Política global • Rusia • Recuerdos de la Guerra Fría

Bruno Rivas F. Periodista

Mediante una metódica estrategia diplomática, Vladimir Putin ha conseguido dejar mal parado a Estados Unidos y traer de vuelta los tiempos del mundo bipolar que duró hasta la caída de la Unión Soviética. El mandatario ruso busca que su país vuelva a ser un actor global decisivo.
AFP

Con su actuación en la crisis de Siria, Vladimir Putin ha devuelto al gigante euroasiático a los primeros planos de la escena política mundial.

El oso ruso se fortalece

El bloqueo ruso. Vladimir Putin ha defendido durante las últimas semanas a su aliado, el presidente sirio Bashar al Asad. El mandatario está cuidando sus intereses geopolíticos.
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Es portada de “Time”, pero no en Estados Unidos
La revista “Time” tuvo como portada este mes al presidente ruso, Vladimir Putin, en todas sus ediciones regionales, excepto en la de Estados Unidos. En el texto que acompaña a la foto de Putin se señala: “EE.UU. es débil y se anda con rodeos. Rusia es rica y renace, y a su líder no le importa lo que piensen de él”. En Estados Unidos, un jugador de fútbol americano aparece en la portada y en lugar del exitoso papel de Rusia en la arena geopolítica, la noticia principal es un reportaje sobre atletas universitarios.

millones de millones de dólares es el PBI de Rusia, según cifras del Fondo Monetario Internacional. Es la novena economía del mundo. es el puesto de Rusia en el ránking de las potencias militares del orbe. Solo es superado por Estados Unidos.

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iempre ha tenido cara de pocos amigos pero en las últimas semanas se ha esforzado por fruncir más el ceño. Durante las tensas negociaciones en las que se embarcaron las grandes potencias para una intervención en Siria, el presidente ruso, Vladimir Putin, mostró su rostro menos amable. Mientras el mandatario de EE.UU., Barack Obama, y sus secretarios hacían los más denodados esfuerzos para convencer a la comunidad internacional de que era necesaria una acción militar contra el régimen de Bashar al Asad por el uso de armas químicas; Putin se mantenía firme en su negativa. Al final su postura inflexible le rindió réditos. Washington terminó suspendiendo la ofensiva después de que Moscú planteara como solución que Damasco entregue su arsenal. Probablemente ese día los músculos de la cara de Putin se aflojaron hasta dibujar una sonrisa. ¿Cuáles son las consecuencias de esa puja entre EE.UU. y Rusia? Analistas consultados por El Comercio indican que Putin es el gran beneficiado y Rusia ha ganado protagonismo en la geopolítica mundial.

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Ganando músculo

A los observadores les ha quedado claro que, al paralizar el ataque a Siria, el mandatario ruso le ha ganado la batalla diplomática a su homólogo estadounidense. “Putin se apuntó una significativa victoria sobre Obama la semana pasada. Los estrategas políticos estadounidenses se han mostrado amateurs e indecisos frente a sus pares rusos”, indicó a este Diario Carroll Colley, director de la firma Highgate Consulting y experto en Rusia. “Lo que ha quedado en evidencia es que, a diferencia de EE.UU., Rusia tenía una política clara para Siria. El objetivo de Moscú, evitar la caída de Al Asad, se consiguió”, afirmó a El Comercio, Alexander Kliment, analista especializado en Rusia del grupo Eurasia. Dicha victoria no es poca cosa si se toma en cuenta que al que se ha logrado paralizar es a EE.UU., la única superpotencia mundial que existe desde que cayó el Muro de Berlín a finales de los ochenta. “Rusia ha sacado grandes réditos porque ahora se le reconoce el papel de potencia mundial que perdió desde el fin de la Guerra Fría (1947-1991)”, indicó a este medio Luis Popa Casasaya, PhD en Ciencias Sociales y analista internacional.

Rivales. Obama y Putin negociaron sobre el tema sirio durante la cumbre del G 20. Al nal el mandatario ruso logró hacer prevalecer su parecer.

¿Por qué Rusia de ende tanto a Bashar al Asad?
Los especialistas afirman que la defensa cerrada de Rusia en favor del régimen del presidente sirio Bashar al Asad tiene explicaciones geopolíticas. El analista Luis Popa Casasaya señala que en los últimos años el Kremlin ha estado apuntando a que se reconozca su liderazgo mundial y para eso necesita estar presente en todos los escenarios internacionales. La caída de Asad, su aliado más cercano, haría que Moscú perdiera presencia en el Medio Oriente. “En Siria los rusos tienen la base de Tartus, a orillas del Mediterráneo, única salida que tienen hacia ese mar, después de la caída de la URSS”, indica Popa. “Esta base es muy estratégica ya que les da movilidad en unos de los mares importantes del planeta, donde no tienen acceso directo. Controlan el Báltico y tienen gran presencia en el Pacífico y Atlántico”, expuso. El analista Alexander Kliment indica que actualmente en el mapa geopolítico hay cada vez menos consensos y por eso cada una de las potencias regionales busca imponer sus propios intereses en desmedro del general.

“Es alarmante que la intervención militar en los con ictos internos de otros países se haya convertido en algo común en EE.UU.”, señaló Putin en una columna publicada en “The New York Times”.

Putin además ha ganado músculo en la puja con Obama, a quien parece respetar cada vez menos. “Lo ve a como un presidente débil. Sabe que Obama tiene más problemas internos que él, debido al sistema estadounidense que cuenta con instituciones fuertes y una oposición que equilibra las fuerzas y mina su popularidad”, explicó Colley. “La aparente victoria diplomática de Putin le servirá domésticamente en momentos en que la economía rusa no está yendo bien”, expuso Kliment.

¿Resucita el oso?

Durante buena parte del siglo XX, la Unión Soviética era vista por Occidente como un furioso oso capaz de ponerlos en problemas por sus arrebatos. Era la época de la Guerra Fría en la que el mundo se movía según los dictados de las dos superpotencias. Washington veía en Moscú a su contraparte, al antagonista comunista que evitaba la expansión del capitalismo. Sin embargo, el colapso de la Unión Soviética

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Política global • Rusia • Recuerdos de la Guerra Fría

No se ha de nido el tema sirio
A pesar de que Rusia ha logrado paralizar un ataque de EE.UU. contra Siria, aún no se ha asegurado que no se produzca la intervención. El analista Luis Popa Casasaya sostiene que Washington intervendrá en algún momento porque quiere la salida de Bashar al Asad. “Rusia solo ha ganado tiempo”, indicó. Alexander Kliment señala que, debido a la tensa situación diplomática, la pugna por Siria está lejos de terminar. “Está recién empezando”, acotó.
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elanálisis
Psicología y política
Farid Kahhat
Internacionalista

Aún es fuerte en el plano local
Las muestras de poder que realiza Vladimir Putin en el exterior también le sirven para mantener su fuerte posición en el plano local, en momentos en que no cosecha grandes éxitos. A pesar de que aún mantiene una alta popularidad (por encima del 60%), una contracción de la economía empieza a perseguirlo. “Su popularidad ha caído un poco en los últimos años. Todavía no camina bajo hielo delgado pero la temperatura está empezando a calentarse”, indicó Alexander Kliment. Asimismo, en las elecciones celebradas este mes en Moscú el candidato opositor Alexei Navalny obtuvo un porcentaje de votos mayor del esperado. “La actuación de Navalny y la victoria de otro opositor (Yevgeny Roizman) en la ciudad de Ekaterinburgo demuestra que la oposición tiene el potencial para convertirse en un verdadero desafío para Putin en el futuro”, dice Carroll Colley.

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onsultado por el diario “El País” sobre las causas de la popularidad de Michelle Bachelet, el presidente chileno Sebastián Piñera pergeñó, entre otras, la siguiente respuesta: “Vea usted, los gobiernos históricos y actuales en América Latina, la gran mayoría son de centro izquierda… El socialismo promete la mano visible del Estado […] que los ciudadanos tienen derecho a que el Estado les resuelva todos sus problemas. En cambio nosotros decimos […] que cada uno tiene que hacerse responsable de su propia vida”. Pero es solo a partir del siglo XXI cuando fuerzas de izquierda en Sudamérica (y no en el conjunto de América Latina) gobiernan en la mayoría de países de la región. Y si el votante medio tiene un sesgo de izquierda, ¿cómo se explica que él resultara elegido presidente inmediatamente después de una presidencia tan popular como la de Bachelet? Una ley del Uruguay sobre la donación de órganos parece, sin embargo, concederle algo de razón al argumento de Piñera. Antes de esa ley, nadie era considerado donante de órganos salvo que manifestara explícitamente su voluntad de serlo. A partir de la vigencia de la ley, todo ciudadano es considerado donante, salvo que

Recuerdos. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética era el gran contrapeso
de EE.UU. Actualmente de la mano de Putin, Rusia busca recuperar ese lugar.

