FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA

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XPOSICIÓN

DE RODILLAS

El sacerdote revestido expone el Santísimo Sacramento como de costumbre. Después del canto del Pange lingua y la incensación, se canta la oración del Ángel de Fátima. MI DIOS, YO CREO, ADORO, ESPERO Y OS AMO. OS PIDO PERDÓN POR LOS QUE NO CREEN, NO ADORAN, NO ESPERAN Y NO OS AMAN.

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ONICIÓN INICIAL

Nos reunimos en torno a Jesús Sacramento de la mano del P. Pío. Su fe en la presencia de Nuestro Señor en la Eucaristía era algo manifiesto en la celebración de la Santa Misa diaria en la que revivía en sí mismo el sufrimiento de la cruz. Cuando, a los pies del altar, dirigía la “Visita a Jesús Sacramentado” e impartía la bendición con el Santísimo, se conmovía tan profundamente que llegaba incluso a derramar lágrimas. Sentía abrasar su corazón de amor divino. En una carta decía: A veces me pregunto si es posible que haya almas que no sientan abrasar de amor divino cuando se encuentran ante Jesús Sacramentado. Esto a mi me parece imposible, si sobre todo se trata de sacerdotes o de religiosos . (3 de diciembre de 1912) Queremos que él nos enseñe a adorar a Jesús, que por su intercesión aumente nuestra fe, que también nuestro corazón se abrase en al amor de Jesús.

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RACIÓN DEL PADRE PÍO

Él nos invita en esta noche: “expresa tus ardientes deseos y habla y pide y abraza al Amado de las almas” ( Epist.III,448). Con sus mismas palabras, vamos a pedir a Jesús que se quede con nosotros: Mane nobiscum, Domine Iesu Christe.
Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para que Yo no te pueda olvidar. Tú sabes que tan fácilmente te abandono. Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente. Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida y sin Ti Yo estoy sin fervor. Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz y sin ti yo estoy en la oscuridad.

Quédate con nosotros, Señor Jesucristo. Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad. Quédate conmigo, Señor, para que Yo pueda escuchar tu voz y seguirte. Quédate conmigo, Señor, porque Yo deseo amarte mucho y siempre estar en tu compañía. Quédate conmigo, Señor, si tú deseas que Yo sea fiel a ti. Quédate conmigo, Señor, pobre como mi alma es, Yo deseo que sea un lugar de consolación para Ti, un nido de amor. Quédate conmigo, Señor, porque se hace tarde y el día se está terminando, y la vida pasa. La muerte, el juicio y la eternidad se acercan. Es necesario renovar mi fortaleza, para que Yo no pare en el camino y por eso Yo te necesito. Se está haciendo tarde y la muerte se aproxima, tengo miedo de la oscuridad, las tentaciones, la aridez, la cruz, los sufrimientos. O como te necesito, mi Jesús, en esta noche de exilio. Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, Yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón. Quédate conmigo, Señor, porque a la hora de mi muerte, Yo quiero permanecer unido contigo, sino por la Comunión, por lo menos por la gracia y el amor. Quédate conmigo, Señor, porque solamente eres tú a quien Yo busco, tu amor, tu gracia, tu voluntad, tu corazón, tu espíritu, porque Yo te amo y te pido no otra recompensa que amarte más y más. Con un amor firme, Yo te amaré con todo mi corazón mientras aquí en la tierra y continuaré amándote perfectamente durante toda la eternidad. Amén.

SENTADOS

BREVE SILENCIO

ectura del evangelio según san Marcos

4, 35-41

Este día, al atardecer, Jesús dice a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla.» Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?». Palabra de Dios.
R/. Te alabamos, Señor.

