Dr. Ricardo J. G.

Harvey

R A I N G T E

MANUAL

de O S H A R T I O C T L N I U S A

ISDN N" 987-98466-5-6 Queda licclio el depósito que previene la Ley 11.723 Prohibida su reproducción (.'onltol fie edición: Arturo Zamndio ''dilado por M O G LIA ED ICIO N ES - Impreso en MOGLEA S.R.L. i a Rio ja 755 - 3400 Corrientes, Argentina
moglin@gigared.com

lincro de 2005

Para mis queridos nietos, María Denise, Ricardo Eduardo María Cecilia, María Emilia, .José Adolfo, Bárbara, Edwin Guillermo, María Elvira, '■María Elis* ' Benjamín Juan Alberto

,

hermosas reclidades de hoy maravillosa esperan. :a del mañana.

PR O LO G O

Este MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCÍO NAL ARGENTINA ha sido elaborado siguiendo en forma total la metodología impuesta en el Programa de Estudios aprobado por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste que ha sido adoptado, sin mayores modificaciones, por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la Cuenca del Plata. Me propuse satisfacer un permanente redamo de nuestros alumnos que aspiran a contar con un texto que guíe su aprendizaje y que, en líneas generales, se ajuste a las exigencias requeridas por nuestras Casas de Altos Estudios. Me apresuro a advertir que, como l o señala s i i Ulu­ lo, no se trata sino de un Manual que aspira a facilitar el estudio de nuestros educandos recién iniciadas en las au­ las de la Facultad de Derecho que no han logrado desa­ rrollar aún la técnica de un estudio de mayor profundi­ dad, consultando la numerosa bibliografía genera! y espe­ cial que le sugiere el programa oficial. Si bien estas páginas pueden orientarlos en el cono­ cimiento de la materia, no serán ellas suficientes para un estudio profundo de un tema tan atrapante como lo es > .! de nuestra Historia Constitucional, y la consulta de las tratadistas sugeridos, será el medio adecuado para cum­ plir cabalmente con aquélfin. He tratado de volcar en este Manual la experiencia de más de 40 años de cátedra, adquirida como profesor adjunto del amigo Dr. Carlos María Vargas Gómez, y más adelante ya como titular de la materia.

He recorrido durante mi carrera docente gran parte de la nutrida bibliografía sugerida, tanto aquella de vieja data como la recientemente publicada, realizando el fichaje y guías que me permitieron el desarrollo de las cla­ ses; esa información me ha servido para ordenar las pá­ ginas que siguen de tal manera que el alumno tenga un medio rápido de ir tomando conocimiento de los temas que deberán desarrollarse en los cursos regulares y en la oportunidad de rendir los exámenes pertinentes. Confio en que esta obra será de utilidad para nues­ tros alumnos, especialmente aquéllos que residiendo en el interior de las provincias de nuestra región tienen mayor dificultad para obtener material de estudio que los resi­ dentes en nuestra ciudad. El recuerdo de mis propias difi­ cultades para lograr el material bibliográfico necesario cuando debía concurrir a rendir exámenes libres en la querida Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral en Santa Fe, me inspiran en esta etapa de mi vida a dejar este trabajo que espero logre cumplir el ob­ jetivo propuesto: facilitar el estudio de nuestros educan­ dos universitarios. Corrientes, Febrero de 2001.

* •

MANUAL D E HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

D r. Ricardo J . G. H an ey

PRO LO G O A LA SE G U N D A ED IC IO N

Las Facultades de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste y la de Abogacía de la Universidad de la Cuenca del Plata, ambas con asiento en la ciudad de Corrientes, han hecho reformas para ajustar sus pro­ gramas de estudio a las exigencias de los nuevos tiempos. La asignatura "Historia Constitucional Argentina" ha sido una de las que ha experimentado algunos cambios especial­ mente referidos a las enmiendas constitucionales producidas en el siglo XX, a la inclusión de los partidos políticos nacionales como tema de estudio, y a una mejor estructuración de los ante­ riores contenidos del programa. Mantengo en esta segunda edición el propósito inicial que me propuse, esto es facilitar el estudio de los educandos univer­ sitarios que recién se inician en la carrera de Abogacía, me­ diante un Manual ágil y ordenado según las exigencias del pro­ grama. Reitero lo que también manifestara en el sentido de que pa­ ra un estudio más profundo será necesario recurrir a otras fuentes, para lo cual he ampliado considerablemente la biblio­ grafía adecuada de carácter general y especial, que los alumnos pueden consultar. A un año y medio de la Primera Edición que tuvo favorable acogida en el estudiantado pongo a consideración de los mis­ mos esta nueva edición que espero sea una valiosa herramienta para la mejor y más rápida comprensión de los temas exigidos en los respectivos programas.

1

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTt,'C1 ON.VL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. C. lU rrcr

No puedo más que agradecer la muy valiosa y eficiente predisposición de Xfoglia Ediciones para la elaboración de esta segunda edición, empresa que se destaca en nuestra región por su permanente apoyo a la difusión de autores locales, entre los cuales están, naturalmente, los estudiosos del Derecho. Corrientes, Julio de 2002.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. A 'o W ., J. G. lU r r r r

CAPITULO 1
1. Introducción. Abordaje de la Historia, La palabra ‘"Historia” significa, etim ológicam ente, la inform a­ ción obtenida m ediante búsqueda. B úsqueda de los hechos ocurridos. Si se entiende por “ hecho” lo que sucede, es decir algo dinám ico, his­ toria tiene un significado de descripción de los diversos estadios por los que ha pasado una realidad determ inada hasta llegar a su situación presente. En este sentido, la realidad cuya, dinám ica es más interesante para el hom bre es su propia realidad com o ser hum ano, la cual sólo se da como tal en un contexto social. Por ello, la historia ha venido a sig­ nificar casi exclusivam ente “ la narración y exposición de los hechos pasados" de la hum anidad (Historia U niversal), de un determ inado ■¡jrjpo social ( por ejem plo la Historia de R om a), o de un determ inado .ispéelo de la actividad del hom bre (por ejem plo Historia del D ere­ cho). lil contenido de esta asignatura, según lo desarrolla el Program a vigente en la Facultad de D erecho de la U niversidad Nacional del Nordeste y en la U niversidad de la C uenca del Plata, com prende el estudio de los antecedentes constitucionales y políticos que sirvieron de base a nuestra O rganización Nacional plasm ada en la Carta Fun­ damental de 1853 y las reformas que posteriorm ente le fueron intro­ ducidas, especialm ente la de 1860 que posibilitó la unión definitiva de la República Argentina. La denom inación de “ Historia Constitucional"’ .resulta insufiI cíente en relación al contenido de dicho program a de estudios, ya que este se refiere a objetos más am plios. Pareciera querer referirse a un •ana determ inado que seria la historia de la Constitución de nuestro pjis. o si se lo prefiere, como la génesis histórica de la ley fundam en­ ta!, cuando hoy, con el avance de la ciencia política, se iia am pliado considerablem ente el terreno de su contenido.

MANUAL D E HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. O cnrdo J . C. ílunrcy

Se trata de una historia “constitucional” y “política" , lo cual nos obliga a prescindir de la narrativa de hechos que no tienen una directa relación con los aspectos m encionados, los que - p o r otra parte- se consideran adecuadam ente estudiados en el nivel secundario. Se ha estudiado la génesis y evolución de nuestras instituciones políticas y, por ello, en m uchos casos, el program a no sigue el m étodo cronológi­ co, que es dejado de lado, p o r ejem plo, en el tratam iento de las algu­ nas B olillas referidas al Federalism o A rgentino y a la G eneración del 37, respectivam ente. El estudio de la H istoria C onstitucional estará directam ente interrelacionado con el D erecho C onstitucional, al que necesariam ente habrá q ue referirse en el desarrollo de este curso, de la m ism a m anera que en m uchos casos habrá que hacerlo con el D erecho Político y con el D erecho Público Provincial y M unicipal. Al final del estudio de cada una de las Bolillas que com ponen el P rogram a de Estudio, señalam os las fuentes bibliográficas consultadas y utilizadas que han servido de guía para la confección de este M a­ nual, procurando en todos los casos recom endar al alum no textos cuya obtención sea accesible, a los que deberá recurrir en todos los casos para o b ten er una más am plia y profunda inform ación. D igam os, para term inar esta introducción, que el historiador debe m anejarse con la m ayor objetividad posible, lo cual no le quita en m a­ nera alguna su posición filosófica en la valoración de los hechos y fuentes que m aneje, pero sin que por ello caiga en la posición negativa de las pasiones que ensalzan a unos para denigrar a otros. La adopción de una determ inada posición por parte del autor no significa dejar de lado la posibilidad de otros enfoques, y el alum no tiene la más am plia libertad para em plear los m étodos, fuentes y bibliografía que conside­ re m ás adecuados a su personal punto de vista, que perm anentem ente tratam os de incentivar en la Cátedra. En tal sentido resulta oportuno recordar las palabras de S.S. el papa Paulo VI hablando sobre la “ Dignidad de la H istoria”, señalando com o cualidad fundam ental para el historiador el espíritu critico, que le perm ite discernir, apreciar, com parar, dar su ju sto valor a cada do­ cum ento, utilizar sin forzar sus límites el argum ento del silencio, im­ poniéndose una lealtad intelectual absoluta para el logro de la verdad histórica. Y recordaba acertadam ente que la “verdad histórica” no es la verdad m atem ática de las ciencias exactas, porque ella no reposa en
10

m an u a l d e h is to ria c o n s titu c io n a l a rg e n tin a

a -, « w »

j.

a ¡U rrrr

la dem ostración sino en el testim onio y en la interpretación de ese tes­ tim onio. Y precisam ente la búsqueda de esa verdad es el nobilísimo elem ento de la dignidad de la Historia. 2. Historia en general. La prim era aproxim ación al tem a de la Historia, en su más am ­ plio sentido, es el de llam ar así a la narración de los hechos humanos. Como se advierte, tres son los contenidos: 1) la narración elaboracla_£nbase a distintos elem entos que luego estudiarem os com o “ fuentes ’’; 2) esta narración jfi-tgfiere a “h echos” o acontecim ientos ya j 3cmriiÍQ¿_y. finalmente, 3) que estos hechos han sídS'prodücidos por el hombre. A lo anterior debem os agregar que la H istoria o narración de los hechos hum anos del pasado, está realizada por hom bres, quienes in­ vestigan y exponen los acontecim ientos que han ocurrido a través del tiempo, que han tenido alguna im portancia o repercusión colectiva pa­ ra que la Hum anidad, así, considere necesario recordarlos. Como los hechos m otivo de la H istoria son acontecim ientos del pasado, qué no pueden volver a repetirse físicam ente, al historiador le corresponde indagar cóm o han ocurrido, quiénes han sido sus actores, .|ué causas los han determ inado, que trascendencia han tenido en la marcha de la hum anidad, y para realizar esa tarea tendrá que valerse de un m étodo que le perm ita, con relativa certeza, “recrear intelec;ualm ente‘’ ese pasado. Esa es en definitiva la labor de la Historia: re­ creación intelectual del pasado hum ano trascendente. Se ha señalado que la prim era forma de la Historia ha sido la na­ rración, y de allí el nom bre con que se caracteriza ese periodo, o sea el de "historia narrativa”. Se trata por lo general de una mera narración de los hechos ocurridos, y aún de anécdotas, a los que muchas veces se adornaba con aspectos poéticos, épicos, para ensalzar un.determ i­ nado héroe o conjunto de héroes, la tradición de un pueblo, etc., y en los que parecen tom ar intervención junto a los hechos puram ente hu­ manos el accionar de dioses y sem idioses, a los que el historiador les atribuye una divina voluntad capaz de torcer la m archa de tales acon­ tecimientos. Pueden citarse com o ejem plos “La lliada” o “ La O disea” . Por eso tam bién esta etapa es llam ada “poética” . En un prim er m om ento de la historia narrativa o poética, por lo general se refieren leyendas, se form ulan cronologías, listas de gober­ nantes y la narración de los principales acontecim ientos referidos a sus
11

MANUAL DE ¡flSTORIA CONSTITUCIONALARGENTINA

Dr. M om io J. G. / k i t y

vidas, pero esto se hace sin una valoración específica de los hechos, sin resaltar unos hechos sobre los otros; es historia original de escrito­ res que, por sobre todo, han venido observando acciones y situaciones que pasan bajo sus propios ojos. Pero en el avance de esta etapa, com o dice Galletti, va apare­ ciendo un carácter nuevo dentro de la narrativa, que es el nexo de cau­ salidad. Se com ienza a analizar los hechos y a estudiar la influencia que ellos tienen sobre otros acontecim ientos contem poráneos o poste­ riores. Asi, se señalan las obras de Julio C ésar “ Las G uerras de las G alias” y "L a G uerra C ivil” en las que el historiador, adem ás de rela­ tar las acciones bélicas, formula com entarios o anotaciones que van m ás allá de la m era narrativa. De la m ism a m anera, se m enciona a autores com o T ucidides y Cornelio Tácito, que adem ás de sus valiosas descripciones form ulan valoraciones de los hechos narrados. Hasta el Siglo X IV perduraba la noción del tiem po propia de la Edad M edia en !a que los historiadores se lim itaban a hacer cronolo­ gía, sum ando hechos cada año, sin darles otra significación. Con el R enacim iento, com ienza a darse un quiebre a esta concepción y los pensadores hum anistas retom aron el pasado griego y reflexionaron sobre el destino hum ano. Vino después la filosofía de la Ilustración en el Siglo X V III, que entronizó a la razón com o instancia definitoria de la naturaleza hum ana. Y, el rom anticism o, de fines del siglo XVIII y ,-com ienzos del X IX , abrazando la ¡dea de la razón la instaló en la his­ toria. Una segunda etapa, podríam os decir, referida a la concepción de la Historia, ya no se limita a una m era relación de hechos humanos; ahora se busca obtener del conocim iento del pasado hum ano una ex­ periencia aleccionadora para m ejor orientar el accionar dé los hom bres en el presente y con proyección hacia el futuro. A esta etapa de la Historia se la conoce com o f'Pragm ática” o "D idáctica” . Partiendo del falso supuesto de que los hechos hum anos se repi­ ten, los acontecim ientos del pasado servirían d e le c c ió n para evitar in­ currir en los m ism os errores y, así se ha dicho que la Historia era “m aestra de la vida”. Se afirm aba tam bién que los buenos ejem plos de la antigüedad y, especialm ente de sus “ arquetipos”, sus héroes, sus grandes hom bres, eran la m ejor referencia para el buen gobierno y m anejo de los pueblos. H asta hoy se sigue discutiendo si la Historia, com o tal, debe enseñar por la vía de la exaltación del espíritu cívico, la;

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RU^rdo J. G. ftx r,r r

glorificación de las virtudes y el destaque de ¡os hechos más signifi­ cativos y heroicos. Las historias de uso escolar de cada nación, tien­ den a orientarse por lo general en ese sentido. Los nuevos países que buscan afirm ar el sentim iento de nacionalidad recurren a este expe­ diente de exaltación patriótica, especialm ente cuando describen vida y obra de sus padres fundadores. El Dr. Ricardo Levene ha dicho a su respecto que esta historia no debe ocultar el conocim iento de las fuertes pasiones humanas que han sacudido aún a los héroes -pero pasiones al servicio de ideales- evo­ cando la emoción del pasado con elevación y serenidad, sirviendo como substancia para la cultura de un pueblo. El profesor Sigfrido Radaelli nos dice que la Historia sirve a los hombres para dos cosas: para entretenerlos o para que hagan política. En el prim er caso, la historia es un espectáculo sum am ente interesan­ te, apreciando objetos y sucesos ocurridos hace m uchos o m uchísim os artos, ver com o obraban las sociedades antiguas, algo así como inter­ namos en la visión de un álbum de viejas fotografías. En el segundo aspecto, el espectador no mira ni piensa sim plem ente en las reliquias ^ue se le exhiben, sino que se entrega a desentrañar todos los signos Jel pasado que se refieren a la com unidad de que forma parte. Co­ mienza a advertir que ese conocim iento de la historia le permite expli­ carse mejor la vida de hoy y entender si ese pueblo cum ple o no su destino. Explicam os este vivir nuestro de hoy y quizá algo del que nos socará vivir mañana. En este sentido, afirm a que la obra histórica hace política, en el m ejor de los sentidos del térm ino. Dice este autor que esta seria una variante de la historia '‘m agistra vitae” (m aestra de la vida). Termina aseverando que la política utiliza de la historia aqué­ llos elem entos que le sirven. Típico ejem plo de la Historia Pragm ática < > Didáctica, es decir la búsqueda del conocim iento del pasado, hum ano y la mcm oración de los hechos brillantes o heroicos ocurridos, para exhibirlos com o fuente de lecciones m orales, políticas o estéticas. Una tercera etapa es aquella que considera a la Historia com o 'evolutiva'’ o “ genética”, situación que conduce a tratar el carácter científico de la misma. Sobre este aspecto m uchas han sido las discu­ siones entre quienes le atribuían el carácter de ciencia y quienes se lo negaban. La controversia tuvo su origen en la circunstancia de que se consideraba ciencia a aquéllos conocim ientos susceptibles de ser em ­ píricamente com probables y por m edio de los cuales podían form ular­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUaONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. Ummrr

se leyes, que invariablem ente debían cum plirse. Estas son las así lla­ m adas ciencias d e la naturaleza, cuyas leyes absolutas, han com enzado a ponerse en d u d a en m uchos casos, con los adelantos de este siglo. E sa discusión acerca del carácter científico de la H istoria y a no tiene razón de ser, pues -c o m o lo expresa Galletti- esta es u n a ciencia perteneciente al sector de las culturales o del espíritu, totalm ente ale­ jad as tanto en sus finalidades com o en sus m étodos de las ciencias físico-naturales. E xplica este autor que les ciencias pueden distinguirse unas de otras, no sólo por los objetos de que tratan, sino tam bién por los m étodos que aplican. Puede, entonces, señalarse un m étodo natu­ ralista y un m étodo histórico. M arca la diferencia entre la naturaleza y la cultura, significando que lo prim ero es aquello que ha nacido por sí, oriundo de sí y entregado a su propio crecim iento y lo cultural es lo producido directam ente por el hom bre actuando según fines por él valorados. Hay p o r lo tanto objetos naturales y objetos culturales, cada uno de los cuales es m ateria de ciencias diferenciadas. El ejem plo de una piedra encontrada en el cam ino, que no es más que un objeto de la naturaleza; pero si a esa piedra el hom bre le ha dado una transform a­ ción, la ha labrado im poniéndole algún sentido, la ha convenido en su elem ento de defen sa o agresión, le ha incorporado a ella un valor. Deja de ser así un objeto puram ente natural para convertirse en objeto “ cultural". La H istoria entonces se encontraría dentro de las ciencias del es­ píritu, y sería necesario determ inar si como tal, ciencia, busca la obje­ tividad y la verdad con referencia a los’ objetos de que ella trata, para lo cual el p rim er planteo será determ inar cuales son los objetos de que se ocupa la H istoria. N ecesario es recalcar que la Historia se m aneja con conceptos ideográficos, y no con leyes invariables com o las cien­ cias naturales, aún cuando algunas corrientes históricas han querido en co n trar ciertas analogías con estas últim as. Sin em bargo, la H istoria V > v ' com o ciencia cultural no puede form ular leyes a la m anera deJ a s x ie n - »V cias naturales. ^D entro de lo que llam am os historia evolutiva o genética debem os co n siderar el origen o génesis y la evolución de los hechos del hom ­ bre, co n siderados dentro del ám bito social y geográfico en que el m ism o se ha desenvuelto a través del tiempo, y esa consideración d e­ berá hacerse c o n sentido dinám ico, a través de los sucesivos cam bios. No estáticam ente, com o dice G alletti, com o si se tratara de una línea
14

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RJcmrx/a J. G. fU rrcr

horizontal, sin quiebras, que se limitaría a catalogarlos y colocarlos, com o si se tratara de un fichero m ental, dentro de un orden cronológi­ ..................... co. ‘ 3. Objeto de la Historia. De lo que se viene expresando podem os desprender que el objeto de la historia es el saber qué hicieron o qué pensaron antes otros hom ­ bres que actuaban, igual que nosotros, integrando una organización social, dice Zonraquin Becú. para agregar seguidam ente que la historia no se limita sólo a conocer el pasado sino que. además, necesita cono­ cer ¡os hechos, explicarlos, investigar sus m otivaciones y sus finalida­ d e s /)' sobre todo, extraer de ellos ideas generales que permitan com ­ prender un proceso o una época, para ju zg ar tales acontecim ientos y su tiempo, con arreglo a ciertos ideales superiores. El objeto, entonces, es el pasado hum ano en general que ha teni­ do trascendencia social o repercusión colectiva. La Historia se ocupa de objetos reales, que han ocurrido en el tiem po y en el espacio, pero que hoy no existen. Son hechos pasados e irreversibles, trascendentes, que han gravitado hacia el futuro. Y serán tanto más im portantes cuanto mayores hayan sido sus consecuencias. Es necesario rem arcar aquí que el objeto de la Historia no se li­ mita a un sim ple relato o al com entario de docum entos u otras fuentes, sino que forma parte del objeto la determ inación de los m otivos que produjeron tales sucesos y cuales fueron losjpropósitos que sus autores tuvieron al realizarlos, para entenderlos cabalm ente. De esta manera la historia se transform a en una obra del intelec­ to, pues el historiador debe tratar de pensar e interpretar como pensa­ ron los hombres del pasado. 4. Concepto moderno. No existe una única definición para conceptualizar a la historia desde el punto de vista actual. Muchas son las escuelas que se dispu­ tan la apreciación acerca de lo que debe considerarse Historia, desde el punto de vista científico. Para Berheim, la historia es la ciencia que investiga y expone los fechos del pasado humano, en el espacio y en el tiem po, en sus accio­ nes como seres sociales, y de la relación psico-fisica de causalidad que entre ellos existe. Tal conceptualización no difiere dem asiado de lo
15

MANUAL DE HISTORIA CONSTriL’aO N A L ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. lU m rr

que hem os venido exponiendo anteriorm ente, salvo en lo relativo -a la relación o nexos causales, que entre los hechos hum anos existen. Bauer, otro estudioso de la Historia, dice a su vez que es la cienein que trata de describir, explicar y com prender los fenóm enos de la vida de los pueblos, en cuanto a los cam bios que lleva consigo en las distintas sociedades y analizando aquéllos fenóm enos desde el punto de vista de sus efectos sobre las épocas sucesivas o la consideración de sus propiedades típicas, pero dirigiendo su atención especialm ente sobre los cam bios que no se producen. V*Para Ricardo Zorraquin Becú es el conocim iento del pasado hu­ m ano para explicarlo, ordenar sus variadas estructuras, discernir las razones de sus cam bios y juzgarlos co n arreglo a ideales superiores y, en lo posible, perm anentes. Como se advierte hay gran sim ilitud con los anteriores, aunque aquí se incorpora el concepto de “estructura'’, que es una form a de encarar el estudio de la H istoria, analizando el conjunto de hechos vinculados entre sí, cuyas íntim as relaciones for­ man un proceso orgánico. Cassani y Pérez A m uchástegui, la definen com o la re-creación intelectual del pasado hum ano mediante la búsqueda de los hechos, realizada sobre la base de testim onios .y la exposición congruente de sus resultados. El Dr. Levene señala que la historia integral analiza la sociedad en todos sus aspectos, desde lo económ ico y jurídico hasta sus más J^rillan tes expresiones culturales y científicas, pero no es la sum a o la .?-yuxtaposición, sino la síntesis de las descripciones laterales. Y el crite­ rio de la historia genética reclam a la organización de las series históri­ cas. vinculando las de un país con las series universales y desterrando de la interpretación toda especie de historia m icroscópica y catastrófi­ ca. Finalmente, señalem os que C arlos M arx con su visión m ateria­ lista de la Historia, interpreta los hechos del pasado hum ano com o la adaptación de sus actores al mundo y a la sociedad. Dice que ésta avanza m ediante una serie de luchas de clases, que se originan en las desigualdades económ icas fundam entales. Así la m archa de la civili­ zación tiene p o r bases fundam entales a los procesos y cam bios eco­ nóm icos, siendo efectos secundarios de ese proceso el arte, las letras, la filosofía, 1a religión y las instituciones jurídicas y políticas. A po­ yándose en el concepto de ley natural, Marx ha establecido una con­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Riairdo J. G. lU m rr

cepción científica de !a Historia, según la cual las relaciones sociales resultan de las relaciones económ icas. La actividad material hum ana revela las leyes.de la Historia (M aterialism o Histórico). 5. Método. Toda ciencia dispone de un m étodo que le permite arribar co­ rrectamente al conocim iento del objeto de que se trata. Las ciencias naturales cuentan con m étodos que le perm iten la com probación de la certeza de sus afirmaciones, que son consagradas como leyes inm uta­ bles. en los que dado un hecho antecedente debía necesaria e inevita­ blemente producirse un resultado consecuente. La Historia como ciencia del espíritu o cultural tiene tam bién su propio método, que le es indispensable para confirmar la veracidad de sus afirmaciones. Afirm a Zorraquin Becú que la metodología histórica que predominaba hasta hace poco tiem po se refería a las causas de los acontecim ientos, creyendo que en todo hecho era posible descubrir una causa determinante. Para llegar al conocim iento histórico es necesario contar con un método que nos permita su com probación mediante los instrum entos Je investigación adecuados y de principios que guíen la selección de! material. El método histórico, según cita Galletti, no es otra cosa que los medios de que se vale el historiador para transformar el frío y m u­ do testimonio en fuente de inform ación y posibilitarla transform ación del hecho pasado en actualidad presente. | — La primera parte del proceso m etodológico es la “heurística” , que nos da las normas para el adecuado tratam iento de las fuentes históri­ cas. La palabra heurística viene del griego y significa “hallar”, y en consecuencia la prim era tarea del m étodo consiste en el hallazgo de los testimonios que van a servir de fuentes, tarea en la que ciencias auxiliares como la m useología, la archivística o la bibliotecología, nos brindarán una ayuda inapreciable. O bviam ente, lo primero es determ i­ nar la temática y el alcance que se aspira a dar a la tarea de investiga­ ción. y lo segundo verificar la bibliografía existente sobre el tema, pa­ ra evitar realizar una tarea que ha sido hecha antes por otros historia­ dores. En esta prim era parte se trabajará con m edios científicos hacien­ do uso de ciencias com o la paleografía, diplomática, epigrafía, etc., y la investigación se realiza a través del m étodo inductivo a la m anera

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUCiaNALARGENTINA

Dr. Riemrdo J. G. ¡binrcr

de las ciencias naturales, partiendo de lo particular para llegar a lo ge­ neral. S in tetizando, la heurística tiende a la búsqueda y hallazgo de tes­ tim onios que pueden convertirse en fuentes del conocim iento, a la re­ unión de antecedentes, elección del tem a, etc., seleccionando ese m a­ terial y realizando la diagnosis y el fichado correspondiente. | | — ■ El segundo paso es el de la crítica, Esta crítica se realiza de dos m aneras, esto es, desde el punto de vista externo e interno. La prim era co m probación que el historiador debe realizar es la verificación acerca de la au tenticidad del testim onio del que pretende valerse. Es decir, realizar por los m edios científicos a su alcance, si el testim onio co. rresp o n d e al tiem po en que se pretende originado, para no correr el riesgo de trabajar con un m aterial falsificado, para lo cual la quím ica, ia física y otras ciencias resultan de un valor inestim able. Se logrará a través de este procedim iento la determ inación de los caracteres exter­ nos de los antecedentes hallados y reunidos com o propios de la época de origen, del autor, del lugar, etc. en sum a, la autenticidad del testi­ m onio. V erificada la autenticidad del testim onio, corresponde realizar b-' una tarea m ucho m ás difícil que es la de la critica interna, para deter­ m inar en form a fehaciente que el hecho histórico contenido en el tes­ tim onio refleja la verdad histórica. ¡Cuántas veces una carta, un diario, un do cu m ento, que son auténticos de su época, sin em bargo, no refle­ jan la realidad de los acontecim ientos ocurridos, que son distorsiona­ dos p or m últiples razones! Es m uy fácil que las circunstancias hicieran to rcer la voluntad de decir la verdad. Entonces la tarea más ardua del h isto riad o r es la de desentrañar la veracidad del contenido de un tes­ tim onio, y nos encontrarem os aquí con el problem a fundam ental de la crítica histórica, que es el de la objetividad. III U na vez cu m p lid a esta etapa, viene la tarea de la ordenación de los hechos. U na vez elegido el o los tem as que le interesan, agrupa los datos que le parecen m ás característicos para ordenarlos, darles una estru ctu ra y co n stru ir con ellos el proceso que es su propósito descri­ bir. U na de las form as de esta ordenación era el de construir series cronológicas, m ostrando de esta m anera, cóm o unos hechos eran con­ secu en cia de otros anteriores; hoy prefiere hablarse de estructuras o co n ju n to s de hechos vinculados entre sí, cuyas íntim as relaciones for­ m an un proceso orgánico.

JIANUAL DE H1ST0 RIA CONSTITUCIONAL ARGENTITiV

Dr. U

J . O. H *m r,

La más im portante función del historiador consiste en presentar los resultados de su investigación y sus reflexiones sobre el tem a estu­ diado, com o tam bién el juicio que surja de ese conjunto de hechos. No una mera relación o com entario de los docum entos, sino la investiga­ ción de los m otivos que produjeron tales sucesos, para lograr expli­ carlos cabalm ente. Y en esa tarea deberá el historiador tratar de pensar como pensaron los hom bres del tiem po o la época motivo de su estu­ dio. y no tratar de explicar el pasado con ideas actuales, com o si los hombres de entonces hubieran podido pensar de la misma m anera que los de ahora. Pretender que los acontecim ientos pretéritos se ajusten a los criterios contem poráneos resultaría anacrónico e injusto. Zorraquin Becú, a quien seguim os, dice que el juicio histórico tiene siem pre una gran im portancia, ya que al valorar una situación determ inada deberá analizarse si se ha producido o no un perfeccio­ namiento de los hom bres y de los pueblos, es decir los objetivos supe­ riores que toda sociedad debe proponerse, tales com o el asegurar a to­ dos sus libertades y sus derechos naturales para que puedan realizar sus tiñes lícitos, el perfeccionam iento moral, el adelanto de la cultura. Je la técnica y de la ciencia, el aum ento de los niveles de vida, el pro­ greso m aterial y el establecim iento de un orden social justo que con­ tribuya a la obtención de todos esos fines. El juicio histórico, por lo :anto, debe analizar la realización de esos valores universales y conve­ nientes. y no fundarse sólo en ideologías transitorias o parciales. 6. División. -v Seguim os en este punto los lineam ientos expuestos por Carlos Sánchez Viam onte referidos a las Edades H istóricas. A la clásica divi­ sión de Prehistoria e Historia, y a esta últim a dividida en Edad Anti­ gua. Edad M edia. Edad M oderna y Edad C ontem poránea, teniendo en cuenta la contem plación de la Historia U niversal desde el punto de vista de las “ Instituciones Políticas” se inclina a replantear el proble­ ma de las Edades y su clasificación, pues el aspecto institucional de la '•ida hum ana es el único que puede sum inistrar jalones ciertos para la cronología de la sociedad. En principio no encuentra ninguna dificultad para aceptar el nombre de Edad Antigua, aplicado a los pueblos de Oriente y también a Grecia y Roma, porque esa etapa abarca todo un ciclo que se cierra con la caída del mundo rom ano por efecto de las “invasiones de los
19

MA-NUAI. DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RJc*rdo J. G. tlir-rry

b árb aro s”. G recia y R om a pertenecen al M undo A ntiguo y aun cuando actúan en el escenario geográfico de Europa, constituyen el corona­ m iento de un proceso histórico de origen oriental, y nunca dejaron de ten er sus ojos puestos en aquél Oriente, que constituía todo el pasado para la civilización y la cultura. El fin del M undo A ntiguo es el com ienzo de una nueva edad. En H istoria nada term ina sin el hecho o los hechos nuevos por los cuales adquirim os la convicción de que algo em pieza y de que ese algo es distinto de lo anterior. Así el m undo europeo, con el que se inicia la JEdad M edia, adquiere una personalidad propia com o consecuencia de dos hechos capitales que señalan el fin de la edad anterior, el triunfo del C ristianism o y las m igraciones o invasiones de los bárbaros. N o obstante su origen oriental, el C ristianismo v a a constituir el rasgo prim ordial de una n u eva cultura que com ienza su ciclo cuando se inicia la decadencia de la cultura rom ana, construyendo un sistem a poHtico, religioso y social, con una moral propia, que v a a dar su fiso­ nom ía y carácter a todo O ccidente. E sta revolución profunda que significó el C ristianism o se verá com plem entada con las invasiones de los bárbaros, que traen consigo el problem a de una sociedad primitiva,tprgam zada-tedavía_enjilaQ£¡Ly _tribus, y dom inan y ocupan las regiones que los rom anos habían po­ blado y organizado. Estos “bárbaros” se incorporan a la cultura anterior de ¡os pueblos invadidos, com o ha ocurrí do liTempre en las inva­ siones. U na vez com pletada la irrupción buscan en la cultura rom ana los frutos de una experiencia hum ana que era ineludible aprovechar-?La calificación de “ E dad M edia” para esta etapa, que es la época inicial de la vida europea propiam ente dicha, responde a un criterio sim plista que consiste en contem plar la Historia com o una pura cro­ nología. Ei nom bre de Edad M edia indica un m om ento histórico que, dentro de una evolución apreciable en conjunto, sirve de pasaje o de tránsito de un estado anterior a otro ulterior. En realidad, a la Edad M edia se ¡a puede considerar com o el m om ento inicial del ciclo euro­ peo propiam ente dicho, no sólo por su alcance geográfico, sino por sus características propias, que le dan hom ogeneidad al conjunto y conservan sus rasgos esenciales hasta nuestros días. El nuevo ciclo de cultura que los europeos com enzaron a crear tem a sus fuentes en el C ristianism o y en el D erecho Rom ano,, que se

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. R i^rd o J. G. / /« r ^ r

conjugaron para servir de fundamento y punto de partida a un nuevo espíritu, con el cauce común y materno de la lengua latina. La llamada Edad M oderna ha m erecido ese calificativo para ca­ racterizar una etapa que se suponía com enzada en la Edad Antigua y que, pasando por la Edad M edia, clausuraba un gran proceso evoluti­ vo, en el cual era conveniente hacer aquella separación. La Edad M o­ derna fue “m oderna” para los hombres que vivieron en ella y tam bién para los que luego entraron en una nueva época a la que se vieron en la necesidad de llamar “ Edad C ontem poránea”, y la que hoy com ienza 3 llamarse “ Edad A tóm ica”. Durante la llamada ;Edad M oderna subsisten, en trance de des­ com posición, las formas feudales de organización social, pero los es­ fuerzos realizados para lograr el cambio se verán cristalizados con el constitucionalismo, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la forma de gobierno republicano-democrática. Son sus características, además de la descom posición política del feudalismo con la afirmación y acentuación centralista de la monarquía, y el pre­ dominio de la vida urbana sobre la rural o campesina, el poderío cre­ ciente de la burguesía, el desarrollo del com ercio interurbano e inter­ nacional y las industrias, las ciencias y las artes, los inventos, los des­ cubrimientos y el influjo cada vez m ayor de ia cultura en todas sus formas. Se sale de la Edad M oderna para entrar en la Contem poránea con la Revolución Francesa, cuyo punto de partida, para nuestro C onti­ nente, puede señalarse en la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. La m archa de la historia, que se acelera progresiva­ mente, ha sido dividida en periodos o edades que se acortan en el üempo a medida que aum enta la densidad de su contenido. El autor señala el error de perspectiva en que se incurrió cuando se hizo esa clasificación en Edades, com o si los historiadores que la efectuaron hubieran partido del supuesto de que la Historia term inaba con ellos. Primero fueron tres Edades para los hombres que inventaron ¡a clasificación; pero todavía quedaba un nuevo tiempo, que fue trans­ curriendo con caracteres propios y distintos de los anteriores. Ante la necesidad de clasificarlo y denom inarlo lo llamaron “Edad Contem po­ ránea”. sin advertir que toda edad es contem poránea para quien perte­ nece a ella, y que tal cualidad contingente y transitiva es susceptible
21

) )
MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. lU m r

de ser invocada para cad a época, con igual derecho p o r cada genera­ ción. 7 .F u en tes. El conocim iento de los hechos históricos se adquiere m ediante la investigación de las fuentes que reflejan lo que se hizo en el pasado, sean éstos vestigios, docum entos, escritos de toda índole, m onum en­ tos, utensilios, arm as, etc. Señala Galletti que se han establecido dife­ rentes divisiones de las fuentes historiográficas, siendo una de las más conocidas la que distingue entre “ restos” y “tradiciones” . Los “restos” pueden ser los de las obras producidas por el hom ­ bre, los m odos de vida de las com unidades, los ordenam ientos ju ríd i­ cos, las obras literarias o filosóficas y los docum entos en general: y las “tradiciones”, que pueden clasificarse en orales y escritas, por las cuales se transm ite la m em oria de los hechos pasados. B auer hace un cuadro m ás im portante de las fuentes históricas, señalando entre otras a las “ etnológicas” (antigüedades, m onedas, se­ llos); las transm itidas oralm ente (que pueden ser atribuidas a persona­ lidades); las que no tienen origen personal ( inform es orales, m itos y leyendas, rum ores, anécdotas, proverbios, canciones populares, etc.). Hay otras fuentes basadas en la tradición oral ( testigos presenciales de los hechos); y otras, de im portancia m ucho más considerable, transm itidas por escrito. En este últim o caso, los docum entos ocupan el prim er lugar, tam bién los escritos ju ríd ico s, la convención, la costum bre, la ley, co­ mo fundam entos del derecho; ias actas o generalidades, los inform es diplom áticos, las actas de la adm inistración, las m ilitares y las deriva­ das de la vida parlam entaria o social. T am bién m erecen especial referencia los registros y libros ofi­ ciales, las exposiciones históricas, las fuentes autobiográficas, los dia­ rios, m em orias, cartas, publicaciones a través de los distintos m edios de expresión, los libelos, periódicos, y, finalm ente, la opinión pública com o fuente historiográfica. Las fuentes se han enriquecido con la incorporación de nuevos m edios técnicos de expresión o difusión, com o las reproducciones fo­ tográficas, cartográficas, fonográficas, etc. (m icrofilm es, facsím iles, alam bres, cintas m agnéticas, discos, C .D ., Internet, etc.
22

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Jücmrdo J. G. H * m r

Frente a ias fuentes, el investigador tendrá que determ inar su fe­ cha originaria, sus caracteres externos, lugar de origen, determ inación del autor y Verificar su autenticidad, y cum plida esta tarea, com probar la veracidad de su contenido. Estos pasos, com o ya dijim os, corres­ ponden a la tarea heurística y crítica. 8. Las Ciencias Auxiliares de la Historia. La ciencia de la Historia o la técnica de la investigación histórica necesitan del apoyo de las disciplinas o ciencias auxiliares, en su pri­ m era fase de investigación, la que tiene cierta sim ilitud con la investi­ gación “científica” ya que el investigador deberá trabajar con medios provenientes de esas disciplinas a las que se denom ina, por ello, como “auxiliares” . En esta fase de la investigación se trabaja con el m étodo inductivo a la m anera de las ciencias naturales, partiendo de lo parti­ cular para llegar a lo general, aunque buscando conexiones causales y no leyes generales. En sentido estricto se incluyen como “ciencias auxiliares”, entre otras, a la D iplom ática (C iencia que estudia los diplomas u otros do­ cum entos oficiales); la Biografía (H istoria de la vida de una persona); la G enealogía (Ciencia que estudia los ascendientes de cada individuo o de una familia); la N um ism ática (C iencia que se dedica al estudio de m onedas y m edallas antiguas); la Iconografía (Ciencia de las im áge­ nes y pinturas); Paleografía (C iencia o arte de descifrar las escrituras antiguas) y la C ronología ( o C iencia de las fechas históricas). En un sentido más general, se ubica a la A rqueología (C iencia que estudia los m onum entos y cosas de la antigüedad); la Etnología (C iencia que estudia la form ación y los caracteres físicos de las razas hum anas); la A ntropología (C iencia que estudia al hom bre y su evolu­ ción com o ser físico), el Folklore (C iencia de las tradiciones y cos'tum bres de un país); la Paleontología (C iencia que estudia los fósiles anim ales y vegetales); la Filosofía (C iencia general de los seres, de los principios y de las causas); Arte (A plicación del entendim iento a la realización de una concepción.); la Religión (Estudio de los cultos con que se tributa a la D ivinidad); la G eografía (C iencia que estudia la tie­ rra desde el punto de vista del suelo, el clim a, las producciones del suelo, de las razas, las lenguas, los lím ites de los pueblos, la forma del globo y su posición en el sistem a solar, etc.), el Derecho (C onjunto de leyes y disposiciones que determ inan las relaciones sociales, desde el
23

MANUAL D E HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTELA

Dr. Ricardo J. G. ffu rrer

punto de vista de las personas y de la sociedad); la Estadística (C ien­ cia que tiene por objeto agrupar m etódicam ente todos los hechos que se prestan a una valuación num érica, ya sea población, riqueza, im ­ puestos, cosechas, etc.); la Econom ía (C iencia que trata de 1a produc­ ción, la repartición y el consum o de la riqueza), etc. G uillerm o B au er ha distinguido las ciencias de las cuales la H is­ toria tom a conocim ientos auxiliares de carácter general y las ciencias y conocim ientos relacionados m ás íntim am ente con ella. Tam bién se ha hecho una distinción entre las ciencias que auxilian a la H istoria y las que están a su servicio, señalándose como ejem plos a la geografía en el prim er caso, y a la cronología y paleografía en el segundo. La ta­ rea fundam ental de estas.ciencias será el estudio de los testim onios y fuentes que sirven de base a la Historia. 9. H isto ria del D e rech o . La Historia del D erecho com prende el estudio de los sistem as j u ­ rídicos del pasado y su posterior evolución, abarcando a la vez al d e­ recho público y ai privado, pero formando parte de la Historia de la C ivilización, no se circunscribe a la dogm ática jurídica, sino que abar­ ca el horizonte de 1o económ ico y espiritual conexo, com o lo afirm a el Dr. Ricardo Levene. Es ia disciplina fundam ental que estudia uno de los aspectos del Derecho, que es ei origen y proceso formativo del fenóm eno y de las instituciones jurídicas, de la m ism a m anera que la C iencia, la Filosofía y la Sociología del D erecho, se ocupan de otras m anifestaciones del m ism o fenómeno. Sigue diciendo que la H istoria del Derecho, com o ciencia del es­ píritu, m daga las fuentes del D erecho y todo lo concerniente al d esa­ rrollo y transform ación de las instituciones jurídicas, form ando parte integrante del dilatado dom inio de la Historia Universal y del cam po más circunscripto de la H istoria de la Civilización y la Cultura. Es el estudio de la convivencia organizada, las norm as éticas, religiosas, etc. Dice este autor que en las entrañas del fenóm eno jurídico se des­ cubre la psicología de un pueblo, las ideas y sentim ientos dom inantes, sus arraigados intereses, los residuos tradicionales del pasado, la lenta penetración del porvenir; en sum a, la continuidad de la Historia.

24

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. K a v d o J. G. Hmrrer

A través de la vida del derecho, y su interpretación por la Histo­ ria y la Sociología, se pulsa el ritm o regular y se ausculta el proceso de form ación gradual de la coexistencia organizada, conforme a los fi­ nes de ju sticia y bienestar colectivos, sin cesar renovados. Lo perm anente y orgánico constituye su contenido, que se es­ tructura y sedim enta en el derecho consuetudinario, en ia jurispruden­ cia de los Tribunales, en la Ley y en la doctrina científica. La vida del D erecho resulta dinámica y funcional, C uando un derecho nuevo es reconocido o uno revolucionario es im puesto avasalladoram ente por la lucha, es porque anteriormente la revolución se ha impuesto en los es­ píritus. Podem os sintetizar el concepto diciendo que es el estudio de la convivencia organizada, las norm as éticas, religiosas, morales y ju rí­ dicas que han existido y rigieron la conducta humana. No puede reali­ zarse ningún estudio sobre la actividad del hom bre, especialm ente en su vida de relación, sin conocer prim ero cuáles son o han sido las norm as éticas reguladoras de esa actividad. Las normas religiosas y m orales perm anecen generalm ente in­ m utables, aunque tengan una vitalidad cam biante según las épocas, m ientras que el derecho está en constante evolución, sobre todo en los aspectos que no derivan de la ley natural, es decir, del contenido ético que guía y orienta a las instituciones. A sí, la Historia del Derecho es una disciplina que investiga los sistem as jurídicos del pasado y su evolución respectiva, proponiéndo­ se conocer las estructuras políticas, sociales y económ icas que cada com unidad ha tenido en las distintas etapas de su existencia. Este es­ tudio requiere, para ser completo, analizar las razones de sus cambios, la aparición de nuevas normas e instituciones, el contenido jurídico de estas últim as, su vigencia y las consecuencias de su aplicación. N o hay dudas de que el conocim iento de los sistem as jurídicos antiguos es indispensable para com prender las form as de vida y las instituciones que han regulado la existencia de una sociedad en el pa­ sado. Pero si el análisis del derecho que ha regido en el pasado es in­ dispensable para com prender la evolución social y la cultura de un pueblo, estas circunstancias no deben hacer perder de vista el objetivo fundam ental de la Historia del Derecho, que es em inentem ente ju ríd i­ co. P or ello, conviene acentuar el enfoque jurídico. La circunstancia de que integre los planes de nuestra Facultad de D erecho m uestra cla­
25

)

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUaONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. lU rnrr

ram ente que está destinado a com pletar la form ación de los abogados, ju ece s y juristas, aum entando y profundizando la cultura jurídica, en cuanto perm ite superar la m era contem plación estática de las norm as vigentes para ofrecer un panoram a com pleto de las doctrinas y de las realidades que han contribuido a su elaboración y a sus transform acio­ nes. Hay una estrecha relación entre la H istoria y el Derecho, pues este últim o se m odifica y evoluciona a través del tiem po y es, gene­ ralm ente. consecuencia de los cam bios que ocurren en una sociedad. La religión, la m oral, los problem as económ icos y las condiciones po­ líticas influyen y determ inan esos cam bios. De tal m anera un sistem a ju ríd ico no puede nunca ser bien com prendido sino en función de los antecedentes históricos que nos explican las razones de su evolución y e! sentido de sus norm as. 10. S u jeto y O b jeto de la H isto ria del D erecho. El objeto de la H istoria del Derecho, ya se ha dicho, es el estudio de los sistem as ju ríd ico s del pasado y su evolución. El derecho ha existido y existe en todas las sociedades, porque toda com unidad hu­ m ana necesita un sistem a de norm as que regule la actividad de sus m iem bros e im ponga sanciones a los transgresores, corrigiendo así las debilidades de la naturaleza del hom bre en su vida de relación. En doctrina se habla de un derecho inm utable, conocido com o el D erecho Natural, pues se ajusta a la naturaleza física y espiritual del hom bre, a sus instintos y apetencias com o ser biológico y como ente racional. La otra p an e del derecho suele reform arse para que responda a las necesidades, tendencias o ideales que predom inan, y se lo llam a D erecho Positivo. Ese estudio de la evolución jurídica de una com unidad, no debe lim itarse a las leyes sancionadas o a las doctrinas expuestas, pues ese estudio sistem ático nos daría una visión incom pleta del panoram a j u ­ rídico. Debe analizarse, especialm ente, la entidad productora del dere­ cho que es la com unidad que se da tales norm as, estudiar las razones de 'os cam bios, buscando los m otivos que los determ inaron y los fines que se propusieron sus autores, que en definitiva son los sujetos de la Historia del D erecho, a fin de lograr una explicación cabal del proceso histórico. Bien entendido que el derecho no siem pre es la expresión de una sola voluntad, llám ese Rey, Presidente, C ongreso o Parlam ento,
26

MANUAL DE ÍUSTORLV CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RJardo J. G. JUrrcr

sino que en la m ayor parte de los casos responde a verdaderas necesi­ dades de la com unidad, verdadero sujeto de esta disciplina. 11. Importancia de la Historia del Derecho como disciplina social, filosófica, cultural y jurídica. La Historia del Derecho, com o ciencia, ilustra sobre los princi­ pios que presiden el desenvolvim iento general del derecho y el propio de cada pueblo o Nación, ofreciendo enseñanzas provechosas para la reform a y m ejoras progresivas de las instituciones jurídicas. Desde el punto de vista científico la Historia del Derecho de cada pueblo repre­ senta un valor notable como contribución a la evolución integral del Derecho y com o conocim iento básico en la evolución nacional de ca­ da país. La Historia de! Derecho constituye una ciencia sociai con plena vigencia, ya que estudia la realidad plena del derecho a través de la evolución en el tiempo y en el espacio, adem ás de analizar la entidad creadora, que es el pueblo, colectividad o N ación, que resulta el sujeto activo y propulsor de esa evolución, es decir lo que llam am os “dere­ cho en acción". Como disciplina filosófica presupone el conocim iento puro de la naturaleza y finalidad del D erecho, com o tam bién de la trabazón de los hechos sociales que le dan nacim iento y sustento. La Historia del Derecho nos perm ite com prender la noción de las causas objetivas y subjetivas que dieron nacim iento y le dan fundam ento a las institucio­ nes jurídicas. Finalmente, esta disciplina nos perm ite apreciar la uni­ dad de los valores superiores del espíritu de la Historia. Tal como se ha venido expresando la Historia en general y la Historia del Derecho en particular, es una disciplina cultural vigente, una ciencia del espíritu, por contraposición a las ciencias que se ocu­ pan de los fenóm enos físico-naturales. Estas últim as se explican por las leyes generales de la causación exterior al hombre. La Historia del Derecho, al evocar los cuadros encendidos de la vida hum ana, nos muestra al hom bre y a la sociedad o com unidad en la que actuó a tra­ vés de los tiem pos, señalándonos el grado de avance o retroceso, de civilización o barbarie en que se desenvolvía, según los sistem as ju rí­ dicos que regulaban su vida. Tam bién hemos señalado que la H istoria del D erecho estudia la convivencia organizada, las norm as éticas, religiosas y jurídicas que
27

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. H * m j

han existido, el derecho consuetudinario, los fallos de los tribunales y la opinión de los tratadistas. Es el conocim iento del origen y evolución de las instituciones jurídicas. D esde este punto de vista científico, la H istoria del D erecho de cada pueblo representa un valor notable como contribución a la evolución integral del Derecho y com o conocim iento básico en la evolución nacional de cada país, abarcando la crónica m uerta y la historia viva del pasado jurídico que sobrevive en la C onstitución, las leyes, el pensam iento y la creencia del pueblo. El de­ recho contem poráneo es original, com o lo es el que corresponde a ca­ da época nueva, pero no se lo com prende sin la indagación de la His­ toria y la com paración de sus instituciones pretéritas, com o lo afirm a el m aestro Dr. Levene. ^ 12. División de la Historia del Derecho. G odofredo Leibniz, filósofo alemán, dividió a la historia del de­ recho en externa e interna. La historia extem a debía abarcar todo lo que no fuera estrictam ente jurídico, es decir era m ateria de su estudio las fuentes m ateriales que preceden y provocan las transform aciones del derecho, o sea los m otivos que han prom ovido su creación, tales com o los cam bios ideológicos, políticos, sociales o económ icos. La historia interna com prendía el proceso subsiguiente, es decir la aparición de las.n u ev as norm as a través de las fuentes formales, com o las leyes, costum bres, jurisprudencia, etc. y el contenido in stitu í cional de las m ism as. El Dr. Ricardo Levene, p o r su parte, ha hecho tam bién una divi­ sión de la H istoria del D erecho en extem a e interna, com prendiendo en la prim era a las fuentes y en la segunda el estudio de las institucio­ nes ju ríd icas, siguiendo en esto la nueva orientación dada por los se­ guidores de Leibniz y los expositores de la Escuela Histórica. El Dr. Levene sostiene que no es posible establecer una diferencia científica entre am bos aspectos de la H istoria del Derecho, aunque considera que la distinción tiene im portancia didáctica, porque im pulsa las in­ vestigaciones históricas en form a m etódica, com enzando por las fuentes del derecho y los sucesos políticos y sociales, para conocer en seguida las instituciones ju ríd icas. El estudio de la historia externa o de las fuentes (m ateriales y form ales) tiene básicam ente un interés histórico, ya que aspira a cono­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. U

J. G. /fc m y

cer com o se han ido creando las norm as, las causas de sus transform a­ ciones y los m odos de su elaboración. j^La historia interna, por su parte, penetra en el análisis del conte­ nido de aquellas fuentes, para^desentrañar de ellas el origen y evolu­ ción de las instituciones jurídicas^ Busca señalar la evolución de los sistem as jurídicos para explicar el derecho actual como un resultado de ese proceso. Este aspecto de la H istoria del Derecho tiene un senti­ do predom inantem ente jurídico, interesa sobre todo al estudioso del derecho y debe ser tratado con el m étodo que utilizan los juristas en sus estudios doctrinarios. P or ello se ha dicho que para la tarea de recopilación de las ' g e n te s formales se requiere fundam entalm ente de los conocim ientos propios del historiador, pero para desentrañar de tales fuentes el ori­ gen y evolución de las instituciones jurídicas, hace falta un conoci­ m iento profundo del derecho. 13. Historia del Derecho Argentino. C ontrariam ente a lo que alguna vez sostuvo Alberdi y algunos otros publicistas, para estudiar la Historia del Derecho Argentino, de­ be partirse del estudio de los sistem as jurídicos que precedieron a nuestra Nación como Estado independiente. En tal sentido se señala que debe considerarse formando parte de la historia de tal derecho al D erecho Castellano, al derecho de los aborígenes americanos, al D ere­ cho Indiano y, finalmente, al Derecho A rgentino propiam ente dicho. No existe una división tajante entre los derechos m encionados, en orden a las etapas de la evolución histórica, ya que las norm as del derecho castellano tuvieron vigencia en los territorios americanos, p e­ ro debieron necesariamente acom odarse a las nuevas circunstancias que enfrentaban los conquistadores y colonizadores, dando lugar a un derecho propio al que llamamos Indiano; recordando por otra parte que m uchas instituciones que los naturales de estas tierras observaban, term inaron siendo aceptadas por la legislación. Digamos tam bién, que ya constituido el gobierno patrio y posteriorm ente declarada la inde­ pendencia, las disposiciones que mayores m odificaciones sufrieron fueron las del derecho público lo que resultaba lógico pues se trataba de una nueva Nación Soberana, pero en cam bio las disposiciones del derecho privado, continuaron vigentes en gran m edida hasta la sanción

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RJcmrdo J. G. iU rrcr

de los C ódigos N acionales, y aún a través de ellos se conservan m u­ chísim as disposiciones provenientes del viejo derecho español.

14. División.
Por razones m etodológicas se divide el estudio de la H istoria del D erecho A rgentino en la siguiente forma: a) Derecho C astellano; b) Derecho Indiano; c) Derecho Indígena y d) Derecho A rgentino pro­ piam ente dicho. El D erecho C astellano era el que regia en gran parte de España, a la fecha del descubrim iento. Era el derecho propio de los conquistado­ res y con él iban a tratar de m anejarse en el gobierno y en las relacio­ nes con ios habitantes del N uevo M undo. España había iniciado con la Edad M oderna un nuevo periodo, caracterizado por la política unificadora de los Reyes C atólicos y con ella la form ación de un derecho na­ cional com o resultado de la expansión del derecho castellano en la pe­ nínsula y su posterior expansión a las Indias. La penetración jurídica castellana se prolongó durante centurias hasta dictarse los Códigos Nacionales en la segunda m itad del Siglo XIX. C om o las Indias, o A m érica como se dio en llam ar después, fue­ ron incorporadas en 1519 a ¡a C orona de Castilla y León com o verda­ deros reinos y no com o factorías o colonias, se m andó aplicar en ellas las Leyes de Castilla, según un orden de prelación que com prendía desde las m ás m odernas recopilaciones de leyes castellanas hasta los fueros, com o el Fuero Juzgo del Siglo VII y el Fuero Real del Siglo XIII, e inclusive las Siete Partidas de Alfonso el Sabio, que llegó a te­ ner m ayor vigencia en A m érica que en España, adem ás de dictarse norm as propias para ser aplicadas exclusivam ente en el N uevo M un­ do, a las que clasificam os com o Derecho Indiano. C abe señalar aquí que las instituciones del D erecho Castellano provienen en m uchos casos de otros sistem as que sucesivam ente lo in­ fluenciaron, com o los derechos rom ano, germ ánico, m usulm án y ca­ nónico, producto de la evolución general del derecho en la Europa oc­ cidental. Pero iniciada la conquista y colonización, se puso de m anifiesto que en m últiples aspectos la legislación C astellana era inaplicable o no respondía cabalm ente a las exigencias jurídicas y políticas de la nueva sociedad en form ación. En su reem plazo una nueva legislación espe­ cialm ente dictada para Indias se fue enriqueciendo sin cesar, m odifi­
30

MANUAL DE ÍÍ1ST0RU CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Rh*rdo J. G. Hmrrcr

cando en forma lenta pero inexorable el derecho público y privado castellano. Para ello hay que tener presente el inm enso escenario hispanoa­ m ericano y las profundas diferencias que separaban las culturas de sus pueblos, para interpretar el significativo hecho de la “ Legislación In­ diana" desde el punto de vista de su cam biante m ovilidad por una p ane y su orientación social por la otra. El Derecho Indiano fue for­ mado y acumulado durante la pacificación y población del Nuevo M undo. La Legislación Indiana, que no debe confundirse con el Derecho Indígena, pretendía continuar en A m érica el espíritu y tendencia del Derecho Castellano, porque -c o m o afirm aba el jurista Juan de Ovando- “siendo de una corona los reinos de C astilla y de las Indias, las le­ yes y m aneras de gobierno de los unos y los otros debe ser lo más se­ m ejante y conforme que se pueda". Pero, la diversa realidad de los he­ chos en su natural desenvolvim iento, determ inaba la elaboración de un derecho nuevo, con caracteres propios. En principio y siem pre hubo un trasvasam iento hacia las Indias de las instituciones castellanas, pero también em anaba vigorosa de los órganos locales con potestad legislativa. El Dr. Levene, a quien se­ guimos, señala que el Derecho Indiano se constituyó sobre nuevas ba­ ses políticas, adm inistrativas, jurídicas, económ icas y éticas, creándo­ se en cada una de ellas instituciones propias. Fue arm ándose una com ­ pleja estructura política que hizo im posible el ejercicio del gobierno absoluto. Ninguna autoridad detentaba todo el poder y éste se des­ prendía de la fuente de la M onarquía, am pliándose en una vasta orga­ nización. El Dr. José M aría Ots, refiriéndose a los períodos históricos del Derecho Indiano, adm ite la existencia de una etapa insular caracteri­ zada por las grandes experiencias iniciales, m uchas veces de carácter contradictorio frente a una realidad social y geográfica desconocida, y de una etapa continental en la que se perfilan los grandes descubri­ m ientos y conquistas y la acción individual predom ina todavía sobre la acción oficial del Estado, y un tercer período en el que van apare­ ciendo las distintas instituciones jurídicas con la presencia enérgica del Estado Español en esos territorios, por m edio de una nutrida buro­ cracia.
31

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. lU rrcr

A m edida q u e se extendía la adm inistración, creándose institu­ ciones desconocidas h asta entonces, las leyes y ordenam ientos arre­ batan a los V irreyes im portantes facultades para distribuirlas en las entidades de nueva creación. Las instituciones centrales o m etropoli­ tanas y las locales o indianas se desenvolvían en órbitas propias, en el ju eg o d e las funciones respectivas. Puede afirm arse que todo el D erecho Indiano es esencialm ente de naturaleza social, abarcando no sólo la vasta esfera de los derechos Penal, Político, Internacional, Eclesiástico, sino tam bién al propio de­ recho privado, que m odificó en m uchos aspectos al derecho castella­ no. Se pueden señalar en tal sentido las disposiciones referidas a la com posición de la fam ilia, al m atrim onio del español con indias y la form ación de una nueva raza, disposiciones referidas a la capacidad ju ríd ic a de indios, negros y m estizos; disposiciones referidas al dere­ cho sucesorio, disposiciones testam entarias, un régim en distinto del derecho de propiedad, en un continente casi desierto, que se caracteri­ za por el principio de la regalía. Las tierras, las m inas, las aguas, etc. pertenecían al M onarca y era éste quien daba las concesiones de la propiedad y era él quien im ponía la obligación del trabajo y las m últi­ ples restricciones al dom inio, tanto en la m anera de cultivar las tierras y laborar las m inas, b eneficiar estancias de ganados, y la inversión de las rentas; pero ninguna de sus ram as tiene un carácter tan entrañasr'b lem en te social, com o la regulación del trabajo de los indios, conteni­ do en el Libro VI de la R ecopilación de 1680, gloria ju ríd ica de Espa­ ña. El "D erecho Indígena” preexistía al descubrim iento y conquista de España. Cada una de las etnias que habitaban las Indias, tenía su propia organización ju ríd ica de m ayor o m enor com plejidad, según el grado de evolución cultural de cada una de ellas. Se conocen grados de civilización destacables entre algunos pueblos am ericanos, como los M ayas y los A ztecas, que tenían adelantados regím enes jurídicos, au n q u e debe recordarse que es la zona geográfica que corresponde hoy a nuestra N ación, las tribus que la poblaban no eran de las más evolucionadas. El D erecho Indígena, o de los aborígenes, sobrevivió en m uchos aspectos a la colonización española e inspiró la sanción de leyes que se integraron a la legislación indiana. Se recom endaba a los gober­ nantes en Indias q u e no entraran de inm ediato a m udar las costum bres

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. H*rr*r

y hacer nuevas leyes y ordenanzas hasta conocer suficientemente las costum bres y condiciones de los naturales de la tierra y de los espa­ ñoles que en ella se habían asentado. C abe señalar, entre otras institu­ ciones aborígenes subsistentes al Cacicazgo, el Ayllú, la Mita, el Y anaconazgo, etc., que estudiarem os en el capítulo correspondiente. 15. El Derecho Patrio Argentino. Finalmente, en esta clasificación corresponde referimos al D ere­ cho Patrio Argentino, que es un derecho nuevo, fonmativo de la nacio­ nalidad, elaborado durante el proceso histórico que se cumplió en el Virreynato del Río de la Plata y creado por la Revolución de Mayo que tuvo como finalidad la Independencia y la Libertad. Las revoluciones que en form a sincrónica se producen en toda A m érica hispana constituyen la ruptura con el pasado y la afirmación de nuevos principios sociales del derecho en todas sus ramas. El Derecho Patrio A rgentino com prende dos etapas: Ia) La etapa del derecho pre-codificado desde 1810 hasta 1853 y los Códigos N a­ cionales. 2a) La etapa del derecho codificado, con los Códigos N acio­ nales de Comercio en 1862, Civil en 1871, Penal en 1886 y de M ine­ ría en 1887. Después de la revolución de 1810 las norm as del derecho indiano fueron perdiendo rápidam ente vigencia, especialm ente en las materias de Derecho Público, mientras que en Derecho Privado subsistieron las norm as del Derecho Castellano hasta la sanción de los Códigos. El sistema jurídico argentino queda elaborado cabalm ente en la época de la Organización Nacional, esto es, desde 1853 en adelante. Dice el Dr. Levene que los diferentes antecedentes históricos de nuestro ordenam iento jurídico son dem ostrativos de que nuestra Re­ volución de 1810 no es un epifenóm eno de otras revoluciones, sino que se trata de un proceso elaborado durante la dominación española, proceso de formación de naciones independientes y libres común a to­ da Hispanoam érica, que encontró su oportunidad histórica -a g reg a­ mos por nuestra parte- como consecuencia del proceso de descompo­ sición a que asistió la M adre Patria entre 1808 y 1814. Termina el au­ tor citado expresando que la C onstitución y los Códigos nacionales, sin desconocer las influencias exteriores universales, no son copia de C anas y legislaciones extranjeras.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. tU rrcy

16. Historia Constitucional Argentina. Objeto particular. A ristóbulo del V alle delim itaba la m ateria H istoria C onstitucio­ nal com o la génesis del derecho constitucional positivo, esto es la su ­ m a de los antecedentes históricos necesarios para com prender nuestra C arta M agna. Las palabras “ H istoria” y “ C onstitucional” se aparecen com o form ando una sim biosis. que daría por resultado un cam po de trabajo y de estudio referidos sólo a la historia de la C onstitución. P e­ ro el térm ino resultaría restringido, desactualizado, frente a las nuevas corrientes e ideas en ios ám bitos de la historia y del constitucionalis­ mo. De tal m anera quedaban delim itados dos cam pos: uno que se ocupaba del estudio de los antecedentes y de la génesis de la C onstitu­ ción, que seria la "H istoria C onstitucional” propiam ente dicha, y el otro que se ocupaba del estudio de las norm as constitucionales positi­ vas vigentes en el Estado. Linares Q uintana anota sobre otros intentos de sistem atización, pareciendo inclinarse por la anexión de la Historia C onstitucional al cam po del derecho constitucional, com o génesis de éste, estudio histó­ rico de los precedentes constitucionales, organización constitucional a través de la historia o, tam bién, com o historia de las instituciones p o ­ líticas. El Dr. G alletti apunta que a partir de 1930, el profesor Em ilio R avignani intentó dar un contenido efectivo a la m ateria, sistem ati­ zando con claridad los elem entos inform ativos, afirm ando que la H is­ toria C onstitucional no es pura y sim plem ente historia de las constitu­ ciones. Sostenía q u e en m uchas ocasiones las norm as legislativas y proyectos de constituciones sin sentido de la realidad a la que se pre­ tendía aplicar, sin adecuarse a las circunstancias históricas, sociales o políticas, resultaba un instrum ento m eram ente teórico que era recha­ zado o bien m erecía el desprecio de sus destinatarios. Para R avignani, entonces, la H istoria C onstitucional es el estudio de un proceso que tiene por finalidad la organización política de la República. Es decir, que debía estudiarse lo que denom inaba la vida constitucional dei p a­ ís, cuya estructura interna consideraba aún en form ación. E ntendía que se trataba de un proceso dinám ico en el cual había que tener presente la historia de las ideas políticas y los procesos de canalización de las m ism as a través de las facciones, grupos y p arti­ dos.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. Hmrrr?

El estudio de la Historia Constitucional no puede ni debe prescindir de la faz docum ental, pero al hacerlo deben tenerse presentes dos vertientes: la de la historia y la de la constitución, con los apones . nacionales y extranjeros consiguientes. Pero no debe, de ninguna ma%■ ñera, detenerse exclusivamente en lo docum ental y a él debe agregár­ sele un nuevo tipo de interpretación, en el cual los hechos sociales, económicos y políticos tienen preponderancia. La Historia y la C ons­ titución, ambas venientes de la Historia Constitucional, toman nuevos aspectos formando pane de una esfera cada vez más am plia y la inJ-ocvlw vestigación tiende a una m ejor com prensión de los procesos, la inser­ ción de los hechos dentro de ellos y su consiguiente valoración. Queda claro, dice el autor, que el docum ento tendrá prim acía en la valora­ ción. pero nuevas fuentes habrán de incorporarse y nuevas disciplinas ofrecerán sus apones. Más adelante señala que se podría afirm ar que la Historia C ons­ titucional posee un ámbito o cam po dentro del cual ejerce cieña auto­ nomía, aunque se encuentran en ella “zonas interdisciplinarias”, por lo que no pueden señalarse con toda nitidez sus límites. En prim er térm i­ no, si bien en ella participa la Historia en forma activa como m otor esencial, se trata prim ordialm ente de una historia política, atinente a las instituciones, y como tal, se acentúa su carácter jurídico. Pero esa historia jurídico política tiene proyecciones o está condicionada por hechos sociales y económicos. Los térm inos “historia” y “constitución” están bastante delim ita... dos. La constitución, tom ada en sentido estricto, será el resultado de un proceso histórico. Y en este proceso se van dando los pasos para el logro del Estado de Derecho a través de la Constitución. Considerado asi. la Historia Constitucional podría asim ilarse a la génesis de la C onstitución. Pero aún así, ella no es un todo, una solución que re­ suelva ios problemas. Pueden haberse elaborado a través de la historia sus grandes te­ mas: pero será necesario estudiar, sin em bargo, a lo largo de la Histo­ ria. las diferentes m anifestaciones de soberanía. la formación del Esta­ do, los diferentes grupos y tendencias, los intereses económ icos en lu­ cha, el grado de m ovilidad social que perm ita o no llevar adelante pla­ nes de organización social y política, etc. Sintetizando el pensam iento del M aestro Ravignani, podemos afirmar que la Historia C onstitucional no es pura y sim plem ente la ü t:

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. H am ry

h isto ria de las diversas constituciones que pudieron reg ir en el país o las que no llegaron a tener vigencia, sino que será necesario analizar el d ivorcio existente entre los textos escritos y la realidad del país, la ac­ ción de lo que se ha dado en llam ar “ fuerzas colectivas" m ediante cu­ yo crecim iento y transform aciones se llega a una norm a ju ríd ica, có­ m o se va form ando u n a co n cien cia com ún, com o las m asas populares con sus caudillos van buscando, vagam ente en sus com ienzos, y en form a concreta después, una línea de definición. Las tentativas cons­ tituyentes, textos escritos y no vividos, no pueden ocupar la m ism a atención que los cuerpos legales definitivam ente im puestos a los pue­ blos. Dice finalm ente que nuestra H istoria C onstitucional es un proce­ so que tiene com o fin la organización política de la R epública, pero term ina reconociendo que el estudio de la vida constitucional de un p aís, cuya estructura interna sigue en form ación, por los constantes cam bios en la conform ación dem ográfica y por el desarrollo económ i­ co, im pone el conocim iento de variantes de interpretación de todo el proceso. El proceso histórico constitucional argentino no ha concluido, es p o r lo dem ás, dinám ico y co ntinúa abierto. 17. H isto ria de las In stitu c io n e s. En el desarrollo de esta B olilla hem os em pleado m uchas veces el térm ino “ Instituciones” e “ Instituciones jurídicas” y hem os insistido en que para com prender y extraer de lás fuentes form ales de nuestra investigación la existencia de tales instituciones, su origen y evolu­ ción, com o así su transform ación o desaparición, hacen falta no sólo los conocim ientos propios del historiador sino que a ellos debe agre­ garse el de los juristas. ¿Pero qué debe entenderse por Institución?. D igam os que puede se r definida, de m anera sintética, com o un |sistem a de vigencias^ que tien en actualidad espacio tem poral y ejercen de alguna m anera in­ fluencia sobre la sociedad. "P re c isa n d o un poco*más, diríam os que es una ordenación parcial de la vida del hom bre en sociedad, que ha llegadO cTurTcIesaiíólíos oTí^ d o y autónom o a través de la actividad desplegada y la renovada adhe­ sió n de m uchas generaciones. L as instituciones form an una com pleja red que abarca los m ás diversos aspectos de la vida del hom bre, repre­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RJcxrdo J. G. JUrver

sentando cada una de ellas sendos ordenam ientos parciales, ya que no existe institución que abarque la integridad del ser hum ano ni de la so­ ciedad que él in teg ra....................... ~ Para m ejor com prender el alcance de lo que es una Institución, es necesario analizar los diversos elem entos que la integran y caracteri­ zan: a) Vigencia, utilización y uso social, que constituyen el fundamento de la Institución. En el uso social, la costum bre, moral y derecho son elem entos ideales para descubrir el m ecanism o de la Institu­ ción y analizar su desarrollo. b) La Institución tiene sentido de perm anencia. El dinam ism o vital de las generaciones es el del cam bio. c) La Institución es creada, conservada y transform ada por el hom bre y está exclusivam ente a su servicio. Depende de la actividad hu­ m ana y necesita de su adhesión. d) Los individuos que integran una sociedad tienen relación directa con las Instituciones y resultan agentes pasivos prestando su adhe­ sión. y agentes activos actuando sobre su vigencia. e) La Institución que no responde a necesidades cesa de ser útil; en­ tra en crisis y es adecuada, entonces, a las nuevas exigencias del m edio social. 0 La generación es la que da fuerza existencial a las Instituciones, que son, en últim a instancia el producto resultante de la actividad generacional. g) Existen instituciones en los diversos ám bitos de la vida de rela­ ción. El derecho es uno de los elem entos o com ponentes de la Instituciones, que en tal caso son llam adas Instituciones Jurídicas. El derecho regla su existencia para responder a las necesidades sociales. Por ello no debe confundirse norm ativa con Institución. El Dr. Carlos Sánchez V iam onte refiriéndose al tema dice que cuando las formas jurídicas llegan a convenirse en formas orgánicas se llaman Instituciones, y a eso se llega únicam ente cuando la forma adquiere consistencia, rellenada por una conciencia viva y operante que actúa desde adentro hacia fuera. Toda Institución, inclusive las políticas, es la estabilización de formas jurídicas de convivencia. La continuidad no basta por si misma para crear la Institución. Sólo se institucionaliza lo que adquiere vita37

MANUAL DE IDSTORLV CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. Harrcr

ü d ad orgánica, lo que se incorpora a la sociedad con caracteres anatom ofisioiógicos. Se podría decir que el m aterial plástico y cam biante de que está form ado el derecho adapta sus form as a las exigencias de u n constante fluir, característico de la vida social a lo largo de la Historia. C uando este m aterial plástico fragua, es decir se solidifica o consolida, sus form as adquieren firm eza definitiva o, por lo m enos, durable. En ese m om ento se configura la Institución, que es siem pre una estructura. Su durabilidad reposa sobre el acierto con que se plasm a la substancia ética m ediante la cual se expresa la voluntad hum ana de ser y de per­ sistir. De esa m anera, lo institucional trasciende lo individual y lo efí­ m ero. y satisface cierta apetencia espiritual de la hum anidad dirigida hacia una finalidad que, por rem ota, se confunde con valores de im po­ sible realización com pleta.

i B ibliografía consultada v utilizada.

! ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA. "Historia de la Na| ción Argentina” Tomo 1°. | BAUER, Wilhem "Introducción al Estudio de la Historia" | BIDART CAMPOS, Germán J. "Historia Política y Constitucional | Argentina” Tomo 1°. ¡ CARR, Edward H. “ ¿Que es la Historia? I CROCCE, Bcnedetto. "La Historia como hazaña de la Libertad" j GALLETTI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” Tomo Io. I KAHLER, Erich. "Historia Universal del Hombre" í LEVENE, Ricardo. “Manual de Historia del Derecho Argentino” . | LEVENE. Ricardo. “ Historia del Derecho Argentino” . Tomo Io. | RADAELLl, Sigfrido. “ El Hombre y la Historia”. ¡ SANCHEZ VIAMONTE, Carlos. “ Las Instituciones Políticas en la j Historia Universal”. j SIERRA. Vicente D. “ Historia de la Argentina” Tomo Io. | T O Y N B E E . Amold J. "Estudio de la Historia" Tomo Io ! ZORRAQUIN BECU, Ricardo. “Historia del Derecho Argentino". | Tomo 1°_____________________________________________________

38

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL .\RGENTINA

Dr. Ricardo J. G. Ifarrrr

CAPITULO 2
1. E sp a ñ a y los Ju sto sT ítu Io s a la dom inación de Indias. Este es un tema cuyo estudio es esencial para determ inar la signi­ ficación y naturaleza de la conquista y colonización española en in­ dias. Se trata de los tíralos con los que España pretendía justificar el dom inio de aquéllos territorios para incorporarlos a su patrim onio. A n teced en tes histó ricos: Para m ejor com prender el tem a es ne­ cesario rem ontam os a antecedentes no m uy lejanos en el tiem po del descubrim iento de A m érica referidos a la disputa existente entre los reinos de Castilla por un lado y el de Portugal por el otro. Citamos com o tal a la que se suscitara acerca del dom inio de las Islas Canarias, reclam adas por ambas potencias, fundam entalm ente por la proyección que de su dom inio pudiera derivarse respecto al derecho sobre el te­ rritorio africano, que había sido reconocido especialm ente por los portugueses. La cuestión tenia una im portancia económ ica pues la Guinea, ubicada en Africa, producía m arfil, oro y esclavos. En el año 1454 (poco menos de m edio siglo antes del descubrim iento de A m éri­ ca) el Papa Nicolás V m ediante la Bula “ Romanus Pontifex” da el dom inio del Africa a Portugal y en 1456, dos años después, el Papa C alixto III daba el patronato eclesiástico del océano a la portuguesa 'O rden de Cristo". En 1465 com ienzan las guerras civiles en España referidas a la sucesión de la corona, guerras en las que interviene el Rey de Portu­ gal. triunfando finalm ente Isabel de Castilla, esposa de Fem ando de Aragón. El Papa Sixto IV dicta la Bula “A etem i R egis” que bendice el Tratado de Alcaipobas de 1479 y de Toledo de 1480, que había puesto • in a la guerra, y que concedía a Portugal el m ar desde las Islas C ana­ nas "para abajo” contra G uinea, pero nada se decía acerca del m ar oc­ cidental. Se ha considerado el Tratado de A lcafobas como un verdade­ ro reparto de espacios oceánicos entre castellanos y portugueses. .
39
V

*
MANUAL DE H1ST0RLV CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J . G . Í W

N ecesario es señalar aquí que el derecho público de la época asignaba al Sum o Pontífice, com o árbitro y defensor del orden univer­ sal, la facultad de disponer de los territorios ocupados.por infieles para atribuirlos en plena soberanía a algún príncipe cristiano. E ste poder había sido ejercido en m uchas oportunidades, señalándose como ejem plo la donación del reino de Jerusalén a C arlom agno, la conce­ sión de la isla de Irlanda al Rey de Inglaterra (1155), la Islas C anarias a un rey español (1344) y las costas de G uinea a los portugueses como ya hem os referido. 2. T e o ría s . El exam en de los títulos de los Reyes de Castilla y León a la do­ m inación de Indias es un tema de gran significación jurídica. En su época alentó polém icas entre teólogos y jurisconsultos, em peñados en la búsqueda de razones para fundam entar la conquista. Estas teorías estarán referidas a cubrir dos aspectos fundam entales en orden al de­ recho de C astilla a posesionarse de las tierras descubiertas. En prim er lugar, C astilla deberá asegurar su dom inio sobre Indias con relación a los dem ás reinos cristianos de la época y, especialm en­ te, contra su rival en los m ares, ei reino de Portugal. En segundo lugar, deberá ju stific ar su dom inio respecto de los aborígenes y, m uy espe­ cialm ente, acerca de ios m edios que legítim am ente podía em plear para incorporar esas tierras a su Corona. En relación al prim er aspecto, España invocará com o titulo váli­ do las Bulas que rápidam ente obtendrá del Papa A lejandro VI y que le otorgaban el señorío sobre tales tierras, a las que agregará las sim ilares disposiciones pontificias dadas con anterioridad y a la que ya nos he­ mos referido. A ellas le agregará otros ‘'justos y legítim os títulos” que fueron alegados por los juristas del reino. En el segundo, se deprim ió la categoría del aborigen por conside­ rarlo bárbaro, pecador, infiel y vicioso, señalándose el deber de los in­ dios de som eterse pacíficam ente a los conquistadores. Una conse­ cuencia de esta posición era que, en caso de no hacerlo así, se debía o no hacérseles la guerra para som eterlos. N um erosos e intensos fueron los debates que se suscitaron con tai m otivo. /

*

40

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. H irrcr

3. La versión teológica. Y a hemos anticipado al hablar de los antecedentes históricos la potestad del Sumo Pontífice para arbitrar y defender el orden univer­ sal. En opinión del Ostiense, C ardenal A rzobispo de Ostia, canonista del Siglo XIII, “ los pueblos gentiles tuvieron jurisdicción y derechos antes de la venida de Cristo al m undo, pero desde su venida todas las potestades espirituales y tem porales quedaron vinculadas a su persona y luego, por delegación, en el Papado de su e n e que los infieles podían ser privados de sus reinos y bienes por autoridad apostólica, la cual estaban obligados a obedecer”. A su vez, en la “ Sum a Teológica” de Santo Tom ás de Aquino hay ideas m uy claras sobre las relaciones del mundo cristiano con los gentiles, llegando a afirm ar que cuando estos últim os posean injustamente, se les podían quitar las cosas, y de este modo limitaban el derecho de los gentiles. Esta teoría tom ista era en­ señada en las Universidades y los teólogos y ju ristas se inspiraban en el Angélico Doctor. El principio general señalaba que C risto, hijo de Dios y Dios El mismo, eligió de entre sus A póstoles a San Pedro como M inistro o Pastor, dándole el poder de que "lo que atares en la tierra, atado será en los cielos", poder que se extendía a sus sucesores, los romanos pontífices, para el engrandecim iento y dirección de su Iglesia Univer­ sal y, en virtud de ese m andato, podían repartir tierras en poder de los infieles para la propagación de la fe católica, correspondiendo a los principes descubrir lugares e- inform arse de sus gentes. De allí que la Iglesia ejercía aquella suprem a jurisdicción pudiendo los infieles ser despojados de sus tierras si no reconocían la fe católica. Se apoyaba esta teoría en expresiones de N. Señor Jesucristo en el Nuevo Testa­ mento, cuando decía a San Pedro “apacienta mis ovejas”, o bien que, “al final de los tiempos, se hará un sólo rebaño bajo un sólo Pastor”. Por ello, cuando Colón presentó su proyecto de viaje hacia el Oeste de la m ar océano a la Reina Isabel de Castilla, la Junta Real de Salam anca a la que fue derivado el estudio, tuvo opiniones encontra­ das, pero finalmente prevaleció el criterio ju ríd ico considerando lícita la posibilidad de descubrir nuevas tierras al dirigirse en aquella direc­ ción. Señalábase que en el Tratado de T oledo, reconocido por una 3ula Papal, se había convenido que C astilla renunciaba al Océano "solam ente para debajo de las C anarias contra G uinea”, pero de nin­
41

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGESTINA

Dr. Ricardo J. G . lU rrcr

guna m anera quedaba obligada respecto del m ar occidental d e “arriba de las C anarias fuera de G uinea", o lo que es lo m ism o, que los reyes de C astilla eran señores de todo el océano al norte y oeste de las Islas Canarias. En el viaje de C olón se cuida m uy bien de ultrapasar la zona p ortuguesa al sur; no obstante ello, al regreso de su prim er viaje, el rey de Portugal form ula form al protesta invocando los títulos em ergentes de las B ulas Papales de 1454 a 1456, que le habían dado soberanía so­ bre las costas africanas al sur del C abo Bojador y, accesoriam ente, el dom inio del m ar situado frente a esas costas y la soberanía sobre las islas M adeira, A zores y C abo Verde. Este m onarca entendía que C o­ lón había tocado tierra dentro de la linea de los dom inio que el Papa C aiixto II le había acordado por Bula de 1456. C uando los reyes de C astilla y Aragón, Isabel y Fem ando, tom an conocim iento de la protesta de su vecino, sin perder tiem po, buscan una ju stificación, un titulo “ legal” que le dé a Castilla el m ar al Norte y O este de las Islas C anarias y aprovechando la circunstancia de que ocupa el Papado un aragonés con el nombre de A lejandro VI, recla­ man de él su reconocim iento. Q uieren poner al rey de Portugal ante el hecho consum ado; m ediante una nueva Bula que confirm e los dere­ chos españoles y, al m ism o tiem po, sirva para quitarle una eventual interpretación favorable a Portugal de las anteriores bulas dictadas por los antecesores de la S illa A postólica. 4. Las Bulas Papales de 1493. ,r A nte el pedido de los m onarcas españoles, el Papa A lejandro VI expidió el 3 de m ayo de 1493 la prim era bula “ Inter C aetera” . conoci­ da com o de "d o n ació n '’, en la cual teniendo en cuenta el propósito de los reyes españoles de difundir el catolicism o en las tierras descubier­ tas, les otorgaba todas las islas y tierras que no se hallaran sujetas al dom inio de algún otro príncipe cristiano, con plena, libre y om ním oda jurisdicción. Pero si bien este docum ento dejaba a salvo el derecho que pudieran acreditar otros reyes, por caso el de Portugal, adolecía de una falla que era la falta de precisión geográfica, para determ inar con exactitud el alcance de cada una de las jurisdicciones. Se dicta entonces una segunda “ Inter Caetera” el 28 de junio del m ism o año, aunque aparece antedatada con fecha 4 de m ayo, (cabe acotar que la prim era “ Inter C aetera” la tuvo reservada el m onarca es­

MANUAL DE HI5TORLS CONSTmJCIONAI, ARGENTINA

Dr. RJc*nJo J. G. H trrcr

pañol sin darla a conocer.). Por esta nueva bula llam ada de “dem arca­ ción" se determ inaba que la donación a los Reyes Católicos era de las tierras que se encontraban al oeste de una línea im aginaria que corría de polo a polo, ubicada a cien leguas al occidente de las Islas A zores y de C abo Verde. Bien entendido que no se quitaba ni se debía quitar el derecho adquirido a ninguno que lo posea anteriorm ente. Aunque dictada con fecha posterior, a la B ula “ Exim ias D evatinn is '\ se le puso fecha 4 de mayo, y parece ser su objetivo dotar a ios Reyes Católicos de una letra pontificia que les perm itiera contener cualquier avance de las reclam aciones portuguesas m ientras se estu­ diaba la segunda “ Inter C aetera” de demarcación. Como dice en su texto, se concede a los m onarcas españoles y a sus herederos y suceso­ res, las islas y tierras descubiertas o que se descubran, con todas y ca­ da una de las gracias, privilegios exenciones, libertades, facultades e indultos concedidos hasta hoy a los Reyes de Portugal. Se dicta posteriorm ente la Bula “Eiis-EideLLum” que está dirigida al Vicario de la Orden religiosa de los M ínimos, y en ella se expresa que los Reyes de España, deseosos de hacer florecer y exaltar la fe católica en las regiones orientales y en la Mar Océano, se había re­ suelto destinar a estas regiones a esos religiosos con otros seculares y seglares, concediéndoles el Pontífice la más am plia facultad, licencia, potestad y autoridad para trasladarse y residir sin licencia de sus supe­ riores, predicar y hacer predicar la palabra de Dios para convertir a la fe a los naturales, bautizarlos, instruirlos y adm inistrarles los sacra­ mentos. El contenido de esta Bula enfatiza el sentido de la donación pontificia, que fue el de la evangelización de los indios. Finalm ente la “ Dudum Siquidem ” del 25 de septiem bre de 1493. am plía la donación “a todas y cada una de las islas y tierras firm es, halladas o por hallar, descubiertas o por descubrir, que estén, fuesen o apareciesen a los que navegan o m archen hacia Occidente y aún el m ediodía, bien se hallen en las regiones occidentales com o en las orientales y existan en la India...” . La redacción de esta Bula viene a dem ostrar que la línea de dem arcación de Alejandro VI no fue un m e­ ridiano com pleto. 5. Bases jurídicas de la Bula de Donación Para una clara com prensión de las bases y naturaleza jurídicas en virtud de las cuales el Papa donaba las tierras a los Reyes Católicos,

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J . G. Ilarrer

m enester es tener presente dos circunstancias m uy im portantes: 1) Las b u las no hacen donación del continente am ericano, com o hoy lo cono­ cem os, sino un núm ero reiarivam ente insignificante de islas recorridas p o r Colón en su prim er viaje; 2) D urante la Edad Media, en m ateria de derechos se entendían los derivados del uso y la costum bre. Las Bulas alejandrinas respondían a incuestionables antecedentes vaticanos, existiendo com o ya hem os dicho, muchas concesiones ante­ riores dadas por diferentes Pontífices. Estas “islas” fueron concedidas a la soberanía castellana en el docum ento que analizam os, pero en el m ism o no se explicaba cual era la fuente del derecho bajo cuyas de­ term inaciones pudo el Papado hacer concesión semejante. N ecesario es reconocer que A lejandro VI al otorgar las Bulas de D onación y D em arcación, lo hizo com o un acto propio de su sobera­ nía, conform e a antecedentes de otorgam ientos sem ejantes apoyados en la doctrina que veía en el Papa al “verus im peratur” . Si bien se afirm a que las bulas respondían a una costum bre, a un d erecho consuetudinario, esa costum bre tenía que haber surgido de un hecho prim ario de carácter jurídico. Y tal hecho jurídico se trataría de una pretendida donación hecha por el Em perador C onstantino al papa S ilvestre y a sus sucesores, creando un derecho especial que fue apli­ cado en las donaciones de la Isla de Cerdeña, la de Irlanda y las Cana­ rias, entre otras. La base ju ríd ica invocada es que todas las islas son de derecho público, y que éstas habrían sido donadas por el Em perador C onstantino al Papado. Lo que interesa aquí dejar sentado es que este hech o dio origen a un principio del derecho público nedioeval que m antuvo viva com o tradición vaticana la afirmación de la soberanía pontifical sobre las islas. De cualquier m anera, con gran habilidad, el docum ento señala el hech o de que los reyes C atólicos, según la costum bre de sus progeni­ tores, decidieron som eter al Papa las islas y tierras descubiertas y sus habitantes y m oradores y convertirlos, por lo que aún en el supuesto de que las tales islas pudieran no ser consideradas entre las donadas por el Em perador C onstantino, si bien aplicaba la doctrina insular ya referida, declaraba que ios reyes de España que la habían descubierto y poblado “la habían colocado bajo su jurisdicción”. C abe señalar aquí que la bula de donación no era p o r sí sola un títu lo de dom inio, sino un derecho a ocupar los nuevos territorios y
44

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. U

b

J . C. H*rr*T

ejercer soberanía sobre ellos, que para hacerlo efectivo requería la conquista y consiguiente ocupación por p an e de los españoles. 6. Tratado de Tordesillas^............. Sabido es que el Rey de Portugal no estuvo conform e con el sentido de las Bulas Papales, por lo cual presionó a los de España para arribar a un an eg lo razonable. Ya que no podía, com o príncipe cristiano que era, cuestionar la decisión del Rom ano Pontífice, se limitó a reclam ar acerca del agravio que constituía la línea fijada en la “ Inter Caetera” de dem arcación, señalando que los límites allí establecidos eran tan angostos que impedirían en lo futuro que pudiesen pasar sus navios más adelante, en sus excursiones hacia los territorios que por anterio­ res concesiones papales le habían sido otorgados, dadas las condicio­ nes y características de la navegación y los vientos y m areas predomi­ nantes. A consecuencia de ello, se firmó el Tratado de Tordesillas, el 7 de ju n io de 1494, por el cual de común acuerdo se am plía la línea de dem arcación y se la fija a 370 leguas al Oeste de las Islas de Cabo Verde, quedando el hem isferio occidental en poder de Castilla y el Oriental en el de Portugal. Am bas partes acuerdan, además, no realizar exploraciones en el sector atribuido a la otra y cederse las tierras que por casualidad descubriesen en él. C abe m encionar que am bas potencias reconocen la línea demarcatoria trazada por el Papa, limitando su iniciativa sólo a m odificar la distancia, y por ello suplican al Pontífice que confirm e y apruebe esta Capitulación, lo que es aprobado por el Vaticano. Sabido es que, a consecuencia de esta nueva traza Portugal adquirirá derechos para ha­ cer pié en América, luego de las expediciones de Vicente Yañez Pin­ zón y de Alvarez Cab'ral. Como España y Portugal eran entonces las únicas naciones en aptitud de realizar em presas ultram arinas en gran escala, el Tratado de Tordesillas significó la más com pleta panición del m undo, atribuyen­ do la exclusividad de la navegación y de las conquistas a cada uno de esos dos Estados, y en tal sentido debe señalarse que ninguna otra na­ ción europea se opuso ni discutió, en ese m om ento, ni las Bulas de donación ni el Tratado de Tordecillas.

45

MANUAL DE H1STORU CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RJcnnJo J. G. f k m r

1 . Otros Justos Títulos invocados.
Los Reyes de C astilla reconocieron el supremo derecho del Pon­ tífice, pero alegaron el propio derecho a la posesión de las Indias, fun­ dados en otros títulos. A sí lo hacen constar en la Real Cédula por la cual se declaraban incorporadas las Indias a su Corona, el 14 de sep­ tiem bre de 1519, al expresar en el inicio del documento que “por do­ nación de la Santa Sed^ A postólica y otros justos y legítim os títulos somos Señor de las Indias Occidentales, Islas y T ierra Firme del Mar O céano descubiertas y por descubrir...” Ello fue así, pues si bien en las primeras décadas posteriores al descubrim iento no se discutió la validez de las bulas como título de soberanía, a medida del transcurso del tiempo la Santa Sede dejó de ser reconocida en su posición em inente dentro de la Cristiandad, y después de! Renacimiento y de la Reforma sus actos atributivos de so­ beranía perdieron eficacia en un mundo que ya no respetaba la jerar­ quía del pontificado. Y entonces, todas las naciones se creyeron auto­ rizadas para navegar los mares y ocupar las tierras que Castilla había incorporado al mundo conocido. Primero fueron empresas privadas, auspiciadas por sus soberanos, luego fueron los mismos Estados los que se instalaron en los lugares que España no había conquistado, ci­ tándose en tal sentido a ingleses, franceses y holandeses, principal­ mente, f A ello se irán agregando las polémicas suscitadas por los teólo­ gos que cuestionaban aquél derecho emergente de la concesión ponti­ ficia, desde el punto de vista de los indígenas que poblaban el conti­ nente americano. ¿Bastaba la donación pontificia para quitar sus tie­ rras y destruir los señoríos políticos del nuevo continente? Este fue el interrogante que se planteó España misma en el Siglo XVI, em peñán­ dose en discutir los fundam entos mismos del dominio que sus reyes ejercían en las Indias. Analizarem os prim ero los “otros justos y legítimos títulos” invo­ cados por España, que en su m ayoría fueron auspiciados por los ju ris­ tas del Reino, para luego entrar a considerar las objeciones que a ellos le harían los clérigos em peñados en buscar otra justificación, sobre otras bases y en miras, fundam entalm ente, de la protección del indio frente a los avances de una explotación exagerada por pane de los conquistadores.
46

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. R icrJo J. G. H ^rcr

a) La ocupación efectiva: Este es el título más contundente que los españoles tuvieron para oponer a los avances de las otras poten­ cias. La ocupación territorial fue el título indiscutido e indiscutible que España tuvo frente a las demás naciones europeas para conservar su dominio en el Nuevo Mundo. Este título provenía del Derecho Ro­ mano que autorizaba al primer ocupante a adueñarse de las tierras deshabitadas (res nullius), y tuvo reconocimiento internacional. La propia España, pese a los títulos provenientes de la concesión pontifi­ cia, debió reconocer a otras potencias el dominio de territorios que aquellas llegaron a ocupar y conquistaban, aun cuando se hallaren dentro de las tierras concedidas por la autoridad papal. b) El hecho del Descubrimiento: Consideraba que habían sido los castellanos quienes habían descubierto estas tierras y en virtud del Derecho Natural les correspondía su propiedad. c)" Títulos religiosos: Se señalaban muchos divinos impulsos, inspiraciones y revelaciones que habían incitado a los Reyes Católicos a realizar esa empresa, manifestándose esa voluntad divina en la feli­ cidad y facilidad con que se llevó a cabo y por los muchos y sorpren­ dentes milagros y apariciones. Se invocaba, también, la palabra divina a través de un versículo de Isaias; o de las profecías de Isaias según las cuales el Nuevo Orbe habría de ser convertido a Cristo por gente es­ pañola; o por la significación del apellido del descubridor (Colón = Columbus = Paloma = representación del Espíritu Santo). d) La misión evangélica: Colonización destinada a incorporar a los indios a la fe católica; algo así como una guerra santa destinada a convenir a los infieles, autorizada por el Papa al otorgarles las tierras en donación a los Reyes Católicos. Se admitía la licitud del previo dominio temporal sobre los indios para implantar la cristiandad y para conservarla una vez recibida por éstos y, especialmente, para defender a los conversos de los eventuales ataques de los gentiles. e) La barbarie e incultura de los Indios: Se afirmaba que los aborígenes de estas tierras apenas merecían ser llamados “hombres” y necesitaban quienes los elevaran a la condición humana, ya que llega­ ba a afirmarse que carecían de razón, y citando a Aristóteles, se los consideraba una especie de “bestias parlantes”, con una condición de siervos por naturaleza, que tenían el deber de someterse a los europeos de una cultura superior.
47

MANUAL DE IÍISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. H u rer

f) Los ab o m in ab les vicios: que dominaban entre ios indios, co­ mo la idolatría, con sacrificios humanos a sus ídolos, antropofagia, sodomía e incesto, así como la embriaguez y la tiranía g)La v o lu n ta ria aceptación de los Indios de la so b eran ía es­ pañola: En m uchos casos tribus indias buscaban voluntariam ente la protección de los españoles en contra de la sangrienta tiranía que les era impuesta por otras tribus dominantes, que los som etían a esclavi­ tud. Sintetizando: En esta primera etapa del descubrimiento y con­ quista, ¡os títulos alegados se fundaban en la exaltación de jurisdiccio­ nes y valores locales de Occidente, como ser la autoridad temporal del Papa, y la jurisdicción universal del Emperador, o bien en deprim ir la categoría del indio por considerarlo, bárbaro, siervo por naturaleza, pecador, infiel y vicioso, por lo que de ello se concluía el deber de los naturales de som eterse pacíficamente y que si no se som etían, podían los españoles declararles la guerra. 8. O pinión de F ra y B artolom é de las C asas y del P a d re F rancisco V itoria. Las Indias estaban pobladas en el momento del descubrimiento por una cantidad de razas y de tribus de diversa cultura y hábitos dife­ rentes. Junto a los aztecas y a los incas, que eran pueblos ya evolucio­ nados y organizados, otros grupos evidenciaban un estado muy rudi­ mentario de civilización. También fueron muy distintas las reacciones de estos indígenas frente a los españoles, aceptando algunos su domi­ nación, som etiéndose y mezclándose con ellos, mientras otros mantu­ vieron una resistencia a veces prolongada y tenaz, que en algunos ca­ sos llegó hasta la época independiente. Posición sim plista: Pero ante la oposición que muchas tribus hi­ cieron a la penetración española, surgía el interrogante acerca de si era lícito o no el hacerles la guerra, para así lograr los fines que perseguía la conquista. La posición más simplista para los que no acatasen vo­ luntariamente la dominación de los españoles, la representa el jurista Palacios Rubios, autor de un famoso “requerimiento” que debía ser leído por el Escribano ante los indígenas, y en el cual, en nom bre de los reyes de España, muy católicos y muy defensores de la Iglesia, se íes notificaba que Dios existe, que creó el mundo, que existía un Papa a quien el Señor encargó que de todos los hombres del m undo fuese

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Rkxrdo J . G. fíkrrrr

señor y superior y a quien todos obedeciesen, dándole todo el mundo por su reino, señorío y jurisdicción, y que uno de los Papas hizo dona­ ción de estas tierras a los reyes de Castilla y sus sucesores, y que co­ mo tales reyes debieran ser obedecidos, y que si así lo hicieren se Íes daría privilegios y mercedes y en caso contrario se les haría la guerra y los sometería al yugo y obediencia de la Iglesia y de los reyes, y toma­ ría sus mujeres e hijos y ios haría esclavos y les haría todos los males y daños que pudiera. Fácilmente se comprenderá que la lectura de esta documento ha­ bría de dejar perplejos a los nativos, pues no entendían el idioma en que estaba redactado, y la falta de intérpretes que lo tradujeran, sería un factor más que suficiente para el rechazo de los indios conminados. No faltaron en España críticas ácidas e irónicas a este procedimiento, que no podía terminar sino en el enfrentamiento armado con los indios hostiles, o en el acatamiento de aquéllos que estaban dispuestos a ha­ cerlo, para lo cual no era menester leerles tan sesudo documento. Posición de B artolom é de las C asas: Cabe destacar que muchos teólogos de la época aceptaban la necesidad del previo dominio tem­ poral sobre los indios, como medio lícito para implantar la cristiandad entre ellos, y otros aceptaban la dominación temporal sobre los indios para conservar la religión cristiana una vez recibida por éstos. El Padre Bartolomé de las Casas desconoció el poder temporal invocado por el Papado sobre los infieles para poder disponer de sus tierras, razón por la cual no podía sustraérselas, quitarles el dominio y entregarlo a otros príncipes. Sólo reconocía el poder temporal del Pa­ lpado en orden al logro de los fines espirituales que era su misión cumplir, esto es la evangelización del Orbe. Aceptaba, entonces, que se pudiera atribuir determinadas jurisdicciones a los príncipes cristia­ nos para cumplir ese fin evangélico, pero de ninguna manera para quitarles el señorío y dominio que sobre tales jurisdicciones ejercían sus legítimos propietarios los indios. Bartolomé de las Casas, desde un principio se manifestó contra­ río a la conquista de América por la fuerza, rechazando totalmente ese medio para el cumplimiento de los fines apostólicos. Sostuvo firme­ mente la teoría general de la injusticia de la guerra contra los indios, porque no era un procedimiento lícito para convertirlos al cristianis­ mo, En los casos en que la actitud de los indigenas ofrecía peligro para la integridad física de los conquistadores, estos debían limitarse a le­
49

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Or. R icrd o J. G. ÍU m y

vantar fortalezas y desde allí iniciar el trato con ellos, y poco a poco, se fuese m ultiplicando la religión, ganando tierra por paz y amor, y fundam entalm ente, dándoles el ejemplo de una vida mejor a la que llevaban. Las Casas condenó siem pre las guerras contra los indios porque ellas eran violatorias de sus derechos naturales, pues sin haber ofendi­ do eran agraviados y reducidos por la fuerza; porque no eran un medio lícito para atraer a nadie a la fe cristiana; porque tampoco lo podían ser para cum plir algún fin temporal o político, siempre de menor ran­ go que el fin espiritual, y porque además faltaba autoridad en los reyes para declararlas y no existía ju sta causa. Term inem os diciendo que este sacerdote, gran defensor de los indios, sostenía que estos, com o criaturas de Dios, participaban de los atributos hum anos y que tenían, por lo tanto, uso de razón y que eran capaces de religión, de virtud y de vivir como hombres libres en so­ ciedad civil y de tener propiedades, leyes y gobiernos legítimos, todo lo cuai habían dem ostrado tener y usar antes de la llegada de los espa­ ñoles. La posición del P a d re V itoria: Este sacerdote estuvo de acuer­ do con la posición de Las Casas respecto a la potestad temporal del Papa, señalando que éste sólo había concedido el cuidado de la predi­ cación, conversión y protección general de los indios, y no que el do­ minio otorgado fuese general y absoluto, ya que para ello no tenía fa­ cultades suficientes, y m enos pudiera otorgar tal poder a los príncipes. Francisco de Vitoria hizo un profundo análisis de los títulos in­ vocados hasta ese momento para justificar la dominación de Indias, llegando a la conclusión de que ellos eran ilegítimos. Siguiendo el orden en que los tratamos al analizarlos anterior­ mente. señalem os las razones que llevaban a Vitoria a esa conclusión: a) Concesión pontificia: Negaba la potestad temporal del Pa que em ergía de su condición de monarca universal temporal, y que por lo mismo pudiera constituir a los reyes de Castilla en príncipe de los indios. Recordaba que, si bien conforme a las Sagradas Escrituras, N uestro Señor había puesto a San Pedro y a sus sucesores al frente de la Iglesia, ese poder estaba circunscrito a lo temporal en orden a lo es­ piritual. es decir, en cuanto es necesario para la recta administración del orden espiritual. En tal sentido eran de aplicación la parábola refe­ rida al m om ento en que N.S. Jesucristo recuerda que “ Su Reino no es
50

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Rkardo J. G. H ^rry

de este Mundo”, o cuando responde a los fariseos diciéndoles “Dad al C esar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, palabras que determinan claramente las potestades terrenas y las espirituales de la doctrina cristiana. Por ello, no toda la potestad divina había sido transmitida al Papa, y aún en el supuesto de que el Sumo Pontífice estuviera dotado de tal poder secular universal sobre todo el mundo, no podría darlo a los príncipes seglares pues sería anexo al papado. b) La ocupación efectiva y el hecho del descubrim iento: Sobre estos títulos Vitoria decía que apoyaba el principio, hoy consagrado por el Derecho de Gentes del cual fue un precursor, de que si no es de nadie, no tiene dueño, debe concedérselo al ocupante. Pero en el caso americano no careciendo de dueños esos territorios, ya que los indios eran verdaderos señores, no podían comprenderse en las leyes prece­ dentes. No podía descubrirse lo que ya lo estaba, y menos podía ocu­ parse a titulo de dueño, establecer un dominio, a territorios que ya es­ taban poseídos en tal carácter por otras naciones. c) Títulos religiosos y m isión evangélica: Sobre el primer as­ pecto no le atribuye el valor jurídico para otorgar titulo de dominio, más allá de la existencia o no de tales milagros. En relación a la evangelización de los indios, como un imperativo impuesto por las Bulas Papales, Vitoria señalaba que los indios, antes de oír cosa alguna de la fe de Cristo no podían ser considerados como incurriendo en pecado de infidelidad; que tampoco tenían el deber de creer al primer conoci­ miento de esta fe, y aún cuando ésta Ies hubiese sido anunciada razo­ nablemente, y ellos no hayan querido aceptarla, no por eso había ra­ zón suficiente para hacerles la guerra y quitarle sus bienes. d) La b arb arie e in cu ltu ra de los Indios: Sobre este aspecto, Vitoria consideraba que, en general los indios eran criaturas suscepti­ bles de ser atraídas a la fe católica, pero creía que esta circunstancia no autorizaba a los reyes a desposeerlos de sus propiedades. Hacía, sin embargo, alguna salvedad respecto de algunas tribus, como los Cari­ bes. cuya antropofagia era conocida, lo cual los ubicaba por debajo de ia categoría humana, en el nivel de bestias que podían ser conquista­ das. e) Los abom inables vicios de los indios: Que contrariaban los principios del Derecho Natural, especialm ente la tiranía que afectaba a los naturales en muchos casos, tiranías muchas veces sangrientas, o la sodomía, incesto, la antropofagia, etc., no bastaban para apartarlos
51

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. H*rrcy

violentam ente de ellos ni castigarlos, porque tal potestad suponía la falsedad de aceptar que el Papa tenía jurisdicción sobre ellos. f) La v o lu n taria aceptación de los indios: Aun cuando a su lle­ gada los españoles hubieran hecho ver a los indios que el Rey los m andaba allí para hacer su felicidad y ellos lo aceptaran, tam poco este antecedente satisfacía dem asiado a Vitoria, pues entendía que pudo haber miedo o ignorancia, elementos que viciaban toda elección por parte de los naturales. Los legítim os títulos según el P a d re V itoria: El principal título que Vitoria reconoce como legítimo para la penetración en Indias es el de la propagación de la religión. Argumenta que por ley divina los cristianos tienen el derecho y la obligación de predicar y anunciar el Evangelio entre los indios, y aunque considera que esto es lícito a to­ dos los puebles cristianos, no obstante ello está dentro de las faculta­ des del Papa atribuir a un determinado reino la realización de esta ta­ rea y prohibírselo a los demás, porque aunque el Romano Pontífice no sea señor universal, sin em bargo tiene poder sobre las cosas tem pora­ les en orden a las espirituales. Y ello siendo su misión divulgar el Evangelio por todo el mundo, pudo confiárselos a ellos que habían dado sobradas muestras de su fe y su adhesión a la jerarquía eclesiás­ tica, y prohibírselo a los demás. Al considerar en este titulo si era legítimo o no hacer la guerra a los indios a los efectos de predicarles la fe, Vitoria se m uestra en prin­ cipio contrario a esa medio bélico. Pero hace una im portante disquisi­ ción, en el sentido de que si los predicadores son atacados, si se pone en peligro sus vidas que ellos estaban también obligados a preservar por mandamiento de la propia religión, resultaba legítimo que ejercie­ ran su defensa mediante el uso de la fuerza. De tal m anera para cum­ plir el objetivo de la predicación de la fe justificaba el uso de la fuerza, siem pre que los indios los atacaran. Pero, se manifiesta total y abso­ lutamente contrario a que la aceptación de la fe les sea im puesta por la fuerza, ya que este es un acto libre en el que la voluntad no puede ser forzada por aquél medio. El segundo titulo que Vitoria aceptaba, aún cuando con reservas para ciertas tribus como los Caribes, era el de la superioridad cultural de los españoles, que ante el ataque de aquéllos, debían som eterlos por la fuerza.
52

MANUAL DE1IIST0RLV CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. IUc*rdo J. G. flarrrr

Partiendo de principios def Derecho Natural, que era conocido por los seres racionales precisamente por contar con la razón necesa­ ria, consideraba que los indios cometían pecados muy graves, como la sodomía, la antropofagia, el incesto, y especialmente, la tiranía. Por lo que era legítimo enseñarlos para seguir la buena senda, pero ante su oposición por la fuerza, era legítimo hacerles la guerra. Partiendo también de principios del Derecho Natural, que poste­ riormente dieron lugar al Derecho de Gentes, existía una sociedad y comunicación natural, la libertad de puertos y de mares, por cuya vir­ tud los españoles tenían el derecho de recorrer aquellas tierras y de permanecer allí, sin que se les haga daño alguno por parte de los in­ dios y sin que puedan prohibírselo, pues todas las naciones considera­ ban que los huéspedes y peregrinos recibieran el mal sin justa causa, a menos que los viajeros obraran mal al llegar a tierra ajena. Si los indios querían impedir a los españoles todo lo que podían hacer, como el comercio y otras cosas, que es de derecho de gentes, deben éstos primero evitar el escándalo con razones y mostrarle que no han ido allí para hacerles mal, sino que quieren ser sus huéspedes. Pero si los indios no se aquietaban, podían los españoles defenderse, porque es lícito rechazar la fuerza con la fuerza. En consecuencia si los españoles no podían conseguir seguridad de parte de los indios, si­ no ocupando sus ciudades y sometiéndolos, también esto les era licito hacer. Francisco de Vitoria planteó el tema de la guerra indiana de la forma más conforme a la doctrina escolástica, superando en sus con­ clusiones a Bartolomé de las Casas en el tema de la guerra para quien siempre ella era injusta. Vitoria no fue un impugnador ni un defensor de la conquista, sino un autor de tipo considerativo que resolvía la justicia de la guerra indiana, según la conducta que observaban los in­ dios. Si éstos no violaban los derechos que el autor concedía a los es­ pañoles en tomo a los títulos legítimos aceptados en su “Primera Re­ elección”, como ser el comercio, la predicación, etc., no había injuria, y por lo tanto faltaba ia causa justa para guerrearles. 9. Evolución de la legislación española. El estudio de las Instituciones del derecho español y m ás espe­ cialmente del derecho castellano, es fundamental para el conocimiento del derecho indiano. Trátase de la historia que ha revelado el genio ju53

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. KJcmnhJ. G. fU rrrr

rídico, com o dice Levene, del pueblo que con tanta personalidad y vi­ gor elaboró el derecho foral y las Partidas. Además de señalarse que C astilla y León, en prim er término, hicieron el descubrimiento y colo­ nización de Am érica, los soberanos de estos reinos fueron incorpora­ das las tierras descubiertas, formando parte de la monarquía y se m an­ dó aplicar en ellas en forma subsidiaria su legislación. Pero esta vigencia en las Indias del Derecho Castellano tuvo su m ayor alcance en la esfera del derecho privado más que en el público. En este último debieron adaptarse ios viejos modelos que lo habían inspirado, a las nuevas circunstancias que le imponía un mundo dis­ tinto. En cambio, en el ámbito del derecho privado, la aplicación de los preceptos jurídicos contenidos en los distintos cuerpos legales de C as­ tilla, alcanzaron en América casi la misma amplitud que en España, sin alterar su doctrina jurídica tradicional. España tenía una tradición jurídica propia, formada desde sus orígenes, en las sucesivas oleadas invasoras de pueblos, resultado de su com plicada composición social y, por lo tanto, de su nueva y origi­ nal organización jurídica. Ese pasado culmina con Alfonso el Sabio y la im ponente creación de las Partidas, en las que hay recepción del de­ recho extranjero, del romano y del canónico, aunque sin desconocer la im portante contribución del Derecho Foral autóctono. En la Recopilación de Leyes de Indias promulgada en 1680 se establecía el orden de prelación de los cuerpos jurídicos que se debía aplicar en las Indias. Por ello, el programa de estudios considera nece­ sario tener algunas noticias históricas sobre el carácter y significado de tales fuentes. Los fueros m unicipales: Son fuentes del derecho de carácter lo­ cal que recogen normas jurídicas de aplicación en un municipio de­ term inado y representan la manifestación más importante del derecho vigente en las ciudades de los distintos Estados hispano-crístianos du­ rante la Alta Edad Media y aún durante los primeros siglos de la Baja Edad M edia. Con los llamados “ fueros” o cuadernos forales se inicia en España un tipo de legislación cantonalista cuyo ámbito de vigencia fue bastante extenso. Por “fuero” debe entenderse la regla jurídica especial y privile­ giada. excepción del derecho común y que sólo obliga a las personas de determ inada clase o vecindad. Resumiendo lo mucho que se ha es54

MANUAL DE HISTORIA CONS'nTL'GONAL ARGENTINA

Dr. Rhmnio J. G. / í m r

crito al respeto, dice Cabral Texo, que “ fuero” era la costumbre local o guardada entre determinada clase de personas y promulgada o manda­ da observar por la autoridad del monarca. Algunos encuentran el ori­ gen de los fueros en las distintas formaciones territoriales que se fue­ ron gestando por quienes tuvieron a su cargo la reconquista española de manos de los árabes, obra realizada en gran parte por verdaderos caudillos, que terminaron convirtiéndose en señores feudales. El ger­ men de los fueros territoriales o municipales, por oposición a los fue­ ros personales o de clase, se halla en las cartas de inmunidades o en los privilegios que el rey o el señor de la ciudad, en su caso, concedían a los señores territoriales. El período de formación de estos fueros se los ubica entre los Siglos IX al XI En los Fueros se encuentra siempre manifestada de una manera expresa o tácita, la idea de que las normas en ellos contenidas consti­ tuyen una especie de derecho pactado entre el Rey, el señor feudal y los vecinos de la ciudad. Es importante señalar que no siempre los fueros de cada ciudad eran originales de ella, sino que en muchos ca­ sos se reproducían normas jurídicas procedentes de los fueros de otras ciudades, según lo afirma Ots y Capdequí. El contenido de estos fue­ ros no reflejaban por lo general todo el conjunto del derecho vigente en una ciudad, sino que más bien recogían los privilegios y exenciones peculiares de la ciudad de que se trataba. Al producirse en la península la recepción del derecho romano justinianeo. los fueros recogieron en sus preceptos las nuevas tenden­ cias jurídicas. Por lo general. Jos fueros representaron un intento de unificación del derecho “dentro” de la ciudad, sometiendo a unas mismas normas a todos los vecinos. Cabe señalar, sin embargo, que, aunque estos fueros municipales no tuvieron vigencia alguna en los te­ rritorios de Indias, se hallan incluidos en los ordenamientos que orde­ nan su aplicación. 10. El Fuero Juzgo. En el reino hispanogodo aparecen desde muy temprano compila­ ciones jurídicas con formas de leyes, entre ellas las “Teodoricianas” (419 al 467); “Código de Eurico” (46 7 ^8 5 ); “Código de Leogivildo” (582-586); "Código o Breviario de Alarico” (506) y el “Liber Judiciarum ” (654). Precisamente esta últim a compilación, por disposición de Fernando III el Santo, padre de Alfonso X el Sabio, se tradujo al
55

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Kh*rdo J. G. Hmrrcr

idioma castellano para que con el nombre de “Fuero Juzgo” fuera la base del derecho territorial de Castilla y León. Se creyó que podría vencerse la resistencia de las ciudades, celosas en la defensa de sus propios fueros municipales. En el caso de la ciudad de Córdoba, se trató de im poner como fuero municipal a este Fuero Juzgo. El Fuero Juzgo fue tenido como derecho común en los reinos de León, Asturias y Galicia, rigiendo en Castilla como ley supletoria y como fuero particular en una serie de ciudades Es interesante señalar que en todos aquéllos cuerpos de legisla­ ción visigótica, que contienen en su mayor parte disposiciones sobre derecho privado, pueden encontrarse sin embargo principios y pre­ ceptos dirigidos ostensiblemente a fijar límites morales al ejercicio del poder real. Por ejemplo, el Fuero Juzgo contiene máximas y reflexio­ nes según las cuales “el Rey y toda forma de autoridad, tienen por fi­ nalidad ei beneficio del pueblo y no pueden ser utilizadas en provecho propio. El Rey que no corrige con misericordia no rige sus estados piadosamente; el rey que obra rectamente merece ser exaltado y re­ cordado. pero se pierde irremisiblemente si obra mal". 11. El F uero Real. A los tres años de com enzar a reinar Alfonso X, llamado “el Sa­ bio”. se redactó y fue acordado como fuero local en un lugar denom i­ nado Aguilar del Campo (1255) el Fuero Real, que es, desde el punto de vista cronológico el primero de los códigos alfonsinos. Se trataba de una adaptación de otros fueros municipales y, en parte, también del Fuero Juzgo, que el m onarca hizo preparar con miras a obtener un de­ recho territorial uniforme para todo su reino, y procurar con su aplica­ ción, la substitución definitiva de los fueros municipales. Una de las características señalables en este cuerpo de leyes es que con él se inicia la recepción del derecho romano, que bien pronto habrá de desplazar a los cuadernos forales. No existen dudas de que fue redactado para servir como texto en los tribunales reales, en subs­ titución del Fuero Juzgo y reemplazo de las costumbres locales, para corregir la anarquía legislativa propia de las instituciones forales y propender a la unificación de la legislación. Este propósito encontró resistencias entre los señores feudales, por lo que el rey debió acceder a que aquéllos no debieran ser juzgados por el Fuero Real, salvo que expresam ente lo aceptaran.
56

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RJcmrdo J. G. lU rrcr

La vitalidad del Fuero Real se debió, dice Cabral Texo, a que de­ be ser considerado como el mejor y más difundido de los fueros de ti­ po municipal. Si bien fue redactado con criterio romanista, por razón de su división en libros, títulos y leyes, lo fue de acuerdo con un dere­ cho más conforme con el que imperaba en Castilla en aquél entonces, y eso explica que haya logrado ir sustituyendo a numerosos fueros lo­ cales a punto tal que llegó a convertirse en ley general o derecho te­ rritorial, y no pocos de sus preceptos pasaron a las recopilaciones posteriores, aunque sin lograr concretar los esfuerzos para conseguir su vigencia con carácter general . 12. Las P artidas. El Código de las Siete Partidas, promulgado también bajo el rei­ nado de Alfonso X, dice Ots y Capdequí, es la obra más importante del derecho histórico castellano y una de las que alcanzaron más difu­ sión, por su alta autoridad doctrinal. Representan las Partidas el in­ tento más ambicioso de sustituir el viejo derecho local de los fueros municipales por un nuevo sistema jurídico de carácter territorial inspi­ rado en la doctrina del derecho romano justinianeo. Pero la hostilidad con que fueron recibidas por las clases populares hicieron infructuosa, una vez más, la política de unificación legislativa seguida por este monarca. La primera redacción de Las Partidas fue terminada en 1263 y la segunda en 1265. Como lo indica su nombre está dividido en siete partidas, que tratan sucesivamente de los siguientes aspectos del dere­ cho: 1)Referido a la génesis del Derecho y a la aplicación de la ley. Asimismo, trata de las relaciones entre la iglesia y el Estado. 2)Trata de la Constitución política del Reino. Normas de de­ recho político, denominada como la Constitución politicomilitar de la monarquía española, asegurándose que la fuente que se ha seguido ha sido Aristóteles. En esta partida se sostuvo que la facultad de dictar la ley pertenecía sólo al Rey, lo que estaba en oposición a la tradición fo­ ral, y aunque se sienta el principio democrático de la igualdad ante !a ley, por otro lado se fundamenta el absolutismo gubernamental basado en la propiedad personal del monarca sobre el reino, afirmando que la soberanía tiene un origen divino.

