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DOMINGO 22 de septiembre de 2013 / Núm.

131
Editor: Rael Salvador • Diseño: Ana Salgado de Anda • palabra@elvigia.net •
Lorena Mancilla
Heriberto Álvarez Linarte
Montserrat Buendía
Foto: Louie Navarro
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DOMINGO 22 de septiembre de 2013
No. 131/ 22 de septiembre/ 2013
Suplemento
Cultural de
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Dirección General
Jorge Camargo
Gerente Ejecutivo
José Alberto Manzanarez
Director Editorial
Enhoc Santoyo C.
Coordinador Editorial
Manuel Quintero M.
Editor
Rael Salvador
Editor de Fotografía
Jorge Calderón
Críticos / Colaboradores
Héctor García M., Marcela Danemann,
Arnulfo Estrada, Federico Campbell,
Olga Aragón, Javier Cruz, Gerardo
Sánchez, Montserrat Buendía, Sergio G.
Montero, Elia Cárdenas, Jesús López
Gorosave, Patrick Liotta, Paúl Nazar,
Renata Sández Oseguera, Lauro
Acevedo, Benjamín Pacheco, Heberto J.
Peterson L., Iliana Hernádez P., María
Eugenia Bonifaz de Novelo, Daniel
Pacheco C., Josué Cordero C., Max
Zamarripa S., Kepa Murua, Dr. David
Rodríguez de la Peña, Óscar Ángeles
Reyes, Ana M. Mora, Herandy Rojas,
Manuel Guillén, Alina I. Gallardo,
Ramiro Padilla, Nurkia Rudametkin,
Neyra Hernández, Gerardo Ortega,
Lorena Mancilla, Louie navarro, David
Salazar.
Revisión de Máster
Deÿ López
Corresponsal en Francia
Cony Singüenza
Corresponsal en Chile
Ramón Ángel Acevedo, “Rakar”
Fotografía
Enrique Botello
Correo electrónico
palabra@elvigia.net
Teléfonos para publicidad
120.55.55 ext. 221 y 224
Ensenada, B.C. México.
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a última vez que hablamos te
pregunté por la nostalgia. No me
gustó lo que me respondiste. Me ase-
guraste que no querías revivir nada,
que viviste con intensidad el pasado
y que era ciclo concluido, que ahora
podías ver lo ya hecho de manera im-
parcial, como objeto de estudio, como
tema. Me desencantaste. En silencio
dije: la nostalgia y la ciencia no hacen
buen mix y tú eres pura nostalgia.
¿Cómo puedes negarla? Te escuché y
me preocupé un poco, creo que tam-
bién me enojé (es puro reflejo, lo sé.
Lo hago cuando no quiero sentirme
triste o melancólica).
Ahora todo se revuelve, intento
organizarlo, pero a mí no se me da
eso de ordenar los recuerdos.
La primera vez que supe de ti fue
cuando me cayó en las manos una
Velocet, era un fanzine de fotocopias
que tenía un sticker de Menudo en
plateado y azul. No recuerdo mu-
cho más, pero estoy segura de que
si buscara en el baúl floreadito que
está en algún lugar de la casa de mis
padres, encontraría el Velocet con la
calca intacta.
Algún tiempo después nos conoci-
mos gracias a la tecnología de la que
fuiste pionero y la cual difundiste con
generosidad. Fue entonces que des-
cubrí que dabas los abrazos más fuer-
tes y más largos. Que no te estabas
quieto, nunca: movías un pie, movías
las manos, hablabas con prisa, con an-
sia, con entusiasmo, ironizando cons-
tantemente y dando carrilla, pero eras
cuidadoso y sensible cuando alguien
te pedía una crítica.
Me sorprendía cómo nunca hacías
alarde del enorme capital cultural que
contenías. Y nunca, jamás cometiste el
pecado social del name dropping. Un
día que te vi preocupado por perder
tu iPhone te dije que yo sabía que era
un tesoro porque ahí tenías la mejor
playlist de Tijuana, una que no era de
música, sino de amigos.
Cuando tu corazón nos reunió en
tu última fiesta, me di cuenta de
que no fuimos una sola playlist, sino
varias, organizadas para satisfacer
cualquiera de tus estados de ánimo.
Entonces pude ver que te movías en
cualquier plano y eras la única línea
que los cruzaba todos.
Tu generosidad no tenía límite. Un
día leíste para mis alumnos quincea-
ñeros y sonreíste cuando uno te dijo:
“Ese cuento es música”, y luego otro
remató: “Me gusta, escribes como si
estuviera cambiándole a la tele”.
Hacías cosas de niño, travesuras,
como aquel día en que te encerraste
en el clóset de un hotel en Culiacán
para dar un susto a Yohanna y a mí.
Tenías las manos de tu madre.
Te apropiaste de Tijuana cuan-
do todos querían ser de cualquier
otro lado. Y no solo eso, sino que
le inventaste tu propio lenguaje in-
accesible y secreto a la ciudad, y la
diseñaste hasta que se hizo realidad
y se convirtió en ciudad fiesta, mito,
el lugar que vive para una noche que
también fue diseño tuyo.
Y mientras todos se morían, tú baila-
bas, bebías, caminabas por la calle cuan-
do el terror nos hizo uno a uno ence-
rrarnos en fiestas de disfraces a las que
a veces llegabas sin máscaras ni plumas,
vestido con tu sonrisa ligera, como si la
calle no estuviera llena de plomo.
