You are on page 1of 29

Introducción

Hablar de coeducación y discriminación de genero supone señalar la ausencia de
igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres y las insuficiencias de la
educación mixta, que otorga un tratamiento desigual a los dos géneros. Los sistemas
educativos más modernos han incorporado los principios de igualdad que
contemplan las constituciones democráticas de los respectivos países, y han
incluido la lucha contra cualquiera de las formas de discriminación, ya sea de raza,
posición social, económica, sexo u otras características individuales; como parte del
curriculum escolar.

La naturaleza muestra que los seres humanos somos desiguales, singulares y únicos
por lo que ha sido necesaria una formula que pudiera compensar esas diferencias de
la naturaleza y que consiste en establecer obligación moral y jurídica de que todos
sean tratados en un plano de igualdad.

Educación no sexista y transversalidad

La lucha por la igualdad de derechos entre los sexos nos lleva a plantear la
educación no sexista como un tema transversal, la misma responde a su dimensión
cívica y moral, y su finalidad en el desarrollo integral de las personas.
Educación No Sexista

Permite explicitar los valores que siempre han estado presentes en la acción en la
acción educativa y obliga a darle un tratamiento didáctico en todas las materias.

La formación de la ciudadanía no puede plantearse sobre los supuestos de
desigualdad, sobre conocimientos, normas, actitudes o valores que impregnan la
vida cotidiana y que se aceptan como verdades absolutas, sin tener en cuenta que
nos llegan del pasado en forma de estereotipos o prejuicios carentes del menor valor
científico.

Es necesaria una ética que, más allá de normativas o moda, responda a unas
relaciones sociales y humanas igualitarias y no jerarquizadas por la diferencia
sexual.

Sobre el sistema escolar, pesa el encargo de consensuar los valores, adoptar las
decisiones compartidas y adaptarlas a las necesidades e intereses de los centros
educativos.

El género en la educación

La presencia de dos modelos educativos, uno masculino y otro femenino, ha servido
para reproducir normas culturales y conducir la transmisión de un sistema de valores
individuales y sociales que han perpetuado una estructura jerárquica y
discriminatoria hacia las mujeres.

En la actualidad se cuenta con un aparato conceptual que permite plantear nuevos
esquemas interpretativos e ilustrar los significados de genero prevalentes de la
socialización de hombre y mujeres.

-2-
Educación No Sexista

El sistema educativo es pues una piedra angular para conocer los mecanismos que
conducen los estereotipos de genero. Los discursos pedagógicos sobre las mujeres
debieran interpretarse como parte de la historia de los hombres, ya que son suyas las
opiniones, normas, y prescripciones encaminadas a marcar las pautas que deben
regir la vida de las mujeres, pero sin tener en cuanta la realidad de sus vidas.

La sociedad patriarcal impone sus modelos de géneros sobre la base de la distinción
fisiológica que registra la naturaleza, construyendo diferencias en comportamientos
atribuidos a cada sexo por lo que se ha definido el género como la construcción
social de la relación entre los sexos.

Instrucción y relaciones de género
La desigualdad social de los sexos es el correlato de unas relaciones sociales que
organizan y jerarquizan la diferencia sexual como un sistema socio cultural que
establece las diferencias de géneros.
Bajo los presupuestos de tales relaciones se sitúan el discurso que define las
entidades masculina o femenina y sus roles, en estrecha conexión con la estructura
social y paralelamente con la evolución social, política y económica.

Los procesos de socialización de hombres y mujeres en la sociedad contemporáneas,
dependen de una educación que ha estado marcada por la diferencia y por la historia
de la dominación masculina y las luchas de sexo. Las connotaciones ideológicas de
las estructuras patriarcales que perpetúan la diferenciación de trabajos y valores
encaminados a mantener la subordinación de la mujer al hombre, se revelan
claramente en la selección y la instrumentación que los conocimientos adjudican en
función del sexo, lo mismo que en la forma y en la eficacia a la hora de trasmitirlos.

-3-
Educación No Sexista

Las diferencias que se derivan

EDUACION NO SEXISTA

Introducción

Hablar de coeducación y discriminación de genero supone señalar la ausencia de igualdad de oportunidades
entre mujeres y hombres y las insuficiencias de la educación mixta, que otorga un tratamiento desigual a los
dos géneros. Los sistemas educativos más modernos han incorporado los principios de igualdad que
contemplan las constituciones democráticas de los respectivos países, y han incluido la lucha contra
cualquiera de las formas de discriminación, ya sea de raza, posición social, económica, sexo u otras
características individuales; como parte del curriculum escolar.

La naturaleza muestra que los seres humanos somos desiguales, singulares y únicos por lo que ha sido
necesaria una formula que pudiera compensar esas diferencias de la naturaleza y que consiste en establecer
obligación moral y jurídica de que todos sean tratados en un plano de igualdad.

EDUCACIÓN NO SEXISTA Y TRANSVERSALIDAD

La lucha por la igualdad de derechos entre los sexos nos lleva a plantear la educación no sexista como un
tema transversal, la misma responde a su dimensión cívica y moral, y su finalidad en el desarrollo integral de
las personas.

Permite explicitar los valores que siempre han estado presentes en la acción en la acción educativa y obliga a
darle un tratamiento didáctico en todas las materias.

La formación de la ciudadanía no puede plantearse sobre los supuestos de desigualdad, sobre conocimientos,
normas, actitudes o valores que impregnan la vida cotidiana y que se aceptan como verdades absolutas, sin
tener en cuenta que nos llegan del pasado en forma de estereotipos o prejuicios carentes del menor valor
científico.

Es necesaria una ética que, más allá de normativas o moda, responda a unas relaciones sociales y humanas
igualitarias y no jerarquizadas por la diferencia sexual.

Sobre el sistema escolar, pesa el encargo de consensuar los valores, adoptar las decisiones compartidas y
adaptarlas a las necesidades e intereses de los centros educativos.

EL GENERO EN LA EDUCACION

La presencia de dos modelos educativos, uno masculino y otro femenino, ha servido para reproducir normas
culturales y vehicular, la transmisión de un sistema de valores individuales y sociales que han perpetuado una
estructura jerárquica y discriminatoria hacia las mujeres.

En la actualidad se cuenta con un aparato conceptual que permite plantear nuevos esquemas interpretativos e
ilustrar los significados de genero prevalentes de la socialización de hombre y mujeres.

El sistema educativo es pues una piedra angular para conocer los mecanismos que conducen los estereotipos
de genero. Los discursos pedagógicos sobre las mujeres debieran interpretarse como parte de la historia de los
hombres, ya que son suyas las opiniones, normas, y prescripciones encaminadas a marcar las pautas que
deben regir la vida de las mujeres, pero sin tener en cuanta la realidad de sus vidas.

La sociedad patriarcal impone sus modelos de géneros sobre la base de la distinción fisiológica que registra
la naturaleza, construyendo diferencias en comportamientos atribuidos a cada sexo por lo que se ha definido
el género como la construcción social de la relación entre los sexos.

-4-
Educación No Sexista

Instrucción y relaciones de género
La desigualdad social de los sexos es el correlato de unas relaciones sociales que organizan y jerarquizan la
diferencia sexual como un sistema socio cultural que establece las diferencias de géneros.
Bajo los presupuestos de tales relaciones se sitúan el discurso que define las entidades masculina o femenina y
sus roles, en estrecha conexión con la estructura social y paralelamente con la evolución social, política y
económica.

Los procesos de socialización de hombres y mujeres en la sociedad contemporáneas, dependen de una
educación que ha estado marcada por la diferencia y por la historia de la dominación masculina y las luchas
de sexo. Las connotaciones ideológicas de las estructuras patriarcales que perpetúan la diferenciación de
trabajos y valores encaminados a mantener la subordinación de la mujer al hombre, se revelan claramente en
la selección y la instrumentación que los conocimientos adjudican en función del sexo, lo mismo que en la
forma y en la eficacia a la hora de trasmitirlos.
Las diferencias que se derivan de estos modelos afectan al nivel cultural que hombres y mujeres pueden
adquirir. Situando dichos niveles respecto a los conocimientos correspondientes a cada época, se optiene un
indicador indiscutible de la posición relativa en la sociedad del grupo masculino y femenino y,
específicamente, de las limitaciones impuestas a la condición social de las mujeres.

Las políticas educativas son manifestaciones elocuentes del vigor de los enunciados destinados a perpetuar los
roles de genero.

LA EDUCACION: UNA EXCLUSIVIDAD MASCULINA

Las contradicciones entre las proclamas de igualdad real y la exclusión de las mujeres de esa igualdad se
mantuvo durante toda la modernidad.

La distinción entre los sexos regirá la división del poder entre lo publico y privado, que asocia a las mujeres
con la naturaleza, lo irracional, y los hombres con la cultura, la racionalida o sea relacionando lo publico con
masculinidad y lo privado con la femineidad (pensamiento occidental).

J.J. Rousseau utilizando la razon para demostrar prejuicios y esclarecer los mecanismos ocultos que lo
animan, dio una de las ideas de mayo alcance y la desarrolló en el ámbito social "La igualdad , que se
fundamente para salvaguardar la libertad". La exclusión de las mujeres de la vida publica es una de las grades
contradicciones claramente expuesto en el pensamiento roussoniano.

• Un Nuevo Discurso sobre la Mujer

La mujer fue definida por el hombre en base a un discurso por la naturaleza que supeditaba lo femenino a la
preeminencia de lo masculino. Para ello se buscaron argumentos para justificar laatribuida eneptitud de las
mujeres para el ejercicio del poder y para su emancipación intelectual.

Los prejuicios sobre la mujer en sus procesos biologicos tales como la menstruación, el embarazo o el parto se
utilizaron como armas para enfatizar su inferioridad.

En el siglo XIX se consolidó los principios que sostienen la inferioridad física e intelectual de las mujeres
basadas en: P. Moebius, basaba la inferioridad en le menor tamaño del cráneo y H. Spencer: la actividad
intelectual era incompatible con procreación, o que la mujer era un hombre en estado primitivo de evolución.

En el siglo XX, la inferioridad se sustituyó por el de la diferencia psicologica entre los dos sexos: los hombres
son cerebrales y aptos para el pensamiento abstracto; las mujeres son emotivas.

En la actualidad se remarcan las diferencias morfologicas y psicologicas y las consecuencias y el modo en que
afectan a la función social de cada sexo. Pero el objetio sigue siendo el mismo: trazar el camino que lleva a
las mujeres en su lugar natural de pertenencia, el espacio domestico y desanimarlas a buscar salidas vitales.