MANUAL DE HISTORIA CO.NSTTTUQONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. ¡U rrcr

3 )Se refiere a las leyes procesales y referidas a la administra­ ción de justicia. Esta parte se ha mantenido incólume a través de los tiem pos, a tal punto que no pocas disposiciones de esa época están actualm ente en vigor. 4 )Organización de la familia. 5)H erencias, testam entos y otras instituciones de derecho pri­ vado. Se regulan aquí aspectos referidos ai comercio marítimo, si­ guiéndole la com pilación denom inada Leyes de Olerón. 6)O bligaciones e instituciones del derecho común. 7)Legislación Penal. No obstante la riqueza de su contenido ha sido poco estudiada; su jurisprudencia criminal es un extracto del Código Justinianeo, remozado con penalidades contra los herejes, mo­ ros y judíos. Respecto de las Partidas los conceptos tradicionales las han con­ siderado unos como una Enciclopedia de valor jurídico doctrinario y otros, como un Código o cuerpo de derecho positivo. Los que las ca­ talogan como una obra didáctica, parten de la base de su fuerte conte­ nido literario, y que ha sido redactada con la mira de enseñar y tender a elevar la cultura jurídica m edia a fin de preparar al país para futuras y trascendentales reformas de orden legal. En rigor de verdad, y en función de la época en que fue dictada, la determinación sobre si fue dictada como una enciclopedia o como un código no tiene mayor importancia, pues lo doctrinario y lo preceptivo de la ley andaban muy m ezclados. No obstante los propósito del rey Alfonso, las Partidas no pudie­ ron ser puestas en vigencia durante su reinado: muchos obstáculos se opusieron a ello, tales son sus trabajos en busca de la exaltación al trono alem án, la anarquía producida por su propio hijo, Sancho, la ig­ norancia de la época y por sobre todo, la tenaz resistencia de los cas­ tellanos a ver abolidos sus venerados fueros. Recién tuvo vigencia al ser prom ulgado el Ordenamiento de 1349 por las Cortes de Alcalá, aunque en el orden de prelación se la ubica en tercer lugar. Las Partidas, por estar escritas en un castellano elegante, muy li­ terario y correcto, se difundieron grandemente en las escuelas convir­ tiéndose en textos de enseñanza por su gran fondo romanista, que le aseguraba una evidente superioridad, por lo completa, frente a los di­ m inutos cuadernos forales.
58

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTL'QONAL ARGENTINA

Dr. R kxrdo J. C. / W c r

En los territorios de Indias las Partidas alcanzaron una difusión extraordinaria y, probablemente, su vigencia fue más efectiva allí que en la propia España, pues los letrados y Oidores de las Audiencias coloniales no tuvieron necesidad de luchar para su aplicación como derecho supletorio, contra las resistencias que hubo de vencer en la metrópoli por las razones históricas que ya se han expuesto. 13. Ordenamiento de Alcalá. Ya hemos señalado que las Partidas fueron puestas en vigencia por un Ordenamiento dictado en Cortes Generales reunidas en Alcalá de Henares en 1348. Mediante este Ordenamiento se tendió a ordenar la legislación en vigor, poner término al desbarajuste y a la arbitrarie­ dad de los procedimientos judiciales. Podemos decir de este Ordena­ miento que es el que inaugura el periodo transaccional en la historia del derecho castellano, entre la antigua legislación foral, la tendencia hacia la territorialización y el nuevo derecho de fondo romanocanónico, a fin de llenar las lagunas de los fueros y el arbitrarismo judicial que se cometía en su aplicación. El Ordenamiento de Alcalá está compuesto por Ordenamiento de Burgos del año 1328, el Ordenamiento de Segovia de 1347, el Orde­ nam iento de las peticiones formuladas en las mismas Cortes de Alcalá en 1348 y por el Ordenamiento de Nájera. El contenido del Ordena­ m iento de Alcalá versa fundamentalmente sobre la administración de justicia y el régimen señorial y la parte fundamental la constituye la que fija el orden de prelación legal a seguirse en lo sucesivo para-la invocación, enjuicio, de los distintos cuerpos legales, a) primeramente debía tenerse en cuenta las leyes aprobadas en Alcalá en 1349; b) en segundo lugar se aplicarían los fueros en cuanto estuvieran en uso y en cuanto no fuesen contra Dios, razón o leyes; c) en subsidio se estaría a lo declarado en Las Partidas y d) en último término se recurriría a la interpretación real para que diera la norma a seguirse en caso de duda o vacío o silencio de las anteriores disposiciones. Cabe señalar que, a partir de entonces, la aplicación de los fueros quedó supeditada a la demostración de que estuvieran en uso.

59

MANUAL DF. HISTORIA CONSTTTUaONAL ARGETfTINA

D r. Rícxrdo J . G . H mttct

14. Ordenanzas Reales de Castilla. Durante un largo período de tiempo hasta el gobierno de los Re­ yes Católicos (1474-1517), siguió vigente lo ordenado en Alcalá sobre * prelación de leyes, no alterándose la legislación dispuesta en el O rde­ namiento, salvo las disposiciones adoptadas por la Realeza m ediante pragmáticas, ordenanzas, reales cédulas, etc., que sólo llegaron a com pilarse mucho más tarde. Pero las disposiciones dictadas con posterioridad al Ordenamiento transformaron el derecho positivo de Castilla en un verdadero m osaico legal. A fin de rem ediar esa situa­ ción, los procuradores a Cortes reclamaron se consolidara toda la le­ gislación en un sólo código. Resultado de estas peticiones fue el encargo dado por los Reyes Católicos a Alonso Diaz de Montalvo para que recopilase todas las le­ yes y ordenanzas en vigor, lo cual se hizo mediante las Ordenanzas Reales de Castilla. Este cuerpo estaba integrado por leyes dispersas, algunas com piladas anteriormente, como el Fuero Juzgo, el Fuero Re­ al' el Ordenam iento de Alcalá y otros ordenamientos parciales. Se han hecho muchas criticas a estas Ordenanzas, conocidas vul­ garmente com o “ El M ontalvo", por falta de expurgo o sentido heurís­ tico, achacándosele muchos errores como los de incluir títulos equivo­ cados con relación a sus originales, inclusión de disposiciones ya re­ vocadas por otras posteriores, o derogadas por su uso en contrario; asimismo, por haber fraccionado o fusionado indebidamente muchas disposiciones legales, alterándose el sentido del precepto, razón por la cual la com pilación se resintió por una falta de sistem atización. Con todo lo apuntado, el Montalvo, desde el punto de vista prác­ tico, prestó importantes sen/icios en los tribunales al reunir no pocas disposiciones legales que estaban dispersas, debiendo su nom bradla no a su valor científico sino al servicio que prestó como digesto legal. 15. Las Leyes de Toro. En el orden del tiempo, la compilación legal que sigue es la lla­ mada “Leyes de Toro”, así llamadas por ser ésta la localidad donde fueron promulgadas en 1505. El origen de estas leyes está en la peti­ ción de los procuradores populares sobre la necesidad de poner fin. le­ gislativam ente, a las encontradas interpretaciones que se daban a los fueros, partidas y ordenamientos, dictándose una ley de carácter inter60

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA.

Dr. Ricardo J. G. lla m r

pretativo. La misma fue puesta en vigencia al asumir la reina Juana, hija de los Reyes Católicos. 'Es importante señalar que al tiempo en que fueron promulgadas las Leyes de Toro el derecho castellanoleonés había variado en forma notable, pues el derecho territorial privaba sobre el local, especial­ mente por su romanización y centralización y en todo lo relativo a la administración de la justicia. Prácticamente, estas Leyes de Toro son las últimas que se dictan en Cortes y tienen, en alguna medida, un cierto carácter democrático, pues sus disposiciones son de índole ge­ neral con prescindencia de la clase de personas a quienes se les iba a aplicar y fueron dadas con la mira de conciliar al derecho romano y al canónico con el foral. La legislación de Toro continuó con el sistema de establecer el orden de prelación de leyes, aclarándose que son un conjunto de 83 leyes que no forman un todo orgánico, destacándose su carácter acla­ ratorio e interpretativo enlazando, como se ha dicho, el antiguo con el nuevo derecho, llenando vacíos legislativos puestos en claro por la interpretación jurisprudencial y supliendo, principalmente, el antiguo derecho civil con aclaraciones y correcciones concretas que pasaron a formar parte, más adelante, de la Nueva y la Novísima Recopilación. Las leyes de Toro establecían el siguiente ordenamiento: 1) La Nueva Recopilación; 2) En lo que en ella no se pudiere determinar, se aplica­ ran las leyes de los fueros, como las de los fueros municipales de cada ciudad, mientras no fueren contrarias a las leyes del Ordenamiento y 3) Las Siete Partidas de Alfonso el Sabio. Debe señalarse que esta fuente de! derecho jugó un papel muy importante en la formulación histórica de aigunas instituciones jurídi­ cas del pueblo castellano, especialmente los requisitos exigidos para la presunción de viabilidad en el nacimiento, así como para definir la condición jurídica de los hijos naturales y las disposiciones en materia hereditaria, que consiguieron amplia repercusión histórica. 16. N ueva y Novísima Recopilación. Con posterioridad a las Leyes de Toro las compilaciones jurídi­ cas castellanoleonesas ya no son elaboradas mediante ordenamientos o disposiciones dictadas en Cortes, sino por decisiones.tomadas por los monarcas obrando como Supremo Legislador del Reino y recibieron la denominación de Pragmáticas.
61

MANUAL DE HISTORIA CXhNSTTTUCJONAL ARGENTINA

Dr. RUardo J. G. H ^rer

Durante los siglos XVI y fines del XVIII se elaboraron dos gran­ des recopilaciones o códigos no sistematizados, ya que comprenden las m aterias m ás dispares, siendo denominadas Nueva y Novísim a Re­ copilación. D ebe señalarse que estas recopilaciones que hacen su apa­ rición durante la Edad M oderna en todos los territorios peninsulares, nada innovan pues se limitan a recoger, con mayor o m enor orden, los elem entos jurídicos existentes en forma dispersa en otras leyes o com ­ pilaciones. La N ueva Recopilación, obra de varios juristas del reino, fue prom ulgada y puesta en vigencia por Real Cédula de Felipe II en Ma­ drid en 1567, disponiendo que los preceptos legales en ella contenidos tendrían valor de tal aunque sus originales no hubieren sido publica­ dos y aunque fuesen contrarios a otras leyes dadas con anterioridad. Pero como se m antenía el orden de prelación de las leyes establecido en Alcalá y T oro, tenemos que con ello no se dio satisfacción a los pedidos form ulados en el sentido de dictarse una nueva recopilación, un sólo código general que derogase a los demás cuerpos legales y no que se dejase subsistentes a las anteriores. Pero en definitiva continuó en vigor la anterior legislación local o territorial de vieja data, con lo que se em brollaba aún más la legislación castellanoleonesa, por la aplicación conjunta de muchísimas disposiciones legales que en su mayoría eran casi desconocidas. Se trata de una obra voluminosa de 3005 leyes extensas, dis­ puestas en 212 títulos, siendo el método seguido bastante deficiente, al extremo de que algunos consideran de que fue la más imperfecta de las com pilaciones conocidas, y fue un motivo más de desorden del de­ recho castellano, ya anarquizado y desorganizado por dejar subsistente en forma prom iscua al derecho foral, al romano y al real. La N ovísim a R ecopilación fue sancionada oficialmente en 1805, ya en vísperas del proceso de independencia de los países americanos, por lo que puede afirm arse que prácticamente no llegó a tener vigencia en nuestro m edio. Labor realizada por el jurista de la Reguera y Valdelomar, quien pretendió presentar sistemáticamente el conjunto de las norm as jurídicas vigentes en su época, sin reproducir los textos le­ gales de donde aquellas procedían. Para ello utilizó las leyes recogidas en la N ueva Recopilación, juntam ente con las dictadas con posteriori­ dad, elaborando un proyecto poco afortunado, ya que la aplicación-de esta fuente del derecho resultó sumamente difícil ya que se advierten
62

MANUAL DE I tlSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA.

Dr. J M , J a H ~r*r

contradicciones entre la doctrina jurídica contenida en el texto de las leyes y la que se contiene en las notas que a estas leyes se acompañan. Su promulgación no hizo dism inuir la autoridad doctrinal de las Partidas que durante toda la Edad M oderna había venido siendo la fílente del derecho más consultada, tanto por los juristas de la metró­ poli como por los funcionarios de Indias. 17. Las O rd en an zas de Bilbao. Conforme con la Real Cédula de 1494. dice Galletti, expedida por los Reyes Católicos, se concedió a los mercaderes y comerciantes de Burgos la facultad de gobernarse en sus transacciones y asuntos mercantiles en base a algunas ordenanzas que dicha Cédula cita expre­ samente, facultad que se hizo extensiva a los comerciantes de Bilbao. Las ordenanzas referidas al comercio y a la navegación tienen las ca­ racterísticas de un verdadero y ordenado código. Los temas tratados son los siguientes: en el Capítulo I se deter­ mina la jurisdicción en materia comercial y de navegación, los modos de proceder en ju icio y el grado de apelación; se establece un proce­ dimiento de carácter sumario interviniendo el Tribunal de! Consulado y las diferencias entre las partes -com erciantes- debían substanciarse breve y sumariamente sin dar lugar a dilaciones. Los Cónsules o los Priores debían hacer acudir a las partes en audiencia verbal tratando de solucionar amigablemente los pleitos. Los Capítulos II al VI se refieren a la elección de los Cónsules, Conciliarios, Síndicos y las calidades que debían tener, nombramiento de contador y tesorero de averías y otros funcionarios, así como las juntas y los salarios que debían percibir los funcionarios. En el Capítulo IX se determina las condiciones que deben reunir los comerciantes y mercaderes, los libros de comercio que habrían de llevar, y la obligación de hacer balances. En el Capítulo X se hace re­ ferencia a las compañías de comercio: contrato entre dos o más perso­ nas mediante el cual las partes se com prom etían a proseguir en común los negocios, conforme al caudal y proporción de lo que cada uno aporte, echándose las bases de las sociedades mercantiles con caracte­ rísticas que aún perduran. Los capítulos siguientes se refieren a con­ tratos de comercio entre mercaderes, las comisiones, las letras de cambio, aceptaciones, endosos, protestos y términos, vales, libranzas, seguros y fletamientos y todo lo referido al comercio marítimo en
63

MANUAL D E HISTORIA CONSTTTUQONAL ARGENTLNA

Dr. Riendo J. G. JU m rr

particular. En ei Capítulo XVII se legisla sobre quiebras y en el modo cíe proceder en el caso de atrasos, falencias, etc. Las disposiciones referentes a navegación son minuciosas y se ocupan de los problemas emergentes de los naufragios, daños o ave­ rías, el modo y forma de contar las averías, los seguros y pólizas de mercancías, etc. 18. Las C ortes: O rigen y evolución. José M aría Ots, dice que los orígenes históricos de las Cortes castellano-leonesas hay que buscarlos en los célebres concilios nacio­ nales de Toledo, celebrados en España durante el período de la mo­ narquía visigoda. Pero debe señalarse que a aquéllos concilios sólo asistían, presididos por el Rey, los miembros del alto clero y los miembros de la nobleza. En cambio, a las Cortes de León y Castilla asiste un tercer elemento : el estado llano o brazo popular integrado por los procuradores representantes de las ciudades, que es el que en realidad imprime el carácter a estas asambleas, hasta el punto de que sin su presencia no hay Cortes, aun cuando asistan a la reunión nobles y prelados. Pero por el contrario, basta con la sola actuación del estado llano, bajo la presidencia del Monarca, para que la reunión tenga el ca­ rácter de Cortes, aun cuando dejen de concurrir el clero y la nobleza. Es muy difícil precisar el momento en que se le da nacimiento. Para Sánchez Albornoz, el origen de las Cortes se encuentra en las Curias Regias, alto organismo consultivo que asesoraba a los mo­ narcas de Asturias y León, en los primeros siglos de la reconquista peninsular. Los avances territoriales de los estados hispano-cristianos motivaron el desdoblamiento de esta Institución en una Curia Regia Ordinaria o restringida, y en otra Curia Regia Plena o Extraordinaria. A la primera concurrían sólo los miembros del Alto Clero y de la N o­ bleza que vivían en la propia Corte del Rey. A la segunda se convoca­ ba sólo cuando las circunstancias lo requerían, y eran llamados todos los miembros calificados de la nobleza y del clero que vivían disper­ sos radicados en los distintos territorios del Estado. Con el aumento de la complejidad de la administración publica y los cambios sociales y económicos, se transformaron las curias regias en Consejos y las Cu­ rias Regias extraordinarias en Cortes, al ser requerida la colaboración de un tercer eiemento, el estado llano o brazo popular, por exigirlo así
64

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Kk*rdo J. G. Ih n x y

el régimen económico y fiscal de ia época y la necesidad de contar con las ciudades dada la creciente pujanza de los Municipios. La aparición de las Cortes a partir del Siglo XIII fue un factor de moderación del poder real. Concurrían a ellas el Rey, su familia y al­ tos funcionarios de palacio, y los tres brazos, constituidos por repre­ sentantes del Clero, la Nobleza y del Pueblo. Estos últimos eran de­ signados por las ciudades, ya por elección popular, ya por sorteo entre un escogido grupo según las modalidades de los Concejos Municipa­ les. Los representantes de las ciudades o concejos municipales eran llamados Procuradores a Cortes, y gozaban de la prerrogativa de in­ m unidad durante el desempeño de su mandato. Los procuradores pre­ sentaban al Rey peticiones en las cuales denunciaban los males que padecían los pueblos y proponían los remedios mas convenientes. El Rey podía convocar a uno o dos de dichos brazos, pero no ha­ bía Cortes sin la concurrencia del brazo popular. Era condición indis­ pensable para que una ciudad o villa ruviera el derecho de enviar re­ presentantes a las Cortes, el ser de realengo, es decir, pertenecer a la jurisdicción de la Corona, sin estar sujeta a otro señorío. El número de ciudades o concejos que tenían derecho de voto en las Cortes no fue constante, pero se siguió al principio la norma de convocar a todas las ciudades y villas, concurriendo aproximadamente unas cincuenta y en algunos casos más. Debía convocar a Cortes para todos los asuntos de interés gene­ ral, pero no se determinó cuales eran esos asuntos ni se estableció pla­ zo para su funcionamiento. La prerrogativa más relevante de las Cortes fue el otorgamiento de los Impuestos extraordinarios, ya que los ordinarios eran obligato­ rios y el Rey procedía directamente a recaudarlos. Aquella facultad de las Cortes obligó muchas veces a los m onarcas en aprietos económi­ cos, a otorgar concesiones a las ciudades en cambio del voto favora­ ble. Era también costumbre convocar a Cortes para consultarlas sobre declaraciones de guerra y tratados de paz. Las C ortes recibían el juram ento que prestaba el Rey al ocupar el trono, de respetar los fueros, privilegios y libertades otorgados por sus predecesores, rindiendo a su vez al nuevo Rey tributo de fidelidad y vasallaje. Le competía asimismo entender en todo lo relativo a la re­ nuncia al trono y decidir lo concerniente a la tutoría cuando el monar­ ca era menor de edad. También las Cortes presentaban al Rey peticio65

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. &c*rdo J. G. Hmtkt

nes en las que especialm ente los representantes de las ciudades solici­ taban diversas medidas que conceptuaban convenientes para el reino. El Rey en consulta con el Consejo resolvía en definitiva. Las cortes castellanas decayeron paulatinamente. La autoridad real no sólo se fortaleció sino que el mejoramiento hacendístico hizo innecesaria la obtención de recursos extraordinarios, principal objeto de la reunión del organismo. Con todo, si redujeron la participación en el gobierno, no dejaron de intervenir en los actos de juram ento de los nuevos monarcas.

Bibliografía consultada y utilizada.

ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA. Historia de la Nación Argentina” Vol.il - Cap. VII. Cabral Tcxo, Jorge. "Evolución del De­ recho Castellanoleonés desde los Fueros a la Nueva Recopilación”. ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA. “Nueva Historia de la Nación Argentina" Tomo 1°. Cap. 12. Cuesta Domingo, Mariano. “Castilla en el dominio del Atlántico". GALLETTI, Alfredo. “ Historia Constitucional Argentina”. Tomo Io. LEVENE, Ricardo. “Historia del Derecho Argentino” Tomo 1". LEVENE, Ricardo. “Manual de Historia del Derecho Argentino”. OTS y CAPDEQUI, José María. “Instituciones”. ROSA. José María. "Historia Argentina” Tomo Io. SANCHEZ VIAMONTE, Carlos. "Las Instituciones políticas en la Historia Universal'’. SIERRA, Vicente D. “ Historia de la Argentina” Tomo Io. ZORRAQUIN BECU, Ricardo. “Historia del Derecho Argentino” Tomo Io. ZORRAQUIN BECU, Ricardo. “La Organización Política Argentina en el Período Hispánico".

66

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. IU tykt

CAPITULO 3
1. Organización política y administrativa. En 1492 con el viaje de Colón, España descubre lo que creian ser islas de las Indias Occidentales y, con el correr de los meses, adverti­ rán se trataba de un nuevo continente. El Estado que había realizado esta hazaña y que luego va a realizar la conquista y colonización del Nuevo Mundo era un conglomerado político resultante de la unión de diversos reinos que conservaban celosam ente su propia personalidad. Esa unión comenzó a hacerse efectiva con el matrimonio de Isa­ bel, reina de Castilla y Femando, rey de Aragón que iniciaron su rei­ nado juntos en 1479. Castilla era el reino aglutinante de mayor im­ portancia en la península ibérica y se fue am pliando con la incorpora­ ción de otros reinos como los de León y Galicia, las provincias vas­ congadas y Granada. La reconquista de esta última se realizó en 1492, fecha memorable para España pues completó la expulsión de los mo­ ros de su territorio. Mas tarde, en 1515, incorporaría el reino de Nava­ rra. Aragón, por su parte, reunió bajo el mismo cetro a Cataluña, V a­ lencia, las Islas Baleares y más adelante Nápoies y Sicilia. Desde el punto de vista de la estructura política el Imperio Espa­ ñol constituía una unión de Estados que se va haciendo cada vez más estrecha. AI incorporarse a la corona de Castilla o a la de Aragón, cada reino había conservado su propio derecho y sus órganos de gobierno, siendo el único vínculo común la existencia del matrimonio reinante de Femando e Isabel.. Por eso es importante señalar aquí que, luego del descubrimiento, estas nuevas tierras fueron incorporados a la corona de Castilla y Le­ ón, y con ello se produjeron las consecuencias institucionales confor­ me a las cuales las leyes y gobiernos castellanos modelaron las de América. Conforme a las Bulas de Concesión, estas tierras habían sido entregadas precisamente a Castilla para cum plir la misión histórica de ia e v a n g elizad o r y ese principio de anexión implicaba la igualdad le­
67

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. JGc*rJo J. G. / W

gal entre Castilla e Indias o América, amplio concepto que así abarca la jerarquía de sus instituciones. La igualdad de los Consejos de Cas­ tilla y de Indias, como el reconocim iento de iguales derechos a sus naturales. El gobierno y administración a partir del descubrimiento se inicia con la Capitulación de Santa Fe, de abril de 1492. por la que los reyes reconocían a Colón el carácter de V irrey y Gobernador de las islas y tierra firme que descubriese, con autorización para designar funciona­ rios en las villas y ciudades que se fundasen, y además la facultad de resolver en segunda instancia las sentencias dictadas por los funciona­ rios a él subordinados. Estas nuevas tierras descubiertas adquieren la categoría de rei­ nos, distinto de los otros que integraban el imperio hispánico, espe­ cialm ente a partir de la organización del Consejo de Indias en 1524. Debe señalarse, también, que los Reyes Católicos dispusieron la prohibición de enajenar las Indias, lo cual significaba que pasaban a ser bienes realengos, es decir, bienes incorporados al dominio directo de la corona y exentos de toda jurisdicción y vasallaje feudal. Las In­ dias no fueron ni propiedad particular de los reyes, ni dominio del Estado español, sino bienes públicos de la corona de Castilla, la cual no podía enajenarlos ni concederlos en beneficio. Estas y otras razones, como ser la potestad legislativa que ejer­ citaban ¡os virreyes, audiencias, cabildos, consulados, etc., por la si­ m ilitud que se busca a la legislación castellana, por depender exclusi­ vam ente de la corona de Castilla, la idea de colonia o factoría no apa­ rece m encionada en ninguna disposición emanada de la metrópoli, si­ no que por el contrario, se las llama provincias, reinos o señoríos. Esta circunstancia nos permite comprender que las instituciones que se fueron dando para el gobierno de Indias fueron delineadas si­ guiendo el molde de las instituciones de gobierno castellanas, aunque necesariam ente tuvieron que ir adaptándose a las m odalidades, cir­ cunstancias y características del Nuevo Mundo. 2. Instituciones M etropolitanas. Lo dicho anteriormente nos permite afirmar que las autoridades creadas en la metrópoli para el gobierno de Indias, nada tenían que ver con los organismos actuantes en la península en cada uno de los reinos

6 8

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. K cvd o J. G. lU m ?

unidos, con la lógica excepción del Rey que era el vinculo común en­ tre todos ellos y las Indias. El derecho político indiano constituye un sistema orgánico de instituciones metropolitanas y provinciales o territoriales destinadas al gobierno de las Indias. Su organización política y administrativa no se hizo cumpliendo planes sistemáticos, sino que fue un resultado empí­ rico que a la vez iba ensayando múltiples creaciones institucionales. Las divisiones administrativas y los organismos creados para ellas se fueron adecuando a los resultados de la conquista y a las particulari­ dades de cada región. Con posterioridad tampoco se trató de unifor­ mar los distintos regímenes así creados, salvo a fines del siglo XVlf, al implantarse el sistema de las Intendencias. Consecuentemente, además de la autoridad deij l e y que era co­ mún para todos los territorios integrantes de la Corona, encontraremos las entidades metropolitanas que irradiaron su acción gubernativa: en prim er lugar, cronológicamente hablando, a lajTasa de Contratación y luego al Consejo de Indias, aunque necesario es destocar que en el pe­ riodo intermedio'eTTTre latre ació n de uno y otro, funcionó en el Corw sejo de Castilla una Secretaria encargada de los asuntos de Indias o “ Plenum Consilium Indiarum”.. Podemos mencionar también entre las autoridades metropolitanas a las Juntas de Guerra, organismo éste que se integraban en las graves circunstancias bélicas que debía soportar la corona, en cualquiera de los territorios de su vasto imperio. 3. El Rey: Evolución de la m o n arq u ía Ibérica. Su característica institucional. La monarquía castellana que por razón del descubrimiento, con­ quista y donación pontificia vino a convertirse también en monarquía indiana, fue un producto secular de las circunstancias históricas y de las influencias ideológicas que habían presidido y orientado su lenta evolución, dice Zorraquin Becú. Señala que sus orígenes se remontan a la época en que los visigodos formaron sus propios reinos en Espa­ ña. cuando se rompieron los vínculos políticos que los unían al Impe­ rio Romano, en decadencia. A la organización predominantemente m ilitar de las primeras reyecías, surgió muy pronto un régimen más estabilizado, que fue afian­ zando su autoridad sobre la m ayor parte de las poblaciones de la anti­
69

MANUAL. DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. JVcrdo J. G. /¿ trrrr

gua H ispania. Esa monarquía no era otra cosa que “la jefatura de una com unidad en armas”, con una base electiva que le daba cierta base popular, si es que así puede calificarse la reunión de los guerreros que participaban de ese acto. M ás tarde recibió la influencia de las concepciones políticas del Bajo Imperio, caracterizadas por la idea de un príncipe despótico cuya voluntad se imponía a todos los súbditos. Pero la conversión de los godos al catolicismo y la preponderancia creciente que adquirió la Iglesia, suavizaron desde fines del Siglo VI ese concepto absolutista para dar paso a las ideas más moderadas y cristianas. A partir de la conversión del rey Recaredo (587 DC.) y sobre to­ do de la promulgación del Liber Judiciorum (654 DC), la monarquía hispano-goda se convierte en un principado dirigido a realizar el bien com ún y que está sometido a las leyes, a las costumbres y a las nor­ mas religiosas y morales. ' El Rey recibirá desde entonces un poder emanado de Dios, que lo convierte en una persona sagrada a la cual los súbditos deben fidelidad y obediencia, pero cuyo ejercicio está condicionado por la observancia de las norm as ¿ticas a cuyo cum plim iento se obliga solemnemente y la historia dem ostró que el soberano podía ser depuesto si dejaba de obrar con rectitud y de proceder con justicia. (“Rey serás, si ficieres derecho, et si non fecieres derecho, non serás Rey”: Fuero Juzgo I.i.2). A esta etapa sucedió la invasión de los musulmanes que llegaron a adueñarse de casi toda la península, aunque algunos de los reinos en que se dividía, no pudieron ser dobiegadp.s. La tradición de la monar­ quía hispano-goda fue restaurada en el reino asturleonés y los demás estados que se formaron durante la Edad'M edia. El principio electivo fue sustituido en el Siglo X por el principio hereditario, que permitió m antener el poder dentro de la familia real. Pero en esa época y durante las guerras de la reconquista contra los árabes aparecen modalidades señoriales que, sin dar a la península una organización propiamente feudal, debilitan la autoridad de los m onarcas y les hacen perder la soberanía directa sobre muchos territo­ rios y poblaciones. En esa época se mantuvo la concepción de una reyecía lim itada en sus poderes. El monarca asumía el poder mediante un pacto tácito con el pueblo, exteriorizado en el juram ento de respe­ tar las leyes de! país y los derechos de sus habitantes. El crecimiento del poderío de los nobles y las ciudades y la necesidad de obtener el

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. KcmnJo J. G. Hm^cy

!

consentimiento dei alto clero, limitan su actuación gubernativa. No se trataba sólo de limitaciones exteriores, ya que el Estado Medioeval fue en toda Europa y especialmente en España, “un Estado éticoreligioso”, cuya autoridad es restringida por un orden superior, inmu­ table, conocido bajo la denominación de derecho natural, que comprendía también el derecho de gentes, los derechos de las personas, el cumplimiento de los pactos y contratos, etc. todo lo cual se introducía profundamente en el derecho humano o positivo. L a m o n arq u ía C astellanar^Én la baja Edad Media, sigue di­ ciendo el autor citado que transcribimos, la monarquía castellana ya definitivamente constituida, se fortalece y ocupa un lugar preponde­ rante en España y pese a su tendencia centralizados, subsistieron los principios que limitaban el ejercicio de sus poderes. Las teorias esco­ lásticas acentúan el fundamento pactista de su autoridad, que proviene de Dios por intermedio del pueblo y debe ejercitarse en beneficio de éste. También se acuña la teoría de que el Rey es Vicario de Dios en la tierra y debe actuar sometido a las leyes divinas y humanas, todo lo cual conduce a la limitación de sus facultades, pues está obligado a respetar los derechos de los súbditos, los Fueros, los privilegios con­ cedidos y las normas fundamentales que regulaban su autoridad. Las Cortes, las ciudades y los nobles pueden recordarle esas obligaciones y contrarrestar sus abusos. Los Reyes Católicos: Esta monarquía así limitada en sus pode­ res por la existencia de aquéllos estamentos procurará, en el tránsito de la Edad Media a la Moderna eliminar las trabas impuestas a su au­ toridad^ Esa fue la obra de los Reyes Católicos y, especialmente, de su nieto Carlos V, que aseguraron la unidad del Estado, al mismo tiempo que fortalecieron la potencia y la majestad de su oficio, mediante la desaparición de los principales privilegios y resabios feudales, con lo cual entraron en decadencia política las ciudades y las Cortes, aunque este afianzamiento del poder real no elimina las limitaciones de orden religioso, moral y jurídico. Triunfa así una concepción paternal y tutelar de la monarquía, que se mantiene hasta fines del Siglo XVII, una monarquía a la que podemos caracterizar como “moderada”, que autolimita sus poderes al reconocer la superioridad de los principios religiosos y morales y el derecho establecido, acordando garantías a sus súbditos para que pue­ dan hacerlas valer aún contra el propio Rey.
71

MANUAL DF. HISTORIA CONSTTTUaONAL ARGENTINA

Dr. K c x J o J . G. lU rrcr

La teoría política sostiene el fundamento contractual de la reyecía y señala que el deber de fidelidad y obediencia desaparece cuando ei soberano infringe el pacto y se convierte en tirano. Puede, entonces, decirse que en el gobierno de los Reyes Católicos el absolutismo esta­ ba en el origen de la autoridad, pero no se manifestaba mayormente en su ejercicio. A fines del Siglo XV y principios del XVI aparecen debidamente estructurados los diversos reinos que en España integran la monarquía. El de Castilla y León presidido por Isabel, unida en matrimonio a Fer­ nando, Rey de Aragón, asume una evidente superioridad a la que se agrega la incorporación de los reinos de Galicia, las provincias vas­ congadas y Andalucía y Granada, recuperados de los árabes en 1492, y de Navarra en 1515, además de su influencia en Marruecos y las Is­ las Canarias. .Aragón, por su parte, reunió bajo el mismo cetro a Ca­ taluña, Valencia y las Baleares; y a principios del Siglo XVI los reinos de Ñapóles y Sicilia. Los Reyes Católicos son, en verdad, los primeros reyes de una España casi definitivamente unida. Si bien aquéllos Estados se habían incorporado con mayor o me­ nor autonomía, la unión personal de los monarcas citados, que se afianza y mantiene con sus descendientes, crea un verdadero Estado español, en los que la unidad de la monarquía va creando relaciones cada vez más estrechas entre los respectivos territorios, afianzándose la política central dirigida no sólo por los reyes, sino también por los organismos que a su lado gobiernan la península y que aseguran la unidad de dirección y de fines. Los A ustrias o H absburgos: Al morir la Reina Isabel la sucedió en Castilla su hija Juana, pero la enajenación mental de ésta y el falle­ cimiento de Femando de Aragón en 1516, dieron ambos reinos al hijo de Juana y Felipe el Hermoso, conocido como Carlos de Austria, que ya tenía por herencia de su abuelo las posesiones de los Habsburgos y luego iba a recibir la corona imperial de Alemania, siendo éste el mo­ mento en que el Imperio Español tuvo su máxima amplitud y poderío. Con Carlos de Austria, llamado Carlos V de Alemania y Carlos I de España se inicia desde 1517 la dinastía de los Habsburgos o Casa de Austria, pudiendo afirmarse que es el verdadero fundador del ab­ solutismo español, pues con la caída de las libertades comunales en la batalla de Villalar (1521) llevada a cabo por este monarca, se solidifi­
72

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. K xm doJ. G. }I*ry*r

ca el estado autoritario y absolutista que abarca tantos territorios que llegó a decirse que “en él nunca se pone el sol”. -......... España adquiere el rango de gran potencia mundial y reordena su predominio a través de la fundación de la Compañía de Jesús en 1534, convirtiéndose en una monarquía absolutista y teocrática. En 1556 Carlos V cedió el trono a su hijo Felipe II, que gobernó hasta 1598, las posesiones hispánicas y los Países Bajos, continuando así el Siglo de Oro de España. Durante su reinado España se caracteri­ za por el logro de su Unidad interna, constirayéndose, además, en guía del mundo católico y centro de la Contrareforma. Su reinado llega al punto máximo del poderío español, pero en sus últimos años ya co­ mienzan a manifestarse los signos de decadencia. Lo suceden Felipe III (1598-1621) y Felipe IV (1621-1665) que mantienen todavía cierta prestancia frente a la preponderancia que ad­ quieren Inglaterra y Francia, y con el último de los Austrias, Carlos II (1665-1700) “el Hechizado”, la decadencia militar y económica de España le hacen perder su rango de primer potencia europea, luego de ruinosas guerras, aniquilada por sus malos gobiernos, exhaustas sus arcas y totalmente empobrecida. El de los Austrias fue un gobierno que tenía en el origen de la autoridad el absolutismo, aunque ya sea en forma directa o más ade­ lante. por sus ministros o validos supieron reconocer siempre las tra­ bas impuestas a su autoridad y orientaron su accionar por el camino del derecho. No .sólo debía el Rey cumplir el derecho establecido, sino que invitaba a no cumplir sus mandatos cuando estos violaban la le­ gislación imperante (Obedezco, pero no cumplo) o cuando tenían los vicios de obrepción o subrepción (información falsa o incompleta). El pueblo tenía la facultad de pedir revocación de las órdenes reales, injustas o inconvenientes, pero fuera de estas restricciones el Rey era el Supremo Legislador y el más alto Magistrado. En los últimos tiempos de esta dinastía se produce la decadencia española, el descuido administrativo, la entrega de la función real a los validos y ministros, un creciente abandono del espíritu imperial, la pobreza, el estancamiento de las actividades, fallas en el gobierno, pe­ culado, venta de oficios, etc. Cada vez menos las fuerzas del reino (nobleza, clero y represen­ tantes de las ciudades) podrán servir de contrapeso al poderío de los reyes y los cabildos abiertos dejaran de reunirse, especialmente des73

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUaONAL ARC ENTINA

Dr. PJairJa J. G. lU m cr

pues de haber sido abatidas sus libertades comunales en la batalla de Villalar. Los B orbones: A la muerte de Carlos II se produce la guerra de la sucesión, en la que triunfa el heredero instituido Felipe VI (17011746), ei primero de la Casa de Barbón, emparentado con el Rey Luis XIV de Francia. La subida al trono de España implicó la implantación de un nuevo sistema de gobierno inspirado en el despotismo francés, expresado en los conceptos de “centralismo”, “unificación” y “poder personal” de los reyes. La frase que compendiaba el pensamiento de gobierno era la de “Todo para el pueblo, pero nada con el pueblo”. Las Cortes dejaron de reunirse; los Cabildos municipales con las reformas introducidas vieron languidecer sus tradicionales autonomías y la bu­ rocracia estatal más perfeccionada será más un instrumento del Rey que de la Nación. El sistema francés de las Intendencias hace cambiar toda la estructura administrativa, pasando a ser la columna vertebral del nuevo estado. El advenimiento de la dinastía borbónica le otorga un carácter distinto a las instituciones de América, afirmándose un acentuado centralismo, manifestándose cada vez más directa la acción del mo­ narca en la administración del Estado, produciéndose en esta época importantes reformas a través del pensamiento de sus ministros libe­ rales, imbuidos del espíritu del “iluminismo” y del “regalismo” propio de los Borbones. Puede decirse que el absolutismo adquiere en esta dinastía caracteres significativos, cayendo incluso en el despotismo. Durante su reinado, en virtud de la Paz de Utrecht, pierde nuevas posesiones. Los otros reyes Borbones serán Femando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788) y Carlos- IV (1788-1808), quienes tratan de restablecer la grandeza española con la ayuda de Francia, pero no lo­ gran eliminar la preponderancia inglesa. Las vergonzosas situaciones exhibidas por la familia real en este último periodo determinaron la decadencia española, a lo que se agregó el intento de dominación por parte de Napoleón Bonaparte, y la disgregación del viejo Imperio Es­ pañol con las guerras de independencia de parte de las naciones de sus extensas colonias americanas. Femando VII, hijo de Carlos IV, asisti­ rá a las exequias del vasto imperio español. C aracterísticas: Hemos visto la evolución de la monarquía ibé­ rica partiendo de los primeros reyes visigóticos hasta llegar a los Re­ yes Católicos, seguir con la dinastía de los Austrias y terminar con la

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAI. ARGENTINA

Dr. Ricardo J. a lU ^c r

de los Borbones, última que rige a los reinos de Indias en la etapa en que éstos inician su proceso de revolución e independencia. La corona era una entidad que personificaba a la monarquía y que por lo tanto se distinguía del reino o Estado, integrado por el go­ bierno, el pueblo y los territorios, sin confundirse tampoco con la per­ sona de los reyes. La monarquía castellana, por razón del descubrimiento, con­ quista y donación pontificia vino a convertirse también en monarquía indiana. Características: Corresponde ahora hablar de la monarquía como tal. señalando sus características institucionales, más allá de recordar que entre las distintas dinastías existieron, y aún entre los reyes de una misma Casa gobernante, diferencias substanciales en el alcance de sus poderes y las limitaciones que a ellos se oponían. Como expresa Zorraquin Becú, la forma de gobierno que cada uno de estos reinos tenía era la de una monarquía hereditaria, que ge­ neralmente era transmitida por testamento y, a falta de él, llamando al primogénito varón o a sus descendientes. Debe recordarse que Felipe V excluyó de la sucesión a las hijas mujeres. El Rey ejercía todos los poderes o funciones del Estado; era el supremo legislador y podía sancionar nuevas leyes o reformar las existentes y. además, establecer su interpretación auténtica. En materia judicial tenía la atribución suprema en lo civil o criminal, pero no la ejercía en forma personal sino por medio de Consejos y demás orga­ nismos judiciales. En algunos casos delegaban en sus ministros o "validos” muchas de las funciones que le correspondían, aunque otros las desempeñaron en forma personal con singular capacidad. Ningún otro organismo podía limitar o reducir la autoridad de los reyes, no obstante lo cual algunos monarcas, especialmente los de la Casa de Austria, reconocieron la existencia de importantes restriccio­ nes a sus amplias facultades. Por ello, se afirma que en esos casos, no existía una monarquía absoluta total, aunque el absolutismo estuviera en la naturaleza de la institución. Los monarcas ejercían una función o un servicio público: eran Vicarios de Dios “puestos sobre la gente para mantenerlos en justicia y verdad en cuanto a lo temporal”. El primer deber del soberano era asegurar el mantenimiento de un orden justo en la sociedad, a fin de
75

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. R k*rJoJ. C. lUrr*r

realizar el bien común. Ese deber que derivaba de los principios reli­ giosos y m orales, se cumplía respetando el derecho y especialmente las normas más elevadas. De allí que las órdenes y disposiciones con­ trarias al derecho divino y al derecho natural no tenían valor alguno ni debían ser cum plidas por los súbditos. Tampoco debían cumplirse las órdenes “contra derecho o contra la ley o contra los fueros usados” El recurso que tenían los súbditos en esos casos era obedecer o acatar el m andato real y no cumplirlo, como lo establecían las leyes del reino. E! poder del rey era amplísimo, pero sometido al orden jurí­ dico. Cabe señalar que estas normas no se modificaron en la época de los Borbones, pero en la práctica bajo la influencia de las nuevas ideas y concepciones políticas se afirmó cada vez más la tendencia a pres­ cindir de esas limitaciones tradicionales, hasta llegar al despotismo ilustrado que ponía todos los derechos en manos del rey. Durante esta últim a dinastía, se introduce en España la ideología que predominaba en Francia durante el reinado de Luis XIV, en el sentido de que los reyes ya no recibían el poder de Dios por interme­ dio del pueblo y con el consentimiento de éste, sino que lo obtienen directamente de Dios, como “ungidos del Señor”. Esta teoría del dere­ cho divino de los reyes contribuye no sólo a exaltar su personalidad, sino que también los exime del cumplimiento de las leyes, acentuando el absolutismo real. Este absolutismo se afirma con la supresión de la mayor pane de los privilegios regionales y de los Consejos que los re­ presentaban, la decadencia de los otros Consejos, y la centralización gubernativa en tom o al rey, a sus ministros, y a los intendentes que se nombran en cada provincia. Resumiendo, podemos señalar como características instituciona­ les del Rey, las siguientes: 1) Era la más alta autoridad en España e Indias. 2) Las Indias (América) le pertenecían en virtud del descubri­ miento al Rey. No a España, ya que eran considerados “reinos de In­ dias”, propiedad de la Corona. 3) El dominio de las nuevas tierras era personal , absoluto y per­ petuo. 4) Concentraba en sí la autoridad suprema, en cualquiera de los órdenes, sean estas ejecutivas, legislativas, judiciales o militares. Aunque no puede hablarse de división de poderes.

)
MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. H irrrr

5) Era Vicario de Dios dentro de su reino, España e Indias. 6) Las funciones de la monarquía, podían dividirse en las de Go­ bierno, Justicia, Guerra y Hacienda. 7) El Gobierno era realizado tanto en lo espiritual como en lo temporal. 8) La Justicia no estaba confiada exclusivamente a un sólo órga­ no en forma excluyente. 9) En materia de Guerra, estaba a cargo la organización militar, la defensa contra los enemigos del exterior, la protección armada del comercio ultramarino y la campaña contra los indígenas. 10) En materia de Hacienda, correspondía todo lo relativo a la administración financiera, el cobro de los impuestos, y la organización de los funcionarios y medios de percepción. 11) Tenía carácter hereditario, correspondiendo la corona, en principio, al primogénito varón. Debe señalarse que la mayor parte de los órganos o las autorida­ des de Indias ejercían varias de las funciones señaladas, reuniendo en sí lo que hoy llamaríamos poder ejecutivo, legislativo o judicial. Los reinos de Indias nunca intervinieron en el reconocimiento y proclamación de sus monarcas y nunca fueron consultadas al respecto. 4. El Consejo de Indias. Después de la persona del Rey, la más alta autoridad para el co­ nocimiento de los asuntos de América fue el Consejo Real y Supremo de Indias. Origen y evolución: Tan pronto se produjo el descubrimiento se designó, dentro del Consejo de Castilla, como encargado del Despa­ cho sobre los asuntos administrativos de Indias al Arcediano de la Catedral de Sevilla, Juan Rodríguez de Fonseca, mientras las funcio­ nes judiciales se la reservaba al mencionado Consejo. Posteriormente, al producirse el fallecimiento del Rey Femando, se habilitó una sala especial para el tratamiento de estos asuntos lla­ mada “Plenun Consilium Indiarum”, actuando así en forma colegiada y perdiendo Fonseca una pane de su autoridad exclusiva. Al subir al trono Carlos Io en 1517, se rehabilitó a Fonseca, creándose la Supe­ rintendencia para asuntos de Indias. A raíz de una disputa entre Fonseca y Bartolomé de las Casas, se designó a Fray Gerónimo de Loaysa para el gobierno de las Indias en
77

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. KlcnrJoJ. C . ¡U r* r

1522, y dos años después por Real Cédula, se crea definitivam ente el C onsejo Real y Suprem o de las Indias, encargándose la presidencia al religioso Loaysa.

Durante el reinado de Felipe V, en 1714, se crearon las Secreta­ rías de Despacho, con amplias facultades para expedir reales decretos y órdenes del Rey, y al implantarse en 1717 la Secretaría del Despa­ cho Universal de las Indias, el Consejo quedó limitado a sus funciones judiciales y tratar los problemas que se les encomendaban, con lo cual perdió la importancia que había tenido en los siglos anteriores. Sub­ sistió hasta 1812, fecha en la que fue suprimido por las Cortes de Cá­ diz y la Constitución dictada en ese año. O rg a n iz a c ió n : Fue organizado con independencia del Consejo de Castilla, habiéndose producido muchas transformaciones desde su inicio hasta la definitiva supresión. Se trataba de un organismo cole­ giado, con única subordinación al Monarca, integrado por un Presi­ dente y de siete a nueve Consejeros Togados, que debían ser “perso­ nas aprobadas en costumbres y limpieza de linaje, temerosos de Dios y escogidos en letras o prudencia”, que llegó a aumentarse a doce, compuesto de clérigos, letrados y “caballeros de capa y espada”. Dependían del Consejo como “oficiales salariados”, pero sin in­ tegrarlo, el Gran Canciller custodio del Sello Real, dos Secretarios (de Justicia y Gobierno); un Cronista encargado de recopilar crónicas e historias de Indias; un Cosmógrafo encargado de las cartas geográfi­ cas; un Matemático, un Contador, un Tesorero, un Fiscal y un Agente del Real Patronato ante la Santa Sede, con residencia en Roma. Tanto los Consejeros, como los oficiales salariados tenían carácter vitalicio y sus cargos no podían ser comprados. Generalmente estos cargos eran provistos con quienes habían desempeñado magistraturas o dignidades eclesiásticas en Indias, resultando así la culminación de una carrera administrativa o religiosa. Dependían, además, del Consejo otros funcionarios como el Al­ guacil Mayor, con funciones policiales, tres relatores de Cámara que debían leer y resumir los expedientes que debía resolver el Consejo, Escribanos de Cámara, Procuradores. Capellanes, .Defensores de Po­ bres, etc. El Consejo residía en la Corte y tuvo su asiento definitivo en Madrid al ser declarada Capital del reino. A los efectos de sus reunio­ nes se dividían en Salas para tratar temas distribuidos entre ellas pero

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Kc*nk> J. G. / W

dándose preferencia en el tratamiento a aquéllos asuntos que requerían la concurrencia en pleno de los miembros del Consejo, generalmente materias graves de gobierno. Im pedim entos: El presidente y los consejeros tenían rigurosos impedimentos en el ejercicio de sus funciones, por ejemplo no tener encomienda de indios ni negocios particulares en las Indias, no debían recibir dádivas, préstamos o presentes, no debían casar a sus hijos con quienes tuvieran intereses en las colonias, no recibir cartas de reco­ mendación, y guardar estricto secreto de las actuaciones del cuerpo. Funciones: Aunque de acuerdo a las disposiciones de Indias na­ da podía hacerse sin consultar la voluntad del Rey, la realidad fue que el Consejo ejerció casi exclusivamente la más alta autoridad en Amé­ rica y, como se decía en la Recopilación de 1680, "el Consejo de In­ dias tiene la jurisdicción suprema de todas las tierras descubiertas y por descubrir, con facultad de ordenar, previa consulta, las leyes, pragmáticas y provisiones generales y particulares que por el tiempo y para el bien de aquellas provincias conviniere”. En su mayor esplen­ dor, tuvo a su cargo la totalidad de las funciones de gobierno y admi­ nistración. Legislativas: elaborar las leyes, cédulas, ordenanzas, pragmáti­ cas, provisiones reales, todos los cuales venían a servir de fuente del derecho indiano. Los consejeros debían realizar un intenso estudio de los antecedentes antes de dictar nuevas leyes, las cuales debían tener por base la legislación castellana. También intervenía en la confirma­ ción de la legislación dictada por los órganos de Indias que tenían po­ testad para hacerlo. Administrativas: Eran múltiples sus funciones administrativas, nombrando y removiendo con el consentimiento del rey a los funcio­ narios residentes en América y establecía sus divisiones territoriales. Los vigilaba con el envío de jueces “visitadores” y “pesquisadores” manteniendo con los funcionarios coloniales permanente comunica­ ción. Ejercía la censura de los libros que se intentaba introducir o im­ primir en las Indias. Judiciales: Tenía funciones originarias y en grado de apelación En forma originaria lo hacían en causas de suma gravedad que les eran confiadas por real cédula, o pleitos originados en España referidos a asuntos de Indias, los relativos a encomiendas, y los juicios de resi­ dencia y visita, a que debían someterse obligatoriamente al término de
79

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. IVcirJo J. G. lU rrcr

su mandato en el primer caso, y ante sospechas o denuncias, en el se­ gunda. En grado de apelación, actuaba en los recursos de segunda su­ plicación interpuestos respecto de los fallos de las Audiencias colo­ niales o de la Casa de Contratación. Eclesiásticas: Vigilaba el cumplimiento de las prerrogativas rea­ les en virtud del Patronato sobre las iglesias de Indias, conferido a los reyes por los Sumo Pontífices; examinaba bulas, breves, cartas y de­ cretos papales, para concederles su pase y vigencia en las coloniasMilitares: Estas funciones las cumplía a través de las Juntas de Guerra. Hacienda: En una primera etapa tuvo a su cargo todo lo concer­ niente al manejo de la Real Hacienda Indiana, pero a partir del Rey Felipe II, estas funciones les fueron transmitidas a una Junta o Con­ sejo de Hacienda, modificación por la cual perdió gran parte de su autonomía. Im p o rtan c ia: El Consejo tenía jurisdicción en todos los reinos de Indias, que además de los territorios españoles establecidos en América del Sur, Central y del Norte, comprendía las Filipinas y las Islas de Oceania, es decir, todos los territorios de ultramar sobre los que ejercía la más alta potestad en todos los ramos del gobierno. Es de destacar la permanente preocupación de este organismo por hacer cumplir las disposiciones referidas al buen trato de los indios y el co­ metido apostólico de la evangelización. 5. Casa de Contratación. Como señala Ots y Capdequi, la Casa de la Contratación de Sevilia fue , al mismo tiempo que el organismo rector del comércTo*peninsular con las Indias, una institución de gobierno con, atribuciones políticas, especialmente en el orden fiscal, una pieza importante en el ramo de la administración de Justicia y un factor poderoso para el es­ tudio de la geografía colonial y de la ciencia náutica de la época. Fue la prim era institución, cronológicamente hablando, instilada en Espa­ ña con la finalidad específica de gobierno sobre el Nuevo Mundo. O rig en : Antes de su creación, todo lo referido a 1a organización de las expediciones colombinas había sido encomendado al Arcediano Fonseca y al Contador Juan de Soria. En 1493 se había dispuesto, además, la creación de una Aduana especial en Cádiz, para controlar todo lo que se enviaba o se traía de América. La Casa de Contratación
80

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. C. H tr-cr

fue creada por Real Cédula de 1503, integrándose en sus comienzos con un tesorero, un factor y un escribano-contador con funciones ad­ ministrativas y comerciales. Evolución: En sus comienzos, expresa Galletti, se trataba de una simple casa de comercio, almacenes de mercancías y abastos navales. Más tarde tiene por finalidad el estudio y situación del mercado, la compra y venta de mercancías en cuanto ello fuera ventajoso para las colonias, y el registro sistematizado y pormenorizado de todas las transacciones que se llevaban a cabo. Luego se transforma en Tribunal de Justicia y Junta Económica que constituyen sus caracteres funda­ mentales. Tan larga como proficua fue su tarea, con facultades cada vez más amplias, aunque con posterioridad con la creación de los Consulados, sus facultades mermaron sensiblemente. Muy numerosas reglamentaciones diversificaron sus funciones, desde el contralor de lo atinente a la navegación, al fomento del comercio de ultramar, hasta la de actuar como verdadero registro de comercio, con sentido moderno y dinámico. A medida que aumentó el volumen y complejidad de los negocios y asuntos americanos, el organismo fue acrecentando sus atribuciones y su personal. Desde que fue creado el Consejo de Indias, la Casa de Contrata­ ción se mantuvo en estrecha comunicación con aquél alto organismo, viendo disminuir la gran autonomía de que antes gozaba La decaden­ cia que se produjo durante el gobierno de los Austrias menores, en el Siglo XVII, repercutió en forma negativa en su desenvolvimiento y, finalmente, a consecuencia de las reformas introducidas por los Bor­ bones en el Siglo XVIII se precipitó el ciclo histórico de su decaden­ cia. En 1722 se ordenó su traslado a la ciudad de Cádiz, donde siguió funcionando hasta su extinción en 1790. Composición: A los primeros'funcionarios establecidos con oca­ sión de su creación, se irán agregando otros hasta adquirir el rol protagónico que asumió como organismo destinado a fortalecer los descu­ brimientos americanos, aumentando en complejidad sus atribuciones, especialmente a lo largo de todo el Siglo XVI. A mediados de esta centuria, el cuerpo estará compuesto por un Presidente, con dignidad de “Caballero de Capa y espada", al que lo acompañaran tres Jueces oficiales, un Tesorero, Contador, Factor, tres Oidores o Jueces letra­ dos y un Fiscal. Se agregaron, además, el cargo de Piloto Mayor, un
81

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Kcmrdo J. G. flurrxrr

Cosm ógrafo, un Correo Mayor, un Proveedor General de Armadas y Flotas, un Promotor Fiscal y un Comandante de la Maestranza. Funciones: Se ha señalado ya cuales eran sus funciones más im­ portantes. según se resume seguidamente: (Administrativas'; Fiscalización del comercio entre España y las Indias: contralor de las entradas y salidas de los bienes reales; registro de ¡os despachos que la Corona dirigía a sus autoridades americanas; registro de toda clase de objetos almacenados para el apresto de las flotas y compras de materiales; organización y despacho de las expe­ diciones colonizadoras; control de la importación del oro y minerales preciosos para evitar su contrabando; medidas sobre ios bienes de los fallecidos en las Indias: licencia de pasajeros, registros de mercancías, cobro de las rentas procedentes de ultramar, etc. jJudiciales: Una de las cuestiones más debatidas fue la referente a la com petencia de la Casa de Contratación en asuntos judiciales. En 1539 se estableció que la Casa tuviera jurisdicción en materia civil y com ercial para conocer en primera instancia todos los asuntos de la Real Hacienda, Contratación y Navegación de Indias. En 1511 se dis­ puso que todos los pleitos organillos entre mercaderes o marinos que iban a las Indias debían resolverse por los jueces de la Casa. De las sentencias que dictara se podía apelar a la Audiencia de Sevilla o ai Consejo de Indias, según la importancia del pleito. En materia crimi­ na!. la jurisdicción se extendía a los delitos cometidos en los viajes de ida o regreso de las Indias. Tanta importancia llegó a tener la Casa de Contratación en materia judicial que en 1596 su Sala de justicia, inte­ grada por tres oidores, alcanzó la categoría de Real Audiencia, que­ dando bajo la dirección del Presidente. Figuraban además, entre sus atribuciones las de actuar como amigables componedores en las dis­ p utado diferencias entre navegantes. 'E ducacionales y científicas! Promediando el siglo XVI se institu­ yó una oficina hidrográfica y una escuela de navegación, anexándose el personal científico, tal como el Cosmógrafo, encargado de la con­ fección de cartas de navegación. Se creó en 1552 una cátedra de Cos­ m ografía. constituyendo una veráattefá~e5CuéTá~de navegación donde' 'se'eñseñaba la ciencia nautica de la época, y donde, a d e m a s te la ela.boración-de-m apas, se fabricaban instrumentos marinos y se adiestraba v'exam inaba a los pilotos para la travesía del Océano, lo cual estuvo a

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Rkmrxk, J. C. /U r^rr

cargo del Piloto Mayor, siendo el primero en esa función Américo Vespucio. Dice Longhi que bajo su extrema vigilancia el monopolio comer­ cial pudo ser una realidad; ella despachaba desde su puerto único to­ das las naves encargadas del tráfico colonial, ya fueran aisladas al principio o en las grandes expediciones anuales o bianuales que orga­ nizó con destino a Portobello, Panamá y el Callao. Claro está, dice, que su extremado celo fue doblemente perjudicial para América y para España, ya que esto no era otra cosa que la práctica de un sistema eco­ nómico que para desgracia de la Metrópoli y de las Colonias, era el único que entendían los gobernantes de España. Cabe señalar que con la habilitación de gran cantidad de puertos en América y en España, a consecuencia de las reformas introducidas por los Borbones con el Reglamento de Comercio Libre, se consideró innecesaria la continuidad del vetusto organismo, que fue suprimido el 18 de junio de 1780. 6. Ju n ta s de G u erra. Los asuntos militares y navales estaban a cargo de una Junta de Guerra de Indias, integrada por cuatro miembros del Consejo de In­ dias y cuatro miembros del Consejo de Guerra de Castilla, y tenía por función la dirección de los asuntos de gobierno, justicia y hacienda, en tiempos en que algún problema bélico involucrara a los territorios del Nuevo Mundo. Fue creada en 1597. Además de todo lo referido al or­ den militar por tierra y por mar, tenía a su cargo el despacho de las flotas y armadas que viajaban-a las Indias y retomaban con el tesoro real y dineros enviados por los particulares, en miras a garantizar su seguridad. 7. Autoridades residentes en Indias. Son las que se fueron creando en América a medida que se pro­ dujo la conquista y colonización de estas tierras, necesarias para el m ejor manejo de los intereses de la Corona. A los primeros conquista­ dores. por lo general se les confería el titulo de Adelantados. En una segunda etapa desaparece esta Institución que va paulatinamente sien­ do reemplazada por funcionarios de la Corona con el titulo de Gober­ nadores. En una etapa siguiente, al crearse nuevas y mas extensas ju ­ risdicciones se denomina Virreyes a las cabezas de tales territorios.
83

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUaONAL ARGENTINA

Dr. ¡Cardo J. G. Hmttct

Los demás funcionarios se irán creando a medida que ei transcur­ so del tiempo y los requerimientos del buen gobierno lo hicieron asi necesario, aunque indispensable es destacar la presencia desde los primeros tiempos de la institución de los Cabildos. Los A delantados. La primera institución creada para entender en los asuntos de Indias, de carácter unipersonal, es la del Adelantado, haciendo la salvedad de que a Cristóbal Colon por las Capitulaciones de Santa Fe del 17 de abril de 1492 se le habían conferido, además, los tíralos de Virrey y Almirante y Gobernador de los territorios que por él fuesen descubiertos. En la primera etapa de la organización política indiana, los Ade­ lantados constituyen su figura más característica. Puede decirse que la organización de estas empresas iniciales por medio de Capitulaciones representa un sistema intermedio entre la concepción señorial, propia del feudalismo, y la concepción política del Estado. En rigor de ver­ dad, todas las instituciones inicialmente utilizadas para la conquista de América tenían ascendencia medioeval, puesto que era lógico encua­ drar la organización de los nuevos territorios en los moldes y en las fi­ guras ya existentes y conocidos, aún cuando adecuándolas a las nue­ vas circunstancias que se presentaban. O rigen y evolución: Esta institución trasunta el sentido y carác­ ter de la monarquía de los Reyes Católicos, durante la cual persisten características heredadas de los antiguos fueros. La institución tiene su origen en tiempos de la reconquista española, en la lucha contra los moros y, etimológicamente, resulta de “adelantar”, es decir llevar adelante, dice Galleti. Necesitando el Rey extender sus fronteras, adelantar sus dominios, nombraba “Adelantados” a aquéllos que avanzaban en la conquista, asentando poblaciones, y en mérito a su campaña recibían, en el territorio ganado, pleno poder civil y militar. Isabel de Castilla establece la institución en el Nuevo Mundo, otor­ gando las mismas o mayores atribuciones que poseyeron en España. Esta típica institución castellana desapareció al organizarse ad­ ministrativamente las vastas posesiones de España en América y pre­ cisamente al superarse la época de los descubrimientos, es decir al transcurrir el primer siglo de la conquista. Debemos recordar además que el adelantazgo participaba de las características de emprendimiento o empresa costeada por los propios adelantados con concesión estatal, dada la difícil situación por la que atravesaba el tesoro espa84

MANUAL DF. HISTORIA CONSTTTUGONAL ARGENTINA

Dr. JUcmrda J . G. / £ r c ?

nol, situación que mejora ostensiblemente, a medida que se afirma el dominio español en Indias y hace innecesario e inconveniente aquél sistema. En el Río de la Plata hubo cinco Adelantados, Pedro de Mendo­ za, Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, Juan de Sanabria que no pudo con­ cretar su empresa en razón de su deceso, y fue realizada por su hijo Diego, Juan Ortíz de Zárate, cuya tarea fue cumplida por su yerno Juan Torres de Vera y Aragón, fundador de Corrientes. El estudio de sus viajes e historia pertenece a lo que comúnmente se conoce como “época de los Adelantados” Atribuciones, deberes y facultades: El Adelantado firmaba con el Rey las Capitulaciones, contrato de naturaleza especial, por el cual se comprometía a realizar una expedición de conquista de territorios americanos, la cual debía realizar a su propia costa, con el fin de esta­ blecer el dominio de las tierras conquistadas a favor de la Corona, fundar, poblar y asentar nuevas ciudades, cumplir el objetivo apostóli­ co de la evangelización de los indios. En la práctica el Adelantado resultaba tener las mismas faculta­ des que más adelante serán propias de los gobernadores, ejerciendo el gobierno tanto en la esfera política como en la administrativa y mili­ tar. Su cargo tenía carácter de vitalicio y era susceptible de transmitir­ se por una o dos vidas. Es decir que reunía todos los poderes en sus manos. El oficio de Adelantado era de elevada jerarquía, sin llegar a te­ ner carácter nobiliario. Sus atribuciones fueron minuciosamente detalladas en la Reco­ pilación de Leyes de Indias, pudiéndose sintetizar la mismas de la si­ guiente manera: Gobierno y administración: El Adelantado era al mismo tiempo Gobernador. Capitán General y Alguacil Mayor del territorio con­ quistado. Se le daban varios títulos para significar las diversas faculta­ des que les eran concedidas, en vez de señalar en forma expresa sus atribuciones. Entre otras podían trazar los límites de las provincias, fundar ciudades y nombrar a sus autoridades; realiza el primer repar­ timiento de tierra a los pobladores de cada pueblo fundado y enco­ mendarles indios, podía poseer troqueles propios para acuñar mone­ das; tenía también facultad para nombrar los Oficiales reales, que no
85

MANUAL DE IflSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTE'wV

Dr. Ricardo J. G. H m m r

<

hubiese sido prevista en la respectiva Capitulación, como así la de cu­ brir las vacantes que se produjeran. Militares: Debía construir fortalezas necesarias para la defensa de las tierras conquistadas y dotarla de los medios necesarios para cum­ plir ese objetivo, correspondiéndole el mando de todas las fuerzas te­ rrestres y de mar que estaban a su cargo. Legislativas: Dictaba las ordenanzas necesarias para la primera colonización como también para el laboreo de las minas, con un plazo de validez de dos años, prorrogables por confirmación de la Corona.. Judiciales: Como Justicia Mayor, el Adelantado entendía en la apelación de las sentencias de los Corregidores o Alcaldes de las ciu­ dades, y sus fallos podían ser apelados ante el Consejo de Indias. C apitulaciones: Los adelantados firmaban con el Rey las capi­ tulaciones. documentos que si bien revisten la forma de una concesión real, eran verdaderos contratos de derecho público, que entrañaban fa­ cultades y obligaciones recíprocas. Como señala Zarini, el contenido de las capitulaciones no es uniforme; difiere notablemente según la im portancia de los casos y la época en que se conceden, lo que difi­ culta la determinación exacta de las atribuciones conferidas. Ya hemos señalado las obligaciones asumidas por el Adelantado y las facultades de que quedaba investido para el cumplimiento de su misión. A cambio del cumplimiento de lo convenido se le otorgaban mercedes reales, consistentes en una parte del valor de la riqueza re­ caudada, la concesión de tierras, la promesa de otorgar títulos nobilia­ rios, etc. 8. Los Virreyes. El cargo de Virrey fue el más elevado en la organización indiana, ya que representaba a la persona del M onarca y debía ser obedecido como si se tratara del propio soberano. Su nombramiento estaba reser­ vado al Rey. Es necesario recordar que la institución virreinal aparece, cronológicam ente hablando, con posterioridad a la de los Adelantados y a la de los Gobernadores. O rigen: El origen de la Institución, señala López Rozas, es ante­ rior al descubrimiento de América, expresando que hacia fines de la Edad Media la corona de Aragón creó para el ejercicio del gobierno de los dom inios que fue anexando, el titulo de Virrey. Era necesario dar la más alta dignidad y los poderes más amplios a los lugartenientes
86

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Rkardo J. G. Hmnrr

que gobernaban lejos de ia sede real, refiriéndose a los virreyes que se designaron para regir en Cataluña, Cerdeña, Ñapóles y Sicilia. E in­ clusive los hubo en el propio reino de Aragón, pues cuando el monar­ ca se encontraba fuera del reino designaba un virrey que gobernaba en su ausencia. Creación en América: Debe señalarse que antes de realizar Colón su primer viaje, obtuvo de los Reyes Católicos la Capitulación de Santa Fe el 17 de abril de 1492, por la que se le concedía el titulo de Virrey y Gobernador de las tierras que descubriera, pero este nom­ bramiento tuvo más un carácter honorífico que efectivo. Corresponderá al rey Carlos Io de España, el primero de los Austrias, institucionalizar este cargo en el Nuevo Mundo, con la crea­ ción de los virreinatos de Nueva España en 1535 y del Perú en 1544 y, dos siglos después, se van a subdividir éstos, dando lugar a la creación de los de Nueva Granada en 1739 y del Río de la Plata en 1776. Es necesario recordar que la institución virreinal, como todas las instituciones jurídicas indianas, va cambiando su estructura y aún sus funciones, según los lugares y los momentos políticos e históricos. A tribuciones y facultades: Ya hemos señalado la jerarquía de este funcionario dentro de la organización gubernativa de Indias. Si bien se los consideraba como la “encamación misma del Rey, el otro yo del soberano español en las colonias”, y la representación directa del monarca, al extremo de estar dotados de las más amplias atribu­ ciones para hacer cuanto podía hacer el rey, no es menos cierto, que estas facultades estaban restringidas por otras disposiciones que ex­ presa o tácitamente, recortaban la amplitud de aquéllos poderes. En tal sentido, podemos resumir cuáles eran aquellas facultades: Políticas: Todas las autoridades del Virreinato estaban sometidas a su jurisdicción, con excepción de los Adelantados, lo cual fue causa de muchos conflictos, que desaparecieron a medida que terminaban los “adelantamientos”. Legislativas: Dictaban Ordenanzas, reglamentos e instrucciones para el cumplimiento de las disposiciones reales, aunque en muchos casos debía hacerlo en acuerdo con la real Audiencia y en algunos ca­ sos con el Cabildo. Cabe señalar que sus disposiciones legislativas sólo podían dejarse sin efecto por el Consejo de Indias o por el propio Rey. La inmensidad de las distancias, la dificultad de comunicaciones con la metrópoli y la urgencia de los múltiples problemas a resolver.
87

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RUardoJ. G. ÍU rrrj

que en cada caso se le presentaban, obligaba a los Virreyes a decidir por si y ante si, sin plantear la cuestión a los organism os'm etropolita­ nos, al extrem o de que los propios monarcas los autorizaron a modifi­ car y aún suspender las Reales Cédulas, cuando las circunstancias así lo exigieran imperiosamente, mediante la formula de “se acata, pero no se cum ple”. Administrativas: Nombraban a los empleados cuya designación no correspondiera a la Corona; y proponía al Rey la designación de los gobernadores de su jurisdicción; podía suspenderlos y pedir su desti­ tución; repartían tierras o autorizaban la venta en remate de los bienes realengos; realizaban los censos de población; entregaban indios en encomienda; ejercían la superintendencia de las obras públicas; perci­ bían las rentas reales, procurando incrementar los ingresos del tesoro; promovían la agricultura, la ganadería, la explotación minera y el co­ mercio, y la vigilancia del orden público. Debía fomentar la actividad colonizadora procurando la fundación de nuevos pueblos y ciudades. Resolvía las causas contencioso-administrativas y presidía el Cabildo m etropolitano. Resolvía también las cuestiones de com petencia que se producían entre los distintos funcionarios bajo su mando. Judiciales: Era presidente de la Real Audiencia Virreinal, a la que dividía en Salas, controlando su funcionamiento mediante inspec­ ciones; juzgaba a los indios con asistencia de un Oidor letrado; nom­ braba jueces para causas especiales, y asistía a los juicios de residen­ cia. Inspeccionaba las cárceles y tenía la facultad de indultar penas. Militares: Tenían el mando de las fuerzas de mar y tierra asigna­ dos al Virreynato; reclutaban tropas, ordenaban construir fortificacio­ nes, sostenían los cuarteles y hospitales militares y ejercían las fun­ ciones judiciales en el fuero castrense. El Virrey podía conceder as­ censos y resolvía las expediciones contra los indios y. aún, las guerras contra sus vecinos hostiles a España. Por lo general el Virrey era un militar de reconocido prestigio, y su titulo agregado al de Virrey era el de Capitán General. Religiosas: Tenía a su cargo el ejercicio del Real Vice-Patronato, ejerciendo importantes funciones, colaborando con el clero en el cum­ plimiento del objetivo evangélico de la conquista en las empresas mi­ sionales, controlando la edificación, organización y funcionamiento de los tem plos, conventos, colegios y hospitales que eran creados y sos­ tenidos por la Iglesia. Controlaba también la recaudación de los im­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. ¡dardo J. C. ¡Ism y

puestos que la Iglesia debía satisfacer a la Corona. Castigaba a los blasfemos, hechiceros, amancebados y demás “pecados públicos”, de­ biendo intervenir en el logro de la paz y conformidad entre los prela­ dos y eclesiásticos. Hacienda: Vigilaba la percepción de las rentas reales, que estaba a cargo de un tesorero, un contador y un depositario de cada ciudad, además de un Tribunal de la Reai Hacienda establecido en la capital dei Virreinato, al que también presidía. Para los gastos extraordinarios debía requerir la autorización de la Real Audiencia. Tenía a su cargo el cuidado de la conducción de los metales preciosos hacia las Cajas Reales y de su despacho hacia la Casa de Contratación de Sevilla. Or­ denaba la cantidad de moneda que podía acuñarse y, en caso de nece­ sidad, recibía del Rey la autorización para percibir donativos de veci­ nos acaudalados o recabar empréstitos más o menos voluntarios. De­ bía mantener una estricta vigilancia para evitar y reprimir el comercio de contrabando. Obligaciones y prohibiciones: El Virrey debía consignar en una memoria sus experiencias de gobierno para que pudieran ser aprove­ chadas por su sucesor. Debía consignar en un documento llamado "pliego de mortaja”, el nombre de la persona que debía hacerse cargo del Virreinato en caso de su fallecimiento y hasta tanto el Monarca proveyese lo necesario. A falta de este instrumento, en caso de su muerte, lo reemplazaba la Audiencia en pleno, de la misma manera que en caso de ausencia temporaria del asiento del virreinato, lo reem­ plazaba el Oidor más antiguo. Tenía obligación de informar minucio­ samente al monarca de todos .los pormenores de su gestión y debía someterse a los juicios de residencia y de visita. El Virrey no podía tener propiedades ni encomiendas de indios en su jurisdicción, ni vincularse social o familiarmente con sus gober­ nados, estándole prohibido contraer enlace él o cualquiera de sus fa­ miliares, con personas domiciliadas en su jurisdicción, salvo dispensa real. Es decir, que en todo debía parecer superior y equidistante como un monarca. D uración: A los primeros virreyes designados para América se les dio el titulo con carácter vitalicio, pero luego se fueron estable­ ciendo plazos que se extendían de tres a cinco años, aunque este pe­ riodo no era estricto, ya que el monarca podía reemplazarlos cuando lo
89

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUaONAL ARGENTINA

Dr. R ia rJo J. G. //Wrrcr

creyera conveniente. No podían abandonar su puesto hasta la llegada del sucesor. ........... 9. Capitanes Generales. Ya hemos señalado que los Virreyes tenían además el titulo de Capitán General, esto es. que estaba a su cargo todo lo referido al mando de las fuerzas de mar y tierra de su jurisdicción. Pero por múl­ tiples razones, algunas demarcaciones territoriales ubicadas en regio­ nes fronterizas, escasamente colonizadas, que requerían una autoridad de mano fuerte para asegurar la paz y el mantenimiento del orden pú­ blico, y exigencias apremiantes de índole militar, fueron creadas como Com andancias o Capitanías Generales, tal el caso de la Capitanía Ge­ neral de Chile. El alto funcionario que allí se designaba ejercía, con respecto a su circunscripción, funciones análogas a las del Virrey, con sus mismas facultades y restricciones. Para esta función siempre se designaba a un militar de probada competencia en el arte de la guerra. Cumplía generalmente sus funciones con la asistencia de una Junta de Guerra y un Auditor, encontrándose entre sus tareas específi­ cas. además del gobierno y administración de la Capitanía, el reclutar tropas, adm inistrar víveres y municiones, sostener cuarteles, hospitales militares, dirim ir las contiendas castrenses venidas en grado de apela­ ción y preocuparse por la defensa y fortificación de su territorio. 10. Gobernadores. El Gobernador indiano constituye la figura más representativa del régimen establecido por España en el Nuevo Mundo, desde su or­ ganización definitiva en el Siglo XVI hasta la implantación de las In­ tendencias a fines del Siglo XVIII. Cabe destacar, como lo señala Zorraquín Becú, se llamaba gobernador a todo el que ejercía la función de gobierno, desde los virreyes hasta los mandatarios de las provincias subalternas, y a este oficio se agregaban generalmente funciones de justicia y de guerra que configuraban la magistratura más alta de cada región. O rigen y evolución: Como en otros casos, el cargo de Goberna­ dor aparece antes del descubrimiento de América ya que en las cono­ cidas capitulaciones celebradas por Colón en 1492, antes de empren­ der su histórico viaje, se le concedió a su pedido, el titulo de Virrey y G obernador de todas las tierras firmes e islas que descubriese.
90

MANUAL DE HISTORIA COCSSTmjCIONAL ARGENTIXV

D r. R icnráo J . G. lU n ^ y

En los reinos aragoneses existían desde mediados dei Siglo XIV gobernadores generales que ejercían el mando en ausencia del sobera­ no, en su condición de delegado de éste. En Cataluña, Aragón, Ma­ llorca, Valencia y Cerdeña, hubo gobernadores que ejercían elevadas funciones, siempre subordinadas al Rey. También en Castilla algunos funcionarios eran conocidos como “gobernadores”, aunque su titulo oficial fuera otro. El cargo de gobernador va a aparecer en Indias años después configurando una creación original. En 1499 los reyes católicos en­ comendaron a Francisco de Bobadilla la gobernación y oficio del Juz­ gado de las islas y tierra firme, ordenando fuera reconocido como “ju ez gobernador”, sucediéndose posteriormente designaciones simila­ res en todo el nuevo mundo. Estos nombramientos significaban la creación en Indias de una nueva magistratura que sólo en parte tenia precedentes españoles, ensayándose una creación institucional por ra­ zones circunstanciales. A las dos funciones primitivas se agregó des­ pués la de guerra incorporándole el titulo de Capitán General, dejando asi debidamente perfilada la nueva institución. Cabe señalar, siguiendo al autor mencionado, que el titulo de go­ bernador se dio tanto a los que habían capitulado con el Rey para rea­ lizar determinadas conquistas, como a los que actuaron más adelante como funcionarios administrativos designados para una provincia que ya estaba poblada y organizada. Los primeros recibían por lo general un nombramiento vitalicio, la tenencia de una fortaleza, el cargo de Alguacil Mayor, como así la posibilidad de atribuirse una extensión de tierras o una encomienda de indios. Concluida la conquista desapareció esta clase de gobernadores "capitulantes”, suprimiéndose los resabios feudales, siendo en ade­ lante sólo funcionarios administrativos, con sueldo fijo, carga tempo­ rario y poderes limitados, encargados de gobernar una provincia ya organizada. Designación y clases: Los gobernadores eran nombrados por el Rey a propuesta del Consejo de Indias, aunque los virreyes tuvieron la facultad de proponer candidatos para esos cargos, y aún de designarlos provisoriamente para cubrir vacantes. Dentro de la clase de gobernadores “administrativos” aparecen cuatro categorías que se distinguen nítidamente por su diversa jerar­ quía, a saben Io) Los virreyes eran también gobernadores del distrito

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUQONAL ARGENTINA

Dr. Riendo J. G. H urey

en el cual ejercían el mando directo; 2o) Los presidentes de las Au­ diencias pretoriales o subordinadas gobernaban la provincia m ayor sobre la cual tenía jurisdicción el tribunal; 3o) Los gobernadores y C a­ pitanes Generales que presidían una provincia menor; y 4o) Los go­ bernadores subordinados que ejercían su función en una provincia menor, bajo la dependencia de cualquiera de los anteriores. En esta última categoría se encontraban los Corregidores así llamados en una com arca o Alcaldes Mayores, en otras, limitados generalmente al go­ bierno de una ciudad y sus términos, siendo los jefes políticos y admi­ nistrativos de su jurisdicción y, a la vez, jueces superiores de los A l­ caldes ordinarios. Una vez concluida la etapa de organización, las provincias india­ nas aparecen regidas políticamente por gobernadores de las tres prime­ ras categorías. Todos ellos ejercen la función con gran autonomía, aunque subordinados jerárquicamente al Virrey, cuyas órdenes debían acatar, aunque nunca quedó bien precisada esa dependencia, actuando con gran libertad en la esfera de sus atribuciones. A tribuciones y facultades: Con la aclaración referida a las dis­ tintas categorías de funcionarios que llevaron la designación de Go­ bernadores, podemos sintetizar sus funciones de la siguiente manera: Gubernativas: La función de gobierno era amplísima y com pren­ día vastas atribuciones vinculadas con el desarrollo espiritual y mate­ rial de las poblaciones. Tenía a su cargo resolver las cuestiones admi­ nistrativas, las que podían ser apeladas ante el Virrey. Podía proponer la designación de funcionarios y empleados y le correspondía presidir el cabildo metropolitano de su jurisdicción, aprobar la elección de sus miembros y vigilar el funcionamiento del cuerpo. Debía realizar pe­ riódicas visitas a los términos de su provincia, para informarse perso­ nalm ente de su marcha. Podía designar un Teniente General que a ve­ ces era letrado y que desempeñaba las funciones políticas, judiciales o militares que aquél le señalaba, y podía reemplazarlos en caso de muerte o ausencia. Legislativas: Podía sancionar ordenanzas relativas a la condición de los indios y al régimen de las ciudades, aunque esta actividad deca­ yó posteriormente cuando en la Recopilación de 1680 se dispuso que antes de sancionar nuevas leyes informara al Consejo de Indias a fin de que éste resolviera.
92

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Rjcanb J. G. lltr w r

Militares: Comandaba, bajo la dirección dei Virrey, ias tropas establecidas en su jurisdicción. _ - --------------Judiciales: Como se dijo, el gobernador en un principio era Justi­ cia Mayor, ante el cual se podían recurrir las sentencias dictadas por los Alcaldes. Más adelante sólo conocerá de causas penales que le lle­ gan por vía de apelación, y los fallos que dictaba eran recurribles, a su vez, ante la Real Audiencia. Eclesiásticas: El Gobernador debía cooperar con las autoridades eclesiásticas para difundir la religión, proveer los curatos a propuesta en tema de los Obispos, informar acerca de las iglesias y hospitales que era necesario erigir. Cabe anotar aquí que los gobernadores mantenían corresponden­ cia directa con las autoridades metropolitanas y recibían también en forma directa las órdenes de ellas, sin pasar por la vía jerárquica del Virrey. Una manera de tener un directo control de ¡a marcha de los asuntos de Indias, sin que los funcionarios coloniales pudieran atarse a lealtades inconvenientes con sus similares de mayor jerarquía. Para ejercer el mando en cada una de las ciudades que no eran capitales de provincia, se nombraban Tenientes de Gobernador, que eran además Capitanes a guerra y Justicia mayores, cumpliendo las órdenes del mandatario provincial. D uración: El nombramiento del gobernador emanaba del Rey. a propuesta del Consejo de Indias y en un principio era por tiempo in­ determinado o vitalicio. Con posterioridad a la Recopilación de las Leyes de Indias se establece una duración de tres años en el caso de personas establecidas en América, y de hasta cinco años, para aquéllos que debían trasladarse desde la Metrópoli. En caso de muerte eran inmediatamente reemplazados por el Te­ niente General de la Gobernación, y a falta de éste por los tenientes de gobernador en cada ciudad subalterna y por el Alcalde de primer voto en la ciudad Capital. Prohibiciones: Les estaba vedado a los Gobernadores tener o celebrar negocios dentro de su jurisdicción, ni procurarse granjerias por si o por interpósita persona, ni a negociar con el sueldo de los em­ pleados inferiores, según se determinaba en la Recopilación referida. Al asumir su cargo debía realizar un inventario de sus bienes, para determinar en oportunidad del juicio de residencia, al que estaban
93

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RicmrdoJ. G. lU m cr

obligados com o todos los funcionarios coloniales superiores, si su pa­ trimonio había engrosado notoriamente. Los gobernadores indianos no podían establecer impuestos ni de­ cretar gastos y en los casos de urgencia o de invasión de enemigos po­ día realizárselos con aprobación del Virrey. No manejaban la Real Hacienda ni aprobaban las cuentas de los oficiales, pero debían juntar­ se con ellos semanalmente para procurar el aumento de los recursos. 11. Organismos co le g ia d o ^ ^ h ü ¿ o sT j A través de toda la conquista y colonización de América, dice López Rosas, numerosas instituciones se arraigan en el continente americano. Algunas dan poco resultado y otras sólo proliferan en de­ terminadas regiones o son creadas solamente para un singular mo­ mento histórico. Así, adelantazgos, capitanías generales, intendencias, consulados, gobernaciones o virreinatos van cambiando al pasar de las épocas. Unas son suprimidas ante la experiencia institucional; otras son modificadas o reestructuradas; y lo que era aceptado en tiempo de los Austrias deja de funcionar en época de los Borbones. Solamente una institución permanece a lo largo y a lo ancho de toda América, y ésta es el órgano colegiado Cabildo. Fundada una ciudad en lo más remoto del continente, podrá care­ cer de organización, habrá conflictos de jurisdicciones acerca de su dependencia, carecerá de las cosas más elementales, pero cumplido el rito de la fundación, habrá necesariamente un Cabildo. A partir de ese momento este Cabildo tendrá que afrontar todos los problemas, desde lo meramente municipal hasta la solución de la paz o la guerra en su lucha contra los piratas o los indios. Tendrá que improvisar su vida, enfrentar el hambre, la seca, la langosta y las pestes, tendrá que forta­ lecer sus instituciones, designar sus sucesores y velar por todos para sobrevivir. Y en medio del desierto, aislado por distancia de leguas de las más cercanas poblaciones, conformará su propio estilo de vida. O rig en y evolución: Analizando esta institución, dice el autor citado, que el signo característico y fundamental del pueblo español es su "individualism o”, signo bajo el cual se realizó la conquista de América y conformó sus instituciones desde siglos atrás. Dice que ese espíritu individualista, proveniente de los celtas e íberos, dio origen a un verdadero espíritu regional, influido por las condiciones físicas y

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Wc*rdo J. C. /£u-»tr

geográficas y acentuado luego por las posteriores invasiones, primero de los romanos y luego de los visigodos. Este espíritu que animaba a los antiguos ayuntamientos españoles de la Edad Media, ya en franca decadencia frente al avance del poder absoluto de los monarcas que afirmaba la unificación española con la expulsión de los moros, será trasplantado a América y allí recuperará el perdido vigor de otras épocas. Las nuevas circunstancias geográficas y sociales van a imprimir a esta Institución una gran vitalidad. Y ellos servirán, además de satis­ facer las elementales necesidades de las poblaciones a las que regían, un valladar para hacer frente a los privilegios de los descendientes de los fundadores y a los desmanes de la alta burocracia venida de Espa­ ña. Los Cabildos, que cumplieron una tarea fundamental, van a sen­ tir también, con la marcha del tiempo, su decadencia provocada espe­ cialmente cuando se produce la venta de los oficios concejiles, cayen­ do éstos en manos de verdaderas oligarquías, más atentas a la satisfac­ ción de vanidades sociales que a la defensa de los intereses ciudada­ nos, como afirma Ots y Capdequí. Y esta decadencia se acentúa aún más con el advenimiento del régimen intendencial, que le quita mu­ chas de sus atribuciones y especialmente los recursos llamados “arbi­ trios”. Sólo en los últimos años de la dominación española en Améri­ ca, con el relajamiento de los poderes del Estado, vuelven los munici­ pios coloniales a dar muestras de mayor actividad social y política, y algunos de ellos, como el de Buenos Aires, tuvieron papel decisivo en las luchas por la Independencia, afirma el autor citado. Composición y funciones. Los Cabildos tenían distinta compo­ sición, según rigieran la vida de ciudades diocesanas o bien de las su­ fragáneas. El nombramiento de los distintos funcionarios u “oficios concejiles” del primer Cabildo, correspondía a la persona a quien se había confiado la erección de la ciudad. Pero en los casos en que la ciudad hubiese sido fundada por un grupo de vecinos, situación que en algunos casos se daba, la Recopilación de 1680 los facultaba para que entre ellos mismos eligieran a los Alcaldes Ordinarios y a ios oficia­ les, los que se renovaban en forma anual. Los Alcaldes Ordinarios tenían a su cargo el ejercicio en prime­ ra instancia de la justicia ordinaria, tanto en materia civil como crimi­ na!, cuyos fallos podían ser recurridos a los Corregidores o Gobema-

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARC ENTINA

Dr. R¿*rdo J. G. lUt-rer

dores, que por tal motivo eran llamados Justicias Mayores. Estos Al­ caldes eran elegidos anualmente por los propios cabildantes, y fueron oficios que no eran vendibles, como ocurrió con otros, tales los Escri­ banos, Alguaciles, Alféreces, Regidores, Fieles ejecutores, etc. Los R egidores tenían como atribución todo lo referido a la poli­ cía de abastos e intervenir en las obras públicas de la ciudad. También corría a su cargo la visita de cárceles y el desempeño de la función de Alcalde en caso de ausencia o muerte de éstos. Tenían obligación de concurrir a los ejercicios militares, cuando concurrieran el Gobernador o el Capitán General y además vigilaban la administración de los hos­ pitales existentes en la ciudad. El A lférez Real era el encargado de pasear el estandarte real en las ceremonias públicas, tenía voz y voto en las reuniones del Cabildo y en caso de ausencia o muerte de los Alcaldes podía sustituirlos. Los P ro cu rad o res tenían como misión representar al Cabildo ante las más altas autoridades, tales como Audiencias y Tribunales e inclusive ante el Consejo de la Corte del Rey- Su elección se realizaba por medio de los Regidores y únicamente en Cabildo cerrado. Cuando se presentaba algún caso que por su gravedad hiciese necesario que alguna ciudad enviase a España su Procurador, el Cabildo debía obte­ ner previamente la licencia del Virrey o la Audiencia del distrito a que pertenecía la ciudad. El Procurador debía estar presente en los repar­ timientos de tierra o de ganados. Fieles Ejecutores. Su función específica era la de intervenir en la policía de Abastos de la ciudad, tarea que cumplía en compañía del Regidor. Ponía precio a los abastos que se traían a la ciudad, determi­ naba los lugares donde debía tirarse la basura, vigilaba la venta en las pulperías evitando se excediese el precio fijado para mercaderías de primera necesidad como el pan, hortalizas, pescados, etc. Para el me­ jo r cumplimiento de su misión se le concedió el ejercicio de ciertas fa­ cultades jurisdiccionales en asuntos de su incumbencia. Alguacil M ayor. Era su tarea la de prender a las personas que se les mandara y se les encomendaba hacer cumplir las órdenes y man­ dam ientos de los Gobernadores, Alcaldes Ordinarios y demás funcio­ narios judiciales. Tenían también a su cargo perseguir los juegos prohibidos y “los pecados públicos’’. E scribanos y Depositarios: El Escribano debía llevar el Libro de Acuerdos, donde se asentaban las resoluciones del Cabildo. Esta96

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARCENTINA

Dr. Riendo J. G. I h m r

bar, obligados a guardar secreto absoluto de lo que se tratare, hasta el punto de que no podía ser obligado a quebrantar ese secreto. El nom­ bramiento de Depositario General competía al Cabildo, y este funcio­ nario tenía a su cargo los depósitos de los bienes que eran motivo de litigios y debía dar cuenta detallada al Escribano del detalle de lo reci­ bido. con indicación de la fecha en que se recibió el depósito. FuncionamientorLos Cabildos sólo podían reunirse en las Casas Capitulares y estaban integrados por los Alcaldes Ordinarios y los Re­ gidores, los que eran presididos por el Gobernador o su lugarteniente. Los Corregidores y Alcaldes Mayores podían entrar libremente en los Cabildos, pero en cambio se prohibía la entrada a los Oidores,-inte­ grantes de las Audiencias, y tanto a éstos como a ¡os Virreyes se les ordenaba que no impidieran la elección de sus componentes. Otros funcionarios que tenían voz y voto en los Cabildos, como ya hemos dicho, eran los Alféreces como también el Alguacil Mayor y los Oficiales Reales de la ciudad donde residieran ejerciendo sus fun­ ciones. AtribucionesrLos Cabildos tenían facultades legislativas, pudiendo redactar o confirmar Ordenanzas para el buen gobierno de las ciudades, aunque sujetas a la aprobación superior. Tenían facultades electivas, ya que como es sabido, podían elegir a los miembros del siguiente Cabildo, que tenían mandato por un año. El Cabildo tenía facultades para conocer en grado de apelación en ciertas causas falladas por los Justicias Ordinarios en primera ins­ tancia, y sus decisiones no eran'apelables hasta cierto monto. Cuando ¡as sumas del pleito superaban los montos señalados se podía apelar al Gobernador o Alcalde Mayor, pero si la cuantía era superior a 500 pe­ sos podía apelarse al Consejo de Indias o a la Audiencia Virreinal. Además el Cabildo tenía facultades de policía, pudiendo-castigar los actos que atentaran contra las buenas costumbres, regulaban los honorarios que podían cobrar ciertas actividades, intervenían en los repartimientos de solares, y en la vigilancia de obras y servicios públi­ cos Las atribuciones que hemos mencionado eran propias de los Ca­ bildos “cerrados”. Los Cabildos “abiertos” prácticamente no aparecen mencionados en la legislación de Indias, y sólo en situaciones excep­ cionales habla de esa posibilidad para la elección de Regidores en los lugares de nueva fundación, o cuando determina que la elección de los
97

MANUAL DE HISTORIA CXhNSTITUClONAL ARGENTINA

Dr. R ía n lo J. G. H*rrx-r

Procuradores sea hecha por los Regidores y no por “Cabildo Abierto’’. No obstante, es sabido que en los tiempos de descomposición del ré­ gim en colonial se hizo uso de esta facultad extraordinaria. Importancia en el Derecho Constitucional Argentino. Los autores se plantean acerca de si los Cabildos fueron o no cuna de nuestra democracia representativa. Y también si ellos fueron el origen de nuestras acruales provincias. Siguiendo el pensamiento de Galletti digamos que en el primer caso, se señala que los Cabildos se organizaron con la ciudad misma (ciudad-cabildo) y que intervenía directamente en los asuntos atinen­ tes a la ciudad, y así se lo compara con los viejos Concejos castella­ nos. A lo largo de nuestra historia política vemos en numerosas oca­ siones interviniendo el Cabildo como autoridad soberana y convirtién­ dose en otras como poder constituyente. No podemos dejar de recor­ dar que en el Cabildo Abierto de 1810, el pueblo de Buenos Aires por m edio de esta Institución ejerció el derecho de retroversión del poder, y no es menos cierto que el Fiscal de la Real Audiencia Genaro de Villota, reclamó la presencia de los demás pueblos del interior, confián­ dose la elección de sus diputados precisamente a los Cabildos de cada una de las futuras provincias. Recordemos también que cuando se producía la vacancia del poder por distintas razones, el Cabildo de Buenos Aires pretendía ejercer el poder que le había sido retrovertido en 1810. Es cierto que la elección de los miembros de los cabildos coloniales estaba circunscripta a un grupo restringido, pero alr menos tenía el mérito o el valor de que eran los propios habitantes de estas tierras, los que designaban los funcionarios que regían la ciudad, más allá de que otros principales funcionarios, como gobernadores, te­ nientes, etc. venían nombrados desde la metrópoli. En tai sentido se podría hablar de una democracia restringida, pero democracia primiti­ va o atisbo de democracia al fin. El otro punto está referido al Cabildo como origen de nuestras actuales provincias. En general se admite que cada uno de los Cabil­ dos coloniales con sus respectivas jurisdicciones terminaron convir­ tiéndose en ¡as primeras catorce provincias fundadoras de nuestra Na­ ción. La circunstancia de que en la Banda Oriental existiesen varios Cabildos, y en Buenos Aires y Entre Ríos dos, pareciera ser la excep­ ción que confirma la regla, pues el resto del país se dividió en provin98

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. Ricardo J. G. f t j i t t

cias tomando como cabeceras, cada una de ellas, la ciudad donde teníai asiento el Cabildo. i La excesiva ingerencia del Cabildo de Buenos Aires cir-tos' asuntos políticos va a determinar al Gobernador Martin Rodríguez, por acción de su ministro Bemardino Rivadavia, la supresión tie sus dos cabildos, política que será seguida rápidamente por todas las-p vincias. El régimen municipal, que era parte de las funciones del Ca­ bildo, recién será restablecido al dictarse la Constirución de 1853. 12^E! Consulado. [ Con el objeto de desarrollar el comercio se creó en Burgos (Es­ paña) un Consulado o Casa de Tratantes, facilitando a sus miembros el transporte y colocación de sus mercaderías. Los altos beneficios al­ canzados por la nueva institución determinaron más tarde a los comer­ ciantes de Sevilla a presentar un petitorio al Rey para establecer idén­ tico organismo en aquella ciudad. En el trasplante de las Instituciones metropolitanas a América no faltó el Consulado que los reyes crearon primeramente en Méjico y después en Lima. La causa de la creación en aquellas dos ciudades se debía a que el comercio entre España e Indias pasaba únicamente por aquellas. La administración de justicia en lo comercial estuvo a cargo de los Consulados, una vez que fueron creados en América y sus fallos, en causas por montos superiores a 1.000 pesos fuertes, podía apelarse ante la Audiencia que a ese efecto se constituía en Tribunal de Alzada, integrado por el Oidor Decano y dos Oidores nombrados por él entre los candidatos propuestos por las partes interesadas. Las reformas introducidas por ¡os Borbones al dictarse el Regla­ mento de Comercio Libre en 1778, facilitaron el desarrollo del comer­ cio en todo el continente, con la apertura de nuevos puertos, lo cual favoreció especialmente al Río de la Plata, hasta entonces relegada en el aspecto comercial. Por Real Cédula de 1794 se creó el Consulado en la ciudad de Buenos Aires, el cual además de tener funciones de Junta Protectora del Comercio y de Fomento Económico, era tribunal en asuntos co­ merciales y entendía además en todas las causas por delitos cometidos durante la navegación. Este tema será ampliado al tratárselo en el Ca­ pítulo V.

MANUAL. DE HISTORIA CO-NSTITUO0NAL ARGENTTiA

Dr. R ^ r d o J . C. IU ttct

Era un organismo predominantemente judicial. Las primeras fun­ ciones judiciales en América fueron desempeñadas por el descubridor Cristóbal Colón. Las Capitulaciones firmadas con la Corona le conce­ dían como privilegio el administrar justicia en los territorios que des­ cubriera, y de la misma manera se establecieron cláusulas semejantes con relación a las facultades de los Adelantados que continuaron el proceso de descubrimiento y conquista. Una vez que Castilla tomó conciencia de la necesidad de estable­ cer la administración de las Indias sobre bases estables, se crearon las A udiencias similares a los organismos ya existentes en España. La primera Audiencia americana fue establecida en Santo Do­ mingo en el año 1511. Estos altos tribunales de Justicia llegaron a re­ vestir mayor autoridad que los establecidos en la metrópolis, dada las enormes distancias que existían entre los súbditos y el Rey. En su ori­ gen la Audiencia americana tuvo como modelo a las Reales Audien­ cias de Valladolid y Granada, pero pronto se diferenciaron de estos precedentes, ya que adquirieron importantes funciones de gobierno que en España no tenían. Las audiencias americanas pueden ser clasificadas en tres grupos: a) las Virreinales, presididas por el Virrey; b) Pretoriales, presididas por el Gobernador y c) Subordinadas, presididas por un presidente to­ gado. Todas ellas estaban integradas por cinco oidores, un canciller que guardabael sello real, un fiscal en lo civil, otro en lo criminal, un alguacil y varios tenientes. El Fiscal intervenía en las causas en las que estuvieran en juego los intereses de la Real Haciendo o del Real Patronato. No obstante ser un organismo predominantemente judicial, sus funciones eran más amplias que las de un mero tribunal de justicia, pudiendo clasificarse en Políticas: Ejercitaban un contralor de la actividad del Virrey o del gobernador en su caso, siendo un contrapeso de su autoridad, aconse­ jándolos en los casos de gravedad institucional. Entendían en el juicio de residencia del Virrey y, además, en caso de ausencia temporal de éste, lo reemplazaba el Oidor más antiguo. En el caso de producirse acefalía, asumía el cuerpo en pleno como “Audiencia gobernadora” hasta tanto el monarca designara al reemplazante.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA

Dr. RxmrJo J. G. Hmrrrr

Judiciales: Eran Tribunal de primera instancia en los juicios im­ portantes, y actuaba como Tribunal de Apelación de los fallos emiti­ dos por los tribunales inferiores (Alcaldes, Alcalde Mayor, etc.). En las Audiencias Virreinales había Alcaldes del Crimen, en cuyo caso actuaba como tribunal de apelación presididos por el Virrey. Administrativas: Tenía a su cargo el cuidado de los intereses fis­ cales y autorizaba a la autoridad superior la realización de gastos ex­ traordinarios, Conocía en todo lo referido a los diezmos y patronato y estaba facultada para enviar jueces pesquisadores contra cualquier autoridad de su jurisdicción. Los Oidores gozaron en América de grandes honores y preemi­ nencias, y el Virrey debía considerarlos sus iguales y en ningún caso

■ as**-

MANUAL DE HJSTORLV CONSTTTUQONAL ARGENTINA

Dr. JVcxrdo J. C. Hmt^

t

Bibliografía consultada y utilizada.

ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA. “Nueva Historia de la Nación Argentina’’ Tomo 1“ GALLETTI, Alfredo. "Historia Constitucional Argentina” Tomo Io j LAFONT, Julio B. “Historia de la Constitución Argentina” Tomo 1° ! LEVENE, Ricardo. “Manual de Historia del Derecho Argentino” i LEVENE, Ricardo. "Historia del Derecho Argentino” Tomo Io ¡ LONGHI, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar! gentino y Comparado” | LÓPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar- ! ! gemina” OTS Y CAPDEQUI. José María. “Instituciones” OTS Y CAPDEQUI, José María. Trasplante en Indias de las Institu­ ciones castellanas y organización legal de Hispanoamérica hasta fines del Siglo XVH” en Historia de la Nación Argentina de la Academia Nacional de la Historia. ROSA, José María. “Historia de la Argentina" Tomo Io SIERRA, Vicente D. “Historia de la Argentina” Tomo Io. ZAR1N!, Helio Juan. "Historia e Instituciones en la Argentina" ZORRAQUIN BECU. Ricardo. “Historia del Derecho Argentino” i Tomo lu ! ZORRAQUIN BECU, Ricardo. "La Organización política argentina | i en el período hispánico”________________________________________ j

102

■MANUAL DE HISTORIA CO.NSTTTL'QO.NAL ARGENTINA D r.X cnrdoJ. G. I L m r

CAPITULO 4
1. Legislación hispano-americana. Para comenzar el tratamiento de este tema, es conveniente recor­ dar con Ots y Capdequí en su libro “Instituciones”, que España, al tiempo del descubrimiento, no tenía una verdadera unidad nacional. A pesar del matrimonio de los Reyes Católicos, Castilla seguía mante­ niendo su propia personalidad política y jurídica, con sus autoridades y sus cuerpos de leyes que reflejaban su derecho peculiar. Como la que patrocinó la empresa colombina fue Isabel de Cas­ tilla, ello motivó que los territorios descubiertos se incorporaran a la corona de Castilla, y que fuese el derecho castellano el que rigiese desde los primeros momentos la vida jurídica de las Indias. Pero la intención de los soberanos españoles de organizar los terrttorios descubiertos bajo las mismas normas jurídicas imperantes en Castilla, tuvo que ceder en gran parte ante el imperativo inexcusable de la realidad. Las circunstancias económicas, raciales y geográficas del Nuevo Mundo, tan complejo en su enorme extensión, tan distante y tan distinto, no pudieron ser encuadradas dentro de los rígidos pre­ ceptos del viejo derecho castellano. Se tuvieron que'dictar normas ju ­ rídicas nuevas para hacer frente a situaciones de hecho desconocidas hasta entonces, y así nació el derecho propiamente indiano que alcan­ zó un desarrollo extraordinario y que en muchos aspectos desplazó ai derecho castellano tradicional. Frente a ello, se dispuso desde la metrópoli que las disposiciones dictadas por los altos organismos del gobierno radicados en España, para su aplicación en Indias, como así las normas dadas por las autori­ dades coloniales facultadas para ello, tuvieran primacía en su vigencia y observancia, no pudiendo acudirse a las fuentes del derecho caste­ llano más que a falta de derecho aplicable en las fuentes del derecho propiamente indiano, es decir que el derecho castellano no tuvo sino un carácter meramente supletorio.
103

MANUAL D E HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K cxrJo J. G. H trrcr

Cabe señalar que la vigencia del derecho castellano en Indias tu­ vo un alcance mucho mayor en la esfera del derecha privado que en la del derecho público. 2. Sus características. Como rasgos más característicos de la legislación indiana pueden ofrecerse los siguientes, que hemos extractado del trabajo del Dr. José María Ots y Capdequí:: a) Un casuismo acentuado. No se intentó, salvo en contadas excep­ ciones, realizar amplias construcciones jurídicas que fijasen ple­ namente los contornos de una institución o una rama especial del derecho. Por el contrarío, se legisló sobre problemas muy concre­ tos y se trató de generalizar, en lo posible, la solución en cada ca­ so adoptada. Por esa razón en la esfera del derecho privado se tu­ vo que recurrir preferentemente a las fuentes del derecho castella­ no, a pesar de su carácter supletorio, porque en las del derecho in­ diano propiam ente dicho apenas si se hallan preceptos que supon­ gan una verdadera innovación jurídica de la doctrina tradicional­ mente aceptada en la metrópoli. b) Una profusión legislativa: Las sucesivas disposiciones dictadas por los diversos organismos, tanto metropolitanos como residen­ ciales, pobló de disposiciones el gobierno de Indias, dándose el caso de situaciones en las que existían disposiciones contradicto­ rias, a las que quiso poner fin el Ordenamiento de 1680. c) Una tendencia asimiladora y uniformadora: En un primer mo­ mento por parte de la Casa de Austria, y en mayor medida por la de los Borbones, se intentó estructurar la vida de las Indias con criterio uniform ador y tratando de asimilarlos al propio territorio metropolitano. Así se indicaba que “siendo de una misma corona los reinos de Castilla e Indias, las leyes y maneras del gobierno de los unos y de los otros deben ser lo más semejantes y conformes que se pueda”. Pese a ello las mismas instituciones creadas para América, adquirieron modalidades diferentes en las distintas re­ giones, según el ambiente geográfico, social y económico en que hubieron de desenvolverse. d) Una gran m inuciosidad reglamentaria: Los monarcas españoles pretendieron tener en sus manos todos los hilos del gobierno de. un mundo tan vasto, tan complejo en su diversidad y tan lejano. No

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. ¡U m y

sólo les preocupaban los problemas de las grandes divisiones ad­ ministrativas, llámense virreinatos, gobernaciones o audiencias si­ no que querían conocer los propios de una ciudad o de reducidos núcleos rurales. Como esto les era prácticamente imposible, tuvie­ ron que otorgar a los funcionarios amplias facultades, pero movi­ dos por la desconfianza buscaron un equilibrio de poderes entre los organismos más elevados del gobierno, con interferencias pe­ ligrosas entre sus respectivas esferas de acción, multiplicando las instrucciones políticas y administrativas y complicando extraordi­ naria y minuciosamente los trámites burocráticos, e) Un profundo sentido ético y religioso. El fin religioso fue una de las preocupaciones primordiales de la Corona, y al incorporarse a ella las tierras americanas, la conversión a la fe cristiana de los aborígenes sometidos y la defensa de la religión en aquellas regio­ nes, fue uno de los móviles que impulsaron su política colonizado­ ra, y esa actitud se reflejó ampliamente en las leyes de Indias. Teólogos y moralistas, más que juristas y hombres de gobierno, fueron los animadores espirituales de esta legislación, que acusa un tono de plausible elevación ética, aunque en la realidad de los hechos se observaba un divorcio en su aplicación concreta. En muchas ocasiones fueron distintas la doctrina declarada en la ley y la realidad de la vida social. 0 Vigencia de la costumbre. La costumbre tuvo gran importancia en la formación de algunas instituciones, aunque algunas de ellas no estuvieron consignadas en la Recopilación de 1680, pero esas costumbres subsistieron vigorosamente no obstante las disposi­ ciones en contrario de las nuevas leyes. Puede afirmarse que en América el derecho consuetudinario llegó a constituir todo un cuerpo de derecho positivo, formado natural y espontáneamente a espaldas de la legislación que se dictaba, g) Supervivencia de instituciones aborígenes. Las primitivas costum­ bres jurídicas de los indios aborígenes se hicieron respetar por el legislador español, siempre que no estuvieran en contradicción in­ salvable con los principios básicos del pueblo colonizador y no constituyeran un peligro para la seguridad y soberanía del nuevo estado.

105

MANUAL DE HISTORIA C O N ST rrU aO N A L ARGESTLNA Dr. fücmrjo J. C. //^ > rr

3. Capitulaciones. - ---Eran los instrumentos jurídicos celebrados en forma previa a la empresa de descubrimiento por parte de los Adelantados y la Corona.. Las capitulaciones son contratos firmados entre el Rey, por una parte, y el Adelantado, por la otra, en cuya virtud se establecen dere­ chos y obligaciones recíprocas. Según las opiniones se trata de un contrato de derecho público, por la naturaleza especial de una de las panes contratantes (la Corona), por la naturaleza de su contenido y por la función política, económica y social que llenaban, aún cuando entre sus cláusulas se determinaban cuestiones que importan la vigencia de norm as contractuales de derecho privado. Cuando España decidió realizar la conquista y colonización de las nuevas tierras descubiertas, la situación del tesoro real no era lo más floreciente, por lo que se vio en la necesidad de convenir con particulares la efectivización de tales empresas, quedando a cargo de éstos todos los gastos que ellas demandaban. Galleti dice que se trataba de un contrato de naturaleza especial, por el cual se comprometía a adelantar o conquistar nuevas tierras para y en nombre del Rey, sostener los gastos de la expedición y de la con­ quista a su propia costa; promover la conversión de los indios y reali­ zar fundación de ciudades, llevando adelante la empresa de la con­ quista. Por su parte, José María Rosa dice que el Rey, o el Consejo de Indias en su nombre, dispone con el Adelantado la capitulación de los derechos y obligaciones recíprocas, a la que no se le quiere dar la for­ ma de un “pacto feudal” concluido, por escrito o de palabra, y por eso reviste la apariencia de un nombramiento donde el Rey hace merced durante “dos vidas", al Adelantado y su sucesor, de una zona de In­ dias, con sus tesoros naturales, botines de guerra, tierras y habitantes. El A delantado se compromete a explorarla, pacificarla, y poblarla por su cuenta, pero a nombre del Rey y bajo la vigilancia del Consejo de Indias. En la mayor parte de las Capitulaciones, ya que no todas eran iguales, se concedía al Adelantado, por una o dos vidas y a veces a perpetuidad, las facultades de repartir tierras y encomendar indios, asi como para nombrar, libremente o con limitaciones, a los funcionarios menores que habrían de regir en las tierras descubiertas, para lo cual Je concedía los títulos necesarios para ejercer en ellas el gobierno políti­
106

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricarda J. G. ll*r.*r

co y administrativo y ei mando militar, además de las judiciales, aun­ que en estas debía actuar junto a dos alcaldes mayores. Antecedentes históricos: a) Existen capitulaciones como instrumento jurídico para comisionar a particulares el desempeño de funciones determinadas, antes del descubrimiento de América (por ejemplo en las Islas Canarias). b) Se utilizó no sólo para empresas de descubrimiento y colonización, sino también para formalizar mandatos de naturaleza muy diversa, confiados por el Estado a los particulares. c) A su vez, existían casos en que el que ha contratado con la Corona, capitulaba a su vez con un tercero que asociaba a su empresa, cele­ brando nuevo asiento o capitulación, llamado “de compañía”. Facultad de otorgar capitulaciones: La Corona o las autorida­ des expresamente facultadas por ella a ese efecto. En la Metrópoli go­ zó de esa facultad el Consejo de Indias y la Casa de Contratación. En las Indias, podían hacerlo las Audiencias, los Virreyes, y los goberna­ dores, con la reserva de la confirmación real. Partes de las Capitulaciones: 1) Licencia otorgada por el Rey para conquistar, descubrir, etc. 2) Obligaciones del descubridor y mercedes otorgadas por la Co­ rona. 3) Carácter condicional de las mercedes regias, supeditadas al éxito de la empresa y la conducta del descubridor. Se determinaban los castigos por el incumplimiento de lo pactado. 4) Más tarde se incorporaron preceptos relativos al buen trato de los indios conquistados. Las mercedes regias variaban de una capitulación a otra, pero a medida que la colonización avanzaba, se observa una tendencia a 1a uniformidad en la concesión de mercedes. 4. Ordenanzas. Reales Cédulas. Otras formas de instrumentar las disposiciones. Desde el punto de vista técnico se distinguían muy diversas cla­ ses de normas jurídicas, como lo señala Zorraquin Becú:. Leyes: En sentido estricto eran las disposiciones sancionadas en las Cortes del Reino, las cuales tenían siempre alcance general y gran autoridad. Tuvieron muy poca importancia en la formación del dere­
107

MANUAL DE HISTORIA C O N STm jaO N A L ARGENTINA Dr. Ricardo J .G . H *m y

cho indiano, y aún en Castilla las Cortes entraron en decadencia en el Siglo XVI............................................... ............ - ............. P ragm áticas sanciones: Fueron dictadas por los Reyes en em­ plazo de las leyes. Versaban sobre materias muy generales y tuvieron la misma autoridad que las leyes. De esta naturaleza fueron las que dispusieron la incorporación de los reinos de Indias a Castilla (1520), las Nuevas Leyes de 1542 y la que ordenó expulsar a los jesuítas en 1767. Las demás disposiciones del monarca derivaban del ejercicio normal de su actividad legislativa, y se distinguían por su contenido y por su forma. O rdenanzas: Se las llamaba así cuando eran de carácter muy general, aunque no necesariamente destinadas a todas las provincias, y sobre materias muy importantes. Reglamentaban, por lo general, una institución en forma más o menos completa, como por ejemplo las Ordenanzas de Poblaciones, del Consejo de Indias, la de Intendentes, etc. No emanaban necesariamente del Rey, pero eran suscritas a su nombre y a través de ellas se daban atribuciones a las instituciones pa­ ra dictarlas, aunque debían ser elevadas al monarca para su aproba­ ción. Las Instrucciones: Estaban destinadas casi siempre a un funcio­ nario o a un organismo y tenían por objeto señalar las normas que de­ bían aplicar o a las que debían sujetarse en el ejercicio de sus funcio­ nes. O tras disposiciones: Emanadas de los Reyes, eran los nombra­ mientos o títulos, las mercedes de tierra, oficios, etc., los privilegios, las declaraciones destinadas a interpretar o modificar normas anterio­ res, las sobrecartas mediante las cuales el Rey insistía en imponer re­ soluciones suplicadas. Por su forma de promulgación, se distinguían en: Provisiones reaies: Estas iban encabezadas con el nombre del monarca, precedido del “Don” (Don Carlos, Don Felipe, etc.) y segui­ do de todos sus títulos, indicándose a quien o quienes se dirigía, expo­ niéndose los motivos de la medida, la decisión tomada, la fecha y la firma (Yo, el Rey). También podían expedirse provisiones reales, con el nombre y los títulos del monarca pero con la firma de sus miem­ bros, tanto el Consejo de Indias como los Virreyes y las Audiencias:
108

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JUcxrda J. G. liarr*r

Las reales C édulas: Eran las más frecuentes y sólo tenían como encabezamiento la fórmula “El Rey”-,- sin su nombre ni sus títulos. Las C artas Reales: Asumían una forma epistolar, mediante la cual los reyes contestaban las consultas hechas por las autoridades y a veces les comunicaban la resolución tomada. 5. Potestad legislativa de los O rganos de Indias. En un sentido doctrinal estricto, tanto en España como en Indias, la potestad de dictar las leyes radicaba en forma exclusiva en la Coro­ na, supremo legislador del reino. Los demás organismos a quienes se facultaba para dictar disposiciones de carácter legislativo, lo hacían en nombre del Rey y sujeto a su confirmación. Las autoridades designadas para gobernar el nuevo mundo, resi­ dentes en las colonias, tuvieron en mayor o menor medida, potestades legislativas que es necesario estudiar separadamente en cada una de las instituciones. Según lo explica Zorraquin Becú, los A delantados podían im­ partir órdenes particulares y generales en todo lo relativo al gobierno de su territorio, aunque las Capitulaciones respectivas les imponían algunas restricciones. Tal, por ejemplo, la de asesorarse con los sacer­ dotes y los oficiales reales, pero dentro de ese amplio marco podían dictar ordenanzas generales que requerían la confirmación del Rey, pero que entre tanto eran aplicadas. Los lugartenientes de aquéllos, en su ausencia, también podían sancionar múltiples disposiciones, por si solos o en acuerdo con los oficiales reales. Los Virreyes gozaron de la autorización para expedir normas nuevas, ya sea sobre trato a los indios, organización de los cabildos, laboreo de las minas, comercio interior, y todas las que pareciesen convenientes para el buen gobierno, exigiéndoseles en todos los casos contar con el acuerdo de la Real Audiencia, sobre todo en las materias graves o extraordinarias. En este caso no requerían confirmación real, pero era de su obligación el comunicarlas al Consejo de Indias. En la Recopilación de 1680 se prohibió a los virreyes, audiencias y gober­ nadores dictar leyes nuevas sin previa consulta al Consejo. Esta legis­ lación virreinal debía ajustarse a las normas del derecho indiano o su­ plir sus vacíos. Los gobernadores tuvieron también facultades legislativas, es­ pecialmente para regular el trato de los indios y organizar el gobierno
109

MANUAL DF. ¡nírTORU CONSTITUClOiNAL ARGESTLNA Dr. Ricmrdo J. G. Umrrcr

de las ciudades, y las referidas al buen gobierno de su jurisdicción, hasta la prohibición de 1680. ■ ............ - . ........................ ... Los Intendentes, establecidos en el Siglo XVIII por los Borbo­ nes, continuaron con poderes similares, y aún recibieron mayor am­ plitud de facultades en asuntos vinculados a la organización financiera y el régim en económico. Los V isitadores, Jueces de Residencia, Jueces de C om isión, etc. funcionarios enviados esporádicamente para realizar investigacio­ nes o regular el funcionamiento de algún órgano gubernativo, tuvieron a veces facultades legislativas expresamente concedidas en sus res­ pectivos nombramientos, señalándose como ejemplo el caso del Visi­ tador Alfaro y sus conocidas Ordenanzas. C orregidores, Tenientes de G o b ern ad o r y C abildos, ubicados en un plano inferior, unos y otros podían tomar medidas de importan­ cia secundaria para resolver los problemas inmediatos de sus distritos, fijar salarios, precios, medidas de carácter edilicio, sanitarios, abasto de ¡a ciudad, uso y distribución del agua, etc. Las Audiencias, aunque eran organismos fundamentalmente ju ­ diciales, que podían dejar sin efecto las providencias gubernativas de ¡os virreyes y de los gobernadores, mediante la apelación de los inte­ resados, cuando las consideraban contrarias a las leyes y, además, es­ taban facultadas para impartir órdenes fundadas en derecho a las auto­ ridades inferiores, mediante acuerdos solemnes que tenían la forma de reales provisiones expedidas con el nombre y sello del Rey. Estas pro­ visiones muchas veces eran verdaderas leyes por el carácter general de su contenido, que suplía los vacíos del derecho vigente o le daba una interpretación definitiva. 6. Legislación Indiana. Se llamaba así a la legislación dictada desde los órganos metro­ politanos con el fin de regir en los reinos de Indias, y también a la que dictaban los funcionarios e instituciones de gobierno establecidos en Am érica. Como los problemas locales no eran idénticos, se dictaban nor­ m as especiales para cada provincia sin pretender implantar un régimen uniform e en todas ellas, por lo que la legislación sancionada en Espa­ ña para Indias no tenía necesariamente un alcance general. Ya hemos dicho que una de las características del derecho indiano era su casuis110

MANUAL DE mSTORUCONSTTTUaONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G .H srrcr

mo. La legislación indiana se formó así con multitud de disposiciones particulares, que a veces constituían precedentes para otras regiones, pero que sólo con respecto a ciertas instituciones dieron origen a un sistema orgánico. La abundancia de tales disposiciones obligó a pensar en la nece­ sidad de reunir y ordenar ese vasto material legislativo. Esa labor era indispensable para asegurar su difusión y su conocimiento y para eli­ minar disposiciones caducas o contradictorias. 7. Situación juríd ica y social del Indígena. El maestro Ots y Capdequí en su libro "‘Instituciones” analiza la situación del indio, con posterioridad ai descubrimiento de América, expresando que desde el primer momento se mantuvieron en la Corte dos criterios opuestos acerca de cual debía ser la condición jurídica de los indios sometidos. Dice que algunos juristas y hombres de gobierno se pronunciaban a favor de mantenerlos en la servidumbre, como es­ clavos; los teólogos y especialmente el Padre Bartolomé de las Casas, propugnaban que se considerase a los indios como hombres libres. Los primeros indios llevados por Colón al regreso de su expedi­ ción fueron vendidos, aunque se ordenó prestar fianza por ellos hasta que dicha venta fuera confirmada, pero poco tiempo después se orde­ naba que tales indios fueran puestos en libertad y restituidos a sus paí­ ses de origen. Doctrinariamente no tardó en imponerse el criterio de conside­ rarlos como hombres libres, vasallos de la Corona de Castilla, pronun­ ciándose así en forma terminante en contra de su esclavitud. No obs­ tante ello, en los primeros tiempos los indios sirvieron como elemen­ tos de cambio por animales u otros bienes, pero las Audiencias se en­ cargaron de aplicar la sana doctrina legal. Sin embargo, en algunos ca­ sos como el de los indios salvajes o caníbales tales como los caribes, se permitía reducirlos a la esclavitud, aunque con carácter excepcional cuando ellos eran cautivados en una guerra justa. Tal lo que reproduce la Recopilación de Leyes de Indias de 1680. Prevaleció, sin embargo, el criterio de considerarlos vasallos li­ bres de la Corona, aunque considerándolos personas rústicas o mise­ rables, necesitados de tutela o protección jurídica. Así lo establecía la legislación emanada del Consejo de Indias, especificando que en con­ dición de vasallo debía pagar tributos a la Corona, aunque equiparado
111

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. lU m rr

a lo que en nuestra legislación actual se considera como “menor inca­ paz”, y como tal necesitado de una tutela legal, que generalmente es- _ taba a cargo de un Protector de Indios. Desde un punto de vista social, una vez decidido por teólogos y juristas que los habitantes de América eran seres humanos, dotados de alma, y no meros “animales parlantes” , la relación entre conquistado­ res y conquistados cambió radicalmente, no obstante lo cual su situa­ ción esruvo en la generalidad de los casos en verdadera servidumbre. Si bien se los colocaba en un pie de igualdad a españoles e indios, pues todos eran vasallos y debían pagar tributo al Rey, la realidad de la vida era otra, ya sea por el imperativo de la conquista de atraerlos a la fe cristiana, como el propósito de incorporarlos a la economía en la que su mano de obra era indispensable. Los indios asi', eran entregados mediante repartimientos hechos por el Adelantado, y sujetos a regímenes de trabajo como la Mita, la Encomienda o el Yanaconazgo, buscándose de esta manera hacerles abandonar sus hábitos nómades, reduciéndolos y encomendándolos. Resulta interesante destacar que en la medida en que las normas protectoras dictadas a favor de los indios se ponían en práctica, la ne­ cesidad permanente de mano de obra encontró un camino para satisfa­ cerla en la adquisición de esclavos negros traídos del Africa por los comerciantes ingleses y holandeses y más adelante por los propios es­ pañoles, medidas que fueron aconsejadas hasta por los propios teólo­ gos como el Padre Bartolomé de las Casas, quien había solicitado del Rey se autorizara su introducción en las Indias. 8. Normas Protectoras Civiles, penales y laborales. En prim er lugar debe considerarse como un grave error ocuparse de las normas dictadas a favor de los indígenas cómo si durante los tres siglos de la dominación española, éstas hubiesen tenido un carác­ ter invariable. Estas normas fueron cambiando según las épocas, la política de la metrópoli y la acción perseverante de muchos defensores de los indios, que hicieron conocer a los monarcas españoles muchos de los excesos que aquí se cometían. La colonización española en Indias fue realizada por una minoría de europeos y los aborígenes constituyeron la base con que se desen­ volvió aquella actividad, adquiriendo una presencia preponderante, en la primitiva vida económica y social y de allí la preocupación de los
112

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K c rd o J. G. f í m y

gobernantes en dictar normas protectoras de esta mano de obra fun­ damental, más allá del fin de la conversión al cristianismo que fue la base misma de la conquista. El Dr. Levene recuerda que una ley de Indias proclamaba que los indios son útiles a todos y para todo, y que todos debían mirar por ellos y por su conservación, pues si los indios faltasen todo cesaría. Se reconoce ahora que la legislación de los aborígenes tuvo marcada in­ fluencia en la legislación indiana, la que en gran medida se apartó de la originaria normativa castellana, adecuándose a las nuevas circuns­ tancias que les tocaba vivir en estos nuevos territorios. La colonización española no abolió el sistema político y econó­ mico de ios Incas, y si bien en las cabeceras de ios pueblos se desig­ naban corregidores españoles, los caciques continuaban con el gobier­ no de sus tribus, y para evitar los abusos que sobre ellos pudieran co­ meterse, se designaba un funcionario con el titulo de “ Protector de In­ dios”, que debía asumir su defensa. Puede afirmarse que la legislación española para Indias, espe­ cialmente la Recopilación de 1680, es una verdadera “gloria jurídica de España” ya que especialmente en su libro VI legisla sobre los in­ dios de la misma manera en que lo hace para los castellanos, con amor y humanidad, en una época en que aún no habían desaparecido del to­ do las supervivencias bárbaras y la división de la sociedad en clases, propia de la Europa del Feudalismo. En el orden civil, la protección de los indios estuvo orientada a evitar que a los indios reducidos se les quitaran las tierras que antes hubiesen tenido, a que se procurase fundar pueblos de indios, en los que debían designarse alcaldes y regidores indios, y se evitaba en ge­ neral el contacto de éstos con los españoles, negros, mulatos y mesti­ zos. En general a los indios se les destinaba las tierras necesarias, re­ partiéndoseles lo que fuere necesario para labranza y sementeras y pa­ ra poder disponer de animales de cría. En las Leyes de Indias se encontraba también una definida políti­ ca de protección de la niñez, y respecto de los niños abandonados se creó la obligación de recogerlos en asilos o entregándoselos a familias para su crianza. Uno de los aspectos en que se diferencian las leyes castellanas de las indianas es la referida a la familia, tanto para los es­ pañoles como para los indios. Frente al amancebamiento en que iban cayendo los conquistadores con las mujeres indias, se fijaron piazos
113

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rkarxh J. G. H m r^r

para que éstos contrajeran matrimonio, señalándose penas tales como las de perder lo que habían recibido de las indígenas. Desde 1503 se. había autorizado el casamiento de cristianos con indias y de mujeres cristianas con indios, en cambio se coartó la de los españoles con mu­ jeres negras o mulatas. Esta prescripción tiene un valor excepcional, dice Levene. por el espirita igualitario que la alienta y el pensamiento de la formación de una nueva sociedad, como la que se iba formando en América. En el Libro V! de la Recopilación de Leyes de Indias de 1680 se consignan numerosas disposiciones sobre la organización de la familia indígena sobre la base del modelo de la familia española, castigándose a aqué­ llos que incurrían en poligamia. También se prohibió el “matrimonio por com pra” que usaban los indios para vender a sus hijas al mejor postor, lo que generalmente llevaba a los maridos a tratar a sus muje­ res como si fueran esclavas. En el ord en penal, la legislación indiana mandaba respetar las costum bres y gobiernos antiguos de los indios, transformándolos gra­ dualmente en cuanto lo permitía su capacidad. Los excesos de tiranía en que pudieran incurrir los principales, eran castigados sin que por ello se suprim ieran los cargos. Cabe destacar como un hecho signifi­ cativo el que en Indias se atenuaran los castigos frente a faltas o deli­ tos que en España eran más severamente castigados. Así, resultaba muy rara la aplicación de la pena de muerte o de prisión, la que en la m ayoría de los casos era sustituida por las de carácter pecuniario, im­ puestas por la necesidad de dedicar a las gentes, españoles o indios, ai trabajo productivo. Para los indios se establecía una jurisdicción espe­ cial. y en ella los Alcaldes podrían poner preso al indio que faltase a la mita o a la doctrina o se emborrachase y aún aplicarle azotes por mano de otro indio, pero si el delito era de mayor importancia, debía ser lle­ vado a 1a ciudad y entregarlo a la justicia. Este sistema funcionó con m ayor eficiencia en las misiones jesuíticas. En el o rd en lab o ral, los repartimientos de indios y las enco­ miendas constituyen una materia vital dei derecho indiano. Sobre estas instituciones se erigió el edificio de la Conquista y Colonización ame­ ricana, debiendo señalarse que estas instituciones fueron diferentes en las distintas zonas geográficas y según el momento histórico vivido, cambiando su estructura en el curso de la dominación española.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. JLtney

Así, pueden señalarse períodos claramente definidos: una primera etapa en la que el indio prácticamente fue tomado en grado de servi­ dumbre similar a la esclavitud, sin retribución alguna, etapa de la que rápidamente se reaccionó, y en tal sentido, ¡as Leyes de Burgos de 1513 fueron dictadas a consecuencia del informe producido por los frailes dominicos que consideraron a los repartimientos de indios co­ mo contrarios a los principios de humanidad y de igualdad del derecho natural. El Rey convocó a una Junta de Teólogos, resultando de ella una serie de proposiciones fundamentales, como la de que debia tra­ tarse a los indios como seres libres; que debían ser instruidos en la fe; que se los podía mandar a que trabajen , pero sin que ello impidiera la instrucción de la fe y fuera provechoso a los indios y ai reino; que de­ bía dárseles el debido descanso; que tuvieran casa y hacienda propia; que se les diera tiempo para labrar su tierra y que se les pagara un sa­ lario adecuado por su trabajo. Puede afirmarse que éstas fueron las primeras leyes obreras de carácter general dictadas para los indios, aunque conservando el sis­ tema de repartimientos, aunque rodeándolos de garantías para asegurar el trato humano de los indios. En 1542 se dictaron las “Nuevas Leyes" que se ocupaban deteni­ damente de la situación de los indios, entre ellas las de que no se car­ gasen a los indios contra su voluntad ni sin pagárseles; prohibía a los funcionarios reales en Indias el otorgamiento de indios en encomien­ da, y a medida que se producía la muerte del encomendero, los indios encomendados se incorporaban a la Corona. El Dr. Levene afirma que con estas leyes se destruían los fundamentos de la propiedad y de una plumada se convertía en libre a una nación de esclavos. Sin embargo, los encomenderos se resistieron a libertar a los indios y a disolver los repartimientos realizados con anterioridad. Con respecto al régimen de trabajo de los indios, en la segunda mitad del siglo XVI, éste consistía en un alquiler obligatorio, con in­ tervención oficial, para que no se impusiera un trabajo excesivo y éste fuera debidamente remunerado. En el siglo siguiente, por Real Cédula de 1601, se mandaron cesar los repartimientos de indios, pero como eran inevitables los servicios se disponía que en adelante se llevara a éstos a las plazas y lugares públicos para que convinieran libremente con los patrones, concertándose el trabajo por días o por semanas. Se determinaba que el Virrey y los Gobernadores tasarían con espíritu de
115

MANUAL. DE inSTORLV CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Hiendo J. G. Hmrr*r

justicia los jóm ales, evitándose que el trabajo fuera excesivo y asegu­ rándose el pago de sus jornales. Cabe señalar que ante la actitud de los indios poco afectos al trabajo, se determinó compulsivamente la obli­ gación de trabajar, aunque dejando al indio la libre elección de su pa­ trono. Al analizar el tema del servicio persona! de los indios y la enco­ mienda se estudiaran las características laborales de estas institucio­ nes. Respecto de los trabajos en las minas se adoptaron, también, una serie de m edidas protectoras en defensa de la seguridad de los obreros, que en su mayoría eran indios. Las prim eras leyes destinadas a reglar las relaciones del trabajo, derechos y obligaciones de los españoles e indios, fueron dictadas por Domingo de Irala, Juan Ramírez de Velazco, Juan de Garay y Her­ nando Arias de Saavedra, aunque las más significativas fueron las del Fiscal y Visitador, el Licenciado Francisco de Alfaro, que veremos en un punto siguiente. 9. Instituciones que regulaban la vida del indígena. R ep artim ien ­ tos y E ncom iendas. Los indios convertidos a la doctrina cristiana eran considerados, como hemos dicho, vasallos libres de la Corona al igual que los espa­ ñoles, aunque sujetos a tutela. También hemos señalado que en los primeros tiempos de la Conquista los españoles se repartían a los in­ dios como bienes mostrencos para beneficiarse con su servidumbre. Poco a poco la legislación empezó a poner orden en el reparto de estos seres e hizo resurgir una vieja institución del derecho Castellano, la ■'encomienda” . Esta era un pacto feudal clásico necesario por el estado de inse­ guridad de Europa entre los siglos IX a XII y en virtud de él los tra­ bajadores de la tierra se “encomendaban” a un Señor a quien daban una pane de los beneficios del suelo a cambio de la seguridad de de­ fenderlos en sus vidas y bienes. El Señor mediante sus huestes guerre­ ras debía defenderlos y levantar su castillo que debía servar de lugar de refugio ante las invasiones a que estaban expuestos. Esta institución fue adaptada en América a las circunstancias di­ ferentes que se vivían en estas tierras: ios miembros de una tribu, con su cacique y su propia organización eran “encomendados” a la protec­
116.

MANUAL DE HISTORIA CONSTTrL’aO N A L ARGENTINA Dr. Ricardo J. G.

ción de un ‘‘encomendero” . En nombre de los indios, el Protector de - indios, expresaba !a presunta voluntad de éstos de trabajar en benefi­ cio del español, debiendo éstos como contraprestación velar por su instrucción doctrinaria y responder a su integridad física y seguridad personal. Variaron mucho en el tiempo las características y formalidades de la encomienda, así como la vigilancia de los funcionarios sobre los procederes de los encomenderos, dice el historiador José María Rosa a quien seguimos en este tema, . En un principio las encomiendas fue­ ron temporales, reintegrándose los indios a la Corona una vez vencido el plazo. Luego adquirieron carácter vitalicio, mientras no se produje­ sen excesos por parte del encomendero, pero luego surgió la práctica de que los indios no volviesen a la Corona, sino que siguiesen para beneficio de la viuda y de los hijos del encomendero, otorgándose desde entonces las encomiendas por dos vidas, que luego son extendi­ das a tres, según una real provisión de 1513. Sobre la institución de las encomiendas hubo fuertes polémicas. Los que eran contrarios a ella exhibían los excesos de algunos enco­ menderos, mientras sus partidarios argumentaban sobre la imposibili­ dad de establecer otro régimen más apropiado al trabajo y cuidado de los indios. Hubo reglamentaciones protectoras de los indios, y por las Leyes Nuevas llegó a suprimirse el régimen de encomiendas, dando lugar a serias resistencias, y más tarde se reemplazó el servicio perso­ nal por un tributo que debía ser pagado por el indio al encomendero. A comienzos del Siglo XVII se comenzaron a abolir las encomiendas y un siglo más tarde quedaron prácticamente extinguidas. El autor que venimos siguiendo comenta que el objetivo de las distintas formas de encomienda era la formación de un proletariado indígena, más o menos protegido y defendido contra las expoliaciones de terceros. Afirma ser éste el objetivo fundamental ya que el español no arriesgaba su vida para ejercer en el Nuevo Mundo funciones su­ balternas. sino que buscaba convertirse en Señor con buena mano de obra a su alcance; tanto ello es asi, que al finalizar el Siglo XVI habi­ taban las siete ciudades del Tucumán setecientos españoles, de los que trescientos eran encomenderos, formando la clase “alta” de la socie­ dad. La clase “media” restante estaba constituida por los que ejercían oficios, o esperaban simplemente su tumo para convertirse en propie-

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. C. Hmrr*r

torios de encomiendas. La clase “proletaria” la constituían los 14.000 indígenas que laboraban o pastoreaban las tierras de sus señores. Contrasta esta desproporción con relación a Buenos Aires, donde para com ienzos del Siglo XVII hay 2.730 habitantes, con 600 en cali­ dad de “vecinos” y no más de 4.900 indios, casi todos en reducciones, lo que señala que en esta zona no arraigaran las encomiendas por el carácter indócil de los naturales. Partiendo de estas circunstancias el autor sostiene que la función del proletariado debieron cumplirla los estantes blancos o los hijos desposeídos de antiguos pobladores, ya que la introducción de esclavos negros no dio el resultado esperado, y de allí proviene el carácter más igualitario de la sociedad “porteña” com parándola con la del interior. 10. R educciones y M isiones. Debe tenerse presente siempre al estudiar la situación del indio en América los distintos periodos de aquella colonización, diferen­ ciando momentos y lugares y ubicando al indio, para su examen histó­ rico, dentro de instituciones muy diversas como las que se han estu­ diado. Ya hemos visto el primitivo sistema de repartimientos y enco­ miendas: alcanzó a una parte de ellos, pero grandes núcleos de pobla­ ción india quedaron al margen de aquellas instituciones, lo que motivó a la Corona a adoptar otras medidas como fueron las de crear red u c­ ciones, o corregimientos como luego se las llamó. Desde el primer momento de la conquista se buscó fijar en nú­ cleos de población regular a los indios, entendiéndose que los altos fi­ nes de la colonización sólo podían lograrse mediante su inteligente utilización sometiéndolos como sujeto de trabajo y sujeto fiscal, do­ tándosele de la necesaria capacidad económica. Y ello exigia, como dice Ots y Capdequi, que los indios vivieran en núcleos de población regular, como nuevos súbditos de los monarcas españoles, dedicados al cultivo de las tierras o de otras actividades productivas. A la realización de esta política se opusieron por una parte la re­ sistencia de los propios indios, y por la otra ios intereses de los coloni­ zadores españoles, que preferían explotarlos en forma directa a través de servicios personales, en la forma que hemos señalado. Por lo tanto no hubo verdaderos pueblos de indios incorporados directamente a la Corona en la etapa inicial de la colonización como tampoco hubo un
118

MANUAL DE KISTORLV CONSTITL'aO.VVL ARGENTINA Dr. Rk^nk> J. G. U rrr,,

régimen tributario de carácter fiscal, ni la organización del trabajo so­ bre bases de libertad económica. Recién va a surgir en el Virreinato de Nueva España la institu­ ción de las reducciones o corregimientos o pueblos de indios incorpo­ rados directamente a la Corona, puestos bajo la autoridad de los corre­ gidores que habían de ejercer, en nombre del Rey, funciones tutelares que antes habían estado confiadas a los encomenderos. Se trata, como hemos dicho, de pueblos de indios no encomendados a particulares, que constituyen pequeñas entidades políticas y administrativas, en las que no se olvida por cierto la finalidad espiritual de la conquista. En cada reducción de indios debía edificarse una iglesia y existir por lo menos un cura encargado de la doctrina, que debía ser sostenido con el tributo que aquéllos pagaban. El legislador tuvo especial preo­ cupación por determinar que en los sitios donde se establecieran re­ ducciones hubiese suficiente agua, tierra apta para el labradío y con pastos para sus ganados, y también se aconsejaba que donde existieran minas se formaran reducciones de indios. A los indios reducidos no se les podía quitar las tierras que hubiesen poseído, ni se podía mudar de sitio a las reducciones sin la autorización del Rey, Virrey o las Au­ diencias. Los indios reducidos no podían abandonar el pueblo en que residían, y se prohibía que viviesen en éstos españoles, negros, mesti­ zos y mulatos. Excepcionalmente a los viajeros se les permitía quedar un día en las reducciones, por aplicación del principio de hospitalidad, y los mercaderes no podían estar más de tres días, no pudiendo alber­ garse en las casas particulares de los indios. Estas reducciones estaban organizadas bajo la dirección de un Regidor español, pero a medida que la institución se fue afirmando, sucesivas disposiciones reales posibilitaron que nombraran indios há­ biles para desempeñarse como Regidores y Alguaciles del pueblo, al comienzo propuestos por la autoridad española y con el tiempo nom­ brados por los propios indios, con participación de sus caciques y el protector español. Con respecto a las m isiones: en los primeros años del Siglo XVIL.dice Ots y Capdequi, secundando la política de colonización pacífica defendida por la Corona para poblar y proteger las comarcas todavía no exploradas y las regiones fronterizas, se establecieron en América las primeras misiones de religiosos jesuítas, que pronto al- . canzaron extraordinario desarrollo, oreanizando pueblos de indios que
119

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. iU rrer

vivieron sometidos a la autoridad de un padre jesuíta, secundado por uno o dos asistentes. Se consiguió así, por el esfuerzo y perseverancia de estos religiosos, que se crearan importantes núcleos de población en regiones hasta entonces no colonizadas y que vivieran sometidos a normas de trabajo y convivencia social dentro de los principios de la religión católica, numerosas familias indias que antes vivían errantes y entregadas a costumbres no civilizadas. El autor citado señala que las misiones del Paraguay no fueron las únicas creadas en las distintas regiones fronterizas de América, ni tampoco fue la de los jesuítas la única orden religiosa que tuvo a su cargo tal tarea, pero destaca el volumen alcanzado por las Misiones de ia Guaira, dirigidas por los jesuítas, que sobrepasan a todas las otras en importancia. Al ser expulsados los jesuítas en 1767, los indios de sus misiones fueron entregados a funcionarios civiles o militares, que fueron secundados en el orden espiritual por sacerdotes pertenecientes a otras órdenes, especialmente los franciscanos. Se recuerda que el padre del que después fuera el Gral. San M ar­ tin, tuvo a su cargo la dirección de la antigua misión jesuítica de Yapeyú, en territorio de ia actual provincia de Corrientes. 11. Instituciones aborígenes recepcionadas en la legislación india­ na. La colonización fue realizada por una minoría de españoles y las sociedades indígenas constituyeron la base de su dominación, dice el Dr. Ricardo Levene, y de ahí la preponderante intervención aborigen en virtud de su número, en la primitiva vida económica y social. Planteado el problema de la población en los términos expuestos, se desprende de él la fusión de las razas, la formación de nuevas clases en la sociedad hispano americana y su incesante renovación. Como el trabajo del indio era el factor básico en el descubri­ miento y explotación de las fuentes de riqueza en el Nuevo Mundo, bajo la dirección de los españoles, su obligada consecuencia consiste en admitir que las instituciones indígenas de naturaleza económica y política fueron utilizadas, adaptándolas y haciéndolas servir a los fines de la administración hispana. En tal sentido podemos precisar con el autor citado que la colonización española no abolió el sistema econó­ mico y políticos de los Incas, sino que por el contrario, las institucio­
120

MANUAL DE inSTORJA INSTITUCIONAL AKGENTINA Dr. Ricardo J. G. H m m r

nes propias de los habitantes de América fueron receptadas total o parcialmente en la legislación de Indias. . ............... 12. La M ita. La mita es, también, una, institución jje origen indígena, que po­ día abarcar diferentes tipos de trabajo, aunque en la práctica fue la manera más usual de reclutar indios para_Ja explotación minera, La palabra “mita” significa “tum o”, y esto es en esencia la naturaleza de esta forma de explotación del indio, que consistía en ir dando el labo­ reo d ejas minas a un grupo de mitayos, provenientes de una tribu en el que su cacique los había dividido de tal manera para el cumpli­ miento de sus tareas, turnándose cada tres meses para evitar el des­ gaste físico agotador que podía llevarlos a la muerte. De hecho, esto muchas veces ocurría, por los abusos que se cometían al no respetarse las disposiciones protectoras reguladas por la Corona. De la mita minera se pasó a la mita “pastoril” y agrícola y tam­ bién a la de servicio doméstico. Un pueblo indígena se sorteaba para establecer los tumos del pastoreo de los ganados propiedad del con­ quistador o bien para servir en sus casas en periodos de quince días. En todos los casos tenían derecho a un salario fijado por los vi­ sitadores, y debía pagárseles los jornales de ida y regreso a sus pue­ blos. En la mita agrícola se turnaban los indios por terceras partes para cultivar la tierra. El encomendero, como contraprestación debía dar ¡otes a los indios para sus cultivos propios y debía, además, sostener los servicios de adoctrinamiento cristiano, la atención de su salud y la administración de la justicia. Por las Ordenanzas de Alfaro el trabajo mitayo fue reglamentado con minuciosidad, estableciéndose tumos de cuarenta días por año en el laboreo de las minas, jom adas de ocho horas, especificaciones del salario y tipo de alimento que debía entregárseles. 13. El Yanaconazgo. El Yanaconazgo tiene, al igual que ¡a mita, un origen incaico. Era una institución auxiliar, mediante la cual, algunos indios a los que se denominaba “yanaconas” o sin caciques, se los adscribía a algunas propiedades para el trabajo rural en particular, trabajo que debían cumplir sin retribución alguna, ya que esta institución tenía un verda­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. lU m cr

dero castigo para aquéllos que no se sometían a sus caciques. Las condiciones de las tareas que les eran encomendadas eran extremada­ m ente duras. La particularidad de esta institución era que los indios yanaconas no podían desvincularse de las tierras a las que habían sido ‘‘adheri­ dos” como cosas o como bestias y, en el caso de que tales tierras pasa­ sen a otro propietario, eran traspasados al nuevo adquirente o usuario como cosa accesoria de ia heredad. 14. El Avllú. Esta es una institución típica de una especie de comunismo agra­ rio, que representa al mismo tiempo el régimen de la comunidad de la tierra, dei parentesco y del culto. Para conocer esta institución es me­ nester remontarse a la organización incaica: el reparto de la tierra se hacía en tres grandes secciones, tierras para la divinidad que servían para mantener el culto; tierras del Inca para atender los gastos del go­ bierno, y tierras de los habitantes poseídas en común, que no se podían enajenar ni dividir entre los herederos. El agua y el ganado también se repartían entre las tres secciones mencionadas. Posteriormente, ya dentro del régimen que subsistió entre los españoles, se repartían entre los indios las tierras de cultivo y las de pastoreo quedaban para uso común. Los montes les pertenecían si estaban dentro de los límites fi­ jados a los terrenos repartidos entre las familias del ayllú, según el número de personas que la integraban. En época de la dominación es­ pañola el número de familias oscilaba entre 30 y 190. 15. El Cacicazgo. Ots y Capdequi señala que España adoptó frente a los caciques de los distintos pueblos de indios una actitud análoga a la adoptada por otros pueblos colonizadores, frente a los antiguos señores de los pueblos colonizados. Les realizaban una guerra implacable de exter­ minio a aquéllos que fueran un obstáculo a los fines de la conquista, y una política de captación para aquéllos que manifestaran un menor es­ píritu de resistencia o se pusieran a su servicio, a fin de poder utilizar­ se su ascendencia sobre su tribu facilitando la obra colonizadora. En cabeceras de los pueblos indios se designaban corregidores españoles, dice el Dr. Levene, pero los caciques, “curacas” o princi­ pales continuaban gobernando aquéllos pueblos.
122

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARCENTINA Dr. K cm doJ. G. Umyxr

Por ello, las disposiciones dictadas por la Corona recomendaban que en el régimen de cacicazgo que existiese en los pueblos conquis­ tados no se hiciera novedad, es decir, que no se modificaran los usos y costumbres referidos al gobierno de sus pueblos y al modo y la forma en que se operaba la sucesión de ese atributo de gobierno, reconocién­ dose el derecho de sangre a imitación de los mayorazgos de España. En tal sentido se llegó a insistir en que los hijos de los caciques goza­ ran de la condición propia de los “hijosdalgo" o hidalgos, como en el derecho español. Las disposiciones que reconocían la institución del cacicazgo y protegían a los caciques de los abusos de los españoles, tenían también disposiciones que protegían a los indios del manejo ar­ bitrario y tiránico de su propio cacique, disponiendo castigos pero sin hacerles perder el cargo. Más adelante, con motivo de la rebelión de Tupac Amarú, se dictaron normas muy severas en cuanto al nombramiento de los caci­ ques y a los privilegios que a estos representantes de la nobleza indí­ gena se les había venido reconociendo, pero sin dejar de reconocer que así como era justo que a los caciques rebeldes y a sus descen­ dientes y cómplices se Ies prive de sus cacicazgos, no sería justo que se les privase a los caciques leales. 16. O rdenanzas de Alfaro. Francisco de Alfaro fue un funcionario de la Corona que con el titulo de Visitador recorrió especialmente el Tucumán y el Rio de la Plata, dictando una serie de Ordenanzas que tuvieron importancia en la organización de la vida del indio, contribuyendo a suprimir algunas instituciones que hasta entonces habían sido motivo de abusos en su perjuicio. Estas ordenanzas ofrecen especial interés por el espíritu de protección al indígena y su importancia radica en que fueron aproba­ das por la Corona y posteriormente incorporadas a la Recopilación de Leyes de Indias de 1680, convirtiéndose así en leyes aplicables en to­ das ¡as colonias de Indias. Las. Ordenanzas de Alfaro datan de los años 1611 y 1612 y una de sus principales disposiciones está referida a la forma de organizar las reducciones, disponiéndose que en cada caso hubiera un alcalde y un regidor indígenas, los que tendrían a su cargo elegir anualmente a sus sucesores, a semejanza de lo establecido en los Cabildos colonia­ les. Estos funcionarios indígenas tendrían el gobierno de sus pueblos
123

gg&inaja,

MANUAL DF. HISTORIA CONSTTtUaONAL ARGENTINA D r. R icardo/. G . H m rrtr

quedando a su cargo inclusive el repartimiento de las mitas. También disponía Alfaro que en cada reducción se hiciesen construcciones para viviendas, dotándoselas de iglesia y cura doctrinero. Cabe recordar que en jurisdicción de Corrientes se organizó la de “Limpia y Pura Concepción de Itatí” en 1615, sin dudas la más importante de todas las que se organizaron en nuestro actual territorio, la de “Santa Lucía de los Astos” en 1622, “Santa Ana de los Guacaras”, etc. Tam bién se ocupó Francisco de Alfaro del servicio personal prestado por los indios a sus encomenderos, motivo de muchos abu­ sos, transformándolo en un sistema de trabajo obligatorio y remunera­ do, mediante el cual los indios debían concurrir a las plazas de las ciu­ dades para conchavarse libremente en determinadas épocas y por pe­ ríodos establecidos. Esta reforma fijó la condición definitiva de los in­ dios en el Río de la Plata y en el Tucumán, generando reacciones ne­ gativas tanto de parte de los antiguos beneficiarios como de algunos cabildos protestando porque el nuevo régimen había introducido un peligroso germen de disolución social, al otorgar a los indígenas una libertad excesiva. Cabe señalar también que Francisco de Alfaro en sus Ordenanzas no se limitó a dar disposiciones sobre la organización de reducciones y el mejor trato de los indios, sino que además incursionó en otros as­ pectos referidos al buen gobierno de las tierras por él visitadas, sugi­ riendo entre otras cosas la necesidad de dividir la antigua gobernación del Paraguay creándose la del Río de la Plata, con asiento en Buenos Aires y comprensiva de las ciudades de Santa Fe, Corrientes y Con­ cepción del Bermejo, ésta última hoy desaparecida, Además autorizó a las autoridades para que en compañía de oficiales reales pudiera visi­ tar los navios que entraban y salían de Buenos Aires con la finalidad de com batir el contrabando, que afectaba los ingresos de las Arcas Reales. 17. Recopilación de Leyes de Indias de 1680. C ontenido e Im por­ tancia. José María Ots y Capdequi señala que la recopilación fue pro­ mulgada en el año 1680 y constaba de nueve iibros, divididos en 218 títulos y 6.377 leyes, indicándose al frente de cada ley la fuente de la que procede. Los textos de las distintas leyes tratan de resum ir las di­
124

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUaONAL ARGENTINA D r.X iardoJ. G .H a m r

versas disposiciones reales que se consideran vigentes sobre las res­ pectivas materias. — - ...... — ...........- ........ El Dr. Ricardo Levene ha dicho que desde el punto de vista teó­ rico y de los principios de la ética, la Recopilación de Leyes de Indias es admirable en alguno de sus libros, especialmente el VI que conside­ ra "una gloria jurídica de España”, al legislar para los indios como lo hacía para con los españoles, esto es con amor y humanidad. Los primeros libros están en gran pane destinados a organizar el gobierno indiano, representando un tipo evolucionado de organización política, si se tiene especialmente en cuenta el criterio absolutista que en materia de gobierno se profesaba entonces y el atrasado concepto que se tenía sobre el papel y destino de las colonias en la historia del mundo. En el libro 1, dedicado al derecho público eclesiástico, organiza a la Iglesia como institución dependiente del rey, afirmándose su autori­ dad suprema, con lo cual volvían a adquirir el antiguo derecho de eri­ gir obispados y nombrar y remover obispos. En otras muchas disposiciones, el soberano aconseja el bien e in­ duce a sus súbditos a vivir honestamente, o bien fustiga el vicio del juego, o persigue la vagancia, normas que más se parecen a un código moral que a normas jurídicas propiamente dichas. Otras normas man­ dan la obligación de trabajar y contemplan humanitariamente la situa­ ción de los esclavos negros, manteniéndose sin embargo la vigencia de esta institución. Se han objetado otras disposiciones, tales las que impedían la impresión o ingreso de libros a las colonias sin la previa aprobación del Consejo, o las que impedían el ingreso de extranjeros con excep­ ción de los que tuviesen oficio mecánico, disponiéndose además la expulsión de los gitanos, sus mujeres, hijos y criados. Se trata, además, en esta Recopilación del régimen rentístico y el sistema comercial adoptado Teóricamente, ha dicho el Dr. Levene, la Recopilación de Indias es un Código encomiable, pero la realidad viva, el choque de intereses sórdidos y desmedidas ambiciones, el espíritu individualista y rebelde, la incultura de la sociedad colonial, la diferencia y mezcla de razas di­ versas, contribuyeron a hacer pedazos muchas de esta disposiciones escritas y a subvertir el régimen legal establecido. El mismo autor se­ ñala la existencia de defectos técnicos, como la falta de precisión en la

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. Hmrrcr

redacción y más parece que aconsejaran antes que mandar, faltando además un plan orgánico de distribución y ordenación del material le­ gislativo. El autor citado termina diciendo que la Recopilación de Indias es un código que a pesar de notables insuficiencias y a pesar de graves desacuerdos con las ideas modernas, por su amplio espíritu humanita­ rio y de protección a favor de los súbditos americanos del rey, encierra un valor mucho más grande que todo lo que se ha hecho en las colo­ nias inglesas o francesas en el mismo orden. Las Leyes de Indias de los M onarcas Españoles forman un monumento de protección y bene­ volencia que puede ser equiparado con ventaja a las leyes de cualquier país europeo relativas a la condición de las clases trabajadoras. El Dr. Luis R. Longhi, por su parte, ha dicho que a despecho de la legislación escrita que nadie ha negado ni dejado de reconocer su por gran espíritu humanitario, no es posible revalorar la práctica de un sistema que no se puede juzgar a través de la ley y fuera del medio. Hay que remitirse a la realidad de un hecho, cual es, el exterminio y la miseria degradante de una raza fuerte y rica e inteligente, cuyo pode­ río y cultura cada día se aprecia más, a medida de que nuevas excava­ ciones y hallazgos se realizan en el suelo americano. Y termina seña­ lando que, si alguna excepción hubo a lo dicho, la constituyeron las reducciones guaraníticas, donde la organización impuesta por las mi­ siones jesuíticas sirvió para cohonestar las necesidades de la conquista y civilización con la condición humana de los indios. Más allá de tales consideraciones digamos que el gran valor práctico de la Recopilación es el de haber logrado reunir la suma ó' compendio de la experiencia adquirida a través de dos siglos de go­ bierno en América, llevando a sus vasallos -com o era el propósito de los monarcas- tantas y tan variadas disposiciones contenidas en Reales Cédulas, Cartas Provisiones, Ordenanzas, Instrucciones y Autos de gobierno, que por razón de distancia entre una provincia y otra, pudie­ ron no haber sido conocidas de todos. 18. O rd e n de prelación de las Leyes de Indias. En el Libro II de la Recopilación se especifican normas acerca del orden de prelación en que deben ser aplicadas a las leyes, determi­ nándose qué en primer lugar debía aplicarse la normativa contenida en dicho ordenamiento, y si ello no estuviese previsto o en las cédulas,
126

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. FicmdoJ. C. Hmrrrf

provisiones u ordenanzas reales dadas y no revocadas para las Indias, debía recurrirse supletoriamente a las Leyes del Reino de Castilla, conforme al ordenamiento dispuesto en las Leyes de Toro (1505). Es­ tas últimas establecían el siguiente ordenamiento: 1) La Nueva Reco­ pilación; 2) En lo que en ella no se pudiese determinar, se aplicaran las leyes de los fueros, como las de los fueros municipales de cada ciudad, mientras no fuesen contrarias a las leyes del Ordenamiento y 3) Las Siete Partidas de Alfonso el Sabio. Es interesante, dice Galleti, anotar que entre las disposiciones de la Recopilación hay algunas leyes que contemplan aspectos particula­ res del antiguo derecho indígena, lo que significa que no obstante la uniformidad y generalización de las leyes, en determinados casos han debido ceñirse a la realidad existente. Y en tal sentido transcribe ia ley IV del Titulo I y Libro II, ordenando que las leyes y buenas costum­ bres que antiguamente tenían los indios para su buen gobierno y poli­ cía, sus usos y costumbres observadas y guardadas después de haber sido convertidos al cristianismo, que no se contrapongan a la religión ni a las disposiciones de la Recopilación, como los que hayan hecho posteriormente y se ordenara guardar y ejecutar, quedaban confirma­ das para su aplicación.

127

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUCJONAL ARGFITINA Dr. RUardo J. G. //« n tr

Bibliografía consultada y utilizada.

FURLON'G CARDIFF, Guillermo. "Las Misiones Jesuíticas" en His­ toria de la Nación Argentina. Tomo 3o de la Academia Nacional de la Historia. GALLETTI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” Tomo 1°. GANDIA, Enrique de. “Francisco de Alfaro y ¡a condición social de los Indios” LEVENE, Ricardo. “Manual de Historia del Derecho Argentino” LONGHI, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar­ gentino y Comparado” LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina” Tomo Io. OTS Y CAPDEQUI, José María. “Instituciones”. ROSA, José María. “Historia Argentina” Tomo 1°. SOLVE1RA, Beatriz R. "Encomiendas de Indios y distribución de la tierra'' en Nueva Historia de la Nación Argentina. Tomo Io de la Aca­ demia Nacional de la Historia. TAU ANZOATEGU1, Víctor y MARTIRE, Eduardo. “Manual de Historia de las Instituciones Argentinas” ! ZORRAQUIN BECU, Ricardo. “La Organización política argentina i en el periodo hispánico” ¡ ZORRAQUIN BECU, Ricardo. "Estudios de Historia del Derecho" | Tomo 2°__________________________________________________ __

MANUAL DE HISTORIA COÍS'STTTUGONALARGENTINA Dr. Ricardo J. G. /U n rr

CAPITULO 5
1. Reform as españolas para A m érica en el Siglo XVIII. A partir de Felipe III la vida y el poderío político de España muestran su tendencia a la declinación. Hasta entonces España había sido el Estado más poderoso de Europa. Hubo una gran indiferencia por los negocios públicos por pane de los monarcas. Lo que si lograron mantener es el principio de la unidad religiosa. Con la muerte de Carlos II “El Hechizado”, sin descendencia, se extinguía en España la Casa de los Austrias. Tres candidatos podían legalmente reclamar la herencia de este monarca, por ser ellos hijos de Infantas españolas: Luis XIV Rey de Francia; Leopoldo 1 de Austria y Femando, Elector de Baviera. Antes de morir Carlos 1 1 había hecho testamento dejando el trono a Femando de Baviera, pero éste falleció en 1699. Por ello y para impedir que se produjera un desmembra­ miento de España, a consecuencia de las pretensiones de los demás herederos, hizo un nuevo testamento en virtud del cual dejaba como único heredero de la corona española a Felipe, Duque de Anjou y nieto de Luis XIV, dejando establecida la condición de que España y Francia no podrían reunirse bajo una sola corona y que el territorio es­ pañol no se desmembraría. El Io de noviembre de 1700 moría Carlos “El Hechizado” y Luis XIV aceptaba en 1701 el testamento a favor de su nieto, que asumiría al trono como Felipe V, provocando la reacción de otros países euro­ peos que veían en esta circunstancia la ruptura del tan delicado equili­ brio de las potencias europeas. A consecuencia de ello, Inglaterra, Austria, Holanda, Suecia. Dinamarca, Portugal y otros principados menores constituyeron una coalición opositora, provocándose enfren­ tamientos especialmente con el otro pretendiente, Carlos de Austria, hijo segundo de Leopoldo de Austria, instituido primeramente herede­ ro del trono de España.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricarda J. C. ILrrrcr

El enfrentam iento bélico va a term inar mediante ia paz de Utrecht, que restablece el equilibrio de las potencias europeas, que se reparten am igablem ente una parte de España. Así como el siglo XVII fue un siglo de tristezas, lamentacio­ nes y desesperanzas en cuanto a los problemas más apremiantes de la vida nacional, el XVIII fue un siglo de alegría, de confianza en las fuerzas propias y de acometividad para producir un renacimiento. El rey Felipe V, cabeza de una nueva monarquía, traía la influen­ cia espiritual del pueblo francés, que se encontraba entonces en pleno esplendor de civilización, se valió de sus compatriotas de aquél origen para plantear las reformas que requerían la hacienda y la administra­ ción pública española. Su influencia fue muy grande y beneficiosa pa­ ra el Estado español. Tan absolutistas o más que los Austrias los Borhonps trajprnn una adm inisrrnrinn hi,*n r.rri>»nnHQ y una burocracia muy elaborada y absorbente. Fue una administración esencialmente centralista v unifir jv n jn raUna novedad la constituyó el entronizamiento del régimen mi­ nisterial, ya que en época de los Austrias los órganos asesores eran los Consejos, aunque éstos no desaparecen del todo. 2. Las nuevas ¡deas en lo filosófico, político y económico.. José Ingenieros, al estudiar la evolución de las ideas argentinas, dice que a m ediados del Siglo XVIII se acentuaron en Europa los sín­ tomas precursores de la revolución que opondría al mundo feudal, el mundo m oderno, iniciando un renacimiento de creencias, costumbres e instituciones. Todos los hombres de pensamiento, sin acuerdo pre­ vio, convergían a un nuevo modo de plantear los problemas y de juz­ gar los hechos. Tres grandes corrientes de ideas se sumaron en ese es­ fuerzo com ún: Locke y Condillac tuvieron la hegemonía filosófica, Quesnay creó la economía social y Montesquieu y Rousseau renova­ ron el derecho político. En tomo de esas tres direcciones fundamenta­ les se constituyó una m entalidad nueva, reflejada en cierta medida en La Enciclopedia, por influjo principal de Diderot. Todo ese movi­ miento de ideas ha pasado a ¡a Historia con el nombre de enciclope­ dismo y constituyó el renacimiento espiritual que sacudió los cimien­ tos del antiguo régimen.
130

MANUA1.DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KcmrdaJ. C. ÍU rrrr

En su contenido básico había cierta unidad, especialmente en su hostilidad contra todo lo que tenía sus raíces en el pasado medioeval y su definida aspiración hacia los ideales del liberalismo, tanto en lo fi­ losófico como en lo religioso, político y económico. Como expresa el Dr. Galletti, estas nuevas ideas, que son co­ rrientes en la época que se denomina “edad de la razón” impregnada de un espíritu racionalista e iluminista. se van introduciendo en las clases altas y desde arriba, oponiendo al dogmatismo religioso y al ab­ solutismo eclesiástico, la razón, la libertad del espíritu, la tolerancia religiosa y la libre critica, con ideales de progreso y cosmopolitismo y el predominio del conocimiento científico. Descartes nos presentará un nuevo método para la investigación científica; Voltaire ataca las tradiciones del culto en nombre de la ra­ zón; Hobbes y Locke hablan de una nueva interpretación filosófica a través de los sentidos, las sensaciones o la reflexión. En la Enciclope­ dias. obra que recoge y divulga el saber de la época, trabajan grandes figuras y echan las bases que serán retomadas por la Revolución Fran­ cesa. Cabe señalar aquí, como lo hace el autor citado, que los Borbo­ nes. pese a su espíritu fuertemente centralista y absolutista, represen­ tan, sin embargo, ese nuevo espíritu en España, aunque limitado a de­ terminados y reducidos sectores, a consecuencia de la influencia fran­ cesa que los nutre, y esa etapa será conocida como la del Despotismo Ilustrado, que no fue sólo patrimonio de ese país, sino que reflejó el accionar de la gran mayoría de las testas coronadas de Europa en esa época. El movimiento de las nuevas ideas se vio complementado en el siglo XVIII por la extraordinaria producción filosófico política de una serie de grandes pensadores entre los que se destacaban Fenelón, Bayle, Mably, Condorcet, Diderot y los que ya hemos señalado. También aparecen, especialmente en Francia, los sostenedores de un nuevo or­ den económico, agrupados con el rótulo de fisiócratas, ente ellos Quesnay, fundador de la escuela y sus seguidores Goumay, Turgot. Dupont de Nemours, Le Mercier de ia Riviere y otros, que considera­ ban a la tierra como la única fuente de riqueza y el trabajo que se apli­ ca a extraer sus productos es la única forma de esfuerzo que produce utilidad. Son enemigos de! antiguo orden económico, contrarios a la reglamentación y al monopolio y partidarios de la libertad económica,
131

y

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KcmrJo J. C. Hv-rrr

que encontrarán en Inglaterra con Adam Smith su principal sostene­ dor, luego complementado con los estudios de su compatriota David Ricardo. 3. El D espotism o Ilustrado. Los Borbones trajeron una novedad que produjo grandes y bene­ ficiosas consecuencias en el orden de la cultura, de la economía y de la política misma: una especie de mezcla de absolutismo con la forma de "revolución desde arriba” y de democracia de carácter económico social, al que se llamó “despotismo ilustrado”. Francia tuvo influencia en las letras y en las artes españolas, co­ mo así en el renacimiento científico, todo lo cual fue en esencia obra de los propios españoles. Se desarrolló un gran entusiasmo por el es­ tudio de las ciencias, incorporando a la sociedad española ilustrada al movimiento científico y educativo europeo. Se fundaron escuelas de artesanos, centros de estudios científicos, certámenes para premiar trabajos de investigación de materias económicas, educación, agri­ cultura, etc. Aunque el movimiento en favor de la educación de las clases tra­ bajadoras parezca haber obedecido a un sentimiento democrático, lo que sin duda algo de esto llevaba el filantropismo del siglo, y el des­ potismo ilustrado con la frase “todo para el pueblo”, lo que propia­ mente guiaba era el resultado económico, beneficioso no sólo para las clases pobres, sino también para las ricas; y, como máxima conse­ cuencia de carácter popular, el reconocimiento implícito del valor que corresponde a la mano de obra en la producción. Una de las más importantes reformas se refirió a la de las clases labradoras, independizándolas de los grandes propietarios, en la propia península. Se buscó a través de una forma de explotación colectiva de la tierra, o bien mediante la formación de una numerosa clase de pe­ queños propietarios, sobre la base del reparto de tierras no cultivadas del Estado (baldíos). La expresión doctrinal más completa de esta po­ lítica se encuentra en el Proyecto de Ley Agraria escrito por Jovellanos, siendo digno de mencionar el Discurso sobre el fomento de la in­ dustria popular de Campomanes. Las m edidas de carácter democrático referidas se completaron con leyes que ampliaban a los diferentes oficios manuales los privile­ gios de hidalguía (nobleza en su grado inferior) y con el acceso de los
132

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RScirJo J. G. H m ytr

plebeyos a los oficios concejiles: única concesión propiamente política que registra la historia del absolutismo borbónico, cuya fórmula de despotismo ilustrado era “todo p o r el pueblo, pero sin el pueblo”. Se desarrollaron en esa época los estudios de matemática, de físi­ ca, química, medicina, historia natural, economía, de historia y de de­ recho. Se continuaron las expediciones científicas, de descubrimientos geográficos y de estudios náuticos y una admirable producción carto­ gráfica, cuyo terreno principal fue América. El Siglo XV11I fue eminentemente enciclopedista en el doble sentido de esa palabra, que comprende las enciclopedias propiamente dichas en forma de diccionario o en cualquiera otra forma expositiva, y los diccionarios especiales para cada una de las ramas de estudios. La Enciclopedia fue una obra metódica, escrita por un grupo de científicos y filósofos franceses de ideas avanzadas, un cuadro muy completo de las doctrinas políticas, filosóficas y de ciencias matemáti­ cas y de observación que pretendían substituir con ventajas a la cien­ cia y a las creencias medioevales, contra las que en parte se había le­ vantado el Renacimiento. Los hombres que aceptaron esas ideas y trataron de aplicarlas al gobierno y educación de los pueblos fueron llamados enciclopedistas La política borbónica inicial dirigida a la reforma de la adminis­ tración y de la hacienda, se completó con medidas fomentadoras de las diversas fuentes de producción nacional (agricultura, industria y co­ mercio) y de los medios auxiliares de la vida económica (obras publi­ cas, etc.). Resultado de esto fue disminuir gran parte de la deuda pública y aumentar los ingresos del Estado. Pero más adelante la mala adminis­ tración de Carlos IV y de su favorito Godoy, hizo retroceder nueva­ mente la hacienda hacia finales del siglo XVIII. La política regalista de los Borbones tuvo por objeto unificar en la comunidad de una misma organización económica y jurídica, a la metrópoli con sus provincias. Se quería reaccionar contra el concepto de la dinastía austríaca tendiente a la descentralización que había lle­ vado a la América española a la ruina. Se hacia cada vez mas necesa­ rio uniformar el gobierno de estas grandes colonias con el de su me­ trópoli, y así se propuso el plan de Intendencias Con el Despotismo Ilustrado, se acentúa el absolutismo y el cen­ tralismo del gobierno, manifestándose en la acción cada vez más di­
133

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUaONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. tU m *

recta del m onarca en la administración del Estado y sus colonias, des­ tacándose en la época ministros de tendencia liberal e iluminista como fueron Floridablanca, Campomanes y Jovellanos 4. Causas que determinaron la creación del Virreynato del Río de la Plata. Con ia term inación de la dinastía de los Austrias, se iniciaron las Guerras de Sucesión. España había perdido su rol hegemónico, m ien­ tras se constituían en principales potencias Francia, Inglaterra Austria y Holanda. Luis XIV de Francia consigue imponer a su nieto Felipe de Anjou, quien inicia la dinastía de los Borbones como Felipe V de España. Por el Tratado de Utrecht se logra el anhelado equilibrio europeo, y sale gananciosa Inglaterra que así puede comerciar libremente. España e Inglaterra celebran el Tratado de Asiento (1713), beneficioso para Inglaterra, que adelanta fondos a España y ésta le permite el comercio de esclavos negros y de productos manufacturados a cambio de m eta­ les (plata y oro). Esto se proyecta a América, donde se inicia la llamada “época del cuero” que continuaría por largo tiem po en nuestro país. El aporte de mano de obra barata -los negros reemplazan ventajosamente al in­ dio- provoca cambios en la economía y en la demografía. La paz de Utrecht convierte a Inglaterra en el arbitro de Europa, y trae una secuela de complicaciones para España en América, con el dominio de! m ar por Inglaterra. Tam bién se producen problemas por la separación del Portugal de la corona de los Borbones (1762), y sus pretensiones reivindicato­ rías de tierras americanas, lo que darán lugar a conflictos como los de Colonia del Sacramento. La revisión del Tratado de Tordesillas tiene como consecuencia otorgar al Portugal las tierras de Rio Grande Do Sul y los siete pueblos de las misiones jesuíticas en la orilla oriental del Uruguay. El Virreinato del Río de la Plata fue creado por Real Cédula de Carlos III el 8 de agosto de 1776. Dem arcación: El Virreinato estaba integrado por las antiguas gobernaciones del Río de la Plata, del Paraguay, de Tucumán y de Charcas, agregándosele la región de Cuyo, que hasta entonces había pertenecido a la Capitanía General de Chile.
134

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Xkardo J. G. /U m r

Extendíase, pues, a los territorios que cubren actualmente la Re­ pública Argentina, el Paraguay, Uruguay, Bolivia y Río Grande do Sul. Causas políticas: La continua expansión dei Portugal hacia e! Oeste, en detrimento territorial de las posesiones españolas determina­ ron la necesidad de una dirección m ilitar cercana para contener tales avances y cubrirse de los eventuales ataques de las grandes potencias marítimas. La enorme extensión territorial que abarcaba el Virreinato del Perú, especialmente las distancias de la gobernación del Río de la Plata, impedían el buen gobierno desde la capital ubicada en Lima, y la oportuna adopción de medidas en defensa del patrimonio de la Co­ rona Española. La presencia de un Virrey, con amplios poderes, se ha­ cia cada vez más necesaria para asegurar los propósitos indicados. Cabe apuntar que para la época en que se va a crear el Virreinato del Río de la Plata (1767), se habían generado problemas internacio­ nales en la zona del Atlántico Sur, derivados de la rivalidad hispano portuguesa y de las pretensiones inglesas sobre los territorios ubicados en ese área. Pocos años antes de aquella fecha, el gobernador de Bue­ nos Aires, D. Pedro de Ceballos, había tomado posesión de toda la Banda Oriental inclusive el territorio de Río Grande, pero se vieron obligados a devolver la estratégica Colonia del Sacramento, ubicada frente a Buenos Aires. Pese a encontrarse en paz, los portugueses fue­ ron tomando sucesivamente posesión de territorio considerado espa­ ñol, lo cual determinó al Rey Carlos 111 a organizar la expedición mi­ litar más importante que España hubiese enviado hasta ahora a las Américas, en la que puso a su. frente precisamente a D. Pedro de Ce­ ballos, designándolo Virrey, Capitán General de las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí. Santa Cruz de la Sierra, Charcas y todos los pueblos comprendidos en la jurisdicción de la Audiencia de Charcas. Por ello puede afirmarse que la creación del vi­ rreinato rioplatense estuvo determinada casi exclusivamente por con­ sideraciones estratégicas que hacían necesario oponer un fuerte con­ glomerado político a las desmedidas ambiciones lusitanas y al latente peligro británico. Causas económicas: Hemos señalado ya que con el adveni­ miento de los Borbones se impusieron una serie de nuevas medidas de tipo económico, en las que se buscaba mejorar la situación de la Real Hacienda por medio de un contralor más cercano. Los cambios opera135

XtVMiALDEHlSTORL\CONSTTTLT a(>NALARGENTIN,V D r. Ricardo J . G . lU rv c j

dos en el Río de la Plata a consecuencia de las transformaciones intro­ ducidas, especialmente por el Reglamento de Comercio Libre, sobreseí que hablaremos más adelante, hicieron necesaria la creación de una autoridad virreinal que pudiera ejercitar una más efectiva vigilancia del increm ento de transacciones comerciales y, especialmente, para frenar el contrabando que perjudicaba fundamentalmente el erario. Otro aspecto significativo lo constituyó el desarrollo ganadero operado en la región y el aprovechamiento del cuero y orros subpro­ ductos de ¡os vacunos, que eran la base del incremento comercial le­ gitimo con los navios españoles y el no autorizado con navios de otros países. Para cumplir tales fines, se crean y establecen en Buenos Aires y en el nuevo Virreynato, el régimen de Intendencias, la Aduana y el Consulado, sobre los que nos referimos más adelante. 5. P rincipales Reform as. El Dr. Zorraquin Becú, refiriéndose a esta etapa de la vida colo­ nial, señala que los numerosos organismos y las distintas autoridades que se establecieron dieron una fisonomía muy diversa al territorio actualmente argentino, tanto desde el punto de vista administrativo como político y, a su vez, estas reformas produjeron múltiples conse­ cuencias de orden social y económico, que unidas a la transformación universal del mundo moderno, iban a conducir paulatinamente hacia ia independencia. ... La política económica seguida anteriormente por el Estado Espa­ ñol estuvo regulada por dos principios: exclusivismo colonial y la teo­ ría de los metales preciosos. Las colonias eran mercados complemen­ tarios de la economía peninsular, reservado a los comerciantes de la metrópoli. Cádiz era el puerto natural de este comercio, pero luego la in­ fluencia de los mercaderes de Sevilla y la creación de la Casa de Con­ tratación en esa ciudad, destruyeron la influencia o tendencia liberal del comercio. En un primer momento, Carlos V, basándose en razones de téc­ nica com ercial decretó en 1529 la apertura de nuevos puertos comer­ ciales en la península. Con Felipe II, triunfa el criterio centralizador del com ercio y la influencia de Sevilla, y se establece el régim en de “flotas y galeones” en 1561.
136

*

MANUAL DE JI1STORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J, G- tJmrvcr

Por la Recopilación de Leyes de Indias de 1680 se asegura el cumplimiento y eficacia de la política de monopolio y protección de la navegación contra los corsarios. Se realizaban así dos flotas anuales, para asegurar la tranquilidad del comercio y el ataque de navios pira­ tas o de naciones beligerantes. Las reformas fundamentales impuestas por los Borbones en este período, estaban dirigidas a lograr una mayor fluidez comercial con sus colonias, poniendo así en práctica las nuevas ideas económi­ cas que se imponían ante el obsoleto sistema de “flotas y galeones”, imperante desde los tiempos de Felipe II y que en realidad sólo era de beneficio para los comerciantes monopolistas de Cádiz y Sevilla y a quienes los representaban en los dos únicos puertos hasta entonces ha­ bilitados en América. La prosperidad económica del Rio de la Plata fue enorme durante esta centuria, dicen Tau Anzoategui y Martiré, ya que las medidas adoptadas por la Corona o las decretadas por los gobernantes locales, determinaron una coyuntura francamente favorable para el nuevo Virreynato mediante una política más liberal. El comercio de toda Amé­ rica se enriqueció con el nuevo sistema y una estadística dada a cono­ cer por el Dr. Ricardo Levene señala que el movimiento comercial entre Indias y España se sextuplicó entre 1778 y 1800. El mismo autor señala que desde 1772 hasta 1776 apenas habían entrado en el Río de la Plata 35 embarcaciones, pero luego que se hicieron sentir los efec­ tos del libre comercio, los navios alcanzaron a duplicar esa ciña en los diez últimos años del siglo. El auge dei comercio superó todas las de­ más fuentes de riqueza virreinales y Buenos Aires se constituyó en la distribuidora de las provisiones que necesitaron no sólo los mercados rioplatenses, sino también los del Alto y Bajo Perú, en atención a la baratura de sus precios. 6. El Reglamento de Comercio Libre. El objetivo que movió esta serie de reformas rué el de activar el comercio marítimo como la mejor manera de generar una mayor re­ caudación impositiva para sus arcas y posibilitar, además, un mayor desarrollo de sus colonias. En tal sentido la sanción de este Regla­ mento, cumplida en octubre de 1778, constituyó un factor gravitante en la transformación que se buscaba. Se ponían en práctica las teorías

MANUAL DE HISTORIA CONSTm;QO.NAL ARGENTESA Dr. Ricardo J. G. llr n c y

del m ercantilism o ya probadas en Francia por el Ministro Colbert. que buscaba conseguir una balanza comercial ac tiv a .......................... Sus principales disposiciones son las siguientes: a) La habilitación de nuevos puertos tanto en España como en Améri­ ca. Esto posibilitó un creciente intercambio no sólo entre los diver­ sos puertos de la Metrópoli y los de sus colonias, sino que además autorizó el intercambio de los puertos americanos entre sí. b) La supresión de los diversos impuestos hasta entonces vigentes, re­ em plazándolos por los del almojarifazgo y la aleábala. c) Otra importante medida de política fiscal fue la liberación impositi­ va de algunos productos, con el fin de favorecer su comercializa. ción. d) Cabe anotar que la libertad de comercio que por este Reglamento se establecía, no tenía un carácter general, sino que estaba limitada al com ercio de españoles con sus colonias, con la aclaración de que los navios que ingresaran a los puertos americanos debían ser de propietarios españoles, como también debía serlo la tripulación, aceptándose que hasta un tercio de extranjeros pudieran compo­ nerla. e) Por otra disposición se alentaba la construcción de navios, a cuyo fin la Corona proporcionaba la madera necesaria para su construc­ ción, a lo que debía agregarse que en el primer viaje redondo que realizara el barco se beneficiaba con una importante reducción de los impuestos. f) La creación del Consulado, tema que tratamos más adelante. Los efectos de este Reglamento resultaron positivos para los comer­ ciantes en general, con un ascenso marcado de la burguesía, pero sus consecuencias resultaron desastrosas para las clases producto­ ras, principalmente campesinas, asestándole golpes, a veces m or­ tales, a las producciones locales, a las artesanías y manufacturas de las diferentes regiones del Virreinato, afirma el Dr. Galletti. 7. La Aduana de Buenos Aires. Su creación es una consecuencia inmediata del régimen de co­ mercio libre, permitido por la inclusión del puerto de Buenos A.ires entre los habilitados por el Reglamento que hemos analizado. El vo­ lumen creciente del comercio hacía imposible que el contralor pudiera seguir a cargo de los funcionarios de la Real Hacienda, ya que se da­
138

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTES,V Dr. Ricardo J. G. H *m r

ñaba a los particulares con las demoras que se producían en los despa­ chos. ....................... Fue creada por Real Orden del 7 de abril de 1778 y comenzó a funcionar el año siguiente bajo la dirección de un Administrador Ge­ neral de Aduana y Aleábalas, al que asistían un Vista de Aduana, un Contador y dos Oficiales de Contaduría. Por iniciativa de la Aduana de Buenos Aires se crea la similar de Montevideo, ciudad que contaba con un mejor puerto para recibir los navios de ultramar, desde la cual se enviarían a Buenos Aires los géneros y efectos por medio de lanchones o barcos menores. La Aduana se estableció en el edificio que llamaban de la Ran­ chería. Se dictó un Código Aduanero dividido en 7 títulos, y es la or­ denanza de aduana inicial que se puso en práctica en el Río de la Plata. Tenia como función fundamental la vigilancia de la entrada y sa­ lida de mercaderías, el cobro de los derechos de importación, exporta­ ción y aleábalas, la policía aduanera y la contabilidad respectiva. Más adelante, en 1794 se organizó el Resguardo de la Capital, destinado a la vigilancia del contrabando, estando ambos organismos bajo la de­ pendencia del Superintendente General. 8. La Audiencia. El Virrey, D. Pedro de Cebados, tan pronto se terminó la acción bélica contra los portugueses, pidió que la creación provisional del Vi­ rreinato se convirtiese en definitiva y se trasladase la Audiencia de Charcas a la ciudad de Buenos Aires. Y al no producirse esto, pide la creación de una nueva Audiencia en esta ciudad. El Rey accede por Real Cédula de 1782 y el 14 de abril de 1783 se dicta la Cédula ereccional. Fundamentaba su pedido en la circunstancia de haberse au­ mentado en gravedad e importancia los negocios de toda clase, a con­ secuencia de la creación del Virreinato y el incremento de las activi­ dades comerciales. Composición: La presidía el Virrey y estaba integrada por un Regente, cuatro Oidores, un Fiscal, que era, a su vez, Protector de In­ dios. Se integraba además con dos agentes fiscales, dos relatores, dos escribanos de Cámara y otros funcionarios. Comenzó a actuar en 1785 y su jurisdicción comprendía las provincias del Río de la Plata. Tucumán, Paraguay y Cuyo.
139

MANUAI. DE inSTORU CONSTITUaONAL ARGENTINA Dr. Ricxrdo J. G. H xn*r

Ya había habido una primera audiencia en Buenos Aíres en 1661, pero fue abolida. Las disposiciones que entonces se dictaron para esa Audiencia fueron aplicadas con leves modificaciones en la nueva Au­ diencia. Una de las novedades en esta institución es la figura del Regente, funcionario encargado del gobierno interior de !a Audiencia, una es­ pecie de enlace entre el cuerpo y su presidente. Estaba facultado para presidir el organismo en caso de ausencia de su titular, asistiendo a to­ dos los acuerdos con voz y voto, pudiendo dividir a la Audiencia en Salas, designando a los Oidores que las compondrían, teniendo facul­ tades de vigilar la marcha de los asuntos para evitar demoras injustifi­ cadas. Además, como novedad, se le acordaba al Regente la facultad de actuar como Juez de Primera Instancia en juicios verbales de poca monta, en los casos que las partes sometieran voluntariamente. Este funcionario formó parte de la Audiencia de Buenos Aires desde su fundación y fue incorporado como una medida destinada a fortalecer la administración de justicia indiana, desterrando viejos males y co­ rruptelas. La Audiencia era un órgano que tenía predominantemente facul­ tades judiciales, como ser las de apelación de resoluciones adoptadas por los alcaldes ordinarios, los tenientes letrados en las Intendencias, los que debían resolver la Audiencia en pleno. Además, los oidores individualmente tenían funciones a su cargo. Actuaban además en las funciones de Justicia administrativa, en causas de gobierno, militares, hacienda y correos. Pero además tenía funciones en lo político, ya que reemplazaban al Virrey en caso de muerte, incapacidad, o ausencia definitiva, salvo que aquél funcionario hubiese dejado instrucciones acerca de quien debía ser su reemplazante, lo que se conocía como “Pliego de Morta­ j a ” . En el caso de una ausencia temporaria del Virrey, lo reemplazaba el Oidor mas antiguo. En lo financiero, debía autorizar al Virrey para realizar determi­ nados gastos, y ejercitaba un contralor de la Real Hacienda. Tenía a su cargo la realización de ios juicios de residencia de los funcionarios del Virreinato, de menor jerarquía. La Audiencia de Buenos Aires desarrolló una intensa y prestigio­ sa labor, no sólo judicial, sino de gobierno, como afirman los Dres. Tau Anzoátegui y Martiré, ya que procuró en todo momento orientar

MANUAL DE HISTORIA (XXNSTTTUC30NAL ARGENTINA Dr. Ríarda J. G. f/*r*cr

ta tendencia avasalladora de los gobernantes o el desordenado dina­ mismo popular, obrando con gran prudencia y decoro. Sus miembros demostraron un profundo saber jurídico y una conducta digna del alto cargo que ejercían. 9. El Consulado. El Reglamento de Comercio libre prevé la creación de un Con­ sulado en cada puerto habilitado en España, y se aplicó este principio por analogía en América. Los comerciantes de Buenos Aires solicita­ ron su habilitación en 1785 y tras una ardua gestión, recién rué autori­ zado en 1794, dándosele jurisdicción sobre todo el Virreinato del Rio de la Plata. El cuerpo estaba compuesto por un Prior, dos Cónsules, nueve Conciliarios y un Sindico, todos con sus respectivos Tenientes a los que se agregaba un secretario, un contador y un tesorero. Además podían nombrar diputaciones consulares en todo el te­ rritorio, los que duraban dos años y debían actuar asociados a los co­ merciantes y con el Escribano del Cabildo del lugar, y tenían como función facilitar la atención de los pleitos mercantiles. Una de las funciones más importantes atribuidas a los Consula­ dos era la de actuar como Tribunal Judicial en asuntos mercantiles, pa­ ra lo cual debía integrarse con el Prior y los dos Cónsules, debiendo entenderse comprendida en esa facultad todas las cuestiones atinentes al comercio, contratos mercantiles, transporte marítimo, fletes y de­ más cuestiones conexas, inclusive juzgaban los delitos cometidos a bordo durante la navegación. Funcionaban además como Junta de Fomento Económico para procurar el progreso de la agricultura y la industria, la introducción de herramientas y el aumento del comercio, ocupándose además de las ciencias y artes útiles, así como la construcción de obras públicas y de conservar las existentes que estuvieran vinculadas con su ramo. En sus inicios el Consulado tenía predominio total de comer­ ciantes, pero la importancia que fueron adquiriendo rápidamente los hacendados, decidió a la Corona a disponer que este organismo se constituyese con igual número de comerciantes y hacendados, a fin de que el comercio y ia agricultura recibiesen el mismo fomento.

141

____________________________________________________ :___________is 10. La Real Ordenanza de Intendentes» La creación del régimen intendencial es una consecuencia de las nuevas ideas imperantes en la Metrópoli, y la necesidad de mejorar la recaudación hacendista, promover el desarrollo económico y acentuar la centralización político-administrativa del Imperio, constituyendo un nuevo sistem a administrativo que modificó la estructura tradicional. Fue creado en el Virreinato del Río de la Plata por Real Ordenanza de 1782, extendiéndose paulatinamente, y para 1790 está implantado en todo el Imperio Español. De acuerdo con la Real Cédula de erección del sistema intenden­ cia!. el Virreinato del Río de la Plata estuvo dividida en 8 Intenden­ cias, bajo la dirección de la Superintendencia establecida en Buenos Aires. Las ocho intendencias fueron las siguientes: la de Buenos Aires que com prendía además a Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes; la de Asunción del Paraguay: la del Tucumán, que comprendía a las juris­ dicciones de Córdoba, La Rioja, Mendoza, San Juan y San Luis: Salta del Tucumán, que abarcaba Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Este­ ro y Catamarca y más adelante Tarija; la jk X h a tc a s o Chuquisaca: lade Potosi; la de Cochabamba v la de La Paz. El Intendente era elegido directamente por el Rey y estaba al frente de cada uno de los distritos mencionados,. Dependía directa­ mente del Superintendente Delegado de la Real Hacienda. En al cús­ pide del sistema estaba el Superintendente General de la Real Hacien­ da, función que desempeñaba en la Metrópoli el Secretario de Estado o del Despacho Universal de Indias. Este nuevo sistema no significó la eliminación del anteriormente vigente, por lo que vino a injertarse en el antiguo, ya que el Virrey continuaba con su real autoridad, pero las funciones de hacienda le fueron confiadas al nuevo funcionario. Con el tiempo se irán produ­ ciendo roces por materia de conflictos jurisdiccionales, que determina­ ron a la Corona a establecer en una sola persona las funciones de Vi­ rrey y Superintendente de la Real Hacienda. A tribuciones: La Ordenanza otorgaba a los Intendentes las si­ guientes funciones, a saber: De Policía: Tenía a su cargo el fomento económico y el progreso material (agricultura, ganadería, industria, minería, comercio; cons­ trucción de caminos, puertos, transportes, etc.) Debían realizar perió­ dicas visitas a los distritos de su jurisdicción. En estas amplias funcio-

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Riau-Jo J. G. Hamry

f

kppftfc
MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RicmrJo J. G. !t*r>*r

nes de policía se resume el ímpetu de progreso material que se consi­ deraba necesario para la revitalización del Imperio. También se les concedía a los Intendentes el vicepatronato real en sus respectivas provincias. De Hacienda: Este aspecto estaba minuciosamente reglamentado en la Ordenanza, estando a su cargo la administración de las rentas reales y jurisdicción contenciosa en todo lo referido a la materia de Hacienda, que hasta entonces había estado a cargo de los oficiales reales. De Justicia: En la Capital de cada Intendencia, tenía a su cargo la administración de justicia civil y criminal a cargo de un Teniente Le­ trado nombrado por el Rey, quien, además, era asesor en todos los ne­ gocios de la Intendencia, siendo sus fallos apelables ante la Real Au­ diencia. Los alcaldes continuaron funcionando, pero con menores atri­ buciones. El Intendente tenía además a su cargo la vigilancia de la administración de Justicia y el cumplimiento de las leyes. En materia de Guerra, tenía a su cargo todo lo concerniente a aprestos militares que tuviera conexión con la Real Hacienda. Los in­ tendentes no tenían mando militar alguno, sólo debían atender a la subsistencia de la tropa y a los gastos militares. Si bien, conforme al nuevo régimen el Intendente debía reempla­ zar al Gobernador, se dispuso que a los funcionarios que ya estaban al frente de las gobernaciones de provincias ejercieran las atribuciones ¡ntendenciales, dándoseles el titulo de “Gobernadores Intendentes”. Había también Sub-Delegados de Intendentes de dos categorías. Los de pueblos de Indios, que ejercían las funciones ya descriptas. En las ciudades o villas subalternas, atendían sólo las atribuciones de ha­ cienda y de guerra. En todos los casos estaban subordinados a los Go­ bernadores Intendentes. Quedó al margen de la organización de Intendencias el gobierno de ciertas regiones fronterizas, como gobernadores político-militares, como en el caso de los distritos de Moxos, Chiquitos, Montevideo y Misiones, con atribuciones en materia de gobierno, justicia y guerra, pero que dependían de los Intendentes en materia de hacienda, sin perjuicio de su subordinación a la autoridad general del Virrey.

143

MANUAL DE HISTORIA COiNSTnUQOiNAL ARGENTINA Dr. K i^rdo J. G .H m m y

j Bibliografía consultada y utilizada. I ACEVEDO, Edberto Oscar, "Las reformas borbónicas en la segunda ¡ mitad del Siglo X V llt” en Nueva Historia de la Nación Argentina ” Tomo 1° de la Academia Nacional de la Historia. INGENIEROS, José. "La evolución de las ideas argentinas" GALLETTI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” INGENIEROS, José. “Evolución de las Ideas Argentinas”. LEVENE, Ricardo. “ Manual de Historia del Derecho Argentino” LEVENE, Ricardo. "La Legislación de Indias en el Siglo XVIII" en ! Historia de la Nación Argentina. Tomo 3o de la Academia Nacional de ¡ la Historia. LEVENE, Ricardo. "Funciones económicas de las Instituciones vinreynales" en Historia de la Nación Argentina Tomo 4o (2') de la Acade­ mia Nacional de la Historia. LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Argemina” | LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar| gemina” I RAVIGNANI. Emilio. "El Vireynato del Río de la Plata" en Historia i de la Nación Argentina. Tomo 4o (2a) de la Academia .Nacional de la i Historia. | TAU ANZOATEGUI, Víctor y MART1RE, Eduardo. “Manual de | Historia de las Instituciones Argentinas” ! ZARINI, Helio Juan. “ Historia e Instituciones en la Argentina” j ZORRAQUIN BECU, Ricardo. “La Organización Política Argentina i en el periodo Hispánico”

J

i ¡ j | I

MANUAL DE HISTORLV CONSTTTUCIONAL ARGENTINA Dr. Kkarda J. G.

CAPITULO 6
1. Revolución de Mayo. Las ideas filosóficas y políticas sobre el origen del poder. Los historiadores discuten acerca de la filiación ideológica de ios hombres que llevaron adelante nuestra Revolución de Mayo, conside­ rando algunos que éstos se hallaban estrechamente ligados al pensa­ miento expuesto en las universidades americanas, cuyo mayor expo­ nente era el Padre Francisco Suárez, mientras otros autores que res­ ponden en mayor medida a la tendencia liberal, creen encontrar ese fundamento en el pensamiento del ginebrino Juan Jacobo Rousseau, cuyas ideas habían llegado en forma posterior al Río de la Plata, aun­ que de manera más o menos clandestina, y eran conocidas por los" principales actores del proceso revolucionario. Ambos pensamientos son expuestos para conocimiento de los educandos: x 2. Las ideas dei P adre Francisco Suárez. Francisco Suárez fue un sacerdote de la Cqrnpañía de Jesús, na­ cido en Granada (España) en 1548 y fallecido en el año 1617. Fue uno Je los expositoresj:ató!icos más lúcidos de su época -llamado por sus dotes el Doctor Eximio- y las doctrinas por él sustentadas encuentran precedentes en la Summa Teológica de Santo Tomás de Aquino, en Fray Francisco de Vitoria, San Roberto Belarmino, San Isidoro de Se­ villa, etc. Enseñó en las Universidades de Salamanca y Coimbra y su pen­ samiento se tíadujo en numerosas obras de gran valor filosóficoteolóefco^jtmdjcor siendo las que más nos interesan en orden al tema a desarrollar el Tratado de las Leyes (“De Legibus”) y Defensa de la fe católica y apostólica contra los errores de la secta anglicana, con res­ puesta a la apología dei juramento de fidelidad y a la carta enviada a ios principes cristianos por el Serenísimo Jacobo, Rey de Inglaterra C'Defensio Fidei”), las que tuvieron gran repercusión en España y to-

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RiavxJoJ. G. tU m r

da Europa y, trasladadas a América por los sacerdotes jesuítas, sirvie­ ron de base para la enseñanza en las Universidades de Charcas y Cór­ doba, con influencia directa sobre los hombres que habrían de tener un papel protagónico en los sucesos de nuestra Revolución de Mayo. ^Suárez desarrolló su teoría sobre el origen de la autoridad o del E stado'poder, jomando como base la tradición cristiana y consideran­ do especialm ente el momento histórico en que vivió, ya que sus estu­ dios nunca fueron indiferentes a la realidad contemporánea que lo ro­ deaba, y la segunda de las obras mencionadas más arriba es precisa­ mente una refutación a las ideas del monarca inglés sostenedoras del principio del absolutismo de origen divino inmediato, dado por Dios directam ente al Príncipe. Suárez divide en cuatro pasos sus enseñanzas respecto al origen y posesión de la autoridad: El primero de ello puede resumirse diciendo que “a ninguna per­ sona. física o moral, le viene inmediatamente de Dios la potestad civil, ya sea por naturaleza o por donación graciosa” Para entender este primer paso es necesario apreciar que siendo el hom bre de naturaleza racional, lo es también de naturaleza social. El ejercicio de la razón presupone en la propia raíz del hombre el im­ pulso a la vida en común. No es llamado a lo social por el temor ni por la indigencia, ni para librarse del caos, ya que si estos elementos han m ovido el instinto radical de conservación, debe entenderse que pre­ viamente lo pensó, lo evaluó y lo aceptó como medio para salir de aquél estado anterior. Sigue diciendo que “ natural y voluntariamente los hombres tien­ den a asociarse en comunidad perfecta” y que “por naturaleza todos ios hom bres nacen libres y, por lo tanto, ninguno tiene jurisdicción o potestad política sobre otro, ya que esa potestad no ha sido dada en forma inm ediata por Dios a ningún hombre en particular” A naliza más luego que los hombres pueden presentarse como “m uchedum bre” en cuanto son un agregado sin orden y no son pro­ piam ente un cuerpo político, por lo que no necesitan una cabeza o autoridad o principe. Pero si por especial voluntad o común consenti­ miento se reúnen en un sólo cuerpo político por un vinculo de socie­ dad para ayudarse mutuamente en orden a un fin político, necesita él de una sola cabeza.
146

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJcmrdoJ. C. fb rrer

Señala que esta potestad de jurisdicción no es un arbitrio utilita­ rio de la razón, o encuentro casual para un mejor vivir, sino que fluye normalmente de la naturaleza racional cuando los hombres se unen con un fin político y forman la comunidad perfecta. Es decir, que en la “muchedumbre” o “multitud” ningún miem­ bro puede tomar la dirección de cada una de las partes, ya que nadie lo ha investido para ello, por lo que antes tendrá que darse la muche­ dumbre un “cuerpo político” para que se dé en él, como propiedad natural, el poder de jurisdicción que no obliga a los particulares como tales sino como socios de un destino común. La potestad civil por ser y por naturaleza está en la misma comu­ nidad. Por derecho natural inmediato sólo la comunidad humana per­ fecta y congregada para formar el cuerpo de la república tiene la su­ prema jurisdicción temporal sobre si misma. Este hacer la “comunidad política” es de derecho natural y de allí se concluye que la potestad de jurisdicción responde a la misma ley. Pero como el derecho natural es la ley de Dios en el hombre, se en­ tiende que el poder civil, como todo poder, tiene su origen en Dios. "Todas las cosas que son de derecho natural vienen de Dios co­ mo autor de la Naturaleza; pero como el principado político es de de­ recho natural, luego viene de Dios como autor de la Naturaleza” 2. El segundo paso de su argumentación nos dice que es mediante el pueblo que le viene al gobernante la autoridad. En su concepción re­ ferida al origen del poder, señala que Dios no nos da la potestad civil por una acción especial, sino que ella se deriva de cierta natural con­ secuencia que muestra la razón natural, resultando que el poder civil sólo existe en el sujeto naturalmente dispuesto para recibirlo, que es el puebio. o sea la muchedumbre congregada como cuerpo político. El tercer paso dice que el pueblo otorga la autoridad por su libre consentimiento, derivándose de allí los títulos legítimos de gobierno. Antes de formarse la comunidad perfecta nadie tiene poder civil: y después de la unión la potestad no es de nadie sino del todo y se en­ vende que ningún miembro tiene autoridad sobre los otros, ni la auto­ ridad del todo puede ejercerse sobre todos, sin que previamente el .■¡cuerdo de las partes objetivice su autoridad en un centro que queda como cabeza visible del cuerpo civil y con el poder de la conducción política. A la comunidad le toca establecer el régimen gubernativo y entregar la potestad a una persona determinada.
147

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricarda J. G. H * m r

Esta actitud de la comunidad perfecta hacia uno o un grupo de sus m iem bros es la invesüdura que recibe el principe directamente de la soberanía popular, que a su vez la ha recibido directamente de Dios, h El cuarto paso dice que al hacer este traspaso hay limitaciones en el poder tanto por parte del gobernante que la recibe y no puede usar de ella a su antojo, como por parte dei pueblo o com unidad perfecta que la confiere, quien ya no puede reasumirla a su capricho. El pacto ciudadano por el que se otorga el poder al príncipe, de ninguna m anera deja sin soberanía al cuerpo social. La potestad es siem pre propiedad formal del cuerpo. Al transferir la potestad el pue­ blo no enajena su poder en el sentido de quedar sin la cosa dada. Por el contrario, la institución del gobernante resulta de su consentimiento y de su voluntad. De tal manera, si el principe cambiase en tiranía la potestad que le ha sido dada, abusando de ella para daño manifiesto del pueblo, po­ dría éste usar de su potestad natural para defenderse, porque nunca se ha desprendido de ese derecho Pero, transferida la potestad política al príncipe el pueblo no puede, sin razones fundadas en la necesidad común, desposeer al titu­ lar de la investidura que le ha sido otorgada en forma libre. Ambos hechos, el de conferir la potestad y el de privarla de ella, es ejercicio directo de la comunidad perfecta. Ni el hombre ni el pueblo crean el poder civil. Al pueblo le viene inm ediatam ente de Dios y también al príncipe, pero mediante el pue­ blo. "N o se dice que la potestad viene simplemente de Dios, sino sólo en cierto sentido; porque es dada por el hombre y depende de él”. “ Porque no puso medio entre Dios y el Pueblo, sino que quiso que en­ tre Dios y el Rey, el pueblo fuese el medio, por el cual el Rey recibe la potestad” Resumiendo: para Suárez la sociedad responde a la naturaleza de las cosas, a la propia condición humana, que es social o política; y así es designio de Dios la existencia de la sociedad. T oda sociedad necesita de un gobierno, pero ningún hombre tie­ ne poder sobre otro, pues todos nacen libres, por lo que los individuos se reúnen entre sí por libre decisión, respondiendo a la necesidad natu­ ral de hacerlo y deciden darse una autoridad, un gobierno.
148

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. !Uc*rJa J. G. ¡U mrr

No se trata de darse un contrato social a la manera de Rousseau como un fruto caprichoso de la voluntad general, sino por que la so­ ciedad es necesaria por naturaleza. “La “potestas”, es decir el derecho de gobernar reside en la tota­ lidad de los miembros que integran la sociedad, es decir, en el pueblo. El origen de la autoridad, como de todos los derechos humanos es de Dios; pero Dios no la deriva directamente al príncipe o monarca, co­ mo ocurre en la teoría del origen divino del poder real, sino que Dios la deriva al pueblo (organizado como comunidad perfecta) y éste se da la forma de gobierno que mas le agrade y elige a ios gobernantes que desea. El consentimiento, tácito o expreso, de los gobernados es el título que legitima el poder, pero una vez que los ciudadanos escogen el ré­ gimen que desean, éste ya no puede ser modificado, salvo las excep­ ciones de vacancia de poder o cuando el príncipe incurre en tiranía. Esta teoría del poder recibido en forma indirecta de Dios, se completa con la afirmación de la autonomía de la autoridad civil frente a la autoridad religiosa. La teoría de las dos espadas se concreta en el sentido de que ambas jurisdicciones son autónomas y completas en si mismas, aunque el Sumo Pontífice tiene poder directo en el ámbito ci­ vil en la medida en que en él se jueguen intereses espirituales. Tal po­ der llegaría incluso a deponer a los monarcas que sean ocasión de es­ cándalos para los cristianos. 3. Las Ideas de Ju an Jacobo Rousseau. Juan Jacobo Rousseau pertenecía a una familia de calvinistas suizos de origen francés, nacido en Ginebra ( 1712 - 1778 ). Ha sido considerado como el término que completa la excepcional trilogía cu­ yos dos primeros son Montesquieu y Voltaire, y a quienes se puede considerar como los precursores de la Revolución Francesa. Pero especialmente se considera a Rousseau como el verdadero revolucionario en todo el sentido de la palabra. Innovador en todos los campos, su influencia fue tan duradera que se percibe claramente la marca de sus ideas en toda la Revolución, animada por la ideología del Contrato Social y su obra se encuentra manifestada en las Consti­ tuciones de casi todos los pueblos modernos. Promediaba el Siglo XVIII y reinaba en Francia Luis XV con la Ilustración en su apogeo. El joven ginebrino, hombre de exasperada
149

- *
MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGEsTINA Dr. Ri.-M.-doJ. G. lÍMrrcr

sensibilidad, enfermizo, trotamundos por temperamento que frecuen­ taba los salones parisienses, llegará a convertirse en uno de los hom­ bres m ayores de la filosofía política de todos los tiempos. El centro de la teoría política de Rousseau esta en el Contrato Social. Es el paladín de la Razón, de la razón iluminista, que se refu­ gia en un mítico primitivismo natural, en una Naturaleza ideal, de la que los hombres no debieron salir. En su libro “El Contrato Social” define lo que debe entenderse como "legitim o cuerpo político”, diciendo que supone a los hombres viviendo en estado de naturaleza, llegados a un punto tal en que los obstáculos que le impiden mantenerse en ese estado superan las fuer­ zas de cada individuo. De tal manera ese estado primitivo de naturale­ za no puede subsistir y el género humano estaría destinado a perecer si no cambiara su manera de ser. Así, no le quedará otro remedio que formar por asociación una suma de fuerzas que pueda superar a esos obstáculos, poniéndolas en juego con un sólo móvil y haciéndolas ac­ tuar al unísono. Será entonces necesario encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, por la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca si no a si mismo y permanezca tan libre como antes. Este Contrato Social estará determinado por la misma naturaleza del acto, y aunque no hayan sido formalmente enunciadas son siempre las mismas en todos los tiempos y en todos los países, siempre tácita­ mente emitidas y . reconocidas. Este reconocimiento tendrá vigencia mientras el pacto social no sea violado, en cuyo caso cada cual reco­ brará sus primitivos derechos y su libertad natural. En síntesis, las cláusulas se reducen a una sola: la enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a la comunidad, porque al darse cada uno por entero, la condición es igual para todos y, siendo igual tal condición, nadie tiene interés en hacerla onerosa para los de­ más. Y al efectuarse la enajenación de los derechos sin reserva alguna la unión resultará insuperablemente perfecta, sin que ningún asociado pueda reclamar. Pues si se dejase algún derecho a los particulares, como no habría ningún superior común que pudiese sentenciar entre ellos, cada cual, siendo su propio juez, pretendería serlo de los demás. Y entonces el estado de naturaleza subsistiría y la asociación se con­ vertiría en tiránica o inútil.
150

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Kkwrdo J. G. ÍU rrrr

La esencia del Contrato Social consiste en que cada uno de no­ sotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema di­ rección de la voluntad general, y cada miembro es considerado como pane indivisible del todo. Y para terminar de ilustrar su concepto Rousseau agrega que este acto de asociación convierte la persona par­ ticular de cada contratante en un cuerpo moral y colectivo, compuesto de tantos miembros como votos tiene la Asamblea, el cual recibe de este mismo acto su unidad, su yo común, su vida y su voluntad. La persona pública que constituye asi por la unión de todos los demás, tomaba en otro tiempo el nombre de “ciudad" y toma hoy el de "república” o el de “cuerpo político", el cual es denominado por sus miembros “Estado” cuando es pasivo y “Soberano” cuando es activo y "Potencia” cuando se le compara con sus semejantes. Los asociados toman colectivamente el nombre de "Pueblo” y se llaman en particular "Ciudadanos” como participantes de la autoridad soberana, y “Súbdi­ tos" como sometidos a las leyes del Estado. Se ha señalado que Rousseau considera al derecho natural como punto de partida para lograr los resultados de su Contrato Social, pues afirma que no está permitido violar las leyes naturales por el pacto, de la misma manera que no está permitido violar las leyes positivas por ios convenios entre los hombres. La teoría del pacto social importa en su consecuencia una for­ mulación concreta de la teoría de la Soberanía Popular de antiquísima existencia y constituye un excelente punto de partida para asentar en él la doctrina de la “voluntad general” como único asiento legítimo de la soberanía. Termina afirmando que el Contrato Social en lugar de des­ truir la igualdad natural, la sustituye por una igualdad moral y legítima a lo que la naturaleza pudo haber puesto de desigualdad física entre los hombres; y esta desigualdad que proviene de su fuerza o de su ge­ nio, se convierten ahora en igualdad por convención y por derecho. Con referencia a la soberanía, dice que el acto de asociación contiene un compromiso reciproco y cada individuo, contratando, por •isí decirlo, consigo mismo, se encuentra obligado desde dos puntos de vista: como miembro del poder soberano hacia los particulares y como miembro del Estado hacia el Soberano. En la doctrina de Rousseau el Soberano está formado por los particulares que lo componen y por ello no tiene ni debe tener ningún interés contrario al de los mismos. Pero para que el Contrato Social no

MANUAL DE HISTORIA INSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. / W e r

sea una vana fórmula debe contener tácitamente una cláusula en el sentido de que quienquiera rehúse obedecer a la voluntad general será_. compelido a ello por todo el cuerpo social, lo que no significa otra co­ sa que lo forzará a ser libre. Y ello, porque al pasar del estado de Naturaleza y perder su bertad natural y su derecho ilimitado sobre todo lo que esté a su alcan­ ce, con el Contrato Social lo que gana es la libertad civil y la propie­ dad de lo que posee. La libertad natural no tiene otros límites que las fuerzas del individuo y la libertad civil está limitada por la voluntad general. Refiriéndose a como se ejerce y cuál es la naturaleza de la Sobe­ ranía, Rousseau dice que uno de sus principales caracteres es la de ser inalienable. Siendo el Soberano un ser colectivo sólo puede ser repre­ sentado por si mismo. El poder puede transmitirse pero no la voluntad. Y así la voluntad general puede dirigir las fuerzas del Estado de acuerdo a los fines de su institución que es el bien común. Dado que la Soberanía se identifica con la voluntad general de todos los miembros del Estado, jam ás puede ser enajenada la sobera­ nía en provecho de un sólo hombre y desde el momento en que existe un “amo” ya no existe el “Soberano” y, por lo tanto, el cuerpo político queda destruido. La segunda característica de la Soberanía es su indivisibilidad. Si las resoluciones surgen de la manifestación de la voluntad de todo el pueblo, se está en presencia de un acto de soberanía. Si proviene de una fracción del pueblo, ya no se tratará de la voluntad general, sino de un acto de magistratura, de una voluntad particular. Rousseau sostiene que la voluntad general es incapaz de equivo­ carse ya que conoce sus propios intereses y lo que ella disponga a su respecto no es susceptible de ser superado. Pero la voluntad general no debe confundirse con la voluntad de una mayoría. “La voluntad gene­ ral es siempre recta y tiende siempre a la utilidad pública”. Sigue este pensador analizando las diferencias entre la voluntad de todos y la voluntad general: esta última sólo se refiere al interés común, mientras que la otra sólo al interés privado y no constituye si­ no una suma de voluntades particulares. Para lograr un perfecto enun­ ciado de la voluntad general es menester que no existan asociaciones parciales dentro del Estado y que cada ciudadano no opine sino por si mismo. Esta última aserción es característica del individualismo de
152

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JUardo J. G. H m m r

Rousseau basado en el Derecho Natural, y justificaba la adopción del voto nominal por oposición al voto colectivo de cada una de las órde­ nes en los Estados Generales de Francia. Analizando los límites del poder soberano, dice que el Estado es una persona moral que para conservar su vida, que no es sino la unión de todos sus miembros, debe disponer de una fuerza suprema y com­ pulsiva. “Así como la Naturaleza otorga a cada hombre un poder ab­ soluto sobre sus miembros, así también el pacto social otorga al cuer­ po político un poder absoluto sobre todos los suyos, y es ese mismo poder, dirigido por la voluntad general, el que lleva el nombre de So­ beranía. El pacto social establece entre los ciudadanos tal igualdad que todos deben comprometerse bajo las mismas condiciones y gozar de los mismos derechos. Dada la naturaleza del Contrato Social, todo acto de soberanía o todo acto emanado auténticamente de la voluntad general obligará o favorecerá por igual a todos los ciudadanos. Resumiendo: para Rousseau el hombre es bueno por naturaleza y vivía en libertad. La sociedad lo hizo malo y lo somete, a menos que se establezca una situación similar a aquélla (la Naturaleza), lo cual para Rousseau es posible con la fórmula del contrato. Considera que es menester asociarse de tal modo que cada asociado, en virtud del contrato, no obedece a nadie más que a si mismo y permanece tan li­ bre como antes de asociarse. Así, la sociedad política no tiene su fundamento en el Derecho Natural, sino que se trata de una libre y voluntaria creación humana, fruto de una convención. “Cada cual pone en común s u p e r s o n a y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general” y cada miembro es considerado como parte indivisible del todo, reiterando la existencia de la voluntad general, a la que califica de soberana, inape­ lable, indivisible, infalible y absoluta. Esta voluntad general se distin­ gue de la voluntad de todos. Es siempre recta y dirigida al interés co­ mún. El individuo queda cobijado en ella, con su libertad “protegida”, sin someterse a nadie en particular. Sigue manteniéndose en él su so­ beranía, ia que no será transmisible ni enajenable, y el poder sólo será transmitido al gobernante como a un mandatario para que ejerza sobre todos lo resuelto por la “Voluntad General”, y como tal, por naturale­ za, será revocable cuando se aparte de los fines del bien común.
153

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JUarxh J. G. Hju-ttt

4. Quien fue el filósofo de la Revolución de Mayo. Cuando se analiza quienes fueron los pensadores que mayor in­ fluencia tuvieron en los sucesos de Mayo de 1810, con mayor fre­ cuencia se lo ha considerado a Juan Jacobo Rousseau, teniendo en cuenta que así como su Contrato Social fue el camino que condujo a la Revolución Francesa, de la misma manera vino a guiar los pasos de los americanos en la obtención de la independencia. Son muchos los que afirman que la producción fiiosófico-politica del Siglo XVII alcanzó un desarrollo extraordinario y que sus figuras cumbres Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Diderot y Condorceí ilu­ minaron en las sesiones hispánicas de América una influencia que con el correr dei tiempo adquirió los contornos y el contenido de la doctri­ na revolucionaria. Se afirma que en la España del “ Iluminismo” y el “ Despotismo Ilustrado” eran conocidas las obras de Juan Jacobo Rousseau, mayor­ mente gracias a las refutaciones que le hizo Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro que, sin quererlo, constituyeron para el ginebrino su mejor propaganda. También se dice que en el Río de la Plata se habían introducido las obras del nuevo pensamiento europeo y que muchos de los hijos de la clase media aburguesada de estas tierras pu­ dieron beber el conocimiento de las nuevas ideas al ser enviados a es­ tudiar a la España. Y es el propio Dr. Manuel Belgrano, estudioso en Salamanca, quien se encarga de advertirlo. Terminan señalando que la Revolución de Mayo derribó las barreras que se oponían al conoci­ miento abierto de estas nuevas ideas y que la publicación del Contrato Social de Rousseau por el Secretario de la Junta Dr. Mariano Moreno, inmediatamente después de hacerse cargo, nos hace suponer un cono­ cimiento anterior de esta obra por parte de los hombres de su'genera­ ción. Sin embargo, el Padre Guillermo Furlong Cardiff, Sacerdote Je­ suíta, en un interesante trabajo que integra un libro de homenaje al Doctor Eximio, afirma que fue el Padre Suárez, sacerdote de su misma orden, el filósofo que dio a los hombres de 1810 la formula filosóficojuridica y el substractum ideológico sobre el que levantaron una nueva estructuración que diera por finalizada la subordinación de estas tie­ rras a los Reyes de España y, andando el tiempo, se constituyera en

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA D r.R k^rdoJ. G.Hmrrcr

Nación Soberana e Independiente, negando al mismo tiempo el que Rousseau haya tenido influencia alguna en ella. En tal sentido recuerda la influencia de Suárez en el Río de la Plata desde principios del Siglo XVII hasta 1767, año en que fueron expulsados los jesuítas de estas tierras donde tenían instalados Cole­ gios y Universidades en que se formaba la juventud estudiosa ameri­ cana, como es el caso de Córdoba y Chuquisaca. El Padre Furlong llega a afirmar que la expulsión de los jesuítas del Río de la Plata tuvo como causa eficiente la doctrina populista de Francisco Suárez que, originada en Santo Tomás de Aquino, era favo­ rable a la idea democrática y hostil a los tronos, especialmente cuando estos desvirtuaban la razón de ser de su existencia y se llegaba a justi­ ficar el tiranicidio. Para Furlong los hombres que gestaron la independencia nacional pusieron toda su fuerza en el hecho de haberse disuelto o roto el con­ trato o pacto que había existido entre los reyes españoles y las colo­ nias americanas, disolución o rotura que había sido causada por la ab­ dicación del Rey Femando VII, ruptura que ponía al Río de la Plata en circunstancia de reasumir su soberanía y organizar un nuevo sistema de gobierno. Suárez había desarrollado en “De Legibus” la teoría de que la potestad le viene al gobernante inmediatamente de los hombres y me­ diatamente de Dios. Al Rey Jacobo Io de Inglaterra le desagradaba so­ bremanera esta opinión de Suárez, desaprobando este modo de pensar que consideraba un fundamento de sediciones, ya que si el rey depen­ de, en su'potestad, del pueblo que le ha entregado el poder, éste puede levantarse contra él siempre que le parezca, apoyado en la misma po­ testad. Y Suárez lo resumía diciendo que “si el rey tiene la potestad recibida del pueblo siempre depende de él: luego la potestad del pue­ blo es superior y puede hacer todo lo que se ha mencionado” Pero seguidamente puntualizaba y limitaba las potestades tanto del gobernante como del pueblo, expresando que después que el pue­ blo ha transferido en el rey su potestad no puede, apoyado en la misma potestad, a su arbitrio proclamar su libertad, pero puede hacerlo cuan­ do hay razón suficiente para ello y debe hacerlo cuando el rey desapa­ rezca sin dejar sucesor legítimo. Partiendo de los principios esbozados en el pensamiento suareciano, Furlong afirma que son tales doctrinas y no las roussonianas las

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rjcmnio J. G. Iltm e r

!m

que inspiraron a los hombres de 1810, ya que ellas no se referían al pacto o contrato social de-Rousseau que unía a los ciudadanos entre sí,sino al que ligaba a los ciudadanos con el gobernante, que era el plas-mado y preconizado por Suárez. Para el pensamiento de Rousseau no podía haber pacto o contrato alguno entre la comunidad y el jefe o gobernante de la misma y la so­ beranía era intransferible; en cambio, para Suárez la autoridad o sobe­ ranía del pueblo podía y debía ser transferible, pudiendo ser ejercida por otro. Para Suárez la soberanía era atributo de la comunidad perfecta pero no de cada individuo; para Rousseau la soberanía era de todos y de cada uno, pero no la podían abdicar en todos ni en una sola perso­ na. Para Suárez el hombre era culto y social y de esa condición brotó la necesidad de reunirse y una vez hecha la reunión con un fin político nacia la autoridad suprema en la comunidad, como algo que emana de ia naturaleza, lo quieran o no lo quieran los hombres que se habían re­ unido en com unidad perfecta. Para Rousseau, en cambio, el hombre era naturalmente salvaje y la autoridad sólo fue efecto de un pacto enteramente artificial ; es de­ cir no fue emanación de la naturaleza. Según Suárez, Dios da inmediatamente la suprema autoridad a la com unidad perfecta por el mero hecho de formarse por la unión de las voluntades; en cambio para Rousseau la autoridad es la simple suma de las voluntades materialmente tomadas. Según Suárez, la comunidad no siempre’ se despoja de toda su autoridad sino que ordinariamente la comunica limitadamente al prín­ cipe; en cam bio para Rousseau los individuos pierden toda su libertad natural y adquieren la libertad civil y política, viniendo la suma de las voluntades a convertirse en fuente y origen de todos los derechos, sin ninguna limitación. Castelli, en su memorable discurso de! 22 de Mayo expuso y sostuvo la realidad de un contrato existente entre los reyes hispanos y los pueblos de América o Reinos de Indias, como los llamaron los Austrias, y sobre la existencia de ese contrato basó toda su argumenta­ ción, afirm ando que con la disolución de la Junta Central había cadu­ cado el gobierno soberano de España y se deducía de este hecho la “reversión de los derechos de la soberanía al pueblo de Buenos Aires

MANUAL DE HISTORIA CONSTTIUaONAL ARCENTINA Dr. K o m h J . G. H er^y

y el libre ejercicio en la instalación de un nuevo gobierno principal­ mente no existiendo, como se suponía, la España en la.dominación de Femando VII. Puede entonces sintetizarse la doctrina sustentada por Castelli en los siguientes puntos: 1) Hay una crisis del derecho político hispano iniciada en 1808, conforme a la cual los pueblos de la península constituyeron Juntas de Gobierno propias y mas luego la Junta Central. 2) Esta Junta Central había quedado disuelia y no tenía facul­ tades para organizar un Consejo de Regencia, entre otras razones por­ que no habían concurrido a su elección los diputados de las Américas o Indias3) Por tanto el gobierno soberano de España había caducado, produciéndose en consecuencia la reversión de los derechos de la so­ beranía al pueblo y su libre ejercicio de establecer un nuevo gobierno. 4) La resolución del Cabildo fue que debía subrogarse la auto­ ridad que investía el Virrey Cisneros y reasumirla el Cabildo a nombre del pueblo. Y se ratifica ese pensamiento con las palabras de D. Comelio de Saavedra cuando afirmaba “que no quede dudas de que es el pueblo el que confiere la autoridad o mando”, posición que fue seguida por el bloque mayoritario de los asistentes al Cabildo Abierto, confirmándo­ se así el principio suareciano de “la reversión de los derechos de la soberanía al pueblo”, esgrimido en el discurso del Dr. Castelli. Sintetizando: queda claro que al afirmarse que habiendo fenecido la Junta Central Suprema debía reasumirse el derecho de nombrar la autoridad superior de Buenos Aires, se estaba aplicando el principio del contrato político pensado por Suárez celebrado entre el pueblo y su gobernante y no así el contrato social de Rousseau para lo cual no era menester que feneciese la Junta Central para que el pueblo pudie­ se, a su arbitrio, disponer de la soberanía. Y tampoco está adecuado al lenguaje de Rousseau hablar de “reasunción del poder” pues el pueblo no podría “reasumir” un poder que ya poseía y que nunca había perdido. El propio Padre Furlong reconoce, sin embargo, que algunos asertos de Moreno y de Castelli, posteriores a la Semana de Mayo, son de neta filiación roussoniana, pero nada hubo hallado de tal naturaleza con anterioridad al 25 de mayo de 1810 y, por e! contrario, reproduce

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUaO.NAL ARGENTINA Dr. ¡tien to J. G. H m rr

un párrafo de lo expresado por el Secretario de la Primera Junta en la “Gazeta de Buenos Aires” del 8 de diciembre de ese año en el sentido de que “la autoridad de los pueblos, en la presente causarse deriva de la reasunción del poder supremo que por el cautiverio del Rey ha retrovertido al origen de que el monarca lo derivaba; y el ejercicio de éste es susceptible de las nuevas formas que libremente quieran dár­ sele” . Y seguía diciendo que “en otra oportunidad, discurriendo sobre la instalación de las Juntas en España, manifesté que disueltos los vín­ culos que iigaban los pueblos con el monarca cada provincia era due­ ña de si misma por cuanto el pacto social no establecía relaciones en­ tre ellas directamente, sino entre el Rey y los pueblos", entre los que se contaban los reinos de Indias, conforme lo establecía la legislación dada en época de los Austrias. Term inem os negando con Galleti que las influencias recibidas por los hombres de Mayo hayan sido excluyentes y, por el contrario, en num erosas oportunidades pudieron coexistir y tuvieron decisiva importancia, señalándose como ejemplo a Moreno, en el que conflu­ yeron dos líneas de pensamiento distintas: la francesa y la hispánica. 5. C ausas políticas, económ icas y sociales. Cuando se analizan las causas de la Revolución de Mayo, hemos señalado ios diferentes movimientos ocurridos en el Continente Ame­ ricano, que pueden ser tomadas como factores precursores, aunque ninguna de ellas lo suficientemente directa como para ser considerada ■tal en forma absoluta. En el capítulo siguiente, analizaremos las causas política constituida por los hechos desencadenados en la península, tales como la subordinación de Carlos IV y el Ministro Manuel Godoy a la política napoleónica, el desastre de la flota española en Trafalgar en 1805. que posibilita al año siguiente las invasiones inglesas a Bue­ nos Aires, el Motín de Aranjuez (1808) que determina la abdicación de Carlos IV a favor de su hijo Femando VII; el rechazo español a la invasión francesa y la constitución de Juntas locales de gobierno y posteriorm ente la Junta Central de Sevilla, su posterior disolución y la consiguiente retroversión de la soberanía que ella investía a favor de los pueblos constitutivos de la monarquía ibérica, primero en España y luego en América.. Pero ahora nos toca hablar de un aspecto, sin duda gravitante, como es el referido al aspecto económico, a los hechos de esta natu­
158

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K cxrdoJ. G. lU n tr

raleza que gravitaron en la decisión de nuestros proceres en la toma de la decisión de gobernarse a si mismos, sin injerencia de los españoles que desde Cádiz pretendían seguir gobernándonos como Consejo de Regencia. Debe recordarse que en el largo período de la dominación espa­ ñola se estableció un sistema de monopolio comercial a favor de los españoles y sus representantes en las colonias. El intercambio comer­ cial estuvo durante muchos años ceñido a las esporádicas travesías que las flotas hacían, trayendo sus productos pero muy especialmente en busca del oro y la plata que tan generosamente producían estas tierras. A ello se agregaba la prohibición de comerciar con navios de otros países, salvo situaciones excepcionales, y también a realizar intercam­ bio con puertos que no estuvieran habilitados, dándose el caso de que en América española fueran sólo dos. El encarecimiento y la escasez de los productos europeos y el estancamiento y reducido precio de los productos coloniales trajo co­ mo consecuencia dos hechos* el primero de los cuales fue el contra­ bando, forma lucrativa e ilegal de introducir mercaderías por parte de navios ingleses, holandeses o franceses, con la obvia complicidad de comerciantes locales y la ceguera de las autoridades. En segundo lu­ gar, el monopolio español que no lograba satisfacer las exigencias de los colonos, generó la aparición de una industria precaria pero activa, que generó el intercambio entre las distintas regiones. La política de los Borbones advirtió la necesidad de agilizar el comercio para lo cual dictó el Reglamento de Comercio Libre, a fines del siglo XVIII, que entre otras cosas habilitó al puerto de Buenos Ai­ res y muchos otros puertos americanos y otros tanto en la Metrópoli, circunstancia que agilizó las transacciones mediante el intercambio comercial, trajo la riqueza de importantes sectores e hizo gustar de la conveniencia de que haciéndolo extensivo a las demás naciones, gene­ raría una mejor situación para estas tierras. Debe agregarse a ello la presencia de los ingleses, dos veces vencidos por las armas, pero triunfadores en la propagación de sus ideas a favor del comercio libre, como así en la colocación de sus productos en el tiempo de su domi­ nación y el correlativo aumento de los productos locales. Los reclamos en materia comercial se hicieron cada vez más exi­ gentes a medida que nos acercamos al proceso de Mayo, y es en el Consulado, cuyo Secretario es el Dr. Manuel Belgrano, donde se con­
159