Una vez que estábamos en un
concierto te vi conmovido y orgu-
lloso cuando tus amigos de Nortec
tocaban la canción que tenía tu fra-
se, y no pude evitar grabarte en ví-
deo, pero no te gustó que lo hiciera
y le sacabas la vuelta a la cámara,
tratabas de poner cara de “déjame
en paz”, pero no me importó, seguí
grabándote porque no era común
verte así de emocionado.
Yo no creí que fuera a pasarte algo.
Tú siempre estabas.
La noche antes de que te fueras vi
que acababas de poner una entrada
en Facebook y de inmediato te mandé
un inbox. Te dije que sabía que en uno
o dos días ibas a decirnos que todo
estaba bien y te dije que ya varios ami-
gos (Mónica, Melissa, Paty, El Bocho,
Esme, Omar, Marcella, el Cham, Rosita,
Mariana, Vero) estábamos tramando
algo para ayudar, no quise decirte de
qué se trataba para que fuera una
sorpresa en tu recuperación. Nunca
te dije que era un concierto con Nor-
tec. Pedimos a Ramón que donara
una presentación para ti y aceptó de
inmediato, esa noche se pondría de
acuerdo con Pepe. Yo estaba feliz, ya
me imaginaba cómo sería todo eso;
tú casi completamente recuperado,
llegando a una fiesta que celebraba
tu vida y tu resistencia.
En ese ratito me contestaste y só-
lo me dijiste: Love you, mi Lore. Yo
pensé que estabas loco y que si esa
noche tenías el ánimo para usar el
Facebook, nada podía pasarte. De
ninguna manera. Pero el corazón
engaña, juega, se rebela, se cansa
y cuando se detiene, no hay música
que lo haga volver a bailar.
lorenamancilla@hotmail.com
Rafño
(mezcla de Rafa y cariño):
«Tu generosidad
no tenía límite.
Un día leíste para
mis alumnos
quinceañeros y
sonreíste cuando
uno te dijo: “Ese
cuento es música”, y
luego otro remató:
“Me gusta, escribes
como si estuviera
cambiándole a
la tele”»
En memoria de Rafa Saavedra: 1967-2013
La autora de esta bella remembranza sobre
el escritor Rafa Saavedra es la muchacha
que en su funeral dejó un ramo de fores
pequeño, atado con un paquetito de libros
en miniatura. Al hacerlo, su hija comentó:
«Creo que tus fores dicen “you’re dead,
let’s disco”».
Lorena y Rafa en the happy years together.
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LA HORA DEL LOBO
LA CLAVE ESTÁ EN FUNES
En memoria de Rafa Saavedra
Por Federico Campbell
DE PRONTO UNA MAÑANA, mientras
salía de la regadera, se me ocurrió que
el cuento de Jorge Luis Borges “Funes el
memorioso” pudiera tener otro signifca-
do, en cierto modo distinto al que siem-
pre le atribuí.
En el cuento Funes es un ser muy par-
ticular: es alguien que no puede olvidar.
Tiene una memoria portentosa: la mejor
memoria del mundo. Pero, por lo mismo,
no puede pensar.
Para pensar se necesita un espacio:
el olvido, que bien puede ser, como
dice Borges, una forma profunda de
la memoria.
El memorable relato de Borges en su li-
bro Ficciones es que nos habla de la pro-
crastinación que distingue a nuestra épo-
ca, la manía de posponerlo todo, dejar-
lo para mañana, o para nunca, la incapa-
cidad de concentración, la pérdida de la
atención. No podemos fjar la atención en
algo por periodos de más de quince mi-
nutos, como bien ha dicho el escritor ar-
gentino Hernán Casciari.
Lo raro de nuestra época es que no
podemos concentrarnos, olvidando que
la concentración es lo más parecido a
la felicidad.
“Me imagino el tiempo de Funes como
hecho del recuerdo de un número infni-
to, indefnido de instantes, cada uno de
esos instantes él los recuerda perfecta-
mente, los menos vividos, los momentos
presentes, pero no puede pensar porque
no puede generalizar. Creo que esa es la
idea del cuento. La idea de una memoria
infnita, y esa memoria, en lugar de en-
riquecer el pensamiento, lo estorba, o lo
impide. Ya que Funes es un pobre hom-
bre y muere aniquilado por esa casi inf-
nita memoria, detalladísima memoria”,
dijo una vez el escritor argentino.
De lo que habla Borges es de la impo-
sibilidad de tenerlo todo. No se puede
poseer el universo. No se puede comer
todo el banquete. No se pueden leer to-
dos los libros. No se puede amar a to-
das las mujeres. No se puede ver todas
las películas. No se puede conocer todos
los países del mundo. Entonces el cuen-
to de Borges también está hablandonos
de uno de los más angustiantes dramas
del mundo moderno: la imposibilidad de
tenerlo todo ante la oferta riquísima de
productos y sensaciones, que nos abru-
man y nos enloquecen. Tenemos muchas
cosas. Tenemos muchas libretas, muchos
calcetines, muchos lápices, muchos zapa-
tos (quisiera ser ciempiés para ponérme-
los todos, dice Marta Lule), tenemos mu-
chos libros, tenemos muchas revistas api-
ladas, tenemos muchas chamarras, tene-
mos muchos discos, plumas fuente, cor-
batas, gorras y guantes de beisbol, suéte-
res, sombreros, lentes, balones de futbol.
Lo que no tenemos es tiempo.
Habría que educarse entonces. Aprender
a no tenerlo todo. Entender que no pode-
mos comernos todos los platillos del ban-
quete, las chalupitas, las viandas, los pos-
tres, el menudo de Hermosillo, las ensa-
ladas, las quesadillas, los chiles en noga-
da, las pastas, las papas, la machaca de
Obregón. Hay un límite: nuestro estóma-
go tiene un número fnito de centímetros
cúbicos, la digestión necesita un mínimo
de dos horas para procesar todo aquello
y, más tarde, expulsarlo.
