L A WEB , CAPITAL DEL SIGLO XXI

Prólogo .................................................................................................................. 5 Introducción: Oniromeet ....................................................................................... 9 La web: una ciudad. ............................................................................................ 20 Redes Sociales o Los Frankenstein del siglo XXI .................................................... 27 Las pestañas ........................................................................................................ 31 Pestañas-Pasajes........................................................................................................ 33 La mirada .................................................................................................................. 39 Algunos espacios de la mirada .............................................................................. 41 La Re-Ilustración del mundo............................................................................... 50 Wikipedia: La enciclopedia libre. ............................................................................. 55 Profanaciones ........................................................................................................ 57 Epílogo ................................................................................................................ 65 Anexo: La flor azul ............................................................................................. 70 Bibliografía ......................................................................................................... 75

LA WEB, CAPITAL DEL SIGLO XXI

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Universidad Nacional de Rosario Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales Escuela de Comunicación Social

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Alumna: Stefanía N. Sahakian tefisahakian@gmail.com

Directora: Sandra Valdettaro Año de entrega: 2013

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A Mamá, que desde que yo era chica dibujaba en los márgenes de las hojas, flores con birome azul. Y seguramente haya sido esa la primera flor azul que me haya fascinado y que he salido a buscar desde el comienzo.

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GRACIAS…

Anto, por escuchar atentamente –a veces incluso sin entender muy bien de qué
hablaba–, mis imperiosas lecturas en voz alta de algunos fragmentos de estos capítulos y devolverme siempre una opinión. Por el día a día. :)

A mi abuela, por el enorme cariño, el empuje, la alegría y la confianza en mí. Por
las letras.

A Pedro, por el incentivo constante con este trabajo y por transmitirme los valores
de la vocación y la importancia de la disciplina en la pasión. A mi grupo de estudio, por convertirse en mi grupo de amigos, que hizo a esta carrera menos carrera y más alegría (Nadine, Anto C., Pocho, Facu, Toto,

Juan, Manu, Tomi, Mati S.). A Sofi, por la lectura atenta y la corrección de esta tesina. Por el aliento diario a la
escritura. Al hermoso grupo personas del Proyecto de Investigación: “Comunicación

Social de la Ciencia”, por enseñarme que la investigación en Comunicación es
más rica (y divertida) si es colectiva. Y sobre todo, gracias a Elena Gasparri y a Soledad Casasola, por darme lugar como alumna e incentivarme a trabajar, producir y debatir desde el principio, a la par de ellas.

Al colectivo Digicom, en especial a Marcelo, por acompañarme, alentarme y
enriquecer mi trabajo con valiosos comentarios, y a Vane, por sus ingeniosas devoluciones y sugerencias desde que comencé esta tesina.

Sandra, por haber citado a Walter Benjamin en mi segundo año de la carrera, por
despertar en mí la pasión por la investigación de nuestro campo de estudios, el entusiasmo por el conocimiento y la vocación de la docencia. Gracias por acompañarme en este último trabajo de mi grado.

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P RÓLOGO

WALTER BENJAMIN
“L A
CITA ES UN LLAMADO , UNA EVOCACIÓN AL PAS ADO , UNA PROMESA DE

FUTURO , UNA PUERTA A LA AMISTAD .”

N OS -O TROS . E L AUTOR D ANIEL B ASILIO

DIOS Y LA PROFANACIÓN DE LOS ARTEFACTOS ,

“E N

MI TRABAJO LAS CITAS SON SALTEADORES D E CAMINOS QUE IRRUMPEN

ARMADOS PARA ARREBATAR LA CONVICCIÓN QUE ALBERGA EL OCIOSO PASEANTE .”

C ALLE

DE DIRECCIÓN ÚN ICA ,

W ALTER B ENJAMIN

Esta tesina nace de una cita. Nace de un Otro evocado en palabras. Nace de lo ajeno que se volvió propio. Esta tesina nace de un encuentro. En el segundo año de la carrera de Comunicación Social, una profesora nos disparó: “Ya no se sueña con la flor azul…”. No recuerdo qué dijo después ni de qué hablaba antes, pero sí recuerdo en qué posición y lugar del salón estaba yo y la sensación que tuve cuando recibí esa cita. Laflorazul. Si el concepto de aura de las obras de arte pudiese ser aplicado a las palabras, aquellas estaban cargadas. Me vi obligada a alzar la mirada1fascinada. Desprevenida, fui asaltada en mi banco por aquellas palabras que brillaban azules y efímeras. Me florecían en ecos. La flor azul. Fue un instante. Iluminador. Profano. Y parecía que nadie más las había sentido.

1“Experimentar

el aura de una aparición significa investirla con la capacidad de ese alzar la mirada.” Walter Benjamin, La obra de arte en su época de reproductibilidad técnica [1936], en Tesis de la Filosofía de la Historia, Ed. Terramar, 2004.

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A partir de ese momento me obsesioné buscando cuál era el libro donde estaban escritas. “Onirokitsch”, me dijo la profesora cuando le pregunté, “es un libro chiquitito, azul…”. Azul. Lo (su)realmente terrible es que era azul. Sólo cuando leí el texto de Novalis al que hacía referencia Benjamin, me sentí identificada: “Antes jamás oí hablar de una pasión tan extraña por una flor (…) No alcanzo a saber por qué he sido yo el único a quien sus palabras han causado una emoción tan grande. Los demás han oído lo mismo que yo, y a nadie le ha ocurrido lo que me está ocurriendo a mí. ¡Ni yo mismo soy capaz de hablar del extraño estado en que me encuentro!” Ahora que lo escribo reconozco mi decisión inconsciente de aquel momento, mi romanticismo empedernido: yo también, como Enrique de Ofterdingen, saldría en busca de mi flor azul, saldría al encuentro del autor. Y comencé a buscar el libro. Desde aquel martes del segundo año de la carrera de Comunicación, he estado soñando con la flor azul. Me costó conseguir Onirokitsch pero, a través de esa búsqueda, fui conociendo otros textos del autor. Y en ese juego, en ese primer coqueteo con sus palabras y la imposibilidad de tenerlas en el libro, de poseerlas y devorarlas, comenzó mi enamoramiento con Walter Benjamin. De a poco fui tejiendo mi propia red benjaminiana y enredando con ella a cuanto pude de los contenidos de la carrera. Benjamin construyó su escritura como un abanico sobre el que desplegó temas tan diversos como sus intereses. Su escritura: una tela de bordar con miles de hilos de colores distintos, formando constelaciones a lo largo y a lo ancho del bastidor. Los hilos se cruzan, se enredan, se cortan. Componen. Crean un cuerpo maravilloso junto con el autor. Constelación-benjamin: interconectada. Infinita. una figura policroma, brillante, compleja e

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LA WEB

Estamos atravesando un proceso de Re Ilustración del mundo, provocado por el entusiasmo y la voluntad de independencia que se viene gestando en la web con respecto a antiguas instituciones y autoridades. La web es el contexto de producción y de desarrollo de este sentimiento de emancipación en la sociedad. Funciona hoy como aquella ciudad por antonomasia moderna, París. Por esto es que considero que es posible hacer una analogía entre la web y aquella ciudad que Walter Benjamin nombró “la ciudad capital del siglo XIX” para hacer un breve recorrido por algunos sitios fundamentales de la web. Si París fue declarada ciudad capital por su importancia como escenario de los grandes cambios filosóficos, culturales, políticos, intelectuales, etc., es posible que hoy consideremos a la web como la capital del siglo XXI. En sus resúmenes para el Libro de los pasajes, Benjamin transita las novedosas arquitecturas de la ciudad: los pasajes, analizando su importancia para París, describiendo sus características arquitectónicas, sus escaparates y a los habitantes de estas galerías: los flâneurs. Considero que es posible extender la analogía de la web con la ciudad capital y pensar a las pestañas del navegador como los pasajes del siglo XXI y a sus usuarios como neo flâneurs.

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INCEPCIÓN
“¿C UÁL ES
EL PARÁSITO M ÁS RESISTENTE ?

¿L A

BACTERIA ?

¿U N

VIRUS ?

¿U N

GUSANO INTESTINAL ?...U NA IDEA .

R ESISTENTE ,

ALTAMENTE CONTAGIOSA .

U NA VEZ QUE UNA
ERRADICARLA .

IDEA SE HA APODERADO DEL CEREBRO ES CASI IMPOSIBLE IDEA QUE ESTÁ COMPLETAMENTE FORMADA ,

U NA

COMPLETAMENTE COMPRENDIDA . PARTE .”

Q UE

SE PEGA , AHÍ DENTRO , EN ALGUNA

I NCEPTION (“E L

ORIGEN ”)

Todo comenzó con una flor azul. No importa el origen de esta flor sino destacar la importancia de que esa flor haya sido citada, la importancia de sus semillas. La importancia de que aquella flor azuleó y germinó en otros textos. Creó una red. Todo comenzó con una flor, con una imagen, con una cita. Soñar con la flor azul. Un sueño que cada evocador de esa flor construyó con sus propias constelaciones.

Si desde mi segundo año de cursado he estado soñando con la Flor Azul, escribir esta tesina es una forma de despertar, de hacer consciente mi aprendizaje, porque como ya escribió Walter Benjamin: “Hay un saber consciente de lo que ha sido y su afloramiento tiene la estructura del despertar” (Benjamin, Libro de los pasajes, 2005)

Esta tesina se gestó en el comienzo de una amistad con un autor que me acompañó en mi carrera universitaria y con quien deseaba finalizarla también. En este caso, la web como capital del siglo XXI, como ciudad para hacer flânerie, como cita de la ciudad moderna, fue la excusa, pero hubiese inventado cualquier otra para escribir este trabajo final con él. Cómo explicarlo...Fue amor a primera cita.

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I NTRODUCCIÓN : O NIROMEET 2

“A L ÚNICO

QUE DEBES SERLE FIEL EN ESTE TRABAJO ES A

W ALTER

B ENJAMIN .” M ARCELO D E L A T ORRE

El escritor italiano Alessandro Baricco, había viajado a París para presentar City Reading, el último disco del dúo francés de música electrónica, Air, del que él mismo había participado, leyendo fragmentos de su libro City. Luego de la presentación del disco, decidió recorrer la que alguna vez fue llamada la ciudad mundial del siglo XIX. Caminar lo ayudaba siempre a tener ideas creativas y las necesitaba para su próximo libro. Estaba investigando acerca de las condiciones de la industria editorial y los cambios en las formas de leer, y pensó que sería interesante visitar la monumental Bibliothèque Nationale, aquella catedral francesa del libro. No sabía bien en busca de qué iba –después de todo, en un lugar tan antiguo, sería poco probable encontrar algo acerca de la actualidad del libro–, sin embargo fue a aquel edificio sospechando que, quizás, podría descubrir algún vestigio de aura entre todos aquellos papeles amontonados en los estantes. “¡El aura!–pensó y sacudió la cabeza– ¡Qué útil, qué terriblemente útil habría sido alguien como Walter Benjamin, después de la guerra, cuando todo estalló y empezamos a convertirnos en lo que ahora somos!” Recorrió las altísimas filas de libros con el respeto y la sacralidad que aquel lugar despertaba en cualquier paseante. Recordó a las tortugas que los flâneurs parisinos del siglo XIX llevaban atadas, como símbolos del tempo de su caminata. Así también era el ritmo de Alessandro entre las enormes y antiguas bibliotecas de Francia. Lento, pianissimo, zigzagueaba los pasillos de la biblioteca. Paso marcado por el olor de libros polvorientos, que aguardaban entre

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Ver epílogo: “¿Por qué un mash up?”.

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los estantes alguna mirada que les insuflara vida. Ritmo cuidadoso, que sospechaba que los límites de aquellas galerías de libros, se extendían más allá de lo que se veía superficialmente. Y de repente, una figura encorvada sobre un escritorio lo paralizó. No puede ser…es imposible. Pero…es tan parecido…Acaso… Se acercó a aquel hombrecito inclinado sobre un cuaderno en el que estaba inmerso, escribiendo en una letra diminuta, apenas legible, con un montón de libros desparramados alrededor, sobre la mesa. Disculpe…–dijo Baricco, tocándole el hombro. El pequeño hombre se dio vuelta. Efectivamente, era él. ¿Herr Walter Benjamin? Sí, señor. ¿Y usted es…? Alessandro Baricco. ¡Es realmente un gusto encontrarme con usted aquí! –dijo maravillado.

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Bueno, la verdad es que no suelo frecuentar muchos lugares, la biblioteca es uno de los que soy más habitué. Y además –dijo frunciendo el ceño y desviando la vista hacia abajo– he tenido un sueño por demás extraño que me tiene perturbado desde que desperté y necesitaba escribir acerca de eso.

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¿Pero qué ha soñado que todavía lo molesta?

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Verá…es por demás extraño. Me encontraba en una ciudad completamente desconocida para mí. Una ciudad en la que los pasajes eran llamados pestañas, sí, así como lo oye, ¡pestañas! Esta ciudad, a su vez, tenía varias ciudades en su interior y los habitantes se movían de una manera rarísima. No caminaban, era como si se desplazaran sobre la superficie de sus calles – ¡y digo calles porque no sé de qué otra manera llamar a esos espacios!–. En esta ciudad no había catedral, ni plaza central, era una ciudad sin centro, una ciudad sin religión, sin líderes, sin instituciones. Pienso que –hace una pausa y se queda dubitativo–, pienso que esta ciudad sería la utopía de la Modernidad. Sí, esta ciudad podría ser la utópica ciudad moderna… Baricco lo miró confundido y se sentó al lado suyo.

-

No me haga caso. –dijo Benjamin– Estoy frecuentando mucho a los surrealistas y además, hace ya unos años que preparo un proyecto sobre la ciudad de París, creo que se llamará finalmente “Libro de los pasajes”, y de seguro que aquellas ocupaciones de mi vigilia han influido en mis sueños.

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Estoy algo confundido. Lo que me describe me es familiar. Parece como si usted me estuviese hablando de algo que conozco, de una ciudad en la que he estado…y aquellos habitantes… ¡Es como si me estuviese hablando de bárbaros!

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Bueno, señor Baricco, no estoy seguro de que sea necesario ese adjetivo. “No caminaban, era como si se desplazaran por la superficie”, dijo usted. ¡Como los bárbaros!

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Aguarde, hace un tiempo he reflexionado bastante acerca de los bárbaros y creo que podemos pensar al concepto de “barbarie” como positivo. Verá, la pobreza de experiencia de los llamados ‘bárbaros’, les lleva a la creación de cosas nuevas, a empezar de la nada, a construir desde poquísimo, sin mirar ni a diestra ni a siniestra, un nuevo mundo, una nueva cultura. Y esto, a pesar de sus riesgos, conlleva siempre algo positivo. Fíjese lo que ha sucedido con el cine, aquella masa de espectadores nuevos –masa temida por las elites de la sociedad– se transforma de retrógrada frente un Picasso, a progresiva de cara a un Chaplin. ¡A eso me refiero! ¡Aquellos eran espectadores bárbaros! –se entusiasmó Baricco, alzando la voz– ¡Pero los de hoy tienen branquias! ¡Respiran con las

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branquias de Google! ¡Y surfean por la superficie de la web!... ¡Qué mutación, qué mutación!

