El reino de Dios más allá de la Iglesia Una falsa interpretación del reino ha sido el confundirlo con la Iglesia.

Para muchos cristianos, entrar en la Iglesia es entrar en el reino, pues el reino de Dios existe allí donde está la Iglesia. Según esta concepción, el reino de Dios se realiza dentro de la institución eclesial, y crece y se desarrolla en la medida en que crece y se desarrolla la Iglesia (cfr. la falsa interpretación de la parábola del grano de mostaza de Mc 4, 30-32). Sin embargo, la Iglesia no puede ser simplemente identificada con el reino de Dios, que actúa y se extiende más allá de esta institución a la que al menos dos tercios de la humanidad actual prácticamente desconoce. Sin pretender tratar aquí de la relación que existe entre reino de Dios e Iglesia, tenemos que situar correctamente desde ahora a la Iglesia como una comunidad al servicio del reino de Dios. La Iglesia es una comunidad cuya razón de ser es continuar anunciando el reino de Dios inaugurado en Jesús de Nazaret. Ayudar a los hombres a descubrir que la existencia humana está envuelta por el amor de Dios y que, solamente abriéndose a él, encontrará la humanidad su centro, su identidad, su sentido y su meta. Pero la Iglesia desvirtúa todo el sentido de su mensaje si se predica a sí misma, si habla de sí misma y para sí misma, si solamente busca el que los hombres la reconozcan, la valoren, la aprecien. La Iglesia tiene que preguntarse constantemente si su mensaje es una buena noticia para los empobrecidos por la injusticia, y un juicio para los poderosos y para la misma Iglesia, pues ella es sólo Iglesia de Jesús en la medida en que se convierte constantemente al reino. La Iglesia tiene sentido como servicio al reino de Dios. El reino de Dios y su justicia es la meta última a la que debe tender, la causa por la que debe trabajar, el objetivo que da sentido a todas sus tareas. La gran tentación de la Iglesia es sentirse el centro de la historia, buscar su propia seguridad, organizarse en función de su propio futuro, crecer y desarrollarse al servicio de sus propios intereses. Sin embargo, la Iglesia sólo es servicio, germen, inicio del reino de Dios para los que desde su seno buscan el seguimiento a Jesús, y sacramento o signo humilde de la presencia de Dios entre los hombres inaugurada por Jesús y en Jesús. Por otra parte, la Iglesia espera el reino de Dios y lo busca no como algo ya logrado, sino como el destino definitivo al que se siente llamada. La plenitud del reino está todavía por venir y es lo que debe estimular a la Iglesia para no descansar nunca, no resignarse, ni detenerse, sino sentirse llamada constantemente al cambio y a la conversión. Si queremos entender correctamente a Jesús, debemos ver claro que Jesús no ha anunciado ni ha querido en primer lugar la Iglesia, sino el reino de Dios. Esto no es menospreciar o desvalorizar la realidad de la Iglesia, sino situarla en su verdadero lugar, al servicio de la misma causa para la que Jesús vivió y murió. Desde esta perspectiva tenemos que mirar, orientar y dar sentido a las estructuras eclesiales, la organización pastoral, los diversos ministerios, las diferentes actividades, etc. Su valor reside en su capacidad de servicio al reino de Dios.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful