Ecofeminismo: Sintonización y Naturalización Social

“Así pues, si la mujer realmente toma conciencia de su vida menstrual es una expresión de un ser de naturaleza cíclica, comenzará a ver que forma parte de los grandes ritmos del universo, aceptará aún más su verdadera condición y conseguirá traer la armonía a su vida”… Luna Roja, Miranda Grey.

Esta cita, nos muestra el principio que sustenta al pensamiento del movimiento feminista ecologista de la contemporaneidad que ha comenzado a cuestionar el modelo de desarrollo patriarcal occidental. El Ecofeminismo como movimiento teórico y práctico, busca crear espacios de libertad, diversidad y autonomía con el fin de organizar a una sociedad globalmente sustentable, consciente del impacto que ha generado el avance de la sociedad química y su mal desarrollo. Revelando “las conexiones entre desigualdad de género, sexismo, racismo, clasismo, división Norte-Sur y deterioro medioambiental”1, este pensamiento emerge criticando principalmente el ideal moderno de racionalidad y progreso que se sustenta en la figura del hombre como ser pensante, pues no debemos descuidar que el proceso de ilustración marginó a la mujer por su inherente emotividad, siendo así considerada a lo largo de la historia como un ser irracional. Tal categorización misógina construida, aprendida y reproducida bajo el alero de patrones ideológicos, culturales y simbólicos, busco domesticar no sólo a la mujer, sino también a la naturaleza y toda criatura que en ella habita, mediante el triunfo de la tecnología y la ciencia, siendo oprimidas, explotadas, dominadas y violentadas históricamente. Sin caer en un argumento de victimización, en la actualidad y acorde al sistema de producción y consumo, tanto la mujer como la naturaleza son visualizadas como meras mercancías, sin importar el costo humano (alimentación, salud) y ambiental (agua, aire, tierra) que esto significa para el planeta: […]“las sustancias tóxicas presentes en ambientadores, material informático, plásticos, pinturas, plaguicidas, etc. actúan como disruptores endocrinos peligrosos que afectan en primer lugar -aunque no exclusivamentea la salud de mujeres y de niñas y niños incluso durante la vida fetal” 2[…]. Sin ir más lejos, es posible observar que tales riesgos medioambientales son tremendamente perjudiciales para aquellas mujeres de escenarios periféricos, especialmente a quienes se encuentran en situación de pobreza en países empobrecidos: “En Bangladesh una mujer cocina empleando como combustible residuos de cultivos. La contaminación del aire dentro de la vivienda se cobra cada año más de 2,2 millones de vidas en los países en desarrollo”3. Tras lo señalado, la cosmovisión patriarcal o androcentrismo y su supuesto
1 Alicia H. Puleo, Ecofeminismo: “la perspectiva de género en la conciencia ecologista”, Texto original publicado en VV.AA., Claves del ecologismo social, Libros en Acción, Ecologistas en Acción, Madrid, 2009, pp169-174). 2 Idem. 3 Shehzad Noorani, Still Pictures, “La mujer y el medio ambiente Cap. IV”, en El estado de la población mundial 2001.

avance progresivo encarnado en la figura del macho, acarrea por efecto directo contaminación, pobreza y exclusión, en definitiva la autodestrucción de la civilización. Frente a tal problemática de carácter tanto global como local, germina el ideario ecofeminista rescatando un pensamiento nativo propio de culturas no industrializadas, caracterizándose por su ferviente lucha por la protección del entorno. Su visión holística del cosmos (la tierra y el universo están interconectados) comprende la necesidad humana de establecer una relación distinta con la naturaleza y sus animales, garantizando su recuperación, conservación y cuidado, siendo las mujeres producto de la oriunda peculiaridad matrística, las constructoras de este cambio sociocultural planetario necesario que asegure la vida futura. Este llamado a la naturalización de la sociedad e humanización y feminización de la naturaleza, es una respuesta con perspectiva de género al problema medioambiental vigente, considerando que tanto el hombre como la ciencia no pueden seguir mostrándose por encima de la mujer y la madre tierra, pues este principio femenino de carácter ecológico comprende que ambas son sujetos activos y creadores de vida, y es el hombre como colaborador quien debe mejorar la sociedad en reciprocidad, adoptando nuevas actitudes de asociación y cuidado de las formas de vida. Para sanar a nuestra mamacha verde, devolviéndole su magia al mundo, debemos adquirir una actitud de amor y respeto a nivel planetario que implique el servirnos del hábitat, sólo para garantizar nuestra subsistencia comprometiéndonos al mismo tiempo a proporcionarle lo que ella necesita para subsistir. El llamado es a convertirnos de manera consciente en salvadores y salvadoras del planeta, haciéndonos cargo de un compromiso compartido por todos de manera igualitaria. Pues mujeres del mundo sean convocadas a participar en las decisiones de salud y medioambiente, y finalmente no olvidéis sintonizaros con nuestra energía femenina interna que nos conectará a la Luna, a la Tierra, sanando el espíritu femenino del mundo.

Claudia Pincheira Jiménez