Walter Benjamin lo miraba desconfiado: - ¿Branquias? ¿Doodle ha dicho? –se le acercó un poco más y le susurró– ¿Acaso…ha estado usted experimentando con haschisch, mi buen amigo? Porque yo he probado y… ¿Haschisch? – lo interrumpió– No, nada de drogas…Observación pura, querido Walter. Pero, ¿qué tribu bárbara es ésta a la que le ha salido branquias? Verá, esta nueva ciudad con la que usted ha soñado, me recordaba a algo, ¡y es que se parece mucho a la web! Los pasajes llamados pestañas, la ciudad sin centro, con más ciudades dentro. Y la forma en que se mueven sus habitantes, ¡es como se mueven los bárbaros! ¿La web? Me temo que estoy un poco desorientado… Un lector que estaba sentado cerca de ellos levantó la vista de su libro y les pidió silencio. Venga, vayamos a un sitio donde podamos conversar… –dijo Baricco. Fueron a otro espacio de la Biblioteca en donde no era necesario leer en silencio y apartado, en donde la lectura podía parecerse menos a una plegaria al libro sobre el altar-escritorio y estaba permitido conversar. Alessandro sacó de su bolso una notebook y la apoyó sobre una mesa. Benjamin abrió desorbitadamente los ojos.

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¿Qué es este dispositivo? –preguntó el alemán perplejo y a la vez asustado por aquella escena. Baricco comenzó a explicarle de qué se trataba, sospechando que, como Benjamin se había perdido también la pantalla anterior –la de la televisión–, sería un poco más complejo que comprendiera la nueva interfaz, que se adaptara a la interacción con esa pantalla móvil. Sin embargo, la lucidez de Walter Benjamin, motorizada por su curiosidad, brillaba más que la pantalla de la pc en aquella sala.

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Esto es imposible –se levantó bruscamente de su silla y comenzó a dar vueltas alrededor de la mesa–, debo estar soñando de nuevo definitivamente. ¡Una ciudad enorme que cabe en un cuadrado de cristal! ¡Una ciudad sin dioses, una ciudad global! ¡Y la masa tiene acceso a ella! Las posibilidades de difusión de esta técnica son impensadas. Es necesario ser extremadamente cuidadosos con esta mediación. Siguieron recorriendo la web durante horas. El escritor italiano le mostraba a Benjamin diferentes sitios y sus posibilidades y éste, a cada rato, se precipitaba para reflexionar en voz alta, caminando en círculos alrededor de Baricco, que disfrutaba de presenciar estas genialidades en vivo: “Él no intenta comprender qué es el mundo, sino, saber en qué se está convirtiendo –pensaba mientras lo veía deliberar al lado suyo–. Lo que le fascina, en el presente, son los indicios de las mutaciones que acabarán disolviendo este presente. Para él, comprender no significa situar el objeto de estudio en el mapa conocido de lo real, definiendo qué es, sino intuir de qué manera ese objeto modificaría el mapa volviéndolo irreconocible.”

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¿Lo ve usted, Benjamin? Esta es la nueva ciudad capital del siglo XXI… ¡Siglo XXI! ¡Dios mío! ¡Qué sueño extraño! –se lamentaba, llevándose la mano a la cabeza.

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Y los habitantes de esta ciudad son los bárbaros. Son quienes transitan la ciudad, la observan, la habitan y la modifican según sus necesidades, arrasando y saqueando la cultura tradicional. Ellos son quienes surfean la web.

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¡Ah, usted habla de los flâneurs! La forma de pasear por la ciudad ha cambiado entonces. Por lo que usted me muestra, la multitud sigue siendo dominio del flâneur, tal como decía Baudelaire, “como el aire el del pájaro, como el agua el del pez”. Pero ellos, como afirma usted, ahora se han vuelto peces en el océano de esta red, les han salido branquias. Eligen domicilio en la ondulación, en el movimiento, en lo fugitivo e infinito. Salen fuera de sus casas, pero desde sus casas mismas; ven el mundo, están en el centro del mundo y permanecen, si lo desean, escondidos del mundo. Dígame, amigo, ¿acaso en este mundo existe un lugar para el aura?

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El aura de las obras de arte, ya lo ha dicho usted, se ha liquidado. En este mundo, conceptos como ´autenticidad´ u ´original´ se están desvaneciendo. Las copias en la web, gracias a la digitalización son idénticas. No hay “aquí y ahora” de una obra porque no hay original. Lo mismo sucede con el concepto de ‘calidad’ de una obra. Para los bárbaros, la calidad reside en la cantidad de energía que la obra es capaz de recibir de otras narraciones y de a su vez, verter después en otras. Si, por ejemplo, por un libro pasan cantidades de mundo, ese es un libro que hay que leer. Cantidades de mundo… ¿O sea, que estos ciudadanos no están en estado de aislamiento, como decía Paul Valery de los habitantes de las grandes urbes, más allá de que habiten esta ciudad desde los interiores de sus casas?

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¿Aislamiento? ¡No! Los ciudadanos están conectados permanentemente. Forman redes en este espacio, que son virtuales, digitales. Pero también atraviesan la pantalla y crean esas redes en las ciudades que habitan físicamente. Y si volvemos a los libros, por ejemplo, –disculpe el ejemplo recurrente pero estoy escribiendo sobre la lectura– ¡¡los bárbaros leen colectivamente!! Si un libro es un libro inmóvil, carente de comunicación con el exterior, sería un libro inútil. Los bárbaros van hacia los libros, y de buena gana, pero para ellos tienen valor únicamente los escritos en la lengua

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universal, formada por una idea de ritmo, por una colección de secuencias emotivas estándar, por una idea concreta de velocidad. Porque de esta forma no son libros, sino segmentos de una secuencia más amplia, que a lo mejor se ha generado en el cine, ha pasado por una cancioncita, ha desembarcada en televisión y se ha difundido en Internet. Lo ve usted, no están aislados de ninguna manera, viven y consumen colectivamente en esta ciudad. Televisión, internet… ¡Qué catástrofe este progreso! ¡El Ratón Mickey debe ser parte de la historia ya! – Benjamin se levantó precipitadamente, agitando la cabeza y comenzó a rascársela, como un tic nervioso, dando vueltas alrededor de la mesa otra vez –. Usted habla de una lengua universal. Entonces, el flâneur de esta ciudad, enamorado de la vida universal entra dentro de la multitud como dentro una inmensa reserva de electricidad. ¡Qué digo “como”! Ya no hay metáfora: entra dentro de la multitud y dentro de una inmensa reserva de electricidad, la web. ¡Así es! Y no van en busca de calidad, autenticidad o aura, van en busca de secuencias de sentido. Van en busca de movimiento, de multitud, de velocidad. Los bárbaros, o como usted los llama, los flâneurs de la web, sacrifican incluso el barrio más alto, noble y hermoso de la ciudad, a favor de una dinamización de sentido. En busca de velocidad… ¿Entonces, ya no llevan tortugas? Barico rió: - No, querido Benjamin. Ya no llevan tortugas: llevan tablas de surf. Benjamin se sentó nuevamente, miró confundido a un punto fijo y dijo en alemán: “¡Qué extraño todo esto! El sueño, la ciudad, los bárbaros, este encuentro con este hombre italiano. ¡Es onírico! ¡Surreal! ¡Mágico!” Dígame, Baricco, este dispositivo suyo tan poderoso, que le permite ingresar al mundo y acceder a cualquier texto me hace pensar que debería replantear mi forma de archivar mis trabajos. No sé si usted está al tanto de la situación política de Alemania, pero la cosa está un tanto peligrosa para los judíos y marxistas en esta época –le susurró a Baricco–. Si la persona equivocada encontrase algunos ensayos míos, eso bastaría no sólo para que destruyan mi obra, sino para poner mi vida en grave peligro. El proyecto sobre los pasajes de París del que le hablaba al principio, es uno de mis emprendimientos más

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ambiciosos y al que más años le he dedicado, no quisiera que se pierda, lo lamentaría muchísimo. Comprendo. En su época, Walter –sonrió Baricco–. Hoy en día, pienso que tendría más posibilidades de producir tranquilo. No sólo podría escribir anónimamente, sino crear redes que le permitan protegerse en ellas y hasta podría denunciar públicamente a los dictadores para que otras personas del mundo apoyen su causa. ¡Y ni puedo imaginar las obras que haría usted hoy con las herramientas que existen en la web! De seguro que serían obras multimediales, complejas, ricas en datos y en imágenes... Redes… –lo interrumpió–, quizás tenga usted razón. Debería pensar en redes para proteger mis trabajos. Probablemente pueda repartir algunas copias a algunos amigos que se encuentran en diferentes partes del mundo, hacer una red de textos, para que no estén todos en un solo lugar. Al proyecto de París lo llevo siempre conmigo, aquí –Walter levantó del suelo un maletín negro y se lo mostró. Baricco se emocionó al verlo: “El mítico maletín negro que se extravió en Port Bou”, pensó. …Pero podría darle una copia a mi amigo, Bataille –continuó Benjamin como dialogando con él mismo–, confío en que él protegerá bien estos documentos. Creo que será conveniente. ¡No vaya a ser que pierda esa valija! –contestó Baricco algo melancólico, como comprendiendo ya, que quizás era él quien estaba soñando, que aquel encuentro con el gran Walter Benjamin y su épico maletín negro era imposible, que quizás era su propia vigilia por entender a la cultura bárbara la que estaba afectando a sus sueños. Observó a aquel pequeño hombrecito, sacar de un bolsillo del saco su cuaderno forrado con terciopelo azul y sumergirse preocupado en la escritura diminuta nuevamente. Sí, hay que ser cuidadosos. –susurró Benjamin, abandonando a Baricco y a la notebook, a la biblioteca y al maletín negro, y entregándose a su interfaz cotidiana: el papel. Nada importaba para él más que comprender aquello que se le presentaba, escarbando el pasado, constelando hechos y vislumbrando los cambios que sucederían en el texto social que él leía en su presente. Allí, al lado suyo, Walter Benjamin era aura: la aparición irrepetible de una lejanía por cercana que ésta pueda hallarse.

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Allí, al lado suyo, Walter Benjamin era aura: la aparición irrepetible de una lejanía por cercana que ésta pueda hallarse. Pensar en el destino de aquel genio lo apenaba. Lo veía rumiando preocupado, encima de su cuaderno, intentando descifrar con lucidez las mutaciones del mundo. “En la historia de Benjamin ganó el más fuerte. Él era el más inteligente que existía. Y perdió. No hay vuelta de hoja.”–pensó. Disculpe, maestro –Baricco se arrimó a Benjamin–, lo dejo trabajar tranquilo. Ha sido realmente un placer hablar con usted. Benjamin interrumpió sus reflexiones y lo miró como si realmente se hubiese olvidado de la presencia de aquel extranjero – ¡Oh! Igualmente, señor…Baricco, ¿verdad? –le extendió la mano. Así es. Y recuerde, es muy importante que seamos extremadamente cuidadosos con lo que me ha mostrado hoy, extremadamente cuidadosos–volvió a perder su mirada sobre su cuaderno–. Este aparato no sólo modifica la forma de la ciudad y del flâneur, sino que cambia también la función de quienes, como los gobernantes, se presentan ante sus plataformas. Aspirarán a exhibir sus actuaciones de manera más comprobable e incluso más asumible a través de estas redes sociales. De lo cual resulta una nueva selección, una selección ante estos aparatos, y de ella puede salir vencedor el dictador –hizo un gesto de preocupación y siguió trabajando, mientras murmuraba quizás aquello que pensaba mientras lo anotaba. Desde luego, Herr Benjamin. Debemos ser extremadamente cuidadosos. Hasta luego. Benjamin alzó la vista y se excusó: - Disculpe que me ponga a escribir ahora, es que en los terrenos que nos ocupan, sólo hay conocimiento a modo de relámpago. El texto es el largo trueno que después retumba. El conocimiento es un instante iluminador, debemos estar lo suficientemente despiertos para aprovecharlo –señaló el narrador del siglo XIX. El italiano sonrió, guardó sus cosas en el bolso y comenzó a caminar hacia la salida.

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-

¡Oiga, Baricco! –lo llamó– ¿No tendrá, acaso, un poco de tabaco para regalarme?

-

Me temo que no. No fumo. Oh, no se preocupe. Gracias de todos modos. –y volvió a su cuaderno, haciendo un ademán con la mano saludándolo, pero sin parar de escribir.

Cuando la bibliotecaria le informó a Benjamin que estaba por cerrar, él ordenó sus libros, guardó las anotaciones en su maletín negro y salió. Cruzó el Passage des Panoramas –la iluminación de aquel corredor lo hacía sentir como en el interior de una casa–, reflexionando aún sobre aquella ciudad que le había mostrado el italiano, en la biblioteca. Se dirigía al Folies Bergere, en donde se encontraría con su amigo alemán, Gershom, a beber unas copas en aquel bar lleno de espejos y de mujeres bonitas. París es la ciudad de los espejos –pensaba el alemán–, de ahí la particular belleza de las mujeres parisinas. Antes de que un hombre las mire, ellas mismas se han visto reflejadas decenas de veces. Pero el hombre mismo también se ve reflejado en espejos todo el tiempo; en cafés, por ejemplo. Los espejos son el elemento espiritual de la ciudad, su escudo de armas. Raras veces su mente quedaba en blanco.

La mañana trágica de Port Bou en que Benjamin amaneció muerto en el Hostal Francia, la esposa del dueño del hotel, curiosa –como todos en el pueblo–, por ver el cuerpo del filósofo extranjero, entró a la habitación número 3 y encontró junto a la cama en la que yacía Walter B. su maletín negro. Luego de leer algunas notas, juzgó demasiado peligroso que los textos de aquel excéntrico judío salieran a la luz. Hablaban de un sueño sobre una ciudad dentro de un aparato de cristal. Una ciudad sin dioses, sin instituciones ni líderes. Una ciudad de bárbaros que se desplazaban por la superficie de sus calles. Una ciudad

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mundial en la que se podrían armar redes para derrocar gobiernos y viejos sistemas. Una ciudad sin fronteras nacionales, que estaba conectada con todas las ciudades del mundo. Una ciudad que le daba poder a las masas. “¡Qué barbaridad! Esto no tiene sentido alguno. Si se encuentran estos papeles, sólo traerían ideas extrañas a nuestro calmo pueblo.”

El maletín negro -como su vida- desapareció inexplicable y dolorosamente para sus conocidos. Pero su interminable obra de los pasajes de París sobrevivió, gracias a que Benjamin envió una copia a Georges Bataille y éste escondió el manuscrito en un archivo cerrado en la Bibliothèque Nationale de France, en donde fue encontrado años después. Sólo se encontró una carta3, dirigida a su amiga y futura esposa de Erich Fromm, Henny Gurland, junto con quien había atravesado los Pirineos, hasta llegar a Port Bou:

25 de Septiembre, de 1940 “…En una situación sin salida, no tengo otra elección que terminar. En un pequeño pueblo en los Pirineos donde nadie me conoce donde mi vida va a acabarse. Le ruego que transmita mis pensamientos a mi amigo Adorno y que le explique la situación en la que me encuentro. No me queda tiempo suficiente para escribir todas las cartas que hubiese querido escribir.”

Walter Benjamin.

3

Benjamin, Walter, Libro de los pasajes, Ed. Akal, 2005 (pág. 982)

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L A WEB : UNA CIUDAD .

París, 26 de agosto de 1940 Querido Wiesengrund, Le escribo porque he tenido un encuentro que me dejó sin palabras. En la tarde de hoy, conocí en la Bibliothèque Nationale de París a un escritor italiano llamado Baricco (no logro recordar su nombre de pila). Este hombre me ha mostrado un dispositivo técnico del cual ni siquiera había oído hablar nunca antes. Se trata de un cuadrado de vidrio y metal, parecido a una pantalla de cine pero en miniatura, que permite acceder a una ciudad nueva. ¡Esta ciudad es por demás extraña, mi querido amigo! Es una ciudad móvil. El señor Baricco llevaba el artefacto en su bolso y de esta manera podía ingresar a la ciudad desde cualquier parte del mundo porque ¡la llevaba consigo! Según me reveló, a esta ciudad podría tener acceso toda la masa del mundo y no pertenece a ningún país, no tiene fronteras nacionales. Es una ciudad global por excelencia, sin instituciones políticas ni religiosas. ¿Acaso usted, que se encuentra en Norteamérica, sabe algo de este aparato? ¿Ha oído hablar, por lo menos, de esta nueva ciudad? Al principio temí que este hombre estuviese involucrado con el fascismo italiano y que aquel objeto haya sido diseñado por sus ingenieros, pero se mostró muy amigable conmigo y además, parecía haber leído mis ensayos, porque hizo referencia al concepto de aura (de la cual, por cierto, en la nueva ciudad no quedaban ni rastros). Por favor, le ruego que si tiene información acerca de esta pantalla pequeña, me lo comunique. Ya está arreglada mi partida a Port Bou, desde donde viajaré finalmente hacia los Estados Unidos, así que espero encontrarme con usted en breve y comentarle acerca del proyecto de los pasajes. Cada minuto que tengo libre lo dedico a esto. Espero que se encuentre bien. Mis saludos a Gretel. Siempre suyo, Walter Benjamin.

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“N O

MATTER HOW YOU LIKE TO PICTURE THE I NTERNET OR WHAT YOU THINK

IT LOOKS LIKE , THOUGH , IT ' S PRETTY SAFE TO SAY THAT THESE VISUALIZATIONS WILL ONLY BECOME MORE COMPLEX .” 4

A DAM C LARK E STES

“L A

CIUDAD SIGUE SIENDO UNA UTOPÍA ” URBANA Y GLOBALIZACIÓN ”.

S ANDRA V ALDETTARO , “F RAGMENTACIÓN

Internet surge en la década del setenta como una gran red de redes: una red descentralizada entre varias computadoras conectadas entre sí. La worldwide web (www o “la web”), creada en la década del noventa, es uno de los servicios más utilizados y exitosos de internet ya que introdujo una interfaz simple y permitió el acceso y el uso de la compleja red a cualquier persona. La web fue la causa del apogeo y de la creciente población de Internet. Desde que la web ha sido un fenómeno mediático y cultural, se han utilizado diferentes metáforas para explicarla y comprenderla teóricamente. La metáfora utilizada no como figura retórica sino con un “estatuto cognitivo” (Diviani, 2003), ha sido útil para la interpretación de ciertos objetos, fenómenos o prácticas de la cultura. La metáfora como posibilitadora de conocimiento, podría funcionar también como lo que Walter Benjamin denominó “saber sentido” haciendo alusión a la facultad mimética del ser humano: un saber que ha sido experimentado y vivido es apropiado más fácilmente. Hacer una analogía con un objeto o lugar común ayuda a la comprensión de hechos que en apariencia al menos, son más complejos. Las analogías de la web con el laberinto y con la telaraña han sido recurrentes en las publicaciones sobre esta nueva tecnología. Consideramos que hoy en día es posible encontrar nuevas formas para explicar el entramado de la web, que ha

4 “No importa cómo te guste imaginar a Internet o a qué crees que se parece, sin embargo, es bastante seguro decir que estas visualizaciones solo se volverán más complejas.”

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superado ampliamente la arquitectura de laberinto o de telaraña, por sus conexiones, sus redes, sus usuarios, sus plataformas y posibilidades. Por un lado, la metáfora de la telaraña, fue una traducción literal del término original en inglés (web significa telaraña), que buscaba resaltar la estructura de red. Esta comparación nos induce a relacionar a la web con una construcción de trampa: podemos quedar pegados en aquella red que además, fue tejida por alguien o algo maligno que en cualquier instante llegará para devorarnos. La telaraña es tejida por un solo insecto y el objetivo es capturar otros bichos para engullirlos luego. Por otro lado, la metáfora del laberinto, nos hace asociar a la web a una especie de juego de ingenio o acertijo, que tiene muchas entradas pero muy pocas posibilidades de salir y en donde el único fin del individuo que lo transita es encontrar la salida. La estructura del laberinto es construida intencionalmente compleja para confundir a quienes se aventuren a sus pasillos. Más allá de algunas impresiones negativas que consideramos se infieren de estas analogías, es válido cómo ambas enfatizan en la red como nueva estructura de distribución de información en internet y le han sido útiles a los teóricos para comprender esta nueva tecnología. Sin embargo, creemos que es necesario actualizar la metáfora, para experimentar qué más podemos conocer de la web comparándola con otras estructuras ordinarias. Podemos pensar en otras analogías cercanas a su arquitectura y a las formas en que la www funciona internamente y hacia afuera. Nuestra propuesta es pensar a la web como una ciudad. Pero no una ciudad cualquiera, sino una que ha sido soñada en el pasado, en los orígenes de la Modernidad, por aquellos que proferían el proyecto ilustrado moderno. Una ciudad proyectada hace algunos siglos y que pudo materializarse en una tecnología actual. Una ciudad que está citando a la ciudad de las luces. Y aún más, nos animamos a pensar a la web como la ciudad capital del siglo XXI. Walter Benjamin decía que toda época sueña la época siguiente y que para entender hechos del presente es necesario “sumergirlos en la capa onírica más honda”. Por eso es que nos permitimos en este trabajo hacer un montaje entre la ciudad moderna –que tuvo como envión cultural al proyecto de la Ilustración– y la web, entendida ésta última como una cita de aquella ciudad urbana que despertaba entre las luces. Creemos que para comprender la web, es necesario

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bucear en los sueños de los comienzos de la ciudad moderna y sus aspiraciones de secularización, conocimiento y progreso técnico, porque hoy en día estamos atravesando un proceso de Re Ilustración del mundo. Si ser ilustrado implicaba independizarse de antiguos tutelajes y hacerse cargo del propio conocimiento, la web es la ciudad que está llevando a cabo ese proyecto actualmente, con sus redes sociales, con su Wikipedia, con sus habitantes autónomos frente a las instituciones políticas y con Google, ese gran híbrido, puesto en el lugar divino. Y si hablamos de la web como una ciudad, sus usuarios son los ciudadanos del siglo XXI que, a diferencia de las analogías con la telaraña o el laberinto, no los pensaremos como un individuo solitario atravesando estas estructuras, sino como un colectivo y como comunidades que se crean en y por redes. “Las redes son reales, colectivas y discursivas” (Latour, 2007) y una ciudad es una red de redes discursivas, simbólicas y materiales, construidas y tejidas por quienes la habitan, la visitan, la transitan. La diversidad, la diferencia y lo múltiple son lo que constituyen a esta ciudad desde su origen y lo que la vuelven también más seductora. La web es una ciudad que contiene dentro suyo más ciudades, más redes, algo así como una ciudad de estructura fractal. Es una gran metrópolis con millones de habitantes que diariamente transitan sus diferentes sitios–cada uno con sus reglas y arquitecturas diferentes– y que ayudan a erigir nuevos espacios o posibilidades dentro de los ya existentes; una ciudad con redes que se conectan entre sí y que a su vez interactúan con las ciudades tangibles (que también se vuelven redes), colaborando, interviniendo,–y en algunos casos, desarmando y hackeando– sus instituciones. Una ciudad con sus riesgos y con sus atractivos, con sus deseos y sus fallas, que se construye y amplía a cada segundo, gracias a sus usuarios. No hay una araña tejiendo artesanalmente esta red de redes, para atraparnos y devorarnos luego. Ni tampoco un minotauro esperándonos dentro del laberinto para capturarnos eternamente junto a él. Existen, acaso, trolls, virus y piratas que desafían el orden, al sistema, pero todos estos desparramados y ocultos en una estructura muy compleja. La web es una ciudad, o si se quiere, una nueva forma de espacialización de la humanidad que se ha estirado a otras realidades. La web es una ciudad que trae consigo la actitud “heroica” de los modernos y cita en sus estructuras al proyecto de la Ilustración.

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A través de estos capítulos, haremos un breve recorrido por algunos sitios o características que consideramos importantes y novedosas (modernas) para la sociedad actual y que generan el contexto adecuado para que el fantasma de la Ilustración resucite en el mundo y amenace con una revolución. La web, capital del siglo XXI se erige con todas las luces en las pantallas de las computadoras y los móviles de los ciudadanos del mundo. La web, más que la pantalla, se está volviendo ubicua y junto con ella, el cambio de algunas prácticas culturales y organizaciones sociopolíticas titilan con autonomía de las viejas ciudades cada vez menos intermitente. Si hemos elegido ficcionar una carta o una nota de Benjamin antes de cada capítulo es porque creemos que él fue El Narrador de la Modernidad. Él fue quien supo pintar con sus textos el heroísmo del hombre moderno. A pesar de su suicidio. Incluso por su suicidio. Él decidió morir antes de ser capturado por los nazis. Benjamin eligió su independencia ante la posibilidad de que un régimen perverso lo encarcelara y lo torturara sin dejarlo morir. Por eso aquí, a través de estas ficciones, lo evocamos. Porque la experiencia les ha sido devuelta a los hombres, en la web construyen sus propias experiencias y junto con ellas han desarrollado nuevas formas de narrar. Porque la voz de él se entreteje con la nuestra, que estamos citando permanentemente su obra del Libro de los Pasajes.

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CIUDAD MUNDIAL
Anotaciones* Me he visto inmerso en un sueño por demás extraño. Me encontraba en una nueva ciudad, la ciudad capital de un siglo del futuro. Era una ciudad de cristal, una ciudad sin límites geográficos, no pertenecía a un país determinado. Esta ciudad tenía otras ciudades dentro, todas diferentes arquitectónicamente. En esta ciudad que había plaza central o catedral o centro. Era una ciudad fractal.

*Nota extraída del cuaderno azul de Walter Benjamin

“F IJATE ,

PODRÍAMOS CONOCER TODOS LOS PAÍSES SIN MOVERNOS DE AQUÍ

ME SUSURRÓ EL

N EGRO .”
DE

O SVALDO S ORIANO , E L NEGRO

P ARÍS .

“T ODO

LO QUE ESTÁ EN O TRA PARTE ESTÁ EN PARÍS ” MISERABLES .

V ICTOR H UGO , L OS

A principios del siglo XX, se había definido que para que una metrópoli sea considerada mundial, una de sus características debía ser tener más de un millón de habitantes (Blom, 2007). Ciudades como París, Berlín o Nueva York fueron nombradas ciudades mundiales en diferentes épocas no sólo por la cantidad de habitantes sino por aquello que representaban en el mundo (eran referentes en moda, cultura, política, organización social, etc.). París, considerada la capital del siglo XIX, fue la ciudad en la que más brilló lo moderno. París fue la ciudad de las luces, de las artes y las ciencias; la ciudad de lo nuevo que atraía y enamoraba a los visitantes que caían hechizados en brazos

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de sus bares, sus mujeres y sus bulevares. Walter Benjamin, en el Libro de los pasajes se dedicó a recorrerla y comprenderla –teórica y físicamente–, recolectando imágenes, deshechos y signos de la modernidad en distintos espacios de esta ciudad: sus pasajes, su moda y sus poetas, sus paseantes y su arquitectura. París ofrecía todos los placeres y los peligros que cualquier “aventurero” moderno buscaba. Hoy en día, entendemos que la ciudad mundial no es geográfica; se ha desplazado a otro espacio. Proponemos a la web como la nueva capital mundial del siglo XXI, por sus características, ofertas y posibilidades, algunas de las cuales recorreremos en este trabajo. Parafraseando a Victor Hugo cuando hablaba de París5, “todo lo que está en otra parte está en la web”, por eso la relevancia de ésta como ciudad. Cuantitativamente, la web sobrepasa aquel requisito del siglo XX para ser considerada metrópoli mundial, ya que según la página Internet World Stats (http://www.internetworldstats.com/), durante el mes de junio del año 2012, la red contaba con una población de 2. 405.518.376. Y va en aumento. Desde el punto de vista simbólico, una ciudad mundial debe ser reconocida globalmente, ser influyente en hechos importantes y relevantes de la actualidad, ser “cosmopolita” y tener un ambiente cultural propio 6 . La web no sólo es reconocida globalmente sino que es vivida globalmente: es global. Existen

diferentes formas de habitar la web y todas conviven diariamente en sus sitios. La web es una ciudad que está promoviendo a nivel mundial una Re Ilustración del mundo, posibilitando las herramientas y espacios de comunicación, producción y consumo necesarios para que el conocimiento y la autonomía colectiva evolucionen. Los sueños olvidados de la Ilustración moderna están siendo citados y actualizados por este siglo, en esta nueva ciudad mundial.

5

“Todo lo que está en otra parte está en París” Fuente: Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Ciudad_global)

6

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R EDES S OCIALES

O

L OS F RANKENSTEIN

DEL SIGL O

XXI

Estimado Pierre Angélique *

¿Cómo se encuentra, querido amigo? El motivo de mi carta es porque deseo reunirme con usted cuanto antes para entregarle unos manuscritos míos que deben permanecer ocultos hasta que el clima en Europa se calme un poco. Yo viajaré en dos semanas hacia Port Bou, para cruzar la frontera y volar hacia los Estados Unidos, en donde me encontraré con W. T. Adorno. He conversado esta tarde con un peculiar escritor italiano acerca de las ventajas de crear redes y archivar de esta manera los documentos. Luego de reflexionar largo rato acerca de esto, creo que lo mejor será confiarle a usted estos papeles, ya que realmente me apenaría mucho que se extravíen. Sólo tengo dos copias, la que le entregaría y la que me llevaré yo en el maletín, sobre la cual seguiré trabajando. Estimado, recuerde que me gustaría mucho leer el texto suyo sobre el que me habló en nuestra última reunión, Madame Edwarda, ¿acaso podría alcanzarme una copia en nuestra próxima reunión? Yo se la devolvería en cuanto termine de leerlo. Realmente me urge que nos encontremos porque estoy preocupado por la suerte de mi trabajo. Lo saluda atentamente,

W. B.

* Pierre Angelique era uno de los seudónimos de Georges Bataille. Aparentemente, Walter Benjamin lo habría utilizado para guardar confidencialidad acerca de la persona a quien le entregaría su trabajo.

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“I

HAVE DISCOVERED THE GREAT RAY THAT FIRST BROUGHT LIFE INTO THE

WORLD !”