Es solo desde el siglo XXI que fuerzas de izquierda en Sudamérica gobiernan en la mayoría de países.
manifieste explícitamente su voluntad de no serlo. Es decir, la decisión final recae en el ciudadano. Pero la experiencia de otros países sugiere que las consecuencias de ese cambio en apariencia nimio, serán significativas. Una investigación de Eric Johnson y Daniel Goldstein se preguntaba por qué distintos países europeos tenían tasas diametralmente opuestas de donación de órganos. No parecía deberse a factores culturales, dado que países culturalmente similares como Suecia y Dinamarca, Bélgica y Holanda o Austria y Alemania tenían tasas muy diferentes: en cada par de países, el primero tenía tasas de donación hasta ocho veces mayores que el segundo. La investigación concluyó que la principal explicación era la forma en que estaban diseñados los formularios que recaban la información: allí donde ser donante era la opción por defecto (es decir, la seleccionada en forma automática si la persona no expresaba voluntad alguna), la gran mayoría no elegía lo contrario. Y allí donde la opción por defecto era la de no ser donante, la gran mayoría tampoco elegía lo contrario. Como sugiere Dan Ariely, la razón por la cual la gran mayoría de las personas no expresa voluntad alguna en la materia no sería que la decisión resulta trivial, sino lo contrario: pocas cosas pueden ser más personales que decidir la suerte de nuestro propio cuerpo tras la muerte. Es precisamente porque se trata de una decisión difícil, que nos involucra emocionalmente, por lo que no solemos estar seguros sobre cómo proceder, y toleramos que otro (el Estado) decida por nosotros.

marcó el fin del mundo bipolar. Al oso ruso solo le quedó lamerse las heridas en el frío bosque. Sin embargo con Putin al frente ha ido recobrando fuerzas. “Rusia sigue recuperándose después del humillante colapso de la Unión Soviética. Y claramente Putin puede asumir el mérito del regreso de Moscú a la primera línea de la política global”, expone Colley. “Putin ha sido el gran impulsor de la recuperación del papel de Rusia como líder mundial. Lo hemos visto en los vínculos que desarrolló en los últimos años con Venezuela y Cuba y ahora en la crisis siria”, dice Popa Casasaya, quien indica que incluso se puede decir que el Kremlin tiene una influencia similar a la que ejercía en la Guerra Fría. “Hay que recordar que, a pesar de que era la otra superpotencia, en los últimos años del conflicto entre ambos EE.UU. hacía lo que quería en el mundo”, explicó. Quien no está de acuerdo es Kliment, ya que considera que Rusia todavía no tiene suficiente poder. “El grave problema que tiene es que sus ambiciones globales son más grandes que su capacidad económica y militar. Moscú solo es un jugador clave en la diplomacia mundial cuando obstru-

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años duró la Guerra Fría que mantuvo enfrentados a Estados Unidos y la Unión Soviética.

“Putin tiene ahora una gran responsabilidad con el desarme del arsenal químico de Siria que será muy complicado”. Carroll Colley Analista internacional

ye decisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU y por sus relaciones con países considerados parias, como Serbia en la década del noventa, Irán e Iraq en el 2000 y Siria ahora”, expuso. En lo que sí concuerdan los analistas es en señalar que el mapa geopolítico se está moviendo y la posición de EE.UU. como única superpotencia va en declive. “Globalmente, ejerce menos influencia hoy en día. En parte tiene que ver el ascenso de China que eventualmente se puede convertir en la mayor potencia económica”, manifestó Colley. “Además del ascenso de China, a EE.UU. le es más difícil asumir el papel de policía del mundo debido a las extremadamente costosas y poco fructíferas guerras de la década del 2000. Eso ha provocado que se dé una situación en la cual el liderazgo global es más difuso y se fortalecen los regionales”, explicó Kliment. Es en ese escenario donde Washington pierde influencia y en el que las potencias regionales ganan fuerza, en el que Rusia, de la mano de Putin, se hace fuerte. Quizás, aún las fuerzas no le alcancen para dejar en la lona a la superpotencia mundial pero sí para ganarle algunos pulsos.

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