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rxmrdo J. G. Hin-cr

traponen las teorías que cada sector pretende imponer. Por ello, nada extraño resultará que una de las banderas de la Revolución de Mayo haya sido el establecimiento de relaciones comerciales con todas las banderas del mundo. Cabe tam bién recordar que las ideas físiocráticas de Quesnay, Turgot, Herbet, M oreller y sus discípulos, imperantes en Europa, lle­ garon al Río de la Plata y hallaron eco al amparo de la decidida pro­ tección que les prestaba el despotismo ilustrado de los Borbones. Y evolucionando por sobre aquéllos pensadores, el inglés Adam Smith dio origen a la escuela liberal que posteriormente será perfeccionada por David Ricardo. La necesidad del fomento de la agricultura y de las artes útiles, los oficios y las ciencias, como la libre circulación de los bienes fueron temas corrientes en las reuniones de los patriotas. Entre las causas sociales debe señalarse una cada vez más tensa relación entre los habitantes del Río de la Plata, especialmente entre “españoles peninsulares” y los “criollos” descendientes de aquéllos, a los que habría que agregar los “mestizos” originados en las relaciones entre españoles e indias. Si bien la sociedad indiana de los primeros tiempos de la con­ quista y colonización presentaba un espíritu igualitario que desconocía las diferencias de clase, especialmente la estructura estamental vigente en la Península, y las fronteras que eventualmente pudieron separar a los grupos sociales no eran infranqueables. Pero durante los Siglos XVII y XVII se produjo una lenta pero progresiva decadencia de ese espíritu igualitario, advirtiéndose un desprecio de los españoles a los que no lo eran y se trato de impedir, y en líneas generales se lo consi­ guió, que los integrantes de los grupos sociales inferiores ocupasen cargos públicos, contrajeran matrimonio con personas de condición superior, e ingresaran en las universidades o aspirasen al sacerdocio. Contra esta situación reaccionarían las corrientes ideológicas, exterio­ rizadas especialm ente a fines del Siglo XVIII y principios del XIX. Cabe, sin em bargo, señalar que en el Río de la Plata las diferencias sociales no eran tan pronunciadas, aunque se debiera soportar el pre­ dominio de los “peninsulares” en el ejercicio de las funciones públicas más im portantes. Tanto ello es así que el Fiscal de la Audiencia de Charcas en 1797 propugnaba medidas “para la reforma del reino”, creando órganos representativos en los cuales debían intervenir los
160

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K c rd o J . G. ¡Urrcr

americanos, valorándose a los “criollos” al colocarlos en una verdade­ ra y real igualdad con los peninsulares. 6. Las ideas de los enciclopedistas. Se conoce como “Enciclopedia” a la inmensa obra publicada en Francia por D'Alembert y Diderot, entre 1751 y 1765, que recopila los trabajos de los pensadores más importantes de su época, más de un centenar de colaboradores, pretendiendo encerrar en sus varios volú­ menes prácticamente todo el conocimiento universal de la época. Las ideas en ella encerradas constituyeron un arma poderosa en el movi­ miento filosófico del Siglo XVIII. Para el Dr. López Rosas, al impulso del Renacimiento el mundo occidental cambia fundamentalmente su fisonomía. Nuevas concep­ ciones filosóficas, políticas, económicas o religiosas revolucionan a los pueblos echando por tierra seculares instituciones. Entre los siglos XVII y XVIII a merced de las ideas y dogmas proclamados, al ideal mágico del progreso y al fundamento de las novísimas escuelas se lo­ gra sepultar definitivamente la antigua concepción del mundo. El principio de autoridad inicia su declinación y los derechos absolutos del hombre nacidos al amparo del liberalismo dan nueva fisonomía al campo político y filosófico. Dando fuerza a todas estas corrientes ideológicas, toda una gene­ ración de pensadores, precursores unos y enciclopedistas en su mayo­ ría, van a dar doctrinas renovadoras que fundamentan sus ideales. Asistiremos así a la aparición de obras como “ Emilio”, “El Discurso sobre la desigualdad” y en especial ‘‘El Contrato Social” de Juan Ja­ cobo Rousseau; “El Espíritu de las Leyes” de Montesquieu, que re­ produce las ideas imperantes en Inglaterra, la “Historia Natural” de Buffon; el “Diccionario Filosófico” de Voltaire, el “Tratado de las Sensaciones” de Condillac, entre muchos otros, conforman el panora­ m a de un mundo que surge al amparo de nuevas ideas, sustentando la libertad del hombre frente a la estructura anterior, quebrantando el principio de autoridad de los absolutismos reinantes y reclamando pa­ ra el pueblo los atributos de la soberanía. Si bien es cierto que en todas las colonias españolas de América la Corona prohibió la introducción de éstas y otras obras, no es menos cierto que ellas fueron conocidas por los americanos, aunque se tratara sólo de una “elite”, una minoría ilustrada, que supo aplicarlas en lo
161

MANUAL DE HISTORIA (XkNSTTTUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. Hmrvcr

que era adecuado a nuestra idiosincrasia, aunque sin aceptar en la ma­ yoría de los casos, todo aquello que pudiera afectar el profundo espí­ ritu religioso de nuestro pueblo. Así, se ha podido determinar sin lugar a dudas, que tanto Moreno como Belgrano conocieron las obras de Juan Jacobo Rousseau, también Juan José Castelli y el Deán Funes, las de aquél y de Montesquieu, y también se pudo determinar la exis­ tencia de obras de autores como Voltaire, Diderot, Filangieri o Condillac, expresiones del “ Iluminismo Enciclopedista”. Entiende el autor que venimos siguiendo que el Río de la Plata no pudo escapar al mo­ vimiento ideológico del Siglo XVIII ya que todo ese acervo indivi­ dualista se volcó en las instituciones surgidas desde 1810, pero al es­ tablecer la influencia y gravitación que tuvieron estas ideas, hay que considerarlas dentro de un todo, pero no como fuerza exclusiva y ex­ cluyeme de toda otra formación ideológica, como lo fue el pensa­ miento escolástico español. 7. Influencia de las revoluciones n o rtea m erica n a y francesa. Otras de las causas de la Revolución de Mayo que se han men­ cionado son las revoluciones ocurridas en los Estados Unidos de Nor­ teamérica y Francia. Cronológicamente, el primero de estos hechos ocurrió en la América del Norte en 1776. Los colonos ingleses de aquella parte de América se rebelaron contra su monarca en razón de no haber sido consultados para la aplicación de impuestos que los perjudicaban no­ toriamente. La lucha emprendida llevó varios años, pero finalmente lograron independizarse, sancionando en 1787 una Constitución que habría de regirlos, estableciendo un régimen republicano y representa­ tivo en consonancia con las ideas de Rousseau y Montesquieu, y lo que es muy importante, consagraron la organización del Estado bajo el sistema federal, que habría de ser el modelo que reclamaron después nuestras provincias y finalmente consagraron en la Constitución de 1853. Este m ovim iento ejerció una honda influencia en las colonias es­ pañolas del sur, pues, aparte de la analogía que se desprendía de la si­ tuación colonial de ambas, el nuevo régimen político permitía abrigar la esperanza de modificar substancialmente el gobierno al que se ata­ caba por ineficaz y corrompido, como afirman los autores Tau Anzoategui y M artiré.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RicmrdoX G. I ! m r

Cabe destacar aquí la existencia de un verdadero activismo re­ volucionario por parte de potencias interesadas en provocar conflictos entre España y América, especialmente los intereses británicos, no sólo por el viejo resquemor de que España había ayudado a las colo­ nias norteamericanas en sus luchas por la independencia, sino que, so­ bre todo, tenían en cuenta sus propias necesidades de expansión co­ mercial, que exigían imperiosamente la obtención de nuevos merca­ dos. La revolución estallada en Francia en 1789 contra el régimen monárquico, dicen los autores mencionados, asumió también una orientación republicana y proclamó los “Derechos del Hombre y del Ciudadano”. Pero desde el primer momento , la violencia y el terror que caracterizaron buena parte de su realización, así como la persecu­ ción religiosa, le retrajeron adhesiones, y aunque significó un podero­ so toque de atención para los tronos europeos, no contó en España y en América con la simpatía que inspiraban algunos de los principios por ella sustentados. Sin embargo, estos principios, esbozados doctrinariamente por los autores franceses, ejercieron notable influencia, preparando el cli­ ma adverso al régimen imperante en España y América. En esta nutri­ da bibliografía, afirman los autores citados, los americanos encontra­ ron elementos que permitieron elaborar planes de emancipación, atra­ yendo sus ideas a figuras de tanta gravitación en los sucesos de Mayo como lo fueron Moreno, Belgrano, Pueyrredón, Funes y otros. 8. Las p rim eras m anifestaciones del ejercicio de la soberanía y proceso de independencia en A m érica L atina. El Dr. Bidart Campos, refiriéndose a los antecedentes de la Re­ volución de Mayo, expresa que una cadena de movimientos insurrec­ cionales ocurridos en América es siempre traída a colación cuando se habla de este tema. Expone que a su juicio no se trata de levanta­ miento que con el transcurso del tiempo hayan originado la revolu­ ción, sino que son exclusivamente indicios de la capacidad de oposi­ ción y resistencia de algunos sectores de la comunidad y explican así que el fenómeno de la Revolución de Mayo no sea un episodio aisla­ do, improvisado ni imprevisto, sino en algún modo una reacción que ya conocía rebeldías anteriores análogas. Los movimientos insurrec­ cionales americanos no conducían necesariamente a la independencia,
163

MANUAL DE HISTORIA CONSTnUCIONAI. ARGENTOU Dr. RicxrJo J. G. IU m r

pero m uestran que en la mal llamada “siesta colonial” ya existían vi­ gilias de agitación y de lu ch a............................... ............... Y citando al historiador D. Vicente D. Sierra éste expresa que los movimientos insurreccionales americanos tienen como característica su espontaneidad, o sea, la inexistencia de injerencia extranjera. En ningún caso se encuentra una concepción revolucionaria previa. Se trata siempre de rebeldías locales y por problemas locales, conside­ rando que puede verse en esos movimientos una manifestación del in­ dividualismo español, pero lo es también del sentido político comar­ cal, localista, determinado en parte por los desiertos que separaban a una comarca de otra. Bidart Campos cita como antecedentes americanos a los si­ guientes movimientos: a) Insurrección de Gonzalo Pizarro en el Perú al promediar el Siglo XVI; b) la insurrección de Contreras en Nicara­ gua en la misma época; c) el complot de los Cortés en el Virreinato de Nueva España, en la segunda mitad del Siglo XVI; d) en el mismo pe­ ríodo las insurrecciones de Tucumán y de Quito; e) los motines de México de 1624 y 1642; f) de Concepción de Chile de 1655; g) de Asunción del Paraguay en 1691 y 1702; h) de Corrientes en 1764; i) otro movimiento comunero en el Paraguay en el Siglo XVIII; j) el movimiento indígena de Tupac Amarú en 1780 en el Perú y k) los motines de Chuquisaca y La Paz en el Siglo XIX. Antes de abordar el estudio de las primeras muestras de rebeldía, resulta interesante transcribir la opinión de Máximo Soto Hall, referi­ da a los movimientos separatistas que se dejaron sentir en las colonias españolas casi a raíz de la conquista. Dice este autor que no pudiendo España por su propia fuerza realizar la conquista de América, tuvo que pactar con sus aventureros que iban por su propia cuenta ganando con su brazo la tierra en nombre dei Rey, pero una vez ganada apelaban a éste para que los consagrara en la posesión y disfrute de todo lo gana­ do. Entre lo que ellos pretendían y lo que quería restarles el Rey, se pasó la lucha de la colonia, sobre todo en los primeros días cuando no estaba asentada la conquista ni el sistema. Luego de considerar que estos antecedentes tienen mucho que ver con la lucha entre los criollos y peninsulares que se produce mu­ cha después, como también la lucha fina! entre criollos y la madre pa­ tria. Y para el autor citado, siguiendo la opinión de Eugenio Sellés, di­ ce que no es ajeno a este fenómeno la actitud de los nobles durante la
164

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KJatrdo J. G. h W

Edad Media, la que pujante por sus privilegios, turbulenta por su or­ gullo,, acostumbrada al mando y a la guerra, imponía sus consejos, quitaba y nombraba ministros a su antojo, Constituía camarillas a su gusto y devoción. Dice que no es maravilla que usara despóticamente el poder quien lo ganaba como si fuera despojo de infieles, con la punta de la lanza, y lo disfrutaba con derecho de conquista. Y termina expresando que desde el Siglo X con Alfonso III hasta el Siglo XV con Enrique IV, en todos los reinados se advierte cons­ tantes conspiraciones, un encadenamiento de actos subversivos de los grandes señores contra los reyes, y cuando no era contra éstos, los complots iban contra los ministros, pero siempre de una manera u otra se vivía en un estado de inquietud y de intriga, deduciendo de ello que este temperamento levantisco e independiente de ia Península, con los conquistadores fue trasplantado al Nuevo Mundo no tardando en dar sus frutos en e! suelo americano. Analizaremos sintéticamente cada uno de los movimientos y ve­ remos sus características mas salientes. Insurrección de Gonzalo Pizarro en el Perú: En conocimiento de los abusos que se cometían contra los indios fue enviado como Virrey Blasco Nuñez de Vela con severas instrucciones que, apenas llegado a Lima en 1544, comenzó a pone en práctica, generan grandes resisten­ cias. Estos rápidamente adquirieron la magnitud y el carácter de un movimiento separatista que fue encabezado por Gonzalo Pizarro quien después de la muerte de su hermano Francisco se sintió con títulos bastantes para heredar los derechos de aquél. Los actos del Virrey de­ terminaron a la Real Audiencia de Lima a disponer su destitución y embarque para España, y posteriormente capturado el Virrey fue de­ capitado por orden de Pizarro, quien quedó así dueño absoluto del go­ bierno y aspiró a ser nombrado soberano de todas las posesiones que España contaba en América del Sud. Los refuerzos enviados por el Rey consiguieron vencerlo y fue, finalmente, condenado a muerte co­ mo traidor al rey. Insurrección de Contreras en Nicaragua: Probablemente repercu­ sión directa de los hechos que se desarrollaron en el Perú, son los ocu­ rridos en Nicaragua en 1549. Rodrigo de Contreras había sido gober­ nador de Nicaragua, pero por los abusos que cometía contra los indios fue destituido. Sus reclamos ante la Corte no tuvieron éxito y con la ayuda de algunos de los facciosos que habían huido del Perú, concibió
165

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. Hmrrcr

la idea de tomar el gobierno de Nicaragua, pasar luego a Panamá y fi­ nalmente dirigirse al Perú para terminar la obra que no pudo culminar Gonzalo Pizarro. Luego de asesinar al Obispo en Nicaragua, y hacerse del gobierno, se dirigieron a Panamá, a la que sometieron e intentaron, luego de importantes caudales que serian enviados a España, tarea en la que fracasaron y, finalmente, fueron vencidos. Con su muerte, tuvo término el segundo proyecto de independencia y fundación de un rei­ no en el Nuevo Mundo. El complot de los Cortes en el Virreynato de Nueva España: La tercera intentona se llevó a cabo en Nueva España en 1564. Al produ­ cirse la muerte del virrey, la Real Audiencia, a. falta de “pliego de m ortaja" designando sucesor provisorio, se hizo cargo del gobierno. Durante esta gestión llegaron desde España los hijos de Hernán Cor­ tés, descontentos con la Corte por no haber sido reconocidos sufi­ cientemente los méritos y servicios prestados por su padre. Comenza­ ron a urdir un complot que terminaría deponiendo a las autoridades y elevaría en la dignidad al hijo legítimo de Cortés, Don Martin, Mar­ qués del Valle, pero el secreto no pudo ser bien guardado y, anoticiado de los propósitos la Real Audiencia, dispuso la detención de Cortés y, finalmente, de los principales cabecillas que fueron condenados a muerte o a largas y severas penas, no así los hijos de Cortés, los que quedaron sin castigo, pero constante y cuidadosamente vigilados. La insurrección de Quito: A fines de 1591 una decisión real impo­ niendo nuevos impuestos, que la Audiencia hizo pregonar sin esperar a que el Cabildo diera su aprobación, generó la reacción de este orga­ nismo que invocaba la extrema pobreza en que se encontraba el país. Al haber puesto la Audiencia en prisión a un importante miembro del Cabildo que había logrado levantar al pueblo, esto dio origen a un motín en el que se habló claramente de la independencia de España. El pueblo entero se levantó en armas y fue necesario requerir auxilios y, tras largo asedio, éstos pudieron imponerse y dar término a la rebeldía. Los historiadores ecuatorianos lo consideran como el prim er intento de emancipación de la corona realizado en el país. En 1659 se produjo un movimiento en Nueva España, acaudillado por Guillermo Lombardo de Guzmán con la finalidad de independizar el Virreinato; en el mismo Virreinato se produjo en 1799 el movi­ miento llamado de Los Machetes, animado de igual tendencia y que consistía en arrojar del país a todos los “gachupines”, m atar al Virrey,
166

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J . C. lU m v

proclamar la independencia y aún declarar la guerra a España, debien­ do hacerse cargo del movimiento Don Pedro Portilla, pero denunciado éste por uno de los conjurados, fracasó y su cabecilla, condenado a muerte. En 1780 se produjo en Nueva Granada el levantamiento de los Comuneros, en el que los rebeldes triunfaron transitoriamente y las autoridades españolas se vieron en la necesidad de firmar un pacto de compromiso, que posteriormente fue incumplido por los españoles. Un nuevo levantamiento fue sometido por la autoridad española. Levantamientos indígenas en el Yucatán: Los indios mayas, po­ seedores de mayor cultura, consideraban que eran los verdaderos due­ ños de las tierras que por la fuerza habían ocupado los conquistadores. En 1546 se produjo la revuelta conocida como de “los hechiceros", condición que se le atribuía a sus principales jefes; en 1558 Andrés Cocom encabezó otra en Campeche; en 1610 hubo un gran motín en Tekax, dándosele muerte al cacique por creer que estaba de parte de los españoles; en 1624 en el pueblo de Saclum los indios se levantaron en armas y mataron al Capitán Diego Mirones y acabaron con las tro­ pas que allí se encontraban; en 1761 tuvo lugar el más importante en­ cabezado por el indio Jacinto Canee, que se proclamó rey, ya que por sus venas corría sangre de caciques de los mayas; en 1800 produjo otro indígena de nombre Mariano, en Tepik, con el objeto de restable­ cer la monarquía azteca, relacionándose con muchos pueblos indíge­ nas. Pero el proyecto fue desbaratado. Levantamientos indígenas en Perú: En 1661 se produjo en La Paz un levantamiento encabezado por el mestizo Antonio Gallardo, que logró apoderarse de importantes funcionarios a ios que dio muerte, tomó por asalto el cuartel y quedó dueño de la ciudad. En las calle se oía el grito de “ Libertad a los americanos” y durante tres años los es­ pañoles no lograron vencerlo, hasta que finalmente las tropas del rey lograron sofocar la rebelión; en Agosto de 1780 otra revuelta, en este caso dirigida por el indio Tomas Catad, a consecuencia de no ser atendidas sus justas reclamaciones a favor de los indios. El movi­ miento tuvo éxito y se tomaron varias poblaciones, pero finalmente fue vencido; en 17S0 el de Tupac Amarú, José Gabriel Condorcanqui: detuvo e hizo ajusticiar a un corregidor español y dispuso declarar abolidos los repartimientos y las mitas y se promulgó emperador del Perú como José Io. En poco tiempo su movimiento se extendió consi­
167

MANUAL DF. lflSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. líurrcr

derablemente aunque en forma sangrienta y asoladora. Aunque Tupac Amarú era contrario a estos procederes, no pudo controlarlos. Sus ideas libertarias com prendían también a los criollos descendientes de españoles, pero su movimiento fue finalmente derrotado y cruelmente ajusticiado su conductor; tres años después se produjo otro movi­ miento, que se dijo continuador del anterior, dirigido por Tupac Inga Yupanqui, que también terminó vencido por las armas reales, no sin oponer una denodada resistencia. Levantamiento en Asunción: En 1717 se produjo por parte de José de Antequera contra el gobernador Balmaceda, cuyos procedimientos hicieron surgir las quejas del común, procediendo a su destitución. El Virrey del Perú repudió el procedimiento y le ordenó a Antequera trasladarse a Lima, pero éste organizó una gran fuerza militar y se de­ claró abiertamente contra el dominio de España; finalmente, las fuer­ zas venidas de Buenos Aires consiguieron vencerlo y atrapado, tiempo después, fue condenado a muerte. Levantamiento de los Comuneros en Corrientes en 1764. A todo este ciclo de insurrecciones que se fueron sucediendo a lo largo de los siglos, se sumaron los de Chuquisaca y La Paz, precisa­ mente el 25 de mayo de 1809, en que se depone al gobernador. La Audiencia tomó el gobierno político y ia revolución en marcha era di­ rigida por elementos criollos, figurando entre ellos nuestros conocidos Bernardo de Monteagudo y Juan Antonio Alvares de Arenales. En La Paz se creó una Junta Representativa del Pueblo en julio de 1809, pero ambas revoluciones fueron sofocadas sangrientamente, y sus jefes pa­ sados a degüello o ahorcados. El profesor López Rosas dice que es verdad que los focos revolu­ cionarios producidos durante los Siglos XVI y XVII estaban lejos de poseer el espíritu que alentó a la emancipación americana del Siglo XIX, ni de tener la filiación ideológica del mismo, pero, ya sean los intentos tanto de criollos como de españoles, manifiestan el descon­ tento y el espíritu de rebelión que se anidaba en los pueblos de Améri­ ca, como consecuencia de la despótica política española. En cuanto a los criollos, especialmente, un ansia de gobierno propio les fue domi­ nando a medida que los privilegios de la oligarquía española los iba reduciendo a la impotencia. Las insurrecciones indígenas no fueron menos importantes.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. ItkmrdoJ. C. J ü m r

9. Las invasiones inglesas como antecedente. Las invasiones inglesas llevadas a cabo en los años 1806 y 1807 van a producir importantes alteraciones en el orden político, militar y económico en el Río de la Plata. A consecuencia de este hecho militar y el abandono que hizo el Virrey Sobremonte de la ciudad de Buenos Aires, retirándose hacia el interior en busca de refuerzos, generó una actitud de rebeldía por parte de aquel pueblo, que poco tiempo después en épicas jom adas logró la reconquista de su ciudad y la rendición de los invasores. A consecuencia de ello el Cabildo Abierto depone al Virrey y el pueblo toma conciencia de que puede gobernarse en forma indepen­ diente de la metrópoli, imponiendo su voluntad con la designación como Virrey al héroe de la reconquista Santiago de Liniers, lo que en definitiva no es sino el ejercicio del poder soberano. Desde el punto de vista económico los ingleses sembraron ideas acerca de las ventajas del comercio libre, que pudieron apreciar con los efectos que sus navio trajeron para comercializar en esta parte de América durante su ocupación. Y desde el punto de vista militar recordemos que la expulsión de los invasores se basó en la organización de un poder puramente criollo que actuó en forma absolutamente independiente del que ejercía el Vi­ rrey, poder éste que va a gravitar poderosamente en los sucesos revo­ lucionarios de Mayo.

169

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R¡c*rdo J. G. lU m v

Bibliografía consultada y utilizada.

ABAD DE SANT1LLAN', Diego. “Historia Constitucional Argentina.
BIDART CAMPOS, Germán J. “Historia Política y Constitucional Argentina" CA1LLET B01S, Ricardo R. “La Revolución de Mayo hasta la Asamblea Ge­ neral Constituyente”, en Historia de la Nación Argentina. Academia Nacional de la Historia. Vol. 5o CAiLLF.T BOIS. Ricardo R. "Las corrientes ideológicas europeas del Siglo XVII y el Virreynato del Rio de la Plata" en Historia de la Nación Argentina, Tomo 5“ ( l 4) de la Academia Nacional de la Historia. DE VEDIA Y MITRE, Mariano. “Derecho Político General" Tomo 1°. FRANCESCHI. Gustavo J. “Francisco Suárez y el origen del poder civíi” en Presencia y Sugestión del Filósofo Francisco Suárez. Su influencia en la Re­ volución de Mayo. FURLONG, Guillermo. "Francisco Suárez fue el filósofo de la Revolución Argentina de 1810. En Presencia y Sugestión del Filósofo Francisco Suárez. Su influencia en la Revolución de Mayo. GALLETTI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” Tomo 1°. Editorial Piálense. La Plata. 1972. GARCIA VENTURINI. Jorge L. "Politeia” LEVENE, Ricardo. “ El 25 de Mayo” en Historia de la Nación Argentina, de la Academia Nacional de la Historia. Vol. V. LEVENE, Ricardo. “Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno” LOPEZ ROSAS. José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Argentina” LOPEZ, Vicente Fidel. “Historia de la República Argentina" Tomo I I . LORENZO, Celso Ramón. “ Manuat de Historia Constitucional Argentina” MF.N'OCI. Doncel. "Dios en el orden de la potestad temporal según Suárez" en Presencia y Sugestión del Filósofo Francisco Suárez. Su influencia en la Revolución de Mayo. ORGAZ, Raúl A. “ La enseñanza de la filosofía" y “La enseñanza del Dere­ cho" Capítulos VIII y X de Historia de la Nación Argentina. Academia Na­ cional de la Historia. Volumen IV - 2* parte. SALVADORES. Antonino. "El Real Colegio San Carlos" y “La Universidad de Córdoba”. Capítulos VI y V il de Historia de la Nación Argentina. Acade­ mia Nacional de la Historia. Volumen IV - (2*) SOTO HALL, Máximo. “Síntesis del proceso revolucionario en Hispanoamé­ rica hasta IS00" En Historia de la Nación Argentina Tomo 5° (I1 ) de la Academia Nacional de la Historia. ZARINI. Helio Juan. “Historia e Instituciones en la Argentina”______________

¡ | ! ! ! | ! | ¡ | | i '

i
j ;

170

MANUAL DF. 1UST0WA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJcnío J. G. H*mrr

CAPITULO 7
1. La invasión francesa a E spaña y sus consecuencias políticas. La Historia considerada como ciencia busca en la relación de los hechos trascendentes de la vida del hombre y de los pueblos el nexo o relación causal que entre ellos puedan existir, para sacar una explica­ ción coherente de sus causas y de sus móviles. La historia de nuestro país y de los acontecimientos que dieron origen a la Revolución de Mayo no es una excepción a ese principio y es necesario hurgar en los hechos que la precedieron, para encontrar en ellos las razones que impulsan a sus protagonistas a adoptar las trascendentes decisiones que llevaron a formar con los años “una nue­ va y gloriosa Nación”. Las colonias americanas dieron a España siglos de esplendor. El oro y la plata inundaron sus reales tesoros. Eran los tiempos de bonan­ za. Los conquistadores habían penetrado la tierra, fundado ciudades, establecido la dominación del español sobre el indio nativo, y se ha­ bían fusionado sus razas. Se habia organizado el gobierno, se habían dictado leyes para estas comarcas, y finalmente, lo que hoy es nuestro país había pasado a convertirse en un Virreinato con asiento en la ciu­ dad de Buenos Aires, que comenzará a brillar, a partir de entonces, como la orgullosa “Reina del Plata”. Al esplendor de los Austrias había sucedido la decadencia de esta dinastía con los Austrias menores; tras las guerras de sucesión, habían llegado los Borbones, con sus nuevas ideas y la influencia francesa transformadora de las tradiciones netamente españolas, el adveni­ miento de tendencias liberales, y la consagración del “Despotismo Ilustrado”. La Revolución Francesa puso en tela de juicio los valores soste­ nidos por el absolutismo monárquico, V ante la deposición y posterior muerte del Rey Luis XVI, puso a España en el inevitable enfrenta­ miento con Francia. Que no duró mucho, sin embargo. El “Pacto de Familia” que había unido a ambos reinos en una causa común, se que­
171

MANUAL D E HISTORIA CONSTTTUOOXAL ARGENTINA D r. ÍVcxrJo J. G. H *rrcr

bró ante la presión francesa y los españoles debieron sufrir la humilla­ ción de que su "propio rey tuviera que cerrar los ojos ante el regicidio en la persona del primo de su consorte María Luisa de Borbón y Parma. Los acontecim ientos más significativos que preceden a la inva­ sión Francesa a España, tema de nuestro trabajo, pueden sintetizarse en los siguientes: después de la paz de Basilea firmada luego de la contienda desatada entre Francia y España en 1795, se suscribe el Tratado de San Ildefonso con el Directorio francés, conviniéndose una alianza ofensiva-defensiva que pone a España en la dependencia de aquella potencia. Ello motiva la declaración de guerra por parte de In­ glaterra que le destruirá parte de ia flota en el Cabo San Vicente, de­ jando a España sin medios para asumir la defensa de sus colonias. Siempre como aliada de los franceses, en 1801 España acepta llevar la guerra al Portugal enfrentando a la propia hija de Carlos IV, la princesa Carlota Joaquina casada con el Regente de aquél país, en la conocida "Guerra de las Naranjas”, que impone al vencido la obliga­ ción de clausurar sus puertos a los ingleses, completándose así el blo­ queo continental que Napoleón había decretado contra la Gran Breta­ ña, con la que estaba enfrentado. San Martín participa de esta guerra como 2° Teniente del Regimiento español de Murcia. Napoleón afirma su poderío al ser declarado Emperador de los franceses en 1804. Ese mismo año, España declara nuevamente la guerra a Inglate­ rra, y ello trae como consecuencia la suspensión de! envío de navios con destino a las colonias, quedando así América aislada de la metró­ poli, y la batalla de Trafalgar, llevada a cabo en 1805, significará la destrucción de su flota marina y la consiguiente desprotección de sus dominios de América. Esto ocurre en los preliminares de la Primera invasión de los in­ gleses a Buenos Aires, que es ocupada por las fuerzas al mando de Beresford. El V irrey del Río de la Plata, Marqués de Sobremonte, por ra­ zones "estratégicas” , huyó a Córdoba pretendiendo salvar el tesoro re­ al y organizar la resistencia, produciendo muy mala impresión en Buenos Aires, asiento de su gobierno, a cuyos habitantes dejaba desprotegidos. La reconquista de aquella ciudad se produjo por el accionar de sus habitantes, pero el mérito de la conducción se le atribuye al mari­
172

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. ¡UcmrdaJ. G.

y

no francés Santiago de Liniers, ai servicio de la Corona Española. El triimfo entusiasmó a los porteños, les dio conciencia de su valer, y los impulsó a entregar el mando de las armas y la conducción del Virrei­ nato a Liniers. Aquí hay un acto de ejercicio de la soberanía, que ya estaba ínsito en el espíritu español americano, aunque dormido por muchos años de dominio y servidumbre. En 1807 se produce la segunda invasión y una nueva reconquista por parte de sus habitantes. Conviene tener presente estos antecedentes, porque llegado el momento, sólo tres años después, ellos van a influenciar de manera categórica a los patriotas en el proceso revolucionario de Mayo. Dice el historiador Diego Luis Molinari que “la separación de los procesos históricos americanos de los europeos, no obedece sino a un criterio equivocado acerca de la verdadera naturaleza de la vida políti­ ca y económica internacional”,... y así “toda nuestra historia se ve in­ fluenciada por los sucesos de Europa y, querer hallar solamente en los episodios que se producen en nuestro país, la clave de todos ellos, es olvidar lamentablemente la interrelación necesaria que suponían con los que allá se producían” Digamos a manera de síntesis. Inglaterra necesitaba expandir sus mercados. El bloqueo continental napoleónico se lo impedía. Volvía sus ojos hacía América que consideraba una presa fácil anie la impo­ sibilidad de la metrópoli de protegerla. Y ya estamos en vísperas de los sucesos que nos interesa anali­ zar. 2. El T ratad o de Fontainebleau y la tom a de Portugal. Para 1807 Napoleón estaba en el apogeo de su meteórica carrera. Había triunfado en Jena y desaparecido con ello el peligro ruso y aus­ tríaco, mediante la paz de Tilsit. España estaba totalmente sometida a los designios de la política del Gran Corso. Ello estaba favorecido por la vergonzosa situación de la familia real: Carios IV, era un monarca anciano y débil, que había entregado finalmente el manejo de los asuntos de Estado al favorito de la reina. Manuel Godoy, “ El Príncipe de la Paz”. El único enemigo que le quedaba a Napoleón para dominar Europa y, por ende, el mundo occidental era Inglaterra. El bloqueo conti­ nental impedía a ésta comerciar con los países europeos y este comer­
173

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTLNA Dr. Ricardo J. G. lU rrcr

ció era vital para un país en el que comenzaba a desarrollarse rápida­ mente el m aqum ism o industrial. El único país que continuaba con sus puertos abiertos a los navios ingleses era Portugal. Por ello. Napoleón decide realizar su conquista y de esta m anera anular el com ercio inglés. Para ello suscribe con España el Tratado de Fontainebieau. Como se sabe, los dos únicos caminos que tenía Napoleón para cumplir su objetivo eran por el mar o por el territorio español. El pri­ mero estaba descartado frente al predominio en los mares de la flota inglesa. El segundo le fue franqueado por medio de este convenio. El 27 de octubre de 1807 se firmó en París el tratado de Fontai­ nebieau, por el que España autorizaba a un ejército francés a penetrar en su territorio a fin de ocupar, secundado por un ejército español, el reino de Portugal, conviniéndose su reparto y el de las colonias lusita­ nas entre am bas potencias. El objetivo público del tratado era el de hacer formar a Portugal en la linea de los estados vasallos del "sistem a continental” dispuesto por Napoleón; pero el objetivo secreto que se había propuesto Napoleón era el de invadir a España. 3. La situación de la familia real española. En España la impopularidad de Godoy era cada vez mayor y un grupo de nobles insta al Príncipe de Asturias, Femando, heredero del trono, a conspirar en contra del favorito de la reina. Descubierto el plan, Carlos IV dispone la prisión de Femando acusándolo de un complot para asesinar a su madre y al favorito Godoy, e incluso m ani­ fiesta su intención de desheredarlo en favor de su segundo hijo. La noticia de la prisión y el rumor de que sería trasladado a Segovia m otiva a más de 10.000 campesinos armados a tomar la sierra de Guadarram a para impedirlo. Carlos IV, luego de un proceso for­ mal, lo perdonó por real decreto. En realidad Femando no había bus­ cado atacar a sus padres, sino solamente a Godoy. En noviem bre de ese año ingresan las tropas francesas, unidas a las españolas, al territorio lusitano y Junot toma posesión de Lisboa. Pero no consigue el objetivo de apoderarse de la familia de los Braganza. que reinaban en aquél país, pues el día anterior una escuadra inglesa se encargaba de trasladarla, junto a sus cortesanos, a las colo­ nias am ericanas. En enero de 1808 arribarán a Bahía y para el mes de mayo ya estará instalada en Rio de Janeiro. Inglaterra había consegui­
174

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINV Dr. KcxrdaJ. C. Hm-rcy

do salvar a los reyes portugueses y, al mismo tiempo, mantener ia apertura de importantes puertos en el Brasil, que le servían de base pa­ ra un importante contrabando con las complacientes colonias españo­ las, prácticamente abandonadas del comercio metropolitano, por las razones que ya hemos señalado. A fines de 1807 nuevas tropas francesas se instalan en el Valle del Ebro, en España, y los primeros días del año 1808, un tercer cuer­ po de ejército ocupa las provincias de Vizcaya y Navarra, y al mes si­ guiente, un nuevo cuerpo de ejército ocupa Cataluña y se dirige a Bar­ celona, aunque como es evidente, estos sitios no estaban en el camino a Portugal que ya había sido sometido. Poco después Napoleón se saca la máscara y enfrenta a su aliado español con actos de franca hostilidad y así son tomadas por la fuerza Barcelona, San Sebastián, Figueras y Pamplona. En Marzo había en España 100.000 soldados franceses. El pueblo español no conocía los términos del Tratado de Fontainebleau y creía que las tropas francesas eran para apoyar la posición de Femando en contra de Godoy. La triste realidad de la desleal postu­ ra quedaba a la vista. A Napoleón no le interesaba ni Femando, ni sus padres, ni Godoy. A Napoleón sólo le interesaba incorporar España a sus dominios y entronizar un principe de su iamilia con esta nueva gema en su corona. Asustado Godoy con la marcha de los acontecimientos, aconseja a ia familia real seguir el mismo temperamento de los gobernantes portugueses, es decir trasladarse a sus dominios coloniales america­ nos. En consecuencia de esa decisión, la familia real se traslada a Aranjuez con la intención de seguir luego hacia Andalucía desde don­ de podrían embarcar. El rey tranquiliza al pueblo asegurando que su aliado-Napoleón trae intenciones pacificas y asegurándole que no es su propósito trasladarse a América. Pero el 17 de marzo se produce un tumulto, conocido como el Motín de A ranjuez, en el que el pueblo enardecido saquea el palacio de Godoy y se exige su prisión para pagar 20 años de gobierno co­ rrupto. En esa oportunidad se pide la cabeza de Godoy y se viva al principe Femando. Los reyes deben presentarse varias veces ante la multitud para tranquilizarla y finalmente se anuncia el decreto por el cual se le quitan a Godoy todos sus cargos y es puesto a disposición de
175

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Í M n W G. fltrre r

la justicia. Su intento de huida es descubierto y se produce una nueva explosión de descontento-,.................. ......... ..........- -------- --------- ------- El Rey sin Godoy no sabía qué hacer. Reunió un Consejo de los Ministros, dignatarios del Estado y grandes de Palacio y manifestó su decisión de abdicar, propósito que cumple transfiriendo la corona a su hijo, quien asume como Fem ando VII, "el Deseado”, y el nuevo mo­ narca recibe el juram ento de sus súbditos en España y poco después el de las colonias americanas. En la vida de los hombres, como en la de los pueblos, hay mo­ mentos en que de su decisión, depende todo un futuro de gloria o la iniquidad de la deshonra. Fem ando VII en lugar de resistir a la invasión francesa, con el apoyo de los pueblos aún no conquistados, se dirigió a Madrid, donde en ese mismo momento ingresaba el Mariscal francés Murat con 19.000 hombres a su mando, y le dirigió una carta servil a Napoleón ratificando la alianza de ambos países. 4. Los sucesos de Bayona. Napoleón había abrigado la esperanza de destituir a Carlos IV y al odiado Godoy, presentándose como el salvador del pueblo español. Pero la asunción de Femando que gozaba de gran popularidad, pertur­ baba esos planes. Mientras tanto el ex-monarca Carlos IV le había hecho llegar una carta en la que le informaba que había sido obligado a renunciar a su corona, impelido por la fuerza de las circunstancias, confiando en la magnanimidad de Napoleón para con él, la reina y su ministro Godoy. En París, basado en este elemento se declaraba nula aquella abdica­ ción y que el trono estaba vacante. Preparaba así su posterior actitud. Fem ando, en posesión del trono, había ya designado a sus minis­ tros, cuando recibe una carta de Napoleón, invitándolo a reunirse con él en la ciudad española de Burgos, en la que le promete la mano de una princesa Bonaparte. Le decía también en esa carta que como la abdicación de Carlos se produjo estando las tropas francesas en Espa­ ña, el mundo podría pensar que las había enviado para lograr ese ob­ jetivo, por lo cual quería informarse de lo ocurrido antes de la abdica­ ción y que si ésta no fue obligada por ia insurrección de Aranjuez no tendría inconvenientes en admitirla y reconocer a Femando como rey.
176

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. ¡VcmrdoX G. IU r*tr

Fernando había sido avisado de las intenciones napoleónicas, pe­ ro no obstante ello se trasladó a Burgos, y_no encontrando allí a Na­ poleón, a instancias suyas se traslada a Bayona, ya en territorio fran­ cés. Antes de partir había dejado en M adrid una Junta de Gobierno a cargo de su tío el Infante Don Antonio. La presencia de las tropas francesas en Madrid provocó recelos en el pueblo y los intentos de trasladar a los restantes miembros de la familia real a Bayona, generaron una serie de incidentes para oponerse a ello, que culminaron con una lucha abierta en todos los barrios; la metralla en la gente ahogó en sangre la rebelión y, ya vencidas, su posterior fusilamiento, ocurrido el 2 mayo de 1808, generaron las pá­ ginas mas conmovedoras de la Historia de la Independencia Española, que el pintor Goya inmortalizó en sus conocidos cuadros. En Bayona, Napoleón reúne a todos los protagonistas del con­ flicto real español y allí enfrenta a Carlos y su esposa con el hijo Fer­ nando, sindicando a éste último como culpable de alta traición, signi­ ficándole que la abdicación de su padre había sido violenta y que no convenía a España, en esas circunstancias, que continuara reinando la Casa de los Borbones. Ante la imposición de la fuerza, Femando acepta abdicar, pero poniendo para ello como condición al que la familia real regresara a Madrid, que las Cortes fueran reunidas en aquella ciudad y que su re­ nuncia sería expresada ante esa Asamblea. Que la renuncia sería en favor de su padre, pero que éste no debía llevar consigo a Godoy, y que si el monarca se sentía cansado para gobernar, lo haría él en su re­ emplazo, actuando como su lugarteniente. Pero en esos momentos llega a conocimiento de Napoleón los sucesos del 2 de mayo en Madrid y acusa a Femando de haberlos pro­ vocado amenazándolo con la prisión y su juzgamiento. Finalmente acepta éste abdicar la corona, aunque seguía insistiendo en que para substituir a los Borbones por los Bonaparte era necesario pedir el permiso de aquéllos que podían tener derechos dinásticos -los demás descendientes- y algo más, el permiso expreso de la Nación Española, reunida en Cortes en lugar seguro. Es importante tener bien claro esta posición, pues en gran medida ella se invocará más adelante: que “España no era un bien patrimonial de la dinastía borbónica del cual pudiera disponer el jefe de la Casa
177

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RicmrJo J. G. tUrrcy

Real” y que “el destino de la monarquía debía ser fijado por acuerdo de la Nación, reunida en C ortes"..... * - — - - ---------- -------Pero Carlos, su padre, a quien devolvía la corona, no pensaba de la m ism a manera y el día 5 de mayo hacía expresa renuncia del trono de España y de las Indias a favor del Emperador de los franceses. Na­ poleón Bonaparte. Cumplido el zarpazo, los ex-monarcas, Femando, Carlos, la reina m adre y “su favorito” disfrutaron de una pensión y residencia, el pri­ mero en el castillo de Valencay y el trío restante en Roma. Pocos días después, Murat constituye y preside una “Junta de Regencia" integrada por funcionarios serviles y acomodaticios que eleva un pedido a Napoleón solicitándole se designe rey de España a José Bonaparte, hasta ese momento rey de Nápoles, a lo que aquél “accede” y su hermano es coronado como José Io, señor de España y de las Indias. Napoleón había cometido una grave falta contra la Nación espa­ ñola. creyéndose encargado por la Divina Providencia para deponer a los malos principes. Pero no advirtió lo peligroso de enfrentarse a toda una nación. Y en ese enfrentamiento quemó a muchas de sus mejores tropas a lo largo de una guerra en la que nunca pudo triunfar definiti­ vam ente y que habría de llevarlo al ocaso de su poder. 5. L as g u erras de la Independencia. F orm ación de Ju n tas. Así llama la historia española a la gesta iniciada por el pueblo aquél 2 de mayo de 1808: “pocos hechos más gloriosos con un origen más hum ilde”. El primer grito de rebelión contra el monarca impuesto lo dio Andrés Torrejón, un campesino, Alcalde de Móstoles, un pueblecito perdido en las serranías, “declarándole la guerra a Napoleón” Y a par­ tir de allí lo seguirán muchos otros. En 1808 el pueblo español consi­ deró inválida la abdicación de Femando VII, tanto en España como en Am érica, por entender que ella fue arrancada a la fuerza. “El cataclis­ mo de 1808, la desaparición dei gobierno y del Estado, el abandono de la Nación a ella misma hizo surgir el enterrado espíritu nacional...” El primero en responder orgánicamente fue el reino de Extrema­ dura y luego lo hicieron los demás, Al desaparecer el gobierno central la unidad nacional se rompió y sus partes integrantes recuperaron su

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R íanlo J. G. /ü rrc r

personalidad política, y todas movidas por un mismo sentimiento pro­ cedieron de la misma manera y al mismo tiempo, sin previo acuerdo. Cada región constituyó su Junta de Gobierno, reasumiendo en si su soberanía. Todas ellas van a constituir más luego su Junta Central o Suprema, que ante un imperio que había quedado sin rey y sin gobier­ no, y que no aceptaba el que se le pretendía imponer desde afuera, proclamó el principio de que “El pueblo reasume su soberanía, o sea su poder de crear gobierno”. Es el mismo principio que van a proclamar en su hora las prime­ ras Juntas de América y, por cierto, no será extraño a él, lo que dio fundamento a la Revolución de Mayo en el Río de la Plata. Sería muy largo enumerar aquí las luchas entabladas entre el victorioso ejército francés que sufre en España la humillación de no poder vencer a verdaderos “ejércitos invisibles” que lo atacaban en to­ das las formas de la guerra, convencional o no, llevando con su fuerza y entereza, el espíritu indomable de la nación española. Esta guerra terminará recién en 1814 con la derrota de Napoleón y el restablecimiento de Femando VII en el trono, en el mes de marzo de ese año, merced a los buenos oficios del Congreso de Viena. Pero en el Río de la Plata el proceso de gobierno propio e inde­ pendencia estaba muy adelantado y la soberbia de Femando le hizo perder la oportunidad de recobrar aquél dominio, por no querer reco­ nocer a aquél pueblo el ejercicio pleno de sus libertades. Para terminar nos permitimos transcribir el pensamiento de Bidart Campos, acerca de los sucesos en España que hemos referido y ios que se suceden en el Río de la Plata: a) La península soporta la invasión napoleónica. La ocupación france­ sa y la instalación de José Bonaparte como Rey de España en 1808, a raíz de las abdicaciones de Bayona, ponen en pié de resistencia a los españoles. b) La acefalía monárquica provoca la formación de Juntas de Gobier­ no locales, que pronto dan lugar a la creación de una Junta Central con sede en Aranjuez, y su posterior traslado a Sevilla. c) El repudio a la intromisión extranjera lleva a la elaboración doctri­ naria de la “soberanía nacional”, con un sentido pragmático de muy diferente estirpe que la aparentemente análoga teoría francesa; la versión española de la soberanía nacional va a significar la afir­ mación de que la capacidad de decisión política radica en el pueblo
179

M A N U A L DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RkxrJo J. G. ¡U rrcy

español, con rechazo de imposiciones extrañas. Su carácter será por eso preponderantemente negativo: querrá decir que aquella-ca­ pacidad no pertenece a los franceses sino a los españoles. d) El 31 de enero de 1810 cae la Junta de Sevilla. Disuelta ésta, su po­ der se transfiere a un Consejo de Regencia. Al cautiverio del Rey de España se añade ahora una nueva acefalía: la del órgano subro­ gante. En el Río de la Plata, los hechos que veníamos analizando en Es­ paña, se suceden de la siguiente forma: a) El último Virrey con sede en Buenos Aires, -Cisneros- llega el 29 de julio de 1809. Ha sido nombrado por la Junta Central de Sevilla. b) El 13 y 14 de mayo fondean en Montevideo y Buenos Aires barcos que traen la noticia de que la Junta de Sevilla ha quedado disuelta. La novedad cunde en Buenos Aires y el 18 de mayo Cisneros emite un bando que se conoce el 21. c) Ante tal situación se inician gestiones para realizar en Buenos Aires un Cabildo Abierto, cuya fecha se fija para el 22 de mayo convo­ cándose por esquela a la parte principal y más sana del pueblo. d) La decisión de dicho Cabildo debía versar sobre dos puntos: 1) Si al desaparecer la Junta de Sevilla, caducaba o no la autoridad del Vi­ rrey que emanaba de ella; 2) en caso afirmativo, si debía abdicar el mando en el Cabildo de Buenos Aires. e) El 22 de mayo se lleva a cabo el Cabildo Abierto, contándose entre los concurrentes jefes y oficiales del ejército y marina, eclesiásti­ cos, funcionarios públicos, abogados, comerciantes, médicos, es­ cribanos, alcaldes de barrio y hermandad y vecinos en general. f) Se resuelve, por votación, que el Virrey debe cesar en el mando, y que éste recaiga provisionalmente en el Cabildo, hasta la formación de una Junta que ha de formar el mismo Cabildo, de la manera que estime conveniente, mientras se congregan los diputados que se han de convocar de las provincias interiores, para establecer la forma de gobierno que corresponda. g) El Cabildo designa una Junta presidida por el mismo Virrey de­ puesto e integrada por Castelli, Saavedra, Incháustegui y Sola, que es jurada el 24 de mayo. h) El Cabildo redacta el reglamento que contiene ia regulación de las funciones de la Junta.
180

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rxmrda J. G. Ilamer

i) Patriotas criollos y oficiales de Patricios resisten la instalación de esa Junta que no concuerda con lo resuelto el 22 de mayo y obtie­ nen la renuncia de sus miembros, j) El 25 de Mayo se forma una nueva Junta, presidida por Saavedra, e integrada por Moreno y Paso como Secretarios, y Belgrano. Azcuénaga, Castelli, Alberti, Matheu y Larrea como Vocales. 6. La formación de Ju n tas Las Ju n tas. Su creación: La farsa de Bayona y la abdicación de los reyes, dejaron al pueblo español bajo el reinado de José Io, gobier­ no que la mayor parte de los españoles no aceptó como legítimo, le­ vantándose en masa contra el usurpador. Después del alzamiento de Madrid del 2 de mayo de 1808, Astu­ rias siguió su ejemplo organizando de inmediato la Junta General del Principado, encargada de la defensa de la región. La Junta se invistió del carácter de soberana y envió delegados a la Corte inglesa para pe­ dir la ayuda necesaria para enfrentar a Napoleón. Poco después se producían levantamientos en Galicia, Santander, León y Castilla la Vieja, Sevilla, Granada, Cartagena, Valencia, Ara­ gón, Cataluña, Navarra y las provincias Vascongadas y finalmente las Islas Canarias, en todas las cuales se formaron Juntas, y se designaron delegados a una Junta Central, que con gran esfuerzo logró instalarse en Aranjuez en Septiembre de 1808 con el nombre de Junta Central Gubernativa del Reino, presidida por el Conde de Floridablanca. Esta Junta Central surgió concibiendo a ese gobierno como el producto de un pacto federal, que le daba facultades para entender-en materias de paz y de guerra, de relaciones exteriores y de política co­ lonial, quedando las juntas de cada región como autónomas en todo lo demás. Entendían que la solidaridad de las provincias no podía mani­ festarse en ese momento en Cortes, por lo cual convinieron en crear la Junta Central, integrada por dos representantes de cada Suprema pro­ vincial. El Consejo de Castilla se había opuesto a la creación de Juntas provinciales y a la constitución de la Junta Central, pero el avance francés no dio lugar a cuestiones legales, sino que estos organismos de facto asumieron la representación del reino y su defensa. La Junta terminó radicándose en Sevilla. La Junta Central había dictado en ene­ ro de 1809 un decreto por el que se concedía a los virreinatos y capi181

MANUAL DE HISTORIA COíSSTTTVCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. C. Hmrr*r

tañías generales de América el derecho a nom brar representantes en la ..... - ■ misma. ' * .............. 7. Las Cortes de Cádiz. Si bien las Cortes prácticamente habían desaparecido en la mar­ cha del gobierno español, los acontecimientos producidos a conse­ cuencia de la invasión francesa a España y las Guerras de la Indepen­ dencia llevadas a cabo en la península contra el invasor Napoleón, van a darle nuevamente presencia en la vida institucional española, aunque en estas circunstancias habrán de variar sus características. La cuestión del llamamiento a Cortes se resolvió el 22 de mayo de 1809, restableciéndose la representación legal de la Monarquía en ellas, las que serian convocadas para el Io de enero de 1810, para reu­ nirse el Io de marzo siguiente. Se hacía extensiva la representación a los territorios españoles de América y Asia, acordándose que serían representados por los naturales de aquéllos, residentes en España. Al producirse la invasión de Andalucía los primeros días de 1810, la Junta Central se refugió en la Isla de León, donde llegaron también los diputados a Cortes, luego de soportar penurias en su viaje. La serie de desórdenes producidos, los enfrentamientos entre los integrantes de la Junta Central movieron a su disolución y a deponer todos sus pode­ res en un Consejo de Regencia, compuesto de cinco individuos. Los miembros de esta Regencia se manifestaron contrarios a la reunión de las Cortes y eludieron convocarlas, aunque finalmente se fijó el día 24 de diciembre de 1810 para su apertura. En esa fecha se reunían los di­ putados de la España libre en Cortes, en la Isla de León, pasando lue­ go a Cádiz en febrero de 1811, terminando sus funciones en septiem­ bre de 1813. Estas Cortes tuvieron una real autoridad, debido a su ori­ gen, a los hombres de valer que la integraron y al celo que dem ostra­ ron. En las Cortes de Cádiz predominaron las fuerzas de la burguesía, aunque en ella estaban también las de la nobleza y el clero, aunque no representados en forma estamentaria, como lo fueran las Cortes tradi­ cionales, sino que fue una representación igualitaria de la Soberanía. Tomaron a su cargo la reorganización de las finanzas, ia admi­ nistración, el estatuto religioso y el gobierno de las colonias. Promul­ garon en 1812 una Constitución en la que se mezclaban las tradiciones españolas, las ideas políticas inglesas y aún algunas de la revolución francesa.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. l¡m -*r

Es la obra magna de las Corles de Cádiz. Tiene un Discurso pre­ liminar y un Manifiesto, en los que se abunda en alardes tradicionalistas, lo que hace pensar a muchos si fue verdaderamente revolucio­ naria o tradicionalista. Venía a establecer una monarquía de carácter limitado. Se busca­ ba asegurar la libertad política y civil de la Nación, “restableciendo las leyes y tradiciones de nuestros mayores”. Hablaba de la religión santa y de las leyes políticas de los antiguos reinos de España. El monarca gobernaba asistido de un Consejo de Estado. El po­ der de legislación era atribuido a las Cortes, que a partir de esta Cons­ titución pierden el carácter estamentario que las había identificado. La función judiciaria pasa a manos de tribunales superiores. Pero esta constitución de Cádiz que pretendía el restablecimiento de las leyes destruidas por los Borbones, lo que implicaba volver al régimen autonómico de Cataluña, Aragón y Valencia, que había sido destruido por Felipe V, sin embargo, daba un paso en el camino del uniformismo y la centralización. Esta constitución era notoriamente uniformista y centralizante. Sus redactores trabajaron inspirándose en el ejemplo francés, dejando de lado la tradición municipal española, y sometieron a los ayunta­ mientos, lo que era contrario a su espíritu y a su historia. La constitución estableció que las provincias que constituían el reino serian regidas por un “jefe superior político” y un Intendente nombrado por el Rey, y por una Diputación de siete diputados elegi­ dos por los electores de cada lugar. Estas diputaciones sólo tendrían carácter representativo en las cuestiones económicas, pero con suje­ ción absoluta a la suprema voluntad. Su misión era, como agentes del gobierno, velar sobre los ayuntamientos elegidos por el pueblo, que habrían de darle cuenta de sus gestiones. Se buscaba de esta manera apartar al federalismo, “para formar una nación sola y única”. En consecuencia, esta organización que engranaba las ruedas municipal y provincial, sólo podría girar por el impulso de la mano omnipotente y vigilante del Estado, de manera que el régimen venía a ser más absolutista que el de los Gobernadores-Intendentes, y la auto­ nomía municipal pasaba a ser una mera apariencia. Se ha dicho que la Constitución de Cádiz fue al mismo tiempo li­ beral y uniformista, revolucionaria y centralizadora. Durante mucho tiempo, liberalismo v uniformidad, progreso y centralización fueron

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. fUcxrá, J. G. ZUrrcr

en España considerados como inseparables. Y 110 sólo en España, pues en el Río de la Plata, la constitución de Cádiz fue tomada como mo­ delo de organización dei Estado por los hombres de la Asamblea de 1813, y de hecho, posteriormente, por el unitarismo, cuya orientación antitradicionalista desató la etapa de la Anarquía por su empeño en constituir al país dentro de tales normas. Aquellas Cortes que sancionaron esta Constitución fueron vistas con desagrado por el pueblo tradicional, que si bien no era absolutista, de ninguna manera era antimonárquica. Y veía en esta Constitución que el Rey no mandaba, sino que obedecía; que no daba leyes, sino que las cum plía; que nada podía por si, si no acudía al pueblo, a quien servía; a las Cortes a quienes debía obedecer y a la Soberanía de quien era su dependiente. 8. Las Cortes de Bayona. Apenas logró Napoleón la renuncia de los reyes de España al tro­ no y la abdicación en su favor, procedió a coronar a su hermano José Io, pero queriendo dar a su obra apariencias legales se convocó una Diputación General que debía reunirse en Bayona el 15 de junio de 1808. Allí se aprobó un proyecto de constitución compuesto de 13 tí­ tulos y 146 artículos, creando bajo el mando del rey un poder ejecuti­ vo, compuesto de nueve ministerios, ejercido por ministros responsa­ bles de hacer cum plir las leyes y ordenes del rey; instituía un Senado, no como C ám ara colegisladora sino como un alto cuerpo encargado de suspender la vigencia de la Constitución en caso de sublevación o amenazas a la seguridad del Estado. Además un Consejó de Estado presidido por el Rey y dividido en seis secciones examinaría los pro­ yectos de leyes y reglamentos, y restablecía las Cortes, compuestas de tres estam entos (clero, nobleza' y pueblo), que debía reunirse cada tres años, en virtud de convocación hecha por el rey. Sus funciones serían las de fijar las rentas y gastos anuales del Estado, y a su consideración debían ser puestas las modificaciones que se introdujeran en los Códi­ gos Civil y Penal y en el sistema de impuestos. La fiscalización de los actos del Poder Ejecutivo podía ejercitarse a través de las Cortes por el recurso de queja.

184

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R ic rJ o J. G. limen*

9. Cabildo Abierto de! 22 de mayo de 1810.
AI comenzar el año 1810 la Junta Central de Sevilla decide trasla­ darse a la Isla de León, ante la creciente amenaza del avance francés. Como ya hemos señalado, los enfrentamientos internos y el des­ crédito en que habían caído, determina ia disolución de este organis­ mo, no sin antes transferir sus poderes a un Consejo de Regencia que ella misma se encarga de crear. En España se espera que de un mo­ mento a otro se produzca el triunfo napoleónico perdiéndose la Penín­ sula y con ella la soberanía que ejercía Don Femando VII; y esa con­ vicción aflige también a los colonos americanos. Las noticias de .la disolución de la Junta Central llega a conoci­ miento del pueblo de Buenos Aires el 18 de mayo de 1910 y el Virrey se vio en la necesidad de hacerlas públicas y en tales circunstancias comienzan una serie de reuniones de los grupos de americanos que habrán de protagonizar el movimiento revolucionario, los que presio­ naron para que se convocara a reunión de un Cabildo Abierto, a lo que el Virrey no pudo sino acceder, dada la presión popular existente. A dicho Cabildo fueron invitados los vecinos de Buenos Aires, "la parte principal y más sana", concurriendo solo 251 votando 224 de los presentes. Se discriminaban los presentes por sus respectivos oficios, en 65 militares, 27 eclesiásticos, 24 funcionarios del gobierno, 59 comer­ ciantes, 18 abogados, 4 médicos, 4 escribanos, 13 Alcaldes de barrio, 2 Alcaldes de Hermandad, 1 catedrático, 1 licenciado y 33 vecinos va­ rios. Analizando las fuerzas que actuaron en las jom adas de mayo, Ga­ lletti acepta que puedan considerarse actuando cuatro grupos: a) el grupo español, adicto a la Corona, enemigo de todo cambio, inte­ grado especialmente por los funcionarios. b) el grupo conservador, partidario de defender las posesiones espa­ ñolas en el Plata, aunque integrando un nuevo gobierno; c) el grupo innovador que buscaba la independencia de España, pero a través de ella, cambios esenciales, que pudiéramos llamar revolu­ cionarios; y d) el grupo renovador, que también pretendía la independencia, pero sin realizar mayores cambios en la organización dei país.
185

MANUAL DE HISTORIA. CONSTnrUdONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J, G. Hmtjct

La proposición votada en el Cabildo Abierto del 22 de mayo fue la siguiente: “Si se ha de subrogar otra autoridad a la Superior que ob­ tiene el Excmo. Señor Virrey, dependiente de la Soberana que se ejer­ za legítimamente a nombre del señor D. Fernando VII, y en tal caso en quién” 10. L a d o ctrin a ju ríd ic a de !a revolución. P rincipales expositores. El Obispo D. Benito de Lúe y Riega, sostuvo la tesis tradicional que repugnaba de todo cambio y adhería totalmente a la Corona, por lo que hasta no tener seguridad de que hubiera desaparecido el gobier­ no legitimo de la península, debían seguir gobernando las autoridades designadas para el Virreynato, y que recién en la absoluta certidumbre de que hubiera desaparecido la ultima resistencia española, seria lle­ gado el caso de designar un gobierno, que asumiera la defensa de es­ tos dominios para el señor D. Femando VII. El Dr. Juan José Castelli, expositor de la doctrina jurídica de la revolución, justificaba el cambio, con el argumento de la caducidad del Gobierno Soberano de España y la reversión o retrocesión de los derechos de la soberanía al pueblo de Buenos Aires, y su libre ejerci­ cio en la instalación de un nuevo gobierno. Los pasos de su discurso son los siguientes: a) La constitución de gobiernos propios en la península (Juntas loca­ les) y, más tarde, la constitución de una Junta Central representati­ va de esas juntas locales; b) Afirmaba la nulidad de las Cortes que habían sido convocadas, ya que la Junta "Central, carecía de facultades para organizar el Con­ sejo de Regencia, además de no haber concurrido los representan­ tes de Am érica, lo cual constituía un motivo mas de nulidad; c) El Gobierno soberano de España, por tales motivos, había caduca­ do, y por ello se había producido la reversión de los derechos de la soberanía ai pueblo y este readquiría su poder originario (Doctrina del contrato) y tenía libre ejercicio para instalar nuevo gobierno. Recordaba que las Indias (América) constituían un reino de la Co­ rona española, pero no formaban pane del territorio español, con­ forme a las leyes de épocas de los Austrias, aunque cambiadas lue­ go por las teorías regalistas de los Borbones. El Dr. Genaro de Villota, (Fiscal de la Real Audiencia) sostenía que Buenos Aires por si sola, en esta reunión del cabildo - órgano pu-

M A N U A L DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R íanlo J. G. H trrrr

rameme local - no tenía facultades para resolver acerca de la legitimi­ dad dei gobierno del Consejo de Regencia, y menos aún para elegirse un gobierno soberano, pues ello sería lo mismo que romper la unidad de la Nación y establecer en ella tantas soberanías como pueblos con cabildo existían. Por ello debía consultarse a los pueblos, debiendo ser citados en un futuro Congreso. Esta tesis se la ha considerado como un argumento contra-revolucionario, y para otros sirvió de base a las futuras posiciones federalistas. Al Dr. Juan José Paso se le atribuye la tesis o teoría de la gestión de negocios, del derecho romano. Consideraba que en las difíciles si­ tuaciones que atravesaba la península y los peligros que de ello po­ drían derivarse para América, Buenos Aires actuando como “hermana mayor”, no sólo podía sino que debía adoptar las medidas que las cir­ cunstancias impusieran, y que lo haría en beneficio de los demás pue­ blos del Virreinato, quienes posteriormente debían ser citados a parti­ cipar de la gestión que se encomendara al nuevo gobierno. Finalmente se resolvió la cesación del Virrey y se encomendó al Cabildo la Constitución de una Junta. 11. La P rim era Ju n ta . O rigen y naturaleza. Luego que el Cabildo designara una Junta de Gobierno encabeza­ da por el propio Virrey Cisneros, y que el pueblo, el 25 de mayo de 1810, hiciera oír su opinión contraria, se reunió nuevamente esta Cor­ poración y acepto la nomina que se le proponía por los representantes de éste, encabezada por Comelio de Saavedra, dejando sin valor algu­ no la junta del día 24. Esta Junta fue ratificada por el pueblo por acla­ mación. Se trataba de un verdadero acto revolucionario, importando la petición un verdadero plebiscito directo, una consulta inmediata. El envío de expediciones a las provincias interiores, llamadas "auxiliado­ ras” tenían por objetivo imponer el reconocimiento y aceptación de la Junta, y para que se fueran formando juntas a la manera de la de Bue­ nos Aires, que sincrónicamente aparecería como “Junta Central”. Co­ mo veremos por los Reglamentos de Mayo, la Junta tenía esencial­ mente el carácter de ejecutiva, aunque también contaba con atribucio­ nes legislativas, aunque sujeta al control del Cabildo. Las funciones judiciales continuaban en manos de la Audiencia.
187

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUCIONALARGENTINA Dr. Ricardo J. G. H*rrcr

12. Los R eglam entos de M ayo: sus principios institucionales. La revolución creará o recreará algunas instituciones significati­ vas, algunas de las cuales rompen con el status colonial. Otras conti­ nuarán casi sin alteraciones. Para unos, los sucesos de mayo significa­ ban la quiebra o extinción de ciertas instituciones típicas del anterior periodo y la necesidad de dar una legislación estable para ordenar el país. Para otros, adheridos a añejas tradiciones, sólo existía la preten­ sión de realizar algunas reformas adecuadas, pero sin avances resuel­ tos o positivos. Otros, sintieron los hechos como revolucionarios y pretendieron un cambio estructural para proyectar una nación con ins­ tituciones avanzadas para la época. Se puede afirmar que de los hechos de Mayo como de los regla­ mentos dictados por la Primera Junta de Gobierno patrio pueden des­ prenderse los siguientes principios institucionales: Soberanía popular: El discurso de Castelli a que hemos referido como así el voto de Saavedra, cuando afirma "que no quede duda que es el pueblo el que confiere la autoridad o mando", Las mismas actas capitulares del 25 de Mayo de las que surge que el pueblo reasumió su autoridad y la circular dirigida a los pueblos en igual sentido. Revolucionario: Cuando se “reasume” la autoridad el 22 de ma­ yo. Cuando se impone una Junta Gubernativa por presión irresistible de ia población y no sólo de la parte principal y mas sana. Envío de una expedición “auxiliadora" al interior para imponer la revolución. La forma republicana que surge de los párrafos siguientes: Derecho de peticionar: Podía ser ejercido por cualquier vecino a la Junta. Elección popular: El Cabildo fue obligado a aceptar una lista de com ­ ponentes de la Junta propiciada por el pueblo de la ciudad de Buenos Aires. División de poderes: Los poderes legislativo y ejecutivo serian ejercidos por la Junta y el Cabildo, respectivamente y el judicial esta­ ría a cargo de la Audiencia y otros tribunales. División en Departamentos o Ministerios. A los fines del trata­ miento de las diversas cuestiones de gobierno. En forma embrionaria se tienen aqui los dos temas fundamentales de las Constituciones de la época: los derechos y garantías por un lado y la organización de los poderes, por el otro.

>{ANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricurdo J. G. Il* m y

Sistema Representativo: Cuando los pueblos no gobernarían por si solos, sino por medio de sus representantes que se irían agregando a la Junta o en un Congreso, que serían elegidos por los pueblos interio­ res. Periodicidad de las funciones: Los miembros de la Junta tenían carácter de provisorios y el Cabildo tenía el derecho de reemplazarlos "con causa bastante y justificada" Federalismo: En cuanto se da representación a los “pueblos”, re­ conociéndolos como entidades que conformaron el antiguo Virreynato, con derecho a participar en el Congreso que organizaría el futuro Congreso. Responsabilidad de los funcionarios: Ante el Cabildo, que se re­ serva el derecho de estar a la mira de los actos de gobierno. Publicidad de los actos de gobierno: En tanto establece dar cuenta por medio de publicaciones en la Gaceta de los actos y gastos de la Junta, en forma mensual. 13 C ará cter de la Revolución de Mayo. 1) Para algunos autores se trataría de una situación que en el Plata reproduce la de España, resultando así una mera consecuencia de los acontecimientos de la Península. Cambio de autoridades y estable­ cimiento de Juntas como en España, gobernando en nombre del rey cautivo. 2) Para otros se trataría de la traducción de la lucha entre libera­ les y conservadores que se daba tanto en España como en América. Se niega así la revolución, “oculta-tras la máscara de Femando”. 3) Para otros autores, Mayo fue una guerra civil entre españoles y criollos liberales con españoles y criollos conservadores. 4) Finalmente,- se afirma que como todo hecho revolucionario, el de Mayo no se realizó instantáneamente, sino durante un proceso que duró varios años. 14. Pensam iento político e institucional de .Mariano Moreno. Mariano Moreno consideraba indispensable la necesidad de dic­ tarse una Constitución del Estado, a cuyo efecto se convocaba a los diputados de los pueblos del Interior del Virreinato, para la reunión de un Congreso Generai que debía cumplir aquél objetivo, de 1a misma
189

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rkardo J. G. H*rvcy

manera en que el Consejo de Regencia había convocado en España a las Cortes para el dictado de una constitución. Estos diputados no debían constituir el gobierno propiamente di­ cho, que debía continuar en manos de la Junta del 25 de mayo de 1810, y de allí su oposición a la incorporación de éstos, que fuera soli­ citada en nombre de todos por el Deán Funes y el Dr. Simón García de Cossío, sosteniendo que aquella tenía un carácter provisional y debía durar hasta que el Congreso General estableciera un gobierno firme, y como depositario de la Soberanía, darse la Constitución y determinar su forma de gobierno. Atribuía a ese Congreso el poder originario para establecer los poderes constituidos. Mariano Moreno creía que ya estaban dadas las condiciones para dictar una constitución basada en el “pacto social”, y dando por senta­ do "la inevitable pérdida de España”, consideraba que los americanos debían poner sus miras en la justa y necesaria emancipación de sus pueblos, que debían ser elevados a la dignidad de Estados, rompiendo así su dependencia colonial, aunque no dejaba de tener en cuenta la crítica situación que se atravesaba. Propugnaba la representatividad popular para establecer institu­ ciones libres, con la finalidad de lograr el bien común y la prosperidad del Estado, que no es otra que la del “bienestar general”, según el pen­ samiento roussoniano. Creían que si bien el pueblo esperaba todo lo bueno de sus representantes, era necesario que aprendieran por si mismos cuáles eran sus derechos y sus obligaciones, y alerta sobre la posibilidad de que en el festejo de su naciente libertad puedan ser víc­ timas "de una cadena de la mas pesada esclavitud”. Reconoce la capacidad de los americanos para velar por su pro­ pio bien, contrariamente a la situación de inferioridad en que se los te­ nía con relación a los funcionarios españoles de la metrópoli, de lo cu­ al resultaba clara demostración lo actuado desde que asumiera la Junta Provisional. Para M oreno no había premio mejor, para el hombre pú­ blico, que la estimación y confianza de sus conciudadanos, y el pueblo no debía contentarse sólo con el bien obrar de sus gobernantes, sino que debía exigirles las mejores virtudes y que sus actos se ajustaran y fueran regidos por una Constitución. Consideraba que la Constitución quedaba legitimada por el hecho de la disolución de la Junta Central en España, que había gobernado en nombre del Monarca, y de tal manera se restituía a los pueblos la

MANUAL DE H1ST0RLV CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. IVcmrdaJ. G. l l m r

plenitud de los poderes, ya que el cautiverio del rey había dejado acé­ falo al reino, y rotos los vínculos que lo constituían en centro y cabeza del cuerpo social. La reasunción de la autoridad que habían conferido al monarca, colocaba a cada hombre en el estado anterior al Pacto So­ cial del cual derivan las obligaciones que ligaban al rey con sus vasa­ llos. Creía que la grandeza del país se lograría a través de la virtud y del trabajo, con la seguridad de las personas, la conservación de los derechos, los deberes del magistrado y la fijación de los límites de la obediencia. En materia económica era partidario de un sistema comercial que rompiese el monopolio y estableciese la libertad de comercio con to­ das las banderas del mundo. En lo social sostenía el trato igualitario de todas las personas, se­ ñalando la necesidad de una legislación protectora de los indios que los elevara de la condición en que se encontraban.. Se manifestaba, además. Moreno como un firme sostenedor del ideal americanista de formar una gran Confederación Americana del Sur, aunque consideraba que en el momento la idea era impracticable por las enormes distancias existentes y dificultades de comunicación . Propugnaba el principio de la igualdad de todos los pueblos. La soberanía había sido retrovertida y residía en la voluntad general con­ forme a la doctrina contractualista de Rousseau. Podemos resumir este tema señalando que Moreno, frente a los elementos moderados que actuaron en la gesta de Mayo, aparece como un espíritu revolucionario: sostiene la vigencia de los derechos de los pueblos, los principios constituyentes del gobierno, manifestándose en paladín de principios substancialmente diferentes a los del régimen anterior, y se propone llevar adelante la independencia a través de la revolución de las ideas, enmarcadas en los principios del iluminismo. dei contractualismo roussoniano, de reformas liberales, con un amplio sentido democrático y republicano. 15. Ideología y profesión de cada uno de los m iem bros de la Ju n ta de G obierno. Comelio de Saavedra: Fue el Presidente de la Junta. Era militar, Jefe del Regimiento de Patricios. La historia lo tiene signado como ‘'conservador”, por su tendencia moderada. Fue el verdadero jefe de la
191

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JVctrdo J. G. ¡Jarrar

revolución, ya que tanto el ejército como el pueblo lo sostenían para presidir al nuevo gobierno. Debe recordarse que Saavedra había evita­ do que la asonada de Alzaga del Io de enero de 1809 triunfara, soste­ niendo entonces el poder del Virrey Liniers. Mariano Moreno: Fue uno de los Secretarios de la Junta. Fue ele­ gido por su capacidad como abogado. Debe recordarse su escrito co­ nocido como “ La Representación de los Hacendados" presentado ante el Consulado, donde desarrolla ¡deas acerca del libre comercio. Era prenda de garantía para comerciantes, especialmente los ingleses, y los hacendados a quienes iban a favorecer sus ideas. Se lo considera un liberal, especialmente por sus lecturas, como el Contrato Social de Rousseau. Juan José Paso: Fue el otro secretario de la Junta. Elegido por su capacidad como relator y abogado. Expuso la teoría de la “Gestión de Negocios”, en la reunión del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, invalidando así el intento contrarevolucionario del Fiscal de la Real Audiencia Genaro de Villota. Paso puede ser considerado como parti­ dario del establecimiento de una Regencia a cargo de la princesa Car­ lota Joaquina de Borbón, hermana de Femando VII, que gobernaba en el Brasil como esposa del Príncipe de Braganza (portugués). Juan José Castelli: Era también abogado, y fue el brillante soste­ nedor de la tesis de la “retrocesión del poder al pueblo”, en ausencia del gobierno legítimo de España, sojuzgado por la invasión napoleóni­ ca y la imposición como rey, del hermano de Napoleón, José Bona­ parte. Luego asumirá la tarea-de llevar la revolución al interior al frente de una fuerza armada revolucionaria. Manuel Belgrano: Al igual que los anteriores era abogado, y de igual manera que el Dr. Paso, era partidario de la regencia de la prin­ cesa Carlota Joaquina, o "carlotismo'’, como lo llama la Historia. Esta posición de los "carlotistas” tuvo su manifestación en los sucesos de 1809 en el Río de la Plata. Al igual que Castelli, debió cambiar los có­ digos por las armas, improvisándose militar y llevando las fuerzas re­ volucionarias a! Paraguay. Al pasar por Corrientes, fundó Curuzú Cuatiá. Miguel Azcuénaga: Al igual que Saavedra, representaba al ejér­ cito, pues era un jefe militar. Hombre de posición moderada y conser­ vadora.
192

MANUAL DF. HISTORIA COtNSTTTUCIO.NAI-ARGENTINA Dr. Ricardo J. C. Ibrrcy

Juan Larrea: Era de origen español europeo. Posición moderada y no demasiado amigo de cambios fundamentales. . . . . Domingo Matheu: Al igual que el anterior era español. Ambos eran amigos de Alzaga, autor de la asonada de 1809. Ambos fueron incluidos en la Junta para demostrar que no se trataba de excluir to­ talmente a los españoles europeos de la Junta de Gobierno. Manuel Alberti: Fue incluido como elemento de moderación, al igual que los anteriores. Gozaba de gran prestigio social, y en su cali­ dad de Presbítero de la Iglesia Católica, era también una garantía de que la revolución no tenía tendencias que la inclinaran hacía el pen­ samiento ateo de la Revolución Francesa.

193

MANUA1. DE HISTORIA CONSTTnJCJONAL ARGENTINA Dr. IGcxrdo J. G. H rrc r

Bibliografía consultada y utilizada. ABAD DE SANTILLAN, Diego. "Historia Institucional Argentina” BELGRANO, Mario. "La era napoleónica y las Colonias americanas'1 en Historia de la Nación Argentina Tomo 5o ( l1 ) de la Academia Na­ cional de la Historia. B1DART CAMPOS, Germán J. "Historia Política y Constitucional Argentina" CA1LLET BOIS, Ricardo R. "La Revolución en ei Virreynato" en Historia de la Nación Argentina. Tomo 5° (2J) de la Academia Nacio­ nal de la Historia. DE GANDIA. Enrique. "Las ideas políticas de los hombres de Mayo" DE GANDIA, Enrique. "Orígenes desconocidos del 25 de mavo de 1810" GALLETI, Alfredo. "Historia Constitucional Argentina” LEVENE, Ricardo. "Los sucesos de Mayo" y "El 25 de Mayo" en Historia de la Nación Argentina. Tomo 5o (2“) de la Academia Nacio­ nal de la Historia. LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina" LORENZO. Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina” LOPEZ ROSAS, José Rafael. "Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina" TAU ANSOATEGUI, Víctor y MARTIRE, Eduardo. “Manual de Historia de las Instituciones Argentinas” ZARINI, Helio Juan. “Historia e Instituciones en la Argentina” ZORRAQUIN BECU, Ricardo. "Estudios de Historia del Derecho"

194

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUaONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G.

CAPITULO 8
1. Iniciación institucional argentina. Tan pronto asume la Primera Junta de gobierno patrio, inicia con gran entusiasmo la tarea de gobernar las provincias integrantes del ex virreinato del Río de la Plata. Sus primeras preocupaciones son las de dictar un reglamento, con fecha 27 de mayo, cuyos principios institu­ cionales ya hemos analizado en el Capítulo anterior y en el que se dis­ ponía invitara los pueblos, para que tan pronto recibieran su comuni­ cación los Cabildos de cada una de las ciudades y villas procedieran a invitar a la parte principal y más sana del vecindario, para que for­ mando un Congreso con los que así hubiesen sido llamados, eligiesen a sus diputados que habrían de reunirse a la mayor brevedad en la ciu­ dad Capital para establecer la forma de gobierno que consideraran más conveniente. En sus poderes debía consignarse “no reconocer a otro soberano que D. Femando VII y sus legítimos sucesores, según el or­ den establecido por las leyes, y estar subordinados al gobierno que le­ gítimamente los represente”. Cabe señalar que la Primera Junta se autodenomina “Junta Provi­ sional Gubernativa de la Capital del Río de la Plata” y se dirige a: los habitantes de ella y “de las Provincias de su Superior Mando”. Otra de ias primeras medidas fue la de enviar una expedición de 500 hombres a las provincias interiores del reino para “auxiliarlas”, cuyos gastos se­ rian costeados con sueldos de funcionarios españoles que cesaban y otros arbitrios. En el orden administrativo se estableció el derecho a ocupar car­ gos a los criollos y la exigencia de la idoneidad para el desempeño de ias funciones; al reemplazar a los fiscales y oidores, se determinó que éstos no tendrían otro tratamiento ni otro traje que el de abogado. Pero, sin duda, el decreto que mayor conmoción produjo fue el de supresión de honores, que es obra de la pluma del Secretario Dr. Mariano Moreno, aunque fue firmado por el Presidente D. Comelio de
195

MANUAL DE IflSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJc^rdo J. G. Hv-rry

Saavedra, con motivo del brindis propuesto por el militar de apellido Duarte, en oportunidad de festejarse la victoria de Suipacha, en el que llamó a Saavedra futuro emperador o rey de América. Más allá de las disposiciones circunstanciales en las que se esta­ blece la igualdad de tratamiento entre el Presidente y los Vocales de la Junta, disponiendo medidas relativas a los honores debidos a la Junta, la eliminación de aparatos o escolta que distinga a sus miembros de los demás ciudadanos, la prohibición de todo brindis o aclamación pública a dichos funcionarios y la referencia a que sus esposas no dis­ frutaran de los honores y demás prerrogativas, y aún la norma restric­ tiva a las facultades del presidente al exigir que las disposiciones de la Junta deberían contar por lo menos con cuatro firmas de sus miembros y la del secretario respectivo, interesa destacar sobremanera que en los considerandos del decreto se consignan un conjunto de reglas de ca­ rácter republicano que se aplicarán en el desarrollo administrativo del país. Citemos entre ellas la que reclama la libertad efectiva como fa­ cultad esencial para el goce de los derechos ciudadanos, ya que “cual­ quier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad”; la igualdad ante la ley como condición imprescindible para asegurar la libertad; el reclamo de una constitución justa y liberal, su enfática declaración contra la tiranía para que no encuentren en los pueblos el menor apoyo para burlarse de sus derechos; la afirmación de principios republicanos al declarar la igualdad como derecho fun­ damental, el reemplazo de la expresión “súbdito” por la de “ciudada­ no", la reafirmación de los derechos del pueblo, el “bien general” co­ mo finalidad del gobierno, el destierro de los honores a los gobernan­ tes y establecer la responsabilidad de los magistrados y funcionarios, públicos. 2. La J u n ta G rande. De conformidad con la circular que había sido enviada a los pue­ blos del interior, éstos debían elegir sus representantes para que tras­ ladados a Buenos Aires y tan pronto llegaran fueran incorporados a la Junta provisional elegida el 25 de mayo. Pero pasaba el tiempo y los diputados del interior, habían llegado a la ciudad de Buenos Aires y se los mantenía ajenos a la marcha del gobierno.
196

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAI. ARG ENTINA D r.RicardoJ. G. Hmrwtrr

Eilo motivó que algunos representantes como el Deán Gregorio Funes, de Córdoba y el Dr. Simón García de Cossio de Corrientes, plantearan por escrito se resolviera la situación, precediéndose sin más trámites a su incorporación. El 18 de diciembre de 1810 se llevó a cabo la reunión para tratar esta petición, y en ella los diputados del interior reclamaron concreta­ mente el derecho de incorporarse a la Junta Provisional y tomar parte activa en el mando de las provincias, hasta la celebración del Congre­ so que estaba convocado. Entendían que la Capital por si sola no tenía títulos legítimos pa­ ra elegir a gobernantes que los demás pueblos debieran obedecer, lo cual lo había así reconocido la propia Junta en el oficio de convoca­ ción, al ofrecer que los diputados tan pronto llegaran serian incorpora­ dos a ella. Que los pueblos miraban con pesar que pese al tiempo transcurrido no se hubiese cumplido este propósito, a lo que debía agregarse la necesidad de asegurar la tranquilidad pública gravemente comprometida por el descontento con la Junta. Los vocales de la Junta entendían que no les asistía a los diputa­ dos derecho alguno para incorporarse a la Junta, ya que el fin de su convocación había sido el de reunir un Congreso nacional y que hasta la apertura de éste no podían empezar sus funciones los representan­ tes. Que consideraban que el carácter de diputados era inconciliable con el de los miembros de un gobierno provisorio, y que el fin de este gobierno provisorio habría de señalar el comienzo de! ejercicio de los poderes de aquéllos. Consideraban también que la cláusula inserta en la circular había sido “un rasgo de inexperiencia" que el tiempo se había encargado después de mostrarlo impracticable. Decían también que el ejemplo de las Cortes españolas y de toda Asamblea Nacional se oponía a la pre­ tensión de los diputados, y que por otra parte el reconocimiento de la Junta hecho en cada pueblo, subsanaba la falta de su concurso a la instalación. También se decía que en los poderes dados a los diputados no se los facultaba a gobernar provisoriamente en el Virreinato, sino a formar un Congreso nacional y establecer en él un gobierno sólido y permanente.

197

MANUAL DE HISTORIA CON3TTTUCIONAL ARGENTINA Dr. Ocmrdo ]. C. lU m r

Pero no dejaba de ser significativo que para ese futuro Congreso, la Capital no hubiese designado diputados, lo que hacía ver a las cla­ ras que esa reunión se iba a diferir “sine die”. En la discusión se permitió la presencia de los nueve diputados que habían arribado, y también se les permitió votar, los que por si solos constituían mayoría. Votaron en forma unánime por su incorpo­ ración, a lo que adhirieron los vocales de la Junta, aunque con reser­ vas. Por ejemplo Saavedra expresó que no correspondía su incorpora­ ción según derecho, fiero votaba afirmativamente por conveniencia política; Azcuénaga lo hacía también afirmativamente en obsequio de la unidad y la política, igual que Matheu y Alberti, por conveniencia pública. Y sin ningún tipo de consideraciones votó afirmativamente Larrea. La decisión tom ada por Saavedra y sus seguidores estaba desti­ nada a neutralizar la obra de Moreno y dism inuir su influencia en el seno de la Junta. M oreno y Paso fueron los únicos que votaron negativamente" porque era contraria a derecho y al bien general del Estado”. Moreno presentó, por tal motivo, su renuncia a la Junta. Su renuncia no fue aceptada, pero su alejamiento se produjo de inmediato al habérsele confiado una misión diplomática en Inglaterra, falleciendo en alta mar, en viaje hacia ese país. Integrada la Junta con sus nuevos miembros comenzaba la nueva obra de la revolución. Porteños y provincianos, dice López Rosas, emprenderían la labor revolucionaria en el gobierno común, pero posturas espirituales diametralmente opuestas, política de facción y am biciones personales, comenzarían a prologar el divorcio entre Bue­ nos Aires y el Interior. 3. Las J u n ta s provinciales. Fueron creadas por la Junta Grande, por decreto del 10 de febrero de 1811, a inspiración del Deán Funes. En los considerandos de la “Orden de la Junta Superior” que disponía su creación se establecía que "los mismos motivos que obligaron a sustituir una autoridad co­ lectiva a la individual de los virreyes, debieron también introducir una nueva forma en los gobiernos subalternos (de las provincias)” y pese a que en un primer momento porque la Junta no tenía “una confianza entera en los pueblos, no alteró el sistema antiguo”, pero como “ha

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RxmrA, J. G. Hmrrcr

estado persuadida de que el mejor fruto de la revolución debía consis­ tir en hacer gustar a los pueblos las ventajas de un gobierno popular”, creía que ello se lograría hallándose el mando del gobierno en manos de muchos y que los individuos de las juntas a crearse fueran elegidos por los pueblos. Por este medio se conseguirá, agregaba, que teniendo los elegidos a su favor la opinión pública, sólo el mérito eleve a los empleos, y que el talento para el mando sea el único título para man­ dar. Las Juntas tendrían carácter provisorio y durarían hasta la reu­ nión del Congreso General, que debía establecer las instituciones defi­ nitivas. Había dos clases de Juntas: Principales y Subordinadas. Las Principales se establecerían en la ciudad Capital de cada pro­ vincia, y estarían integradas por cinco personas, que serían el Presi­ dente y cuatro Vocales. El presidente sería el gobernador intendente, y los cuatro vocales serian elegidos por el pueblo. Sus facultades eran amplias, siendo de su incumbencia todo lo que por Leyes u ordenanzas perteneciera al gobernador intendente, pe­ ro con subordinación a la Junta Central. Las Subordinadas se establecerían en las ciudades o villas que tuviesen un diputado en la Junta Central, y estaría compuesta por tres personas, presidiéndola el Comandante de Armas de la jurisdicción, y los vocales eran elegidos por el pueblo. La institución de las Juntas provinciales continuaba el proceso de centralización, aunque era significativo el reconocimiento de una ma­ yor representatividad en los pueblos, como asi el derecho conferido de elegir a los vocales de las Juntas. Pero la división de juntas en princi­ pales y subordinadas provocó inconvenientes y situaciones enojosas, pues se dejaba de lado el principio de la igualdad jurídica de los pue­ blos. Por decreto del 23 de diciembre de 1811 - no llegaron a durar un año - se dispuso la supresión de las Juntas Provinciales y Subordina­ das. nombrándose para subrogar a aquellas autoridades a un Goberna­ dor político y militar. Se argumentaba que habiendo quedado el go­ bierno superior establecido en la Capital reducido a tres miembros (el Triunvirato), resultaría una contradicción que en los pueblos depen­ dientes se extendiese a igual número o la excediese, como ocurría en las Capitales de provincia, a lo que se agregaba la necesidad de expe­
199

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rlcurdo J. G. Il*rrcy

dirse con celeridad y rapidez en los grandes negocios que se aglome­ ran cada día, especialmente en las circunstancias que se vivían en los pueblos, donde se había visto desaparecer la tranquilidad, romper la arm onía política y excitarse los enconos más arraigados. 4. El P rim e r T riu n v ira to . El 5 y 6 de abril se había producido un movimiento revoluciona­ rio partidario de Saavedra y contrario al elemento morenista, que aún desaparecido su mentor, continuaba una decidida acción contra la Junta. Pero en septiembre del mismo año se produjo la reacción diri­ gida desde los altos cenáculos del "porteñismo", aprovechando la no­ ticia del desastre de Huaqui, y se terminó exigiendo a la Junta Grande la creación de un órgano ejecutivo que actúe con celeridad y energía. Con fecha 23 de septiembre de 1811 la Junta Central creó el Triunvirato, con el objeto de concentrar el poder por las razones invo­ cadas necesarias para mejor atenderse los negocios del país, y las difi­ cultades que traía aparejada un organismo tan numeroso como era la Junta Grande. Pero el choque entre la Junta Grande y el Triunvirato se haría inevitable, teniendo en cuenta las diferentes fracciones que trata­ ban de conseguir su predominio, pudiendo citarse las siguientes: a) morenistas; b) saavedristas; c) la de los suburbios y d) la provinciana. El Dr. Ricardo Levene sostiene que la creación del Triunvirato es una reacción contra el 5 y 6 de abril; social y económicamente repre­ senta el sector triunfante la parte principal y más sana del vecindario, contra la clase del suburbio, las quintas y la campaña, y todo ello no fúe más que la reacción de la Capital contra las provincias, de los porteños contra los forasteros. El primer Triunvirato estuvo integrado por Chiclana, Sarratea y Paso, como vocales y los señores Bemardino Rivadavia, José Julián Pérez como Secretarios, y la Junta al dar cuenta de la creación de esta Institución decía que debía tomar el gobierno bajo las reglas o modifi­ caciones que debería establecer la propia Junta, ante los cuales aque­ llos debían ser responsables por sus acciones. Debido a esta disposi­ ción el propio Triunvirato pidió a la Junta el dictado de un Regla­ mento para regir su accionar, y accediendo a ello la Junta Grande pro­ cedió a cumplir ese cometido.

MANUAL DE HIST0RLV CONSTITCaaNAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. H em r

5. El Reglamento Orgánico de 1811Fue dictado en 22 de Octubre de 1811, y fijaba las atribuciones del ejecutivo, del judicial y de la Junta. Se dividía en tres secciones: De la Junta Conservadora; del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial. La Junta se llamaría “Junta Conservadora de la Soberanía del se­ ñor D. Femando Vil y de las leyes nacionales, en cuanto no se opon­ gan al derecho supremo de la libertad civil de los pueblos america­ nos". Tendría el tratamiento de Alteza. Tendría un Presidente, cuyo empleo turnaría de mes en mes en cada uno de sus vocales, empezan­ do por el orden de sus nombramientos, los cuales eran inviolables. Los diputados cesarían en sus cargos en el momento de la apertu­ ra del Congreso. Eran sus atribuciones, declarar la guerra y firmar la paz; tratados de límites, de comercio, creación de nuevos impuestos, creación de tribunales, nombramiento de los miembros del Triunvira­ to, en caso de muerte o renuncia de los que lo componían. La sección segunda, establecía la independencia del Poder Eje­ cutivo, otorgándole el tratamiento de Excelencia, declarándose provi­ soria su autoridad, con una duración de un año, y la presidencia del Triunvirato turnaría cada cuatro meses entre sus miembros por el or­ den de nombramiento. Eran facultades del Triunvirato, la defensa del Estado, organiza­ ción de los ejércitos, tranquilidad publica, la libertad civil, recauda­ ción de impuestos, cumplimiento de las leyes y la seguridad personal de los ciudadanos. Nombramiento y remoción de sus secretarios y demás empleos, y juzgamiento de su conducta pública. Le estaba prohibido conocer de los asuntos judiciales, o abocarse a causas pendientes o alterar el sistema de administración de-justicia. No podía arrestar por más de 48 horas, debiendo poner a los detenidos a disposición del juez competente. Tenía facultad para designar una comisión judicial compuesta de tres ciudadanos para conocer en los recursos de segunda suplicación, y debía adoptar las medidas para re­ unir el Congreso a la mayor brevedad, auxiliado por la Junta Conser­ vadora. Declaraba al Triunvirato responsable ante la Junta Conservadora por su conducta pública.
201

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Kicanb J. G. [U rrcr

En relación al Poder Judicial, el reglamento lo declaraba inde­ pendiente. y lo responsabilizaba por los atentados que se cometan contra la libertad y seguridad de los súbditos, dejando al arbitrio del futuro C ongreso el deslindar las atribuciones y facultades del mismo, siendo las leyes generales, las municipales y bandos de buen gobierno las reglas de sus resoluciones. La Junta pasó el reglamento al Triunvirato para su cumplimiento, y éste lo pasó en consulta al Cabildo. Este en unión con la Junta Con­ sultiva aconsejan el rechazo por entender que la propuesta de la Junta C onservadora es una afrenta a ia dignidad del Triunvirato. Ei Triunvirato, luego de conocer el dictamen del Cabildo resolvió tam bién rechazar el Reglamento y la propia existencia de la Junta Conservadora "que envolvería a la Patria en todos los horrores de una furiosa aristocracia y precipitarla en el abismo de su ruina Al rechazarlo, se produjo un conflicto de poderes, y el Triunvi­ rato disolvió ia Junta Conservadora, en un verdadero "golpe de esta­ do". Se profundiza, de esta manera, la profunda diferencia entre Bue­ nos A ires y los pueblos del Interior del país. 6. El E sta tu to Provisorio. Disuelta la Junta, el Triunvirato dictó el “Estatuto Provisional del G obierno Superior del Río de la Plata, a nombre de Femando Vil". Luego de explicarse las causas de la disolución de la Junta, se dictaba este Estatuto hasta tanto las provincias reunidas en Congreso determi­ naran la forma de gobierno á través de una Constitución permanente. C on relación ai Poder Ejecutivo, establecía la inamovilidad de .sus m iem bros mientras dure su gestión, debiendo renovarse cada seis meses, em pezando por ei menos antiguo en el orden de nominación, debiendo turnarse la presidencia en el orden inverso. Para la elección del Vocal que debía reemplazar al que cesaba, se form aba una Asamblea General compuesta por las representaciones que nom bren los pueblos, y de un número de ciudadanos de la Capital, que el reglam ento respectivo estableció en 100. Una absoluta despro­ porción. El Triunvirato no podía resolver sobre los grandes asuntos del E stado que tuvieran influjo sobre la libertad y existencia de las Pro­ vincias Unidas, sin acuerdo expreso de la Asamblea General.
202

m an u al d e id s to r u c o n s titu c io n a la rg e n tin a

D t.

juc^ j o J. g .

iu m T

También se comprometía el Triunvirato a convocar al Congreso de las Provincias Unidas, con la celeridad que las circunstancias lo permitieran, aunque debiendo cumplirse esta disposición en un plazo no mayor de 18 meses, siendo responsables los miembros del gobier­ no ante la Asamblea en caso de incumplimiento. El gobierno (Triunvirato) tendría el tratamiento de Excelencia y duraba hasta la apertura del Congreso General. Para cualquier varia­ ción en la forma adoptada debía intervenir la Asamblea. Eran facultades del Triunvirato velar por el cumplimiento de ¡as leyes, la defensa y salvación de la Patria.. En caso de renuncia o muerte de los Secretarios correspondía al Triunvirato su designación. Debía asegurar la libertad de imprenta y la seguridad individual, cuyos decretos dictados con anterioridad se agregaban ai Estatuto. Ei Poder Judicial sería independiente, y actuaría conforme a las leyes vigentes, y para los asuntos de segunda suplicación, el gobierno debía asociarse a dos ciudadanos de probidad y luces. Correspondía a la Asamblea General el poder legislativo, aunque no se determinaba claramente sus facultades. El Triunvirato gobernó con fuerte acento centralista, volviéndose a la designación directa de los gobernadores-intendentes, terminándo­ se con el sistema de las Juntas Provinciales, entrando a regir la Orde­ nanza de Intendente de los Borbones. 7. Decreto de L ibertad de Im prenta. Dictado en abril de 1811, es una de las primeras determinaciones de la Junta Grande, y el proyecto se debe al Deán Funes. Se establecía en él la libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de censura previa, licencia, revisión y aprobación alguna anterior a la publicación. Quedaban así abolidos los juzgados de imprenta y la censura de obras políticas precedentes a su impresión. Para asegurar la libertad de imprenta y prevenir sus abusos, se creaba una Junta Suprema de cen­ sura, compuesta de cinco personas, en la Capital, y Juntas de tres miembros en los demás ciudades, debiendo ser eclesiásticos dos de los miembros. Tenían que examinar las obras denunciadas al ejecutivo o a la justicia, y la decisión era apelable ante la Junta Suprema. Para el ca­ so de la existencia de injurias éstas serian juzgadas por los tribunales ordinarios.
203

MANUAJ. DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R k*rJoJ. G. Hmr~rr

Los escritos en materia de Religión quedaban sujetos a la censura previa de los tribunales eclesiásticos, teniendo que requerirse licencia con antelación a su publicación. 8. D ecreto de S eguridad Individual. En el prólogo del decreto de su creación se consigna que todo ciudadano tiene un derecho sagrado a la protección de su vida, de su honor, de su libertad y de sus propiedades y la posesión de este dere­ cho. centro de la libertad civil y principio de todas las instituciones sociales, es lo que se llama "seguridad individual". Fue dictado por el Triunvirato el 23 de noviembre de 1811 y a tra­ vés de su articulado podemos apreciar la consagración de los más elementales derechos del hombre, proclamados por todo el movi­ miento liberal del Siglo XVIII y ratificado en los documentos consti­ tucionales de la época, estando la mayoría de ellos consagrados en el artículo 18 de nuestra actual Constitución, según lo expresa López Rosas. Podemos hacer una síntesis de su contenido: a) Ningún ciudadano puede ser penado ni expatriado, sin proceso y sentencia legal. b) Nadie podía ser arrestado sin orden escrita de autoridad competen­ te. c) Nadie podía ser arrestado sin prueba o al menos semiprueba o indi­ cios vehementes de crimen y debía hacerse conocer al reo la causa de su detención. d) Se establecía la inviolabilidad del domicilio. Sólo podía allanarse por orden de Juez competente. e) Ningún reo podía quedar incomunicado después de su confesión. f) Las cárceles debían ser para seguridad y no para castigo de los reos. g) Todo hombre tenía libertad de permanecer en el territorio del Esta­ do. o abandonar cuando guste su residencia.. h) Los derechos y garantías sólo podían suspenderse por razones de seguridad pública o seguridad de la Patria. 9. P rim e ra A sam blea. Su disolución. De acuerdo a lo dispuesto en el Estatuto, el Triunvirato puso en movimiento la convocatoria a la Asamblea para designar al reempla­ zante del vocal que cesaba.
204

MANUAL DE HISTORIA CXXVSnTUaOf'ÍALjVRGENTINA Dr. Ricardo J. C. //arrcr

La reglamentación establecía que la Capital estaría representada por 100 ciudadanos, sorteados entre 300 todos de la Capital. Los 300 fueron reducidos luego a 100 y sorteados de entre ellos 33 miembros y correspondiendo a los pueblos enviar sus representantes. Debían for­ mar pane de la Asamblea los miembros del Cabildo de Buenos Aires. Reunida ésta, eligió a Juan Martín de Pueyrredón en reemplazo del Dr. Juan José Paso que terminaba su mandato, y como suplente o interino a Díaz Vélez. El Triunvirato aceptó la designación del Vocal titular, pero cuestionó que se designara uno en carácter de interino, pues sostenía que mientras no se hiciera cargo Pueyrredón, debía asumir el Secretario más antiguo. Llevado el planteo al seno de la Asamblea, ésta insistió en su determinación, manifestando ser la autoridad soberana y sancionando que le correspondía la autoridad suprema sobre toda otra constituida en las Provincias Unidas del Río de la Plata, ordenando al Triunvirato que en forma inmediata pusiera en posesión de su cargo al vocal Inte­ rino Díaz Vélez. Entonces el Triunvirato contestó mediante un Decreto en el que expre­ saba que siendo nula, ilegal y atentatoria contra los derechos sobera­ nos de los pueblos, contra la autoridad de este gobierno y contra el Estatuto Constitucional jurado, reconocido y sancionado por la vo­ luntad de las Provincias Unidas, la atribución de autoridad suprema que se ha arrogado indebidamente y por si misma la Asamblea, com­ prometiendo de un modo criminal los intereses sagrados de la Patria, ha determinado este Gobierno, en virtud de sus altas facultades y para evitar las consecuencias de tan extraño atentado, procedió a su inme­ diata disolución. Volvía a repetirse lo hecho con la Junta Conservadora. 10. Segunda Asam blea. Revolución de 1812. El Triunvirato, luego de disolver a la primera Asamblea y expli­ car las causas de su determinación en un largo manifiesto. El 3 de Junio de 1812 el Triunvirato remite una Circular a los Cabil­ dos haciéndoles saber que había llegado el momento de reunir al Con­ greso para establecer las bases de la Constitución Política por la ex­ presa voluntad soberana de los pueblos y para asegurar su organiza­ ción bajo los principios de una perfecta igualdad política, convocaba a una Asamblea de carácter extraordinario, para lo cual cada ciudad de205

MANUAL DF. HISTORIA C O N Sm TL aO 'M L AROF^TTINA Dr. K c~r¿, J. G. U*rr*r

bia nom brar sus diputados y les de las instrucciones para que a la ma­ yor brevedad se presenten a desempeñar su comisión. La segunda Asamblea, que se instaló el 6 de octubre de 1812, tu­ vo efímera duración. La designación de Medrano, en contra del candi­ dato de la oposición que era Rodríguez Peña, resultó desencadenante y el día 8, el pueblo y regimientos, exigieron la reunión del Cabildo de Buenos Aires, para reasumir la autoridad, decretar la disolución de la Asam blea y declarar cesantes a los miembros dei Triunvirato. Al mismo tiempo se pedia la convocatoria a una Asamblea Gene­ ral Extraordinaria para resolver los problemas institucionales del país. La presión fue irresistible, y en consecuencia se procedió a elegir el Segundo Triunvirato. El 8 de octubre fue un hecho revolucionario, consecuencia del desprestigio en que había caído el Primer Triunvirato. Fue una revolu­ ción que se venia esperando, y al frente de las tropas acantonadas en la plaza frente al Cabildo se hallaban San Martín, Alvear y otros milita­ res y civiles que se habían venido manifestando en clara oposición al gobierno. I 1. El Segundo T riu n v ira to . IE I Cabildo procedió a nombrar entonces un Segundo Triunvirato, integrado esta vez con Juan José Paso, Rodríguez Peña y Alvnrez Jom e, designaciones que fueron ratificadas popularmente, aunque la de Paso por muy poca diferencia de votos. El Segundo Triunvirato resultó en los hechos un poder de transi­ ción. designado por imperio del movimiento revolucionario de octu­ bre. que asum ió el compromiso de convocar sin dilaciones a una Asam blea General, lo cual se hará bajo la advocación de "Indepen­ dencia y Constitución" llamándose a los Cabildos para que elijan sus representantes a fin de decidir sobre los destinos de la Patria. .Esta debía reunirse precisa e indispensablemente dentro de los tres meses, poseería todo el poder que quisieran darle los pueblos, y tendría el carácter de tribunal para juicios de residencia a que serian som etidos todos los gobiernos que se sucedieron desde el 25 de mayo de 18 10 y tendría por finalidad dictar una Constitución.

206

MANUAL DF. HISTORIA CONSTTTVCIOÍXAl. AIU'. ENTINA /> . R i J .

It~ ^ r.

• Bibliografía consultada y utilizado.