D R . F RANKENSTEIN

La arquitectura social siempre se ha ido modificando con los nuevos medios de comunicación y contacto. Una de las más importantes adquisiciones para la estructura de la sociedad fue la www, porque ha expandido sus límites y ha inducido una mutación de las formas del funcionamiento social y de las prácticas culturales. En los últimos años hemos sido testigos de importantes manifestaciones, cambios o eventos sociales, políticos y culturales que han tenido como escenario originario a la web. Los sujetos que la habitan han aprendido a apropiarse de las plataformas de la ciudad capital del siglo XXI y construyeron nuevos cuerpos, que les resultan monstruosos a los sistemas y organismos tradicionales; han creado cuerpos híbridos, más resistentes y potentes que el de un solo individuo. Cuerpos que se levantan enmarañados contra los antiguos órdenes cuando éstos se vuelven obsoletos. Cuerpos-redes que invaden la ciudad digital y la atraviesan, hasta llegar a las ciudades geográficas. Cuerpos-redes mundiales de interacción que tienen un poder y un alcance que, previo a la existencia de la web, hubiesen sido impensados. La web da vida a estos cuerpos, la sociedad de la web es una sociedad red (Castells, 2012), permanentemente conectada online y offline, intercambiando información, construyendo diálogos y tomando decisiones junto con miles de personas. Miles de personas conversando en la ciudad virtual, desde una ciudad tangible y sin un centro identificable, sin un líder. Redes, como pequeños Frankenstein, construidas con personas amalgamadas por una causa o interés en común. Miles de nodos conectados, y ninguno es más importante que otro, son un cuerpo entero, un todo, una fusión a la que la electricidad de la web le dará vida y saldrá del web laboratorio–como la creatura del Dr. Frankenstein– a las calles de la ciudad para aterrorizar y saquear antiguos espacios sacralizados. Si la masa era el fantasma del siglo XX, las redes son el fantasma del siglo XXI: todo lo enredan, lo conectan y lo capturan para liberarlo en sus estructuras. Las redes son abiertas y sus productos también: se reconfiguran, modifican y mutan todo el tiempo según las acciones de los nodos.

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Pero estos Frankenstein digitales, no tienen un “inventor”, las partes se juntan solas, como por atracción, para formar el nuevo cuerpo, más fuerte y más potente que cada una de ellas por separado. En Redes de indignación y esperanza (Castells, 2012), Castells estudia los movimientos sociales que se han originado en la web en épocas de crisis y define una “nueva forma espacial” de éstos, que se da entre la ciudad digital y la ciudad urbana. A este entre ciudades lo llama “espacio de autonomía” y es aquel que se teje colectivamente entre el ciberespacio y el espacio urbano, entre la ciudad capital digital en donde se crean las redes de comunicación, y la recuperación y ocupación física de las ciudades tangibles por parte de los ciudadanos. Los sujetos movilizados por disparadores emocionales (ira, descontento con el sistema, etc.), se conectan, organizan y convocan a través de las redes sociales digitales, utilizan las plataformas de la web según sus necesidades y forman estructuras descentralizadas, una “interacción de múltiples nodos”, sin un centro. La autonomía de los sujetos se garantiza con la capacidad de organización en la “libertad de las redes de comunicación”, pero para que aquello cobre vida y pueda “ejercer como fuerza transformadora”, debe tomar la ciudad tangible también. Las redes que comienzan en el espacio virtual, se materializan en movimientos sociales que actúan de alguna manera en la ciudad: protestando en las calles, ocupando instituciones, ayudando en alguna causa solidaria, etc. Gracias a la web, los ciudadanos son autónomos frente a las tradicionales instituciones sociales, que se descubren inútiles y obsoletas en momentos de crisis y emergencias. La sociedad red es autopoiética: las redes se auto organizan, se auto producen o se desarman, según las condiciones sociales, los intereses o los deseos de quienes participan de cada red. Es una sociedad “autoconstruida”, que inventa nuevas formas de coexistencia, de diálogo y de hacer. La web es cosmopolita, e incluso podemos sugerir que ese adjetivo le queda chico, ya que allí las fronteras nacionales se difuminan, las nacionalidades, los orígenes, aquellas identidades más “estables” no son importantes para convivir. El habitante de la web es un ciudadano del mundo, por eso la potencialidad de los lazos que se crean en ella: muchas causas locales se vuelven globales, dado

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que la interacción de los nodos es transnacional. Con esto no queremos decir que las fronteras nacionales desaparezcan, porque tal como lo vemos en la actualidad, las naciones existen y conjeturamos que seguirán existiendo. La web funciona como una dimensión paralela a las ciudades físicas, es parte de la misma realidad, pero es otro sitio, en el que las nacionalidades se disipan porque el acceso a las pestañas es el mismo para cualquier habitante de la web.

Podemos pensar que este funcionamiento de la actual ciudad mundial del siglo XXI, está citando al sueño de los orígenes de la ciudad ilustrada moderna: la autonomía de los sujetos frente a las instituciones políticas, culturales o religiosas. Si los ciudadanos pueden organizarse en las redes virtuales, pueden luego actuar al margen de los vetustos claustros sociales, sin líderes, acéfalos, flexibles en su composición y funcionamiento, adaptándose a las necesidades y demandas del contexto en el que se mueven.

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L AS PESTAÑAS
Anotaciones* En el sueño me encontraba en una ciudad en donde los pasajes se llamaban pestañas y en la que los flâneurs no caminaban, sino que se desplazaban sobre la superficie de sus calles. Una ciudad así cambiaría todas nuestras formas de experiencia.

*Nota extraída del cuaderno azul de Walter Benjamin

“L AS

PUERTAS QUE DAN ACCESO A LOS PASAJES CONSTITUYEN UMBRALES ”

W ALTER B ENJAMIN

“C UANDO

SE ABREN LAS P ESTAÑAS , SE ABREN LOS OJOS ”

J ORGE Y UNES

El navegador es el umbral. La entrada a la capital del siglo XXI. La web no se navega con remos ni con velas. Se navega en pestañas. Haciendo clicks y scrolls con el mouse. El usuario abre el navegador web y comienza su recorrido infinito. Esta forma de navegar le permite mirar desde un solo lugar varios espacios a la vez. La mirada del navegante se estira, se extiende. Las pestañas se multiplican como la mirada del internauta. Se abren más ojos. Desde mediados del siglo XX, los navegadores web comenzaron a implementar un nuevo tipo de interfaz gráfica con el usuario que permite abrir varias páginas web sin la necesidad de abrir el navegador en ventanas diferentes. Hoy en día, algunos navegadores permiten incluso recuperar pestañas abiertas en

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navegaciones anteriores o sincronizarlas con el móvil para verlas desde otro dispositivo. La web se abre como una ciudad dispuesta a ser explorada, invita a recorrer sus pasajes. Los transeúntes de hoy se diferencian de aquellos paseantes que veía Benjamin en la ciudad de París; ya no más los flâneurs con tortugas atadas para simbolizar su ritmo de caminata7 o registrando sus observaciones de la ciudad en cuadernos de notas, sino navegantes veloces que pasean por la capital desde sus propios hogares y que no se quedan en un solo sitio por mucho tiempo. Existen nuevas formas de transitar la ciudad, nuevas maneras de recorrer la capital mundial digital. Ya no más aquellas monumentales arquitecturas de hierro y vidrio, conteniendo en su interior “pequeños mundos” diferentes, sino arquitecturas digitales que se van modificando continuamente y contienen dentro suyo otras arquitecturas, que nos permiten tener acceso a lugares lejanos o inexistentes geográficamente. Hoy en día, la distancia existe sólo en el plano de lo físico o geográfico. La ciudad capital del siglo XXI se recorre desde cualquier parte del mundo, atravesándola en pestañas.

7

Benjamin, Walter, El libro de los pasajes, Madrid: Akal, 2005, pág. 832

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P ESTAÑAS -P ASAJES

“D E GOLPE

PUDE ABARCAR CON LA MIRADA UN BARRIO TOTALMENTE

LABERÍNTICO , UNA RED DE CALLES .”

W ALTER B ENJAMIN

París, siglo XIX. Ciudad moderna y a la vanguardia. Nuevas arquitecturas urbanas se erigían en las calles y llamaban la atención: los pasajes. Aquellos pasajes que Walter Benjamin recorrió y a los que consideró “la arquitectura más importante del siglo” (Benjamin, Libro de los pasajes, 2005). Los pasajes tenían algo de onírico y místico: en su interior convivían locales absolutamente distintos unos de otros, sin ninguna lógica: bazares de antigüedades, locales de música, de ropa, librerías, joyerías, costureras, etc. Varias ofertas diferentes, dentro de un mismo y alargado corredor vidriado.
“EL
JUEGO EN EL QUE L OS NIÑOS TIENEN QUE HACER UNA FRASE MUY CORTA A PARTIR DE

UNAS PALABRAS DADAS .

ESTE

JUEGO PARECEN PR OPONERLO LOS ESCAPAR ATES: PRISMÁTICOS

Y SEMILLAS DE FLORES, TORNILLOS Y PARTITURAS, MAQUILLAJES Y VÍBORA S DISECADAS , PIELES Y REVÓLVERES .”

(Benjamin, Libro de los pasajes, 2005)

En este párrafo tomado de las primeras anotaciones para el Libro de los Pasajes, Benjamin compara la heterogeneidad de la sucesión del contenido de las galerías con la oración que se construye en aquel juego para niños. El pasaje era el sintagma que conjugaba a estos diferentes escaparates, el espacio de encuentro de lo heteróclito, la sucesión de cosas que pertenecen a diferentes mundos, a diferentes paradigmas, pero que coexisten bajo el techo vidriado de estas nuevas estructuras parisinas. ¿Podemos identificar pasajes en la que hemos considerado la ciudad capital del siglo XXI, la web? Nos animamos a decir que los pasajes de esta ciudad mundial son las pestañas del navegador. Las pestañas son los espacios a través de los cuales se recorre la web y que tienen un contenido tan variado como aquellos escaparates del siglo XIX que se

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alojaban dentro de los pasajes. Estas pestañas-pasajes transportan al usuario al interior de la capital mundial. “Un pasaje es una ciudad, e incluso un mundo en pequeño”, anotaba Walter Benjamin en sus cuadernos sobre París. Cada pestaña de la web es también un mundo en pequeño, una ciudad dentro de la capital, un sitio. Cada uno con una atmósfera diferente, con su propia arquitectura, con sus habitantes, su estética, etc. Y a su vez, cada una de estas características de los sitios posibilita interacciones diferentes con los usuarios. Seguimos encontrando correspondencias entre la web y la ciudad mundial del siglo XIX: las pestañas del navegador web son como los pasajes de la ciudad capital del siglo XIX. O lo que es lo mismo, las pestañas del navegador web están citando a los pasajes de París. Los pasajes franceses tenían puertas de entrada y de salida, el tránsito de los peatones, de alguna manera, estaba marcado por esos accesos. Pero a pesar de esta navegación delimitada, estas galerías poseían ciertas características que creaban–sobre todo de noche–una atmósfera mística que incentivaba a la imaginación del flâneur y excitaban lo sensorial de quienes paseaban por ellas. Walter Benjamin sostenía que los pasajes eran “construcciones oníricas”, entre otras cosas, porque arquitectónicamente “no tienen ningún lado externo –como los sueños–” (Benjamin, Libro de los pasajes, 2005, pág. 412). El flâneur caminaba los interiores de aquellos pasillos, como si ingresara a otra ciudad, a otro ambiente. Sin duda, estos corredores han despertado en más de una mente inquieta y creativa, ficciones que los tenían como escenario. El propio Benjamin percibía mucho más que la mera sintaxis de vidrieras diferentes, una detrás de la otra. Era justamente esta combinación heterogénea lo que lo disparaba a buscar relaciones entre lo allí contenido y a inventar constelaciones entre los juguetes antiguos, las postales, la música, las letras de los carteles, etc., imaginando pequeños mundos en cada pasaje. Eran sin duda, construcciones surrealistas, bellas, como aquel “encuentro fortuito”
8

–del que hablaba el Conde

Lautréamont–, entre cosas completamente dispares. La mesa de disección, la

8

“Bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de

coser y un paraguas”, Conde de Lautremont, Los Cantos de Maldoror.

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máquina de coser y el paraguas podían encontrarse perfectamente en un solo pasaje. Eso era parte del encanto, del hechizo, del “cuento de hadas” (Benjamin, Libro de los pasajes, 2005), que experimentaba quien paseaba por ellos, como por un sueño. En sus orígenes, los pasajes fueron arquitecturas pensadas para la luz natural, la mayoría de ellos estaban construidos a cielo abierto o con techo vidriado. El hierro y el vidrio fueron los materiales que más se utilizaron para la construcción, novedosos para la arquitectura de la época, ayudaban a crear una impresión sacra de esos espacios enhiestos, como si fuesen “palacios” “templos” de cristal donde se “adoraba” a la mercancía en las vidrieras. Con la luz de las lámparas de aceite primero y luego con las luces de gas, los pasajes comenzaron a ser habitables de noche también y se convertían en “interiores”. El colectivo moderno se sentía “como en casa” dentro de estas estructuras urbanas:
“LA
CALLE MISMA SE DA ENTONCES A CONOCER COMO UN INTERIOR HABITADO:…PARA ESTE

o

COLECTIVO, LOS LETREROS ESMALTADOS SON TANTO O MEJO R ADORNO EN SUS PARE DES QUE LA OLEOGRAFÍA BARATA PA RA EL HOGAR FAMILIAR. CARTELES’, SON SU ESCRITORIO; LOS QUIOSCO(S)

LOS
DE

MUROS CON SU PRENSA, SUS

‘PROHIBIDO

PEGAR LOS

BIBLIOTECAS;

ESCAPARATES , SUS ACRISTALADOS E I NACCESIBLES ARMARIOS DE PARED; LOS BUZONES, SUS BRONCES; LOS BANCOS, SU MOBILIARIO DE DORM ITORIO; Y LA TERRAZA DEL CAFÉ, SU MIRADOR, DESDE DONDE CONTEMPLA SUS ENSERES DOMÉSTICOS.” 9

La “luz glauca” de aquellos corredores no sólo permitía la existencia de flâneurs nocturnos, transitando el exterior sintiéndolo como interior. Además, generaba un ambiente propenso a incentivar a la imaginación a expandir los pasajes más allá de sus paredes. La mirada recorría el escenario, que se hacía más misterioso de noche, a la luz de los faroles, y la mente del paseante se extendía hasta historias de detectives y asesinatos, como las de Poe o Sue.

9

Benjamin, Walter, El libro de los pasajes, Madrid: Akal, 2005, pág. 826

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NAVEGAR LA WEB. LA MUTACIÓN DEL FLÂNEUR.
“E N
CIERTA MANERA …, APRENDER A NAVEGAR U NA RED ES COMO APREN DER

UN LENGUAJE , ES DECIR ES COMO APR ENDER UNA FORMA DE VIDA Y EN CIERTA MANERA , TODA FORMA DE VIDA Y TODO LENGU AJE PUEDEN REPRESENTARSE Y ENTENDERSE COMO UNA RED : SIN PUNTOS DE INGRESO PRIVILEGIADOS , Y DONDE CADA RUTA DE NAVEGACIÓN ES PARCIAL Y REGIONAL DE UN TODO SOBRE EL CUAL ADQUIR IMOS COMPETENCIA DE NAVEGACIÓN .”

E DUARDO M ARISCA

La web, como cualquier ciudad, es una experiencia personal. No todos los habitantes pasan por los mismos espacios ni hacen en ellos las mismas cosas. Cada quien se apropia de las diferentes plataformas para resignificar su uso y sus posibilidades. Existen diferentes maneras de habitar y caminar la metrópolis porque cada navegación es única, es una ruta de viaje siempre nueva. Como dice Eduardo Marisca, “aprender a navegar es aprender una forma de vida”, una forma de estar en la web. Los neo-flâneurs, nativos de la web, también llamados irónicamente por Alessandro Baricco “los bárbaros” (Baricco, 2008), son quienes más conocen los intersticios de la ciudad y saben trucos, atajos y opciones para reconfigurar los espacios a su gusto, para moverse más rápidamente por las pestañas. ¿Qué ocurre en la web con la melancolía del flâneur? “La calle conduce al flâneur a un tiempo desaparecido”, escribió Walter Benjamin en el Libro de los pasajes. Presentir los otros cuerpos que recorrieron las calles y los pasajes de París, hacían del flâneur un paseante melancólico, emocionado por la sospecha de que por ejemplo, un carro tirado a caballos había transitado el boulevard que él caminaba en su presente y por donde circulaban coches a motor. En la web no hay tiempo desaparecido, no hay pasado, es tiempo presente permanente, es instante. No quedan rastros de los flujos de tránsito en la ciudad capital. No puede haber reminiscencia porque no hay cuerpos físicos, sólo virtuales, que coexisten en algunos espacios y tiempos de la web, pero no se perciben por huellas del cuerpo sino por otro tipo de interacciones como el chat.

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El flâneur web no hace anamnesis como el parisino del siglo XIX porque no tiene qué evocar, hay ausencia de signos. Y además, la web nunca es la misma, cambia constantemente, evolucionando su interfaz con los usuarios: “Nunca navegarás dos veces por la misma web”. Consideramos que es sobre todo a través de la mirada como el habitante recorre la web. La mirada como puente entre el mundo real y el mundo virtual.

MÓVILES: LA PRÁCTICA INMÓVIL
“L LEVO
COSA . CONMIGO A TODAS PARTES EL LIBRO AZUL Y NO HABLO DE OTRA SÓLO YO : TAMBIÉN OTROS PONEN CARA DE ADMIRACIÓN CUANDO

NO

LO VEN . ”

W ALTER B ENJAMIN

Desde hace algunos años, existe una nueva pantalla que permite sumergirse en la ciudad capital de nuestro siglo: la pantalla móvil. A través de estos dispositivos, con una buena señal de wifi o conexión 3g, es posible acceder a la web en cualquier parte. Pero con los smartphones, tablets, i-pads, etc., tiene lugar una nueva mutación de la flânerie, del “caminar”. No es necesario acceder al navegador para entrar a la web. La misma pantalla es el umbral para entrar a la ciudad capital, porque los móviles ofrecen aplicaciones ya instaladas o que pueden descargarse, para ingresar directamente a la pequeña ciudad dentro de la web que se desee. El usuario no debe ingresar al navegador para entrar en Google o en Facebook, por ejemplo, sino que ingresa a estas plataformas directamente a través de las apps o widgets que descarga en la tienda de su dispositivo. No es necesario caminar la ciudad para llegar a un lugar, las aplicaciones funcionan como accesos directos al sitio que se desea entrar. Los usuarios móviles no estarían ya entonces saltando de pestaña en pestaña del navegador, moviéndose intermitentemente entre diferentes páginas abiertas al mismo tiempo, sino que eligen qué espacio quieren visitar y acceden. Ya no

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surfean la web. Es otra manera de hacer flâneurie en la ciudad capital del siglo XXI.

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LA

MIRADA
“C ADA
ÉPOCA TIENE SU PORTE , SU MIRADA Y SU SONRI SA ”

C HARLES B AUDELAIRE

El siglo XXI ha cambiado la mirada y las formas de representación. Con la aparición de internet el sujeto vuelve a una especie de sinestesia sensorial gracias a que la web contiene todos los lenguajes de los medios previos (gráfico, radial y audiovisual) y por lo tanto, los contenidos son multimediales en su mayoría y así también su consumo. Sin embargo, consideramos que existe todavía un protagonismo de la mirada, que es interesante pensar para comprender de qué manera transitamos y nos movemos por la nueva capital del siglo XXI. Nombrar a los diferentes sitios que se abren en el navegador como pestañases una manera de resaltar el papel de la mirada en la web. Creemos interesante reflexionar acerca de esta extensión de la vista: de cómo los ojos se multiplican a través de las pestañas y cómo, a través de ellas, descubrimos nuevos espacios reales y digitales. Con estos ojos de más alcance, nos es posible conocer el mundo pasado, el actual, el futuro y los miles de mundos ficticios que están construidos en la web. El sujeto se integra a otro espacio: el virtual, a través de la mirada. Las pestañas del navegador ya no como ventanas a través de las cuales se mira el mundo. Las pestañas como pasajes: como umbrales a través de los cuales accedemos a mundos y desde las cuales nos movemos en ellos. Podríamos hablar de una mirada táctil, una mirada que implica a la vez a los otros sentidos, porque es a través de ella que la interacción con el medio de la pantalla se vuelve sinestésico, que el cuerpo entero del sujeto atraviesa la pantalla y percibe a la ciudad mundial del siglo XXI. A través de la mirada, de las pestañas, el flâneur digital surfea la web. Estar en la web implica un cambio en la forma de habitar. Se está en varios espacios a la vez desde el navegador: no es necesario “salir” de ninguna pestaña

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para abrir otra. Se puede estar de manera latente en varios sitios de la web al mismo tiempo y “saltar” de pestaña en pestaña, permaneciendo de forma latente en otras, cuanto se desee. Aquí, en esta ciudad, es como si ‘mirar’ fuese sinónimo de habitar, de estar. La mirada como posibilidad, como puerta de acceso a un “pequeño mundo” novedoso, es una mirada activa y que ya no parece buscar en la pantalla otros ojos que la miren fijamente, aquella función referencial que funcionaba en la pantalla de la televisión (“les yeux dans les yeux”, el eje Y-Y del que hablaba Eliseo Verón), porque no duda de que lo que está viendo en el navegador es el mundo, lo ve con sus propios ojos. El flâneur digital no necesita cerrar las pestañas para aparecer en otro espacio. “Pestañear” podría ser en la web, el verbo que defina el cambiar de pestaña abierta en el navegador, porque no es un cierre de los ojos, es sólo un cambio de mirada. Cuando el flâneur pestañea, cambia de sitio en el navegador.

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A L G UN O S

E SP A CI O S D E L A MI RA D A

Y O U T U BE ,

E S E A X O L O TL

“A HORA

SOY UN AXO LOTL .”

J ULIO C ORTÁZAR

Una plataforma audiovisual en la que, cualquiera que tenga acceso a la pantalla de una pc, puede grabarse, mostrarse y permanecer online para que los demás puedan verlo. El usuario de la web ya no es “el hombre de la multitud” sobre el que escribía Edgar Allan Poe, que buscaba pasar desapercibido entre la masa. El flâneur web es activo, participante y busca estar en la multitud porque sabe que puede más en colectivo que individualmente. El usuario web habitué de YouTube busca ser visto. “En la litografía se escondía virtualmente el periódico ilustrado y en la fotografía el cine sonoro”, decía Walter Benjamin en La obra de arte en su época de reproductibilidad técnica (Benjamin, [1936] 2004). Siguiendo esta genealogía mediática, podemos decir que en la televisión –medio que Benjamin no llegó a conocer –se escondía virtualmente YouTube. La plataforma audiovisual YouTube fue creada en el año 2005 por tres norteamericanos. Según cuentan dos de los fundadores, el sitio fue originalmente hecho para compartir un video entre ellos, que era demasiado pesado para ser enviado. En febrero de 2005 fue activado el dominio y el sábado 23 de abril de ese año, a las 8.27 p.m. (¡esto es historia bárbara!), fue subido el primer video en YouTube: “Me at the zoo”. La gente comenzó a utilizar la plataforma dejando atrás la idea de los creadores, cargando todo tipo de videos y así aumentaron las visitas al sitio. En el 2006 la empresa, endeudada por violación de derechos de autor, vendió sus acciones en mil seiscientos cincuenta millones de dólares a Google Inc. En ese momento, “cien millones de vídeos en YouTube eran visualizados y sesenta

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y cinco mil nuevos vídeos era añadidos diariamente. Además, unos setenta y dos millones de personas la visitaban por mes”10. YouTube comenzaba a ser una de las pestañas-pasajes más habitadas de la web. Lo que nos interesa destacar aquí es la mímesis que se produce entre el usuario de YouTube que sube videos propios y la pantalla, comparando a los usuarios con los axolotls del cuento11 del escritor argentino, Julio Cortázar. El protagonista del cuento cortazariano estaba obsesionado con mirar la imagen de los axolotl en la pecera del acuario, sentía la necesidad de observarlos diariamente. Con el tiempo, se identificó con algunos rasgos de éstos hasta copiar ciertos gestos y asumir que sentía igual que ellos. Finalmente, el protagonista deviene axolotl, pasa del otro lado de la pecera. Y esta mutación se da sólo a través de la mirada. El usuario de YouTube se transforma en axolotl porque la plataforma le brinda esa posibilidad, la de atravesar la pantalla. El lema del sitio es “broadcast yourself” (transmítete a ti mismo) y esta frase refuerza el uso que los flâneurs digitales ya le estaban dando a este espacio desde sus orígenes: subían videos filmados y editados por ellos mismos, para difundir causas sociales, manifestaciones u opiniones que no son comunicadas por los medios tradicionales e incluso existen usuarios que lo utilizan como forma para difundirse y promocionarse a ellos mismos como artistas. Así es como muchos de los últimos fenómenos mediáticos han sido levantados desde YouTube y hemos sido testigos de cómo influyen en la sociedad aquellos videos que tienen un alcance viral y mucho movimiento en la web, más que las noticias y hechos transmitidos originalmente en medios tradicionales. Axolotl 1.Ejemplo de esto, son casos como el video de El tano Pasman, en el que los hijos de un hombre lo filman a escondidas, mientras miraba el partido de fútbol de su equipo, River, en el que éste desciende (“se va a la B”) y el hombre comienza a insultar descontroladamente. Como consecuencia de este video,

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Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/YouTube

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Axolotl, Julio Cortázar en

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muchos programas de Argentina han invitado a este hombre a sus estudios para entrevistarlo. Incluso se han realizado publicidades remixando el video de YouTube (Entel, de Chile y Los Pumas, de la Provincia de Buenos Aires). Axolotl 2.Otro caso fue el video musical del Gangnam Style, a partir del cual el cantante coreano se hizo tan famoso que hasta Madonna lo invitó a cantar con ella y bailó la coreografía del video. Axolotl 3. El Harlem shake, video que fue subido por cuatro jóvenes australianos, bailando, disfrazados en una habitación fue luego replicado millones de veces, en escenas diferentes en varios países (todas las versiones fueron subidas a YouTube, desde donde se comparten hacia otras plataformas de redes sociales). Algunos Harlem shake fueron realmente multitudinarios (como el Harlem shake del festival musical Lollapalooza, en Chile en el 2013, del que participaron más de 150 mil personas). Axolotl 4. También han existido casos como el de la cantante lírica rosarina, Josefina Scaglione, quien subió un video en el que ella misma canta una versión de Libertango, de Piazzolla y éste fue visto por el director de comedias musicales norteamericano, Arthur Laurents, quien la convocó para protagonizar la obra “Amor sin barreras”, en Broadway (donde aún hoy trabaja). Los usuarios de YouTube se vuelven axolotls porque pueden filmarse a ellos mismos a través de la cámara de la pc y esta mirada a cámara les permite atravesar la pecera-pantalla e integrarse en otro ambiente, en el que navegarán a través de la corriente de las redes sociales infinitamente. YouTube ha superado aquel presagio warholiano de “en el futuro todos tendrán sus cinco minutos de fama”. A pesar de que es necesario repensar el concepto de “fama” en esta época de pantallas ubicuas y productos de contenido propio viralizados por doquier, cualquier persona del mundo que quiera, tiene la posibilidad de ser visto masivamente durante cinco minutos (o más), haciendo lo que mejor le sale, imponiendo estilos o haciendo el ridículo frente a aquella mediación que de un instante a otro se les vuelve invisible y empiezan a respirar con branquias.

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G O O G L E G L AS S

Uno de los últimos proyectos de Google que más ansiedad ha despertado es Google Glass, un anteojo inteligente que tendría todas las funciones de la web y otras nuevas. En este emprendimiento, la mirada sigue siendo el sentido con más protagonismo, a través del cual se ingresa y navega en la capital mundial del siglo. Estos anteojos materializarían la extensión de la vista que suponemos de cada pestaña del navegador, en un dispositivo hecho especialmente para colocarse sobre los ojos. Google se prepara para lanzar en el 2014 lo que será quizás uno de sus productos de carácter más onírico que hemos visto, con un diseño cada vez más mejorado para que los ciudadanos deseen incorporarlo a su moda. Google Glass les permitiría a sus usuarios hacer actividades en la ciudad real mientras también las hacen en la ciudad digital, sería posible caminar por ambas ciudades a la vez. La mirada, los comandos de voz y los movimientos de cabeza bastarían para navegar la web sin la necesidad de las manos.

1Fuente: http://es.engadget.com/2013/02/21/una-peticion-de-patente-deja-ver-elinterior-de-google-glass/ Este tercer ojo permite desde las funciones básicas de un dispositivo móvil actual, como grabar aquello que se está viendo, sacar fotografías, buscar datos, enviar mensajes de texto y compartir información con otros usuarios, hasta

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“mirar” lo que existe dentro de un refrigerador con sólo estar parado frente a él, sin abrir sus puertas –ya que Google Glass interactuaría con los electrodomésticos también– o identificar a una persona por la ropa que lleva puesta, gracias a una aplicación (Insight) desarrollada especialmente para este nuevo producto (esta app analiza la vestimenta de las personas y cuando la asocia con una determinada, su nombre aparecerá superpuesto en la pantalla del lente). Otra de sus novedosas acciones es que detecta movimientos “sospechosos” y en el caso de un robo –percibe si alguien quita los anteojos con violencia–, se bloquean e incluso se contactan con las autoridades locales. Las nuevas arquitecturas, aplicaciones y dispositivos de la ciudad mundial del siglo XXI estarían modificando las formas en que percibimos nuestra realidad. La mirada es uno de los sentidos más influidos, ya que como vemos, existen diferentes plataformas y aparatos que amplían la capacidad visual de los habitantes de la web y le “agregan” al ojo humano opciones que antes no le eran accesibles. En Google están preocupados por si la gente usará sus gafas e intentan tunearlas aconsejados por expertos en moda y anteojos, para hacerlas atractivas y utilizables en todo momento. Lo seguro es que estos lentes prometen modificar la experiencia de la vista, convirtiendo a la mirada en un sentido híbrido y enriqueciendo el plano sensorial y perceptivo. Como dijimos con Walter Benjamin previamente, todo hecho presente está citando algún hecho del pasado. Un investigador de la Universidad de Illinois, Dr. Burt Wilde, ha descubierto dibujos del artista renacentista, Leonardo Da Vinci, que anticiparían el Glass Project 12 . Aparentemente, Leonardo habría dibujado un dispositivo para el ojo, al que llamó “Occhiovita Immagine” (algo así como “imagen del ojo de la vida”) muy parecido al modelo de Google. Wilde sostiene que en esos lentes Da Vinci dibujó otra imagen que haría referencia a la experiencia de quien los utilizara: se podrían ver imágenes de otra vida u otra escena, superpuesta a lo que se vería de la propia vida. Sumergimos al proyecto

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Fuente: http://mashable.com/2013/03/31/da-vinci-invent-google-glass/

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de Google en los sueños de Leonardo y, además de reafirmar la genialidad de Da Vinci y su capacidad de pensar e imaginar por fuera de lo que su episteme le permitía, comprobamos cómo la web permite a los individuos de este siglo hacer realidad producciones que antes hubiesen quedado en sueños. Walter Benjamin afirmaba que los sueños son formas de producción: un tiempo anterior ha soñado a los lentes de Google y el siglo XXI será la época histórica en que se materialicen. Este era el momento para soñar con aquellas gafas. Google está citando a Da Vinci sin haber sido consciente de aquel sueño anterior.

