Prólogo Pepa Roma Finalista del Premio Planeta en 1990 con esta obra, Fernando Sdndiez Dragó tuvo qu e esperar a 1992 para obtenerlo con La prueba del hiberinto. Pero más de una vez l e he oído decir que es El camino del coI :rr.ón la novela con la que se siente más ide ntificado y de la que estd más orgulloso. También para mí essu mejor novela y uno de s us mejores libros ¡lInto con aquella tetralogía, Gargoris y Habidis. Una historia mági ca Ik España que marcó a toda una generación. Esa generación conocida /lfIr lo que él llam a la "década prodigiosa» y que, sin duda, habría sido menos prodigiosa sin su aportación . Porque si en Gargoris y Habidis, Sánchez Dragó parece despertar y dotar de voz a p iedras y símbolos miImarios esparcidospor todos los rincones de la península para co ntarnos ftna historia que yace en el subconsciente colectivo de un país, en El cam ino del corazón descubre y fija los arquetipos universales que hay tras 1m nuevo t ipo humano que surge al hilo del mayo parisino del 68 y que hoyforma ya parte de la herencia política, cultural y espiritual del siglo xx: eljipi trotamundos. Es verdad que nopuedo ser una lectora imparcial El camino del corazón es laprimera no vela en España, y una de las poquísimas que se han escrito en el mundo, sobre esa In dia que tantos amamos y pateamos en los años sesentay setenta. Todavía hoy me pregun to por qué entre la literatura generada por los que la visitaron en esa época se enc uentran tantas rlproximaciones religiosasy filosóficas -sobre todo en forma de obr as de divulgación basadas en las enseñanzas de los gurús más variopintos- y tan poca nar rativa. Se diría que al contacto con la India el occidental se queda sin palabras, descubriendo de golpe que de poco sirven para explicar lo que vey lo que siente . Mi propia experiencia con la novela Mandala me mostró la dificultad de traducir a palabras no sólo olores, coloresy sensacionesde tal intensidad que parecen desbo rdar la capacidad normal de percepción. La vida se ordena aquí de tal manera que has ta la mano tendida de un pobre, o el mínimo gesto cotidiano de un hombre bañdn-

PrOlogo Prólogo dose en un rlo o una mujer tejiendo guirnaldas deflores parecen una coreografla de lo trascendente. Tal vez por ello, los mismos autores indios hoy en boga en e l Reino Unido y, por extensión, en Occidente, desde R. K Narayan o Salman Rushdie a Vikram Seth o Arundhati Roy,prefieren eludir la responsabilidad y concentrarse en lapsicología y sociología de la India postcolonia4 ofreciéndonos pocas clavespara penetrar en esa dimensión espiritual que desde antiguo ha convertido a la India a la vez en centro difitsor de creenciasy religionesy lugar de peregrinación de occi dentales,pero también de monjes, sabiosy estudiosos del resto de Asia, en busca de conocimiento. Y es que no esfocillidiar con algo tan esquivo como es la espirit ualidad desde el ejercicio de honestidad y principio de realidad que impone una novela. La India es tan posesiva que le roba a uno el alma. Es un forcejeo que e stdpresente en El camino del corazón. Habla de esechoque con lo maravilloso e inef able que encontramos en pocas novelas, casi todas muy anteriores, como A Passage to India de EM Forster o Medianoche en Serampor de Mircea Eliade. Pero habla de algo que no estdpresente en la gran narrativa anterior. El encuentro con otros viajeros en Estambu4 la e:xperienciadefumar elprimer canuto en un antro de Benarés , con la consiguiente «borrachera de trascendencia y misticismo»; esedeambular marav illado e hipnótico al que se entrega el recién llegado a Bombay, ciudad donde in var iablementé descubre que la India es más poderosa que é4·el descenso último a los infiernos con el obligado tryp psicodélico en Bali. El camino del corazón recorre todas y cad a una de las estaciones, ritos de paso, de ese peregrinaje «a lasfuentes del conoc imiento» de unos viajeros que concebían la India y, por extensión, Oriente, no como un lugar en la geografla sino como un estado de conciencia. De ahí lo imprescindible de esta novela a la hora de recuperar las vivencias de una generación. Estd escri ta con esa misma avidez, voracidad, con la que viajdbamos. Ansiosos de descubrir de una vez por todas el sentido último de la vida. Hasta las andanzas del protago nista, Dionisio, parecen una copia exacta de las del Fernando Sdnchez Dragó viajer o. Pero que nadie se llame a engaño, esto essólo el argumento. Otra cosa es el tema, el riquisimo entramado de personajes y significados que encierra esta novela. E l argumento es lo que impacta y el tema lo que permanece. Tal vez por ello, lejo s de haber quedado reducida a un simple documento de época, ésta es una obra que gan a en profundidad con la perspectiva con la que ahora nospermite leerla elpaso de l tiempo. A medida que se leey releey los ojos se habitúan a losfocos deslumbrante s, emergen delfondo del l~scenariouna serie de personajes que actúan como esos coros de la conáencia de las tragedias griegaspara revelarnos una verdad superior mornentdneamente eclipsadap or un héroe que acapara el centro de la escena. La novela se trenza a lo largo de tres líneas narrativas: las memorias que escribe Cristina en primera persona, las cartas de más de cien folios que le envia el siempre desmesurado Dionisio-Ulises d esde Asia, y la noIJelaen tercerapersona sobre las andanzas de Dionisio. Una con strucción que sólo al final revela su complejidad y perfección borgiana. Narraciones e n paralelo que actúan cada una como un espejo que devuelve una imagen modificada d e la otra. Toda la novela es un juego de espejos,reverberaciones,fantasmas, dobl es, que, como en aquel El lobo estepario de Herman Hesse, hacen difícil decir al f inal quién es el verdadero protagonista, si eseDionisio que recorreel mundo como u na reencarnación de Ulises o esa Cristina-Penélope, la mujer embarazada que le esper a en casa. Si Dionisio estd ahí en representación de la épica de todos los tiempos, Cr istina lo estd en representación de lapoesía. Pero de nuevo essólo un espejismo,porque todo el relato contiene una subversión constante de valores, confiriendo a esa Cr istina «que sufre el mal de la ausencia», a veces «deprimida», una superioridad sobre es e héroe que, en elfondo, no es más que «un niño en busca de lospersonajes de los cuentos de su infancia». Cristina, lejos de ser la mujer abandonada y víctima, contempla la s correrías de Dionisio con la comprensión de una madre que sabe que hay que dejar q ue el niño crezca por su cuenta, antes de que pueda volver a casa convertido en «un hombre con mayúscula». El amor, la amistad, son temas tan centrales de esta novela c

hogar y aventura. a veces. acción y contemplación. los . y esa mirada hacia el interior no sólo de si misma. Su estilo t repidante -propio de una novela de aventuras y tributo expreso a Salgari.omo la aventura. es la que nos proporciona todo el rato Cristina. Cómo se co'mpagina libertad y amor. sino t ambién del hombre al que ama. sino quien s abe mirar hacia dentro. entre otros.nos remite a la búsqueda de un tesoro. Es e tesoro no es otro que el de la generosidad: «he tenido la suerte de comprobar qu e. es un dilema que recorre la historia. Todo en ell a nos dice que quien encuentra no es quien corre hacia el exterior. Es la via de conocimiento sufl. sólo que éste no se encuentra escondido en un lugar inaccesible de una isla perdida. sino en el corazón de los hombres. presencia y ausencia. ¿Cómo p uede ella conocer mej'Ora Dionisio que él mismo? Tal vez la respuesta hay que busc arla en lo que se nos dice desde el mismo título de la novela: el camino del conoc imiento no es otro que el del corazón.

En realidad. tie ne mucho de don Quijote por tierras de la Mancha. Krishna y Ulise s. Todos lospersonajes de los que extrae alguna enseñanza tienen algo de esos sabios o maestros sufls ocultos tras la figura del loco o el borracho tirado por los caminos que encontramos en Rumí. como ese Caminador «castizo con gesto de albañil ibérico»._------_. Pero. pero también de Sancho Panza. dice uno de ellos. Unidad por fin encontrada en eljondo de sí mismo. De diosesy héroes míticos del panteón hindú y griego como Shiva. O también.aderas enseñanzas no se encuentran en esosjipis disfrazados de santones orientales. Si Cristi na actúa como el doble. Se trata de reconocer al maestro escondido tras las aparien cias. le dice el Caminador Manchego a Dionisio. Cada situación y personaje va abriéndose a nuevas interpretaciones a medi da que te parece descifrar su significado. Oriente sepresenta como es pejo de Occidente.---_._-----------Prólogo seres !Jumimos ayudan a sus sem~jantes». Basta confiar. a pesar de las referencias const antes a la literatura de todos los tiempos y lugares. en ese viaje de Dionisio con hongos alucinógenos en Bali. Fernando Sánchez Dragó El camino del corazón . La misma actividad del héroe no es m ds que la obsesiva búsqued. Dionisio. que en esto consiste bdsicamente e l camino hacia la iluminación. Por ello. haciéndose a sí portador de esa permanente aspiración de la filosofta oriental a traspasar el vel o de maya o de la ilusión para penetrar en la unidad. preparado partl lJolvertl casay reencontrarse con Cristina. «Para disfrutar de la vida basta con estar viv o». Pero no es un acto de fe iluso en el destino el que se nos pide._ . dnima o espejo de Dionisio. esa versión oriental del Lazarillo de TormeJ~ representados aquí por esos «pícaros» que se encuentran por los caminos. un castellano por tierras de Oriente. Reconociendo e n eljipi sólo a un nuevo avatar o transmutación de tipos humanos anteriores. Dionisio sabe que las verd. Es esa capacidad de ver en seresde hoya tipos humanos eternos y universales lo que hace de El camino del corazón una especie de cosmogonía o mosaico de la cultura unÍlJersal y lapsique humana a finales del siglo xx. del que emerge por fin el h ombre nuevo. el libro no se agota en lo que dice.pero también de los Kim de la India. sino en los seres h umanos más desprovistos de artificio. toda la novela es un viaje de la diversidad hacia la unidad. todo el libro parece d edicado a decirnos que las apariencias engañan.. y al revés. Dionisia. al diamante en bruto que brilla en elfondo de cada uno. ba. Contradiciendo a ese Dionisio que no se cansa de decir que «la única mirada que vale es la primera». sino en la naturaleza humana: «mds tarde o mds temprano termina por aparecer una persona de buen corazón».a de una verdad oculta tras las apariencias.

Popol-Vuh A Caterina. pregúntate cuál de ellos tiene corazón. porque antes de nacer estuvo en Kandahar . para que camine Ya Ayanta. en memoria y a cambio del libro que la muerte le impidió escribir A Al ejandro.Cuando tengas que elegir entre dos caminos. Qu ien elige el camino del corazón. no se equivoca nunca.

Yo. cojines. me duchaba. Puede usted estar segura de llegar si camina durante un tiempo lo suficientemente largo. -En ese caso poco importa el camino --declaró el gat o. con tal de llegar a alguna parte -añadió Alicia a modo de explicación. en la ca ma turca del cuartucho que él mismo ha bautizado con el nombre de salón de música. máscaras. no atinaba a do rmirse. Divina Comedia -¿Querría usted indicarme qué camino debo tomar para salir de aquí? -Eso depende en gran medida del lugar a donde quiera ir -respondió el gato... mientras tanto. Las campanadas . por los balcones que dan al paseo de la ciudad provinciana. espejos. supongo. Ll eva camisa y tejanos. después del desayuno. -Llevo más de veinte años dándole vueltas a este lib ro y nunca había leído lo que voy a leerte. . acarreaba objetos. DANTE ALIGHIERI. Estoy frente a él. me observa y dice: -Mira lo que encontré ayer. No sabe por dónde empezar. diez metros cuadrados y dignificados por los cachivaches recogidos en el curso de nuestras andanzas. Está descalzo. y. carteles taurinos. talismanes. la estela del vuelo rasante de los vencejos. hojeaba el periódic o. Tiene un libro entre las manos. -¡Oh! --d ijo el gato--. probablemente. Siempre regresa a la lectura de Antonio Machado en esta ciudad: una costumbre. al dar las doce en el reloj de péndulo del comedor. Hoy. Por fin. En él.Nel mezzo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva scura che la dirit ta via era smarrita.. . se cuelan la luz del mediodía. Me mira. me ha llamado. Sabía que iba a hacerlo. lo han sacado de su ensimismamiento. Pinturas. casi a ras del suelo. Son . me vestía. se revolvía entre las sábanas. las voces de la ca lle y a veces.. Está sentado. devolvía el orden a la casa. Una puert a acristalada de doble hoja se abre al comedor. ídolos de rostro desencajado. la cacharrería y la quin calla de los restos de un naufragio. revistas de otras épocas: todo el ajuar. fotos. --dijo Alicia.. -. No se va de mis pupilas. naturalmente. monedas. apenas. LEWIS CARROLL. -No me preocupa mayormente el lugar. que empezó en su infancia. vasijas. botellas de licores ext raños.. se ha encerrado en el salón de música y ha puesto u n disco de Joan Baez. discos y libros. 13 . Lo abre. Juguetea con un bolígrafo. Anoche estaba inquieto. Alicia en elpaís de las maravillas Sigo viéndole. como un latigazo.

un signo de las alturas. S iente que ha llegado la hora de echarse al camino y cree. salir en su busca para encontrar otro centro de gravedad que nos sacara del desbarajuste reinante.hasta qu e la universidad volviese a abrir sus puertas. Hay una especie de sigilosa cita u niversal en Katmandú. a mirarme en el espejo y a pensar en mí. -Un poco cursi. todos nuestros sueños flotaban a la deriva. / Alma es distanc ia y horizonte: ausencia. y sucede que estoy harta de utopías. y de quemar las noches con alcohol de polvos y garrafa. Casi todos nuestros amigos lo han hecho ya o aseguran que están a punto de hacerlo. Inclina la cabeza y recita: -No me piddis presencia. una llamada. harta de postergar el comienzo de mi novela.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó No puedo evitar una sonrisa burlona. que los templos acogen a los peregrinos. y de ali mentar a gorrones de izquierdas. y de esconder a anarquistas fugitivos. nos enviaban desde allí su mensaje de sos iego y poco a poco se convertían en carne de leyenda. en Bali. sí. Siempre l e ha gustado jugar a ser san Agustín. y de permanecer a disposición de lo imprevisto. A rey muerto. además. en r esumen. Oigo voces de niños y murmullos de adultos. en Bangkok. Harta.. y por s u cauce. Cruzo el Rubicón. se acercaban y en algo había que ocu par el tiempo -decíamos todos sin esconder el desánimo ni el escepticismo-. y las puertas del pasado. pero necesaria. mientras le escucho. pongo las cartas boca arri ba: -Entonces. y de fingir que no soy una mujer celosa. pero aún teníamos la posibilidad de huir de la chamusquina por la escalera de incendios: los jipis -la otra cara de la Gran Monedaandaban ya por Oriente. Quiere viajar. y de llevarme sustos. y Dionisio -tan audaz y tan sagaz. harta de jergones piojosos. y d e hacer el amor sin amor y a troche y moche sólo para estar a la altura de lo que por esnobismo predicamos.en los territorios vírgenes eternamente olvidados por Europa y tradicionalmente situados por la Biblia al o scuro este del Edén? Cuentan que allí se sobrevive sin necesidad de dinero. que no no s queda otra salida. que las leyes no existen o no se aplican y que libremente circ ulan sustancias misteriosas y sutiles capáces de transportar el espíritu hasta las r egiones del éter.. La gente pasea. y pasea. en el m es de octubre. Sé. Es la llamada de la selva. Sonreirá con un deje de amargura . Pero viene como anillo al dedo. / Las almas huyen para dar canciones. pero burlona. ¿Por qué no librarnos de las agujetas de la revolución frustrada poniéndo nos a rastrear las huellas del paraíso --de otro paraíso-. y sucede que otra vez -erre que errehe vuelto a matricularme en letra s.se había perdido y tras ella. harta de galopes sin rumbo. rey puesto. La batalla de París -lo que los periódicos del m undó entero llamaban estúpidamente el mayofrancés. Aunque se pique. Lo más sensato era. Que es hora de decir basta. Las vacaciones. hermanitos de apuestas lo cas y de inútiles insurrecciones. tan convincente. tan ingenioso. y pasea. Mi corazón y mi sangre entienden y admiten sus razones. pero también tan cándido como todos los niños que se niegan a crecer. Amistosa.todavía ignora qu e en esta ocasión no voy a obedecerle ni a seguirle. y de buscar inexistentes puntos de fuga hacia ninguna parte. que las gentes son dulces y hospitalarias. que los dioses andan ent re los cacharros. De acuerdo en todo.. tan simpático. Claro que va a marcharse. pero mi cabeza y mi instinto las rechazan. lo que hará al en terarse (y va a enterarse ahora. de acuerdo . sino en diciembre. Sí. tan arrollador. Llegó el momento). ¿vas a marcharte? Es una pregunta idiota. de moverme siempre al son del pandero que Dionisio toca. Sé lo que está pensando: una advertericia. efectivame nte. -S oy toda oídos. Que soy una mujer a punto de germinar y voy a concederme una tregu a. por añadidura.. una premonición. en Goa. y de pasarme la vida enredada sin convicción ni voluntad de diversión en todos los juegos prohibidos que mi pareja me propone. pero sucede que ya no estamos en junio. harta de vivir a la intemperie. ¿no? -Quizá. Que me planto. Los tantanes empezaron a sonar en junio. Pero Dionisio no quiere pasear.

Su turno. y quizá lleve razón. 14 15 . Algunas fingen lo contrario en su adolescenc iay primera juventud. señorita. pero l as mujeres siempre son sedentarias. me pide arraigo. aunque a la hora de la verdad rara vez lo sean.. y se dirá: toque de retreta. Lo conozco muy bien. pero todas echan definitivamente el ancla alrededor de los treinta años y ya sólo vuelven al camino en vacacionesy con billete de regreso. me pide rutinas consoladoras y amuralladas. estudiada e irónica. O una hija. me pide hogar y. Es su estilo. Demasiado bien. Faltan sólo unos meses para que me alcance la fecha fatal y el cuerpo -lo reconozcome pide calma. Los hombres pueden ser nómadas. me pide un libro y un hijo. s obre todo.

que no pasa nada. casi a ras del suelo. -Sobreviviremos si tú sob revives. Dentro de quince días o de un año. y respondes a mi pregunta que aún rasga el aire. y porfías. -¿Cuándo te marcha s? -El uno de enero. que eres tú. pero no lo de huir. -¿Aunque eso signifique aburguesarnos? -No lo significa. -¿Punto de partida ? -Estambul. por lo meno s. mientras tanto. De eso se trata. dormir y calla r . siempre ha sabido perder. Tendrás que invertir los polos. contándome tod o. -¿Es otra promesa? -Sólo si tú quieres q ue lo sea. detallada.. me he de casar. Métetelo bien en la cabeza. y arguyes.. y me besas. Huir es buscar r efugio. Cristina. O. Siempre hemos dicho que el m atrimonio es un envase. y protestas. Lo sabes de sobra. ¿No es ésa la consigna? -Pase lo de descubrir. y me dices que si. Se a pea de las nubes y pasa inmediatamente de lo abstracto a lo concreto. y que las dos novelas provisionalmente varadas en dique seco -la tuya y la mía. claro. acepta. quien te vas. que ya estoy prácticamente co nvencida. Aunque está acostumbrado a ganar. y entonces te interrumpo sin acrimonia. -¿Una al me s? -Bueno. Y tú. coser y cantar. -Seguramente . borrasca de proyectos. -¿Y escribir? -Sí. ¿no ? Pero sólo escribiré si tú también escribes. y te explico que no nos vamos. -Según se m ire. Pero no me agües la fiesta antes de que lleguen los invitados. y también. y ya todo se hace huracán de preparativos. P ongamos el dos. 16 17 . a veces. y te recuerdo que mi pregunta sólo se refería a ti. y te desh aces en carantoñas. Sigo viéndote. O. y que nos vamos.. que no insistas. -¿Conmigo? _ -¡Premio! Eres una pitonisa: contigo. cambio la seda de Occidente por el percal de Oriente. -¿Cuándo volverás? -No lo sé. que soy tu compañera.necesitan e l caldo de cultivo de la aventura.. y rabias. en la cama turca del salón de música. contigo. Pero te juro que en el peor de los casos llegaré a tiempo de pasar aquí. minuciosa. D e momento. -¿Cartas para ti? -Cartas para mi. y crees que con ellas me seduces. Dioni. que voy a esperarte. Dioni: dormir y callar. -Mi refugio está aquí.. Al volver ya no lo verás desde esa perspectiva. y después sonríes. y desenfundas la cachiporra casi invencible de tu dialéctica. si es que así lo deseas. que nos conviene abrir un pequeño paréntesis de re spiro y desagüe en la brega de la convivencia y que para llegar a ser Ulises se ne cesita una Pehélope. ¿qué harás? Sonrisa por ambas partes. y mientras tu implacable lógica femenina no me demuestre lo contrario. vórtice de c aricias y promesas. Allí termina Europa y empieza Asia. no lo significa forzosamente. Pero que sea larguísima. únicamente tú. te digo que no sueñes. -Hecho. de lo teóric o a lo práctico. y al oírme t e caes de un guindo. que es lo mejor. que puedes irte en paz.El camino del corazón Fernando Sánchez Drag ó ¡Ay. Estás sentado. Obras son amores. lo será. Todo depende de lo que se ponga dentro... Pero sobreviviremos. Dioni! . -¿Con toda la resaca de la nochevieja a cuestas? -Bueno . ~Haré lo del ratoncito del cuento. Recuérdalo. estoy huyendo de Europa para descubrir Asia. a contrapelo. que me tienes en el bote. pero que tampoc o te preocupes. También lo sabes de sobra. qu e otra vez me has llevádo al huerto de tus querencias. Es el sitio más indicado. -Sí. -¿Es un compromiso? -Es un compromiso. Y contigo. y Dionisio. -¿En este piso de ciento treinta metros cuadrados? -Tam poco. qu e te quiero. No te vas de mis pupilas. Dionisio. que tú también aca bas de doblar el cabo de las Tormentas de tu trigésimo segundo cumpleaños. -Vale --dice-: Ni una palabra más. y yo te desengaño. -¿Dónde? ¿En esta ciudad de veinte mil almas? -No.. -Será duro. y me miras contrito. Una al mes. No lo olvides en ningún mom ento. Su brusco cambio de talante no me sorprende. la noche del veinticuatro de diciembre de mil novecientos sesenta y nueve. si prefieres que te lo explique de forma más castiza. ratita.

una mujer encinta. Decir adiós con la mano. Dejar la mochila a la sombra de un chopo y levantar animosament e la mano derecha con el pulgar extendido hacia Francia. Comprar un mapa. en la taquilla un billete de segunda. S ilbar una canción de moda. Canción del pirata Salir como Marco Polo una mañana. Asia a un lado. Volver la cabeza una sola vez antes de doblar la esquina. Beber par a congelar el recuerdo de Cristina. Mirar por la ventani lla los retales verdes. Subir al tren. Esconder la bota para q ue los automovilistas no piensen que está haciendo 21 . Saludar con un gesto de la cabeza a los pocos transeúntes conocidos. Sentir el viento en las venas.Enero Capítulo I y ve el capitán pirata. Acordarse del Cid. Beber otro sorbo pensando en quienes. asomada al balcón. y allá a su frente Esta mbul. le aguardan. Bajar c on alas en los talones desde la plaza del Chupete hasta la humilde estación de fer rocarril en la que un pintoresco grupo de cineastas rodó años atrás una de las más febri les escenas de la película El doctor Zhivago. JOSÉ ESPRONCEDA. Beber un sorbo a la salud de los que se q uedan. Dejar tras él. de Unamuno y de Castilla. al otro Europa. Buscar la carretera de Roncesvalles. pero no para olvidarla. dos bo cadillos y una bota de vino. Pedir. Apearse en Pamplona. Llenarla. Llevar en la moch ila el Quijote. Pasar de largo con alegría ante los desconocidos. Comprar po r última vez en mucho tiempo un periódico español. sentado alegre en la popa. Sonreír. amarillos y ocres de los campos de pan llevar. sin saberlo.

Contempl ar con regodeo narcisista la secuencia del paisaje fugitivo. Dionisio tardó tres días en llegar a Zurich. Sentir frío en las células. Refugiarse en el comedor. empezaba la aventura: una incógnita que Dionisio tenía el deber de despejar. Cerciorarse de que va. paquistaníes e indias en una de las numerosas casas de cambio de esa ciudad de usureros. Pensar intensamente que la fe mueve montañas. y así. -Para e . irrepetible) instante por los últimos arrebo les del sol poniente. la embriaguez de la utopía. se instaló en el inhabitable suelo metálico de una camioneta cargada hasta los topes de inmigrantes clandestinos. frene y se detenga ruidosamente sobre la gra villa del arcén. Reparar en que otra vez. Dar palique. cuando alguien tabaleó en la puerta. E inm ediatamente. Presenciar desde el borde de la cuneta el espectáculo de los vehículos que aparecen por el horiwnte.y a eso de la s cinco en sombra de la tarde. Aturdirse sin am odorrarse. Contener el júbilo. para Dionisio. en los nervios y en las ar ticulaciones del alma. que era un ex misionero andaluz expulsado del Congo diez años antes. en los glóbulos. Decir adiós con la mano. esperar. la entreabrió y preguntó tímidamente si podía pasar. Esperar. Sentir en las células. en los nervios y en las articulaciones del alma el pulso de la aventura. No perde r el humor. Dionisio necesitaba un visado para Irán y un salvoconducto para salir de Turquía por el puesto fronteriw del monte Ararat. El episodio se produjo a media mañana. pasan y se van. Dionisio estaba entonces en el minúsculo despacho del canci ller. se desvíe. Permanecer en el balcón durante varios minutos y con la sangre en vilo después del últ imo beso. Franco. lo e ncontró y allí se dio de bruces con el primer fogonazo de su viaje. el salón de música y Cr istina. Sospechar que el viento correpor las venas del viajero. esperar. Conseguir que su dueño reduzca la velocidad. Atrás. Lo buscó. Recli nar la cabeza en el respaldo de la mecedora. Encender un cigarrillo. Instalarse en el asiento contiguo al del conductor. llegan. Rascarse la cabeza. definitivamente atrás. Recordar que estd embarazada y que Dionisio desconoce su brusca decisión de no recurrir por tercera vez en cinco años al aborto de costumbre en Perpignan. Entornar los ojos. la derrota. Soñar. acumulando casi la misma cantidad de i ndulgencias que en su día consiguiese el santo Job.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó autostop un borrachín. hasta la frontera. Comprobar que lleva allí casi hora y media. Alegrarse por ello. . al bajar de la camioneta y despedirse de sus lóbregos ocupantes . se ha salido con la suya. deformdndose. se detuvo allí tan sólo unas horas -el tiem po justo para comprar a buen precio divisas turcas. Comprender que la s uerte está echada. Silbar otra canción de moda. por lo menos. Reclinar la ca beza. Carrillo. en los glóbulos. el recién llegado puso manos a la obra. hacia el tec ho. Exhalar un chorro de humo y contemplar cómo sus volutas suben. Ser simpático. Pensó que lo más sensato se ría recabar consejos e información al respecto en el consulado de España. Verle dobl ar la esquina. después de satisfacer el pantagruélico apetito en un tascucio de mala m uerte y de dormir once horas de un tirón al abrigo de una casa de huéspedes para mas oquistas y en compañía de un belicoso regimiento de cucarachas. Insistir. Mirar el calendario. Aceptar que Dionisio juega a ser Marco Polo esa mañana. avistó por fin las soberbias cúpulas de Estambul iluminadas y pintada s en aquel preciso (y. Soñar despierta con el hijo que va a tener y con el libro que va a escr ibir. con los plúmbeos restos de una flndue mal digerida atascados en la boca del estómago. La segunda etapa de su viaje había durado treinta y siete im placables horas de reloj suiw. Entornar los ojos. Sonreír.y por la imposibilidad de dormir más de cinco min utos seguidos. aturullado por el forwso ayuno -el vehículo sólo se detenía cada seis horas y en descampado para que sus ocupantes h icieran aguas mayores y menores. Encauzar su ene rgía interior hacia el morro de un coche que despunta a lo lejos. quedaban las noches de París. persas. sólo allí. Amodorrarse. Allí. a trancas y barrancas. como siempre.

22 23 . Eso er a todo.so estamos -dijo desde su sillón el titular de la covachuela-o Adelante. unos pantalones grises de venta posbal ance y una camisa blanca de cuello sucio con muchos más ojales que botones. con barba de varios días y aspecto de cesante. Llevaba un gabán de color marrón y bordes r aídos. Rechinaro n los goznes y entró en la habitación un individuo de media edad. a pesar de que en Estambul había nevado a fondo por la noche y soplaba aún una cellisca de bufanda hasta las cejas y paso atrás. mal encarado. Ni calcetines ni chaqueta ni corbata ni perendengues ni tan siquiera un triste jersey acrílico. unas sandalias de monje franciscano.

pe ro desde que me entró el hormiguillo en la planta de los pies no he vuelto a acord arme de esas cosas.. -¿Me permite que le formule unas cuantas preguntas? -dijo con circun spección. ¿Aludía al tiempo transcurrido desde que le sucedió eso en la planta de los pies ? Se había puesto mlorado. -Tampoco nosotros le conoc emos. sino porque aquí.. sí. Voy camino de Kabul y dicen que no me dan el visado si antes no les de muestro que soy un buen chico . Y a día veintiuno.. francamente.. -¿Quiere usted decir que si llevo dos años de viaje? -Por ejemplo. como si tanteara el terreno--. -Perdone que le moleste por una tontería. -Sí.... pregunte . Me consta.. Quiero decir que no estoy muy seguro de cuánto tiempo ha pasado desde entonces. ¿De acuerdo? -Usted manda. Más o menos. me faltan aún dos meses para esa edad..Teodoro . .. Aquí no me conoce nadie. resultaba -como mínimü--'turbadora. claro . Teodoro Torres Berzosa. atónito y carente del desparpajo necesario para disfrazar o disimula r con la voz la sorpresa que sus ojos manifestaban. -¿Edad? -Tenía cuarenta y dos año s cuando salí de España. no tenemos sus an tecedentes policiales ni tampoco los penales. -Voy a ir tomando nota .de referencia. -¿Dónde queda eso? -En la Mancha. a veces. Lo he podido comprobar en bastantes ocasiones a lo larg o de los dos últimos años. había decidido seguir el curso de la corrien te sin meterse en berenjenales inútiles-. para servirle. Además. -¿Lugar de residencia? 25 24 . legalmente.. Bueno. -Ya . seguía sin esconder su creciente perplejidad.. Le supongo enterado de cómo fu nciona la burocracia en nuestro país. -¿De modo que ahora tiene cuarenta y cuatro? -No. -¿Las navidades? Se rascó la cabeza y fr unció los labios. Tardarían meses en llegar. sirven? Pero sí. No lo hago por entro meterme en su vida.rvac ión.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó El canciller. eso es prácticamente imposible. no e stá usted autorizado a entregarme el documento que necesito. pero a veces se produ cen milagros.. Si estamos en ener o. no lo sé. ¿Para qué cojones. -Pues no. No se lo tome a mal. El vagabundo añadió: -Tam bién he tenido la suerte de comprobar que. señor mío. p or supuesto. Me hago cargo -el canciller. -¿No mbre? .. salida de la boca de un personaje tan estrafalario e inusual como el que en a quel momento tenían delante. Antes habló usted de los dos último s años. a juzgar por la expresión de desconciert o e ironía que se pintaba en su rostro.. saludó con cautela al intruso y le invitó a sentarse. y pedirlos a Madrid .. ¿No celebra usted las navidades? Son un buen punto. -¿Y ahora? -Ahora. provincia de Albacete. Insinuó una sonrisa. pero . Pero permítame que le repita que se trata de un detalle sin excesiva importancia. ¿a qué tipo de navidades se refiere? Porque no sé si está uste d al tanto de que hay navidades de muchas clases y para todos los gustos. la verdad es que no las celebro. pero ne cesito que me extiendan un certificado de buena conducta.. con perdón.. Antes sí que lo hacía. y claro: no se lo pue do demostrar de ninguna forma. El canciller y Dionisio se miraron de reojo. La obse. -La burocracia funciona igual en todas parte s -cortó en seco el desconocido--. Segundo cruce de miradas entre el ex combatiente del mayo francés y e l misionero comboniano en la reserva. Nunca en mi vida he tenido nada que ocultar. Pero pregunte.. -¿El hormiguillo? -Exactamente. los seres humanos ayudan a sus semejantes. que era -como Dionisio verificaría a su debido momento--lo que se dice un hombre de bien. Supongo que le estoy pidiendo un imposible y que.. No soy un rel oj ni me preocupo de echar esas cuentas. como puede usted imaginar. puede poner en sus notas que lie los bártulos y me fui del pueblo hace aproximada mente dos años. Es para la embajada de Mganistán. como usted ha dicho. -Usted dirá. -Pues sÍ. -¿Lugar de nacimiento ? -Frescales de la Sierra.. ¿Podría usted decirme en qué mes estamos? -En el mes de enero. Éste.

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con qué se come eso. -¿Trabajar en qué? -En el campo. -Póngame algún ejemplo. El teórico titular d el futuro documento dijo: -¿Nómada? ¿Quién? ¿Yo? Pues lo mismo sí. Pasó.? -y así me tiré veintisiete años. -¿En el campo de Frescales de la Sier ra? -No. y corríjame usted si no estoy en lo ·cierto. Nunca he robado a nadie. que los nómadas no tienen casa.. señor Torres --dijo--.. Allí sólo hay riscos. Dionisio se echó a reír. ¿qué me diría usted? -¿Ah ra o cuando me entró el hormiguillo en la planta de los pies? -¡Y dale! Olvídese duran te un rato del hormiguillo y dígame lo que hacía usted en España. -¿Está usted casado? 26 27 . -Entiendo . si este caballero no tiene na da en contrario . Horacio. .. ¿no? El funcionario clavó los ojos en quien así le interpelaba. claro . ¿Viven aún sus padres? -¿Mis padres? ¡Quia! Los aplastó un camión de Palencia cuando yo estaba a punto de cumplir quince año s y entonces heredé el huertecillo que tenían. sin venir a cuento. El canciller empezaba a sudar tinta. -Trabajar. con el que ya había entablado relaciones cordiales y hasta amistosas.antes de que el desconocido irrumpiera con suave ímpetu quijote sco en la oficina. -¿Destripan do terrones? -Destripando terrones. ¿Cómo voy a ser un vagabundo? ¿Por quién me toma? Si lo fuese. cosas en la tierra y baj o el cielo que ni siquiera el excelentísimo señor cónsul de las Españas conoce . Ni un minuto más ni un minuto menos. Miró con sorna a Dionisio.. señor canci ller. Hay muchísima gente que no tiene residencia fija.. con inequívoca expresión de guasa. De forma que . cuando terminó la guerra. cerca de Quintana r de la Orden. de ningún modo. -Si yo le preguntara -se atrevió a insinuar con gesto s imultáneamente astuto. ¿No m e dijo antes que se había pasado media vida enseñando el catecismo en el Congo? Pues allí deben de saber bastante del asunto. barbotó: -Si es que decido extendérselo. -Un nómada viene a ser. una especie de va gabundo. -¿Solo? -Más que la una. Luego siguió: . p ero no se dio por vencido.. El canciller le citó con el pico de la muleta: -¿Y. para sus adentros. y ya veremos. -¿Cómo que no reside en ninguna parte? -Como lo oye.. Don Q uijote de la Sierra y de la Llanura tenía el ceño fruncido y estaba ensimismado.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -No resido en ninguna parte. Imagína te su canciller. -¿Hast a lo del hormiguillo? -Exactamente. con perdón. ¿Lo es usted? El aludido se escandalizó: -No.. Di onisio se dirigió al canciller. Éste gruñó algo entre dientes a propósito de la conveniencia de que los treintañeros con ínfulas de aventuras dejasen descansar a Shakespeare y a los príncip es de Dinamarca en la quietud de sus tumbas y siguió con el interrogatorio: -Todo el mundo vive en alguna parte.. por favor. decidió pasar por alto la impertinencia y preguntó a don Quijote: -¿Es usted nómada? ¿Puedo poner eso en el certificado de buena conducta? y luego. volvió a terciar en el diálogo: -Tengo oído. Mis padres se mudaron a la llanura.. no. -¿Por qué no? -Porque los vagabundos son gente de mala entraña y yo en mi vi da he roto un plato.. Explíqueme... Dionisio. y le dijo con retintín: -Hay.. cauteloso y conciliadorcuál es su profesión. y yo no volví a mover el culo. un ángel. -Se equivoc a. no estaría ahora aquí pidiéndole un certificado de buena conducta. -¿No tiene hermanos? -Soy hijo único. ha sta que me pas6 lo del hormiguillo.

-Llévesela. ojos como platos soperos. Un tijeretazo. Nos las envían por valija." .. por favor -dijo mientras se la tendía-o Aquí tenemos muchas. grasiento. pero maldita la falta que hace el parné cuando uno se dedica a dar tumbos por los caminos. . Llevaba siglos sin fumar un Ducados . pa stoso. hombre . y Dionisio -escritor siempre a la espera del milagro de enfrentarse a un montón de cuartillas en blanco para romper aguas. pero se mantuvo en sus trece de imperturbable cortesía diplomátic a. Aquel pelanas iba derecho al grano. -Muy bien.. pero no insista. exhaló con voluptuosidad la primera bocanada de humo y añadió: -¡Uf! No p uede imaginarse cuánto se lo agradezco. Cogió un cigarrillo. de la noche a la mañana? -Us ted lo ha dicho: de la noche a la mañana.. . y desde la ultramontana línea divisoria de dos continentes opuestos. T odas las que necesitamos. No he venido aquí p ara causar molestias ni para ocasionarles gastos..un sabio chino.ronlos'. -Pues no. Dejémoslo. caminador.. No pued o negarme a su invitación. tengo Ducados --dijo--. hortela no o algo así en la casilla de la profesión? -Sería una falsedad. amig o Teodoro. ¿yeso da dinero? Lo digo por la parte que me toca. tiraba a dar.. la llamada (y la llamarada) divina d el idioma. El canciller acusó el impacto de la inesperada y. El corazón de Dionisio se pu so a latir más de prisa.. en plural. \: '\. Dionisio. s in que la pregunta le sirva de molestia. señor canciller.. aflojó los músculos de la cara y permitió que se dibujara en ella algo bastante parecido a una sonnsa.. ponía el dedo en la lla ga. Hubo un minuto de silencio. si puede saberse. puedo conseguírselos..~. sintiéndose repentinamente implicado en el asunto.. Al caminador se le abl'{c. Pasó. por supuesto que no . ¿Es un delito? -No. hubiese sido capaz de vender mi alma al diablo a cambio de un cigarrillo negro español. quite! -¿Tiene algún hijo? -¿Cómo se atreve a preguntarme eso? ¿No s e ha convencido aún de que soy una persona decente? Si tuviese hijos sin haber pas ado por la parroquia. Está usted en suelo 28 . no. Cuando me entró el hor miguillo. desproporcionada vehemencia d e su interlocutor. por las buenas. No pudo terminar la m aniobra. Ya se lo dije antes. Esta vez sí que venía a cuento. Le quedo muy agradecido. Lo decía así. Dionisio parpadeó. un ángel. El canciller no soltó la presa: -y ahora. -¿Caminador? -Sí. ¡Quite. Fue el canciller quien lo dio por terminado: -¿Qué significa eso? ¿Q ue es usted peón caminero? -Peón caminero.escuchó en algún lugar íntimo de su pecho. El canciller aprovechó el momentáneo re levo en el trajín de la conversación para llevarse la mano al bolsillo derecho de la . de nuevo. -No.' /. de ninguna manera. El canciller hi zo entonces lo que cualquiera hubiese hecho en su lugar: ofrecer al Caminador la cajetilla. sacar de ella una cajetilla de Ducados y. y a . parecía -a veces. -Pues sí.'"' :. -¿Así. -¿Tiene usted Ducados? \~. otra cosa. ¿podría explicarme en qué consiste el oficio de caminador? -La propia palabra lo dice: los caminadores son personas que se de dican a caminar. ¿pongo labriego. Pero. -Venga. y ya sabe usted que el arrechucho me vino hace aproximadamente un par de años. ¿Quiere uno? -¡Hombre! La verdad es que sí. como lo dice inapelablemente el pueblo. E incluso. Lo he dicho bien claro: soy caminador . Entonces. además de intempestiva.. y le aseguro -seguía diciendo el Caminadorque en determinados mom entos.. metió baza: -Oiga. no. po r primera vez. ¿qué hace? ¿A qué se dedica? ¿Cómo se gana el pan? -Soy caminad or. No se haga de r ogar. No da una perra --dijo--. no me atrevería a pedirle lo que le estoy pid iendo.. no voy a aceptar su ofrecimiento. El interpelado. no. y quien habla es un hombre profundamente religioso. si quiere unos cua ntos cartones.ynericana. de repente.. lo encendió con el mechero que le tendía el canciller. De silencio reconcentrado.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -¿Casado yo? ¡Qué disparate! Las mujeres no se llevan bien con los hombres y sólo traen complicaciones./ Y subrayó tanto la pregunta que ésta se co nvirtió en una especie de hachazo o de proyectil teledirigido. cambié de oficio.

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. No voy a llevarme ni un cartón ni una cajetilla ni tan siqu iera otro cigarrillo. su propia his toria. cortas la luz y el agua por si acaso. y todo lo que pesa. Es un impulso irresistible. Sentía -sabíaque la historia del Caminador era. el hormiguillo e stá ya en la planta de los pies. te atas los machos y ¡hal e!. Se lleva dentro y un buen día. por fin. si alguno llega.. en seguida. no tenía ni familia. el mundo es tuyo. -Mire -siguió-. asoma la gaita. -¿Por qué no nos cuenta todo. Dionisio. alrededor de ella. por suerte.. Lunilla: porque estaba siempre.. No nos causa ninguna molestia. anda ban ahora sus pensamientos. cierras bien la puerta detrás de ti. al ver el gesto decidido y la expresión bonachona del titu lar del despacho. Y entonces. ni canario . sus sentimientos.. y . adiós . Había apoyado los codos en la mesa del canciller y las mejillas en las palmas de las manos. A partir de ese momento. -Sí. Le con fieso que no conozco esa enfermedad. Cuando quieres darte cuenta. al camino. Lo dicho: metes cuatro cosas en una maleta. ni perro. lía su hatillo. Se concedió otra pausa y rezongó: -Aunque yo. en la luna . ni gato. en cierto modo. Teodoro Torres Berzosa. Uno agacha la cabeza.. por la razón que sea. no se coge en ning una parte: ni en el campo ni en la ciudad . sino también porque los cigar rillos pesan. abiertamente. e inadvertidamente al principio. El Caminador.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó español. -Muy bien --dijo--. por lo menos. pero era un silen cio aprensivo y encajonado entre puntos de interrogación. Saltaba a la vista. zafarrancho de estupefacción gener alizada.. te calas la boina.. en el colegio.. Luego. -La lección --dijo con moderado énfasis. Algo que viene de muy arriba y que te envuelve de sopetón. No siempre podemos hacerlo. sobra. Al contrario. sus recuerdos. La alegría y la certidumbre de pisar terreno firme le llegaban de oreja a oreja. Nos brinda la posibilidad de que cumplamos con nuestro deber. presumiblemente. pasito a pasito. -¿Dejando plantada a la familia? -A la familia y al lucero del alba. respiró hondo. O sobra. en mi vida. -¿Y entonces? Entonces no hay tu tía. Por eso resultó todo tan fácil. que poco a poco estaba demostrando ser un verdadero hombre de mundo. y que a las seis de la mañana del lunes ya estaba movien do los zapatos por el borde de la cuneta en dirección a Albacete . Y también sabía.de que en la vida conviene ir siempre ligero de equipaje. Mientras hablaba. el canciller sacó una llave del cajón de su mesa.. mientras escuchaba -absorto-el relato del Caminador. no decepcio nó a quienes -anhelantesle escuchaban.. El Caminador asintió. reaccionaron y exclamaron a la vez: -¿Cómo? ¿Qué ha dicho? ¿Que pesan? El Caminad or sonrió. Titubeaba. breve pausa y. corta con todo y se va con la música a otra parte. Con decir que el ahogo me entró un domingo por la ta rde. desempeñaba las funciones de almacén. en una especie de estado de trance. Allá c ada cual con la suya. no suele apar ecer por aquí. Nada que hacer. Créame: son muy poco s los españoles que llegan a este culo del mundo y. Po r algo le llamaban de niño. Dionisio y el canciller guardaron silencio. Golpe de tos provocado por e l cigarrillo.. Marcó una pausa. mientras veía la tele. y punto . según los profesores. Dionisio y el canciller se quedaron de un aire. Con este que ha tenido usted la bondad de regalarme tengo de sobra. Yen la luna. ¿Se coge en el campo? -No. fue sumiéndose poco a poco. he dicho que el tabaco pes a y me estaba refiriendo a otra de las lecciones importantes que he aprendido en los dos últimos años. desde el comienzo? Era Dionisio quien lo proponía. se levantó y se dirigió hacia un armario que. El que la tiene. se incorporó a medias en la silla y dijo con autoridad: -Es inútil . Ya sabe: lo de no causar molestias y todo eso. la tiene. o en cualquier otro sitio similar. No es sólo por lo que le he dich o . Pero ¿a qué llama usted el comie nzo? ¿Al primer síntoma del ataque de hormiguillo? -Si se empeña en llamarlo así. templó la dureza de su voz y remachó suavement e el discurso: -Además . tiras la llave a una acequia. No abra ese armario. sus conjeturas.

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Ah ora. Sí.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó sentía. -¿Se dio cuenta de qué? Perdóneme la vehemencia y la insistencia -el canciller volvió a ponerse como un toma te-. -¿Hacia dónde? -Bueno . y en la cuple tista con el pelo cardado que lanzaba gorgoritos y ajujúes desde la pantalla del t elevisor. al parecer. No me gusta pedir limosna. cerca de Quintanar de la Orden. -Me di cuenta de lo que les e xpliqué antes.. Y dos: que todo pesa... y en la sartén sin mango con abundantes restos de fritanga. pero entonces iba mucho más despacio por culpa de la maleta. y en el mugriento retrete de pozo negro plantado en un rincón y separado del resto d el mundo por una frágil puertecilla de fuelle entreabierta y permanentemente atasc ada en su raíl. que todo es un lastre para el camino . después de que me dieran el pasaporte en Albacete. -Pue s sí: sólo una . Las cosas no suelen ir tan de prisa. en la primera se mana de su largo viaje. aprendidas por aque l trotamundos manchego le implicaban -a él. Pero . -¿En cuántos días? -No tengo ni idea. No iba a ninguna parte. sino en un lugar de la Mancha de cuyo nombre sí podía y quería acordarse. -y sólo había una respuesta posible -insinuó el canciller. entre los surcos y los rep ollos de un humilde huertecillo franciscano. Tenía unas ganas locas de darme un garbeo po r el mundo.. Además. pero sólo en casos de a puro y urgencia.. yen la enorme cama de níquel con colchón de borra y almohada sin funda. por la carretera de Burgos hasta Irún. Para el camino del viajero y para el camino de la vida.. no . deteniendo los ojos en las cortinas de plást ico con camelias estampadas.. . asomándose subrepticiamente por la ve ntana al interior de una chabola de adobe. en el momento de pegar el portazo y echarme a la carretera.y podían serle de utilidad en el futuro. aún no sabía que se puede dar la vuelta al mundo sin gastars e un céntimo.. si no tiene inconveniente . a Dionisio. ¿Por qué moles tar sin motivo a la gente? -y entonces se puso a caminar. de lo que consideramos necesario lo es verdaderamente. Yo no tenía ni rumbo ni prisa. a Lunilla. Créame: no es lo m ismo caminar con veinte kilos a cuestas que con las manos en los bolsillos. pero la verdad es que no acabo de entenderle. y en la cocina de dos hornillos con el esmalte desc onchado. Largarse sin avisar. a la hora de la siesta. Com prendí.. por no decir nada. -¿Iba a pasar el resto de mi vida así? -dijo-o Eso es lo que de pronto me pregunté aquella tarde. -¿Y el autostop? ¿Nunca pensó en recurrir a él? -No soy un jipi ni un quinqu i. y poco a poco se había ido deslizando por el tobogán del ensimismamiento hacia u na especie de estado de hipnosis. y en los aperos de labranza con pegotes de barro adheridos al meta l. y yo no nadaba precisamente en la abundancia. en Estambul. bajo un sol de apocalipsis ibérico. en la minúscula oficina de un canciller español que había sido misionero comboniano en el Congo. saco (si me empeño) una media de cuarenta o cincuenta kilómetros a l día. por suerte. Al principi o. -Explíquelo otra vez. dos cosas fundamentales para la felicidad. -¿Y qué hizo al comprender eso? ¿Dejar la maleta en un descampado? -No. Y es lo que hice... Lo del peso fue fácil. que las lecciones importantes recibidas y. Admito que se haga autostop. señor canciller. Había apoyado los codos en la mesa y las mejillas en las manos mientras escuchaba al Caminador con los ojos perdidos en el mundo del ens ueño. -No lo tengo. yen . Ya no estaba allí. en tarde de domingo. cuando espachurré la colilla en el ce nicero y miré alrededor. Siempre he viajado a pie y nunca se me pasó por la cabeza la posibilid ad de hacerlo de otra forma. Es lo único que he hecho durante los dos últimos años. El Caminador seguía por su vereda. Los trenes y los autobuses cuestan dinero. me di cuenta en seguida de lo que pasaba y. Cogí todos los ahorrillos (a lgo menos de cincuenta mil pesetas) que desde la muerte de mis padres había ido me tiendo en una caja de zapatos y me fui hacia Albacete con el carné de identidad en el bolsillo para pedir et pasaporte. -¿En qué medio de transporte? ¿En autobús? ¿En tren? ¿A dedo? 32 -No. tr an tran. normalmente... recorriendo con la mirada el exiguo y exangüe mobiliario de formica y escay.. Una: que casi na da. tiré hacia Madrid. -Me puse a caminar. Y luego.

Per o aún tardé varios meses en entender que los hombres no necesitan prácticamente nada p ara sobrevivir.A los diez minutos de salir de Quintanar ya me había dado cuenta de mi error. 33 .

-Estábamos en el momento en que empecé a tirar por la borda el equipaje. ~¿Dónde fue eso? -En Bulgaria. Créame: se nota. Asunto z anjado. me quedé sin blanca a los dos meses de empeza r el viaje. Pero daba en hueso. -Cosa fina los Ducados. cuando compr obé que sólo necesitaba los pantalones.. -¿y no dio por terminada la aventura? -¿Por qué iba a hacerlo? Al revés. Si se va usted al Himalaya . Era el canciller quien corría con el gasto de la conversación. Por sus venas corría sangre de Sancho Panza.. al coger y sopesar una por una todas mis pertenencias. y a otra cosa. -Según. por la mañana lo encuentro seco. -¿Ni lata? -Ni lata. Durant e esos dos meses no gasté más de tres mil pesetas. a regalarlas. Cogí las puñeteras gafas y las tiré a un río. -¿Nadie salió corr iendo detrás de usted para devolverle las gafas? La gente suele preocuparse por es os despistes. un par de calzoncil los y el abrigo. ¿Le queda algo de las cincuenta mil pesetas que tenía al salir de Quintana r. a vece s.. pero. -Todo lo contrario -dijo--... a la larga. El canciller volvió a la carga: -Estábamos en .El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -¿Nada? -Bueno. -¿No se quedó ni siquiera con una muda? -No. Dicen que en esos países. aún me sobra algo: el abrigo. -¿Otro ataque de hormiguillo? -En cierto modo. cuando uno dice basta. F ue entonces. -Perdone la indiscreción . . Quien dijo aquello de que la guita no da la felicidad era un geni o de tomo y lomo. un verdadero golpe de suer34 35 . El Caminador ni siquiera acusó el golp e. No era cuestión de dioptrías. ¡Qué pelmazos! Pero a la tercera fue la vencida. los zapatos. Se rieron.. no dan ni para resistir un año. No he vuelto a verlas. ¿Para qué? Antes de acosta rme lavo lo que está sucio. A tirarlas o. Éste.. -En realidad.. lo que le han contado es cierto. -¿Muchas dioptrías? -Pocas. En cuanto llegue a Paquistán o a la India. Pero cien gramos aquí. Diez mil duros. ¿Es cierto? Dionisio seguía en el nirvana de su torre de marfil. una camisa. Fue precisamente a partir de ese momento cuando las cosas empezaron a ir sobre ruedas. pocas . -Ni lata.-rís. Coja todos los que quiera sin pedir permISO.. -Tiene usted razón. otros cien allá. -Pues sí. según --dijo--. Pero eso daba lo mismo. dejémoslo. Total: que decidí prescindir de la maleta. al percatarse de ello. -No hay pero que valga. Por cierto: ¿me autoriza usted a fumarme otro pitillito? -Ahí tien e el paquete. -Nunca mejor dicho. -Se dedicaría usted a vivir por todo lo alto --dijo con una miaja de s ocarronería el canciller.. ¿eh? Paladeó a conciencia el primer buche de humo y siguió hab lando: -Lo del robo resultó ser. Para el caso viene a ser lo mismo. la figura del Caminador. Aunque. ¿Sabe usted cuánto pesan unas gafas? -Supongo que menos de cien gramos. Se nota y. sino de engo rro. de pies a cabeza.. y meter en una bolsa de lona únicamente lo imprescindible.. -Pero .. Me dio un patatús y. y en los que están más allá. que era un armatoste incomodísimo de llevar.. y todo eso durante días y días de caminata .. en casi nada. Pero. -¿Y el resto? -El resto me lo robar on unos desaprensivos mientras echaba unas cabezaditas tumbado debajo de un árbol de un parque de P. como ya les dije antes. La vida es así. Con lo que llevo aho ra. -Hasta que se quedó con lo puesto. gracias a Dios.. m e libraré de él. Me las devolvieron en dos ocasiones. Dionisio y el canciller repasaron con la mirada. en estos tiempos. se agradece. sonrió y dijo en tono de excusa: . hace un calor de órda o. en realidad. -Pues no sabe usted el peso que me quita de encima. -Empecé a tirar cosas. -y acie rta. -y empezó a tirar cosas. ¡Con decirle que llegué al extremo de tirar las gafas! -¿Es usted miope? -Hipermétrope. en líneas generales. sí.

amigo). al quedarme sin un r eal. Nuestro Señor está al quite y nunca falta un techo para el hom. No en balde llevaba en el zurrón y sobre las costillas casi tres dur os años de peleona experiencia parisiense. pero más tarde o más temprano termi na por aparecer una persona de buen corazón y. -Le va a parecer una sosería. pero el oído del subconsciente le traicionó obligándole a asentir maquinalmen te y a sonreír. cuando comprobé que el maldito dinero sólo sirve para crear problemas. en un castiw gesto de albañil ibérico que le brotó del alma. Mejor así.. -Bueno..Igual de fác il. ¿Conoce usted el refrán ese que dice que no h ay mal que por bien no venga? Por lo pronto (y no es paja. siembran la concordia. me lo leyó una vez el párroco de Fres cales cuando yo era niño y me estaba preparando para hacer la primera comunión. pero me gustaría saber cómo se las apaña para viajar en la forma en que lo hac e. miro los escaparates. -No crea. ¿eh? Cuando oigo que algu ien habla de hacerse un futuro. La gente es muy curiosa. -Sí -convi no melancólicamente el canciller. No siempre me salgo con la mía a la primera. a condición. había consentido en recibir de manos de éste. ¿no? Por lo menos cuando se encuentra lejos de las ciudades .» y volvió a zambullirse en las cristalinas aguas del portentoso viaje de l Caminador. -Sí. a regañadientes y cediendo más por cortesía que por convicción a las p resiones del canciller. Y si hace frío o llueve.. un aprisco. -Yo no sé hacerlas. arruinado.. consiguen que las derechas y las izquierdas se pongan de acuerdo. Para disfrutar de la vida basta con estar vivo. al verme sin un ochavo. me siento en la acera o en un banco del paseo. naturalm ente. que tres meses antes había perdido todos sus ahorr os en una desafortunada operación bursátil-o Pero a veces los resuelve. duermo al aire libre.. El Caminador salió del despacho del canciller cinco minutos antes de que éste cerrar a la oficina para irse a almorzar con Dionisio en una freiduría de pescado situada en la boca del Cuerno de Oro. -No sé si cometo una indi screción. me entra la risa floja. Ni un techo ni tampoco fruta en los árboles para ir matando el gusanillo. pero sin preocupaciones. -¿No le gusta París? -¿París? París es un m de mierda. vale - . -Sí. Dionisio seguía en estado de semicat alepsia. ¿sabe?. sobre todo con los forasteros. por lo menos.fue también entonces. una casa en ruinas o lo que buenamente se tercie. de que el tiempo lo permita. todo lo tiene resuelto. Desde que me con vertí en un pobre de solemnidad vivo como un marqués. que con piso en la avenida del Generalísimo y picadero en las afueras. se lo aseguro. musarañas y espejismos-o Unifican los criterios de la gent e. la verdad es que sí. me pongo a callejear. -Al fin y al cabo ése es el mensaje de Jesús en él sermón de la m ontaña -dijo no tanto el canciller del consulado español en Estambul cuanto el ex mi sionero de la orden comboniana en el Congo. supo ngo. -Como un marqués arruinado. ¡Lástima haberlo tenido olvidado durante tantísimo tiempo! Seguro que me entró el hormiguill o porque así lo decidió la santa Providencia. ya no he vuelto a tener problemas de ningún tipo. porque la verdad es que no hay ningún secreto. y perdóneme usted la grosería. Usted. Y a propósito: ¿cómo se las arr egla para comer y dormir cuando la noche no le pilla en descampado? -. Llevaba el certificado de buena conducta en el bo lsillo interior del gabán y había depositado en el pliegue superior de la oreja dere cha. «Es lo bueno que tienen los montones de m ierda -pensó entre nubes. Bueno: a la larga y a la corta. -Es probable. -Da gusto oírle. Son cosas tan viejas como el mundo. Y día a día.. y no falla. Llego a un pueblo. pues nada: a buscar un refugio. Mire: c uando la noche me pilla en descampado.. el cigarrillo que en el último momento. bre que de verdad lo necesita.. -Para colmo -explicaba éste. -y entonces le invitan a comer y a pasar la noche en su casa. cogí el portante y me largué de París.. en cambio. Yo . o de cualquier bobada por el estilo.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó te . -Comer y dormir: no hay que rascarse la cabeza pensando en otras cosas. -Aprendería a escape . señor mío. procuro que se me note que soy caminador y que no tengo prisa ni nada que hacer. Aquí sól o vienen a contarnos miserias. al ratito se me acerca alguien y pega la hebra. -Pues sí.

dijo con un gesto de resignación-o Me lleva37 .

se desnudó. Pero uno solo. aproximadame nte dos horas. se sintió t riste. Di onisio llegó a la conclusión de que. 38 ..a la habitación que compartía con un animoso regimien to de cucarachas turcas en la casa de huéspedes para masoquistas. rascarse la coronilla y proceder a un minucioso recuento d e sus pertenencias para tirar a la basura o regalar a los mendigos de las inmedi aciones los objetos que no fuesen estrictamente necesarios o que. «Probablemente -pensóalguien arr amblará con él mañana por la mañana para utilizarlo como papel higiénico. abrir las orejas y los ojo s a las enseñanzas que puedan venir por ellos. por otra arte. eso lo que mandaban las consignas -aún vigentes entre muchos de sus amigos y conmilitonesde la salvaje revoLución cultural proclamada año y medio antes por los guardias rojos de M ao Tse-tung en la lejanísima capital del Celeste Imperio? Dionisio sontió sin ganas. pero sin decidi rse a prescindir de ninguno-. le yó por última vez su comienzo. deseó su inmediata presencia. com o si estuviera reclinado en el diván moruno de su salón de música. tra s dar cientos de vueltas tirando de las bridas de la noria de su perplejidad. y la puerta se cerró tras sus espaldas. Lo hojeó con melancolía. detuvo el oleaje de l cerebro.» El donoso escruti nio duró. Tiempo excesivo. sin violentarse a sí mismo. apagó la cadavérica luz del techo. respiró hondo.» ¿No era. sin duda. salió del bache y volvió a sonreír -esta vez con ganas. Lo primero que hizo Dionisio aquella noche. pasó revista a las enseñanzas del Caminador. ¿eh? No quiero ir de la Ceca a la Meca carga do como un mulo. sólo podía y debía desprend erse de un objeto de su equipaje: el ejemplar del Qµijote. entre nostalgias. apechugar con el papel de segundón. se durmió y soñó con las an~ípodas.no queda más remedio que ser humilde. sopesar y analizar las interioridades de un raquítico macuto de aficionado al montañismo dominical de tren de cercanías. imitar y obedecer. lo desencuadernó con rabia y lo abandonó sobre la roñosa su perficie metálica de la tambaleante mesilla de noche. «Cuando se tiene la suerte de encontrar a un maestro -pensaba Dionisio al hurgar entre sus enseres comprobando que la mayor parte de ellos era pura gollería. en galló el espíritu. al volver con los ojos centelleantes -pero momentáneamente saciados. De modo que. evocó a Cristina. la de las mil torres.. aun siéndolo. pensó en los bárbaros. fantasías y titubeos. un eterno e impenitente irresoluto al que la vi da aún no había presentado al cobro la factura de sus indecisiones.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó ré uno para el viaje . Yen ese preciso instante. autorrecriminaciones. en consecuencia. se sintió solo. para manosear.al recordar que llevaba en el bolsillo del pantalón un rutilante billete de autobús con asiento de hule reservado hasta Ankara. fue vaciar todo el pintoresco contenido de su mochila sobre la escuálida colchoneta llena de loban illos y promontorios. extendió el saco de d ormir sobre la colchoneta después de desbaratar de un manotazo varios destacamento s de cucarachas madrugadoras. pe saran más de lo admitido por el riguroso código de conducta del Caminador. aceptar las pr opias limitaciones. pero quien con tanto escrúpulo y atención se entregaba a ello era un nat ivo de Libra y.

y todos habían regresado a escape sin doblar la primera esquina y con el rabo entr e piernas al único salón provisto de estufa en el bullicioso hotelucho que por la as ombrosamente módica cantidad de dos dólares al día les suministraba techo. cuando más calentaba el sol y meno s soplaba el viento. reatas de mulas herederas de la tradición de Marco Polo. arrebujados -eso sí. y todos menos Jus40 . cuando una nubecilla de humo de hogar procedente d e un bosquecillo plantado en lo más hondo de un valle informó a los contritos aventu 'reros de que la pesadilla había terminado. es uno de los dos puntos más fríos del continente asiático. se le habían transformado los lóbulos de las orejas en carámbanos cartilaginosos tan quebradiros como el cristal. jovenzuelo. Eran las tres menos cinco de la tarde. fastidio. La tropilla estaba compuesta por Dionisio. -Pues si esto sucede a med~odía -comentó sarcásticam ente el rudo insurrecto de la segunda revolución francesa-. una pareja de dandis franceses -chico y chica. la mansedumbre y la paciencia que sólo s e adquieren durante los viajes encaminados.en sus pasamontañas como las muj erucas de la rona lo hacían en el capirote del chador. faltaban dos horas y media para que la oscuridad los envolviese y atenazase. con Justo mu sculosamente aferrado al volante del catarroso Land Rover para evitar en la medi da de lo posible que sus ruedas sin dibujo descarrilaran y desencadenaran una ca tástrofe tan absurda como inútil. Y sin embargo. -Ayer estuvimos a quince bajo cero -dijo el gig ante astunano. partidas de ajedrez e inolvidables encuentros con jipis. todos habían vuelto a salir a legremente después de la comida con el propósito de visitar un campamento nómada -jaim as. -No fastidies. para echar un vistazo al mercadillo local. pastores. RUDYARD K:!PLING. huérfanos ideológicos del mayo francés. -¿Y el otro? -El otro anda por Siberia. Erzurum. una holandes a pelirroja que se le había pegado en el albergue de la juventud de Ankafa.disfrazados de Lawrence de Arabia en la película del mismo nombre y. Rewards and fairies -En Erzurum -dijo rotundamente el gigante asturiano de ojos azules que conducía el jeep.plantado a diez o doc e kilómetros de la ciudad. ducha . se miraban entre sí enarcando las cejas y esperaban lo peor con la impasibilidad. al fondo de lo desconocido. sin billete de vuelta ni límites de ti empo. según los meteorólogos. Y así estaban las cosas y los ánimos. cama.Fernando Sánchez Dragó Febrero Capítulo TI Todo esto -no digáis que no lo aviso-ya tan perdido está como la Atlántida. el gigante ast uriano de ojos azules. naturalmente. A Dionisio. durante la brevísima y frustrada excursión al zoco. Ninguno de los pasajeros le llevó la cont ra. espías de tercera clase necesitados de r ehabilitación y arqueólogos visionarios que venían a buscar los restos del arca de Noé e n las laderas del Ararat. trota mundos. que se llamaba Justo. -Fastidio. copioso yantar. Todos habían salido alegremente aquella mañana. mercaderes. que tenía fama de parecer una ilustración directamente salida de las páginas de Las mil y una noches. caravanas. pasada y congelada ya la euforia del primer momento (y también el optimi smo que unas oportunas copas de arak habían inyectado en el cotorreo de la sobreme sa).hace un frío que corta los cojones. era de Luarca y había ahorrado lo suf iciente para comprar aquel cochambroso Land Rover de quinta mano pescando sardin as en Islandia durante once frígidos meses. camellos bactrianos de la altiplanicie iran ia. un des greñado jipi suiro. guardaban un significativo silencio. a pesar de los rigores de la temperatura y de la experie ncia sufrida unas horas antes. habrá que ver hasta dónde baja el termómetro por las noches. El jeep patinaba continuamente en las angostas curvas de aquella pista de alta montaña cubierta de hielo y todos sus tri pulantes.

41 .

aunque no se refería a él llamándole por su nombre occidental y cristiano.mado y medio paralizado por las garras del reumatismole conminó a contraer matrimonio y le entregó bruscamente las riendas no sólo del negocio famili ar. simplemente . Iban con él varias personas en cuyo pecho aún no anidaba la codicia. que en paz descanse. Este vendedor de pieles chotunas acaba de cepillarse en un periqu ete. formularon la Palabra e instantáneamente los despojos se cubrieron de aren a y asumieron la forma de una feroz alimaña que se abalanzó sobre los curiosos y los devoró. -Horas desp ués -dijo-recorría aquella gente una llanura solitaria. sé que abusaréis de éh. Isa respondió: «s i os lo enseño.y el campamento anónimo levanta do por la laboriosidad y el trasiego de las gentes sin domicilio fijo en las cer canías de Erzurum. -¿Por ejemplo? Hablaban en español acele rado para evitar las intromisiones de los restantes miembros del grupo. no había transcurrido en vano. y algunos de los pájaros de cuenta que en estos m omentos nos acompañan. Pero ninguno lo dijo. Lo hi cieron. -Pues ya sabes: el igualitarismo. Tenía entonces veintidós años de briosa felicidad a cuestas y el resto de su vida. El comerciante sufí. se expresaba con relativa soltura en inglés y gustaba de apuntalar o. llevaba alrededor de treinta años yendo y v iniendo a paso de hombre entre su minúscula aldea natal-situada casi en la orilla iraní del mar Caspio. Tropezaron por casualidad co n un montón de huesos calcinados y alguien sugirió: «pongamos el Nombre a prueba». El comerciante hiw una pausa. tres borricos y siete camellos que lo alimentaba. soñador y malicioso-. le escuc haban con intensa y emocionada atención. hablaba en aquel m omento. por su forma de arrimar los labios a la boquilla del narguile y por el c ontenido de su conversación. sino también -y sobre todo-. El hijo de Miriam comentó: «jugáis con fuego». hijo de Miriam. Dionisio y Justo intercambiaron una mirada admirativa y cómplice. hablando en representación de los demás. El comerciante sufí traficaba en pieles. sin o por el que le habían puesto en árabe los musulmanes. Las reglas del juego y de lo que ya empezaban a llamar algunos la década prodigiosa prohibían terminantemente poner en tela de juici o la viabilidad y la disponibilidad del futuro. a las calles de París para armar una marimorena de las de aquí . aspiró una bocanada de humo del narguile. por su talante. la escolarización obligatoria. pidió al pr ofeta que les revelara el Nombre capaz de resucitar a los muertos. de exponer sus opiniones --envueltas en la sentenciosa inapelabilidad de la sa biduría. por su mirada. volvía al lugar en el que había nacido y vivido libre hasta que su padre -defor.caminaba Isa. todos los gloriosos principios del movimiento democrático.recurriendo a apólogos e historietas contadas en un tono vagamente similar al utilizado por Jesús en el evangelio. los derechos humanos. como quien se quita de encima una mosca. Sus acompañantes rebatieron: «estamos preparados pa ra recibir ese conocimiento que reforzará nuestra fe». y de Jesús. -Cierto día -dijo atusándose la b arba canosa con un gesto simultáneamente irónico.de la pequeña caravana de doce mulas. que parecía un palacio rústico y portátil en miniatura. calmosamente. y les dio la Palabra. precisamente. cuyo nombre desconocían. se demoraba en él al abrigo de su espaciosa y suntuosa jaima. miró con detenimiento a Dionisio y remató la fábula. todo el tiempo necesario para des pachar su mercancía y luego. -¿Pamplinas? -preguntó con retintín el coloso d e Luarca mientras los ojos intensamente azules se le ponían de vivo color burlón-o P ues por pamplinas así te tiraste tú. muy cerca de la frontera rusa. sentados fr ente a él y en torno al samovar de bronce antiguo con las piernas cruzadas sobre l as gruesas y mullidas alfombras de colores tenues. -Fiu -sil bó el primero--.. inciertos y erráticos. con la bolsa llena de sonantes y palpit antes libras turcas. por un desi erto cercano a Jerusalén. la divulgación cultural y todas esas pamplinas que los yanquis y los organismos inter nacionales están imponiendo en el mundo.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó to pensaron con una sonrisilla de conejo y un deje de indignidad que al volver s ería el reír. a juzgar por su porte. Uno de aquellos hombres. Sus huéspedes.

Justo. añadió: -Mira. y luego.te espero. de verdad: si hay algo en lo que yo no he creído nunca es en el sacrosanto mandamiento de la igualdad de los hom43 . poniéndose ser io. -A mí que me registren ~ijo. Dionisio se echó a reír.

-Exacto.. relajó los músculos de la cara y terminó el párrafo: -Yen l o que respecta a la escolarización obligatoria. Proust decía qu e une más la consanguinidad de espíritu que la identidad de pensamiento. Los dandis franceses . No im porta) lo he aprendido en la puta rúe o ahora y aquí. mirar alrededor y comprobar que sus compañeros de aventura -y. El rescoldo de la estufa crepitaba aún bajo la ceniza. los pastores nómadas. pensó Dionisio al entreabrir los ojos. Dionisio volaba. a cumbres borrascosas y a cordero asado. calentándome las manos con un a estufa de carbón vegetal del año de maricastaña.. -Ni con Cristina. si existe. las sardinas islandesas. -Amén.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó bres. pero no en las bibliotecas ni en el colegio . Pasaron la noche allí. y con tanto riesgo. sino que además nos instruyen y nos aleccionan. a la lucha contra el analfabetismo y a todas esas gaitas de predicador de púlpito barato. liado con una holandesa pecosa que no le lle ga a Cristina ni a la suela del zapato y dejándome embobar por las historias de es te personaje bíblico que habla como uno de los siete sabios de Grecia. -¡Homb re! Como comprenderás. Entrechocar de piezas d e vajilla.estaban hacie ndo lo mismo que él: ronronear y remolonear en el cálido vientre de su yacija mientr as poco a poco. Ni siquiera de niño la aceptaba. Bebió un sorbo de té. -Ni con Cristina. a excrementos de rumiantes. desenredab an los jirones del subversivo mundo de los sueños. per o salta a la vista y al resto de los sentidos que se encarna de muchas maneras d iferentes. Pezuñas hundiéndose en el fango. Es posible que el alma. El samovar seguía humeando. Pisadas. -Explícame entonces p or qué extraña regla de tres te dedicaste con tanta energía. que t ambién cuenta. en el culo del planeta. o a pelotazos. pero no dijo nada . nadie va a quitarme de la cabeza que tú y yo estamos hechos de la misma pasta ni que las re voluciones frustradas o sin frustrar. «Vida. sobre las alfombras de tornasol -que hacían aguas como si fue ran espejos de awgue antiguo-. Justo.. El comerci ante sufí se había recostado sobre los barrocos cojines de pasamanería y fumaba su nar guile en silencio y con los ojos entornados. de correcaminos. sea única y común a todos. por el momento. Por tus venas y por las de tu prójimo no corr e la misma sangre. claro . Pronto servirían la cena en bandejas de plata repujada. los comerciantes sufíes. en Asia. o a botes de humo. tendón a tendón y chakra a chakra desentumecían los músculos. -Con o sin pico de oro. a poner tu granito de adoquín en las barricadas del mes de mayo. ni en la universidad ni en las tertulias de alto coturno de tus amiguitos de París. también de ventura. -¿Con eso qui eres decir que tu cabeza estaba aliado de la policía y tu corazón junto a los estudi antes? -Con eso quiero decir. Olía a madera húmeda. La holandesa se ha bía sumido en la contemplación de los posos de su taza de té..y amorosamente envueltos por las mantas de lana d e dromedario.. Voc es y mugidos. Susurros en dialectos imposibles. El desgreñado jipi suiw ha cía punto. Los perros de los pastores ladraban al paso de las estrellas fugaces.. sentadito a la vera de un troglodit a asturiano con pupilas de vikingo. regular o mucho. Había caído la noche.. ¿O no? Justo asintió y comprendió que para Dionisio lo que contaba era sentirse siempre en el epicentro del ojo del tifón. Crepitación de hogueras incipientes.. . te diré para abrir boca y ta mbién para zanjar el asunto que casi todo lo que yo sé (poco. mi querido Justo. anudaban los cables del sistema . o a porrazos. no iba a alquilar un uniforme de flic con tricornio de la B enemérita y a liarme a tiros. en una palabra».. mientras por encima del remate de la jaima rugía el firmamento. con mis amigos del alma. los precipicios de las estribaciones del monte Ararat y los vehículos decrépitos a punto de despampanarse como se despampanó el arca de Noé por estos andurriales no sólo nos gustan y nos divierten. que me dediqué a poner mi granito de adoquín en las barricadas del mes de mayo por las mismas razones por las que tú t e fuiste de Luarca para pescar pececillos de carne azul en una isla absurda y po r las que yo estoy ahora aquí. Poco antes de las seis de la mañana empezó el bullebulle de los trajines cotidianos. Y que los dioses te conserven el pico de oro.

nervioso, reactivaban las funciones racionales del cerebro y se desperezaban. T odo, pues, estaba en orden o, si acaso, en prudente desorden, porque el comercia nte sufí había desaparecido y su ausencia era -rewngó Dionisio para sus adentroscomo l a del ojo del amo que engorda el caballo. Pero ya alguien levantaba el cortinón de la puerta de la jaima, ya 44 45

Fernando El camino del corazón Sánchez Dragó se colaban por ella el soplo de la primera luz del sol y el fuego frío y graneado de la cellisca, ya entraban -despojándose de sus botas y abandonándolas sobre la alf ombrilla del minúsculo zaguán- los servidores del jefe de la caravana, y añadían leña nuev a y carbón con polvo de siglos a las últimas ascuas de la estufa, y encendían el horni llo del samovar, y renovaban su contenido; y cuchicheaban entre sí, y esparcían band ejas cargadas de platillos con frutos secos, yogures, kefires, cremas de calabacín y de garbanws, purés de lentejas y otros mejunjes de exquisito y exótico sabor. E i ncluso, en el último momento, uno de los marmitones de la caravana trajo una jícara de delicado caviar gris enquistada en un bloque de hielo y la depositó junto a los montones de obleas de pan ácimo recién salido del horno y cubierto por un paño de tel a de toalla que el ayudante del tahonero de la expedición había distribuido con desd eñosa elegancia alrededor de la estufa. y fue entonces, precisamente entonces, com o si sus movimientos estuvieran uncidos por las misteriosas leyes de la armonía, d e la analogía y de la sincronía al oleaje del cosmos y sus criaturas, cuando reapare ció en el interior de la jaima el comerciante sufí vestido de blanco, con la barba b ien peinada, un bonete de color violeta en la coronilla, borceguíes de lana de ang ora protegidos por chanclos de cuero impermeable en sus sigilosos y alados pies, un fajín de seda roja en la cintura y, entre los dedos de la mano izquierda, un l ibro forrado en piel e impreso en caracteres cúficos que, naturalmente, era -Dioni sio lo comprobó en seguida- ni más ni menos que el Corán. -Alabado sea el Señor -dijo en árabe y en tono de saludo el recién llegado santiguándose a la manera mahometana y ll evándose luego la mano al corazón. y fue -según afirmaría luego, durante el accidentado viaje de regreso a Erzurum, Dionisio-- como si una vaharada de oxígeno puro hubies e entrado repentinamente en el recinto de la jaima y en los agarrotados pulmones de quienes en aquel momento pugnaban aún por despabilarse. -El Señor sea alabado -r espondieron al unísono, y también en árabe, la holandesa, Dionisio y Justo. El anfitrión agradeció el gesto por lo que en él había de buena voluntad y, a renglón seguido, riéndos e con ganas, comentó: -Dicen los teólogos y los santurrones acuclillados en las mezq uitas que los hombres temerosos de Alá no deben ingerir alimentos que provengan de peces desprovistos de escamas, pero algunos servidores del Espíritu y de las leyes de la naturaleza creemos que al justo todo le está permitido . No hay, por lo tanto, motivo alguno para que quienes de día y de noche procuramo s servir al Creador nos privemos del mejor desayuno que en mi opinión existe sobre la faz de la tierra ... Se interrumpió, señaló con el Corán la jícara arropada en hielo y concluyó: -Sobra, seguramente, añadir que me refiero al caviar. Y conste que éste es , a juicio de los expertos, el mejor de cuantos existen en el mundo. Lo he traído yo, personalmente, desde la orilla del mar Caspio para disfrutar con su sabor cu ando así se me antoje y para que también lo disfruten mis ocasionales huéspedes. Ataquém oslo. y ninguno de los expedicionarios -ni siquiera el jipi suiw, que detestaba (como casi todos los neuróticos) la carne cruda, los moluscos y el caviar- se atre vieron a desobedecer una orden tan imperiosa, tan generosa, tan afectuosa y tan majestuosa. Pero sólo Dionisio, el incorregible Dionisio, despegó los labios mientra s miraba a Justo y exhumó para celebrar el lance en rotundo idioma castellano un n o menos rotundo proverbio de origen andalusí. -A tal señor, tal honor -dijo. y hundió impetuosamente su cuchara de oro macizo en el opulento corazón de la jícara de terra cota. El chispazo -o, mejor dicho, la llamarada que en la centésima parte de la décima de un segundo fundió en un solo haz de poderosa luz todos los chispaws anteriores- se produjo en el último momento, cuando la tropilla de rostros pálidos se disponía a ocu par con lógica aprensión ante la incierta travesía que se avecinaba, pero también con ir refrenable e irresponsable alborow juvenil, sus respectivos asientos de babor o de estribor en la proa y en la toldilla del Land Rover pirata. Faltaba casi una hora para la del mediodía. Justo, sentado ya ante el volante de aquella acémila oxid

ada y achacosa, había conseguido poner en marcha su motor tuberculoso después de inf initas intentonas y gracias al expeditivo truco de derramar un galón de agua calie nte sobre las tuberías, el radiador, la bomba inyectora y el filtro de gasoil. 46 47

menos que nadie-. la primera. Fue. La población estaba ansiosa por adm . por razones que no vienen al caso. que somos gente de paso. por lo tanto. no está picardeado y ve las cosas tal como son . desde hace tanto tiempo que ya no pueden recordar esa mirada. conoces estos parajes como la palma de tu mano. oscurece el perfil de la realidad y nubla la visión de los mortales. en apoyp d e su argumentación. turistas. en cuyas f ilas figuraba y militaba un vigoroso elefante. socios. por así decir. para vender en él las pieles que tu caravana transporta. a este campamento. ¿Acaso no lo sabes infinitamente mejor que nosotros? ¿No deberías de ser tú. no conoce la culpa. llegáis sin ideas preconcebidas y no tenéis telarañas en los ojos que emborronen la realidad. por fin. mis socios y mis amigos -siguióconocen Erzurum desde la infancia o. nos preguntes eso? Llevas casi treinta años viniendo cada tres mes es aquí. que al parecer no había reparado -o no había querido reparar. amigo mío. -¿Cómo es posible -dijo-que tú. tus amigos? ¿Tampoco ellos lo han hecho? ¿Por qué no les preguntas lo que nos estás preguntando a nosotros? -Porque la p rimera mirada es la única que vale y lo demás es farfolla. y client es en todos los puntos habitados de la serranía que nos rodea. -Pues ese mismo mensaje es el que nos está transmitiendo el octavo sabio de Grecia .termi nase su apólogo y su discurso sobre cómo la rutina. había llamado a nadie por su nombre. otra parábola sufí que los dos españoles del grupo -forzosos hereder os de las tradiciones y del patrimonio cultural del califato de Córdoba y de los r einos de Taifa. que lógiy en ese instante.. en cambio. y no al revés.. por lo menos. que venimos de fuera. Calló. -¿Y tus clientes. Justo asintió y se llevó el dedo índice a la boca en muda demanda de silencio. que acabamos de llegar. -Cierto día --estaba diciendo con su peculiar estilo bíblico el comercianteacampó en los alred edores del oasis un famoso rey acompañado por su corte y por su ejército.. tus socios. -Existía cerca de Ghor -dijo-un populoso oasis habitado exclusivamente por ciegos . Dionisio . se quedaron de u n aire. cualquiera. Dionisio quien rasgó la tensa superficie del silencio que la s palabras del comerciante sufí habían creado en torno a él. / menos un sepultur ero -dijo el gigante de ojos azules. vueltos todos hacia él. sin confundir su conte nido con el contenido de las miradas posteriores. El comerciante se interrumpió para carraspear ligeramente y empezó a contar... hasta ese momento. y esperó tascando el freno de la impaciencia a que su interlocutor y ex anfitrión -estaban ya material y espiritualmente fuera del territorio demarcado y dominado por la jaima.. reclamó la atención de los viajeros hacia su persona y dijo con estudiada gravedad y solemnidad: -Perdonadme la molestia. Vuestra visión de Erzurum es tan inocente y. Vosotros. y nos pides a nosot ros.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Dionisio. -¿Porqué? -Porque nunca he entrado en Erzurum . pero aún quiero preguntaros algo. El comerciante sufí sonrió con aérea y melancólica levedad y corroboró lo que acababa de decir: -Como lo oyes: nunca he entrado en Erzurum. Dioni sio dirigió otra vez la atención hacia las palabras del comerciante. tienes amigos. tan nítida como la del niño que todavía no se ha hecho adulto. extr anjeros. cuando nadie lo esperaba -y camente han sido muchas. -Mis clientes. Nunca. Los expedicionarios. Dionisio se acercó a la ventanilla del Land Rover y susurró en el oído de Justo: -¿Te acuerdas de los versos de León Felipe que recitábamos el otro día al salir de Konya? -Para enterrar a los muertos / cualquiera sirve.. quien nos lo explicase? -¿Yo? Imposible. ese contumaz enemigo del conocim iento y eficaz barrera levantada por los servidores del mal en el camino de Dama sco.habían leído o escuchado ya en infinidad de ocaSiOnes. que te expliquemos cómo es Erzurum . salió pausadamente de su jaima el Gran Señor Sufí de los Anillos.en sus cuchicheos. precisamente tú. -¿Nunca has entrado en Erzurum? La voz de Dionisio sonaba como la de una persona que está apunto de llevarse las manos a la cabeza.. respiró hondo a través de las fosas nasales y añadió: -¿Cómo es Erzurum? .

irarlo y los más impacientes corrieron hacia él. lo palparon a tientas. todos sus habitantes se apiñaron alrededor de ellos y los interpelaron. Cada ciego tocó una parte diferente. Como no conocían la forma del animal. El p rimer testigo. Cuando volvieron al o asis. que 48 49 .

Luego. ofuscado y sintiéndose. por la angustia. «Es una espe cie de tubo recto y hueco. e l tercer ciego. se apresuró a rectificar. -Sólo por eso -contestó el comerci ante-o No se puede desobedecer lo que ordena el autor de tus días ni cabe poner en duda sus afirmaciones. suspiró y clavó con fuerza la mirada llen a de nubes oblicuas y plomizas en el arduo filo de la navaja de la línea del horiw nte. No lo digo en son de queja. pensaba en París. el suiw desgreñado y los desdeñosos dandis franceses hablaban con el comerciante. se trasladó con la imaginación empujada por la memoria. cucamonas. -Sí. fue su comentario. que en aquel momento. no esflcil sentarse a escribir cartas de amor a P . visajes.se pintaban los ojos con kh61 a nte minúsculos espejos y provocaban a los varones con dengues. La holandesa. descargó sobre sus compañero s de viaje la responsabilidad. se serenó. subió al Land Rover. efectivamente. siempre ha sido así ~ ademds.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó sólo conocía la oreja del paquidermo. Hasta ahora s610 me había enviado lac6nicas postales. ardía el sentimiento. y punt o). por el vértigo. el compromiso y la cruz de explicar al comerciant e sufí cómo era Erzurum. a lo largo y a lo ancho de un tercio de siglo? -Porque mi padre -re spondió al vuelo y sin pestañear el comerciante sufí. Cientos de pájaros revoloteaban por entre las banderolas de l as jaimas. mientras su novia de quita y pon. Todos miraron ha cia Dionisio. teniéndol a tan cerca. descubrió o recordó que aún seguía por cortar el nudo gordiano de aquel sorprendente episodio y aprovechó la pausa abierta tras el desenlace de la fábula para decir: -Creo que nos estamos olvidando de lo más imp ortante . culpable d e un delito del corazón que su razón rechazaba. hervía la existencia. grande y grueso como un felpud o». involuntariamente. amigo mío. si algo he aprendido en la vida es a no perder el t iempo intentando cambiar el modo de ser del pr6jimo. aturdido. Los mozos de mulas y de cam ellos se afanaban entre los animales. Dionisio. hubiese dicho el Caminadory cerró de un portaw el vehículo. El tempor al de aguanieve cedía.. dijo: «es rugoso. Si la ciudad es mala.par ecían embobados. que no había pasado de la trompa. también haría lo mismo. Dionisio respondió por fin a la pregunta del comerciante. exclamó con as pereza: «tan firme y poderoso es como una columna de gra~ nito».. ¿Por qué. A lo cual. materializó ante sus ojos la pla za del Chupete y la humilde estación de ferrocarril de una pequeña ciudad española en la que un pintoresco grupo de cineastas había rodado años atrás muchas de las más febril es escenas de la película El doctor Zhivago. por fin. se instaló en el asiento contiguo al de Ju sto. La pausa duró menos de lo que dura un instante. Por una parte. horrible y pernicioso». El motor del Land Rover había dejado de toser. y aun eso con cuentagotas. volvió a pensar (o siguió pensando) en París -«ese montón de mierda». El segundo. Algunos gráciles efebos -no había mujeres en l as caravanas ni en los campamentos de los nómadas. por la soledad y por la nostalgia hasta el diván moruno de su salón de música. impresionado. pero pesó sobre el áni mo de los viajeros como pesan los siglos sobre el curso de la historia. golpes de cadera y desmayos de cintura. en tu caso. que se había limitado a tocar las patas del elefante. y volvió a decírmelo cuando me puso al frente de la caravana. que todas las ciuda des son invenciones del demonio y que los buenos creyentes no deben entrar en el las. te has negado a visitar la ciudad de Erzurum. los f ranceses y el suiw -en cuyas respectivas sangres no pesaba el factor andalusí. supongo que sí -barbotó--. sin saber por qué. Ayer. Lo tomas o lo dejas. Bullía el mundo. por otra.me dijo el día de mi séptimo cumpleaño s. mejor pasar de largo ante ella. las espirales de humo de los fogones y las copas de los árboles de la v aguada. lleg6 carta de Dioni confecha del quince defebrero y matasellos d e no sé qué aldea fronteriza de Paquistdn. Dio media vuelta. que no lo estaba. ¿No harías tú lo mismo si estuvieras en mi caso? Silencio y alta tensión. Dionisio. ¿c6mo no voy a entender lo que dice Dioni en su descargo?¿C6mo negarme a admitir que. Di onisio respiró abdominalmente en ocho tiempos. -¿Sólo por eso? -preguntó. pero lo hiw de mala gana. Supongo qu e yo.

o mientras te ponen a la sombra y a pan yagua por espac io de un par de días en un fétido calabozo de la frontera iraní porque la filigrana de l papel de tu pasaporte no es del agrado del bigo50 51 .enélope mientras te enfrentas «a Lestrigonesy a Cíclopes y al airado Poseid6n». que tanto le gusta a Dioni. o mie ntras te acosan laspulgas y las tardntulas encaramado en el catre de un cuchitri l de adobe perdido entre los montículos y rugosidades de pata de elefante de un ab surdo desierto calcdreo. para dec irlo como lo dice Kavafis en esepoema a {taca.

su incertidumbre y sus menguados recursoseco n6micos. he recibido su primera carta.y compartir lospeligrosy laspenas. Dioni.y de su alucin6gena (s ic) travesía de la altiplanicie turca.por mucho que me empeñe. a juzgar por lo que dice en su carta (a cuyo barroco. que Dios no le oiga.de los hidrocarburos kuwaitíes. ni admiten retorno. a su sa16n de música ( en el que. creciendo en mi vientre como una crisdlida. Decía que hoy..pero que afortuna damente sigue ahí. Ypor cierto (ya que el asunto ha salido a relucir): que se equivoque. Me habla de la camioneta cargada de inmigrantes cla ndestinos que lo llev6 desde Zurich hasta Estambul y de las arreboladas cúpulas y apasionados bazares de esa ciudad irrepetible. no consigo hacer honor). detallada . Abro aquí un paréntes is: voy a cumplir treinta años. minuciosa. o mientra s discutes entre miradas torvas de torvos proxenetas el precio de una canita al aire acodado en el mostrador de la ajamonada cajera de un burdel clandestino de Teherdn alicatado hasta el techo y famoso en toda la ciudad y en sus alrededores por el grosor de los michelines y la envergadura de lasprotuberancias de suspupi las? Pues así. pero mejor eso que nunca. que encuentr e pronto -si existe. al menos aparentemente.por mds que me esfoerzo en remedarlo. gonorreas y cogorzas en Islandia. sorbiéndome las ldgrim as y convirtiéndolas en gélida sonrisa-le vi desaparecerpor los soportales de la esq uina de la plazuela de San Esteban). cruz6 el B6sforo y puso la suela de sus pa lurdas botas castellanas en el kil6metro cero de esoscaminos asidticosy cosmopol itas que. Me habla. la de las mil torres. según él no tienen.viajar co do a codo hasta que sus caminos se bifUrquen.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó tudo y barrig6n aduanero de turno. mejor d icho. desde el momento exacto en el que -asomada al balc6n. ¿A qué viene esta insistencia en llamar «memorias» a lo que s610es. sí. y -en una palabrtr. a punto de terminar febrero.. y cortary saborear al alim6n en los m ismos drboles losfrutos agridulces de la aventura. Llega tarde.a esehijo cuya existencia desconoce. que vuelva. larguísima. como hablaría Mowgl i. de seresy tierras vírgenes. y ademds hay que reconocer que se atiene a lo que me prometi6 al marcharse: es. Me habla. Perdí el hilo. constipados. Siempr e lo pierdo cuando me pongo a pensar en Dioni. sigue habldndome -como hablaría Kipling o. a nuestra vida en común.compr6 alld por setiembre en Nottingham con los ahorros consegu idos dejdndose la piel a tiras mientras pescaba arenques. sigue habldndome de c6mo decidieron en un zis zds unir susfantasías. no he vuelto a entrar desde el día de sufoga o. Ésos son los adjetivos que anoté en la jornada de mis memorias correspondientes al doce de diciembre. a sus cosas. y de c6mo conoci6 en ella al Canc iller y al Caminador. y me habla también. un vulgar diario de ama de casa con ínfolas de e scritora? ¿No me traerd mala suerte esapalabra? Cierro elparéntesis. r eJUgiadoso quiz¡j.. mejo . sí. a esta península que aún conserva sus aromas y aceites esenciales . a mi c uerpo y a mi alma. tr anscurre la vida de Dioni desde que hace mds de mes y medio se bebi6 de un trago todo el contenido del Cuerno de Oro. en su ca rta. o mientras tiritas defrío casipolar entre los b idones de nauseabundas parafinas industriales apiladas a la buena de Ald sobre l a plataforma trasera de un churretoso cami6n que cubre la ruta del nordeste -con todo elpdramo de Marco Polopor delante. me lo cuenta todo.. ni buscan. en efecto. sus proyectos. y de su soledad en las glaciales habitaciones colectivas d el albergue de lajuventud de Ankara. y de la fraterna amistad trabada en un cafe tín de las afoeras de Sivas con un pintor y gigante de Luarca mds feo que Picio a pesar de sus enormes ojos azules y de su extraordinaria bondad y fortaleza de cu erpo y de dnimo. a sus muchos manuscritos empezados y siempre por terminar.y que vuelva -sobre todo. desgarrado y varonil estilo. atrapados los dos (y quienes sobre la marcha se sumen) en la ra tonera de un Land Rover del paleolítico que Justo -tal es el nombre de pila del gi gante de Luarca. puntualiza cuidadosamente Dioni. tal como dijo que haría cuando me confes6sus intenciones viajeras durante nuestra última charla afondo entre los cacharrosdel sal6n de música. tal como prometí.el atajo de regreso a esta ciudad provinciana.

de una ciudad de hielo que se llama Erzurum. Sherezade. sefoeron metiendo poco a poco.Persia. y de c6mo él y Justo se extraviaron de modo idiota al salir de Per sépolis en el Land Rover. sino si mplemente Irdn. pastores y bandidos n6madas. en la trampa infernal del md s infernal de los desiertos. y de las estramb6ticas locuras compartidas con arq ue61ogoszumbados y buscadores de tesorosen los taludes y morrenas de las estriba ciones del Ararat. y de c6mo por aquellos andurriales se le aparecieron de pront o mientras dormia el mismisimo Noé y todos lospobladores del arca.y de c6mo los azarosos dioses del viaje en busca de lo desconocido los salvaron en el último momento encarndndose en 52 53 . y del apabullan te cúmulo de desventuras padecidas en lo que ya no es -dice Dioni. por lo que en esa catedral de espectro s habían entrevisto. y de una parejita de monicacos franchutes ve stidos de Lawrence de Arabia. embriagados quiz¡j. sin gasoil y sin herramientas. inadvertidamente.r aún. y del maestro sufi disfrazado de mercader de pieles que le zurr6 el alma en un campamento de trafic antes. s in comida. y de c6mo. sin agua.

tras cuarenta y ocho horas de marcha sin más interrupciones que las impuestas por la fisiología. después de haber estado a punto de morir buitres ya se cernían en espiral descendente sobre sus cuerpos exhaustos y caídos como una bolsa de basura en la nada de la arena. como de costumbre. tan atormentada.en es oy en casi todo. Jornada del 27 de febrero de 1969. añil y cárdeno -que el pintor de Luarca inte ntaría luego.y no les import6. y de c6mo en aquel zafarrancho de combate con la arena.. en lafrontera de Paquistdn. los agasajaron. los cosieron a preguntas sobre quiénes eran.) -los Dionisio y Justo. y de c6mo alli.. los instalaron con la cabeza protegida por un turbante cuyo extremo les tapaba la nariz y la boca en la descascarillada ca bina de un camión cargado de dátiles que dos días después. Allí los cuidaron. sino las mías. los depositó liger amente tundidos y aturdidos.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó pilotos y copilotos de relucientes camiones cisterna que también habian perdido el norte y el oremus. Lo cierto es que el hombre de mi vida. de qué país venían y adónde se dirigían. siempre fiel a sí mismo -genio y figura. i y. a estasalturas. viniendo de él da que pensar. y siguieron de duna en duna y contra viento y marea hasta llegar -convertidos casi en cuerpos gloriosos y suti les-. amarillento. Las historias de amor -aunque empiezo a pensar que éste. A prop6sito: he escrito hace un rato.y junto al chiringuito más popul oso. a q ué se dedicaban. tan vehemente. y borrard nuestros respectivos límites. aunque a menudo me pregunte si las unas y las otraspueden existir por separado. No estoy escribiendo las memorias de Dioni. ¿Todo? Seguramente.. la sedy lafatiga tuvie ron que abandonar el Land Rover. que «Dioni. tal como ha bía insinuado Dionisio en la carta de diecisiete folios de letra menuda que envió a Cristina desde el puesto fronterizo de Miryaveh. La cosa. y si eso es así en general no digamos cuando una persona como Di oni -tan dubitativa. ¿D6nde termina Dioni. en su carta.. la cañada real de la aventura se . ante el espectacular telón de fo ndo de un crepúsculo rojizo. Pero basta. promiscuo y bullanguero entre cuantos rodeaban la no menos bullanguera. para colmo . putas aparte. aquí. y por fin. tan versdtil y caprichosaanda por medio. no menciona a ninguna mujer.al enclave de Miryaveh. reproducir con acuareI. donde comienzo yo? ¿ Tenemos vida propia o s omos como líquenes que vegetan en simbiosis?¿Servird el hijo aún sin sexo que se acerc a para deslindarnos sin enfrentarnos o nosfondird y confondird todavía mds de lo q ue lo estamos. y nos empujard hacia una es peciedefosa común? He ahí elproblema. los instruyeron someramente sobre las pesadas bromas que gasta el desierto a los insensatos que se adentran en él si n tomar las debidas precauciones. al cabo de dos semanas que los viajeros siempre añorarían y recordarían como unas vacaciones pagadas por sus án geles custodios en el ámbito del paraíso. ¿He ahí el problema? No sé. recuperaron parte de su maltrecha salud y unos cuantos kilos de peso bajo las palmeras y entre los regatos de un pequeño o asis de trescientas almas situado a muy pocos kilómetros de la laguna salada de Ha mún-i-Machkel. pero no la comida ni el agua ni elgasoil ni las herramientas . Y allí. no sé.siempre estdn llenas de nudos en la garganta y de cabos sueltos. vuelvo a pecar de ingenua.mientras lucha ban contra los elementos en la devastada y devastadora tierra de casi nadie que separa Persépolis de la frontera pakistaní..as. Nunca escarmentaré. no existe o es s610 una bochornosa invenci6n de los grandes almacenes para que los tontainas afloje n la mosca el día de San Valentin. Cinco añosya de a guda convivencia. como dicen los viejos. pro miscua y populosa estación de autobuses de la ciudad de Karachi. a lo largo de los di ecisietefolios de su carta. vanamente. como si los dos hubiésemos nacido ayer!¿Por qué son los hombres tan mentirosos? (Fragmento de las memorias de Cristina. me lo cuenta todo». pero sanos y salvos.. en estas memorias no s ometidas al filtro del recuerdo.

entre bromas y veras.bifurcó y los dos amigos -que llevaban. para reanudar sus tormentosos amores con una mozuela de atezado y afilado perfil. ya en la Indi a y al sur de Cachemira.en . en c ambio. Dionisio. optó por huir del frío que aún reinaba en todo el extremo septentrional de la I ndia e invirtió contra pronóstico un puñado de dólares en comprar un billete de avión de s egunda mano -existían. a la que había conocido dos años antes en las aulas de una escuela de i.l restaurantillo que alimentaba y servía de punto de encuentro a los escasos jipis y tránsfugas de la revolución que.diomas londinense. vaya si existían. por mas oquis54 55 . nacida y avecindada en la zona. Justo quería subir hasta Lahore y llegar desde allí a Jammu. casi dos intensos me ses viajando juntos por las trochas de Turquía. de Persia y de Paquistándecidieron s epararse.

El camino del corazón mo O despiste, llegaban en aquellos días a la insulsa y siniestra Karachi. Nunca, con anterioridad, se había metido Dionisio en la asfixiante cabina de plástico de un avión de pasajeros, pero el billete era tan barato y el vuelo tan corto que merecía la pena -pensó-perder la virginidad y añadir el peso y el poso de esa experiencia a ngélica a su currículum. Lo demás fue despedirse de Justo, darle la dirección de su domi cilio en la pequeña ciudad provinciana, desearle suerte, contener el llanto y ver cómo su gigantesca y algo patizamba figura desaparecía por el sórdido horizonte de cha bolas y descampados de las afueras de la ciudad. 'i! y así fue cómo Dionisio -bronce ado por el soplo del desierto, cuidadosamente rapado y afeitado para no llamar l a atención en las aduanas, y disfrazado de buen chico en viaje de vacaciones pagad as por papá- aterrizó un jueves del mes de marzo a las siete de la mañana en el caluro so y andrajoso aeropuerto de Bombay. Marzo y abril Capítulo III • Aquel que, liberado del orgullo, no desprecia ni a hombres ni a animales, podrá se ntir el alma del Oriente y pasar ante ella en Kamakura. RUDYARD K:!PLING, Kim Hay citas con el destino. No se esconde en esta frase, tan manida y tan ajada, n ingún tópico barato de novela de quiosco. Y es, quizá, precisamente en la India donde mejor lo saben los nativos y donde con más facilidad lo entienden y asimilan los v iajeros. Dionisio, que ya no era el mismo hombre que tres meses antes había confes ado a Cristina en el diván moruno del salón de música su decidido propósito de soltar am arras y de echarse al camino, se dio cuenta de ello inmediatamente. «La primera mi rada es la única t[ue vale -había dicho el comerciante sufí en el campamento nómada- y l o demás es farfolla.» Llevaba, evidentemente, razón, tanta razón como la que suelen tene r desde la atalaya de su infalible sabiduría biológica o teológica las madres, los saÚrd otes, los ciegos y los ancianos. Sí. Dionisio se dio cuenta -supo de aquella cita inminente e inevitable con el destino-- desde el primer minuto, desde el primer hachazo en las pupilas, desde la primera imagen -vislumbrada y filtrada, o más bie n transpirada, a duras penas por las angostas ven1 anillas del avióndel caluroso y andrajoso aeropuerto de Bombay. f.o supo desde que apoyó la suela casi virgen de sus sandalias nuevas .~()breel asfalto humeante y pegajoso de la pista en la que tuvo que .I.pcarse.Lo supo desde que atisbó y olfateó el amasijo de cuerpos y 57

El camino del corazón _----------Fernando Sánchez Dragó de almas apiñados alrededor de la puerta de salida de los servicios aduaneros. y l o supo, sobre todo, durante y después de la breve y ejemplar negociación entablada c on el funcionario al que entregó el pasaporte para que se lo sellara. Era un bigot udo agente de los servicios de inmigración enfundado en un vistoso uniforme de la ép oca victoriana. -No tiene usted sus papeles en regla -dijo mientras miraba con f erocidad al recién llegado. -¿Por qué? El pasaporte no caduca hasta ... -Olvídese del pa saporte -cortó secamente el funcionario desde la altura de sus galones, plumeros, entorchados y lustrosas polainas-o El pasaporte está bien. Lo que está mal es el vis ado. -¿El visado? -preguntó Dionisia--. Pero si no lo tengo ... -Exactamente. y ése es el problema: usted, como ciudadano español, necesita un visado para entrar en la India. -¿Está seguro? Su interlocutor, visiblemente encolerizado por la pregunta, se contuvo, apretó las mandíbulas con firmeza de bulldogy dijo: -Mire usted, amigo ... Soy funcionario del Ministerio del Interior del gobierno de la India desde hace casi treinta años y, en lo que respecta a mi profesión, no tengo que recibir leccio nes de nadie. Le repito que los españoles no pueden ser admitidos como turistas bo na fide en el país que represento sin un visado extendido de acuerdo con lo que es pecifica la ley por cualquiera de nuestras legaciones en el exterior. «Este hombre -pensó Dionisia-- es la idea platónica del perfecto funcionario. Mal asunto. No va a ceder ni un milímetro. Me veo de patitas en la frontera.» Pero también él se contuvo, reprimió su creciente irritación y su anarcoindignación, y dijo melifluamente: -En el consulado indio de Karachi me aseguraron que podía llegar aquí, a Bombay, con este p asaporte y que no me pondrían ningún obstáculo para entrar en el país. Creí que la India e ra una nación hospitalaria para quienes, como yo, venimos desde muy lejos en busca de la sabiduría. De una sabiduría que, al parecer, sólo se encuentra aquí. Pensaba el v iajero, y apasionado lector de las novelas de Kipling, que con esa frase de pere grino jacobeo se había ganado la voluntad del tigre de Bengala que tenía delante. Pe ro se equivocaba. -El consulado indio en Karachi -gruñó el agente de los servicios de inmigraciónestá cerr ado desde hace cuatro meses, a raíz del incidente fronterizo que se produjo en Cac hemira a mediados dc noviembre. Lo cual, entre otras cosas, significa caballero, que me ('stá usted contando una inmunda patraña. Dionisia parpadeó, palideció, enrojeció e intentó balbucear .llgo en estricta defensa propia, pero se había metido --era evi den10-- en un callejón sin salida y no lo consiguió. El tigre de Bengala, que parecía cada vez más enfurecido, descargó otro zarpazo: -Nunca, en treinta años de vida profes ional, me había sucedido nada semejante. Nunca, caballero, me habían mentido con tan la desfachatez. Su situación en estos momentos es grave, muy gravc... La verdad: n o querría verme en sus zapatos. -Ya -dijo Dionisia con la cabeza gacha-o Ni yo tam poco. Aunque estaba acostumbrado a ganar, había escrito Cristina en ~IIS memorias, también sabía perder. Pero no tuvo que recurrir a esa habilidad. El tigre de Bengal a se 1 'onvirtió de pronto, inexplicablemente, en un cachorrillo de gato doméstico, cogió un enorme tampón, lo empapó en tinta azulenca I'on un rodillo pringoso, lo aplicó esmerada y enérgicamente sobre lIoa de las páginas en blanco del pasaporte de Dionis io, aflojó los lIlúsculos de la cara, apagó el fuego de sus pupilas, cambió de tono y di jo: -Vaya extenderle un visado de tres meses de duración. Sólo oy un humilde funcion ario del gobierno de mi país y procuro I'umplir con mi deber, pero éste no me autori za a poner piedras en (·1camino de una persona que viene desde la otra parte del m undo movida únicamente por el afán de aprender y de perfeccionarse ... Se interrumpió, se inclinó sobre el pasaporte, garabateó a pluma .ligunos números y palabras en él, y s e lo entregó a Dionisia mienI ras le decía: -Soy mucho mayor que usted. Podría ser su padre y, si me lo permite, me gustaría darle un consejo: no se acostumbre a mentir . 1,as mentiras nunca sirven para nada. Al contrario ... Se revuelven ,'ootra qu

ien recurre a ellas. Y además -añadió con un gesto de ,impatía cómplice-, créame: la verdad es el camino más corto ha, ia la sabiduría. Confío en que encuentre ésta lo antes posibl e, tal , I)mo es su deseo, y estoy seguro de que nuestros dioses le ayudarán ('11 la empresa. 58 59

adorar a Kali.estaban esperándole y que l as cosas serán diferentes a partir de ese momento. regatear en los mercadillos. pidió una taza de té hervido en leche con aroma de clavo y cardamomo. em briagarse en ella. merodear con el alma en vilo por entre las torres d e los parsis. Su carta. Subo al avi6n alrededor de las cinco. Tengo el cuerpo ent . pegar la hebra en cualquier sitio y con cualquier persona. La sensaci6n no puede ser más irreal. y así. por sus recodos. Dionisia recuperó la mochila. se conve rtirían en abiertos o encubiertos enemigos) desperdigados por el mundo. movió a escándalo. aprender a dar limosna y a escuchar verdades olvidadas. tumbar se en el césped con calvas de los jardines públicos para contemplar el movimiento pe rpetuo de las aves carroñeras. pedir a un taxista que lo lleve al barrio de las luces rojas y to car allí el fondo del infierno. y a veces -recurriendo a un candil. embriagarse. permaneció Dionisia c uatro días: los estrictamente necesarios para escribir a vuelapluma ciento diecisi ete folios que luego. cenar langosta termidor con batidos de mango y de papaya en el restaurante del hotel Nataraj. sobre todo. apagar la sed con un vaso de zumo de c aña de azúcar exprimida en una prensa del año del catapún. mucho calor.Fernando El camino del corazón Sánchez Dragó No hubo más. Veinticinco días. sin haberme acostado. secarse el sudor y permitir que un limpiabotas le cepille las sandalias. comprender que allí -sin él saberla-. escuchar el roce de la suela de las sandalias en el silencio nocturno de la ciudad. corrió de buzón en buzón y de boca en boca. embriagarse.. agitó las aguas de quienes aún seguían pensando en revoluciones justicieras e i mposibles. dirigida no sólo a la mujer que con una criatura de casi cinco meses en su vientre esperaba en el angosto ámbito de una ciudad española y provincia na el retorno del fugitivo. Al otro lad o de ella. Andar sin rumbo fijo por las calles. fot ocopió y envió hacia todos los rumbos de la rosa de los vientos. sino también a un centenar largo de amigos y compañeros de fatigas (que quizá. embriagarse . se la echó al hombro y recorrió silenciosamente la ruidosa dista ncia -apenas quince metros. volver a beber cocacola.. que incluyó algunos de sus párrafos en el tercer cuaderno de sus memonas .. buscar a los jipis y a los vapuleados héroes de la revol ución frustrada en el vestíbulo de la estación central y en las inmediaciones de las o ficinas de la American Express. Bombay se desperezaba. como pudo. a partir del momento en que recibieran su mensaje. codearse con las vacas en l os zocos y con los intocables en las esquinas reservadas a los pedigüeños. el del Caminador Manchego. mordisqueó la punta del bolígrafo y empezó a escribir la segund a carta del viaje. suscitó rencores y sorp resas. echarse a la somb ra y sobre el fresco mármol de la Gateway of India para abismarse en los colores d el crepúsculo. desvió la mirada y atendió a otro viajero.en el corazón de Dionisia. arrimarse a un grupo de desharrapados y compartir con ellos la música de sus flautas y tambores. pasear cogido de la mano de la desconocida por la playa inagotable. por su s rincones. como un animal antediluviano. El Tigre de Bengala. visitar los templos.también de noche. Media hora después ama nece sobre el océano Índico.. picotear frutos secos. embriagarse. beber coca-cola. cuyo apodo ya se escribía con mayúscula -lo mismo qu e el del Canciller de Estambul. por las curvas del laberinto de la India y. siete horas y catorce minutos habían transcurrido desde su frutal aterrizaje en el aeropuerto de Bombay cuando Dionisia se instaló frente a una mesa coja de dos patas en el porche de un austero bungalow en la Guest House del con junto monumental de Ajanta y Ellora. dejar que pase el día sin mirar el reloj ni preocuparse por nada. efectivam ente. almorzar en restaurantes vegetarianos. Hacía calor. el del Troglodita de Luarca y el del Comerciante Sufí. conoce r a una chica de túnica de lino y ojos espiritados. beber té hervido en leche con aroma de clavo. porque esas cosas no son fáciles en la India. perderse por sus calles. de so l a sol.que le separaban de la puerta de salida. a pesar de la hora y de los ventiladores blancos de enormes aspas que giraban lentamente suspendidos del techo. entusiasmó a unos pocos e impresionó a Cristina.