-5-
Educación No Sexista

• Una Nueva Feminidad

Se fue diseñando un arquetipo femenino cuyas características eran coherentes con el rol atribuido a las
mujeres. Paralelamente la maternidad fue adquiriendo una función social cada vez mas reconocida, asociada a
la idea de la madre educadora. Además, el crecimiento económico y la ideología cultural iban combinandose
para hacer el ideal domestico mas fuerte de lo que nunca había sido.

• La Legitimación Legal

En los países latinoamericanos se ha seguido la tendencia de países europeos, tales como España, Francia,
Portugal y las reminiscencias napoleónicas. El patriarcado occidental se introdujo en America con la
colonización

EN DEFENSA DE LA EDUCACION DE LAS MUJERES

La mayoría de las mujeres no tuvo oportunidad de adentrarse en lugares de estudio y de la ciencia; transmitían
a sus hijas los saberes que desarrollaban y aplicaban en la vida cotidiana.

Estas limitaciones no impidieron que un buen número de ellas, de las clases acomodadas, destacaran en el
terreno intelectual, cientifico y pedagogico.

Los aportes que sobre la educación femenina fueron creando un poso cultural que culminaría en el
reconocimiento de la educación como un derecho ineludible.

• Las mujeres toman la palabra

La mayoría de las mujeres que cultivaron las letras y las ciencias tuvieron en cumun la defensa de la
educación, la propagación del gusto por el estudio y la defensa de sus capacidades. Entre los siglos XV y
XVIII, destaco un gran numero de mujeres que desafiaron con éxito a los diferentes campos del conocimento
alcanzando fama y reconocimiento. Algunas destacadas fueron M. de Zayas: pionera en la defensa de la
educación de las mujeres, y Juana Inés de la Cruz: hizo un alegato en pro de la cultura.
Las mujeres se vieron involucradas en un discurso en el que no tenían arte ni parte, aunque era vital para sus
intereses, en el que se discutió sobre la conveniencia de su instrucción o su derecho a ser escritoara, y en el
que por encima de todo a las que alcanzaron alguna notoriedad intelectual.

• El acceso a la educación formal.

La falta de instrucción dominante empezo a ser cuestionada, y en los diferentes estados liberales se inicio la
batalla contra el analfabetismo, legislando a favor de la instrucción y reconociendo y proclamando el derecho
de las mujeres al saber.
La urgencia de muchas mujeres por encontrar un empleo que les diera una alternativa a la reclusión del hogar
y fuera, a la vez, solución a sus problemas económicos, impulso el desarrollo de un tipo de instrucción
profesional vinculado al moderno sector terciario que se convertiría en el auténtico campo de cultivo de la
actividad femenina
La batalla por la educación superior fue ardua en todos los países y no se gano hasta bien entrado el siglo xx.
Cuando las mujeres terminaban sus estudios se encontraban con múltiples situaciones, y una de ellas; o bien
sus títulos eran reemplazados por certificados que no les habilitaban para la profesión; o bien sus colegas se
encargaban de cambiar normativas y reglamentos para impedir su paso a la profesión.

DE LA ESCUELA SEPARADA A LA ESCUELA MIXTA

La mayoriá de los paises tiene estblcido en sestemma educativo de escuela mixta. Por regla general la escuela
mixta ha venido a sustituir al modelo de escuela separada vinculado a la concepcion educativo tradicional, en
el que hombres y mujeres tienen asignados diferentes papeles sociales en funcion a la division sexual del
trabajo, que la propia escuela debe producir.

-6-
Educación No Sexista

En el siglo XX empieza marcado por el signo del cambio y l renovación pedagogica. Pero los cambios no solo
son edagogicos, sino también a la necesidad que tiene la escuela de responder a las nuevas espectativas
emanadas de la sociedad. Por lo que un tema fundamental heredado del siglo anterior, se refiere a la
educación igualitaria que lleva aparejada la lucha contra otras desigualdades, como la religiosa o la de sexo.
Así fue implantandose un tema que ha sido controvertido a lo largo de los siglos y que responde al nombre de
"coeducación".

• Construcción versus Coeducación

El concepto de coeducación ha quedado restringido a la escolarización conjunta de niños y niñas, denominada
escuela mixta. Durante el siglo XX se debatieron las ventajas y desventajas de la coeducación con respecto a
las consecuencias que pudieran tener la educación mixta.

Una de las cuestiones fue la profunda discriminación de las niñas, por ejemplo su tardía incorporación en el
sistema educativo, la baja valoración del nivel cultural de su curriculum, y sobre todo, el rechazo social que
provocaba la idea de las mujeres sabias. En muchisimos casos, la escuela mixta se debió mas a razones
económicas que a otras índoles políticas o ideológicas; economicas: porque así ahorraban en escuelas y
maestros.

El tema de coeducación, aún favoreciendo y enriqueciendo la educación y instrucción femenina, se convirtió
en un problema, principalmente porque afectaba a los dos sexos, lo que llevó a la escuela mixta a desarrollar y
modelo masculino al que debian adaptarse las niñas.

• La Escuela Mixta en la Actualidad

En la concepción del modelo de escuela mixta subyacen los principios democraticos que permiten concebirla
como la garante de igualdad de oportunidades.

La igualdad de oportunidades se puede definir por dos vías: la primera consiste en la igualdad de acceso en la
educación, al trabajo y a todos los ámbitos de la vida publica y privada; la segunda consiste en susperar las
diferencias entre hombres y mujeres, y recuperar la parte femenina del ser humano.

En el ámbito escolar podemos citar: igualdad de un modelo escolar unico para niños y niñas, igualdad de
trato, cambiar los papeles entre unos y otros, y sobre todo una voluntad de los docentes de no adoptar
actitudes discriminatorias.

El término coeducación, en suma, implica no solo la supresión de todo tipo de diferencias curriculares y de
trato por razón de sexo, sino que reclama la pluralidad de modelos y opciones que haga desaparecer la
gerarquización de lo masculino sobre lo femenino, y permita desarrollar las capacidades inherentes del ser
humano, superando las limitaciones impuestas por unas concepciones sociales y culturales, historicamente
marcadas por el genero.

LA PLANIFICACIÓN COEDUCATIVA

También denominado proyecto educativo. Es conveniente centrarse en el proyecto educativo como el
documento que expresa las señas de identidad del centro definidas respecto del modelo de educación elegido,
los objetivos básicos, las formas de organización y coordinación y las normas de funcionamiento. Así mismo
el proyecto curricular responde a las interrogantes sobre el concepto de cultura, las teorias de aprendizaje y
los criterios epistemológicos y metodológicos que suscita. En definitiva, detrás de uno u otro está el
planteamiento de la función de la escuela, del profesorado y de las relaciones sociales en el centro.

• Fases de un proyecto coeducativo:

1- Desarrollo de un plan de trabajo.

-7-
Educación No Sexista

2- Definición de los principios educativos.
3- Vinculación al proyecto de las familias implicadas en el proceso educativo.
4- Extensión del proyecto a las actividades extraescolares.
5- Reciclaje continuo y actualización cientifica.
• Explicitar una hipotesis

Se debe hacer un planteamiento que investigue las manifestaciones sexistas de la escuela en tres niveles
fundamentales: el personal docente y no docente, el alumnado y la familia.

La investigación en estos tres ambitos parte de una hipótesis: la discriminación existe, en lo oculto y en la
enseñanza formal.

El corriculum oculto hace referencia a los objetivos educativos camuflados, objetivos no explicitados pero
reales y en ocasiones prioritarios; que trata casi en exclusiva de "lo social" en la educación.

La escuela, contrariamente, contempla el desarrollo de la personalidad casi exclusivamente en los objetivos a
largo plazo de las programaciones.

Otra faceta no menos importante es la relación con los compañeros y compañeras, donde se produce por
primera vez un contacto humano, no exento de fricciones, en el que hay que luchar por la aceptación de los
demás y conquistar el derecho de pertenencia a un grupo.

A modo de ejemplo si observamos superficialmente a la juventud, veremos que existe una mayor tolerancia
cuando las chicas adoptan conductas masculinas que a la inversa, a que los chicos se comporten como chicas.
Esto es, la infravaloración de la cultura femenina lleva a la marginación de actitudes y comportamientos
tildados como tales, con lo que también los niños son víctimas de la parte sexista que se deriva de su
socialización exclusiva en los valores masculinos.

EDUCACIÓN SEXISTA, ¿FORMACIÓN O DESINFORMACIÓN?
María Teresa Medina Villalobos*

*Cuarta visitadora
general de la CEDHJ

En mis recuerdos siempre está presente el sentimiento de la impotencia e injusticia que me invadía cuando me
asignaban, y esto era casi siempre, la tarea de ir a comprar las tortillas. Mi madre nunca me dio entonces
explicaciones ni una justificación comprensible de por qué yo tenía que encargarme de ello; sin embargo,
debo reconocer que mi sensibilidad por una educación sin distingos sexistas partió de ese ser parco, lacónico
y exigente.

No obstante que la primera noción de los derechos de igualdad y dignidad de la mujer la asimilamos en la
familia, es indispensable la corresponsabilidad del varón en la tarea de educar en esa cultura.

La igualdad o la desigualdad en el ejercicio de los derechos entre hombres y mujeres se construye desde la
niñez. Es evidente que en el hogar y en la escuela aprendemos nuestras primeras lecciones. Nos informan o
nos desinforman; se construyen estructuras de enseñanza que nos van moldeando y en la edad adulta son
difíciles de cambiar. Parte esencial de ello son los papeles asignados en la familia, en respuesta de nuestra
realidad biológica como hombres o mujeres.

Las acciones son consecuencia del pensamiento, o al menos eso es lo racionalmente esperable, y ante una
realidad de segregación y rechazo hacia lo femenino, también el lenguaje hablado puede ser discriminatorio

-8-
Educación No Sexista

cuando pretende negar lo femenino o, en el mejor de los casos, lo disfraza mediante connotaciones de
ambigüedad que tienden a lo masculino. No es lo mismo decir «la historia del hombre» que «la historia de la
humanidad». La primera frase deja fuera a la mitad de la población mundial. Hemos sido educados y
educadas con visión masculina y eso se refleja en nuestros pensamientos, acciones y lenguaje. Pensamos en
«masculino» y nuestras actitudes dan prioridad a lo masculino; por eso todavía una mayoría de personas e
instituciones públicas y privadas (incluso en los pergaminos otorgados por la Universidad de Guadalajara) se
refiere a las mujeres profesionales con títulos masculinos: la abogado, la arquitecto, la juez, la señora
presidente, cuando la sola presencia de una mujer y la inobjetable precisión gramatical del artículo femenino
antepuesto al título deben ser suficientes para identificarla, aun a riesgo de que parezca exagerado o que
atente contra la eufonía de las palabras, como en el caso de las juezas, peritas, porteras, médicas, pilotas,
etcétera.