2 F UENTE :
GLASS /

HTTP :// MASHABLE . COM /2013/03/31/ DA - VINCI - INVENT - GOOGLE -

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P E Q UE Ñ A

H I S T O RI A D E I N S T AG R AM

“L A

VIDA ES BELLA , COMO LA VEAS .

NO

TE PIERDAS UN SEGU NDO DE ELLA

CON NUESTRAS GAFAS , CON VARIAS LENTES FI LTRANTES . I NSTAGLASSES :

F ILTROS

PARA LA VIDA REAL .”

Desde finales de siglo XIX, la fotografía apareció como un nuevo lenguaje para representar a la ciudad, a sus habitantes y a su paisaje. En sus anotaciones para el Libro de los pasajes, Benjamin escribe también sobre la fotografía como nueva tecnología de reproducción y analiza sus consecuencias sobre el arte, especialmente en el campo de la pintura. “Con la fotografía”, dice Benjamin, “sucede algo nuevo y particular:…que nos obliga a preguntar cómo se llamaba esa persona [retratada] que vivió por entonces, y que hoy sigue siendo tan real que no va a disolverse por completo jamás en el <<arte>>” (Benjamin, [1931] 2007). La fotografía fue el primer medio icónico-indicial, la primera interfaz gráfica que mostraba lo real, que mostraba la presencia de aquello que fue real en un momento determinado. Hoy en día, existe una cámara que permite observara la realidad anacrónicamente, con colores viejos, con bordes gastados y con efectos de desenfoque en áreas específicas. No sólo puede ser observada así, sino que puede ser congelada de esta forma, por una aplicación web. Instagram es una aplicación diseñada para sacar y compartir fotos, que hace honor a la Kodak Instamatic y a Polaroid, simulando las características estéticas de las fotografías tomadas por aquellas cámaras. Lo atractivo de esta aplicación es que posibilita modificarla realidad luego de ser capturada. Se puede cambiar de aspecto aquello que se fotografió previamente, cubrir con un filtro para que se vea de otra manera, una manera diferente a la real y luego compartirla desde la cámara en la propia red de Instagram y a otras redes sociales. Es interesante pensar acerca de esta práctica y de los añadidos que los usuarios le hacen a las fotografías. Toman una foto y la cubren de filtros, de polvo, de sepia, de grietas, porque estéticamente es atractivo para ellos. ¿Acaso los neo flâneurs están buscando aura llenando sus imágenes de agregados retro? ¿Es esta una

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forma de demostrar lo efímero y pasajero del presente como instante? Cuando comparten una foto, ya es “vieja” al menos estéticamente. Instagram simula cámaras antiguas y sabemos que a los bárbaros les encanta porque cada vez son más las fotos que aparecen “instagrameadas” en las redes sociales. El uso de esta aplicación se hizo tan masivo que la empresa Facebook la ha comprado para expandirla más aún. Una de las ventajas de la app es que archiva en una cuenta todas las fotos que el usuario saca. Los instantes no se pierden. Se modifican, se comparten y se guardan. Una vez que las imágenes pasan por la interfaz de Instagram, es como si se llenaran de magia gracias a aquellos velos y recuadros que la aplicación ofrece. Y el nuevo proyecto de Instagram apuesta a más: integrar esas posibilidades a los ojos mismos. Lanzarán unas gafas llamadas Instaglasses que tendrán una cámara y una memoria incorporadas para poder ver la realidad con los filtros de la aplicación y guardar algunas de esas fotografías en la memoria. El usuario de esos lentes podrá ver su contexto con los filtros de Instagram y tomar una foto cuando lo desee.

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Instagram podría ser una pequeña metáfora de cómo ven la realidad estos flâneurs actuales. No la miran a través del mismo lente que el siglo XX. Ven una realidad modificada siempre por la técnica, atravesada por las aplicaciones web y hacen foco en lo importante: compartirla con otros, ponerla en movimiento en las redes. Ese es su flujo, esa es la forma de estar y recorrer la web, la ciudad capital del siglo XXI. Siglo que no puede ser fotografiado como si la web y sus herramientas no existieran. El siglo XXI debe ser mostrado así para sus habitantes, alterado por la técnica y con posibilidades de cambio.

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L A R E -I LUSTRACIÓN DEL MUNDO

París, 27 de agosto de 1940 Querido Gershom, Te escribo porque aún no dejo de pensar en el encuentro con el escritor italiano que te mencioné aquella noche en el Folies Bergere y quería compartir contigo mis reflexiones. Sé que insistes en que es imposible, que debo haberlo soñado, pero realmente recuerdo demasiados detalles para confiar en que fue sólo un sueño. Fue extraña la referencia al siglo XXI, pero quizás oí mal. No lo sé. Estoy consternado. Pienso que esta ciudad, que el escritor llamaba “La web”, podría perfectamente ser la utopía moderna. La humanidad progresa colectiva e integralmente, los dioses han sido destronados y las instituciones dejadas de lado. El italiano me mostró en uno de los pasajes de esta ciudad, una nueva Enciclopedia, una que se escribía y rescribía todo el tiempo por cualquier persona, desde cualquier parte del mundo. ¡Su contenido estaba permanentemente actualizado! ¿Qué piensas que hubiese dicho Diderot de semejante proyecto? La Enciclopedia es gratuita y quien quiera leerla, tiene acceso a ella desde esta ciudad. ¿Acaso no crees que sea ésta la ciudad Ilustrada, la ciudad de las luces? Una ciudad que permite el conocimiento secularizado, la producción y publicación de diferentes autores; la democratización del saber y del acceso a los medios de producción cultural. Quiero volver a visitarla pero aún no sé cómo y eso me perturba. Tengo la esperanza de que quizás en Norteamérica me sea más fácil conseguir aquel dispositivo. Ya le he escrito a Adorno consultándole al respecto. Mañana comienzo el viaje hacia la frontera. Mi situación económica está cada vez peor, espero cruzar pronto la frontera y poder partir hacia América. Te escribiré cuando esté acomodado en Port Bou.

Siempre tuyo, Walter.

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“¿C ÓMO

QUERER LAS LUCES SIN LA MODERNIDAD ?”

B RUNO L ATOUR

“L A

EXPERIENCIA MODERN A … ES DEFINIDA … COMO LA TRANSFIGURAC IÓN

OPERADA POR EL CONTACTO ENTRE UNA COYUNTURA DETERMINADA DEL PRESENTE Y LAS ENERG ÍAS UTÓPICAS QUE YACEN SEPU LTAS EN LA REPRESENTACIÓN DEL P ASADO COMO PREHISTORIA .”

W ALTER B ENJAMIN

Siglo XVIII. En Europa se hicieron las luces. Luces que anunciaban cambios, muertes y nuevas fundaciones. Luces que descubrían lo nuevo, lo moderno. Luces que gestaron lenguas que codificaron una época ambiciosa, ávida de conocimiento y de progreso. Una época que se hacía adulta, mayor. Que hablaba de sí misma y se nombraba Ilustración. Immanuel Kant fue uno de los primero filósofos que inauguró la pregunta por su tiempo y por su actualidad en el breve artículo “¿Qué es la Ilustración?” (Kant: 1783). Para él, ser ilustrado significaba salir de una minoría de edad de la cual el ser humano era culpable. La consigna de la Ilustración era hacerse cargo del propio conocimiento, atreverse a saber: sapere aude. La Modernidad aparecía como “experiencia vital” (Berman, 1989), como sensación, como presagio de las crisis que le implicarían al hombre ser mayor de edad e independizarse de sus antiguos tutelajes. La ciudad fue uno de los proyectos modernos por antonomasia. Además de ser funcional al sistema capitalista instaurado en Europa, fue escenario y contexto de producción y de desarrollo de la modernidad. El espacio urbano era el nuevo territorio a explorar por quienes emigraban del campo para trabajar en las modernas fábricas o estudiar en prestigiosos colegios. Las ciudades como nuevas formas de organización social y arquitectónica, se desplegaban como grandes manchas de cemento y humo en el continente europeo e invitaban a los sujetos a ser modernos, a progresar, a escribir nuevos relatos en sus intersticios.

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En la época moderna, los discursos se desprendieron de la esfera religiosa para institucionalizarse en distintas áreas de estudio o de acción. Los iluministas confiaban en que el progreso de la humanidad iría de la mano con el saber y buscaban esparcir la luz de la Razón a todo el mundo. Su proyecto era ilustrar a la sociedad europea moderna. Fue sobre todo en París donde las luces de la razón se encendieron de la mano del gran proyecto enciclopedista del filósofo Denis Diderot y el matemático Jean D’Alembert. En un contexto en el que el mundo se expandía cada vez más, en el que los cambios políticos y culturales alentaban a la sociedad a decidir y a actuar sobre su propia historia, la palabra divina ya no servía para escribir la realidad y fue relegada al ámbito de lo privado. Los hasta entonces reconocidos como únicos y verdaderos conocimientos se volvían insuficientes para los modernos, que habían decidido tener su propia experiencia. La Modernidad fue sobre todo esa actitud del hombre de emanciparse, de progresar y conocer. Y la Ilustración fue su prólogo, la época que incentivó a los sujetos a levantarse contra los tronos, contra la palabra sagrada. La Modernidad fue la época en la que el hombre se atrevió y tomó la palabra.

LA CIUDAD DE LAS LUCES
“L A
HISTORIA ES EL OBJETO DE UNA CONSTRUCC IÓN CUYO LUGAR NO LO

CONSTITUYE EL TIEMPO VACÍO Y HOMOGÉNEO , SINO EL QUE ESTÁ LLENO DE TIEMPO ACTUAL …L A RETORNADA .

R EVOLUCIÓN F RANCESA

SE CONCIBIÓ COMO UNA

R OMA

E LLA

CITÓ A LA ANTIGU A

R OMA .”

W ALTER B ENJAMIN , E L LIBRO

DE LOS PASAJ ES .

En el Libro de los pasajes, Walter Benjamin leyó a la ciudad de París del siglo XIX como si fuese la interfaz de la modernidad, como un acceso a las características y procesos de modernización que tuvieron lugar en aquel siglo. París, como una pantalla desde la cual se accedía a distintos “sitios” de la modernidad, con sus filósofos, sus artistas, sus científicos. Los sitios que más visitó Benjamin –física y teóricamente– en esa ciudad, fueron los pasajes.

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Los pasajes, “pequeños mundos” que se abrían entre las viviendas parisinas y permitían ingresar en “otro cielo”13, como escribió también Cortázar sobre ellos, “ese falso cielo de estucos y claraboyas sucias”, ese cielo de cristal que se convertía en interior para los flâneurs. Los pasajes, enhiestas epifanías callejeras que hechizaban al transeúnte con su iluminación en sepia y sus distintos escaparates sucediéndose en líneas paralelas. En 1929, Benjamin le escribió a Kracauer: “Estoy en los pasajes. Para mí es como si fuera un sueño, como si fuera un pedazo de mí.” Estaba fascinado con los pasajes. Y nos atrevemos a decir que su fascinación no era sólo por su experiencia como paseante de aquellas nuevas arquitecturas parisinas –que han cautivado a varios habitantes de París–. Su fascinación, sobre todo, se fue alimentando de su flâneurie por los textos sobre los pasajes, por la lectura de las percepciones de otros autores sobre aquellas galerías. París, la ciudad capital del siglo XIX, fue una sinécdoque de la Modernidad y un signo de la Ilustración y del “entusiasmo” (Foucault, 1996) de la sociedad por dejar la minoría de edad. Y quizás fue eso entre otras cosas, lo que incitó a Walter Benjamin a recorrer esta ciudad en un libro (y como si fuese un libro). Quizás su fascinación por los micro mundos, por los detalles, hizo que encontrara a París como un “pequeño mundo” moderno e ilustrado sobre el cual escribir.

Nos preguntamos ahora, ¿existe en nuestro presente algún acontecimiento que sea signo de una actitud moderna? Y creemos que sí. La web es hoy en día nuestro signo de modernidad, es el contexto en donde hoy los seres humanos deciden emanciparse, ilustrarse. Por eso también es que hemos hecho durante todo este trabajo algunas correspondencias entre la web y la ciudad capital del siglo XIX.

13

“El otro cielo”, Julio Cortázar.

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Podemos pensar que la web está incentivando una actitud moderna de la sociedad a nivel global, ya no sólo en un continente. Y dentro de ella, se está gestando una Re Ilustración, un re-iluminismo del mundo gracias a diferentes proyectos que han surgido en su interior y que la rebalsan, conectándose con las ciudades geográficas. Incluso la metáfora nos sirve: la web es una ciudad de luces porque está permanentemente iluminada por la pantalla de la pc. Sus habitantes pueden habitarla y pasear a través de ella en cualquier momento del día, en cualquier país del mundo. Nunca es de noche, la ciudad está siempre iluminada. Pero estas luces dejan de ser metáfora cuando es notable el progreso de diferentes áreas (culturales, políticas, del conocimiento, etc.), su enriquecimiento y emancipación de las instituciones sociales de las que antes dependían. La web, como ciudad, está citando a París en su discurso ilustrado moderno. Pero esta vez propone un discurso mundial, polifónico, escrito y diseñado colectivamente en un mismo espacio, que no pertenece específicamente a un solo país, sino al mundo.

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W IKIPEDIA : L A

ENCICLOPEDIA LIBRE .
ES PREFE RIBLE A NO TENER NINGUNA ” TRIUNFO DE LA RAZÓN EN TIEMPOS

“U NA MALA E NCYCLOPÉDIE

P HILIPP B LOM , E NCYCLOPÉDIE . E L
IRRACIONALES .

“S I

HUBIESE VENIDO AQU Í HACE CINCO AÑOS ATRÁS Y LES HUBIESE DICHO

QUE IBA A HACER UNA ENCICLOPEDIA ENTERA COLOCANDO UN MONTÓN DE PÁGINAS WEB QUE CUALQUIERA PUDIESE EDITAR , USTEDES PODRÍAN HABERME HECHO MILES DE OBJECIONES :

¡S E VA

A LLENAR DE VANDALISMO ! A HACER ESE TRABAJO

¡E L CONTENIDO
GRATIS !

NO VA A SER FIABLE !

¡N ADIE VA

E STAS

ERAN EXPECTATIV AS COMPLETAMENTE RAZONABLES EN ESE

MOMENTO .