• ABAD DE SANTILLAN. Diego. "Historia Institucional argen: tina" | BIDART CAMPOS. Gerinán J. "Historia Política y Constitu­ cional Argentina” CANTER. Juan. "El Año'XII, lns Asambleas Generales y la re­ volución del 8 de octubre" en Historia de la Nación Argentina. Tomo 5o (21) de la Academia Nacional de la Historia. ' LEVENE, Ricardo. "El Congreso General de las provincias y ¡ la conferencia del 18 de diciembre"; "Las Juntas provinciales ; creadas por el Reglamento del 10 de febrero de 18II" y "For! mación del Triunvirato" en Historia de la Nación Argentina. ’ Tomo 5o (2 ‘) de la Academia Nacional de la I {¡slori;i. • GALLETI. Alfredo. “ Historia Constitucional Argentina" i LOPEZ ROSAS, José Rafael. “ Ensayo de Historia ConstitucioI nal Argentina" í LORENZO, Celso Ramón. “ Manual de Historia Constitucional i Argentina” ■ SAMPAY, Arturo Enrique. "Las Constituciones de la Argenti­ na'' ; TAU ANSOATEGUI. Víctor y MARTIRE. Eduardo. “Manual de Historia de las Instituciones Argentinas " ZARINI, Helio Juan. "Historia o Instituciones en la Argentina"

:í i. ! tt
V *

I*
-te

ir i: •«:. t* tí \v 1. c « i¡ K l i i i

i
! ! i ¡

(ANUAL DF. H1STOWA CONSTTTL'Cl ON-U. ARC ENTINA Dr. Ricardo J. G. Hvrrvy

b

p

CAPITULO 9
1. A sam blea de 1813. A ntecedentes de su instalación. La disolución de la Junta Grande, integrada por los diputados de los pueblos del interior y los de la ciudad de Buenos Aires, dispuesta por el Primer Triunvirato -que había surgido de su seno-, va a inaugu­ rar un periodo de nuestra historia política en el que, pese a los intentos reformistas, no logrará concretar ni interpretar los sentimientos y aspi­ raciones del pueblo, debatiéndose en permanentes contradicciones a lo largo del periodo de un año en que le tocó gobernar. Como hemos señalado en el Capítulo anterior, en oportunidad de reunir a la Asamblea que debía elegir al reemplazante del triunviro que cesaba en su cargo tuvo serios enfrentamientos que determinaron al Triunvirato a disolverla. Una vez más las representaciones de los pueblos interiores veían frustradas sus esperanzas de una participación activa en la responsabilidad gubernativa. No puede decirse que en el período gobernado por el Primer Triunvirato todo haya sido negativo. Se aprueba en esa oportunidad una reforma fundamental en materia judicial al suprimir la antigua Audiencia colonial estableciendo en su reemplazo una Cámara de Apelaciones, que en los hechos importó la reglamentación de un ver­ dadero Poder Judicial. Cabe señalar que en ese período se aprobó también la creación de la Escarapela Nacional, lo que importaba prác­ ticamente una verdadera ruptura con España de la que formalmente se seguía dependiendo, y se otorgaron cartas de ciudadanía a varios ex­ tranjeros que así lo solicitaron y como recompensas por servicios prestados al gobierno, siendo la primera de ellas la otorgada al súbdito británico D. Roberto Billinghurst. Se prohibía, asimismo, la introduc­ ción de nuevos esclavos, fomentándose con diversas medidas la inmi­ gración y la industria. Eran actos de ejercicio de la Soberanía. Pero la malquerencia de los pueblos interiores y la cada vez ma­ yor oposición de los grupos porteños determinará el pronunciamiento
209

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J .C . fítry x r

militar del 8 de octubre de 1812, en el que tuvo activa participación la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica, siendo uno de sus principales inspiradores el futuro Libertador de América, el Gral. D. José de San Martín, acom pañado de su compañero de armas D. Carlos María de Alvear. El golpe militar, el primero de una larga serie de hechos de tal naturaleza que han tenido por escenario a nuestra Nación, determinó la disolución del Primer Triunvirato y la designación del Segundo, que surge como un poder de transición, comprometiéndose expresamente a convocar una Asam blea General Extraordinaria con la finalidad de resolver los problemas institucionales del país, en un plazo improrro­ gable de tres meses, con el dictado de una Constitución que reglara la marcha de las nacientes Provincias Unidas. .A poco más de dos años de ocurrida la Revolución de Mayo, se asistía a un nuevo hecho de características similares: la autoridad go­ bernante, en este caso el Triunvirato, era desalojado por un movi­ miento cívico-m ilitar que imponía la constitución de un nuevo gobier­ no, ai que se le im ponía convocar “necesariamente” a los diputados de los pueblos, para legitimar el acto de fuerza, juzgar a los gobiernos anteriores, y organizar definitivamente el país. La situación internacional era en ese momento ampliamente favo­ rable dado que Napoleón se había convertido en el amo de Europa, y en España casi vencida, las Cortes reunidas en Cádiz sancionaban una Constitución de corte netamente liberal, que seguramente serviría de modelo para nuestra propia carta fundamental, en la expectativa de se­ guir manteniendo nuestra libertad como una nueva Nación, o al me­ nos, intentar en lo futuro la modificación de la situación de dependen­ cia respecto de la Metrópoli.. 2. La A sam blea de 1813: N aturaleza, organización y facultades. Poco después de instalado el Segundo Triunvirato, por decreto de fecha 24 de octubre de 1812 procedió a convocar a elecciones de di­ putados para la Asamblea General. Resulta sumamente ilustrativa la lectura de dicho decreto de con­ vocatoria pues de sus términos se desprende que sus autores han deja­ do a un lado la llamada “máscara femandina”, al expresar que “el eterno cautiverio del señor D. Femando VII ha hecho desaparecer los últimos derechos con los postreros deberes y esperanzas las más inge­
210

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL AR' ENTINA Dr. K i^rd o J. G.

nuas, cuando el estado de nulidad e incenidum bre política no nos ha ofrecido ni prepara sino terribles contrastes”, con obvia referencia a la situación caótica que atravesaba la Metrópoli. En este decreto se delinea también, de manera inequívoca, la in­ tención de establecer la independencia sel país y el dictado de una constitución que reglamentara su vida, q ie debía concretarse por me­ dio de los representantes de los pueblos “votando y decretando la figu­ ra con que debe aparecer en el gran teatrc de las Naciones”. Sus objetivos están muy bien concretados al expresar que la constitución que se dicte “alentará la timidez de unos, contendrá la ambición de otros, acabará con la vanidad inoportuna, alejará preten­ siones atrevidas, destruirá pasiones insensatas y dará a los pueblos la carta de sus derechos y al Gobierno la de sus obligaciones”. Se busca establecer una Nación constituida a través de la repre­ sentación de los pueblos, como el medio más idóneo para proveer a la defensa común, a la seguridad genenl y asegurar los beneficios de la Libertad. Puede afirmarse que el decreto de convocatoria a la Asamblea General Constituyente tiene el signo inequívoco de una declaración de independencia y es el primer instrumento que declara formalmente la caducidad de la autoridad del Rey D. Femando VII en el antiguo Virreynato del Río de la Plata. La forma de elección de los diputados era indirecta: los Goberna­ dores o Tenientes de gobernadores, e:n su caso, de acuerdo con los Ca­ bildos, debían citar a todos los vecinos libres y patriotas, para que se designe en cada barrio un elector a pluralidad de sufragios. Los electo­ res se reunirían en el Cabildo y procederían a elegir en la misma forma a ei o a los diputados que representarían al pueblo. Estos debían ser li­ bres y de reconocida adhesión a la justa causa de la América y de la libertad del país. Lo integrarían 4 diputados por la Capital, las demás capitales de provincia designarían 2 y 1 diputado cada ciudad de su dependencia, con excepción de Tucumán que podía concurrir con 2 diputados. Los poderes serian dados sin limitaciones y las instruccio­ nes no conocerían otro límite que la voluntad de los poderdantes. La Asamblea convocada por el Triunvirato era Soberana, ya que sus miembros luego de prestar el juram ento debían ser reconocidos como depositarios de la autoridad superior y el ejercicio de la Sobera­ nía de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Desconocía cualquier
211

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. lU rrcr

autoridad que no em anara de su propia soberanía. El Triunvirato debía prestarle juram ento de obediencia, como las demás corporaciones y je ­ .................................. fes militares. - ................. - . Tenía como finalidad principal el dictado de una Constitución, por tal motivo era constituyente, con todo el alcance que quisieran darle los pueblos. Si bien no llegó a sancionar una constitución, nume­ rosas leyes dictadas por ella tuvieron ese carácter, tales como el esta­ tuto dado para limitar los actos del Triunvirato, o aquélla que trans­ formó el Poder Ejecutivo colegiado en uno de carácter unipersonal, como lo fue el Directorio en 1814, Tenía carácter legislativo pues, tal como fue característica de los cuerpos colegiados de aquella época,j tenía además de la facultad constituyente la de dictar normas ordinarias de gobierno. Dictaron, entre otras muchas, la que establecía el Reglamento de la Administra­ ción de Justicia. Contaba además con funciones electivas ya que era atribución del cuerpo elegir a los miembros del Poder Ejecutivo, así como tam­ bién ia de removerlos o juzgarlos por los delitos de cohecho, traición, malversación de caudales públicos y violación de los decretos de la Asamblea. Era representativa, pues sus miembros fueron elegidos por los pueblos integrantes de las Provincias Unidas, y el pueblo no actuaba en forma directa sino por medio de sus representantes congregados en la Asamblea General y los funcionarios que ésta designaba. En Noviembre de 1812 el Triunvirato designó una Comisión que tendría a su cargo preparar un orden de materias para ser considerado por la Asam blea y formular un proyecto de constitución. Sería el pro­ yecto conocido como de “la Comisión Oficial.” A su vez, la Sociedad Patriótica designó otra comisión que tam­ bién redactó un proyecto de constitución. Los diputados que la componían eran inviolables y no podían ser detenidos ni juzgados sino en los casos en que la propia asamblea de­ terminara. Esta, la primera Asamblea que inaugura el ciclo de las llamadas constituyentes, aunque no hubiese llegado a dictar una Constitución, dictó en cambio leyes de carácter constitucional. Inició sus sesiones el 31 de enero de 1813 y estuvo presidida por el diputado por Corrientes D. Carlos M aría de Alvear, uno de los pro212

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJcxrdoJ. G. tUrrrrr

{agonistas de la revolución de octubre del año anterior. Cabe señalar que se estableció el principio de “publicidad de los actos de gobierno” y todas las discusiones llevadas a cabo eran hechas conocer en el se­ manario “El Redactor de la Asamblea”. No podía ser mejor la situación de las Provincias Unidas en el momento de iniciar sus trabajos la Asamblea, pues los triunfos milita­ res en diversos frentes aseguraban la necesaria tranquilidad para el de­ senvolvimiento de su gestión. San Martin en San Lorenzo y Belgrano en Salta, a los que se agregaban los del sitio de Montevideo, eran co­ mo el preanuncio de una segura alborada de libertad. 3. Proyectos constitucionales presentados. C ontenidos y diferen­ cias. Para algunos autores existirían cinco proyectos presentados a la Asamblea del Año XIII, consistiendo ellos en el de la Comisión Ofi­ cial, el de la Sociedad Patriótica, un proyecto anónimo o de la Comi­ sión interna de la Asamblea, el Federal de la Banda Oriental y el re­ dactado como constitución territorial de la Banda Oriental. En rigor de verdad sólo fueron presentados los tres primeros, pues, como veremos más adelante, a los diputados de la Banda Oriental no se les permitió la incorporación y no llegaron a presentar en el seno de la Asamblea los dos últimos mencionados. Cabe señalar que en la generalidad de los proyectos de recogen los principios liberales propios del constitucionalismo vigentes en el Siglo XIX, marcándose en los tres primeros la tendencia unitaria y centralizante, mientras que en los últimos asoma claramente el pensa­ miento federal norteamericano. El Proyecto de la Comisión oficial designada por el T riunvi­ rato. Estaba dividido en 22 Capítulos y contenía 277. artículos.. I) Declaraciones generales. II). Territorio de la República. IIÍ). de la Religión. IV). del gobierno. V). de los derechos del ciudadano. VI) de los ciudadanos. VII) muy extenso y dividido en varios títulos trata de las elecciones, las Asambleas primarias, las Asambleas de partido y las Asambleas comunales de provincia. VIII). del cuerpo Legislativo. IX). de las facultades de la Sala de Representantes. X) de las facultades del Senado. XI). de las facultades de ambas Cámaras con respecto a sus miembros. XII). de las sesiones. XIII) de los privi­ legios de los miembros del Congreso. XIV) de las facultades del Con­
213

MANUAL DE mSTOWA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. H trrrr

greso. XV) de la formación de las leyes. XVI) de la Convocación del Congreso, de su reunión, duración de sus sesiones y su interrupción. XVII) del Poder Ejecutivo. XVIII) de las facultades del Directorio Ejecutivo. El XIX) del Consejo de Estado. XX) de los Secretarios de Estado. XXI.) del Poder Judiciario, capitulo subdividido en varios tí­ tulos: de los Tribunales, de la Corte Suprema de Justicia, de los Tribu­ nales Superiores de provincia, de los Jueces de partido, de los Alcal­ des o Jueces de Paz y de los Jueces criminales. El XXII) de los Ayuntamientos. El Proyecto de la Sociedad P atriótica. Constaba de 25 capítulos y 213 artículos. En lo fundamental la división de materias es igual al anterior, la novedad está en los capí­ tulos XXIII y XXV, el primero de los cuales trata del decreto de segu­ ridad individual y el último del referido a la libertad de imprenta. C om paración: S obre la Independencia. En el de la Comisión Oficial las Pro­ vincias Unidas del Río de la Plata constituyen una república libre e in­ dependiente. Define al pueblo como “la reunión de todos los hombres libres de la R epública” . Hace residir la soberanía en la comunidad, aclarando que su ejercicio radica en el Congreso, en los depositarios del Poder Ejecutivo y en los Tribunales establecidos por la ley. Es un verdadero régimen representativo. En el de la Sociedad Patriótica, con ideas panamericanistas, dice que "Las Provincias de la América del Sud que se han unido con las del Rio de la Plata” se hallan congregadas en un acto solemne de Aso­ ciación general por medio de sus legítimos representantes”. Proclama la independencia nacional al afirmar que "el principio sobre el que van a fundarse las leyes es la lib ertad de las Provincias U nidas” F o rm a de gobierno. La Comisión Oficial no define con preci­ sión sistem a alguno, y en algunas cláusulas pareciera acercarse a una descentralización administrativa amplia, sin llegar a un federalismo ya que desconoce el derecho autonómico de las provincias. El de la Sociedad Patriótica, se inclina sin decirlo por la forma unitaria, especialmente cuando se refiere a las provincias en las que habrá un Prefecto nombrado por el Presidente de la República, a pro­ puesta en tem a de las municipalidades. Hay también un total descono­ cimiento de las autonomías provinciales.
214

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. U

> J. G. H *r*r

Es decir que en ambos proyectos se propicia la organización de un Estado libre, unitario y centralista. C iudadanía. La Comisión Oficial considera ciudadanos a todos los hombres libres nacidos y residentes en la República. Otorga ade­ más la ciudadanía a los extranjeros después de 5 años de vecindad y residencia por cinco años, o que arraigados en él, con comercio o in­ dustria útil, se hallen inscriptos en el Registro Cívico. La Sociedad Patriótica considera tales a los hombres libres nacidos y residentes en el territorio de las Provincias Unidas y se es ciudadano americano desde los 20 años. Otorga la ciudadanía a los extranjeros, pero hace la salvedad respecto de los españoles mientras los derechos del Estado no sean reconocidos por. España. Religión. Ambos proyectos consideran religión oficial a la Cató­ lica. La Comisión Oficial hace la salvedad de que ningún ciudadano puede ser perseguido o molestado por sus opiniones religiosas, ade­ más de establecer que la protege manteniendo el tesoro de las Iglesias. División de poderes. Ambos proyectos la establecen, en los tres clásicos poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, afirmando el equi­ librio y determinando que el Poder Soberano reside en el Congreso, en ei Poder Ejecutivo y en los Tribunales. En el proyecto de la Comisión Oficial se advierte una clara superioridad en las facultades propias dei Congreso. Declaraciones derechos y garantías. En el proyecto de la Comi­ sión Oficial no hay un capítulo especial, aún cuando se determinan a lo largo de su texto disposiciones referidas a la libertad de opinión re­ ligiosa, a los derechos del ciudadano, a la igualdad ante la ley, la li­ bertad civil, seguridad individual, libertad de sufragio, abolición de la esclavitud, etc. En el de la Sociedad Patriótica hay un capítulo, referido a. la segu­ ridad individual y a la libertad de imprenta, reproduciendo los decre­ tos de 1811 de la junta Grande. Se consignar normas procesales nece­ sarias para asegurar la libertad, la igualdad, la honra, la libertad reli­ giosa, etc. P oder Ejecutivo. La Comisión Oficial crea un Directorio com­ puesto de tres miembros, elegidos en segundo grado por el Congreso, elegidos por seis años y renovables por tercios cada dos. Se estatuye un Consejo de Estado que debe asesorar a este Triunvirato, integrado por 10 miembros.
215

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RjcmrJo J. G. Hurrcr

El proyecto de la Sociedad Patriótica establecía un Poder Ejecu­ tivo unipersonal ejercido por. un Presidente, que duraría tres años, elegido directamente por el pueblo, y un Vicepresidente, que lo reem- __ plazaría en caso de ausencia, renuncia o cualquier otra razón de acefa­ lía. En ambos había Ministros Secretarios. P o d e r Legislativo. En ambos proyectos se establece un sistema bicam eral, de senadores y diputados. En el proyecto de la Comisión oficial se creaba una Sala de Representantes elegidos a razón de uno por cada 25.000 habitantes con una duración de dos años, y, además, un Senado integrado por un titular de cada provincia, con mandato por seis años, renovables por bienios. El proyecto de la Sociedad Patriótica creaba un Congreso, bicamarista, integrado por una Cámara de Representantes, con mandato por dos años y un Senado emanado de la libre voluntad de los pueblos, con una representación de dos por provincia, con mandato por seis años, renovables por bienios. En ambos casos se determinan expresamente las facultades del poder y los procedimientos parlamentarios para la formación de las leyes. P o d e r Judicial. En el proyecto de la Comisión Oficial, el poder judicial lo ejerce una Suprema Corte de Justicia, Tribunales Superio­ res de cada provincia y demás jueces inferiores. La organización de la Justicia está reglamentada en un capitulo extenso y minucioso. En la Sociedad Patriótica se sigue un temperamento similar, creándose un Supremo Poder de Justicia de 9 miembros, Salas de Apelaciones y tribunales inferiores. En ambos proyectos se especifica terminantemente la indepen­ dencia de este poder. S istem a electoral. La Comisión Oficial se inspira en la Constitu­ ción de Cádiz de 1812 Asambleas primarias o Juntas electorales de parroquias, todos los ciudadanos avecindados, convocadas y presidi­ das por el Alcalde de la ciudad, y luego de la misa procederán a ejer­ cer su derecho. Las elecciones son de tercer grado, creando un com­ plicado mecanismo, de Asambleas electivas de las Provincias y A sam bleas Comunales de las mismas. El de la Sociedad Patriótica se inspira en la Constituciones fian- jj cesas de 1791 y 1795, y crea un complicado sistema electoral, de difí­
216
I

MANUAL DE IflSTORlA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R karJoJ. G. ílm m r

cil aplicabilidad. Establece Asambleas Primarias y estas designan Asambleas Electorales de Provincia que designan a los diputados y senadores, combinando sufragio directo e indirecto. Reform as constitucionales. En ninguno de los proyectos anali­ zados, de la Sociedad Patriótica y de la Comisión Oficial, se prevé disposición alguna sobre este aspecto. Provincias. En el proyecto de la Comisión Oficial no se especifi­ ca norma alguna referida a las provincias como tales, es decir, como entidades autonómicas del derecho público. Mientras que en el de la Sociedad Patriótica se habla de Prefectos nombrados por el Poder Eje­ cutivo Nacional, a propuesta en tema de los Municipios, que tendrán a su cargo tareas de índole meramente administrativas y limitadas a cumplir las órdenes emanadas del gobierno central. M unicipios. En el Proyecto de la Comisión Oficial se habla de la creación de comisiones especiales o ayuntamientos en las ciudades con más de 300 habitantes, en las que los que posean calidad de veci­ nos podrían ser designados Alcaldes y Regidores, por el voto de los ciudadanos. En el proyecto de la Sociedad Patriótica se establecen Municipa­ lidades, pero sólo para aquellas ciudades con más de 2.000 habitantes, las que estarán presididas por el Prefecto o el Subprefecto, compuestas de vecinos elegidos por el pueblo, que desempeñarían las funciones propias de los antiguos Cabildos. Fuentes. El proyecto de la Comisión Oficial se inspira en la Constitución de Cádiz de 1812. El de la Sociedad Patriótica está basa­ do en las Constituciones Francesas 1791, 1793 y 1795, en la Constitu­ ción de los Estados Unidos de Norteamérica de 1787 y algo de la Constitución Española de 1812. El Proyecto de la Comisión In tern a. Existe un tercer proyecto presentado en el seno de la Asamblea, cuya redacción se atribuye a miembros de la misma, que tomaron como base los dos proyectos an­ teriores, tratando de unificar en un modelo que diera satisfacción a las dos corrientes protagónicas, es decir la sintetizada en la Comisión Oficial y la de la Sociedad Patriótica. Este nuevo proyecto que se conoce como de la “Comisión Inter­ na”, comienza con un preámbulo que consagra los derechos y deberes dei hombre, y está conformado en 14 capítulos con 187 artículos.
217

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. H m r^r

Sintetizando podem os decir que las principales disposiciones contenidas en este nuevo proyecto, mantiene disposiciones como la re­ ferida a que las Provincias-Unidas constituyen un Estado libre e inde­ pendiente (C.O.); m antiene al catolicismo com o religión del Estado, con una gran tolerancia religiosa; se transcriben los decretos de Segu­ ridad Individual y Libertad de Imprenta de nuestros primeros gobier­ nos, y como novedad incluye un capítulo referido a la reforma de la Constitución, que los otros dos proyectos no habían consignado. En lo relativo al Poder Legislativo mantiene el sistema bicameral, no innovando dem asiado con relación a los proyectos anteriores, y el Poder Ejecutivo es sim ilar al proyecto de la Comisión Oficial, en el que se confía a un Directorio compuesto de tres miembros, aunque se suprime el Consejo de Estado que aquél contenía. Siguiendo los lincamientos de la Comisión Oficial establece un Poder Judicial confiado a un Tribunal Supremo de Justicia, y además consigna un capítulo relativo a los Cabildos. Cabe señalar que ninguno de estos proyectos, como el Federal que analizaremos seguidamente, fue tratado en el seno de la Asamblea General, más allá de ser analizados en el seno de las comisiones. 4. El Proyecto Federal. Este proyecto estuvo ignorado durante mucho tiempo y se atribu­ ye su redacción al diputado Felipe Santiago Cardozo, aunque se reco­ noce en sus cláusulas y en su clara orientación federal la influencia de José Gervasio de Artigas, el jefe de los Orientales. Es sabido que los diputados que representaban a los pueblos de la Banda Oriental no fueron admitidos en la Asamblea, con argumentos un tanto baladíes que en definitiva lo que buscaban era eliminarlos del cuerpo constitu­ yente, en primer lugar porque su representación iba a desequilibrar a favor del grupo que respondía a San Martín, en detrimento de las pre­ tensiones de hegemonía manifestadas por el partido que seguía a Al­ vear, que de esta manera iba a quedar en minoría; en segundo lugar porque eran conocidas las tendencias federales que los animaban, contrarias a la concepción prevaleciente entre la elite dirigente de Buenos Aires, partidaria de consagrar un régimen fuertemente centra­ lizado, unitario, con centro de poder en Buenos Aíres y, por supuesto, en el que tuviera ese grupo una posición preponderante en el manejo de las cosas del país.
218

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL. ARGENTINA Dr. Rtemdo J . G. J& m r

Este proyecto está conformado en las Instrucciones dadas por Artigas a los diputados de la Banda Oriental.. Se proclamaba Ja..inde­ pendencia absoluta, bajo la forma de gobierno republicano, sin admitir otro sistema que el de la Confederación. Su origen es el Pacto de Unión Perpetua y muchas de sus cláusu­ las provienen del constitucionalismo norteamericano. En el proyecto se emplea reiteradamente la expresión “Confederación”, aunque en realidad el proyecto concibe un sistema federal de Estado, al que se denominaba “Provincias Unidas de América del Sud" en el que cada provincia retenía su soberanía, libertad e independencia de todo otro poder. Sus disposiciones más importantes son las siguientes: Organización del Estado: Se trataba, como hemos dicho, de un verdadero Estado Federal, en el que cada provincia retenía su sobera­ nía (no se manejaba entonces el concepto de “autonomía”), libertad e independencia y todo poder, jurisdicción y derecho que no fuera ex­ presamente delegado en el poder central. Se consagraba un pacto en el que los estados provinciales se unían mediante una firme liga de amistad para la defensa común de su libertad y felicidad, con la obli­ gación de asistirse mutuamente contra los ataques que se dirigieran en contra de ellas. Los habitantes de cada provincia eran considerados como ciudadanos libres de las demás, pudiendo transitar, comerciar y ejercer cualquier industria útil, es decir una absoluta igualdad entre los habitantes de todas las provincias. Poder Legislativo: Establecía un Congreso, dividido en dos Cá­ maras, en el que se resumía el poder delegado por las provincias, de tal manera que sin el consentimiento de este órgano, ellas no podrían individualmente firmar tratados, unirse en confederaciones o alianzas con otras, firmar acuerdos con naciones extranjeras, etc. En la misma forma, para declarar la guerra, firmar la paz, etc. debían ser autoriza­ dos por las provincias reunidas en Congreso. Este estaba integrado por una Sala de Representantes, cuyos miembros eran elegidos por cada una de las provincias a razón de uno cada veinte mil habitantes, du­ rando dos años en su mandato; y un Senado compuesto de dos senado­ res por cada una de las provincias, elegidos por el pueblo, con man­ dato por tres años y renovables anualmente. Poder Ejecutivo: Estaba a cargo de un ciudadano de las Provin­ cias Unidas, que lo ejercía con el titulo de Presidente, cuyo mandato

MANUAL IJE MSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R icrtio J. C. H ^ v r

duraba dos años y no podía ser reelegido. Para la elección de este fun­ cionario, cada provincia proponía un candidato que era sorteado por el Senado, excluyéndose a las provincias que ya habían sido favorecidas, de manera que el cargo presidencial debía rotarse entre todas las pro­ vincias. P oder Ju d icial: Estaba a cargo de una Corte Suprema y Tribu­ nales inferiores, cuyos integrantes eran designados por el Congreso. R eligión: No establece religión oficial, pero era permitido el libre ejercicio de la religión Católica, a la que se consideraba como prepon­ derante en el país. D erechos y g a ra n tía s: Se dictaban normas para preservar la vi­ da. honra y bienes de los ciudadanos, derechos fundamentales que de­ bían ser preservados con la mayor amplitud posible, incluyéndose en­ tre ellos aquéllos no enumerados pero que nacían, del principio de la soberanía del pueblo, o sea los llamados derechos implícitos. No se podía imponer limites a la libertad de prensa ni al derecho de reunión pacifica del pueblo, el que tenía derecho a ser resguardado en sus vidas, bienes y documentos, no pudiendo ser privado de la vida, de su libertad o de sus bienes, sino por medio de un proceso llevado en legal forma. Prácticamente están contenidos todos los derechos y garantías que posteriorm ente fueron reconocidos en nuestra Constitu­ ción Nacional de 1853. La provincias: Aparecen claramente definidas como entidades del derecho público, y en el proyecto se aseguraba a cada una la forma republicana de gobierno, estando protegidas no sólo contra las inva­ siones exteriores, sino también contra los excesos que pudiera cometer el Poder Ejecutivo. R eform a C onstitucional: Para reformar la Constitución hacían falta 2/3 de cada Sala para declarar la necesidad de su reforma, la que seria efectuada por medio de una Convención convocada ai efecto. También podían las legislaturas provinciales propiciar la reforma con el voto de las dos terceras partes de las mismas. Pero en todos los ca­ sos se requería la posterior ratificación de los pueblos con las tres cuartas panes de ellos. C onstituciones provinciales: Además de los principios genera­ les enunciados en el Proyecto, se determinan las bases sobre las cuales cada provincia de la Unión debía dictar su propia constitución, siendo ellas la de que el poder originario residía en el pueblo, del que surgía
220

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KcarJo J. G.

el derecho irrevocable de instituir el gobierno, reformar o alterar el mismo, la igualdad para el ejercicio de las funciones públicas, ia li­ bertad electoral, el acceso a los cargos sobre la base de la idoneidad, sin privilegios para quienes lo detenten y sin la posibilidad de poder transmitirlos a terceros. 5. Instrucciones a los Diputados de la B anda O riental. Las instrucciones dadas por D. José Gervasio de Artigas a los di­ putados que representaban a los pueblos de la Banda Oriental, eran verdaderos pilares de la organización federal del país y enemigos del centralismo absorbente que los hombres de Buenos Aires y las elites ilustradas que los acompañaban, querían establecer como el régimen más conveniente para las Provincias Unidas. Para comprender mejor la posición de Artigas es necesario hacer un breve “raconto" de los hechos que precedieron a la convocatoria a la Asamblea General del año XIII. Al producirse la Revolución de Mayo en Buenos Aires, la cercana ciudad de Montevideo se mantenía como un reducto de funcionarios que obedecían al Consejo de Regen­ cia que había reemplazado a la Junta Central de Cádiz, recientemente disuelta. Este órgano metropolitano designó en calidad de Virrey a Hlío y éste terminó declarando la guerra a Buenos Aires en Febrero de 1811. Pero la campaña y muchos pueblos de la Banda oriental se in­ clinaron a favor de la causa revolucionaria, y entre ellos estuvo Arti­ gas, obteniéndose sendos triunfos en las batallas de San José y Las Piedras, poniéndose sitio a la ciudad de Montevideo. Pero la política del Primer Triunvirato iba a anular el éxito obte­ nido al suscribir un tratado de paz con Elío, reconociendo como sobe­ rano a D. Femando VII (entonces preso en Francia), dejando desam­ parados a los patriotas que habían luchado por la misma causa de la revolución, lo que motivó a éstos el retiro masivo en lo que se conoció como “el éxodo” de los pueblos orientales. A lo largo del período de 1811 a 1812 hubo muchos desencuentros entre Artigas y los hombres del gobierno porteño, llegándose a declarar a Artigas “traidor a la Patria” y rehabilitándoselo más luego. La Asamblea finalmente lo invitó a enviar sus diputados, cosa que se concretó en abril de 1813 procediéndose en el Congreso de Tres Cru­ ces a elegir sus diputados, que partieron hacia Buenos Aires, munidos de ias instrucciones dadas por el Jefe de los orientales.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. H*rr*r

Las instrucciones eran veinte y trasuntaban el pensamiento fede­ ral que animaba a sus inspiradores: - ...... -- — ................... Io) Declaración de libertad absoluta de la Corona de España y de la familia de los Borbones, y de toda conexión política con el Estado Español. 2o) No adm itir otro sistema que el de la Confederación. 3a) Se promovería la libertad civil y religiosa, reconociéndose por primera vez la libertad de cultos.. 4o) Cada provincia formara un gobierno bajo las bases de Igual­ dad, Libertad y Seguridad de los ciudadanos y los pueblos, además del Gobierno Supremo de la Nación. 5o) Ambos, la Nación y las provincias, debían organizarse con la clásica división en tres poderes. 6°) Estos poderes jam ás deberán estar unidos entre si y serían in­ dependientes en sus facultades. 7°) El gobierno supremo, entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al gobierno de cada provin­ cia. 8°) Establece que los pueblos de la Banda Oriental constituyen una sola provincia. 9°) Dejaba a salvo el derecho de la Banda oriental sobre los pue­ blos de su territorio ocupados en ese momento por los portugueses. 10°) Señalaba la necesidad de conformar una Liga de amistad con cada una de las provincias, para mutua y general felicidad, obli­ gándose a asistir contra cualquiera otra, contra toda violencia o ata­ ques, por motivos de religión , soberanía, tráfico o algún otro pretexto, cualquiera sea. 1 Io) Debía quedar en claro que cada provincia retenía su poder, jurisdicción, soberanía, libertad e independencia, salvo los que fueran delegados expresamente en la Constitución. 12°) Reclamaba libertad para el puerto de Maldonado para la in­ troducción de efectos de cualquier bandera, estableciendo la corres­ pondiente Aduana. 13°) Igual medida con relación al puerto de Colonia. 14°) Exigía que no se impongan tasas o derechos a los productos importados de una provincia a otra; ni que se de preferencia a los puertos de una provincia sobre otra, ni que los barcos para una provin­ cia sean obligados a pagar derechos en otra o a anclar en sus puertos..
222

MANUAL DE IflSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K cmtJ o J. G. H rncr

15°) No permitir que se haga ley sobre bienes de extranjeros in­ testados; sobre multas y confiscaciones que se aplicaban antes; y sobre territorios del Rey, mientras la provincia no forme su reglamento y determine sobre ello. 16°) Que la provincia tenga su Constitución propia y mantenga el derecho de sancionar el de las Provincias Unidas, dictadas en Asam­ blea. 17°) Derecho de la provincia a levantar ejércitos y nombrar sus jefes y oficiales. 18°) Dejaba en claro que ei despotismo m ilitar sería precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la so­ beranía de los pueblos. 19°) También exigía que la residencia del gobierno nacional sea precisamente fuera de Buenos Aires. 20°) La Constitución debería garantizar a las Provincias Unidas el gobierno republicano y la seguridad contra todo atentado contra su soberanía y derechos. Los diputados de la Banda Oriental no fueron incorporados al se­ no de la Asamblea, aduciéndose fallas en la elección y en los instru­ mentos que acreditaban su personería como tales, pero la verdadera causa de tal negativa iba más allá de la inobservancia de los requisitos exigidos en el decreto de convocatoria del Segundo Triunvirato, pues lo que en definitiva se temía era la presencia de hombres inspirados en las ideas '‘federales”, a las que se consideraba disolventes por quienes sostenían y estaban dispuestos a imponer la política centralista y ab­ sorbente de Buenos Aires. Cabe señalar que otros pueblos convocados enviaron a sus dipu­ tados señalándoles también instrucciones expresas, como en el caso de Jujuy que reclamaba el derecho oe los pueblos a elegir sus propios go­ bernantes y darse sus propias instituciones, o los de Potosí que indican expresamente que la Constitución a dictarse debía ser de carácter fede­ ral o las de los diputados de Tucumán que para dictar la Constitución debía tenerse presente la que regía en los Estados Unidos de Nortea­ mérica, es decir una Constitución Federal. La política del Triunvirato, como dijimos, y posteriormente la del Directorio, impidió que aque­ llas aspiraciones pudieran concretarse en la realidad de nuestras insti­ tuciones en aquéllos nuestros primeros años de vida, y habrá que espe­ rar hasta 1853 para verlas fructificarse en el federalismo que nos rige.
223

MANUAL DE HISTORIA CONSTTrUClONAL ARGENTINA Dr. RSnrdo J. G. ¡hm rr

6. Leyes C onstitucionales sancionadas. Los autores en general admiten que esta Asamblea fue convoca­ da con la finalidad de declarar la Independencia y dictar una Constitu­ ción, retornándose a los principios sostenidos por la revolución de Mayo y de sus principales intérpretes, ideales que posteriormente frié­ ronse dejando de lado en el accionar del Primer Triunvirato. Lo cierto es que no se llegó a dictar una Constitución ni tampoco se declaró formalmente la independencia, pero los principales actos y resolucio­ nes de la Asamblea mostraron una inequívoca intención de actuar en forma independiente y soberana con relación a las autoridades espa­ ñolas metropolitanas y si bien no dictaron una constitución propia­ mente dicha, fueron muchas las disposiciones que tenían ese carácter. Tal como se ha definido, el poder constituyente es una facultad que deriva del derecho originario de la colectividad a proveer a su or­ ganización política y jurídica, mediante la sanción de una Constitu­ ción. Se procede de esta manera a organizar el Estado. La Asamblea no ¡legó a sancionar una Constitución orgánicamente redactada, pero la mayor parte de las resoluciones tomadas por aquél cuerpo tienen el carácter constitucional pues, aunque en forma parcial y no orgánica, buscaban concretar los principios fundamentales sobre los cuales de­ bía gobernarse y asegurar a sus habitantes los derechos y garantías propios de un Estado independiente. Leyes que afirm an la S oberanía y principios de la N acionali­ dad. a) La Asamblea formuló una declaración estableciendo que en ella re­ sidía la soberanía y representación de las Provincias Unidas del Rio de ia Plata, y determinó su denominación como “Soberana” agre­ gando que no existía otro poder superior al ejercido por ella. b) Dictado de un Reglamento estableciendo la inviolabilidad de los Diputados, que no podían ser juzgados, acusados ni perseguidos por sus opiniones manifestadas en la Asamblea, creándose un ver­ dadero fuero parlamentario. c) Exclusión de los extranjeros, especialmente de los españoles, en tanto no adoptaran la ciudadanía, para el ejercicio de los cargos públicos, disponiéndose que fueran removidos de sus cargos ecle­ siásticos, civiles y militares todos los europeos que no cumplieran con aquél requisito. De la misma manera se exigió carta de ciuda224

MANUAL DE HISTORIA CONSTITL'aONAL ARGENTINA Dr. RJc*rJ»J. G. !I*rrrr

danía a los escribanos españoles para poder continuar ei ejercicio de su profesión. d) Creación de registros, cívico de ciudadanos beneméritos y otro marcial de los ciudadanos muertos por la Patria, con un amplio sentido patriótico y revolucionario. e) Creación de símbolos nacionales que expresaban la condición de una Nación libre e independiente, entre ellos el sello de la Asam­ blea que tenía un diseño similar al que luego se empleó para nues­ tro Escudo Nacional, la canción patria, nuestro actual Himno Na­ cional compuesto por López con música de Blas Parera. f) Sustitución de ias armas del Rey por las de la Asamblea y la crea­ ción de la moneda propia, similar a la reproducida en nuestras ac­ tuales monedas de S 1.g) Declaración del día 25 de Mayo como fiesta cívica de la Nación. Sobre Declaraciones, derechos y g aran tías: a) Sobre Libertad de vientres, del 2-2-1813, por el cual se determina que los niños hijos de esclavos que nazcan en el territorio de las Pcias. Unidas o hayan nacido desde el 31 de enero del mismo año inclusive, serán considerados y tenidos por libres. b) Sobre Libertad de esclavos, de fecha 4-2-1813, por el cual los es­ clavos provenientes de países extranjeros que de cualquier modo se introduzcan a las Provincias Unidas, desde ese día en adelante, quedaban libres, aunque posteriormente se hizo una aclaración li­ mitativa en el sentido de que deberá entenderse libres a los intro­ ducidos por vía de comercio o venta en violación de normas pre­ existentes, y no comprende a los esclavos que se fugaran de sus amos de otros países y se introduzcan en el nuestro, o los que son introducidos en el país por los viajeros en calidad de sirvientes. (Aclaración del 31-1-1814). Cabe señalar que las resoluciones pre­ cedentes no afectaron el derecho de propiedad referido a los escla­ vos adquiridos con anterioridad a las mismas, manteniéndose en consecuencia la institución de la esclavitud, la que iría desapare­ ciendo paulatinamente al producirse con el transcurrir de los años el deceso de quienes aún mantenían esa condición, o en el caso de que sus propietarios los liberaran. c) Sobre abolición de títulos de nobleza, dispuesto el 29-5-1813, que extinguía los títulos de Conde, Marqués o Barón del territorio de •

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J, G. Harrcr

las Provincias Unidas, considerándolas odiosas preeminencias in­ compatibles con la existencia de un pueblo libre. d) Sobre la prohibición d e fundar mayorazgos y vinculaciones, de fe­ cha 21-8-1813, no sólo sobre la generalidad de los bienes sino también sobre las mejoras de tercio o quinto y/o cualquier otra vin­ culación que no teniendo un objeto religioso o de piedad, transmi­ tiera la propiedad a los sucesores sin la facultad de enajenarla. Esta disposición buscaba la igualdad civil de los herederos, ya que en virtud del sistema derogado la fortuna hereditaria quedaba en poder de una sola persona, por lo general asumiendo el carácter de jefe de familia. e) Sobre prohibición de usar en las fachadas de las casas escudos no­ biliarios, de fecha 20-11-1813, por la que no deberán existir en las fachadas de las casas, demás parajes púlblicos, armas, jeroglíficos o distinciones de nobleza por las que determinadas familias aspiren a singularizarse de las demás, garantizándose de esta manera el principio de la igualdad civil.. f) Sobre abolición de tormentos y azotes, de fecha 25-5-1813 que dis­ pone la inutilización de los medios de tormento por el verdugo en la plaza pública, instrumentos adoptados por una legislación tiráni­ ca para el esclarecimiento de la verdad e investigación de los crí­ menes. g) Sobre prohibición de prestar juramento de fecha 14-8-1813, en los actos contenciosos y en los contratos que se celebren. h) Sobre libertad de los indios e igualdad con los demás ciudadanos, de fecha 20-3-1813, por la que se extinguen los tributos y se dero­ ga la mita, la encomienda, el yanaconazgo y el servicio personal de los indios, aún el que prestan a la Iglesia y a sus párrocos. En con­ secuencia de ello, los indios tendrán igualdad de derechos que los dem ás habitantes, considerándoselos hombres libres. i) Se organizaba la Justicia, asegurándose el principio de la defensa en juicio, y estableciéndose la competencia de la Asamblea General para los juicios de residencia de los funcionarios una vez terminada su gestión, y los juicios venidos de las Cámaras de Apelaciones por vía de recursos extraordinarios de nulidad e injusticia notoria y los de segunda suplicación, quedaban a cargo de una Comisión Per­ m anente creada por la Asamblea.

1UNUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. ¡Gardo J. G. H*r*cr

O tras leyes sancionadas. Sobre Educación: ........... ......... ' a) Creación de una Comisión de Estudios para formular.un plan gene- . ral, la que logró la unificación en un sólo cuerpo de los estudios que se realizaban en el Colegio de San Carlos y en el Seminario. b) Control de la aptitud de los maestros por la autoridad pública. c) Plan de enseñanza y creación de la Facultad Médica y Quirúrgica. d) Fundación de la Academia de Jurisprudencia Sobre Salud Publica: 3 ) Nacionalización de Hospitales, que de manos religiosas pasan a la secular. b) Bautizo con agua templada, para prevenir la salud de los niños. Sobre Economía: a) Aumento de la riqueza, liberando la extracción de granos y harinas fuera del país. b) Fomento de la minería. Derecho de cateo de los cerros minerales, facultando a los extranjeros en igualdad de condiciones que los na­ cionales. O tras: a) Facilitar las dispensas de matrimonio para el aumento de la pobla­ ción. b) Registro de comerciantes en el Consulado, para ser consignatario (nacionales o extranjeros). c) Igualdad proporcional en la capacidad contributiva de los pueblos. d) Pensión a los inválidos por defender la libertad de la Patria. e) Supresión de los retiros concedidos antes del 25 de mayo. 0 Libertad de sufragios para elegir electores, que elegían los diputa­ dos. g) Los diputados de las provincias, son diputados de la Nación. h) Derecho de los pueblos para remover a sus diputados en la Asam­ blea. i) Subsistencia del Colegio de Electores para elegir nuevo diputado. j) Estatuto para el Supremo Poder Ejecutivo y Consejo de Estado. k) Creación del P.E. Unipersonal (Director Supremo de las provincias Unidas). !) Supresión del Tribunal de la Inquisición o Santo Oficio. m) Independencia del Estado de toda autoridad eclesiástica que exista fuera de su territorio.
227

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricxrxlv J. G. llmrrcr

7. El D irectorio. El D irecto rio fue creado por Decreto del 31 „de enero de 1814 dado por ia Asam blea a petición del Triunvirato que consideraba ne­ cesario concentrar en una sola mano el Supremo Poder Ejecutivo, otorgándosele todas las facultades concedidas al Triunvirato por el Estatuto de Febrero de 1813, designándoselo con el titulo de “Director Supremo de las Provincias Unidas’’. El articulado del decreto respecti­ vo contenía las siguientes disposiciones: 1) El P.E. estará a cargo de un ciudadano con el titulo de Director Supremo de las Provincias Unidas y tendrá el tratamiento de Excelen­ cia. 2) Llevará una banda bicolor, blanca y azul.. 3) Deberá residir en la Fortaleza y la duración en el mando era de dos años. 4) Elegido por la Asamblea. En caso de muerte, renuncia, etc. deberá elegir su sucesor el mismo cuerpo. 5) Se crea un Consejo de Estado, para asegurar la sabiduría, pru­ dencia y acierto que deben presidir al gobierno. Está compuesto por 9 miembros, de los cuales uno es Presidente y dos son Secretarios. 6) El Presidente del Consejo suple al Director en caso de enfer­ medad grave. 7) El Presidente del Consejo será nombrado por ia Asamblea y los Vocales y Secretario por ei Director Supremo. 8) Cada dos años cesarán ios consejeros, pudiendo ser reelegidos. 9) El Consejo tenía facultades para asesorar al Director y elevar proyectos de utilidad y conveniencia del Estado. 10) El Director debía consultar indefectiblemente al Consejo en los problemas de guerra, paz y comercio con potencias extranjeras. 11) El consejo podía funcionar con la presencia de cinco miem­ bros. 12) Tenía ei tratamiento de '‘Señoría” . Los años 1813 y 1814 transcurren en tomo de la Asamblea reu­ nida en Buenos Aires que no llega a dictar una constitución, pero transmite al futuro constitucionalismo una serie de aportes interesan­ tes, sea a través de sanciones legislativas o mediante los proyectos de constitución que se elaboran. Sobre ellos se basan numerosas disposi­ ciones de nuestra Constitución Nacional.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. ¡VcmtJoJ. G. IL tm y

A comienzos de 1814 se establece el Directorio: lo ocupan Ger­ vasio de Posadas hasta 5-1-1815, Carlos María de Alvear hasta abril de 1815. Electo Rondeau e interinamente Alvarez Thomas desde el 6 de mayo, le sucede González Balcarce hasta que el 3 de mayo de 1816 es elegido Pueyrredón. El 9 de julio de 1819 se le acepta la renuncia y asume como ultimo Director Rondeau. Si bien en un principio la Asamblea había dado pasos firmes para afianzar su autoridad y los principios políticos que defendía, ia situa­ ción militar le iba resultando cada vez más adversa, a lo que se unía las disensiones intestinas del cuerpo, y una actitud no muy clara en orden a la futura organización de las Provincias Unidas, agravado todo ello por el hecho de haber sido reintegrado al trono el Rey Femando Vil, que con la caída de Napoleón complicaban el cuadro internacio­ nal. 8. C reación de nuevas provincias. El proceso institucional que se va gestando se vuelve centralista, con su foco en Buenos Aires, y una de sus manifestaciones en tal sen­ tido es la creación de provincias mediante decretos, a la manera de la Ordenanza de Intendentes, expresa el Dr. Galletti. Así se crea la Provincia Oriental del Río de la Plata, por decreto del 7 de marzo de 1814. Pero esta provincia así creada, resultaba todo lo contrario de lo que en realidad era la Banda Oriental. Se.pretendía regirla por un Gobernador-Intendente, de carácter muy limitado, de la misma manera en que se pretendía hacerlo con ias demás provincias, dentro de un proceso uniformador. En el decreto, si bien se aceptaba reservar a los pueblos el derecho de dictarse su constitución, las cir­ cunstancias reclamaban perentoriamente, la dirección centralizada de ios negocios de la guerra, y para lo futuro quedaría reservada "lo que la voluntad general ordene”. También se crean las provincias de Entre Ríos y Corrientes, in­ tentando con esta segregación de la provincia o gobernación de Bue­ nos Aires, atraerlas hacia el centralismo porteño. Se decía que ellas estaban en las mismas condiciones que justificaron el establecimiento de un gobierno intendencia en la Banda Oriental del Uruguay. Su ma­ yor engrandecimiento exigía una autoridad inmediata que vele sobre su prosperidad bajo la debida dependencia a la Suprema del Estado y a
229

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARG ENTINA D r.R karJoJ. G. Umvcr

las leyes generales del sistema de Unidad que han adoptado las Pro­ vincias. Pero para esa fecha, Corrientes bajo la influencia de Artigas, ha­ bía establecido su autonomía como provincia, en el mes de abril de 1814. En O ctubre de 1814 la Intendencia de Salta del Tucumán fue di­ vidida en dos jurisdicciones, la del Tucumán y la de Salta. 9. La Caída de la Asamblea. La A sam blea General Constituyente, como se ha expresado, ini­ ció sus deliberaciones en enero de 1813 y termina siendo formalmente disuelta en abril de 1815. Muchos acontecimientos, en el orden nacio­ nal y político, se van a producir en este periodo y en ellos tendrá signi­ ficativa influencia la situación europea, especialmente la caída de Na­ poleón, el restablecim iento de las monarquías o “la restauración”, los principios “ legitim istas” del Congreso de Viena, y la vuelta al trono español de D. Fem ando VIL Al com ienzo de su gestión la Asamblea tuvo el empuje y la fuer­ za necesaria para pensar que lograría el cumplimiento de sus objeti­ vos, pero poco a poco, minada por las diferencias existentes en su se­ no, las aspiraciones desmedidas de algunos de sus hombres, y el re­ celo con que los pueblos del interior iban recibiendo su cada vez más efectiva concentración del poder, le fueron quitando la autoridad y credibilidad necesarias para gobernar el país. Pero en el transcurso del año 1.314 se asistirá a una declinación de la situación de las fuerzas nacionales, con los desastres de Vilcapugio y Ayohum a, la derrota de los revolucionarios chilenos en Rancagua y la- pérdida definitiva del Alto Perú, mientras que el valiente ac­ cionar de Güem es detenía la reconquista española por el Norte. A todo esto deberán agregarse los intentos diplomáticos asambleístas para re­ conocer la soberanía de Femando VII y hasta la posibilidad de llegar a aceptar un protectorado inglés para asegurar nuestra separación de Es­ paña. La renuncia del Director Gervasio Antonio de Posadas posibilitó a Carlos M aría de Alvear el acceder a ese cargo, pero su gestión llena de desaciertos no duró más de tres meses y el pronunciamiento militar de Fontezuelas lo obligó a renunciar, produciéndose también, como se

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KcmréaJ. G. IUr*cr

ha dicho, la disolución de la Asamblea que es dispuesta por el Cabildo el 15 de abril de 1815. •• Se produce una vuelta al inicio revolucionario en cuanto nueva­ mente el Cabildo de la ciudad de Buenos Aires, será el que reasumirá el ejercicio de la soberanía, designando en forma provisoria una Junta de Observación que tendría a su cargo la redacción de un nuevo Esta­ tuto provisional. 10. Los acontecimientos y europeos. El imperio francés alcanzó su máxima extensión en 1810 y 1811, pero Francia era sólo una parte del “Gran Imperio” en el que gravita­ ban Estados vasallos, gobernados por parientes del Emperador algu­ nos y otros por príncipes extranjeros, y el resto integrado con Estados aliados. Presentaba el aspecto de una federación, al frente de la cual se hallaba Napoleón Bonaparte. Pero este gran imperio, construcción frágil, en 1811 se hallaba próximo a su derrumbamiento. A comienzos de 1811 Napoleón tenía más de 360.000 hombres en la península Ibérica, y salvo los centros de resistencia, los más im­ portantes fueron Cádiz y Lisboa, toda la península se hallaba en ma­ nos francesas. El 24 de junio de 1812 Napoleón inició la campaña contra Rusia, pero ante su fracaso en Octubre ordenó su retirada. Dejó el ejército al mando de Murat y en diciembre de 1812 llegó a París. En España, el futuro Lord Wellington había iniciado nuevamente la ofensiva, favorecido por el retiro de fuerzas francesas que habían sido derivadas a la campaña de Rusia. En Marzo de 1812 las Cortes de Cádiz habían promulgado su Constitución. Hasta entonces las cir­ cunstancias internacionales favorecían el proceso de independencia y constitución de las Provincias Unidas. Pero la ofensiva de las fuerzas combinadas inglesas y españolas libres determinaron al Rey José Io Bonaparte a evacuar Madrid en agosto de ese año. Las últimas tropas francesas salieron de Madrid el 27 de mayo de 1813. A comienzos de Noviembre de 1813 los angloespañoles cruzaban ios Pirineos y entraban en Francia. En el verano de 1813 (Junio) si­ guiendo las órdenes de Napoleón, se propuso a Femando VII que vi­ vía en su dorado cautiverio en el castillo de Valen?ay, que volviera al trono de España para destruir “la anarquía, el jacobinismo, el aniqui231

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA. Dr. ¡Ucardo J. C . JUrrcr

lamicnto de la m onarquía y la república” que los ingleses propagaban. Tras largas vacilaciones Fem ando Firmó el tratado que lleva el nombre de ese castillo, en diciem bre de 1813, que preveía su retomo a Madrid, la amnistía para los afrancesados, la sustitución de guarniciones fran­ cesas por españolas y la expulsión de las tropas británicas acantonadas en la península. La caída de Napoleón se debió, principalmente, a la campaña contra Alemania, donde se habían aliado Prusia y Rusia. La campaña empezó en abril de 1813. La retirada de Alemania en octubre de 1813, terminaba en un desastre, y a fines de 1813 Francia se encontraba amenazada de invasión en todas sus fronteras. La ofensiva contra Francia com enzó en Diciembre de 1813. Las tropas aliados consiguie­ ron llegar a París, y el Senado decretó la caída del Emperador, lla­ mando a gobernar a Luis XVIII. En Abril de 1814, Napoleón no tuvo más remedio que abdicar, ante el cansancio de sus propios mariscales. Los aliados le asignaron como residencia a Napoleón la isla de Elba, a medio camino entre Córcega e Italia. La suerte y el equilibrio de Eu­ ropa debía ser decidido en un futuro Congreso a reunirse en Viena. El Io de marzo de 1815 Napoleón hizo un regreso fulminante, desembarcó en el golfo Juan, atravesó los Alpes y ganó en su favor a los campesinos republicanos y a los soldados enviados para detenerlo, y volvió al poder de Francia. Los aliados, decididos a combatirlo, con­ centraron sus ejércitos en Alemania y los Países Bajos y en Junio de 1815, luego de algunos éxitos parciales, se enfrentó a los ingleses en Waterioo, pero fue vencido. Regresado a París, fue obligado por las Cámaras a abdicar por segunda vez. Se rindió a los ingleses, luego de haber intentado trasladarse hacia los EE.UU. infructuosamente, y fue deportado a la Isla Santa Elena, en el centro del Atlántico Sur, donde terminó su existencia.

232

.'.[ANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. IVcardo J. G. ¡íarrcr

Bibliografía consultada y utilizada.

¡ ! j j ¡ | !

;
i

ABAD DE SANTILLAN, Diego. “Historia Institucional Argentina” BIDART CAMPOS, Germán J. “Historia Política y Constitucional Argentina” CANTER, Juan. "La Asamblea General Constituyente" y "La Revolueicm de abril de 1815 y la organización del nuevo Directorio" en Hisloria de la Nación Argentina Tomo 6o (l1 *) de la Academia Nacional de ¡a Historia. DEMICHELI, Alberto. "Formación Constitucional Rioplatense" DEMICHELI, Alberto. "Origen Federal Argentino" GALLETI, Alfredo. "Historia Constitucional Argentina" LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina” LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina” TAU ANSOATEGUI, Víctor y MARTIRE, Eduardo. “Manual de Historia de las Instituciones Argentinas” ZARINI, Helio Juan. “Historia e Instituciones en la Argentina”

233

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA D r. Ricmrdo J. O . Hmrmy

NIA.NUA1.deHISTORIA CONSTITUaO.'íALARGENTINA Dr. RUarJoJ. C. H m rr

i

!

_

CAPITULO 10

— . -

...

.

1. Junta de Observación. Antecedentes de su instalación. Mani­ fiesto a los pueblos. La Asamblea de 1813 que había comenzado a funcionar con tan buenos auspicios en la elaboración de leyes de carácter constitucional, demostrando a través de ellas y de los proyectos que fueron presenta­ dos a su consideración, tanto por la Comisión Oficial como por parte de la Sociedad Patriótica, su inequívoca voluntad de asumir en pleno la soberanía que los pueblos habían retrovertído en Mayo de 1810, pa­ ra 1815 se debatía en sus propias contradicciones. La Asamblea había impuesto un régimen centralista con el esta­ blecimiento del Directorio que en su accionar chocó contra las aspira­ ciones federales de los pueblos, cuyo principal caudillo constituía José Gervasio de Artigas, que había ido extendiendo su influencia a las provincias litorales. No debe olvidarse que había sido la propia Asam­ blea la que rechazara a los diputados que la Banda Oriental había en­ viado oportunamente al constituirse la Asamblea, generando un lógico resentimiento que tendría consecuencias negativas en la marcha del proceso de organización institucional del país. A todo ello debe agregarse la difícil situación creada como con­ secuencia de la caída de Napoleón en Europa, que había restablecido en el trono de España a Fernando VII, quien con el respaldo de la Santa Alianza, se embarcaba en la tarea de recuperar el dominio de sus díscolas colonias. Esta circunstancia movió a muchos de los asam­ bleístas a pensar en la posibilidad de arribar a un acuerdo con el rey para restablecerlo en el mando de estas tierras. El Directorio creado por la Asamblea, como órgano ejecutivo unipersonal, le fue confiado a Gervasio .Antonio de Posadas en enero de 1814. Un año después renunciaba y se designaba en su reemplazo a Carlos María de Alvear, quien gobernará en tal cargo poco más de tres meses.
235

MANUAL DF. HISTORIA CONSTTTL'QONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Harrcr

Varios acontecimientos conspiraron contra su gobierno que in­ tentó desarrollar con mano de hierra, aplicando disposiciones dictato­ riales que provocaron ei rechazo de los gobernados, determ inando la provocación de un movimiento revolucionario que terminó con su de­ posición. En efecto, Santa Fe había decidido gobernarse a si misma con independencia de Buenos Aires, a la que desde la colonia habia pertenecido y por ello A lvear se decidió a enviar una fuerza militar pa­ ra sofocar ei alzamiento. El ejército enviado contra Santa Fe y Artigas declarado "protector de los pueblos libres”, terminó sublevándose en Fontezuelas al mando del Coronel Alvarez Thomas. Algunos historia­ dores afirman que esto era parte de una conspiración que se venía pre­ parando con la intención de derrocar al gobierno. Los sublevados em itieron una proclama haciéndole cargos a la gestión directorial y Alvear, abandonado por sus propios sostenedores, terminó renunciando al mando político, y militar después, ante la Asam blea que lo acepta y sella de esta manera su suerte, ya que los acontecim ientos la llevan a su disolución que se produce el 15 de abril de 1815. En la oportunidad, el Cabildo de la ciudad de Buenos Aires, como lo hiciera en Mayo de 1810, vuelve a asumir el ejercicio del po­ der y actuando nuevamente “como hermana mayor”, a los tres días adopta resoluciones referidas a la conformación de un gobierno provi­ sorio. El Cabildo en su carácter de Gobernador, entonces, procede a dictar un Bando o Manifiesto de neto tinte antialvearista, en el que se expresa que ante la disolución de la Asamblea General Constituyente del año XIII, por cuya razón vio frustradas las realización de sus ideas, y para evitar inminentes riesgos y peligros que la rodeaban, solicita del Cabildo “como su representante y única autoridad que existe”, rea­ sumiese la autoridad soberana del pueblo, con la extensión de las fa­ cultades que le son propias, y con el encargo de nom brar inmediata­ mente un gobierno provisorio, “el más adaptable a las ideas del pueblo y de las provincias, de quienes deberá recibir el sello de su aproba­ ción”, entregando también provisoriamente la Comandancia de Armas al Coronel Miguel Estanislao Soler. Seguía señalando que siendo imposible consultar en el momento el sufragio universal de las provincias, y no pudiendo mantenerse el Estado acéfalo y sin el necesario centro de unidad que conserve.las relaciones exteriores e interiores, se decidía llamar al pueblo de la ciu­
236

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. C. H irrcr

dad de Buenos Aires para elegir doce electores, que a su vez tendrían a su cargo decidir la forma de gobierno, en calidad de provisoria, hasta la reunión de un Congreso General de las Provincias al que debía con­ vocar el gobierno que se instalase. Asimismo estos electores, en unión con el Cabildo, debían nombrar una Junta de Observación, compuesta de un número de ciudadanos virtuosos que se considerase convenien­ te, que tuviera a su cargo la redacción de un Estatuto Provisional ca­ paz de contener los abusos que se habían cometido, restituir la libertad de imprenta, la seguridad individual y los demás objetos de pública felicidad, reclamando enérgicamente ante la menor infracción. Los doce electores serían elegidos por los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, que a ese efecto se dividían en cuatro cuarteles o secciones electorales. Una vez elegidos, procedieron a designar en calidad de provisorio como Director al Gral. José Rondeau, quien estaba al frente del Ejér­ cito dei Norte, nombrándose en calidad de sustituto al Coronel Ignacio Alvarez Thomas, que como se recordará, había sido el autor de la su­ blevación de Fontezuelas que provocó la caída de Alvear. El mandato de este Poder Ejecutivo debía durar hasta que los pueblos, reunidos en Congreso General resolviesen lo conveniente y necesario. Por ello, se les pedía la ratificación de la designación y el nombramiento de los diputados para el futuro Congreso. Terminada esta tarea, los doce electores en unión con el Cabildo de la ciudad de Buenos Aires procedieron a la designación de una "Junta de Observación”, cuyo principal cometido era el de redactar un Estatuto, también provisorio, tarea que cumplieron con asombrosa ra­ pidez, sobre todo si se tiene en cuenta lo extenso de su articulado. 2. Estatuto de 1815. Contenido. El 5 de mayo de 1815 la Junta de Observación expidió el Estatuto Provisional, que en opinión de muchos tratadistas no es sino una mala copia del proyecto de Constitución que la Sociedad Patriótica presen­ tara ante la Asamblea del año XIII y para otros reproduce gran parte del articulado de la Constitución de Cádiz. Para Aristóbulo del Valle, citado por Bidart Campos, el Estatuto es el primer cuerpo constitucio­ nal en el que se ensaya dar forma propia a la ¡dea federal, transigiendo con las exigencias y las fuerzas política del interior, sin saber cómo mantener la supremacía de la Capital y ei lazo de la vida nacional.
237

) í'

I
í

f>

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA. Dr. RZcmrdoJ. G. H trrcr

__________________

En rigor de verdad, este Estatuto surge de un gobierno impuesto p o r un movimiento de carácter federal que inclusive busca congraciar­ se con Artigas, pero de sus cláusulas no surge en forma nítida una or­ ganización federativa; antes bien como se verá al analizarlo subsiste en él la clara tendencia a una organización centralizada, en la que “los pueblos” tendrán en lo futuro una representación que hasta ese mo­ mento no se m anifiesta en forma concreta. El Estatuto, como norma constitucional aplicable a todas las provincias, fue rechazado por éstas con excepción de Buenos Aires y Tucumán, donde tuvo vigencia. C ontenido: El Capítulo I contenía una declaración referida al Hombre en Sociedad, aplicable a todos los hombres, sean americanos o extranjeros, ciudadanos o no, asegurando los derechos a la-vida, honra y libertad, la igualdad y la seguridad. En m ateria de religión declara tal a la Católica, Apostólica y Romana, cuyo culto público debía respetarse, bajo pena de violar las leyes fundamentales del país, disposición que -com o muchas otras de este Estatuto, fueron reproducidas más tarde en las constituciones pro­ vinciales que se irán dictando a partir de 1819. En m ateria de ciudadanía consideraba a todo hombre libre que haya nacido y resida en el territorio del Estado, pero recién entraría al ejercicio de ese derecho una vez cumplido 25 años o haber sido eman­ cipado. Había además una serie de concesiones a favor de los extran­ jeros, a quienes luego de cierto tiempo de residencia y acreditación de recursos propios, admitía en el voto activo y más adelante en el activo, aunque hacia una excepción respecto de los españoles hasta tanto el gobierno de la Macfre Patria reconociera los derechos de estas provin­ cias. En otro capítulo se refería a los deberes del hom bre entre los que estaba el de sobrellevar gustosos cuantos sacrificios demande la Patria en sus necesidades y peligros sin que se exceptúe la vida; y con relación a los deberes del Cuerpo Social establecía que debía garantir el goce de los derechos del hombre. En la organización de los poderes se establecía que el Legislati­ vo residía en “los pueblos” originariamente, con lo cual pareciera re­ conocerse un principio federal que, sin embargo, en el resto del arti­ culado aunque a titulo de provisorio, se mantenía una organización centralista y unitaria. La disposición terminaba señalando que “hasta la determinación del Congreso General de las Provincias” correspon238

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KcmráoJ. G. H tm ?

día a la Junta de Observación dictar los reglamentos provisionales pa­ ra los objetos necesarios y urgentes. Para imponer nuevos impuestos, el P.E. debía actuar en consulta y determinación con la Junta de Ob­ servación, unida al Cabildo y al Tribunal del Consulado. El Poder Ejecutivo quedaba a cargo del Director del Estado, que en oportunidad de sancionarse el Estatuto ya había sido designado por los electores de Buenos Aires, estableciéndose que el mandato duraría un año, y haciéndose constar que para lo futuro su elección se verifica­ ría en la forma que lo determinase el libre consentimiento de las pro­ vincias. Reglamentaba minuciosamente sus atribuciones como asi los límites de sus poderes. El Poder Judicial residía en el Tribunal de Recursos Extraordina­ rios de segunda suplicación, nulidad e injusticia notoria, la Cámaras de Apelaciones y demás tribunales inferiores, siendo independiente de los poderes del Ejecutivo. El nombramiento de los miembros de las Cámaras se hacía por el Director del estado a propuesta del cuerpo de Abogados de la jurisdicción. Con respecto al régim en electoral, establecía un complicado sistema de Asambleas primarias que elegían a un Elector, el cual pa­ saba a integrar una Asamblea Electoral, a reunirse en las capitales de provincia, y tendría a su cargo la elección de los Diputados que ha­ brían de concurrir al futuro Congreso. Este sistema fue seguido años después por muchas constituciones provinciales al organizarse como Estados. Reglamentaba asimismo la elección de los Concejales de ca­ da una de las ciudades, y de los Gobernadores, que durarían tres años en sus funciones, elegidos por los electores de cada una de las provin­ cias. Junto a él debían actuar Tenientes de Gobernadores que eran de­ signados por el Director del Estado, a propuesta en tema del Cabildo de su residencia. También se reglamentaba minuciosamente la organización del Ejército y la Armada, especificando las tropas veteranas y de marina, la milicias provinciales y las milicias cívicas, comprendiendo en estas últimas a todos los habitantes del Estado nacido en América, a los ex­ tranjeros con más de cuatro años de residencia, a todo español europeo con carta de ciudadanía, y a todo africano y pardo libre. Incorporaba en sus disposiciones a los Decretos de Seguridad In­ dividual y al de Libertad de Imprenta que han sido tratados en capítu­ los anteriores.
239

MANUAL DK HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K a n lo J . G. //« rrrr

Sin duda la cláusula más trascendente de este extenso documento es aquélla que faculta al Director del estado para que “invite a todas las ciudades y villas de las provincias interiores para el pronto nom­ bramiento de Diputados que hayan de formar la Constitución, los cuales deberán reunirse en la ciudad de Tucumán, para que allí acuer­ den el lugar en que han de seguir funcionando”. Es sabido que el año siguiente, una parte de las provincias envió sus diputados a Tucumán, no haciéndolo las que estaban bajo el Protectorado de Artigas, esto es la Banda Oriental, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes.3. Las provincias litorales. Las provincias mencionadas continuarán oponiéndose al gobierno en sus intentos de centralización y se unirán mediante pactos, simila­ res a los que después se firmarían en el Pilar y que para algunos deben considerárselos como los “pactos preexistentes” de que habla la Constitución Nacional. Las provincias litorales constituyeron una ver­ dadera alianza ofensiva-defensiva, bajo el protectorado de Artigas. El Litoral buscaba salidas a través del federalismo. Las doctrinas de unitarismo y federalismo también reflejaban intereses económicos enjuego. Las provincias litoraleñas constituyeron lo que se dio en llamar la Liga Federal, que anticipará lo que años después se concretaría, ya sin Artigas, en el Pacto Federal de 1831. Esta política tuvo dos momentos de culminación, en el Congreso de Oriente y en el Pacto de Santo To­ mé. Este último fue firmado el 9 de abril de 1816 y por él se establecía la paz entre los gobiernos de Buenos Aires, por un lado, y Santa Fe y Artigas por el otro, en representación de la Liga Federal. Por dicho pacto se separó del mando del ejército de Buenos Aires a Belgrano. ajustando un tratado de paz y unión verdadera. Se trataba de un pacto militar por el cual se reconocía la autonomía a la provincia de Santa Fe, hasta entonces dependiente de Buenos Aires.. El Congreso de Oriente, fue reunido después del levantamiento de Fontezuelas en Junio de 1815. Lo integraban los diputados de la Banda Oriental, Santa Fe, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos y Las Mi­ siones y en él tuvieron asiento hasta los pueblos indígenas. Fue celebrado en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uru­ guay en Entre Ríos. La mayor parte de la documentación se extravió cuando no fue deliberadamente ocultada. Entre las instrucciones esta­
240

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJavdoJ. a /¿srrcr

ba la de que el gobierno de Buenos Aires no podía exigir otro sistema que no fuera el que tuviera como principios la libertad de los pueblos, divididos en provincias independientes entre si, que designarían la autoridad central, sin que frente a ella los pueblos tuvieran que sufrir mengua alguna de sus derechos y de su propia soberanía. Se establecía un sistema de alianzas ofensiva-defensivas. Este Congreso no tenía miras secesionistas y llevaba en cambio el objetivo de constituir una Confederación en la forma y modo expuesto en las instrucciones a los Diputados orientales en la Asamblea del Año XIII. A Artigas se le ofreció reconocer la independencia de la Banda Oriental como estado soberano, pero no eran ésos sus planes, sino el de constituir una verdadera federación, por lo que no aceptó tal propo­ sición. Se afirma, además, que en ese Congreso los pueblos reunidos de­ clararon la independencia de la monarquía española, cosa que de he­ cho ya ocurría, pero cuya expresa manifestación la Asamblea había venido dilatando, y recién se hará efectiva con ei nuevo Congreso de Tucumán, pero un año mas tarde. 4. El Congreso de Tucum án. Com posición y carácter. El Congreso que debía reunirse en Tucumán fue convocado en virtud de ia cláusula XXX de la Sección Tercera del Estatuto de 1815, en el que se invitaba a todas las ciudades y villas de las provincias in­ teriores para la designación de diputados, que debían reunirse en aquella ciudad, para acordar allí el lugar en que continuarían sesio­ nando. Este Congreso tendría carácter constituyente, es decir que su ob­ jeto era ei de dictar una Constitución para el Estado. Fue también le­ gislativo, pues dictó leyes ordinarias para la administración del Esta­ do. Además ejercitó atribuciones electivas, pues designó al Director Supremo, y entendió también en causas judiciales, actuando como tri­ bunal de ultima instancia. Se declaró soberano, como surge del propio texto del juramento prestado por los diputados al incorporarse, y por el que se le tomó al Director Supremo en oportunidad de discernírsele el cargo.. A él concurrieron los diputados de Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Salta, San Juan, San Luis, San­ tiago del Estero y Tucumán y los del Alto Perú, Charcas. Chichas, La

MANUAL DE inSTO RU CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R¡cmrti> J. G. Hmrrcr

Plata, Cochabam ba y Mizque. No lo hicieron los pueblos agrupados alrededor de Artigas, que el año anterior s e habían reunido en el Con­ greso de Oriente, es decir la Banda Oriental (Uruguay), Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Santa Fe. Por su composición y la forma en que fue convocado, puede con­ siderárselo formalmente un congreso federal; pero por la fuerza de las cosas y los hechos fue unitario. Fue revolucionario por su origen y reaccionario por sus ideas, dice Galletti.. Mitre lo ha definido diciendo que “ dominando moralmente una situación, sin ser obedecido por los pueblos que representaba; creando y ejerciendo directamente sin haber dictado una sola ley positiva en toda su existencia; proclamando la monarquía cuando fundaba la Re­ pública; trabajado interiormente por las divisiones locales, siendo el único vínculo de la unidad nacional; combatido por la anarquía, mar­ chando al acaso, cediendo a veces a las exigencias descentralizadoras de las provincias y constituyendo instintivamente un poderoso centra­ lismo...” Las condiciones en que se reúne el Congreso de Tucumán son realmente difíciles: la revolución del Río de la Plata y de las Américas parecía agotarse; la restauración monárquica quena enseñorearse nue­ vamente, sepultando los ideales de la revolución. A fines de 1815 era violentamente reprimida la revolución de Venezuela y Nueva Grana­ da. En Chile se había liquidado temporariamente la revolución des­ pués de la batalla de Rancagua (1814); Brasil se aprestaba a invadir a la Banda Oriental, mientras Artigas estaba en lucha contra el poder central e imponía al Litoral sus ideas federalistas. El norte había sido invadido por Pezuela que había derrotado a Rondeau en Sipe-Sipe; las arcas fiscales exhaustas y una gran crisis económico financiera. Ga­ lletti señala que era un Congreso de hombres casi mendicantes, reuni­ dos en una aldea perdida en el norte del país, abrumados por un sin­ número de problemas, carcomidos por luchas internas, representando sus diputados regiones al borde de la ruina, desgastados los esfuerzos revolucionarios, sin brillo ni oropeles, con un gobierno central sin au­ toridad, con las tropas levantadas, desengañados y sin orgullos. La situación internacional se había complicado como consecuen­ cia de la caída de Napoleón y el consecuente advenimiento de la Santa Alianza de las monarquías europeas con sus doctrinas legitimistas. Estas habían encontrado su cauce en el Congreso de Viena en 1814,
242

MANUAL DE HISTORIA CONSTÍTUQONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Ilmruy

pero el transitorio regreso de los 100 días al poder del Emperador francés, lo interrumpirían momentáneamente, para continuar en 1815 después de su caída definitiva en la batalla de Waterloo. En el Congreso de Viena, se rechazan las ideas liberales y nacio­ nales y se afirma el principio del “legitimismo” por el cual debía res­ tablecerse a Europa como estaba antes de la Revolución Francesa, lo que permitía la vuelta al trono de la dinastía borbónica, la “restaura­ ción" a la situación social y política anterior a 1792, y la neutraliza­ ción de todo movimiento revolucionario. 5. Su lab o r constituyente. Plan de T rab ajo s. Al concurrir los diputados al Congreso no traían precisas instruc­ ciones ni habían sido convocados con el objeto de tratar materias pre­ viamente determinadas, razón por la cual fue el propio Congreso el que debió redactar lo que se llamó el “Plan de materias de primera y preferente atención”, que puede considerarse como un verdadero plan de gobierno, estableciéndose que para la aprobación de los temas más importantes se requeriría mayoría absoluta de los votos, mientras que para el resto bastaba con simple mayoría. Para un mejor estudio, hemos clasificado, según su naturaleza, los puntos a tratar por el Congreso, de la siguiente manera: a) Materias referentes a problemas institucionales: Sin duda la más importante de todas y la que dio justa trascendencia a la obra del Congreso, fue la Declaración de la Independencia. Se agrega a ésta, la redacción de un manifiesto a los pueblos señalando los males que'han causado sus divisiones y la necesidad de una más estrecha unión, además de señalar las fuertes penas a que se expo­ nían quienes quebranten el orden, atenten o desobedezcan a las autoridades, también se incluía en esta categoría el deslinde de las atribuciones del Congreso y el tiempo de su duración; determina­ ción de la forma de gobierno más adaptable y conveniente para la prosperidad de las Provincias Unidas; el envío de diputaciones a los países que se crea conveniente para tratar el reconocimiento de la independencia y a Roma para el anreglo de las materias ecle­ siásticas y de religión. Tenía, finalmente, el propósito de celebrar pactos generales entre las provincias y pueblos de la Unión, a ma­ nera de preliminares de la Constitución que debía ser sancionada por el Congreso..

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL .ARGENTINA Dr. Kc*rdo J. C. Uu-rcr

M aterias referentes a Ejército y Guerra: Debía aprobarse un plan de arbitrios para sostener la guerra por la libertad común y pro­ porcionar armamentos a los ejércitos, arreglo del sistema militar que abrace las fuerzas veteranas, las cívicas y las milicias nacio­ nales de cada provincia. Otorgamiento de patentes de corso. c) M aterias referentes a economía y bienes del Estado: Se incluía entre estas la creación de un Banco, el aumento del valor de la moneda y la creación de una Casa de la Moneda en Córdoba, arreglo del comercio marítimo, habilitación de puertos, creación de escuelas de náutica; arreglo de las rentas generales del Estado, creación y supresión de empleos públicos, reordenamiento de la adm inistración, etc. d) M aterias referentes a la prosperidad general: Establecimientos útiles de prosperidad general sobre educación, ciencias y artes, m inería, agricultura, dirección y habilitación de caminos y otros que permitan el estado actual de las provincias. e) M aterias referidas a la tierra: Repartimiento de terrenos baldíos, aplicación o venta de las fincas de temporalidades para beneficio de la agricultura y aumento de los fondos del Estado. Se buscaba también la distribución de tierras a los naturales, con habilitación de herramientas para el fomento de la labranza. f) M aterias municipales: El arreglo de los recursos y todo lo refe­ rente a los ramos municipales. g) M ateria de Legislación: Se resolvía la revisión general de todo lo dispuesto por ia anterior Asamblea General Constituyente del año XIII, para confirm ar y llevar adelante todo ló que sea digno de su aprobación, como igualmente de todos los reglamentos expedidos p or el Poder Ejecutivo. 6. L a b o r Legislativa y constituyente. Declaración de la Indepen­ d encia. Tal como lo señala el Maestro Dr. Ravignani el Congreso tenia el doble carácter de legislativo y constituyente. Ejercitando el primero de los cuales dio una serie de normas, como ser la de indulto general a favor de los desertores y otros reos, por razón de la instalación del Congreso; dejó sin efecto un impuesto de carácter general que resulta­ ba altam ente gravoso, dadas la grave situación que atravesaba el país; otorgó una serie de Cartas de ciudadanía; se dejaba expedito el dere­
244

b)

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rk*rdo J. G. I f jm r

cho de peticionar a las autoridades sin forma de tumulto; se dispuso el envío de diplomáticos a los Estados Unidos y a la Santa Sede Apostó­ lica de Roma; actuó asimismo en el plan de prorrata de reclutas pata la formación del ejercito. Se ratificó el principio de la inviolabilidad de los diputados y la libertad de sus opiniones, y esta función legislativa se ejerció efectivamente durante todo 1816 en diversos aspectos refe­ ridos a la marcha del gobierno, como ser materias referentes a pro­ blemas institucionales, las referentes a ejercito y guerra, a economía y bienes del Estado, a la prosperidad general, a los problemas de la tie­ rra, municipios, magistraturas, revisión de la vetusta legislación, etc. En la labor constituyente va a dictar el Reglamento Provisorio de 1S 17 y posteriormente la Constitución de 1S19, y sin duda lo más trascen­ dente, la Declaración de la Independencia. El Congreso se dispuso a tratar el tema de la Independencia y en la sesión del 9 de julio de 1816 la aprobó en forma solemne. Muchos factores habían venido influyendo para el logro de tan anhelado objeto de los pueblos, pero se destaca entre ellos los urgentes reclamos que formulaba el Gral. D. José de San Martin que en ese momento prepa­ raba su ejército para cumplir la magna tarea de libertar a Chile y, ata­ car después, el centro del poder realista español, que estaba en el Perú. San Martín juzgaba indispensable la declaración formal de la inde­ pendencia ya que necesitaba cruzar la Cordillera de los Andes al frente de las fuerzas de un pueblo líbre. Consideraba ridiculo acuñar mone­ da, tener pabellón y cocarda nacional, y al mismo tiempo hacer la gue­ rra al Soberano de quien se seguía diciendo que dependíamos. Los enemigos nos tratarían de insurgentes -decía- pues por otra parte nos manifestábamos como vasallos. Realmente era una situación insoste­ nible. En la sesión mencionada el primer asunto que se propuso a la deliberación dei Congreso fue el de la libertad e independencia del país, y una vez que les fue leído el proyecto, los diputados puestos de pié, aclamaron la independencia de las Provincias Unidas en América del Sud de la dominación de los Reyes de España y de su Metrópoli, repercutiendo el solemne acto en la concurrencia que con aplausos y vítores celebraba el acontecimiento tan esperado. La Declaración de la Independencia decía:

“Sos, los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno
245

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Hmrrcr

que preside el universo, en el nombre y por autoridad de los ... Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las nacio­ nes y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la fa z de la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de Nación libre e independiente del rey Fer­ nando VII, sus sucesores y metrópoli Quedan en consecuen­ cia de hecho y derecho con amplio >’ pleno poder para darse las form as que exija la justicia e impone el cúmulo de sus ac­ tuales circunstancias. Todas y cada una de ellas asi lo publi­ can, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro me­ dio al cumplimiento y sostén de ésta su voluntad bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y famas. Comuniqúese a quienes corresponda para su publicación, y en obsequio del respeto que se debe a las naciones detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne decla­ ración
Es interesante analizar el texto de la declaración, pues resulta elocuente para definir claramente la posición que en ese histórico momento adoptaban los congresistas de Tucumán. En primer lugar, como se advierte, se declara independientes a las Provincias Unidas “de Sud América”, cuando la denominación tradi­ cional dé’ lo que sería nuestro país era la de Provincias Unidas del Río de la Plata. Para algunos en esta frase se pone de manifiesto el ideal am ericanista que había insuflado el ideal revolucionario de 1810, es­ pecialmente en hombres como Moreno, Monteagudo y otros. Otros historiadores consideran que esta fórmula encierra la posibilidad del establecimiento de una monarquía, cuyos límites territoriales no se precisaban con exactitud, como tampoco si ella recaería en un príncipe extranjero o en un Inca. La declaración habla de la ruptura de los violentos vínculos que ligaban a los Reyes de España, no debiendo olvidarse que para esta época España había recuperado gran parte de sus posesiones america­ nas mediante el uso de la fuerza y la violencia; y la voluntad de recu­ perar los derechos que le fueron despojados, evidentemente, al no
246

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K tr d o J. G. Hmnty

considerar los legítimos que le fueran conferidos en época de los Austrias, como verdaderos reinos de Indias. . .. ............ ........ La independencia es de la persona del Rey Femando VII, que en ~ ese momento gobernaba nuevamente a España, pero no se limitaba a su persona sino que la hacía extensiva a sus sucesores, abortando de esta manera las pretensiones de entronizar en estas tierras a la Princesa Joaquina de Borbón, hermana de Fem ando que gobernaba en las pose­ siones americanas de Portugal, o bien al Príncipe de Luca, otro de los hermanos de la misma casa reinante. En tal sentido, y para evitar sus­ picacias respecto de otras posibles dependencias, como la del protec­ torado inglés que había sugerido alguna vez Alvear, en una sesión posterior el Congreso añadió a la fórmula del juramento de la inde­ pendencia la expresión “ y de toda otra dominación extranjera”. Finalmente, al declararse independiente de la Metrópoli, se con­ signaba una fórmula amplia comprensiva de cualquier otra forma de gobierno que allí se estableciera, o la invocación de algún lejano título de dominio que a ella correspondiera, cerrándose de esta manera toda dependencia de España, tanto con la monarquía como con el Estado español. 7. Discusiones sobre la form a de gobierno. Las ideas m onárquicas. El Congreso recibió en su seno al Dr. Manuel Belgrano -deveni­ do General- para que en sesión secreta informase acerca de las gestio­ nes realizadas en Europa junto a Rivadavia y, especialmente, la opi­ nión que las potencias de aquél continente teman acerca de la revolu­ ción americana en el Río de la Plata. Belgrano señaló el descrédito en que había caído la revolución a consecuencia de los males de la “anar­ quía” y la muy difícil posibilidad de obtener apoyo de aquéllos pode­ res, por lo que consideraba que los americanos debían pensar en sos­ tenerse por sus propios medios. Afirmaba Belgrano que a partir de la política instaurada con la caída de Napoleón, el establecimiento de un régimen republicano sería visto con malos ojos aconsejando el esta­ blecimiento de una monarquía “atemperada” como lo era la de Gran Bretaña. La Constitución de la Santa Alianza y la afirmación de los prin­ cipios “legitimistas”, prácticamente determinaron que los congresistas reunidos en Tucumán buscaran una solución para la forma de gobier­ no a establecer en el país, tomando como base la Monarquía. Había

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Í W

que desterrar las ideas republicanas y revolucionarias. Había que traer un príncipe gobernante, cuya legitimidad no se pudiera poner en tela de juicio. Pero si a Fem ando V il se lo había rechazado, el problema era decidir quien habría de gobernar estas tierras. Las tratativas, negociaciones, gestiones diplomáticas, etc. abarca­ ron buena parte de las tareas del Congreso empeñado en dar con el m onarca adecuado, para lograr el posterior reconocimiento de los rei­ nos europeos, pudiendo afirmarse que la unanimidad del Congreso era m onarquista Belgrano, como ya lo hemos dicho, se manifiesta partidario de la m onarquía como única forma de gobierno aceptable, y sugiere la po­ sibilidad de establecer una monarquía incásica. Esto nos muestra de qué manera habían germinado las “ ideas legitimistas”. La idea de entronizar a un Inca, partía del supuesto de que los prim itivos reyes de estas tierras habían sido violentamente arrancados por los conquistadores españoles, con lo cual al restablecer en el trono a un descendiente de aquéllos primitivos gobernantes, se anteponía a los “ ilegítim os” derechos de la Corona española, la legitimidad de los títulos de los gobernantes precolombinos de estas tierras. La idea, que fue acogida con entusiasmo en un principio, finalmente fracasó. Esta idea había com enzado a analizarse a partir de las sesiones del 12 de julio y varios diputados la apoyaron, adicionándose la propuesta de que la capital estuviera establecida en la ciudad de Cuzco. En la oportunidad Fray Justo Santa María de Oro, diputado por San Juan declaró que para determ inar la forma de gobierno era preciso consultar previam ente a los pueblos, pero si se procedía a adoptar el sistema m onárquico constitucional sin ese requisito, solicitaba autorización para retirarse del Congreso. Esta actitud suya frustró la adopción del establecimiento de una monarquía incásica, aunque consta que más adelante se m anifestó partidario del sistema monárquico constitucio­ nal. Tam bién se analizó la posibilidad de establecer en América del Sud, luego de los triunfos de San Martín, un príncipe de alguna casa reinante de Europa. Se habló de la posibilidad de una unión entre el Inca y una princesa de la casa de Braganza (Portugal), o el Príncipe de Luca, herm ano de Fem ando VII, o su hermana la Princesa Carlota Joaquina, que tuvo m uchos partidarios en el Rio de la Plata.
248

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. U

J. G. iU rrc,

Pero todos estos intentos monárquicos, surgidos de las inspira­ ciones europeas, que determinaran la sanción de una Constitución es­ pecialmente adecuada para establecer este tipo de régimen, habrán de encontrar un escollo inamovible en la actitud de los caudillos de los pueblos, que siguiendo la inspiración primera de Artigas, se declara­ ron a partir de 1820 por la república federal. 8. El Reglam ento Provisorio de 1817. Cotejo con el de 1815. El Congreso de Tucumán luego de la declaración de la indepen­ dencia el 9 de julio de 1816, continuó sus deliberaciones referidas a la determinación de la forma de gobierno que debía establecerse en el país, y como ya hemos señalado, se advertía una clara tendencia hacia el establecimiento de una forma monárquica, aunque sin llegar a una definición, especialmente en razón de que el diputado Fray Justo Santa María de Oro se opone a votar cualquiera forma que se proyecte sin previamente consultar a los pueblos, circunstancia ésta que pospo­ ne el tratamiento de la cuestión. Pero la situación del norte empeoraba día a día con el avance de las tropas realistas que ya venían sojuzgando a las antiguas colonias americanas, restándole prácticamente hacerlo con los pueblos del ex Virreinato del Río de la Plata. A esto se agregaban las disensiones en­ tre los distintos caudillos, que se enfrentaban entre sí, y el mayor in­ conveniente que era el de las grandes distancias que separaban del asiento del Congreso en Tucumán a la ciudad de Buenos Aires donde estaba establecido el Poder Ejecutivo Nacional, circunstancia que difi­ cultaba la adopción de medidas rápidas y Oportunas sobre la guerra y las relaciones exteriores. De tal manera el Congreso resuelve en septiembre de ese mismo año trasladarse a la ciudad de Buenos Aires, donde continuaría sus se­ siones, aunque en rigor de verdad el traslado recién se realizó en fe­ brero de 1817. Pero antes de hacer efectivo ese traslado, el Congreso dictó un Reglamento, sancionado el 22 de noviembre de 1816, pero remitido al Director Supremo es devuelto por éste con una serie de ob­ servaciones. Ya instalado el Congreso en Buenos Aires, en diciembre de 1817 recién va a dictar el ordenamiento que es conocido como “Reglamento Provisorio para las Provincias Unidas de Sudamérica” y que regiría hasta tanto fuera sancionada la constitución definitiva.
249

MAMIAL DE inSTORLV CONSTTTUCJONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. C. H a m r

Este Reglamento sigue en general los lincamientos del Estatuto Provisional de 1815. Se nota una tendencia a constituir un poder eje­ cutivo fuerte, con desplazamiento y desmedro de los otros poderes. Se advierte asimismo un acentuado centralismo, localizado en las funciones que se atribuyen al poder ejecutivo. Estaba dividido en siete secciones, y cada una de ellas dividida en capítulos. En la primera sección habla del “ Hombre en sociedad”, repitiendo los conceptos del Estatuto de 1815. Reitera la disposición sobre la religión católica apostólica y romana, que debe ser respetada como religión del Estado y cuya violación era severamente castigada. En m ateria de ciudadanía reiteraba las disposiciones del Estatuto, pero con mayores detalles y minucias. Los capítulos VI y Vil deberes del hombre en el Estado y deberes del cuerpo social, repetían las disposi­ ciones del Estatuto. -Con referencia al poder legislativo, se dice en este Reglamento que reside originariamente en la Nación, contrariamente al anterior Estatuto que la hacía residir en “los pueblos”. Se acentúa la tendencia unitaria. Se dejaba librado a la futura constitución a dictarse su com­ posición y facultades, rigiéndose interinamente por las disposiciones del Estatuto de 1815, e incorporándose las disposiciones del “ antiguo gobierno español” en tanto no estuvieran en pugna con la libertad e independencia de las Provincias Unidas El Poder Ejecutivo sería ejercido por un Director del Estado, que hasta tanto se estableciera otra cosa en la futura Constitución, era nombrado por el Congreso. Duraría hasta la sanción de aquélla. En lo relativo a facultades y límites del P.E. se repetían las disposiciones del Estatuto. En las demás disposiciones no había mayores variantes. En cuanto a las provincias se volvía al régimen de Gobernadores Intendentes (El Estatuto hablaba de Gobernadores), con las facultades establecidas en la Ordenanza de Intendentes; durarían tres años en sus funciones, serían nombrados al arbitrio del Director, mediante lista de personas elegibles confeccionadas por los respectivos cabildos. Los oficios concejiles (del Cabildo) se elegían mediante elecciones popu­ lares. En m ateria de Ejército, se daba un mejor ordenamiento a las mi­ licias nacionales, y a las milicias cívicas le quitaban fuerza y eficacia, quedando ahora subordinadas al Director del Estado.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KemrxtoJ. G llr r c r

También se anexaron al Reglamento los decretos de seguridad individual y de libertad de imprenta. ....... .................................... . . .. . En un capítulo final se deja sin efecto toda norma que se oponga a las disposiciones de este Reglamento, que seguirá rigiendo hasta la sanción de la Constitución. En resumen, hay pocas variantes entre ambos cuerpos legales, aunque en el de 1817 se acentuaba el centralismo, tenía un claro senti­ do unitario y se daban mayores facultades al Director del Estado. Las provincias quedaban cada vez más sujetas y dependientes del poder central. Por eso el Reglamento de 1817 chocó contra las tendencias federalistas de los pueblos interiores. 9. Constitución de 1819. Organización de los poderes estatales. Su rechazo. En 1817 el Congreso había designado una Comisión Redactora que presentó su trabajo en Julio de 1818 y el plenario comienza su tratamiento hasta la sanción, ocurrida en abril de 1819. En esencia es­ tablece un gobierno fuerte y centralizado, con división de poderes, or­ ganizado en una república unitaria de carácter liberal, aunque así no lo exprese en sus disposiciones. Fue la gran esperanza de los constituyentes, pero no llegó a tener vigencia, al desconocer las instituciones que el país reclamaba, cons­ tituyendo un fracaso total. En su elaboración técnica como en sus as­ pectos formales, esta Constitución no puede ser atacada, y al contrario recibió en algún momento ponderaciones de academias extranjeras, por el valor científico de sus disposiciones, aunque forzoso es recono­ cerlo, resultaba inadecuada para nuestra realidad nacional de la época. Si bien no se refería a la forma del Estado, en ella se veían refle­ jadas las tendencias monárquicas y centralizantes, pues fácilmente po­ dría ser adecuada para que se estableciera una monarquía de carácter constitucional. La Constitución no fue una creación original, y su principal fuente la constituye la Constitución de Cádiz de 1812, pero con mayo­ res relieves la Francesa de 1791 y en algunos aspectos la de los EE.UU. Nada expresa sobre la forma de gobierno o la forma del Estado y en el “Manifiesto” del Congreso se decía que no era “la democracia fogosa de Atenas” ni el “régimen monacal de Esparta” “ni la aristo­
251

n r
MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUaO.N.VL ARGENTINA Dr. Riauxh J. G. ÍUrvcr

cracia patricia” ni “el gobierno absoluto de Rusia” ni “el despotismo de Turquía” ni “ la federación complicada de algunos Estados”, para afirm ar que se trataba de un estatuto que se “acercaba a la perfección” Un estado m edio entre la convulsión democrática, la injusticia aristo­ crática y el abuso del poder ilimitado. Pero ese justo medio, en la práctica no era nada, lleno de contradicciones como estaba. C onstaba de seis secciones, divididas en capítulos, con un apén­ dice y un m anifiesto. La declaración de derechos estaba insertada en uno de los Capítulos finales. La sección primera estaba dedicada a la religión, consagrando a la Católica, Apostólica y Romana como religión del Estado, a la que el gobierno le debía toda suerte de protección y los habitantes el mayor respeto. Su infracción era una violación a las leyes fundamentales del país. El Poder Legislativo era bicamarista: Una Cámara de Represen­ tantes formada por diputados elegidos a razón de uno por cada 25.000 habitantes o fracción que no bajara de 16.000; edad no menor de 26 años y siete de ciudadanía, un fondo de dinero y profesión o arte u oficio útil, no debiendo depender dei Ejecutivo. Duraban 4 años y de­ bían renovarse por bienios. Tenía facultad exclusiva en m ateria de contribuciones, tasas, etc. y el derecho de acusar en juicio político a los miembros de los tres poderes. El Senado, puede decirse que estaba imbuido de un espíritu aris­ tocratizante, y estaba compuesto por los senadores de provincia, en número igual al de cada una d§ ellas; y además, tres senadores milita­ res en grado no menor de Coronel Mayor, un Obispo y tres eclesiásti­ cos. un senador por cada Universidad y el Director del Estado saliente que permanecía en su cargo hasta que lo reemplazaba el que lo suce­ día en aquella función. Debían tener treinta años, nueve de ciudadanía, debían tener un fondo de dinero más importante aún, o profesión que. fuera útil a la sociedad y duraban en su cargo doce años, debiendo re­ novarse por trienios. Serían elegidos los senadores de provincia me­ diante una tem a que se enviaba al Senado; los militares por el Director del Estado, el Obispo por los Obispos del territorio, y los eclesiásticos por la reunión de los cabildos eclesiásticos. Para fundamentar esta constitución estamentaria del Senado, se expresó que estaba formado "por clases cuyas inmunidades, condecoraciones, y fueros estaban los pueblos habituados a reconocer y respetar”, llamándose al Senado a

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. lUmcr

los ciudadanos distinguidos, “ya por pertenecer a la clase militar y a la eclesiástica, ya por sus riquezas y talentos en los que se aprovecha lo útil de la aristocracia”. En el apéndice se insistía en el tratamiento de “Soberano Señor”, “Alteza Serenísima”, los ceremoniales de asiento, los escudos de oro colgando de sus pechos, y los trajes de ceremonia. Los capítulos IV y V se referían a las atribuciones del Congreso y a la formación y sanción de las leyes. Dictaba las leyes, podía decla­ rar la guerra y tratar la paz, imponía contribuciones, y a propuesta del Ejecutivo fijaba las tropas de mar y tierra, reglaba los juicios, estable­ cía los tribunales, reglaba comercio, creaba y suprimía empleos, habi­ litaba puertos, elevaba las poblaciones al rango de provincias, educa­ ción pública, moneda, etc. El Poder Ejecutivo podía vetar sus leyes, y para insistir se requerían 2/3 de sus miembros. El Poder Ejecutivo estaba a cargo del Director del Estado, ciuda­ dano con seis años de residencia anterior, 35 años de edad y duraba cinco años. En caso de ausencia, enfermedad, lo reemplazaba el Presi­ dente del Senado. Era elegido por las dos Cámaras reunidas a mayoría de votos. Si no la lograba se repetía la elección y si no se lograba nue­ vamente, se circunscribía la misma a los dos más votados, y si aún así no era elegido, se difería a “la suerte” la elección. Era Jefe Supremo de las fuerzas de mar y tierra, hacia ejecutar las leyes, abría las sesio­ nes del Congreso, proponía proyectos, nombraba generales, embajado­ res, cónsules, designaba y removía a los Ministros, nombraba los em­ pleados, y a propuesta del Senado a los Obispos y Arzobispos. Indul­ taba y conmutaba penas. En la sección IV se refería al Poder Judicial: era una Alta Corte de Justicia, compuesta de siete jueces y dos fiscales, designados por el Director del Estado con acuerdo del Senado. La Corte tenía una com­ petencia referida a enviados y cónsules extranjeros, en las que fuera parte una provincia, en ios pleitos entre provincias, sobre limites y de­ rechos contenciosos, de crímenes cometidos contra el derecho público de las naciones y de todos aquéllos que según las leyes “hubieren lu­ gar a los recursos de segunda suplicación, nulidad e injusticia noto­ ria”. Los jueces gozaban de la garantía de inamovilidad de sus cargos y haberes. La sección V se refería a la “Declaración de los Derechos”, en dos capítulos: uno referido a los Derechos de la Nación, en el que se

sss

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K cmtJo J. G. ¡U rrrr

establecía que la Soberanía residía en la Nación, teniendo derecho a reform ar la Constitución cuando lo exigiera el bien común. Protegía el derecho a la vida, reputación, seguridad, libertad, y propiedad. Igual­ dad ante la Ley y Libertad de Prensa, imparcialidad e igualdad ante el proceso, inviolabilidad del domicilio y la propiedad, de la correspon­ dencia y papeles privados, régimen carcelario, etc. Muchas de estas declaraciones fueron recogidas por la Constitución de 1853. La Sección VI trataba de la Reforma de la Constitución, la que sería substanciada en el Congreso y no por una Convención convoca­ da al efecto. Podían apoyarla una cuarta parte de cada Cámara, pero para aprobarla se requería de 2/3 de ambas Cámaras. La Constitución de 1819 era fuertemente unitaria y en ella no aparecen las provincias como entidades de derecho público, sino como meras divisiones administrativas, pues la Nación con su absorción centralista se atribuía ser la única depositaría de la soberanía. Conser­ vaba todo el aparato propio de la Colonia, continuándose con la legis­ lación de aquél origen, mientras no contradijera a la Constitución. Esta constitución venía a significar la muerte de las autonomías provinciales, del federalismo histórico, del sentimiento de los pueblos interiores. Al no respetarse estos valores se agitaba en ellos el resen­ timiento hacia formas de gobierno extrañas al sentir nacional y al ré­ gimen federal. Por estas razones precipita la crisis interna que venía gestando el manejo de proyectos monárquicos y unitarios. Si bien la Constitución fue jurada, poco después Pueyrredón, Di­ rector Supremo, cuyo gobierno había caído en el desprestigio, renun­ ciaba y el Congreso recién le aceptaba su dimisión en junio de 1819 nombrándose en su reemplazo a José Rondeau, “hasta la reunión de las Cámaras prevista en la constitución recién promulgada” y ya está­ bamos en el inicio de la liquidación del Directorio, ya que pocos me­ ses después al comienzo de 1820 se levantaban las provincias y el 11 de febrero de ese año cesaban las autoridades nacionales.:

254

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K cankt J. G. H *r*r

Bibliografía consultada y utilizada.

BIDART CAMPOS, Germán J. “Historia Política y Constitucional Argentina” GALLETI. Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” LEVENE, Ricardo. "Historia dei Derecho Argentino" LONGHI, Luis R. "Génesis e Historia del Derecho Constitucional .Ar­ gentino" LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina” LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina” ROSA, José María. “Historia Argentina”. TAU ANZOATEGUI, Víctor y MART1RE, Eduardo "Manual de Historia de las Instituciones Argentinas" ZARIN1, Helio Juan. "Historia e Instituciones en la Argentina"_______

MANUAL DE HISTORIA CONSTmJCIONAL ARGENTINA Dr. IVcardo J. G. Í W /

CAPITULO 11
I. Que es el Federalismo. Un criterio aceptable para distinguir la centralización (unitaris­ mo) de la descentralización política (federalismo), es el que propone Kelsen. en su ‘Teoría General del Derecho y el Estado”: “El Estado centralizado comporta que todas las normas que integran su ordena­ miento jurídico tienen validez en la totalidad del territorio del Estado”; y "en cambio en el Estado descentralizado existen normas centrales que son válidas para todo el territorio y normas descentralizadas o lo­ cales que sólo valen para una parte del territorio” La Comunidad cen­ tral (Nación), lo mismo que las Comunidades locales (provincias), son miembros de la Comunidad Total.” Unitarismo, Federalism o y Federación de Estados. El Federalismo es una de las variedades de las formas del Estado, que la doctrina conoce. Para diferenciarlo mejor, digamos que: En el UNITARISMO el gobierno ejerce su imperio sobre todo el territorio, en todas las materias, aún cuando por delegación establezca cierta descentralización de funciones, que siempre en ultima instancia dependen del gobierno central. En el FEDERALISMO, si bien la actuación del gobierno central nacional recae sobre todo el territorio y la población del Estado, ello es sólo en ciertas materias y respecto de ciertas funciones, pues existen otros gobiernos, locales o provinciales, que ejercitan sus poderes en las materias restantes y sobre su propio territorio. En la FEDERACIÓN DE ESTADOS, existe un gobierno central cuyo imperio no se ejercita territorialmente, sino sobre los Estados que la componen, conservando éstos su soberanía y casi total inde­ pendencia.

MANUAL DE mSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Kcmrxh J. C. ¡Urrer

Origen del Sistema: La adopción de la forma federal se produce de dos formas dife­ rentes: a) N úcleos políticos separados se unen con el propósito de organizar un gobierno común. b) Se establece en un estado originariamente unitario, la forma federal, m ediante la división en estados provinciales a los que se le atribuye la autonomía. 2. F ederalism o A rgentino. C ausas rem otas y próxim as. Ricardo Zorraquin Becú, en su conocida obra “El Federalismo A rgentino’’, ha dicho que la dilatada contienda que culminó con el es­ tablecim iento del Federalismo entre nosotros, y la posterior duración del sistema, permiten suponer que éste era requerido por las circuns­ tancias del país y que se ajustaba a las necesidades nacionales. Corresponde por ello investigar las causas que dieron origen al régimen vigente. Es tal la diversidad de factores que resulta ridículo pretender en­ globar en una sola, la causa del federalismo. Ricardo Levene dice que el federalismo argentino debe ser estu­ diado como un proceso histórico que se reviste de distintas formas hasta lograr su expresión definida en 1820 por el régimen interprovin­ cial de los Pactos. Dice después que existen importantes antecedentes del federalismo en la época hispánica. Veamos algunos de ellos: C ausas rem otas. Antecedentes españoles: Individualism o del pueblo español. Dice Alberdi que los es­ fuerzos hechos en las diversas monarquías españolas en pro de la cen­ tralización no pudieron destruir el germen de la libertad y de indepen­ dencia locales depositadas en las costumbres de los pueblos españoles por las antiguas instituciones de libertad municipal. Los antiguos ayuntam ientos o Cabildos españoles tenían tal fuerza que sus decisiones no podían ser revocadas por el Rey, según una ley del monarca Juan Io de Castilla. F ueros y privilegios. Eran adquiridos u otorgados por el Rey a las distintas comunidades por las más variadas razones, y estos pue­ blos eran celosos defensores de tales privilegios recibidos, que dieron
258

MANUAL DE IflSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R ía n lo J. G. /fw rrr

origen a una legislación propia y que dificultó por mucho tiempo to­ dos los intentos de unificación de la legislación española. Muchas de esas libertades fueron ahogadas en sangre en la famo­ sa batalla de Villalar en las que se derrotó a los pueblos que se opo­ nían, precisamente, a la anulación de sus fueros. Pero mientras en Es­ paña se trataba de borrar aquellas libertades, en América, por múlti­ ples razones que veremos más adelante, florecían en su mayor esplen­ dor manifestaciones del gobierno de lo propio, que encontraron la mejor expresión en el funcionamiento de los Cabildos. Es que aquél sentimiento, aquella conciencia del valor de lo pro­ pio, se habrá de trasplantar a las nuevas tierras descubiertas, y serán el germen de una forma de pensar y de actuar que, agregadas a otras cir­ cunstancias locales, determinarán la afirmación del futuro federalismo argentino. Antecedentes locales: Seguimos en esto el análisis que hace Zorraquin Becú acerca de las causas del Federalismo. C iudades y provincias. Razones de su ubicación geográfica. La ubicación de las primeras ciudades asentadas por los conquistadores españoles en lo que es hoy el territorio argentino no fue determinada al azar de las circunstancias. Por el contrario, las ciudades fueron fun­ dadas en las etapas de los caminos que ligaron a Buenos Aires con Lima ( Córdoba, Santiago, Salta, etc.), con la zona cordillerana y Ca­ pitanía General de Chile, (San Luis, Mendoza, San Juan, etc.) o bien con Asunción del Paraguay (Santa Fe, Corrientes, etc.). Se iban dejan­ do escalonadas las fortalezas que servirían de descanso en las largas trayectorias y de defensa contra los ataques de los naturales. Cada una de estas ciudades era como un oasis de población en medio de una comarca indígena. C onsolidar las comunicaciones. De esta manera quedaban ase­ guradas las comunicaciones entre tan distantes ciudades, que se iban fundando a la vera de los caminos o de los puertos. Otra de las razones que movieron a la fundación de ciudades, fue el cumplimiento de la misión e%'angelizadora que teñía toda la acción de la conquista, de ín­ dole comercial. Escasa comunicación entre ellas. Más allá de las muy raras ex­ pediciones que atravesaban el territorio, lo cierto es que las comunica­ ciones eran generalmente muy difíciles, sobre todo por via terrestre, teniendo en cuenta las múltiples asechanzas que se debían soportar. La
259

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARC ENTINA Dr. Ricardo J. G. lí^ m r

forma más segura era la navegación fluvial. Diseminadas en el vasto territorio, todo intercambio entre ellas estaba dificultado no sólo por ¡as distancias y los peligros sino, además, por las reglamentaciones que las trababan. Las enormes extensiones, que se debían recorrer hacían difícil, como hemos dicho esas comunicaciones y el intercambio entre las ciudades. Ello determinó que las ciudades se manejaran con autosufi­ ciencia. No podían estar esperando ni la ayuda ni las decisiones de la autoridad virreinal, por lo que debían buscar soluciones inmediatas a sus problemas más afligentes. Esto acentuó el localismo y a medida que transcurrieron los siglos y se produjeron los sucesos de Mayo, sir­ vió ese localismo como una de las bases de la autonomía de las pro­ vincias, fundamento de la organización federal.. M ezcla de R azas. Ese sentimiento, enunciado precedentemente, se vio fortalecido por la muy especial circunstancia del entrecruzamiento racial operado en los primeros tiempos de la colonia, que pro­ yectará una nueva raza con características propias y muy definidas, la del español americano, que las distanciaban del español puramente eu­ ropeo. a lo que habría de agregarse las características diferenciales de las variadas etnias que poblaban lo que con el tiempo sería nuestro te­ rritorio. Pero esa comunidad de razas, a la que se agregaba la de religión e idioma, no bastó para asegurar las relaciones continuas entre las ciu­ dades, y esa separación las dejó libradas a sus propias fuerzas y recur­ sos y con ese aislamiento fue surgiendo el consiguiente espíritu ¡ocalista, hostil a todo lo ajeno, complacido en su propia suficiencia y ha­ bituado a su soledad, soportando cor. decoro la pobreza, orgulloso de su ilustre prosapia y ascendencia hidalga. C ato rce ciudades cabildos. Una vez establecidas las ciudades, se acomodaron a las formas que el medio permitía, surgiendo indus­ trias precarias que alimentaban la economía y el comercio de cada una generalizándose a pesar de las dificultades, ocupándose los campos que les eran adyacentes hasta formar con ellos sus zonas de influencia. Al am pliar su radio de acción formaron verdaderos núcleos autóno­ mos, en los cuales el conglomerado urbano y su Cabildo dominaba en tal forma que su nombre se extendió a la zona rural de su dependencia, convirtiéndose así cada ciudad en cabeza de distrito. En lo que es hoy nuestro territorio, las catorce ciudades coloniales más importantes, te260

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJcanb J. G. Herrcr

nian establecidos sus respectivos Cabildos. Y serán estos Cabildos, y sus términos o límites territoriales, los que darán lugar a las futuras provincias de nuestra patria, acostumbradas ya a gobernarse por si mismas. El Dr. Francisco Ramos Mejía en su libro “El Federalismo Ar­ gentino”, dice que las ciudades “sin más autoridad visible que su Te­ niente de Gobernador y su Cabildo, vivieron aisladas y solas, recon­ centrando en si mismas toda la vida política y social, y los gobiernos, y sobre todo los Cabildos, tenían que bastarse a si mismos política y económicamente”. Causas Próxim as: La Revolución de Mayo. En la revolución de Mayo vamos a encontrar otro antecedente del federalismo. Recordemos la tesis de Villota, cuando decía en el Cabil­ do Abierto del 22 de mayo de 1810, que el pueblo de Buenos Aires, por si sólo, no podía resolver acerca del gobierno del Virreynato, y fruto de esa actitud fue la decisión de convocar a todas las “ciudades” para que envíen sus representantes a fin de incorporarse al gobierno recién establecido y resolver sobre la forma de gobierno. Es el primer reconocimiento patrio de la personalidad jurídico política de los "pue­ blos" La Asamblea del año XIII y Congreso de T ucum án. En estas dos magnas asambleas también estuvieron representadas las ciudades y villas del antiguo Virreynato, aunque cabe destacar que se establecen algunas diferencias en el número de diputados asignados a algunas de ellas. La revolución de Mayo fomentó la desaparición de la dependen­ cia establecida por el régimen de las Intendencias, aunque muchos de ios gobiernos que se sucedieron en el largo periodo hasta lograr la Or­ ganización Nacional, trataron de mantener un sistema que tenía mucho de semejante al que impusieran los Borbones. Igualdad de las ciudades. Fue este el principio proclamado en Mayo y que las provincias, continuadoras de las “ciudades”, exigirán permanentemente en todos los intentos de organización constitucional del país. En la convocatoria a la Asamblea del Año XIII, sin embargo, se inicia una discriminación atribuyéndose a Buenos Aires 4 diputa­ dos, dos por cada capital de intendencia y una cada ciudad de su de­ pendencia.
261

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Herrar

El localism o m unicipal vigente durante todo el reinado de los Austrias había formado entidades separadas administrativamente, pero no separadas políticam ente como “soberanas”. Por ello, al producirse la revolución de Mayo y, con mayor razón, al declararse la indepen­ dencia nacional, ese localismo pasó a ser de carácter “provincial”, pe­ ro dejando de reconocer la soberanía de la corona española, para re­ clam ar el ejercicio de la soberanía del pueblo en la designación de un gobierno que las representara a todas delegándole aquellas facultades que fueran indispensables para constituir una Nación, sin por ello per­ der aquellas atribuciones que les eran necesarias para el manejo de sus problem as locales. A n tagonism o regional, tanto en lo económico como en lo polí­ tico. Causas de orden económico van produciendo rivalidades regio­ nales en las relaciones comerciales y factores atávicos y prejuicios so­ ciales crean un ambiente de desconfianza e inquina contra la capital tradicional, exacerbado por el absolutismo de los primeros gobiernos m etropolitanos. Lo político y lo económico va a oponer unas zonas a otras, separando sus intereses y diversificando sus sentimientos y, co­ mo esos grupos no llegaron a unificarse, predominó la antigua divi­ sión adm inistrativa impuesta por el localismo. En rigor de verdad, desde la época colonial fueron surgiendo subrepticiam ente todos aquéllos motivos de desunión que dificultaron la organización constitucional del país. A n tig u a prevalencia de las ciudades del in terio r y posterior crecim iento de Buenos Aires. La organización administrativa antes de la creación del Virrei­ nato del Río de la Plata, condenaba a Buenos Aires, por el estableci­ miento de la A duana seca en Córdoba y la no habilitación de su puer­ to, a no poder expandirse económicamente, colocándola en un aisla­ miento que la obligaba a una sumisión cultural y económica creadora de innum erables rivalidades y resentimientos. Algunas ciudades del interior eran más importantes que Buenos Aires, no sólo en población y actividad comercial, sino por su mayor elevación cultural, social y de esplendor monetario, cuyos grupos diri­ gentes orgullosos de su hidalguía, miraban con desdeñoso menospre­ cio a los habitantes plebeyos y paupérrimos del Litoral.
262

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr.

J. C. fU r^ r

Pero la posterior rápida elevación de Buenos Aires, como Capital de la Gobernación primero y del Virreinato del Rio de la Plata des­ pués, con la habilitación de su puerto y el Reglamento de Comercio Libre, significó su engrandecimiento en todos los órdenes, especial­ mente en lo político y económico, mientras a las demás ciudades sólo les quedaba el recuerdo de un pasado brillante y poderoso. Esa rivali­ dad incubada durante la colonia estalló violentamente cuando Buenos Aires pretendió ejercitar una superioridad que los demás pueblos se resistieron a aceptar. Diversidad de origen de las corrientes pobladoras y diferen­ cias sociales em ergentes de ello. Fueron distintas las corrientes pobladoras que realizaron la con­ quista de nuestro actual territorio, y ello configuró otro factor de re­ celo recíproco y antagonismo regional, ya que el litoral tuvo desde el inicio caracteres que hoy llamaríamos democráticos, en el norte la or­ ganización social jerarquizada en base a! disfrute de las encomiendas, creó una aristocracia feudal, verdadera clase dirigente, ilustrada y con­ servadora que miraba desdeñosamente los afanes progresistas de los habitantes plebeyos del litoral. Distinta preparación intelectual En las antiguas ciudades del interior norte estaban enclavados los mejores centros educativos y la Universidad creaba clases dirigentes con características dominadoras y elitistas, mientras Buenos Aires, como lo hemos dicho, se mantenía en su orfandad, que recién en los últimos tiempos de la Colonia con la relativa riqueza adquirida, per­ mitió á sus habitantes educar decorosamente a sos hijos. Se buscaba, además, el grado universitario para satisfacer las aspiraciones cultura­ les de la época creándose una elite porteña que habrá de dirigir los destinos de la Revolución de Mayo. Cabe recordar las diferencias ideológicas en la base de su preparación, pues en la Universidad de Córdoba privaba la enseñanza católica, mientras en Buenos Aires la mayor libertad y la facilidad de las comunicaciones permitieron a los hijos de la tierra beber en fuentes extranjeras el ideario político y eco­ nómico que tratarían de aplicar.

.MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Hirrc?

D iferencias económ icas. L ibrecam bio del L itoral y P rotec­ cionism o del in terio r. Los productores del litoral buscaban en el libre cambio la satis­ facción de sus aspiraciones mercantiles mientras que el interior le oponía un cómodo estancam iento industrial que sólo podía derivar de la aplicación de medidas proteccionistas. Mientras se dictaban normas que trababan el comercio libre por Buenos Aires ellas redundaban en beneficio de las industrias de tierra adentro, mientras que la apertura del puerto al comercio libre preconizado por los Borbones y la bande­ ra del libre comercio levantada por los revolucionarios de Mayo, conspiraron en contra de aquella endeble estructura industrial del inte­ rior. 3. O rigen del F ederalism o A rgentino, según B idart C am pos. Este autor señala que el proceso de nuestro federalismo ha veni­ do desarrollándose a lo largo de todo el proceso de nuestra unidad po­ lítica y de nuestro constitucionalismo, que es el tema central de su obra "Historia Política y Constitucional Argentina’’. A manera de síntesis, citemos algunos factores que considera fundamentales: Un factor mesológico, proveniente del medio geográfico, territo­ rial o físico, en el que Buenos Aires actúa como eje de rotación y polo de atracción de catorce provincias. A este medio geográfico lo estudia antes y después de 1810; antes para ubicar en qué parte o división de Sudamérica está situado el que luego será territorio de la República Argentina y, después, para demostrar cómo se va demarcando ese mismo territorio. Comienza señalando que en el Siglo XVI se sitúa en el Cono Sur de América a las Gobernaciones de Buenos Aires, de Tucumán, del Paraguay y de Chile, de la ultima de la cual dependen las provincias de Cuyo. El futuro territorio argentino ocupará, aproximadamente, las gobernaciones de Buenos Aires, Tucumán y los territorios de Cuyo. A fines del Siglo XV1I1 se crea el Virrevnato del Río de la Plata que abarca, además de lo que en el futuro será el territorio argentino, el que corresponde a las actuales repúblicas de Paraguay, Uruguay y Bolivia. Y. finalmente, dentro de este Virreinato, se creará el régimen de Intendencias en la que el territorio argentino quedará comprendido
264

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL «ARGENTINA Dr. RJaardv J. G. lU m y

dentro de lo que entonces fueron las intendencias de Buenos Aires, Salta del Tucumán, Córdoba del Tucumán y el territorio de Misiones. Después de 1810, se emancipará el Virreinato, pero se produci­ rán tres desmembraciones, constituyendo las repúblicas del Paraguay, Banda Oriental dei Uruguay y Bolivia. Las tres corrientes colonizadoras venidas del Norte, del Oeste y del Este, diferenciadas en muchos aspectos, fundarán las ciudades que se constituirán en cabeceras de sus respectivas jurisdicciones territo­ riales, echando las bases del futuro localismo. Estas ciudades serán el origen de las provincias fundadoras de la Argentina. Sin embargo, este autor coincidiendo con Zorraquin Becú, dirá que las ciudades, los cabildos, las divisiones administrativas, el loca­ lismo municipal o regional no son por si solas causa suficiente del fe­ deralismo. Pero en un sentido mesológico sin/en para comprender la formación de áreas que tienen su foco de gravitación en una ciudad, que tienen instituciones propias, que viven sociológicamente en fun­ ción de ese medio, unas veces aisladas respecto de las otras y con ca­ racterizaciones culturales propias y diferenciadas. Concluye con ello que esa base tísica e institucional no propor­ ciona más que un remoto elemento diseñador de ámbitos geográficos, con la consiguiente influencia en el elemento humano que convive en cada uno de ellos. Pero señala, con Zorraquin Becú, que si bien a par­ tir de 1820 el territorio nacional queda definido por la unión de las catorce provincias, por un imperativo geográfico: las regiones reuni­ das bajo el nombre argentino fueron aquéllas que no podían vivir ais­ ladas ni se comunicaban fácilmente con el exterior, eran las que de­ pendían en gran medida del puerto de Buenos Aires y que miraban a esta ciudad en la confianza que sería ella la distribuidora de los bienes que la unión estaba destinada a proporcionar. Las otras dos.. Uruguay y Paraguay, quedan fuera de esa zona de influencia y la excepción se­ ria el Uruguay, aunque debe recordarse que esta provincia fue argenti­ na hasta 1828, cuando por las artes de la diplomacia inglesa, pasó a convertirse en un Estado “tapón” Independiente, luego de la guerra con el Brasil. El factor mesológico estará configurado por la influencia geo­ gráfica de Buenos Aires sobre catorce provincias predispuestos territonalmente a componer una unidad política y explica por que no se dis­ gregaron definitivamente. Se trata ahora de explicar como esas pro­
265

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUaONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. C. Hmrrcr

vincias, destinadas a la unión, se organizaron como Estado Federal y no Unitario. ............................ ......................... .............. ......... Otro de los factores que se dan es el antagonism o existente entre Buenos Aires y el Interior. Pero ese antagonismo no produjo segrega­ ciones. Las explicaciones que se dan para entender las razones de ha­ berse mantenido la unidad, son las siguientes: a) el Federalismo fue como una transacción en el antagonismo señala­ do; b) el Federalismo salvó la unidad de las provincias que en función del medio tenían su eje de rotación en Buenos Aires. Cabe señalar ahora cuáles fueron las causas de ese antagonismo, y en opinión del autor que venimos siguiendo, él tiene sus raíces en la época colonial, pero se agudiza a partir de la Revolución de Mayo, a causa de ia pretensión unilateral de Buenos Aires de asumir la con­ ducción hegemónica del movimiento y de ejercer su tutela paternalista sobre el interior. El factor político. La falta de coincidencia entre la línea política porteña y las aspiraciones del interior se bifurca desde entonces en las dos grandes corrientes, la Unitaria y la Federal. Y ese antagonismo se acentúa pues en los pueblos interiores existe una predisposición a dis­ frutar, en la futura organización nacional, de las autonomías provin­ ciales. El autor señala que es acá donde debe ubicarse el por qué existe originariamente esa pretensión de autonomía y cuáles son las causas que alimentan tales pretensiones. Las provincias no quieren depender de Buenos Aires, pero tam ­ poco abrigan propósitos separatistas. La unidad tiene explicación en el medio físico, como se ha dicho, pero el federalismo no surge por ge­ neración espontánea ni deriva automáticamente del antagonismo existente. Hay, detrás de todo ello una ideología que no acepta ni de­ sea la disgregación, pero tampoco tolera la centralización unitaria. Es decir, que el antagonismo anterior y posterior a la revolución de Mayo se concreta en la forma federal porque al factor mesológico que impide la disgregación y acentúa la unidad, se acopla la fuerza activa del factor ideológico, que sobre la base de las tradiciones de lo­ calismo provenientes de las ciudades, de los cabildos, de las divisiones administrativas, fomentó los particularismos zonales e incubó la pre­ tensión de cada una de esas partes de participar en pie de igualdad con
266

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr.