No podemos leer todos los periódicos,
todas las novelas de Guadalupe Nattel y
Élmer Mendoza, todos los libros repor-
tajes de Diego Enrique Osorno y Marcela
Turati. No podemos leer todos los artícu-
los de Letras Libres y de Nexos. Tenemos
que aceptar nuestra limitación humana,
acotada por el tiempo y el espacio.
Tiene futuro el tiempo pero nosotros
tal vez no. O no todo el tiempo. Luego
entonces hay que ser selectivos y humil-
des. No podemos vivir mil años. No po-
demos ser eternos.
Funes no podía pensar porque esta-
ba atiborrado de recuerdos. Nosotros
no podemos crear (escribir, pintar, co-
cinar, cortar) porque estamos llenos,
inundados, atascados, repletos a re-
ventar de información: atropellados,
anonadados, paralizados.
federicocampbell@yahoo.com.mx
NOCTI-VAGAS
LA NOVELA DEL POETA
Por Sergio Gómez Montero
Para el que ha marcado las barajas
y recibe siempre la mejor .
M. Cantilo: “Marcha de la bronca”.
EN EFECTO, Jorge Edwards, escri-
tor chileno, es en la actualidad uno
de los más destacados de América
Latina –comparta uno o no sus
puntos de vista políticos–, y que
con la novela que hoy se comenta,
La Casa de Dostoievsky (Planeta,
España, 2008), obtuvo el Premio
Iberoamericano de Narrativa Pla-
neta-Casa América 2008. Una no-
vela interesante, sin duda, que en-
tre otras cosas ofrece un panorama
de la literatura chilena marginal de
los años posteriores a la Segunda
Guerra Mundial hasta el golpe en
contra de Salvador Allende, época
en la que muere el personaje princi-
pal de la trama novelística. Crónica
que no se limita sólo al ámbito li-
terario, sino que también pone én-
fasis en la vida cotidiana de ciertos
sectores sociales de la comunidad
chilena de esos años.
Pero, sin duda, lo que atrae la
atención principal del lector del
libro es precisamente la vida del
Poeta (cuyo nombre de pila nunca
se sabe, mientras que sus apelli-
dos se conocen de manera indirec-
ta), personaje central como ya se
dijo y que, a la vez que represen-
ta –en su papel de poeta marginal
de los años que dura la historia– a
parte del ambiente literario chile-
no, refeja también las peripecias
por las cuales transitó el autor de
la novela durante un buen tiem-
po, y en ese sentido la novela tiene
pues, tintes autobiográfcos. Una
narración de muy buena factura
nos permite ir viendo y disfru-
tando la vida disipada del Poeta,
quien, desde las primeras páginas
de la historia, se ve acompañado
de Eduardito, el Chico Adriazola
y Teresa, quienes están con él
hasta la muerte. Ágil, cargada de
sorpresas, la novela conduce in-
distintamente de Santiago a París
y luego a Cuba, para terminar f-
nalmente otra vez en Chile, don-
de el Poeta muere, refugiado en
parte donde siem-
pre vivió: la casa de
Dostoievsky, un re-
fugio de artistas en
un barrio margi-
nal de Santiago y
donde varios as-
pirantes al arte
(pintura y litera-
tura básicamen-
te) son allí recibi-
dos para, en directo, asimi-
lar la experiencia de aquellos que
durante varios años, vía la prác-
tica, se consideran artistas con-
sumados, y que, en el caso del
Poeta, son recibidos y premiados
en Cuba (alegoría que concreta
la crítica política de Edwards a
los cubanos, con quien tiene hoy
pleito casado, y crítica que luego
se extiende, mordaz y malévola-
mente en contra de Allende, quien
hace cuarenta años se depueso del
gobierno chileno, luego de un gol-
pe militar en su contra instrumen-
tado por el ejército en complici-
dad con el gobierno estadouni-
dense de aquella época).
Pero, insisto, más allá de esas píl-
doras nada dulzonas de crítica polí-
tica, la novela de Edwards, tomando
como eje la vida del Poeta, se desarro-
lla en tonos de comedia casi siempre
sin mayores problemas y dramatiza-
da por una serie de personajes singu-
lares, más allá de los centrales aquí
mencionados, que cuando aparecen
ayudan a la lectura para que esta,
continuamente, en una serie de so-
bresaltos, vaya dando paso a histo-
rias que se entrecruzan –y que tie-
nen que ver con lo que sucede coti-
dianamente en el Chile que se descri-
be– y que ofrecen un panorama críti-
co de la sociedad chilena de aquellos
años que nos permite ahora enten-
der con mucho lo que hoy está suce-
diendo en el país conosureño, a la vez
que narra la vida de disipación, des-
aliño y carencia de compromiso polí-
tico real de varios artistas latinoame-
ricanos de nuestros días.
En verdad, mucho ilustra la lectu-
ra de esta novela.
*Lector de todo lo que se deje leer.
gomeboka@yahoo.com.mx
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Jorge Luis Borges, el maestro.
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Hvn:nvn1o Atvnnvz L:Nnn1v
E
l presente trabajo sobre “la literatu-
ra del norte fronterizo” parte del pre-
cepto que los estudios culturales con-
forman un cuerpo de conocimiento sobre
la cultura y la sociedad; que el texto lite-
rario es un portador de información cul-
tural de una comunidad determinada; asi-
mismo, una representación de visiones de
mundos (Karma, 2006), que veri�can su
lucha por legitimarse a través de la comu-
nicación y las tecnologías.
Así, para Iuri M. Lotman,
la cultura es “un mecanis-
mo que crea un conjunto de
textos”, es decir, la realización
misma de la cultura se da por
medio de lo escrito.
La cultura, entonces, produ-
ce textos que organizan internamente un
espacio. Es el espacio semiótico donde se
generan los procesos de comunicación y
nuevas informaciones. A su vez, el espa-
cio semiótico, esfera semiótica, es recep-
tor de nuevos mensajes que puede recha-
zar, adaptar, así como traducir al contexto.
Es por ello que Lotman atribuye a la fron-
tera semiótica “la creación de nuevas for-
mas y signi�cados culturales”.
Es la esfera semiótica de la frontera norte,
donde ubicamos la demarcación geopolí-
tica fronteriza, llamada Tijuana, para rea-
lizar el análisis literario de escritores que
escriben desde la frontera (Félix Berumen,
1998) e inmersos en los procesos sociocul-
turales de la región.
En este devenir histórico se mani�esta un
acrecentado interés por el desarrollo actual
de la literatura de la entidad, que halla una
tradición literaria de referencias inmedia-
tas en escritores de la década sesenta: la ge-
neración de la californidad.
Sin embargo, “[...] los narradores actua-
les tienen poco que ver con la narrativa
‘costumbrista y provinciana’ de hace ape-
nas unos cuantos años. El pintoresquismo,
la preocupación paisajista, documentalista
o antropológica, no son más el centro de
atención de los actuales narradores”.1
Así, llaman la atención cuentistas como
Luis Humberto Crosthwaite o Rafa Saave-
dra —cuyos trabajos se han difundido de la
frontera al centro de la República—, el caso
de Crosthwaite traducido al inglés, por ubicar
sus relatos en la ciudad, por evocar a la ciu-
dad en sus historias, espacio diegético (Luz
Aurora Pimentel, 1998) que signi�can a par-
tir de la acción narrativa.
“Los personajes y mundos de la narrativa
fronteriza reiteran lo que el arte fronterizo
muestra también: la frontera se caracteriza
por sus formas de exclusión, sus agrupamien-
tos o por la tensión entre culturas [...]”.2
El planteamiento histórico efectual, como
método de investigación, no niega la sub-
jetividad de los argumentos con que pre-
tendemos valorizar la obra desde la tempo-
ralidad del lector: Una realización sin ne-
gar el hecho subjetivo que motiva la inves-
tigación y que permite una comprensión
más completa (Gadamer, 1986). La histo-
ria efectual posibilita la conciencia de la si-
tuación hermenéutica: ¿Adónde se dirige
el esfuerzo de comprender? La situación
es donde nos hallamos. Se está en la situa-
ción, por lo que es difícil “tener un saber
objetivo de ella”.3
Tenemos entonces una situación herme-
néutica que requiere de un horizonte ade-
cuado para hacer el planteamiento correc-
to frente a la tradición. Este horizonte nos
permite tener una visión abarcadora de los
hechos. Y si es precisamente el texto el pro-
ducto de la cultura, la realización de la cul-
tura misma, el orden semiótico del espa-
cio, del espacio semiótico, lo que nos brin-
da la posibilidad de informarnos sobre la
cultura fronteriza: Encontramos, pues, en
el lenguaje de Rafa Saavedra (2002), en
los 16 cuentos de Lejos del noise, referen-
cias a la ciudad en frases como “los Happy
Children de la Revolución tomaban la ca-
lle principal para confundirse con los tu-
ristas”, y, “entre tanto, Mike —con su ha-
bitual camiseta de Mogwai—, saludaba a
William en desfase total y todos los demás
—que curioso, ¿no?— bebíamos cerveza
Lagger”, donde, “gringos estúpidos corea-
ban drunkie el ‘Vive rock’ mientras otros
igual de estúpidos miraban al conjunto de
blondies enfundadas en ajustadísimos tra-
jes de lycra y camisetas de Freak out toni-
te”, donde, “cinco minutos después, la ve-
mos agitar ligeramente sus tetitas que Jo-
hnny muerde con gusto y dedicación, sin
importarle que alguien, uno de los grin-
gos horny, tome una Polaroid en plena fae-
na”, en “un estado general de entusiasmo
ultracomplaciente”, porque, “todos habla-
mos de cosas serias, de lo bien que se vive
El deceso esta semana del escritor tijuanense Rafa Saavedra (1967-2013) ha
tocado la vida y la pluma de muchos amigos y compañeros de ruta; colaborador
de diversos diarios de circulación nacional, así como de revistas especializadas
en literatura, arte y contracultura –Letras Libres, Nexos, Replicante,
Generación, Moho, Picnic, etc.–, su presencia patentó un estilo característico y
sus escritos continúan siendo valorados con desbordada pasión y justicia
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aquí, de cómo nos jode ver esa sarta de
malditos indios sin glamour tomar posi-
ciones, de las nuevas formas para viajar,
de la manufactura del consumo actual y
la ira del camino”.
Su prosa pertenece al contexto fronterizo,
su proximidad con la frontera se re�eja en
la utilización intercalada del inglés. El ha-
bla es el vehículo de Saavedra que se aso-
ma al mundo subyacente para dar su re-
gistro de una parte de la diversidad cultu-
ral que se vive en Tijuana.