Invento chillidos de pdjaros y hago un rdpido inventario de novelas de ciencia-ficci6n. En un abrir y cerrar de ojos la pista se 60 61 .umecido y veo por la ventanilla el mar pardusco con las serrezuelas blancas de l as olas. No parece po sible. De repente cambia el ruido de los motores. pero así es. las alas se quiebran en dngulo recto. un manojo desordenado de escenas donde solitarios astronautas s e asoman a playas solitarias de inmaculados planetas. las posaderas resbalan hacia el lugar de las rodillas: bajamos. las nubes ascienden veloc es.

baleadme a placer con los ranciosp royectiles del positivismo. amante de las curvas bruscasy de laspasiones mar.. Estoy en la India..es necesario.. Muchosde vosotrossabéis h asta qué punto detesto a los tibios de coraz6n. Nunca he visto una linde tan certera.siguen e n susposturas'y aún profesan la fe materialista. cuando las narices han aspirado confruici6 n elperfome de losfrdgiles viejecitos incinerados y los dedos se han hundido en las aguas del Padre Río cuyo nombre no es menester pronunciar! Yahora. para vosotros. en la India. el trabajo y el amor). al sentir la nítida formulaci6n de la palabra «eternidad»? y ya me tiemblan las manos. por lo menos. noventa y nueve coma noventa y nueve. Hay más ardor en el gesto de embragar de un taxista de Nueva Delhi que en la obra entera de Nietzsche. para posarse en él. ya laspongo por delante. negar y afirmar-. obst inado. El aeropuerto esachaparrado. sin un gesto de imposible temor (¿temer sin duda r?). imprevisible. Einstein o Heidegger. acog edory se agarra confragilidad al suelo. para empezar a entendernos. Y después de tantos años -treinta y dos en lo que a mí respecta.pasados en una ininterrumpida masturbaci6n de interrogantes no viene mal un baño purificador en las aguas de la certeza. por fin. ¿Por qué tanta ceguera. que inclinan lafrente sobre sus manos unidas. del marxismo y del empirismo. una forma defe l o que los indios nos enseñan? Yopreferiría decir entusiasmo. lo que esoha significado.. y era mudable. el mastín. una costa que tan bruscamente sepa re el mar de la tierra. [. Tenía los ojosfebriles y el cuerpo anguloso. porque todo lo hacen con los c inco sentidos y con la meticulosa atenci6n 'fue precederd al Apocalipsis. paré con la intenci6n de que en unas horas me enseñara la Le tiudad y durante . y todo este despliegue de efectos dramdticos -literaturizados.estriba en esforzarsepor hacer las c osas bien (las cosasnimias y las cosasimportantes. y me quedo corto. Si la más alta fo rma de existencia -lo que aquí llaman dharma. el «lugar tran quilo y bien iluminado» que Hemingway me enseñara a buscar y a no alcanzar. aunque sea en dosis mínimas. también. Los indios se aproximan a lo eterno. pero reale5-. Pues bien: en la India no existe n o. lame laspalm eras. Toda lafilosofla occidental de tres siglosa estaparte nace vive y muere de la duda. [. La frontera entre Bombay y el mar es neta. pero el primer y más evidente espectdculo ofrecidopor la India es el de un grupo de person as que se atreve a vivir en olor de eternidad. El avi6n. Última imagen de las azafatas. Ecce hamo..~ri nales. sí. ¿Es. Todos los hindúes sejuegan el restosesenta veces por minuto. y ojald sea capaz de comunicaros. Un grupo de personas numéricamente inabarcable. ya me apresuro a pedir perd6n a cuantos -entre mis amigos.] ¡Qué importa el humo de una buena pipa. creen vivir cotidianamente rod eadospor lo eterno sin un pestañeo. chato como un insecto. entonc es los indios son los únicos santos de nuestra época. con el perro de ancha cabeza y la amante ru bia sentados a mis pies! La pipa. se movía con gestos repentinos y descoyuntados.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó precipita contra el morro del avi6n. s ignifica y va a significar en elfoturo para mí. Tresson los lleneros del conocimiento -preguntar. después de es ta confesi6n o efosi6n o rendici6n de espíritu. se van horrorizados. Recuer do ahora al motorista de Nueva Delhi. ¡Qué importa elforor y el esplendor de Dostoievski cuando los ojos han visto el primer refle jo del sol en las terrazas de Benarés. yo no he tenido la desgracia de encontrarlos. ascético. Estoy. tanta obstinada terquedad ante un pueblo que esseguramente el último gran pueblo de la especiehumana? ¿Por qué t anta irritaci6n. desprendido. pero comprensible sentimiento de veneraci6n. compañeritos. entonces. Lo siento (es un decir). y zas: la bronca bofetada de calor en plena cara. y nosotros hemos decapitado voluntariamente el último. Poco im porta que el ordculo de turno se llame Descartes. Quizd. cuando lospies han levantado sacropolvo sig uiendo a las comitivas de peregrinos. la chimenea y la princesa veneciana f oeron mis toscos ideales durante los años de la egolatría y de la utopía. sin ni siquiera un inútil..] De ca da cien europeos que pisan la India. en personas convictas y confesas de cristianismo. decísiva.

trazado con la 16gicaimpecable e implacable de una guia Fodor. olviddndo me de otrasproezas. supe encontrar yo solito en un abrir y cerrar de (~¡()s. propindndome f ortísimos golpes con el 63 62 - . ya al caer el so l.a la busca y capIItra (te6ric a) de un legendario tigre albino de Bengala que posteriormente.'1: abalanzaba sobre las mías. en la que ellugar común era sustituido siempre por formas. En un determinado momento. Imposible resumirlo aquí. Se llamaba Nur y había uncido a su Lambrettfl un carricoc he de tablas sin cepillar con el que seganaba la vida acarreando turistas. durante esta diab61ica caminata. seresy objetos mínimos. vez en cuando.toda lajornada sostuve con él una lucha desigual y titánica para imponerle mi itine rario. ag itaba en el aire laspiernas y después . ! flteralesy maravillosos. hasta que me di por vencido y dejé que me sumergiera en su geografla laberíntica e iluminada.ti suelo. me obligaba a imitarlo. Era t odo un espectdculo. Nur se tiraba De . Nur se empelió en dar un rodeo de casi una hora de vertiginoso escape libre para lleliarme a un chiringuito en el que la coca-cola costaba alg o así como tres dntimos de peseta menos que en otraspartes y luego me tuvo media j adeante jornada dando vueltas por eljardín zoo16gico.

salta a la vista que no lo hice. desprovisto de brazos y de piernas. de reactivar la circulaci6n de mi s angre para proseguir la búsqueda del tigre. ¡Señoritingos de tente mientras cobro que tienen miedo del contagio.me horrorizan.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó canto de la mano. pero no me cogen desprevenido. siempre en Madrid (esa ciudad ma ldita). y a dos mil kil6metros de Del hi. delfraterno calor. desde luego.] ¿Por qué o de qué se asustan los europeos?D icen que de la miseria. grenchuda. de la paja en el ojo ajeno y no de laspropias lacras! [. me pidi6 en pago de sus servicios una cantidad verdaderamente ridícula. a reng16nseguido y evangélicamente. A los dos días de mi llegada a la India tuve que sal tar en pleno centro de Bombay por encima de un caddver apergaminado que lucía un e norme bubón en el cuello y que nadie se molestaba en recoger. Porfin. no actúan en nombre de la piedad. Es decir: no nos deja -como otras cosa sy hechos.. Lo s ciegos siguen pregonando los iguales en las esquinas de todos los pueblos de E spaña. de lafragilidad de la raya de suspantalones. voy a atreverme a negar que en las callesde Bombay. y no digamos de Calcuta. Algún amigo de por aqui ya lo ha hec ho. Los extranjeros que hacen e scala en Calcuta. bajan un momento a tierra y luego se refogian en sus camarotes como almas que lleva el diablo. se alzaba lasfaldas con procaz descaro. atornillaba su pata de palo en un hoyo de la acera.estupefactos ni maravillados. No es que me niegue a admitir ni la existencia ni la importancia de la miser ia en estepaís. abriendo el compás de los muslos.yo hubie ra debido responderle depositando un beso en su tercer ojo para vender luego. de Delhi . Puesto q ue estoyaquí. acechaba la visita de los clientes. si . Trataba. per o no añade nada nuevo al laboratorio de la conciencia. Todo ello atroz. narices reducidas a lasfosas nasales. hedionda. piernas que ter minaban en el tobillo. en el mds superficial sentido de la palabra. el monstruo se balanceab a pesadamente hacia delante y. Hace cosa de cinco años. pedia li mosna desde su carrito un adolescente hidrocéfalo y casi rectangular: sólo la enorme cabeza descabalaba la regularidad geométrica de su cuerpo. demasiado humana) Benarés. casi en el umbral de la noche. tras no pocos tanteos. He visto órbitas vacías. de los repti les. leprososy mutilados extienden sus muñones hacia losgentilhombres que acuden desde todos los rinc()nes del pais p ara bañarse en el río sagrado. se despidi6 de mí junto a los torreones del antiguo foerte inglés. Y un momento. pero ésta no presenta en la India aristas más afiladas que e n otras partes y s610los tontos de corazón de sílex pueden preferir las chabolas del muelle de Palermo o la calle de los burdeles de Hamburgo.. cuyo contenido engullía sin más ayuda ni cuchara que la lengua. en nombre de qué. introducía la cara en lapero la. según pude colegir. todas mis exiguaspropiedadesy seguirlo. sino simplemente indignados.A orillas del Ganges... Por encima opor debajo de ciertos límites. P or eso. [. A lo cual-lo sé ahora. de Goya. mueve a compasi6n. ¿Cómo. junto a las cuevas de Ajanta y Ellora. manos sin dedos. féti da.] Prueba de cuanto digo es lopoco . Lo que pasa es que los golfillos flacos y guapísimos que se cue lgan del brazo de los turistas a la entrada del Taj Mahal son una simple prolong ación o exageración de los mocosuelos convulsos y rapados que en Grecia no se atreve n a pedir limosna o de losgitanillos que en el Sacromonte practican la mendicida d disfrazados de limpiabotas. si. he dicho 6t repito ahora) que en la India no es la miseria lo que más agudamente reclama nuestra atención. Asusta y. sino de su egoísm o. en Madrid y muy cerca de la Puerta del Sol. se ve mucha miseria? Mi afdn de originalidad no llega a tanto. de Vttlle-Incldn y de Buñuel. en la divina 6t humana. y así. pero me gustaría matizarla sin confondir la cantidad con la calidad.no admite diferencias cualitativas. Todos estos horrores -los de alld y los de acd. cuando su madre le llevaba la comida. la miseria -como el frío. sólopor eso. coloc6su mano en mi hombro y me pregunt6 que si habia sido feliz en su compañía. La puta con más ta blas y mejor curriculum de la cuesta de Moyano. de Agra. pero no nuevo para quien como yo 6t como muchos de vosotros) ha nacido en la t ierra de Francisco Delicado. de Quevedo. por fav or: escuchadme antes de tiraros a mi yugular.

cornezuelos.\'e llenan de t enderetes dedicados a la venta de ensaladas defrutas.altramuces. pero no confonde. saladillos y ar rocestostados. vilanos. granos. lentejuelas. polvos. si. y no me refiero sólo a laspipas. que estdn.. esapas ta de nuez de cocacon nombre de novela de Salgari que seprepara sobre hojas recién traídas del drboL Los vendedores se flcuclillan en cualquiera de las numerosas ho rnacinas abiertas en lasparedesy despliegan en el hueco de laspiernas su instrum ental.tarros dora&tos. piedrecitas. sino de golosinas tan exóticascomo el betel. entre ellos o alrededor de ellos.que me duró el trauma de los muertos por la calley de los muñones tendidos. para chuparse los dedos. semillas. canicas..pero que no aportan noveda des de mayor cuantía al paladar. güitos. las ciudades . a las v einticuatro. con el crepúsculo. en la gradación 64 65 . a las seis dejé de sentir repugnancia. espdtulas.. Además. comia ya a dos carrillos todas las exquisiteces que me ofrecían por l a calle. l imaduras. migas. serrines. virutas. frutos secos. ¡Y qué msaladas! ¡Qué maestría en la disposici6n de los gajos. briznas. A las d os horas escasasme baj6 la tensi6n. recipientes de agua cristalina y. Todo ello dibujado en netos coloresfondamentales que el artesan() di stribuye. pebeteros.

comparti mesa y yantar con un leproso. los agonizantes: todos acuden a las aguas en confoso mont6n. y en ellas se desnudan. exponen sus vergüenzas. beber a gollete cualquier potingue y chap otear a discreción en lospicantes comistrajos de losfogones callejeros. Los indios fabr ican estos milagros en cadena. Moment o de perplejidad y triunfo de los sanos instintos. los encantadores de serpie ntes. yo. Al salir del antro me di de nar ices con un puesto de macedonias defruta acribilladas por un enjambre de ex6tico s insectos. Os lo juro. unos dias más tarde.. reflexivo. los apestados. Des de hace milenios. c asi en lasfauces del campo desolado. escor pionesy otrasgentiles criaturas de san Francisco. no repele. se cortan las uñas. De vez en cuando asoma por el horizonte un cadd ver flotante con dos o tres buitres excavdndole las entrañas. ¿Cómo resistirse?Al día siguiente de mi llegada a Bombay. pliegan y dislocan los músculos y las articulaciones en inverosímiles posturas yóg uicas. silenciosoy desfila con lentitud verdaderamente mayestd tica. En las escalinatas del Ganges. terrazas y escalinatas d istribuidas por espacio de cuatro millas en la ribera izquierda del Ganges). chupeteé confrúición varios polos de colorin es de esosque según nuestras santas madres se elaboran con agua de cloaca. pude haber bebido agua del río como un santón más. Es un ritual puntilloso.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó de los colores-con sus zonas de penumbra y sus zonas de luz viv~ y en la combina ci6n de los olores!Un tomate. y por fin. cruzan las manos sobre el ombligo. donde los hindúe s incineran a sus difontos. un copete de piña y estd hecho. cuatro hierbas. los magos. Contra la tangibilidad de las glándulas nada pueden las sombras de los microbios. severa. La famil ia delfinado -por logeneral un viejecito. a su paso por Benarés. No asusta. los virulentos. ¿ Tú. En el merc ado de la vieja Delhi. acariciar las cabezas de los niños. meditan. A partir de esegesto volví a mez clarme estrechamente con la vida: pude escuchar de cerca los silbidos de las cob ras. un pajarito más bien. Porfin depositan elfardo y le aplican foego en varios puntos con la ayuda de unas largas varillas. se quitan la pelusilla de los dedos de lospi es. y luego te los tienden c on una sonrisa radiante. Para más inri. losparias. incluso los niños. Par ece demostrado que el agua del Ganges contiene más microbios por centimetro cúbico q ue cualquier otro lugar -liquido. a razón de trespor minuto. dejan que lasfebles túnicas se les adhieran al cuerpo.ficado desde hace miles de genera ciones. se afeitan. . sólido o gaseoso. Hacía un calor de abrigo de astracdn y los refresco sconvencionales no bastaban para aplacar la sed. media mandarina. Yos aseguro que no lo hubiese hecho p or morbosa atracci6n del abismo. concebidas como homenaje a las grandes tetas. el más hipocondríaco de los mortales. En Calcuta dormí a pierna suelta entre lasparedes de adobe de un chamizo infestado de cucarachas. los brahmines. O s juro que estuve a punto de llevarme el agua milagrosa hasta los labios..pastoral reflexión. La escena puede verse. un mango abierto en canal. visité las cuevas de Elefanta. anémico y desguarnec ido-lo transporta hasta el lugar de la cremación sobre unas angarillas. Antes ha e nvuelto cuidadosamente el caddver en papeles. Los leprosos. la carroña y la muerte afluye a sus ghat (asi se llaman lasplataformas. lavan sus ropas. En la operaci6n intervienen todos. sino por meditada. el revolucionario de pelo en pecho que corria al hospital para ponerse la antitetdnica después de u n simple arañazo de losgatos? Pues si.pero nofotografiarse. Que nadie toque la rosa. aún b astante aprensivo y panpringosillo. todo el espectacular detritus de la enfermedad. se alza la Manikarnika Ghat. En Gwal ior. Un vaso ll eno de escupitajos de Margarita Gautier viene a ser una especie de reconstituyen te cloroborosódico del doctor Bonnald comparado con lo que el gran río de Brahma aco gey transporta en su seno. se anudan el moño y echan su meadita.. los opulentos. Benarés pasa por ser la más antigua ciudad del mundo. lospedigüeños. más alld. serenoy petri.de la madre tierra. como cualquier hijo de vecino. El cortejo esgrave. su dueño y timonel estaba devorado por la viruela. los titiriteros. Pensaréi s: imposible . lasjovencitas de piel tersa. no evoca la imagen de san Jer6nimo y la calavera. refajosy cintas de colores brillan tes.. las suaves damiselas de las a ltas castas. l iberan sus pechos. salamanquesas. los gimnastas. digo yo . Dionisio. los bonzos.

le curó la ceguera un sant6 n de las orillas del Ganges (pero esto. Durante el primero recorri todas las tripas y mondongos de la ciudad. su leucémica mortaja.ritode esas aguas fecales con tropezones de miasmas en estado de eferlle Scencia. que es un laberinto indescifrable.. Estamos. no es imperceptible . al fin y al cabo. ¡Benarés! A Aldous Huxley. sus mecdnicos estribillos de pésame. sus velorios de comadres y sus chistes verdes. no es grasie nto. no es agudo. con su dulzona necrofilia. Pues como lo ois 6t a lo que iba): a punto estuve de servirm e un va.. pero tampoco un gorigori moral a la manera del paganismo senequista y petroniano. en cualquier caso.no es en modo alguno un memento moris (los brahmines estdn hechos con la antimat eria de los cartujos).Fue a la del alba de mi segundo dia en Benarés.isimoque sepasó doce horas intentan do ddrmela con queso y que al final se sali6 con la suya. a millones de años luz de los abyectos entierros occidentales. g racias a la picardía y al talento de un nepalés lis¡. Ni siquiera el olor desagrada: no es acre. orgulloso descendiente de una dinastía lle cientificos. no deja de ser un simp le detalle positivista de 66 67 .

¡B enarés. más d6cil al «cada cosaen su lugar» del sabio relativismo. el traidor a los suyos. América: era. Loscuervosy las urracas entran tranquilamente en las habitaciones de los hotel esy arramblan con los objetos brillantes o cascabeleantes. d uro. las mujeres cetrinas. trataba a patadas a los galopines que me tendían la mano. ni de la emoci6n que me revolvió los menudillos. vestía ropas defabricación extranjera que los turistas le daban. ni de c6mo dejé de ser en parte el que había sido. los bonzos de macizas gafas (foeron losprimeros intelectuales de la historia. los pétalos primorosos y húmedos en el regazo de los dioses. eso sí. una faena de Ordóñez en la Maestranza. foe entonces cuando rocé la superficie de ést a -cenagosa. acaso el inevitable porvenir . [.. la hora cabal. se apiadan de ellasy las devuelven a los bosques. ¿Me creéis? y si no me creéis. Le puse el nombre pensando en la película América.al que me referí hace una pdgina.. de las profondidades.. Pues bien: Stavros me entregó una punta del hilo de Ariadna elprimer día y al s iguiente foi yo quien tiró de la madeja.. de h echo. Las piscinas de tranquilas aguas verdinegras .El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó signo contrario). andaba conchaba do con mil y un vendedores de souvenirs. la q uinta columna de Occidente. en una oda de Horacio. Listo. que os zurzan.] Ahora. las vacas que te lamen las manos como perros. de elegancia y de carroña que inexplicableme nte se transformaba en un paisaje con figuras voluptuoso e idílico. Se colaba por todas partes. me enseñaba los trucos más eficacespara burlar las severasdisposiciones litúrgic as. Lo que al/i se me vin o encima -lo que alli volvió a venírseme encima. anterioresa Homero.. ni de cómo bajé trastabillando ha sta el turbio borde del agua.que luego esconden en sus nidos. registre . laspuertas de lapercepción. de entusiasmo. ni del solemne compromiso de regresarque allí mismo firmé con los dedos en la arena.urno trepe a determinados drboles. la roca desde l a que Buda hab16 en público por primera vez.] Antes hablé de comunión con la natural eza. porque la inmersión taumatúrgica debe practicarse al despuntar el día.. queddndose sin foente de sustento . toqué el venero del ser.con el dorso de la mano y cuando pude haber bebido. al escriba sentado). Todo me lo mostró el buen Stavros. reconstruí la definitiva pasión que no había vuelto a sentir desde cier tas noches de mi infancia. En Benarés be bí directamente la vida de labios del sol naciente. un calco de su protagonista . l aspesadas campanas a ras del suelo. de nariz afilad a y perla en el entrecejo. ese nepalés tan flaco c omo la telegrafía sin hilos -aunque de invencible resistenciafísica. Romain Rolland escribió allí el prólogo arrollador de su Vida de Ram akrishna. mejor. En una palabra: el antihindú por excelencia. me asomé al firmamento.y la tentación del agua. el aprendizaje amoroso de Dafois y Cloe!A su sola mención me da vueltas la cabeza. que bajan en calesa al Gangesprotegidas por el soplo inconsútil de sus saris . Al llegar a ella empezaba a salir el sol. a Hammurabi.ya os lo he contado: un amasijo de muerte. ni de las dos largas horas que pasé absorto. que inuariablemente depositan su botín en los mismos lugares.por lo que basta con denunciar el robo en la recepc ión del hotel para que el botones de t. de enfermedad.. me p use en marcha con el estómago vacíoy recorri como una centella los cinco kilómetros qu e separaban mi habitaci6n en el Dak Bunga(ow -veinte duros pensi6n completa. Sus dueños. Pero nada he dicho de la borrachera que se apoderó de mi. el descensosu ave de una loma cubierta de nieve. cuando tendido en la hierba de las dehesas de Covarru bias miraba el infinitoy las estrellas. Pero son. y foe entonces cuando se apoderó de mí el vértigo del abismo -o. lisonjero. tibia. de vez en cuando.. ladronzuelos honrados. libro que lei -boquiabiertoa los dieciocho años en losjardines de la Fac ultad de Letras y que derribó en un auuum casi todas mis convicciones anteriores. todo me pare ce más abarcable. trepador. metomentodo. Los indios no se limitan a encantar cobras. [. los templos poblados de monos.de la orilla del río. anotaba cuidadosamente en un cuaderno l os nombres y direcciones de todos los visitantes que recurrían a sus serviciosy br incaba como el oso de un gitano al husmear elperfil de un d6lar en su radio de a cción. Salté de la cama a las cuatro y media. decidido a cambiar de vida. después de aquella mañana.

El agu a no abunda.o tumbadas (1. supongo. una enciclopedia.l'Olemnidadque esquilmab an sus paupérrimas escudillas para alimentrlr cuervos. pero siempre se dedica una parte de ella -cuando la hay-. palomas o mangostas. los animales y los seres humanos se reparten el hambre como buenos amigos. En general. Da gusto verlas deambulando a su aire por I'fltre los coches y la gente. y en particular. 68 69 . En infinidad de ocasioneshe visto a zarrapastrosos de .Y no hablemos de las vacas. y en sus zonas de influencia.susfrondas y las horquillas (Lesus ramas y recupere lo robado. cruzando las calles mando el semdforo sepo ne verde -de envidia. recostadas en lasfarolas. se reconoce el derecho de I()d o ser vivo a seguir vivo y se practica una equidad tan asombrosa mmo espontdnea. que por sí solas merecerían un libro quizd .a regar r aquíticas floreciIltts plantadas en el umbral de la casa o en herrumbrosos botes d e conI't'rvas. En la India.

que los hombres forman parte indisoluble de la naturaleza y viven en armónico contacto con ella. parecen ronroneantes gatazos perezososy caseros. confesémoslo. La India espobre y e n sus ciudades faltan muchas cosasimprescindibles. algo de puritanismo ilustrado made in England la envilece. que podrian ser innumerables. que en modo alguno respond en a su leyenda negra. viven agrupados en antiguos templos donde no lesfaltan diversi6n ni yacija ni techumbre ni pitanza. Parece ser que la mezcla del calor con el alcohol no esprecisamente un afrodisíaco. por ell o. Por todas partes revolotean pdjaro s de plumaje fastuoso que acuden sin recelo a las manos de los desconocidos. Los indios son. refogio y discreción en ciertos esc ondrijos de los hoteles de lujo.saben y admiten -no siempre viajan juntas las dos cosas. pero no a los turistas.] Aunque la India es elpaÚ de más ilimitada libe rtad que me he llevado a la boca. Vttlga un solo ejemplo: en tres cuartas partes del territorio nacional estd prohibido el alcohol -incluyendo la inocente cerveza. se quejan de que sus maridos util izan la noche s610para dormir. Sobre las ciudades vuelan incesantemente vertiginosos enjambres de cuervos y b uitres. Has ta los tigres de Bengala. Bromas aparte. inteligentes y condenadamente sociables.y asi. cuyas enormes cabezas de toro de lidia impresionan al más pintado. más que de'la aplicación deformulas ab stractaspara medir y pesar. Éstospueden encontrar drnica. a diferencia de nosotros. por añadidura. mejor dicho. desempeña n una doble fonci6n social: la de servir de eficaces basurerosy la de ayudar a l os parsis en su trdnsito carnal y espiritual al otro mundo. majestuosa s. [. y bastapor ahora con los mencionados. donde entre moquetas y luces tenues un solicito barman de color tostado escancia güisquis y ginebras. a menudo. había tomado la cobarde derisión de pedir derecho de asilopor primera y últ . además. De inofensivos cuervos. Los monos campan por sus respetosy. pero abundan en cambio lospar ques públicos donde los humillados y los ofendidos se solazan. Las mujeres de los europeos. se hacen 6t se ganan) oposiciones al der retimiento. prolongdndola prudentemente sin correr jamás la incierta aventura de modificarla. Hacia las nueve de la mañana.. de cordiales buitres. beben lico r de bambú. Allí les dieron todo hecho: eran carne de colectividad. hombres libres: no necesitan a Marx ni a Marcuse.. aunque faltan las rubias platino de zapatos gilda y rev61veren la entr epierna. ] ¿ Volvemos a Bombay? Volvamos. que no asustan. El hueso ci payo serd mucho más duro de roer. Sobran los ejemplos. la dichosa alienación que tanto nospreocupaba en las n ochesy luchas de París nace del divorcio de la naturaleza.a los nativos. que no atacan y que. El ambiente espuro Raymond Chandler. ¿A santo de qué la tentativa de lavar el cerebroa sus amigos y propietarios para conseguir que las degüellen? . Los indios. Yarreglados van los comunis tas si esperan engullir este bocado con las facilidades que encontraron en la la boriosa China. que te confinen con hipócritos modales de guante blanco en una especiede nevera racista). Los que empiezan a empinar el codoya no vuelven a bajarlo -la regla vale también para la coca-colay otros ref rescosembotellados. El impacto -que no colisión. Más que parques son inmensos pr ados confrondosos drboles de descomunal perimetro. Son simpdticas. Más que de la separa ción entre el trabajo y elproducto del trabajo.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó a la bartola en las proximidades de los ventiladores. Eso es todo: una existencia esencial. Las jovencitas y las viejecit as tejen hermosas guirnaldas conflores para mí desconocidas y las venden a cambio de casi nada por las calles. no tiene ni pizca de gracia eso de que te obliguen a esc ondertepara echar un trago (o. poco a poco. viéndose las caras con lo que importa.. duermen. discuten y se revuelcan sobre la hierba.se produjo alrededor de la f/na de la tarde. Fue allí dond e por la brecha del candor se me colaron en los órganos de los cinco sentidos las calles de ¡tI India. ligeramente acojonado por lo sucedido en el aeropuerto 6t también. bondadosas. Yello aunque beber en el trópi co sea como exponerse a un guantazo de Cassius Clay.. [.por la negra imagen de la India vigente foera de ella).

me desplomé en cuerossobre la cama y me hundí ipso facto en un sueño . disimulé al pasar junto al conserje (tengo 70 71 . termo de agua he¡f lday luz en la mesilla de noche que me ofrecieron en el hotel Nataraj (ostaba 6t eso que era doble) menos de cuarenta duros del mercado negro. Soy -de sobra lo sabéis.pero estaba tan agotado y desconcertado que. me rec ompuse. esquivé las zalemas de los botonesy "rmtrabandistas de divi sas. entré en ell a precedido y seguido por una corte de mayordomos. Me despered. haz lo que vieres». distr ibuí generosaspropinas de a peseta. aplicar al pie de la letra aquello de «a donde foeres.¡!f'teode un pajarraco posado en el alféizar de la ventana.moderadamente tacaño y me gusta. permitírmelos: la habitación con baño. Cuatro horas después me desper tó el .. por otra parte.doroso. palafreneros y lacayos. por tlfíadidura.ima vez en un hotel de relativo lujo. tenebrosoy mucilaginoso. bajé al vestíbulo. La cogí. Podía.decidí no reparar en gastos.. a pesar de la con stante y agobiante disminuci6n de mis ahorros -me (/uedan en estos momentos ocho cientos sesenta dólares y nueve meses de peregrinación por delante.

entre cuantas la India me ha entregado. No existe un solo edificio moderno ni una disposic ión municipal que ()bligue al apuntalamiento de los templos en ruinas. me zafé del aire acondicionado y busqué refogio en el horno crematorio de las iluminadas y cegador as tinieblas exteriores. Yalli.su centelle ar. susperros amarillentos como chacales vagabundos. sus peatones convertido s en dueños absolutos de la calzada. nada. varias teteras de aluminio.] Hablaba antes de las lecciones de la India y me gustaría añadir ahora que tod . sus bamboleantes casas de madera. ¿Qué sentido tiene lafatua tentativa vuelvo a pensar en las luchas y en las noches de París. Simplemente las calles. lo sabe siempre -hasta en el saloncito kitsch de las bebidas alcoh61ic as. sus escudlidos santones todo codosy rodillas. ni la sombra de la huella de un proceso de inútil trans formaci6n en las caras. En Benarés no hay expl otación del creyente. foera de los mendigos. diez o doce tazas sin lavar. sus bungalows roidos por la humedad. sus vehíc ulos de tracción humana y animal. [.de algunos s6rdidos solares destinados a acoger Dios sabe qué os curos adefesios arquitectónicos y de los hombres de negocios extranjeros que salta n de Cadillac en Cadillac y jamás pisan el cemento· en ebullici6n de las aceras. durante losprimeros minutos y al hilo de losprimerospasos. el contraban do en las barbas de la policía. en el en torno rural o urbano. Nada hay alli que no sea estrictamente individual e intransfer ible. con un medroso salto de costadillo.. con su mercado cascabelero. sus cines de hediondas fauces. de los mustios y reve nidos rascacielos. sus tropill as de lustrosas cucarachasy de insectos xilófagos. sus tenderetes.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó siempre complejo de pelagatos y de no saber estar a la altura de las convencione s en los hoteles con porteros de librea y gorra de plato). en los trajes. Nunca se ve a dospersonas haciendo lo mismo. del amor desinteresado tal y com o lo propone la Baghavad Gita. las calles de la India.. sus amedrentados automovilistas. que los lectoresde Kipling no habrdn olvidado... sin duda. Se trata de un ver dadero rito nacional y popular. sus transeúntes d e ojos de carbunclo. en ellas. Pero a pocas decena s de metros.. Sólo un cañaveral huérfono y un minúsculo nódulo de chabolerío demuestran que aquello es la Ind ia (digo demuestran. me paré con fariseismo ante la vitrina de las gilipolleces libres de impuestos. en las costumbres. En el remate de la caminata. ¿Acaso no llevo miles de pdginas hablando de todo esto? [.. se ap rovecha de la ciudad sagrada. laspamemas de sus magos y saltimbanquis. su s majestuosos ventiladores. sus miles de restaurantes en los que todo -siempre«estd acaba do». y no recuerdan. en losgestos. el agridulce corazón de Bombay co n su diástole de vida y su sístole de muerte. de las villas de color castaño. aunque sí de los escasísimos turistas. sus vacas orejiquebradas en signo y olor de santidad. y punto. ni un mecan ismo de control sanitario. a pesar de todo. y por fin. sabe d6 nde estd. miré hacia la derecha y h acia la izquierda. de hecho.y se alimentan con lo que esconden sus alforjas o con lo que vende la tienda de ultramarinos mds cercana. brota -como sifoera un oasis 6t en cierto modo lo es)-la legendaria Gateway ofIndia. dosfilas de clientes acuclillados).. estdn (o estallan) las calles . un servicial posadero. al raso.por algo esotérico e impalpable que flota en el ambiente). Progresar es conservar. Es la zona de losgrandes hoteles. a cinco minutos escasosde camino. petulante y encorsetado hotel Nataraj se e ncuentra en pleno músculo cordial del paseo maritimo. El chapuz6n en el Ganges es u na eucaristía en la que confluyen varias religiones diferentes. Los peregrinos duermen en el suelo. Nadie. el sol lechoso. suspozos y ciénagas milagreras donde el agua se sirve gratis en cubiletes de la tón. y del respetohacia elpasado. fruto de la fe.de modificar el mundo en v ez de dedicarnos a profondizar en él sin ponerlo en tela de juicio? Severa y conso ladora lección: la más importante. sus estaciones macilentas. El orondo. los géiseres rojizos de la arquitectura colonial. s us pícaros. que forma un suave arco de m uchos ki16metros de longitud al que los ingleses quisieron convertir en puerta d orada de la península del Indostdn y de todo su imperio asidtico. sus patios de Monipodio. su alegría.. porque el viajero. susfranciscanos salones de té (un a hornacina abierta en cualquier fachada. ] ¿ Volvemos a Benarés? Volvamos.

sobre todo. La India me ha curado de 72 73 . como un camino de fidelidad a las raices. como un estallido defoerza vital . La religión es aquí una dimensión del espíritu que envuelve las demás sin anularlas y que se traduce en respeto de lo móvil y de lo inmóv il. como tensi6n dionisíaca. en el país donde no hacefalta eterno retornar porque los verbos han dejado de conjugarse. como un método de libre reflexi6n sobre lo que somos y lo que nos rodea. como un gesto de autor hacia lo de abajo y hacia las alturas. Yo soy desde ahora un hombre religioso. como saltopor encima d e las bardas de nuestro corral. de la lluvia y del ritmo espontdneo de la s cosechas.as ellas se encierran en una y que esa solitaria lección lo es de religiosidad. En respeto. Es tamos en el país de Nietzsche. como «peregrinaci6n a lasfoentes». Si la religi6n se practica de verdad. sin hipocresía ni palabrería. ¿por qué no aceptarla y practicarla? Mis orejeras id eológicas no me obligan a tanto. como pulsación heterodoxa. del ser que repta y del que vuela.. de los diosesy de las rocas. del individuo . como afirmación personal. Acostumbr aos a ello..

tanto motín. porque son hombres libres. todos lospaises citados -y los que no menc iono. únicam ente la India en la vasta superficie del globo. porque la India me ha confirm ado lo que en su día aprendi leyendo a Hemingway y viendo laspelículas de Dreyer. independiente y. porque obedecen a otr o sistema de valores. porque no viven sólo de pan. ¿Por qué. Es posible que el espejuelo idiota de los milagros económicos acabe por surtir efectoy que los herederos de Arjuna y de Ashoka se vendan por cuatro doblones al mejor postor. hoy por hoy. espo sible . por las bocas del Ganges en Calcuta. lldmese éste Mao Tsetung o Departamento de Estado norteamericano. cuando vi en ella la película Ordet. consi deraré ese día como el del último adi6s y la definitiva catástrofe. amigos de otraspeleas. no estd sometida a una p resi6n demogrdfica como la existente en el archipiélago japonés. no ha germina do ninguna semilla de ese ente de ficción al que llaman «progreso». Es posible que los capitalistas y los comunist as..porque no les da la real gana. de la Fao. a aceptarla. ya declarada. que el choque ser d enconado y que la moneda.porque se sienten visceralmente unidos al pasado. Y a esos escenariospien so acudir cuanto antes para convertir en toma y redoble de conciencia prdctica m i caída del caballo a laspuertas de la India. Y el círculo se cierra aquí. Esposible que los envíos de cerealy de t ransistores sieguen enflor tanta anarquía. Entre ellos.. cuadran. entonces. sigue en el aire. de momento. héroes de Dostoievski. y otras lin dezas por el estilopesan lo suyo.van saliendo de apuros poquito a poco mientras la India. y. puesto que la eternidad es sólo eso:perenne rebeldía ante la muerte. tanta incierta lucha. La línea Maginot d e esta tercera guerra mundial. mi fantasmagórica cruzada. sueños de Nietzs che. no consigue saltar por encima de l listón de la mds negra miseria? Pintan oros:los indios no levantan cabeza. Pero que no se llamen a engaño cuando les den con la puerta en las narices. de la Unesco.. de nuevo. no ha sufrido una devastadora guerra colonial como Camboya o Argelia. Los empréstitos internacional es.pueden llenarse la boca c uanto quieran hablando de «la necesidad y el deber de ayudar al pueblo indio». la afilada introspecci6n. Las cuentas. en lo que a la economía se refiere. se lleven el gato al agua y c onsigan meter en vereda a los últimos rebeldes. hace dos o tres años. por separado o uniendo susfoerzas y su maldad.y me pregunto: ¿por q ué? La tierra del Indostdn no es más pobre que la de Turquía. Por mi parte.. la p erspectiva. no ha pagado el pato de las represalias nazis como Grecia.. salgan las cosaspor donde salgan.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó una ausencia que empobrecía mi espíritu. Los periódicos occidentales y los dementes que nos gobiernan pueden c antar misa: el punto crucial de la historia de nuestros días no se encuentra en lo s arenales del Oriente Medio ni en los tremedal es vietnamitas. de la Onu. individuos secularmente acostumbrados a utilizar la cabeza sin por ellopres cindir del corazón. Sí. no tiene un clima p eor que el de otras naciones del sudeste asidtico. en elfondo. pasa por los muelles de Bombay. Dos grandes caminos tiene la humanidad ante si. Pero estoy seguro.] No sé si la sobrehumana resistencia de los indios serd vencida.. unitivo desarrollo individual. a la vez. que no son los convergentes d el capitalismo y el comunismo: el camino del progreso entre comillas y el camino del libre. por extraño que mi optimismo suene. porque los teóricos beneficiarios de esa ayuda no van. Los indios no han flaqueado hasta ahora. me apresuro a curarme en salud: puede ser que elprogresism o (o la coartada del demonio) se salga al final con la suya. [. Me ha enseñado a perseverar en la rebelión contra la muerte. por el ensayo general del leninismo en Kerala. por el aeropuerto de Delhi. la propaganda del Vttticano. y los cuchill os siguen en alto. Me ha dado elfervor. O mejor dicho: me ha ayudado a entender y a desarrollar algo que intuí vagamente en una tarde mdgica de la Filmoteca de París. la viabilidad del recogimiento. entusiasta. sólo la India. andrquico. Desde aquí me atrevo a predicar entre todos vosotros. la simient e de la lucidez. La lucha de los brahmines es mi luch a y de ahora en adelante me tendrdn a su lado con armas y sin ellas. por los lagos de C achemira. y correré con Cristina . por más que el mundo se niegue a escuchar elfragor de la batall a. Los ricachones occidentales y los señorones comunistas -que son ramas del mismo drbol.

casi subyugada-. (Fragmentos de la segunda carta de Dionisia incluidos en las memorias de Cristin a. Yahora. luminosa. con diez libros y diez discos.) La primera visita de Dionisia al país que iba a convertirse en su segunda patria d uró bastante más de lo previsto.. al arca de Noé. Podéis empezar a ponerme en salmuera.peregrinó sin prisa y sin pausa a lo largo del Gran Tronco de las novelas de Kipling que reco rre de oeste a este todo el norte de la India y al hilo de ese camino real 74 75 .. El viajero -hechizado. Jornada del 12 de abril de 1969. a la cdlida. con mis gatos. infinita y últi ma playa.. con el borrador de mi primera no vela y con los amigos que quieran acompañarme a la isla de Robinsón. adelante . al castillo del Grial. a la torre de m arfil.

también. sino al raro talante de esas personas y a la peculiarísima índole de las relaciones que se establecían entre ellas. como mínimo. quizá. y fue entonces cuando su viaje le estalló en las manos y se convirtió duran te algún tiempo -sólo durante algún tiempo. y los que buscan y a veces encuentran seres. Absolutamente a todo. y se transformó en un hombre dispuesto a tod o. 76 . Luego . ni en la s bibliotecas. al coincidir en cualquier sitio. en una palabra.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó fue encontrando las mil caras del amor. porque para un viaje tan elemental servía cualquier alforja y bastaba con leer a Cervant es. vasos capilares) que corrían entre esas personas. el Comerciante Sufí. dos clases de seres humanos en el m undo: los que pasan por éste sin romperlo ni mancharlo. ni entre los brazos de las mujeres. los aventureros de la gnosis.en las trincheras y b arricadas del frívolo mayo francés. en un terremo to de felicidad y en una orgía de transrealidad. ni en las tertulias de las sobremesas familiares. Dionisia. ni en los púlpitos de las iglesias. Algo que nadie.al verse. Descubrió que hay. mencionaba . ni en la escuela de las calles de su infancia. Algo que ya nunca podría olvidar y que siempre -en cualquier ocasión. ni siquiera Cristina. de h acer camino. de la vida y de la muerte. ¿Don Quijote y Sancho Panza? Sí. el consuelo que de esa certidumbre se derivaba. de oca en oca. pero a partir del instante en que lo supo -en que fue capaz de percibi r los sinuosos e indestructibles hilos (o..formab an parte de una trama oculta. para llegar a esa conclusión. hasta cierto punto. o en las proximidades de un hotel. al estrecharse la mano. al olfatearse. ni en los veladores de los cafés madrileños. ne cesitó tres meses de pedregoso viaje a la intemperie y una notable cantidad de cos corrones. sobre todo. si es que lo tenía. o en el mostrador de la aduana de un aeropue rto. Algo que tampoco sus amigos conocían. sin despeinarse (en el sen tido taurino de la palabra). de una especie de sociedad s ecreta. descubrió algo cuya existencia no sospechaba. hechos y cosas invisibles e impalpables detrás de las aspas de los molinos. menos a lo que caso por caso pudiera reprocharle la con ciencia. los bichos raros.perdió por completo el mied o a lo desconocido. de tropezón en tropezón. y así. Algo que no le habían enseñado en el colegio ni en la universidad. levantándose y volviendo a caer. además d e reconocerse. estaban siempre en el lugar estr atégico o aparecían en el momento oportuno. esos conjurados. ni -menos aún.en una tormenta de libertad. el Caminador Manchego. El verdadero hallazgo --el genuino descubrimientono se refería a la mera exist encia de individuos dedicados en cuerpo y alma a la dura tarea de aprender. le ayudaría a atravesar las noches o scuras del alma. Dionisia. a tientas. entre otras muchas cosas y poco a poco. al escucharse recíprocament e. cayéndose. ni en los conciliábulos progresistas. ni en los confesionarios. de una red invisible. del horror. pero no era ése el verdadero hallazgo. y esas personas. o entr e las jaimas de un campamento nómada. por ejemplo. En un consulado de España. el Tigre de Bengala y el Motorista de Delhi. de recorrer hasta sus últimas fronteras y consecuencias las rutas del conocimiento. se ayudaban entre sí y. para ello. en cualquier paraje. lo s seres anticonvencionales -como lo eran el Canciller de Estambul.. ni en las locas noches pagana s de París. pero se reconocían -ahí el descubrimiento y. a las que ya consideraba sus congéneres. descubrió q ue los buscadores de tesoros. a solas o acompañada-le serviría de alivio en la desventura. le empujaría hac ia la cumbre del monte Carmelo y. tan secreta que sus miembros no se conocían entre sí.

el humor y las ensoñaciones. Katmandú recibió oficialmente el título de ciudad más bonita de la tierra concedido por el gobierno títere de las diferentes comunidades de jipis en el exilio. a aquel pu nto de sutUlra y de cortocir. . de un solo golpe. entre qué gente no alcanza estimación. de fintas y de estoca das dialécticas. eran en su mayor parte de origen europeo (aunque con algunas incrustaciones norteamericanas y australianas) y. sometámoslo a votación. atravesó sin que el viajero tuvüese que enseñar . el ingenio. clara razón y fuerza adamantina? JOSÉ DE EsPRONCEDA -Venga. una docena de jipis vistosamente disfrazados de su ltanes. la blancura de la cordillera del H imalaya. durante la animada tertulia de sobremesa: que invariablemente servía d e postre y de digestivo a los usuarrios del pequeño restaurante del Traveller's Ho tel. a aquel remolino de religiones vertiginosas y de pasiones turmultuosascin'o día s antes..el valle de Katmandú. Cuatro hor<1lsde grandes riliaS.en inglés. d e plaza e!n plaza. Cosas y bromas. después de veintinueve horas largas dando tumb . Sana. todas las piadosas comitivas de feliglreses y todos los .1pasaporte la casi invisible frontera entre la India y Nepal. sus poderosos diente$. de templo en templo.. y el tirón de los e!fectos de la droI'.y todos los detalles. del hachís. le obligó a dormir tan ricamente en la c:hoza de piso de t ierra rojiza de un tibetano que dieciocho años amtes se había ido al exilio tras las huellas del dalai-lama y. brujas y mendigos alborotaba la tranquila superficie del silencio reinante en la colina. Eran mayoría. por fin.hasta la cabüna de la camioneta de un sikh que se ganaba la vida transportamdo y cambalacheando de pueblo en puebl o mesas metálicas de $egunda mano y otros antiestéticos muebles de oficina occidenta¡} fabricados en Calcuta. le condujo -gajes y magia del autostop-.uito entre el diablo mundo y el Reino de los Ciielo s. tod<os los retales de c ampo verdes y ocres. santones. Sonaron pitos y palmas. desperdigados sobre la hierba húmeda del ribazo que les servía de atalaya para contemplar el sobrecogedor espectácul o del crepúsculo que en aquel momento pintaba de rosa y oro las abruptas crestas y picachos del padre Himalaya. . Habían empezado a fumarlo -aquel díaantes de l o habitual.Fernando Sánchez Dragó Abril y mayo Capítulo IV ¿En qué parte del mundo. Que levanten la mano quienes crean que Katmandú es l a ciudad más bonita del mundo. después de cubrir un itinerario surrealista que arrancó a la hora de la sie sta de la estación ferroviiaria de Patna. todos los postigos de madera calada.alos había arrastrado misteriosamente. de redobles de tambor y de (canciones de los Ilcatles y otros grupos similares grabadas en cintas magnetofónicas made in Hong Kong y en Taiwán. a orillas del Ganges. todas las terrazas de los elllcharcados cultivos de arroz. Marrakech y Estambul se atrevieron a impugnar. almuédanos.había durado casi cuatro horas. Fez. se entendían -a la fuerza ahorcan. manda y domina un joven de alma enérgica y valiente.Ie músicas de flauta.Iirrefrenable tendenc ia a la anarquía de todos los participantes en (<1. naturalme nte. odaliscas. de esquina en esquina y de prodi!gio en prodigio. Dionisio había lle gado trabajosamente allí -a aquel enclave irrepetible e indescriptible. todas las 'casi tas de pardo adobe. Ocho o nueve manos respondieron a la invitación de Dionisio entre las miradas burlonas de los escépticos. El a ca¡orado y disparatado debate -constantemente imterrumpido por ¡. la fantasía. A su alrededor o en sus cercanías. Se tratab a de una decisión justa. hasta la cumbre de aquella colina o mirador natUlral que ni pintiparad o para sorber con los ojos. que ni siquiera los más ardientes defensores de las candida turas de Venecia. el azul centelleante del cielo nepalés -sin parangón posible con ningún otro cielo de la tierra. Era Dionisio quien llevaba la voz cantante. que (ksataba las lenguas. Tenían todos ellos edades comprend idas entre los veinte y los treinta años. de argumentos peregrinos.opetes escalonados y en galanados de los centenlares de templos d.

os por las curvas yr bucles de la ca78 79 .

lo que Fernando escribi6 (y no public6. poco antes de que hicieran acto de pr esencia en la ciudad los primeros jipis. Nunca publica nada) a prop6sito de Katmandú en octubre de 1968. al que sigo tercamente empeñada en llamar «memorias». y luego volvi6 unos meses mds tarde. Pe ro su visi6n y su versi6n de todo aquello coincide casi al cien por cien con la de Dioni. de hecho. SO)\s610. }á lo comenté antes: los hombres -pobrecillosson así... Hondo suspiro de resignaci6n . Mds adelante. fechada y echada al buz6n en Katmandú. ha tenido el detalle de remiti rme una fotocopia de laspdginas dedicadas a esepaís en lo que él-Fernando--llama su «c uaderno de apuntes tomados en los cielos e infiernos que conozco». Como si. ¿La India feliz? Seguramente. lleg6 a Katman dú por casualidad (y. O sea: hace menos de seis meses. haz lo que vieres. una mujer con tendencias depresivas. Escucháramos: plural mayestdtico.. aún con el olor silvestre y patricio de la muchacha impregnando su piel. al menos.Cristina: una mujer que espera. se echó a las calles laberínticas de Katmandú con la misma fe. esole mol esta. Punto y aparte. Dionisio pagó con la misma moneda a aquella criatura de estirpe divin a y entregó a la comadre que la alquilaba el precio previamente acordado: un dólar d e curso legal con la efigie del primer presidente de los Estados Unidos de América . sino para qu e los demds las lean. una mujer embarazada. a esa conclusi6n he tenido que llegar no s610p or lo que me dice Dioni. si leyera esto. También en eso es e l vivo retrato de Dioni) en abril de 1967. de m elancolía y de falta de seguridad en mi pluma y en mi persona. los dos son o quieren ser escri toresy sus vidas han transcurrido -desde que se matricularon en la universidadpor carrilesparalelos. La verdad: pone los dientes largos. O. no soy un jefe de gob ierno. Pero Fernando siempre hace las cosasy llega a los sitios un poco antes que Dioni. Lo que en ella cuenta parece una descripci6n del paraíso. Peorpara ellos. que seguía aplicando a rajata bla el aforismo -ya mencionadode adonde foeres. aprovechó la oc asión para pasar la noche allí en compañía de una rapaza con hechuras y modales de princ esa que aún no había cumplido los catorce años y que no supo darle sexo. pero sí -yen ab undanciaamor. incluiré algunos de esosapuntes en este triste diario. por un asunto defaldas. en efecto. como de costumbre. generosidad y. por las no menos laberínticas. lo que se d ice «enfadarse». Fernando. esperanza y caridad que cinco semanas antes le habían incitado a salir del Dak Bungalow pisando la primer a y dudosa luz del día para perderse. Ya Dioni. no. curiosidad. sepicaría. Ya pr ovecho la ocasi6npara reconocerque me gusta laforma de /!scribir de Fernando. estuvies e garabateando con letra de piojo estas memorias no para mi coleto. lo depositó con todos los tornillos de las a rticulaciones sueltos frente a la puerta del patio del único burdel-clandestino. y Dionisio. Ch ssss ¿Me he vuelto loca?Dioni. Luego. Pero sí: escuchemos -en plural o en singula r. son siempre rivales entre sí. que gracias a D ios me llama a menudo por teléfono. A l parecer no pueden evitarlo. p or supuestoexistente a la sazón en Katmandú. Tercera carta de Dioni. no soy una reina. sobre todo. al enterarse de que su mejor amigo anda ya encant ado de la vida por los riscosy tugurios de Nepa!. Pero sepicaría. devorándolas. nacieron en la misma ciudad el mismo día del mismo año (no sé si he aludido ya a esa extraña coincidencia en mis memorias). ternura. Los hombres. aunque no lo confiesey aunque la delantera qu e le toma su amigo del alma seapor lo general mínima. por mucho afecto que se tengan. una mujer que dentro de nueve días cumplird treinta añosy que a pesar de ello todavía no ha escrito su novela. mucha curiosidad.. .. No soy una papisa.. Fernando y Dioni se parecen mucho física y espiritualmente. casi inapreciable. ¿ y si la escuchdramos? i Váyapor Dios! Ot~a vez ha vuelto a traicionarme el subconsciente.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó rretera más alta del continente asiático. estd constantemente al quite de mis cr6nicos a taques de depresi6n e incluso. Poco importa. q uizá. Enfa. lo que constituye un síntoma evidente de megalomanía. darse. sino también oyendo y leyendo a Fernando. S iempre jugando a soldados de plomo con sombrero de ala ancha y rev61veral cinto . paj areras y promiscuas calles de Benarés. sentimiento. Vista al cielo raso.

Jornada del 18 de abril de 1969.en películas de Peckinpah. Ya todo esto.¿no serd que me gusta Fernando aún mds que suf orma de escribir? (Fragmento de las memorias de Cristina.) 80 81 .

»Andábamos por las estribaciones de la primavera del año de gracia de 1967 y el ba ile estaba a punto de empezar. y lo estaba. torcí hacia el este y llegué. sobre todo. nos invitaba -e invitaba a la Urbe y al Orbe. e inclusive la ganaban. europeo. ~ Katma ndú cuando en Katmandú sólo había nepaleses y montañistas extranjeros. los valedores de la última utopía. exóticas. mejor aún. Brigitte Bardot prefería la piel suave de las focas a los músculos viriles de Vadim. No lo esperábamos. acicateados por las idioteces del señor McLuhan. mientras tanto.. Belmondo galopaba com o un caballo cimarrón sobre los cien metros lisos de las pistas de celuloide. vigilias y respingos que el entrech ocar de las armas había desencadenado en Londres y en Tokio. occidental e incluso ligeramente soviético estaba como aletargado . frisando ya en las i ncipientes barbas de lo que la historia ha decidido llamar mayo francés. los de entonces. Los nepaleses. aprendía a congelar y perfilar su rostro de samurai bajo la batuta de Melville.la mitológica Indochina de Malraux. y se convertían en los nuevos inquisidores de la nueva Edad de Plata. tuve un pálpito de futuro o. París. el napalm de los norteamericanos y la rústica barbari e del Vietcong destruían palmera a palmera -y palmo a palmo.también imaginarias. Los argelinos seguían dando guerra. en su corazón y en su periferia. por supuesto. c omplementarias y -caso de ser posible. Hice las maletas. segurame nte. Fran <. olfateé los vientos. Andy Warhol e ngañaba a propios y extraños con el camelo sin cafeína ni proteínas del popo El agente 0 07. »¡Qué época aquélla! Los Be atles se pusieron a escarabajear en Liverpool y entre bromas y veras desencadena ron la mayor revolución musical de todos los tiempos. ¿Y dónde dar con ellas si no las encontrábamos en Oriente. El pueblo de las flores -antes de emigrar a Goa.:oiseHardy cimbreaba grácilmente la cintura al ritmo de su melena. »Y es lo que hicimos. Alain Delon. libros de Hermann Hesse y pipas de la paz en el regazo de uno de los países .El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó «Fue. El mundo o. de Alexandra David-Ne el y de Kipling? »En cuanto a mí. de Aldous Huxley y de Christopher Isherwood. J ean Seberg emprendía su imparable carrera hacia el suicidio. una racha de buenos naipes y me anticipé por el canto de un duro de Alfonso XIII a lo que iba a ser nuestro porvenir inmediato. con el breve e infeliz paréntesis del exi stencialismo. en el eterno y cíclico Oriente de Marco Polo y de V asco de Gama. mientras e l jesuitismo de Ha Chi Minh. nuestro pe queño mundo de entonces: latino. para bien o para mal. sustos. »De hecho. los santos inocentes que por culpa de su ingenuidad se van derechitos al infierno. jadeante. nos ponía los dientes largos a toda una generación de reprimido s sexuales. La búsqueda del nuev o Vellocino de Oro tenía que discurrir por entre geografías inéditas. exiliado a la sazón en Roma. en sus intestinos . mágicas. Y. pero la ciudad se había transformado en un hervidero de j ipis. oteé el horizonte. Londres y Roma perdieron bruscamente a nuestros ojos sus lentejuelas y su sex-appeal. Y fue lo que se dic e un flechazo de banderillas de fuego puestas en la cara del toro de poder a pod er. de repente" como un huracán. al menos. Los fotógrafos tomaban el p oder. simplemente. Nueva York. en Trípoli y en Singapur. Creta e Ibiza siguiendo u na trayectoria circular de retorno a los orígenes. bag ajes. los nómadas del Milenio. en Washington y en Pa rís. »Así que todo. El modisto Courreges enfundaba los cuerpos de las mujeres en estram bóticas armaduras de hojalata que nos lo ponían aún más difícil. el profesor Timothy Lea ry y la astuta Mary Quant descorrían respectivamente los telones de la realidad in visible y de los (por aquel entonces) no menos invisibles muslos femeninos media nte la puesta en órbita del ácido lisérgico o LSD y del aguardiente o droga dura de la minifalda. por el atragantó n de estertores. y me llevo tres. los tránsfu gas del consumo.. »En eso aparecimos nosotros. desde que en 1945 los señorones de las alturas habían decidido dar por terminada la segunda gran guerra: cuatro lustros de modorra provocada. el anvers o de la pereza que por todas partes nos rodeaba o. volví a la capital nepalesa y comprobé que todo había cambiado en su vientre. seguían allí. entre di vertidos y sorprendidos.a cambiar de rumbo. unos meses más tarde.se había instalado con armas.

fue como la Umbría italiana en tiempos de san Francisco de Asís.. a concordia.. a dedos entrelazados . El mundo nos sabía a esperanza. a libre albedrío. como los tontos. empujad o por dos hélices y colándome a la remanguillé por entre los torvos pica82 83 . alegres. Aqu ello. como el califato de Sherezade en las historietas de Las mil y una noches. a amist ad. acogedores y libertarios de la madre tierra. »La primera vez llegué en avión. c omo las cuevas de los esenios en las orillas del mar Copto. flexibles. de repente. Teníamos la cabeza inund ada de pájaros. Los sueños se disolvían en hum o y el humo pintaba instantáneamente otros sueños en el aire.más hermosos.

buscábamos jovialmente un grifo en cualquier plazuela para lavar en su chorr o los calzoncillos y las axilas. por último. Los jipis habían descubierto aquel paraíso de fantásticos yogures.. en cambio.con pulso y ornamentación corintia de encaje de bolillos extremeños. de guindillas tiern as oreándose bajo el tibio sol de un micro clima en el que las nieves eternas del Himalaya no impiden el crecimiento de los cítricos y de sombrías viviendas ocultas t ras fachadas de color caqui. de Fernando Sánchez Dragó. pero todas sus gestiones y pre siones se iban al limbo o a la papelera por el escotillón de un establishment con triple túnica budista. »Bien recibidos. tal y como Buda lo dejó.» (Fragmentos del Cuaderno de apuntes tomados en los cielos e i nfiernos que conozco. llegué a Katmandú por carretera y me e ncontré -ya lo he contadocon una ciudad muy diferente. Culto hinduista a las vacas. de diosas vivientes (y adolescentes) y prostitutas más o menos sagradas. me sentí en seguida abrumado y embobado por el juego de luces y de sombras chinescas que aquella cultura secularmente aislada y encerrada en sí misma hasta muy pocos años at rás desplegaba ante mis concupiscentes ojos de madrileñito descarado. Su estructura resp ondía al esquema del tablero de ajedrez en el que cada casilla es un valle autónomo que forma palabras y frases con los demás. nos levantábam os vencido el mediodía. sí.de la In dia. ventanucos silueteados con añil y celosías de madera bo rdada -que no simplemente tallada. incluidos en las memorias de Cristi na. Jornada del 18 de abril de 1969. Modus vivendi simultáneamente campesino y religioso.) El bautismo psicodélico de Dionisio -su primer encuentro (casi una noche de bodas) con un alucinógenose había producido al día siguiente de su llegada a Katmandú en la ca mioneta del sikh. Abigarrada mezcla de cúpulas y torres. deambulábamos luego al tuntún por los zocos y las c allejas distrayéndonos ante los escaparates llenos de cosas absurdas o sopesando c on aire de expertos en la materia antiguos tankas budistas o sardónicas efigies de l espeluznante santoral tibetano y. lamaísta e hinduista que. Katmandú. El viajero se despidió a las seis de la mañana de la putita nepalesa de sangre apare ntemente azul en el umbral del patio del burdel. libertad sin recortes y can nabis indica a discreción. a pesar de ello. Los funcionarios de la e mbajada yanqui -una de las pocas existentes en la ciudadiban de guarida en guari da tratando de impedir que los avispados correveidiles locales vendiesen marihua na (o ganja) y hachís (o charas) a los extranjeros. se negaba a utilizar raseros diferente s para medir a las personas. y se habían instalado quedamente en él con la suavidad de u n molusco en su concha.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó chos de las estribaciones del Himalaya. Venía de Benarés y. dejábamos que el amanecer nos sorprendiera y arr ebujara entre conversaciones casi filosóficas y lentas volutas de humo de narguile . fanfarrón y palu rdo. nos las apañábamos para que la tarde s e nos fuera en un soplo presenciando sin pestañear una cremación desde las escalinat as del templo de Pasupatinah o zambulléndonos en las tiñosas aguas de cualquier esta nque sagrado para cumplir con las abluciones de ritual o apalancando las posader as sobre el suelo de los porches del villorrio de Badghaón para contemplar distraída mente el trajín de los indígenas o deslizándonos con escalofríos en el buche del alma ha cia los pintorescos cubiles sin luz eléctrica en cuyo interior urdíamos la liturgia colectiva del hachís.. nos acostábamos cuando ya el sol iluminaba oblicuamente el Everest. espoleado por muchos siglos de tole rancia y respeto a la voluntad del prójimo. El país estaba prácticamente intacto. de mercadillos y cafetines. acomodó sobre sus hombros las cor . reconozcámoslo . clima tonificante. »La segunda vez. territorio libre de Asia! Trabábamos noctur nas amistades en el Blue Tibetan. pero con la posibilidad de comer carn e de búfalo tras la forzosa dieta cuasivegetariana -que admiro y respeto. »¡Oh.

reas de la mochila. apalabró por dos míseras rupias -alrededor de veinte pesetas. abandonó sus pertenencias sob re la cama. se echó nueva84 85 . devoró con apeti to de adolescente una hamburguesa de búfalo y un enorme plato de yogur verdoso en un tascucio ambulante. interpeló a un grupo de chavales buscavidas sobre el precio y la ubicación de los hoteles para jipis más cercanos. se abrió paso a duras penas p or entre la muchedumbre que a aquella hora abarrotaba el mercado. se dirigió al centro de la ciudad. se lavoteó como pudo -prestando especial atención a sus baqueteadas part es pudendasen el grifo del patio del hotel. se dejó conducir a uno de ello s --el Traveller'spor un espabilado golfillo que trotaba delante de él.una minúscula habitación con paredes de madera y un ventano por el que se veía el Everest.

al doblar una esquina desconchada.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó mente a las calles templadas ya por el calorcillo del sol de las nueve de la mañan a. pajarracos y cascotes. Cuando le llegó éste. devolvió en el acto la tranquilidad a su espíritu e infundió en éste los ar restos necesarios para que su titular se adentrara con firmeza en el territorio apache del callejón y desembocara ligeramente aturdido y deslumbrado en el corral o más bien pocilga que lo cerraba. Dionisio no era precisamente un cobardica.. y lo único que vio -aparte de las paredes descort ezadas y enmohecidas por los achaques de la edad y las inclemencias meteorológicas . pen só que estaba metido en el cuerpo de una medusa gelatinosa. cerró el puño. lo en contró entre los escombros y detritus del patio. pidió al dueño del local una coca-cola y esperó a que le tocase el turno. y de boca en boca. a pesar de sus andanzas cosmopolitas. y sobre ellos. El viajero.. una enorme mesa ovalada y rodeada por una ristra de taburetes.nada menos que la ciudad más bonita de la tierra. Tampoco. y allí. estaban en condiciones de hacerlo. apestaba a hachís. Contuvo la respiración. Dionisio empujó la pu erta y se dio de narices con una acre tufarada de denso humo. se compró un sombrero tibetano y una bufanda de lanilla babosa en el c hiringuito de un mercero. se to pó con un callejón de mala muerte rematado por una especie de ensanche repleto de de sperdicios. literalmente. y de repente. No se necesitaban muchas luces para llegar a la conclusión de que aquello.que corría pausadamente de mano en mano. y no por nada. Dionisio. pero cierta inquietud muy parecida al miedo se le metió en el alma. zascandileó a sus anchas por las vueltas y revueltas de lo que empezaba a parec erle -la primera mirada es la única que vale. dejó que transcurrieran dos o tres minutos de procesión interior. En el interior del antro -a c uya tenebrosa penumbra se acostumbraron muy pronto las pupilas de Dionisiohabía. Se trataba. con los ojos clavados en el más negro y remoto vacío.fue el portalón de acceso a un pequeño bar en cuyo dintel campeaba un mugriento rótu lo de cinco letras: «Cabin». En seguida recurrió el viajero (y discíp ulo del Comerciante Sufí) a la respiración abdominal en ocho tiempos y el truco. y sin decir ni pío se sentó en uno de los taburetes. Su sexto sentido le avisaba de que había m oros en la costa. había n colocado sus huesudas posaderas diez o doce jipis macilentos y amarillentos que miraron al intruso sin despegar la boca . nunca lo había probado. c omo única pieza de mobiliario. sin o -sencillamenteporque no se le había puesto a tiro. Así lo hacían con sorprendente natura lidad los demacrados caballeros de la Tabla Redonda y así lo hizo quien en aquello s momentos se creía su rey. a decir verdad. de que algo estaba a punto de pasar o -mejor dicho. que no fallaba. contempló con ínfulas de perro viejo la escena. mientras pensaba -L unilla hasta el finque se había encontrado con los caballeros de la Tabla Redonda y que a lo mejor él era la reencarnación oriental del rey Arturo. Abracadabra: de repente ya no estaba él. de uno de los infinitos cubi les de jipis que desde año y medio antes salpicaban la ciudad. tapó su resquicio inf erior con la palma de la mano izquierda y aspiró con energía una bocanada de humo a través del hueco dejado por el pulgar y el índice. se sentó rodeado por ellos sobre un incómodo pedrusco y. salió del lóbrego local en busca de aire fresco. evidentemente. Luego pasó educadamente la pipa al jipi del taburete contiguo. se concedió una brevísima pausa y repit ió con brío la operación. se levantó tambaleándose p ero sin perder la compostura. siguió con la mirada el movimiento de la pipa vertical de barro -luego se enteraría de que aquello era un chilón. se sintió raro.de pasarle . Siempre había sid o un buen estudiante. dejó que el humo de la hierba se incor porara a su riego sanguíneo a través de los alveolos y venillas de los pulmones. allí ni a s . Dionisio lo aprendía todo con facilidad. lo soltó por el doble canal de las fosas nasales. se limitó a coger la pipa con el desparpajo de quien ha repetido miles de veces ese gesto. Dionisio se percató inmediatamente de lo que allí se cocía. sin saber por qué. se detuvo y venteó al ai re como un tigre en busca de un venado. de las noches de París y d e su afición a lo estrambótico e hiperbólico. introdujo su boquilla entre el dedo del corazón y el anular. No duró mucho.

ni muy lejos. ni corría el año de 1969. mondas.u alrededor hervía un vertedero de chatarra. en una pequeña capital de provincia de un país dudosamente euro86 87 . ni existía en los valles del Himalaya una ciudad hechicera que se llamaba Katma ndú. despojos y material de derrib o. ni estaba a punto de terminar la década a la que ya habían colgado algunos listillos de la prensa el sambenito de prodigiosa.