En esta situación subyace un reclamo de justicia e igualdad, y la razón es muy clara, y tiene mucho que ver
con la dignidad de las personas. En cambio, a un hombre dedicado a tareas tradicionales asignadas a mujeres
no se le nombra enfermera, cocinera, costurera; ningún varón lo admitiría y hasta lo consideraría insultante. El
uso y cambio de la «o» por una «a» hace visible la realidad de la mujer, por años discriminada también en el
lenguaje.

Cuando se educa a las niñas y a los niños con las normas sociales de lo que se espera de cada uno de acuerdo
con su sexo, con rasgos de distingo jerarquizantes, se siembra la simiente de la injusticia y la desigualdad. No
esperemos que las sociedades practiquen una cultura de derechos humanos mientras en nuestras familias la
educación siga fundándose en divisiones inequitativas de poder y asignaciones arbitrarias de papeles o tareas
que sólo destinan a la mujer oficios que no fomentan el debido desarrollo psicosocial, porque no comprenden
ni impulsan el ejercicio de la libertad y la autoestima, no estimulan la inteligencia ni la seguridad en sí
mismas para la toma de decisiones y, en general, la injusta distribución del trabajo doméstico y los roles que
limitan la participación femenina en los ámbitos privado y público constituyen las bases de la sumisión que
tradiciones conservadoras y anacrónicas dibujan de la mujer.

Es preciso comenzar la deconstrucción social, reeducarnos en la casa, la escuela y en las instituciones,
fomentar una educación no sexista basada en el derecho a la igualdad y en la búsqueda de la cultura de la
equidad, hoy extraviada entre distinciones jerarquizantes que suele hacerse de lo masculino sobre lo
femenino.

Este derecho a la igualdad no sólo se establece en el artículo 4° de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, sino que está contenido en varios instrumentos internacionales de derechos humanos que
México ha suscrito, aprobado, ratificado y publicado en el Diario Oficial de la Federación, por lo que son
exigibles en el país según lo ordena el artículo 133 constitucional (por encima de leyes secundarias, federales
y locales), y en ellos encontramos ricas fuentes de defensa y protección de los derechos de las mujeres. Entre
éstos tenemos la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) que prohibió la discriminación por
motivo de sexo; la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo primero), vigente en México
desde su publicación en el Diario Oficial de la Federación el 7 de mayo de 1981; el Pacto Internacional de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales (artículo 2.2), que México suscribió en 1966 y el Senado de la
República aprobó en 1980, por lo que desde el 12 de mayo de 1981 es ley vigente; la Convención Americana
sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, que desde el 12 de mayo de
1981 también es ley positiva en nuestro país; como instrumento valioso contamos con la Convención
Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, publicada en el Diario
Oficial de la Federación el 19 de enero de 1999. Es claro que el sistema internacional (y en particular el
interamericano) declara que la discriminación contra la mujer viola principios de igualdad de derechos y
respeto a la dignidad humana que dificulta la participación de ésta en las mismas condiciones que el hombre
en la vida política, social, económica y cultural de su país, lo que significa que este contexto priva a la nación
de una buena parte de potencialidades que puede ofrecer la población femenina.

Esta discriminación de la mujer ocurre desde lo cotidiano; cualquier acción, omisión o palabra excluyente o
restrictiva basada en el sexo tendente a menoscabar o anular el ejercicio de sus derechos y libertades
fundamentales en la esfera política, económica, social, cultural y civil, es violatoria de derechos humanos.

-9-
Educación No Sexista

Entre las mujeres y los hombres hay una obvia diferencia biológica; sin embargo, no es esta realidad el
motivo de discusión, sino su significado de desigualdad en el contexto de una educación sexista, que es una
ofensa para la inteligencia y la dignidad humanas. En una educación no sexista aprenden los niños y las niñas,
y las y los adultos reaprendemos, que las diferencias naturales entre mujeres y hombres no tienen por qué ser
interpretadas como distinciones en el destino de las personas ni motivo para exigir una moral particular para
unas y otros.

De ahí la urgencia de repensar lo obvio, cambiar la cotidianidad de la educación basada en creencias absurdas
y crecer con nuevos conceptos dentro de la cultura de los derechos humanos. Ésta es una tarea que nos
convoca a organismos públicos y privados. El 21 de junio de 2001, la Comisión Estatal de Derechos Humanos
de Jalisco auspició, junto con la Secretaría de Educación Jalisco, y por iniciativa del Centro de Investigación y
Atención a la Mujer, AC (CIAM), la publicación de las Guías de capacitación en derechos humanos de las
mujeres (este paquete pedagógico fue editado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, con sede
en Costa Rica), actividad que simultáneamente se llevó a cabo en 19 países latinoamericanos para celebrar el
Día Internacional de la Educación no Sexista.

Por último, ofrezco a lectores y lectoras un ejercicio en forma de silogismo para contestar: «Pérez tiene un
hermano llamado Juan; sin embargo, Juan no tiene hermanos, entonces ¿quién es Pérez?».

Si usted pensó que Pérez podría ser cualquier cosa menos una hermana, lamento decir que usted está inmerso
o inmersa todavía en la educación sexista que seguramente recibió. Si pensó que Pérez podría ser mujer, lo
felicito, usted recibió el mensaje que quise proyectar en este artículo, por lo que posee una gran aptitud para
vivir en una cultura de los derechos humanos, o ése, al menos, es el mejor de mis deseos.

LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN EL PARAGUAY

INTRODUCCIÓN
El propósito de esta presentación es describir cuantitativamente los aspectos más relevantes de la situación de
la mujer paraguaya. Esta compilación es el resultado del análisis de diferentes bases de datos tanto del sector
publico como del sector privado. Se analizaron por lo tanto los censos nacionales, encuestas, informes,
estudios, evaluaciones, etc.
Esta presentación tiene como objetivo principal poner a consideración de todos ustedes los datos y estudios
más actualizados sobre el tema. Este análisis nos permitirá entender en su real dimensión los aspectos que
hacen a la discriminación de la mujer en el país.
La necesidad de modificar la realidad donde aún se mantienen inequidades importantes entre hombres y
mujeres, nos lleva a estudiar esta realidad para contar con datos y conocimiento que nos permitan contar con
los elementos necesarios para proponer los cambios y de esa forma colaborar para construir una sociedad más
justa e igualitaria.

SITUACIÓN DEMOGRÁFICA
Desde 1950 la población paraguaya se ha triplicado pasando de 1.300.000 habitantes a 4.152.588 personas en
1992, repartidas en forma equilibraba en las áreas urbana y rural (50.3% y 49.7% respectivamente).
De acuerdo a la Encuesta Integrada de Hogares se estima actualmente una población de aproximadamente
5.500.000 millones de habitantes. En los últimos años, ha variado ligeramente la distribución de la misma por
áreas, llegando las urbanas a absorber el 54% de la población.
Teniendo en cuenta la alta fecundidad, Paraguay registra una estructura de población mayoritariamente joven.
De cada 10 personas, cuatro son menores de 15 años y la población de 15 a 29 años representa la cuarta parte

- 10 -
Educación No Sexista

de la población total.
El volumen poblacional en una superficie de 406.752 Km/2 refleja una densidad de 13 habitantes por km/2, lo
que ubica al Paraguay entre los países de baja densidad en América Latina. En el 39% del territorio, que
conforma la Región Oriental, reside el 98% de la población, sin embargo, tan sólo el 2.54% de la población
reside en la región occidental, que representa el 61% de la superficie restante.
Cabe destacar que un tercio de la población del país se encuentra concentrada en la zona más urbanizada del
país: Asunción y el Departamento Central. y en ella se aprecia una proporción mayor de mujeres, como
consecuencia de los procesos migratorios que privilegian el movimiento de mujeres hacia los centros urbanos.
En la zona rural existe un prevalencia de población masculina.
La distribución de la población por sexo está actualmente equilibrada, frente al predominio femenino
característico de las décadas pasadas.
Esta realidad se puede observar en la evolución del índice de masculinidad en Paraguay.
Evolución del Indice de Masculinidad en el Paraguay.
Período 1950-2000
95.9
96.7
98.3
100.9
101.7
FECUNDIDAD
Si bien es cierto que existió un descenso paulatino de la fecundidad en el país en los últimos treinta años (6.6
en 1982 a 4.6 en 1992), las familias numerosas aún persisten.
La información más reciente sobre la fecundidad en el Paraguay, proviene de la Encuesta de Salud Materno
Infantil (1998) y revela que el promedio de hijos de las mujeres de 15 a 44 años es de 4.1.
Está en curso una transición demográfica, desde altas tasas de fecundidad y mortalidad hacia tasas bajas, que
ya ha ocurrido en otros países
A pesar de esta transición, el comportamiento reproductivo de la mujer paraguaya muestra aún altos niveles
de fecundidad, lo que ubica a Paraguay entre uno de los países de más salta fecundidad en América Latina
después de Bolivia.
Tasa global de fecundidad de algunos países seleccionados de América Latina
Bolivia 4.8
Brasil 2.5
Colombia 3.0
Perú 3.5
El Salvador 3.8
Paraguay 4.4
El número de hijos tenidos por las mujeres paraguayas difiere según el área de residencia (urbano-rural), las
oportunidades de estudios (años de escolaridad), el idioma hablado en el hogar y la condición de actividad.
La tasa de fecundidad entre las mujeres activas es de 2.7 hijos por mujer y entre las inactivas esta tasa sube a
5.5 hijos por mujer.
Tasas de fecundidad por zona de residencia
Capital 3.0
Ciudades Mayores 3.9
Resto Urbano 4.1

- 11 -
Educación No Sexista

Rural 5.8
ESTADO CIVIL
En las dos últimas décadas no hubo cambios significativos en el estado civil de la población paraguaya. Cerca
de la mitad de las mujeres de 10 años y más en 1992 se encontraban casadas o unidas en el momento del
Censo. El resto de la población femenina se encontraba viuda (4.3%), divorciada o separada (1.8%) y en su
mayor parte solteras (44.3%). Población joven es mayoritaria.
La población masculina revela algunas diferencias que responden a factores culturales y a la sobremortalidad:
se declaran en mayor proporción solteros y son menos numerosos en la viudez.
JEFATURA DE HOGAR
La jefatura de hogar es una designación que los miembros de un hogar realizan en uno de los componentes del
grupo. De cada 10 hogares dos están encabezados por mujeres. Al analizar por área de residencia, en la zona
urbana se observa una proporción mayor de hogares con jefatura femenina.
Jefes de Hogar por Sexo según área de residencia.
Area de residencia Mujer Hombre
URBANO 26.0 74.0
RURAL 16.7 83.3
La condición de jefa de hogar es una realidad que debe ser analizada desde la perspectiva de género, teniendo
en cuenta que un porcentaje alto de mujeres que siendo jefas de hogar declaran no ser jefas, lo que denota
actitudes de índole cultural debido a que las mujeres en general no se asumen como sostenedoras de hogares
aún siéndolo. Esta realidad por lo tanto puede ser diferente y los porcentajes de jefatura femenina pueden ser
más altos.