Lejos de Noise, más que proponerse la re-
presentación de la diversidad cultural de una
ciudad cosmopolita, critica lo estadouniden-
se, lo chilango y lo chicano en el des�le de la
intensa vida nocturna, según asienta Yépez
( 2005): “En el caso particular de la literatu-
ra fronteriza mexicana, esta no se ha forma-
do como alternativa ‘gracias’ a la in�uencia
de la cultura del norte, sino como distancia-
miento crítico tanto de la ciudad de Méxi-
co como de Estados Unidos, dos hegemo-
nías distintas contra las cuales desea revelar-
se, para así tener su propia forma de mexi-
canidad, tan distinta de la del discurso nor-
teamericano (incluido el chicano) como del
discurso ‘chilango’”.4
El tono de aparente indiferencia nos pone
en alerta sobre lo que ocurre en ese mundo
descrito, ya que observamos un sesgo crítico
que no postula falsas ideologías: los persona-
jes se mantienen �rmes en sus poses, pues se
saben vistos y tienen como único �n la reali-
zación de sus deseos. El contexto es propicio
para enterarnos de los modos, costumbres,
preferencias, desvíos, encuentros de la comu-
nidad tijuanense; pero más que esto, lo que
importa es el voyerismo, la salida escape, las
escaleras de emergencia y las sensaciones de
placer. El cuento con que abre Lejos del noi-
se es Übertrip, un pretexto para la enuncia-
ción, una declaración de principios:
“Decir ‘yeah, yeah’ como clave de acceso
a un ruidismo selecto para intereses sub-
terráneos y singles de importación. Danos
tiempo y derribaremos todo lo que moti-
va seguridad [a-n-y-t-h-i-n-g]. En contra,
el resultado: un emotional crash con swing
de rabioso compromiso, gente abollada y
corazones oxidados.”5
Así queda la ciudad bajo su registro
realista; una forma �ccionada donde la
realidad se impone de tal forma, rotun-
da, que logra con solvencia imágenes de
reiterada violencia, todo bajo un man-
to musical, una dosis de droga, un faje a
deshoras frecuentes, un estado emocio-
nal que se asume depresivo, pero siem-
pre en busca de intensidades y dispues-
to a pagar cualquier precio.
Con giros inesperados que ocultan eso
que nos quiere decir para suministrar-
nos un caos verbal que uno lee y estable-
ce paralelismos con la ciudad, de donde
es originario.
Su escritura es tan accidentada como el
municipio de Tijuana, cuyos ghettos son
los mismos cerros separados por arroyos
que aún amenazan con desestabilizar el rit-
mo cotidiano, y con temperaturas varian-
tes que tan pronto estamos en calor, tan
pronto en frío; así como frente a una �la
de autos, vendedores en las calles, estruen-
do y ruido. Mientras él con su escritura nos
brinda una sensación de placer y al mo-
mento nos asesta un golpe rotundo.
Si en Rafa Saavedra encontramos textos
que bien enmarcamos dentro de la lite-
ratura por su intención estética o prin-
cipio de literaturidad, 6 en Luis Hum-
berto Crosthwaite la técnica narrativa
da un sentido de término a las histo-
rias que relata.
El gran pretender,7 noveleta, está de-
marcado en un espacio temporal, espacio
diegético, extratextual, que identi�camos
por su clara alusión las ciudades de Teca-
te, Ensenada, Tijuana, en Baja California.
Mientras que el tono con el que enun-
cia es de exclusión para marcar la iden-
tidad de un círculo cerrado que mantie-
ne con vigor ciertos códigos del territo-
rio fronterizo.
Identidades culturales que se diferencian
desde el territorio apropiado por necesidad
de sobrevivir en una sociedad que exclu-
ye, sociedad de clases, y condiciona el ac-
ceso a mejores niveles de vida.
En el espacio diegético del mundo na-
rrado de El gran pretender se confrontan
grupos antagónicos que representan pos-
turas ideológicas que corresponden al con-
texto fronterizo.
El narrador emite juicio sobre “las con-
ductas” desde la perspectiva del personaje,
el cholo de la frontera, quien critica las con-
ductas de los chilangos, los emigrados... El
territorio seguro es el barrio cuyo dominio
debe ganarse con valentía, honradez, y una
serie de atributos que dan al temperamen-
to del cholo un per�l de hombre románti-
co, desafortunado por no superar las cir-
cunstancias adversas de su destino y que,
sin embargo, se siente orgulloso de ser lo
que es sin renunciar a vivir el riesgo que
eso representa.
Asimismo, el cholo vive con recelo cuidan-
do los limites de su frontera, ya que si su se-
míosfera se contamina de signos de afuera
puede surgir algo nuevo para lo cual no está
preparado. Esos elementos extraños son sig-
nos descodi�cados que la mujer chola, re-
nuente a seguir la ruta de sus vecinos lleva
al barrio. La chola que no quiere serlo más,
trabaja y viste diferente, aunque se convier-
te en la víctima del mundo de identidades
confrontadas y aparentemente irreconcilia-
bles. Entonces la violencia se per�la como
elemento que nos pone al tanto de lo que
ocurre en una ciudad como Tijuana.
volantedicion@gmail.com
Fuentes Citadas
Karma, Tanius (2006). La comunicación literaria.
Notas para un debate teórico. Especulo.
Consultado en 09, 19, 08 en
www.ucm.es/info/especulo/número31/comliter.htmal.
Félix Berumen, Humberto (2004). La frontera en el centro.
Mexicali: Universidad Autónoma de Baja California.
Pimentel, Luz Aurora (1998). El relato en
perspectiva. México: UNAM.
