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MAESTRIA: LIDERAZGO DESARROLLADOR MATERIA: EL LIDERAZGO COMO POTENCIA Y EL LIDERAZGO COMO ACCIÓN AUTOR: ING.

MARIO ORTIZ DÍAZ RPE: 9EV5M PUESTO: PROFESIONISTA DE SUBESTACIONES TITULO DEL ARTÍCULO: EL DESARROLLO DEL LIDERAZGO FECHA: 21 DE SEPTIEMBRE DE 2013 EL DESARROLLO DEL LIDERAZGO La Sociedad necesita buenos líderes: hombres y mujeres que cuiden el rápido desarrollo de las cosas; hombres y mujeres que dirijan los asuntos y mantengan el orden; hombres y mujeres que ayuden a otros a guardar los lineamientos establecidos; hombres y mujeres que apoyen firmemente la causa de la verdad en todo el mundo. Los líderes que continuamente luchan por hacer de éste un mundo mejor mediante el vivir y el enseñar los principios tienen el derecho de recibir conocimiento e inspiración. Cuando somos dirigidos por tales líderes, nuestro hogar, nuestra familia, nuestra comunidad y nuestra nación se fortalecen. Es nuestro deber, prepararnos para llegar a ser esta clase de líder inspirado, porque nuestro liderazgo puede afectar a muchas otras personas durante toda su vida. El obispo Víctor L. Brown expresó su gratitud por los líderes que él tuvo en su niñez. Dijo lo siguiente: “Recuerdo con cierta claridad la emoción de repartir los Sacramentos cuando era diácono en el Barrio Cardston 2, de la Estaca Alberta, Canadá. “Recuerdo que consideraba un gran honor el participar en un servicio tan sagrado. Recuerdo vívidamente que mis padres me enseñaron que mis manos y mi corazón debían estar limpios y puros a fin de que yo fuera digno de participar en esta ordenanza.

“La más sublime de todas las lecciones fue el ejemplo que me dieron mis padres. Después le siguió el ejemplo de mi asesor del quórum de diáconos, que era también mi maestro scout; [él] fue el ejemplo de lo que deben ser los líderes de los jóvenes. Cada joven que estuvo bajo su dirección sintió su gran amor; su influencia no se limitaba únicamente al domingo por la mañana o el martes por la noche; se podía sentir durante toda la semana. Siempre estaré agradecido a mi asesor de diáconos por las lecciones de la vida que me enseñó cuando yo era un diácono de doce años, lecciones que me han ayudado desde aquel entonces hasta la actualidad” (véase “El Sacerdocio Aarónico, un fundamento seguro”, Liahona, enero de 1973, pág. 37). Por ello para ser un buen líder, debemos comprender los valores y vivirlos. Mientras más lo entendamos y vivamos, mejor preparados estaremos para cumplir con nuestro liderazgo. El mundo necesita hombres de integridad que se enfrenten a los problemas con disposición y veracidad. Nosotros debemos ser esa clase de hombres. Tal como un pastor verdadero, un líder es alguien a quien los demás siguen. Él va adelante mostrando el camino, lo que significa que no solamente vive los principios que enseña, sino que también entiende y responde a las necesidades de otros; además, puede comprender lo que se debe hacer para resolver los problemas. Fija metas razonables y planea cómo alcanzarlas e inspira a otros con objeto de que ellos hagan su parte para alcanzar las metas; evalúa sus hechos y los de sus seguidores y sugiere formas de mejorarlos. Un buen líder inspira a otros para que cumplan con su parte; él los acepta y respeta; escucha sus sugerencias; los alienta para que participen. Es bajo esta clase de líder que los demás se sienten motivados para trabajar y llevar a cabo sus propias asignaciones. Un padre, que enseñaba a sus hijos para que llegaran a ser buenos líderes, les dijo:

“Aprendan a dirigir, aprendan de los Profetas y del Príncipe de Paz; comiencen con ustedes mismos. No dependan de otros. Sean firmes, levanten su frente en alto como si fueran verdaderos hijos de Dios, porque en verdad lo son. Caminen entre los hombres como poseedores de poderes más allá de los propios, porque en verdad los tienen mediante el sacerdocio. Actúen sobre esta buena tierra como si fueran compañeros del Señor, lo que en realidad son, para ayudarle a llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. Caminen silenciosamente… pero sin miedo, llenos de fe. No dejen que los malos vientos los lleven de aquí para allá; caminen como líderes; caminen con manos listas para ayudar, con corazones llenos de amor para con sus semejantes; pero caminen con firmeza en la rectitud” (Wendell J. Ashton, “Unchanging Principles of Leadership”, Ensign, junio de 1971, pág. 58). Para magnificar nuestras labores en el trabajo, debemos desarrollar nuestras aptitudes de liderazgo. Muchas veces observamos a nuestros líderes y pensamos que nacieron con esas habilidades, pero la verdad es que ellos también desarrollaron este talento en la misma forma en que nosotros debemos hacerlo. La obediencia a los lineamientos, el escuchar el consejo de nuestros líderes y el servir fielmente nos ayudarán a desarrollar estas habilidades directivas.