M

EDITACIÓN HOMILÍA DE S.S. BENEDICTO XVI (21 de junio de 2009) El gesto solemne de calmar el mar tempestuoso es claramente un signo del señorío de Cristo sobre las potencias negativas e induce a pensar en su divinidad: "¿Quién es este — se preguntan asombrados y atemorizados los discípulos—, que hasta el viento y las aguas le obedecen?" (Mc 4, 41). Su fe aún no es firme; se está formando; es una mezcla de miedo y confianza; por el contrario, el abandono confiado de Jesús al Padre es total y puro. En la hora de la Pasión, Jesús no dudó del poder de Dios Padre y de su cercanía, aunque tuvo que experimentar plenamente la distancia que existe entre el odio y el amor, entre la mentira y la verdad, entre el pecado y la gracia. (…) Algunos santos han vivido personalmente de modo intenso esta experiencia de Jesús. El padre Pío de Pietrelcina es uno de ellos. Un hombre sencillo, de orígenes humildes, "conquistado por Cristo" ( Flp 3, 12) —como escribe de sí el apóstol san Pablo— para convertirlo en un instrumento elegido del poder perenne de su cruz: poder de amor a las almas, de perdón y reconciliación, de paternidad espiritual y de solidaridad activa con los que sufren. Los estigmas que marcaron su cuerpo lo unieron íntimamente al Crucificado resucitado. Esto no significa alienación, pérdida de la personalidad: Dios no anula nunca lo humano, sino que lo transforma con su Espíritu y lo orienta al servicio de su designio de salvación. El padre Pío conservó sus dones naturales, y también su temperamento, pero ofreció todo a Dios, que pudo servirse libremente de él para prolongar la obra de Cristo: anunciar el Evangelio, perdonar los pecados y curar a los enfermos en el cuerpo y en el alma. Como sucedió con Jesús, el padre Pío tuvo que librar la verdadera lucha, el combate radical, no contra enemigos terrenos, sino contra el espíritu del mal (cf. Ef 6, 12). Las "tempestades" más fuertes que lo amenazaban eran los asaltos del diablo, de los cuales se defendió con "la armadura de Dios", con "el escudo de la fe" y "la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios" (Ef 6, 11. 16. 17). Permaneciendo unido a Jesús, siempre tuvo ante sí la profundidad del drama humano; por eso se entregó a sí mismo y ofreció sus numerosos sufrimientos, y se gastó por el cuidado y el alivio de los enfermos, signo privilegiado de la misericordia de Dios, de su reino que viene, más aún, que ya está en el mundo, de la victoria del amor y de la vida sobre el pecado y la muerte.

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OVENA AL CORAZÓN DE JESÚS QUE EL PADRE PÍO REZABA POR LAS PERSONAS QUE SE ENCOMENDABAN A SUS ORACIONES

¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "En verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá". He aquí que, confiado en tu Palabra divina llamo, busco y te pido la gracia ...
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "En verdad os digo, todo lo que pidiereis a mi Padre en mi Nombre, Él os lo concederá". He aquí que, confiado en tu Palabra divina, pido al Eterno Padre en tu Nombre la gracia...
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "En verdad os digo, los cielos y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán." He aquí que, confiado en la infalibilidad de Tu Palabra divina, te pido la gracia...
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Oh Sagrado Corazón de Jesús, infinitamente compasivo con los desgraciados, ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que te pedimos por medio del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre.

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ROFESIÓN DE FE

“Manténganse fuertes en la fe y quedarán rechazadas todas las malas artes del enemigo. Esta es la advertencia que nos da San Pedro, Príncipe de los apóstoles: "Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, os acorrala buscando presa; resistidles firmes en la fe," y para dar mayores ánimos añade: "Sabiendo que lo mismo tienen que sufrir vuestros hermanos que pueblan el mundo." Sí, querida, en el momento de la lucha recuerden su fe en las verdades cristianas y de modo singular reaviven su fe en las promesas de vida eterna que el Señor ha hecho a quienes combatan con ánimo y fortaleza.” 17/11/1914 (Recitación o canto del Credo. Se puede hacer también en la forma interrogativa del Bautismo con velas encendidas)

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ENDICIÓN Y RESERVA