Saavedra, Rafa (2002). Lejos del noise. México, Distrito
Federal: Moho. p. 94
4 Yépez, Heriberto, p. 103. 5 Saavedra, Rafa (2002). Lejos del
noise. México: Moho. p. 10. 6 Eichenbaum, B. (1995). Teoría
de la literatura de los formalistas rusos. En Tzvetan Todorov
(ed.), La Teoría del “Método Formal” (pp. 21-70). México:
Siglo Veintiuno Editores. 7 Crosthwaite, L. H. (2000). Estrella
de la calle sexta. México: Tusquets Editores.
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El autor de esta imagen
radica en Guadalajara,
Jalisco.
La Foto de la Semana es un
reconocimiento que se otorga
por el mayor número de votos,
avalando el dominio del tema, en
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Fotografía Diaria.
JOSÉ
GUILLERMO
AGUIRRE
AGUIRRE
FOTO DE LA SEMANA: Playa
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licia y sus tres pequeños, Rosa, Luis
y Alejandro, tenían varios días lle-
vando a su boca insuficiente cantidad
de alimentos una vez al día. La debilidad
iba haciendo presa de ellos y sentían un
vacío en sus estómagos que les produ-
cía angustia, tristeza y desolación.
Humberto, debido a la crisis eco-
nómica y al hecho de que la em-
presa donde trabajaba quebró, se
quedó sin trabajo y la liquidación
sólo alcanzó para unos días.
Durante la noche no podía dor-
mir y se pasaba dando vueltas sobre el
colchón, llorando en silencio su amar-
gura e impotencia de no poder proveer
a su familia sus necesidades. Llegó el
tiempo en que él y Alicia dejaban de
comer un mendrugo de pan y leche
–cuando había– para repartirlo entre
sus pequeños.
Llevaba días, semanas y meses bus-
cando trabajo –en lo que fuera– pero
recibía puras negativas porque la crisis
era severa y porque no había en la co-
munidad un espíritu solidario, la caridad
era mal vista, servía sólo para sostener
“a flojos y a sospechosos” y el asisten-
cialismo no formaba parte de la cultura
gubernamental, ni se daba el pescado,
mucho menos se enseñaba a pescar,
no importaba la microeconomía sino la
macroeconomía que sólo ayudaba a los
que más tienen.
Los pequeños asistían a clases, pero
su rendimiento era pésimo, no podían
trabajar intelectualmente teniendo sus
estómagos vacíos, débiles, faltos de vita-
minas y minerales. El agotamiento pronto
se apoderaba de ellos y hasta se dormían
en clase frente a la incomprensión de pro-
fesores que los castigaban y fustigaban
con sus interminables peroratas sin pre-
ocuparse en lo más mínimo por conocer
el problema de fondo, por conocer el
porqué de la falta de aprendizaje.
Alicia tuvo que lavar ajeno a algunas
vecinas, pero no les alcanzaba; los gas-
tos fijos: electricidad, agua y gas, reba-
saban sus magros ingresos y no se diga,
las medicinas que requerían cuando se
enfermaban…
Las reservas psicológicas de Humber-
to iban menguando, la desesperación
lo invadía. A veces la depresión era tan
fuerte que llegó en cierta ocasión a
pensar en el suicidio como una puerta
de escape, pero el intenso amor por su
familia le permitió superar ese episodio
y, renovando sus menguadas energías,
se dispuso a seguir luchando.
Invocaba al Creador y le reclamaba:
¿Dónde estás? ¿Por qué no me escu-
chas? ¡Ya no puedo con esta cruz! ¡Ayú-
dame a cargarla! Y su fe a veces se iba
apagando porque no entendía.
Cierto día lleno de rencor y con su
mente confusa ingresó a un supermer-
cado y, viendo una oportunidad pro-
picia, asaltó a una cajera obligándola,
haciéndole creer que traía un arma den-
tro del bolsillo de su chamarra y salió
huyendo con una respetable suma de
dinero sólo pensando en que su familia
hoy y los días subsecuentes tendrían
algo que llevarse a la boca.
Días después, circulando por una de
las avenidas, dos patrullas le cerraron
el paso, lo apresaron, ya que una de las
cámaras del supermercado lo detectó.
Una sociedad insolidaria, falta de cari-
dad, había obligado a robar por hambre y
recluido en prisión a un necesitado, mien-
tras otros de cuello blanco, sumidos en
la corrupción y explotación, circulan con
entera libertad en esa sociedad democrá-
tica, donde congresistas y magistrados
reciben sueldos estratosféricos que son
una cachetada al pueblo.
Un juez, estudiando su caso a pro-
fundidad y poniendo la justicia por en-
cima de la ley, le condonó la falta, y el
supermercado, donde robó, lo empleó
porque el jefe de personal conocía sus
antecedentes de hombre probo, com-
prometiéndolo a reponer lo robado y
abriendo un mundo de posibilidades a
un buen hombre que finalmente recu-
peró la fe en sí mismo y se convirtió en
un magnifico proveedor de las necesi-
dades alimenticias y culturales de una
familia que conoció el hambre, dolor y
desolación en medio de una sociedad
fría e indiferente, pero donde una luz de
esperanza les abrió el camino.
petersonheberto@live.com
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DOMINGO 22 de septiembre de 2013
Por Montserrat Buendía
CONOCÍ A RAFA SAAVEDRA en un
bar de la ciudad de Tijuana, él partici-
paba como pinchadiscos para amenizar
el party junto a otros artistas de la loca-
lidad que presentaban “dj sets” y otros
afcionados a la música electrónica que
participaban en Radio Global.
Era una época en la que las noches
de festa en Tijuana renacían en luga-
res ajenos a la famosa “Plaza del zapa-
to” y yo colaboraba en un foro univer-
sitario para un periódico mexicalen-
se mientras estudiaba en la UABC de
Ensenada.