G. lt*r*cr

Buenos Aires en el proceso de formación del Estado y en la organiza­ ción que debía dársele. - .......... _ Ese ideario federal, más allá del fundamento que pueda haberle proporcionado el constitucionalismo norteamericano, se formó origi­ nariamente en nuestro medio cultural, en forma instintiva o sentimen­ tal y en otros casos doctrinariamente, manifestado, por ejemplo, en Artigas a partir de 1813, por no citar sino una de las primeras y más elocuentes manifestaciones de esa corriente. Pero para que esos factores mesológico e ideológicos que se han analizado influenciaran con éxito en la organización estatal, hacía falta contar con el factor instrum ental dado por los pactos interprovincia­ les celebrados desde 1813 hasta 1852, que elaboraron el derecho con­ tractual o sinalagmático federativo que, aún después de 1853 reapare­ ce en 1859 para posibilitar la incorporación de Buenos Aires al Estado Federal. Así, el federalismo fue el único sistema capaz de resolver la antinomia planteada entre Buenos Aires y el interior, única forma po­ lítica susceptible de obtener la unidad evitando la segregación y de mantener el pluralismo obviando la centralización. Por eso, en las fuentes históricas de la Constitución es imposible marginar el tratamiento de los orígenes del federalismo argentino. El factor económico en el Federalismo Argentino. El Dr. Bidart Campos, siguiendo en esto al Dr. Ricardo Zorraquin Becú, considera que también en este aspecto el federalismo argentino surge a conse­ cuencia de una antinomia, de una oposición o de un antagonismo de tipo económico, aunque relativiza una concepción puramente marxista que encuentra el fundamento único en este aspecto. Para este autor, el factor económico ha existido, pero entremez­ clado con el factor ideológico, con el factor mesológico y con el fac­ to r político, considerándolo como un ingrediente más que se filtra y amalgama en los otros y que, con ese alcance, ha tenido gravitación. Partiendo de tales premisas expresa que la Revolución de Mayo no fue obra de librecambistas y de hacendados movidos sólo por intereses económicos y, tampoco, el federalismo sostenido por el interior fue el reparto de las rentas de la Aduana de Buenos Aires, ni los pactos in­ terprovinciales fueron pactos feudales con mero fin de participación económica o de libre circulación económica, aun cuando no se pueden dejar de tener en cuenta cuando se los intercala en la compleja busca de causas históricas del federalismo argentino. Cuestiones de ideolo­
267

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUaONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. H a m r

gía y de política económ ica pueden registrarse en la variedad de ante­ cedentes que dan filiación a la revolución, pero por si sola no la de­ terminan ni la explican. Siguiendo, una vez más a Zorraquin Becú, se expresa que el an­ tagonismo entre Buenos Aires y el Interior tiene, en uno de sus as­ pectos, una faz económica indudable, y recuerda que las regiones eco­ nómicamente diferenciadas por causa del comercio nacional e interna­ cional existen desde la época colonial, -recuérdese la habilitación del puerto con. la creación del Virreinato- y en la época de la revolución ya se había afianzado la subordinación económica del interior con res­ pecto a Buenos Aires. Recuérdese además que con las guerras de la Independencia de nuestro país, el tráfico con el Alto Perú (actual Bolivia) se obstruye, mientras que por el contrario se favorece la indus­ tria ganadera y el com ercio de ultramar que encuentran en Buenos Ai­ res su puerto de salida y consiguiente riqueza. Basta sólo con recordar que el interior no tenía contacto con el extranjero sino, precisamente, por intermedio del puerto de Buenos Aires. A consecuencia de todo ello, a los pocos años de la revolución aquella política económica pro­ vocaba agudas crisis en el interior. En este momento del desarrollo de sus- ideas, el autor señala agu­ damente la necesidad de hacer una partición de dos federalismos cuando se investiga la raíz económica del federalismo argentino, por­ que el federalismo de Buenos Aires y el federalismo del interior no participan de un mismo origen económico. El federalismo porteño no comparte la base ancestral del federa­ lismo del interior. En el primero la clase terrateniente y los comer­ ciantes de Buenos Aires miraban su común interés por encima de las diferencias políticas, propiciando la preponderancia de su provincia. Basta señalar aquí, que Unitarios y Federales de Buenos Aires coinci­ dían bastante bien en lo económico, lo que permite suponer que la ra­ zón de que unos fueran centralistas desde el punto de vista político, y los otros no, no obedecía necesariamente a causas económicas. Frente a ellos, el federalismo del interior componía un bloque con un interés económico común que era opuesto al de ia provincia mayor. Señale­ mos entre otros puntos que han estado sujetos a intensas reivindica­ ciones por parte del federalismo del interior y del artiguismo ha sido el de la libertad comercial, la libre circulación territorial y la libre nave­ gación de los ríos. Cabe recordar la analogía existente entre el pro­
268

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ria¡rdo J. G. / W

yecto federal artiguísta y las instrucciones a los diputados orientales en 1813; el Pacto Federal de 1831 y el Acuerdo de San Nicolás de 1852, con las disposiciones de los artículos 10, 11 y 12 de la Constitu­ ción Nacional vigente, para comprender la continuidad histórica de esta lucha económica e institucional entre Buenos Aires y las provin­ cias por la libertad económica.. Las provincias reclamaron siempre contra un sistema económico de arbitrario privilegio para los porteños y de postración para las pro­ vincias. apartadas de la participación de la renta aduanera y margina­ das del emporio metropolitano. La base económica del coloniaje por­ teño como continuidad del coloniaje español hacía a Buenos Aires albacea de una herencia que las provincias no estuvieron dispuestas a tolerar. Es. necesario puntualizar aquí que frente a sociedades agropastoriles y de industria artesanal local como eran las del interior, en­ contramos a otra también agro-pastoril, pero con un amplio sector comercial abierto al exterior, como era Buenos Aires con su puerto de ultramar y su comunicación europea, con una Banda Oriental que hu­ biese podido ser un puerto alternativo, pero que desde la guerra de la independencia se ve asediada y luego ocupada por los portugueses, lo que nos pone en condiciones de entender por qué el interior aspira a acceder al puerto bonaerense, a su aduana y a las rentas recaudadas en ella, para compartir y repartir en todo el espacio territorial de un sólo país la riqueza proveniente del tráfico comercial y los beneficios fis­ cales que ese tráfico devenga. Recuérdese la posición de D. Pedro Fe­ rré en las tratativas para la firma del Pacto Federal de 1831 y la firme posición de Roxas y Patrón en defensa de los privilegios de Buenos Aires, y hallaremos gran parte de las causas de ese antagonismo. Asi vamos a entender también, por qué Buenos Aires defiende su puerto y el manejo económico derivado de él, que le permiten hacer prevalecer sus intereses y su natural consecuencia en el predominio político. Y así vamos a comprender que el reclamo de la libre navega­ ción de los ríos que reclamaba el federalismo del interior era la antí­ poda del monopolio y del exclusivismo comercial y rentístico de Bue­ nos Aires, porque la concentración del poder material de la riqueza gi­ ra en tomo de su puerto y de su aduana, emplazados en un contexto te­ rritorial privado de toda otra vía de comunicación comercial, Sin li­ bertad de puertos y de navegación fluvial el tráfico interno y externo
269

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Kcmróa J. G. l ít m r

carece de sentido y pone en manos de Buenos Aires la clausura que le permite tener en dependencia colonialista al resto del territorio y rete­ ner para si la renta de la aduana. Recuérdese también que la famosa batalla de la V uelta de Obli­ gado, presentada como un acto de soberanía de la nacionalidad ante la pretensión de navios extranjeros de navegar los nos interiores, ence­ rraba además el propósito de impedir un tráfico comercial que no tu­ viese que pasar necesariamente por el puerto de Buenos Aires. El autor termina el desarrollo de su exposición señalando la opi­ nión de Zorraquin Becú que agudamente afirmaba que la dependencia económica de las provincias derivaba principalmente de la configura­ ción geográfica del territorio, acentuada por las reglamentaciones co­ merciales y aduaneras que obligaban prácticamente a realizar todo el intercambio marítimo y fluvial por el puerto de Buenos Aires. Detrás de la política económica en virtud de la cual la Capital gobernaba con su tarifa de aduana todo el comercio interior, y podía, mediante esa llave maestra de la economía nacional otorgar protección a las industrias locales, o al contrario permitir la introducción de pro­ ductos que rivalizaran con ellas, aparece siempre el lugar, el medio fí­ sico de Buenos Aires, que permite también económicamente atraer hacia sí al resto de las provincias. El antagonismo económico de las demás no es una rivalidad independiente entre Buenos Aires y el inte­ rior; es un aspecto de un sólo y único antagonismo, en el cual el factor económico no funciona con fuerza propia, sino adherido a todos los demás factores ya señalados. 4. El pensam iento de Francisco Ramos M ejía. El autor de “El Federalismo”, obra histórico-sociológica publica­ da en 1898, que está basada en la tendencia de los vigorosos pensado­ res que en Europa iniciaron los estudios de Sociología inspirándose en el M aestro Herbert Spencer, buscó hallar dentro de esa disciplina la raíz de nuestro sistema federal, y la ha encontrado como un resultado de la colonización española y del carácter, francamente autonómico y reaccionario a toda imposición centralista, que define al antepasado conquistador. Señala Ramos Mejía que la herencia, por una parte, y el dominio secular de la legislación hispánica, tenían necesariamente que impri­ m ir a nuestro organismo colectivo, el sello que ahora lo distingue.
270

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. C. H m mr

Significa para su hora, la reacción contra los autores que como Sar­ miento, o Aristóbulo del Valle y la mayoría de los constitucionalistas argentinos de la época, que habían tratado el tema del federalismo, sosteniendo que nuestra organización nacional no era sino un calco de la de los Estados Unidos de Norteamérica. La síntesis del pensamiento de Ramos Mejía es que el Federalis­ mo Argentino es el resultado exclusivo de nuestro desarrollo histórico, una mera evolución de nuestro propio organismo político y no el re­ sultado de una servil imitación de antecedentes extraños. Destaca que el presente es el producto de una larga generación de causas, para lo cual es indispensable remontamos al más remoto pasado, a la Historia de España, para escribir la nuestra y determinar los factores y su .in­ fluencia relativa en este compuesto que se llama la República Argen­ tina. Nuestro desenvolvimiento orgánico está fundamentalmente de­ terminado por factores poderosos cuyas raíces se insinúan profunda­ mente en las intimidades de la Historia Española y a ella es indispen­ sable recurrir para explicamos anomalías y ritmos sociales que de otro modo serian científicamente inexplicables. Considera así que nuestro sistema de gobierno (de Estado) no es una creación artificial de nuestros constituyentes, sino que obedecían a la influencia del medio en que se habían criado y desarrollado, obede­ cían a una larga cadena de antecedentes a la que estaban sometidos ca­ si sin saberlo. Sigue diciendo que no es cierto que nuestro sistema federal sea una copia servil de lo'? Estados Unidos, pero aunque pueda serlo el detalle de las disposiciones o, si se quiere, la forma técnica del meca­ nismo funcional, sólo lo es en su forma extema. Pero la idea misma del sistema político estaba en nuestra sangre y era heredada de los es­ pañoles. Por el sólo espíritu de imitación no se habría llegado a la fórmula federal sino hubiera existido en nuestra organización mental ese germen. El espíritu de imitación no habría podido nunca sobrepo­ nerse a nuestros hábitos, a nuestra índole moral y política. Hubo algo que nos inclinaba hacia el federalismo y ese algo fue el particularismo peninsular, reforzado o complementado en América por el espíritu democrático que se desarrollaba espontáneamente en la Colonia, debido a circunstancias y condiciones especiales de su nueva vida.
271

MANUAL DE ÍOSTOWA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ric*rdo J. G. Herrcr

5. El p ensam iento de A lberto Demicheü. ........... Este autor, apoyándose en incuestionable documentación, tiene una interpretación absolutamente distinta del anterior acerca del ori­ gen federal argentino. En su opinión el federalismo argentino, que cristaliza constitu­ cionalm ente en 1853, tiene su origen vernáculo en la doctrina de los pueblos orientales expresada en las Instrucciones dadas por Artigas a sus diputados que concurrieron a la Asamblea de 1813, en la que fue­ ron rechazados. Entiende que esa doctrina del artiguismo reviste en lo extrínseco ias mismas formas y en lo fundamental idéntica técnica que nuestra Carta Fundam ental y encuentra su ascendencia política, tanto en la faz dogm ática como orgánica procedente de la constitución norteamerica­ na aprobada en Filadelfia, pero enriquecida en múltiples aspectos por rasgos de evidente y notoria originalidad. En su opinión. Artigas fue por antonomasia el creador del fede­ ralismo dei Río de la Plata, que inicia ya en 1813 con admirable orde­ nación institucional y jurídica, se perfecciona y consolida luego en los tratados y pactos hasta culminar en la gran Confederación de 1853, conform ada en letra y espíritu en aquella obra inicial y en sus forzosas secuelas, movimiento federalista que propaga primero con fervor de apóstol y defiende después con tenacidad de iluminado. La interpretación clásica de los hechos de la Historia negará por mucho tiem po la extraordinaria influencia ejercida por el Caudillo de losOrientales y Protector de los Pueblos Libres, pero corresponderá a Juan Bautista Alberdi reivindicar aquel accionar federalista. A nalizando nuestro proceso histórico dice que con la Revolución de Mayo, Buenos Aires pretendió implantar un gobierno tutelar, bajo cuyo patronato las otras provincias debían ser libertas más bien que li­ bres. Cuando cesó el poder español se instaló el de Buenos Aires. Fue la sustitución de la autoridad metropolitana de España por la de Bue­ nos Aires: el coloniaje porteño sustituyendo al coloniaje español. El Estado-M etrópoli Buenos Aires, y el país vasallo: la República. Sigue diciendo que la Revolución se ha hecho por Buenos Aires y, naturalm ente, para Buenos Aires; sin las provincias y, naturalmente, contra las provincias. Por el contrario, prosigue Alberdi, la idea de Artigas es la idea nacional y oriental que desde 1816 tomó por divisa:
272

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RkamJoJ. G. ¡Urrcr

ni portugueses ni españoles; ni brasileros ni porteños. Es decir, no quena salir dei poder de los españoles para caer en poder de los de Buenos Aires. La Federación Argentina, concluye Alberdi, originaria de una antigua centralización realista y patria, tuvo por mira sustraerse a la omnipo­ tencia del gobierno nacional o central, ejercido por Buenos Aires, y fundar la independencia provincial sin perjuicio de la nacionalidad del país, y así lo proclamaban los gobernadores de provincias, como Arti­ gas, López, Ramírez, Bustos, Güemes y otros, que retiraban su obe­ diencia al gobierno de la Nación, retenido por Buenos Aires. 6. El criterio de la Generación de 1837. Debido a la pluma de Juan Bautista Alberdi, uno de ios jóvenes integrantes de la Generación de 1837, se incluyó entre las Palabras Simbólicas del “Dogma Socialista” de Esteban Echeverría, la pro­ puesta sobre "abnegación de las simpatías que puedan ligamos a las dos grandes facciones que se han disputado el poderío durante la Re­ volución”, a través de la cual se propicia una fusión política y social, señalándose que se han visto luchar dos principios en toda la época de la revolución, lo que ha hecho creer que ambas fuerzas son iguales y que su presencia simultánea en la organización argentina es de una ne­ cesidad y correlación inevitables. Y en base a tales consideraciones analiza los diferentes antecedentes unitarios y federales anteriores a la Revolución de Mayo, inclusive, que le sirven para plasmarse maravi­ llosamente en el proyecto de Constitución, producto de su autoría, y a la que él mismo califica como “fedcro-unitaria”. Tales antecedentes tenidos en consideración por Alberdi, son: Unitarios: Coloniales. La unidad política; la unidad civil; la unidad judiciaria: la unidad territorial; la unidad financiera; la unidad administrativa; la unidad re­ ligiosa; la unidad de idioma; la unidad de origen; y la unidad de cos­ tumbres. Unitarios: Revolucionarios. La unidad de creencias y principios republicanos; la unidad de formas representativas; la unidad de sacrificios en la guerra de la emancipación; la unidad de conducta y acción en dicha empresa.

273

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JGanJa X. G. Hm ^rr

Los distintos pactos de unidad interrumpidos; congresos, presi­ dencias, directorios generales que con intermitencia más o menos lar­ ga se han dejado v er durante la revolución. L a unidad diplom ática externa o internacional; la unidad de glo­ rias; la unidad de bandera; la unidad de armas; la unidad de reputación exterior. La unidad tácita, instintiva, que se revela cada vez que se dice sin pensarlo: R epública Argentina, territorio argentino, nación argentina, patria argentina, pueblo argentino, familia argentina, y no santiagueña y no cordobesa, y no porteña. La palabra misma “argentino” es un antecedente unitario. A ntecedentes Federativos: Las diversidades, las rivalidades provinciales, sembradas siste­ m áticam ente por la tiranía colonial y renovadas por la demagogia re­ publicana. Los largos interregnos de aislamiento y de absoluta inde­ pendencia provincial durante la revolución. Las especialidades provinciales, provenientes del suelo y del clima, de que se siguen otras en el.carácter, en los hábitos, en el acen­ to, en los productos de la industria y del suelo. Las distancias enormes y costosas que las separan unas de otras. La falta de cam inos, de canales; de medios de organizar un sistema re­ gular de com unicación y transporte. Las largas tradiciones municipales. Las habitudes ya adquiridas de legislaciones y gobiernos provinciales. La posesión actual de los gobiernos locales en las m anos de las provincias. . La soberanía parcial que la Revolución de Mayo atribuyó a cada lina de las provincias y que hasta hoy les ha sido contestada. La im posibilidad de reducir a las provincias y sus gobiernos al despojo espontáneo de un depósito que, conservado un día, no se abandona nunca al poder de la propia dirección, la libertad. Las susceptibilidades, los subsidios del amor propio provincial. Los celos eternos por las ventajas de la provincia Capital. Luego de este análisis, el autor termina expresando que: “de donde nosotros hem os debido concluir la necesidad de una total abne­ gación, no personal, sino política, de toda simpatía que pudiera ligar­ nos a las tendencias exclusivas de cualquiera de los dos principios que, lejos de pedir la guerra, buscan ya, fatigados de lucha, una fusión arm ónica sobre la cual descansen inalterables las libertades de cada

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K c ^ t , J. G. /Í¿tw ¿

provincia y las prerrogativas de toda la Nación; solución inevitable,y única que resulta toda de la aplicación a los dos grandes términos dtl problema argentino, la Nación y las Provincias; de la fórmula llamada hoy a presidir la política moderna que consiste, com o lo hemos dicho en otra parte, en la armonización de la individualidad con la generali­ dad o, con otros términos, de la libertad con la asociación. 7. Tendencias O rganizativas y federativas de las provincias. El sentim iento autonómico. El análisis de las causas remotas y próximas del federalismo nos va señalando una tendencia que, traída desde España por los primeros conquistadores, expresa el sentimiento autonómico del pueblo espa­ ñol, que unido en una monarquía, no dejaba por ello de mantener vi­ vas las tradiciones propias de cada uno de los pueblos o reinos que originariamente constituyeron la península. Trasladados a América, las enormes distancias que separaban ca­ da uno de los pueblos que se iban fundando, y la dificultad en las co­ municaciones e intercambio entre ellos, fue creando conciencia de la necesidad de bastarse a si mismos, en todos los órdenes, ya que espe­ rar el auxilio inmediato del poder central de la metrópoli, era poco menos que quimérico, y de la autoridad superior del Virreinato las demoras eran de tal naturaleza que cuando llegaban eran tardías e in­ suficientes. La misma decadencia de los Austrias, posibilitó que en cada una de las ciudades y villas de las colonias americanas se afirmara cada vez más, el gobierno de lo propio, el gobierno local, proveyendo a to­ das sus necesidades desde las más elementales hasta las más impor­ tantes. El régimen virreinal oada vez se preocupaba menos en la aten­ ción de sus problemas, y por ello no será extraño que al asumir los Borbones, centralistas por excelencia, éstos introduzcan un régimen adecuado a esas características como lo fue el de las Intendencias, en el que además de establecerse rígidos controles en orden a los recursos del Estado, de los que fueron privados en gran parte los gobiernos lo­ cales (cabildos), se concentrara un poder político fuertemente contro­ lado desde la Superintendencia instalada en la Capital del Virreinato. Pero el sentimiento autónomo, que venía de lejos en el pueblo español, y se había consolidado en los colonos ya alejados definitiva­ mente de su metrópoli y más ligados al elemento indígena conquista275

VLVNUVL D E IOST0 RJA CONSTTTUCI ONAL ARC ENTESA Dr. R ^xn k. J. G. H*rrc7

do, con el que habían convivido y mezclado su sangre, se habrá de m anifestar de manera terminante cuando estos “Reinos de Indias", ante la caducidad del poder superior de Fem ando VII, toman concien­ cia de su derecho a gobernarse por si mismos. Pero es a partir de 1810 en adelante, cuando veremos la m ani­ festación más elocuente de ese sentimiento. Los gobiernos estableci­ dos en Buenos Aires, en los hechos quisieron suplantar al régimen in­ tendencia! español, por otro similar criollo, en el que los intereses portuarios habrían de tener el predominio en el manejo de: este rico te­ rritorio. Era reem plazar al Puerto de Cádiz por el Puerto de Buenos Aires...! Cuando en. Mayo de 1810 se resuelve establecer un gobierno propio, se resuelve también convocar a los pueblos, para integrar la Junta o formar un Congreso. La incorporación de los diputados a la llamada Junta Grande, marcará el éxito del interior, p ro n a m e n te des­ baratado por el golpe de estado que disolvió ese organismo. V erem os ese mismo sentimiento de autonomía en el Proyecto de Constitución Federal de Artigas y en las Instrucciones dadas a los di­ putados orientales, que no pudieron incorporarse a la A samblea de 1813. En igual sentido se manifestaban las provincias de Tucum án, pi­ diendo se dictara una constitución similar a la de los EE.UU. De ma­ nera sim ilar se manifiestan las Instrucciones dadas a los diputados por Córdoba, Jujuy, San Luis y otras. Pero la política unitaria del Directo­ rio abortará estas iniciativas y no se dictará la Constitución. Las provincias comienzan entonces a plasmar en caitas constitu­ cionales ese sentimiento de autonomía.. El Dr. Longhi, refiriéndose a este tema, señala que desde la iniciación de la Primera Junta de 1810 hasta la caída del Congreso Constituyente en 1820, todos los ensayos constitucionales no tuvieron-más propósito que el de organizar políti­ camente el gobierno nacional. Disuelto el Congreso y renunciante el Director Supremo, el país entró por la vía de la descomposición gene­ ral dejando librada a cada provincia a su propia suerte. Cuando todo el armazón de la República se habia quebrado, cada provincia bosquejó su régimen de gobierno, fortalecida en su posición de Estado provin­ cial soberano, constituido e independiente, pero integrante de la Unión de Provincias que siguió marchando hacia delante, cuando la Nación com o entidad general continuaba desorganizada. 276

SIA.NUALDE HISTORIA CX1 NSTTTUC10NAJL ARGENTINA Dr. Riendo ¿ 'C.

Este principio de la soberanía provincial se extiende desde 1819 a todo lo que es hoy el territorio de la.República Argentina, siendo más de veinte las Constituciones sancionadas por sus provincias antes de 1853. Puede señalarse como la primer constitución de una provincia actualmente integrante de la Nación Argentina al Estatuto Provisorio de Santa Fe de 1819; al que le siguieron La Constitución de la Repú­ blica del Tucumán de 1820; el Reglamento Provisorio de la provincia de Córdoba d i 1821; el Reglamento Provisorio Constitucional de la Provincia de Corrientes de 1821; el de la provincia de Salta., también de 1821; el de la provincia de Entre Ríos de 1822; el de Catamarca de 1823; Constitución de la provincia de Corrientes de 1824; Carta de Mayo de San Juan de 1825; Reglamento provisorio de San Luis de 1832; Estatuto de la provincia de Jujuy de 1835 y posterior de 1839; Constitución de la provincia de Santa Fe de 1841; Código Constitu­ cional provisorio de Córdoba de 1847; Estatuto Provincial de Tucu­ mán de 1852., a los que se agregan otros de Salta, Jujuy y Santiago del_ Estero y proyecto constitucional de Buenos Aires de 1833, que no lle­ gó a tener vigencia. Además de ello habrá que agregar como antecedente decisiones como la del Congreso Provincial de Corrientes en 1814 que declara su autonomía, igual que las otras provincias litorales, bajo el protectora­ do de Artigas. Una de las consecuencias derivadas de la crisis del año XX fue la aparición en la escena nacional de las provincias como entes autóno­ mos de derecho público, por más que la tendencia’ a definirse como tales venía de los albores de la revolución de mayo, cuando los pue­ blos fueron convocados para constituir la Junta Grande Gubernativa y la formación de un Congreso General. La actitud de los grupos gober­ nantes en Buenos Aires intentó por todos los medios el estableci­ miento de un régimen unitario y centralizado, pero contra ella se opondrán en forma inorgánica primero y organizados después los cau­ dillos del interior, que instintiva y doctrinariamente creían más conve­ niente a los intereses generales el establecimiento de un régimen fede­ rativo. Producida la caída del Directorio, veremos como las provincias en un claro proceso de descomposición de la antigua estructura admi­ nistrativa heredada de la etapa intendencial borbónica, las ciudades
277

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Kcmrdo J. G. ¡U rrcr

subordinadas se separaron de las “principales” de las que dependían y procedieron a darse su propia organización a través-del dictado de constituciones, reglam entos y estatutos. 8. Significación de la época. Desde et pu n to de vista social y económico. Se contemplaban los intereses provinciales específicos, acercán­ dose más a las necesidades de la realidad argentina. Se aprecia la existencia de un debate entre el orden trndicionalista, por un lado y el liberalismo burgués por el otro. Se manifiestan claram ente la. persistencia de las formas revolucionarias por un lado y las restauradoras de la Santa Alianza, por el otro, a las que la vieja di­ plom acia cortesana tendía a perpetuar. Quedan claramente marcadas las diferencias comerciales de las regiones. E l Caudillo era ei protector directo que solucionaba sus pro­ blem as y necesidades inmediatas. Desde el punto de vista institucional. Se produce una reacción contra las minorías gobernantes de Buenos Aires, que lo hacían en forma despótica en contra de las pro­ vincias desde aquella ciudad. Se denuncia la alianza entre el Director y los lusitanos para poder som eter a los caudillos litorales. Se advierte la búsqueda de un sistem a de gobierno que diera satisfacción a las as­ piraciones provincianas. Hay un claro y elocuente repudio hacia las expresiones monárquicas que se insinuaban. Se produce la liquidación de un régimen que continuaba con los Cabildos, cuna de las Juntas de Representantes, dando nacimiento a las provincias como tales. La independencia no significaba separación, sino el moderno concepto de autonomía, con un gran sentido de lo republicano por parte de los caudillos, que encam aban la reacción antiliberal. El caudillo defendía la colectividad regional, éstos fueron verda­ deros conductores de las masas populares de las provincias. Eran jefes populares que, si llegaban al poder por la violencia y no tenían títulos jurídicos para ejercerlo, tenían la tácita adhesión de ciertos núcleos que los respaldaban y sostenían. El caudillo poseía el poder al margen de los actos jurídicos que pudiera apelar luego para justificar su auto­ ridad de hecho, por elecciones o plebiscitos. Lo fundamental era la obediencia que había conquistado por si, la que le prestaban por el re­ conocimiento de su innata calidad de jefe. (José Luis Romero).

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JtícmnlaX G. fU r^ r

v - ’é r

Antes de la revolución de Mayo no había caudillos ni montone­ ros en el Río de la Plata. La guerra de la independencia los dio a luz........EL realismo, español, fue el primero que llamó caudillos a los jefes__:___ americanos en los cuales no querían ver verdaderos generales. (Alber­ di). 9. Eliminación de los C abildos. Todas las provincias adoptaron para su gobierno la forma repre­ sentativa y republicana, dividiendo las funciones del Estado en la clá­ sica división tripartita. La nueva organización, especialmente en lo relativo al Poder Ju­ dicial, significó la abolición de los Cabildos, institución donde tradi­ cionalmente se administraba la justicia en las ciudades y villas de su dependencia, durante el período de la Colonia y aún después de la Re­ volución e Independencia. Entre Ríos fue la primera provincia donde dejaron de funcionar los Cabildos, pero es indudable que es la ley de diciembre de 1821 dictada durante el gobierno del Cnl. .Martín Rodríguez a instancia de su Ministro D. Bemardino Rivadavia, ordenando el cese de los cabil­ dos de Buenos Aires y Lujan, la que tuvo vasta resonancia en el inte­ rior, iniciándose así el lento proceso de extinción de estos cuerpos, que se extendió hasta fines de 1837No fue sólo la desaparición de las funciones judiciales que les eran propias y que pasaron a otro poder, sino la permanente intromi­ sión .que el Cabildo había tenido en la marcha política de la provincia, lo que movió a esa determinación. No son pocos los tratadistas que consideran un grave error esa eliminación de una institución de tanto arraigo, la que despojada de sus funciones judiciales como dijimos, habría podido ser la encargada del gobierno de las ciudades, adelan­ tándose a su época, ya que recién la Constitución de 1853 va a esta­ blecer la obligación de establecer en cada una de las provincias un ré­ gimen municipal. 10. El Poder C entral y la denom inada época de la A n arq u ía. C ri­ sis del Año 20. Para entender cabalmente los cambios que se van a producir en la organización institucional de nuestro país a partir del año XX, es ne­ cesaria hacer una breve recapitulación de los sucesos acaecidos desde
279

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUOONAL ARGENTINA Dr. Ricarda J . G . lím rrcr

la renuncia de Pueyrredón como Director Supremo hasta la decisiva batalla de Cepeda. El nuevo Director del Estado, interino, Don José Rondeau siguió la política de su antecesor que no hacía sino reflejar el pensamiento porteño de destruir las pretensiones de organizar un país federal que desde Artigas en adelante se venían manifestando especialmente en el Litoral. Un lugar fundamental, estratégico, era la ciudad de Santa Fe, que como ya sabemos había logrado su autonomía respecto de la pro­ vincia de Buenos Aires. Para someterla, se quería traer el Ejército de los Andes que San Martin preparaba para libertar a Chile y Perú, pero la desobediencia de aquél frustró esas expectativas. Se buscaba por otro lado que las fuerzas portuguesas ocupantes de la Banda Oriental pasasen a Entre Ríos para atacar por el flanco a aquella ciudad. Tam ­ bién se requería la presencia del Ejército Auxiliar del Norte para cu­ brir el mismo objetivo. A todo ello se agregaba el haber tomado esta­ do público negociaciones hechas en Europa, pretendiendo entronizar a un sobrino de Femando VII como monarca de estas tierras. El tremendo desprestigio de la autoridad directorial había deter­ minado una serie de movimientos en el interior del país, amenazando con producirse una desunión total de los pueblos, y la reacción no tar­ dó en manifestarse, ya que los Jefes o "Caudillos” de dos de estos pueblos, Francisco Ramírez de Entre Ríos y Estanislao López de Santa Fe, unían sus fuerzas y avanzaban sobre Buenos Aires, donde Rondeau se aprestaba a resistirlos con el apoyo del Ejército Auxiliar del Norte. Pero esta última posibilidad no se cumplió ya que esta fuer­ za se sublevó en enero de 1820 en la Pos'íá de Arequito, bajo las órde­ nes del Coronel Juan Bautista Bustos y del entonces Comandante José María Paz. Sin obstáculos a la vista los caudillos federales arrollaron a las fuerzas directoriales en los campos de Cepeda el Io de febrero de 1820. Varias son las consecuencias de esta derrota, y el Dr. Celso Ra­ món Lorenzo las analiza con gran detenimiento. Señalemos, en forma sintética cuales fueron ellas. En primer lugar se produjo la disolución del Congreso y el fin del régimen directorial. La cercana presencia de las fuerzas federales provocó el pánico tanto en el gobierno como en el pueblo de Buenos Aires, y se adoptaron aprestos para defender la ciudad. Contrariamente a lo esperado, las fuerzas federales actuaron
280

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARG ENTINA Dr. R kvnjo J. C. ¡Urrcy

con gran moderación y les otorgaron una tregua de ocho días para que los vencidos pudieran deliberar sobre las propuestas que les hacían ¡legar los vencedores, en lo cual eran terminantes, pues no estaban dispuestos a negociar ni con el Congreso ni con el Director Supremo, sino que sólo lo harían de igual a igual, de provincia a provincia, con autoridades elegidas legítimamente por el pueblo de Buenos Aires. Nuevamente, como en otras oportunidades, el Cabildo de Buenos Ai­ res será el receptáculo donde se depositará la renuncia del Director interino y testigo de la disolución del Congreso, y reasumirá la sobe­ ranía, erigiéndose en autoridad suprema, aunque ahora ya no a nombre de todo el país sino a nombre de su ciudad y provincia. Otra de las consecuencias fue el fin de los proyectos monárqui­ cos en el Río de la Plata, ya que a partir de la fecha indicada no van a aparecer nuevos intentos en tal sentido y 1a forma republicana ya no será puesta en tela de juicio en el largo proceso de nuestras institucio­ nes. 11 Proceso histórico de nuestro Federalism o. La creación del Virreinato del Río de la Plata (1776), señala el Dr. Ricardo Zorraquin Becú, a quien seguimos en esta pane, reúne por primera vez bajo una misma dirección política territorios hasta enton­ ces separados bajo diferentes administraciones. (Gobernación de Bue­ nos Aires, del Paraguay, de Cuyo, de Salta del Tucumán, de Córdoba, del Alto Perú, etc.) La creación del régimen intendencial, poco después (1782-1783), establece -en el actual territorio argentino- tres gobiernos (Buenos Ai­ res, Córdoba y Salta), con facultades de Justicia, Hacienda, Policía y Guerra, todos bajo la dependencia del Virrey y de la Superintendencia de Buenos Aires en los asuntos generales. Sus titulares eran Goberna­ dores-Intendentes, cuya designación era exclusiva del Rey. (Había una relativa independencia de origen y de funciones, no obstante la per­ fecta unidad del sistema). Revolución de 1810. Los gobiernos centrales se adjudicaron las funciones que antes correspondían al Monarca y a los Virreyes. Los gobiernos establecidos en Bs. As. invadieron las jurisdiccio­ nes de Audiencias y Cabildos y se reservaron la facultad de designar funcionarios en Buenos Aires y el interior.
281

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rjcmrdo J . G . H tnrcy

Se trueca en potente centralismo político y administrativo, provi­ sorio por las circunstancias que se vivían* que justificaban la unidad de m ando, subordinado en teoría a una ulterior revisión, para lo cual debía sancionarse la Constitiición con intervención de los pueblos. En 1813, 1816 y 1824 se reunieron Congresos generales, en los que se buscó afirmar el centralismo existente. Su obra constitucional de efím era vigencia les quitó toda trascendencia inmediata. El sistema de Intendencias no fue al principio alterado, ya que a partir de 1810 se designaron Gobernadores Intendentes y Tenientes de Gobernador en varias ciudades, y las Juntas Provinciales creadas en 1811 por la Junta Grande y dependientes de ella, fueron suprimidas antes de fin de ese año. ; El origen de las designaciones quitaba toda independencia a los gobernantes provinciales. La influencia de Artigas suprimió en 1814 - 1815 la subordina­ ción de Corrientes, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe a los gobiernos centrales de Buenos Aires. En 1815 Salta elige su propio gobernador. A partir de 1820 esta disgregación política se acentuó con la de­ saparición del gobierno central y la proclamación por varias provin­ cias de la disolución de los vínculos que las unían a las ciudades cabe­ ceras. Desapareció el ordenamiento jerárquico. Buenos Aires también nombró sus gobernadores, con jurisdicción sobre su propio territorio. Es la etapa a la que nuestra Historia llama "La Anarquía", pero a la que preferimos denominar como la del "Proceso de afirmación au­ tonómica de los pueblos". Desaparece así toda jerarquía de poderes. La falta de órganos que trabaran su libertad de acción les otorgaba a los gobernadores de las provincias cierto matiz absolutista y a veces despótico. Estos goberna­ dores, o caudillos como se los ha llamado, en la medida de sus intere­ ses trabaron la acción de los Congresos y de los Poderes Ejecutivos centrales de tendencia unitaria, determinando con su activa resistencia la desaparición de los organismos con que la elite porteña quería darle apariencia de Nación al territorio. El poder de los Caudillos, arraigado en las masas populares, contrastaba con el aspecto artificioso de las instituciones precipitada­ mente establecidas y las Legislaturas creadas en reemplazo de los Ca­ bildos, estuvieron más dirigidas a servir la política del gobernador que a controlar su acción.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA D r. KemrJoJL G . f l t m r

El nombramiento de los gobernadores era muchas veces el re­ sultado de una revuelta,-aunque se buscaba cohonestarlo con la apro­ bación legislativa, lo que no difería demasiado con lo hecho muchas veces en el llamado gobierno central. Aparecen varios proyectos de integración nacional: Tentativas Centralistas de 1819 y 1826. Se le oponen los proyectos federales cristalizados en los Pactos de 1820, 1822, 1827, 1829 y 1831. que buscaban para el futuro la Or­ ganización Nacional pero no llegaron a concretarla entonces. En las luchas civiles algunos caudillos extendieron su poder a provincias que no eran las de su mando. Quiroga dominó el Oeste del territorio, hasta Córdoba. Allí chocó con Estanislao López de gran in­ fluencia en el Litoral. La desaparición del primero en 1835 y la del se­ gundo en 1838, le permitió al Gobernador de Buenos Aires D. Juan Manuel de Rosas cimentar su preponderancia. Constituyó así la “Confederación Argentina”, existencia recono­ cida por leyes provinciales que confirieron a Rosas el Encargo de las Relaciones Exteriores y ciertas funciones de carácter nacional. Esta sirvió de base a la unidad nacional al someter a los goberna­ dores a la tutela superior del que, sin ser proclamado, se convirtió en el Jefe de la Nación. Urquiza, luego de vencer a Rosas en la batalla de Caseros, apro­ vechó esa incipiente jerarquía para edificar sobre ella un ordenamiento jurídico, logrando la unión mediante el Acuerdo de San Nicolás de 1852. El Congreso reunido en Santa Fe, dictó la Constitución de 1853. Buenos Aires, secesionada, se reincorporó en 1862, reformándo­ se la Constitución y sellándose definitivamente la Unidad Nacional. 12. Los Caudillos: Su reacción contra el centralismo. La teoría jurídica que se impusiera con la Revolución de Mayo había sido la de la retroversión de los derechos soberanos de los pue­ blos, teoría que estaba directamente relacionada con los aconteci­ mientos ocurridos en España a partir de 1808. El respeto a la voluntad de los pueblos, era su consecuencia directa. Pero los primeros gobiernos revolucionarios, por una razón o por otra, se vieron en la necesidad de organizarse en forma centralizada, en manos de los hombres de Buenos Aires, lastimándose de esta ma­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONALARG ENTINA Dr. R ka rd a J. G. H m ^cT

ñera intereses que se consideraban legítimos. Sobre la marcha de esta conducción centralizante se vitaliza la opuesta, es decir la federal, ine­ quívocam ente republicana, cuyos integrantes enrienden que la solu­ ción de los negocios generales compete a todos los pueblos. Así fueron surgiendo en cada uno de los pueblos, o provincias, dirigentes o “caudillos”, generalmente militares, que se hicieron inter­ pretes de las aspiraciones del medio en que actuaban y que supieron interpretar y dirigir su accionar, encaminado a una organización del Estado que tuviera en mira el interés general, sin perder por ello de vista los intereses particulares de cada uno de sus pueblos. Los caudillos de las provincias fueron los protagonistas auténti­ cos de la historia, y no fueron bandoleros ni tigres sedientos de sangre, ni tampoco proceres inmaculados como ha pretendido cierto revisio­ nismo. Fueron hombres de su tierra con todos los defectos y las virtu­ des de su época. Puede afirmarse que los caudillos fueron representa­ tivos de los sentimientos y de las expectativas del pueblo. En su ma­ yoría son hombres que en su estilo arisco y montaraz, siguen un tra­ yecto que empieza a correr inmediatamente de la Revolución de Mayo y sólo desaparecerán hacia 1870. Durante este largo camino se asistió a la resistencia a la política centralista, aristocratizante del Directorio primero, y luego a la aventu­ ra rivadaviana y sus secuelas. Los personajes de aquella ofensiva fede­ ralista fueron varios, debiendo señalarse a manera de ejemplo a José Gervasio de Artigas, Estanislao López, Francisco Ramírez, Facundo Quiroga, Martín Güemes, Bustos. Heredia, etc. Los caudillos eran representativos de amplios sectores populares y la continuidad de su presencia en el siglo pasado induce a pensar que su existencia no respondió a episodios circunstanciales sino que expresaba una realidad auténtica, trascendente, asistida por sus parti­ culares m otivos, acuciada por sus propios ideales y representativa de un m odo de sentir y de pensar ampliamente compartido en varias re­ giones del país. 13. A rtig as en la política del Litoral. Artigas es una figura clave en el proceso constituyente argentino. Sin conocer sus ideas y su actuación no es posible comprender con la debida exactitud, aspectos decisivos de la formación constitucional argentina.
284

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R ktn lo J. G. fltrrey

Artigas es el primero que proclama la Independencia, la Repúbli­ ca y la Confederación de estas colonias, redactando en los albores del proceso revolucionario las fórmulas y textos que luego recogieron los autores de la Carta Magna de 1853. Se enfrentan desde el principio dos grandes tendencias políticas que dinamizan nuestra historia: la unitaria, que plasma proyectos y constituciones que no llegan a entrar en vigor y la federal que surge de las Instrucciones a los diputados orientales de 1813, se aclimata luego en el vasto litoral argentino y se impone más tarde en todo el país. Artigas va a exigir en 1813 la autonomía política y económica de la Banda Oriental, al amparo de una confederación o federación repu­ blicana, organizada sobre la base de los pueblos integrantes del ex Vi­ rreinato. Va a dictar entonces sus Instrucciones, y celebrará un pacto con el comisionado de Buenos Aires, Rondeau, el primer pacto federal escrito en el rio de la Plata, y en él se declara parte integrante de! Es­ tado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata. Pero Buenos Aires no va a ratificar ese convenio. Artigas extiende su influencia sobre todas las provincias del Lito­ ral, y en 1815 los diputados de Córdoba, Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, Banda Oriental y Misiones, se reúnen en Concepción del Uru­ guay (Arroyo de la China) y hacen suyas las Instrucciones y la Con­ vención Oriental de 1813. Se formaliza así bajo la presidencia de Ar­ tigas la primera unión de provincias en nuestra historia. Esta Liga Federal busca entonces el mismo acuerdo con Buenos Aires, que había buscado sin éxito Artigas dos años antes, pero se fra­ casa de nuevo. Queda, sin embargo, expedito el paso para los futuros pactos federales de 1820, 1822 y 1831. Artigas nunca aceptó la independencia de su provincia que le fue ofrecida, hasta con el Río Paraná como línea de demarcación. Van a funcionar en el país dos Congresos. El de “Oriente” en Concepción del Uruguay, en 1815, con los pueblos del litoral, y otro unitario-y de tendencia monárquica en la ciudad de Tucumán, en 1816, que va a dictar finalmente la Constitución de 1819. Frente a esta, Artigas subleva al Litoral y su victoria en los cam­ pos de Cepeda hace caer al Congreso, a su Constitución y a sus pro­ yectos monárquicos, quedando desde entonces expedito el camino de ia futura Confederación.
285

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R ja rd o J. G. fítrr rr

En 1820, frente al fracaso del constitucionalismo nacional, las provincias comienzan a darse sus propios estatutos locales. .. 14. Las Ligas Federal y Unitaria. La Liga Federal se formaliza en 1815 en Concepción del Uru­ guay, entre las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental, Córdoba y Santa Fe, participes del Congreso de Oriente. Cuando una diputación de esta Liga propone a Buenos Aires la anhelada unión, el Directorio les ofrece la independencia con el rio Paraná como línea de demarcación, lo que es rechazado por Artigas y sus aliados, pues ellos buscan la unión y no la desintegración del anti­ guo virreinato. Mientras los portugueses atacan a la Banda Oriental, Buenos Aires a su vez lo hace con la provincia de Santa Fe, en una ac­ ción que parece coordinada por la diplomacia del Directorio con los enemigos portugueses. El “Exodo” del pueblo oriental en 1813 y las Instrucciones de Artigas en el mismo año, muestran la actitud independentista del cau­ dillo oriental. Cuando el Director Pueyrredón le comunica a las pro­ vincias la trascendente Declaración de la Independencia hecha en Tu­ cumán en 1816, Artigas le contesta que hace más de un año la Banda Oriental juró su independencia. Las tendencias para lograr la unidad nacional, son una constante de nuestra historia, tanto desde el punto de vista de los federales como el de los unitarios. Estos últimos, que desde Buenos Aires habían asumido la responsabilidad del movimiento revolucionario, pretendían sustituir a la antiguo régimen intendencial gobernado desde España, por uno de características similares manejado desde la ciudad de Bue­ nos Aires. Los federales, a su vez, querían constituir una unión a la manera de los Estados Unidos de Norteamérica, donde existía un gobierno na­ cional que ejercía todo el poder que los estados le delegaban, pero re­ servándose el manejo de sus problemas interiores en todo lo no dele­ gado en forma expresa al Estado Nacional. Tales son las instrucciones de Artigas y el Proyecto de Constitu­ ción Federal en 1813, y posteriormente el Tratado del Pilar de 1820, el Pacto Federal de 1831 y el Acuerdo de San Nicolás de 1852, donde se hizo valer esa posición.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K am lo J. G. lltr r tr

Los unitarios por su parte, se opusieron primero a la incorpora­ ción a la Primera Junta por parte de los diputados del interiorTy final­ mente los expulsaron. Cuando se reúne tiempo después la Asamblea de 1813, no permiten la incorporación de los diputados de la Banda Oriental, porque ello habría significado un golpe a su posición y credo político. La posición unitaria encontrará en Bemardino Rivadavia el artí­ fice para la instalación de un gobierno organizado sobre la base de un Estado afín a su credo político, el que fracasará estrepitosamente en 1827, obligándolo a renunciar. No cejaran en sus propósitos y aprovechando el regreso de los ejércitos que habían combatido en la guerra contra el Brasil, promove­ rán la revolución del Io de diciembre de 1828 asumiendo el Gral. La­ valle la responsabilidad del movimiento que derrotó al Coronel Dorrego, entonces gobernador de Buenos Aires y Encargado de las Rela­ ciones exteriores.. El Gral. José María Paz fue encomendado para derribar las situa­ ciones federales del centro del país, tarea que cumplió sin mayores problemas imponiéndose por las armas y organizando lo que se dio en llamar Liga Unitaria del Interior, mediante una serie de tratados de corte bilateral con los nuevos gobiernos unitarios que se instalaron en las provincias de Cuyo y del Centro Norte del país, por él sometidas, teniendo como base de la estructura levantada a la provincia de Cór­ doba. Las provincias contratantes creaban un Supremo Poder Militar que fue ejercido por el Gral. Paz, quien quedaba a cargo de la defensa y seguridad de las provincias integrantes de la Liga. 15. Pacto de Santo Tomé. Como sabemos en 1816 las provincias del Litoral se encontraban bajo la influencia de Artigas. Santa Fe se había separado de Buenos Aires y elegido gobernador a Candiotti. Desde Buenos Aires se envia­ ron tropas para restablecer la situación anterior, es decir poner a Santa Fe bajo la dependencia de Buenos Aires, y éstas se adueñaron de la ciudad de Santa Fe, prácticamente sin combatir. Estas tropas estaban comandadas por Viamonte, y entre sus oficiales estaba Estanislao Ló­ pez, que se subleva unos meses después con sus blandengues y toma prisionero a Viamonte.

MANUAL DE HISTORU CONSTITUCIONALAKGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. i/«rrer

Ante esta situación Alvarez Thomas encargó a Beigrano que con el Ejército de Observación del Norte, que estaba bajo su mando, se di­ rigiera a Santa Fe. Beigrano decidió enviar primero a Díaz Vélez, quien se puso en contacto con el enviado de Artigas D. Cosme Maciel y suscribió el llamado “Pacto de Santo Tome” que fue celebrado el 9 de abril 1816. Por este pacto se establece la paz entre la Liga Federal y los ejér­ citos directoriales. Beigrano. a cuyo cargo estaba el ejército de Obser­ vación, fue depuesto y también se produjo la renuncia del director Al­ varez Thom as, días mas tarde. Lo firman Buenos Aires, y Santa Fe como provincia autónoma (Separada de Buenos Aires) y Artigas en representación de la Liga Federal. Por dicho pacto se separó del mando a Beigrano quedando como jefe Díaz V élez, y por ello todas las tropas orientales y de Santa Fe quedaban en verdadera unión y paz con aquél ejército y a disposición de Díaz Vélez para retirarse del Carcarañá o auxiliarle siempre que lo pida, hasta que se nombre nuevo gobernante. Luego de ello, reunidos los representantes de ias partes en uso de los deseos que los animan por el bien general de estas provincias, ajustarían tratados de paz y unión verdadera , que deberían ser ratifi­ cados por los tres gobiernos, formando una verdadera alianza. Se trataba en esencia de un verdadero pacto militar por medio del cual se reconocía personería a las provincias que debían ratificarlo. Era un pacto previo a los tratados de paz y unión a celebrarse. El D irector se vio precisado a presentar su renuncia, y era el de­ senlace natural de 1bs conflictos existentes entre este funcionario y la Junta de Observación. 16. A rm isticio de San Lorenzo. Designado Balcarce por Buenos Aires, prometió solucionar la cuestión con Santa Fe, e inició negociaciones con Artigas para zanjar esas dificultades, lo cual fue rechazado por el Congreso reunido en T ucumán. N uevam ente el gobierno de Buenos Aires, destituido González Balcarce, repitiendo los errores de gobiernos anteriores, intenta resol­ ver el litigio con Santa Fe por medio de las armas, y ordena la inva­ sión de esa provincia por intermedio de Díaz Vélez, quien pudo llegar hasta la ciudad de Santa Fe, aunque atacado por las guerrillas móviles,
288

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RkxrJo X G. IU tk t

y con la ciudad abandonada de sus habitantes, debió replegarse, mien­ tras la provincia recibía el apoyo de los pueblos litorales y de Córdo­ ba. En esta época los lusitanos atacaban a la Banda Oriental, pero Pueyrredón no les prestaba ayuda para defenderse de ellos. En mo­ mentos en que asumía López como gobernador de Santa Fe se envió una expedición al mando del Gral. Juan Ramón Balcarce. Sus intentos fracasaron y López propuso un armisticio a Viamonte, llamado de "San Lorenzo”, el que fue firmado el 5 de abril de 1819, celebrándose un pacto sobre la base del retiro de las fuerzas militares de ocupación de Buenos Aires, y permitiéndose el libre transito por la provincia de Santa Fe. Por este tratado, al reconocérsele a Santa Fe el carácter de pro­ vincia, adquiría mayor fuerza como entidad autónoma, al mismo tiempo que comenzaba a desligarse de la influencia de Ramírez y del influjo de Artigas. La momentánea paz arbitrada con Santa Fe sólo podía mantenerse a condición de que se respetara su independencia interna, pero Buenos Aires iba a intentar impedirlo, obligando a López a tomar la ofensiva. 17. T ra ta d o del Pilar. Triunfante el caudillo entrerriano Francisco Ramírez, se estable­ ció en Pilar. Soler empezó las tratativas con los caudillos, pero éstos no querían tratos ni con el Director ni con el Congreso, pues la lucha había sido entablada contra el sistema centralista y monárquico. Las provincias por su parte ya habían reasumido su autoridad y soberanía desconociendo el gobierno central y las decisiones del Con­ greso. Las designaciones hechas por el Cabildo no dieron satisfacción a los caudillos que exigían autoridades investidas de mandato popular: un legítimo gobernador de Buenos Aires. Así pues, se eligió una Junta de Representantes de la provincia de Buenos Aires, que eligió a su vez como gobernador provisorio a Manuel de Sarratea, quien luego de asumir se dirigió al Pilar, donde suscribió con López y Ramírez el tratado del mismo nombre. Se asistía así al triunfo de las provincias , a la victoria de las montoneras, dice Galleti, sobre el ejército regular de carácter nacional, a la imposición de los caudillos de formas elementales de federalismo y democracia, a la primacía de ciertas realidades históricas que subya289

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. H *r*r

cían y que se presentaban a la luz desbordando las instituciones crea­ das por las m inorías, con base en formas liberales, racionalistas y jusnaturalistas, gratas al sistema del Despotismo ilustrado. Resultaron condiciones previas para la firma del Tratado, 1) la desaparición del poder central encamado en el Directorio; 2) la diso­ lución del Congreso; 3) la formación de un gobierno de la provincia de Buenos Aires, elegido popularmente. La im portancia de este Pacto del Pilar radica, en que a) sólo me­ diante el voto de la Nación en su conjunto y particularm ente el de las provincias pactantes, se determinara el sistema de gobierno, b) Que de hecho se admite el sistema de la federación; c) que la declaración en tal sentido debía hacerse por diputados elegidos libremente por los pueblos; d) que ello debiera ser hecho en un Congreso General convo­ cado al efecto. El Pacto tiene doce artículos. El articulo Io se pronuncia en favor de una federación que de he­ cho admiten, a cuyo efecto debía realizarse en un Congreso en San Lorenzo dentro de los 60 días (principio de nacionalidad, de federa­ lismo y de gobierno central.). Para efectivizar estás resoluciones se conviene en el cese de las hostilidades y el retiro de las tropas; regreso a sus provincias de los que hubiesen emigrado de una provincia a otra por diferencias; reposi­ ción a los beligerantes al goce de sus propiedades y disfrute de prerro­ gativas establecidas aún en el caso de haber tomado las armas contra sus comprovincianos. Olvido de los hechos del pasado. Libertad de comercio de armas y municiones de guerra en las provincias federa­ das. Libertad de los prisioneros de guerra y restitución a sus provin­ cias. Retiro del ejército de los federales hasta pasar el Arroyo del Me­ dio. Ratificación de la convención en el término de dos dias. Tam bién se establecía la determinación de responsabilidades por parte del gobierno directorial y del Congreso, que habían provocado una guerra cruel y sangrienta. Por haber usurpado el mando de la N a­ ción. Por haber burlado las instrucciones de los pueblos que represen­ taban en el Congreso. Investigación de los hechos mediante juicio pú­ blico, con lo que se justificaba los motivos poderosos que impelieron a los federales a declarar la guerra contra Buenos Aires. Auxilios para resistir la invasión lusitana de las provincias litorales.
290

MANUAL DE IflSTORLV CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R io m b J. G. « r a r

En el Tratado se resuelve enviar copia a Artigas, en su condición de Capitán General de las Banda Oriental, es decir se omite su condi­ ción de “Protector de los Pueblos Libres”. Se declaraba en materia de., navegación el concepto de “río cerrado”, navegable únicamente por las provincias amigas y se impedía a Buenos Aires clausurar sus sali­ das. Como se advierte no se trataba de un tratado entre la provincia de Buenos Aires y los pueblos libres del Protectorado de Artigas, a quien se deja de lado, sino que es un Convenio tripartito entre las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe. Esto dará lugar a la ruptura entre Artigas y Ramírez y a su enfrentamiento armado, del que saldrá victorioso el último produciéndose así el ocaso del "Protector de los Pueblos Libres” que se ve obligado a refugiarse en el Paraguay, desa­ pareciendo a partir de entonces su influencia en los asuntos del Río de la Plata. 18. T ratad o de Benegas. Las cláusulas del Tratado del Pilar no fueron cumplidas sino en parte; especialmente en lo que era fundamental para la organización del país, esto es, la reunión de un Congreso federativo en la localidad de San Lorenzo dentro de los sesenta días de ratificado el convenio. Estas y otras disidencias provocaron nuevos enfrentamientos bé­ licos entre Buenos Aires y Santa Fe y hubo varios intentos de lograr un arreglo pacífico. En este caso la mediación del gobernador de Cór­ doba Cnl. Juan Bautista Bustos, logró reunir aLgobemador de Santa Fe D. Estanislao López y al Cnel. Martin Rodríguez, a la sazón gober­ nador de Buenos Aires, suscribiéndose en la estancia de D. Tiburcio Benegas el tratado .que llevaría precisamente el nombre del lugar en que fue firmado el 24 de noviembre de 1820, y a poner fin a la guerra entre las dos provincias. Por el tratado se establece la paz, buena armonía y corresponden­ cia entre las dos provincias. Se comprometen a promover la reunión del Congreso, en Córdoba, dentro de los dos meses. Libertad de co­ mercio de armas y municiones de guerra entre las partes contratantes. Libertad de los prisioneros. Remover en sus provincias los elementos que hagan infructuosa la paz celebrada. El tratado debía ser ratificado dentro de los 8 días y Bustos por Córdoba se constituía en garante del cumplimiento.
291

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. ÍVa.rJo J. C. IUr*cr

Se Iiamaba a la unidad del país, pero importa también una alianza contra Ramírez, que terminaba convirtiéndose en enemigo común de am bas provincias. No se hace referencia concreta al sistema federal de gobierno. Tam poco se habla del problema de la invasión y domina­ ción portuguesa a la Banda Oriental. Este pacto aseguró tranquilidad a Buenos Aires que pudo así consolidar la obra del gobierno de Martin Rodríguez y su ministro Rivadavia.

Bibliogra fía consultada y utilizada.

ALBERDI. Juan B. "Obras Completas” BIDART CAMPOS, Germán J. "Historia Política y Constitucional Argentina" DEM1CHELLI, Alberto. "Formación Constitucional Riopiatense” DEMICHELLI, Alberto. "Ongcn Federal Argentino" DIAZ DE VIVAR, joaquín. "Las luchas por el Federalismo" GALLETTI. Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” LEVENE, Ricardo. “Historia del Derecho Argentino” LON'GHI, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar­ gentino y Comparado" LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina" LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina” MAYER, Jorge M. "Alberdi y su tiempo" RAMOS MEJIA, Francisco. "Ei Federalismo Argentino" TAU ANZOATEGUI, Víctor y MARTIRE, Eduardo. “Manual de Historia de las Instituciones Argentinas” ZORRAQUIN BECU, Ricardo. "El Federalismo Argentino"

ZARINI, Helio Juan. “Historia e Instituciones en 1a Argentina”______

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. C. lU rrcr

CAPITULO 12
1. Gravitación política de Bustos. Antecedentes: Debe recordarse que el Tratado del Pilar, suscrito el 23 de febrero de 1820 entre las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, había impuesto la reunión de un Congreso a realizarse en la localidad de San Lorenzo en la provincia de Santa Fe, invitando a las demás provincias a concurrir con sus respectivos diputados, para organizar el país sobre la base del sistema de la “federación que de he­ cho admitían”, además de otras disposiciones que debía cumplir el gobierno de Buenos Aires. La hábil política de este ultimo Estado consigue, superando la derrota que le había sido infligida en los campos de Cepeda, lograr que los dos caudillos federales del litoral, López y Ramírez, se des­ prendieran del Protectorado que hasta entonces ejercía el caudillo oriental José Gervasio de Artigas, a quien sólo lo reconocen como Ca­ pitán General de la Banda Oriental, a sabiendas de que éste rechazaría el Tratado. Poco después Ramírez, jefe del gobierno entrerriano, con el apo­ yo de Buenos Aires, vencerá a Artigas en Las Tunas el 24 de junio de 1820, y luego de una serie de combates, éste se verá obligado a exi­ liarse en el Paraguay, desapareciendo definitivamente del campo polí­ tico del Río de la Plata. Ramírez, después de su triunfo, intenta volver a la senda señalada por Artigas, pero nuevamente la hábil política porteña consigue sepa­ rarlo y enfrentarlo a Estanislao López. Derrotada Buenos Aires por el gobernador de Santa Fe, suscriben el Tratado de Benegas (24-111820), a sabiendas de que ello disgustaría a Ramírez, desatando entre ambos caudillos del Litoral un enfrentamiento armado en el que ter­ mina derrotado Ramírez el 26 de mayo de 1821. La caída de. Ramírez dio término a la efímera “República Entrerriana”, que comprendía a la provincia homónima y a Corrientes y Misiones.
293

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rxmrdo J. G. flkrrer

Gravitación política: Al firmarse el Tratado de Benegas, que puso fin a la guerra del Litoral, el Gobernador de Córdoba, Bustos, re-sultaba garante de su cum plim iento..M erced.a.su eficaz .intervención,, se había convenido reunir un Congreso en la ciudad capital de aquella provincia, y en tal sentido el Gobernador hizo todas las gestiones ne­ cesarias para que éste se llevara a cabo. Bustos había comenzado a gravitar en la política nacional, tras­ cendiendo del mero marco de sus fronteras provinciales. Logró armo­ nizar varias situaciones provinciales que difirieron la solución de sus problemas a lo que resolviese al respecto el futuro Congreso. Ya en marzo de 1820 comenzó la paciente tarea de lograr la reu­ nión de un Congreso Nacional que se realizara en su provincia. Su mediación para poner fin a la guerra entre Buenos Aires y Santa Fe, dio lugar al Tratado de Benegas y en éste las partes contratantes se comprometen a enviar sus diputados a un Congreso en Córdoba. Durante la gestión de Bustos se firmaron varios tratados de paz o de alianza y se emitieron instrucciones, en las que se sometía al futuro Congreso la solución de las cuestiones pendientes. Bustos, con mu­ chas de las provincias del interior, había pensado en la formación de un Congreso Constituyente. Buenos Aires, quería volver al sistema de pactos entre las provincias. 2. El C ongreso de C ó rdoba de 1821. En cumplimiento de lo establecido en el art. 2o del Tratado de Benegas, se convocó a las provincias para que enviaran sus diputados a Córdoba, haciéndolo así los representantes de Buenos Aires, Córdo­ ba, Santa Fe, La Rioja, Santiago del Estero, Mendoza, San Juan, Tucumán, Jujuy y San Luis. Buenos Aires, como las demás provincias, había designado sus diputados al Congreso, pero trató de limitarlos en sus funciones a tra­ vés de instrucciones especiales de carácter público unas y secretas las otras. En definitiva estudiando estas instrucciones se advertía que los diputados porteños no podrían exceder en su representación el marco de meras formalidades, pero nada definitivo ni trascendente podrían concluir, Buenos Aires trataba de hacer fracasar el Congreso para volver a estar colocada en la situación anterior a la firma del Tratado del Pilar y liquidar la posibilidad de establecer un gobierno de carácter federal.
294

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAI. ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. H m mr

Estas Instrucciones podrían sistematizarse de la siguiente mane­ ra: Io) Oposición a todo sistema que no fuera el Unitario. (Recordar que en Benegas ya no se hace referencia a la federación como forma de gobierno o de Estado, como lo exigía imperativamente el Tratado del Pilar). 2o) Para el caso de no obtenerse la conformidad para el pri­ mer punto, estudiar la posibilidad que cada provincia tenía de darse un sistema independiente. 3o) Determinar que la representación de las provincias sería conforme a su población, eliminando la igualdad de representación. 4o) Reintegro de Santa Fe a la provincia de Buenos Ai­ res. De esta manera destruía cualquier intento de organizar un Con­ greso fuera de sus límites territoriales y que no estableciera un régi­ men unitario. Además, a través de estas Instrucciones, se limitaba la agenda del Congreso a puntos sin importancia. En definitiva, Bs.As. se acogía a la cláusula del art. 2° del Trata­ do de Benegas de enviar diputados a Córdoba para que todos unidos eligieran el lugar de su residencia futura. Los representantes que ya estaban reunidos urgían el envío de los diputados faltantes, como úni­ co medio de estrechar los vínculos disueltos, de conciliar los intereses recíprocos de los pueblos, salvar los compromisos de todos y de vol­ ver la vida a la Patria agonizante, puesto que ya habían transcurrido cinco meses desde que se hallaban en la ciudad mediterránea y el Congreso no se reunía. Con los mismos argumentos que emplearía Rosas después, Bue­ nos Aires buscaba hacer fracasar el Congreso. Había que organizar previamente las propias instituciones para luego ocuparse de la situa­ ción general. “La situación relativa de cada pueblo hacía ilusoria la existencia de una autoridad nacional”, decían. Los inconvenientes planteados fueron: 1) Que en todo el país no había en quien depositar la autoridad nacional; 2) Que no podía pro­ veérsela de fondos, que los pueblos miserables no lo tenían, y menos exigírselo a Buenos Aires, que además de tantos sacrificios por la cau­ sa publica, había cargado con todo el peso de la deuda nacional. 3o) Buenos Aires quería un ordenamiento a base de pactos entre las pro­ vincias hasta tanto se dieran las condiciones de institucionalizar el pa­ ís. Es decir, firmar alianzas ofensivas y defensivas entre las provincias contra todo enemigo común; alianza para preservar la integridad del territorio: designación de agentes diplomáticos de común acuerdo para
295

MANUAL. DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. U

J. C. llnm cr

reclamar en Europa y América el reconocimiento de la independencia; realizar un censo de población y determinar la proporcionalidad de sus representaciones; organizar su gobierno interior, para luego de ello re­ unirse en Congreso General en el lugar que determine el Congreso de Córdoba. Los diputados de las provincias, reunidos en Córdoba, no conse­ guían instalar definitivamente el Congreso, diluyéndose en sesiones preparatorias. En Agosto de 1821, fue nombrado Bemardino Rivadavia como Ministro del Gobernador de Buenos Aires D. Martín Rodríguez, se­ ñalándose entonces por pane de esta provincia “la inoportunidad de instalarse el Congreso General en la forma y términos propuestos”, y que tan sólo debía realizarse un pacto de carácter general ofensivo y defensivo entre las provincias y que sólo se concertaran las bases de un futuro Congreso. La Sala de Representantes de Buenos Aires terminó revocando los poderes a sus diputados el 24 de septiembre de 1821, facultándolos sólo para suscribir convenios con otras provincias, de lo que resultó únicamente la firma de un tratado de postas y correos. Finalmente, pa­ ra que no quedaran dudas. Buenos Aires resolvió que para el caso de que las restantes provincias se reunieran en Congreso, sus diputados debían retirarse y regresar a su provincia. Retirada Buenos Aires, resultaba difícil continuar y después de casi un año sin resultados, terminó sin pena ni gloria el Congreso de Córdoba. M ientras tanto se reordenaba la situación en el Litoral, lo que le permitirá a Buenos Aires suscribir el Tratado del Cuadrilátero que a la postre resultó ser el punto de arranque de la política reformista inspi­ rada por Rivadavia. Por ello, manifestaba amargamente Bustos, que “mejor sería quitarse la m áscara y no intentar disponer de la suerte de las demás provincias bajo el frivolo pretexto de arreglar rentas, empleos, etc., cuando a todos los provincianos les consta que ni lo uno ni lo otro in­ tentan, y que por acomodar empleados o por revoluciones domésticas, no deben hacer trascendental su suerte a todas las provincias”.

296

MANUAL DE IflSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RicmnJo J. G. ¡Urrcr

3. Tratado del Cuadrilátero. Mientras lo anterior ocurría, adquiría cada vez mayor prestigio y predicamento en el Litoral, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, el Coronel Martín Rodríguez, nombrado provisoriamente en septiembre de 1820 y en forma definitiva en marzo de 1821, apuntala­ do por su hábil ministro Bemardino Rivadavia, que organiza y afirma las instituciones bonaerenses, suprimiéndose definitivamente el Cabil­ do. tanto de Buenos Aires como el de Lujan, adquiriendo las funcio­ nes legislativas la Sala o Junta de Representantes. Buenos Aires vuelve al sistema de pactos, firmando tratados que le resultaban beneficiosos. Así surge el del Cuadrilátero firmado con las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, el 25 de enero de 1822. Comenzaba así una situación, verdadera coalición o liga, que habría de institucionalizarse años después en el Pacto Federal de 1S3I. Se puede resumir los temas del Tratado del Cuadrilátero en los siguientes: 1) Se convenía la paz, amistad y unión permanente entre ¡as provincias signatarias; 2) Se establecía el reconocimiento de la li­ bertad. independencia, representación y derechos de cada una en pié de igualdad; 3) Es un pacto de unión contra la invasión extranjera, de auxilio para la defensa común, y una liga para afrontar los ataques a su integridad territorial. 4) Se fijaban los limites territoriales provisorios Je cada provincia, hasta la reunión del Congreso General que los fijara definitivamente. 5) Se acordaba libertad al territorio de Misiones para formar su gobierno y reclamar de cualquiera otra provincia signataria !a debida protección. 6) Establecíase mediación para evitar conflictos armados, y la guerra sólo podría declararse con el consentimiento de todas ellas; 7) Se concedía libertad de comercio marítimo; 8) Se de­ terminaba la extinción del Congreso de Córdoba al que llamaba des­ pectivamente “diminuto”, comprometiéndose las signatarias que aún no lo hubieran hecho a retirar sus respectivos diputados. 8) Si alguna de las provincias lo creía conveniente, se harían después las invitacio­ nes a las demás provincias para realizar un Congreso General. Las cláusulas “secretas”: alianza ofensiva y defensiva contra es­ pañoles o portugueses o cualquier poder extranjero que las invada. Compensación económica de Entre Ríos y Corrientes a Santa Fe, por las campañas de Ramírez. Compromiso de estas provincias de alejar a todo individuo que atentara contra Santa Fe.
297

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rjcmrxk, J. G. Hmrrcr

En opinión de Galletti. el Tratado del Cuadrilátero es uno de los documentos menos claros y precisos de nuestra historia institucional, dejando en cada uno de sus párrafos la señal inequívoca del revanchismo porteño. Las provincias sumisamente acataban los dictados de Buenos Aires, o debían resignarse a poco menos que sucumbir. Su ar­ ticulado revela las intenciones ocultas de predominio, y logra el obje­ tivo de liquidar definitivamente el Congreso de Córdoba. En las cláu­ sulas públicas se dice cancelar y anular todas las deudas, pero en las secretas mostraban el revanchismo largamente urdido, con las exigen­ cias compensatorias. Sigue Galletti señalando que el tratado no alude “a la forma fede­ ral de gobierno”, no llama a la reunión de un Congreso General de ca­ rácter constituyente, sino que lo deja librado a la “oportunidad” de instalarlo; no se hace referencia concreta a la libre navegación de los ríos, etc. 4. C ongreso de Buenos Aires. Con la firma del Tratado del Cuadrilátero, dice Galletti, Buenos Aires vuelve a obtener la primacía que en algún momento había per­ dido y ya no se contentará con ser una más de las provincias del terri­ torio nacional, sino que pretenderá y lo logrará, convertirse en centro hegemónico del país. De allí que el programa unitario de Rivadavia era el logro de una Constitución para todo el país, pero desde Buenos Aires y teniendo como centro a Buenos Aires. La reunión de este Congreso fue obra del plan rivadaviano unita­ rio, para organizar al país sobre tales bases, luego de haber logrado la paz en el litoral y manifestarse inequívoca voluntad en las provincias sobre la necesidad de reunir un Congreso General Constituyente. Buenos Aires inició una política de acercamiento hacia “los g o - ' biem os y los pueblos de la Unión antigua”, dirigiendo una circular a los gobernadores en la que señalaba la necesidad de la reunión de to­ das las provincias en el cuerpo de una Nación administrada bajo el sistema representativo y cada una de ellas entrara a un orden de paz sostenido por los pueblos y los gobiernos, uniéndose a esto las ins­ trucciones más amplias que llevaba el comisionado que debía emplear todos los medios y esfuerzos para lograr la confianza, sin apoyar par­ tido personal alguno; convencer a los pueblos que Buenos Aires obra­ ba sin resentimiento alguno por los hechos pasados; lograr que los go298

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K cm nkJ. G. fb n v r

biemos obraran de acuerdo con Buenos Aires para establecer un go­ bierno y cuerpo legislativo general; que las miras de Buenos Aires se dirigen a la prosperidad de la Nación en general y de cada pueblo en particular, etc. Con esta misión de Zavaleta se proponía Buenos Aires preparar el clima propicio en las provincias para el éxito de un logro mayor que era la realización de un Congreso. En fecha 27 de febrero de 1824 la Junta de Representantes de Buenos Aires dictó una ley por la que facultaba al gobierno a invitar a los demás pueblos de la Unión para reunir la representación nacional, en el lugar que determinara la mayoría de ellos. Todos, excepto San Luis que propuso como sede a Tucumán, votaron para que fuera sede la ciudad de Buenos Aires, y allí se reunió este nuevo Congreso. El Congreso se inició bajo mejores auspicios ya que todas las provincias enviaron sus representantes, instalándose el 16 de diciem­ bre de 1824. 5. Ley Fundamental de 1825. Fue dictada en enero de 1825, en base a un proyecto del diputado correntino D. Francisco Acosta, que constaba de 18 artículos. Estos se referían en primer lugar a la denominación del país que seria el de "Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica”, las cuales se regirían por sus propias instituciones hasta la promulgación de la Constitución que dictase el Congreso Nacional, reservándose el dere­ cho de aceptar o repudiar la misma en la forma acordada, pero que­ dando obligadas a aceptarla si hubiese la aceptación por parte de los dos tercios de los habitantes. Por otros artículos se establecía una firme liga para la defensa común, la seguridad de la libertad de las provincias, independencia mutua y general felicidad, obligándose a asistir cada una a las demás contra toda violencia y ataques hechos sobre ellas por motivos de reli­ gión, soberanía, tráfico o cualquier otro pretexto. Establecía que los ciudadanos libres de cada provincia tendrían todos los privilegios de tráfico y comercio sujetos a los mismos deberes, imposiciones y res­ tricciones que sus habitantes de las otras. Se establecía, asimismo, la extradición de los criminales, los fueros parlamentarios de los miem­ bros del Congreso, y se determinaban los límites de las autonomías provinciales al establecer que el gobierno debía obtener el consenti­ miento de las Provincias Unidas para la designación de Embajadores,
299

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. IVcxrdo J. G. fU m rr

suscribir acuerdos, tratados, confederaciones o alianzas o también para el caso de declaración de guerra. Se propiciaba en el proyecto que comentamos la constitución de un poder ejecutivo que tendría a su cargo lo referido a las relaciones exteriores, la guerra para la defensa común y los intereses de la Na­ ción, con todas las facultades inherentes a esa investidura. Atribuía al Congreso la facultad exclusiva para resolver las disputas sobre límites y jurisdicciones, valor de la moneda, pesos y medidas, el tránsito in­ terprovincial y los problemas relacionados con los indígenas. Se trata, como afirma este autor, de un proyecto de un verdadero pacto, sim ilar al que unos años después se concretará en el Pacto Fe­ deral de 1831. Enviado a la Comisión respectiva en el Congreso, ésta lo redujo a ocho artículos, por lo cual el autor del proyecto retiró el suyo, quedando el texto sancionado en la forma propuesta por la Co­ misión. El texto sancionado el 23 de enero de 1825, se ubica dentro del marco del derecho contractual y retoma la tesis tradicional de mayo de 1810 acerca de la participación y el consenso de todos los pueblos del ex virreinato, expresando que las "Provincias del Río de la Plata" re­ producen del modo más solemne el pacto con que se ligaron desde el momento en que se constituyeron en nación independiente, conpro­ m etiéndose a em plear todas sus fuerzas y todos sus recursos para afianzar su independencia nacional y todo cuanto pudiese contribuir a su felicidad. Estaban presentes todas las provincias,- inclusive la Banda Oriental y las litorales que no habían asistido al de Tucumán, ratifi­ cándose en consecuencia por parte de todas ellas la independencia entonces declarada. El Congreso se definía como Constituyente. Determinaba que por ahora y hasta la sanción de la Constitución del Estado, las provincias se regirían por sus propias instituciones. Se determ inaban, asimismo, los negocios de carácter nacional privativos del Congreso, que eran: Independencia, integridad, seguri­ dad, defensa y prosperidad. La Constitución que sancionase el Con­ greso debería ser puesta a consideración de las provincias y no podría ser prom ulgada ni establecida entre ellas hasta haber sido aprobadas por cada una de ellas, con lo cual se estaba corroborando el funda­ m ento pactista.
300

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. « c W o J. C. / W

Se encargaba el poder ejecutivo transitorio ai Gobernador de la provincia de Buenos Aires, por ahora y hasta que se designe el poder ejecutivo nacional, sin precisar modo y oportunidad, con las siguientes facultades: Negocios extranjeros, celebración de tratados que no po­ drían ratificarse sin la autorización especial del Congreso, comunicar las resoluciones del Congreso a los gobiernos, y elevar a considera­ ción de este órgano los proyectos sobre medidas que estime conve­ nientes para la marcha del Estado. Precisamente esta cláusula era una de las que modificaba sustan­ cialmente el proyecto de Acosta, ya que en aquél se habla de constituir un poder ejecutivo superior (art. 15) mientras que a través de la refor­ ma introducida se daba una mayor preponderancia a la provincia de Buenos Aires. Si bien es cierto el tratamiento de esta disposición trajo alguna oposición, finalmente las provincias la aceptaron basados fun­ damentalmente en el prestigio de que gozaba el Gobernador de la Pro­ vincia de Buenos Aires en ese momento, el Gral. Las Heras. Los cam­ bios articulados se adecuaron a los intereses bonaerenses y rápida­ mente su Junta de Representantes autorizó a su Gobernador para de­ sempeñarse como Poder Ejecutivo Nacional. 6. Ley de Consulta. Se dictó una ley, en fecha 21 de junio de 1S25, disponiendo se consultara a las provincias, sobre lo que creían más conveniente acer­ ca de la forma de gobierno a adoptarse, una especie de sondeo me­ diante ei cual el Congreso podía estar en condiciones de determinar la forma de Estado y, anticipar de alguna manera la posterior aceptación de las disposiciones que se adoptaran sobre las bases sugeridas por las provincias, aunque siempre se mantenía a salvo el derecho de acep­ tarla o no conforme al artículo 6o de la Ley Fundamental de 1'825. Las provincias fueron contestando en el sentido de considerar más conve­ niente “el gobierno republicano, representativo, bajo la forma de uni­ dad para las provincias de Salta, Tucumán y La Rioja. mientras que por el sistema federal se pronunciaban Mendoza, San Juan, Santiago del Estero y Entre Ríos y las de San Luis y Corrientes no se pronun­ ciaron. dejando librados al Congreso la decisión sobre el tema. Cabe señalar que Corrientes, poco después, resolvía que no aceptaría otra Constitución que no fuera la republicana federal, y de no aceptarse esa postura, sus diputados debían retirarse dei Congreso.
301

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. H * m r

7. Ley de Presidencia. Esta ley se originó en base a un proyecto presentado por el dipu­ tado Bedoya, y su autor lo fundamentaba en la circunstancia de s e r necesario y urgente la instalación de un Poder Ejecutivo permanente, dado que el titular de la provincia de Buenos Aires había manifestado su voluntad de ser relevado de las funciones que por la Ley Funda­ mental de 1825 le habían sido conferidas; que por otra parte las fun­ ciones de este poder habían sido suficientemente robustecidas con las disposiciones legales dictadas, a lo que debía agregarse la necesidad de contar con una persona que, recibiendo todo el poder de las provin­ cias a través del Congreso, hiciera frente a la guerra para el sosteni­ miento de nuestros derechos sobre la Banda Oriental. Varias fueron las objeciones que le fueron opuestas, entre ellas la de que la designación de un ejecutivo permanente era resorte de la Constitución que aún no había sido sancionada y que las atribuciones debían ser determinadas por las provincias, por lo que consideraba que sólo podría darse el titulo de presidente provisorio. Por otra parte se señalaba que por ley de noviembre de 1825 se había resuelto duplicar la representación de las provincias ante el Congreso, pero no todas las provincias habían enviado aún a sus nuevos diputados, razón por la cual aprobar la ley en estas condiciones resultaría una burla a las que no estaban presentes, que no tendrían así la oportunidad de ser escu­ chadas y ejercitar su derecho a votar. Luego de arduos debates la ley de Presidencia fue sancionada, constando de siete artículos por los que se facultaba al Congreso a de­ signar al Presidente por simple mayoría de votos de los diputados pre­ sentes. Si después de tres votaciones no se alcanzara la mayoría nece­ saria, debería circunscribirse la votación a los tres candidatos más vo­ tados, excluyéndose al que tuviera menor número de votos y votándo­ se por los dos restantes En caso de subsistir empate, decidiría el Presi­ dente del Congreso. El electo tendría el titulo de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, durando en sus funciones el tiempo que establecie­ ra la Constitución . El presidente debía cumplir la Constitución que se sancionase, proteger la religión Católica y conservar la integridad e independencia del territorio nacional bajo la forma representativa re302

-

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr.IOcmnla X G .I U

0:,

publicaría. Sus facultades eran similares a las acordadas al Gobernador de Buenos Aires y las que posteriormente se le acordasen. Elección de Rivadavia: Con la sanción de la ley se puso en mar­ cha por primera vez la institución de la presidencia d eia República y poco después, el Congreso procedió a elegir como titular de ese cargo a Don Bemardino Rivadavia por abrumadora mayoría de los diputa­ dos presentes: 35 sobre 38. En la misma fecha que la Ley de Presidencia se sancionó la Ley de Ministerios, creándose cinco Secretarías para el despacho de los negocios del Estado en los rubros de Gobierno, negocios extranjeros, guerra, marina y hacienda. 8. Ley de Capital de la Nación. Al asumir Bemardino Rivadavia la presidencia de la República anticipó que en forma inmediata presentaría un proyecto de ley referi­ do a la Capital de la Nación., lo que hizo efectivo al día siguiente de aquél acto, declarando a la ciudad de Buenos Aires como Capital dei Estado, ampliándose los límites originarios de esta ciudad, los que quedaban bajo la inmediata dirección del Congreso Nacional y del Presidente de la República, declarando nacionales a todos los estable­ cimientos que en ella existían. Asimismo todas las obligaciones con­ traídas por la provincia de Buenos Aires con anterioridad, y el resto del territorio de ésta quedaba bajo la inmediata dirección de las autori­ dades nacionales. Esta pretensión de relegar a la provincia de Buenos Aires suscitó una profunda reacción que, por contrapartida, consolidó otras formas políticas de oposición creándose un poderoso partido federal en la misma. El gobierno de la provincia de Buenos Aires protestó formal­ mente por entender que la ley sancionada constituía una infracción a sus leyes e instituciones, que debían regirla hasta la sanción de la Constitución, pero el reclamo no fue tenido en cuenta. Vanos fueron los reclamos de la provincia de Buenos Aires, pues Rivadavia estaba decidido a llevar adelante su plan unitario, y uno de los principales pasos era el de establecer la cabeza del país, y desde allí manejar al resto de las provincias. Si bien el proyecto de ley fue aprobado en general, tras un debate bastante áspero, los votos a favor
303

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJixrJoJ, G. Hmrrcr

no resultaron todo lo satisfactorio que el presidente aspiraba en el co­ mienzo de su gestión. ........................................ ....................... .................. El territorio que le acordaba la ley era más extenso del que hoy tiene lo que llamamos “el Gran Buenos Aires”. Más adelante, otra ley dividiría al resto del territorio de la provincia de Buenos Aires en dos partes, cada una de loas cuales sería en el futuro una nueva provincia. Poco después se dictó la ley por la cual se hacía desaparecer la autonom ía provincial de Buenos Aires declarando que el gobierno de ese Estado había cesado en sus funciones. 9. L a C onstitución N acional de 1826. C ontenido. Su rechazo. • El plan preparado por el sector unitario adicto a Rivadavia se fue desarrollando paulatinamente en su esfuerzo por consagrar un Estado centralizado, mediante el dictado de una Constitución. Primeramente, con el dictado de la Ley Fundamental, no muy del agrado de Rivada­ via, en la que se modificó substancialmente el proyecto original de Acosta; posteriorm ente con el dictado de la Ley de Presidencia, se aseguró la conducción del país con facultades que hubieran requerido la aprobación de las provincias; este paso fue complementado con el siguiente por el cual se capitalizaba a la ciudad de Buenos Aires y se quitaba la autonomía al resto de la provincia, y el golpe final estuvo dado por la sanción de la Constitución de 1826, en la que sin ningún tipo de rubor se consagra el sistema representativo republicano “con­ solidado en unidad de régimen”, dejando de lado la opinión mayoritaria de varias provincias que se habían definido por la fórmula federal, aunque es de señalar que a la hora de decidir con el voto, muchos de los representantes de tales provincias terminaron pronunciándose por ei sistem a de la unidad. La Constitución finalmente sancionada está precedida por un M anifiesto dirigido a los pueblos en el que se les señala que una fede­ ración, en las circunstancias del país, sería la forma menos aceptable. Como expresa acertadamente el Dr. Galletti, el optimismo de los con­ gresistas tendría efímera duración, ya que el amor a la patria, el bie­ nestar general, la felicidad de todos, el olvido de los pasados errores, la concordia que se invocaba quedan en el papel. Porque, una vez más, no se respondía a las necesidades concretas y reales del país. Y, según verem os dice este autor, prontam ente el Ejecutivo Nacional, el Con­ greso, la Constitución que era la prenda de unión soñada, desaparece304

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KamJo J. G. ¡¡w jxr

dan ante el empuje de nuevas circunstancias y nuevos hechos. Con ello terminaba el período del Congreso Unitario de 1826 con sus luces y con sus sombras. Contenido: La Constitución estaba dividida en diez secciones con 121 artículos. La sección Primera se refiere a la Nación y su Culto. Se declara para siempre libre e independiente y no será jamás patrimonio de una persona o familia. La religión del Estado era la Católica, apostólica y romana, a la que prestaría la más eficaz y decidida protección, debién­ dola respetar sus habitantes, cualquiera fueran sus opiniones religio­ sas. La sección Segunda, se refiere a la ciudadanía estableciendo que eran ciudadanos todos los hombres libres nacidos en su territorio y los hijos de éstos, dondequiera que nazcan. También daba esa condición a los extranjeros que hubiesen combatido o combatan en los ejércitos de la patria; y a los extranjeros establecidos en el país desde antes de 1816, que se inscribieran en un registro cívico, y a aquéllos que ha­ biendo llegado después de esa fecha, obtuvieran su carta de ciudada­ nía. Establecía también la forma en que se perdían los derechos de ciudadanía, por la aceptación de empleos o distinciones de otras na­ ciones sin autorización del Congreso; por sentencia que impusiera pe­ na infamante. Se suspendía la ciudadanía, por no tener 20 años cum­ plidos. no siendo casado; por no saber ni leer ni escribir; por la natu­ ralización en otro país; por la condición de deudor fallido declarado tal; por ser deudor del tesoro publico legalmente ejecutado, sin cum­ plir la deuda; por ser criado a sueldo',’ peón jornalero, simple soldado de línea; por ser notoriamente vago o legalmente procesado en causa criminal que pudiera resultar pena corporal o infamante. La Sección Tercera, se referia a la forma de gobierno,- adoptán­ dose la forma representativa y republicana, consolidada en Unidad de Régimen, delegando el ejercicio de la soberanía en los tres poderes, bajo las restricciones que la propia Constitución establecía. Es un ré­ gimen unitario. La Sección Cuarta, se refería al Poder Legislativo, Congreso compuesto de dos Cámaras: Representantes y Senadores. La de repre­ sentantes estaba compuesta por diputados elegidos directamente por el pueblo, uno por cada quince mil habitantes o fracción que no baje de ocho mil. El Senado, a su vez, estaba compuesto por senadores nom­
305

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUGONAL ARGENTINA Dr. RSetrdo J. G. J ítm rr

brados por la Capital y las provincias, mediante un sistema de eleccio­ nes que se determina. Establecía las facultades del Congreso, com o ser declarar la guerra, negociar la paz, fijar las fuerzas de mar y tierra, formar escuadras nacionales, fijar anualmente los gastos generales; exam inar y aprobar la cuenta de inversión que le presente el P.E., es­ tablecer derechos de importación y exportación, establecer impuestos, contraer empréstitos; em itir moneda, establecer tribunales inferiores, reglam entar la forma de los juicios, acordar amnistías, crear y suprimir empleos; reglar el comercio interior y exterior, demarcar el territorio del estado y fijar los límites de las provincias, educación publica, premios, hacer leyes y ordenanzas, etc. La Sección Quinta, se refiere al Poder Ejecutivo, a cargo de un ciudadano con el titulo de Presidente, con las calidades exigidas para ser Senador. Duraba cinco años en el cargo y no podía ser reelecto. El Presidente del Senado lo reemplazaba en caso de ausencia o enferme­ dad y m ientras se proceda a una nueva elección en caso de muerte o renuncia. El Presidente era elegido mediante una Junta de Electores por los dos tercios de sus votos. En caso de no obtenerse esa mayoría se formaría una tema, reduciéndose luego a dos, y decidiendo el pre­ sidente del Senado en caso de empate. La Sección Sexta, era referida al Poder Judicial, ejercido por una Alta Corte de Justicia, tribunales inferiores y demás juzgados estable­ cidos por la ley. La Corte estaba compuesta de nueve jueces y dos fis­ cales, designados por el Presidente de la República con acuerdo del Senado. La Sección Séptima, trataba de la “Administración Provincial”, tratando acerca de los gobernadores, tribunales superiores de Justicia y consejos de administración. El Gobernador de la provincia no era sino un funcionario bajo la inmediata dependencia del Poder Ejecutivo Na­ cional, designado por éste a propuesta en tema del Consejo de Admi­ nistración. Era el encargado de ejecutar en las provincias las leyes na­ cionales, los decretos del Ejecutivo Nacional y las disposiciones loca­ les de los Consejos de Administración. Creaba Tribunales de Jusdcia Superiores en las provincias, para actuar com o órganos de apelación de los juzgados inferiores. Los Consejos de Administración, eran organismos administrati­ vos de fom ento, policía interior, educación primaria, obras publicas, etc. Com puestos por un número de personas no mayor de 15 y no me306

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JtíemrdaJ. G. AWwr

ñor de 7, elegidos popularmente por el pueblo de la provincia en for­ ma directa, funcionaban en las capitales de provincia. En esta Constitución todo depende del poder central, la provincia no tiene existencia propia como tal y ninguna autonomía; los munici­ pios resultan también inexistentes. El Consejo de Administración es sólo un organismo de vecinos que se limitan a cuidar los intereses de su jurisdicción, aunque siempre dependiendo del Congreso y del Pre­ sidente de la Nación. Es una Constitución unitaria, centralista, absorbente, y no res­ pondía para nada a la realidad de su momento. Daba la espalda al país real y de allí su fracaso. Al serles comunicada la nueva Constitución, las provincias se pronunciaron, por aplastante mayoría, en contra de la obra del Con­ greso.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. fücardo J. G. tlum rr

I Bibliografía consultada y utilizada.

i BISDART CAMPOS. Germán J. “Historia política y Constitucional Argentina-’ GALLETI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina" LEVENE, Ricardo. “Manual de Historia del Derecho” LONGHI, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar­ gentino y Comparado" LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar| gentina’' ¡ LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina" TAU ANZOATEGUI, Víctor y MARTIRE, Eduardo. “Manual de j Historia de las Instituciones Argentinas” j ZAR1NI. Helio Juan. “Historia de las Instituciones en !a Argentina"

308

)
MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUaCXNAL.VRGENTINA Dr. RiawdaJ. G. Ile m y

)
)

C A P IT U L O 13 1. Ley del 3 de Julio de 1827. Tal como se había determinado en la última parte de la Constitu­ ción de 1826, la misma debía ser presentada a consideración de las provincias y de la Capital, a fin de que éstas se pronunciaran sobre su aceptación o rechazo. Se establecía expresamente que la aceptación por parte de las dos terceras partes de ellas bastaría para su aproba­ ción, teniendo vigencia sólo entre aquéllas que la hubiesen aceptado, manteniéndose con el resto buenas relaciones. Las provincias se mani­ festaron en forma casi unánime en contra de la nueva Constitución. Como afirma Galletti, los comisionados enviados a las provincias fra­ casaron en forma estruendosa y algunos de ellos debieron sufrir inci­ dentes de toda índole, algunos de ribetes grotescos, tal era el abismo que los separaba. El pacto multilateral de Córdoba celebrado en Mayo de 1827 traduce la reacción federal de las provincias y prevé la reu­ nión próxima de un nuevo Congreso que constituya al país bajo aque­ lla forma de Estado. El otro factor negativo dentro de la política de Rivadavia resultó la firma dei Tratado Preliminar de Paz entre nuestro país y el Imperio del Brasil. Pese a que nuestras fuerzas habían obtenido triunfos signi­ ficativos, el enviado plenipotenciario Manuel José García suscribía condiciones realmente vergonzosas para nuestro honor nacional, como ser el reconocimiento del derecho y consecuente incorporación de la Banda Oriental del Uruguay, que los lusitanos llamaban “Provincia Cisplatina”, al patrimonio del Brasil, a lo que se agregaba una garantía por 15 años de la libre navegación del Río de la Plata, disponiéndose el cese de las hostilidades, y se establecía el comercio y la comunica­ ción entre ambos Estados. El Congreso Nacional rechazó en forma unánime la convención celebrada, pero pese a todo, ni el Ejecutivo ni el Congreso encontraban ya el necesario sostén de la opinión pública,

309

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KcmrJo J. G. H m m r

viéndose obligado Rivadavia a renunciar el 27 de junio de 1827. El C ongreso aceptó su renuncia por 48 votos contra 2. El delicado problema suscitado por la renuncia del Primer Man­ datario determ inó que varios señores legisladores presentaran pro­ yectos tendientes a solucionar el problema. En base a ellos se sancionó la ley del 3 de julio, por medio de la cual se organizaba un gobierno provisorio y se determinaban sus deberes y facultades, se procedía a la reunión de una Convención Nacional y se dictaban disposiciones ge­ nerales referentes a la nueva administración. De acuerdo al art. Io de la ley, el Congreso debía nombrar un presidente provisorio de la República hasta la reunión de la Conven­ ción N acional sobre, la que hablaba el art. T de la misma Ley. Sus funciones estaban limitadas a todo lo referido a la paz, guerra, relacio­ nes exteriores, hacienda y Banco Nacional; dirigir el gobierno de la ciudad y el territorio de la provincia de Buenos Aires hasta la reunión de la C onvención Nacional; e invitar a las provincias a reunirse en ella con un diputado por cada una, determinándose oportunamente el lugar de la reunión. Conform e a esa ley, el Congreso eligió al Dr. Vicente López, que renunció, pero el Congreso insistió y debió entonces aceptar, iniciando su gestión el dia 7 de julio. Con relación al Congreso, la ley establecía que no podría tratar sino los asuntos de guerra, paz, relaciones exteriores y hacienda na­ cional, y quedaría disuelto en el momento en que tuviera conoci­ miento oficial de la instalación de la Convención Nacional. La Convención Nacional, dispuesta por el art. 7o, sería citada pa­ ra reglar ella misma la representación de sus miembros y la forma de proceder según las instrucciones que reciban de sus provincias, nom­ brar al Presidente definitivo de la República; proveer lo que se estima­ ra conveniente en el estado actual de la Nación y para recibir los votos de aceptación o repulsa de la Constitución o diferir su pronuncia­ miento hasta m ejor oportunidad. Por el art. 6 se establecía que si las provincias se hubiesen pro­ nunciado sobre la separación de sus diputados ante el Congreso des­ pués de haber tenido conocimiento de la ley e insistieran en su remo­ ción, éstos cesarían en el ejercicio de sus poderes, aunque recomenda­ ba a las provincias la conservación de un cuerpo deliberante hasta la instalación de un nuevo Congreso..
310

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KcmrdoJ. G. Hmmr

Por el art 10 se determinaba que la ciudad de Buenos Aires y to­ do el territorio de su antigua provincia se reunirían, restableciéndose la Sala de Representantes y eligiendo ésta el diputado a la Convención Nacional. De esta manera la provincia de Buenos Aires recuperaba su autonomía y el goce de sus instituciones de las que había sido despo­ seída a consecuencia de la Ley Capital, sancionada durante la presi­ dencia de Rivadavia. Además, se encomendaba al Presidente tratar de hacer cesar la guerra civil y, especialmente, el gran objetivo de la guerra nacional y la adopción de las medidas más eficaces para que los pueblos concu­ rrieran a ella del modo que demandase el honor nacional. 2. Elección de Dorrego como gobernador de Buenos Aires. En cumplimiento de lo dispuesto por la ley, se resolvió convocar a elecciones de los representantes a la Legislatura o Sala de Repre­ sentantes de la provincia de Buenos Aires, comicios que se realizaron el 22 de julio presentándose sólo los candidatos del Partido Federal, que constituían la flor y nata de las clases propietarias bonaerenses, hacendados y comerciantes. Una vez elegidos, fueron convocados para la reunión del 3 de agosto del mismo año y, ya integrada la Sala de Representantes, el día 12 procedieron a elegir al Coronel Manuel Dorrego como Gobernador y Capitán General de la Provincia de Buenos Aires, tomando posesión de su cargo al día siguiente. El presidente provisorio de la Nación Dr. Vicente López, consi­ derando terminada su misión presentó su renuncia el día l'ó de agosto ante los pocos diputados que aún permanecían en el Congreso. Poco después la Sala de Representantes de Buenos Aires resolvió remover a los diputados que representaban a la provincia en el Congreso, los cuales abandonaron de inmediato su función, y el Congreso declaró disuelto al gobierno nacional, no sin antes recomendar a la Sala de Representantes de Buenos Aires y a su gobierno, la dirección de la guerra y las relaciones exteriores, el pago de la deuda contraída para atender los gastos nacionales y la negociación de nuevos empréstitos. La Sala de Representantes de Buenos Aires por ley del 27 de agosto de 1827 dispuso que “por ahora y hasta la resolución de las provincias, queda el gobierno de ésta encargado de todo lo concer­ niente a la guerra nacional y las relaciones exteriores. De esta manera
311

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJcarJo J. C. Harrcr

los intereses generales de la Nación, pasaron al gobernador de la pro­ vincia de Buenos Aires Coronel Manuel Dorrego, 3. T ra ta d o s interproY inciales, El Dr. Celso Ramón Lorenzo expresa que a mediados del año IS27 el fracaso político del Partido Unitario se evidenciaba en toda la geografía del país, desde el interior dominado por el federalismo ex­ presado a través de sus caudillos gobernantes. Las provincias habían desconocido las leyes fundamentales del Congreso y la Constitución unitaria por él sancionada, pero también en la propia Buenos Aires, donde los terratenientes saladeristas y los grandes comerciantes liga­ dos a los negocios de importación y exportación se oponían decidida­ mente a las políticas del círculo rivadaviano, precisamente a partir de la ley Capital, que no sólo le había quitado la autonomía provincial, sino que perjudicaba notoriamente sus intereses económicos. Al asum ir Dorrego su condición de Gobernador de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores llevará a cabo una política de pacificación en el orden interno mediante pactos interprovinciales, con el ulterior objetivo de lograr una confederación, además de las tratativas para dar término a la guerra con el Brasil. La disolución del Congreso había creado un nuevo orden de cosas y la Sala de Repre­ sentantes de Buenos Aires facultó al gobernador para que se comuni­ cara directamente con los gobiernos de las demás provincias, mandan­ do enviados para ajustar lo conveniente en lo particular, buscando es­ trechar vínculos que tendieran a la consecución de un centro de acción para dar más respetabilidad a la República. Dorrego volvía al sistema confederativo, mediante el cual las provincias, en un plano de igualdad, realizarían acuerdos previos en forma directa. Son verdaderos tratados suscritos por plenipotenciarios de las provincias, como Estados, con ratificaciones de las Salas de Representantes o Congresos provinciales y ratificación y aprobación por parte de los gobernadores, como apunta Galletti. Demicheili, en su obra “Formación Constitucional Argentina”, menciona antecedentes de esta política de pactos, anteriores a la re­ nuncia de Rivadavia, entre eilos el tratado de alianza ofensiva y defen­ siva celebrado entre las provincias de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Santiago del Estero, La Rioja, Salta, Mendoza, San Juan, San Luis y la Banda Oriental, de fecha 17 de mayo de 1827, un verda­
312

ÍIANU.VL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. fccxrth J. G. H trrcr

dero pacto “multilateral federativo”, por el cual se conviene en dese­ char la Constitución de 1826, por estar formada sobre la base del sis­ tema de la unidad que está en oposición a la voluntad general de las provincias, contra el cual ellas se habían manifestado. Entre otras cláusulas se dice que si el gobierno de Buenos Aires titulado nacional- intentara declarar la guerra a una o más provincias federadas, las demás la auxiliaran hasta liberarla, poniendo todos sus recursos para destruir a las autoridades llamadas “nacionales”, invi­ tándose a un Congreso cuyo sólo objeto será constituir el país bajo la forma de gobierno federal. Ya durante el gobierno de Dorrego, los principales tratados inter­ provinciales son los celebrados entre Córdoba y Buenos Aires, en septiembre de 1827, para asegurar la libertad y derecho de los pue­ blos, establecer la paz interior de las provincias, lograr mutua cordia­ lidad y confianza recíproca, sostenerse mutuamente, establecer igual­ dad de derecho entre ambas, defender las actuales instituciones dejjas provincias, formar una nación con la base de todas las provincias, Co­ operar en la guerra contra el Brasil. Se comprometían además a enviar los diputados a la Convención Nacional, para nombrar un ejecutivo nacional provisorio, dar las bases al Congreso que debía reunirse para el dictado de una Constitución, fijar la forma de gobierno que debería ser federal, etc. Celebró también un tratado con Santa Fe, consolidando los vín­ culos de amistad entre ambas, olvidando los problemas que antes perturbaron la buena armonía, y a interponer su influencia para la pronta reunión de la Convención Nacional, además de apoyar y soste­ ner los derechos y la libertad de la provincia Oriental (Uruguay). Este tratado se firmó en octubre de 1827. En el mismo mes se firmó otro tratado con Entre Ríos, en el que se hace referencia a la reorganización nacional, a proseguir la guerra contra el Brasil, expulsión de los invasores de la Banda Oriental, y se delegaba en la provincia de Buenos Aires las relaciones exteriores, y en lo demás era similar a los anteriores. En diciembre de 1827 firma otro pacto con Corrientes, ratifican­ do amistad, compromiso por la pronta reorganización nacional y la rá­ pida prosecución de la guerra. Se comprometían a la ayuda mutua, a la protección de las actuales instituciones, la defensa de la integridad del
313

MANUAL DE IflSTORlA C O N S T T a ü O .m ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. I ftr ^ r

territorio contra la agresión exterior, sea de los enemigos de la libertad de América ó de “los anarquistas agitadores del desorden”. - ■ ■— —. Se com prometía a contribuir a los gastos de la guerra, a prorrata con las demás provincias, y delegaba en la provincia de Buenos Aires todo lo referido a la guerra, la paz y las relaciones exteriores. Se com­ prometían a la instalación de la Convención y a fijar la forma de go­ bierno, que habría de ser federal. Los tratados interprovinciales sirven de base para la organización nacional, en forma distinta a los intentos anteriores. La Nación se or­ ganizará bajo el sistema federal. La Convención Nacional convocada, debería llamar posteriormente a un Congreso constituyente. Esta polí­ tica de tratados, para afrontar la guerra y consolidar la paz ihterior, pa­ recía ser proficua y concreta y atenida a las realidades nacionales. Buenos Aires no pretendía imponerse por sobre las otras provincias. Parecía así llevarse a cabo un proceso iinstitucional de vasto alcance. Pero no pudo cumplirse. 4. La C onvención N acional de S anta Fe. En cumplimiento de lo dispuesto en el art. T de la Ley del 3 de julio de 1827, luego de algunas dilaciones, la Convención Nacional se instaló en la ciudad de Santa Fe el 25 de septiembre de 1828 y sólo al­ canzó a autorizar el Tratado de Paz con el Brasil, confirmado y ratifi­ cado por Dorrego el 29 de septiembre de 1828. Precisamente este hecho sirvió como factor desencadenante para que el grupo unitario, derrotado pero no destruido, moviese a la opi­ nión pública en el sentido de considerarlo como “un oprobio” para la honra nacional. En rigor de verdad, el Tratado había mejorado en algo sus condiciones, ya que si bien se perdía la Banda Oriental, ésta no se­ ría incorporada al Imperio del Brasil, sino que a partir de entonces quedaba en condición de Estado libre e independiente, hábil maniobra de la diplomacia inglesa que había actuado como mediadora en la emergencia. Los diputados orientales que hasta ese momento integra­ ban la Convención Nacional, se retiraron dando muestras de pesar, aunque satisfechos de haber cesado la guerra en la que habían estado envueltos.

i

314

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAI. ARGENTINA Dr. ICcmnio J. G. ¡tmrrtr

5. La Revolución del l* d e diciembre de 1828......................................... El regreso de los militares que habían combatido en la guerra contra el Brasil fue aprovechado por el grupo unitario desplazado del poder, y aprovechando la circunstancia de la firma del Tratado, gene­ raron gran descontento entre quienes sintiéndose victoriosos en las armas, se sentían traicionados por las artes de la política. Hábilmente, señalaron a Dorrego como responsable, a quien atribuyeron gobernar en forma despótica. Estas fuerzas provocan la revolución del Io de diciembre de 1828, y comandadas por el Gral. Lavalle, se hacen cargo del gobierno derro­ cando a Dorrego. Ello mueve a la Convención Nacional a declarar al levantamiento militar como “anárquico, sedicioso y atentatorio contra la libertad, tranquilidad y honor de la Nación”, y el fusilamiento del Coronel Dorrego, cuando fue apresado en la localidad de Navarro, “un crimen de alta traición contra el Estado”. Se declaraba la Convención, en consecuencia de ello, la única autoridad nacional de la República, y se hacía saber a Buenos Aires que le eran retiradas las facultades delegadas del manejo de las Rela­ ciones Exteriores, nombrándose al Gobernador de Santa Fe D. Es­ tanislao López, General en Jefe de las fuerzas encargadas de someter a los facciosos que se habían sublevado en Buenos Aires. San Martin, en carta a O'Higgins refiriéndose al movimiento de diciembre llevado a cabo por Lavalle que había dispuesto el fusila­ miento de Dorrego, lo atribuía a Rivadavia y a sus satélites, convenci­ do de los inmensos males que estos hombres habían hecho, no sólo al país, sino al resto de América. La Convención fue languideciendo hasta que finalmente en octu­ bre de 1829 se declaró “en receso” por no expresar que se disolvía de­ finitivamente. 6. La Liga Unitaria. El Gral. José María Paz había salido de Buenos Aires en direc­ ción a Córdoba para realizar allí una acción conjunta con el Gral. La­ valle, dueño de la situación de Buenos Aires, luego del motín del Io de diciembre. Pero muy pronto excedió el límite de su misión para, mediante las armas, intentar el establecimiento de una liga que tendría por cen­
315

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Ifxrrry

tro la provincia de Córdoba. Al llegar a esa provincia, Bustos no le presentó batalla y le entregó el gobierno. Desde allí Paz comenzó a afirm ar su dominio en el interior de la República. Una serie de luchas, posteriores, contra Bustos y Quiroga, especialmente a este último en la batalla de La Tablada en Junio de 1829, fueron afirmando su poder. Así se fue creando una Liga que llegó a reunir a la mayoría de las pro­ vincias del interior, que van a contrastar con las del litoral. Aquéllas con la denominación de Unitarias, y las últimas con clara orientación federalista. M ientras el Litoral exige un Congreso Constituyente de carácter federativo, las provincias de centro y norte, bajo coacción militar, evolucionan hacia el unitarismo y la centralización. A comienzos de 1830 la montonera ha sido destruida por el Gral. Paz. que llega a im­ poner un Supremo Poder de carácter militar, pero que creía en la orga­ nización del país mediante una Constitución, según afirma Galletti. La Liga Unitaria, bajo la presión militar del Gral. Paz, comenzó a constituirse jurídicam ente mediante pactos que fue suscribiendo con las distintas provincias que había puesto bajo su dominio. 1) El pacto del 3 de abril de 1830 entre Córdoba y Mendoz quedando esta última sometida a la acción de Córdoba que la había ocupado militarmente. Se fijaba un termino de 30 días para llamar a elecciones y constituir un gobierno legítimo. Es un pacto en virtud del cual la provincia vencida se somete a la vencedora, pero es el primer antecedente de la reunión de las provincias del interior bajo la égida de Córdoba. -r2) Pacto celebrado entre San Juan y Córdoba, también en Abril de 1830, y en el que la primera queda sometida al gobierno del Gral. Paz, dejando a un lado a los federales. Ambos gobiernos se compro­ m etían a mantener cordiales relaciones, sosteniéndose en independen­ cia y libertad hasta que un Congreso Nacional fijara la suerte de la República. Siguió luego una serie de pactos que irán consolidando lo que luego serían las “Nueve Provincias Argentinas Unidas”, entre ellos, la liga o tratado de paz, amistad y alianza ofensiva y defensiva entre las provincias de Catamarca, Córdoba, San Luis, Mendoza y la Rioja, de ju lio de 1830, que luego habría de reafirmarse en el Tratado estable­ ciendo el Supremo Poder Militar, de fecha 31 de agosto de 1830, fir­
316

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rkanio J. G. H sm y

mado además de las anteriores por San Juan, Salta, Tucumán y San­ tiago del Estero. Se proponen a través de él, la defensa del territorio nacional en su integridad y sostener la emancipación política; amalgamar los inte­ reses comunes de las provincias, para formar una sola familia, enlaza­ da por el más estrecho vinculo de solidaridad, fraternidad y unión na­ cional, seguridad y común defensa de las contratantes, dejándose esta­ blecido la necesidad de reunir un Congreso constituyente, pero sin precisar fecha para ello ni determinación alguna acerca de la forma de gobierno a adoptarse.. Se designaba para ejercer el Supremo Poder Militar al Gral. José María Paz, quien duraría hasta la instalación del Congreso Las facul­ tades eran extraordinarias, la mayoría de ellas de carácter militar, aun­ que se establecía como obligación la de mantener el sistema repre­ sentativo de las provincias firmantes. Ya con las facultades, medios económicos y recursos militares, Paz se aprestaba a afum ar su poder, pero un golpe fortuito pondría fin a su carrera, al ser apresado por una partida de soldados santafecinos, cuando estudiaba el terreno de una inminente batalla contra las tropas de aquella provincia. La derrota militar y el consecuente derrumbe político de esta Liga tra­ dujo el fin del Partido Unitario de la República Argentina, dice el Dr. Lorenzo y significó el encumbramiento definitivo del Partido Federal. 7. P rim er gobierno de Rosas. La Convención Nacional había nombrado a Estanislao López, gober­ nador de Santa Fe. como General en Jefe de los ejércitos de la Confe­ deración y ordenándole castigar a los “asesinos de Dorrego”. En cum­ plimiento de tales directivas López se dirigió al encuentro de las tro­ pas del Gral. Lavalle y con el apoyo del Comandante d e Campaña Don Juan Manuel de Rosas se enfrenta al enemigo en la batalla de Puente de Márquez, en abril de 1829, en las que obtiene un éxito reso­ nante y el consiguiente desbande de las tropas vencidas, a las que al­ canza en las cercanía de la ciudad de Buenos Aires. Con gran espíritu pacifista, López envía una comunicación a Lavalle proponiéndole ce­ sar la guerra civil, a lo que éste le responde que no está dispuesto a es­ cuchar ninguna proposición de paz mientras el ejército de López siga ocupando el territorio bonaerense, desconociéndole además el carácter

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. H * m r

de nacional que López invocaba en virtud de los poderes dados por la A sam blea Nacional. López, conociendo la posibilidad de un ataque a su retaguardia por p ane del Gral. Paz, en este momento todavía poderoso con su Liga Unitaria, regresa a Santa Fe y deja la situación en manos del Coman­ dante Rosas. Lavalle se dirige entonces a Rosas y, haciendo referencia a su com ún origen porteño, le propone suscribir un pacto conciliatorio, que term ina concretándose en Cañuelas en Junio de 1829. Las princi­ pales cláusulas determinaban que cesaban a partir de ese momento las hostilidades, comprometiéndose a elegir a la mayor brevedad la Sala de Representantes de la provincia, se facultaba a Rosas para mantener la seguridad de la campaña y que tan pronto se eligiera Gobernador, las fuerzas le sería supeditadas. Pero, además de las cláusulas públi­ cas, se habían convenido otras de carácter secreto, en virtud de las cuales se elegirían como representantes o diputados a personalidades de carácter y principios, con espíritu de moderación y firmeza, de­ biendo confeccionarse una lista única, en la que ambos partidos estu­ vieran representados en forma igualitaria. Pero practicada la elección resultó que existía una mayoría de filiación unitaria, lo que disgustó a Rosas, por lo que Lavalle procedió a la anulación del comicio. Se reúnen ambas figuras y mediante el Conve­ nio celebrado en Barracas, deciden designar de común acuerdo al go­ bernador de la provincia, en carácter de provisorio, recayendo la de­ signación en el Gral. Juan José Viamonte. En virtud del mismo con­ venio se acordó al gobernador las facultades extraordinarias que fue­ ren necesarias a los fines de asegurar la tranquilidad pública. Viam onte hizo un buen gobierno, aunque debe destacarse que tras cada uno de sus actos estaba la figura de don Juan Manuel de Ro­ sas. Si bien Rosas ejercía desde años antes una influencia considera­ ble en la provincia de Buenos Aires, se puede afirmar que desde la firm a del Tratado de Barracas, en el que llega a un arreglo con Lavalle y deja de lado a Estanislao López, en agosto de 1829, puede ser consi­ derado como el virtual Gobernador de la provincia. En ese tratado ac­ tuaba im poniendo condiciones y designando gobernador en acuerdo adicional a la convención y desde entonces todos los actos de gobier­ no llevarían su conformidad tácita o expresa.
318

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricarda J. G. fü rrrr

Esperó el momento oportuno y su acceso al poder se producirá al reinstalarse la Sala de Representantes, que lo elegirá gobernador. An­ tes de designarlo se le conferían las facultades extraordinarias que juzgara necesarias hasta la reunión de la próxima legislatura,debiendo ~ dar cuenta del uso que hiciera de esa autorización. Posteriormente estas facultades fueron aumentadas por una ley del 2 de agosto de 1830. Cabe señalar que las facultades extraordina­ rias se daban para robustecer el poder ejecutivo ante situaciones como las de rebeliones internas o invasiones extranjeras con el objeto de restablecer el orden y cuando las facultades ordinarias no resultaban suficientes, siendo comparable al moderno “estado de sitio”. El primer gobierno de Rozas analizado desde el punto de vista institucional se lo puede caracterizar como confederacional con sus propias modalidades. Este periodo está caracterizado por hechos que tienen a la consolidación de la Confederación a través de pactos, en los que intervenía directa o indirectamente y en tal sentido el más im­ portante de todos es el Pacto Federal de 1831 que le permitirá el do­ minio sobre las demás provincias. Buenos Aires sigue en su aisla­ miento, fortaleciendo su poder, ampliando sus fronteras y ordenándose internamente. Fue elaborando la alianza con las provincias litorales y encarando la lucha contra la Liga del Interior o Unitaria. Lograba también el reconocimiento de las grandes potencias, cu­ yos embajadores se irían instalando en la ciudad de Buenos Aires, que se constituía mediante la delegación de las facultades de relaciones exteriores dadas a su gobernador, en la virtual capital del país. Al tér­ mino de su mandato, en diciembre def 1832 Rosas dejaba una provin­ cia ordenada, y la Sala de Representantes lo reeligió, aunque sin darle las facultades extraordinarias. Rozas rechazó la reelección por tres ve­ ces, y se procedió a elegir a Juan Ramón Balcarce en su reemplazo. El gobierno de Balcarce se desenvolvió en medio de una crisis muy profunda, iniciado en diciembre de 1832, y designó a Rozas co­ mo Comandante General de la campaña, con el titulo de Brigadier, e inició la exitosa campaña contra los indios. Posteriormente Balcarce será derribado por una revolución de los “apostólicos” o revolución de los “restauradores”, partidarios de Rosas, y por ley del 3 de noviembre de 1833 se lo exoneraba de su cargo. Al día siguiente la Sala nombra­ ba a Juan José Viamonte Gobernador y Capitán General. El gobierno de este sólo duró 7 meses, y en Junio de 1834 renunció a su cargo.319

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ,VRGF-NTTNA Dr. Ricardo J. C. Horror

8. Los Tratados preliminares de Corrientes. .......... C om entes es la principal gestora de la formalización del Pacto Federal de 1831.Con fecha 23 de febrero de 1830, entre las provincias de Corrientes y Santa Fe se firma un tratado de alianza ofensiva y de­ fensiva hasta que se reuniera legítimamente la Corporación Nacional. Se hablaba de la reunión de una futura Convención Nacional y la for­ mación de una liga de ¡as cuatro provincias litorales, decidiéndose las firmantes por el sistema federal y siendo condición para incorporar a cualquiera otra su expresa manifestación de aceptar dicho sistema. Se delegaban las facultades de relaciones exteriores en el Gobernador de Buenos Aires. Luego Corrientes firma otro pacto con Buenos Aires, en M arzo de 1830, que reproduce la mayoría de las disposiciones del anterior, y finalmente se firma otro tratado entre Corrientes y Entre Ríos, en ma­ yo de 1830, de similares características. Así a través de estos pactos, las “cuatro provincias litorales” se iban nucleando frente a la constitución de la Liga Unitaria o del Inte­ rior. 9. Pacto Federal de 1831. Contenido e importancia. Apremiadas por las circunstancias, las provincias litorales deci­ dieron apresurar la constitución del acuerdo frente al creciente peligro de la Liga Unitaria. Comenzaron las reuniones preliminares a partir dei mes de julio de 1830 y de ellas resultaría la celebración del Pacto Federal del año 1831 cuyas principales disposiciones son las siguien­ tes: 1) Es un pacto de unión permanente, paz y amistad, reconocién­ dose las provincias recíprocamente su libertad, independencia, repre­ sentación y derechos. 2) Constituían una alianza ofensiva y defensiva, ante cualquier invasión extranjera contra cualquiera de las provincias de la Nación Argentina, como también la agresión de cualquiera de las demás pro­ vincias contra otra. 3) Se comprometían a no celebrar tratado alguno con otra de las litorales, o del resto de la nación, sin el consentimiento de las demás provincias que formaban la federación. Se obligaban a no dar asilo a
320

MA.MJAI. DE HISTORIA CONSTlTUaOiNAL ARGENTOM. Dr. R¡c*nto J. C. H rrc?