Shiva el de las Mil Mujeres. ajeno a la realidad palpable e inmedi atahasta que el sol empezó a ponerse por algún confuso punto del horizonte y bruscam ente cayó el frío. Dionisio. si no todos. a recordar a Cristina sintiendo ganas de verla para contarle lo sucedido y a encontrar ent re dos luces el camino de regreso hasta su habitación con paredes de madera y vist as al Himalaya en el Traveller's Hotel. atinó a leva ntarse del pedrusco. Shi va el Funámbulo. mi paño de la Verónica. u n surtidor de agua del Arno escupida por la boca de un amorcillo de Verrocchio. ¿Fueron -minuto arriba. ya no estaba él. así interpretó su atr ibulado espíritu el dantesco zafarrancho de combate que hasta el amanecer invadió y animó sus sueños. El aprendiz de brujo permaneció allí y así -inmóvil. Dionisio aceptó de dientes afuer a la explicación del vigilante. y de la borracher a de trascendencia y misticismo que le empapaba y le zurraba el alma. un trozo del velo de Isis. en transrealidad. un recuerdo volátil de máscaras. Dionisio volvió a descubrir -como paso a paso. por lo menos. detrás d e los borregos de los rebaños y de las aspas de los molinos. artificios y apaY. bastantes de los miles de dioses de la co smogonía y mitología nepalesas habían celebrado un singular y vistoso cónclave alrededor de su cama. sino e n un cortile encantado de la Florencia de los Médicis con una hermosa fuente de márm ol de Carrara teñido por los chafarrinones verdes de la humedad y. Pero el viajero sabía que en realidad -o. minuto abajo. para quien pueda y quiera percibirlos. ¿Dormido? Sólo hasta cierto punto. cómo imitart .El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó peo. a dar con la boca de salida del callejón. una vez allí.que existen eri este valle de lágrimas cosas. demudado. lo adoró y pensó o soñó: «¿Estás aquí? ¿De es Tú. mi acreedor. absorto. pero en su fuero interno masculló un eppur si muove y siguió convencido de que. lo había hecho al hilo del Gran Tronco del norte de la India. ch iribitas. sin embargo. en su centro. situaciones y seres teórica mente invisibles. mi jefe. El primero en llegar fue. Shiva. porque aquella noche visitaron al viajero todas l as deidades de las tres religiones nepalesas. y recién llegados al país.había permanecido en éxtasis. se arrodilló ante él. para darles la bienvenida. una mentira de los sentidos. allí. acunado por el silencio y la s oledad sonora de aquel cortile renacentista de la Florencia de los Médicis. Shiva el Revoltoso y Todopoderoso. riencias. lo fueron. y de esa forma. mi Excalibur. efectivamente. naturalmente. mejor d icho.seis horas de trance según la s manecillas del reloj? Sí. Al día siguiente. mi dios favorito. refrescó el gaznate con un sorbo de coca-cola t ibia. y entre otros hallazgos. el guardián de un templo bon perdido en tre los desfiladeros de las montañas le bajaría las ilusiones y la fiebre explicándole que en realidad -fue ésa la expresión que utilizó. en aquel estercolero. a caer en la cuenta de que estaba en Katmandú y de que corría el mes de abril del año de 1969. se desplomó sesgadanlente sobre la cama y se quedó dormido en el acto. mi Jesús del Gran Poder? ¿Cómo ser digno de ti.no le habían visitado los dioses. mi maestro. un rebaño del Quijote. No. una mujer morena al borde de su trigésimo aniversario aguardaba con los ojos tristes -mientras escribía sus memorias y daba clases de literatura en un institut o de segunda enseñanzael problemático regreso al hogar del hombre de su vida. por lo menos un siglo largo de antitiempo cósmico. se desnudó a tientas. sin despertarse. y así lo reconocería siempre Dionisio al evocar en público las quisicosas y entresijos de su primera incursión en el extraño mundo de las drogas y tripis alucinógenos. O. Shiva. y encuentro a encuentro. . A pesar de lo cual. Y Dionisio. mi pauta. To do eso era sólo una nube. Shiva el Bailarín. pero agazapados. un cristal de calidoscopio. si no los cuerpos sutiles y las proyecciones astrales de los bonzos y lamas todavía n o reencarnados que vagaban por el éter de aquellos valles y tenían la cortés costumbre de allanar por las noches las moradas de los sueños de los huéspedes distinguidos. Porque.

cuna y fosa de lo que no existe. e Ishwara el Opulento. y Rudra el Cadáver. cómo lograr que anides en mi pecho. y Pashupa88 89 . principio y f in de cuanto existe. cómo fundirme contigo. Pimpin ela Escarlata de mis soledades y mis insomnios que aquí apareces y allí desapareces revelándote o escondiéndote a tu antojo bajo la apariencia tangible o la antimateria visible de tus infinitos y contradictorios avatares! Eres. tus pasos y tu ejemplo? Eres simultáneamente Creador y Destructor. cómo seguir tus enseñanzas . duende fugitivo. y Buteshvara el Látigo de los Demonios. ¡Oh.e. y Mahadeva el Dadivoso. Bhairav el Cruel.

no mordió el anzuelo ni c ayó en la ratonera. de edificios públicos y privados. e Ishwara. se introdujo a duras penas en el ceñido hueco de su saco de dormir. tan sólo. pero en Oriente no existe el tiempo. guiados por el golfillo de turno. y se echan a los caminos. nada menos que a la Kumari Bahal . lo que Shiva . de plazas. pero cuidado: tampoco deseaban -y Dionisio lo sabía. lo que todo el macrocosmos ordenaba por unanimidad. y eres -sobre todo aquí. enésima reencarnación de la Virgen Kanya ---que es a su vez una de las sesenta y d os manifestaciones de Parvati. No era eso -saltaba a la vista y a los d emás sentidos. su esposo y señorapareció como una primavera le Botticelli o una anunciaci6n de Fra Angélico junto a su cama y. y de ahí que la reconociera en el mis mo instante en que -invocada.se diría que está. no repitió mecánicamente lo que había hecho al manifestársele Shiva. flojas de remos y desprovistas de virilidad». y Buteshvara. y los ci en mil avatares de la segunda persona de la Santísima Trinidad del hinduismo imper ativamente pretendían era que aquel huésped extranjero y distinguido (¿por qué. Lo que los dioses y el resto de los habitantes del más allá querían. hasta el humilde patio del kumari chowk o gineceo de la deidad planta do en la yema del zoco de Katmandú. y van de pueblo en pueblo.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó ti el Domador de las Bestias. de hornacinas.y núbil deidad viviente que dej a de serlo cuando la alcanza el don o la maldición de la pubertad. pues a tanto llega tu misericordi a y tu capacidad de comprensión. los exorcistas y los astrólogos abandonan sus morabitos.que su cuerpo y el de la Kumari jugasen al amor en él sentido sexu al y convencional de la palabra. y tallado en oro puro por Benvenuto Cellini -o. especializado desde la noche d e los tiempos en el oficio y ejercicio de la orfebrería.ent re las muchachitas impúberes del clan de los Sakya. el Supremo Hacedor y Responsable de l os cientos de miles de "lingas" que desenfundan su hercúleo y adamantino bálano de r oca viva en cientos de miles de santuarios. y allí entregan pomposamente una rupia a su desh arrapado introductor de embajadores para que parlamente con la Macarena nepalí y a cceda ésta a entreabrir la celosía de la ventana de su escondrijo y a asomarse por e lla. y Bhairav. y Rudra. de cementerios. en el Territorio de los Val les Sagrados que ahora me acoge. por quién? ) practicase con la delicada.el vértigo místico y la mística locura de la cóp ula tántrica. poco antes del estocona zo del mediodía y del encontronazo en el Cabin con el humo eucarístico del grial de barro de los caballeros de la Tabla Redonda. que no es (como muchos occidentales creen en su infinita depravación y . de fétidos catres de lupanar barato y también.lo que la voluntad de los pobladores del Reino de los Cielos le pedía . de ostentosos y palatinos tálam os. y de su ese ncia. afiligranada e inmaculada madonna de Katmandú -Dios te salve. ¿Tan sólo? Sí. y Mahadeva. de surcos. Así oró Dionisio en presencia del más di onisíaco de los dioses y Shiva premió su devoción. cuando los hierofantes. de calle en calle y de casa en casa con sus linternas de Diógenes hasta que por fin localizan a la nueva Kumari --en la que co nfluyen treinta y dos sutiles requisitos. Dionisio había atisbado ya l as celestiales facciones de la diosa aquella misma mañana. sólo entonces. y Pashupati. que era un buen entendedor d e esos que no necesitan ni tan siquiera medias palabras. de humildes mesillas de noche. de ermitas. voraces miradas de los curiosos que llegan. lo intuía. de soportales . de lagunas. desvelando así el misterio y la impenetrabilidad de su presencia. ni se dedicó a mus itar letanías. No. los videntes. durante la milésima parte de la centésima parte de una décima de segundo. de entrepiernas musculosas y peludas. sus talleres y sus torres de marfil. llena eres de gracia. Kumari. de puertas. n o se arrodilló ante la recién llegada ni la adoró. pero exangües . sin contar el de la perfección física. y es entonces. en efecto. el Gran Señor del Falo. aleccionada y manejada por Shiva. el rostro de la joven diosa tal y como a veces se mu estra a las. co mo segunda visita de aquella noche macbethiana. salmodias y oraciones. yen toda la luminosa y tenebrosa geografía del hi nduismoel dios Príapo. quizá. su pasión y su exageración enviándole. la esposa de Shiva. en ori~ calco. No iban por ahí los tiros. y Dionisio. después de desnudarse sin despegar la boca. lo sentía. ni juntó las palmas y los dedos de la s manos a la altura del entrecejo mientras inclinaba la cabeza. como las perdidas joyas de la Atlántida .

presuntuoso despiste) suplicio de Tántalo, sino venturanza y complacencia casi ab solutas, a pesar de que el rito obliga al Esposo y a la Esposa -noche tras noche , año tras año, lustro tras lustro- a yacer juntos y desvestidos amándose intensamente , sí, pero sin esperar nada a cambio ni permitir que el roce inevitable de los cue rpos y su no menos inevitable y recíproca atención desemboque en caricias, en retozo s, en besos y efusiones, en lujuria y morbo, en penetración y fecundación. Lo mismo, aproximadamente, mandaban los cánones de la poe90 91

El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó sía trovadoresca, y el código de amor del dolce stil nuovo, y las leyes de la andant e caballería, y el tobogán de las bodas del Cielo y el Infierno, y fue seguramente p or esas referencias culturales -genio y literatura hasta la sepulturapor lo que a Dionisio no le pilló dc nuevas la despótica pretensión de los dioses nepaleses ni la desairada y difícil situación en la que éstos le habían colocado. y cumplió, vaya si cump lió, que no era el viajero (y fugitivo de todo) hombre que se arredrara con facili dad ante los despropósitos o las circunstancias desprovistas de precedentes ni que escurriese el bulto o volviese la cara ante una mujer en el tálamo ni en ninguna otra parte. Se amaron, pues, sin cohabitar, sin que los sentidos ni las pasiones sirvieran de coartada las unas y de cauce los otros al flujo de ese amor, y la Kumari --entre silencio y silencio, entre vacío y vacío, entre arrobo y arrobo, entr e cabezada y cabezadamaterializó y escenificó por arte de birlibirloque ante las dil atadas pupilas y los espantados ojos de Dionisio todos y cada uno de los detalle s de la ceremonia iniciática a la que tuvo que someterse en el atrio del minúsculo t emplo destinado a servirle de morada después de haber salido airosa de las treinta y dos pruebas anteriores y, por así decir, de ordinaria administración. y de este m odo vio Dionisio, como en su momento los había visto la Kumari, horripilantes mons truos, carátulas terribles festoneadas de calaveras, hombres disfrazados de demoni os, demonios disfrazados de hombres, belicosos arcángeles, diabólicas sacerdotisas a taviadas con túnicas de fuego, cegadoras explosiones, entrechocar de armas descono cidas, estruendosos carros de combate y, distribuidos por doquier, a la buena de Satán, sanguinolentos cráneos de búfalos, pestilentes tinajas repletas de vísceras palp itantes y corrompidos cadáveres de alimañas sin los ojos en sus órbitas. Dionisio sufría , jadeaba, procuraba respirar abdominalmente en ocho tiempos y en defensa propia , sudaba sangre como un hijo de Dios crucificado y pedía, silenciosamente, inmedia ta piedad a la Entonces dijo: 610el fruto de a sombra de tu poema dcdicado -Extranjero, olvida cuanto acabas de ver, porque no existe. Es ,~ tu miedo, la evanescente proyección de tus terrores, la sombra de l angustia. y Dionisio no pudo evitar el recuerdo de tres líneas del por Kavafis a Ítaca y lo silabeó con alivio y en sordina:

-A Lestrigones ni a Cíclopes / ni al airado Poseidón / hallards nunca / si no los ll evas dentro de tu pecho, / si no es tu alma quien ante li lospone. -¿Has dicho alg o? -preguntó la Kumari. -No -contestó Dionisio-. Habrá sido el viento. La doncella siguió: -Allora, tranquiliz ado ya tu espíritu y templado su acero por las imágenes que acabas de contemplar, me gustaría contarte lo mismo que me contó el sumo sacerdote del templo de Pasupatinah al Jesvanecerse las visiones de la ceremonia de mi iniciación. -¿Sólo vas a contdrmel o? La Kumari, sorprendida, se rio y dijo: -¿Quieres que, además, lo represente ante tus ojos? ¿No te conformas con lo que has visto? Eres muy fuerte, extranjero. Que los dioses de tu patria te ayuden a conservar la entereza de tu ánimo. -No sé si soy fuerte, Kumari, pero me gusta llegar hasta el fondo de todo lo que empiezo. -¿Aun que sea a través de los sentidos? Poco sabes, si no sabes que éstos mienten. -La men tira es una de las mil caras de la verdad. -Mentira. -Verdad. Los dos -el chico y la chica, el buscador de tesoros y la monja de clausura que ya los había encontr adorompieron a reír. Rompieron, sí, entre lágrimas y a mandíbula batiente. Luego, cuando de las carcajadas sólo quedó una sonrisa, la Kumari dijo: -De acuerdo. Pediré a Shiva que escenifique para ti lo que voy a contarte. Yo no tengo esos poderes. Soy sólo una diosa menor y mi tiempo, además, está contado. Pronto descenderá la sangre a mi y oni y me convertiré en una mujer como las demás. Kumari. Ésta, cerúlea, observaba con un crispado rictus de ferocidad a su compañero de cama y de aquelarre hasta que de repente, sin aviso, volvió el color y el candor a su ros tro, se dulcificaron sus purísimas facciones, dio a entender con los ojos que la r

epresentación había terminado, chasqueó los dedos, ahuyentó con ese gesto de chulapa a l os fantoches del Maligno y tras la tempestad vino la calma. 93

Sabía que para ver no h ay que mirar y para oír no hay que escuchar. varias semanas atrás. Lo que ahora va s a escuchar . sobre todo. pétalos de orquídea. de ascetas. Y venían casi todos aquellos pereg rinos con ofrendas de . tal ismanes.ste mundo engañoso que nos rodea. pero no tardó en conocer la respuesta. según las sagradas escrituras de quienes siI'. joyas.equivocan. documentos escritos en hojas de palma y. tales como escudillas de arroz. perfiles y bultos aparecían p oco a poco en la cara interna de los párpados de Dionisio. También sabía eso. una festiva. de hetairas y mozas del partido y. fortuna y sabiduría. que siempre la santidad y el trajín litúrgico han hecho buenas mi gas con las juntas de pícaros y la gramática parda. y galopaba. el séptimo cielo. y Dionisio veía el lago.. del mismo modo que tú también lo eres. de pi tonisas. La voz de la Kumari se alejaba y enfoscaba a medida que su relato se iba haciendo cada vez más nítido. -¿Cómo lo sabes? -Porque yo soy Shiva. precisamente.y también Nepal surgió . Escucha y mira. -----Sí. monedas de otros siglos y de otros valles. y --en el peor. Al pensarlo.. Fue allí y entonces. extranjero. Dentro de un par de horas amanecerá. La Kumar i estaba diciendo: -De todas formas no te preocupes. tan cautivador su entorno y tan p ujante y deslumbradora la llama que -inextinguiblese retorcía y tremolaba en su ce ntro. Pero no nos distraigamos. flotaba una extraña flor de loto con un halo de luz opalescent e que ponía los pelos de punta. -Ya ver. -Kumari . colores. la flor de loto y su luz :t1. bribones. gesticulante y pintoresca muchedumbre de individuos con vocación de frailes. de chulos. instrumentos de música. supongo que sÍ.uen el camino señalado por un príncipe de estas tierras que se llaIllaba Sakyamuni. cuando se produjo la primera manifestación 1:l 11gible visible del swayambhu o buda primordial...ulenca. de yoguines.. ¿Dónde has aprendido esas cosas? Aquí sólo las conoce n los lamas. cobijándose en las cuevas de los alrededo res. La Kumari s eguía con su historia: -Tan hermoso era el lago. y lo tenía de punta. -Todo nace del agua -dijo la diosa. -Tienes razón. Los sentidos distraen.. y ardía. sonrió. ¿Cómo sabía que la única abertura de la habitación daba a la Gran Cordillera y enma rcaba. ¿Hay brahmines en tu país? -Los hay en el c amino que recorro. c. -Lo dará. cercano y convincente. siempre y cuando Shiva dé su consentimien to. calendarios. de penitentes. de brujos. Kumari. antes de que Brahma in spirase los Ve-das.azuelas de yogur. Formas. la piel al rojo y el corazón en vilo a quienes se at revían a ensimismarse y a hundirse en su contemplaI'jón. tableros de ajedrez. Se lo había explicado precisamente un brahmín.. -¿Qué ibas a contarme? -El nacimiento de Nepal.Se tocó el pelo. que no tardó en acudir a su reclamo. mientras tomaban frente al crepúsculo u na taza de té hervido en leche con aroma de clavo y cardamomo en el porche de un b ungalow de la austera Guest House de los desfiladeros de Ajanta y Ellora.lc un lago tan azul y lu minoso como el cielo que está por encima del cielo. el más agudo y alto de sus picos? Dionisio se encogió de hombro s después de formularse la pregunta. Dionisio cerró los ojos y colocó las manos sobre sus orejas. extranjero. Escuchó su corazón. los bonzos y los brahmines. en los altares. naturalmente. en el mejor de los casos. botellas de licores tornasolados. veremos el Everest por ese ventano y yo desapareceré de tu pres encia. Ro zó con el dorso de la mano su piel. de místicos. Su linfa colmaba el valle de K atmandú en la aurora de los I icmpos y sobre su superficie. cacharros de cobre. polveras destinadas a amasar y contener la pas ra de púrpura que simboliza y denota la presencia de la divinidad en la anatomía de las imágenes sagradas. pergaminos. en los ponches de los templos y en las pers . p illos y golfantes. estatuiItasy muñecos concebidos para ejercer las artes de la magia blanca. ¿O no? -y a ver.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -¿En un ama de casa? -Sí. -Ojalá encuentres a lo largo de él felicidad..

lle~aban con las manos y las faltriqueras vacía s por culpa de la inopia.onas. o -simplemente. o incluso dentro de sus aguas.porque preferían rendir homenaje a sus dioses sacrificando ent re los juncos y sobre la arena de las orillas del lago. Otros peregrinos. palomas y búfalos en pos de un 94 95 . pollos. (¡ue siempre ha sido moneda de curso legal en estos vall es. en cambio.

cada uno en su respectiva cumbre. y como escenario de sus trapisondas. cuando nos llega el momento d e la muerte para que el espíritu se desprenda sin demora de sus atadurascorporales y de un salto. y clava con energía tu tercer ojo en la Gran Cordillera que nos separa del Tibet. las nubes y los arreboles del Himalaya. sin rozar a Dionisio ni siquiera con el soplo de su divina respiración. como una célula. de las muchedumbres. y eligieron como morada. forastero. y entre esos stup as. . en u n hilo de plata. adornado (tal y como mandan las normas de la arquitectura sagrada e n el tantrismo lamaísta) por trece espirales ascendentes. sino por amiga -añadió la Kumari-. que en nepalés significa Ceja de los Océanos y al que los hombres de tu raza. revolotea ba y planeaba por entre los cabezos y copetes de la Gran Cordillera. en el borde superior de su alta dentadura (y recuerda. adelgazando. la voz de la Kumari-fue Chomolugna. se extendieran hasta el occipucio y hasta las dos mejillas. Yeso le inquietaba y le aturdía. y desde ellas nos vigilan y protegen. miles de stupas o de templetes cóni cos con hechuras de campana hincados como una joroba en sólidos pedestales de pied ra o de mampostería brotaron también en el calidoscopio de la cara interna de los párp ados de Dionisio. símbolo de la frescura y de la anchura del nirvana. y hacia ellas nos llam an con gesto simultáneamente grave. y como cuerda floja para sus funamb . por una parte. Y. extranjero. -Después vinieron Shiva y su consorte Parvati. y de que. y f ue allí. adelgazando. el viajero sentía como si sus propios ojos se hubiera n multiplicado por dentro como una ameba.. Y y a Dionisio se desperezaba y estiraba sus músculos con inacabable holgura en el reg azo de tan portentoso lugar. pues trece son también los escalones del conocimiento en el budismo. de una boda. extranjero. La voz de la Kumari se había ido ad elgazando. -y el prime ro en llegar --decía. mientras su laringe. de la flor de loto... extranjero que has venido para turbarme. se de slizaba hacia el punto final de la epopeya. y com o tálamo. en una profecía del silencio. y el de apañárselas -por otra. Dionisio columbró e n la cara interna de sus párpados. y rematado en su copa por una especie de sombrilla con faldellín. más que natural.para romper el hilo de las cadenas y condenas kármicas del animal sacrificado. como una bandera de espiritualidad plantada en su centro. olvídate d el lago. mientras tanto. ya casi inaudible.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó doble fin: el de recabar. su tráquea y sus pulmones aprove chaban la ocasión para dilatarse y embriagarse -inspirando y espirando abdominalme nte en ocho tiempos. el visto bueno de los Inmortales en víspe ras de un funeral. decidió instalarse en la cúspide del monte Sagamartha. los ventisqueros. Dionisio. donde por decisión divina brotaron una mañana miles de stupas. de la firma de un acuerdo mercantil o de la colo cación de la primera piedra de un edificio. a la que n o tengo por rival. como una exhalación. habida cuenta de que cuatro pares de ojos indeleblemente pintados en el fuste cúbico de esos menhires budistas escr utan de día y de noche el mundo en todas las direcciones de la rosa de los vientos . al mismísimo dios Chomolugna cabalgando y guiando un león de crin y piel blancas por e l caprichoso laberinto que forman las crestas. efectivamente. de los sacrif icios y de los stupas. suelen llamar Everest... en consecuencia. porque allí. firme y cordial. que i nmediatamente se percató de que todos los colmillos de la Celestial Dentadura esta ban a su disposición y en el acto. fueron instalándose los dioses. brindándole así la oportunidad de renacer o de volver a renacer en el cuerpo de un ser humano. hasta quedar convertida en un susurro.con la fragancia del aire inmóvil que allí reinaba. que no pudo reprimir un pestañeo de sobresalto. como una metástasis cuyos tentáculos capaces de ver. aunque no de mirar. y siguen en ellas. Dijo: -y ahora. suba desde la cima de este valle de lágrimas ha sta el último peldaño del definitivo conocimiento. y era éste natural . brotó también el de Sw ayambhunath. incluso un poco sobrenatural. de las ofrendas. tal y como lo había visto dieciocho horas antes e ntre los tankas y grabados expuestos en la vitrina de un anticuario del zoco. que todos los picachos de la cresta del Himalaya tienen for ma de colmillo). como no tenía un pelo de tonto. y ya la Kum ari.

. bosteza ba. la cumbre del Gauri-Shankar .. Dionisio -que ya no estaba hipócritament e recostado.. . cuya curiosa efigie con c~erpo de varón y cabeza de elefante habrás visto seguramente en muchos templos. S1110 abiertamente acostado.ulismos. mientras en el Ganesh-Himal (ya lo dice su nombre) se instaló el hijo de Parvati y de Shiva.. El extranjero.dio un respingo y bisbiseó: 96 97 .. metido hasta la cintura en el saco de dormir y recostado sobre la pared de madera sin desbastar.

comprobar hasta qué punto escas eaban entre los seres humanos los auténticos viajeros. resoplaba con tibieza como una cría de elefante en su lecho de hojarasca. Mens sana in corporesano. volvió la espalda a la pared . cada uno por su lado y a su aire. tardes y noc hes de maravillosos y maravillados descubrimientos. en última instancia. del encuentro con uno mismo.con ninguna de las muchachas. sino tan solo la juvenil y alborotadora caterva de rebeldes sin causa formada por diez o doce italianos (e italianas) de origen o de elección que habían llegado a la ciudad en los días. La Kumari había desaparecido. extranjero. pero envueltos y atraídos todos por el i rresistible magnetismo geológico -casi telúrico. Dionisio se convirtió desde el primer momento en ojo del huracán y en cabecil la del grupo latino de Katmandú. Acláramela. libertino y libertario que en aquellos momento s de movilización y zafarrancho general lo rodeaba. Desigual. cuerpo de varón y ca beza de elefante? Las dos últimas sílabas de la pregunta de Dionisio se prolongaron desmesuradamente. -Tiene -corrigió la diosa. Tanteó el terreno. quijotesca y esperanzada lucha con las rutinas. Devoción y liturgia. Shiva y su esposa siempre andan a la greña por culpa de los celos y de sus infidel idades. Ca yó el silencio. con los seres. Mañanas. Crujía la madera de las parede s de la habitación. la Kumari-. cerró los ojos. . o (en este caso) más bien de pantalones . y también sorprendía -y reconfortabael elevadísimo índice de fidelidad a la propia y r . Algún que otro transeúnte madrugador pisaba la gravilla del camino.. semanas o meses ante riores. de juventud. lejanísima. vio a Ganesh en la penumbra. Dionisio se estremeció.. con los molinos. No había nadie dentro del saco de dormir ni fuera d e él. y no porque su voluntad lo buscara y deseara. Rendiciones de espíritu. de ímpetu creador y de alegría. Miró entonces hacia el ventano -por el que ya clar eaba el día. encendió el mechero y echó un vistazo al reloj: las seis menos veint e de la mañana. r iéndose. aunque las habí~ de buen ver y de mejor palpar..del enclave y por la bien ganada au reola de capital del mundo libre. -¿Por qué Ganesh tenía .. sacó la espada y de un solo tajo le reb anó la cabeza. lo tomó por un amante de su madre. Inventiva. Jipis y montañista s.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -¿Porqué? -¿Por qué? -repitió.. había suced ido así. Un silencio habitado por mil sonidos.. Nuevas lecturas y amistades nuevas. la límpida silueta del Everesto Un hal o de luz opalescente lo envolvía. Volaban pájaros fuera de ella.y vio. y luego. regresó al mundo de los sueños. Dolorido sentir ante las oleadas del recuerdo de Cr istina. los viajeros puros y duros como el Caminador Manchego y el Troglodita de Luarca. Dionisio no intimó -como Cristin a hubiera temido y pensado. y no h ubo nada. sostenía que no llegaban a mil en toda la superficie de la tierra . Silvestres y prim averales merodeos de Mowgli Era inevitable. Espadas c omo labios para rasgar el velo de [sisoSombra del paraíso.. «El viaje --solía decir Dionisio cuando le daba p or ftlosofares sólo el arte del encuentro y.» y era sorprendente -y también vivificante. Siempre. como si por su boca hablara un magnetófono con las pilas a punto de agotarse. Dionisio tenía la suya escondida en el saco y roncaba suavemente o. por el corazón de las montañas. O quizá eran las primeras vacas del amanecer. impecablemente enmarcada. Mi dueño y señor llegó un mal día a casa con el ánimo torcido. Jornadas de fuerza. que no era en modo alguno -como ese campechano no mbre pudiese dar a entenderun conjunto roquero del jlower's people ni un brazo p erdido de la guerrilla del Che Guevara. Dionisio. añadió: -Líos de faldas. -¡Pero qué cotillas sois los de tu raza! --exclamó la Kumari. objetos y dat os de la realidad inmediata. m ejor. tan exagerado co mo de costumbre. No entiendo tu pregunta. recuperó en su ámbito la cordura. Dioni sio abrió un ojo. extranjero. pero entabló relaciones de estrechísima amistad con dos de l os miembros masculinos del grupo saltando limpiamente por encima de los doce años de edad que le separaban de ellos.

otunda vocación de perpetuo nomadismo reinante entre quienes habían hecho del camino no sólo una 98 99 .

y divert irse o aburrirse juntos. c ompartir en él penas y alegrías. en hacer lo que vieres. Peropara eso. Alberto y Robert o.para hacer amigos y anudar amores . Recupero el hilo. a decir poco. divertirse o aburrirse juntos y separarse un buen día . cuando se los presentaron. el cabo Comorín y el cabo de las Tormenta s.. manta. tal y como ambos lo definían y practicaban. introduciendo así un explícito fa ctor itinerarzte entre las condiciones de la amistad. como lo hubiera hecho Cristo. en olvid ar a Ítaca y a Penélope.el viaje . y vuelvo de paso al poema de Kavafis: no segan6 Zamo ra en una hora. de la lealtad y de la comp licidad».para reanudar allí la amistad. sino desplazarse: tarea. carteros. pero aliviados ambos en el desasosiego de ese adiós por la certidumbre de que más pronto o más tarde. Traspasaselportalón Los dos miembros del grupo latino se llamaban. respectivamente.pero a los que nunca pierdes. sino también una herramienta de perfeccionamiento para acercarse a la muerte con los ojos limpio s. pero que siempre hacía las cosas y llegaba a l os sitios inaccesibles y disparatados (como Katmandú) un poco antes que él. gente che trovi . transportistas y oficinistas. Esas personas -las gentes del caminomo raban permanentemente en él y era. su mejor amigo. conviene recordar la mds honda lecci6n de cuantas lecciones (y son muchas) se nos brindan en las pdginas del romancero: yo no digo mi cantar / sino a quien co nmigo va. diciéndolo de forma más castiza y con palabras que esta vez eran sólo de Dion isio. el corazón en paz y la frente levantada. p ero en la que jamds se hubieran embarcado Eneas. que el marinero no alude en ese romance a quien conmigo está. en dar bandazos. -Tenéis nombre de conjunto musical cursi o de parejita de héroes de una serie de dibujos animados producida en Hollywood y doblada por actores portorriqueños -les dijo Dionisio. y compartir penas y alegrías. Marco Polo o Phileas Fo gg. En mi «cuaderno de apuntes tomados en los cielos e infiernos que conozco» sostengo la teoría de que «el mejor camino para ir a la catedral de Composte la es el que pasa por el cabo de Hornos. y amén. y también (esto lo añado yo) en hacer al trote amigos de los que por foerza te separas. un ejemplar del Quijote. y --de nuevovolver a separa rse para volver a encontrarse después de quince días o de quince años al doblar una es quina situada a un tiro de piedra o a veinte mil kilómetros de jubilosa distancia. Jubilosa. Lo contrario no es viajar ni -menos aún.. digna defoncionarios.. yéndose el uno hacia el norte y el otro hacia el sur. burlón. empujados hacia esa cita secreta por la lógica interior de su inquebrantable nom adismo y por la inercia exterior de las antiguas leyes y del no menos antiguo códi go de conducta vigentes en el camino y entre los trotamundos. en permitir que los vientos te lleven.. Ulises. en detenerse -como aconseja Kavafis . Los italianos tienen un hermoso proverbio para decir lo mismo: p aese che vai. como en todo. carretera.en los emporios de Fenicia y visitar las ciudades de Egipto. sí. fatalmente . volverían a encontra rse en otro punto del globo más o menos inaccesible y disparatado -a un tiro de pi edra o a veinte mil kilómetros de distancia. O también. lo dificil es empezar. fantdstico (así lo definía Dionisio) conocer a una de ellas en cualquier sitio más o menos inaccesible y disparatado. a l fin y al cabo. era precisamente la distandel laberinto. (Fragmento de la carta enviada por Fernando a Cristina el 15 de mayo de 1969 e i ncluida por ésta en sus memorias con fecha de dos días más tarde. Yen eso. de buena fami . que en esta ocasión se había quedado en España. porque para Dionisio -y también para Fernando.peregrinar. oyes el chasquido de la cerradura a tus espaldas y ya todo consis te en resbalar. sino a quien conmigo va. Cristina. Alberto era milanés.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó forma de vivir y de alcanzar aquí abajo la felicidad y la libertad.) cia mds larga entre dos puntos. Yojo.

lia. sumiso y adocenado personaje al que los señores de Bandelli. quería matricularse e n arquitectura al empezar el siguiente curso y -con la venia y la generosa ayuda en metálico de sus progenitoresse había permitido el lujo de tomarse unas vacacione s sabáticas de seis meses antes de sentar la cabeza y de convertirse en todo un ju icioso y circunspecto alumno universitario. aquel delicado y ligeramente mustio retoño de la alta b urguesía milanesa. iba a misa los domingos. Pero los papás proponen y el viento di spone. Aquel buen Juanito. pues ta l era su apellido. había cumplido ya los veinte años. habían visto salir de la casona palaciega y familiar a bordo de un Volkswagen mo100 101 . ya no era ni de lejos -cuando Dionisio trabó amistad con él en Katm andúel insulso.

donde c onocieron a Dio11lSlO.en un monótono y mecánico ingeniero industrial sucesiva y progresi vamente cargado de hijos. la casualida d y la necesidad. quería estudiar nihil ismo en cualquier centro docente donde se impartiera esa asignatura. consiguió que le hicie ran un encajonado y cordial hueco en el interior del Volkswagen -cargado ya hast a los topes de abalor. y más aún con su padre. de responsabilid ades y de obligaciones. Lo cierto es que el benjamín de los Bandelli. o por lo que fuera. sí -comentaba Dionisio con inequívoca sorna de excom batiente del mayo francés-. no iba a misa los domingos ni nunca. En n ingún caso y bajo ninguna excusa -convinieronse prolongaría el viaje más allá del hito c ronológico del uno de septiembre ni se extendería más allá del hito geográfico del Cuerno de Oro. perejiles y fruslerías orientalespara alejarse momentánea mente de la única ciudad del diablo mundo que dispensaba a manos llenas todo lo qu . se lleva ban como el perro y el gato. y se había lanzado al caudaloso cauce de nomadism o abierto por los jipis en busca de las fuentes del Ganges y del elixir de la et erna libertad con veinte tristes dólares escondidos en el cinturón -y con lo puesto. pero asiáticas . de bisnietos. vivía de sde su infancia en Turín. delgado. desdeñoso e indolente. pero era rubio.el arte del encuentro además de la distancia más larga entre dos puntos. no! Hasta ahí podíamos llegar. bancarias y de los giros tel egráficos destinados a financiar la aventura. habían llegado práctic amente sin un duro en el bolsillo --el señor Bandelli. En Asi a nadie come ni bebe ni duerme y además. que quería ponerle e imponerle a viva fuerza un traje azul marino de chaqueta cruzada. aún no había cumplido los veinte años. de nietos. moreno y entusiasta. Dionisio se hizo amigo de los dos bajo la bandera d e la neutralidad.ios. Eso había sucedido a la del alba de un lluvioso día del mes de marzo.a la tierra libre de Katmandú.. tras no p ocos forcejeos y restregones de tira y afloja. de un mozalbete ar gentino que quince días antes se le había arrimado en la frontera búlgara de Turquía. de tumbo en tumbo y de lance en lance. por cierto. valía mucho más que el dinero: tenían el Volkswagen. como es natural. sino todo el país y lo que después de recorrerlo pudieran depararles el destino. y entonces. se había saltado a la torer a al menos una de las capitulaciones pactadas con sus padres y había decidido cruz ar en un transbordador el Cuerno de Oro -en compañía. los convenció de que el viaje era -y no sólo en teoría. Alberto era alto. y el Volkswagen. por razon es de Perogrullo y Baedeker que sería inútil mencionar aquí. para colmo. de corbatas. aún no había deja do de funcionar.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó delo escarabajo en cuyo cuentakilómetros se leía a la sazón unexiguo número de tres mode stas cifras. los obligan a blasfemar en sánsc rito día y noche. A lberto y sus padres se habían puesto previamente de acuerdo en lo tocante a dos pu ntos conflictivos: la duración de la escapada y el radio de acción de la misma. Roberto coincidía con su protector y copiloto en lo relativo a la delgadez y a la altura. a pesar de la distancia recorrida y de la penosa e indescriptible situación de las carreteras asiáticas. efectivamente. estrictamente con lo puesto. que no era muchodespués de haberse peleado a muerte con su madre. que quería verle convertido -a su propia im agen y semejanza. el camino.pa ra explorar no sólo la parte asiática de la ciudad de Estambul.. Sin un duro. Roberto era bonaerense. puso orden entre ellos. cerró a las primeras de cambio la espita de las transferencias. y así. ¡All. les enseñó a visitar de vez en cuando -sólo de vez e n cuando y sin olvidarse nunca de tomar las debidas precaucionesel palacio renac entista y florentino de los caballeros de la Tabla Redonda y por último. y quizá por eso. les demostró que lo de ir o no ir a misa era una decisión de carácter personal y no u na tentativa de agredir al prójimo. -Aventurillas europeas. y los sodomizan en público con hierros candentes y empapados en vi rus de leproso radiactivo. cuelgan a todos los extranjer os por los pies sobre una fosa llena de reptiles. y recurriendo sin rebozo a todos los trucos y fuegos artificiales de su habilidad diplomática. pero con algo que allí.

no. Momentdneamente.e Dionisio había encontrado en Katmandú.. ¿Quién. podía estar tan loco como para no tener la intención de regresar más tarde o más temprano al paraís o? y no era fácil.. de una tentación y de una rutina. de una adicc ión. 102 103 . No era fácil salir de Katmandú como se abandona a una mujer ama da. Pero permanecer allí equivalía a caer entre las garras de un vicio. en efecto.

. Nietzsche . noche tras noche. y entre risas. Pero no absoluta. con una mueca que pretendía ser de amistoso escarnio. instantáneamente. entonces. No había. ¿Nos vamos mañana p or la mañana? -¿A las seis en punto? -A las seis en punto.. dentro. apretó los puños. . mejor dicho. en cierto modo. insistió: -¿Has encontrado.. sus dos interlocutores. Siempre encontraba. arrinconado. Diógenes. Volvió de rebote -y echando humo. se limitó a decir: -A ver si es verdad... sí.. elección posible. añadió: -¡Oh! Dionisio. -¿Entonces? -Ent onces te doy la razón: ha llegado la hora de levantar el vuelo . se puede llevar encima.. y además no se trata de eso. cayó hasta el colodrillo en la trampa que hábilmente le tendían. después de treinta y dos años de vida exagerada y de cinco meses de viaje a pecho descubierto. pero que -por inefable. que se había acostumbr ado a apuntalar su lenguaje con expresiones de carretero (o de futuro universita rio nihilista y progresista) sólo para incordiar y hostigar a los autores de sus día s. A perecer.la tentativa 104 . pedazo de alcornoque --dijo-.. Roberto. hurgó en la herida: -¿Has en contrado la verdad? y a renglón seguido. pero no basta. volvería . cogió la alfombra mágica y se trasladó por los aires a su salón de música. imperturbable y farruco. claro.. -¿No podrías dejarte de chorradas y decirnos de una puñetera vez en qué carajo consiste todo eso que únicamente sepuede encontrar en Katmandú? Roberto. era poner tierra por medio . Por eso no está en ninguna parte. Robert o y Dionisio se estrecharon vigorosamente la mano derecha mientras levantaban la izquierda para llamar al chiquillo que hacía las veces de camarero. llegó a la conclusión de que más valía poners relativamente serio. Dionisio cerró los ojos.. Los tres tripulantes del Volkswagen estaban en aquel peliagudo momento tomándose un enorme yogur tan mohoso y verdoso como sabroso en una de las mesitas con cand il incorporado del Blue Tibetan. la empanada mental -así la llan laba con cierto enconoy las filosofías de Dionisio. sin perder la calma ni la compostura. res piró abdominalmente en ocho tiempos y se puso en marcha. -San Agustín no era un nihilista. -Choca esos cinco. Alberto. Cristina le había dicho lo mismo muchas veces. sí.a Katmandú y preguntó con retranca: -¿El conocido filósofo nihilista? El chicuelo inoportuno y faltón. y aducía. si fuese necesario. Roberto. -Pareces san Agustín. -¿Has encontrado la libertad? -Naturalmente. O. se confunde con la búsqueda de la verdad. que c ontinuamente se subía a las barbas de quien -como mínimole llevaba doce años de ventaj a en edad. Pero lo mejor. estaba ligeramente exasperado por los titubeos. y Bakunin -le interrumpieron a coro.---------tI. la felicidad? -¿En Katmandú? -Dionisio se rascó la cabeza-o Pues sí. Nihilistas eran. incorregible.. -¿Se lleva encima? -Sí. algún sólido motivo para ello. saber y gobierno. como lo soy yo. mientras regresaban tristes y oscuros al Traveller's Hotel. sabía ya de sobra que detenerse equivale a perecer. Volvería. se las a rreglaba para convencer a los expedicionarios de que lo mejor era postergar la s alida veinticuatro horas. entretanto. y rebañó con su frágil cuchara de peltre la cazuela de yogur. Dijo: -La verdad. Pero no te p reocupes: tú no corres ese peligro. Roberto. pensó que él sí lo sabía. pues. regresar al camino y no interrumpir su fuga hacia delante en busca del velloci no de oro que espera siempre la llegada de un hombre de valor dispuesto a mirar por el ojo de la cerradura del horizonte y a forzar. la puer ta de éste. Éste. Dionisio. al menos. Dionisio. en lo tocante a la circulación de la savia del es píritu. camino del corazón Fernando Sánchez Dragó y Dionisio.

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más bien. A todos. se despidió de sus acompañantes. Dionisio -ca lurosamente apoyado y flanqueado por Alberto y por Robertoquien poquito a poco.. If Dionisio. sí. para expresarlo y entenderlo.. Cortile) Renacentista con un Surtidor de Agua del Arno y un Amorcillo d e Verrocchio.El camino del corazón de explicarlo era inútil e incluso un poquito grotesca. Y pensó por último o. entró en su habita ción. la Noche Macbethiana compartida con la Kumari Baha~ el Stupa de la s Trece Espirales. el Ventano por el que se veía el Everest. más exac tamente. la Nívea y Celestial Dentadura de la Gran Cordillera. que era hombre supersticioso y crédulo. vender en el mercado negro la tarjeta delliquor permitque las empingorotadas autoridades aduaneras de la India entregaban con asombrosa ingenuidad (en el mejor sentido de esta palab ra tan injustamente desacreditada entre los rostros pálidos por su incorregible te ndencia a pasarse de listos) a todos los extranjeros que llegaban a sus frontera s. sabía ya cómo sobrevivir económicament e sin necesidad de recurrir al oprobio del trabajo ni de renunciar a los placere s de la pobreza. se metió en el saco de dor mir. na turalmente. fue sembrando la semilla de la duda entre los hindúes respecto a la posibilidad de que los occidentales que llegaban a sus 107 . puso el despertador a las cinco y media de la mañana. Pensó que él conocía perfectamen te (y sin ninguna necesidad de recurrir. Dionisio.. Junio Capítulo V Si conserváis la calma mientras todos la cabeza perdieron y os censuran . y sin proponérselo. a veces. verdoso. No en balde se había ganado a pulso el título de primer jipi español de Asia con el que chacotera y amistosamente se le conocía y acogía en todos los cot arros y madrigueras del pueblo de las flores desperdigados de norte a sur y de c osta a costa por la superficie -y también. casi amarillento. El halo de luz que la envolvía ya no er a opalescente y brillante. empezar el sexto mes de su viaje. Infinitos eran los trucos inventados para ello por la agu deza y finura espiritual de los nuevos nómadas e infinitamente divertida era asimi smo. sin establecer aún distinciones ni segregacione s de ningún tipo entre las churras y las merinas. y fue.. la Habitación de Paredes de Madera sin Desba star del Traveller's Hotel. el Indómito Volkswagen y desde luego -last but not leastel Grupo Latino. O me jor en plural: nombres propios . antes de entrar en el hotel. por ejemplo. se dio cuenta de que e se contenido --ese regalo casi nupcial y absolutamente personal que le había hecho sin pedir nada a cambio la Ciudad Más Bonita del Mundollevaba nombre propio. levantó la vista y la posó sobre la Gran Cordillera. por las catacumbas y abismosde la India y del Nepal. al. para colmo. Y era. vio al dios Chomolugna sobre el lomo de su león de crin blanca y rezó antes de beber y de afrontar el duro trago de su última noc he en Katmandú. subió desganadamente la escalera. miró con recelo hacia el ventano. a palabro tas tales como verdad. el rey Artur o y los Demacrados Caballeros de la Tabla Redonda del Cabin. su preparación y ejecución. sino lívido. escrutado y gana do la votación sobre la incomparable belleza de Katmandú en el mismo momento en que el crepúsculo pintaba de rosa y oro las crestas y picachos del Himalaya. jornada de plenilunio. felicidad y libertad) el contenido de todo eso que únicamen te sepuede encontrar en Katmandú. RUDYARD K!PLING. el Patio (o. Cabía. El viajero. indiscriminadamente. pensó que se trataba de un augurio de desventur a. Nombres como el Gobierno Títere de las Diferent es Comunidades de Jipis en el Exilio. en realidad. Estaban a punto de dar las doce de la noche del día en que Dionisio había organizado.

y por parte del gobi erno de la región. o el revisor. cogiendo carrerill a... ¡Portentos o hallazgo! Hallazgo para ver y no creer. que les agradecemoDS vivamente el detalle de haber incluido la India en su itinerario. y y decía Dionisio .. Es<sosí: si tuvieran ustedes la amabilidad de enviarnos una postal.. El portero de turno. los fruncimientos de cejas. cuyo encargado le preguntó sin ánimo de ofender que si él y sus dos ami gos eran turistas europeos.. no somos turistas. o a la taquilla de un cine. Se lo digo en 1 confianza: nosotros. a pesar de las aparieJencias. a demás. cuando regresen a su país. o la taqui llera'a.. chorizo. del Indómito Volkswagen) a la puerta de un museo..renjenales impropios d e su condición social. se rascaba el occipuccio y decía: -¡Ea! Nada como la sinceridad . que él era sólo un mandado y que. nunca había salido de aquella provincia y por lo tanto ignoraba los usos y c ostumbres imperantes no sólo en el resto del mundo. y así descubrió Dionisio que en la India -y. le miraban boquuiabiertos y con inequívocas señales de sen tirse muy. Llegaba el trío de la bencina (o.. tan espantosamente iguales entl'r sí como a flor de piel lo parecían. o·el mayordomo del gurú. en t oda Asia.. o el guiri ddel monipo dio..~é~:. Me comprende. d u rante su segunda expedición indostánica. y de l~~o~. de los de antes de la guerra. sino inclusive en el resto de su propio país. q ue de ninguna forma. que no. . Dionisio... de los de zurrón. pero .'on su car ota de retoño de buena familia pasajeramnente metido en I)(. o el cobrador... en el fondo. y viajeros de los de verdad.~ Nueva i nterrupción y otra ronda de lo mismo.hs 1'000siones laterales de la cabeza y otras mañas interfererían una ot~}i\' vez el hilo de la exposición hasta que el responsable e de ésta. y. mejo r.en el rastrillo de acceso a la leprosería de un hospital.. Sabido es que un grano no hace granero. I pues . un coqueteo y un titubeo----. cultuural y moral: -Mire usted . la duda ofende y la cortesía obliga: no sería jtjusto que se los cobráramos. hubiera sido una desco rtesía por su parte.. pan. con técnica y marrullería de cuña ppublicitaria. pero que pelillos a la mar.. tabaco de picadura y manta. o unata fotografía dedicada. o a la cancela de un jardín zoológico... prácticamente. No sé cómo explicárselo. tenía a bien comunicarl es que no era en modo alguno necesario que depositaran su óbolo de una rupia por c abeza en el cepillo especialmente destinado a tal efecto.ellos eran españoles e italianos... y no ingleses ni nada que se le pareciera . o al umbral de un templ o famoso por lo que fuera. o incluso -aunque sólo.::. pero que muy hdJonrados decían: -¡Ah. .. claro.<. cómo iban a serlo. y conste. que hasta ahí podíamos llegar. /... s ino viajeros. h abida cuenta de su condición de travellers y no de tourists.. o al pescante de un autobús. tuvo un día la ocurrencia de protestar enérgi camente -aunque sin perder la sonrisa ni el hu mor. con el dedo índice admonitoriamentc levantado. y por parte de la gerencia del hospital. perdiendo se aprende y en todo caso. bueno! ¡Faltaría más! Claro que le compor endo .El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó fronteras no fuesen. calificación ésta que indignó 'a Dionisjo y que le movió a puntualizar. no tenía ojo s en la cara o qué. /t'" . que entendiera su postura. un c arraspeo. Tien en todo el derecho del mun~o a beneficiarse de nuestJtros servicios y. o sea. c omo es natural. ¿sabe?. además. pues qué le vamos aa hacer. o el vigilante IIniformado. ¿verdad? y no fallaba. que qué se había creído y que -ante to do---. o a la plataforma de un tren. viajeros. La verdad es:s que .cabía viajar casi de gorra escudándose en la sutil divergencia semántica y l exicológica que se le había venido a las mientes en broma y por casualidad. Si son ustedes travellers y no tourists.al 1")stre en la mesa de un restaurante de medio pelo. que no lo había h echo con mala intención. o el camarero -después:s de cuchichear con el en cargado del restaurante-. no querían ni podían ser turistas. A lo mejor r no 10fn. y que además. o las dos cosas. y que no volviera a. Yen esa preposición fue cuando le quitó la palabra d e la boca su embelesado interlocutor para decirle que perdonara. Los ejem. carajo. en contadas ocasiones. -E interrumpía el discurso para:a introducir háhilmente en él. sino travellers. e . o a la humilde choza de un adinerado gurú que co braba hasta las jaculatorias. en fin.. las pausas.

después de agradecer la defenrencia sin excesivo entusiasmo y con un deje de aristocrática al tive:ez. El panoli de servicio... rascándoose la coronilla. como es natural. carrasp eaba. coqueteaba. Todo se contagia. decía: -En ese caso. o abandonaban la tr epidante plataforma del:l vagón trasero del ferrocarril y se instalaban más chulos q ue Ulln ochocientos ochenta y ocho en las confortables butacas de un de¡::partamen to de 1 {rj y 108 109 . o ~se sentaban en la posic ión del loto delante del gurú y escuchaban suus prédicas y letanías. entraban de bóbilis en el museo. titubeaba y. o se colaban tan panchos en el cicine.jem . ¿Le doy mis señas? y los tres caraduras. por fin. nos sentiríamoos muchísimo más reconocidos. o compraban un cucurucho de cacahuetes para los monos.

que en seguida aprendieron a no rechazar con desdén (por ser cómpl ices e instigadoras del consumismo) las tarjetas delliquor permit.. o depositaban sus sandalias en el atrio del temp lo y se perdían por sus recovecos. por supue sto. que automáticamente lo concedían sin formular una sola pregunta a quien con esa pretensión llegaba y llamaba a sus puertas. De ahí -fantástico ejemplo y lección magistral de tolerancia. pero muchos jipis -hijos casi todos de acomodadas familias burgue sas y occidentalesse acostumbraron al sabor de la sopa boba y a la fácil salida de convertirse en pordioseros y de recorrer gratuitamente el país extendiendo la man o. de ancianos. y echarse con ellos a las esquinas. que es allí oficio tan noble. la disciplinada resignación y recíproca aceptación reinante entre ellas sustit uían el salvajismo y el resentimiento de la lucha de clases inventada por los pesc adores de río revuelto en Occidentenadie discriminaba a los extranjeros. tal y como hacían cientos de miles de tullidos. de madres de quince hijos y de robustos mocetones desparramados por toda la India y espoleados no sólo por la necesidad. O mds útil. por supuesto. que en la India es costumbre social. esto dejaría de ser Asia para con vertirse en Jauja. y con tan ta convicción. a renovarlas . -Afortunadamente -decía Dionisio-. a los vestíbulos de las estaciones. l ichis y mango. lo que en su caso no era uso. recibieran una especie de curioso carné o salvoconducto etílico por el que se les autorizaba a adquirir un determinado cupo de botellas de güisqui -o de coñac. por lo menos. No era necesario ser un indígena ni par ecerlo por el color de la piel o la forma de vestir para aprovecharse de la cari dad del prójimo. Y. les servía en lo tocante a cuadrar y exorcizar s us propias deudas kdrmicas.. también eran prohibicionistas respecto al consumo de bebidas alcohólicas casi todos los g obiernos de los estados pertenecientes a la Unión India. relativa y siem pre llevadera.. tan útil y tan respet able como cualquier otro. porque --en situaciones de emergencia (y ni Dionisio ni los miembros del Dúo Latino habían llegado a tal extremo)siempre quedaba la posibilidad de pedir asilo en los templos de los sikhs. sino también -muy a menudo. Imposible encontrar otras bebidas. Pero volvamos alliquor permit . Los únicos que se resistían a la sutil dialéctica de la distinción semántic a entre travellery touristeran los propietarios de los sórdidos hoteluchos y esple ndorosos bungalows en los que habitualmente se alojaban. L o del alojamiento. En la India -donde el amor entre las castas o. que son unos rácanos en todas partes. por que si encima no .. o de cer veza . predicado y practicado por casi todos. a las puertas de los hoteles o a los antuzanos de los templos para p edir limosna. o lanzaban un sonoro eructo de satisfacción tras dar por terminada la comilona sorbiendo polifónicamente un milk shake de papaya. tampoco planteaba problemas económicos de mayor c uantía. que cabía -de hecho (y también de derecho)disfrazarse con dos o tres an drajos bien escogidos. cu ya clientela estaba formada exclusivamente por turistas.los jipis. al llegar al país. no a Pizarro. de enfe rmos. el demonio y la carne en esta vida y en las vidas ant eriores. y este fa ctor de tolerancia colectiva era sin duda uno de los secretos a voces por los qu e el país se había convertido en punto focal de las peregrinaciones de los jipis y d e otros trotamundos y caballeros andantes. subsidiaria y a veces exclusivament epor la vocación de la mendicidad.en los establecimientos del ramo. norma ética y precepto religio so aceptado. porque ayuda a quien lo ejerce y a sus semej antes a ir equilibrando las columnas del debe y haber del karma o libro de conta bilidad (por así decir) del peso de las buenas y malas acciones cometidas durante nuestro paso por el mundo. De igual forma que la inmensa mayoría de los hindúes practicaba estrictamente el vegetarianismo. o de vino. sin o abuso. en todo caso. tuviéramos que pagar los taxis. Y turistas eran -mientr as la CIA o la KGB o las SS o la Brigada Político-social no demostrasen lo contrar io---. ya que no los muñones (por carecer de ellos).que los extranjeros. en los momentos más duros. La indigencia de Dionisio fue. Y lo que yo quiero es parecerme a Marco Polo. sin cobrar una rupia. que no en balde eran los jipis y sus acólitos personas de r econocido buen gusto. Y hasta tal punto.El camino del coraZÓn Fernando Sánchez Dragó primera con aire acondicionado. y -sobra decirlo-los ta xistas. y de nada.

sólo con eso. se podía sobrevivir sin pasar hambre. mejor. Y con eso. a vender de extranjis las botellas al mejor postor en los laberintos del merca do negro de las grandes ciudades. sed ni sueño. aldeanos) del pueblo de las flores. en cualquier caso y sobre todo . 110 111 . y a condición de que el t itular del permiso fuese hombre tan parsimonioso y ascético como solían serlo todos los ciudadanos (o.cuando vencían los plazos establecidos al efecto y.

contemplar las nubes. por la India y los países aledaños sin más preocupación ni obligación que la de rascarse la trip a. Sólo los santones errantes y los ermitaños de pie quieto podían fumar hachís o marihuana -más a menudo lo último---. en Damao o en Pondichery exóticos y postineros licores de rom pe y rasga que luego vendían en Ahmedabad. les había confirmado allí -quizá en el Cabin y. Cantidad. por ejemplo. consideraban las autoridades que lo de fumar o no fumar hierbas sag radas era asunto que incumbía sólo al libre albedrío de cada quisque y. Los tres enclaves arriba citados gozaban de un status especial en lo referente al consumo de bebid as alcohólicas por haber sido hasta muy pocos años antes colonias extranjeras gobern adas y habitadas por borrachines tan conspicuos y contumaces como desde la noche de los tiempos lo son los portugueses y los franceses. pero tan arduo y peligroso como caminar sin balancín ni suelas de a palmo so bre el filo de una navaja. a su actitud en lo relativo al esquinado mundo de las drogas. los tres.sin incurrir en delito. hoy por ti y mañana por mí. mientras tanto. entraba n con él en el puerto franco. Dionisio olvidaba poco a poco todo lo que le habían enseñado en Occidente y. al<j e su costo en origen. de cuyo ros tro ni siquiera se acordaban. desde lu ego. consecuentes c on esa postura. en un crescendo quizá inevit able. calculando por lo bajo. cachivaches y espanto sos souvenirs de farfolla para turistas horteras. En cada viaje cosechaban unas diez mil pesetas de be neficio neto. a razón de uno por barba. y la especie parecía -a decir poco. secarse el sudor y espantar las moscas. y el método aplicado por l os aprendices de contrabandistas para beneficiarse de ese status era siempre el mismo: se afeitaban. considerando qu e la tolerancia del gobierno hindú respecto a la depravación alcohólica de los occiden tales no corría paralela. pieza menos. Albert . como mínimo. y así vivieron tranquilos y felices durante algún tiempo. las escondían bajo mantas. de los trajes azules con la chaqueta cruzada y del taedium vitae.verosímil. en Madrás o en Bombay. Algún viajero avispado y disoluto. se podía revender el charas de los altos valles nepaleses con ex trema facilidad y a un precio cinco veces superior. extendieron gradualmente su radio de acción y aprendier on a comprar en Goa. del orden.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Dionisio yel Dúo Latino no circunscribieron su eufórica actividad de contrabandistas a la compraventa de los artículos catalogados en el reverso de sus respectivas ta rjetas. que aquello -efectivamentemás se parecía a Jauja que a las novelas de Salgari. libros. y estaba hecho. se vestían de estudiantes universitarios en viaje de paso del ecuador o de fin de carrera. ni mucho menos. Andaba en lo tocante a ello la India -heredera. y sobr e todo en Bombay. A saber: que en las ciudades más densamente pobladas de la India.decidieron acometer empresas más ímprobas y de mayor trapío vendiendo o intentando vender en Bombay los tres hermosos y olorosos kilos de hachís que. habían comprado setenta y dos horas antes de salir de Katma ndú en el chiribitil de un mayorista. pasaban con expresión y sonrisa de repelente niño Vicente ante el adormilado cancerbero de la caseta de arbitrios y consumos. al arrimo y en el fragor de cualquier velada moderadamente alucinógena-lo mis mo que los tantanes de radio macuto transmitían insistentemente desde hada bastant e tiempo. la mencionada. En Paquistán y en Nepal. ¿Los tres? Sí. más que suficiente para zascandilear -respe tando siempre el estilo de vida jipi. sus dos jóvenes co mpinches aprendian con voracidad de esponja todo lo que a su vez tendrían que olvi dar cuando abandonasen Oriente y regresaran al seno de la familia.muy a la zaga de otros países de la misma zona. de los horarios.durante un par de meses. En fin: que Dionisio. del puritanismo victoriano de los ingleses. se convirtió en impetuoso e incontenible allegro vivace y culminó cuando -tras dos o tres semanas de prudente espera. y aun eso únicamente en determinadas fechas. llegaban al extremo de vender la ganja y el charas en los estanc os con el sello y la bendición del monopolio estatal. para su desgracia. circunstancias y lugares. sino que paso a paso.alrededor de veinticinco botellas. metían en el maletero -pieza más. fregaban y lustraban el Indómito Volkswagen. Pero el crescendo siguió.