P ERO

AQUÍ ESTÁ LO GRACIOSO : FUNCIONÓ DE TODOS MODOS .” DURANTE UNA REUNIÓN DE

14

A ARON S WARTZ ,

W IKIMANÍA

15

Walter Benjamin decía que la historia se va citando a sí misma. Los hechos presentes citan hechos que han ocurrido antes. Esta pestaña que abrimos en la web (Wikipedia) es un pasaje a un “pasado cargado de tiempo actual”. Es un hecho presente que está citando a uno de los proyectos modernos más importantes del siglo XVIII: la primera enciclopedia francesa. Si París, capital mundial, tuvo su primera Encyclopédie, la web, capital mundial del siglo XXI, no podía ser menos y en el año 2001 se fundó Wikipedia, la

“If I had come here five years ago and told you I was going to make an entire encyclopedia by putting up a bunch of web pages that anyone could edit, you would have been able to raise a thousand objections: It will get filled with vandalism! The content will be unreliable! No one will do that work for free! These were completely reasonable expectations at the time. But here’s the funny thing: it worked anyway.” (http://www.aaronsw.com/weblog/whorunswikipedia) 15 “Wikimanía es un congreso internacional, donde se realizan conferencias para presentar estudios, investigaciones, observaciones y experimentos relacionados con los proyectos, la cultura y tecnología wiki y el conocimiento libre, y se encuentran usuarios y colaboradores de proyectos wiki dirigidos por la Fundación Wikimedia.” (Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Wikimania)
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primera “enciclopedia web multilingüe de contenido libre basado en un modelo de edición abierta”. A pesar de que existieron otras enciclopedias relevantes e incluso anteriores a la de Diderot y D’Alambert, nos parece interesante hacer un montaje entre Wikipedia y la Encyclopédie francesa, para “descubrir en el análisis del pequeño momento singular, el cristal del acontecer total” (W. Benjamin), ya que más allá de las claras diferencias contextuales, técnicas y de ejecución de los proyectos, ambas enciclopedias son fundamentales y formaron parte de un proceso de cambio de las civilizaciones en las que se inscribieron. Wikipedia está citando al Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers y con ella, al proceso de Ilustración moderno ya desde su consigna. “Sapere aude! (¡Atrévete a saber!), ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento!, he aquí el lema de la Ilustración.”, alertaba Kant a sus coetáneos modernos. “¡Se valiente, se wikipedista!”, anuncia Wikipedia en su portada de inicio.

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P R O FAN A CI O N E S

Atreverse. Esa parece que fuera la actitud necesaria para conocer desde un nuevo lugar. Kant lo anunciaba en el siglo XVIII: ¡atrévanse a hacer uso de su propia razón! Hoy, los wikipedistas tienen como lema: ¡se valiente editando páginas! Podemos notar entonces, a partir de estas frases que tanto la Encyclopédie en París, como la Wikipedia en la web, tuvieron que enfrentarse –y Wikipedia aún hoy– a las autoridades tradicionales, académicas, institucionales y religiosas que han combatido siempre contra toda nueva forma de conocimiento porque la perciben como peligrosa para sus propias estructuras. Y están en lo cierto. L A E N CY CL O PÉ D I E

La Modernidad fue una época de revoluciones no sólo políticas, sino socio culturales también. Los teocráticos saberes de la Edad Media eran insuficientes para una clase media que comenzaba a tener protagonismo y participación social, política y económica. En una época en la que las ciudades mostraban a una masa que iba creciendo e ‘invadiendo’ espacios antes reservados para unas elites y en la que el discurso tecnocientífico comenzaba a despegar a la verdad de las sotanas, nuevas formas de saber eran necesarias y debían ser comunicadas y reivindicadas. La Encyclopédie del siglo XVIII fue el heroico proyecto ideado, conducido y coeditado por los philosophes de París, Denis Diderot y Jean D’Alambert, que tenía como objetivo expandir el conocimiento racional (el único “verdadero” para estos filósofos) por todo el mundo. La Enciclopedia contendría definiciones completas, acompañadas con láminas ilustradas, de las artes, las ciencias y los oficios. Así, las esferas racionales de la vida humana moderna, estarían inscriptas en un dispositivo prestigioso y novedoso: el Libro. Miles de expertos, escritores y eruditos de Francia fueron convocados para colaborar con la escritura de artículos para la enciclopedia, además de haber empleado a “un millón de tipógrafos, impresores y encuadernadores”. Los tomos de la Encyclopédie se distribuyeron en Francia, Londres y San Petersburgo (Blom, 2007).

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El objetivo de los philosophes era difundir el espíritu enciclopedista por toda Europa, convencidos de que los únicos conocimientos verdaderos eran aquellos escritos a la luz de la razón y no los dados a la sociedad bajo oscuros velos místicos, religiosos o mágicos. Tomaron como modelo a la enciclopedia creada por Chambers en 1728 e iniciaron en el año 1751, en París, un emprendimiento que comenzó como una traducción del inglés de ésta y que terminó superándola en contenido, participación, ventas y significado. Los escritores marcaban desde el título (Dictionnaireraisonné des sciences, des arts et des métiers) cuáles eran las áreas bautizadas ahora por la Razón y no ya por la religión, las verdades modernas. La sagacidad de los escritores para debilitar a la palabra de la Iglesia era tan sutil que a veces ni los censores que enviaban para controlar los artículos antes de que se publicaran, detectaban las ingeniosas ironías o metáforas contra la religión. Pero el proyecto se planteó desde sus comienzos como enemigo del clero y dada la relevancia que aquel libro comenzó a tener en la ciudad de París –y en el país en general– (esta espectacularidad tan particularmente moderna de los hechos) y los controvertidos textos personales de los propios participantes de la Encyclopédie, independientemente del proyecto, bastaron para que las alarmas de las autoridades se dispararan y ordenaran perseguir a los filósofos. Algunos terminaron encarcelados –como Diderot, al cual se lo obligó a firmar un documento en donde prometía no escribir jamás “nada polémico, so pena de volver a ser encerrado para el resto de su vida” (Blom, 2007)–, en el exilio e incluso asesinados. Denis Diderot, el gran talento detrás de este proyecto, había decidido oponer su pluma a la cruz y esto le valió la sentencia de hereje. El volumen diecisiete de la Encyclopedie finalmente se publicó en 1772, veinte años después del primer ejemplar. Semejante desafío editorial había podido ser concluido, a pesar de las condenas, las amenazas, las censuras y las críticas a la enciclopedia y a sus autores, con una gran demanda por parte de la sociedad por adquirir los ejemplares. La primera enciclopedia francesa había sido escrita como una constitución moderna del conocimiento de la época. El símbolo de la Ilustración: El Libro Enciclopédico. Los philosophes se atrevieron. Se animaron a encender y difundir con sus palabras nuevas áreas y posibilidades de conocimiento que antes eran tachadas

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de peligrosas o que no habían sido pensadas por la sociedad aquella, que estaba despertando a su mayoría de edad. Se atrevieron a crear un dispositivo escrito colectivamente por expertos y eruditos reconocidos de Europa –sobre todo de Francia –, para difundir el espíritu ilustrado moderno. Se atrevieron a enfrentarse a un régimen eclesiástico y secular poderoso que los estigmatizó y persiguió por el resto de sus vidas. Fueron valientes, debilitaron a los antiguos paradigmas del conocimiento a través de un libro, en una sociedad que recién comenzaba a alfabetizarse. Los philosophes, que tenían los recursos para vencer, se hicieron cargo de sus conocimientos y se propusieron compartirlos con el resto del mundo, a través de la palabra. Una palabra que ya no era sagrada, una palabra combatiente, sagaz. Una palabra profana, que tuvo la fuerza de la espectacularidad que se gestó alrededor del Libro de la Encyclopédie y el compromiso y costo personal de quienes la escribieron.

W I K I PE D I A

“Voy a cometer el sacrilegio de citar a Wikipedia…”, comienza un párrafo de un artículo 16 . Esta idea de que citar o tomar como fuente a Wikipedia es un ‘sacrilegio’ domina aún hoy, sobre todo en los ámbitos académicos. Wikipedia es una enciclopedia creada en la ciudad capital del siglo XXI, la web, en el año 2001 y fue un proyecto que desde sus orígenes incitó a la sociedad mundial a conocer de una manera diferente. Esta enciclopedia siembra la concepción de que todo el mundo sabe algo diferente, de que el conocimiento se co-construye y que entre todos se puede ‘saber’ más. Desde nuestro punto de vista, Wikipedia ha superado a los diccionarios anteriores porque plantea y posibilita por primera vez una evolución del conocimiento a nivel mundial. Está disponible en todos los idiomas y es la primera enciclopedia en la que la cultura occidental se mezcla con la cultura

16

Nieves, Jorge Rodríguez, Maven 2.0, en Revista Dircom n° 97, Diciembre 2012, pág. 6.

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oriental. No es necesario buscar en otro libro para obtener información sobre Oriente, todo está allí. Porque no son expertos, eruditos o especialistas los convocados a escribir esta plataforma, sino que cualquier persona del mundo puede ser wikipedista y subir o completar definiciones en el sitio. Y desde allí mismo se motiva a sus usuarios a colaborar en el conocimiento del mundo (“¡Se valiente editando páginas!”). Las definiciones de Wikipedia no se vencen, son actualizadas permanentemente (es hasta shockeante ver cómo cuando una persona importante a nivel social o cultural, fallece por ejemplo, en Wikipedia está actualizada la fecha de su muerte al instante en que se conoce la noticia. Pareciera como si estuviese automatizada con las ciudades físicas, como si estuviera programada para cambiar apenas ocurre algo nuevo). Los habitantes de la web están dejando de lado –o en el ámbito de la colección o del fetichismo incluso– al dispositivo del libro para la lectura. Las prácticas de leer y escribir están en plena mutación, por eso Wikipedia era también necesaria. Los diccionarios, los grandes y pesados tomos de las enciclopedias no eran suficientes ni atractivos para esta generación de navegantes web. Estamos en una época en la que la sociedad confía cada vez más en sí misma y cada vez menos en las instituciones políticas; en tiempos de redes sociales digitales desde las que se convocan a los ciudadanos a llevar a cabo proyectos y revoluciones. En un contexto semejante, la sociedad mundial no podía seguir dependiendo de definiciones inmóviles, con fecha de caducidad, que permanecen enmarcadas en un dispositivo ya antiguo y en el que la búsqueda de cada definición conlleva un tiempo diferente al de las experiencias actuales: el de pasar página por página hasta encontrar la letra con la que empieza la palabra que se busca y luego, al fin, la palabra definida. Wikipedia rompe con el orden alfabético. El usuario puede directamente escribir en el buscador la palabra que desea y se dirige a la definición, sin la necesidad de pasar por las otras palabras que comienzan con la misma letra. Philip Blom dice sobre la Encyclopédie, “es una necesidad histórica, una criatura de aquel siglo filosófico que produjo por sí solo la audacia espiritual necesaria para llevar a cabo semejante tarea.” (Blom, 2007). Wikipedia era también una

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necesidad histórica de un siglo que tuvo la valentía de tomar el espacio de la web y utilizarlo para hackear a las arcaicas instituciones políticas, académicas y religiosas. Un siglo en el que sus habitantes decidieron despertar del coma llamado posmoderno, para hacerse cargo de su propia razón y compartirla a través de las redes y plataformas construidas en esta nueva ciudad mundial que cita a la actitud de aquellos modernos que tomaron las luces, la palabra, los tronos y los sacudieron a su siglo de una aureola polvorienta que no permitía ver el mundo con claridad. Una Re Ilustración está inundando las pestañas de la web, los habitantes del mundo se atreven. Son valientes y editan, comparten lo que saben con otros, porque no tienen dudas de que así se enriquecen y construyen su propia ciudad.

Sólo para darnos el gusto, imaginemos qué hubiese ocurrido si los autores de la Encyclopédie vivirían hoy, en el siglo de la web. Probablemente, los philosophes hubiesen creado algo como Wikipedia. Diderot no hubiese sufrido la terrible gastritis que lo asustaba y lo obligaba a comer sólo alimentos blancos, privándose de los grandes banquetes que disfrutaba con sus amigos philosophes. No hubiera tenido que firmar un documento que lo obligara a no escribir nunca más nada polémico o en el caso de firmarlo, hubiese podido engañar de alguna manera a las instituciones censoras, a través de un blog anónimo o apócrifo. Jean Jacques Rousseau, gran colaborador de la Encyclopédie y amigo personal de los editores, hubiese utilizado a las redes sociales para ver si sus amigos lo difamaban o traicionaban de alguna manera (desconfiaba mucho de sus compañeros, por eso terminó aislado de todos los philosophes y siendo enemigo del proyecto de la Encyclopedie) y hubiese estado tranquilo descubriendo que nadie hablaba mal de él. Hubiese podido escribir las partituras con las que se ganaba la vida, de forma más rápida en las aplicaciones web y hasta quizás hubiese tenido éxito componiendo piezas con estas herramientas. Jean D´Alambert no hubiese entrado en conflicto con Denis por diferencias editoriales ni tendría que haber abandonado el proyecto, porque la enciclopedia

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sería algo colectivo a escala mundial. No hay un solo responsable de la enciclopedia en la web, es el conocimiento de todos. Los miles de valiosos y perspicaces artículos que el librero Le Breton recortó y eliminó de la Encyclopédie para no quedar unido a incordios políticos y religiosos, no se hubieran perdido porque en la web esas instituciones ya no tienen el peso que tenían previamente. Los individuos son autónomos. Cualquiera puede contribuir al conocimiento mundial desde Wikipedia. El gráfico que copiamos a continuación, nos parece interesante porque compara la Enciclopedia Britannica con Wikipedia y demuestra analiza las ventajas de Wikipedia sobre las otras enciclopedias –en este caso la Enciclopedia Britannica–. La edición impresa de la Enciclopedia Británica cuesta mil trescientos noventa y cinco dólares, la suscripción online setenta dólares al año. Wikipedia es gratis. El número de artículos en la última edición de la EB fueron sesenta y cinco mil. En Wikipedia tres millones ochocientos noventa mil. Al final del gráfico, se informa que en la Enciclopedia Britannica colaboraron cuatro mil personas “incluidos ciento diez ganadores del Premio Nobel y cinco presidentes de Estados Unidos”. En Wikipedia, contribuyeron setecientos cincuenta y un mil cuatrocientos veintiséis personas, “incluido tu vecino”. Las antiguas instituciones están en lo cierto. Algo está cambiando en la forma de conocer.

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Wikipedia está citando a la Encyclopédie francesa del siglo XVIII. Es hoy uno de los signos más importantes y fundamentales que pueden aislarse dentro de la web para referir a esta Re Ilustración que la nueva ciudad capital del siglo XXI propone. Esta enciclopedia ‘libre’, gratuita, colectiva, ha continuado aquellos preceptos de los philosophes de ilustrar al mundo, de hacerle llegar el conocimiento verdadero, razonable, independiente de dogmas y políticas a la sociedad. Por supuesto que seguirá corrigiéndose con el tiempo, tal como Diderot decía de su creatura: Los “fallos son inherentes a un primer intento…y los siglos venideros los corregirán.” El siglo XXI corrigió los errores de la Encyclopédie y creó a Wikipedia. La evolución del conocimiento continuará a través de los siglos. Citar a Wikipedia no es una profanación, ni un sacrilegio. Es citar al mundo. Es citar el conocimiento de los habitantes de la web, que son los ciudadanos de la sociedad global. Es citar a un proyecto que desde hace tres siglos promueve que los hombres crezcan sobre sus instituciones y tutores morales, que sean mayores de edad, que sean ilustrados. Es preferible una “mala” Wikipedia a no tener ninguna. El tiempo corregirá sus errores.