criminal alguno que huya de las otras, y ponerlo a disposición del go­ bierno respectivo que lo reclamara. 4) Establecía igualdad de derecho entre los pactantes, no conce­ diéndose en una provincia derechos ó privilegios que no se concedie­ ran en las otras. 5) Derechos comunes recíprocos. Los habitantes de las provin­ cias signatarias gozaban de los derechos de entrar y transitar con sus buques y cargas en todos los puertos, ríos, y territorio de cada una, de poder ejercer su industria con la misma libertad, justicia y protección que los naturales de la otra en que residan, y los frutos y efectos que se importen o exporten del territorio de una provincia a otra, no pagarían mas derechos que si fuesen importados por los naturales de la provin­ cia a donde o de donde se exportan o importan. 6) Se exceptuaba respecto de los ciudadanos de las provincias contratantes, la exigencia de que para ejercer la primera magistratura sea de nacimiento en la misma. 7) Cualquiera de las otras provincias argentinas podría adherir al pacto, siempre que su voto sea por el sistema federal, y siempre que contara con el unánime asentimiento de todas las firmantes. S) Se designaba una Comisión Representativa de los Gobiernos de las provincias iitorales de la República Argentina, con las siguien­ tes características: a) Estaría compuesta por un diputado por cada una de las provincias signatarias. . b) La Comisión residiría en la ciudad de Santa Fe. c) Los representantes serían elegidos al arbitrio de los respectivos go­ biernos. d) Durarían en su mandato el tiempo que lo considerase conveniente cada gobierno, que los podría remover, designándose otro en su lu­ gar. e) Sus atribuciones estaban determinadas por el art. 16 del Pacto, y eran las siguientes: Celebrar tratados de paz, sujetos a la ratificación de cada provincia Hacer declaración de guerra, contra cualquier otro poder a nombre de las provincias litorales. Ordenar se levante ejércitos y nombrar a su general que deba man­ darlo.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. Ilmrrcr

D eterm inar el contingente de tropas que cada provincia debe apor­ tar. .... -................... - ..... . . . . D ebía invitar a las demás provincias a reunirse en federación y llam ar a un Congreso General federativo, cuando las provincias estu­ viesen en paz y libertad, para constituir el país. 10. Proyecto de Don Pedro Ferré. Necesario es destacar que no fue pacífico el trámite de formali­ zación del Pacto Federal de 1831, ya que en las discusiones prelimina­ res se enfrentaron dos concepciones diametralmente opuestas en rela­ ción a com o debía concretarse el federalismo que ambas partes invo­ caban. El representante de Buenos Aires Roxas y Patrón defendía fun­ dam entalm ente los intereses portuarios porteños sobre los que no es­ taba dispuesto a otorgar ningún tipo de concesiones y, a su vez, el go­ bernador de Corrientes Don Pedro Ferré defendía lo que consideraba legítimos derechos de los pueblos interiores. Este último inició las deliberaciones haciendo una propuesta de tres puntos: 1) El establecimiento de una Comisión Representativa de las provincias ligadas, con atribuciones determinadas, hasta tanto se organice la Nación; 2) Esta Comisión debía hacer lo posible para lo­ grar la organización general del país. 3) Esta Comisión debía arreglar el com ercio extranjero y la navegación de los ríos Paraná y Uruguay. El representante de Buenos Aires, Roxas y Patrón le contestó que no tenía facultades para arreglar sobre estas materias. No era una cuestión baladí. Ferré bregaba por la organización de­ finitiva de todo el país, que debía estar a cargo de la Comisión, ade­ más de arreglar lo relativo al comercio y navegación de los ríos. El proyecto de Ferré comenzaba con una referencia a los antece­ dentes, que eran los tratados preliminares firmados por la provincia con las de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe. Seis temas fundamentales considera Ferré en su proyecto, y ellos son: 1) Que la fuente de la riquezas de todo estado es el comercio y la industria. 2) Que ambos tienen estrechas relaciones, tanto desde el punto de vista interior como del exterior.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Omrrc,

3) Que es un derecho incuestionable el que tienen las provincias al tesoro que se recauda de impuestos al comercio extranjero, en pro­ porción al consumo y productos de cada una. .. ........ 4) Que dar este tesoro a una sola provincia es sancionar la ruina de las demás, para lo que no pueden estar autorizados. 5) Que reglar el comercio de acuerdo con las otras dos conside­ raciones, es el grito unánime de todos los pueblos de la antigua unión, y que nada es sólido ni duradero sin este arreglo. 6) Que se deben tocar todos los medios de justicia y beneficencia pública para no concitamos justos enemigos y sí, merecer la estima­ ción, el respeto y las bendiciones de nuestros conciudadanos. Las cláusulas del proyecto de Ferré eran 19. Se constituía una alianza ofensiva y defensiva, para ayudarse ante invasiones extranjeras o de otras provincias; Se establecía la obligación del avenimiento pre­ vio de todas las provincias para celebrar tratados con otras potencias o provincias. No se permitía el asilo por delitos. Se creaba una repre­ sentación de un diputado por provincia, con asiento en Santa Fe y con facultades de hacer la paz y declarar la guerra, nombrando a su Gene­ ral en Jefe. Determinar el contingente de tropas. Reglar el comercio exterior y la navegación de los ríos Paraná y Uruguay;, propender a la organización general de la república; declarar los artículos de comer­ cio cuya introducción debe ser prohibida, que eran los que producía o podía proporcionar el territorio de la República; declarar puerto habi­ litado al de Santa Fe al igual que el de Buenos Aires; declarar tesoro nacional al que en ambas provincias se recaude en calidad de impuesto al comercio extranjero. Además, los objetos de inversión del Fondo Nacional serían la defensa del territorio, la seguridad e integridad de las provincias, el pago de la deuda nacional, el pago de los empleados puramente nacio­ nales, y atender los gastos precisos para las relaciones exteriores. En caso de suscitarse cuestiones entre las provincias federadas que pudieran poner en peligro su estabilidad, se incorporarían a la Comisión un diputado por cada provincia para dirimir la cuestión, de­ biendo las provincias acatar el fallo que sería inapelable. El tratado tendría una duración hasta la organización de un go­ bierno general.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA. Dr. Ricardo J. C. Ilm-rcr

11. L a posición de Roxas y Patrón. Roxas y Patrón, representante de Buenos Aires, fijaría una posi­ ción favorable a los intereses porteños. Considerando la situación de privilegio que tenía, como salida natural del país, con su puerto único, el disfrute de una riqueza como la ganadera, sobre la que no temía ninguna competencia, era lógico que a ella no le interesaran los pro­ blemas económicos provincianos y resultaba natural que quisiera mantener el intercambio comercial internacional sin mayores limita­ ciones. Roxas y Patrón se opuso tenazmente a la propuesta de regulación del comercio interior y a la libre navegación de los ríos. Como argu­ mento sostenía que Buenos Aires era la que pagaba la deuda nacional contraídas en las guerras de la Independencia y la del Brasil; que sos­ tenía a los cónsules y agentes en el extranjero; que proveía a la seguri­ dad de las costas y de los ríos; afrontaba cuantiosos gastos y sostenía las relaciones exteriores. De acuerdo con esta posición, se desprendía que Buenos Aires vendría a m antener a las demás provincias, permitiéndoles subsistir, e instaba a aunar los esfuerzos en la producción agropecuaria. Otro sis­ tema conduciría a disminuir el comercio extranjero, con la correspon­ diente disminución y baja progresiva de los productos de exportación, que provenían precisamente del sector agropecuario. Al contestar Roxas a Ferré, decía que en su proyecto se preten­ dían dos cosas a la vez. La primera que Buenos Aires no perciba dere­ chos por los efectos extranjeros que se introducen a las provincias lito­ rales del Paraná, y por consiguiente a las del Interior, y Segunda, que se prohíban o impongan altos derechos a aquéllos efectos extranjeros que com petían con los que se producen por la industria rural o fabril del país. En su opinión, tales pretensiones estaban en contradicción con los intereses generales de la República y particulares de las pro­ vincias entre sí. Buenos Aires recurría a argumentos que se contradecían, ya que los derechos percibidos por su importación no eran solamente pagados por sus propios consumidores (de Buenos Aires) sino que se recarga­ ban considerablem ente a las provincias. Que pagaran en la Aduana los “cortos" derechos que tienen los frutos del país a su exportación, tam­ poco era argumento, pues era harto conocido el hecho del mayor costo
324

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricxrtfo J. G. Hsrrcr

de las mercancías tanto en la entrada como en la salida del puerto úni­ co (y Aduana única) en detrimento de las provincias. Además se expresaba por Roxas y Patrón que las rentas de la Aduana de Buenos Aires, que se recolectaban por consumo y exporta­ ción de frutos de las demás provincias, apenas bastaban para cubrir lo que correspondía anualmente para pago de los intereses de la deuda con Inglaterra. Por ello pedían que quedaran las cosas como estaban, haciendo Buenos Aires el sacrificio de seguir pagando, ya que las pro­ vincias no podían hacerlo. Terminaba con una serie de consideracio­ nes contrarias al proteccionismo, y a la necesaria guerra económica que habría de derivarse de las medidas que se propiciaban. Cabe recordar que Ferré con el asentimiento de los diputados de Santa Fe y Entre Rios, decía que “ El Gobierno de Corrientes no había hecho la invitación para este tratado , con el único objeto de propender a sus intereses particulares, sino para que todo cuanto se hiciese tuvie­ se una tendencia general a favor de toda la Nación Las provincias de Santa Fe y Entre Ríos terminaron defeccionan­ do de la postura que habían asumido junto con Corrientes, suscribien­ do el Tratado tal como Buenos Aires lo concebía. Ferré no estuvo dis­ puesto a transar y por ello se retiró indignado de las conversaciones, suscribiéndose el Tratado el 4 de enero de 1S31. El año siguiente la provincia de Corrientes va a adherir al Tratado y, posteriormente, a partir de la prisión del’Gral. Paz y el derrumbe de la Liga Unitaria, el resto de las provincias argentinas caerá bajo la influencia de Rosas y también suscribirá el tratado. 12. Segundo Gobierno de Rosas. La Confederación Argentina. La Suma del Poder Público y las Facultades Extraordinarias. Hacia fines de 1832, ya derrotada la Liga Unitaria, las provincias argentinas se habían unido a las del Litoral, de acuerdo con las previ­ siones del Pacto Federal de 1831. Este pacto se va a convertir en el elemento político, jurídico y ordenador que sirvió de base a la Confe­ deración Argentina, y como afirma Galletti fue una verdadera Consti­ tución que otorgó finalidad y juridicidad a la vida del Estado Argenti­ no. aunque su redacción un tanto rudimentaria no determinaba clara­ mente si se trataba de un Estado Federal o de una Confederación, pero lo cierto es que fue el instrumento que afirmó definitivamente el Fede­ ralismo, en el más amplio sentido de la palabra.
325

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUQÓNAL ARGENTINA Dr. Rjcmrdo J. G. H m m r

El 7 de marzo de 1835 la Sala de Representantes designaba Go­ bernador de Buenos Aires, por segunda vez, a Rosas por el término de cinco años. _ _ _ _____ _ ■ -• La misma Sala establecía la “suma del poder público” en la per­ sona del gobernador. Ello significaba no sólo dotarlo de facultades extraordinarias (que otros gobernadores ya las habían tenido), sino le­ gitimar lo que se llamaba “el lleno de facultades”, depositando en su persona todos los poderes, desapareciendo de esa manera hasta el ul­ timo atisbo de equilibrio o división de poderes, propio del régimen re­ publicano. Los poderes eran reunidos así en una sola mano y sin con­ tralor de ninguna naturaleza. Era la suma del poder, ejercido en. el modo y forma que mejor pareciese al elegido. Las únicas restricciones que se determinaban en la ley por la cual se le otorgaban estas facultades, eran de que debía conservar, defender y proteger la religión católica, apostólica y roma­ na y defender la causa rtacional de la Federación, proclamada por los pueblos de la República. Rosas, así, pasaba a ser una especie de monarca absolutista, con poder ilimitado y sin ninguna cortapisa. Con relación a la Federación, para él esto significaba la oposición al sector unitario, pero nada tenía que ver ni hacía en favor del sistema federal. El ejercicio del poder extraordinario conferido duraba todo el tiempo que el Gobernador considerase necesario. No le bastó a Rosas con la ley que le otorgaba aquellas faculta­ des, sino que exigió la realización de un plebiscito, operación que fue previsible, ya que sobre 9.720 personas, sólo 4 manifestaron su oposi­ ción. Rosas aceptó “para salvar a la patria del profundo abismo de males en que la han hundido la alevosía y perfidia de nuestros enemi­ gos”, según expresaba al dirigirse a la Sala. Este organismo se m antu­ vo como algo meramente decorativo, ya que sólo entraría a considerar los asuntos que Rosas le remitiera. Cabe señalar que aunque las facultades extraordinarias fueron otorgadas por el órgano legislativo de la provincia de Buenos Aires, y sólo referidas al ámbito de esa provincia, en la práctica su influencia se extendía a todo el país, ya que se le fueron dando preeminencias, títulos y honores, así como facultades cada vez mayores, en el manejo de los asuntos de la Confederación. No sólo fue Buenos Aires la que le confió honores, también lo hicieron otras provincias como Tucu­
326

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGEOTINA Dr. R iardoJ. G. H tm y

mán, Jujuy, Catamarca, San Juan y La Rioja, o Salta que le reconocía el rango de primer Héroe Americano que ha sostenido la independen­ cia de la Patriadla Soberanía y la dignidad de sus leyes., :..... 13. El artículo 29 de la Constitución Nacional. El art. 29 de la Constitución Nacional, afortunadamente no re­ formado en 1994, dice textualmente: ”E1 Congreso no puede conceder al Ejecutivo Nacional, ni las Legislaturas Provinciales a los Goberna­ dores de Provincias, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías, por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobierno o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la Patria” Fue incluido en la C.N. como un freno a los despotismos sufridos por el país con la dictadura de Juan Manuel de Rosas y la obsecuencia de las legislaturas al conceder facultades extraordinarias, por las que la vida, el honor o los bienes de sus habitantes quedaban a merced del gobierno. 14. Pronunciamiento de Urquiza. Tratados. En 1850 Rosas era reelegido, por cuarta vez consecutiva, como Capitán General y Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Sus reelecciones resultaban casi un acto de rutina. El año anterior había afirmado su prestigio en el exterior, regularizando su situación, y dan­ do término al largo bloqueo Anglo-Francés. Había ido venciendo, en el orden interno, a todos sus adversarios, uno a uno, y también se ha­ bía erigido como defensor de la soberanía nacional. Mientras crecía su prestigio por años de lucha, por otro lado se iba erosionando su crédito y su influencia. Urquiza era Gobernador y caudillo de Entre Rios, probadamente federal y adherido al régimen confederacional. Este gobernante había celebrado con Corrientes el Tratado de Alcaraz, en 1846, y Urquiza lo mandó a Rosas para su ratificación, a lo que éste se opuso. En sus cláusulas se determinaba el restablecimiento de la paz, amistad y buena inteligencia entre las dos provincias, aunque contenía cláusulas secretas, en la cual se obligaban a respetar el Pacto Federal de 1831, modificando algunas de sus disposiciones, como las relativas

MANUAL DE HISTORU CONSTTTUCIONAL ARGENTINA Dr. RhmrJoJ. G. Jlarrcr

al asilo de crim inales, las de ayuda en la guerra, que no serian de apli­ cación en la guerra en ia Banda Oriental; y se declaraba la validez del tratado celebrado entre Corrientes y Paraguay, que contrariaba la polí­ tica de Rosas. De esta manera se manifestó una cierta tirantez entre los gobernadores que va a culminar con el celebre pronunciamiento de Urquiza, poniendo fin a la subordinación de éste a los dictados del Encargado de las Relaciones Exteriores. Se señalan varios antecedentes acerca de! Pronunciamiento. Uno de ellos seria un articulo del diario entrerriano “ La Regeneración” de enero de 1851 en el que expresaba que el año que se iniciaba era pro­ picio para el logro de la organización y la paz general, por el sistema federal y a través de una asamblea de los pueblos. No obstante la va­ guedad de sus términos, resultaba impactante dentro de una prensa uniforme y adormecida. Tuvo una repercusión extraordinaria. Rosas anualmente hacía renuncia a las facultades extraordinarias y de relaciones exteriores que le hacían las provincias, y en esta oportunidad ante el cariz que tomaban las cosas, se apresuró a retirar su renuncia, pero Urquiza ya la había aceptado, lo que en la manera de entender las cosas de la época, era un verdadero pronunciamiento, que seguirá poco después en forma efectiva. Urquiza había enviado una circular, concebida en términos muy severos y enérgicos, expresando que ante la imposibilidad de esperar­ se un cambio o modificación racional en la política de Rosas, había resuelto ponerse a la cabeza del movimiento de libertad con que las provincias del Plata deben sostener sus creencias, sus principios polí­ ticos, sus pactos federativos, no tolerando pof'más tiempo el criminal abuso que el gobernador de Buenos Aires había hecho de los altos e imprescriptibles derechos con que cada sección de la república contri­ buyó por desgracia a formar ese núcleo de facultades que el Gral. Ro­ sas había extendido hasta el infinito, aconsejando a los gobernadores de provincia que no se plegaran a sus sugestiones. El pronunciam iento es el documento por el cual el gobernador de Entre Ríos declara, en nombre de la provincia, que es su voluntad rea­ sum ir las facultades delegadas anteriormente en el Gral. Rosas, para el cultivo de las relaciones exteriores y la dirección de los negocios de paz y guerra. Se trataba de un acto inherente al pacto confederal, por el cual cada provincia gozaba de su propia soberanía y que, a falta de un organism o central para objetivos generales, había delegado algunas
328

----------------------------------------------------------------------------------------facultades al gobernador de Buenos Aires. El día 1° de mayo, Urquiza le enviaba la nota con el pronunciamiento. Para llevar adelante, Urquiza aceleró la firma de pactos de ca­ rácter internacional. Dé tal manera iban a quedar enfrentadas dos coa­ liciones: La de Entre Ríos y Corrientes, conjuntamente con Uruguay y Brasil, formando una cuádruple alianza, en la cual las dos provincias actuaban como estados soberanos; y por la otra , una liga de las demás provincias de la Confederación, alrededor de Bs. Aires. 15. Texto del Pronunciam iento. Considerando: . Io) Que la actual situación física en que se halla el Excmo. Señor Gobernador y Capitán General de Buenos Ayres, Brigadier Don Juan Manuel de Rosas, no le permite por más tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de Paz y Guerra de la Confederación Argenti­ na; 2o) Que con repetidas instancias ha pedido a la Honorable Le­ gislatura de aquella provincia, se le exonere del mando supremo de ella, comunicando a los gobiernos Confederados su invariable resolu­ ción de llevar a cabo la formal renuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas y cada una de las provincias que integran la República; 3o) Que reiterar al General Rosas las anteriores insinuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es faltar a la considera­ ción debida a su salud, y cooperar también a la ruina total de los inte­ reses nacionales, que él mismo confiesa no poder atender con la acti­ vidad que ellos demandan; 4o) Que es tener una triste idea de la ilustrada y célebre Con­ federación Argentina, el suponerla incapaz, sin el Gral. Rosas a su ca­ beza, de sostener sus principios orgánicos, crear y fomentar institucio­ nes tutelares, mejorando su actualidad, y aproximando el porvenir glo­ rioso reservado en premio a las bien acreditadas virtudes de sus hijos. En vista de estas y otras no menos graves consideraciones, y en uso de las facultades ordinarias y extraordinarias con que ha sido in­ vestido por la Honorable Sala de Representantes de la Provincia, de­ clara solemnemente a la faz de la República, de la América y del Mundo:
329

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. W

o J. C. l l m r

MANUAL. DE HISTORIA CONSTmjaON-VL ARGENTINA D r. Ricarda J. G . JU rrer

Primero: Que es la voluntad del Pueblo Entre Riano reasum ir el ejercicio de las facultades inherentes a su territorial soberanía, delega­ das en la persona del Excmo. Señor Gobemador.y Capitán General de Buenos Ayres, para el cultivo de las Relaciones Exteriores, y direc­ ción de los Negocios generales de Paz y Guerra de la Confederación Argentina, en virtud del Tratado cuadrilátero de las Provincias litora­ les fecha 4 de enero de 1831. Segundo: Que una vez manifestada así la libre voluntad de la Provincia de Entre-Ríos, queda ésta en aptitud de entenderse directa­ mente con los demás Gobiernos del Mundo, hasta tanto que congrega­ da la Asamblea Nacional de las demás Provincias hermanas, sea defi­ nitivamente constituida la República. Comuniqúese a quienes corresponde, publíquese en todos los Pe­ riódicos de la Provincia, e insértese en el Registro Oficial. Firmado: JUSTO JOSE DE URQUIZA. JUAN F. SEGUI (Secretario) El Io de Mayo, Urquiza dictaba un decreto por el cual suprimía el lema rosista de "Viva la Santa Federación, Mueran los Salvajes Unita­ rios" por la de "Viva la Confederación Argentina, Mueran los enemi­ gos de la Organización Nacional" Se iniciaba así una nueva etapa en la vida de la Nación A rgenti­ na: el de su definitiva Organización Constitucional.

330

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RkmrdoJ. G.

Bibliografía consultaday utilizada. B1SDART CAMPOS, Germán J. “Historia política y Constitucional Argentina” GALLETI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” LEVENE, Ricardo. “Manual de Historia del Derecho” LONGHI, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar­ gentino y Comparado” LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina” LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina” TAU ANZOATEGUI, Víctor y MARTI RE, Eduardo. “Manual de Historia de las Instituciones Argentinas” ZARINI. Helio Juan. “Historia de las Instituciones en la Argentina”

331

MANUAL DE I USTOfUA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Ifenxy

C A P IT U L O 14 1. La Generación de 1837 y la O rganización Nacional. Cuando el país se debate en una acalorada lucha ideológica para su organización, aparece en el escenario de la vida pública un con­ junto de jóvenes con nuevas ideas. Jóvenes que constituyen la llamada "Generación de 1837’’, cuyo fermento ideológico trata de superar la difícil situación política mediante la fusión de las tendencias existen­ tes y la promoción de nuevos principios que, finalmente, van a incidir en forma notoria en la organización constitucional. En tiempos del gobernador Balcarce, precisamente en Junio de 1S37, un grupo de jóvenes fúnda, en casa de Miguel Cañé, una asocia­ ción de estudios históricos y sociales. Mas tarde, en la librería de Mar­ cos Sastre organizan un Salón Literario que a los pocos meses debe cerrarse porque las ideas de sus integrantes provocaron reacciones en­ tre los adictos a Rosas, precediéndose a la clausura del Salón. Sin embargo, ese conjunto de jóvenes insiste en sus proyectos y poco tiempo después en casa de Miguel Cañé se crea la “Joven Gene­ ración Argentina”, entidad que encabeza Esteban Echeverría y que mas tarde se denominará “Asociación de Mayo”. Además de Echeve­ rría integran esa asociación Juan María Gutiérrez, Juan Bautista Al­ berdi, José Mármol, Vicente Fidel López, Carlos Lamarca, Félix Frías, Bartolomé Mitre. Carlos Tejedor, Miguel Cañé, Marcos Sastre, José Rivera Indarte, Pastor S. Obligado. Eduardo Acevedo, Carlos Paz, Domingo Faustino Sarmiento y muchos otros jóvenes que crearían, también, filiales en San Juan , Córdoba y Tucumán. Los hombres de la ‘‘Generación de 1837”, que se agruparon en la "Asociación de Mayo” adoptaron un común programa ideológico y la situación especial del país donde ese programa debía aplicarse lo con­ virtió en algo trascendente y profundo. El ideario de la Generación de 1837 se aparta tanto de la ideolo­ gía unitaria como de la federal, en un intento para superar la pugna
333

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Harrcy

existente entre ambas fracciones. Sus miembros sientan una posición nueva, con ideas nuevas, tratando de llegar a u n ordenamiento político que concilie o fusione los elementos unitarios y federales para que ese ordenam iento se'ajuste a los antecedentes del país y a la necesidad de asegurar su progreso y su grandeza. Con una visión distinta sobre los problemas nacionales, esa gene­ ración considera a iMayo de 1810 como una verdadera revolución que rom pe con el atraso y la opresión colonial. Por eso aspira a retomar la ideología y la concepción democrática de Mayo, para instalar con ellas las bases de la futura organización del país mediante una constitución, y pretende alterar profundamente la realidad nacional para que la re­ pública se incorpore al mundo civilizado y a las tendencias contempo­ ráneas. Considera que la solución del problema no consiste sólo en de­ rribar a Rosas. "Aspira a mucho mas que eso. Ansia lograr un estado democrático generado por la cultura del pueblo que se adecúe a la realidad y que esté animada de un auténtico sentimiento nacional pro­ gresista, sin descuidar por ello la importancia que asigna a las co­ rrientes inmigratorias, a fin de transformar el país mediante la realiza­ ción, en los hechos, de las propuestas programáticas que expone. Cuando la persecución rosísta se acentúa, los hombres de la Aso­ ciación de Mayo pasan a engrosar las filas de la emigración que com­ pone la generación de los proscriptos. Esta, desde el exilio y espe­ cialmente desde Montevideo, Chile y Bolivia acrecienta su producción literaria y difunde su sueño de organización nacional que va a gravitar en forma ostensible, notoria, en la ordenación constitucional y en las grandes pautas ideológicas que conformaran su filosofía política. Los miembros de la Joven Generación Argentina, refundidos después en la Asociación de Mayo, opinaban que habiendo fracasado los unitarios puros en la concepción de la forma de gobierno más con­ veniente, era necesario dotar al país de nuevas bases elaboradas sobre principios sociales, económicos y políticos distintos, que prepararan la evolución de las ideas. 2. A nálisis de las características ideológicas de la época. El profesor Galletti hace un interesante análisis de las caracterís­ ticas ideológicas sobresalientes del período en examen, en el cual nu334

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Riemrda J. G. H m r

tren sus ideas los jóvenes de la generación de 1837. Señala así, como hitos importantes del pensamiento europeo, los siguientes:.... a) En primer lugar, valora la riqueza, ideológica del Siglo XIX, ha­ ciendo una división en tres etapas. Un primer tercio en el que per­ duran las notas racionalistas y jusnaturalistas propias del Siglo XVIII; en una segunda etapa irrumpe un movimiento romántico, que en el orden de las ideas políticas deviene en “historicismo”, como reacción a las ideas de la Ilustración y de la Revolución Francesa. Y en el ultimo tercio del siglo XIX aparece triunfante el positivismo, con su fe ilimitada en el progreso humano, su desdén por la metafísica y su adhesión a los datos que la ciencia positiva pueda comprobar. b) Restauración y revolución: La filosofía de la restauración, aparece como violenta oposición al iluminismo y a los principios de la re­ volución francesa, luego de la derrota de Napoleón, y la organiza­ ción de la Santa Alianza y el Congreso de Viena. Se quería volver al antiguo régimen, conducido por la aristocracia terrateniente y la supervivencia de una sociedad jerárquicamente organizada. Se jus­ tificaban las ideas teológicas de la legitimidad monárquica de ema­ nación divina, obediencia y jerarquía, a través de un ordenamiento cerrado. Frente a un pensamiento europeo que no creía en las constituciones escritas, en los hechos y en buena medida, la Confe­ deración Argentina con Rosas, participaba de esta concepción. c) El siglo XIX como siglo de las Nacionalidades: Nace lo que deno­ minamos la “idea nacional moderna”, concretada en el Estado Na­ cional soberano a través del derecho de autodecisión de la Nación. Se lo ve bajo una doble faz: la afirmación de la unidad política de diferentes naciones, con la secuela de las revoluciones nacionales por un lado; y por el otro el culto de los valores nacionales favore­ ciendo la voluntad de poder con la concepción de la superioridad entre pueblos superiores e inferiores. De allí el colonialismo. Por un lado se consolidan las nacionalidades y por el otro se inicia la expansión colonial. d) Las revoluciones nacionales: Realizadas con el objeto de lograr la unidad política de varios países europeos, como Italia y Alemania, que acceden tardíamente a ella. Mazzini, fundador de la “Joven Italia” fue uno de sus precursores ideológicos y tendría marcada in­ fluencia sobre Esteban Echeverría. En Italia se buscaba la unidad
335

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTL'CIONAL ARGENTINA Dr. W cmnkjJ. G. Hcrytr?

política m ediante una Confederación de Estados, teniendo como je ­ fe al Papa. Se hablaba también de conformar una “Joven Europa” en la que los pueblos federados substituirían a la Europa de ios Príncipes. e) Perduración de la escuela liberal: Con la herencia de fisiócratas co­ mo Adam Smith, basada en ideas acerca de la existencia de leyes económ icas conforme con lo cual resultaba nociva cualquier inter­ vención del Estado, iba a chocar con los brotes socialistas que se producen a mediados del siglo XIX. f) Subsistencia de ia ideología del “bienestar general”. Estas influen­ cias obraron en el pensamiento y acción de Rivadavia, que había adherido al pensamiento iluminista, propio de su época. Gobierno, basado en principios e ideas, aunque en los hechos, por la falta de una adecuación con la realidad concreta, llegara a fracasar. Se pen­ saba en lograr leyes e instituciones casi perfectas, que aseguraran el bienestar general, las que sin embargo chocaban con la realidad a la que debían ser aplicadas. La generación de 1837 tendrá en cuenta m uchos elementos desdeñados por las corrientes ideológi­ cas europeas del siglo XIX. principalmente los principios de tradi­ ción y autoridad, pero adecuándolos a la idea del progreso. Intenta­ ba. y al final de cuentas lo lograría, proyectar las instituciones en una Constitución escrita acorde con la realidad nacional y la orga­ nización democrática del país por oposición a la dictadura. En mu­ chos aspectos su posición resulta diferente de la de unitarios y fe­ derales. g) El historicismo en contra del espíritu de abstracción: Uno de los as­ pectos del romanticismo es el historicismo. El romanticismo bus­ caba el espíritu de “examen y curiosidad”, en oposición al neocla­ sicismo. Se ha hablado de la generación de 1837 como una genera­ ción rom ántica. Echeverría, Alberdi, Sarmiento, Juan María Gutié­ rrez, M itre o López se forman bajo el influjo de la cultura románti­ ca. El historicismo reacciona enérgicamente contra el espíritu de abstracción en materia legislativa. Así esta generación, no era utó­ pica, sino que tendría un sentido concreto de la realidad nacional. Ello se advierte en el análisis de los antecedentes unitarios y fede­ rales que hace Alberdi en sus Bases.

336

.MANUAL DF. HISTORIA COiNSTITlIGONAL ARGENTINA Dr. KkardaJ. G. / W

3. Líneas que identifican a la G eneración de 1837. Se la denomina “Generación de 1837”, "de los proscriptos", "romántica" o "Generación de Mayo", haciendo hincapié en diversas razones. De 1837, por el año en que se produjo la fundación del Salón Literario en la librería de Marcos Sastre y de la “Joven Generación Argentina” y más, adelante “Generación de Mayo” porque, a su juicio, Mayo implicaba un verdadero programa de renovación en el que se daba la síntesis de tradición y progreso; o bien por la proscripción de sus principales componentes, en busca de un suelo donde pudieran expresarse libremente y a la espera del momento en que pudieran apli­ car sus ideas en su país. Recuérdese que Esteban Echeverría murió en el exilio; Juan Bautista Alberdi realizó la mayor parte de sus trabajos en Chile, como también Domingo Faustino Sarmiento. La denomina­ ción de “romántica” obedece al origen común de Ta mayoría de sus integrantes, desde el punto de vista estético o literario, y de su posi­ ción historicista.. Coherentes con las ideas que sustentaban, los hombres de esta Generación buscaban la organización constitucional del pais, pero sin aferrarse a las antiguas ideas y corrientes sostenidas por los partidos unitario y federal, sino buscando una síntesis que pudiera abrazar lo bueno de ambas posiciones, superando los antagonismos que habían venido dividiendo al país. Los hombres del 37 no buscaban simple­ mente el derrocamiento rosista sino llevar a la práctica el proyecto de institucionalizar el país mediante una Constitución y organizar los po­ deres del Estado, como también realizar en los hechos las propuestas programáticas que preconizaban. Todo ello sin detenerse en progra­ mas muy concretos, sino en algo bastante claro como era la adecua­ ción de las ideas a las realidades del país para un momento histórico determinado. Existía una concordancia coherente entre la teoría y la práctica en lo que proponía esta generación que incorporaba la idea de proceso, en virtud del cual las ideas antitéticas e irreconciliables po­ dían lograr una síntesis o fusión. Básicamente, sostiene Galletti, este grupo de ideólogos buscaba superar la antinomia existente entre unitarios y federales, si bien mu­ chos de ellos de origen unitario, reclamaban la vigencia dei Pacto Fe­ deral de 1831, y se hacían eco de los pactos preexistentes entre las provincias, en virtud de los cuales se habían comprometido a organi­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Hmrrcr

zarse cónstitucioñalmérité, sobre la base de un sistema federal, ade­ cuado a las realidades de la época. ...................................................... Las instituciones se proyectarían a través de la Constitución emanada de un poder originario para ía organización de los poderes derivados, constitución que se consideraba una necesidad histórica luego de un largo período de inconstitución Consideraban a la “Revolución de Mayo” como el acta fundado­ ra de la nacionalidad y se apoyaban en sus propósitos iniciales, para lo cual debían desprenderse de las tradiciones coloniales que impedían el progreso y la libertad de nuestro país. “ Podíamos titulamos indepen­ dientes -decían- pero no éramos libres y quedábamos sujetos por aquéllas al atraso, la rémora y la opresión”. En alguna medida se re­ petía en nuestro país la lucha que en España había dividido a absolu­ tistas, por un lado, y a liberales por el otro. Así, Rosas aparecía como el Anti-Mayo, y su gobierno aparecía como una Restauración aplicada a nuestro país, propia de la reacción operada en Europa contra los principios de la Revolución Francesa. La Generación de 1837 tendía, también, a la búsqueda de una cultura nacional, no como recreación meramente folklórica sino enri­ quecida por el pensamiento y las corrientes artísticas, científicas y lite­ rarias de la época, a los que buscaba agregar una inmigración selectiva y colonización de nuestras feraces y despobladas tierras. Si bien a medida que transcurría el tiempo esta generación de proscriptos consideraba necesario el derrocamiento de Rosas y traba­ jaban para ello junto a unitarios y federales disidentes, no creía que este objetivo fuera un fin en si mismo, que desplazara un gobierno pa­ ra entronizar a otro, sino que creían que era remover un obstáculo para el gran objetivo de la tan ansiada organización nacional. Bregaban así por el establecimiento de un régimen democrático con un Estado de Derecho opuesto al sistema dictatorial, en el que se afianzaran las li­ bertades públicas, los derechos y garantías individuales y la separa­ ción, equilibrio y recíproco contralor de los poderes constituidos. Creían firmemente en el progreso basado en el conocimiento de las realidades históricas del país y adecuado a una actitud dinámica, por cuanto se la concebía como un proceso. Esta adhesión a la idea del progreso es en términos historicistas, comprensiva de las peculiarida­ des nacionales y de las condiciones históricas, lo que lo alejaba de las concepciones racionalistas.
338

MANUAL DE HISTORIA CONSTrTUCIONAL ARGENTINA D r. ¡OearJoJ. O. Ib m cr

4. E steban Echeverría y el “Dogm a S ocialista”. El pensamiento político de la Generación de 1837 es concretado por Esteban Echeverría en tomo a 14 “Palabras Simbólicas” de su "Dogma Socialista”. Siguiendo al profesor Galletti, digamos que el escrito apareció por primera vez en el diario “El Iniciador” de Montevideo el Io de enero de 1839. Contenía una proclama a la juventud, seguida de las "Palabras Simbólicas” precedidas de una breve introducción. Se trata de un documento político de indudable jerarquía, aunque ha sido muy controvertido. Puede otorgársele importancia como un documento re­ ferente a un período en el cual una nueva generación elaboraba un ideario que tendría influencia positiva en la organización constitucio­ nal del país. El “Dogma Socialista”, redactado por Esteban Echeverría, menos la ultima palabra simbólica que pertenece a Juan Bautista Alberdi, re­ flejaba las ideas de la Asociación de Mayo, y sería injusto y contrario a la verdad histórica referirse a las ideas del “Dogma Socialista” como si pertenecieran exclusivamente a Esteban Echeverría, pues esas fue­ ron las ideas de todos los miembros de la Asociación, que las aproba­ ron y se comprometieron, más tarde, a cumplir y luchar por ellas. Cuando la Asociación adoptó el Dogma como norma de vida y programa de acción, nuestra Patria tenía escasos 27 años. Por eso Es­ teban Echeverría había expresado en el Salón Literario “dejamos atrás pocos recuerdos y ruinas y tenemos adelante, como el joven adoles­ cente, un mundo de esperanzas y una fuente inagotable dé vida y mar­ chamos a la vista de Dios en busca de un porvenir incógnito” Y se preguntaba “¿quien podrá detenemos?”, respondiéndose a si mismo: “Quizá el Nuevo Mundo séa el taller de una nueva civilización y el grandioso templo augusto donde la providencia revele sus recónditas miras sobre el destino de la humanidad”. Todo estaba por crearse, todo apenas en germen; había que preci­ sar las bases mismas de la nacionalidad que iban surgiendo desorde­ nadamente en las batallas. En el momento en que el Dogma se escri­ bió, había que establecer qué valores debíamos respetar, qué glorias reverenciar, qué fechas celebrar, cual sería el camino para conseguir la convivencia pacífica de los argentinos y superar la anarquía y la tira­ nía imperantes hasta entonces; había que crear, en suma, una concien339

MANUAL D F. 1DSTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rhnrda J. G. Il^ r r y

cía nacional. A eso se contrajeron Echeverría y sus compañeros de la Asociación de Mayo, al redactar el primero y adoptar los otros el “D ogm a Socialista", pequeño libro, que es mucho más que un brevia­ rio cívico, mucho más que un mensaje contra las tiranías: es !a cartilla de la edificación de un país. Había que formar la conciencia de la nacionalidad. Sin una nueva conciencia social tendríamos independencia política de España. Pero no tendríamos Patria; habiendo dejado de ser colonos jurídicamente, continuaríamos siéndolo por el espíritu. Son palabras del Dr. Carlos Alberto Erro, en el prólogo al “Dogma Socialista de la Asociación de M ayo”. Cabe señalar que el calificativo de “socialista" está empleado en el sentido de “social” en oposición al liberalismo individualista, pero bajo ningún concepto puede ser confundido con la corriente del socia­ lismo que había comenzado a difundirse en Europa. 5. Las P alab ra s Sim bólicas. Las “Palabras Simbólicas” desenvuelven una serie de principios cuyo comentario forma el credo de la Asociación, y giran en tomo a tres términos: “ Mayo-Democracia-Progreso” Ellas sintetizan el pen­ samiento político, el ideario de la Asociación de Mayo y constituyen su base doctrinaria. “M ayo” inspira, fundamenta y nutre a la nueva generación. Ella se considera heredera de sus pensamientos y tradiciones; busca con­ cretarlos en realidad, porque Mayo es lo opuesto a la Colonia y cons­ tituye el “acta fundadora” de la nacionalidad. "Dem ocracia” es el régimen que nos conviene y el único realiza­ ble entre nosotros: define un Estado de Derecho, contrario a la Dicta­ dura; aquella es separación y equilibrio de poderes, afianzamiento de la libertad y consagración de derechos y garantías del pueblo. “Progreso” es el camino adecuado para cumplir el programa pro­ puesto y lograr la transformación del país, porque la revolución. afirman- “es el progreso” y “todas las asociaciones humanas existen por el progreso y para el progreso”. Con esas bases se comprenden las “Palabras Simbólicas” de la Asociación de Mayo, que son las siguientes:

340

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTL’aO N A L ARGENTINA Dr. K kxrJaJ. G. ¡U rrer

I) Asociación: Es la condición necesaria que la Providencia impuso al hombre para el libre ejercicio y pleno desarrollo de sus facultades ai darle por patrimonio el Universo. Sin asociación no hay progreso, ya que es la condición forzosa de toda civilización. La Asociación debe ser entre iguales, ya que la desigualdad engendra odios y pasiones. Es necesario organizaría y constituirla, de modo que no choquen ni se dañen mu­ tuamente los intereses sociales y los intereses individuales. El derecho del hombre y el derecho de asociación son igualmente iegítimos, y la política debe encaminar sus esfuerzos a asegurar a cada ciudadano, por medio de la asociación, su libertad y su individualidad. La Socie­ dad no debe absorber al ciudadano o exigirle el sacrificio absoluto de su individualidad, ni la voluntad de un pueblo o su mayoría puede atentar contra su derecho individual, pero tampoco puede permitir el predominio exclusivo de los intereses individuales, porque entonces la sociedad se disolvería. Por encima de la ley positiva existen los dere­ chos del hombre. La voluntad del pueblo jam ás podrá sancionar como justo lo que es esencialmente injusto. Ninguna mayoría, ningún parti­ do o asamblea, tiene derecho para establecer una ley que ataque las le­ yes naturales y los principios conservadores de ia sociedad y que pon­ ga a merced del capricho de un hombre la seguridad, la libertad y la vida de todos. La voluntad de un pueblo jam ás podrá sancionar como justo lo que es esencialmente injusto. La institución gobierno sólo es útil cuando propende a asegurar a cada ciudadano sus imprescriptibles derechos y su libertad. El camino para llegar a la libertad es la igual­ dad y, junto a la libertad, son los principios que engendran la demo­ cracia, régimen que nos conviene y el único utilizable entre nosotros. II) Progreso: La humanidad es como un hombre que vive siempre y progresa constantemente. La ley del desarrollo se llama Ley del Progreso, para procurarse el bienestar que apetecen. Todas las asociaciones humanas existen por el progreso y para el progreso, y la civilización misma no es otra cosa que el testimonio indeleble del progreso humano. El bie­ nestar de un pueblo está en relación y nace de su progreso. La Améri­ ca creyendo mejorar su condición se emancipó de España. Considera a Europa como el centro de la civilización de los siglos y del progreso humanitario, y la América debe estudiar el movimiento progresivo de

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricarda J. G. H ^ n r

ía inteligencia europea,'pero sin sujetarse ciegamente asu-influencia. Ella debe apropiarse de todo lo que contribuya a la satisfacción de-sus necesidades pero recordando que cada p ueblojiene su vida e jn te ligencia propios. Así, la nacionalidad es sagrada, y por ende un pueblo que esclaviza su inteligencia a la inteligencia de otro pueblo es estúpi­ do y sacrilego. Un pueblo que se estaciona y no progresa, no tiene mi­ sión alguna, ni llegará jam ás a constituir su nacionalidad. III) Fraternidad: Es el am or m utuo o aquella disposición generosa que inclina al hombre a hacer a los otros lo que quisiera que se hiciese con él. Por la ley de Dios y de la humanidad todos los hombres son hermanos. Todo acto de egoísmo es un atentado a la fraternidad humana. La fraterni­ dad es la cadena de oro que debe ligar todos los corazones puros y verdaderamente patriotas; sin fraternidad no hay fuerza, ni unión ni patria, y todo acto o palabra que tienda a relajar este vínculo es un atentado contra la patria y la humanidad. IV) Igualdad: Por la ley de Dios y de la humanidad, todos los hombres son iguales. La igualdad consiste en que los derechos y deberes mutuos sean igualmente admitidos y declarados por todos, en que nadie pueda sustraerse a la acción de la ley que los formula, en que cada hombre participe igualmente del goce proporcional a su inteligencia y trabajo. Todo privilegio es un atentado a la igualdad. La sociedad debe a todos sus miembros igual protección, seguridad, libertad; si a unos se la otorga y a otros no, hay desigualdad y tiranía. Pero esa potestad debe proteger a los débiles, a los pobres y a los menesterosos, es decir em­ plear los medios que la sociedad ha puesto en sus manos para realizar la igualdad. Debe ilustrarse a las masas sobre sus verdaderos derechos y obligaciones, educarlas para poder ejercer la ciudadanía e infundir­ les la dignidad de hombres libres. La única jerarquía que debe existir en una sociedad es aquélla que trae su origen de la naturaleza, ya que Dios, inteligencia suprema, quiso que para tener el hombre el señorío de la creación y sobreponerse a las demás criaturas, descollase en ra­ zón e inteligencia. La inteligencia, la virtud, la capacidad, el mérito probado; he aquí las únicas jerarquías de su origen natural y divino. El problema de la igualdad social está entrañado en este principio: “A cada hombre según su capacidad; a cada hombre, según sus obras”. 342

■ -ií. ja l .
MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RiatrdoX G. lU m ? &

V) Libertad: ---------- -......— •— ---- ------------Por la ley de Dios y la Naturaleza todos los hombres son libres, y es el derecho que cada hombre tiene para emplear sin traba alguna sus facultades en el conseguimiento de su bienestar y para elegir los me­ dios que puedan servirle a este objeto. El libre ejercicio de las faculta­ des individuales no debe causar violencia a los derechos de otro. La libertad humana no tiene otro límite. No hay libertad donde no le es permitido moverse libremente, donde no puede disponer del fruto de su trabajo, donde puede ser vejado e insultado por los sicarios de un poder arbitrario, donde puede ser encarcelado sin haber violado la ley, sin juicio previo ni proceso en legal forma; donde no puede publicar libremente sus ideas; donde se le impone una religión o un culto del que su conciencia juzga verdadero; donde pueden arrancarlo de su fa­ milia y desterrarlo fuera de su patria; donde su seguridad, su vida y sus bienes están a merced del capricho de un mandatario, etc. VI) Dios, Centro y Periferia de nuestra creencia religiosa. El Cristianismo su Ley. La religión natural es aquél instinto imperioso que lleva al hom­ bre a tributar homenaje a su Creador. Pero la religión natural no ha si­ do suficiente, porque careciendo de certidumbre, de vida y de sanción, no satisfacía las necesidades de su conciencia y ha sido necesario que las religiones positivas que apoyan su autoridad sobre hechos históri­ cos viniesen a proclamar las leyes que deben regir esas relaciones ín­ timas entre el hombre y su Creador. Considera que la mejor de las re­ ligiones positivas es el Cristianismo, pues trajo al mundo la fraterni­ dad, la igualdad y la libertad, y rehabilitando al genero humano en sus derechos, lo redimió. Reconoce la libertad de conciencia como dere­ cho del individuo y la libertad de cultos como un derecho de la comu­ nidad religiosa. El Estado, como cuerpo político no puede tener una religión, porque no siendo persona individual carece de conciencia propia. El principio de la libertad de conciencia jam ás podrá concillar­ se con el dogma de la Religión del Estado. VII) El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra con­ ducta social. La moral regla los actos del hombre privado. El honor los del hombre público. La moral pertenece al fuero de la conciencia indivi­ dual y es la norma de la conducta del hom bre con relación a si mismo
343

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUaONAL ARGESTEÍA Dr. RScxrdo J. G. Ilmrrrr

y a sus semejantes. El honor entra en el fuero de la conciencia del hombre social y es la norma de sus acciones con relación a la socie­ dad. La moral será el dogma del cristiano y del hombre privado. El honor el dogma del ciudadano y del hombre público. Características del hombre de honor: no traiciona sus principios, es veraz, no falta a su palabra, ama lo verdadero y lo justo, es caritativo y benéfico. No prevarica, tiene rectitud y probidad, no vende sus favores cuando se halla elevado en dignidad; es buen amigo, es virtuoso, buen patriota y buen ciudadano. El hombre de honor detesta la tiranía, se sacrifica si es necesario por la Justicia y la Libertad. El sacrificio es aquella dis­ posición generosa del ánimo que lleva al hombre a consagrar su vida y facultades, ahogando su interés personal y su egoísmo, a la defensa de una causa que considera justa; al logro de un bien común a su patria y a sus semejantes; a cumplir con sus deberes de hombre y de ciudada­ no: y a derramar su sangre si es necesario para desempeñar tan alta y noble misión y sacrificarse por la Patria y por la causa santa de la li­ bertad, la igualdad y la fraternidad. VIH) A dopción de todas las glorias legítimas tanto indivi­ duales como colectivas de la Revolución. M enosprecio de toda re­ putación u su rp a d a e ilegítim a. Sólo serán legítimas aquellas adquiridas por la senda del honor, no manchadas de iniquidad e injusticia, las obtenidas a fuerza de he­ roísmo, constancia y sacrificio. Hace la diferencia entre gloria y repu­ tación. Destaca las condiciones del grande hombre, en aquél que co­ nociendo las necesidades de su tiempo y de su pais, y confiado en su fortaleza se adelanta a satisfacerlas; y a fuerza de tesón y sacrificios se labra con la espada o la pluma, el pensamiento o la acción, un trono en el corazón de sus conciudadanos o de la humanidad. El grande hombre puede ser guerrero, estadista, legislador, filósofo, poeta, hombre cien­ tífico...etc. Sólo el genio es supremo después de Dios. La supremacía del genio constituye su gloria y el apoteosis de la razón. El genio es la razón por excelencia. La virtud y la capacidad marchan a cara descu­ bierta. La hipocresía y la estupidez se la cubren. No hay gloria indivi­ dual legitima sin estas condiciones. IX) C ontinuación de las tradiciones progresivas de la Revolu­ ción de M ayo. La revolución americana que destruyo el antiguó edificio labrado en siglos de ignorancia por la tiranía y la fuerza, no tuvo tiempo para
344

MANUAL DE HISTORIA OONSTTTL'aO.NAL ARGENTINA Dr. Ricarda J. G. f k n r

reedificar otro nuevo. Pero proclamó las verdades que ci espíritu hu­ mano había producido, para que sirviesen de fundamento a la reorga­ nización de las sociedades modernas. Para fundar la libertad era nece­ sario primero la independencia. Así se hallan expresados en sus pri­ meros decretos y resoluciones. Dice que por las circunstancias que se vivieron, se dijo que el pueblo era soberano, en vez de decir que la so­ beranía reside en la razón del pueblo, por lo que fue difícil luego po­ nerle coto. La omnipotencia de las masas produjo los desastres y ter­ minó por sancionar y establecer el despotismo. No obstante lo cual tu­ vo útiles resultados, pues estableció en el Plata la democracia, y ella será útil cuando el pueblo comprenda que no le fue dada por Dios para ejercerla sino en los límites del derecho, como instrumento de bien. Las nuevas generaciones deberán ponerlas en armonía con los ade­ lantos de la razón publica y se esforzará para que lleguen a ser algún día el credo político de todas las inteligencias y a tener viva y perma­ nente realidad. X) Independencia de las tradiciones retrógradas que nos su­ bordinan al antiguo régimen.. Dos ideas aparecen en toda revolución: la que se aterra al “status quo” y se atiene a las tradiciones del pasado y la idea reformadora y progresiva. El régimen antiguo y el espíritu moderno. Para destruir al régimen antiguo y emancipamos completamente de esas tradiciones añejas se necesita una reforma radical de las cos­ tumbres, y ello será la obra de la educación y de las leyes. Educar ai pueblo, morigerarlo, será el modo de preparar los elementos de una legislación adecuada a nuestro estado social y a nuestras necesidades. XI) Emancipación del espíritu americano. El pensamiento de la revolución no se ha realizado. Somos inde­ pendientes pero no somos libres. Los brazos de .la España no nos oprimen, pero sus tradiciones nos abruman. La contrarrevolución no es más que la agonía lenta de un siglo caduco, de las tradiciones retró­ gradas del antiguo régimen. A la joven generación toca la grande obra de la emancipación del espíritu americano que se resume en dos pro­ blemas: emancipación política y emancipación social. El primero esta resuelto, falta hacerlo al segundo. XII) Organización de la Patria sobre la base Democrática. La igualdad y la libertad son los dos polos de la democracia, que pane del hecho necesario de la igualdad de clases y marcha hacia la
345

T fÜ Ü S fiE * 1

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Xiauria £ G. lU rrcr

conquista del reino de la libertad más amplia, de la libertad individual, civil y política. La democracia no es una forma de gobierno, sino la . -...... esenria_misma_ de. todos J o s gobiernos .republicanos, o instituido por todos para el bien de la comunidad o de la asociación. La democracia es el régimen de la libertad fundado sobre la igualdad de clases. La dem ocracia es el gobierno de las mayorías o el consentimiento uni­ forme de la razón de todos, obrando para la creación de la ley y para decidir soberanam ente sobre todo aquello que interesa a la asociación. La Soberanía del Pueblo es ilimitada en todo lo que pertenece a la so­ ciedad, en la política, en la filosofía, en la religión. Pero el pueblo no es soberano de lo que toca al individuo, de su conciencia, de su pro' piedad, de su vida y de su libertad. El fin de la asociación es organizar la dem ocracia y asegurar a todos y cada uno de los miembros asocia­ dos el más am plio y libre goce de sus derechos naturales; el más am­ plio y libre ejercicio de sus facultades. Pero el pueblo soberano no puede violar esos derechos. Desde el momento que los viola, el pacto se rompe, la asociación se disuelve, y cada uno será dueño absoluto de su voluntad y sus acciones y de cifrar en su fortaleza. El derecho de resistencia del individuo contra las decisiones tiránicas del pueblo so­ berano o de las mayorías es legítimo, como lo es el de repeler la fuerza con la fuerza, puesto que nace de las condiciones mismas del pacto social. La Razón Colectiva sólo es soberana, no la voluntad colectiva. La soberanía del pueblo sólo puede residir en la razón del pueblo, y que sólo es llamada a ejercerla la parte sensata y racional de la comu­ nidad social. Priva temporariamente a las masas ignorantes del ejerci­ cio de los derechos de la soberanía o de la libertad política, pero tiene el pleno goce de su libertad individual. No puede asistir a la confec­ ción de la ley, mientras permanezca en tutela y minoridad, pero la ley le da los m edios de emanciparse y las tiene entretanto bajo su protec­ ción y salvaguardia. El soberano para la confección de la ley delega sus facultades. Divide la potestad social en tres grandes poderes. XIII) Confraternidad de principios: N ecesidad de tener creencias comunes. La confraternidad de principios producirá unión y fraternidad de todos en el sólo objeto de la libertad y engrandecimiento patrio. XIV) Fusión de todas las doctrinas progresivas en un sólo centro unitario:
346

.\UNUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo X G. / W

Formular un sistema de creencias comunes y de principios lumi­ nosos que nos sirvan de guía. La filosofía: progreso indefinido. Los símbolos de la fe: fraternidad , igualdad, libertad, asociación. La So­ ciedad o el poder que la representa debe a todos sus miembros instruc­ ción y tiene a su cargo el progreso de la razón pública. Declara absur­ do al sufragio universal. ‘T odo para el pueblo y por la razón del pue­ blo” Gobierno representativo. XV) Abnegación de las simpatías que puedan ligamos a las dos grandes facciones que se han disputado el poderío durante la Revolución: La Revolución de Mayo se dividió al nacer y ha continuado divi­ dida hasta los actuales días; armada de sus dos manos, como la Revo­ lución Francesa, con la una de ellas ha llevado adelante la conquista de la libertad, en tanto que con la otra no ha cesado de despedazar su propio seno; doble lucha de anarquía y de independencia, de gloria y de mengua, que ha hecho a la vez desgraciado y feliz al país, que ha ilustrado y empañado nuestra revolución, nuestros hombres y nuestras cosas. La anarquía es hija de la anarquía del pasado: tenemos odios que no son nuestros, antipatías que nosotros hemos heredado. Convie­ ne interrumpir esa sucesión funesta que hará eterna nuestra anarquía. Facción morenista, facción saavedrista, facción rivadaviana, fac­ ción rosista, son para nosotros voces sin inteligencia; no conocemos partidos personales, no nos adherimos a los hombres; somos secuaces de los principios. Para nosotros la revolución es única e indivisible. Los que la han ayudado son dignos de gloria; los que la han empaña­ do, de desprecio. Olvidemos las faltas de los unos para no pensar más que en la gloria de los otros. Todos los períodos, todos los hombres, todos los partidos comprendidos en el espacio de la revolución han hecho bienes y males a la causa del progreso americano. Excusamos, sin legitimar, todos estos males; reconocemos y adoptamos todos estos bienes. Todos los argentinos son unos en nuestro corazón, sean cuales fueren su nacimiento, su color, su condición, su escarapela, su edad, su profesión, su clase. Nosotros no conocemos más que una sola fac­ ción: la Patria; más que un sólo color, el de Mayo; más que una sola época: los treinta años de revolución americana. Desde la altura de estos supremos datos nosotros no sabemos qué son unitarios y federa­ les, colorados y celestes, plebeyos y decentes, viejos y jóvenes, porte­
347

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K¡c*rdo J- G. iU rrcy

ños y provincianos; año 10 y año 20, año 24 y.año 30; divisiones m ezquinas que vemos desaparecer como el humo delante de las tres grandes unidades del pueblo, de ia bandera y de la historia de los ar­ gentinos. Hemos visto luchar dos principios en toda la época de la revolu­ ción y perm anecer hasta hoy indecisa la victoria. Esto nos ha hecho creer que sus fuerzas son iguales y que su presencia simultánea en la organización argentina es de una necesidad y correlación inevitables. Esta última palabra simbólica pertenece a Alberdi como ya queda dicho y fue agregada con posterioridad a la redacción original de las catorce anteriores. 6. Situación política después de Caseros. En la batalla de Caseros se concreta la caída del régimen rosista, pues ya con mucha anticipación se estaba preparando el terreno para ello. Todo el periodo de la Confederación, construido sobre andam ia­ jes jurídicos endebles, fue crítico y trajinado por combates casi conti­ nuados. Hubo en ese largo periodo contiendas y conflictos internacio­ nales. levantamientos internos, crisis que se sucedían, y el manteni­ miento por la fuerza de la estabilidad institucional. El pacto confederacional de especiales características hizo realidad un período de inconstitución muy largo. Tanto federales como unitarios, eran dos con­ ceptos que, en la realidad, no tenían mayor sustento, por lo que se ha­ cía necesario una síntesis que permitiera la superación de las tenden­ cias. Urquiza, vencedor de Rosas en Caseros, dirigirá un m anifiesto al pueblo de Buenos Aires en la que expresa que su ejército se propuso salvarlos del despotismo sangriento que .los oprimía. Proclamaba ei olvido general de todos los agravios, confraternidad y fusión de todos los panidos políticos, la fusión de las ideas, ei perdón general, la ine­ xistencia de vencedores o vencidos, premisas necesarias para el logro de la paz y la tranquilidad para precederse a la organización nacional y al dictado de una Constitución. En este sentido hay consenso gene­ ralizado de que en el pensamiento de Urquiza existía un pian tendiente a estructurar la organización jurídica del país. Luego de Caseros, Urquiza tenía diferentes caminos a seguir, ya que debe recordarse que al producirse la batalla, ias provincias no ple­ gadas a su bando tenían los mismos gobernadores que en la época de
348

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R ic^Jo J. C. ISermy

Rosas, con excepción de Santa Fe donde Domingo Crespo reemplazó a Echagüe que se embarcó con el tirano. Uno de esos caminos era profundizar las consecuencias de la victoria iniciando su acción contra las provincias que pudieran opo­ nerse a su política y que estaban gobernadas por adictos a Rosas, o bien entregar el gobierno de Buenos Aires a los vencedores, o quizá imponer por la fuerza gobiernos adictos. Por otro lado, podía desechar la guerra e intentar la conciliación. Eligió este último camino, que pa­ recía el más indicado para las circunstancias. La primera medida que debía adoptarse, ante la renuncia de Ro­ sas y la disolución de la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires, era la de designar gobernador provisorio, recayendo la misma en la persona del Dr. Vicente López y Planes, que había sido presidente de la Cámara de Justicia de la citada provincia y gozaba del respeto general por su larga trayectoria patricia. Luego de esto, Urqui­ za inició la reconstrucción institucional de la provincia, llamando a elecciones para integrar su Sala de Representantes, la que posterior­ mente confirmó a López como gobernador titular. Al mismo tiempo se dedicó a lograr la conciliación y el acerca­ miento de las provincias de la Confederación, mediante acuerdos por los cuales garantizaba a éstas sus instituciones y la continuidad de sus gobernantes, a cambio del aporte de todas en la organización nacional mediante el Congreso Constituyente que habría de dictar la constitu­ ción del Estado. Encomendó la tarea de conversar con los gobiernos provinciales al Dr. Bernardo de Irigoyen, que había sido Secretario de Rosas, misión que tuvo pleno éxito. La respuesta de los gobernadores fue favorable. Tampoco exis­ tieron dificultades para que las provincias le delegaran las facultades antes otorgadas a Rosas para el manejo de las relaciones exteriores, y en algunos casos para el manejo de los negocios generales de la Con­ federación. Con tal finalidad se utilizaron dos vías: las provincias del interior lo hicieron mediante el dictado de leyes, mientras que el grupo de las provincias litorales (Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Com entes) llegaron a análoga decisión con el Protocolo de Palermo.

349

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTTUaONAL ARGENTINA Dr. Ricarda J . G. H tm r

7. Protocolo de Palermo. -......En los prim eros días de abril de 1852, Urquiza reunió en la anti­ gua residencia de Rosas en San Benito de Palermo a los gobernadores de las provincias que habían participado del ejército vencedor, a los que agregó al titular interino de Buenos Aires, a los efectos de ilevar adelante el prim er paso del plan tendiente a lograr la organización constitucional del país. Los gobernadores de Entre Ríos, D. Justo José de Urquiza, de Corrientes Gral. Benjamín Virasoro, el delegado de Santa Fe, Don Manuel Leyva y el interino de Buenos Aires, Dr. Vice­ nte López y Planes, analizaron la situación creada y al redactar las disposiciones pertinentes tuvieron presentes los siguientes objetivos del docum ento, que será conocido como Protocolo de Palermo: a) C onsiderar la situación presente de la república después de la caída de Rosas; b) O rganizar la autoridad que las represente en sus relaciones externas con las dem ás potencias amigas; c) de conform idad con los pactos y leyes fundamentales de la Confe­ deración; d) prom over otros arreglos, contrayendo compromisos útiles que ci­ menten aquellas relaciones. En sus considerandos se hace una relación de los antecedentes del derecho publico argentino, en orden a la determinación sobre a qué poder le corresponde el ejercicio de las relaciones exteriores, arribán­ dose a las siguientes conclusiones: 1) Que desde la Independencia en 1816 hasta el Pacto Federal de 1831 ha variado el punto sobre la autoridad competente para ello. 2) Que el punto asumió un carácter más definido a partir de la Ley Fundam ental de 1825,que encomendó al gobierno de Buenos Ai­ res las RR.EE.. 3) Que al disolverse el Congreso y la presidencia de Rivadavia, la Ley del 3 de julio de 1827 creó una autoridad provisoria a la que se lo encomendó, y posteriormente en el mismo carácter, se le encargó al Gobierno de Buenos Aires. 4) Que con el Pacto federal de 1831, se encomendó a la Comi­ sión representativa, y ésta a su vez lo dejó a cargo del gobierno de Buenos Aires:
350

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. Jiarrcr

5) Que con posterioridad y durante los gobiernos de Rosas, con­ forme a aquél mismo tratado las provincias confederadas la confirie­ ron al gobierno de Buenos Aires. 6) Que posteriormente se les exigió a las provincias que esa alta facultad fuese delegada a la persona del Dictador Juan Manuel de Ro­ sas; 7) Que con la caída de Rosas, las provincias recuperaron esa fa­ cultad soberana; 8) Que las provincias de Entre Ríos y Corrientes, luego del pro­ nunciamiento, la acordaron al Gobernador de Entre Ríos en 1851 a lo que posteriormente adhirió Santa Fe. 9) Que las demás provincias han hecho llegar su adhesión a la política inaugurada por Urquiza, confiándole las RR.EE. Por todo ello, Resuelven: Io)Autorizar al Gobernador de Entre Ríos D. Justo José de Urquiza dirigir las RR.EE. de la república hasta tanto se reúna el Congreso Nacional y establezca el poder a quien competa el ejercicio de ese cargo. 2o) Asimismo, la designación de un plenipotenciario para que concurra a formar la Comisión representati­ va de los gobiernos, para que reunida en Santa Fe entre en el ejercicio de las facultades que le confiere el art. 16 del Pacto Federal de 1831. 3°)Dispuso hacer conocer la resolución a las demás provincias. A consecuencia de la firma del- Protocolo de Palermo cesó de funcionar la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores de la pro­ vincia de Buenos Aires y se designó en calidad de Ministro de dicho ramo al Dr. Luis J. de la Peña, quebrándose de esta manera la vieja tradición de que este ramo estuviera a cargo del gobierno porteño. Ya veremos como ésta y otras medidas fueron creando un sordo antago­ nismo y una después abierta oposición entre los elementos de esa pro­ vincia, que ahora sorprendentemente unía a viejos unitarios con los recién caídos rosistas. De acuerdo con los términos del Protocolo de Palermo, el paso siguiente habría sido el de formar la Comisión Representativa prevista en el Pacto Federal de 1831, integrada por un representante por cada provincia, que debía reunirse en Santa Fe. Como se recordará, el inci­ so 5° del artículo 16 de ese Pacto, facultaba a ese organismo para con­ vocar a la reunión de un Congreso General Constituyente, y ese parece ser el camino que se iba a seguir.
351

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTl'aON.VL ARGENTINA Dr. Ricardo J. C. t t m r

Pero el 8 de abril de 1852 el Ministro de RR.EE. Luis José de la Peña, envió una circular a los gobernadores de las provincias, invitán­ dolos a una reunión solemne de todos ellos, que tendría por objeto formar “el prelim inar de la Constitución Nacional”. Es decir,’ se deja de lado la intención de organizar previamente la Comisión Represen­ tativa, y se recurre al procedimiento más directo de convocar a los go­ bernadores en forma personal y convenir con ellos las bases de la futu­ ra organización constitucional, además de asegurar, de esa manera, el otorgamiento de nuevas facultades necesarias para el mejor gobierno de la Confederación. 8. Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos. Los proyectos presen­ tados. Respondiendo a esa invitación asisten a ia sesión inaugural de! 29 de mayo de 1852, que se celebra en San Nicolás de los Arroyos, los gobernadores de diez provincias: Entre Ríos, San Juan, Mendoza, La Rioja, San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán, Corrientes y Buenos Aires. Catam arca delega su representación en el Gral. Urqui­ za. Los gobernadores de Salta, Córdoba y Jujuy, ausentes como con­ secuencia de disturbios internos, van a adherir posteriormente al Acuerdo con fecha Io de julio de 1852. Previo a la reunión de gobernadores a los que había convocado y consciente de que en Buenos Aires existía una sorda oposición en su contra, fundada en el tem or de que se llegara a convertir en un nuevo dictador, reem plazando al recieniemente depuesto, Urquiza buscó un entendimiento con la dirigencia porteña, invitando a concurrir a la re­ sidencia de Palermo a una “reunión de notables” a la que asistieron Valentín Alsina, Juan Pujol, José Benjamín Gorostiaga, Tomás Guido, Francisco Pico, Dalmacio Vélez Sarsfield y Vicente Fidel López, para cambiar im presiones sobre la futura reunión de gobernadores. En la oportunidad, el Dr. Juan Gregorio Pujol que había venido actuando com o asesor de Urquiza, presentó a consideración de los presentes un proyecto por el que se buscaba: a) reconform ar la Confederación sobre nuevas bases, organizando un gobierno provisorio de la Nación hasta la reunión del Congreso, al cual tam bién se convocaba.. b) declarar a la ciudad de Buenos Aires, Capital del Estado Nacional.
352

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. lU m r

c) nacionalizar el territorio de dicha ciudad, como así sus propiedades públicas, aduana, establecimientos y empleados, siguiendo las ba­ ses de la ley de capitalización dictada por el Congreso en el go­ bierno de D. Bemardino Rivadavia. _______ _____ ____ d) dividía el territorio de la provincia de Buenos Aires en dos provin­ cias. e) determinaba el modo y la forma en que debía llevarse adelante el futuro Congreso constituyente. Puesto a consideración de las personas reunidas, Guido, Vélez y Alsina se manifestaron en contra totalmente expresando que el pro­ yecto debía limitarse a establecer dónde, cómo y cuándo se debia reu­ nir el Congreso General Constituyente. Por su parte. Pico, López y Gorostiaga, se opusieron a la capitali­ zación de Buenos Aires, coincidiendo en cambio acerca de ia necesi­ dad de organizar el gobierno provisional. Urquiza, luego de escuchar las diversas opiniones, encomendó a los señores Pico y Vélez la redacción del proyecto que sería puesto a consideración de los gobernadores en la próxima reunión de San Ni­ colás. Una larga polémica desarrollada, años después, ponía de mani­ fiesto las encontradas posiciones que habían sido expuestas, pero se afirmaba que, con excepción de la capitalización de Buenos Aires, el proyecto aprobado en San Nicolás era el que había redactado origina­ riamente el Dr. Pujol. 9. El Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos. Texto aprobado. La idea de reunir a los gobernadores para echar las bases de la organización del Congreso Constituyente, nació de inmediato como una consecuencia del éxito de la gestión de Bernardo de Irigoyen. El objeto era allanar previamente las dificultades qué pudieran oponerse a la reunión del Congreso para sancionar la Constitución y proveer a ios medios mas eficaces de mantener la tranquilidad interior, la seguridad de la república y la representación de su Soberanía du­ rante el periodo constituyente. El 31 de mayo de 1852 ios gobernadores de las catorce provin­ cias históricamente preexistentes suscribieron el Acuerdo de San Ni­ colás, que ponía fin al largo camino hacia la unidad y la creación del
353

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Kietrdo J. C. flr r c r

Estado Federal, en cuanto sentaba las bases para la reunión del Con­ greso General Constituyente. -------- -------------- . Del contenido de este Acuerdo surgen las líneas pactistas elabo­ radas desde 1813 en adelante. Sus disposiciones dicen: Io) Declara “Ley fundamental de la República” al Pacto Federal de 1831, y autoriza al Encargado de las RR.EE. a ponerlo en ejecución en todo el territorio de la república. 2o) Se declara estar en el caso previsto por el art.16 inc. 5o) del precitado Tratado al encontrarse las provincias en paz y libertad, para reunir el Congreso General Federativo. 3o) Declara libre de impuestos o derechos de tránsito a los artí­ culos de producción nacional o extranjera que pasen del territorio de una provincia a otra, igual que los vehículos que los transporten (me­ joram iento del comercio interior). 4o) Establece el mes de agosto pará la reunión del Congreso y m anda elegir los diputados, según la ley de elecciones de cada provin­ cia. 5o) Siendo todas las provincias iguales en derecho, como miem­ bros de la Nación, tendrán dos disputados cada una. 6°) Se sancionará la Constitución a mayoría de sufragios, no de­ biendo traer los diputados instrucciones especiales que restrinjan sus poderes. 7o) Los diputados debían estar imbuidos de sentimientos pura­ mente nacionales, que estimen su calidad de ciudadanos argentinos antes que la de provincianos. Los gobernadores se comprometían a interponer su influencia en tal sentido. 8o) Los diputados no podían ser juzgados por sus opiniones ni acusados por motivo alguno, y sus personas inviolables, pero podían ser sustituidos por sus provincias cuando lo creyeran oportuno. 9o) El Encargado de las RR.EE. tendría a su cargo la atención de los gastos y viáticos del Congreso. 10°) El Encargado de las RR.EE. instalará, y abrirá las sesiones de! Congreso, atendiendo a la seguridad y libertad de las discusiones. 11°) El lugar de reunión será Santa Fe, y allí se determinará su residencia. 12°) Sancionada la Constitución y las leyes necesarias para po­ nerla en practica, será comunicada al Encargado de las RR.EE. y este la promulgará como Ley Fundamental de la Nación. En seguida será
354

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. ÍU rrxj

nombrado el presidente constitucional de la República y el Congreso cerrará sus sesiones. 13o) Los gobernadores asumen el compromiso de emplear cuan­ tos medios seannecesariospara-m antener la paz pública dentro de sus provincias, previniendo los elementos de desorden, propendiendo al olvido de los errores del pasado y a estrechar la amistad de los pueblos argentinos. 14°) Para el supuesto de que la paz interior fuese perturbada por hostilidades abiertas entre una provincia y otra o por sublevaciones armadas dentro de la misma provincia, queda el Encargado de las RR.EE. autorizado para emplear todas las medidas necesarias para restablecer la paz, y sostener las autoridades legalmente constituidas, obligándose los demás gobernadores a prestar su colaboración. 15°) Determina como atribuciones del Encargado de las RR.EE. representar la Soberanía y conservar la indivisibilidad nacional, man­ tener la paz interior, asegurar las fronteras, defender la república de cualquier pretensión extranjera, y velar por el cumplimiento de este Acuerdo, y para ello se lo inviste del carácter de General en Jefe de los ejércitos de la Confederación, tomando el mando efectivo de todas las tropas que actualmente tenga en pie cada provincia. 16°) Establece, además, como sus atribuciones reglamentar la navegación de los ríos interiores, la administración general del Correo, creación y mejora de caminos públicos, etc. 17°) Crea un Consejo de Estado, que será integrado por el Encar­ gado de las RR.EE., para consultarlo en los casos que considere gra­ ves. 18°) Se le confiere el titulo de Director Provisorio de la Confede­ ración Argentina. 19°) Para sufragar los gastos, las provincias concurrirán propor­ cionalmente con el producto de sus aduanas exteriores, hasta la insta­ lación de las autoridades constitucionales. El Acuerdo se refiere a tres aspectos fundamentales: Io) La orga­ nización del Gobierno provisorio; 2o) los fundamentos sobre los cuales habrá de versar la constitución a dictarse. 3o) la organización del Con­ greso. En síntesis, el Acuerdo se ajusta a un esquema que constituye su columna vertebral: asegurar la organización y funcionamiento del
355

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Or.KJcmrdoJ. C. ÍU rrrr

Congreso General que, en ejercicio del Poder Constituyente, sancione una constitución definitiva. Con tal finalidad crea los medios para el gobierno inmediato y sienta principios definitivos, comenzando por fijar la modalidad fede­ ral que debía incorporar la nueva Constitución, evitando así que se re­ pitieran los fracasos organizativos de 1819 y 1826. Refiriéndose al Acuerdo, Bidart Campos expresa que si son ponderables la disposición y el consentimiento de los. gobernadores pro­ vinciales, no son menos la habilidad y la prudencia de Urquiza que. como libertador y vencedor, no especuló con los derechos de la victo­ ria. A él le cabe la gloria, en frase textual de Longhi, de haber sido el realizador del pensamiento de Mayo. El Acuerdo no condiciona en un sentido lógico a la constitución del 53, sigue diciendo este autor, pero en el orden de la causación histórica introduce en ella, por la fuerza de los factores empíricos, el ideario de Mayo y el derecho contractual federal que venía amasándo­ se desde las décadas precedentes. Es, al fin, el pacto que posibilita la integración provinciana que, desde Mayo de 1810, aparecía en ciernes sobre el horizonte de nuestros constitucionalismo. 10. El rechazo de la Legislatura porteña. Debates. El acuerdo fue suscrito, lo hemos dicho, por todos los gobernado­ res inclusive el de la provincia de Buenos Aires. El Gobernador de ese Estado, al regresar de San Nicolás, lo envió a la Sala de Representan­ tes de la provincia , y el cuerpo decide tratarlo en la sesión del 21 de junio de 1852. Comenzó entonces el debate, el que dio lugar al planteo del pro­ blema formal acerca de si el gobernador podía o no suscribir el acuer­ do sin la previa autorización'de la Sala de Representantes. Criticaban además que mediante el Acuerdo se la pusiera en igualdad jurídica que las demás provincias. Se producirán entonces las llamadas Jomadas de Junio de 1852, en la Sala de Representantes, en las que los rosisías unidos a los viejos unitarios, actuaban en común para combatir las cláusulas del Acuerdo. Los alegatos expresados por ambas partes son de gran vehemencia y agresividad. Cuando el gobernador López puso en conocimiento oficialmente los términos del Acuerdo y solicitó la designación de dos diputados
356

MANUAL DE mSTORlACOttSTmJQON*VL AXGENTINA D r.FJau^oJ. G. llxm rr

para que concurrieran al Congreso Constituyente, correspondió a Bartolomé Mitre impugnarlo desde el punto de vista político. Decía que sin poner en tela de juicio la figura de Urquiza, el Acuerdo creaba una dictadura irresponsable con poderes despóticos, ya que no se de­ terminaban ¡as responsabilidades ni se limitaban las facultades del Di­ rector Provisorio, y aunque aclaraba que no se refería a la persona de Urquiza como tal, decía examinar los principios y prescindir de nom­ bres, para agregar que “si abusara de la autoridad sería un tirano y no puede ni debe serlo el que ha triunfado en nombre e interés de la li­ bertad”. Decia, además, que la autoridad creada por el Acuerdo podía dis­ poner de las rentas nacionales sin presupuesto y sin rendición de cuentas ulterior; reglamentaba la navegación de los ríos como si fuera un cuerpo legislativo y soberano, y ejercía la soberanía interior y exte­ rior sin necesidad de previa y posterior sanción: declarar la guerra o sofocar revoluciones; disponer de las fuerzas de la Confederación y comandarlas. Vélez Sarsfield tuvo a su cargo el ataque desde el punto de vista jurídico, ya que a su juicio el acuerdo firmado en San Nicolás por los gobernadores no tenia validez, hasta que las respectivas legislaturas lo ratificasen. El mismo Vélez Sarsfield comenzó su ataque basado en la natu­ raleza jurídica de! documento, que no habría podido concluirse sin la participación del cuerpo legislativo, y al no ser un documento entre potencias extranjeras, único caso en que podría decretar derechos ad­ quiridos, era en realidad un acuerdo entre gobiernos hermanos para organizar la Nación; era por lo tanto voluntario y no generaba dere­ chos hasta tanto los pueblos no dieran su conformidad. Y menos aún podía tener vigencia cuando obligaba a la provincia, afectaba sus ren­ tas, la navegación de los ríos, los intereses generales, etc. todo ello sin la participación de su propio Poder Legislativo o Sala de Represen­ tantes. Según Vélez Sarsfield, con las facultades que se otorgaban a Ur­ quiza quedaban disminuidos al máximo los poderes del gobernador de Buenos Aires y desaparecerían las instituciones provinciales. Entendía que este tratado no podría ser considerado como decisorio de las bases propuestas para la realización del Congreso, ya que las mismas podían o no ser aceptadas por Buenos Aires o, en su caso, proponer otras.
357

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. C.

Que los poderes conferidos eran inconstitucionales y que los otorga­ dos a Urquiza habían sido dispuestos para aniquilar las instituciones provinciales."--------- ------------- • - - • •— ---- ----- -----------------------Decía también que las legislaturas locales no podían formar un cuerpo legislativo nacional y otorgar los poderes nacionales que el Acuerdo daba a Urquiza, ya que era necesario consultar la voluntad del pueblo, es decir debía crearse un cuerpo constituyente a través del voto popular. Las legislaturas provinciales no podían crear gobiernos nacionales; tampoco podían hacerlo los gobernadores, ni siquiera go­ biernos de carácter provisorio. En realidad, si bien el Acuerdo otorgaba facultades extraordina­ rias a Urquiza, ello no constituía una novedad; no hacía sino repetir una regla vista a lo largo de la historia: es más, dichas facultades eran necesarias para la organización del Congreso, y se limitaban a unos pocos meses de perduración. La defensa jurídica del Acuerdo estuvo a cargo del Ministro de Instrucción Pública, Dr. Vicente Fidel López, hijo del Gobernador de Buenos Aires, y se expresaba diciendo que históricamente considera­ do el Acuerdo obedecía a una concatenación de leyes preexistentes a él, que debían considerarse como fundamentales. Que el Acuerdo era un acto de gobierno que emanaba de la obligación que tenía, que era la de cumplir las leyes fundamentales y vigentes hasta la fecha, sancio­ nadas por el sentimiento de todos los pueblos de la república. Además, ninguna provincia podría contradecirlas, sin caer en un acto de rebelión contra el Pacto Fundamenta] que constituye la Nación Argentina. De tal manera los gobernadores de provincia podían reu­ nirse por si y establecer por si y ante si un pacto bajo la forma consa­ grada de Constitución. No se trataba de fabricar una ley, porque esa ley existía. Seguía considerando que el Acuerdo no era un tratado, y que el Acuerdo no había creado ninguna ley nueva entre los pueblos de la república. Se trataba de un acto de entera competencia guberna­ tiva. La barra embravecida y regimentada prácticamente impidió al ministro López continuar con la defensa de la postura del gobierno, y debió retirarse en un carruaje policial para evitar ser agredido, luego de manifestar “Me honro con la declaración que hago: que amo como el que más al pueblo de Buenos Aires donde he nacido. Pero alzo mi voz para decir que mi Patria es la República Argentina y no Buenos
358

MANUAL DF. inSTORU CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G.

Aires”, pero el desorden alcanzó verdaderas proporciones cuando ter­ minó añadiendo: “No hace mucho que la provincia de Buenos Aires había renunciado al honor y a la fama y se había entregado a un tirano dándole sus rentas y sus soldados. Muchas leyes hay votadas en este recinto que comprueban lo que he dicho, renunciando a su honor, a su libertad y a su fama”. Sin duda, muy duras sus expresiones, pero cabal expresión de lo ocurrido durante la tiranía rosista. Dos días después, el gobernador López renunciaba a su cargo y Urquiza disolvía la Sala de Representantes y asumía el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Una serie de arrestos y destierros, entre los que se hallaban Mitre, Alsina y Vélez Sarsfield J u n to a la clausura de diarios opositores, crean una situación de total incertidumbre. Dirige Urquiza un nuevo Manifiesto a los pueblos en el que de­ muestra su espíritu de concordia, pero no reñido con la tenacidad ne­ cesaria para lograr la organización nacional. En esos momentos dra­ máticos se suceden clausuras de periódicos, arrestos y destierros, entre ellos figuras como Mitre, Alsina y Vélez Sarsfield. Al día siguiente Urquiza designa nuevamente Gobernador de Buenos Aires a Vicente López, quien va a durar en su gestión hasta el 24 de julio, pero ante su renuncia definitiva, y debiendo ausentarse a la ciudad de Santa Fe a los efectos de inaugurar las sesiones del Congreso General Constitu­ yente, delega el mando en su Ministro de Guerra, el Gral. José Miguel Galán. La oposición porteña, manejada por Valentín Alsina sigue su curso y con el mando militar del Gral. José M aría Piran, se produce la revolución del 11 de septiembre que triunfante obliga a Galán a refu­ giarse con sus tropas en la provincia de Santa Fe. El movimiento triunfante en Buenos Aires restablece la Sala de Representantes, que había sido disuelta por Urquiza, designa gobernador interinó al Gral. Manuel G. Pinto y a las demás autoridades provinciales. La nueva situación creada en la provincia de Buenos Aires pre­ tende alcanzar metas nacionales mediante un manifiesto que la Sala de Representantes dirige a los gobiernos y ciudadanos de las demás pro­ vincias en el que expresan “querer la organización del gobierno de to­ dos y para todos, sin que ningún hombre ni ninguna provincia preten­ da imponerse a las demás”. No debió resultar muy convincente a los oídos de los pueblos esta exhortación, acostumbrados como estaban a sufrir décadas de permanente imposición porteña, por lo que no debe
359

MA.NTJAL DE HISTORIA CONSTTrUCIONAL ARGE^TLNA Dr. Ricardo J. G. Hzrrcr

sorprender que las provincias se mantuvieran firmes en la decisión de integrar ia Convención General Constituyente. Posteriorm ente se produce la secesión de Buenos Aires, que se declara un Estado libre y desconoce los actos que emanasen del Con­ greso de Santa Fe, retira a Urquiza el encargo de las RR.EE., e im­ parte orden de regreso a sus diputados que habían viajado para incor­ porarse a la reunión constituyente. La revolución del 11 de septiembre de 1852 constituye el intento porteño de recobrar la dirección de la política nacional, perdida con la derrota de Rosas en Caseros. Para Alberdi, la desaprobación del Acuerdo de San Nicolás y el alzamiento de septiembre tienen por objeto impedir la organización del gobierno federal que privaba a Buenos Aires del ejercicio de los poderes nacionales que se había acostumbrado a ejercer, del ingreso de la Aduana y del monopolio de la navegación de los ríos. II. Juan Bautista Alberdi. Su pensamiento político e institucional. Las Bases y puntos de partida para la organización constitucional de la República Argentina.. Propiciaba la formación orgánica del país a través de una Cons­ titución. Había sido más fácil declarar la independencia que organizar ei país. Todos los ensayos realizados para la constitución del país, so­ bre bases ordenadas, se habían frustrado. La obra más conocida de Alberdi es “ Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina” que, conjun­ tamente con su proyecto de Constitución agregado a la segunda edi­ ción de sus “Bases”, resultaría la fuente por antonomasia de nuestra Constitución. La obra de Alberdi fue redactada en poco tiempo, aun­ que recogía el material reunido en largos años de trabajo y de medita­ ciones. En ella trata de dar pautas para la organización del país toman­ do ciertos y determinados puntos de partida. Consideraba que el país se hallaba después de la batalla de Caseros en situación similar a la que siguió a la Revolución de Mayo de 1810 depuestas las autoridades virreinales. El m ayor de sus méritos, dice el Eh\ Jorge M. Mayer, uno de sus bió­ grafos más caracterizados, era la claridad de las ideas, la exactitud de los juicios, la comprensión íntima del clima, de las dolencias econó­ micas y sociales, tantas veces soterradas, que coartaban el progreso
360

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. RJcarJo J. G. l!* m r

del país, y el ofrecimiento de los medios concretos que podían disipar los tenaces espectros del colonialismo. Respecto de las "Bases" dice que iba al fondo de los problemas, descartaba las vaguedades teóricas y las declamaciones jacobinas. Por encima de los partidos, daba en fórmulas sencillas las soluciones coincidentes que habían buscado los viejos unitarios y los auténticos federales, los que habían emigrado y los que habían padecido la tiranía. Mediante “Las Bases” se trataba de organizar el país tomando ciertos y determinados puntos de partida. . Debía propenderse a cons­ tituir y organizar los grandes medios prácticos para sacar a la América emancipada del estado oscuro y subalterno en que se encontraba. Las constituciones que se habían dado estaban expresadas en la necesidad de acabar con el poder político de Europa, y conseguir asegurar la in­ dependencia y la libertad exterior . En su libro Alberdi analiza los textos constitucionales, tanto na­ cionales como americanos, señalando las bondades y defectos de cada uno. Así analiza la constitución chilena, las del Perú, de Colombia y Méjico, la de la Banda Oriental, del Paraguay, etc. Del análisis, Al­ berdi concluía en que el derecho constitucional de Sud América se en­ contraba en oposición con los intereses de su progreso material e in­ dustrial del cual dependía su porvenir. Los trabajos constitucionales, decía, debían tomar como punto de partida la nueva situación de Amé­ rica del Sur. Destacaba la importancia de que nuestro país resultara el último en realizar su organización constitucional definitiva, pues de esta manera se podría disponer de todos los antecedentes americanos intentados hasta ahora, de los cuales poder extraer lo bueno y desechar todo lo negativo para el progreso de nuestra Nación. Los medios para lograr el progreso de los países debían figurar a la cabeza de las constituciones y debían ser medios prácticos, basados en realidades, para colocar a los piases a la altura de las grandes civili­ zaciones. Para el logro de una modernización del país,, se debía poner inmigración libre, libertad de comercio, ferrocarriles, industria sin tra­ bas, no como grandes principios sino como medios esenciales que dejen de ser palabras y se vuelvan realidades, sin perjuicio de la vi­ gencia de aquéllos grandes principios sobre libertad, independencia y culto, que quedarían afirmados con la práctica de los que sugería. Las constituciones vigentes en América del Sud, las examinaba especialmente en los aspectos referidos a la población, a la naturaliza­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. IGcmrdoJ. G. U m r

ción, al dom icilio, a la educación, a las mejoras municipales, a la ad­ misión de extranjeros a los empleos secundarios, a la inmigración, a la m ateria religiosa, al comercio y al progreso en general. A nalizaba también los ensayos constitucionales argentinos, espe­ cialmente las Constituciones de 1819 y 1826. Las consideraba antece­ dentes de buena fe, que debian ser abandonadas por su falta de armo­ nía con las necesidades del progreso argentino. De las constituciones americanas, consideraba a la del Perú como muy atrasada, no asegurándose las garantías individuales al extranjero y sus disposiciones no tendían al aumento poblacional y al fomento del progreso. Ponderaba la chilena como la más sensata, profunda y superior en relación a las demás de Sudamérica; la de Colombia con­ servaba las características aptas para el periodo ya superado de la in­ dependencia y la de Méjico que ofrecía una resistencia tenaz y mala disposición para la radicación de los extranjeros. A la constitución del Uruguay le reconoce virtudes y espíritu de progreso, aunque carece de garantías amplias para el progreso material e intelectual y consideraba a la del Paraguay como la más atrasada y retrógrada con defectos tan graves que la hacían aborrecible. Consa­ graba esta constitución la dictadura omnipotente en institución defini­ tiva y estable, y si bien Alberdi consideraba necesario poderes fuertes para América, el ejemplo paraguayo resultaba la exageración de ese medio. Ponía como ejemplo la constitución de California de 1849, exenta de retórica y de frases huecas, la cual contenía términos plenos de practicidad, siendo sus normas simples y positivas, tendientes al pro­ greso de la población, de la industria y de la cultura. Además la citaba con el objeto de ratificar sus proposiciones para la posibilidad de una constitución programática, puesto que se trataría de bases sencillas y racionales de todo país naciente que sabe proveer ante todo a los me­ dios de desenvolver su población, su industria y su civilización, por la adquisición rápida de hombres venidos de afuera, y por instituciones propias para atraerlos y fijarlos ventajosamente en un territorio solita­ rio y lóbrego. Era partidario de la inmigración, como medio adecuado para el progreso y la cultura de nuestros países: “gobernar es poblar”, decía. Era necesario llenar nuestros desiertos. Buscaba una inmigración se­ lectiva, de razas inteligentes y laboriosas, mediante tratados que otor­
362

MANUAL DF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA. Dr. Ricarda £ G . lU m r

garan garantías y seguridades para preservar los derechos. Debían ce­ lebrarse tratados de amistad y comercio. Debía establecerse una am­ plia tolerancia religiosa, para facilitar la política inmigratoria. Los me­ dios de llevar esa inmigración al interior era a través d¿ los ferrocarri­ les, los canales navegables, los caminos y la libertad de comercio. Las largas distancias debían ser acortadas con el ferrocarril y el telégrafo, y debía estimularse la radicación de empresas con franquicias y privi­ legios. Debía fomentarse la navegación interior, propiciándose la libre navegación de los ríos. En otro orden de ideas, propiciaba una justicia rápida y poco one­ rosa, la remoción de trabas para los matrimonios mixtos, la simplifica­ ción de condiciones para adquirir domicilio, concesión al extranjero de derechos cívicos sin condición de reciprocidad, actualización de las leyes de comercio y de la seguridad, moralidad y brevedad de los ne­ gocios mercantiles. El tema referido a la forma de gobierno lo consideraba funda­ mental para afirmar las instituciones, y si bien la república no tenia en nuestro país la necesaria preparación de sus habitantes para llevarla a la práctica, no se manifestaba partidario tampoco de la monarquía. Por ello buscaba obtener de ambos sistemas los aspectos más positivos y convenientes para nuestro país, y en tal sentido propiciaba la existen­ cia de un Poder Ejecutivo fuerte. También era partidario de la educación popular y la educación práctica, base para el progreso y elevación del pueblo y para afirmar las instituciones republicanas.. Propiciaba la celebración de tratados con potencias extranjeras de amistad y comercio, propugnaba una ju s­ ticia rápida y barata, la simplificación de los trámites para radicarse y la concesión al extranjero del goce de los derechos cívicos, aun sin re­ ciprocidad; otorgar en definitiva garantías públicas de progreso y en­ grandecimiento. Para todo ello era necesario crear un gobierno general, dividido en tres poderes elementales, que crearan, aplicaran e interpretaran la ley. Buscaba un régimen federal atenuado, estableciendo un gobierno mixto, consolidable en la unidad de un régimen nacional, pero no in­ divisible como quería la Constitución de 1826, sino divisible y dividi­ do en gobiernos provinciales limitados, como lo estaba también el go­ bierno central, por la ley federal de la república o Constitución.
363

MANUAL DE HISTORIA CXKNSTrnXIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo / . fí. ¡U rrcr

Consideraba que ia ciudad de Buenos Aires debiera quedar con­ solidada com o Capital de la República. La Generación de Mayo tenía como primera tarea la formación orgánica del país a través de una Constitución. Todos los ensayos hasta ahora se habían frustrado. La generación de 1837, proscripta, había intuido por sobre el hecho de la lucha entre unitarios y federales ia validez de un nuevo enfoque sobre un proceso de síntesis. En el discurso de apertura del Salón Literario, Alberdi ya pro­ pugnaba la posible integración del país con el movimiento progresivo de la vida de la humanidad. Sus ideas tenían ya desarrollo en !a obra de su juventud “Fragmento preliminar para el estudio del derecho". Las palabras simbólicas “Abnegación de las simpatías que pue­ dan ligam os a las dos facciones que se han disputado el poderío du­ rante la revolución” del Dogma Socialista, son de su pluma. La constitución debía tener una finalidad: organizar y constituir los grandes medios prácticos para sacar a la América emancipada del estado oscuro y subalterno en que se encontraba. Entendía en tal sen­ tido que las constituciones sudamericanas, dictadas en su hora para acabar con el poder político que Europa había ejercido en el conti­ nente, hoy carecían de eficacia. Criticaba, además, el espíritu de imi­ tación que en ellas encontraba respecto de las constituciones nortea­ mericana y francesa, especialmente en lo relativo al proteccionismo de tarifas y prohibiciones, que contrastaba con los intereses nacionales que dependían del comercio, industria, navegación e inmigración, de los que dependía todo el porvenir de la América del Sud. Respecto al federalismo o urtitarismo, se manifestaba en favor de un sistem a mixto, consolidado en unidad de régimen nacional, pero no indivisible como lo consagraba la Const. de 1826, sino divisible y di­ vidido en gobiernos provinciales limitados, al igual que el gobierno central, por la ley federal de la república. Consideraba -y se equivocó- que ya no habrá medios de estable­ cer la antigua supremacía de Buenos Aires sobre las provincias, por la pérdida del monopolio del comercio, de navegación y de rentas que ahora se volvían argentinos.

364

MANUAL DE HISTORIA CONSTTTUCJ0NAL ARGENTINA Dr. U

J. G. iltr u ^

12. El proyecto de Constitución de Alberdi. Dice el profesor Galletti, a quien seguimos, que el proyecto de Alberdi, agregado a la segunda edición de las Bases constituye la fuente por antonomasia de la Constitución de 1853. Este resultaría ser, en términos generales, la expresión de las ideas profesadas en ese momento histórico para la Argentina, recordando que entre éste y el texto de 1853 y con mas razón luego de la reforma de 1860 existen al­ gunas variaciones, no siempre formales. El proyecto de Alberdi se inclina por un gobierno de carácter mixto, que se señala en el poder ejecutivo y en los demás poderes, to­ mando los ejemplos de Norte América, Suiza y Alemania, que había abandonado el “federalismo puro’’ por ei federalismo unitario en la constitución de su gobierno general. Desde el punto de vista formal, el proyecto de Alberdi seguía un método sencillo en el sentido de la división conforme a los objetivos de una constitución. El mismo autor señalaba que en la constitución hay dos aspectos: el primero, referido a los principios, derechos y ga­ rantías que forman las bases y objetos del pacto de asociación política y el segundo que trataba de las autoridades encargadas de hacer cum­ plir y desarrollar esos principios. Así. su proyecto de constitución estaba diagramado en una Pri­ mera Parte, referida a los principios, derechos y garantías, dividida en cuatro Capítulos sobre a) Disposiciones generales; b) Derecho Público Argentino; c) Derecho Público deferido a los extranjeros y d) Garan­ tías públicas de Orden y Progreso. La Segunda Parte trataba de las Autoridades Argentinas, que di­ vidía en dos secciones, la primera nacionales y las segundas de las provincias. A la primera sección, la dividía en las normas relativas a los tres poderes clásicos del republicanismo, mientras la segunda, tra­ taba de los gobiernos provinciales o interiores. Para terminar este Capítulo transcribimos el Preámbulo del pro­ yecto de Alberdi, en el cual veremos gran similitud con el de 1853, pero conteniendo diferencias muy significativas. "Preámbulo”. “Nos, los representantes de las provincias de la Confederación Argentina, reunidos en Congreso General Constitu­ yente, invocando el nombre de Dios, legislador de todo lo creado, y la autoridad de los pueblos que representamos, en orden a formar un Es­
365

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JVcxrdo J. G. Hm-rcy

tado Federarivo, establecer y definir sus poderes nacionales, fijar los derechos naturales de sus habitantes, y reglar las garantías públicas de orden interior, de seguridad exterior y de progreso material e inteli­ gente, por el aum ento y mejora de su población, por la construcción de grandes vías de transporte, por la navegación libre de los ríos, por las franquicias dadas a la industria y al comercio y por el fomento de la educación popular, hemos acordado y sancionado la siguiente Cons­ titución de la Confederación Argentina”. En cuanto al contenido de materias, muchas pasaron directa­ mente a la Constitución sancionada en 1853, casi sin retoque alguno, y tales disposiciones tenían un significado bastante preciso que era una especie de ideología común tomada como programática y que afianza­ ría las notas que, en líneas generales, podrían denominarse la consoli­ dación del Estado Liberal en nuestro país, termina afirmando el Dr. Alfredo Galletti.

366

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rítanlo J. C. H tm r

Bibliografía consultada y utilizada.

ALBERDI, Juan Bautista. “Bases y puntos de partida para la organi­ zación política de la República Argentina” BIDART CAMPOS, Germán J. "Historia Política y Constitucional Argentina” ' ECHEVERRJA, Esteban. “El Dogma Socialista” con prólogo del Dr. Carlos Alberto Erro. GALLETTI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” LONGHI, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar! gemino y Comparado” LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina. LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina. TAU ANZOATEGUI, Victor y MARTIRE, Eduardo. "Manual de Historia de las Instituciones Argentinas" ZARJNI, Helio Juan. "Historia e Instituciones en la Argentina"

367

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricuróo J. fí. tíarrrr

CAPITULO 15
1. El Congreso C onstituyente de 1852.
El Dr. Bidart Campos refiriéndose a este acontecim iento, expresa que ya Buenos Aires había dado la espalda al interior (con la revolu­ ción del 11 de septiembre de 1852) y el Congreso Constituyente se instalaba en Santa Fe el 20 de noviem bre de 1852, en los altos de la antigua casa del Cabildo, donde en 1828 se reunió la Convención Na­ cional y en 1831 se firmó el Pacto Federal. Las invasiones dispuestas por Buenos Aires, contra Entre Ríos, obligaron al Gral. Urquiza a estar ausente de la inauguración, pero su m ensaje arroja luz sobre los nota­ bles propósitos que lo guían. ‘‘Porque amo al pueblo de Buenos Aires, me duelo de la ausencia de sus representantes en este recinto. Pero su ausencia no quiere significar un apartam iento para siempre: es un ac­ cidente transitorio; la geografía, ia historia, los pactos, vinculan a Buenos Aires al resto de la Nación. Ni ella puede existir sin sus her­ manas, ni sus herm anas sin ella. En la bandera argentina hay espacio para más de catorce estrellas, pero no puede eclipsarse una sola”. Este lenguaje sin odios ni represalias perm ite calibrar ia calidad moral del L ibertador de Caseros y pulsar la atm ósfera de concordia y unidad que se respira en el recinto del C ongreso C onstituyente. Otra vez más, como después de derrocar a Rosas, no hay vencedores ni vencidos, term ina este autor.

2.Principales figuras.
La provincia de Santa Fe eligió diputados al Congreso a los Dres. M anuel Leiva y Juan Francisco Seguí, am bos vinculados al m ovi­ miento de la organización constitucional, de posición netamente fede­ ralista. Entre Ríos, a D. Juan M aría G utiérrez, fundador de la “Asocia­ ción de M ayo”, con Echeverría, Alberdi y López, y Ministro de Go­ bierno del Dr. V icente López y Planes, gobernador provisorio de Bue369

MANUU. DE HISTORIA CONSTITUCIONAL. ARGENTINA Dr. Rx*rdo J. G. H tm y

tado Federativo, establecer y definir sus poderes nacionales, fijar los derechos naturales de sus habitantes, y reglar las garantías públicas de orden interior, de seguridad exterior y de progreso material e inteli­ gente, por el aum ento y mejora de su población, por la construcción de grandes vías de transporte, por la navegación libre de los ríos, por las franquicias dadas a la industria y al comercio y por el fomento de la educación popular, hemos acordado y sancionado la siguiente Cons­ titución de la Confederación Argentina". En cuanto al contenido de materias, muchas pasaron directa­ mente a la Constitución sancionada en 1853, casi sin retoque alguno, y tales disposiciones tenían un significado bastante preciso que era una especie de ideología común tomada como programática y que afianza­ ría las notas que, en líneas generales, podrían denominarse la consoli­ dación del Estado Liberal en nuestro país, termina afirmando el Dr. Alfredo Galletti.

366

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. C. H*rrcy

Bibliografía consultada y utilizada.

i ; j j i j |

ALBERDI, Juan Bautista. “Bases y puntos de partida para la organi­ zación política de la República Argentina" BIDART CAMPOS, Germán J. "Historia Política y Constitucional Argentina'* ' ECHEVERRIA, Esteban. “El Dogma Socialista” con prólogo del Dr. Carlos Alberto Erro. GALLETTI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina” LONGHI, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Argentino y Comparado” LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina. LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Argentina. TAU ANZOATEGUI, Victor y MARTIRE, Eduardo. "Manual de Historia de las Instituciones Argentinas" ZARJN1, Helio Juan. "Historia e Instituciones en la Argentina"_______

367

I

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. O. ilm ^rr

CAPITULO 15
1. El Congreso Constituyente de 1852. El Dr. Bidart Campos refiriéndose a este acontecimiento, expresa que ya Buenos Aires había dado la espalda al interior (con la revolu­ ción del 11 de septiembre de 1852) y el Congreso Constituyente se instalaba en Santa Fe el 20 de noviembre de 1852, en los altos de la antigua casa del Cabildo, donde en 1828 se reunió la Convención Na­ cional y en 1831 se firmó el Pacto Federal. Las invasiones dispuestas por Buenos Aires contra Entre Ríos, obligaron al Gral. Urquiza a estar ausente de la inauguración, pero su mensaje arroja luz sobre los nota­ bles propósitos que lo guían. “Porque amo al pueblo de Buenos Aires, me duelo de la ausencia de sus representantes en este recinto. Pero su ausencia no quiere significar un apartamiento para siempre: es un ac­ cidente transitorio; la geografía, la historia, los pactos, vinculan a Buenos Aires al resto de la Nación. Ni ella puede existir sin sus her­ manas, ni sus hermanas sin ella. En la bandera argentina hay espacio para más de catorce estrellas, pero no puede eclipsarse una sola”. Este lenguaje sin odios ni represalias permite calibrar la calidad moral del Libertador de Caseros y pulsar la atmósfera de concordia y unidad que se respira en el recinto del Congreso Constituyente. Otra vez más, como después de derrocar a Rosas, no hay vencedores ni vencidos, termina este autor. 2.Principales figuras. La provincia de Santa Fe eligió diputados al Congreso a los Dres. Manuel Leiva y Juan Francisco Seguí, ambos vinculados ai movi­ miento de la organización constitucional, de posición netamente fede­ ralista. Entre Ríos, a D. Juan María Gutiérrez, fundador de la “Asocia­ ción de Mayo”, con Echeverría, Alberdi y López, y Ministro de Go­ bierno del Dr. Vicente López y Planes, gobernador provisorio de Bue­
369

MANUAL DF. HISTORIA CONSTTTVQONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. //*r>rr

nos Aires después de Caseros, y a don José Ruperto Pérez, ciudadano de larga actuación en la provincia. Córdoba eligió a D. Santiago Derqui, ex-Secretario del Gral. Paz en la cam paña de Corrientes-Entre Ríos y muy vinculado a los hom­ bres de Corrientes, como Virasoro y Pujol, y a! Dr. Juan M. Campillo, ilustre universitario de aquella ciudad; Santiago del Estero envió como diputado al Dr. José Benjamín Górostiaga, uno de los hombres jóvenes más ilustrados y de indiscutida autoridad moral, de los más notables talentos de la Confederación, y al Presbítero Dr. Benjamín Lavayse, de una gran cultura y notables virtudes, modesto cura de un pueblito cordobés. M endoza eligió a los Dres. Martín Zapata y Agustín Delgado, dos jurisconsultos notables, exiliados en Chile durante la dictadura. Corrientes estuvo representada p o r Luciano Torrent y el Dr. Pe­ dro 'Alcántara Díaz Colodrero, ambos de reconocida preparación inte­ lectual. San Juan envió al Dr. Ruperto Godoy, y al Dr. Salvador Mana del Carril, este último ex unitario, ministro de Rivadavia y activo agi­ tador de la lucha antirrosista. Tucumán envió al sacerdote Fray José Manuel Pérez y al desta­ cado jurisconsulto Dr. Salustiano Zavalíá, unitario, compañero de cau­ sa de M arcos Avellaneda y emigrado durante la tiranía. San Luis envío al Dr. Delfín HuergO y al Dr. Juan Llerena. Salta tuvo por representantes al Dr. Facundo Zuviría, unitario y al señor Eusebio Blanco. Catamarca, representada por D. Pedro Ferré, ilustre correntino sobreviviente de las luchas del Litoral contra Rosas y promotor de la firma del Pacto Federal de 1831, y el sacerdote don Pedro Centeno. Jujuy envió a D. Manuel Padilla y al Dr. José Quintana La Rioja, al Dr. Regis Martínez. El Dr. Facundo Zuviría fue elegido presidente del Congreso, y luego se designó la Comisión encargada de redactar el Proyecto de Constitución.

-

3. A ntecedentes C onstitucionales. Las Bases y o tras fuentes. Para el Dr. Bidart Campos resulta obvio repetir que la Constitu­ ción de 1853 es la culminación de un proceso a través de cuyos tramos se han movilizado diversas fuerzas y variados factores del medio am- íg

MANUAL DE HISTORIA CONSTITL’aO N A L ARGENTINA. Dr. Ricardo J. G. H ~y*r

biente. El entorno o la circunstancia en que surge y emplaza la cons­ titución es tributario de la geografía, de la historia, de la cultura, de !a estructura social de nuestra comunidad, de las ideologías y valoracio­ nes, etc. Con ello esta dicho que la Constitución de 1853 es un pro­ ducto propio de nuestro medio y de nuestro acontecer histórico. Si la génesis de la constitución acusa fuertes influencias telúricas y autóctonas, sigue diciendo el autor que citamos, los contenidos de la misma constitución encuentran similar raigambre. Tanto con referen­ cia al proceso de nuestro constitucionalismo como a las fuentes histó­ ricas de la constitución, es bueno traer a colación'el pensamiento de Alberdi, cuando comenta que la historia política de la colonia hispanoargentina y no la historia de las colonias inglesas de América del Norte; la historia de la revolución del Plata y no la historia de la re­ volución de Norteamérica; nuestras constituciones ensayadas en los cuarenta años precedentes y no los ensayos predecesores de la consti­ tución de la Unión Americana; los partidos, las luchas, los intereses, las doctrinas de los pueblos argentinos, todo eso es lá fuente y expli­ cación de la Constitución A rgentina, como ha sido de su elabora­ ción para el Congreso. Para este autor, las fuentes históricas de la Constitución de 1853 que son motivo de análisis en este Capítulo, no deben ser confundidas con el tema de las “fuentes del derecho constitucional argentino”, que se abordan al estudiar el Derecho Constitucional y que, adoptando la óptica del derecho constitucional material comprende un ámbito dife­ rente y más amplio, dado que se encamina a averiguar todas las con­ ductas que, con ejemplaridad, se han incorporado al régimen y funcio­ nan como derecho vigente, estén o no descriptas en normas escritas. Al reunirse en Santa Fe el Congreso General, existía en Sudamérica una serie de constituciones que regían todos los países del conti­ nente. Fuimos los últimos en constituimos en forma definitiva, de lo cual Alberdi creía sacar la ventaja de ver los puntos favorables y los negativos de los precedentes americanos, tanto del Norte como del Sur. En el Libro “Bases y Puntos de Partida para la Organización Po­ lítica de la República Argentina”, Juan Bautista Alberdi hace un análi­ sis de aquellas constituciones. Por una parte desde la óptica de la his­ toria, señalaba que todas las constituciones dadas en América durante >« guerras de la independencia fueron expresión concreta de la nece­
371

MANUAL. DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. HJaudc J. C. Hmvcr

sidad dom inante de ese tiempo, que era acabar con el poder político que Europa había ejercido en este continente, a través de la conquista y el coloniaje. La independencia y la libertad exterior eran los vitales intereses que preocupaban a los legisladores de aquel tiempo, porque com prendían su época y sabían servirla. Por otra parte nos hablaba de las experiencias obtenidas con su aplicación, señalando las que consi­ deraba positivas y las que no debían ser incluidas en nuestra Ley Su­ prema. De las constituciones nacionales tomaba las de 1819 y 1826 evaluando ¡as circunstancias en que fueron sancionadas y las razones de su fracaso. Asentada ahora la independencia, era necesario poner el acento en otros aspectos, como ser el dei comercio, de la economía, población, inmigración, libertad de cultos, caminos, ferrocarriles, ca­ nales navegables, industrias, etc. Se trata de una Constitución característica de los modelos basa­ dos en el racionalismo del Siglo XIX. Su idea motriz es la de estable­ cer una constitución que responda al momento histórico que se vivía. Traduce los ideales liberales, inclinándose por un sistema mixto, fede­ ro unitario como lo califica Alberdi, aunque exprese su filiación fede­ ral. Es racionalista, pero considera los antecedentes historicistas al in­ vocar los pactos preexistentes y las diversas experiencias de nuestro país a lo largo de cuatro décadas. Para un mejor estudio de los antecedentes constitucionales, los clasificaremos en Nacionales y Extranjeros; y a su vez en doctrinarios y norm ativos, distinguiéndose los inmediatos de los mediatos. 4. Antecedentes doctrinarios: Son el conjunto de doctrinas, ideas y creencias que incidieron en la formación normativa de la Constitución, en su complejo ideológico, en su espíritu y en su filosofía política. Nacionales inmediatos: 1)E1 pensamiento de Juan Bautista Al­ berdi, resumido en su libro “Bases y Puntos de Partida para la Organi­ zación Política Argentina"; 2) El proyecto de Constitución incluido en la Segunda Edición de sus “Bases..."; 3) El proyecto constitucional de D. Pedro D'A ngelis y sus enseñanzas; 4) El proyecto de José Benja­ mín Gorostiaga. Nacionales mediatos: 1) La doctrina de Mayo, en su trilogía “in­ dependencia-federación-república”, desarrollada durante todo el pro­

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Hienda J. C. H xr^r

ceso de em ancipación y organización; 2) Las instrucciones de Artigas a los diputados orientales para la A sam blea del Año XIII; 3) El pro­ yecto de constitución federal del m ism o origen, atribuido a Felipe Santiago Cardoso; 4) La doctrina del “D ogm a Socialista” y de la ge­ neración rom ántica de 1837. Extranjeros inmediatos: 1) “El F ederalista”, recopilación de artí­ culos periodísticos referidos a la Constitución de los EE. UU. de M adison, Hamilton y Jay; 2) “ La D em ocracia en A m érica” de Alexis de Tocqueville; 3) El proyecto de Constitución para la Confederación Suiza de D. Peilegrino Rossi. Extranjeros mediatos: 1) La influencia de pensadores españoles como Suárez, Vitoria y M ariana; 2) La de los pensadores franceses como M ontesquieu, Rousseau, etc. 3) O tros pensadores, conocidos de nuestros constituyentes serían, entre otros, Locke, Pufíendorf, Necker, Raynal, Filangieri, Bentham, Tom as Payne, etc.

5. Antecedentes norm ativos:
Son los textos y normas previos a 1853. que sirven de inspiración y antecedente a la constitución o que, por su afinidad y analogía, per­ miten pesar el paralelo entre los artículos de nuestra constitución y los de reglamentos o constituciones anteriores. Nacionales inmediatos: 1) A cuerdo de San Nicolás de los A rro­ yos; Nacionales mediatos: 1) Pacto Federal de 1831; 2) Constitución de 1826; 3) Pacto del Pilar de 1820; 4) Constitución de 1819; 5) La Asamblea del Año X I I I , sus leyes constitucionales y sus proyectos; 6) Regiamento de 1817; 7) Estatuto de 1815; 8) Estatuto Provisorio; 9) Reglamento Orgánico de 1811; 10) D ecretos de Libertad de Imprenta y Seguridad Individual; 11) Los reglam entos de Mayo, y las. constitu­ ciones provinciales sancionadas a partir de 1819.. Extranjeros inmediatos: 1) La C onstitución norteam ericana de 1787; 2) La Constitución de California. Extranjeros mediatos: 1) La constitución de Peni de 1839; 2) la de Chile de 1833; 3) las de U ruguay y E cuador de 1830; 4) la federal de México de 1824; 5) la de Colom bia de 1821; 6) la española de Cá­ diz de 1812 y 7) la federal de V enezuela de 1811.

373

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. lU n c r

6 . El derecho contractual o sinalagmático: Los pactos interprovin­ ciales. Han actuado como canales de acceso a la organización nacional. La fuerza ideológica federal no habría obtenido influencia si el con­ sentim iento de los pueblos del interior y su participación en el proceso previo a la organización hubiese carecido de formulación contractual. El ciclo de los pactos, tratados, ligas y acuerdos, configura un derecho preexistente a la Constitución, que Alberto Demicheli subdivide en una prim era etapa a la que llama de “cuasi derecho federal” y com­ prende el período que va desde el Año XIII hasta 1820 como período de iniciación; una segunda que denomina “derecho público sinalag­ m ático” o bilateral, espaciado entre 1820 y 1831, como período de ge­ neralización; y una tercera etapa de “preconstitucionalismo” o período de consolidación, para llegar finalmente a la organización de 1853. Este proceso contractual ha significado siempre un vínculo de unión e integración y cuando su contenido se ha enderezado a constituir la re­ pública federal, ha significado el andamiaje de la constitución a adop­ tarse con posterioridad. Y nos está indicando porque las provincias no constituyeron un estado unitario, y de la misma manera porque no se independizaron en una disgregación permanente o definitiva. Las fuentes inm ediatas: Son dos: El Proyecto de Constitución de Alberdi y la Constitución de los EE.UU.- Con esta ultima constitu­ ción, existen disposiciones que parecen calcadas, especialmente en la redacción del preámbulo y en la organización de los poderes y en las atribuciones del legislativo Pero existen diferencias muy importantes, que responden a las necesidades peculiares de la Argentina y difieren de la americana. Por ejemplo el tema de la Capital, la libre navegación de los ríos, o las disposiciones relativas al progreso, la regeneración y transform ación del régimen colonial que había dejado la dominación española, el fomento de la inmigración europea, y el cumplimiento de los “pactos preexistentes”. En el Congreso se consideraron tres proyectos: el de Alberdi, agregado a “ Las Bases”; el otro es de don Pedro De Angelis, que se refiere más a aspectos económicos y rentisticos, poco tenido en cuen­ ta, y el tercero de don José Benjamín Gorostiaga, que fue el borrador con que trabajó la Comisión de Asuntos Constitucionales.