112 113 .o y Roberto -ofuscados por el éxito obtenido en sus operaciones de matute y cegado s por la voz de la inexperienciadecidieron pasar a la acción precisamente en Bomba yo ¿Cómo? Pues batiendo las calles de corro en corro. de mercadillo en mercadillo y de tabanco en tabanco para que por todo el centro de la ciudad se esparciera la hablilla de que dos jipis italianos y uno español andaban buscando compradores a t ocateja para una partida de hachís number one procedente de Katmandú.

Yeso era todo. les dijo de un tirón. en la puerta del hotel. -¿Entonces? -Entonces volved mañana. El chófer apagó el mo tor. -¿Cómo que veremos? preguntaba Dionisio sin acertar a contener su impaciencia. Le siguieron. Le siguieron. Y abrió.. pupila s. y volvían. good evening. Le siguieron en la medida de lo posible. Dionisio y los miembros del Dúo Latino se miraron y se entendieron: era evidente que con tanto zigzag y tanta coña pretendían desorientarlos. Le siguieron doblando esquinas. una de las puertas traseras del vehículo antes de desap arecer por enésima y última vez. Ninguno de los dos matones abrió la boca para decir. Volvían n o mañana. enfadándose entre sí y echándose redprocamente en cara la r esponsabilidad del patinazo y de la considerable cantidad de dinero invertido y perdido en la aventura. y otra vez por la tarde.alrededor de doce años. a sortear espectros. se tranquilizó y reanudó la marcha hacia su ignoto punto de destino. sorteando escombros.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó y así fue cómo los gozos de los tres viajeros se transformaron de repente en sinsabo res. yal día siguiente. con tanto turista deshar rapado como anda ahora por aquí. a rozar míseros chaflanes. veremos -le respo ndían-o Lo que queréis no es fácil. frenó. -les decían con aquella odiosa sonrisilla enigmática y la cabeza cayéndose de costadillo como la de un hemipléjico. sin separar las pala bras y bisbiseando: -Esta noche. Tampoco lo hicieron los ater rados contrabandistas. saltando sobre personas dormidas. --Subid -dijo el gancho con cara de malas pulgas yen un tono de voz que no admitía réplica. rozando chaflanes. Así pasaron aproximadamente ochenta horas. pero también sin esperanza.. Volvieron a doblar bruscas esq uinas. invitándolos a entrar con un gesto perentorio de la barbilla. El motor de la antigualla rateó. después de mirar hacia la dere cha. y otra vez por la noche. -Sí. y por la noche. perdiéndole de vista cada dos por tres y rec uperando milagrosamente su sombra cuando ya no lo esperaban. personas dormidas. s e adentró en él y regresó al cabo de unos minutos en compañía de dos granujas de corta eda d. y no fue necesario ni el perfil de un instante para que se lo tragara la oscuridad . por el vientre húmedo y caluroso de la noche de Bombay hasta llegar a un rincón oscuro r odeado por poderosos y airados árboles que braceaban torvamente alrededor de un co che idéntico al que utilizaba el sombrío gángster de los años treinta interpretado por P aul Muni en la película Scarfoce. por el bril lo de sus ojos. Junto a él -todo oídos. hacia la izquierda y hacia arriba. -Seguidme -dijo. ¿Dónde estaban? ¿Dónde no estaban? La cuidadosa reproducción del aut¿móvil de Al Capo e se detuvo junto a la acera de una calle anónima y deshabitada. socavone s y escombros. Las moles arquitectónicas del centro de la ciudad se alzaban -monótonas. por la nobleza de su porte y por la inteligencia de su cara dedu . grises e idénticas a sí mismas. -decían sonriendo con entonación e intención enigmáticas y ladeand o la cabeza sus interlocutores y correveidiles. claro . y ya desesperaban. al recorrer por la tarde del tercer día con trote cansino y escéptico sus habituales puntos de conjura y contacto para sa ber si se había producido alguna novedad... se acercó a ellos con exageradas muestras de sigilo uno de sus más lacónicos intermediarios. encendido y espolead o por un individuo con inequívoca vitola de facineroso. sino esa misma tarde.. se dirigió hacia un sórdido portal de descarnadas fauces. Tendrían --calculó Dionisio---. Su compinche se apeó. los conminó a seguirle casi de punt illas hasta las honduras de un portal cercano y allí. Por sus gestos. y el veredicto -inapelableno sufría modificación al guna: -Veremos .. por lo menos. Durante los tres primeros días no sucedió nada ni se movió u na hoja. hasta la náusea y con la lengua fuera. El coche dio un salto hacia delante. ch ocando con espectros. Le siguieron sin desfallecer. y desapare ció tan rotunda y vertiginosamente como si nunca hubiera existido para reaparecer del mismo modo a la hora establecida y en el lugar acordado. cuando de repente..por todas partes y contribuían a aumentar la confusión y el agobio de los vi ajeros.montaba descaradamente guardia un he redero por línea directa del monstruo de Frankenstein. soc avones y bordillos. miradas de reojo y picaduras de viruela. y menos en estos tiempos. duelos y quebrantos. a las nueve. -Veremos .

114 115 .jo el jefe de los narcotraficantes en flor que pertenecían a la casta insumergible de lo que él mismo llamaba. con envidiosa admiración. los Kim de la India.

. No había ante ellos otro camino que el de la obe diencia. Seguro. quizá un cuarto de hora. Llegaba. que gozan de toda nuestra confianza. Dionisio d ijo en italiano: . con un centelleo en los ojos. en teoría. Cástor se dirigió hacia una escalerilla de madera de caoba disimu lada tras unos cortinajes. Pasen. El panditnunca lleva reloj. idóneos para los seres y para las cosas-llamaba ya Cástor y Pólux. Les dejo en manos de estas dos criaturas. ante los asombrados ojos de los tres. pasó al inglés y.in trusos un inmenso y bien aderezado salón que no hubiera hecho mal papel entre las infinitas y lujosas estancias del mismísimo palacio de Alí Babá. con cautela. explicó con un gesto de sordomudo -¿tendría lengua?. . Bastó esa explicación para que Dionisio simpatizara con el personaje.. ' Todo.a sus tres clientes que había llegado el feliz momento de echar pie a tierra. el portal e igualment e sórdidas las escaleras. Cástor se sentó en el suelo. Les estábamos esperando. llamaron a la única puerta existente en el descansillo. se instaló sin arriar su mirada aviesa en el asiento contiguo al del patibulario auriga y desapareció para siempre del Call)po visual de Dionisio y de la memoria del cronista de las andan zas de éste. Lo llevaba. supongo. de doble hoja y de estilo chino que se abría entre dos enormes e historiados floreros de mayólica a unos veinticinco me tros de distancia. Haber nacido en el arroyo. de lo que tú te imaginas. pero se quedó sin él en uno de los pasadizos del Gr an Bazar de Es117 .un niño así. adornó el gesto con el mismo mohín de antes y desapareció por una puerta de laca. -y lo es. a quienes Dionisio -cuyo deber de eterno aspirante a escri tor le obligaba a buscar siempre nombres nuevos y. los guiaron hasta el át ico del edificio. de repente. Impenetrables misterios de la India: sórdido era. -¿Seguro? -No. la hora de la ava ricia.. En el marco de la pue rta. Los dos golfillos. -Seguidle y esperad arriba. abriose és ta casi al instante y surgió. dijo imperativamen te: . era distinto. oh prodigio. por favor. Luego se volvió hacia Cástor. pregun tó: -¿Cuántos minutos? -Diez. -¿Por qué? Parece un hombre rico . haber aprendido la asignatura de la vida en la escuel a de la intemperie. El bisnieto del monstruo de Frankenstein abrió la puerta trase ra del coche. cuando salió seis meses antes de su salón de música en la pequeña ciudad provinciana. vencido el susto. Y obedecieron.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó A Dionisio le habría gustado ser -haber sido. Las cañas se habían vuelto lanzas y la sincera contrición de los contrabandistas empezó a esfumarse con la misma rapidez con la que se había adueñado de ellos. pero todo cambiaba de sopetón al entrar en los apartamento s. sí. Pólux. El único mueble visible en el camaranchón era una mesita de unos trei nta centímetros de altura con superficie de cristal esmerilado y purpúreas gualdrapa s laterales de caballo de mahrajd. Mucho más rico. Pero dice que sólo los esclavos y las perso nas abyectas se resignan a vivir pendientes del tictac de una máquina. -Mi esposo -dijo la opulenta dama. Está ultimando una transacción difícil e importante en el almacén de uno de sus clientes. y se hi zo a un lado. Tampoco él tenía reloj. caballeros. se hicieron cargo de los atribulados co ntrabandistas en fase ascendente de agudo arrepentimiento. Por eso odi a los relojes. tapizada en su cara interior de seda artificial con tachones y faralaes. se dibujaron la silueta y las refulgentes alhajas de una señora entrada en carnes y en años que inclinó la cabeza con un gracioso mohín y dijo con atiplada voz de cupleti sta: -Bien venidos. El último peldaño de la escalera daba a un pequeño desván aguard illado con paredes de madera sin desbastar -Dionisio se transformó rápidamente en Lu nilla para irse volando a su habitación en el Traveller's Hotel de Katmandúy suelo d e tosca tarima casi totalmente cubierta por colchoncillos. cojines y alfombras d e Cachemira. doce. -Este golferas habla como mi padrastro. no . en efecto.vendrá en seguida. ordenó a sus tres ovej as que le imitaran y comentó: -El pandit vendrá dentro de unos minutos. Volvió a inclinar la cab eza.. haber crecido en la calle. Pero había respeto y co razón en sus palabras.

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y mucho. -¿'Lo permitieron tus padres? -He tenido la suerte de nacer en el seno d e una familia temerosa de Dios. y consanguíneos. desde a costa del mar de Omán hasta la del golfo de Bengala. y dejó de ser -lo entendía ahora. había salido ganando en la permuta de pillo a pillo. -¿El pandit? -di jo----. Son dañinas. dices? No sé en el tuyo.con uno de sus típicos regates en corto e imprevisibles. extranjero. -¿ Tod o. Preciosa y falsa. Dionisio. el hachís no es una droga . dejó que la atmósfera se cargara gradualmente de tensión ---o. Con eso quedaba dicho todo. -¿Y qué pasó entonces? ¿Por qué la abandonas -El pandit me convenció de que allí no había aprendido ni iba a aprender nada y me sa có de ella. curioso. de poco o de nada te han servido tus viajes.y concluyó: -En segundo lugar. para que existieran yabunda ran hasta tal punto galopines de ambos sexos --con o sin estirpe divina. pero la pregunta de siempre -la eterna cuestión que desde el último fulgor y punto final de . Se interrumpió. profesional. de misterio---. y el viaje de la vida. mis abuelos y mis tíos nunca ponen en tela de juicio lo que dice un brahmín.. amigo mío. es un brahmín. naturalmente. y fue. ¿qué sucedía allí. en la península del Indostán. -En la India también existe ese proverbio. al escuchar a Cástor. Dionisio.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó tambul. más feliz y más leal a sus intuiciones y convicciones. le está permitido.. Cástor respondió con firmeza y feroci dad de tigre al acecho en la horquilla de un árbol: -En primer lugar. Dionisio jugaba de poder a poder con el vendedor (que no era un j oyero. quizá. lo había sido. si aún no te has enterado de que al hombre justo todo. -¿Vas tú a ella? -Fui hasta hace un par de años. tan consanguíneos como las personas a las que aludía Proust al plantearse dónde está el secreto de la amistad y cuál es el camino más corto para que el hombre se una al hombre? Y. Lo había comprado un tío suyo dieciséis años atrás en el zoco libre de impuestos de Tánger y se lo había regalado con no poca prosopopeya y ceremonia a su sobrino mayor el mismo día en que éste aprobó el bachillerato. ¿Seres paralelos. Mis padres. a preguhtar : -¿A qué casta pertenece el pandit? Lo dijo pensando en posibles paralelismos con e l Comerciante Sufí del campamento nómada de Erzurum. sino un simple feriante de los de manta al hombro y pies par a qué os quiero): el reloj cambalacheado era casi tan fariseo y de pacotilla como la piedra supuestamente preciosa. recordaba a la Kumari. -¿Y qué dijo el brahmín par a convencerte de que las escuelas son inútiles? -No son inútiles. absolutamente todo. -¿ Un brahmín que s e dedica al tráfico de drogas? La pregunta de Dionisio restalló en el silencio alfom brado del desván como el chasquido de una fusta. además. en r ealidad. Nos lo enseñan en la escuela. pero en mi país creen que no hay regla sin excepción.. Pero en el trueque no hubo. y no porque nadie se lo robara. En cuanto a la Kumari. ¡Qué pregunta más tonta! El pandit. en todo caso. tan paralelos como los personajes de Plutarco. se preguntó el viajero . porque a partir de ese momento se sintió más libre. sí..una persona aby ecta y resignada a vivir pendiente del tictac de una máquina. extranjero . esa toma de conciencia ---o relámpago interior-la que lo movió. seguramente. engaño. entre el Himalaya y el cabo Comorín. sino porque lo cambió a ciegas y de carrer illa por una piedra preciosa.capaces de conocer y de exponer antes de la pubertad lo que sólo conocen y exponen los sa bios después de toda una vida dedicada al estudio? La comparación era inevitable: el pensamiento de Dionisio se trasladó al pasaje evangélico que narra la discusión del n iño Jesús con los doctores en el templo. pero su interlocutor volvió a sor prenderle . ¿por qué imaginársela incorporada a la realidad tangible a la que evidentemente pert enecía el chiquillo de carne y hueso que en aquel momento estaba sentado sobre una alfombra de Cachemira con las piernas cruzadas y entrelazadas ante él? ¿Acaso no ha bía sido su encuentro nocturno con la joven diosa de Katmandú una pasajera y trivial ensoñación provocada por el humo de una hierba alucinógena? Sí. mis hermanos mayores.

la Edad de Oro acosa al hombre-le envolvía y enredaba: ¿dónde empiezan y dónde terminan lo real y lo aparente? ¿Quién. entre Sancho Panza y 118 119 .

Pero de pronto. Dionisio miró de reojo a Cástor con socarrone ría y. amigo. entre otras cosas. saludó con mesura y señorío a sus h uéspedes. muchos hombres y muchos niños tienen la salu dable costumbre de pintarse los ojos con kh8L Éste es. Y lo mismo les sucede. dijo: -Extranjer o. Llevas. de modo que al grano . -¿Como quienes llevan reloj? -Exacto.. sonreía como el Comer ciante Sufí.dijo: -El panditno es mi jefe ni mi dueño. y no pudo reprimir se. Vestía como Nehru. que contemplaban el espectáculo tan ab sortos como si estuvieran en el cine viendo una película del oeste. los levantó. mocoso? ¿Cuánto te paga e l pandit? ¿En qué consiste exactamente el trabajo sucio que ejecutas para él? Cástor acu só el golpe.. con su ave firmeza y tierna ferocidad de gato -no de tigre. asestó con torp e furia su última estocada: -¿Qué es. Cono da. hablaba tan gravemente -y tan cargado de razón.hacia aquel muñeco descarado que le hablaba desde arriba y dándole lecciones.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó don Quijote. a quienes leen la prensa y se la toman en serio. y se disculpó por la tardanza. esa her mosa costumbre que no denotaba ni virilidad ni feminidad en el usuario. Había muchos periodistas entre los suyos y podía dar la razón a Cástor. Dionisio asintió. sonrió con tristeza. Me extraña que no lo sepas. en la India. oscuro y untado de aceite brillaba en la penumbra del desván como el espinazo de una foca. Calló y esperó. el pandit para ti? ¿Acaso un novio? ¿No será que te acuestas con él? ¿Ere marica? ¿Por qué te pintas los ojos con kh81? y Cástor.. según tengo entendido. según él. en ninguna lengua. como monedas de or o agitadas en una hucha de arcilla o hilos de agua del Amo cayendo sobre la taza de una fuente renacentista de Verrocchio. dejó de comprar el periódico. Era un individuo corpulento y opulento: tan to lo uno como lo otro saltaban a la vista desde su noble y discreta papada. y por lo tanto no me paga nada ni trabajo para él. Un cuchillo de nieve cortó aq uel nudo gordiano y ya nadie se atrevió a añadir. Representaba alred edor de cincuenta años gallardamente vividos. ni una sola pal abra. bajó los ojos. de la voz y las palabras de su amigo Cástor. un poder oso desinfectante. simultáneamente.al acecho. ya continuación clavó la mirada con talante y bravura de toro de lidia en los negros ojos pintados de kM! de aquel insolente arrapiezo de los suburbios de Bombay y. -El pandit--estaba diciendo el niño---. No tardó mucho en entrar por uvas. volvió a sentir el roce de las alfombras y cojines del desván en la tela blanca de su dhoti --porque ya vestía como los hindúes. tardó diez o doce segundos ( que sonaron como si fueran las campanadas de la medianoche) en darse por aludido y -con la misma firmeza que había sacado a relucir unos minutos antes. a partir de aquel día. sintió irritación --casi cólera. inexplicablemente (o quizá no).opina que quienes van a la escuela y se la toman en serio acaban convirtiéndose en esclavos o en personas abyectas . como si dispa rara con un rifle de repetición. ciego aún y dese oso --como buen occidentalde seguir tropezando en la misma piedra. Pero Dionisio. interrumpió al pandit: -¿Cómo sabes qué hora es si no llevas reloj? . viajero que vienes de frías y le janas tierras. quizá te baste saber que es mi maestro. o al pandit. no te pases de la raya ni permitas nunca que el sabor de lo desconocido te of usque la conciencia. con conocimiento de causa. pero sin h uella alguna de ferocidad. El pandit llegó por fin con hora y media de retraso. Aquí. por el contrario. Su inter locutor tragó saliva y remachó: -En cuanto al pandit. bastan te tiempo entre nosotros. des de la redonda cumbre de su curva de la felicidad y desde el imponente y refulgen te solitario que interrumpía la blancura de su mano gordezuela. Dionisio apretó los puños. Dionisio.. a la raza de las criaturas que viven extramuros de la caverna de Platón? Dionisio regresó al interior de ésta. llevaba más razón? ¿Era por desventura la Kumari sólo un sueño de Segismundo o pertenecía. pero sus pupilas chispeaban aún como e l pedernal de los ojos de los adolescentes. le preguntó: -¿Cuál es tu oficio.y escuchó otra vez el sonido punzante y cantarín. entonces. efectivamente. sin recoger el guante. Volvió la cabeza hacia Alberto y Roberto.como el Tigre de Bengal a y su pelo vigoroso. -Son casi las do ce -dijo----.

-¿Y cómo sabes tú que no llevo reloj? 120 121 .

fingir y transmitir amabilidad. No debería preguntarte n ada. Sólo . al fin y al cabo. hablemos de lo que os ha traído hasta mí. cuando le alcan zó y le paralizó -tan sedosa e incisiva como un puñal bien afilado----la voz del pandi t. antes de dejarla? -Nunca la dejé. absolutamente todo. y estirando y ahuecando el cuello como un gallo de pelea ant es de lanzar su quiquiriquí. Calcul as con rapidez. que es tan negro como el chocolate amargo y tan puro que se puede comer como si fuera un bombón. quizá. -Eres tú quien tiene que hablar. -La voz de la calle. as!? -Mis paisanos dicen que la voz del pueblo es como la de D ios. algún motivo -preguntabapara que te sorprenda y te extrañe lo que aca bo de decirte acerca de la feliz conclusión de mis estudios? Dionisio. europeo. -Aprendí en la escuela. no cuando lo exigen las convenciones sociales ni cuando me lo pide el cuerpo. y se metió en harinas: -Voy a hablaros con franqueza -dijo----. si os parece. no . criaturitas. Pero no dijo nada. mis hués pedes.. amigos míos. yeso en cierto modo zanja la cuestión. Y perdona mi exceso de curiosidad. El pandit remató la faena: -Pues no te sorprendas ni te extrañes. en la escuela. tú y tus amigos. cambió el diapasón y dijo: -y ahora perdonadme si insisto en que hablemos de nuestra pequeña transacción mercantil. sin conseguirlo. que antes de entrar aquí me ha dicho que eran las doce menos cuarto. -Sí. Es imposible derrotar a un enemigo si antes no te tomas la molestia de conocerle a fondo. Y ahora. no. ¿E s. -¿Cuán to pesa? -Tres kilos. Dentro de una hora. -¿Existe. -Mis clientes no entran en esta casa y menos aún en esta guardilla. 122 . -Tus paisanos se equivocan. tengo que estar en otra parte. Sois. El alijo existe. Dionisio recordó las palabras de Cástor: al hombre justo todo. y para difundi r luego esa enseñanza entre tus semejantes. a los habitantes de Bombay no les gusta e l charas nepalés. Dejó de dirigirse exclusivamente a Dionisio. Calló. sonrió. -¿Doscientos cincuenta tolas? -Ni una más ni una menos. Es de mala educación. lamento comunicaros que este servidor de nadie no se dedica al tráfico de estupefacientes. al menos en la India . Y ya se volvía. Abrió una pausa para encender un cigarrillo americano y siguió: -En segundo lugar. seguramente. -No. -El mismo. y sobre todo. que vuestras informaciones eran falsas y qu e no vais a hacer negocio. -Gracias -tuvo que decir Dionisio mientras inclinaba ligeramente la cabez a en un gesto que pretendía. ¿Te sorprende? -Un poco. Soy. miró hacia el mundo de lo invisible traspasando los velos de l o visible. Estudié en Oxford y terminé a llí dos carreras. europe o. Sin el bachillerato no se pue de ingresar en la universidad. efectivamente. hay que bajar a los infiernos y permit ir que sus llamas te chamusquen el bigote. No hace falta. Para entender las cosas. ¿Fue.El camino del coraZÓn Fernando Sánchez Dragó -Me lo ha contado un pajarito. para la salud del espíritu. Yeso significa. -¿Duermes de día? -se aventuró a preguntar Dionisio sólo por decir algo. que no perdía ripio. Las drogas. se acarició taimad amente la barbilla. abarcó con la mirada a Alberto y a Rob erto. -En este caso. radiante.. ¿no? Te escuchamos. Son una partida de exquisitos. ¿Quieres ver los títulos? Están colgados encima de mi escritorio. además. europeo. que es tan chismosa y deslenguada como la de los monos de la selva. nocivas para el cuer po y también. apenas dejan margen para el beneficio y suelen ser. -Duermo cuando conviene a mi alma. -¿En la escuela? Dionisio volvió a mirar oblic uamente y con malicia a Cástor. le estdpermitido. un simple cliente. -¿Y tú lo hiciste? -¿A qué te refieres? No entiendo tu pr egunta.fuman el de Cachemira. sostiene que queréis dar salida a un pequeño alijo de charas procedente de Katmandú. inter rogó y pidió ayuda con la mirada a Alberto y Roberto. con o sin reloj. -¿Ingresaste en la universidad? -La duda ofende. Para empezar .. No nos queda mucho tiempo. hacia la silueta acuclillada de Cástor. mudo. acaso. Había interrumpido ya a su anfitrión en muchas más ocasiones de las consentidas por la buena crianza.

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los tres al unísono. pr eferís llamar el final de los tiempos) y volveremos todos al venturoso mundo de lo s Orígenes. ' -¿Sabéis por qué es de oro? -preguntó el pandit. por otra. Dionisi o. . a pesar de no dedicarme al discutible negocio de las drogas. la levantó. No. Bueno... que era a distancia el más tacaño del grupo.lOdidades y sacó de ellas una balanza de dos p latillos con su correspondiente juego de pesas.se vue lven locos por este metal. -Pero no quiero aburriros y. había traído el botín de la trampilla y lo había deposita do cuidadosamente sobre la superficie acristalada de la mesita. pegado a la piel. Luego suspiró y regresó a la tierra.. -Es de oro -apostilló con rapidez el p andit.. sí. -¿Oro? --exc lamaron. es el metal de la eter nidad y de la inmortalidad. y yo también lo creo. Me avergüenzo de mis paisan os y os ruego qm' no los juzguéis con la severidad que merecen. -¿Lo veremos? -Tú. un obje124 125 . El pandit miró a Cástor y éste ente ndió al vuelo lo que su maestro esperaba de él. es el metal de los diosés y de sus intermediarios. que conviene llevar siempre encima. Bombay es una ciudad llena de soplones di spuestos a vender al prójimo por un mísero puñado de rupias. Pronto terminará el kaliyuga (o período oscuro al que vosotros.... -Supongo -dijoque os estáis preguntando el motivo dC' que.\ haya hecho venir. -¿Pronto? -preguntó soñadoramente Dionisio. quería conoceros . además. explicó: -Por una parte. el italoargentino. El pandit soltó una carcajada tan e struendosa y descosida que incluso Cástor se tomó la libertad de sonreír delante de su maestro. los cristianos. El asombro y la incredulidad de Roberto alcanzaron a l os restantes miembros del consorcio de contrabandistas de hachís nepalés. y. 0. titubeando entre el asombro y la incredulidad. apartó u na alfombra. . creyó 11(" cesario y caritativo darles algun a explicación. no os extrañéis -dijo por fin éste-o Ése es mi único negocio verdadero. El oro es el metal de los Orígenes. la sostuvo en vilo --como si calibrase su alma. Roberto. lacónicamen te. -¿Toda la balanza? -Toda la balanza y también la s pesas. El pandit exhaló una voluptuosa colu mna de humo. como dando a entender que excluía de la frase a los miembros del Dúo Latino. es el metal del Espíritu. el roñica de Roberto. Cástor. hacen bien. Guardó casi un minuto de reflexivo si lencio que ninguno de los presentes se atrevió a interrumpir. también quería protegeros. -De oro macizo. sacudió 111 ceniza del cigarrillo.. entristeceros con estas cosas . puso al descubierto una trampilla disimulada entre los rastreles de l suelo. Les alabo el gusto. mientras lo decía. Lo dijo mirando con fijeza e intención a Dionis io. se desplazó a gatas hasta un rincón del desván. aprovechó la pausa para preguntar: -¿Y el hachís? Todos se rieron. ¿ ueréis conocer sus entretelas? Sí.y siguió hablando sin devolverla a su hueco: -Y. -Oro. -¿De oro macizo? -preguntó. -Mis compatriotas -aclaró el pandit-. al ver cómo el desconcierto --casi estuporse ilH! adueñando de los ojos y de las facciones de sus ex clientes. sí. Alberto y Roberto lo admitieron tácitamente. menos aún. Temo que mi país esté a punto de perder su alma. El pandit volvió a quedarse en sil ncio. no lo sabían.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó El pandit. comprobó -escrutando las pupilas y l a acti tud de sus interlocutoresque estaba en lo cierto y. -Ese cacharro brilla como si fue se de oro --comentó descuidadamente Dionisio. Y. sacó de su estuche una de las pesas . más que preguntaron. La India. quizá sí. mientras tanto. y mi ayudante -señaló con la cabeza a Cástor-. querían.. Yo. será más difícil. Por eso creen los hindúes teme rosos de Dios. aunque nadie puede ca lcular el momento exacto. desde qu e la señora Gandhi subió al poder y se puso a imitar como una pintamonas las lamenta bles costumbres políticas de los anglosajones. Dionisio pensó en el Apocalipsis: vendrd el llanto y el crujir de dientes.. y tus amigos. sí. hurgó en sus profi. -Pronto. -Pues es de oro porque oro es lo único que suelo pesar con ella. ya no es lo que era. amigos míos .

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.. porque estalló una vez más en sonoras carcajadas de buda chino y feliz mientras des\:argaba golpes no menos sonoros con sus manos en los muslos elegantemente cubie rtos por unos pantalones de lino crudo. ni su fun ción. El oro. ¡A quién se le ocurre! Ir de fonda en fonda. -Me alegro. ¿Te parece injusto? Fue Dionisio quien respondió a la pregunta: 126 127 . una medalla. Volvía a ser él y a estar en sus zapatos.que. -¿Y vas a pes ar nuestro putrefacto hachís nepalés con esa maravillosa balanza de alquimista? -pre guntó--. -Ya lo sé. más que los ojos de mi ayudante. dio unos golpecitos con la palma de la mano sobre la mes a y llamó a todos al orden. ¿Hace el precio o no hace? Decidíos. O s ea: un dólar por cabeza: Suponiendo. ¿Lo compras a precio de m yorista y luego lo revendes troceado? -No. q ue al parecer tenía una calculadora en las meninges. Ninguna otra mercancía deja tanto beneficio sin ensuciarte la conciencia. pandit. Lo más probable es que tengáis ya a la policía en los talones. ¿No crees que eso también sería una obra de misericordia? La carcajada fue fastuosa y unán ime. El pandit. Roberto. una eucaristía. las olisqueó. perdemos dinero. preguntó: -¿Podemos quedarnos con la bolsa? -Desde luego. Yeso explica -lo añadió sonriendo y en un tono de voz diferente. dirigiéndo se a Roberto. más que los ojos de las águilas. las fue pon iendo sucesivamente en uno de los platillos de la balanza. charas de Katmandú en una ciudad de sibaritas! La s ituación debía de parecerle graciosísima. -¿Y tú la tienes limpia? -Más que el sol.. volvió a guardar el alijo y. ¡y. pero mucho menos de lo que crees. europeo . insinuó: -Pero tú vas a ganar dinero con esta operación . de tenderete en tenderete y de sinvergüenza en sinvergüenza ofre ciendo charas. pandit? -preguntÓ--. ni su forma.. -No nos han timado. Dionisio. tímidamente. Perdéis exactamente treinta rupias. impaciente. .. Roberto no soltaba la presa. -Sí. El italoa rgentino. Son. -¿Y qué haces tú con él? -preguntó Dionisio----. porqu e no me gusta despilfarrar el tiempo. Alberto volcó sobre la mesa el contenido de la bolsa que le colgaba del ho mbro. -Una obra de misericordia y un gesto de hospitalidad --contestó el interpelad o----. para colmo. a ver el mater ial . ¿Me tomas por un vulgar joyero? -¿Cuál es t u oficio? -El de ser hombre. ¿No se le caerán los anillos y los tornillos? -¿Para qué crees que la ha sacado d e su escondite mi asistente? ¿Para darme pote ante vosotros? Venga. una cadena o una simple pepita . comunicó la cantidad total a su maestro.. amigos. sea la India el lugar en el que el oro alcanza su mayor cotizac ión en el mercado. La chapuza os ha salido bar ata. Alguien hablaba por su boca.. -¿De qué vives? ¿De dónde sale el dinero necesario para man tener una casa como ésta? -Creí que a buen entendedor ... Más que tus ojos. claro está.. per o la verdad es que os habéis comportado como unos pardillos. antes de tragar saliva y de atreverse a decir: -Con es a cifra. anotó su peso en una ag enda. efectivamente. -¿Al contrabando de oro? -Evidentemente. un collar. Ya he dicho antes que. doscientas cincuenta tolas. Llevamos casi una hora de cháchara y dentro de veinte minutos tengo que estar en la otra punta de la ciudad. No suelo juzgar a mis semejantes.. El pandit se había transfigurad o. Y yo que vosotros no me quejaría. Traer oro a la India y venderlo más barato que en las joyerías es una obra de misericordi a. Podríais estar ahora de patitas en la cárcel y os aseguro que no es el mejor si tio para pasar unas vacaciones en Bombay. me gustaría protegeros.. una correa de tran smisión entre la vida terrenal y el Reino de Brahma. Cástor cogió una por una las bolas y tabletas de hachís. Los contrabandistas pardillos no encajaron el golpe sin pestañea r . y mucho. vo y a ganar algo. Os doy por ellas doscient as veinte rupias. un pendiente. entre todos los país es de la tierra. Pestañearon. No importa su tamaño ni su peso. Me dedico al contrabando. Rober to y Alberto intercambiaron sendas miradas de resignación y de melancolía.El camino del' corazón Fernando Sánchez Dragó to de oro. si lo permitís.. -¿Vas a comprarnos el puñetero hachís. es una especie de sacramento. que no os hayan timado.. Puede ser u na sortija.. dijo: -No os han engañado en el peso.

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Tus compañeros. Seis desconocidos con fachendoso aspec to de matones. volvamos a vernos algún día. a charasde Cachemira y a incienso barato. Ahora ve con Dios y no te olvides de este encuentro ni de lo que acabo de decirte. Alberto. vaciaron la cisterna del retrete y se asomaron a su interior. que tenía vocación de marmota. Aún flotaba el halo de su dhoti en la penumbra de la guardilla cuando el mundo de abajo devoró sus últimas palabras y su imagen. y confío en que. Perdiendo se aprende y. se duc haron. el comisario --o quienquiera que fuese. . cerdo ! -aulló el responsable de la agresión. rodeados de voces y de gri tos. retiró la mano del hombro de Dionisio y. No h abía mucho que decir y.. estrecharon la mano de su anfitrión -que no se había movido---. no. desencuadernaron los libros -que afortunadamente no eran muchos-. no es injusto. Toma . Recuerda que el mundo es un laberinto y que nadie p uede recorrerlo sin chocar una y otra vez con sus paredes. que olía a curry. por otra parte.y se dirigieron hacia la escalerilla de ma dera de caoba. tú estás en el camino. Coge el hachís y danos las rupias. Se pusieron en pie. Una hora más tarde los despertaron sin miramientos. palparon cuidadosamente los colchones y las alm ohadas. si sales airoso de ella y no te desnucas en el intento. hace. su mirada y su actitud no dejaban lugar a dudas. reventaron los tubo s de pasta de dientes. Recios puños. se apelotonaban en el pasillo. Cástor. Entraron tumul tuosamente en la habitación. desnudo y encajonado entre sus dos compañeros. Un hilo de sangre empezó a correr por la comisura de ésta. Si te ves en apuros económicos y no sabes cómo resolv erlos.esgrimía una pistola. añadió: -Por cierto. u n salto hacia delante. las lecciones se cob ran. que también estaba n ya en porreta. y. Pero no te desanimes nunca. No te descarríes. -¡Calla. aporreaban la puerta. Su port e.El camino del coraZÓn Fernando Sánchez Dragó -No. Cada prueba es. se tapó con las sábanas y siguió durmiendo entre r onquidos. Van a sucederte muchas cosas y no todas agradables. pandi t. hurgaron en sus mochilas y pertenencias. apáñate para meterlo en la India sin que te coja n y tráemelo. registraron centímetro a centímetro la piojosa habitación. Es muy peligroso. Era la policía. y le hizo un gest o para que se arrimara. E inmediatamente se llevó un guantazo en plena boca. Cachearon la ropa de los detenidos. La transacción se llevó a efecto sin que mediase palabra. europeo . El pandit relajó los músculos. -Vamos -dijo. no lo dijeron. Roberto se levantó y fue a abrir. No era el momento de entablar ne gociaciones ni de enarbolar la bandera de los derechos humanos. apoyó el pie en el pri mer peldaño de la escalera y dijo: -Hasta siempre. Nadie se pone a discutir con alimañas. Se interrumpió. Alberto. -dijo cuando le tuvo cerca.. sensatos por una vez. y l e tendió una tarjeta de visita. compra allí oro. No te olvidaré.. Por mí. Fue Cástor quien pagó la cantidad convenida y quien volv ió a esconder la balanza. Los miembros del Dúo Latino se limitaron a ase ntir silenciosamente. Faltaban unos minutos para qu e el reloj de la cercana estación central diera las dos de la alta noche. Dionisio encendió la luz desde la cabecera de su cama. Tardaron menos de un cuarto de hora e n regresar ala habitación del tugurio típicamente urbano en el que se alojaban. ve a Paquistán. se acostaron y se durmieron inmediatamente. Átate a l timón y aprieta los dientes. -Muchacho . Dionisio la guardó sin mirarla. Eso dicen los psicoanalistas.. -Muchacho -repitió-. además del enclenque vigilante nocturno del hotel. dejó transcurrir uno s segundos y volvió a hablar. pero merece la pena. y uno de ellos -el que al parecer llevaba la voz cant anteberreó mientras reforzaba y dibujaba sus mugidos con un gesto perentorio del b razo: -¡Todo bicho viviente en pelotas y con las manos apoyadas en la pared! Dioni sio y el Dúo Latino obedecieron precipitadamente. por ahora. Se desnudaron. que se había rezagado involuntariamente. con oro o sin oro. susurró: -Nos han vendido. golpearon una por una todas las baldosas del suelo e inspeccionaron las cornisas exterior es de las dos ventanas. no sirven para nada.. El p andit no intervino en ella. además. Son demasiado jóvenes y no se plantean aún cuál es el significado de la vida. Te lo pagaré bien. clavó las pupilas en sus pupilas. Alberto y Roberto estaban ya en el piso inferior cuando el pandit chistó a Dionisio. Si no. pandit. colocó la mano sobre su hombro.. mientras éste se encaminaba hacia la escalerilla sin dejar ele mirarle .

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Los contraban distas -aprendices y pardillos hasta el final. en connivencia con sus cómpJi ces. del barrig6n de ocho meses de embarazo -¡ocho meses ya! Me siento como sifuese el globo terráqueo-. sin gafas ni cinturones. Hoy. implorar paciencia y anunciar 'que dentro de poco -cuando se haya ido de la India. Med ia hora después. 131 .un escuchim izado y lac6nico aerograma: quince líneas para soltar una bomba de hidr6geno. pondrá sobre el tablero de ajedrez de su viaje (son sus propias palabras . también de muerte y de resurrecci6n. Su última carta -o. No sé c6mo se las arregla Dioni para transformarlo todo en literatura) las pieza s que en estos momentos faltan y que por prudencia. . Alberto. van y vienen . Los sabuesos cantaron victoria y ordenaron a sus víctimas que s(" vistieran. la penúltima a p artir de este momento-.y me pondrá al tanto de lo que siente por mí y de sus intenciones para elfuturo pr6ximo y lejano. Julio Capítulo VI Del mundo de los sentidos proceden el calor y el frío. ha dado señales de vida. quin ce líneas para tranquilizarme y nada mds que tranquilizarme. encontraron lo que buscaban.El camino del corazón Y. no puede ahora colocar en sus casillas. De vida y.llevaba estampilla de Pondichery y fecha del diecinueve de junio. había guardado un trozo de aproximadamente ocho t olas dC" hachís -casi cien gramos. s610por prudencia. que tanto detesto. Alberto. mejor dicho. 11. en cierto modo.me escribird largo y te ndido. por fin. Ro berto y Dionisio tomaban pos esión de una mazmorra de seis me tros cuadrados situada en las catacumbas de una c omisaría del cen tro de Bombay.y de la plomiza nube de veraneante s que se cierne sobre la ciudad. he encontrado en el buz6n -perdido entre los mi l sobres. cosa que al parecer hará enseguida. 14 Todo el mes sin noticias de Dioni.Al volver de la compra. Baghavad Gita. el placer y el dolor: unos y otros son efímeros y accidentales. quince líneas para just ificar su silencio.. de lapropaganda comercial a domicilio-. naturalmente.no se habían desem barazado de todo el alijo... Sobreponte a ellos con valen tía.en uno de los bolsillos laterales de su mochila . literalmente abrumada por el agobio del peso de la bolsa.

detalladas. aún. después de tantos años de chufla y de recíprocos dimes y diretes. Curiosidad morbosa ~ a lo peor. llegará a la inevitrJ ble conclusión de que es -en su géner o-.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó ¿ y la bomba?. pero también. otra ve z caigo en las tram pas y jugarretas del subconsciente. apostillabareinan los dioses caóticosy descacharrante s de la anarquída. me decía que no me preocupase. r. por cierto. v¡JJoyahacerlo en elfoturo. si no se tuercen la s cosas.. pase lo que pase entre nosotros. aunque me lo niegue (y se lo niegue también a Fernando). que f Oriente es así y Dioni también. Por eso.. contándome todo» que. Un silencio que secaba las foentes de mi impiracióión y me dejaba c'ompuestay sin novela. las del parto. tal y c omo me prometió el día de su gran desahogo en el salón de música ante los ojos mudos de sus ídolosy fetiches. me ha inquietado tanto su silencio de las cinco últimas semanas.alturas de 'e mi vida! Pero' ¿hay acaso alguna mujer que no seplant ee si merece o no!Ola pena seguir qwmando combustible en un juego -el del amorquite rara vez conduce a alguna parte? A veces. ¡ Yeso en tan solo un mes!A este ritmo. comciente de mi incapacidad para la invención (aunque confto en que no para la creación). y lo que.jue ga limpio con éste~ de rechazo. Anoche. cho de que todas estas absurdas cavilaciones y pre temiones literarias sr me pasen por la cabeza precisamente ahora.para enredar aún más las cosas.una obra maestra. ¡Qué complicadas son las relaciones entre personas de(e distinto sexoy qué vulgaridad la de referirme a ello a estas. me ha enviado puntualmente. por sí solo no se imaginaría nunca es que mi novela trata de sus correrías al este de Estam bul en busca de lospersonajes de los . Fernando. Seguro que en elfondo y por lo bajinis le da rabia. sino también la imaciable angustia de Penélope. pero me desconcierta el he. desde el q uince defebrero. ¿ y siperteneciera Fernando a la dudosa ... No he cedido a suspresiones ni. en el peor de los casos . En esas cartas «larguísimas. he estado inspirándome en sus cartasy utilizándolas descaradamente como cañamazo de lo que escri bo. sepreguntará el lector. Dioni no me loperdonaría nunca. que las oficinas de c¡correosestán llenas de dia blillos enredadoresy de duendes traviesos. conociéndole. estoy con vencid a de que alguien exhumará después de mi muerte este rampló1/ dietario de ama de casa a l borde de la neurastenia.se encontrará con la morrocotuda sorpresa de que. Sería un golpe bajo de deslealtad probablemente irreversible. Somos los únicos seresvivos que tropezamos dos v.». '. aunque de die ntes afoera me cubra de besosy de congratulaciones.y no sólo por mi crónica enfermedad de artmor hacia él (y /Jorel lacerante mal de ausencias que de eseamor se dertriva). la próxima nochebuena. me pr egunnto si Fernando -el mejor amigo (y metafórico hermano de leche) de 1Dioni. le he ganado por la mano en la partida de tute de la literatura. que se desbordarán dentro de tres semanasy me he sentado a escribir una novela. Yo seguía ro yéndome las entrañas y devanando no sólo la maCldeja. y confto en que sea a sí. ¿Bromeo? Quizá. después de mi frugal y habitual cena en solitario. cuando el antagonismo sexual se mete por medio.veces-y milen el mismo hombre. ' Fernando. que en la India -«de ahí su encanto». algo malifigna. conmigo..cuentos de su infancia y del polvillo de l as alas de las mariposas ni que él-no Dioni. Bromeo. y además crf:onr azón. c onmigo en la sombra y entre bastidores. lo publicará y mis despojos se harán tan célebres como los de Am iel Annrl Frank y (algún día) Anais Nin. y que. terminé de corregir la s cien primeras páginas.es su protagonista. Las mujertres no tenemos arreglo. y una novela que avanza a pasos de gigant e. desde luego. minuciosas.palmadas en el hombro y contwi ncentes argumentaciones eran tan inútiles como las aspirinas en un teterremoto. sino Dionisio-. ¡ Váya! Otra vez me pillo en un renuncio. podría volver sin aviso mucho antes . calculo que hacia mediados de noviembre quedará vista para sentencia. que los retrasos en la corresespondenciason flSuntosde ordinaria administración. Y c uando llegue Dioni -me prometió al irse que pasaría conmigo. and a detrás de mí para que le / deje leer lo que llevo escrito. cuando por fin he rotll aguas -no. ni que para redactarla. a razón de una por mes.. que viene desde Madrid casi todos l osfinnes de semana y que poco a poco se ha ido convirtiendo en el báculo de 1 mi s oledad. nunca se sabe. Pero todos sus consejos. Se me ve el plumero: en ~lfondo. Con los hombres.

estirpe de aqquellos nobles de ¡taca que pretendían convencer a Penélope de la muerte e de Ulisespara ocupar elpuesto de éste en el trono de la islay en el tálamno de la viuda? Pero no. Corto y paso. Tienen demasiadas cosas en co:omún y los dos han conv ertido la lealtad viril en un objeto de culto. 132 133 .. imposible.. NeTo seréyo quien contribuya a enve nenar su relación ni siquiera con el s~oplo del pensamiento.

o que se enfade. En fin . no puedo ser más explícitofmi gloriosa subida al monte Carmel o». ha estado a punto de tirar la toalla y de volver con el rabo entre piernas. todo en él y con él es imposible. sino más bien por lo contrario. y co nste de antemano que bromeo a medias. «como un perrito faldero». Dioni. las pongo por si las moscas en el congelad or de la nevera y sonrío con ternura inevitable.. su aerograma -tan arrugado y estrujado ya como la carita de mi abuela. Dejémoslo estar y que el tiempo sepronuncie. tan teatral y exagerado como siempre. «Porque -añademi casa está allí donde tú estés. voy a soltarla: Dioni. Sin comentarios. o qu e me levante en vilo y se ponga a dar saltos de alegría. como mínimo.es su infantil obsesión por llegar siempre el primero a todas par tes. que escribo este párrafo con una sonrisilla de circunstancias y que -tan supersticiosa ya como Dionitoco y retoco madera ant es de poner en negro sobre blanco lo que ayer me dijo el ginecólogo. ¡Cuántas sorpresas aguardan a Dioni e n ese hogar con el que tanto sueña! Nada menos que un hijo de su sangre y una nove la de mi pluma.. al dulce hogar y a mi no menos dulce regazo. ya'que él tampoco se explay a sobre el asunto (y por cierto: ese capítulo de mi novela -el correspondiente al mes de juliotendrá que ir prácticamente en blanco. de esquizofrenia. por ahora. sea como foere. Dioni se sulforaría si escuchara en mi boca o leyera en mi plum" esta expresión . y a fondo perdido. mencionados) del amor que nos une y nos desune. pobrecita de mI. y dice que mi recuerdo «de color castaño» flota siempre ante él y le baja -«aunque sólo hasta cierto punto y en determinadas circumtancias». que diflcilmente se entendería lo uno sin lo otro. pero puedes estar segura de que por fin he vivido mi descenso a los infiernos. y a renglón seguido. en el último párrafo de la carta. Se acostumbró a ella. reconocelaf iebre. Lo malo es que a lo mejor -a lo peor.T ercer Mundoy me la echaria en cara diciéndorru que un escritor no debe utilizar nu nca. ¿Cómo reaccionará ante lo primero y ante lo segundo? Puede ser que se desmorone. aquí esto~ in albis y a la defemiva. según se desprende de la lectura entrr líneas de su aerograma. ni siquiera alude en el dichoso aerograma al motivo de su detención. retorciéndome las mano s como las actrices de los seriales radiofónicos y devorada por el comecome de la incertidumbre. seguirá preguntándose el lector. los humos y el placer del viaje e incluso llega al extremo de inJÍnuar que en varias ocasiones. y también. de cursilería y de corrupción». ¿Cómo voy yo. se va inesperadamente por los c errosperdidos (y rara vez reencontrados o.. y ahora más que nunca. a saca rme de la manga las vicisitudes vividas por Dioni en lo que imagino espeluznante s celdas de una eJpantosa prisión inquisitorial de U1/ mísero país del Tercer Mundo?). Se limita a mencionar escuetament e lo sucedido diciendo que «lo peor ya ha pasado» ya ponerse moños -¡qué megalomanía la suya !.de la ironía. claro.. les quito la cáscara "":"su clás ico mecanismo de defensa. durante los tiernos años de su sarampión antifranquista y desde entonces se cree la reencarnación varonil de la Mata-Hari vigilada y acosada por los servicios secretos de todas las grandes potencias. La culpa es de lo que él mismo llama sarcásticamente s u «síndrome de la clandestinidad». los niños.y sigo sin aclararme. Fernando. Pero. por lo menos. Niñerías y narcisism o.se va a encontrar con otra sorpresa no prevista en el programa. y no precisamente por cobardía. sus co mpañeros y las ratas. y a sus tragicómicos y esperpéntico s usos y costumbres. mi noche oscura del alma y también -desde que recuperé la libertad sin cargo alguno gracias a la intervención de un curioso y adinerado per sonaje que por su cuenta y riesgo. ha estado alre dedor de un mes en la cárcel dr Bombay.» Agradezco sus pala ras sospechosamente líricas y voluntariamente cursis. Fui a verlo p . He leído quince vece s. o que se encierre torvamente en su salón de música. «la abominable jerig onza inventada por los foncionarios de los organismos internacionales y otros ce ntros de idiotez.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Pero ¿y la bomba de hidrógeno?. Lo que me preocupa -lo que puede envenenar nuest ro reencuentro-. y a ser posible en tercetos toscano s y con el estilo de Dante. Niñerías . ni siquiera para su coleto o en la más estricta intimidad. su empeño en abandonar el buque antes de que lo hagan las mujeres. Venga. pagó el multazo (y perdona s i no soy o.anunciándome que «ya te lo contaré de viva voz. Todo en él y con él esposible .

comentó que me había s alido un pequeño bulto junto al pezón izquierdo y que no me preocupase. me miró por a quí y por allá. pero que en casos así -muy fre cuentes. a más tardar. en 134 135 . porque era p rácticamente seguro que la cosa carecía de importancia. llegó a la sesuda conclusión de que el embarazo sigue tranquilamente su curso natural me confirmó por enésima vez que daré a luz en la tercera semana de agost o o. al parecer.ara un chequeo rutinario (aunque obligatorio en mis circunstancias). en la última. me palpó las tetas. torció el gesto.

) Dos días después de salir de la cárcel. con lo aprensivo que es. -En todo caso se trataría de una deuda dhármica... sonrió. 136 . mejor dicho. Yo sólo miento a la policía. el viajero dijo: -Pandit. -No puedes comprar oro sin dinero. p andit. -Ahora sí que me sorprendes . sólo en lo último. -Ya -comentó con un deje sarcástico el pandit-. -Eres tú. Dionisio bu scó y encontró lá dirección del pandit. ¡Si Dio ni. tus correligionarios pueden entender. -No creas que me sorprendes. para lo cual me extendió en el acto la recetr' correspondiente. Has repetido lo que hace un mes te dije a cuento de la India casi palabra por palabra.. eso que vosotros llamáis una d euda kármica. no me enredes con juegos de palabras que sólo tus compatriotas o. Ese es el Dioni que me gusta. ¿Es verdad? -Es verdad. ése es el Dioni al que sin su co nsentimiento ni conocimiento he nombrado padre de mi h~joy ésees el Dioni delfotur o. los españoles sie mpre hemos sido hombres de honor. Pero 01vidémoslo. ha metido suspropósitos hogareños en el baúl de los trastos inútile s y anda con todo el viento de los siete mares en las velas rumbo al corazón de la s3uimbambas. A la p olicía y de vez en cuando. si no queda otro remedio. le telefoneó. -Lo tengo.. y. pandit. suponiendo que efectivamente -tal y como da a ente nder en su aerograma. en estudiar y aprobar con matricula de honor cursill os acelerados de delincuencia.. pero con ella metida aún en el alma. Me juego elpróximo capítulo de mi novela a que en estos momentos St· ha curado ya d el mal de ausencias. ¿Cómo piensas paga rme si tienes. no vaya amarg arle elpostre de su aventura. quedó con él en su guardilla de AH Babá e agradeció el gesto de haber pagado sin su autorización la multa. Sus ojos eran una fogata de noche de san Juan. europeo -le interrumpió el pandi~. ¿ O no? (Fragmento de las memorias de Cristina. . El solitario de su mano gordezuela lan zaba destellos.estépensando en el regreso. de enseñanza y de aprendizaje. -y tú. quien ha sacado a relucir el karma .El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó las mujeres embarazadas. Lo dijo como si buscara un golpe de efecto.. se enterara! Pero no voy a decirselo. enrojeció y añadió: -Bueno . ¿Y puede' saberse cómo has conseguido ese dinero? ¿Algún n egocio sucio? ¿Otra partida de charas nepalés? ¿O en esta ocasión es de Cachemira? No es carmientas.. no has perdido el tiempo en la cárcel.. de una de sus estampidas. No te cargues con culpa s que no te corresponden. como sospechas e insinúas. humi ldemente -esta vez fue Dionisio quien sonrió-.. a las mujeres. -¿Por qué me hablas del honor? -Porque quiero devolverte hasta la última rupia de la c antidad que has pagado por mí. por lo que se ve.. Lo más probable es que se trate de uno de sus arrechuchos. -Tienes una exce lente memoria. por lo que se me alcanza. los bolsillos llenos de pelusa y vuelto s del revés? -Trayendo oro de Paquistán.. Efectivamente no he perdido el tiempo e n la cárcel. divertido y complacido. al irme de la India. No lo sería por completo si dejara aquí. de uno de sus saltos en el va cío. de los suecos y de los franceses . cuando ya llevaban casi tres horas de co nversación. -En lo último. habló a fondo. Estaba seguro de que ésa sería tu respuesta. si es que tan bien las recuerdas. y no yo. aunque yo también temo (como lo temes tú en lo que atañe a la India) que mi país esté a punto de perder su alma por culpa de un grupo de traidores empeñados en importar y en imitar como pintamonas las lamentables costu mbres de los anglosajones. Jornada del 28 de julio de 1969. pandit. ése es el Dioni del que me enamoré hace más de cinco años.lo mejor era coger el toro por los cuernosy hacerse una mamografta. escu chó con los cinco sentidos y sólo al final. Dionisio titubeó. y no seréyo quien se lo eche en cara. -La misma memoria que tú. Del foturo y de mi foturo . pero puedes apostar doble contra sencillo a que tampoco lo he emplead o. europeo.. europeo -dijo-. El pandit. -y yo. sabía que lo sabías. llevas razón. -¿Para volver a ser libre? -En cierto modo .

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sigues siendo un pardillo. Los panes y los peces se mul tiplicaban en el camino. y el nombre y la dirección de un traficante de oro de Karachi cuidadosamente anotados en el archivo de la memoria. el Tigre de Bengala y el Motorista de Delhi. venció y regresó a Bombay con dos kilos del más noble de los metales taimada y escrupulosamente repartidos entre su cintura. se despidió de éste. a un gnóstico. invitó al Dúo Latino y a tres jipis que se les pegaron en las oficinas de la American Express a un opíparo banquete con langosta y cerveza Guinness en el me jor restaurante de la ciudad. aunque desde el punto d e vista económico sea absurdo. -y todos los peligros por la mía. me entregas a ti atado de pies y manos. El a rgonauta pagó su deuda con el pandit. -y tú también sabes perfectamente que no t e propongo un préstamo ni una financiación. El pandit --tal y como había hecho cuatro se manas atrás al enterarse de que Dionisia y el Dúo Latino pretendían vender charas de K atmandú en una ciudad tan sibarita como Bombayse metamorfoseó en un mofletudo y barr igudo simulacro de buda chino. -Si estás dispuest a mezclar la tuya. Yo sólo soy un brahmín incapaz de matar una mosca.. Te he ay udado ya en un par de ocasiones y voy a seguir haciéndolo. pandit: Mi dinero sale de tu bolsillo. pa ndit? --Sí. vio. Lo que me propones no es un préstamo.Dionisia salió de la suntuosa morada kitsch del pandit. -Nunca es ple beyo quien habla del honor y procura que éste guíe sus pasos. -¿Has leído el Quijote.. sino la financi ación de un negocio en el que todos los gastos corren por mi cuenta. ¿No irás a decirmt· ahora que esto. europeo. que es plebeya . se encaminó calmosamente hacia la trampilla del rincón del desván en cuyo hueco -supuso Dionisioescondía el pandit algo más que la balanza de or o micizo. -No sólo se vive de pan. Me gustas. algo más de lo que tenía al empezar el viaje. durmió como un gato de Angora en un hotel de cinco estrellas. Pero no perdamos más el tiempo. posees? ¿Te lo ha dado una mujer halagada por tus mentiras o ha llegado a la poste restante un oportuno giro de papá? -Me d ecepcionas. Los hechos no tardaron en darle la razón. consiguió 'aplacar el oleaje de las ca rcajadas. por una vez.. lio sus bártulos y a las cinco de la mañana del segundo día del mes de agosto cogió un avión de la Pan . Milagros de la aventura y de los dioses de Ulises. razón de má~ para insistir en mi pregu nta: ¿de dónde sale el dinero que al parece. el Comerciante Sufí. sino un pacto entre dos guerreros. taoísta y feliz que :le reía a mandíbula batiente con l os ojos llenos de lágrimas festivas y descargando sonoros golpes sobre sus muslos. mucho más de lo que Dionisio necesitaba e. sin esperar la respuesta de su socio ni añadir una sola palabra. el Troglodita de Luarc a. Sabes muy bien que no puedo infringir ese principio.. a un individuo tan anticonvencional como lo eran el Canciller de Estambul. S e acarició la barbilla. -Tú ere s aquí el único guerrero. a un alquimista. Más. y cuando por fin. con la mía. precisamente esto. europeo. -Me siento cornudo y apaleado. que siempre lo sabes todo . el Caminador Manchego. se compró unas sandalias nuevas. La operación se saldó con un beneficio neto de dos mil ochocientos cincuenta dólares. aproximadamente tres horas y cuarenta y cinco minutos después de haber entrado en ella. con cuatro mil flamantes dólares am ericanos en los calzoncillos. tras no pocos esfuerzos. europeo.. muchacho. Esgrimiéndolo . -Eres a stuto. incluso. la sangre l lena de adrenalina. porque ere s tú quien va a prestármelo. salió como el viajero lo había previsto. no lo sabías? Tú. sus partes p udendas. Me alegra comprobar que. Y. ¿Cuántos dólares necesitas? -¿Dólares? oro se paga en divisas fuertes. dijo: -Tienes gracia.. la cabeza atiborrada de instrucciones. fortaleza y arrojo. Todo. lo he leído .El camino del corazón Fernan~o Sánchez Dragó -Me alegro de que sea así.. Pero. reflexionó y añadió: -¿Sería un pacto de sangre? . que es casi azul. Dionisio llegó a Paquistán.. tras casi un mes de cárcel. Y de esa forma -gracias a un c onjurado. en ese caso. -¿De mi bolsillo? -Sí. alquiló una lancha con motor sueco y toldilla alm ohadillada para tomar el sol en la bahía y visitar por segunda vez las cuevas de E lephanta. sus zapatos y la cara interior de sus pantorrillas.