PARTICIPACIÓN ECONÓMICA
El Censo de Población y Vivienda (1992) considera como Población Económicamente Activa (PEA) a todas
las personas de 10 años en adelante, que en el período de referencia dado, suministran mano de obra para la
producción de bienes y servicios económicos o que están disponibles y hacen gestiones para incorporarse a
dicha producción. Sobre la base de estos conceptos, la tasa de participación femenina es de 22%, y la
masculina del 78.6%.
Históricamente ha existido un subregistro en la captación de la actividad laboral femenina en el ámbito
nacional, a través de los censos. La Encuesta de Hogares de 1998, evidencia el crecimiento de la participación
de la mujer en el mercado laboral, constituyendo una tendencia estructural que seguirá en aumento.
Paraguay. Tasa de Actividad de la Población Económicamente Activa (PEA)
Años Total Hombre Mujer
1962 52.5 84.8 22.9
1972 50.3 81.0 21.1
1982 51.5 83.9 20.3
1992 51.0 78.4 23-8
1997/98 57.9 74.4 41.4
Los últimos datos que se cuentan de la Dirección General de Estadísticas y Censos corresponden a la
Encuesta integrada de Hogares 2000/01, y en cuanto a la PEA los datos señalan que el 61.3% corresponde al
sexo masculino y el 38.7% al sexo femenino. Existió por lo tanto un leve descenso en la participación
económica de la mujer. Es importante señalar que el país está atravesando una dura crisis y por lo tanto, esta
situación se reflejaría en estos datos que presentamos.
Este cuadro nos permite ver con bastante claridad el subregistro existente en los censos respecto a la
participación femenina. La encuesta de hogares es un instrumento a través del cual se puede captar con mayor
precisión esta realidad y es justamente esta encuesta la que indica el gran porcentaje de mujeres que forman

- 12 -
Educación No Sexista

parte de la PEA.
Existe una fuerte asociación inversa entre la inserción laboral femenina y el comportamiento reproductivo,
expresado en menores niveles de fecundidad. La mayor participación económica, además, le otorga
autonomía, aumenta su autoestima, fomenta su independencia económica, da sentido a su valor como persona,
estimula el control sobre su cuerpo y sexualidad.
Si se analiza el empleo desde el punto de vista de las categorías ocupacionales y definimos al sector informal
como los y las trabajadores/as por cuenta propia, más los trabajadores/as no remunerados/as, encontramos que
según la Encuesta de Hogares última, el 38.2% de las mujeres del área urbana es trabajadora informal,
mientras que sólo el 28.8% de los hombres se encuentran en esa categoría. Esta categoría, donde las mujeres
son mayoría, se caracteriza justamente por lo siguiente:
Sector informal, precariedad, Combinan tareas reproductivas con productivas, Actividades extensión de sus
actividades domesticas.
Más de la mitad de las mujeres que trabajan en el sector urbano se ubican sólo en tres categorías
ocupacionales:
Trabajadora por cuenta propia: 33-7%
Empleada doméstica: 21.2%
Trabajadora familiar no remunerada: 7.2%
Estos datos nos muestran de nuevo donde se insertan las mujeres y se comprueba que están en las categorías
de menor rango y de más bajos ingresos.
La tasa de desempleo y subempleo es mucho más alta en la población femenina.
De acuerdo a la última encuesta de hogares disponible (1997/1998) la tasa de desempleo en el país es de
14.3%, de los cuales son del sexo masculino: 9.2% y del sexo femenino: 22.4%
La brecha entre los salarios pagados a hombres y mujeres, si bien tiende a disminuir siguen las diferencias y
las mujeres siguen ganando menos que los hombres en un mismo trabajo y con el mismo nivel educativo
(ganan el 41% menos, en Asunción y Area Metropolitana) (Datos de la Encuesta de Hogares).
EDUCACIÓN
La educación es una de las dimensiones que influye sobre las condiciones generales de vida de las personas,
por lo que un promedio alto de años estudio está asociado a una mayor productividad y una ampliación de las
oportunidades y capacidades de las personas para una ventajosa inserción en el mundo laboral y en una
sociedad democrática.
Niveles de escolaridad por sexo
La situación educativa de la mujer paraguaya en general ha mejorado en la última década, aunque persisten
aún problemas significativos principalmente en el área rural, donde las diferencias educacionales con los
varones se hacen más evidentes.
El promedio global de estudios aprobados es bajo: 4.9 para ambos sexos, 5.0 en el caso de los varones y 4.8
en el caso de las mujeres.
Para la población de 15 a 29 años (que es el tramo de edad de personas que ya deberían estar con niveles de
educación terminados), los datos dicen lo siguiente:
Nivel educativo Hombres Mujeres

Sin Instrucción 2.3 2.7

Primaria 43.7 42.2

Secundaria 47.9 47.6

- 13 -
Educación No Sexista

Terciario 6.1 7.9

Estos datos indican que las diferencias educacionales entre hombres y mujeres son mínimas.
Analfabetismo
En las dos últimas décadas el analfabetismo ha disminuido considerablemente en el país, como resultado
directo de a mayor cobertura del sistema escolar básico y de acciones específicas de alfabetización. Las
mayores tasas de analfabetismo se dan en la zona rural y es justamente en este sector donde las diferencias
entre las tasas de analfabetismo entre hombres y mujeres son más altas. Estos datos se pueden apreciar en el
cuadro siguiente:
Analfabetismo según zona de residencia y sexo. 1992
Sexo Total Urbano Rural
Hombres 8.0 4.3 11.8
Mujeres 11.4 7.1 17.2
La última Encuesta de Hogares 2000/2001, muestra que sigue manteniéndose las diferencias en la tasa de
analfabetismo entre hombres y mujeres. Los datos indican que del total de personas analfabetas: 6.9% son del
sexo masculino y 9.8% del sexo femenino.
Educación universitaria
Los datos que dan cuenta sobre la situación educativa en el ámbito universitario de hombres y mujeres son
muy escasos. Casi no hay información actualizada sobre esta realidad. Las cifras que a continuación se
mencionan no son muy actuales y provienen de estudios realizados tanto en la Universidad Nacional como
Católica, que son las dos universidades más importantes del país.
En 1997, la matrícula femenina total en la Universidad Nacional era de 52% superando por primera vez a la
masculina: 48%, acortando la brecha de diez puntos que había entre ambas en la década anterior.
En la Universidad Católica, en el año 1996 contaba con una total de 62% de matrícula femenina.
SALUD
La salud constituye uno de los factores relevantes en el proceso de desarrollo socioeconómico de la población
de un país. Las deficiencias de infraestructura y cobertura impactan con mayor fuerza en las zonas rurales.
Mortalidad materna
Paraguay se encuentra entre los cinco países con más alta tasa de mortalidad materna. Esta tasa estaría
rondando en la cifra de 130 por cada 100 mil nacidos vivos. La encuesta de Demografía, detecta una tasa de
192 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos.
Existe un subregistro del 56%, según los datos de Estadísticas y Censos.
La mortalidad materna e infantil tiene una tendencia persistente ocupando la cuarta causa de mortalidad en
mujeres de 15 a 49 años y la primera en mujeres de 25 a 29 años. Otro dato que no ha recibido la debida
atención es el que se refiere a la mortalidad por aborto, que provoca alrededor de 400 muertes de mujeres por
año.
La mayoría de los embarazos de adolescentes, así como la maternidad numerosa en general, es mucho más
frecuente en estratos sociales de bajos ingresos o situados por debajo de los niveles críticos de pobreza.
El predominio de patrones de reproducción de alta fecundidad en los estratos pobres constituye además, por si
solo un elemento que fomenta la transmisión intergeneracional de la pobreza.
Indicadores sobre la Salud Reproductiva
Adultas jóvenes de 15 a 24 años
Mujeres con uno o más embarazos (%) 32.6
Mujeres que reportaron relaciones pre matrimoniales42.3

- 14 -
Educación No Sexista

Mujeres que recibieron educación sexual en la escuela 64.1

Fecundidad de 15 a 44 años
Tasa Global de Fecundidad 4.1
Tasa Global de Fecundidad Urbana 3.2
Tasa Global de Fecundidad Rural 5.6