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E PÍLOGO
NOTAS FINALES
Si algunos pasajes y hechos que ocurren en la web tienen para nosotros un tinte onírico, irreal, es porque allí se está gestando un movimiento que ha sido soñado por una generación anterior, la generación moderna. En la web, el sueño de los modernos está siendo citado luego de haber sido anestesiado por un siglo que tuvo pretensiones de ser post, de ser superador. Pero el siglo XXI, siglo híbrido por excelencia, puede continuar con el proyecto de la ilustración, puede continuar con la actitud moderna: la del entusiasmo, la de las ganas de participar, la de revolucionar e independizarse de antiguos regímenes, obsoletos para el presente. A la especialización de las disciplinas responde con la inteligencia conectada: todos saben algo y no es necesario conocer mucho para sumar al progreso de la humanidad. La historia se co-nstruye y la web provee espacio, autonomía y herramientas para potenciar las capacidades y deseos de la sociedad. Hoy no son los especialistas los que más saben, es el gigante de la web, aquel híbrido que los hombres han puesto en lugar de Dios: Google. Este buscador se ha vuelto omnipresente, la barra de navegación que se encuentra arriba, en todas las pestañas, está dispuesta para que cualquier cosa que se escriba allí, será enviada al buscador de Google. Cualquier navegante que se cuestione algo durante su recorrido por la web, puede alzar la vista y preguntarle a Google. Y éste siempre responde. Pero no desde una superioridad erudita, sino que sus resultados son en base a las elecciones de los demás, a las microacciones de los otros navegantes: cuantos más clicks tenga un enlace, cuantas más veces haya sido citado por otras páginas, más probabilidades de que sea relacionado a lo que se busca. Hemos sumergido a la web en los sueños de una época anterior para descubrir constelaciones entre algunos hechos. El ángel de la historia ha sido traído por la tempestad hasta la web, este ángel, de alas extendidas y de ojos “desmesuradamente abiertos”, se despega del lienzo estático de la pintura y sobrevuela la ciudad capital del siglo XXI, recorriendo con sus grandes ojos los

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recintos que la web tiene para la mirada; surfeando con sus alas la nube del divino Google. Tiene la boca abierta porque dialoga permanentemente con otros a través de las redes, intercambiando conocimientos. El ángel ya no está solo, miles de alas aparecen a su lado para habitar el nuevo espacio. Vuelve su rostro hacia el pasado pero ya no permanentemente, no puede quedarse en un punto fijo, no en esta época de movimiento y fugacidad. Mira al pasado para comprender su presente y para vislumbrar las correspondencias en el entramado histórico. Seguirá habiendo ruinas. Pero también remezclas y citas que construyan desde esas ruinas. El ángel de la historia es el Ángelus Novus, el ángel nuevo, novedoso: moderno. No puede quedarse estático porque su condición es siempre renovarse, el propio Benjamin lo decía: “Una leyenda talmúdica nos dice que una legión de ángeles nuevos son creados a cada instante”. Creado a cada instante. Como la historia. El ángel no necesita arraigarse a un lugar, por eso sus alas. Pasará también por aquí otra tempestad que lo empujará a otros tiempos, pero con estas ruinas seguirá constelando la historia, bordando las correspondencias que los hombres–esa especie tan compleja de comprender– construyen. Simulando sueños, tomando el lugar de los dioses que niegan, imaginando majestuosas ciudades, cada vez más inteligentes, más mágicas, pero con complicados algoritmos detrás que demuestran la genialidad del hombre: aquella mixtura entre lógica y creatividad. El salto creativo que ninguna máquina puede dar, lo ponen ellos nombrando a las cosas, dándoles forma, movimiento. Seguirán los hombres construyendo ciudades sobre las ruinas de otras. Y seguirán los ángeles nuevos volando sobre éstas para tejer la historia. Una historia que desde siempre se ha compuesto de citas de otros tiempos, de otros sueños.

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S O B RE

EL

M AS H U P

E N T RE

W AL TE R B E N J A M I N

Y

A L E S S AN D R O B ARI CC O

Una de las potencialidades de las nuevas tecnologías es la invención de géneros narrativos o el enriquecimiento de los ya tradicionales. El mashup, el remix, la fan-fiction, el micro-relato y la poesía kinética, son algunas de las nuevas formas de narrar comúnmente producidas y consumidas en la web. En la introducción hicimos un mashup de las teorías de Walter Benjamin y Alessandro Baricco, que nos permitió imaginar qué reflexiones harían juntos sobre la web y sus habitantes, en un encuentro ficticio en la Biblioteca Nacional de París, en el presente. Este collage o montaje, nos dio la posibilidad de hacer dialogar a dos autores no coetáneos, mezclando frases de diferentes textos suyos e inventando otras, en base a las posturas de cada autor. ¿Q U É
E S U N M A SH UP ?

Originalmente, el término mashup pertenece a la industria de la música y consiste en mezclar dos o más canciones, construyendo así una composición nueva. Con el tiempo, este género se desplazó hacia otras áreas y en literatura se hibridaron libros clásicos con géneros de terror o de ciencia ficción, engendrando relatos a veces bizarros, como “Orgullo y prejuicio y zombis” o “Abraham Lincoln, el cazador de vampiros” (ésta última también llevada al cine, producida por Tim Burton). En este fenómeno literario, se utiliza mucho el “copiar y pegar”, hábito de la actual cultura digital, para insertar fragmentos de textos y producir nuevas historias, llenas de retazos de otras. Desde nuestro punto de vista, estos nuevos géneros han logrado no sólo que obras olvidadas o poco atractivas para los lectonautas –lectores que han mutado cómo leen, dónde leen, qué leen y su ritmo de lectura–, se actualicen y llamen su atención; sino que han permitido que el lector se transforme en autor –tal como nuestro ya hiper-citado Walter Benjamin lo sugería en El autor como productor o en El narrador–. De esta manera, los consumidores se apropian de las

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historias, las modifican y las reescriben, proponiendo una mezcla entre su propio bagaje literario y su creatividad. ¿P O R
Q U É UN M AS HU P ?

Más allá de este encuentro ficticio que inventamos en Oniromeet17, creemos que Baricco ya ha generado un diálogo –al menos implícito –con el autor alemán en su libro Los Bárbaros (Baricco, 2008). Y no sólo un diálogo, sino que en su prólogo hace una reivindicación de su pensamiento y de su barbarismo (en el sentido de Baricco), poco valorado por algunos de sus vínculos, que no hicieron más que marginarlo por su falta de “academicismo” en su escritura. Walter Benjamin no temía ser un bárbaro. Él simplemente escribía haciendo un gran análisis y con una compleja percepción de su experiencia cotidiana. Y si el “hombre contemporáneo” miraba fascinado las animaciones de Walt Disney, entonces él debía reflexionar acerca de Mickey Mouse, acerca de aquella narración que se volvía masiva, de aquel nuevo sueño del hombre moderno18 al que la flor azul lo aburría. Esta marginación académica ha sido parte de lo que lo ha empujado a su miseria económica y emocional. Por eso es que también elegimos comenzar este trabajo con una narración bárbara. Por eso el mash up. Como un pequeño homenaje a su forma “no académica” de escritura. Porque creemos que es necesario buscar y probar nuevas formas de narrar en una época en la que las experiencias culturales han cambiado, en la que los lectores ya no se conforman con una animación de Disney en una pantalla, moviéndose mágicamente al ritmo de piezas de música clásica. Porque son lectores mucho más complejos, transmediáticos (expanden las historias a diferentes medios), prosumidores (producen ellos mismos sus historias deformando las originales), “transgéneros” (mezclan diferentes géneros narrativos) y “transpantallas” (leen de varias pantallas a la vez).

17

En alusión al ensayo de Walter Benjamin sobre los sueños como formas de

producción histórica. (Ibarlucía, Ricardo, Onirokitsch, Ed. Manantial, 1998).
18

“La existencia del Ratón Mickey es el sueño del hombre contemporáneo”. Ibid

(pág.31)

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Y porque además, este mashup – género que no es tradicional entre las instituciones, entre los libros de ensayo y de teorías –, es la única manera de narrar un diálogo que “científicamente” sería imposible que sucediera. No podemos resucitar a Benjamin en la realidad, salvo en la ficción: la ficción lo salva. Este encuentro no podría existir sino en un sueño que él haya tenido en el pasado o en un sueño que Baricco tenga en el presente. Y esto no hace más que seguir afirmando lo que este peculiar autor judío-alemán decía cuando simpatizaba con los surrealistas: “el hombre moderno no posee más de dos formas de producción auténtica: el texto automático y el sueño”. Y la ficción no es más que un sueño de quien escribe. Narrar es siempre una manera de evocar, de resignificar y de salvar lo perdido. Narramos para salvarlo.

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A NEXO : L A FLOR AZUL

“L O

QUE ANHELO ES VER LA

F LOR A ZUL . S U

IMAGEN NO ME ABANDONA , NO ES COMO SI ANTES HUBIERA

PUEDO PENSAR NI HABLAR DE OTRA COSA .

(…)

ESTADO SOÑANDO , O COMO SI , EN SUEÑOS , HUBIERA SIDO TRASLAD ADO A OTRO MUNDO .

P ORQUE EN

EL MUNDO EN QUE ANTES VIVÍA ,

¿ QUIÉN

HUBIERA

PENSADO EN PREOCUPAR SE POR FLORES ?”

N OVALIS , E NRIQUE DE O FTERDINGEN

“Y A NO
DE

SE SUEÑA CON LA FLOR AZUL .

Q UIEN

HOY DESPIERTE COMO

E NRIQUE

O FTERDINGEN

DEBE HABERSE QUEDADO DORMIDO .”

W ALTER B ENJAMIN , O NIROKITSCH

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1.

“C UANDO

A PESAR DE TOD O , SIEMPRE SE SUEÑA CON LA FLOR AZUL .”

S ANDRA V ALDETTARO

Walter Benjamin soñaba con la flor azul. La flor azul poesía; azul obra. Flor pasado. Pasado que teñía la mirada del presente con un filtro azul nostalgia. Mirada a través de los pétalos. Flor con aroma a libros viejos; a colecciones de objetos antiguos; a bazares de París de principios de siglo XX. Flor infancia. Flor azul de madera entre la colección de juguetes rusos. La infancia perdida que vuelve para jugar entre las letras, entre los libros. Pero ahora más rica; más grande la infancia. Flor anhelo. Flor que añora aquello que ya no es, que ya no vuelve. Flor que entre escombros, evoca y rescata palabras y símbolos. Flor azul exilio. Arrancada de su tierra. Flor vagabunda, que no echa raíces en ningún lugar, porque no puede, porque no sabe cómo. Flor de papel. Cuaderno azul lleno de letras diminutas que el narrador pierde en sus recorridos y anota en sus hojas. Flor ausencia. Flor que siente trágicamente la caída de sus pétalos; que sufre la pérdida. Flor azul, imagen onírica tejida entre lo profano y lo sagrado. Mesianismo que florece para despertar a una generación muda.

La flor azul, alegoría de un tiempo perdido. Epifanía en un texto presente que la cita en todas partes.

71

2.
Walter Benjamin soñaba con la flor azul. Aún en el siglo XX. Aún siendo parte de la generación que atravesó la Primera Guerra Mundial, generación que definió carente de experiencias comunicables –siendo él, entonces, una excepción: tarjetas de la biblioteca cosidas para alargar el espacio de escritura; servilletas de distintos bares que habituaba; boletos de tranvía; rincones en blanco de cualquier papel; páginas de cuadernos escritas en todas las direcciones, sin derecho ni revés. Cualquier superficie era útil para escribir. Soñaba con la flor azul, aun siendo de origen judío en una Alemania que lo obligó a convertirse en un exiliado, en un flâneur por Europa. Soñaba con la flor azul, aun cuando los sueños ya no eran los de libertad, de igualdad y progreso del siglo XIX, sino que estaban inspirados por el kitsch que adornaba la historia; cuando ya no abrían una “azul lejanía”, sino que se encontraban más cerca de la banalidad. Soñaba con la flor azul en aquellos cuartos oscuros en los que sobrevivía, lejos de su biblioteca cargada de libros que eran materia prima para su trabajo. Biblioteca que –una vez huérfana–habría sido vigilada sólo por amigos, que de vez en cuando le enviaban a Benjamin algún libro que les solicitaba por carta, para escribir reseñas o ensayos que le ayudasen a mantenerse económicamente.

Y si soñaba con la flor azul no era porque se hubiese quedado dormido. Walter Benjamin, pensador atento y perceptivo con su actualidad, sentía que faltaban piezas para entender su presente, por eso buscaba objetos y fenómenos anteriores, para complejizar la trama, para agregarle partes. Quizás vestigios de romanticismo, quizás síntomas de un coleccionista. Se fascinaba con la magia que poseen las imágenes del pasado para la mirada nostálgica. Por eso pudo hablar del aura de las obras de arte. Pero igualmente pudo reivindicar algunos aspectos de las nuevas tecnologías de su época, como la fotografía y el cine.

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Porque soñar con la flor azul lo ayudaba a interpretar el sueño del hombre moderno con el Ratón Mickey.

3.

“M I

ALA ESTÁ PRONTA AL VUELO / VUELVO VOLUNTARIAMEN TE ATRÁS /

PUES SI ME QUEDARA TIEMPO PARA VIVIR , / TENDRÍA POCA FORTUNA .”

G HERARD S CHOLEM , S ALUDO

DEL

A NGELUS

Walter Benjamin deseaba escribir un libro entero de citas, El libro de los pasajes. Quería mostrar desde sus notas las galerías de París, la moda, las calles, la flânerie, la experiencia urbana cotidiana de lo que él llamó la “capital del siglo XIX”. Él mismo devino flâneur entre las citas, entre los libros que leía diariamente en la Bibliothèque Nationale de Paris. El recorrido de los pasajes terminó con él. Benjamin nunca pudo darle fin a ese libro que había transformado, sin darse cuenta, en un cuaderno de anotaciones.

Benjamin era un libro de citas. Escrito con lo que leía, con lo que escribía. Atravesado por aquellas citas que lo disparaban críticamente hacia su realidad. Por eso, para describirlo, es necesario hacerlo desde fragmentos de sus textos – los que escribió y los que leyó–; es necesario reconstruirlo con pedazos de palabras y frases; encontrar los pétalos de su flor azul desparramados como huellas de un autor que sobrevivió entre letras, entre textos.

Él, el narrador de comienzos de siglo, el que aún tenía experiencias que contar en su generación que “despertaba en la pesadilla del siglo XX”. Él, desde su condición de exiliado político y rechazado por la academia alemana, fue ávido lector de su realidad. Realidad atravesada complejamente en el siglo en que las luces del proyecto ilustrado comenzaron a apagarse.

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Él, el ángel de la historia. Insistió con su mirada fija en el pasado, en los escombros que observaba acumularse a sus pies, pero siempre para tejerlos con su realidad; siempre deseando recuperar el pasado, releerlo, para encontrar síntomas de lo anterior en el presente. Coleccionaba las ruinas, los sueños olvidados, lo desechado, para reacomodarlos en su presente, para citarlos. Walter Benjamin fue el escritor maldito de un contexto que no pudo contenerlo.

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B IBLIOGRAFÍA
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