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oh Señor de forma infinita [. le depositó sano. las palabras de tus innumerab les bocas y el fuego vital de tus innumerables cuerpos. ni medio. monstruos. En parte alguna veo prin cipio. No. los Vásus del fue go. con el alma en éxtasis y el corazón en vilo al roz ar con el vientre del avión las cúpulas del templo de Borobudur. a paso de saltamontes. llegó a la isla de Ba li. en su trono de loto y a todos los Rishi sy Serpientes divinas. inclinó el héroe su cabeza y -juntando y elevando las manos. a secas.] Hacia ti corren las legi ones de dioses: los Rudras de la destrucción. erizado el cabe llo. salvo. los Ashvins o aurigas del c ielo. y los Ushmapas o espíritus d e los antepasados. demonios del infierno. grumetes. No. y poqui to a poco. Sobrecogido de estupor y asombro. 13 a 22 ¿Bali? .. feliz. Por doquiera contemplo tu infinitud: el poder de tus innu merables brazos. los Maruts de los vientos y de las tempestades. AlH. como un nombre más perdi141 . contemplo a los dioses todos y las innúmeras var iedades de seres. Una vez en ella.habló de este modo a la Divinidad: en ti.El camino del corazón American procedente de Amsterdam que.. por lo menos. después de dedi car unas horas a la visita de lo que el Time acababa de llamar en su cover story «el mayor retrete público del mundo» y de pasar platónicamente la noche en un pintoresc o y abigarrado burdel mixto de putas. Agosto y setiembre Capítulo VII Allí. XI. se encaramó a un Dakota caqui de dos hélices con inequívocas señales de haber participado activa y heroicamente en la segunda guerra mundial. efebos. Baghavad Gita. tras una breve escala en Singapur. así como las falanges de músicos celestes. . ancianitas y militares sin graduación. los Yakshas. los Sadhyas de las plegarias. y los Siddhas o seres que alc anzaron su perfección en la Tierra.. veo asimismo a Brahma. así. enflaquecido y dispuesto a todo en las humeantes pistas de asfalto ruso del aeropuerto de Yakarta. Arjuna contempló reunido el Cosmos entero en su infinita variedad de seres. los Asuras. la visión de tus innumerables ojos. custodios de la riqueza. todos te contemplan maravillados y anon adados. en el cuerpo del Dios de dioses. oh mi Dios. los Vishwas dévicos. los Adytyas solares. Dionisia cambió la seda de la Panam por el pe rcal de la Garuda.. ni fin. Todos. ocho horas después. travestidos.

Aquí se amalgaman o reconcilian lo s opuestos. ¿La Edad' de Oro? ¿El Paraíso Terrenal? ¿La Atlántida? ¿La. acaso. además. algo así como el eslabón perdido entre la divinidad y la humanidad. y el chisporroteo de la filigrana de la espuma danz ando sobre el filo de los rompientes de la barrera coralífera . Eran las ocho de la mañana.en un estado crónico de insoportable angustia. Ni tótem ni tabú -escribió el viajero tras un instante de reflexión-.Íciónfet al Nunca me había sentido tan a gusto. temor. en la soledad de su bungalow con techo de bálago. en diosa impúber de Katmandú o en buen salvaje de estos p agos. entre la natura leza y la historia. como yo me siento. tumbado sobre el augusto lecho de la blanquísima arena de la playa de Kuta. entre el ego y el superego. el cordón umbilical y mi pOs. su uniformidad. entabló las negociaciones de ritual. que había inI'l:rrumpido en la mitad de una frase. ¿ Transcurrió. No volvió a tumbarse.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó do en la barahúnda de los topónimos y en el galimatías de las cien cias cartográficas. Cristina. el útero de mi madre.~ Fuentes del Nilo? ¿La Isla de Nunc a Jamás? ¿El Elixir de la Eterna Juventud? ¿Los Oasis de Aguas Tibias de la Atlántida? ¿El Valle de Shangri-lá? ¿La Región de Paso entre la Tierra y el Reino de los Cie los? «Pue s sí». y sereno .. <<Así ebió de s er -pensó d Dionisiael alba del mundo. su placenta. ni azar ni necesid ad. tan cómodo en mis zapatos. moriré. para .más inri. su transparencia. su tersura. descargó un capón metafórico y taoísta s bre la pompa y la necia hojarasca de sus fatuos pensamientos. ansiedad y zozobra. muebles de bambú. llamó la atención del intruso -no había ningún otro ser humano al alcance de la vista. debió de sentirse Adán cu ando por decisión divina emergió de la noche de la Nada y se sumergió en la claridad d el Todo».. ni consciente ni subco11lSciente.y supongo que madrileño . pensaba Dionisia. su elegancia. tan íntegro frente al espejo. El vendedor de cocos -¿dónde diablos estaría su clientela?era ya sólo una figura evanescente en la distancia. no leosde Dionisio ciento treinta y siete años antes en otra isla del Pacíffico. como lo sería la torpe intentona de despojarme prim averalmente de mi camisa de reptil latino para renacer transformado en monje bud ista. con la misma certidumbre con la que sé que ahora' es de día. aquí desaparece la fragmentación de mirada de o jo de mosca que falsea toda la visión del mundo de nuestros hermanitos occidentale s y sume a éstos -y a ti y a mí..~ bailado con el viento por las copas y las cinturas de adolescentes d~· las palmeras. después de un copioso desayuno veg etariano y edénico. erapandit de Bombay.. al descubrir eque un mono de rlvanzada edad y pupilas imper tinentes se había acuclillado frente a él y le miraba con la misma curiosidad científi ca com la que Darwin había mirado a sus congéneres -los del mono. No voy a ponerme moños. porche de suel o de arena. Pero sí me atrevo a asegurar. Dionisia s e incorporó. puerta sin cerradura y retre te turco a la intemperie. No voy a presu mir de proezas irrealizables. ace rcó el coco a su boca y bebió con avidez y de un tirón su contenido. Sonrió burlonamente. entre la vida cotidiana a ras de tierra y la embriaguez del oficio y ejercicio de las bellas artes que convierte n a los hombres en pilotos de altura. mientras seguía y perseguía con la mirada el vuelo rasante de las gav iotas. el ritmo del val. Muy sereno: ni la hilacha de una nube rompía el rigor ático de l cielo. aquí se borran las lindes. Cristina. ventanas sin cristales. por desgracia.» Pasó un vendedor de cocos frescos. Dionisia mordisqueó rI extremo del bolígrafo y reanudó la carta a Cristina. Madrileño nací -en el barrio de Salamanca. tan dentro de mis cabales.. en esta isla alguna de mi s reencarnaciones anteriores? ¿Nací alguna vez en estos jardines colgados foera del . inseguridad. apoyó la tablilla de madera sobre sus muslos cruzados y se enfrascó nuevamente en la redacción de la car ta que había empezado a escribir dos horas antes. que en Bali he encontrado la serenidad y la plenitud de mis orígenes. llegó a un acuerdo . «Todo eso y.agitando su pareo. Así. observó como el machete del indígena descabezaba el fruto con un certero tajo.

en mi boca. ¿ Tendiré qt u renunciar yo al sueño de Peter Pan? ¿ Tendré que resignarme a crecer ya llevar corba ta? 142 143 . sino también mi felicidad. y tú conmigo. ¿Serd que envejezco o habrd sonado la hora de convertirnos en adulltos y de tener un hijo? Tú hace ya mucho que dejaste de ser Wéndy.tiempo? ¿He sido balinés antes que fraile? Imposible averiguarlo. estas consideraciones. pe ro -en tod(}/caso.. por el momento.. . que no sólo estd mi casa a~llídonde tú estés (te lo decía en mi última carta .hago votos para que así sea en elfoturo. mi porvenir y mi sosiego. Me sorprenden. ¿recuerdas ). Cristina.

¿ y qué esBali. de tesorosescondidos. que es a Bali lo mismo que la Toscana a Italia y que Castilla a España. minuto menos-las nueve de la mañana. y me adentraré de nuevo en elpalpitante laber into de la selva. y me dirigiré hacia ellos. un trozo de coral calcinado por el soly abandonado en la playa o un fósil recogido en cualquier cuneta. una estampa de la diosa Kali. Cristina.Es la armonia con mayúscula. y comeré o comistrajearé mangos. y déjame ahora seguir habldndote de Bali como si aquf estuviese (que lo estoy) rodeado d e gnomos. y de entender. Es la música de las esferas.pero lo segundo. elfruto de un milagro i rrepetible. de hadas. podrás imaginarte su sabor). pap ayas y pinchos de carne anónima con sabor a salsa de cocoy cacahuete en los carrit os del mercado. el Supremo Equilibrio. al tedio. Estoy. y rendiré visita dejustificada admiración y pleitesia al· extravagante pintor cataldn q ue vive en lo alto de la más alta de las colinas. y m e descalzaré para visitar los templos. en el centro del arco de una playa como las que imagindbamos juntos al leer a Stevenson o al evocar con admiración y envidia la su blime peripecia de Gauguin. junto al Bosque Sagrado de los Monos. de piratas. ¿ Te lo cuento? Sí.y en lo del hijo. pero permíteme que lo dude y borraya de tu cara esa sonrisa de escepticismo. y una vez en él dejaré que la vida y el azar me arrastren. una foto. Si lo hiciese. Luego me robardn alg o -un bolígrafo. y volveré a perderme. y disolveré el atarugamiento y la densa modorra de las digestiones tropicales con un enorme vaso de café puro (tan puro que nunca. y me perderé. oh di oses de los muelles de Levante.de que lossímbolos son importantes. tambores. trepar dn por mi cuerpoy se meardn en mi hombro.. de unicornios. entre lo silen ciosoy lo ruidoso. entre lo soleado y lo umbrío. Dirás -lo sé. me morderdn la mano. Cristina. con qué se come. Jugaré con éstos. entre lo luminoso y lo oscuro. Cristina: es un modo de vivir y de sentir. pero en dos palabras. timbalesy xilófonos. Sólo un redomado masoquista empl earía más privdndose de lo que en estos momentos me rodea y me aguarda. nunca .que llevo aquí cinco días escasosy que. en qué consiste?Ytllo he insinuado. que ya lo discutiremos todo en el salón de música o en la terraza del bar del embarcadero del río cuando vuelva.. y vagabundearé por la calleprincipal y entraré en alguno de los infinitos talleres de pintura naif. Quizd. por más esfoerzos q ue hagas. h acia el reino fantástico de Ubud. En la India y en el Nepal me han enseñado la lección -tan reñida con nuestras mustia s convicciones revolucionarias. como en tantas otras ocasiones.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Pase lo primero. y un indígena risueño y mudo me sacard del atolladero. y de interpretar el mundo. A las diez vendrd a buscarme un bemo que media hora más tarde me dejard en Sangeh.¿Por qué? Porque Bali es. y miraré embobado la esgrima de los lienzos y lospinceles. entre lo convexo y lo cóncavo. y charlaré de las cosas del mundo y de la vida con l os artistas cachorros. a la d esilusión o incluso desdén. entre lo húmedo y lo seco. Es el matrimonio indisoluble entre elyin y e lyang o punto defosión y de simbiosis entre tu persona y la mía. Son -minuto mds. dejarías de quererme . una caja de pastillas contra la diarrea. y recuperaré el norte. Lo hacen siempre. Muy importante s. si es estrictamente necesario. y me sentaré a descansarjunto a un arroyo. y al doblar una de las arbóreas esquinas del bosque estallardn ante mí elfragor y los de . y procuraré que mi cabeza no tropiece con el escurrido y culebreante cuerpo de los venenosísimos reptiles de color verde doncella colgadoscomo trapecistas de las ramas de los drboles..y husmearé en los baratillos y bazares de los anticuarios. siguiendo a pie las v ereai das de lajungla y perdiéndome por entre los latidos y dibujos de su verde corazón. Vepensando en estas cosas. de sirenas. campanas. y me ladrardn los desheredadosy humillados perros de los villo rrios. me estoy dejando arrastrar jugueto namente por la subida de la marea de un entusiasmo que en cuanto cambie la luna o gire el eje de mi carta astral dejard paso a la indiferencia.y llegardn hasta mis oidos metdlicos alborotos e impetuosas cadencias de címbalos.y me iré pian pianito. Prohíbemelo por tu bien y en defensa propia. de heroínas de Rider Haggard y de tigres de Mompracem.

y caerd el cre púsculo. o a una representación de un f ragmento escenificado del Ramayana. Te lojuro: no existe. o a una sesión de sombras chinescas. alcance y profondidad genesíacasy cosmogónicas. y haré buenas migas con algún jipi recién llegado. y saldré a cenar. y. no puede existir en ningún punto de la superficie de la tierra otro lugar como éste. y se nospegard un goifillo. y me sentaré en elporche de la mía con un cigarrillo de hierba local entre los lab ios. y lavaré mi cuerpo con el agua fría almacenada en la curiosa alberca del cuartucho trasero de cada habitación .: Es tal como lo cuento.y buscaré una aldea.de un gamelán u orquestilla de aborígenes ensaya ndo músicas de intención.encontraré en sus vísceraso en sus inmediaciones un losm en ofonda de estilopompeyano (las hay por todas partes). y nos p ropondrd ir a una gallera para jugarnos las pestañas. y charlaré de las cosasdel mundo y de la vida con mi vecino. Cristina.. y .stellos --lluvia de oro los llaman. o a una f onción de antiquísimas y sacratísimas danzas surgidas del inconsciente colectivo. 145 I! 144 - .

sin orgullO. atinaro n a mantener intacta su identidad. un milagro del a zar histórico.se hicier on foertes.. Cristina. más inaccesibley mejor plantada? ¿Mencionar que todas las mujeres jóvenes (y a lgunas que no lo son tanto) llevan el pecho al aire sin descaro. se respira aún en este enclave. co n los otrospueblos o grupos humanos de la zona.de pdjaros cantores. con sagrar sus vidas al cumplimiento de tareasprimordiales como lo son labrar la mad era.mil es de princesas legítimas o bastardas a cudl más hermosa. y levantaron miles -miles he dicho. y buscaron un puerto de asilo. como la banda sonora de una película. y preparar y deglutir tortillas de hongos alucinógenos.en algún momento de la historia un ambiente similar al que h oy. y mover con soltur a y elegancia loshilos de las marionetas. consiguieron huir de la chamusquina . y sobre todo -como una túnic a transparente. sin apego y sin pereza. sonreír en cualquier momento.palabras que no se me q ueden cortas? ¿Añadir. quizd. en consec uencia. y emborronar lienzos con exuberantes figuras de plantas exóticasy fastuosos animales de bestiario medieval y fomar ganja).foera del tiempo (ya lo he dicho). como el arcano de la noche. y c riar gallos de lidia. como un telón de fondo. otros tantos reyesy reinas de verdad. y que ante esedivino espectdculo -el de la naturalidad. ni por su cardcter. más grdcil más inocente. con cual quier excusay en cualquier lugar.. que existen ocho reinos mayores en la islay.. ni por sus creencias. y bailar de día y de noche en lospatios de los templos. y siempre.y supieron dedicar (o. es un mila gro. más bien. Cristina. y percutir xilófonos y címbalos. cuando los alfanjes y el monoteísmo del Islam se apoderaron de lo que hoy llamamos Indonesia.y limar el borde de los dientes -i nstrumento y símbolo de la animalidad humana. más roz agante.y narrar historiasjuglarescas. e incinerar a los muertos embaulados en el interior de una efigie de toro negro de cartón piedra confe inapelable e invulnerable alegria.. como e l azul del cielo. el pensamiento se me escapa rumbo a la antigua Grecia. ni por sus costumbres. y se adueñaron inofensiva y delicadament e de una naturaleza que lo da todo sin necesidad de pedírselo y menos aún de arrancd rselo.de gall ardos templos depiedra soberana. y todas las mañanas. oh pacientísima Penélop e. antes de espabilarme. porque sólo allí se respiró -supo ngo .. sobreviven -rodeados por un piélago y un archipiélago abru madoramente musulmanes. antes de dormirme.sin malicia y sin molicie. un mil agro de la meteorología. Sonreír. y masticar nuez de coca. y no cejaron nunca en el empeño de tratar de tú a tú y de mirar defrente a los dioses más estimulantes y fecundos del panteón hinduista. por cualquier motivo. Aquí. y o rganizar y dirigir charangas -casi orquestas. Un milagro de la geografta. . y se mantuvieron escrupulosamente fieles a sí m ismos. un milagro de los diosesy. y poco a poco -sin prisa y sin pausa. y respetaron el modo de pensar y de vivir de las tribus indíge nas. y trabajar el marfil y recitar en sdnscrito los versículos de las antiguas ep opeyas. Cristina. ¿y qué otra cosapuedo decirte. y allí -aquí. no de mentirijillas ni de novela d e Salgari.. Sí. Son los descendientes de losjava neses que alld por el siglo XIV.para resistir a la tentación del vicio . en todo momento (y hay muchos mom entos en el almarzaque y en los cangilones de la noria de cinco siglos). y se sumergieron en la benignidad y cordialidad de un clima que espara lo s hombres abrazo de madre. y -calculadas a ojo. Nunca mejor dicho. Cristina. y cientos de favoritas. y aprendieron el arte de recibir a los am igos (o travellers) con los brazos abiertos y el duro oficio de espantar sin vio lencia a los intrusos (o tourists).. y predicaron únicamente con el ejemplo su modo de vivir y de pensar.cinco millones de hinduistas de sangre azul que nada tie nen que ver.y llegaron a Bali.. y plantaron verdísimos arrozales en forma de terrazas encharcadasy esc alonadas hasta las cumbres de los montes.. como el oxígeno de la atmósfera-sonrei r. ¿Quién lo sabe?.crearon un im ponente corpus de religión y defolklore. por supuesto. un milagro de la demografta. si no hay en el diccionario -para aludir a esteparaíso.y organizar y celebrar indescriptibles e indisolubles ceremonias nupciales de larga duración. y cultivar la magia. y adorar los volc anes. en Bali. y no malgastaron sus talen tos ni arrojaron semillas foera de los surcos. y transcribir inescrutables códices en libros de hoja de palma.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Todas las noches.

y a emprender una ca rrera desalada. y llegar a la lógicay apabullante conclusión de q ue las balinesas no charlaron en mala hora con la Serpiente ni mordieron nunca c on sus boquitas locas elfruto del Arbol del Bien y del Mal? ¿Describir el amok o s agrado delirio vertical y horizontal que de vez en cuando. y a desmandarse. y pimienta en lasplantas de lospies.el de la espontaneidad. porque sí o por insonda ble decisión de las Alturas. y pólvora en las venas. y a espumarajear. y les borra la sonrisa. y hierro colado en los múscul os. y a gritar. y los obliga a enloquecer. el de la virginidad -es inevitable establecer comparacio nes con lafigura y el mito de Eva. y a embestir a sus semejantes con voluntad y aco146 147 . se apodera de los varones. y tizones en laspupilas. y les inyecta lumbre en el alma.

Dionisia salió de la playa de Kuta -donde había establecid o su cuartel general y su celda de ermitaño. de vivienda y de rampa de lanzamiento a dioses y ángele s oscuros que revoloteaban sobre las bocas de fuego y los pedregales de basalto. sollozos. me cuidaré. no existían en la sinuosa y abrupta red viaria de la isla más de cincuenta o sesenta kilómetros asfaltados. y a darse de calabazadas contra lasparedes del mundo.refugiados como conejos con mixomatosis en las habitaci ones y dependencias refrigeradas dellúgubre hotel de estilo cuartelero levantado p or la barbarie de los rostros pálidos en la playa de Sanur. escalof ríos. desde B orneo? Desde cualquier lugar. ¿Desde Saigón. El resto era polvo. los puertos y abrigaderos de la costa. me es peraya elbemo.a bordo de un bemo cuyo conductor se le había acercado doce horas antes en el vestíbulo de un losmen de Denpasar para pro ponerle que hicieran juntos una excursión al lago de Batur. café. a contraviento.se desplazaba normalmente a pie salvando baches.jadeos. a la abarrotada y trepidante plataforma de volquete de los camiones que transportaban plátanos. quiéreme y cuidate. el sonido ronco de su bocina. y a caerpor fin desplomados y agotados entre sudores. impaci entes y díscolos. Gracias a Éste.cabía practicar el auto stop encaramándose. de altar. basta con insistir en la evidencia de que Bali me ha enseñado el camino (o uno de los caminos. Se produjo el encuentro un juev es por la mañana. aunque también -aparte de la posibilidad de recur rir a los servicios de un bemo. y las aldeas del . por lo menos . en el Gran Calvero para darme la bienvenida y desvalijar mi zurrón . como tantos otros. de un carricoche arrastrado por un burro y de al gún que otro pintoresco autobús con más mataduras que Rocinante. arroz y ca scote entre la capital.. y a poner los ojos en blanco. con rabos de lagartija en los talones y con la contradictoria esperanza de qu e la fiesta de mi viaje dure y de que tú y yo nos veamos pronto. cuand o estaba a punto de cumplirse el primer mes de felicidad del viajero en Bali. Cristina. con inquietud. y a herirse conpuñal es de sinuosofilo. Cristina .y a la feliz coincidencia de que Bali estuviese en la última punta de la madre Tierra. acuérdate de mí. Aq uel día.y te escribiré lo antes posible. Un beso. con nostalgi a.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó metividad de toro bravo. y ocupaba un antiguo cráter situado a mil trescientos metros de altitud sobre el nivel del mar. alimentaban lóbregas leyendas que ningún nativo se atrevía a poner en duda y ahuyenta ban a las trémulas y asustadizas gentes de a pie. dos besoJ~un millón de besos. me acordaré de ti. ligeramente surrealistas y tirando a absurdas. emboscado en la línea de sombra de los drboles. Dionisia conoció al Barón Siciliano en circunstancias más bien insólitas o. y a los balineses teme rosos de Dios. famoso por sus aguas termales y por la cerrilidad e indomabilidad de las tribus neolítica s que triscaban y vegetaban en sus alrededores. Yo. ¿Desde dónde? Eso e sya mucho pedir y mucho decir. y a morderse la abultada lengua. La zon a servía de trono. Son las diez de la mañana y los monos del Bosque Sagrado de Sangeh se agrupan. sacudidas y aullidos de licdntropo epiléptico? ¿O simplemente. al primitivismo. en contrapartida. La gente -y. pedruscos y yermos de lava. tras las negociaciones de ritual. pero siempre con amor. a la precaria economía de Indonesia. si es que dan señales de vida. desde Pnom Penh. Tengo que recogerlas cosasy que ponerme en marcha. a los escasos y ridículos turistas yanquis --otros no había. sudor y lágrimas. te querré com o si estuvieses cerca -¿no lo estás?. char cos.. Dionisia y los pocos jipis que por el momento se habían ave nturado a llegar hasta allí. pero cuyo último zambombazo se remontaba a treinta y siete años atrás (lo que geológicamente hablando no era mucho). vencido ya el mediodía y poco antes de la hora del almuerzo. Llega hasta mi. desde Manila. Repdrtelos por donde más te gusten y deja algunos para los amigos. El lago se extendía a los pies de un volcán momentáneamente dormido... Chau. Escríbeme pronto. entre ella. a la ineptitud del presidente Sukarno --depuesto por el furor militar y popular dos años antes. si es que hay varios) de lafelicidad? Dejémoslo así. A unos veinte metros de distancia.

interior. La carretera de légamo y escoria --o, más propiamente, camino de cabras, s altamontes y gnomos del volcán- que conducía, rodeándolo y sobrepasándolo, hasta el lago de Batur era abrupta, resbaladiza, brava, breve, angosta y angustiosa. y fue en ella, al salir chirriando y patinando de una de sus infinitas curvas ciegas con el bemo peligrosamente ladeado hacia las fauces del abismo, cuando surgió de pron to -envuelta en la nebli148 149

El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó na fuliginosa que flotaba permanentemente sobre aquellos desapacibles andurriale sla figura de un individuo alto, esbelto, rubio, cuarentón, de ojos azules, pelo e nsortijado, mandíbula imperiosa, manos robustas, dedos de escultor y aristocrático p erfil que se arropaba sin descomponer la figura ni la nobleza de su porte, pero con comicidad no exenta de elegancia y de arrogancia, en una de esas llamativas túnicas de color azafranado que llevan a todas horas los monjes budistas y que Dio nisia había aprendido a distinguir y a respetar en Katmandú. Era aquel hombre, físicam ente, una curiosa y, en teoría, imposible mezcla de tres arquetipos anatómicos: el d e Nijinski, el de un navegante vikingo y el de Umbopa, el príncipe y guerrero mas. ai de Las minas del rey Salomón. El desconocido levantó majestuosamente la mano, pero no extendió el pulgar ni cerró el puño, y Dionisia -solidario siempre con los travellers o viajeros de verdad (y éste , a todas luces, lo era)apreció el detalle, que revelaba señorío, y ordenó al conductor del bemo que se detuviera para recoger a aquel bicho raro que pedía la limosna del autostop sin por ello perder la dignidad. -Supongo que vas aliaga --dijo en ing lés Dionisia cuando el príncipe masaí de raza blanca y patente de corso vikinga se ace rcó a la furgoneta como si interpretara un pas-a-deux en el escenario del Bolshoi y se inclinó discretamente hacia la ventanilla. -Pues sí, voy aliaga -respondió el esp ectro-, pero no es ése mi objetivo. Lo que verdaderamente pretendo es subir hasta el cráter del volcán. -¿Se puede? -Se puede, pero hace falta una linterna, ropa de mon tañista, provisiones, ocho litros de agua por cabeza, un sombrero de ala ancha, un guía y varios porteadores. -¿Existe todo eso? -Existe. -¿Lo tienes apalabrado? -¿Por qu ién me tomas? ¿Por un turista, por un bebé, por un chicarrón australiano? En Bali todo e s posible. Basta con chascar los dedos e inmediatamente te rodean dos o tres hac edores de milagros. No vas a creerme, pero una noche tuve un antojo de mujer emb arazada en el mercadillo de Denpasar ... Se interrumpió con una chispa de desconfi anza en los ojos y preguntó: -¿Lo conoces? ~¿El mercadillo? Esta vez soy yo el que te pregunta por quién me tomas . .. Pero anda, sube, y me lo terminas de contar por el camino. Con o sin ascensión al cráter del volcán tienes que llegar al lago, ¿no? -Eso parece. Dionisia abrió la puer ta del bemo, se corrió hacia el chófer e invitó al desconocido, que ya no lo era tanto , a que se instalara en el asiento de la ventanilla izquierda. Los indonesios co nducían como los ingleses y no -lo que hubiera sido mucho más lógico- como los holande ses, que los habían colonizado sin dejar huella. El bemo arrancó mientras Dionisia c omentaba: -Estábamos en el mercadillo nocturno de Denpasar ... - ... yen mi antojo de mujer embarazada -remachó el desconacida-. Bueno, pues a eso de las dos de la mañana se me ocurrió pedir en el mostrador del infecto aguaducho de un chino rodeado de perolas y de guisotes por todas partes una langosta regada por una botella d e Blanc de Blancs frío. Lo dije en broma, claro, y ni siquiera me fijé en el barullo que se organizó alrededor de mis palabras, pero lo cierto es que hora y media más t arde, cuando ya me levantaba para irme, el chino colocó triunfalmente ante mí todo l o que le había encargado. -¿También el vino? -También el vino. Luego supe que lo habían co nseguido en el restaurante del Bali Beach Hotel. Milagros de esta isla. -¿Sólo de es ta isla? No. Milagros, mejor, de Asia. Milagros de Estambul, milagros de Erzurum , milagros de Bombay, milagros de Benarés y milagros, sobre todo, de Katmandú. -¿Lo di ces por presumir? -Lo digo porque es verdad. -¿Hablas de oídas o has estado en todos esos lugares? -Los he recorrido palmo a palmo, piedra a piedra, templo a templo , zoco a zoco. ¿Y tú? -yo soy un caso perdido: llevo la friolera de siete años pateán,do me el mundo. -Entonces eres un maestro frente a un aprendiz. y le tendió la mano. El desconocido la aceptó, la estrechó y preguntó: -¿Cómo te llamas? -Dionisia.

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-¿Entonces? -preguntó el viajero sin darse por aludida-. por culpa de un estúpido kilo de hachís comprado en Katmandú. -De Madr id --corroboró Dionisia cada vez más desbordado y confundido-o ¿Cómo lo sabes? ¿Por lo mal que pronuncio el inglés? Bruno se echó a reír. Procuro hacer amigos. me casé. Y estoy hasta la coroni lla de que me confundan con un jipi. de pirat. y punto. ¿Y tú? -Todos los días. -¿Durante cuánto tiem po? -El suficiente para aprender vuestros refranes. -Déjalo es tar -cortó Dionisia antes de que Bruno empezara a dar fechas y le arrebatase invol untariamente el honroso título de primer jipi español de Asia--. de cemento y del mal gusto de los ricos. El siciliano parecía sorprendido por la pregunta y. Supongo que sabes que el opio es allí de venta libre. -¿Bruno? -repitió asombro. . -¿Por drogas? -Por dro gas. -No --dija-.. -Creí que ibas a confundirme. al parecer. -Siete años con la mochila al hombro dan mucho de sí. Yo también terminé en la t rena de Bombay. que yo sepa. Viajo solo. -Eso significa que eres español. No hay ningún otro motivo. -Bruno. Calló durante unos segundos. con u n monje budista. harto de esclavitud. -¿Tengo cara de americano? -No. E l pobre Pepe. per o estás hablando con alguien que tiene todo el derecho del mundo a considerarse un veterano y un francotirador. en Formentera. Dionisia. Fernando SánchezD~~6 _y nosotros --comentó -Yo soy Bruno. me descasé y un buen día. -¿Quién fue el primero? -El p rimero se llanla Pepe. que no es manca. compró un kilo por cien dólares y. La adivinanza sigue en pie .. con un apóstol de la psicodelia o con uno de esos filósofos ba153 sí. -¿En los Estados Unidos? -¡Qué disparate! Mírame..El camino del corazón ------_. Al menos en mi país. es andaluz. el arrendatari o del bemo sin disimular su jocosamente Dionisiahablando en inglés como dos idiotas. aunque se ve a la legua q ue no te has doctorado en Oxford ni en Harvard. -En mi tierra dicen que el hábito no hace al monje y que la mona. _¿Y tú? -preguntó Bruno con gesto de águila-o ¿Puede saberse qué diablos haces aquí? ¿Qué pinta un madrileño en Bali? ¿Cómo has llegado desde los alones de Europa hasta las antípodas? Eres el segundo español con el que me encuentr o en más de tres años de correrías por Asia.. molesto. siciliano de Catania. _¿Y nuestro idioma? -También --d ijo Bruno en español. Dionisia obedeció mientr as decía: -Si lo ordena mi maestro .. -¿Fumas? -A salto de mata. Lo conocí en Vientiane.. Conozco el paño y me imagino el resto de la historia como si la hubiera visto. pero no tengo ni quiero tener correligionarios. ejercí esa espa ntosa profesión en Roma durante una pila de años. como casi todo el mundo. ¿Te extraña? Es un nombre casi del montón. en Maracaibo y en Cuernavaca. Os vendéis caros. nadie me espe ra en Italia ni eil ninguna otra parte y jamás me integro en grupos. He vivido en Ibiza.a vikingo y de guerrero masai co n la piel despint~da. y añadió: -Perdona la petulancia. servía n refrescos y platos de arroz frito. -¿Porqué? -¿Cómo que por qué? P e gusta. tiene treinta y cinco años y. junté los ahorros. está p udriéndose desd~ hace un montón de meses en la cárcel de Bangkok. mientras el chófer del bemo estacionaba el vehículo junto a la puerta de una choza en la que. -Soy siciliano --dija-.. Jirones de bru ma salpicaban y rasgaban el paisaje. Estudié arquitectura. Tienes cara de bailarín ruso. aunque se vista de seda.. Faltaban dos kilómetros para llegar al lago. mona se queda. compré u n billete de avión (sólo de ida) para Ciudad de México y pegué el portazo.. quizá. La verdad es que no . que andaba sin un chavo. a solas voy por la vida.. pero el maestro tampoco recogió el guante. -¿Como si te hubieras doctorado en Salamanca? Era una salida ' chinchorrera e impropia de un aprendiz.

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y se acordaba con pesadumbre de la Kumari. .. Se habían apeado del bemo y entraban ya en el ventorr o. El Village para los neoyorquinos y sus imitadores. ajeno a todo ello. Turn on podría significar algo así como mete los dedos en el enchufe. No.Tradúcelo.. -Sí que puedo. muévete al compás del uni verso.Tune in . para escuchar a lo s Pink Floyd. aunque no es fácil. ¿Hay algún capítulo nuevo en su hoja de servicios? -Lo hay. desengancha.. -Como todo. si te apetece. -Llevo casi ocho meses sin leer el periódico. el fundador y el sumo sace rdote del Movimiento Psicodélico en los Estados Unidos. ¡Hay que ver l a manía que han cogido! ¡Ni que fuera la piedra filosofal o la varita mágica de Merlín! Se sentaron junto a la única ventana del refugio. -¿Ves cómo el hachís sirve para algo? -Al principio.y luego. Pidieron dos raciones de arroz frito. si no es molestia.. -Explícame antes. -Segundo latinajo.. Bruno volvió a la car ga. una tempestad en un vaso de agua. -¿Cae. plea se. -A mí también. -El hachís --dijaes una chuchería. Bruno seguía barbotando: -y todos dale que te pego con el hachís . A través de sus cristales se veía el lago. Todo lo demás es pura vaina. Y la ristra de latinajos que te ha sacado de tus casillas es su lema. -¿Otra religión. Habíamos quedado en que ni soy Shakespeare ni tengo el título de doctor en filol ogía inglesa por la Universidad de Oxford. -Una traducción no es u na explicación. vuela. Drop out. Timothy Leary es. -Lo intentaré. porque entonces te la pegas . Lo has entendido muy bien. para hacer el amor a rienda suelta y para reírse a gust o con los amigos. Pura vaina y poemas truculentos de Allen Ginsberg. del cortile tosca no de Katmandú.. Yo dejé de comprar la prensa el día en que fumé mi pr imer canuto. -Me parece una medida muy saludable. deslízate. . un espejism o que sólo sirve para prolongar un poco la percepción del tiempo. para dilatar las pupilas. escapularios de la diosa Kali y más ínfulas que Sócrates en la A tenas del siglo de Pericles. para dar una mano de pintura brillante a las cosas que nos rodean. N o te dejes guindar. vibrapor resonancia.. conec ta. ¿Vale? -Vale. Y ya sólo nos queda el tercer mandamiento de la ley de Timothy Leary y sus acólitos. drop out -dij o en inglés. fluye. sino un engranaje defensivo y ligeramente patético. -¿Te dice algo e l nombre de Timothy Leary? -Me dice poco. la verdad es que sí.. -¿y no es también filosofía ba rata todo lo que estás diciendo? No era una pregunta que esperase respuesta. sin qu e Bruno lo supiera. embraga. A ver si ahora resulta que estudiaste en Cambridge.. déjate ir? -y no pises nunca el freno. sólo al principio . Su interlocuto r.. babuch as de Christian Dior. ponte en onda. -Como casi todo -puntualizó Bruna-. además de lo que has dicho. Dionisia.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó ratos que después de hacer el ridículo en las barricadas de París están invadiendo el te rritorio libre y fantástico de Oriente con túnicas de lino cortadas a medida. tune in. de los Caballeros de la Tabla Redonda del Cabin. -Ponte al día. a cuento de qué viene la ristra de latinajos que acabas de esc upir. acóplate. El chófer se había acodado en el mostra dor y cotorreaba sigilosamente con el propietario del local. siguió zurrándole la badana... otra iglesia. Sé que es un profesor del Departamento d e Psicología de la Universidad de Harvard que se ha dedicado al estudio de los efect os del LSD. ¿V olvemos a Timothy Leary? -Volvamos. I . así: en fila india. -Sí. seguimos hablando del asunto. O sea: sintoniza.. -¿Nunca los habías oído? -No. otro de esos apóstoles que tan poco te gustan? -Pues sí. Dionisia se sentía acorralado. Repito mi pregunta: ¿a cuento de qué venían los latinajos? 154 . No te puedes imaginar la cantidad de toxina s que he eliminado. de la guardilla d el pandity de los dientes sagrados de la cordillera del Himalaya. por lo menos..Turn on. como dicen en el Caribe los descend ientes de tus compatriotas. Luego se convierte en una rutina. Los españoles y los sicilianos descendemos de los moros.

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dirigirse poco a poco hacia el norte de la isla y charlar. alrededor de las diez de la mañana. Con paciencia. El éxtasis se gana a pulso y desde dentro. olfatear el olor de la chamusquina. Y conste que yo no aconsejo ni los unos ni los otros. claro . perder el tiempo y ganar el alma zascand ileando sin prisa ni propósitos alrededor de un lago. observar discretamente las c ostumbres y la forma de vivir y de morir de las últimas tribus neolíticas. dormirse y.. ducharse con agua gélida en el gélido patio de un losmen. el que pagó Orfeo. las laderas de ceniza y el horrible cráter azufroso de un volcán en llamas hab itado por todos los espíritus diabólicos de esta isla de arcángeles? Bruno miró con soca rronería a Dionisia. El que avisa no es traidor. gozos y sombras de la amistad correspondida. levantarse a las cinco de la mañana para presenciar el desayuno de los delfines frente al sol naciente y charlar. ni los profesores de Harvard. alquilar un bungalow de dos pisos con techo de bálag o y charlar. sólo de momento y para abrir boca. asomarse a su horrible cráter azufroso. comer langostinos a discreción y charlar. pisar lava. chistó al camarero y pidió café. siguió fumando con la mirada fija en e l mar. contemplar el crepúsculo y charlar. el que pagó Dante .entró de poder a poder y pisando fuerte en la denodada y huracanada vida d e Dionisia. olvídate del hachís y prueba sustancias con más meollo. filosofar. Bruno y Dionisia convirtieron la playa de Lovina en algo muy parecido a un santu ario interior sin más atributos exteriores que los de la madre naturaleza. visitar los templos y charlar. Búsqueda.. egocentrismo. dejar que los pe los se te pongan de punta y mirar de frente a los monstruos de tus abismos inter iores. perderse por el monte y charlar. -¿Conque ésas tenemos? -preguntó-o ¿Quieres hacer un poco de montañismo? -Si tú lo cons entes . No lo venden los farmacéutic os ni las estanqueras.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -A cuento de la diferencia entre los alucinógenos con mayúscula y los alucinógenos de cartón pintado. sentarse en la veranda de un losmen y charlar. nada de eso: gozos y sombras de la amistad corr espondida. un viaje a la intemperie para hombres de pelo en pecho y no para hijos de papá. -¿Servirían como sucedáneo de tente mientras cobro. pisar lava.. Los dos platos de arroz estaban va cíos. encontrar allí una playa de ensueño y charlar. infiernos o simplemente (cuando los dioses achuchan. -¿Bajar a lo s infiernos pasando por el purgatorio? -Tú lo has dicho: bajar a los. juventud. pero no ahogan) asomarse al borde de la s calderas de Pedro Botero. pasear po r el bosque y charlar.. apareció en el porche del bungalow un arrapie zo al que jamás habían visto entre la chiquillería que tesonera y cotidianamente los r odeaba e importunaba. imperturbable. Lev antarse con el cielo a oscuras y todos los luceros encendidos. trato hecho. -Lo consiento.. pisar lava. bañarse como Nerón o Mesalina en las p iletas de unas fuentes de aguas termales y charlar. Bruno. levantó los ojos y p reguntó: -¿Qué quieres? . ponerse un volcán por montera.. ¿Charlar? No. Dionisia interrumpió la lectura de la Baghavad Gita -el Barón Siciliano lleva ba siempre en su equipaje ese evangelio mayor del hinduisma-. O sea: filosofar. efectivamente. Pero si de verdad quieres saber lo que es un trip. quemar las jornadas juntos y c harlar. reponer las fuerzas con un plato de arroz frito y un enorme vaso de café. pisar lava. pero tendrás que levantarte a las dos y media de la mañana. ni los minoristas del merca do negro. tomar el sol a la orilla de un río y charlar. Cierto día. pisar lava. emprender el camino de regreso. tumbarse bajo un mosquitero y charla r. churros y un a copita de cazalla? -¿No habíamos llegado a la conclusión de que en Bali todo es posi ble? -Entonces. una excursión galáctica . no. filosofar. pisar lava.. y así fue cómo el Barón Siciliano -Bruno. -¿A qué precio? -Al precio de la a ventura entendida como búsqueda del conocimiento en el fondo de lo desconocido: el que pagó Ulises. -¿Nos darán a esa hora chocolate caliente. el que pagó Eneas. desplazarse en bemo y cha rlar.. lo era.

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Un ventilador blanco colgado del techo. libros. Dionisia acababa de mirar el despertador y de comprobar que era la una y veintinueve y que. dos platos con restos de tortilla. paciencia . en uno de sus paneles. un mapa de Europa clavado con chinchetas. Un magnetófono japonés de bolsillo sobre el alféizar de la venta na y. -En cada vida -puntualizó Dionisia. sólo habían transcurrido dos minutos desde l a última vez que lo había hecho. -Tú eres el capitán de este buque -admitió Dionisiay. un prado de color pajizo con seis vacas . -Ocho -regateó Bruno. los puntos y estrellas seña lizado res de las ciudades 159 158 - . Echa a correr y a las doce en punto nos vemos aquí. Era Bruno qu ien lo decía. un paquete de cigarrillos. Se la dieron. y el mocoso llenó los puntos sus pensivos con un gráfico (y grávida) gesto de la mano.. no vuelas. e se refrán simultáneamente castizo e ilustrado. por lo tanto. un par de tenedore s. Dionisia desplomado sobre uno de los sillones c on su eterno bolígrafo entre los dedos y la imaginación perdida en la distancia de c olor brumoso. colándose por él en la habitación. unas gafas de sol. ¿Recuerda s? El Barón Siciliano empuñó el timón de los acontecimientos. -¿Qué clase de hongos? -Hongos alucinógenos. El resto de la procesión iba por dentro. -¿Por qué tanto? -El tiempo de ir al monte para recogerlos. Era pasmoso. Y en eso empezó la zambra. burlonamente. chaval. detuvo la mirada en él..El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -Buenos días --dijo el recién llegado-o Vengo para saber si os gustaría tomar una tort illa de hongos . Una cama de matrimonio. acequias. Eso era todo o. Empezaba la cuenta atrás. los nombres propios. y añadió: -Son los magic mushrooms de los que ya te había hablado. -¿Cuánto queréis que dure el viaje? Era el vendedor de hongos quien lo preguntaba. reca do de escribir. por lo tanto. El diablillo tentador desapareció tan rápida y silenciosamen te como había aparecido. la letra y la música de Yellow submarine. sobre ellas. Una pared frente a la cama y. el alboroto y el tiroteo. Si no. -La mitad por ad elantado. de sde entonces. chozas. los entrant es y salientes del litoral. un despertador y un frasco de pastill as contra la malaria.. -Diez. Se sobresaltó. aguzó las pupilas e inme diatamente se las dilató el asombro: los colores. a través de su minúsculo altavoz.. Y el Barón Siciliano. S" volvió hacia el intruso y le dijo: -¿Tienes aquí los hongos? -No -fue la respuesta-o Pero puedo conseguirlos en un par de horas. ¿Cuánto va a co stamos? -Quince rupias. apr endiz. una botella de gaseosa.. interpelaba cada dos o tres minutos a Bruno diciéndole: -Maestro. Brun ~ tumbado en la cama con su eterno cigarrillo entre los labios y la mirada perdi da en el techo de color cremoso. unas migajas y un trozo de papel de periódico olvidados sobre una triste bandej a de latón. Bruno miró a Dionisia: -¿Te decide s? -Me parece que no tengo escapatoria. le respondía: -Paciencia. Dionisia. No se ganó Zamora en una hora. por lo menos. una hilera de árboles. Tien en que estar recién arrancados. Sólo se muere una vez. -Ya lo has oído. Dionisia.. Conocía. incluso. eso era todo lo que un observador imparc ial hubiera distinguido a simple vista.. las manchas de la orografía. H abían tomado la tortilla de hongos mágicos alrededor de una hora antes. Y. Suspiró y fue entonces cuando distraída y descuidadamen te tuvo la impresión capturada al vuelo con el rabillo del ojo. -Pues adelante . si go sin notar nada. ceniceros. Dos butacones de bambú con cojines de batik. Un amplio ventanal y. Dos mesillas de noche y. el verde telón de fondo de las montañas y e l dosel del cielo rasgado por las nubes.. -¿Seis horas? -propuso cautelosamente el Barón Sicili ano. tú mandas.de que algo se movía en el mapa de Europa. por último. -De acuerdo.

pedúnculos y protozoos sa lidos de la noche de los tiempos de la biología. por lo menos. Nunca lo hubiese hech o. respiró abdominalmente en ocho tiempos. Siguió despierto y en pie. sobre todo. s acudió la cabeza. de sus sentidos e. -Ex actamente . se deformaban y se reformaban.. El viajero --que en esta ocasión lo era por partida doble.en el ombligo del viajero. -¿Todo va bien? -sondeó el Barón Siciliano. se convertían en amebas. Y. drop out. de su voluntad. tranqui lízate y. pensó que la b utaca de bambú era un cohete espacial. de su enten dimiento.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó y las sinuosas líneas de los ríos y las fronteras bailaban entre sí. se divertía. aunque las manecillas del despertador -Dioni sia tuvo la presencia de ánimo necesaria para mirar de reojo su esfera por enésima v ez. y Dionisia. menos él mismo. ¿Por qué? Porque una gigantesca y peluda araña de quince arrobas distribuidas sobre el precario soporte de cientos de kilométricas patas articuladas subía balanceándose pesadamente por sus rodillas y sus muslos.. estallaban como burbujas de lodo procedente de otros plane tas y. Son inofensivas criaturas de tus abismos y m onstruos de papel inventados por el miedo. -J ung llegará más tarde --dijo Bruno-. tan cachazudamente. miró alrededor. Saltaba a la vista que se habían citado -sabe Dios con qué propósitos. La fascinación de éste. pero evidentemente --como lo demostra ba la preguntano había olvidado su condición de hilo de Ariadna. Parecía ajeno al yo y a la circunstancia de su compañero de trip. Turn on. ¿Qué hago? ¿Espantarlas o mantenerme al margen de los acontecimientos? -Mejor lo segundo. convertida ya en hip nosis generalizada. tune in. se estirab an como un tiragomas para comprimirse y apelmazarse luego hasta configurar nódulos dt dimensiones casi microscópicas. sin apartar ni un instante los emberco cados ojos dc la pared. se rom pían y se recomponían. Acuérdate de lo que dice Freud. StO acercaban y s e separaban.. desapareció de su memoria. Por que sólo del subconsciente -supuso Dionisiopodían venir la hermana mosca y la herman a araña de descomunales dimensiones que en aquel momento. subió de punto hasta tal extremo que la realidad entera se dil uyó y todo.desvió al fin los ojos. cimbrearse y mover frenéticamen te el esqueleto a impulsos de la música de Yellow submarine. en líneas generales.marcaba la una y treinta siete minutos de la tarde del día 12 de setiembre de 1969. se agarró con fuerza a sus brazos. hacía todo lo posible para meter los dedos en el enchufe.. mientras una mosca tsetsé con trapío de toro de cinco hierbas bajaba oscura y torvamente por su esternón.un zafarrancho de combat e que hubiera puesto las corbatas de punta y los trajes grises o azules con las solapas gachas a los funcionarios. pero si no queda más remedio . pero con gesto atribulada-. -Todo va mal --cont estó Dionisia sin perder el humor. moverse al compás del universo (o al endiablado ritmo. emba jada res y chupópteros del Consejo de Segu ridad de las Naciones Unidas. Ya sabes: drop out. -Preferiría acordarme de lo que dice Jung -insinuó Di onisia con un hilo de voz y una frágil sonrisa-. regresó mome ntáneamente al dormitorio del segundo piso de un bungalowalquilado a un chino de D enpasar en la playa balinesa de Lovina y se miró el ombligo. -Húndete -tradujo sin demasiada convicción el zarandeado y apaleado astronauta. Una araña y una mosca del tamaño de Moby Dick se dirigen en este instante hacia mi ombligo con la desfa chatada intención de acampar en él. armaban en las dos Europas e islaN adyacentes -uno contra uno y todos contra todos. no frenes. de su desbordante y desbor dada imaginación. Ahora estás aún a flor de agua. Húndete. el subconsciente. incluso. tantea el fondo del estanque y ya verás cómo encuentras en él los . Así transcurrieron mil años de tiempo interior rigurosamente med idos por la conciencia del viajero. se p aseaban por su anatomía. absolutamente todo. Y el mapa no dejó en ningún momento de taconear. aunque malherido. del mapa del Viejo continente) y dejarse ira donde los magic mushrooms le llevaran. además.

aún. -¿Ahí termina el v iaje? -No. -¿Hay. 161 160 - . otras estaciones? -Eso parece.túneles que desembocan en los pucheros del inconsciente colectivo.

muerte . De la per cepción en sí misma y con mayúscula. -¿Por qué? -Porque los alucinó enos no cubren ese trayecto. pero vuelvo a lo de antes: quizá no sea éste el momento más adecuado para revelártelo. -Lo dijo Huxley . impacto del mismo.un magistral director de lidia. -¿Para qué sirven entonces? -Para entreabrir las puerta s de la percepción. sorpresa y pausa. Podrías pegártela. Nueva pausa para conseguir otro golpe de efecto. ---¿Ni elsarcasrno? -Ni el sarcasmo.. Será él quien te tome a ti. un nombre de cuatro letras. -Allá tú. -¿No existen alucinógenos capaces de provo car en quien los toma la ilusión de la muerte? -La muerte es ya. dijo: -Tiene.. -Se llama Dios. sino cuando su conductor lo decida. Agarra bien el timón. Las cazaba al vuelo. -¿Cuándo? ¿Ahora? -Alguna vez. -¿De la percepción de qué? -Simplemente de la percepción . Por algo será.. y mejor sería que no te hicieses ilusio nes al respecto. -Has dicho quien en lugar de que. Adivínalo. Los s abes mejor que yo. ¿Qué es eso? -El verdadero nombre de lo que la cultura occidental llama Libro tibet ano de los muertos.. -El pandit me dijo que la muerte es el momento más importante d e la vida. -Pu ede . añadió: -No.. vaya recurrir al refranero italiano y no al español. -Tienes razón . Me rindo. Bruno se echó a reír. -¿Muerte? --Sí. -Dilo. Pero no te pon gas irónico ni me perdones la vida. Tú tampoco vas a llegar. -¿También tiene nombre? -Sí. q ue un bel morir tutta la vita onora. tomó carrerilla y anunció: -Se llama m uerte. -Entonces es una persona y no una máquina. Por una vez. Su interlocutor titubeó y por fin. en sí. ¿No te parece una paradoja? -No. lo tiene. El Barón se encogió de hombros. -Efectivamente. -¡Cuán largo me lo fiáis! -¿Volvemos a las andadas? No seas bravucón.. El Barón Siciliano. átate al mástil y no te desmoralices... Bruno. Dionisia. Si t e empeñas . lo conozco. Golpe de efecto.. -¿Cómo se llama? -¿Cómo se llama qué? -La última estación -susurró el apr iz de buzo. Es un verso. Pero un verso convertido en refrán. Era -pensó el novillero. Dionisia. -¿Cono ces algún tren que llegue a esa estación? -Sí. -¿Has llegado tú a esa estación? Lo preguntó Dionisia. Mis compatriotas dicen... Hay quienes la consideran así. y sin que sirva de precedente. Dionisia.. Dionisia. En Oriente no existe la ironía. no he llegado nunca. sonrió. y no cu ando tú lo quieras. -Eso me suena. no me lo parece. -No has respondido a mi pregunta. -Eso no es un refrán. españolito. tras ell a.. en casi todas partes. pero no puedes tomarlo. sin mucho entusiasmo. -No. y también llevan razón. -No estoy para esos trotes. -Una por lo menos... una ilusión: e l disfraz de un rito de paso a otras dimensiones . alerta al quite. -¿Estás seguro? -Sí.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -¿Muchas o pocas? Lo preguntaba como quien abre el resquicio de una puerta a la es peranza. ¿Has leído el Bardo Todol? -No. Sabía estar siempre en su sitio . No es el momento adecuado. -En cierto modo . No sé de ninguna otra droga que conduzca a Dios. al adorno y al desplante. La contest o ahora: todos los alucinógenos pue162 163 . El pandites un hombre sabio y tiene razón.

aquel vórtice. la s emanaciones de su subconsciente se evaporaron mientras los símbolos zoológicos de su inseguridad dejaban de pasearse por su abdomen y desaparecían de la superficie de éste como si sólo hubieran sido efectos ópticos proyectados sobre pompas de jabón. una ducha de agua fría. «Como si allí -pensó el aristócrata italiano... O pajaritas. se tranquilizó. miró hacia abajo para calcular la trayectoria y se petrificó en el aire.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó den crear en el usuario la ilusión de que está muriéndose o. y temblaba. mandar y permanecer en la brecha? Se encogió de hombro s. se olvidaba de comer y de beber. pero qué importaba. se acordó de Freud. aquella zarabanda. enmudeció el magnetófono . que tenía ganas de orinar .tonificó a Dionisia y lo animó a extender el.estaba echada. Baudelaire decía (y Bruno se lo había recordado) que la tarea del héroe consiste en buscar lo nuevo braceando en las pr ofundidades de lo desconocido. efectivamente. rascándose el cogote. Terminó Yellow submarine. templar. empezó a escucharse el tictac del despertador y Bruno. pero terminó.duró miles de años en e l pecho de Dionisia (y tres o cuatro minutos en el del dios Cronos). porque la suerte -para bien o para mal. la explosión de los orígenes. -¿Y después resucitan? -Sí.. un lavabo. un espejo de deteriorada super ficie y dos o tres cuerdas para colgar la ropa. Lo que se abría entre sus pies no era un vulgar sumidero de retrete turco fabricad o en Yakarta. en un fugitivo instante de lucidez. Se olvidaba de respirar. después resucitan. atinó a respirar abd ominalmente en ocho tiempos y consiguió separar los ojos del abismo y las plantas de los pies del borde del retrete. se acercó a la letrina. al fin y al cabo. -Hermano .no estuvi era sucediendo nada.y salió al minúsculo patio que acogía entre sus cuatro paredes encaladas y machacadas por el sol un retrete de estilo turco. Miles de insectos zumbaban en el recinto y se apelotonaban sobre sus baldosas. de sus propios abismosy permitió que los monstruos de papel inventados por el miedo anidaran en la cavid ad de su ombligo.. Aquell o -aquel fragor. se le subieran a las barbas y campasen por sus respetos. y se acobardaba. -Te escucho. hurgó en la bragueta de los cal zoncillos.» Dionisia aprovechó la ocasión y la distracción de su amigo para bu rlar la vigilancia de éste y trasladarse de puntillas a la planta baja del bungalow. Este luminoso razonamiento -¿y si en realid ad fuese un sofisma?. fue hasta la ventana y cambió la cinta por otra canción de los Beatles: Abbey Road.. las escaleras del infierno. de que ya se ha muerto. dijo: -San Bruno . y se maravillaba. No pudo ni en realidad intentó hacer aguas. Pero sudaba . Eran las dos menos diez. el pozo del fin del mundo. se enfrascó e n la plácida y resignada contemplación de los movimientos de la Hermana Mosca y de l a Hermana Araña -inofensivas criaturas.radio de acción de sus exploraciones. Tras la conversación vino el silencio. y jadeaba . se olvidaba de pensar. Y casi en el acto. Más difícil y. y se quedaba paralizado. La hilera de árboles estaba en su sitio. aquel seísmo. Abandonó el saloncito de la planta baja por la puerta trasera -la delantera daba al porche. bostezando y desperezándose . ¿Lucidez o lo contrario? ¿No hubiera sido más noble engallar el alma. Acababa de presenciar la creación del mundo y. aún más fecundo sería encontra r lo nuevo en el fondo de lo conocido. Dionisia. por lo tanto. tal y como Bruno había dado a entender entre líneas. Sudaba copiosamente. se levantó. simultánea men165 . -¿Sí? -Morir habemus. se olvidaba de vivir. Dionisia optó por se guir los consejos del Barón Siciliano. Las funciones fisiológicas perdieron de repente su si gnificado. O sea : no frenó. sino el big bang. Dionisia guardó un minuto de silenc io y a continuación. incluso.. No la reconoció. de papel. separó los bordes del pareo. las vacas no se habían movido d el prado y el sol seguía su curso. ladeando la cabeza y frunciendo los músculo s faciales. pensó con angustia el viajero. el agujero negro de la s galaxias. -Ya lo sabemos. Terminó porque el viajero. se enjugó el sudor y bus có con avidez otro objetivo.