Lo entrevisté para hacer una nota so-
bre él, la cultura pop de Tijuana, la mú-
sica y los proyectos nuevos que la ciudad
estaba dando en otros ámbitos del arte y
la cultura. Me preguntó si era periodista
y que dónde trabajaba. Yo respondí que
era estudiante e iniciaba en esto como
colaboradora de un impreso de la capi-
tal del estado y que quería ser fotógra-
fa. Me brindó consejos para mantenerme
en este mundo del periodismo, me habló
de lo importante que es leer e informar-
se. Pero quizá el más valioso consejo fue
cuando dijo que nunca despegara los pies
de la tierra, porque el mundo no era de
quienes se creen más de lo que son. “Si
es para volar y alcanzar tus sueños, en-
tonces sí, despégalos”, agregó mientras
bebíamos una cerveza en el Mofo Bar de
Pueblo Amigo, una plaza comercial cer-
cana al área de cruce fronterizo a México-
Estados Unidos.
Aunque no fuimos amigos, tampoco
enemigos, Rafa Dro –como se llama-
ba cuando ponía música–, pero cuan-
do llegábamos a vernos en Tijuana o
Ensenada platicábamos luego de una
entrevista, a veces allá era imposi-
ble porque era un hombre muy aca-
parado a donde quiera que fuese, ni
se diga cuando eran eventos cultura-
les en el Cecut, el ICBC u otro espa-
cio de exposición. Recuerdo cuando
vino a Ensenada a la UABC de Valle
Dorado, donde habló de Crossfader,
y creo que otra ocasión en el Cearte.
El pasado lunes 16 de septiembre,
día de la XV Feria del Libro Usado
del ICBC, en Ventana al Mar, compré
su libro Border Pop, con el que ganó
el Premio Estatal de Literatura 2012;
quería leerlo desde entonces, pero no
había tenido oportunidad de comprar-
lo. Justo en ese momento una perso-
na me preguntó: “A propósito de Rafa,
¿sabes cómo sigue, supe que estaba en-
fermo?”. La realidad es que yo sabía lo
mismo, mas no si era grave o no.
El miércoles 18 de septiembre, de este
2013, falleció de un problema cardía-
co mientras lo operaban por el mismo
problema, y fue una terrible noticia:
una fatal casualidad entre mi compra
de Border Pop y su muerte.
Aún no puedo creerlo.
Rafa: desde este humilde texto deseo
que tu descanso sea agradable y que es-
tés ya haciendo una festa en el cielo, no
puede ser de otra forma. Siempre fuiste
alegre, talentoso y muy querido por to-
dos. Descansa en paz Rafa Saavedra.
mbuendia@elvigia.net
SUBURBIOS
UTÓPICOS
RAFA SAAVEDRA:
TIJUANA MADE HIM HAPPY
“El más valioso consejo de
Rafa fue cuando dijo que
nunca despegara los pies de
la tierra, porque el mundo
no era de quienes se creen
más de lo que son”
D S
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amino apresurado, casi corrien-
do, voy sudando y temblando.
Mi corazón está acelerado, sus lati-
dos intentan atravesar la piel para
ganarme en la huida. Los ojos están
cansados, rojos, y enfrentan el vien-
to frío. Después de algunos minutos
me alcanza la lluvia.
Al avanzar entre las calles, siento
las ráfagas intermitentes de agua, las
gotas se adhieren al cabello y al ros-
tro, refrescándome. Solo unos pasos
bajo la lluvia y la ropa está por com-
pleto mojada, y, yo, más cansado.
Siento que ya no puedo continuar,
falta aire en mis pulmones, necesito
parar, tranquilizarme, normalizar la
respiración para no morir. Pero aún
estoy cerca. Tengo que continuar.
A cada esquina que dejo atrás,
tengo la esperanza de que por
arte de magia, de un momento a
otro, todo esto va a desaparecer,
de que voy a despertar de la pesa-
dilla; pero no, eso no ocurre.
Los nuevos arroyuelos me obli-
gan a detenerme. Antes que pen-
sar en cómo pasarlos, aprovecho
para repasar los últimos minutos
tratando de descubrir alguna falla.
Hasta ahora todo va bien, es mi
recapitulación, sin embargo mis
piernas ya no pueden seguir.
Decido caminar entre los autos.
A unos cuantos pasos el anuncio
luminoso de un bar sale a mi en-
cuentro. Decido no entrar. Adelan-
te una mujer espera.
Ella espera en la banqueta, res-
guardada por un gran paraguas;
lleva un pequeño bolso negro y
un abrigo que le permite mostrar
sus piernas. La tomo del brazo y
caminamos sin decirnos una
palabra. La lluvia ha aumen-
tado su fuerza. Policías uni-
formados corren de un lado
para otro, carros patrulla se
mueven a vuelta de rueda
despedazando con sus bri-
llantes lámparas la oscuridad de la
calle. Caminamos abrazados.
La mujer marca el camino has-
ta llegar a un apartamento. Nos
detenemos frente a una puerta.
Mientras ella escudriña a ciegas
su bolso, la desesperación y la
ansiedad se apoderaran de mí. Ella
encuentra la llave y la introduce en
la cerradura. Se abre la puerta y su
mano empieza a recorrer la pared
en busca el interruptor eléctrico.
–¡Ahora!– emerge de mi cabeza
la orden.
Antes de que encienda la luz, ella
cae hacia adentro del cuarto. En su
espalda se alcanza a distinguir un
brillo metálico.
Respiro profundo y huyo. Mi
sombra se hunde en los charcos,
como la lluvia.