PARTICIPACIÓN POLÍTICA
Poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial
La participación equitativa de mujeres en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones en la vida de un
país puede ser medida a través de indicadores numéricos bastante precisos.
En Paraguay, la subrepresentación femenina ha seguido siendo predominante entre 1995 y 2001, en
prácticamente todos los campos de la vida social y política del país.
Los cargos electivos del Poder Ejecutivo, desde el advenimiento de la democracia (1989), han estado
ocupados sólo por hombres.
Entre 1995 y 1999 el Paraguay ha tenido 3 presidentes y dos vicepresidentes.
Hasta la fecha ha habido en total cuatro ministerios cuya titularidad ha estado y esta a cargo de una mujer,
además por supuesto del correspondiente a la Secretaría de la Mujer de la Presidencia de la República
instancia con rango de Ministerio. Los ministerios dirigidos por mujeres fueron los de educación y salud.
Actualmente, el Ministerio de Educación y Cultura esta presidido por una mujer.
En el parlamento tenemos el siguiente porcentaje de participación femenina:
Cámara de Diputados: 2.5% (80 en total)
Cámara de Senadores: 17.8% (43 en total)
Es en la Cámara de Senadores donde se da un incremento importante entre un período y otro (1993-1998 a
1998-2003) pasando del 11.1% al 17.8% como se señala más arriba. Esto se debe al efecto del establecimiento
de una cuota mínima del 20% para mujeres por mandato del Código Electoral. La Cámara de Diputados aún
se mantiene insensible a esta acción positiva por ser electos a partir de circunscripciones electorales pequeñas.
En el Poder judicial: se registra para el año 1999, un 27% de mujeres, incluyendo datos de instancias
relacionadas con la administración de la justicia, como la justicia electoral, el ministerio público y la defensa
pública. Se debe tener en cuenta, sin embargo, la continua variabilidad de las cifras den participación por
sexo en el Poder Judicial, a causa de nombramientos y cambios que se van produciendo.
Este porcentaje está concentrado en los juzgados de paz, las fiscalías y defensoras públicas.
Es fundamental destacar que en las instancias de mayor decisión, como la Corte Suprema de Justicia, el
Consejo de la Magistratura y el Tribunal Superior de Justicia Electoral. Siguen siendo espacios donde no
están las mujeres.
Gobiernos departamentales y municipales
A partir de la Constitución de 1992, el país se descentralizó. Los órganos de poder territorial son los gobiernos
departamentales y municipales.
Hasta la fecha ninguna mujer ha resultado electa como gobernadora.
En las juntas departamentales para el período 98/03, se tiene un porcentaje de 9% de mujeres.
Las elecciones municipales llevadas a cabo en noviembre de 2001 arrojaron los siguientes resultados en
cuanto a las mujeres:
Concejalías:
Hombres: 81.0%

- 15 -
Educación No Sexista

Mujeres: 17.7%
Subió con respecto al año 1996 (14%)
Intendencias
Hombres: 95.3%
Mujeres: 4.7%
Partidos Políticos
La presencia de mujeres en los partidos políticos también se mantiene en porcentajes relativamente bajos,
aunque –por medio del mecanismo de cuotas- en estos últimos años ha habido un pequeño incremento de
participación femenina en las instancias de decisión de los partidos políticos.
Cuotas de Participación:
Partido Colorado: 33%
Partido Encuentro Nacional: 30%
PLRA: No tiene cuotas (*)
En la última convención del Partido de nuevo no prospero la propuesta de un grupo de mujeres para
implementar esta política de acción positiva.
Participación electoral
El Registro Cívico Nacional, que contiene el listado de ciudadanos/as habilitados/as para votar, para 1996
tenía un 43% de participación femenina, un 51% de presencia masculina, en tanto que no se había podido
identificar según sexto el 6% del padrón electoral. Para las elecciones de 1998 se tuvo un aumento en el
porcentaje de mujeres inscriptas, que llegaron a constituir el 48% del registro.
Organizaciones sociales
Los datos que se cuentan para las organizaciones de la sociedad civil no son tan actuales y tampoco dan
cuenta de toda la diversidad existente. No obstante, de acuerdo a un estudio realizado en 1997 considerando
las organizaciones sindicales, campesinas, estudiantiles, profesionales, municipales y cooperativas, se tiene
una participación del 10% de mujeres en cargos directivos. La mayor participación se da en las directivas de
las organizaciones estudiantiles y profesionales, en tanto que la menor participación se da en las agrupaciones
empresariales.
CONDICIÓN LEGAL
A partir de la ratificación de la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra
las mujeres, en 1986, se fueron introduciendo en el cuerpo legislativo paraguayo modificaciones claves a
favor de la igualdad para las mujeres.
El Paraguay cuenta con una Constitución Nacional moderna, igualitaria, promulgada en junio de 1992.
La Constitución Nacional de la República del Paraguay establece en su
Artículo 46
Todos los habitantes de la República son iguales en dignidad y derechos. No se admiten discriminaciones. El
Estado removerá los obstáculos e impedirá los factores que las mantengan o las propicien
Artículo 47
El Estado garantizará a todos los habitantes de la República:
La igualdad para el acceso a la justicia, a cuyo efecto allanará los obstáculos que la impidiesen
La igualdad ante las leyes
La igualdad para el acceso a las funciones públicas no electivas sin mas requisitos que la idoneidad
La igualdad de oportunidades en la participación de los beneficios de la naturaleza, los bienes materiales y de
la cultura.
Artículo 48:

- 16 -
Educación No Sexista

“El hombre y la mujer tienen iguales derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales. El estado
promoverá las condiciones y creará los mecanismos adecuados para que la igualdad sea real y efectiva,
allanando los obstáculos que impidan o dificulten su ejercicio y facilitando la participación de la mujer en
todo s los ámbitos de la vida nacional”.
Derechos civiles
La Ley Nro. 1 del año 1992, introdujo profundas reformas, estableciendo idénticos derechos para el hombre y
la mujer, independientemente de su estado civil, tales como:
Idéntica capacidad jurídica, independientemente de su estado civil
Capacidad plena de la mujer casada, para ejercer profesión, industria, efectuar trabajos fuera de la casa, o
constituir sociedades
La mujer casada puede usar el apellido del marido a continuación del suyo, si así lo desea, y el marido puede
adicionar el de la esposa, si así lo desea.
Entre los cónyuges, marido y mujer tienen los mismos derechos y deberes, independientemente de su aporte
económico al sostenimiento del hogar.
Opción de domicilio, el lugar que acuerden los cónyuges
Se establecen tres alternativas de Régimen Patrimonial
comunidad de gananciales bajo administración conjunta
régimen de separación de bienes
régimen de participación diferida
Inembargabilidad del bien de Familia, integrado por el inmueble y sobre los muebles indispensables del
hogar
Los hijos matrimoniales llevan el primer apellido de cada progenitor.
La legitimidad de la Unión de Hecho, equiparada a los efectos jurídicos del matrimonio.
Derechos Políticos
Desde 1961 las mujeres pueden votar, es decir elegir y ser elegidas. Ley Electoral Nro. 600.
Resumen de los principales avances legislativos desde 1995
1995: Código Laboral. Modifica, amplía y deroga algunos artículos de la Ley anterior, incluye el acoso sexual
por primera vez, que aparece como causa justificada de rescisión del contrato en forma unilateral por la
persona trabajadora. También establece la obligación de habilitar guarderías para más de 50 trabajadores de
ambos sexos.
1996. Código Electoral: los avances más resaltantes son la separación por sexo de la nómina de electores; la
obligación de los partidos políticos de incluir mecanismos adecuados para la promoción de la mujer en cargos
electorales en un porcentaje no inferior a 20%, además, establece sanciones por incumplimiento.
1997. Código Penal: la violación es denominada coacción sexual, se incorpora además el abuso sexual, y son
definidos como delitos contra la autonomía de las personas, pero disminuyen las penas por crímenes sexuales,
se plantea como atenuantes la relación de la víctima con el agresor y limita los actos sexuales a los que sean
manifiestamente relevantes. Se contempla la figura del acoso sexual, se penaliza el incumplimiento del deber
legal alimentario. Se considera específicamente la violencia familiar, aunque con limitaciones importantes.
También se incluye y penaliza la trata de personas.
1998. Código Procesal Penal: empezó a tener vigencia parcial como parte del proceso de adaptación al
sistema de justicia, ya que incluyen importantes cambios estructurales.
2000. Ley contra la Violencia Doméstica (Ley 1600/2000): en el fuero civil, establece las normas de
protección para toda persona que sufra maltrato físico, psíquico o sexual por parte de algunos de los
integrantes del núcleo familiar; además, establece funciones de atención urgente a instancias locales más
accesibles y menos centralizadas como los Juzgados de Paz, la Policía Nacional y los Servicios de Salud,
definiendo la obligatoriedad de aplicar medidas de urgencia muy amplias para proteger a las víctimas, así

- 17 -
Educación No Sexista

como la gratuidad de las actuaciones.
2001. Código de la Niñez y de la Adolescencia: la inclusión de niños, niñas y adolescentes como sujetos
específicos de derecho es un avance en términos de equidad y no-discriminación, ya que deja de referir a este
sector poblacional como “menores” definidos con relación a la población adulta; además, aparece
explícitamente la “niña”, lo que constituye un logro en términos de igualdad de género.
2001. Protocolo Facultativo del CEDAW: al integrar el ordenamiento jurídico paraguayo, se reconoce al
Comité de las Naciones Unidas contra la Discriminación de las Mujeres la competencia de recibir y
considerar denuncias de las víctimas directas por la violación de derechos contemplados en la Convención.

VIOLENCIA HACIA LA MUJER
El Paraguay ha logrado grandes avances en cuanto a la lucha contra la violencia hacia la mujer.
La Encuesta sobre Demografía y Salud Reproductiva, realizada por el CEPEP, da cuenta de la frecuencia de la
violencia física contra las mujeres. Según esta investigación, el 13.9% de las mujeres paraguayas reportó
haber recibido maltrato físico alguna vez en su vida. El porcentaje aumenta suavemente con al edad y
disminuye con los años de educación. Por ejemplo, el 19.5% de las mujeres con 0-2 años de educación
reportó haber recibido maltrato físico, comparado con 9.6% de las con 12 o más años de educación.
Por todo esto ha sido un gran avance la sanción de la Ley 1600, en octubre de 2000.

117

Discriminación
por razones
de sexo y de género
•• Clyde Soto
Qué es la discriminación
por razones de sexo y de género
Cuando se habla de discriminación de sexo y discriminación de género, se
asocia casi inmediatamente a estas expresiones con la discriminación que
sufren las mujeres, aunque en puridad no se indique hacia qué personas
(mujeres u hombres) va dirigido este tipo de acciones discriminatorias, sino las
razones por las cuales se produce la discriminación. Esto se debe a razones
históricas, dado que son las mujeres quienes han sido discriminadas desde
tiempos inmemoriales por el hecho mismo de ser mujeres. No obstante, y dado
que el objetivo de este trabajo es, en primera instancia, clarificar qué significan
estas formas específicas de discriminación, se ha optado por intentar unas
definiciones que sean aplicables en general, para luego ubicarlas en la realidad
conocida, que efectivamente afecta de manera negativa más a las mujeres que
a los hombres.
Muy frecuentemente además se usan e intercambian ambas expresiones como
si fueran sinónimas, como si se refirieran a lo mismo. Sin embargo, cada una
de ellas remite a aspectos diferentes de una compleja realidad, cuyos
componentes fueron identificados y nombrados poco a poco en la historia del
pensamiento y de la ciencia (en especial de las ciencias sociales). Lo primero,
entonces, sería discernir entre sexo y género, para así diferenciar a qué se
refiere cada una de estas expresiones.
El sexo hace referencia a las características biológicas que se conjugan en una
persona para configurarla como hembras o como machos de la especie
humana.