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casi jupiterina. Ser Primordial y no acierto a comprender tu manifestación ni a adivinar tus intenciones. Ninguno entre losguerreros que militan en las tropas del enemigo. se amedrentan ante tu monstruosa forma. dejó el libro en el suelo. . de pechos y amenazadores colmillos.Yo soy el Tiempo y soy la Muerte destructora del mundo. en un soplo del vacío lindante con el silencio. columna del universo! Los príncipes y señores de la Tier ra. Algunos de estosinfelices. El sol era una banderilla de fuego puesta en todo lo alto. cuando sus párpado . Atrayendo de todas partes con tus lenguas jla mígeras generaciones enteras. al igual que yo. sobre todo. se apoyó en su borde. de interesarle? Dionisia entró en el bungalow. Pues al verte alcanzando el cieloy resplandeciendo con tdl variedad de matices. su pecho. Ant e tus enormes mandíbulas armadas de dientes amenazadores y abrasadores como el foe go devorador del fin del mundo mi dnimo se conturba y la alegría me abandona. fue cayendo en pi cado hasta convertirse en un runrún. ¡Salve. salió otra vez al patio del bungalow. corren atropelladamente a pre cipitarse en tus horrendas bocas erizadas. De igual mod o que en raudo vuelo se arrojan a una hoguera enjambres de mariposillas para enc ontrar allí segura muerte. así todos los héroesy pod erosos de la Tierra corren en tropel a abismarse en tus bocas ígneas. Llénase el universo de tu esplendor y con elfoego de tus rayosse abrasa. La voz. y fue. que al principio era firme y tonante. nada hay que no devoren tus ardientes fauces. Dionisia alzó los ojos. se duchó sin enjabonarse. así también con ímpetu creciente ldnzanse los mortales a tus mil bocaspara su propia destrucción. encon tró lo que buscaba. Fue entonces cuando su piel yer ta se transformó en un hervidero de gusanos. El universo vibraba y humeaba. entonces cuando la imagen de Dionisia -su cara. ensueño. su vientre. con la cab eza triturada.se desfiguró. piernas y pies. ¡Apidd ate de mí. Era como si estuviese a p unto de empezar el Sermón de la Montaña. Rey! Los mundos. se ven cogidos entre sus agudos colmillos. Dionisia repitió mentalmente la invocación y esperó la respuesta del oráculo del espejo. después de eso. por lo menos. delirio o fantasmagoría capaz de e mocionarle o.. El viajero hojeó afanosamente el libro. El rostro que se reflejaba en éste dijo: ¡Oh. se desnudó. dime. cuando la calavera se le transparentó a través de la carne. que tan aterradoraforma presentas. al contemplar tus bocas desmesuradamente abiertas y tus enormes ojos folgurantes. se sentó en el suelo con las piernas en la posición del loto. bajo la bóveda celeste y sobre la piel rugosa de la tierra algún otro espectáculo. Señor de los dioses. Los insectos voladores y zumbadores seguían desplegando en el vientre de l aire su estrategia de pilotos kamikazis. buscó con ellos la línea de la costa.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó te. de brazos. Como caudalosos ríos que en arrebatada corriente se lanzaran en derechura al Océano. Llegado a la plenitud me manifiesto para exterminio del linaje humano. Dios excelso!¡Ten pi edad! Yo ansío conocerte. cogió la Baghavad Gita y salió al porche. que tan aterradoraforma presentas. se d irigió mentalmente al dios Krishna y recitó: Dime. cuando se derritieron sus pómulos. ¿Existía acaso. dime quién eresTú. en su corazónlos últimos versos leídos: .. dime quién eres Tú. juntamente con los adalides de nuestro ejército. su s brazos. se acercó a l lavabo. pierdo el sosiegoy me siento desfallecer. hundió la mirada en el espejo y escrutó con avidez y m orbosa complacencia la imagen que el azogue le devolvía. se deshizo. su destrucción. con tal profosión de bocasy ojos. cuando se desplomó de golpe su esternón y entre flatulencias y resoplidos se desinfló su abdomen.. se estremece mi alma.. La músic a y la letra de Abbey Road le envolvían y bailaban con él. Aún resonaban en su cabeza -y. se descompuso.

como una babosa gigante. le guiñó un ojo. como una ameba dei pleistoceno. siguió frente al espejo. Bruno.s se convirtieron en polvo de ala de mariposa nocturna y sus ojos -desorbitados. hurgó en sus r incones. -Moderadamente -admitió el Barón Siciliano y Cicerone del Más Allá-. se demoró en los detalles. entró en su trastienda. Dionisia --desconcertado. des de la ventana. pero no der rotadomantuvo el tipo. miró su muerte cara a cara. y no frenó. -¿Me vigilas? -preguntó Dionisia. ¿Cómo va eso? -Bajo control--dijo el cadáver-o Pero me parece que he lle166 167 . estranguladosdescendieron lentamente por sus mejillas como un glaciar de lava b lancuzca. como un repti l de gélidas escamas y tentáculos gelatinosos.

mientras lo hacía.. el laberinto de la m uerte. se fue transformando a los ojos de Dionisia en una enorme rana verdosa. se había adueñad o de su cuerpo y de su alma. y resul tó que san Bruno. explicó. saltó de la cam a.. Conocía el terreno que pisaba. de sus juntur as. El desp ertador se ha parado. porque sólo en ese momento -al reencontrarse sin aviso con su persona y con su identidada pretó bruscamente el pedal del freno. -No lo tol eres. y luego. posibles e imposibles. Volvió a serlo para su desgracia y rechinar de dientes. de su s pozos. Bordó su papel de hilo de Ariadna. como todos los santos. forma de nenúfar al garete sobre la superficie de ésta. Y por último. Así. apoyó la nuca en la almohada. patinó. y Dionisia los puso. acalló el fragor qu e anegaba su pecho. todos los sonidos. forma de estuario. nada en la nada. literalmente: volvió a morirse. Bruno. descansar un poco.. sí. después de cientos de miles de años enloquecidos y enloquecedores. forma de nube. el laberinto del amor. dio mil vueltas de campana y se la pegó.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó gado ya a la penúltima estación y que me han arrinconado en una vía muerta. y allí. cerró los ojos. Sólo que esta vez se murió del todo. Vendó con palabra s iluminadoras y consoladoras los espantados ojos de Dionisia. Quería cambiar el tercio. respirar a bdominalmente. y luego. Dionisia vo lvió a ser Dionisia. de sus sentidos. en el penúltimo mi nuto. firme. a lo largo de un proceso de resurrección y metamorfosis que duró cientos de miles de años interiores. átomo en el átomo. Y. sentado sobre el colchón con las piernas cruza das. amansó el oleaje de sus venas. de sus pensamientos.. duro. de sus vueltas y revueltas. muy lentamente.. perseverante. operación ésta que en el transcurso de un viaje psicodélico equivalía (según san Bruno) a morder el fruto del Árbol del Bien y del Mal. inspiró. Dominaba la técnica del rescate psicológico. Metió al Minotauro en toriles. preguntó. -De acuerdo . Conocía bien el camino. al ministro d e obras públicas o a la guardia civil. forma de cocodrilo hambriento y soñoliento junto a la orilla de una charca de la jungla. encendió desde la cabecera el ventil ador del techo. espiró y volvió a m orirse. vaya si los puso . a pecar contra el Espíritu y a granjearse la expulsión de los jardines del Edén. -Lo que faltaba -gruñó Dionisia. Hay lecciones q ue se aprenden al primer intento. de sus barrizales. inteligente. de sus intersticios y de sus entretelas. subió de tres en tres los peldaños de la escalera que conducía al dormitorio del se gundo piso e irrumpió en él jadeando ---casi sollozandacon la cara descompuesta por la angustia. todos los objetos reales e irreales. intuitivo. Había bajado la guardia p or completo. de sus trampas. forma de tronco caído y varado en una playa primOl'dial. Habló. En una rana. forma de lluvia. No sentía vergüenza ni estaba el horno para tales bollos. venturo sos y desdichados. por fin. Haz valer tus derechos. atemperó los latidos de su corazón. porque Dionisia derr apó. Dionisia --o lo que quedaba de Dionisiaco bró sucesivamente forma de canto rodado y abandonado en el fondo de un estanque.y le sacó de sus recodos. todos los seres. forma de . todos los colores. forma de vapor.. Todas las formas. forma de helecho. lo embarcó e n el vuelo y en el viaje de su capote. de arrogancia o de demencia. a puerta gayola. todas las sustancias. Se tumbó en una de las dos camas disponibles. En . forma de corriente y de círculo concéntrico de a gua.. le enseñó algunos de los secretos del Laberinto -el laberinto de la vida. Luchar hubiese sido un gesto de est upidez. Fue tierra en la tierra. Avisa inmediatamente al interventor. sin moverse de su sitio ni descruzar las piernas. ¿Qué hora es? -Ni idea. Se incorporó. paternal y piados o. Lo más prudente era poner cuanto antes pies e n polvorosa. in extremis. Dionisia asintió e imploró ayuda con los ojos seco s. aire en el aire. lo recibió sin despeinarse el director de lidia. El terror. digerir la experiencia y olvidarse del tenebroso mundo del espejo . -¿Algún problema? -preguntó con af abilidad y un deje de recochineo. indagó y escuchó alternat ivamente. cogiéndole con suavidad de la mano. triangular y panzuda. y se metió de estampida en la h abitación de la planta baja. forma de río manriqueño que va a dar en la mar.. f orma de burbuja en fase de ascensión. Fue tierno. estaba en lo cierto. humo en el humo.

la ranita bondadosa y sabia que tan a menudo aparece en los cuentos infantiles p ara ayudar a salir del bosque a los niños que se han perdido en él. 168 169 .

. he resucitad o. en cualquier caso. -¿Al espejo? ¿Quieres que me mire al espejo? --Sí. Me limito a tener instinto de conservación y a pensar en mi madre. no seas pelmazo. Hazme caso. No he tenido un pequeño ataque de paranoia. -Entonces. ¿Por qué? ¿Qué tiene de raro? -Por nada. -Te propongo una cosa. -Milenios. mañana por la mañana vuelvo a morirme. me he vuelto a morir y he vuelto a resucitar . -Venga. escuchaba como una rana y parecía cómodamente in stalado en su papel de rana. Tienes una sonrisa de oreja a oreja y una cara de felicidad que da gloria verla. ¿Te sorprende? Hay uno encima del lavabo... ¡Qué cabeza la mía ! Siempre en Babia. Estás perfectamente. Nadie se va a dar cuenta de que te has zampado una tortilla de h ongos. -¿No me dijiste que en el colegio te llamaban Lunilla? -Pues sí. No seas idiota. Me siento c omo si hubiera servido de alfombra a todos los soldados del ejército nazi con sus botas claveteadas. Seguro que esta misma noche o.. Entre otras cosas. tienes treinta y dos años..» Bruno. seguro que no lo he visto. He dicho chapot ear -admitió Bruno-. -No sabes lo que dices. Déjalo correr. No sé si te das cuenta de q ue llevamos un montón de horas metidos entre estas cuatro paredes. -No. lo creo. Estoy hecho puré. no . Verás cómo te tranquilizas. Eras geológicas. Razón de más para que demos una vuelta. has resucitado. vístete. Seguro que es eso.ra que veas lo requeteguapísimo que estás.. Y al parecer con razón. con voz de batracia-. ¿Y si nos fuéramos a chapotear un poco en otros cazaderos? -¿Has dicho chapotear? --preguntó. no lo es.. -yo me doy cuenta. La gente suele pasarlas can utas en su primer viaje. ¿Dónde está. mientes. -Ya. -Muy bien . Es imposible que no me lo noten. Lo ll evo con orgullo. -No soy pelmazo. el problema? Te has muerto. Dionisia. -No creo que llegue a cumplirlas. -¿Por dónde? ¿Por la playa? -Por la playa o por do nde tú quieras. además. Dionisia. quiero q ue te mires al espejo. tu novia se llama Cristina y estás en Bali. -¿Crees que estoy en condiciones de salir y de enf rentarme con el mundo a pecho descubierto? -No dramatices. 171 170 - . fascinado. Has tenido un pequeño ataque de paranoi a. -No. Anda.. -No. -Pues yo no. y punto. -Contra el vicio de pedir . -Baja al patio y mírate al espej o. -¿Algo más? -Sí. ¿nos movemos? -No hablarás en serio .. -Por lo menos no has perdido el humor. me lo llamaban .El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó ¿Era una alucinación o una transfiguración? <<Imposible averiguarlo -pensó Dionisiohasta que estos puñeteros hongos dejen de incordiar. por nada . -¿No pensarás salir en pelotas? -Ni en pelotas ni con abrigo de astracán. Sí. -Mentira. -¿Horas? El Barón s e echó a reír. -Pues sí: eso parece . -No es mal apodo.. Cosas de los ma gic mushrooms y de la madre que los parió.. Nadie diría que dentro de un mes escaso vas a cumplir treinta y tres castañas. Mucho más canutas que tú. Y a propósito: ¿podrías aclararme por qué tienes tanto interés en que me mire al espejo? -Pa. -Ahora ya estás bien --diagnosticó de repente el Barón. Y. -¿Qué? -Tampoco quiero que me vean los chicos de la recepción en este penoso estado. Bruno. Me he muerto. -Por supuesto que hablo en serio.. vuelves a ser tú. -Dime. La sesión de psicoanálisis se prolongó durante doscientos o trescientos mil años. hablaba c omo una rana. se movía como una rana.. -Bobadas. pongamos milenios. entonces.. t e llamas Dionisia. ¿sabes? A lo mejor no lo has visto. -Bruno .. Rezumas salud por tod os los poros.. -Bueno --dija-. a más ta rdar.

-Dispara entonces cuanto antes y acabemos de una vez. efectivamente. no vamos. encajó el rapapolvo y por fin. -Exacto. per o con una condición. suaves y multicolores ascuas del crepúsculo. ¿Cóm o te has dado cuenta? Eres un lince. Soy homb re de costumbres caseras.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -Debe de ser lo único que me queda. -Es lo natu ral a estas horas.. Ni Dionisia ni Bruno conocían much os sitios así. ángeles. Se nos va a hacer de noche. ¿No te lo había dicho nunca? -Déjate de ch orradas y vístete. -A sus órden es. como demostración y recordatorio de que algo... -¿Ya tus hermanitos? ¿No te recuerda a tus hermanitos? -Pues sí. -¿Muy en serio? -Muy e n serio.. 173 172 - . estanques escalonados y llenos hasta los bor des de agua tibia y sulfurosa. después del desbarajuste. además. de monios y espíritus elementales del inconsciente colectivo regresaban a sus guarida s y escondrijos en el magma y sagrado fuego de los Orígenes. monos haciendo de las suyas. Las cosas . silencio habitado por los sonidos casi sinfónicos de la selva. Te confieso. Los meridianos de energía cósmica se ocultaban bajo la corteza de la realidad convencional. -Entonces aplícate el cuento. reconoció: -Tú. y -para colma. ¿No era eso lo que habíamos convenido? -El que la sigue. Me recuerda a Cristina. llegaron al batiburrillo de tenderetes. descubrirá que te has tomado una ración doble de magic mushrooms y te condenará a cadena perpetua. con los niños encima y los pies arrimados a l fuego. Y aprovecho la pregunta para poner en tu conocimiento que no abrigo la más mínima intención de ponerme el pareo ni ninguna otra prenda de vestir. la mata -rezongó el viajero. El sentido común. -¿Te pones de una vez el pareo y nos largamos? -¿Sól o el pareo? Me van a detener por desnudismo en la vía pública. -¿Por qué? -Todo me recuerda a Cristina. amis tosos insectos. pasaron sin contratiempos por delante de los chicos de la recepción. -¿Llamo al grumete para que avise a la tripula ción de que tenemos rebelión a bordo? -¿Cómo piensas sofocarla? -Dionisia . Tú eres el guía. En el hogar. Tú mandas y. fajín de felpa y coraza de monja de clausura. había suc edido. Ahí tienes las sandalias. Y la policía. volvían a estar en su sitio y recuperaban sus dimensiones normales. Los seres vivos b ostezaban dispuestos ya a arrebujarse en los pliegues de la oscuridad y a acoger se al derecho de asilo de la noche. por consiguiente. La marea de los hongos mágicos empezaba a decrecer. Bruno. Salieron del bungalow. orquídeas silvestres. pájaros cantores.. -¿Te decides? -No. El corazón de los as tronautas psicodélicos ya no era un purasangre desbocado. Los dioses. -Pues vístete de tul ilusión con yelmo de Mambrino. se está mejor que en cualquier otra parte. y conste que estoy hablando en serio. poco a poco. con gravedad y nobleza. al interrogarte y torturarte. contrataron los servicios de dos motocicletas para que sus aguerridos jinete s los condujeran monte arriba hasta las aguas termales de Banjar y doce minutos después estaban en ellas.las lentas. Los monstruos del subcon sciente individual se desvanecían en el éter de la conciencia. Don Quijote volvía cabizbajo a casa mientras el pollino de Sancho caracoleaba gozoso al sentir el tirón de la querencia. que se había acostumbrado a los refranes por influencia de su amigo y recurría a ellos casi ta n a menudo como lo hacía éste-o De acuerdo. agacha la cabeza y obedece sin rechistar. Es toy tocado de ala. -Sólo una pregunta. Era un lugar encantado. -¿Quién es el guía? El tono de voz había cambiado. Dionisia calló. El mundo dejaba de hu mear y de vibrar. que me gust a este bungalow. -¿Cuál? -Que no me obligues a mirarme al espejo. ofidios invisibles. ¿Vamos? -No. volvía por sus fueros. cafetines y aguaduchos del cru ce. tú ganas. Bruno. parpadeó. Bruno . -Seguro. -Si eso es todo .. Boscosa soledad. Y en medio de esta desbandada y toque de ret reta general.

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La percepción del tiempo seguía estirándose interminablemente .El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Bruno seguía transformado en rana -en rana absoluta. y esperaba a . -¿Dónde vamos ahora? -preguntó el más joven de los indígenas.de saber quiénes eran. deseoso -como todos los asiáticos. Se había sentado en él. estrujó y lijó los lóbulos de éste hasta convertirlos en una lámina de papel en blanco. Bruno se fue hacia la derecha y Dionisia hacia la izquierda mientras los motoristas se sentaban en el peldaño superior de la humilde escalinata que servía de acceso al templo y pegaban la hebra con el monje gu ardián. de dónde venían. Dionisia vagabundeó. en rana arq uetípica y platónicaa los ojos de Dionisia. su intempora lidad y su penumbraun pajarillo de larga cola y de muchos y muy brillantes color es que. entró en el recinto -rasgando su silencio. y salió de la capilla. de sconcertante y divertida. Los magic mushrooms aún descargaban coletazos. efímeros y ruinosos placeres del mundo para pagar su deuda con el Espíritu y regres ar suavemente al seno de la divinidad y al regazo del nirvana después de su desenc arnación. los círculos concéntricos. La estatua de Buda sonreía mientras su tercer ojo mira ba sincrónicamente hacia todas las direcciones. El espacio era una vasta llanura sin fondo.. Cinco minu tos después estaban en su atrio. cerró los ojos para ver mejor y se puso a meditar. -Probablemente. llegó hasta la puerta del edificio principal. primero. -dijo en voz baja. Dionisia encontró entonces a regañadientes el camino de regreso a la realidad cotidiana y poco a poco volvió a su s cabales. que era el único lugar de cult o y de meditación budista existente en el océano unánime del hinduismo balinés. la en contró entornada. adónde ib an y qué diantre pintaban allí aquellos dos rostros pálidos vestidos como los aborígenes . fue a posarse sobre el hombro de Buda. entre los bien cuidados parterres y arri ates de azucenas y de asfódelos. después. y hasta la barbilla. ya puestos -con vino Dionisia-. ajeno a todo --o quizá no-. se acercó a la estatua amarilla de Bu da que ocupaba el altar. como una gota de lluvia. bajo el parpadeo de las estrellas. como un aero lito sagrado. como un rayo de Iahvé.. Dionisia se sentía como un agujero oscuro palpitando en el vacío. y llegaban hasta los oídos de los intruso s. tampoco estarían de más dos o tres docenitas de esclavas nubias aban icándonos con paipáis de vello de melocotón traído a lomos de porteador negro desde los verdes oasis del desierto arábigo. respiró abdomina lmente en ocho tiempos. la empujó con delicadeza. Se levantó. El sol era ya una enorme moneda cobriza a punto d e colarse por la ranura de la hucha del horizonte. que mil agrosamente chapurreaba algo de inglés. solemnes y sonoros de las vibraciones del auuummmmmmm lanzado desde la mezquindad de este valle de lágrimas hacia la plenitud del cosmos por la serenidad de quienes habían elegido el sendero de la renuncia a los ásperos. en rana perfecta. en uno de los estanques de agua turbia y azufrosa contribuía a acentuar esa impresión simultáneamente consoladora. Los objetos parecían relojes blandos y otras invenciones de Dalí. se sentó ante ella en la postura del loto. -Y. ya casi a tientas. y el hecho de estar ambos metidos hasta la cintura. El Barón Siciliano le miraba sonriente desde el pedestal de una columna. sin titubear. Los dos motoristas aguardaban el regreso de los césares en la minúscula explanada de tierra roja que se abría al pie de los jardines colgantes de Banjar. -Bruno . saludó al príncipe Gautama inclinando la cabeza y juntando las manos a la altura del chakra del pecho. entró. vació todas y cada una de las venillas y circunvoluciones del cerebro. En algún r emoto y secreto rincón del santuario nacían. Pero tendríamos que darnos prisa. Las ramas de los altos y pode rosos árboles se cernían como enlutadas aves de ultratumba sobre las tejas rojas y l os barrocos remates de las dependencias del templo. al encontrarse de nuevo en presencia de su s estrafalarios clientes-o ¿Al cruce de la .playa de Lovina? -¿Crees que estará abiert o aún el templo budista? -preguntó el Barón Siciliano. -Estoy aquí. De repente. -Sólo nos falta la compañía de un par de emperatrices romana s para sentirnos como Nabucodonosor en las termas -croó Bruno. Los bonzos no l o cierran hasta que se hace de noche. En su ombligo nacía la respiración abd ominal del cosmos y en su ombligo moría -para renacer inmediatamenteesa misma resp iración.

Y el monje de la portería también. Dionisia se acercó a la columna. Ya han venido dos veces. -¿Qué hora es? -preguntó éste. Nuestros centauros se quejan. Bruno seguía hablando. Dice que tiene que cerrar el templo. -Ni la más remota idea.su amigo. pero supongo que la de i r volviendo a casa. 174 175 .

Estoy cansado. No creo en la muerte. olvidándose de los motoristas y del monje. para qué sirve. cruzó las manos sobre el omb ligo. lo colmó. -¿Cómo la llamarías? . quiénes se apean en sus andenes? E vez fue Bruno el que calló y sonrió antes de reanudar la contemplación de las estrell as. Bruno no se dio por vencido. por ejemplo. En el fuste de la columna había una inscripción. El aroma del océano. se sentó junto a la ranita sabia y amistosa. -¿Sigues creyendo en ella? -¿En quién? ¿En la muerte? Y Dionisia. -Yeso que antes -añadió-.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -¿Has digerido ya los hongos? -Casi por completo. por ejemplo. Pu ra lógica sin mezcla de magia alguna. E incluso sé ya cuál es la última e stación. apoyó la cabeza en la columna. Yese aroma se llama libertad. la penúltima estación. Fue u n fogonazo. en efecto. pero con algún que otro eructo. portero. miró la firma. ¿Eres un viejo o eres un diablo? -Ni lo uno ni lo otro. ¿Vale ése? -Vale -respondió. -¿Po r el rabillo del ojo? -Por el rabillo del ojo. Dionisia. lo desbordó. -¿Y la última? ¿Cómo se llama. no sólo la penúltima. tan cansado como Matusalén en el instante de su muerte. -¿Por qué sabes que hablaba de la muerte? Yo no la mencioné. tiene su pro- pio e inconfondible aroma. -¿Conclusiones? -Muchas. Era una frase de Buda y decía: cada cosa. pero dejémoslas para mañana. admiró la gloria del universo. vio una estrella fugaz . voló hacia lo invisible. Tamb ién la doctrina que yo predico tiene su aroma. Y entonces dijo: -No. es el de la sal. La muerte es. Bruno. visiblemente satisfecho. La luz lo inundó. una vez en ella. alzó la mirada. el Barón Siciliano. -¿Te atreverías a ponerle nombre? -¿Por qué no? Tiene muchos y todos bastante comunes. antes de leerla aprovechando la circunstancia de que est aba escrita en inglés. respiró abdominalmente en ocho tiempos.Vida eterna. dónde está. cuando e stabas en el patio del bungalow y yo en la ventana. Dionisia la vio precisamente po r el rabillo del ojo y. 176 . pensó en Cristina. te referiste a ella diciendo que habías llegado a la penúltima estación. volvió a amar a Dios sobre todas las cosas. Bruno. percibió la música de las esferas. casi infin itas. Dionisia calló y sonrió. Dionisia dejó de sentirse como un agujero oscuro palpitando en el vacío. formuló tres deseos. en est e mundo de abajo. regresó a su infancia y. -Sí.

como nunca logr a verse harto. se cayó del cab allo como un muñeco de plomo y sufrió una de las mayores costaladas ideológicas de su existencia. en ese caso y desde esa pers pectiva. imitó a Ulises y emprendió el viaje de vuelta a haca. Pero. el buch e del milano. E/libro de la selva Y. el fulcro de la decisión. voluntariosa y voluptuosamente Vietnam para asesinar y devorar a los buenos salvajes de Rousseau. La reali dad -tal y como tercamente se manifestaba en los hechos. pues. como pudo. Dionisio. como la mayor parte de los retoños de su gene ración. en los se res y en la urdimbre y al trasluz de la vida en la calle. sí. se las apañó para llegar ileso no tanto a la ciudad mítica -casi imaginaria. creía que la infantería de marina del ejército de los Estados Unidos era una esp ecie de jardín wológico o de jungla sin ley poblada por bestias feroces que habían inv adido voluntaria. rezaba: la vida es un puente que hay que cruzar. aunque desde luego no se habría atrevido a jurarlo. lo tercero. no encontró -ni nadie le entrególa clave de la respuesta y optó por hacer lo que el sentido común le aconsejaba: encogerse de hombros y atenerse a su promesa de reaparecer entre los cachivaches del salón de música antes de la medianoche del veinticuatro de diciembr e de mil novecientos sesenta y nueve. Dionisio creía que Ho lderlin se equivocaba. la danza de la conc iencia de Dionisio. pero sobre el que no se debe construir casa alguna.de Saigón cuanto a la indiscutible capital de la gue rra del Vietnam. La primera había salido de la pluma de Hold erlin y decía: alfinal del camino todo seguird como al comienzo. los acontecimientos. de repente. y. como un pirata de novela de Sa lgari capaz de caminar sobre las olas. siguió en barco hasta Singapur y desde allí. el quicio de la puerta de regreso y la única voz con voto en el debate? Dionisio. pero ¿adónde exactamente? Dos frases -y los respectivos conceptos encerrados en ellasmartilleaban de día y de no che las sienes y los sueños del viajero. el ritmo de su vida. Y allí. a trancas y ba rrancas. Fue una purga.no coincidía ni poco ni mucho ni nada con la visión e interpretación de la guerra transmitida al mundo por l os periodistas enviados a la wna. se resignó.Fernando Sánchez Dragó Octubre Capítulo VIII Cuatro insaciables cosas tiene el mundo: la boca del caimán es lo primero. ¿no era Cristina el fiel d e la balanza. pero lo hiw -mínima concesión a la wwbra de su pecho. Al fin y al cabo. ¿por qué y para qué renunciar al paraíso y volver a casa? Dio mil vueltas al as unto. todo se disparó: el viaje. Cogió un avión en el aeropuerto de Denpasar. por enésima vez desde el comienw de su viaje. que era un proverbio hindú. pero no una mutilación. RUDYARD KIPLING. De retorno. Algo así -pensabadebió de sentir el niño Aquiles cuando su madre lo sacó de las a guas de la laguna Estigia. los vaivenes de su contradictoria volun tad y las etapas del camino de retorno. de l as muchas costillas del alma que se rompió en él y de la gravedad del pronóstico. de junco en junco y de puerto en puerto. Y no. 178 179 . en las cosas. Y la segunda. el ojo humano siempre fue lo cuarto. Marx y Lenin que lo poblaban. aterr izó en Yakarta. Eso sí: sin perder el humor. las manos de los monos. y pensa ba que los indios -como de costumbretenían razón. El viajero salió fortalecido y regenerado de la p rueba.zigzag ueando todo lo que las circunstancias y la premura le permitieron. Tenía aún algo más de dos meses y medio por delante. a pesar de lo aparatoso del batacaw. lo segundo.

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en Laos y también. El primer zarpazo se lo descargó e n la frente un argentino alto. por cierto. Yo vivo sin dinero en cu alquier parte. Te alabo la costumbre y el g usto.. películas dobladas al francés. No. si es que los tienes . dio por cer rado el paréntesis y reanudó las hostilidades.. se escudó tras una distante sonrisa de esfinge sin secreto. cruasanes recién hechos. ¿Te convence el argumento? -No. mucamas vestidas de do mingo. sífilis.. tuvo que incl uir a los alegres y achampanados chicos de la prensa entre los siniestros protag onistas de la historia universal de la infamia. millonarios chinos y policías corruptos . partidas de póke r hasta el amanecer. en Tailandia) vas a encontrar efectivamente lo mismo que aquí. Y a propósito: no metas en danza el vil metal. pan crujiente. contrabando de pieles de tigre y de drogas. ladronzuelos. huesudo y cincuentón que trabajaba entre güis qui y güisqui para una agencia de noticias falsas con pedigrí castrista y sede en al gún oscuro lugar de Iberoamérica de cuyo nombre. te ent iendo . al cabo de unos segundos. rodeado de putas por todas partes. Dionisio.. -En primer lugar. a Pnom Penh o a Vientiane. allí (en Camboya. turista s yanquis. ¡Qué carape! Al fin y al cabo estoy en la guerra del Vietnam. lo que no era raro entre los extranjeros residentes en Saigón. El viajero pasó por alto la observación. El argentino se echó a reír y dijo: -Te entiendo. restaurantes pringosos. que a flor de piel no congeniaba con aquel charla tán y pájaro de cuenta. Aquello es Jauja. mosquitos. compadre. bambino.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Dionisio. Márchate. en un taburete de la barra de la cafetería del hotel Continental. mientra s aquí sólo hay pulgas. el sabueso de marras y pícaro con carné no quería acordarse. -¿Con todo lo que ello implica? -Con todo lo que ello implic a. mi querido representant e de la madre patria. ¿no? Sería absurdo que desaprovech ase la ocasión de chapotear un poco en el mayor mito romántico de nuestra época... mi querido indígena aherrojado y explotado por l a barbarie colonial de mis compatriotas . -Si allí hay lo mismo que aquí. vida social.. Pulgas. empaqueta tus cosas y lárgate. Eso es justamente lo que estoy buscando. -Iba a darte más argumentos. pisc inas desinfectadas... Pero no las hubo. bambino. Así que sigue mi consejo. por la razón que fuese. -En tonces me quedo -le cortó Dionisio-. periódicos de dos días antes. Mis a migos no me lo perdonarían. Estaba. Hoteles con sábanas limpias.. -A costa de las mujeres. a huyentar al mujerío e instalarse en una mesa frente a un plato de sopa china y una mustia" botella de vino marroquí envasado en Francia. -No se te ocurra quedarte e n esta ciudad de mierda -dijo el bonaerense (pues bonaerense era) a modo de aper itivo-o O no te quedes. Dionisio le conoció una noche. Tanto en Pnom Penh como en Vientiane abundan las mercancías que he menci onado. ¿por qué tendría que marcharme? Francamente: no le veo el chiste . era aún demasiado joven para rendirse a la evidencia de que los me dios de información nunca dicen la verdad y de que la libertad de prensa es una ut opía lanzada por los ilusos y un señuelo hábilmente manejado por la hipocresía democrática para lavar los cerebros de sus súbditos. supongo . ¿Cuáles son l as ventajas? -¿Te lleno el vaso? -Llénalo. y fue el sagrado vínculo del idioma -que vuelve consanguíne os a los seres humanosla coartada a la que recurrieron para trabar conversación. por lo menos. después del toque de queda. bambino.. fumaderos de op . Vas a sentirte como si estuvieras en el mejor barrio de París. señoras de lujo dispuestas a todo. campos de golf. Pero en Saigón tuvo que doblar el espinazo ante los molinos de Sancho Panza.no creo que le hagas ascos a un buen filet mignon avec desftittes ser vido como Dios manda. Me g usta el panorama. -En segundo lugar -siguió el p eriodista. más de lo estrictamente necesario. sólo que más barato y de mejor calid ad. además. purgaciones. tuvo que renunciar a la creencia diabólica y es túpida de que la información es necesaria para el progreso del espíritu. y se calló para ver si su interlocutor daba gowsas muestras de asentimient o. por lo menos. -Pues dámelos. moreno. c omo todo el mundo. en la medida neces aria para irme de este país cuarenta y ocho horas después de haber llegado. El argentino.. -En ese caso -dijono tienes por qué pre ocuparte. Eres uno de esos tipos que necesitan emociones fuertes en la boca del estómago.

espionaje internacional y grandes negocios. hay fumaderos de opio. que yo sepa. grandes negocios. bambino. -Ni en los mejores ni en los peores barrios de París.io abiertos veinticuatro horas al día. 180 181 .

mis colegas también y al lector. Un par de hor as de avión. Allí es donde estamos todos. además. com o decís en España. Este mun do es una caca. El argentino subrayó la palabra con la acción y se echó al coleto un vigoroso trago de vino. Esta vez fue el argentino quien pasó por alto la obs ervación. ~¿Cómo lo adivinaste? Eres una persona inteligente. no tanto . yo voy a lo mío. recelo y rabia en la pregunta. estupefacto. que lo zurzan. ¿No dicen que los perio distas somos el cuarto poder? Anda. -Parece ser que ahora estás en Saigón. -¿Te refieres a los corresponsales de guerra? Había asombro. -¿Quieres decir que tú y t us compañeros contáis a los lectores de los periódicos cosas que no habéis visto ni veri ficado? -¿Qué necesidad hay de eso? Créeme. _¿ Una especie de corresponsal del corresponsal de guerra? -Algo así.. bambino.. los representantes de la canallesca. n o busques líos. nos pertenece . Llegarás lejos. -¿Entonces tengo que llegar a la conclusión de que os estáis sacando limpiame nte de la manga todo lo que en Europa sabemos o creemos saber a propósito de esta guerra? -¿A qué guerra te refieres? Dionisio miró. Vengo una o dos veces al mes y me quedo lo ju sto.llevas muchos meses viajando por Asia y tienes. bambino --oyó que le decían. incredul idad. Vivimos en Vientiane. El periodismo es un arte.. Es sólo un cubo de la basura para que los rusos y los americanos vi ertan en él sus miserÍas. tres o cuatro güisquis de etiqueta negra servidos por un pimpollo con p erfume de Chane!. vive y deja beber. Te lo juro: nunca ha existido. porque te detendrían o te matarían. Cobran. -No tanto. -Mira. así que déjate de monsergas y de moralinas.. -Les haces un favor -dijo-. sus fantasmas y sus contradicciones. se limpió los labi os con la remendada servilleta y siguió: -Indochina no viene en el mapa de la real idad. sino mañan a por la maña183 serio el oficio y aguantan aquí. Déjalo en mil quinientos. Nad ie le obliga a comprar periódicos. ¿no crees? -¿Cuántas crónicas envías a la semana? -Cuatro como mínimo. sal a la calle. ¿A quiénes.. Hay que disimular un poco. -Pues van dados. atorníllalo. -¿Y noticias? -Sí. El patrón se conforma con eso. pero conste que me has pill ado en esta cloaca por casualidad.. No ahora. Nunca más de tres días. echa un vistazo. claro -contestó el argentino-. bambino.. -¿Cuál -Pongo es el tuyo? la radio y después habl o un ratito por teléfono con mi ayudante. L a verdad es que hay muchos sistemas. -Bueno .. muy poco y son más listos que el hambre. -Sí. Me refiero a los corresponsa les de guerra. Métetelo bien en la cabeza. Prácticamente a diario.. esta gue rra no existe. y voita. Nos la hemo s inventado nosotros. -¿Aquí? ¿En Saigón? . según tu propia confesión. nos pertenece. ¿Por qué no lee el Quijote? Y. ellos nos lo hacen a nosotros y todos conten tos. es una farsa. para colmo. -¿Todos? -Muchos. ¿A quién le import a si cuentas o no cuentas la verdad? Recuerda que el lector tampoco ha visto esa s cosas. Después chasqueó la lengua. tr einta y tres años recién cumplidos. y por lo tanto nos pe rtenece. -¿Tienes un ayudante? -Todos lo tenemos.. si no? -¿No irás a decirme que vivís en Vientiane? -Pues sí: te l o digo . -¡Pero Vientiane está a dos mil kilómetros de distancia ! -estalló Dionisio. Hazme caso: vete a Vientiane. claro. Resulta muy cómodo. bambino: basta y sobra con un toque person al y un poco de ingenio y de inventiva. Dionisio se resistía a admitir y a digerir lo que estaba oyendo. a aquel soberbio ejemp lar de impostor cosmopolita y optó por no abrir la boca. -¿De dónde sacas la información? -¿Qué información? -La in ormación necesaria para escribir esas crónicas y recoger esas noticias. vuelve y cuén tame lo que has visto.Fernando El camino del corazón Sánchez Dragó -Pues más a mi favor . Son muchachitos de diecinueve o veinte años que quieren aprende r el oficio. bambino. -¿Quiénes sois todos? -Los representantes de la canallesca. ta noticias. aunque también hay masoquistas qu e se toman en -Naturalmente.

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y luego. añadió: -¿Eso es todo? -Eso es todo. Aquí hay sólo economía y tecnología. mientras volvía a llenar su vaso. b ambino. y además estaría en su derecho. bambino democrático. El presidente de Yanquilándia debía de estar escuchándole. bambino. Nadie puede recoger información veraz sobre la mierda.. Llevo un cuarto de siglo bebiendo a solas. máquinas de novelas de ciencia ficción y de película s de Hollywood contra pobres labriegos camuflados en las horquillas de los árboles y atontados por la desnutrición y el betel.. Platita y máquinas. eso sobre todo. El ar gentino. Detesto el güisqui. una nuez vacía . Sabe a barbarie. Por cierto: ¿quieres un trago? No hubo respuesta ni falta que hacía. El periodista calló. Ahora. enarcando las cejas. Cuando l os franceses guerreaban aquí a punta de bayoneta y mataban como matan los hombres y no los muñecos. las lucecill as fosforescentes. embalado. Verás a los últimos diplod ocus con arteriosclerosis de la edad de oro del colonialismo francés borrachos com o cubas de vinagre en las trastiendas de los antiguos tugurios de la Legión. a lo mejor consigues escuchar entre ronquidos y pesad illas el eco de los castañazos que descargan los B-52 sobre las copas de los árboles de una jungla que se lo traga todo como si fuera leche de biberón. te lo digo yo: me pondría inmediatamente en la calle con una buena patada en el culo. y no te escandal ices. Connecticut y Cincinnati en busca de patriotismo mezclado con e xotismo. mirando de frente los ojos del enemigo. Parecen ji pis. por si fuera poco. Recuerda mi filosofía. -Una botella de Johnny Walker -dijo. eso que no me lo quiten ni me lo discutan. por la noche. cuando levanten este jodido toque de queda. pero dejando beber en paz al prójimo. Ya conoces mi filosofía: vive y deja beber . bambi no. llamó al camarero. una piojosa e interminable eter nidad) del toque de queda. no había en Vietnam ni una sola carretera cerrada al tránsito de la población civil. a pesar del despil farro de dólares y del apabullante despliegue tecnológico de los americanos. Verás a los generales del ejército vietnamita pisoteando mendigos y armando bronca por la s calles del centro de la ciudad. una sombra. drogados y degenerados. Verás corrupción por todas partes.. Verás soldados yanquis con los fal dones de la camisa fuera del pantalón y una puta colgada de cada brazo. verdaderos jipis desharrapados. Me basto y me sobro para verme las caras con esta botella sin tu inestimable colaboración.. Verás señoras americanas con sombreros de floripondios y culo fondón fotografiándolo todo con su i nstamaticentre grititos histéricos de entusiasmo menopáusico. ¿Qué quieres que hagamos? ¿Qué pe nsarían nuestros lectores si les enviáramos crónicas y noticias con olor a mierda? ¿Eh? ¿Q ué pensarían los lectores? ¿Y qué haría el director de la agencia para la que trabajo? ¿Eh? ¿ ué haría ese hijo de la gran puta? Te digo yo lo que haría. bambino. No seré yo quien se lo discuta. bambino. Eso sí. ¿eh?. el famoso napalm. porque no los encontrarás. pueden meterse todo eso donde más daño les haga. si tienes suerte. se esponjó como una gallin a clueca y. por mí. veo -comentó lacónicame nte Dionisio. dijo: -¿Ves? -Veo. Aquí no hay guerra. los proyectiles teledirigidos y los ingenie ros disfrazados de militares? No te dejes engañar. a zafiedad y a ratón disecado.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó na. porq ue las guerras tienen alma. Se si rvió una dosis capaz de frenar en seco la embestida de un rinoceronte y añadió: -Bebie ndo a solas. y de vez en cuando. turbi . no importa . bambino. -No importa. huele mal. lo están todas. bambino. ¿Y sabes lo que te digo? Te digo que. Su comp añero de mesa y de sobremesa se creyó en la obligación de aclarar: -Conmigo no cuentes . porque en ese momento llegó hasta los oídos d e la clientela de la cafetería del hotel Continental el fragor de un bombardeo lej ano. un fantasma. Verás restaurantes de cocina regional francesa c on manteles de cuadros y luz de velas llenos hasta los topes de turistas venidos desde Illinois. los números digitales. No busques héroes ni heroínas ni heroicidades.. ¿Para qué demonios sirven los botones de los tableros de mandos. no te escandalices. sonrió con aires de superioridad. oi rás (pero no verás) algún que otro disparo al aire salido del fusil de un francotirado r del barrio chino o. La mierda es un desecho. El argentino.. mientras te pudres en el hotel durante las m il horas (lo que se dice una eternidad. La mierda no existe y.

me he desviado . de la arteriosclerosis. el deje y el compás de remachar los conc eptos y de repetir las frases. -Pero me he desviado. 184 185 . tartajeaba... quizá.o y estropajoso. bamb ino. Tenía la costumbre. farfullaba y espurreaba. Cosas del alcohol y.

¿Y tú narlo. aquí. trazó en el aire un l eve gesto de aquiescencia y el intruso. Están acostumbrados a sobrevi vir contra viento y marea. cogió el único vaso que estaba sobre la mesa. y por la no menos inc onfundible semántica progresista vigentes en las tertulias de los sótanos. añadió: -y te confieso que no estoy nada se guro de lo que haría si en mi país estallase una guerra . que según el horóscopo de la China anterior a Mao Tse-tung había nacido en el Año de la Rata Curiosa y Entrometida.. Yen seguida. bambino de corazón puro y gallego de mierda. Apuró el vaso. sólo eso. Se te nota a la legua. me brindaron la posibilidad de prolongar la beca.. contempló su fondo. Se interrumpió.. El segundo zarpazo vietnamita alcanzó y derribó a Dionisio catorce horas más tarde. agitó los dos dedos de agua que contenía. reflexionó y remató la frase. Y. afligidos por lo que está pasand o aquí.. -¿Cómo lo sabes? -Yo también estuve allí. -No. es precisamente lo que les damos. si todo va bien y los comunistas no se llevan el gato al agua. Mis compatriotas no pierden la moral fácilmente. mi familia vi ve exiliada en Saigón y dentro de nueve meses. no la habrían tenido. con una . y le pidió permiso para sent arse a su mesa. precisamente ahora. cayó de bruces sobre los res tos de una macedonia de frutas tropicales salpicada de lichis frescos. a los nazis y a los fascistas. -Tú has vivido en París -comentó--. contuvo una arcada. detuvo con un movimiento perentorio d e la palma de la mano al solícito camarero que ya se le echaba encima. puso los ojos en blanco. se durmió e n el acto. hi w honor a ese rasgo de su personalidad. aunque no mucho. en el ojo del tifón? ¿No harías tú lo mismo si en tu patr ia estallase una guerra? ¿De dónde eres? -Soy español. su evidente timidez y su palpable discreción parecía persona culta y de buena familia. eructó. sus exquisit os modales. -¿Qué hacías? -Perder el tiempo. sigue funcion ando. entre divertido y desconcertado. español de Madrid -aclaró Dionisio. -Eres un chico culto -dijo en voz baja el viajero . nací en el norte. tengo veintiún años. Acababa de encargar el postre cuand o se le acercó un chico muy joven.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -Estaba explicándote -siguió-que los lectores no digieren las noticias crudas. terminaré mis estudios en la Facultad de Derecho. se instaló frente a Dionisio. Hablaba en correctísimo francés adornado y espoleado por el in- confundible acento juvenil y urbano. ef ectivamente. quizá. Tenía la mirada vidriosa y la lengua past osa. "-¿Por qué? ¿No te gustaba aquello? El Espontáneo de Saigón. los cerró. Pero dije que no. disolvió con autoridad y sin perder los estribos la nube de pordioseros que rodeaba la mesa y explicó: -Me llamo Ngong Dien Mae.. no habrían tenido la caradura de repatriarte. romanticismo. -. romanticismo. después de titubear un poco. o parisiense a secas. Volví hace poco. Dionisio. decididamente es imposible saber lo que haría -dijo-. contestó con otra pregunta: -¿No crees que el lugar de todos los vietnamitas está ahora. ¿Has oído hablar de lo que sucedió en España entre mil novecientos treinta y se is y mil novecientos treinta y nueve? -Algo me contaron en la escuela -contestó el Espontáneo de Saigón-.. -¿Por qué no te quedaste en la dulce Francia? Supongo que tus antiguos colonizadores. lo llenó de nuevo hasta el borde. romanticismo -repitió como un autómata mientra s descargaba furiosos golpes sobre el brazo derecho de su sillón de bambú con el puño cerrado y crispado-o Yeso. lo vació y volv ió a colocarlo ruidosamente sobre la mesa. -Sí. sorprendido (y. salones y terrazas de los cafés del Barrio Latino. ofendid o). -¿Aquí? -Aquí -confirmó el vietnamita-o La universidad. empezó a roncar yeso fue todo. Parece ser que os enzarzasteis en una guerr a civil que sirvió de laboratorio. El viajero. Conseguí una beca del gobierno francés para ampliar estudios durante un año en la Sorbona. se ab urren cuando algún tonto con diploma de Harvard les cuenta las cosas como son y ex igen romanticismo . de quirófano y de ensayo general a los demócratas. casi un adolescente. a mediados de junio. que por su forma de hablar. por extraño que parezca. mi entras almorzaba sudorosa y opíparamente bajo la petulante marquesina sin ventilad ores de un restaurantillo de tres al cuarto. tragó saliva. Terminó a duras penas la frase.

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y por haber vivido allí. el secreto d e tan curiosa coincidencia. con los ojos perdidos en alguna p arte de su alma. y los mutilados que se ven por las c alles. y el napalm. el Espontáneo-. ¿Nos centramos en la peliaguda cuestión de si exist e o no existe la guerra del Vietnam? 188 189 . tras una breve pausa y un suspiro. y la ofensiva del Año Nuevo budista. y estos mendigos. pero no te preocupes. en Occidente. pero no me afectan. en aquel momento. que por haber nacido aquí. -Mira entonces a tu alrededor y explícam e lo que significan todas estas alambradas. vietnamita. y la batalla de Hue. pero seguramente es sólo un tópico.. y los francotiradores escondidos en los tejados... Guarda relación con nuestras famosas corridas de toros. -y entérate. Tu ca so no es el mío. Has dicho que en Vietnam no hay guerra. que aquí no estamos en guer ra? -Sí. Hace unos minutos.. recuperó el cabo suelto de la convers ación interrumpida: -¿Por qué aludiste antes a la guerra del treinta y seis? -Porque n ací cuando acababa de empezar y porque perdí a mi padre y a otros miembros de mi fam ilia en ella. -Mi nombre es Dionisio.. lo has dicho. el Pandit de Bombayy el Barón Siciliano del Volcán de Bali. pero optó por ignorarla y por regresar al origen de la que rella. cuando te acercaste a mí. por favor. europeo. Y por cierto: casi todos odiaban a Franco o quizá fingían que lo odiaban. -¿Estás hablando en broma? -Ni por asomo. Y Dionisio.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó sonrisa triste-o Y a propósito: supongo que te gustará saber que no representas ni d e lejos la edad que tienes.. sin embargo.. ¿Acaso he dicho yo. -Así te llamaré. -Ya . el Troglodita de Luarca. Dionisio se echó a reír. Yo no he nacido en Europa. La aclaración no venía muy a cuento y el vietnamita la recibió c on un gesto de extrañeza. en O riente. porque anoche me vino con el mismo cuento un pe riodista completamente alcoholizado que me invitó a una fantástica cena china con gu arnición de cinismo en la cafetería del Continental. -¿Por qué te enfadas tanto? -preguntó-o ¡Qué vehementes sois los españoles! Conocí a algunos n París. -Los occidentales siempre se equivocan con la edad de los orientales. el Tigre de Bengala. permitió tácitamente que su interlo cutor se incorporase a la sociedad secreta y Orden de Caballería Gnóstica formada po r el Canciller de Estambul. pensé que aún no habías cumplido los dieciséis años. ¿Lavado de cerebro? ¿Cortocircuito ideológico? ¿Maniobra est ratégica? ¿Intereses creados? ¿Consignas convergentes? ¿Defensa propia? ¿Precaución? ¿Discurs de valores dominantes? ¿Azar? ¿Necesidad? Explícamelo tú.. Te escucho. porque no es nada insultante. el Dúo Latino. per o eso es otra historia . ¿Entiendes ahora mis dudas? -Las entiendo. Po r eso parecemos más jóvenes que vosotros. Cástor y Pólux. -Entonces déjalo correr. Es por culpa de la piel. Y ya ves lo que son las cosas: llueve sobre mojado. el Caminador Manchego. No la h ay. -¿Cómo que no? -Como lo oyes. -¿Conoces un libro de Hemingway que se titula Muerte en la tarde? -Tampoco. -Ponme un apodo. por si no lo sabes. Nos salen muy pocas arrugas. -Mi nombre es Ngong Dien Mae. y estas patrullas de policías militare s. Eres el Espontáneo de Saigón. No puedo llamarte así. ¿Has vis to alguna? -No. el C omerciante Sufí. -Seguro que no -dijo-. los Caballeros de la Tabla Redonda del Cabin. Dionisio. y los bomba rdeos nocturnos. la Kumari de Katmandú. -¿Espontáneo? -preguntó con el entrecejo fruncido el vietnamita-o Me parece que no entiendo el significado de ese apodo . -apostilló. Aquí no hay ninguna guerra civil. Aclárame. Eso dice todo el mundo. el Motorista de Delhi. de que África empieza en los Pirineos. yel toque de queda que os confina en vuestras casas desde l as nueve de la noche hasta que sale el sol. en consecuencia. deberías de estar en el secreto de lo s dos cabos de la madeja. El Espontáneo le interrumpió: -No te dispares. -Y. -Demasiado difícil. Más viejos y . Y. -Ya lo he hecho. y. sois más viejos. más sabios.

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de la playa de Lovina. mi querido y aventajado alumno de la Sorbona? ¿No son tan vietnamitas los guerrilleros del Vietcong como los sol daditos del ejército gubernamental? ¿Y no luchan. -¿Todos iguales? -Todos iguales. como lo soy yo. -Creí que los a mericanos acaparaban toda vuestra capacidad de odio. de las estrellas del cielo de Bali y de l a frase de Buda inscrita en el fuste de la columna del jardín del templo de Banjar . Dionisio. A los rusos y a Mao Tsetung. Hacía calor. a los chinos y a los bárbaros de Hanoi. Se colocó en actitud de muestra y permaneció a la escucha. La guerra del Vietnam es una guerra de invasión y. ¿Qué hay entonces. que no nos representan. -¿Quiénes son los invasores y los colonizadores? ¿Acaso no piensas. acaso. Poco a poco. -¿Ni comunistas ni capitalistas? ¿Es eso lo que quieres decir. -Lo único que yo he dicho -prosiguió el Espontáneoes q ue en Vietnam no hay guerra civil.. en realidad. «Pero sí la libertad». quien se ha empeñado en entenderlo así. per o lo cierto es que los occidentales no entendéis una papa de lo que está sucediendo aquí. pero ya te dije antes que en Vietnam (como en cualquier otro país) abunda n los traidores. -¿Hablas en nombre propio o en el de tus compatriotas? -Hablo en nombre de los patriotas y sólo de los patriotas. ¿Q ué quieres decir? -Quiero decir que no son significativos. vaciaran e n ella los restos de la comida. El viajero. no pienso sólo en los dichosos yanquis y en sus tris temente célebres marines. ahítos. -¿Te refieres a los vietnamistas de verda d? -preguntó. Y en el budismo no cabe el odio. El ochenta por ciento de los habitantes de Sai191 190 . Tan ajenos a nosotros (a nuestra forma de pensar.Fernando El camino del corazón Sánchez Dragó -yo no he dicho en ningún momento que no exista esa guerra. interrumpió a su nuevo amigo y cofrade. de creer. se había ido formando otra vez alr ededor de la mesa la nube de mendigos. a los guerrilleros del Vietcong y a quienes mandan en n uestras tropas regulares. del Barón Siciliano. vértigo y nostalgia de los magic mushrooms.. El aludido no abrió la boca. vietnamitas. Estás. Yo lo soy. -Los vietnamitas . naturalmente. los codiciosos. como todos los de tu raza. Será por culpa de la prensa y de los servicios de propaganda comunista y capitalista. Eres tú. -¿Tampoco consideras vietnamita a Ha Chi Minh? -Ha Chi Minh es un traidor. que n os dejen en paz. en los dic hosos yanquis? -No. y confío en que los dioses no nos condenen a ello. también de la opresión. de sentir y de vivir) son los comunistas del Vietcong como los capitalistas yanquis. Se ha vendido a los rusos por treinta monedas devaluadas. -Sí. ten por seguro que si odiáramos a algu ien. Ni los asesinos a sueldo que militan en el Vietcong ni los apalominados recl utas de nuestro glorioso ejército son.. -¿Aunque hayan nacido aquí? -Aunque hayan nacido aquí. los unos contra los otros? -No. únicame nte tú. por supuesto. -Yen cualquier caso -aclaró el vietnamita-. los frívolos y los indiferentes. Di onisio. Que se vayan todos. Dionisio. Todos llevaban una bolsa de plástico transp arente y la esgrimían con los ojos bajos para que los comensales. Pienso también en los comunistas del Vietcong y en las fie ras del ejército de Ha Chi Minh. Ni comunistas ni capitalistas. cada vez más interesado por la conversac ión. vietnamitas. coge la linterna de Diógenes o el báculo de Laotsú y pregunta.. Espontáneo? -Exactamente. completamente equivocado. que nos permitan ser lo que hemos sido siempre: budistas. Dionisio. los despistados. ¿A quiénes si no? -¿Qué ocurre con ellos? -Que son budistas. Pausa de tanteo. La terra za del restaurante estaba casi vacía. que no actúan en nombre del pueblo. -Empezamos a entendernos. al referirte a ellos. indochinos y. -No te entiendo. Volaban moscardones. por consiguiente. de abierta co lonización. odiaríamos por igual a los r usos y a los americanos. Unos Y otrOSson anverso y reverso inseparables de una misma mo neda: la moneda de la invasión y. claro . -Estoy casi seguro de que no. -¿Qué piensa el pueblo llano a propósito de lo que acabas de decirme? -Sal a la calle . orien tales. pensó el viajero acordándose con reverencia. con astuci a y tesón de hormigas amenazadas por el invierno. Dionisio.

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un espejismo.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó gón. que no reza con nosotros.. te dirán lo mismo que yo. Más fu ette. -¿No os gusta la democracia? -No. -¿Y la prosperidad? . sino que tampoco es de seable. -¿Palabr a de Dios? -Palabra de Dios y de todos los maestros. -Imagínate una especie de depósito de todos los males. igualdad y maldad. incluso. Es pura ilusión. -Nada. La caja de Pandora es la revolución francesa. -Ya lo sé. tal y como en cada momento de la historia y en cada punto de la geografía se o s presenta. pero com193 192 - . La democracia. Es algo que nació en el horrible mu ndo de los anglosajones y que allí. -Hablas de la democracia como lo harías de la caja de Pandora. excéntrico. ni me gusta ni me disgusta. además. ¿Conoces alguna forma de colonialismo peor que la tentativa de exportar a la fuerza o con halagos. s ino acatando voluntariamente las decisiones de las personas que tienen autoridad moral.. huye de ella. -Volvamos atrás. para los soviéticos. Mírame a los ojos. ¿Por qué no te gusta la democracia? Casi nadie se atreve a decir eso en el mundo en que vivimos. -¿Del Reino de los Cielos? -Si quieres llamarlo así. Los gobiernos no pueden da rla ni quitarla. Sólo digo que no es lo nuestro. -¿Tampoco os atraen los ideales de libertad y prosperidad de los países capitalistas? ' -Tampoco. desde ese punto de vista. Dionisio no pudo reprimir un gesto de asombro. -¡Brrrr! Me lo imagino perfecta mente. que el de su fe suicida en la ciencia y en el progreso. y seguramente me quedo corto. los confucianos y los musulmanes no se sienten más libres ni tampoco más felices depositando una papeleta en una urna. Que cada pueblo busque y encue ntre la solución a sus problemas dentro de su propia alma y entre sus propias raíces . La libertad es una conquista interior de cada individuo. no sólo no es posible. los hinduistas. Los budistas. qu e aquí no pinta nada. No la entendemos. la s hamburguesas y la democracia. de progresismo y antifranquismo se le sublevaban en las venas. una trampa. Dionisio. Es el mayor tabú de los occidentales . creemos de verdad en Dios. inteligente y desconcert ante? -Me confundes. Dejadlo en p az. y tarareó los primeros compases de La Marsellesa antes de añadir burlonamente: -Libertad. Tuve much os problemas en París. afecto y ternurael filósofo Platón enfrentándose a Aristóteles en el marco de La escuela de At enas pintada por Rafael. Di onisio. _¿Y quién otorga esa autoridad? ¿De dónde procede? -De arriba. Buda explicó que el mundo está gobernado por la ley del karma. apoya la mano en el corazón y dime si crees que puede ser justa una sociedad igualitaria. p or lo menos. Noso tros. no nos gusta. Parecía -pensó Dionisio con pasmo. -Lo hago ahora. no responden a nuestra visión de la convive ncia y de la vida. -No has respondido a mi pregunta sobre la democracia. Yel Espontáneo de S aigón levantó perpendicularmente su dedo índice. La igualdad. -Si quieres ser feliz. Treinta y tres años de historia personal y quince.. no nos convencen y. por el bien de todos. aunque con otras palabr as. -No puedo decirte ni que sí ni que no.. Y yo te pregunto: ¿puede un creyente ser demócrata? El viajero se sentía cada vez más azorado y descoyuntado. -¿Qué deberí s hacer con él? -¿Con el mundo? -Sí. para los yanquis. y volved los ojos hacia arriba y hacia dentro. y en cuanto a la justicia . -¿Y qué son los budistas? -Hombres libres. -¿No os convencen las promesas de justicia y de igualdad esgrimidas por el com unismo? -No. porque no sé lo que es eso. De verdad. debe permanecer.. que más da. El mundo no existe. -¿Te sorprende? -dijo el Espontáneo. a diferencia de los anglosajones. los usos y costumbres de cualquie r país a otro que los tiene diferentes? El vodka y la tiranía. Dionisio. -¿Bajo si ete llaves? -y otros tantos sellos. Soy sólo un budista como tantos otros. ¿Por qué os empeñáis en modificar el mundo? Vano intento. los taoístas.. -¿Sabe s -preguntó el viajero.que eres un tipo culto.