Un viento me acompaña. Cami-
no apresurado, casi corriendo, voy
sudando y temblando...
Cuentos de la noche
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DOMINGO 22 de septiembre de 2013
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Por Herandy Rojas
LAS PRIMERAS OBRAS de José
Ortega y Gasset en llegar a México
fueron Meditaciones del Quijote
y los tres primeros volúmenes de
El Espectador. Su arribo coincide
con los primeros años de la déca-
da de los 20, es decir, concuerda
con el período en que, una vez f-
nalizada la contienda armada, los
mexicanos empiezan a analizar
los resultados de la Revolución, y
sobre todo, con las primeras ma-
nifestaciones de un nuevo modo
de vida, dirigiendo por primera
vez la conciencia del pueblo ha-
cia la liberación ideológica y cultu-
ral de la nación, que ahora parece
dominar en todas las ramas de las
artes y que, inclusive, llegó a apli-
carse al sistema educativo.
Durante siglos se vivió bajo el
impacto mediático de las creen-
cias europeas, valores universa-
les que identifcaban únicamen-
te a la Nueva España, no a la po-
blación multirracial de amplios
valores, creencias y doctrinas
que constituía México. El país,
en busca de nuevas propuestas
que identifcaran su causa inde-
pendiente ve surgir en el teatro,
la música, la pintura, literatura,
una forma distinta de expresión,
la reinterpretación global de las
manifestaciones artísticas sen-
tenciaba a su propio movimien-
to, ofreciéndole el valor innato
de su propia consciencia.
Además, todo parecía surgir
espontáneamente del pue-
blo, apenas sin la inter-
vención de los intelectua-
les. No existía duda, se ha-
bía creado una nueva mo-
rada vital, con nuevos valo-
res; se había llegado, en termi-
nología de Rodolfo Usigli, al ter-
cer acto, en el que “la revolución
intelectual empieza”.
Las circunstancias
En tal situación llega a México
el pensamiento de Ortega y
Gasset, flósofo europeo que
adelanta el postulado de: “Yo soy
yo y mi circunstancia, y si no la
salvo a ella no me salvo yo”. En
Meditaciones del Quijote, Gasset
afrmaba que “el hombre rinde el
máximo de su capacidad cuan-
do adquiere la plena conciencia
de sus circunstancias. Por ellas
comunica con el universo”.
Cierto es que el razonamiento
de Gasset hacia las cualidades
del hombre, como búsqueda de
la perfección intelectual, nutrió
constructivamente el escenario
circunstancial de la época, pero
los postulados teóricos de Gasset
se habían inscrito ya con éxito en
el pensamiento social –piénsese
en el Movimiento Muralista y la
transgresión educativa y liberta-
ria de Vasconcelos–.
En Ortega y Gasset, los mexi-
canos encontraban la confrma-
ción de lo que ellos ya estaban
viviendo. Además, si Ortega y
Gasset se proponía describir el
mundo, desde el punto de vista
que le proporcionaba una nueva
experiencia, confrmaba su po-
sición al decir que “la realidad
no puede ser mirada sino desde
el punto de vista que cada cual
ocupa, fatalmente, en el univer-
so. Aquélla y éste son correlati-
vos, y como no se puede inven-
tar la realidad, tampoco puede
fngirse el punto de vista”.
Los mexicanos hallaron en
Ortega y Gasset un certifcado
de que la Revolución no había
sido en vano, de que el nuevo
modo de ver el mundo que de
ella surgía era el auténtico. Pero
Ortega fue todavía un poco más
lejos, en 1923 publica
y de nuevo los
mexicanos ven refejada su cir-
cunstancia nacional, en el cual
amplía aquello que había germi-
nado en sus primeras obras y ex-
pone su conocida teoría de las
generaciones; en ella encontra-
ron los mexicanos una fórmula
capaz de explicar las relaciones
del “yo” con la “circunstancia,”
y además les permitió colocar la
Revolución misma en perspec-
tiva. Por una parte, Ortega fue
usado como arma efectiva con-
tra una minoría que abogaba
por la introducción de un euro-
peísmo idealista en la educación
mexicana, y que ellos proponían
en aras de una intención univer-
salista que de nuevo identifca-
ban con lo europeo. Contra “los
europeístas”, “los nacionalistas”
afrmaban con Ortega que, has-
ta ahora, la flosofía había “sido
siempre utópica”.
La importancia de El tema de
nuestro tiempo en México se de-
bió, ante todo, al aporte que la
teoría de las generaciones supo-
nía en el intento de interpreta-
ción a que se estaban sometien-
do los sucesos y resultados de la
Revolución.
Para los mexicanos era ob-
vio que de 1910 a 1920 se había
obrado un profundo cambio en
la sensibilidad nacional. El refe-
jo ideológico y artístico origina-
rio de dicha transformación sus-
cribe en la historia de México un
legado cultural de gran calidad y
generosidad humana, universal,
en los libros de progreso y trans-
formación educativa.
herandyrojas@hotmail.com
NI LIBRO,
NI ÁRBOL, NI HIJO
PENSAMIENTO POST REVOLUCIONARIO:
MÉXICO, SIGLO XX
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NUMERALIA
Obra literaria de
Rafa Saavedra:
2012, Border Pop.
2011, Crossfader 2.0. B-sides,
hidden tracks & remixes
y Beyondeados (libro de
fotos, Clicka Press).
2009, Crossfader. B-sides,
hidden tracks &
remixes.
2006, La gente se droga.
2003, Lejos del noise.
1997, Buten smileys.
1996, Esto no es una salida,
Postcards de ocio y odio.