- 18 -
Educación No Sexista

Como suelen reservarse esos términos (hembras-machos) para otras especies
animales, es frecuente que en el caso humano se diga simplemente ‘mujeres’ y
‘hombres’ de la especie. El género, en cambio, es un concepto creado para
referirse a las formas en que se construye culturalmente el ser mujeres (la
femineidad) o el ser hombres (la masculinidad) en una sociedad humana
determinada, en tiempos y en contextos históricos específicos.
Se puede, a partir de aquí, hacer un ejercicio de distinción entre ambas formas
de discriminación. La discriminación por razón de sexo remite al tratamiento
desigual y desventajoso de una persona o un grupo de personas debido
fundamentalmente a sus atributos sexuales biológicos, es decir, al hecho de
que se trata de mujeres o de hombres a partir de diversas características
anatómicas y fisiológicas (entre otras a partir de las cuales se configura el sexo
biológico, como las genéticas o las hormonales).
La discriminación de género, en cambio, alude al tratamiento desigual y
desventajoso que sufren las personas en virtud del conjunto de normas de
conducta, de estereotipos, de valores, de significaciones que en una sociedad
determinada se otorga al hecho biológico de ser mujeres o de ser hombres.
Se puede alegar discriminación de sexo en casos en que se niega un derecho o
un beneficio material o simbólico a una persona o a un colectivo de personas
simplemente porque se trata de una mujer o de un hombre, o de grupos de
mujeres o grupos de hombres. Por ejemplo, una patrona que decida pagar a los
obreros de su fábrica un sueldo menor que a las obreras, sin más argumento
que aquéllos son varones y éstas, mujeres, estaría cometiendo una
discriminación por razón de sexo.
La misma patrona podría argüir que los hombres obreros no pueden gozar, al
igual que las mujeres obreras, que sí disponen de esa posibilidad en la fábrica,
de permisos para atender cuestiones relacionadas con el cuidado de la familia,
debido a que es un tipo de tareas que no les corresponde. En ese caso estaría
operando una discriminación de sexo, pero también de género, pues se basa
en patrones de comportamiento esperados para cada sexo, y la situación
afecta negativamente, aunque de maneras diferentes, tanto a hombres como a
mujeres. Los hombres no podrían disfrutar del mismo beneficio que las
mujeres, pero, aunque ellos se vieran privados y perjudicados por la ausencia
del permiso “femenino”, las mujeres también lo serían porque el trato diferente
les crearía consecuencias negativas en otro plano. Situaciones como ésta
suelen dar lugar al prejuicio de que las mujeres son “más costosas” para una
empresa, debido al tiempo que deben invertir en la familia, y por tanto derivan
en reticencias de los empleadores y las empleadoras a contratar personal
femenino. Es decir, ambos sexos serían discriminados, existiendo como
trasfondo una asignación estereotipada de las tareas de crianza y cuidado de la
familia como propias exclusivamente de las mujeres. Esta tradicional
asignación de lo doméstico al dominio femenino es la raíz de muchas
limitaciones y situaciones de desigualdad injusta para las mujeres. Con una
mirada amplia, se puede afirmar que esta discriminación por razón de género
es negativa también para los hombres, puesto que produce efectos injustos en
toda la sociedad.
El ejemplo puede valer para visualizar casos donde es sencillo distinguir entre
los conceptos de discriminación de sexo y de discriminación de género, pero es
claro que en la práctica habitual ambas formas de discriminación se presentan
estrechamente unidas. No podemos imaginar ni a los hombres ni a las mujeres

- 19 -
Educación No Sexista

fuera de una cultura, por lo que cuando se discrimina en función del sexo, el
género suele estar presente casi indefectiblemente. La histórica y
geográficamente extendida discriminación hacia las mujeres se ha
fundamentado y justificado en las construcciones culturales de género.
Sin embargo, conviene no perder de vista la distinción conceptual entre
discriminación por razón de sexo y discriminación por razón de género, por
varios motivos.
• En primer lugar, porque ayuda a tener presente la idea de que, aunque
estrechamente unidos, el sexo y el género son diferentes, el primero es un
hecho biológico y, con excepciones, inmutable a lo largo de la vida de una
persona1, mientras que el segundo es una construcción cultural de las
características sexuales. Ambas razones pueden estar presentes en ciertos
hechos de discriminación, pero no necesariamente, dado que aun cuando el
sexo (o la idea del sexo) siempre está detrás de las construcciones de género,
aunque sea como origen de su configuración como tales, es posible que
funcione de manera relativamente independiente como motivo de la
discriminación.
• En segundo lugar, de esta manera es posible aceptar que el género, una
categoría de análisis que permite ver cómo suelen asignarse lineal y
estereotipadamente conductas, valores y actividades a uno u otro sexo, no
puede ser entendido como productor de estructuras inmutables, ni como
determinante de identidades masculinas y femeninas estáticas. Muy por el
contrario, la perspectiva de género debería posibilitar la observación y el
análisis sobre cómo se reproducen estas configuraciones, sobre cómo cambian
a través del tiempo y en diferentes lugares, sobre cómo las personas reflejan o
modifican dichas configuraciones, sobre cómo coexisten, armoniosamente o en
confrontación, las asignaciones tradicionales de lo femenino a las mujeres y de
lo masculino a los hombres.

El sexo y el género bajo perspectivas críticas
Aunque pueda parecer sencillo y claro hablar del binomio sexo y género, y
utilizar la perspectiva de género como herramienta de análisis conceptual,
actualmente, con casi tres décadas de historia a cuestas y un vastísimo
desarrollo alimentado principalmente desde el feminismo y los núcleos de
estudios de la mujer, es necesario al menos dejar planteados algunos de los
aspectos que han despertado mayores debates en torno al significado y las
interpretaciones que se han dado al sexo, al género y al ser mujeres y ser
hombres en las sociedades humanas2.
La amplia difusión y gran utilización que el concepto de género ha alcanzado
en las últimas décadas del siglo pasado, han devenido también en frecuentes
distorsiones en la comprensión y los significados que le son atribuidos, por
parte de públicos diversos y numerosos. Así, se suelen señalar como ejemplos
de la mala comprensión del género su utilización como sinónimo de ‘mujer’ o
‘mujeres’ o la suplantación del vocablo sexo por género, por ejemplo cuando se
desagregan estadísticas, en una suerte de adaptación a la supuesta moda
conceptual predominante, para darle seriedad al tratamiento de cuestiones
referentes a las mujeres o para quitarle “la estridencia del reclamo feminista”
(Lamas, 1996; ver también Barbieri, 1992 y 1996). Pero, a más de este tipo de
efectos de la popularización de una perspectiva teórica, otros debates han

- 20 -
Educación No Sexista

enriquecido y profundizado el tratamiento de la perspectiva de género y de las
cuestiones relativas al sexo.
Uno de ellos se refiere al binarismo simplificante en que muchas veces se cae
al considerar los sistemas de sexo - género, ubicando a la parte biológica del
par (el sexo) como dato “objetivo” de la realidad que tiene como referencia
indiscutible al cuerpo y a una biología que no admite disonancias con respecto
a modelos bipolares preestablecidos y siempre idénticos a sí mismos,
desconociendo la realidad intersexual de muchas personas. Otro asunto es el
de la identidad de género, que no necesariamente se corresponde en todas las
personas de manera directa con el sexo en sus manifestaciones genitales e
incluso cromosómicas. A esto se refiere ampliamente Lamas, colocando el
debate no solamente sobre el plano corporal, sino además en la subjetividad y
en la vivencia de la sexualidad. Al respecto afirma: Para derrumbar concepciones
biologicistas basta comprender que tener identidad de mujer, posición psíquica de
mujer, “sentirse” mujer y ser femenina –o sea, asumir los atributos que la cultura
asigna a las mujeres– no son procesos mecánicos, inherentes al hecho de tener cuerpo
de mujer. Contar con ciertos cromosomas o con matriz no lleva a asumir las
prescripciones del género y los atributos femeninos. Ni viceversa (en el caso de los
hombres). Las conceptualizaciones que vinculan de manera determinista cuerpo,
género e identidad se estrellan contra la multiplicidad de “identidades” que hoy en día
observamos en mujeres y hombres (Lamas, 2000: 78).
De esta manera puede verse, en palabras de la autora, “la complejidad del
proceso de adquisición del género por parte de cuerpos sexuados en una
cultura” (Ibíd.: 83), y quizás sean mejor comprendidas las migraciones que a lo
largo de la vida de una persona pueden darse desde la identidad de género
asignada a la posteriormente asumida.
Otro grupo de cuestiones se vincula con expresiones de la sexualidad, como los
deseos, las preferencias, la selección de parejas y las formas de la actividad
sexual. Gayle Rubin, años luego de desarrollar su pionero ensayo sobre el
sistema sexo-género en 1975, agregó el elemento “sexualidad” como uno más
que es imprescindible colocar en un plano analítico que intente dar cuenta de
complejas situaciones de dominación presentes entre los seres humanos, a
partir de los asuntos relacionados con el sexo, la diferencia sexual y el ejercicio
de la vida sexual (Rubin, 1986 y 1989). Y, de hecho, actualmente se ha
profundizado en esta perspectiva desde la militancia y los estudios sobre
orientación sexual, sobre opciones sexuales y sobre expresiones de la
sexualidad.
Otro debate de gran relevancia es el referido a la identidad de género y a la
posibilidad de ubicar al “sujeto mujer” de manera inequívoca, con la carga de
esencialismo que muchas veces ha teñido este tipo de esfuerzos. Bastante más
tardíamente, también el “sujeto hombre” es problematizado en el marco de los
estudios sobre la masculinidad. Dentro del feminismo (o los feminismos, para
no olvidar su pluralidad), se ha pasado de la invocación a “la mujer” y al
género femenino casi como universales, al reconocimiento de que las
diferencias entre mujeres, de acuerdo a otros múltiples aspectos que influyen
en la identidad de las personas, son relevantes e imprescindibles para
cualquier planteamiento analítico y para cualquier lucha social que busque
erradicar la discriminación y construir nuevas relaciones entre los sexos. En
palabras de Stanford (2002: 7):
La subjetividad... cobra forma en la intersección o en el entrecruzamiento de diferentes
sistemas de estratificación donde los circuitos de poder y privilegio son

- 21 -
Educación No Sexista

multidireccionales y complejos. Los individuos están constituidos en este punto de
intersección; no pueden ser definidos por una identidad simple como el género, o la
raza, o la religión, o la nacionalidad o la sexualidad. Los individuos pertenecen a
múltiples comunidades, a veces sobrepuestas, a veces contradictorias. Las narrativas
de interacción entre estos diferentes ejes de diferencia forman subjetividades fluidas,
situacionales y relacionales...
En este terreno teórico, la identidad es producida a través de una negociación compleja
entre el agenciamiento de los individuos, el significado de las pertenencias
comunitarias y los determinantes culturales basados en la interacción de múltiples
sistemas de estratificación social (por ejemplo, raza, etnia, religión, clase, sexualidad,
nacionalidad, edad, etc.).
Estas perspectivas permiten acudir al género y al sexo y analizar las
discriminaciones basadas en ellos, sin olvidar la complejidad de estos asuntos
y otros determinantes numerosos que inciden en la vivencia de la
discriminación por parte de una persona concreta, en una sociedad específica y
desde su particular posición con respecto a otros ejes de análisis tan relevantes
como éstos.

