que están sumergidos en el pecado y la rebeldía contra el Creador siguen conservando las marcadas distintivas de su semejanza con Dios. Algunos de esos distintivos son: 1. Dios ha puesto eternidad en nuestros corazones. Ecl. 3:11 2. Dios nos ha dado la capacidad de ser creadores. Ex. 35:20-35 3. Dios nos llama a ser parte de su familia eterna. Jn. 1:14 Creados para ser administradores de la creación de Dios. Desde el instante mismo de la creación del ser humano, Dios le llama a ser sobreveedor, mayordomo o administrador de todo lo creado en este planeta. Es una de las responsabilidades más delicadas que tenemos: vivir en equilibrio, en cuidado y protección de nuestro entorno natural. 1. Pero el pecado introdujo una degradación del rol de los seres humanos en la creación. 2. Los cristianos somos llamados a recuperar este rol de ser mayordomos de un mundo degradado por medio de nuestro testimonio y de acciones concretas de protección del medio ambiente. Creados en bendición para ser de bendición. Cuando Dios termina la creación de los seres humanos, se regocija en la misma y expresa que es “buena en gran manera”. Dios está deleitado con su creación y le otorga a los humanos, hombre y mujer por igual, una bendición especial como administradores y protectores de este mundo. Esta bendición, que estaba llamada a ser general para todos los seres humanos, se pierde por el pecado y sólo es recuperada a través del sacrificio de Cristo. 1. Por medio de Cristo somos reconciliados nuevamente con Dios para ser los mayordomos de su creación y miembros de su familia. Ef. 2:10. 2. Como en el mandato original de Génesis 1:28, los cristianos somos llamados a ser de bendición para otros.

.Por medio de la obra de Cristo volvemos una vez más a hacer real el mandato que recibimos en Génesis 1:26-28 de ser mayordomos de esta tierra y testigos del amor y las bendiciones de Dios a las naciones.