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Educación de la voluntad

En los ambientes educativos se habla mucho de la Pedagogía del
esfuerzo como base para aprender con eficacia y tener éxito en los
estudios y en la vida. En numerosos estudios de investigación
educativa se concluye que el “querer estudiar” es más importante que
la inteligencia en el rendimiento escolar. Afirma Payot que “el genio
es, ante todo, una larga paciencia: los trabajos científicos y literarios
que más honran al talento humano no se deben en modo alguno a la
superioridad de la inteligencia, como generalmente se cree, sino a la
superioridad de una voluntad admirablemente dueña de sí misma”.
Desde distintos sectores de la sociedad se promueven “campañas”
contra la droga, contra el alcoholismo, contra la promiscuidad sexual,
contra el tabaco y contra la violencia. En todas estas campañas se
sugiere a los jóvenes que sepan decir NO a las drogas, alcohol, al
tabaco, etc. Pero para ello hace falta que cada chico y chica tengan
una voluntad fuerte.

Por eso es importante educar la voluntad que en último término
se resume en educarse a sí mismo.

Pero, ¿qué es la voluntad? Podemos decir que es la potencia del
alma que mueve a hacer o no hacer una cosa. La voluntad mueve a
hacer o a conseguir los ideales de la juventud y los objetivos que nos
proponemos, para mejorar la sociedad y llegar a ser un hombre
formado. La voluntad también nos mueve a no hacer o no buscar las
drogas, el tabaco y tantas cosas que perjudican al hombre.
Especialmente hay que rechazar la tendencia a hacer solo lo que nos
apetece, lo que nos gusta o lo que nos pide el cuerpo. En ese
vencimiento de cosas pequeñas se forja la voluntad: en hacer en
cada momento lo que se debe hacer aunque cueste. “Haz lo que
debes y está en lo que haces”, decían nuestros abuelos.

Hay dos factores que favorecen y facilitan la voluntad: la
motivación y la ilusión. La motivación consiste en tener razones o
causas o motivos para hacer una cosa. Estas razones o motivos nos
arrastrarán con su fuerza hacia los ideales y objetivos. La ilusión es la
esperanza acariciada por la imaginación que proporciona alegría y
buen ánimo para llegar hasta el final en los propósitos.

En la base de la educación de la voluntad está la lucha personal a
base de esfuerzos pequeños pero constantes. No se consigue la
voluntad haciendo un acto heroico en un momento determinado, sino
logrando pequeños vencimientos, con constancia, un día tras otro sin
abandonarse.

Así se forman los hombres íntegros, de una pieza; los que superan
el cansancio, la frustración, la desgana y las mil dificultades que la
vida trae consigo. La voluntad fuerte es esencial para el éxito de
muchas vidas y uno de los mejores adornos de la personalidad.

Arturo Ramo García