La discriminación en contra de las mujeres como forma
histórica de manifestación de las discriminaciones por
razones de sexo y de género
El concepto de género es útil no sólo para dar cuenta sobre cómo el ser
mujeres y el ser hombres depende de marcos culturales específicos, sino
además ha sido imprescindible para entender que entre las consecuencias de
estas construcciones existe una realidad injusta, la desigual distribución del
poder y la exclusión y discriminación sufridas por las mujeres. Esto no siempre
es así, pues en ocasiones, aunque se comprende el concepto de género y sus
efectos en la vida social, se aceptan las configuraciones genéricas dominantes
y tradicionales como inevitables o como necesarias, o incluso como deseables
para la humanidad. En este sentido es frecuente escuchar o leer alegatos a
favor de la “complementariedad” entre los sexos, que se refiere sobre todo a
los roles que cada uno de ellos debe desempeñar para el sostenimiento de una
supuesta armonía social, fundamentados en visiones ideologizadas de la
familia o en concepciones religiosas o en inamovibles mandatos divinos.
Sin embargo, el concepto de género puede ser usado también, y de hecho lo
ha sido de manera primordial, como una herramienta analítica potente para
descubrir y desnaturalizar relaciones de poder y de dominación en las
sociedades humanas, principalmente aquellas que derivan en perjuicios para
las mujeres, sus posibilidades de expresión, de educación, de acceso a bienes,
de desarrollo, de trabajo y autonomía económica, de ejercicio de poder político
y de realización personal. Las construcciones de género predominantes
también pueden ser vistas como restrictivas y perjudiciales para los hombres
como colectivo, en tanto los preconfigura y constriñe en patrones de conducta
y valores que limitan sus potencialidades. Sin embargo, difícilmente se pueda
discutir, a la luz de numerosos registros e investigaciones, que los efectos
históricos del género han sido más dañinos para las mujeres que para los
hombres. Como se señalaba al principio, esta es la raíz de los malentendidos y
del solapamiento que se da entre “la cuestión de género” y “las cuestiones
femeninas”. Por ello, es inevitable pasar de una revisión general de los
conceptos a su aplicación concreta en un colectivo determinado, que
representa la mitad de la humanidad: las mujeres.

- 22 -
Educación No Sexista

Cuando se intenta definir la discriminación en contra de las mujeres se tiene un
punto de partida muy ventajoso, que es la existencia de una Convención de las
Naciones Unidas que tiene por objeto tratar este tema: la Convención sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, aprobada
en 1979 por el pleno de este organismo, y ratificada por el Paraguay en 1986.
Esta Convención, en su primer artículo, define a su objeto de la siguiente
manera: A los efectos de la presente Convención, la expresión “discriminación contra
la mujer” denotará toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga
por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la
mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre
y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas
política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera.
Esta excelente definición, que podría ser aplicada a cualquier otra situación de
discriminación, es actualmente el principal marco para la evaluación sobre las
discriminaciones que afectan a las mujeres en todo el mundo.
Desde el pensamiento y la acción del movimiento feminista es donde más se
ha trabajado para visibilizar y eliminar la discriminación hacia las mujeres.
Desde sus inicios en la segunda mitad del siglo XIX, el feminismo ha inspirado
la organización de mujeres, en numerosos países del mundo, que buscan
cambiar un estado de cosas que consideran injusto en lo referente a las
relaciones entre los sexos. Bajo la enorme diversidad de este movimiento,
probablemente la principal convergencia se da en la consideración de que la
inferiorización y la discriminación hacia las mujeres no son naturales y pueden
ser modificadas. Zaffaroni (2000:27) encuentra en este discurso un potencial
tal que lo califica como “el discurso antidiscriminatorio por excelencia”. Afirma
este autor que la esperanza que abre el feminismo no la pueden abrir los discursos de
los otros discriminados porque:
1. son minorías más o menos numerosas, pero ninguno de ellos abarca a la mitad de la
humanidad;
2. algunos de los grupos discriminados se renuevan en forma permanente, de modo
que pierden identidad (los niños se hacen adultos, las personas mayores mueren);
3. la supresión de las otras discriminaciones no alteraría tan sustancialmente la
jerarquía de la sociedad verticalizada y corporativizada;
4. el discurso feminista es susceptible de penetrar en todas las agencias, clases,
corporaciones e instituciones, es decir, no hay loci de poder social que no pueda ser
alcanzado por las mujeres; y
5. el discurso feminista es susceptible de complementarse y compatibilizarse con todos
los otros discursos de la lucha antidiscriminatoria.
El análisis de Zaffaroni es sin duda alentador y optimista para quienes somos
feministas; pero, más allá de eso, interesa rescatar la idea del potencial de
articulación de esta perspectiva, aunque todavía no sea corriente que las
luchas en contra de otros mecanismos de opresión consideren las demandas
feministas o se orienten hacia la equidad de género. No obstante, actualmente
es difícil, desde una posición crítica y amplia, adherir a los antiguos dilemas
que oponían o establecían prioridades entre diversas luchas sociales en contra
de la injusticia y la discriminación, como ha sucedido con las demandas de
clase y de género durante tanto tiempo. Es cada vez más aceptado que una
transformación de las condiciones que generan injusticia en las sociedades
debe incluir la modificación de aquellas situaciones que han resultado
particularmente injustas para las mujeres. Pero entre las declaraciones y los
hechos hay distancias todavía grandes, y aunque los discursos se vayan

- 23 -
Educación No Sexista

acomodando a esta perspectiva integradora, la realidad sigue marchando unos
pasos atrás de las palabras.

Ideas en que se basa la discriminación en contra de las
mujeres
La discriminación en contra de las mujeres se fundamenta principalmente en:
El androcentrismo: Se refiere a la ubicación de los hombres y de lo masculino
como paradigma, como patrón y como punto de referencia para la comprensión
de la humanidad y de las manifestaciones humanas, relegando a las mujeres y
a lo femenino como las otras y lo otro, lo diferente y lo accesorio. Sobre bases
androcéntricas se ha construido un mundo, con su historia y con su estado
actual, donde la existencia, los aportes, las perspectivas, las necesidades y la
vida en general de las mujeres están en un segundo plano ya invisible, ya
borroso o difuminado por el foco principal de atención. El androcentrismo ha
posibilitado que las mujeres sean subsumidas dentro de la “idea general” del
hombre, con manifestaciones muy conocidas a nivel del lenguaje, o de una
historia contada desde las guerras y desde la política (ámbitos masculinos por
excelencia), y no desde lo cotidiano y lo privado (vivencias y lugares más
vinculados a lo femenino). El androcentrismo deriva en que las mujeres tengan
un tratamiento supeditado a su relación con los hombres, tal como sucede con
la situación matrimonial (ser “señora de” o ser “señorita”), entre otras
manifestaciones varias.
El sexismo: Consiste en la atribución de un valor desmedido a las
características genéricas masculinas y, por contrapartida, en la desvalorización
de lo femenino.
Desde el sexismo se glorifica lo viril y se desmerita lo femenil. De hecho, estos
términos son hasta ahora frecuentemente utilizados como adjetivos
calificativos, admirativo el primero y descalificativo el segundo. Muchas veces
se usa el vocablo sexismo como sinónimo del androcentrismo. Aunque es
posible hacer una distinción entre ambos, son fenómenos estrechamente
unidos e interdependientes.
El esencialismo: Se refiere a la consideración de que los hombres y lo
masculino y las mujeres y lo femenino preexisten a las formaciones culturales,
por lo cual se les atribuye condiciones de inmutabilidad. Justamente, el
concepto de género apunta a la ruptura de este fundamento de la
discriminación femenina, puesto que si las mujeres y los hombres son
configurados no sólo por la biología, donde los seres humanos carecemos aún
de posibilidades de intervención profunda, sino también por la cultura, que es
obra de la humanidad, es dable pensar en cambiar cuanto de discriminatorio
hemos elaborado en torno a nuestra comprensión de la diferencia sexual.

Formas de discriminación hacia de las mujeres
La discriminación en contra de las mujeres se produce de diversas maneras. A
veces se la formaliza, dándole un carácter legal o normativo; en otras
ocasiones permanece en el terreno de las costumbres. Se describirá cada caso,
poniendo ejemplos vigentes en el Paraguay.