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no. Por las mismas razones. -Lo suponía . -Pero sí hay chivatos del gobier no y agentes comunistas disfrazados de otras cosas. Los buenos de la película son esta vez los jipis y no su s presuntos compatriotas. -Los jipis suelen ser americanos. -¿Por las mismas razones por las que no son vietnamitas. Ya te dije antes que pareces un jipi. Saigón es una ciudad muy calurosa. Y diste a entender que los jipis te inspiran confianza. a condición de que no sean americanos. -¿Con qué resultado? -Quienes me oían. -En Oriente me han dicho que todos lo somos. -¿Has leído El li bro de la selva? 195 194 - . -Házmela. -Cierto. sabes de sobra. si me la permites. -E stoy de acuerdo en que los jipis son los buenos de la película. sólo que en sentido contrario. -Exageras. se conoce a las person as. -A la larga. preguntó: -¿Decías estas cosas en los cafés del Barrio Latino y en las aulas de la Sorbona? -Aveces. la du da ofende. Y una pregunta aún. -¿Nunca te has equivocado al juzgar al prójimo? -Muy a menudo. Y tú no lo pare cías. se indignaban. -¿Ten go cara de quintacolumnista del Vietcong o de esbirro de Ha Chi Minh? -No. No lo son nunca. -¿Y de soplón del gobierno? -Menos aún. Ap rendimos solos. Dionisio. La cara es el espejo del alma y por el alma. Espontáneo. -Antes. amigo mío. _¿Y si al acercarte a mí hubieras descubierto q ue soy un ruso? -Imposible.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó prendía que aquel mozalbete sabio -aquel feliz imitador del Niño Jesús ante los doctor es de la ley.. No hay rusos en Saigón. -Dime. mírame. -Una costumbre latina.. -Espontáneo . -¿Qué parecía yo? -Un jipi. ¿Cómo vas a tenerla si no lo eres? _¿Y de agente secreto de la CIA? -Tampoco. -¿Cómo estás tan seguro de que no ejerzo ninguno de esos oficios? -Lo -Sí. --Corriste un riesgo. se de sesperaban y me llamaban fascista. que no eran muchos. -¿Simplemente? -Se escandalizaban. -¿Sólo confianza? -Confianza y complicidad. sólo por el alma. Me e speran en la universidad... se escandalizaban. -Te estoy mirando. ¿Os enseñaron los franceses? -No. Son mis hermanos. El pensamiento se le fue -era inevitablehacia sus amigos y compinches del mayo de París y de otras conjuras o revoluciones frustrada s y.. -Te equivocas.tiraba a dar. -¿Los marines? -Por ejemplo . los'asesinos a sueldo del Vietcong ni los apalominados reclutas de vu estro glorioso ejército gubernamental? -Tú lo has dicho. -¿Lo demás es ilusión? -Efectivamente.. pero lo malo es qu e los protagonistas de ésta son sus presuntos compatriotas. y quienes los jalean. -¿Nos vamos? -Dicho y hecho. ~En ese caso. si no te importa. -No lo corrí. -Buda no es Dios. Espontáneo. Están a punto de cerrar el restaurante. Ya lo verás. -No es el momento adecuado para discutir de teología. Nos gusta dormir la siesta. -Que Buda te escuche. Miles de veces. aunque hayan nacido aquí. No te habría dirigido la palabra. -Quizá. con una sonrisa. -¿Por qué te has acercado a mí? ¿Por qué me has elegido a bulto co mo depositario de tu filosofía y de tus confidencias? -Porque me gusta cambiar imp resiones con los extranjeros. .

alevosía. Pasó por aquí hace un par de semanas y me dijo que antes o después llegarías a Saigón y nos haríamos amigos . Tenemos un amigo común que casi siempre te llama ba así. -¿Debo. -No la necesito. lo recuerdo. -Mis compañeros de clase me llamaban. -Muy bien. Pero en la otra vida. Nunca se borra de él. fractura y allanamiento de morada? -Pero sin nocturn idad -dijo. a la pantera. -¿Qué les decía? -Tú y yo somos de la misma sangre. -No me gustan las leyes y. y no tú. llamó al Espontáneo y dijo: -Pero antes también reconociste implícitamente que las aparienci as engañan y afirmaste explícitamente que te habías equivocado miles de veces al juzga r al prójimo. -Soy yo. -Es la única circunstancia agravante que te fal ta. Llevo casi un año en Asia y estoy a costumbrado a vuestra forma de hablar. Y yo te devolví en el acto la pelota llamándote vietnamita. Lo gané en un premio de la escuela. no lo sé. -¿Te imaginas. con p remeditación. pero eso fue todo. ¿Lo recuerdas? -Sí. -Nunca serás un buen picapleitos. seguro que sÍ. por las buenas? ¿Sin datos que te permitieran identificarme? -Recuerda el sil bido de Mowgli. llegar a la inverosímil concl usión de que nuestro encuentro estaba planeado y de que me abordaste adrede. Aquel muchacho de presencia frágil parecía saberlo todo . -A mí tampoco me gustan. viajero de Madrid. El vietnamita se fue hacia la izquierda y Dionisio hacia la derecha. Matrícula de honor. ¿Y si hubieras cometido en mi caso una de esas equivocaciones? ¿Y si yo no hubiera sido un jipi? ¿Y si no hubiese corrido la misma sangre por nuestras ven as? Una sonrisa maliciosa y enigmática rasgó e iluminó el rostro del vietnamita. -¿Recuerdas lo que Mowgli silbaba a sus amigos? -¿Al oso. el vietnamita. Sé de quién hablas. quien estudia derecho. ~A un traveller -dijo. Haz memoria. Siempre he ' quer ido ser escritor. -¿A un traveller? Otra sonrisa de corazón. Muchas veces decís cosas que sólo dicen los p ersonajes de las novelas de aventuras.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó --Claro que lo he leído. Sólo creo en la ley de la conci encia. -Grac ias. procuro no respetarlas. . No se trata así a un viajero. Qu izá no. -En persona. Fue un episodio verdaderamente' chusco. al Hermano Gris y a la serpiente? Sí. Pero no sabían que el apodo me gustaba. existía. -¿Por eso no corrías el riesgo de e quivocarte conmigo? -Por eso. -Tú también dices tosas que sólo se dicen en las novelas. entonces. riéndose. Dionisio. y a propósito: aplícate el cuento. No lo dudes. La consanguinidad obra milagros. y tú. -¿Sabes por qué lo hice? -No. -¿Volveremos a vernos? -preguntó Dionisio. ensanchó las facc iones del vietnamita. en la medi da de lo posible. Se estrecharon la mano. en consecuencia. -No lo dudo. Ese encuentro. Y los dos estallaron en carcajadas de amistad y de complicidad. -¿Cómo y dónde le conociste? -Eso es lo de menos. quién me enseñó a llamarte europeo? -El pandit de Bombay. ¿Te contó el pandit lo de mi encarc elamiento en Bombay? -Sí. escalo. -¿Así. no depende de nosotros. y abierta de par en par. -¿En esta vida? -Por ejemplo.. Yo lo hice encogiéndome de hombros. también. -Algún día lo serás. giró sobre sus talones.. Te ruego que per dones a los hindúes por la parte oriental que me toca. en todo caso. -No lo sé. la Rata literata. Estaban a dos o tres metros de d istancia el uno del otro cuando el viajero se detuvo. 196 . Espontáneo . -¿En son de burla? -Claro. Espontáneo. cuando era niño. Alguna carrera había que escoger. -Hace un rato -dijote llamé europeo. Esa persona está de vigilancia permanente en mi corazón. ¿Existía algún motivo especial para que me llam ases europeo? -Sí. Me chocó e incluso pensé de pasada que no venía a cuento. No tendría yo entonces más de diez años.

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Todo el que aguarda sabe que la victoria a es larga y el arte es un juguete.con el entrecejo fruncido y el corazón prieto. El fragor de las bicis.. aguarda que la marea fluya -así en la costa tir te inquiete. le gritó: -¿Un amigo? -y algo más. de las motos y de los Mer cedes envolvió y se llevó la respuesta del Espontáneo. por boca del fars ante argentino. que el arte mporta. Positivo según lajerga de los médicosy negativo. pidió un billete de avión para Camboya. Al dia siguiente. mejor. 198 199 un barco. se preguntaba dónde diantre había estado y hacia qué parte del mundo exterior e interior se dirigía ahora. El semáforo volvió a cerrarse y el bulevar se detuvo . Ya se iba. para mi persona. me hice la mamografia y el mundo se me vino abajo: el diagnóstico erapositivo .deslizándose bajo sus pies y. a pesar de todo. -¿Pnom Penh? -pr eguntó la empleada. y quizd mi vida. dijo el médico-. -Pnom Penh -contestó Dionisio acogiéndose al consejo del periodist a-o Y cuanto antes. -Pues dile de mi parte. -¿Un prote ctor? ¿Un cómplice? ¿Un patriarca? ¿Un capitán? ¿Un maestro? El semáforo pasó del rojo al ver El bulevar se puso en marcha. Encajé como pude la noticia. a la h oja justiciera de un bisturi de obsidiana teñido de sangre. Los gorriones. Tenia un tumor al lado delpezón izquierdo.sin que el par es suya.pensé con me lancólica amargura que ya nada volverla a ser lo mismo y me resigné a pasar por el q uirófono -«sin pérdida de tiempo». porque la vid y no llega la mar a tu es largo y. -¿Mañana por la mañana? -Hecho. El viajero se encaminó sin prisa hacia la agencia de viajes del hotel Continenta l y. en cr istiano.el viajero contemplaba la fugitiva imagen de la ciudad de Saigón -alegre. Dieciocho horas más tarde -con la nariz pegada a la superficie de plástico de la ventanilla de un cara velle de la Air Vietnam. aguarda sin partir y siempre espera. y desconfiada. jadeaban y dormitaban en sus nidos. que acababa de subirse a un ric só. una vez en ella. desde lejos.El camino del corazón -¿Te pidió el panditque me dijeras algo? -Me pidió que te recordara una cosa. detrás de Dionisio. Dionisio. Sabía. casi bajo la aréola. aplastados por el calor. ANTONIO MACHADO. con un nudo en la garganta y una bola negra en el estómago. que era imposible salir de Vietnam por carretera. Noviembre Capítulo IX Sabe esperar.. -¿Qué es para ti el pandit. si le ves. Alguien. además. El disparo de un francotirador turbó la m agia y el sosiego de la:siesta. intenté poner al mal tiempo buena cara. que en ello estoy y que ciertas cosas no se olvidan. ' -Él ya lo sabe.No estaba mi horno para esos bollos. una sola cosa. Pasó un leproso. Y así fue. y que lo hiciera precisamente a propósito de nuestro encuentro. Espontáneo? -¿Y tú me lo preguntas? Lo mismo que para ti.para tenderme como una sacerdotisa azt eca sobre la losa de los sacrificiosy exponer mi cuerpo. no i . Y si la vida es corta galera. La última anotación es del veintiocho de julio por la noche. Las jovencitas revoloteaban por las aceras. Consejos Reanudo hoy la redacción de mis memorias después de haberlas tenido en dique secodur ante más de dos meses. -¿Que la casu alidad no existe y que todo es fruto de la causalidad? -Exactamente. echó el cierre metálico del restaurante.

naturalmente. un efebo sin pene y con nombre de mujer.porq ue al cirujano le asustaba la idea de que la nascitura sufriese daños irreversible s. ¿ Yqué otro nombre puedo poner le a algo que a la hora de la verdad se tradujo. sin excluir elpisot6n de la muerte. la vida c orta y la verdad lejana». que no solame nte operaci6n: llamemos a las cosas por su nombre . ¿O no? Fernando. aunque el médico me a segura que no serd asi. Me faltan sólo dos capitulos. sepr ecipitaba. pero lo cierto es que de la noche a la mañana y prdcticamente sin a viso dejé de ser aquel dla una persona completa y perdi todos. Terminal tanto si me voy al hoyo. Y. un ser dudosamente humano y angustiosamente terminal. El bestia del cirujano jura y perjura que fue una deci si6n tomada sobre la marcha para cortar de raiz el riesgo de la metdstasis. o -si lo estaba. Yyo. y luego. entre otras cosas urgentes. He tenido que retocar un poco el segundo capít ulo de la novela para incluir de refilón al menos dos personajes femeninos -una ji pi holandesa y una chica de túnica de lino y ojos espiritados-en la historia de la s correrías de Dioni. claro. como mucho. Mutilaci6n. No quiero derrumbarme. absolutamente todos los atributos fisiológicos CY parte de los anatómicos) de mi feminidad. me consuela y me obli ga a sonreir. Por cierto: la niña.. de que «el arte es largo. Es moderadamente rubia y tiene los ojos castaños.y -como es lógicola correccióngeneral.. Nada importante. por lo que a mi respecta. la radiografia del espectrode la nada ~ por supuesto y sobre todo. Anoche doblé la esquina de las trescientas pdginas. la raiz cuadrada de una machorra. Asi es la vida. en la amputaci6n de los dos pechos y en la salvaje poda y desmoche de cuanto contiene n (o contenían) mis sufridas partes pudendas? No estaba previsto. la niña. Tenian. ¿De qué sirve hacer planes? Lecciones di' la edad que siempre aprendemos fuera de plazo. que crecea pesar de todo . que despacharé en un par de semanas.. absolutamente inverosímil para el lectory negativo para la credibilidad de la . 1á veremos. todavia no tiene nombre.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Dioni hubiese dicho: ¡qué zafarrancho! y con raz6n. La tomas o la dej as y pelillos a la mar. dice que esper e. a b uscar un editor que sepa lo que se trae entre manos y lo que yo le llevo en las mías. ¿C6mo su padre? Pues si.y no dos. el cliché de un hermafrodit a. qué le vamos a hacer si caigo en el t6pico. pero lo contrario hubiera sido. ¿C6mo iba a ponérselo sin consultar con su padre. En primer lugar. que por s er o querer ser ojugar a ser escritor concetje una importancia enorme --segurame nte excesiva. Estoy a p unto de terminarla. contando con éste. no 'voy a decir ni mu hasta que le vea entrar por esapuerta. como si sobrevivo chapoteando en la cloacay callej6n sin salida de la esterilidad. No quiero volver a mencionar este as unto. si. corriendito. y en tercero. me ayuda. el cdncer y la intervención quirúrgica. porque todo. en mi opini 6n. desde luego. Mi hija me absorbe. efectivamente. mi novela sobre sus andanzas. la enésima potencia del vacio.pero al final todos estaremos calv os. Se dice pronto . ¿ Tendria algún sentido amargarle lo poco que le queda de escapada? ¡Pobre compañero de mis entretelas! 1á son tres. avisaremos a un cura y nos llamaremos Pérez. Ahora soy u n monstruito. que sigue viniendo a verme casi todos losfines de semana y qu e no se apartó de mi cabecera durante los días que pasé en el hospital.y último por ahora. que provocar y anticipar el parto -di felizmente a luz una niña preciosa cuarenta y ocho horas mds tarde.que lasprisas son laspeores consejerasde la literatura. que mire las solapas d e los libros y compruebe que nadie escribe novelas dignas de serpublicadas antes de cumplir los cuarenta años y que relea elprólogo de El negro del Narciso para ent erarme de una puñetera vez. no soy quién para poner en tela de juicio su opini6n ni para dudar d e suspalabras. que ésta mejora siempre -como los vinos--cuando seguarda en carpetas de roble. que tome ejemplo de ély de su inexpugnable (aunque momentdnea) voluntad de silencio. originados por el veneno de la anestesia opor el trauma fisico y psiquico de la mutilaci6n.. como se enteró Conrad. mes y medio para que regrese. que naci6 el treinta y uno de julio. Falta.a esascosas? Dioni tampoco sabe nada del tumor ni de mi triunfal t ravesia del quirófano.. las sorpresas que le aguarda n. y punto en boca..no me lo dijeron. en segundo.

! Cue sta trabajo creerlo. 200 201 . por una vez. . Es una diosa. un sueño y una princesa. Fernando. Menos mal y. Las putas que de vez en cuando menciona Dioni en sus car.tampoco. y desde las alturas de su incuestionable autoridad litera ria.. sin embargo. estd de acuerdo. La lógica del r elato y la personalidad de su protagonista exigen mujeres normales y tangibles.novela. Dioni siguejurdndome que me ha s idofiel y que no se ha enamorado -~ ni siquiera. ¡Mira que sifuese verdad.de ningún ser de ca rne y hueso a lo largo de los diez últimos meses. enamoriscado. La Kumari de Katmandú no me servía.tas.

lafirmeza y la esperanza de Penélope al t imón de la cuna de mi hija.. No estoypara esostrotes ni. Es la sagrada hora del regreso. Salta a la vista que no p uedo pasar por alto ese lance en mi novela.pero reconozco que alguna es peranza tengo. para dejar co nstancia de que Dioni -si todo ha ido bien. Lo haré inmediatamente . apa rta de mí este cdliz! Dioni tiene una cita en la American Express de Calcuta con l os miembros del Dúo Latino. La riada de medicinas que estoy tomando me dej an para el arrastre. a lo largo del río Mekong y en la p aradisíaca e inimitable Vientiane.) . Parece ser que seproponen regresara Europa todosjuntos a través de Afianistdn. sólopuedo entornar los ojos. las esperanzas menguan . A ellosy a mí. y todo lleva a suponer que no para empeorar. Son seiso sietepdginas altamente reveladoraspara quien no tenga los oídos llenos de cerumen ni los ojos cubiertos de telarañas. yyo. pero amarrada con la energía. Las ansias crecen.. que por lo visto. si no. inefables. disculpable -supongo-. y milag rosamente. enfer ma e inerme. y punto finaL Fernando. en las llanuras de Camboya. Tampoco yo lo haré. 'escrita en Bangkok con matasellos del veintiocho de octubre.porque sería verdaderamente estúpido por mi parte -y rayaría en la obcec acióny en el masoquismo-. en un escritor de cuerpo entero.por mi estado de salud. sólopuedo contarte lo que te he contado y ya va siendo h ora de que te acostumbres a la idea mucho mds oriental que occidental de que cie rtas cosas son. He dicho ya casi todo. recogemuy depasad a las rocamboLescasaventuras vividas en Pnom Penh. Hay en ellas un tonoy un toque de atención casi evangélicos. y aprovechdndose de la circunsta ncia de que él también tuvo hace aproximadamente año y medio CY no en Bdli. sino en Ka tmandú) una feroz experiencia psicotrópica. Por cierto: Fernando la ha leído. aunque a punto ya de exhalar el último suspiro. ha cambiado. y a bordo del Indómito Volkswagen.Fernando dice que algún día.estard ya en Ca/cuta.no se demora en detalles. utilizard ese texto como parte de una n.. la terquedad de su actitud en lo tocante al episodio balinés de los hongos mdgicos. (Fragmento de las memorias de Cristina.pero añade que no ve inconvenien te alguno en que ahora -si tal es mi deseo CY sobra añadir que a título provisional) -las incorpore a la mía. sencillamente. se va por las ramas.negar la evidencia de que Dioni.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Cuesta trabajo. una pera en el olmo. Jornada del 5 de noviembre de 1969. donde los rusosy los americanos han construido al alimón un a soberbia autopista.De momento. Sólo unas lineas. en un adulto. cruzarme de brazos.no responde. por fin. todavía colea. no ins istas. voy a incautarme de lo que ha escritoFernando . soy lo que se dice un perro de presa). sabe Dios cu dl. ¡Señor. en vista de ello. ¿Se estd convirtiendo en un hombre con mayúscula. el desarrollo de mi novela los exige. aún. y de hecho todavía no me lo he creído. cambia el tercioy se limita a repetir una y mil vecesque «imposible. Véase. sí. un bic ho raro. en lafrontera de Laos. resopla.ovela. Nils Holggerson. ha escrito una especiede cuento protagon izado por Dioni e inspirado en una pardbola budista con el exclusivo objeto -ase gurade ayudarme a entender el alcancey significado de la peripecia vivida por Di oni en el mundo de los hongos psicodélicos para que así pueda rellenar. ¿ Te enteras. tuerce el morro. e n las ruinas de Angkor. Tom Sawyer y Guillermo Brown? Eso'sí: cambiado o no cambiado. y c on la autorización expresadel autor. Cristina? He dicho i-ne-fo -bles». Pero nunca falta un truco para un descosido. un artista de la extravagancia.D el regresoy del desenlace. Se lo permití en u n momento de debilidad. pero Dioni -por mds que le tiro de l a lengua epistolarmente justificando mi interés con la socorrida coartada de la cu riosidad y del ansia de conocimiento CY yo. en un padre defamilia? ¿H a dejado de ser Peter Pan. en trances así. que esta vez -ya lo he insinuado. por otra parte. al menos en parte.. disimula. Imposible inventarlos. no me des la lata. Su última carta. Los dos últimos adjetivos son de lapluma de Dioni . esa laguna de mi novela. sigue siendo un perro verde. aguarda r y confiar en que Dios nos proteja. ¿ Tendré que reescribir también el séptimo capítulo? ¡Horror! La verdad es que no me apetece y que no me siento con fuerzas para ello.

zas. difícil. incluso viv irlas de nuevo como y cuando quieras. »-Fue una de e sas cosas -acostumbraba a decir cuando alguien le pedía aclaracionesque las vives y. muy difícil sería explicarlo ahora aquí. puedes recordarlas y recobrarlas."y como el propio Dionisio nunca atinó a relatar el suceso. porque unas se202 203 . las sabes ya para siempre. aunque a veces lo evoc aba sin excesiva precisión. pero por mucho que busques no das con imágen es que sirvan para contarlo. »Lo que resultó ser sólo una verdad a medias.

quizá el único forastero de la campestre c iudad que no había llegado hasta allí atraído por el humo de la ganja y del charas (no mbres locales de la hierba y el hachís) ni por la locura del montañismo ni por el za ragatero tráfico de gráciles. El escocés sacudió al mismo tiempo la cabeza y la ceniza del bil is. la religión. j.. en Goa. repitió melancólicamente las palabras relativas a la aparición del hombre y añadió: »-Para incordiar. de la gran tregua del agua que observamo s y del viejo elefante Hathi. claro . "Se llamaba Charlie.Dionisio. encendió un bilis. tambores. la conocía. al caer el sol. se puso a nadar al buen tuntún y en eso tropezó con una rampa de inclinación muy suave y para él desconocida. sin soltar la torre blanca que su alfil acababa de capturarde que todo esto s ucedía al principio de la creación ex nihilo y mucho antes de que el hombre aparecie se sobre la tierra.. en efecto. »Dionisio sacó de torile s su segunda torre. acordándose de Kipling. un paraíso. Metió la nariz en todas partes. ». el pez. o como rayos se llamas e. o algo parecido. topó con insectos que tenían al .hocjco en la arena. olisqueó los moluscos calcinados por la sal y el sol.tod os los huéspedes del hotel en <::uyobar se encontraban.aplastantemente edénico y. movió el índice en gesto de exhortación y dijo: »-Recuerda que todo esto sucedía m ucho antes de la aparición del hombre sobre la tierra y que. »-Un día --dijo-. de Mowgli. chillidos de gaviotas. se reunían en la concavidad de una enorme concha de mejillón antediluviano abandonada y medio devorada por el neptun ismo de la geología submarina para comentar allí plácidamente los hechos más curiosos e importantes de la jornada. hun dió el. un papel en blanco y una tentación. e interrumpió momentáneamente una partida de ajedrez entablada con Dionisi~ en el minúsculo bar del hotel donde a la sazón anidaban los jipis y su séquito para contarle en su chapurreado espangli sh de litera de buque el apólogo budista --oído o leído poco antes en algún lugar de aqu ellas tierras. siendo el pez persona --cargó todo su m olesto énfasis de angloparlante sobre la palabra. invitó a Dion isio a mover una pieza. Así que el pez. m oviendo la cola entre una nube de burbujas. »-No te olvides -advirtió Charlie. por much as razones naturales y artificiales. Zigzagueó como si llevara unas copas de más. ». un mar cegador arrimándose y desarrimándose. por lo tanto. o se estaba convirtiendo. aún no se conocía el miedo. para que te hagas una idea.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó manas más tarde. se puso a caminar y a zascandilear de un lado para otro ayudándose con las aletas y las branquias.Te decía que. reflexionó unos instantes. tortuga paleozoica) pachón y despacioso-.como la arquitectura. »Dionisio asintió. sino por algo tan evidente e i mponente -y a la vez tan sencillo. expulsó la segund a bocanada de bilis y siguió con la historia. irrepetible. urgentemente necesitado de tranquilidad y reposo al sol en el contexto de un p aisaje -trópico. a la de Calangute. enrocó.del pez y la tortuga que vivían en el fondo del mar y eran muy amig os. Se parecía . palmeras y palafitos. en el segundo gran apeadero asiát ico -el otro era Katmandúy primer y principal paño de lágrimas del pueblo de lasflores . notó en su vientre y en sus escamas (con placer y con dol or) la rugosidad de las partículas de sílice.. »-La playa era un sueño...amiga de indagar y notablemente intrépida: decidió apretarle los tornillos al talud y allá que se fue cuesta arriba. »Charlie se int errumpió. que movía a modo de remos y za ncos. después de charl ar de sus cosas y de las cosas del prójimo con la tortuga. afiligranadas y selectas prostitutas impúberes de sangre azul alquiladas o vendidas a precios irrisorios. las costumbr es y el paisaje. C omo era un animal bastante curioso y no desp~ovisto de audacia . escuchó por casualidad esas mismas palabras en boca de u n excéntrico escocés avecindado en Hong Kong. »Dejó la torre. admiró la moteada concha de las cipreas.. un arco de arena inmacula da. »Abrió otra pausa --era hombre (o. como la conocían --cada quien a su aire. lógicamente deslumbrado por aquel mundo inédito. tomó un sorbo de cha.. tomó otro chupito de té de Darjeeling y reanudó la conversación sin perder su flema.. La antigua colonia portugu esa se había convertido.. el cielo en todo lo alto y la barrera infranqueable de la vegetación. hasta que de repente el hidrógeno del agua se transformó en oxígeno y el pez se encontró al aire libre con las vejigas natat orias varadas sobre la blanquísima y húmeda arena de una playa. que seguramente conoces . en Katmandú. quizá. tanto que todas las tardes.

vadeó terraplenes. vadeó charco s y cristalinos cursos de agua. escaló dunas. rodó por suaves declives. sorteó simas. dejó que la brisa (al amanecer cambió el rumbo y no sopla204 205 .as (no aletas) y pies. escuchó el ruido de los dientes de los roedores.

un p oco inquieta por el retraso. dormitaba frente a la puerta del hotel.. como explic ar a Cristina en una carta el intríngulis de los arcanos y recovecos de la experie ncia de muerte y resurrección vivida bajo el influjo de los hongos mágicos de la pla ya de Lovina y de los montes de Banjar. Entonces la tortuga. le interrumpió: "¿Caminar? Querrás decir nadar. Y abrió. movió tristemente las agallas. la cruzó.. hoy como ayer y como antes de ayer. se despe rezó concienzudamente siguiendo las instrucciones que le habían impartido los yoguin es de la ribera del Ganges a su paso por Benarés y de puntillas. por lo menos. tambal eándose.. »Dionisio volvió a la tierra. un ónfalo. el Potala para los budistas del Tibet y el Vaticano para los católicos. un lugar de poder. Describir éste era caSi imposible: tanto. pasó junto al Indómito Volkswagen -que. El agua.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó ba ya de tierra a mar. incluido en las memorias de Cristina.» (Fragmento del Cuaderno de apuntes tomad os en los cielos e infiernos que conozco. una rampa de lanzamiento in iciático. un embajador de las Alturas enviado por los dioses a las Bajuras de este valle de lágrimas y el epicentro de un vasto. se ajustó el puente de las gafas. Levantó la vista. el impecable sudor del trópico empapa ría toda la superficie de su piel?.era en lo tocante al tantrismo algo muy similar a lo q ue. pero en esa ocasión no fue posible ni ya nunca volvió a serlo a partir de ento nces... Verás. salí. mordis queó bayas. cotidianas y perecederas. para no despertar a los miembros del Dúo Latino. Éste l a miró sorprendido. Se vistió sin secarse -¿para qué hacerlo si en seguida. comprobó que las estrellas estaban en su sitio. E ran las cuatro de la mañana del día dieciséis de noviembre. llegué a la superfi cie del mar. a la vuelta de unos minutos. empujó con desgana una torre y dijo : »-Jaque. saltó de la cama y apoyó los pies descalzos en las tibias y húmedas baldosas de l suelo de la habitación del Tourist Bungalow de Kornarak en la que había dormido. atr avesó la alcoba colectiva e interminable. ex citadísimo.. bajó los ojos y estudió la situación. amiga tortuga! Anoche. representa La Meca para los musulmanes.) Dionisio interrumpió de un manotazo el sonido del timbre del despertador y. de excitación y de vagabundeo. aspiró lo que quedaba de la colilla del bilis. se adentró por honduras y opacidades. se colocó bajo la gigantesca alcachofa oxidada de la ducha y abrió el grifo. llegó a la línea d e palmeras. l e sacó a empujones de su estado de sonambulismo y le obligó a regresar al mundo de l as cosas tangibles. observó el tablero. me puse a caminar y. pero feliz. ". sino al revés) le orease las agallas y b arbillas. se abalanzó sobre la tortuga y. llegó al inmenso cuarto de baño. »El narrador se detuvo para t omar aliento y unos sorbos de té. se abrió paso a través de roquedales cubiertos de musgo. El viajero bostezó. »-Es mate. me entra ron ganas de estirar las aletas y nadé un buen rato sin fijarme en la dirección. que seguían plácidamente dormidos en sus jergones. »-¿ y entonces? »-Pues nada . y al cabo. volvió al mar oscurecido por el crepúsculo y -agotado. después de much as horas de asombro. El pez. después de irme de aquí. le esperaba la tortuga. y se fue. le explicó atropellada mente todo lo que le había sucedido desde la víspera.y salió al porche del bungalow respirando abdomi nalmente en ocho tiempos.. El pez dijo: "¡Oh. sin dejarla hablar. s upongo". El templo -que brotaba como un géiser de a gua negra y macrocósmica encajonado entre las sombras del bosque y las luces de la playa y del mar abierto. ¿no so parece.y se adentró en la oscuridad del camino serpenteant e que desembocaba en la plataforma de arena de la no menos oscura mole del templ o de Kornarak. O mejor dicho: quiso explicársel o . »Tiró el rey. Perdona". vi una playa. saqué la cabeza. subí por él entre dos aguas. Un cortoci rcuito. se aturdió con el perfume de las amapolas y los hibiscos. de Fernando Sánchez Dragó. Jornada del 5 de noviembre de 1969.corrió hacia el mejillón gigante en el que ya. encogiéndose de hombros. pasó revista a las decenas de picaduras de mosquitos que acribillaban su cuerpo.. holló hojas secas y senderos vírgenes (todo constituía para él una novedad). una encrucijada. casi fría. potente y subversivo terremoto espi . jugueteó con la arenilla del fondo y dijo: "Sí. claro . que parecía muy enfadada. como por la noche. tropezó con ramas c aídas. »-¿Cómo que quiso? ¿No era aquello una tertulia? ¿No se reunían precisamente para habl ar? »-Sí. inasequible al desaliento.una pausa impaciente para que su interlocutor se corrigiera. De repente encontré un talud que no conocía.

ritual. 206 207 .

y el 1 Ching. entre bromas y veras. y a recibir el prana o soplo de energía cósmica de los primeros rayos d el sol. Era una teogonía. Tenía forma de carro de fuego del profeta Elías a rrastrado por cuadrúpedos que simbolizaban todos los signos del Zodíaco y su trayect oria aquí abajo era la del sol allá arriba: un viaje que comenzaba en oriente al ama necer y terminaba en occidente al anochecer.'\ . año tras año.'. Y ello porque. Así. lo rodeó. y los Evangelios Gnósticos..r5yibi~-· ron-:. en el mullido y arenoso asiento del copete de una duna. quijotescamente. el síndrome eucarístico de la madrugada de Benarés. y la Biblia. Era el Génesis. y es que el tem plo de Kornarak. f&Y' el momento en que la aurora toca. y la Tabula Smeragdina. Era una biblioteca de libros sagrados contada en imágenes. d~~e vi~itar~e y contem~J'~~. los rIncones y escondrIjOS del mapamundI. y la Baghavad Gita. el Quijote y la Dide Ajanta y Ellora. Mucho más. podía saber a ciencia c ierta dónde terminaba el Templo y empezaba la Vida ni dónde terminaba ésta y empezaba aquél. los Didlogos d e Platón. I /~..desperdIgados t~as la desbandada d~l mayo frances t?~ o~. escrutab a el cielo buscando los signos de la lechosidad que anuncia e impregna el amanec er y corría desaladamente hacia el ensanche de Kornarak aguijoneado por el febril impulso de lo que los miembros del Dúo Latino habían decidido llamar. y el Corán. día tras día -remoritándose con él y con su Divino Au riga hasta el érase una vez de los Orígenes.ff"'~.por enésima vez y se sentó luego a descansar. Era el Tao Te King.. a la del alba y después de salir de la venta del Tou rist Bungalow. Nadie. / 'tr ~'. l o miró y remiró con hambruna mística --casi con codicia. llegó p~r fin Dionisio a la explanada del templo. Así día tras día. muy por encima de cualquier otra cosa. después de la primera y casual cita de amor del viajero con el divino caos de la península del Indostán. cuando salió de l bosque y se encaminó hacia el viajero un individuo de porte estrafalario y pinto . y fue entonces. lo adoró. lógica fruición los ciento diecisiete folios de la c arta escrita por Dionisio ocho meses antes en el porche de la Guest House de las cuevas I del Ganges a su paso por Benarés. y negruzco -como la piel de los hombres de raza dravídica que lo habían construidosu aspecto. y las Rúbaiyatas. Era también la Odisea. y era sobre todo. ¿Algo más? No. Y siglo tras siglo. como las escalinatas \~l9Ji1la '" . une e ilumllla la atezada pIedra del edificio con sus rosad os dedos. yel Popol-Vuh. Era inevitable: tanto Albe rto como Roberto habían leído con .. Dionisio surcaba como un velero blanco la negra superficie de la noche. Era aquel ed ificio algo más que una de las maravillas de la historia del arte religioso en est e mundo. el mapa grabado en pied ra del itinerario de los caminos del corazón. entre los cientos de personas que diariamente llegaban allí con o sin báculo de peregrinos. siglo tras si glo. la vida es el templo y el templo es la vida. yel Zohar. en la frontera de la luz del día y en el preciso instante en que los gatos dejaban de ser pardos y las cosas recuperaban la nitidez de sus perfiles. y petulante e inocentemente enviada por s u autor a más de cien amigos -aunque algunos d:jaran de serlo a partir del instant e en qu~ l~.acudían a la explanada de Kornarak los de votos del Tantra (y de todo lo que en la India se agrupa bajo el inquietante rótul o de Senderos de la Mano Izquierda) para aprender a descifrar y a manejar los se cretos de la vida y de la muerte abismándose en la contemplación de las figuras y de las escenas reproducidas en las paredes exteriores del templo y en la superfici e de todos los elementos de su barroca y extravagante arquitectura.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Su tamaño era apabullante. según el Tantra." vina Comedia. año tras año.

escuálidas sus carnes. yéndose derecho al grano. preg~ntó: -¿Tienes tabaco? El viajero hurgó en su bolsa de «orrecaminos . 208. aunque indolente. Dionisio lo clasificó inmediatamente en la categoría de los faquires y lo contempló con abierta curiosidad mientras se le acercaba. como todos los santones de la India. Zumbó un abejorro. su manera de caminar. silvestres sus cejas. sin darle ni tan siquier a los buenos días. encontró y sacó una cajetilla arrugada y aplastada.resca fachada. Iba vestido de blan co con una especie de estola de color azafranado. Llevaba. hirsutas sus greñas agitadas por el viento. 209 . cetrina su piel. Algo. Los cuervos grazna ban. y con gesto esquivo --como si quisiera zanjar el asunto lo antes posiblese la tendió al faquir. Su barba era canosa. Dionisio lo supo en el act o. El desconocido llegó hasta él y. descoyuntados sus movimientos y firme. El aire se tensó como la cuerda de un arco. Pasó y chilló una gaviota. los pies descalws. febriles sus ojos. saledizos sus pómulos. huesudas y callosas sus art iculaciones. inminente. iba a suceder.

se ac ordó del marinero del romance del conde Arnaldo -yo no digo mi cantar / sino a quien conmigo va-. tenso y mudo.consiguió que le fotocopiasen aquella página áurea en la oficina del capitán d el barco. la dobló meticulosamente. -Abre la palma de la mano izquierda. a Erzurum. a la frontera paqu istaní. en tono q ue no admitía réplica. la guardó con esmero entre las páginas del ejemplar del 1 Ching que siempre llevaba a cuestas. Unos años antes.a raíz de la terminación de la segunda guerra mundial. lo encontró. -Ahora da tre s o cuatro caladas. -¿En mí? -¿Tanto te extraña? Dionisio se encogió de hombros. vo lvió a sonreír y emprendió el camino de regreso a la veranda del Tourist Bungalow. casi se le salie ron los ojos de las órbitas al comprobar que en la palma de la mano . había sido escrito por un autor que ni Dionisio ni práctic amente nadie --excepto sus compatriotas-conocían por aquel entonces. El viajero obedeció. la tocó. hizo todo lo posible para dejar la inteligenc ia en blanco y para suspender la actividad de los sentidos. El abejorro había desaparecido. El viajero lo siguió con la mirada y luego dirigió ésta h acia la flor. había sido reemplazada por una flor amarilla. Dionisio se había tropezado por casualidad --en el curso de una noche pasada a bordo de un transatlántico que venía de Buenos Aires. respiró abdominalmente en ocho tiempos. El santón.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -Puedes quedártela --dijo. verificó su identidad. se aflojaron sus cuerdas. a Europa y. -E~ha la ceniza del ci garrillo en esa mano . y sonrió con el pensamiento y el sentimiento puestos en un lugar lejano. -Abre otra vez la mano. El viajero las dio. La gaviota regresó en silencio y voló. al fuego del hogar del Indómito Volkswagen. hacía escala en Barcelona y rendía viaje en Gén ovacon un texto qµe había llamado poderosamente su atención de cachorro de artista dis traído por las voluptuosas tentaciones del diabólico (que no divino) tesoro de la ju ventud y paralizado en su titubeante actividad literaria por el hastío. en definitiva. Los cuervos callaron. y ésa era. lo sacó --era una hoja de papel impreso cuidadosamente doblada-. Yo no fumo -fue la respuesta-o Lo preguntaba pensa ndo en ti. El texto. como del rayo. a la c arretera de Delhi. o lo que bajo su superficie y en su vientre se escond iera. la escondió en un bolsillo secreto de la cartera de piel de cocodrilo que había heredado de su padre y a partir de aquel momento p rocuró llevarla siempre consigo. a casa. yeso en las mismísimas fauces tántricas del templo de Kornarak? y la abrió. Vibró de nuevo el aire y. meditó un instante. que era muy breve (tanto que ni siquiera ll egaba a ocupar una página). La echó. No era un espejismo ni un sucedáneo ni una impostura. hacia la línea del horizonte.no quedaba hu ella alguna de ceniza. también. ~Ciérrala. La cerró. la desgastada hoja de pape l impreso que Dionisio había sacado de entre las páginas del ejemplar del 1 Ching y había releído por enésima vez frente a la Gran Basílica del 210 211 - . Un instante después. Dionisio -asustado. Luego se levantó. al Templo de Oro de los sikhs en Amritsar.. Se llamaba Jo rge Luis Borges. Dionisio . -No. buscó algo en sus tripas. a Estarílbul. como un broch azo de plata. Su silueta metafísica y cimbreante era ya un caprichoso garabat o junto a la orilla del mar. al calor humano de sus dos amigos. La olió. Ésta. cerró los ojos. la desplegó. ¿De l a mano izquierda? ¿Precisamente de la mano izquierda --pensó Dionisio-. de rep ente. emocionado y deslumbrado por lo que acababa de leer. acató la orden. la leyó. Existía. añadió: -Enciende un cigarrillo. en el mes de diciembre de mil novecientos sesenta y dos. que en ningún momento había tocado a Dionisio ni le había p edido nada. la claustr ofobia y el desconcierto propios del callejón sin salida en el que por culpa del a bsurdo y demagógico debate abierto sobre la necesidad del compromiso político se había n encerrado muchos escritores occidentales -casi todos. naturalmente. y el faquir. se inundó de prana.

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la de la carne que tienta con susfrescos racimos. absoluta e infinita -«púrpura del jardín. la de la petulancia y el desdén. sino una cosa más agregada al ~~. o -mejorlo contrario? Tod o. escritor en agraz con la quilla permanentemente en dique seco. la prenda. De que se comprometiera y -sobra decirlo. de hecho.de que cu mpliese su palabra. pues. mínima y dulce. y Homero y Dante acaso la a lcanzaron también. p ompa del prado». el nihil obstat y la garantía de origen de la vocación y del talento (en el sentido ev angélico de la palabra) que otro Dios --el de su país. mármoles y laureles y un jardín que duplica su s graderías en un agua rectangular. la del nihilismo fácil. porque la vida es larga y el arte es un juguete.. el de su propia conciencia y el del inconsciente colectivo de su pueblo-le había e ntregado en el instante de nacer con la expresa (que no sólo implícita) intención de q ue el depositario de esos dones se comprometiera a hacerlos fructificar antes de que la muerte lo alcanzase. más abajo. pero el hecho inmóvil y silencioso que entonces ocurrió fue en v erdad el último de su vida. la del desorden moral y existencial.la misma rosa eterna. pero no expresar.» Jorge Luis Borges. el de su entorno espiritual. el hombre se moría en un vast o lecho español de columnas labradas. pompa del prado. El polen de la flor amarilla del Faquir de Kornarak. franci scana. ya 10 hastían un poco: Púrpura del jardín.. para hablar con sinc eridad. »Entonces ocurrió la revelación. y que los altos y soberbios volúmenes que formaban e n un ángulo de la sala una penumbra de oro no eran (como su vanidad soñó) un espejo de l mundo. y que podemos menciona r o aludir. arrastrado y transportado por el vient o de la pasión creadora. ojo de abriL . ¿Aguarda sin partir y siempre es pera. Colmado de años y de gloria.que una mujer sin nombre colocó junto al vasto lecho español de colum nas salomónicas en el que agonizaba el poeta Giambattista Marino? Quizá sí. como si los seres superiores quisieran co nvencerle de que esa etapa -la de la paciencia hipócrita. la del mañana empezaréhabía terminado.. . que las bocas unáni mes de la Fama (para usar una imagen que le fue cara) proclamaron el nuevo Homer o y el nuevo Dante. dilación posible.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Tantrismo después de su extraño encuentro con el Faquir de Kornarak. tendía a confabularse alrededor de Dionisio. tenía que caer al fin en .tierra fértil y en el surco y en la estación del año adecuada para que la semilla germinase en forma de novela.. Pero de esa forma interpretó Dionisio el episodio y su posible me nsaje: los miles de dioses mayores y menores representados en las paredes de pie dra oscura del templo de Kornarak acababan de entregarle el símbolo. y así sup o el viajero -inescrutables son los caminos del Señorque la hora del recreo en el . »Esta iluminación alcanzó Marino en la víspera de su muerte. el hombre murmura los versos inevitables que a él mismo. Antología personal ¿Era (o podía llegar a ser) la flor amarilla del Faquir de Kornarak -agreste. Marino vio la rosa como Adán pudo verla en el paraíso y s intió que ella estaba en su eternidad y no en sus palabras. No había. Nada cuesta imaginar a unos pasos un sereno balcón que mira al poniente y.. quizá no . El texto en cue stión decía así. gema de primavera. UNA ROSA AMARILLA «Ni aquella tarde ni la otra murió el ilustre Giambattista Marino. Una mujer ha puesto en una copa una rosa amari lla.

de ganar el pan con el sudor de la frente. con l a grave y dura responsabilidad de la madurez tapándole las vergüenzas como una hoja de parra. como lo hubieran dicho sus mayores: supo que había sonado la hora de plantar u n árbol. de cuidar de los su yos. 212 213 - . O diciéndolo en cristia no. de delimitar un territorio. de tener un hijo. de amar al prójimo. incorporarse a la fila y entrar en clasé. de amueblar una casa. de escribir un libro.patio de la escuela de la vida tocaba a su fin y que de un momento a otro. de madrugar. de pagar la deuda de los errores cometidos y de volver a vivir con Cristina . de le vantar un campamento. de fundar una familia. tendría que abandonar la cuna vestidita de azul del dolcefar niente para ponerse de largo.

mds alld del ir y venir de la histo. y apenas un suspiro en recorrer la abrupta carretera asfaltada que desde ese punto descendía hacia Kabul. El Volkswagen aguantó. Se trata de u na decisión absoluta y de un camino sin retorno. paciencia: barajaré de nuevo mis car tas en éste o en el otro mundo y encoger. menos de dos en cubrir el tramo que los separaba de Mganistán y del legendario desfiladero del Khyber. entraban en el antiguo oasis y relativame nte moderna ciudad de Kandahar. Alberto y Roberto -los tres en inmejor able forma y de excelente humorzarpaban de Kornarak a bordo del Indómito Volkswagen. sobreviven dos sistemas lingüisticos anteriores a los tatarabuelos de los tarabue los de Colón: el nagual y el tonal. Rob erto y Dionisio salieron de Kabul a las diez de la mañana del día doce de diciembre y ocho horas más tarde. Voy a seguir vi viendo y escribiendo en y desde las regiones luminosas del nagual. Cuarenta y ocho horas después de los sucesos descritos. entonando a coro hosannas y aleluyas en latín y en sánscrito. donde los expedicionarios hicieron noche y se concedieron un corto descanso al calor de la conciencia del deber casi cumpli do. auuuummmmm . la imagen fastuosa (pero familiar) del Cuerno de Oro se dib~jaría en el parabrisas de l coche y sus ocupantes empezarían a sentirse prácticamente en casa.' ria. Alberto. otros tantos en alcanzar y traspasar la frontera paquistaní. y se utiliza aquél. Lo primero (y lo único) que hicieron allí fue buscar una habitación con tres camas en un hotel barato -lo eran todos. contar y cons truir los innumerables mundos invisibles para los ojos de la razón. se instaló en la veranda del Tourist Bungalow. a lo tangible y mensurable. Sirve este último para aludir a todo lo que pued e mencionarse con palabras. Antes o después.nunca volverdn en lo que a mí respectaal territorio roturado del tonal. el de los rebaños y el de losgigantes. y pase lo que pase. no tanto p ara describir cuanto para simultdneamente ver. en una palabra . alcanzar. tarde o temprano. sobre el Tao Te King y sobre el Evangelio que a p artir de ahora voy a vivir y a escribir en nagual. turnándose en el volante y manejándolo entre catorce y dieci ocho horas al día.. mientras don Qµijote lo hace en el nagual. porque todo lo demds ha dejado de interesarme. Pues bien : juro sobre la Baghavad Gita. Dionisio. Por los siglos de los siglos.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó Dionisio. pero acepto de antema. a lo sometido a orden. Sancho vive en el tonal. Amén ~ naturalmente. pidió un ser té de Darjeeling con aroma de clavo y cardamomo.. pero el esfuerzo era rentable: en cosa de una semana. en cambio . quiero dejar constancia de que la vida y la literatura -esos hermanos siameses con las cabezas trocadas. No hay alterna tiva posible.y ovillarse en e . después de recorrer de punta a punta y pisando el acelerador a fondo la confortable y absurda autopista -lo que se dice un Cristo con dos pi stolas. miró la luna (que menguante)..élos hombros. que el arte es largo y ademds no importa.. porque lo mds probable es que termine despanzurrado por el aspa de un molino 'opor la cornamen ta de un carnero. a la esfera de la razón. Y si estaprevisión se cumple.. No se me oculta lo incierto d e la empresa y soy consciente de lospeligros que entraña.plantada por la megalomanía tecnológica y por la esquizofrenia estratégica de los capitalistas americanos y de los comunistas rusos en el rojizo y palpitante corazón del maravilloso desierto afgano. el nagual. y así fue. Que Shiva y la Ví'rgen de los Nómadas me protejan. si el vie nto racheado de la buena suerte no les volvía la espalda y el Indómito Volkswagen se guía rayando a la altura de la confianza que los viajeros habían depositado en él. mordisqueó el extremo del bolígrafo y anotó en su cuader que sigue: Entre los indios aztecas y toltecas. } Sea comofuere. entender.. Iban a matacaballo.no lo uno y lo otro. entre esosdos lenguajes: el de los m olinos y el de los miramamolines. no hay escritor que no se vea constreñido a elegi r entre esos dos mundos ~ consecuentemente. La suerte. pero sól o hasta cierto punto. aquella vicio completo de estaba en cuarto no de bitácora lo noche. Tardaron tres días en lle gar a Delhi.

de su madre o de Fernando. Dionisio se levantó sin despertar a sus compañe ros.un puñado de dátiles y salió canturreando pasodobles en busca del edificio de correo s. se metió alegremente entre pecho y espalda -a modo de rural y frugal desayuno . por favor. tal y como hacía siempre que llegaba huérfano y ansioso de noticias hogareñas o ami stosas a un enclave urbano de importancia. que era ya toro resabiado y más que expe rto en tales 214 215 . Al día siguiente. -¿Cómo ha dicho usted que se llama? -le preguntó desde las honduras de un g uardapolvos antediluviano el chupatintas que estaba al frente del departamento-o Deletréeme su nombre.llas. Dionisio. para ver si en el casillero del mostr ador de la poste restante le esperaba alguna carta de Cristina. de buena mañana.

Le felicito por su puntualidad. por favor --dijo-. no ha llegado ninguna carta para usted. Stop. Oía el ruido sordo de la sangre. y los dos. Teng o que comprobar su identidad. Yel viajero. Lueg o. pero los dos decían sustancialmente lo mismo: Telefonea. Uno iba firmado por su madre y el otro por Fernando. distraídamente. Era el trece de diciembre de mil novecientos sesenta y nu eve. Dionisio rasgaba chapuceramente los sobres de los telegramas y devoraba el contenido de éstos. l a mojó en el tintero de loza blanca con ribetes azules e hizo lo que le pedían. zanjó el asunto escribiendo cuidadosamente su apellido con letras de molde en el reverso de un formulario. Stop. Dio. petrificadoseguía junto al mostrador de la poste restante. del dolor y de los remordimientos galopando por sus venas. -Ra-mí-rez --confirmó el viajero desde lo alto de la fragosidad granítica de la lengua castell ana. 216 . es-topo . cogió la rancia pluma de plumilla que le tendía el empleado. ¡Si todos los usuarios de los servicios postales fuesen como usted! El viajero agradeció el cumplido con una débil sonrisa de circunstancias y'extendi61 a mano para apoderarse de lo que su interlocutor llevaba en la suya. Medio minuto después. Salió a la calle. Dionisio -fulminado. al escucharlo. tic-tac.. se recibieron anoche. congelado. -¿Ra-mí-rez? -tanteó estropajosamente el resp onsable de los . pero sí dos telegramas. Cristina ha muertó. Luego se levantó. con el corazón en la garganta y los nervios en estado de alerta roja. es-top. tic-tac. Nada ni nadie respiraba. -No -dijo-. Abrazos. extrañado y alarmado. -El pasaporte. El mundo dejó de moverse. . servicios de Lista de Correos mientras tropezaba y peleaba con la reciedumbre fonética de dos de las tres consonantes del exótico trisílabo. sino es-top. El funcionario adscrit o a ella le observaba. El coraz6 n. inclinó maquinalmente sobr e el acuse de recibo. donde todo seguía igual. creyó que iba a morir y deseó que así fuera.. miró la fecha de la hoja del almanaque colocado sobre la mesa del Caronte que le atendía. -¿Dos t elegramas? -preguntó. El funcionario se dirigió hacia la casilla de la erre y hurgó en su trastienda. no latía diciendo tic-tac. por cierto. y se sentó en un banco.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó lides y lidias. -Dos telegramas -repitió y sentenció con inapelable aplomo de burócrata impenitente el covachuelista-. respiró abd ominalmente en ocho tiempos y regresó al hotel. lllSlO. pensó que se trataba de un aviso o de una seña l premonitoria. enloquecido. El viajero se. -Firme aquí --dijo. pero el mor o encogió el brazo y desbarató la iniciativa.

¿Vamos a pasarnos el resto de la velada diciendo tonterías? -Lo que tú mandes . su salón de música. No se me va de la cabeza: jornada del doce de diciembre de mil novecientos sesenta y ocho . además de las dos camas turcas. Cuanto más se recorre. se enderezó y fue a abrir. y yo he cambiado. te mostrarán tu tesoro escondid o bajo la tierra de tus propios campos. junto a tu hogar. adentro tornados. La única huella del pasado. hermanito de leche. Dionisia. En sus pared es. No juegues al psicoanálisis ni te pases de list o. Si un hombre cambia. por lo menos. -¿Ponemos música balinesa? -Ponla. Sin mirar por la ventana puede cono cerse el sentido del cielo. RUDYARD K. vida nueva. Era Fernando. se quitó los zapatos.. en tu umbral.on en el salón de música. -¿Entonces? -Entonces.Fernando Sánchez Dragó Diciembre Capítulo X Se puede conocer el mundo sin salir de casa. Este refugio es mi segunda piel o. incrédulo. -Estamos en invierno. Lo he leído en sus memorias. que estaba inclinado sobre el moisés de su hija. Dionisia. Ya no era el mismo. ¿Ya ti? -Yo no tengo hijos. Pura lógica. Y te equivocas. Y ya sabes lo que los reptiles hacen con la suya al llegar la primavera..!PLING. nada . Ésta es tu casa. El sonido de la playa de Kuta invadió y transformó el ambiente. No se me ocurre ninguna fórmula mejor para cambiar de década. Recorrieron el largo pasillo de tarima vieja y entrar. no soy un reptil. Fernando. Oriente había sustituido a Occi dent~. Año nuevo. lev antó los ojos. lo sé. Tao Te King. porque te veo v enir. sino por hedonism o. -O. LAOTSÚ. la trama oculta de las co sas. -Exacto. eres rey soberano!. Me iré a tomar las uvas a Madrid. también tiene que cambiar su casa. XLVII Y así tus ojos. -y un año más en las alforjas. mejor dicho la piel de mi piel. -y mi salón de música.. Podría recit arte el párrafo de un tirón. -¿Sabes que Cristina no volvió a entra r en él desde el día en que te fuiste? -Sí. en el po lvo de los caminos que trillas a diario. -Casi todo. ¿Qué vas a hacer m añana? -Pasar la nochevieja vigilando el sueño de mi hija. ¿no? -¿Inten tas huir del recuerdo de Cristina? -Estaba seguro de que ibas a interpretarlo así. y. tanto menos se sabe. pero tengo madre. por hombre. -Ya. ¡Y de esa suerte sabrás que eres hombre y q ue. Me gustan los fantasmas. se repantigó en la cama turca y preguntó: -¿Has pasado ya por el registro civil? 218 219 . Y conste. era un cartel taurino: el de la corrida en la que murió Manoleteo -¿Lo has camb iado todo? -preguntó. que no lo hago ni por mala conciencia ni por masoquismo. Nunca he huido de ellos. en su mobiliario y en su atmósfera. Al contrario: son el reverso de nuestras vidas. para colmo.. en su suelo. Fernando se sirvió la segunda copa de ginebra. Rewards and foíríes Llamaron al timbre.

-¿Come ntó algo? -Sí. -¿Cómo lo sabes? ¿Por qué estás tan seguro? -Porque Cristin a quemó la novela casi quince días antes de que llegase tu última carta. ¿no? El paso d el testigo en una carrera de relevos. -Dionisia pensó en el aeropuert o de Bombay y en el Tigre de Bengala-. ¡Pobrecilla! ¿Crees que se puede puede lidiar el toro de la literatura con u na metástasis generalizada a cuestas? ¡Si al final no tenía fuerzas ni para mover el b razo! -¿Cómo sabes.. Por ese orden. Pero no has. eras tú. En Oriente he aprendido a contar hasta mil antes de mover el dedo meñique. bromeando. Váyase la una por la otra. Cristina se llama ahora Kandahai-. en su opinión. Fernando. -¿Crees que la historia de la flor amar illa pudo inf'luir sohre Sil decisión de quemar la novela? -No.. -Estamos en él. Los dos m e lo habéis contado con pelos y señales. 221 220 - . Sí. entonces. no h ubiera podido terminarla.. Después. También dijo que. ambig uo y enigmático. que todos los animales se esconden cuand o el instinto de conservación les comunica que ha sonado su hora. -Efectivamente. -¿De modo que tu hija ya se ll ama Kandahar? -Sí y no.El camino del corazón Fernando Sánchez Dragó -Estuve ayer.una de las empleadas y h abía conseguido que no inscribiera el nombre de pila de la niña hasta mi regreso. -Cristina. También la soledad. con la voz quebrada y como si estuviese hablando con otra persona. -¿Sólo eso ? -Sólo eso. -Lo hago ahora. -Pero tú sí y mi madre también . y Cristina aprovechó mi silencio para explicar que la l iteratura es. -Explícate. No influ yó ni poco ni mucho ni l1::ld:. responde a José. añadió que la posterida d no existe. Dijo que el hombre viene al mundo con la misión de cultivar su huerto y añadió que el grano iba por fin :1 dar fruto. No conozco ni deseo conocer otros refugios. Dionisia. La vida sigue. Dionisia. -Tú no la viste morir. ¿no? -En él estamos . vanidad de vanidades y apariencia. -¿Y tú? ¿Qué dijiste tú? -Dije que estaba de acuerdo. Lo único urgente es cuidar de mi hija. Grave responsabilidad. -¿Eso fue todo? -No. Oriente te ha convertido en un ser lacónico. q uien debía escribir o reescribir ahora esa novela. -Sobra el comentario. de todos modos. -Allá tú . Ya veremos.respondido a mi pre gunta. -¿Has tomado ya alguna decisión sobre tu vida? Llegué hace una semana.. -¿Lo hizo cuand o le dijeron que iba a morir? -Más o menos. entendieron mis motivos. familia y amistad. -C osas de España. Fernando. me llamó por teléfono y comentó. únicamente tú. como todo lo de aquí abajo. Cristina había engatusado a . -¿Amistad y familia? -Templ o. a su modo. Alguien habría tenido que encargarse de la redacción del último capítulo.. -¿Le gustó? -Se puso muy contenta.. O mejor dicho: se la leí a Cristina en el hospital. que sólo existía una persona en el mu do capaz de reconstruir. ¿Cómo no iban a entender que un padre quisiera ponerle a su hija el nombre de la ciudad en la que se había enterado de la muerte de la madre de la niña? Es una secuencia lógica. Ningún problema. -¿Y la rosa de Borges? ¿Yla flor amarilla del Faquir de Kornarak? Dionisi a sonrió y preguntó: -¿Llegó a escribir Cristina el penúltimo capítulo de su novela? -No . sueño. Eso es todo. en un arrebato digno de Gogol y de Kafka. Yo me quedé grogui . -¿Te han obligado a poner por delante el nombre de la Virgen? -Cosas de España. sin saber por dónde salir. -Pues sí: cosas de España y de la India. Me fío de vosotros.. -Se llama María de Kandahar. Al enterarse del veredicto volvió a casa . Lle gó cuarenta y ocho horas antes de que muriese. Y que duren. lo de la rosa de Borges y lo del Faquir de Kornarak? Leí tu última carta. -¿Entendieron tus m otivos? Ya sabes que en este país de catetos y de meapilas quien no responde a Pep e. y que por ello sólo sirve y sólo incumbe a los seres de carne y hueso. había destruido. lo que ella. Oriente me ha convertido en un ser liger amente meapilas y moderadamente cateto. -¿Y la soledad? -Sí.

Pinturas. y al Espontáneo de Sa igón. con emo ción. veintiún años después. Recordaba al Canciller de Estambul. y al Dúo Latip. sobre todo. en la cam a turca del cuartucho que él mismo ha bautizado con el nombre de salón de música. cojines. andaba ya cerca de Madrid. y a los Caballeros de la Tabla Redonda del Cabin. carteles taurinos. fotos. Kandahar dormía y sonreía en su cuna. casi. El reloj de péndulo del comedor dio la hora. recitó en s ordina --como si rezara-la frase de Buda inscrita en el fuste de la columna del jardín del templo de Banjar. apagó las . la flor amarilla que éste le había entregado. Dionisia s alió de su ensimismamiento. y al Barón Siciliano. y al Motorista de Delhi. la cacharrería y la quincalla de los restos de un n aufragio . y al Caminador Manche go. lo cer ró cuidadosamente. Lo recordaba todo con pelos y señales. con meticulosidad. Está sentado. _y tú lo viviste. La mad re del viajero. revistas de otras épocas: todo el ajuar. Eran.~» Madrid. las doce de la noche. Fernando. y al Comerciante Sufí. seguramente. botellas de licorés extraños. Y recordaba. cogió carrerilla y empezó a escribir una novela de amor. se instaló frente a la máquina de escribir.luces del salón de música. Fuerteventura e Ibiza. No se había olvidado.. sacó de entre sus páginas la flor amarilla. Soria. Son. máscaras. vasijas. Estaba a punto de empezar el últi mo día del año de mil novecientos sesenta y nueve. respiró abdo minalmente en ocho tiempos. entró en el despacho. casi a ras del suelo.Fernando SAnehez Dragó El camino del corazón -¿Sigues pensándolo? -Naturalmente. metió un folio en ella. con devoción. ¿O ya te has olvidado de ello? drados y dignificados por los cachivaches recogidos en el curso de nuestras anda nzas. La criada se había acostado. Su primer párrafo decía: «Sigo viéndole. y al Indómito Volkswagen. y al Tigre de Bengala. se puso en pie. la dejó sobre l a mesa. y al Troglodita de Luarca. espejos. diez metros cua222 . No se va de mis pupilas. exhaló un silencioso y prolongado auuuummmm. y al Pand it de Bombay. yal Faquir de Kornarak. de viajes y de aventuras. talismanes. Dionisia. co gió su ejemplar del I Ching. y al Periodista Argentino.o. monedas. _¿Y no podrías equivocarte? ¿No podrías ser tú el escrito más indicado para pagar esa deuda? -¿Yo? ¿Por qué? -Porque leíste lo que escribió Cristina. también. y a Cástor y Pólux. y a la Kum ari de Katmandú. recorrió el largo pasillo de tarima vieja. apenas. No. de desamor. ídolos de rostro desencajado.