374

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. fT*r*cr

7. El Despacho de la Comisión de Asuntos Constitucionales. La Comisión estuvo integrada por los diputados Díaz Colodrero, Zapata, del Campillo, Gutiérrez, Gorostiaga, Leiva y Ferré. Los auto­ res destacan la influencia notoria de Gorostiaga y Gutiérrez en la re­ dacción del Proyecto, especialmente el primero, quienes además fue­ ron designados en calidad de miembros informantes, ello sin menos­ cabo de la actuación de los demás integrantes. El proyecto de la Comisión de Negocios Constitucionales fue puesto a discusión en general y en particular y los congresistas apro­ baron la mayoría de los artículos sin discusión, introduciéndose en al­ gunos ligeras modificaciones de detalle. El proyecto coincide en líneas generales con la constitución sancionada, aunque hubo algunos puntos especialmente controvertidos, como ser los referentes a la religión, la libertad de cultos, la cuestión de la ciudad Capital de la Nación, el jui­ cio político a los gobernadores y algunas cuestiones impositivas. En el despacho de la Comisión de Negocios Constitucionales, que tuvo a su cargo la elaboración del proyecto sometido al Congreso, se formularon las siguientes consideraciones: 1) El Congreso debe dictar una constitución federal; 2) que debe ser la base del proyecto; 3) las provincias conservarán su soberanía e independencia, pero deberán ceder una parte de sus derechos a un gobierno general. 4) se establece un legislativo con dos cámaras, una de represen­ tación igualitaria y otra de acuerdo a la población de cada provincia. 5) el presidente de la Confederación es elegido indirectamente por el pueblo, con responsabilidad de sus actos, al igual que sus mi­ nistros; 6) se establece un poder judicial con las debidas garantías para los jueces; 7) el sistema es republicano y representativo y tiene por base la elección popular; el Tesoro nacional se forma casi exclusivamente en forma indirecta por contribuciones de origen aduanero y la venta de tierras de propiedad nacional; 8) se otorgaba al gobierno los medios para engrandecer al país y defenderlo.

375

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. íímrrcr '3

9) el gobierno federal asum ía el compromiso de cubrir el déficit de toda provincia confederada que no alcanzase a satisfacer sus ncce-í sidades interiores. Además del proyecto- e informe, la Comisión acompañaba un proyecto de ley orgánica de la Capital Federal y otro sobre capitaliza­ ción de la ciudad de Buenos Aires, a la que se declaraba asiento de las autoridades nacionales. Refiriéndose al informe con que se acompañaba el Proyecto, ex­ presa el Dr. Bidart Campos que contiene afirmaciones elocuentes, se­ ñalándose entre otras: a) Sus autores se autocalifican de “cristianos y demócratas”, defi­ niendo una línea'ideológica que se canalizará en la constitución a través de contenidos pétreos. b) Dan testimonio de que el proyecto es la obra del pensamiento ac­ tual argentino, o sea que acogen la continuidad histórica de ¡as fuentes propias en que se inspiran. c) Reafirmaban, en sentido análogo las bases históricas inmediatas de ¡a Constitución al consignar que la misión del Congreso es arreglar la administración general del país bajo el sistema federal, según el Acuerdo de San Nicolás y el Pacto Federal de 1831. d) D efinen un poder constituyente que deberá organizar a las catorce provincias preexistentes, al decir que la Comisión ha concebido su proyecto para que ahora, y en cualquier tiempo, abrace y com­ prenda los catorce estados argentinos, o sea la necesidad histórica de que todas las provincias, incluida Buenos Aires, compongan la unidad que están histórica y territorialmente predispuestas. 8. Debates. El prim er debate estuvo dado por la cuestión acerca de la oportu­ nidad del dictado de la Constitución, siendo Centeno el primero en plantearla, expresando que habían surgido problemas que hacían ino­ portuno su tratamiento y sanción. Zavalía se inclinó por la posición de Centeno expresando que no se puede incurrir en el error de acomodar y vaciar ¡os pueblos en la Constitución, en vez de acomodar y vaciar ésta en aquéllos. Conside­ raba que faltaba el orden , la paz y ¡a estabilidad indispensables para establecer una Constitución, sugiriendo el aplazamiento para más adelante. El argumento fundamental estaba radicado en la circunstan-

IH

iU .M .^ L D E in S T O R U C O N S T rru aO N ,U .A R G E S T IX '. Dr. Rícmrdo J. G. Hm-rcr

I cia de la separación de Buenos Aires y de que persistía la guerra civil ¡r 3 consecuencia del ataque promovido por esta última. !■ ■ ■ La réplica estuvo a cargo de Juan María Gutiérrez quien sostenía I que la constitución se sancionaba para lograr la unión nacional, que a f su juicio no había nada más practico que esta herramienta para la conf sccución de estos fines, por lo que debían concretarla cuanto antes ya ¡ que pretender su aplazamiento consideraba una acción que no se atre­ vía a calificar. Delfín Huergo se mostraba sorprendido porque los argumentos invocados por Zavalía eran los mismos que trajera Rosas muchos años antes. Por su parte el diputado Zapata señalaba que las provincias es­ taban cansadas de ser gobernadas por Estatutos provisorios, tratados interprovinciales, pactos transitorios y encargos de relaciones exterio­ res. También participaron en favor del dictado de la Constitución Lavayse y Seguí. Finalmente al votarse se obtuvo mayoría de 14 contra 4 en sentido de continuar su tratamiento y oportuna sanción. 9. O tros debates. El culto y la Religión: El artículo 2o, referido al culto fue objeto de un agitado debate. El artículo del proyecto sólo hablaba del soste­ nimiento del culto católico, apostólico y romano, apartándose de los precedentes constitucionales que lo habían considerado como religión oficial. Se propuso en el debate insertar en el artículo que la religión Católica era la única y verdadera, y que era la exclusiva del Estado. Que el gobierno federal debía acatarla, sostenerla y protegerla, parti­ cularmente en el libre ejercicio de su culto, y todos los habitantes de la Confederación le debían respeto, sumisión y obediencia, o fórmulas parecidas, continuándose así con la tradición de los precedentes cons­ titucionales. En la oportunidad el Presbítero Benjamín Lavayse, clérigo de orientación liberal, se manifestó a favor del despacho original del pro­ yecto, argumentado que la ley suprema no podía intervenir en las con­ ciencias, sino sólo reglar el culto exterior. Expresaba, además, que el gobierno federal estaba obligado a sostenerlo, pero que la religión como creencia no necesitaba más protección que la de Dios. Gorostiaga, por su pane, argumentaba que el hecho de imponer al Estado la obligación de sostener el culto católico tenía por base el he­ cho evidente como era de reconocer que esa era la religión dominante
377

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Jüc*rJo J. G. tlmrrrr

en la Confederación Argentina. Afirmar que la religión del Estado era la Católica seria una falsedad, ya que no todos los habitantes de la Confederación ni todos sus ciudadanos eran católicos y que pertenecer a la religión católica jam ás había sido un requisito para el otorga­ miento de la ciudadanía, y que ni siquiera los hijos de los ingleses, que por el tratado de 1825 podían ejercer libremente su culto, se les ha exigido para ser ciudadanos que renieguen de la religión de sus pa­ dres. Seguía diciendo que tampoco podía afirmarse que era la única verdadera, porque éste era un punto de dogma cuya decisión no era com petencia de un congreso politice que debía respetar la libertad de juicio en materia religiosa y de culto. En líneas generales adhirió el diputado de Santa Fe Juan Francis­ co Seguí, y puesto a votación, el intento de reforma al proyecto fue re­ chazado por 13 votos contra 5, quedando redactado el artículo 2o en la siguiente forma: “ El Gobierno Federal sostiene el culto católico apostólico romano". La C ap ital de la N ación: Otro artículo debatido fue el 3o, relati­ vo < i la Capital de la Nación que el proyecto fijaba en la ciudad de Buenos Aires, lugar donde debían residir las autoridades nacionales, lo cual debía ser así declarado por una ley especial. Correspondió al diputado Manuel Leva oponerse a esta parte del proyecto sosteniendo que la determinación del lugar donde debían re­ sidir las autoridades nacionales como el de fijar la Capital de la Na­ ción era m ateria propia de la Constitución y que tampoco debía desig­ nársela en forma permanente. A todo ello le agregaba que la norma pretendía disponer de una propiedad provincial sin el consentimiento ni la concurrencia de esa provincia, por lo que entendía se trataba del avasallam iento de la soberanía provincial para lo cual el Congreso ca­ recía de facultades. Proponía, en consecuencia, una disposición en el sentido de que las provincias dispondrían por una ley especial el lugar donde debían residir las autoridades nacionales hasta que el Congreso determ ine en forma definitiva la Capital de la República. Juan M aría Gutiérrez se expidió en el sentido de que la autono­ mía de Buenos Aires no seria avasallada, y que una Comisión del Congreso tendría por objeto presentarla a aquella provincia, y que de no ser aceptada se dictaría entonces una ley provisoria sobre el tema. Es evidente que en la intención de los que gobernaban la Confedera­
378

MANUAL DE HISTORIA CONSTnUCiaNAL ARGENTINA Dr. JOc*rJo J. a l i r ^ r

ción estaba láteme ia intención de som eter o restituir alguna vez a la provincia rebelde y a la orgullosa “Atenas del Plata”. Se confirma esta postura al leer la exposición del diputado Delfín Huergo al afirmar que la geografía, la tradición y la conveniencia de­ signaban a Buenos Aires como capital de la República porque allí es­ taba organizado el servicio público, allí estaba nuestra Aduana princi­ pal, nuestro puerto más asequible al extranjero, y allí también el foco principal de la civilización argentina. Que la fuerza irresistible de ios intereses comerciales habia hecho de Buenos Aires el verdadero cen­ tro administrativo y económico de la República y la hacian, a pesar de la apertura de nuestros ríos al libre comercio del mundo, porque por mucho tiempo este no variaría su curso acostumbrado.
Puesto a consideración el proyecto fue aprobado en la forma de­ term inada por la Comisión, quedando redactado de esta manera: “Art. 3o. Las autoridades que ejercen el gobierno federal residen en la ciu­ dad de Buenos Aires, que se declara Capital de la Confederación por una ley especial”.

Tesoro Nacional: El artículo 4o relativo a los rubros que integra­ rían el Tesoro Nacional fue también motivo de largos debates. En opi­ nión del diputado Leyva en el proyecto sé quitaba a las provincias los recursos provenientes de los impuestos de importación y exportación y los demás con qué contaban para atender sus gastos ordinarios, que­ dándoles a ellas sólo los recursos directos, que aún así podían ser tam­ bién declarados nacionales aunque por tiempo determinado y en ca­ rácter excepcional. En su opinión la redacción del artículo tal como estaba proyectada vulneraba lo convenido en el Acuerdo de San Ni­ colás, al establecer éste que las autoridades determinadas por la Cons­ titución eran las únicas autorizadas para fijar definitivamente las ren­ tas nacionales, pero no el Congreso Constituyente, por lo cual propo­ nía la modificación del artículo en el sentido de que los fondos del te­ soro nacional estaría formado por los impuestos que debían soportar las provincias proporcionalmente. Seguía, con esta redacción, los principios sostenidos por Alberdi en la materia. Gorostiaga, a! replicar oponiéndose a la modificación, decía que ios recursos fijados por el proyecto resultarían incluso insuficientes para atender a los gastos de la Nación, y en relación al pensamiento de Alberdi expresaba que tales opiniones constituían un molde abstracto en el que debía vaciarse el sistema político, pero no determinaba su

MANUAL DE HISTORIA CO N ST rTL 'aO N A L ARGENTINA D r. RicmrdoJ. C . lU rrcr

magnitud y dim ensiones. Seguí, por su parte, recordaba que en el artí­ culo 6o del Proyecto se contem plaba la posibilidad de que el Estado Nacional acordara suplementos del tesoro a las provincias cuyas ren­ tas no alcanzaran a cubrir sus gastos ordinarios (Art. 64 inciso 3 de la C.N. de 1853). Puesto a votación, fue rechazada ia m odificación y aprobado por mayoría la redacción propuesta por la Comisión, que quedó en la si­ guiente forma: "Art. 4o. El Gobierno federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro nacional formado del producto de derechos de importación y exportación de las aduanas; del de la venta o locación de tierras de propiedad nacional, de la renta de correos, de las demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la po­ blación imponga el Congreso general, y de los empréstitos y opera­ ciones de crédko que decrete el mismo Congreso para urgencias de la Nación , o para empresas de utilidad nacional” La lib ertad de cultos: El artículo 14 que declaraba los derechos civiles de todos los habitantes de la Nación, fue motivo de nuevas im­ pugnaciones en lo referido al derecho de cada uno de profesar libre­ mente su culto. Nuevamente correspondió al clérigo diputado Cente­ no, oponerse a esa redacción, expresando que el Congreso Constitu­ yente no podía sancionar la libertad teológica de cultos porque tal san­ ción sería contraria al derecho natural, habida cuenta de que la .religión revelada por Jesucristo era la única y verdadera y, por consiguiente, no era admisible en un país católico, ni por su gobierno, el ejercicio ni la libenad de otros cultos, que no pueden ser sino falsos y desagradables a la divinidad. Tampoco tenía facultad el Congreso, decía, porque sus potestades templares no podían legislar válidamente sobre esta materia por carecer de competencia, la que era privativa del soberano Pontífice de Roma. Correspondió la réplica al diputado Juan Francisco Seguí quien distinguía entre dogma y culto, señalando que respecto del primero era incontestable la potestad de la iglesia, pero respecto al culto habían admitido su libertad las naciones más adelantadas del mundo, sin que se entendiera cometer infracción al derecho natural, adhiriendo a estos conceptos el Presbítero Lavayse, quien además entendía que esta li­ bertad era necesario garantizarla para asegurar de esta manera la inmi­ gración extranjera, base de. la prosperidad de la Confederación.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARCENTINA Dr. Kc*nJo J. C. IU-r*r

El debate resultó sumamente interesante, predominando la posi­ ción liberal, compartida incluso por sacerdotes de esa tendencia. Uno de los argumentos más gravitantes fue el de la necesidad de dar cabida a los inmigrantes europeos, muchos de ellos de religión diferente a la Católica. No prosperaron las objeciones. El articulo se aprobó 13 con­ tra 5. El artículo 14 quedó redactado de la siguiente manera: “Todos los habitantes de la Confederación gozan de los siguientes derechos con­ forme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio ar­ gentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar librem ente su culto; de enseñar y aprender". 10. Sanción del 1° de Mayo. Las discusiones terminaron el 30 de abril con la intención de que la Constitución fuese firmada el Io de mayo de 1853, fecha en que se cumplía el segundo aniversario del Pronunciamiento de Urquiza, y en la que el Congreso Constituyente la sanciona, siendo promulgada por e! Director Provisorio el 25 de mayo del mismo año y jurada por todo el país, menos Buenos Aires entonces separada, el 9 de julio de ese mismo año. 11. Contenido y Organización de los poderes. El texto constitucional está estructurado en tres partes: el Preám­ bulo, la parte Dogmática y la parte Orgánica. El Preám bulo: cumple en primer término una función de orden político, enunciando el carácter de la autoridad que sanciona la Cons­ titución, es decir los representantes del pueblo de la Confederación re­ unidos en Congreso General Constituyente, por voluntad y elección de las provincias que la componen y en cumplimiento de pactos preexis­ tentes. En segundo lugar enumera los fines perseguidos con su san­ ción, es decir constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consoli­ dar la paz interior, proveer a ia defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, propósitos que no sólo tienen por destino al pueblo que lo sanciona y a su posteridad, sino
381

también a todos los hom bres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. L a p a rte D ogm ática: comprende la primera parte de la Consti­ tución y trata en su Capítulo único de las “Declaraciones, D erechosy Garantías”, que adopta las nuevas ideas que conmovieron al mundo occidental en los días en que se producía la crisis del imperio hispáni­ co, derechos personales cuya enunciación se consideraba insustituible en los ordenam ientos constitucionales. Así se incluye la nueva idea de la libertad form ulada por los racionalistas del Siglo XVII como dere­ cho natural e im prescriptible, superior a cualquier otro fundamento de la vida social y política; el ejercicio de esa libertad civil autoriza a ha­ blar, escribir e im prim ir libremente, expresando cada uno sus ideas, aún las religiosas; el principio de igualdad, la seguridad individual, el derecho de propiedad, dándole también los medios para asegurar sus derechos, e im poniéndole también al hombre los deberes correspon­ dientes a su condición de tal y de ciudadano, como ser los de obedecer las leyes, concurrir a la defensa de la Patria, contribuir a los gastos del Estado y respetar a las autoridades constituidas. La P a rte O rg á n ic a : comprende la Segunda Parte de la Constitu­ ción y está dividida en dos títulos, siendo el primero el que se refiere al Gobierno federal, cuya organización veremos seguidamente, y el segundo referido a los Gobiernos de Provincia. 12. O rg anización de los poderes nacionales: Está determ inado en el artículo Io, en cuanto establece que adopta un gobierno representativo y republicano, lo cual supone por un lado el reconocim iento de la soberanía del pueblo como funda­ mento de su existencia, y por el otro en cuanto establece el principio de la división en tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. En la Parte Segunda referida a las Autoridades de la Nación se organiza el Poder Legislativo, con un Congreso, dividido en dos cá­ maras, la de Diputados cuyo integrantes representan al pueblo de la Nación y son elegidos en forma directa, proporcionalmente a los ha­ bitantes que tiene cada provincia; y la de Senadores, de dos senadores por provincia, elegidos por sus legislaturas en forma igualitaria para todas.. (Con la reform a de 1994, se aumento a tres y los debe elegir en el futuro el pueblo en forma directa)
382

MANUAL DE IflSTOFUA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. XSatnioJ. G. llx r r r

El Poder Ejecutivo está a cargo de un ciudadano, elegido por el pueblo en forma indirecta, mediante el sistema de Colegio Electoral (esto también se reformó en 1994) y el Poder Judicial federal, a cuyo frente se halla la Suprema Corte de Justicia de la Nación., Los miem­ bros de la Corte, y demás jueces inferiores son designados por el P.E. con acuerdo del Senado (también esto sufrió modificaciones en 1994). 13. Disposiciones que garantizan el federalismo en la Constitución Nacional. Está también consagrado en el art. Io de la Constitución al decir que la Nación Argentina adopta para su gobierno.... la forma Federal, aunque expresado de manera incorrecta, pues el federalismo no es una forma de gobierno sino una forma de organización del estado. Además está ratificado ese principio por los artículos 5o donde se garantiza a cada provincia el derecho de dictarse su propia Consti­ tución, estableciéndole las condiciones y garantizando el Estado Fede­ ral el goce y ejercicio de sus instituciones; en el artículo 6o donde si bien se autoriza la Inter/ención federal a las provincias, se limita el al­ cance acerca de las situaciones que justifican esa medida; el artículo T donde se garantiza a los actos públicos y procedimientos judiciales de cada provincia, su validez en el resto de las mismas; como así el artí­ culo 8“ en que se garantiza a los ciudadanos de una provincia los mis­ mos derechos que tienen los habitantes en cada una de las demás pro­ vincias. El artículo 13° es una garantía del federalismo territorial, en cuanto admite la posibilidad de incorporar nuevas provincias o erigir­ se una provincia dentro del territorio de otra, o de varias formar una sola, pero determina que en cualquiera de estos casos deberá contar con la aprobación de las Legislaturas de las provincias interesadas, además de la aprobación del Congreso Nacional. Además en la pane segunda referida a las autoridades de la Na­ ción, establece un gobierno federal, en el que el Senado es la garantía de la igualdad de las provincias, pues se determina que cada una elegi­ rá igual número de senadores( Art. 42°) a consecuencia de lo cual no puede prevalecer el número de ciudadanos que pueda poblar determi­ nadas provincias, en detrimento de aquéllas carentes de importante población. Esta representación igualitaria de las provincias actúa co­ mo contrapeso de la Cámara de Diputados en la que la representación

MANUAL DE H1STORU CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. /C ardo J. G. Hprrcr

esta dada por la población, que en nuestro país está desigualmente distribuida. ................ Las facultades conferidas al gobierno federal, quedan limitadas por la disposición del aru 101 (Titulo Segundo-Gobiernos de Provin­ cia. que expresa “las provincias conservan todo el poder no delegado por esta Constitución al gobierno federal” , y además el artículo 102° que ratifica el principio de que cada provincia se da sus propias insti­ tuciones locales y se rige por ellas, elige sus gobernadores, sus legis­ ladores y dem ás funcionarios de la provincia, sin intervención del go­ bierno federal. Dice después en el artículo 103° que cada provincia se dicta su propia constitución y antes de ponerla en ejercicio, la remite al Congreso para su examen, conform e lo dispuesto en el artículo 5o, y en el 104° se las autoriza a una serie de actos por medio de la celebración de tratados parciales, para la administración de justicia, intereses económicos y trabajos de utilidad común, con conocimiento del Congreso Federal, además de prom over su industria, la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de pro­ piedad provincial, la introducción y establecimiento de nuevas indus­ trias, la importación de capitales extranjeros y la exploración de sus rios, por medio de leyes protectoras de estos fines. El artículo 105" ratifica el principio de que las provincias no ejer­ cen el poder delegado a la Nación, estableciéndole una serie de res­ tricciones o prohibiciones expresas referidas a aquéllos actos que no están facultadas a realizar, tales como ias de celebrar tratados de ca­ rácter político, ni expedir leyes sobre comercio o navegación interior o exterior, ni establecer aduanas provinciales; ni acuñar moneda; ni es­ tablecer bancos con facultad de emitir billetes sin autorización del Congreso Federal: ni dictar los códigos civil, comercial, penal y de minería después que ei Congreso los haya sancionado; ni dictar leyes sobre ciudadanía y naturalización, bancarrotas, falsificación de m one­ da o documentos del Estado; como así también no establecer derechos de tonelaje, ni armar buques de guerra o levantar ejércitos, ni nombrar agentes extranjeros ni admitir nuevas órdenes religiosas.. Además, en el artículo 106° les prohíbe a ¡as provincias declarar o hacer la guerra a otra, debiendo someter sus conflictos a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
384

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. C. il*rr

Queda bien entendido que la numeración empleada en la men­ ción de los artículos, a lo largo de este Capítulo, corresponde a la nu­ meración originaria con que fuera sancionada la Constitución en 1853.

Bibliografía consultada y utilizada. ALBERDÍ, Juan Bautista. ‘'Bases y Puntos de Partida para la organi­ zación políticade la República Argentina” BIDART CAMPOS, Germán J. "Historia Política y Constitucional Argentina” DEMICHELI. Alberto. "Formación constitucional rioplaiense” ; GALLETTI, Alfredo. "Historia Constitucional Argentina” | LONGHI, Luis R. "Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar! gentino" j LOPEZ ROSAS, José Rafael. "Ensayo de Historia Constitucional Ar! gemina" | LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar| gentina” i TAU ANZOATEGUI, i . Víctor y * MART1RE, Eduardo. “Manual de I Historia de las Instituciones Argentinas” ¡ ZAR1N1, Helio Juan. “Historia e Instituciones en la Argentina'' j ZAR1NI, Helio Juan. “Constitución Argentina comentada y concorda; da”

385

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. CUH tm r

C A P IT U L O 16 1. La Secesión de Buenos Aires. En capítulos anteriores señalábamos la oposición manifestada en la Sala de Representantes porteña al Acuerdo de San Nicolás, en las jom adas de Junio de 1852, oposición que tuvo más adelante su expre­ sión efectiva en la revolución llevada a cabo el 11 de septiembre de ese mismo año, aprovechando la ausencia del Gral. Urquiza que se había trasladado días antes a Santa Fe a los fines de instalar e inaugu­ rar las sesiones del Congreso General Constituyente. Afirmada la revolución con las fuerzas militares que la sostuvie­ ron y apoyada en los elementos políticos más heterogéneos, unidos todos en el común deseo de “defender a Buenos Aires”, e imposibili­ tado el Gral. Galán, gobernador provisorio delegado, por la falta de fuerzas suficientes para contenerla, el movimiento cívico-militar triun­ fó y depuso a la autoridad gubernativa. Inmediatamente fue restablecida la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires, anteriormente disuelta por Urquiza, con­ cretándose así “el deseo del pueblo y el ejército de reinstalar la legiti­ ma representación provincial”. Esta se reunió y eligió gobernador pro­ visorio al Gral. Manuel G. Pinto, quien asumió y designó ministro de Gobierno al Dr. Valentín Alsina. Inmediatamente dio un Manifiesto en el que consideraba ilegítimos todos los actos que habían sido reali­ zados con la presencia de las fuerzas militares de Urquiza, y en conse­ cuencia no reconocía ni reconocería en el futuro ningún acto de los di­ putados reunidos en el Congreso General Constituyente, al que se le negaba su calidad de autoridad nacional. Además se resolvía hacer sa­ ber esa circunstancia a los gobiernos de las demás provincias argenti­ nas, se revocaba la facultad del manejo de las relaciones exteriores y ordenaba el redro de sus diputados que hasta ese momento habían permanecido en Santa Fe. Se iniciaba, así, de hecho, la secesión de la provincia de Buenos Aires.
387

MANUYI. DF. IDSTORIA CONSTTTL'aONAL ARGENTINA Dr. KJatrdn J. G. llarrcr

AI enterarse Urquiza, volvió sobre sus pasos con intención de som eter a los rebeldes, pero luego decidió no librar una nueva lucha y, aun, estuvo dispuesto a renunciar a su mandato de Director de la Con­ federación, pero fue convencido de no hacerlo y de continuar su obra constituyente. Finalmente Urquiza decidió prescindir de la presencia de Buenos Aires, afirmarse con las demás provincias argentinas, y conservando la investidura que le habían confiado ios pueblos, se reti­ ró a Entre Ríos, estableciendo la capital de la Confederación en la ciu­ dad de Paraná. Buenos Aires no se limitó a una mera separación, sino que por intermedio del Gral. Paz se dirigió a las provincias buscando atraerlas a su causa, intento que fracasó rotundamente, de la misma manera en que fracasaron los intentos militares de invasión a la provincia de En­ tre Ríos. Las provincias ante las sugestiones de la “Atenas del Plata” rechazaron el alzamiento porteño del 11 de septiembre, ratificaron su adhesión al Acuerdo de San Nicolás y mantuvieron su decisión de or­ ganizarse constitucionalmente. 2. La C onstitución Provincial de Buenos Aires de 1854. El propósito de dictar una constitución para la provincia de Bue­ nos Aires venía madurándose desde 1852, cuando una Comisión Es­ pecial presentó un proyecto en tal sentido a la Sala de Representantes. Luego del fracaso de los intentos del Gral. Lagos para reducir a Bue­ nos Aires y de haberse levantado el sitio de la misma ciudad mediante el soborno al Almirante Coe, Buenos Aires se puso a la tarea de orga­ nizarse constitucionalmente. De alguna manera esta actitud era una respuesta a! hecho de haberse sancionado el año antes la Constitución Nacional y de haber asumido Urquiza ei cargo de Presidente de la Confederación Argentina, en 1854. Desde 1820 la provincia de Buenos Aires se había dado leyes de rango constitucional por intermedio de la Sala de Representantes. En esta oportunidad, nuevamente, se convertirá de Asamblea Legislativa, en un cuerpo Constituyente. En las deliberaciones de la Sala de Representantes comenzaron a m anifestarse, a través de las exposiciones de sus principales oradores, Alsina y Tejedor por un lado y Bartolomé Mitre por el otro, las ten­ dencias ideológicas que habrían de eclosionar en la formación de los futuros partidos políticos: el Autonomista y el Nacional.
388

MANUALDF. HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA. Dr. KcxrdoJ. C. lU m ry

Los primeros acentuaban un fuerte sentimiento provincial y hasta reclamaban la posibilidad de convertir a ¡a provincia de Buenos Aires en un estado independiente. Por su parte Mitre, negaba facultades constituyentes a la Sala de Representantes, con el objetivo de preser­ var la unión nacional. Prevaleció el criterio de Mitre ya que si bien en el artículo prime­ ro de la Constitución sancionada en 1854 se decía que “Buenos Aires era un estado con el libre ejercicio de su soberanía interior y exterior”, se agregaba a renglón seguido la expresión "mientras no la delegue en un Gobierno Federal”. A esta fórmula se le agregaba la disposición contenida en el art. 171 del mismo cuerpo constitucional expresando que “el Estado de Buenos Aires no se reunirá en Congreso General (con las demás provincias), sino bajo la base de la forma federal, y con la reserva de revisar y aceptar libremente la Constitución General que se diere. Esto implicaba la posibilidad de reunifícarse en un futuro con las demás provincias, como finalmente ocurrió, aunque para ello fue necesario el triunfo de las armas de la Confederación en la batalla de Cepeda en 1859. Digamos en primer lugar que la Constitución bonaerense de 1854 era de carácter unitario, como lo fueron las de la totalidad de las pro­ vincias argentinas, antes y después de la Organización Nacional. Como forma de gobierno se establecía que era de carácter popu­ lar representativo, residiendo la soberanía en el pueblo, quedando su ejercicio delegado en los tres poderes clásicos. El Poder Legislativo era bicamarista, compuesto de las Cámaras de Representantes y la de Senadores, y reunidas ambas en conjunto constituían la Asamblea General. La Cámara de Representantes estaba integrada por diputados ele­ gidos en forma directa por el pueblo, durando dos años en sus funcio­ nes y renovables anualmente por mitades. Tenía competencia exclusi­ va para iniciar el tratamiento de leyes creadoras de impuestos, y para acusar ante el Senado al gobernador, ministros y jueces, para separar­ los de sus empleos cuando hubiesen incurrido en alguna de las causa­ les determinadas en la Constitución. Los integrantes del Senado eran también elegidos directamente por el pueblo, aunque en proporción de habitantes duplicaba las exigi­ das para los representantes. Los senadores duraban tres años en sus
389

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JOatrdo J. C . H m rcr

funciones renovándose por tercios anualmente. Tenían facultad de juzgar a los funcionarios acusados por la Cámara de Representantes— Am bas Cámaras tenían todas las facultades que son comunes a los cuerpos legislativos. Podían, además, reunirse en forma conjunta constituyendo la Asamblea General, cuerpo que tenía como facultades la de nom brar al Gobernador, fijar el presupuesto y el cálculo de re­ cursos, creaba y suprimía empleos, acordaba pensiones, honores pú­ blicos, indultos y amnistías, fijaba el ejército permanente y las divi­ siones territoriales de la provincia. Creó una Comisión Permanente compuesta por tres Senadores y cuatro Representantes para actuar en caso de receso de la Asamblea General, como guardián de la Constitución y de las leyes, en los casos de urgencia e importancia. Podía, además, interpelar a los Ministros, facultad que ejercitaban el Senado y la Cámara de Representantes cuando no estaban en receso. El Poder Ejecutivo, unipersonal, era desempeñado por un ciuda­ dano con el titulo de Gobernador, elegido por la Asamblea General con mandato por tres años, no siendo reelegióle, sino tras un periodo de por medio. Nombraba sus Ministros y proveía a los empleos civiles y militares, ejercía el derecho de patronato y podía conmutar la pena capital. Designaba a los agentes diplomáticos, podía declarar el estado de sitio, y sus ministros eran responsables solidariamente de las órde­ nes que se dictaran en contra de la Constitución y de las leyes. El Poder Judicial era independiente y estaba compuesto por un Superior Tribunal de Justicia y juzgados inferiores; el tema judicial estaba deficientemente tratado, pues no fijaba número ni composición de los tribunales, ni término de sus mandatos, ni sus facultades, todos ellos requisitos esenciales. El régimen municipal estaba indicado o preceptuado sin defini­ ción ni previsiones. Con respecto a la Religión decía que era la Católica, Apostólica y Romana, considerada como religión del estado, a la que todos sus ha­ bitantes estaban obligados a tributar respeto, sean cuales fueren sus ideas religiosas, aunque declaraba inviolable el derecho a la libertad de cultos, limitado a la moral, al orden público y las leyes del país. Un tem a que provocó discusiones desde el momento mismo de su tratamiento fue el relativo a la ciudadanía, ya que para algunos Buenos

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R xxrJa J. G. H *rrcr

í,

Aires no podía legislar sobre este tema, mientras que otros considera­ ban que era el legítimo derecho de un Estado Soberano. ............... ......... Se establecía al final un capítulo de Declaraciones Generales, en el que se enunciaba lo relativo a la igualdad ante la ley, el derecho a la vida, reputación, libertad, seguridad y propiedad, con arreglo a la Constitución y a las leyes. La publicación de las ideas debía hacerse con sujeción a la ley de la materia; se aseguraban los derechos. Man­ tenía la esclavitud, pues a este respecto sólo ratificaba las leyes sobre libertad de vientres y prohibición de tráfico de esclavos. Finalmente, la Constitución sólo podía ser reformada en todo o en parte por la Asamblea General, y al ser propuesta por alguna de las Cámaras se requería el apoyo de la tercera parte de los miembros para declarar la necesidad de la reforma, y los dos tercios para aprobar la reforma. Si la proponía el P.E. requería dos tercios para declarar la ne­ cesidad de la reforma. El día 18 de abril de 1854 fue promulgada y el 23 fue jurada so­ lemnemente. 3. Tentativas de unión y tendencias separatistas entre la C onfede­ ración y el Estado de Buenos Aires. La secesión de Buenos Aires trajo aparejado serios problemas, en los cuales la peor parte la llevó la Confederación, fundamentalmente por falta de una estructura económico productiva que le permitiera atender a sus necesidades y a la de los gastos de la costosa burocracia necesaria para su correcta organización. Con e l problema de la secesión de Buenos Aires era lógico espe­ rar que no habría una paz duradera. La Confederación por un lado y por el otro el Estado de Buenos Aires como entidades políticas sepa­ radas y con sus respectivas constituciones, significaban una divergen­ cia con la tradición política argentina y atentaban contra los intereses económicos generales. No existían diferencias substanciales en el pen­ samiento dirigido a la marcha de la Nación, pero quedaban las disi­ dencias de los hombres. Ya Urquiza en su primer mensaje al Congreso de Paraná había juzgado en forma violenta la conducta de la provincia disidente. Buenos Aires seguía disfrutando de los recursos más importantes que eran el producido de los impuestos de importación y exportación, sólo teniendo que subvenir a sus propios gastos, sin el deber de asistir
391

MANUAL DE HISTORU a>NSTTTUaONAL,VRGENTINA Dr. Ricarda J. G. Htrrrrr

a los dem ás pueblos de la Confederación. Por su lado el gobierno na­ cional establecido en Paraná sufría ¡as consecuencias de una profunda crisis económ ica, ante la dificultad en mantener la maquinaria del Es­ tado, sin disponer de una estructura adecuada para cimentar el desa­ rrollo y progreso comercial. Hubo ataques de emigrados que aspiraban a derrotar el gobierno de Buenos Aires y hubo también invasiones de indios, que Buenos A i­ res entendía eran propiciados por el presidente de la Confederación. Urquiza buscó un acercamiento y designó a Cullen y a Gowland como negociadores. Y se llegó a la firma de un tratado entre Buenos Aires y ¡a Confederación de diciembre de 1854. Por él mismo ambos mandatarios se com prom etían a no consentir desmembración alguna dei territorio nacional, y a unir sus esfuerzos en caso de que fuese ata­ cada la república. Se mantenía el "status-quo” existente anterior a la invasión a Buenos Aires, debiendo cesar en forma inmediata todos ios aprestos de índole militar, mantener la paz y la buena armonía, así como conservar todas sus relaciones de comercio que tenían en el ex­ terior. Se establecía además la mutua colaboración en la lucha contra los indios y que la separación de Buenos Aires, a la que no se le daba carácter perm anente, no alteraba las leyes generales de la Nación. Adm itía la igualdad de bandera de los navios de ambos estados, y se permitía la navegación entre sus puertos, no debiendo los buques pa­ gar otros derechos que aquéllos existentes en sus respectivas jurisdic­ ciones. Se convenía, además, la libre introducción y circulación de productos nacionales y extranjeros entre ambos Estados, tanto por agua com o por tierra. Con este acuerdo, en definitiva, se trataba de evitar la lucha económica. Ei S de enero de 1855 se volvió a firmar otro tratado relacionado con temas económ icos y de comercio entre ambos Estados y ¡legaron a constituir un paso significativo en la unidad económica. Estos trata­ dos representaban un anhelo: la integridad nacional, pero ella, lamen­ tablemente, no se pudo lograr en lo inmediato. La búsqueda de la reconciliación definitiva en el aspecto político institucional sufrió los inconvenientes derivados de los enfrentamien­ tos entre las figuras representativas de ambos lados, señalándose por pane de Buenos Aires que ellos no habían concurrido a la sanción de
392

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R kasiioJ. G. /¡m m r

la Constitución y reclamando prácticamente la renuncia de Urquiza como condición esencial para arribar a un arreglo definitivo. En marzo de 1856 a consecuencia de haberse reanudado hostili­ dades entre ambos Estados fue denunciado el pacto hasta entonces vi­ gente, y a partir de ese momento resultó evidente que ambas partes se preparaban para un enfrentamiento que no tardaría en llegar. 4. Ley de Derechos Diferenciales. La difícil situación planteada se agravó con la sanción de la lla­ mada “Ley de Derechos Diferenciales”, dictada en julio de 1856, que prácticamente constituía una declaración de guerra económica por parte de la Confederación contra Buenos Aires. Por esta ley se recargaban los derechos a los productos de ultra­ mar que ingresaran por los puertos de Buenos Aires y/o Montevideo. De esta manera las mercaderías que hubieran sido introducidos direc­ tamente a la Confederación, sin hacer escalas en aquéllos puertos, pa­ garían los impuestos ordinarios, lo que significaba una ventaja signifi­ cativa. El proyecto tenia dos objetivos: 1) Económico: fomentar el comercio directo de los países de ul­ tramar con la Confederación. 2) Político, el de reducir el comercio orientado hacia Buenos Ai­ res, con el evidente perjuicio de sus recursos financieros. La ley colocaba a las mercaderías que entraban a la Confedera­ ción pasando de largo por Buenos Aires o Montevideo en situación ventajosa, pero la norma no llegó a tener el alcance previsto, ya que Rosario, el puerto habilitado por la Confederación, no tenia ni la po­ blación, ni el capital ni el consumo, que se obtenía en forma más in­ mediata llevando los productos a Buenos Aires. Otro factor, negativo era el referido a la falta de conocimientos para la navegación del río Paraná y el peligro que ello significaba para los navios de ultramar. Como tampoco disponían las casas comerciales de Rosario de una lí­ nea de distribución para las mercaderías importadas, que práctica­ mente ya existía en Buenos Aires desde los últimos tiempos de la co­ lonia. En definitiva, lo que esta ley logró fue exasperar los ánimos de la provincia secesionada, sin que diera frutos demasiado positivos a favor de la Confederación..
393

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA D r. JG crdo J. G. H *rr*r

Pero en el año 1858, a consecuencias de los problemas existen­ tes, se adoptan nuevas medidas diferenciales, extendiendo el alcance de los impuestos también a los artículos que se exportasen a través de los puertos de Buenos Aires o Montevideo. ----Una serie de hechos políticos fueron desencadenando por ambas partes un verdadero estado de beligerancia y, en 1859, la Legislatura porteña sancionaba una ley en virtud de la cual se autorizaba al gober­ nador a repeler con las armas la guerra que de hecho le había declara­ do el gobierno de la Confederación. A esta ley le contestaba el Congreso de la Confederación con otra sim ilar por la que se autorizaba al Presidente a resolver la cues­ tión de la integridad nacional respecto de la provincia disidente de Buenos Aires, por medio de negociaciones pacíficas o de la guerra, según lo aconsejen las circunstancias, facultándolo para movilizar las fuerzas en cualquier lugar del territorio nacional. Los agentes extranjeros acreditados en el país, realizaron intentos de mediación, pero ellos fracasaron por la intransigencia del goberna­ dor bonaerense Valentín Alsina y la influencia de sus colaboradores, entre los que hasta el propio Mitre buscaba la separación definitiva de la provincia rebelde. Finalmente se llega a la Batalla de Cepeda, el 23 de octubre de 1859, en la que resultaron triunfantes los ejércitos de la Confederación y tras la mediación del mariscal paraguayo Francisco Solano López, se firma el Pacto de San José de Flores. Es evidente que tras el triunfo de Cepeda, Urquiza habría podido entrar en la orgullosa Buenos Aires e imponerle sus condiciones. Pero, seguramente, el recuerdo de Case­ ros y todo lo que vino después, le habrá aconsejado la negociación como el medio más idóneo para la obtención del objetivo fundamental de su accionar y el corolario de su magnífica gesta: la definitiva unión nacional.
5.

Cepeda y el Pacto de San José de Flores de 1859. Ya vencido el Estado de Buenos Aires, el Gral. Urquiza, merced a la mediación del Mariscal Francisco Solano López, inició una rueda de tratativas con los representantes del gobernador Alsina, que pese a la derrota seguía firme en su postura intransigente; pero su renuncia producida días después facilitó se arribara a una solución que quedó concretada en el Pacto celebrado en la localidad de San José de Flores
394

MANUAL DE HISTORIA CONSTmiOONAL ARGENTINA D r. XScmnbJ. G . llu rw r

71

(actual barrio de Flores de la Capital Federal), el 11 de noviembre de 1859, también llamado Pacto de Unión o Pacto de Familia. Por el artículo Io Buenos Aires se declaraba parte integrante de la Confederación, comprometiéndose a verificar su incorporación por la aceptación y jura solemne de la Constitución Nacional. Por el artículo 2o se establecía que dentro de los veinte días se convocaría a una Convención Provincial de Buenos Aires que exami­ naría la Constitución de Mayo de 1853 que estaba vigente en las de­ más provincias. Una vez reunida esta Convención si no hallase nada que observar en la Constitución de 1853 la juraría solemnemente, y en caso de que la misma Convención entendiese que debían realizarse re­ formas, ellas debían ser comunicadas al Congreso de la Confedera­ ción, para que a su vez convocase a una Convención Nacional ad-hoc que las tomase en consideración, debiendo Buenos Aires acatar lo que ésta decidiera definitivamente. Asimismo, dejaba a salvo el territorio de la provincia de Buenos Aires que no podía ser dividido sin el con­ sentimiento de la Legislatura local. Una disposición que con el correr de los años va a tener impor­ tancia significativa es la que se refiere a que todas las propiedades de la provincia que le dan sus leyes particulares, como sus estableci­ mientos públicos, de cualquier clase y género que sean, seguirían co­ rrespondiendo a la provincia de Buenos Aires, y serían gobernadas y legisladas por la autoridad de la provincia, exceptuándose de esta dis­ posición a la Aduana que pasaba a ser de carácter nacional. Una serie de otras disposiciones establecían el perpetuo olvido de todas las causas que habían producido nuestra desunión, no pudiendo ningún ciudadano argentino ser molestado en modo alguno por hechos ni opiniones políticas emitidas durante la separación de Buenos Aires, ni confiscado sus bienes, obligándose los ejércitos de la Confedera­ ción a evacuar la provincia en un plazo de 15 días y reducir sus arma­ mentos al estado de paz. Finalmente se determinaba que la República del Paraguay garantizaba el cumplimiento de lo estipulado en el Con­ venio. Buenos Aires lograba transformar una derrota por las armas en una victoria por la vía diplomática.

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Rhardo J. G. ¡fti-rcr

6. Pacto com plem entario de Junio de 1860. -. El nuevo Gobernador de la provincia de Buenos Aires D. Barto­ lomé Mitre decidió enviar al Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield ante el go­ bierno de la Confederación a cargo ahora del nuevo presidente el Dr. Santiago Derqui, para que conviniese un acuerdo complementario al de San José de Flores, para resolver algunas cuestiones referidas a los procedim ientos a seguirse con las reformas propuestas y algunas cuestiones de tipo económ icas que aún estaban pendientes. Con relación al prim er aspecto, se determinó que el gobierno na­ cional, tan pronto recibiera del de Buenos Aires las reformas pro­ puestas por la Convención provincial, las remitiría al Congreso para que procediera a convocar a una Convención Nacional ad-hoc que las tomaría en consideración. Una vez que se expidiera el Congreso debía convocarse a la m ayor brevedad a la elección de Convencionales para integrar aquél cuerpo reformador constituyente nacional y el gobierno de Buenos Aires debía proceder de igual manera a elegir sus repre­ sentantes. Se determ inaba también que la representación de cada pro­ vincia y la de Buenos Aires seria la determinada por el art. 34 de la Constitución de 1853 y se propiciaba que los diputados constituyentes a elegirse fueran naturales o residentes de las provincias que los elijan. En otras disposiciones se refería a los fueros y privilegios de los diputados constituyentes, se determinaba como lugar de reunión la ciudad de Santa Fe, asegurándose por parte del gobierno nacional to­ das las garantías necesarias para el correcto funcionamiento de la Convención, que debía terminar sus funciones en el plazo de treinta días, y a los quince días de sancionada, el gobierno de Buenos Aires debía ordenar la promulgación y jura de la Constitución Nacional re­ formada Se determ inaba además la prórroga de las sesiones del Congreso Nacional a efectos de que pudieran incorporarse los Senadores y Di­ putados Nacionales que representarían a la provincia de Buenos Aires. En el tem a de las materias económicas se establecía que Buenos Aires continuaría con el régimen y administración de todos los objetos com prendidos en su presupuesto de 1859, aún cuando correspondieran por su naturaleza a las autoridades nacionales, hasta que incorporados los diputados de esa provincia al Congreso, dispongan las medidas pa­ ra hacer efectiva la garantía dada por el arL 8o del Pacto de San José
396

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricardo J. G. lítrrxr

de Flores, de asegurar el presupuesto porteño por cinco años. Este te­ ma estaba referido, obviamente, a la Aduana de Buenos Aires. A su vez el gobierno de Buenos Aires se comprometía a hacer entrega de la suma de Un millón y medio de pesos mensuales al gobierno de la Confederación para concurrir a los gastos nacionales. Se comprometían, también, a dictar a la brevedad la legislación necesaria para uniformar la actividad aduanera y mejorar la protección del comercio en general, y quedaba establecido que los productos na­ turales o manufacturados en Buenos Aires son libres de derechos de introducción en las Aduanas de las demás provincias, como lo serán en la de aquélla los productos y manufacturas de éstas. De la misma manera, ei gobierno de la Confederación se ofrecía a dictar los regla­ mentos y disposiciones que favorezcan el comercio recíproco y admi­ tir el papel moneda de Buenos Aires. A todo ello se agregaba que el gobierno nacional, considerando a la provincia de Buenos Aires como una parte integrante de la Nación, se comprometía a ayudarla en la defensa de sus fronteras “de las inva­ siones de los bárbaros”. 7. Reformas propuestas por Buenos A ires en 1860. Tal como hemos visto en el punto anterior, la Convención pro­ vincial de Buenos Aires debía reunirse dentro de los veinte días de la firma del Pacto de San José de Flores, pero sin embargo esta reunión se fue dilatando ai extremo de que su primera reunión fue realizada recién el 5 de enero de 1860, es decir a casi dos meses de esa fecha. Algunos historiadores han querido ver en esta demora el propósito de Buenos Aires de impedir que correspondiera a Urquiza la gloria de firmar la Constitución que finalmente uniera a todos los argentinos, habida cuenta de que su mandato como Presidente de la Confedera­ ción terminaba en el mes de marzo de ese año. También se intentó por pane de algunos sectores oponerse a cualquier reforma constitucional, habida cuenta de que ei artículo 30, entonces vigente, determinaba que “La Constitución puede reformarse en todo o en partes, pasado diez años desde el día en que la juren los pueblos....” y esos diez años aún no habían transcurrido. Pero prevale­ ció el criterio de que Buenos Aires, al no haber participado del Con­ greso Constituyente y rechazado antes de eso el Acuerdo de San Ni­ colás, había mantenido el derecho de revisar el texto constitucional y
397

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K iatrdoJ. G. Hmtkt

proponer las reformas que estimase convenientes, y porque, -al decir del Constituyente Seguí- -la Constitución Nacional era reform able. siempre que ello fuera para el sólo y único objeto de reincorporar a la provincia de Buenos Aires. Las sesiones preparatorias duraron todo un mes y las ordinarias se completaron en el mes de Mayo del mismo año, cuando ya era Pre­ sidente de la Nación el Dr. Santiago Derqui. Una de las primeras discusiones fue referida a si la provincia de Buenos Aires debía o no proponer reformas o simplemente aceptar la Constitución de 1853 tal como estaba redactada. Prevaleció el primer criterio y la Convención se abocó de lleno al cumplimiento del objeti­ vo para el cual había sido convocada. Se designó una Comisión Redactora que estuvo integrada por Domingo Faustino Sarmiento, Dalmacio Vélez Sarsfield, Bartolomé Mitre, José Mármol, y otros distinguidos convencionales de reconoci­ da filiación liberal. El miembro informante, Mitre, propuso un plan de reformas que abarcaba a veintiséis artículos, referidos al Capítulo de “ Declaraciones, Derechos y Garantías”, a la composición y atribucio­ nes de los poderes, a materias de tipo económicas y las referidas a los temas abordados en el Pacto que dio origen a la convocatoria. En definitiva, más allá de las enmiendas a determinados temas, como veremos en el punto siguiente, se agregaban cuatro nuevos artí­ culos, siendo de destacar como hecho positivo que a través de la re­ forma propuesta se afirmaba una más efectiva defensa de las autono­ mías provinciales. 8. La C onvención Nacional "ad-hoc" de 1860. La Convención nacional ad-hoc inició sus sesiones en la ciudad de Santa Fe en septiembre de 1860 terminando su cometido dentro del plazo legalmente fijado; analizó la propuesta de reformas hecha por la Convención provincial de Buenos Aires y, salvo algunos aspectos de detalle, las aprobó en general. Las reformas más importantes introducidas, son las siguientes: Io) El art. 3o relativo al asiento de las autoridades nacionales, que sería en la ciudad que se declarase Capital por ley especial del Con­ greso, previa cesión de las legislaturas del territorio que hubiera de federalizarse.
398

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JGcxrda J. G. Hm-rry

2°) Modifica los arts. 4o y 64 (hoy art. 75) inc. Io en lo relativo a _ Aduanas, estableciéndose que el Congreso podrá legislar sobre adua­ nas exteriores y derechos de importación, que serán uniformes en todo el país; pero con relación a los derechos de exportación determina que serán establecidos hasta 1866, en cuya fecha cesarán como impuestos nacionales no pudiendo serlo provincial. 3o) También suprime la obligatoriedad de la enseñanza “gratuita” exigida por el artículo 5o y la facultad revisora del Congreso con rela­ ción a las constituciones provinciales antes de que éstas entren en vi­ gencia, establecida en la segunda pane de dicha norma . 4o) Modifica también la redacción del an. 6o relativo a la facultad del gobierno nacional de enviar intervenciones a las provincias, que sólo serán para “garantir la forma republicana de gobierno o repeler invasiones exteriores”, lo que puede hacer “motu propio”, y además, “a requisición"de sus autoridades constituidas para sostenerlas o resta­ blecerlas si hubiesen sido depuestas por la sedición o por invasión de otra provincia”. 5o) En el an. 12° se establece en la cláusula relativa a la libre cir­ culación de los buques de una provincia a otra, que en ningún caso se podrá conceder preferencias a un puerto respecto de otro, por medio de leyes o reglamentos de comercio. 6o) En el art. 15° donde se dice que en la Argentina no hay escla­ vos, se agrega que “ los esclavos que de cualquier modo se introduzcan quedan libres por el sólo hecho de pisar el territorio de la República”. T ) En el art. 18, relativo a los derechos de los ciudadanos, se su­ prime la expresión “ejecuciones a lanza y cuchillo” 8o) En la cláusula relativa a la reforma constitucional, se suprime la cláusula que establecía que no podía modificarse la misma hasta haber transcurrido diez años desde que la juraran los pueblos. 9o) En el art. 31 donde se establece la supremacía de la Constitu­ ción, las leyes que en su consecuencia se dicten y los tratados con las potencias extranjeras, como la ley suprema de la Nación y que los es­ tados están obligados a conformarse a ellas, agrega el pánafo que dice “salvo para los provincia de Buenos Aires los tratados ratificados des­ pués del Pacto del 11 de noviembre de 1859”, es decir los celebrados por Buenos Aires con la Nación al tiempo de su incorporación. 10o) Se agregan como art. 32 el relativo a la libertad de imprenta y la prohibición de establecer en esta materia la jurisdicción federal.

MANUAL DE HISTORIA COCSSTTTL'QONAL ARGE'íTESA Dr. RxmrdoJ. G. H tm r

También la cláusula dei art.33 referida a que las declaraciones, dere­ chos y garantías enum erados en la Constitución no serán entendidos como negación de otros derechos y garantías no enumerados, pero que nacen del principio de la Soberanía del pueblo y de la forma republi­ cana de gobierno. 1 Io) Tam bién se incluye el art. 34 prohibiendo a los jueces fede­ rales serlo al mismo tiempo de los tribunales de provincia. 12°) Establece también en el art. 35 que las denominaciones adoptadas desde 1810, a saber: Provincias Unidas del Río de la Plata, República Argentina, Confederación Argentina, serán en adelante nombres oficiales de la Nación Argentina. 13°) Hay luego una serie de modificaciones relativas a la repre­ sentación de Buenos Aires al Congreso, de la facultad exclusiva de la Cámara de Diputados de acusar al Presidente, Vicepresidente, Minis­ tros. etc. ante el Senado de la Nación por juicio político., de la forma de integrar la Suprema Corte de Justicia, sus facultades, etc. y, espe­ cialmente, se suprime la facultad revisora del Congreso, respecto de las Constituciones provinciales, requisito que debían cumplir antes de entrar en vigencia. 9. La b atalla de Pavón. En Marzo de 1860, como ya hemos señalado, había asumido la presidencia de la Nación el Dr. Santiago Derqui, un prestigioso diri­ gente cordobés que se había destacado en las luchas contra Rosas. Lo acompañaba el Gral. Juan Esteban Pedemera. como vicepresidente, gozando ambos de la confianza de Urquiza. A su vez en la provincia de Buenos Aires el grupo liberal porteño había impuesto como Gobernador al señor Bartolomé Mitre. A poco de iniciada su gestión se comenzó a advertir una tenden­ cia por parte de Derqui a tratar de liberarse de la excesiva influencia de Urquiza, para lo cual buscó aproximarse al elemento liberal, ai que por convicción y tradición pertenecía, para afirmar su propia figura dentro dei escenario nacional. Los hombres de Buenos Aires no desa­ provecharon esa oportunidad que venía a agregarse a la circunstancia de que al dejar de ser Urquiza presidente de la Nación, alejaba la posi­ bilidad de un mayor peligro a sus intereses. Recíprocas invitaciones enere las autoridades porteñas y nacio­ nales daban la impresión de una gran cordialidad y entendimiento en­
400

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K k^nfaJ. G. iU m rr

tre los que hasta ayer se habían combatido. Pero subyacía entre ellos una natural desconfianza a la que los hechos subsecuentes irán agran­ dando en forma acelerada. Uno de estos hechos fue la revuelta que elementos liberales pro­ tagonizaron en San Juan que culminó con el asesinato del gobernador Coronel Juan Antonio Virasoro, hombre ligado a Urquiza. El gobierno nacional dispuso la intervención federal y encomendó la tarea al señor Juan Saa. que en un primer momento pareció que actuada pacífica­ mente. pero se decidió finalmente por el empleo de la fuerza y ante la resistencia del gobernador designado por los revolucionarios D. Antonino Aberastain, los sometió violentamente y dispuso la ejecución del mencionado gobernador. A consecuencia de tales hechos los ministros porteños que acompañaban a Derqui. señores de la Riestra y Pico, presentaron sus renuncias, no obstante lo cual Mitre, conocedor de los sentimientos de Derqui, aconsejaba seguir apoyándolo. El otro episodio que conmovió la opinión pública se originó en la cuestión de la elección de los diputados nacionales por parte de la provincia de Buenos Aires, que fue declarada nula por la respectiva Cámara, en razón de no haberse realizado conforme los términos de la ley electoral nacional, sino por los lincamientos de la ley provincial. A su vez los senadores nacionales electos por dicha provincia manifesta­ ron su solidaridad con los diputados rechazados, no incorporándose al Senado. Estos y otros hechos fueron creando el ambiente menos propicio para la convivencia, af'extremo de que en junio de 1861 el Congreso Nacional sancionaba una ley por la que se declaraba que el gobierno de Buenos Aires había roto el Pacto de San José de Flores de 1859 y ei complementario de 1860, considerando a la actitud asumida por aquél Estado como actos de sedición que el gobierno debía sofocar y reprimir, por lo cual se autorizaba al Poder Ejecutivo Nacional a inter­ venir y declarar en estado de sitio a la provincia. La decisión del gobierno nacional de intervenir por la fuerza se autoriza en medio de una gran crisis no sólo financiera sino política, mientras el gobierno provincial atraviesa una etapa de bonanza que le ha permitido armar sus fuerzas con modernos medios de combate. Finalmente se produce el enfrentamiento bélico de Pavón el 17 ue septiembre de 1861, luego de haber fracasado las propuestas de
401

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KJatrdo J. G. H * m r

mediación promovidas por los agentes extranjeros. Esta batalla es uno de los misterios de nuestra historia, ya que al decir de algunos autores Urquiza habría logrado en principio un triunfo sobre las armas de M i­ tre, pero inesperadamente se retiró del sitio de los combates con su ejército intacto en dirección a la provincia de Entre Ríos, dejando a las füerzas nacionales sin el necesario apoyo que tal vez le hubiese per­ mitido una cómoda victoria, y posibilitando el triunfo de las fuerzas porterías.. Sin embargo, el Cnl. Enrique Rotjer en la Historia de la Nación Argentina publicada por la Academia Nacional, analizando la batalla de Pavón, dice que el Gral. Urquiza decide iniciar la retirada cuando observa que casi toda su artillería esta en poder del adversario y que toda su infantería ha sido desorganizada y se encuentra dispersa en el campo de batalla, pero en tan graves circunstancias no espera a reor­ ganizar su ejército para iniciar la retirada, y por el contrario tan sólo trata de salvar sus divisiones entrerrianas, retirándose hacia Rosario y desde allí, en las cercanías de Carcarañá pasa a la provincia de Entre Ríos. Mariano de Vedia y Mitre, citado por López Rosas dice que la retirada de Urquiza o más bien su abandono de las funciones de gene­ ra! en jefe, reconocen la existencia de un plan y todos sus actos poste­ riores así lo ratifican. Considera que no puede suponérsele flaqueza de ánimo para afrontar los azares de la lucha, pero no quiso como no qui­ so nunca después de Caseros, ser el instrumento de la discordia, resis­ tiéndose a ser el eje de la guerra civil que nuevamente se había desen­ cadenado. 10. Disolución del gobierno nacional. Producido el triunfo de Mitre en Pavón, el presidente Dr. Derqui trató de reorganizar las fuerzas nacionales para seguir resistiendo el avance porteño, pero al no contar con el apoyo de Urquiza, sus esfuer­ zos fueron vanos, lo que lo llevó a presentar su renuncia en el mes de noviembre exiliándose en el Uruguay, asumiendo la presidencia el Vi­ cepresidente Gral. Pedemera, quien esperaba aún sostener el gobierno subordinándolo totalmente a las directivas del gobernador de Entre Ríos. Pero éste ya estaba decidido a abandonar la lucha y a recluirse en el manejo de los intereses provinciales, por lo que a sugerencia su­ ya la Legislatura entrerriana resolvió reasumir la soberanía hasta que
402

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K km nbX

^

nuevamente reunidas las provincias argentinas se encuentre la Nación en completa paz, y declaraba que los establecimientos nacionales u b i-_____ cados en la ciudad de Paraná, hasta entonces Capital de la Confedera­ ción, serían conservados en depósito por el gobierno provincial. El 12 de diciembre de 1861 el Gral. Pedemera, ante la imposibi­ lidad de convocar a las Cámaras del Congreso, dispuso declarar en re­ ceso al Poder Ejecutivo Nacional, hasta que la Nación reunida en Congreso, o en la forma que estime más conveniente, dicte las medi­ das consiguientes a salvar las dificultades que obligaban al gobierno a tomar esa disposición. Mientras tanto, Urquiza mantenía contactos con Mitre y éste le aseguraba que no hostilizaría a la provincia de Entre Rios y que su propósito era el de salvar la Constitución jurada. 11. Reestructuración política de 1862. Concluida la presidencia de Urquiza, lo sucede a partir del Io de mayo de 1860 el Dr. Santiago Derqui acompañado del Gral. Pedemera como vicepresidente. El Presidente Derqui había intentado una política de equilibrio, tratando de alejarse de la influencia de Urquiza y buscando un acer­ camiento con los hombres de Buenos Aires. Muchas de las disposi­ ciones que tomó en ejercicio de su mandato resultaron irrítativas para la mayoría de los hombres de la Confederación. Al mismo tiempo que pretendía apoyarse en los liberales porteños para equilibrar la influen­ cia de Urquiza, por otro lado proyectaba la creación de un partido po­ lítico que le respondiera personalmente, llamado Partido Constitucio­ nal. Con ello consiguió fuertes reacciones dentro del partido liberal porteño, como dentro del federal, al que adherían los gobiernos pro­ vinciales. Durante su breve gobierno, el mitrismo o partido liberal porteño fue logrando adhesiones y pronto llegó a dominar el campo nacional. Urquiza por su parte, se replegó a su provincia donde fue elegido nue­ vamente gobernador, dejando el campo libre a Mitre. Se puede decir que en ese momento la política argentina gira en tomo de un triunvi­ rato formado por Urquiza, Mitre y Derqui. En noviembre de 1860 se agita todo el país con el asesinato del gobernador de San Juan, Gral. Virasoro, determinando al gobierno a intervenir la provincia, designando como comisionado al Coronel Saa.
403

MANUAL. DE HISTORIA CONSTITUCIONAL. ARGENTINA Dr. Riou-Jo J. C. a*™ *

Ante la resistencia de Aberastain, gobernador impuesto por los revo­ lucionarios, se produce el enfrentamiento bélico resultando vencedo­ ras las tropas federales, tomándose prisionero al gobernante revolu­ cionario y fusilado sin juicio previo. .......................... Estos hechos, lamentables, darán lugar a un nuevo enfrenta­ miento entre porteños y provincianos, y se crea un clima de tensión y efervescencia, pudiendo afirmarse que las provincias del litoral res­ ponden a Urquiza y varias del interior al Partido Liberal comandado por Mitre. En 1861 Derqui envía una intervención a Córdoba que vie­ ne a perjudicar al eje liberal mitrista que tiene por base esa provincia, y ya sobre las vísperas de Pavón es notorio el distanciamiento entre Urquiza y Derqui, y el primero tiene la sensación de que Derqui ha traicionado la causa federal. Los sucesos comienzan a precipitarse cuando los diputados na­ cionales elegidos por la provincia de Buenos Aires son rechazados en la Cámara, en virtud de no haber sido elegidos por le ley nacional sino por la ley provincial de elecciones. En solidaridad con ellos se retiran los senadores nacionales y cada día aumenta la tirantez. El Congreso Nacional declara que el gobierno de Buenos Aires ha roto el pacto de San José de Flores de 1859 y el convenio de junio de 1860 perdiendo en consecuencia los derechos adquiridos, considerando la actitud de la provincia como un acto de sedición, que el gobierno federal tiene la obligación de sofocar y reprimir, conforme lo determina el artículo 109 de la Constitución. Seguidamente se autoriza a intervenir dicha provincia para restablecer el orden lega!, se declara en ella el estado de sitio y se determina que el poder ejecutivo no podrá aceptar proposi­ ciones de paz sin consentimiento previo del Congreso. Las gestiones conciliatorias encaradas por Urquiza, Mitre y Der­ qui y parlamentarios porteños, con la presencia de ministros extranje­ ros, a bordo de un navio inglés fracasan y el 17 de septiembre de 1861 tiene lugar la batalla de Pavón. Producida la batalla de Pavón, que fue ganada por las fuerzas de Buenos Aires merced al retiro de Urquiza del escenario de la lucha cuando estaba indecisa, se produce nuevamente una etapa de disolu­ ción. El Presidente Derqui fue abandonado tanto por los porteños co­ mo por los provincianos, tanto por los federales como por los libera­ les. Su política ambigua lo dejó irremediablemente sólo y faito de apoyos; en noviembre Derqui se aleja de la presidencia embarcándose
404

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUaONAL ARGENTIN,V Dr. R ia rJo J. G. / W

en ei vapor británico “Ardent”, y comunica al vicepresidente Pedeme­ ra su alejamiento dei poder, a la espera de elevar su renuncia al Con­ greso cuando éste se reúna. Asumió el Vicepresidente Pedemera, quien gobernó por un mes, y en diciembre deciaró en receso al Go­ bierno federal hasta tanto que la Nación, reunida en Congreso o en la forma que estimase conveniente, dicte las medidas necesarias. Urquiza se había replegado a su provincia. Entre Ríos, que rea­ sumía su soberanía, desvinculándose de las luchas civiles. Mitre pon­ deraba la actitud de Urquiza, que había prestado un gran servicio al país, e iniciaba su política de unidad nacional. Se pone en marcha un programa llevado adelante con todas sus consecuencias, er. ei cual no sólo contaban los intereses políticos sino también los económicos, con Buenos Aires como centro vital del país. 12. Organización definitiva. Mitre fue un caudillo de nuevo cuño, gobernó con la minoría, pe­ ro al mismo tiempo concitó la admiración de ciertos sectores del pue­ blo y se transformó en un hombre de indudable arraigo. La reorgani­ zación nacional, luego de Pavón, se iba a dar a través de Buenos Ai­ res. Bídart Campos, analizando este período, señala que el hecho de haberse disuelto el gobierno federal no significaba la disgregación po­ lítica que había recibido estructura constitucional en 1853, con las modificaciones introducidas en 1860. El Estado federal argentino se­ guía existiendo pero le faltaban su gobierno y la energía sociopolítica para recomponer eficazmente las bases de la unidad perfectamente es­ tructuradas. Producido el receso de las autoridades nacionales, lo que en la práctica constituía la disolución del gobierno, cupo al Gral. Mitre, como gobernador de Buenos Aires, encarar la definitiva organización del país. Desoyendo a sus consejeros que le aconsejaban derrocar a todos los gobiernos provinciales desafectos a su política, hacer retirar a Urquiza de la vida pública e imponer por la fuerza una constitución unitaria, Mitre manifestaba que se había hecho la guerra como provin­ cia confederada que defiende sus derechos, invocando para ello la. Constitución jurada, y aceptando que si Urquiza quería colaborar en la obra de la reconstrucción no debía ser rechazado su concurso.

MANUAL DE lOSTORU CONSTTTUCIONAL ARGENTINA Dr. RtemrJoJ. G. H trrer

Lo cierto es que mediante el envío de fuerzas militares se fue su­ bordinando-las distintas situaciones provinciales que se le resistían, y. se recuerda el accionar de los famosos “coroneles de Mitre” impo­ niendo sangrientam ente la nueva política. Sin dudas, una actitud polí­ tica muy distante de la empleada por Urquiza después de Caseros, que tiene sin embargo su lógica, pues aquéllos eran en definitiva hombres de su propia filiación política, y los de ahora eran contrarios al pensa­ miento que Mitre representaba. Ante la disolución del Congreso Nacional, las provincias con go­ biernos renovados merced al accionar de las fuerzas militares porteñas, com enzaron a dictar leyes autorizando al Gobernador de la Pro­ vincia de Buenos Aires para ejercer las atribuciones del Poder Ejecu­ tivo N acional previstas en la Constitución, aunque en carácter proviso­ rio, debiendo convocarse la reunión de un nuevo Congreso. Córdoba fue la prim era de las provincias que delegó en la persona del Gral. Mitre las facultades propias del gobierno nacional y, una a una, las demás provincias hicieron lo mismo. En base a tales delegaciones, que hacían recordar las acordadas en muchas ocasiones al gobernador de Buenos Aires y, especialmente a Rosas, en abril de 1862 Mitre asumió como Encargado de las Rela­ ciones Exteriores y de las funciones de Poder Ejecutivo. El primer pa­ so hacia la reorganización definitiva lo constituyó la elección de Se­ nadores y Diputados por parte de las provincias y la instalación del Congreso, que se realizó el 25 de mayo de 1862. Este Congreso con­ firmó a Mitre como Encargado del Poder Ejecutivo hasta la elección del nuevo Presidente de la Nación. Realizadas luego las elecciones nacionales, la unanimidad de los electores de los Colegios Electorales, se pronunció por el Gral. Mitre para la más alta magistratura nacional, acompañándolo como Vicepre­ sidente el tucumano Dr. Marcos Paz. Ambos mandatarios asumieron el 12 de octubre de ese mismo año, completándose de esta manera el proceso definitivo de organización nacional. Asum ió Mitre la presidencia de la Nación y se logró de esta ma­ nera la unidad definitiva de la Nación ya que de aquí en adelante no volverán a repetirse episodios de desunión como los que han sido re­ latados a lo largo de este Manual. Pero tal unidad, como lo señala el profesor Galletti, se lograba con el absoluto predominio porteño: no cabían dudas de que el centro del poder seguía siendo Buenos Aires.
406

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Kcmrdo J. G. IU r ^ r

13. Problemas de la Capital de la Nación. - ------------~ :----La preocupación por lograr un territorio para la Capital de la R e -. pública en el que tuviesen su asiento las autoridades nacionales, dio lugar a una de las cuestiones más arduas y largamente debatidas de nuestra historia constitucional. La ciudad de Buenos Aires había sido residencia de las autorida­ des coloniales de la provincia del Río de la Plata, situación que conti­ nuó con el establecimiento del Virreinato y del Régimen de Intenden­ cias.. En ella se produjo el movimiento de Mayo, y de hecho asumió la dirección del resto de los pueblos integrantes del antiguo virreinato. De hecho seguirá siendo el asiento de autoridades nacionales, en el tiempo en que el país intentaba organizarse. Las tendencias porteñistas que determinaron la disolución de la Junta Grande y pretendieron acentuar el predominio de la ciudadpuerto crearon una actitud de rechazo por pane de los pueblos interio­ res. Artigas, receloso de su influencia, había instruido a sus diputados en el sentido de que la Confederación que se organizase debía tener como Capital una ciudad precisamente fuera de Buenos Aires. En 1826 se dicta la Ley de Capital, por la cual se declara a la ciudad de Buenos Aires capital de la Nación. El resto de la provincia, quedaba dividido en dos futuras provincias. Pero terminada la gestión rivadaviana, por la Ley del 3 de julio de 1827, se deja sin efecto esta situación restableciéndose las instituciones y Ja integridad territorial de la provincia de Buenos Aires. Cuando se dicta la Constitución de 1853, por el artículo 3o se de­ claraba a la ciudad de Buenos Aires como ciudad Capital de la Na­ ción. Pero estando la provincia de Buenos Aires secesionada de la Confederación, ésta era una cláusula de imposible cumplimiento, al menos por el momento. Durante las presidencias de Urquiza y Derqui, se había declarado Capital provisoria de la Confederación a la ciudad de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, con aprobación de su Legislatura. Vencida la Provincia de Buenos Aires y firmado el acuerdo de San José de Flores, la provincia se reincorpora a la Nación, y propone entre las reformas a introducirse a la Constitución en 1860, la modifi­ cación del artículo 3o, que queda redactado de la siguiente manera;
407

MANUAL DE IUSTORIA CmSTTrUCIONAL ARGENTINA Dr. RJamJo J. C . Haryxy

“Las autoridades que ejercen el gobierno federal, residen en la ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Con­ greso previa cesión hecha por una o más legislaturas provinciales del territorio que haya de federalizarse”. 14. Ley del Compromiso. Soluciones propuestas. Electo el Gral. Mitre Presidente de la República, asumió la pri­ mera magistratura en 1862, y pocos días antes, ocupando aún la presi­ dencia provisoria, había obtenido del Congreso Nacional la sanción de la ley N° 19 llamada “ Ley del Compromiso”, según la cual por un termino de cinco años, residirían en la ciudad de Buenos Aires las autoridades nacionales coexistiendo por ese lapso con las autoridades provinciales, que seguían residiendo en la misma ciudad. La Ley del Compromiso, más que resolver, había postergado el problem a relativo a la residencia definitiva de las autoridades nacio­ nales, que prácticamente eran visitantes en una ciudad que era Capital de una de las provincias. El Congreso, buscando encontrar soluciones al problema, consi­ deró varios proyectos, entre ellos los de capitalizar a la ciudad de Fraile Muerto (hoy Bell-Ville) en la provincia de Córdoba, y poste­ riormente la ciudad de Rosario en la provincia de Santa Fe, sin que tu­ vieran la aprobación legislativa. Posteriormente se sanciona la Ley 294 del 6 de julio de 1869 por la que se designa como Capital a la ciudad de Rosario, pero esta ley es vetada.. Se van a dictar luego nuevas leyes, por ejemplo la N° 462 de 1871 que la establecía en una ciudad a formarse en el Río Tercero de la provincia de Córdoba, inmediaciones de Villa María; o la N° 620 de 1873 que volvía a insistir con Rosario, pero ambas leyes son también vetadas. Corresponderá a Avellaneda dar solución definitiva a esta pro­ blema en 1880. 15. La Liga de Gobernadores. Entre 1873 y 1880 se fue formando en las provincias del interior una alianza oficialista de hecho, a la que se dio en llamar “la Liga de los G obernadores”, con miras a influir especialmente en la elección de las autoridades presidenciales. Una de sus primeras manifestaciones estuvo dada en la elección de Avellaneda en 1874, provocando la
408

MANUAL DE HISTORIA CONSTTnjaONAL ARGENTKXA l)r. ¡ÜcxnJo J. G. Ilm rvr

reacción mitrista mediante la insurrección armada, denunciando la comisión de fraude en la elección de legisladores, pero fueron derrota­ dos en Santa Rosa (Mendoza) por el Gral. Julio A. Roca y en La Ver­ de por el Gral. José Inocencio Arias. Terminando la presidencia de Avellaneda, se levantará como candidatura oficial la del Gral. Julio A. Roca, y en apoyo de ella se movilizará la Liga de Gobernadores, mediante la acción de! concuña­ do de Roca, el cordobés Dr. Juárez Celman. Para ello contaba con el apoyo de los gobernadores de San Juan, Mendoza y San Luis, Córdo­ ba, Catamarca y La Rioja, Santiago del Estero, Entre Ríos, Salta, Juju y y Sania Fe. Si bien algunas insurrecciones intentaron debilitar a esta Liga, al ser eilas sofocadas, se afirmó con más fuerza contando en 1880 con ei apoyo de todas las provincias excepto Buenos Aires y su aliada la provincia de Corrientes, ambas bajo el signo liberal mitrista. Los comicios presidenciales para suceder a Avellaneda se reali­ zaron en abril de 1880 y en todas las provincias se impuso la Liga de Gobernadores en favor de la candidatura del Gral. Roca, excepto en Buenos Aires y Corrientes. 16. La Revolución de 1880. Es importante recordar aquí que la política de conciliación ini­ ciada en la presidencia de Avellaneda que logró captar el apoyo de los distintos sectores iba encaminada a consagrar como su sucesor presi­ dencial al Dr. Adolfo Alsina, a la sazón su ministro de Guerra. Pero su muerte ocurrida en 1877, frustró esa expectativa y abrió el camino a una serie de candidaturas que aspiraban a ocupar tan alto sitial, pero que terminaron resumiéndose en dos: la del Gral. Julio Argentino Ro­ ca, nuevo Ministro de Guerra de Avellaneda, apoyado por el Partido Autonomista Nacional y la Liga de Gobernadores, y la del Dr. Carlos Tejedor, Gobernador de la provincia de Buenos Aires, sostenido por el mitrismo y un sector del Autonomismo. Ya antes de realizarse las elecciones presidenciales el gobernador de Buenos Aires comenzó a dotar a sus milicias de armamento mo­ derno y municiones adquiridas del exterior., poniendo a la provincia en pie de guerra y el resultado electoral favorable a Roca agitó el am­ biente político, al extremo de tachárselo como “fraudulento”. La vio­ lencia se enseñoreó nuevamente en la ciudad de Buenos Aires, produ­
409

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUaOfíAL ARGENTINA Dr. ¡Gardo J. G. H m tkt

ciéndose ataques a la casa particular del Presidente de la Nación y a ]a propia Cám ara de Diputados de la Nación, por Jo cual el Presidente Avellaneda abandonó la ciudad de Buenos Aires, que le era adversa y se constituyó en la vecina localidad de Belgrano, a la que declaró Ca-~ pital provisional de la República y con los legisladores nacionales que lo acompañaron declaró allí constituido el Congreso, convocando además a los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El Colegio Electoral elegía presidente al Gral. Roca en el mes de junio de 1880, e inmediatamente el gobierno de Buenos Aires, con el apoyo de Corrientes, se alza en armas. Se producen en Buenos Aires sangrientos combates entre las fuerzas nacionales y provinciales, en Olivera, Puente Alsina, Los Corrales y Plaza Constitución, y pocos dí­ as después se conviene un armisticio, con la intervención del Nuncio Apostólico y el Cuerpo Diplomático. Derrotado el gobernador Tejedor se produce su renuncia y se procede a! desarme de las milicias provin­ ciales y se allanaba el camino para convertir a la ciudad de Buenos Ai­ res en la sede definitiva de la Capital Federal. 17. La solución en el C ongreso de Belgrano y la Ley de Federalización. Poco después, en agosto, los legisladores de Belgrano declaran cesantes a los que no siguieron al presidente de la Nación y se dispone la intervención a la provincia de Buenos Aires y la caducidad de su Legislatura, donde el Gobernador Tejedor ya había renunciado a su cargo. Advertido Avellaneda de que esta decisión importaba el incum­ plimiento de las bases de pacificación por él establecidas, presentó su renuncia a la presidencia, pero el Congreso se la rechazó. Al reasumir la presidencia Avellaneda vetó la ley, pero las Cámaras con número suficiente insistieron en su sanción, quedando de esta manera prepara­ do el camino para la federalización de la ciudad de Buenos Aires. Eran conocidas las ideas de Avellaneda en el sentido de que Buenos A ires como Capital era una imposición de la Historia, y acor­ de con ese criterio, ese mismo mes de agosto envió al Congreso un proyecto de ley declarando Capital de la República al municipio de la ciudad de Buenos Aires. La Ley de Capital, luego de apasionadas dis­ cusiones, quedó sancionada bajo N° 1.029 en septiembre de 1880.
410

MANUAL DF. HISTORIA CftNSTnVClONAL ARGENTELA Dr. K a m io X G .IU n v ,

En su artículo Io declaraba Capital de la República Argentina al municipio de la ciudad de Buenos Aires, con los límites que entonces tenía, inferiores a los que hoy detenta. Por el artículo 2o determinaba que los establecimiento y edificios públicos situados dentro de los lí­ mites quedaban bajo jurisdicción de la Nación, con excepción de los municipales que no perdían ese carácter, haciéndose en los artículos 3o y 4o aclaraciones respecto de una serie de instituciones que quedaban bajo dirección y propiedad de la provincia. Por el artículo 5o la Nación se hacía cargo de la deuda externa de la provincia de Buenos Aires y en el 6o se determinaba que las autoridades provinciales seguirían re­ sidiendo dentro de la ciudad hasta tanto se decidiera crear por ley pro­ vincial su nueva capital, y por T los tribunales de provincia, adminis­ tración de justicia de la ciudad de Buenos Aires hasta tanto se organi­ zase la de orden local por parte del Congreso de la Nación. De acuerdo con las previsiones del artículo 3o de la Constitución Nacional, esta ley del Congreso debía ser complementada por otra de carácter provincial por la cual Buenos Aires cediera ese territorio. Como se temía la posibilidad de que la provincia de Buenos Aires no cumpliera ese extremo, el Congreso dictó inmediatamente la ley N° 1030, en la que se declaraba en forma condicional la necesidad de la reforma parcial de la Constitución, respecto del artículo 3o, si para el día 30 de noviembre de 1880 la Legislatura de la provincia de Buenos Aires no hubiese hecho la cesión de que hablaba el mencionado artí­ culo. Posteriormente, ya elegida la Legislatura de la provincia de Bue­ nos Aires, se doblegó ante el poder nacional y aprobó por 36 votos contra 4 la ley por la cual se cedía el territorio de la ciudad de Buenos Aires para ser Capital de la Nación, poniéndose así fin a la vieja y de­ batida “Cuestión Capital”. Resulta interesante para terminar este punto transcribir las pala­ bras de José Hernández, señalando que de esta manera se ponía térmi­ no a un problema secular, convirtiéndose a Buenos Aires en la ciudad de todos.los argentinos, “ya que la Capital en Buenos Aires es el único medio de afianzar en la República las instituciones federales, que es el único modo de consolidar de una manera estable, permanente y sólida la nacionalidad argentina, el único medio de asegurar la paz, sean cual fueren las condiciones personales de los mandatarios, alejando para siempre los peligros de nuevas perturbaciones, de nuevos sacudi­
411

MANUAL DE H1ST0RLV aXNSTrTLCIONAL ,VKGENTINA Dr. Ricardo J. G. Hmrrcy

mientos, de nuevas revueltas, de mares donde vayan los pescadores de rio revuelto. Al asum ir la presidencia de la Nación el Gral. Roca tenía resuelto el problema de la Capital de la Nación. Por su parte, el nuevo gober­ nador de la provincia de Buenos Aires Dr. Dardo Rocha en 18S2 po­ nía la piedra fundamental de la ciudad de La Plata, nueva capital de la provincia. Durante el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, en 1986, se aprobó la Ley N° 23.512 por la cual se fijaba a las ciudades de Viedma (Provin­ cia de Rio Negro) y Carm en de Patagones (Provincia de Buenos Ai­ res) como asiento de las autoridades nacionales, esto es, capital de la Nación. Pese a que las legislaturas de las provincias de Buenos Aires y Río Negro cedieron las porciones territoriales respectivas, nunca se llevó a la practica esta ley, debiendo señalarse que las leyes provin­ ciales respectivas determinaban que si en el plazo de cinco años no se concretaba el traslado a los territorios cedidos, ellas quedaban sin efecto.

Bibliografía consultada y utilizada.

CHRiSTENSEN, Juan Carlos. '“Historia Argentina sin mitos" DE VED1A Y MITRE, Mariano. “Presidencia de Derqui y gobierno de Mitre” en Historia de la Nación Argentina, Tomo 8°, GALLETTI, Alfredo. Historia Constitucional .Argentina. LONGHl, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar-gentino y Comparado" LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional” ¡ LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina” ROTTJER, Enrique. “Campaña de Pavón”. En Historia de la Nación Argentina. Tomo 8o. ZARÍNl. Helio Juan. “Historia e Instituciones en la Argentina”

412

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCJONAL ARGENTINA Dr.

J. G. llt m r

C A P IT U L O 17 I. Convención Nacional y reforma constitucional de 1866. Razones que la originaron. La reunión de la Convención Nacional de 1866 se origina en la Ley N° 171 que declara la necesidad de la reforma, fijando su temario y disponiendo la convocatoria a elecciones para cumplir ese fin. Los artículos a ser considerados eran el 4o y el inciso Io del artículo 67 de la Constitución Nacional, en la parte referida a los derechos de expor­ tación. Corresponde recordar que la constitución sancionada en 1853 en su artículo 4o establecía como recursos del Tesoro Nacional los dere­ chos de importación y exportación de las Aduanas y en el inciso Io del artículo 67 determinaba entre las atribuciones del Congreso la de “le­ gislar sobre las aduanas exteriores y establecer los derechos de im­ portación y exportación que han de satisfacerse en ellas'1 . Al producirse la incorporación de Buenos Aires, en el año 1860 se realizaron una serie de reformas. Una de ellas consistió en la modi­ ficación al artículo 4o en el sentido de que los derechos de exportación solo regirían hasta 1S66, lo cual repetía el mencionado inciso Io del artículo 67 diciendo en forma expresa que regirían los derechos de ex­ portación hasta 1866, en cuya fecha cesarán como impuesto nacional, no pudiendo serlo provincial”. Existían, más allá de la necesidad de introducir esta reforma dos posiciones que se habían venido enfrentando permanentemente, acerca de si los producidos de las aduanas debían o no integrar el Tesoro Na­ cional o bien resultarían recursos directos de las provincias. En defi­ nitiva las provincias litorales eran ahora las que se oponían a la refor­ ma dado que en su condición de productoras básicas de exportación resultarían las más beneficiadas con los recursos de la exportación. En definitiva la reforma consistió:

413

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K icm b J. G. /U rrrr

Io) En la supresión en el art.4° de la Constitución Nacional de la parte que decía “hasta 1866, con arreglo a lo estatuido en el inciso Io) del art.67” y 2o) En la supresión de la parte final del inciso" Io del á it 67, que decía: “hasta 1866, en cuya fecha cesaran como impuesto nacional, no pudiendo serlo provincial”. Los partidarios de esta reforma la fundaron en la conveniencia de no dism inuir los recursos que la Nación necesitaba para afrontar, entre otros graves com prom isos, los gastos derivados de la guerra del Para­ guay. Pero al margen de la necesidad de estos fondos para atender los gastos de la guerra, los derechos de exportación fueron objeto de ar­ dua controversia entre quienes entendían que eran necesarios para consolidar la unión nacional y quienes los impugnaban por conside­ rarlos reñidos con el federalismo, llevándose esta cuestión más allá del problema constitucional, surgiendo disputas de orden político y eco­ nómico, reflejados en la escasa diferencia de votos con que se logró la aprobación de la reforma, 22 a favor y 19 en contra. En consecuencia de ello, los recursos provenientes de los dere­ chos de exportación continuaron perteneciendo al Tesoro Nacional. Cabe señalar, como lo apunta el Dr. Celso Ramón Lorenzo, que la provincia de Corrientes no estuvo presente con sus diputados consti­ tuyentes. y pensando que esta provincia era contraria a la reforma, se puede suponer que el proyecto no habría prevalecido, pasando en con­ secuencia dichos recursos en forma directa al erario provincial. 2. C onvención N acional y reform a constitucional de 1898. Razones que la o riginaron. En base a un proyecto de ley presentado por el diputado entrerriano Lucas Ayarragaray, el Congreso declaró la necesidad de la re­ forma parcial de la Constitución por ley N° 3.507 de fecha 20 de sep­ tiembre de 1897, respecto de los artículos 37”, 67°, inciso 1°, y 87° de la Constitución Nacional. La Convención se reunió en la ciudad de Buenos Aires y desa­ rrolló sus sesiones en los meses de febrero y marzo de 1898. En el artículo 37 relativo a la base poblacional para elegir dipu­ tados nacionales, se determ inó que el número de representantes seria de uno por cada 33.000 habitantes, o fracción que no bajase de 16.500, y se agregaba que después de cada censo el Congreso fijaría la repre414

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JG avJoX G. tU r ^ r í

sentación con arreglo al mismo, pudiéndose aumentar pero no dismi­ nuir la base. El objetivo era morigerar la desproporción notoria que se había venido produciendo a consecuencia del aumento de la población en lo que se conoce como la zona de la Pampa Húmeda y la correlati­ va disminución de las provincias interiores, especialmente del centro y noroeste de la república. Debe recordarse que la Constitución sancio­ nada en 1853 establecía que se elegiría un diputado por cada 20.000 habitantes o fracción que no bajara del número de 10.000.Era evidente que para esa época el país se había desarrollado en forma desigual, con una gran concentración poblacional en la zona más rica del país, determinando un notorio desequilibrio en la repre­ sentación de las provincias, consecuencia en gran medida de una polí­ tica inmigratoria mal manejada. También se modificó el Árt. 87°, que en la Constitución de 1853 llevaba número 84°, referido al número de los Ministros del Poder Ejecutivo, que en lugar de cinco a partir de ahora serían ocho, que re­ frendarían y legalizarían los actos del presidente con su firma. La reforma introducida, a diferencia de lo que establecía la de 1853, amplía el número de "ministros secretarios", pero sin determinar en forma específica que ramos correspondería a cada uno, función que se deja derivada a la ley reglamentaria a dictarse por el Congreso para deslindar sus competencias y órbita de actuación El inciso 1° del art. 67°., vigente en esa época al hablar de los "derechos de importación y exportación” decía que debían ser unifor­ mes en toda la Nación, y el proyecto de reforma que ahora se presen­ taba, aspiraba a que el Congreso Nacional pudiera disminuir o supri­ mir esos impuestos en las costas marítimas o fluviales de los territo­ rios nacionales del sur, es decir de la Patagonia, teniendo como fun­ damento la necesidad de desarrollar económica y poblacionalmente esos territorios que, por esa época eran codiciados por naciones ex­ tranjeras. Se consideraba necesario una efectiva ocupación como base del desarrollo y afirmación permanente de nuestra soberanía. Uno de los argumentos opuestos para su rechazo, por parte de la oposición, fue que no había una justificación suficiente para no incluir en todo caso a los territorios nacionales de Misiones, Formosa y Cha­ co, también fronterizos y necesitados de apoyo para su desarrollo. Finalmente no se hizo lugar a este punto del proyecto de refor-

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. K a vd a J. G. ¡U rrcr

3. La Reforma Constitucional de 1949. Circunstancias que la de­ terminaron y principales disposiciones aprobadas. Fue convocada por Ley N° 13.233 en el año 1948, y por ella se declaraba necesaria “la reforma de la Constitución Nacional, a los efectos de suprimir, modificar, agregar y corregir sus disposiciones, para la m ejor defensa de los derechos del pueblo y del bienestar de la Nación", aprobada por una amplia mayoría que respondía a las direc­ tivas del Partido Peronista, liderado por el Presidente de la N a ció n .. Si bien en esta ley de convocatoria no se habla de “reforma total” (“en el todo” como dice la Constitución), resultaba evidente por su texto que lo que se buscaba era aquél objetivo. La minoría, representada por Convencionales de la Unión Cívica Radical, impugnó la composición de la Convención, pidiendo se de­ clarara la nulidad de la convocatoria, de todos los actos realizados en virtud de la ley que así lo disponía, y de los títulos de todos los con­ vencionales, especialmente porque al sancionarse aquella ley no se había obtenido el quorum que exigía el art. 30 de la Constitución, ya que había sido aprobada en Diputados por las dos terceras partes de los miembros presences y no de la totalidad del cuerpo y, además, por­ que en el Senado se había impedido la incorporación de los senadores que representaban a la provincia de Corrientes y otras razones, como ser la circunstancia de que en el texto se omite consignar los puntos que serán sometidos a revisión y enmienda. El planteo fue desestima­ do por la m ayoría de los Convencionales del Partido Peronista, produ­ ciéndose el retiro del Bloque del Partido Radical por considerar que el debate constituía una farsa, lo que no impidió se continuara con las deliberaciones, pues el peronismo tenía quorum propio.. En líneas generales la reforma estaba fundada en la necesidad de adecuar ¡a Constitución a la corriente del constitucionalismo social, surgido en el mundo a principios del Siglo, y que había tenido expre­ sión concreta en distintas constituciones. Para Bidart Campos las de­ claraciones de ese carácter se esfuman se esfuman en declamaciones sin verdadera esencia jurídica; pero, en general y más allá de aquéllos plausibles propósitos, la opinión generalizada estimó que la razón fundamental de la reforma estaba orientada a posibilitar la reelección del entonces presidente Gral. Juan D. Perón.
416

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. ll^ n r r

El primer punto de la reforma introducida está referido al "Preámbulo" que, si bien se mantiene en su estructura original soporta el agregado de la fiase "ratificando la irrevocable decisión de consti­ tuir una Nación socialmente justa, económicamente libre y política­ mente soberana". Las modificaciones más significativas fueron introducidas en la Pane Dogmática, subdividida en cuatro Capítulos: 1) Forma de Go­ bierno y Declaraciones Políticas; 2) Derechos, deberes y garantías de la libertad personal; 3) Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, de la educación y cultura; 4) Función social de la propie­ dad, el capital y la actividad económica. Ai respecto decía t i miembro informante Dr. Arturo Enrique Sampay, justificando las reformas a la parte dogmática, que "cuando una Constitución ha perdido vigencia histórica porque la realidad se ha desapareado de ella, debe abandonarse la ficción de una positividad que no existe, y adecuarla a la nueva situación para que siempre sea para los gobernados lo que se dice de la Constitución inglesa: Una re­ ligión sin dogmas. Y continuaba expresando que "si se acoge en la ley fundamental la realidad surgida por exigencias de la justicia, el nuevo orden social y económico, y la garantía de una efectiva vigencia de los derechos sociales del hombre, se atajan las posibilidades de que un vaivén reac­ cionario, jurisprudencial o legislativo, eche por tiena el edificio alzado sobre la base de la justicia social, so pretexto de cumplir las normas de la Constitución" Luego de poner en claro la concepción política que animaba la reforma de la parte dogmática, introduciendo un cambio profundo en las finalidades del Estado, expresaba que la orientación que movía a la reforma de la parte orgánica o estructuración jurídica del poder políti­ co, no era honda como la dogmática, sino de mero reajuste. En la parte orgánica no se introducen demasiado modificaciones, refiriéndose la primera parte al Gobierno de la Nación, en los que afirma ei. vigorizamiento de los dispositivos de defensa del orden pú­ blico y de la democratización de los modos de elegir los sujetos del poder político, derogando la elección indirecta para el Presidente de la Nación y los Senadores Nacionales, como también el impedimento de la reelección presidencial.
417

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R icrd n J. G. }¡ar*r

En la segunda parte se refiere a los Gobiernos de provincias, so­ bre los que no se producen mayores m odificaciones.--------------------- Se agregan seis disposiciones transitorias, una de las cuales la 5a) autoriza a las legislaturas provinciales a reform ar totalmente sus cons­ tituciones respectivas, con el fin de adaptarlas a los principios, dere­ chos y garantías consagrados por la nueva Constitución reformada, cláusula notoriamente inconstitucional si se tiene presente que el art. 5° garantiza a cada provincia el dictarse su propia constitución y regir­ se por eila, no puede modificarse el modo y la forma en que cada Es­ tado federal tiene determinado el procedimiento y los órganos de re­ forma constitucional.. La nueva Ley Fundamental que fue oficialmente llamada "Cons­ titución Nacional Justicialista”, da al régimen peronista su propia codi­ ficación y consolida materialmente su estructura, produciendo una mutación constitucional que Bidart Campos denomina "desconstitucionalización", consistente en la implantación de una constitución material distinta a la escrita en 1853, procurando cristalizar en esta nueva constitución formal la identidad entre la normatividad escrita y la praxis del régimen. Cabe señalar que, producida la revolución del 16 de septiembre de 1955, las modificaciones introducidas en 1949 fueron dejadas sin efecto en abril de 1956 mediante una proclama del gobierno surgido en tales circunstancias. 4. Reforma constitucional de 1957. Circunstancias que la determi­ naron. Principales disposiciones aprobadas. El gobierno revolucionario dio una Proclama el 27 de abril de 1956 por la que se declara la vigencia de la Constitución Nacional sancionada en 1853, con las reformas de 1860, 1866 y 1898 y exclu­ sión de la de 1949, sin perjuicio de los actos y procedimientos que hu­ biesen quedado definitivamente concluidos con anterioridad al 16 de septiembre de 1955. Por otro artículo se declaraba vigentes las constituciones provin­ ciales anteriores al régimen depuesto, modificadas en la forma que ya hemos señalado en el punto 3), dejándose, asimismo, sin efecto las constituciones de las nuevas provincias de La Pampa, Chaco y Misio­ nes.
418

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. R xnrdoJ. G. ilmrwr

El gobierno provisional surgido de la revolución de 1955, declaró necesario, por Decreto Ley N° 3838, ampliado por el Decreto 6809, reformar parcialmente la Constitución Nacional, para lo cual convocó a elecciones de convencionales, los que se reunieron en la ciudad de Santa Fe, en el mes de agosto de 1957. Luego de considerar, y rechazar, una serie de impugnaciones, de­ clara que la Constitución que rige en el país es la de 1853, con las re­ formas introducidas en 1860. 1866 y 1898 y con exclusión de las in­ troducidas en 1949, la Convención resuelve ratificar su carácter de constituyente, suprema y soberana, sin condicionamientos al decreto de convocatoria ni sometimiento al gobierno provisional. Tres haber aprobado la inclusión del artículo que se conoce como "14 bis", o de "los derechos sociales" la Convención vio interrumpida sus deliberaciones por falta del quorum reglamentario, ante el retiro de una serie de fuerzas políticas, tales la Unión Cívica Radical Intransi­ gente, la Unión Federal, los radicales sabatinistas, los conservadores y los neoperonistas, disconformes con la orientación que parecían tomar los proyectos presentados. El Presidente de la Convención ante la evi­ dente imposibilidad de lograr quorum, dictó una resolución declaran­ do disuelto el Alto Cuerpo Constituyente, que quedó así definitiva­ mente clausurado. Las reformas introducidas están referidas a la protección del tra­ bajo y los trabajadores, la garantía de la actividad gremial, los benefi­ cios de la seguridad social a cargo del Estado, seguro social obligato­ rio, jubilaciones y pensiones móviles, protección integral de la familia y e! acceso a una vivienda digna. El artículo nuevo (14 bis), dice “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jom ada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la direc­ ción; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical übre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial” . Sigue después diciendo: “Queda garantizado a los gremios: con­ certar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán
419

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. U m r^r

de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo’!.___ ______ — Term inaba con el siguiente párrafo: “El Estado otorgará los be­ neficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, le establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con partici­ pación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; ju ­ bilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna". El Presidente de la Convención Dr. Ignacio Palacios Hidalgo al elevar al P.E. el texto de la reforma introducida decía que "los con­ ceptos incorporados a la Carta Fundamental del país dan estado cons­ titucional a los derechos sociales, necesidad señalada con reiteración no solo por las corrientes populares que propugnaron una mejor ade­ cuación hum ana a las posibilidades de bienestar que crea el progreso tecnológico contemporáneo, sino también por los tratadistas de dere­ cho público, anheloso de que nuestro supremo digesto se pusiera , en este aspecto, a tono con las realizaciones institucionales de nuestro tiempo". 5. R efo rm a constitucional de 1994. Breve referencia sobre la m o­ d alid ad del "N úcleo de coincidencias básicas" (Ley 24309) La reform a de 1994 fue llevada a cabo por una Convención con­ vocada al efecto por Ley N° 24.309, y se desarrolló en la ciudad de Santa Fe, desde Mayo hasta Agosto de ese año. Además de disponer la ley que declaraba la necesidad de la reforma de una serie de normas constitucionales, tenía una característica inédita hasta ahora, en este tipo de convocatoria. Una parte de los artículos cuya reforma se propiciaba estaban re­ unidos en ¡o que se denominó “Núcleo de Coincidencias Básicas”, re­ feridas a la atenuación del sistema presidencialista, a la reducción del mandato presidencial a cuatro años y su reelección por un sólo perio­ do más; eliminación del requisito confesional del Presidente de la Na­ ción; elección directa por el pueblo de tres senadores (Dos por la ma­ yoría y uno por la minoría) en lugar de hacerlo las legislaturas; elec­ ción directa del Presidente y Vice por doble vuelta; elección directa y
420

MANUAL DE ínSTOWA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Riatr¿> J. C. ¡Ur-vr

reforma del "status" de la ciudad de Buenos Aires; regulación de la fa­ cultad presidencial de dictar decretos de necesidad y urgencia; crea­ ción del Consejo de la Magistratura; designación y remoción de ma­ gistrados federales; control de la administración pública; mayorías es­ peciales para modificar régimen electoral; e intervención federal. La novedad consistía en que este conjunto de reformas debía ser votado en su totalidad, en lo que se dio en llamar “el paquete” convenido en­ tre los presidentes de los dos partidos mayoritarios del país, por si o por no. Es decir no cabía la posibilidad de que una parte pudiera ser aprobada y la otra no, lo cual constreñía la manera de votar de los convencionales. También determinaba la ley que cualquier modificación que se introdujera a al proyecto de reformas contenido en el “paquete”, sería declarado nulo de nulidad absoluta, aunque no se determinaba que or­ ganismo tendría a su cargo tal determinación, debiendo suponerse que ello habría sido tarea de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como interprete final. Pero tal situación no llegó a producirse, pues los diputados constituyentes de los dos partidos mayoritarios votaron dis­ ciplinadamente en la forma convenida por sus presidentes, con alguna honrosa excepción. Cabe señalar que ¡os partidos de la oposición plantearon reitera­ damente y con serios argumentos la ilegitimidad del procedimiento excogitado para la votación del paquete, pero no tuvieron éxito en su propósito. La misma Ley "habilitaba” para su libre debate y votación a la Convención Nacional otros temas como ser las' normas relativas al fortalecimiento del régimen federal; la autonomía municipal; la incor­ poración de la iniciativa y de la consulta popular como mecanismos de democracia semidirécta; acuerdo del Senado para designación de cienos funcionarios, actualización de atribuciones del Congreso y del Poder Ejecutivo Nacional; establecer el Defensor del Pueblo; del Mi­ nisterio Publico como órgano extrapoder; pedidos de informes, inter­ pelaciones y comisiones investigadoras del Congreso; integración y jerarquía de los tratados internacionales; garantía de la democracia con la regulación de los partidos políticos y sistemas electorales, preserva­ ción del medio ambiente; creación de un Consejo Económico y Social; garantía de la identidad étnica y cultural de los pueblos indígenas: de­ fensa de la competencia, del usuario y del consumidor, "habeas cor­
421

MANUAL DE IDSTOKU CONSTTTL'CJONAL ARGENTINA Dr. K c*rdo J . G . H ém r

pus" y amparo; unificación de todos los mandatos electivos en una misma fecha, etc. ................. '------- ---- 1.............. .. ___ _ 6. Principales reformas introducidas. En primer lugar se debe señalar que ni el Preámbulo ni el Capí­ tulo 1 referido a "Declaraciones Derechos y Garantías" no fueron mo­ dificados, ni podrían haberlo sido ya que no estaban incluidos en la ley que declaraba la necesidad de la reforma. En cambio procede a introducir un nuevo Capitulo al que deno­ mina "Nuevos Derechos y Garantías". Se tratan en él varios nuevos temas no incluidos hasta entonces en el texto constitucional, tales por ejemplo la quiebra del orden ins­ titucional que inhabilita a perpetuidad a quienes lo interrumpan por actos de fuerza. Determina, además la necesidad del dictado por pane del Congreso de una ley de Etica pública para el ejercicio de las fun­ ciones. Consagra con jerarquía constitucional los derechos políticos, tanto activos como pasivos, estableciendo la igualdad de oportunida­ des para el acceso a los cargos electivos y partidarios, debiendo ga­ rantizarse por acciones positivas en su regulación. Le da, también, je ­ rarquía constitucional a los partidos políticos estableciendo los princi­ pios a que deben ajustarse, estableciendo a favor de ellos una especie de monopolio para la postulación de las candidaturas a cargos públi­ cos electivos. Crea para los ciudadanos el derecho de iniciativa para presentar proyectos de ley en la Cámara de Diputados y la facultad de este cuer­ po para someter a consulta popular determinados proyectos de ley. En otros artículos incorpora algunos de los derechos denomina­ dos como de "tercera generación", como ser el derecho a úna mejor calidad de vida, la defensa del ecosistema, el derecho de los pueblos al desanollo, al progreso, a la explotación de sus propios recursos, a la paz, a la autodeterminación, a la integridad territorial, etc. Figuran también entre estos los derechos del consumidor y de los usuarios de servicios públicos. Sin dudas una de las reformas más aplaudidas es la incorporación de los recursos de amparo y la posibilidad de que los jueces puedan en ellos declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funda el acto u omisión lesiva. Incluye, dentro de esta categoría a la "acción de
422

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. JGcurJoJ. G. l ü m r

habeas data" que permite tomar conocimiento de los bancos de datos y en su caso pedir la supresión, rectificación, confidencialidad o actuali­ zación, garantizando de esta manera la intimidad de las personas. Ad­ quiere singular importancia la disposición que establece que no podrá afectarse el secreto de las fuentes de información periodística, con el ejercicio de esta garantía. Queda salvada así la libertad de prensa. La ciudad de Buenos Aires, que hasta el momento de la sanción de la reforma constitucional era Capital o Distrito Federal, pasa ahora a adquirir el "status" de ciudad autónoma, sin peijuicio de continuar en ella la residencia de las autoridades nacionales. A nuestro juicio esta reforma es inconstitucional ya qile al atribuirse tal autonomía a dicha ciudad, violándose el artículo 13° privando a la provincia de Buenos Aires de una parte de su territorio sin su autorización, que en el supuesto de dejar de ser Capital de la Nación por traslado de ésta, debería ser reintegrada a aquel Estado. Otra novedad consiste en acortar el mandato de los senadores, de nueve a seis años, y el aumento del numero representativo de cada provincia, que en lo sucesivo será de tres en lugar de dos, correspon­ diendo a la mayoría partidaria del distrito dos y uno a la primera minoria. También se reduce el periodo del mandato presidencial que lo re­ duce a cuatro años en lugar de seis, con la novedad de que puede ser reelecto por un nuevo período inmediato y por una sola vez. Se introducen, además, una serie de modificaciones en orden a las facultades del Congreso, especialmente en orden a la faz impositi­ va',’o la del reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, debiendo garantizarse el respeto a su identidad y favoreciéndoselos en orden a su desarrollo humano; se aprueba una nueva cláusula de la prosperidad complementando la pre­ vista en el inciso 18) del mismo artículo. Se incorporan con jerarquía constitucional los tratados genérica­ mente llamados como de los "derechos humanos", cuya enumeración se determina en forma expresa, sin que ellos deroguen artículo alguno de la parte primera de la Constitución. Autoriza al Congreso para que pueda trasladar ciertas atribucio­ nes estatales de legislación, jurisdicción y administración a los órga­ nos supranacionales en los tratados de integración económica, sin que por ello se lesione la Constitución. Se prohibe, por otra parte, la deie423

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUQONAL ARG ENTINA Dr. Ricardo J. G. Hmrrcr

gación legislativa en el Poder Ejecutivo, salvo en determinadas mate­ rias de adm inistración o de emergencia pública y adopta una serie de disposiciones relacionadas con el trámite y aprobación de las leyes. Se incorporan dos nuevos Capítulos institucionalizando la Audi­ toria G eneral de la N ación, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público.. Con relación al Presidente y Vice de la Nación ya hemos señala­ do lo relativo a la reelección, debiendo agregarse que se suprimió el requisito que exigía pertenecer a la comunión católica, apostólica y romana, com o también la obligación de jurar "Por Dios y los Santos Evangelios" para recibir su juramento "respetando sus creencias reli­ giosas". En !a elección presidencial establece el sistema de "bailotage" o de doble vuelta, requiriéndose para la proclamación en primera vuelta la obtención del 45% de los votos válidos emitidos. Se m odifica también el sistema de designación de los jueces, m anteniéndose en lo relativo a los de la Suprema Corte, el sistema tradicional del acuerdo senatorial, mientras que para los inferiores se requiere una previa propuesta vinculante en tema de! Consejo de la M agistratura, y posterior acuerdo del Senado. El Consejo de la M a­ gistratura creado por la reforma, tiene a su cargo la selección de los m agistrados y la administración del Poder Judicial, creando asimismo un jurado de enjuiciam iento para la remoción de los jueces inferiores a la C orte Suprem a, cuyos integrantes pueden ser removidos de la m a­ nera tradicional, esto es con acusación de la Cámara de Diputados y sentencia del Senado. Para finalizar digamos que en uná clara violación de los derechos que son propios de los Estados Provinciales, les impone la obligación de "asegurar la autonomía municipal, regulando su alcance y conteni­ do en el orden institucional, político, administrativo, económico y fi­ nanciero", cuando lo único que exige y exigía el art. 5o era la obliga­ ción provincial de asegurar "el régimen municipal". Se autoriza a las provincias crear regiones para el desarrollo eco­ nóm ico y social, pudiendo además celebrar convenios internacionales, en tanto no sean incompatibles con la política exterior de la Nación y no afecten las facultades delegadas al gobierno federal o al crédito pú­ blico de la Nación. Se aprobaron varias disposiciones transitorias destinadas a poner en m archa las reformas introducidas, aunque la primera de ellas nada
424

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. lUardo J. G. lle n a r

tiene que ver con tal aspecto, pues se limita a hacer una enfática decla­ ración por la cual "la Nación Argentina ratifica su soberanía legítima e imprescriptible sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La Constitución, con la reforma introducida en 1994 pasa a tener 129 artículos contra los 110 que tenía antes de su modificación.

425

MANUAL DE HISTORIA CONS111 UaONAI. ARGENTINA Dr. tOtmrdo J. G. lltm y

Bibliografía consultada y utilizada.

BIDART CAMPOS, Germán J. "Historia Política y Constitucional Argentina” DEMICHELf, Alberto. “Formación constitucional rioplatensc” EKMEKDJIAN, Miguel Angel. "Comentarios de la Reforma Constinjcional de 1994" j GALLETTI, Alfredo. “Historia Constitucional Argentina" HARVEY, Ricardo J. G. "Concordancias numéricas de la Constitu­ ción de 1853/60 con la reforma de 1994". LONGHI, Luis R. “Génesis e Historia del Derecho Constitucional Ar­ gentino” LOPEZ ROSAS, José Rafael. “Ensayo de Historia Constitucional Ar­ gentina” LORENZO, Celso Ramón. “Manual de Historia Constitucional Ar­ gentina" QUIROGA LAVIE, Humberto. “Derecho Constitucional” QUIROGA LAVIE, Humberto, “Estudio analítico de la reforma cons­ titucional” TAU ANZOATEGUI, Víctor y MARTI RE, Eduardo. “Manual de Historia de las Instituciones Argentinas” ZARINI. Helio Juan. “ Historia e Instituciones en la Argentina” ZARINI, Helio Juan. “Constitución Argentina comentada y concorda­ da”

V

MANUAL'DE HISTORIA CONSTTTUaONAL ARGENTINA Dr. KemrdoJ. G. H *r~r

-

........

-----------

... ..

CAPITULO 18
1. Los Partidos Políticos. Alcance de la expresión. Los partidos existen y persisten desde que dos o más hombres se ponen de acuerdo acerca de alguna finalidad con proyección social y de los medios para alcanzarla. En sentido amplio, hay partidos siempre que se trata de conducir a un grupo humano y, en un sentido más limitado, siempre que se trate de gobernar a la sociedad. Inevitablemente, surgen así partidos diversos u opuestos, toda vez que aparecen discrepancias acerca de las finalidades o de los medios. Los partidos políticos, propiamente dichos, datan poco más de un siglo. Surgieron con posterioridad de la mitad del Siglo XIX. La existencia de los partidos, como hecho social, obedece a la propia naturaleza de la realidad política. Hay una necesaria relación entre la existencia de los partidos po­ líticos y el régimen democrático representativo. Algunos consideran a los partidos políticos como un mal, pero un “mal necesario”. Nuestros autores en la ciencia política han conside­ rado que en un régimen representativo no se puede prescindir de los partidos. Es más, se los ha considerado instrumentos indispensables. Son indispensables para que el pueblo pueda expresarse. Sus doctrinas y sus programas permiten abrir paso a la voluntad nacional. Las funciones de los Partidos Políticos son electorales y guber­ namentales. Se puede decir también que constituyen motores de la vida políti­ ca, tanto en lo exterior como en el interior de los organismos guber­ namentales. Resumiendo: Son sus objetivos: a) Encauzar la caótica voluntad popular. b) Educar al ciudadano para la responsabilidad política. c) Servir de eslabón entre el gobierno y la opinión pública.
427

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. Ricmrdo J. G. Uen-cr

d) Seleccionar la elite que debe dirigir el gobierno. e) Proyectar políticas de gobierno y controlar su ejecución. Características: Los partidos deben tener una organización y una estructura. Los partidos deben ser aptos para satisfacer propósitos y objetivos ideales y materiales. La realidad actúa! ha impuesto un pluralismo, con notorio entrecruzamiento y confusión de ¡deas e intereses. En la actualidad los partidos políticos deben ajustar su organiza­ ción y funcionamiento a normas reglamentarias dictadas en el orden nacional y en el provincial, incluyéndose en esta normativa todo lo re­ ferido a ¡as alianzas o acuerdos que entre ellos puedan celebrarse. Además las disposiciones vigentes y, especialmente, la última reforma de 1994 le han conferido jerarquía constitucional, especialmente en el articulo 38 al reconocerlos como “instituciones fundamentales del sistema dem ocrático” y al darles “competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos” lo cual importa, según algunos autores, el reconocim iento del monopolio de las candidaturas a favor de tales agrupaciones, com o alguna vez lo resolvió la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el caso Antonio J. Ríos, que pretendió postularse como candidato extrapartidario.. 2. P rim eras tendencias inorgánicas. Podemos afirmar que desde el momento mismo de la Revolución de Mayo y, con toda seguridad antes de esa fecha, existían en lo que es hoy nuestra Patria movimientos de opinión canalizados en asocia­ ciones, guiadas por un mismo interés o aspiraciones. Ai producirse la Revolución de Mayo, vamos a encontrar clara­ mente diferenciadas tres tendencias, por no denominarlas partidos, porque como tal no pueden ser considerados: 1) La tendencia revolu­ cionaria encam ada en figuras como Mariano Moreno, Juan José Casteili y Manuel Belgrano; 2) Una tendencia revolucionaria moderada, encam ada en Com elio de Saavedra y sus seguidores y 3) Una tenden­ cia pro-realista, enemiga de los cambios con relación a la Metrópoli Española. La Primera Junta de Mayo convocó a los pueblos a reunirse en Buenos Aires e integrar dicho organismo, y una vez reunidos en esa ciudad, constituyeron la Junta Conservadora o Junta Grande. La deci­ sión del Triunvirato de disolver este órgano de gobierno, produjo una
428

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. KJcmrda J. G. lUrvxr

primera gran división entre porteños y provincianos, una constante que se mantendrá a lo largo de nuestra Historia. 3. Unitarios y Federales. Este sentimiento de rechazo va a provocar los primeros chispazos de reacción de los pueblos interiores que encontrarán en José Gervasio de Artigas al paladín de una corriente organizativa del país sobre la base federal. El rechazo de sus diputados en la Asamblea del Año XIII va a incentivar las diferencias y Artigas se levanta enarbolando la bandera del federalismo, que será ei pendón alzado por los caudillos cuando caído aquél, continúen su lucha en lo que nuestra historia lla­ ma el periodo de la Anarquía, que se inicia tan pronto los pueblos re­ chazan la constitución monárquica y aristocratizante de 1819, período al que también puede llamársele como "el proceso de afirmación auto­ nómica de los pueblos". Las hábiles gestiones del señor Bemardino Rivadavia, como mi­ nistro del gobernador de Buenos Aires, Coronel Martín Rodríguez, van a culminar en la organización de una corriente política continua­ dora de los llamados “directoriales”, a la que se denominará Partido Unitario. Haciendo fracasar el Congreso de Córdoba y luego imponiéndose en ei Congreso celebrado en Buenos Aires en 1825, consigue de los diputados el dictado de una constitución netamente unitaria, logrando previamente consagrarse Presidente de la Nación. Al ser rechazada esta constitución ve fracasar su plan y presenta su renuncia. Los federales encuentran entonces el cauce necesario para tratar de organizar la Nación sobre la base de garantizar la autonomía a las provincias, y en tal sentido se unen mediante el Pacto Federal de 1831, que servirá de estatuto jurídico para la marcha de nuestro país bajo un sistema, que es una mezcla de confederación y federación. Rosas, gobernador de Buenos Aires, se constituye, en el principal defensor del Partido Federal, aunque su forma tiránica de gobernar impone, un cerrado centralismo sobre la base de la delegación de las Relaciones Exteriores y de otras facultades dictatoriales que las pro­ vincias hacen en su persona. En esa etapa que va desde 1835 a 1852, en forma directa o indi­ recta gobierna Rosas y el llamado “Partido Federal”, cuya divisa era roja, condenando como “infames salvajes unitarios” a todos los que no
429

MANUAL DE HISTORIA CONSTITUCIONAL ARGENTINA Dr. !Gc*rdo J. G. ÍUrrer

comulgaban con su accionar gubernativo, y que llevaban como enseña el color celeste. ______ El pronunciam iento del gobernador de Entre Ríos Gral. Urquiza y la posterior batalla de Caseros, hará caer el andamiaje de ese gobierno. 4. Escenario político de 1853 a 1862. Triunfante Urquiza, los viejos unitarios emigrados durante la ti­ ranía de Rosas regresaron a sus provincias y, unidos a muchos de sus antiguos enemigos federales porteños, comenzaron a conspirar en contra del ganador de Caseros que pretendía organizar el país sobre la base del federalismo que siempre habían sostenido. Así, cuando Urquiza intenta poner en marcha el engranaje para la organización constitucional del país, los porteños de distinto