En las normas

- 24 -
Educación No Sexista

Las leyes y reglas escritas o practicadas muchas veces responden a ideas
discriminatorias en contra de las mujeres, y la historia de la humanidad está
repleta de ejemplos. Como ejemplos conocidos se tienen la restricción del
derecho a voto para las mujeres (en nuestro país hasta 1961) o los
impedimentos para la administración de los bienes propios a las mujeres
casadas (vigentes en el Paraguay hasta 1992). Una distinción útil al respecto se
refiere a la discriminación directa, “el tratamiento jurídico diferenciado y
desfavorable a una persona por razón de su sexo, con independencia de los
motivos que hayan movido al causante”, que puede ser abierta o encubierta
(Rey Martínez, 1995: 67-69); y la indirecta, que se refiere a “prácticas o
medidas que, siendo formal o aparentemente neutras, producen, sin embargo,
un efecto adverso sobre los miembros de un determinado sexo” (Ibíd.: 82).
Debe notarse que frecuentemente se intenta justificar la discriminación directa
hacia las mujeres en supuestas razones de protección, sobre todo en
situaciones referentes a la maternidad y a la crianza de los hijos, que tienen
efectos adversos para las mujeres. Al respecto, aunque en el embarazo, el
alumbramiento, el amamantamiento y en algunas otras situaciones específicas
relacionadas con la maternidad es necesario que existan normas aplicables a
las mujeres que pasan por esas situaciones, la crianza puede y debe ser
compartida por ambos sexos, por lo que las diferencias en este plano pueden
ser consideradas innecesarias y de efectos negativos.
En el Paraguay persisten discriminaciones normativas que perjudican a las
mujeres. Un ejemplo de discriminación explícita recientemente eliminada de la
normativa paraguaya3 se daba en el Instituto de Previsión Social (IPS), que
permitía a los trabajadores varones extender los beneficios del seguro social a
sus esposas y concubinas, aunque no sucedía lo mismo con las trabajadoras.
Se puede imaginar detrás de esta discriminación la falsa idea de que basta el
trabajo del hombre para sostener a la familia, por lo que los beneficios que éste
adquiere se extienden a una esposa que no accede directamente a la
seguridad social por vía laboral. La ley previsional suponía que las mujeres
trabajadoras eran tales debido a la ausencia de un hombre que las sostuviera
económicamente y les transmitiera esos beneficios, o en todo caso establecía
que ellas no debían ser correas de transmisión de prestaciones sociales. La Ley
Nº 2.263 del año 2003 sobre el régimen de jubilaciones y pensiones igualó a
trabajadoras y trabajadores en los beneficios de la seguridad social, aunque el
cumplimiento de esta igualación aun se enfrente con obstáculos
administrativos. En materia de seguridad social, también provoca efectos
discriminatorios la restricción de beneficios a quienes cotizan por menos que el
salario mínimo, situación que afecta extendidamente a las mujeres que
trabajan a tiempo parcial y a las trabajadoras domésticas.
Puede existir discriminación aunque no se nombre a uno u otro sexo como
destinatario de una ley. Eso pasa con la reglamentación del trabajo doméstico,
el único tipo de ocupación legalmente discriminado en Paraguay, para el cual
se acepta una remuneración de hasta el 40% del salario mínimo y un descanso
no inferior a 12 horas (con lo cual se supone que las/os trabajadores
domésticas/os deben trabajar otras 12), entre otras diferencias injustas con
respecto a los beneficios a que tienen derecho las demás personas
trabajadoras. Como se sabe, esta ocupación es predominantemente femenina
y además absorbe a una alta proporción de la población de mujeres
económicamente activas del país.

- 25 -
Educación No Sexista

Determinadas leyes perjudican extendida y exclusivamente a las mujeres,
como sucede con la criminalización del aborto, principal causa de la alta
mortalidad materna del Paraguay. De su penalización en la legislación vigente
deriva su ejecución en condiciones insalubres, causante de esta alta
mortalidad. Además en el articulado del Código Penal permanece la referencia
al honor de las mujeres, pues el intento de salvar la “mancha” del mismo es un
atenuante de la pena para el marido, padre o hermano que haya provocado o
ayudado a provocar un aborto.
Esto remite al juzgamiento moral de conductas sexuales femeninas, tradicional
causa y efecto de la discriminación hacia las mujeres.

En la práctica
Muchas de las conductas humanas y los valores en que las fundamentamos
tienen como efecto la discriminación de sexo. La mayoría de las veces estas
prácticas están incorporadas a las costumbres de los grupos humanos y no
están establecidas oficialmente, por lo que se tiende a naturalizarlas e
ignorarlas como fuentes de discriminación. Los efectos de la discriminación de
hecho son muy visibles, pero generalmente difíciles de erradicar. Las acciones
positivas apuntan precisamente a actuar ante este tipo de situaciones.
Un ejemplo concreto, vigente no solamente en el Paraguay sino también en la
mayoría de los países del mundo, es la exclusión o el escaso acceso de las
mujeres a espacios formales de decisión. Si bien ya no es frecuente que existan
normas que restrinjan la elección de mujeres para ocupar cargos (y en el
Paraguay no las hay), los mecanismos que operan para producir este resultado
se encuentran en las mismas mujeres, en los partidos y en el electorado. Las
mujeres son menos propensas o más temerosas a la hora de buscar un cargo,
los partidos preservan la tradición de destinar y facilitar esos lugares a los
hombres, y el electorado aún desconfía de la capacidad de las mujeres para
desempeñarse en puestos que siempre han sido masculinos.
Otros ejemplos pueden ser dados, como las situaciones que se presentan al
anunciar públicamente ofertas de trabajo. En este país las empresas que
solicitan postulaciones laborales frecuentemente se refieren al sexo de las
personas como condición excluyente o preferente, a veces de manera explícita,
otras veces usando el lenguaje, como cuando se pide “secretaria” o
“ingeniero”, y en otras oportunidades utilizando caracterizaciones que remiten
a cualidades típicamente asociadas a uno u otro sexo.
Además, existen prácticas de discriminación graves y habituales, como la
expulsión de las adolescentes embarazadas de establecimientos
educacionales, o las referencias de los medios de comunicación a las
conductas de mujeres con frases que responden a códigos moralizantes
(ejemplo: “mujer de vida fácil”). Pero las prácticas discriminatorias pueden ser
más bien sutiles, tal como sucede cuando se ignora sistemáticamente la
opinión o los aportes de las mujeres en algún campo. Las políticas solían
señalar cómo de manera irritante sus posturas eran pasadas por alto hasta que
algún hombre de la reunión las expresara, y ya se ha puesto como ejemplo la
invisibilidad femenina ante la historia.

Reflexiones finales

- 26 -
Educación No Sexista

La discriminación en contra de las mujeres tiene las siguientes características,
que conviene no perder de vista si se la quiere analizar o si se desea trabajar
en contra de ella:
a) Es tan extendida que afecta a la mitad de la especie humana. Aun cuando
muchas mujeres manifiesten no haber vivido situaciones de discriminación, es
razonable pensar que las limitaciones y desventajas que afectan a las mujeres,
por ser tales les llega y perjudica aunque sea indirectamente. Y, más allá de lo
indirecto, toda mujer por el simple hecho de serlo es una candidata potencial a
víctima de discriminación si tan solo las circunstancias se conjugan para ello.
b) Hay una responsabilidad colectiva, más allá del sexo al que una persona
pertenece, en la discriminación en contra de las mujeres. Aunque los beneficios
de esta forma de discriminación son siempre para los hombres, las personas
responsables de ella son tanto mujeres como hombres. No se puede olvidar el
papel de numerosísimas mujeres, depositarias por tradición de la crianza de
niñas y niños, sobre todo en la familia y en la escuela, quienes transmiten
pautas de conducta altamente discriminatorias para su propio sexo. Muchas
veces se alega esto para desmerecer las luchas feministas por la igualdad,
confundiendo el efecto negativo de la discriminación y la necesidad de
erradicarla con la responsabilidad de su existencia.
c) La existencia de discriminaciones por razón de sexo opera sobre la compleja
cancha de juego de las diferencias y de las identidades. Por eso, es habitual
escuchar alegatos a favor de la femineidad y lo femenino para oponerlos a la
idea de igualdad entre los sexos. Ciertamente, sería injusto pretender que las
mujeres sean idénticas o parecidas a los hombres para defender la igualdad, o
viceversa, pues es frecuente que ambos se sientan cómodos en el marco de la
identidad que se han construido como tales. Al respecto, es útil definir a la
igualdad no a partir de un criterio de semejanza sino de justicia (Sartori, 1987:
411 - 416), como una “convención a partir de la cual se otorga el mismo valor
a componentes diversos de una sociedad” (Bareiro, 2002).

- 27 -
Educación No Sexista

BIBLIOGRAFÍA
› De Barbieri, M. Teresita (1996). “Certezas y malentendidos sobre la categoría género”, en Laura
Guzmán Stein y Gilda Pacheco Oreamuno, Estudios Básicos de Derechos Humanos IV, San José
(Costa Rica): Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), 1996, pp. 47 - 84.
› De Barbieri, Teresita (1992). “Sobre la categoría género. Una introducción teórico-
metodológica”,
en Ediciones de las Mujeres. Fin de siglo. Género y cambio civilizatorio, Nº 17, Santiago, Chile,
pp. 111 - 128.
› Bareiro, Line y Clyde Soto (2002). Políticas públicas, Asunción: Centro de Documentación y
Estudios (material educativo preparado para Decidamos - Campaña por la Expresión Ciudadana
y la Red de Mujeres Munícipes, no publicado).
› Lamas, Marta (1996). “La perspectiva de género”, en La tarea, Nº 8, Enero-Marzo 1996
http://www.latarea.com.mx/articu/articu8/lamas8.html (9 de abril de 2003).
› Lamas, Marta (2000). “Género, diferencias de sexo y diferencia sexual”, en Alicia E. C. Ruiz
(comp.), Buenos Aires: Biblos, pp. 65-84.
› Rubin, Gayle (1986). “El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo”, en
Nueva
Antropología, Vol. VIII, Nº 30, México, pp. 96-146.
› Rubin, Gayle (1989). “Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la
sexualidad”,
en Carole Vance (comp.), Placer y peligro. Explorando la sexualidad femenina, Madrid:
Revolución, pp. 113-190.
› Rey Martínez, Fernando (1995). El derecho fundamental a no ser discriminado por razón de
sexo,
Madrid: McGraw Hill.
› Sartori, Giovanni (1989). Teoría de la Democracia. Tomo 2: Los problemas clásicos, 2
volúmenes,
México: Alianza.
› Stanford Friedman, Susan (2002). Globalización y teoría social feminista: Identidad en
movimiento,
paper especialmente preparado para el seminario “Globalización y Género. Dimensiones
económicas, políticas, culturales y sociales. Tensiones, reacciones y propuestas emergentes en
América Latina”, PRIGEPP-FLACSO.
› Zaffaroni, Eugenio Raúl (2000). “El discurso feminista y el poder punitivo”, en Haydée Birgin
(comp.), Las trampas del poder punitivo. El género del Derecho Penal, Buenos Aires: Biblos/
Centro
de Apoyo al Desarrollo Local (CEADEL), pp. 19-37.

- 28 -
Educación No Sexista

- 29 -